Capítulo 656
Capítulo 656
Marisol sabía muy bien ques necesidades foológicas des que haba no erans mismas ques
suyas.
Como si no entendiers, se hizo tonta y le preguntó, No entiendo de qué estás hando…”
Te ahogasta en elgo, aparte de una leve infión pulmonar que te causó algo de fiebre, tu cerebro
y corazón están normales, y no tienes hendas eremas, adi que no hay nada que nos impida hacer…..
cualquier otra cosa, le explicó Antonio con misma ceniedad con que solía har con sus
pacientes, serio y sin titubeos.
Marisol se sonrojó hastas orejas
Cons piemas cruzadas, Antonio le dijo con pereza, ‘Así que esta noche no me voy voy a dormir
contigo.”
Al ver que empezó a decoronare carica después de decir eso, Marisol se rmó y le preguntó
nerviosa, “Antonio, de verdad no te vas a ir?
“Mmm,’ murmuró Antonio con
“No puede sent Manool se encogió de hombros instintivamente cubriendo su pecho, “Esto sigue
siendo una s de hospital,s enfermeras vienen a revisarme constantemente Wo te atrevas a hacer
nada indebido!”
“?Y quién me lo va a impedi? Antonio dejó ver un destello travieso en sus ojos.
Ta… Marisol temba con sus pesta?as.
Antonio echó un vistazo por ventana y de repente se levantó diciendo, “Ya es tarde, es hora de
dormir!”
Marisol lo vio agarrar ous hombros y con un peque?o empujón obligó a acostarse en cama. Su
voz temba cuando susurró, ‘Antonio, ?qué estás haciendo, tú?”
Su voz quedó ahogada por susbios, y el único sonido que escapó fue un débil gemido.
Antonio besó apasionadamente, agarrando su cara con una mano mientras se inclinaba desde el
borde de cama, dándole un beso tierno y paciente, además de profundo y apasionado.
Cuando soltó, Marisol ya estaba sin aliento. Cada beso de él le traía una sensación de conquista tan
intensa,o si estuviera cautiva, se sentíapletamente contrda por él.
Entre el pánico y falta de aire, de repente su visión se amplió.
*?Duermel
Antonio se volvió a sentar en si, “Cuando te duermas, me iré.”
Con losbios hinchados, Marisol le preguntó con voz incierta, “?Prometes que no te aprovecharás de
mí mientras
duerma?”
“Mmm,” murmuró Antonio con voz ronca.
Aún dudosa, Marisol lo miró, y entonces todo se oscureció, sus ojos cubiertos por su cálida mano,
como si él obligara a dormir así. Cerró los ojos y sintió el calor seco de su mano extenderse hasta el
fondo de su corazón,o si él nunca se fuera a ir
Poco a poco, Marisol se quedó dormida.
Antonio quizás nunca sabría que esa noche le había dado a e una sensación de seguridad que no
había sentido desde muerte de sus padres, algo que incluso después de cuatro a?os, recordaría en
la soledad de noche.
Al día siguiente, Marisol seguía en s del hospital.
Tocándose su cuello desnudo, suspiró.
A pesar de haber saltado algo sin importarle el peligro, realidad siempre difiere de imaginación.
Elgo era mucho más profundo de lo que e pensaba, ese día casi se ahogó buscando en el fondo,
pero había muchas algas y era muy difícil encontrar algo, y después de un rato sus piernas se
entumecieron y casi perdió vida…
Por noche, enfermera vino a retirarle aguja, y al ver oscuridad afuera se dio cuenta de que ya
pasaban des
ocho
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No sabía a qué hora se había ido Antonio noche anterior, pero había vuelto temprano por
ma?ana, trayéndole el desayuno. Como había conseguido que alguien lo reemzara en un viaje de
trabajo, lo que hizo fue tomar el lugar de supa?ero de trabajo, poniéndose bata nca.
