Capítulo 1993
Una hora después, oficina volvió a calma.
Octavio había mado al médico personal de Lorena para que le administrara un calmante.
Lorena descansaba en s de descanso.
“La se?ora apenas ha tenido estos episodios en los últimos a?os, usted siempre ha sido muy
cuidadoso al respecto, ?cómo es que hoy…?”
Octavio tenía una expresión seria.
Al ver que no respondía y que tenía un semnte sombrío, el médico volvió a advertir con cuidado.
“Trate de no volver a altera, haga lo posible por no ir en contra de su voluntad. Usted siempre lo ha
manejado bien, ?no es así…?”
Octavio estaba parado junto a cama en s de descanso, observando en silencio el pálido rostro
de Lorena, sin decir una pbra por un prolongado tiempo.
El médico lo mó de nuevo con incertidumbre, “Sr. Octavio…”
Octavio lentamente apartó mirada, guardó silencio por unos segundos más y luego habló con calma:
“Lo sé.”
Al salir de s de descanso, Octavio se acercó a su escritorio, abrió un cajón, cogió un cigarrillo, lo
encendió, luego agarró su teléfono y se dirigió hacia ventana.
El silencio reinaba en oficina, silueta junto a ventana se mantenía erguida,o si estuviera
arraigada, con esporádicas volutas de humo ascendiendo desde aque dirión, desvaneciéndose
silenciosamente en el aire.
Giró el teléfono en su mano durante un buen rato, hizo una pausa y luego continuó.
No fue hasta que el cigarrillo se consumió porpleto que dio media vuelta para apagar coli en
el cenicero de cristal del escritorio.
Miró de nuevo el teléfono, y finalmente lo desbloqueó.
La fiebre de Alicia había bajado, tal vez debido a experiencia del malestar físico que había tenido,
así que cuando se despertó por ma?ana yió algo, parecía estar en buen estado.
El abuelo y Lisandro desayunaron con e, y al ve así, se sintieron aliviados.
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“Pronto empezaráns ses, ?hay algo qué necesitas preparar? Si no quieres moverte, puedo
mandar a alguien para que te lo prepare todo.” Dijo Lisandro.
“Mm…” Alicia pensó un momento, “Mm… ?ropa, zapatos? Tal vez después pase por papelería para
elegir algunas bolígrafos bonitos y cuadernos.”
Hando de eso, en todos estos a?os, casi no recordaba haber ido a una papelería.
“De acuerdo. Luego le pido a Marco que te pa?e.”
Alicia llevó cuchara con sopa a su boca, escuchando a Lisandro, se detuvo durante un momento,
sus hermosos ojos giraron suavemente y luego asintió.
“Vale.”
Después del desayuno, Alicia subió para cambiarse de ropa. Estaba a medio vestir cuando su teléfono
empezó a sonar.
La mada era de Octavio.
E no dudó y respondió de inmediato.
“H.”
Octavio no esperaba que e contestara tan rápido, y por un momento hubo unrgo
silencio.
“?Marcaste el número equivocado?” Alicia miró panta, confirmando que era él.
Entonces, Octavio finalmente habló, con una voz grave. “Pensé que todavía estarías durmiendo.”
Alicia sonrió con exasperación, “?Así que tu intención era molestarme mientras dormía?”
“Si no hubieras contestado, no habría mado por segunda vez.”
Alicia frunció el ce?o, “?A qué estás jugando?”
“?Ya se te pasó fiebre? Pareces estar bien.”
“Bueno, ?acaso esperabas que tuviera fiebre durante varios días seguidos?”
Hubo otro silencio de unos segundos por parte del interlocutor, “?Y tu pie? ?Está mucho mejor?”
Esta vez fue Alicia que se quedó sin pbras por un momento.
Octavio también permaneció en silencio.
Después de un rato, Alicia fue primera en har, “Octavio, ?qué es lo que realmente
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quieres decir? ?Desde cuando te has vuelto tan indeciso? ?Acaso tengo una habilidad innata de
curación rápida? ?Es posible que unas heridas puedan sanarpletamente en menos de doce
horas?”
