《Cuentos del Cruce: El último Buscador (Español) [Fantasia, Isekai, Aventura, Misterio]》 Prologo 1: Antes del Infinito El calor hab¨ªa golpeado su piel aquel d¨ªa, y sus t¨ªmpanos no dejaban de sonar en un pitido molesto mientras que le dol¨ªan. La sangre en el rostro de su madre fue la peor parte. Cuando Isaac ten¨ªa 6 a?os ocurri¨® el evento que definir¨ªa su vida por siempre. Iba de viaje con sus padres biol¨®gicos, Margoth e Ilai, desde Valpara¨ªso hacia Santiago. Fue cuando iban por la ruta 68 cuando un terrible accidente vehicular caus¨® la muerte de ambos, siendo ¨¦l la ¨²nica persona que sobrevivi¨® de milagro sin herida alguna. "Fue solo un accidente" se repet¨ªa hasta los 17 a?os. A¨²n recuerda el rostro de su madre. Una mujer de cabello color rojo fuego y ojos casta?os, mir¨¢ndole mientras que ¨¦l lloraba intentando procesar que hab¨ªa pasado. De alguna forma llegaron al asfalto, mientras que sangre ba?aba el rostro de ella, estirando su brazo hacia su hijo con una sonrisa que se retorc¨ªa por el dolor. Y sus ¨²ltimas palabras lo atormentaron por el resto de su vida. ¡ªIsaac... por favor... se libre...¡ªantes de que su cuerpo se rindiera, y nunca m¨¢s despertase. Isaac se hab¨ªa quebrado, llorando a mares, gritando por su madre para que despertase, queriendo que ella le diga que todo iba a estar bien. No comprend¨ªa qu¨¦ estaba pasando, solo sent¨ªa dolor, uno que detestaba, uno que quer¨ªa que se fuese, y su madre no le respond¨ªa, no le abrazaba para que sintiera que estaba seguro y que todo estar¨ªa bien. Estaba completamente asustado, con temor, sent¨ªa que estaba en peligro, uno que su joven mente no era capaz de comprender. Entonces, alguien lo tom¨® y lo sac¨® del lugar. El resto de la memoria de ese d¨ªa est¨¢ en negro, como si la luz de una habitaci¨®n se hubiese apagado y no recordase que hiso su cuerpo durante un buen tiempo.. Fue poco despu¨¦s que se vio entregado a un detective de la PDI llamado Roberto, quien resultaba ser amigo cercano de Margot e Ilai. Este lo adopt¨® cuando se enter¨® del accidente y luch¨® por todo lo que pudo para que le entregasen la custodia del ni?o, a pesar de ser un hombre soltero. De alguna forma logr¨® hacer que legalmente quedase como su cuidador, dejando al peque?o de 6 a?os bajo su tutela, estando bajo su brazo por los siguientes 11 a?os. Hasta cuando cumpli¨® los 18 a?os, Isaac sol¨ªa despertarse de vez en cuando en medio de la noche, sudando y gritando. Roberto vio un par de veces eso, pero Isaac nunca le explic¨® el por qu¨¦, indicando que solo tuvo una pesadilla. A la larga se volver¨ªa algo que ocurr¨ªa de vez en cuando, pero que su padre adoptivo no vio de manera seguida. Gran parte de ese tiempo, Isaac sufri¨® en silencio la p¨¦rdida de sus padres. Apenas comentaba c¨®mo se sent¨ªa al respecto, y no es como que tuviese gente para hacerlo. Roberto acostumbraba a desaparecer por semanas, lo que causaba que se quedara solo a su suerte en la casa durante mucho tiempo. Aunque, quiz¨¢s para evitar que muriera de hambre y negligencia, le ense?¨® a cocinar y a cuidarse a s¨ª mismo. Logr¨® aprender a ser independiente, apenas necesitando que alguien lo cuidase, pero claramente sufr¨ªa de una soledad incre¨ªble y preocupante. Cuando ¨¦l estaba presente no era como que lo disfrutara tampoco. Lo inscribi¨® en una clase de artes marciales, espec¨ªficamente Karate, y lo obligaba a tomarse en serio su entrenamiento, indicando que alg¨²n d¨ªa lo agradecer¨ªa. El maestro que ense?aba y entrenaba ve¨ªa gran potencial en ¨¦l, como si tuviera una capacidad natural para luchar y mejorar sus habilidades, pero Roberto prohibi¨® que participar¨¢ en torneos y eventos de gran calibre. Ni su maestro ni Isaac entend¨ªan el por qu¨¦. En otras ocasiones, lo llevaba al bosque y otros lugares a ense?arle a sobrevivir en lo salvaje. Para los 15 a?os, ¨¦l ya era completamente capaz de encender un fuego sin problemas solo con lo que encuentre en lo salvaje, sab¨ªa cazar por comida con una lanza y un arco. Nuevamente, su padre le dijo que lo agradecer¨ªa alg¨²n d¨ªa. ¡ª?Acaso se viene el fin del mundo, viejo?