《La Fantasía de los reinos primeros indicios. (spanish)》 El inicio En una noche tormentosa, el viento aullaba contra la ventana de una habitaci¨®n. Los rel¨¢mpagos te?¨ªan el cuarto de azul, revelando sombras danzantes en las paredes. En el centro, Axel se retorc¨ªa inquieto, cada respiraci¨®n cargada de miedo. ¡ªNo... No... ¡ªrepet¨ªa en un susurro ag¨®nico. Su rostro era un lienzo de puro nerviosismo; gotas de sudor corr¨ªan por sus sienes mientras sus brazos y piernas se agitaban sin control. El silbido del viento, el estruendo de los truenos que sacud¨ªan las paredes y el fren¨¦tico ritmo de su respiraci¨®n llenaban la habitaci¨®n con un caos opresivo. La pesadilla, implacable, parec¨ªa hundirlo cada vez m¨¢s en la oscuridad. ¡ª?No! ¡ªEl grito ahogado de Axel reson¨® en la penumbra mientras despertaba de golpe. Sus ojos casta?os, a¨²n nublados por el sue?o, recorrieron con cautela la habitaci¨®n. Las manos, marcadas por venas prominentes, se aferraron a las s¨¢banas como buscando ancla en medio del caos. Cerr¨® los ojos y empez¨® a controlar su respiraci¨®n entrecortada: ¡ªUno, dos... uno, dos ¡ªmurmur¨® en un intento por calmarse. "Est¨¢s despierto, est¨¢s despierto", se repiti¨® mentalmente. Un escalofr¨ªo le recorri¨® la espalda cuando, de repente, la puerta se cerr¨® de golpe, arranc¨¢ndole un sobresalto. Tras recuperar algo de calma, gir¨® la cabeza hacia su celular. La pantalla ilumin¨® su rostro p¨¢lido: "4:30". ¡ªA¨²n es muy temprano para esto ¡ªmusit¨®, cubriendo su cara con ambas manos. Se dej¨® caer sobre la cama, cansado, pero el sue?o se le escapaba. Resignado, se levant¨® y decidi¨® ir al ba?o. El pasillo blanco de su casa parec¨ªa interminable bajo la luz tenue. El fr¨ªo de la tormenta se filtraba por las paredes, haciendo que Axel temblara con cada paso. Al llegar al ba?o, abri¨® el grifo y dej¨® que el agua fr¨ªa le recorriera el rostro, como si pudiera lavarse tambi¨¦n la angustia. This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. Se mir¨® en el espejo. Una l¨¢grima silenciosa surc¨® su mejilla. Sus ojos, normalmente vivos, luc¨ªan opacos, cargados de tristeza, mientras sus labios gruesos formaban una l¨ªnea de desolaci¨®n. Inspir¨® profundamente, intentando encontrar algo de fuerza, y sin m¨¢s, se meti¨® a ba?ar. Cuando sali¨® del ba?o, Axel se detuvo un momento frente al espejo. Observ¨® su rostro con detenimiento: su ment¨®n algo marcado y una barbilla que formaba un c¨ªrculo suave. Sin embargo, era su nariz, curvada y delicada, lo que m¨¢s destacaba. Suspir¨®, intentando ignorar las ojeras que se oscurec¨ªan bajo sus ojos cansados. Se visti¨® r¨¢pidamente y sali¨® de su cuarto, preparando su mochila antes de bajar por las escaleras, rodeadas de paredes blancas y luces amarillas, se dirigi¨® a su puerta de su casa y la cruzo. Sus pasos lo llevaron a la parada de autob¨²s, donde el transporte que lo llevaba a la escuela pasar¨ªa en cualquier momento. All¨ª, como todos los d¨ªas, se encontr¨® con Jasm¨ªn. Ella le dedic¨® una sonrisa c¨¢lida, su rostro ovalado parec¨ªa iluminado incluso bajo el tenue resplandor matutino. La curva de su nariz y sus labios carnosos parec¨ªan resaltar a¨²n m¨¢s con ese gesto alegre. ¡ª?Buenos d¨ªas! ¡ªsalud¨®, entusiasmada, acompa?ando sus palabras con un gesto de la mano. Axel se acerc¨® despacio, levantando una mano para devolverle el saludo. ¡ª?C¨®mo est¨¢s, Jas? ¡ªpregunt¨® con voz suave, mientras el sue?o a¨²n pesaba sobre sus p¨¢rpados. Jasm¨ªn lo observ¨® con atenci¨®n. Not¨® las prominentes ojeras que marcaban su rostro y el cansancio evidente en su tono. Sin decir nada al principio, inclin¨® la cabeza ligeramente y apoy¨® la suya sobre su propio hombro, como si quisiera transmitirle calma. ¡ªBien... pero t¨² no tanto, ?verdad? Parece que tuviste una noche dif¨ªcil. ¡ªS¨ª, una pesadilla ¡ªmurmur¨® Axel, desviando la mirada hacia el suelo. El autob¨²s lleg¨® poco despu¨¦s, interrumpiendo la conversaci¨®n. As¨ª transcurri¨® la semana: d¨ªas que parec¨ªan desvanecerse en un suspiro, ese suspiro se vio marcado por las pesadillas de Axel, que parec¨ªan quitarle el sue?o. Una noche de calidad La rutina de Axel sigui¨® su curso, pero sus interacciones se vieron marcadas por un ego¨ªsmo que antes no hab¨ªa mostrado y una amargura que se apoderaba de ¨¦l con cada d¨ªa que pasaba. La misma pesadilla lo acechaba cada noche, y cada vez se volv¨ªa m¨¢s aterradora. Su alegr¨ªa y su optimismo, que alguna vez parec¨ªan inquebrantables, se ve¨ªan ahora envueltos en un manto de miedo y desesperanza. Nahuel, observando el fr¨ªo que hab¨ªa en los ojos de su amigo, algo que nunca hab¨ªa visto en Axel, se sinti¨® inquieto. Axel, naturalmente alegre, ahora parec¨ªa un extra?o. lunes, martes, mi¨¦rcoles se marcaron por su notable poco sue?o. Preocupado, Nahuel comenz¨® a pensar en una manera de distraerlo. Tal vez, pasar una tarde con Jasm¨ªn y Axel, podr¨ªa devolverle algo de la luz que parec¨ªa haberse perdido. Y el jueves llego iniciando ese plan. Ese d¨ªa fluy¨® entre largas conversaciones y abundantes risas. Nahuel, como de costumbre, era el m¨¢s activo en la pl¨¢tica, siempre animado y lleno de energ¨ªa. Jasm¨ªn disfrutaba de la compa?¨ªa de sus dos amigos, mientras que Axel, notablemente cansado, no pod¨ªa ocultar los estragos de las pesadillas que lo hab¨ªan acosado durante toda la semana. A pesar de que apenas era jueves, la semana parec¨ªa eterna. Sin embargo, la velada comenz¨® a levantarle el ¨¢nimo. Conforme avanzaban las horas, Axel empez¨® a participar m¨¢s en las conversaciones, aportando comentarios sarc¨¢sticos y compartiendo datos interesantes. Poco a poco, la tensi¨®n que lo hab¨ªa acompa?ado toda la semana se fue disipando. Cuando el atardecer dio paso a la noche, la luna apareci¨® en un cielo completamente despejado, sin rastro de nubes era una linda noche. El viento, casi imperceptible, apenas mov¨ªa las hojas de los ¨¢rboles cercanos. Los tres se reunieron, alumbrados por la luz tenue de un poste que ca¨ªa sobre la banca donde se sentaban. Con la espalda arqueada, los tres ten¨ªan la mirada perdida en pensamientos. Jasm¨ªn, abraz¨¢ndose a s¨ª misma, levant¨® su vista hacia los dem¨¢s. Su pelo corto casta?o ca¨ªa sobre sus ojos caf¨¦s, llenos de curiosidad. ¡ªSuiza ¡ªafirm¨®, asintiendo con la cabeza¡ª. Pi¨¦nsenlo: el salario m¨ªnimo est¨¢ muy bien y, adem¨¢s, es un pa¨ªs muy bonito. Sus ojos recorr¨ªan el paisaje, casi como si se perdieran en ¨¦l mientras hablaba. ¡ªNo aguantar¨ªas el fr¨ªo. Adem¨¢s, no hablas suizo¡ª. resopl¨® Nahuel, sentado en la otra orilla del banco. Su cara ovalada, sus lentes cuadrados y la sonrisa burlona que asomaba entre sus dientes dejaban entrever su tono de s¨¢tiro Jasm¨ªn apart¨® la mirada del paisaje y lo enfoc¨® en Nahuel, entornando los ojos con una expresi¨®n sarc¨¢stica. ¡ªSi tengo un buen salario, me compro un su¨¦ter. Y aprender suizo no es tan dif¨ªcil. ¡ªdijo, ir¨®nica. Su tono burl¨®n parec¨ªa desafiarlo¡ª. ?Y t¨²? ?D¨®nde quieres vivir? Nahuel, levantando levemente una ceja, sonri¨®. Recost¨® su espalda en el respaldo del banco mientras pensaba en la pregunta de Jasm¨ªn. Su rostro era indeciso. ¡ªYo... ¡ªmurmur¨®, tom¨¢ndose un momento para pensar¡ª. En un lugar donde no haga tanto fr¨ªo, pero que tenga todo lo que necesito. No s¨¦, tal vez Barcelona. La vida all¨ª es buena, la comida... el clima no est¨¢ nada mal. Adem¨¢s, aprender catal¨¢n no suena tan complicado. Jasm¨ªn alz¨® una ceja, cruzando los brazos con teatralidad. ¡ª?Barcelona? ¡ªrepiti¨®, su tono cargado de sarcasmo¡ª. No me lo imagino. Apenas logras hablar espa?ol, ?y ahora vas a aprender catal¨¢n? Nahuel frunci¨® el ce?o, visiblemente molesto. Unauthorized duplication: this tale has been taken without consent. Report sightings. ¡ªNo es tan dif¨ªcil ¡ªinsisti¨®, recost¨¢ndose en el banco con los brazos cruzados¡ª. Y, adem¨¢s, tiene su encanto: las playas, la vida nocturna... es una buena opci¨®n. Claramente, la "vida buena" era una idea completamente distinta para cada uno de ellos. Para Jasm¨ªn, el paisaje impresionante de Suiza tra¨ªa consigo una sensaci¨®n de liberaci¨®n, un escape perfecto de su rutina llena de obligaciones. El silencio de las monta?as y la tranquilidad del entorno le ofrec¨ªan el alivio que tanto necesitaba. En cambio, Nahuel, a pesar de su actitud despreocupada, no pod¨ªa evitar sentir que su visi¨®n de una vida plena estaba a¨²n incompleta. La idea de alcanzar m¨¢s, de ganar m¨¢s, lo impulsaba constantemente. Necesitaba algo m¨¢s que solo comodidad: quer¨ªa expansi¨®n, un prop¨®sito mayor. Ambos compart¨ªan el deseo de paz, pero cada uno lo buscaba de manera diferente. Axel, por su parte, quien siempre se mostraba tan sereno, parec¨ªa tenerlo todo bajo control. Su quietud, casi envidiable, era un ejemplo claro de lo que otros deseaban. El viento ligero agitaba los rizos negros de Nahuel, observando a Axel desde su costado, sinti¨® una creciente curiosidad. Sin poder resistirlo m¨¢s, y decidido a conocer lo que pensaba su amigo sobre la vida y sus propios deseos, Axel, que no hab¨ªa dicho nada y permanec¨ªa absorto en su celular, Nahuel se inclin¨® hacia ¨¦l y, con una sonrisa, dijo ¡ª?Y t¨², Axel? ¡ªle pregunt¨® con un tono despreocupado¡ª. ?D¨®nde vivir¨ªas t¨²? Axel levant¨® la vista de la pantalla, dejando que su mirada se paseara por el parque iluminado por la tenue luz del poste. Su sonrisa despreocupada fue acompa?ada por un ligero encogimiento de hombros. ¡ªAqu¨ª en el parque ¡ªbrome¨®, mirando alrededor con fingida seriedad. Luego, con un tono m¨¢s relajado, a?adi¨®¡ª. Hablando en serio, me quedar¨ªa aqu¨ª en M¨¦xico. No puedo vivir sin tortillas. Jasm¨ªn solt¨® una risita, pero su atenci¨®n se desvi¨® r¨¢pidamente al rostro de Axel. Sus ojos cansados contrastaban con su sonrisa; hab¨ªa algo m¨¢s, una sombra de tristeza que parec¨ªa apoderarse de ¨¦l. Nahuel lo not¨® tambi¨¦n y, sin dudarlo, se inclin¨® hacia su amigo, posando una mano en su hombro con suavidad. ¡ª?Est¨¢ todo bien, Axel? ¡ªle pregunt¨® en un susurro, como temiendo romper algo con su tono. Axel empezando a ver hacia el cielo, pero sus manos entrelazadas temblaban levemente. Se escondieron entre sus piernas, un gesto nervioso que delataba que algo no iba bien. ¡ªS¨ª, todo bien ¡ªrespondi¨® con una sonrisa forzada, aunque sus ojos traicionaban sus palabras. Nahuel solt¨® un suspiro reconfortante y pos¨® nuevamente la espalda en el respaldo de la banca. Jasm¨ªn abri¨® los ojos y mir¨® directamente a Nahuel. Sus ojos parec¨ªan decir lo que pensaba: ¡°?Ser¨¢ bruto?¡±. Conoc¨ªa suficiente a Axel para saber que su respuesta ocultaba algo m¨¢s. Sin pensarlo, tom¨® una de las manos de Axel y comenz¨® a acariciarla con suavidad, buscando transmitirle tranquilidad. Su voz, c¨¢lida y llena de preocupaci¨®n, se filtr¨® entre la noche. ¡ª?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªpregunt¨®, con un tono que denotaba la inquietud que la hab¨ªa invadido desde el primer momento¡ª. ?Fue algo que viste en tu celular? ¡ªcontinu¨®, sin quitarle los ojos de encima. Volte¨® a mirar a Nahuel. Su mirada transmit¨ªa m¨¢s de lo que las palabras pod¨ªan decir, y con un peque?o gesto se?al¨® a Axel, como si quisiera entender qu¨¦ estaba pasando por su mente. Nahuel, un poco perdido en la situaci¨®n, se inclin¨® hacia Axel. Su ojos iban de ¨¦l a Jasm¨ªn, buscando una se?al. ¡ªTranquilo, aqu¨ª estamos ¡ªdijo, esforz¨¢ndose por sonar relajado, aunque su incomodidad era evidente. Axel, sinti¨¦ndose observado, cambi¨® de postura. Su cuerpo se encorv¨® ligeramente y su mirada baj¨® al suelo. Su mano libre se llev¨® al cabello, acarici¨¢ndose los rizos desordenados con gesto distra¨ªdo. Neg¨® con la cabeza. Luego, comenz¨® a hablar, como si las palabras le costaran m¨¢s de lo que quisiera admitir. ¡ªTranquilos, no es nada... El aire, que apenas llegaba con una ligera brisa, hizo temblar a Axel. Jasm¨ªn sigui¨® insistiendo. Ahora su otra mano agarraba el hombro de Axel, buscando su confianza. ¡ª?Seguro? ¡ªpregunt¨® con una voz relajada. Los pensamientos de Axel peleaban entre s¨ª: ¡°No les voy a decir, voy a sonar rid¨ªculo¡±. Axel esboz¨® una leve sonrisa que apenas lograba disimular su ansiedad. Levant¨® la mirada. Sus p¨®mulos se marcaron con el esfuerzo de esa expresi¨®n tranquilizadora, pero algo dentro de ¨¦l comenzaba a ceder. ¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo, con la voz quebrada y apenas audible¡ª. Les voy a contar... ¡ªobservo a Jasm¨ªn y Nahuel, sus ojos pidiendo confianza¡ª. Pero no se r¨ªan, por favor. Nahuel y Jasm¨ªn intercambiaron miradas r¨¢pidas y asintieron, serios. ¡ªFue un sue?o... Axel dej¨® caer la frase con un susurro y, al mismo tiempo, parec¨ªa liberar algo de la carga que hab¨ªa estado sosteniendo. Rastro de misterios Axel inhal¨® profundamente y alz¨® la mirada hacia el cielo estrellado, buscando respuestas que sab¨ªa que no encontrar¨ªa all¨ª. Un suspiro pesado escap¨® de sus labios. Con el dorso de la mano limpi¨® las l¨¢grimas que surcaban sus mejillas, mientras una d¨¦bil sonrisa se formaba en su rostro, como si intentara convencerse de que todo estaba bien. Finalmente, solt¨® la mano de Jasm¨ªn con un movimiento vacilante. El viento fr¨ªo acarici¨® su rostro y, tras un breve silencio, habl¨®: ¡ªSo?¨¦ que estaba en un hotel... era triste, oscuro. Hab¨ªa humo por todas partes, cubri¨¦ndolo todo como una niebla espesa. Las paredes eran rojas, con un patr¨®n extra?o de diamantes, y el suelo... pegajoso, como si estuviera cubierto de chicles. Caminaba por un pasillo interminabl; mis pies se quedaban pegados, y las puertas... no ten¨ªan sentido. Los n¨²meros saltaban: del 9 al 12, al 1, luego al 0, al 13. Nada ten¨ªa l¨®gica. Intent¨¦ abrirlas, pero ninguna ced¨ªa. Mientras m¨¢s caminaba, el aire se hac¨ªa m¨¢s denso, m¨¢s pesado. Era como si algo no quisiera que estuviera all¨ª. Axel hizo una pausa, respirando profundamente. Sus manos temblaban y sus pensamientos parec¨ªan perdidos, atrapada en un recuerdo que lo aterrorizaba. Con voz entrecortada, continu¨®: ¡ªDe repente, lo sent¨ª... una mirada. Eran unos ojos rojos, ardientes, como si tuvieran el infierno dentro. Me observaban desde la distancia, inm¨®viles. El humo se volvi¨® m¨¢s espeso, y esos ojos comenzaron a alejarse, pero no dejaron de mirarme. Entonces, vi una luz roja parpadeando al final del pasillo. Sab¨ªa que era un sue?o, lo sab¨ªa... pero ten¨ªa que llegar all¨ª. Nahuel permanec¨ªa en silencio, incapaz de encontrar palabras. Jasm¨ªn, con los ojos fijos en Axel, conten¨ªa las l¨¢grimas. Quiso abrazarlo, pero algo en su expresi¨®n la detuvo. ¡ªCuando llegu¨¦ a la habitaci¨®n, hab¨ªa una mujer ¡ªAxel trag¨® saliva; su voz era casi inaudible¡ª. Estaba de espaldas, inclinada sobre una cama, como si la abrazara. Llevaba un rebozo, pero... de entre los pliegues sal¨ªan los ojos de unos ni?os. El escalofr¨ªo fue inmediato. Jasm¨ªn se abraz¨® a s¨ª misma, intentando protegerse del fr¨ªo que la invadi¨®. Nahuel, inm¨®vil, escuchaba cada palabra con la piel erizada. This book was originally published on Royal Road. Check it out there for the real experience. ¡ªEntonces todo cambi¨®. ¡ªAxel cerr¨® los ojos como si reviviera cada detalle¡ª. El humo desapareci¨®, y el hotel se llen¨® de luz. Pod¨ªa o¨ªr risas, ver el sol entrando por las ventanas. Pero ella sinti¨® mi presencia. Gir¨® lentamente... primero la cabeza, despu¨¦s el cuerpo entero. Axel cubri¨® su boca con una mano, luchando por controlar las l¨¢grimas que ahora corr¨ªan libremente por su rostro. Cuando habl¨® de nuevo, su voz era apenas