Ahora que tenía argumentos sólidos, podía har con tal ímpetu.
“Entonces descansa bien hasta que te recuperes y ya haremos.”
Alicia se detuvo abruptamente, apretando ligeramente el teléfono en su mano. Después de unos diez
segundos, dijo un simple “está bien” y colgó.
Solo llevaba puestos unos vaqueros y un sujetador, su camiseta estaba aldo en cama, se puso
de manera algo automática y luego se sentó.
Había cosas que parecía entender, pero no estaba segura.
Quería preguntar, pero ansiedad hizo retroceder.
Tenía miedo de que si seguía preguntando, escucharía lo que menos deseaba oír.
???
Así, sentada en cama por unos quince minutos, puerta de habitación fue golpeada.
“Se?orita, hay invitado en mansión, el se?or le pide que baje.”
La criada no recibió respuesta. “?Se?orita? ?Está ahí?”
Después de un rato, puerta de habitación se abrió directamente y Alicia salió.
“?Qué tiene que ver este invitado conmigo?”
La criada negó con cabeza.
Alicia bajós escaleras.
En s de estar, había un hombre joven y atractivo sentado; a simple vista y por su presencia, se
podía decir que no era el hijo de cualquier familiaún.
Al ve, se levantó. Tenía unosbios igual de delgados, seguramente una persona igual de fría por
naturaleza, pero con una leve sonrisa en susbios.
Una frialdad forzada con un toque de amabilidad.
Pero esa pizca de amabilidad era pura falsedad.
“Buenas, Srta. Alicía, soy el gerente de Hotel Internacional Félix Acosta. Lamento lo de anoche, siento
que haya pasado un mal rato.”
Alicia entendió al instante que gente del hotel había venido a ofrecer disculpas y a
limitar los da?os.
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E forzó una sonrisa y se acercó a él, levantando cabeza para mirar al atractivo joven frente a e
sin disimr su descaro.
“?Eres el gerente de Hotel Internacional Félix Acosta? No pareces mucho mayor que yo, ?y ya
manejas ese famoso hotel?”
El hombre mantuvo supostura, alejándose medio paso de e y respondió con una sonrisa
tranqu: “Es gracias a mi padre.”
Los ojos de Alicia se iluminaron,o si tuviera una revción, “Ah, así que eres el joven heredero de
la familia Acosta, ahora tiene sentido.”
Miguel también lo confirmó, “Aunque lo que sucedió ya no se puede deshacer y los da?os que has
sufrido son irreparables, creo que es necesario disculparme personalmente con usted. ?Qué
necesitamos hacer parapensar a princesa Alicia?”
Las pbras princesa Alicia‘ simbolizaban riqueza.
E no carecía de nada, lo que lo hacía aún másplicado.
“?Qué podemos hacer?” Alicia inclinó ligeramente cabeza pensativa y luego miró a Miguel con una
sonrisa, “?Tienes novia?”
Miguel sonrió con ligereza, “No.”
“Entonces está bien.” Alicia levantó barbi sonriendo, “Faltan tres días para empezars ses,
?por qué no pasas estos tres días conmigo?”
Miguel se detuvo por un momento, “?No te importa que tu novio se ponga celoso?”
“?Dejaría de hacermepa?ía solo porque se ponga celoso? ?Estás pidiendo disculpas a él o a
mí?”
Miguel sonrió con frialdad, “Ese chico, creo que no tengo nada de qué disculparme.”
Alicia arqueó una ceja, “?Entonces aceptas?”
“Sí. Vamos depras por ciudad.”
Lisandro, que estaba a undo, intervino en el momento apropiado, “Alicia, deberías detenerte.”
“Lo sé, nadie se atrevería a ofender al joven heredero de familia Acosta.”
Al salir, Miguel le abrió puerta del coche a Alicia en persona, el conductor fue relegado
a undo, y él mismo ocupó el asiento del conductor.
“Este coche huele a desinfectante,” se quejó Alicia.
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“Lo siento.” Sin decir mucho más, Miguel arrancó el coche.
En el camino,s dos personas que acababan de conocerse no tenían mucho de qué har. Al salir
de gran puerta de familia Valdivia, Miguel rompió el silencio incómodo.
