Los cuatro se quedaron en la entrada, con los ojos bien abiertos por la sorpresa. El ambiente en la caba?a era silencioso, salvo por la respiración tranquila de los dos que seguían dormidos.
Becca se cubrió la boca con la mano, Hada parpadeó varias veces como si intentaba asegurarse de que estaba viendo bien, y Suri quedó completamente inmóvil.
Mika, por otro lado, sintió algo encenderse dentro de ella. Una chispa de incomodidad y sentimientos raros le recorrió el pecho, aunque intentó disimularlo.
Pero no era la única.
Las cuatro, aunque no lo dijeran en voz alta, sintieron una punzada de envidia al ver a Lera tan cerca de Erik, durmiendo con tanta tranquilidad. él estaba justo a su lado, su rostro relajado, su respiración acompa?ada… Y Lera parecía tan cómoda, como si aquel fuera el lugar más natural para ella.
Becca entrecerró los ojos con una sensación extra?a en el pecho. —“ ?Cómo llegó Lera aquí… y por qué…? "
—“ ?Qué… qué es esto?” murmuró Hada con incredulidad, intercambiando miradas con los demás.
Suri tragó saliva, sin poder apartar la vista. —“ ?Debemos despertarlos…? "
Mika apretó los labios, sintiendo un cosquilleo de fastidio en su interior. Algo dentro de ella le dijo que no quería ver esto.
Las cuatro chicas se acercaron lentamente a la cama, sus miradas fijas en la escena frente a ellas. Mika y Suri se colocaron justo al lado de Erik, mientras Becca y Hada se mantenían un poco detrás, observando con una mezcla de expectación e impaciencia.
Suri fue la primera en moverse. Extendió una mano con cuidado y tocó el brazo de Erik suavemente.
— Erik… —murmuró en voz baja, tratando de despertarlo sin sobresaltarlo demasiado.
Erik gru?ó levemente, frunciendo el ce?o mientras parpadeaba con pesadez. Su visión borrosa fue aclarando poco a poco hasta que distinguió los rostros de las chicas frente a él.
Se quedó quieto por un instante, confundido. Sus ojos recorrieron cada uno de sus rostros. Algo no estaba bien… Lo miraban con una expresión extra?a. Había algo de sorpresa y desconcierto en sus miradas, aunque no entendía por qué.
Pero la que más lo inquietó fue Mika. Su ce?o estaba fruncido, su mandíbula tensa y en su mirada había una chispa de algo… ?molestia?, ?celos?
Antes de que pudiera decir algo, cuando intentó moverse, sintió un peso caer sobre su pecho y lo detuvo.
Frunció el ce?o y bajó la mirada.
Ahí, sobre su torso desnudo, descansaba una mano peque?a y delgada.
Siguió el brazo con la vista, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda cuando vio a quién pertenecía.
Ella es.
Dormía plácidamente a su lado, cubierta solo por la manta de tela. Su respiración era tranquila, y su rostro relajado, como si nada de esto fuera extra?o.
Erik sintió que su cuerpo se tensaba. Su mente trataba de procesar lo que estaba viendo, pero las miradas fijas de las chicas frente a él no le daban mucho tiempo para pensar.
Mika presionó los labios con aún más fuerza, desviando la vista con un leve resoplido.
—Erik… —Becca fue la que habló esta vez, con los brazos cruzados y una ceja levantada—. ?Quieres explicarnos qué está pasando aquí?
Suri miró a Lera, luego a Erik, y luego a las demás, sin saber bien cómo reaccionar.
Hada simplemente suspiró, sacudiendo la cabeza.
El aire dentro de la caba?a se sintió denso. Erik tragó saliva.
Esto… no se veía nada bien.
Erik seguía en shock. Su mente aun intentando entender cómo había terminado en esta situación.
Lera estaba a su lado, durmiendo y claramente se veía que no tenia ropa que cubriera su torso debajo de la manta que la cubría. La calidez de su cuerpo se sentía cerca, y su mano seguía descansando sobre su pecho.
Antes de que pudiera reaccionar, Lera se movió ligeramente en su sue?o y, con una suavidad casi inconsciente, deslizó su mano por el torso de Erik, acariciándolo con lentitud.
él se sorprendió de inmediato ante las caricias, pero lo que lo dejó realmente sin palabras fue lo que Lera dijo en su adormilado estado:
—Mika… deberías comer mas frutas, y menos carne… parece que ya no tuvieras pechos…
Las palabras resonaron en la caba?a con un silencio sepulcral después.
Mika parpadeó un par de veces.
Luego, su ce?o se frunció de inmediato.
Sin dudarlo, rodeó la cama y se colocó junto a Lera con los brazos cruzados, mirándola fijamente. Cuando notó que sus nalgas sobresalían de la manta, sus ojos brillaron con una chispa de pura determinación.
—?Ah, sí? —murmuró con una sonrisa peligrosa.
Sin previo aviso, levantó la mano y le dio un sonoro lapazo en la nalga que tenia a disposición.
El golpe resonó en la caba?a, seguido por un ?AHH! de Lera, quien despertó de golpe, llevándose una mano al lugar del impacto mientras se sentaba con una expresión aturdida.
Lera se despertó de golpe con el ardor aún en su nalga derecha y una queja ahogada en los labios.
—??Qué demonios…?!
Se incorporó, quedando sentada en la cama con los pechos descubiertos, su cabello largo y suelto, despeinado cayéndole por los hombros. Su mente estaba nublada, y lo siguiente que sintió fue un fuerte dolor de cabeza.
Frunció el ce?o, cerrando los ojos un instante mientras se llevaba una mano a la sien.
—?Qué… qué pasa? —preguntó con voz ronca.
Tragó saliva, sintiendo la boca seca como si hubiera comido tierra. Su lengua pesaba, y una punzada en la cabeza la hizo soltar un leve quejido.
—Tengo… tanta sed… —murmuró.
Las chicas la miraban con ojos bien abiertos, sin saber qué decir ante la imagen de Lera, sentada en la cama junto a Erik, quien aún estaba acostado, viéndola con una mezcla de sorpresa.
Lera parpadeó varias veces, tratando de enfocar su vista. Al mirar a su alrededor, su ce?o se frunció de inmediato.
—Espera… —murmuró, girando la cabeza.
Reconocía el lugar, pero su mente tardaba en encajar las piezas.
Su mirada bajó hasta Erik, que seguía ahí, con el torso descubierto y tratando de taparse con la manta que aun tenia de su lado de la cama.
Luego miró a su alrededor nuevamente.
Esta no era la caba?a de Mika.
—?Por qué estoy en la caba?a de Erik?
El silencio fue absoluto.
Las chicas intercambiaron miradas, algunas aún sorprendidas, otras con rastros evidentes de celos. Mika, con los brazos cruzados, no dejaba de mirarla con una mezcla de incredulidad y molestia.
Pero lo que más llamó la atención de todas fue el estado de Lera.
No solo parecía agotada, sino que también se tambaleaba ligeramente, y su expresión indicaba que tenía un fuerte malestar.
Suri se inclinó un poco, observándola con preocupación.
—Lera… ?te sientes bien?
Lera parpadeó lentamente.
—No sé… —se masajeó la sien y suspiró—. Me duele la cabeza… tengo la boca seca… y todo me da vueltas…
Las chicas se miraron entre sí, confundidas.
Erik aún estaba acostado, procesando lo que veía.
Lera, sentada a su lado con los pechos descubiertos, y una expresión de absoluta confusión. Claramente no recordaba cómo había llegado allí.
Pero en cuanto su mirada bajo siguiendo la espalda de Lera, otra preocupación mucho más evidente lo golpeó.
Ella no tenía nada de ropa debajo de la manta.
El calor subió por su cuello y sintió que su corazón latía más rápido.
—Esto no puede ser verdad… —murmuró, desviando la mirada.
Pero sus movimientos y el evidente nerviosismo no pasaron desapercibidos.
Las miradas de las chicas se clavaron en Erik, que seguía acostado, rígido como una tabla.
—?Qué te pasa? —preguntó Hada, cruzándose de brazos.
—Sí, te ves demasiado nervioso… —agregó Becca, alzando una ceja.
Suri inclinó la cabeza, notando su expresión tensa.
Pero Erik no dijo nada. Con la mirada completamente desviada de Lera, levantó lentamente una mano y, sin mirarlas directamente, simplemente se?aló a Lera.
Las chicas siguieron la dirección de su mano.
Lera, todavía sentada en la cama, tenía la manta cubriéndole solo hasta la cintura, claramente se notaba que estaba sentada sobre el colchón sin nada puesto y con los pechos completamente al descubierto.
Mika fue la primera en comprender la reacción de Erik. Claro. Desde que lo conocían, Erik había evitado mirarlas cuando estaban sin ropa. Era algo que lo ponía nervioso y por respeto hacia ellas.
Mika suspiró, sintiéndose un poco menos molesta con él.
—Tch… —chasqueó la lengua y fue a buscar otra manta que tenia Erik en su caba?a.
Se acercó a Lera, quien seguía con la cabeza doliéndole y los ojos entrecerrados por el mareo. Sin decirle nada, Mika la tomó por un brazo y la levantó con firmeza.
—Ven acá.
Lera solo murmuró algo inentendible mientras Mika la envolvía con la manta extra.
—Ah… qué dolor… —se quejó Lera, removiéndose un poco.
—Calla y tápate.
Cuando estuvo cubierta, Mika la ayudó a sostenerse mejor.
Las chicas se enfocaron en Lera, que seguía pidiendo agua. Becca, Hada y Suri la llevaron con cuidado fuera de la caba?a.
Mika, aunque visiblemente molesta, decidió quedarse. No iba a dejar que la situación pasara sin obtener una explicación. Se sentó en la cama al lado de Erik quien se sentó al ver a las demás llevarse a Lera, cruzando los brazos, con la mirada fija en él, esperando una explicación en el rostro.
Erik miró a Mika con una expresión de confusión.
—Mika… no sé cómo Lera terminó en mi caba?a —dijo, tratando de explicar lo que había sucedido. —Anoche llegué y me acosté a dormir, estaba tan cansado que me quedé dormido enseguida. Cuando me despertaron, fue cuando me di cuenta de que Lera estaba a mi lado, pero no se cómo llegó.
Mika lo miró fijamente, aún con los brazos cruzados, su rostro lleno de frustración y algo de celos. No podía evitar sentirse algo preocupada por Lera, creía lo que Erik le dijo.
—Entonces, ?Qué habrá pasado con Lera, con su experimento? — se preguntó, con un tono serio y algo tenso. —Ella debía venir contigo a descansar después de eso.
Erik negó rápidamente, sintiendo la presión de la situación.
—No, yo no tenía idea de que Lera estaba haciendo experimentos. Yo llegué a mi caba?a, me dormí sin más. No sé por qué terminó aquí.
Pero Erik sí tenía una sospecha. Debió oler algo anoche… algo que la mareó tanto que la hizo terminar aquí sin darse cuenta.
Si lo pensaba bien, anoche había percibido un leve olor de algo extra?o en el ambiente, pero estaba demasiado cansado para prestarle atención.
Si inhaló demasiado, tal vez eso la aturdió tanto que terminó desorientada y vino hasta aquí…
Mika lo miró durante un largo momento, intentando calmarse, pero aún sentía una mezcla de emociones. Finalmente, suspiró y habló con un tono más suave, pero aún algo tenso.
—Entonces… ?no paso nada con Lera?, ?verdad? ?Estás seguro?
Erik asintió, con una mirada sincera.
—Sí, definitivamente. No supe que Lera estaba aquí hasta que me despertaron.
Mika asintió lentamente, y aunque se sentía un poco más tranquila, todavía había una parte de ella que no entendía todo lo sucedido. La situación seguía siendo confusa.
Mika miró a Erik con una leve sonrisa.