¡ªpregunt¨® Isaac a su padrastro por todas las preparaciones que estaba tomando con ¨¦l. Se encontraban viajando de vuelta a casa en el auto. Su tono era sarc¨¢stico, y se notaba su exasperaci¨®n por esto-Casi muero esta vez... por segundo viaje seguido. ¡ªQuiz¨¢s, podr¨ªas llamarlo as¨ª. Ser¨¢ m¨¢s f¨¢cil de explicar cuando lo veas¡ªrespondi¨® Roberto. Su cabello largo y gris combinado con canas ca¨ªa por sus hombros, mientras que sus ojos rojos miraban a la calle de forma concentrada mientras conduc¨ªa. ¡ª?Y si me respondes la pregunta y dejas el misterio por un momento? Pero no respondi¨®, mantuvo el silencio sobre el tema durante el resto del viaje, cambiando el tema y evitando las preguntas de forma r¨¢pida. Fue un fastidio enorme que su padrastro no quisiera darle la respuesta a su pregunta. ?Por qu¨¦ tanta preparaci¨®n sin saber el por qu¨¦? ?Qu¨¦ se venia encima de ellos que necesitaba saber c¨®mo sobrevivir y defenderse? Por un momento se pregunt¨® el por qu¨¦ no le ense?aba a usar una pistola tambi¨¦n, si tanto le preocupaba que se pudiese defender. Pero sab¨ªa la respuesta, el recuerdo de hace unos a?os cuando una plancha de metal cay¨® a su lado, causando un tronido sonido que golpe¨® sus t¨ªmpanos como un martillo, se viene a su mente. Qued¨® paralizado, ansioso, su mente atascada en algo, para luego salir arrancando y volver a la casa como si nada pasara. Sacude la cabeza y deja de pensar en el tema, dirigiendo su atenci¨®n a su tel¨¦fono una vez m¨¢s¡ªEs incre¨ªble que haya se?al aqu¨ª¡ªdijo. Un d¨ªa, cuando ten¨ªa 16 a?os, en su viaje de vuelta de clases a su casa, se encontr¨® con un grupo de gente acosando a una persona. En Chile, muchos uniformes escolares eran similares, pero ten¨ªan suficientes diferencias como para saber quien ven¨ªa de que colegio. Todos eran estudiantes de un colegio distinto al de ¨¦l, y ven¨ªan del mismo. ¡ªYa, d¨¦jenlo¡ªdijo Isaac, su rostro no mostraba mayor inter¨¦s o temor en los bravucones, pero dej¨® caer su mochila de su hombro a su mano derecha, agarr¨¢ndola con fuerza. Dan lo mir¨® con cara de espanto, sus ojos mostraban una pizca de sorpresa y esperanza. ¡ªNo te metai, loco¡ªdijo uno de los bravucones, su voz amenazantes y claramente hablando desde las fosas nasales en lugar de su diafragma, mientras caminaba hacia ¨¦l haciendo gestos amenazantes con las manos, buscando intimidar¡ª?O quiere ponerse la capa? Isaac inclin¨® la cabeza hacia el lado mientras que miraba al que se le acercaba. Sus gestos le indicaban que deb¨ªa irse, de forma agresiva buscaba hacer que se fuera. Su mirada no cambi¨® de forma, parec¨ªa seguir aburrido y con poco inter¨¦s en querer tomar parte, no estaba ni impresionado ni se sent¨ªa amenazado. Dej¨® que se acercara para luego lanzarle la mochila al pecho, causando que el bravuc¨®n instintivamente la agarra cuando lo golpea. Entonces, Isaac avanza y le planta una patada en la entrepierna, causando que su enemigo caiga en agon¨ªa al suelo por el dolor que incrementan por segundos. Sus amigos miraron la situaci¨®n con sorpresa, no esperando que respondiera. If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. ¡ªMuy bien¡ªpate¨® el pecho del bravuc¨®n que estaba agonizando de dolor, y lo hizo caer al suelo, y luego camin¨® para plantar el pie en su brazo izquierdo, apretando para que doliera. Comenz¨® a retorcerse de dolor¡ªUstedes dos, l¨¢rguense o le rompo el brazo. Los dos bravucones se miraron y luego a su amigo¡ª?Recordaremos tu cara!