“Cuando bajastes escaleras, no parecías sentirte bastante bien. Escuché a tu padre decir
que ya no tienes fiebre.”
Alicia se recostó perezosamente en el asiento, mirando cómos hojas de los árboles de calle caían
a su alrededor.
“Mmm… acabo de recibir una mada que no debería haber contestado.”
Eso sonabao si hubiera una historia detrás, pero Miguel no siguió preguntando.
“No conozco muy bien Ciudad P, ?tienes algún lugar en mente para hoy?”
“Vamos a papelería.”
Miguel miró de reojo, “?En qué a?o estás?”
“Estoy en universidad, ?algún problema con eso?”
“Ninguno.”
El coche continuó su camino por un tiempo, cuando de repente Alicia dijo: “Primero pasemos por una
tienda de móviles.”
“De acuerdo.”
Alicia agarró directamente un teléfono de última generación, aprovechando para cambiar también su
número.
Luego sacó su antiguo móvil, “?Lo recis?”
El empleado le echó un vistazo al celr que todavía estabao nuevo, “ro.”
“Vale.”
Miguel, desde un costado, observaba en silencio todo el procedimiento de Alicia, sin hacer
comentarios.
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él pensaba que pa?ar a una mujer depras era lo más tedioso del mundo.
Sin embargo, parecía que paciencia de mujer a sudo era incluso menor que
suya.
No pasaron ni diez minutos en papelería, eligió un par de bolígrafos y unos cuadernos y salió.
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“Estoy cansada, vamos a sentarnos por un rato en algún lugar.”
Miguel se quedó sin pbras.
Al salir de cafetería, entraron directamente a un restaurante.
Tardaron treinta minutos en llegar al centro, diez minutos enprar el teléfono, diez minutos para
comprar algunos materiales de papelería, y el resto del tiempo lo
pasaron entre cafetería y el restaurante actual.
Miguel había subestimado capacidad de bata de Alicia, pensando que misión no sería tan
difícil, pero después del almuerzo, e se pusoo si hubiera tomado un elixir y estuvieron tres
horas depras en el centroercial.
Miguel cada vez se veía más fastidiado.
Y el semnte de Alicia tampoco lucía mucho mejor.
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El negocio de familia Arriaga estaba en el mundo del entretenimiento, se vio envuelta en un
escándalo y atención sobre ellos se disparó, con una tras otra de
controversias.
Ahora no solo sus artistas estaban inquietos, listos para vr por su cuenta ante adversidad, sino
que también otraspa?ías enfrentaban sus propios problemas.
Incluso los guiones que tenían en su poder están bajo presión de otros ionistas temerosos de
que se pudrieran en sus manos, queriendo deshacerse de ellos cuanto antes. Directores y productores
estaban al acecho, utilizando opinión pública y el boicot generalizado para presionar al Grupo
Arriaga.
En solo tres días, el Grupo Arriaga finalmente terminó deshaciéndose de algunos de los guiones más
pesados que tenían en sus manos.
Todos tenían los ojos puestos en esos guiones, pero nadie era tonto, si ellosnzaban, los demás
tendrían queprarlos de inmediato.
Si esperaban unos días, el Grupo Arriaga seguramente bajaría los precios.
Pero antes de que pudieran esperar a que los guiones bajaran de precio, esos guiones de alta calidad
fueronprados por una persona al instante.
En cuanto a quién fue, no estaba muy ro, solo se sabía que unapa?ía de medios desconocida
se los había llevado.
Cuando se supo noticia, todos estaban confundidos, preguntándose quién sería el propietario de
estapa?ía que apareció repentinamente, pero Alicia, mirando una
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pbra en noticia línea, una pbrapletamente desconocida, sonrío entre dientes.
?Quién podría ser?
Todo fue neado por él, llegado a este punto, ?cómo podría darle oportunidad a alguien más?
Pero él realmente tenía capacidad, sabiendo que tenía un propósito, y habiendo escuchado que
estaba involucrado en industria del cine, pero no esperaba que realmente fundara unapa?ía y
que su primer movimiento fuera asegurar varios guiones de alta calidad.
