Capítulo 284
De hecho, apenas se conectó videomada y antes de que pudiera ver a persona al otrodo,
voz inquieta de peque?a resonó desde el teléfono.
“Encontré a una abuelita mientras estaba en una mada y abuelita no podía encontrar el camino a
casa, traje aisaría.”
así que
Amelia le dijc suavemente a Serena a través del video.
La carita de Serena apareció en el video y después de escuchar, asintió con sensatez: “Vale”.
Luego, preguntó confundida: “?Por qué abuelita no puede encontrar su casa?”
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“La abuelita está enferma”, dijo Amelia en voz baja.
“Entonces, ?a abuelita le duele?”, preguntó Serena.
“No, a abuelita no le duele, no te preocupes”, Amelia sonrió para tranquiliza, “Serena, juega con
Marta por ahí, ?y yo iré a buscarte en un rato, está bien?”
Serena negó con cabeza: “Quiero ir a buscar a mamá”.
Amelia calculó distancia entre el parque y estación de policía, no estaba lejos, así que asintió con
la cabeza: “Está bien. Pásale el teléfono a Marta”.
Serena obediente le pasó el teléfono a e.
Amelia miró a Marta a través del teléfono: “Marta, estoy enisaría aldo izquierdo de entrada
principal, justo por donde entramos, trae a Serena, te espero aquí”.
“Vale”.
Marta colgó el teléfono y en poco tiempo llegó llevando a Serena en brazos.
Tan prontoo peque?a entró y vio a Amelia, mó con una voz llena de pena “mamá”, luego al
ver que mano de Amelia estaba firmemente sostenida por abuelita aldo, se puso tensa y
cautelosa, se acercó en silencio aldo de Amelia, abrazó su pierna y luego con confusión miró hacia
arriba a anciana.
La anciana también miró con igual confusión.
Amelia notó ansiedad de Serena de inmediato, sonrió disculpándose con anciana, sacó una
mano, se inclinó para levantar a ni?a, besó y le dijo en voz baja: “Estoy aquí, no te preocupes
Serena”.
Después de calmar su inquietud, finalmente le pidió saludar a anciana: “Serena, dile h a
abuelita”.
La ni?a miró a anciana con curiosidad y luego obedientemente le dijo: “H abuelita”.
Algo pareció tocar a anciana, su expresión se volvió aún más perpleja, murmurando: “?Cómo es
que Amandita se ve más peque?a a medida que crece?”
Serena no entendía y miró a Amelia con confusión.
Amelia acarició su cabeza tranquilizánd y le dijo en voz baja: “La abuelita está enferma”.
La ni?a asintió con cabezao si entendiera.
E había estado jugando un rato, así que se veía un poco cansada y so?olienta.
Normalmente, también necesitaba tomar una siesta alrededor des siete u ocho.
Amelia le preguntó en voz baja: “?Quieres dormir?”
Serena asintió: “Si”.
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Amelia miró a anciana con disculpa: “Abuelita, ni?a está cansada, llevaré de vuelta, ?está bien
si voy a ve más tarde?”
Sin esperarlo, anciana se puso nerviosa y agarró su mano con fuerza al escuchar que se iba,
incluso mirando a
Serena con sospecha.
Temerosa de asustar a Serena, Amelia le acarició espalda para que se recostara en su hombro y no
se atrevió a luchar demasiado para nostimar a anciana ni asustar a Serena.
Marta vio que Amelia estaba en apuros y se adntó para tomar a ni?a: “?Qué tal si llevo a Serena
a casa a dormir?”
Amelia miró con duda.
Serena ya frotándose los ojos y le dijo a Amelia: “Mamá, me voy a casa con tía, puedes ayudar a
abuelita a encontrar
su casa”.
La forma en que entendió situación hizo que Amelia sintiera un nudo en garganta.
Le acarició cabeza y dijo: “Está bien, les conseguiré un taxi, eres muy buena Serena”.