¡ªgritaron mientras que pasaron a su lado corriendo. ¡ªBien, as¨ª saben que deben arrancar-contest¨®. Agarra su mochila y escupe en direcci¨®n del bravuc¨®n¡ªLargo¡ªle ordena mientras se acerca a la v¨ªctima. As¨ª conoci¨® a Dan, un joven t¨ªmido de cabello casta?o claro y ojos azules. Era bajo, Isaac ten¨ªa que mirar hacia abajo constantemente para hablarle a los ojos. Adem¨¢s, su contextura era delgada, no parec¨ªa intimidante para nada, raz¨®n por la que creer¨ªan que es un blanco f¨¢cil, hasta que Isaac apareci¨®. Muchas veces no necesita hacer demasiado para espantarlos, la mayor¨ªa no espera que alguien pelee contra ellos y arrancan cuando ven que hay resistencia. Incluso con asaltantes con armas, suelen arrancar a pesar de tener una pistola en las manos. Isaac sab¨ªa muy bien esto y siempre lo usaba para su ventaja cuando necesitaba defenderse. De forma consecuente, tambi¨¦n logr¨® conocer a su hermana gemela, Nadia. Eran similares f¨ªsicamente, aunque los rasgos de ella eran m¨¢s finos y femeninos adem¨¢s de tener el cabello color rojo fuego, aparte del hecho de que ella ten¨ªa un cuerpo m¨¢s tonificado, los m¨²sculos de sus piernas y brazos mostraban que entrenaba. Y as¨ª era, r¨¢pidamente supo que ella practicaba kickboxing y ella se impresion¨® cuando supo que Isaac sab¨ªa artes marciales tambi¨¦n. Un d¨ªa, Nadia decidi¨® que quer¨ªa presumir sus logros frente a Isaac, as¨ª que este fue a la casa de los gemelos. Era una casa sencilla y ordenada, ambos viv¨ªan con sus padres. El padre de ambos era el que m¨¢s le causaba temor. Ten¨ªa una larga cicatriz a trav¨¦s de su cara y pasando sobre su ojo, como si una bestia hubiese intentando cortar su carne de forma profunda. Su ojo estaba blanco, la pupila apenas visible. No pod¨ªa ver a trav¨¦s de este. Adem¨¢s, ten¨ªa una actitud extremadamente seria y dif¨ªcil de acercarse, siempre miraba con ojos de asesino. Aunque nunca le dio motivos para pensar que era alguien malvado. La madre de los gemelos era distinta. Ten¨ªa una actitud de ser extrovertida y cuidadora, una mujer adulta extremadamente femenina, contrastando la manera de ser de su marido. Pero la forma de hablar que ten¨ªa le daba la sensaci¨®n de que ella ocultaba algo ya que a veces hablaba como si un secreto estuviera detr¨¢s de sus palabras, sonriendo mientras dec¨ªa palabras que parec¨ªan ocultar una amenaza asesina, por sobre todo cuando la conversa era sobre la amistad de Isaac con su hija. No interactu¨® mucho con ellos, as¨ª que sus lecturas de sus personalidades eran superficiales y sin mucho que destacar. Pero nunca dej¨® de lado ambas sensaciones cuando interactuaba con ellos, y siempre se pon¨ªa a la defensiva con ellos. Igualmente, lograba ver en ambos rasgos de que los gemelos hab¨ªan heredado: la forma natural de sus cabellos, los ojos del padre, los rasgos faciales de la madre, la baja estatura. No hab¨ªa duda que eran familia, aunque era rara. ¡ªA¨²n no entiendo por qu¨¦ tu padre no te deja participar en torneos... ?Son divertidos! Y m¨¢s encima algunos te pagan por conseguir victorias¡ªdijo Nadia sonriendo durante el tour de su estanter¨ªa de trofeos. ¡ªNo lo s¨¦. El viejo prefiere mantener todas sus decisiones y razones ocultas. Sinceramente, me hubiera gustado participar. ¡ªQue lastima. Recuerdo el como les sacaste la cresta a los imb¨¦ciles que intentaron molestar a Dan hace unos meses, cuando nos conocimos. Sabes pelear-le da un peque?o pu?etazo en el brazo, como muestra de aprobaci¨®n. Isaac mir¨® hacia el lado, sonrojado un poco. No estaba acostumbrado a que le dijeran cosas positivas y mucho menos que lo felicitaran por hacer cosas buenas o bien hechas. No muy lejos de la estanter¨ªa de Nadia, hab¨ªa una de libros con una gran colecci¨®n. Reconoci¨® algunos que ya hab¨ªa visto a Dan leyendo. Se acerc¨® a mirarlos, algunos ten¨ªan nombres en un idioma que no reconoc¨ªa, de hecho, no reconoc¨ªa las letras ni c¨®mo pronunciarlas. ¡ª?Qu¨¦ es esto?