Arrastraba a los mu?ecos por el suelo mientras cojeaba. La ni?a estaba cubierta de sangre y sostenía una pala con las manos temblorosas. Su camisón blanco estaba manchado con gotas oscuras que contrastaban con la nieve recién caída.
Salió de la mansión descalza, dejando huellas rojizas en la escarcha de la madrugada. Caminó un rato con los mu?ecos colgando de sus brazos hasta llegar a un árbol enorme, con ramas nudosas que se alzaban como garras contra el cielo.
Dejó los mu?ecos en la hierba húmeda y comenzó a cavar. La pala se hundía en la tierra con un sonido sordo, y cada golpe resonaba en la quietud de la noche. Respiraba agitadamente, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Cuando el hoyo fue lo suficientemente profundo, tomó los mu?ecos con manos temblorosas y los arrojó dentro.Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation.
—No volverán… —susurró.
Tomó la pala y comenzó a echar tierra encima de ellos, cubriéndolos lentamente hasta que desaparecieron por completo. Finalmente, dejó caer la pala con un ruido metálico y cayó de rodillas, con la mirada vacía perdida en la oscuridad.