AliNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
AliNovel > mi-frio-exmarido > Cap铆tulo 282

Cap铆tulo 282

    Capítulo 282


    Rufino solo sonrio, sin confirmar ni negar nada: “Vamos a trabajar, ya haremos después.)


    Y con eso, ya se habia ido.


    Amelia levanto vista para ver a Rufino alejándose, luego miró a Fabiana, quien parecía estar


    reflexionando y no mostraba se?ales de descontento en su rostro.


    La oficina de Amelia estaba cerca del espacio de trabajo de Fabiana y puerta siempre estaba


    abierta. Aunque chica haba en voz baja, Amelia no se perdió ni una pbra de su conversación


    con Rufino.


    No sabía si Rufino finalmente había aceptado el proyecto; él no volvió a mencionarlo y e tampoco


    preguntó, ni tenía el deseo de hacerlo.


    Pasaron dos dias sin que Rufino tocara el tema.


    Pero el viernes por tarde, cuando Amelia estaba saliendo del edificio de empresa, se encontró


    con Lorenzo sentado en un banco de za justo en entrada.


    No estaba ro si era coincidencia o si Lorenzo estaba esperando, pero al ve salir, se levantó y


    se acercó a e:


    *Se?orita Amelia, ?le gustaría ir a cenar conmigo?”


    E negó con cabeza: “Lo siento, no tengo tiempo.”


    La expresión de Lorenzo no cambió con su rechazo, simplemente miró con calma y se disculpó:


    “Lo siento mucho por el otro día, no era mi intención ofende.”


    E no dijo nada.


    Lorenzo continuó: “Me gustaría encontrar un momento para har con usted acerca de mis


    intenciones con este


    proyecto…”


    “Disculpe, pero no me interesans historias.” Lo interrumpió suavemente, asintiendo con cabeza en


    se?al de disculpa y se dispuso a seguir su camino.


    Lorenzo se dio vuelta para segui: “Podría escuchar y después decidir si se suma o no.”


    Amelia se detuvo y lo miró: “Se?or Lorenzo, hay muchos dise?adores más capaces que yo. Además,


    no le di ningún borrador inicial. Que insista tanto en que sea yo me hace dudar de sus motivos.”


    El hombre miró sinceramente: “Para ser honesto, al principio no pensaba en volver a busca. Pero


    le mostré muchos dise?os a mi abuelo y el único que le gustó fue el suyo. Por eso tengo que


    molesta nuevamente, espero que usted pueda cumplir el deseo de un anciano, es muy importante


    para él.”


    “Tal vez usted no ha buscado lo suficiente. Le sugiero que siga buscando, seguro que encontrará algo


    que le guste a


    su abuelo.” Dijo Amelia mientras se alejaba.


    Sin decir más, se dirigió a un taxi que estaba aldo de carretera, abrió puerta y se subió.


    Lorenzo miró el taxi alejarse y no siguió.


    Amelia tomó un taxi directamente a casa.


    Había sido una semana agitada, con muchas horas extra y no había tenido tiempo para pasar con


    Serena.


    Era viernes y había salido temprano del trabajo expresamente para llevar a su peque?a al parque


    infantil.


    La ni?a aún recordaba el n y había preparado su bote y pa?ales con anticipación, sentada en el


    sofá bnceando sus peque?as piernas a espera de Amelia.


    Al ver a su madre entrar, se deslizó del sofá emocionada y corrió a abraza pors piernas,


    miránd hacia arriba y recordándole:


    “Mami, al parque, a los toboganes.”


    E se agachó y levantó con una sonrisa: “ro que si.”


    Luego le pregunto: “?Yaiste, Serena?”


    Marta, que estaba recogiendo cerca, asintió: “Si, acabo de cenar con e. Tú también deberíaser


    algo,ida todavía está caliente en mesa.”


    Serena también asintió: “Mami,er.”


    “Está bien.”


    Amelia le acarició cabeza, dejó su bolso a undo yió algo rápido.


    Apenas había terminado cuando Serena ya estaba tomando su bolsa de leche, corriendo hacia


    puerta. Puso bolsa en el suelo, se sentó junto a e y luchó por ponerse sus zapatos.


    Para Serena, salir a jugar con su mamá era una aventura emocionante y ni?a estaba rebosante de


    alegría.


    Amelia también se sentía un poco contagiada por esa emoción, aunque pa?aba un ligero


    sentimiento de culpa.


    Se acercó para acariciar su cabecita y luego se agachó para odar sus zapatos ya puestos.


    Luego, tomando su mano, se levantaron juntas: “Vamos, mi cielo.”


    La casa de Amelia no quedaba lejos del parque infantil, solo a unos 500 metros de distancia.


    Dentro había todo tipo de juegos para ni?os. Amelia había llevado a Serena una vez y desde


    entonces, peque?a siempre recordaba con ilusión aquel día.


    Fueron en taxi al parque, una decisión que tomó Amelia junto a Marta, ni?era.


    Cuando llegaron, ya eran casis siete.


    En el parque se veían otros padres y abuelos con sus ni?os, pero no estaba demasiado lleno. En


    aquel espacio tan amplio,s personas se dispersaban.


    Serena, que recordaba perfectamente dónde estaba cada juego desde su última visita, tomó de


    mano a Amelia y corrió hacia rueda de fortuna.


    “?La rueda, rueda de fortuna!”, exmaba emocionada con su vocecita.


    Ameliapró los boletos y subieron juntas.


    La ruedaenzó a girar lentamente, alcanzando una altura de más de 20 metros. La ni?a, ajena al


    miedo as alturas, miraba con ojoso tos y emoción el mundo exterior desde cabina,


    iluminado por luces de colores que


    lo hacían aún más hermoso.