—"Bueno creo que deberíamos ir a ver qué pasó con Lera. No sabemos cómo llegó a tu caba?a," dijo, sin dejar de pensar en lo que había sucedido. Aunque intentaba mantener la calma, su mente seguía girando en torno a lo sucedido.
Erik asintió, todavía con la confusión de lo que había sucedido.
—"Sí, tienes razón. Hay algo raro ahí... Vamos." Se levantó rápidamente, mirando a Mika. Pero al hacerlo, ella notó que Erik solo llevaba su ropa interior, lo que hizo que se sonrojara ligeramente, aunque no tanto como antes. Ya lo había visto sin ropa muchas veces en la cascada, pero el hecho de que estuvieran tan cerca, y en esta situación tan inusual, le causaba una sensación extra?a.
Mika, al ver su nerviosismo, le dio la espalda con un gesto tranquilo. —"Será mejor que te pongas tus pantalones. No debes salir así" dijo mientras le tendía la prenda.
Erik, todavía algo nervioso por la cercanía de Mika, tomó los pantalones sin decir nada. Era una situación nueva para él, pero al ver el gesto de Mika, no dudó en hacer lo que ella le pedía. Se los puso rápidamente, como si lo hubiera hecho toda su vida, aunque por dentro seguía sintiendo ese nerviosismo extra?o.
Mika, al ver cómo se vestía, no dejó de pensar que, aunque ya no le sorprendía ver a Erik sin ropa, la situación entre ellos se sentía diferente. En su interior, sentía algo nuevo, algo que la hacía sentirse más cerca de él, y eso la dejaba algo confundida. Aun así, sabía que debía centrarse en lo que estaba pasando con Lera, así que se mantuvo tranquila.
Erik, por su parte, no sabía exactamente cómo actuar. Nunca había tenido una novia, por lo que las interacciones con Mika lo hacían sentirse extra?o. Aunque la relación entre ellos era aún reciente, sentía que Mika era algo importante para él, algo que nunca había experimentado. La idea de tener una pareja lo desconcertaba, pero al mismo tiempo, estaba feliz de estar con ella.
—"Vamos," dijo Mika, dirigiéndose hacia la puerta, —"Tenemos que averiguar qué ocurrió con Lera." Erik la siguió, pero no pudo evitar pensar en cómo se sentía a su lado. La sensación de tener a Mika cerca, como algo más que una compa?era de caza y amiga, lo hizo sentir aún más nervioso, pero también feliz.
Mientras tanto, Becca, Hada y Suri ayudaban a Lera a caminar hacia el centro de la aldea, esta apenas podía mantenerse en pie. Su cabeza le daba vueltas, su boca estaba seca, y la manta que la cubría se sentía más pesada de lo normal.
—Lera, ?Cómo es que terminaste en la caba?a de Erik? —preguntó Becca con una ceja en alto.
—?No se suponía que ibas a dormir con Mika? —a?adió Hada con una sonrisa divertida.
Lera intentó recordar, pero su mente estaba confusa. Sabía que había estado haciendo uno de sus experimentos, mezclando liquidos y la nueva resina para probar nuevos usos… y luego todo era borroso.
—Yo… yo iba a dormir con Mika —respondió con voz ronca—. Pero… estaba probando una mezcla nueva y…
Hada rió por lo bajo y le dio un leve codazo.
—Lera, era broma lo de compartir el colchón de lana con Erik, pero al parecer fuiste la primera voluntaria sin darte cuenta.
Lera se quedó en blanco un segundo antes de fruncir el ce?o.
—?No digas tonterías! —gru?ó, avergonzada.
—?Tonterías? Tú dime si no lo son. Dormiste en su caba?a, en su cama sin ropa y con Erik al lado.
—?No fue así! —Lera intentó defenderse, pero su rostro ardía de la vergüenza.
—Entonces explícalo tú —intervino Becca con una sonrisa traviesa.
Lera desvió la mirada, apretando los labios.
—No… no sé qué pasó —admitió con frustración—. Solo recuerdo estar en mi caba?a y luego… calor… mucho calor.
—Oh, entonces fuiste directo a la fuente de calor más cercana —se burló Hada.
Lera gru?ó, apretando los dientes.
—Basta, no la molesten tanto —intervino Suri con suavidad, aunque sus labios también contenían una peque?a sonrisa—. Mejor veamos si Arlea o Jerut pueden ayudarnos a entender qué le pasó.
Cuando llegaron al centro de la aldea, Arlea y Jerut estaba pelando algunas frutas, sentadas bajo la sombra de un árbol, disfrutando de la brisa matutina. Al ver a Lera envuelta en una manta y con el rostro aún adormilado, ambas arquearon una ceja con curiosidad.
—?Qué pasó aquí? —preguntó Jerut, mirando a las chicas.
—Lera durmio en la caba?a de Erik y no recuerda cómo llegó allí —explicó Suri—. Creemos que fue por uno de sus experimentos.
Arlea, que estaba bebiendo agua, casi se atraganta y abrió los ojos de par en par.
—??Lera durmió con Erik?!
Lera se estremeció y apretó la manta con más fuerza contra su cuerpo.
—?No de la forma que estas imaginando! —exclamó de inmediato, pero su rostro enrojeció aún más cuando notó la mirada de Arlea recorriendo la manta que la cubría.
—?Es una de sus mantas? —preguntó Arlea, incrédula.
—Sí lo es—dijo Hada con una sonrisa burlona—. Y, bueno… no traía nada puesto cuando despertó.
Arlea se llevó una mano a la frente, sin poder ocultar su asombro.
—?Me están diciendo que pasaste la noche en la caba?a de Erik, dormiste junto a él y encima desnuda y solo llevas puesta una de sus mantas?
—?No fue intencional! —Lera bufó, sintiendo que su cara estaba a punto de explotar de la vergüenza—. No recuerdo cómo llegué allí, ?y mucho menos por qué no tenía ropa!
Jerut soltó una risita.
—Debe haber sido un experimento fallido… uno muy peligroso.
—Sí, peligroso para su reputación —a?adió Arlea, aún sin salir de su asombro.
Lera gru?ó, apretando los pu?os mientras Becca y Hada apenas podían contener la risa.
—Dejen de decir tonterías y mejor ayúdenme a recordar qué pasó —exigió Lera con frustración.
—Bueno, primero toma agua antes de que te dé algo —dijo Suri, alcanzándole un cuenco.
Lera lo tomó de inmediato y bebió con desesperación, mientras las demás la observaban con una mezcla de diversión y curiosidad. Una cosa era segura: este incidente no se olvidaría jamás.
Mientras Erik y Mika caminaban hacia el centro de la aldea, aún intentaban asimilar lo que acababan de discutir.
—Entonces… —dijo Mika, con los brazos cruzados—, ?en serio no recuerdas nada raro anoche? ?Ni siquiera escuchaste cuando Lera entró?
Erik negó con la cabeza.
—Nada. Cuando llegué a mi caba?a, estaba tan cansado que solo me quité la ropa para no manchar mi cama, me cubrí con la manta y me dormí casi al instante.
—Eso significa que ella entró después… —murmuró Mika, pensativa—. ?Pero por qué?
—No tengo idea. Tal vez estaba demasiado cansada y confundió las caba?as… —Erik hizo una pausa y miró a Mika—. ?Tú tampoco sabías que había ido a dormir contigo?
Mika bufó, con una mezcla de incredulidad y diversión.
—?Por supuesto que no! Se suponía que ella vendría después de su experimento a mi caba?a, la espere bastante tiempo, me canse de esperarla y me dormí también.
—Entonces que habrá pasado en su taller… —murmuró Erik, llevándose una mano al mentón—. Es extra?o.
—Sí, pero más extra?o es que terminara desnuda… —agregó Mika con una sonrisa burlona, dándole un leve codazo a Erik—. No me digas que le hiciste algo raro mientras dormías.
Erik le lanzó una mirada de advertencia, pero Mika solo soltó una risa divertida.
—Muy graciosa —dijo él—. Ni siquiera sabía que estaba ahí hasta que me despertaron y la vi acurrucada junto a mí.
—Bueno, al menos no la asustaste gritándole —dijo Mika con una risita—. Pero aún así, Lera debe estar muriéndose de la vergüenza.
Erik asintió, y justo en ese momento llegaron al centro de la aldea. Allí, encontraron a las demás rodeando a Lera, quien estaba envuelta en la manta, con el rostro completamente rojo.
Al verlos acercarse, Hada fue la primera en hablar con una sonrisa pícara.
—?Ah, miren quiénes llegan! Justo a tiempo para nuestra peque?a reunión matutina.
Erik miró a Lera, quien evitó su mirada, apretando la manta con más fuerza.
Lera apretó los labios, aún avergonzada, y miró a Erik con cierto nerviosismo.
—Yo… lo siento —dijo en voz baja—. No sé cómo pasó. No recuerdo como haber ido a tu caba?a… y mucho menos haberme quitado la ropa.
—No tienes que disculparte —respondió Erik con calma—. Lo importante es que estás bien.
Lera levantó la vista, aún sintiendo el calor en su rostro.
—?De verdad no estás molesto?
Erik sonrió levemente.
—No. Solo quiero entender qué pasó.
Antes de que alguien pudiera decir algo más, Hada soltó con diversión:
—Bueno, Lera, ayer dijiste que dormirías con Mika, pero al final fuiste la primera en compartir la cama con Erik. Y sin darte cuenta.
Lera se giró hacia ella con los ojos muy abiertos.
—?Hada!
Las demás soltaron risitas mientras Lera deseaba que la tierra la tragara.
Mika se cruzó de brazos con una sonrisa burlona.
—Bueno, antes de seguir con esto, ?por qué no te pones algo de ropa? Digo, si no quieres seguir andando desnuda y solo usando una de las mantas de Erik.
Lera bufó, avergonzada, mientras el resto reía.
Todos decidieron que lo mejor sería ir a la caba?a de Lera para ver si encontraban alguna pista sobre lo que había sucedido. Además, ella necesitaba ropa, pues no podía seguir envuelta solo en la manta de Erik.
—Al menos la próxima vez intenta no quitarte la ropa —bromeó Hada mientras caminaban.
Lera le lanzó una mirada fulminante, aún roja de la vergüenza.
—?Cállate, Hada!
—Solo digo, solo digo… —respondió con una risita.
Cuando llegaron a la caba?a de Lera, ya no había rastro de olores extra?os o desagradables. Sin embargo, al inspeccionar la mesa donde ella solía trabajar, Erik se detuvo al ver varias resinas en peque?os recipientes.
Por instinto, tomó uno de ellos y lo olió con cuidado. Frunció el ce?o y luego lo olió nuevamente, asegurándose de que no estaba imaginando las cosas.
—Esto tiene rastros de olor algo parecido al alcohol… —murmuró.
Las chicas lo miraron con curiosidad.
—?Alcohol? —preguntó Becca.
Las chicas se miraron entre sí con desconcierto.
—Nunca hemos oído algo así… —murmuró Mika.
—Yo he oído esa palabra antes —intervino Jerut, pensativa—. Hace mucho tiempo, cuando era ni?a, mi madre mencionó algo sobre una bebida fermentada que llevaba eso y solo los mayores deberían tomar. Pero nunca tome una.
Hada frunció el ce?o.
—?Fermentada? ?Qué significa eso?
Erik se cruzó de brazos, buscando la mejor forma de explicarlo.
—Cuando algo fermenta, es como si se descompusiera de una forma especial. No se pudre como cuando algo se echa a perder, sino que cambia y empieza a producir sustancias nuevas, como ese alcohol.
—Pues parece que Lera lo descubrió sin querer —dijo Erik, dejando el recipiente sobre la mesa—. Si inhaló suficiente de esto, es posible que se haya mareado tanto que ni siquiera recuerde lo que hizo.
Mika chasqueó los dedos, como si acabara de entenderlo todo.
—?Eso explicaría por qué terminaste tan mareada y sin recordar nada!
Hada soltó una carcajada.
