《Tomo 3: Cruzando Destinos "Español"》 Capítulo 1: El Desconocido lo miraba fijamente tendido en el suelo de la caba?a. La luz del sol atravesaba las paredes de madera y barro, d¨¢ndole al ambiente un tono espectral y misterioso. Las heridas del extra, cubiertas de barro y sangre, no parec¨ªan tan profundas como las hab¨ªan imaginado durante la batalla, pero la gravedad del momento segu¨ªa pesando en el aire. y proteger a hada del coletazo. Hab¨ªa algo extra?o en ¨¦l, y no solo por su ropa. Lo que m¨¢s las inquietaba era lo que sent¨ªan cuando lo miraban: una mezcla de curiosidad y una sensaci¨®n que ninguna de ellas pod¨ªa nombrar. l desconocido, observando su rostro con curiosidad. su presencia, ya que ¨¦l hab¨ªa arriesgado su vida para salvarla . Su peque?a mano acariciaba suavemente la del desconocido, mientras sus ojos grandes y brillantes no se apartaban de su rostro. y por Hada y muy extra?as de, que cubr¨ªan su cuerpo herido. ¡ª la miro. ¡ª?Est¨¢s segura? ¡ª ¡ªal ver la prenda tan rara que cubria los pies del desconocido. ¡ª prenda tan rara, buscando alg¨²n indicio . ¡ªdesatar unas lianas delgadas. quitarle las prendas de sus pies, Lera con su curiosidad de artesana vio lo extra?o que eran esas prendas y se quedo vi¨¦ndolas para aprender como funcionan. ¡ª caba?a. Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. No es como nosotras. Es... ¡ªexplic¨® Alisha, mientras las j¨®venes la miraban con desconcierto. l desconocido que son diferentes a las nuestras, y no es apropiado que lo vean as¨ª. Las heridas que tiene deben ser tratadas con mucho cuidado, pero solo nosotras lo y limpiaremos ¡ªexplic¨® Jaia, en tono maternal, mientras miraba a las j¨®venes con paciencia. y las gemelas le quitaban la prenda que faltaba ¡ª. No sabemos qu¨¦ tipo de heridas tiene. sin limpiar. entre ellas. dejando el torso descubierto para que no le afecte el calor ya que terminaron cerca del medio dia, cuando las temperaturas suben al m¨¢ximo . ¡ªDebemos ayudarlo a sanar, no solo su cuerpo, sino tambi¨¦n su alma. mujeres mayores se sentaron junto al desconocido, vigil¨¢ndolo mientras dorm¨ªa. romp¨ªamos corazones. Si mas joven... ¡ªdijo, con una mirada p¨ªcara¡ª. Me divertir¨ªa mucho con este joven. su respiraci¨®n era d¨¦bil y pausada por el dolor que le causaba respirar. ma?ana y la comida ya estaba casi lista y viendo al desconocido recostado en el suelo y vendado y cubierto con pieles. Es fuerte¡±, dijo mujeres intercambiaron miradas significativas. Capitulo 2 : "El Legado de los Ausentes" Las mujeres se reunieron afuera, bajo la sombra de los ¨¢rboles, alrededor de una mesa larga de madera y de piedras que hacian de asientos, Arlea hab¨ªa preparado un sencillo guiso que perfumaba el aire con especias y hierbas. Aunque estaban a la sombra, a¨²n pod¨ªan sentir el calor del ambiente que anunciaba la ¨¦poca m¨¢s calurosa. Una ligera brisa refresco el ambiente, y el susurro de las hojas llenaba el silencio expectante mientras se sentaban a comer. mayores, miraba la caba?a donde descansaba y no pudo evitar preguntar en voz baja, ¡°?Y ahora qu¨¦ haremos con ¨¦l, se quedar¨¢ aqu¨ª?¡± mayores intercambiaron una mirada, como si esperaran esta pregunta. Jaia suspir¨®, apoyando las manos en el regazo, mientras las gemelas parec¨ªan buscar las palabras adecuadas. ya no estan.¡± hombres resonaba desconocida y extra?a en sus mentes. mas jovenes, la vida no era solo para las mujeres en la aldea. Hab¨ªa hombres, y ellos nos ayudaban, trabajaban junto a nosotras. Pero todo cambi¨® cuando despertaron las criaturas.¡± esposos, a nuestros hermanos y a sus padres de ustedes. La enfermedad tambi¨¦n se llev¨® a muchos de ellos. Despu¨¦s de eso, quedamos solo nosotras.¡± mayores se sumieron en un silencio pesado. Finalmente, Jaia continu¨®. ¡°Las bestias que habitan las profundidades de los bosques despertaron de su Ellos, siendo m¨¢s fuertes f¨ªsicamente, se vieron obligados a protegernos, a pelear con criaturas que casi no lograban vencer. Pero la caza los llev¨® lejos, a terrenos peligrosos, y algunos nunca regresaron.¡± en el valle, a la recolecci¨®n y a nuestrs ¡­ Y prometimos cuidar a , ense?¨¢ndoles todo lo que necesita para sobrevivir en este lugar.¡± This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it Mika, siempre la m¨¢s cautelosa, se cruz¨® de brazos. ¡°?Y este hombre? ?Es peligroso?¡± algunos fuertes, igual que ese extra?o. No era raro verlos cazar o construir cosas, pero tambien podrian ser destructores y malvados en ocaciones; ten¨ªan la misma vitalidad que ustedes, muchachas." vivir con un hombre. mujeres mayores, tras un largo y pensativo suspiro, deciden continuar con el relato. El tema de los hombres, de los padres, hermanos y amigos que alguna vez habitaron la aldea, revive en sus palabras. Describen sus sonrisas y valent¨ªa, y la fuerza que tambi¨¦n llev¨® a muchos a sus ¨²ltimas cacer¨ªas, enfrentando bestias que poblaban . mayores se permiten compartir una tristeza contenida que nunca antes hab¨ªan mostrado. El fuego las ilumina mientras Jerut, con voz suave y un dejo de nostalgia, habla de las noches en que el valle se llenaba de risas y canciones. ¡°Eran tiempos en que el viento tra¨ªa melod¨ªas y las hogueras se encend¨ªan para celebraciones. No hab¨ªa silencio, no como ahora.¡± Mira a las chicas con los ojos brillantes, pero no por el reflejo del fuego. ¡°El d¨ªa que partieron¡­ no pudimos siquiera despedirnos.¡± mayores y parecen comprender mejor el peso de aquel pasado. Una pregunta no tarda en surgir, como si brotara de sus corazones: ¡°?Creen que este extra?o es una se?al de que algo ha cambiado en nuestro destino?¡± mayores se miran entre s¨ª y luego fijan sus ojos en las llamas, como buscando una respuesta en el crepitar del fuego. Jaia, pensativa, asiente lentamente y, tras un momento, murmura con voz profunda: ¡°No lo sabemos, pero tal vez el destino nos haya tra¨ªdo esta oportunidad para recordar y, quiz¨¢s, para entender qu¨¦ nos aguarda a nosotras, a la aldea y a nuestro valle.¡± l desconocido implicaba tambi¨¦n una vigilia que antes no ten¨ªan. vigilarlo. No sabemos a¨²n qui¨¦n es o qu¨¦ intenciones trae, aunque hasta ahora parece estar aqu¨ª en paz." l desconocido bajo vigilancia, aunque sin hostilidad, y con la misma curiosidad que las j¨®venes. se ofreci¨® para el primer turno, justificando con una sonrisa: ¡°uedo quedarme un rato despierta y asegurarme de que est¨¦ bien ... y que no haga nada extra?o .¡± Becca. Sabemos c¨®mo pueden ser los hombres; pero este extra?o sigue siendo una inc¨®gnita.¡± Becca una manta ligera y una de agua fresca, indic¨¢ndole que se acomodara fuera de la caba?a para vigilar sin incomodarlo. Las dem¨¢s regresaron en silencio a sus propias , sus mentes invadidas por recuerdos y dudas sobre c¨®mo aquel hombre podr¨ªa cambiar el destino de la aldea. Becca se sent¨® junto a la , observando c¨®mo la noche envolv¨ªa al bosque y dejaba en penumbra la figura dormida del extra?o en la caba?a. No pod¨ªa evitar preguntarse sobre el porqu¨¦ de su llegada, recordando el modo en que hab¨ªa protegido . Sin dejarse distraer, mantuvo sus ojos atentos y su coraz¨®n lleno de preguntas mientras el viento nocturno le acariciaba el rostro. Capítulo 3: "Reflejos de Tiempos Olvidados" ¡ª cerca de la todas se acomodaron alrededor del fuego que crepitaba suavemente . ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª l hombre. inguna de ellas hab¨ªa visto uno. ¡ª ¡ª ¡ª el ambiente nocturno, acompa?ado del crepitar suave del fuego, mientras cada una se entregaba a sus pensamientos. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªuna tormenta, pero apenas le se?alabas una presa desafiante¡­ ya estaba listo para salir como si nada. ¡ªmuchas, siempre buscando demostrar su fuerza. Los hombres tienen esa cualidad, ?verdad? Pueden hacer que te sientas a salvo... hasta que tambi¨¦n sientes la necesidad de protegerte de ellos. ¡ª valiente ¡ªmurmur¨®, pensando en c¨®mo este desconocido Suri aquella creatura del bosque, aun sin conocerla¡ª. Quiz¨¢s, traer¨¢ algo de estabilidad... o tal vez despierte en las j¨®venes algo que no saben que llevan dentro.Stolen story; please report. sitio y, con tono un tanto travieso, a?adi¨®: ¡ªjoven es diferente, m¨¢s fuerte y resistente, y no solo en cuerpo ¡ªdijo con una sonrisa p¨ªcara¡ª. Aunque, por lo que vi mientras lo , tiene razones para... estar ¡ª ¡ªhacer las cosas. No sabemos cu¨¢nto tiempo estar¨¢ aqu¨ª , pero si logra adaptarse, tal vez nosotras tambi¨¦n podamos aprender algo de ¨¦l. ¡ª ¡ª ¡ªjoven ser¨¢ ? ¡ªmurmur¨® Jaia, con el ce?o fruncido mientras miraba las llamas¡ª. Ya hemos visto antes el cambio que pueden traer consigo los hombres. Fueron quienes construyeron lo que tenemos, pero tambi¨¦n quienes nos dejaron demasiado pronto. ¡ª ¡ªlos correteando¡­ Siempre dec¨ªa que alg¨²n d¨ªa ser¨ªamos m¨¢s. Pero todo cambi¨® tan r¨¢pido. ¡ªAlisha hizo una pausa, sus ojos brillaban con l¨¢grimas contenidas¡ª. En las noches se pon¨ªa tan cari?oso y como un animal, nunca pens¨¦ que lo perder¨ªa tan pronto, ni que despedir¨ªa a tantas amigas en tan poco tiempo. ¡ªpeque?os trataban de ayudarnos, de buscar hierbas en el bosque, pero poco pudieron hacer. Fue devastador. Cada d¨ªa, una o dos nos dejaban. Madres, hermanas, amigas¡­ Las chicas eran tan peque?as cuando pas¨® todo. No hubo tiempo de llorar. Solo nos quedamos nosotras, tratando de mantenernos firmes para cuidar a las ni?as. ¡ªLas j¨®venes ni siquiera la cantidad de sacrificios que sus hicieron por ellas. Si tan solo pudieran entender que hubo un tiempo en que no ¨¦ramos solo mujeres aqu¨ª, en que ten¨ªamos familias y compart¨ªamos responsabilidades. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªjoven nos presenta una oportunidad. No s¨¦ por qu¨¦ ni c¨®mo, pero quiz¨¢s su llegada sea m¨¢s que una simple coincidencia. ¡ª ¡ªun buen hombre, esposo, hermano¡­ El dolor que llega cuando tienes algo tan preciado, y de repente, ya no est¨¢. A¨²n no saben lo que significa querer proteger algo a toda costa, ni lo que es arriesgarlo todo por amor. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªma . como en sus recuerdos. ¡ª Capítulo 4 : Sombras del Pasado Ya avanzada la noche Becca noto que el extra?o esta movi¨¦ndose muy raro y comenzando a hablar entre sue?os, al no saber que hacer y algo asustada empez¨® a llamar a Jaia ya las dem¨¢s para pedir ayuda y todos acudieron a su llamado pensando lo peor. El desconocido estaba sumido en un profundo sue?o, o m¨¢s bien, en una especie de pesadilla de recuerdos del pasado que su mente le obligaba a revivir. Su rostro estaba empapado en sudor, y su cuerpo parec¨ªa arder en fiebre, mientras murmuraba palabras entrecortadas que s¨®lo a?ad¨ªan confusi¨®n a las mujeres que intentaban cuidarlo. Las mayores, rodeaban al desconocido con pieles h¨²medas, haciendo lo posible por aliviar la fiebre que comenzaba a ser alarmante. Intentaban enfriarlo con pieles h¨²medas y preparar infusiones de plantas que, hasta donde sab¨ªan, ayudaban a combatir infecciones y calmar el dolor. Los j¨®venes de la aldea, al ver la angustia de las mayores, tambi¨¦n se acercaron para ayudar. Suri y Hada, especialmente, permanec¨ªan muy cerca, observando cada cambio en el rostro del desconocido, como si sus miradas pudieran apaciguar los tormentos que ¨¦l enfrentaba en sus sue?os. "?C¨®mo sigue?" pregunt¨® Hada, sin apartar la mirada del extra?o, mientras ajustaba el pa?o fr¨ªo que Alisha le hab¨ªa entregado. Sus manos temblaban ligeramente al aplicarlo en la frente de ¨¦l. "Est¨¢ muy caliente", respondi¨® Jaia con seriedad, mientras se dirig¨ªa a las chicas en la tarea. "Pero hagan lo posible por mantener la calma. Esto puede tomar tiempo". ¡° Vamos, no te rindas¡­¡± murmur¨® Suri, con una expresi¨®n de profunda preocupaci¨®n en su rostro infantil. Aunque a¨²n era joven, su mirada reflejaba una gratitud que iba m¨¢s all¨¢ de sus a?os. Recordaba v¨ªvidamente c¨®mo ¨¦l se hab¨ªa lanzado a salvarla, interponiendo su propio cuerpo para protegerla de la bestia en el bosque, y ahora ese recuerdo impulsaba su deseo de ayudarlo de cualquier forma posible. La fiebre segu¨ªa alta. En la caba?a, todas las aldeanas estaban presentes, con excepci¨®n de Lera, quien estaba ocupada en un encargo especial de Jaia. Suri y Hada se turnaban para enfriar la frente y el pecho con pa?os h¨²medos, mientras las mujeres mayores se encargaban de pasarles m¨¢s pa?os h¨²medos, intercambiando miradas cargadas de preocupaci¨®n. Becca rompi¨® el silencio, sentada al borde de la cama improvisada. ¡ª Habla entre sue?os... pero no entiendo mucho. ?Alguna de ustedes ha o¨ªdo esos nombres? ¡ª No ¡ªrespondi¨® Jaia, su voz serena pero reflexiva. ¡ªPero parece importante. Las palabras que dicen est¨¢n llenas de dolor. Erik murmur¨® de nuevo, su voz quebrada y apenas audible: ¡ª Sof¨ªa... Valeria... no se vayan... ¡ª Ah¨ª est¨¢n otra vez esos nombres ¡ªcoment¨® Arlea mientras sosten¨ªa un frasco con un ung¨¹ento casero. ¡ª Quiz¨¢s sea su familia. Hada, siempre curiosa, se inclina para escuchar m¨¢s de cerca. ¡ª Luz... tan brillante... mam¨¢, pap¨¢... no entiendo... Suri presion¨® con cuidado su mano mientras le cambiaba el pa?o h¨²medo. ¡ª Parece que est¨¢ reviviendo algo terrible. El desconocido movi¨® ligeramente la cabeza, sus ojos cerrados y su rostro tenso. ¡ª Sof¨ªa... me empujaste... lejos... cuando me gir¨¦... ya no estabas... ¡ª ?Una luz? ¡ªpregunt¨® Alisha, levantando una ceja. ¡ª ?Qu¨¦ clase de luz podr¨ªa hacer que alguien desaparezca? ¡ª Quiz¨¢s se refiere a algo simb¨®lico... como la muerte ¡ªsugiri¨® Jerut, aunque su tono dudoso mostraba que tampoco estaba segura. ¡ª Valeria... no pod¨ªa encontrarte... ?la luz! ?Todo desapareci¨®! Becca trag¨® saliva, mirando a las mayores. ¡ª ?Eso suena a algo que ustedes entiendan? ¡ª No exactamente ¡ªdijo Jaia, observ¨¢ndolo con el ce?o fruncido. ¡ª Pero sea lo que sea, lo marc¨® profundamente. El continu¨® murmurando, su voz ahora m¨¢s apagada. ¡ª Estuve solo... d¨ªas... semanas... no s¨¦..., Los abuelos... me encontraron... pero ya no era lo mismo... no... nunca m¨¢s igual... Hada lo mir¨® con una mezcla de l¨¢stima y curiosidad. ¡ª Dijo que lo encontraron sus abuelos. Quiz¨¢s perdi¨® a toda su familia de una vez. El silencio llen¨® la caba?a mientras todas procesaban las palabras fragmentadas. Suri rompi¨® el silencio, con los ojos llenos de empat¨ªa. ¡ª Parece que su vida se desmoron¨® de golpe. Hada suspir¨®, dejando el ung¨¹ento a un lado. ¡ª Qu¨¦ extra?o... habla de una luz y de desaparecer. Eso no suena a algo com¨²n. ¡ª Quiz¨¢s no lo sea ¡ªintervino Jerut, apoy¨¢ndose en su regazo. ¡ª A veces, las cosas m¨¢s dif¨ªciles de explicar son las que m¨¢s nos afectan. El murmur¨® de nuevo, m¨¢s bajo esta vez, casi inaudible.The story has been illicitly taken; should you find it on Amazon, report the infringement. ¡ª Sof¨ªa... Valeria... ?D¨®nde est¨¢n...? Arlea cruz¨® los brazos, mirando al hombre febril. ¡ª Aun en sus sue?os las busca. Se ve que ese dolor lo acompa?a desde hace mucho. ¡ª S¨ª ¡ªasinti¨® Jaia. ¡ª Quiz¨¢s entender su pasado nos ayude a comprenderlo mejor. Suri apret¨® suavemente la mano del hombre, como si intentara transmitirle consuelo. ¡ª Est¨¢ sufriendo tanto... pero al menos aqu¨ª tiene una oportunidad de sanar. De repente, otros murmullos del desconocido interrumpi¨® el silencio tenso de la caba?a. Su voz apenas audible pronunciaba palabras que parec¨ªan inconexas para ellas. ¡°Contaminaci¨®n¡­ agua sucia¡­ abuelos¡­¡±. Las j¨®venes se miraron con extra?eza. "?Contaminaci¨®n?" repiti¨® Alisha en un susurro, con una expresi¨®n de desconcierto en su rostro. ¡°?Es algo que pertenece de donde viene, tal vez?¡± ¡°Debe ser algo terrible,¡± a?adi¨® Becca, mir¨¢ndolo con compasi¨®n. ¡°O tal vez es solo la fiebre, hablando a trav¨¦s de ¨¦l.¡± En sus sue?os, el desconocido continuaba vagando por los recuerdos de su vida en la Tierra. ¡°Abuela¡­ las hierbas¡­ no¡­ el agua est¨¢ contaminada¡­ no puedo¡­ hermanas¡±. Las palabras se deslizaban de sus labios en fragmentos, llenas de un dolor que las j¨®venes no pod¨ªan comprender del todo, pero que a¨²n as¨ª las conmov¨ªa profundamente. Hada, inclin¨¢ndose para colocar otro pa?o h¨²medo en el cuello del desconocido, murmur¨® casi para s¨ª misma: ¡°Nunca pens¨¦ que alguien pudiera haber pasado por tanto¡­ ?Qu¨¦ cosas habr¨¢ enfrentado?¡± Suri, sentada a su lado, observaba al extra?o con una mezcla de tristeza y gratitud. "¨¦l me salv¨®¡­ nos salv¨®, Hada¡­ no quiero que le pase nada." "Lo s¨¦, Suri," respondi¨® Hada, sus ojos fijos en el rostro febril del desconocido. "Haremos todo lo que podamos para que est¨¦ bien." ¨¦l segu¨ªa murmurando entre sue?os: ¡°explosiones¡­ el aire est¨¢ contaminado¡­ guerra mundial¡­ abuelos, no me dejen¡­¡± Las palabras provocaban una inquietud en mayores, quienes compart¨ªan miradas preocupadas, reconociendo algunos t¨¦rminos vagamente. ¡°¡®Guerra mundial¡¯¡­ ese es un concepto que apenas comprendemos, pero sabemos que trae destrucci¨®n,¡± coment¨® Alisha en un murmullo, aunque apenas pod¨ªa imaginar lo que el desconocido hab¨ªa vivido. Jerut asinti¨®, pensando en las historias que sus antepasados les hab¨ªan contado acerca de tiempos oscuros, pero nada se asemejaba a lo que ¨¦l parec¨ªa experimentar. Entre los cuidados y los murmullos del extra?o, la noche se hac¨ªa cada vez m¨¢s larga. Las j¨®venes, sin embargo, se manten¨ªan firmes a su lado, refrescando los pa?os y observando sus gestos, al tiempo que las mayores revisaban la fiebre y manten¨ªan al desconocido lo m¨¢s c¨®modo posible. Suri y Hada apenas dorm¨ªan, observando c¨®mo ¨¦l iba poco a poco estabiliz¨¢ndose y c¨®mo su respiraci¨®n se hac¨ªa menos agitada. Finalmente, tras horas de atenciones constantes y el esfuerzo de todas, la fiebre del desconocido empez¨® a ceder ligeramente. Su respiraci¨®n se volvi¨® m¨¢s regular, y sus murmullos se aquietaron. Las j¨®venes y las mayores se miraron con alivio, aunque el cansancio se reflejaba en sus rostros. Suri, al ver que el desconocido descansaba un poco m¨¢s tranquilo, sonri¨® levemente, sintiendo que la gratitud que ella sent¨ªa hacia ¨¦l le hab¨ªa permitido ayudar a que superara esa noche complicada. Para todas ellas, ¨¦l era un extra?o, pero un extra?o que hab¨ªa salvado a las suyas, y por eso se sent¨ªan en deuda. Mientras la noche ced¨ªa paso al amanecer, las j¨®venes comprendieron que har¨ªan todo lo posible por devolverle ese favor, protegi¨¦ndolo y cuid¨¢ndolo como ¨¦l lo hab¨ªa hecho. El sol se alzaba con suavidad en el cielo, arrojando una luz dorada sobre la caba?a donde el desconocido yac¨ªa en un estado de profundo sue?o. Hab¨ªa pasado todo un d¨ªa y la noche anterior en un sopor, la fiebre que hab¨ªa amenazado con consumirlo finalmente hab¨ªa dado un respiro, pero su cuerpo todav¨ªa necesitaba tiempo para sanar. Suri, con su peque?o cuerpo en¨¦rgico, no se apart¨® de su lado ni un solo momento. A su lado, las mayores, estaban atentas, intercambi¨¢ndose miradas de preocupaci¨®n mientras cambiaban las vendas con cuidado y limpiaban el sudor de su frente. La caba?a estaba impregnada del aroma fresco de las hierbas que hab¨ªan utilizado para preparar las compresas. ¡°?Crees que se despertar¨¢ hoy?¡± pregunt¨® Suri, sus ojos grandes y brillantes fijos en el rostro del desconocido. Se sent¨ªa inquieta, como si la energ¨ªa del mundo dependiera de su salvador, el desconocido que hab¨ªa llegado de la nada. ¡°Espero que s¨ª, peque?a,¡± respondi¨® Alisha, mientras acariciaba la frente del desconocido con una tela h¨²meda. ¡°Su cuerpo necesita m¨¢s tiempo. Hemos hecho todo lo que podemos, y ahora debemos confiar en que se recuperar¨¢.¡± Jerut asinti¨®, observando c¨®mo el color de su piel comenzaba a volver a la normalidad. ¡°No es un joven com¨²n. Ha demostrado ser fuerte, m¨¢s fuerte de lo que creemos. Seguro que se recuperara.¡± Mientras las mujeres mayores trabajaban, Suri se sent¨® en el borde de la cama de pieles, inquieta. Recordaba v¨ªvidamente c¨®mo hab¨ªa luchado contra la bestia en el bosque, arriesgando su vida para salvarla. La imagen de su valent¨ªa la llenaba de una mezcla de admiraci¨®n y preocupaci¨®n. ¡°Si tan solo pudiera hacer algo para ayudarlo,¡± murmur¨®, casi en un susurro. ¡°Lo haces,¡± le dijo Jerut suavemente, mir¨¢ndola a los ojos. ¡°Tu presencia aqu¨ª significa m¨¢s de lo que imaginas. ¨¦l siente tu energ¨ªa, tu fe.¡± Suri se sinti¨® reconfortada por las palabras de Jerut. Decidi¨® que, mientras dorm¨ªa, har¨ªa todo lo posible para cuidar de ¨¦l, de la mejor manera que sab¨ªa. ¡°Voy a buscar m¨¢s hierbas para ayudarlo,¡± dijo con determinaci¨®n, levant¨¢ndose con decisi¨®n. ¡°No es necesario, peque?a. Ya tenemos todo lo que necesitamos,¡± respondi¨® Alisha, sonriendo. ¡°Pero puedes quedarte aqu¨ª a su lado. Tu compa?¨ªa es lo que m¨¢s necesita ahora.¡± La caba?a estaba en silencio, solo se escuchaba el suave murmullo del viento y la respiraci¨®n agitada del desconocido, quien parec¨ªa revivir escenas dolorosas en sus sue?os. Suri, que no se apartaba de su lado desde que lo trajeron, notaba c¨®mo su rostro se contra¨ªa y una leve capa de sudor cubr¨ªa su frente. Con un gesto decidido y cuidadoso, se acerc¨® a¨²n m¨¢s, sent¨¢ndose en el borde del camastro de pieles. Tom¨® su mano, grande y ¨¢spera, con ambas de las suyas, y la sinti¨® c¨¢lida y fuerte, aunque el hombre parec¨ªa tan fr¨¢gil en ese momento. ¡ªNo est¨¢s solo, ?sabes? ¡ªle susurr¨® Suri, tratando de que su voz suave atravesara el torbellino de sue?os que lo manten¨ªan inquieto¡ª. Aqu¨ª estamos todas contigo... yo, Becca, Hada y hasta las mayores. No vamos a dejar que te pase nada malo. Al decir esto, apret¨® ligeramente su mano, y el hombre pareci¨® relajarse un poco, como si el tacto y la calidez de sus palabras calmaran, aunque fuera un poco, el desasosiego que lo atrapaba. ¡ªNo tienes que tener miedo ¡ªcontinu¨® en un tono apenas audible¡ª. Aqu¨ª no hay cosas malas, no hay monstruos... bueno, quiz¨¢ algunos en el bosque, pero t¨² eres fuerte, ?verdad? Eres como un salvador. Nos salvaste a m¨ª y a Hada. Eres bueno, y alguien bueno siempre encuentra un lugar en nuestra aldea. Suri observ¨® su rostro por un momento y vio que sus cejas se hab¨ªan suavizado, como si sus palabras hubieran aliviado algo en sus sue?os. La ni?a sonri¨®, orgullosa de que quiz¨¢s sus palabras hubieran llegado a ¨¦l. ¡ªYo s¨¦ que, si pudieras o¨ªrme, me dir¨ªas tu nombre ¡ªsusurr¨®¡ª. Me gustar¨ªa saberlo, porque siempre que pienso en ti, solo puedo llamarte "el salvador". Despu¨¦s de un breve silencio, Suri se acurruc¨® junto a ¨¦l, con la mano del desconocido a¨²n entre las suyas, como si su compa?¨ªa fuera suficiente para ahuyentar cualquier oscuridad que lo rodeara. ¡ªDescansa ¡ªle dijo suavemente, y apoy¨® su cabecita cerca de ¨¦l, decidida a estar a su lado hasta que finalmente despertara sin ning¨²n rastro de aquellos malos sue?os. Cerca del mediod¨ªa, las j¨®venes de la aldea comenzaron a aparecer casualmente en la caba?a. Algunas se asomaban a la puerta, mirando con curiosidad y preocupaci¨®n. A menudo preguntaban por el estado del desconocido, cada vez m¨¢s intrigadas por la presencia de un hombre en su mundo. ¡°?C¨®mo est¨¢?¡± pregunt¨® Hada, quien hab¨ªa entrado en la caba?a con una mirada ansiosa. ¡°Todav¨ªa duerme,¡± respondi¨® Jerut, moviendo la cabeza con tristeza. ¡°Pero su fiebre ha bajado. Esperamos que despierte pronto.¡± Las j¨®venes se acomodaron en la caba?a, algunas sent¨¢ndose en el suelo y otras de pie, intercambiando miradas de preocupaci¨®n. Suri segu¨ªa sosteniendo su mano, su rostro lleno de determinaci¨®n. ¡°¨¦l es fuerte,¡± dijo, rompiendo el silencio. ¡°S¨¦ que despertara.¡± A medida que el d¨ªa avanzaba, las j¨®venes continuaban visitando la caba?a, cada una preguntando sobre el desconocido que hab¨ªa llegado. A pesar de su inquietud, tambi¨¦n hab¨ªa un aire de esperanza entre ellas, una creencia compartida de que el desconocido despertar¨ªa pronto y que su vida cambiar¨ªa para siempre. Las horas pasaban, pero el desconocido segu¨ªa inconsciente, atrapado en su propio mundo de sue?os. Mientras tanto, las mujeres mayores cuidaban de ¨¦l, aplicando hierbas, cambiando las vendas limpiando el sudor de todo su cuerpo cuando se quedaban a solas con el y manteniendo viva la fe de las j¨®venes en su recuperaci¨®n. La luz del d¨ªa se desvanec¨ªa lentamente, dando paso a las sombras que se alargaban en la caba?a. La luz de una fogata crepitante iluminaba tenuemente el espacio, proyectando danzantes sombras en las paredes de pieles. El desconocido segu¨ªa sumido en su profundo sue?o, mientras las mayores, se turnaban para vigilarlo, acompa?adas por Suri y Hada, quienes se hab¨ªan quedado en la caba?a a pesar de la llegada de la noche. Las j¨®venes, un tanto inquietas, intercambiaban miradas nerviosas mientras el aire fresco de la noche entraba a la caba?a. La calidez del fuego ofrec¨ªa un respiro del fr¨ªo exterior, pero no pod¨ªa ahogar por completo la inquietud que se hab¨ªa instalado en sus corazones. ¡° ?Por qu¨¦ no despierta?¡± murmur¨® Suri, su peque?a mano a¨²n aferrada a la de el. ¡°Ya ha pasado tanto tiempo¡­¡± ¡° Los cuerpos a veces necesitan m¨¢s tiempo del que imaginamos¡±, dijo Jerut con un tono tranquilizador, aunque sus ojos traicionaban una preocupaci¨®n genuina. ¡°Su camino no ha sido f¨¢cil.¡± Las horas pasaron lentamente, con el crepitar del fuego como ¨²nica compa?¨ªa. Suri se qued¨® dormida, con su mano a¨²n aferrada a la del desconocido. Hada, incapaz de dejar de preocuparse, empez¨® a jugar con su cabello, un h¨¢bito que los mayores pensaron que hab¨ªa olvidado que hacia, sus ojos se deslizaban constantemente hacia el desconocido, deseando que despertara. Con la noche avanzando, las mujeres comenzaron a sentir el cansancio. Jerut y Alisha decidieron que era momento de regresar a sus propias caba?as para descansar. ¡°No podemos seguir as¨ª¡±, dijo Alisha con suavidad. ¡°Necesitamos fuerzas para recuperar.¡± Hada, decidida, se levant¨® y se acerc¨® a las mayores. ¡°Yo me quedar¨¦ a cuidar al desconocido ahora¡±, ofreci¨®, mirando al desconocido con una mezcla de admiraci¨®n y preocupaci¨®n. ¡°No quiero que est¨¦ solo. Prometo que estar¨¢ alerta.¡± ¡° Eres muy valiente, Hada¡±, respondi¨® Jerut, asintiendo. ¡°Suri puede venir con nosotras, necesita descansar.¡± Suri, a¨²n dormida, fue llevada en brazos por Becca, quien la acomodo suavemente en su cama. ¡°Descansa, peque?a. Ma?ana ser¨¢ un nuevo d¨ªa¡±, susurr¨® Alisha, acariciando su cabello antes de irse a descansar. Una vez sola, Hada se sent¨® sobre una roca, sintiendo el frescor de la noche mientras observaba el cielo estrellado. Viendo de vez en cuando a la direcci¨®n de la caba?a y viendo el interior. ¡°Despierta pronto¡±, murmur¨®, con la esperanza de que ¨¦l pudiera escucharla. Capitulo 5: "Susurros en la Oscuridad" l desconocido, quien segu¨ªa inm¨®vil, y lo observ¨® detenidamente. La luz parpadeante del fuego revelaba las marcas en su piel, las heridas que hab¨ªan comenzado a sanar, y Hada no pudo evitar preguntarse qu¨¦ tan duro hab¨ªa sido su viaje. Se pregunt¨® c¨®mo hab¨ªa llegado, qu¨¦ misterios guardaba su pasado. el desconocido ten¨ªa una expresi¨®n tranquila, como si estuviera so?ando en un lugar muy diferente. ¡°?Y c¨®mo es tu ? ?Es tan diferente al nuestro?¡± cuestion¨®, sin esperar respuesta. Su voz era suave, casi un susurro. las dem¨¢s alcanzaban a entender, como si las mayores escondieran algo mas de el. El d se movi¨® ligeramente en su sue?o, y Hada se ech¨® hacia atr¨¢s, llev¨¢ndose una mano al pecho para evitar que el coraz¨®n le delatara con su ruido. forma de hablar tan a vasija de barro de provisiones que las mayores hab¨ªan dejado cerca. Se contuvo para no soltar un grito y se qued¨® inm¨®vil, observando apara asegurarse de que no se despertara. Cuando vio que ¨¦l solo murmuraba algo entre sue?os, suspir¨® aliviada. pelo en la cara, corta y con un aire descuidado; y el tono de su piel, muy distinta a la de ellas. ataque de la bestia en el bosque, c¨®mo se hab¨ªa interpuesto, abraz¨¢ndola para que ella no se golpeara con el suelo. mconoc¨ªas El desconocido frunci¨® el ce?o ligeramente, como si escuchara su voz en sue?os, y Hada dio un respingo. Trat¨® de retroceder en silencio, pero sus pies chocaron de nuevo con el borde de la , esta vez haciendo un ruido m¨¢s evidente. Con la cara ardiendo de verg¨¹enza, y casi sin saber por qu¨¦, levant¨® las manos como si pidiera disculpas a alguien. el no despertara de su sue?o. Despu¨¦s de unos instantes, suspir¨® aliviada, convencida de que su peque?a travesura hab¨ªa pasado desapercibida. l desconocido en aldea, conversando con cada animal que se le cruzara. l desconocido por ¨²ltima vez, pensativa. el desconocido descansaba. Afuera, el suave canto de los p¨¢jaros y el murmullo de las hojas al viento romp¨ªan el silencio de la aldea. Hada, sintiendo que la curiosidad la hab¨ªa vencido una vez m¨¢s, se escabull¨® hacia la caba?a a la primera luz, repiti¨¦ndose que esta vez solo echar¨ªa un vistazo y se marchar¨ªa en seguida. El desconocido comenz¨® a moverse y murmurar algo ininteligible. Hada retrocedi¨® un paso, pensando que se volver¨ªa a quedar dormido, pero para su sorpresa, entreabri¨® los ojos y ladeando la cabeza en varias direcciones y al verla directamente parada en la entrada de la caba. acerc¨¢ndose con mucha cautela dijo en voz baja, tratando de no asustarlo. El desconocido parpade¨®, adapt¨¢ndose al entorno y enfoc¨¢ndose en ella. forma de hablar era algo Ya con un tono mas curioso en su voz. El tard¨® un momento en responder, a¨²n aturdido, pero sonri¨® ligeramente, percibiendo el tono directo de Hada. que rodeaban su torsodel lugar y el fuerte olor que le recordaba a muchas plantas medicinales de la tierra que cubr¨ªan toda puso a jugar con su cabello, inc¨®moda, mientras sus ojos lo recorr¨ªan con timidez. muy distinto nosotras. Las mayores han dicho que eres un ¡®hombre¡¯.¡± al estar tan confundido con esa respuesta y confundido, pero le respondi¨® con calma. algo con mas seguridad y orgullo. viviendo en aldea, pero eso fue hace tanto tiempo que ninguna de nosotras ha visto a uno en persona.¡± muy delicado. A pesar de todo, decidi¨® responder de manera que calmara sus dudas sin revelar demasiado. sentimos que nos ocultan algo importante.¡± la miro con algo de seriedad y entendimiento, sabe que hablar sobre sexualidad siempre fue complicado aun en la Tierra. La conversaci¨®n parec¨ªa tomar un giro m¨¢s ligero, pero antes de que pudiera relajarse, Hada volvi¨® a inclinarse hacia ¨¦l, esta vez con una expresi¨®n m¨¢s seria. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. para estar mas c¨®modo para poder contestarle, pero una punzada de dolor lo hizo retroceder con una mueca. estar quieto y mas calma al tenerla mas cerca, pudo verla con mas detalle y golpeando al lagarto gigante en la cabeza con una rama con todas tus fuerzas reaccione al ver que el lagarto se pon¨ªa en posici¨®n de ataque, que no salieras herida l todo cada uno de esos movimientos en ese momento; solo hab¨ªa sentido protegi¨¦ndola y el impacto que ¨¦l absorbi¨® para evitar que ella se lastimara. puso a jugar con su cabello. puso a respirar con mas calma para relajarse, y decidi¨® aprovechar el momento para obtener respuestas . ?C¨®mo es tu aldea? ?C¨®mo son las personas all¨ª? seria algo extra?o, as¨ª que dispuso responderle con algo parecido a lo que viv¨ªan en este mundo. inicialmente. ¡°Es¡­ m¨¢s grande. Hay muchas personas, hombres y mujeres¡­ ni?os tambi¨¦n. Cada uno tiene su papel, pero trabaja juntos para construir.¡± son valientes,¡± admiti¨®. ¡°Algunos son fuertes, otros no tanto. Cada uno tiene su car¨¢cter, como pasa con las mujeres. Pero creo que todos tratamos de ser lo mejor que podemos¡­ o al menos, eso intentamos.¡± con un gran gesto de intriga le pregunto. ese nombre, Erik entrecerr¨® los ojos, intentando recordar. verdad con un rostro de extra?es, perpleja . la ni?a n con una larga cola y, generalmente, no son tan grandes ni tan peligrosos. De donde vengo, los lagartos suelen ser peque?os. Algunos caben en la palma de mano, otros son un poco m¨¢s largos, pero ninguno llega al tama?o de esa cosa que enfrentamos. viendo su palma y imagin¨¢ndolo as¨ª de peque?o, casi incr¨¦dula. all¨ª, Erik. Aunque no lo parezca, eres alguien muy valiente. ver que no te paso nada y a la peque?a, estoy aprendiendo mucho sobre este lugar y sobre ustedes. y se levant¨®, sintiendo que ya hab¨ªa dicho suficiente por ahora. muchas cosas que no entend¨ªa. hada. Erik levant¨® una ceja, conteniendo una sonrisa, de repente comenz¨® a toser ligeramente, Hada r¨¢pidamente le dio agua en un cuenco de madera. ?as y fascinantes. caba?a. a su puestode su incursi¨®n en el interior h loshombres. observar a su alrededor y techo con varias hojas grandes que est¨¢n trenzadas para evitar el ingreso de agua, lagarto, la adrenalina... todo se hab¨ªa mezclado en un torbellino de sensaciones que lo hab¨ªan hecho pasar por alto lo que ahora parec¨ªa evidente. Se hab¨ªa estado concentrando en sus heridas superficiales, pero las costillas... las costillas dol¨ªan demasiado para ser solo un rasgu?o o un golpe. se acerco mas a la zona, donde sent¨ªa el ardor. piel, mostraba signos de la brutalidad del impacto . Al , un dolor indescriptible lo recorri¨®, y fue entonces cuando su respiraci¨®n se aceler¨®. Se toc¨® las costillas con m¨¢s cuidado, intentando recordar c¨®mo hab¨ªa ca¨ªdo o qu¨¦ hab¨ªa sucedido exactamente. Recordaba la pelea, el rugido de, el dolor del golpe. Pero no hab¨ªa sido consciente de cu¨¢nto da?o hab¨ªa sufrido internamente . gran movimiento lo hac¨ªa sentir como si una daga invisible se clavara m¨¢s hondo en su torso. Puedo oler, Ajenjo, Chilca y Albahaca, todos son antibacteriales¡±. Con una olfateada mas profunda pudo reconocer a otras hiervas. Acaso es Lavanda, Manzanilla y tambi¨¦n Pasiflora, son calmantes y sedantes¡±. Pensando que con estas ultimas el dolor no era mas fuerte, de lo que imaginaba, al tener costillas rotas, deber¨ªan ser mas dolorosas. "?Qui¨¦n¡­ qui¨¦n me habr¨¢ quitado la ropa y limpiado?" timidez lo invadi¨®. La idea de que o hubieracurado mientras ¨¦l estaba inconsciente, vendado y limpiado cada rinc¨®n de su cuerpo sin que ¨¦l lo supiera, le causaba una mezcla de verg¨¹enza y agradecimiento. chicas quienes lo . Sin embargo, viendo el nivel de habilidad en la curaci¨®n, algo le dec¨ªa que las mayores de la aldea hab¨ªan tenido algo que ver. una vez sentado, mir¨® alrededor de la caba?a, . Solo pudo encontrar su ropa interior cerca de la cama improvisada y a. sus rostros mirando con cierta picard¨ªa y curiosidad, como si fuera algo que no ve¨ªan desde hac¨ªa mucho. en sus recuerdos leves. atendido sus heridas, sino que el uso de aquellas hierbas y vendajes parec¨ªan de manera inexplicable. bien de esta situaci¨®n desnudes le hace re¨ªr entre dientes. Espero que hayan disfrutado ¡± comenta en voz baja, con una sonrisa entre divertida y resignada. Capítulo 6: "Primeros Lazos Entre Vendas" lugar donde estuvo sentada antes de entrar en la caba?a. Desde all¨ª, pod¨ªa ver el contorno oscuro de los ¨¢rboles m¨¢s all¨¢. Respir¨® hondo, dejando que el aire h¨²medo y fresco de la madrugada llenara sus pulmones, y al exhalar, sus pensamientos volvieron, inevitables, hacia el hombre que descansaba dentro. ando sus manos en la roca mientras se inclina hacia atr¨¢s, arqueando lo suficiente para ver las ultimas estrellas de la noche. ¡°?Qui¨¦n eres realmente?¡± murmur¨®, casi en un susurro, como si las estrellas que se desvanec¨ªan pudieran darle una respuesta. l lapara proteger a Suri y a ella¡­ nada en ¨¦l encajaba con lo que conoc¨ªa. Bueno, en realidad, no conoc¨ªa nada sobre los hombres, m¨¢s all¨¢ de las vagas historias que Jaia y sus hermanas compart¨ªan a veces, siempre envueltas en advertencias y tragedias. proteg¨ªa a Suri cuando estaba en peligro: con determinaci¨®n, con una preocupaci¨®n que parec¨ªa sincera. Y cuando hab¨ªa hablado¡­ no hab¨ªa rabia ni desesperaci¨®n en su voz, solo cansancio y confusi¨®n. ¡ª ¡° peque?a piedra que rod¨® hasta perderse entre los arbustos cercanos. Sab¨ªa que no deb¨ªa cuestionar a las mayores, que lo que ellas dec¨ªan estaba basado en experiencia y sabidur¨ªa. Pero Erik no se ajustaba a las figuras temibles de las historias. Era diferente, y esa diferencia la llenaba de curiosidad. No pod¨ªa sacudirse la sensaci¨®n de que Erik era m¨¢s que un simple hombre perdido. Era un misterio, uno que no entend¨ªa pero que la llamaba como el amanecer llamaba al d¨ªa. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªRaro, s¨ª, pero algunas est¨¢n m¨¢s interesadas que otras," ¡ªdijo Mika, con una sonrisa que suger¨ªa que hab¨ªa notado algo en el comportamiento de Hada. animales me esperan, y ya he pasado suficiente tiempo vigilando." ¡ª animales la esperaban. querer saber mas de Erik. ¡ª jarr¨®n de barro vac¨ªo, cuando una de sus cabras m¨¢s j¨®venes la empuj¨® con el hocico, reclamando m¨¢s atenci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ªno es una buena idea, Becca?" ¡ªsusurr¨® Mika, sin apartar la vista de la caba?a. ¡ªeste bien." Becca se encogi¨® de hombros, con una sonrisa traviesa. ¡ª"Adem¨¢s, no es espiar, es¡­ . Despu¨¦s de todo, estuvo ardiendo de fiebre hasta ayer." ¡ª parece sospechosa desde que e reemplace en la vigilancia. Est¨¢ actuando raro, como si ocultara algo." ¡ª ¡ª este bien." descubri¨¦ramos algo. ?Qu¨¦, viniste a proteger tu secreto?" ¡ª bien y aun dormido." a junto a la entrada. El sonido reson¨® lo suficiente como para interrumpir el silencio. ¡ªesta ah¨ª?" ¡ªpregunt¨® Erik, su voz todav¨ªa adormilada pero clara. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªme lleva la...," ¡ªmurmur¨®, con el rostro tenso mientras intentaba sentarse con cuidado. ¡ª ¡ª heridas no me lo ponen f¨¢cil." ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª mal estado , pareci¨® desarmar un poco su actitud desconfiada. Mika solt¨® un leve suspiro, aunque todav¨ªa manten¨ªa cierta cautela en su mirada. ¡ª ¡ªcomo se debe ¡ªdijo Becca, rompiendo la pausa inc¨®moda. Dio un paso adelante y, con una expresi¨®n m¨¢s seria, a?adi¨®¡ª. Yo soy Becca. ?Y t¨²? ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª?Cu¨¢nto tiempo estuviste en el bosque? ¡ªperd¨ª la cuenta cuando supere el . Durante ese tiempo, vi cosas extra?as. ¡ª?Qu¨¦ cosas? ¡ª ¡ª?Por qu¨¦ seguir¨ªas a los animales? al vivir en el bosque el clima nunca cambio en ese tiempo y no sabia si ellas sabr¨ªan de las migraciones. ¡ªCuando llevas suficiente tiempo en la naturaleza, aprendes a observar. Los animales siempre saben algo que nosotros no. Si todos se mueven en la misma direcci¨®n, es porque buscan seguridad. As¨ª que decid¨ª hacer lo mismo. ¡ªVarios d¨ªas estuve caminando y por fin divise las monta?as ¡ªcontinu¨® Erik¡ª, y all¨ª vi algo que no esperaba: una columna de humo. No parec¨ªa ser un incendio. Era demasiado controlada, como si alguien la hubiera provocado. ¡ª?Por eso viniste aqu¨ª? ¡ªExacto. Pens¨¦ que podr¨ªa haber gente. Y despu¨¦s de estar tanto tiempo solo , eso era suficiente para arriesgarme. Decid¨ª seguir el rastro hasta llegar m¨¢s cerca. ¡ª?Y c¨®mo terminaste enfrent¨¢ndote a esa bestia? ¡ª ¡ªcorriendo lo mas r¨¢pido que pod¨ªa hacerlo ¡ªcontinu¨® Erik, mirando a Hada, aunque sin decir directamente que sab¨ªa que era Suri¡ª. Gritaba pidiendo ayuda, y no lo pens¨¦ demasiado. Corr¨ª hacia el sonido y vi a la criatura... enorme, peligrosa. Y a ella, atrapada. ¡ª ¡ª ¡ªni?a en peligro y ten¨ªa que protegerla. Entonces, ustedes llegaron. para protegerme, ?cierto? ¡ªdijo, su tono m¨¢s bajo, casi un susurro. Sus palabras hicieron que Becca y Mika tambi¨¦n recordaran ese momento. pusiste frente a Hada no recibiera . Esa cosa te golpe¨® de lleno. ¡ª ¡ª Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ª ¡ª ¡ªEso fue valiente¡­ o est¨²pido. ¡ªTal vez un poco de ambas. ¡ªDices que llevabas en el bosque, sobreviviendo, enfrent¨¢ndote a cosas que nosotras apenas conocemos. Pero¡­ ?C¨®mo lograste llegar aqu¨ª con vida? ¡ªen muchas ocasiones. ¡ªSuerte o no, ahora est¨¢s aqu¨ª. Por ahora aceptaremos tu historia¡­ pero recuerda que te estaremos vigilando. ¡ª ¡ª y protegiste a Hada... y que est¨¢s vivo. Pero a¨²n quiero saber m¨¢s, Erik. Si hay algo que no nos has dicho, ser¨ªa mejor que lo hagas pronto. ¡ª ¡ªhablando entre ellas. ¡ª hay mas personas contigo?". Recordando las palabras que dec¨ªa en delirios por la fiebre. en la e la caba?a se , Jaia y entraron, seguidas de . ¡ª Tratando de soportar el dolor de sus costillas para no asustar a la peque?a, la mueca en el rostro fue claramente distinguida por las dem¨¢s. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªsalvarme. Yo me llamo Suri. ¡ª Jerut y Jaia, en cambio, se mantuvieron en silencio, observando con expresiones m¨¢s serias pero no menos intrigadas. Jaia murmur¨® algo en voz baja a su hermana, lo suficiente para que solo ellas lo escucharan: ¡ª ¡ªJerut en un tono reflexivo, aunque su mirada no se apartaba de Erik y Suri. ¡ª ¡ª hablo. ¡ªproteger. ¡ª ¡ª ¡ª varias , recordando que no hab¨ªa tenido la oportunidad de afeitarse desde que . ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªA nosotras no nos puede salir? chicas que ahora tambi¨¦n se tocaban el rostro, como si quisieran asegurarse de que no ten¨ªan barba escondida en alg¨²n lugar. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªlas ovejas, pero en tu cara. ¡ªcuerpo. Jerut, intercambio mirada y asinti¨® lentamente, recordando fragmentos del pasado. ¡ªJerut con una risa suave¡ª. os hombres usaban sus barbas para parecer m¨¢s sabios. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªllenarle la cabeza con preguntas. ¡ª ¡ªalivio al verlo bien. Jerut sab¨ªan que era mejor permitirle a Erik un poco de privacidad, especialmente considerando su estado y la ropa escasa . ¡ª ¡ª ¡ª hora de comer, Arlea apareci¨® en la puerta de la caba?a, cargando una cesta con ingredientes frescos. Su figura robusta y su expresi¨®n serena irradiaban confianza, pero en sus ojos hab¨ªa un brillo curioso al encontrarse con la mirada de Erik. Al verlo despierto, su rostro mostr¨® una mezcla de alivio y genuina sorpresa. ¡ª todas, intent¨® mantener la compostura. ¡ª ¡ª se acercaba y se inclinaba un poco hacia ¨¦l para inspeccionar de cerca su estado, Erik no pudo evitar que su atenci¨®n fuera atra¨ªda por un instante a los pronunciados atributos , algo que la postura acentuaba sin intenci¨®n. Inmediatamente, sinti¨® c¨®mo su rostro comenzaba a arder, desviando la mirada apresuradamente y fingi¨¦ndose interesado en cualquier otra cosa de la habitaci¨®n. ¡ª¡°Mi nombre es Erik. Y¡­ gracias. Creo que mi est¨®mago est¨¢ tan ansioso como yo ¡ªrespondi¨®, esforz¨¢ndose por parecer relajado. ¡ª ¡ªnerviosismo. ¡ªtodas comemos lo que hay. ¡ª Jerut, observando todo con atenci¨®n, intercambiaron miradas c¨®mplices. Una peque?a sonrisa juguetona se dibuj¨® en los labios de Jaia, mientras apenas conten¨ªa su propia diversi¨®n. suavidad y curiosidad la falda de Hada. ¡ªJerut las escucharan, lo que hizo que estas soltaran una risa suave. ¡ª ¡ªel a cocina con una mirada decidida. Jerut al observar a Erik que necesitaba un cambio de vendajes y verlo algo con sudor por el calor cercano a medio d¨ªa, decidieron aprovechar la situaci¨®n. ¡ª ¡°Muchachas, ?por qu¨¦ no ayudan a Arlea la ? Seguro que necesita manos extra,¡± dijo , guiando a las chicas hacia la puerta. Las j¨®venes asintieron entre risas y siguieron a Arlea, dejando a Erik en compa?¨ªa de Jaia y . Jerut intercambiaron miradas serias mientras preparaban los materiales necesarios para limpiar las heridas de Erik y cambiar sus vendajes. ¨¦l, al notar el enfoque en sus rostros, comenz¨® a tensarse. ¡ª ¡ª Jerut, que se encontraba junto a un cuenco de agua limpia, levant¨® la mirada hacia ¨¦l. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªJerut, d¨¢ndole unas palmaditas suaves en el hombro antes de mojar un pa?o en el agua. ¡ª Jerut asinti¨® y se inclin¨® para comenzar a limpiar las heridas abiertas. Erik apret¨® los pu?os cuando el pa?o h¨²medo y fr¨ªo toc¨® su piel. ¡ªJerut, movi¨¦ndose con precisi¨®n. os levede dolor cuando Jaia comenz¨® a aplicar un ung¨¹ento sobre una de las heridas m¨¢s profundas. ¡ª ¡ª gritos ahogados de Erik. Su experiencia le dec¨ªa que aquellas heridas ten¨ªan una historia compleja detr¨¢s. Al recordar la batalla reciente contra la bestia, las piezas comenzaron a encajar en su mente. ¡ª compa?eras y tambi¨¦n semanas de recuperaci¨®n. Sin embargo, Erik parec¨ªa estar superando heridas mucho m¨¢s graves en un tiempo imposible. ¡ª Jaia y Jerut estaban terminando de lavar el cuerpo de Erik. A pesar de su incomodidad inicial, ¨¦l hab¨ªa comenzado a relajarse al notar la profesionalidad en sus movimientos, aunque no pudo evitar ruborizarse en ciertos momentos. ¡ª ¡ª Jaia y Jerut hab¨ªan terminado su trabajo. ¡ª ¡ª Jerut lo miraba con admiraci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªJerut, ¡ªa?adi¨® esta ¨²ltima, inclinando ligeramente la cabeza. ¡ªJerut. Y¡­ gracias por todo lo que han hecho por m¨ª. ¡ª ¡ªYa puedes relajarte ¡ªdijo , mientras Jaia recog¨ªa los materiales usados . Jerut lo observaba con curiosidad. El se recostado, vistiendo solo su ropa interior, que ya estaba desgastada debido an el bosque. ¡ªde madera que se encontraba afuera, cerca de la entrada de la caba?a. ¡ªmujeres. Jerut, sin embargo, se cruz¨® de brazos y esboz¨® una ligera sonrisa divertida. ¡ª ¡ªJerut, comp¨®rtate. Ya bastante ha pasado como para que lo hagas sentir m¨¢s inc¨®modo. ¡ªJerut con un toque de picard¨ªa antes de acercarse al ba¨²l para ayudar a buscar algo de ropa. ¡ª ¡ª Jerut solt¨® una carcajada mientras sacaba una falda larga que le llegar¨ªa justo a las rodillas a Erik. ¡ª ¡ª ¡ªJerut con una risita, mientras segu¨ªa buscando. ¡ª ¡ª ellas, Erik logr¨® ponerse la t¨²nica. Le quedaba algo ajustada en los hombros y las mangas eran demasiado cortas, pero era suficiente para que se sintiera m¨¢s presentable. Erik se sinti¨® un poco m¨¢s c¨®modo, aunque a¨²n le inquietaba el destino de su propia ropa. Antes de salir, se volvi¨® hacia , con la duda rond¨¢ndole la mente. ¡ª ¡°saben algo de mi ropa? La que llevaba cuando llegu¨¦¡­ ?saben d¨®nde est¨¢?¡± pregunt¨®, algo esperanzado de recuperarla. Jerut y Jaia intercambiaron una mirada r¨¢pida antes de que Jaia respondiera con calma. ¡ª ¡ªal estar pensando en el nombre sin recuerdo alguno de la joven. ¡ªsucias y da?adas ¡ªa?adi¨® con un tono algo burl¨®n. ¡ªhogar. ¡ªen mejores condiciones o mejor que nuevas. ¡ª ¡ªJerut, gui?¨¢ndole un ojo. ¡ª ¡ªya no de hambre ¡ªbrome¨® , caminando junto a ¨¦l mientras se dirig¨ªan hacia el comedor improvisado. Capítulo 7: Un Mundo Entretejido ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª extra?os, los miro con algo de indiferencia ese rato, mas concentrada en los pantalones los llev¨® a cercano que utilizaba para lavar. Frot¨® las manchas con una mezcla de ceniza y agua, observando c¨®mo poco a poco el l¨ªquido se tornaba oscuro mientras la sangre y la suciedad se desprend¨ªan. La tela, aunque desconocida, parec¨ªa soportar bien el tratamiento. ¡ªBueno al menos es resistente aunque la frote con algo de fuerza ¡ªDijo aliviada pensando que se arruinar¨ªan. toda la noche, se enter¨® de que fiebre hab¨ªa golpeado al extra?o, sumi¨¦ndolo en un estado cr¨ªtico. Las dem¨¢s se cuidar de ¨¦l, pero ella, absorta en su tarea, decidi¨® mantenerse al margen. No era buena lidiando con enfermedades, sent¨ªa que su lugar estaba aqu¨ª, intentando entender las prendas y su posible utilidad. lo desconocido del que proven¨ªan. ¡ª hacer mas remedios. ¡ª ¡ª en el suelo y se acerc¨®, examinando los pantalones con inter¨¦s. ¡ª ¡ªsacos peque?os. Son pr¨¢cticos. Pero no s¨¦ c¨®mo podr¨ªa replicar algo as¨ª. ¡ª que dispon¨ªa para lograr algo parecido. ¡ª ¡ªos sacos para los pies. Pero no entiendo por qu¨¦ los necesitar¨ªa. Nosotras caminamos descalzas todo el tiempo y estamos bien ¡ªrespondi¨® Lera, encogi¨¦ndose de hombros. ¡ªviendo los pantalones ¡ª. "Y si puedes descifrarlo, podr¨ªas hacer algo para m¨ª y talvez para todas." ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªNo me hagas recordar eso. Hada no dejaba de molestarme por semanas. ¡ª ¡ªExacto, algo que no me corte la piel ni me deje marcas. Y que sea resistente. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª?De verdad crees que no lo pens¨¦? Pero no s¨¦ c¨®mo hacer esta tela todav¨ªa. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªCuando lo descubra, har¨¦ una prenda que ni t¨² podr¨¢s romper, Arlea. Y ese d¨ªa te la har¨¦ probar, te guste o no. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªEst¨¢ bien, est¨¢ bien. Pero no me presiones. Cuando lo descubra, todas tendr¨¢n su prenda. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª los pantalones y las ¨²nicas prendas que usaba ese instante. ¡ª Ya veras que hare unas prendas que todas no dudaran en usarlas hasta Alisha y Jerut quedaran encantadas. ¡ª ¡ª ¡ª pantalones y las dej¨® a un lado, lista para entregarlas cuando fuera necesario. En su mente, solo quedaba una idea clara: este hombre extra?o, este, tra¨ªa consigo cosas que desafiaban todo lo que conoc¨ªa. ¡ª Pero su estructura era fuerte y s¨®lida. observaba el cuero, pensaba en los problemas que a veces ten¨ªan al caminar descalzas por la aldea. En d¨ªas de calor, el suelo se volv¨ªa tan ardiente que cada paso les quemaba las plantas de los pies. Para evitarlo, muchas veces ten¨ªan que esperar hasta el atardecer para moverse con libertad. Pero estas prendas, aunque desconocidas, parec¨ªan estar dise?adas para resistir justo ese tipo de problemas. dem¨¢s caminando sobre las piedras o en la arena caliente sin el dolor habitual, libres de quemaduras y lesiones. ¡ª ¡° n derrotado : una criatura de piel escamosa, diferente a cualquier animal que conocieran en la aldea. ¡ªBecca...?crees que podr¨ªamos ir al lugar donde derrotaron a la bestia? ¡ªpregunt¨® Lera, apenas conteniendo su entusiasmo¡ª. Me encantar¨ªa ver si a¨²n Podr¨ªa usar su piel escamosa para experimentar y, de paso, podr¨ªamos recolectar carne la aldea. ¡ª ¡ªmuy ¨²til. Imagina tener algo as¨ª para la ¡­ ser¨ªa como una... ¡ª ¡ªPodemos ir , ser¨ªa perfecto ¡ªdijo, ya imaginando que podr¨ªa crear en su mente¡ª. ?Ah! Y la carne tambi¨¦n nos vendr¨ªa bien, podr¨ªamos aprovechar todo lo que encontremos. Antes de ir donde la criatura se acercaron a la caba?a y ver como estaba el desconocido como lo hac¨ªan cada vez que estaban cerca. Una vez listas para ir hacia el lugar cargaron sacos para poder guardar y recolectar todo lo que podr¨ªan cargar. Lera, llena de emoci¨®n, ya pod¨ªa imaginar las posibilidades que los restos de la bestia podr¨ªan ofrecerle, mientras Mika y Becca compart¨ªan una mezcla de entusiasmo y cautela. Ir¨ªan preparadas y cuidadosas, pero el brillo en los ojos de Lera demostraba que valdr¨ªa la pena. acerco e inclin¨® para examinar la piel de la bestia. Las escamas eran gruesas y reflejaban la luz en tonos oscuros y opacos, como una armadura natural. La artesana pas¨® la mano por las escamas con un asombro evidente en su rostro. ¡ªmaravillas para todas! ¡ªcon los dedos con curiosidad. ¡ªy siempre observando los alrededores en busca de alg¨²n peligro. l desconocido, a¨²n clavada profundamente en la carne endurecida. ¡ªmatar a la bestia y salvar a Suri ¡ªmurmur¨® Lera¡ª. Tal vez podamos sacarla y llevarla de vuelta a la aldea. Podr¨ªa sernos ¨²til. Intent¨® tirar de ella, pero la lanza parec¨ªa incrustada como si fuera parte de la bestia. Despu¨¦s de varios intentos, Lera mir¨® a sus amigas, frustrada. ¡ª cayendo de nalgas en el fango, ri¨¦ndose entre jadeos cuando la lanza finalmente sali¨®. ¡ªTenemos esto de recuerdo de la batalla. cortar muy poco la superficie.Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. ¡ªbien su piel?" ¡ªno dejan cortar la piel con facilidad," ¡ªcoment¨®, pasando los dedos sobre la superficie ¨¢spera¡ª. "Ni siquiera el cuchillo m¨¢s afilado que tenemos puede con esto, ." ¡ª ¡ª se fue hasta y regres¨® con un envoltorio cuidadosamente atado con tiras de cuero. Lo desat¨® con movimientos delicados, revelando dos cuchillos que brillaban a la luz del sol, con hojas plateadas y un filo impecable. ¡ª ¡ª ¡ªtoc¨¢ndolo con la punta de un dedo. ¡ªhecha hace mucho tiempo por manos expertas. Es resistente, m¨¢s fuerte que cualquier hueso que hayamos visto." ¡ª la piel entre las escamas. Aplic¨® presi¨®n, y con un movimiento preciso, logr¨® cortar limpiamente un piel. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª¡°cargar y volvamos antes de que oscurezca.". Dijo lograron cortar gran parte de la piel entera y algunos trozos de piel, y algo de carne que, aunque dura, podr¨ªa ser aprovechada. ¡ªcarne en su saco improvisado¡ª. No necesitamos m¨¢s. ¡ªdestrozado entre las hojas y la tierra. ¡ª un escudo? ¡ªmurmur¨®, confundida. una gran marca de golpe con algunas escamas incrustadas en ramas. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª rotas y sueltas, evidencias claras de la fuerza del ataque que hab¨ªa soportado. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Mika se acerc¨® con cautela, usando su arco para apartar las hojas y algunas ramas. Lo que encontraron era algo inesperado: un gran saco improvisado hecho de pieles toscamente unidas. ¡ªarrastr¨¢ndolo por el suelo ligeramente por las correas hechas de las mismas lianas que hab¨ªan visto en el escudo. La estructura era torpe pero funcional, mostrando signos de uso frecuente. ¡ªtan mal trabajadas. Con esta calidad no van a durar mucho. ¡ª eran mas pesadas de lo que parec¨ªan. Lera tom¨® una de las piezas en sus manos y la inspeccion¨® con una mezcla de curiosidad y desaprobaci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª y al observarlas con cuidado en su interior de cada liana ten¨ªan contexturas distintas. ¡ª ¡ª ¡ªun objeto del saco. Era un hacha de piedra, pesada y s¨®lida, con un mango de madera simple pero funcional. ¡ª muy rara en el fondo. La brillaba bajo la poca luz del sol. Las tres la miraron sin saber qu¨¦ pensar. ¡ªpieza en sus manos. al tocarla y darle un mordisco con los dientes empez¨® a dudar, . ¡ªdelgada pero al mismo tiempo muy dura¡­ no sabr¨ªa decir qu¨¦ es, pero . pieza brillante. ¡ªdespierta, podamos averiguar m¨¢s. Quiz¨¢ nos explique qu¨¦ s. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Becca. Su mirada se desvi¨® a los hombros desnudos, y record¨® algo: las marcas rojas en su piel, justo a la altura de los hombros. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª con algo de ayuda de Lera. Su cuerpo se tambale¨® un poco, pero luego se estabiliz¨®. Para su sorpresa, el saco ya no se sent¨ªa tan pesado. No era ligero, pero el peso se sent¨ªa mucho m¨¢s controlable que antes. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª l impacto del suelo. El ¨¢rea mostraba las marcas del impacto: hojas aplastadas, tierra removida y algunas manchas de sangre seca . Lo recogi¨®, limpi¨¢ndolo con los dedos. liana rota. No se parec¨ªa a nada que Mika hubiera visto antes. El colgante, peque?o y redondo, ten¨ªa un dise?o intrincado en su superficie. Lo examin¨® con detenimiento, notando una peque?a ranura en un costado que parec¨ªa ser un cierre. ¡ª ¡ªSuri tambi¨¦n tiene su amuleto de madera tallada co s¨ªmbolos de protecci¨®n. Pero este objeto era completamente distinto. ¡ª ¡ª ¡ª El peque?o collar permaneci¨® oculto, su forma redonda y su dise?o intrincado presionando ligeramente contra su piel. Mika decidi¨® que, por ahora, ser¨ªa su secreto, y quiz¨¢s el extra?o, cuando estuviera mejor, podr¨ªa revelar el misterio que rodeaba al objeto. ¡ª gran botin y emocionadas por lo que podr¨ªan crear. Con l , regresaron a la aldea, ansiosas por transformar sus nuevos materiales en algo ¨²nico. Ya de noche las mujeres se reunieron cerca de la caba?a donde descansaba el desconocido. El ambiente estaba cargado de agotamiento y tensiones resueltas. La fiebre que hab¨ªa atormentado al hombre parec¨ªa haber disminuido, y ahora dorm¨ªa con respiraci¨®n estable, aunque segu¨ªa d¨¦bil. cerca. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªa vigilar esta noche. ¡ªen la caba?a. ¡ª ¡ª ¡ªya descanse en el d¨ªa y podre estar despierta en la noche. Adem¨¢s, no quiero que ustedes se desgasten m¨¢s de lo necesario ¡ªrespondi¨® Hada, firme pero con un leve destello de curiosidad que no pod¨ªa esconder. ¡ª ¡ª ¡ªJerut, tomando la iniciativa de comenzar a alejarse. a roca frente a la caba?a del desconocido. e prepar¨® para la larga noche de vigilia. una vez en su caba?a se preparo para descansar al estar parada frente a su cama se empez¨® a desvestir ya que no pod¨ªa dormir con su ropa puesta, con los movimientos dormida se podr¨ªan terminar de romper, las pieles se volv¨ªan cada vez mas d¨¦biles por el calor, despues de un tiempo echada en cama con la piel descubierta no lograba conciliar el sue?o. donde se acomodo, envuelta en su manta. Pero cuando lleg¨®, no hab¨ªa nadie. unos ruidos casi murmullos n rara, pero no pod¨ªa definir por qu¨¦. No hab¨ªa nada amenazante en la escena, pero aun as¨ª, un nudo de inquietud se formaba en su pecho. ¡ª ¡ª cercano traer¨ªa algo de claridad a las preguntas que ahora llenaban su mente. Pero hab¨ªa algo que no pod¨ªa ignorar: aquel hombre, de alguna forma, estaba cambiando cosas en la aldea, y eso la intrigaba m¨¢s de lo que estaba dispuesta a admitir. Ya era de ma?ana y Lera estaba en su caba?a, sesin poder bien, us dedos segu¨ªan cada l¨ªnea de las costuras, sintiendo la textura del material con detenimiento. La suavidad y resistencia de la tela la desconcertaban. Era como si cada puntada ocultara un misterio que ella estaba decidida a resolver. ¡ª ¡ª ¡ªpronto estar¨¢ lista¡­ y Erik tambi¨¦n estar¨¢ ah¨ª. Ya despert¨®," ¡ªanunci¨® con un tono que intentaba ser casual, pero que delataba su propia curiosidad. ¡ª o haga algo raro. Arlea est¨¢ en uno de esos d¨ªas en los que quiere ''experimentar con la comida,'' y ya sabes lo que eso significa¡­" ¡ª ¡ª ¡ªir. Adem¨¢s, no quiero que Arlea me atrape con hambre y trate de hacerme probar cualquier¡­ cosa extra?a." probadora, no tendr¨¢s escapatoria." servir¨ªan la comida, llevando consigo no solo las prendas, sino tambi¨¦n las preguntas que a¨²n rondaban en su cabeza. Capítulo 8: Un Banquete de Sabores con varios arboles alrededorporutilizados como asientos con pieles por encima acostumbro r¨¢pido y a la vez reconfortante. Llevaba puesta la t¨²nica que le hab¨ªan prestado Jaia y Jerut. Era una prenda sencilla, pero claramente dise?ada para alguien m¨¢s peque?o que ¨¦l. La piel se le ajustaba en los hombros y la parte inferior le llegaba apenas , revelando sus piernas. alistado la mesa, se voltearon al verlo llegar. Mika, Becca, Hada y Suri lo miraron de inmediato, sus ojos fijos en la figura de Erik, que intentaba mantener la compostura. Mika levant¨® una ceja con una sonrisa burlona, mientras Suri soltaba una peque?a carcajada. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª con los preparativos. A pesar de todo, agradec¨ªa el esfuerzo y la amabilidad de todas, que, a pesar de las circunstancias extra?as, estaban haciendo todo lo posible por hacerlo sentir bienvenido. ¡ª¡° ¡ª¡°se?as para que se siente a su lado. y madera. ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª un cuenco frente a Erik y, sonriendo con satisfacci¨®n, le hizo un gesto para que probara el primer bocado. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª que parec¨ªan verduras flotando junto a lo que parec¨ªan ra¨ªces y peque?as hojas. A simple vista, no se ve¨ªa mal¡­ pero la mirada de las dem¨¢s y su experiencia pasada con los "experimentos" de Arlea las manten¨ªa en guardia. ¡ª ¡ª as a la distancia, el crujir de las hojas bajo una suave brisa¡­ y el sonido de la cuchara rozando los labios de Erik. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡°?a,¡± ¡ªcoment¨® Arlea, mirando de reojo a Erik¡ª. ¡°Ni yo he logrado que se los coma.¡± ¡ª¡°la fruta mas dulce a cambio de que se comiera un pedazo de y prefiri¨® quedarse sin la .¡± inclino con calma a ella. ¡ª¡°peque?¡± ¡ªpregunt¨®, d¨¢ndole un toque ligero en el hombro. ¡ª¡°vegetales apartados en la esquina¡ª. ¡°Curioso. Porque , esos son los tesoros.¡± ¡ª¡°peque?o, odiaba los vegetales tambi¨¦n.¡± ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° os vegetales con ojos calculadores. Pod¨ªa sentir las miradas de las dem¨¢s sobre ella, pero esta vez no hubo burlas ni risas. Todas la miraban con expectaci¨®n, como si esperaran que diera el primer paso en una prueba importante. ¡ª¡° ¡ª¡° los vegetales con el ce?o fruncido, como si estuviera evaluando a un enemigo formidable. Tom¨® la cuchara con ambas manos, la acerc¨® lentamente a su boca y cerr¨® los ojos. dem¨¢s contuvieron el aliento. ¡ª¡°The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. ¡ª¡°su direcci¨®n. ¡ª¡° y Jerut levant la cabeza, mir¨¢ndola con una sonrisa de satisfacci¨®n. Becca solt¨® un leve suspiro de asombro, mientras Hada se tapaba la boca con la mano, sin creer lo que hab¨ªa escuchado. ¡ª¡° ¡ª¡°os vegetales,¡± ¡ªagreg¨® Becca, a¨²n en shock¡ª. ¡°?Se la comi¨®!¡± mucho tiempo intentando que coma, y t¨² lo lograste en minutos.¡± ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡°frutas dulces la har¨ªa ceder, pero ah¨ª est¨¢¡­ comiendo.¡± ¡ª¡° ¡ª¡° nada,¡± ¡ªdijo encogi¨¦ndose de hombros¡ª. ¡°Solo le record¨¦ lo fuerte que es. Los guerreros no se rinden ante la comida.¡± ¡ª¡°sobras.¡± ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° Jaia tomaron sus cucharas al mismo tiempo y se miraron con la misma sonrisa traviesa. Cuando ambas probaron el guiso, intercambiaron una mirada de aprobaci¨®n mutua. ¡ª¡°Jaia, limpi¨¢ndose la comisura de la boca con un dedo¡ª. ¡°Arlea, tu nombre quedar¨¢ en las historias.¡± ¡ª¡° ¡ª¡° nuca¡ª. ¡°Cuando estaba en mi hogar, com¨ªa de todo: carne, frutas, verduras, pan¡­¡± ¡ª¡° ¡ª¡°es dulce, a veces salado.¡± ¡ª¡°Hada, imaginando en su mente algo delicioso¡ª. ¡°Quiero pan.¡± ¡ª¡°Bueno tendria que buscar los ingredientes necesarios para hacerlo, se los mostrar¨¦,¡± ¡ªprometi¨® Erik con una sonrisa. ¡ª¡°Mika, llev¨¢ndose otra cucharada de guiso a la boca. ¡ª¡°varios animales¡­ lo que pudiera atrapar. Y una fruta¡­¡± ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° Mika para no caerse de la risa, y Jaia se cubri¨® la boca con la mano mientras sus hombros temblaban de la risa contenida. ¡ª¡° ¡ª¡°tienen vegetales?¡± ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° ¡ª¡° estaban sentados alrededor de la mesa, la atm¨®sfera era tranquila. El murmullo de las conversaciones llenaba el espacio, pero a¨²n hab¨ªa una ligera tensi¨®n por el misterio de la llegada de Erik. , observando la interacci¨®n de las , se miraron entre s¨ª con una complicidad silenciosa. Sab¨ªan que, tarde o temprano, tendr¨ªan que hablar m¨¢s a fondo sobre y qu¨¦ papel jugar¨ªa en l a aldea. ¡ª ¡ª brusco, as¨ª que opt¨® por no lanzarse como las dem¨¢s. Pero hab¨ªa algo m¨¢s que le inquietaba: no reconoc¨ªa las frutas. Eran de formas extra?as, algunas con colores que nunca hab¨ªa visto en la Tierra. Hab¨ªa frutas rojas con peque?as protuberancias, otras amarillas con forma de l¨¢grima y unas verdes con una c¨¢scara ¨¢spera. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª llego apresurada. Al notar que Erik estaba en la mesa, con las a su alrededor, sus ojos se iluminaron. piel hacia ¨¦l: su y zapatos, limpios y en lo posible restaurada. ¡ª y sin dejar de mover sus ojos inspeccionando todo de el. ¡ª Erik, casi examin¨¢ndolo de cerca con curiosidad. ¡ªde donde vengo ¡ªrespondi¨® con una sonrisa¡ª. Es duradero y¡­ soporta bien los . ¡ª ¡ª ¡ª Jerut, quien hab¨ªa seguido la escena de cerca, aprovech¨® la ocasi¨®n para acercarse a Lera y le lanz¨® una sonrisa divertida. ¡ª ¡ª Jerut, le puso una mano en el hombro, gui¨¢ndola suavemente hacia su asiento para que empieze a comer con el resto de las chicas. ¡ª Jaia y Jerut compartieron una sonrisa, conscientes de que aquella fascinaci¨®n era natural y parte de su aprendizaje, pero tambi¨¦n de que hab¨ªa momentos en los que era mejor dar espacio para que las respuestas llegaran a su propio ritmo. Jerut con una sonrisa de agradecimiento, sabiendo que lo hab¨ªa rescatado de un interrogatorio que todav¨ªa no estaba listo para responder. ¡ªBecca, quien hab¨ªa estado en silencio ¡ª. A veces, las cosas no se desvelan de inmediato. Tal vez necesitamos aprender a esperar. La curiosidad es buena, pero a veces lo que nos atrae m¨¢s es lo que no sabemos, y no lo que ya est¨¢ delante de . ¡ªBecca. Pero es dif¨ªcil esperar cuando todo parece tan... diferente. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªpeque?os sacos¡­ ?Para qu¨¦ necesitas ?" ¡ªesos sacos se los bolsillos son para guardar cosas peque?as," ¡ªrespondi¨® con una sonrisa tranquila¡ª. "Cosas que quieras tener a la mano, como una herramienta, una piedra o una cuerda." ¡ª ¡ª ¡ª insistencia de Lera. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªa de una planta¡­" ¡ªsusurr¨® Lera para s¨ª misma, sin escuchar nada de lo que dec¨ªan las dem¨¢s¡ª. "Tengo que encontrar esa planta." ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªde algod¨®n," ¡ªdijo Lera con una sonrisa amplia, pero su tono de voz sonaba m¨¢s como una promesa¡ª. "Si hay por ah¨ª, yo l convertir¨¦ en ropa. ?No es eso lo que hacen las artesanas?" ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªesa planta, ?no? Entonces, si t¨² sabes c¨®mo se ve, me dir¨¢s si lo encuentras." ¡ª ¡ªesta tela, entonces debe haber algo parecido por aqu¨ª. Y si no lo hay¡­ ya se me ocurrir¨¢ otra forma." ¡ª ¡ªparecido como esa ¡­ entonces todas van a querer uno igual." ¡ªfibra'', no solo har¨¢ una prenda, har¨¢ cientos." ¡ª relajo, dejando escapar un suspiro. ¡ª ¡ª ¡ª a tiene el privilegio de probar los experimentos de Arlea." ¡ª ¡ª chicas ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Tiene demasiada energ¨ªa," ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, cerrando los ojos solo por un segundo para relajarse. lugar ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª a su lado ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª te presento a mi hermana id¨¦ntica Alisha!" ¡ªa?adi¨® Jerut con una reverencia exagerada. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Capítulo 9: "Sombras que se Iluminan" peque?as cercanas top de pieles para ventilarse. tranquilamente ¡ªa?adi¨® Mika, soltando la flecha y la piedra, dej¨¢ndolas a un lado¡ª. El suelo quema m¨¢s que nunca. la Tierra era aun mas elevada, ya por la contaminaci¨®n sol¨ªa llegar a mas de 40 grados Celsius y ac¨¢ apenas estaba por los 32 grados Celsius para el era soportable. Observ¨® sus pies descalzos y luego mirada a los zapatos que estaban a un lado de la mesa. que esta en la mesa. ¡ª. Se?alando los pantalones con los dedos. chicas, una peque?a figura se levant¨® con decisi¨®n. Suri lleg¨® hasta ¨¦l, jadeando un poco por la carrera, y sin pedir permiso, se sent¨® justo a su lado, usando la misma sombra que ¨¦l. cazar y traer carne cuando atrapan algo. Hada cuida muy bien a las ovejas y las cabras. ?o frontal que hab¨ªa liderado la preparaci¨®n de la comida. y tambi¨¦n cultiva todo lo que comemos. A veces le salen cosas ricas, pero otras¡­ bueno, Becca termin¨® hinchada. estos instantes, todas buscan un lugar para descansar. Nadie puede trabajar con este calor¡­ dicen que el suelo quema y todo el mundo se cansa r¨¢pido. y cabras peque?as. Pero lo que m¨¢s me gusta es escuchar las historias de las mayores. por varios d¨ªas. Hab¨ªa noches en las que el viento entre los ¨¢rboles le parec¨ªa una burla, record¨¢ndole lo lejos que estaba de cualquier otra alma. ya no era un lugar para a?orar. Contaminaci¨®n, guerras por recursos que se volv¨ªan m¨¢s cada a?o, gobiernos incapaces de encontrar soluciones y personas que se alejaban unas de otras. Record¨® c¨®mo las ciudades hab¨ªan perdido su brillo, cubiertas por un aire t¨®xico que parec¨ªa ser el reflejo de las almas de sus habitantes. chicas trabajaban juntas, re¨ªan y discut¨ªan, pero hab¨ªa una conexi¨®n que ¨¦l apenas pod¨ªa comprender. con ellas. pieles y telas , un peque?o Sus pasos eran tranquilos, pero su semblante reflejaba la seriedad de un prop¨®sito claro. ¡ª Jaia y su hermanas!" ¡ª . ¡ª se?alaba una direcci¨®n: ¡ª ¡ª a , donde una peque?a estructura se alzaba entre los ¨¢rboles. ¡ª su espacio propio," dijo con un gui?o. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ellas y Suri, quien se manten¨ªa cerca de ¨¦l. Mientras caminaban logro notar que a los costados del camino hab¨ªa unas piedras muy raras de color verde, . ¡ª s caminaba. por el camino vio muchas caba lo, al menos hasta que estuviera completamente convencida de que no representaba una amenaza. de pieles ocupaba el centro del espacio. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª buena ni?a." intensioness de Suri y Erik con una sonrisa c¨¢lida. y tu privacidad necesaria. Nosotras estaremos cerca, y si necesitas algo, solo tienes que acercarte a la aldea. Alisha, con tono suave pero firme, se dirigi¨® a Suri. ¡ª vengas con nosotras un momento mientras ¨¦l se instala." ¡ª ¡ª ¡ª Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. algo descuidada , sinti¨® una chispa de emoci¨®n. Con algunas reparaciones, podr¨ªa hacer de aquel espacio un hogar acogedor y, adem¨¢s, el lago estaba cerca, le daba un toque especial. esfuerzo, se quit¨® la t¨²nica y haciendo algunos estirones de los brazos para relejarse se desliz¨® en sus pantalones , disfrutando de la comodidad . pieles que le hab¨ªan entregado. ya estaba en el suelo y solo tenia puesto su ropa interior, y Mika pudo observar por primera vez su cuerpo casi desnudo. La luz tenue del interior destacaba las cicatrices que marcaban su piel, l¨ªneas y surcos que contaban historias de heridas pasadas. Mika hab¨ªa visto cicatrices antes, claro, pero aquellas marcas en Erik parec¨ªan distintas. Hab¨ªa una historia en cada una de ellas, y ese pensamiento la fascin¨® e inquiet¨® a la vez. ¡ªfanisacion Mika tambi¨¦n se fij¨® en la musculatura de su torso, y brazos. Erik era m¨¢s robusto de lo que ella hab¨ªa pensado, con m¨²sculos firmes y hombros anchos que parec¨ªan hechos para soportar peso y resistir. Aquella constituci¨®n le resultaba completamente distinta de las dem¨¢s chicas, quienes eran fuertes pero de una manera distinta, m¨¢s ¨¢gil y delgada. La robustez de Erik le daba un aire de , como si en su presencia las cosas fueran menos peligrosas. Aun escondida fuera de la caba?a, miraba a trav¨¦s de la ventana con el coraz¨®n acelerado. No sab¨ªa por qu¨¦ segu¨ªa ah¨ª, pero algo en su interior la impulsaba a observar, como si encontrar alguna pista pudiera calmar las inquietudes que sent¨ªa desde su llegada. mientras se colocaba sus pantalones, ella not¨® algo bajo la tela ajustada de su ropa interior que llam¨® su atenci¨®n. Mika frunci¨® el ce?o, intrigada. ¡ª ponerse sus pantalones y se gir¨® hacia la puerta, Mika retrocedi¨® r¨¢pidamente, escondi¨¦ndose tras un ¨¢rbol cercano, su mente llena de preguntas y su curiosidad a¨²n m¨¢s despierta. ¡ª ¡ª ¡ª objeto filoso que habia encontrado y cuidadosamente cort¨® las mangas y los costados de la , convirti¨¦ndola en una especie de polera sin mangas que cubriera sus hombros y espalda. desordenadamente, algo que no hab¨ªa sido prioritario para ¨¦l mientras luchaba por sobrevivir. Sin embargo, ahora que ten¨ªa algo de tiempo y herramientas, decidi¨® afeitarse. Adem¨¢s, con el calor subiendo cada dia, la barba le resultaba inc¨®moda. Hab¨ªa perdido la cuenta de cu¨¢ntos hab¨ªan pasado desde que se mir¨® en un espejo, pero sab¨ªa manejarse sin uno. El proceso le resultaba casi meditativo, y mientras trabajaba, su mente divagaba. Record¨® las ma?anas en casa, cuando se afeitaba r¨¢pidamente antes de ir al campo a trabajar con sus abuelos. La imagen de su rostro juvenil y sin barba le resultaba casi ajena ahora, despu¨¦s de todo lo vivido. Despues de unas horas, unos pasos ligeros se a la caba?a, acompa?ados por una voz familiar. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Suri lo mir¨® fijamente, como si intentara imaginar a toda una aldea usando prendas similares. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Todas solemos reunirnos despu¨¦s de que cae el sol para tomar jugos de frutas y contar historias. Es una tradici¨®n que tenemos¡­ algo tranquilo, para relajarnos. Creo que te gustar¨ªa.¡± mas de ellas. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Mientras caminaban por el camino vio que las piedras verdes brillaban mostrando el camino, como piedras fluorescentes. Cuando finalmente llegaron al ¨¢rea de la fogata, las conversaciones de las mujeres se detuvieron de inmediato. Las miradas se fijaron en Erik, quien, de pie junto a Suri, parec¨ªa una persona completamente diferente. ¡ªquito la barba y cambi¨® un poco su ropa. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªhacer las cosas. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Ya pasando las horas las llamas de la fogata comenzaban a disminuir, dejando solo brasas ardientes que emit¨ªan un brillo c¨¢lido en la noche. Las mujeres, una a una, se levantaban para retirarse a descansar, entre bostezos y murmullos cansados. Erik permanec¨ªa junto al ¨¢rbol, donde hab¨ªa estado toda la noche, con Suri a su lado. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªque la cuido desde que era una bebe ¡ªhizo una pausa, tragando saliva¡ª, desde que ella muri¨®, Suri no ha tenido esa paz. Siempre estaba preocupada. Nunca la ve¨ªa descansar realmente... y mucho menos sonre¨ªr mientras dorm¨ªa. ¡ª ¡ª ¡ªveo dormir as¨ª ¡ªcoment¨® Becca en voz baja, rompiendo la quietud. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªcosas. ¡ª ¡ª Capítulo 10: Rastros de Pasado, Vínculos del Presente entrabacon pasos lentos pero seguros peque?a ventana, el d¨¦bil resplandor de las estrellas revelaba los movimientos de Erik mientras . Mika, con la paciencia de un depredador al acecho, esper¨® hasta el silencio rein¨® en el lugar. Se acerc¨® con pasos silenciosos hasta la y confirm¨® que ¨¦l estaba acostado, respirando de manera regular, como si ya estuviera profundamente dormido. a su cama, algo brill¨® por un instante al reflejar la luz de las estrellas antes de . Mika se detuvo, mirando el objeto. El collar encontrado en la zona de batalla con la bestia escamosa. objeto capturaba destellos de las estrellas que se colaban por la ventana. Hab¨ªa olvidado por completo que lo hab¨ªa escondido all¨ª tras encontrarlo en el bosque. mas detenimiento . El dise?o era extra?o, completamente distinto a cualquier cosa que hubiera visto antes. Hab¨ªa un peque?o cierre que parec¨ªa una bisagra, pero no lograba encontrar c¨®mo abrirlo. ¡ª¡° de pieles. El calor de la noche era abrumador, y su cuerpo ped¨ªa descanso. Se recost¨® sobre las pieles de su cama, dejando que la frescura de la noche acariciara su piel. la cual la hab¨ªa deformado uno poco. Hab¨ªa aprendido a convivir con ella, pero no pod¨ªa evitar recordar el d¨ªa en que se la hizo. y las dem¨¢s, hab¨ªa sido lo suficientemente r¨¢pida como para alcanzarla antes de que pudiera reaccionar. La herida la dej¨® fuera de combate durante semanas, y aunque la bestia fue , el dolor y el recuerdo de ese momento siempre permanecieron con ella. Mientras miraba la marca en su piel, sus pensamientos se desviaron hacia sus compa?eras ca¨ªdas, aquellas que no hab¨ªan tenido tanta suerte enfrentando los peligros del bosque. Recordaba con frustraci¨®n las ocasiones en que un error de Becca hab¨ªa hecho que perdieran una presa importante, dej¨¢ndolas sin carne durante d¨ªas. ¡ª¡° creciente. Sus pensamientos, sin embargo, estaban lejos de buscar descanso; no pod¨ªa apartar la vista del peque?o objeto que hab¨ªa encontrado el d¨ªa anterior: aquel extra?o collar que descansaba sobre su abdomen, dejando que el metal fr¨ªo contrastara con la calidez de su piel. Cerr¨® los ojos, pero su mente segu¨ªa divagando entre las cicatrices, tanto en su piel como en su memoria, y las historias que imaginaba que Erik podr¨ªa contar con las suyas. Por primera vez, sinti¨® que tal vez no eran tan diferentes como hab¨ªa pensado al principio. ¡ª¡° en la caba?a centralchicas tenia para este prop¨®sito. La pas¨® por su cuerpo con movimientos suaves, absorbiendo el frescor del agua que la aliviaba y despejaba su mente. Sent¨ªa como la humedad la despertaba por completo, limpiando el sudor de la noche y dej¨¢ndola lista para comenzar el d¨ªa. ¡ª¡° ropa, un sencillo vestidito de lna que . Lo levant¨® con cuidado y se lo puso, asegur¨¢ndose de que se ajustara bien a su cuerpo. El calor del d¨ªa comenzaba a notarse, pero el fresco de la ma?ana a¨²n no se hab¨ªa ido por completo. se deslizaba con facilidad, y Suri disfrutaba de la sensaci¨®n de ordenarlo. A veces, el simple hecho de peinarse de esta manera la hac¨ªa sentirse m¨¢s conectada con su entorno, con la vida sencilla de la aldea, y con su propia imagen. llego a su vida. Aquel extra?o, con su manera de ser tan distinta, sus palabras que sonaban nuevas y extra?as, pero tambi¨¦n... reconfortantes. poste, alistando sus flechas para ir a cazar con una expresi¨®n despreocupada en el rostro. ¡ª all¨¢, talvez sigue durmiendo. No se ha movido desde anoche." ¡ª ¡ª ¡ª ?a necesita aprender que no todos los que parecen fuertes lo son siempre." Cuando entro con cuidado y lo encontr¨® despierto, aunque a¨²n recostado en su lecho improvisado. Erik levant¨® la mirada al escucharla entrar, su expresi¨®n tranquila pero atenta. ¡ªSuri" ¡ªdijo con voz grave y un leve toque de somnolencia¡ª. "?Todo bien?" ¡ª ¡ªrecordando que le dijeron que estuvo casi 2 dias dormido. ¡ª ¡ª ¡ªmi y Hada, arriesgaste tu vida." ¡ªaldea, hubo demasiados problemas y sufrimiento porque la gente no supo dejar de lado las peque?as peleas." ¡ª ¡ªella. Tal vez hay algo m¨¢s detr¨¢s de su enfado." ¡ª ¡ª ¡ªport¨®n de la . ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡°Es momento de arreglar esto,¡± pens¨® mientras se dirig¨ªa a la caba?a de Mika. ¡ª ¡ª hace rato hacia el valle. Tom¨® suministros para varios d¨ªas y dijo que ir¨ªa a cazar. No s¨¦ cu¨¢nto tiempo estar¨¢ fuera. valle. Adem¨¢s, si ya estaba en medio de la caza, interrumpirla podr¨ªa ser peligroso. ¡ª ¡ª ¡ª caba?a ¡ª¡° unos pasos en el interior. Al ver a Becca y Hada entrar su mirada mostr¨® una mezcla de sorpresa y cautela, pero no dijo nada hasta que Becca se cruz¨® de brazos frente a ¨¦l. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªpara muchos." ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Sacudi¨® la cabeza suavemente, inc¨®moda con la direcci¨®n de sus pensamientos. ¡ª ¡ª ¡ª Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. ¡ª ¡ªSuri y a mi? ?Por qu¨¦ estuvo dispuesto a arriesgar su vida por nosotras?" ¡ª dem¨¢s de la aldea, un cari?o profundo y sincero que siempre hab¨ªa asociado con la idea de familia. Pero con Erik era distinto, aunque no sab¨ªa exactamente c¨®mo. ¡ª ¡ª el no era lo mismo. ¡ª ¡ª ¡ªs visto a Mika?" ¡ªpregunt¨® Becca sin rodeos. ¡ª ¡ª ¡ªcaba?a central donde Suri se hab¨ªa marchado. ¡ªhace rato en su caba?a. Parec¨ªa decidida , pero cuando supo que Mika no estaba, se fue sin decir mucho. las palabras de Erik dio en el clavo para que Suri quiera hablar con Mika. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª los d¨ªas y la rutina en la aldea parec¨ªa volver a la normalidad. Las segu¨ªan con sus quehaceres diarios, y aunque la presencia de Erik ya no era una novedad, segu¨ªa siendo un punto de inter¨¦s para todas, especialmente por sus heridas y su recuperaci¨®n. el d¨ªa anterior, Suri segu¨ªa insistiendo en que deb¨ªa descansar para no empeorar su estado. Cada vez que intentaba levantarse para ayudar con alguna tarea, Suri aparec¨ªa como si tuviera un sexto sentido y lo devolv¨ªa a su cama con firmeza. ¡ª tratar de sobrevivir y esconderse de las guerrillas y atracadores, durante su tiempo en el bosque, la supervivencia diaria le manten¨ªa en movimiento. Ahora, pasar la mayor parte del d¨ªa en cama le parec¨ªa un castigo. cocinar y las fogatas nocturnas. Cada una parec¨ªa tener un prop¨®sito claro, una tarea que cumplir, mientras ¨¦l segu¨ªa confinado en su rutina limitada. ¡ª ¡ª entrada c¨®mo las trabajaban, salir a comer, y luego volver a su caba?a para descansar. Aunque agradec¨ªa la atenci¨®n, sent¨ªa que la pasividad lo estaba consumiendo. su caba?a con la misma firmeza de siempre. ¡ª ¡ª¡°de piel granderecuperarme r¨¢pido y recuperarse. con agua algunos jarrones de barro junto al r¨ªo, Erik apareci¨® caminando despacio hacia ella. Su postura era menos r¨ªgida que d¨ªas atr¨¢s, pero el peso de sus heridas segu¨ªa evidente en sus movimientos. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª trabajo de inmediato y corri¨® a sostenerlo, ayud¨¢ndolo a volver a sentarse en una roca cercana. ¡ª las chicas se enteraron de lo sucedido y no tardaron en reprender. ¡ªuna jarra¡ª. "Si sigues haciendo estas cosas, vas a empeorar tus heridas." ¡ªpuedas descansar," ¡ªa?adi¨® Hada, arqueando una ceja¡ª. "?Son todos los hombres as¨ª de tercos, o solo t¨²?" hacia el fondo del valle, sent¨ªa una punzada de tristeza. No se arrepent¨ªa de haber defendido a Erik durante la discusi¨®n con Mika; sent¨ªa que era lo correcto, pero no pod¨ªa evitar sentirse mal por la pelea que hab¨ªa surgido entre ambas. el ¨¢rbol , no pudo evitar expresar sus pensamientos. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªdirectamente. No porque hayas hecho algo malo, sino porque es importante mantener la paz entre ustedes. No vale la pena que algo as¨ª las divida." ¡ª ¡ª Ya pasaron dos semanas desde que Mika se fue al valle. Una ma?ana Erik abri¨® los ojos, disfrutando de una sensaci¨®n desconocida de tranquilidad. Parpade¨® para adaptarse a la suave luz que se filtraba entre las rendijas de la vieja caba?a y, con calma, se incorpor¨®, estir¨¢ndose. Por primera vez en mucho tiempo, hab¨ªa dormido sin interrupciones ¡ªcaminando mas natural¡ª. ?Qu¨¦ haces fuera tan temprano? ?No deber¨ªas descansar m¨¢s? ¡ªvarios dias que puedo decir que dorm¨ª realmente bien. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªya podr¨¢s dormir tranquilo todas las noches ¡ªdijo Hada, cambiando el tono a uno m¨¢s ligero, con una sonrisa que disimulaba su inquietud. cesta en la mano. ¡ªquer¨ªa pedirte un favor ¡ªdijo, mir¨¢ndolo con una mezcla de seriedad y entusiasmo. ¡ª ¡ª ¡ª y varios sacos vac¨ª. ¡ª ¡ª ¡ª sacosd¨ªasla caminata le sentio bien para fortalecer sus m¨²sculos y nervios, adem¨¢s con sus zapatos puestos parec¨ªa avanzar sin poder parar tiempo de caminar, el bosque comenz¨® a abrirse, revelando ¨¢rboles altos y robustos, con ramas cargadas de frutos de colores vivos. Hab¨ªa tonos de rojo, amarillo, violeta, e incluso azul, en formas que Erik nunca hab¨ªa visto. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª con calma para que no se maltraten, se dio cuenta de que las chicas lo observaban con una mezcla de curiosidad y diversi¨®n. ¡ª ¡ª ¡ªel racimo. Adem¨¢s, esto es fascinante para m¨ª. Nunca hab¨ªa visto frutas como estas. Becca, que estaba trepando otro ¨¢rbol, lo mir¨® desde arriba. ¡ªaldea? ¡ª y sacos y sacos estaban llenas, y el grupo decidi¨® tomar un peque?o descanso bajo la sombra de los ¨¢rboles. ¡ª ¡ª unas horas en el bosque frutal, Erik se detuvo un momento y mir¨® a su alrededor, observando los ¨¢rboles. No pudo evitar preguntarse qui¨¦n habr¨ªa plantado tantas variedades de frutas en un solo lugar. Las chicas eran demasiado j¨®venes para haberlo hecho, y la organizaci¨®n de los ¨¢rboles indicaba una intenci¨®n y un cuidado que deb¨ªan venir de generaciones anteriores. ¡ª ¡ªen un solo lugar. Parece como si alguien los hubiese tra¨ªdo de muy lejos. ¡ªde la altura de Suri ¡ªexplic¨®, con la voz suave¡ª. Fueron nuestros padres o sus padres de ellos quienes los plantaron, creyendo que estas frutas ser¨ªan esenciales para el futuro. Quer¨ªan que aprendi¨¦ramos a cuidar de este lugar como ellos lo cuidaron para nosotras. ¡ª ¡ª Jaia mir¨® al cielo y frunci¨® el ce?o. ¡ªlo m¨¢s alto ¡ªdijo, se?alando los rayos que se filtraban a trav¨¦s del follaje¡ª. Si salimos ahora, el calor ser¨¢ insoportable, y en el campo despejado podr¨ªa ser peligroso. ¡ªdescansemos y comamos algo. ¡ªmas fresco. piel, observ¨® el lugar . El bosque no solo era frondoso, sino que parec¨ªa dise?ado para momentos como El suelo estaba cubierto de hojas suaves, y los ¨¢rboles ofrec¨ªan una sombra que bloqueaba casi todo el calor abrasador del exterior. ¡ª morado intenso, con una textura suave y un aroma dulce. ¡ª como las primeras que comi¨® al inicio de la recolecci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ªes casi id¨¦ntico y podr¨ªa hacer algo con esto. Quiz¨¢s combinar los sabores las frutas de aqu¨ª. ¡ª cercana y del suave murmullo del bosque. ¡ªr¨¢pido y f¨¢cil. ¡ª cerca, los miraron en silencio. Becca arque¨® una ceja, mientras Hada desviaba la mirada con una peque?a sonrisa. Arlea, sin embargo, dej¨® escapar un suspiro apenas audible. ¡ª ¡ª ¡ªen medio camino cuando caiga la noche. una parte de la recolecci¨®n en un saco, lo levant¨® con facilidad. Aunque todav¨ªa sent¨ªa un leve tir¨®n en su costado, su recuperaci¨®n era evidente, y ayudar le daba una sensaci¨®n de utilidad que agradec¨ªa. ¡ª con su canasta a su medida, todav¨ªa sonriente por los momentos que hab¨ªan compartido. A su alrededor, las dem¨¢s chicas empezaron a recoger sus propias canastas y utensilios. Hada fue la primera en notar algo. ¡ªcon este calor y no pareces cansado? Nosotras siempre terminamos agotadas ¡ªdijo con tono de curiosidad. ¡ªbajo el sol, tanto en el bosque como... bueno, en mi hogar. Y aqu¨ª el calor no me afecta tanto como a ustedes. ¡ª ¡ªse preocup por el futuro. El poder, la codicia, todo eso ha llevado a la humanidad al borde del colapso. Ahora todo est¨¢... en desgracia." ¡ª ¡ªTendremos suficientes frutas para hacer jugos y quiz¨¢ algo m¨¢s ¡ªdijo Lera, emocionada mientras revisaba su canasta¡ª. ?Incluso podemos experimentar con algunos sabores nuevos! ¡ª su disposici¨®n. Aunque al principio hab¨ªa dudado de su presencia en la aldea, no pod¨ªa negar que estaba haciendo un esfuerzo sincero por integrarse y ayudar. l lugar de almacenamiento para guardar las frutas. Erik, acompa?ado por Suri, dej¨® su carga en la peque?a despensa antes de dirigirse a su caba?a, listo para descansar despu¨¦s de un d¨ªa productivo. con las chicas. La aldea comenzaba a sentirse menos como un lugar extra?o y m¨¢s como un hogar. ¡ª ¡ª ¡ªhistoria de terror. Lo prometiste hace d¨ªas, ?o no? ¡ª ¡ª ¡ªJaia y sus hermanas dijeron que tambi¨¦n se unir¨¢n. As¨ª que no hay escapatoria. ¡ª ¡ªel area de la fogata que hab¨ªan encendido, donde las chicas ya hab¨ªan colocado algunos troncos y pieles para sentarse. chicas ¡ªde miedo¡ªdijo Erik, levantando las manos para silenciar el murmullo de la peque?a multitud¡ª. Pero les advierto que es un que podr¨ªa quitarles el sue?o. ¡ª ¡ª a pel¨ªculalleno de suspenso y misterio, combinando elementos que recordaba de historias antiguas con un toque de su propia imaginaci¨®n. Las chicas lo escucharon con los ojos abiertos de par en par, algunas abraz¨¢ndose entre s¨ª cuando el relato se tornaba m¨¢s intenso. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª comenz¨® a relatar la mas macabra ni?eza?adiendo partes de pel¨ªculas de miedo que hab¨ªa visto con ¡ªcon mascara blanca sali¨® de casa, armado solo con un cuchillo , y al dar el primer paso en la oscuridad..." ¡ªdijo Erik, con una voz baja y misteriosa, mirando a las mujeres alrededor de la fogata, quienes lo escuchaban con atenci¨®n. El ambiente se volv¨ªa cada vez m¨¢s tenso, a medida que Erik aumentaba la emoci¨®n de su relato¡ª. "Un rugido retumb¨® en la noche, y las sombras se movieron hacia ¨¦l... pero no era un . Era algo mucho peor..." o lleg¨®, y justo cuando todos esperaban el cl¨ªmax de la historia, un grito estridente rompi¨® la tensi¨®n. Capítulo 11: "De la Confianza a la Innovación" ¡ª?Tiene que haber escapado! ?No? ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª?Mika! ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªEst¨¢ bien, est¨¢ bien. ?Qu¨¦ tal si me uno al cuento? ¡ªdijo, sent¨¢ndose junto a la fogata. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ellas. ¡ªCreo que es hora de descansar. Ma?ana ser¨¢ otro d¨ªa largo. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªDebe estar muerta de cansancio. Con las cacer¨ªas, seguro no ha dormido bien en d¨ªas. ¡ªVamos a seguirla. ¡ª ¡ª ¡ªEst¨¢ bien, pero si nos rega?a por no dejarla dormir, ser¨¢ tu culpa. ¡ª?En serio vamos a hablar con ella ahora? Est¨¢ muerta de sue?o. ¡ª falda de pieles. Levant¨® la vista al escuchar los pasos y arque¨® una ceja. ¡ª ¡ªQuer¨ªamos decirte algo antes de que te quedes dormida. ¡ª ¡ª ¡ª?Erik le pidi¨® que se disculpara? ¡ªS¨ª. Suri le hab¨ªa contado sobre su discusi¨®n contigo, y ¨¦l le dijo que no deb¨ªa dejar las cosas as¨ª. Es por eso que corri¨® a abrazarte y pedirte perd¨®n en la fogata. ¡ª?Por qu¨¦ Erik se meter¨ªa en eso? ¡ª ¡ª ¡ªSupongo que no esperaba que algo as¨ª pasara mientras estaba fuera. Han cambiado muchas cosas en estos d¨ªas. ¡ª ¡ª ¡ª?En serio, Hada? ?Ese es tu comentario final? ¡ªSolo digo la verdad. No me hab¨ªa dado cuenta antes porque en la fogata no estuviste tan cerca, pero ahora... bueno, digamos que lo noto. ¡ªBuenas noches, Hada. Y gracias por el "consejo". ¡ªVamos, dejemos que Mika descanse. ¡ª ¡ª ¡ª caba?a todos los d¨ªasy lo que usaba de ropa interiorscuerpo s dem¨¢s prendas cuerpo, sinti¨® un alivio inmediato, como si el cansancio de l d¨ªa se disipara con cada trazo. Comenz¨® por su cuello y hombros, limpiando las marcas de sudor y suciedad acumuladas por los d¨ªas de caza. sus piernas una vez limpia por completo ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªArlea. ¡ªLa vimos bastante cansada anoche. A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª la caba?a acomod¨¢ndose el cabello cuando not¨® que Mika no estaba en la mesa com¨²n. Las chicas desayunaban animadas con Erik, pero su ausencia era notable. Decidi¨® buscarla, pensando que a¨²n estar¨ªa descansando despu¨¦s de los d¨ªas agotadores que pas¨® cazando. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª Trataba de ocultarlo con su top a las dem¨¢s. ¡ª ¡ªa?os verdad? ¡ª ¡ª ¡ª tratando de peinar su cabello . La verdad de esas palabras toc¨® algo profundo en ella, algo que hab¨ªa preferido dejar olvidado. ¡ªy las extra?as. ¡ªmejores amigas con las que cazaba antes de que todo cambiara. Esa bestia... no pude salvarlas. Estaba tan enfocada que no pude hacer nada por ellas. ¡ªtuya. Y no importa lo que suceda, siempre puedes seguir adelante. No est¨¢s sola. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª?os que estas son las ¨²nicas ovejas que conocemos. ¡ª hueso rudimentario, y se acerc¨® a una de las ovejas. Con movimientos ¨¢giles y firmes, comenz¨® a cortar la lana brillante. Mika y Alisha observaban desde un lado, mientras Erik, miraba con inter¨¦s cada movimiento. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªel trabajo. ¡ªSon m¨¢s d¨®ciles de lo que esperaba. ¡ª o ultimo de la lana cortada. La colocaron en grandes sacos y la llevaron a una de las caba?as cercanas. Erik observaba con curiosidad, ayudando a transportar los sacos junto a Mika y Hada. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª gran cantidad de cargas. Con el calor apretando, las gotas de sudor ca¨ªan por sus frentes, pero su entusiasmo no disminu¨ªa. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ella, que se acercaba con paso tranquilo pero decidido. Al llegar hasta ellos, Jaia observ¨® los sacos con atenci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªhabilidoso. Si quiere lavar lana bajo este sol, que lo intente. ¡ª ¡ª por las limitaciones de la aldea, la idea de tener un colch¨®n c¨®modo segu¨ªa firme en su mente. Si algo hab¨ªa aprendido de su abuel, era que un poco de paciencia y esfuerzo pod¨ªan transformar incluso los materiales m¨¢s simples en algo extraordinario. ¡ª ¡ª ¡ª trajo los sacos junto al agua cristalina que flu¨ªa suavemente. Las chicas buscaron un ¨¢rbol cercano con ramas amplias y frondosas, acomod¨¢ndose en la sombra mientras Erik preparaba su espacio de trabajo. ¡ª de lana que hab¨ªa llevado consigo. ¡ªacomodaba para trabajar. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª y troncos debajo como catre. Hab¨ªa aprendido a lavar lana con su abuela, quien siempre le dec¨ªa que la paciencia era clave para hacerlo bien. Sac¨® una porci¨®n y la extendi¨® sobre una roca para que se secara al sol. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªde estomago en la suave hierba del suelo¡ª. Nunca pens¨¦ que alguien pudiera encontrarle tanto valor a algo que siempre hemos quemado. ¡ª n tra¨ªdo, dejando la otra mitad lista para continuar al d¨ªa siguiente. Aunque cansado, la satisfacci¨®n de ver el progreso lo manten¨ªa alerta. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ?a, Erik se dej¨® caer sobre las pieles de su cama, sintiendo el cansancio del d¨ªa pesar sobre ¨¦l. Sin embargo, la idea de dormir en un colch¨®n de lana lo llenaba de ilusi¨®n. Si lo lograba, no solo ¨¦l podr¨ªa disfrutar de una cama m¨¢s c¨®moda, sino que tambi¨¦n las chicas tendr¨ªan algo mejor para descansar. Capitulo 12: Caminos de Cuidado y Confianza ?a apartada de todas. encontr¨¢ndolo en situaciones incomodas o a medio vestir y con esta al menos les hacia recordar que deben llamar antes de entrar. ¡ª trabajando otra vez¡±, pens¨®, dirigi¨¦ndose al lugar. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªla aldea y en ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªadem¨¢s esto no se necesita hacer mucho esfuerzo algo melo pides ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªmas tarde o ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªsaco ¡ª despu¨¦s de comer, mientras ambos se sentaban a la mesa. El tema del proyecto qued¨® suspendido por un momento, pero en la mente de Erik, la idea de hablar con Lera se convirti¨® en la siguiente tarea importante. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª atarde ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª la charla completamente. En el patio exterior del taller, Jaia y las gemelas, Jerut y Alisha, estaban entregando algunas herramientas de madera gastadas a Lera, quien las inspeccionaba con atenci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ªalg¨²n fallo en ella ¡ªagreg¨® Alisha con una sonrisa ligera. como era casi costumbre al estar juntas para jugarle bromas. ¡ª ¡ªThe narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ª de gemelas, se detuvo por un momento, inclinando la cabeza como si estuviera pens¨¢ndolo. Luego sonri¨®, ocultando cualquier se?al de vacilaci¨®n. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªde nuevo. ¡ªde nuevo en nuestra trampa tarde o temprano. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª volvi¨® a entrar para dejar las herramientas de las mayores en su mesa de trabajo. entrada de la caba?a de Lera, Erik not¨® que estaba m¨¢s aislada que el resto de las viviendas. El lugar ten¨ªa un aire funcional, con varias pieles al sol y algunos objetos improvisados esparcidos alrededor. Desde una ventana abierta sal¨ªa un aroma peculiar, mezcla de cuero curtido y hierbas desconocidas. ¡ª ¡ªvolviendo a salir ya con las manos libres¡ª. Aunque admito que a veces incluso yo necesito aire fresco. ¡ªpeque?o descanso ese momento¡ª. ?Qu¨¦ los trae por aqu¨ª? ¡ªes para un proyecto ¡ªrespondi¨® Suri con entusiasmo. ¡ªtus herramientas para algo indebido. ¡ª ¡ª algunas pieles y cueros, y finalmente algo en el fondo capt¨® su atenci¨®n. Ah¨ª estaba la piel del lagarto gigante, ya trabajada, colgada en una pared como si fuera un trofeo. su cuerpo, y su mano fue instintivamente hacia la cicatriz en su costado , el recuerdo f¨ªsico de aquella feroz batalla. Su respiraci¨®n se torn¨® pesada por un instante, casi como si reviviera el enfrentamiento. con Becca y Hada para vencerla, y aquel enfrentamiento hab¨ªa dejado marcas tanto f¨ªsicas como emocionales. esa bestia la hab¨ªa perseguido, un escalofr¨ªo la recorri¨® y, sin pensarlo, se aferr¨® a l de Erik como si buscara protecci¨®n. ¡ª ¡ªa que mataste , verdad? ¡ªe lagarto fue... dif¨ªcil olvidar algo as¨ª. ¡ª ¡ªaldea ¡ªexplic¨® Erik¡ª. Son reptiles grandes, con escamas duras y dientes afilados. Hay , pero ninguna tan grande como este. ¡ªaldea tienen criaturas as¨ª? ¡ªpregunt¨® Lera, intrigada. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªse acercaba a en u de trabajo. ¡ªes para un proyecto. Algo grande, de unos¡­ ¡ªhizo una pausa, tratando de buscar las palabras adecuadas¡ª. De unos dos metros de largo por uno y medio de ancho. ¡ª izquierdo y luego extendi¨® su brazo completamente hacia el lado. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªcreo que teng algo de este tama?o. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªhacer nuestras ropas. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª cerca de Erik, observaba el rect¨¢ngulo en el suelo con asombro. ¡ª ¡ªreparar la herramienta de hilado. de hueso afilados y retales de piel por todas partes. ¡ª ¡ª ¡ªAdem¨¢s encontramos esto tambi¨¦n ¡ªdijo, se?alando el objeto junto a la lanza¡ª. aco extra?o, pero supusimos que ten¨ªa alg¨²n valor para ti, as¨ª que lo trajimos tambi¨¦n. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªme ayudo bastante en el bosque ¡ªdijo en voz baja, como recordando. ¡ª ¡ªexperiencia haciendo una, as¨ª que hice lo mejor que pude. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª lanza y mir¨® a Suri, quien le sonri¨® para tranquilizarlo. ¡ªla mochila, por ahora, la posibilidad de Antes de salir miro suN alistaba para salir del taller, Lera lo detuvo con un gesto de la mano. ¡ªde la mochila. Me pareci¨® curioso y pens¨¦ que querr¨ªas verlo. ¡ªde metal. ¡ªde metal? ¡ªaldea, pero lo guard¨¦ porque me recuerda¡­ ¡ªhizo una pausa, su voz se volvi¨® m¨¢s suave¡ª. Me recuerda a casa. ¡ªmaterial que mencionaste antes, ?verdad? ¡ª ¡ª ¡ªespecie de roca muy especial. No es com¨²n encontrarlo, pero se puede trabajar y moldear para muchas cosas ¨²tiles. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªl trabajo con metal los hizo. y dura piel del lagarto. Aunque los hab¨ªa visto en acci¨®n, segu¨ªan result¨¢ndole inquietantes. ¡ª ¡ª cerca de ellos, dio un paso adelante, extendiendo una mano para tocar uno de los cuchillos. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªHace mucho tiempo que no hab¨ªa visto algo tan bien hecho. Pero, como le dije a Suri, hay que usarlos con cuidado. ¡ª Lera. ¡ªpudi¨¦ramos encontrar algo de metal y tuvi¨¦ramos las herramientas necesarias, podr¨ªa intentar trabajar, pero es un proceso complicado. ¡ª ¡ª meti¨¦ndolo en un rinc¨®n bien protegido. ¡ª cuchillos le hac¨ªa pensar en todo lo que a¨²n no entend¨ªa de este lugar. ¡ª ¡ª ¡ªella sab¨ªa muchas cosas. M¨¢s de las que cualquiera podr¨ªa imaginar. ¡ªella sab¨ªa mucho. Siempre dec¨ªa que hab¨ªa aprendido todo de su madre y de su abuela. Pero lo que m¨¢s aprendimos de ella fueron su paciencia y sus ideas para resolver problemas. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªella, era una excepcional. Es una l¨¢stima que ya no est¨¦. Me hubiera encantado conocerla. Estoy seguro de que sab¨ªa cosas que yo tambi¨¦n podr¨ªa haber aprendido¡­ Quiz¨¢s hasta cosas m¨¢s ¨²tiles . ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª le?a, los vio salir del taller. Not¨® las expresiones apagadas de Erik y Suri. Intrigada, decidi¨® acercarse al taller despu¨¦s de que desaparecieron por el sendero. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªsaco grande. Intent¨® explicarme con medidas, pero no entend¨ª mucho. Seg¨²n ¨¦l, algo llamado "metro" se mide de un hombro al brazo extendido. Era muy espec¨ªfico con el tama?o. ¡ª ¡ªque ve¨ªa en mucho tiempo y raro. Me dijo que est¨¢n hechos de metal y que trabajar con eso es muy complicado. Seg¨²n ¨¦l, es algo dif¨ªcil de encontrar y trabajar. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªpiel que hab¨ªa quedado sobre la mesa¡ª. Aunque, conociendo a Erik, seguro ya est¨¢ ideando una soluci¨®n diferente. ¡ªsaco extra?o. Dice que se llama hebilla y que es dematerial llamado "metal". Seg¨²n ¨¦l, la mochila, pero parec¨ªa m¨¢s nost¨¢lgico que otra cosa. Ah, y Mika estuvo observando todo con esos ojos de cazadora que tiene. Siempre alerta, como si Erik fuera a hacer algo raro con nosotras. ¡ª a la aldea del taller de Lera, el silencio que los envolv¨ªa era m¨¢s pesado de lo habitual. Erik caminaba despacio, con la mirada perdida en el suelo, como si estuviera en otro mundo. Sus hombros, que normalmente estaban erguidos y llenos de determinaci¨®n, ahora parec¨ªan hundidos bajo un peso invisible. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ?os pod¨ªa dar, mientras las gemelas hilaban lana con movimientos r¨¢pidos y coordinados. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª ¡ªcon Lera. Quer¨ªa pieles, pero no hab¨ªa suficientes en el taller de Lera. Pens¨¦ que tal vez ustedes podr¨ªan ayudar. ¡ª colocarlas en el suelo, formando un rect¨¢ngulo que representaba el tama?o del proyecto de Erik. ¡ªun saco grande, pero estoy segura de que es algo importante. Erik siempre est¨¢ pensando en . rectangulo improvisado en el suelo, mientras Jerut y Alisha observaban con curiosidad. ¡ª ¡ª formado. ¡ªhilo. M¨¢s de lo que usamos, en realidad ¡ªdijo Jaia, sonriendo¡ª. Especialmente porque Lera nunca quiere trabajar con ella. Siempre se queja de que lleva demasiado tiempo. ¡ªchica tiene la paciencia de un cachorro. ¡ª ¡ª ¡ªcontento y agradecido. ¡ª en sus pensamientos. Mika estaba de pie, apoyada contra la pared, observ¨¢ndolo con los brazos cruzados. Aunque no era de las que sol¨ªan entablar conversaciones, el estado pensativo y callado de Erik era demasiado evidente como para ignorarlo. ¡ª movi¨® la cabeza, sorprendido por el tono tranquilo de Mika. ¡ª ¡ªAhora est¨¢s¡­ no s¨¦, m¨¢s callado. centro su mirada a Mika. ¡ª ¡ªTu proyecto? ¡ªpregunt¨® Mika con un toque de iron¨ªa, intentando aligerar el ambiente. ¡ª ¡ª se abri¨® con ella. ¡ªal verlas tan unidas como familia y compartir con ustedes. Extra?o mi hogar, mi familia¡­ Y aunque estoy agradecido con ustedes, no dejo de sentirme como un intruso. ¡ª ¡ª ¡ªun tiempo all¨ª hasta que mis abuelos me encontraron y me llevaron con ellos. Fueron buenos conmigo, pero nunca pude dejar de extra?ar a mi familia. ¡ª ¡ªmientras sobreviv¨ªa en el bosque, aunque el vac¨ªo nunca desaparece del todo. ¡ªmucho tiempo, antes de que aparecieras. Fue un lagarto m¨¢s peque?o que el que enfrentamos contigo, pero igual de peligroso. No tuvimos suerte esa vez. ¡ª ¡ªembosco mientras est¨¢bamos del bosque. ¡ªMika hizo una pausa, su expresi¨®n endureci¨¦ndose¡ª. No sobrevivieron. ¡ª ¡ªmis compa?eras. ¡ª ¡ª ¡ª ¡ª retiro su mano de su top, fingiendo que no hab¨ªa pasado nada, mientras Erik se pon¨ªa de pie, sorprendido por la energ¨ªa de Suri. ¡ª ¡ªJaia y sus hermanas quieren ayudarte¡ªdijo Suri, gesticulando con entusiasmo. Capitulo 13: "Un Día de Nuevos Lazos " El sol ya comenzaba a inclinarse en el cielo, lanzando sombras largas sobre el suelo de la aldea. Erik caminaba detr¨¢s de Suri, con Mika a su lado, ambos en silencio. La conversaci¨®n que hab¨ªan tenido antes, cuando Mika le hab¨ªa hablado sobre las p¨¦rdidas que hab¨ªa sufrido y c¨®mo ella tambi¨¦n hab¨ªa vivido tragedias, segu¨ªa rondando en la mente de Erik. El peso de esas palabras le dejaba una sensaci¨®n extra?a, como si algo se hubiera desbloqueado en su interior. ¨¦l tambi¨¦n hab¨ªa perdido mucho, pero escuchar a Mika le hab¨ªa dado una nueva perspectiva sobre el dolor, el duelo y la resiliencia. Mika, por su parte, caminaba con m¨¢s calma que antes. Aunque a¨²n era desconfiada por la naturaleza, su mirada hacia Erik hab¨ªa cambiado. Despu¨¦s de escuchar sus palabras, comprendi¨® mejor lo que hab¨ªa vivido, lo que hab¨ªa perdido, y la forma en que su dolor lo hab¨ªa moldeado. Ya no lo ve¨ªa solo como un extra?o, sino como alguien que, al igual que ella, hab¨ªa pasado por momentos dif¨ªciles. Esa conversaci¨®n, aunque breve, hab¨ªa abierto una puerta a una nueva comprensi¨®n. Mika se dio cuenta de que, en el fondo, Erik no era tan diferente a ella. Ambos llevaban cicatrices, que quiz¨¢s no siempre se ve¨ªan, pero que se sent¨ªan profundamente. Mientras caminaban, un pensamiento pas¨® por la mente de Mika: tal vez su desconfianza era un reflejo de su propio miedo, el miedo a abrirse a alguien m¨¢s. Sin embargo, ahora algo en su interior le dec¨ªa que no deb¨ªa juzgarlo tan r¨¢pido. Si bien no pod¨ªa olvidar todo lo que hab¨ªa escuchado sobre ¨¦l, la verdad era que Erik hab¨ªa demostrado ser una persona de acci¨®n, no solo de palabras. Erik, al sentir la mirada de Mika en ¨¦l, la observa con curiosidad. Aunque no pod¨ªa leer lo que pasaba por su mente, algo en su actitud le dec¨ªa que algo hab¨ªa cambiado. Ya no era la misma Mika reservada de antes, ni la que lo vigilaba constantemente. Hab¨ªa algo m¨¢s, algo m¨¢s cercano a una aceptaci¨®n silenciosa. ¡ª "Suri tiene raz¨®n", dijo Mika despu¨¦s de un rato, rompiendo el silencio. ¡ª "Jaia y sus hermanas seguramente tendr¨¢n una soluci¨®n . No hay necesidad de complicarse". Erik ascendiendo, sintiendo que una peque?a sonrisa aparece en su rostro. La idea de que Mika ahora se dirigiera hacia ¨¦l con un tono m¨¢s relajado le daba algo de alivio. Al menos, las cosas parec¨ªan estar mejorando entre ellos. Pero sab¨ªa que a¨²n quedaba mucho por aprender, tanto sobre la aldea como sobre ellos mismos. ¡ª "Gracias, Mika", respondi¨® en voz baja. - "Lo aprecio." Mika, al escuchar la gratitud en su voz, se sorprendi¨® a s¨ª misma por la forma en que, sin darse cuenta, comenzaba a confiar un poco m¨¢s en ¨¦l. Era como si su muro de desconfianza comenzara a desmoronarse, lentamente, sin forzar nada. No era que se hubiera olvidado de sus reservas, sino que algo en su interior hab¨ªa comenzado a suavizarse. Quiz¨¢s no sea tan malo que sea parte del grupo, de la aldea. Mientras avanzaban hacia la caba?a de Jaia y sus hermanas, Mika observaba de reojo a Erik. Esta vez, no lo ve¨ªa como un simple extra?o o una amenaza. En cambio, ve¨ªa a alguien que estaba dispuesto a aprender y a compartir, alguien que tambi¨¦n cargaba su propio peso, y que, al igual que ella, buscaba encajar en un mundo que parec¨ªa tan diferente del suyo. La caba?a de las mayores estaba tranquila, Jaia, Jerut y Alisha estaban sentadas en sus posiciones habituales, hilando y tejiendo la lana con la misma destreza que mostraban todos los d¨ªas. El sonido del huso girando y el movimiento de las manos de las mujeres era todo lo que se escuchaba en el espacio, creando una atm¨®sfera de concentraci¨®n y armon¨ªa. Erik y Suri llegaron, Suri se acerco de ellas, mientras Erik se manten¨ªa algo apartado, observando el trabajo de las mujeres. Mika, que los hab¨ªa seguido hasta la caba?a, se sent¨® un poco m¨¢s alejada, sin acercarse demasiado. Mientras tanto, Suri se sent¨® a su lado, comenzando a hablar en voz baja con Mika sobre cosas cotidianas, mientras Erik aprovechaba la oportunidad para acercarse a las mayores. Cuando vio que Mika no estaba prestando atenci¨®n y Suri se encontraba tranquila, Erik decidi¨® aprovechar ese momento para hablarles en privado. ¡ª¡°Necesito hacer una funda¡­ como un gran saco,¡± murmur¨® Erik, sin levantar mucho la voz, para que solo ellas pudieran escucharlo. Las gemelas levantaron la vista hacia ¨¦l, esperando a que se explicara mejor. Erik se sent¨® con una ligera tensi¨®n en los hombros y continu¨®. ¡°Es para un proyecto, algo que ayudar¨¢ mucho.¡± explicando el tama?o necesario y dici¨¦ndoles para que ser¨¢. Suri, que escuchaba atentamente a Mika, no not¨® la conversaci¨®n entre Erik y las mayores, sumida en su propia charla. Jaia, al escuchar lo que Erik ped¨ªa, no pareci¨® sorprendida, pero sus ojos mostraron una comprensi¨®n inmediata. ¡°?Una funda para eso, de lana? Eso es un proyecto grande. Entendemos lo que pides no es sencillo, pero si lo que necesitas es lana, tenemos bastante. Lo que m¨¢s nos costar¨¢ ser¨¢ tejerla. Pero si est¨¢s dispuesto a esperar, podemos hacerlo.¡± Jerut, que no hab¨ªa hablado a¨²n, observ¨® a Erik con una mirada calma. ¡ª¡°Lo que haces es innovador, lo entendemos. Y si es lo que necesitas, estamos dispuestas a ayudarte.¡± Erik suspir¨® con alivio, agradecido por su comprensi¨®n. ¡ª¡°Gracias, de verdad. No quiero que las dem¨¢s lo sepan por ahora. No es que no conf¨ªe en ellas, es solo que este proyecto es algo¡­ bueno ser¨¢ la primera vez que lo haga y no quiero darles falsas esperanzas.¡± Alisha asinti¨® lentamente. ¡ª¡°No te preocupes. Lo haremos en secreto. Pero tendr¨¢s que ser paciente. Este trabajo llevar¨¢ su tiempo. Tenemos suficiente hilo de lana, pero el proceso de tejerlo y darle el tama?o que pides nos tomar¨¢ varios d¨ªas.¡± Erik, aliviado, asinti¨® y sonri¨®, agradecido por su disposici¨®n. ¡ª¡°Lo que me preocupa es que no s¨¦ con qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa hacerlo si no logramos reunir suficiente lana. Si hay algo que podamos usar, estoy dispuesto a ayudar en todo lo que pueda.¡± Jaia levant¨® una mano tranquilizadora. ¡ª¡°No te preocupes por eso. Lo que necesitamos, lo tenemos. Aunque, como ya te dijimos, esto llevar¨¢ tiempo.¡± Erik asinti¨® y mir¨® a Suri, que segu¨ªa conversando animadamente con Mika, sin darse cuenta de lo que ocurr¨ªa a su alrededor. Por un momento, se permiti¨® relajarse, sabiendo que al menos el proyecto que tanto deseaba tomar¨ªa forma. Sin embargo, mientras las mayores continuaban hilando y hablando entre ellas sobre los detalles del trabajo, Erik pens¨® en el largo camino que le quedaba por recorrer. El proyecto a¨²n estaba en pa?ales, y aunque las mayores lo ayudaran, no ser¨ªa algo r¨¢pido ni f¨¢cil. Pero lo que sent¨ªa, m¨¢s all¨¢ de las dificultades, era una mezcla de emoci¨®n y esperanza, por fin logrando algo que podra ayudar a todos. Mientras tanto, Mika, a¨²n sentada a distancia, segu¨ªa vigilando con una mirada intensa, sus pensamientos divididos entre la cautela y la curiosidad. Sin saberlo, observaba c¨®mo Erik comenzaba a crear una peque?a pieza de su propio hogar, mientras ¨¦l, a su manera, les confiaba su secreto a las mayores. Despu¨¦s de discutir los detalles del proyecto con Jaia y las gemelas, Erik agradeci¨® nuevamente su disposici¨®n y se despidi¨® de ellas. Suri lo sigui¨® con una sonrisa tranquila, aunque se notaba algo intrigada por la conversaci¨®n en murmullos que hab¨ªa tenido con las mayores. Mika, como siempre, caminaba detr¨¢s de ellos, silenciosa pero alerta, manteniendo una distancia prudente. Al acercarse al centro de la aldea, Erik not¨® a Becca y Hada con grandes canastas en las manos, hablando animadamente entre ellas. Ambas parec¨ªan listas para salir de la aldea, con la energ¨ªa caracter¨ªstica que siempre mostraban cuando ten¨ªan alguna tarea fuera de lo com¨²n. ¡ª"?Van a alg¨²n lado chicas?" pregunt¨® Erik al acercarse. Becca levant¨® la vista y sonri¨®. ¡ª"Vamos al bosque frutal. Hay que recolectar frutas frescas para los pr¨®ximos d¨ªas. Con este calor, algunas ya est¨¢n pas¨¢ndose y no queremos que se desperdicien." Hada, por su parte, ajust¨® la canasta que llevaba en el brazo y agreg¨® con una sonrisa juguetona: ¡ª"Adem¨¢s, siempre encontramos cosas interesantes. ?Qu¨¦ dices, Erik? ?Te animas a venir? M¨¢s manos nunca sobran." Erik dud¨® por un momento, pensando en la conversaci¨®n con las mayores y el tiempo que tomar¨ªa su proyecto. Sin embargo, la idea de ayudar a las chicas y de explorar m¨¢s del bosque frutal le resultaba atractiva. ¡ª"Claro, puedo ayudarles," respondi¨® con una ligera sonrisa. ¡ª"Adem¨¢s, caminar un poco m¨¢s no me vendr¨¢ mal." Suri, al escuchar esto, pareci¨® debatir si unirse o no, pero finalmente dijo: ¡ª"Yo ir¨¦ a ayudar a Arlea. Pero no tarden mucho, que hace calor y las frutas se da?an r¨¢pido si no se cuidan." Mika, que hasta entonces hab¨ªa permanecido callada, frunci¨® el ce?o. ¡ª"Ir¨¦ tambi¨¦n." Hada alz¨® una ceja, claramente sorprendida. ¡ª"?T¨²? ?Desde cu¨¢ndo a la cazadora le interesa recolectar frutas?" ¡ª"No me interesa," respondi¨® Mika con franqueza. ¡ª"Pero alguien tiene que vigilarlo." Erik solt¨® una peque?a risa, comprendiendo a Mika. ¡ª"Est¨¢ bien, Mika. Como quieras. Mientras no me digas qu¨¦ hacer todo el tiempo, podemos manejarlo." Mika cruz¨® los brazos, sin decir nada m¨¢s, mientras Becca y Hada intercambiaban miradas, conteniendo una carcajada. Erik caminaba en silencio al principio, escuchando las conversaciones de Becca y Hada, quienes parec¨ªan competir para ver qui¨¦n encontraba las frutas m¨¢s raras o las m¨¢s dulces. Mika, por su parte, segu¨ªa caminando detr¨¢s de Erik, siempre observ¨¢ndolo con atenci¨®n. Cuando llegaron al bosque frutal, Erik se sorprendi¨® nuevamente por la abundancia de frutas que colgaban de los ¨¢rboles. Desde peque?os frutos rojizos hasta grandes frutas amarillas, el lugar parec¨ªa un para¨ªso para la recolecci¨®n. ¡ª"Comencemos aqu¨ª," dijo Becca, se?alando un grupo de ¨¢rboles bajos cargados de frutas naranjas. ¡ª"Esas est¨¢n casi maduras." Hada dej¨® su canasta en el suelo y comenz¨® a recoger con rapidez. ¡ª"?Y estas son mis favoritas! Son perfectas para los jugos y antes de dormir." Erik tom¨® una canasta y empez¨® a ayudar, intentando seguir el ritmo de las chicas. Mientras trabajaba, observ¨® c¨®mo Mika, aunque participaba, se manten¨ªa m¨¢s alerta que involucrada en la tarea. ¡ª"?Siempre est¨¢s as¨ª de vigilante?" le pregunt¨® Erik con una sonrisa, mientras colocaba unas frutas en la canasta. Mika lo mir¨® de reojo, pero antes de que pudiera responder, Becca intervino. ¡ª"?Oh, ni te molestes en preguntarle, Erik! Mika siempre est¨¢ as¨ª. Es como una cabra: siempre en alerta." ¡ª"Es mejor ser una cabra que una oveja distra¨ªda," replic¨® Mika sin perder la compostura, aunque Becca estall¨® en carcajadas. Mientras Erik recog¨ªa frutas junto con las chicas, su atenci¨®n comenz¨® a desviarse hacia una zona m¨¢s densa del bosque frutal. Los ¨¢rboles all¨ª se ve¨ªan distintos: m¨¢s altos, con hojas de un verde oscuro y ramas que parec¨ªan entrelazarse. Hab¨ªa frutas peque?as colgando en racimos, de colores m¨¢s apagados en comparaci¨®n con las vibrantes tonalidades del resto del bosque. Curioso, Erik se?al¨® hacia esa direcci¨®n. ¡ª"?Y qu¨¦ hay de esas frutas? ?Por qu¨¦ no las recolectan?" Becca hizo una mueca inmediata. ¡ª"Oh, no. Esas son horribles. Algunas saben demasiado amargas que no puedes ni tragarlas." Hada a?adi¨®, con un gesto de disgusto: ¡ª"S¨ª, intentamos probarlas hace mucho tiempo, pero todas terminamos escupiendo. Esa zona ni siquiera vale la pena." Erik arque¨® una ceja, intrigado. ¡ª"?Y si no son tan malas? Tal vez podr¨ªan servir para otra cosa." Mika, que estaba vigilando m¨¢s que participando, interrumpi¨®. ¡ª"Si las probamos y no nos gustaron, ?por qu¨¦ insistes? Son una p¨¦rdida de tiempo." ¡ª"Tal vez," admiti¨® Erik, sin desanimarse, ¡ª"pero creo que vale la pena echar un vistazo. Quiz¨¢s tengan alg¨²n uso. Si no, al menos lo sabr¨¦ por m¨ª mismo." Hada se encogi¨® de hombros, divertida. ¡ª"Pues ve, si quieres. Pero no esperes que te sigamos. Yo paso." Becca asinti¨®, ri¨¦ndose. ¡ª"S¨ª, yo tampoco quiero sentir ese sabor otra vez. Fue suficiente con la ¨²ltima vez." Mientras las chicas continuaban llenando sus canastas, Erik decidi¨® caminar hacia la zona prohibida. A medida que se adentraba en el ¨¢rea, not¨® que el aire era m¨¢s fresco y que el suelo estaba cubierto de una capa gruesa de hojas ca¨ªdas. Los ¨¢rboles parec¨ªan m¨¢s antiguos, con troncos nudosos y ra¨ªces que se extend¨ªan como dedos sobre la tierra. Mientras se adentraba en la zona menos explorada del bosque frutal, sus sentidos permanec¨ªan alerta. Las hojas cruj¨ªan bajo sus pies, y el aroma ligeramente agrio en el aire le confirm¨® que estaba cerca de los ¨¢rboles con las frutas descartadas por las chicas. Al llegar, se detuvo bajo uno de los ¨¢rboles m¨¢s frondosos y observ¨® los racimos colgantes de frutas de colores apagados. Tom¨® una de las frutas amarillas m¨¢s peque?as entre sus manos, examin¨¢ndola con cuidado. No pod¨ªa simplemente morderla sin m¨¢s. Su tiempo en el bosque le hab¨ªa ense?ado que no todas las cosas que parecen inofensivas lo son. As¨ª que, en lugar de probarla directamente, us¨® una rama algo afilada para hacer un peque?o agujero y dejar que unas gotas del jugo cayeran sobre el dorso de su mano. Lo observ¨® por varios segundos, atento a cualquier reacci¨®n. ¡ª"Nada inmediato... parece seguro." Murmur¨® para s¨ª, pero al levantar la vista, se encontr¨® con Mika observ¨¢ndolo desde una distancia prudente, sus ojos fijos en ¨¦l. ¡ª"?Qu¨¦ est¨¢s haciendo?" pregunt¨®, sin ocultar la curiosidad en su tono. Erik sonri¨® levemente. ¡ª"Revisando si es seguro. No voy a probar algo que podr¨ªa ser venenoso sin antes asegurarme de que no afecte la piel. Prefiero evitar problemas." Mika arque¨® una ceja, cruzando los brazos. ¡ª"?Y esa precauci¨®n te ha salvado antes?" ¡ª"Varias veces," admiti¨® Erik, recogiendo otra fruta, esta vez de un tono verde intenso. ¡ª"Cuando viv¨ªa en el bosque, aprend¨ª que algunas plantas reaccionan en la piel r¨¢pido si son peligrosas. Picaz¨®n, ardor, o incluso un cambio de color. Esto me da una idea antes de arriesgarme." Mika lo mir¨® en silencio por un momento, como si estuviera procesando algo. Finalmente, dej¨® escapar un leve suspiro. ¡ª"Al menos no eres un idiota temerario. Eso es bueno." Con la seguridad de que las frutas no parec¨ªan causar una reacci¨®n en la piel, Erik decidi¨® dar el siguiente paso. Probando un peque?o trozo de la fruta amarilla y lo acerc¨® a sus labios, prob¨¢ndolo con cautela. La acidez fue inmediata, haciendo que cerrara un ojo instintivamente. ¡ª"?Definitivamente sabe como un lim¨®n!" dijo con una mezcla de sorpresa y satisfacci¨®n. ¡ª"Intenso, pero ¨²til. Esto podr¨ªa servir para cocinar." pensando en que comidas usarla muy bien. Tom¨® la otra fruta, esta vez una verde m¨¢s grande, y repiti¨® el proceso de probar el jugo en su mano. Mika segu¨ªa observ¨¢ndolo, esta vez sin moverse. Cuando Erik mordi¨® un peque?o trozo, su expresi¨®n cambi¨® de inmediato: sus labios se fruncieron y sus cejas se levantaron. ¡ª"?Qu¨¦?" pregunt¨® Mika, dando un paso m¨¢s cerca. ¡ª"Es... salada. Muy salada," explic¨® Erik, pas¨¢ndose la lengua por los labios. ¡ª"Casi como si estuviera hecha de pura sal." Mika lade¨® la cabeza, todav¨ªa esc¨¦ptica. ¡ª"?Y eso te parece ¨²til tambi¨¦n?" Erik se encogi¨® de hombros, guardando las frutas en sus bolsillos. ¡ª"No lo s¨¦ todav¨ªa. Pero incluso las cosas que parecen in¨²tiles a veces encuentran un prop¨®sito. Tal vez estas frutas sean uno de esos casos." Cuando Erik volvi¨® al grupo, Mika lo sigui¨® de cerca, su mirada a¨²n fija en ¨¦l, como si intentara descifrarlo. Becca y Hada levantaron la vista de sus canastas al verlo regresar con algunas frutas en la mano. ¡ª"?Y? ?Te convencieron esas frutas horribles?" pregunt¨® Hada con una sonrisa burlona. ¡ª"Depende de c¨®mo lo veas," respondi¨® Erik. ¡ª"No s¨¦ si sean comestibles como tal, pero pueden tener otros usos." Becca hizo una mueca, recordando su experiencia con esas frutas. ¡ª"Dudo mucho que algo tan desagradable tenga utilidad." Hada se ri¨®, d¨¢ndole un codazo. ¡ª"D¨¦jalo so?ar. Si alguien puede encontrarle un uso ¨²til, ser¨¢ ¨¦l." Mientras las chicas continuaban su conversaci¨®n, Mika permaneci¨® callada. Su mirada segu¨ªa analiz¨¢ndolo, pero ya no con la misma desconfianza de antes. Ahora, hab¨ªa una chispa de reconocimiento en sus ojos, como si su comportamiento met¨®dico y reflexivo hubiera tocado algo en ella. Erik, por su parte, con la mente ocupada en las posibilidades de su descubrimiento y en las miradas de las chicas que lo rodeaban. El d¨ªa avanzaba entre risas y trabajo, mientras el grupo recolectaba frutas bajo la luz del sol. Becca y Mika se manten¨ªan concentradas, evaluando cada fruto antes de colocarlo en sus canastas, pero Hada, siempre inquieta, buscaba algo m¨¢s emocionante. Hab¨ªa comenzado a trepar en un ¨¢rbol cercano, balance¨¢ndose entre las ramas y disfrutando de la altura. ¡ª"Hada, deja de jugar y conc¨¦ntrate. Esto no es un juego," le advirti¨® Becca desde el suelo con tono severo. ¡ª"Tranquila, Becca. No voy a caer. Mira," respondi¨® Hada, d¨¢ndose impulso para alcanzar una rama m¨¢s alta. Erik, que estaba revisando las frutas recolectadas, debajo del ¨¢rbol donde estaba Hada, alz¨® la vista y frunci¨® el ce?o. ¡ª"Hada, ten cuidado. Las ramas no siempre son seguras," le advirti¨®. Hada simplemente le sonri¨® desde arriba. ¡ª"No te preocupes tanto, Erik. Soy ¨¢gil, como un..." Un fuerte crujido interrumpi¨® su frase. La rama bajo sus pies cedi¨®, parti¨¦ndose en un instante. Con un grito, Hada cay¨® hacia el suelo, incapaz de sujetarse a tiempo. Erik sin pensarlo, se puso de pie con la mirada hacia arriba, extendiendo los brazos para atraparla antes de que impactara contra el suelo. El peso de Hada lo hizo tambalearse, y ambos cayeron al suelo, con Erik amortiguando la ca¨ªda con su cuerpo. En el proceso, las manos de Hada, que buscaban algo a lo que aferrarse, rasgaron accidentalmente la t¨²nica del torso de Erik, dejando expuesto su pecho. Por un momento, el tiempo pareci¨® detenerse. Hada, a¨²n sobre Erik, sinti¨® el calor de su cuerpo, los latidos de su coraz¨®n acelerado y la firmeza de sus m¨²sculos. Su rostro se encendi¨® de inmediato, un rubor evidente cubriendo sus mejillas. ¡ª"?Est¨¢s bien?" pregunt¨® Erik, con la respiraci¨®n algo agitada pero el rostro tranquilo. Hada asinti¨® r¨¢pidamente, incapaz de mirarlo directamente. ¡ª"S¨ª... gracias. Otra vez..." Becca y Mika llegaron corriendo al lugar. Becca fue la primera en hablar. ¡ª"?Hada? ?Est¨¢s bien? ?Qu¨¦ pas¨® ahora?" ¡ª"Se rompi¨® la rama..." murmur¨® Hada mientras se levantaba torpemente, con ayuda de Erik. Becca observ¨® el desgarr¨®n en la t¨²nica de Erik y no pudo evitar comentar con una sonrisa traviesa. ¡ª"Parece que Hada tambi¨¦n se llev¨® algo m¨¢s en su ca¨ªda." Erik baj¨® la mirada y vio el da?o en su t¨²nica, soltando un suspiro. ¡ª"Es solo ropa. Lo importante es que Hada est¨¢ bien." Mika, cruzada de brazos, observ¨® la escena con una mezcla de reproche y preocupaci¨®n. ¡ª"Esto es exactamente lo que pasa cuando juegas en lugar de trabajar. ?Cu¨¢ntas veces van a tener que salvarte, Hada?" Hada baj¨® la cabeza, claramente avergonzada. ¡ª"Lo siento..." murmur¨®, lanzando una mirada fugaz a Erik antes de apartarla r¨¢pidamente, todav¨ªa ruborizada. Mientras Mika y Becca regresaban al trabajo, Erik revis¨® su t¨²nica desgarrada y se encogi¨® de hombros, poni¨¦ndose de pie. Hada, a¨²n visiblemente nerviosa, se acerc¨® lentamente. ¡ª"Gracias, Erik. Esta es la segunda vez que me salvas," dijo en voz baja. Erik sonri¨®, sacudiendo un poco el polvo de su ropa. ¡ª"No tienes que agradecerme. Solo ten m¨¢s cuidado." poniendo una mano sobre un hombro de ella. Hada asinti¨®, y aunque trat¨® de mantenerse seria, su mirada volv¨ªa involuntariamente al torso de Erik, a¨²n visible bajo la t¨²nica rasgada. Su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, y no pod¨ªa evitar recordar el momento en que estuvo encima de el, tan cerca, como la vez que lo abrazo en el ataque del lagarto. Desde la distancia, Mika observaba con atenci¨®n, su mirada pasando de Hada a Erik. Aunque segu¨ªa desconfiando de ¨¦l, no pod¨ªa ignorar que, una vez m¨¢s, hab¨ªa demostrado su disposici¨®n para protegerlas. El rasg¨®n en la t¨²nica de Erik, combinado con el calor del d¨ªa y el trabajo en la recolecci¨®n, hizo que finalmente terminara de romperse completamente. Observ¨® la piel desgarrada con resignaci¨®n antes de enrollarla y dejarla cerca de su canasta y tratar de arreglarla mas tarde. ¡ª"Bueno, parece que esto ya no sirve," coment¨® con un tono despreocupado. Se qued¨® de pie con el torso desnudo, dejando al descubierto sus m¨²sculos definidos por el tiempo de supervivencia en el bosque y marcados con cicatrices que contaban historias de encuentros peligrosos. Las vendas que cubr¨ªan sus costillas lastimadas estaban ya casi innecesarias, pero todav¨ªa las llevaba, una ¨²ltima protecci¨®n mientras terminaba de recuperarse. Con movimientos tranquilos, volvi¨® a centrarse en la tarea de recolectar frutas, como si nada hubiera cambiado. Sin embargo, para las chicas, la escena era diferente. Becca fue la primera en notar el cambio, deteni¨¦ndose a mitad de llenar su canasta. ¡ª"Vaya, parece que ahora s¨ª se nos puso serio el calor," brome¨®, aunque su mirada permaneci¨® fija en Erik por m¨¢s tiempo del necesario. Hada, que segu¨ªa un poco nerviosa tras el incidente del ¨¢rbol, lo mir¨® de reojo mientras fing¨ªa buscar frutas. El rubor en sus mejillas era inconfundible. Mika, por su parte, se mantuvo seria, pero incluso ella no pudo evitar sonrojarse al verlo nuevamente, sin que ninguno sepa que lo hab¨ªa visto antes y notar las cicatrices que surcaban su torso y en la espalda baja. Le recordaban las suyas propias, aunque en Erik parec¨ªan hablar de una vida mucho m¨¢s dura de lo que hab¨ªa imaginado. Erik, al darse cuenta de las miradas, arque¨® una ceja. "?Qu¨¦ pasa? ?Es por las cicatrices? No son gran cosa, solo cosas de la vida en el bosque." Becca ri¨® nerviosa, apartando la mirada r¨¢pidamente. "No, no es eso. Es solo que... " El silencio inc¨®modo se asent¨® por un momento, roto solo por el canto de los p¨¢jaros y el crujir de las hojas bajo sus pies. Mientras trabajaban, las chicas se dieron cuenta de que su percepci¨®n de Erik estaba cambiando. Ya no era solo el extra?o que hab¨ªa llegado de repente, herido y necesitado de ayuda. Era alguien fuerte, capaz, y claramente marcado por una vida diferente a la suya. Hada, intentando romper el silencio, se acerc¨® con una peque?a sonrisa. ¡ª"?De verdad te hiciste esas cicatrices solo en el bosque? Algunas parecen... bastante antiguas y profundas." Erik asinti¨®, su expresi¨®n relajada. ¡ª"S¨ª, la mayor¨ªa son de animales. Otras son de accidentes cuando era mas peque?o. Es lo que pasa cuando tratas de sobrevivir solo y dependes de ti mismo para todo." Mika, aunque permanec¨ªa en silencio, no dejaba de observar. A diferencia de las dem¨¢s, su mirada no era solo de curiosidad o sorpresa, sino de algo m¨¢s complejo. Cada vez que ve¨ªa a Erik interactuar con las chicas, pensaba en c¨®mo ¨¦l hab¨ªa enfrentado tanto dolor y soledad, y en c¨®mo, a pesar de ello, estaba aqu¨ª, ayud¨¢ndolas. Al final de la recolecci¨®n, las canastas estaban llenas, y Erik cargaba la mas pesada, dejando a las chicas las m¨¢s ligeras. Mientras caminaban de regreso al centro, las miradas de las tres chicas segu¨ªan desvi¨¢ndose hacia ¨¦l de vez en cuando.This story has been taken without authorization. Report any sightings. Hada caminaba un poco m¨¢s cerca de Erik, como si su presencia le ofreciera una sensaci¨®n de seguridad. Becca, m¨¢s reservada, llevaba su canasta al hombro, pero segu¨ªa lanzando miradas curiosas a su espalda. Mika, siempre m¨¢s distante, caminaba en silencio, pero dentro de s¨ª reflexionaba sobre lo que hab¨ªa visto. Para las chicas, esa tarde en el bosque no solo hab¨ªa sido una jornada m¨¢s de recolecci¨®n. Sin darse cuenta, Erik comenzaba a ocupar un lugar diferente en sus pensamientos, uno que ni siquiera ellas comprend¨ªan del todo. Mientras caminaba hacia la aldea junto a las chicas, Erik observ¨® las cicatrices que surcaban su pecho. Algunas, sab¨ªa, eran marcas de su tiempo en el bosque, luchando contra animales y sobreviviendo a los desaf¨ªos de un mundo extra?o. Pero otras... las de su espalda eran un recuerdo cruel de su vida temprana en la Tierra. Hab¨ªa vivido desde ni?o en conflictos, antes de ser transportado a este lugar, enfrentando una guerra que parec¨ªa no tener fin. Cada marca le recordaba no solo el peligro, sino tambi¨¦n la p¨¦rdida y el caos que hab¨ªan formado parte de su vida temprana. Ahora, en medio de este nuevo mundo, esas cicatrices eran una conexi¨®n silenciosa con el pasado que a¨²n no pod¨ªa compartir. Sab¨ªa que tarde o temprano tendr¨ªa que contarles la verdad. Las mujeres de la aldea lo trataban con confianza creciente, y aunque todav¨ªa percib¨ªa la desconfianza de Mika, las dem¨¢s lo ve¨ªan casi como uno de los suyos. Pero, ?C¨®mo explicar que no era de este mundo? La idea de revelarles todo de golpe lo incomodaba. ¡ª?Lo creer¨ªan? ?O pensar¨ªan que estaba loco? Pens¨® en hacerlo de forma gradual, cont¨¢ndoles como si fuera un cuento. ¡ª"Tal vez pueda empezar con algo peque?o," pens¨® mientras observaba a las chicas interactuar entre ellas. ¡ª"Hablarles de un lugar lejano, de cosas que nunca han visto. Poco a poco, ir construyendo la verdad." Las palabras estaban ah¨ª, form¨¢ndose en su mente, aunque a¨²n no sab¨ªa c¨®mo comenzar. Mientras pensaba en ello, not¨® que Hada lo miraba de reojo, todav¨ªa un poco ruborizada desde el incidente en el ¨¢rbol. Becca parec¨ªa m¨¢s relajada, pero sus ojos segu¨ªan cayendo ocasionalmente sobre el. Mika, como siempre, permanec¨ªa seria, aunque ¨¦l sab¨ªa que lo observaba con atenci¨®n. ¡ª"No puedo mantenerlo en secreto para siempre," reflexion¨®. ¡ª"Pero por ahora, dejar¨¦ que conf¨ªen en m¨ª por lo que hago aqu¨ª, no por lo que fue all¨¢." Las cicatrices, tanto las visibles como las invisibles, eran parte de su historia. Y aunque a¨²n no estaba listo para compartir todo, el deseo de hacerlo alg¨²n d¨ªa crec¨ªa con cada interacci¨®n que ten¨ªa con ellas. Mientras el sol comenzaba a esconderse tras las monta?as, el cielo se te?¨ªa de tonos c¨¢lidos que lentamente daban paso a la frescura de la noche. Erik caminaba detr¨¢s de las chicas, cargando su canasta repleta de frutas que hab¨ªan recolectado. El ambiente se llenaba de los sonidos suaves del valle que despertaba en la penumbra, y una brisa ligera tra¨ªa consigo el aroma fresco de la vegetaci¨®n. Hada, con su energ¨ªa inagotable, segu¨ªa adelante, bromeando con Becca sobre qui¨¦n hab¨ªa recogido m¨¢s frutas. Mika caminaba un poco m¨¢s apartada, lanzando de vez en cuando miradas r¨¢pidas hacia Erik, mientras fing¨ªa que no le importaba. En ese momento, con la tenue luz de la noche envolvi¨¦ndolas, Erik las mir¨® como si las viera por primera vez. La luz de las tres lunas, que apenas comenzaban a asomarse, daba un resplandor casi m¨¢gico a sus rostros. El cabello de cada una parec¨ªa brillar con un suave resplandor, el cabello casta?o de Hada y Mika con un resplandor dorado, el cabello negro de Becca con reflejos azulados y sus expresiones relajadas, despu¨¦s de un largo d¨ªa de trabajo, les daban un aire natural y cautivador. ¡ª"Son tan guapas..." pens¨® Erik, sintiendo c¨®mo esa idea lo golpeaba con m¨¢s fuerza de lo que esperaba. Hab¨ªa notado antes su atractivo, pero ahora, al verlas en este contexto, lejos de la seriedad del trabajo y envueltas en la tranquilidad del atardecer, la belleza de cada una le result¨® a¨²n m¨¢s evidente. Hada, con su sonrisa despreocupada, irradiaba una alegr¨ªa contagiosa, incluso cuando tropezaba con las ra¨ªces del camino. Becca, serena y fuerte, caminaba con una gracia que no hab¨ªa notado antes. Mika, aunque siempre parec¨ªa mantener una barrera entre ellos, ten¨ªa una intensidad en su mirada que lo intrigaba cada vez m¨¢s. Por primera vez, se permiti¨® admirarlas sin reservas. Cada una era ¨²nica, con una belleza distinta que iba m¨¢s all¨¢ de lo f¨ªsico. Era algo en su forma de ser, en su manera de interactuar con el mundo y entre ellas, lo que las hac¨ªa tan especiales. Mientras continuaban el camino hacia la aldea, Erik no pudo evitar una sonrisa. Estas chicas, que hab¨ªan comenzado siendo casi desconocidas para ¨¦l, estaban empezando a ocupar un lugar importante en su vida. No solo eran hermosas por fuera, sino tambi¨¦n por dentro, con una fortaleza y un esp¨ªritu que admiraba profundamente. ¡ª"Tal vez es por eso que siento este cari?o creciendo en mi interior," pens¨® mientras la aldea empezaba a aparecer a lo lejos, iluminada por peque?as piedras brillantes que marcaban el camino de regreso. A pesar de su pasado y de las heridas que a¨²n cargaba, sent¨ªa que, poco a poco, estaba encontrando algo que val¨ªa la pena proteger. Erik no pudo evitar que su mente divagara hacia las otras mujeres que hab¨ªa conocido en este extra?o mundo. Arlea y Lera, aunque no estaban presentes en ese momento, tambi¨¦n aparecieron en sus pensamientos. Arlea, con su car¨¢cter amable pero t¨ªmido, siempre parec¨ªa evitar mirarlo directamente, especialmente despu¨¦s del incidente en la fogata. No pod¨ªa evitar encontrar encantadora esa mezcla de nerviosismo y dulzura en su comportamiento. Adem¨¢s, ten¨ªa que admitir que su f¨ªsico no pasaba desapercibido, y en especial su pronunciada zona frontal le llamaba la atenci¨®n m¨¢s de lo que quer¨ªa admitir. Aunque r¨¢pidamente se reprochaba a s¨ª mismo por pensar de esa manera, no pod¨ªa evitarlo. Lera, por otro lado, ten¨ªa un aire completamente diferente. Su creatividad y entusiasmo por la confecci¨®n y fabricaci¨®n lo fascinaban. Siempre estaba llena de ideas, incluso si algunas parec¨ªan un poco alocadas. Hab¨ªa algo en su mirada brillante y en su coleta de caballo alta, le daba un encanto ¨²nico, algo que encontraba refrescante y contagioso. Pero entre todas, Suri ten¨ªa un lugar especial en su coraz¨®n, aunque de una manera diferente. Cada vez que la ve¨ªa, no pod¨ªa evitar pensar en alguien que hab¨ªa conocido hace mucho tiempo. Suri, con su energ¨ªa juvenil y sus constantes intentos por ayudarlo, le recordaba tambi¨¦n a sus hermanas a esa parte de su vida que hab¨ªa perdido. La ve¨ªa como una hermanita menor, alguien a quien proteger y guiar, y ese sentimiento crec¨ªa con cada interacci¨®n que ten¨ªan. Sus pensamientos tambi¨¦n se dirigieron a Jaia y las gemelas. Para ¨¦l, eran figuras de sabidur¨ªa y experiencia, un ancla en este nuevo mundo. Las chicas las ve¨ªan como madres adoptivas, Erik comenzaba a sentir algo similar, como si fueran las madres o t¨ªas que nunca tuvo despu¨¦s de perder a sus padres. Jaia, con su paciencia y calidez, irradiaba esa sensaci¨®n de hogar que hac¨ªa tiempo no experimentaba, mientras que las gemelas, con sus formas m¨¢s juguetonas y reservadas pero profundas, siempre parec¨ªan observarlo con una mezcla de curiosidad y aprobaci¨®n. ¡ª"Tal vez aqu¨ª estoy encontrando algo que cre¨ª haber perdido para siempre," pens¨®, mientras miraba a las chicas caminar frente a ¨¦l. La tenue luz de las lunas suavizaba sus siluetas, y por primera vez, not¨® cu¨¢nto brillaban sus personalidades incluso en la oscuridad. Eran fuertes, independientes y alocadas a su manera, pero eso era parte de su encanto. Erik sent¨ªa que empezaba a formar un v¨ªnculo con ellas, no solo como el extra?o que hab¨ªa llegado, sino como alguien que podr¨ªa ser parte de esta nueva familia. Mientras el grupo avanzaba bajo la tenue luz de la noche, Erik suspir¨® para s¨ª mismo. Estas mujeres eran todas ¨²nicas, con sus propios encantos y personalidades. A pesar de lo extra?a que era su situaci¨®n, no pod¨ªa negar que, poco a poco, estaba comenzando a sentir algo por cada una de ellas. Cuando finalmente llegaron a la aldea, la luz suave de la fogata iluminaba el centro, donde las mujeres se reun¨ªan para compartir historias. El ambiente estaba lleno de calor, risas y murmullos que se mezclaban con el sonido crackling del fuego. Erik caminaba junto a Hada, Becca y Mika, cargando su parte de las canastas llenas de frutas. Sin la t¨²nica que normalmente usaba, su torso estaba descubierto, con solo las vendas alrededor de sus costillas. Los pantalones y los zapatos completaban su apariencia, que era completamente diferente a la que las chicas estaban acostumbradas a ver. Mientras el grupo se acercaba a la fogata, el resto de las mujeres notaron a Erik con su torso descubierto y se quedaron mir¨¢ndolo en silencio, sorprendidas. Aunque no dec¨ªan nada, sus miradas lo dec¨ªan todo: curiosidad y un poco de asombro. Sus m¨²sculos, marcados por la vida en el bosque, eran algo desconocido para algunas de ellas, al igual que las cicatrices que decoraban su cuerpo, algunas de ellas provenientes de su vida en la Tierra. Cerca de la fogata, Jaia y sus hermanas, lo miraron con inter¨¦s, y Lera, que estaba acomodando unas pieles cerca del fuego para sentarse, fue la primera en hablar. ¡ªErik, ?Qu¨¦ pas¨® con tu ropa? ¡ªpregunt¨®, levantando una ceja mientras se acercaba con una sonrisa curiosa. ¡ªFue un accidente ¡ªrespondi¨® Erik, deteni¨¦ndose junto al grupo y dejando su canasta en el suelo¡ª. Una rama se rompi¨® mientras Hada estaba trepando un ¨¢rbol, y al atraparla, termin¨® desgarr¨¢ndola. Hada, detr¨¢s de ¨¦l, levant¨® la mano con una sonrisa avergonzada. ¡ªLo siento, no fue mi intenci¨®n... Lera se llev¨® una mano al ment¨®n, examin¨¢ndolo detenidamente. ¡ªBueno, parece que no sufriste ning¨²n da?o, pero seguro causaste un gran revuelo... Las mayores asintieron desde su lugar cerca de la fogata, y Jaia coment¨® con tono tranquilo: ¡ªErik. Seguro muchas aqu¨ª se est¨¢n preguntando qu¨¦ pensar de este... cambio de apariencia. En ese momento, Arlea, que estaba cerca de la fogata con un vaso de jugo, no pudo evitar reaccionar al ver a Erik con el pecho descubierto. Su rostro se puso rojo al instante, y el vaso que sosten¨ªa se inclin¨®, derramando el contenido al suelo. ¡ª?Arlea! ¡ªexclam¨® Becca, al verla tan sorprendida, y r¨¢pidamente fue a ayudarla a limpiar el jugo derramado. ¡ª?Ah! Yo... estoy bien, lo siento... ¡ªrespondi¨® Arlea, mirando al suelo mientras se apartaba de Erik, a¨²n sonrojada y sin saber bien qu¨¦ hacer. Jaia, al ver la reacci¨®n de Arlea, solt¨® una peque?a risa, sin esconder el toque de diversi¨®n en su voz. ¡ªParece que no solo Hada estar¨¢ causando problemas hoy ¡ªcoment¨®, mientras las dem¨¢s re¨ªan suavemente. Suri, que hab¨ªa estado observando en silencio, se qued¨® confundida. Mir¨® a Arlea y luego a Erik, sin entender realmente por qu¨¦ hab¨ªa reaccionado de esa manera. Despu¨¦s de todo, ellas tambi¨¦n caminaban a menudo con poca ropa, y no era extra?o ver a las dem¨¢s sin prendas mientras van al lago a nadar cuando est¨¢n libres o hace calor. ¡ª?Por qu¨¦ se puso tan nerviosa? ¡ªse pregunt¨® Suri en voz baja, mirando a Mika. Aunque lo pens¨® varias veces, no alcanzaba a entender por qu¨¦ tanto revuelo por ver a Erik sin su t¨²nica. A sus ojos, era simplemente una cuesti¨®n de comodidad bajo el calor, igual que las otras chicas que se vest¨ªan m¨¢s ligeras en ocasiones. Erik, intentando aliviar la incomodidad de la situaci¨®n, se ri¨® suavemente. ¡ªNo se preocupen. Voy a buscar algo para ma?ana. Lera neg¨® con la cabeza, cruzando los brazos. ¡ªNo, no, no. Nada de buscar. Ma?ana ven a mi taller. Te ayudar¨¦ a hacer algo a tu medida. Esa t¨²nica era demasiado peque?a, incluso antes de que Hada la rasgara. ¡ª?En serio? ¡ªpregunt¨® Erik, sorprendido por la oferta. ¡ªClaro. Ser¨¢ interesante trabajar con alguien de tu tama?o. Y honestamente, te vendr¨¢ bien algo que no parezca que sobrevivi¨® a una batalla. Jerut solt¨® una carcajada. ¡ªAunque debo admitir que no est¨¢ tan mal as¨ª. Parece un guerrero salido de una historia. Erik ri¨® suavemente, m¨¢s relajado y sonrojado. ¡ªBueno, gracias... creo. Antes de que pudiera relajarse del todo, Jerut habl¨® de nuevo, con ese tono juguet¨®n que parec¨ªa caracterizarla. ¡ªEso s¨ª, espero que lo que Lera haga te cubra m¨¢s... porque si no, algunas aqu¨ª podr¨ªan empezar a distraerse demasiado. Erik no pudo evitar sonrojarse, mientras las dem¨¢s mujeres, incluida Hada, desviaban la mirada con risitas nerviosas. Lera, por su parte, solo le dio una palmadita en el hombro y asinti¨®. ¡ªMa?ana estar¨¢s listo. No te preocupes. Las mayores conversaban, compartiendo su sabidur¨ªa sobre los ciclos de la naturaleza. Fue Jaia quien, con su voz calmada y llena de experiencia, habl¨® sobre el tiempo que a¨²n quedaba de calor. ¡ªCon la salida de las tres lunas desde que comenz¨® el calor, sabemos que estamos en el punto m¨¢s intenso del ciclo. A¨²n nos faltan dos salidas m¨¢s para que todo vuelva a la normalidad. Erik frunci¨® el ce?o, intrigado. Sus ojos volvieron a las tres lunas mientras trataba de procesar lo que hab¨ªa escuchado. ¡ªEntonces... ?las tres lunas avisan el tiempo de calor? ¡ªpregunt¨®, manteniendo un tono casual. Jaia lo mir¨® con una ligera sonrisa, como si se sorprendiera de la pregunta. ¡ªSi, muchacho. Las lunas tienen ese prop¨®sito cuando llega este ciclo de calor. Cada que aparecen completamente. Erik asinti¨®, calculando mentalmente. Si las lunas llenas son visibles cada dos meses y hab¨ªa que esperar tres veces a que aparezcan en total, eso significaba que el calor duraba seis meses en su totalidad. Pero algo segu¨ªa sin quedarle claro. ¡ª?Y cu¨¢ndo comienza a bajar la temperatura? ¡ªpregunt¨®, mirando a Jaia con inter¨¦s¡ª. ?Es despu¨¦s de la salida de la segunda, o hay que esperar hasta que salga la tercera vez? La pregunta atrajo la atenci¨®n de las dem¨¢s, que tambi¨¦n escuchaban con curiosidad. Jaia tom¨® un momento para responder, como si estuviera recopilando sus pensamientos. ¡ªLa temperatura empieza a bajar un poco despu¨¦s de la salida de la segunda ¡ªexplic¨® con calma¡ª, pero no ser¨¢ hasta la tercera que todo vuelva a ser como antes. Es entonces cuando las lluvias llegan y la tierra florece de nuevo. Erik mir¨® de nuevo al cielo, reflexionando sobre lo que eso significaba. Cuatro meses m¨¢s de calor no parec¨ªan tan terribles para alguien como ¨¦l, acostumbrado a climas c¨¢lidos en su vida pasada. Sin embargo, pod¨ªa entender por qu¨¦ a las chicas lo consideraban eterno. ¡ªEntonces, todav¨ªa queda un largo camino ¡ªdijo en voz baja, m¨¢s para s¨ª que para los dem¨¢s. Mika, que estaba sentada cerca pero en silencio, lo observ¨® de reojo. Aunque no lo dijo, se preguntaba c¨®mo alguien de una aldea supuestamente lejana no conoc¨ªa estos ciclos b¨¢sicos. Por su parte, Erik guard¨® sus dudas para m¨¢s adelante. Entend¨ªa que el momento de explicar su verdadero origen a¨²n no hab¨ªa llegado. Jerut, con su tono habitual de picard¨ªa, rompi¨® el silencio. ¡ªBueno, al menos tenemos algo hermoso que mirar mientras esperamos que pase este calor. Las tres lunas siempre son un espect¨¢culo digno de admirar.¡ª mirando de reojo a Erik tambi¨¦n con una cara picarona. La conversaci¨®n continu¨® de manera relajada, pero Erik permaneci¨® pensativo. Cada peque?o detalle que aprend¨ªa de este mundo lo hac¨ªa m¨¢s consciente de lo diferente que era de su propio hogar. Y mientras las lunas iluminaban la noche, no pudo evitar sentir que a¨²n hab¨ªa mucho por descubrir en este lugar extra?o y fascinante. Erik, a¨²n algo cansado por el largo d¨ªa, se sent¨® junto al arbol cercado para poder apoyarse en el, Suri tambien hiso lo mismo sentandose a su lado, escuchando con inter¨¦s las palabras de las mayores. Las historias iban desde antiguos cuentos sobre los primeros d¨ªas de la aldea hasta an¨¦cdotas personales de Jaia y las gemelas, quienes sol¨ªan intercalar su sabidur¨ªa con toques de humor para mantener la atenci¨®n de las m¨¢s j¨®venes. Becca y Mika, aunque serias, se re¨ªan discretamente en los momentos m¨¢s inesperados, mientras que Hada, como siempre, no pod¨ªa evitar hacer preguntas o comentarios curiosos que aligeraban el ambiente. Erik escuchaba atentamente, aunque su cuerpo ya empezaba a acusar el cansancio. La calidez de la fogata y las voces de las chicas parec¨ªan envolverlo como un suave arrullo. Sin percatarse, su cabeza comenz¨® a inclinarse ligeramente, y sus p¨¢rpados se volvieron m¨¢s pesados con cada palabra de las historias. Fue Suri, sentada a su lado, quien primero not¨® que Erik se hab¨ªa quedado dormido. Lo observ¨® con curiosidad durante unos segundos antes de inclinarse hacia Mika, que estaba cerca, para susurrarle: ¡ª?Mira! se ha quedado dormido... Mika, al voltear a ver, esboz¨® una ligera sonrisa, pero r¨¢pidamente volvi¨® a mirar hacia la fogata, como si no quisiera que las mayores la rega?aran por distraerse. Suri, en cambio, se qued¨® contemplando a Erik, pregunt¨¢ndose c¨®mo alguien pod¨ªa quedarse dormido en medio de una conversaci¨®n tan interesante. Las mayores, al darse cuenta, bajaron el tono de sus voces y dedicaron una mirada significativa a las chicas, como si les estuvieran recordando que deb¨ªa reinar el respeto. ¡ªD¨¦jenlo descansar ¡ªdijo Jaia en voz baja¡ª. Hoy ha tenido un d¨ªa largo. Las dem¨¢s asintieron y continuaron sus historias, mientras Erik segu¨ªa dormido profundamente, con la calidez de la fogata y el sonido de las voces como su compa?¨ªa en ese momento de reposo. Para las chicas, fue una de esas noches tranquilas en las que las historias y la camarader¨ªa parec¨ªan m¨¢s fuertes que cualquier otra cosa. La noche avanzaba, y el calor de la fogata comenzaba a disiparse. Las mayores se levantaron primero, indicando que era hora de retirarse a descansar. Las chicas se estiraron y se dispersaron lentamente, murmurando entre ellas. Erik, por su parte, segu¨ªa dormido junto a la fogata, su respiraci¨®n tranquila. Hada, con una sonrisa traviesa, decidi¨® acercarse para jugarle una broma. Se inclin¨® hacia ¨¦l, con la intenci¨®n de asustarlo con un grito repentino o un ligero toque en la frente. Antes de que pudiera hacerlo, Arlea la detuvo sujet¨¢ndola del brazo. ¡ª?Hada! ¡ªle susurr¨® con tono severo¡ª. D¨¦jalo en paz. ¡ª?Pero s¨®lo quer¨ªa despertarlo! ¡ªprotest¨® Hada, haciendo un puchero¡ª. No iba a hacerle da?o. ¡ªD¨¦jalo tranquilo ¡ªinsisti¨® Arlea, mir¨¢ndola con reprobaci¨®n¡ª. Puede que est¨¦ cansado de verdad. Mientras ambas discut¨ªan en voz baja, Suri se acerc¨® por su cuenta. Con su delicadeza habitual, se coloco al lado de Erik y le toc¨® suavemente el hombro. ¡ªErik ¡ªle dijo con voz suave¡ª, despierta. Es hora de ir a descansar. Erik abri¨® los ojos lentamente, parpadeando mientras se reincorporaba. Mir¨® alrededor, algo confundido, y luego a Suri, quien le sonre¨ªa con amabilidad. ¡ª?Cu¨¢ndo... cu¨¢ndo me dorm¨ª? ¡ªpregunt¨®, frot¨¢ndose los ojos. Luego baj¨® la mirada, visiblemente avergonzado¡ª. Lo siento, no s¨¦ en qu¨¦ momento me qued¨¦ dormido. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªrespondi¨® Suri, con una sonrisa c¨¢lida¡ª. Todas lo notamos, pero no quisimos molestarte. Solo quer¨ªamos asegurarnos de que descansaras bien. Erik asinti¨®, a¨²n algo apenado, y se puso de pie lentamente. Mientras lo hac¨ªa, Suri se adelant¨® inesperadamente y lo abraz¨® brevemente, transmitiendo un gesto sincero de cari?o. ¡ªDescansa bien ¡ªmurmur¨® con suavidad, y antes de retirarse, le dio un beso r¨¢pido en la mejilla. Erik qued¨® moment¨¢neamente aturdido, llev¨¢ndose la mano a la mejilla mientras observaba c¨®mo Suri se alejaba hacia la caba?a central. Las otras chicas, que hab¨ªan presenciado la escena, permanecieron en silencio, pero sus miradas reflejaban emociones mezcladas. Algunas, como Mika y Becca, desviaron la vista, mientras que Hada frunc¨ªa ligeramente el ce?o. Incluso Arlea parec¨ªa algo sorprendida, aunque evit¨® hacer alg¨²n comentario. Las chicas no dijeron nada mientras Erik se retiraba hacia su propia caba?a, pero el beso de Suri hab¨ªa dejado una sensaci¨®n peculiar entre ellas. Algunas quiz¨¢ sent¨ªan celos o algo mas, aunque no entend¨ªan muy bien por qu¨¦. Erik, por su parte, se qued¨® pensando en la dulzura de Suri mientras caminaba hacia su refugio, pregunt¨¢ndose qu¨¦ habr¨ªa en su gesto que lo hac¨ªa sentir tan apreciado. El sol comenzaba a ba?ar el valle cuando Erik lleg¨® al taller de Lera. Hab¨ªa prometido ir temprano para que ella pudiera trabajar sin contratiempos en una prenda para su torso. La estructura del taller ya le era familiar, pero cada vez que lo visitaba, encontraba nuevos detalles: herramientas afiladas, patrones trazados sobre pieles, y una sensaci¨®n de orden y creatividad que hablaba mucho de la personalidad de Lera. ¡ªLlegaste justo a tiempo ¡ªdijo Lera con una sonrisa mientras organizaba unas tiras de cuero sobre su mesa de trabajo¡ª. Ven aqu¨ª, empecemos. Erik se paro en el sitio que le se?alo. Aunque ya lo hab¨ªa visto anoche sin su prenda antes, Lera no pudo evitar sorprenderse al estar tan cerca de ¨¦l. Su mirada se fij¨® en los m¨²sculos bien definidos de sus hombros y abdomen, y, aunque intent¨® mantenerse profesional, un leve rubor comenz¨® a colorear sus mejillas. ¡ª?Todo bien? ¡ªpregunt¨® Erik al notar su silencio. ¡ªS¨ª... s¨ª, claro ¡ªrespondi¨® ella r¨¢pidamente, levantando una tira de cuero para medirle el torso. Lera rode¨® su pecho con la tira, asegur¨¢ndose de ajustarla bien. Mientras lo hac¨ªa, su mano roz¨® la piel firme de Erik, y, casi de manera inconsciente, presion¨® ligeramente con los dedos, como si quisiera confirmar que era real. Al darse cuenta de lo que hac¨ªa, se apart¨® de golpe, m¨¢s roja que antes. ¡ªLo siento, solo estaba... verificando la medida ¡ªdijo, evitando mirarlo a los ojos. Erik, que tambi¨¦n hab¨ªa sentido el contacto, se aclar¨® la garganta y sonri¨® nerviosamente. ¡ªNo hay problema. Es parte del trabajo, ?no? Lera asinti¨®, aunque su mente segu¨ªa repasando la sensaci¨®n del contacto. Intentando recuperar la compostura, continu¨® midiendo, esta vez los hombros y la espalda. Sin embargo, no pudo evitar que su mirada vagara por las cicatrices que adornaban el cuerpo de Erik, pregunt¨¢ndose qu¨¦ historias guardaban. ¡ªTienes una estructura muy... distinta ¡ªcoment¨®, intentando mantener la conversaci¨®n ligera¡ª. Alta, firme... diferente a la nuestra. Erik se ri¨® suavemente. ¡ªSupongo que esa es una de las diferencias entre nosotros. ¡ªBueno, al menos har¨¢ que esta prenda sea ¨²nica ¡ªdijo Lera, ahora enfoc¨¢ndose en su mesa de trabajo. Mientras cortaba las pieles bas¨¢ndose en las medidas tomadas, Erik observ¨® algo que llam¨® su atenci¨®n. Sobre la mesa, hab¨ªa una prenda a medio terminar que parec¨ªa inspirada en sus pantalones de mezclilla. ¡ª?Eso es...? ¡ªse?al¨®, acerc¨¢ndose un poco m¨¢s. Lera levant¨® la vista y sonri¨® t¨ªmidamente. ¡ªS¨ª. Cuando vi tus pantalones, me parecieron pr¨¢cticos. Pens¨¦ que pod¨ªa intentar algo similar. ¡ªLo est¨¢s haciendo muy bien ¡ªdijo Erik, examinando el dise?o con inter¨¦s¡ª. Es una buena r¨¦plica. Lera pareci¨® animarse con el cumplido, y Erik, con una idea en mente, agreg¨®: ¡ªDe hecho, hay otros patrones que podr¨ªa ense?arte. Algo m¨¢s ligero y c¨®modo, especialmente para moverse mejor. ¡ª?C¨®mo cu¨¢les? ¡ªpregunt¨® Lera, inclin¨¢ndose hacia ¨¦l con inter¨¦s. Erik tom¨® un trozo de corteza que Lera utilizaba como hojas y comenz¨® a dibujar varios bocetos simples. Explicando c¨®mo permit¨ªan mayor libertad de movimiento al correr o trabajar e ideales para el clima c¨¢lido y para tareas activas. ¡ªEstos bocetos parecen, bueno algo que no est¨¦n acostumbras usar, pero ser¨ªan ¨²tiles, sobre todo cuando necesitan moverse r¨¢pido. He visto que las faldas que usan a veces las incomodan al correr. Lera observ¨® los dibujos con fascinaci¨®n. ¡ªEs verdad... a menudo nuestras faldas se enganchan en ramas o nos dificultan caminar en ciertas partes del bosque. Estos dise?os... parecen simples, pero tambi¨¦n elegantes. ¡ªY c¨®modos ¡ªa?adi¨® Erik¡ª. No son complicados de hacer. Lera guardo los patrones con cuidado, haciendo ajustes mentales para adaptarlos a los materiales disponibles en la aldea. ¡ªVoy a probar con uno de estos. Si funcionan, podr¨ªan ser ¨²tiles para todas. ¡ªSi necesitas m¨¢s ideas, puedo ayudarte a dibujarlas ¡ªdijo Erik, mientras Lera asent¨ªa entusiasmada. La conversaci¨®n relaj¨® la atm¨®sfera, y aunque Lera todav¨ªa se sent¨ªa algo t¨ªmida al mirarlo directamente, su entusiasmo por los nuevos dise?os la ayud¨® a concentrarse en el trabajo. Ambos se dieron cuenta de que esta colaboraci¨®n ser¨ªa el inicio de un intercambio de ideas que beneficiar¨ªa a toda la aldea. Con las medidas ya tomadas y la prenda en proceso, Erik se coloc¨® una piel improvisada que le dio Lera para que se proteja su espalda del sol y se gir¨® hacia Lera, quien a¨²n estaba concentrada en ajustar las pieles cortadas. ¡ªGracias por tomarte el tiempo tan temprano ¡ªle dijo Erik con una sonrisa amable. Lera levant¨® la vista, a¨²n con las mejillas algo sonrojadas. ¡ªNo es nada. Me gusta este tipo de trabajo, y... bueno, eres un modelo interesante ¡ªrespondi¨®, desviando la mirada r¨¢pidamente al darse cuenta de c¨®mo sonaba. Erik solt¨® una peque?a risa, entendiendo que no lo hab¨ªa dicho con mala intenci¨®n. ¡ªAgradezco que lo veas as¨ª. Ahora voy a revisar algunas trampas que dej¨¦ cerca. Quiz¨¢ haya ca¨ªdo algo y podamos tener algo de carne para variar un poco la dieta. ¡ª?Trampas? ¡ªpregunt¨® Lera con curiosidad, dejando de lado sus herramientas¡ª. ?C¨®mo son? ¡ªSon simples, nada muy elaborado. Us¨¦ ramas, cuerdas y un poco de cebo. Si funcionan, tal vez pueda ense?arte c¨®mo hacerlas. Lera asinti¨® con inter¨¦s. ¡ªEso ser¨ªa ¨²til. Aunque no soy muy buena cazando, ser¨ªa bueno aprender algo nuevo. Erik se dirigi¨® hacia la puerta del taller, pero antes de salir, se gir¨® hacia ella. ¡ªMas tarde paso a ver c¨®mo vas con la prenda, ?te parece? Lera asinti¨® con una sonrisa. ¡ªClaro, para entonces deber¨ªa tenerla lista para que lo pruebes. ¡ªPerfecto. Hasta luego, Lera. ¡ªHasta luego, Erik. Y suerte con tus trampas. Erik le dedic¨® un ¨²ltimo asentimiento antes de salir del taller. El aire fresco de la ma?ana lo envolvi¨® mientras caminaba hacia el area donde las coloco, listo para revisar si sus trampas hab¨ªan dado alg¨²n fruto. En su mente, sin embargo, a¨²n rondaba la imagen de Lera trabajando con dedicaci¨®n, y el leve sonrojo que hab¨ªa notado en ella no dejaba de hacerle sonre¨ªr. La ma?ana hab¨ªa sido tranquila con las chicas con sus deberes matutinos, el sol estaba en su punto m¨¢s alto cuando las chicas se reunieron bajo la sombra del gran ¨¢rbol en el centro de la aldea. Las bandejas improvisadas con frutas frescas y vegetales estaban dispuestas sobre mantas tejidas, mientras cada una tomaba un descanso del trabajo matutino. Arlea lleg¨® apresurada, visiblemente molesta, con su cabello despeinado y una mancha de tierra en su falda. ¡ª"?Esas cosas est¨¢n otra vez en mis cultivos!" exclam¨®, dejando caer una canasta vac¨ªa junto a las dem¨¢s. Todas alzaron la vista. ¡ª"?Qu¨¦ cosas?" pregunt¨® Hada, partiendo un pedazo de fruta. ¡ª"?Los animales que siempre se aparecen y se llevan todo lo que pueden! Hoy casi no me dejan nada de las Carotas," refunfu?