Aunque no entendía todos los detalles, sabía que industria del cine era realmente muy. lucrativa.
Alta calidad, equipo sólido, buena promoción, el éxito estaba garantizado.
Viendo lo decisivo y generoso que era Octavio, y conociéndolo, si iba a sacar un guion, seguramente
sería algo grande.
Después de haber neado esto durante tanto tiempo, estaba decidido a hacerse un lugar en
industria del cine.
Ese coraje, después de todo, era lo que le gustaba de ese hombre.
As diez de ma?ana, Miguel llegó puntual a mansión de familia Valdiva.
El primer día fueron papelería y el centroercial.
El segundo día fueron el centroercial y el supermercado.
Hoy, en el tercer día, Miguel preguntó directamente, “?A qué centroercial vamos hoy?”
“Bueno… mejor no vamos al centroercial hoy, ya me cansé de ver ropa y zapatos… Vamos al
parque de atriones, nunca he estado en uno.”
Miguel frunció el ce?o y bajó mirada hacia sus pies, “?Estás segura de que quieres ir?” “Por
supuesto.”
As cuatro de tarde, Miguel llevaba en brazos a Alicia de vuelta a mansión de familia Valdiva.
El rostro pálido de Alicia asustó al sirviente que abrió puerta.
“Se?orita, ?qué le pasó?”
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Las personas en s se levantaron al escuchar eso.
Miguel, llevó a Alicia, entró y su mirada se cruzó con de Octavio en s.
Aunque fue solo un breve vistazo, intensidad repentina en los ojos del hombre dejó una impresión
duradera.
Lisandro avanzó unos pasos, “?Qué pasa… qué ha pasado ahora?“.
?Por qué hay tantos problemas últimamente?
La expresión de Miguel era bastante fría y su tono tenso, “Sestimó el pie en el parque de
atriones y se niega a ir al hospital.”
“Esto…” Lisandro se quedó sin pbras por un momento, pero cuando reionó, rápidamente le pidió
a álvaro que contactara al doctor.
“La segunda habitación a derecha en el segundo piso. Si crees que puedes aguantar, no me
molesta que cargues un poco más.”
Alicia, que había estado frunciendo el ce?o todo el tiempo, habló repentinamente.
Octavio, que acababa de dar un paso hacia adnte, se detuvo al escuchar sus pbras.
Miguel miró y directamente llevó en brazos hacia arriba.
Lisandro se apresuró a seguirlos.
Al poner a Alicia en cama, Miguel, con una expresión ce?uda, sacudió un poco su ropa impecable,
provocando que Alicia lenzara una mirada de desdén.
“Ya está, acepto tus disculpas. Ahora puedes irte.”
Miguel observó por un momento, luego se acercó y levantó el dodillo de su pantalón.
Alicia se encogió rápidamente, “?Qué estás haciendo?”
Miguel vio que había sangre en el borde del calcetín de su tobillo, y alzando mirada le dijo, “?Tienes
tendencia a autolesivas de nuevo?”
Lisandro entró y Alicia también notó de reojo figura detrás de él.
E se retractó del pie.
Miguel retiró su mano y casualmente agarró una toallita húmeda de mesita de noche de Alicia.
Mientras se limpiabas manos, dijo: “Fui yo quien te llevó al parque de atriones, así
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que también es mi responsabilidad que te hayasstimado, no sería adecuado irme en este momento.”
“Yapletaste tu tarea.”
Miguel se detuvo por un momento, bajó mirada hacia e, con una sonrisa tenue en susbios,
“?Quién dijo que estoy aquípletando una tarea? ?Acaso no puedo estar aquí simplemente porque
quiero verte bien?”
Alicia lo miró un poco sorprendida.
Miguel alzó una ceja, miró de nuevo hacia abajo a sus pies, y dio un paso adnte, tirando toallita
húmeda a undo.
“Te ayudo a quitarte los zapatos primero.”
Dijo mientras extendía mano hacia de Alicia.
A mitad de camino, otra mano se interpuso.
Levantando mirada, vio cara indiferente de Octavio.
“No se moleste, Sr. Acosta.”