Capítulo 423
Amelia se mordid ligeramente elbio, sin decir una pbra, solo lo abrazó suavemente.
Aparte de haberlo enga?ado para ocultar existencia de Serena, nunca hubo malentendidos entre
ellos
Siempre fueron directos el uno con el otro. Como el asunto del divorcio, cuando él le pidió
explicaciones porque pensó erróneamente que e había neado el divorcio antes de decidirse a
estudiar en el extranjero, e le aró que no era así. Fue una conversación que escuchó por
idente entre su padre y él lo que hizo tomar decisión de
casarse.
Dorian no le devolvió el abrazo,
él sabia que sus explicaciones y araciones no eran porque quisiera acercarse a él, sino
simplemente por
costumbre.
E siempre fue honesta y directa, excepto en asuntos que involucraban a su hija.
Apreciaba su sinceridad, pero bajo el alivio había una sensación de pérdida y desamparo
E todavia estaba en un estado de distanciamiento,o si pudiera irse en cualquier momento.
No era tan importante para e, siempre era racional.
Dorian no dijo nada más, pero finalmente levantó mano y abrazó suavemente.
Nadie habló, aunque estaban cerca, parecíao si estuvieran lejos
En elrgo silencio, el celr de Dorian sonó
Miró panta y era Cintia.
Al ver el nombre “Cintia“, su corazón dio un salto incontrble, temiendo que hubiera un problema con
Eduardo.
Solo si había un problema con Eduardo, Cintia se atrevería a marlo.
Hoy habia vuelto del hospital y Eduardo aún no habia despertado, si Cintia lo maba en ese momento
implicaba que algo habia ocurrido.
Dorian ocultó su preocupación y soltó a Amelia.
“Voy a contestar mada“, dijo.
E asintió y abrió puerta.
Dorian fue al salón con el celr y apenas contestó, voz llorosa de Cintia llegó desde el otrodo:
“Dorian, tu papá está inestable otra vez, ven a verlo, por favor.”
Dorian se tenso.
“Se lo que debo hacer“, respondió con calma, colgó y se volvió hacia Amelia, “Voy al hospital a ver a
mi papá, tú quédate en casa descansando.”
“?Tu papá está bien?“, preguntó e preocupada.
él le mostró una sonrisa tranquilizadora: “Está bien, no te preocupes.”
Amelia también forzó una sonrisa: “Vale, tú también cuidate.”
Luego le rendó: “Que el chofer te lleve, no dormiste bien anoche y hoy tampoco descansaste
mucho, no conduzcas.”
Dorian asintió: “Está bien.”
Después de darle algunas rendaciones, se fue.
Amelia cerró puerta y sonrisa desapareció de su rostro, reemzada por preocupación.
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E se había dado cuenta de seriedad en expresión de Dorian cuando recibió mada;
seguramente situación de Eduardo eraplicada.
Capitulo 42
Estaba preocupada, pero no podia ir al hospital con él
Eduardo no querría ve
Ir solo resultaria en lo mismo que habia pasado con Fabio o incluso peor,
Amelia suspiró suavemente, esperando que Eduardo se recuperara, después de todo, fue su hermano
quien lo ha
herido
Si él estaba bien, Dorian se sentiria mejor, después de todo, era su padre
Marta acababa de terminar de limpiar y al ver a Amelia perdida en sus pensamientos frente a
puerta, pensó que estaba preocupada por Serena y le dijo: “Si te preocupa el Sr. Ferrer, pa?alo.
Aquí estoy yo para cuidar de Serena Amelia se volvió y le sonrió agradecida: “No hace falta Marta
Descansa un poco, yo me quedo con Serena
“De acuerdo“, asintió Marta, “entonces voy a echar una siesta y luego iné aprar algo deida.
?Hay algo en particr que quieras que cocine para ti y el Sr. Ferrer esta noche?”
“Cualquier cosa está bien, no tepliques.” Luego se sentó en el escritorio.
La ni?era no insistió más, dejó el trapo que tenia en mano, se puso sus chans y cuando abrió
puerta de casa, notó que entrada y puerta estaban sucias. Como siempre habia sido muy
perfionista con limpieza, no pudo resistir y volvió a su cuarto por un trapeador para limpiar el
suelo,
Justo en ese momento,s puertas del ascensor se abrieron y Fabiana, junto con Manuel y Elisa
Sabin, emergieron de
él.
Fabiana iba adnte, mientras Manuel sostenia a Elisa por el brazo, caminando detrás de e,
además un jovent cargaba bolsas de todos tama?os, llenas de regalos
Como era primera vez que Fabiana visitaba el lugar, iba observando los números de los
departamentos mientras caminaba. Al ver a Marta trapeando en entrada, no pudo evitar echar un
vistazo al número de puerta, pero no coincidia con el que Dalia le había dado, así que rápidamente
desvió su mirada al siguiente apartamento.
Por otrodo, Manuel y Elisa pasaron por puerta abierta sin querer y echaron un vistazo al interior.
Amelia estaba sentada en el escritorio de s y Elisa vio de inmediato, exmando con sorpresa
y alegria: “?Amandita!”
Amelia giró cabeza confundida y al ver a Elisa en puerta, felizo una ni?a, se levantó
sorprendida.
“Abu? ?Cómo viniste?”
Fabiana, que ya había pasado, se detuvo de repente y regresó apresuradamente al ver a Amelia salir
del departamento, dijo con cierta incertidumbre: “Amelia? Eh, asi que no vives aldo.”
No pudo evitar mirar de nuevo el número de puerta, con una expresión de asombro en su rostro,
Manuel también reconoció cuando se acerco y le sonrid: “Se?onta Amelia.”
Amelia finalmente se dio cuenta de Manuel y Fabiana, aunque su sonrisa era un poco forzada, igual
asintió
cortesmente.
“Se?orita Amelia, dijo Manuel mirando a Amelia con una expresión seria y solemne, “Amandita es
joven e ingenua y sin querer usó tu obra, causándote da?o. Estamos realmente arrepentidos, hoy
hemos venido especialmente a disculparnos contigo.”
Amelia no dijo nada.
Manuel le hizo una se?a al joven que seguia detrás de él quien de inmediato entendió y presentó los
regalos que llevaba.
Amelia, al ver que él parecía querer dejarlos, lo detuvo rápidamente: “No los dejes“.