—?Así que Lera no aguanta ni el alcohol en el aire!
Lera se cubrió el rostro con las manos, avergonzada.
—?Esto es horrible!
Erik sonrió con diversión.
—Bueno, al menos ya sabemos qué pasó. No fue brujería ni algún fenómeno extra?o. Solo… un accidente químico.
Becca suspiró con alivio.
—Menos mal. Pero eso significa que tenemos que tener más cuidado con las mezclas que hace Lera.
Jerut, con su voz calmada, asintió.
—Y también significa que deberíamos encontrar una manera de evitar que esto le pase otra vez.
Arlea cruzó los brazos, aún sorprendida.
—Lo que me cuesta creer es que algo como esto pueda afectar tanto a una persona solo con olerlo.
Erik miró a Lera y sonrió.
—Bueno, parece que Lera es más sensible a esto que otras personas. En mi mun... aldea, hay quienes pueden beber mucho sin problemas y otros que con un solo trago ya están fuera de sí.
Hada soltó una risita.
—Entonces, ?Lera sería de las que con solo un trago ya está bailando sobre la mesa?
Las chicas rieron, mientras Lera solo se hundía más en su vergüenza.
Lera, aún roja de la vergüenza y cansada de las burlas, soltó un suspiro pesado y cruzó los brazos.
—?Ya basta! —exclamó, mirando a Hada y a las demás con una expresión de fastidio—. Me voy a buscar algo de ropa y a vestirme. Si van a seguir riéndose, háganlo solas.
Con pasos decididos, se dirigió hacia una esquina de su taller, donde guardaba algunas prendas que había estado confeccionando con la nueva tela. Su ropa habitual de pieles era resistente, pero incómoda para el trabajo manual que realizaba a diario. Rebuscó entre los pliegues de tela hasta encontrar el conjunto que había dise?ado específicamente para facilitar sus movimientos mientras trabajaba con varias herramientas.
—Esto será mucho mejor que las pieles gruesas para trabajar —murmuró para sí misma, tomando la ropa y girándose para cambiarse en privado en un rincón de la caba?a que usaba como habitación.
Mientras tanto, las demás seguían riendo suavemente por lo ocurrido, pero Lera ya había decidido que era hora de dejar atrás el episodio de la resina fermentada y enfocarse en lo realmente importante: su trabajo.
Cuando Lera volvió finalmente vestida, el grupo quedó en silencio por un instante. Todas la observaron con sorpresa, sin esperar que la nueva ropa que había confeccionado para ella, tuviera un dise?o tan diferente.
—?Y bien? —dijo Lera, cruzándose de brazos y levantando una ceja—. ?Van a decir algo o solo van a quedarse con la boca abierta?
Hada fue la primera en reaccionar, acercándose con una expresión de asombro.
—?Lera! Esto… se ve muy diferente a lo que sueles hacer con las telas. ?Cómo hiciste que la tela se ajustara así?
—La idea era que fuera cómoda para trabajar —respondió Lera, girando un poco para mostrar su atuendo—. Las pieles suelen ser demasiado gruesas y calurosas, además de que restringen el movimiento. Con esto, podré trabajar mejor sin que me estorbe.
Su parte superior era una camisa sin mangas, ajustada al torso pero sorprendentemente cómoda, permitiéndole moverse con total libertad. Para la parte inferior, llevaba unos pantalones largos que llegaban hasta las pantorrillas, con un ajuste perfecto que no limitaba su movilidad. Pero lo que más llamaba la atención eran los bolsillos extras que había a?adido a los costados, una característica que ninguna de las otras prendas que había echo las tenía. Además, llevaba un cinturón hecho con la piel del lagarto que habían cazado, con peque?os compartimentos donde podía colocar y guardar varias herramientas.
—Esperen… —dijo Erik, notando los detalles de su atuendo—. ?Seguiste los patrones de los dibujos que hice, de ropas de trabajo?
Lera sonrió con orgullo.
—Sí. No entendía del todo algunas cosas, pero me guie en los modelos que me mostraste. Vi que algunas de los patrones, de las ropas de tu aldea tenía bolsillos extras, y me pareció una idea increíble para llevar herramientas sin necesidad de cargar bolsas adicionales.
Erik sonrió, impresionado.
—Es increíble. Este tipo de ropa es perfecta para el trabajo manual. De hecho, muchas personas que hacen trabajos usan algo parecido.
Lera se giró hacia él con los ojos brillando de curiosidad.
—?En serio? ?Cómo qué trabajos?
—Herreros, carpinteros, exploradores, incluso cazadores. La ropa práctica y con bolsillos es clave para ellos.
Lera sonrió con satisfacción, sintiendo que sus experimentos con la tela y los patrones iban en la dirección correcta. Pero antes de que pudiera decir algo más, Hada intervino con una sonrisa maliciosa.
—Pues si esa ropa es para el trabajo, también hace que tu figura se vea muy bien, Lera. ?No crees, Erik?
Erik se atragantó con su propia saliva y desvió la mirada por reflejo, mientras Mika rodaba los ojos con fastidio. Lera, en cambio, sonrió con picardía.
—Si resalta mi figura y es cómoda, entonces es un doble éxito.
Las chicas rieron mientras Erik intentaba recuperar la compostura. Sin duda, la artesana de la aldea estaba llevando su creatividad a otro nivel.
Mientras la ma?ana avanzaba, cada una de las aldeanas se dedicó a sus tareas diarias. Mika, Becca y Erik fueron juntos a recolectar frutas en el bosque frutal, mientras que Suri ayudaba a Hada con el cuidado de los animales. Lera, por su parte, continuaba experimentando con la nueva resina pero acompa?ada de Jerut en su taller.
Cuando llegó el momento del almuerzo, todos se reunieron en la zona común, donde una gran sombra bajo los árboles ofrecía un descanso. Arlea, quien había estado aprendiendo más recetas con la ayuda de Erik, había preparado una sopa especial con la fruta salada y diversas verduras que lograban un equilibrio entre lo dulce y lo sustancioso.
Mientras disfrutaban de la comida, la conversación tomó un giro interesante cuando Jerut, con una sonrisa de complicidad, comentó:
—Entonces, ?Lera terminó durmiendo con Erik?
El comentario captó la atención de Jaia y Alisha, que aún no habían sabido ni escuchado toda la historia. Jaia frunció el ce?o con curiosidad.
—?Cómo es eso? Explíquense bien.
Becca y Hada intercambiaron miradas divertidas antes de contar lo ocurrido.
—Al parecer, Lera anoche terminó en la caba?a de Erik después de oler uno de sus experimentos —explicó Hada—. Y no cualquier experimento, sino una que tenía un olor extra?o que Erik reconoció como "alcohol".
—Lera no recuerda como llego allá, solo que la encontramos durmiendo en la cama de Erik —agregó Becca—. Y claro, Erik también estaba ahí.
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Jaia y Alisha se miraron con expresión seria. Después de un momento, Alisha tomó un sorbo de su sopa y suspiró.
—Creo que debemos hablar con Erik a solas.
—Estoy de acuerdo —asintió Jaia—. Hay cosas que necesitamos preguntarle y aclarar.
Las jóvenes intercambiaron miradas de sorpresa.
—?Por qué a solas? —preguntó Suri con curiosidad.
—Porque es necesario —respondió Alisha con serenidad—. No se preocupen, no será nada malo.
Erik, que había estado escuchando la conversación en silencio, sintió que la atención ahora estaba sobre él.
—?Quieren hablar conmigo?
Jaia asintió con una leve sonrisa.
—Sí, Erik. Terminando los deberes del día vendrás a vernos. Hay cosas que necesitamos entender, y creemos que tú eres el único que puede explicarlas.
Aunque Erik no estaba seguro de qué querían preguntarle, entendió que era algo importante. Asintió, dispuesto a escuchar lo que las mayores tenían que decirle.
Después de terminar sus deberes, Erik se preparaba para ir a hablar con las mayores, tal como le habían pedido durante el almuerzo. Sin embargo, antes de que pudiera marcharse, Lera se le acercó con una expresión algo tensa, visiblemente inquieta por lo ocurrido.
—Erik, espera —dijo con seriedad, deteniéndolo con una mano en el brazo.
Erik se giró para mirarla, notando cómo Lera apretaba los labios, como si estuviera debatiéndose entre las palabras que quería decir.
—Quería disculparme otra vez… por lo de anoche —continuó, bajando un poco la mirada—. No quería invadir tu espacio ni molestarte. Ya sé cómo terminé ahí, pero aún así… siento que fue una falta de respeto.
Erik sonrió con suavidad y negó con la cabeza.
—No tienes que disculparte tanto, Lera. Ya te dije que no me molestó. Fue un accidente, no hiciste nada malo.
Lera lo observó por unos segundos, sus ojos reflejaban un peque?o conflicto interno. Luego, sin decir nada más, dio un paso adelante y lo abrazó con fuerza, apoyando la cabeza contra su hombro.
—Aun así… quiero disculparme bien —susurró contra su camisa.
Erik se sorprendió un poco por el gesto, pero correspondió el abrazo con tranquilidad. Sentía el calor del cuerpo de Lera contra el suyo y la manera en que se aferraba a él, como si quisiera asegurarse de que realmente la perdonaba.
Lera aparto la cabeza, sus ojos lo miraron fijamente por un momento, y entonces, con una peque?a sonrisa, se inclinó hacia él con la intención de besarlo.
Pero justo en el último segundo, Erik, sin darse cuenta de su intención, giró la cabeza, al escuchar un ruido cercano, haciendo que los labios de Lera terminaran besando su mejilla en lugar de su boca.
Lera parpadeó, sorprendida, mientras Erik también se dio cuenta de lo que había pasado.
—Oh… —Lera se alejó apenas un poco, sintiendo cómo el calor subía a su rostro—. No era lo que…
A la distancia, Mika, que estaba ayudando a guardar algunas cestas, se había quedado completamente inmóvil al presenciar la escena. Sus ojos se afilaron ligeramente, y su expresión se tornó seria al ver cómo Lera había intentado besar a Erik. Un calor extra?o subió por su pecho, una punzada molesta que no pudo ignorar.
Celos. Los reconoció de inmediato, aunque no le gustara admitirlo.
Apretó los labios y entrecerró los ojos, conteniendo un suspiro. No le sorprendía que Lera también intentara algo con Erik… después de todo, todas las chicas sentían algo por el. Pero verla intentar besarlo despertó en ella una sensación incómoda.
Sin embargo, cuando notó que Erik no la había besado de vuelta y que incluso parecía algo desconcertado por la situación, sintió una inesperada calma en su interior.
Si Erik había aceptado lo que sentía por ella… tal vez también aceptaría a Lera.
Esa idea le provocó una sensación extra?a. No le gustaba, pero tampoco le disgustaba del todo.
Lera, por su parte, intentó recomponerse y, con una leve risa nerviosa, se pasó la mano por la cabeza.
—Bueno… creo que con eso es suficiente —dijo, dándole un leve golpe amistoso en el brazo a Erik—. Mejor ve con las mayores antes de que se impacienten.
Erik asintió, aún sintiendo el momento extra?o en el aire, y comenzó a alejarse en dirección a donde lo esperaban las mayores.
Mika, sin decir nada, volvió a su tarea, aunque en su mente, la imagen de Lera abrazando a Erik y el casi beso seguía repitiéndose.
Erik llegó hasta la caba?a donde Jaia y sus hermanas lo esperaban. Dentro, el ambiente era fresco y tranquilo, pero la expresión de las tres mayores dejaba claro que esta no era una simple charla casual.
—Siéntate, Erik —indicó Jaia, se?alando un lugar frente a ellas.
él obedeció sin cuestionar, sintiendo el peso de sus miradas sobre él.
—Nos hemos enterado de lo que pasó con Lera anoche —dijo Alisha con tono serio.
Erik sintió una punzada de vergüenza, pero se mantuvo firme.