un susurro: ¡ªNo ten¨ªa ojos. Solo hab¨ªa huecos, pero en ellos... brillaba una luz gris. Y su boca... su boca comenz¨® a abrirse de una manera grotesca, como algo que no era humano. Alcanc¨¦ a escucharla susurrar... "ay¨²dame". Axel respir¨® entrecortado, su voz quebr¨¢ndose m¨¢s con cada palabra. ¡ªAtr¨¢s de ella, vi de nuevo esos ojos rojos; parec¨ªan estar sonri¨¦ndome. Un escalofr¨ªo recorri¨® el cuerpo de Jasm¨ªn y Nahuel. Axel habl¨® con un tono a¨²n m¨¢s bajo, tratando de controlar la creciente angustia en su voz. ¡ªEntonces... agarr¨® a los ni?os. Sus manos cubrieron sus caras y... simplemente les quit¨® la vida. Jasm¨ªn no pudo contenerse m¨¢s y se acerc¨® para abrazarlo. Axel correspondi¨® t¨ªmidamente, buscando consuelo en ese gesto. Nahuel se limit¨® a posar una mano en su hombro, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. ¡ª?Qu¨¦ noticia te hizo recordar eso? ¡ªpregunt¨® finalmente Nahuel, con un tono tenso que no logr¨® ocultar su inquietud. Axel solt¨® a Jasm¨ªn con lentitud. Su mano busc¨® el celular en el bolsillo, pero cuando lo desbloque¨®, no fue capaz de sostener la mirada en la pantalla. Finalmente, gir¨® el dispositivo hacia sus amigos. El titular los golpe¨® como un mazazo: ¡°Tres cuerpos fueron encontrados en la habitaci¨®n de un hotel de lujo en Canc¨²n. Una madre y sus dos hijos, de ocho y cinco a?os, yac¨ªan sin vida en la cama matrimonial, cubiertos con una manta cuidadosamente arreglada. No hab¨ªa se?ales visibles de violencia: ni marcas en los cuerpos, ni desorden en la habitaci¨®n. Las autoridades locales han comenzado una investigaci¨®n exhaustiva, aunque las primeras inspecciones no revelaron indicios claros de qu¨¦ ocurri¨®. "Es un caso extra?o", coment¨® uno de los oficiales, mientras forenses analizaban la habitaci¨®n. Hasta el momento, el misterio se profundiza: ?fue un accidente, un acto premeditado, o algo m¨¢s siniestro?¡± El aire a su alrededor se volvi¨® sofocante. Jasm¨ªn dej¨® escapar un leve jadeo y cubri¨® su boca con las manos, incapaz de contener las l¨¢grimas. Nahuel intent¨® buscar una explicaci¨®n l¨®gica, pero su mente estaba en blanco. Sin saber qu¨¦ m¨¢s decir, Nahuel apret¨® el hombro de Axel. ¡ªEstamos contigo, ?de acuerdo? Sea lo que sea. Pero incluso mientras pronunciaba esas palabras, una duda lo carcom¨ªa por dentro: "?Y si esto... realmente es m¨¢s que una coincidencia?". Peso del silencio Jasm¨ªn estaba desconcertada. Nunca hab¨ªa visto a Axel tan serio, tan distante. Las historias tr¨¢gicas, las an¨¦cdotas dolorosas, siempre las contaba con esa risa nerviosa, como si no le importaran. Pero ahora, al mirarlo, no pod¨ªa entender c¨®mo ese chico, que siempre se burlaba del sufrimiento, parec¨ªa estar luchando con algo mucho m¨¢s profundo, su rostro reflejaba preocupaci¨®n por su amigo, ahora esa serenidad que tramita Axel, se ve¨ªa distante a ¨¦l. Nahuel, a¨²n sobresaltado por la situaci¨®n, no pod¨ªa evitar notar la tristeza genuina en el rostro de Axel. De pronto, un recuerdo de su infancia nubl¨® sus pensamientos. Ten¨ªa apenas nueve a?os cuando perdi¨® a su abuelo, un hombre de esp¨ªritu inquebrantable, siempre sonriente, con una curiosidad infinita y la capacidad de transformar simples palabras en maravillosas historias de otro mundo. Para Nahuel, su abuelo era m¨¢s que una figura paterna; era un faro de calidez y admiraci¨®n, una de esas personas que dejan una huella imborrable. Un d¨ªa, ese faro de calidez y esp¨ªritu inquebrantable se apag¨® de forma devastadora: su abuelo decidi¨® acabar con su propia vida, incendiando su vieja casa con todo lo que hab¨ªa en ella. Hasta el d¨ªa de hoy, Nahuel no logra comprender c¨®mo alguien tan lleno de vida y alegr¨ªa pudo tomar una decisi¨®n tan sombr¨ªa. Sin embargo, al mirar a Axel en ese momento, sinti¨® un escalofr¨ªo; en sus ojos, crey¨® reconocer la misma sombra de p¨¦rdida que alguna vez lo marc¨® para siempre. La noche, antes llena de alegr¨ªa, se hab¨ªa transformado en un escenario de preocupaci¨®n. El aire era pesado, casi helado, y parec¨ªa temblar con cada r¨¢faga. Un olor a l¨¢grimas flotaba en el ambiente, y el ¨²nico sonido era el susurro inquietante de los ¨¢rboles movi¨¦ndose. A medida que los minutos avanzaban y la noche envejec¨ªa, Nahuel decidi¨® apartar aquel mal recuerdo de su mente y se puso de pie. ¡ªAxel, cuentas con nosotros, ?vale? ¡ªdijo, mir¨¢ndolo con expresi¨®n de sincera angustia. Axel le devolvi¨® una amable sonrisa. ¡ªTranquilo, voy a estar bien ¡ªrespondi¨® con un tono melanc¨®lico. Jasm¨ªn, en silencio, observ¨® a Axel por unos instantes. No pronunci¨® palabra alguna; fue su mirada, acompa?ada de una suave sonrisa, la que expres¨® con claridad: "Cuentas conmigo". Nahuel estir¨® los brazos en un gesto perezoso y, con un fuerte bostezo, se dirigi¨® a ambos. ¡ªBueno, yo ya me retiro. ¡ªSu voz era relajada, y con una sonrisa amistosa a?adi¨®: ¡ªMa?ana hay escuela, no se queden hasta tarde. ¡ªBuenas noches¡ª. A?adi¨® Jasm¨ªn con voz c¨¢lida. Axel se levant¨® lentamente, el cansancio evidente en su cuerpo. Estir¨® el brazo hacia Jasm¨ªn, ofreci¨¦ndole ayuda para ponerse de pie. Jasm¨ªn acept¨® el amable gesto de su amigo, devolvi¨¦ndole una sonrisa agradable. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. Axel acompa?¨® a Jasm¨ªn hasta la parada de autob¨²s, alargando la velada. Aunque apenas llevaba unas semanas de conocerla, sent¨ªa una extra?a tranquilidad al caminar a su lado. Su amistad se hab¨ªa consolidado r¨¢pidamente, y ya confiaba en ella, en sus palabras y en su presencia. Jasm¨ªn, por su parte, se sent¨ªa segura bajo la compa?¨ªa de Axel, cuya presencia desprend¨ªa una calidez reconfortante y un aroma sutil que permanec¨ªa en el aire mucho despu¨¦s de que ¨¦l pasara. Cuando llegaron a la parada, Axel, con una sonrisa algo forzada, la mir¨® una vez m¨¢s antes de despedirse. Le extendi¨® la mano, apret¨¢ndola suavemente. ¡ªSabes, no me molestar¨ªa en absoluto acompa?arte a tu casa ¡ªmurmur¨® Axel, con una sonrisa que dejaba ver los hoyuelos en sus mejillas, aunque su voz sonaba m¨¢s suave de lo habitual. ¡ªYa te dije que no, Axel, est¨¢ bien ¡ªrespondi¨® Jasm¨ªn, con un leve suspiro, su voz mostrando un toque de frustraci¨®n, como si ya fuera un tema cerrado. Se subi¨® al autob¨²s y, antes de que las puertas se cerraran, le lanz¨® una sonrisa c¨¢lida acompa?ada de un peque?o gesto de mano, una promesa silenciosa de que todo estaba bien. ¡ªBueno, pero... av¨ªsame cuando llegues a casa, ?s¨ª? ¡ªinsisti¨® Axel, su tono ahora lleno de empat¨ªa y preocupaci¨®n. Sus ojos, fijos en ella, parec¨ªan rogarle sin palabras. Axel, pensaba en que solo quer¨ªa que Jasm¨ªn estuviera bien, la calma que le trasmit¨ªa le ayudaba a su constante agobio. Ambos llegaron sanos y salvos a sus casas. Axel, agotado por la velada prolongada, se acost¨® sin cenar. Apenas toc¨® la almohada, cay¨® en un sue?o profundo. Por su parte, al llegar a su casa, Jasm¨ªn pens¨® en Axel. Primero, le mand¨® el mensaje prometido, aunque sus palabras no dec¨ªan mucho. Se qued¨® pensativa, observando su tel¨¦fono, con la curiosidad sobre el estado de su amigo en mente. Se le ocurri¨® mandarle otro mensaje, pero desech¨® la idea casi de inmediato. Su madre le hab¨ªa hecho prometer que, al llegar a casa, se concentrar¨ªa en estudiar. Sin m¨¢s, guard¨® el tel¨¦fono y se dirigi¨® a su habitaci¨®n, decidida a cumplir con su promesa. Nahuel caminaba lentamente, pero un peso invisible parec¨ªa haberlo detenido. La sonrisa c¨¢lida de su abuelo, tan llena de vida, invadi¨® su mente con una fuerza inesperada. Se qued¨® quieto por un instante, mirando al frente, como si buscara algo en el aire que pudiera ayudarlo a calmar ese dolor que lo envolv¨ªa. La nostalgia lo golpe¨® con fuerza, m¨¢s intensa que nunca, y no