¨® Arlea, cruzando los brazos. ¡ª"Ah, esas plagas," dijo Mika, quien estaba ajustando su arco. ¡ª"Son casi imposibles de cazar. Apenas los ves, ya han desaparecido." ¡ª"S¨ª, son demasiado veloces," a?adi¨® Becca. ¡ª"Y siempre logran meterse en los cultivos cuando nos descuidamos." ¡ª"Recuerdo que Erik los llam¨® ciervonejos," coment¨® Suri de repente, interrumpiendo la conversaci¨®n. Todas giraron hacia ella, curiosas. ¡ª"?Ciervo... qu¨¦?" pregunt¨® Mika, con una ceja arqueada. ¡ª"Ciervonejos," repiti¨® Suri. ¡ª"As¨ª los llam¨® Erik cuando los vio mientras descansaba bajo un ¨¢rbol mientras se recuperaba de su herida. Fue cuando t¨² estabas cazando en el valle, Mika. Dijo que le recordaban a unos animales de donde ¨¦l creci¨®." ¡ª"?Y qu¨¦ son esos?" pregunt¨® Hada, frunciendo el ce?o. Suri se encogi¨® de hombros. ¡ª"No lo s¨¦ exactamente. Erik dijo que los ciervos tienen patas largas y cuernos, y que los conejos tienen orejas largas y saltan mucho. Los ciervonejos son como una mezcla de ambos." ¡ª"Suena raro," coment¨® Arlea, suspirando. ¡ª"Pero tampoco importa qu¨¦ nombre les pongamos si siguen arruinando mis cosechas." ¡ª"Son listos," dijo Mika. ¡ª"Y muy r¨¢pidos. Ni siquiera mis flechas les alcanzan." ¡ª"?Trampas, entonces?" sugiri¨® Becca. ¡ª"Podr¨ªa funcionar," a?adi¨® Suri. ¡ª"Erik mencion¨® que, si son tan veloces, tal vez lo mejor ser¨ªa atraparlos con algo en lugar de intentar cazarlos directamente." ¡ª"?Y qu¨¦ usar¨ªamos como cebo?" pregunt¨® Arlea. ¡ª"Las Carotas," respondi¨® Becca sin dudar. Arlea asinti¨®, aunque su frustraci¨®n segu¨ªa presente. ¡ª"Bueno, ma?ana podemos intentar algo. Pero no quiero seguir perdiendo cosechas por culpa de esos malditos ciervonejos." En ese momento, Erik apareci¨® detr¨¢s de ellas, cargando varios de los animales sobre sus hombros. Estaban atados con una liana trenzada improvisada, y sus patas se agitaban d¨¦bilmente. ¡ª"?De que hablaban?" pregunt¨®, dejando caer su captura a sus pies. Las chicas lo miraron boquiabiertas. ¡ª"?C¨®mo lograste atraparlos?" exclam¨® Mika, acerc¨¢ndose para inspeccionar los animales. Erik sonri¨® mientras se acercaba mas a ellas. ¡ª"Observaci¨®n, paciencia y un poco de suerte. No son tan imposibles de atrapar como parecen si sabes por d¨®nde van a pasar y claro una buena trampa y un buen cebo." Antes de que alguien m¨¢s pudiera decir algo, Arlea solt¨® un grito de alegr¨ªa. ¡ª"?Por fin!" exclam¨® mientras corr¨ªa hacia ¨¦l. Sin pensar, lo abraz¨® con fuerza, rodeando su cuello y presion¨¢ndose contra ¨¦l en un gesto de puro entusiasmo. Erik se tens¨® al instante, sorprendido por la espontaneidad del abrazo y, sobre todo, por el contacto inmediato con los generosos pechos de Arlea. Por un breve momento, su mente qued¨® en blanco, luchando por mantener la compostura. ¡ª"Gracias, Erik. De verdad, gracias," dijo Arlea, a¨²n aferrada a ¨¦l, ajena al efecto que estaba causando. Cuando finalmente se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se apart¨® de golpe, con las mejillas ardiendo. ¡ª"?Lo siento! ?No s¨¦ qu¨¦ me pas¨®!" dijo, llev¨¢ndose las manos al rostro para esconder su verg¨¹enza. Erik, a¨²n un poco desconcertado, se rasc¨® la nuca y ofreci¨® una sonrisa nerviosa. ¡ª"No te preocupes, Arlea. Me hace feliz que est¨¦s contenta con el resultado." Las dem¨¢s no pudieron evitar soltar algunas risitas, disfrutando de la escena. ¡ª"?Eso es incre¨ªble!" dijo Suri, intentando suavizar la situaci¨®n. ¡ª"S¨ª, al menos ahora tenemos carne extra," a?adi¨® Becca, sonriendo ampliamente. Erik asinti¨®, todav¨ªa algo sonrojado, y se?al¨® a los ciervonejos. ¡ª"Y tal vez podamos usar su piel y sus cuernos para algo m¨¢s." Mientras las chicas inspeccionaban la captura y discut¨ªan emocionadas, Arlea se mantuvo en silencio, deseando que el suelo la tragara. Pero en el fondo, no pod¨ªa dejar de sonre¨ªr al pensar en c¨®mo Erik hab¨ªa logrado resolver el problema de sus cultivos. Despu¨¦s de compartir la comida con las chicas, Erik decidi¨® retirarse a su caba?a. Incluso para ¨¦l, que estaba acostumbrado a un clima c¨¢lido, el calor del d¨ªa ya resultaba algo agotador. Hab¨ªa ayudado en las tareas matutinas y cazado suficiente para saciar a todas, pero ahora sent¨ªa c¨®mo su cuerpo ped¨ªa un momento de descanso. ¡ª"Vuelvo luego," dijo a las chicas, levant¨¢ndose con calma. ¡ª"?Ya te vas?" pregunt¨® Suri, con una ligera nota de preocupaci¨®n en su voz. ¡ª"S¨ª, necesito descansar un poco. El calor ya aumento bastante y me est¨¢ afectando tambi¨¦n," respondi¨® Erik, con una sonrisa tranquila para no preocuparlas. Las chicas asintieron, y Erik se retir¨® hacia su caba?a. Al entrar, sinti¨® un alivio inmediato al estar lejos del sol directo. Dej¨® sus cosas a un lado, tom¨® un poco de agua que ten¨ªa guardada y se recost¨® en la cama improvisada. Mientras descansaba, los acontecimientos del d¨ªa volvieron a su mente. Sin quererlo, sus pensamientos se detuvieron en el momento del abrazo de Arlea. La calidez y la espontaneidad de su gesto hab¨ªan sido algo inesperado, pero m¨¢s que eso, lo que realmente lo ten¨ªa nervioso era el contacto tan cercano que hab¨ªa sentido. Erik suspir¨® y se llev¨® una mano al rostro, cerrando los ojos con fuerza como si eso pudiera borrar el recuerdo. ¡ª"Demonios, Erik," murmur¨® para s¨ª mismo. Pod¨ªa recordar con claridad c¨®mo Arlea hab¨ªa corrido hacia ¨¦l, emocionada al ver los resultados de su cacer¨ªa. Y luego, ese abrazo lleno de gratitud que lo hab¨ªa tomado por sorpresa. Su entusiasmo lo hab¨ªa contagiado, pero tambi¨¦n lo hab¨ªa dejado con una mezcla de emociones que no sab¨ªa c¨®mo manejar. El suave roce de su cuerpo contra el de ¨¦l, especialmente el contacto con sus pechos grandes, era algo que no pod¨ªa ignorar y jamas lo olvidara. Aunque no hab¨ªa sido intencional por parte de Arlea, hab¨ªa sido imposible para Erik no notarlo. ¡ª"?Por qu¨¦ pienso tanto en esto?" se pregunt¨®, rodando sobre su pecho y mirando hacia un costado en direcci¨®n a la aldea. Sab¨ªa que Arlea no lo hab¨ªa hecho con ninguna intenci¨®n fuera de agradecerle, pero su mente no pod¨ªa evitar analizarlo. Era m¨¢s que eso, pens¨®. Porque no era solo Arlea quien ocupaba su mente ¨²ltimamente. Cada una de las chicas ten¨ªa algo especial que lo atra¨ªa, y eso lo confund¨ªa a¨²n m¨¢s. En la Tierra, le hab¨ªan ense?ado a centrarse en una sola persona, en construir una relaci¨®n con un solo coraz¨®n. Pero aqu¨ª, en este mundo, como seria. Mientras intentaba distraerse del calor sofocante y los pensamientos que lo rondaban, un ligero golpeteo en la entrada de su caba?a lo sac¨® de su ensimismamiento. Se levant¨® r¨¢pidamente, y se acerco a la entrada retirando a un costado la piel que colgaba en la entrada algo extra?ado. Arlea estaba ah¨ª, nerviosa, con las mejillas ligeramente enrojecidas y sus manos jugando con el dobladillo de su falda de piel. ¡ª"Arlea, ?todo bien?" pregunt¨® Erik, notando de inmediato su expresi¨®n inquieta. ¡ª"S¨ª... bueno, no," respondi¨® ella, sin levantar la mirada. ¡ª"?Puedo pasar? Quiero hablar contigo." Erik asinti¨®, haci¨¦ndose a un lado para dejarla entrar. Arlea se movi¨® con cautela, mirando a su alrededor como si quisiera distraerse con cualquier cosa que no fuera la conversaci¨®n que sab¨ªa que deb¨ªa tener. ¡ª"?Qu¨¦ sucede?" dijo Erik y se sent¨® en el borde de su cama, dejando espacio para que ella hiciera lo mismo si quer¨ªa. Arlea se sent¨® a su lado y tom¨® aire profundamente y finalmente habl¨®: ¡ª"Quer¨ªa... disculparme por lo de hace rato. Cuando te abrac¨¦. No s¨¦ qu¨¦ pas¨®. Fue algo tan... impulsivo, y ahora no puedo dejar de pensar en si te incomod¨¦ o si fue algo inapropiado." Erik la observ¨® por un momento, notando c¨®mo manten¨ªa los ojos fijos en el suelo, claramente nerviosa. Entonces sonri¨® suavemente y respondi¨®: ¡ª"Arlea, no tienes que disculparte. Fue un gesto muy sincero, y te agradezco que hayas querido mostrar tu gratitud. Es normal querer agradecer." ¡ª"Pero..." Arlea levant¨® la mirada, sus ojos llenos de dudas. ¡ª"No s¨¦, fue como si me hubiera olvidado de todo por un momento. Cuando me di cuenta, ya estaba abraz¨¢ndote, y luego... bueno, me sent¨ª tan avergonzada." Erik se rasc¨® la nuca, algo inc¨®modo por la sinceridad del momento, pero al mismo tiempo queriendo tranquilizarla. ¡ª"Te entiendo. A veces actuamos por impulso, especialmente cuando estamos felices o emocionados. Pero no tienes por qu¨¦ sentirte mal por eso. Honestamente, no me incomod¨® en absoluto." Arlea pareci¨® relajarse un poco ante sus palabras, aunque todav¨ªa ten¨ªa un ligero sonrojo en sus mejillas. ¡ª"?De verdad? Es que... no s¨¦ c¨®mo explicarlo, pero fue algo diferente. Algo que nunca hab¨ªa sentido antes." Erik la mir¨®, entendiendo un poco m¨¢s su confusi¨®n. Quiz¨¢s lo que Arlea estaba experimentando era nuevo no solo para ella, sino para todas las chicas. A fin de cuentas, ¨¦l era diferente, alguien que hab¨ªa llegado a cambiar muchas de las din¨¢micas en sus vidas. ¡ª"Es normal sentir cosas nuevas cuando alguien llega a nuestras vidas," dijo con calma. ¡ª"Yo tambi¨¦n estoy aprendiendo a adaptarme a este lugar, a entenderlas a ustedes. No te preocupes, Arlea, todo est¨¢ bien." Ella asinti¨® lentamente, sus hombros finalmente relaj¨¢ndose. ¡ª"Gracias. Me siento un poco mejor ahora." ¨¦l le dedic¨® una sonrisa c¨¢lida. ¡ª"Eso es lo que importa. Y si alguna vez te sientes confundida o necesitas hablar, estoy aqu¨ª para escucharte." Arlea le devolvi¨® la sonrisa, esta vez m¨¢s segura. "Gracias. De verdad, gracias." Se levant¨®, preparada para irse, pero antes de salir, se gir¨® hacia ¨¦l una ¨²ltima vez. ¡ª"Y... gracias por cazar esos ciervonejos. Fue un gran alivio verlos fuera de mis cultivos." ¡ª"Es un placer ayudar," respondi¨® Erik, viendo c¨®mo la joven sal¨ªa de la caba?a con una expresi¨®n mucho m¨¢s tranquila que cuando hab¨ªa llegado. Una vez que se qued¨® solo, Erik suspir¨®, dejando que sus pensamientos volvieran al abrazo y a lo que hab¨ªa sentido. Tal vez no solo Arlea estaba experimentando cosas nuevas. ¨¦l tambi¨¦n ten¨ªa mucho que procesar. El sol ya hab¨ªa comenzado a ocultarse tras las monta?as, ti?endo el cielo con tonos c¨¢lidos que reflejaban el torbellino de emociones que Erik sent¨ªa en su pecho. Desde que Arlea hab¨ªa salido de su caba?a, hab¨ªa estado d¨¢ndole vueltas a sus palabras, a la ternura en su voz y al inesperado calor del abrazo que le hab¨ªa dado m¨¢s temprano. Se recost¨® sobre su cama, mirando el techo de la caba?a mientras sus pensamientos viajaban a aquel momento. Pod¨ªa recordar perfectamente la sensaci¨®n de los brazos de Arlea rode¨¢ndolo, el roce de su piel y c¨®mo sus pechos se hab¨ªa apoyado contra ¨¦l. Fue un contacto breve, pero hab¨ªa dejado una impresi¨®n profunda. M¨¢s all¨¢ de lo f¨ªsico, estaba el calor emocional que ese gesto transmit¨ªa, una calidez que no hab¨ªa sentido. ¡ª"Es tan... diferente," murmur¨® para s¨ª mismo, pasando una mano por su rostro. ¡ª"Nunca pens¨¦ que alguien pudiera hacerme sentir as¨ª." Cerr¨® los ojos, dejando que su mente recreara la imagen de Arlea. Su cabello largo brillante bajo la luz del sol, la expresi¨®n de alegr¨ªa pura cuando lo abraz¨®, y luego ese sonrojo encantador cuando se dio cuenta de lo que hab¨ªa hecho. Hab¨ªa algo en ella que lo atra¨ªa, algo que iba m¨¢s all¨¢ de su belleza f¨ªsica. Era su sinceridad, su manera de emocionarse por cosas simples, y esa chispa de determinaci¨®n que siempre mostr¨®, incluso en los momentos dif¨ªciles. ¡ª "?Es esto amor?" Pens¨®, sintiendo un leve escalofr¨ªo recorrer su espalda. Arlea no era la ¨²nica que le despertaba sentimientos especiales; Tambi¨¦n estaban los dem¨¢s. Cada una ten¨ªa una parte de su coraz¨®n, y eso lo confund¨ªa. ¡ª "Tal vez aqu¨ª funcione de otra manera", reflexion¨®, llev¨¢ndose las manos detr¨¢s de la cabeza. ¡ª "Pero... con Arlea, hoy sent¨ª algo diferente. Ese abrazo, su sonrisa, la forma en que se disculp¨®. Es como si..." No termin¨® la frase en voz alta. Era dif¨ªcil poner en palabras lo que sent¨ªa, pero hab¨ªa una certeza creciendo en su interior: Arlea estaba empezando a ocupar un lugar especial en su coraz¨®n. Y aunque no sab¨ªa c¨®mo lidiar con eso, tampoco pod¨ªa ignorarlo. El viento nocturno sopl¨® suavemente a trav¨¦s de la ventana, refrescando la caba?a y calmando un poco su mente inquieta. Erik sonoro, dejando escapar un suspiro. ¡ª "Supongo que lo ¨²nico que puedo hacer es seguir adelante y ver a d¨®nde me lleva esto", murmur¨®. Pero mientras cerraba los ojos para intentar descansar, ya que m¨¢s tarde deber¨ªa ir donde Lera, pero una imagen persist¨ªa en su mente: Arlea, feliz y sonrojada, rode¨¢ndolo con sus brazos en ese momento que ya sab¨ªa que no olvidar¨ªa jam¨¢s. Capitulo 14: Entre Miradas y Descubrimientos El crep¨²sculo ya hab¨ªa comenzado a caer sobre la aldea, y el taller de Lera estaba iluminado por la luz c¨¢lida de una vela de resina que descansaba sobre la mesa. Erik hab¨ªa regresado, como prometi¨®, para ver c¨®mo le iba con la prenda que Lera hab¨ªa confeccionado para ¨¦l. Esta vez, Erik sab¨ªa exactamente lo que quer¨ªa: algo c¨®modo, holgado, que le permitiera moverse con mayor facilidad. Recordaba que, al observar las ropas de las chicas, notaba que el ajuste ce?ido no era lo ideal para moverse, y m¨¢s a¨²n con el calor del d¨ªa. No quer¨ªa que su prenda fuera tan pegada al cuerpo como la prenda que hab¨ªa usado antes, por lo que hab¨ªa pedido algo m¨¢s suelto, casi como una polera sin mangas. Lera lo hab¨ªa comprendido de inmediato. En la ma?ana, antes de que ¨¦l se fuera, hab¨ªa dibujado un patr¨®n aproximado para la prenda, una especie de polera sin mangas, pero m¨¢s holgada, que le permitiera moverse libremente. A medida que lo miraba, sab¨ªa que Lera lo har¨ªa m¨¢s c¨®modo, no solo por el ajuste, sino tambi¨¦n por la ligereza de las pieles. Cuando Erik entr¨® al taller, Lera le escuch¨® mientras dejaba de trabajar en una mesa donde hab¨ªa estado afinando unos detalles en otra prenda. ¡ª ?Qu¨¦ bueno que llegaste! ¡ªdijo Lera, movi¨¦ndose hacia ¨¦l para recibirlo. Erik asinti¨®, mostrando una leve sonrisa en su rostro. ¡ª ?C¨®mo va mi prenda? ¡ªpregunt¨®, mientras observaba el taller lleno de pieles y cuero. Lera se?al¨® un rinc¨®n de la habitaci¨®n, donde la prenda ya estaba casi lista. Al verla, Erik muy satisfecho. Era tal como la pidio, hecha de las pieles m¨¢s livianas, con cortes que le permitir¨ªan moverse libremente. ¡ª Aqu¨ª est¨¢, como pediste ¡ªdijo Lera, mientras se acercaba con la prenda en sus manos. ¡ª Eso tiene muy buena pinta ¡ªdijo Erik, observando c¨®mo la piel se ve¨ªa a¨²n m¨¢s ligera de lo que pensaba. Se ve¨ªa m¨¢s c¨®moda con la idea de una prenda menos ce?ida a su cuerpo. Lera tom¨® la prenda y, con una sonrisa, le pidi¨® que se la pusiera. El se quit¨® la piel que cubr¨ªa su espalda y se puso la nueva prenda sin mayores inconvenientes. Mientras lo hac¨ªa, Lera no pudo evitar observar c¨®mo la piel ca¨ªa sobre su torso. ¡ª Es... muy c¨®moda ¡ªdijo Erik, d¨¢ndose un giro frente a ella. Lera se acerc¨®, ajustando algunos detalles, tocando la piel aqu¨ª y all¨¢. Mientras lo hac¨ªa, no pudo evitar sentir atreves de las pieles el torso firme de Erik. Al principio lo hizo sin pensarlo, pero cuando lo sinti¨®, se sonroj¨® ligeramente. A pesar de su discreci¨®n, no pudo evitar que su rostro se calentara un poco. Erik, al notar la cercan¨ªa y los toques de Lera, tambi¨¦n se sinti¨® un poco nervioso. Estaba acostumbr¨¢ndose a la cercan¨ªa de las chicas, pero en ese momento, el contacto fue algo inesperado. Mientras Lera se concentraba en ajustar las pieles de la prenda cerca del cuello, sus rostros quedaron m¨¢s cerca, y fue entonces cuando ambos se dieron cuenta de lo cercanos que estaban. Los ojos de Lera se encontraron con los de Erik, y por un breve momento, ambos se sonrojaron al mismo tiempo. ¡ªCreo que ya est¨¢ todo ¡ªdijo Lera r¨¢pidamente, apart¨¢ndose un paso atr¨¢s mientras se aseguraba de que la prenda estuviera bien colocada. Erik sonri¨®, aliviado, y asinti¨®. ¡ªEst¨¢ perfecto. Gracias, Lera. Esto es mucho mejor, mucho m¨¢s c¨®modo ¡ªdijo, respirando aliviado por lo suelto de la prenda. Lera lo mir¨® con una sonrisa satisfecha. ¡ªMe alegra que te guste. Sab¨ªa que este tipo de prenda te quedar¨ªa mucho mejor ¡ªrespondi¨®, mientras lo observaba con una leve sonrisa en su rostro. Erik, ahora mucho m¨¢s c¨®modo con su nueva ropa, decidi¨® despedirse. ¡ªBuenas noches, Lera y muchas gracias por la prenda ¡ªdijo, tomando la piel que cubr¨ªa antes su espalda con una mano mientras se preparaba para irse. Lera le sonri¨® mientras lo ve¨ªa salir, a¨²n con las mejillas sonrojadas, pero contenta de haberle hecho algo que lo hiciera sentirse m¨¢s c¨®modo. Aunque sus pensamientos estaban ligeramente agitados por la cercan¨ªa y el toque, estaba satisfecha de haberlo ayudado. Cuando se quedo sola, se apoy¨® contra la mesa, respirando profundamente. Sab¨ªa que, poco a poco, las interacciones entre ellos ser¨ªan m¨¢s seguidas, aunque los nervios a¨²n se notaran en ocasiones. Sin embargo, lo m¨¢s importante para ella era que hab¨ªa logrado hacerle algo que realmente necesitaba: algo c¨®modo, pr¨¢ctico y adecuado para ¨¦l. Se qued¨® unos momentos mirando la entrada, perdida en sus pensamientos, antes de volver a sus trabajos. El sol de la ma?ana comenzaba a calentar suavemente el valle, iluminando el r¨ªo con destellos plateados. Erik estaba cerca de la orilla del rio, con la nueva ropa que cubria su torso, buscando algo entre los ¨¢rboles y arbustos cercanos. Sosten¨ªa una rama en la mano, pero parec¨ªa no estar satisfecho con ella, ya que la dej¨® caer y continu¨® buscando. Desde un poco m¨¢s lejos, Arlea lo observaba. Hab¨ªa salido con la intenci¨®n de recoger algunas verduras frescas para su guiso, pero al verlo, su atenci¨®n se desvi¨®. El recuerdo del abrazo que compartieron el d¨ªa anterior todav¨ªa la hac¨ªa sentir extra?a, nerviosa y un poco avergonzada. Sin embargo, la curiosidad por lo que Erik estaba haciendo super¨® su timidez. ¡ª¡°?Qu¨¦ estar¨¢ buscando?¡±, pens¨® mientras lo ve¨ªa agacharse para examinar otra rama ca¨ªda. Erik, sin notar la presencia de Arlea, encontr¨® finalmente una rama que parec¨ªa adecuada. La levant¨®, evaluando su resistencia al flexionarla ligeramente. Su expresi¨®n de concentraci¨®n era seria, casi como si estuviera resolviendo un problema complicado. Arlea dio un paso hacia adelante, intentando acercarse sin hacer ruido. No quer¨ªa interrumpirlo, pero su mente estaba llena de preguntas. Adem¨¢s, verlo con su nueva ropa y haciendo algo con tanta dedicaci¨®n, la hac¨ªa sentirse... distinta. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? ¡ªpregunt¨® finalmente, rompiendo el silencio. Erik se gir¨® de golpe, sorprendido. No esperaba compa?¨ªa tan temprano. ¡ª?Oh! Arlea. ¡ªSe rasc¨® la nuca, algo inc¨®modo por no haberla visto llegar¡ª. Estoy buscando una rama resistente. Ella arque¨® una ceja, curiosa. ¡ª?Una rama? ?Para qu¨¦? Erik levant¨® la rama que acababa de encontrar y se la mostr¨®. ¡ªQuiero usarla para trabajar con la lana. He recordado una forma de suavizarla para un proyecto que tengo en mente. Arlea inclin¨® ligeramente la cabeza, interesada. ¡ª?Un proyecto? ?Qu¨¦ clase de proyecto? ¡ªEs una idea para hacer algo que pueda servirnos a todos ¡ªdijo Erik, sin dar muchos detalles todav¨ªa¡ª. Pero necesito una buena rama para hacer el trabajo. Arlea se acerc¨® m¨¢s, mirando la rama que sosten¨ªa. ¡ª?Y c¨®mo exactamente vas a usar esto con la lana? Erik recogi¨® una de las m¨¢s largas y flexion¨® su punta con cuidado antes de responder. ¡ªQuiero usarla para trabajar la lana. Cuando estaba lavando la lana con ayuda de Suri hace unos d¨ªas, not¨¦ que la lana es un poco ¨¢spera. En mi hogar, sol¨ªamos suavizarla golpe¨¢ndola con una rama resistente. ¡ª?Golpearla? ¡ªrepiti¨® Arlea, perpleja. ¡ªS¨ª, funciona sorprendentemente bien. ¡ªErik sonri¨® mientras dejaba caer la rama al suelo con un golpe seco para probar su firmeza¡ª. Si golpeas la lana con el ritmo y la fuerza adecuados, puedes eliminar parte de su rigidez y hacerla m¨¢s suave y f¨¢cil de trabajar. Arlea frunci¨® el ce?o, tratando de imaginar el proceso. ¡ªNunca hab¨ªa escuchado algo as¨ª. ?De verdad funciona? ¡ªFunciona. ¡ªErik asinti¨® con confianza¡ª. Mi abuelo sol¨ªa hacerlo con la lana que quer¨ªa suavizar. Es un m¨¦todo sencillo, pero requiere algo de paciencia y pr¨¢ctica. Arlea se cruz¨® de brazos, a¨²n incr¨¦dula. ¡ª?Y por qu¨¦ querr¨ªas suavizar la lana? Erik la mir¨® con una mezcla de entusiasmo y determinaci¨®n. ¡ªSi logro suavizar la lana, podr¨ªa intentar crear algo diferente. Quiz¨¢s hasta prendas m¨¢s c¨®modas y m¨¢s suaves. Arlea permaneci¨® en silencio, sorprendida por la l¨®gica detr¨¢s de su idea. Aunque a¨²n no estaba convencida, la seguridad de Erik en su propuesta despert¨® su curiosidad. ¡ªBueno... ?puedo ayudarte? Erik levant¨® las cejas, sorprendido pero agradecido. ¡ªClaro, me vendr¨ªa bien una mano. Aunque... no esperaba que t¨² quisieras trabajar con lana. Arlea lo mir¨®, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ª?Por qu¨¦ no? ¡ªNo s¨¦, pens¨¦ que te gustaba m¨¢s estar en tus cultivos y cocinar. ¡ªPuedo hacer mas de dos cosas sabes¡ªdijo ella con un tono desafiante, pero amigable. Erik solt¨® una peque?a risa. ¡ªDe acuerdo. Entonces, ?quieres que te ense?e como hacerlo? Arlea asinti¨® y, por un momento, olvid¨® sus nervios al estar cerca de el. Mientras caminaban juntos hacia el ¨¢rea preparada para el trabajo, ella no pudo evitar pensar en c¨®mo Erik parec¨ªa estar tan confiado en lo que hace. Quiz¨¢s, solo quiz¨¢s, trabajar con ¨¦l no ser¨ªa tan malo. Hubo un momento de silencio entre ellos mientras caminaban, roto solo por el suave sonido del agua del r¨ªo. Arlea sinti¨® la necesidad de hablar, pero no sab¨ªa exactamente qu¨¦ decir. En lugar de eso, sus ojos vagaron un momento hacia la nueva ropa de Erik. Erik la observ¨® por un momento, notando que parec¨ªa distra¨ªda. ¡ª?Est¨¢s bien? Pareces... pensativa. ¡ªS¨ª, estoy bien. ¡ªArlea forz¨® una sonrisa¡ª. Solo estaba recordando que no he trabajado con la lana desde que era peque?a. No pod¨ªa evitar sentir una peque?a chispa de emoci¨®n al pensar en trabajar juntos, mientras que ¨¦l estaba ansioso por mostrarle c¨®mo funcionaba el m¨¦todo que hab¨ªa aprendido de su abuelo. Cuando llegaron a una peque?a ¨¢rea despejada cerca de la aldea, donde hab¨ªa colocado un mont¨®n de la lana lavada. Erik dej¨® la rama sobre el suelo y se inclin¨® para examinar el material, asegur¨¢ndose de que estuviera listo para el proceso. ¡ªMuy bien, Arlea, esto es lo que haremos. ¡ªErik tom¨® la rama y la levant¨® para mostrarle¡ª. Golpearemos la lana con fuerza, pero de manera uniforme, para aflojar las fibras y suavizarla. Arlea observ¨® con atenci¨®n mientras Erik colocaba un manojo de lana sobre una superficie plana improvisada con piedras lisas y comenz¨® a golpearla. Al principio, lo hizo con movimientos lentos, midiendo la fuerza. ¡ªAs¨ª. No demasiado fuerte, pero lo suficiente para que las fibras empiecen a ceder. El golpe resonaba en el aire, un ritmo constante y peculiar que romp¨ªa la tranquilidad del lugar. Arlea se arrodill¨® junto a ¨¦l, intentando imitarlo. ¡ª?As¨ª? ¡ªpregunt¨® mientras alzaba otra rama que hab¨ªan preparado. ¡ªUn poco m¨¢s suave, pero s¨ª, ese es el movimiento. Intenta mantener un ritmo constante. Mientras practicaban, los golpes repetidos comenzaron a atraer la atenci¨®n de las dem¨¢s. Suri fue la primera en asomarse, ladeando la cabeza con curiosidad. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢n haciendo? ¡ªpregunt¨®, acerc¨¢ndose. El ruido no pas¨® desapercibido para Mika, quien estaba ayudando con algunos trabajos cerca. Al escuchar los golpes, se detuvo, con los ojos entrecerrados. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢ tramando ahora? ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma antes de apurarse hacia la fuente del sonido. Cuando lleg¨®, se detuvo de golpe, al ver a Erik y Arlea trabajando juntos. Al ver a Arlea, su expresi¨®n se torci¨® en una mezcla de incredulidad y ligera curiosidad. ¡ª?que est¨¢n haciendo? ¡ªsusurr¨® para s¨ª misma, observ¨¢ndolos con atenci¨®n. No pas¨® mucho tiempo antes de que Jaia y sus hermanas, tambi¨¦n se acercaran, siguiendo el peculiar ruido. Al ver lo que ocurr¨ªa, una expresi¨®n de sorpresa y nostalgia cruz¨® sus rostros. ¡ªHace tanto tiempo¡­ ¡ªmurmur¨® Alisha. ¡ªRecuerdo a mi abuelo haciendo eso cuando yo era muy peque?a. Apenas ten¨ªa idea de para qu¨¦ serv¨ªa, pero el sonido era inconfundible, ¡ªa?adi¨® Jerut, apoyando una mano en su hermana. ¡ªEs curioso verlo hacer este trabajo¡­ como si lo hubiera hecho toda su vida, ¡ªcoment¨® Jaia con una leve sonrisa. Mientras tanto, Erik, ajeno a la creciente audiencia, segu¨ªa explic¨¢ndole a Arlea los matices del proceso. ¡ªMira c¨®mo cambia la textura. Se siente menos r¨ªgida y m¨¢s manejable, ?verdad? Arlea asinti¨®, tocando la lana con cuidado. Sus ojos brillaban con curiosidad y entusiasmo. ¡ªS¨ª, es incre¨ªble. Nunca pens¨¦ que golpearla podr¨ªa hacer esto. Erik ri¨®, rasc¨¢ndose la nuca. ¡ªEs un m¨¦todo antiguo, pero efectivo. Mi abuelo me ense?¨® esto cuando era ni?o. Me hac¨ªa ayudarlo. Fue entonces cuando not¨® a las dem¨¢s observ¨¢ndolos desde una distancia. Se levant¨®, con una mezcla de sorpresa y verg¨¹enza. ¡ªOh, hola a todas. ?Hace cu¨¢nto est¨¢n ah¨ª? Suri se acerco primero, seguida de Mika, quien cruz¨® los brazos con expresi¨®n indescifrable. ¡ªHace suficiente tiempo, ¡ªrespondi¨® Mika, con una ligera sonrisa burlona¡ª. ?Por qu¨¦ est¨¢n golpeando la lana? ¡ªEstoy suaviz¨¢ndola, ¡ªrespondi¨® Erik, se?alando el material¡ª. Es un m¨¦todo que aprend¨ª cuando era ni?o. Pens¨¦ que podr¨ªa hacerla m¨¢s f¨¢cil de trabajar. ¡ª?Golpeando? ¡ªrepiti¨® Hada, quien acababa de llegar tambi¨¦n¡ª. Esa fruta rara que comes, ahora esto¡­ cada vez haces cosas m¨¢s extra?as. Las mayores se acercaron, mirando la lana con detenimiento. ¡ªEsto¡­ s¨ª, as¨ª es como mi abuelo lo hac¨ªa, ¡ªdijo Jaia, tocando la lana suavizada con una sonrisa melanc¨®lica¡ª. Hab¨ªa olvidado esta t¨¦cnica. Es curioso c¨®mo algo tan simple puede ser tan ¨²til. Mika, a¨²n observ¨¢ndolos, frunci¨® el ce?o. ¡ª?Y por qu¨¦ no nos hab¨ªas mostrado esto antes? Erik se encogi¨® de hombros. ¡ªQuer¨ªa estar seguro de que funcionaba con esta lana. Y, bueno, necesitaba la rama adecuada. Arlea lo mir¨®, con una sonrisa peque?a pero genuina. ¡ªFunciona. Creo que podr¨ªamos usar este m¨¦todo m¨¢s seguido. Erik asinti¨®, satisfecho. Las chicas, aunque al principio desconfiadas, comenzaron a acercarse para tocar la lana y comprobar la diferencia por s¨ª mismas. Mika, por su parte, a¨²n parec¨ªa algo pensativa, aunque no dijo nada m¨¢s. En su interior, sin embargo, comenzaba a admitir que, aunque extra?o, Erik ten¨ªa un talento para encontrar soluciones pr¨¢cticas que nadie m¨¢s hab¨ªa considerado. Lera lleg¨® al lugar con pasos r¨¢pidos, su coleta alta balance¨¢ndose con cada movimiento mientras observaba la reuni¨®n alrededor de Erik y Arlea. Al notar el mont¨®n de lana, frunci¨® el ce?o, curiosa, y se acerc¨® con determinaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ hacen con la lana? ¡ªpregunt¨®, inclin¨¢ndose para tomar un pu?ado de lana entre sus manos. Frot¨® las fibras entre los dedos, sorprendida por su suavidad¡ª. ?C¨®mo lograron que se sienta as¨ª? ¡ªErik, ¡ªrespondi¨® Arlea con una sonrisa, se?al¨¢ndolo¡ª. Me ense?¨® c¨®mo suavizarla, golpe¨¢ndola con una rama. Lera levant¨® una ceja, dirigiendo su mirada anal¨ªtica a Erik. Hada, que estaba detr¨¢s, mir¨® fugazmente hacia ¨¦l, solo para apartar la vista al instante cuando ¨¦l gir¨® la cabeza en su direcci¨®n. ¡ª?Golpe¨¢ndola? ¡ªrepiti¨® Lera, con tono incr¨¦dulo¡ª. ?Esto lo hiciste t¨²? Erik asinti¨®, esbozando una peque?a sonrisa, mientras notaba algunas miradas curiosas a su alrededor. ¡ªEs un m¨¦todo que aprend¨ª hace tiempo. Es sencillo, pero muy efectivo. Ahora la lana es m¨¢s f¨¢cil de trabajar. Lera volvi¨® a concentrarse en la lana, claramente evaluando sus posibilidades. Las dem¨¢s chicas comenzaron a acercarse tambi¨¦n, curiosas, aunque Hada y Mika parec¨ªan mantener cierta distancia, robando miradas r¨¢pidas hacia Erik antes de centrarse en la lana. ¡ªEs incre¨ªble, ¡ªcoment¨® Hada, pas¨¢ndose la lana por la palma de la mano¡ª. Nunca pens¨¦ que podr¨ªa sentirse as¨ª. ¡ªNi yo, ¡ªdijo Mika en voz baja, aunque manten¨ªa su expresi¨®n reservada mientras miraba brevemente a Erik y volv¨ªa su atenci¨®n a las fibras. Lera, sin embargo, parec¨ªa absorta en sus pensamientos. ¡ªCon esta textura¡­ podr¨ªa intentar hacer algo con ella, ¡ªmurmur¨®, con un brillo de determinaci¨®n en los ojos. El grupo qued¨® en silencio por un momento, y luego Hada solt¨® una risa divertida para romper la tensi¨®n. ¡ª?T¨²? ?Trabajar con lana? ¡ªpregunt¨®, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Lera, siempre dices que no tienes paciencia para esto. ¡ªEs cierto, ¡ªa?adi¨® Suri, arqueando una ceja mientras observaba la nueva ropa de Erik ¡ª. La ¨²ltima vez que intentaste, dejaste todo a medias y volviste a las pieles antes de que siquiera empezaran a hilar. Incluso Jaia, que hab¨ªa estado observando con una sonrisa tranquila, intervino. ¡ªLera, querida, siempre has preferido las pieles. Nunca te gust¨® la lana. Lera frunci¨® el ce?o, sosteniendo el pu?ado de lana como si desafiara a las dem¨¢s. ¡ªS¨ª, pero nunca he trabajado con lana as¨ª de suave. Esto¡­ esto es diferente. ¡ª?Est¨¢s diciendo que vas a dejar las pieles? ¡ªpregunt¨® Hada con escepticismo, aunque de reojo miraba hacia Erik, sonroj¨¢ndose un poco cuando ¨¦l levant¨® la vista hacia ellas. ¡ªNo dije que las voy a dejar, ¡ªreplic¨® Lera, enderez¨¢ndose¡ª. Solo quiero probar. Las chicas intercambiaron miradas sorprendidas, claramente intrigadas por su repentina decisi¨®n. Erik, aunque un poco desconcertado, mantuvo una sonrisa amable mientras bajaba la rama al suelo. ¡ªSi quieres intentarlo, puedo ayudarte, ¡ªofreci¨® Erik, mir¨¢ndola directamente, lo que provoc¨® un breve rubor en el rostro de Lera que ella intent¨® disimular r¨¢pidamente. ¡ªEst¨¢ bien, ¡ªdijo, con un leve titubeo en su voz¡ª. Pero si esto no funciona, volver¨¦ a las pieles. ¡ªEso suena justo, ¡ªrespondi¨® Erik, retomando la rama para seguir trabajando. Mientras los golpes resonaban en el aire, las chicas se quedaron cerca, observando con fascinaci¨®n. Algunas segu¨ªan desviando la mirada, la nueva ropa de Erik, extra?amente parec¨ªa muy c¨®moda, pero no pod¨ªan evitar sentir curiosidad. ¡ª?Creen que realmente lo har¨¢? ¡ªsusurr¨® Suri a Hada, intentando distraerse. ¡ªNo lo s¨¦, ¡ªrespondi¨® Hada, a¨²n con un leve rubor en sus mejillas¡ª. Pero si lo logra, ser¨¢ algo que nunca pens¨¦ ver. Incluso Jaia y las gemelas no pudieron evitar sonre¨ªr al imaginar a Lera, con su conocida impaciencia, lidiando con algo tan delicado como la lana. ¡ªQuiz¨¢s Erik tenga un talento especial para cambiar opiniones, ¡ªcoment¨® Alisha con una sonrisa traviesa, observando c¨®mo Lera lanzaba miradas fugaces a Erik mientras ¨¦l trabajaba. El grupo solt¨® risitas, mientras Lera intentaba ignorarlas y se enfocaba en su nueva idea, determinada a demostrarles que pod¨ªa hacerlo. El sol ba?aba el claro cerca del r¨ªo, donde Erik y las chicas decidieron ayudar ya que les pareci¨® divertido golpear con ramas y comenzaron a trabajar con entusiasmo. Las ramas golpeaban r¨ªtmicamente la lana, suavizando las fibras y dejando un ambiente lleno de risas y energ¨ªa. Algunas chicas, como Suri y Hada, compet¨ªan por ver qui¨¦n lograba hacer m¨¢s suave su secci¨®n, mientras que otras, como Mika, lo hac¨ªan con menos entusiasmo pero con igual dedicaci¨®n. ¡ª?Qui¨¦n dir¨ªa que golpear lana podr¨ªa ser tan entretenido? ¡ªdijo Becca, mientras daba un golpe firme con su rama. ¡ªEs entretenido porque no tienes que hacerlo todo el d¨ªa, ¡ªrespondi¨® Mika con una sonrisa ir¨®nica. Hada se ri¨®. ¡ªBueno, no es tan aburrido como recoger le?a, ?verdad? Mientras tanto, Erik trabajaba en silencio, concentrado. Aunque disfrutaba del ambiente animado, sus pensamientos estaban en el siguiente paso del proyecto. Ya hab¨ªa una buena cantidad de lana suave, suficiente para lo que ten¨ªa en mente. Sin embargo, no contaba con que alguien descubriera sus intenciones tan pronto. Durante un descanso, mientras todas dejaban sus ramas a un lado y beb¨ªan agua y com¨ªan algunas frutas, Suri mir¨® la pila de lana reci¨¦n trabajada con ojos curiosos. Sin pensarlo mucho, se tir¨® sobre ella con los brazos abiertos, ri¨¦ndose. ¡ª?Es tan suave! ¡ªexclam¨®, rodando sobre la lana como si fuera un tronco. Las otras chicas se giraron hacia ella, sorprendidas al principio, pero luego comenzaron a re¨ªr tambi¨¦n. ¡ªSuri, ?Qu¨¦ haces? ¡ªpregunt¨® Arlea, divertida. ¡ªSolo digo... ¡ªrespondi¨® Suri, sent¨¢ndose en la lana con una expresi¨®n so?adora¡ª, ?se imaginan dormir sobre algo tan suave como esto? Las palabras de Suri dejaron a Erik inm¨®vil por un segundo. Sab¨ªa que aquello llamar¨ªa la atenci¨®n de las dem¨¢s, y efectivamente, Becca fue la primera en fruncir el ce?o. ¡ªEspera un momento... ¡ªdijo, mirando a Erik con sospecha. ¡ª?Por qu¨¦ est¨¢s tan nervioso y callado? Erik intent¨® responder con calma. ¡ªSolo pensaba en lo bien que est¨¢n haciendo el trabajo. ¡ªEso suena como una excusa, ¡ªcoment¨® Hada, cruzando los brazos. Mika, siempre desconfiada, lanz¨® una mirada directa a Erik. ¡ªAlgo nos est¨¢s ocultando. ¡ª?De qu¨¦ hablas? ¡ªrespondi¨® Erik con un tono tranquilo, aunque su mente ya estaba buscando una forma de evadir las preguntas.Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. Lera, que siempre estaba alerta a cualquier cosa que implicara materiales nuevos, cruz¨® los brazos y mir¨® fijamente la pila de lana. ¡ªNo soy experta en lana, pero s¨¦ reconocer cuando alguien est¨¢ planeando algo. ?Qu¨¦ piensas hacer con todo esto? Antes de que Erik pudiera responder, Mika agreg¨®: ¡ªExacto. No es normal que alguien lave y suavice tanta lana. ?Qu¨¦ tienes en mente? Suri, a¨²n sentada en la lana, se?al¨® a Erik con una sonrisa. ¡ª?Yo creo que esto es m¨¢s que solo golpear lana! ?Qu¨¦ est¨¢s tramando? Antes de que Erik pudiera decir algo, las mayores, que hab¨ªan estado supervisando a cierta distancia, se acercaron al grupo. Jaia, con su habitual calma, sonri¨® y tom¨® asiento junto a las chicas. ¡ªBueno, parece que no podemos guardar el secreto por m¨¢s tiempo, ¡ªdijo, mirando a Erik con aprobaci¨®n. ¡ª?Secreto? ¡ªpregunt¨® Mika, levantando una ceja. ¡ªEl secreto de lo que Erik quer¨ªa hacer con esta lana, ¡ªrespondi¨® Alisha. ¡ªQuiere hacer colchones. Las chicas se miraron, confundidas al principio. ¡ª?Colchones? ¡ªrepiti¨® Arlea. Erik asinti¨®. ¡ªEs como una base suave para dormir. Se colocara despu¨¦s de los troncos que usan de base, y encima reci¨¦n vendr¨¢n las pieles. De inmediato, un coro de preguntas surgi¨® de las chicas. ¡ª?C¨®mo lo har¨ªas? ¡ªpregunt¨® Hada. ¡ª?Para todas? ¡ªa?adi¨® Becca. ¡ª?Es una idea incre¨ªble! ¡ªdijo Suri, ya emocionada. ¡ªEse es el plan, ¡ªdijo Erik, rasc¨¢ndose la cabeza, con una risa algo nerviosa ante tantas preguntas. Las mayores asintieron con aprobaci¨®n, mientras las chicas intercambiaban miradas emocionadas. Jaia sonri¨®. ¡ªYa saben lo que tienen que hacer entonces. Ayudarlo para que esto avance m¨¢s r¨¢pido. El sol comenzaba a ocultarse detr¨¢s de las monta?as, ba?ando la aldea con una luz c¨¢lida y dorada. En medio de todo, se escuchaban los constantes golpes de ramas contra montones de lana cruda. Erik trabajaba codo a codo con las chicas, usando una rama gruesa para golpear la lana y suavizarla. ¡ª¡°Esto deber¨ªa considerarse un castigo, mis brazos no van a perdonarme por esto.¡± murmur¨® Hada mientras dejaba caer su rama al suelo, sacudiendo sus manos adoloridas. Su cabello, normalmente liso y bien cuidado, estaba ahora lleno de peque?os trozos de lana dif¨ªciles de quitar. Erik, con la frente perlada de sudor, ri¨® mientras continuaba golpeando con fuerza constante. ¡ª¡°Bienvenida al mundo del trabajo duro, Hada. Cr¨¦eme, cuando veas el resultado, olvidar¨¢s todo el esfuerzo.¡± ¡ª¡°No s¨¦ si quiero saber c¨®mo ser¨ªa ese resultado,¡± replic¨® Mika, aunque su tono ten¨ªa un matiz de curiosidad. Suri, por su parte, hab¨ªa dejado de golpear y estaba sentada cerca de un mont¨®n de lana ya trabajada. ¡ª¡°Mis brazos ya no dan para m¨¢s,¡± dijo, masaje¨¢ndose los hombros. ¡ª¡°Voy a encargarme de guardar la lana lista mientras descanso un poco. ?Te parece bien, Erik?¡± ¡ª¡°Perfecto,¡± respondi¨® Erik, sin detener su movimiento. ¡ª¡°Es importante que tengamos la lana organizada. Gracias, Suri.¡± Suri asinti¨®, recogiendo con cuidado los montones de lana m¨¢s suaves y guard¨¢ndolos en varios sacos. Aunque sus brazos dol¨ªan, sent¨ªa cierta satisfacci¨®n al ver el progreso que hab¨ªan hecho. Mika mir¨® a Erik con desconfianza, pero hab¨ªa algo en su tono que le hac¨ªa pensar que realmente estaba comprometido con lo que hac¨ªa. ¡ª¡°Espero que valga la pena,¡± dijo finalmente. Mientras el trabajo continuaba, Erik no se detuvo ni un momento, motivando a las chicas con palabras de aliento. Golpeaba con fuerza y ritmo, demostrando que estaba tan involucrado como ellas en el proyecto. Finalmente, el sol comenz¨® a esconderse detr¨¢s de las monta?as, marcando el final de la jornada. ¡ª¡°Eso es suficiente por hoy,¡± dijo Erik, soltando su rama y estir¨¢ndose. ¡ª¡°Han hecho un gran trabajo.¡± Suri se levant¨®, con el saco de lana a cuestas. ¡ª¡°Espero que esto realmente sea algo especial, Erik,¡± dijo, entre cansancio y broma. ¡ª¡°Lo ser¨¢,¡± respondi¨® Erik con confianza. ¡ª¡°Solo un poco de paciencia, y lo ver¨¢n.¡± Mientras las chicas se dirig¨ªan a sus caba?as, Erik qued¨® atr¨¢s un momento, observando los montones de lana procesada. Para ¨¦l, esto era m¨¢s que un proyecto pr¨¢ctico; era una forma de mostrar su aprecio por todas ellas y su disposici¨®n a contribuir a la aldea. Mika, caminando a su lado, lo mir¨® de reojo. Aunque no dec¨ªa nada, en su mente rondaba la pregunta de qu¨¦ era exactamente lo que Erik estaba planeando. Una parte de ella quer¨ªa saber, pero otra parte disfrutaba del misterio. Y mientras la noche ca¨ªa, todas, a pesar del cansancio, empezaban a sentir curiosidad por la sorpresa que Erik ten¨ªa preparada. Esa noche, mientras el grupo descansaba, Erik comenz¨® a planificar los detalles para hacer mas colchones para todas, por ahora solo habria lana para unos tres. Sab¨ªa que tardar¨ªa varias semanas o meses para el resto, pero con la ayuda de las chicas, el proyecto podr¨ªa avanzar m¨¢s r¨¢pido de lo que esperaba. Cada golpe de las ramas y cada risa que escuchaba le recordaban que este era un esfuerzo colectivo, algo que mejorar¨ªa la vida de todos en la aldea. La fogata crepitaba suavemente en la tranquila noche, mientras las chicas se acomodaban alrededor, relajadas despu¨¦s de un d¨ªa de trabajo. Erik, decidido a compartir algo nuevo, empez¨® a contarles una historia. ¡ªLes voy a contar una historia de fantas¨ªa ¡ªdijo, sonriendo con complicidad¡ª. Es solo algo que se inventa, algo que no es real, pero muy divertido. Las chicas se miraron entre s¨ª, confundidas. Mika, como siempre, frunci¨® el ce?o. ¡ª?Fantas¨ªa? ?Qu¨¦ es eso? ¡ªpregunt¨®. Erik pens¨® un momento, buscando una manera sencilla de explicarlo. ¡ªEs como... algo que solo existe en la imaginaci¨®n. No es real, pero nos hace pensar, so?ar, entretenernos. Las historias de fantas¨ªa no necesitan ser verdaderas. Suri, curiosa, asinti¨® lentamente, mientras Becca parec¨ªa interesada. Pero Mika no dejaba de mirar con desconfianza. ¡ª?Entonces, todo eso que contar¨¢s no es cierto? ¡ªpregunt¨® Becca, tratando de comprender. ¡ªExacto ¡ªconfirm¨® Erik, sonriendo¡ª. Es solo para imaginar, distraerse. Ahora, escuchen. Erik comenz¨® su relato. Les habl¨® de una hero¨ªna llamada Suri, que viv¨ªa en un mundo lejano y peligroso, donde enfrentaba seres del espacio. Junto a su compa?era Hada, luchaba contra esos seres, siempre venciendo. Las chicas escuchaban, cautivadas, aunque algo desconcertadas por la idea de "seres del espacio" y "aventuras". A medida que avanzaba, mencion¨® a Becca como la estratega, a Lera como la creadora de herramientas, y describi¨® c¨®mo todas trabajaban juntas para superar desaf¨ªos. Cuando lleg¨® el momento m¨¢s emocionante de la historia, Erik mir¨® a las chicas con una sonrisa amplia. ¡ªY cuando todo parec¨ªa perdido, la hero¨ªna, se transform¨®. Algo incre¨ªble ocurri¨®, su poder creci¨®, sus ojos caf¨¦s pasaron a ser azules y brillaron y su fuerza aument¨® m¨¢s de lo que imaginaban. ?Se convirti¨® en algo mucho m¨¢s fuerte! Las chicas se quedaron en silencio, los ojos abiertos, sin saber exactamente qu¨¦ estaba describiendo. Erik se inclin¨® hacia adelante, con un brillo en los ojos. ¡ªSuri se transform¨® en... ?super suri! ?Una fuerza que nadie pod¨ªa detener! Pero justo cuando parec¨ªa que su poder no ten¨ªa l¨ªmites... Erik hizo una pausa dram¨¢tica, observando las reacciones de las chicas. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªpregunt¨® Suri, casi sin darse cuenta de lo que dec¨ªa, ansiosa por saber mas. Erik sonri¨®, mirando a todas las chicas alrededor de la fogata, y las dej¨® en suspenso. ¡ªEso... lo dejar¨¦ para despu¨¦s. ¡ªdijo con una risa, disfrutando del momento¡ª. Dejar las historias en el momento m¨¢s interesante es parte de la diversi¨®n, ?no? Las chicas se miraron entre s¨ª, sintiendo la frustraci¨®n de no saber qu¨¦ pasar¨ªa, pero la sonrisa de Erik las hac¨ªa entender que no podr¨ªan obtener la respuesta esa noche. ¡ª?No es justo! ¡ªprotest¨® Hada, mientras las dem¨¢s tambi¨¦n se mostraban impacientes. ¡ªAs¨ª es como funciona una buena historia ¡ªrespondi¨® Erik con una sonrisa p¨ªcara¡ª. Les dejar¨¦ con ganas de saber m¨¢s. Al final, la espera hace que lo que sigue sea a¨²n m¨¢s emocionante. Con eso, las chicas suspiraron, algo decepcionadas pero tambi¨¦n intrigadas. El misterio quedaba flotando en el aire, mientras el crepitar del fuego les recordaba que, aunque esa noche no sabr¨ªan c¨®mo terminaba, lo har¨ªan en otro momento. Hab¨ªan pasado varios d¨ªas desde que Erik hab¨ªa comenzado a contarles historias de fantas¨ªa y acci¨®n a las chicas, y las emociones provocadas por las aventuras de la hero¨ªna y h¨¦roes segu¨ªan muy presentes en las mentes de las j¨®venes. En especial, Suri no pod¨ªa dejar de pensar en la protagonista que derrotaba esos seres del espacio y luchaba con fuerza. Parec¨ªa que no hab¨ªa podido soltar la historia ni por un momento. Mientras todas trabajaban en sus tareas diarias, Suri estaba especialmente inquieta. Despu¨¦s de escuchar por en¨¦sima vez sobre la "Hero¨ªna" y las aventuras de los h¨¦roes, la joven no pudo resistirse m¨¢s a la tentaci¨®n. Corri¨® por la aldea, alzando un cuchar¨®n de madera como si fuera una espada y comenz¨® a saltar de un lado a otro, como si estuviera librando una batalla ¨¦pica en medio de la aldea. ¡ª?Soy Suri, la hero¨ªna que salva el mundo! ¡ªgritaba con entusiasmo, mientras su voz resonaba por todo el lugar. Hada, que estaba cerca y ya conoc¨ªa bien el tipo de travesuras de Suri, no pudo resistir la tentaci¨®n y se uni¨® a ella. Ambas comenzaron a corretear por la aldea, esquivando piedras imaginarias, saltando sobre troncos y enfrent¨¢ndose a enemigos invisibles, como si fueran las hero¨ªnas del cuento legendario. ¡ª?Yo tambi¨¦n soy una hero¨ªna! ¡ªexclamaba Hada, levantando un palo que hab¨ªa recogido, simulando ser una lanza, mientras corr¨ªa a su lado. La diversi¨®n de las chicas se extendi¨® por toda la aldea, lo que llam¨® la atenci¨®n de las dem¨¢s, que las miraban con una mezcla de diversi¨®n y un toque de cansancio. Becca, que estaba cerca, observaba c¨®mo las chicas corr¨ªan y saltaban. Solo suspir¨®, sin sorprenderse. Sab¨ªa que Suri era impredecible, pero que Hada la acompa?ara solo le parec¨ªa un reflejo de lo que hab¨ªa ocurrido las noches de la historias. Mika, que se encontraba cerca, no pudo evitar ver el alboroto. Aunque en su rostro hab¨ªa una ligera expresi¨®n de incredulidad, la situaci¨®n le sac¨® una sonrisa involuntaria. Ya no era la primera vez que Suri se dejaba llevar por su entusiasmo, pero no pod¨ªa evitar pensar que, si algo la manten¨ªa ocupada y entretenida, tal vez era algo positivo. Lera, que estaba cerca de la zona de cocina, tambi¨¦n observaba, entre divertida y preocupada por lo que estaba ocurriendo. No quer¨ªa que el alboroto afectara demasiado a las tareas de todos, pero, por otro lado, no dejaba de re¨ªr por la actitud tan desbordante de las chicas. Suri, completamente perdida en su rol de hero¨ªna, salt¨® sobre una roca, con el cuchar¨®n levantado en se?al de victoria, y luego se gir¨® hacia las dem¨¢s. ¡ª?Chicas, el mundo est¨¢ a salvo! ?He derrotado a todos los seres del espacio! ¡ªdijo mientras daba una vuelta dram¨¢tica, convencida de su haza?a. En ese momento, corri¨® hacia las dem¨¢s, todav¨ªa levantando el cuchar¨®n como un trofeo, con Hada sigui¨¦ndola de cerca, y lleg¨® a la mesa de comer donde se hab¨ªan sentado. Todas miraban con una mezcla de diversi¨®n, asombro y, sobre todo, resignaci¨®n. Becca no pudo evitar soltar una risa suave, pero lo que dijo Mika fue m¨¢s directa: ¡ªSuri, ?realmente no puedes dejar de actuar como la hero¨ªna, eh? ¡ªpregunt¨®, sin poder ocultar una sonrisa. ¡ª?Es que soy una hero¨ªna de verdad! ¡ªrespondi¨® Suri con entusiasmo¡ª. ?Y pronto ser¨¢ el turno de todas ustedes! Lera, aunque m¨¢s contenida, tambi¨¦n se vio obligada a re¨ªr ante la situaci¨®n. No pod¨ªa creer lo que ve¨ªa, pero el ver la alegr¨ªa de Suri y Hada, y la forma en que se sumerg¨ªan en su mundo de fantas¨ªa, era algo contagioso. Entonces, Erik, que hab¨ªa estado observando, vio c¨®mo las chicas no pod¨ªan dejar de mirarlo con una mezcla de risa y reproche. Eran las consecuencias de sus historias. ¡ªLo siento, chicas ¡ªdijo, mir¨¢ndolas, con una sonrisa algo avergonzada¡ª. Creo que ya no contar¨¦ m¨¢s historias de fantas¨ªa y de acci¨®n... parece que me estoy metiendo en problemas. Las chicas, entre risas y miradas c¨®mplices, se dieron cuenta de que todo esto hab¨ªa sido causado por las historias de Erik, y aunque hab¨ªa sido divertido al principio, ya se hab¨ªa salido un poco de control. ¡ª?No puedes detenerte ahora! ¡ªdijo Hada, divertida, mientras Suri corr¨ªa de nuevo, levantando el cuchar¨®n. Erik suspir¨®, sabiendo que las historias, aunque emocionantes, tambi¨¦n tra¨ªan consecuencias inesperadas. Una ma?ana, despu¨¦s de varios d¨ªas de ca¨®tico entusiasmo generado por las historias, Erik se encontraba sentado en una roca cerca del r¨ªo, observando a las chicas mientras continuaban con sus tareas. A lo lejos, escuchaba las risas y gritos de Suri, quien segu¨ªa emulando a los personajes de las historias que ¨¦l les hab¨ªa contado. Suri, por ejemplo, estaba persiguiendo a Hada por todo el claro de la aldea, ambas saltando y esquivando obst¨¢culos imaginarios con barras de madera en la mano, como si estuvieran luchando contra monstruos invisibles. ¡ªEsto ya se me est¨¢ yendo de las manos... ¡ªmurmur¨® Erik para s¨ª mismo, rasc¨¢ndose la nuca mientras ve¨ªa el espect¨¢culo que se desarrollaba frente a ¨¦l. Al principio, las historias le parecieron una forma divertida de introducir a las chicas en conceptos de fantas¨ªa y aventura, pero ahora, al ver c¨®mo Suri se tomaba tan en serio el rol de hero¨ªna, se dio cuenta de que quiz¨¢s hab¨ªa sido demasiado intenso para ella. El simple hecho de que las chicas comenzaran a realizar batallas imaginarias entre ellas no era el tipo de resultado que ¨¦l hab¨ªa anticipado. Dej¨® escapar un suspiro, pensando en c¨®mo podr¨ªa calmar un poco las cosas. Quer¨ªa que las historias fueran una forma de acercarse m¨¢s a las chicas, no de crear caos en la aldea. Sin embargo, no sab¨ªa c¨®mo cambiar su enfoque sin decepcionarlas. Despu¨¦s de todo, ¨¦l disfrutaba de su compa?¨ªa, y entend¨ªa que las historias les resultaban emocionantes, pero hab¨ªa algo en la forma en que las chicas se dejaban arrastrar por ellas que lo hac¨ªa sentir un poco culpable. ¡ªTal vez podr¨ªa contar algo m¨¢s tranquilo... ¡ªpens¨®, mientras observaba c¨®mo Suri, con una gran sonrisa en su rostro, saltaba sobre una piedra como si fuera una roca flotante en medio de un mar lleno de criaturas. En ese momento, Mika apareci¨® desde la aldea, con su habitual expresi¨®n de desconfianza, pero al ver a Erik, su mirada se suaviz¨® ligeramente. Ella le lanz¨® una mirada que dejaba claro que tambi¨¦n hab¨ªa notado el caos que las historias hab¨ªan causado. ¡ª?En qu¨¦ pensabas? ¡ªpregunt¨® Mika, su tono ligeramente curioso. ¡ªNada... ¡ªErik sonri¨® t¨ªmidamente, tratando de disimular la incomodidad. ¡ªSolo pensaba en c¨®mo hacer las cosas un poco m¨¢s... tranquilas. Quiz¨¢s algo menos... explosivo. Mika lo mir¨®, sabiendo exactamente a qu¨¦ se refer¨ªa. Los d¨ªas de acci¨®n sin descanso parec¨ªan estar afectando incluso a las m¨¢s calmadas de las chicas. ¡ªS¨ª... creo que tal vez tus historias deber¨ªan tener un descanso. ?Qu¨¦ tal algo m¨¢s... relajante? ¡ªsugiri¨® Mika, cruz¨¢ndose de brazos mientras observaba a las dem¨¢s. ¡ªEso es lo que pensaba ¡ªrespondi¨® Erik, aliviado de escuchar que Mika lo entend¨ªa. ¡ªAlgo m¨¢s tranquilo, tal vez sobre un lugar bonito, con criaturas suaves o... historias de viajes. Algo en lo que no se tenga que correr o pelear todo el tiempo. Erik mir¨® hacia el horizonte, viendo c¨®mo las chicas segu¨ªan jugando. Suri, como siempre, lideraba el juego, pero ahora tambi¨¦n pod¨ªa ver que algunas de las chicas, como Arlea y Lera, observaban desde lejos, con una mezcla de diversi¨®n y ligera preocupaci¨®n. ¡ªS¨ª, una historia donde no haya peleas, solo aventuras de viajes... ¡ªdijo Erik para s¨ª mismo, con una sonrisa pensativa. Mika asinti¨®, comprendiendo que Erik quer¨ªa continuar conectando con las chicas, pero de una manera m¨¢s calmada, algo que pudieran disfrutar sin que se convirtiera en un caos. ¡ªAlgo de viajes... ¡ªrepiti¨® Mika, con una leve sonrisa. ¡ªEso suena bien. Pero prom¨¦teme que ser¨¢ menos... agitado. ¡ªLo prometo ¡ªrespondi¨® Erik, alzando la mano en se?al de juramento¡ª. ?Solo historias tranquilas a partir de ahora! Antes de que Mika pudiera irse, Suri, con una rapidez impresionante, salt¨® de repente sobre la espalda de Erik, lanzando un grito exagerado de guerra. ¡ª?Te tengo, ser del espacio! ¡ªgrit¨® Suri con entusiasmo, como si fuera una hero¨ªna en plena batalla. La voz de Suri sonaba llena de energ¨ªa, como si estuviera a punto de derrotar a un temible enemigo. Erik, que ya hab¨ªa aprendido a esperar lo inesperado de Suri, no se lo pens¨® dos veces. Con un suspiro teatral y una risita nerviosa, se dej¨® desplomar al suelo, cayendo con suavidad sobre la tierra algo caliente. ¡ª?Noooo! ¡ªgrit¨® Erik, fingi¨¦ndose asustado mientras se retorc¨ªa, como si estuviera atrapado en las garras de una criatura feroz¡ª. ?No es justo! ?Tu forma de "Super Suri" es demasiado poderosa! ?Te suplico, no me hagas nada! Suri no pod¨ªa evitar re¨ªrse al escuchar las palabras de Erik. El juego de roles que hab¨ªa iniciado hac¨ªa poco se hab¨ªa convertido en una especie de tradici¨®n entre ellos, pero hoy, parec¨ªa que su energ¨ªa estaba al l¨ªmite. Mientras tanto, Erik intentaba moverse, pero la fuerza de su agarre era inquebrantable. Sin embargo, justo cuando pensaba que ya hab¨ªa encontrado una salida para escapar de su grip, sinti¨® otro peso repentino que lo derrap¨® de nuevo al suelo. Un peso adicional que lo dej¨® casi sin aliento. ¡ª?Y ahora yo! ¡ªexclam¨® Hada, con la misma emoci¨®n que Suri. Hada se hab¨ªa sentado sobre su espalda sin que ¨¦l se diera cuenta, tomando el rol de una guerrera imponente, imitando la postura de un personaje invencible. Erik se qued¨® inmovilizado por un momento, sorprendido por lo que acababa de ocurrir. Suri y Hada, entre risas, se manten¨ªan firmemente sobre ¨¦l, cada una en su propio papel de hero¨ªna, mientras ¨¦l trataba de liberarse, pero sin ¨¦xito. ¡ª?Es imposible! ¡ªgimi¨® Erik, fingiendo desesperaci¨®n mientras sent¨ªa el peso de las dos chicas, pero a la vez disfrutaba de la diversi¨®n y las risas. ¡ª?Esto no es justo! ?No puedo escapar de dos super guerreras al mismo tiempo! ?D¨®nde est¨¢ Mika para salvarme? Mika, que hab¨ªa estado observando la escena, no pudo evitar soltar una leve sonrisa al ver c¨®mo las chicas se divert¨ªan sobre Erik. Se cruz¨® de brazos y sacudi¨® la cabeza. ¡ªCreo que lo que necesita es un rescate... ¡ªdijo, m¨¢s para s¨ª misma que para las dem¨¢s, con una sonrisa de complicidad. Aunque no estaba segura de si deb¨ªa intervenir o dejar que Erik viviera su "mala suerte", se sinti¨® algo aliviada de ver que al menos las chicas no se estaban tomando demasiado en serio las historias de acci¨®n. Suri y Hada segu¨ªan luchando por mantener el control sobre Erik, y este, entre risas, segu¨ªa rogando por su vida mientras fing¨ªa estar completamente atrapado. A lo lejos, algunas de las chicas que se hab¨ªan reunido a observar comenzaban a re¨ªrse al ver el alboroto. ¡ª?Erik, ya no tienes escapatoria! ¡ªgrit¨® Suri con fuerza, mientras Hada asent¨ªa como si fuera una l¨ªder imparable. Erik, todav¨ªa en el suelo, solo pod¨ªa re¨ªr y pensar que, tal vez, este tipo de caos era m¨¢s de lo que hab¨ªa anticipado cuando comenz¨® a contar sus historias. Pero, en medio de todo, se dio cuenta de que estas peque?as bromas y momentos de diversi¨®n eran lo que realmente le tra¨ªan alegr¨ªa en este extra?o mundo. Erik, atrapado bajo el peso de Suri y Hada, decidi¨® usar su imaginaci¨®n para cambiar el rumbo de la "batalla". Alzando la voz dram¨¢ticamente, declar¨®: ¡ª?Pero qu¨¦ es lo que veo en el cielo! ?Un sol amarillo! ?El poder de un guerrero invencible ha sido llamado! Suri, al escuchar esto, detuvo su juego de inmediato. Su expresi¨®n pas¨® de triunfante a preocupada en un instante. ¡ª?Eso no es justo! ¡ªgrit¨®, apart¨¢ndose de Erik y poni¨¦ndose en pie¡ª. ?¨¦l es mucho m¨¢s poderoso que Super Suri! Dicho esto, Suri comenz¨® a correr en c¨ªrculos, pensando r¨¢pidamente en un nuevo plan para enfrentarse a un poder tan abrumador. Su imaginaci¨®n volaba mientras se alejaba, ideando alguna nueva t¨¢ctica que pudiera devolverle la ventaja. Mientras tanto, Hada permanec¨ªa en su lugar, sentada c¨®modamente sobre la espalda de Erik, con una sonrisa traviesa en el rostro. ¡ª?Super Suri podr¨¢ huir, pero yo no me rindo! ¡ªanunci¨®, ajust¨¢ndose en su posici¨®n como si fuera a quedarse ah¨ª por siempre. Erik suspir¨® con una sonrisa cansada. ¡ªEst¨¢ bien, Hada, pero si quieres quedarte ah¨ª, tendr¨¢s que ver c¨®mo me levanto. Prep¨¢rate. Con algo de esfuerzo, Erik empez¨® a incorporarse, usando sus brazos para impulsarse. Al sentir que ¨¦l realmente se mov¨ªa, Hada reaccion¨® de inmediato, aferr¨¢ndose con fuerza para no caerse. Sus brazos rodearon el cuello y los hombros de Erik, y en su intento por mantener el equilibrio, sus pechos presionaron contra la espalda de Erik. Erik sinti¨® el contacto, pero, manteniendo la compostura, decidi¨® no darle importancia. ¡ª?Est¨¢s bien ah¨ª atr¨¢s? ¡ªpregunt¨® con tono ligero, mientras poco a poco lograba ponerse en pie. La risa de Hada resonaba mientras segu¨ªa en la espalda de Erik, sus brazos abraz¨¢ndolo firmemente para no caer. ¡ª?No te rindas, Erik! ?Vamos, lev¨¢ntate, quiero ver si puedes hacerlo! ¡ªdijo Hada entre risas, sin soltarlo. Erik, con un resoplido y algo de esfuerzo, apoy¨® sus manos en el suelo para impulsarse hacia arriba. Cada movimiento era medido, sus m¨²sculos tens¨¢ndose mientras buscaba el equilibrio con Hada aferr¨¢ndose a ¨¦l. Desde una distancia prudente, Mika observaba la escena con los brazos cruzados. Su expresi¨®n seria se transform¨® lentamente en una mezcla de asombro y desconcierto. ¡ª?De verdad puede levantarse as¨ª...? ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma, incapaz de apartar la mirada, mientras Erik se incorporaba poco a poco, a pesar del peso adicional. Finalmente, Erik se puso de pie, jadeando ligeramente, pero con una sonrisa triunfante. ¡ª?Hecho! ¡ªdijo, mirando de reojo a Hada¡ª. ?Contenta ahora? Hada, todav¨ªa abrazada a su espalda, solt¨® una risita. ¡ª?S¨ª! Pero no pienso bajarme todav¨ªa. M¨¢s all¨¢, Becca y Jaia estaban sentadas bajo un ¨¢rbol, observando la escena con inter¨¦s. Becca arque¨® una ceja, impresionada. ¡ª?Viste eso? ¡ªpregunt¨® Becca, mirando a Jaia. La mujer mayor asinti¨® con calma, una leve sonrisa en sus labios. ¡ªEse joven tiene m¨¢s fuerza de la que aparenta. No cualquiera logra algo as¨ª con tanta facilidad ¡ªcoment¨® Jaia, observando a Erik con una mirada reflexiva. De repente, un grito entusiasta interrumpi¨® sus pensamientos. ¡ª?Yo tambi¨¦n quiero ser cargada! ¡ªgrit¨® Suri, quien hab¨ªa estado observando desde un lado, completamente entusiasmada por lo que acababa de presenciar. Antes de que Erik pudiera reaccionar, Suri corri¨® hacia ¨¦l y, con un salto ¨¢gil, se abraz¨® al frente de su torso. ¡ª?Atr¨¢pame, ser del espacio! ¡ªexclam¨®, riendo mientras se aferraba con fuerza a Erik. Erik, sorprendido, tropez¨® ligeramente, tratando de mantener el equilibrio con Hada todav¨ªa en su espalda y ahora Suri abrazada al frente. ¡ª?Espera, Suri! ?Esto no es justo! ¡ªdijo Erik entre risas, tambale¨¢ndose un poco pero logrando estabilizarse. Mika, a¨²n en su lugar, abri¨® los ojos con incredulidad. ¡ª?C¨®mo... c¨®mo puede con ambas? ¡ªse pregunt¨®, perpleja ante lo que estaba viendo. Becca cruz¨® los brazos, su expresi¨®n mezcla de curiosidad y admiraci¨®n. ¡ªTal vez no sea tan d¨¦bil como parece ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma, mientras Jaia soltaba una leve carcajada. ¡ªEse chico es un misterio ¡ªdijo Jaia, con la tranquilidad que la caracterizaba. Finalmente, Erik, con esfuerzo pero sin perder el buen humor, dio un paso hacia adelante, cargando a ambas chicas. ¡ªEst¨¢ bien, esto ya es demasiado. ?Super Suri y Guerrera Hada, me rindo! ¡ªdijo con algo de cansancio mientras ambas re¨ªan, divertidas. Hada y Suri finalmente bajaron de Erik, riendo y proclam¨¢ndose victoriosas tras "derrotar" al supuesto enemigo del espacio. ¡ª?Super Suri y la Guerrera Hada, invencibles! ¡ªexclam¨® Suri, levantando los brazos mientras Hada re¨ªa a carcajadas. Erik, con una sonrisa cansada, se sacudi¨® el polvo de la ropa y tom¨® aire profundamente. ¡ªS¨ª, s¨ª, invencibles... pero yo necesito un respiro ¡ªdijo, haci¨¦ndolas re¨ªr a¨²n m¨¢s. Las chicas se alejaron, entretenidas, mientras Erik se quedaba unos momentos m¨¢s en el lugar, observando el entorno con una expresi¨®n pensativa. Luego, sin decir nada, empez¨® a caminar hacia la zona donde se encontraba Mika, observando la proeza realizada, aunque sus ojos estaban fijos en ¨¦l desde el momento en que empez¨® a moverse. Cuando vio que Erik se acercaba, Mika, se escondi¨® intentando no ser vista. Desde all¨ª lo observ¨® pasar lentamente, con las manos apoyadas en la cintura y los hombros relajados tras el esfuerzo. Mientras caminaba, Erik murmur¨® en voz baja, lo suficiente para que Mika alcanzara a escuchar: ¡ªVaya... Creo que estoy m¨¢s oxidado de lo que pensaba. Estuve demasiado tiempo sin esforzar los m¨²sculos ¡ªcoment¨®, estirando los brazos con cuidado y moviendo los hombros tratando de relajarlos¡ª. Si algo malo llegara a pasar... No estoy en buenas condiciones. Mika frunci¨® el ce?o, conteniendo la respiraci¨®n para no delatarse. ¡ªDebo volver a ponerme en forma ¡ªcontinu¨® Erik, su tono m¨¢s decidido¡ª. Si hay alg¨²n peligro... Debo estar listo para protegerlas, despu¨¦s de todo ahora ellas son... mi ¨²nica familia. Mika abri¨® los ojos, sorprendida. Lo observ¨® alejarse, a¨²n sumido en sus pensamientos, y sinti¨® una mezcla de emociones dif¨ªciles de descifrar. Hab¨ªa algo en su voz, en la manera en que lo dec¨ªa, que no encajaba con la imagen que ella hab¨ªa tenido de ¨¦l. ¡ª"Protegernos..., su familia" pens¨® Mika, sus labios fruncidos en una l¨ªnea fina. No pod¨ªa negar que esas palabras despertaban algo en ella. Aunque segu¨ªa siendo precavida, era dif¨ªcil ignorar los hechos: Erik no solo era fuerte, sino que usaba esa fuerza para ayudar, no para imponer. Mientras lo ve¨ªa alejarse, Mika se qued¨® en silencio, pregunt¨¢ndose si sus propios prejuicios la hab¨ªan llevado a juzgarlo m¨¢s severamente de lo que deb¨ªa. ¡ª"Tal vez... no es tan malo como pens¨¦ al principio," admiti¨® para s¨ª misma, aunque su orgullo se negaba a aceptarlo por completo. El sol estaba en su punto m¨¢s alto cuando las aldeanas se reunieron alrededor de la mesa com¨²n, listas para disfrutar del almuerzo tras una ma?ana llena de actividades y juegos. Erik lleg¨® algo despu¨¦s, sacudi¨¦ndose un poco el polvo de las manos, y tom¨® asiento junto a ellas, notando las miradas curiosas que algunas ya le lanzaban. No pas¨® mucho tiempo antes de que Suri, incapaz de contenerse, rompiera el silencio con una explosi¨®n de entusiasmo. ¡ª?Tienen que escuchar esto! ¡ªdijo, dejando su plato a un lado y poni¨¦ndose de pie de un salto. ¡ª?Qu¨¦ pas¨® ahora, Suri? ¡ªpregunt¨® Arlea con una mezcla de diversi¨®n y cautela, ya acostumbrada a las historias dram¨¢ticas de su amiga. ¡ª?Es sobre Erik! ¡ªexclam¨® Suri, se?al¨¢ndolo con un dedo mientras el mencionado solo pod¨ªa sonre¨ªr inc¨®modo. ¡ª?Yo? ?Qu¨¦ hice ahora? ¡ªpregunt¨® Erik, tratando de restarle importancia, aunque sab¨ªa exactamente a lo que se refer¨ªa. ¡ª?Te levantaste con Hada agarrada a tu espalda! ¡ªgrit¨® Suri, dramatizando con gestos amplios mientras las dem¨¢s comenzaban a prestar atenci¨®n. ¡ª?Qu¨¦? ?C¨®mo que agarrada? ¡ªdijo Lera, arqueando una ceja mientras miraba a Hada, quien simplemente sonre¨ªa. ¡ª?Exactamente eso! ¡ªcontinu¨® Suri, emocionada ¡ªEso no suena muy c¨®modo ¡ªcoment¨® Arlea, ri¨¦ndose mientras segu¨ªa removiendo su plato. Mika, que estaba en la esquina m¨¢s alejada de la mesa, observaba todo en silencio, aunque su mente volv¨ªa a la escena de esa ma?ana. Recordaba claramente c¨®mo Erik hab¨ªa levantado a Hada con relativa facilidad y c¨®mo parec¨ªa m¨¢s concentrado en no hacerle da?o que en cualquier otra cosa. ¡ª?Y t¨², Mika? ?Tambi¨¦n lo viste? ¡ªpregunt¨® Arlea, rompiendo el silencio. Mika neg¨® con la cabeza. ¡ªNo... pero puedo imaginarlo. ¡ª?No fue imaginaci¨®n! ¡ªdijo Suri, se?al¨¢ndola con una sonrisa¡ª. ?Fue real! ?Es el hombre m¨¢s fuerte que he visto en mi vida! ¡ªEs el ¨²nico hombre que has visto en tu vida ¡ªaclar¨® Lera con una risa, causando que todas se unieran al momento. ¡ªBueno, pero eso no cambia que fue asombroso ¡ªinsisti¨® Suri. ¡ª?Es verdad! ¡ªintervino Hada, apoy¨¢ndose en la mesa con una sonrisa traviesa¡ª. Me asegur¨¦ de abrazarme bien para no caerme, pero ¨¦l logr¨® levantarse. ¡ªCon algo de esfuerzo, eso s¨ª ¡ªa?adi¨® Erik, alzando una ceja hacia Hada, quien se encogi¨® de hombros con fingida inocencia. ¡ª?Pero lo logr¨®! ¡ªexclam¨® Suri, y luego baj¨® la voz para darle un aire de misterio¡ª. Y cuando no lo esperaba tambi¨¦n salte hacia el, y me atrap¨®. ¡ª?Fue como si estuviera jugando con nosotras todo el tiempo! ¡ª?Saltaste hacia el? ¡ªpregunt¨® Jerut, incr¨¦dula¡ª. ?No se supone que eso era un juego, no una emboscada? ¡ª?Es que quer¨ªa probar algo nuevo! ¡ªrespondi¨® Suri, cruzando los brazos con una sonrisa amplia. ¡ªM¨¢s bien parec¨ªa que te aprovechaste de la situaci¨®n ¡ªinterrumpi¨® Lera, entre risas. ¡ªNo importa, ?lo que importa es que Erik es incre¨ªblemente fuerte! ¡ªdeclar¨® Suri, apuntando hacia ¨¦l como si fuera un h¨¦roe de las historias. Las miradas se dirigieron de nuevo a Erik, quien trat¨® de desviar la atenci¨®n con una sonrisa modesta. ¡ªNo fue nada, solo un poco de fuerza. ¡ªUn poco, dice ¡ªmurmur¨® Mika desde su lugar, observ¨¢ndolo con detenimiento mientras las palabras de Suri resonaban en su mente. Mika recordaba claramente c¨®mo Erik hab¨ªa logrado levantarse con Hada abrazada a su espalda, algo que al principio parec¨ªa imposible. No solo hab¨ªa logrado ponerse de pie, sino que lo hab¨ªa hecho con cuidado, asegur¨¢ndose de no lastimar a nadie. Para ella, aquello dec¨ªa mucho m¨¢s de lo que Erik dejaba entrever. ¡ª?Yo digo que Erik deber¨ªa ense?arnos a ser fuertes como ¨¦l! ¡ªdeclar¨® Suri, golpeando la mesa suavemente para enfatizar sus palabras. ¡ªSuri, come tu comida ¡ªintervino Jaia desde el otro extremo de la mesa con voz firme pero calmada, logrando que las risas disminuyeran un poco. Aunque el ambiente volvi¨® a enfocarse en la comida, las risas y comentarios continuaron entre las chicas. Mika, sin embargo, permanec¨ªa callada, reflexionando. Tal vez Erik no era tan inofensivo como ella hab¨ªa supuesto en un principio, pero tampoco parec¨ªa alguien que usar¨ªa su fuerza para hacer da?o. Esa contradicci¨®n, en cierto modo, la inquietaba y la fascinaba al mismo tiempo. El almuerzo hab¨ªa terminado, y las chicas regresaban a sus respectivas caba?as, para escapar del calor. Algunas se quedaban limpiando la mesa. Erik, despu¨¦s de ayudar con los platos, aprovech¨® el momento de tranquilidad para tomar una decisi¨®n. Las monta?as cercanas siempre hab¨ªan llamado su atenci¨®n. Desde su llegada, hab¨ªa notado c¨®mo el r¨ªo que atravesaba el valle parec¨ªa nacer de all¨ª, serpenteando entre las rocas y desapareciendo en la distancia. Algo en esa conexi¨®n natural le recordaba los d¨ªas en que exploraba los r¨ªos cercanos a su hogar en la Tierra, buscando lugares donde podr¨ªa encontrar agua que sea algo potable. ¡ªVoy a dar un paseo ¡ªdijo con tono casual, pero la curiosidad de las aldeanas se encendi¨® de inmediato. ¡ª?Un paseo? ¡ªpregunt¨® Becca, deteniendo su trabajo por un momento. ¡ªS¨ª, quiero explorar el r¨ªo un poco m¨¢s arriba, hacia las monta?as ¡ªrespondi¨® ¨¦l, se?alando la direcci¨®n. ¡ª?Solo? ¡ªintervino Mika, cruz¨¢ndose de brazos mientras lo miraba fijamente. ¡ªNo voy lejos, solo quiero ver de d¨®nde viene el agua y c¨®mo es el terreno. No tardar¨¦ mucho. ¡ªSi te metes en problemas, nadie podr¨¢ ayudarte ¡ªadvirti¨® Becca, aunque no parec¨ªa demasiado preocupada, m¨¢s interesada en c¨®mo se las arreglar¨ªa. ¡ªPrometo tener cuidado. Con una sonrisa, Erik se despidi¨® y comenz¨® a caminar en direcci¨®n al r¨ªo, siguiendo su cauce hacia las monta?as. A medida que avanzaba, el terreno se volv¨ªa cada vez m¨¢s accidentado. Las piedras redondeadas por la corriente adornaban las orillas, y las plantas que crec¨ªan cerca del agua creaban un contraste vibrante con el paisaje rocoso. El sonido del agua fluyendo era relajante, casi hipn¨®tico, no pudo evitar detenerse un momento para observar los peque?os remolinos y r¨¢pidos que se formaban entre las piedras. Se agach¨® junto al r¨ªo y sumergi¨® las manos en el agua fresca, sintiendo c¨®mo corr¨ªa entre sus dedos. Era una sensaci¨®n que le tra¨ªa recuerdos. En la Tierra, siempre hab¨ªa disfrutado de estos momentos en la naturaleza, donde pod¨ªa desconectarse del terror del mundo y simplemente escaparse al silencio de lo que quedaba de la naturaleza. Camin¨® por unas horas un poco m¨¢s, notando c¨®mo la vegetaci¨®n se volv¨ªa m¨¢s densa a medida que se acercaba a la base de las monta?as. ¨¢rboles altos se inclinaban sobre el agua, creando sombras que refrescaban el aire, y las aves trinaban en las copas, ajenas a su presencia. ¡ªEs un lugar tranquilo ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, observando una peque?a familia de peces nadando contracorriente. Erik no solo hab¨ªa venido a disfrutar del paisaje. Sab¨ªa que entender el flujo del r¨ªo pod¨ªa ser crucial para ayudar a la aldea. Si lograba encontrar un punto donde el agua pudiera ser m¨¢s f¨¢cil de desviar o almacenarla. Su dias en los ni?os exploradores le hab¨ªan ense?ado c¨®mo los r¨ªos eran fuentes de vida, y estaba decidido a aplicar esos conocimientos aqu¨ª, aunque tuviera que improvisar con los recursos disponibles. A pesar de la intenci¨®n de Erik de estar solo, Mika no pod¨ªa dejarlo ir sin m¨¢s. Aunque la idea de seguirlo al principio le parec¨ªa innecesaria, algo en su interior la impuls¨® a mantenerse cerca. Lo segu¨ªa a una distancia segura, manteni¨¦ndose entre los ¨¢rboles y las rocas, asegur¨¢ndose de no ser vista y de no acercarse demasiado. El terreno comenzaba a volverse m¨¢s complicado conforme avanzaba. Las rocas grandes y los arbustos densos dificultaban el paso, y el sendero se volv¨ªa resbaladizo en algunos puntos. Mika, descalza como siempre, sent¨ªa el ardor de las piedras calientes en sus pies, lo que la hizo quedarse atr¨¢s, aunque nunca lo perdi¨® de vista. Finalmente, lleg¨® a un punto donde el terreno era tan empinado y rocoso que decidi¨® esperar un poco m¨¢s atr¨¢s. Pero no pod¨ªa resistirse a seguirlo, as¨ª que, con algo de esfuerzo, lo alcanz¨® justo cuando ¨¦l se deten¨ªa frente a una ca¨ªda de agua. Erik se detuvo en seco, sus ojos brillaron al ver el espect¨¢culo frente a ¨¦l. Era una cascada, que ca¨ªa desde una altura considerable, lanzaba agua cristalina que se estrellaba contra las rocas y formaba una niebla fina en el aire. Las rocas, cubiertas de musgo, rodeaban el lugar, creando un ambiente de quietud y belleza natural. ¡ªVaya¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, sin poder evitar sentirse cautivado por la vista. El sonido del agua cayendo era ensordecedor, pero de una manera tranquila, casi hipn¨®tica. Erik se acerc¨® a la orilla de la peque?a piscina algo profunda, formada por la cascada, donde el agua brillaba bajo el sol que a¨²n iluminaba t¨ªmidamente el d¨ªa. No pudo evitar sonre¨ªr al pensar que un buen ba?o no le vendr¨ªa mal. El calor y el ejerci¨® de la ma?ana y el polvo de su caminata hab¨ªan dejado su cuerpo sudoroso y sucio, y el agua fresca que ca¨ªa desde lo alto parec¨ªa la oportunidad perfecta para relajarse un poco. El calor del d¨ªa y el sudor acumulado por las horas de caminata lo hab¨ªan dejado sudoroso, por lo que al llegar a la cascada no dud¨® en quitarse la ropa. Sent¨ªa que un buen ba?o ser¨ªa la mejor manera de relajarse y reponer fuerzas. Una vez sin ropa, camin¨® hacia el agua, el frescor de la corriente tocando su piel. Sus m¨²sculos se relajaron al instante, y con una ligera sonrisa de satisfacci¨®n, se sumergi¨® en el agua fr¨ªa, disfrutando del alivio inmediato. A unos cent¨ªmetros de ¨¦l, sobre unas rocas cercanas, hab¨ªa encontrado una piedra rugosa, que parec¨ªa perfecta para lo que ten¨ªa en mente. La tom¨® y, con movimientos suaves, comenz¨® a frotar su cuerpo con ella. La roca, algo ¨¢spera, raspaba ligeramente su piel, eliminando las c¨¦lulas muertas y el sudor pegado a su cuerpo. Mientras lo hac¨ªa, se sent¨ªa como si el agua y la piedra limpiaran no solo su cuerpo, sino tambi¨¦n su mente, dej¨¢ndolo en un estado de serenidad. Mika se escondi¨® detr¨¢s de unas rocas, su coraz¨®n latiendo con una mezcla de curiosidad. A lo lejos, en la cascada, Erik se ba?aba bajo el agua cristalina. Su cuerpo, fuerte y atl¨¦tico, se destacaba contra una roca gris. La luz del sol se reflejaba en las gotas de agua que ca¨ªan sobre su piel, creando un efecto hipn¨®tico. Mientras Erik se sumerg¨ªa bajo la cascada, sumido en el fresco ba?o, Mika, lo observaba con atenci¨®n. Aunque el sonido del agua que ca¨ªa a su alrededor y el murmullo de los ¨¢rboles facilitaban que no fuera detectada, no pod¨ªa evitar pensar en lo que ve¨ªa. Mika record¨® las veces en que hab¨ªa observado a las dem¨¢s, cuando van a nadar juntas, siempre diferentes, pero similares. Su piel, sus curvas, la suavidad de sus cuerpos, aunque diferentes en el tama?o de los pechos entre ellas. Pero Erik... ¨¦l no ten¨ªa esa suavidad. El cuerpo de ¨¦l era m¨¢s marcado por m¨²sculos. Y su torso, m¨¢s firme, no era igual al de las dem¨¢s, cuyas figuras eran delicadas en comparaci¨®n. Al principio, Mika hab¨ªa considerado a Erik un intruso, una amenaza para la aldea. Pero con el tiempo, hab¨ªa comenzado a cambiar de parecer. Erik se hab¨ªa ganado su respeto al demostrar su dedicaci¨®n y la necesidad de ayudarlas en la aldea. El hab¨ªa dicho que deber¨ªa ser m¨¢s fuerte si quer¨ªa protegerlas, ya que ahora las considera como su familia. Esas palabras hab¨ªan resonado en el coraz¨®n de Mika, y hab¨ªa comenzado a ver a Erik de una manera diferente. Ahora, mientras lo observaba ba?arse, Mika se sent¨ªa mas confundida. A medida que lo observaba, comenz¨® a notar las diferencias entre su cuerpo y el de las dem¨¢s. Su mirada se detuvo en la forma en que su cuerpo se curvaba y se extend¨ªa, en la manera en que su piel se tensaba sobre sus m¨²sculos. Not¨® la respiraci¨®n se reflejaba en el movimiento de su pecho. Mika se sinti¨® intrigada por la forma en que Erik era diferente. Se pregunt¨® qu¨¦ significado ten¨ªan esas diferencias, qu¨¦ prop¨®sito ten¨ªan. La diferencia era m¨¢s evidente cuando su mirada, recorri¨® una zona que no hab¨ªa esperado ver. Su mente comenz¨® a hacer preguntas: ?Qu¨¦ es eso que tiene all¨ª y para qu¨¦ servir¨¢ esa parte de su cuerpo? ?Qu¨¦ hac¨ªa que los hombres, al menos Erik, fueran as¨ª? Se sinti¨® atra¨ªda por la idea de explorar esas diferencias, de entender mejor la naturaleza de esa diferencia entre ellos. Por un momento, permaneci¨® all¨ª, observando en silencio, tratando de procesar lo que hab¨ªa visto. Sab¨ªa que no pod¨ªa acercarse m¨¢s sin que fuera descubierta. Entonces, se qued¨® all¨ª, perdida en sus pensamientos, pregunt¨¢ndose c¨®mo explicar¨ªa sus preguntas a las dem¨¢s. Aunque Mika hab¨ªa decidido quedarse atr¨¢s, la curiosidad la llev¨® a observar c¨®mo Erik continuaba ba?¨¢ndose en la cascada. Desde la distancia, ve¨ªa c¨®mo se mov¨ªa por el agua, disfrutando del momento. Su presencia all¨ª, tan natural y relajada, la hac¨ªa sentir una mezcla de fascinaci¨®n y algo m¨¢s que no pod¨ªa identificar. El sonido del agua cayendo y las rocas debajo de sus pies le daban un aire de tranquilidad, pero para Mika, el silencio solo le permit¨ªa concentrarse m¨¢s en lo que estaba viendo. Mika se qued¨® quieta, su mirada fija en ¨¦l. Nunca antes lo hab¨ªa visto sin ropa, tan vulnerable, sin su actitud de defensa. Mika frunci¨® el ce?o, sin saber qu¨¦ hacer con esos pensamientos que se agolpaban en su mente. Hab¨ªa llegado a confiar en Erik, pero en ese momento, su presencia de alguna manera la hac¨ªa sentir algo distinto. A medida que Erik continuaba ba?¨¢ndose, Mika sinti¨® la tentaci¨®n de acercarse, pero el instinto la hizo permanecer en su lugar, observando en silencio. A pesar de estar a cierta distancia, ella pod¨ªa escuchar el suave golpeteo del agua y el movimiento de las piedras debajo de sus pies. Y mientras todo esto suced¨ªa, no pod¨ªa dejar de pensar en las diferencias entre ¨¦l y las mujeres de la aldea. Erik continu¨® lav¨¢ndose y nadando, perdido en la sensaci¨®n de limpieza y la tranquilidad del momento. No era consciente de que Mika lo observaba, ni de las sensaciones que sus movimientos causaban en ella. Mientras se centraba en su ba?o, pensaba en c¨®mo deb¨ªa estar preparado para lo que viniera. Sab¨ªa que a¨²n no estaba completamente recuperado y, si surg¨ªa alg¨²n peligro, tendr¨ªa que estar en sus mejores condiciones para protegerlas. El agua le refrescaba los pensamientos, y sent¨ªa que estaba recuperando un poco de la calma que tanto necesitaba. Pero, sin saberlo, hab¨ªa dejado una impresi¨®n que no desaparecer¨ªa tan f¨¢cilmente. Erik se levant¨® lentamente del agua, disfrutando por unos segundos la sensaci¨®n de frescura en su piel antes de salir y comenzar a vestirse. Mientras se ajustaba las ropas, not¨® el sonido del agua corriendo con m¨¢s fuerza a lo lejos. Mir¨® hacia el r¨ªo, que segu¨ªa su curso hacia las monta?as. Hab¨ªa pensado en seguir el cauce para ver de d¨®nde proven¨ªa el agua, pero al observar el camino que a¨²n quedaba por recorrer, se dio cuenta de que no ten¨ªa tiempo. El sol ya comenzaba a ponerse y el cielo empezaba a oscurecerse, lo que significaba que el regreso a la aldea deb¨ªa ser inmediato. ¡ª"Es mejor no arriesgarme," pens¨®, echando un vistazo al entorno que lo rodeaba. ¡ª"No quiero quedarme fuera despu¨¦s de que caiga la noche." Decidi¨® dejar el curso del r¨ªo para otro d¨ªa. Su curiosidad no era tan urgente como asegurarse de regresar antes de que la oscuridad cubriera el valle. Con rapidez, se termin¨® de vestir, mirando por ¨²ltima vez la cascada que hab¨ªa encontrado y talvez un lugar secreto para poder ba?arse con tranquilidad. Desde la distancia, Mika lo observaba. Ella estaba escondida tras algunos ¨¢rboles, viendo c¨®mo se colocaba sus ropas. Al darse cuenta de que ¨¦l ya hab¨ªa terminado de vestirse, sinti¨® que deb¨ªa retirarse para no ser vista. Aunque lo que hab¨ªa presenciado antes la hab¨ªa dejado con muchas preguntas, sab¨ªa que no era el momento para profundizar en esos pensamientos. Adem¨¢s, hab¨ªa algo en su interior que la impulsaba a regresar antes que ¨¦l, como si necesitara llegar a la aldea lo m¨¢s r¨¢pido posible para dejar atr¨¢s esa sensaci¨®n de estar al acecho. Con una expresi¨®n algo nerviosa, Mika gir¨® sobre sus talones y comenz¨® a caminar r¨¢pidamente en direcci¨®n opuesta, alej¨¢ndose lo suficiente para que Erik no la detectara. ¡ª"Tengo que irme antes que ¨¦l", pens¨® mientras aceleraba el paso. Las sombras de la tarde se alargaban, y el aire se volv¨ªa m¨¢s fresco conforme avanzaba, pero nada la deten¨ªa. Erik, al haber terminado de vestirse, mir¨® alrededor y se puso en marcha, aunque a un ritmo m¨¢s lento que el de ella, contemplando el paisaje a su alrededor mientras el sonido del r¨ªo le acompa?aba en el camino de vuelta. Mika, por su parte, al llegar a la aldea, se apresur¨® a metros en su caba?a para que nadie la viera llegar. A¨²n ten¨ªa muchas preguntas rondando en su cabeza, pero sab¨ªa que deb¨ªa guardar sus pensamientos para s¨ª misma, al menos por ahora. Capitulo 15: "Sombras del Pasado, Forjando el Futuro " El sol ya se hab¨ªa escondido detr¨¢s de las monta?as cuando Erik comenz¨® a acercarse a la aldea. El cielo, te?ido de naranja y rosa, empezaba a oscurecer, y las sombras alargadas se extend¨ªan por el camino que llevaba de regreso. El aire algo fresco de la noche lo envolv¨ªa mientras caminaba hacia la aldea, preocupado por la tardanza. No le gustaba preocupar a las chicas, especialmente despu¨¦s de su largo d¨ªa. Al llegar al borde de la aldea, fue recibido por el grupo de mujeres que lo esperaban cerca de la fogata. Becca, Arlea y Lera lo miraron con cierta desaprobaci¨®n, pero fue Mika quien no pudo ocultar su mirada inquisitiva y una mezcla de emociones dif¨ªciles de identificar. Aunque no lo dec¨ªa, parec¨ªa que algo hab¨ªa cambiado en ella desde que hab¨ªa observado a Erik en la cascada. La oscuridad ya hab¨ªa comenzado a cubrir la aldea cuando Erik regres¨®. A medida que se acercaba, la luz de la fogata le mostr¨® el rostro expectante de las chicas. Cuando sus pasos se hicieron m¨¢s cercanos, las voces se alzaron. ¡ª"?Erik!" grit¨® Suri, visiblemente molesta, pero con un toque de alivio. ¡ª"?Pens¨¢bamos que te hab¨ªas perdido o algo peor!" Becca se acerc¨® r¨¢pidamente, con la mirada inquieta. ¡ª"?D¨®nde estuviste? ?Te has tardado mucho!" Lera, aunque un poco molesta, se acerc¨® y le dio una ligera palmada en el hombro. ¡ª¡°No hagas eso otra vez. No queremos que te pierdas.