—No sé exactamente qué ocurrió anoche —comenzó a explicar—. Lera no recuerda nada y yo desperté y ella estaba ahí, dormida. No pasó nada entre nosotros.
Jerut, que había permanecido en silencio hasta ahora, inclinó la cabeza con curiosidad.
—No es eso lo que nos preocupa, eres un buen hombre Erik —dijo—. Queremos saber qué sientes por ellas.
La pregunta lo tomó por sorpresa, aunque en el fondo sabía que en algún momento tendría que enfrentarla.
—Yo… —Suspiró, buscando las palabras adecuadas—. No sé cómo explicarlo.
—Hazlo de la forma más simple posible —dijo Alisha con paciencia—. ?Las amas?
La pregunta era tan directa que Erik sintió que su pecho se apretaba.
—Sí… —admitió en voz baja—. Pero eso es lo que me confunde.
Jaia apoyó su mentón en su mano, observándolo con atención.
—?Por qué te confunde?
Erik bajó la mirada, sintiendo que sus pensamientos se arremolinaban.
—donde crecí, el amor suele ser entre dos personas, un hombre y una mujer —explicó—. Es lo más común. Pero amar a varias al mismo tiempo… no es algo bien visto.
Jerut entrecerró los ojos, pensativa.
—Eso no es muy diferente de lo que solía ser aquí —murmuró—. Antes, un hombre solo tomaba a una mujer como su compa?era.
Erik levantó la vista, sorprendido.
—?Antes?
—Cuando aún había hombres —explicó Jaia—. Era común que cada uno estuviera con una sola mujer. Pero ahora… bueno solo estás tú. No sabemos si será bueno o malo si puedes estar con todas o solo con una.
Erik sintió que su pecho se apretaba de nuevo.
—No quiero lastimarlas —confesó—. Me importan todas… más de lo que debería ser normal.
Alisha esbozó una peque?a sonrisa.
—?Y crees que ellas no sienten lo mismo por ti?
él no respondió de inmediato, pero en su interior sabía que sí.
—Todas están confundidas —continuó Jaia—. Pero lo que sienten por ti es claro. No saben qué es el amor a un hombre porque nunca lo han experimentado, pero lo están descubriendo contigo.
—Entonces, ?Qué hago? —preguntó Erik, sintiéndose más perdido que antes.
Jerut lo miró con seriedad.
—No podemos decirte a quién elegir ni cómo hacerlo. Pero si decides corresponderlas… ámalas y respétalas a todas por igual.
Jaia asintió.
—El amor no es solo un sentimiento, Erik. Es una responsabilidad.
Erik sintió que su pecho se apretaba.
—Entonces… ?creen que lo que siento por ellas, está mal?
Jaia negó con la cabeza.
—No es que esté mal, Erik. Pero es algo que nunca antes ha pasado.
Alisha sonrió con suavidad.
—Eres un buen muchacho, Erik. Pero el tiempo dirá lo que pasará entre ustedes.
Hubo un silencio pesado antes de que Jerut terminara con voz solemne:
—No sabemos qué pasará con el tiempo… pero si decides corresponder a alguna, o a todas, debes hacerlo con responsabilidad.
Erik inhaló profundamente. No esperaba esta conversación, pero entendía lo que querían decirle.
—Lo entiendo —dijo con sinceridad.
Las mayores lo observaron un momento más antes de asentir con aprobación.
—Bien —dijo Jaia—. Entonces ve y sigue con tus actividades.
Pero antes de que Erik pudiera levantarse, Jerut habló con seriedad.
—Aún hay algo más, que debemos discutir contigo.
Erik se detuvo y las miró.
—?Sobre qué?
—Sobre Suri —dijo Alisha.
Erik sintió un ligero escalofrío.
—?Suri?
Jaia asintió.
—Sabes que te admira mucho.
—Sí —respondió Erik sin dudar—. Pero para mí, ella es como una hermanita.
Las mayores intercambiaron miradas antes de asentir.
—Nos tranquiliza oír eso —dijo Jerut—. Pero es importante mencionarlo porque ella aún es joven, y quizás no entienda bien la diferencia entre el cari?o que siente por ti y lo que las demás podrían llegar a sentir.
Erik asintió lentamente y, después de un momento de silencio, decidió hablar.
—Cuando era ni?o, tenía dos hermanas —dijo en voz baja.
Las mayores lo miraron con atención.
—Desaparecieron junto con mis padres… y nunca supe qué pasó con ellas.
Jaia inclinó la cabeza levemente.
—Lo siento, Erik.
él sonrió con tristeza.
—Por eso veo a Suri como una hermana peque?a. Porque me recuerda a ellas… y porque no quiero que se sienta sola o desprotegida.
Las mayores intercambiaron miradas y asintieron.
—Eso es bueno. Pero con el tiempo, cuando crezca y tenga la edad adecuada… quizás su cari?o por ti cambie, a algo mas profundo.
Jerut asintió.
—Si eso sucede… ?Qué harás?
Erik tardó en responder.
—Si alguna vez ella siente algo más fuerte por mí… lo hablaré con ella. Pero hasta que llegue ese momento, la seguiré tratando como lo que es ahora: una ni?a que necesita apoyo y protección.
Las mayores intercambiaron miradas y asintieron.
—Bien —dijo Jaia—. Eso era todo. Ahora sí puedes irte.
Erik se puso de pie y salió de la caba?a, aún sintiendo el peso de la conversación.
Se quedó un momento de pie, observando a las chicas en la aldea. Todo parecía igual… pero en su interior, algo le decía que, después de aquella conversación, las cosas ya no serían como antes.
El dia se desvanecía lentamente, y con ella, la tensión en el aire que rodeaba a los conspiradores. Todos se encontraban reunidos en la caba?a de Lera, con las miradas centradas en el plan que se desplegaría al día siguiente. El sol ya comenzaba a esconderse detrás de las monta?as, pero había poco tiempo para descansar. El plan debía ejecutarse pronto.
—"Entonces, ?todos listos para ma?ana?" preguntó Becca, mirando con determinación a los demás. —"Tenemos que hacerlo bien, no podemos permitir que Suri sospeche nada."
Lera asintió con firmeza. —"Ya hemos hablado con las mayores. Suri se irá ma?ana a recolectar plantas medicinales con ellas, y la idea es aprovechar ese tiempo para mover sus cosas de la caba?a central sin que se entere. Lo problemático será en la tarde, debemos sacarla de la aldea para que no pueda oler la comida cocinarse para la fiesta"
Erik, que estaba algo nervioso, frunció el ce?o al pensar en lo que esto implicaba. —"?Están seguras de que no sospechará nada si la mantienen ocupada toda la ma?ana?."
Becca sonrió tranquilizadora. —"Sí, Suri es muy responsable, pero también es muy confiada. Si logramos que no pase cerca de la caba?a central durante todo ese tiempo, no notará nada raro."
Mika se cruzó de brazos y miró a Erik con algo de preocupación. —"Lo importante es que no se acerque a la caba?a central por ningún motivo. Y, sobre todo, que no nos vea moviendo sus cosas. Y respecto en la tarde Erik y yo la podemos llevar a hacer algunas cosas y así la distraeremos."
Lera pensó un momento, luego asintió. —"Si eso haremos, las mayores la llevaran a una zona alejada de la aldea. Además, yo iré con ellas al principio, para asegurarme de que no pase por la caba?a que será su nuevo hogar. Cuando no esté cerca, podemos empezar a mover todo."
Erik frunció el ce?o, un poco dudoso, pero confiando en el plan. —"Sí, eso podría funcionar." Además pasaría tiempo con Mika, lo que le ponía feliz.
Becca levantó una ceja. —"Bueno lo moveremos por etapas. La idea es no cargar todo de una vez, porque eso llamaría mucho la atención. Haremos que parezca algo natural. Todos deberíamos trabajar juntos para que no se dé cuenta."
Mika se acercó a Erik, su tono decidido. —"Y, mientras ella esta ocupada, con nosotros tenemos que asegurarnos de que no vuelva antes de que terminen de hacer la comida. "
Lera se encargó de ultimar los detalles. —"Yo estaré cerca de la caba?a central para asegurarme de que todo se haga con discreción. Si Suri empieza a sospechar, la distraeré lo suficiente para que no se acerque."
—"Perfecto," dijo Becca, mirando a todos con confianza. —"Ahora, la clave es la coordinación. Mientras Suri esté fuera, moveremos todo lo que podamos."
Erik respiró hondo, entendiendo lo arriesgado del plan pero confiando en que todo saldría bien. —"Todo debe estar listo para cuando regresemos. No podemos dejar ninguna pista."
—"Exactamente," agregó Mika, con una sonrisa. —"Cuando regresemos con ella, debe pensar que todo sigue igual. Pero Suri va a estar muy sorprendida cuando vea lo que hemos hecho."
Todos asintieron, compartiendo la emoción y la incertidumbre del plan. Sabían que, si todo salía bien, Suri tendría una gran sorpresa, pero también entendían que el éxito dependía de no cometer ningún error.
—"Entonces, ma?ana por la ma?ana, comenzamos," concluyó Lera, mirando a todos con determinación. —"Debemos ser rápidos y silenciosos. No puede descubrirlo antes de tiempo. Y recuerden debe pensar que olvidamos su día especial"
Con un último asentimiento general, se despidieron, sabiendo que, al día siguiente, todo se pondría en marcha. Las horas de la noche se alargaron mientras ellos se preparaban mentalmente para la gran sorpresa que sorprendería a Suri.
La noche comenzaba a calmarse, y las estrellas brillaban suavemente en el cielo mientras el grupo se dispersaba. Becca y Hada, con una energía algo apresurada, se despidieron de los demás rápidamente.
—"Tenemos que ir a ayudar a Arlea con la carne, para que este lista para cocinar ma?ana para la fiesta," dijo Becca, mientras Hada asintió rápidamente, su rostro lleno de entusiasmo. —"?Nos vemos ma?ana!"
Ambas salieron caminando rápidamente, conscientes de que la preparación de la fiesta para el día siguiente requería de su presencia.
Mika y Erik se quedaron unos segundos más dentro de la caba?a de Lera después de haber terminado de planificar la sorpresa para Suri. El ambiente estaba tranquilo, pero Lera apenas prestaba atención a la conversación final entre ellos. Su mente estaba en otra parte, recordando lo ocurrido más temprano con Erik.
—Bueno, ya es tarde —dijo Mika con una leve sonrisa—. Ma?ana será un día ocupado.
—Sí, deberíamos irnos a descansar —respondió Erik.
Mika y Erik comenzaron a salir de la caba?a, pero lo hicieron a un ritmo pausado, sin prisa, como si disfrutaran simplemente de estar juntos.
Lera los vio alejarse mientras ella se quedaba en la entrada de su caba?a, con un impulso creciente de hacer algo.
Había querido hablar con Erik sobre lo ocurrido más temprano, sobre el beso que casi le había dado, pero no encontraba el momento. Justo cuando estaba a punto de salir tras él, vio cómo Erik y Mika caminaban juntos… y luego, cómo sus manos se unían.
Erik y mika caminaban y un silencio cómodo se instaló entre ellos, pero sin pensarlo, las manos de ambos se encontraron, y sin decir palabra alguna, sus dedos se entrelazaron suavemente. Era un gesto natural, algo que ambos sentían como propio, pues ya se consideraban novios, aunque aún sin palabras explícitas. Había algo en su conexión que lo decía todo sin necesidad de pronunciarlo.
Erik, con una sonrisa nerviosa, miró a Mika de reojo. Aunque se sentía tranquilo en su presencia, todavía no estaba completamente seguro de cómo manejar la situación. él nunca había tenido una relacion antes, pero con Mika todo parecía sencillo, casi natural.
Lera al verlos se quedó quieta, con los ojos bien abiertos como la boca que podría llegar hasta el suelo, sintiendo una punzada en el pecho.
Decidió seguirlos en silencio. No sabía exactamente qué esperaba ver o escuchar, pero no podía evitarlo.