¡ªdijo Isaac tomando uno al azar y abri¨¦ndolo. Dentro del libro estaban las mismas letras, s¨ªmbolos y criaturas extra?as. No entend¨ªa nada de lo que estaba observando. ¡ªA-ah... si, nuestros p-padres nos los dieron-respondi¨® Dan, quien estaba cerca de ellos. Sus ojos se abren en clara se?al de nerviosismo mientras que sus manos se posicionan abiertas a sus lados, siempre se pone nervioso cuando le hablan de manera repentina. Adem¨¢s, siempre estaba nervioso a hablar, como si algo le causara miedo por su propia voz¡ª, n-no se que dice, n-ni ellos pueden l-leerlo. No sabemos en qu¨¦ idioma est¨¢. ¡ªSiento que si abres una de estas, terminas invocando a un demonio o algo¡ªcoment¨® Isaac. ¡ªNo bromees, ya intent¨® imitar una imagen que vi¨®... creo que no invoc¨® nada ya que no ten¨ªa c¨®mo leer bien lo que dice. Yo ya cre¨ªa que mi hermanito invoc¨® al diablo o algo-coment¨® Nadia. ¡ªRecuerdo c-c¨®mo gritaste...¡ªcoment¨® Dan. ¡ª?C¨¢llate!¡ªle respondi¨® Nadia. Fue entonces que Isaac vio en uno de los libros un s¨ªmbolo que le llam¨® la atenci¨®n. Era una estrella con un ojo abierto en medio. Entonces busc¨® algo en su bolsillo y sac¨® un llavero, del cual colgaban unas cuantas decoraciones. Se centr¨® en una que ten¨ªa que era un ojo, pero cerrado, y detr¨¢s algo que parec¨ªa ser la luna. Por un momento crey¨® que eran similares, pero no. ¡ª?Q-qu¨¦ es esa c-cosa?¡ªpregunt¨® Dan, claramente curioso. ¡ªMe la dio mi viejo el a?o pasado... dijo que deb¨ªa mantenerlo conmigo... obviamente no dijo el porqu¨¦. ¡ª?Agh! Tu viejo nunca te dice nada-la voz de Nadia se notaba exasperada. Isaac se alegr¨® un poco de que ¨¦l no era el ¨²nico que se sent¨ªa frustrado de lo poco que su padre revelaba sus secretos. Volvi¨® a guardar sus llaves, pero el s¨ªmbolo en el libro segu¨ªa d¨¢ndole curiosidad por alg¨²n motivo. Se sent¨ªa como que lo observaba, como que quer¨ªa atraerle. Sacudi¨® su cabeza y cerr¨® el tomo, devolvi¨¦ndole a su lugar. ¡ª?Seguro que no es el Necronomic¨®n o algo as¨ª?¡ªpregunt¨® Isaac. ¡ª?Necronomic¨®n?¡ªpregunt¨® Nadia. ¡ªE-es un libro q-que se dice o-oculta secretos oscu-oscuros...¡ªrespondi¨® Dan. ¡ªNerd¡ªse burl¨® Isaac antes de dejarle terminar. ¡ªLo dice el otaku que se la pasa jugando rpgs con chicas de anim¨¦...¡ªNadia le mir¨® de reojo con las pesta?as semi abiertas, una sonrisa burlesca se form¨® en su cara¡ªAdem¨¢s de que sab¨ªas el nombre de ese libro. ¡ª?Ey! tu hermano los juega tambi¨¦n. ¡ª?Eeehhh? ?Es eso en serio, hermanito?¡ªNadia movi¨® su mirada hacia Dan esta vez. El cuerpo de Dan retrocedi¨® al ver la mirada de su hermana. Luego mir¨® a Isaac y lo mir¨® enfadado por la traici¨®n de su amigo. Dan y Nadia se volvieron amigos cercanos de Isaac. Sin embargo, ¨¦l nunca les contar¨ªa detalles de la muerte de sus padres, solo indicando que hab¨ªan muerto en un accidente cuando ¨¦l era muy joven. Al igual que su clara aversi¨®n a los ruidos fuertes. Un par de veces lo vieron reaccionar de forma negativa a golpes y otras cosas, pero ¨¦l nunca explic¨® el por qu¨¦. Estaba acostumbrado ya a mantener este tipo de cosas para s¨ª mismo, dejarlas salir no har¨¢n gran diferencia. De igual forma, no sol¨ªa hablar de su pasado, ninguno de los dos sab¨ªa por las cosas que su padrastro le hizo pasar, ni ciertos eventos que vivi¨® no mucho antes de conocerlos. Y entonces, cuando se acerca a los 18 a?os, en su ¨²ltimo a?o de clases, fue cuando ocurri¨®. Prologo 2: Las puertas del infinito Quedaba 1 mes para el cumplea?os 18 de Isaac cuando ocurri¨® el mayor evento que marcar¨ªa su vida y lo iniciar¨ªa en su viaje. Era de noche cuando, nuevamente, despert¨® sudando y ahogando un grito. Se sent¨® en su cama, a oscuras, y buscaba por toda su habitaci¨®n se?ales de peligro. Hab¨ªa so?ado nuevamente con el incidente de hace algo m¨¢s de 11 a?os, donde sus padres perdieron su vida y su madre suscita esas misteriosas palabras: se libre. Se sec¨® el sudor de la frente, se pregunt¨® nuevamente a que se refer¨ªa su madre. Nunca logr¨® entenderlo, palabras que su padre adoptivo desconoc¨ªa le hab¨ªan sido dirigidas. Su respiraci¨®n, que estaba agitada por completo, de a poco volvi¨® a su ritmo normal. ¡ªMierda...