Capítulo 1812
Capítulo 1812
Todo el mundo seguía demasiado sorprendido para reionar, cuando de pronto, se escuchó un
golpe en puerta.
“Disculpe, ?esta es casa del Se?or Martín Ernán?”
Todos giraron sus cabezas al escuchar voz.
La puerta estaba ab ierta, y mujer en entrada fijaba su mirada en s.
Quizás al ver a tantas personas, e también se quedó un poco sorprendida.
Era Sira.
Al ver a Sira, Petrona sintió un escalofrío repentino en su corazón.
Un frio nunca antes experimentado.
Aunque Martín había ignorado desde el inicio de su matrimonio, dejánd a su suerte, el corazón
de Petrona nunca se había sentido tanto fríoo en este momento.
De todass personas, Sira no debería haber venido, y menos en casa quepartía con Martín.
Martín frunció el ce?o al ver a Sira. Aunque su rostro y su tono seguían siendo desagradables, había
logrado contr rse un poco enparación con antes.
“?Qué estás haciendo aquí?”
En situación actual, Sira se encontraba entre espada y pared. Después de titubear por un
momento, decidió entrar.
“Vi en Inte que estabas enfermo y que te hospitalizaron anoche. Fui al hospital hoy, pero me
dijeron que ya te habías dado de alta y regresado a casa. Así que vine a ver cómo estás, estaba un
poco preocupada por ti.”
Si Petrona podía humi rse sin límites frente a Martín, definitivamente no permitiría mostra rse débil y
desesperada frente a Sira.
Por dignidad y por orgullo.
Podía permitirse perder, pero no permitiría mostra rse derrotada frente a su rival.
Reprimiendo todas sus emociones, Petrona miró fríamente a Sira.
Entonces, ?cómo supo Sira ubicación de casa quepartía con Martín?
?Quién más que Martín podría habérselo dicho?
Petrona cerró los ojos lentamente, tratando de convencerse de que no podía ser cierto. ?Por qué
Martín le diría a Sira dirión de su hogar? No tenía por qué mencionárselo.
Guille, que había estado presente todo el tiempo, soltó una carcajada irónica en ese momento.
El sarcasmo era evidente. Los ojos de Petrona temron ligeramente.
Todo el enojo hacia Martín, todos los sentimientos que había tenido por él, todo, de repente, se volvió
desdo.
?Por qué estaba luchando?
Sira ya estaba profundamente arraigada en el corazón de Martín. Petrona se había convencido de que
debía intentarlo, de perseverar, de esforza rse más, de tratar mejor a Martín, si le amaba de verdad,
obtendría una respuesta, aunque fuera mínima.
Pensó ques cosas estaban yendo en dirión que deseaba en los últimos días.
2
Martín podía vivir bajo el mismo techo que e, podían tener un mundo solo para ellos dos,o
cualquier otra pareja, podían estar juntos íntimamente.
Podían al menos, no rechaza rse mutuamente…
Content is property ? N?velDrama.Org.
Pero ahora, Martin había usado pbra “matrimonio” para referirse a e ya Guille.
él, su esposo, había hado tan fácilmente de cosas inapropiadas que podrían suceder entre e y
otro hombre. ?Cómo podría no importarle?
?Qué pensaba que era e?
?No era nada en absoluto!
Si hubiera sido Sira en lugar de e, pensó, él nunca habría dicho esas cosas.
Luchar era solo su deseo suyo.
Nunca podría reemzar a Sira, y mucho menos lograr elimina del corazón de Martín.
Respiró profundamente y luego lo soltó lentamente. Cuando volvió a mirar a Martín, sus ojos estaban
vacíos,o si no transmitiesen nada, ni tristeza, ni felicidad, ni enojo… pero también parecían tener
demasiadas emociones que no se podían describir con pbras.
Abrió boca,o si quisiera decir algo, pero entonces su mano fue agarrada nuevamente. Se
detuvo y miró a Guille a sudo.
“Ahora necesitas calmarte. Ven conmigo.”
Petrona miró a Guille con confusión, pero él ya estaba llevando hacia puerta.
Martin frunció aún más el ce?o y trató de agarrar a Petrona, pero Guille se interpuso.
“Cuando hayas resuelto tus asuntos, entonces haremos sobre Petrona”, atendiendo a lo que acabo
de decirle, espero que te queden ras mis pbras…”
Sistimaba y se arrepentía, él sería el primero en llevárs.
Martin hizo una pausa, pero cómo podría permitir que Guille simplemente se llevara a Petrona de
dnte de él.
“Si quieres irte, ?vete tú solo!”
En este momento, anciana que estaba a undo de repente dijo, “Sr. López, llévate a Petrona
primero, tenemos que resolver algunas cosas aquí.”