A medida que avanzaban, Lera observó cada peque?o gesto entre ellos. Erik parecía nervioso al principio, pero Mika se veía natural, cómoda a su lado. Incluso se reía un poco, y Erik le respondía con sonrisas tímidas.
Lera sintió un nudo en el estómago.
Cuando llegaron a la entrada de la caba?a de Mika, algo inesperado ocurrió. Se detuvieron. Mika miró a Erik, y sin pensarlo, lo abrazó suavemente. Erik correspondió el abrazo, rodeándola con sus brazos en su cintura. Estuvieron así por unos momentos, disfrutando del contacto cercano.
El abrazo fue breve, pero lleno de una sensación de cari?o que Lera pudo ver claramente desde su escondite. Después, sin soltarse, se miraron a los ojos, y en un gesto tímido pero lleno de afecto, se besaron. El beso fue corto, pero significativo, como si ambos compartieran un sentimiento profundo que Lera no podía entender por completo.
El corazón de Lera latía con fuerza, un nudo se formó en su garganta al ver la escena. Se quedó ahí, paralizada, mientras Mika y Erik se separaban. Después de unos segundos, se miraron por última vez antes de alejarse un poco, sonriendo tímidamente.
—Ma?ana tenemos mucho trabajo para la sorpresa de Suri —dijo Mika, rompiendo el silencio con una suave sonrisa.
—Sí, será mejor que descansemos —respondió Erik, mirando a Mika con una mezcla de afecto y algo de cansancio.
Ambos se dieron un breve beso, se abrazaron una vez más, y luego, con una sonrisa compartida, se despidieron.
—Nos vemos ma?ana —le dijo Erik, aún sonriendo.
Mika asintió con una mirada que denotaba complicidad, antes de ingresar a su caba?a a dormir.
Erik dio un paso atrás, despidiéndose con la mirada, y luego comenzó a alejarse hacia su caba?a.
Lera, oculta entre los árboles, observó todo con el corazón acelerado. La confusión y unos sentimientos raros al verlos juntos seguían siendo fuertes dentro de ella. —“?Realmente son pareja? ?Qué hago ahora?” pensó, mientras veía a Erik alejarse en dirección a su caba?a.
Erik caminaba hacia su caba?a con la mente aún en Mika. No podía evitar estar feliz y sonreír un poco. La forma en que se despidieron, su cercanía, la calidez de sus labios al besarla… Nunca había tenido una relacion, y ahora, aunque no sabía cómo actuar exactamente, sentía que Mika lo era.
Lera sintió el impulso de seguirlo, de enfrentarlo, de preguntarle por lo que vio entre el y Mika, pero sus pies no se movieron. En su pecho había una mezcla de emociones que no terminaba de entender. Celos, tristeza, frustración… y, al mismo tiempo, un calor incómodo que la hacía recordar que estuvo cerca de besarlo mas temprano.
—?Esto significaba que él sentía algo por Mika más que por las demás? ?O acaso… podía sentir lo mismo por varias?
Apretó los labios y bajó la mirada.
Sin darse cuenta, sus manos se habían cerrado en pu?os.
No sabía qué hacer con lo que acababa de ver, pero tampoco tenía fuerzas para enfrentarlo ahora. Dio media vuelta y, sin hacer ruido, se dirigió a su propia caba?a.
Esta noche tenía demasiado en qué pensar.
El sol ya había salido por encima de los árboles, ba?ando la aldea con su luz dorada. La brisa matutina era fresca, y la aldea estaba llena de actividad. Hoy era un día especial, y todos lo sabían.
Las mayores, con su complicidad con las chicas, se encargaron de llevarse a Suri temprano en la ma?ana. No le dieron muchas explicaciones, solo mencionaron que necesitaban su ayuda con algo importante. Suri, aunque extra?ada, aceptó sin protestar, siguiéndolas mientras lanzaba una última mirada curiosa hacia las demás.
Apenas desaparecieron, Becca, Hada y Lera se pusieron en marcha.
—Bien, tenemos que darnos prisa antes de que vuelvan —dijo Becca, tomando algunas cosas que pertenecían a Suri—. Queremos que cuando regrese todo esté listo.
Hada, que ya estaba con los brazos ocupados cargando algunas de sus mantas, sonrió con emoción.
—No puedo esperar a ver su cara cuando vea su nueva caba?a. Seguro se emociona tanto que nos va a abrazar a todas hasta dejarnos sin aire.
Lera, que sostenía una peque?a caja con los pocos objetos personales de Suri, asintió.
—Nos costó mantenerlo en secreto, pero valdrá la pena. Además, con la fiesta en la noche, será un buen cierre para el día.
Las tres caminaron por la aldea hasta la nueva caba?a de Suri. Era peque?a, pero acogedora. La habían arreglado con esfuerzo y cari?o, asegurándose de que tuviera todo lo que ella necesitaba. Con cuidado, comenzaron a colocar sus cosas dentro, acomodando los objetos con la esperanza de que Suri se sintiera en casa al instante.
Becca dejó las cosas sobre una esquina de la cama y suspiró.
—No puedo creer que nuestra peque?a Suri ya tenga su propio lugar.
—Bueno, sigue siendo nuestra Suri —dijo Hada con una sonrisa —, solo que ahora va a tener más espacio para tener mas cosas.
Lera sonrió, pero su mente divagaba un poco.
Cuando terminó de acomodar lo que llevaba, su mirada se desvió hacia la zona de cocina donde Erik, Mika y Arlea estaban preparando la comida. Mika estaba a su lado, escuchándolo atentamente mientras él le explicaba algo, y Arlea cortaba con destreza los vegetales y verduras que usarían para la sopa del almuerzo. Se veían tan cómodos juntos, tan naturales.
Lera apretó los labios. Aún tenía muy presente lo que había visto en la noche: Ellos abrazándose y besándose en la entrada de la caba?a de Mika. La imagen volvía a su mente una y otra vez, recordándole que, aunque no quería admitirlo, le afectaba más de lo que debería.
Sabía que Mika también sentía algo por Erik, y ahora ya no le cabía duda de que Erik la correspondía. Y sin embargo… Su pecho se sintió pesado por un momento, pero sacudió la cabeza, tratando de concentrarse en la tarea que tenía delante.
—Lera, ?estás bien? —preguntó Becca, notando su distracción.
Lera parpadeó y le sonrió con rapidez.
—Sí, solo pensaba en cómo sorprenderemos a Suri.
Becca la miró con desconfianza, pero no insistió.
Lera suspiró y regresó a su trabajo. No era momento para preocuparse por eso. La sorpresa de Suri era lo más importante ahora.
Lejos de la aldea, el sonido de las hojas secas crujía bajo sus pies mientras Suri caminaba junto a Jaia y sus hermanas. El valle se extendía ante ellas con su verde vibrante, el aroma de la tierra húmeda mezclándose con el suave perfume de las plantas silvestres.
Suri sabía que hoy era un día especial para ella, aunque las mayores no se lo hubieran dicho directamente. Su cumplea?os era algo que nunca pasaba desapercibido entre las demás, y aunque trataban de actuar con naturalidad, no podía evitar notar ciertos detalles sospechosos: la forma en que la habían sacado de la aldea temprano, la insistencia en buscar hierbas más lejos de lo acostumbrado y, sobre todo, la manera en que evitaban que regresara demasiado pronto.
Pero esta vez, su día sería aún más especial que en a?os anteriores.
Por primera vez, Erik estaría allí.
El hombre que la había salvado de aquella bestia en el bosque, el que arriesgó su vida por ella sin dudarlo. Cada vez que pensaba en ese momento, podía sentir su corazón acelerarse. Recordaba con claridad el miedo paralizante al ver las fauces de la criatura a punto de atraparla… y luego, la imagen de Erik enfrentándola sin temor. Nunca olvidaría la desesperación en su voz cuando le dijo que corriera, ni la forma en que su cuerpo cayó herido tras la batalla.
Desde aquel día, Erik se había convertido en alguien muy importante para ella. No solo porque le debía la vida, sino porque con el tiempo había aprendido a quererlo de verdad.
—No hay prisa, ni?a, tenemos que encontrar las mejores hierbas medicinales—dijo Jaia con voz calmada, revisando las ramas de un arbusto cercano—. Si nos tomamos nuestro tiempo, podremos llevar lo suficiente para reabastecer las reservas.
Suri asintió con una sonrisa, intentando no dejarse llevar por sus pensamientos.
—Claro, lo que digan.
Jaia le lanzó una mirada rápida, pero siguió revisando las plantas sin comentar más.
Alisha, que caminaba un poco más adelante, se detuvo junto a un árbol retorcido, observando sus raíces expuestas.
—Aquí suele crecer la raíz roja que ayuda con los dolores de cabeza. Busca cerca de las piedras, Suri.
Suri se arrodilló y comenzó a apartar algunas hojas secas.
—?Solíamos venir tan lejos para recolectar estas hierbas? —preguntó con fingida inocencia.
Jerut soltó una leve risa.
—Las mejores hierbas siempre están en los lugares más difíciles de alcanzar.
—Claro… —murmuró Suri, sintiendo la diversión de las mayores.
Definitivamente la estaban entreteniendo a propósito. No le molestaba, de hecho, se sentía feliz de que se tomaran tantas molestias por ella, pero tenía curiosidad por lo que estarían haciendo en la aldea.
Jaia le dedicó una mirada de soslayo antes de hablar.
—?Y cómo te sientes hoy?
Suri dejó la raíz que había encontrado sobre una peque?a bolsa de tela y sonrió.
—Me siento bien. Creo que este será un buen día.
Las mayores intercambiaron una mirada entre ellas, pero no dijeron nada.
Suri miró hacia el cielo, viendo cómo el sol avanzaba lentamente hacia el punto más alto. No importaba cuánto intentaran distraerla, sabía que al mediodía regresarían a la aldea. Y cuando lo hicieran, estaba segura de que algo la estaría esperando.
Pero lo que más le emocionaba… era que Erik estaría allí, compartiendo su dia especial con ella. En su día especial, no solo tenía a su familia, sino también a él. Y eso la hacía más feliz de lo que jamás hubiera imaginado.
En la aldea, todo estaba en orden. La comida estaba lista, el ambiente era tranquilo y cada una de las chicas se mantenía en su rutina como si fuera un día cualquiera. Mika y Erik terminaban de organizar para servir la sopa en los cuencos, mientras Hada y Becca conversaban sobre los animales, fingiendo desinterés por cualquier otro asunto.
Suri y las mayores aún no llegaban. Todo debía parecer normal, sin ninguna se?al de que estaban esperando su regreso.
La estrategia era simple: hacerle creer que habían olvidado su día especial.
Cuando Suri y las mayores llegaron a la aldea, todo parecía normal. No había ninguna decoración especial ni se?ales de que alguien la estuviera esperando con entusiasmo. Solo el aroma de la sopa recién hecha flotaba en el aire, y las chicas, sin levantar la vista, se acomodaron en sus lugares habituales para comer.
—Llegaron justo a tiempo —comentó Becca con naturalidad, tomando su cuenco de sopa.
—Sí, pensé que tardarían más —a?adió Hada, bebiendo un sorbo sin prestar mucha atención a Suri.
La cumplea?era miró a su alrededor con cierta inquietud, esperando alguna reacción, alguna mirada cómplice que indicara que habían recordado su día especial. Sin embargo, todas seguían conversando de temas cotidianos, sin hacer referencia alguna a la fecha.
Jaia y Alisha también se sentaron sin decir nada fuera de lo común, mientras Jerut servía su porción en silencio.
—?Y qué tal les fue? —preguntó Mika con desinterés, removiendo su sopa con la cuchara.
—Bien… encontramos algunas hierbas que no solemos ver cerca de la aldea —respondió Suri, sintiéndose extra?amente incómoda.
—Eso es bueno —dijo Lera, tomando un bocado.
