Capítulo 530
Capítulo 530
Violeta no podía dejar de pensar que algo estaba mal.
Aprovechando el momento en que Nono se levantó para ir al ba?o y Rafael y Lucio se fueron con él,
Violeta dejó su tenedor rápidamente y tiró de manga de Silvia, preguntándole, ?Qué pasa entre tú y
Lucio?”
Al escuchar pregunta, el rostro de Silvia se volvió a te?ir de rojo.
“La verdad, no es mucho, es que, es que…” Silvia dejó su tenedor y su cuchara sobre mesa,
balbuceando por un buen ratc hasta que finalmente logró decir con una voz apagada, “Una ma?ana fui
al supermercado aprar un montón de cosas para verte, ?te acuerdas? Ese dia Rafael también
estaba en tu casa, y ustedes dos estaban siendo tan cari?osos dnte de mi. Me senti un poco triste y
esa noche fui a un bar a beber.”
Violeta confirmó, recordando ramente ese día.
En aquel entonces, es dos apenas habían hechos paces y Silvia había llegado temprano en
ma?ana, incluso le había pedido que intercediera para que no enviaran de vuelta a Interra.
“?Y luego?” Violeta preguntó, ansiosa por saber más.
Silviaenzó a retorcer el mantel de mesa, “Luego bebi demasiado, para ser exacta, estaba
hecha un desastre. Por casualidad me encontré con Lucio, quien amablemente me sacó del bar. No
sabía dónde vivía y no tenía mi identificación conmigo, asi que no tuvo más remedio que llevarme a su
hotel. Estaba tan borracha que no tenía conciencia de nada, vomité por todas partes, y al final, él me
ayudó a quitarme ropa sucia… Lo vio todo.”
Violeta dejó escapar un suspiro involuntario.
Cuando Silvia despertó esa ma?ana, estabapletamente desnuda bajos sábanas, lo que llenó
de pánico al principio, temiendo haber sido aprovechada en su estado de embriaguez. Después de ver
que todo estaba limpio y ordenado, y que no había signos de desorden, y no sentía ninguna molestia
más allá del dolor de cabeza por el alcohol, se dio cuenta de que no había pasado nada peligroso;
simplemente había dormido muy cómodamente bajos cobijas. Luego vio a Lucio acurrucado en el
sofá…
Violeta no esperaba que hubiera tal episodio entre ellos, pensaba que su rción no pasaba de aquel
encuentro en el hotel.
Conocía bien a Lucio, era un caballero honesto y no del tipo que se aprovecha des mujeres. Sin
duda, si había actuado de esa manera, era porque no tenía otra opción. No es de extra?ar que ambos
se vieran incómodos antes, ese tipo de situaciones pueden ser bastante embarazosas.
Poco después, Nono regresó trotando, seguido de Rafael y Lucio.
Al terminarida y salir del restaurante, Silvia estaba s, tenía una ni?era en casa pero no un
chofer. Violeta miró a Rafael, que seguía indiferente, y luego se dirigió a Lucio, diciendo, “Lucio, te
queda de paso, ?puedes llevar a Silvia a casa?
Cuando Silvia vio que él no respondía, murmuro con indiferencia, “?Si no quieres, olvídalo!”
“Está bien,” Lucio respondió con una sonrisa suave, aunque con una pizca de iodidad en su
rostro, y luego le dijo, ?Vamos a mi coche!
Después de ver figura de Silvia siguiendo a Lucio hasta que se alejaron, Violeta se subió al coche
con Rafael.
Durante el viaje de regreso, le contó a Rafael sobre Silvia y Lucio. él reionó sin mucho entusiasmo,
limitándose a dar un “Hmm” monosilábico.
“Oye… Violeta no pudo evitar empujar su brazo.
Rafael agarró su mano de inmediato, sosteniénd en su palma y dijo con voz grave, “Solo me
importan tú y el ni?o.” Sus ojos oscuros y profundos miraban fijamente, con el reflejo des luces de
neón filtrándose por ventana, llenando sus ojos de un brillo tenue.
Violeta no pudo evitar perderse en esa mirada, y bajo luz roja del semáforo, sus ojos se
entrzaron en el confinado espacio del coche, llenando el aire con una atmósfera de afecto.
Capitulo 50
Ahora van a besarse?”
ConTEent bel0ngs to N?v(e)lD/rama(.)Org .
Desde atrás, de repente llegó voz suave y melosa de Nono.
Sentada en su si de seguridad, Nono atestiguó el coqueteo entre los dos, levantó sus manitas
ncas y gorditas para cubrirse los ojos y sonrió abiertamente, “Puedo cerrar los ojos”.
Las pbras infantiles hicieron que ambos no pudieran contener su risa, mientras que Violeta también
se sentía muy avergonzada.
Rafael extendió su brazo, bajó mirada y se inclinó hacia adnte, pero en lugar de besa, susurró
algo en su oído.
Después de escucharlo, Violeta inmediatamente negó con cabezao si fuera un tambor giratorio.
“?… No quiero!”
Rafael habló con calma, “Si no aceptas, entonces lo de ir a trabajaro habíamos acordado, no
cuenta.”
?Cómo puedes ser asi?!” Violeta se desesperó.
E había usado todas sus artima?as noche anterior, incluso había hecho esa cosa que
avergonzaba tanto, con boca. El ya había aceptado, ?cómo podía ser tan deshonesto!
El semáforo cambió y Rafael, mientras volvía a arrancar el motor, dijo perezosamente, “Todavía falta
un poco para llegar a casa, te doy tiempo para que lo pienses bien.”
af
Violeta se mordió elbio.
No era un camino muyrgo el que quedaba, y el Range Rover nco pronto entró al patio y se
detuvo.
Rafael sacó ve del coche y al abrirle puerta a Violeta, levantó una ceja y preguntó, “?Ya lo
pensaste?”
Violeta estaba tan avergonzada que su rostro se enrojeció y, sin darse cuenta, llevó su mano a su
boca. Al recordar esa escena explicita, se sentía demasiado avergonzada y con voz de mosquito dijo,
“Ya lo pensé, ?no te puedo hacer eso otra vez…?”
E siempre había sido tímida en esos asuntos, y había hecho ese tipo de cosas vergonzosas solo un
par de veces. La primera fue hace cuatro a?os, cuando decidieron empezar a salir, y siguiendo los
consejos de su amiga Marisol, intentó alegrarlo. La segunda vez no tuvo más remedio que usar su
arma secreta, sin imaginar que él quisiera más…
Rafael, satisfecho, tomó a su hijo y a e en brazos y caminó hacia vi.
Por noche, Violeta todavía intentaba esquivar situación, se quedó a propósito en habitación
infantil de Nono, y leyó casi un libro entero de cuentos de hadas junto a su cama, hasta que Nono ya
no pudo resistirse más y se quedó dormido asintiendo con su cabecita.
E no queria dejarlo sin dormir, así que lo acostó en almohada, y Nono cayó dormido al instante.
Sin otra opción, Violeta se arrastró lentamente de vuelta al dormitorio.
Al abrir suavemente puerta, Rafael ya estaba acostado dedo, apoyándose en un brazo y
miránd, ya se había duchado, ni siquiera tenía toa puesta, y con una voz serena pero un poco
ronca, le dijo, “Vivi, te estoy esperando”.
La mirada que le dirigía era tan ardiente que hizo sentir un calor en punta del corazón.
Violeta semió losbios y se armó de coraje para acercarse paso a paso…