Rufino salió de ofema y vio a Lorenzo mirando espalda de Amelia, no pudo evitar saludarto con
sorpresa Eh? ?Como polds, Lorencito? ?Que te trae por aquí?
estas, to
All content ? N/.?vel/Dr/ama.Org.
El hombre se giro al escuchar voz y vio a tufino acercándose
“Vine a har de inauguración del proyecto, dijo Lorenzo.
?Yo te fue?, pregunto Rufino
“Casi todo está acordado. Solo que…
Lorenzo echo una mirada en dirión por que Amelia se había ido y luego volvió a mirar a
Rufino.
Su amigo más o menos entendió a que se referia y rápidamente levantós manos en se?al de
rendición: “No me mires a mi, yo no puedo meterme en pho”
hi no eres su jefe? Lorenzo replicó con un tono de molestia.
“?De qué sirve ser el jefe si e no necesita uno? Somos los jefes los que necesitamos talentoso
Amelia, dijo Rufino mirándolo, “Igual que tú, con tantos dise?adores disponibles y solo quieres trabajar
con e, eso ya dice mucho,
Lorenzo lo miro y no dijo nada.
Su amigo puso su brazo sobre su hombro: “Vamos aer algo.”
Lorenzo pensó en rechazar invitación, pero recordó atmósfera opresiva en que se ha
envuelto su casa los últimos dias debido a Fabiana, y negativa que estaba en punta de su lengua
se quedó ahí.
“Vamos entonces”
Dijo eso mientras se quitaba mano de Rufino y caminaba hacia el ascensor
Rufino se apresuró a seguirlo.
El ascensor se detuvo rápidamente en nta baja.
Para sorpresa de Rufino, Amelia todavia estaba en el vestibulo, parecia estar esperando a alguien.
Asi que mó: “?Amelia?”
E se giró al escuchar voz y al ver que era Rufino, lo saludó cortésmente: “Sr. Rufino,”
“?Estás esperando a alguien? ?Aún no te vas a casa?” preguntó con una sonrisa.
Amelia asintió suavemente: “Sí.”
De hecho, estaba esperando a Dorian y a Serena.
La noche anterior había prometido llevar a Serena depras, así que se había adntado para
recoge.
E acababa de terminar con su trabajo, por lo que no había ido con él.
“?Quieres venir aer algo con nosotros?” Rufino invitó sonriendo.
E sonrió y negó con cabeza: “No te preocupes, tengo que esperar a alguien, disfruten ustedes.”
Rufino asintió: “Está bien, entonces quedamos para otra vez.”
Después de despedirse, ambos hombres se fueron.
Rufino tenía que trabajar más tarde esa noche, así que no fueron muy lejos y encontraron una
cafetería en un centroercial cercano a oficina.
Amelia seguía esperando en el primer piso a Dorian y Serena.
Ellos llegaron unos diez minutos después de que Rufino y Lorenzo se fueran.
“Mamá,”
12 22
Capítulo 448
Viendo a Amelia de lejos mientras Dorian sostenía, Serena mó con una vocecita ra.
Amelia también le hizo se?as con mano y caminó hacia e.
La posibilidad de ir depras yer con sus padres tenía a peque?a muy emocionada.
“?Qué quiereser, Serena?”
Dorian, viendo que e se acercaba, se giró hacia Serena y preguntó.
Amelia era bastante estricta con dieta de Serena por su corta edad, por lo que rara vez tenía
oportunidad deer afuera. Si lo analizaba bien, habíaido fuera solo dos o tres veces.
La primera fue en Bariloche cuando casi se encontraron con Dorian; e estaba con Amelia y Rafael
en una cafetería.
La segunda fue en ciudad vecina de Valverde, con Frida y Amelia; en esa ocasión, todos eligieron el
restaurante pensando en el gusto de Serena, por lo que su conocimiento deida se limitaba as
cafeterías.
Así que rápidamente dijo que queríaer empanadas y merengada de fresa, unaida típica de
las cafeterías.
Dorian adoraba y al escuchar que queríaer eso, se fue con Amelia a una cafetería en el centro
comercial más
cercano.
A esa hora, el lugar ya empezaba a llenarse, pero por suerte aún disponían de una mesa alejada, un
espacio íntimo y tranquilo con un buen ambiente paraer.
“Una mesa, por favor,” le dijo Dorian al camarero.
“ro, por aquí,” respondió el camarero.
El mesero tomó el menú y con una sonrisa, guio a familia hacia zona un poco retirada en el
segundo piso.
En contraste con el bullicio del primer piso, al subirs escaleras, los recibió una atmósfera serena y
tranqu que inmediatamente los aisló del ruido de abajo.
El mesero los llevó hacia mesa al final del pasillo. Antes de que pudieran llegar al lugar, voz
potente y familiar de Rufino se coló sorpresivamente desde mesa contigua: “Lorencito, tengo que
preguntarte algo, ?Fabiana es o no es Amanda?”