pudo evitar hacer una comparaci¨®n entre su abuelo y Axel. Ambos compart¨ªan una luz ¨²nica, un carisma que iluminaba a los que los rodeaban, pero ver a Axel tan serio, tan distante, lo hizo recordar con demasiada claridad lo que hab¨ªa perdido. Fue en ese momento que la decisi¨®n lo invadi¨®: no pod¨ªa seguir ignorando ese dolor. Sin pensarlo, se desvi¨® del camino hacia su casa, impulsado por una necesidad inexplicable de regresar a la vieja casa de su abuelo, esa que hab¨ªa quedado marcada por la tragedia y la soledad. Desde el otro lado de la vereda, observ¨® la casa de dos pisos: las puertas y ventanas rotas, las persianas, que alguna vez fueron blancas, a¨²n se mov¨ªan con el viento. El patio estaba invadido por la yerba mala, y la desolaci¨®n de todo aquello lo hizo sentir un nudo en el est¨®mago. Aun a esa distancia, Nahuel pod¨ªa evocar el olor a azufre y el sufrimiento de aquel fat¨ªdico d¨ªa, ocurrido ya hac¨ªa ocho a?os. Una luz blanca sali¨® de una de las ventanas de la casa, y el pecho de Nahuel se apret¨®. Se sinti¨® visiblemente molesto, sabiendo lo que representaba ese lugar. La casa era famosa, pero no por su antig¨¹edad, sino por las historias que circulaban sobre su abuelo, un brujo aclamado y temido, cuyo destino hab¨ªa sido sellado en el incendio. Muchos cre¨ªan que el mismo diablo hab¨ªa decidido quemar la casa para arrastrarlo al infierno. Desde entonces, la casa, supuestamente embrujada, se convirti¨® en un lugar de visita obligada para los j¨®venes en busca de adrenalina del m¨¢s all¨¢. Nahuel baj¨® la cabeza, clavando la mirada en el suelo, y apoy¨® ambas manos en sus caderas, adoptando una postura tensa. Con voz baja, pero firme, replic¨®: ¡ªHoy no¡ª. Murmur¨®, decidido a no enfrentarse a esos j¨®venes en la casa. Con una expresi¨®n fatigada, camin¨® de regreso a su hogar, subiendo a su cuarto solo para descansar. Ecos del Pasado Axel despert¨® con un sobresalto, levantando parcialmente su rostro. Apenas logr¨® percatarse de que no se encontraba en su habitaci¨®n. Las paredes quemadas, ennegrecidas por el fuego, rodeaban el lugar, y un s¨ªmbolo que se asemejaba a un calendario azteca estaba grabado en el suelo donde yac¨ªa. El fr¨ªo le entumec¨ªa las piernas, y un vapor denso flotaba en el aire, como si la misma habitaci¨®n estuviera respirando. De repente, un fuerte rechinido quebr¨® el silencio, seguido de un pitido agudo que retumb¨® en sus o¨ªdos, volvi¨¦ndose m¨¢s persistente. Axel se levant¨® r¨¢pidamente, su coraz¨®n latiendo con fuerza, y trat¨® de huir de aquella macabra prisi¨®n. Corri¨® hacia la puerta, pero al intentar abrirla, descubri¨® que estaba cerrada con fuerza. Los golpes contra la madera se volv¨ªan m¨¢s desesperados, pero la puerta segu¨ªa sin ceder. ¡ª?D¨®nde estoy? ¡ªgrit¨®, su voz cargada de desesperaci¨®n mientras golpeaba con el hombro. Luego, un nuevo grito, lleno de rabia, sali¨® de sus labios¡ª. ??Qui¨¦n est¨¢ haciendo esto?! ¡ª. Axel casi no pod¨ªa contener l¨¢grimas, estaba completamente agobiado, quer¨ªa dormir, o al menos quer¨ªa respuestas a estos sue?os. Su semblante mostraba la agon¨ªa que viv¨ªa. De repente, una luz cegadora atraves¨® la rendija de la puerta, iluminando toda la habitaci¨®n con una intensidad que casi quemaba sus retinas. Axel sinti¨® un dolor punzante, como si sus ojos estuvieran a punto de estallar. Cay¨® de rodillas, retorci¨¦ndose de dolor, mientras gritaba con fuerza. "Si es un sue?o... debe ser un sue?o", pensaba con rapidez, frot¨¢ndose los ojos en un intento in¨²til de aliviar el ardor. La puerta se abri¨®, pero Axel no pudo distinguir qui¨¦n estaba al otro lado. Una sombra se perfilaba en el umbral, y la luz cegadora lo oblig¨® a desviar la mirada, evitando ver el rostro de aquel ser. Los pasos del hombre resonaron pesadamente en el suelo de madera, y Axel, a¨²n mareado por el pitido en sus o¨ªdos, intent¨® arrastrarse hacia atr¨¢s, pero el hombre no parec¨ªa percatarse de su presencia. O, quiz¨¢s, simplemente lo ignoraba. El extra?o camin¨® hacia el s¨ªmbolo, y, con un movimiento casi ceremonial, comenz¨® a recitar algo en voz baja mientras sus manos se mov¨ªan en c¨ªrculos alrededor del grabado. Axel lo observ¨®, impotente, incapaz de moverse. Finalmente, el hombre extendi¨® una mano hacia el s¨ªmbolo, y en cuanto sus dedos lo tocaron, la visi¨®n de Axel se oscureci¨® por completo. If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Una luz parpadeante comenz¨® a inundar sus ojos, y de repente, Axel fue arrastrado a un torbellino de im¨¢genes. S¨ªmbolos extra?os se deslizaban ante ¨¦l, como si invocaran algo oscuro. Ojos, observ¨¢ndolo con una intensidad imposible de describir, lo rodeaban. Pero lo que m¨¢s le hel¨® la sangre fue cuando una de las im¨¢genes se alarg¨®, distorsion¨¢ndose ante su mirada. Axel se vio a s¨ª mismo fuera de su cuerpo. Estaba sobre una cornisa estrecha, adornada con flores brillantes y vibrantes que contrastaban con la calma de la escena. A sus pies, un vasto campo de pasto verde se extend¨ªa hasta el horizonte, un panorama sereno y casi irreal. Una paz profunda lo invadi¨®, como si el peso del mundo hubiera desaparecido. Su coraz¨®n lat¨ªa tranquilo, y por primera vez en mucho tiempo, una sensaci¨®n de esperanza le ilumin¨® el rostro. Pero, en un parpadeo, todo se deshizo. Las flores se desvanecieron, y el campo verde se transform¨® en un mar de llamas. El aire se llen¨® de gritos ag¨®nicos, desesperados, que perforaban el alma. El calor abrasante del fuego y el penetrante olor a azufre invadieron sus pulmones, como si el mismo infierno se hubiera desatado frente a ¨¦l. La calma que hab¨ªa sentido se disolvi¨® en un torrente de miedo, y una rabia incontrolable lo envolvi¨®. En un segundo, todo cambi¨® de nuevo. Axel se encontr¨® tirado en el suelo, en un campo distinto, h¨²medo, con el olor a pasto mojado y tierra fresca en el aire. Al levantarse, not¨® que estaba frente a una cueva, sobre un acantilado. Dolor en los ojos y los o¨ªdos lo aturd¨ªan, pero su atenci¨®n se centr¨® en la cueva. De nuevo, esos ojos. Ojos que parec¨ªan arder con el fuego del infierno, observ¨¢ndolo fijamente, como si lo estuvieran esperando. ¡ª?Qu¨¦ quieres de m¨ª? ¡ªgrit¨®, su voz quebrada por la desesperaci¨®n. Axel luchaba por contener las l¨¢grimas, su mirada fija en esos ojos que lo desbordaban de terror. Volte¨® la cabeza, sintiendo c¨®mo la rabia se apoderaba de ¨¦l. Cerr¨® los pu?os con tal fuerza que las u?as le hundieron la piel, pero no sinti¨® el dolor. ¡ª?Es suficiente! ¡ªmurmur¨® entre dientes, con la voz rasgada por la impotencia. Aguant¨® la respiraci¨®n, su cuerpo tenso, hasta que finalmente, el torbellino de sensaciones lo dej¨®. Se despert¨®, con el coraz¨®n latiendo a toda velocidad. Su mirada, te?ida de rojo, reflejaba no solo su rabia, sino tambi¨¦n su desaparici¨®n y confusi¨®n. Estaba asustado por los sue?os que lo atormentaban. ¡°?Qu¨¦ significan?¡±, pensaba una y otra vez, mientras sus manos recorr¨ªan la superficie de la cama en un intento por calmarse. El aire fresco de la ma?ana, con su suave olor a naturaleza, le ayudaba a concentrarse, pero la sensaci¨®n de que algo terrible se avecinaba no desaparec¨ªa. La desesperaci¨®n lo invadi¨® nuevamente al notar que la luz del sol comenzaba a filtrarse por la ventana. ¡ªSe me hizo tarde¡ª. Murmuro con decepci¨®n. Entre luz y sombras Axel. Envuelto en el estr¨¦s acumulado por el sue?o inquietante y el retraso, Axel se apresur¨® a alistarse, deseando salir antes de que su madre lo notara. Sin embargo, no tuvo suerte. ¡ªYa vas tarde ¡ªcoment¨® su madre con una peque?a risa que mezclaba reproche y complicidad. Antes de que pudiera cruzar la puerta, a?adi¨® en un tono dulce¡ª: Lleva a tu hermanita a la primaria. De todos modos, ya se te hizo tarde. Axel se detuvo en seco en el umbral, dejando escapar un suspiro de resignaci¨®n. Sab¨ªa que no ten¨ªa opci¨®n. Encogi¨¦ndose de hombros, respondi¨®: ¡ªBuenos d¨ªas, ma. ¡ªSu tono, apresurado y ligeramente exasperado, dejaba entrever que preferir¨ªa negarse¡ª. S¨ª, yo la llevo. Sin m¨¢s palabras, tom¨® la peque?a mano de su hermana y ambos emprendieron el camino hacia la escuela. A pesar del estr¨¦s que lo envolv¨ªa, hab¨ªa algo en ella que lograba calmarlo. Su alegr¨ªa inocente y su energ¨ªa chispeante eran como una brisa fresca en medio del caos. La ni?a saltaba con cada paso, emocionada, observando el mundo como si fuera un lugar lleno de maravillas. De repente, rompi¨® el silencio: ¡ª?Por qu¨¦ hoy me llevas t¨², Jos¨¦? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa traviesa, volteando a mirarlo con esos ojos que siempre parec¨ªan buscar una respuesta divertida. Axel resopl¨® con suavidad, acostumbrado a esa pregunta. ¡ªYa te dije que me llames Axel... o hermanito ¡ªrespondi¨®, mientras su mano segu¨ªa el ritmo juguet¨®n de los pasos de la ni?a¡ª. Y es porque se me hizo tarde. ¡ªPero as¨ª te llamas, ?no? ¡ªinsisti¨® ella en un tono burl¨®n, aunque inocente, disfrutando de la conversaci¨®n. ¡ªS¨ª, pero no me gusta ¡ªdijo ¨¦l, con un toque de fastidio que no lograba ser del todo serio. ¡ªPues a m¨ª s¨ª me gusta ¡ªreplic¨® con una risita, mientras se concentraba en evitar pisar las grietas del suelo, como si jugara un juego secreto. Axel no pudo evitar sonre¨ªr, contagiado por la alegr¨ªa despreocupada de su hermana. Se detuvo un momento, inclin¨¢ndose ligeramente hacia ella. Con un gesto cari?oso, le toc¨® la nariz con un dedo. ¡ªBueno, pero solo t¨² puedes llamarme as¨ª, ?de acuerdo? La ni?a asinti¨® con entusiasmo. Con esa peque?a tregua emocional, retomaron el camino, dejando que los pasos de ella, ligeros y despreocupados, marcaran el ritmo. Al fin, dejando a su hermanita en la escuela, Axel dirigi¨® sus pasos hacia la parada del cami¨®n. En el trayecto, sus pensamientos segu¨ªan atrapados en aquel extra?o sue?o. Caminaba con la mirada fija en sus zapatos, apenas consciente de su entorno. Cuando lleg¨® a la parada, sac¨® su tel¨¦fono, ya que en su apuro matutino no hab¨ªa tenido tiempo de revisarlo. Al desbloquearlo, vio varios mensajes, todos de Jasm¨ªn: "?D¨®nde est¨¢s? ?Est¨¢s bien? ?Vas a venir hoy?" Los ley¨® r¨¢pidamente, sorprendido por la insistencia. Luego, un mensaje m¨¢s reciente dec¨ªa: "Av¨ªsame cualquier cosa, o si es que vienes, ?va?" Axel sonri¨®, algo sorprendido. Aunque ya hab¨ªa llegado tarde en varias ocasiones, esta era la primera vez que alguien se preocupaba por ¨¦l. "Perd¨®n, me qued¨¦ dormido", escribi¨®, con una sonrisa que le alivi¨® parte del estr¨¦s acumulado. Apenas subi¨® al cami¨®n, envi¨® otro mensaje: "Ya voy para la escuela." Ese inter¨¦s por parte de Jasm¨ªn logr¨® aliviar un poco la tensi¨®n que lo hab¨ªa estado acompa?ando. Mientras avanzaba el viaje, Axel no pod¨ªa evitar pensar en ella: el abrazo c¨¢lido que recibi¨®, el olor a vainilla de su perfume... "?Qu¨¦ estar¨¢ haciendo ahora?", se pregunt¨®. Jasm¨ªn Despert¨® desvelada por las largas horas de estudio de la noche anterior. Su cabello, desordenado, ca¨ªa descontroladamente sobre su rostro. Observ¨® su cuarto: las paredes de tono beige, lisas y sin adornos, le parec¨ªan extra?amente vac¨ªas. No hab¨ªa ni un solo p¨®ster pegado. El escritorio estaba perfectamente ordenado, y el ropero de madera color roble permanec¨ªa cerrado, como siempre. Se levant¨® de la cama y, con paso lento, se dirigi¨® al armario. Eligi¨® un pantal¨®n recto de color negro y lo combin¨® con una camisa blanca que dejaba al descubierto sus hombros. Se puso una chamarra grande, de un azul oscuro, y encima se coloc¨® un chaleco verde hoja. Despu¨¦s de vestirse, cepill¨® su cabello, que normalmente lacio, comenzaba a encresparse. Esto la sorprendi¨®, y con la mirada perdida en el aire, sonri¨® levemente. Se puso unos Converse en tonos negro y blanco. Su ropa resaltaba su cuerpo delgado y su cintura compacta. Su cabello, que apenas le llegaba al cuello, enmarcaba su rostro alegre. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. Con una sonrisa, se dirigi¨® a la parada del cami¨®n que la llevar¨ªa al lugar donde siempre se encontraba con Axel. En el camino, sac¨® su celular, pensativa. "?Qu¨¦ le podr¨ªa mandar?" se pregunt¨®, dudando si escribirle o no. Finalmente, decidi¨® estudiar un poco m¨¢s antes de llegar a la siguiente parada. Al llegar, el entusiasmo de Jasm¨ªn era evidente, pero a medida que el tiempo pasaba, su expresi¨®n comenz¨® a cambiar. El aire fr¨ªo y el suave resplandor del sol reci¨¦n salido pintaban un hermoso amanecer. El olor mezclado de aceite de autos y pasto fresco flotaba en el ambiente. El primer cami¨®n pas¨®, y Axel a¨²n no llegaba. El semblante de Jasm¨ªn se torn¨® preocupado. Despu¨¦s de varios minutos sin se?ales de Axel, record¨® lo sucedido la noche anterior. Una imagen de ¨¦l, con el semblante triste y angustiado, le vino a la mente. En verdad quer¨ªa que estuviera bien. El recuerdo de su rechazo a la idea de acompa?arla a su casa se col¨® en sus pensamientos. "?Se habr¨¢ molestado por eso?" Se abraz¨® el torso con un brazo, mientras su mente daba vueltas, atrapada en las dudas. Finalmente, decidi¨® enviarle un mensaje: ¡°?D¨®nde est¨¢s?¡± Trat¨® de que el mensaje se viera desinteresado, pero no obtuvo respuesta. Esper¨® unos minutos m¨¢s y, cuando lleg¨® el siguiente cami¨®n, sinti¨® que ya era tarde para seguir esperando, sin pensarlo demasiado, se subi¨®. Durante el trayecto hacia la escuela, no pudo evitar seguir mand¨¢ndole mensajes: ¡°?Est¨¢s bien? ?Vas a venir hoy?¡± Escribi¨® con preocupaci¨®n, mirando su celular. Varios minutos pasaron mientras ella miraba el tel¨¦fono, esperando una respuesta. "Al final de la noche lo vi m¨¢s tranquilo", pens¨®, y su rostro reflej¨® un leve alivio. Lleg¨® a la escuela, cuyos muros estaban casi por completo pintados de azul. El suelo, de patrones a cuadros blancos, completaba el paisaje ordenado. Las ¨¢reas cubiertas de plantas bien cuidadas aportaban un contraste de verde vibrante que relajaba la vista. Jasm¨ªn respir¨® hondo, tratando de dejar atr¨¢s la preocupaci¨®n que a¨²n reflejaba en su rostro. Sab¨ªa que deb¨ªa despejarse antes de llegar al sal¨®n. Sac¨® de nuevo su celular y comprob¨® que no hab¨ªa recibido respuesta a sus mensajes. "Seguro se qued¨® dormido", pens¨® para tranquilizarse. Aun as¨ª, no pudo evitar enviar un ¨²ltimo mensaje, intentando calmar su mente: ¡ªAv¨ªsame cualquier cosa, o si es que vienes, ?va? Entr¨® al sal¨®n poco despu¨¦s. Las paredes, decoradas con ladrillos rojos, daban un aire c¨¢lido al ambiente. Dos ventanas, protegidas por mosquiteros de metal, dejaban pasar la luz que se filtraba suavemente. En una de ellas, cerca de tres asientos del escritorio de la profesora, se encontraba Clara. Su amiga, de tez morena, con el cabello negro y los p¨®mulos altos, estaba apoyada sobre la ventana. Al ver a Jasm¨ªn, la llam¨®: ¡ª?Jasm¨ªn! Su voz, llena de entusiasmo, reflejaba la energ¨ªa con la que siempre la recib¨ªa. ¡ª?C¨®mo est¨¢s, Clara? ¡ªrespondi¨® Jasm¨ªn. Su tono apagado contrastaba con la vivacidad de su amiga. Se acerc¨® a la silla frente a ella y se sent¨® lentamente. ¡ªBien, no me quejo ¡ªdijo Clara, mientras mov¨ªa la cabeza de un lado a otro¡ª. ?Y t¨², amiga? ?C¨®mo est¨¢s? Y, sobre todo, cu¨¦ntame, ?c¨®mo te fue ayer? Su cuerpo reflejaba entusiasmo, y su rostro mostraba una clara alegr¨ªa e inter¨¦s en las respuestas que vendr¨ªan. Jasm¨ªn mostro un brillo fugaz apareci¨® en sus ojos, seguido por una sombra de preocupaci¨®n que se instal¨® en su mirada ¡ª?Interesante? ¡ª. Clara, levantando las cejas y esbozando una sonrisa traviesa, claramente