Capítulo 140
Se estaba volviendo un dolor de cabeza eso de que no podían registrar a los ni?os. ?A dónde iba a ir
e sin eso? Sin registro, todo seplicaba.
Para matricr a los ni?os en escu, para salud, todo eso requería de un registro.
“Mira, si tienes algún problema en estos días, házmelo saber“, le dijo él. “Aunque no soy ningún pez
gordo, llevo tiempo en Puerto Rafe y de alguna forma u otra puedo echarte una
mano.
No te hagas desconocida conmigo, que más allá de que fuimospa?eros de se, solo por tu
rción con Samira ya es suficiente. Si tú tienes un problema, no puedo hacerme el de vista gorda.
Si no, cuando Samira vuelva seguro que me arma un lío.”
Carol le sonrió por cortesía y dijo, “Está bien.”
Justo en ese momento, Aspen vio ese gesto.
Después de tranquilizar a Miro, mó a Iván y se fue a oficina.
Pasaba por el hospital cuando los vio, justo en un semáforo en rojo, faltaban más de 40 segundos.
Desde su auto, Aspen miró a través de ventana a los dos que estaban chando alegremente a
entrada y soltó un bufido.
Abel, que estaba conduciendo, siguió mirada de Aspen y vio a Enrique y a Carol.
“?Qué hace se?orita Carol en el hospital otra vez?”
Aspen, con una mez de sarcasmo y bu, dijo:
“?Acaso no ves que vino a buscar a alguien? ?No decían que e y Enrique eran solo amigos?”
“La investigación así lo dice. Enrique es el mentor en universidad de se?orita Carol, además de
ser el yerno preferido por familia Suero. Su esposa, Samira, es única hija de los Suero y también
la mejor amiga de Carol. Así que rción entre Carol y Enrique no está
nada mal.”
“Pff, vaya mejor amiga.”
Ese tono estaba lleno de ironía,o si Carol estuviera traicionando a Samira con Enrique.
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Abel no notó ningún ambiente raro yentó:
“Son amigos, no pasa nada si se ven a ss. Al fin y al cabo, se?orita Samira no está en Puerto
Rafe. Si estuviera, seguro que saldrían los tres.”
Pero Aspen respondió:
“Algunas personas no saben lo que es vergüenza y nunca cambiarán.”
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Capitulo 140
Abel se quedó confundido, no sabia a qué venia eso.
“Aspen, ?será que tienes algún prejuicio contra se?orita Carol? Siento que le tienes ciertal
desconfianza. ?será porque e te beso?”
Eso hizo que Aspen se enfadara aún más,o si se sintiera… ?vido!
Y Abel seguia diciendo:
“Digo, si se?orita Carol te besó, tampoco es que tú pierdas, eres hombre y e es mujer.”
Aspen, irritado, lenzó el periódico que tenía en mano a nuca de Abel:
“?Acaso estás demasiado cómodo últimamente y quieres ir a dar una vuelta por el desierto?”
Abel, sintiendo un escalofrío, se apresuró a decir:
“Olvida lo que dije, fueo si hubiera hado al viento, no dije nada.”
Nadie queria ir al desierto y enfrentarse a un montón de arenas.
Al ver cómo quedaban los colegas que iban para allá por seis meses, con piel partida por el sol…
?Ni pensar en encontrar esposa después!
Aspen le echó una mirada fría a Abel y volvió a mirar hacia donde estaba Carol, pero e ya no estaba
allí.
“?Que alguien vigile!”
“Ah, por cierto, oi que Carol sugirió ayerprarle un gato a Iker, y se?ora Fuentes lo hizo. Iker está
feliz, ?nosotros también deberíamosprarle un gato a Miro para animarlo?”
“?A Miro no le gustan los gatos!”
“—Parece que a Miro tampoco le gusta mucho se?orita Carol.”
Aspen frunció el ce?o; pensaba que a Miro le caería bien Carol, viendo cómo Iker adoraba.
Pero no fue así…
Abel, algo incómodo, dijo: “Hoy hiciste llorar a se?orita Carol, ?crees que querrá seguir cuidando a
Miro?”
Aspen respondió con desdén: “No importa si e quiere o no, ?no es su decisión!”
Abel cambió de tema: “?Entonces, ma?ana Carol debe ir a tu casa?”
Aspen no respondió de inmediato, aún no tenía ro qué hacer con esa pregunta.