¡± Erik sonri¨® de manera un poco avergonzada, reconociendo que se hab¨ªa tardado m¨¢s de lo planeado. ¡ª"Lo siento, no quer¨ªa preocuparlas. Solo estuve explorando un poco m¨¢s all¨¢ del r¨ªo... me distraje, eso es todo." A¨²n caminando hacia la fogata, sus ojos se encontraron con los de Mika. Aunque ella no dijo nada, su mirada parec¨ªa un poco m¨¢s profunda, como si estuviera pensando en algo, o como si hubiera estado observando m¨¢s all¨¢ de lo que Erik hab¨ªa imaginado. Mika, que segu¨ªa perdida en sus propios pensamientos, se mantuvo callada mientras los dem¨¢s segu¨ªan hablando entre s¨ª. A pesar de que su mente a¨²n procesaba lo que hab¨ªa visto, no pod¨ªa evitar sentirse algo inquieta al ver a Erik de nuevo. Aquella imagen de ¨¦l, segu¨ªa rondando en su cabeza. ¡ª"Bueno, ya no importa," dijo Suri con una sonrisa burlona. ¡ª"Solo no te vayas a tardar otra vez, ?s¨ª?" Erik asinti¨® y se acerc¨® a la fogata, tomando asiento junto a ellas. El ambiente volvi¨® a la normalidad, pero en el fondo, Mika segu¨ªa recordando lo que hab¨ªa visto en la cascada, sus pensamientos nublados por la curiosidad y la inquietud. ¡ª"?Todo bien, Mika?" le pregunt¨® Becca, notando que ella parec¨ªa distante. Mika, ligeramente sobresaltada, asinti¨® sin mirarlas directamente. ¡ª"S¨ª, todo bien... solo estaba pensando en mis cosas." Las conversaciones siguieron fluyendo, pero esa noche, algo hab¨ªa cambiado en la din¨¢mica de la aldea. Y aunque la curiosidad de Mika no hab¨ªa disminuido, sab¨ªa que a¨²n quedaban muchas preguntas sin respuesta. Erik not¨® que Mika no dec¨ªa nada y la mir¨® un momento, casi con una expresi¨®n indecisa. ¡ª¡°?Todo bien, Mika?¡± le pregunt¨®, sin saber si la tensi¨®n en el aire ten¨ªa algo que ver con ¨¦l o si simplemente estaba algo pensativa. Mika levant¨® la vista de inmediato, r¨¢pidamente componiendo su rostro en una m¨¢scara neutral. ¡ª¡°S¨ª, claro,¡± respondi¨® con tono cortante, antes de dar un paso atr¨¢s, como si quisiera alejarse un poco de ¨¦l. Becca y Arlea intercambiaron una mirada curiosa, pero no dijeron nada, ya que sab¨ªan que Mika a veces prefer¨ªa mantener sus pensamientos para s¨ª misma. ¡ª¡°Bueno, ahora que est¨¢s de regreso,¡± dijo Lera, intentando suavizar el ambiente. ¡ª¡°Hemos preparado algo de jugos.¡± Erik asinti¨® con una ligera sonrisa. ¡ª¡°Gracias. Perd¨®n de nuevo por la tardanza. No volver¨¢ a pasar.¡± Sin embargo, no pod¨ªa evitar sentir la mirada distante de Mika, como si algo estuviera pesando en su mente. ¨¦l decidi¨® no mencionarlo, pero una peque?a inquietud comenz¨® a formarse en su interior. Ya acerc¨¢ndose la hora de ir a descansar Mika fue la primera en levantarse e irse r¨¢pidamente a su caba?a, sin antes despedirse de todas. ¡ª¡°Buenas noches. Perd¨®n pero estoy algo cansada y tengo algo de prisa.¡± con pasos veloces se fue sin decir mas. La tenue luz de las estrellas se filtraba a trav¨¦s de la ventana de la caba?a de Mika, ba?ando el interior con un suave resplandor. Ella estaba recostada sobre su cama de pieles, la textura ¨¢spera pero c¨¢lida contra su espalda desnuda. Hab¨ªa dejado sus ropas de pieles a un lado, y su cuerpo apenas cubierto por una piel ligera, buscando alivio del calor persistente. Sin embargo, su mente no pod¨ªa descansar. El recuerdo de la tarde junto a la cascada volv¨ªa una y otra vez, como el eco de un tambor distante que no pod¨ªa ignorar. Mika cerr¨® los ojos y dej¨® escapar un suspiro, intentando acallar los pensamientos que la invad¨ªan. Pero ah¨ª estaban, claros y persistentes, como si su memoria quisiera obligarla a confrontarlos. Hab¨ªa visto a Erik completamente descubierto. Cada detalle de su cuerpo, tan diferente al suyo, tan extra?o y desconcertante, se grab¨® en su mente. Mika record¨® c¨®mo su piel parec¨ªa m¨¢s marcada, con cicatrices que contaban historias que no conoc¨ªa, un torso m¨¢s amplio y musculoso que contrastaba con las l¨ªneas m¨¢s suaves de las dem¨¢s. Pero lo que m¨¢s le inquietaba era lo que vio entre sus piernas, algo que ella no ten¨ªa, algo que la hizo sentirse curiosa y confundida al mismo tiempo. ¡ª¡°?Por qu¨¦¡­ es as¨ª?¡± susurr¨® para s¨ª misma, llev¨¢ndose una mano al rostro, avergonzada por sus propios pensamientos. Era algo que nunca hab¨ªa visto ni imaginado. Su educaci¨®n en la aldea jam¨¢s hab¨ªa mencionado nada parecido, y las mayores siempre hab¨ªan sido evasivas sobre los hombres. Ahora entend¨ªa por qu¨¦, aunque todav¨ªa no pod¨ªa comprender del todo lo que significaba. Gir¨® su rostro hacia la pared de madera, donde las sombras de las ramas parec¨ªan danzar con el viento. Sus dedos trazaron distra¨ªdamente las cicatrices en su propio cuerpo, cerca de su clav¨ªcula, record¨¢ndole que ella tambi¨¦n llevaba marcas de su pasado. Compar¨® sus cicatrices con las de Erik en su mente, pregunt¨¢ndose qu¨¦ historias guardaban las suyas, qu¨¦ le hab¨ªa pasado para llevar tantas en su piel. ¡ª¡°Es tan diferente¡­ tan extra?o¡­¡± murmur¨®, pasando su mano por su seno izquierdo hasta llegar a su vientre descubierto. ¡ª¡°?Ser¨¢ que todos los hombres son as¨ª?¡± Sin poder evitarlo, Mika dej¨® escapar un suspiro profundo. Su pecho sub¨ªa y bajaba lentamente mientras su mente segu¨ªa girando en torno a lo que hab¨ªa visto. ¡ª?Deber¨ªa hablar de esto con alguien? ?Becca? ?Jaia talvez? Pero el pensamiento de compartir lo que hab¨ªa presenciado la hizo sonrojarse. No, esto era algo que deb¨ªa guardar para s¨ª misma, al menos por ahora. Con un ¨²ltimo vistazo hacia el techo, Mika cerr¨® los ojos, intentando acallar las preguntas que no dejaban de rondarle la cabeza. Pero sab¨ªa que esta noche no dormir¨ªa f¨¢cilmente. Hab¨ªa visto algo que hab¨ªa cambiado su percepci¨®n del mundo, y ahora, no pod¨ªa ignorarlo. Ya era de ma?ana y Erik estaba en su caba?a, con la tarea de limpiar y ordenar algunas de sus cosas. Mientras lo hac¨ªa, vio algo que lo hizo detenerse un momento: las frutas que hab¨ªa tra¨ªdo, la fruta que sabia a lim¨®n, la salada, la hab¨ªa guardado entre sus cosas, esperando que al estar seca se quitara su exceso de salado. Record¨® las muchas veces que hab¨ªa estado buscando entre los vegetales de este mundo, algo familiar, algo que le recordara a los sabores de la Tierra. Era dif¨ªcil encontrar algo que tuviera el sabor al que estaba acostumbrado, as¨ª que decidi¨® que ser¨ªa el momento perfecto para experimentar con la fruta salada. Con la fruta en mano, comenz¨® a pensar en qu¨¦ podr¨ªa hacer. Las chicas no conoc¨ªan lo que era un sabor salado, por lo que ser¨ªa algo completamente nuevo para ellas. Pens¨® que podr¨ªa hacer una sopa ligera con los pocos ingredientes que hab¨ªa conseguido: algunos vegetales con sabores conocidos, y la fruta salada que ahora ten¨ªa entre sus manos seca, que su sabor salado disminuyo considerablemente al secarse. Era una receta sencilla, pero lo suficiente para ver si funcionaba y, si sal¨ªa bien, sorprender¨ªa a las chicas con algo distinto. Se dirigi¨® a la zona de cocina con una canasta llena de ingredientes. Hab¨ªa pasado varios d¨ªas recolectando, buscando sabores familiares que lo reconectaran en la Tierra. Entre sus hallazgos m¨¢s recientes se encontraba la fruta salada, algo que las chicas de la aldea conoc¨ªan desde hace mucho tiempo y no les gusto para nada al ser muy salada estando fresca. Sin embargo, cuando eran m¨¢s peque?as, todas la hab¨ªan probado y la consideraban horrible. Hada, especialmente, la recordaba con aversi¨®n, pues nunca le hab¨ªan gustado el sabor. A pesar de todo, hab¨ªa decidido darle una oportunidad, convencido de que podr¨ªa utilizarla de una manera que cambiar¨ªa su percepci¨®n. ¡ª?Hola, Arlea! ¡ªsalud¨® mientras se acercaba, dejando la canasta en la mesa¡ª. He estado buscando estos ingredientes que me recuerden a mi hogar. ?Qu¨¦ te parece si cocinamos algo juntos hoy? Arlea, sorprendida pero interesada, asinti¨® con una sonrisa. ¡ªClaro, me encantar¨ªa. ?Qu¨¦ tienes ah¨ª? ¡ªpregunt¨®, mirando la canasta llena de verduras y vegetales. Erik sac¨® los ingredientes uno por uno, mostr¨¢ndole a Arlea lo que hab¨ªa encontrado. Cuando lleg¨® a la fruta salada, Arlea frunci¨® el ce?o. Sab¨ªa lo que era, pero nunca la hab¨ªa visto de esa forma. ¡ªEsto es algo especial ¡ªcoment¨® Erik mientras la sosten¨ªa¡ª. En mi... aldea, la utiliz¨¢bamos para hacer sopas, guisos y muchas comidas. Me gustar¨ªa probar hacer algo con ella. ?Te gustar¨ªa ayudarme? Arlea lo mir¨®, algo dubitativa, pero finalmente asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien, vamos a intentarlo. Mientras Arlea continuaba con su guiso habitual, Erik comenz¨® a preparar su sopa. Cort¨® cuidadosamente la fruta salada y la combin¨® con los otros ingredientes que hab¨ªa recolectado. Sab¨ªa que su sopa ser¨ªa ligera, algo diferente, pero lleno de sabor. Mientras cocinaban juntos, la atm¨®sfera era relajada, aunque Arlea no pod¨ªa evitar sentirse un poco nerviosa por estar tan cerca de Erik, especialmente cuando a veces sus manos se rozaban al compartir la tarea. Las chicas, curiosas, comenzaron a acercarse a la zona de cocina. Se asomaron con cautela, observando a Erik y Arlea mientras trabajaban. Mika, Suri, y las dem¨¢s no pudieron evitar notar lo inusual de la escena. Era raro que Erik y Arlea cocinaran juntos, ya que normalmente Arlea era quien se encargaba de todo. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢n haciendo? ¡ªpregunt¨® Mika, mirando intrigada desde un rinc¨®n. ¡ªNo s¨¦, pero parece que est¨¢n cocinando algo especial ¡ªrespondi¨® Suri, mirando a Arlea con una sonrisa. Alisha, con su usual tono de curiosidad, no pudo evitar a?adir: ¡ªNunca hab¨ªa visto a Arlea tan nerviosa. Pero parece que est¨¢ disfrutando de la compa?¨ªa de Erik. A medida que los platos se iban completando, las chicas comenzaron a cuchichear entre ellas. Nunca antes hab¨ªan visto que se utilizara esa fruta tan horrible de esta forma. ¡ª?Recuerdan cuando ¨¦ramos peque?as y probamos esa fruta? ¡ªdijo Hada con un gesto de disgusto. ¡ª?No pude soportarlo! Era asquerosa. ¡ªS¨ª, yo tampoco la soport¨¦ ¡ªcoment¨® Lera. ¡ªPero nunca se me ocurri¨® probarla de esta forma. Cuando ambos platos estuvieron listos, las chicas se sentaron en la mesa, mirando con curiosidad las comidas que Arlea y Erik hab¨ªan preparado. Aunque todas conoc¨ªan la fruta, nunca pensaron que alguien podr¨ªa usarla para cocinar algo. Las chicas ya conociendo el guiso de Arlea, probaron primero el plato de Erik. Nada m¨¢s al primer bocado, se sorprendieron. El sabor era completamente diferente de lo que recordaban. ¡ª?Esto es incre¨ªble! ¡ªexclam¨® Becca, sorprendida. ¡ªNunca imagin¨¦ que esa fruta pudiera saber tan bien preparada as¨ª. Erik sonri¨®, satisfecho con su creaci¨®n. ¡ªLa clave es usarla con otros ingredientes. No se trata solo de la fruta, sino de equilibrar los sabores. La combinaci¨®n con los vegetales y las verduras frescas hace toda la diferencia. Las chicas asintieron, tomando m¨¢s cucharadas de la sopa con entusiasmo. A pesar de que Arlea hab¨ªa preparado su guiso con todo su esmero, la sopa parec¨ªa robarse la atenci¨®n de todas. Suri, observando la reacci¨®n de las dem¨¢s, not¨® que la sopa hab¨ªa sido un ¨¦xito rotundo. Sin embargo, no quer¨ªa que Arlea se sintiera mal al ver que su guiso no hab¨ªa impresionado tanto. Con una sonrisa, Suri decidi¨® ser discreta y se sirvi¨® el guiso de Arlea, sabiendo que era importante que su amiga no se sintiera rechazada. ¡ªYo voy a quedarme con el guiso ¡ªdijo Suri mientras tomaba una porci¨®n¡ª. ?Est¨¢ delicioso, Arlea! No te preocupes, tu guiso es maravilloso, como siempre. Arlea, sonrojada por el comentario de Suri, se sinti¨® agradecida y sonri¨® t¨ªmidamente. ¡ªGracias, Suri. Me alegra que te guste ¡ªrespondi¨®, aliviada al ver que apreciaba su esfuerzo. Al ver c¨®mo las chicas disfrutaban de la sopa, Erik sinti¨® una satisfacci¨®n profunda. No solo hab¨ªa logrado mostrarles algo nuevo, sino que tambi¨¦n hab¨ªa unido a todos en torno a la comida, algo que en su mundo ten¨ªa un valor especial, en comer con la familia unida. Mientras las chicas segu¨ªan disfrutando de la sopa de Erik, Arlea, aunque contenta de que todos estuvieran comiendo bien, no pod¨ªa evitar sentirse un poco triste. Su guiso, aunque delicioso, parec¨ªa haber quedado en segundo plano frente a la sopa innovadora de Erik. A pesar de la amabilidad de Suri al tomar primero una porci¨®n de su guiso, Arlea no pod¨ªa evitar notar que la mayor¨ªa se hab¨ªa decantado por la sopa. Erik, al darse cuenta de que Arlea parec¨ªa un poco deca¨ªda, se acerc¨® a ella con una sonrisa reconfortante. Se sent¨® junto a ella, donde la ve¨ªa un poco distante mientras las dem¨¢s disfrutaban de la comida. ¡ªOye, Arlea ¡ªdijo suavemente¡ª, ?todo bien? Vi que parec¨ªas un poco... ?desanimada? Arlea levant¨® la vista y, al ver la preocupaci¨®n en los ojos de Erik, se sinti¨® un poco avergonzada. Sus manos jugueteaban nerviosas con su cuchara. ¡ªEs solo que... no esper¨¦ que tu sopa tuviera tanto ¨¦xito ¡ªadmiti¨® con una sonrisa t¨ªmida, intentando disimular su malestar. ¡ªMi guiso... bueno, no es que no me guste, pero... no es lo que esper¨¦. Erik sonri¨® amablemente y le dio un toque en el hombro, tamando suavemente su mano, intentando aliviar su malestar. ¡ªNo te preocupes por eso. Todos amamos tu guiso, Arlea. Es solo que... bueno, yo intent¨¦ algo diferente, y eso a veces llama m¨¢s la atenci¨®n. Pero eso no significa que lo tuyo no sea incre¨ªble, ?sabes? Hay d¨ªas en que todos nos sentimos m¨¢s creativos. La verdad es que, para m¨ª, el guiso que preparas es uno de los mejores platos que he probado. Arlea lo mir¨® sorprendida, y una peque?a sonrisa apareci¨® en su rostro al escuchar sus palabras. Aunque la situaci¨®n le hab¨ªa causado algo de inseguridad, las palabras de Erik la hac¨ªan sentirse mejor. ¡ªGracias, Erik... ¡ªdijo con suavidad, inclinando su cabeza en el hombro de Erik, sintiendo c¨®mo la tensi¨®n en su cuerpo comenzaba a desvanecerse. ¡ªTu sopa estaba deliciosa. Tal vez¡­ la pr¨®xima vez pueda hacer algo que te sorprenda. Erik se ri¨® suavemente, asegur¨¢ndole: ¡ªNo tienes que hacerlo por m¨ª, ni por nadie. Lo importante es que todos disfrutamos de tu comida. Y si alguna vez tienes dudas, sabes que estar¨¦ aqu¨ª para apoyarte. Despu¨¦s de todo, estamos en esto juntos, ?verdad? Arlea asinti¨®, sinti¨¦ndose mucho m¨¢s tranquila. Aunque a veces las comparaciones pod¨ªan ser dif¨ªciles, sab¨ªa que el no la juzgar¨ªa. Ella sent¨ªa una calidez en su interior, no solo por el apoyo de Erik, sino por la sensaci¨®n de que, con ¨¦l, la cocina y la vida en la aldea ten¨ªan algo m¨¢s especial. La conversaci¨®n fluy¨® de manera relajada mientras todos continuaban comiendo. Arlea, agradecida por el gesto de Erik, pudo disfrutar del momento sin pensar demasiado en los peque?os detalles. La comida, los amigos y la compa?¨ªa eran lo que realmente importaba. Al final, todos comieron y rieron juntos, disfrutando de los sabores que Erik hab¨ªa tra¨ªdo a la comida, mientras Arlea y Erik compart¨ªan una sonrisa c¨®mplice. Mika observaba desde su lugar. Sus pensamientos segu¨ªan atrapados en lo que hab¨ªa visto. Sin saber c¨®mo abordarlo, decidi¨® acercarse, fingiendo inter¨¦s en otra porci¨®n de comida. ¡ª?Queda un poco m¨¢s? ¡ªpregunt¨®, sosteniendo su plato hacia Erik. ¡ªClaro, todav¨ªa hay suficiente ¡ªrespondi¨® ¨¦l, sirviendo con cuidado. Mika tom¨® asiento cerca, observando c¨®mo Erik interactuaba con Arlea, anim¨¢ndola sobre su guiso. Poco a poco, las demas terminaron de comer y comenzaron a retirarse a sus actividades. Solo quedaron Erik y Mika bajo la sombra del ¨¢rbol. ¡ªEst¨¢s muy acostumbrado a esto de cocinar, ?verdad? ¡ªpregunt¨® Mika casualmente mientras revolv¨ªa su plato. ¡ªDir¨ªa que s¨ª, aunque en mi mun... aldea la cocina es muy diferente. Pero aqu¨ª no est¨¢ mal ¡ªrespondi¨® Erik, sonriendo. Mika asinti¨®, fingiendo indiferencia mientras buscaba las palabras correctas. ¡ªTu aldea debe ser muy diferente a la nuestra. Parece que ustedes los¡­ hombres tienen muchas cosas que nosotras no conocemos. Erik levant¨® la vista, algo intrigado por su comentario. ¡ªS¨ª, bastante diferente. Aunque creo que con el tiempo podr¨ªamos compartir conocimientos y aprender unos de otros. Mika juguete¨® con su cuchara, intentando sonar casual. ¡ªDebe ser interesante venir de un lugar tan distinto. Imagino que all¨¢ los hombres y las mujeres¡­ bueno, tienen diferencias que aqu¨ª no conocemos. Erik, que estaba a punto de llevarse un bocado a la boca, se detuvo por un momento, bajando lentamente la cuchara. Su expresi¨®n permaneci¨® neutral, pero en su mente buscaba una forma de responder sin entrar en detalles. ¡ªS¨ª, hay algunas diferencias. Pero al final, todos somos personas, ?no? Lo importante es c¨®mo trabajamos juntos y nos apoyamos. Mika pareci¨® aceptar la respuesta, aunque su curiosidad segu¨ªa presente. ¡ªEntiendo¡­ supongo que tienes raz¨®n ¡ªmurmur¨®, volviendo a concentrarse en su comida. ¡ªBueno, no hay nada malo en ser diferentes. Si alguna vez tienes dudas sobre algo, puedes preguntarme. ¡ªTal vez lo haga ¡ªdijo Mika con una sonrisa ligera, aunque sus pensamientos segu¨ªan girando en torno a lo visto. Desde la distancia, Jaia observaba la interacci¨®n con una ceja arqueada, escuchando fragmentos de la conversaci¨®n sin intervenir. Erik, ajeno a la situaci¨®n, termin¨® su plato y se levant¨® para llevarlo a lavar. Mika lo sigui¨® con la mirada, mordi¨¦ndose el labio en frustraci¨®n. Aunque Erik hab¨ªa sido amable, sab¨ªa que hab¨ªa evadido sus preguntas. Jaia, mientras tanto, se march¨® pensativa, pregunt¨¢ndose si era momento de intervenir o dejar que Mika resolviera sus propias dudas. La tarde avanzaba cuando Erik, Suri y Lera discut¨ªan cerca de la entrada de la aldea. La idea de buscar materiales en el r¨ªo hab¨ªa surgido de un comentario casual, pero Lera, con su entusiasmo habitual, hab¨ªa tomado la iniciativa. ¡ª¡°Tenemos que encontrar ese metal, Erik,¡± dijo Lera con determinaci¨®n mientras ajustaba su coleta alta. Erik se rasc¨® la nuca, mirando hacia las monta?as que se elevaban a lo lejos. ¡ª¡°No estoy seguro, Lera. Incluso si lo encontramos, no s¨¦ si pudri¨¦ramos trabajarlo correctamente. No tenemos las herramientas para trabajarlo como se deber¨ªa.¡± ¡ª¡°?Pero podr¨ªamos aprender!¡± insisti¨® Lera, sus ojos brillando con entusiasmo. ¡ª¡°Imag¨ªnalo: herramientas m¨¢s fuertes, armas mejores. Podr¨ªamos hacer tanto con eso.¡± Suri, que estaba sentada en una roca cercana, salt¨® al o¨ªr aquello. ¡ª¡°?Armas? ?Eso suena genial! Yo quiero una espada real.¡± moviendo una rama como si fuera una. Erik sonri¨® d¨¦bilmente, pero a¨²n dudaba. ¡ª¡°Es que no es tan sencillo. Trabajar con metal requiere m¨¢s que solo encontrarlo. Necesitar¨ªamos un horno adecuado, mucha le?a, y mucha pr¨¢ctica para no desperdiciarlo. Adem¨¢s...¡± ¡ª¡°Adem¨¢s, nada,¡± interrumpi¨® Lera, cruzando los brazos. ¡ª¡°Solo necesitamos encontrarlo primero. Estoy segura de que podemos resolver lo dem¨¢s despu¨¦s. Vamos a buscarlo.¡± Alisha, que hab¨ªa estado escuchando desde una distancia cercana, mientras recog¨ªa hierbas, no pudo contenerse m¨¢s. Sus manos temblaban al escuchar sus palabras, y los recuerdos de su esposo y su hijo llenaron a su mente. Finalmente, dio un paso adelante y se aclar¨® la garganta para llamar su atenci¨®n. ¡ª¡°muchachos,¡± dijo con voz firme, ¡°necesito hablar con ustedes.¡± El grupo se gir¨® sorprendido. Era raro que Alisha interviniera en las actividades, pero la seriedad en su rostro los dej¨® en silencio. ¡ª¡°?Algo malo, se?ora Alisha?¡± pregunt¨® Erik, notando su tono grave. Alisha los mir¨® a todos, pero su atenci¨®n se centr¨® en Erik. ¡ª¡°S¨¦ que tienes buenas intenciones, pero d¨¦jame advertirte algo. Ese ¡®metal¡¯ que buscan... no siempre trae beneficios. Puede ser un camino peligroso. Lo s¨¦ porque perd¨ª a mi familia por su causa.¡± Lera frunci¨® el ce?o. ¡ª¡°?Por el metal? ?C¨®mo?¡± La mujer mayor suspir¨® y baj¨® la mirada por un momento antes de responder. ¡ª¡°Ellos trabajaban con ¨¦l. Era un material extra?o y dif¨ªcil de manejar, pero ser¨ªa ¨²til para todos. Al principio, todo iba bien... hasta que se enfermaron.¡±If you stumble upon this tale on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Suri lade¨® la cabeza, confundida. ¡ª¡°?Se enfermaron por trabajar con el metal?¡± ¡ª¡°Eso creo,¡± dijo Alisha, su voz quebr¨¢ndose. ¡ª¡°Comenzaron a enfermarse y nada de lo que hici¨¦ramos los ayud¨®. Murieron uno tras otro. Nunca supe con certeza qu¨¦ lo caus¨®, pero siempre sospech¨¦ que fue ese maldito metal.¡± El silencio que sigui¨® a la advertencia de Alisha fue inc¨®modo, pero breve. Lera, con el ce?o fruncido y los brazos cruzados, no parec¨ªa convencida. ¡ª¡°?C¨®mo puede una roca enfermarlos?¡± pregunt¨® finalmente, su tono incr¨¦dulo. ¡ª¡°Eso no tiene sentido. Si lo piensas, es solo un material m¨¢s, como la madera o el hueso. Tal vez se enfermaron por otra cosa, algo que vino del bosque.¡± Alisha suspir¨®, llev¨¢ndose una mano a la frente. ¡ª¡°Lera, no sabes lo que dices. Ellos trabajaron con ese metal durante a?os, todos los d¨ªas. Y fue despu¨¦s de eso que... comenzaron a enfermarse.¡± ¡ª¡°Pero no puedes estar segura de que fue por el metal,¡± insisti¨® Lera, dando un paso hacia Alisha. ¡ª¡°?Tal vez solo tuvieron mala suerte! ?No crees que vale la pena intentarlo si puede ayudarnos?¡± Alisha cerr¨® los ojos por un momento, como si estuviera librando una batalla interna. Finalmente, los abri¨® y mir¨® a los tres con una expresi¨®n resignada. ¡ª¡°Est¨¢ bien. Si no vas a escuchar, les mostrar¨¦ algo. S¨ªganme.¡± Suri y Erik intercambiaron una mirada curiosa, mientras Lera se apresur¨® a seguir a Alisha, satisfecha de que su insistencia hubiera dado resultado a sus preguntas. Caminaron por varios minutos y Alisha los llev¨® hacia el extremo noroeste de la aldea, a un lugar donde las caba?as se volv¨ªan menos frecuentes y los ¨¢rboles comenzaban a ganar terreno. All¨ª, oculta entre arbustos y maleza, hab¨ªa una estructura diferente a cualquier otra en la aldea: una caba?a grande, con paredes de piedra y un techo reforzado con tablones gruesos. ¡ª¡°Este era el taller donde mi familia y otros hombres trabajaban,¡± dijo Alisha en voz baja, con un tono cargado de nostalgia. ¡ª¡°Lo construyeron lejos de la aldea para que el ruido no molestaran a nadie. Despu¨¦s de sus muertes, sellamos la entrada. No pens¨¦ que volver¨ªa a abrirlo.¡± Erik observ¨® la estructura con atenci¨®n. Aunque estaba algo descuidada por el tiempo, el taller segu¨ªa en buen estado. ¡ª¡°Es impresionante,¡± coment¨® mientras Alisha empujaba una puerta de madera robusta, que cedi¨® con un crujido. Dentro, el aire estaba cargado de polvo y el olor met¨¢lico era perceptible incluso despu¨¦s de tantos a?os. Las herramientas colgaban de las paredes: martillos, tenazas, limas y otros instrumentos que Erik reconoci¨® vagamente. En una esquina, un yunque muy especial se alzaba junto a un horno de piedra, ahora apagado y cubierto de polvo y cenizas de maderas. ¡ª¡°Todo lo que necesita para trabajar el metal est¨¢ aqu¨ª,¡± dijo Alisha, se?alando las herramientas con un gesto amplio. ¡ª¡°Pasaron d¨ªas y noches enteras aqu¨ª, moldeando herramientas y cosas para la aldea. Pero al final, este lugar les cost¨® la vida.¡± El sonido de pasos reson¨® en el interior del taller, un espacio que parec¨ªa contener ecos del pasado. Erik observaba cada rinc¨®n con atenci¨®n, inspeccionando con la vista las herramientas de colores y las superficies ennegrecidas por el uso del horno. Suri, fascinada, se mov¨ªa entre las mesas de trabajo mientras Lera, con los brazos cruzados, a¨²n estaba enfadada por haber desconocido la existencia de un lugar tan incre¨ªble. ¡ª¡°?Por qu¨¦ no nos dijeron nada de este lugar?¡± exclam¨®, cruz¨¢ndose de brazos y mirando a Alisha con enojo. ¡ª¡°?Cu¨¢ntas cosas m¨¢s nos ocultan? Esto podr¨ªa haber sido ¨²til para la aldea hace a?os, ?y aqu¨ª est¨¢, lleno de polvo!¡± Alisha cerr¨® los ojos, sintiendo que la culpa la envolv¨ªa de nuevo. ¡ª¡°Porque no quer¨ªa que nadie m¨¢s sufriera,¡± respondi¨® con voz tensa. ¡ª¡°Este lugar... este lugar nos dio muchas cosas, pero tambi¨¦n nos quit¨® mucho.¡± ¡ª¡°?Pero c¨®mo puedes estar tan segura de que fue el metal?¡± insisti¨® Lera, su ce?o fruncido. ¡ª¡°Quiz¨¢s fue otra cosa. Esto es solo un taller.¡± De repente, el sonido de voces y pasos apurados interrumpi¨® la conversaci¨®n. Por la puerta del taller aparecieron Jerut y Jaia, ambas con expresiones de incredulidad y preocupaci¨®n. ¡ª¡°?Alisha!¡± exclam¨® Jaia, su tono cargado de reproche. ¡ª¡°?C¨®mo pudiste traerlos aqu¨ª?¡± Jerut avanz¨® r¨¢pidamente, sus ojos recorriendo el taller antes de posarse en Erik, Suri y Lera. ¡ª¡°?Qu¨¦ est¨¢n haciendo aqu¨ª? Este lugar deber¨ªa haber quedado en el pasado.¡± Alisha, que estaba con los ojos llenos de l¨¢grimas. ¡ª¡°No pod¨ªa seguir ocult¨¢ndolo. Ellos necesitaban saberlo. Si quieren trabajar con metal, no podran hacerlo sin que entiendan los riesgos.¡± ¡ª¡°??Riesgos?!¡± replic¨® Jerut, agitando una mano hacia las paredes ennegrecidas. ¡ª¡°Este lugar no solo est¨¢ lleno de riesgos, Alisha. Aqu¨ª perdimos a muchos amigos y a nuestras familias. ?Quieres que la historia se repita?¡± Lera, incapaz de contenerse, dio un paso adelante. ¡ª¡°Con todo respeto, pero esto no es justo. Si supi¨¦ramos c¨®mo manejar todo correctamente, podr¨ªamos usar este taller para mejorar nuestras vidas. ?No tiene sentido mantenerlo en secreto si hay un modo seguro de hacerlo!¡± Jerut se adelant¨®, su voz firme. ¡ª¡°No tienes idea de lo que dices, jovencita. Este lugar no es un simple taller. Es un recordatorio de lo peligroso que es tratar de jugar con cosas que no entendemos del todo.¡± Lera dio un paso hacia adelante, se?alando el entorno. ¡ª¡°?Eso es precisamente lo que necesitamos aprender! Si no lo entendemos, nunca avanzaremos. ?Por qu¨¦ negarnos esa oportunidad?¡± Erik, que hab¨ªa estado observando en silencio, finalmente intervino con un tono serio pero calmado. ¡ª¡°Lera, entiendo tu entusiasmo, pero ellas tienen raz¨®n en estar preocupadas. Trabajar con metal no es algo que se pueda tomar a la ligera. Hay peligros reales aqu¨ª, y yo lo he visto.¡± Lera se gir¨® hacia ¨¦l, frunciendo el ce?o. ¡ª¡°?Qu¨¦ peligros? ?Por qu¨¦ todos est¨¢n tan aterrados de este lugar?¡± Erik respiro serenamente y se?al¨® a Alisha, que permanec¨ªa en silencio pero con los ojos h¨²medos. ¡ª¡°Por ejemplo, ?sabes c¨®mo puedo diferenciar a Alisha de Jerut? Las marcas en sus u?as.¡± Lera y Suri miraron a Erik con sorpresa, mientras Jerut entrecerraba los ojos con desconfianza. ¡ª¡°?Qu¨¦ marcas?¡± pregunt¨® Suri. ¡ª¡°Las u?as de la se?ora Alisha tienen peque?as l¨ªneas y manchas caracter¨ªsticas del envenenamiento por metales,¡± explic¨® Erik, tom¨¢ndola de las manos con suavidad. ¡ª¡°Es un s¨ªntoma que he visto antes. Se desarrolla cuando alguien est¨¢ expuesto a metales t¨®xicos durante mucho tiempo. Alisha, ?me equivoco?¡± Alisha, con la voz quebrada, neg¨® con la cabeza. ¡ª¡°No te equivocas. Mi esposo trabajaba aqu¨ª, forjando herramientas, utensilios, todo lo que la aldea necesitaba. Por un tiempo lo ayudaba¡­ y nuestro hijo tambi¨¦n empez¨® a trabajar con ¨¦l.¡± Suri y Lera intercambiaron miradas confundidas. Fue Suri quien pregunt¨® primero, con un tono lleno de curiosidad. ¡°?Esposo? ?Qu¨¦ es eso?¡± La pregunta pareci¨® colgar en el aire, cargada de un peso que las mayores no hab¨ªan anticipado. Alisha cerr¨® los ojos un momento antes de responder. ¡ª¡°Su nombre era Aron,¡± dijo Alisha, con un tono suave pero cargado de emoci¨®n. ¡ª¡°Era el hombre con el que viv¨ªa, trabaj¨¢bamos juntos.¡± Jerut intervino, su tono m¨¢s severo. ¡ª¡°Ya basta de preguntas. Este no es el momento ni el lugar para explicarlo todo. Lo importante aqu¨ª es que este lugar no es un juego. Casi todo lo que toques puede ser peligroso si no sabes c¨®mo manejarlo.¡± Lera cruz¨® los brazos y mir¨® a Erik y a las mayores con escepticismo. A pesar de todo lo que se hab¨ªa dicho, no pod¨ªa aceptar f¨¢cilmente que el metal fuera la causa de tantas muertes. ¡ª¡°Esto no tiene sentido,¡± dijo Lera, su tono desafiante. ¡ª¡°?C¨®mo puede una roca matar a alguien? Es solo eso, una roca. Quiz¨¢s el bosque, con sus criaturas y enfermedades, fue lo que los enferm¨®.¡± Erik suspir¨®, entendiendo que su incredulidad no era por terquedad, sino por la falta de conocimiento. Mir¨® a las mujeres mayores, quienes observaban la discusi¨®n en silencio, con expresiones tensas. ¡ª¡°Lera, no es una roca cualquiera,¡± explic¨® Erik. ¡ª¡°Los metales tienen propiedades que, si no se manejan con cuidado, pueden ser t¨®xicas para el cuerpo. Como dije antes sobre las marcas en las u?as, hay mas s¨ªntomas.¡± Lera lo mir¨® con incredulidad, como si todav¨ªa no quisiera aceptar lo que escuchaba. ¡°?Y t¨² c¨®mo sabes eso?¡± Erik dud¨® un momento, pero luego dijo. ¡ªEn mi mun... aldea, hemos estudiado estos efectos, y los s¨ªntomas suelen incluir fatiga, p¨¦rdida de memoria, dolores de cabeza, irritabilidad y en casos m¨¢s graves, la muerte. ?Les suena familiar, esos s¨ªntomas?¡± girando y viendo a las mayores. Jerut y Jaia se miraron entre s¨ª, sus rostros palideciendo. Fue Jerut quien habl¨® primero. ¡ª¡°Recuerdo a nuestro hermano mayor¡­ siempre estaba cansado. Dec¨ªa que le dol¨ªa la cabeza, y que le costaba respirar. Pero cre¨ªamos que era porque trabajaba mucho en este lugar y en el bosque buscando alimentos,¡± dijo, su voz quebr¨¢ndose. Jaia asinti¨® lentamente. ¡ª¡°Y no solo ¨¦l. Los otros hombres tambi¨¦n. Algunos se volv¨ªan irritables, olvidaban cosas¡­ cre¨ªamos que era una maldici¨®n. Algo que el bosque hab¨ªa tra¨ªdo con el tiempo.¡± Alisha se llev¨® una mano al pecho, sus ojos llenos de l¨¢grimas. ¡ª¡°Mi esposo¡­ mi Aron tambi¨¦n tuvo todos esos s¨ªntomas. Y mi hijo¡­ ¨¦l empez¨® a trabajar aqu¨ª tan joven. Siempre dec¨ªa que el polvo del taller le raspaba la garganta. Pero nunca pens¨¦ en ese momento que esto lo estaba matando.¡± Lera frunci¨® el ce?o, pero su postura comenz¨® a aflojarse. ¡ª¡°?C¨®mo sabemos que no fue realmente una enfermedad? Algo del bosque, como siempre han cre¨ªdo.¡± Erik se acerc¨®, se?alando los bordes oscuros de la fragua y el polvo acumulado en las herramientas y la falta de entrada de aire fresco al lugar. ¡ª¡°Porque esto no es algo que el bosque pueda hacer. El envenenamiento por metales afecta lentamente, y los s¨ªntomas son espec¨ªficos. Las marcas en las u?as, los dolores musculares, los problemas para respirar¡­ todo encaja. Y no es casualidad que ocurri¨® aqu¨ª, donde trabajaban con metal sin medidas de protecci¨®n.¡± Jerut, con los ojos llenos de reconocimiento, murmur¨®: ¡ª¡°Siempre evitamos este lugar despu¨¦s de que ellos murieron. Pens¨¢bamos que estaba maldito, que el bosque nos hab¨ªa castigado. Pero ahora¡­ todo tiene sentido.¡± Jaia, apoy¨¢ndose en una pared, agreg¨®: ¡ª¡°Eso explica por qu¨¦ las enfermedades no afectaron algunos hombres y mujeres, ni a los ni?os peque?os que no ven¨ªan aqu¨ª. Siempre cre¨ªmos que ¨¦ramos afortunadas, pero tal vez solo fue porque no trabaj¨¢bamos con el metal.¡± Lera apret¨® los labios, todav¨ªa luchando con la idea, pero viendo las reacciones de las mayores, comenz¨® a vacilar. ¡°?Y c¨®mo sabes tanto sobre esto?¡± Erik se encogi¨® de hombros. ¡ª¡°En mi aldea, hemos aprendido de los errores del pasado. Sabemos que el metal puede ser muy ¨²til, pero tambi¨¦n peligroso si no se maneja con cuidado. Por eso necesitamos protegernos: los pies, las manos, la cara¡­ incluso algo para evitar respirar el polvo.¡± Alisha levant¨® la mirada, con l¨¢grimas rodando por sus mejillas. ¡ª¡°Ahora entiendo¡­ ellos murieron porque no lo sab¨ªamos. Mi esposo¡­ mi hijo¡­ si hubieran sabido esto, tal vez podr¨ªan haber vivido.¡± El silencio se apoder¨® del lugar, y las palabras de Erik quedaron suspendidas en el aire. Las mayores asimilaron la verdad, mientras Lera parec¨ªa dividida entre su deseo de desafiar y la evidencia frente a ella. Finalmente, Alisha rompi¨® el silencio, mirando a Lera con una mezcla de dolor y determinaci¨®n. ¡ª¡°Tal vez sea dif¨ªcil de creer, Lera. Pero si este conocimiento puede evitar que alguien m¨¢s pase por lo que nosotras vivimos, entonces debemos escucharlo.¡± Lera, aunque a¨²n parec¨ªa alterada, mir¨® a Alisha con una mezcla de compasi¨®n y remordimiento. ¡ª¡°Yo... lo siento, no sab¨ªa que... que era tan grave.¡± Erik dio un paso hacia Lera, buscando su mirada. ¡ª¡°Esto no significa que no podamos trabajar con el metal en el futuro, pero tenemos que hacerlo de forma segura. No podemos repetir los errores del pasado. Si queremos usar este lugar, primero hay que adaptarlo y protegernos. Ellas solo estaban tratando de protegerlas.¡± Lera baj¨® la cabeza, claramente luchando con sus emociones. Finalmente, asinti¨® en silencio, aunque todav¨ªa hab¨ªa una chispa de frustraci¨®n en sus ojos. Suri se acerc¨® a las mayores, mir¨¢ndolas con su cara mas tierna. ¡ª¡°No se preocupen,¡± les dijo con dulzura. ¡ª¡°Hicieron lo que pensaron que era mejor para protegernos.¡± Alisha asinti¨®, a¨²n sec¨¢ndose las l¨¢grimas. ¡ª¡°Si van a trabajar con el metal, lo ¨²nico que les pido es que sean cuidadosos. Y que nunca olviden lo que pas¨® aqu¨ª.¡± Erik mir¨® alrededor del taller una vez m¨¢s, sintiendo el peso de lo que representaba. ¡ª¡°Haremos esto bien,¡± prometi¨®. ¡ª¡°Si vamos a usar este lugar, ser¨¢ con todo el respeto y cuidado que merece.¡± Jerut suspir¨®, cruzando los brazos. ¡°Est¨¢ bien. Pero estaremos vigil¨¢ndolos de cerca. Ni un paso en falso, ?entendido?¡± Mientras los dem¨¢s hablaban cerca de la entrada del taller, Suri, siempre curiosa, se adentr¨® m¨¢s en el lugar. En un rinc¨®n oscuro y polvoriento, algo bajo una gran manta gris y descolorida capt¨® su atenci¨®n. Se acerc¨® con cautela, observando c¨®mo el polvo flotaba en el aire con cada paso. Con ambas manos, tir¨® del borde de la manta. Era m¨¢s pesada de lo que esperaba, y levant¨® una peque?a nube de polvo al caer al suelo. Lo que qued¨® al descubierto hizo que Suri abriera los ojos de par en par. ¡ª¡°?Miren esto!¡± llam¨®, haciendo que todos se giraran hacia ella. Todos dejaron lo que estaban haciendo y se acercaron al rinc¨®n donde Suri estaba de pie, se?alando el objeto. Erik fue el primero en acercarse para observarlo de cerca. ¡ª¡°Esto¡­ es un telar,¡± dijo, casi en un susurro. ¡ª¡°Hace mucho que no veo uno de estos.¡± pens¨¢ndolo ya que solo hab¨ªa visto im¨¢genes en libros muy antiguos. Lera arque¨® una ceja. ¡ª¡°?Un telar? ?Qu¨¦ hace exactamente?¡± ¡ª¡°Sirve para tejer los hilos y crear telas,¡± explic¨® Erik, recorriendo con las manos las piezas de madera, que aunque desgastadas, segu¨ªan siendo s¨®lidas. ¡ª¡°Es una m¨¢quina que permite entrelazar los hilos de manera uniforme.¡± Alisha, que hab¨ªa permanecido en silencio, dio un paso adelante. ¡ª¡°Ese telar lo construy¨® mi abuelo, con ayuda de otros hombres de la aldea. Lo trajeron aqu¨ª cuando se arruino, pensando que podr¨ªan arreglarlo. Pero despu¨¦s de que¡­ de que todo cambi¨®, nadie quiso volver aqu¨ª, y el telar qued¨® olvidado.¡± Jaia asinti¨®, su expresi¨®n cargada de nostalgia. ¡ª¡°No solo qued¨® olvidado. Despu¨¦s de que perdimos a los hombres, nos daba miedo venir aqu¨ª. Pero recuerdo algo de c¨®mo funcionaba. Ayud¨¢bamos a usarlo. Si lo limpiamos y arreglamos, podr¨ªamos hacerlo funcionar otra vez¡­ aunque tendremos que recordar c¨®mo usarlo. Ha pasado tanto tiempo.¡± ¡ª¡°?Ustedes saben usarlo?¡± pregunt¨® Erik, sorprendido. ¡ª¡°S¨ª,¡± respondi¨® Jaia, con una ligera sonrisa. ¡ª¡°Aprendimos cuando ¨¦ramos j¨®venes. Pero dejamos de usarlo hace mucho tiempo. Las t¨¦cnicas est¨¢n ah¨ª, enterradas en alg¨²n lugar de nuestra memoria. Tendremos que practicar y recordar.¡± Erik observ¨® el telar con m¨¢s detenimiento, evaluando su estado. ¡ª¡°No est¨¢ tan mal. Si recuerdan c¨®mo usarlo, podemos restaurarlo. Solo necesita limpieza y reforzar algunas piezas. Creo que podr¨ªamos dejarlo como nuevo.¡± ¡ª¡°?Y servir¨ªa para la lana que estamos trabajando?¡± pregunt¨® Lera, con los ojos brillando de entusiasmo, casi olvidando el malestar de no poder trabajar con el metal en poco tiempo. ¡ª¡°Por supuesto,¡± respondi¨® Erik con una sonrisa. ¡ª¡°Si lo arreglamos, podr¨ªamos hacer telas m¨¢s r¨¢pido y con menos esfuerzo, que se parezcan a la tela de mis pantalones, resistentes y algo flexibles. Adem¨¢s, podr¨ªa ser una gran mejora para la ropas de la aldea.¡± Suri acarici¨® la madera con curiosidad. ¡ª¡°Es incre¨ªble pensar que algo tan ¨²til estuvo escondido aqu¨ª todo este tiempo.¡± Alisha suspir¨® profundamente, su voz cargada de emoci¨®n. ¡ª¡°Es otro recordatorio de lo que dejamos atr¨¢s. Pero si podemos usarlo ahora¡­ tal vez valga la pena.¡± Erik observando el telar como si fuera un tesoro reci¨¦n descubierto. ¡ª¡°Esto podr¨ªa ser un gran proyecto para todos. Pero necesitar¨¦ ayuda para repararlo. ?Qui¨¦n se apunta?¡± Lera levant¨® la mano sin dudarlo. ¡ª¡°Yo quiero ayudar. Quiero ver c¨®mo funciona y hacer tela como tus pantalones, pero de lana me fascina mas.¡± Suri la imit¨®, mostrando el mismo entusiasmo. Las mayores intercambiaron miradas, y aunque Jaia parec¨ªa m¨¢s reservada, finalmente asinti¨®. ¡ª¡°Si esto puede beneficiar a todos, no deber¨ªamos dejarlo aqu¨ª olvidado otra vez.¡± Erik sonri¨®. ¡ª¡°Perfecto. Con algo de trabajo, este telar volver¨¢ a la vida. Y esta vez, lo usaremos bien.¡± Jaia toc¨® la madera del telar con suavidad, como si intentara conectar con un recuerdo distante. ¡ª¡°Ser¨ªa un buen uso para toda esa lana que nunca supimos aprovechar. Pero necesitar¨¦ algo de tiempo para recordar los detalles.¡± ¡ª¡°Entonces, ?podemos intentarlo?¡± pregunt¨® Suri, con emoci¨®n en la voz. Alisha asinti¨® lentamente. ¡ª¡°S¨ª. Si podemos recuperar el conocimiento y usarlo para mejorar la aldea, valdr¨¢ la pena. Pero no ser¨¢ f¨¢cil.¡± Erik sonri¨®. ¡ª¡°Nada que valga la pena es f¨¢cil. Si trabajamos juntos, estoy seguro de que podremos lograrlo.¡± Las mayores se sintieron revitalizadas al recordar los d¨ªas en que el telar era parte de su vida temprana, mientras que los j¨®venes estaban ansiosos por aprender algo completamente nuevo. Con una energ¨ªa renovada, comenzaron a planear c¨®mo restaurar la vieja m¨¢quina en los proximos dias, sintiendo que estaban recuperando un pedazo del pasado que podr¨ªa construir un mejor futuro para la aldea. El grupo caminaba en silencio de regreso a la aldea, dejando atr¨¢s el ''taller de herrer¨ªa''. Erik manten¨ªa las manos en los bolsillos mientras observaba el suelo bajo sus pies. La conversaci¨®n anterior segu¨ªa rondando en su cabeza. ¡ª?C¨®mo pod¨ªan no saber? Esa pregunta lo inquietaba. Las herramientas que hab¨ªa visto en la herrer¨ªa eran impresionantes, hechas con un nivel de habilidad que claramente indicaba a?os de experiencia y dedicaci¨®n. Sin embargo, los colores extra?os en el metal y la falta de medidas de seguridad b¨¢sicas suger¨ªan que algo hab¨ªa salido mal en alg¨²n punto del proceso. Mir¨® de reojo a Lera, quien caminaba un poco m¨¢s adelante, con el rostro a¨²n tenso. Jaia y Alisha hablaban en voz baja entre ellas, y sus palabras apenas llegaban a sus o¨ªdos, pero parec¨ªan discutir sobre el pasado y los peligros que enfrentaron en ese lugar. ¡ª¡°El abuelo de Ayla¡­ ?sab¨ªa ¨¦l sobre los riesgos y no los comparti¨®? ?O simplemente no entend¨ªa lo que estaba pasando?¡± Erik apret¨® los labios. Era dif¨ªcil de decir. En la Tierra, los herreros y artesanos de ¨¦pocas pasadas tambi¨¦n trabajaban en condiciones peligrosas, simplemente porque no conoc¨ªan mejor. Mientras avanzaban por el sendero que conectaba la herrer¨ªa con la aldea, Erik record¨® c¨®mo las herramientas del taller de Lera tambi¨¦n mostraban se?ales de manos muy expertas aunque sean de madera. En aquel entonces, los hombres trabajaban sin protecci¨®n adecuada, y las consecuencias hab¨ªan sido catastr¨®ficas. ¡ª¡°?Por qu¨¦ dejaron que el horno terminara dentro de la herrer¨ªa? ?No entendieron que los gases pod¨ªan ser mortales?¡± Al girar una curva en el camino, la aldea apareci¨® en la distancia. Las caba?as, iluminadas por el sol de la tarde, ofrec¨ªan un contraste tranquilo en comparaci¨®n con las preocupaciones que rondaban la mente de Erik. Aun as¨ª, el problema segu¨ªa sin resolverse. Cuando finalmente llegaron a la aldea, Erik se detuvo un momento antes de llegar a la zona de la fogata. Meditando de pie viendo como si tuviera la vista perdida. Las mayores tambi¨¦n lo observaron, tomando asiento en un rinc¨®n de la fogata. Jaia, con los ojos entrecerrados, lo observ¨® con curiosidad. ¡ªParece que piensas mucho. ?Qu¨¦ es lo que te preocupa tanto? ¡ªpregunt¨® con voz calmada. Erik la mir¨®, dudando si responder. Finalmente, suspir¨®. ¡ªSimplemente no entiendo c¨®mo siendo tan habilidosos, pudieron crear herramientas tan precisas y no darse cuenta de los riesgos. Pero quiz¨¢ eso sea lo que pas¨®: no sab¨ªan lo suficiente. En mi aldea, muchas veces las personas inventaban cosas sin comprender completamente las consecuencias. Jaia asinti¨® lentamente. ¡ªQuiz¨¢s eso fue lo que ocurri¨® aqu¨ª. Cre¨ªan que lo que hac¨ªan era correcto¡­ hasta que ya era demasiado tarde. Erik finalmente se atrevi¨® a hablar clara y directa a las mayores. ¡ªJerut, Jaia, Alisha¡­ ¡ªdijo, frente a ellas¡ª. ?Podr¨ªa pedirles algo? Las tres mujeres lo miraron con curiosidad, pero tambi¨¦n con el cansancio del d¨ªa reflejado en sus rostros. ¡ª?Qu¨¦ necesitas, Erik? ¡ªpregunt¨® Jerut, ajustando una trenza que se hab¨ªa soltado durante el camino de regreso. ¡ªQuisiera volver al taller en otro momento, con m¨¢s calma, para inspeccionar todo mejor. Creo que podr¨ªa ayudar a identificar qu¨¦ cosas a¨²n son ¨²tiles y cu¨¢les podr¨ªan ser peligrosas. Las mayores intercambiaron miradas. Jaia fue la primera en responder, cruzando los brazos con una expresi¨®n pensativa. ¡ªEs un lugar complicado, Erik. Aunque est¨¦s en lo correcto, ese taller trae recuerdos dif¨ªciles para nosotras. Alisha asinti¨®, su mirada se suaviz¨® un poco mientras observaba a Erik. ¡ªPero¡­ si crees que puedes ayudarnos a entender mejor, no me opongo a que vuelvas. Solo ten cuidado. Jerut suspir¨®, aunque su tono no era de rechazo, sino de aceptaci¨®n cansada. ¡ªEst¨¢ bien. Puedes volver, pero ser¨¢ otro d¨ªa. Hoy hemos tenido suficientes emociones por una jornada. ¡ªLo entiendo ¡ªrespondi¨® Erik con una peque?a inclinaci¨®n de cabeza¡ª. No hay prisa. Quiero hacerlo bien, no r¨¢pido. Esa noche, mientras Erik descansaba en su improvisado lecho de pieles, su mente segu¨ªa atrapada en los pensamientos de la herrer¨ªa. Las herramientas que hab¨ªa visto all¨ª le resultaban familiares, pero los colores y texturas eran completamente ajenos. Recostado, con las manos entrelazadas detr¨¢s de la cabeza, repasaba cada detalle. ¡ª"El martillo parec¨ªa normal, pero el material ten¨ªa un brillo extra?o, como si estuviera impregnado de algo. Las pinzas... esas manchas azuladas no eran ¨®xido, al menos no como el que conozco. Y el yunque..." El recuerdo del yunque le hizo incorporarse ligeramente, con una expresi¨®n de asombro renovado. ¡ª"?C¨®mo puede ser plateado? En la Tierra, los yunques son casi negros, oscuros por el hierro forjado y los a?os de trabajo. Pero este era de un plateado tan brillante que parec¨ªa pulido, aunque estaba lleno de marcas de uso." Erik respir¨® hondo, tratando de encontrarle sentido. ¡ª"?Es eso realmente hierro? O tal vez aqu¨ª el metal tiene propiedades completamente diferentes." El simple hecho de pensarlo era desconcertante. Pero aqu¨ª, incluso algo tan b¨¢sico como un yunque parec¨ªa desafiar sus conocimientos. ¡ª"Si este mundo tiene metales distintos, entonces todo lo que s¨¦ podr¨ªa estar incorrecto. La forma en que reaccionan al calor, la presi¨®n, incluso su resistencia... todo podr¨ªa ser diferente." El recuerdo de las mujeres mayores tambi¨¦n cruz¨® por su mente. Ellas parec¨ªan comprender el trabajo con esas herramientas, pero claramente no entend¨ªan los peligros asociados. Alisha hab¨ªa mencionado que el taller hab¨ªa sido usado por generaciones, pero los s¨ªntomas que describieron le hac¨ªan pensar en envenenamiento por metales pesados. Tal vez los colores extra?os eran un indicio de algo t¨®xico. Se levant¨® del lecho y se acerc¨® a la entrada de su caba?a mientras su mente segu¨ªa trabajando. ¡ª"?Y si el yunque no es de hierro? Podr¨ªa ser alg¨²n otro metal nativo de este mundo, algo que nunca hemos visto en la Tierra." Esa posibilidad le emocionaba y preocupaba a la vez. Si pod¨ªa descubrir c¨®mo funcionaban estos materiales, tal vez podr¨ªa usarlos para mejorar la vida en la aldea. Pero tambi¨¦n sab¨ªa que primero deb¨ªa entender los riesgos. No pod¨ªa permitir que otra vez se convirtiera en una trampa mortal como el pasado. Se acomod¨® nuevamente, dejando que el sue?o lo alcanzara. Pero incluso en la penumbra, la imagen del yunque plateado segu¨ªa viva en su mente, como un misterio que estaba decidido a resolver. El sol apenas comenzaba a elevarse en el cielo, ba?ando la aldea con su luz c¨¢lida. Erik empez¨® a trotar para ponerse en forma y iba siguiendo el cause del rio, respirando profundamente mientras el ejercicio le ayudaba a despejar su mente. Mientras corr¨ªa, un movimiento cerca capt¨® su atenci¨®n. Becca estaba all¨ª, llenando dos c¨¢ntaros de agua. Se enderez¨® con algo de facilidad, sosteni¨¦ndolos con ambas manos antes de empezar a caminar en direcci¨®n a las caba?as. Erik disminuy¨® su ritmo, intrigado. ¡ª?Llevando agua tan temprano? ¡ªpregunt¨®, acerc¨¢ndose a ella. Becca lo mir¨® con una mezcla de curiosidad. ¡ªSiempre lo hago. Erik levant¨® una ceja. ¡ª?Siempre t¨²? Becca asinti¨® mientras ajustaba el agarre en los c¨¢ntaros. ¡ªEs una de mis responsabilidades asegurarme de que tengan agua fresca todos los d¨ªas. ¡ªEs admirable. ¡ªErik la observ¨® con genuino respeto¡ª. Aunque parece mucho trabajo para hacerlo sola. Becca le lanz¨® una mirada evaluadora. ¡ª?Te est¨¢s ofreciendo? Erik sonri¨® con calma. ¡ªTal vez. Becca dud¨® un momento antes de extenderle uno de los c¨¢ntaros. ¡ªBien, vamos a ver si puedes. Erik lo levant¨® con facilidad, coloc¨¢ndolo sobre su hombro como si no pesara nada. Becca apenas parpade¨®, recordando c¨®mo d¨ªas atr¨¢s lo hab¨ªa visto cargar no solo a Hada, sino tambi¨¦n a Suri, y al mismo tiempo. ¡ª?Eso es todo? Pens¨¦ que ser¨ªa m¨¢s pesado ¡ªcoment¨® Erik con una sonrisa, ajustando el c¨¢ntaro con facilidad. ¡ª?Seguro que est¨¢ lleno? ¡ªpregunt¨® Becca, aunque su tono estaba m¨¢s cargado de curiosidad que de sorpresa. ¡ªCompletamente. ¡ªY comenz¨® a caminar junto a ella con el c¨¢ntaro equilibrado perfectamente¡ª. ?Es as¨ª todos los d¨ªas? ¡ªS¨ª. No puedo dejar que las chicas se queden sin agua fresca, especialmente con este calor. Erik asinti¨®, respetando a¨²n m¨¢s su compromiso. ¡ªEs un trabajo importante. Aunque parece que podr¨ªas delegar algo de ayuda. Becca encogi¨® los hombros. ¡ªEs mi responsabilidad. Siempre lo ha sido, y no espero que alguien m¨¢s lo haga. ¡ªEso es mucho peso, literal y figurativamente. ¡ªErik le lanz¨® una mirada amable mientras se dirig¨ªan a otras jarras con agua para d¨ªas posteriores en las caba?as¡ª. Aunque no parece molestarte. Becca se permiti¨® una peque?a sonrisa, rara en ella. ¡ªEstoy acostumbrada. Pero t¨², ?por qu¨¦ estabas corriendo? ¡ªMantenerme en forma. ¡ªErik se encogi¨® de hombros¡ª. Aunque tal vez deber¨ªa cambiar mi rutina. Esto parece un buen ejercicio. Becca solt¨® una breve risa, breve pero sincera. ¡ªTal vez, pero no creas que es tan f¨¢cil como parece. ¡ªNo lo subestimo. ¡ªErik sonri¨® con calma mientras bajaba el c¨¢ntaro con un movimiento fluido y natural. Becca lo observ¨® un momento m¨¢s, todav¨ªa intrigada por su fuerza y facilidad. ¡ªEres m¨¢s fuerte de lo que pareces ¡ªcoment¨® con neutralidad, aunque recordaba perfectamente lo que hab¨ªa visto antes. ¡ªTal vez. ¡ªErik sonri¨® de manera humilde, dejando que las palabras flotaran en el aire. Mientras Becca regresaba para continuar con su labor, Erik se qued¨® reflexionando sobre su fortaleza. No solo f¨ªsica, sino tambi¨¦n en su compromiso diario con las dem¨¢s. Era un nuevo nivel de respeto que no hab¨ªa esperado encontrar en esa tranquila ma?ana. Erik y Becca caminaban en direcci¨®n al r¨ªo, cargando los c¨¢ntaros vac¨ªos para llenarlos nuevamente. El sol de la ma?ana brillaba con fuerza, pero la sombra de los ¨¢rboles que rodeaban el camino les ofrec¨ªa un alivio refrescante. ¡ªGracias por ayudar ¡ªdijo Becca, mirando de reojo a Erik, quien llevaba el c¨¢ntaro m¨¢s grande con aparente facilidad. ¡ªEs lo menos que puedo hacer. Adem¨¢s, esto es un buen ejercicio ¡ªrespondi¨® Erik con una sonrisa. Antes de que Becca pudiera contestar, una figura conocida apareci¨® m¨¢s adelante en el camino. Mika, quien parec¨ªa estar explorando o simplemente paseando cerca del r¨ªo, los vio acercarse. Sus ojos se entrecerraron al reconocer a Erik y se cruz¨® de brazos con una expresi¨®n pensativa. ¡ªVaya, ?Qu¨¦ est¨¢n haciendo ustedes dos? ¡ªpregunt¨® Mika, acerc¨¢ndose con paso ligero. ¡ªLlevando m¨¢s agua para las caba?as ¡ªrespondi¨® Becca, con un tono neutral mientras se?alaba los c¨¢ntaros. Mika asinti¨® lentamente, pero sus ojos no se apartaron de Erik. ¡ª?Y t¨²? ¡ªpregunt¨®, dirigi¨¦ndose a ¨¦l¡ª. ?No estabas corriendo esta ma?ana? Recordando como hab¨ªa pasado a su lado mas temprano. ¡ªS¨ª, pero decid¨ª ayudar con el agua ¡ªrespondi¨® Erik con tranquilidad. Mika lo observ¨® unos segundos m¨¢s, luego lade¨® la cabeza con un aire curioso. ¡ªEso es interesante... Pero dime, Erik, ?Qu¨¦ hac¨ªas antes de llegar aqu¨ª? Es decir, adem¨¢s de ser tan ayudador y cargar cosas. Becca levant¨® una ceja, adivinando que Mika estaba intentando sacar informaci¨®n, pero no dijo nada y dej¨® que Erik respondiera. ¡ªBueno, hacia muchas cosas diferentes ¡ªrespondi¨® Erik, sin dar demasiados detalles¡ª. Nada relacionado con agua o c¨¢ntaros, si eso te preocupa. Mika sonri¨®, aunque su mirada parec¨ªa evaluarlo. ¡ª?Diferentes cosas? Eso suena... vago. ?Qu¨¦ tipo de cosas? Erik dej¨® escapar una ligera risa, evitando el tono inquisitivo de Mika. ¡ªCosas ¨²tiles, como arreglar cosas o hacerlas funcionar mejor. ¡ª?C¨®mo arreglar herramientas? ?O algo m¨¢s? ¡ªinsisti¨® Mika, tratando de aparentar curiosidad casual. Becca decidi¨® intervenir, viendo que Mika no planeaba detenerse. ¡ªMika, si sigues interrog¨¢ndolo, no llegaremos al r¨ªo. Mika se encogi¨® de hombros, fingiendo inocencia. ¡ªSolo tengo curiosidad. Erik sonri¨®, sin molestarse por el comentario. ¡ªCuriosidad est¨¢ bien. Pero no todas las respuestas ser¨¢n interesantes, te lo aseguro. Mika solt¨® una leve risa, pero sus ojos a¨²n parec¨ªan buscar algo m¨¢s. Mientras continuaban hacia el r¨ªo, Erik not¨® c¨®mo Mika lo miraba de vez en cuando, claramente con m¨¢s preguntas en mente. Por ahora, decidi¨® no dar m¨¢s informaci¨®n, pero supo que Mika no dejar¨ªa el tema tan f¨¢cilmente. Mika, al parecer insatisfecha con las respuestas de Erik, lanz¨® una ¨²ltima mirada inquisitiva antes de que la voz de Arlea, que la llamaba desde la lejan¨ªa, interrumpiera el momento. Mika suspir¨® con ligera frustraci¨®n, pero sin decir m¨¢s, se volvi¨® hacia Becca y Erik. ¡ªTe necesito, Mika. ¡ªLa voz de Arlea sonaba urgente, como si hubiera algo importante que discutir¡ª. ?Ap¨²rate! Mika lanz¨® una mirada fulminante a Erik y Becca, pero no dijo nada m¨¢s antes de girarse y alejarse, caminando r¨¢pidamente hacia Arlea. Erik observ¨® c¨®mo Mika se alejaba antes de suspirar, aliviado de que la interrogaci¨®n hubiera terminado. Becca, por otro lado, parec¨ªa algo inc¨®moda tras la actitud de su amiga. Mir¨® a Erik y, sin mucho pre¨¢mbulo, se disculp¨®. ¡ªLo siento mucho por ella... Mika... ¡ªBecca no sab¨ªa bien qu¨¦ decir, pero se notaba que no estaba del todo contenta con c¨®mo hab¨ªa ido la situaci¨®n¡ª. A veces es un poco... impaciente. No tiene malas intenciones, pero a veces se deja llevar por la curiosidad y olvida ser m¨¢s... respetuosa. Erik se ri¨® suavemente, tratando de aliviar la tensi¨®n del momento. ¡ªNo te preocupes. Estoy acostumbrado a que me pregunten cosas. A veces es mejor no decir todo, pero... no est¨¢ mal tener curiosidad. Becca asinti¨®, aunque no parec¨ªa completamente convencida. ¡ªLo s¨¦... A veces no se da cuenta de lo que est¨¢ haciendo. ¡ªSuspir¨® y luego a?adi¨® con una sonrisa t¨ªmida¡ª: A veces me siento responsable, ya que soy la mayor entre todas... Erik la mir¨® con curiosidad, notando un toque de seriedad en su tono. ¡ª?La mayor? No lo hab¨ªa notado. ¡ªRespondi¨® con una sonrisa, sintiendo que la atm¨®sfera entre ellos comenzaba a relajarse. Becca le lanz¨® una sonrisa t¨ªmida. ¡ªS¨ª, no es algo que siempre me guste mencionar, pero... en una aldea peque?a, alguien tiene que encargarse de ciertos detalles. A veces, las chicas me ven m¨¢s como una figura de autoridad. Aunque en realidad, solo trato de ayudar y mantener todo en orden. Erik asinti¨®, comprendiendo un poco m¨¢s sobre su rol en la aldea. ¡ªEs bueno que te tomes en serio esa responsabilidad. No es f¨¢cil llevarla. Becca se sonroj¨® ligeramente, agradecida por el apoyo. ¡ªGracias. Y gracias por... ayudarme con el agua. No es lo que m¨¢s me gusta hacer, pero es necesario, ?no? ¡ªNo hay problema. ¡ªErik sonri¨®¡ª. Me hace sentir ¨²til. Adem¨¢s, cargar c¨¢ntaros para hacer ejercicio, no suena tan mal, ?verdad? Becca ri¨® suavemente, sintiendo que las cosas entre ellos comenzaban a fluir con mayor facilidad. ¡ªNo, no suena mal. Y, para ser honesta, me has sorprendido con lo f¨¢cil que llevas todo. Ya veo que tienes m¨¢s de un talento. Erik sonri¨® en respuesta, sus ojos brillando con una mezcla de humildad y diversi¨®n. ¡ªLo intento. ¡ªHizo una peque?a pausa antes de mirar el r¨ªo que se extend¨ªa frente a ellos¡ª. Creo que... a veces solo hace falta estar dispuesto a ayudar, ?no? Becca lo mir¨® por un momento, asintiendo lentamente. ¡ªS¨ª, a veces es lo m¨¢s importante. Los dos se quedaron en silencio por unos segundos, disfrutando de la compa?¨ªa tranquila antes de retomar su caminata hacia el r¨ªo para continuar con la tarea. Sin embargo, el ambiente entre ellos se sent¨ªa m¨¢s c¨®modo, como si una barrera invisible se hubiera roto gracias a esa peque?a conversaci¨®n. Capitulo 16: De la Desconfianza a la Creación Mika frunci¨® el ce?o, claramente molesta por la interrupci¨®n, pero tampoco pod¨ªa ignorar a Arlea. Con un ¨²ltimo vistazo hacia Erik y Becca, resopl¨® y fue hacia la joven. Cuando Mika lleg¨® junto a Arlea, esta la observ¨® con una expresi¨®n de cansancio m¨¢s que de enojo. ¡ªMika ¡ªcomenz¨® con un tono tranquilo pero firme¡ª, ?hasta cu¨¢ndo vas a seguir con esto? ¡ª?Con qu¨¦? ¡ªrespondi¨® Mika, cruzando los brazos. ¡ªCon tu constante vigilancia sobre Erik, con tus preguntas como si estuvieras esperando atraparlo ¡ªrespondi¨® Arlea con un suspiro¡ª. S¨¦ que eres desconfiada, y con raz¨®n, pero ya lo has estado vigilando por d¨ªas. ?No te has dado cuenta de algo? Mika lade¨® la cabeza, frunciendo el ce?o. ¡ª?De qu¨¦ hablas? Arlea mir¨® hacia Erik y Becca, que segu¨ªan llenando los c¨¢ntaros en la distancia. ¡ªDe que Erik es fuerte, m¨¢s fuerte que cualquiera de nosotras. Si ¨¦l quisiera hacernos da?o, ?crees que podr¨ªamos detenerlo? Mika sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. No era algo en lo que quisiera pensar, pero era cierto. Hab¨ªa visto la facilidad con la que cargaba cosas pesadas, su resistencia, la forma en que pele¨® contra el lagarto gigante. Si realmente quisiera lastimarlas, probablemente ninguna podr¨ªa hacer nada para empedirlo. Arlea continu¨®, su tono m¨¢s reflexivo. ¡ªPero no lo hace. No nos ataca, no nos obliga a nada. En cambio, ayuda, trabaja, busca la forma de mejorar lo que tenemos. ?No es hora de que dejes de verlo como un peligro y empieces a verlo como alguien que puede ser parte de la aldea? Mika baj¨® la mirada, su mand¨ªbula tensa. ¡ªNo es tan f¨¢cil ¡ªmurmur¨®. Arlea esboz¨® una leve sonrisa. ¡ªS¨¦ que no lo es. Pero en lugar de tratar de encontrarle fallas, ?por qu¨¦ no pruebas trabajar con ¨¦l? Conocerlo de verdad, m¨¢s all¨¢ de la desconfianza. No te estoy diciendo que lo aceptes sin reservas, solo que lo observes con otros ojos. Mika no respondi¨® de inmediato. Sab¨ªa que Arlea ten¨ªa raz¨®n en algo: Erik no ten¨ªa motivos para lastimarlas, y aun as¨ª, no pod¨ªa evitar estar en guardia. Pero... tal vez s¨ª deb¨ªa intentar verlo desde otra perspectiva. Con un suspiro, Mika asinti¨® levemente. ¡ªLo pensar¨¦ ¡ªdijo, sin prometer nada. Arlea not¨® la expresi¨®n pensativa de Mika y decidi¨® presionarla un poco m¨¢s antes de dejarla ir. ¡ªSi te cuesta confiar en ¨¦l ¡ªdijo con calma¡ª, tal vez deber¨ªas empezar buscando algo que tengan en com¨²n. Mika levant¨® una ceja, algo esc¨¦ptica. ¡ª?Algo en com¨²n? ?Con ¨¦l? Arlea asinti¨®, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªS¨ª. S¨¦ que lo has notado, pero Erik tambi¨¦n sabe cazar. Sobrevivi¨® solo en el bosque prohibido por mucho tiempo, caz¨®, rastre¨®, encontr¨® maneras de vivir con lo que ten¨ªa. No es tan diferente a lo que haces tu en el valle. Quiz¨¢ podr¨ªas comenzar por ah¨ª. Mika se qued¨® en silencio por un momento, procesando las palabras de Arlea. Claro que lo hab¨ªa notado, era imposible no hacerlo. Erik sab¨ªa moverse por el valle de una manera que ni ella ni las dem¨¢s lograban, y ten¨ªa una comprensi¨®n de algunos peligros que a ellas les faltaba. Finalmente, Mika suspir¨®, su postura a¨²n un poco r¨ªgida. ¡ªLo pensar¨¦ ¡ªrepiti¨®, aunque esta vez su tono son¨® menos a rega?o y m¨¢s a consideraci¨®n. Arlea sonri¨® de lado y le dio un leve empuj¨®n en el hombro. ¡ªHazlo. Qui¨¦n sabe, tal vez termines sorprendi¨¦ndote. Mika rod¨® los ojos, pero no discuti¨® m¨¢s. Con un leve asentimiento, se gir¨® y comenz¨® a caminar de regreso hacia su caba?a, dejando a Arlea con una expresi¨®n satisfecha en el rostro. Erik dej¨® con cuidado el ¨²ltimo c¨¢ntaro lleno de agua en su lugar y se sacudi¨® las manos, mirando a Becca con una leve sonrisa. ¡ªEso es todo por ahora ¡ªdijo¡ª. Pero tengo que ir con Lera a la herrer¨ªa. A¨²n hay que revisar c¨®mo arreglar el telar. Becca desvi¨® la mirada, su expresi¨®n oscureci¨¦ndose. ¡ªEse lugar¡­ no lo conoc¨ªa hasta hace poco. Solo las mayores sab¨ªan de ¨¦l. Erik la observ¨® en silencio, notando la forma en que sus manos se apretaban contra su falda de piel. ¡ªCuando me contaron sobre lo que pas¨® ah¨ª, sobre lo que significaba, entend¨ª por qu¨¦ nunca nos hablaron de ¨¦l ¡ªcontinu¨® Becca en un susurro¡ª. Era un lugar de trabajo¡­ pero tambi¨¦n de p¨¦rdidas. Erik no necesitaba que le explicara m¨¢s. Sab¨ªa que ese era uno de los ¨²ltimos vestigios de los hombres de la aldea, de aquellos que alguna vez vivieron all¨ª. ¡ªEs dif¨ªcil ¡ªmurmur¨® ella¡ª. Saber que hubo algo m¨¢s, que hubo personas que dejaron atr¨¢s cosas que nunca conoceremos por completo. Erik respir¨® hondo y asinti¨®. ¡ªS¨ª. Pero tal vez podamos recuperar parte de lo que se perdi¨® ¡ªdijo con calma¡ª. No todo, pero algo. Becca lo mir¨® por un instante y luego le dedic¨® una peque?a sonrisa. ¡ªEso espero. ¨¦l le dio una ¨²ltima mirada antes de girarse para partir hacia la caba?a de Lera. Becca lo observ¨® alejarse, sintiendo una mezcla de nostalgia y determinaci¨®n en su interior. Despu¨¦s de ayudar a Becca con el agua, Erik se dirigi¨® al taller de Lera. La joven artesana ya lo esperaba con los brazos cruzados y una expresi¨®n pensativa. ¡ª?Seguro que podremos arreglarlo? ¡ªpregunt¨® Lera en cuanto Erik lleg¨®. ¡ªSi est¨¢ completo, s¨ª ¡ªrespondi¨® ¨¦l con seguridad¡ª. Solo hay que limpiarlo bien y ver si alguna pieza necesita ser cambiada. Pero antes debemos prepararnos bien, para estar un tiempo prolongado dentro del lugar sin correr riesgos. Lera asinti¨® y, sin perder tiempo, alistaron vasijas con agua y pieles para mojarlas y pon¨¦rselas en la cara, cubri¨¦ndose la nariz y la boca para no tener que respirar el polvo met¨¢lico del ambiente mientras lo limpian, con todo listo fueron juntos hacia la herrer¨ªa. Sin embargo, al llegar, las mayores los esperaban con el ce?o fruncido. ¡ª?De verdad quieren volver a entrar ah¨ª? ¡ªpregunt¨® Jaia con desconfianza, observando el viejo taller como si a¨²n ocultara alg¨²n peligro invisible. ¡ªSolo vamos a desmontar el telar y llevarlo a la aldea ¡ªles explic¨® Erik¡ª. As¨ª no tendr¨¢n que preocuparse por este lugar. Las mayores intercambiaron miradas. Finalmente, Alisha suspir¨®. ¡ªSi se lo llevan de aqu¨ª, supongo que no habr¨¢ problema. Jerut tambi¨¦n asinti¨®, aunque su incomodidad era evidente. ¡ªCuanto antes lo saquen, mejor. Lera rod¨® los ojos, pero no dijo nada. Con algo de paciencia, ella y Erik comenzaron a desmontar la m¨¢quina. Sin embargo, el proceso tom¨® m¨¢s tiempo de lo esperado. Las piezas de madera estaban encajadas con precisi¨®n, y algunas partes requer¨ªan m¨¢s esfuerzo para separarlas sin da?arlas. El primer d¨ªa transcurri¨® entre desmontar las estructuras m¨¢s grandes y limpiar cada parte de la acumulaci¨®n de polvo y suciedad. Las mayores no se acercaron demasiado, manteni¨¦ndose en la entrada mientras Erik y Lera trabajaban. ¡ªNo recordaba que el telar fuera tan complejo ¡ªcoment¨® Jaia mientras limpiaba una de las vigas de soporte afuera de la herreria. Al segundo d¨ªa, con todas las piezas desmontadas, limpiadas y aseguradas, iniciaron el traslado a la aldea. Fue un trabajo arduo, pero con la ayuda de las chicas lograron moverlo sin incidentes. ¡ª?D¨®nde lo armaremos? ¡ªpregunt¨® Erik cuando llegaron con todas las piezas. Las mayores ya hab¨ªan escogido un lugar: una zona amplia y fresca cerca de la caba?a central, donde podr¨ªan trabajar con comodidad y tranquilidad. Durante el resto del d¨ªa, Erik, Lera y algunas de las chicas se dedicaron a rearmar la estructura del telar. Fue un proceso m¨¢s r¨¢pido que desmontarlo, ya que ahora pod¨ªan ver claramente c¨®mo encajaban todas las piezas. Cuando finalmente qued¨® listo, Jaia observ¨® el resultado con una expresi¨®n de nostalgia. ¡ªHace mucho que no ve¨ªa esto ¡ªmurmur¨®. ¡ªAhora solo queda recordar c¨®mo se usaba ¡ªdijo Jerut, con los brazos cruzados. Lera sonri¨® con entusiasmo. ¡ªPues m¨¢s vale que lo recuerden pronto, porque quiero probarlo cuanto antes. Erik mir¨® el telar con satisfacci¨®n. Hab¨ªa sido un esfuerzo de varios d¨ªas, pero al fin estaba listo para ser usado de nuevo. Los d¨ªas siguientes, Lera pas¨® cada vez m¨¢s tiempo con las mayores, aprendiendo y recordando juntas el arte de tejer en el telar. Jaia, Alisha y Jerut trabajaban con paciencia, compartiendo sus conocimientos con Lera, quien absorb¨ªa cada detalle con entusiasmo. Desde la distancia, Erik las observaba junto a Becca. Se hab¨ªan detenido un momento mientras segu¨ªan llevando m¨¢s agua a la aldea, y sus ojos segu¨ªan el movimiento r¨ªtmico de las manos expertas guiando la madera y los hilos. ¡ªSe ven concentradas ¡ªcoment¨® Becca. ¡ªEs bueno verlas as¨ª ¡ªrespondi¨® Erik¡ª. Tener tela cambiar¨¢ muchas cosas. Becca lo mir¨® de reojo. ¡ª?C¨®mo qu¨¦? Erik sonri¨®, imaginando todas las posibilidades. ¡ªMejores mantas, ropas m¨¢s c¨®modas y resistentes, muchas cosas. Becca asinti¨® lentamente, como si estuviera procesando sus palabras. ¡ªSi eso ayuda a la aldea, entonces ser¨¢ bueno. Erik se cruz¨® de brazos, observando c¨®mo Lera re¨ªa ante una correcci¨®n de Jaia. Cuando Erik y Jaia volvieron a la herreria otro dia, ambos pasar¨®n la mirada por el interior de la herrer¨ªa ahora que la zona donde estaba el telar hab¨ªa quedado despejada. Con el polvo asentado y la luz entrando mejor, Erik pudo notar detalles que antes se le hab¨ªan escapado. Fue entonces cuando vio, al fondo de la estancia, un peque?o estante de madera viejo y cubierto de suciedad. Algo en su forma le llam¨® la atenci¨®n. Se acerc¨® con curiosidad y apart¨® algunos restos de polvo con la mano. Entre los objetos olvidados, descubri¨® varias herramientas cubiertas de polvo muy fino, m¨¢s peque?as y delgadas que las de herrer¨ªa. Las tom¨® con cuidado, limpi¨¢ndolas con los dedos. ¡ª?Qu¨¦ encontraste? ¡ªpregunt¨® Jaia, observ¨¢ndolo desde un costado. Erik levant¨® uno de los objetos y lo examin¨® con detenimiento. Eran herramientas de tallado: gubias, formones y peque?os cuchillos especializados. Segu¨ªan en buen estado. ¡ªParece que alguien trabajaba la madera aqu¨ª ¡ªmurmur¨®, sorprendido. Jaia se acerc¨® con lentitud y tom¨® una de las herramientas con sus manos algo arrugadas. ¡ªHace mucho que nadie toca esto ¡ªcoment¨®¡ª. Ni siquiera recuerdo haberlas visto antes. Erik pens¨® por un momento. Si nadie las usaba, tal vez podr¨ªan serle ¨²tiles. Hab¨ªa muchas cosas que pod¨ªa hacer con ellas. ¡ªse?ora Jaia¡­ ?podr¨ªa qued¨¢rmelas? ¡ªpregunt¨® con respeto. La mujer mayor lo mir¨® con curiosidad, sus ojos entrecerrados por la reflexi¨®n. ¡ª?Sabes usarlas? ¡ªpregunt¨® con tono anal¨ªtico. Erik mir¨® las herramientas por un momento antes de responder. ¡ªNo tan bien ¡ªadmiti¨®¡ª, pero mi abuelo era carpintero, un experto. Lo vi muchas veces usar herramientas como estas¡­ y si practico, tambi¨¦n lograr¨¦ manejarlas. Jaia mantuvo su expresi¨®n seria por unos segundos antes de soltar una leve sonrisa. ¡ªSi tienes la determinaci¨®n para aprender, entonces ll¨¦vatelas ¡ªdijo¡ª. Es mejor que las use alguien que quiere hacer algo con ellas, en lugar de dejarlas aqu¨ª acumulando polvo. Erik asinti¨® con gratitud y comenz¨® a apartar las herramientas con cuidado. Podr¨ªan serle de gran ayuda para futuros proyectos. Antes de salir, Erik decidi¨® echar un ¨²ltimo vistazo alrededor. Sab¨ªa que Jaia no quer¨ªa permanecer mucho tiempo en la herrer¨ªa, pero algo en aquellas herramientas a¨²n le inquietaba. Camin¨® hasta una de las mesas de trabajo donde hab¨ªa visto antes unas herramientas de un extra?o color rojo oscuro. Al principio, pens¨® que se trataba de ¨®xido, pero al observarlas m¨¢s de cerca, not¨® que el color era uniforme, como si el metal en s¨ª fuera de ese tono. Frunci¨® el ce?o y extendi¨® la mano hacia un martillo de ese material. En cuanto lo levant¨®, sinti¨® su peso. ¡ªM¨¢s pesado de lo que parece¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo. El mango era firme, hecho de una madera que desconoc¨ªa, pero lo que m¨¢s le llam¨® la atenci¨®n fue la cabeza del martillo. Ten¨ªa un brillo opaco, no tan met¨¢lico como el hierro com¨²n, y su densidad no coincid¨ªa con ning¨²n metal que ¨¦l conociera en la Tierra. Jaia not¨® su reacci¨®n y chasque¨® la lengua. ¡ª?Encontraste algo m¨¢s raro? Erik gir¨® el martillo en su mano y la mir¨®. ¡ªEste material¡­ No parece a los metales que conozco. Es¡­ diferente. Jaia lo observ¨® con su mirada paciente, pero sin intenci¨®n de quedarse m¨¢s tiempo all¨ª. ¡ªSi tanto te intriga, lo averiguar¨¢s despu¨¦s ¡ªdijo con calma¡ª. Ahora v¨¢monos, no quiero estar m¨¢s aqu¨ª. Erik asinti¨®, aunque su mente segu¨ªa d¨¢ndole vueltas al extra?o metal. Guard¨® el dato en su memoria, pensando que tarde o temprano tendr¨ªa que investigar m¨¢s sobre los misteriosos metales de este mundo. Esa noche, ya en su caba?a, Erik se sent¨® con las herramientas de tallado frente a ¨¦l. Las hab¨ªa limpiado con cuidado despu¨¦s de traerlas de la herrer¨ªa, y ahora, bajo la tenue luz de la vela de resina, pudo verlas con mayor claridad. Para su sorpresa, no eran de un color opaco o desgastado como esperaba. Una vez libres de polvo y suciedad, su superficie reluc¨ªa con un tono plateado casi impecable. No era hierro com¨²n ni acero como el que conoc¨ªa en la Tierra. La manera en que reflejaban la luz era distinta, m¨¢s pura, sin se?ales de oxidaci¨®n ni corrosi¨®n a pesar del tiempo que llevaban olvidadas en la herrer¨ªa. Pas¨® los dedos por los filos y formas de cada herramienta. Aunque no era un carpintero experto, hab¨ªa visto a su abuelo trabajar con herramientas similares, y ahora ten¨ªa la oportunidad de aprender por s¨ª mismo. Inspir¨® hondo. Necesitaba un buen material para empezar a practicar. Sali¨® de su caba?a en busca de madera adecuada, caminando por los alrededores en la calma de la noche. Encontr¨® un pedazo de tronco seco pero firme, lo suficientemente denso para practicar. De regreso en su caba?a, lo coloc¨® frente a ¨¦l y pens¨® en qu¨¦ podr¨ªa tallar. No quer¨ªa hacer algo al azar, sino algo significativo. Algo que, llegado el momento, pudiera mostrar a las chicas cuando les revelara la verdad sobre su origen. ¡ªAlgo de la Tierra¡­ animales, objetos ¡ªmurmur¨®, marcando la madera con trazos ligeros. No era f¨¢cil, pero estaba decidido. La verdad saldr¨ªa a la luz tarde o temprano, y cuando ese momento llegara, quer¨ªa tener algo tangible, una prueba de que ¨¦l ven¨ªa de un mundo distinto. En los d¨ªas siguientes, Erik continu¨® buscando madera adecuada para sus tallados. Exploraba los alrededores, eligiendo cuidadosamente los trozos que fueran lo suficientemente resistentes pero f¨¢ciles de trabajar. Mientras caminaba cerca de una de las caba?as, se detuvo un momento al escuchar voces conversando con entusiasmo. ¡ª?Ya pensaste cual sera, la indicada para ella? ¡ªpregunt¨® una voz que reconoci¨® como la de Hada. ¡ªA¨²n no¡­ quiero que sea especial, pero aun no s¨¦ cual escoger¡ªrespondi¨® otra, con un tono pensativo. ¡ªSeguro lo que sea le gustar¨¢ ¡ªdijo Mika con desinter¨¦s¡ª, pero no hay que esperar mucho m¨¢s, ya falta poco. Erik frunci¨® el ce?o. No hab¨ªa querido escuchar, pero ahora sent¨ªa curiosidad. ?escoger algo? ?Para qui¨¦n? ¡ªSuri va a estar muy emocionada ¡ªagreg¨® otra voz, esta vez la de Becca¡ª. Es un d¨ªa importante para ella. Erik, al escuchar la conversaci¨®n entre las caba?as, se qued¨® un momento, pensativo. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que cuando las chicas se acercaron, ¨¦l hizo como si no hubiera escuchado nada y se acerc¨® casualmente. ¡ª?Qu¨¦ hacen? ¡ªpregunt¨®, sonriendo ligeramente mientras se apoyaba en un tronco cercano. Becca, Hada y las dem¨¢s se miraron por un momento, algo sorprendidas por la presencia de Erik, pero al ver su rostro amistoso, comenzaron a hablar. ¡ªEstamos hablando sobre el dia espacial de Suri ¡ªdijo Becca, mirando a las dem¨¢s para asegurarse de que todas estuvieran de acuerdo¡ª. Ella est¨¢ por cumplir 9 a?os, y como es tradici¨®n, debemos prepararle su propia caba?a, igual que las mayores lo hicieron con nosotras. Erik frunci¨® el ce?o, tratando de entender mejor la situaci¨®n, aunque no mostr¨® ning¨²n signo de que hubiera escuchado su conversaci¨®n anterior. ¡ª?9 a?os? ?Es algo tan importante? ¡ªpregunt¨®, un poco curioso, mientras las chicas le explicaban. ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Hada con una sonrisa nost¨¢lgica¡ª. Cuando llegamos a esa edad, las mayores nos dieron nuestra propia caba?a. Es una manera de ense?ar a cada una a ser m¨¢s independiente y prepararse para la vida fuera del grupo. Es un paso muy importante. Erik, asinti¨® en se?al de comprensi¨®n. Algo en su interior le dec¨ªa que era un momento significativo para las chicas, y quer¨ªa ser parte de ello, de alguna manera. ¡ª?Y cu¨¢ndo ser¨¢ el d¨ªa? ¡ªpregunt¨®, viendo una oportunidad para ofrecerse para ayudarlas. Las chicas se miraron por un momento, y luego Becca respondi¨®: ¡ªCuando las lunas est¨¦n en el cielo brillando, ser¨¢ el d¨ªa. Erik calcul¨® en su mente r¨¢pidamente. Sab¨ªa que las lunas llenas ocurr¨ªan cada dos meses, y por lo que acababa de escuchar, la siguiente estaba a un poco mas de un mes de distancia. El plazo parec¨ªa corto, pero sent¨ªa que pod¨ªa hacer algo ¨²til, especialmente para Suri. ¡ªEntonces, si la pr¨®xima luna llena ser¨¢ el d¨ªa, ¡ªcoment¨®, pensativo, mientras observaba a las chicas con inter¨¦s¡ª. ?Hay algo en lo que pueda ayudarles con los preparativos? Las chicas se miraron y, sin decir palabra, Becca fue quien dio un paso al frente para responder a Erik. ¡ªDe hecho, podr¨ªas ayudarnos a alistar una caba?a que tenemos en mente para Suri. Est¨¢ algo sucia, pero creemos que ser¨ªa perfecta para ella, con algo de limpieza ¡ªdijo Becca, sonriendo levemente mientras las otras asent¨ªan. Erik asinti¨® con entusiasmo, pensando que esa era una forma perfecta de demostrarle a Suri lo importante que era para todos. Adem¨¢s, se le ocurri¨® algo que podr¨ªa hacer todo a¨²n m¨¢s especial. ¡ª?Qu¨¦ les parece si lo mantenemos como una sorpresa para ella? As¨ª ser¨¢ un regalo de parte de todos, algo que ella realmente aprecie cuando vea el esfuerzo en su nueva casa ¡ªsugiri¨®, con una chispa de emoci¨®n en su voz. Las chicas lo miraron sorprendidas por la idea, pero r¨¢pidamente compartieron la misma emoci¨®n. Era una buena forma de sorprender a Suri y hacer que su d¨ªa fuera a¨²n m¨¢s especial. ¡ª?Eso suena genial! ¡ªdijo Hada con una sonrisa¡ª. Ser¨¢ una sorpresa perfecta. Pero tambi¨¦n tendremos que organizar una peque?a fiesta para celebrarlo. Ya sabes, algo sencillo pero alegre, para que Suri se sienta bienvenida en su nueva caba?a. Becca asinti¨®, mirando a las otras chicas. ¡ªS¨ª, una fiesta. Nos aseguraremos de que sea algo alegre, con muchos jugos y comida. Suri se lo merece, y eso nos permitir¨¢ celebrar todo el trabajo que hemos puesto en su hogar. Erik, sinti¨¦ndose m¨¢s involucrado, sonri¨® al ver c¨®mo las chicas se emocionaban con la idea. Al menos algo bueno estaba surgiendo de todo esto, y parec¨ªa ser una ocasi¨®n especial que un¨ªa a¨²n m¨¢s a todos en la aldea. ¡ªEntonces, organizaremos todo con cuidado, y en cuanto terminemos con la caba?a, la fiesta ser¨¢ el toque final para terminar el dia ¡ªdijo Erik, con un tono decidido.This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. Las chicas asintieron, organiz¨¢ndose r¨¢pidamente para que todo quedara listo. Mientras tanto, Erik se sinti¨® feliz de ser parte de una celebraci¨®n. Erik se sent¨® en su cama improvisada de su caba?a, la luz tenue de la tarde se colaba a trav¨¦s de las rendijas de la madera, dibujando sombras alargadas en el suelo de tierra. Con las manos sobre las rodillas, su mente no pod¨ªa dejar de dar vueltas a lo que se hab¨ªa venido a su cabeza desde que las chicas hablaron sobre el d¨ªa especial de Suri. Quer¨ªa hacer algo especial, algo que realmente mostrara cu¨¢nto apreciaba a la peque?a. Pero la pregunta que lo atormentaba era: ¡ª?Qu¨¦ podr¨ªa regalarle? Mir¨® alrededor de la caba?a, como si algo en el lugar le diera una idea. Su mirada pas¨® por las herramientas de tallado que hab¨ªa comenzado a usar los d¨ªas anteriores, por la madera que hab¨ªa recolectado y, por un momento, se le ocurri¨® algo. ¡ª"Tal vez algo que pueda hacer con las manos, algo que sea ¨²nico, algo que sepa que hice yo..." pens¨®, imaginando c¨®mo se ver¨ªa una pieza de madera tallada con detalles. Pero, ?qu¨¦? La madera estaba all¨ª, s¨ª, pero no sab¨ªa exactamente qu¨¦ forma darle, y no quer¨ªa que fuera algo torpe. Ten¨ªa que ser algo especial, algo que hablara de lo que Suri significaba para ¨¦l, aunque ella no entendiera completamente el gesto. Se levant¨® y camin¨® hasta una esquina de la caba?a, donde hab¨ªa dejado algunas de las piezas m¨¢s grandes de madera que hab¨ªa recolectado. Pas¨® la mano por una de ellas, probando su textura, evaluando su grosor, buscando inspiraci¨®n. ¡ª"Tal vez una figura... un peque?o amuleto, algo que ella pueda llevar consigo todo el tiempo," se dijo. ¡ª"Pero, ?Qu¨¦ forma? ?Qu¨¦ dise?o?" En su mente, empez¨® a moldear las opciones: una figura de un animal del bosque que ella pudiera reconocer, algo que representara la conexi¨®n con la naturaleza de la aldea; tal vez una flor, algo delicado que reflejara la suavidad de su car¨¢cter. Pero entonces record¨® algo: las historias que Suri le hab¨ªa contado acerca de Mama Ayla, c¨®mo hablaba con cari?o de las flores, los ¨¢rboles y la tierra. Algo simple pero significativo, algo que pudiera representar ese amor por el mundo que la rodeaba. Pero su mente no dejaba de regresar a las veces que hab¨ªa visto a Suri correr por la aldea, su cabello largo y ondulado movi¨¦ndose al ritmo de sus pasos, a veces tan desordenado que parec¨ªa que siempre iba a tropezar. Record¨® c¨®mo ella siempre se molestaba al tener que apartarse el cabello del rostro, lo que le hac¨ªa sonre¨ªr con ternura. ¡ª"Tal vez algo para que no le moleste tanto," pens¨®, mientras observaba una madera en sus manos. La idea lleg¨® de repente: ¡ª"Una diadema." La diadema ser¨ªa algo pr¨¢ctico, algo que podr¨ªa ayudarla a mantener su cabello en su lugar mientras corr¨ªa o jugaba. Y no ser¨ªa una diadema cualquiera, sino una hecha de madera, tallada a mano, con una bella flor de adorno, quiz¨¢s un poco m¨¢s resistente. ¡ª"S¨ª, una diadema de madera," se repiti¨® para s¨ª mismo, y con esa determinaci¨®n en su mente, comenz¨® a trabajar. Pero sab¨ªa que ser¨ªa un proyecto largo. La pieza deber¨ªa ser fina y liviana, lo suficiente para no incomodarla, pero resistentes al mismo tiempo. Quer¨ªa que fuera algo hermoso, una pieza ¨²nica que hablara del tiempo y el esfuerzo que hab¨ªa puesto en ella. En su tiempo libre, despu¨¦s de ayudar a Becca con los c¨¢ntaros, o de colaborar en lo que fuera necesario en la aldea, Erik comenzaba su trabajo. No solo se enfoc¨® en la diadema para Suri, sino que, pensando en lo que hab¨ªa escuchado de las chicas sobre los peque?os gestos de aprecio, tambi¨¦n decidi¨® hacer algo para cada una de ellas. Todas ellas merec¨ªan saber que les apreciaba, no solo como una obligaci¨®n, sino por la conexi¨®n que hab¨ªa comenzado a sentir con ellas. A veces, se sorprend¨ªa de c¨®mo, en tan poco tiempo, hab¨ªa llegado a valorarlas de una manera tan profunda. Decidi¨® hacer peque?as piezas para cada una: quiz¨¢s un peque?o amuleto tallado en madera, o una figura que representara algo ¨²nico sobre cada una. Para Becca, pens¨® en algo robusto y fuerte, tal vez un animal que representara su car¨¢cter firme. Para Lera, una figura m¨¢s detallada y delicada, como un p¨¢jaro en vuelo, simbolizando su creatividad. Para Hada, un amuleto con la forma de una oveja, algo que representara su trabajo y su amor por los animales. Para Arlea, algo que le represente talvez herramientas de agricultura o de cocina. Y para Mika, pens¨® en una figura que representara la valent¨ªa, algo que, quiz¨¢s, podr¨ªa ser m¨¢s abstracto, pero que llevara la esencia de lo que ella hab¨ªa mostrado en sus actitudes. Erik trabajaba en esos detalles durante sus ratos libres, tallando cuidadosamente cada pieza. Sab¨ªa que no ten¨ªa que hacerlo, que no se esperaba de ¨¦l, pero hab¨ªa algo en su interior que lo impulsaba a crear algo ¨²nico para ellas, algo que no solo fuera ¨²til, sino tambi¨¦n hermoso, para demostrarles que las valoraba y apreciaba profundamente. Con el paso de los d¨ªas, la diadema para Suri comenz¨® a tomar forma. Cada curva de la madera, cada peque?o tallado que hac¨ªa, era como una peque?a obra de arte, algo que hab¨ªa nacido de su propia dedicaci¨®n. Despu¨¦s de muchas piezas practicadas y rotas sin querer. La flor en la diadema quedaba justo donde ¨¦l quer¨ªa, y estaba seguro de que, al final, ser¨ªa un regalo especial para ella. A veces, se deten¨ªa un momento a pensar si ella lo apreciar¨ªa o si entender¨ªa la importancia de lo que hab¨ªa hecho, pero sab¨ªa que el simple hecho de que ella lo usara, ser¨ªa suficiente. Erik no esperaba que las chicas se sorprendieran por lo que hab¨ªa hecho. No esperaba nada a cambio. Pero al pensar en todo lo que hab¨ªa logrado desde su llegada a la aldea, y en c¨®mo hab¨ªa empezado a sentirse parte de algo m¨¢s grande, comenz¨® a entender la importancia de los peque?os gestos. Y tal vez, de alguna manera, esas peque?as piezas de madera ser¨ªan su forma de dar las gracias, de demostrar cu¨¢nto hab¨ªa cambiado su vida en tan poco tiempo. Las noches, en cambio, tra¨ªan un aire de calma despu¨¦s del ajetreo del d¨ªa. Con el calor a¨²n en el ambiente, las chicas se reun¨ªan alrededor de la fogata para relajarse y escuchar historias. En algunas de estas veladas, Erik empez¨® a contribuir con mas relatos, aunque al principio fueron algo explosivas, como cuentos de h¨¦roes y aventuras ¨¦picas. Sin embargo, conforme pasaban los d¨ªas, se anim¨® a narrarles algo m¨¢s elaborado, historias que rozaban la ciencia ficci¨®n con la vida real de la tierra, pero las disfrazaba como cuentos fant¨¢sticos para que las chicas no lo vieran extra?o. ¡ª¡°?Sab¨ªan que hay otros mundos en el cielo? Estrellas y planetas tan lejanos que podr¨ªamos pasar toda una vida tratando de alcanzarlos,¡± comenz¨® una noche, mientras la luz de la fogata iluminaba los rostros atentos de las chicas. ¡ª¡°?Mundos en el cielo?