Capítulo <b>782</b>
Después de decir eso, e intentó huir apresuradamente del estudio.
Sin embargo, justo cuando pasaba por el pie de cama, Antonio se sentó, cruzando los brazos sobre— su pecho y con un tono calmado, le dijo, <b>“</b><b>iTu </b>zapati!”
Marisol: ”
Se vio obligada a frenar en seco, avergonzada de volver a recoger zapati que había caído en alfombra..
Sin atreverse a mirarlo de nuevo, Marisol recogió zapati y, sin siquiera poners, se marchó apresuradamente del estudio con zapati en mano. Poco después, desde el dormitorio de enfrente se escuchó un fuerte “?bang!“, lo que demostraba cuán alterada y apurada estaba Marisol cuando cerraba puerta.
?Quéstima!”
Antonio tardó en retirar mirada, esbozó una sonrisa y suspiro, “?Qué
Si no hubiera corrido tan rápido, tal vez en ese momento ya estaria en su propia cama.
Giró vista hacia camisa y los pantalones que habían quedado revueltos sobre si cerca de ventana, sus ojos se estrecharon en una delgada línea, desprendiendo un brillo gélido.
Después del ajetreo de noche anterior, Marisol se despertó ya <b>a </b><bs </b>nueve y media.
Bostezó al salir de habitación y vio que Antonio ya había preparado el desayuno, era unabinación nutritiva y abundante deida, y saludó con una sonrisa, “Marisol, buenos dias!”
Recordando lo sucedido noche anterior, el rostro de Marisol se ti?ó de vergüenza, y con voz baja le respondió, “Buenos días…”
Parece que Antonio tenía el día libre, después del desayuno se quedó en casa, su esbelta figura se veía por todas partes. Marisol solo podía forzarse a no seguirlo con mirada.
En ese momento, los pasos cesaron.
Desde el rabillo del ojo, Marisol lo vio sentarse en el sofá, con dos libros sobre cuidado prenatal ens manos. En uno de ellos, ramente se podia ver una página dodao marcador, indicando que él ya lo había revisado en algún momento…
E intentó concentrarse en el televisor, pero no pudo evitar mirarlo de reojo.
Lo vio sumido en su lectura, <b>con </b>un semnte serio,o lo veía usualmente en el hospital con su bata nca. En medio de lectura, cambió el libro de mano, y su mano derecha se deslizó hacia el bolsillo del pantalón.
Marisol sabía que ese era un gesto habitual en él, probablemente quería fumar,
Como se esperaba, sacó del bolsillo una cajeti de cigarrillos y un encendedor.
Sus dedosrgos tomaban un cigarrillo, pero parecia recordar algo y se detuvo, dejando el encendedor y cajeti sobre mesa.
<b>Marisol </b>bajó silenciosamente mirada.
él actuaba así solo por precaución hacia el ni?o.
Las manos sobre sus rodis se cerraron involuntariamente, y su mirada <b>se </b>centró en su vientre. Marisol forzó una sonrisa amarga.
<b>06:39</b>
“Marisol, te estoy hando!”
<b>La </b>voz <b>grave </b>de Antonio resono de repente cerca de su oido, haciénd sobresaltar.
Sin darse cuenta, Antonio había cerrado el libro y se sentó a sudo, sus prantes ojos estaban fijos
en su rostro.
Marisol parpadeo, <b>“</b>?Qué?”
Antonic inclino ligeramente cabeza y le repitió pregunta, “?Quieres una manzana o cerezas?”
“Una manzana…” Marisol le respondió sin pensar.
Antonio tomó una manzana del to de frutas y se ofreció.
Cuando Marisol extendió mano para recibir fruta, él no soltó de inmediato, sino que mantuvo firmemente presionada en
su mano y le dijo en voz baja, “?Marisol, más te vale que no tengas ms
intenciones!”
él sabía perfectamente que lo de noche anterior no sucedió porque estaba sonámb.
El sabia lo que e buscaba en medio de noche, y se preguntaba si Marisol estaba tan reacia a quedarse en Costa de Rosa o si neaba llevarse a su hijo con su exnovio Rodrigo.
Las emociones se agitaban en su pecho, amenazando con desatar una tormenta.
El corazón de Antoniotía con fuerza mientras contenía sus emociones. Quizás porque últimamente no había olor a cigarrillo en su cuerpo, desde que supo del embarazo de Marisol, casi no había vuelto a tocar un cigarrillo.
Anoche, cuando él salió del hospital hacia el mercado, tuvo que esperar porida recién hecha.
La oscuridad se cernía sobres estrechas calles, el ambiente era ruidoso, lleno de humo y mas. Al ver a un cliente fumando en un puesto, casi olvida su propia situación y sacó un cigarrillo para encenderlo, pero después de un par de cdas, se dio cuenta y lo apagó inmediatamente. Desde entonces, cada vez que sentía el deseo de fumar, lo reprimía con fuerza.
Ahora, sentía nuevamente el impulso de querer fumar.
Se imaginaba a hijo viviendo con otro hombre, y no cualquier hombre, sino con el exnovio de e con quien había reavivado un viejo romance. Al pensar que su propio hijo podría terminar mando padre a otro hombre, sentía que sangre le subia a cabeza.
Eso era inaceptable <b>para </b>Antonio.
Como noche anterior, entrecerró sus ojos que desteban con un peligrotente, “Incluso si encuentras el pasaporte y tu ca de identidad, no importa a qué país huyas, no podrás escapar de mi. ?Te encontraré a ti y a mi hijo!”
Marisol se quedó sin pbras.
Sus manos se apretaron con fuerza y luego se rjaron lentamente.? 2024 N?v/el/Dram/a.Org.
Porque él tenía razón, podia haber ocultado el embarazo al principio, pero ahora que él sabía sobre el ni?o, ya no habia lugar donde esconderse…
Por tarde, Marisol salió del dormitorio con su teléfono móvil en mano, su rostro se veia sonrosado por <b>siesta </b><b>que </b>había tomado.
Durante los <b>dos </b>dias desde que habian traido de vuelta del aeropuerto, habia estadoiendo y durmiendo, sintiéndoseo un animal criado en cautiverio…
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Al salir, giró a derecha hacia cocina.
Antonio estaba de pie frente a encimera de mármol,
E miró a Antonio, quien estaba concentrado en exprimir jugo en eledor, y anunció, “?Voy a salir!”
“?A dónde?” le preguntó Antonio, levantando mirada de sus ojos encantadores.
“?Relájate! Dijiste que no puedo escapar, solo voy a encontrarme con Gis“, le dijo Marisol con irritación, mostrándole el registro de madas en su teléfono para probar que eso era lo que quería hacer, y luego le preguntó, “?Puedo?”
“?Si!” Antonio levantó una ceja.
Marisol pensó que habría una negociación, pero él edió rápidamente. Dudosa, lo miró por un par de segundos, y al ver que su expresión era normal, frunció el ce?o y se dio vuelta para volver a su dormitorio a cambiarse.
Una hora más tarde, el Porsche Cayenne negro se abría paso a través del sol poniente.
Era hora pico, y el tráfico era lento. Antonio tenía ambas manos en el vnte, sin mostrar se?ales de impaciencia en su rostro, siguiendo el ritmo de música de radio con sus dedos, y su expresión era rjada.
En contraste, Marisol, sentada en el asiento del copiloto, mostraba una tensión evidente, con el rostro fruncido, además sus ojos no mostraban signos de tranquilidad.