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Cap铆tulo 1924

    Capítulo 1924


    Capítulo 1924


    “?Vienes aplicarme vida?”


    “?Olivia!” Jacinto había perdidopletamente su habitual buen humor, mostrando una cara de pocos


    amigos en todo momento.


    “Si no puedes superar algo, no tienes por qué encerrarte s en un rincón para lidiar con ello. Actúas


    “?Lo está viendo Ginés? Las pbras que dices son afdas y llenas de veneno, pero aparte de ser


    falso y tratar de herir a los demás con pbras que quizás ni les afecten, ?quién es el que realmente


    se siente herido y angustiado?


    Tú…”


    “Dices tanto, ?quieres decir que estoy usando mi vida para vengarme de Ginés? ?No he sido ra o


    tienes problemas para entender?”


    “?Qué más podría ser?” Jacinto replicó de inmediato. “?Qué razón te llevaría a casarte de repente con


    un hombre que apenas conoces? ?Codicias lo que tiene familia Morales? Olivia, ?no te parece


    ridículo ese motivo? ?El imperio López CO. y tus propiedades no son suficiente para carrera que


    deseas? ?Qué te puede dar familia Morales, estando al borde de extinción? ?Es convincente


    eso? ?Acaso has olvidado quién eres?”


    El rostro de Olivia se enfriópletamente.


    “Si esa razón no es lo suficientemente convincente, puedes incluir otra. Para deshacerme


    una persona falsa, digo que no me importa, pero en realidad me importa mucho. Tanto que estoy


    dispuesta a usar mi vida para vengarme. ?Las dos razones juntas son suficientes? Al final, es eso lo


    que quieres oír, ?verdad? Pues te lo doy.”


    Jacinto frunció el ce?o al mira. “?Realmente me haces ver de otra manera!”


    Olivia forzó una sonrisa. “Exactamente, ?ya ni me reconozco! ?Cuándo me convertí en tonta y


    loca que veía en los demás?”


    “?Qué piensas que somos para ti? ?Por qué no puedes har con nosotros antes de hacer algo así


    por tu cuenta?”


    “Nadie puede cargar con mi peso. Todos sabens grandes verdades, ustedes saben, han, yo


    escucho, entiendo y me parece aún más razonable… ?Pero qué tan mágicas son esas verdades?


    ?Realmente han curado as personas que sufren?”


    ?Lo habían hecho?


    No.


    Si así fuera, nadie en este mundo sentiría dolor.


    “Estoy viviendo de manera que puedo, y no hay nada malo en eso, Jacinto. Por lo menos, jaún


    quiero luchar por vivir! No voy a desperdiciar mi vida por estas tonterías, Olivia no haría algo tan bajo.”


    Jacinto miró, mordiéndose los dientes con fuerza.


    “Todo lo que dices son razones para convencer a los demás. Pero Olivia, siempre tienes pbra,


    aunque en realidad, ino eres más que una mentirosa! ?Enga?as a todos, incluso a ti misma!”


    Los ojos de Olivia desteron y se quedó en silencio por unrgo rato antes de girarse y entrar en su


    habitación.


    En habitación.


    Olivia miró licencia de matrimonio en cama sin mostrar emoción alguna.


    Así habia casado.


    Estaba bien.


    De repente, sonó puerta del apartamento.


    Capítulo 1924


    Los golpes eran tan fuertes y rápidos que casi ensordecedores, y daban miedo.


    El corazón de Daría casi saltaba de su pecho por el susto.


    Miró por ventana y vio a persona que estaba golpeando puerta, sintiendo una mez de ira y


    ansiedad.


    Félix, al ver que e no abría, intuyó quién podría ser el que estaba golpeando puerta.


    Jacinto, viendo a su madre desconcertada, frunció el ce?o ligeramente y dio grandes pasos hacia


    puerta, abriénd


    de inmediato.


    Con todo el alboroto des noticias, Ginés no podía estar desinformado.


    El tiempo, que había estado despejado hasta ahora, de repente se volvió oscuro y opresivo, con


    vientos que hacían ondear camisa azul marino del hombre.