¡± repiti¨® Hada, frunciendo el ce?o. ¡°Pero si las estrellas son solo puntitos de luz.¡± Erik sonri¨®, anticipando esa pregunta. ¡ª¡°As¨ª parecen desde aqu¨ª, pero imaginen esto: hay estrellas tan grandes que hacen que nuestro sol parezca peque?o. Y alrededor de ellas, giran otros mundos, con tierras, mares, y quiz¨¢s... otros seres vivos. Quiz¨¢s incluso personas como nosotros.¡± Mika cruz¨® los brazos, pensativa. ¡ª¡°Eso suena como magia. Pero... ?C¨®mo lo sabes t¨²?¡± Erik se tom¨® un momento para responder. ¡ª¡°Es solo un cuento que escuch¨¦ una vez. Pero, ?no es una idea fascinante? Pensar que podr¨ªa haber lugares donde las cosas sean tan diferentes que ni siquiera podr¨ªamos imaginarlas.¡± Las chicas quedaron en silencio por unos segundos, procesando lo que hab¨ªa dicho. Aunque a algunas, como Becca y Mika, parec¨ªa costarles aceptar la idea, otras, como Hada, Suri y Lera, mostraban un brillo de curiosidad en sus ojos. Incluso las mayores, que escuchaban a cierta distancia, intercambiaron miradas que Erik no supo interpretar. ¡ª¡°Si esos mundos existen, ?C¨®mo llegar¨ªamos hasta ellos?¡± pregunt¨® Lera con emoci¨®n. Erik sonri¨®. ¡ª¡°Ah, esa es la gran pregunta. Hay quienes dicen que podr¨ªan construir algo para volar hasta ellos, algo m¨¢s all¨¢ de lo que conocemos. Pero eso es parte de la magia de la historia.¡± Con cada historia que contaba, sent¨ªa que iba preparando el terreno para hablar, alg¨²n d¨ªa, de su propia verdad. A trav¨¦s de estas narraciones, les introduc¨ªa conceptos como el espacio, los planetas, y la idea de que exist¨ªa m¨¢s all¨¢ de lo que sus ojos pod¨ªan ver. Sab¨ªa que deb¨ªa ser cauteloso, pero disfrutaba de la manera en que las chicas lo miraban con fascinaci¨®n, como si ¨¦l mismo fuera parte de los cuentos que narraba. A medida que los d¨ªas pasaban y las historias avanzaban, Erik tambi¨¦n empez¨® a notar un cambio en las chicas. Aunque segu¨ªan invadiendo su espacio de vez en cuando, parec¨ªa que ahora lo hac¨ªan con un poco m¨¢s de cuidado, como si estuvieran empezando a entender que ¨¦l necesitaba ciertos momentos para s¨ª mismo. Por su parte, Erik tambi¨¦n empez¨® a disfrutar de estas peque?as interrupciones; despu¨¦s de todo, eran parte del encanto de convivir con ellas, estas mujeres ¨²nicas que, poco a poco, se estaban convirtiendo en algo m¨¢s que compa?eras en este nuevo mundo. Las noches junto a la fogata eran siempre un momento especial para la aldea. La luz c¨¢lida iluminaba los rostros atentos de las mujeres mientras Erik narraba sus historias. Aunque sus relatos eran presentados como cuentos fant¨¢sticos, las mayores ¡ªJaia, Jerut y Alisha¡ªobservaban con atenci¨®n algo m¨¢s que las palabras de Erik: la manera en que hablaba, la intensidad en su voz, y el nivel de detalle que a?ad¨ªa a cada relato. Una noche en particular, Erik estaba narrando una historia sobre un mundo donde la gente viajaba entre las estrellas en grandes m¨¢quinas que brillaban como el fuego y atravesaban cielos oscuros llenos de luces danzantes. Describ¨ªa c¨®mo los viajeros miraban por enormes ventanas, observando planetas de colores brillantes y lunas plateadas que parec¨ªan flotar en un mar infinito de negrura. ¡ª¡°Imaginen ver todo eso desde lo alto, m¨¢s all¨¢ de las nubes, donde la tierra ya no puede alcanzarlos,¡± dijo Erik, su mirada perdida en las llamas de la fogata. ¡ª¡°El silencio del espacio es tan profundo que lo ¨²nico que puedes o¨ªr es tu propia respiraci¨®n.¡± Las chicas lo miraban fascinadas, pero las mayores intercambiaron miradas discretas entre ellas. Hab¨ªa algo en la manera en que Erik describ¨ªa estas escenas que les resultaba desconcertante. Era como si no estuviera inventando esas im¨¢genes, sino record¨¢ndolas. Cuando Erik termin¨® su relato, Jaia se aclar¨® la garganta. ¡ª¡°Eres un gran contador de historias, Erik. Pero dime... ?C¨®mo es que puedes describirlas con tanto detalle? Hablas como si las hubieras visto con tus propios ojos.¡± Erik, que estaba acostumbrado a ese tipo de preguntas, sonri¨® ligeramente. ¡ª¡°Supongo que tengo una imaginaci¨®n muy activa. Me gusta imaginar c¨®mo ser¨ªan esas cosas si fueran reales.¡± Jerut inclin¨® la cabeza, observ¨¢ndolo con detenimiento. ¡ª¡°S¨ª, pero no todos pueden imaginar de esa forma. La manera en que hablas... Es diferente. Es como si realmente supieras c¨®mo es estar ah¨ª.¡± Alisha asinti¨®, cruzando los brazos. ¡ª¡°Tus cuentos son fascinantes, pero tambi¨¦n son extra?os. Nunca hemos o¨ªdo nada igual. Ni siquiera nuestras historias m¨¢s antiguas hablan de cosas como las que cuentas.¡± Erik mantuvo su expresi¨®n relajada, pero por dentro sent¨ªa el peso de sus palabras. Sab¨ªa que las mayores eran mucho m¨¢s perceptivas que las chicas, y que su forma de narrar pod¨ªa levantar sospechas. A pesar de ello, no estaba listo para revelarles la verdad de su origen. ¡ª¡°Tal vez mis historias sean solo eso: historias,¡± dijo con calma. ¡ª¡°Pero si les hacen imaginar cosas nuevas, entonces ya cumplen su prop¨®sito.¡± Jaia lo mir¨® con curiosidad antes de dejar escapar un peque?o suspiro. ¡ª¡°Eres un joven peculiar, Erik. Es como si hubieras vivido cosas que nadie aqu¨ª puede entender.¡± Erik baj¨® la mirada por un momento, sintiendo el peso de sus palabras. ¡ª¡°Tal vez,¡± respondi¨® en voz baja. ¡ª¡°O tal vez simplemente veo el mundo de una manera diferente.¡± Las mayores no insistieron m¨¢s esa noche, pero sus pensamientos quedaron marcados. Hab¨ªa algo en Erik que iba m¨¢s all¨¢ de lo que ¨¦l mismo dec¨ªa, algo que sent¨ªan pero no pod¨ªan explicar. Mientras tanto, las chicas, ajenas a la inquietud de las mayores, segu¨ªan haci¨¦ndole preguntas emocionadas sobre los mundos de los que hablaba. La mirada de las mayores durante la fogata le record¨® que, aunque a¨²n no estaban listas para escuchar toda la verdad, hab¨ªa un entendimiento silencioso entre ellos. Algo en sus ojos le dec¨ªa que, cuando llegara el momento, ser¨ªan las primeras en escuchar su historia y tal vez las ¨²nicas capaces de comprenderla. Era un d¨ªa claro y soleado, con el aire fresco movi¨¦ndose suavemente entre los ¨¢rboles. Erik hab¨ªa salido temprano, al bosque del valle. Hoy hab¨ªa decidido cazar algunos ciervonejos utilizando varias trampas simples, una de sus t¨¦cnicas favoritas que le hab¨ªan ense?ado en los ni?os exploradores. Su presencia no pasaba desapercibida, Erik se mov¨ªa con una calma y destreza que dejaba ver su experiencia de supervivencia. Mika, que se encontraba cerca, hab¨ªa decidido observar. No confiaba plenamente en Erik, hoy prefer¨ªa mantenerse alejada. Sin embargo, no pudo evitar fijarse en c¨®mo cazaba. Le llam¨® la atenci¨®n la manera en que utilizaba varias trampas que armaba con ramas y lianas que encontraba a su alrededor, algo que ¨¦l hab¨ªa mencionado en sus historias sobre su vida en el bosque prohibido. Mika, por otro lado, era mucho m¨¢s h¨¢bil con su arco, y siempre hab¨ªa cazado de esa manera. Desde su escondite entre los arbustos, Mika observaba c¨®mo Erik montaba las trampas. Con movimientos precisos y calculados, las dispon¨ªa en el camino de los animales, dejando algunas frutas y sin hacer el menor ruido. Cada trampa parec¨ªa estar colocada estrat¨¦gicamente, como si hubiera pasado a?os perfeccionando su t¨¦cnica. Mika observ¨® con curiosidad, intrigada por la forma en que trabajaba. A lo lejos, vio c¨®mo un ciervonejo, distra¨ªdo, caminaba directamente hacia una de las trampas que Erik hab¨ªa colocado. En un instante, el animal fue atrapado, cayendo en la trampa con un ligero crujido. Mika se sorprendi¨®, ya que hab¨ªa cre¨ªdo que las trampas ser¨ªan menos efectivas y muy tardosas, pero Erik hab¨ªa logrado hacerlas tan discretas que el animal ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Erik se acerc¨® r¨¢pidamente al animal atrapado y, con calma termino el trabajo con un cuchillo bien filoso, y lo liber¨® de la trampa. Mika no pudo evitar sentir una mezcla de asombro y desconcierto. Aunque ella tambi¨¦n hab¨ªa cazado muchas veces, siempre hab¨ªa dependido de su arco y su punter¨ªa, pero las trampas de Erik eran una t¨¦cnica completamente diferente. Sin hacer ruido, Erik comenz¨® a preparar el ciervonejo para llevarlo de vuelta. Mika, a¨²n escondida, pens¨® en c¨®mo cazaba ella misma. Estaba acostumbrada a utilizar su arco, siempre persiguiendo y apuntando al objetivo. Pero lo que Erik hab¨ªa hecho parec¨ªa m¨¢s paciente, m¨¢s observador, como si el terreno mismo fuera su aliado y no solo el objeto de caza. ¨¦l no persegu¨ªa al animal de la misma manera en que ella lo hac¨ªa. En lugar de eso, lo esperaba, lo atra¨ªa hacia ¨¦l sin hacer movimientos bruscos. Mientras Erik caminaba con el ciervonejo en sus brazos, se dio cuenta de que Mika, que hab¨ªa estado observando, estaba ajustando su arco, lista para disparar a uno cercano. Sin embargo, algo en la manera en que se preparaba llam¨® su atenci¨®n. Desde su lugar, vio a varios animales m¨¢s cerca de ella, y un pensamiento r¨¢pido cruz¨® su mente. Erik, en un movimiento silencioso, levant¨® la mano y le hizo una se?al sutil a Mika. Era un gesto casi imperceptible, pero Mika, al ver la direcci¨®n en la que ¨¦l miraba, comprendi¨® r¨¢pidamente lo que intentaba comunicarle. Era una se?al para que disparara en un lugar espec¨ªfico, lo que podr¨ªa dirigir a los animales hacia donde ¨¦l hab¨ªa colocado mas trampas. La idea era simple: hacer que los animales se desplazaran a un ¨¢rea determinada para atraparlos, y no solo dejarlos escapar por la caza directa. Mika, algo desconcertada por la indicaci¨®n, dud¨® por un momento. Pero, confiando en que Erik sab¨ªa lo que estaba haciendo, apunt¨® su arco y dispar¨® hacia el lugar que ¨¦l hab¨ªa se?alado. El tiro fue certero, y en lugar de huir, los animales se movieron justo en la direcci¨®n correcta, acerc¨¢ndose a las trampas dispuestas. Erik sonri¨® con satisfacci¨®n al ver c¨®mo los animales ca¨ªan en las trampas con facilidad. El plan hab¨ªa funcionado, y no solo hab¨ªa atrapado un ciervonejo, sino varios m¨¢s gracias a la colaboraci¨®n entre ambos. Mika, impresionada por la efectividad de la t¨¦cnica, se acerc¨® mientras Erik comenzaba a preparar a los ciervonejos para ser llevados. Ella no pudo evitar sentir una mezcla de sorpresa y respeto por su forma de trabajar. ¡ªEso... fue impresionante ¡ªadmiti¨®, bajando su arco y acerc¨¢ndose a Erik. Erik la mir¨® con una sonrisa tranquila. ¡ªA veces, se necesita un poco de estrategia. No siempre es solo el arco. Las trampas tambi¨¦n pueden ser una buena herramienta, especialmente cuando se combinan con otras habilidades. Mika observ¨® c¨®mo Erik sacaba cuidadosamente a los animales de las trampas, y aunque sent¨ªa algo de orgullo por su habilidad con el arco, comenz¨® a darse cuenta de que hab¨ªa mucho m¨¢s que aprender. No se trataba solo de su habilidad, sino tambi¨¦n de saber cu¨¢ndo usar otras herramientas, como las trampas, para lograr el objetivo. ¡ªCreo que deber¨ªa aprender m¨¢s sobre esas trampas ¡ªmurmur¨® Mika, un poco reticente pero curiosa. Erik asinti¨® mientras revisaba las trampas con atenci¨®n. ¡ªEstar¨¦ encantado de ense?arte. Es cuesti¨®n de tener paciencia y saber observar. Es otra forma de cazar, pero igual de eficaz. Con el tiempo, tanto Mika como Erik recogieron los animales atrapados, y juntos se dirigieron de vuelta a la aldea. Mika, aunque a¨²n prefer¨ªa su arco, comenz¨® a ver que, con la ayuda de las trampas y la estrategia, pod¨ªan conseguir a¨²n m¨¢s de lo que esperaba. Mientras caminaban de regreso, ella no pudo evitar pensar en c¨®mo su manera de cazar y la de Erik se complementaban, y c¨®mo las trampas podr¨ªan ser una herramienta valiosa que hasta entonces hab¨ªa pasado por alto. Ahora, mientras ve¨ªa a Erik cargar con los ciervonejos atrapados en sus trampas, recordaba las palabras de Arlea con m¨¢s claridad. Hab¨ªa sido esc¨¦ptica al principio, pero despu¨¦s de ver su m¨¦todo de caza, su forma de pensar y c¨®mo lograron atrapar m¨¢s trabajando juntos, ya no pod¨ªa negar que Erik no solo era h¨¢bil, sino que tambi¨¦n ten¨ªa paciencia y estrategia. Observ¨¢ndolo de reojo, Mika suspir¨® para s¨ª misma. Quiz¨¢s Arlea ten¨ªa raz¨®n. Quiz¨¢s no se trataba solo de vigilarlo o retarlo en cada oportunidad. Tal vez era momento de dejar de verlo como una amenaza y empezar a verlo como un compa?ero de caser¨ªa. No significaba que bajar¨ªa completamente la guardia, pero s¨ª que, al menos por ahora, pod¨ªa intentar llevarse bien con ¨¦l. Con el paso de los d¨ªas, la destreza de Lera con el telar mejor¨® notablemente. Al principio, hab¨ªa trabajado bajo la gu¨ªa de las mayores, siguiendo cada uno de sus consejos con atenci¨®n. Pero ahora, con la pr¨¢ctica constante, pod¨ªa manejar el telar con gran habilidad, tejiendo telas con rapidez y precisi¨®n. Las mujeres mayores la observaban con orgullo mientras sus manos ¨¢giles pasaban los hilos de un lado a otro, creando patrones m¨¢s complejos con cada nueva pieza. Jaia, que sol¨ªa supervisarla con ojo cr¨ªtico, ahora asent¨ªa en aprobaci¨®n cada vez que ve¨ªa su progreso. ¡ªLo haces bien, Lera ¡ªdijo Jaia, cruzando los brazos¡ª. Ya casi no necesitas que te vigilemos. Lera sonri¨® con modestia, pero en el fondo se sent¨ªa emocionada. Sin embargo, no se conform¨® solo con tejer la lana, sino que quiso experimentar con los materiales disponibles. Recordando la fibra parecida al algod¨®n que hab¨ªa encontrado hace un tiempo, decidi¨® probar algo nuevo: combinarla con la lana de oveja. El proceso no fue sencillo, pero con paciencia y varias pruebas, logr¨® mezclar ambos materiales, creando una tela m¨¢s ligera y suave que la lana com¨²n, pero tambi¨¦n resistente. ¡ªEsto podr¨ªa servir para hacer ropa m¨¢s fresca ¡ªcoment¨® mientras mostraba la tela a las mayores. Jerut tom¨® un pedazo entre sus dedos y lo examin¨® con inter¨¦s. ¡ªEs diferente, pero me gusta ¡ªdijo con un tono pensativo¡ª. Si resulta duradera, podr¨ªamos hacer m¨¢s de estas. Mientras Lera pasaba sus dedos por la nueva tela que hab¨ªa logrado mezclar, se detuvo un momento y frunci¨® el ce?o. La textura¡­ le resultaba extra?amente familiar. Tom¨® un trozo entre sus manos y lo estir¨® un poco, sintiendo su resistencia. Entonces, su mirada se dirigi¨® involuntariamente a la direcci¨®n de la caba?a de Erik. ¡ªEs casi igual¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma, compar¨¢ndola mentalmente con la tela de los pantalones que ¨¦l llevaba. La emoci¨®n la invadi¨® de golpe. Si esta tela era tan buena como parec¨ªa, significaba que podr¨ªan hacer prendas mucho m¨¢s c¨®modas y duraderas. No perdi¨® tiempo y, con la tela en manos, sali¨® r¨¢pidamente en direcci¨®n a Erik. Erik estaba en su caba?a, tallando con paciencia una peque?a pieza de madera. Hab¨ªa pasado varios d¨ªas trabajando en ella en sus ratos libres, asegur¨¢ndose de que cada detalle quedara perfecto. Justo cuando estaba afinando los ¨²ltimos bordes de la diadema que planeaba regalarle a Suri, escuch¨® pasos acerc¨¢ndose. Instintivamente, apart¨® la madera y la cubri¨® con un trozo de piel que ten¨ªa cerca, justo cuando Lera asom¨® la cabeza por la entrada con una sonrisa entusiasta. ¡ª?Erik, mira esto! ¡ªexclam¨®, levantando una pieza de tela con ambas manos¡ª. La hice mezclando la fibra que encontr¨¦ con la lana de oveja¡­ ?y creo que es igual a la tela de tu pantal¨®n! Erik la mir¨® con sorpresa, pero Lera no tard¨® en notar su actitud nerviosa. ¡ª?Qu¨¦ estabas haciendo? ¡ªpregunt¨®, entrecerrando los ojos con sospecha. ¡ªNada, solo¡­ ¡ªErik se rasc¨® la nuca y suspir¨®, sabiendo que no ten¨ªa sentido ocultarlo¡ª. Es un regalo para Suri. Los ojos de Lera brillaron con inter¨¦s. ¡ª?Un regalo? ?Qu¨¦ es? ¡ªA¨²n no est¨¢ listo ¡ªrespondi¨® Erik con una leve sonrisa¡ª, pero ya lo ver¨¢s cuando llegue su d¨ªa especial. Lera le sostuvo la mirada por un instante, como si intentara descubrir m¨¢s, pero finalmente dej¨® el tema de lado. ¡ªBueno, entonces espera a ver esto ¡ªdijo, extendi¨¦ndole la tela¡ª. Creo que es a¨²n mejor que la de tu pantal¨®n. Erik tom¨® la tela entre sus dedos y la inspeccion¨® con atenci¨®n. La sensaci¨®n era sorprendentemente parecida, aunque con un toque m¨¢s c¨¢lido y resistente. ¡ªEsto¡­ esto es incre¨ªble ¡ªdijo con asombro¡ª. Se siente casi igual, pero parece incluso m¨¢s fuerte. Lera sonri¨® con orgullo. ¡ª?Crees que podr¨ªamos hacer ropa como la tuya con esto? ¡ªDefinitivamente. Y no solo ropa. Tambi¨¦n podr¨ªamos hacer mantas, mochilas, bolsas¡­ muchas cosas ¨²tiles. La emoci¨®n en el rostro de Lera se intensific¨®. ¡ªEntonces har¨¦ m¨¢s. ?Mucha m¨¢s! Erik sonri¨®, admirando su entusiasmo. Con cada d¨ªa que pasaba, la aldea parec¨ªa avanzar m¨¢s y m¨¢s, y ahora, gracias a Lera, estaban un paso m¨¢s cerca de mejorar su calidad de vida. Lera, a¨²n emocionada por su descubrimiento, le explic¨® a Erik d¨®nde hab¨ªa encontrado la misteriosa fibra que us¨® para crear la nueva tela. ¡ªLa hall¨¦ mas all¨¢ del bosque frutal, donde crecen esas plantas altas con hojas grandes ¡ªdijo, gesticulando con las manos¡ª. No le hab¨ªa dado importancia antes porque no serv¨ªa para comer, pero ahora s¨¦ que puede ser ¨²til. Erik asinti¨®, interesado. Si la fibra realmente se parec¨ªa al algod¨®n, pero nativo de este mundo, significaba que podr¨ªa aprovecharse de muchas formas. ¡ªBueno ire a verla entonces. Quiero ver cu¨¢nto hay ¡ªdijo. ¡ªClaro, pero mejor ve con algunas de las chicas. No estar¨ªa de m¨¢s traer una buena cantidad de una sola vez. Con eso en mente, Erik parti¨® junto a Becca y Hada, quienes no tardaron en mostrarse curiosas cuando Lera les explic¨® el prop¨®sito de su b¨²squeda. ¡ªAs¨ª que esa cosa puede convertirse en tela¡­ ¡ªcoment¨® Hada, frotando un mech¨®n de su propio cabello con una expresi¨®n esc¨¦ptica¡ª. No parece muy resistente. ¡ªLera logr¨® mezclarla con lana y el resultado es incre¨ªble ¡ªdijo Erik¡ª. Vale la pena recolectar m¨¢s. Cuando llegaron a la zona indicada, quedaron sorprendidos. La fibra cubr¨ªa grandes extensiones de tierra, enroll¨¢ndose alrededor de arbustos y esparci¨¦ndose entre las plantas. Se ve¨ªa suave, esponjosa y, lo m¨¢s importante, abundante. ¡ª?Hay much¨ªsima! ¡ªexclam¨® Becca, agach¨¢ndose para tomar un poco entre sus dedos¡ª. Se siente ligera, pero firme. ¡ªEsto es m¨¢s de lo que esperaba ¡ªa?adi¨® Erik, observando los alrededores¡ª. Si la cosechamos bien, podr¨ªamos tener suficiente para hacer muchas cosas nuevas. ¡ª?Entonces pong¨¢monos a trabajar! ¡ªdijo Hada con entusiasmo. Sin perder tiempo, los tres comenzaron a recolectar la fibra en grandes cantidades, usando mantos y bolsas improvisadas para transportarla. Con cada pu?ado que recog¨ªan, la emoci¨®n crec¨ªa en ellos, pues sab¨ªan que este hallazgo traer¨ªa grandes cambios para la aldea. Tras varias horas de cosecha, los tres regresaron al telar con sacos cargados de fibra. Se hab¨ªan asegurado de recolectar todo lo posible, sabiendo que Lera sabr¨ªa aprovecharlo al m¨¢ximo. Al llegar, vieron a Lera trabajando con concentraci¨®n. Hab¨ªa tejido una gran pieza de tela, la m¨¢s ancha que el telar le permit¨ªa hacer. Era una extensi¨®n impresionante, pero al notar su expresi¨®n de ligera frustraci¨®n, Erik supo que algo la inquietaba. ¡ª?Eso es lo m¨¢s grande que puedes hacer? ¡ªpregunt¨® ¨¦l, acerc¨¢ndose para ver mejor la tela. Lera suspir¨® y asinti¨®. ¡ªS¨ª¡­ este telar solo me permite hacer telas de hasta cierto tama?o de ancho. Puedo hacerlas m¨¢s largas, pero el ancho. Es un poco limitante, la verdad. Erik observ¨® la estructura del telar con atenci¨®n. Sin embargo, entend¨ªa su problema: el marco y las piezas de sujeci¨®n restring¨ªan el tama?o de la tela. ¡ªSi cambiamos algunas piezas, tal vez podr¨ªamos ampliarlo ¡ªdijo, pensativo¡ª. Si reemplazamos algunas partes, podr¨ªamos hacer que teja telas m¨¢s anchas. Lera lo mir¨® con inter¨¦s. ¡ª?Crees que podr¨ªamos hacerlo? ¡ªPodemos intentarlo. Solo necesito estudiar bien c¨®mo funciona el telar y ver qu¨¦ partes se puede cambiar. Lera sonri¨®, animada por la idea. ¡ªSi puedes ayudarme con eso, podr¨ªamos hacer ropa y mantos m¨¢s grandes. Ser¨ªa incre¨ªble. Becca y Hada, quienes hab¨ªan estado escuchando la conversaci¨®n, se miraron entre s¨ª con emoci¨®n. ¡ªEntonces habr¨¢ que mejorar ese telar ¡ªdijo Becca con determinaci¨®n. ¡ªS¨ª ¡ªasinti¨® Hada¡ª. Ser¨¢ un buen proyecto. Lera, con una chispa de entusiasmo en los ojos, asinti¨®. Con la fibra reci¨¦n cosechada y la posibilidad de mejorar la herramienta, sent¨ªa que estaba a punto de lograr algo grande. Con algo de esfuerzo y un par de d¨ªas de trabajo, Lograron modificar el telar. Fue un proceso complicado, ya que tuvieron que reforzar algunas piezas y cambiar otras, pero finalmente lograron aumentar el ancho de la tela casi al doble. Lera estaba emocionada con la mejora, moviendo las manos sobre la estructura como si ya imaginara todas las telas que podr¨ªa crear. ¡ª?Esto es incre¨ªble! ¡ªexclam¨® con una gran sonrisa¡ª. Ahora puedo hacer telas mucho m¨¢s grandes sin tener que unir varias piezas peque?as. Erik sonri¨®, satisfecho con el resultado. ¡ªS¨ª, pero ahora necesitas patrones de ropas. No basta con tener tela m¨¢s grande si no sabes c¨®mo aprovecharla. Lera asinti¨®, intrigada, y vio c¨®mo Erik se inclinaba sobre un pedazo de madera plana y comenzaba a dibujar con un peque?o pedazo de carb¨®n. Al principio, los trazos parec¨ªan ca¨®ticos, pero poco a poco fue tomando forma una especie de diagrama. ¡ªEsto¡­ ?Qu¨¦ es? ¡ªpregunt¨® Lera, inclin¨¢ndose para ver mejor. ¡ªEs un patr¨®n de costura ¡ªexplic¨® Erik¡ª. As¨ª es como se hacen las ropas y los pantalones que uso. En lugar de cortar la tela sin orden, se sigue este patr¨®n para darle forma antes de unir las piezas. Mientras observaba los dibujos que Erik hab¨ªa hecho, Lera frunci¨® el ce?o con curiosidad y apoy¨® la barbilla en su mano. ¡ª?C¨®mo sabes tanto de esto? ¡ªpregunt¨®, sin apartar la vista del patr¨®n de los pantalones. Erik se qued¨® en silencio un momento, recordando. Luego sonri¨® levemente. ¡ªMi madre era ayudante de una persona que hacia ropa ¡ªrespondi¨®¡ª. Cuando era ni?o, la ve¨ªa dibujar patrones y cortar tela con precisi¨®n. Siempre dec¨ªa que una ropa bien hecha comenzaba con un buen patr¨®n, no en la tela. Lera levant¨® la mirada, interesada. ¡ªEntonces, ?aprendiste de ella? ¡ªM¨¢s o menos. No me ense?¨® directamente, pero me gustaba ver c¨®mo trabajaba. A veces intentaba ayudarle, aunque la mayor¨ªa de las veces solo estorbaba ¡ªdijo con una peque?a risa¡ª. Pero con el tiempo entend¨ª c¨®mo funcionaba. Lera sonri¨®. ¡ªTu madre deb¨ªa ser muy h¨¢bil. ¡ªLo era ¡ªrespondi¨® Erik con nostalgia¡ª. Hac¨ªa ropa para toda la familia y tambi¨¦n para otras personas. Lera asinti¨®, volviendo a mirar el patr¨®n. ¡ªEntonces, si esto funciona, no solo podr¨ªamos hacer pantalones, sino muchas otras ropas con estos patrones m¨¢s eficientes. ¡ªExactamente. ¡ªrespondi¨® Erik Lera apret¨® los labios, pensativa, y luego sonri¨® con determinaci¨®n. ¡ªVoy a hacer la mejor tela posible para probarlo. Con la mejora del telar y los conocimientos que Erik le compart¨ªa, las posibilidades para la aldea crec¨ªan cada vez m¨¢s. Con el pasar de los d¨ªas, Erik continu¨® ayudando a Lera con ideas para nuevas prendas. Usando un pedazo de carb¨®n y maderas lisas como base, dibuj¨® distintos patrones de ropa que recordaba de su mundo. Los pantalones, camisas, poleras fueron lo m¨¢s sencillo de plasmar, por ser ropa de uso para ambos sexos, pero cuando lleg¨® el momento de dibujar ropa para mujeres, se encontr¨® con un problema: las chicas no conoc¨ªan los sostenes. Mientras intentaba bosquejar uno, Lera frunci¨® el ce?o al mirar el dibujo. ¡ª?Y esto qu¨¦ es? ¡ªpregunt¨®, se?alando el dise?o con curiosidad. ¡ªEs¡­ algo que usan las mujeres en mi aldea ¡ªrespondi¨® Erik, eligiendo sus palabras con cuidado¡ª. Sirve para, bueno sostener los pechos y dar m¨¢s comodidad. Se llama sost¨¦n. Lera lade¨® la cabeza. ¡ª?Sostener los pechos? Pero¡­ ?por qu¨¦ necesitar¨ªamos algo as¨ª? Erik se qued¨® en silencio un momento. Sab¨ªa que en su mundo los sostenes cumpl¨ªan varias funciones, pero en la aldea, donde las chicas usaban prendas de pieles y cuero ajustadas o simplemente dejaban que sus cuerpos se adaptaran de forma natural, su utilidad no parec¨ªa tan evidente. ¡ªBueno, en mi aldea es com¨²n. Algunas mujeres dicen que les da m¨¢s comodidad cuando corren o trabajan, otras lo usan solo por costumbre¡­ Depende de cada quien. Mientras observaba el dibujo, Lera record¨® algo. ¡ªAhora que lo mencionas¡­ Arlea siempre se queja cuando trabaja ¡ªdijo, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Dice que sus pechos le molesta al moverse demasiado. Tal vez este¡­ ?sost¨¦n? Podr¨ªa ayudarla. Erik asinti¨®, aunque algo ruborizado al imaginarse a Arlea corriendo. ¡ªS¨ª, es justo para eso. Algunas mujeres sienten incomodidad cuando corren o trabajan, y esto ayuda a que no les moleste tanto. Lera parec¨ªa intrigada. ¡ªEntonces podr¨ªa hacer uno y pedirle a Arlea que lo pruebe. Si le funciona, las dem¨¢s tambi¨¦n podr¨ªan querer uno. Se qued¨® pensando un momento, repasando mentalmente las diferencias entre las chicas. ¡ªAunque¡­ Mika seguramente no lo necesitar¨¢ ¡ªagreg¨® con una sonrisa burlona¡ª. No tiene mucho que sostener. Erik solt¨® una risa breve, pero se cubri¨® la boca de inmediato para disimular. ¡ªBueno, depende de la persona. Algunas lo usan por comodidad, otras solo porque les gusta c¨®mo se ve. Lera asinti¨®, a¨²n revisando el dibujo. ¡ªDe cualquier forma, quiero intentarlo. Si de verdad es ¨²til, tal vez pueda hacerlas y ver qu¨¦ opinan las dem¨¢s. ¡ªMe parece una buena idea ¡ªdijo Erik con una sonrisa¡ª. Si necesitas ayuda con mas patrones solo, dimelo. Lera tom¨® el dibujo con decisi¨®n. ¡ªHar¨¦ algunas pruebas. Qui¨¦n sabe, tal vez esto se vuelva algo ¨²til para las dem¨¢s. As¨ª, con la mente llena de ideas, Lera se prepar¨® para experimentar con esta nueva prenda, pensando en c¨®mo podr¨ªa mejorar la comodidad de sus compa?eras, en especial la de Arlea. Con el paso de los d¨ªas, Lera decidi¨® empezar a probar con los patrones que Erik le hab¨ªa dibujado. Sab¨ªa que las dem¨¢s estaban ocupadas con sus tareas, as¨ª que no pod¨ªa pedirles que le sirvieran de modelo. Pero hab¨ªa una que siempre estaba cerca, dispuesta a ayudar en todo lo que pudiera: Suri. Al principio, Lera dud¨® un poco, pregunt¨¢ndose si estar¨ªa bien usarla como modelo para sus pruebas. Pero deb¨ªa practicar para sacar las medidas de los patrones y bueno con Suri si falla con las medidas no perder¨¢ mucha tela en sus practicas. Pero al verla correteando cerca, como siempre tan llena de energ¨ªa, una idea surgi¨® en su mente. ¡ªSuri, ?quieres ayudarme con algo? ¡ªpregunt¨® Lera mientras Suri jugaba cerca, d¨¢ndole una sonrisa c¨®mplice. Suri se acerc¨® curiosa, sin saber muy bien qu¨¦ implicar¨ªa. ¡ª?Qu¨¦ quieres que haga? ¡ªpregunt¨®, mirando la pila de tela que Lera hab¨ªa acumulado y preparado. ¡ªVoy a practicar con algunos patrones, y pens¨¦ que podr¨ªas ser mi modelo ¡ªdijo Lera, sin mucha complicaci¨®n, mientras se alistaba. Suri se qued¨® pensativa por un momento, pero luego sonri¨®, emocionada por la idea. ¡ª?Claro! ?Qu¨¦ tengo que hacer? ¡ªrespondi¨® sin pensarlo mucho. Lera sab¨ªa que para poder hacer las prendas adecuadas, necesitaba tomar las medidas con precisi¨®n. Suri, siendo la m¨¢s peque?a y siempre dispuesta a ayudar, se ofreci¨® encantada. ¡ªBien, necesito que te quites tu vestido por un momento ¡ªle dijo Lera con voz tranquila y segura. Suri, accedi¨® r¨¢pidamente, dej¨¢ndose llevar por la emoci¨®n de la nueva ropa que Lera iba hacer para ella. Se qued¨® solo con una piel que usaba como ropa interior, mientras Lera tomaba una tira larga de cuero para tomar sus medidas y la cortaba al tama?o deseado. ¡ªVoy a hacer unas ropas parecidas a la que Erik usa", ?te gustar¨ªa? ¡ªle pregunt¨® Lera, mientras media con la tira de cuero. Suri, al escuchar la palabra parecidas las ropa de Erik¡±, se ilumin¨®. ¡ª?S¨ª! ?Como las de Erik! ?Quiero unas as¨ª! ¡ªdijo, emocionada, mientras saltaba con alegr¨ªa. Lera sonri¨® ante la respuesta de Suri, al ver lo emocionada que estaba, sabia que Suri admiraba a Erik y por eso har¨¢ unas parecidas. Mientras tomaba las medidas, ajustaba la tela con rapidez. En su mente, pensaba que unos pantalones cortos, le quedar¨ªa perfecta para el calor del lugar. ¡ªY tambi¨¦n unos pantalones, ?te parecen bien? ¡ªle pregunt¨® mientras le mostraba el dise?o. Suri asinti¨®, sin poder dejar de sonre¨ªr. ¡ª?S¨ª! ?Eso est¨¢ perfecto! Como los de Erik, que me encantan. Lera, concentrada en la tarea, cortaba y cos¨ªa con cuidado, asegur¨¢ndose de que todo quedara bien para la peque?a. En unas horas de trabajo, Suri ya estaba con ropas nuevas que le quedaba perfectamente. ¡ªAqu¨ª tienes tus nuevas ropas ¡ªdijo Lera, mostr¨¢ndole las prendas terminadas, aunque los pantalones no eran tan profesionales como las de Erik, aun as¨ª eran de buena calidad. Suri corri¨® hacia la caba?a, una vez vestida no dejaba de estirarse y girar, feliz con lo que ten¨ªa. ¡ª?Me encanta! ?Es tan c¨®moda! ¡ªexclam¨®, sin dejar de sonre¨ªr mientras saltaba de alegr¨ªa. Lera, al ver la felicidad de Suri, tambi¨¦n sonri¨®. Se sent¨ªa satisfecha con el resultado, y sab¨ªa que la peque?a disfrutar¨ªa de su nueva ropa. Adem¨¢s, pensaba que a medida que practicaba m¨¢s, podr¨ªa hacerle prendas a¨²n m¨¢s lindas. Mientras tanto, Suri continu¨® jugando con su nueva "polera" y sus pantalones, mostrando lo que le hab¨ªa hecho Lera con un orgullo enorme. Suri, radiante con su nueva ropa, no pudo esperar ni un segundo m¨¢s. Sali¨® corriendo del taller de Lera y, con su nueva polera y pantalones, se dirigi¨® al centro de la aldea, buscando a las dem¨¢s. Sus ojos brillaban de emoci¨®n, y su sonrisa era tan grande que parec¨ªa iluminar todo a su alrededor. ¡ª?Miren, miren lo que Lera me hizo! ¡ªexclam¨® Suri mientras llegaba a donde las otras chicas estaban reunidas. Becca, Mika, y Arlea levantaron la mirada, sorprendidas por lo que ve¨ªan. La peque?a Suri, con la ropa que le hab¨ªa hecho Lera, parec¨ªa una versi¨®n m¨¢s peque?a de Erik. Aunque la ropa era un poco m¨¢s suelta de lo que ellas sol¨ªan usar, se notaba lo c¨®moda y libre que se sent¨ªa Suri al moverse. Los pantalones le daban una gran libertad de movimiento. ¡ª?Wow, Suri! ?Te queda incre¨ªble! ¡ªdijo Becca, sonriendo al ver lo bien que se ve¨ªa con la ropa nueva. Mika, algo sorprendida por el estilo de la ropa, no pudo evitar mirarla con admiraci¨®n. ¡ªEs perfecta para ti ¡ªcoment¨® Mika, tambi¨¦n sonriendo. Arlea, observando la ropa con atenci¨®n, not¨® lo suelta que era, algo diferente a lo que sol¨ªan llevar. Parec¨ªa c¨®moda, pero a¨²n as¨ª era algo novedoso. Sin embargo, no pod¨ªa negar que a Suri le quedaba muy bien. ¡ªLera realmente tiene talento ¡ªcoment¨® Arlea, asintiendo mientras observaba a Suri moverse felizmente. Suri, sin perder tiempo, corri¨® hacia donde Erik estaba cerca del ¨¢rea de la fogata, con la esperanza de mostrarle tambi¨¦n lo que le hab¨ªa hecho Lera. Erik, que estaba ajustando algunas cosas alrededor de la fogata, alz¨® la vista al escuchar a Suri acercarse. ¡ª?Mira, Erik! ?Lera me hizo ropa como la tuya! ¡ªdijo Suri, brincando frente a ¨¦l. Erik, al ver a Suri tan emocionada, no pudo evitar sonre¨ªr. La ropa le quedaba incre¨ªble, aunque algo suelta, pero eso solo parec¨ªa hacerla a¨²n m¨¢s c¨®moda. Ver a Suri tan feliz con lo que llevaba puesto le llenaba de satisfacci¨®n. ¡ª?Te ves genial, Suri! ¡ªrespondi¨® Erik, asintiendo mientras la miraba. Suri, sin poder dejar de sonre¨ªr, gir¨® sobre s¨ª misma, mostr¨¢ndole c¨®mo la prenda se mov¨ªa con ella. Se sent¨ªa m¨¢s libre, m¨¢s c¨®moda, y sobre todo, muy feliz. ¡ª?Gracias, Lera! ¡ªexclam¨®, mirando a la joven que estaba cerca de ellas. Las dem¨¢s chicas, observando la escena, tambi¨¦n sonrieron. Era evidente que la ropa hab¨ªa tra¨ªdo alegr¨ªa a Suri, y viendo el entusiasmo de Suri, no pod¨ªa dejar de sentirse orgullosa de lo que hab¨ªa logrado. ¡ªMe alegra mucho que te guste, Suri ¡ªdijo Lera con una sonrisa c¨¢lida. Las dem¨¢s chicas, curiosas, comenzaron a acercarse a Lera. ¡ªOye, Lera, ?Cu¨¢ndo vamos a tener nosotras tambi¨¦n, ropa tan c¨®moda? ¡ªpregunt¨® Becca, mirando con envidia la ropa de Suri. ¡ª?S¨ª! Yo tambi¨¦n quiero algo as¨ª ¡ªagreg¨® Hada, sonriendo. Lera, con una risita traviesa, mir¨® a las chicas. ¡ªTendr¨¦ que hacer m¨¢s tela para ustedes, por supuesto ¡ªdijo, gui?ando un ojo. Luego, al ver la mirada curiosa de Arlea, a?adi¨® con una sonrisa a¨²n m¨¢s amplia¡ª. Y a¨²n necesitar¨¦ mucho m¨¢s para Arlea. ?Ser¨¢ todo un desaf¨ªo! Las chicas rieron al escuchar el comentario, sabiendo que las prendas para Arlea ser¨ªan un reto. Lera ya hab¨ªa comenzado a hacer las telas, pero tambi¨¦n entend¨ªa que ser¨ªa necesario mucho m¨¢s trabajo para hacer ropa que se ajustara bien a cada una. Mientras tanto, Suri segu¨ªa feliz, movi¨¦ndose de un lado a otro con su nueva ropa, completamente encantada. Lera, viendo el entusiasmo de todas, no pod¨ªa evitar sentirse motivada. Sab¨ªa que ten¨ªa mucho por hacer, pero ver la felicidad de las chicas con su trabajo la llenaba de orgullo. Capitulo 17: “El Despertar de la Curiosidadâ€� Un d¨ªa, mientras Mika caminaba cerca del r¨ªo, vio a Erik, como siempre, al amanecer, dirigi¨¦ndose hacia las monta?as. Ya lo hab¨ªa observado durante varios d¨ªas y sab¨ªa a d¨®nde se dirig¨ªa: a la cascada. Mika no pod¨ªa evitar sentir curiosidad, pues hab¨ªa notado que ¨¦l se iba muy temprano, cuando a¨²n la luz no se filtraba completamente entre los ¨¢rboles, y a veces no pod¨ªa evitar seguirlo discretamente, espi¨¢ndolo desde lejos. Sab¨ªa que ¨¦l iba a ba?arse, pero el misterio de su comportamiento la intrigaba. Ella no le hab¨ªa dicho a nadie lo que hab¨ªa estado observando, aunque su mente siempre se llenaba de preguntas sobre lo que ve¨ªa. Sin embargo, nunca se hab¨ªa atrevido a preguntarle directamente. Hasta que un d¨ªa, no pudo m¨¢s. ¡ªErik ¡ªdijo, acerc¨¢ndose con algo de nerviosismo mientras ¨¦l se preparaba para que salgan juntos a casar ¡ª, ?por qu¨¦ te vas tan temprano a las monta?as algunas ma?anas? ?Qu¨¦ haces all¨¢? Erik la mir¨® por un momento, algo sorprendido por la pregunta directa, pero comprendi¨® r¨¢pidamente a qu¨¦ se refer¨ªa. Sin querer entrar en detalles sobre sus costumbres personales de aseo, pens¨® que lo mejor era dar una respuesta que no causara demasiada curiosidad. ¡ªVoy a explorar ¡ªrespondi¨®, tratando de sonar casual¡ª. Hay lugares que a¨²n no conozco bien. Solo me gusta ver qu¨¦ hay m¨¢s all¨¢, reconocer el terreno que nos rodea. Mika se qued¨® un poco pensativa, pero acept¨® su respuesta, aunque no era lo que esperaba. Aunque no dijo nada m¨¢s. Ella ya sab¨ªa lo que realmente hac¨ªa. Y en ocasiones, cuando el sol a¨²n no brillaba por completo, ella lo espiaba desde las sombras de los ¨¢rboles algo cercanos. Lo que m¨¢s le intrigaba era c¨®mo ¨¦l parec¨ªa tan natural y c¨®modo en su rutina, y la piel de Erik, que ahora le parec¨ªa m¨¢s suave que antes, como si hubiera aprendido a cuidarla de alguna manera. ¡ª?Ser¨¢ por que se frota la piel con una piedra? pens¨®, ya m¨¢s convencida de que hab¨ªa algo m¨¢s en sus h¨¢bitos matutinos. Aunque Mika no le dijo nada, ni a ¨¦l ni a las dem¨¢s, esa curiosidad segu¨ªa creciendo dentro de ella. La diferencia f¨ªsica entre ellos le resultaba fascinante, y cada vez que lo ve¨ªa, no pod¨ªa evitar comparar sus cuerpos y sus rutinas de aseo. Pero por ahora, se guard¨® sus pensamientos y tambi¨¦n se alisto para ir a cazar juntos, y sigui¨® observ¨¢ndolo en silencio. Despu¨¦s de la cacer¨ªa, Erik decidi¨® alejarse un poco. ¡ªVoy a explorar un rato ¡ªdijo, ajustando algunas cosas que llevaba en su espalda. Mika lo observ¨® con detenimiento. ¡ª?A d¨®nde? ¡ªNo s¨¦, por las monta?as. Ella no respondi¨®, solo lo mir¨® mientras se alejaba. No era la primera vez que Erik desaparec¨ªa por su cuenta, y ya ten¨ªa la costumbre de ir solo a las monta?as. Mika apret¨® los labios, pensativa. ¡ª?Ir¨¢ a ba?arse? La idea la incomod¨® un poco, pero m¨¢s que nada, despert¨® su curiosidad. Si era as¨ª, no estaba segura de por qu¨¦ quer¨ªa verlo con sus propios ojos, pero antes de que pudiera cuestion¨¢rselo demasiado, ya lo estaba siguiendo. Se movi¨® con sigilo, asegur¨¢ndose de pisar en suelo firme para no hacer ruido. Erik caminaba con calma, sin sospechar que ella estaba detr¨¢s. Mika lo sigui¨® a una distancia prudente, atenta a cada paso, esperando que en cualquier momento desviara su rumbo hacia la cascada. Pero Erik no gir¨® hacia el sendero de la cascada sino sigui¨® caminando a una zona mas rocosa y seca. ¡ª?A d¨®nde va? Mika frunci¨® el ce?o y continu¨® tras ¨¦l, pero a medida que avanzaban, el terreno comenz¨® a volverse m¨¢s accidentado. Las piedras sueltas lastimaban la planta de sus pies descalzos, y la tierra seca y ¨¢spera le dificultaba el paso. Mika chasque¨® la lengua enojada consigo misma. ¡ª?Por qu¨¦ no tenemos algo parecido a sus zapatos? Erik, en cambio, segu¨ªa caminando con facilidad gracias a sus zapatos. Mika se detuvo un momento para masajearse los pies, sintiendo el ardor en la piel. No quer¨ªa admitirlo, pero si segu¨ªa avanzando, acabar¨ªa lastim¨¢ndose. En ese momento, Erik se detuvo. Se inclin¨® un poco, inspeccionando algo en el suelo, y Mika aprovech¨® para acercarse un poco m¨¢s, todav¨ªa escondida tras unos arbustos. Entonces, lo vio fruncir el ce?o y levantar un pie del suelo. ¡ªGenial¡­ ¡ªmurmur¨® Erik. Mika entrecerr¨® los ojos. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ¨¦l intent¨® raspar su zapato contra una roca, pero sin ¨¦xito. Mika not¨® que algo dorado y pegajoso se hab¨ªa adherido a la suela de su zapato. ¡ªEs Resina?. Mika se tap¨® la boca para contener una risa. Ahora entend¨ªa lo que pasaba. Aprovechando que Erik segu¨ªa distra¨ªdo con sus zapatos pegajosos, Mika decidi¨® que era momento de regresar. El terreno ya no le favorec¨ªa, y tampoco quer¨ªa que ¨¦l se diera cuenta de que lo hab¨ªa estado siguiendo. Dio un paso atr¨¢s con cautela¡­ Pero en ese momento, Erik se gir¨® bruscamente. Sus ojos se encontraron. Mika se qued¨® quieta, sin expresi¨®n, como si no hubiera hecho nada sospechoso. ¡ª?Me estabas siguiendo? ¡ªpregunt¨® Erik, cruz¨¢ndose de brazos. Ella, sin inmutarse, se encogi¨® de hombros. ¡ªPens¨¦ que ibas a perderte otra vez. Erik parpade¨®, sorprendido. ¡ª?perderme? ¡ªS¨ª. Erik suspir¨® y pas¨® una mano por su cabello. ¡ªNo. Solo quer¨ªa explorar un poco. Mika mir¨® sus pies adoloridos y luego el terreno rocoso frente a ella. ¡ªPues ya puedes ver que no es f¨¢cil seguirte. Erik baj¨® la mirada a sus pies. La piel enrojecida y los peque?os raspones eran prueba de que Mika hab¨ªa caminado m¨¢s de lo que su cuerpo pod¨ªa soportar en ese tipo de terreno. ¡ª?Te duelen? ¡ªpregunt¨®. ¡ªNo es nada ¡ªrespondi¨® Mika, pero evit¨® apoyarse del todo en uno de sus pies. Erik suspir¨®. ¡ªNo deber¨ªas volver sola. Si ya te lastimaste aqu¨ª, podr¨ªas hacerte m¨¢s da?o bajando. Mika frunci¨® el ce?o. ¡ªPuedo sola. ¡ªLo s¨¦, pero prefiero acompa?arte. Ella lo mir¨® con recelo, como si estuviera a punto de discutir, pero luego suspir¨® resignada. No ten¨ªa caso hacerse la orgullosa cuando apenas pod¨ªa pisar bien. Erik sonri¨® con suavidad y le ofreci¨® su brazo. ¡ªVolvamos. Mika vacil¨® un momento, pero al final acept¨® su ayuda. Erik la gui¨® con calma, asegur¨¢ndose de que no pisara piedras filosas ni ra¨ªces traicioneras. Mika, por su parte, intent¨® no pensar demasiado en lo natural que se sent¨ªa caminar a su lado. Cuando Erik y Mika llegaron a la aldea, el sol ya estaba descendiendo, ti?endo el cielo con tonos c¨¢lidos de naranja y violeta. Mika a¨²n cojeaba levemente, aunque intentaba disimularlo, y Erik caminaba a su lado con paciencia, asegur¨¢ndose de que no tropezara. No tardaron mucho en ser recibidos por Lera, quien estaba cerca, trabajando con las telas que hab¨ªa tejido recientemente. ¡ª?D¨®nde estaban? ¡ªpregunt¨® con curiosidad, alzando la vista al verlos acercarse. Pero en cuanto not¨® la forma en que Mika apoyaba su peso con cuidado en cada paso, su expresi¨®n cambi¨® a una de preocupaci¨®n. ¡ªMika, ?Qu¨¦ te pas¨®? ¡ªNada ¡ªrespondi¨® Mika con indiferencia, como si no tuviera los pies enrojecidos y llenos de peque?as raspaduras. Lera frunci¨® el ce?o y mir¨® a Erik, esperando una respuesta m¨¢s clara. ¡ªNos alejamos un poco m¨¢s de lo usual. Pero el terreno era complicado y termin¨® lastim¨¢ndose los pies. Lera chasque¨® la lengua y tom¨® la mu?eca de Mika, gui¨¢ndola sin pedir permiso. ¡ªVen, d¨¦jame ver. Mika gru?¨®, y mas calmada al o¨ªr que Erik no la delato que lo segu¨ªa, no se resisti¨® demasiado cuando Lera la llev¨® a sentarse en un tronco cercano. Lera se agach¨® y tom¨® uno de sus pies con delicadeza, examin¨¢ndolo con atenci¨®n. ¡ªTienes que ser m¨¢s cuidadosa ¡ªmurmur¨®, trayendo agua y una tela limpia para limpiar el polvo y la suciedad de las heridas superficiales¡ª. Esto te va a arder un poco. Mika hizo una mueca cuando Lera pas¨® el pa?o h¨²medo por su piel, pero no dijo nada. Mientras tanto, Erik se cruz¨® de brazos y observ¨® la escena en silencio, hasta que not¨® que Lera le echaba un vistazo a sus zapatos con el ce?o fruncido. ¡ª?Qu¨¦ es eso? ¡ªpregunt¨®, se?alando con la cabeza. Erik baj¨® la mirada a sus pies y record¨® el problema pegajoso que hab¨ªa encontrado en las monta?as. ¡ªCreo que es una especie de resina ¡ªexplic¨®¡ª. Es muy pegajosa y dif¨ªcil de quitar. Lera se inclin¨® con curiosidad, examinando la sustancia dorada que cubr¨ªa la suela de los zapatos de Erik. ¡ªSabemos lo que es la resina ¡ªdijo¡ª, la usamos para cosas o reforzar algunas uniones¡­ pero esta es diferente. Mika, que ya parec¨ªa m¨¢s c¨®moda con los cuidados de Lera, tambi¨¦n mir¨® la resina en los zapatos de Erik con inter¨¦s. ¡ªS¨ª, se ve m¨¢s espesa y m¨¢s oscura que la que conocemos. Lera extendi¨® la mano y toc¨® la resina con la punta de los dedos, notando que se pegaba a su piel de inmediato. Frunci¨® el ce?o y frot¨® los dedos entre s¨ª, sintiendo su textura m¨¢s viscosa. ¡ªEs m¨¢s pegajosa que la que usamos ¡ªmurmur¨®¡ª. Y el color es m¨¢s intenso¡­ Erik asinti¨®. Lera se qued¨® pensativa, observando c¨®mo la resina se adher¨ªa a sus dedos y tardaba en despegarse. ¡ªEsto es interesante¡­ ¡ªsusurr¨® para s¨ª misma¡ª. Si es diferente, quiz¨¢s tenga otros usos. Erik la mir¨® con una sonrisa divertida. ¡ª?Vas a experimentar con ella? ¡ªPor supuesto ¡ªrespondi¨® Lera, ya con esa chispa de emoci¨®n en los ojos que ten¨ªa cuando encontraba algo nuevo para estudiar¡ª. Si podemos usarla mejor que la otra resina, podr¨ªa ayudarnos en muchas cosas. Erik asinti¨®, satisfecho de que su hallazgo tuviera un prop¨®sito. ¡ªPodemos buscar m¨¢s cuando quieras. Lera sonri¨®, ya imaginando las posibilidades de la nueva resina. Mientras tanto, Mika suspir¨®, viendo c¨®mo la conversaci¨®n hab¨ªa cambiado de sus heridas a los experimentos de Lera. ¡ª?Puedo irme ya? Lera la mir¨® con diversi¨®n antes de asentir. ¡ªS¨ª, pero procura no andar en terrenos as¨ª otra vez. Mika rod¨® los ojos, pero se levant¨® con cuidado, apoy¨¢ndose un poco en Erik antes de recuperar el equilibrio. ¡ªLo pensar¨¦ ¡ªdijo, antes de alejarse. Lera neg¨® con la cabeza y volvi¨® a mirar a Erik. ¡ªVoy a probar qu¨¦ puedo hacer con esta resina. Pero en serio, l¨ªmpiate los zapatos antes de que termines pegado a todas partes. Erik ri¨® suavemente. ¡ªLo har¨¦ antes de que sea demasiado tarde. Con la aldea volviendo a la calma mientras el sol terminaba de ocultarse, Erik se sinti¨® m¨¢s tranquilo. Al menos, hab¨ªa tra¨ªdo algo ¨²til de su exploraci¨®n corta. Esa noche despu¨¦s de la fogata y charlas como siempre, Mika no pod¨ªa dejar de dar vueltas en su cama, su mente estaba llena de dudas. Lo que hab¨ªa visto en la cascada durante d¨ªas no le dejaba paz, y no sab¨ªa a qui¨¦n acudir. Pens¨® en las mayores, en c¨®mo siempre parec¨ªan tener respuestas para todo, y en su propia confusi¨®n. Sab¨ªa que lo que hab¨ªa observado era algo importante, algo que no entend¨ªa, pero que tambi¨¦n le causaba una sensaci¨®n muy curiosa. Al d¨ªa siguiente, mientras las otras se ocupaban en sus tareas, Mika decidi¨® acercarse a las mayores. Sab¨ªa que no ser¨ªa f¨¢cil, pero sent¨ªa que no pod¨ªa guardarse m¨¢s esas preguntas que la confund¨ªan. Decidi¨® esperar hasta que el ambiente estuviera m¨¢s tranquilo, cuando las mayores no tuvieran mucho que hacer y pudiera hablar con ellas sin interrupciones. Finalmente, cuando las encontr¨® charlando y relaj¨¢ndose despu¨¦s de un d¨ªa de trabajo, Mika se acerc¨® con algo de nerviosismo. Sus palabras salieron vacilantes al principio, pero finalmente se decidi¨® a preguntar: ¡ªLes quiero preguntar algo¡­ algo que he estado pensando mucho estos d¨ªas ¡ªdijo Mika, mirando a las tres con una mezcla de timidez y determinaci¨®n. Jaia, que estaba sentada m¨¢s cerca, levant¨® la mirada, como si notara que algo serio estaba pasando por la mente de la joven. ¡ª?Qu¨¦ pasa, Mika? ¡ªpregunt¨® Jaia con suavidad, invit¨¢ndola a continuar. Mika, con el rostro un tanto ruborizado, empez¨® a hablar, aunque le costaba encontrar las palabras adecuadas. ¡ªDesde hace unos d¨ªas¡­ segu¨ª a Erik a las monta?as cerca de la ca¨ªda de agua y, lo vi sin ropa, ba?¨¢ndose. No entiendo lo que vi, pero era algo muy diferente, algo que no hab¨ªa visto antes, entre sus piernas le sal¨ªa algo¡ªdijo, con una mezcla de nerviosismo y curiosidad. Las mayores se miraron entre s¨ª, con cierta comprensi¨®n en sus rostros. Mika hab¨ªa tocado un tema delicado, pero ellas sab¨ªan que la curiosidad de las j¨®venes era natural. Jaia fue la primera en hablar. ¡ªAh, ya veo¡­ ¡ªdijo Jaia, como si entendiera de inmediato. ¡ªLo que viste es natural. Lo que pasa es que los hombres tienen¡­ eso entre las piernas, por decirlo de alguna manera. Algo que nosotras no tenemos. Las mayores se dieron cuenta de que Mika a¨²n estaba algo confundida, la joven segu¨ªa intrigada por una cuesti¨®n fundamental: ¡ª?por qu¨¦ los hombres tienen eso? Fue Jaia quien, con una mirada profunda, decidi¨® brindar la explicaci¨®n de manera m¨¢s detallada, pero tambi¨¦n un tanto juguetona, como si fuera una historia antigua que ya conoc¨ªan, pero que nunca antes hab¨ªan tenido que contar. ¡ªAh, Mika ¡ªcomenz¨® Jaia, mirando a la joven con una sonrisa comprensiva¡ª. Entiendo bien tu curiosidad. Nosotras, las mujeres, no tenemos esa parte, esa diferencia. Mika escuchaba atentamente, completamente cautivada, con la mente llena de preguntas y, por supuesto, m¨¢s inquieta que nunca. Las otras dos mayores, Jerut y Alisha, intercambiaron miradas, como si supieran lo que Jaia iba a decir y disfrutaran de la oportunidad de explic¨¢rselo. ¡ªLos hombres, querida ¡ªdijo Alisha con tono sabio¡ª, tienen algo que nosotras no. Esa "diferencia" que viste de Erik tiene un prop¨®sito muy importante. Es lo que les permite cumplir con la funci¨®n de continuar el ciclo de la vida, de dar vida. Sin eso, no podr¨ªa haber hijos. Piensa que cada ser en la naturaleza tiene su propio papel, y lo que los hombres tienen es algo que ellas, las mujeres, no necesitamos en el mismo sentido. Jerut, que hab¨ªa estado observando en silencio, se uni¨® a la conversaci¨®n con una sonrisa juguetona. ¡ªS¨ª, es como un instrumento que necesitan para llevar adelante el futuro de los seres. Nosotras, como mujeres, tambi¨¦n tenemos una funci¨®n importante en ese ciclo, pero no todos los secretos del mundo se nos revelan. Lo que Erik tiene es parte de lo que los hace hombre. Es como una¡­ herramienta de la naturaleza ¡ªexplic¨® con una risa ligera, haciendo que Mika se sintiera m¨¢s c¨®moda con el tema, aunque su rostro a¨²n mostraba mucha confusi¨®n. Jaia continu¨®, con una mirada profunda en sus ojos. ¡ªLos hombres tienen eso para, en esencia, asegurarse de que la vida pueda continuar. Sin esa parte de su cuerpo, no podr¨ªa haber nueva vida. Esa diferencia, esa "cosa" como t¨² le dices, es la esencia de la creaci¨®n misma. Mika, aunque no entend¨ªa todos los t¨¦rminos, comenz¨® a comprender la idea b¨¢sica. Lo que hab¨ªa visto en Erik no era solo algo extra?o o confuso. Era parte de algo mucho m¨¢s grande, algo que formaba parte de la vida, de la creaci¨®n. Era como una pieza en un rompecabezas que ten¨ªa un prop¨®sito, y aunque no lo comprendiera por completo, ahora sab¨ªa que su funci¨®n ten¨ªa que ver con dar vida. ¡ªEntonces, ?todos los hombres tienen eso? ¡ªpregunt¨® Mika, con una mezcla de sorpresa y asombro. ¡ªS¨ª, querida ¡ªrespondi¨® Jaia con una sonrisa¡ª. Todos los hombres la tienen. Y lo que viste de Erik es algo natural, no hay nada raro ni incorrecto en ello. Es solo una de las muchas diferencias que existen entre hombres y mujeres. No debes temer ni avergonzarte de preguntar. Todo en la vida tiene su raz¨®n de ser, y cada uno tiene su papel en este mundo. Mika asinti¨® lentamente, a¨²n procesando la informaci¨®n. Aunque las respuestas no resolv¨ªan todas sus dudas, la sensaci¨®n de confusi¨®n comenzaba a disiparse. Ahora entend¨ªa que no era algo de lo que deb¨ªa avergonzarse ni algo extra?o. Solo formaba parte de la naturaleza de los hombres. Con una peque?a sonrisa, Jaia concluy¨®: ¡ªY con el tiempo, aprender¨¢s a¨²n m¨¢s sobre todas estas cosas. La vida tiene muchas lecciones, Mika. Cada d¨ªa se aprende algo nuevo. Y esa diferencia que viste no es m¨¢s que una de las maravillas de la vida. Mika, aunque todav¨ªa ten¨ªa muchas preguntas en su cabeza, se sinti¨® m¨¢s tranquila. Sab¨ªa que todo lo relacionado con Erik y los hombres no era tan misterioso ni tan inquietante como lo hab¨ªa imaginado. Era solo una parte del gran ciclo de la vida, algo natural y necesario. Agradecida por las palabras de las mayores, Mika se levant¨® y se fue a hacer sus tareas, aunque ya no ve¨ªa a Erik ni su diferencia f¨ªsica con el mismo desconcierto. Ahora entend¨ªa un poco m¨¢s, y con el tiempo, sab¨ªa que otras lecciones vendr¨ªan. Cuando Mika se alej¨®, a¨²n procesando lo que hab¨ªa aprendido, las mujeres mayores se quedaron en silencio por un momento, observ¨¢ndola desaparecer entre las caba?as de la aldea. Luego, Jaia solt¨® un suspiro y mir¨® a Jerut y Alisha con una sonrisa de resignaci¨®n. ¡ªBueno, eso fue m¨¢s f¨¢cil de lo que esperaba ¡ªdijo con un tono tranquilo, pero con cierta picard¨ªa en los ojos. ¡ªPor ahora ¡ªrespondi¨® Jerut, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Mika es lista, pero sigue siendo curiosa. No me sorprender¨ªa que vuelva con m¨¢s preguntas dentro de unos d¨ªas. Alisha solt¨® una risita y asinti¨®. ¡ªY no ser¨¢ la ¨²nica. Mika es solo la primera en atreverse a preguntar. No pasar¨¢ mucho tiempo antes que las dem¨¢s empiecen a hacerse las mismas preguntas. Jaia lade¨® la cabeza con gesto pensativo. ¡ªEs natural, despu¨¦s de todo. Pasaron toda su vida sin ver a un hombre, sin saber siquiera que exist¨ªan. Ahora que uno est¨¢ aqu¨ª, poco a poco ir¨¢n notando las diferencias¡­ y querr¨¢n respuestas. Jerut suspir¨® con una media sonrisa. ¡ªNo s¨¦ qu¨¦ tanto debamos contarles de una vez. Mika solo pregunt¨® por lo que vio, pero hay muchas m¨¢s cosas que no entender¨¢n f¨¢cilmente. ¡ªTarde o temprano, nos preguntar¨¢n m¨¢s ¡ªafirm¨® Alisha, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. Si Mika ya se atrevi¨® a hablar, las dem¨¢s no tardar¨¢n mucho en seguir su ejemplo. Y no solo sobre el cuerpo de Erik¡­ sino sobre todo lo dem¨¢s que implica vivir y estar con un hombre. Jaia mir¨® hacia la aldea con aire pensativo. ¡ªCuando eran ni?as, nunca tuvimos que explicarles estas cosas. Siempre supimos que alg¨²n d¨ªa llegar¨ªa el momento¡­ pero no imagin¨¦ que ser¨ªa as¨ª. Jerut solt¨® una peque?a risa. ¡ªSi lo piensas bien, al menos no tuvimos que lidiar con esto cuando eran ni?as peque?as. Ahora son adultas y lo suficientemente maduras como para escuchar y entender. ¡ªEso espero ¡ªdijo Alisha con una sonrisa¡ª. Porque cuando todas vengan con sus preguntas¡­ nos tocar¨¢ repetir esta conversaci¨®n una y otra vez. Las tres se quedaron en silencio, sabiendo que ese momento no estaba muy lejos. Erik hab¨ªa tra¨ªdo consigo un cambio que no pod¨ªan evitar. La curiosidad de las chicas solo ir¨ªa en aumento, y tarde o temprano, todas querr¨ªan entender m¨¢s sobre el hombre que ahora viv¨ªa entre ellas. Jaia se estir¨® un poco y suspir¨® con resignaci¨®n. ¡ªSupongo que debemos estar preparadas. Ser¨¢ un largo camino, pero¡­ es inevitable. Jerut sonri¨® con diversi¨®n. ¡ªM¨¢s nos vale encontrar la manera de explicarlo sin que terminen m¨¢s confundidas. Las tres rieron suavemente, sabiendo que, aunque el futuro traer¨ªa m¨¢s preguntas, al menos a¨²n ten¨ªan tiempo para prepararse. Jaia entrecerr¨® los ojos y cruz¨® los brazos, pensativa. ¡ªEs curioso, ?no lo creen? ¡ªdijo en voz baja, mirando en direcci¨®n a la caba?a de Erik¡ª. No parece solo una costumbre suya¡­ su nerviosismo es demasiado natural. Jerut asinti¨® lentamente. ¡ªTe refieres a c¨®mo evita mirar a las chicas cuando est¨¢n sin ropa. ¡ªExacto ¡ªrespondi¨® Jaia¡ª. No solo se aparta por respeto¡­ creo que fue criado sabiendo que hay cosas que no deben verse entre hombres y mujeres. Alisha frunci¨® el ce?o, comprendiendo la idea. ¡ªComo nosotras cuando ¨¦ramos peque?as. Cuando a¨²n ten¨ªamos a nuestros amigos, padres y hermanos¡­ los ni?os y las ni?as no deber¨ªan verse sin ropa. Era algo que simplemente sab¨ªamos que no deb¨ªamos hacer. ¡ªPero Erik no creci¨® aqu¨ª ¡ªapunt¨® Jerut¡ª. Lo que significa que, all¨¢ donde viv¨ªa, tambi¨¦n ten¨ªan esa ense?anza. Las tres mujeres guardaron silencio por un momento, reflexionando sobre lo que esto implicaba. ¡ªEso explicar¨ªa por qu¨¦ siempre se aleja para ba?arse ¡ªmurmur¨® Jaia¡ª. Y por qu¨¦ se pone nervioso si las chicas se descubren demasiado cerca de ¨¦l. ¡ªPara nosotras es normal ¡ªa?adi¨® Alisha¡ª, pero para ¨¦l es inc¨®modo. Se nota que no quiere faltarles el respeto.Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. ¡ªNo solo evita verlas cuando est¨¢n sin ropa, sino que cuando Suri est¨¢ cerca, parece a¨²n m¨¢s cauteloso. Jerut lade¨® la cabeza, recordando. ¡ªTienes raz¨®n. Con las dem¨¢s chicas ya se pone nervioso, pero con Suri¡­ parece a¨²n m¨¢s reservado. Alisha frunci¨® el ce?o, reflexionando. ¡ªComo si sintiera que debe protegerla¡­ o tal vez porque ella es la m¨¢s joven y no quiere que vea ciertas cosas. Jaia asinti¨® lentamente. ¡ªEso explicar¨ªa por qu¨¦ se aleja tanto. No es solo por respeto a todas¡­ es porque no quiere que Suri lo vea. Jerut solt¨® una peque?a risa. ¡ªY tampoco quiere verla a ella. No es solo educaci¨®n¡­ es algo que parece haber aprendido desde peque?o. Jaia suspir¨®. ¡ªY eso nos lleva a Suri. Creo que debemos hablar con ella antes de que empiece a hacerse preguntas. Erik la trata diferente y ella lo sigue a todas partes. Es mejor que entienda algunas cosas antes de que surjan malentendidos. ¡ªLas dem¨¢s pueden cuidarse ¡ªa?adi¨® Jerut¡ª, pero Suri es a¨²n muy joven. Y Erik es demasiado cuidadoso con ella, lo que significa que algo en su interior le dice que debe serlo. Las tres mujeres intercambiaron una mirada c¨®mplice. Sab¨ªan que este era solo el comienzo de muchas conversaciones que tendr¨ªan que tener en el futuro, pero por ahora, Suri era la prioridad. ¡ªSer¨¢ mejor que hablemos con ella pronto ¡ªdijo Alisha con una sonrisa resignada¡ª. No queremos que se lleve una sorpresa innecesaria por estar mucho tiempo cerca de Erik. Jerut ri¨® entre dientes. ¡ªY tampoco queremos que Erik termine en m¨¢s situaciones inc¨®modas de las que ya tiene. Las tres rieron suavemente, conscientes de que los d¨ªas venideros traer¨ªan m¨¢s curiosidad, m¨¢s preguntas¡­ y m¨¢s explicaciones. Era un d¨ªa caluroso, despu¨¦s de un d¨ªa de trabajo algo pesado, las chicas decidieron ir a nadar al lago. El agua fresca era el alivio perfecto para el calor abrasante del sol. Mientras caminaban en direcci¨®n del lago, Hada, que siempre ten¨ªa una actitud juguetona, fue la primera en animarse a invitar a Erik. ¡ª?Erik! ¡ªllam¨® Hada con una sonrisa traviesa mientras se acercaba a ¨¦l¡ª. Vamos al lago a nadar, ?ser¨¢ divertido! ?Vienes con nosotras? Erik levant¨® la mirada y, al ver el brillo en los ojos de Hada, sinti¨® un peque?o nudo en el est¨®mago. Sab¨ªa lo que eso implicaba. Aunque ya se hab¨ªa acostumbrado a la compa?¨ªa de las chicas, la idea de unirse a ellas mientras nadaban sin ropa lo hac¨ªa sentir algo nervioso, especialmente porque no era el momento ni el lugar adecuado con Suri cerca. Erik sonri¨®, pero la incomodidad se reflejaba en su rostro. ¡ªHmm... creo que hoy no ¡ªrespondi¨® con una excusa, tratando de sonar casual¡ª. Tengo algunas cosas que hacer. Tal vez en otra oportunidad. Al escuchar su negativa, las chicas intercambiaron miradas, sorprendidas. La invitaci¨®n hab¨ªa sido sincera, y aunque respetaban su decisi¨®n, no pod¨ªan evitar sentirse un poco decepcionadas. ¡ª?De verdad no vas a venir? ¡ªpregunt¨® Becca, un poco triste por la negativa de Erik. Aunque era una invitaci¨®n sincera, ya estaban acostumbradas a disfrutar del tiempo juntos. ¡ªVamos, Erik, ser¨ªa divertido ¡ªa?adi¨® Arlea, con una peque?a mueca en el rostro¡ª. Nos hace falta un buen ba?o para refrescarnos. Pero, a pesar de sus palabras, Erik se manten¨ªa firme, tratando de evitar la mirada directa de las chicas. Sab¨ªa que no era el momento para ser parte de la diversi¨®n, especialmente con Suri cerca. La idea de estar tan cerca de las chicas en esa situaci¨®n lo hac¨ªa sentirse nervioso. Hada, al darse cuenta de que la situaci¨®n se estaba complicando un poco, intent¨® aliviar la atm¨®sfera con una sonrisa c¨¢lida. ¡ªNo pasa nada, Erik ¡ªdijo¡ª. Podemos ir nosotras, y ya est¨¢. No hace falta que te sientas presionado. Sin embargo, algunas de las chicas no pod¨ªan ocultar su tristeza por la falta de compa?¨ªa de Erik. Lera, por ejemplo, se cruz¨® de brazos y suspir¨®. ¡ªSe ve que te perder¨¢s la diversi¨®n ¡ªdijo suavemente, aunque no lo dec¨ªa con resentimiento, sino con un toque de simpat¨ªa. Suri, que hab¨ªa estado jugando cerca de la orilla, se acerc¨® y se qued¨® quieta, observando la situaci¨®n. A pesar de su corta edad, not¨® que algo no estaba bien, y tambi¨¦n se sent¨ªa un poco decepcionada de que Erik no fuera a acompa?arlas a nadar al lago. ¡ªEst¨¢ bien, ya iremos nosotras. ¡ªdijo Hada con un tono ligero, tratando de mantener el ¨¢nimo¡ª. ?Vamos a divertirnos! Finalmente, las chicas se decidieron a ir al lago sin Erik. Aunque aceptaron su decisi¨®n, no pudieron evitar sentir una ligera tristeza por su ausencia. Sin embargo, estaban convencidas de que, en alg¨²n momento, Erik se unir¨ªa a ellas. Erik las mir¨® mientras se alejaban y, aunque les sonri¨® de vuelta, sinti¨® una extra?a mezcla de alivio y pesar. Y por mucho que deseara encajar completamente, algunos momentos todav¨ªa lo hac¨ªan sentirse dividido. Mientras las chicas se adentraban al lago, riendo y bromeando, Erik se qued¨® mirando desde la distancia por un momento, sintiendo el calor del d¨ªa y el silencio de la naturaleza a su alrededor. Aunque no hab¨ªa ido con ellas, sab¨ªa que todav¨ªa quedaban muchos d¨ªas por compartir, y tal vez en el futuro, las cosas ser¨ªan diferentes. D¨ªas despu¨¦s Lera estaba concentrada en el telar, donde se encontraba tejiendo y perfeccionando la tela que hab¨ªa estado trabajando. Ya ten¨ªa suficiente para hacer varias ropas para las dem¨¢s, pero a¨²n necesitaba las medidas exactas para que las prendas quedaran bien. Una vez que terminara esa parte del trabajo, podr¨ªa empezar a coser todo lo que hab¨ªa planeado. Las chicas sab¨ªan que el momento se acercaba, y Lera ya hab¨ªa mencionado algunas veces que deb¨ªa tomar sus medidas para hacerles la ropa nueva. Finalmente, ese d¨ªa lleg¨®. Lera hab¨ªa llevado las telas a su taller y se acerco a la aldea y mir¨® hacia las caba?as y grit¨® con entusiasmo: ¡ª?Chicas, vengan a mi taller! ?Es hora de tomar las medidas para hacer sus nuevas ropas! Las chicas, al escucharla, comenzaron a alistarse para ir a la peque?a ¨¢rea junto al taller. Becca y Hada fueron las primeras en llegar, curiosas por saber como ser¨¢n sus nuevas ropas. Lera sonri¨® al verlas llegar. ¡ªVamos a hacerlo r¨¢pido y de manera eficiente. No quiero que desperdicien el tiempo con los detalles. Pero necesito que est¨¦n listas para medirlas bien, no me gustar¨¢ tener que repetirlas, ?entienden? ¡ªles dijo mientras comenzaba a prepararse con una tira larga de cuero y algunos peque?os trozos de madera para ayudar a tomarles las medidas. ¡ªBien, chicas ¡ªdijo Lera con voz firme y tranquila¡ª, por favor entren y prep¨¢rense para las medidas. Necesito que se quiten las ropas para poder medir con precisi¨®n. Acostumbradas a verse desnudas entre ellas debido a la convivencia en la aldea, no mostraron demasiada incomodidad. Se miraron por un momento y, con una leve sonrisa, comenzaron a despojarse de sus prendas de pieles, como lo hac¨ªan regularmente sin ning¨²n tipo de pudor. Lera, procedi¨® a preparar la tira de cuero que usa y las dem¨¢s herramientas necesarias para tomar las medidas. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo Becca, quit¨¢ndose la prenda superior sin dudarlo¡ª, vamos a hacerlo. Lera asinti¨® mientras se preparaba. Becca y Hada, ya con los pechos descubiertos, se pararon frente a Lera, quienes no se sintieron inc¨®modas en absoluto, ya que entre ellas la desnudez nunca hab¨ªa sido un tema extra?o. Lera comenz¨® a medir a Becca primero, movi¨¦ndose a su alrededor con destreza y precisi¨®n. ¡ªMuy bien, Becca. No te muevas mucho ¡ªle dijo Lera mientras colocaba la tira de cuero alrededor de su pechos, asegur¨¢ndose de que todo estuviera bien medido. Hada observ¨® el proceso con calma, Lera continu¨® midiendo a Becca, mientras la chica se manten¨ªa tranquila, consciente de la necesidad de tomar esas medidas para las nuevas ropas. Erik que venia desde el lago, despu¨¦s de armar varias trampas, decidi¨® pasar por el taller de Lera para revisar si necesitaba ayuda con alg¨²n nuevo patr¨®n de ropa o algo. Aunque ya se hab¨ªa acostumbrado al ambiente relajado de las chicas, todav¨ªa hab¨ªa cosas que le tomaban por sorpresa. Cuando lleg¨® al taller, escuch¨® risas dentro. Toc¨® suavemente el marco antes de entrar con cautela. ¡ª?Lera? ?Todo bien? Al entrar, lo primero que vio fue a las tres chicas: Lera estaba tomando medidas con una tira de cuero, sujet¨¢ndola alrededor de los pechos de Becca, mientras Hada esperaba su turno, sosteniendo un trozo de piel entre las manos. Las dos estaban con los pechos descubiertos, como si fuera lo m¨¢s natural del mundo. ¡ª?Hola, Erik! ¡ªdijo Hada con una sonrisa amplia al notar su presencia. Becca gir¨® ligeramente la cabeza y lo salud¨® tambi¨¦n, aunque su expresi¨®n era m¨¢s reservada. ¡ªHola, Erik. ?Necesitas algo? Lera levant¨® la vista de la tira de cuero y le sonri¨®, como si no hubiera nada fuera de lo com¨²n en la situaci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ te trae por aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® mientras ajustaba la medida de Becca. Erik abri¨® los ojos ligeramente, notando la escena. Su rostro se encendi¨® r¨¢pidamente y desvi¨® la mirada hacia un lado, sintiendo que hab¨ªa interrumpido algo, aunque las chicas parec¨ªan completamente relajadas. ¡ªNo... no quer¨ªa molestar. Solo quer¨ªa ver si necesitabas ayuda con algo. Pero... ?lo siento! Regresar¨¦ m¨¢s tarde. Sin esperar una respuesta, dio un paso hacia atr¨¢s y sali¨® apresuradamente, a¨²n con el rostro encendido. Las tres chicas lo observaron marcharse con curiosidad. ¡ª?Qu¨¦ le pasa? ¡ªpregunt¨® Becca, frunciendo el ce?o mientras Lera soltaba un peque?o suspiro. ¡ªQuiz¨¢s fue porque las vio as¨ª ¡ªaventur¨® Lera, se?alando sus pechos descubiertos mientras cortaba la tira de cuero que usaba para medir. Hada se apoy¨® en la mesa, cruzando los brazos. ¡ª?As¨ª c¨®mo? ?Ni que fuera la primera vez que nos ve! Adem¨¢s, ¨¦l tambi¨¦n suele caminar por su caba?a sin su camisa cuando hace calor. No deber¨ªa ser un problema. Becca alz¨® una ceja, pensativa. ¡ªBueno... ahora que lo dices, ?se han dado cuenta de que cada vez que lo vemos en su caba?a poni¨¦ndose su pantal¨®n, siempre act¨²a extra?o? Hada gir¨® la cabeza hacia ella, claramente interesada. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir con "extra?o"? ¡ªYa saben ¡ªcontinu¨® Becca¡ª, siempre que estamos por ah¨ª y parece que lo sorprendemos, trata de cubrirse r¨¢pidamente. Como si le diera verg¨¹enza que lo vi¨¦ramos... ya saben, esa parte. Lera levant¨® la vista, asintiendo ligeramente. ¡ªEs cierto. Una vez fui a buscar algo dentro de su caba?a y lo vi ajust¨¢ndose los pantalones. En cuanto me vio, se gir¨® tan r¨¢pido que casi se cae. Hada solt¨® una risa suave y burlona. ¡ª?En serio? Becca se encogi¨® de hombros. ¡ªNo lo s¨¦. Es raro. Por un lado, es muy seguro de s¨ª mismo, pero cuando se trata de esa zona... parece que quiere esconder algo. Hada frunci¨® el ce?o, aparentemente reflexionando. ¡ª?Ser¨¢ que tiene algo que ocultar? ¡ªpregunt¨®, mirando a Lera y Becca con una chispa de curiosidad en sus ojos. Lera se sonroj¨® un poco y volvi¨® a concentrarse en tomar mas medidas. ¡ªHada, no creo que sea algo de lo que debamos hablar... ¡ªOh, vamos, Lera ¡ªinterrumpi¨® Hada con una sonrisa p¨ªcara¡ª. Admitan que sienten curiosidad. Becca dej¨® escapar una risa nerviosa. ¡ªBueno, claro que me pregunto qu¨¦ podr¨ªa estar ocultando. Nunca lo hemos visto sin ropa. Hada se cruz¨® de brazos y mir¨® a ambas con una expresi¨®n satisfecha. ¡ªExacto. Si siempre se apresura a cubrirse, debe haber algo. Algo que no quiere que veamos. Lera, a¨²n intentando mantener la compostura, neg¨® con la cabeza. ¡ªO simplemente le da verg¨¹enza, Hada. No tiene que haber algo m¨¢s. Pero Hada no se dej¨® intimidar. ¡ªTal vez... o tal vez no. Lo sabremos alg¨²n d¨ªa. El ambiente en el taller se llen¨® de risas y miradas c¨®mplices. A pesar de los intentos de Lera por desviar la conversaci¨®n, era evidente que la curiosidad de todas estaba despertando. Erik, sin saberlo, se hab¨ªa convertido en el centro de especulaciones, y las chicas no pod¨ªan evitar preguntarse qu¨¦ m¨¢s misterios guardaba el joven forastero. ¡ªListo becca termine contigo ya puedes vestirte, ahora a ti, Hada ¡ªdijo Lera, movi¨¦ndose hacia la siguiente chica. Lera, concentrada, midi¨® a Hada con la misma precisi¨®n que lo hizo con Becca, asegur¨¢ndose de que las nuevas ropas se ajustaran a la perfecci¨®n para que se sintieran c¨®modas al usarlas. La sesi¨®n continu¨® de manera tranquila, aun con la intervenci¨®n de Erik y sin mayores comentarios, con Lera completamente centrada en su tarea y las chicas relajadas, sabiendo que se trataba de un paso necesario para la confecci¨®n de las ropas que les proporcionar¨ªan m¨¢s comodidad y versatilidad en sus vidas cotidianas. Jerut y Arlea caminaban juntas en direcci¨®n al taller de Lera. Ambas hab¨ªan estado esperando su turno para que les tomaran medidas y poder recibir pronto sus nuevas ropas. Justo cuando estaban por llegar, vieron una figura salir apresuradamente del taller. ¡ª?Es Erik? ¡ªpregunt¨® Arlea, entrecerrando los ojos. ¡ªS¨ª¡­ pero, ?por qu¨¦ camina tan r¨¢pido? ¡ªJerut frunci¨® el ce?o, viendo c¨®mo Erik casi tropezaba con una piedra en su prisa por alejarse. Pero lo m¨¢s llamativo no era su velocidad, sino su rostro. Estaba completamente rojo, como si hubiese estado bajo el sol demasiado tiempo o¡­ ¡ª?T¨² crees que Lera le hizo algo? ¡ªsusurr¨® Arlea con picard¨ªa. Jerut le lanz¨® una mirada divertida antes de soltar una leve risa. ¡ªNo lo s¨¦, pero parece que vio algo que no deb¨ªa¡­ o algo que no esperaba. ¡ªO tal vez Lera le dijo algo que lo puso as¨ª. Ya sabes c¨®mo es cuando se emociona con sus telas y materiales nuevos. Ambas vieron c¨®mo Erik se alejaba, a¨²n con la cara encendida, y cruzaron miradas con la misma duda. ¡ªSi Lera lo dej¨® as¨ª, ahora tengo m¨¢s curiosidad por saber qu¨¦ pas¨® ¡ªdijo Arlea antes de re¨ªr. Con esa inc¨®gnita en mente, aceleraron el paso para llegar al taller. Si algo era seguro, era que Lera ten¨ªa alguna historia interesante que contar. Lera se encontraba concentrada midiendo el torso descubierto de Hada, deslizando con precisi¨®n la tira de cuero sobre su espalda y sus costados. ¡ªDeja de moverte, Hada ¡ªmurmur¨® Lera con paciencia, ajustando la medida¡ª. Si sigues as¨ª, te har¨¦ una ropa que te apretar¨¢ demasiado. Hada resopl¨®, con los brazos cruzados sobre su pecho mientras trataba de mantenerse firme. ¡ªNo entiendo por qu¨¦ tienes que medir tanto, con que me cubra del sol, es suficiente ¡ªse quej¨®. ¡ªPorque no quiero hacer algo que luego te quede mal. Adem¨¢s, no te quejes, que Becca ya termin¨® ¡ªrespondi¨® Lera, se?alando con la cabeza a Becca. Becca, a un lado, terminaba de ponerse sus prendas con tranquilidad. Justo en ese momento, entraron Arlea y Jerut, sus miradas llenas de curiosidad. ¡ª?Lera! ¡ªllam¨® Arlea¡ª. ?Qu¨¦ pas¨® con Erik? Sali¨® de aqu¨ª tan r¨¢pido que casi tropieza. ¡ªS¨ª, parec¨ªa que hu¨ªa de algo ¡ªagreg¨® Jerut con una ceja en alto, examinando el lugar. Lera apenas alz¨® la vista y suspir¨® con diversi¨®n. ¡ªNo es nada grave ¡ªrespondi¨®, atando la tira de cuero de medici¨®n y guard¨¢ndola¡ª. Solo que se encontr¨® con algo inesperado. Arlea y Jerut miraron alrededor del taller y pronto notaron a Hada, a¨²n con los pechos descubiertos mientras Lera terminaba su trabajo, y a Becca terminando de vestirse, pero con una expresi¨®n pensativa. ¡ª?Por qu¨¦ Erik se pone as¨ª al vernos sin ropa? ¡ªpregunt¨® Hada con el ce?o fruncido¡ª. Nosotras estamos acostumbradas a vernos, no es como si fuera raro. Becca asinti¨®. ¡ªS¨ª, y no parece que haya nada malo en eso¡­ pero ¨¦l reaccion¨® como si fuera algo... prohibido. Arlea se cruz¨® de brazos, reflexionando lo que dec¨ªan. ¡ªEs cierto. Erik ha hecho muchas cosas que no entendemos, pero esto¡­ ?por qu¨¦ le da tanta verg¨¹enza? Lera sonri¨® con aire divertido. ¡ªTal vez en su aldea es diferente. Jerut, en cambio, permaneci¨® en silencio por un momento, observando a las chicas. Hab¨ªa esperado que este momento llegara, pero no tan pronto. Se cruz¨® de brazos y suspir¨® con una leve sonrisa. ¡ªParece que tendremos que hablarles de lo que implica vivir con un hombre entre nosotras. Jerut se qued¨® en silencio, con los brazos cruzados y una sonrisa enigm¨¢tica en los labios. Pero su actitud solo aviv¨® la impaciencia de las j¨®venes. ¡ª?No hagas eso, Jerut! ¡ªprotest¨® Hada, entrecerrando los ojos¡ª. ?Siempre nos miran as¨ª cuando saben algo y no nos lo quieren decir! Becca asinti¨® con los brazos en la cintura. ¡ªS¨ª, como cuando nos enteramos del lugar donde trabajaban con esas rocas raras y peligrosas, la herrer¨ªa que llevaban en secreto. O cuando descubrimos que existieron los hombres. Siempre dicen que ¡°hablar¨¢n cuando sea el momento¡±, pero nunca llega ese momento. ¡ª?Y ahora esto tambi¨¦n! ¡ªintervino Arlea, frunciendo el ce?o¡ª. ?Estamos hartas de que nos oculten cosas! Lera mir¨® de reojo a Jerut, con una sonrisa divertida. ¡ªTienen raz¨®n. No pueden dejarnos as¨ª despu¨¦s de decir algo como eso. Jerut suspir¨®, mirando a las chicas una por una. ¡ªNo es que queramos ocultarles cosas solo por hacerlo ¡ªdijo con calma¡ª, es que algunas verdades no son tan f¨¢ciles de explicar. ¡ª?Pues int¨¦ntalo! ¡ªinsisti¨® Hada¡ª. ?Qu¨¦ hay de dif¨ªcil en decirnos por qu¨¦ Erik se pone tan raro cuando estamos desnudas cerca de el? Arlea asinti¨® con firmeza. ¡ªSi vamos a vivir con ¨¦l, tenemos derecho a saber lo que implica. Jerut chasque¨® la lengua. ¡ªUstedes no entienden¡­ ¡ª?Porque no nos dicen nada! ¡ªexclam¨® Becca con frustraci¨®n. Las j¨®venes la miraban con determinaci¨®n, y Jerut supo que no se rendir¨ªan esta vez. No podr¨ªan seguir evitando el tema por mucho m¨¢s tiempo. Suspir¨® pesadamente y se masaje¨® las sienes. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo al fin¡ª, hablar¨¦. Pero no ser¨¢ aqu¨ª y ahora. Las chicas fruncieron el ce?o con frustraci¨®n. ¡ª?Por qu¨¦ no? ¡ªprotest¨® Hada¡ª. ?Siempre hacen lo mismo! ¡ªPorque esto no es algo que pueda explicarse a la ligera ¡ªrespondi¨® Jerut con firmeza¡ª. Si vamos a hablar de los hombres y lo que implica vivir con uno, entonces todas deben estar presentes. No lo repetiremos varias veces. Becca cruz¨® los brazos, mirando a Jerut con suspicacia. ¡ª?Nos dir¨¢s todo esta vez? ?O ser¨¢ otra charla a medias? Jerut sonri¨® con iron¨ªa. ¡ªTodo lo que sabemos. Arlea la observ¨® con intensidad. ¡ª?Y cu¨¢ndo ser¨¢ eso? Jerut mir¨® a Lera, quien hasta ese momento se hab¨ªa mantenido en silencio, entretenida con sus medidas y observando la discusi¨®n con cierta diversi¨®n. ¡ªLera, av¨ªsale a Mika cuando vuelva de sus tareas ¡ªdijo Jerut¡ª. Esta noche, despu¨¦s de la fogata, cuando Suri se duerma les hablaremos de los hombres. Lera asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien, aunque dudo que necesite decirle mucho¡­ cuando se entere, estar¨¢ all¨ª por su cuenta. ¡ªM¨¢s le vale ¡ªmurmur¨® Jerut, mirando a las j¨®venes¡ª. No quiero que ninguna falte. Lera inclin¨® la cabeza con curiosidad. ¡ª?Y qu¨¦ hay de Erik? ¡ªpregunt¨®¡ª. ?Tambi¨¦n deber¨¢ estar en la reuni¨®n? Jerut neg¨® con firmeza. ¡ªSolo nosotras. Hada frunci¨® el ce?o. ¡ª?Por qu¨¦?. Jerut la mir¨® con seriedad. ¡ªPorque hay cosas que solo las mujeres deben o¨ªr. Becca y Arlea intercambiaron miradas intrigadas, mientras Lera suspiraba, comprendiendo el significado detr¨¢s de esas palabras. ¡ªEso suena a que ser¨¢ una charla importante¡­ ¡ªmurmur¨® Arlea. ¡ªLo ser¨¢ ¡ªconfirm¨® Jerut¡ª. Es hora de que entiendan lo que significa convivir con un hombre, y para eso, primero debemos hablar entre nosotras. Las j¨®venes se miraron con expectaci¨®n. La noche promet¨ªa traer muchas respuestas¡­ aunque quiz¨¢s tambi¨¦n m¨¢s preguntas. Erik caminaba sin rumbo fijo despu¨¦s de alejarse del taller de Lera. Su coraz¨®n a¨²n lat¨ªa con fuerza y sent¨ªa el calor en su rostro. No pod¨ªa evitar pensar en lo inocentes que eran las chicas. No entend¨ªan por qu¨¦ ¨¦l reaccionaba as¨ª al verlas descubiertas, y eso solo hac¨ªa que la situaci¨®n fuera a¨²n m¨¢s complicada para ¨¦l. Y, siendo honesto consigo mismo, no era como si le molestara verlas. Despu¨¦s de todo, eran guapas y ten¨ªan cuerpos incre¨ªblemente sexys. Cualquier hombre en su lugar agradecer¨ªa estar rodeado de chicas as¨ª. ¡ªSon demasiado inocentes¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo, pas¨¢ndose una mano por el cabello. No porque no quisiera ver, sino porque su cabeza le dec¨ªa que no era correcto, que deb¨ªa respetarlas, que en su mundo esas situaciones eran completamente distintas. Y, sin embargo, cuando vio a Becca y Hada en el taller, con sus pechos descubiertos mientras Lera tomaba sus medidas, al estar tan cerca de ellas, esper¨® que gritaran algo como "?Vete de aqu¨ª, pervertido!" o que, al menos, se cubrieran al notar su presencia. Pero no lo hicieron. En lugar de esc¨¢ndalo, solo le dedicaron un saludo casual antes de seguir con lo suyo. Mientras avanzaba por el sendero entre las caba?as, una figura apareci¨® frente a ¨¦l. Era Mika. ¡ª?Qu¨¦ te pas¨®? ¡ªpregunt¨®, cruz¨¢ndose de brazos y mir¨¢ndolo con curiosidad. Erik parpade¨®, sorprendido de verla justo en ese momento. Trag¨® saliva y trat¨® de mantener la compostura. ¡ªNada¡­ solo necesitaba aire. Mika lo mir¨® con el ce?o fruncido. ¡ªEso no parece "nada". Pareces alterado. Erik suspir¨®, desviando la mirada. ¡ªDigamos que¡­ todav¨ªa no me acostumbro a algunas cosas. Mika lade¨® la cabeza, intrigada. ¡ª?A qu¨¦ cosas? Erik dud¨® por un momento. ?C¨®mo pod¨ªa explicarle sin decir demasiado? Mika era m¨¢s observadora y perspicaz que las dem¨¢s, y sab¨ªa que ya no aceptar¨ªa una respuesta vaga. ¡ªA la forma en que viven ¡ªdijo finalmente¡ª. Es¡­ diferente a lo que conoc¨ªa. Mika lo analiz¨® en silencio, sin apartar los ojos de ¨¦l. ¡ªEso ya lo sab¨ªamos. Pero parece que hay algo m¨¢s ¡ªdijo, afilando la mirada¡ª. ?Tiene que ver con las dem¨¢s? Erik sinti¨® un escalofr¨ªo. Mika era demasiado perceptiva. Mika lo miraba, con los ojos entrecerrados y una expresi¨®n que dejaba claro que no se rendir¨ªa hasta obtener una respuesta. Suspir¨®, sabiendo que no ten¨ªa sentido intentar esquivarlo. ¡ªDigamos que¡­ vi algo que no esperaba ¡ªdijo con cautela. Mika frunci¨® el ce?o. ¡ª?Algo? Erik se cruz¨® de brazos, tratando de encontrar las palabras adecuadas. ¡ªEntr¨¦ al taller de Lera¡­ y estaban ah¨ª Becca y Hada¡­ ¡ªhizo una pausa, sintiendo el calor subirle al rostro otra vez¡ª. No estaban¡­ del todo vestidas. Mika parpade¨®, sorprendida. ¡ª?Eso te alter¨®? Erik se pas¨® la mano por el rostro, sinti¨¦ndose a¨²n m¨¢s nervioso con la forma en que Mika lo dec¨ªa, como si no entendiera el problema. Mika lo observ¨® con atenci¨®n, a¨²n sin comprender completamente por qu¨¦ Erik estaba tan nervioso con lo que hab¨ªa visto en el taller. Al verlo callado, comenz¨® a recordar lo que las mayores le hab¨ªan dicho: que si alguna vez ten¨ªa preguntas sobre cosas que no entendiera, no se guardara nada, que deb¨ªa preguntar sin miedo. ¡ªErik¡­ ¡ªdijo, con tono suave¡ª. No s¨¦ por qu¨¦ te pones as¨ª por vernos sin ropas. ?por qu¨¦ te incomoda tanto? Erik la mir¨®, sin saber qu¨¦ responder al principio. De alguna forma, las palabras de Mika le daban la oportunidad de hablar, pero a¨²n le costaba compartir demasiado. ¡ªEn mi mun¡­ aldea las cosas son diferentes. Ver a alguien sin ropa, incluso en situaciones como esa, no es algo com¨²n. Es algo privado. Mika lo escuch¨® atentamente, pero sus pensamientos comenzaron a divagar cuando Erik mencion¨® que, esas cosas eran privadas. Mientras ¨¦l segu¨ªa hablando, Mika no pudo evitar reflexionar para s¨ª misma sobre esa idea. ¡ª?Privado? pens¨®, su mente viajando a los momentos en los que ella hab¨ªa visto a Erik sin ropa. Aunque no hab¨ªa sido una situaci¨®n exactamente igual, s¨ª hab¨ªa algo que la hac¨ªa pensar en c¨®mo todo eso era tratado de forma diferente entre ellos. ¡ª?Acaso realmente eso deber¨ªa ser algo tan privado? se pregunt¨® mientras lo observaba. La diferencia entre ambos parec¨ªa m¨¢s grande de lo que hab¨ªa imaginado. Al escuchar nuevamente a Erik, admitiendo que las costumbres eran muy distintas y que le costaba adaptarse, Mika asinti¨® lentamente, comprendiendo. Lo que es privado para ¨¦l, no lo es tanto para ellas, pens¨®, a¨²n con la sensaci¨®n de haber sido testigo de algo que, tal vez, ¨¦l consideraba m¨¢s ¨ªntimo. Pero, al mismo tiempo, entend¨ªa que no era algo malo, solo diferente. Erik la mir¨®, como si esperara una respuesta. Ella sonri¨®, un tanto pensativa, y alz¨® la vista hacia ¨¦l. ¡ªEs solo que¡­ nunca hab¨ªa considerado que algo como eso fuera tan privado ¡ªmurmur¨® en voz baja, como si reflexionara en voz alta¡ª. Aqu¨ª, las cosas no se ven de la misma manera. Pero ahora que lo dices, entiendo que tal vez para ti es diferente. Erik, sorprendido por sus palabras, la observ¨® en silencio, sintiendo c¨®mo la conversaci¨®n se volv¨ªa m¨¢s profunda. ¡ªS¨ª, para m¨ª s¨ª lo es ¡ªrespondi¨®, con tono suave, agradeciendo que Mika estuviera tratando de comprenderlo, a pesar de las diferencias. Mika reflexion¨® por un momento m¨¢s, comprendiendo que lo que ella ve¨ªa como una situaci¨®n com¨²n, para ¨¦l representaba una barrera m¨¢s. ¡ªGracias por compartirlo conmigo ¡ªdijo con una sonrisa amable¡ª. Ahora lo entiendo mejor. Erik sonri¨® al verla tan comprensiva y tranquila, apreciando la paciencia que ten¨ªa. ¡ªGracias a ti tambi¨¦n ¡ªrespondi¨® con un tono suave, sintiendo que, poco a poco, estaban construyendo una conexi¨®n. Mika record¨® nuevamente las palabras de las mayores, y sonri¨® con cierta comprensi¨®n. ¡ªYo tambi¨¦n tengo preguntas a veces, si tienes dudas, puedes dec¨ªrmelo. No pasa nada. Erik sonri¨® levemente, aliviado de que Mika no lo estuviera juzgando. ¡ªGracias¡­ realmente aprecio que seas paciente conmigo. Mika lo mir¨® con una sonrisa tranquila, queriendo que ¨¦l se sintiera m¨¢s c¨®modo. ¡ªLo importante es que te sientas bien. Si alguna vez algo te molesta o no entiendes, no dudes en preguntar. Estamos aqu¨ª para ayudarnos. Erik asinti¨®, sintiendo que, poco a poco, las cosas se volv¨ªan m¨¢s claras y soportables en su nuevo hogar. Despu¨¦s de la conversaci¨®n, ambos se sintieron m¨¢s relajados y conectados, y la tensi¨®n que hab¨ªa flotado entre ellos parec¨ªa desvanecerse. Erik, sintiendo que ya hab¨ªa logrado explicarse un poco mejor, pens¨® que era un buen momento para continuar con lo que hab¨ªa dejado antes de ir al taller de Lera. ¡ªVoy a revisar algunas de las trampas que arm¨¦ mas temprano ¡ªdijo Erik con una sonrisa, sintiendo que el d¨ªa segu¨ªa avanzando de manera m¨¢s tranquila ahora que hab¨ªan hablado. Mika lo mir¨® con curiosidad, recordando cu¨¢ntas veces hab¨ªa visto las trampas en acci¨®n. ¡ª?Puedo ir contigo? ¡ªpregunt¨® ella, ansiosa¡ª. He estado pensando en lo que dijiste antes sobre c¨®mo se cazan combinando las cosas, y me gustar¨ªa aprender hacerlas tambi¨¦n. Erik la mir¨® con sorpresa, pero luego asinti¨® con una sonrisa sincera. ¡ªClaro, puedo ense?arte. Es un poco complicado al inicio, pero si te interesa, te lo puedo explicar. Ambos se dirigieron hacia el lugar donde Erik hab¨ªa armado las trampas. Mientras caminaban, Mika no pod¨ªa evitar sentirse emocionada por aprender algo nuevo. Ahora que lo ve¨ªa m¨¢s de cerca, sent¨ªa que pod¨ªa estar un paso m¨¢s cerca de comprender completamente su t¨¦cnica de caza. ¡ª?C¨®mo sabes si la zona es buena para armar las trampas? ¡ªpregunt¨® Mika mientras caminaban por el sendero, observando atentamente las huellas de animales cercanas. Erik pens¨® un momento antes de responder, con una mirada pensativa. ¡ªEs cuesti¨®n de conocer los patrones de los animales, sus rutas, sus comportamientos. Cada especie tiene su manera de moverse, y si aprendes a leer sus se?ales, puedes predecir sus pr¨®ximos movimientos. Las trampas que arm¨¦ est¨¢n dise?adas para atraparlos sin que ellos se den cuenta. No es tan f¨¢cil como parece. Mika asinti¨®, tomando nota mental de sus palabras. De alguna manera, aunque su vida en la aldea hab¨ªa sido diferente, todo lo que Erik le estaba ense?ando empezaba a sonar familiar. Es cuesti¨®n de observar, de aprender las se?ales, pens¨® mientras caminaban juntos, disfrutando del tiempo compartido. ¡ªQuiero intentarlo ¡ªdijo Mika con una sonrisa decidida¡ª. Quiero aprender c¨®mo cazar as¨ª tambi¨¦n. No me molesta ensuciarme las manos. Erik la mir¨® con una mezcla de respeto y diversi¨®n. ¡ªNo me cabe duda de que ser¨¢s buena en esto. Vamos a comenzar, pero ten cuidado. Las trampas no son tan sencillas como parecen, y necesitas mucha paciencia para hacerlas funcionar. Mika asinti¨®, su mirada llena de concentraci¨®n y curiosidad. ¡ªEstoy lista para intentarlo. Erik le mostr¨® c¨®mo revisar cada trampa, explicando el proceso de c¨®mo armar con lo que hay alrededor de la zona o si alguna trampa necesitaba ser reajustada. Mika lo observaba atentamente, absorbiendo cada palabra, y en su rostro se reflejaba un destello de emoci¨®n por aprender algo tan diferente a lo que hab¨ªa conocido hasta entonces. A medida que avanzaban por el valle, Mika comenz¨® a sentirse m¨¢s confiada, lista para poner en pr¨¢ctica lo que Erik le estaba ense?ando. Aunque no ten¨ªa la misma experiencia, su determinaci¨®n la manten¨ªa enfocada. ¡ªVoy a intentar hacer una ¡ªdijo con una sonrisa desafiante, observando el terreno a su alrededor. Erik la mir¨®, orgulloso de verla tan motivada. ¡ªHazlo. Y recuerda, paciencia. Es un trabajo que requiere tiempo, pero si lo haces bien, te sorprender¨¢ lo que puedes atrapar. Juntos, comenzaron a trabajar en las trampas, con Mika aprendiendo r¨¢pidamente los trucos y secretos de cazar de esa forma, mientras Erik le daba consejos y la guiaba en cada paso. Ambos compart¨ªan risas y momentos de concentraci¨®n, disfrutando de la compa?¨ªa del otro en medio de la naturaleza. Despu¨¦s de horas de trabajo revisando y armando trampas por varias zonas, regresaban a la aldea. El sol ya comenzaba a ponerse, ti?endo el cielo de tonos naranjas y rojos, mientras el cansancio de la jornada les recorr¨ªa los cuerpos. A pesar de eso, Mika sent¨ªa una sensaci¨®n de satisfacci¨®n por haber aprendido algo nuevo. Hab¨ªa disfrutado mucho del tiempo con Erik, y ahora estaba ansiosa por poner en pr¨¢ctica todo lo que hab¨ªa aprendido sobre las trampas. Al llegar a la aldea, vieron a Lera, que estaba afuera de su taller, ocupada con algunos materiales. Al notar la presencia de ambos, levant¨® la mirada y, con una sonrisa, se acerc¨®. ¡ª?Qu¨¦ bueno verlos! ¡ªsalud¨® Lera, notando el cansancio en los rostros de ambos¡ª. ?C¨®mo fue todo? ¡ªBien ¡ªrespondi¨® Erik, estir¨¢ndose un poco¡ª. Hemos armado varias trampas nuevas. Mika ha aprendido r¨¢pido. Mika sonri¨® t¨ªmidamente, un poco avergonzada por el elogio, pero tambi¨¦n feliz por su progreso. ¡ªErik me ense?¨® mucho ¡ªdijo con una sonrisa, mirando a Lera. Lera asinti¨®, contenta de ver que Mika estaba disfrutando del aprendizaje. Pero luego, su expresi¨®n cambi¨® a una m¨¢s seria. ¡ªMika ¡ªcomenz¨® Lera, mirando a la joven con atenci¨®n¡ª. M¨¢s tarde, las mayores han pedido que todas se re¨²nan en la caba?a central. Quieren hablar con todas sobre algo importante. Mika frunci¨® el ce?o, sorprendida. Hab¨ªa algo en la forma en que Lera lo dec¨ªa que la hizo sentir una leve inquietud. ¡ª?Sobre qu¨¦? ¡ªpregunt¨®, algo intrigada y preocupada. Lera dio un paso atr¨¢s, mirando a Erik y luego a Mika con una expresi¨®n seria. ¡ªNo s¨¦ todos los detalles, pero las mayores han dicho que es algo importante para todas. Es mejor que estemos all¨ª. Erik, al escuchar esto, tambi¨¦n se sinti¨® algo intranquilo, aunque pod¨ªa adivinar de qu¨¦ se tratar¨ªa. ¡ª?Crees que tiene que ver con... lo que pas¨® hoy? ¡ªpregunt¨® Erik, mirando a Lera. Lera neg¨® con la cabeza lentamente. ¡ªNo estoy segura. Pero, por lo que s¨¦, las mayores han estado preparando este encuentro por un tiempo. Es algo que nos involucra a todas, y parece que tambi¨¦n quieren hablar sobre lo que ha estado sucediendo ¨²ltimamente. Mika sinti¨® un nudo en el est¨®mago. Hab¨ªa algo misterioso en todo eso, algo que la hac¨ªa sentir que las respuestas que estaba buscando podr¨ªan finalmente estar cerca. Pero al mismo tiempo, no pod¨ªa evitar sentir una peque?a presi¨®n por no saber qu¨¦ esperar. ¡ªEntonces, deber¨ªamos ir ¡ªdijo, decidida, pero con una pizca de incertidumbre. Erik asinti¨®, mirando a Mika y luego a Lera. ¡ªSupongo que no hay mucho que podamos hacer, solo esperar a ver qu¨¦ nos dicen. ¡ªEs mejor que no vengas, Erik ¡ªdijo Lera, su tono tranquilo pero decidido. ¡ªLas mayores han dicho que la reuni¨®n es solo para nosotras. Hablar¨¢n de cosas que solo nos conciernen. Erik se detuvo en seco, mirando a Lera con sorpresa. ¡ª?Solo para mujeres? ¡ªpregunt¨®, algo confundido. Lera asinti¨®, su expresi¨®n seria. ¡ªS¨ª, las mayores dijeron que son cosas que deben discutir entre nosotras. Erik sinti¨® una mezcla de confusi¨®n y un leve malestar al quedarse fuera de algo que parec¨ªa tan importante, pero comprendi¨® que no hab¨ªa mucho que pudiera hacer. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo finalmente, resignado, mirando a Mika ¡ª. Supongo que ustedes necesitan hablar. Con una leve sonrisa en sus labios, Lera asinti¨®, agradecida por la comprensi¨®n de Erik. ¡ªGracias por entender ¡ªrespondi¨®, luego mir¨® a Mika ¡ª. Vamos, las mayores nos esperan. Erik las vio alejarse hacia la caba?a y, aunque se sent¨ªa algo inc¨®modo por no poder ser parte de esa conversaci¨®n, decidi¨® ir a su propia caba?a. Necesitaba descansar un poco, pero tambi¨¦n se preguntaba qu¨¦ tipo de cosas podr¨ªan estar discutiendo, cosas que solo ellas deb¨ªan saber. Con un suspiro, se dio la vuelta y comenz¨® a caminar hacia su caba?a, dejando atr¨¢s el murmullo lejano de las chicas que se dirig¨ªan a la caba?a central, pensando en lo que vendr¨ªa despu¨¦s. Mientras caminaban, Mika mir¨® de reojo a Erik alej¨¢ndose, quien tambi¨¦n parec¨ªa pensativo. Ella sab¨ªa que, al final, esta reuni¨®n cambiar¨ªa algo en sus vidas, aunque no sab¨ªa c¨®mo. Erik lleg¨® a su caba?a y dej¨® escapar un suspiro mientras entraba. El ambiente dentro era c¨¢lido, con una ligera brisa col¨¢ndose por las rendijas de la madera. Se dej¨® caer sobre su improvisada cama y pas¨® una mano por su rostro. Hab¨ªa sido un d¨ªa largo, y aunque disfrutaba aprender y convivir con las chicas, todav¨ªa sent¨ªa que le costaba adaptarse por completo a la aldea. Su mirada se desvi¨® hacia la ventana. En direcci¨®n de la caba?a central, donde Lera y Mika hab¨ªan ido junto con las dem¨¢s. ¡ª?De qu¨¦ estar¨¢n hablando? ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo. Record¨® las palabras de Lera antes de irse: ¡ª"Las mayores dijeron que ser¨¢n cosas de chicas." Frunci¨® el ce?o, intrigado. Desde que lleg¨® a la aldea, las mujeres mayores hab¨ªan mantenido muchas cosas en secreto para las chicas. Y ahora, con ¨¦l all¨ª, parec¨ªa que hab¨ªa a¨²n m¨¢s temas que solo quer¨ªan tratar entre ellas. ¡ªTal vez est¨¦n hablando de m¨ª¡­ ¡ªpens¨® en voz baja. No era imposible. Desde que hab¨ªa llegado, su presencia hab¨ªa tra¨ªdo demasiadas preguntas y cambios. Las chicas lo miraban distinto, parec¨ªan m¨¢s curiosas sobre ¨¦l y su forma de ser. Quiz¨¢s las mayores estaban explic¨¢ndoles m¨¢s cosas sobre los hombres, sobre lo que implicaba convivir con uno¡­ Se pas¨® una mano por la nuca, inc¨®modo con la idea. ¡ª?Y si hice algo malo? La posibilidad le golpe¨® de repente. Tal vez, sin darse cuenta, hab¨ªa cruzado alg¨²n l¨ªmite o hab¨ªa hecho algo que no deb¨ªa. Aunque intentaba ser cuidadoso y respetuoso, su vida en la aldea era completamente distinta a lo que conoc¨ªa. ¡ª?Y si me piden que me vaya? ¡ªsusurr¨®, sintiendo un nudo en el est¨®mago. No pod¨ªa negarlo: desde que hab¨ªa llegado, a pesar de las dificultades, se hab¨ªa encari?ado con ellas. Ya no se sent¨ªa solo como cuando vagaba por el bosque. En la aldea, poco a poco, hab¨ªa encontrado un lugar al que pod¨ªa llamar hogar. Pero si las mayores decid¨ªan que su presencia era un problema¡­ si las chicas empezaban a verlo como un peligro en lugar de alguien de confianza¡­ Neg¨® con la cabeza, tratando de sacudirse esos pensamientos. ¡ªNo pienses en eso ahora¡­ Se levant¨® y camin¨® hacia la mesa donde ten¨ªa sus herramientas de tallado. Entre pedazos de madera tallada y restos de virutas, estaban los regalos que hab¨ªa estado preparando en secreto. Tom¨® uno de ellos que hab¨ªa tallado con paciencia en los ¨²ltimos d¨ªas. Era una figura simple pero detallada, con los rasgos de un animal tallado en la superficie. Hab¨ªa hecho varios, uno distinto para cada una de las chicas. ¡ªEspero que les gusten¡­ ¡ªsusurr¨®, mientras pasaba los dedos por la madera. Se sent¨® y retom¨® su trabajo, concentr¨¢ndose en dar los ¨²ltimos detalles. Sus manos se mov¨ªan con precisi¨®n, pero su mente segu¨ªa divagando sobre la reuni¨®n en la caba?a central. No importaba cu¨¢nto intentara ignorarlo¡­ la idea de que podr¨ªan pedirle que se fuera no dejaba de rondar en su cabeza. El cansancio empezaba a notarse en su cuerpo. Erik se estir¨®, sintiendo la tensi¨®n en sus hombros despu¨¦s de pasar un buen rato tallando la madera. Sus p¨¢rpados se sent¨ªan pesados, y su mente, aunque inquieta, ya no ten¨ªa la misma energ¨ªa para seguir d¨¢ndole vueltas a sus pensamientos. Solt¨® un suspiro y dej¨® el peque?o colgante junto a los dem¨¢s, acomod¨¢ndolos con cuidado sobre la mesa. Ya habr¨ªa tiempo para terminarlos. Se acerc¨® a su cama improvisada y se dej¨® caer sobre ella, apoyando un brazo sobre su frente mientras miraba el techo de la caba?a. Ma?ana sabr¨ªa qu¨¦ hab¨ªa pasado en esa reuni¨®n. Si las mayores hab¨ªan decidido que deb¨ªa marcharse¡­ tendr¨ªa que aceptarlo. No era su aldea, y por m¨¢s que quisiera quedarse, ellas ten¨ªan la ¨²ltima palabra. Si, en cambio, solo les hab¨ªan advertido a las chicas sobre su presencia¡­ bueno, no pod¨ªa culparlas. Quiz¨¢s las cosas cambiar¨ªan un poco a partir de ahora. Bostez¨®, sintiendo c¨®mo el sue?o lo envolv¨ªa poco a poco. ¡ªYa veremos qu¨¦ pasa¡­ ¡ªsusurr¨® para s¨ª mismo. Se acomod¨® de lado, cerrando los ojos mientras la brisa nocturna entraba por la ventana, refrescando el ambiente. Ma?ana tendr¨ªa sus respuestas. Y con ese ¨²ltimo pensamiento, dej¨® que el cansancio finalmente lo venciera. Las chicas estaban reunidas en la caba?a central, sentadas en c¨ªrculo frente a las tres mayores. La atm¨®sfera estaba cargada de expectaci¨®n. Era la primera vez que pod¨ªan preguntar libremente sobre Erik, sobre los hombres, sobre todas esas cosas que no entend¨ªan pero que despertaban su curiosidad. Jerut fue la primera en hablar, con su tono pausado y sereno. ¡ªSabemos que tienen preguntas ¡ªdijo, observando los rostros j¨®venes frente a ella¡ª. As¨ª que, responderemos todo lo que quieran saber sobre los hombres... Capitulo 18: "El Primer Paso Hacia lo Desconocido " La brisa nocturna tra¨ªa consigo un alivio al calor del d¨ªa, pero la mente de las chicas estaba inquieta. Suri se hab¨ªa retirado a la caba?a de las mayores, ellas la hab¨ªan puesto a hacer varias tareas para que se duerma mas temprano dej¨¢ndolas a solas con las chicas. El tema flotaba en el aire. Hab¨ªan hablado muchas veces de Erik, de su extra?a forma de hablar y de su manera de actuar, pero hab¨ªa algo que ninguna hab¨ªa preguntado abiertamente hasta ahora. Jaia fue la primera en hablar, su tono era calmado pero firme. ¡ªHemos evitado contarles esto porque cre¨ªamos que nunca ser¨ªa necesario. Ustedes han crecido en un ambiente sin hombres, sin la necesidad de saber estas cosas. Pero la realidad ha cambiado. ¡ªYo quiero saber algo ¡ªdijo Becca, inclin¨¢ndose un poco hacia adelante ¡ª. ?Por qu¨¦ Erik se pone tan extra?o cuando nos ve sin o con poca ropa? Hada asinti¨®, apoyando el ment¨®n en su mano. ¡ªS¨ª. A veces parece confundido, a veces nervioso¡­ y otras hasta se da la vuelta de golpe como si hubiera visto algo prohibido. Lera frunci¨® el ce?o, recordando momentos en los que Erik se hab¨ªa volteado r¨¢pidamente o hab¨ªa evitado mirarlas de frente cuando se desvest¨ªan para ir a nadar al lago. ¡ªNi siquiera nos ve mucho tiempo, apenas nos ve, se pone tenso. Arlea lade¨® la cabeza con curiosidad. ¡ª?Ser¨¢ que en su aldea no est¨¢n acostumbrados a ver cuerpos desnudos? Las tres mayores se miraron entre s¨ª con una sonrisa sutil. Alisha fue la primera en hablar. ¡ªNo es eso ¡ªdijo con calma¡ª. Es porque es un hombre. Las chicas parpadearon, sin entender de inmediato. ¡ª?Y eso qu¨¦ tiene que ver? ¡ªpregunt¨® Hada, cruz¨¢ndose de brazos. Jaia suspir¨® con paciencia. ¡ªPara los hombres, ver el cuerpo de una mujer es muy diferente a como es para nosotras. Nosotras estamos acostumbradas a vernos, pero ellos¡­ ¡ªEllos reaccionan distinto ¡ªinterrumpi¨® Jerut con una sonrisa p¨ªcara¡ª. Para ellos, ver a una mujer desnuda puede provocarles muchas cosas. Hubo un momento de silencio. ¡ª?"Muchas cosas"? ¡ªpregunt¨® Becca, arqueando una ceja. Alisha ri¨® suavemente. ¡ªAtracci¨®n, deseo¡­ confusi¨®n. Es normal. Las j¨®venes se miraron entre s¨ª. ¡ªPero ¨¦l no hace nada ¡ªmurmur¨® Arlea¡ª. Solo se pone tenso y evita mirarnos. ¡ªPorque se est¨¢ controlando y las respeta para no mirarlas sin ropa a todas ¡ªrespondi¨® Jaia con tranquilidad. Las chicas procesaban la informaci¨®n cuando Mika, que hab¨ªa estado en silencio, entrecerr¨® los ojos. ¡ªSi tanto nos altera a nosotras, imaginen c¨®mo lo alterar¨¢ a ¨¦l ¡ªdijo con tono neutro. Jaia entonces la mir¨® con atenci¨®n. ¡ªT¨² lo entiendes m¨¢s que las dem¨¢s¡­ porque ya lo viste sin ropa, ?verdad? Las dem¨¢s se giraron hacia Mika, sin entender de inmediato. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Hada. ¡ª??QU¨¦?! ¡ªexclam¨® Becca, sobresaltada. ¡ª??T¨² viste a Erik sin ropa?! ¡ªa?adi¨® Arlea, con los ojos bien abiertos. Mika mantuvo su expresi¨®n fr¨ªa, sin inmutarse ante las reacciones de las dem¨¢s. ¡ªS¨ª ¡ªadmiti¨® sin rodeos¡ª. Fue la noche que tardo en volver, de su exploraci¨®n despu¨¦s de la comida del medio d¨ªa, yo lo segu¨ª, se detuvo en la ca¨ªda de agua y lo vi ba?arse all¨ª, sin ropa. Hubo un momento de absoluto silencio. Lera y Arlea intercambiaron miradas de sorpresa, mientras Becca la observaba con el ce?o fruncido. ¡ª?Y c¨®mo es? ¡ªpregunt¨® Arlea en voz baja, como si temiera la respuesta. Mika suspir¨®, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªDiferente ¡ªdijo, con voz neutra¡ª. Muy diferente a nosotras. Mika hab¨ªa confirmado lo que nadie m¨¢s hab¨ªa visto: Erik era diferente. Pero ?Qu¨¦ significaba eso exactamente? ¡ªEl cuerpo de un hombre no es como el de una mujer entre las piernas ¡ªdijo Jaia con calma¡ª. Mientras nosotras tenemos todo dentro, ellos lo tienen afuera. Hubo un momento de silencio absoluto. ¡ª?C¨®mo afuera? ¡ªpregunt¨® Arlea, con evidente confusi¨®n. Mika mantuvo la mirada fija. Ella ya lo hab¨ªa visto, pero no dijo nada. Jerut sonri¨® con cierta diversi¨®n. ¡ªTal como lo escuchaste. Los hombres tienen algo que les sobresale de su cuerpo en esa zona. Las chicas se miraron entre s¨ª. ¡ªEso suena¡­ raro ¡ªcoment¨® Lera. ¡ªPuede parecerlo si nunca has visto uno ¡ªconcedi¨® Alisha¡ª. Pero para ellos es normal. Jerut ri¨® suavemente. ¡ªClaro que lo es. Su cuerpo es opuesto al nuestro. Hada frunci¨® el ce?o, a¨²n asimilando la noticia. ¡ª?Y qu¨¦ se supone que significa eso? Jaia, con paciencia, apoy¨® las manos sobre sus rodillas. ¡ªSignifica que los hombres y las mujeres est¨¢n hechos para encajar ¡ªexplic¨®, eligiendo sus palabras con cuidado, tratando de explicarles sobre la conexi¨®n que se realiza de un hombre con una mujer. Las j¨®venes se miraron entre s¨ª, inseguras de lo que vendr¨ªa despu¨¦s. ¡ª??Eso tambi¨¦n?! ¡ªexclam¨® Hada con los ojos muy abiertos antes de cubrirse la boca. Alisha asinti¨® con serenidad. ¡ªEs parte de la vida, aunque para ustedes suene extra?o. Todo lo que les hemos dicho es verdad, aunque sea mucho para asimilar de golpe. Becca apart¨® la mirada, sintiendo su rostro arder. ¡ªNo pens¨¦ que... ¡ªmurmur¨®, sin terminar la frase. Mika frunci¨® el ce?o, con una mezcla de curiosidad y desconcierto. ¡ªPero... ?por qu¨¦ son tan diferentes a nosotras? ¡ªpregunt¨® al fin, rompiendo el silencio. Alisha sonri¨® con paciencia. ¡ªPorque as¨ª es la naturaleza. Sus cuerpos est¨¢n hechos para complementarse con los nuestros. No s¨®lo en la apariencia, sino tambi¨¦n en sus instintos y forma de ser. Hada se removi¨®, mordi¨¦ndose el labio. ¡ª?Y eso que tienen...? ¡ªse detuvo, sin atreverse a completar la pregunta. ¡ªSirve para lo que ya les explicamos ¡ªdijo Jerut con calma¡ª. Para traer vida, para conectar con nosotras de una forma que a¨²n no comprenden del todo. Arlea se cubri¨® el rostro con ambas manos. ¡ª?Y c¨®mo... c¨®mo funciona exactamente? ¡ªsusurr¨®, casi con temor a la respuesta. Jaia intercambi¨® una mirada con sus hermanas antes de responder. ¡ªNo es algo que se pueda entender con solo palabras. Es un lazo, un acto de entrega mutua. Cuando suceda, lo comprender¨¢n. Mika suspir¨®, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªPero, si nunca hab¨ªamos necesitado saber esto... ?por qu¨¦ cont¨¢rnoslo ahora? Jaia fij¨® la mirada en Mika con seriedad. ¡ªPorque ahora ¨¦l est¨¢ aqu¨ª. La incomodidad se hizo presente. Ninguna joven se atrevi¨® a hablar, hasta que Becca se removi¨®, a¨²n sin entender del todo. ¡ª?Por qu¨¦ har¨ªamos eso? ¡ªA veces para dar vida¡­ ¡ªrespondi¨® Alisha, sonriendo con cierta picard¨ªa¡ª. Otras, solo porque lo desean. ¡ªEntonces¡­ ?Cu¨¢ndo un hombre y una mujer sienten algo¡­ hacen eso? ¡ªpregunt¨® Mika con voz m¨¢s baja. ¡ªSi ambos lo desean, s¨ª ¡ªrespondi¨® Alisha con suavidad¡ª. No es algo que deba hacerse a la ligera, ni porque s¨ª. Es una uni¨®n importante. Lera lade¨® la cabeza. ¡ª?Y c¨®mo se siente? Las mayores rieron ante su curiosidad. ¡ªEs dif¨ªcil de explicar con palabras ¡ªdijo Jerut con una sonrisa¡ª. Para algunas mujeres puede ser inc¨®modo al inicio, pero si hay amor y confianza, se vuelve algo placentero. ¡ª?Y Erik sabe todo esto? ¡ªpregunt¨® Becca de repente. ¡ªEn su aldea, debe ser un conocimiento que los hombres y mujeres deben aprenden desde j¨®venes. ¡ªdijo Alisha. Las chicas se tensaron. No era un tema del que hubieran hablado antes, y ahora, de pronto, lo ten¨ªan frente a ellas con todas sus implicaciones. ¡ª?Y hacer eso es bueno? ¡ªpregunt¨® Mika, con voz controlada. Jerut sonri¨® con nostalgia. ¡ªCon la persona correcta¡­ s¨ª. El silencio volvi¨® a reinar entre las j¨®venes. Ninguna estaba acostumbrada a pensar en estos temas. ¡ª?Pero c¨®mo¡­ encaja? ¡ªpregunt¨® Becca en voz baja, sintiendo el calor subirle al rostro. Jerut sonri¨® con picard¨ªa. ¡ªEncaja perfectamente. Los cuerpos est¨¢n hechos para eso. Las j¨®venes sintieron un escalofr¨ªo de extra?eza y emoci¨®n al mismo tiempo. Mika, sin decir una palabra, presion¨® sus manos contra sus rodillas. Erik era diferente¡­ y ahora lo entend¨ªan mejor que nunca. Las chicas guardaron silencio. Sab¨ªan que, a partir de esta noche, nada volver¨ªa a ser igual. Las j¨®venes volvieron a intercambiar miradas. Ahora comprend¨ªan muchas cosas que antes les parec¨ªan extra?as. La noche avanzaba con su habitual calidez. Las j¨®venes a¨²n estaban asimilando todo lo que las mujeres mayores les hab¨ªan contado sobre las diferencias entre los cuerpos de hombres y mujeres. Pero hab¨ªa algo m¨¢s que, aunque no se hab¨ªa dicho en palabras, todas sent¨ªan: algo que Erik despertaba en ellas. Becca fue la primera en romper el silencio. ¡ªSi nuestros cuerpos reaccionan de cierta manera¡­ ?eso tambi¨¦n tiene que ver con lo que sentimos? Las mayores intercambiaron miradas c¨®mplices antes de que Jaia hablara. ¡ªS¨ª. Y estoy segura de que todas ustedes han sentido algo extra?o desde que ese muchacho empez¨® a convivir con ustedes. Las j¨®venes no respondieron de inmediato, pero el calor que sintieron en sus rostros delat¨® que lo que dec¨ªa Jaia era cierto. ¡ªEs una sensaci¨®n extra?a ¡ªmurmur¨® Lera¡ª. Como¡­ querer estar cerca de ¨¦l sin saber por qu¨¦. ¡ªComo sentir algo en el pecho cuando nos mira ¡ªagreg¨® Arlea, abraz¨¢ndose los brazos. ¡ªComo enojo cuando no nos hace caso r¨¢pido ¡ªintervino Hada con un resoplido. Jerut sonri¨®. ¡ªEso, mis ni?as, es amor. Las j¨®venes parpadearon, confundidas. ¡ª?Amor? ¡ªrepiti¨® Mika con recelo. ¡ªS¨ª ¡ªasinti¨® Alisha¡ª. Es algo que se siente aqu¨ª ¡ªse llev¨® una mano al pecho¡ª, aunque no lo veas. Es la necesidad de alguien, el deseo de compartir con ¨¦l, de re¨ªr, de proteger y ser protegida. ¡ªEntonces¡­ si Erik siente algo por nosotras, ?en alg¨²n momento podr¨ªa querer hacer eso? ¡ªpregunt¨® Lera, casi en un susurro. Jerut asinti¨®. ¡ªSolo si ustedes tambi¨¦n lo desean. El amor no es algo que se imponga. Es algo que se da de manera natural. Becca baj¨® la mirada, procesando. ¡ª?Y creen que Erik¡­? Jaia suspir¨®, observ¨¢ndolas. ¡ªNo lo sabemos a¨²n. Pero si permanece aqu¨ª¡­ es posible que alguna de ustedes lo descubra. Las j¨®venes no dijeron nada, pero la idea qued¨® flotando en el aire. ¡ªPero no solo es algo bonito ¡ªintervino Jerut¡ª. El amor tambi¨¦n puede doler. Puede hacer que una persona sufra, que se sienta triste si el otro no la ve como ella quiere. Becca frunci¨® el ce?o. ¡ªEntonces¡­ ?es algo bueno o algo malo? Jaia ri¨® suavemente. ¡ªDepende. Si es correspondido, es lo m¨¢s hermoso que existe. Si no lo es, puede ser lo m¨¢s triste. Las chicas intercambiaron miradas. No sab¨ªan si Erik sent¨ªa lo mismo que ellas. ¡ª?C¨®mo sabemos si ¨¦l tambi¨¦n lo siente? ¡ªpregunt¨® Hada, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªA veces es dif¨ªcil saberlo ¡ªadmiti¨® Jaia¡ª, pero hay se?ales. ¡ª?C¨®mo cu¨¢les? ¡ªinsisti¨® Lera. ¡ªEl modo en que las mira, en que las escucha ¡ªdijo Alisha¡ª. Si protege a una m¨¢s que a las dem¨¢s, si busca su compa?¨ªa sin raz¨®n aparente. ¡ªSi se pone nervioso cuando est¨¢ cerca de alguna de ustedes ¡ªa?adi¨® Jerut con una sonrisa traviesa. Las j¨®venes reflexionaron sobre esto. Erik se pon¨ªa todo eso con todas, pero¡­ ?hab¨ªa alguien con quien actuara diferente? ¡ªY hay algo m¨¢s ¡ªdijo Jaia¡ª. Cuando dos personas sienten amor, se besan en los labios. Las chicas se miraron entre s¨ª, confundidas. ¡ª?Besar en los labios? ¡ªS¨ª. Un beso es un gesto de amor ¡ªexplic¨® Jerut¡ª. Cuando los labios de dos personas se juntan. Hada arrug¨® la nariz. ¡ª?Y por qu¨¦ all¨ª? Las mujeres mayores rieron ante su expresi¨®n. ¡ªEs dif¨ªcil de explicar ¡ªdijo Alisha¡ª. Es una forma de sentir al otro, de demostrar cari?o. ¡ªCuando dos personas se besan, sienten m¨¢s cerca lo que llevan en el coraz¨®n ¡ªa?adi¨® Jaia. Becca se llev¨® una mano a los labios, como si tratara de imaginarlo. ¡ª?Erik sabr¨¢ de los besos? ¡ªSeguro que s¨ª ¡ªrespondi¨® Jerut¡ª. Si viene de otro lugar, debe conocer muchas cosas que ustedes a¨²n no. ¡ª?Se siente bien? ¡ªpregunt¨® Hada, frunciendo el ce?o, a¨²n tratando de imaginarlo. ¡ªSe siente como¡­ una conexi¨®n con la otra persona ¡ªdijo Jerut con una sonrisa nost¨¢lgica¡ª. Puede ser dulce, emocionante, puede hacer que el coraz¨®n lata m¨¢s r¨¢pido. Pero solo tiene sentido cuando ambas personas lo desean. Las chicas se quedaron pensativas. ¡ª?Erik querr¨ªa besarnos? ¡ªpregunt¨® Lera en voz baja. Las mayores rieron suavemente. ¡ªEso solo lo puede responder Erik ¡ªdijo Jerut¡ª. Pero lo que s¨ª podemos decirles es que ¨¦l siente algo por ustedes. Lo hemos visto en su mirada, en sus acciones. Y ustedes tambi¨¦n lo sienten por ¨¦l, aunque a¨²n est¨¦n descubriendo qu¨¦ significa. Las j¨®venes permanecieron en silencio, cada una perdida en sus pensamientos. Ahora no solo entend¨ªan m¨¢s sobre el cuerpo de Erik, sino que tambi¨¦n comprend¨ªan lo que estaban sintiendo. El tema de los besos hab¨ªa dejado sus mentes inquietas, pero una pregunta flotaba en el aire, sin que ninguna se atreviera a formularla. Hasta que Mika, con los brazos cruzados y el ce?o ligeramente fruncido, habl¨®. ¡ª?Y qu¨¦ hay de Erik? Nos han dicho mucho sobre lo que nosotras sentimos, pero¡­ ?¨¦l? Las mayores intercambiaron miradas. Jaia sonri¨® con un brillo de diversi¨®n en los ojos. ¡ªEso es lo m¨¢s interesante de todo. Las j¨®venes la miraron con expectaci¨®n. ¡ªDesde que Erik lleg¨®, lo hemos estado observando ¡ªcontinu¨® Jerut con un tono casi misterioso¡ª. Y cr¨¦anme cuando les digo que ese muchacho no es tan dif¨ªcil de leer como parece. ¡ª?Qu¨¦ quieren decir? ¡ªpregunt¨® Becca, inclin¨¢ndose hacia adelante. ¡ªQue ¨¦l tambi¨¦n siente algo por ustedes ¡ªrespondi¨® Alisha con certeza¡ª. Tal vez ni siquiera lo entiende del todo a¨²n, pero es obvio. Las chicas se miraron entre s¨ª con sorpresa. ¡ª?C¨®mo pueden estar tan seguras? ¡ªinsisti¨® Hada, con una mezcla de escepticismo y emoci¨®n contenida. Jaia se acomod¨® en su asiento y habl¨® con calma. ¡ªPorque hemos visto c¨®mo las mira. El grupo qued¨® en silencio. ¡ªNo es normal que un hombre mire a varias mujeres con tanto inter¨¦s y no sienta nada ¡ªexplic¨® Jerut¡ª. Y Erik las observa, a todas, de formas distintas, como si estuviera tratando de entenderlas¡­ como si no supiera qu¨¦ hacer con lo que siente. Las j¨®venes sintieron un leve escalofr¨ªo recorrer sus cuerpos. ¡ªNo es solo la mirada ¡ªa?adi¨® Alisha¡ª. Se esfuerza en ayudarlas, en protegerlas¡­ en encontrar su lugar aqu¨ª, entre ustedes. Y cuando una de ustedes se acerca demasiado, se pone nervioso, como si no supiera c¨®mo reaccionar. ¡ªY cuando, sin querer, las ha visto sin ropa ¡ªcontinu¨® Jaia, con una sonrisa traviesa¡ª, su reacci¨®n ha sido bastante evidente. Las chicas se sonrojaron al instante. ¡ª?Eso significa que le gustamos? ¡ªpregunt¨® Arlea, a¨²n procesando la idea. ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Jerut sin dudar¡ª. Pero lo interesante aqu¨ª es que no es solo una de ustedes. Lo que siente es diferente por cada una, pero en el fondo, todas lo han tocado de alguna manera. La confesi¨®n dej¨® a las j¨®venes sin palabras. ¡ªEntonces¡­ ?¨¦l tambi¨¦n est¨¢ confundido? ¡ªmurmur¨® Becca. ¡ªSeguramente ¡ªasinti¨® Jaia¡ª. No es f¨¢cil entender los propios sentimientos, y menos cuando no hay nadie que te haya ense?ado sobre ellos. Erik no solo era diferente por su cuerpo o su origen. Tambi¨¦n era alguien que, sin quererlo, hab¨ªa empezado a formar parte de ellas¡­ y de sus corazones. Hasta ese momento, hab¨ªan descubierto muchas cosas sobre los sentimientos que Erik pod¨ªa tener por ellas¡­ pero hab¨ªa algo que no pod¨ªan ignorar. Algo que hab¨ªan notado desde su llegada. Becca fue la primera en hablar, con un tono cargado de curiosidad y un leve atisbo de inquietud. ¡ªY¡­ ?Qu¨¦ hay de Suri? Las mayores la miraron con atenci¨®n. ¡ª?Qu¨¦ quieres decir? ¡ªpregunt¨® Alisha. ¡ªNosotras hemos estado observando a Erik tambi¨¦n ¡ªintervino Lera¡ª, y con Suri es¡­ diferente. Hada chasque¨® la lengua. ¡ªS¨ª, no es justo. Es como si ella fuera mas especial para el. ¡ªLe habla de otra manera ¡ªa?adi¨® Arlea, recordando ciertos momentos¡ª. Se acerca m¨¢s a ella, la toca sin dudar cuando es necesario¡­ y ella tampoco se aleja. Mika, que hab¨ªa permanecido en silencio, apret¨® los labios. Tambi¨¦n lo hab¨ªa notado. Erik era amable con todas, pero con Suri¡­ hab¨ªa algo distinto. Jerut y Alisha sonrieron con complicidad, mientras Jaia suspiraba con calma. ¡ªEs natural ¡ªdijo finalmente Jaia¡ª. Pero, si me preguntan, no creo que Erik la vea como ustedes creen. Las j¨®venes fruncieron el ce?o con confusi¨®n. ¡ª?A qu¨¦ te refieres? ¡ªpregunt¨® Becca. Jaia les dirigi¨® una mirada tranquila. ¡ªCreo que Erik ve a Suri como una hermanita. El silencio cay¨® entre ellas como una piedra lanzada al agua. ¡ª?Una hermana? ¡ªrepiti¨® Hada, con incredulidad. ¡ªS¨ª ¡ªasinti¨® Jaia¡ª. No lo ven en su forma de actuar con ella. La protege de una forma diferente a como lo hace con ustedes. Con ustedes hay algo de nerviosismo, de torpeza¡­ pero con Suri es instintivo, natural, casi como si fuera parte de ¨¦l cuidar de ella. Mika baj¨® la mirada, recordando algo. ¡ªEso¡­ tiene sentido ¡ªmurmur¨®. Todas la miraron. ¡ª?Por qu¨¦ lo dices? ¡ªpregunt¨® Alisha. Mika dud¨® un segundo, pero luego decidi¨® hablar. ¡ªErik me dijo que perdi¨® a su familia, a sus padres y hermanas cuando el era m¨¢s peque?o que Suri. El aire pareci¨® volverse m¨¢s denso alrededor. ¡ª?M¨¢s peque?o que Suri? ¡ªpregunt¨® Arlea con suavidad. Mika asinti¨®. Las mayores intercambiaron miradas cargadas de comprensi¨®n. The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. ¡ªEso explica mucho ¡ªdijo Alisha¡ª. Si perdi¨® a su familia tan joven, es posible que al ver a Suri¡­ haya sentido la necesidad de protegerla como si fuera una hermana menor. Las j¨®venes guardaron silencio, procesando la informaci¨®n. ¡ªEntonces¡­ ?no la ve como ve a las dem¨¢s? ¡ªpregunt¨® Becca. ¡ªPor ahora, no lo creo ¡ªdijo Jaia con certeza¡ª. Suri es a¨²n muy joven a sus ojos. La cuida porque la ve como una ni?a que necesita ense?anzas y protecci¨®n. ¡ª?Por ahora? ¡ªrepiti¨® Hada con curiosidad. Jaia sonri¨® con un dejo de misterio. ¡ªEl tiempo cambia muchas cosas. Ahora, la ve como una hermana peque?a¡­ pero cuando sea mas grande, qui¨¦n sabe c¨®mo la ver¨¢. Las chicas intercambiaron miradas. ¡ª?Eso significa que cuando Suri crezca m¨¢s¡­? ¡ªcomenz¨® Lera. ¡ªPodr¨ªa volverse algo m¨¢s que una hermana para ¨¦l ¡ªcomplet¨® Alisha, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. O tal vez no. Nadie puede saberlo con certeza. Becca suspir¨®, cruzando los brazos. ¡ªSer¨¢ mejor que no dejen que Suri les tome ventaja cuando crezca ¡ªdijo Jerut con una sonrisa astuta. Las j¨®venes se miraron unas a otras, con una mezcla de sorpresa, confusi¨®n y¡­ determinaci¨®n. Aquel juego de emociones no hab¨ªa hecho m¨¢s que empezar. Hab¨ªan hablado durante horas, descubriendo verdades que nunca imaginaron sobre los hombres, sobre Erik¡­ y sobre s¨ª mismas. ¡ªBueno, creo que por esta noche es suficiente ¡ªdijo Jaia, poni¨¦ndose de pie y estirando los brazos con calma¡ª. Han aprendido muchas cosas esta noche. ¡ªCreo que hemos hablado mucho¡­ tal vez demasiado ¡ªcoment¨® Becca, con una sonrisa ligera. Jerut ri¨® con suavidad. ¡ªSer¨¢ mejor que vayan a descansar. Es mucho para asimilar en una sola noche. Las mayores comenzaron a alejarse poco a poco, dej¨¢ndolas a solas. Las chicas, sin embargo, no se movieron de inmediato. Se quedaron sentadas en c¨ªrculo, mir¨¢ndose unas a otras con rostros llenos de pensamientos revueltos. ¡ªTodo esto es una locura ¡ªdijo Hada, rompiendo el silencio¡ª. Nunca imagin¨¦ que convivir con un hombre fuera as¨ª. ¡ªNi yo ¡ªasinti¨® Arlea¡ª. Antes, Erik solo era bueno¡­ pero ahora¡­ ¡ªAhora ya no podemos verlo de la misma forma ¡ªtermin¨® Lera por ella. Todas asintieron. ¡ªY pensar que ¨¦l tambi¨¦n puede sentir algo por nosotras ¡ªcoment¨® Becca, con una leve sonrisa¡ª. No es solo cosa nuestra. ¡ªAunque lo disimula bien ¡ªa?adi¨® Hada, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. A veces parece que intenta no mirarnos demasiado, pero ya sabemos por qu¨¦. Lera suspir¨®, perdida en sus pensamientos. ¡ªTambi¨¦n es triste¡­ quiero decir, lo que Mika cont¨® sobre su familia. Todas voltearon a ver a Mika, que hasta ese momento hab¨ªa estado en silencio, con la mirada baja. ¡ªS¨ª ¡ªmurmur¨®¡ª. Debe haber sido muy duro para ¨¦l. Becca apoy¨® un codo sobre su rodilla y se sostuvo la barbilla con la mano. ¡ªEso explica por qu¨¦ protege tanto a Suri. ¡ªS¨ª ¡ªadmiti¨® Mika¡ª. Pero¡­ Jaia dijo algo que me dej¨® pensando. ¡ª?Sobre Suri? ¡ªpregunt¨® Lera. Mika asinti¨®. ¡ªAhora la ve como una hermana, pero cuando sea mas grande¡­ Hubo un momento de silencio. ¡ªNo s¨¦ qu¨¦ pensar de eso ¡ªadmiti¨® Becca¡ª. Pero falta mucho para eso, ?no? ¡ªTal vez s¨ª ¡ªdijo Hada¡ª. Pero no quiero que de repente un d¨ªa Suri crezca y¡­ No termin¨® la frase, pero todas entendieron lo que quer¨ªa decir. ¡ªBueno ¡ªintervino Arlea con una sonrisa astuta¡ª, supongo que si queremos que Erik nos vea de otra manera, debemos hacer algo al respecto. ¡ª?Hacer qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Mika con curiosidad. ¡ªNo lo s¨¦ ¡ªrespondi¨® Arlea encogi¨¦ndose de hombros¡ª. Pero ahora que sabemos lo que sabemos¡­ no quiero que pase el tiempo y nos quedemos esperando. Becca solt¨® una peque?a risa. ¡ªNunca cre¨ª que terminar¨ªamos hablando de esto¡­ ¡ªYo tampoco ¡ªdijo Lera¡ª. Pero aqu¨ª estamos. Todas se quedaron en silencio un momento, reflexionando. ¡ªBueno ¡ªdijo Becca poni¨¦ndose de pie y sacudi¨¦ndose las piernas¡ª, por ahora, lo mejor es descansar. Ma?ana ser¨¢ otro d¨ªa. Las dem¨¢s la imitaron, poni¨¦ndose de pie y desperez¨¢ndose. ¡ªS¨ª, ya es tarde ¡ªdijo Hada¡ª. Y tengo la sensaci¨®n de que dormir¨¦ so?ando con todo esto. ¡ªEspero que no hablen dormidas ¡ªbrome¨® Arlea¡ª. No quiero despertarme con alguna revelaci¨®n inesperada en plena noche. Lera asinti¨® y luego, con una sonrisa suave, dijo: ¡ªCreo que lo mejor es que sigamos trat¨¢ndolo como siempre, ?no? No quiero que Erik se asuste si cambiamos de repente. ¡ªExacto ¡ªintervino Arlea, pensando en lo que hab¨ªa notado en las ¨²ltimas d¨ªas¡ª. Si de pronto comenzamos a actuar extra?o, podr¨ªa ponerse inc¨®modo. No queremos eso. ¡ªTotalmente ¡ªa?adi¨® Becca, con tono serio pero amigable¡ª. Adem¨¢s, ya tiene suficiente con todo lo que ha pasado. No necesitamos ponerlo a¨²n m¨¢s nervioso. Hada, con una leve sonrisa, cruz¨® los brazos. ¡ªA veces me da la sensaci¨®n de que ya est¨¢ bastante nervioso cuando nos ve. Como si no supiera qu¨¦ hacer, especialmente cuando estamos sin ropa. Las dem¨¢s asintieron, e incluso sonrieron al recordar algunas de las situaciones en las que Erik, evidentemente nervioso, apartaba la mirada r¨¢pidamente cuando se acercaban demasiado, sin ropa o medio desnudas. ¡ªEs tan¡­ dulce en esos momentos ¡ªdijo Becca con una sonrisa tierna¡ª. Como si no quisiera mirarnos m¨¢s de lo que deber¨ªa. ¡ªEs adorable cuando se pone as¨ª de nervioso ¡ªagreg¨® Hada, riendo suavemente¡ª. A veces parece como si intentara hacerlo bien, pero no sabe c¨®mo. Mika se ri¨® tambi¨¦n, pensando en sus propias observaciones durante los d¨ªas que hab¨ªa pasado cerca de ¨¦l. ¡ªS¨ª, es como si temiera hacer algo mal. Aunque, al mismo tiempo, creo que tiene sus propios miedos¡­ y est¨¢ claro que no quiere incomodarnos. Lera suspir¨®, mirando al cielo estrellado. ¡ªEs natural que se ponga nervioso, aunque a veces parece que se siente m¨¢s raro por nosotros que por ¨¦l mismo. Mika asinti¨®, recordando algunas miradas nerviosas de Erik cuando sus ropas se deslizaban un poco m¨¢s de lo habitual o cuando estaban cerca del agua. ¡ªA veces es tierno ver c¨®mo evita mirarnos m¨¢s de lo necesario. Como si pensara que es un error, aunque sabemos que no lo es. Becca sonri¨® con picard¨ªa. ¡ªEs casi como si quisi¨¦ramos darle permiso para vernos¡­ pero de alguna manera, no podemos. ¡ªBueno ¡ªdijo Arlea, cambiando el tono¡ª, lo mejor es seguir como siempre, pero con un poco m¨¢s de prudencia. Como lo dijimos antes, si todo cambia tan de golpe, puede que se asuste. Hada asinti¨®, todav¨ªa sonriendo de lo que hab¨ªan comentado antes. ¡ªNo quiero que se asuste, pero tambi¨¦n quiero que se sienta c¨®modo. Si lo vemos nervioso, lo entendemos ahora. No necesitamos presionarlo. Lera pens¨® por un momento y luego dijo: ¡ªEntonces, sigamos nuestras rutinas. No vamos a cambiar todo de la noche a la ma?ana, solo tendremos m¨¢s cuidado con lo que usamos y c¨®mo nos comportamos cerca de ¨¦l. Pero como sol¨ªa ocurrir ¨²ltimamente, la conversaci¨®n no tard¨® en girar hacia un tema que todas ten¨ªan en la mente. ¡ª¨²ltimamente, Erik y Mika han estado juntos m¨¢s seguido ¡ªcoment¨® Hada con una sonrisa traviesa, dirigi¨¦ndole una mirada de soslayo a Mika, quien fingiendo que el comentario no le afectaba. ¡ªEso es porque cazamos juntos ¡ªrespondi¨® Mika con simpleza, pero evit¨® mirar a las dem¨¢s. ¡ªBueno, pero tambi¨¦n se llevan mucho mejor ¡ªa?adi¨® Becca,¡ª. Antes, Mika apenas le dirig¨ªa la palabra, y ahora conf¨ªa en ¨¦l m¨¢s que en nosotras. ¡ªNo exageres ¡ªbuf¨® Mika, pero no neg¨® nada. ¡ªYo tambi¨¦n me llevo bien con Erik ¡ªintervino Lera, con su tono tranquilo¡ª. Me gusta cuando hablamos sobre c¨®mo hacer cosas nuevas para la aldea. Siempre tiene ideas interesantes. ¡ªY tambi¨¦n te gusta verlo, ?verdad? ¡ªdijo Hada con picard¨ªa, logrando que Lera desviara la mirada con una leve sonrisa. ¡ªNo es solo eso¡­ pero s¨ª, tambi¨¦n es atractivo ¡ªadmiti¨® la artesana, provocando risas entre todas. Arlea, quien hasta ese momento solo hab¨ªa estado escuchando, de repente pregunt¨® con naturalidad: ¡ªEntonces, si todas lo queremos¡­ ?Erik tiene que elegir a una sola? La pregunta dej¨® a todas en silencio por un momento. Era algo que ninguna hab¨ªa dicho en voz alta, pero que seguramente todas hab¨ªan pensado. ¡ªEn nuestra aldea siempre hemos estado solo nosotras ¡ªcoment¨® Becca¡ª. Nunca hubo necesidad de elegir a alguien. Pero ahora que Erik est¨¢ aqu¨ª¡­ no s¨¦ c¨®mo funciona esto. ¡ªPero, no dijeron que los hombres pod¨ªan estar con muchas mujeres ¡ªdijo Arlea, frunciendo el ce?o¡ª. ?Y si Erik no quiere elegir a una sola? ¡ª?Nos molestar¨ªa eso? ¡ªpregunt¨® Lera con seriedad. Todas se quedaron pensativas. Era una pregunta dif¨ªcil. Quer¨ªan a Erik, pero tambi¨¦n se quer¨ªan entre ellas. No sab¨ªan si pod¨ªan verlo eligiendo solo a una, o si podr¨ªan compartirlo. ¡ªYo¡­ solo quiero que Erik sea feliz ¡ªdijo Arlea en voz baja¡ª. Si ¨¦l elige a una, est¨¢ bien. Y si nos elige a todas, tambi¨¦n est¨¢ bien. Las chicas se miraron entre s¨ª. En el fondo, todas sent¨ªan lo mismo. Hab¨ªan compartido todo durante toda su vida: sus alegr¨ªas, sus tristezas, sus trabajos y sus secretos. Quiz¨¢s, solo quiz¨¢s, podr¨ªan compartir esto tambi¨¦n. ¡ªSupongo que lo que importa es lo que ¨¦l quiera ¡ªdijo Becca finalmente¡ª. Y lo que nos haga felices a todas. ¡ªS¨ª ¡ªasinti¨® Lera¡ª. No hay prisa. Ya veremos c¨®mo se dan las cosas. Poco a poco, las sonrisas regresaron a sus rostros. No ten¨ªan todas las respuestas, pero al menos hab¨ªan hablado de ello. Y eso era un primer paso. Las chicas compartieron una ¨²ltima sonrisa, sabiendo que aunque su interacci¨®n con Erik cambiar¨ªa un poco, seguir¨ªan siendo ellas mismas. Y, sin duda, todav¨ªa hab¨ªa mucho por descubrir, no solo sobre ¨¦l, sino tambi¨¦n sobre ellas mismas. Con una ¨²ltima mirada compartida, las chicas se dirigieron a sus caba?as, cada una pensando en lo que hab¨ªan aprendido esta noche. Aunque el sol no saldr¨ªa hasta dentro de unas horas, ya sab¨ªan que el d¨ªa siguiente traer¨ªa nuevas sorpresas, nuevas conversaciones¡­ y tal vez, nuevos momentos adorables con Erik. El sol ya iluminaba la aldea cuando Erik sali¨® de su caba?a, sintiendo el calor de la ma?ana en su piel. Ya varios d¨ªas, hab¨ªa estado ayudando a Becca con el agua al amanecer, y aquella ma?ana no era la excepci¨®n. Mientras se acercaba, vio a Becca esper¨¢ndolo, con los brazos cruzados y una expresi¨®n que mezclaba diversi¨®n y expectaci¨®n. ¡ªPens¨¦ que hoy no vendr¨ªas ¡ªcoment¨®, alzando una ceja. Erik rod¨® los ojos con una leve sonrisa. ¡ªNo exageres, llegu¨¦ unos minutos tarde. Becca ri¨® y tom¨® uno de los c¨¢ntaros para llenarlo. Mientras trabajaban, la conversaci¨®n fluy¨® con naturalidad, como si nada hubiera cambiado desde el d¨ªa anterior. Sin embargo, Erik no tard¨® en notar algo en la actitud de Becca, y al mirar a su alrededor, tambi¨¦n en las dem¨¢s chicas. Desde la charla con las mayores, la noche anterior, algo hab¨ªa cambiado. Las miradas de las chicas eran m¨¢s atentas, m¨¢s curiosas, aunque ninguna se comportaba de forma extra?a o inc¨®moda con ¨¦l. ¡ªAs¨ª que ya hablaron con ustedes ¡ªdijo Erik en voz baja, como quien confirma una sospecha. Becca le lanz¨® una mirada r¨¢pida, como si hubiera esperado la pregunta. ¡ªS¨ª. No a?adi¨® m¨¢s, pero su tono dec¨ªa lo suficiente. Erik asinti¨®, sin presionar. Suri lleg¨® corriendo con una gran sonrisa. ¡ª?Erik, Becca las mayores ya terminaron los sacos para los colchones! ¡ªanunci¨® con entusiasmo. Pero la emoci¨®n pronto se vio opacada por un inconveniente: solo hab¨ªa lana suficiente para tres colchones. ¡ªLos usar¨¢n las mayores ¡ªdijo Erik sin dudarlo. Pero Jaia, Alisha y Jerut se miraron entre s¨ª y luego negaron con la cabeza. ¡ªNosotras podemos compartir dos colchones sin problema ¡ªdijo Jaia con tranquilidad¡ª. Pero el tercero debe ser para ti, Erik. ¡ªNo es necesario ¡ªinsisti¨® ¨¦l¡ª. Ustedes lo necesitan m¨¢s. ¡ªNo, Erik ¡ªintervino Jerut¡ª. Fuiste t¨² quien tuvo esta idea, y eres quien m¨¢s ha trabajado en este proyecto. ¡ªNosotras ya sabemos c¨®mo arreglarnos ¡ªa?adi¨® Alisha¡ª. Pero t¨² debes aceptar el colch¨®n. Erik intent¨® seguir discutiendo, pero entonces las chicas se unieron. ¡ªEs cierto ¡ªdijo Hada¡ª. No puedes dejarnos sin m¨¢s. ¡ªNo se siente justo que propongas algo bueno y no lo disfrutes tambi¨¦n ¡ªagreg¨® Lera. Incluso Mika, que sol¨ªa ser m¨¢s reservada en este tipo de cosas, cruz¨® los brazos y le lanz¨® una mirada desafiante. ¡ªT¨®malo como agradecimiento por todo lo que haces. Al final, Erik no pudo hacer nada m¨¢s que aceptar. ¡ªEst¨¢ bien, est¨¢ bien. Pero solo porque s¨¦ que no me van a dejar otra opci¨®n. Las chicas rodeaban los colchones con entusiasmo, listas para llevarlos a su destino. Aunque hab¨ªan hecho todo lo posible por distribuir la lana de manera equitativa, los colchones segu¨ªan siendo m¨¢s grandes y pesados de lo que esperaban. ¡ªBien, dos para las mayores ¡ªdijo Becca, sosteniendo un lado del colch¨®n con Mika¡ª. Ayuden a sostenerlo bien. ¡ªCon cuidado, que no queremos que se llene de polvo antes de que lo usen ¡ªadvirti¨® Lera, asegur¨¢ndose de que las costuras estuvieran bien sujetas. Entre todas, lograron levantar los colchones y, con algunos titubeos al principio, comenzaron a caminar con direcci¨®n a la caba?a de las mayores. ¡ªErik, esp¨¦ranos aqu¨ª ¡ªdijo Hada, volvi¨¦ndose hacia ¨¦l mientras se acomodaba la carga en las manos¡ª. En cuanto terminemos con estos, te ayudamos con el tuyo. Erik observ¨® c¨®mo todas avanzaban con los colchones a cuestas, tropezando un poco entre risas y quejas. Luego, desvi¨® la mirada hacia el suyo. No era tan complicado. Se arrodill¨® y envolvi¨® el colch¨®n como un tronco y un par de pieles para protegerlo. Luego, con paciencia, tom¨® unas lianas gruesas y las us¨® para sujetarlo con fuerza. Cuando estuvo seguro de que no se desatar¨ªa, desliz¨® el brazo por debajo y, con un movimiento preciso, se lo ech¨® al hombro con facilidad. El peso era considerable, pero nada que no pudiera manejar. Cuando las chicas regresaron a por ¨¦l, esperaban encontrarlo a¨²n esperando junto a su colch¨®n. En cambio, lo vieron ya de pie, con el bulto asegurado sobre su hombro, listo para llevarlo a su caba?a por su cuenta. Becca cruz¨® los brazos con una sonrisa incr¨¦dula. ¡ªClaro, porque Erik nunca espera. Lera se llev¨® una mano a la cadera. ¡ªTe dijimos que te ayudar¨ªamos. ¡ªNo hac¨ªa falta ¡ªrespondi¨® Erik con tranquilidad¡ª. Es mi colch¨®n, ?no? Hada rod¨® los ojos. ¡ªPero nosotras quer¨ªamos¡­ ¡ªPueden ayudarme de otra manera ¡ªdijo Erik con una sonrisa divertida¡ª. Por ejemplo, asegur¨¢ndose de que no choque con nada en el camino. Mika chasque¨® la lengua. ¡ªSiempre encuentras la forma de hacer lo que quieres. A medida que se acercaban a la caba?a de Erik, ¨¦l sinti¨® un leve sobresalto en el pecho al recordar algo importante: los regalos. Hab¨ªa pasado d¨ªas tallando peque?as piezas de madera con dedicaci¨®n, asegur¨¢ndose de que cada una fuera especial para las chicas. Y ahora, al haber salido apresurado en la ma?ana para ayudar a Becca, no se hab¨ªa tomado el tiempo de ocultarlos. Disimuladamente, disminuy¨® el paso y mir¨® hacia las chicas que lo acompa?aban. ¡ªGracias por la ayuda ¡ªdijo de pronto, deteni¨¦ndose frente a la entrada de su caba?a¡ª. Ya puedo con esto. Becca arque¨® una ceja. ¡ª?Seguuuro? ¡ªS¨ª, no es problema. Ya est¨¢ todo hecho, solo tengo que acomodarlo. Adem¨¢s¡­ ¡ªa?adi¨® con un tono m¨¢s firme¡ª ustedes tambi¨¦n tienen cosas que hacer, ?no? Las chicas se miraron entre s¨ª. ¡ªBueno¡­ ¡ªmurmur¨® Lera, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Supongo que tengo que seguir trabajando con la nueva resina que encontraste. ¡ªYo debo revisar a los animales ¡ªdijo Hada, aunque no parec¨ªa muy convencida. ¡ªA¨²n tenemos que ayudar a las mayores con otras cosas ¡ªcoment¨® Mika, sin apartar la vista de Erik. ¨¦l asinti¨® con una leve sonrisa. ¡ªExacto. As¨ª que no se preocupen por m¨ª, estar¨¦ bien. Las chicas no dijeron nada m¨¢s, pero la forma en que lo miraban dejaba en claro que entend¨ªan que Erik quer¨ªa estar solo por un rato. ¡ªEst¨¢ bien, pero si necesitas ayuda para acomodarlo, solo dilo ¡ªdijo Lera con un suspiro. ¡ªLo tendr¨¦ en cuenta ¡ªrespondi¨® Erik. Poco a poco, las chicas comenzaron a alejarse. Hada fue la ¨²ltima en moverse, lanz¨¢ndole una mirada de sospecha antes de darse la vuelta. Cuando estuvo seguro de que ya no lo segu¨ªan, Erik entr¨® r¨¢pido a su caba?a y revis¨® los regalos. A¨²n estaban ah¨ª, intactos. Suspir¨® aliviado. No quer¨ªa que los vieran antes de tiempo. El sol estaba en su punto m¨¢s alto, ba?ando la aldea con su luz dorada. El calor del mediod¨ªa se hac¨ªa notar, pero dentro de la caba?a de las mayores, la atm¨®sfera era m¨¢s fresca y tranquila. Jaia, Alisha y Jerut observaban con satisfacci¨®n los dos colchones de lana que las chicas les hab¨ªan ayudado a instalar. Se ve¨ªan mullidos y acogedores, un lujo en comparaci¨®n a los troncos que han usado toda su vida. Suri, que hab¨ªa estado ayudando con entusiasmo, no tard¨® en lanzarse sobre uno de ellos, rodando sobre la suave superficie con una sonrisa de pura felicidad. ¡ª?Es muy c¨®modo! ¡ªexclam¨®, riendo¡ª. Mucho mejor que los anteriores. Las mayores intercambiaron miradas divertidas. ¡ªSi tanto te gusta, puedes quedarte a dormir con nosotras esta noche ¡ªdijo Alisha con una sonrisa. Suri se incorpor¨® de inmediato, con los ojos brillantes de emoci¨®n. ¡ª??De verdad?! ¡ªPor supuesto ¡ªrespondi¨® Jerut, acomodando unas nuevas mantas de tela que Lera hab¨ªa hecho d¨ªas atr¨¢s para todos ¡ª. Nos har¨¢s compa?¨ªa. ¡ª?S¨ª! ¡ªacept¨® Suri sin dudarlo Jaia solt¨® una leve risa y le revolvi¨® el cabello con ternura. ¡ªEntonces esta noche ser¨¢s nuestra invitada especial. Suri asinti¨® con entusiasmo y volvi¨® a tumbarse en el colch¨®n, disfrutando de la suavidad. Las dem¨¢s chicas, que hab¨ªan ayudado a instalar los colchones, sonrieron al verla tan contenta. ¡ªBueno, parece que Suri ya tiene planes para esta noche ¡ªcoment¨® Becca con una sonrisa. ¡ªS¨ª, y yo voy a venir a probar estos colchones tambi¨¦n ¡ªbrome¨® Hada¡ª. A ver si me dejan un espacio. ¡ªTendr¨¢s que esperar tu turno ¡ªri¨® Lera, cruz¨¢ndose de brazos¡ª. Porque yo tambi¨¦n quiero probar. Las mayores rieron ante los comentarios de las j¨®venes, mientras Suri segu¨ªa disfrutando de su nuevo descubrimiento. La aldea, por primera vez en mucho tiempo, ten¨ªa algo m¨¢s que simples comodidades: ten¨ªa peque?os momentos de felicidad compartida. Suri segu¨ªa tumbada con una sonrisa satisfecha, mientras las dem¨¢s bromeaban sobre lo c¨®modos que parec¨ªan. Hada, con su usual tono p¨ªcaro, se cruz¨® de brazos y solt¨®: ¡ªBueno, si tanto queremos probar un colch¨®n antes de que haya para todas¡­ podr¨ªamos turnarnos con el de Erik. La habitaci¨®n qued¨® en un repentino silencio por un segundo antes de que varias cabezas se giraran hacia ella con expresiones entre sorprendidas y divertidas. ¡ª?Hada! ¡ªexclam¨® Mika, abriendo los ojos de par en par. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªdijo Hada con una sonrisa traviesa¡ª. S¨®lo digo que si vamos a compartir colchones, Erik tiene uno, y nosotras a¨²n no. Ser¨ªa justo, ?no? Becca se llev¨® una mano a la cara, pero no pudo contener una risa. ¡ªNo creo que Erik est¨¦ listo para semejante invasi¨®n ¡ªdijo, sacudiendo la cabeza. Lera, con una ceja alzada, mir¨® a Hada con fingida seriedad. ¡ª?Y qui¨¦n ser¨ªa la valiente que probar¨ªa primero? Hada se encogi¨® de hombros con una expresi¨®n de falsa inocencia. ¡ªPodr¨ªa ofrecerme como voluntaria, s¨®lo para asegurarme de que realmente es c¨®modo. Suri, que hab¨ªa estado escuchando en silencio, se incorpor¨® de golpe con el ce?o fruncido. ¡ªSi Erik se despierta en la noche y te ve ah¨ª, seguro se asusta y te lanza fuera. Las chicas estallaron en carcajadas. ¡ª?Tal vez! ¡ªrio Hada¡ª. Pero al menos valdr¨ªa la pena intentarlo. Jerut, que hab¨ªa estado observando con una sonrisa divertida, finalmente habl¨®. ¡ªNo s¨¦ qu¨¦ tanto les gustar¨ªa compartir la cama con un hombre ¡ªdijo con un tono misterioso¡ª. Pero si lo intentan, nos cuentan. Las j¨®venes se miraron entre s¨ª con caras que iban del rubor a la risa, y la conversaci¨®n se desvi¨® pronto a otras bromas y comentarios. Sin embargo, la idea qued¨® flotando en el aire, dejando a m¨¢s de una con la curiosidad latiendo en su interior. El sol de la tarde te?¨ªa la herrer¨ªa con un resplandor dorado mientras Erik y Lera trabajaban juntos, limpiando el polvo y la suciedad acumulada con el tiempo. Ambos llevaban sus rostros cubiertos con telas h¨²medas improvisadas para evitar respirar demasiado polvo y cenizas antiguas. Lera, con su habitual entusiasmo, inspeccionaba cada rinc¨®n con ojos atentos, asegur¨¢ndose de no pasar por alto nada ¨²til. Erik, por su parte, usaba un pa?o h¨²medo para limpiar una mesa de trabajo cubierta de holl¨ªn seco. ¡ªNunca imagin¨¦ que encontrar¨ªamos tantas cosas aqu¨ª ¡ªmurmur¨® Lera, levantando un viejo martillo con un mango de madera ya gastado¡ª. Si aprendemos a usar esto bien, podr¨ªamos hacer muchas herramientas nuevas. Erik asinti¨® mientras frotaba una gran piedra de afilar, descubriendo su superficie lisa y plateada debajo de la mugre. ¡ªS¨ª¡­ pero primero hay que ver qu¨¦ podemos recuperar. En ese momento, mientras Lera apartaba unos tablones viejos de una esquina, un brillo capt¨® su atenci¨®n. Con cuidado, apart¨® m¨¢s escombros y vio lo que parec¨ªa ser un peque?o caj¨®n oxidado incrustado en la pared de piedra. ¡ªErik, ven a ver esto. Erik se acerc¨®, y entre ambos lograron abrir el caj¨®n, que rechin¨® al moverse. Dentro, encontraron varias herramientas plateadas con hojas filosas, a¨²n en buen estado a pesar del tiempo. Entre ellas hab¨ªa puntas de flecha perfectamente moldeadas, cuchillos con filos intactos y hasta algunas herramientas de corte m¨¢s grandes. ¡ªEsto¡­ esto es incre¨ªble ¡ªdijo Lera con los ojos brillando de emoci¨®n¡ª. Mira estas puntas de flecha, est¨¢n casi como nuevas. Erik tom¨® una entre sus dedos, admirando el trabajo fino del metal. ¡ªSon de muy buena calidad¡­ mejor de lo que esperaba a pesar de los a?os que pasaron. Siguiendo su instinto, Erik mir¨® debajo de una mesa de trabajo cercana cubierta con polvo y cenizas. Apart¨® unas tablas viejas y encontr¨® m¨¢s herramientas, pero estas eran distintas. Hab¨ªa hojas de azada, peque?os arados y otros implementos que parec¨ªan ser de uso agr¨ªcola. ¡ªLera¡­ aqu¨ª hay m¨¢s, pero parecen herramientas para trabajar en los cultivos. Lera se agach¨® junto a ¨¦l, observando con sorpresa. ¡ªS¨ª¡­ esto es para trabajar los cultivos. ?Qui¨¦n hubiera pensado que encontrar¨ªamos todo esto aqu¨ª?. Arlea estar¨¢ feliz de trabajar con estas herramientas. Mientras segu¨ªan explorando la herrer¨ªa, Lera apart¨® m¨¢s escombros y, al hacerlo, vio un destello plateado m¨¢s grande que las puntas de flecha. Con esfuerzo, sac¨® varias piezas alargadas de entre las tablas y el polvo. ¡ªErik, mira esto ¡ªdijo, levantando una de las piezas con ambas manos. Erik se acerc¨® y tom¨® una de ellas. No eran simples cuchillos o puntas de flecha; eran machetes, largas y con un filo tan intacto que casi parec¨ªa reci¨¦n afilado. Las examin¨® con detalle, pasando el dedo por el borde con cuidado. ¡ªEsto no es hierro com¨²n¡­ ¡ªmurmur¨® con el ce?o fruncido¡ª. Cualquier otro metal se habr¨ªa oxidado o desgastado con el tiempo, pero estas siguen intactas. Lera, emocionada, coloc¨® varias piezas juntas sobre una mesa limpia. ¡ª?Crees que sea como el acero del que hablaste antes? ¡ªpregunt¨® mientras observaba el reflejo del metal. Erik gir¨® uno de los machetes entre sus manos, analiz¨¢ndola con m¨¢s atenci¨®n. ¡ªPodr¨ªa ser algo similar al acero inoxidable¡­ o quiz¨¢s algo incluso mejor. No solo no tiene ¨®xido, sino que los filos siguen n¨ªtidos despu¨¦s de qui¨¦n sabe cu¨¢ntos a?os. Lera alz¨® una ceja, intrigada. ¡ªSi este metal es tan bueno, ?crees que podamos usarlo para hacer m¨¢s herramientas? Erik asinti¨® lentamente, con la mente trabajando a toda velocidad. ¡ªPrimero, limpiemos bien todo. Luego, podemos probar qu¨¦ tan resistente es este metal con algunas pruebas. Ambos se pusieron manos a la obra, con la certeza de que lo que hab¨ªan descubierto cambiar¨ªa muchas cosas en la aldea. La noche hab¨ªa ca¨ªdo sobre la aldea, y la peque?a fogata en el centro iluminaba suavemente los rostros de todos de la aldea. Las risas y conversaciones llenaban el aire mientras todos compart¨ªan historias y se relajaban, pero al poco rato, las mayores se levantaron con una ligera sonrisa en sus rostros. ¡ªEs hora de que nos retiremos ¡ªdijo Jaia, mirando a las dem¨¢s con un brillo en los ojos. ¡ªSuri, ven, si deseas dormir en el colch¨®n ¡ªa?adi¨® Alisha, tom¨¢ndola de la mano. Erik, que estaba cerca de la fogata, intercambi¨® miradas con las chicas. Su mente se llen¨® de preguntas sobre el d¨ªa especial ha cerc¨¢ndose de Suri. ¡ªSuri no sabe nada, ?verdad? ¡ªpregunt¨® Becca, mirando a las dem¨¢s. ¡ªNo, ni idea ¡ªrespondi¨® Hada, sonriendo mientras miraba hacia donde las mayores se alejaban con Suri. Lera, que hasta ese momento hab¨ªa permanecido en silencio, se uni¨® a la conversaci¨®n con un tono intrigado. ¡ªEs hora de que planifiquemos los toques finales para su d¨ªa especial. Vamos a sorprenderla. Erik no pod¨ªa evitar sonre¨ªr al ver a las chicas susurrar entre ellas, planificando con mucho entusiasmo. Arlea levant¨® la voz para llamar la atenci¨®n de todos, con su mirada decidida, se acerc¨® a Mika. ¡ªMika, necesitaremos m¨¢s carne ¡ªdijo Arlea, mirando a la joven cazadora con preocupaci¨®n¡ª. No ser¨¢ suficiente con lo que tenemos. ?Puedes conseguir algo m¨¢s? Mika, con una expresi¨®n de duda, se cruz¨® de brazos, pensativa. ¡ªSer¨¢ dif¨ªcil ¡ªrespondi¨® con seriedad, mirando al horizonte¡ª. Al parecer, los animales no est¨¢n tan cerca como antes. He recorrido la zona m¨¢s de una vez y no he visto mucho por aqu¨ª. Arlea frunci¨® el ce?o. No estaba dispuesta a rendirse tan f¨¢cilmente, sobre todo cuando la fiesta de Suri estaba tan cerca. Fue entonces cuando Erik, quien hab¨ªa estado escuchando en silencio, se acerc¨® con su usual calma. ¡ª?Por qu¨¦ no intentamos ir m¨¢s all¨¢ de la zona que conocemos? ¡ªsugiri¨®, mirando a Mika con una sonrisa confiada. ¡ªTenemos nuevas puntas de flechas, y con el machete adaptado como una nueva lanza, creo que podemos ir un poco m¨¢s lejos. He estado prob¨¢ndola, y tiene un buen filo. Podr¨ªamos aventurarnos un poco m¨¢s y ver qu¨¦ encontramos. Mika lo mir¨® sorprendida al principio, luego pens¨® en las palabras de Erik. La idea de adentrarse en ¨¢reas desconocidas siempre hab¨ªa tra¨ªdo cierto miedo, pero tambi¨¦n era la ¨²nica opci¨®n para obtener lo que necesitaban. ¡ªTienes raz¨®n ¡ªdijo Mika, finalmente asintiendo, tambi¨¦n hab¨ªa probado las nuevas puntas de flecha¡ª. Tal vez podamos arriesgarnos. No hay mucho que perder ahora. Arlea sonri¨®, satisfecha con la soluci¨®n de Erik. ¡ªEntonces, esta decidido. Ma?ana, nos adentramos m¨¢s all¨¢, algo cerca del bosque prohibido. Aprovecharemos las nuevas armas y buscaremos lo que podamos ¡ªdijo Mika. Erik, sabiendo que el viaje podr¨ªa ser m¨¢s largo de lo esperado, agreg¨®: ¡ªLo mejor ser¨¢ salir lo m¨¢s temprano posible. Si conseguimos lo necesario, podremos preparar todo a tiempo para la fiesta. Mika asinti¨® con determinaci¨®n. Aunque la caza fuera m¨¢s dif¨ªcil de lo habitual, confiaba en la habilidad de Erik. ¡ªBien ¡ªdijo, lista para lo que fuera¡ª. Ma?ana a primera hora. Las chicas intercambiaron miradas de complicidad. Sab¨ªan que el d¨ªa siguiente ser¨ªa una aventura importante, y que todo deb¨ªa salir bien para que la sorpresa de Suri fuera perfecta. La oscuridad de la madrugada a¨²n cubr¨ªa la aldea cuando Erik y Mika se encontraban en la peque?a explanada justo fuera de la aldea, prepar¨¢ndose para la caza. Ya hab¨ªan ajustado las provisiones en una mochila que Lera habia confeccionado siguiendo sus instrucciones, y armas, asegur¨¢ndose de llevar lo necesario para el largo viaje hacia el territorio desconocido. El sol comenzaba a asomarse en el horizonte, pero no hab¨ªa se?ales de ese calor abrasante que hab¨ªa caracterizado los ¨²ltimos meses. A medida que el d¨ªa especial de Suri se acercaba, el aire comenzaba a sentirse m¨¢s fresco, como si la temporada estuviera cambiando de manera repentina, casi m¨¢gica. El calor implacable que hab¨ªa afectado a la aldea finalmente comenzaba a ceder, y el clima estaba volviendo a una temperatura m¨¢s agradable. Erik observ¨® c¨®mo el calor ya no amenazaba con subir como sol¨ªa hacerlo. De hecho, el aire comenzaba a tornarse m¨¢s soportable, lo que les permitir¨ªa moverse con mayor facilidad a lo largo del d¨ªa. El cambio de clima tra¨ªa consigo la sensaci¨®n de que el ciclo de la estacion estaba regresando a su normalidad, justo a tiempo para el evento que tanto esperaban. ¡ªParece que finalmente el calor ha comenzado a bajar ¡ªcoment¨® Erik mientras ajustaba la lanza a su espalda con una cuerda. Mika, que ya hab¨ªa comenzado a caminar hacia la senda que llevaba hacia el valle mas profundo, asinti¨®. ¡ªS¨ª, es un alivio. No me molestar¨¢ tanto el calor mientras cazamos. Ahora podremos estar m¨¢s tiempo fuera sin preocuparnos por el agotamiento. Erik sonri¨® mientras segu¨ªa a Mika. Aunque el clima fuera m¨¢s templado, el trabajo segu¨ªa siendo el mismo: cazar lo necesario para proveer a la aldea. El cambio en el clima, sin embargo, les dio una sensaci¨®n de esperanza y alivio. ¡ªSer¨¢ mejor que aprovechemos este clima mientras dure. Despu¨¦s de todo, necesitamos estar preparados para la fiesta de Suri ¡ªdijo Erik, recordando lo que hab¨ªa ayudado a planificar con las chicas para sorprender a la joven. Mika asinti¨®, su rostro mostrando una expresi¨®n decidida. ¡ªS¨ª, hoy debemos conseguir m¨¢s carne. Las chicas contar¨¢n con eso para el fest¨ªn. Al final, todo tiene que salir bien. Con la lanza en su espalda y Mika con el arco en su hombro listo, ambos se adentraron en zonas desconocidas del valle, listos para enfrentar lo que les esperaba. Mientras caminaban entre los ¨¢rboles, una sensaci¨®n de tranquilidad se apoder¨® de Erik. Sab¨ªa que el d¨ªa especial de Suri deber¨ªa ser el mejor que tuviera, pero tambi¨¦n sent¨ªa que el clima estaba cambiando para bien, lo que les permitir¨ªa seguir adelante con sus tareas sin el agobio del calor. Mika observ¨® c¨®mo Erik caminaba con paso firme y decidido. ¨¦l siempre iba a su propio ritmo, sin prisa, como si el tiempo fuera algo que pudiera moldear a su antojo. Mika, por un instante, dej¨® que su mente viajara al pasado, recordando las veces que hab¨ªan cazado juntos. Al principio, su relaci¨®n hab¨ªa sido m¨¢s distante. Era cautelosa, observaba cada movimiento suyo con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Sin embargo, con el tiempo las cosas hab¨ªan cambiado. Se dieron cuenta de que se necesitaban mutuamente, y no solo para cazar. Hab¨ªan aprendido a cuidarse entre s¨ª, a reconocer los peligros del valle y a confiar en el instinto del otro. En m¨¢s de una ocasi¨®n, ¨¦l la hab¨ªa sacado de apuros, y ella tambi¨¦n lo hab¨ªa hecho por ¨¦l. Era un compa?erismo que no pod¨ªa describir con simples palabras. Era m¨¢s que eso, algo que solo el tiempo hab¨ªa forjado. Mika sonri¨® levemente. Hab¨ªa algo diferente en la forma en que ahora lo ve¨ªa. Se hab¨ªa convertido en alguien confiable, en un compa?ero de caza, s¨ª, pero tambi¨¦n en alguien en quien se pod¨ªa apoyar en momentos de peligro. ¡ª¡°Lo que pasa es que me estoy acostumbrando a tenerlo cerca¡­¡± pens¨® para s¨ª misma. No sab¨ªa si era la adrenalina del cazar, o si simplemente estaba aprendiendo a confiar en ¨¦l de formas en las que no pensaba antes, pero se dio cuenta de que, incluso en esos momentos m¨¢s tranquilos como ahora, su presencia era algo que realmente valoraba. Era un compa?ero, un igual, y eso, en el fondo, era m¨¢s de lo que podr¨ªa pedir. El d¨ªa avanzaba y el aire fresco de la ma?ana segu¨ªa impregnado en el valle mientras Erik y Mika caminaban juntos entre los ¨¢rboles. El crujir de las hojas secas bajo sus pies se mezclaba con el sonido del viento que pasaba entre las ramas. Hab¨ªan cazado varios ciervonejos y otros animales a lo largo de la ma?ana, pero Erik no parec¨ªa tener prisa por regresar. Por su parte, Mika estaba disfrutando m¨¢s de lo esperado. Cazar juntos ya no era una tarea. Se hab¨ªa convertido en algo m¨¢s, algo natural, como si el valle les perteneciera a ambos. ¡ª?Crees que haya algo m¨¢s por aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Mika, mirando alrededor con una ligera sonrisa. Erik asinti¨®, frunciendo el ce?o mientras observaba el terreno ante ellos. ¡ªTal vez... nunca hemos estado por estas zonas. La cercan¨ªa al bosque prohibido parece m¨¢s denso, y si seguimos, podr¨ªa haber algo interesante. Decidieron internarse m¨¢s, caminando con cuidado, como siempre lo hac¨ªan, escuchando el crujir del bosque a su alrededor. Los matorrales crec¨ªan m¨¢s espeso a medida que avanzaban, y el ambiente se sent¨ªa m¨¢s denso y misterioso. El sol luchaba por atravesar las copas de los ¨¢rboles, pero la luz que se filtraba a¨²n iluminaba el camino. Mientras avanzaban entre la maleza, algo llam¨® la atenci¨®n de Mika. A lo lejos, cerca de un arbusto denso, algo negro y desgarrado se asomaba entre las ramas. Al acercarse, vio que no era un simple animal muerto; eran varias aves, y sus cuerpos parec¨ªan haber sido destrozados con una fuerza brutal. ¡ª?Qu¨¦ es esto? ¡ªpregunt¨® Mika, tocando la pluma rota de una ave con la punta de su flecha. Erik se agach¨®, observando con detenimiento los cuerpos desmembrados. ¡ªNo son animales comunes... ¡ªmurmur¨®, pasando la mano por el suelo, donde encontraba m¨¢s plumas dispersas¡ª. Algo muy grande pas¨® por aqu¨ª. Mika frunci¨® el ce?o, su mente trabajando a toda velocidad. No era algo que hubiera visto antes. Al examinar m¨¢s cerca, encontr¨® grandes huellas, m¨¢s grandes que las de cualquier animal que hab¨ªan encontrado antes. El suelo estaba marcado por algo mucho m¨¢s grande que ellos. ¡ª?Huellas de qu¨¦...? ¡ªmurmur¨®, mirando a Erik. ¨¦l observ¨® las huellas con atenci¨®n. No eran como las de ning¨²n animal, ni nada que conociera dentro del valle. Las patas grandes, con garras que dejaban marcas profundas en la tierra, indicaban la presencia de algo peligroso. Ambos intercambiaron una mirada cargada de incertidumbre. Algo grande y desconocido rondaba por la zona. ¡ªDeber¨ªamos volver ¡ªsugiri¨® Mika, sin perder de vista las huellas. ¡ªQuiz¨¢s sea mejor no acercarnos m¨¢s. Erik asinti¨®, pero antes de girarse, observ¨® nuevamente el ¨¢rea circundante. El viento soplaba d¨¦bilmente, y el olor del aire era algo diferente, cargado de una tensi¨®n que no pod¨ªa ignorar. ¡ª"Estas huellas¡­ ", dijo Erik en voz baja, mirando hacia el horizonte. Su tono de voz denotaba una preocupaci¨®n que Mika no hab¨ªa notado antes. ¡ªVolvamos, pero con cuidado ¡ªdijo Erik, mirando hacia atr¨¢s mientras tomaba la iniciativa de caminar en direcci¨®n opuesta. ¡ª"?Qu¨¦ sucede?" Mika pregunt¨®, su voz tensa. Aunque hab¨ªa aprendido mucho sobre el bosque a su lado, hab¨ªa algo en el aire que no le gustaba. Erik frunci¨® el ce?o, sin apartar la vista de las huellas. ¡ª"No estoy seguro¡­ pero no me gusta. Es mejor que nos vayamos." Sin embargo, en ese preciso momento, un rugido profundo y resonante llen¨® el aire. El sonido, tan fuerte que parec¨ªa venir de las entra?as mismas de la tierra, hizo que el cuerpo de Mika se paralizara de inmediato. Era un rugido que nunca hab¨ªa o¨ªdo antes, y el temor instant¨¢neo se apoder¨® de ella. Su respiraci¨®n se aceler¨®, su cuerpo se tens¨®, incapaz de moverse por el miedo. Su mano se apret¨® alrededor de su arco, pero no hizo ning¨²n movimiento para cargar una flecha. Sus ojos se agrandaron, su respiraci¨®n se volvi¨® err¨¢tica. ¡ªMika, sube a un ¨¢rbol ¡ªle orden¨® Erik, sin apartar la mirada de la direcci¨®n del sonido ya que hab¨ªa reconocido ese rugido. Ella neg¨® con la cabeza, apretando los dientes. ¡ªNo ¡ªdijo con firmeza¡ª. Podemos pelear juntos. ¡ªMika, por favor ¡ªle suplic¨® Erik, su tono serio, casi desesperado¡ª. Yo subir¨¦ despu¨¦s, pero primero quiero que est¨¦s a salvo. Pero Mika no se movi¨®. Su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza en su pecho. ¡ªPor eso tienes que subir ¡ªinsisti¨® ¨¦l¡ª. Desde arriba puedes ayudarme, con tus flechas sin que corras peligro. El sonido de ramas rompi¨¦ndose y el crujido del suelo anunciaron la llegada de la bestia. Mika segu¨ªa sin moverse, pero Erik le lanz¨® una mirada intensa. ¡ª?Mika, ahora! Mientras Mika comenzaba a treparse, Erik no la sigui¨® inmediatamente. En cambio, se qued¨® observando en la direcci¨®n del rugido, sabiendo que el peligro estaba cerca, pero tambi¨¦n reconociendo algo que la criatura hab¨ªa dejado claro. El rugido no era desconocido para ¨¦l. Hab¨ªa o¨ªdo ese sonido antes, en el bosque prohibido. ¡ª"Sera posible que es... ese animal", pens¨® Erik para s¨ª mismo, apretando los pu?os. Sacando la lanza improvisada que hab¨ªa tra¨ªdo. Sab¨ªa que no se trataba de cualquier bestia, era un monstruo que le recordaba a un jabal¨ª mezclado con un oso, que se hab¨ªa topado en el bosque prohibido, y no iba a permitir que Mika estuviera en peligro. El rugido reson¨® una vez m¨¢s, esta vez m¨¢s cerca, y la vibraci¨®n en el aire era palpable. Erik comenz¨® a retroceder, mirando a su alrededor, buscando un lugar donde pudiera mantenerse oculto o preparado para la batalla. Mientras tanto, Mika se aferr¨® al tronco del ¨¢rbol, intentando controlar su respiraci¨®n y asimilando la situaci¨®n. Ambos sab¨ªan que el enfrentamiento era inevitable, y que la astucia ser¨ªa su ¨²nica ventaja en este terreno salvaje. Mika apenas tuvo tiempo de asegurarse en una rama alta cuando la bestia emergi¨® de entre los arboles. Era enorme, mucho m¨¢s grande de lo que Erik recordaba. Sus ojos amarillos brillaban con furia, su hocico se arrug¨® al olfatearlo¡­ lo reconoci¨®. La criatura gru?¨® y baj¨® su enorme cabeza, preparando un ataque. Pero antes de lanzarse sobre Erik, algo arriba llam¨® su atenci¨®n. Levant¨® la vista y vio a Mika. Con un rugido feroz, la bestia se impuls¨® con sus patas traseras, tratando de alcanzarla. Con una de su pata ara?o la corteza del ¨¢rbol, sus fauces se abrieron, buscando atraparla. ¡ª?No! ¡ªgrit¨® Erik, saliendo a su frente para que lo preste atenci¨®n a el y deje a Mika. Salt¨® a un lado, agitando los brazos y golpeando su lanza contra el suelo, intentando llamar su atenci¨®n. ¡ª?Aqu¨ª, maldito! ?Ven por m¨ª! La bestia se detuvo por un momento, sus ojos oscurecidos por la furia viajaron entre Erik y Mika. La bestia solt¨® un rugido ensordecedor y se gir¨® bruscamente, fijando su atenci¨®n completamente en Erik. Su enorme cuerpo tens¨® los m¨²sculos antes de lanzarse contra ¨¦l con una velocidad sorprendente para su tama?o. Erik estaba listo. Ahora que Mika estaba a salvo en el ¨¢rbol, pod¨ªa moverse con libertad sin preocuparse por ella. Se desliz¨® a un lado justo antes de que la bestia lo embistiera, sintiendo el viento del impacto rozar su cuerpo. ¡ª?Mika, sigue disparando! ¡ªgrit¨® mientras rodaba por el suelo y se pon¨ªa de pie en un instante. Desde arriba, Mika tens¨® su arco y dispar¨® una flecha. El proyectil silb¨® por el aire y se clav¨® en el lomo de la criatura. No fue suficiente para detenerla, pero la bestia solt¨® un gru?ido de dolor y gir¨® la cabeza en su direcci¨®n. ¡ª?No mires aqu¨ª, idiota! ¡ªmurmur¨® Mika con frustraci¨®n, preparando otra flecha. Erik aprovech¨® la distracci¨®n para atacar, pero la bestia se movi¨® con rapidez y lanz¨® un zarpazo. Erik apenas logr¨® esquivarlo, pero aun as¨ª sinti¨® el viento de sus garras pasar peligrosamente cerca de su rostro. Se movi¨® de nuevo, saltando hacia un lado y provocando a la criatura, forz¨¢ndola a seguirlo en un patr¨®n err¨¢tico. Not¨® que sus movimientos eran m¨¢s torpe, que una de sus patas delanteras no ten¨ªa la misma fuerza. ¡ªEsa pata¡­ ¡ªmurmur¨® para s¨ª mismo. La bestia ten¨ªa una herida vieja en una de sus patas delanteras. Parec¨ªa haberla sufrido en una pelea anterior, y aunque no la hac¨ªa indefensa, s¨ª la volv¨ªa m¨¢s vulnerable en ciertos movimientos. ¡ª?Mika, apunta a la pata herida! ¡ªle grit¨® Erik mientras esquivaba otro ataque. Mika asinti¨® y, con una respiraci¨®n profunda, apunt¨® con precisi¨®n. Solt¨® la cuerda y la flecha vol¨® en l¨ªnea recta, clav¨¢ndose justo en la zona lastimada. La bestia rugi¨® de dolor y perdi¨® el equilibrio por un instante, apoy¨¢ndose solo en sus patas traseras. ¡ª?Ahora! ¡ªgrit¨® Mika. Erik se acerco lo mas r¨¢pido que pudo y apret¨® los dientes y, con toda su fuerza, hundi¨® el machete usado como una lanza en el pecho de la bestia, apuntando directo al coraz¨®n. Sinti¨® la resistencia de la carne y el crujido de hueso antes de que la punta perforara su objetivo. La criatura solt¨® un rugido desgarrador que se apag¨® en un gru?ido ahogado. Su cuerpo se estremeci¨® violentamente por un instante¡­ y luego comenz¨® a caer. Erik trat¨® de reaccionar, de moverse a un lado, pero el peso del combate hab¨ªa agotado su cuerpo. Antes de que pudiera hacer algo, la enorme bestia cay¨® directamente sobre ¨¦l. ¡ª?Erik! ¡ªgrit¨® Mika desde arriba del ¨¢rbol, con los ojos muy abiertos. El impacto levant¨® una peque?a nube de polvo, y por un momento, todo qued¨® en silencio. Mika sinti¨® su respiraci¨®n acelerarse, su mente imaginando lo peor. Sin pensarlo dos veces, baj¨® r¨¢pidamente del ¨¢rbol, resbalando un poco en el tronco en su prisa. Apenas toc¨® el suelo, corri¨® hacia donde la bestia yac¨ªa inm¨®vil sobre Erik. ¡ª?Erik! ?Erik, dime algo! ¡ªexclam¨®, tratando de empujar la enorme masa de carne y pelaje, pero el peso era descomunal, tal vez demasiado para ¨¦l. Mika se mordi¨® el labio, sintiendo un nudo en el est¨®mago. Se inclin¨®, buscando cualquier se?al de movimiento, cualquier prueba de que Erik segu¨ªa con vida. ¡ªNo¡­ no puedes estar¡­ ¡ªsusurr¨®, su voz temblando de frustraci¨®n y miedo. Reuniendo todas sus fuerzas, apoy¨® su hombro contra el costado de la bestia y empuj¨® con todas sus fuerzas, intentando liberar al muchacho atrapado debajo. Mika segu¨ªa empujando con todas sus fuerzas, sintiendo c¨®mo sus m¨²sculos ard¨ªan del esfuerzo. Su respiraci¨®n era err¨¢tica, su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza en su pecho. No pod¨ªa perderlo. No as¨ª. De repente, vio un movimiento. Una mano surgi¨® por un costado de la bestia, temblorosa, buscando algo a lo que aferrarse. ¡ª?Erik! ¡ªexclam¨®, aliviada. Sin perder tiempo, Mika se inclin¨® y tom¨® su mano con fuerza. Tir¨® de ¨¦l con toda la energ¨ªa que le quedaba, sintiendo c¨®mo su cuerpo empezaba a liberarse poco a poco de la pesada carga. Finalmente, Erik logr¨® salir, rodando hacia un costado hasta quedar sentado en el suelo. Su respiraci¨®n era pesada, y su cuerpo a¨²n temblaba por el esfuerzo. Erik jadeaba, sintiendo el ardor en su cuerpo despu¨¦s de haber estado atrapado bajo la bestia. A¨²n sentado, intent¨® recuperar el aliento, pero el peso que hab¨ªa soportado le dej¨® los m¨²sculos temblorosos. ¡ªMaldici¨®n¡­ pesa m¨¢s de lo que pens¨¦ ¡ªsolt¨® con una mueca de dolor, llevando una mano a su costado mientras intentaba controlar su respiraci¨®n Mika, a¨²n de rodillas junto a ¨¦l, no dejaba de observarlo, su pecho subiendo y bajando r¨¢pidamente por la adrenalina. Su mente estaba en caos. Por un instante, pens¨® que lo hab¨ªa perdido, que ese monstruo se lo hab¨ªa llevado. ¡ªIdiota¡­ ¡ªsusurr¨® Mika con la voz entrecortada¡ª. Pens¨¦ que¡­ Erik gir¨® la cabeza hacia ella, notando la mezcla de ira y alivio en sus ojos. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªpregunt¨® con un peque?o intento de sonrisa, pero Mika no estaba de humor para bromas. ¡ª?Eres un maldito idiota, Erik! ¡ªsolt¨® con m¨¢s fuerza, golpe¨¢ndolo suavemente en el brazo. Su cuerpo a¨²n temblaba. Erik solt¨® una risa entrecortada, llev¨¢ndose una mano al costado. ¡ªS¨ª, lo s¨¦¡­ pero funcion¨®. Mika apret¨® los dientes, sintiendo que las l¨¢grimas amenazaban con salir. ¡ª?No se trata de si funcion¨® o no! ?Te pudo haber matado! ¡ªgrit¨®, su voz entrecortada por la emoci¨®n. Sus manos temblorosas se aferraron a sus hombros¡ª. Si no hubieras podido salir¡­ Erik la mir¨® fijamente, notando c¨®mo sus ojos brillaban por las l¨¢grimas contenidas. ¡ªMika. Estoy bien ¡ªdijo con voz m¨¢s suave, intentando calmarla. Pero ella no pod¨ªa calmarse. No despu¨¦s de haber sentido ese p¨¢nico al verlo aplastado bajo el peso de la bestia. Sin poder contenerlo m¨¢s, se lanz¨® sobre ¨¦l y lo abraz¨® con todas sus fuerzas, enterrando su rostro en su cuello. ¡ªNo hagas eso otra vez¡­ ¡ªsusurr¨®, su voz temblando contra su piel¡ª. No me hagas sentir as¨ª otra vez¡­ Erik sinti¨® su calor, el latido acelerado de su pecho contra el suyo. Sin pensarlo, rode¨® su espalda con sus brazos, correspondiendo al abrazo. ¡ªLo prometo ¡ªsusurr¨® contra su cabello. Mika cerr¨® los ojos con fuerza. Algo dentro de ella se rompi¨® y, al mismo tiempo, se reconstruy¨® en ese instante. Se separ¨® apenas lo suficiente para mirarlo a los ojos, sin soltarlo. Y, sin pensarlo m¨¢s, lo bes¨®. Fue un beso repentino, desesperado, lleno de todas las emociones que la hab¨ªan abrumado. No era solo alivio, era algo m¨¢s. Algo que ard¨ªa en su pecho y que ya no pod¨ªa ignorar. Capitulo 19: "Cuando el Misterio Se Convierte en Realidad" La respiraci¨®n de Erik segu¨ªa agitada por el esfuerzo, y el mareo a¨²n nublaba levemente sus sentidos. Apenas comenzaba a recuperar el aliento cuando sinti¨® los brazos de Mika envolvi¨¦ndolo con fuerza, aferr¨¢ndose a ¨¦l como si quisiera asegurarse de que realmente estaba all¨ª, vivo ya salvo. El temblor sutil en su cuerpo y la forma en que escond¨ªa el rostro en su cuello le hicieron entender cu¨¢nto miedo hab¨ªa sentido por ¨¦l. Y entonces, de forma arrepentida, Mika lo bes¨®. Los labios de Mika eran c¨¢lidos, temblorosos pero firmes contra los suyos. Erik qued¨® paralizado al principio, sorprendido por la acci¨®n arrepentida. Pero en cuanto la sensaci¨®n lo envolvi¨®, algo en su pecho se alivi¨® por completo. La abraz¨® con m¨¢s fuerza, sin soltarla, y cerr¨® los ojos mientras le correspond¨ªa el beso. En ese instante, el dolor en su cuerpo qued¨® en un segundo plano, al igual que la fatiga de la pelea. Solo pod¨ªa sentir el calor de Mika, la suavidad de su boca contra la suya y la emoci¨®n indescriptible que lo invad¨ªa al darse cuenta de que ella estaba bien. El beso fue breve, pero intenso, lleno de un sentimiento que ninguno de los dos pod¨ªa explicar con palabras. Mika, perdida en la sensaci¨®n, se dej¨® llevar unos segundos m¨¢s¡­ hasta que su mente finalmente reaccion¨®. Sus ojos se abrieron de golpe. Su coraz¨®n lat¨ªa tan fuerte que pod¨ªa escucharlo en sus o¨ªdos. Su respiraci¨®n se entrecort¨® cuando se separ¨® apenas unos cent¨ªmetros de Erik, a¨²n sintiendo la calidez de sus labios sobre los suyos. ¡ª Y-Yo¡­ ¡ªsu voz tembl¨®, completamente abrumada por lo que acababa de hacer. Erik la mir¨® con suavidad, sin soltarla todav¨ªa. Sus ojos reflejaban sorpresa, s¨ª, pero tambi¨¦n algo m¨¢s¡­ algo que la hizo sentir a¨²n m¨¢s avergonzada. Mika a¨²n sent¨ªa su coraz¨®n desbocado, su respiraci¨®n agitada mientras evitaba la mirada de Erik. No pod¨ªa creer lo que hab¨ªa hecho. Hab¨ªa besado a Erik sin pensarlo, sin medir las consecuencias, y ahora su pecho se sent¨ªa tan apretado que apenas pod¨ªa hablar. ¡ª Lo siento¡­ no deber¨ªa hacer eso ¡ªsusurr¨®, llev¨¢ndose una mano a los labios. Erik la mir¨® con suavidad, su expresi¨®n tranquila, pero con una emoci¨®n intensa en sus ojos. ¡ªNo te disculpes¡­ Mika alz¨® la vista de inmediato, sorprendida. ¡ª ?Q-Qu¨¦¡­? ¨¦l respir¨® hondo, como si tomara fuerzas para decir lo que ten¨ªa guardado. ¡ª Porque yo siento algo por ti. El tiempo pareci¨® detenerse. Mika lo mir¨® con los ojos muy abiertos, incapaz de reaccionar. ¡ª No digas tonter¨ªas ¡ªintent¨® re¨ªr nerviosa, bajando la cabeza¡ª. Mejor olvida lo que pas¨®, fue un error. Erik frunci¨® levemente el ce?o y, con delicadeza, tom¨® su rostro entre sus manos, oblig¨¢ndola a mirarlo. ¡ªMika . ¡ªSu voz era firme, pero llena de calidez¡ª. Eres muy importante para m¨ª. Mika sinti¨® que el aire abandonaba sus pulmones. Su pecho ard¨ªa, su mente estaba hecha un caos, pero antes de que pudiera decir algo m¨¢s, Erik cerr¨® la distancia entre ellos y la bes¨® nuevamente. Esta vez, no fue un beso repentino o impulsivo. Fue profundo, intenso, lleno de todo lo que ambos sent¨ªan, aunque a¨²n no supieran c¨®mo llamarlo. Mika se qued¨® r¨ªgida por un segundo, pero pronto cerr¨® los ojos y se entreg¨® al momento, correspondi¨¦ndole sin dudar. Sus manos temblorosas se aferraron a la piel ya desgastada de la camisa de Erik, mientras ¨¦l la sosten¨ªa con firmeza, con una ternura que la hizo estremecer. Fue un beso mucho m¨¢s largo que el primero, uno que hablaba m¨¢s que las palabras que ninguno de los dos se atrev¨ªa a decir en voz alta. Mika dej¨® que ese momento se grabara en su memoria. El calor de Erik, la firmeza con la que la sosten¨ªa sin apresurarla, el simple hecho de que ¨¦l la aceptara y la abrazara sin rechazar lo que hab¨ªa surgido entre ellos. Cuando finalmente se separaron, ambos jadeaban suavemente, con los rostros enrojecidos y sus miradas atrapadas la una en la otra. Mika sinti¨® que sus piernas temblaban, su coraz¨®n latiendo fren¨¦tico contra su pecho. ¡ªTonto¡­ ¡ªmurmur¨®, con la voz a¨²n temblorosa. Erik sonri¨® levemente, sin soltarla. ¡ªLo s¨¦. Y en ese momento, ambos supieron que ya no pod¨ªan fingir que nada hab¨ªa pasado. El viento susurraba entre los ¨¢rboles, y en medio de la inmensidad del valle, solo estaban ellos dos y el eco de ese momento grabado en sus corazones. El silencio que sigui¨® al beso fue tan intenso que Mika pudo escuchar su propio coraz¨®n latiendo con fuerza. A¨²n sent¨ªa el calor de Erik en sus labios, su respiraci¨®n contra su piel, el leve cosquilleo de su abrazo envolvi¨¦ndola con sutileza. Mika se aparto un poco para que Erik intentara ponerse de pie, pero al dar los primeros pasos sinti¨® un dolor punzante recorrer su cuerpo. Sus m¨²sculos a¨²n resent¨ªan el peso de la bestia que hab¨ªa ca¨ªdo sobre ¨¦l, y cada movimiento le recordaba la fuerza con la que hab¨ªa tenido que luchar para salir de debajo de ella. Mika not¨® su dolencia y frunci¨® el ce?o. ¡ªNo te esfuerces, si aun debes descansar solo hazlo Erik. Erik exhal¨® con frustraci¨®n y se dej¨® caer nuevamente sobre el suelo, apoy¨¢ndose en una roca cercana. ¡ªTienes raz¨®n¡­ pero no podemos quedarnos aqu¨ª demasiado tiempo. Mika mir¨® a su alrededor y luego a ¨¦l. ¡ªPodemos descansar un poco. No quiero que te lastimes m¨¢s por querer apurarte. Erik solt¨® un suspiro y asinti¨®. Se qued¨® en silencio unos instantes, sintiendo su respiraci¨®n m¨¢s calmada mientras miraba el cuerpo sin vida de la bestia. Ella buf¨®, pero su expresi¨®n era m¨¢s relajada. Fue entonces cuando, al sentarse junto a ¨¦l, not¨® las manchas en su ropa. ¡ªTsk¡­ mira esto. Erik sigui¨® su mirada. Sus ropas estaban cubiertas con manchas rojizas, sangre de la bestia. Mika tambi¨¦n ten¨ªa varias manchas en su piel y su ropa, que hab¨ªa obtenido por abrazar a Erik y al darse cuenta, frunci¨® el ce?o con disgusto. ¡ªTch¡­ no me hab¨ªa dado cuenta. ¡ªBueno, al menos sabemos que no es nuestra sangre ¡ªbrome¨® Erik, aunque su voz sonaba cansada. Mika suspir¨®, luego se gir¨® para ver el cielo, notando que la luz comenzaba a cambiar de tono. ¡ªNos quedaremos aqu¨ª un poco m¨¢s¡­ pero apenas puedas caminar mejor, volvemos. Erik sonri¨® de lado. ¡ªS¨ª, s¨ª¡­ gracias, Mika. Fue entonces cuando Mika decidi¨® preguntarle lo que ten¨ªa en la mente desde hac¨ªa rato. ¡ªErik¡­ cuando escuchaste ese sonido tan feo y fuerte, reaccionaste como si supieras lo que era. Y antes que aparezca, me dijiste que subiera al ¨¢rbol sin dudarlo, como si ya conocieras a esta criatura. Erik suspir¨®. Sab¨ªa que Mika no dejar¨ªa pasar el tema tan f¨¢cilmente. ¡ªEs una historia larga ¡ªdijo finalmente, mirando hacia el bosque como si buscara las palabras adecuadas. Mika frunci¨® el ce?o, cruzando los brazos mientras recargaba la espalda contra la piedra junto a Erik. ¡ªEntonces cu¨¦ntamela ¡ªinsisti¨® con determinaci¨®n¡ª. No me gusta no entender lo que pas¨®. Erik mantuvo la mirada fija en direcci¨®n al bosque prohibido que estaba cerca de los limites del valle, mientras su mano, casi de manera inconsciente, se deslizaba hacia su pecho, poni¨¦ndola sobre la cicatriz que llevaba all¨ª desde hace mucho tiempo. ¡ªNo es la primera vez que veo y escucho a uno de esos ¡ªdijo en voz baja. Mika, que a¨²n esperaba su explicaci¨®n con los brazos cruzados, parpade¨® con sorpresa. ¡ª?Qu¨¦? ¡ªHace como un poco mas de un a?o, cuando exploraba una zona del bosque prohibido, me top¨¦ con uno ¡ªcontinu¨® Erik¡ª. Pero no estaba solo¡­ ten¨ªa una cr¨ªa con ¨¦l. Mika frunci¨® el ce?o, intentando imaginar la escena. ¡ª?Una cr¨ªa? ¡ªS¨ª ¡ªasinti¨® Erik¡ª. Creo que le estaba ense?ando a cazar¡­ y yo fui su presa. La seriedad en su tono hizo que Mika sintiera un escalofr¨ªo. ¡ª?C¨®mo escapaste? Erik sonri¨® con cierta iron¨ªa y se?al¨® la zona de su cicatriz en su pecho. ¡ªApenas lo logr¨¦. Me persiguieron durante minutos interminables. Fue como un juego para ellos. La cr¨ªa me lanzaba zarpazos, como si estuviera practicando con cada golpe, pero nunca para matarme al instante, sino para cansarme¡­ Como si estuvieran disfrutando de la cacer¨ªa. Mika sinti¨® un nudo en el est¨®mago al imaginarlo. ¡ª?Y qu¨¦ hiciste? ¡ªCorr¨ª. Corr¨ª hasta que no pude m¨¢s¡­ y cuando ya no ten¨ªa salida, trep¨¦ un ¨¢rbol. Fue lo ¨²nico que se me ocurri¨® ese instante. ¡ª?Y la bestia no te sigui¨®? ¡ªLa madre no, pero su cr¨ªa s¨ª. Los ojos de Mika se abrieron con sorpresa. ¡ª?Subi¨® al ¨¢rbol? ¡ªS¨ª. Me estaba acorralando. Sus garras se hund¨ªan en la corteza mientras sub¨ªa cada vez m¨¢s r¨¢pido. Cuando se acerco lo suficiente cerca, fue cuando me lastimo el pecho con una de sus garras. Yo no ten¨ªa mis armas, ni fuerzas para seguir huyendo, as¨ª que hice lo ¨²nico que se me ocurri¨® en el momento. Mika inclin¨® la cabeza. ¡ª?Qu¨¦ hiciste? ¡ªHab¨ªa unas frutas en las ramas, de un ¨¢rbol cercano. No sab¨ªa si eran venenosas o no, pero no ten¨ªa muchas opciones. Las arranqu¨¦ y se las lanc¨¦ para tratar de distraerlo. Mika arque¨® una ceja. ¡ª?Y funcion¨®? Erik asinti¨® lentamente. ¡ªAl principio solo gru?¨® y sigui¨® subiendo, pero una de las frutas cay¨® directo en su hocico. La mordi¨® sin querer¡­ y, para mi sorpresa, apenas la trag¨®, sus movimientos empezaron a volverse torpes. ¡ª?Se estaba durmiendo? ¡ªS¨ª. Fue como si el efecto fuera inmediato. Trat¨® de seguir subiendo, pero sus patas resbalaron¡­ y cay¨® desde lo alto del ¨¢rbol. Mika exhal¨® lentamente, asimilando la historia. ¡ª?Y muri¨®? Erik se qued¨® en silencio unos instantes, su mirada perdida. Su mano segu¨ªa en su pecho, sobre la zona de la cicatriz que le hab¨ªa dejado aquel encuentro. Mika, impaciente, se inclin¨® un poco hacia ¨¦l. ¡ª?Qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ esa cara? Erik dej¨® escapar un suspiro y la mir¨® con seriedad. ¡ªCreo¡­ que el animal que nos atac¨® hace rato era la madre. Mika frunci¨® el ce?o. ¡ª?La madre? ?La misma de aquella vez? Erik asinti¨® lentamente. ¡ªEs la ¨²nica explicaci¨®n que tiene sentido. Esa bestia no nos atac¨® por hambre, ni por defensa. Me estaba cazando. Y si era la madre¡­ entonces lo hizo por venganza. Mika sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. ¡ª?Venganza? ¡ªPiensa en esto ¡ªcontinu¨® Erik¡ª. Hace mas de un a?o, escap¨¦ de ella haciendo que su cr¨ªa cayera de un ¨¢rbol despu¨¦s de morder una fruta que la dej¨® inconsciente. No s¨¦ si sobrevivi¨® o no¡­ pero si muri¨®, la madre lo habr¨ªa recordado. Y si no muri¨®, entonces la madre aprendi¨® a asociar a los humanos con el peligro. Mika trag¨® saliva. ¡ªEntonces¡­ te estaba persiguiendo. ¡ªNo lo se. Me reconoci¨® como amenaza. Y si no hubiera estado lastimada de la pata¡­ Se detuvo, su expresi¨®n ensombreci¨¦ndose. Mika estaba sentada a su lado, sus ojos fijos en Erik mientras ¨¦l relataba lo ocurrido con el animal. Cuando mencion¨® lo de la pata herida, algo en su pecho se encogi¨®, como si un peso invisible se hubiera posado sobre ella. Sin pensarlo, se inclin¨® hacia ¨¦l, acerc¨¢ndose m¨¢s, y en un movimiento suave pero decidido, lo abraz¨®, rodeando su torso con sus brazos. Su abrazo fue apretado, como si al aferrarse a ¨¦l pudiera asegurar que todo estar¨ªa bien, que nada malo le suceder¨ªa. Erik se qued¨® inm¨®vil por un momento, sorprendido por su gesto. Sinti¨® la calidez de su cuerpo cerca del suyo y, a pesar del cansancio, una chispa de consuelo al sentirla tan cerca. Sinti¨® su respiraci¨®n temblar ligeramente sobre su piel, y eso lo hizo darse cuenta de cu¨¢n importante era para ella. ¡ªNo tienes que preocuparte ¡ªdijo Erik, aunque sab¨ªa que sus palabras no pod¨ªan deshacer el miedo que hab¨ªa encadenado su coraz¨®n. Mika, a¨²n aferrada a ¨¦l, asinti¨® contra su pecho. Pod¨ªa sentir el latido de su coraz¨®n a trav¨¦s de su cuerpo, y eso, de alguna forma, la tranquilizaba, aunque a¨²n quedara ese nudo de miedo en su garganta. ¡ªEs que¡­ si te hubiera pasado algo... no s¨¦ qu¨¦ har¨ªa ¡ªsusurr¨®, su voz m¨¢s quebrada ahora. Erik acarici¨® suavemente su espalda, intentando calmarla, aunque sus propias emociones a¨²n estaban revueltas. ¡ªNada de eso va a pasar. Estoy aqu¨ª, y no voy a irme tan f¨¢cilmente. Mika no respondi¨® de inmediato, solo permaneci¨® all¨ª, abrazada a ¨¦l, disfrutando de esa cercan¨ªa y sintiendo que, de alguna forma, estar cerca de ¨¦l la hac¨ªa sentirse segura, incluso en medio de tanta incertidumbre. Mika se separ¨® un poco, lo suficiente para mirarlo a los ojos. Su mirada estaba llena de una mezcla de sinceridad y emoci¨®n, algo que nunca hab¨ªa experimentado antes con tanta claridad. No pod¨ªa seguir ocultando lo que sent¨ªa, aunque no entendiera del todo lo que eso significaba. ¡ªErik¡­ ¡ªcomenz¨®, su voz suave pero firme¡ª, eres muy importante para m¨ª. Y aunque no s¨¦ bien lo que siento¡­ Algo que no hab¨ªa sentido nunca, pero que est¨¢ aqu¨ª ¡ªdijo, se?alando su pecho con una mano, como si quisiera explicar lo que no sab¨ªa c¨®mo poner en palabras. Erik la mir¨® con una intensidad que lo sorprendi¨® a ¨¦l mismo, como si esas palabras la conectaran de una manera profunda con ¨¦l. El coraz¨®n de Mika lat¨ªa m¨¢s r¨¢pido al ver la forma en que ¨¦l la observaba, tan cerca y tan lejos a la vez, pero con una comprensi¨®n mutua que los un¨ªa. ¡ªMika¡­ ¡ªsu voz tambi¨¦n tembl¨®, aunque lo hab¨ªa intentado ocultarlo¡ª, t¨² tambi¨¦n eres muy importante para m¨ª. Ambos se quedaron en silencio por un momento, las palabras colgando en el aire, pero no hac¨ªa falta decir m¨¢s. Ambos sab¨ªan lo que sent¨ªan, y lo que eso significaba. La cercan¨ªa, la forma en que sus respiraciones se entrelazaban, todo se sent¨ªa perfecto, como si todo lo dem¨¢s hubiera desaparecido. Erik baj¨® la mirada hacia sus labios, y en un movimiento lento, sin apartar la vista de los ojos de Mika, se acerc¨®. Ella, al ver su gesto, no dud¨®. Cerr¨® los ojos con suavidad, prepar¨¢ndose para lo que ambos quer¨ªan en ese momento, sin m¨¢s dudas. Cuando sus labios finalmente se encontraron, fue un beso lento. Un beso que dec¨ªa tanto, sin tener que explicarlo. Al separarse, sus rostros quedaron tan cerca que pod¨ªan sentir el aliento del otro, y ambos sonrieron t¨ªmidamente, sabiendo que lo que hab¨ªa sucedido entre ellos no era solo un impulso, sino algo m¨¢s profundo. Erik, sonriendo ligeramente, acarici¨® su rostro con ternura. Mika sinti¨® un peque?o estremecimiento cuando Erik acarici¨® su rostro con ternura. Su cicatriz, esa marca que casi le hab¨ªa costado su ojo izquierdo, la hizo sentirse extra?a por un instante. Aunque ya hab¨ªa sanado con el tiempo, no pod¨ªa evitar sentir la incomodidad que le generaba saber que no ten¨ªa buena vista en ese ojo. Erik, sin embargo, no parec¨ªa notar la cicatriz o, si lo hac¨ªa, no le importaba en absoluto. Con una mirada suave, la observ¨® como si no hubiera ninguna imperfecci¨®n. Al contrario, parec¨ªa apreciar a¨²n m¨¢s cada detalle de ella. ¡ªNo tienes que preocuparte por tu cicatriz ¡ªdijo Erik con una sonrisa, tocando suavemente su rostro¡ª. Te hace ver m¨¢s ruda¡­ y m¨¢s bella al mismo tiempo. Mika, sorprendida por sus palabras, se sonroj¨® ligeramente. Aunque la cicatriz le recordaba constantemente lo que hab¨ªa perdido, en ese momento sinti¨® que Erik la ve¨ªa de manera diferente, como si esa parte de ella la hiciera a¨²n m¨¢s especial. Era extra?o, pero al mismo tiempo reconfortante. ¡ªGracias¡­ ¡ªrespondi¨® Mika, sin saber c¨®mo expresar lo que sent¨ªa en ese momento. Con una sonrisa c¨¢lida, Erik se acerc¨® un poco m¨¢s, pero parec¨ªa estar pensando en algo m¨¢s, como si quisiera compartir algo personal. ¡ªSabes... ¡ªempez¨®, con voz un poco vacilante, antes de a?adir¡ª, este es mi primer beso con una chica. Nunca lo hab¨ªa hecho antes, as¨ª que... Mika lo mir¨® sorprendida por su sinceridad, pero al mismo tiempo, comprendi¨® lo que intentaba decir. Hab¨ªa algo tan genuino en su confesi¨®n que la hizo sentir una conexi¨®n m¨¢s profunda con ¨¦l. ¡ªOh¡­ Yo tambi¨¦n. Este es mi primer beso. ¡ªrespondi¨® ella suavemente, sin poder evitar una ligera sonrisa. Ambos se quedaron en silencio por un momento, compartiendo la rareza de esa experiencia, algo nuevo para los dos. Mika sinti¨® c¨®mo su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, pero tambi¨¦n de manera tranquila, porque de alguna forma, estar ah¨ª con ¨¦l le hac¨ªa sentir que todo ten¨ªa sentido. ¡ªEntonces ¡ªdijo Erik con una sonrisa m¨¢s confiada, como si se hubiera aliviado al compartir esa parte de s¨ª mismo¡ª, parece que somos nuevos en esto. Mika sonri¨® tambi¨¦n, un poco nerviosa pero a la vez segura de que, en ese momento, no quer¨ªa estar en ning¨²n otro lugar que no fuera a su lado. ¡ªParece que s¨ª ¡ªrespondi¨® ella, con una sonrisa traviesa, y un leve rubor en las mejillas. En ese instante, ambos sab¨ªan que no importaba lo que les esperaba, porque compart¨ªan una conexi¨®n que los hab¨ªa unido de una manera inesperada. Ya era m¨¢s de medio d¨ªa, y el sol comenzaba a brillar con m¨¢s intensidad. Erik, despu¨¦s de un par de horas descansando, intent¨® pararse con cautela. Sus m¨²sculos a¨²n estaban algo resentidos, pero la sensaci¨®n de alivio era palpable. Prob¨® dar unos pasos, y aunque su cuerpo no estaba completamente recuperado, el dolor hab¨ªa disminuido considerablemente. ¡ªCreo que ya puedo caminar mejor ¡ªdijo Erik con una ligera sonrisa, aunque a¨²n se mov¨ªa con algo de cautela. Mika, al verlo, se levant¨® r¨¢pidamente y le ofreci¨® su apoyo, pero Erik levant¨® la mano, asegur¨¢ndole que no lo necesitaba. Se sent¨ªa lo suficientemente bien como para moverse por su cuenta. ¡ªYa estoy mejor, pero gracias Mika ¡ªagreg¨® Erik, haciendo una leve mueca, consciente de que a¨²n le quedaba un poco de cansancio en el cuerpo¡ª. Vamos a sacar la carne del animal. No podemos dejar que se desperdicie. Mika asinti¨®, comprendiendo que hab¨ªa mucho trabajo por delante y las horas del d¨ªa no esperaban. El animal era grande, y aunque estaban lejos de la aldea, no pod¨ªan dejar que su esfuerzo se fuera a perder. Necesitaban llevar la carne de vuelta. ¡ª?Crees que podamos cargar todo? ¡ªpregunt¨® Mika, mirando hacia el animal, que a¨²n yac¨ªa en el suelo. Sab¨ªan que era una tarea ardua, pero la idea de desperdiciar tanta carne les parec¨ªa impensable. Erik la mir¨® con determinaci¨®n, y aunque sent¨ªa que todav¨ªa le faltaba algo de fuerza, decidi¨® que no pod¨ªa dejarlo todo all¨ª. ¡ªLo haremos ¡ªrespondi¨® con firmeza, aunque el cansancio segu¨ªa en sus ojos¡ª. Sacaremos toda la carne que podamos llevar y la piel tambi¨¦n Lera estar¨¢ muy contenta con esta nueva piel. No quiero que se desperdicie. Juntos, empezaron a trabajar en el animal, Mika sosten¨ªa lo que pod¨ªan sacar, Erik se encargaba de cortar con precisi¨®n, usando un cuchillo y herramientas que hab¨ªan tra¨ªdo. La carne era abundante y de buen tama?o, lo suficiente como para alimentarlos por varios d¨ªas, y la idea de regresar a la aldea con una carga tan valiosa los motivaba a seguir trabajando sin descanso. Mientras tanto, las horas pasaban, pero la sensaci¨®n de lograr algo importante los impulsaba a seguir adelante. Aunque a¨²n sent¨ªan algo de fatiga, sab¨ªan que no pod¨ªan detenerse hasta tener todo listo. Finalmente, despu¨¦s de un largo esfuerzo, Erik y Mika lograron extraer la carne y la piel del gran animal, asegur¨¢ndose de cargar todo lo que podrian llevar. El trabajo hab¨ªa sido duro, pero sab¨ªan que todo valdr¨ªa la pena. Al empacar la carne con cuidado, la idea de lo que significaba para la aldea los manten¨ªa motivados. ¡ªEsto es lo que necesit¨¢bamos ¡ªdijo Erik, observando la carne que hab¨ªan recolectado¡ª. Arlea podr¨¢ preparar un gran fest¨ªn para la fiesta de Suri. No podemos dejar que falte nada para el d¨ªa especial. Y la piel ser¨¢ muy buena como alfombra. Mika asinti¨®, con una sonrisa satisfecha. Sab¨ªa que todo lo que hab¨ªan hecho no solo era por su propio bienestar, sino tambi¨¦n por el de la aldea. La fiesta de Suri estaba a solo dos d¨ªas, y todo ten¨ªa que estar listo para ese momento tan importante. ¡ª?S¨ª! Esta fiesta tiene que ser especial ¡ªrespondi¨® Mika, alzando la mirada hacia Erik¡ª. Vamos a asegurarnos de que Arlea tenga todo lo que necesite. Y Lera trabaje con esta piel que parece muy calentita y duradera. Con las provisiones listas, comenzaron a preparar su regreso a la aldea. Aunque a¨²n sent¨ªan el agotamiento en sus cuerpos, sab¨ªan que no pod¨ªan perder tiempo. Si quer¨ªan que todo estuviera listo a tiempo para la fiesta de Suri, deb¨ªan regresar lo antes posible. ¡ªEspero que podamos llegar pronto ¡ªdijo Erik, sintiendo el peso de la carne en su espalda en una mochila para que puedan cargar mas f¨¢cil las cosas. Aunque estaba m¨¢s recuperado, la carga segu¨ªa siendo significativa¡ª. Si tenemos suerte, llegaremos antes de que caiga la noche. Mika, observando a Erik y la carga, le sonri¨® con cari?o. Sab¨ªa que todo lo que hac¨ªan lo hac¨ªan por la aldea, por Suri, y eso los un¨ªa a¨²n m¨¢s. ¡ªNo te preocupes, lo lograremos ¡ªdijo ella, optimista¡ª. Arlea va a estar muy feliz de ver todo lo que trajimos y Lera tambi¨¦n. Mientras caminaban de regreso a la aldea, Erik y Mika avanzaban con cautela, a¨²n atentos a cualquier posible peligro. El peso del enfrentamiento a¨²n pesaba sobre sus cuerpos, pero ahora que la adrenalina hab¨ªa bajado, la incomodidad de la ropa manchada de sangre y el sudor se hac¨ªa m¨¢s evidente. Fue entonces cuando estando a medio camino de la aldea, encontraron un r¨ªo de aguas cristalinas, con la corriente fluyendo suavemente entre las piedras. ¡ªPodemos lavarnos aqu¨ª y la ropa tambi¨¦n ¡ªsugiri¨® Mika, se?alando el agua. Erik asinti¨®, mirando su propia ropa que estaba mas manchada de sangre y tierra que la de Mika. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. ¡ªS¨ª, lo necesitamos. No quiero que las dem¨¢s se asusten y me vean llegar hecho un desastre. Mika no esper¨® m¨¢s y se acerc¨® a la orilla. Se empez¨® a desvestir y la dej¨® a un lado, qued¨¢ndose solo con una piel que usaba como ropa interior inferior mientras se inclinaba para empezar a lavarse y tambi¨¦n sus prendas manchadas. Mika not¨® c¨®mo Erik evitaba mirarla directamente mientras se quitaba la ropa para lavarla. A¨²n no estaba acostumbrado a verlas descubiertas, y aunque ella no sent¨ªa verg¨¹enza con ¨¦l cerca, entendi¨® su nervosismo. ¡ªEst¨¢ bien, Erik ¡ªdijo con calma mientras restregaba su ropa en el agua¡ª. Si prefieres, puedes ir detr¨¢s de esa roca grande para limpiar tu ropa y tu cuerpo. Yo me quedar¨¦ aqu¨ª. Erik, que a¨²n dudaba en moverse, asinti¨® con algo de alivio. ¡ªS¨ª¡­ creo que eso ser¨ªa mejor. Mika esboz¨® una peque?a sonrisa al verlo tan r¨ªgido y nervioso. A pesar de todo lo que hab¨ªan pasado juntos, Erik segu¨ªa respetando demasiado su espacio. ¡ªNo tardar¨¦ mucho ¡ªdijo ¨¦l antes de dirigirse hacia la gran roca cercana. Mika lo vio alejarse y suspir¨® suavemente. No pod¨ªa evitar encontrarlo tierno en cierto modo. A¨²n le quedaba mucho por acostumbrarse a la vida en la aldea. Con sus cuerpos y sus ropas ya lo mas limpias que pudieron hacer y algo h¨²medas, Erik y Mika retomaron el camino de vuelta a la aldea. La brisa fresca ayudaba a secar los restos de agua en sus prendas mientras avanzaban en silencio entre los ¨¢rboles. Mika, con la mirada distra¨ªda en el sendero, no pod¨ªa dejar de pensar en lo que hab¨ªa pasado entre ellos. Se hab¨ªa besado con Erik. Y ¨¦l¡­ ¨¦l le correspondi¨®. Su coraz¨®n lati¨® m¨¢s r¨¢pido al recordarlo. Pero ahora ven¨ªa lo complicado. ?Deber¨ªa contarles a las dem¨¢s? Sab¨ªa que todas sent¨ªan algo por Erik, aunque ninguna lo dec¨ªa abiertamente. ?C¨®mo reaccionar¨ªan si se enteraban? ?Hada la molestar¨ªa? ?Arlea se pondr¨ªa triste? ?Y Lera¡­? Mika no pod¨ªa evitar que su mente se desbordara con pensamientos. El beso... pensaba en ¨¦l, y en c¨®mo todo hab¨ªa sucedido tan r¨¢pido, casi sin que pudiera detenerlo. Recordaba la sensaci¨®n de sus labios contra los suyos, su abrazo, su calidez, y c¨®mo, a pesar de su propio nerviosismo, ¨¦l la hab¨ªa correspondido. Hab¨ªa sido algo natural, algo que no hab¨ªa esperado pero que ahora no pod¨ªa dejar de pensar. Su coraz¨®n lat¨ªa m¨¢s r¨¢pido al recordar el momento. Las palabras de las mayores volvieron a su mente. Hab¨ªan hablado sobre el amor, sobre c¨®mo ellas nunca hab¨ªan tenido la oportunidad de sentirlo de esa manera hacia un hombre. Ahora que ella lo hab¨ªa experimentado, ?deb¨ªa contarles lo que hab¨ªa pasado con Erik? El peso de la incertidumbre se volvi¨® a¨²n m¨¢s grande al pensar en las dem¨¢s, en su amistad con ellas, en c¨®mo todo eso podr¨ªa cambiar la din¨¢mica entre ellas. Aunque Mika no quer¨ªa que las cosas entre ellas se volvieran inc¨®modas, no sab¨ªa c¨®mo explicarlo si las otras chicas llegaban a enterarse. Mika apret¨® los labios, insegura. Tal vez lo mejor era guard¨¢rselo por ahora. No porque se sintiera culpable, sino porque ni ella misma sab¨ªa qu¨¦ significaba exactamente ese beso para ellos dos. Erik, caminando a su lado, parec¨ªa tranquilo, aunque de vez en cuando la miraba de reojo. Mika se pregunt¨® si ¨¦l tambi¨¦n estaba pensando en el beso. Sin darse cuenta, solt¨® un peque?o suspiro. ¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Erik al escucharla. Mika parpade¨® y le dedic¨® una sonrisa r¨¢pida. ¡ªS¨ª, solo estoy algo cansada. Erik asinti¨®, aunque no pareci¨® muy convencido. Mika mir¨® al cielo anaranjado por el atardecer. A¨²n ten¨ªa tiempo para decidir qu¨¦ hacer. Mientras caminaban de regreso a la aldea, Mika revis¨® su ropa y frunci¨® el ce?o. Aunque hab¨ªan logrado limpiar la mayor parte de la sangre, a¨²n quedaban manchas oscuras en algunos puntos. ¡ªTsk¡­ no sali¨® del todo ¡ªmurmur¨®, estirando su top de piel para examinarlo mejor. Erik mir¨® su propia ropa y not¨® lo mismo. ¡ªParece que algunas manchas no se ir¨¢n tan f¨¢cil ¡ªdijo, soltando un suspiro. Mika resopl¨® y sacudi¨® la cabeza. ¡ªLera sabr¨¢ qu¨¦ hacer. Es buena quitando manchas dif¨ªciles. ¡ªEso espero¡­ no quiero ir por ah¨ª oliendo a sangre seca ¡ªcoment¨® Erik con una leve sonrisa. Mika solt¨® una risa suave. ¡ªTranquilo, antes de que eso pase, Lera te sumergir¨¢ en alg¨²n brebaje suyo con olor horrible. Erik fingi¨® un escalofr¨ªo. ¡ªPreferir¨ªa que solo limpie la ropa. Ambos rieron con complicidad mientras segu¨ªan su camino, dejando atr¨¢s el r¨ªo y acerc¨¢ndose a la aldea. Mika mir¨® a Erik de reojo, mientras caminaba junto a ¨¦l, llevando la carne que hab¨ªan conseguido de la bestia y ella la piel y la carne de los ciervonejos. ¨¦l parec¨ªa estar tan concentrado en el camino, ajeno a sus pensamientos, y eso la hac¨ªa sentirse un poco m¨¢s tranquila. Tal vez no sea tan complicado. Tal vez no haya que decir nada ahora mismo pens¨®, al menos por el momento. Decidi¨® no hablar de eso todav¨ªa, al menos no hasta que pudiera aclarar sus propios sentimientos. Pero hab¨ªa algo dentro de ella que sab¨ªa que no pod¨ªa seguir escondi¨¦ndolo para siempre. Cuando el momento llegara, tendr¨ªa que ser sincera con las dem¨¢s. Solo esperaba que, sin importar lo que pasara, las cosas no cambiaran entre ellas y Erik. Por ahora, s¨®lo debo concentrarme en regresar a la aldea y en lo que a¨²n nos queda por hacer, pens¨®, tratando de calmarse mientras avanzaban hacia la aldea. Pero en lo m¨¢s profundo, sab¨ªa que sus sentimientos ya no ser¨ªan los mismos. El sol comenzaba a descender en el horizonte mientras Erik y Mika caminaban de regreso a la aldea, mientras cargaba la carne que hab¨ªan conseguido en la caza. El aire de la tarde se sent¨ªa m¨¢s fresco, pero Erik apenas lo notaba. Su mente estaba llena de pensamientos, pesados como la carga que llevaba en la espalda. El recuerdo de la bestia a¨²n estaba fresco en su mente. A¨²n pod¨ªa sentir el peso del enorme animal sobre su cuerpo, la desesperaci¨®n al luchar por su vida. Si la bestia no hubiera estado herida... no habr¨ªa salido con vida. A pesar de que lo hab¨ªan superado juntos, el peligro que enfrentaron lo hac¨ªa pensar en lo fr¨¢gil que pod¨ªa ser su existencia en ese mundo. Luego estaba Mika. El beso. No fue un accidente ni una confusi¨®n del momento. Ella lo bes¨® porque as¨ª lo sinti¨®, y ¨¦l... ¨¦l la correspondi¨® sin dudarlo. Ahora, mientras caminaba a su lado, pod¨ªa ver c¨®mo su cabello corto danzaba con el viento y c¨®mo su expresi¨®n se manten¨ªa serena, aunque de vez en cuando sus ojos se desviaban en su direcci¨®n, como si tambi¨¦n estuviera perdida en sus pensamientos. Erik suspir¨®. Amaba a Mika, eso lo sab¨ªa. Pero no era solo a ella. Cada una de las chicas de la aldea hab¨ªa encontrado un lugar en su coraz¨®n. Suri con su dulzura y energ¨ªa, Becca con su determinaci¨®n y valent¨ªa, Hada con su pasi¨®n y rebeld¨ªa, Lera con su ingenio y creatividad, Arlea con su ternura y amabilidad. Todas eran parte de ¨¦l. Cada una despertaba en su interior algo diferente, algo especial. Pero, ?Qu¨¦ significaba eso? En su mundo, amar a varias mujeres a la vez era algo extra?o, complicado. En cambio, en la aldea, las chicas nunca hab¨ªan conocido a un hombre, y todas sent¨ªan curiosidad por ¨¦l. ?Era justo para Mika? ?Para las dem¨¢s? Hab¨ªa sentido la intensidad del momento con Mika, el cari?o y amor en su beso, pero tambi¨¦n sab¨ªa que los dem¨¢s sentimientos en su interior no se apagaban. ?C¨®mo afectar¨ªa esto a todas? Mir¨® de reojo a Mika, que segu¨ªa caminando a su lado, con la mirada en el horizonte. Parec¨ªa pensativa tambi¨¦n, pero no dec¨ªa nada. Erik quer¨ªa preguntarle qu¨¦ pensaba, pero tem¨ªa la respuesta. A¨²n no estaba seguro de lo que significaba todo esto. Mientras avanzaban por el sendero, Erik sinti¨® el peso de sus pensamientos volverse m¨¢s grande que el de la carne en su espalda. Hab¨ªa muchas cosas por resolver, muchas emociones que entender, pero por ahora, lo m¨¢s importante era volver a la aldea. El resto, lo enfrentar¨ªa cuando llegara el momento. A medida que se acercaban a la aldea, la preocupaci¨®n de ambos cambi¨®. Sus ropas aun estaban manchadas de sangre y no quer¨ªan asustar a Suri. Se miraron mutuamente, sabiendo que deb¨ªan decidir qu¨¦ decir. ¡ªSi Suri nos ve as¨ª, se asustara y preocupar¨¢ ¡ªdijo Mika, frunciendo el ce?o¡ª. No podemos contarle todo ahora. ¡ªPodemos decir que fueron algunos ciervonejos que intentaron escapar y nos salpicaron ¡ªsugiri¨® Erik¡ª. Cuando Suri se vaya a descansar, podremos contarles la verdad a las dem¨¢s. Cuando estaban cerca de la caba?a de Erik decidieron dejar all¨ª la piel de la bestia para entrar al centro solo con la carne. Cuando llegaron al centro de la aldea, ya casi ca¨ªda la noche, el aire estaba cargado de un fresco que contrastaba con el calor de la jornada. Al ver a Erik y Mika con la ropa salpicada de sangre, las mujeres se acercaron r¨¢pidamente, sorprendidas y preocupadas. Suri, al igual que las dem¨¢s, los observ¨® con expresi¨®n alarmada. ¡ª?Qu¨¦ ha pasado? ¡ªpregunt¨® Suri, su tono reflejando una mezcla de preocupaci¨®n y curiosidad. Mika, tratando de mantener la calma, fue la primera en hablar. ¡ªNo es nada grave, Suri. Tuvimos un peque?o incidente con algunos ciervonejos, esos animales, ?sabes? ¡ªdijo, suavizando su voz para evitar m¨¢s preguntas¡ª. Est¨¢bamos cazando cuando intentaron escapar y¡­ bueno, salpicaron algo de sangre en nuestras ropas. Eso es todo. Erik, al ver la expresi¨®n de Suri a¨²n preocupada, decidi¨® apoyar la historia para evitar que la alarma se extendiera. ¡ªS¨ª, es cierto. Nada de qu¨¦ preocuparse. Nos cost¨® un poco atraparlos, pero no fue nada serio ¡ªa?adi¨® con una sonrisa tranquilizadora, tratando de aliviar cualquier temor que pudiera surgir. ¡ªPor ahora solo sepan que estamos bien. Suri observ¨® a Erik y luego a Mika, como si estuviera buscando alguna se?al de que algo no estuviera bien, pero al ver la calma en sus rostros, asinti¨® lentamente. Al parecer, la historia de los ciervonejos ten¨ªa sentido para ella. ¡ªEntiendo ¡ªdijo Suri, aunque todav¨ªa algo intranquila. Becca y Lera se dieron una mirada entre ellas, comprendiendo que Mika y Erik no estaban diciendo toda la verdad. Pero tambi¨¦n entendieron que lo hac¨ªan para proteger a Suri, as¨ª que decidieron no insistir¡­ por ahora. Lera observ¨® a Mika con atenci¨®n. Su ropa de pieles estaba con manchas de sangre, y aunque la historia de los ciervonejos hab¨ªa calmado a Suri, no pod¨ªa evitar sentir que algo m¨¢s hab¨ªa sucedido. Aun as¨ª, no hizo preguntas. En cambio, sonri¨® de lado y se cruz¨® de brazos. ¡ªMika, ven conmigo un momento ¡ªdijo, tomando su mano sin esperar respuesta. ¡ª?Eh? ?A d¨®nde? ¡ªpregunt¨® Mika, desconcertada. ¡ªA cambiarte. Ya no puedes seguir usando esas pieles, y tengo algo mejor para ti. Sin darle oportunidad de negarse, Lera la arrastr¨® hasta su caba?a. Una vez dentro, fue directo a un peque?o mont¨®n de telas cuidadosamente dobladas. ¡ªJusto estaba esperando el momento perfecto para d¨¢rtelas ¡ªcoment¨® con una sonrisa de satisfacci¨®n mientras desplegaba las prendas¡ª. Creo que ahora es una buena oportunidad. Mika mir¨® la ropa con algo de duda. Le hab¨ªa pasado una polera corta algo ajustada sin mangas para que no le incomode al usar su arco, y unos pantalones que le llegaban hasta la mitad de las pantorrillas, as¨ª la proteger¨ªan las piernas cuando camine por arbustos y ramas bajas. Era un estilo muy diferente al que estaba acostumbrada. ¡ª?Esto es para m¨ª? ¡ªpregunt¨®, levantando la polera con cierta desconfianza. Lera asinti¨® con orgullo. ¡ªS¨ª. He estado probando distintos cortes con la tela, y pens¨¦ que este dise?o te vendr¨ªa bien. Es ligero, c¨®modo y te permitir¨¢ moverte con facilidad. Adem¨¢s, ya era hora de que dejaras esas pieles gruesas y anticuadas. Mika suspir¨®. Sab¨ªa que Lera ten¨ªa raz¨®n. Se quit¨® la ropa de pieles, y se puso las nuevas ropas, sintiendo la diferencia de inmediato. La tela se ajustaba a su cuerpo con suavidad, sin estorbar sus movimientos. ¡ª?Qu¨¦ tal? ¡ªpregunt¨® Lera con los brazos en las caderas. Mika se observ¨® en el reflejo de un recipiente con agua y sonri¨® levemente. ¡ªSe siente¡­ extra?amente bien. Lera asinti¨®, satisfecha. ¡ªEntonces es hora de que las dem¨¢s vean lo bien que te queda. Tomando aire, Mika sali¨® de la caba?a con Lera, lista para afrontar las miradas curiosas de todas. Cuando Mika y Lera llegaron, todas las miradas se posaron en ella. Las chicas detuvieron lo que estaban haciendo y la observaron con sorpresa. ¡ª?Mika! ¡ªexclam¨® Hada, con los ojos muy abiertos¡ª. ?Qu¨¦ est¨¢s usando? ¡ª?Eso tambi¨¦n es de tela? ¡ªpregunt¨® Becca, acerc¨¢ndose para mirar mejor. Las chicas la rodearon, admirando el dise?o de las ropas que resaltaban su figura atl¨¦tica. Jerut, con una mano en la barbilla, observ¨® con inter¨¦s. ¡ªSe ve muy diferente a las pieles que solemos usar¡­ pero parece c¨®moda. Erik y Arlea estaban terminando de guardar la carne en uno de los espacios frescos de la aldea cuando escucharon algunas risas y murmullos cerca. Al girarse para ver qu¨¦ suced¨ªa, Erik sinti¨® que el aire le faltaba por un momento. Mika estaba ah¨ª, de pie bajo la luz tenue del atardecer, con su nueva ropa de tela. Su atuendo era completamente distinto a las pieles gruesas que siempre usaban. La polera sin mangas resaltaba la fuerza y delicadeza de su figura, mientras que los pantalones, hasta la mitad de sus pantorrillas, mostraban m¨¢s su figura atl¨¦tica, de lo que Erik estaba acostumbrado a ver cuando usaba las pieles gruesas. Se qued¨® completamente paralizado. Su mente tard¨® en reaccionar ante lo que ve¨ªa, y su coraz¨®n pareci¨® dar un salto inesperado en su pecho. Mika siempre hab¨ªa sido fuerte y decidida, pero ahora¡­ ahora hab¨ªa algo m¨¢s. Algo que no pod¨ªa describir con palabras. Arlea, que estaba a su lado, not¨® su expresi¨®n y alz¨® una ceja con diversi¨®n. ¡ªVaya¡­ parece que alguien qued¨® sin palabras ¡ªcoment¨® en voz baja, divertida por la reacci¨®n de Erik. Mika se acerc¨® con una ligera sonrisa, algo consciente de la mirada fija de Erik en ella. ¡ª?Qu¨¦ te parece? ¡ªpregunt¨®, d¨¢ndose una peque?a vuelta para que pudiera verla mejor. Erik trag¨® saliva y sinti¨® c¨®mo el calor sub¨ªa a su rostro. Se frot¨® la nuca con torpeza antes de finalmente responder: ¡ªT-te ves¡­ muy linda ¡ªdijo finalmente, sin poder evitar que el sonrojo subiera a su rostro. Mika parpade¨® un par de veces y luego, sin poder evitarlo, su rostro tambi¨¦n se ti?¨® de rojo. No esperaba una respuesta tan directa. ¡ªB-bueno¡­ es diferente, y se te ve bien ¡ªintent¨® explicar Erik, rasc¨¢ndose la nuca y desviando la mirada. Las chicas se miraron entre s¨ª, intercambiando sonrisas c¨®mplices, mientras Mika, todav¨ªa sonrojada, desviaba la vista hacia otro lado. ¡ªGracias¡­ ¡ªmurmur¨®, sin saber c¨®mo responder a su cumplido. Lera, con una gran sonrisa, le dio un leve codazo a Mika. ¡ªTe dije que te quedar¨ªa bien. Las chicas se quedaron en silencio por un momento despu¨¦s de la inesperada respuesta de Erik. Mika a¨²n ten¨ªa un leve rubor en las mejillas, y Erik, visiblemente nervioso por haber hablado tan directo, evitaba las miradas inquisitivas de las dem¨¢s. Pero en sus mentes, cada una reflexionaba sobre lo que acababa de pasar. Becca cruz¨® los brazos y lade¨® la cabeza, analizando la situaci¨®n. As¨ª que Erik piensa que Mika se ve linda con la ropa nueva¡­ No pod¨ªa negar que la ropa de tela ten¨ªa un atractivo diferente a las pieles de siempre. Se pregunt¨® si cuando ella tuviera su propia vestimenta nueva, Erik reaccionar¨ªa de la misma manera. Hada, con una peque?a sonrisa juguetona, mir¨® de reojo a Mika, quien a¨²n parec¨ªa procesar lo sucedido. Si Erik piensa que Mika se ve linda¡­ ?Qu¨¦ dir¨¢ cuando me vea con algo diferente? La idea le caus¨® curiosidad. Arlea, con su mirada tranquila pero anal¨ªtica, not¨® que no solo Mika hab¨ªa reaccionado, sino que todas estaban pensando lo mismo. Erik no es como nosotras¡­ ¨¦l ve la belleza de otra forma. Quiz¨¢s el hecho de que lo haya dicho sin pensarlo mucho significaba que realmente lo sent¨ªa. Lera, satisfecha de haber logrado que Mika estrenara la ropa nueva de tela, observ¨® a Erik con inter¨¦s. Si esto es lo que puede hacer una simple prenda nueva¡­ ?C¨®mo reaccionar¨¢ cuando todas tengan su propio atuendo? Suri se acerc¨® r¨¢pidamente a Mika con una gran sonrisa en el rostro. Su emoci¨®n era evidente mientras observaba la nueva ropa de su amiga con admiraci¨®n. ¡ª?Mika, te ves incre¨ªble! ¡ªexclam¨®, dando un peque?o giro sobre s¨ª misma para mostrar su propio atuendo. Suri tambi¨¦n con su ropa nueva de tela, que le permit¨ªa moverse con facilidad. Estaba encantada con su nueva vestimenta y, al ver a Mika con algo similar, su emoci¨®n solo creci¨®. ¡ª?Ahora somos dos con ropa nueva! ¡ªdijo con entusiasmo, agarrando la mano de Mika con alegr¨ªa¡ª. ?Espero que pronto todas tengan la suya! Mika, a¨²n algo sorprendida por la reacci¨®n de Erik, sonri¨® levemente al ver a Suri tan feliz. No pod¨ªa evitar sentirse contagiada por su energ¨ªa. ¡ªS¨ª, creo que ser¨ªa bueno que todas estrenaran algo nuevo ¡ªrespondi¨®, mirando de reojo a Lera, quien hab¨ªa sido la responsable de confeccionar las prendas. Las dem¨¢s chicas, que a¨²n procesaban la reacci¨®n de Erik, intercambiaron miradas. Tal vez Suri ten¨ªa raz¨®n. Si Mika se ve¨ªa as¨ª con ropa nueva y Erik hab¨ªa quedado sin palabras¡­ ?C¨®mo reaccionar¨ªa cuando todas tuvieran sus prendas nuevas? Mika, a¨²n sintiendo el peso de las miradas, baj¨® la cabeza y suspir¨®. No le molestaba que Erik la viera as¨ª, pero¡­ algo en su pecho le dec¨ªa que no ser¨ªa la ¨²nica que recibir¨ªa ese tipo de cumplido. Mientras las j¨®venes volv¨ªan a sus actividades, cada una guard¨® en su interior la misma idea: Cuando llegue mi turno¡­ quiero ver si Erik tambi¨¦n dir¨¢ que me veo linda. Cuando el cielo oscureci¨® y la brisa nocturna refresc¨® el ambiente, todos se reunieron alrededor de la peque?a fogata como cada noche. La luz del fuego iluminaba sus rostros mientras compart¨ªan historias y risas, disfrutando del calor reconfortante de la reuni¨®n. Erik, como ya era costumbre, tom¨® asiento en el mismo lugar de siempre, con Suri acomod¨¢ndose a su lado sin dudarlo. Sin embargo, esta vez hubo un cambio inesperado: Mika se sent¨® justo al otro lado de Erik, m¨¢s cerca de lo habitual. Algunas de las chicas intercambiaron miradas discretas. Mika siempre sol¨ªa sentarse un poco m¨¢s alejada, manteniendo su distancia como si no quisiera mostrarse demasiado cercana a Erik. Pero ahora, sin decir una palabra, se hab¨ªa colocado a su lado con naturalidad. Becca arque¨® una ceja y mir¨® a Hada, quien tambi¨¦n se percat¨® del detalle y le dedic¨® una sonrisa divertida. Lera, por su parte, no dijo nada, pero su expresi¨®n mostraba un brillo de curiosidad. Jaia y sus hermanas observaron la escena en silencio, sin hacer comentarios, pero con una comprensi¨®n silenciosa en sus miradas. Suri, ajena a cualquier significado oculto, simplemente apoy¨® su cabeza en el brazo de Erik y cerr¨® los ojos por un momento, disfrutando de la comodidad del momento. La noche transcurr¨ªa como de costumbre, pero para algunas, hab¨ªa un nuevo detalle que daba mucho en qu¨¦ pensar. Mientras la conversaci¨®n flu¨ªa alrededor de la fogata, Lera, que hab¨ªa estado observando a Erik con atenci¨®n, sonri¨® con picard¨ªa y se inclin¨® un poco hacia ¨¦l. ¡ªTarde o temprano, tambi¨¦n tendr¨¦ que hacerte ropa nueva ¡ªdijo con tono divertido¡ª. Tu pantal¨®n ya es m¨¢s parches que tela. Erik baj¨® la mirada hacia su atuendo y no pudo evitar soltar una risa baja. Era cierto. Entre los remiendos improvisados y el desgaste del tiempo, su ropa estaba en un estado lamentable. ¡ªNo lo voy a negar ¡ªadmiti¨®, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. Pero ?tambi¨¦n me har¨¢s algo como lo de Mika? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa ladeada, se?alando la nueva vestimenta de la chica. Lera cruz¨® los brazos y fingi¨® pensar. ¡ªMmm¡­ Tal vez. Pero creo que necesitar¨¢s algo un poco distinto. Ya ver¨¦ qu¨¦ se me ocurre. Las dem¨¢s chicas, que hab¨ªan estado escuchando, rieron suavemente. Mika, a¨²n sentada junto a Erik, mir¨® de reojo su ropa gastada y coment¨® con un tono m¨¢s relajado de lo habitual: ¡ªS¨ª, ya es hora de que te veas como alguien de la aldea y no como un extra?o perdido. ¡ª?Eso quiere decir que ya no soy un extra?o? ¡ªbrome¨® Erik, mir¨¢ndola con diversi¨®n. Mika desvi¨® la mirada, pero no pudo evitar que una leve sonrisa se dibujara en su rostro. ¡ªTal vez ¡ªmurmur¨®. La noche hab¨ªa avanzado y la fogata crepitaba suavemente, iluminando los rostros de las aldeanas con su c¨¢lido resplandor. La conversaci¨®n era tranquila, con risas suaves y comentarios sobre la jornada, hasta que Suri dej¨® escapar un peque?o bostezo. ¡ªParece que alguien necesita descansar ¡ªcoment¨® Alisha con una sonrisa maternal. Suri parpade¨® varias veces, tratando de disimular su sue?o, pero su cuerpo la delataba al inclinarse ligeramente contra Erik. ¡ªNo estoy¡­ tan cansada¡­ ¡ªmurmur¨®, aunque su voz sonaba adormilada. ¡ªClaro que no ¡ªdijo Alisha divertida, poni¨¦ndose de pie¡ª. Vamos, peque?a, ma?ana ser¨¢ otro d¨ªa. Pero antes de irse, Suri se gir¨® y se acerc¨® a Erik y Mika. Primero mir¨® a Erik con sus grandes ojos curiosos, luego a Mika, y finalmente los abraz¨® a ambos, apoyando su rostro contra sus hombros. ¡ªS¨¦ que mienten sobre los ciervonejos¡­ ¡ªmurmur¨® en voz baja, lo suficiente para que solo ellos la escucharan¡ª. Pero no me importa. Me alegra que est¨¦n bien. Erik y Mika se quedaron inm¨®viles un segundo, sorprendidos por sus palabras. No hab¨ªa reproche en su voz, solo alivio y ternura. ¡ªSuri¡­ ¡ªsusurr¨® Mika, pero la ni?a ya se hab¨ªa separado y sonre¨ªa con suavidad. ¡ªDescansen ¡ªdijo simplemente antes de tomar la mano de Alisha y alejarse con ella. Erik y Mika intercambiaron una mirada, sintiendo un peso en el pecho. Aunque intentaron proteger a Suri con su mentira, ella era m¨¢s perceptiva de lo que cre¨ªan. Y con su simple gesto, les hab¨ªa dejado claro que lo ¨²nico que realmente le importaba¡­ era que ambos estuvieran a salvo. ¡ªBien ¡ªdijo Becca, cruzando los brazos¡ª. Ahora que Suri no est¨¢¡­ ?nos van a decir qu¨¦ pas¨® realmente? La pregunta dej¨® un breve silencio entre ellos. Mika y Erik se miraron por un instante, como si estuvieran decidiendo cu¨¢nto contar. Finalmente, Erik tom¨® aire y comenz¨® a hablar. ¡ªNos encontramos con una bestia ¡ªdijo con seriedad¡ª. Era grande, algo r¨¢pida y muy agresiva. Casi nos atrapa desprevenidos. Hubo un murmullo entre las chicas. Hada frunci¨® el ce?o. ¡ª?Qu¨¦ tan grande? ¡ªDel tama?o de tres de tus ovejas, tal vez m¨¢s ¡ªexplic¨® Mika, apoyando un codo en su rodilla¡ª. Y con una piel gruesa, dif¨ªcil de atravesar. ¡ª?Y c¨®mo la vencieron? ¡ªpregunt¨® Lera, inclin¨¢ndose hacia adelante. Erik y Mika intercambiaron otra mirada antes de que Mika respondiera. ¡ªCon mucho esfuerzo. Erik la enfrent¨® primero y logr¨® resistir y esquivar sus ataques, yo lo ayude desde el alto de un ¨¢rbol con mis flechas, pero Erik termino d¨¢ndole el golpe final en su coraz¨®n. ¡ªAs¨ª que por eso llegaron con la ropa manchada de sangre ¡ªdijo Jaia con tono pensativo. ¡ªS¨ª¡­ ¡ªErik asinti¨®¡ª. No quer¨ªamos alarmar a Suri, as¨ª que decidimos no contarle todo. Becca lo observ¨® con atenci¨®n, con los ojos entrecerrados. ¡ªHmm¡­ ¡ª?Qu¨¦? ¡ªpregunt¨® Mika, arqueando una ceja. ¡ªNada¡­ ¡ªrespondi¨® Becca, aunque en su expresi¨®n hab¨ªa algo de sospecha¡ª. Solo que tengo la sensaci¨®n de que no nos est¨¢n contando todo. ¡ªExacto ¡ªsecund¨® Lera, mirando a ambos con astucia, como artesana sabia que algo en su historia no cuadraba, Mika nunca estuvo cerca de la bestia, entonces como se mancho de sangre sus ropas de pieles ¡ª. Como si hubiera m¨¢s en esa historia. Erik sinti¨® un leve sudor fr¨ªo en la espalda. Aunque hab¨ªan decidido contarles la verdad sobre la caza, hab¨ªa algo que definitivamente no pod¨ªan mencionar: el beso. ¡ªYa les dijimos lo importante ¡ªintervino Mika r¨¢pidamente, con su tono firme habitual¡ª. Nos encontramos con la bestia, luchamos y la vencimos. Fin. Las chicas no parec¨ªan del todo convencidas, pero no insistieron m¨¢s. En su lugar, simplemente las observaron con una mezcla de curiosidad y duda. ¡ªBueno¡­ ¡ªdijo Hada finalmente, apoy¨¢ndose en sus brazos¡ª. De todas formas, fue muy arriesgado que fueran tan cerca del bosque prohibido. ¡ªS¨ª¡­ ¡ªErik asinti¨®, sinti¨¦ndose aliviado de que el tema estuviera desvi¨¢ndose¡ª. Deber¨ªamos pensarlo mejor antes de acercarnos por esas zonas. El fuego chisporroteaba suavemente mientras algunas de las chicas segu¨ªan murmurando entre ellas, procesando todo lo que Erik y Mika hab¨ªan contado. Erik exhal¨® largamente y pas¨® una mano por su cuello, sintiendo la tensi¨®n acumulada en sus m¨²sculos. Aunque el dolor ya no era tan intenso como cuando la bestia cay¨® sobre ¨¦l, su cuerpo a¨²n resent¨ªa el impacto. ¡ªCreo que por hoy ya es suficiente para mi ¡ªdijo con una leve sonrisa, poni¨¦ndose de pie con algo de esfuerzo¡ª. Mi cuerpo sigue recordando el peso de ese bicho. Algunas se rieron con suavidad, pero Mika lo mir¨® de reojo con preocupaci¨®n. ¡ªSi te duele, deber¨ªas decirlo. No tiene sentido que finjas que est¨¢s bien ¡ªmurmur¨®. ¡ªNo es nada grave, solo necesito descansar ¡ªrespondi¨® ¨¦l, alzando una ceja ante su tono serio. Mika lo observ¨® de reojo, notando la rigidez en sus movimientos. Sab¨ªa que no admitir¨ªa si algo le dol¨ªa de verdad, as¨ª que cuando lo vio comenzar a alejarse hacia su caba?a, sin pensarlo demasiado, se puso de pie con la intenci¨®n de seguirlo. ¡ªVoy contigo ¡ªdijo en voz baja, pero justo cuando dio un paso, Lera la tom¨® suavemente del brazo. ¡ªMika¡­ ?puedo dormir contigo esta noche? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa inocente, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de emoci¨®n y picard¨ªa. Mika la mir¨® en silencio por un momento y luego suspir¨®. Sab¨ªa lo que eso significaba. ¡ªVas a hacer uno de tus experimentos olorosos otra vez, ?verdad? Lera ri¨® entre dientes y asinti¨®. ¡ªSolo quiero probar una mezcla nueva. No har¨¦ nada muy oloroso, lo prometo. Mika mir¨® de nuevo hacia donde Erik se alejaba, dudando por un momento. Quer¨ªa asegurarse de que llegara bien, pero tambi¨¦n sab¨ªa que no quer¨ªa que la vieran sigui¨¦ndolo como una sombra. Finalmente, solt¨® un leve resoplido y cruz¨® los brazos. ¡ªEst¨¢ bien¡­ pero te advierto, si terminas oliendo horrible como la ultima vez, mejor ni entres a mi caba?a. Duermes afuera. Algunas chicas que a¨²n estaban cerca rieron ante la advertencia, mientras Lera levantaba las manos con una expresi¨®n de fingida ofensa. ¡ª?Confiar¨¢s en m¨ª alg¨²n d¨ªa! ¡ªEl d¨ªa que hagas algo que no apeste, tal vez ¡ªrespondi¨® Mika con una leve sonrisa. Con eso, todas comenzaron a dispersarse hacia sus respectivas caba?as, el cansancio del d¨ªa finalmente reclamando sus cuerpos. Mika lanz¨® una ¨²ltima mirada hacia la caba?a de Erik antes de irse a su caba?a y esperar que Lera no llegue apestosa por sus experimentos. Erik al llegar a su caba?a, puso la piel de la bestia afuera y detr¨¢s de su caba?a extendi¨¦ndola para que el aire de la noche la refrescara, que la llamo Jaboso por recordarle a esos dos animales, despu¨¦s entro a su caba?a con un suspiro. El cansancio pesaba sobre sus hombros, y ahora que estaba solo, pod¨ªa sentirlo con m¨¢s claridad. Al ver su ropa a¨²n manchada con la sangre del Jaboso, frunci¨® el ce?o. No quer¨ªa ensuciar su cama, as¨ª que, sin pensarlo mucho, se despoj¨® de ella, qued¨¢ndose solo con su ropa interior. La dej¨® a un lado para lavarla mejor ma?ana. Se acerc¨® a su cama, un colch¨®n de lana que, aunque sencillo, era sorprendentemente c¨®modo. Al acostarse, sinti¨® la suavidad bajo su cuerpo y dej¨® escapar un suspiro de alivio. Antes de dormir, tom¨® una de las mantas que Lera hab¨ªa fabricado con su tela mezclada. La textura era distinta a las pieles a las que estaba usando antes, m¨¢s ligera y suave, pero a¨²n as¨ª c¨¢lida. Se cubri¨® con ella, disfrutando de la comodidad inesperada. Cerr¨® los ojos y, casi al instante, el agotamiento lo venci¨®, sumi¨¦ndolo en un sue?o profundo. Mientras tanto Mika estaba recostada en su cama solo cubierta por las mantas de tela, sus ropas nuevas estaban dobladas y colocadas cerca de su cama, estaba mirando el techo de su caba?a mientras la luz tenue de una vela de resina. Se sent¨ªa inquieta, incapaz de relajarse del todo. Sab¨ªa que Lera vendr¨ªa en cuanto terminara sus experimentos, pero por ahora estaba sola. Y en esa soledad, sus pensamientos la llevaron de vuelta a la cacer¨ªa¡­ a Erik¡­ y al sentimiento que ocasiono el beso que se dieron. Se mordi¨® el labio, recordando la sensaci¨®n de sus labios contra los suyos. No hab¨ªa sido solo un roce; hab¨ªa algo m¨¢s, algo que hab¨ªa hecho que su piel se erizara y su coraz¨®n latiera con fuerza. Se llev¨® una mano al pecho, sintiendo el leve temblor que a¨²n la recorr¨ªa. ¡ª?Por qu¨¦ se sent¨ªa as¨ª? Nunca antes hab¨ªa experimentado algo parecido. Su cuerpo reaccionaba de una forma extra?a, como si un calor suave y desconocido se expandiera dentro de ella. Su respiraci¨®n se hizo un poco m¨¢s profunda mientras cerraba los ojos. La imagen de Erik, su mirada intensa, el calor de su cuerpo tan cerca del suyo¡­ Mika se revolvi¨® en su cama, molesta consigo misma. No entend¨ªa qu¨¦ le pasaba, pero una parte de ella deseaba volver a sentirlo. Se cubri¨® el rostro con las manos, intentando calmarse. ¡ªTonta¡­ ¡ªsusurr¨® para s¨ª misma, sinti¨¦ndose avergonzada. Y aun as¨ª, su coraz¨®n segu¨ªa latiendo con fuerza al recordar los besos y abrazos que se habian dado. No era solo el beso en s¨ª lo que la inquietaba, sino el hecho de que, en ese instante, hab¨ªa sido ella la que lo dio. Ahora que la calma de la noche se hac¨ªa presente, la culpa comenzaba a envolverla. ¡ª¡°?Por qu¨¦ lo hice?¡± pens¨®, aunque no lamentaba el beso en s¨ª mismo, sino el hecho de que hab¨ªa sido ella quien dio ese paso, sin considerar lo que eso significar¨ªa para las dem¨¢s. Sab¨ªa que no era solo ella la que sent¨ªa algo por Erik. Las miradas furtivas, las risas t¨ªmidas, las sonrisas que se intercambiaban cuando ¨¦l no las ve¨ªa. Todas ellas, cada una a su manera, hab¨ªa comenzado a sentirse atra¨ªdas por ¨¦l. Era imposible ignorarlo. ¡ª¡°Todas sentimos algo por ¨¦l. No solo Lera, no solo yo... ?Qu¨¦ van a pensar las dem¨¢s cuando lo sepan? ?Las lastimar¨¦? No quiero ser la culpable de que se sientan rechazadas.¡± Pens¨® en la distancia que hab¨ªa entre ellas y Erik, c¨®mo sus sentimientos, aunque compartidos, parec¨ªan tan lejanos e inalcanzables. Era como si ella, sin querer, hubiera adelantado a las dem¨¢s. ¡ª¡°?Deber¨ªa haber esperado?¡± se pregunt¨®, d¨¢ndose vuelta en la cama con un suspiro. La culpa apretaba en su pecho. Sab¨ªa que no pod¨ªa ocultarlo, pero tampoco quer¨ªa que su impulso fuera visto como algo ego¨ªsta o como un rechazo hacia las dem¨¢s. ¡ª¡°No quiero que las dem¨¢s piensen que lo hice porque... porque soy la ¨²nica que se atrevi¨® a acercarse primero.¡± Se sent¨ªa atrapada entre el deseo de ser honesta y el miedo de causar dolor a las dem¨¢s. Respir¨® hondo, mirando el techo una vez m¨¢s, y se dio cuenta de que, aunque su coraz¨®n segu¨ªa latente por lo que hab¨ªa ocurrido, su mente necesitaba encontrar paz. ¡ª¡°Cuando Lera llegue, tengo que hablar con ella. No puedo seguir guardando esto. Las dem¨¢s tambi¨¦n lo sienten. No solo yo. Solo espero que, de alguna forma, lo entiendan. Que no cambie lo que somos.¡± Lera se encontraba en su caba?a, rodeada de frascos y jarras con diferentes ingredientes. La resina que Erik hab¨ªa encontrado estaba en varios recipientes, y Lera estaba determinada a lograr que cambiara su densidad. Pens¨® en c¨®mo las dem¨¢s, al caminar descalzas sobre terrenos rocosos, sufr¨ªan las consecuencias. Pero si pod¨ªa hacer algo como las suelas de los zapatos de Erik, algo resistente pero flexible, podr¨ªa ayudar a todas ellas. ¡ª¡°Si esto sale bien, podr¨ªamos tener algo para proteger nuestros pies. Como los zapatos de Erik¡­¡± murmur¨®, mientras a?ad¨ªa peque?as cantidades de aceites y otros l¨ªquidos que hab¨ªa recolectado. Al principio, la mezcla parec¨ªa ir bien, pero pronto, al agregar m¨¢s sustancias, los aromas empezaron a volverse tan intensos que Lera tuvo que apartarse un poco, frunciendo el ce?o. Primero fue el dulce y terroso olor de la resina mezclado con el aceite, pero cuando le a?adi¨® un poco de m¨¢s l¨ªquidos, los vapores comenzaron a mezclarse, creando una nube espesa de olores tan penetrantes que Lera no pudo evitar sentir un mareo creciente. La mezcla se espeso, liberando un aroma tan fuerte que la caba?a parec¨ªa volverse un espacio peque?o y asfixiante. Los olores se sent¨ªan como si le quemaran las fosas nasales, llenando cada rinc¨®n y haci¨¦ndole girar la cabeza. ¡ª¡°?No puedo soportarlo m¨¢s!¡± pens¨®, cubri¨¦ndose la nariz con el brazo. El mareo aumentaba, y varios recipientes segu¨ªan suaves y mas liquidas, pero ya no pod¨ªa concentrarse. Con el coraz¨®n acelerado y la sensaci¨®n de pesadez en el pecho, se apart¨® de la mesa r¨¢pidamente, corriendo hacia la entrada con dificultad, en busca de algo de aire fresco. ¡ª¡°Deber¨ªa dejarlo por ahora. El aire de la caba?a est¨¢ cargado¡­ y no creo que pueda soportar mucho m¨¢s.¡± Sin fuerzas para seguir Lera sali¨® de su caba?a tambale¨¢ndose, a¨²n mareada por los fuertes olores que hab¨ªa creado al mezclar la resina. El aire fresco del exterior no era suficiente para despejar la sensaci¨®n de pesadez en su cabeza. Mientras caminaba hacia la caba?a de Mika, su mente comenzaba a despejarse lentamente, aunque el mareo persist¨ªa. Cuando lleg¨® a la entrada de la caba?a, de repente record¨® algo que Mika le hab¨ªa dicho. ¡ª¡°Si llegas apestosa, mejor no entres¡­¡± Pens¨® en las palabras de Mika con una sonrisa tonta en los labios, pero al mismo tiempo se detuvo. Fue entonces cuando, al olfatearse de manera inconsciente, se dio cuenta de que el olor de las mezclas de las resinas y los aceites, hab¨ªa quedado atrapado en sus ropas. ¡ª¡°?Vaya¡­ s¨ª que huele!¡± Lera pens¨®, tap¨¢ndose la nariz. No quer¨ªa que Mika tuviera que soportar el olor y mucho menos que se sintiera inc¨®moda por su presencia. Decidi¨® que lo mejor era quitarse la ropa antes de entrar. Lera comenz¨® a despojarse de sus ropas. Mientras las dejaba caer sobre el suelo, el alivio de desprenderse de los olores intensos se sinti¨® inmediato. Con toda su ropas cerca de la entrada de la caba?a, respirando profundamente para despejarse un poco m¨¢s antes de entrar. ¡ª¡°Bueno, ya no hay vuelta atr¨¢s.¡± Susurr¨®, y luego de unos segundos, se levant¨® y entr¨® cuidadosamente, sin hacer ruido, para no despertar a Mika. Al entrar, el frescor de la caba?a la envolvi¨® de inmediato, y con una sonrisa t¨ªmida, se acost¨® sobre la cama y se tapo con la manta de tela. El ambiente all¨ª dentro era reconfortante y acogedor, y la suavidad del aire la hizo sentirse mucho m¨¢s tranquila. ¡ª¡°Tal vez ma?ana sea un mejor d¨ªa para probar nuevas mezclas nuevamente¡­¡± pens¨® antes de cerrar los ojos y dejarse llevar por el sue?o, mientras las preocupaciones del d¨ªa comenzaban a desvanecerse. El sol comenzaba a alzarse lentamente sobre la aldea, iluminando las caba?as y los senderos con su luz dorada. Becca, Hada y Suri estaban sentadas cerca de la fogata apagada, disfrutando del aire fresco de la ma?ana mientras conversaban sobre los quehaceres del d¨ªa. ¡ª¡°Anoche, lograron oler algo,¡± coment¨® Becca. ¡ª¡°Esta vez no pude oler nada como antes, y eso que mi caba?a no esta tan lejos de la de Lera.¡± Hada solt¨® una risa. ¡ª¡°Yo tambi¨¦n. Supongo que esta vez no fue tan grave como antes.¡± Suri asinti¨® con un leve gesto, aunque parec¨ªa distra¨ªda. Becca mir¨® alrededor y not¨® la ausencia de Mika y Lera. ¡ª¡°Hablando de eso, ?D¨®nde est¨¢n esas dos?.¡± Hada se encogi¨® de hombros, apoyando la barbilla en su mano. ¡ª¡°Seguro se quedaron hablando hasta tarde y terminaron durmi¨¦ndose.¡± Justo en ese momento, Mika apareci¨® caminando hacia ellas, estirando los brazos con evidente cansancio. Sus ojos a¨²n reflejaban algo de sue?o, y su cabello corto estaba un poco despeinado. ¡ª¡°Ah, ah¨ª est¨¢ Mika,¡± se?al¨® Becca. Cuando la chica se acerc¨® lo suficiente. Hada la mir¨® con curiosidad. ¡ª¡°?Y Lera? Pensamos que segu¨ªan durmiendo juntas.¡± Mika frunci¨® ligeramente el ce?o y suspir¨®. ¡ª¡°No lo s¨¦. La esper¨¦ anoche, pero nunca lleg¨®. Me qued¨¦ dormida pensando que llegar¨ªa despu¨¦s.¡± Las tres se miraron entre s¨ª con extra?eza. ¡ª¡°?Entonces d¨®nde pas¨® la noche?¡± pregunt¨® Suri. Hada cruz¨® los brazos. ¡ª¡° Si anoche estaba en su caba?a con sus experimentos con la resina, y Mika no la vio despu¨¦s¡­ ?ser¨¢ que se qued¨® dormida ah¨ª? " Becca suspir. ¡ª¡° Seguro aparece en cualquier momento. " Suri, quien hasta ese momento hab¨ªa permanecido pensativa, se puso de pie de repente. ¡ª¡° Voy a ver c¨®mo est¨¢ Erik. Anoche n ecesita ba descansar bien para recuperarse. " Becca y Hada asintieron, y Mika, a¨²n algo confundida por la ausencia de Lera, decidi¨® acompa?arlas. ¡ª¡° Vamos todas ¡± , dijo Becca, levant¨¢ndose tambi¨¦n. Hada alarmantemente y se puso de pie, sacudi¨¦ndose las manos. ¡ª¡° S¨ª, adem¨¢s, as¨ª nos aseguramos de que Mika no se duerma parada.¡± Mika buf¨®, pero no discuti¨®. Las cuatro comenzaron a caminar juntas hacia la caba?a de Erik, con la duda de d¨®nde estar¨ªa Lera todav¨ªa flotando en sus mentes. A medida que se acercaban a la caba?a, algo en el suelo llam¨® la atenci¨®n de Hada. ¡ª¡° Oigan¡­ ?eso no es la ropa de Lera? " Las chicas se detuvieron al ver el mont¨®n de prendas cerca de la entrada. ¡ª¡° ?Por qu¨¦ estar¨ªa aqu¨ª su ropa? ¡ªmurmur¨® Becca, frunciendo el ce?o. Con cierta inquietud, Mika entr¨® suavemente por la puerta y todos entraron con cautela, sin saber qu¨¦ esperar. Lo que vieron dentro las dejaron completamente en shock. Lera estaba dormida junto a Erik en la cama, cubiertos solo por una manta de tela. Con su ropa afuera de la caba?a, lo que dejaba claro que debajo de la manta ella estaba completamente desnuda. Erik tambi¨¦n estaba debajo de la misma. Capítulo 20: "La Noche Que Lo Cambió Todo" Final del Tomo Los cuatro se quedaron en la entrada, con los ojos bien abiertos por la sorpresa. El ambiente en la caba?a era silencioso, salvo por la respiraci¨®n tranquila de los dos que segu¨ªan dormidos. Becca se cubri¨® la boca con la mano, Hada parpade¨® varias veces como si intentaba asegurarse de que estaba viendo bien, y Suri qued¨® completamente inm¨®vil. Mika, por otro lado, sinti¨® algo encenderse dentro de ella. Una chispa de incomodidad y sentimientos raros le recorri¨® el pecho, aunque intent¨® disimularlo. Pero no era la ¨²nica. Las cuatro, aunque no lo dijeran en voz alta, sintieron una punzada de envidia al ver a Lera tan cerca de Erik, durmiendo con tanta tranquilidad. ¨¦l estaba justo a su lado, su rostro relajado, su respiraci¨®n acompa?ada¡­ Y Lera parec¨ªa tan c¨®moda, como si aquel fuera el lugar m¨¢s natural para ella. Becca entrecerr¨® los ojos con una sensaci¨®n extra?a en el pecho. ¡ª¡° ?C¨®mo lleg¨® Lera aqu¨ª¡­ y por qu¨¦¡­? " ¡ª¡° ?Qu¨¦¡­ qu¨¦ es esto?¡± murmur¨® Hada con incredulidad, intercambiando miradas con los dem¨¢s. Suri trag¨® saliva, sin poder apartar la vista. ¡ª¡° ?Debemos despertarlos¡­? " Mika apret¨® los labios, sintiendo un cosquilleo de fastidio en su interior. Algo dentro de ella le dijo que no quer¨ªa ver esto. Las cuatro chicas se acercaron lentamente a la cama, sus miradas fijas en la escena frente a ellas. Mika y Suri se colocaron justo al lado de Erik, mientras Becca y Hada se manten¨ªan un poco detr¨¢s, observando con una mezcla de expectaci¨®n e impaciencia. Suri fue la primera en moverse. Extendi¨® una mano con cuidado y toc¨® el brazo de Erik suavemente. ¡ª Erik¡­ ¡ªmurmur¨® en voz baja, tratando de despertarlo sin sobresaltarlo demasiado. Erik gru?¨® levemente, frunciendo el ce?o mientras parpadeaba con pesadez. Su visi¨®n borrosa fue aclarando poco a poco hasta que distingui¨® los rostros de las chicas frente a ¨¦l. Se qued¨® quieto por un instante, confundido. Sus ojos recorrieron cada uno de sus rostros. Algo no estaba bien¡­ Lo miraban con una expresi¨®n extra?a. Hab¨ªa algo de sorpresa y desconcierto en sus miradas, aunque no entend¨ªa por qu¨¦. Pero la que m¨¢s lo inquiet¨® fue Mika. Su ce?o estaba fruncido, su mand¨ªbula tensa y en su mirada hab¨ªa una chispa de algo¡­ ?molestia?, ?celos? Antes de que pudiera decir algo, cuando intent¨® moverse, sinti¨® un peso caer sobre su pecho y lo detuvo. Frunci¨® el ce?o y baj¨® la mirada. Ah¨ª, sobre su torso desnudo, descansaba una mano peque?a y delgada. Sigui¨® el brazo con la vista, sintiendo un escalofr¨ªo recorrerle la espalda cuando vio a qui¨¦n pertenec¨ªa. Ella es. Dorm¨ªa pl¨¢cidamente a su lado, cubierta solo por la manta de tela. Su respiraci¨®n era tranquila, y su rostro relajado, como si nada de esto fuera extra?o. Erik sinti¨® que su cuerpo se tensaba. Su mente trataba de procesar lo que estaba viendo, pero las miradas fijas de las chicas frente a ¨¦l no le daban mucho tiempo para pensar. Mika presion¨® los labios con a¨²n m¨¢s fuerza, desviando la vista con un leve resoplido. ¡ªErik¡­ ¡ªBecca fue la que habl¨® esta vez, con los brazos cruzados y una ceja levantada¡ª. ?Quieres explicarnos qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª? Suri mir¨® a Lera, luego a Erik, y luego a las dem¨¢s, sin saber bien c¨®mo reaccionar. Hada simplemente suspir¨®, sacudiendo la cabeza. El aire dentro de la caba?a se sinti¨® denso. Erik trag¨® saliva. Esto¡­ no se ve¨ªa nada bien. Erik segu¨ªa en shock. Su mente aun intentando entender c¨®mo hab¨ªa terminado en esta situaci¨®n. Lera estaba a su lado, durmiendo y claramente se ve¨ªa que no tenia ropa que cubriera su torso debajo de la manta que la cubr¨ªa. La calidez de su cuerpo se sent¨ªa cerca, y su mano segu¨ªa descansando sobre su pecho. Antes de que pudiera reaccionar, Lera se movi¨® ligeramente en su sue?o y, con una suavidad casi inconsciente, desliz¨® su mano por el torso de Erik, acarici¨¢ndolo con lentitud. ¨¦l se sorprendi¨® de inmediato ante las caricias, pero lo que lo dej¨® realmente sin palabras fue lo que Lera dijo en su adormilado estado: ¡ªMika¡­ deber¨ªas comer mas frutas, y menos carne¡­ parece que ya no tuvieras pechos¡­ Las palabras resonaron en la caba?a con un silencio sepulcral despu¨¦s. Mika parpade¨® un par de veces. Luego, su ce?o se frunci¨® de inmediato. Sin dudarlo, rode¨® la cama y se coloc¨® junto a Lera con los brazos cruzados, mir¨¢ndola fijamente. Cuando not¨® que sus nalgas sobresal¨ªan de la manta, sus ojos brillaron con una chispa de pura determinaci¨®n. ¡ª?Ah, s¨ª? ¡ªmurmur¨® con una sonrisa peligrosa. Sin previo aviso, levant¨® la mano y le dio un sonoro lapazo en la nalga que tenia a disposici¨®n. El golpe reson¨® en la caba?a, seguido por un ?AHH! de Lera, quien despert¨® de golpe, llev¨¢ndose una mano al lugar del impacto mientras se sentaba con una expresi¨®n aturdida. Lera se despert¨® de golpe con el ardor a¨²n en su nalga derecha y una queja ahogada en los labios. ¡ª??Qu¨¦ demonios¡­?! Se incorpor¨®, quedando sentada en la cama con los pechos descubiertos, su cabello largo y suelto, despeinado cay¨¦ndole por los hombros. Su mente estaba nublada, y lo siguiente que sinti¨® fue un fuerte dolor de cabeza. Frunci¨® el ce?o, cerrando los ojos un instante mientras se llevaba una mano a la sien. ¡ª?Qu¨¦¡­ qu¨¦ pasa? ¡ªpregunt¨® con voz ronca. Trag¨® saliva, sintiendo la boca seca como si hubiera comido tierra. Su lengua pesaba, y una punzada en la cabeza la hizo soltar un leve quejido. ¡ªTengo¡­ tanta sed¡­ ¡ªmurmur¨®. Las chicas la miraban con ojos bien abiertos, sin saber qu¨¦ decir ante la imagen de Lera, sentada en la cama junto a Erik, quien a¨²n estaba acostado, vi¨¦ndola con una mezcla de sorpresa. Lera parpade¨® varias veces, tratando de enfocar su vista. Al mirar a su alrededor, su ce?o se frunci¨® de inmediato. ¡ªEspera¡­ ¡ªmurmur¨®, girando la cabeza. Reconoc¨ªa el lugar, pero su mente tardaba en encajar las piezas. Su mirada baj¨® hasta Erik, que segu¨ªa ah¨ª, con el torso descubierto y tratando de taparse con la manta que aun tenia de su lado de la cama. Luego mir¨® a su alrededor nuevamente. Esta no era la caba?a de Mika. ¡ª?Por qu¨¦ estoy en la caba?a de Erik? El silencio fue absoluto. Las chicas intercambiaron miradas, algunas a¨²n sorprendidas, otras con rastros evidentes de celos. Mika, con los brazos cruzados, no dejaba de mirarla con una mezcla de incredulidad y molestia. Pero lo que m¨¢s llam¨® la atenci¨®n de todas fue el estado de Lera. No solo parec¨ªa agotada, sino que tambi¨¦n se tambaleaba ligeramente, y su expresi¨®n indicaba que ten¨ªa un fuerte malestar. Suri se inclin¨® un poco, observ¨¢ndola con preocupaci¨®n. ¡ªLera¡­ ?te sientes bien? Lera parpade¨® lentamente. ¡ªNo s¨¦¡­ ¡ªse masaje¨® la sien y suspir¨®¡ª. Me duele la cabeza¡­ tengo la boca seca¡­ y todo me da vueltas¡­ Las chicas se miraron entre s¨ª, confundidas. Erik a¨²n estaba acostado, procesando lo que ve¨ªa. Lera, sentada a su lado con los pechos descubiertos, y una expresi¨®n de absoluta confusi¨®n. Claramente no recordaba c¨®mo hab¨ªa llegado all¨ª. Pero en cuanto su mirada bajo siguiendo la espalda de Lera, otra preocupaci¨®n mucho m¨¢s evidente lo golpe¨®. Ella no ten¨ªa nada de ropa debajo de la manta. El calor subi¨® por su cuello y sinti¨® que su coraz¨®n lat¨ªa m¨¢s r¨¢pido. ¡ªEsto no puede ser verdad¡­ ¡ªmurmur¨®, desviando la mirada. Pero sus movimientos y el evidente nerviosismo no pasaron desapercibidos. Las miradas de las chicas se clavaron en Erik, que segu¨ªa acostado, r¨ªgido como una tabla. ¡ª?Qu¨¦ te pasa? ¡ªpregunt¨® Hada, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªS¨ª, te ves demasiado nervioso¡­ ¡ªagreg¨® Becca, alzando una ceja. Suri inclin¨® la cabeza, notando su expresi¨®n tensa. Pero Erik no dijo nada. Con la mirada completamente desviada de Lera, levant¨® lentamente una mano y, sin mirarlas directamente, simplemente se?al¨® a Lera. Las chicas siguieron la direcci¨®n de su mano. Lera, todav¨ªa sentada en la cama, ten¨ªa la manta cubri¨¦ndole solo hasta la cintura, claramente se notaba que estaba sentada sobre el colch¨®n sin nada puesto y con los pechos completamente al descubierto. Mika fue la primera en comprender la reacci¨®n de Erik. Claro. Desde que lo conoc¨ªan, Erik hab¨ªa evitado mirarlas cuando estaban sin ropa. Era algo que lo pon¨ªa nervioso y por respeto hacia ellas. Mika suspir¨®, sinti¨¦ndose un poco menos molesta con ¨¦l. ¡ªTch¡­ ¡ªchasque¨® la lengua y fue a buscar otra manta que tenia Erik en su caba?a. Se acerc¨® a Lera, quien segu¨ªa con la cabeza doli¨¦ndole y los ojos entrecerrados por el mareo. Sin decirle nada, Mika la tom¨® por un brazo y la levant¨® con firmeza. ¡ªVen ac¨¢. Lera solo murmur¨® algo inentendible mientras Mika la envolv¨ªa con la manta extra. ¡ªAh¡­ qu¨¦ dolor¡­ ¡ªse quej¨® Lera, removi¨¦ndose un poco. ¡ªCalla y t¨¢pate. Cuando estuvo cubierta, Mika la ayud¨® a sostenerse mejor. Las chicas se enfocaron en Lera, que segu¨ªa pidiendo agua. Becca, Hada y Suri la llevaron con cuidado fuera de la caba?a. Mika, aunque visiblemente molesta, decidi¨® quedarse. No iba a dejar que la situaci¨®n pasara sin obtener una explicaci¨®n. Se sent¨® en la cama al lado de Erik quien se sent¨® al ver a las dem¨¢s llevarse a Lera, cruzando los brazos, con la mirada fija en ¨¦l, esperando una explicaci¨®n en el rostro. Erik mir¨® a Mika con una expresi¨®n de confusi¨®n. ¡ªMika¡­ no s¨¦ c¨®mo Lera termin¨® en mi caba?a ¡ªdijo, tratando de explicar lo que hab¨ªa sucedido. ¡ªAnoche llegu¨¦ y me acost¨¦ a dormir, estaba tan cansado que me qued¨¦ dormido enseguida. Cuando me despertaron, fue cuando me di cuenta de que Lera estaba a mi lado, pero no se c¨®mo lleg¨®. Mika lo mir¨® fijamente, a¨²n con los brazos cruzados, su rostro lleno de frustraci¨®n y algo de celos. No pod¨ªa evitar sentirse algo preocupada por Lera, cre¨ªa lo que Erik le dijo. ¡ªEntonces, ?Qu¨¦ habr¨¢ pasado con Lera, con su experimento? ¡ª se pregunt¨®, con un tono serio y algo tenso. ¡ªElla deb¨ªa venir contigo a descansar despu¨¦s de eso. Erik neg¨® r¨¢pidamente, sintiendo la presi¨®n de la situaci¨®n. ¡ªNo, yo no ten¨ªa idea de que Lera estaba haciendo experimentos. Yo llegu¨¦ a mi caba?a, me dorm¨ª sin m¨¢s. No s¨¦ por qu¨¦ termin¨® aqu¨ª. Pero Erik s¨ª ten¨ªa una sospecha. Debi¨® oler algo anoche¡­ algo que la mare¨® tanto que la hizo terminar aqu¨ª sin darse cuenta. Si lo pensaba bien, anoche hab¨ªa percibido un leve olor de algo extra?o en el ambiente, pero estaba demasiado cansado para prestarle atenci¨®n. Si inhal¨® demasiado, tal vez eso la aturdi¨® tanto que termin¨® desorientada y vino hasta aqu¨ª¡­ Mika lo mir¨® durante un largo momento, intentando calmarse, pero a¨²n sent¨ªa una mezcla de emociones. Finalmente, suspir¨® y habl¨® con un tono m¨¢s suave, pero a¨²n algo tenso. ¡ªEntonces¡­ ?no paso nada con Lera?, ?verdad? ?Est¨¢s seguro? Erik asinti¨®, con una mirada sincera. ¡ªS¨ª, definitivamente. No supe que Lera estaba aqu¨ª hasta que me despertaron. Mika asinti¨® lentamente, y aunque se sent¨ªa un poco m¨¢s tranquila, todav¨ªa hab¨ªa una parte de ella que no entend¨ªa todo lo sucedido. La situaci¨®n segu¨ªa siendo confusa. Mika mir¨® a Erik con una leve sonrisa. ¡ª"Bueno creo que deber¨ªamos ir a ver qu¨¦ pas¨® con Lera. No sabemos c¨®mo lleg¨® a tu caba?a," dijo, sin dejar de pensar en lo que hab¨ªa sucedido. Aunque intentaba mantener la calma, su mente segu¨ªa girando en torno a lo sucedido. Erik asinti¨®, todav¨ªa con la confusi¨®n de lo que hab¨ªa sucedido. ¡ª"S¨ª, tienes raz¨®n. Hay algo raro ah¨ª... Vamos." Se levant¨® r¨¢pidamente, mirando a Mika. Pero al hacerlo, ella not¨® que Erik solo llevaba su ropa interior, lo que hizo que se sonrojara ligeramente, aunque no tanto como antes. Ya lo hab¨ªa visto sin ropa muchas veces en la cascada, pero el hecho de que estuvieran tan cerca, y en esta situaci¨®n tan inusual, le causaba una sensaci¨®n extra?a. Mika, al ver su nerviosismo, le dio la espalda con un gesto tranquilo. ¡ª"Ser¨¢ mejor que te pongas tus pantalones. No debes salir as¨ª" dijo mientras le tend¨ªa la prenda. Erik, todav¨ªa algo nervioso por la cercan¨ªa de Mika, tom¨® los pantalones sin decir nada. Era una situaci¨®n nueva para ¨¦l, pero al ver el gesto de Mika, no dud¨® en hacer lo que ella le ped¨ªa. Se los puso r¨¢pidamente, como si lo hubiera hecho toda su vida, aunque por dentro segu¨ªa sintiendo ese nerviosismo extra?o. Mika, al ver c¨®mo se vest¨ªa, no dej¨® de pensar que, aunque ya no le sorprend¨ªa ver a Erik sin ropa, la situaci¨®n entre ellos se sent¨ªa diferente. En su interior, sent¨ªa algo nuevo, algo que la hac¨ªa sentirse m¨¢s cerca de ¨¦l, y eso la dejaba algo confundida. Aun as¨ª, sab¨ªa que deb¨ªa centrarse en lo que estaba pasando con Lera, as¨ª que se mantuvo tranquila. Erik, por su parte, no sab¨ªa exactamente c¨®mo actuar. Nunca hab¨ªa tenido una novia, por lo que las interacciones con Mika lo hac¨ªan sentirse extra?o. Aunque la relaci¨®n entre ellos era a¨²n reciente, sent¨ªa que Mika era algo importante para ¨¦l, algo que nunca hab¨ªa experimentado. La idea de tener una pareja lo desconcertaba, pero al mismo tiempo, estaba feliz de estar con ella. ¡ª"Vamos," dijo Mika, dirigi¨¦ndose hacia la puerta, ¡ª"Tenemos que averiguar qu¨¦ ocurri¨® con Lera." Erik la sigui¨®, pero no pudo evitar pensar en c¨®mo se sent¨ªa a su lado. La sensaci¨®n de tener a Mika cerca, como algo m¨¢s que una compa?era de caza y amiga, lo hizo sentir a¨²n m¨¢s nervioso, pero tambi¨¦n feliz. Mientras tanto, Becca, Hada y Suri ayudaban a Lera a caminar hacia el centro de la aldea, esta apenas pod¨ªa mantenerse en pie. Su cabeza le daba vueltas, su boca estaba seca, y la manta que la cubr¨ªa se sent¨ªa m¨¢s pesada de lo normal. ¡ªLera, ?C¨®mo es que terminaste en la caba?a de Erik? ¡ªpregunt¨® Becca con una ceja en alto. ¡ª?No se supon¨ªa que ibas a dormir con Mika? ¡ªa?adi¨® Hada con una sonrisa divertida. Lera intent¨® recordar, pero su mente estaba confusa. Sab¨ªa que hab¨ªa estado haciendo uno de sus experimentos, mezclando liquidos y la nueva resina para probar nuevos usos¡­ y luego todo era borroso. ¡ªYo¡­ yo iba a dormir con Mika ¡ªrespondi¨® con voz ronca¡ª. Pero¡­ estaba probando una mezcla nueva y¡­ Hada ri¨® por lo bajo y le dio un leve codazo. ¡ªLera, era broma lo de compartir el colch¨®n de lana con Erik, pero al parecer fuiste la primera voluntaria sin darte cuenta. Lera se qued¨® en blanco un segundo antes de fruncir el ce?o. ¡ª?No digas tonter¨ªas! ¡ªgru?