La ni?a asintió: “Sí”.
Amelia sacó su teléfono y solicitó un taxi.
La información del pedido se envió y alguien lo tomó de inmediato, el conductor estaba a solo cien
metros, solo tenía que dar vuelta para llegar.
Amelia le dio información del vehículo a Marta, pidiéndole que le mara cuando llegaran a casa.
“Vale”.
Marta asintió y se despidió de Amelia, luego llevó a Serena a ori de carretera para esperar el
taxi.
Dorian acababa de salir de empresa y en su camino a casa pasaba por el parque infantil.
El parque estaba abarrotado, con un tráfico intenso y muchos ni?os correteando. él pasaba por allí y
como de costumbre, redujo velocidad.
Serena estaba de mano con Marta, esperando el taxi en acera.
E observaba cómo Marta estiraba el cuello para mirar los coches que pasaban y decidió imita,
rgando el suyo para ver mejor.
El carro de Dorian se acercaba lentamente por el carril más próximo al parque, cons ventanas
bajadas. Al pasar por entrada del parque, Serena, con su vista de águ, lo reconoció de inmediato
y gritó emocionada: “Se?or bonito!”
Amelia estaba en estación de policía, mirando por ventana.
El “?Se?or bonito!” de Serena resonó tan ro y fuerte que hizo que el corazón de Amelia diera un
vuelco y casi sin querer, miró hacia calle.
Vio el Porsche Cayenne negro detenerse de golpe y luego aparcar lentamente aldo del camino.
Dorian abrió puerta del conductor y bajó, sus oscuros ojos ya buscaban a Serena y en su rostro,
usualmente frío, apareció una suave
sonrisa.
Al ver a Dorian, Serena se soltó de Marta y corrió hacia él.
Dorian se agachó y abrió los brazos para atrapa.
La ni?a senzó a sus brazos y olvidando el cansancio, se acurrucó cari?osamente alrededor de su
cuello.
Dorian dejó hacer durante un momento y luego le preguntó: “?Acabas de ir a jugar, Serena?”
E asintió con cabeza: “Sí, jugué mucho, mucho.”
Estaba a punto de contar con los dedos todo lo que había hecho.
El taxi que pidió Amelia ya había llegado.
Marta vio el coche aparcado y rápidamente interrumpió a Serena, disculpándose con Dorian:
“Disculpe, Sr. Ferrer, nuestro taxi ya está aquí, no podemos hacer esperar al conductor.”
Dorian echó un vistazo al coche y frunció el ce?o, preguntándole a Marta: “?Adónde van?”
La mujer respondió: “Solo a casa, ni?a está cansada y necesita descansar.”
“Yos llevo, dijo Dorian, y mirando a Serena, preguntó, “?Te gustaría ques lleve a casa?”
La ni?a asintió con entusiasmo: “Si.”
Contagiado por su entusiasmo, Dorian sonrió y le acarició cabeza. Luego se disculpó con el taxista y
le dio 20 dresopensación por molestia.
El taxista no esperaba encontrarse con un cliente tan generoso, agradeció efusivamente y se fue sin
más.
Dorian cargó a Serena en el coche y Marta también subió.
Amelia observó que Dorian entraba al coche, se cerrabans puertas y el vehículo se alejaba
lentamente hasta desaparecer de su vista.
La anciana veia fijamente mirando por ventana y curiosa, también se asomó, pero no vio nada.
Pareció darse cuenta de que no había estado bien no dejar ir a Amelia y se sentía decaída,o un
ni?o que ha hecho algo mal y no sabía qué hacer con sus manos, sosteniendo de Amelia sin querer
solta.
Amelia le sonrió para tranquiliza.
La anciana también sonrió felizmente.
En ese momento, alguien entró apresuradamente en habitación, con respiración agitada: “Oficial,
se?ora Elisa todavía está aquí?”