Capítulo 478
Capítulo 478
Bianca, cargando consigo caja conida que habia recogido del restaurante, lucía un semnte
sombrio al salir. Al llegar a esquina del pasillo de emergencias, vio a Melisa, con un rostro igual de
turbado. Sorprendida, se acercó rápidamente. “Mamá, ?por qué no estás en habitación con papa?
?Qué haces aquí afuera tomando el aire?
Melisa se apoyaba en los escalones, una brisa que entraba por ventana abierta despeinaba
ligeramente su impecable mo?o.
Exclusive ? material by N?(/v)elDrama.Org.
“Bianca, ?yapraste el caldo de pollo que te pedi?”
“Si, ya lo tengo!”
Melisa miró hacia abajo, desconfiada. Es de ese lugar que a tu papá le gusta?”
“?ro! Hice todoo me dijiste, incluso consegui los encurtidos, le afirmó Bianca con un gesto de
cabeza. Había sido testigo del cuidado meticuloso de su madre hacia su padre durante tantos a?os.
Mirando en dirión a habitación, agregó, “Mamá, ?papá volvió a quedarse dormido? Pero si recién
se había despertado esta ma?ana!”
La expresión de Melisa se heló, su voz cortante, “No, Rafael está adentro con Violeta.”
“?Qué? Bianca se altero al escuchar eso, su rostro se tomó sombrio de inmediato, “Mama, ?estas
loca? ?Cómo le das a Violeta oportunidad de estar con papa? Ya bastante tuvimos con el asunto del
trasnte de higado, jahora deberíamos evitar a toda costa que e se acerque a papá!”
Tu padre queria ve, ?Qué otra cosa podia hacer? Melisa apretaba sus dientes con frustración.
Bianca estuvo a punto denzar caja deida que llevaba, con resentimiento le dijo, “Mamá,
?sabes a quién me encontre abajo? A Sebastian Hable con él un buen rato, intentando sonsacarle
algo, pero ya no me tranquiliza respecto a nuestropromisoo antes. Ahora ni siquiera lo
menciona Si se entera de rción entre Violeta y papa, ?no crees que su actitud cambiará aún
más?
Madre e hija se miraron, ambas con sentimientos de opresión y mncolía.
Al salir de habitación, Violeta estaba en brazos de Rafael, con su rostro apoyado en su pecho
Habia contenidos lágrimas dentro de habitación, pero al dar un paso fuera, no pudo evitar que sus
ojos se llenaran de lágrimas y sus emociones fluctuantes luchaban por calmarse
Con un origen tanplejo, seria dificil para cualquiera enfrentarlo con serenidad.
Al cerrarse puerta, Violeta creyo escuchar el sollozo bajo de Lamberto desde adentro. Era un sonido
sofocado y pesado…
A través de rendija, vio a Lamberto, quien siempre parecia despreocupado, envejecer de repente
varios a?os
Su rostro reflejaba una tristeza y mncolia que hacian temr su propio corazon. Sabia que esa era
la expresión de un hombre que ama profundamente a una mujer, estaba a?orando a su amada…
?Quién dice que los a?os no dejan hue?
Violeta se sintió aliviada por su madre. Al menos, los últimos ocho a?os de su vida no fueron solitarios,
el hombre que guardaba en lo más profundo de su corazón tampoco habia olvidado y a?oraba
tantoo e
Fue toda una vida de desencuentros.
Peroo Lamberto murmuro al final, aunque el destino jugó sus cartas y los separó, ellos estaban
destinados a no estar juntos, y ahora que estaban separados por vida y muerte, el amor persistia,
infinito y omnipresente.
De repente, Rafael le apretó el hombro, su voz tranqu sono en su oído, “Si sigues poniendo los ojos
tan rojos, vas a hacer que me preocupe de verdad.”
Levantando vista, Violeta vio ramente preocupación en esos ojos oscuros y profundos. De
manera juguetona frotó su nariz contra su camisa nca, diciendo con un murmullo, “Es solo que me
siento un poco conmovida…”
“Nosotros no vamos a pasar por eso.”
Capitulo 478
Rafael de repente levantó su barbi.
Esta vez, Violeta se sumergió profundamente en su mirada, esa mirada rodeaba tanpletamente
que casi hizo temr su alma.
Habían perdido cuatro a?os valiosos, pero después de tantos giros inesperados, finalmente habían
vuelto a encontrarse. Y ahora tenían a Nono, aunque le había faltado el amor materno durante cuatro
largos a?os, ya era mucho más afortunada que muchos otros ni?os. ro que sí, ellos no iban a
cometer los mismos errores. Se prometieron que en el resto de sus vidas, se mantendrian agarrados
de mano, sin soltarse jamás,
Violeta le sonrió a él con los ojos ys cejas arqueadas.
Luego, acurrucándose de nuevo en sus brazos, e susurró con voz tierna, “?Qué hacemos? Tengo
tantas ganas de ver a Nono.”
Rafael puso cara de pocos amigos por un momento.
Siempre que estaban en un momento intimo y dulce, algo rcionado con su hijo venía a
interrumpirlos.
Al ver sus pesta?as moverse con ansias, cedió a su deseo, “Ma?ana le pediré a Lucía que lo traiga.”
“Si Violeta asintió feliz.
El cuarto del hospital donde se encontraban estaba en otra área, zona C. Caminando de regreso a
la habitación, Violeta notó que afuera parecía haber alguien parado, era alguien que espiaba a través
de ventana de forma sospechosa.
?Podría haberdrones en el hospital?
Descartó idea rápidamente. Además, el intruso no parecía ser undrón y vestía de manera
bastante decente.
Violeta tiró suavemente de manga de Rafael, “Rafael…”
Rafael siguió su mirada y entrecerró los ojos.
Camino rápidamente hacia esa persona y de un golpe, agarró con fuerza el hombro del hombre, que
soltó un gemido de dolor y se giró con una mueca, exmando, “?Rafael!”
“?Héctor? ?Qué haces aqui? Rafael pareció reconocerlo y soltó su agarre.
Violeta, que habia seguido a Rafael, también sintió que conocía al hombre, y pronto recordó que era el
chofer que trabajaba para Sebastián.
Héctor se frotabas manos y se veía un tanto avergonzado, “El Se?or Sebastián me mandó a
entregarle algo a
se?orita.
“?Para mi?” Violeta se sorprendió.
“?Así es!” Héctor asintió rápidamente y le pasó a Violeta una lonchera térmica que había estado
sosteniendo, “El se?or dijo que pasaba por aqui de casualidad y aprovechó para traerte esto.”
Una vez cumplida su misión, Héctor salió corriendo.
Violeta aún estaba desconcertada, parpadeando hacia Rafael.
él también fruncia el ce?o, igual de confundido. Violeta bajo vista hacia lonchera térmica que
había aparecido de nada en sus manos. Estaba perfectamente seda y no se podía oler nada. Con
curiosidad, desenroscó tapa y de repente, un vapor caliente le golpeó el rostro.
?Era acaso un nutritivo caldo de carne?
Violeta entró al cuarto de hospital todavía atónita, y no dejó de agarrar lonchera hasta que se sentó
al borde de
cama.
Justo cuando cerró puerta, ésta se abrió de nuevo apenas un poco, y Héctor, que acababa de irse,
volvió corriendo. Asomó su cabeza, visiblemente jadeante, y dijo, “Rafael, en prisa se me olvido
decir algo. El se?or me pidió que vuelva por noche a buscar lonchera. ?No quiere que quede ni
una gota!”