<b>Capítulo 359</b>
“Se decía que
el grupo empresarial de su esposo tenía numerosos proyectos internacionales y rciones profundas con varias familias influyentes, algunas des cuales pertenecían a nobleza. Esta boda seguramente expandiría su red de contactos y proporcionaría a Bea más recursos en el ámbito de moda.”
“?El vestido de novia de Bea podría estar en un museo, verdad? Ese anillo en su mano bri tanto, apuesto a que tieneo doce qutes.”
“Me preocupa que después de boda, Bea ya no quiera actuar en pelícs. Si fuera yo, definitivamente estaría feliz de ser una dama de alta sociedad, disfrutando de ir depras y tomar té pors tardes.”
“No, eso no va a pasar. Bea ya había dicho que seguiría haciendo pelícs, enfocándose en los géneros y personajes que le gustan.”
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En realidad, prepararse para boda había sido un procesorgo, especialmente porque tanto el anilloo el vestido de novia necesitaban ser personalizados. Javier era perfionista y no permitía errores en ningún detalle.
Para Martín y Esther, fue toda una experiencia. Esther arreba el vestido de novia de Beatriz en el camerino: “Bea, ?ese tocado para el velo lleno de diamantes realmente
tiene diamantes reales?”
Aunque fueran falsos<i>, </i>ni siquiera podía imaginarlo; era demasiado brinte.
Beatriz se lo quitó para mostrárselo.
Esther lo tocó con cuidado y luego se lo volvió a poner a Beatriz.
Ahora, e también había tocado una joya de herencia valuada en millones.
Marisa apartó a maquillista y ayudó a retocar el lápizbial de Beatriz: “El Sr. Mangone seguro te va a besar mucho, mejor fija bien el maquije en tusbios para que no se corra.”
Beatriz: “…”
El mayordomo Gabriel estaba especialmente feliz ese día; todos los empleados de familia Mangone habían asistido a boda, celebrando con alegría.
Honestamente, aunque todos trataban a Beatrizo se?ora de casa, sin una grn boda de por medio, siempre parecía máso si estuvieran simplemente en una rción amorosa.
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Capítulo <b>359</b>
Con celebración de boda, todosenzaron a sentirlo más real.
Osmar ya había desaparecido de vacaciones, no le importaba Beatriz y a e tampoco le importaba él; su presencia o ausencia no hacía ninguna diferencia en esta ocasión.
El mayordomo Gabriel, con su cabello teado peinado pulcramente, sonrió y le dijo a Beatriz: “La boda está a punto deenzar, se?ora, permítame lleva al coche.”
El clima de ese día era especialmente hermoso; todos los invitados esperaban ansiosos aparición de los novios.
Cuando Beatriz bajó del coche, se suponía que el mayordomo Gabriel pa?aría, pero en ese momento vio a Javier cerca, vestido elegantemente, alto y distinguido, con su mirada fija en Beatriz.
Beatriz le sonrió.
Nunca habría imaginado, al llegar a este mundo, que tendría un finalo este.
Cuando luchaba por sobrevivir y desentra?ar sus misterios, tal vez también sentía miedo de lo desconocido, asío respeto y curiosidad por este hombre.
Sin darse cuenta, habían recorrido unrgo camino juntos y sus corazones se habían
acercado tanto.
Javier se acercó lentamente a Beatriz, extendió su mano y llevó hacia el altar.
Pétalos de flores caían sobre sus ropas y alfombra, en distancia, un grupo de pájaros ncos vba por el cielo, y Javier, sosteniendo el rostro de Beatriz, se inclinó para besa.
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Te amo mucho.
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