    Su apuesto rostro estaba tenso y lleno de ira, sus ojos rojizos, y todo su ser parecía sombrío y


    desali?ado.


    Rero Jacinto no se conmovió en lo más mínimo por su apariencia actual.


    Su expresión sombría no tenía nada que envidiar a de Ginés.


    Todo el mundo sabía que, tal vez porque había estado mucho tiempo con Olivia, en el fondo de mi


    conciencia tenía algo que le decía que no tenía derecho a enojarse.


    Jacinto, probablemente también pensaba de esa manera, siempre había sido un tipo despreocupado y


    de buen


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    carácter, fácil de tratar.


    Comparado con Olivia, que uno nunca sabía con qué estado ánimo iba a razonar, Jacinto era mucho


    más sensato.


    Ahora, al ver a Jacinto así, el corazón de Ginés, que ya se sentíao apretado por una mano,


    parecía ser atravesado pors puntas de los dedos, sintiendo un dolor agudo y prante.


    Antes no lo creía.


    Aunques imágenes des noticias se mostraban tan ramente frente a él, aún no lo creía.


    Nunca había oído har de Rubén anteriormente, no era posible que Olivia tuviera algo que ver con


    él, y mucho menos


    que llegaran al punto de har de matrimonio.


    ?Cómo era posible que e pudiera casarse?


    Se imaginó incontables veces escena de su boda: dónde se celebraría, qué estilo tendría, qué tan


    grandioso sería,


    cómo se vería e en su vestido de novia, qué tipo de anillo deberíaprar, cuáles seríans


    promesas que él quería hacerle…


    ?No dijo e que quería vivir bien con él?


    ?Por qué entonces elegir a otra persona?


    Al ver a Jacinto, Ginés sintió que ese peque?o rayo de esperanza que tenía se destruía porpleto.


    Lo que siempre había evitado enfrentar, lo que se negaba a admitir, todo era cierto…


    Jacinto lo miraba con frialdad, recordando lo que Olivia le había dicho hace un momento.


    E no lo hacía por venganza contra Ginés, pero él también era una des razones.


    E no lo admitiría, pero él creía que Ginés era definitivamente razón más importante.


    Antes pensaba que Ginés era un buen tipo, ?qué tan malo podría ser el hombre al que esa mujer


    eligió?


    Ahora…


    Cuanto más confiaba y aprobaba a Ginés antes, ahora más lo detestaba.


    ?Qué vienes a hacer ahora? ?A entregar personalmente un sobre rojo?”


    El cuerpo erguido de Ginés se tambaleó ligeramente, extendió mano para agarrar con fuerza el


    marco de puerta,


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    Capitulo 192


    mientras su nuez de Adán se movía un par de veces antes de queenzara a har lentamente.


    “Quiero ve“.


    La expresión de Jacinto se tensó aún más, sus ojos ardían con una mez de ira y sarcasmo, densos


    y revueltos violentamente.


    “?Lárgate!”


    Un destello de dolor extremo cruzó los ojos de Ginés, pero permanecía inmóvil frente a puerta.


    “Quiero ve. Jacinto, e no puede casarse con otro hombre…”


    La cara tensa de Jacinto de repente se torcióo un retrato destrozado.


    Su pu?o salió disparado en el siguiente segundo.


    Lo golpeó con fuerza, sin menor hesitación.


    Ginés retrocedió dos pasos por el impacto, tambaleándose varias veces antes de lograr estabilizarse.


    Con ese golpe,o sis emociones revueltas en su corazón encontraran una salida, Jacinto se


    adntó, agarró el cuello de camisa de Ginés ynzó otro pu?etazo con fuerza.


    “?Con quién se va casar si no es con otro? ?Contigo? Todo es por tu culpa, Ginés, ?cómo tienes


    cara de decir todas estas cosas?”


    Laisura de boca de Ginés sangraba por el golpe, y aunque éra el que recibía los golpes,


    todavía había un aire de desción y dignidad.


    Jacinto lo tiró al suelo y no fue hasta que Daría escuchó el ruido y salió a separar a Jacinto que Ginés


    se levantó lentamente del suelo.