Dijo que tenía cuatro cirugías programadas y que llegaría tarde para ve.
Marisol dirigió su mirada hacia puerta de s, donde se escuchaban pasos en el pasillo de vez en
cuando, pero ninguno se detenía ni era él. No sabía desde cuándo podía reconocer sus pasos con
solo escucharlos.
Mientras enfermera retiraba aguja en esos breves momentos, Marisol miraba repetidamente hacia
la puerta y con una sonrisa enfermera le preguntó, “?Esperas a alguien?”
“?No!” negó Marisol, aunque realmente no lo sentía así.
Pero tan prontoo enfermera se fue, Marisol no pudo evitarlo y, tomando una chaqueta, salió de
la s.
Marisol ya estaba acostumbrada a este hospital privado, o al menos al departamento de cardiología.
Saliendo del ascensor, se dirigió con familiaridad hacia oficina de Antonio, y tocó suavemente
puerta. No estaba cerrada con ve, así que se abrió con un ligero giro, pero adentro no había luz ni
gente.
Frunció el ce?o, cerró puerta y se dirigió a estación de enfermería.
En pared de recordatorios estaban ramente escritos los procedimientos quirúrgicos de Antonio. Al
girar cabeza, sin embargo, notó el desorden en el suelo, donde muchos frascos de suero y bolsas
de medicamentos estaban rotos, y varios pacientes murmuraban entre sí con curiosidad.
Marisol, confundida, le preguntó a enfermera que se preparaba para limpiar, “?Qué sucedió aquí?”
La enfermera, con el ce?o fruncido y un tono irritado, resopló y le dijo: “?Qué más puede pasar en un
hospital? ?Problemas con los familiares de los pacientes!”
“?Qué sucedió?” Marisol de repente sintió curiosidad de una periodista.
“?Ni me hables de eso!” Tal vez porque necesitaba desahogarse con alguien, enfermera miró y le
dijo con una expresión de agravio, “Hace media hora hubo una cirugía de emergencia, y el paciente no
sobrevivió. La familia del pacienteenzó a causar problemas, pero no consideraron que el paciente
tenía ochenta y ocho a?os, hipertensión, colesterol alto, había tenido una cirugía de cráneo y dos
endoprótesis imntadas. ?Vivía en UCI, mantenido por medicamentos!”
“Antes de cirugía se les había notificado el riesgo, y cuando firmaron el consentimiento para
operación ya se les había advertido que había pocas esperanzas. Además, jel Dr. Antonio no es un
curandero! Tiene habilidades médicas excepcionales, pero no puede resucitar a los muertos. Si asi
fuera, ?nadie moriría en este mundo y todos seríamos
inmortales!”
Marisol sintió un golpe en el corazón, no era de extra?ar que no lo hubiera encontrado en
habitación.
Mirando el desorden, le preguntó con losbios apretados, “?Y el Dr. Antonio?”
La enfermera miró alrededor y suspiró, “Estaba aquí hace un momento, probablemente fue al peque?o
jardín de abajo.” Al oír esto, Marisol se dirigió rápidamente hacia el ascensor.
Cruzando el vestíbulo del hospital, llegó al peque?o jardín trasero. Una f de lámparas iluminaba el
camino y rápidamente encontró a Antonio sentado en un banco.
Todavía vestía su delgada ropa de cirugía, con el gorro y mascari aldo, los brazos extendidos
sobre el respaldo del banco, cabeza echada hacia atrás con los ojos cerrados. A lo lejos, parecía un
águ cons s extendidas, pero en oscuridad de noche, sus rasgos estaban vdos por una
fina neblina,os barreras imprables de un bosque, llenas de soledad.
Marisol ralentizó su paso, sintiendo una tensión interior.
Al acercarse, notó rigidez de los músculos de su cuerpo. No le dijo nada, simplemente se sentó a su
lado en silencio. No sabía qué hacer, solo quería estar alli, a sudo.