¡ªse dijo Isaac, qu¨¦ dej¨® caer su torso hacia atr¨¢s, plant¨® el reverso de su cabeza en la almohada nuevamente¡ª?Por qu¨¦?¡ªsuplic¨® una respuesta a lo que sea que estuviese escuchando el por qu¨¦ deb¨ªa sufrir as¨ª. BANG BANG BANG El sonido de los golpes en su puerta lo hizo saltar nuevamente. Estaba solo cuando se fue a dormir, as¨ª que el sonido fue completamente repentino e inesperado. Se sent¨® nuevamente y con cuidado se levant¨® de la cama, preocup¨¢ndose de no hacer un sonido. ¡ª?Isaac! ?Despierta, es una emergencia!¡ªescuch¨® la voz de Roberto, su padre adoptivo. ¨¦l no esperaba verlo hasta en un par de semanas m¨¢s. ?Qu¨¦ hac¨ªa aqu¨ª? Luego, escuch¨® sus pasos, lentamente m¨¢s distantes. Se levant¨® r¨¢pidamente y fu¨¦ a buscar su ropa, poni¨¦ndose unos pantalones de jeans azules, una polera blanca y un chaleco abierto gris con gorro. En la mesa de noche, agarr¨® un pa?uelo que ten¨ªa sobre este. Era blanco, limpio, de tela delicada. Una D con una caligraf¨ªa hermosa decoraba una de las esquinas. La amarr¨® con cuidado en su mu?eca. ¡ª?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ?Qu¨¦ est¨¢ pasando?¡ªinquiri¨® mientras se terminaba de vestir. ¡ªLo sabr¨¢s cuando lo veas. ?R¨¢pido, en marcha!¡ªgrit¨® Roberto desde afuera. Esas palabras siempre lo molestaron. Cuando lo vea... ?Qu¨¦ estupidez! Se dec¨ªa Isaac cada vez que usaba esa vieja excusa para no tener que explicarle por qu¨¦ tomaba sus decisiones raras y sin sentido. Toda su vida desde la muerte de sus padres hab¨ªa sido una serie de eventos y caminos cuyo prop¨®sito solo han sido explicables cuando vea algo que a¨²n no pasaba. Sent¨ªa como que su vida hab¨ªa sido escogida por ¨¦l, y lo odiaba. Era como tener una correa en su cuello y alguien constanmente hacia la tarea de jalarla. Antes de salir se mir¨® en el espejo que ten¨ªa en la habitaci¨®n. Estaba roto, la imagen hecha trizas. Ah s¨ª, hab¨ªa pasado hace unas semanas atr¨¢s, moviendo algunas cajas y buscando un libro dej¨® caer uno sobre este por accidente. Su imagen estaba fraccionada en el vidrio reflectante, vio su cabello casta?o oscuro despeinado y sus ojos caf¨¦s cansados, el resto de su cuerpo un desastre en la imagen que le mostraba el artilugio. Se dirigi¨® a la puerta, arreglando su pelo en el camino. ¡ªViejo, ser¨¢ mejor que haya una buena raz¨®n para esto¡ªdijo Isaac cuando apareci¨® en el living de la casa, donde su padrastro estaba hablando por su tel¨¦fono celular. ¡ªSi, ya voy en camino. Est¨¢ bien... los padres de los gemelos deben estar ocup¨¢ndose de ellos¡ªdijo, una peque?a voz se alcanzaba a escuchar respondiendo e intercediendo en la conversaci¨®n. Isaac no logr¨® descifrar que es lo que dice¡ªSi, prepara todo, vamos para la casa ahora. En ese momento, Roberto le lanz¨® sus llaves a Isaac. Cuando este las agarr¨® de forma instintiva, las tom¨® del s¨ªmbolo del ojo y una esfera morada. Esta ¨²ltima fue una de las pocas cosas que su madre ten¨ªa cuando muri¨®. En m¨¢s de una ocasi¨®n la hab¨ªa mirado, pero esa noche algo raro ten¨ªa, era como si sintiera una extra?a vibraci¨®n de ella, como si le estuviera advirtiendo de algo. Guard¨® las llaves y mir¨® a su padre adoptivo, quien estaba caminando ya hacia la puerta. ¡ªAl auto, no hay tiempo¡ªDijo Roberto mientras sal¨ªa por la puerta principal. "?Cuando lo hay?" pens¨® Isaac, claramente molesto pero igualmente sigue al viejo a la salida "?Y a qu¨¦ gemelos se refer¨ªa? No creo que sean..." ¡ªTengo clases ma?ana, pero okay¡ La noche era fr¨ªa, pero gracias a las salidas a tener que sobrevivir con el m¨ªnimo en la intemperie, su cuerpo ya se hab¨ªa ajustado a las bajas temperaturas de la ¨¦poca. A¨²n as¨ª, ajust¨® su chaleco por si acaso. Fue entonces que se dio cuenta que Roberto llevaba su pistola Glock G19, un arma de