Aunque Guille acababa de decir esas pbras llenas de amor y cari?o hacia Petrona, debía tener
cierta preocupación.
Pero si Martín no podía manejar situación con Sira, preferiría que Petrona terminaras cosas con
Guille.
Después de todo, ninguna mujer podía soportar que el hombre que amaba estuviera enredado con
otra mujer.
Si no podía manejarlo, dejaría ir, solo un tonto seprometería de esa manera.
Los ojos de Martín estaban fijos en Petrona y su voz era fría, “Petrona.”
Con tan solo pronunciar el nombre, ya era una fuerte advertencia:
Cualquiera podía da rse cuenta de que si realmente elegía irse con Guille, era posible que hubiera
consecuencias imprevisibles..
Pero ahora e realmente no tenía el estado de ánimo para lidiar con este invitado inesperadoo
due?a de casa.
No tenía tanta magnanimidad todavía.
No dijo nada, solo se libró silenciosamente de mano de Guille y dijo con indiferencia: “No me siento
cómoda, necesito tomar aire.”
Dicho esto, se dio vuelta y salió. Pasó junto a Sira, quien miró con preocupación, “Petróna,
?sucedió algo?”
Petrona miró a Sira con una expresión sombría, “Haz lo que quieras.”
Quizás estas pbras tendrían otro significado en el futuro, quién sabía.
Sus pbras casuales hicieron que el corazón de Martín se hundiera inexplicablemente.
A punto de decir algo, Petrona ya había llegado a puerta, cogió su abrigo y salió.
Incluso cerró puerta tras de sí.
La figura que se alejaba daba extra?a sensación de que no volvería nunca más.
El corazón de Martín se tensó, a punto de seguirle, pero Sira de repente dijo, “Martín, ?estás bien?”
Martin, que acababa de dar un paso hacia puerta, se volvió para mirar a Sira.
La expresión en su rostro no mejoró, “Estoy bien, ?cómo llegaste hasta aquí?”
Guille se rio entre dientes, “Tengo que irme, tengo cosas que hacer.”
La mirada de Martín se volvió hacia él, pero Guille sonrió y dijo, “Deberías estar ocupado ahora, no
puedes cuidar a demasiada gente.”
Dependiendo de quién fuera más importante.
Lo irónico de estas pbras no se le escapó a anciana ni a Ca.
?Cómo podría maneja rse entre dos mujeres? ?Acaso se creía capaz de dividirse en tres?
Solo podía aceptar realidad, renunciar a una para queda rse con otra, esa era conclusión final.
Guille se fue, sin menor vión.
Sira se quedó parada allí, con una expresión confusa, pero cuando se dio cuenta de que solo
quedaban ellos en s, de repente se sintió incómoda.
Echó un vistazo a anciana que estaba detrás de Martín, ramente evitando su mirada, y retrocedió
un poco.
Evidentemente asustada.
La anciana, con rostro airado, se apoyó en su bastón y dio dos pasos adnte, con una actitud fría y
un áura de indignación y una frialdad dominante.
“Srta. Sira, ?cu ánto tiempo sin vernos!”
Sira mordió subio, “Hace mucho tiempo.”
“Pensé que nunca volveríamos vernos en esta vida.”
La expresión de Sira parecía incómoda, “Yo tampoco esperaba encontrarte aquí.”
La anciana resopló fríamente, “Srta. Sira, ser una persona implica tener vergüenza. Debes tener un
juicio interno sobre lo que está bien y lo que no lo está. ?Sabes dónde te encuentras?”
Sira volvió mirada hacia Martín de prisa, “Solo escuché que Martín fue hospitalizado de repente
anoche, estaba algo preocupada por él, así que vine a ver cómo se encontraba.”
“Se?orita Sira.” Esta vez no era anciana quien ha, sino siempre elegante Ca.
“Este es el hogar de mi hijo y su esposa, aunque no sé cómo encontraste este lugar, pero aquí,
cualquiera puede venir, excepto tú. Porque tú eres exnovia de Martín, y Martín ahora es un hombre
casado. Tu presencia podría romper una familia feliz y da?ar a otras personas inocentes. Incluso si no
hay nada entre ustedes ahora, ?Cómo crees que se sentirá su esposa al verte? Además, Se?orita
Sira, no tienes posición ni derecho para preocuparte por Martín, incluso si él muere, definitivamente no
estarás invitada a su funeral.”
Las pbras de Ca podían ser consideradass más severas en muchos a?os, incluso
pronunciadas personalmente por e, que siempre rechazabas pbras de anciana.
