Capítulo 1961
El coche se detuvo frente al ya abierto portón de mansión de familia Valdivia.
Octavio ni siquiera había ionado el freno de máno.
Se recostó en el asiento, con su mirada fija en puerta cerrada de imponente
mansión Valdivia a cierta distancia frente a él, mientras sus dedosrgos y delgados tamborileaban
lentamente el vnte.
Después de unrgo momento, retiró lentamente su mirada y se volvió hacia Mireia.
Con una expresión impasible en su rostro, y dijo con una voz fría y distante:
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“?Quién te dijo que odiar a una persona significa necesariamente te gusta otra?”
Los ojos de Mireia estaban enrojecidos, “?Puedo interpretar que no te gusta Alicia?”
Octavio apretó susbios, sus ojos estrechos y oscuros parecían aún más negros debido a su
profunda seriedad.
“?Pero realmente piensas que te detesto solo por Alicia?”
Era una mez de sospecha y cuestionamiento.
De repente, Octavio esbozó una sonrisa, riendo suavemente.
Esa risa dejó a Mireia atónita.
Le parecía que nunca había escuchado su risa anteriormente.
Sin embargo, esa risa estaba llena de ironía, y su frialdad cortés dejaba entrever un desafío rebelde.
Apoyó su mano casualmente en el vnte, se inclinó hacia undo y miró, diciendo con una ligera
sonrisa:
“No te sobrevalores demasiado.”
El rostro de Mireia se volvió rojo y luego pálido alternadamente, humición y ira hacían perder
todo su orgullo frente a Octavio, sin embargo, no tenía dónde esconderse.
“?Estás…?” Mireia con el cuerpo tembloroso, su voz y su corazón se estremecieron, y se atragantó
con sus pbras. “?Estás diciendo todo esto para deslindarte de mí?”
Las lágrimasenzaron a fluir por sus mejis.
“La Sra. Lorena apenas se ha ido y no ha pasado ni una hora, ?y ya estás tan apurado?”
Octavio no cambió su expresión, “?Qué rción tenemos?”
Mireia de repente se quedó sin pbras.
“Ante mis ojos, solo eres hija de mejor amiga de mi madre, esa es única rción entre
nosotros. ?Crees que necesito tomarme el tiempo para arar eso?”
Era una rción insignificante y sin importancia.
Para él, no significaba nada.
Losbios de Mireia mostraban marca de sus dientes.
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Después de un prolongado tiempo, e tambiénenzó a sonreír.
“Si ese es el caso, ?por qué pierdés el tiempo hablándome demasiado? Octavio, ?realmente no tienes
otras intenciones por dentro?”
Octavio frunció el ce?o.
La puerta de mansión de enfrente se abrió y una figura delgada apareció en entrada.
Octavio vio esa silueta acercándose hacia ellos mientras queenzó a sonar el teléfono a su fado.
Era una mada de Alicia.
Octavio miró hacia panta, vio mada entrante y levantó el freno de mano.
Luego tomó el teléfono.
Mireia tiró de subio, intentando sonreír, pero no pudo.
Estaba sentada a sudo y él no tenía intención de seguir hando con e.
Sin embargo, una mada de Alicia valía pena para que él pusiera el freno de mano.
?Acaso neaba tener unarga conversación telefónica con e?
Octavio contestó mada, notando a Alicia acercarse cada vez más a él.
“?Qué está pasando?”
Alicia se acercaba mientras haba, “?Por qué estás parado en entrada? Entra.”
Solo había dos personas en el coche y Mireia podía escuchar voz del altavoz con ridad.
Esa voz alegre y radiante hacía sentir un profundo disgusto desde el fondo de su corazón.
E se desabrochó el cinturón de seguridad, abrió puerta del coche, bajó y cerró puerta con
fuerza.
Al ver a Mireia salir del coche de Octavio, los pasos de Alicia se detuvieron por un instante.
Los sirvientes le habían dicho que Mireia había salido temprano en ma?ana, peroo nunca se
interesaba por dónde iba, naturalmente no hizo otra pregunta.
No obstante, no se esperaba que e estuviera con Octavio.
Su mirada se fijó a figura en el asiento del conductor y alzó una ceja, preguntando:
“?Qué está pasando aquí?”
Unos segundos después, Octavio abrió puerta del coche y bajo, colgando el teléfono.
Alicia guardó su teléfono y se acercó.
Con una expresión facial seria, dijó, “?Qué hacen ustedes dos juntos?”
Mireia miró con frialdad, “?Qué tipo de rción tienes con él que incluso necesita explicarte con
quién está?”
Antes de que Alicia pudiera rodar los ojos de manera descortés, cerró los ojos lentamente y luego los
abrió con un brillo en su mirada.