divertida por la reacci¨®n de Jasm¨ªn. ¡ªNo me gusta Axel, ?no empieces! ¡ªrespondi¨® Jasm¨ªn con resignaci¨®n. ¡ª?Ay, claro! Y yo soy g¨¹era de ojos azules, ?verdad? ¡ªexclam¨® Clara, poniendo una mano en el coraz¨®n y haciendo un gesto exagerado de sorpresa. ¡ªMuy graciosa ¡ªexclam¨® Jasm¨ªn, resignada a la constante burla de su amiga. ¡ªY me fue bien, ?s¨ª? ¡ªcontinu¨®, mientras se acomodaba en la silla, pensativa. ¡ªComimos, paseamos por un parque, nos pusimos a platicar¡­ fue divertido ¡ªa?adi¨®, con una expresi¨®n algo ausente, recordando la velada de ayer. ¡ª?Y te comi¨® ¨¦l? ¡ªpregunt¨® Clara, con una sonrisa a¨²n m¨¢s traviesa, disfrutando del evidente desconcierto de su amiga. Jasm¨ªn respondi¨® con una mirada que denotaba incomodidad, sus ojos reflejando claramente un pensamiento silencioso: ¡°Ya basta¡±. ¡ªAy, bueno¡­ pero acepta que te gusta ¡ªcontinu¨® Clara, bajando un poco el tono, pero sin perder el entusiasmo en su rostro. ¡ªNo me gusta ¡ªinsisti¨® Jasm¨ªn, con un rostro que segu¨ªa reflejando resignaci¨®n. ¡ªBueno, es que anteayer, tus ojos brillaban como si te estuvieras emocionando cuando me contaste que te hab¨ªa invitado a pasar un rato ¡ªdijo Clara, casi en un tono mel¨®dico, con una sonrisa burlona. ¡ªTambi¨¦n fue su amigo ¡ªdijo Jasm¨ªn, tratando de dejar en claro que la situaci¨®n solo era amistosa. ¡ªQu¨¦ aburrido ¡ªse quej¨® Clara. Mientras Clara se quejaba, el celular de Jasm¨ªn vibr¨®, se?al de un nuevo mensaje. R¨¢pidamente, Jasm¨ªn desbloque¨® el tel¨¦fono que ten¨ªa guardado en la bolsa de su chamarra. Al ver el mensaje de Axel, sus ojos se relajaron y, por un instante, brillaron con alivio. ¡ªPerd¨®n, me qued¨¦ dormido ¡ªdec¨ªa el mensaje. Jasm¨ªn dej¨® escapar una peque?a risa, aliviada por la respuesta. Clara, al notar la reacci¨®n de su amiga, no pudo evitar devolverle una sonrisa traviesa. Sus ojos reflejaban la misma burla de siempre, y su rostro dec¨ªa claramente: "Si te gusta". Jasm¨ªn, al ver la expresi¨®n de Clara, guard¨® r¨¢pidamente el celular y le desarroll¨® una mirada molesta, visiblemente incomodada por la evidente burla de su amiga. ¡ªEst¨¢ bien... ¡ªmurmur¨® Clara, prolongando cada silla. Jasm¨ªn percat¨¢ndose de la hora, se dio cuenta que la maestra no hab¨ªa llegado a esa clase, proponi¨¦ndole a Clara salir del sal¨®n a platicar un poco m¨¢s. Otro mensaje llego otra vez era Axel ahora. ¡ªYa voy para la escuela¡ª. El mensaje dibuj¨® una sonrisa traviesa en el rostro de Jasm¨ªn. Entusiasmada, le escribi¨® de vuelta, proponi¨¦ndole verso en cuanto ¨¦l llegara. No pas¨® mucho tiempo antes de que Axel llegara. Fue directo a buscarla. La encontr¨® sentada en una banca negra, algo oxidada, junto a su amiga, justo afuera del sal¨®n. Ecos de un sue?o As¨ª pues, lleg¨® la pl¨¢tica de Axel y Jasm¨ªn, no sin antes que Clara le hiciera un gesto a Jasm¨ªn para despu¨¦s dejarlos solos. Clara se levant¨® con una sonrisa c¨®mplice y, sin decir palabra, se adentr¨® al sal¨®n. Jasm¨ªn la mir¨® por un segundo, antes de volver su atenci¨®n a Axel, que se sent¨® junto a ella en la banca. El sol matutino iluminaba suavemente el lugar, creando una atm¨®sfera tranquila, casi relajante. La mir¨® con una ligera sonrisa, aunque su rostro mostraba se?ales de cansancio, como si la semana le hubiera pasado factura. ¡ªEntonces, ?Qu¨¦ tal todo? ¡ªpregunt¨® Axel, intentando sonar despreocupado, la fatiga era evidente en su voz. Jasm¨ªn lo observ¨® un momento, sus ojos curiosos pero llenos de comprensi¨®n. Sab¨ªa que Axel no era de hablar mucho cuando se sent¨ªa mal, pero la preocupaci¨®n era evidente en su mirada. ¡ªLo mismo de siempre ¡ªrespondi¨® Jasm¨ªn, encogi¨¦ndose de hombros¡ª. Estudiando, intentando sobrevivir a los ex¨¢menes... ya sabes c¨®mo es. Axel solt¨® una ligera risa, asintiendo con una sonrisa algo avergonzada. ¡ªLa verdad es que casi no estudio. ¡ªUna risita suave acompa?¨® sus palabras, como si no terminara de creerlo ¨¦l mismo. Jasm¨ªn lo mir¨®, sorprendida, frunciendo el ce?o. ¡ª?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨®, claramente intrigada. Axel entrelaz¨® las piernas y las movi¨® suavemente hacia Jasm¨ªn, como si buscar¨¢ un poco de apoyo en su cercan¨ªa. ¡ªNunca aprend¨ª a hacerlo bien. ¡ªSuspir¨®, dejando que sus palabras se asentaran en el aire. ¡ªY, adem¨¢s, el entrenamiento no me deja mucho tiempo para nada m¨¢s. Jasm¨ªn lo mir¨® por un momento, digiriendo lo que Axel acababa de decir. Aunque su tono era ligero, pod¨ªa notar que hab¨ªa algo m¨¢s profundo detr¨¢s de esas palabras. ¡ªNo te preocupes, todos tenemos algo en lo que no somos tan buenos ¡ªdijo Jasm¨ªn, sonriendo con amabilidad. Luego, su sonrisa se ampli¨®, buscando aligerar el ambiente. ¡ªPero igual, no est¨¢ de m¨¢s intentar un poco, ?no? Axel la mir¨® y, por un segundo, sus ojos se suavizaron. No era muy com¨²n que alguien le hablara as¨ª, sin juzgar. ¡ªQuiz¨¢... ¡ªmurmur¨®, encogi¨¦ndose de hombros. De repente, Jasm¨ªn mir¨® su reloj, sus ojos se abrieron con sorpresa. ¡ª?Anda la osa, ve la hora! ¡ªexclam¨®, levant¨¢ndose r¨¢pidamente. ¡ªYa casi es la siguiente clase, ?me voy a hacer tarde! Axel solt¨® una risa, levant¨¢ndose tambi¨¦n. ¡ªIgual yo. No quiero perderme la siguiente clase. ¡ªAxel solt¨® una risa despreocupada, casi divirti¨¦ndose con la situaci¨®n. ¡ªY adem¨¢s, me toca X¨®chilt... ya sabes c¨®mo se pone. Ambos se miraron por un momento, una peque?a complicidad flotando en el aire entre ellos. Jasm¨ªn le dio un leve toque en el brazo. ¡ªNos vemos luego, Axel. ¡ªDijo, casi con dulzura, antes de caminar hacia el pasillo. ¡ªNos vemos. ¡ªRespondi¨® Axel, viendo c¨®mo se alejaba, mientras ¨¦l tambi¨¦n se dirig¨ªa hacia su sal¨®n, aunque algo en su interior le dec¨ªa que el d¨ªa podr¨ªa traerle m¨¢s sorpresas de las que esperaba. Jasm¨ªn, al llegar al sal¨®n, recibi¨® una mirada picaresca de Clara, quien no pudo evitar soltar una sonrisa traviesa. Jasm¨ªn, sin perder la compostura, respondi¨® con una mirada que dejaba claro: ¡°En serio, no Axel, al llegar a su sal¨®n, fue recibido por su amigo Josu¨¦, que, aunque era algo m¨¢s bajo que ¨¦l, siempre ten¨ªa una energ¨ªa contagiaste. Su vestimenta deportiva lo caracterizaba, y a pesar de la sonrisa en su rostro, sus ojos no pod¨ªan ocultar el toque de sarcasmo con el que lo observaba. ¡ª?Por qu¨¦ faltaste ayer al entrenamiento? As¨ª no vas a poder superarme. ¡ªSu sonrisa no dejaba lugar a dudas, llena de descaro y un toque de sarcasmo. ¡ªEstoy bien, ?eh? ?No crees que lo m¨¢s interesante es el por qu¨¦ llegu¨¦ tarde? ¡ªrespondi¨® Axel, con un tono de voz que rezongaba ante la interacci¨®n. ¡ªNo, siempre llegas tarde¡ª. Continuo la persistente burla hacia Axel de parte de Josu¨¦. ¡ªNo, siempre. ¡ªSu voz, ¨¢spera y golpeada, dejaba claro que estaba molesto. Ambos se quedaron mirando fijamente, en una guerra silenciosa de miradas. La tensi¨®n flotaba en el aire, como una cuerda a punto de romperse, y la burla parec¨ªa haber alcanzado su punto m¨¢ximo, haciendo que una pelea se sintiera inminente. El murmullo de los compa?eros conversando parec¨ªa lejano, como si todo se hubiera vuelto m¨¢s distante, incluso el sonido se sent¨ªa apagado. Las paredes grises del sal¨®n temblaban ligeramente, como si respondieran a la atm¨®sfera cargada. El aire estaba tan cortante que parec¨ªa penetrar hasta los huesos, haciendo que las dos ventanas vibraran constantemente con el fr¨ªo que se colaba por sus rendijas. Pero, de repente, Axel no pudo aguantar m¨¢s la risa. Un estruendoso choque de palmas rompi¨® el silencio, resonando como un eco en todo el sal¨®n. Salud¨® a su amigo con un gesto espont¨¢neo, y Josu¨¦ no pudo evitar re¨ªr tambi¨¦n. Los parloteos del grupo segu¨ªan de fondo, pero la tensi¨®n se desvaneci¨® como por arte de magia. Axel se dej¨® caer en