Capítulo 91
-Por cierto, abuelo, dijo Be, parece que a Sara le gustaría ir al extranjero. ?Por qué no has con tío
y le pides que deje ir al extranjero a estudiar durante dos a?os?
E está fando constantemente ?puedeenzar a aprender de verdad!
Be no mencionó el encuentro con Sara por ma?ana. ahora. Tal vez, cambiando de c
Principalmente, si Sara está en el extranjero, Daniel no podrá molesta, y tal vez pueda evitar
tragedia del pasado.
Alberto respondió: -Tu tía mencionó una vez que,o e es su única hija, está firmemente en
contra de que vaya al extranjero. Parece que ahora está buscando una pareja para e.
La tía cuida a Sara muy bien, no escuchará al abuelo,
Este asunto requerirá una consideración cuidadosa.
Después de caminar, Be masajeó los hombros de su abuelo por un rato.
Cuando Alberto se retiró a descansar, e regresó a s de operaciones.
Después de unas horas más, Be preparó un ambientador calmante adecuado para los gustos y el
estado de salud de su abu, usando aceites esencialesovanda y bergamota.
Recordando que Miguel dijo que el ambientador para dormir que preparó última vez era útil para su
madre, e hizo un poco más.
Después de terminar su trabajo, Be estaba tan cansada que se quedó dormida en cama. Cuando
se despertó, el sol ya estaba alto afuera.
Be se estiró perezosamente, sintiendo lo cómoda que era su cama de toda vida. Decidió que,
después del divorcio, no haría nada y se quedaría en casa durante un mes. Pasaría cada día
pa?ando a su abuelo, solo de pensarlo le alegraba.
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Después de asearse, a Be no le importó peinarse y bajós escaleras directamente.
Pero escuchó risa alegre de su abuelo en el patio.
?Por qué estaba tan contento su abuelo a esta hora de ma?ana?
Be se acercó y vio a su abuelo ense?ando tai chi a Pedro y Miguel.
-Miren bien, así eso se hace este movimiento, -les decía.
Pedro y Miguel estaban vestidos con camisas de vestir y pantalones de vestir, con expresiones serias
y concentradas mientras realizaban movimientos de tai chi que no dominaban del todo, lo que
resultaba un poco cómico.
Be no pudo evitar soltar una risita.
Pedro se giró hacia e, su mirada se detuvo por un momento, luego miró con advertencia y
se puso recto.
Miguel saludó cortésmente con un –Se?ora.
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-Miguel, he preparado más fragancias. Después enviaré a alguien para ques lleve, -dijo
Be.
-Vale, muchas gracias, Se?ora.
?Deberías levantarte, Pedro ha estado aquí desde hace un rato! desayunar, ustedes dos. Miguel,
continuaremos practicando.
-se rió Alberto. Vayan a
Be pensó en decir que Pedro no necesitaba pa?a, pero no quería decepcionar a su abuelo.
Se dio vuelta y entró en casa, enviando a un sirviente a recogers fragancias y llevas.
Pronto, Pedro entró en casa.
Be frunció el ce?o al verlo, mucho más alto que e. -?Qué estás haciendo aquí?
preguntó e.
Pedro respondió con calma: -Tengo una reunión del gobierno local más tarde, así que vine a ver a tu
abuelo de paso.
Be no tenía razones para desconfiar.
Pensó que Pedro al menos tenía algo de conciencia al tomarse un tiempo para visitar a su abuelo.
Al ver expresión de satisfión en el rostro de Be, Pedro también sintió una extra?a sensación de
calma.
En ese momento, Be no se habíavado el pelo ni peinado, llevaba un pijama suelto y desenfadado,
luciendo una apariencia perezosa y encantadora.
Especialmente con esos grandes ojos, brintes y ros, que incitaban a darle un beso. Pedro miró
y preguntó en voz baja: -?Estabas enojada conmigo ayer?