319 ?Tienes que mata!
Be miraba panta del teléfonoo si se hubiera convertido en una estatua, sin poder contestar mada.
—Be, ?por qué no contestaste? Era Sean Spencer.
La voz de Harper de repente trajo de vuelta de su trance. Miró a Harper, parpadeando unas cuantas veces antes de finalmente atender mada.
—H, Bells, lo siento... Solo puedo contactarte ahora voz de Sean sonaba tan culpable del otrodo—. Te extra?o tanto...
Parada junto a ventana, Be sujetaba su teléfono móvil con fuerza y respondió con calma:
— Está bien, Sean. Entiendo. ?Se resolvió tu deber en basecamp? —preguntó.
Una media sonrisa apareció en esquina de losbios de Be. Aunque intentaba har con él casualmente, de alguna manera, por dentro se sentíapletamente incómoda.
—Sí —respondió Sean felizmente, incapaz de detectar iodidad en el tono de Be—. ...Bueno, tengo dos semanas libres. Quiero verte a ti y a Dax. ?Dónde estás ahora?
—Estoy en capital. ?Cuándo puedes llegar? —Al instante, Be sintió que su sangre se hba al oír que estaban a punto de encontrarse.
—Ma?ana. Por favor, dame dirión de tu casa. Iré a verte... —dijo emocionado.
Be apretó sus manos. No quería har con Sean por teléfono sobre su rción con Tristan. Necesitaba har con él directamente pero no podía invitarlo a su casa.
Después de pensar rápidamente, decidió encontrarse con él en un lugar seguro.
—Sean, no podemos encontrarnos en mi casa porque mi madre está ahora conmigo. ?Puedes venir a mi oficina? ?A qué hora puedes llegar? —preguntó Be, tratando de ocultar su torpeza.
Sean no respondió de inmediato. Sonabao si estuviera cado su tiempo. Finalmente respondió después de unos segundos más:
— Llegaré a capital ma?ana por ma?ana. Entonces, tal vez llegaré a tu oficina alrededor des 10. ?Está bien?
—Está bien, te esperaré, Sean —dijo Be.
—Genial. También tengo muchas ganas de verte. Realmente te extra?o mucho, Bells —Sean se sentía muy feliz de saber que vería a Be ma?ana después de tantos meses sin ve—. Está bien, no te molestaré más ahora. Continúa con lo que estás haciendo ahora. Hasta ma?ana...
—Hasta ma?ana —dijo e y colgó.
***
Enisaría, en s de detención.
Laura Kiels caminaba de undo a otro, mordiéndose el pulgar. Una mez de miedo, ansiedad y preocupación había reemzado su expresión típicamente tranqu.
—?Qué hacer? ?Qué hacer? ?Por qué él no está aquí todavía? ?Me ha dejado aquí s? ?Me ha abandonado? —Laura se haba a sí misma mientras caminaba en peque?a habitación sin ventanas que solo podía odar a dos personas. Pero en este momento, estaba s.
De vez en cuando, miraba hacias rejas de hierro.
Fuera de habitación, solo podía ver una pared nca. Nadie caminaba afuera, y no podía oír ningún sonido; estaba s en este lugar desdo.
Cuando sintió que le dolían los pies de tantos vaivenes en peque?a habitación, de repente escuchó débilmente unos pasos acercándose a su celda.
Su corazón se aceleró mientras se movía hacias rejas e intentaba ver quién venía. Vio a un policía caminando hacia su habitación.
—Se?orita Laura Kiels, alguien quiere ve —dijo el oficial mientras abría puerta de celda.
—?Quién es? —preguntó Laura mientras seguía al oficial. Su corazóntía más rápido mientras intentaba imaginar que persona a que había estado esperando finalmente había llegado.
Creía en él; esa persona, su prometido, Marco, no abandonaría. él ayudaría a salir de este terrible lugar, de esta situación.
El oficial no se molestó en responderle. Continuó caminando al mismo ritmo hacia el final del pasillo. Luego, se detuvo en otra habitación. Después de abrir puerta, miró a Laura:
— Puede entrar, se?orita Laura Kiels.
Laura asintió y caminó hacia habitación.
Cuando vio al hombre sentado en si miránd, frunció el ce?o y se detuvo antes de pasar por puerta. No conocía a este hombre. Sin embargo, ?por qué le parecía familiar?
Al instante, curiosidad surgió en su corazón. Continuó caminando y miró alrededor de habitación.
Vio que se extendía a derecha, y otra habitación en eldo derecho estaba separada por rejas de hierro. Aunque los oficiales no podían oír sus voces cuando haban, podían ver ramente sus movimientos.
Una vez más, Laura intentó recordar dónde había conocido al hombre vestido de negro con el pelo corto rojo sentado frente a e.
Pero por más que intentaba recordar, no podía acordarse de dónde había conocido a este hombre.
Antes de que Laura pudiera decir algo, el hombre habló.
—Oye, solo para que sepas. Ellos no pueden oírnos, pero pueden leer nuestrosbios. Así que, manténlo simple cuando respondas o asiente con cabeza... —El hombre habló tan rápido que parecía que estaba rapeando.
Laura, que escuchó su voz, se sorprendió, no por lo que dijo, sino por el sonido de su voz. E conocía esa voz muy bien; era Marco, su prometido, el hombre que había estado esperando para ayuda a salir de este lugar. ?Finalmente llegó!
E asintió ligeramente, reteniendos lágrimas. Si él no hubiera hado y e viera el tatuaje en su cuello cuando bajó un poco su cuello de tortuga, le hubiera resultado difícil reconocerlo.
Aunque estaba confundida por qué había venido disfrazado, no preguntó nada.
—Escucha, sabes lo que tienes que hacer. Quédate aquí, no admitas nada, lo que sea que te pregunten. —E asintió ligeramente.
—Incluso si te enca, no tienes que preocuparte. Vendré a ayudarte. Y, pondré a algunas de mis personas para protegerte en detención o prisión. Así que, estarás segura. —E asintió nuevamente. Aunque se sentía asustada, no tenía más opción que creerle.
—Asegúrate de no har de mí ni mencionar mi nombre ni una s vez. Además, no digas nada sobre lo que le pasó a tu jefe ese día. Si sueltas siquiera una pbra, entonces... Yo no podré ayudarte, y estarás por tu cuenta.
—Está bien. Lo entiendo. —?Bien! —?Algo más que quieras preguntar?
—?Tienes que mata! ?Matar a esa perra! Termina su vida de manera más dolorosa posible; ?ayúdame a vengarme de lo que me hizo! —?Quién es esta perra de que has? ?Te refieres a tu antigua jefa, AD!? —?Sí! E es que me trajo aquí. No me importa cuánto tiempo pudra en prisión mientras e esté muerta; necesito que elimines de este mundo. —No te preocupes. Me encargaré de e. Considera que está hecho. —Gracias.
—Está bien, trata de seguir viva mientras estés aquí. Sigue lo que diga tu abogado. —Está bien. —E le sonrió.
—No podré volver a verte en este lugar porque es riesgoso para mí aparecer aquí. Pero, para que lo sepas, te esperaré a tu regreso. —Laura asintió mientras contenías lágrimas. Dijo, —Entiendo. Gracias, mi amor. —Marco finalmente dejó habitación después de decir unas pbras más sobre cuánto adora.Original from N?velDrama.Org.