mano de que usaba balas de 9 mil¨ªmetros. Era el arma que le entregaron en la PDI. No solo eso, ten¨ªa la mano puesta lista para desenfundar. La tensi¨®n del aire se volvi¨® palpable y estaba seguro que ten¨ªa el sabor amargo que de pronto se form¨® en su boca. Se encontraba listo para disparar, y nunca antes lo hab¨ªa visto en ese estado. Algo serio estaba pasando. Isaac hab¨ªa comenzado a sentirse mareado en el asiento trasero mientras que el auto recorr¨ªa las laber¨ªnticas calles de las calles de los cerros de Valpara¨ªso. Era posible encontrar calles que est¨¢n cerca unas de otras, pero por la altura y forma del terreno no se conectan, creando la necesidad de dar una vuelta entera para pasar de un cerro a otro de vez en cuando. Aunque en este punto ya se hubiera acostumbrado, los movimientos y su dificultad para mantenerse bien en un veh¨ªculo en movimiento no eran buena mezcla. ¡ªMierda, viejo... ?Puedes conducir algo m¨¢s despacio?¡ªdijo mientras se sent¨ªa enfermo con la vista fija hacia cualquier punto fijo para que su mareo se relaje. ¡ªDebemos ir rap- Entonces Roberto fren¨® el auto de manera repentina, sin previo aviso. Isaac casi se golpea contra el respaldo del asiento de su Roberto si no fuera por sus reflejos que le permitieron agarrarse a tiempo. ¡ª?No tan despacio!¡ªdijo molesto con un tono sarc¨¢stico. Y entonces mir¨® al frente. Hab¨ªa una figura en frente de ellos, parada en medio de la calle. Ten¨ªa una capucha morada que le cubr¨ªa la cara. Estaba mirando al suelo. ¡ª?Qui¨¦n¡?¡ªpregunt¨® Isaac. Roberto, entonces, pis¨® el pedal, y el auto aceler¨® hacia la figura. El cuerpo de Isaac se vio impulsado a su asiento por la inercia cuando no alcanz¨® a ajustarse al nuevo movimiento, y este logr¨® afirmarse antes de golpearse. Apret¨® los dientes y maldijo las acciones de Roberto, pero luego vi¨® que quer¨ªa hacer: el auto iba directo hacia el encapuchado. El auto aceler¨® a toda prisa contra la figura humana, la cual, en el momento que llegaba el impacto, salt¨® sobre el auto. Isaac pens¨® que iban a golpearlo, pero lo siguiente que escuch¨® fue algo pesado caer en el techo del veh¨ªculo sobre ¨¦l. Mir¨® hacia arriba, en lo que alcanz¨® a ver algo empezar a atravesar el techo del auto. Una hoja met¨¢lica atraviesa el techo para sorpresa de Isaac, y este se mueve r¨¢pidamente de su lugar cuando ve que esta va dirigida a su cabeza. La hoja se retrae y vuelve a entrar sobre ¨¦l, oblig¨¢ndole a tener que moverse de nuevo, y de nuevo, y otra vez. ¡°??Por qu¨¦ anda con una espada?!¡± Se pregunt¨® mientras esquivaba los ataques. No solo se sorprendi¨® del arma de su enemigo, el que est¨¦ atravesando el auto como mantequilla era impresionante en s¨ª. Entonces, el auto gir¨® en una esquina de manera r¨¢pida, Isaac fue lanzado hacia la puerta izquierda del auto, mientras que escuchaba al asaltante moverse, caerse y luego girar sobre el techo, alcanzando a ver su figura caer por la ventana trasera. Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings. Se ergui¨® y mir¨® hacia el maletero del auto, y vi¨® a la figura sosteni¨¦ndose de la hendidura entre el vidrio trasero y la puerta del maletero, la capucha ya ca¨ªda sobre la espalda de esta persona y en su rostro, d¨¢ndole una mirada de terror y maldici¨®n. Llevaba una mascara dorada con ojos negros y una sonrisa diab¨®lica. Al ver esa decoraci¨®n, los ojos de Isaac se abren y sus pupilas se achicaron, mientras que trag¨® saliva. ¡ª?V-viejo¡ explica ya que est¨¢ pasando!