Capítulo 635
Capítulo 635
Marisol terminó de asearse y llenar su estómago, y volvió a habitación del hospital donde estaba su
abu. Al abrir puerta, lo primero que vio fue a un hombre esbelto de espaldas, que contra luz
parecía tener hombros muy anchos y sólidos.
Recordando que habían mado “Sra. Pinales“, su mano en manija de puerta se detuvo un
momento y ajustó su respiración antes de entrar.
La anciana acababa de ser operada el día anterior, y aunque ya estaba despierta, aún no podía
sentarse y se veía un poco pálida, pero sus ojos viejos y sabios briban intensamente.
“?Abu, ya despertó!” Marisol le dijo con una sonrisa.
Al ver a su nieta, anciana apartó a su nieto y extendió sus brazos con cari?o hacia Marisol, “?Sí!
Escuché que estuviste aquí toda noche, Marisol, ?qué trabajadora eres!”
Marisol negó con cabeza diciendo que no había hecho nada extraordinario, y escuchó a anciana
conmovida continuar diciéndole, “Parece que sobrevivir a cirugía significa que vendrán tiempos de
buena suerte.”
“?Abu, seguro que su buena suerte es grande!” Marisol le contestó sonriendo.
“Jeje, ?también lo creo!” La anciana asintió con una sonrisa y luego miró a los dos con aún más
satisfión y consuelo que primera vez. En luz de ma?ana, parecían una pareja perfecta, ys
arrugas ens esquinas de sus ojos se profundizaron, “El deseo de Antonio de casarse ya se cumplió,
ahora ustedes dos deben esforzarse más.”
“?Esforzarnos en qué?” Marisol le preguntó confundida mientras agarraba su vaso.
La anciana le gui?ó un ojo y le dijo algo sorprendente, “?Darme un bisnieto travieso y adorable cuanto
antes!”
“?Puf!”
Marisol escupió toda el agua que estaba bebiendo.
La anciana le preguntó preocupada, “Marisol, ?estás bien?”
Marisol asfixiada, con agua en nariz, negó con cabeza en pánico, mientras una manorga y
esbelta le ofreció un pa?uelo y le dio unas palmaditas en el hombro, diciéndole con una sonrisa
tranqu a anciana, “No se preocupe, ?solo es que está avergonzada!”
Marisol, secándose con el pa?uelo, bajó mirada enplicidad.
Sin embargo, esta vez Marisol realmente se sintió avergonzada.
Como era lunes y tenía que trabajar, aprovechó excusa para escapar de conversación sobre
“ampliar familia “, y Antonio, que también tenía que ir al consultorio médico, se fue con e hacia el
ascensor.
Probablemente porque era lunes, había mucha gente en el hospital y el ascensor se detenía en cada
piso y cada vez más personas se subían.
Marisol estaba en el fondo y, a medida que entraban más personas, tenía que retroceder
constantemente hasta que, incluso acurrucada en esquina, siempre había alguien empujánd. De
repente, una sombra se cernió sobre e pa?ada de un distintivo aroma masculino.
Antonio, que estaba a sudo, se colocó frente a e y con un brazo apoyado en pared del
ascensor, formó una barrera sólida frente a e.
Marisol estaba atrapada entre su pecho y pared, y cuando levantó vista, vio su prominente cuello.
A medida que gente entraba y salía, el cuerpo de Antonio ocasionalmente rozaba el de e y
distancia entre los dos se hacía cada vez más corta, estaban tan cerca que podía oír lostidos de su
corazón bajo su camisa.
Marisol bajó mirada, tal vez por cantidad de gente, se sentíao si estuviera sin aire y no
pudiera respirar.
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Finalmente llegaron al primer piso, y e fue conducida fuera del ascensor con un gesto de su mano.
“Dame tu teléfono.”
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Capitulo 635
Una manorga y esbelta se extendió frente a e, y Marisol, todavía sintiéndose aturdida por falta
de aire, obedeció y sacó su teléfono del bolsillo para entregárselo.
Antonio rápidamente marcó una serie de números, mó y luego colgó, devolviéndole el teléfono,
“Pasado ma?ana al mediodía, llámame a este número.”
Antes de que Marisol pudiera responderle, él ya se había alejado rápidamente del vestíbulo.
E le mostró los dientes a su silueta que se alejaba y guardó el número bajo el nombre “Antonio
Patán“.
Pasado ma?ana, en cafetería del personal durante el descanso del mediodía.
Marisol llevó su bandeja y se sentó con supa?era de trabajo Gis en una mesa junto a
ventana, su momento favorito del día era pausa para almorzar, variedad de tos en cafetería
del canal era tan buenao de cualquieredor universitario, siempre hacía sentir en el
paraíso.
Apenas se habia sentado cuando Gisenzó con cierta vión, “Marisol, hay algo que…”
“?Qué pasa?” Marisol estabaiendo unas costis.
“El otro dia vi a Rodrigo en el centroercial del río,” Gis observaba su expresión, y al ver que
permanecía impasible, continuó, “y estaba con una mujer, era bastante guapa pero se veía arrogante.
Estaban muy cari?osos, probablemente sea razón por que te enga?ó. Parece que han vuelto al
país, y con lo peque?o que es Costa de Rosa, podríamos cruzámoslos en cualquier momento. Solo
quería que estuvieras al tanto…”
Marisol arrojó el hueso y le dijo con indiferencia, “?Que se vaya a Marte, a mí qué!”
Al ver que Marisol había superado situación, Gis asintió con alivio.
Después del descanso, de vuelta en oficina, el editor en jefe les había dejado una p de borradores
para terminar. Marisol, tecleando rápidamente frente alputador, apenas había empezado con uno
cuando el teléfono en su cajónenzó a sonar.
Lo sacó y vio en panta “Antonio Patán“.
Marisol cogió el teléfono y se fue al ba?o para contestarle. Sin darle tiempo a har, escuchó voz
molesta de Antonio, “?Qué hora es?”
“?Eh?” frunció el ce?o, miró su reloj y replicó, “Faltan tres minutos paras dos, ?no puedes mirar
hora en tu teléfono?”
Al terminar, voz de Antonio se endureció aún más, “?Ahora te das cuenta? ?No te dije que me
maras hoy al
mediodía a este número?”
“Lo siento, se me olvidó!” Marisol se llevó una mano a cabeza.
Recordó que sí, cuando dejó el hospital el día anterior, él le había dado su número y le había dicho
que mara, pero e lo había olvidadopletamente.
“?Has estado esperando mi mada todo este tiempo?” le preguntó Marisol con caut.
“?No!” Antonio lo negó rotundamente y su tono de voz se elevó, “Tuve cirugías toda ma?ana, acabo
de salir del quirófano. ?Quién va a estar esperando tu madao un idiota!”
Marisol frunció elbio, molesta por sus gritos, y le dijo, “Entonces, ?cuál es el asunto? Ha ya, que
tengo que trabajar.”
Hubo una pausa en mada y luego Antonio le respondió, con un ligero matiz de iodidad, “Esta
noche as siete y media, en el Restaurante Shirley, junto al río.”
“?Y por qué debería ir?” Marisol estaba confundida.
“?Acaso no conoces el concepto de ‘obediencia y virtud‘? ?Como tu marido, debes hacer lo que yo
diga! Y si vuelves a llegar tarde, ?ya verás!”
Con eso, Antonio colgó.
su escritorio molesta, rodó los ojos y suspiró
Marisol solo pudo refunfu?ar frente a panta del teléfono, volvió a su escritorio molesta, rodó los
ojos y suspiró profundamente, “Ay, qué bueno era estar soltera…”