la silla frente a Josu¨¦, quien estaba sentado al otro lado del sal¨®n, pegado a la pared contraria, justo enfrente del escritorio del maestro. ¡ªFalt¨¦ porque ayer sal¨ª con Nahuel y Jasm¨ªn ¡ªaclar¨® Axel ante la pregunta de su amigo. ¡ª?Jasm¨ªn, la de otro sal¨®n? La bonita, ?no? ¡ªpregunt¨® Josu¨¦, levantando una ceja, curioso. ¡ªS¨ª, ella ¡ªrespondi¨® Axel, intentando disimular el entusiasmo que se asomaba en su voz. ¡ªFuimos a comer y a hacer algunas cosas... ya sabes. ¡ªContinu¨® despu¨¦s de una breve pausa, como si pensara que dar demasiados detalles ser¨ªa un poco extra?o. Josu¨¦, d¨¢ndose cuenta casi al instante del inter¨¦s de Axel por Jasm¨ªn, levant¨® una ceja y sonri¨® con un toque de sarcasmo. ¡ªDespu¨¦s hablamos de Jasm¨ªn, pero antes... ?c¨®mo vas con eso de los sue?os? ?Mejorando? ¡ªpregunt¨®, su tono cambiando a uno m¨¢s serio. La preocupaci¨®n por su amigo se hac¨ªa evidente. Despu¨¦s de todo, Josu¨¦ ten¨ªa m¨¢s experiencia lidiando con las extra?ezas de Axel. ¡ªTuve otro anoche... ¡ªAxel baj¨® la mirada, y su expresi¨®n cambi¨® al instante. El cansancio en sus ojos era evidente, mientras la tristeza lo envolv¨ªa como una sombra pesada. ¡ªY, adem¨¢s, vi una noticia ayer que me impact¨®. ¡ªCon un movimiento lento, sac¨® su tel¨¦fono y le mostr¨® a Josu¨¦ el titular que hab¨ªa ense?ado a sus amigos la noche anterior. Josu¨¦ tom¨® el tel¨¦fono y ley¨® en silencio. Su rostro pas¨® de la incredulidad a una preocupaci¨®n que no pudo ocultar. Recordaba el sue?o que Axel le hab¨ªa contado antes, pero ahora, viendo la conexi¨®n entre el sue?o y la noticia, un escalofr¨ªo le recorri¨® la espalda, alterando incluso el ritmo de su respiraci¨®n. Devolvi¨® la mirada a Axel, claramente afectado por lo que estaba viendo. Respir¨® hondo, intentando organizar sus pensamientos. No encontraba palabras adecuadas para lo que acababa de procesar, as¨ª que simplemente mir¨® a su amigo, buscando transmitirle apoyo con su silencio. ¡ªCu¨¦ntame del sue?o de anoche ¡ªdijo al fin, con un tono calmado, casi susurrante, como si no quisiera a?adir m¨¢s peso al momento. Axel respir¨® profundamente, sinti¨¦ndose m¨¢s tranquilo al ver que pod¨ªa confiar en Josu¨¦. Tras un momento de vacilaci¨®n, comenz¨® a relatar todo, dejando que las palabras fluyeran mientras describ¨ªa cada detalle con precisi¨®n. Josu¨¦ lo escuch¨® con atenci¨®n, y con cada palabra de Axel, la preocupaci¨®n en su rostro crec¨ªa. El sue?o era tan v¨ªvido, tan detallado, que parec¨ªa m¨¢s una visi¨®n de algo inminente que una simple pesadilla. Sin decir nada, dio unas palmadas firmes pero reconfortantes en la espalda de Axel, tratando de aliviar su angustia. El resto del d¨ªa transcurri¨® en la escuela, calmado a pesar de aquella inquietante conversaci¨®n. El cielo estaba despejado, sin una sola nube, y el sol implacable hac¨ªa que el calor fuera casi insoportable. Cuando finalmente termin¨® la ¨²ltima clase, el maestro se despidi¨® y los alumnos comenzaron a salir. Axel, recogiendo sus cosas, sac¨® su tel¨¦fono y escribi¨® un mensaje a Jasm¨ªn, proponi¨¦ndole de nuevo que se fueran juntos. Antes de enviarlo, not¨® otro mensaje en su bandeja. Era de Nahuel. The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident. ¡°Oye, se me ocurr¨ªa salir otra vez hoy. La verdad me dejaste preocupado ayer.¡± Axel, intrigado, mostr¨® el mensaje a Josu¨¦, quien r¨¢pidamente le record¨® que no pod¨ªa faltar dos d¨ªas seguidos a su entrenamiento. ¡ªEscr¨ªbele esto: ¡°Tranquilo, estoy bien. Adem¨¢s, no puedo faltar otra vez.¡± ¡ªsugiri¨® Josu¨¦, con firmeza. Axel asinti¨® y envi¨® el mensaje, pero casi de inmediato recibi¨® una respuesta de Nahuel: ¡°Pues vamos a comer. Le ped¨ª el carro a mi mam¨¢ y puedo llevarte al entrenamiento. Pero en serio, estoy preocupado.¡± Josu¨¦, que segu¨ªa atento, alz¨® una ceja y lanz¨® una mirada que dec¨ªa claramente: "?Puedo ir tambi¨¦n?". Axel, captando el mensaje, murmur¨® en voz baja: ¡ªAhorita le digo. Con rapidez, escribi¨® un nuevo mensaje: ¡°?Puede ir mi amigo Josu¨¦?¡± La respuesta no tard¨® en llegar: ¡°Claro, te veo en tu casa.¡± Axel levant¨® la mirada hacia Josu¨¦ con una ligera sonrisa. ¡ªPues v¨¢monos a mi casa, sirve que conoces a Jasm¨ªn ¡ªdijo Axel, con entusiasmo reflejado en su voz. No tard¨® en enviarle un mensaje a Jasm¨ªn, quien respondi¨® casi al instante: "Claro, nos vemos en la puerta principal." Unos minutos despu¨¦s, los tres se encontraron frente a la entrada de la escuela. Axel, con una sonrisa alegre, mir¨® a Jasm¨ªn antes de presentarlos: ¡ªEste es Josu¨¦, un amigo m¨ªo desde hace varios a?os. Vamos juntos al entrenamiento. Josu¨¦ sonri¨® levemente y extendi¨® la mano hacia Jasm¨ªn. ¡ªMucho gusto ¡ªproclam¨®, con voz firme pero cordial, mientras estrechaba su mano. Jasm¨ªn correspondi¨® el gesto con una sonrisa c¨¢lida. ¡ªEl gusto es m¨ªo. Axel ya me hab¨ªa hablado un poco de ti. Jasm¨ªn y Axel, entusiasmados, avanzaron juntos dejando atr¨¢s a Josu¨¦, quien caminaba con pasos ligeros, pero m¨¢s relajados hacia la parada del autob¨²s. Ambos platicaban animadamente sobre su d¨ªa y sobre c¨®mo Nahuel los hab¨ªa invitado a comer, sus risas ocasionales rompiendo la monoton¨ªa del ambiente. Desde atr¨¢s, Josu¨¦ no pudo evitar notar c¨®mo sus amigos caminaban tan cerca que casi se rozaban con cada paso. M¨¢s a¨²n, parec¨ªa que hab¨ªan sincronizado sus movimientos de forma natural, como si sus pasos hubieran encontrado un ritmo compartido sin que ninguno de los dos lo pensara. Josu¨¦ esboz¨® una peque?a sonrisa, aunque no dijo nada, dejando que la complicidad entre ellos se desarrollara mientras los segu¨ªa con calma. Al llegar a la parada, se colocaron bajo la sombra de un ¨¢rbol con flores rosas que anunciaban la llegada de la primavera. Los p¨¦talos ca¨ªan suavemente con el viento, decorando el suelo con tonos vibrantes. Josu¨¦, sinti¨¦ndose un poco apartado de la conversaci¨®n, decidi¨® intervenir con un comentario casual para integrarse, logrando que las risas fluyeran entre los tres mientras esperaban. Pasaron unos minutos antes de que llegara el cami¨®n. Al subir, notaron que hab¨ªa dos asientos vac¨ªos juntos y otro al final. Josu¨¦, con una sonrisa c¨®mplice, golpe¨® suavemente el hombro de Axel con el codo antes de dirigirse al asiento solitario al fondo del cami¨®n. Axel y Jasm¨ªn, sin decir palabra, se sentaron juntos en los asientos vac¨ªos. La cercan¨ªa entre ellos parec¨ªa natural, casi inevitable. El trayecto estuvo lleno de an¨¦cdotas y recuerdos que Jasm¨ªn y Axel compart¨ªan entre risas. Cada historia parec¨ªa desencadenar otra, haciendo que el tiempo pasara m¨¢s r¨¢pido. Jasm¨ªn, a pesar de lo animada que estaba, soltaba una risa nerviosa de vez en cuando, consciente de los otros pasajeros en el autob¨²s que pod¨ªan escucharlos. Axel, en cambio, no parec¨ªa tener ese problema y re¨ªa casi a carcajadas, sin preocuparse por las miradas curiosas que pod¨ªan lanzarle. Al llegar a su destino, bajaron juntos y esperaron en silencio bajo otra sombra hasta que el cami¨®n que llevar¨ªa a Jasm¨ªn a casa finalmente lleg¨®. Axel y Josu¨¦ se despidieron de ella con una sonrisa, observando c¨®mo sub¨ªa al veh¨ªculo antes de continuar con su propio camino. En camino a la casa de Axel, Josu¨¦ levant¨® la mirada, algo inquieto. ¡ª?Me prestas un traje de ba?o? ¡ªpregunt¨®, recordando de repente que se hab¨ªa olvidado de ese peque?o detalle. ¡ªPues s¨ª, ?c¨®mo entrenar¨ªas si no? ¡ªrespondi¨® Axel, soltando una ligera carcajada, burl¨¢ndose de la situaci¨®n. El sol, que hasta ese momento brillaba con fuerza, fue poco a poco tapado por una nube que pasaba lentamente, suavizando la luz. En silencio, los dos amigos siguieron caminando, cada uno con sus pensamientos, hasta que finalmente llegaron a la casa de Axel. All¨ª, comenzaron