¡ªpregunt¨® Isaac sin despegar la vista de su atacante. Roberto aplasta el freno del veh¨ªculo, e Isaac cae al suelo del coche. El asaltante, que no esper¨® el movimiento, fue lanzado hacia el vidrio trasero del auto, trizando y lanzando peque?as part¨ªculas de vidrio, y con la energ¨ªa que se mantuvo rod¨® sobre el techo hasta llegar al capot, cayendo a la calle. Isaac se quej¨® del golpe que recibi¨®, y busc¨® levantarse nuevamente y lentamente se sent¨®, adolorido y molesto. Mir¨® hacia atr¨¢s, notando el vidrio roto, pero el asaltante ya no estaba. Instintivamente, su rostro gir¨® para dirigir sus ojos al frente del veh¨ªculo. El encapuchado, oculto por el frente del veh¨ªculo, us¨® el capot del auto para comenzar a levantarse, con clara dificultad, con un movimiento lento y doloroso, poni¨¦ndose en pie. ¡ªMierda¡ªexclam¨® Roberto. Isaac vio la mano de su padre adoptivo alcanzar su pistola, la desenfund¨® y luego, sin perder segundos, apunt¨® al desconocido. Su reacci¨®n inmediata, al ver que el dedo ya estaba en el gatillo, fue taparse los o¨ªdos, tan fuerte como pudiera hacerlo. La balas sonaron como 3 rel¨¢mpagos consecutivos, atravesando el parabrisas como si no existiera, dejando tres claros agujeros en este con las marcas del rayo en forma de trizaduras. El cuerpo del encapuchado retrocedi¨® con cada proyectil, retorci¨¦ndose del dolor punzante, para luego caer al suelo. Roberto mir¨® hacia atr¨¢s. Isaac estaba con la cabeza gacha, ojos cerrados, o¨ªdos tapados. Enfund¨® su pistola, a¨²n caliente por los disparos, y volvi¨® a conducir el veh¨ªculo. ¡ªEsto es para mejor¡ªse dijo a s¨ª mismo Roberto. Cuando el veh¨ªculo comenz¨® a moverse nuevamente, Isaac destap¨® sus o¨ªdos y mir¨® hacia atr¨¢s. El cuerpo del asaltante estaba tirado en la calle, alej¨¢ndose para quedar olvidado en medio de la noche. Algunas luces de las casas se encendieron, probablemente por los disparos percutidos por su padre adoptivo. ¡ª?Qui¨¦n era ese?¡ªpregunt¨® Isaac. No esperaba una respuesta directa. ¡ªNo tengo idea¡ªrespondi¨® Roberto. Isaac gir¨® la vista hacia su padre adoptivo, vio sus ojos a trav¨¦s del retrovisor, Estaba completamente serio, mirando directamente a la calle para conducir, iban m¨¢s r¨¢pido que antes. ¡ªSolo s¨¦ que son el motivo por el cual debemos irnos ya. El auto se detuvo en frente de una casa que Isaac hab¨ªa visto en m¨¢s de una ocasi¨®n. Alojada en medio del cerro de la Cruz, una casa abandonada existi¨® que, para lo que le parec¨ªa a Isaac, habr¨ªa sido construida durante la guerra del salitre o antes, o cuando la ciudad a¨²n era joven. La madera era vieja y podrida, las ventanas estaban rotas y tapadas con tablones viejos y clavos oxidados. ¡ªVamos, antes de que llegue alguien m¨¢s. ?Por qu¨¦ estaban aqu¨ª? Isaac se pregunt¨®, mientras que sus pasos iban ligeros hacia la entrada de la destartalada estructura. La puerta estaba abierta y una luz era visible. desde dentro. Se escuchaba algo que parec¨ªa ser un motor dentro ?un generador? Posiblemente. Una vez dentro, la casa era un desastre de humedad, polvo y moho. Era inseguro estar dentro y respirar, se preocupaba. Pero lo que m¨¢s le llam¨® la atenci¨®n fue la luz y el generador que escuchaba sonar donde una claro agujero que quebraba al suelo y cavaba por la tierra se encontraba al medio. Se acerc¨® y vio que la excavaci¨®n era una bajada inclinada que formaba escalones en la tierra. No pod¨ªa adivinar cu¨¢nto tiempo lleva eso ah¨ª. Su padre comenz¨® a bajar por ella, no diciendo nada m¨¢s- Isaac le sigui¨® detr¨¢s de cerca. , cuidando su cabeza sobre el techo de la entrada improvisada. Al final, hab¨ªa una puerta de metal, mucho mejor preparada que la entrada por la que se acercaban. Estaba completamente cerrada. ¡ª?Escondra!¡ªgrit¨® Roberto, mientras que golpeaba la puerta con intensidad¡ª?Abre, estoy con Isaac! ¡°?Escondra? ?Ella no es¡?¡± La puerta se abri¨® lentamente, y detr¨¢s de ella apareci¨® una mujer con lentes grandes, cabello largo y morado y ojos azules. Isaac la reconoci¨®, ella era Escondra, seg¨²n ten¨ªa entendido, ella era una especie de cient¨ªfica, aunque no sab¨ªa exactamente en que. Ella sonri¨® cuando los vio. ¡ª?Isaac!