Capítulo 569
Capitulo 569
Al ver esa situación, Bianca echó un vistazo a vi y se acercó con una expresión de confusión y
preguntó: “?Qué pasa, Silvia? ?Qué te sucede?”
La que había salido corriendo era Silvia, quien en ese momento tenía el rostro lleno de enfado, tan
marcado que hasta sus delicados rasgos parecían torcidos, haciénd lucir de una manera especial.
“?Ay, Bianca, estoy tan furiosa que podría morirme!” Silvia pataleaba y sus ojos se habían enrojecido
aún más.
Bianca, confundida, fingió sacar un pa?uelo de su bolsa y se lo ofreció para consria. “No llores más,
?qué ha pasado?”
“?Todo es por culpa de esa Violeta!” Silvia dijo entre dientes.
“?Violeta?” preguntó Bianca, sorprendida.
Miró nuevamente hacia vi y después enfocó su atención en el Range Rover estacionado en el
patio por un instante. Cuando había llegado, había visto ese Range Rover nco y sabía que Rafael y
Violeta también debían estar alli.
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“?Sí, e misma!” dijo Silvia con voz llena de odio, pronunciando cada pbra con rencor. “E no es
capaz de nada, al bajars escaleras no prestó atención y un criado golpeó haciénd caer. No
protegió bien al ni?o, se perdió, pero ?qué tengo que ver yo con eso? ?Y luego va y le cuenta todo a
nuestro abuelo echándome culpa, diciendo que yo le ordené al criado que lo hiciera, eso es
demasiado! El criado ya dijo que fue un idente, que nadie le ordenó hacer nada, pero e insiste en
que yo tengo algo que ver.”
“Con lo del veneno para ratas ya me habían acusado injustamente, y lo soporté. Incluso estos últimos
tiempos no he hecho nada para arruinar su rción con Rafael, y ahora e se pasa de raya y me
hace cargar con culpa. ?Esto me está volviendo loca!”
Al final, Silvia parecía tener un mar de quejas que no sabía dónde expresar, ys lágrimas volvieron a
brotar, limpiándoss con manga.
Bianca estaba sorprendida al escuchar esto, pero luego pensó que no era tan difícil de entender.
A pesar de que no había pruebas para defender a Silvia del asunto del veneno para ratas, y aunque
Faustina había vuelto del extranjero furiosa para discutir con Melisa y defender a su hija, en los ojos de
los demás, todos creían que Silvia había sido culpable. Ahora que había ocurrido este incidente y
Silvia estaba presente ese día, era natural que Violeta sospechara de e.
Conteniendo una sonrisa, Bianca continuó consndo, “Ya, no te enojes más, ha con nuestro
abuelo y explícale bien, él te creerá.”
“Si me creyera, no estaría tan enojada. ?Nuestro abuelo me rega?ó fuertemente, ramente cree lo
que e dice y también piensa que podría haber sido yo!” Silvia dijo de manera indignada, secándose
las lágrimas otra vez y luego miró a Bianca con los ojos aún rojos. “Bianca, ?me ayudarías?”
“?Ayudarte en qué?” preguntó Bianca, confundida.
“?No he hecho nada y Violeta piensa que le hice perder a su bebé! ?Quién podría soportar eso? Ya
que es así, voy a asumir esa culpa. La última vez lo delxante fue una tontería, esta vez conseguí
una medicina que, si toma, ?nunca más podrá tener hijos en su vida! Ya soborné al criado que
mencioné, nuestro abuelo le encargó preparar un caldo nutritivo especialmente para e en cocina.
?Voy a hacer que el criado ponga medicina ahí!”
Silvia sacó un peque?o paquete de medicina nco de su bolsillo. “Entonces, Bianca, quiero que tú
me ayudes a entregárselo al criado más tarde. Con tanta gente en cocina, temo que si me
descubren, me atrapen. No te preocupes, no te involucraré directamente, solo necesito que le
entregues esto al criado y dile que viene de mi parte, je sabrá qué hacer!”
Bianca no extendió mano para recibirlo, ni prometió nada a ligera, sino que preguntó a propósito,
“Silvia, esto no es un juego, ?estás segura de lo que estás haciendo? ?Realmente quieres hacerlo?”
“?Por supuesto que sí!” dijo Silvia con un tono decidido, con esa expresión que no descansaría hasta
alcanzar su objetivo. Pero de repente cambió de tema, “Bianca, aunque no tengo pruebas sobre
aque vez que intentaron
envenenamme, se que fuiste tu quien cambió elxante por veneno de ratas, queriendo que Violeta lo
ingiriera. Ese día solo te lo conté a ti, así que no tienes por qué negarlo frente a mí. Puedes estar
tranqu, no te culpo, ahora solo tengo rencor hacia Violeta, me enfurece que haya echado culpa
sobre mi por lo del bebé, jojalá le hubiera dado arsénico aque vez!”
Bianca al percibir furia en los ojos de Silvia y su sincero deseo de venganza contra Violeta, dejó de
lado su caut y con tono amable trató de ganarse su confianza, “Chiquita, es verdad que lo que pasó
antes fue duro para ti, ?Bianca te pido disculpas! Luego dijo Bianca: Para serte honesta, mi odio hacia
e no es menor al tuyo; no solo me quitó a mi prometido, sino también a mi padre, y ahora hasta está
provocando que papá quiera divorciarse de mamá, ?nuestra familia no tiene paz! Así que tranqu,
esta vez si te voy a ayudar.”
“?Gracias, nca!” dijo Silvia con alegría, y luego agregó apresuradamente, “Y sis cosas se
complican, temo que abuelito volverá a culparme, ?tienes que defenderme!”
Al air esto, nca asintió aún más convencida, “?No te preocupes!”
En eledor, los tos ya estaban siendo servidos uno tras otro, y el aroma deida llenaba el
aire.
Luis ocupaba el lugar principal en mesa, con los hermanos Lamberto y Faustina a susdos. Violeta
y Rafael se encontraban junto a Lamberto. Silvia fue última en entrar, caminando lentamente con
cabeza baja,o si no esperara una cálida bienvenida. Sin embargo, fue Bianca quien se acercó
para pa?a a mesa. Mientras tanto, Faustina elogiaba constantemente a Luis, tratando de
aligerar el tenso ambiente presente.
Un sirviente salió de cocina llevando una bandeja con un tazón de poa azul y nca.
Luis carraspeó para mar atención y luego, con un suspiro, intentó romper el silencio, “Violeta,
todos sentimos mucho lo del ni?o. No te desanimes tanto. Ahora que necesitas recuperarte, pedí en
cocina que te prepararan un caldo fortificante. ?Bébete un par de tazas para revitalizarte!”
“Gracias, abuelito…” respondió Violeta con una débil sonrisa, aunque le costaba mostrar su alegría.
Rafael le tendió su gran mano, con una profunda preocupación marcada en su rostro.
Mientras el sirviente se acercaba, Bianca y Silvia varon sus ojos en el tazón que llevaba, y luego
intercambiaron una mirada cómplice antes de fingir desinterés.
Lo que Bianca no vio fue astucia en los ojos de Silvia al bajar mirada.
El sirviente estaba cada vez más cerca y, al colocar el tazón frente a Violeta, se detuvo sin irse,
mostrando una expresión de miedo y confusión antes de arrodirse súbitamente frente a Luis y decir
con voz temblorosa:
“Don Luis, este caldo… está adulterado con algo más…”