Suri miró a su alrededor, esperando encontrar alguna se?al de la sorpresa que había estado imaginando toda la ma?ana. Sin embargo, todo parecía igual.
Hada pasó junto a ella, comentando algo sobre los animales. Mika y Becca seguían hablando, mientras que Erik simplemente le dedicó una sonrisa cordial antes de seguir con lo suyo.
No podía evitar sentirse un poco triste.
Por supuesto, no esperaba que Erik supiera que hoy era su día especial… pero las chicas sí lo sabían.
—?De verdad se habían olvidado? Pensó, recorriendo la mirada al rededor.
Bajó la mirada, reprimiendo un suspiro. Se recordó a sí misma que no debía sentirse mal. Había pasado una ma?ana agradable con las mayores, y no necesitaba nada más.
Suri esperó unos segundos más, pero nadie decía nada.
Nada de "feliz día", nada de sonrisas especiales, nada que indicara que recordaban la fecha.
Se mordió el labio, tratando de no darle importancia. Quizás estaban esperando el momento adecuado… o quizás, de verdad lo habían olvidado.
Bajó la mirada y tomó su cuenco, comenzando a comer en silencio.
El sabor de la sopa era bueno, pero en ese momento, no le sabía a nada.
Cuando terminaron de comer, todos se levantaron con naturalidad para seguir con sus tareas. Algunas fueron a limpiar los cuencos, otras organizaron cosas en la aldea, y poco a poco, cada quien se fue dispersando.
Suri, en cambio, se quedó sentada por un momento, sintiendo una leve pesadez en el pecho. ?De verdad lo habían olvidado? No quería molestarse con las chicas, pero no podía evitar sentirse un poco triste.
—Suri —la voz de Erik la sacó de sus pensamientos.
Levantó la mirada y lo vio de pie junto a ella, con una expresión relajada pero con un brillo amigable en los ojos.
—?Quieres ayudarme con algo?
Suri parpadeó sorprendida. No esperaba que Erik le pidiera ayuda justo ahora. Miró a las demás, pero nadie parecía prestarle atención.
—?Con algo? —preguntó, aún con un dejo de melancolía en la voz.
—Sí. Necesito una mano con algo, y pensé que podrías ayudarme —le explicó con una media sonrisa.
Suri suspiró, aún con un poco de tristeza, pero no pudo evitar que un peque?o alivio se colara en su pecho. Quizás las chicas se habían olvidado… pero al menos Erik quería pasar tiempo con ella.
—Está bien —dijo finalmente, poniéndose de pie.
Erik le sonrió y comenzó a caminar, esperando a que lo siguiera.
Suri se apresuró a alcanzarlo, sintiendo que, aunque su día especial no iba como esperaba, al menos no lo pasaría sola.
Suri caminaba junto a Erik, siguiendo el sendero que los llevaba al río, cuando notó que Mika venía detrás de ellos.
—?A dónde van? —preguntó Mika con los brazos cruzados, arqueando una ceja.
—Erik dijo que necesitaba ayuda con algo —respondió Suri, aún con un poco de tristeza en la voz.
—Ah, ?sí? Qué curioso, porque no recuerdo que mencionaras nada sobre el río antes, Erik —dijo Mika con una ligera sonrisa de sospecha.
Erik se encogió de hombros con naturalidad.
—No lo mencioné porque pensé que no sería algo difícil y le pedí ayuda a Suri.
Mika entrecerró los ojos un momento, pero luego suspiró y decidió acompa?arlos, como habían planeado en la noche. Y así, los tres pasaron la tarde juntos.
Mientras Suri intentaba concentrarse en los peque?os deberes y la charla, no pudo evitar notar algo que le causaba un ligero cosquilleo en el pecho. Erik y Mika se llevaban demasiado bien… Se hablaban con confianza, a veces con peque?as bromas entre ellos, y, lo que más llamó su atención, caminaban muy cerca el uno del otro.
Mika, que siempre había sido más reservada, parecía diferente cuando estaba con Erik. En ciertos momentos, sus brazos se rozaban sutilmente, y en otras ocasiones, cuando Erik decía algo gracioso, Mika sonreía de una forma que Suri rara vez le veía hacer.
Suri trató de ignorarlo y centrarse en el momento, pero la cercanía entre ellos le dejaba una extra?a sensación, como si estuviera presenciando algo que no terminaba de comprender.
Sin embargo, a medida que el sol comenzó a ocultarse, su mente volvió a otro pensamiento: Mika y Erik no habían mencionado nada sobre su día especial. Quizás realmente lo habían olvidado…
—Ya es tarde —dijo Erik, sacándola de sus pensamientos—. Es hora de volver.
Suri asintió con la cabeza y los tres comenzaron a caminar de regreso a la aldea.
Cuando pasaron cerca de la caba?a de Erik, él se detuvo.
—Voy por algo, ustedes sigan que ya los alcanzo mas rato—dijo antes de entrar.
Suri miró a Mika con curiosidad, pero la otra chica simplemente le tomó la mano con confianza.
—Ven, vamos a la aldea —le dijo, guiándola sin darle oportunidad de preguntar.
Suri no protestó y la siguió, sin sospechar nada, paso una tarde maravillosa con ella y Erik.
Poco después, Mika la llevó cerca de una caba?a iluminada por la luz de varias antorchas. De repente, cuando ya estaban frente a la caba?a, Suri detuvo sus pasos. El nudo en su estómago volvió a apretarse, y una mezcla de incertidumbre la envolvió. Antes de que Suri pudiera reaccionar, adentro estaban todas las chicas esperándola con sonrisas radiantes.
—?Feliz día, Suri!
Suri abrió los ojos con sorpresa, sintiendo cómo su corazón se llenaba de emoción al darse cuenta de que no habían olvidado su día especial después de todo.
—"?Todo esto... es para mí?" preguntó con los ojos brillando, aunque también algo confundida.
Suri estaba dentro de su nueva caba?a, rodeada por las chicas. El lugar estaba acogedor y todo parecía perfecto. Las chicas la rodeaban con sonrisas cálidas, haciéndola sentir especial. A pesar de que durante el día había tenido dudas sobre si se habían olvidado de su día especial, en ese momento, rodeada de ellas, se sentía completamente feliz. Había sido una sorpresa increíble.
Aunque se preguntaba dónde estaba Erik, no dejó que eso nublara su alegría. De repente, la puerta Erik apareció, con una ligera sonrisa tímida en el rostro, llevando un peque?o paquete envuelto cuidadosamente en tela. Las chicas se apartaron un poco para darle espacio, pero fue Suri quien se acercó primero, sus ojos curiosos fijos en el regalo que él le traía.
—"?Suri!" dijo Erik con una sonrisa brillante.
Suri lo observó y, al ver el paquete que él traía, se sintió un peque?o latido en su pecho. —"Erik... ?Qué es eso?"
Erik se acercó a ella y, le entregó el paquete. Suri, sorprendida, lo abrió con rapidez. Dentro encontró una hermosa diadema de madera tallada a mano, adornada con una sencilla flor y formas delicadas que parecían fluir con la naturaleza misma. Lo que más la conmovió fue la suavidad de la madera, que reflejaba la dedicación y el esfuerzo que Erik había puesto en ella.
—"Esto es para ti, Suri," dijo Erik con una voz suave y cálida. —"Para que nunca olvides que eres especial y que siempre estaremos aquí para ti."
Y al ver un peque?o tallado en uno de los lados, algo le llamó la atención. En el tallado se podía distinguir lo que parecía ser unos símbolos, pero no lo entendió de inmediato.
Las chicas, al ver los intrincados detalles de la diadema, comenzaron a murmurar entre ellas, pero cuando se acercaron más, vieron los símbolos grabados que parecían formar un patrón.
—"?Qué significa esto?" preguntó Becca, observando con atención los símbolos delicados que estaban grabados en la madera.
—"Es... ?un tipo de símbolos de protección?" sugirió Hada, mientras acariciaba el objeto con suavidad.
—"Sí, como una especie de bendición," dijo Arlea, tocando los grabados. —"Estos símbolos parecen tener algo especial."
Suri, aunque no entendía exactamente lo que representaban esos símbolos, los miró con aprecio. Aunque sentía que no sabía todo sobre el significado de la diadema, estaba profundamente agradecida por el gesto de Erik. Se acercó a él con la diadema en las manos, pero antes de que pudiera decir algo, él intervino.
—"Es algo peque?o, pero... quiero que sepas que lo hice con todo mi corazón," dijo Erik.
Suri lo miró sorprendida, pero al ver la sinceridad en los ojos de Erik, no pudo evitar sonreír. Mientras sostenía la diadema, pensó que tal vez el tallado tenía un significado más profundo. Era algo que ella apreciaría siempre.
Las mayores, que hasta ese momento habían estado observando, se acercaron con curiosidad al regalo. Aunque no sabían el significado, observaban los símbolos en la diadema con una mirada reflexiva. Sus ojos recorrían los tallados, y hubo un silencio momentáneo mientras intentaban comprender.
—"?Qué son estos símbolos?" preguntó Jaia, mirando con detenimiento la diadema.
Las gemelas, con un gesto de duda, también se acercaron más a observar.
—"Esos símbolos... aunque no iguales, los he visto antes," dijo Jerut, acariciando la diadema con la yema de los dedos. —"Tal vez en algún lugar... algo familiar."
Becca, al escuchar las palabras de las mayores, se acercó y miró más de cerca los símbolos en la diadema.
—"No sé qué significa, pero se ve importante," murmuró Becca. —"Quizás son signos de protección o algo así."
Suri, aún sosteniendo la diadema, miró a Erik, sin entender del todo lo que pasaba.
—"?Qué significa esto?" preguntó Suri, sin poder ocultar su curiosidad.
Erik, al ver la confusión en los ojos en todas ellas, suspiró. Ahora comprendía por completo que las mujeres no sabían leer ni escribir, y eso le dio una idea de lo que estaba pasando.
—"Son letras," explicó Erik suavemente. —"Estos símbolos no son solo marcas o signos al azar. Son letras. Escribí tu nombre, Suri."
Las mayores, al escuchar su explicación, se quedaron en silencio. No podían comprender del todo lo que Erik estaba diciendo, ya que no sabían nada sobre la escritura y mucho menos leer, pero el hecho de que los símbolos fueran palabras escritas les parecía algo completamente nuevo.
—"?Letras?" repitió Jaia, algo desconcertada. "?Cómo se... se leen?"
Erik asintió lentamente, comprendiendo que para ellas eso era algo completamente ajeno.
—"Sí," respondió Erik. —"Cada símbolo representa una letra, y juntos forman palabras. Así se escribe el nombre de Suri."
Las mujeres mayores intercambiaron miradas, intentando procesar la nueva información. Aunque no entendían completamente cómo funcionaba, sí podían sentir la importancia del gesto de Erik.
Suri, mirando la diadema con los ojos brillando, finalmente entendió lo que Erik quería decir. Aunque no sabía leer los símbolos, comprendía que era algo significativo. Se acercó más a él, agradecida por su dedicación.
—"Gracias, Erik. Es hermoso," dijo Suri, sonriendo. Dándole un abrazo —"Nunca imaginé que me regalarías algo tan especial."
Erik sonrió al verla tan feliz, y las chicas, al ver la conexión entre ellos, también sonrieron. No podían esperar para compartir más momentos con Suri en su nuevo hogar.
Arlea, al ver que la atención se había centrado en la diadema, tomó la iniciativa de cambiar de tema para aligerar el ambiente.
—"Venga, Suri, es hora de celebrar. ?El festín nos espera!" dijo Arlea con entusiasmo. —"Hoy es tu día. Vamos, celebraremos."
Las chicas, con una sonrisa cálida, guiaron a Suri hacia la zona de comida, mientras Erik las seguía, aún con la sensación de que la diadema tenía un significado mucho más profundo de lo que él había imaginado.
