Capitulo 220
La noche ha caldo.
<b>Capítulo </b><b>220</b>Property of N?)(velDr(a)ma.Org.
<b>Toda </b ciudad de capital parecia estar cubierta por un inmenso manto negro. En oscuridad, solo titban algunas luces,o estres que hubieran caldo al suelo. Las fars des calles y callejones emitian una luz suave, iluminando el camino de los transeuntes. A lo lejos, los rascacielos bribano joyas resndecientes incrustadas en el clelo nocturno. Los vehiculos, con sus luces intermitentes, formaban corrientes luminosas ens calles abarrotadas. Los peatones caminaban apresuradamente, sus siluetas apareciendo y desapareciendo bajos luces. En esta silenciosa noche, una tormenta sangrienta estaba a punto de desatarse.
Los Oca?a.
La madre de Octavia ha organizado esa noche una reunión con un grupo de damas adineradas en su casa, disponiendo dos mesas de juego. Estas damas erans madres de un grupo de chicas problemáticas. Normalmente, sus actividades consistian ener, beber y disfrutar. En cuanto a sus hijos, los dejaban a su aire, siempre y cuando regresaran a casa sin heridas, podían hacer lo que quisieran. Después de todo, había dinero en casa, y cualquier problema se solucionaba gastando un poco.
Estas chicas problemáticas no solían volver a casa al anochecer y a menudo ni siquiera dormian alli. Sus madres ya estaban acostumbradas. Higinia, madre de Octavia, vestía de marca, cubierta de joyas y con un maquije impecable, aunque su rostro mostraba una expresión de aguda y despiadada. Fumaba un cigarrillo mientrasnzaba una carta sobre mesa. Sus u?as, pintadas de un rojo intensoo sangre, briban de manera mativa.
Una des damas, riendo,entó: “Se?ora, esta noche está usted muy generosa, me ha dejado ganar varias veces seguidas.” Higinia, sosteniendo el cigarrillo con dos dedos, dio una profunda cda y exhaló el humo, que envolvió <b>su </b>rostro, suavizando sus rasgos duros.
Con una sonrisa de satisfión, respondió: “Hoy invité as amigas para que se diviertan. No me importa perder un poco. Benito está <b>esta </b>noche con sus maridos en una misión. Yo me encargo de que ustedes se rjen, Si todo sale bien esta noche, ma?ana alquré el crucero más lujoso de capital ys invitaré a pasar una semana en el mar, todo por mi cuenta”
Las damas se rieron a carcajadas, encantadas con idea. Sin embargo, su alegria se vio interrumpida abruptamente por el sonido de sirenast <b>que </b><b>se </b>detuvieron frente a mansión Oca?a. Un grupo de policias, con ordenes de arresto en mano, irrumpió en casa acusando a los presentes devado de dinero, tráfico de armas, drogas y órganos. La fiesta se convirtió en un caos.
El rostro de Higinia palideció, pero se mantuvo desafiante. “?Qué significa esto, oficial?” preguntó con desagrado.
El policia al mando mostró orden de arresto y dijo: “Hemos recibido una denuncia con pruebas contundentes. Los Oca?a están siendo arrestados por encabezar una organización devado de dinero, tráfico de armas, drogas y órganos. Todos aqui serán llevados.”
Higinia se quedó atónita, aunque intentó mantenerpostura. “Esto es una calumnia! ?Quién nos ha denunciado?” gritó indignada. “Nosotros, los Oca?a, hacemos negocios legitimnos. ?Nunca hemos hecho nada de lo que dicen!”
Miró a su alrededor, sospechando de sus amigas, pero todas es mostraban una expresión de asombro y pánico. No podían ser es; denunciar a los Oca?a no les beneficiaba en absoluto. Sus maridos trabajaban para el suyo, y <b>si </b>los Oca?a caían, sus familias también estarian en peligro.
El oficial, con rostro serio, respondió: “No importa quién denunció. Actuamos basándonos en pruebas. Todo se arará enisaria Llévenselos.”
Con esa orden, los policíasenzaron a esposar a los presentés. La mansión Oca?a se convirtió en un pandemonio de gritos, rabia y maldiciones.
Higinia no cooperaba en absoluto. Se transformó en una furia, luchando y maldiciendo a voz en cuello, “Vayanse al diablo, nosotros los Oca?a somos gente decente! Nunca hemos hecho nada ilegal ?Con qué derecho me detienen<b>?</b><b>”</b>
Asi, lo queenzóo una tranqu vda entre amigas, se convirtió en el preludio de unarga noche de interrogatorios y revciones. Los Oca?a, hasta entonces intocables, se enfrentaban al inicio de su caída.