Capítulo 219
Cuando escuchós pbras de Helen, a Elías se le apretó el corazón: ?Así que de verdad echaron
de casa, ?no? ?Por eso estuvo en el extranjero por cinco a?os??. Aun así, él creía que Anastasia
concibió a Alejandro porque su dulzura podría sanar su dolor. Alejandro erao una curación para
e, liberánd de esa terrible experiencia; en cambio, el peque?o necesitaba amor y cuidado, cosa
de que se encargaría Elías a partir de ahora. En ese momento, les sirvieron los tillos. Helen
quería cenar desde que hizo el pedido, pero ahora sentíao si estuviera masticando cera: ?quién
diría que Elías invitaría a cenar solo para averiguar sobre el pasado de Anastasia? Al final de
cuentas, todo en lo que podía pensar era en Anastasia. —Elías, Anastasia es una chica dulce. Si no
fuera por ese encuentro, estaría viviendo una vida feliz —dijo Helen, aun poniendo su fachada de
santa frente a Elías. En cambio, él seguía en sus pensamientos. Después de escucha, solo asintió,
pues el resto de vida de Anastasia tenía que ver con él ahora y sería él quien le daría el final feliz
que se merecía. Entonces, a Helen se le ocurrió algo y, con timidez, preguntó: —Dime, Elías,
?Anastasia ha preguntado sobre nosotros? Aun así, él miró con tranquilidad y serenidad. —Helen,
lo que ocurrió entre nosotros fue un error. Sin saberlo, te hice da?o aque noche y te lopensaré
a mi manera. —No te culpo, Elías, en serio. Quizá sufrí los últimos cinco a?os, pero, tras conocerte,
ese sufrimiento se convirtió en experiencias dulces. Helen se esforzó por confesarle su amor. Por
desgracia, él no sentía lo mismo por e. —Es mejor que no te concentres en aque noche. Al fin y al
cabo, no hará más que herirte. —No, soy feliz siempre y cuando seas tú. —Helen sacudió cabeza.
Estaba dispuesta a experimentar esa felicidad de nuevo—. Elías, yo… Cuando quieras, estoy
dispuesta a… Justo entonces, sonó el teléfono de Elías. Helen, exasperada, miró el identificador de
madas y miró que lo estaba mando Anastasia. Al instante, su mirada se llenó de furia ardiente:
?cuánto quería matar a esa zorra! Juraba que solo lo maba en ese momento para entrometerse. él
se apresuró a tomar su teléfono y se levantó. —Permíteme atender esta mada. —Está bien —dijo,
sonriéndole y reprimiendo su ira. Con eso, él se dirigió a s privada de aldo y contestó con una
voz gentil: —?H? —Se?or Palomares, me prometió que hoy vendría a jugar conmigo abajo. ??Por
qué no ha venido?! —sonó voz de un peque?ito. —?Puedes esperarme, Alejandro? Iré cuando
termine de cenar. —?De verdad? ?Sí vendrá, se?or Palomares? —Lo haré. Yo cumplo mi pbra —leThis material belongs to N?velDrama.Org.
prometió. Adoraba tanto al ni?o, incluso si no tenían rción sanguínea. —Bien, ?lo estaré esperando!
—De acuerdo, te veré pronto. —Después de colgar, revisó hora y regresó a s privada. Cuando
vio que Helen apenas habíaido, no pudo evitar preguntarle—: Helen, ?ya terminaste deer?
—?Ya te vas? —preguntó, sin lograr evitar entrar en pánico: ?tiene que irse en cuanto lo mó
Anastasia? —Sí, tengo que encargarme de algo primero. Le pediré a Daniel que te regrese a casa. —
Elías… Yo… esperaba que terminaras cena conmigo. —Aunque Helen deseaba que se quedara,
e perdió el valor y se mordió elbio con aflión cuando él examinó, bajo luz, su traje que tenía
en mano —. ?A-adnte, vete! Yo estaré bien. —Lo siento, Helen. Luego te invito aer —se
disculpó y le insistió antes de retirarse. Ahora que se había ido, Helen pudo hacer a undo su
fachada y poner una cara de amargura y resentimiento: de entre todass personas, ?tenía que ser
Anastasia!, zorra que seguíao una pesadi constante. Ante esto, tomó su teléfono y mó a
Daniel: —Ven a recogerme y hazmepa?ía.