a preparar sus mochilas para el entrenamiento. Poco despu¨¦s, Nahuel lleg¨® para recogerlos. Con prisa, se subieron al carro, salud¨¢ndose r¨¢pidamente antes de que Nahuel pusiera el motor en marcha y comenzara a dirigir el veh¨ªculo hacia la tienda de hamburguesas que los tres hab¨ªan acordado como su destino para la tarde. El lugar de las hamburguesas estaba lleno de gente, pero eso no impidi¨® que Nahuel se sintiera c¨®modo, con la hamburguesa en mano y un aire despreocupado. Josu¨¦ tampoco parec¨ªa inmutarse, mientras que Axel, a pesar de la buena comida, no pod¨ªa evitar sentirse fastidiado por la multitud; hab¨ªa visto tanta gente ese d¨ªa que se sent¨ªa un poco abrumado. Con su pedido finalmente en la mesa, Nahuel decidi¨® iniciar la charla, a¨²n con una ligera preocupaci¨®n por Axel. ¡ªOye, Axel, ?C¨®mo vas? ¡ªpregunt¨® Nahuel, con un tono sarc¨¢stico que intentaba ocultar su inquietud mientras daba un mordisco a su comida. Axel levant¨® la mirada, encogi¨¦ndose de hombros, como si la pregunta no fuera tan importante. ¡ªPues, ya sabes, todo bien ¡ªrespondi¨® con su sonrisa habitual, aunque su tono ten¨ªa un toque reflexivo. ¡ªNada que no pueda resolver una buena comida. Nahuel solt¨® una risa burlona, sin perder la oportunidad de burlarse un poco. ¡ªAh, claro, siempre es la comida la que soluciona todo. ¡ªSonri¨®, pero su mirada reflejaba algo m¨¢s. ¡ª?Y ese sue?o? ?Ya lo superaste? Axel lo mir¨® de reojo, pens¨® un momento antes de responder, queriendo evitar preocupar a su amigo m¨¢s de la cuenta. ¡ªNo me atormenta, pero s¨ª me mantiene ocupado, ?sabes? ¡ªrespondi¨® Axel, sin dejar de saborear su hamburguesa, que estaba deliciosa. Josu¨¦, que hab¨ªa estado escuchando en silencio, se inclin¨® hacia adelante, con una sonrisa burlona en el rostro, buscando aligerar la tensi¨®n de la conversaci¨®n. ¡ªS¨ª, tranquilo. ¨¦l tiene todo esto de los sue?os perfectamente controlado ¡ªdijo Josu¨¦, intentando desviar el enfoque de Nahuel y al mismo tiempo suavizar el ambiente, como siempre hac¨ªa. Axel lanz¨® una mirada divertida a Josu¨¦, agradecido por el apoyo, pero sin perder su tono relajado. ¡ªS¨ª, con una buena comida como esta, me ayuda m¨¢s que cualquier cosa, ?sabes? ¡ªrespondi¨® Axel, mirando a Nahuel con despreocupaci¨®n, pero tambi¨¦n con una ligera sonrisa. La tarde pas¨® entre risas y charlas, mientras Nahuel, aunque todav¨ªa algo preocupado por Axel, se dejaba llevar por el buen ambiente. El lugar, aunque lleno de gente, ten¨ªa un aire vibrante, con el rojo de las paredes resaltando la energ¨ªa que se respiraba. El sonido de la parrilla cocinando las carnes llenaba el aire, mientras el aroma se mezclaba con la conversaci¨®n, haciendo que el hambre aumentara a¨²n m¨¢s. La cuenta se dividi¨® entre los tres. Axel, sabiendo que Josu¨¦ probablemente no tra¨ªa dinero, se ofreci¨® a pagar su parte sin pensarlo mucho. Nahuel, por su parte, no puso objeci¨®n y pag¨® lo suyo r¨¢pidamente. Una vez que todo estuvo resuelto, salieron del restaurante, y con las risas a¨²n resonando en el aire, comenzaron a caminar por una placita cercana. Todo era tranquilidad, un ambiente relajado que invitaba a la charla. Las luces de los peque?os puestos en la plaza daban un toque c¨¢lido, y el bullicio de la gente se mezclaba con el sonido de algunas guitarras que tocaban en una esquina. Axel y Nahuel hablaban animadamente, mientras Josu¨¦ los segu¨ªa con su sonrisa burlona, disfrutando del momento despu¨¦s de la comida. El tiempo pas¨® r¨¢pidamente, y el pr¨®ximo destino lleg¨®. Nahuel manejaba hacia la acu¨¢tica, mientras Axel y Josu¨¦ miraban distra¨ªdos por la ventana, algo arrepentidos de haberse excedido con la comida. Al llegar, Nahuel detuvo el coche y, antes de que Axel pudiera salir, lo detuvo con una mirada seria. ¡ªMe preocupas, ?sab¨ªas? Mi abuelo no me preocup¨® nunca. Era como t¨²: risue?o, lleno de vida, siempre con una sonrisa. Pero un d¨ªa, simplemente decidi¨® que ya no quer¨ªa vivir m¨¢s. ¡ªSu voz se suaviz¨®, quebr¨¢ndose por un segundo mientras su mirada se perd¨ªa en el tel¨¦fono. Desbloque¨® la pantalla y comenz¨® a buscar algo. ¡ªNo quiero que pase lo mismo contigo, Axel... en serio. Axel sinti¨® el peso de las palabras de Nahuel, y un nudo se form¨® en su garganta. La tristeza en la voz de su amigo era inconfundible, y algo de esa tristeza se reflejaba en Axel. Sin querer, unas l¨¢grimas amenazaron con salir, pero se contuvo. Respir¨® profundamente, dejando que el ¨¢nimo de Nahuel se contagiara un poco, y con la misma suavidad en la voz, mir¨® a Nahuel fijamente a los ojos. ¡ªTranquilo, Nahuel. No va a pasar. ¡ªrespondi¨® intentando transmitirle calma. Nahuel, en silencio, sac¨® una foto de su abuelo y se la mostr¨® a Axel. En ella, ¨¦l era solo un ni?o peque?o, sonriendo de oreja a oreja junto a su abuelo. La sonrisa en la foto irradiaba felicidad y momentos de pura alegr¨ªa. Mir¨® la imagen con esperanza, y aunque sus ojos mostraban un dejo de tristeza, hab¨ªa algo m¨¢s: una chispa de esperanza que no quer¨ªa perder. Axel se qued¨® petrificado al ver la foto del abuelo de su amigo. Por un instante, todo a su alrededor pareci¨® desvanecerse, y su mente dio un giro inesperado, regresando a ese sue?o inquietante que hab¨ªa tenido esa misma noche. La figura que antes hab¨ªa sido tan extra?a y difusa, ahora se iluminaba, revel¨¢ndose en la foto como el mismo hombre, el abuelo de Nahuel. Un escalofr¨ªo recorri¨® su espalda. "Fue el que vi en mi sue?o... estoy seguro..." pens¨® Axel, su miedo creciendo a medida que la conexi¨®n se volv¨ªa m¨¢s clara. Un aire fr¨ªo le recorri¨® la columna, y su cuerpo se tens¨®. ¡ªTu abuelo... est¨¢ vivo. ¡ªLas palabras salieron de sus labios como un susurro, casi imperceptible, sin creer lo que acababa de decir. Nahuel lo mir¨®, y en un segundo, la tristeza en su rostro se transform¨® en rabia. Sus ojos, antes apagados por la preocupaci¨®n, ahora fulminaban a Axel. ¡ª?Por qu¨¦ dices eso? ¡ªpregunt¨® Nahuel, con voz grave. La ira estaba clara en su mirada, y su cuerpo se tens¨®, listo para enfrent¨¢rsele Axel, visiblemente sorprendido por la reacci¨®n, no pudo responder de inmediato. Sus palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Intent¨® evitar la mirada de su amigo, bajando la cabeza y mirando al suelo. ¡ªPerd¨®n¡­ No quise... ¡ªSu voz tembl¨®, quebr¨¢ndose al final, mientras sent¨ªa una fuerte punzada de arrepentimiento. Sab¨ªa que no hab¨ªa sido el momento adecuado para decir algo tan fuerte, pero las palabras ya hab¨ªan salido de su boca. Nahuel dirigi¨® la mirada al frente del veh¨ªculo, con los ojos fijos en la carretera. Las l¨¢grimas amenazaban con salir, pero su rostro estaba tenso, marcado por un enojo profundo. Algo dentro de ¨¦l se rompi¨®, pero no pod¨ªa dejar que se notara. ¡ª?Salgan del auto! ¡ªcasi grit¨®, su voz cargada de frustraci¨®n y rabia. Nahuel no mir¨® a sus amigos, y su tono era tan firme como su dolor. Axel y Josu¨¦, sin hacer preguntas, se bajaron del veh¨ªculo sin rechistar. El ambiente se sent¨ªa pesado, cargado de una tensi¨®n palpable. Caminaron con la cabeza baja, pero su mirada parec¨ªa perdida, nublada por la angustia. No pod¨ªa dejar de pensar en ese sue?o, en esa figura que lo hab¨ªa aterrorizado, que ahora estaba conectada con Nahuel de una manera que no entend¨ªa del todo. Josu¨¦, notando el cambio en su amigo, recarg¨® su mano en la espalda de Axel como un intento de confortarlo, aunque no sab¨ªa qu¨¦ decir. Mir¨® a Axel fijamente, tratando de transmitirle apoyo sin palabras. ¡ªEra el que vi en mi sue?o... ¡ªEl murmullo de Axel sali¨® con agon¨ªa, apenas audible, como si estuviera al borde de romperse. Su voz tembl¨®, y las l¨¢grimas luchaban por salir, pero se manten¨ªa firme, su mente luchando contra algo que no pod¨ªa controlar.