Terminó de har y ya se disponía a correr.
Evrie lo agarró de un tirón: —Ya se arregló todo, no te metas más en líos, mejor ocúpate de tu
zoológico, si no, Dulzura no tendrá dónde vivir.
Valerio seguía insistiendo: —?Ves lo que te dije? Nunca le des dinero a un hombre, te trae m suerte
de por vida, nadie me hace caso, se lo tienen merecido.
Evrie… —
E apenas disimuló un tic enisura de losbios: —Cuando veas a Rosa, mejor quédate
cado, e ya está bastante triste, no eches más le?a al fuego.
…
Evrie llevó a persona directamente a oficina de Simeón.
Para har de lo que necesitaba Valerio, era mejor tratarlo directamente con Simeón.
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Después de que e salió de una breve reunión, Valerio ya había terminado de har y estaba listo
para irse.
Antes de salir, de repente se acercó al escritorio de Evrie, bajando voz, dijo: —Ese auto que tienes,
?te lo regaló Farel, verdad?
Evrie ?…? —
Valerio resopló con desdén: —Tiene buena configuración, pero seguridad es deficiente, necesita
modificaciones.
Evrie se sintió abrumada de inmediato.
Ahí estaba de nuevo su obsesión con modificar todo.
E respondió con resignación: —Creo que ese auto está bastante bien, no necesita
modificaciones.copy right hot novel pub
Valerio sonrió con frialdad: —No pienses que no sé que estás con Farel. El viejo Marín es astuto y
siempre juega sucio. Puedes correr riesgos si quieres, pero al menos debo asegurarme de que estés
segura.
Evrie se quedó en silencio por un momento, recordandos peligrosas escenas de hace cuatro a?os.
Pensó un poco y lenzós ves del auto a Valerio.
—Haz lo que quieras. —
Valerio cogiós ves del auto, resopló y se fue con aires de superioridad.
Evrie lo miró irse y se sintió más tranqu.
Al final, ya fuera e, el zoológico o su amado auto, todos eran igual de importantes para él.
Eso estaba bien.
Durante toda tarde, Rosana se sumergió en su trabajo, silenciosa y concentrada.
Quizás finalmente se había dado cuenta de realidad, incluso dejó de consumir drogas.
Cuando llegó hora de salir, Valerio había traído de vuelta el auto de Evrie.
Por fuera no parecía haber ninguna diferencia.
Pero el manejo se sentía mejor.
Evrie no sabía si reír o llorar: —Gracias, entonces.
—Mientras yo esté, no tienes nada que temer.
Evrie lo miró seriamente y se emocionó.
—Valerio, gracias.
—Basta de agradecimientos, estoy harto de oírlos, me voy, adiós.
Valerio se giró, le saludó con mano sin mirar atrás y se marchó con decisión.
Como cada uno de los días de los últimos cuatro a?os.
Firme, serio, apasionado, despreocupado.
La habitación estaba tranqu, sin un solo ruido.
E fue a cocina a preparar cena,ió,vó los tos y cubiertos, y cuando terminó de limpiar,
ya erans once de noche.
Por primera vez, Evrie sintió que habitación era demasiado grande y que había una inefable
sensación de soledad.
Antes, cuando vivió en Capital durante cuatro a?os, estaba muy ocupada y su lugar era peque?o,
raramente tenía tiempo para divagar.
Ahora que tenía tiempo libre, no podía soportarlo.
—Ding dong—
El timbre sonó afuera, interrumpiendo los pensamientos de Evrie.
E volvió en sí y se levantó para ir a s.
Al abrir puerta, alta figura de Farel entró, trayendo consigo el frío de noche.
Evrie se quedó paralizada por un momento y luego lo miró: —Tú… —
Antes de que pudiera terminar, Farel abrazó fuerte, y e respiró su aroma.
—Te extra?é, así que vine. —
Farel no quería solta, bajó mirada fijándose en el rostro de Evrie con una mirada sincera y directa.
—Esta noche, me quedaré a dormir aquí.—
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