    Entre los edificios que parpadeaban con luces de neón, Serena vio el Edificio Esencia y emocionada


    volteó para tomar


    el brazo de Amelia:


    “Mamá, oficina del se?or bonito,” decía se?ndo hacia el Edificio Esencia.


    E miró sorprendida.


    Solo había ido una vez y no sabía cómo su hija podía recordarlo con tanta precisión.


    La ni?a no entendía confusión de su madre, solo estaba emocionada y seguía agarránd de


    mano para que


    mirara.


    En ese momento, sonó el teléfono de Amelia.


    Era Dorian quien maba.


    En realidad, antes de salir del trabajo, Dorian le había enviado un mensaje diciendo que tenía que ver


    a un cliente por tarde y probablemente no podría irse a tiempo cuando terminará el trabajo, le sugirió


    que fuera aer primero.


    Solo le respondió con un “Vale”.


    Después de eso, él no volvió a responder, probablemente estaría ocupado.


    Content is ? by N?velDrama.Org.


    Ahora que habia mado de repente, probablemente ya había terminado con sus tareas.


    Amelia dudaba mirando panta, quería contestar pero no se atrevia.


    Serena, viendo que su madre no respondía, le recordó: “Marná, el teléfono.”


    Amelia asintió con cabeza: “Sí, mi amor.”


    Pero su dedo no se atrevía a deslizar el botón de contestar.


    El teléfono dejó de sonar después de un corto tiempo.


    Dorian no volvió a mar, pero envió un mensaje: “?Ya llegaste a casa?”


    E respondió con un “Sí” y luego agregó: “Estoy ocupada ahora, no puedo har. Te mo más


    tarde, ?vale?”


    “Dale.”


    Dorian respondió rápidamente y no mó de nuevo.


    Amelia suspiró aliviada, pero con algo pesando en su mente. Al bajar de rueda, pidió a Marta que


    pa?ara a Serena al carrusel y e se dirigió a un quiosco apartado para devolver mada a


    Dorian.


    El teléfono sonó dos veces antes de que Dorian contestara.


    “?Ya terminaste?”, se oía su voz grave y tranqu, con el sonido de papeles de fondo.


    Amelia respondió con un simple “Sí.”


    “?No habías salido del trabajo? ?Cómo es que estás tan ocupada que no puedes atender el teléfono?”


    Dorian preguntaba con un tono sereno que no dejaba entrever si era una mera curiosidad o algo más.


    “Estoy afuera, me encontré con una amiga y nos pusimos a char,” explicó Amelia en voz baja.


    “Entiendo,” respondió Dorian, sin indagar más, “?Ya cenaste?”


    “Si, acabo de terminar.”


    Amelia respondió mientras tapaba el micrófono con su mano y se giraba ligeramente para evitar que


    los sonidos de alegría infantil cercana se filtraran.


    Desde el quiosco, se apreciaba un sendero sombrío del parque. árboles altos a ambosdos y luces


    tenues iluminaban el camino, vacío salvo por una anciana que parecía perdida, girando sobre sí


    misma y mirando alrededor con una mez de confusión y urgencia, su expresión denotaba


    desamparo.


    Amelia frunció el ce?o y echó un vistazo a su alrededor, pero no vio a nadie más.


    No se sentía tranqu, así que le susurró a Dorian al otrodo del teléfono “Tengo un asunto, te mo


    luego” y colgó. Se giró y caminó hacia anciana.


    Antes de que estuviera cerca, anciana se volvió y vio, con una expresión de confusión que se


    intensificó al mirar a Amelia. Sus ojos parecían lúcidos, pero al mismo tiempo perdidos.


    E también observó, sintiendo una familiaridad y desconcierto inexplicables que invadieron.


    Se quedó mirando a anciana.


    La mujer parecía tener más de setenta a?os y aunque su rostro estaba marcado por el paso del


    tiempo, tenía una elegancia innata y una mirada amable, aunque algo confusa.


    EST P = s


    Pero Amelia nunca había visto ese rostro antes.


    La anciana seguía miránd fijamente, con un aire de desconcierto infantil.


    Amelia volvió en sí y le sonrió, preguntándole con dulzura:


    “Se?ora, ?se encuentra en algún apuro? ?Puedo ayuda en algo?”


    La anciana simplemente negó con cabeza en silencio, luego mó con incertidumbre:


    “?Amandita?”


    Amelia frunció el ce?o, confundida por el nombre.


    La anciana se acercó y tomó sus brazos, examinánd de arriba abajo con alegría de un ni?o:


    “Amandita, realmente has vuelto.”


    Su voz temba al final y sus ojos se humedecieron con lágrimas.


    Amelia se sintió desconcertada y no se atrevió a zafarse, riendo nerviosamente le dijo: “Se?ora, creo


    que me ha confundido con alguien más.”


    “Tonterías, ramente eres mi Amandita que ha vuelto.”


    La anciana reprendió suavemente, extendiendo su mano hacia Amelia.


    Cuando anciana giró su palma, Amelia vio algo escrito en el interior de su manga.


    La luz de far era tenue y e no podía verlo ramente, pero distinguió un número de teléfono.


    E frunció el ce?o y le preguntó a anciana: “Abuelita, ?podría dejarme ver su mano?”


    La anciana, sin entender, extendió su brazo hacia Amelia y línea escrita en su manga también entró


    en su campo de visión:


    “Mi nombre es Elisa Sabín, sufro de demencia senil, si me encuentra, por favor contacte al ……,


    gracias.”


    Le seguía una serie de dígitos que conformaban un número de teléfono.
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
Shadow Slave Beyond the Divorce My Substitute CEO Bride Disregard Fantasy, Acquire Currency The Untouchable Ex-Wife Mirrored Soul