<b>Capítulo </b><b>43</b>
Beatriz preguntó, “?Puedo hacerte una
gunta?
El mayordomo Gabriel sonrió, mientras respondía: “Por supuesto<b>, </b>dígame.”N?velD(ram)a.?rg owns this content.
“?Soy primera mujer que el se?or trae a casa? ?Ustedes han notado si el se?or me sonríe de manera especial…<b>?</b><b>”</b>
Esos clichés de novso primera vez que el se?or trae una mujer a casa“, primera vez que el se?or es tan gentil con una mujer“, primera vez que el se?or sonríe de esa manera“.
Gabriel respondió, “No es así.”
En empresa de Javier había mujeres ejecutiva, y era normal que ocasionalmente vinieran a su casa para algunas reuniones de emergencia.
En cuanto a sonreír as mujeres, independientemente de cómo fuera Javier en verdad, siempre seportaba <i>con </i>elegancia y mantiene gracia caracteristica de un hijo de familia Mangone, haciendo que muchos se sintieran a gusto en su presencia.
Beatriz pensó: “Como era de esperarse.”
Como antagonista en nov, nunca tuvo fortuna de ser protagonista, incapaz de ganar un trato especial por parte del poderoso jefe.
Lo mejor sería que se concentrara en hacer bien su trabajo y disfrutar del generoso srio que le pagaban.
Beatriz fue alojada en misma habitación que antes.
Su habitación estaba cerca de de Javier, así que Gabriel le advirtió, “El se?or tiene problemas para dormir<b>, </b>así que por favor, <i>no </i>haga ningún ruido por noche cuando él regrese a casa.”
Beatriz asintió con cabeza.
Al ver que e realmente había cambiado, Gabriel no pudo evitar cambiar su actitud hacia e. “Se?ora, le advierto que <i>no </i>debe tratar de provocar al se?or. No es una persona con quien usted quiera tener problemas.”
Esa advertencia venía del corazón de Gabriel.
Había visto de primera manos diversas tácticas de Javier.
Cuanto más pulcro y cortés es frente a otros, más despiadado <b>y </b>cruel es en privado.
Un hombre que había llegado tan lejoso Javier era<b>, </b>sin duda, peligroso.
Para gente ordinaria, familia Marchena podía parecer adinerada, pero para una familiao los Mangone, parecían insignificantes.
Si Beatriz hiciera <b>algo </b>que desagradara a Javier<b>, </b>él podría tomar represalias fácilmente.
Gabriel sabía que, aunque estaba tratando de ayudar a Beatriz<b>, </b>sus pbras podrían sonar mal,o si estuviera advirtiénd de no tener ideas sobre su jefe.
Sin embargo, Beatriz simplemente asintió, aceptando sus pbras.
Javier solía regresar tarde, o quizás ni siquiera venía <b>a </b>casa pors noches.
E no lo había visto en varios días.
Tenía el hábito de levantarse a beber agua a mitad de noche, y esa noche<b>, </b>al ir a cocina por agua, pasó por el sofá del salón y casi se asustó al ver una sombra negra.
Mirando más de cerca, Beatriz se <i>dio </i>cuenta de que <b>era </b>Javier durmiendo <b>en </b>el sofá.
Quizás debido <b>al </b>verano, últimamente en San Lisset llovía mucho, especialmente
pors
Un hombre de posición de Javier debería estar p.do de lluvia, pero Beatriz noches
etamente empapado. Era normal que Gabriel, de avanzada edad, no se diera cuenta, ya que seguramente estaría durmiendo a
Sa hora.
Aunque había otros sirvientes nocturnos en casa, ninguno había sugerido <b>a </b>Javier que se cambiara a ropa seca antes de dormir, lo que le pareció extra?o a mujer.
E calentó el agua fría en el microondas hasta que estuvo caliente.
Con cuidado, se acercó a Javier y le tocó el hombro.
“?Sr. Mangone<b>?</b><b>”</b>
Javier parecía estar durmiendo profundamente, sus densas pesta?as proyectaban una peque?a sombra bajo sus ojos, y en penumbra, sus rasgos seguían siendo impresionantemente atractivos, superando belleza de muchas esculturas griegas antiguas que mujer había <b>visto</b>.