El rostro de Sira se puso rojo, sus pbras de negación y defensa fueron silenciadas por Ca.
No pudiendo soportar esta injusticia, sus ojos se enrojecieron involuntariamente, “?Acaso porque
tuvimos una rción, también tenemos que negar nuestra rción depa?eros de se y
amigos?”
Su queja, siempre tan amable y gentil, fue ignorada por Ca, quien parecía no escucha. Asintió
con cabeza, con una expresión serena y desapegada.
“Sí, si han tenido una rción, no pueden serpa?eros de se ni amigos. ?Crees que realmente
podría haber una amistad entre dos ex novios?”
Sira miró a Martín, pero Ca continuó:
“Tal vez me dirás que hay tal probabilidad. Pero puedo decirte con un 100% de certeza que aquellos
que pueden ser amigos después de romper, o temen en frenta rse ab iertamente para no afectar sus
propios intereses, o aún tienen intenciones hacia el otro, o…
?Es que ninguno de los dos realmente ha puesto sus sentimientos! Porque no han puesto verdaderos
sentimientos, por eso pueden aceptar rción de amigos tan fácilmente y de manera natural. De lo
contrario, definitivamente no hay esta opción de ser amigos después de romper. Esto no es una opción
en absoluto, es solo porque hay otros factores que llevan a este resultado hipócrita.
Después de terminar de har, Ca miro’a Sira, luego continuó lentamente: “Se?orita Sira, ?A qué
categoría pertenecen ustedes?”
La cara de Sira se puso algo pálida.
?Cuál era el estatus de Martín ahora?
El único hijo y nieto de familia Limes, el lider de Limes CO.
?Cuá ntas mujeres lo estaban buscando?
Si decía que no tenía intenciones hacia él, solo haría que pensaran que era más hipócrita.
Porque e no era Petrona, no era hija de ninguna familia rica, por lo que solo podía tener
intenciones hacia fortuna de Martín, y familia Limes detrás de él. No tenía derecho a har de
sentimientos.
En cuanto a no incluir los sentimientos, podía estar segura de sí misma, pero lo que dijo Ca
ramente fue un recordatorio o una bu hacia e.
Pero, ?por qué?
Martín inicialmente favorecía, ?por qué debería pensar que Martín realmente no tenía sentimientos
hacia e?
Miró a Martín, solo para ver que su rostro miraba hacia ventana del salón, con una expresión
sombría.
Su mente parecía estarpletamente fuera de e, incluso fuera de esta habitación.
Su corazón se enfrió inexplicablemente, agarrando el bolso en su hombro, sus dedos se apretaron
inconscientemente.
“Madre, no puedo darle una respuesta ens opciones que me ha dado. Si insiste en decir que tengo
intenciones o por qué no acabamos con nuestra conexión, todo se basa en el hecho de que Martín y
yo éramospa?eros de se y amigos…”
Ca miró durante unos segundos, “Así que te aconsejo que sepas cuál es tu lugar. Te pegas a un
hombre casado, entras a su habitación dnte de su esposa, ?no te sientes…o esas madas
damiss inocentes de hoy en día?”
El rostro de Sira se puso pálido al instante.
En ese instante, Martín volteó, frunció el ce?o y miró a Sira. “Estoy bien, gracias por preocuparte por
mí. Tengo algunas cosas que hacer, puedes irte primero.”
Parecía no haber prestado demasiada atención a lo que Ca le había dicho. Después de har, se
dirigió hacia puerta con una expresión seria. Cuando pasó junto a e, el viento que levantó incluso
despeinó algunos mechones de su cabello.
E apretó losbios con fuerza, siguiendo su figura con mirada, viendo cómo se marchaba sin
siquiera cambiar de zapatos o quita rse chaqueta.
“Martín puede ser inteligente, no lo niego, pero su inteligencia emocional no separa con su
coeficiente intelectual.”
Después de un rato, Ca volvió a har con indiferencia. “Siempre he mimado a Martín, no soporto
verlo enfadado, triste o dolido. No soporto que nadie pronuncie una pbra en contra suya. Cualquier
decisión que tome, siempre respeto sin condiciones. ?Por qué, entonces, no he edido a su
deseo en lo que a ti respecta, sin importar cu ánto nos ha molestado? ?Sabes por qué?”
Sira tiró de subio con cierta mncolía. “Solo será porque somos de diferentes ses sociales, y a
ustedes no l es agrado.”
Ca negó con cabeza. “Estás equivocada. No es porque no seas lo suficientemente buena o por tu
estatus social. Es simplemente porque él es mi hijo, y yo lo conozco.”
Sira miró fijamente a Ca, “?Qué quieres decir?”
Ca sonrió levemente. “Martín no te ama.”