Capítulo 29
Capítulo 29
Era un hombre apuesto, con los ojos ligeramente inclinados hacia arriba.
Al igual que su tono de voz, había una pizca de rebeldía en sus ojos y suportamiento sugería que
era uno de los jóvenes ricos que a menudo se veían por aqui.
Sin importar quien fuera, Violeta estaba agradecida.
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Hubo un alboroto en el pasillo, llegaron muchos trabajadores del club.
Lo que sorprendió a Violeta fue que el líder era su gerente, que parecía aterrorizado.
Al ver esto, e se sintió un poco insegura y miró hacia el hombre que ya tenía cara llena de sangre.
Si él era un personaje importante con el que no se podían meter, entonces estarían en problemas.
Para su sorpresa, cuando el gerente llegó, ni siquiera miró al hombre en el suelo, sino que se dirigió
con una sonrisa obsequiosa y cautelosa al hombre que se recostaba de manera casual en el marco de
la puerta: “Se?or Elias, ?qué fue lo que le molestó?”
“?Sácame a este cerdo de aquí, me molesta verlo!” El hombre le indicó con barbi.
“Si, si, inmediatamente!” El gerente asintió de inmediato y ordenó a los guardias de seguridad que se
llevaran al hombre.
Violeta, que ya se había levantado del suelo, no pudo evitar mirar al hombre un par de veces más.
Frente a entrada del club había un Bentley negro que había estado encendido todo el tiempo pero
que aún no se había ido.
La ventana trasera que quedaba abierta revba un brazo fuerte apoyado en e.
Bajo camisa enroda, luz del reloj de lujo en su mu?eca era apenas visible, y entre sus dedos
largos y delgados había un cigarrillo encendido que no había fumado durante mucho tiempo y cuya
ceniza ya estaba bastanterga.
No fue hasta que Raúl salió corriendo del club y cerró puerta del auto que ceniza cayó al suelo.
Sentado en el asiento del copiloto, Raúl se giró y le reportó respetuosamente: “Se?or, Srta. Violeta
está a salvo, ese hombre no pudo hacerle nada. Pero no fui yo quien intervino…”
Rafael, al escuchar esto, levantó los ojos.
Raúl observó expresión de su jefe, “Parece que fue Elias…”
Los ojos profundos de Rafael se entrecerraron, el cigarro en su mano se apagó y lo tiró casualmente a
la papelera antes de cerrar ventana del coche.
Raúl mirós chispas que saltaban fuera de ventana y sonrió por dentro, “Debías haber intervenido
antes si querías ser el héroe, pero alguien te robó el protagonismo…”
“?De qué estás murmurando?”
“… ?Nada!”
“?Conduce!”
Violeta fue al ba?o a arrerse.
Durante el forcejeo con el hombre, dos botones de su blusa se habían caído, pero afortunadamente
estaban en parte de abajo. Unapa?era de trabajo entró, pero sólo para preguntarle de manera
simbólica cómo estaba, ya que este tipo de incidentes no eran raros en el club.
Miró el reloj, se animó y volvió a trabajar.
Cuando Violeta salió, vio que ese hombre mado Elias aún estaba allí, con los brazos cruzados,
esperand.
Y su mirada traviesa estaba fija en e, obviamente estaba esperando que e saliera.
Violeta no podía hacero si no lo viera, y por actitud del gerente podía ver que no era una
persona normal. Lon importante era que le debía darles gracias.
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Se acercó a él, con un cierto grado de respeto, “Se?or, olvidé decirselo antes, igracias!”
“?Eso es todo? El hombre le preguntó con diversión.
“?Cómo más quiere que le agradezca, se?or?” Violeta no pudo evitar sentirse molesta y apretó los
dientes con obstinación, “Sé que me salvaste antes, y estoy muy agradecida, pero si crees que por
eso puedes hacerme…”
“Violeta.” El hombre interrumpió.
“Eh?” Violeta se sorprendió al ser mada por su nombre.
“?De verdad no te acuerdas de mi?” El hombre encogió sus hombros.
“Violeta estaba aún más confundida, mirando al hombre frente a e que siempre tenía una sonrisa
traviesa en su rostro, pero cuya mirada parecia de alguien que había conocido durante mucho
tiempo..
Un recuerdo en su menteenzó a surgir lentamente en su mente, y en un instante, abrió los ojos de
par en par, “?Eres tú!” “Eres tú! ?Elias Vega!”