¨®, avergonzada. ¡ª?Tonter¨ªas? T¨² dime si no lo son. Dormiste en su caba?a, en su cama sin ropa y con Erik al lado. ¡ª?No fue as¨ª! ¡ªLera intent¨® defenderse, pero su rostro ard¨ªa de la verg¨¹enza. ¡ªEntonces expl¨ªcalo t¨² ¡ªintervino Becca con una sonrisa traviesa. Lera desvi¨® la mirada, apretando los labios. ¡ªNo¡­ no s¨¦ qu¨¦ pas¨® ¡ªadmiti¨® con frustraci¨®n¡ª. Solo recuerdo estar en mi caba?a y luego¡­ calor¡­ mucho calor. ¡ªOh, entonces fuiste directo a la fuente de calor m¨¢s cercana ¡ªse burl¨® Hada. Lera gru?¨®, apretando los dientes. ¡ªBasta, no la molesten tanto ¡ªintervino Suri con suavidad, aunque sus labios tambi¨¦n conten¨ªan una peque?a sonrisa¡ª. Mejor veamos si Arlea o Jerut pueden ayudarnos a entender qu¨¦ le pas¨®. Cuando llegaron al centro de la aldea, Arlea y Jerut estaba pelando algunas frutas, sentadas bajo la sombra de un ¨¢rbol, disfrutando de la brisa matutina. Al ver a Lera envuelta en una manta y con el rostro a¨²n adormilado, ambas arquearon una ceja con curiosidad. ¡ª?Qu¨¦ pas¨® aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Jerut, mirando a las chicas. ¡ªLera durmio en la caba?a de Erik y no recuerda c¨®mo lleg¨® all¨ª ¡ªexplic¨® Suri¡ª. Creemos que fue por uno de sus experimentos. Arlea, que estaba bebiendo agua, casi se atraganta y abri¨® los ojos de par en par. ¡ª??Lera durmi¨® con Erik?! Lera se estremeci¨® y apret¨® la manta con m¨¢s fuerza contra su cuerpo. ¡ª?No de la forma que estas imaginando! ¡ªexclam¨® de inmediato, pero su rostro enrojeci¨® a¨²n m¨¢s cuando not¨® la mirada de Arlea recorriendo la manta que la cubr¨ªa. ¡ª?Es una de sus mantas? ¡ªpregunt¨® Arlea, incr¨¦dula. ¡ªS¨ª lo es¡ªdijo Hada con una sonrisa burlona¡ª. Y, bueno¡­ no tra¨ªa nada puesto cuando despert¨®. Arlea se llev¨® una mano a la frente, sin poder ocultar su asombro. ¡ª?Me est¨¢n diciendo que pasaste la noche en la caba?a de Erik, dormiste junto a ¨¦l y encima desnuda y solo llevas puesta una de sus mantas? ¡ª?No fue intencional! ¡ªLera buf¨®, sintiendo que su cara estaba a punto de explotar de la verg¨¹enza¡ª. No recuerdo c¨®mo llegu¨¦ all¨ª, ?y mucho menos por qu¨¦ no ten¨ªa ropa! Jerut solt¨® una risita. ¡ªDebe haber sido un experimento fallido¡­ uno muy peligroso. ¡ªS¨ª, peligroso para su reputaci¨®n ¡ªa?adi¨® Arlea, a¨²n sin salir de su asombro. Lera gru?¨®, apretando los pu?os mientras Becca y Hada apenas pod¨ªan contener la risa. ¡ªDejen de decir tonter¨ªas y mejor ay¨²denme a recordar qu¨¦ pas¨® ¡ªexigi¨® Lera con frustraci¨®n. ¡ªBueno, primero toma agua antes de que te d¨¦ algo ¡ªdijo Suri, alcanz¨¢ndole un cuenco. Lera lo tom¨® de inmediato y bebi¨® con desesperaci¨®n, mientras las dem¨¢s la observaban con una mezcla de diversi¨®n y curiosidad. Una cosa era segura: este incidente no se olvidar¨ªa jam¨¢s. Mientras Erik y Mika caminaban hacia el centro de la aldea, a¨²n intentaban asimilar lo que acababan de discutir. ¡ªEntonces¡­ ¡ªdijo Mika, con los brazos cruzados¡ª, ?en serio no recuerdas nada raro anoche? ?Ni siquiera escuchaste cuando Lera entr¨®? Erik neg¨® con la cabeza. ¡ªNada. Cuando llegu¨¦ a mi caba?a, estaba tan cansado que solo me quit¨¦ la ropa para no manchar mi cama, me cubr¨ª con la manta y me dorm¨ª casi al instante. ¡ªEso significa que ella entr¨® despu¨¦s¡­ ¡ªmurmur¨® Mika, pensativa¡ª. ?Pero por qu¨¦? ¡ªNo tengo idea. Tal vez estaba demasiado cansada y confundi¨® las caba?as¡­ ¡ªErik hizo una pausa y mir¨® a Mika¡ª. ?T¨² tampoco sab¨ªas que hab¨ªa ido a dormir contigo? Mika buf¨®, con una mezcla de incredulidad y diversi¨®n. ¡ª?Por supuesto que no! Se supon¨ªa que ella vendr¨ªa despu¨¦s de su experimento a mi caba?a, la espere bastante tiempo, me canse de esperarla y me dorm¨ª tambi¨¦n. ¡ªEntonces que habr¨¢ pasado en su taller¡­ ¡ªmurmur¨® Erik, llev¨¢ndose una mano al ment¨®n¡ª. Es extra?o. ¡ªS¨ª, pero m¨¢s extra?o es que terminara desnuda¡­ ¡ªagreg¨® Mika con una sonrisa burlona, d¨¢ndole un leve codazo a Erik¡ª. No me digas que le hiciste algo raro mientras dorm¨ªas. Erik le lanz¨® una mirada de advertencia, pero Mika solo solt¨® una risa divertida. ¡ªMuy graciosa ¡ªdijo ¨¦l¡ª. Ni siquiera sab¨ªa que estaba ah¨ª hasta que me despertaron y la vi acurrucada junto a m¨ª. ¡ªBueno, al menos no la asustaste grit¨¢ndole ¡ªdijo Mika con una risita¡ª. Pero a¨²n as¨ª, Lera debe estar muri¨¦ndose de la verg¨¹enza. Erik asinti¨®, y justo en ese momento llegaron al centro de la aldea. All¨ª, encontraron a las dem¨¢s rodeando a Lera, quien estaba envuelta en la manta, con el rostro completamente rojo. Al verlos acercarse, Hada fue la primera en hablar con una sonrisa p¨ªcara. ¡ª?Ah, miren qui¨¦nes llegan! Justo a tiempo para nuestra peque?a reuni¨®n matutina. Erik mir¨® a Lera, quien evit¨® su mirada, apretando la manta con m¨¢s fuerza. Lera apret¨® los labios, a¨²n avergonzada, y mir¨® a Erik con cierto nerviosismo. ¡ªYo¡­ lo siento ¡ªdijo en voz baja¡ª. No s¨¦ c¨®mo pas¨®. No recuerdo como haber ido a tu caba?a¡­ y mucho menos haberme quitado la ropa. ¡ªNo tienes que disculparte ¡ªrespondi¨® Erik con calma¡ª. Lo importante es que est¨¢s bien. Lera levant¨® la vista, a¨²n sintiendo el calor en su rostro. ¡ª?De verdad no est¨¢s molesto? Erik sonri¨® levemente. ¡ªNo. Solo quiero entender qu¨¦ pas¨®. Antes de que alguien pudiera decir algo m¨¢s, Hada solt¨® con diversi¨®n: ¡ªBueno, Lera, ayer dijiste que dormir¨ªas con Mika, pero al final fuiste la primera en compartir la cama con Erik. Y sin darte cuenta. Lera se gir¨® hacia ella con los ojos muy abiertos. ¡ª?Hada! Las dem¨¢s soltaron risitas mientras Lera deseaba que la tierra la tragara. Mika se cruz¨® de brazos con una sonrisa burlona. ¡ªBueno, antes de seguir con esto, ?por qu¨¦ no te pones algo de ropa? Digo, si no quieres seguir andando desnuda y solo usando una de las mantas de Erik. Lera buf¨®, avergonzada, mientras el resto re¨ªa. Todos decidieron que lo mejor ser¨ªa ir a la caba?a de Lera para ver si encontraban alguna pista sobre lo que hab¨ªa sucedido. Adem¨¢s, ella necesitaba ropa, pues no pod¨ªa seguir envuelta solo en la manta de Erik. ¡ªAl menos la pr¨®xima vez intenta no quitarte la ropa ¡ªbrome¨® Hada mientras caminaban. Lera le lanz¨® una mirada fulminante, a¨²n roja de la verg¨¹enza. ¡ª?C¨¢llate, Hada! ¡ªSolo digo, solo digo¡­ ¡ªrespondi¨® con una risita. Cuando llegaron a la caba?a de Lera, ya no hab¨ªa rastro de olores extra?os o desagradables. Sin embargo, al inspeccionar la mesa donde ella sol¨ªa trabajar, Erik se detuvo al ver varias resinas en peque?os recipientes. Por instinto, tom¨® uno de ellos y lo oli¨® con cuidado. Frunci¨® el ce?o y luego lo oli¨® nuevamente, asegur¨¢ndose de que no estaba imaginando las cosas. ¡ªEsto tiene rastros de olor algo parecido al alcohol¡­ ¡ªmurmur¨®. Las chicas lo miraron con curiosidad. ¡ª?Alcohol? ¡ªpregunt¨® Becca. Las chicas se miraron entre s¨ª con desconcierto. ¡ªNunca hemos o¨ªdo algo as¨ª¡­ ¡ªmurmur¨® Mika. ¡ªYo he o¨ªdo esa palabra antes ¡ªintervino Jerut, pensativa¡ª. Hace mucho tiempo, cuando era ni?a, mi madre mencion¨® algo sobre una bebida fermentada que llevaba eso y solo los mayores deber¨ªan tomar. Pero nunca tome una. Hada frunci¨® el ce?o. ¡ª?Fermentada? ?Qu¨¦ significa eso? Erik se cruz¨® de brazos, buscando la mejor forma de explicarlo. ¡ªCuando algo fermenta, es como si se descompusiera de una forma especial. No se pudre como cuando algo se echa a perder, sino que cambia y empieza a producir sustancias nuevas, como ese alcohol. ¡ªPues parece que Lera lo descubri¨® sin querer ¡ªdijo Erik, dejando el recipiente sobre la mesa¡ª. Si inhal¨® suficiente de esto, es posible que se haya mareado tanto que ni siquiera recuerde lo que hizo. Mika chasque¨® los dedos, como si acabara de entenderlo todo. ¡ª?Eso explicar¨ªa por qu¨¦ terminaste tan mareada y sin recordar nada! Hada solt¨® una carcajada. ¡ª?As¨ª que Lera no aguanta ni el alcohol en el aire! Lera se cubri¨® el rostro con las manos, avergonzada. ¡ª?Esto es horrible! Erik sonri¨® con diversi¨®n. ¡ªBueno, al menos ya sabemos qu¨¦ pas¨®. No fue brujer¨ªa ni alg¨²n fen¨®meno extra?o. Solo¡­ un accidente qu¨ªmico. Becca suspir¨® con alivio. ¡ªMenos mal. Pero eso significa que tenemos que tener m¨¢s cuidado con las mezclas que hace Lera. Jerut, con su voz calmada, asinti¨®. ¡ªY tambi¨¦n significa que deber¨ªamos encontrar una manera de evitar que esto le pase otra vez. Arlea cruz¨® los brazos, a¨²n sorprendida. ¡ªLo que me cuesta creer es que algo como esto pueda afectar tanto a una persona solo con olerlo. Erik mir¨® a Lera y sonri¨®. ¡ªBueno, parece que Lera es m¨¢s sensible a esto que otras personas. En mi mun... aldea, hay quienes pueden beber mucho sin problemas y otros que con un solo trago ya est¨¢n fuera de s¨ª. Hada solt¨® una risita. ¡ªEntonces, ?Lera ser¨ªa de las que con solo un trago ya est¨¢ bailando sobre la mesa? Las chicas rieron, mientras Lera solo se hund¨ªa m¨¢s en su verg¨¹enza. Lera, a¨²n roja de la verg¨¹enza y cansada de las burlas, solt¨® un suspiro pesado y cruz¨® los brazos. ¡ª?Ya basta! ¡ªexclam¨®, mirando a Hada y a las dem¨¢s con una expresi¨®n de fastidio¡ª. Me voy a buscar algo de ropa y a vestirme. Si van a seguir ri¨¦ndose, h¨¢ganlo solas. Con pasos decididos, se dirigi¨® hacia una esquina de su taller, donde guardaba algunas prendas que hab¨ªa estado confeccionando con la nueva tela. Su ropa habitual de pieles era resistente, pero inc¨®moda para el trabajo manual que realizaba a diario. Rebusc¨® entre los pliegues de tela hasta encontrar el conjunto que hab¨ªa dise?ado espec¨ªficamente para facilitar sus movimientos mientras trabajaba con varias herramientas. ¡ªEsto ser¨¢ mucho mejor que las pieles gruesas para trabajar ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma, tomando la ropa y gir¨¢ndose para cambiarse en privado en un rinc¨®n de la caba?a que usaba como habitaci¨®n. Mientras tanto, las dem¨¢s segu¨ªan riendo suavemente por lo ocurrido, pero Lera ya hab¨ªa decidido que era hora de dejar atr¨¢s el episodio de la resina fermentada y enfocarse en lo realmente importante: su trabajo. Cuando Lera volvi¨® finalmente vestida, el grupo qued¨® en silencio por un instante. Todas la observaron con sorpresa, sin esperar que la nueva ropa que hab¨ªa confeccionado para ella, tuviera un dise?o tan diferente. ¡ª?Y bien? ¡ªdijo Lera, cruz¨¢ndose de brazos y levantando una ceja¡ª. ?Van a decir algo o solo van a quedarse con la boca abierta? Hada fue la primera en reaccionar, acerc¨¢ndose con una expresi¨®n de asombro. ¡ª?Lera! Esto¡­ se ve muy diferente a lo que sueles hacer con las telas. ?C¨®mo hiciste que la tela se ajustara as¨ª? ¡ªLa idea era que fuera c¨®moda para trabajar ¡ªrespondi¨® Lera, girando un poco para mostrar su atuendo¡ª. Las pieles suelen ser demasiado gruesas y calurosas, adem¨¢s de que restringen el movimiento. Con esto, podr¨¦ trabajar mejor sin que me estorbe. Su parte superior era una camisa sin mangas, ajustada al torso pero sorprendentemente c¨®moda, permiti¨¦ndole moverse con total libertad. Para la parte inferior, llevaba unos pantalones largos que llegaban hasta las pantorrillas, con un ajuste perfecto que no limitaba su movilidad. Pero lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n eran los bolsillos extras que hab¨ªa a?adido a los costados, una caracter¨ªstica que ninguna de las otras prendas que hab¨ªa echo las ten¨ªa. Adem¨¢s, llevaba un cintur¨®n hecho con la piel del lagarto que hab¨ªan cazado, con peque?os compartimentos donde pod¨ªa colocar y guardar varias herramientas. ¡ªEsperen¡­ ¡ªdijo Erik, notando los detalles de su atuendo¡ª. ?Seguiste los patrones de los dibujos que hice, de ropas de trabajo? Lera sonri¨® con orgullo. ¡ªS¨ª. No entend¨ªa del todo algunas cosas, pero me guie en los modelos que me mostraste. Vi que algunas de los patrones, de las ropas de tu aldea ten¨ªa bolsillos extras, y me pareci¨® una idea incre¨ªble para llevar herramientas sin necesidad de cargar bolsas adicionales. Erik sonri¨®, impresionado. ¡ªEs incre¨ªble. Este tipo de ropa es perfecta para el trabajo manual. De hecho, muchas personas que hacen trabajos usan algo parecido. Lera se gir¨® hacia ¨¦l con los ojos brillando de curiosidad. ¡ª?En serio? ?C¨®mo qu¨¦ trabajos? ¡ªHerreros, carpinteros, exploradores, incluso cazadores. La ropa pr¨¢ctica y con bolsillos es clave para ellos. Lera sonri¨® con satisfacci¨®n, sintiendo que sus experimentos con la tela y los patrones iban en la direcci¨®n correcta. Pero antes de que pudiera decir algo m¨¢s, Hada intervino con una sonrisa maliciosa. ¡ªPues si esa ropa es para el trabajo, tambi¨¦n hace que tu figura se vea muy bien, Lera. ?No crees, Erik? Erik se atragant¨® con su propia saliva y desvi¨® la mirada por reflejo, mientras Mika rodaba los ojos con fastidio. Lera, en cambio, sonri¨® con picard¨ªa. ¡ªSi resalta mi figura y es c¨®moda, entonces es un doble ¨¦xito. Las chicas rieron mientras Erik intentaba recuperar la compostura. Sin duda, la artesana de la aldea estaba llevando su creatividad a otro nivel. Mientras la ma?ana avanzaba, cada una de las aldeanas se dedic¨® a sus tareas diarias. Mika, Becca y Erik fueron juntos a recolectar frutas en el bosque frutal, mientras que Suri ayudaba a Hada con el cuidado de los animales. Lera, por su parte, continuaba experimentando con la nueva resina pero acompa?ada de Jerut en su taller. Cuando lleg¨® el momento del almuerzo, todos se reunieron en la zona com¨²n, donde una gran sombra bajo los ¨¢rboles ofrec¨ªa un descanso. Arlea, quien hab¨ªa estado aprendiendo m¨¢s recetas con la ayuda de Erik, hab¨ªa preparado una sopa especial con la fruta salada y diversas verduras que lograban un equilibrio entre lo dulce y lo sustancioso. Mientras disfrutaban de la comida, la conversaci¨®n tom¨® un giro interesante cuando Jerut, con una sonrisa de complicidad, coment¨®: ¡ªEntonces, ?Lera termin¨® durmiendo con Erik? El comentario capt¨® la atenci¨®n de Jaia y Alisha, que a¨²n no hab¨ªan sabido ni escuchado toda la historia. Jaia frunci¨® el ce?o con curiosidad. ¡ª?C¨®mo es eso? Expl¨ªquense bien. Becca y Hada intercambiaron miradas divertidas antes de contar lo ocurrido. ¡ªAl parecer, Lera anoche termin¨® en la caba?a de Erik despu¨¦s de oler uno de sus experimentos ¡ªexplic¨® Hada¡ª. Y no cualquier experimento, sino una que ten¨ªa un olor extra?o que Erik reconoci¨® como "alcohol". ¡ªLera no recuerda como llego all¨¢, solo que la encontramos durmiendo en la cama de Erik ¡ªagreg¨® Becca¡ª. Y claro, Erik tambi¨¦n estaba ah¨ª. If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Jaia y Alisha se miraron con expresi¨®n seria. Despu¨¦s de un momento, Alisha tom¨® un sorbo de su sopa y suspir¨®. ¡ªCreo que debemos hablar con Erik a solas. ¡ªEstoy de acuerdo ¡ªasinti¨® Jaia¡ª. Hay cosas que necesitamos preguntarle y aclarar. Las j¨®venes intercambiaron miradas de sorpresa. ¡ª?Por qu¨¦ a solas? ¡ªpregunt¨® Suri con curiosidad. ¡ªPorque es necesario ¡ªrespondi¨® Alisha con serenidad¡ª. No se preocupen, no ser¨¢ nada malo. Erik, que hab¨ªa estado escuchando la conversaci¨®n en silencio, sinti¨® que la atenci¨®n ahora estaba sobre ¨¦l. ¡ª?Quieren hablar conmigo? Jaia asinti¨® con una leve sonrisa. ¡ªS¨ª, Erik. Terminando los deberes del d¨ªa vendr¨¢s a vernos. Hay cosas que necesitamos entender, y creemos que t¨² eres el ¨²nico que puede explicarlas. Aunque Erik no estaba seguro de qu¨¦ quer¨ªan preguntarle, entendi¨® que era algo importante. Asinti¨®, dispuesto a escuchar lo que las mayores ten¨ªan que decirle. Despu¨¦s de terminar sus deberes, Erik se preparaba para ir a hablar con las mayores, tal como le hab¨ªan pedido durante el almuerzo. Sin embargo, antes de que pudiera marcharse, Lera se le acerc¨® con una expresi¨®n algo tensa, visiblemente inquieta por lo ocurrido. ¡ªErik, espera ¡ªdijo con seriedad, deteni¨¦ndolo con una mano en el brazo. Erik se gir¨® para mirarla, notando c¨®mo Lera apretaba los labios, como si estuviera debati¨¦ndose entre las palabras que quer¨ªa decir. ¡ªQuer¨ªa disculparme otra vez¡­ por lo de anoche ¡ªcontinu¨®, bajando un poco la mirada¡ª. No quer¨ªa invadir tu espacio ni molestarte. Ya s¨¦ c¨®mo termin¨¦ ah¨ª, pero a¨²n as¨ª¡­ siento que fue una falta de respeto. Erik sonri¨® con suavidad y neg¨® con la cabeza. ¡ªNo tienes que disculparte tanto, Lera. Ya te dije que no me molest¨®. Fue un accidente, no hiciste nada malo. Lera lo observ¨® por unos segundos, sus ojos reflejaban un peque?o conflicto interno. Luego, sin decir nada m¨¢s, dio un paso adelante y lo abraz¨® con fuerza, apoyando la cabeza contra su hombro. ¡ªAun as¨ª¡­ quiero disculparme bien ¡ªsusurr¨® contra su camisa. Erik se sorprendi¨® un poco por el gesto, pero correspondi¨® el abrazo con tranquilidad. Sent¨ªa el calor del cuerpo de Lera contra el suyo y la manera en que se aferraba a ¨¦l, como si quisiera asegurarse de que realmente la perdonaba. Lera aparto la cabeza, sus ojos lo miraron fijamente por un momento, y entonces, con una peque?a sonrisa, se inclin¨® hacia ¨¦l con la intenci¨®n de besarlo. Pero justo en el ¨²ltimo segundo, Erik, sin darse cuenta de su intenci¨®n, gir¨® la cabeza, al escuchar un ruido cercano, haciendo que los labios de Lera terminaran besando su mejilla en lugar de su boca. Lera parpade¨®, sorprendida, mientras Erik tambi¨¦n se dio cuenta de lo que hab¨ªa pasado. ¡ªOh¡­ ¡ªLera se alej¨® apenas un poco, sintiendo c¨®mo el calor sub¨ªa a su rostro¡ª. No era lo que¡­ A la distancia, Mika, que estaba ayudando a guardar algunas cestas, se hab¨ªa quedado completamente inm¨®vil al presenciar la escena. Sus ojos se afilaron ligeramente, y su expresi¨®n se torn¨® seria al ver c¨®mo Lera hab¨ªa intentado besar a Erik. Un calor extra?o subi¨® por su pecho, una punzada molesta que no pudo ignorar. Celos. Los reconoci¨® de inmediato, aunque no le gustara admitirlo. Apret¨® los labios y entrecerr¨® los ojos, conteniendo un suspiro. No le sorprend¨ªa que Lera tambi¨¦n intentara algo con Erik¡­ despu¨¦s de todo, todas las chicas sent¨ªan algo por el. Pero verla intentar besarlo despert¨® en ella una sensaci¨®n inc¨®moda. Sin embargo, cuando not¨® que Erik no la hab¨ªa besado de vuelta y que incluso parec¨ªa algo desconcertado por la situaci¨®n, sinti¨® una inesperada calma en su interior. Si Erik hab¨ªa aceptado lo que sent¨ªa por ella¡­ tal vez tambi¨¦n aceptar¨ªa a Lera. Esa idea le provoc¨® una sensaci¨®n extra?a. No le gustaba, pero tampoco le disgustaba del todo. Lera, por su parte, intent¨® recomponerse y, con una leve risa nerviosa, se pas¨® la mano por la cabeza. ¡ªBueno¡­ creo que con eso es suficiente ¡ªdijo, d¨¢ndole un leve golpe amistoso en el brazo a Erik¡ª. Mejor ve con las mayores antes de que se impacienten. Erik asinti¨®, a¨²n sintiendo el momento extra?o en el aire, y comenz¨® a alejarse en direcci¨®n a donde lo esperaban las mayores. Mika, sin decir nada, volvi¨® a su tarea, aunque en su mente, la imagen de Lera abrazando a Erik y el casi beso segu¨ªa repiti¨¦ndose. Erik lleg¨® hasta la caba?a donde Jaia y sus hermanas lo esperaban. Dentro, el ambiente era fresco y tranquilo, pero la expresi¨®n de las tres mayores dejaba claro que esta no era una simple charla casual. ¡ªSi¨¦ntate, Erik ¡ªindic¨® Jaia, se?alando un lugar frente a ellas. ¨¦l obedeci¨® sin cuestionar, sintiendo el peso de sus miradas sobre ¨¦l. ¡ªNos hemos enterado de lo que pas¨® con Lera anoche ¡ªdijo Alisha con tono serio. Erik sinti¨® una punzada de verg¨¹enza, pero se mantuvo firme. ¡ªNo s¨¦ exactamente qu¨¦ ocurri¨® anoche ¡ªcomenz¨® a explicar¡ª. Lera no recuerda nada y yo despert¨¦ y ella estaba ah¨ª, dormida. No pas¨® nada entre nosotros. Jerut, que hab¨ªa permanecido en silencio hasta ahora, inclin¨® la cabeza con curiosidad. ¡ªNo es eso lo que nos preocupa, eres un buen hombre Erik ¡ªdijo¡ª. Queremos saber qu¨¦ sientes por ellas. La pregunta lo tom¨® por sorpresa, aunque en el fondo sab¨ªa que en alg¨²n momento tendr¨ªa que enfrentarla. ¡ªYo¡­ ¡ªSuspir¨®, buscando las palabras adecuadas¡ª. No s¨¦ c¨®mo explicarlo. ¡ªHazlo de la forma m¨¢s simple posible ¡ªdijo Alisha con paciencia¡ª. ?Las amas? La pregunta era tan directa que Erik sinti¨® que su pecho se apretaba. ¡ªS¨ª¡­ ¡ªadmiti¨® en voz baja¡ª. Pero eso es lo que me confunde. Jaia apoy¨® su ment¨®n en su mano, observ¨¢ndolo con atenci¨®n. ¡ª?Por qu¨¦ te confunde? Erik baj¨® la mirada, sintiendo que sus pensamientos se arremolinaban. ¡ªdonde crec¨ª, el amor suele ser entre dos personas, un hombre y una mujer ¡ªexplic¨®¡ª. Es lo m¨¢s com¨²n. Pero amar a varias al mismo tiempo¡­ no es algo bien visto. Jerut entrecerr¨® los ojos, pensativa. ¡ªEso no es muy diferente de lo que sol¨ªa ser aqu¨ª ¡ªmurmur¨®¡ª. Antes, un hombre solo tomaba a una mujer como su compa?era. Erik levant¨® la vista, sorprendido. ¡ª?Antes? ¡ªCuando a¨²n hab¨ªa hombres ¡ªexplic¨® Jaia¡ª. Era com¨²n que cada uno estuviera con una sola mujer. Pero ahora¡­ bueno solo est¨¢s t¨². No sabemos si ser¨¢ bueno o malo si puedes estar con todas o solo con una. Erik sinti¨® que su pecho se apretaba de nuevo. ¡ªNo quiero lastimarlas ¡ªconfes¨®¡ª. Me importan todas¡­ m¨¢s de lo que deber¨ªa ser normal. Alisha esboz¨® una peque?a sonrisa. ¡ª?Y crees que ellas no sienten lo mismo por ti? ¨¦l no respondi¨® de inmediato, pero en su interior sab¨ªa que s¨ª. ¡ªTodas est¨¢n confundidas ¡ªcontinu¨® Jaia¡ª. Pero lo que sienten por ti es claro. No saben qu¨¦ es el amor a un hombre porque nunca lo han experimentado, pero lo est¨¢n descubriendo contigo. ¡ªEntonces, ?Qu¨¦ hago? ¡ªpregunt¨® Erik, sinti¨¦ndose m¨¢s perdido que antes. Jerut lo mir¨® con seriedad. ¡ªNo podemos decirte a qui¨¦n elegir ni c¨®mo hacerlo. Pero si decides corresponderlas¡­ ¨¢malas y resp¨¦talas a todas por igual. Jaia asinti¨®. ¡ªEl amor no es solo un sentimiento, Erik. Es una responsabilidad. Erik sinti¨® que su pecho se apretaba. ¡ªEntonces¡­ ?creen que lo que siento por ellas, est¨¢ mal? Jaia neg¨® con la cabeza. ¡ªNo es que est¨¦ mal, Erik. Pero es algo que nunca antes ha pasado. Alisha sonri¨® con suavidad. ¡ªEres un buen muchacho, Erik. Pero el tiempo dir¨¢ lo que pasar¨¢ entre ustedes. Hubo un silencio pesado antes de que Jerut terminara con voz solemne: ¡ªNo sabemos qu¨¦ pasar¨¢ con el tiempo¡­ pero si decides corresponder a alguna, o a todas, debes hacerlo con responsabilidad. Erik inhal¨® profundamente. No esperaba esta conversaci¨®n, pero entend¨ªa lo que quer¨ªan decirle. ¡ªLo entiendo ¡ªdijo con sinceridad. Las mayores lo observaron un momento m¨¢s antes de asentir con aprobaci¨®n. ¡ªBien ¡ªdijo Jaia¡ª. Entonces ve y sigue con tus actividades. Pero antes de que Erik pudiera levantarse, Jerut habl¨® con seriedad. ¡ªA¨²n hay algo m¨¢s, que debemos discutir contigo. Erik se detuvo y las mir¨®. ¡ª?Sobre qu¨¦? ¡ªSobre Suri ¡ªdijo Alisha. Erik sinti¨® un ligero escalofr¨ªo. ¡ª?Suri? Jaia asinti¨®. ¡ªSabes que te admira mucho. ¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® Erik sin dudar¡ª. Pero para m¨ª, ella es como una hermanita. Las mayores intercambiaron miradas antes de asentir. ¡ªNos tranquiliza o¨ªr eso ¡ªdijo Jerut¡ª. Pero es importante mencionarlo porque ella a¨²n es joven, y quiz¨¢s no entienda bien la diferencia entre el cari?o que siente por ti y lo que las dem¨¢s podr¨ªan llegar a sentir. Erik asinti¨® lentamente y, despu¨¦s de un momento de silencio, decidi¨® hablar. ¡ªCuando era ni?o, ten¨ªa dos hermanas ¡ªdijo en voz baja. Las mayores lo miraron con atenci¨®n. ¡ªDesaparecieron junto con mis padres¡­ y nunca supe qu¨¦ pas¨® con ellas. Jaia inclin¨® la cabeza levemente. ¡ªLo siento, Erik. ¨¦l sonri¨® con tristeza. ¡ªPor eso veo a Suri como una hermana peque?a. Porque me recuerda a ellas¡­ y porque no quiero que se sienta sola o desprotegida. Las mayores intercambiaron miradas y asintieron. ¡ªEso es bueno. Pero con el tiempo, cuando crezca y tenga la edad adecuada¡­ quiz¨¢s su cari?o por ti cambie, a algo mas profundo. Jerut asinti¨®. ¡ªSi eso sucede¡­ ?Qu¨¦ har¨¢s? Erik tard¨® en responder. ¡ªSi alguna vez ella siente algo m¨¢s fuerte por m¨ª¡­ lo hablar¨¦ con ella. Pero hasta que llegue ese momento, la seguir¨¦ tratando como lo que es ahora: una ni?a que necesita apoyo y protecci¨®n. Las mayores intercambiaron miradas y asintieron. ¡ªBien ¡ªdijo Jaia¡ª. Eso era todo. Ahora s¨ª puedes irte. Erik se puso de pie y sali¨® de la caba?a, a¨²n sintiendo el peso de la conversaci¨®n. Se qued¨® un momento de pie, observando a las chicas en la aldea. Todo parec¨ªa igual¡­ pero en su interior, algo le dec¨ªa que, despu¨¦s de aquella conversaci¨®n, las cosas ya no ser¨ªan como antes. El dia se desvanec¨ªa lentamente, y con ella, la tensi¨®n en el aire que rodeaba a los conspiradores. Todos se encontraban reunidos en la caba?a de Lera, con las miradas centradas en el plan que se desplegar¨ªa al d¨ªa siguiente. El sol ya comenzaba a esconderse detr¨¢s de las monta?as, pero hab¨ªa poco tiempo para descansar. El plan deb¨ªa ejecutarse pronto. ¡ª"Entonces, ?todos listos para ma?ana?" pregunt¨® Becca, mirando con determinaci¨®n a los dem¨¢s. ¡ª"Tenemos que hacerlo bien, no podemos permitir que Suri sospeche nada." Lera asinti¨® con firmeza. ¡ª"Ya hemos hablado con las mayores. Suri se ir¨¢ ma?ana a recolectar plantas medicinales con ellas, y la idea es aprovechar ese tiempo para mover sus cosas de la caba?a central sin que se entere. Lo problem¨¢tico ser¨¢ en la tarde, debemos sacarla de la aldea para que no pueda oler la comida cocinarse para la fiesta" Erik, que estaba algo nervioso, frunci¨® el ce?o al pensar en lo que esto implicaba. ¡ª"?Est¨¢n seguras de que no sospechar¨¢ nada si la mantienen ocupada toda la ma?ana?." Becca sonri¨® tranquilizadora. ¡ª"S¨ª, Suri es muy responsable, pero tambi¨¦n es muy confiada. Si logramos que no pase cerca de la caba?a central durante todo ese tiempo, no notar¨¢ nada raro." Mika se cruz¨® de brazos y mir¨® a Erik con algo de preocupaci¨®n. ¡ª"Lo importante es que no se acerque a la caba?a central por ning¨²n motivo. Y, sobre todo, que no nos vea moviendo sus cosas. Y respecto en la tarde Erik y yo la podemos llevar a hacer algunas cosas y as¨ª la distraeremos." Lera pens¨® un momento, luego asinti¨®. ¡ª"Si eso haremos, las mayores la llevaran a una zona alejada de la aldea. Adem¨¢s, yo ir¨¦ con ellas al principio, para asegurarme de que no pase por la caba?a que ser¨¢ su nuevo hogar. Cuando no est¨¦ cerca, podemos empezar a mover todo." Erik frunci¨® el ce?o, un poco dudoso, pero confiando en el plan. ¡ª"S¨ª, eso podr¨ªa funcionar." Adem¨¢s pasar¨ªa tiempo con Mika, lo que le pon¨ªa feliz. Becca levant¨® una ceja. ¡ª"Bueno lo moveremos por etapas. La idea es no cargar todo de una vez, porque eso llamar¨ªa mucho la atenci¨®n. Haremos que parezca algo natural. Todos deber¨ªamos trabajar juntos para que no se d¨¦ cuenta." Mika se acerc¨® a Erik, su tono decidido. ¡ª"Y, mientras ella esta ocupada, con nosotros tenemos que asegurarnos de que no vuelva antes de que terminen de hacer la comida. " Lera se encarg¨® de ultimar los detalles. ¡ª"Yo estar¨¦ cerca de la caba?a central para asegurarme de que todo se haga con discreci¨®n. Si Suri empieza a sospechar, la distraer¨¦ lo suficiente para que no se acerque." ¡ª"Perfecto," dijo Becca, mirando a todos con confianza. ¡ª"Ahora, la clave es la coordinaci¨®n. Mientras Suri est¨¦ fuera, moveremos todo lo que podamos." Erik respir¨® hondo, entendiendo lo arriesgado del plan pero confiando en que todo saldr¨ªa bien. ¡ª"Todo debe estar listo para cuando regresemos. No podemos dejar ninguna pista." ¡ª"Exactamente," agreg¨® Mika, con una sonrisa. ¡ª"Cuando regresemos con ella, debe pensar que todo sigue igual. Pero Suri va a estar muy sorprendida cuando vea lo que hemos hecho." Todos asintieron, compartiendo la emoci¨®n y la incertidumbre del plan. Sab¨ªan que, si todo sal¨ªa bien, Suri tendr¨ªa una gran sorpresa, pero tambi¨¦n entend¨ªan que el ¨¦xito depend¨ªa de no cometer ning¨²n error. ¡ª"Entonces, ma?ana por la ma?ana, comenzamos," concluy¨® Lera, mirando a todos con determinaci¨®n. ¡ª"Debemos ser r¨¢pidos y silenciosos. No puede descubrirlo antes de tiempo. Y recuerden debe pensar que olvidamos su d¨ªa especial" Con un ¨²ltimo asentimiento general, se despidieron, sabiendo que, al d¨ªa siguiente, todo se pondr¨ªa en marcha. Las horas de la noche se alargaron mientras ellos se preparaban mentalmente para la gran sorpresa que sorprender¨ªa a Suri. La noche comenzaba a calmarse, y las estrellas brillaban suavemente en el cielo mientras el grupo se dispersaba. Becca y Hada, con una energ¨ªa algo apresurada, se despidieron de los dem¨¢s r¨¢pidamente. ¡ª"Tenemos que ir a ayudar a Arlea con la carne, para que este lista para cocinar ma?ana para la fiesta," dijo Becca, mientras Hada asinti¨® r¨¢pidamente, su rostro lleno de entusiasmo. ¡ª"?Nos vemos ma?ana!" Ambas salieron caminando r¨¢pidamente, conscientes de que la preparaci¨®n de la fiesta para el d¨ªa siguiente requer¨ªa de su presencia. Mika y Erik se quedaron unos segundos m¨¢s dentro de la caba?a de Lera despu¨¦s de haber terminado de planificar la sorpresa para Suri. El ambiente estaba tranquilo, pero Lera apenas prestaba atenci¨®n a la conversaci¨®n final entre ellos. Su mente estaba en otra parte, recordando lo ocurrido m¨¢s temprano con Erik. ¡ªBueno, ya es tarde ¡ªdijo Mika con una leve sonrisa¡ª. Ma?ana ser¨¢ un d¨ªa ocupado. ¡ªS¨ª, deber¨ªamos irnos a descansar ¡ªrespondi¨® Erik. Mika y Erik comenzaron a salir de la caba?a, pero lo hicieron a un ritmo pausado, sin prisa, como si disfrutaran simplemente de estar juntos. Lera los vio alejarse mientras ella se quedaba en la entrada de su caba?a, con un impulso creciente de hacer algo. Hab¨ªa querido hablar con Erik sobre lo ocurrido m¨¢s temprano, sobre el beso que casi le hab¨ªa dado, pero no encontraba el momento. Justo cuando estaba a punto de salir tras ¨¦l, vio c¨®mo Erik y Mika caminaban juntos¡­ y luego, c¨®mo sus manos se un¨ªan. Erik y mika caminaban y un silencio c¨®modo se instal¨® entre ellos, pero sin pensarlo, las manos de ambos se encontraron, y sin decir palabra alguna, sus dedos se entrelazaron suavemente. Era un gesto natural, algo que ambos sent¨ªan como propio, pues ya se consideraban novios, aunque a¨²n sin palabras expl¨ªcitas. Hab¨ªa algo en su conexi¨®n que lo dec¨ªa todo sin necesidad de pronunciarlo. Erik, con una sonrisa nerviosa, mir¨® a Mika de reojo. Aunque se sent¨ªa tranquilo en su presencia, todav¨ªa no estaba completamente seguro de c¨®mo manejar la situaci¨®n. ¨¦l nunca hab¨ªa tenido una relacion antes, pero con Mika todo parec¨ªa sencillo, casi natural. Lera al verlos se qued¨® quieta, con los ojos bien abiertos como la boca que podr¨ªa llegar hasta el suelo, sintiendo una punzada en el pecho. Decidi¨® seguirlos en silencio. No sab¨ªa exactamente qu¨¦ esperaba ver o escuchar, pero no pod¨ªa evitarlo. A medida que avanzaban, Lera observ¨® cada peque?o gesto entre ellos. Erik parec¨ªa nervioso al principio, pero Mika se ve¨ªa natural, c¨®moda a su lado. Incluso se re¨ªa un poco, y Erik le respond¨ªa con sonrisas t¨ªmidas. Lera sinti¨® un nudo en el est¨®mago. Cuando llegaron a la entrada de la caba?a de Mika, algo inesperado ocurri¨®. Se detuvieron. Mika mir¨® a Erik, y sin pensarlo, lo abraz¨® suavemente. Erik correspondi¨® el abrazo, rode¨¢ndola con sus brazos en su cintura. Estuvieron as¨ª por unos momentos, disfrutando del contacto cercano. El abrazo fue breve, pero lleno de una sensaci¨®n de cari?o que Lera pudo ver claramente desde su escondite. Despu¨¦s, sin soltarse, se miraron a los ojos, y en un gesto t¨ªmido pero lleno de afecto, se besaron. El beso fue corto, pero significativo, como si ambos compartieran un sentimiento profundo que Lera no pod¨ªa entender por completo. El coraz¨®n de Lera lat¨ªa con fuerza, un nudo se form¨® en su garganta al ver la escena. Se qued¨® ah¨ª, paralizada, mientras Mika y Erik se separaban. Despu¨¦s de unos segundos, se miraron por ¨²ltima vez antes de alejarse un poco, sonriendo t¨ªmidamente. ¡ªMa?ana tenemos mucho trabajo para la sorpresa de Suri ¡ªdijo Mika, rompiendo el silencio con una suave sonrisa. ¡ªS¨ª, ser¨¢ mejor que descansemos ¡ªrespondi¨® Erik, mirando a Mika con una mezcla de afecto y algo de cansancio. Ambos se dieron un breve beso, se abrazaron una vez m¨¢s, y luego, con una sonrisa compartida, se despidieron. ¡ªNos vemos ma?ana ¡ªle dijo Erik, a¨²n sonriendo. Mika asinti¨® con una mirada que denotaba complicidad, antes de ingresar a su caba?a a dormir. Erik dio un paso atr¨¢s, despidi¨¦ndose con la mirada, y luego comenz¨® a alejarse hacia su caba?a. Lera, oculta entre los ¨¢rboles, observ¨® todo con el coraz¨®n acelerado. La confusi¨®n y unos sentimientos raros al verlos juntos segu¨ªan siendo fuertes dentro de ella. ¡ª¡°?Realmente son pareja? ?Qu¨¦ hago ahora?¡± pens¨®, mientras ve¨ªa a Erik alejarse en direcci¨®n a su caba?a. Erik caminaba hacia su caba?a con la mente a¨²n en Mika. No pod¨ªa evitar estar feliz y sonre¨ªr un poco. La forma en que se despidieron, su cercan¨ªa, la calidez de sus labios al besarla¡­ Nunca hab¨ªa tenido una relacion, y ahora, aunque no sab¨ªa c¨®mo actuar exactamente, sent¨ªa que Mika lo era. Lera sinti¨® el impulso de seguirlo, de enfrentarlo, de preguntarle por lo que vio entre el y Mika, pero sus pies no se movieron. En su pecho hab¨ªa una mezcla de emociones que no terminaba de entender. Celos, tristeza, frustraci¨®n¡­ y, al mismo tiempo, un calor inc¨®modo que la hac¨ªa recordar que estuvo cerca de besarlo mas temprano. ¡ª?Esto significaba que ¨¦l sent¨ªa algo por Mika m¨¢s que por las dem¨¢s? ?O acaso¡­ pod¨ªa sentir lo mismo por varias? Apret¨® los labios y baj¨® la mirada. Sin darse cuenta, sus manos se hab¨ªan cerrado en pu?os. No sab¨ªa qu¨¦ hacer con lo que acababa de ver, pero tampoco ten¨ªa fuerzas para enfrentarlo ahora. Dio media vuelta y, sin hacer ruido, se dirigi¨® a su propia caba?a. Esta noche ten¨ªa demasiado en qu¨¦ pensar. El sol ya hab¨ªa salido por encima de los ¨¢rboles, ba?ando la aldea con su luz dorada. La brisa matutina era fresca, y la aldea estaba llena de actividad. Hoy era un d¨ªa especial, y todos lo sab¨ªan. Las mayores, con su complicidad con las chicas, se encargaron de llevarse a Suri temprano en la ma?ana. No le dieron muchas explicaciones, solo mencionaron que necesitaban su ayuda con algo importante. Suri, aunque extra?ada, acept¨® sin protestar, sigui¨¦ndolas mientras lanzaba una ¨²ltima mirada curiosa hacia las dem¨¢s. Apenas desaparecieron, Becca, Hada y Lera se pusieron en marcha. ¡ªBien, tenemos que darnos prisa antes de que vuelvan ¡ªdijo Becca, tomando algunas cosas que pertenec¨ªan a Suri¡ª. Queremos que cuando regrese todo est¨¦ listo. Hada, que ya estaba con los brazos ocupados cargando algunas de sus mantas, sonri¨® con emoci¨®n. ¡ªNo puedo esperar a ver su cara cuando vea su nueva caba?a. Seguro se emociona tanto que nos va a abrazar a todas hasta dejarnos sin aire. Lera, que sosten¨ªa una peque?a caja con los pocos objetos personales de Suri, asinti¨®. ¡ªNos cost¨® mantenerlo en secreto, pero valdr¨¢ la pena. Adem¨¢s, con la fiesta en la noche, ser¨¢ un buen cierre para el d¨ªa. Las tres caminaron por la aldea hasta la nueva caba?a de Suri. Era peque?a, pero acogedora. La hab¨ªan arreglado con esfuerzo y cari?o, asegur¨¢ndose de que tuviera todo lo que ella necesitaba. Con cuidado, comenzaron a colocar sus cosas dentro, acomodando los objetos con la esperanza de que Suri se sintiera en casa al instante. Becca dej¨® las cosas sobre una esquina de la cama y suspir¨®. ¡ªNo puedo creer que nuestra peque?a Suri ya tenga su propio lugar. ¡ªBueno, sigue siendo nuestra Suri ¡ªdijo Hada con una sonrisa ¡ª, solo que ahora va a tener m¨¢s espacio para tener mas cosas. Lera sonri¨®, pero su mente divagaba un poco. Cuando termin¨® de acomodar lo que llevaba, su mirada se desvi¨® hacia la zona de cocina donde Erik, Mika y Arlea estaban preparando la comida. Mika estaba a su lado, escuch¨¢ndolo atentamente mientras ¨¦l le explicaba algo, y Arlea cortaba con destreza los vegetales y verduras que usar¨ªan para la sopa del almuerzo. Se ve¨ªan tan c¨®modos juntos, tan naturales. Lera apret¨® los labios. A¨²n ten¨ªa muy presente lo que hab¨ªa visto en la noche: Ellos abraz¨¢ndose y bes¨¢ndose en la entrada de la caba?a de Mika. La imagen volv¨ªa a su mente una y otra vez, record¨¢ndole que, aunque no quer¨ªa admitirlo, le afectaba m¨¢s de lo que deber¨ªa. Sab¨ªa que Mika tambi¨¦n sent¨ªa algo por Erik, y ahora ya no le cab¨ªa duda de que Erik la correspond¨ªa. Y sin embargo¡­ Su pecho se sinti¨® pesado por un momento, pero sacudi¨® la cabeza, tratando de concentrarse en la tarea que ten¨ªa delante. ¡ªLera, ?est¨¢s bien? ¡ªpregunt¨® Becca, notando su distracci¨®n. Lera parpade¨® y le sonri¨® con rapidez. ¡ªS¨ª, solo pensaba en c¨®mo sorprenderemos a Suri. Becca la mir¨® con desconfianza, pero no insisti¨®. Lera suspir¨® y regres¨® a su trabajo. No era momento para preocuparse por eso. La sorpresa de Suri era lo m¨¢s importante ahora. Lejos de la aldea, el sonido de las hojas secas cruj¨ªa bajo sus pies mientras Suri caminaba junto a Jaia y sus hermanas. El valle se extend¨ªa ante ellas con su verde vibrante, el aroma de la tierra h¨²meda mezcl¨¢ndose con el suave perfume de las plantas silvestres. Suri sab¨ªa que hoy era un d¨ªa especial para ella, aunque las mayores no se lo hubieran dicho directamente. Su cumplea?os era algo que nunca pasaba desapercibido entre las dem¨¢s, y aunque trataban de actuar con naturalidad, no pod¨ªa evitar notar ciertos detalles sospechosos: la forma en que la hab¨ªan sacado de la aldea temprano, la insistencia en buscar hierbas m¨¢s lejos de lo acostumbrado y, sobre todo, la manera en que evitaban que regresara demasiado pronto. Pero esta vez, su d¨ªa ser¨ªa a¨²n m¨¢s especial que en a?os anteriores. Por primera vez, Erik estar¨ªa all¨ª. El hombre que la hab¨ªa salvado de aquella bestia en el bosque, el que arriesg¨® su vida por ella sin dudarlo. Cada vez que pensaba en ese momento, pod¨ªa sentir su coraz¨®n acelerarse. Recordaba con claridad el miedo paralizante al ver las fauces de la criatura a punto de atraparla¡­ y luego, la imagen de Erik enfrent¨¢ndola sin temor. Nunca olvidar¨ªa la desesperaci¨®n en su voz cuando le dijo que corriera, ni la forma en que su cuerpo cay¨® herido tras la batalla. Desde aquel d¨ªa, Erik se hab¨ªa convertido en alguien muy importante para ella. No solo porque le deb¨ªa la vida, sino porque con el tiempo hab¨ªa aprendido a quererlo de verdad. ¡ªNo hay prisa, ni?a, tenemos que encontrar las mejores hierbas medicinales¡ªdijo Jaia con voz calmada, revisando las ramas de un arbusto cercano¡ª. Si nos tomamos nuestro tiempo, podremos llevar lo suficiente para reabastecer las reservas. Suri asinti¨® con una sonrisa, intentando no dejarse llevar por sus pensamientos. ¡ªClaro, lo que digan. Jaia le lanz¨® una mirada r¨¢pida, pero sigui¨® revisando las plantas sin comentar m¨¢s. Alisha, que caminaba un poco m¨¢s adelante, se detuvo junto a un ¨¢rbol retorcido, observando sus ra¨ªces expuestas. ¡ªAqu¨ª suele crecer la ra¨ªz roja que ayuda con los dolores de cabeza. Busca cerca de las piedras, Suri. Suri se arrodill¨® y comenz¨® a apartar algunas hojas secas. ¡ª?Sol¨ªamos venir tan lejos para recolectar estas hierbas? ¡ªpregunt¨® con fingida inocencia. Jerut solt¨® una leve risa. ¡ªLas mejores hierbas siempre est¨¢n en los lugares m¨¢s dif¨ªciles de alcanzar. ¡ªClaro¡­ ¡ªmurmur¨® Suri, sintiendo la diversi¨®n de las mayores. Definitivamente la estaban entreteniendo a prop¨®sito. No le molestaba, de hecho, se sent¨ªa feliz de que se tomaran tantas molestias por ella, pero ten¨ªa curiosidad por lo que estar¨ªan haciendo en la aldea. Jaia le dedic¨® una mirada de soslayo antes de hablar. ¡ª?Y c¨®mo te sientes hoy? Suri dej¨® la ra¨ªz que hab¨ªa encontrado sobre una peque?a bolsa de tela y sonri¨®. ¡ªMe siento bien. Creo que este ser¨¢ un buen d¨ªa. Las mayores intercambiaron una mirada entre ellas, pero no dijeron nada. Suri mir¨® hacia el cielo, viendo c¨®mo el sol avanzaba lentamente hacia el punto m¨¢s alto. No importaba cu¨¢nto intentaran distraerla, sab¨ªa que al mediod¨ªa regresar¨ªan a la aldea. Y cuando lo hicieran, estaba segura de que algo la estar¨ªa esperando. Pero lo que m¨¢s le emocionaba¡­ era que Erik estar¨ªa all¨ª, compartiendo su dia especial con ella. En su d¨ªa especial, no solo ten¨ªa a su familia, sino tambi¨¦n a ¨¦l. Y eso la hac¨ªa m¨¢s feliz de lo que jam¨¢s hubiera imaginado. En la aldea, todo estaba en orden. La comida estaba lista, el ambiente era tranquilo y cada una de las chicas se manten¨ªa en su rutina como si fuera un d¨ªa cualquiera. Mika y Erik terminaban de organizar para servir la sopa en los cuencos, mientras Hada y Becca conversaban sobre los animales, fingiendo desinter¨¦s por cualquier otro asunto. Suri y las mayores a¨²n no llegaban. Todo deb¨ªa parecer normal, sin ninguna se?al de que estaban esperando su regreso. La estrategia era simple: hacerle creer que hab¨ªan olvidado su d¨ªa especial. Cuando Suri y las mayores llegaron a la aldea, todo parec¨ªa normal. No hab¨ªa ninguna decoraci¨®n especial ni se?ales de que alguien la estuviera esperando con entusiasmo. Solo el aroma de la sopa reci¨¦n hecha flotaba en el aire, y las chicas, sin levantar la vista, se acomodaron en sus lugares habituales para comer. ¡ªLlegaron justo a tiempo ¡ªcoment¨® Becca con naturalidad, tomando su cuenco de sopa. ¡ªS¨ª, pens¨¦ que tardar¨ªan m¨¢s ¡ªa?adi¨® Hada, bebiendo un sorbo sin prestar mucha atenci¨®n a Suri. La cumplea?era mir¨® a su alrededor con cierta inquietud, esperando alguna reacci¨®n, alguna mirada c¨®mplice que indicara que hab¨ªan recordado su d¨ªa especial. Sin embargo, todas segu¨ªan conversando de temas cotidianos, sin hacer referencia alguna a la fecha. Jaia y Alisha tambi¨¦n se sentaron sin decir nada fuera de lo com¨²n, mientras Jerut serv¨ªa su porci¨®n en silencio. ¡ª?Y qu¨¦ tal les fue? ¡ªpregunt¨® Mika con desinter¨¦s, removiendo su sopa con la cuchara. ¡ªBien¡­ encontramos algunas hierbas que no solemos ver cerca de la aldea ¡ªrespondi¨® Suri, sinti¨¦ndose extra?amente inc¨®moda. ¡ªEso es bueno ¡ªdijo Lera, tomando un bocado. Suri mir¨® a su alrededor, esperando encontrar alguna se?al de la sorpresa que hab¨ªa estado imaginando toda la ma?ana. Sin embargo, todo parec¨ªa igual. Hada pas¨® junto a ella, comentando algo sobre los animales. Mika y Becca segu¨ªan hablando, mientras que Erik simplemente le dedic¨® una sonrisa cordial antes de seguir con lo suyo. No pod¨ªa evitar sentirse un poco triste. Por supuesto, no esperaba que Erik supiera que hoy era su d¨ªa especial¡­ pero las chicas s¨ª lo sab¨ªan. ¡ª?De verdad se hab¨ªan olvidado? Pens¨®, recorriendo la mirada al rededor. Baj¨® la mirada, reprimiendo un suspiro. Se record¨® a s¨ª misma que no deb¨ªa sentirse mal. Hab¨ªa pasado una ma?ana agradable con las mayores, y no necesitaba nada m¨¢s. Suri esper¨® unos segundos m¨¢s, pero nadie dec¨ªa nada. Nada de "feliz d¨ªa", nada de sonrisas especiales, nada que indicara que recordaban la fecha. Se mordi¨® el labio, tratando de no darle importancia. Quiz¨¢s estaban esperando el momento adecuado¡­ o quiz¨¢s, de verdad lo hab¨ªan olvidado. Baj¨® la mirada y tom¨® su cuenco, comenzando a comer en silencio. El sabor de la sopa era bueno, pero en ese momento, no le sab¨ªa a nada. Cuando terminaron de comer, todos se levantaron con naturalidad para seguir con sus tareas. Algunas fueron a limpiar los cuencos, otras organizaron cosas en la aldea, y poco a poco, cada quien se fue dispersando. Suri, en cambio, se qued¨® sentada por un momento, sintiendo una leve pesadez en el pecho. ?De verdad lo hab¨ªan olvidado? No quer¨ªa molestarse con las chicas, pero no pod¨ªa evitar sentirse un poco triste. ¡ªSuri ¡ªla voz de Erik la sac¨® de sus pensamientos. Levant¨® la mirada y lo vio de pie junto a ella, con una expresi¨®n relajada pero con un brillo amigable en los ojos. ¡ª?Quieres ayudarme con algo? Suri parpade¨® sorprendida. No esperaba que Erik le pidiera ayuda justo ahora. Mir¨® a las dem¨¢s, pero nadie parec¨ªa prestarle atenci¨®n. ¡ª?Con algo? ¡ªpregunt¨®, a¨²n con un dejo de melancol¨ªa en la voz. ¡ªS¨ª. Necesito una mano con algo, y pens¨¦ que podr¨ªas ayudarme ¡ªle explic¨® con una media sonrisa. Suri suspir¨®, a¨²n con un poco de tristeza, pero no pudo evitar que un peque?o alivio se colara en su pecho. Quiz¨¢s las chicas se hab¨ªan olvidado¡­ pero al menos Erik quer¨ªa pasar tiempo con ella. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo finalmente, poni¨¦ndose de pie. Erik le sonri¨® y comenz¨® a caminar, esperando a que lo siguiera. Suri se apresur¨® a alcanzarlo, sintiendo que, aunque su d¨ªa especial no iba como esperaba, al menos no lo pasar¨ªa sola. Suri caminaba junto a Erik, siguiendo el sendero que los llevaba al r¨ªo, cuando not¨® que Mika ven¨ªa detr¨¢s de ellos. ¡ª?A d¨®nde van? ¡ªpregunt¨® Mika con los brazos cruzados, arqueando una ceja. ¡ªErik dijo que necesitaba ayuda con algo ¡ªrespondi¨® Suri, a¨²n con un poco de tristeza en la voz. ¡ªAh, ?s¨ª? Qu¨¦ curioso, porque no recuerdo que mencionaras nada sobre el r¨ªo antes, Erik ¡ªdijo Mika con una ligera sonrisa de sospecha. Erik se encogi¨® de hombros con naturalidad. ¡ªNo lo mencion¨¦ porque pens¨¦ que no ser¨ªa algo dif¨ªcil y le ped¨ª ayuda a Suri. Mika entrecerr¨® los ojos un momento, pero luego suspir¨® y decidi¨® acompa?arlos, como hab¨ªan planeado en la noche. Y as¨ª, los tres pasaron la tarde juntos. Mientras Suri intentaba concentrarse en los peque?os deberes y la charla, no pudo evitar notar algo que le causaba un ligero cosquilleo en el pecho. Erik y Mika se llevaban demasiado bien¡­ Se hablaban con confianza, a veces con peque?as bromas entre ellos, y, lo que m¨¢s llam¨® su atenci¨®n, caminaban muy cerca el uno del otro. Mika, que siempre hab¨ªa sido m¨¢s reservada, parec¨ªa diferente cuando estaba con Erik. En ciertos momentos, sus brazos se rozaban sutilmente, y en otras ocasiones, cuando Erik dec¨ªa algo gracioso, Mika sonre¨ªa de una forma que Suri rara vez le ve¨ªa hacer. Suri trat¨® de ignorarlo y centrarse en el momento, pero la cercan¨ªa entre ellos le dejaba una extra?a sensaci¨®n, como si estuviera presenciando algo que no terminaba de comprender. Sin embargo, a medida que el sol comenz¨® a ocultarse, su mente volvi¨® a otro pensamiento: Mika y Erik no hab¨ªan mencionado nada sobre su d¨ªa especial. Quiz¨¢s realmente lo hab¨ªan olvidado¡­ ¡ªYa es tarde ¡ªdijo Erik, sac¨¢ndola de sus pensamientos¡ª. Es hora de volver. Suri asinti¨® con la cabeza y los tres comenzaron a caminar de regreso a la aldea. Cuando pasaron cerca de la caba?a de Erik, ¨¦l se detuvo. ¡ªVoy por algo, ustedes sigan que ya los alcanzo mas rato¡ªdijo antes de entrar. Suri mir¨® a Mika con curiosidad, pero la otra chica simplemente le tom¨® la mano con confianza. ¡ªVen, vamos a la aldea ¡ªle dijo, gui¨¢ndola sin darle oportunidad de preguntar. Suri no protest¨® y la sigui¨®, sin sospechar nada, paso una tarde maravillosa con ella y Erik. Poco despu¨¦s, Mika la llev¨® cerca de una caba?a iluminada por la luz de varias antorchas. De repente, cuando ya estaban frente a la caba?a, Suri detuvo sus pasos. El nudo en su est¨®mago volvi¨® a apretarse, y una mezcla de incertidumbre la envolvi¨®. Antes de que Suri pudiera reaccionar, adentro estaban todas las chicas esper¨¢ndola con sonrisas radiantes. ¡ª?Feliz d¨ªa, Suri! Suri abri¨® los ojos con sorpresa, sintiendo c¨®mo su coraz¨®n se llenaba de emoci¨®n al darse cuenta de que no hab¨ªan olvidado su d¨ªa especial despu¨¦s de todo. ¡ª"?Todo esto... es para m¨ª?" pregunt¨® con los ojos brillando, aunque tambi¨¦n algo confundida. Suri estaba dentro de su nueva caba?a, rodeada por las chicas. El lugar estaba acogedor y todo parec¨ªa perfecto. Las chicas la rodeaban con sonrisas c¨¢lidas, haci¨¦ndola sentir especial. A pesar de que durante el d¨ªa hab¨ªa tenido dudas sobre si se hab¨ªan olvidado de su d¨ªa especial, en ese momento, rodeada de ellas, se sent¨ªa completamente feliz. Hab¨ªa sido una sorpresa incre¨ªble. Aunque se preguntaba d¨®nde estaba Erik, no dej¨® que eso nublara su alegr¨ªa. De repente, la puerta Erik apareci¨®, con una ligera sonrisa t¨ªmida en el rostro, llevando un peque?o paquete envuelto cuidadosamente en tela. Las chicas se apartaron un poco para darle espacio, pero fue Suri quien se acerc¨® primero, sus ojos curiosos fijos en el regalo que ¨¦l le tra¨ªa. ¡ª"?Suri!" dijo Erik con una sonrisa brillante. Suri lo observ¨® y, al ver el paquete que ¨¦l tra¨ªa, se sinti¨® un peque?o latido en su pecho. ¡ª"Erik... ?Qu¨¦ es eso?" Erik se acerc¨® a ella y, le entreg¨® el paquete. Suri, sorprendida, lo abri¨® con rapidez. Dentro encontr¨® una hermosa diadema de madera tallada a mano, adornada con una sencilla flor y formas delicadas que parec¨ªan fluir con la naturaleza misma. Lo que m¨¢s la conmovi¨® fue la suavidad de la madera, que reflejaba la dedicaci¨®n y el esfuerzo que Erik hab¨ªa puesto en ella. ¡ª"Esto es para ti, Suri," dijo Erik con una voz suave y c¨¢lida. ¡ª"Para que nunca olvides que eres especial y que siempre estaremos aqu¨ª para ti." Y al ver un peque?o tallado en uno de los lados, algo le llam¨® la atenci¨®n. En el tallado se pod¨ªa distinguir lo que parec¨ªa ser unos s¨ªmbolos, pero no lo entendi¨® de inmediato. Las chicas, al ver los intrincados detalles de la diadema, comenzaron a murmurar entre ellas, pero cuando se acercaron m¨¢s, vieron los s¨ªmbolos grabados que parec¨ªan formar un patr¨®n. ¡ª"?Qu¨¦ significa esto?" pregunt¨® Becca, observando con atenci¨®n los s¨ªmbolos delicados que estaban grabados en la madera. ¡ª"Es... ?un tipo de s¨ªmbolos de protecci¨®n?" sugiri¨® Hada, mientras acariciaba el objeto con suavidad. ¡ª"S¨ª, como una especie de bendici¨®n," dijo Arlea, tocando los grabados. ¡ª"Estos s¨ªmbolos parecen tener algo especial." Suri, aunque no entend¨ªa exactamente lo que representaban esos s¨ªmbolos, los mir¨® con aprecio. Aunque sent¨ªa que no sab¨ªa todo sobre el significado de la diadema, estaba profundamente agradecida por el gesto de Erik. Se acerc¨® a ¨¦l con la diadema en las manos, pero antes de que pudiera decir algo, ¨¦l intervino. ¡ª"Es algo peque?o, pero... quiero que sepas que lo hice con todo mi coraz¨®n," dijo Erik. Suri lo mir¨® sorprendida, pero al ver la sinceridad en los ojos de Erik, no pudo evitar sonre¨ªr. Mientras sosten¨ªa la diadema, pens¨® que tal vez el tallado ten¨ªa un significado m¨¢s profundo. Era algo que ella apreciar¨ªa siempre. Las mayores, que hasta ese momento hab¨ªan estado observando, se acercaron con curiosidad al regalo. Aunque no sab¨ªan el significado, observaban los s¨ªmbolos en la diadema con una mirada reflexiva. Sus ojos recorr¨ªan los tallados, y hubo un silencio moment¨¢neo mientras intentaban comprender. ¡ª"?Qu¨¦ son estos s¨ªmbolos?" pregunt¨® Jaia, mirando con detenimiento la diadema. Las gemelas, con un gesto de duda, tambi¨¦n se acercaron m¨¢s a observar. ¡ª"Esos s¨ªmbolos... aunque no iguales, los he visto antes," dijo Jerut, acariciando la diadema con la yema de los dedos. ¡ª"Tal vez en alg¨²n lugar... algo familiar." Becca, al escuchar las palabras de las mayores, se acerc¨® y mir¨® m¨¢s de cerca los s¨ªmbolos en la diadema. ¡ª"No s¨¦ qu¨¦ significa, pero se ve importante," murmur¨® Becca. ¡ª"Quiz¨¢s son signos de protecci¨®n o algo as¨ª." Suri, a¨²n sosteniendo la diadema, mir¨® a Erik, sin entender del todo lo que pasaba. ¡ª"?Qu¨¦ significa esto?" pregunt¨® Suri, sin poder ocultar su curiosidad. Erik, al ver la confusi¨®n en los ojos en todas ellas, suspir¨®. Ahora comprend¨ªa por completo que las mujeres no sab¨ªan leer ni escribir, y eso le dio una idea de lo que estaba pasando. ¡ª"Son letras," explic¨® Erik suavemente. ¡ª"Estos s¨ªmbolos no son solo marcas o signos al azar. Son letras. Escrib¨ª tu nombre, Suri." Las mayores, al escuchar su explicaci¨®n, se quedaron en silencio. No pod¨ªan comprender del todo lo que Erik estaba diciendo, ya que no sab¨ªan nada sobre la escritura y mucho menos leer, pero el hecho de que los s¨ªmbolos fueran palabras escritas les parec¨ªa algo completamente nuevo. ¡ª"?Letras?" repiti¨® Jaia, algo desconcertada. "?C¨®mo se... se leen?" Erik asinti¨® lentamente, comprendiendo que para ellas eso era algo completamente ajeno. ¡ª"S¨ª," respondi¨® Erik. ¡ª"Cada s¨ªmbolo representa una letra, y juntos forman palabras. As¨ª se escribe el nombre de Suri." Las mujeres mayores intercambiaron miradas, intentando procesar la nueva informaci¨®n. Aunque no entend¨ªan completamente c¨®mo funcionaba, s¨ª pod¨ªan sentir la importancia del gesto de Erik. Suri, mirando la diadema con los ojos brillando, finalmente entendi¨® lo que Erik quer¨ªa decir. Aunque no sab¨ªa leer los s¨ªmbolos, comprend¨ªa que era algo significativo. Se acerc¨® m¨¢s a ¨¦l, agradecida por su dedicaci¨®n. ¡ª"Gracias, Erik. Es hermoso," dijo Suri, sonriendo. D¨¢ndole un abrazo ¡ª"Nunca imagin¨¦ que me regalar¨ªas algo tan especial." Erik sonri¨® al verla tan feliz, y las chicas, al ver la conexi¨®n entre ellos, tambi¨¦n sonrieron. No pod¨ªan esperar para compartir m¨¢s momentos con Suri en su nuevo hogar. Arlea, al ver que la atenci¨®n se hab¨ªa centrado en la diadema, tom¨® la iniciativa de cambiar de tema para aligerar el ambiente. ¡ª"Venga, Suri, es hora de celebrar. ?El fest¨ªn nos espera!" dijo Arlea con entusiasmo. ¡ª"Hoy es tu d¨ªa. Vamos, celebraremos." Las chicas, con una sonrisa c¨¢lida, guiaron a Suri hacia la zona de comida, mientras Erik las segu¨ªa, a¨²n con la sensaci¨®n de que la diadema ten¨ªa un significado mucho m¨¢s profundo de lo que ¨¦l hab¨ªa imaginado. Cuando llegaron al ¨¢rea de comida, el bullicio y la alegr¨ªa llenaban el aire. La comida estaba dispuesta en grandes cuencos sobre la mesa, y todos ya se estaban sirviendo a gusto. Suri se sinti¨® rodeada de cari?o y celebraci¨®n. El calor del d¨ªa no parec¨ªa importar en ese momento, ya que lo ¨²nico que importaba era el presente y las personas que la rodeaban. ¡ª"Hoy es tu d¨ªa, Suri," dijo Becca, sonriendo. Suri mir¨® a su alrededor, sintiendo la calidez de todas las personas que hab¨ªan hecho su d¨ªa tan especial. Finalmente, entendi¨® que, aunque no comprendiera todo lo que pasaba, lo que realmente importaba era el amor y la uni¨®n que compart¨ªan. La mesa estaba llena de risas y alegr¨ªa. El aire estaba lleno del aroma a la comida, Suri, radiante y feliz, no pod¨ªa dejar de sonre¨ªr mientras su familia la rodeaban, celebrando sus 9 a?os. Arlea levant¨® una copa de madera, llena de un jugo bien frio, sonriendo mientras miraba a Suri. ¡ª"Por Suri, por sus 9 a?os," dijo Arlea, levantando su copa. Las dem¨¢s, siguiendo su ejemplo, alzaron las suyas, y Erik hizo lo mismo, mirando a Suri con una sonrisa c¨¢lida. Todos brindaron al un¨ªsono, la emoci¨®n palpable en el aire mientras Suri sent¨ªa una mezcla de gratitud y felicidad. No esperaba tanto, pero all¨ª estaba, rodeada de todos que la quer¨ªan y celebraban su vida. ¡ª"?Por Suri!" exclam¨® Becca, riendo. ¡ª"?Por Suri!" respondieron los dem¨¢s, alzando sus copas. Suri, con los ojos brillando por la emoci¨®n, levant¨® tambi¨¦n su copa. ¡ª"?Gracias por todo!" dijo, con una sonrisa que reflejaba el amor y la calidez que sent¨ªa. En medio de la celebraci¨®n, Becca, observando a Suri con una sonrisa c¨®mplice, se acerc¨® a ella, y con voz baja le dijo: ¡ª"Suri, ya tienes puesta la diadema que Erik te regalo, y la verdad es que se te ve preciosa... Pero, ?por qu¨¦ no te pones tambi¨¦n la medalla de madera que te dej¨® mam¨¢ Ayla? Ser¨ªa perfecto, ver¨¢s c¨®mo los dos objetos hacen juego. La diadema y la medalla, ambos con esos s¨ªmbolos. Estoy segura de que se ver¨¢ a¨²n m¨¢s especial." Suri, sorprendida por la sugerencia, mir¨® a Becca, y luego toc¨® la diadema que llevaba puesta, sonriendo al ver lo bien que le quedaba. Pens¨® en la medalla de madera, la que mam¨¢ Ayla le hab¨ªa dejado y que siempre hab¨ªa llevado con ella. Hab¨ªa dejado de usarla porque tem¨ªa perderla o romperla, pensando que, con Erik cerca, ya no la necesitaba tanto. ¡ª"No lo s¨¦," dijo Suri en voz baja, tocando la diadema con cari?o. ¡ª"Pero tal vez lo haga, Becca. Me har¨ªa sentir m¨¢s cerca de mam¨¢ Ayla... y de todo lo que ella me dio." ¡ª"?Hazlo!" insisti¨® Becca, sonriendo ampliamente. ¡ª"Te ver¨¢s a¨²n m¨¢s hermosa. Es como si los dos objetos te conectaran con lo que te dej¨® Mama ayla, y a la vez con Erik, que te cuida y protege ahora." Suri, sintiendo una oleada de emociones, asinti¨® lentamente. Sab¨ªa que Becca ten¨ªa raz¨®n, y al pensar en c¨®mo la diadema y la medalla representaban tanto de su pasado y su presente, sinti¨® que era el momento perfecto para llevar ambas cosas con orgullo. ¡ª"Est¨¢ bien, voy a buscarla," dijo, sonriendo. "?Las dos cosas juntas deben verse preciosas!" Se levant¨® con una sonrisa y se dirigi¨® hacia su caba?a a buscarla. Mientras tanto, los dem¨¢s segu¨ªan disfrutando del fest¨ªn, riendo y contando historias. Erik, al verla ir hacia su caba?a, sonri¨® para s¨ª mismo, observando c¨®mo Suri se sent¨ªa m¨¢s c¨®moda y segura con cada gesto de cari?o que recib¨ªa. Sab¨ªa que el gesto de darle la diadema hab¨ªa sido solo una peque?a parte de lo que ella necesitaba, pero ver la felicidad en su rostro lo llenaba de satisfacci¨®n. Cuando Suri regres¨® con la medalla de madera colgada en su cuello y la diadema puesta, todos notaron el cambio. La combinaci¨®n de la diadema y la medalla hac¨ªa que se viera a¨²n m¨¢s fuerte, como si ambos objetos fusionaran los recuerdos del pasado con la protecci¨®n y el amor que ahora ten¨ªa en su vida. ¡ª"?Qu¨¦ hermosa te ves, Suri!" exclam¨® Arlea, admirando c¨®mo los dos objetos se complementaban perfectamente. Las chicas sonrieron, viendo lo bien que combinaban la medalla y la diadema. No solo eran adornos, sino s¨ªmbolos de la protecci¨®n, el amor y la conexi¨®n que compart¨ªa. ¡ª"Te queda perfecta," dijo Becca, gui?¨¢ndole un ojo. ¡ª"De ahora en adelante, siempre usar¨¢s estos dos s¨ªmbolos como un recordatorio de todo lo que tienes y todo lo que eres." Suri, con una sonrisa t¨ªmida, toc¨® la medalla y la diadema, sintiendo una paz profunda en su coraz¨®n. Mir¨® a Erik, quien la observaba con cari?o, y por un momento, supo que estaba rodeada de personas que la quer¨ªan y que la proteger¨ªan siempre. ¡ª"Gracias a todos," dijo Suri, con los ojos brillando. ¡ª"Realmente este es el mejor d¨ªa de mi vida." Suri, emocionada, se acerc¨® a Erik con una gran sonrisa, utilizando con orgullo tanto la diadema en su cabeza como la medalla de madera. ¡ª"?Mira, Erik!"¡ªdijo con alegr¨ªa¡ª"Becca dice que los dos objetos hacen juego, y creo que tiene raz¨®n. ?Qu¨¦ te parece?" Erik la mir¨® y asinti¨® con una leve sonrisa. ¡ª"S¨ª¡­ combinan bien. Se ven bonitos juntos." Pero cuando Suri avanz¨® unos pasos m¨¢s y la luz de las lunas la ilumin¨® mejor la medalla de madera, la sonrisa de Erik se desvaneci¨® por completo. Su expresi¨®n pas¨® de la calma a la sorpresa y, luego, al puro desconcierto. Sus ojos se abrieron de par en par mientras sent¨ªa que el aire se volv¨ªa pesado a su alrededor. No pod¨ªa ser. Esa medalla¡­ El tallado, la forma, los peque?os detalles¡­ era imposible no reconocerla. Era suya. El mundo a su alrededor pareci¨® desmoronarse en un instante. Un escalofr¨ªo le recorri¨® la espalda y su mente se nubl¨®. Se sent¨ªa como si hubiese visto un fantasma, como si la realidad misma se estuviera rompiendo frente a sus ojos. ¡ª"?C¨®mo¡­ c¨®mo es posible?"¡ªmurmur¨® con un hilo de voz, sin apartar la mirada de la medalla. Las chicas notaron de inmediato su cambio de expresi¨®n. Al principio creyeron que estaba sorprendido de forma normal, pero cuando lo vieron temblar, dejo caer su cuenco de comida y retroceder levemente y mirar la medalla con aut¨¦ntico pavor, todas se alarmaron. ¡ª"Erik, ?Qu¨¦ pasa?"¡ªpregunt¨® Becca, frunciendo el ce?o. ¡ª"Te ves¡­ muy p¨¢lido"¡ªcoment¨® Lera, dando un paso hacia ¨¦l. Pero la m¨¢s preocupada era Mika. Desde el primer instante en que vio el rostro de Erik transformarse por completo, sinti¨® un nudo en el est¨®mago. Nunca lo hab¨ªa visto as¨ª. Ni cuando luch¨® contra el lagarto gigante ni con la bestia, ni cuando estuvo herido. Esto era distinto. Mika se puso de pie de golpe, con el coraz¨®n acelerado. ¡ª"?Erik, m¨ªrame!"¡ªexclam¨®, acerc¨¢ndose r¨¢pidamente y colocando sus manos en su rostro ¡ª"?Qu¨¦ tienes? ?Dime qu¨¦ pasa!" Pero Erik no reaccion¨®. Su respiraci¨®n se volvi¨® irregular, su cuerpo se tens¨® y sus piernas empezaron a temblar. Recuerdos de su infancia lo golpearon con fuerza. Aquella medalla¡­ ¨¦l era el due?o cuando era ni?o, muchos a?os atr¨¢s, y se la hab¨ªa dado a alguien. Una persona que lo marc¨® de una forma que nunca hab¨ªa olvidado. ¡ªSam... El nombre trato de brotar de sus labios antes de que pudiera detenerse. Suri parpade¨®, confundida, sin entender la reacci¨®n de Erik ni el por qu¨¦ de su expresi¨®n de horror. ¡ª"?Sam...?"¡ªrepiti¨® Becca en voz baja, mirando a las dem¨¢s. ¡ª"?Qui¨¦n es Sam...?"¡ªpregunt¨® Lera, mirando con inquietud a Erik. Pero Erik no pudo responder. Su mente estaba en otro lugar. Sus ojos ya no ve¨ªan a Suri, sino a una imagen borrosa de su pasado, un rostro perdido en los recuerdos. Mika sinti¨® un miedo desconocido apoderarse de ella. Nunca lo hab¨ªa visto as¨ª, nunca lo hab¨ªa sentido tan distante. ¡ª"?Erik!"¡ªgrit¨®, intentando sostenerlo. Pero ya era tarde. Las piernas de Erik fallaron por completo y, antes de que pudiera hacer algo m¨¢s, su cuerpo se desplom¨® hacia el suelo. ¡ª"?Erik!"¡ªchill¨® Suri, horrorizada. ¡ª"?Ag¨¢rrenlo!"¡ªgrit¨® Lera, lanz¨¢ndose hacia ¨¦l. Mika reaccion¨® con rapidez y, junto con Becca, lograron sostenerlo antes de que golpeara su cabeza en el suelo, pero el miedo en su rostro era evidente. ¡ª"?No respira bien!"¡ªdijo Mika, sintiendo el peso de su cuerpo en sus brazos¡ª"?Erik, despierta! ?Erik!" Pero Erik no respondi¨®. Lo ¨²ltimo que vio antes de perder el conocimiento fue el rostro de Suri¡­ y, por un instante, en su mente, ella ya no era Suri. Era la persona que hab¨ªa conocido en la Tierra. Y entonces, todo se volvi¨® negro. ¡ª??Qu¨¦ le pasa?! ¡ªexclam¨® Lera con los ojos abiertos de par en par. Suri tiro la medalla pensando que era lo que lo lastimaba y se acerco asustada, con los labios temblorosos. ¡ª?Yo solo quer¨ªa que me viera! ?No quer¨ªa hacerle da?o! Becca junto a Erik toc¨® su frente. ¡ªSu piel est¨¢ algo fr¨ªa¡­ ¡ªmurmur¨® con preocupaci¨®n¡ª. ?Por qu¨¦ reaccion¨® as¨ª? ¡ª??Qu¨¦ hacemos?! ¡ªpregunt¨® Hada, mirando a las dem¨¢s con angustia. Las chicas se miraron unas a otras, sin saber c¨®mo actuar. Fue entonces cuando las mayores, se acercaron y intervinieron con calma. ¡ªAqu¨ª no podemos hacer nada, ya esta respirando mas normal ¡ªdijo Jaia con voz firme, ¡ª. Llev¨¦moslo a su caba?a. Estar¨¢ m¨¢s c¨®modo all¨ª. Las chicas asintieron r¨¢pidamente y, con esfuerzo, entre todas levantaron el cuerpo inerte de Erik. Mika tom¨® una de sus manos, sosteni¨¦ndola con fuerza, mientras Lera y Becca ayudaban a cargarlo. Suri, a¨²n con l¨¢grimas en los ojos, sigui¨® al grupo en silencio, sinti¨¦ndose culpable por lo sucedido. La celebraci¨®n se hab¨ªa desvanecido por completo, y en su lugar, la preocupaci¨®n llenaba el aire. Algo en aquella medalla hab¨ªa derrumbado a Erik por completo, y ahora, m¨¢s que nunca, las chicas quer¨ªan descubrir la verdad detr¨¢s de lo ocurrido. La caba?a de Erik estaba en completo silencio, solo roto por el sonido entrecortado de la respiraci¨®n de las chicas. Lo hab¨ªan recostado en su cama con cuidado, asegur¨¢ndose de que estuviera c¨®modo. Pero ¨¦l segu¨ªa inconsciente, con una expresi¨®n tensa en su rostro. Suri no pudo soportarlo m¨¢s. Se aferr¨® a la manta que lo cubr¨ªa y rompi¨® en llanto. ¡ª?Yo no quer¨ªa hacerle da?o! ?Yo solo¡­ solo quer¨ªa! ¡ªsollozaba, con el rostro hundido en el pecho de Erik. Becca, con el ce?o fruncido, se inclin¨® para colocar una mano en la cabeza de la peque?a y le susurr¨® con suavidad: ¡ªNo es tu culpa, Suri. No lo es. Aun as¨ª, la ni?a no pod¨ªa dejar de llorar. Mika, de pie al lado de la cama, intentaba mantenerse firme, pero la angustia en su pecho era insoportable. Erik estaba ah¨ª, inm¨®vil, vulnerable, y ella se sent¨ªa impotente. Su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, y tuvo que morderse el labio para evitar que las l¨¢grimas cayeran. No puedes llorar ahora¡­ No frente a las dem¨¢s¡­ Pero no pod¨ªa evitarlo. Erik no solo era alguien importante para todas ellas, ¨¦l era su pareja¡­ aunque en secreto por ahora. El miedo de perderlo se le clavaba como espinas en la piel. Las dem¨¢s chicas tambi¨¦n lo miraban con rostros sombr¨ªos. Incluso Hada, que sol¨ªa encontrar algo divertido en cada situaci¨®n, se mantuvo en silencio, con los labios presionados en una fina l¨ªnea. Fue entonces cuando Jaia, quien hab¨ªa observado la escena con serenidad, tom¨® aire y habl¨® con voz firme. ¡ªNo podemos hacer m¨¢s por ahora. ¨¦l necesita descansar. ¡ªPero¡­ ¡ªMika se gir¨® hacia ella, su voz temblaba levemente. Jaia la mir¨® con comprensi¨®n, pero con la sabidur¨ªa de alguien que hab¨ªa visto mucho en la vida. ¡ªLas emociones intensas pueden derribar hasta al m¨¢s fuerte. Cualquiera que haya pasado por un gran trauma necesita tiempo para despertar. Las gemelas, se acercaron a su hermana mayor y asintieron en acuerdo. ¡ªDeber¨ªamos retirarnos y dejar que las chicas cuiden de ¨¦l esta noche ¡ªdijo Alisha, mir¨¢ndolas¡ª. Nosotras volveremos m¨¢s tarde. Becca y Lera asintieron, aunque sin mucho entusiasmo. Jaia observ¨® a Mika, quien se negaba a moverse del lado de Erik. ¡ªT¨² tampoco quieres separarte de ¨¦l, ?verdad? Mika trag¨® saliva y baj¨® la mirada. ¡ªNo, quiero quedarme a su lado. La anciana sonri¨® levemente. ¡ªEntonces qu¨¦date. Pero no dejes que la preocupaci¨®n te consuma. Dicho esto, las tres mayores se retiraron de la caba?a, dejando a las chicas con Erik. Suri a¨²n lloraba, con los ojos hinchados y rojos, mientras Becca la abrazaba para calmarla. Lera se sent¨® en un rinc¨®n, con los brazos cruzados, lanzando miradas preocupadas a Erik de vez en cuando. Mika, por su parte, se mantuvo firme al lado de la cama, sin soltar la mano de Erik. ¡ªSi fueras a dejarme, no lo soportar¨ªa¡­ pens¨® con mucha tristeza. El aire de la caba?a estaba cargado de emociones. Esa noche ser¨ªa larga, y ninguna de ellas ten¨ªa intenci¨®n de dejarlo hasta que Erik despertara. Lera observaba a Mika, estaba junto a Erik, sosteniendo su mano con fuerza, como si temiera que se desvaneciera si la soltaba. No hac¨ªa falta preguntarlo, Lera ya lo sab¨ªa. El la hab¨ªa aceptado como su pareja. No pod¨ªa decir que la idea le sorprendiera. Mika siempre hab¨ªa sido reservada, pero con Erik, tras tanto tiempo pasando juntos, hasta hab¨ªan salido por d¨ªas a cazar. Y ahora, vi¨¦ndola ah¨ª, neg¨¢ndose a moverse de su lado, todo quedaba claro. Aun as¨ª¡­ Lera no pod¨ªa evitar sentir un deseo ardiente de estar junto a ¨¦l tambi¨¦n. No solo porque Erik le gustara, sino porque quer¨ªa cuidarlo, protegerlo, estar cerca de ¨¦l. Cada tanto, le ofrec¨ªa a Mika cambiar de lugar. ¡ªSi necesitas descansar, puedo quedarme aqu¨ª ¡ªsusurr¨® en un momento, acerc¨¢ndose con cautela. Mika ni siquiera la mir¨®. ¡ªEstoy bien ¡ªrespondi¨® con voz baja, sin soltar la mano de Erik. Lera la observ¨® por unos segundos y luego suspir¨®, sin insistir m¨¢s. No era el momento para discutir. Lera observ¨® a Mika, a¨²n aferrada a la mano de Erik, sin moverse ni un solo instante. Sab¨ªa que no la dejar¨ªa irse, que no permitir¨ªa que nadie m¨¢s ocupara su lugar. Sin decir nada, Lera busc¨® un peque?o banquito de madera y se lo acerc¨®. ¡ªAl menos si¨¦ntate aqu¨ª ¡ªle dijo en voz baja¡ª. As¨ª estar¨¢s m¨¢s c¨®moda. Mika la mir¨® un instante, sorprendida por el gesto, pero acept¨® sin rechazarlo. Cuando se acomod¨® en el banquito, Lera se sent¨® en el suelo, muy cerca de Erik. Con delicadeza, llev¨® su mano a su frente, roz¨¢ndola con el dorso para sentir su temperatura. No parec¨ªa tener fiebre, pero necesitaba asegurarse. Sus dedos se movieron hasta llegar a su cabello. Lera desliz¨® los dedos entre sus mechones oscuros, acarici¨¢ndolo con una ternura que apenas se permit¨ªa mostrar. M¨¢s que solo cuidarlo, quer¨ªa memorizar esa sensaci¨®n, la calidez de su piel, la suavidad de su cabello. Por un instante, temi¨® que Mika la apartara o le dijera algo. Pero cuando levant¨® la mirada, se encontr¨® con los ojos de Mika, estaban algo rojos por el llanto contenido y observ¨¢ndola con calma. ¡ªEst¨¢ bien¡­ ¡ªsusurr¨® Mika¡ª. Puedes quedarte tambi¨¦n. Lera sinti¨® un peque?o nudo en el pecho, pero no por tristeza, sino por comprensi¨®n. Mika lo sab¨ªa. Sab¨ªa que ella tambi¨¦n sent¨ªa algo por Erik. Y aunque en el fondo le dol¨ªa compartirlo, entend¨ªa que no pod¨ªa qued¨¢rselo solo para ella. No cuando sabia que todas lo amaban. En silencio, ambas permanecieron al lado de Erik, cada una a su manera, cuid¨¢ndolo. Sin celos, sin peleas. Solo con la certeza de que lo quer¨ªan, y de que ¨¦l las necesitaba a ambas¡­ igual que a las dem¨¢s. Lera tambi¨¦n not¨® a Suri, dormida despu¨¦s de haber llorado sin consuelo. Segu¨ªa abrazada a Erik, su peque?o cuerpo pegado a ¨¦l como si temiera que desapareciera. La imagen le provoc¨® un nudo en el pecho. A¨²n era de noche, pero el amanecer ya se asomaba en el horizonte. La tenue luz azulada comenzaba a filtrarse entre las rendijas de la caba?a, proyectando sombras suaves sobre las paredes de madera. Pasaron horas desde que Erik perdi¨® el conocimiento, y ninguna de ellas hab¨ªa querido dejarlo solo. Cuando finalmente abri¨® los ojos, su cuerpo se sent¨ªa pesado y su mente a¨²n algo confusa. Parpade¨® varias veces, tratando de ubicarse, hasta que reconoci¨® el techo de su caba?a iluminado por la luz del alba. Intent¨® moverse con cuidado y fue entonces cuando not¨® a Suri a su lado, profundamente dormida, con su peque?a mano descansando sobre su pecho. Su rostro a¨²n ten¨ªa rastros de humedad en las mejillas, y sus p¨¢rpados hinchados delataban que hab¨ªa llorado antes de quedarse dormida. Al otro lado de la cama, Mika estaba sentada en un banquito, con la cabeza inclinada y los ojos cerrados, pero sin soltar su mano. Su agarre era firme, como si temiera que ¨¦l desapareciera si la soltaba. Erik la observ¨® con atenci¨®n. Incluso dormida, su expresi¨®n parec¨ªa tensa, y cuando not¨® el enrojecimiento de sus ojos, entendi¨® de inmediato que ella tambi¨¦n hab¨ªa llorado. Mika tambi¨¦n hab¨ªa estado preocupada por ¨¦l. La sensaci¨®n de calor en su pecho fue inevitable. Intent¨® moverse con lentitud para no despertarlas, pero incluso el m¨¢s leve movimiento de su mano hizo que Mika reaccionara primero. Con un suave suspiro, Mika abri¨® los ojos. Por un segundo, parpade¨® confundida, su mente a¨²n despert¨¢ndose. Pero cuando sus ojos encontraron los de Erik, su expresi¨®n cambi¨® por completo. ¡ª"Erik¡­" Su voz sali¨® en un susurro, con una mezcla de alivio y molestia. ¨¦l le sonri¨® d¨¦bilmente. ¡ª"Hey¡­" Mika apret¨® los labios, su ce?o fruncido, como si estuviera enojada, pero en su mirada solo hab¨ªa una enorme preocupaci¨®n. ¡ª"Por fin despiertas"¡ªmurmur¨® Mika, con la voz a¨²n algo ronca. Erik le dedic¨® una peque?a sonrisa para tranquilizarla. ¡ª"Lo siento, parece que las asust¨¦"¡ªdijo con sinceridad. Mika apret¨® los labios y neg¨® con la cabeza. ¡ª"Nos diste un buen susto, idiota"¡ªsusurr¨®, con un tono que, aunque parec¨ªa un rega?o, escond¨ªa un enorme alivio. Mika ten¨ªa tantas ganas de abrazarlo¡­ de besarlo. Pero estaban las dem¨¢s all¨ª. Apret¨® los labios con fuerza, intentando contenerse, pero al final no pudo evitarlo por completo. Se inclin¨® levemente hacia ¨¦l y le dio un peque?o beso en la boca. Fue un roce fugaz, un gesto apenas perceptible, pero Erik pudo sentir la calidez de sus labios y el temblor de su respiraci¨®n. Cuando Mika se alej¨®, su rostro estaba ligeramente sonrojado, pero mantuvo la compostura, fingiendo que nada hab¨ªa pasado. Sin embargo, no not¨® que alguien las hab¨ªa estado observando. Desde su lugar de descanso, Becca hab¨ªa visto la escena. No dijo nada. No reaccion¨®. Simplemente los observ¨® en silencio, su expresi¨®n indescifrable, antes de cerrar los ojos nuevamente, como si nunca hubiera visto nada. Erik sinti¨® la calidez de su mano a¨²n sosteniendo la suya, pero antes de que pudiera responderle, mir¨® a Suri nuevamente y le acarici¨® el cabello con suavidad. ¡ª"Suri¡­ despierta, peque?a." La ni?a murmur¨® algo en sue?os y se removi¨® un poco, hasta que pesta?e¨® lentamente y abri¨® los ojos. Al ver a Erik despierto, su expresi¨®n cambi¨® por completo. ¡ª"?Erik!" Con una emoci¨®n desbordante, se lanz¨® sobre ¨¦l y lo abraz¨® con fuerza. ¡ª"?Despertaste!" Erik solt¨® una leve risa y le correspondi¨® el abrazo con ternura. ¡ª"S¨ª, peque?a. Estoy bien." Suri gir¨® la cabeza para ver a las dem¨¢s. ¡ª"?Chicas, Erik despert¨®!"¡ªanunci¨® con entusiasmo. El sonido hizo que las dem¨¢s comenzaran a moverse. Becca, Lera, Arlea y Hada abrieron los ojos y, al ver a Erik consciente, sentado sobre su cama se apresuraron a acercarse. Antes de que pudiera reaccionar, Hada, que usualmente era la m¨¢s bromista y despreocupada, se acerc¨® con rapidez y, sin decir nada, se inclin¨® para abrazarlo. ¡ª?No vuelvas a asustarnos as¨ª! ¡ªdijo con voz temblorosa, apret¨¢ndolo con fuerza, incluso abrazando tambi¨¦n a Suri en el proceso. Erik sinti¨® su cuerpo temblar un poco y se dio cuenta de que incluso Hada, la fuerte y rebelde, hab¨ªa estado realmente preocupada. Arlea tambi¨¦n se acerc¨®, con su expresi¨®n siempre tranquila, pero esta vez sus ojos reflejaban alivio. ¡ªNos preocupaste mucho, Erik ¡ªdijo suavemente¡ª. Pero nos alegra verte despierto. Mientras todas se acercaban a comprobar que realmente estaba bien, Becca se mantuvo un poco atr¨¢s, observ¨¢ndolo en silencio. No era porque no estuviera feliz de verlo despierto, sino porque su mente a¨²n estaba atrapada en lo que hab¨ªa presenciado antes¡­ Hab¨ªa visto a Mika besarlo. No hab¨ªa sido un beso largo ni apasionado, sino m¨¢s bien un beso lleno de alivio y amor contenido. Un beso que Mika hab¨ªa dado en secreto, creyendo que nadie m¨¢s lo ve¨ªa. Becca apret¨® los labios, procesando lo que aquello significaba. No era sorpresa que Mika sintiera algo fuerte por Erik, pero ver esa muestra de afecto tan ¨ªntima la hizo darse cuenta de que los sentimientos de su amiga eran profundos, m¨¢s de lo que quiz¨¢ ella misma aceptaba. Y entonces, algo dentro de Becca se removi¨®. No estaba segura de qu¨¦ era¡­ solo sab¨ªa que no pod¨ªa dejar de pensar en aquel beso. ¡ª"?C¨®mo te sientes?"¡ªpregunt¨® Lera, con el ce?o a¨²n fruncido por la preocupaci¨®n. ¡ª"Nos asustaste mucho"¡ªagreg¨® Becca, acerc¨¢ndose mas, cruz¨¢ndose de brazos. Todas lo rodeaban, aliviadas pero expectantes. Quer¨ªan respuestas. En ese instante llegaron las mayores. Jaia, quien observaba con una mirada m¨¢s anal¨ªtica, fue la primera en preguntar lo que todas pensaban. ¡ª"Erik¡­ ?Qu¨¦ pas¨®? ?Por qu¨¦ reaccionaste as¨ª al ver la medalla de Suri?" El ambiente cambi¨® de inmediato. Las miradas se clavaron en ¨¦l con incertidumbre. Erik baj¨® la vista, tomando aire. ¡ª"Necesito decirles la verdad"¡ªdijo al fin, con un tono serio. Las chicas se miraron entre s¨ª, sintiendo que lo que estaba por decir era importante. ¡ª"Esa medalla¡­"¡ªErik trag¨® saliva¡ª"¡­ es m¨ªa." El silencio fue absoluto. Las mujeres lo miraron con asombro, y Suri, quien a¨²n estaba abrazada sobre ¨¦l, lade¨® la cabeza con confusi¨®n. ¡ª"?Qu¨¦ quieres decir?"¡ªpregunt¨® Mika, su tono ahora m¨¢s tenso. Erik cerr¨® los ojos un momento, buscando las palabras adecuadas. ¡ª "Esa medalla... me pertenec¨ªa cuando era un ni?o, se la di a alguien hace muchos a?os. A alguien que conoc¨ª... en mi mundo." El impacto de sus palabras se reflej¨® en los rostros de todas. ¡ª "?En tu mundo?"¡ªsusurr¨® Arlea, con los ojos muy abiertos. Erik asinti¨® lentamente. ¡ª "S¨ª¡­ creo que es momento de contarles de d¨®nde vengo realmente." El aire dentro de la caba?a se sinti¨® m¨¢s denso. Nadie se atrevi¨® a interrumpir. Porque todos sab¨ªan que lo que Erik estaba a punto de revelar cambiar¨ªa muchas cosas.