Capítulo 210
La última vez, Pedro dijo que, primero, no había pruebas de que Luis enviara a alguien a amenaza,
y segundo, aunque se pudiera vincr a él, sus hombres no llegaron a hacer nada
concreto.
Con esto, lo máximo que podría pasar sería que le tomaran una deración y le dieran un par de
advertencias.
Así que Miguel investigó el historial de Luis y, con el argumento de que había utilizado medios
irregres, hizo que lo detuvieran el día de inauguración para interrogarlo.
Se esperaba que lo encerraran durante unos a?os, pero resultó que iba a salir muy pronto.
-Pero tampoco tienes que preocuparte demasiado, esa persona es un cobarde que solo se atreve con
los débiles. Ahora que sabe que el director Romero te ha hecho esto, no se atreverá a volver a
molestarte. -tranquilizó ra.
-Y si se atreve a salir, yo misma iré a advertirle queo vuelva a ir contra ti, no lo dejaré en paz. –
a?adió.
Al oír esto, Be sonrió. -Bien. Ahora vivimos en una sociedad de derecho, no puede ir haciendo lo
que le venga en gana.
Siguieron hando un poco más sobre el tema, y entonces ra dijo: -Elena lleva ya unos días de
vuelta del extranjero, ?qué te parece si nosotras tres vamos aer juntas?
-De acuerdo, ahora mo.
Be acababa de sacar el teléfono cuando sonó el de Elena.
-?Vaya, parece que estamos en sintonía! Yo también iba a marte–bromeó Be.
-?Déjame har primero! -pidió Elena-. Los de mi departamento hemos organizado una peque?a
actividad de equipo, y puedes venir con nosotros. El doctor Julio no puede ir, así que te necesito a ti.
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-?Y por qué no me dijiste nada ayer? -preguntó Be, sorprendida.
-Ayer todavía no había pensado en llevarte, pero ahora que el doctor Julio no puede ir, has tenido
suerte -explicó Elena-. Hace mucho que no salimos juntas, ?dónde estás? ?Voy a recogerte!
-Ah, es verdad, ?para qué me ibas a mar? -recordó entonces Elena.
Be miró a ra, que cogió el teléfono sonriendo: -Elena, te maba para que tú y Be viniéramos a
comers tres juntas, pero ya que tenéis nes, dejémoslo para otro día.
-?Perfecto, nos veremos otro día! aceptó Elena alegremente.
Tras despedirse de ra, Be salió para volver a su casa y cambiarse de ropa antes de que Elena
fuera a recoge.
-?Qué vas a hacer volviendo allí? Eres hermosa por naturaleza, y te quedarás be sin importar cómo
te vistas. ?Nadie puede quitarte tu brillo!
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Al escuchar su risa, Be dijo: —Es cierto que soy be, pero también podemos ser un poco más
discretas.
Bien, discretas. Quédate en puerta de Caza, ahora mismo voy.
Be no tuvo que esperar mucho, pues pronto llegaron Elena y sus dos colegas.
Elena conducía el coche, en el que también iban sentados otros dos de suspa?eros de trabajo,
dejando el asiento del copiloto reservado para Be.
Be saludó a Elena y a sus dos colegas, y preguntó: -?A dónde vamos?
Elena sonrió con seguridad: -Ya lo verás cuando lleguemos, es un lugar con un paisaje y un ambiente
increíbles, estoy segura de que te va a encantar.
Qué infantil, y todavía se hizo misteriosa.
Be preguntó: -?Somos solo nosotras?
-Otros del equipo ya han ido por dnte, nos reuniremos allí.
Las dos enfermeras que pa?aban a Elena también eran jóvenes, y entre es chaban sobre
chismes y maquije. Aproximadamente dos horas después, llegaron a su destino.
Los demás colegas de Elena también habían llegado, y estaban emocionados tomando fotografías.
Era una vi situada al pie de una monta?a, junto a un río, con un entorno realmente hermoso y una
gran extensión de terreno.
La entrada era imponente, y el letrero en fachada era muy mativo.
Vi Nube.
Cuando vio este nombre, ?Be de pronto recordó!
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