Capítulo 221
Ante esto, Anastasia volvió a entrar a casa y cerró puerta principal, dejando a Elías afuera por su
cuenta. En cambio, cargó a Alejandro al sillón y lo sermoneó. El peque?o hizo un puchero y murmuró
después de unrgo rato: —Pero me agrada el se?or Palomares. —Bueno, no debería. No lo vuelvas
a mar sin mi permiso. él es un gran jefe y está muy ocupado, ?entendiste, Alejandro? —E sabía
que dejaría de acercársele con solo decirle que Elías estaba hasta arriba de trabajo. Aunque Alejandro
asintió, expresando queprendía, por dentro, de verdad le caía bien: cómo le encantaría que su
mamá se casara con Elías para que él fuera su padre. Anastasia se sentía mal por su hijo, aunque lo
había rega?ado,o si fuera su culpa, para empezar. Sabía que no debió dejar que Alejandro se
encari?ara de Elías, por lo que decidió que no volvería aeter esos errores de nuevo. Era hora de
que e y Elías trazaran línea; no debían seguir con su ambigua rción. Cuando se acostó en
cama, reflexionó sobre muchas cosas, más que nada sobre Elías, preguntándose en qué momento
ese hombre llenaba cada esquina de su mente hasta el punto de no poderlo ahuyentar. Aun así, no
podía dejar que esto continuara; si no podía apartarlo, se encontraría a otro hombre que lo
reemzara. Sin importar lo desesperada que estaba, nopartiría el mismo hombre que Helen.
Para Anastasia, el cuerpo de Elías estaba envuelto desde hace tiempo en el hedor de Helen. Era
se de repugnancia que asfixiaría cuando se acercara. Esa noche, Helen se hizo borracha y se
llevó a Daniel a su habitación. Bajo su sedión, se revolcaron por cama a pesar del fingido
rechazo de Daniel. Sí, Helen hizo el acto talo lo anunció, incluso si no fue con Elías. Mientras
Daniel estaba dormido, Helen tomó unas fotos a escondidas,s cuales usaría para enga?ar a
Anastasia, haciéndole creer que Elías estaba acostado con e. Después de una noche de
deliberación, Anastasia se despertó con tranquilidad a ma?ana siguiente. No podía preocuparse
después de arar su mente y near el futuro. No tenía tiempo que perder en eso. Tenía que
trabajar duro y ganar dinero, pues su hijo lo era todo. Aparte de Alejandro, nadie merecía su tiempo ni
sus energías; su prioridad principal era ganar dinero. Después de dejar a Alejandro en escu, se
dio cuenta de que había dejado algunos bocetos en casa; entonces, regresó para recogerlos. En el
camino, mó Fernanda, diciéndole que viniera a una junta. Luego de colgar, por idente,
Anastasia dejó su teléfono en parte trasera del taxi. Tras de bajarse, el chofer recogió a otroCopyright by N?v/elDrama.Org.
pasajero no muy lejos de allí. El joven, en cuanto abrió puerta del coche, encontró el teléfono. A
juzgar por funda del teléfono, supuso que le pertenecía a una mujer. En el momento en que
desbloqueó el teléfono, apareció cara de un ni?o peque?o, cosa que le derritió el corazón un poco.
Con eso, mó a última persona con que contactó el due?o del dispositivo. Mientras tanto,
Fernanda estaba escuchando a su subordinado har en junta cuando sonó su teléfono, al que le
echó un vistazo y miró a Anastasia, sorprendida. —?Me estás mando a mi número? —?No! —negó
con cabeza. —Pero me apareces tú en el identificador. —?Oh, no! ?Debí dejarlo en el taxi! Acepta
mada. —Anastasia se percató al instante de lo que pasaba. —?H? —contestó el teléfono. —
H, ?es amiga de due?a del teléfono? Lo dejó en el taxi. —Soy su jefa; está a mido. Se paso.
De prisa, Anastasia lo tomó y salió de s de juntas. —H, soy due?a del teléfono que
encontró. —H, se?orita. Estoy haciendo unos mandados, ?por qué no me da su domicilio y le llevo
su teléfono más tarde? —sonó voz ra y melodiosa de un joven. —Gracias, pero creo que debería
ir y recogerlo con usted.