Cuando llegaron al área de comida, el bullicio y la alegría llenaban el aire. La comida estaba dispuesta en grandes cuencos sobre la mesa, y todos ya se estaban sirviendo a gusto. Suri se sintió rodeada de cari?o y celebración. El calor del día no parecía importar en ese momento, ya que lo único que importaba era el presente y las personas que la rodeaban.
—"Hoy es tu día, Suri," dijo Becca, sonriendo.
Suri miró a su alrededor, sintiendo la calidez de todas las personas que habían hecho su día tan especial. Finalmente, entendió que, aunque no comprendiera todo lo que pasaba, lo que realmente importaba era el amor y la unión que compartían.
La mesa estaba llena de risas y alegría. El aire estaba lleno del aroma a la comida, Suri, radiante y feliz, no podía dejar de sonreír mientras su familia la rodeaban, celebrando sus 9 a?os.
Arlea levantó una copa de madera, llena de un jugo bien frio, sonriendo mientras miraba a Suri.
—"Por Suri, por sus 9 a?os," dijo Arlea, levantando su copa. Las demás, siguiendo su ejemplo, alzaron las suyas, y Erik hizo lo mismo, mirando a Suri con una sonrisa cálida.
Todos brindaron al unísono, la emoción palpable en el aire mientras Suri sentía una mezcla de gratitud y felicidad. No esperaba tanto, pero allí estaba, rodeada de todos que la querían y celebraban su vida.
—"?Por Suri!" exclamó Becca, riendo.
—"?Por Suri!" respondieron los demás, alzando sus copas.
Suri, con los ojos brillando por la emoción, levantó también su copa.
—"?Gracias por todo!" dijo, con una sonrisa que reflejaba el amor y la calidez que sentía.
En medio de la celebración, Becca, observando a Suri con una sonrisa cómplice, se acercó a ella, y con voz baja le dijo:
—"Suri, ya tienes puesta la diadema que Erik te regalo, y la verdad es que se te ve preciosa... Pero, ?por qué no te pones también la medalla de madera que te dejó mamá Ayla? Sería perfecto, verás cómo los dos objetos hacen juego. La diadema y la medalla, ambos con esos símbolos. Estoy segura de que se verá aún más especial."
Suri, sorprendida por la sugerencia, miró a Becca, y luego tocó la diadema que llevaba puesta, sonriendo al ver lo bien que le quedaba. Pensó en la medalla de madera, la que mamá Ayla le había dejado y que siempre había llevado con ella. Había dejado de usarla porque temía perderla o romperla, pensando que, con Erik cerca, ya no la necesitaba tanto.
—"No lo sé," dijo Suri en voz baja, tocando la diadema con cari?o. —"Pero tal vez lo haga, Becca. Me haría sentir más cerca de mamá Ayla... y de todo lo que ella me dio."
—"?Hazlo!" insistió Becca, sonriendo ampliamente. —"Te verás aún más hermosa. Es como si los dos objetos te conectaran con lo que te dejó Mama ayla, y a la vez con Erik, que te cuida y protege ahora."
Suri, sintiendo una oleada de emociones, asintió lentamente. Sabía que Becca tenía razón, y al pensar en cómo la diadema y la medalla representaban tanto de su pasado y su presente, sintió que era el momento perfecto para llevar ambas cosas con orgullo.
—"Está bien, voy a buscarla," dijo, sonriendo. "?Las dos cosas juntas deben verse preciosas!"
Se levantó con una sonrisa y se dirigió hacia su caba?a a buscarla. Mientras tanto, los demás seguían disfrutando del festín, riendo y contando historias.
Erik, al verla ir hacia su caba?a, sonrió para sí mismo, observando cómo Suri se sentía más cómoda y segura con cada gesto de cari?o que recibía. Sabía que el gesto de darle la diadema había sido solo una peque?a parte de lo que ella necesitaba, pero ver la felicidad en su rostro lo llenaba de satisfacción.
Cuando Suri regresó con la medalla de madera colgada en su cuello y la diadema puesta, todos notaron el cambio. La combinación de la diadema y la medalla hacía que se viera aún más fuerte, como si ambos objetos fusionaran los recuerdos del pasado con la protección y el amor que ahora tenía en su vida.
—"?Qué hermosa te ves, Suri!" exclamó Arlea, admirando cómo los dos objetos se complementaban perfectamente.
Las chicas sonrieron, viendo lo bien que combinaban la medalla y la diadema. No solo eran adornos, sino símbolos de la protección, el amor y la conexión que compartía.
—"Te queda perfecta," dijo Becca, gui?ándole un ojo. —"De ahora en adelante, siempre usarás estos dos símbolos como un recordatorio de todo lo que tienes y todo lo que eres."
Suri, con una sonrisa tímida, tocó la medalla y la diadema, sintiendo una paz profunda en su corazón. Miró a Erik, quien la observaba con cari?o, y por un momento, supo que estaba rodeada de personas que la querían y que la protegerían siempre.
—"Gracias a todos," dijo Suri, con los ojos brillando. —"Realmente este es el mejor día de mi vida."
Suri, emocionada, se acercó a Erik con una gran sonrisa, utilizando con orgullo tanto la diadema en su cabeza como la medalla de madera.
—"?Mira, Erik!"—dijo con alegría—"Becca dice que los dos objetos hacen juego, y creo que tiene razón. ?Qué te parece?"
Erik la miró y asintió con una leve sonrisa.
—"Sí… combinan bien. Se ven bonitos juntos."
Pero cuando Suri avanzó unos pasos más y la luz de las lunas la iluminó mejor la medalla de madera, la sonrisa de Erik se desvaneció por completo. Su expresión pasó de la calma a la sorpresa y, luego, al puro desconcierto. Sus ojos se abrieron de par en par mientras sentía que el aire se volvía pesado a su alrededor.
No podía ser. Esa medalla… El tallado, la forma, los peque?os detalles… era imposible no reconocerla. Era suya.
El mundo a su alrededor pareció desmoronarse en un instante. Un escalofrío le recorrió la espalda y su mente se nubló. Se sentía como si hubiese visto un fantasma, como si la realidad misma se estuviera rompiendo frente a sus ojos.
—"?Cómo… cómo es posible?"—murmuró con un hilo de voz, sin apartar la mirada de la medalla.
Las chicas notaron de inmediato su cambio de expresión. Al principio creyeron que estaba sorprendido de forma normal, pero cuando lo vieron temblar, dejo caer su cuenco de comida y retroceder levemente y mirar la medalla con auténtico pavor, todas se alarmaron.
—"Erik, ?Qué pasa?"—preguntó Becca, frunciendo el ce?o.
—"Te ves… muy pálido"—comentó Lera, dando un paso hacia él.
Pero la más preocupada era Mika.
Desde el primer instante en que vio el rostro de Erik transformarse por completo, sintió un nudo en el estómago. Nunca lo había visto así. Ni cuando luchó contra el lagarto gigante ni con la bestia, ni cuando estuvo herido. Esto era distinto.
Mika se puso de pie de golpe, con el corazón acelerado.
—"?Erik, mírame!"—exclamó, acercándose rápidamente y colocando sus manos en su rostro —"?Qué tienes? ?Dime qué pasa!"
Pero Erik no reaccionó. Su respiración se volvió irregular, su cuerpo se tensó y sus piernas empezaron a temblar.
Recuerdos de su infancia lo golpearon con fuerza. Aquella medalla… él era el due?o cuando era ni?o, muchos a?os atrás, y se la había dado a alguien. Una persona que lo marcó de una forma que nunca había olvidado.
—Sam...
El nombre trato de brotar de sus labios antes de que pudiera detenerse.
Suri parpadeó, confundida, sin entender la reacción de Erik ni el por qué de su expresión de horror.
—"?Sam...?"—repitió Becca en voz baja, mirando a las demás.
—"?Quién es Sam...?"—preguntó Lera, mirando con inquietud a Erik.
Pero Erik no pudo responder. Su mente estaba en otro lugar. Sus ojos ya no veían a Suri, sino a una imagen borrosa de su pasado, un rostro perdido en los recuerdos.
Mika sintió un miedo desconocido apoderarse de ella. Nunca lo había visto así, nunca lo había sentido tan distante.
—"?Erik!"—gritó, intentando sostenerlo.
Pero ya era tarde.
Las piernas de Erik fallaron por completo y, antes de que pudiera hacer algo más, su cuerpo se desplomó hacia el suelo.
—"?Erik!"—chilló Suri, horrorizada.
—"?Agárrenlo!"—gritó Lera, lanzándose hacia él.
Mika reaccionó con rapidez y, junto con Becca, lograron sostenerlo antes de que golpeara su cabeza en el suelo, pero el miedo en su rostro era evidente.
—"?No respira bien!"—dijo Mika, sintiendo el peso de su cuerpo en sus brazos—"?Erik, despierta! ?Erik!"
Pero Erik no respondió.
Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue el rostro de Suri… y, por un instante, en su mente, ella ya no era Suri.
Era la persona que había conocido en la Tierra.
Y entonces, todo se volvió negro.
—??Qué le pasa?! —exclamó Lera con los ojos abiertos de par en par.
Suri tiro la medalla pensando que era lo que lo lastimaba y se acerco asustada, con los labios temblorosos.
—?Yo solo quería que me viera! ?No quería hacerle da?o!
Becca junto a Erik tocó su frente.
—Su piel está algo fría… —murmuró con preocupación—. ?Por qué reaccionó así?
—??Qué hacemos?! —preguntó Hada, mirando a las demás con angustia.
Las chicas se miraron unas a otras, sin saber cómo actuar. Fue entonces cuando las mayores, se acercaron y intervinieron con calma.
—Aquí no podemos hacer nada, ya esta respirando mas normal —dijo Jaia con voz firme, —. Llevémoslo a su caba?a. Estará más cómodo allí.
Las chicas asintieron rápidamente y, con esfuerzo, entre todas levantaron el cuerpo inerte de Erik. Mika tomó una de sus manos, sosteniéndola con fuerza, mientras Lera y Becca ayudaban a cargarlo. Suri, aún con lágrimas en los ojos, siguió al grupo en silencio, sintiéndose culpable por lo sucedido.
La celebración se había desvanecido por completo, y en su lugar, la preocupación llenaba el aire. Algo en aquella medalla había derrumbado a Erik por completo, y ahora, más que nunca, las chicas querían descubrir la verdad detrás de lo ocurrido.
La caba?a de Erik estaba en completo silencio, solo roto por el sonido entrecortado de la respiración de las chicas. Lo habían recostado en su cama con cuidado, asegurándose de que estuviera cómodo. Pero él seguía inconsciente, con una expresión tensa en su rostro.
Suri no pudo soportarlo más. Se aferró a la manta que lo cubría y rompió en llanto.
—?Yo no quería hacerle da?o! ?Yo solo… solo quería! —sollozaba, con el rostro hundido en el pecho de Erik.
Becca, con el ce?o fruncido, se inclinó para colocar una mano en la cabeza de la peque?a y le susurró con suavidad:
—No es tu culpa, Suri. No lo es.
Aun así, la ni?a no podía dejar de llorar.
Mika, de pie al lado de la cama, intentaba mantenerse firme, pero la angustia en su pecho era insoportable. Erik estaba ahí, inmóvil, vulnerable, y ella se sentía impotente. Su corazón latía con fuerza, y tuvo que morderse el labio para evitar que las lágrimas cayeran.
No puedes llorar ahora… No frente a las demás…
Pero no podía evitarlo. Erik no solo era alguien importante para todas ellas, él era su pareja… aunque en secreto por ahora. El miedo de perderlo se le clavaba como espinas en la piel.
Las demás chicas también lo miraban con rostros sombríos. Incluso Hada, que solía encontrar algo divertido en cada situación, se mantuvo en silencio, con los labios presionados en una fina línea.
Fue entonces cuando Jaia, quien había observado la escena con serenidad, tomó aire y habló con voz firme.
—No podemos hacer más por ahora. él necesita descansar.