    Se limpió sangre deisura de boca, con una voz ronca y severa.


    “Quiero ve.” Parecía que solo sabía decir esas pbras, con una s obsesión en su cabeza.


    “?Lárgate, carajo!” Jacinto sentía repulsión al verlo así.


    ?A quién le mostraba ese aspecto desdo?


    ?No era acaso su propia desción que él mismo causó?


    Ginés se tambaleó hacia adnte dos pasos, sus ojos se enrojecieron levemente al mirar a Jacinto, su


    nuez de Adán se movió una y otra vez, su voz sonabao si sus cuerdas vocales hubieran rodado


    por el fuego.


    “Quiero ve… por favor.”


    La furia en Jacinto se detuvo de repente.


    Daría, que estaba a sudo sosteniéndolo firmemente, también se sorprendió y miró al joven dnte


    de e, ramente angustiado, y sintió un nudo en el corazón, sus ojos se llenaron de lágrimas y giró


    “?De qué sirve que veas? Las cosas ya están así, ?acaso no estás al tanto de su temperamento?


    Una vez que e decide algo, ?quién puede cambiarlo?”


    “Ay. ?qué pasó? ?Qué pasó aquí? Te gusta e, e también te gusta, todo estaba bien, ?por qué


    llegaron a este punto?”


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    Daría sacudía cabeza, soltando un suspiro mientras su voz llevaba un tono de nto impotente.


    Ginés parpadeó rápidamente.


    “Todo es culpa mia.


    Jacinto soltó una risa seca. “A veces escuchaba a gente decir que ‘el orgullo lleva al sufrimiento‘ y


    me parecia razonable y a vez no. Ahora creo que, a veces, el hombre tiene que ser responsable y


    eso de ‘morir por el orgullo‘ es una verdadera mierda. ?ro que culpa es tuya!


    ?Y en estos momentos ni siquiera mencionas a esa mujer? ?Todavía pensando on protege a toda


    costa? Tranquilo,


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    nadie quiere mata, si fuera así, ya estaría muerta. Ser responsable también depende de situación,


    ?quién no tiene cerebro? Si e no hubiera intervenido, ?ustedes dos habrían llegado a este punto?


    Sé que normalmente ningún hombre quiere echarle toda culpa a los demás, así que mejor deja de


    pensar en ve. Aunque e quisiera verte, definitivamente no sería para escuchar esas pbras.”


    Olivia tenía un carácter que no era el de una persona normal.


    Todo dependía de su estado de ánimo, pero su estado de ánimo era impredecible, quién sabía qué


    diablos pensaba en ciertos momentos, su visión del mundo a veces era tan impactante que dejaba a


    todos boquiabiertos, y en otros, tan normal que nadie podía encontrar un solo defecto.


    Invertía el negro con el nco, pero de alguna manera tenía una forma de har quevaba el


    cerebro des personas.


    Quienquiera que intentara contr, simplemente estaba delirando.


    Así que, si e no quería perdonarlo, ?qué importancia tendría incluso si se vieran?


    Pero Jacinto sabía todo esto, y Ginés era aún más consciente.


    Por eso mismo, no sabía qué hacer.


    Si e no lo perdonaba, todo lo que hiciera sería en vano.


    Pero no podía quedarse mirando cómo se casaba con otro, indiferente a eso.


    Ginés se quedó sin pbras.


    Ahora no sabía qué decir, y de hecho, si veía a Olivia, tampoco sabría qué decir.


    Pero Olivia salió precisamente en ese momento.


    Se paró en puerta y le miró con indiferencia.


    “Entonces… ?has venido a golpear puerta hasta rompe solo para decirme algo urgente?”


    Al ve, Ginés dio dos pasos ansiosos hacia adnte, extendiendo mano para intentar agarra.


    “Olivia…”


    “Se?or López, ya me he casado, mantener distancia con otros hombres es el mínimo respeto que le


    debo a mi esposo. Por favor, respétese a usted mismo y no me haga quedar mal ante mi familia


    política.”
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