Capítulo 132
Capítulo 132
Era de noche y cenaban en una parrida, una des más antiguas y concurridas del lugar.
Julián había reservado una mesa con anticipación y al llegar, se dirigieron directamente a un salón
privado. En el centro de mesa rectangr, había una parri. Una vez que a?adieron el carbón, el
lugar se calentó rápidamente.
Justo cuando el camarero terminó de servirida, sonó el celr de Violeta.
E lo sacó, echó un vistazo y en lugar de contestarlo inmediatamente, se levantó de su asiento y dijo,
“Voy a tomar esta mada”.
Julián sonrió, su atención ya estaba centrada en los grandes trozos de carne en parri.
“… ?H?” Violeta contestó mada una vez que salió del salón privado.
Del otrodo de linea, se escuchó voz serena de Rafael, “Todavía no has vuelto?”
?Necesitas algo?” Violeta preguntó a defensiva.
“No, nada.” Rafael respondió con indiferencia. Después de una pausa, a?adió: “?Estás con Julián?”
“Mmm…”
“Ah.”
Hubo un silencio incómodo antes de que Violeta frunciera el ce?o y preguntara, “Si no hay nada, voy a
colgar…” Justo después de decir eso, Rafael colgó primero.
Cuando Violeta volvió a s, Nico ya estaba devorando carne envuelta en tortis, hando con
la boca llena: “Violeta, ven a probar esto, está delicioso!”
La carne, marinada y asada hasta adquirir un tono dorada, se cortaba en peque?os trozos con unas
tijeras, produciendo un sonido delicioso.
Violeta sintió hambre solo de verlo y cogió un trozo con los cubiertos.
Justo cuando estaba a punto de sumergirlo en salsa, su celr volvió a sonar. Sacó el teléfono y
panta mostraba de nuevo a Rafael.
Violeta mordió subio y esta vez contestó mada directamente en mesa. Bajó voz y
pregunto: “?Qué necesitas?”
“Nada.” Rafael respondió de misma manera que antes. “Solo quería saber cuándo vas a volver a
casa. “No sé…” Violeta miró el trozo de carne en su to, tragando saliva. “Deja de molestar, estoy
cenando.” Después de colgar, decidió que si Rafael volvía a mar, lo ignoraría o silenciaria su
telefono
Pero en lugar de madas,enzó a recibir mensajes de texto.
Rafael: “?Cuándo neas volver a casa?”
Rafael: “Ya sons siete y media, ?no vas a volver?”
Rafael: “El sol se ha puesto, no es seguro para una chica estar s afuera.”
Cada diez minutos, su teléfono vibraba.
Todos los mensajes insistente eran de misma persona.
Violeta miró los numerosos mensajes sin leer en su teléfono, sorprendida por paciencia de Rafael.
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Jolian, sentado frente a e, notó su ce?o fruncido y preguntó con preocupación: “Leta, ?estás
recibiendo mensajes de acoso?”
“No..” Violeta negó con cabeza No consideraba que los mensajes fueran acoso, solo dijo: “Es solo
un vecino.
No había mentido, Rafael era su vecino…
Mientras haba, llegó otro mensaje de Rafael, con un contenido muy simr.
Violetaenzó a sentir un dolor de cabeza,
Después de cenar y salir de parrida, una vez que subieron al carro, Violeta, agobiada, sostuvo su
teléfono y dijo: “Julián, no me siento muy bien hoy, ?podemos llevar a Nico a pasear otro día?”
“?Te sientes mal, te has resfriado?” Julián preguntó de inmediato.
No estaba molesto por su cambio de nes, sino preocupado por su salud.
Violeta negó con cabeza, sintiéndose culpable, “No es nada, tomaré un par de pastis para el
resfriado cuando llegue a casa…”
“Está bien, te llevare a casa primero, descansa temprano.” Julián asintió sin sospechar nada.
Durante el camino, Julián estuvo preguntando por su bienestar, incluso estuvo a punto de detenerse
en una farmacia.
Cuando llegaron al antiguo edificio residencial, Violeta se quitó el cinturón de seguridad y acarició
cabeza de Nico, que se asomaba desde el asiento trasero, “Lo siento, Nico, había prometido ir contigo
a pasear..
“No importa, Violeta, tienes que cuidarte”, el peque?o negó con cabeza, con una expresión seria.
Al ver esto, culpa de Violeta se intensificó.
Después de ver alejarse el jeep, se volvió y entró al edificio.
Violeta subiós escaleras de una corrida y justo cuando sacabas ves, puerta blindada de
enfrente se abrióo esperaba.
“?Ya estás aquí?” Rafael tenías manos en los bolsillos.
Violeta se sintió furiosa, apretó los dientes y le preguntó: “?Qué quieres, Rafael?”
“?No dijiste que me cocinarías huevos fritos después de que me recuperara?” Vestido con ropa de
casa e iluminado bajo luz del interior, los ojos perezosos de Rafael parecian aún más indiferentes.
?Todo esto porida?”
?No podría ser otro día?
“Sí, he estado esperando.” Rafael asintió seriamente.
Violeta respiró hondo, tratando de mantener calma.
Agitós ves en su mano, “?Ahora te cocinaré!”
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Entró a casa y se dirigió directamente a cocina. Aún quedaba medio paquete de huevos que Rafael
habiaprado última vez, también había tocino crudo y cebo.
Sevós manos, encendió estufa y murmuro “No entiendo, ?por qué siempre quiereser esto.
“Porque me gustaer lo que tú haces, tiene sabor a ti.”
Rafael se apoyaba en el marco de puerta de cocina, a?adiendo eso.
Violeta le echo un vistazo, luego volvió a cocinar
Bajo cabeza y se sonrojó lentamente
Capouin 1.2
Parecia que no habia nada malo en lo que dijo, ?fue e que tenia mente sucia?
El día siguiente era domingo.
Violeta se levantó temprano, preparó pastel y galletas, luego tomó el autobús para visitar a su amiga
Marisol. Desde que se mudó, no había tenido oportunidad de visita.
Cuando llegó, ha un portero vigndo. Después de registrarse, dejaron entrar.
Marisol, vestida con poca ropa, estaba esperando en puerta del edificio. Cuando vio a Violeta,
arrastró al
ascensor.
Violeta recorrió cada habitación y miró por ventana panorámica, y no pudo evitar exmar: “Marisol,
este lugar es increible! ?Es incluso mejor ques fotos que me mostrastel”
“Ja, ja, si!” Marisol sentíao si se hubiera sacado lotería.
“?Recuerdas a se?ora de enfrente, Marisol?” Violeta se sentó yenzó a contarle, “Se mudaron y
alguienpró el apartamento, ?adivina quién se mudó?”
“?Ah? ?Quién?”
“Rafael…”
Al oír esto, Marisol parpadeó, “?En serio? ?Qué coincidencia!”
La reión fue muy diferente a lo que Violeta esperaba. Pensaba que al menos habría un poco de
chismorreo, pero Marisol se mantuvo tranqu.
Después de cenar juntas, Violeta volvió a casa.
Mientras subias escaleras, podia oir voz de Marisol en su oído, diciéndole antes de irse: “Violeta,
ten cuidado. El Sr. Castillo está soltando cuerda, puede que con paciencia pueda agarrar un gran
pez…
Violeta frunció el ce?o, confundida.
?Era e ese gran pez” ?
No sabía si era por esas pbras, pero cuando volvió a casa, Violeta estaba un poco nerviosa.
Especialmente cuando el silencio de noche fue interrumpido por el sonido de golpes en puerta, se
le erizo piel.
“?Toc, toc, toc!”