<b>Capítulo </b><b>399</b>
“Además, en realidad también apoyo que te quedes en Francia.” Dijo él.
Ligeramente fruncí losbios: “?Por qué<b>?</b><b>”</b>
Respondió sin demora: <b>“</b>Tengo una amiga en Francia, es una des mejores psicólogas. Cloé, e sin duda podrá curar tu depresión<b>.</b><b>”</b>
“Amigo mio, ya te he dicho, ese antidepresivo es de Leticia…” Yo no quería admitirlo.
David extendió su mano para tocar cicatriz recién curada en mi mu?eca, luegoentó: “Primero te cortaste, luego tenzaste algo, ramente no <b>te </b>importa <b>tu </b>propia vida, ya no tienes deseos de seguir viviendo. ?Todavía quieres ocultarmelo?<b>”</b>
“Yo… Desvié mirada hacia ventana, no sabia bien que decir: “Tampoco sé qué pasa<b>…</b><b>”</b>
No podia contrr mis pensamientos, ni siquiera mi propio cuerpo. <b>En </b>realidad, había se?ales de eso desde hacía mucho tiempo. Pero, desde que volví de Vi del Mar a Puerto Nuevo, ese mes, se hizo mucho más evidente. Fue Leticia quien notó el problema, me arrastró al hospital, y me diagnosticaron con depresión severa. El día que me corté, de no ser porque todavía tenía que ir a Vi del Mar a verificar situación de Camilo, probablemente ni me hubiera molestado en vendarme herida.
David se inclino para mirarme a los ojos: <b>“</b><b>No </b>importa. Solo estás enferma, Cloé, ?quién en este mundo no se enferma<b>? </b>Solo que, algunos sufren enfermedades físicas, otros, enfermedades mentales. Después de salir del hospital, te llevaré a ver <b>a </b>mi amiga, ya he hado con e sobre ti, <b>y </b>está de acuerdo <b>en </b>atenderte.”
Bien Acepté sin reproches.
Luego agregó: “Además, recuerdas que en universidad, el profesor quería que <b>tú </b><b>y </b>yo fuéramos al extranjero juntos, ?verdad<b>?</b><b>”</b>
“Sí, lo recuerdo.” Corroboré.
En ese entonces, el profesor tenía mucha fe en mi talento, pero yo no tenía el dinero<b>. </b><b>Ir </b>al extranjero a estudiar<b>, </b>incluso si matríc <b>era </b>gratuita<b>, </b><b>el </b>costo de vida era una gran <b>suma </b><b>para </b><b>mí </b>en ese momento.
Sonreí diciendo: “No me digas que, a esta edad, todavía quieres que vaya ypita con <b>esos </b>universitarios<b>…</b>”
él soltó una risa: <b>“</b>No es eso. Es que un dise?ador genial quiere tomarteo aprendiz, vio tus obras y dijo que si no estuvieras restringida por el mercado, probablemente dise?arías obras aún más asombrosas<b>.”</b>
David había organizado todo <b>para </b>mí: tratamiento, <b>carrera</b>. Sin descuidar nada.
Lo miré agradecida <b>y </b>sonreí: “David, has pensado en todo, no sé cómo podría rpensarte…
“Con esto es <b>suficiente</b><b>.” </b>Se?aló el cordón rojo con una meda de oro que llevaba en mano.
No tuve el coraje de decirle que, cuando me enteré de su cumplea?os, fue muy de repente<b>, </b><b>así </b>que le robé meda <b>al </b>cor de nuestro gato. Luego le pedí a mi madre que me ayudara a <b>ensarta </b>en un cordón rojoo regalo de cumplea?os.
Le dije verdad: “Esto… <b><i>no </i></b><b>vale </b>mucho dinero.”
David soltó una risa: “?Crees que me <b>falta </b>dinero?”
Es verdad.” Afirmé.
Me acordé de algo: “David, después de que me salvaste hace unos días<b>, </b>?viste un cor de esmeraldas<b>?</b><b>”</b>
Ese cor de esmeraldas había desaparecido.
?Un cor de esmeraldas?<b>” </b>David pareció sorprendido por un momento, respondió con suavidad: “No recuerdo haberlo visto, ?podría <b>haberse </b>quedado <b>en </b>el Jardín de Aurora?<b>”</b>
“No creo.” Contesté segura.
Desde que supe que era un regalo de mi madre<b>, </b>siempre lo llevé conmigo, <b>nunca </b>me lo quité.
David frunció el ce?o: “Entonces probablemente se cayó algo, <b>contactare </b>a policía de Puerto Nuevo a ver si lo han recuperado.”Exclusive ? material by N?(/v)elDrama.Org.
<b>“</b><b>Está </b>bien. <b>Asenti</b><b>.</b>
Aunque sabía que probablemente no lo encontraría. Lo único que policía podría <b>recuperar </b>sería el auto. Sa joya se había caído dentro del auto, <b>probablemente </b><b>se </b>habría perdido durante el proceso de recuperación. Era tan difícilo buscar una aguja en un pajar.