Capítulo 166
Después de todo, Javier era una persona bastante desagradable. Siempre buscando sacar algún beneficio adicional, nunca lo dejaria pasar. Asintió con una sonrisa ligera..N?vel(D)rama.Org''s content.
-?Qué pasa? ?Se?ora, me tienepasión y quiere darme un abrazo?
En el siguiente segundo, Javier se tenso. Beatriz rodeó su cintura con sus brazos, dándole realmente <b>un </b>abrazo cálido. El cuerpo de chica era fragante y suave,pletamente dócil, pegándose ligeramente a Javier, lo que inexplicablemente le provocó cierto calor. Sus ojos se oscurecieron un poco. Parece que Beatriz olvidó que él, en realidad, era un hombre bastante agresivo.
Javier rodeó delgada cintura de Beatriz con sus manos grandes.
Si fuera otro hombre, ?también lo consrias asi?
-Eh–respondió Beatriz.
La pregunta de Javier era tan inesperadao preguntar a quién salvarías si tu madre y yo nos ahogáramos, dejando a Beatriz sin saber cómo responder por un momento. Si fuera otra persona, por supuesto que no lo <b>haría</b>. E misma no sa por qué solo ante Javier seportaba asi. ?Es porque Javier es extremadamente, extremadamente, extremadamente guapo?
Beatriz lo pensó en silencio por un momento. Mauricio también era guapo. Pero si Mauricio tuviera <b>una </b>historia tan triste, Beatriz probablemente sospecharía que una infancia desafortunada lo había vuelto neurótico, alejándose mucho de él. Javier también tenía sus momentos de mncolía. Pero mayoría des veces, Javier briba intensamente; incluso sin esa apariencia atractiva, su elegancia y carisma segn siendo mativos.
La peque?a cintura de Beatriz dolia un poco por presión de Javier.
-No me aprietes.
Después de todo, e también era una be mujer. Si persona frente a e no fuera Javier<b>, </b>sino algún otro hombre, definitivamente pensaría que está tratando de aprovecharse de e. Pero no había otra opción. La cintura delgada de Beatriz, que había adelgazado mucho últimamente por el trabajo duro en el set, contrastaba con estatura de casi un metro noventa de Javier. Su estructura ósea naturalmente era el doble de grande que de Beatriz, y podia envolver su cintura con sus manos fácilmente. Con una presión asi, casi le rompía los huesos <b>de </b cintura.
Javier todavía no soltaba.
-Ruégame.
Beatriz, entendiendo cómo moverse en el mundo, sabia que una gran mujer debe saber cuándo humirse y cuándo ser firme, solo así podría tener éxito. Para salvar su preciada cintura, Beatriz rápidamente pidió.
-Por favor, te lo pido.
Javier, con una sonrisa que no <b>parecía </b>sonrisa.
-No me parece
sincero.
Beatriz rogó con una mirada de pena.
-Por favor, nuestro gran Sr. Mangoné.
La voz de Javier se tomó un poco más ronca.
-Aún falta sinceridad.
Las pesta?as de Beatriz temron ligeramente.
-Cari?o, por favor
Javier cerró <b>los </b>ojos y, en silencio, soltó su mano. Finalmente, Beatriz se libero del abrazo demoniaco de Javier, se envolvió ens cobijas haciéndose <b>un </b>peque?o bulto y fue <b>a </b>dormir a esquina <b>de </b cama.
Javier no <b>tenía </b>sue?o en absoluto. Se levantó, se puso algo de <b>ropa </b>y salió <b>al </b>patio, donde encendió un <b>cigarrillo</b>. Habia nevado mucho ayer en San Lisset: los sirvientes de casa de familia Mangone solo habían limpiado nieve des
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escaleras de <b>piedra</b>, dejando a ambosdoss rosas de invierno que florecian brintemente durante estos días de nieve. Las grandes rosas hdas briban contra nieve, ardientes de belleza. La noche de Nochevieja estaba llena de <b>estres</b><b>, </b>tantas y tan densos, pero sensación que dejaban era de soledad.
Nadie sabía en qué pensaba Javier, al igual que los a?os de experiencias que había vivido. Esos secretos oscuros y amargos, esos pensamientos crueles y confusos, quedaban enterrados para siempre bajo nieve.