Capítulo 238
Los demás venian a hacer su lote.
E, en cambio, venía a hacer su venta al por mayor.
Esa vez el jefe habia perdido bastante.
Gabri giró su mirada hacia el vendedor y le dijo, “Se?or, por favor, ?podría ayudarnos a llevar estas
cosas al pie de monta?a? Nosotros le esperaremos allí.”
El vendedor sintió que todo su ser estaba en desorden.
Pero lo más importante en los negocios es mantener pbra…
Ya que habia prometido algo a Gabri antes.
En ese momento, incluso si significaba pérdidas, él lo haría.
Tenía que aprender de los errores.
La próxima vez no podrá subestimar a nadie.
Especialmente as jóvenes guapas.
“Está bien,” asintió el vendedor, “En un momento le diré a mi hijo que lo lleve abajo, jovencita, ?sabes
que hay un pino en base de monta?a? Le diré a mi hijo que te espere alli. Ah, esto es mi tarjeta, si
hay algún problema, puedes marme a este número.”
Gabri tomó tarjeta y dijo, “Entonces muchas gracias.”
“No hay de qué. Respondió el vendedor.
Un hombre con un abrigo negro se destacaba entre multitud.
él simplemente miraba a Gabri.
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Su mirada erao si tuviera capacidad de prar,
Por un momento, extendió su mano para ajustar el sombrero en su cabeza, el amplio ocultó sus
rasgos.
Observando escena ante él.
No pudo evitar recordars pbras de su asistente el dia anterior.
“Los datos de Srta. Yllescas han sido encriptados, no tenemos eso para consultarlos aquí.”
Encriptados.
?Acaso se encriptan los datos de una persona normal bajo circunstancias normales?
No ser capaz de encontrar datos sobre Gabri solo deja opción de conoce a través de lo que se
dice de
e.
?Qué tipo de persona era e?
Ignorante, estúpida, inútil, apenas capaz de reconocer unas pocas pbras…
Pero en ese momento parecia que esas etiquetas no encajaban con e en absoluto.
Cuando Gabri levantó vista para mirar, ya no había rastro de él.
Gabri ligeramente frunció el ce?o
tal vez fue una ilusión.
En un instante, Gabri retiró mirada, se giró hacia Natasha aldo y dijo, “Hermana Tasha,
vámonos”
Natasha asintió levemente. “De acuerdo.”
Ambas se dirigieron hacia base de monta?a.
Se dice que es más fácil subir que bajar una monta?a, y esta afirmación no podría ser más cierta.
Subieron en una hora.
Pero al bajar, después de media hora, solo habían recorrido un tercio del camino.
Caminaban y chaban al mismo tiempo.
“Gabi, itu habilidad para atrapar es increíble! ?Me podrías ense?ar?”
Gabri sonrió levemente y dijo, “ro, pero hermana Tasha, ?no tienes que estudiar? No olvides
que tienes que prepararte para universidad el próximo a?o.”
“Es verdad,” continuó Natasha, ‘Entonces esperaré a terminar universidad para aprender.”
Gabri a?adió, “En casa tengo unos materiales de estudio que podrían ayudarte, te los llevaré
cuando
regrese.”
“?Genial! ?Gracias, Gabi!”
“?Cuidado!”
Justo en ese momento, Gabri de repente extendió su mano para agarrar mu?eca del hombre que
estaba dnte.
E era fuerte
El hombre apenas pudo mantenerse en pie, pero aún estaba algo inestable y se sentó en los
escalones, girándose para mirar a Gabri, “Gracias.”
Con ese giro,
ambos se quedaron hdos.
“?Sr. Solos?”
“?Srta. Yllescas?”
Casi al unisono, ambos se maron mutuamente.
Gabri también se agachó a sudo y preguntó. “?Sr. Solos, tiene hipoglucemia?”
Vicente asintió, su rostro estaba anormalmente pálido.
Pero susbios estaban rojos y tentadores,
Gabri sacó de su bolsillo unos dulces y se los ofreció, Tengo unos cuantos caramelos aquí, Sr.
Solos, tómelos y se sentirá mejor.”
Vicente tomó los caramelos y dijo. “Gracias,”
“Jefe! ?Está bien?”
En ese momento, dos hombres de traje y corbata corrieron apresurados hacia ellos.
Vicente, con calma, desenvolvió un caramelo y lo puso en su boca, “Estoy bien.”
El sabor empgoso se esparcia en su pdar.
Vicente de repente levantó mirada hacia Gabri y preguntó,
Srta. Yllescas, ?dóndepr
estos
caramelos?‘
“Son dulces de leche de marca ‘Conejito nco, lospré en el supermercado.” Gabri, algo
curiosa, preguntó, Sr. Solos, nunca ha probado este caramelo?”
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Capitulo 238
Vicente frunció el ce?o, sintiendo un ligero dolor de cabeza.
Gabri continuó: “Sr. Solos, ya que su asistente ha llegado, yo y mi amiga nos vamos a bajar de
monta?a.”
Vicente se levantó apoyándose en mano de su asistente, su voz todavía sonaba débil, “Gracias por
hoy, Srta. Yllescas.”
“No hay de qué.”
Después de que Gabri se marchara, Vicente extendió su mano hacia el asistente, su rostro parecía
cubierto por una capa de hielo, “Dame papel y pluma.”