—Pero… —Mika se giró hacia ella, su voz temblaba levemente.
Jaia la miró con comprensión, pero con la sabiduría de alguien que había visto mucho en la vida.
—Las emociones intensas pueden derribar hasta al más fuerte. Cualquiera que haya pasado por un gran trauma necesita tiempo para despertar.
Las gemelas, se acercaron a su hermana mayor y asintieron en acuerdo.
—Deberíamos retirarnos y dejar que las chicas cuiden de él esta noche —dijo Alisha, mirándolas—. Nosotras volveremos más tarde.
Becca y Lera asintieron, aunque sin mucho entusiasmo.
Jaia observó a Mika, quien se negaba a moverse del lado de Erik.
—Tú tampoco quieres separarte de él, ?verdad?
Mika tragó saliva y bajó la mirada.
—No, quiero quedarme a su lado.
La anciana sonrió levemente.
—Entonces quédate. Pero no dejes que la preocupación te consuma.
Dicho esto, las tres mayores se retiraron de la caba?a, dejando a las chicas con Erik.
Suri aún lloraba, con los ojos hinchados y rojos, mientras Becca la abrazaba para calmarla. Lera se sentó en un rincón, con los brazos cruzados, lanzando miradas preocupadas a Erik de vez en cuando.
Mika, por su parte, se mantuvo firme al lado de la cama, sin soltar la mano de Erik.
—Si fueras a dejarme, no lo soportaría… pensó con mucha tristeza.
El aire de la caba?a estaba cargado de emociones. Esa noche sería larga, y ninguna de ellas tenía intención de dejarlo hasta que Erik despertara.
Lera observaba a Mika, estaba junto a Erik, sosteniendo su mano con fuerza, como si temiera que se desvaneciera si la soltaba. No hacía falta preguntarlo, Lera ya lo sabía. El la había aceptado como su pareja.
No podía decir que la idea le sorprendiera. Mika siempre había sido reservada, pero con Erik, tras tanto tiempo pasando juntos, hasta habían salido por días a cazar. Y ahora, viéndola ahí, negándose a moverse de su lado, todo quedaba claro.
Aun así… Lera no podía evitar sentir un deseo ardiente de estar junto a él también. No solo porque Erik le gustara, sino porque quería cuidarlo, protegerlo, estar cerca de él.
Cada tanto, le ofrecía a Mika cambiar de lugar.
—Si necesitas descansar, puedo quedarme aquí —susurró en un momento, acercándose con cautela.
Mika ni siquiera la miró.
—Estoy bien —respondió con voz baja, sin soltar la mano de Erik.
Lera la observó por unos segundos y luego suspiró, sin insistir más.
No era el momento para discutir.
Lera observó a Mika, aún aferrada a la mano de Erik, sin moverse ni un solo instante. Sabía que no la dejaría irse, que no permitiría que nadie más ocupara su lugar.
Sin decir nada, Lera buscó un peque?o banquito de madera y se lo acercó.
—Al menos siéntate aquí —le dijo en voz baja—. Así estarás más cómoda.
Mika la miró un instante, sorprendida por el gesto, pero aceptó sin rechazarlo. Cuando se acomodó en el banquito, Lera se sentó en el suelo, muy cerca de Erik.
Con delicadeza, llevó su mano a su frente, rozándola con el dorso para sentir su temperatura. No parecía tener fiebre, pero necesitaba asegurarse. Sus dedos se movieron hasta llegar a su cabello.
Lera deslizó los dedos entre sus mechones oscuros, acariciándolo con una ternura que apenas se permitía mostrar. Más que solo cuidarlo, quería memorizar esa sensación, la calidez de su piel, la suavidad de su cabello.
Por un instante, temió que Mika la apartara o le dijera algo. Pero cuando levantó la mirada, se encontró con los ojos de Mika, estaban algo rojos por el llanto contenido y observándola con calma.
—Está bien… —susurró Mika—. Puedes quedarte también.
Lera sintió un peque?o nudo en el pecho, pero no por tristeza, sino por comprensión.
Mika lo sabía. Sabía que ella también sentía algo por Erik. Y aunque en el fondo le dolía compartirlo, entendía que no podía quedárselo solo para ella. No cuando sabia que todas lo amaban.
En silencio, ambas permanecieron al lado de Erik, cada una a su manera, cuidándolo. Sin celos, sin peleas. Solo con la certeza de que lo querían, y de que él las necesitaba a ambas… igual que a las demás.
Lera también notó a Suri, dormida después de haber llorado sin consuelo. Seguía abrazada a Erik, su peque?o cuerpo pegado a él como si temiera que desapareciera. La imagen le provocó un nudo en el pecho.
Aún era de noche, pero el amanecer ya se asomaba en el horizonte. La tenue luz azulada comenzaba a filtrarse entre las rendijas de la caba?a, proyectando sombras suaves sobre las paredes de madera.
Pasaron horas desde que Erik perdió el conocimiento, y ninguna de ellas había querido dejarlo solo.
Cuando finalmente abrió los ojos, su cuerpo se sentía pesado y su mente aún algo confusa. Parpadeó varias veces, tratando de ubicarse, hasta que reconoció el techo de su caba?a iluminado por la luz del alba.
Intentó moverse con cuidado y fue entonces cuando notó a Suri a su lado, profundamente dormida, con su peque?a mano descansando sobre su pecho. Su rostro aún tenía rastros de humedad en las mejillas, y sus párpados hinchados delataban que había llorado antes de quedarse dormida.
Al otro lado de la cama, Mika estaba sentada en un banquito, con la cabeza inclinada y los ojos cerrados, pero sin soltar su mano. Su agarre era firme, como si temiera que él desapareciera si la soltaba.
Erik la observó con atención. Incluso dormida, su expresión parecía tensa, y cuando notó el enrojecimiento de sus ojos, entendió de inmediato que ella también había llorado.
Mika también había estado preocupada por él.
La sensación de calor en su pecho fue inevitable. Intentó moverse con lentitud para no despertarlas, pero incluso el más leve movimiento de su mano hizo que Mika reaccionara primero.
Con un suave suspiro, Mika abrió los ojos.
Por un segundo, parpadeó confundida, su mente aún despertándose.
Pero cuando sus ojos encontraron los de Erik, su expresión cambió por completo.
—"Erik…"
Su voz salió en un susurro, con una mezcla de alivio y molestia.
él le sonrió débilmente.
—"Hey…"
Mika apretó los labios, su ce?o fruncido, como si estuviera enojada, pero en su mirada solo había una enorme preocupación.
—"Por fin despiertas"—murmuró Mika, con la voz aún algo ronca.
Erik le dedicó una peque?a sonrisa para tranquilizarla.
—"Lo siento, parece que las asusté"—dijo con sinceridad.
Mika apretó los labios y negó con la cabeza.
—"Nos diste un buen susto, idiota"—susurró, con un tono que, aunque parecía un rega?o, escondía un enorme alivio.
Mika tenía tantas ganas de abrazarlo… de besarlo.
Pero estaban las demás allí. Apretó los labios con fuerza, intentando contenerse, pero al final no pudo evitarlo por completo.
Se inclinó levemente hacia él y le dio un peque?o beso en la boca. Fue un roce fugaz, un gesto apenas perceptible, pero Erik pudo sentir la calidez de sus labios y el temblor de su respiración.
Cuando Mika se alejó, su rostro estaba ligeramente sonrojado, pero mantuvo la compostura, fingiendo que nada había pasado.
Sin embargo, no notó que alguien las había estado observando. Desde su lugar de descanso, Becca había visto la escena. No dijo nada. No reaccionó.
Simplemente los observó en silencio, su expresión indescifrable, antes de cerrar los ojos nuevamente, como si nunca hubiera visto nada.
Erik sintió la calidez de su mano aún sosteniendo la suya, pero antes de que pudiera responderle, miró a Suri nuevamente y le acarició el cabello con suavidad.
—"Suri… despierta, peque?a."
La ni?a murmuró algo en sue?os y se removió un poco, hasta que pesta?eó lentamente y abrió los ojos. Al ver a Erik despierto, su expresión cambió por completo.
—"?Erik!"
Con una emoción desbordante, se lanzó sobre él y lo abrazó con fuerza.
—"?Despertaste!"
Erik soltó una leve risa y le correspondió el abrazo con ternura.
—"Sí, peque?a. Estoy bien."
Suri giró la cabeza para ver a las demás.
—"?Chicas, Erik despertó!"—anunció con entusiasmo.
El sonido hizo que las demás comenzaran a moverse. Becca, Lera, Arlea y Hada abrieron los ojos y, al ver a Erik consciente, sentado sobre su cama se apresuraron a acercarse.
Antes de que pudiera reaccionar, Hada, que usualmente era la más bromista y despreocupada, se acercó con rapidez y, sin decir nada, se inclinó para abrazarlo.
—?No vuelvas a asustarnos así! —dijo con voz temblorosa, apretándolo con fuerza, incluso abrazando también a Suri en el proceso.
Erik sintió su cuerpo temblar un poco y se dio cuenta de que incluso Hada, la fuerte y rebelde, había estado realmente preocupada.
Arlea también se acercó, con su expresión siempre tranquila, pero esta vez sus ojos reflejaban alivio.
—Nos preocupaste mucho, Erik —dijo suavemente—. Pero nos alegra verte despierto.
Mientras todas se acercaban a comprobar que realmente estaba bien, Becca se mantuvo un poco atrás, observándolo en silencio. No era porque no estuviera feliz de verlo despierto, sino porque su mente aún estaba atrapada en lo que había presenciado antes…
Había visto a Mika besarlo.
No había sido un beso largo ni apasionado, sino más bien un beso lleno de alivio y amor contenido. Un beso que Mika había dado en secreto, creyendo que nadie más lo veía.
Becca apretó los labios, procesando lo que aquello significaba. No era sorpresa que Mika sintiera algo fuerte por Erik, pero ver esa muestra de afecto tan íntima la hizo darse cuenta de que los sentimientos de su amiga eran profundos, más de lo que quizá ella misma aceptaba.
Y entonces, algo dentro de Becca se removió. No estaba segura de qué era… solo sabía que no podía dejar de pensar en aquel beso.
—"?Cómo te sientes?"—preguntó Lera, con el ce?o aún fruncido por la preocupación.
—"Nos asustaste mucho"—agregó Becca, acercándose mas, cruzándose de brazos.
Todas lo rodeaban, aliviadas pero expectantes. Querían respuestas.
En ese instante llegaron las mayores. Jaia, quien observaba con una mirada más analítica, fue la primera en preguntar lo que todas pensaban.
—"Erik… ?Qué pasó? ?Por qué reaccionaste así al ver la medalla de Suri?"
El ambiente cambió de inmediato.
Las miradas se clavaron en él con incertidumbre.
Erik bajó la vista, tomando aire.
—"Necesito decirles la verdad"—dijo al fin, con un tono serio.
Las chicas se miraron entre sí, sintiendo que lo que estaba por decir era importante.
—"Esa medalla…"—Erik tragó saliva—"… es mía."
El silencio fue absoluto.
Las mujeres lo miraron con asombro, y Suri, quien aún estaba abrazada sobre él, ladeó la cabeza con confusión.
—"?Qué quieres decir?"—preguntó Mika, su tono ahora más tenso.
Erik cerró los ojos un momento, buscando las palabras adecuadas.
— "Esa medalla... me pertenecía cuando era un ni?o, se la di a alguien hace muchos a?os. A alguien que conocí... en mi mundo."
El impacto de sus palabras se reflejó en los rostros de todas.
— "?En tu mundo?"—susurró Arlea, con los ojos muy abiertos.
Erik asintió lentamente.
— "Sí… creo que es momento de contarles de dónde vengo realmente."
El aire dentro de la caba?a se sintió más denso. Nadie se atrevió a interrumpir.
Porque todos sabían que lo que Erik estaba a punto de revelar cambiaría muchas cosas.