Capítulo 156
Amelia ya cerraba los ojos ligeramente mientras esperaba el elevador, intentandobatir el mareo
que le causaba el
alcohol.
El hombre que aún abrazaba a su novia miraba a Amelia con ojosscivos, desviando mirada desde
su rostro sonrosado hacia su pecho que se elevaba sutilmente.
E vestía de manera muy profesional ese día: una blusa de gasa nca conzo al estilo francés de
mangarga,binada con una falda caqui que le llegaba a los tobillos y sobre sus hombros
descansaban sus rizos color
chocte, una mez de profesionalismo con un toque de dulzura.
Amelia ramente sentiascivia en mirada del hombre
Abrió los ojos y lo miró con frialdad, girando ligeramente su cuerpo para bloquear vista de su pecho,
apretando el celr que sostenia en sus manos.
Dorian notó que sus dedos se posaban sobres tes de emergencia “911”, no porque realmente
quisiera mar a policía, sino para mantener una salida a su alcance.
A pesar de que él estaba justo allí.
él desvió mirada, contrndo ira que brotaba en su interior, pero luego le devolvió mirada a
Amelia y dio grandes pasos hacia e. Al llegar a sudo, tomó su mano con firmeza,nzando una
mirada hda al otro hombre que esperaba el ascensor.
Intimidado por frialdad en los ojos de Dorian, el hombre se abrazó más fuerte a su novia, inventando
una excusa para
irse con e de inmediato
En ese momento,s puertas del elevador se abrieron y Dorian, sujetando mano de Amelia con
cierta brusquedad, empujó hacia adentro y presionó el botón para el décimo quinto piso.
E lo miraba en silencio, sin decir una pbra
Intentó mover mano que él apretaba, pero al intentarlo, Dorian sujeto aún más fuerte, sin darle
oportunidad alguna de zafarse.
Fue solo en puerta de habitación que él extendió su mano hacia e: “La tarjeta para entrar!”
Su voz era fría y cargada de enojo, apagando cualquier intento de resistencia por su parte.
Cuando e titubeó al sacar tarjeta, Dorian tomó de inmediato, abrió puerta con e, empujó a
Amelia hacia dentro y luego observó habitación.
La habitación era una amplia, sin electrodomésticos ni cocina
Le pidió a Amelia que se sentara en el sofá y luego mó al servicio de habitaciones para pedir algo
que le ayudara a pasar borrachera. Después se volvió hacia tetera eléctrica, llenó con agua y
a?adió una bote cerrada de agua mineral para calenta un poco. La tomó y se entregó a Amelia:
“Bebe un poco de agua primero.”
“Gracias, dijo e con una voz suave, tomando un sorbo que aliviaba ligeramente iodidad en
su estómago causada por el alcohol.
En ese momento, alguien tocó a puerta; era el servicio de habitaciones entregando infusión para
la resaca.
Dorian fue a atender, agradeció y llevó bebida a Amelia: “Bebe esto.”
Amelia asintió silenciosamente y tomó infusión en peque?os sorbos hasta termina.
La sensación de mareo inicial se alivió después de un breve sudor y aunque aún se sentía un poco
ebria, ya no era tan
intenso.
Después de beberse infusión, cayeron en un silencio incómodo.
Nadie haba, tampoco sabían qué decir.
rechazaba ser su esposa, Dorian rechazaba ser su amigo. Entre ellos, solo quedaba el camino de
los extra?os.
Capitulo 156
El sonido repentino del teléfono móvil rompló el silencio de habitación.
Ambos miraron hacia el bolso de donde provenía el tono; era el teléfono de Amelia.
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Dorian le pasó el bolso.
E sacó el celr; era Rafael quien maba.
Preocupado por e, había decidido mar para asegurarse de que ha llegado a casa.
“Si, ya llegué, dijo Amelia con voz baja, “Gracias, Rafael.”
“No tienes que agradecerme,” respondió el hombre con una risa ligera al otrodo del teléfono, luego
preguntó con vión, “?Estás bien?”
No había olvidado que Dorian había arrastrado con frialdad antes.
“Estoy bien, no te preocupes por mi.”
Amelia respondió con voz suave y tranquilizadora, aunque simr a cómo le haba a él, Dorian aún
podía sentir un poco de ira.
Reprimiendo su malestar, observó que Amelia colgaba el teléfono y le preguntó: “?él vino a
compa?ía por ti?”
Amelia se quedó sorprendida por pregunta; no había considerado esa posibilidad, pero no lo creía
así.
Rafael y e no tenian una rción muy cercana.
“No lo creo, respondió.
Dorian esbozó una sonrisa sarcástica, sin aprobar su juicio.
Pero tampoco quiso enredarse más en ese asunto.
“Si él te cortejara, ?habría posibilidad entre ustedes?”, preguntó.
Amelia nunca habia pensado en esa pregunta, Rafael tampoco había dado se?ales de eso.
Dorian vio su desconcierto: “Digo, hipotéticamente.”
“No lo sé, respondió e con sinceridad.
“?Y si fuera yo?”, insistió Dorian.
Amelia no dijo nada.
“?Así que no hay ninguna posibilidad conmigo?” Preguntó Dorian, muy tranquilo..
E no respondió, pero su silencio ya le había dado respuesta.
él sonrió levemente: “Entonces, ?con cualquier otro hay posibilidad, pero no para mi?”
“Ya lo intentamos, Dorian, dijo Amelia en voz baja, “quizás es mejor ser amigos.”
*?Amigos?”
él murmuró esas pbras, miró un momento y de repente se inclinó hacia e, apoyando el brazo
izquierdo en el respaldo del sofá detrás de Amelia, encerránd entre su pecho y el sofá.
Por instinto levantó mirada hacia él.
Dorian se inclinaba hacia e, sus ojos oscuros eran calmados y prantes.
“Amelia, mo.
?Cómo?” E miró hacia arriba confundida.
?Esto es algo que harían los amigos?”
Al caer su voz, el llevó su mano a nuca de e, inclinó cabeza y besó.
Un beso preciso y arrebatador.