Capítulo 20
Capítulo 20
La bulliciosa fiesta continuaba.
Violeta permanecia en su lugar, cons manos entrzadas frente a e, continuando con su servicio
a los invitados, mientras mantenía una mirada vignte sobre Est, quien pasaba el tiempo flotando
alrededor de Rafaelo una
mariposa.
Hoy, Est lucis un vestido de noche de hombros descubiertos, con un escote apenas visible que
hacía parecer una princesa deslumbrante.
Violeta bajó vista hacia su propio atuendo, aunque también llevaba un vestidorgo para ocasión,
ramente no estaba en misma categoría que el de Est.
Era simplemente el uniformeún de todass meseras.
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No muy lejos, un ni?o peque?o apareció frente a Est.
De unos cinco o seis a?os, vestia un elegante traje peque?o y tenía unos ojos traviesos que giraban
sin parar.
Después de que Est le dijo algo, el ni?o corrió hacia Violeta.
“?Me puedes conseguir un jugo, por favor?” Le preguntó a Violeta, con su voz infantil y aguda.
Violeta pensó en un ni?o que conocía al otrodo del continente, y su rostro se suavizó al recordarlo.
Le acarició el cabello al ni?o y le dijo: “?Por supuesto!”
Violeta se giró y escogió un jugo de toronja con poco azúcar.
Justo cuando estaba a punto de servirlo, escuchó un peque?o “chas”, seguido por el sonido de una
t desgarrándose.
De repente sintió un frío en su parte inferior y cuando se giró para ver lo que estaba pasando, ya era
demasiado tarde.
La falda de su vestido cayó al suelo, suaveo una hoja, y el ni?o, aparentemente satisfecho con su
broma,enzó a reírse a carcajadas y a correr.
“?Ay Dios!” alguien gritó, y todos los ojos se volvieron hacia e.
“?Qué vergüenza!”
“?Si fuera yo, me tiraría al río de una vez!”
En medio del bullicio de multitud, Rafael miraba con el ce?o fruncido. Vio que había una nube de
lágrimas empa?ando sus ojos, pero nunca derramó ninguna. Le hizo una se?al a su asistente.
La falda de su vestido había sido arrancada desde cintura, y el ni?o travieso se había llevado t.
Violeta se encogió, agradecida de llevar bragas debajo del vestido, pero eso no mitigó su vergüenza.
Intentó cubrirses piernas con sus manos y se envolvió en un mantel que estaba cerca.
Su rostro se volvió pálidoo un fantasma, especialmente pors miradas burlonas de multitud.
?Cúbrete con esto!” alguien le pasó una chaqueta de hombre por detrás. Era el asistente de Rafael.
Violeta recibió chaqueta con gratitud y se puso alrededor de cintura. “Gracias…”
Otros meseros se acercaron y ayudaron a salir de allí.
Después de que fiesta terminó, noche se volvió mucho más tranqu.
En un rincón del barco, había un peque?o bote de remos amarrado, con dos remos en él.
Raúl, el asistente de Rafael, serio y sin una sonrisa en cara, le entregó un mensaje a mujer frente
a él: “Se?orita, el Sr. Castillo le da diez minutos para abandonar su barco,”
“?Qué?” Est, aún con su vestido de noche puesto, se enfureció. “?Eso es imposible! ?Por qué
Rafael me echaría de su barco? ?Voy a har con él ahora mismo!”
“El Sr. Castillo dijo que deberías pensar en cómo tuportamiento puede afectar el acuerdo de tu
padre.”
Est palideció.
?Estaba insinuando que suportamiento podría poner en peligro el negocio de su padre?
Est pensó rápidamente en los pros y los contras
A rega?adientes, recogió su falda y trepó al bote de remos.
Raúl, sin mostrar ninguna emoción, le recordó: “Se?orita, debo ve irse con mis propios ojos.”
Est apretó los dientes, lenzó una mirada furiosa a Raúl, yenzó a remar.
No fue hasta que vio que el bote de remos se alejaba cada vez más que Raúl se sintió aliviado. Había
cumplido con tarea que su jefe le había eendado.
Estaba a punto de irse cuando una voz femenina lo mó: “Raúl!”