“?No le pusiste sal al desayuno? ?Qué tipo de rción tengo con él? ?Acaso tiene algún vínculo
contigo para que deba explicarte algo? Además, tú realmente tienes un montón de malos hábitos, ?no
puedes tener un poco de autoconciencia y dejar de tomartes cosas tan en serio? ?Pretendes
imponer tu
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autoridado se?orita de familia Valdivia dnte de otros? ?Qué presencia estás tratando de
imponer aquí?”
‘No te lo tomes tan en serio…‘
Esas pbras parecían un eco de lo que Octavio había dicho.
El bolso que Mireia sostenía en su mano se deformó por presión.
La humición reciente por parte de Octavio, sumada al asunto de Alicia, hizo que un torrente de ira y
vergüenza invadiera. Al ver que Octavio no tenía menor intención de defende, se mordió el
labio
y se puso a correr.
Alicia miró de reojo y luego miró fijamente coche de Octavio antes de marcar otro número en su
teléfono.
“Se?orita.”
“Tráeme el desinfectante en spray.”
Después de que el sirviente desinfectara el interior y exterior del coche de Octavio hasta sentirse a
gusto, e se quedó contenta.
“?La Sra. Lorena volvió al País M?”
Octavio se apoyó contra un árbol de higuera junto a entrada principal y asintió con un leve “Mm“.
Alicia asintió con cabeza, “Tomaré esoo una excusa de tu parte.”
Octavio esbozó una sonrisa forzada. Era fácil har con él.
Alicia jugueteaba con puerta del coche, abriénd y cerránd.
No le gustaba el olor del desinfectante.
Octavio simplemente observó jugar por un momento, luego se enderezó y se acercó al coche,
tomando puerta de su mano y cerránd con fuerza.
“Si quieres jugar, ve a jugar en cochera de tu casa.”
Dicho esto, caminó hacia el asiento del conductor.
Alicia volvió a abrir puerta del coche y se sentó en el asiento del conductor mientras Octavio
miraba con indiferencia desde el asiento del copiloto.
Dijo su nombre con prisas: “Alicia.”
E se puso el cinturón de seguridad y se giró hacia el hombre.
Tenía una cara hermosa, preciosa, que destba belleza con desenfreno.
“Octavio, también recuerda esto, en el futuro. El asiento del copiloto de tu coche no debe ser ocupado
por ninguna otra mujer que no sea yo.”
Octavio soltó su cinturón de seguridad.
Alicia continuó: “?No te pareció un desafío tu primer contacto con el trabajo ayer? Aunque no sé cómo
gestionar una empresa, pero… eso seguramente es difícil. Pero creo que podrías disfrutar de ese
desafío. Gestionar una empresa por tu cuenta y tener el control absoluto, suena muy poderoso.
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Como esos grandes generales ens series de televisión que lideran ejércitos, con armaduras
brintes y un porte impresionante.”
Una leve sonrisa se formó en losbios de Octavio.
?Se podría decir que era ingenua o infantil?
“Tengo muchas ganas de verte convertido en un verdadero general algún día, seguro que serás aún
más guapo.”
Diciendo esto, e le dio unas palmaditas en el hombro, “ánimo, ha sido un día duro. En el futuro, el
ni?o y yo dependeremos de ti.”
La mirada de Octavio se deslizó por el vientre no de mujer, finalmente miró a los ojos por breve
un momento.
Después de unos segundos de silencio, arrancó el coche.
“?A dónde fuiste ayer?”
“?Eh?” Alicia ajustaba su cabello en el espejo y no dejó de hacerlo al escuchar su voz, pero luego
respondió: “A una cafetería y un restaurante.”
Sus hermosos ojos giraron en sus cuencas y e se giró hacia él con una sonrisa, mientras le
preguntaba: “?Por qué de repente te interesa saber a dónde voy?”
La expresión de Octavio no era buena, no respondió a su pregunta y dijo fríamente: “Baja del coche.”
Alicia se recostó en el asiento, “No, llévame a dar una vuelta.”
“Tengo que ir a empresa.”
“Entonces llévame a empresa.”
“Alicia.”
“Estoy aquí, te aseguro que no te molestaré, bueno… espera un momento, haré que alguien saque mi
tarea. De esa manera tú podrás trabajar y yo permaneceré en el estudio.”
Dicho esto, marcó un número en su teléfono.
Parecía decidida a no bajarse del coche.
El sirviente fue rápido y dejó moch en el asiento trasero.
“Vuelve y dile a mi padre que me fui a empresa.”
“Como usted diga, se?orita.”
Alicia volvió a mirar a Octavio, “Nos vamos, salgamos de aquí.”
Aunque Octavio tenía una expresión gélida, arrancó el coche.