Chapter 105
Capítulo 105
Un sábado temprano, Rafael condujo a su familia de vuelta a antigua casa, sin avisarle previamente
al abuelo Isaac. Al detener el auto, Rafael caminó adnte, seguido por Sofía y los dos ni?os. Sofía
llevaba un juego de té que habíaprado el día anterior; sabiendo que al abuelo le gustaba el té, se
sentía mal de llegar cons manos vacías después de tanto tiempo sin visitar.
Al salir esa ma?ana, Rafael vio
a
Sofía con el juego de té pero noentó nada al respecto.
Apenas entraron por gran puerta, el mayordomo, José, los recibió. Había pasado un tiempo desde
última visita del joven se?or, especialmente después de su divorcio con Srta. Sofía. El abuelo Isaac
se había enfadado tanto que cada encuentro entre abuelo y nieto terminaba en discusión, aunque por
lo general era el abuelo quien reprendía y el joven se?or, Rafael, quien escuchaba. Con el tiempo,
Rafael prefería no visitar para no irritar más a su abuelo, aunque frecuentemente mába para
preguntar por él.
Nadie esperaba que Rafael regresara de repente, y menos aún pa?ado de Srta. Sofía, a quien
no habían visto en cuatro a?os, junto con dos adorables ni?os.
“H, tio José, esto es para el abuelo, un juego de té quepré. Por favor, recibelo“, dijo mientras
acercaba a los ni?os para saludar, “Leo, Noe, digan h al abuelo José.”
“H, abuelo José.” Los ni?os saludaron obedientes. El tío José, emocionado, tomó el juego de té y, al
oír a los ni?os, no pudo evitar preguntar, “?Estos son…?”
Sofía no respondió directamente, más bien miró hacia Rafael. Captando mirada de Sofía, Rafael le
dijo al tío José, “Son nuestros hijos.
José, emocionado, apenas podía sostener el juego de té sin temr. Apresuradamente subiós
escaleras para avisar al abuelo Isaac.
Alba, al escuchar el alboroto, corrió hacia ellos y se emocionó al oírs pbras de Rafael. Tanto e
como el tío José habían estado en familia Amorós por mayor parte de sus vidas y no esperaban
ver a los hijos del joven se?or.
“?Estos son los hijos del joven se?or? Qué hermosos“, dijo Alba, visiblemente emocionada.
“H, Alba. Leo, Noe, saluden a abu Alba“, indicó Sofía, presentando a los ni?os.
“H, abu Alba.”
“Qué alegría, el abuelo Isaac estará encantado.” Dijo Alba.
Al ver que aún estaban de pie en entrada, Alba los invitó a sentarse en s yenzó a
prepararles té.
Sofía, viendo a Alba ocupada, le dijo, “Alba, por favor, no te molestes, nosotros podemos hacerlo.”
se preocupen, Srta. Sofía, déjeme atenderlos. Voy avar unas fresas para los ni?os; llegaron frescas
esta ma?ana.”
ofia y los ni?os se sentaron en el sofá de s.
Los peque?os miraban curiosos alrededor, impresionados por el tama?o de casa, “Mamá, ?esta es
la casa del bisabuelo? Es enorme, aún más grande que de papá.” Noelia pensaba que casa de su
padre era grande, pero del bisabuelo era aún mayor.
“Si“, respondió Sofía con una sonrisa a curiosidad de sus hijos.
Al oír a Noelia, Rafael a?adió, “Papá también vivió aquí. Después de ver al bisabuelo, los llevaré a
conoce.”
“?En serio? Genial, vi un jardín con columpios atrás, quiero ir alli“, dijo Noelia emocionada.
Leonardo no dijo nada, pero también estaba curioso por conocer el lugar donde su padre había
crecido.
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Mientras tanto en el piso de arriba.
José, aún conmovida, subió corriendo a habitación del abuelo Isaac y dijo, “Sr. Isaac, Sr. Isaac, el
joven se?or ha vuelto.”
El anciano Amorós estaba sentado en el sofá de su habitación, con sus gafas de lectura puestas,
absorto en su libro.
“Ya te escuché, ?era necesario armar tanto alboroto? Este chico travieso.” Dijo el abuelo con una
actitud poco entusiasta.