¡ªexclam¨® ella, abriendo la puerta hasta al fondo y dirigi¨¦ndose a abrazarlo¡ª?Mira como has crecido! Isaac no supo c¨®mo reaccionar al abrazo, con sus brazos cayendo a sus lados y cada m¨²sculo en su cuerpo tensando. ¡ªH-hola, Escondra, tanto tiempo¡¡ªdijo, sintiendo ansiedad por la inesperada interacci¨®n f¨ªsica. ¡ªM¨ªrate, est¨¢s todo guapo. De seguro tienes varias chicas detr¨¢s tuyo en la escuela. ¡ªNo s¨¦ sobre eso¡ªIsaac evit¨® el contacto directo. Entre la verg¨¹enza que siente y el contacto no solicitado, Isaac estaba fuera de su elemento. Adem¨¢s, seg¨²n sab¨ªa, Escondra solo es unos a?os mayor que ¨¦l. ¡ªEscondra, conc¨¦ntrate¡ªinterrumpi¨® Roberto¡ª?Est¨¢ lista la m¨¢quina? Escondra form¨® un puchero en su rostro, y luego se alej¨® de Isaac. Tom¨® unos cuantos pasos de distancia y su voz agarr¨® un tono de voz m¨¢s serio. ¡ªSi, pero no la he podido estabilizar¡ usarla ahora es peligroso. ¡ªIntentaron matarnos, Escondra, no queda m¨¢s opci¨®n. Roberto avanz¨® y entr¨® en la habitaci¨®n. Isaac le sigui¨®, Escondra los observ¨® con claro rostro de preocupaci¨®n. Dentro de la habitaci¨®n hab¨ªa un escritorio con una laptop, varios papeles desparramados sobre la superficie, adem¨¢s de varios implementos de escritorio. Al lado de la mesa, sin embargo, estaba el objeto m¨¢s llamativo: una m¨¢quina con un c¨ªrculo de s¨ªmbolos y runas dibujados en el suelo con lo que Isaac cre¨ªa era tiza, un cristal blanco en el medio, y varias tuber¨ªas que hac¨ªan un semic¨ªrculo en la parte m¨¢s alejada de su forma. Lo que sea que esa m¨¢quina haga, que Isaac record¨® no est¨¢ estabilizada (lo que eso signifique), escapaba de su comprensi¨®n con solo verla. A un lado hab¨ªa un panel de control. ¡ª?Qu¨¦ es esto?¡ªpregunt¨® Isaac. ¡ª?Eso, mi querido Isaac, es mi m¨¢s grande invenci¨®n hasta la fecha!¡ªrespondi¨® Escondra, una sonrisa de orgullo se form¨® en su rostro, mientras su pecho se inflaba de esto¡ªEs una m¨¢quina que logra concentrar la poca energ¨ªa de ¨¦ter alrededor nuestro, y la amplifica para poder crear¡ ¡ª?Escondra, en serio, no hay tiempo!¡ªInterrumpi¨® Roberto¡ªNo sabemos si nos siguieron. ¡ª?Ay! ?Si ya voy!¡ªexclam¨® Escondra, visiblemente frustrada mientras que pisotea el piso con el pi¨¦. Escondra se movi¨® hacia el panel de control y comenz¨® a pulsar botones y manipular lo que sal¨ªa en la pantalla. ¡ªBien, est¨¢ apuntando a Jaztenia, pero no puedo asegurar que van a llegar all¨¢. ¡°?Jaztenia? ?Qu¨¦ es eso?¡± El nombre le parec¨ªa extra?o, la curiosidad de a poco le gana, pero se resign¨® a esperar a ver que pasa. El deseo por saber qu¨¦ es lo que la m¨¢quina, siendo manipulada por Escondra, hac¨ªa era mayor. ¡ªMejor que nada, en este punto¡ªrespondi¨® Roberto. ¡ªPues, supongo, odio esa palabra, que van a quedar cerca de la capital¡ªEscondra estaba terminando de pulsar botones. La maquina comenz¨® a hacer un sonido que indicaba que estaba encendi¨¦ndose¡ªO se genera un agujero negro y nos transformamos en spaghetti. ?Pues lo que el Creador quiera! Con esa palabra, que a Isaac le hizo sentir inc¨®modo, Escondra puls¨® un bot¨®n m¨¢s, y la m¨¢quina comenz¨® a sonar m¨¢s fuerte. El cristal en medio de la m¨¢quina empez¨® a brillar, y luego le siguieron los s¨ªmbolos en el suelo. Se sent¨ªa que el suelo estaba vibrando con fuerza, y algo de tierra ca¨ªa del techo. Isaac retrocedi¨® unos cuantos pasos, tomando distancia de la m¨¢quina, mientras que, al mirarlo, su padre ten¨ªa una sonrisa extra?a en su rostro. ¨¦l ya estaba acostumbrado a lo raro y misterioso con su padre adoptivo, pero esto ya era mucho. Fue en ese momento que el color del cristal comenz¨® a cambiar. De a poco, pas¨® de ser completamente blanco a un color azul, profundo. Luego, los s¨ªmbolos de tiza comenzaron a girar alrededor de este, como si estuvieran en una especie de ¨®rbita perfecta. Y entonces, la luz del cristal se extendi¨® y tom¨® lo que Isaac pod¨ªa entender como una forma f¨ªsica, rodeando la forma central y cubriendo por completo el c¨ªrculo del suelo. ¡ªF-Funcion¨®¡¡ªdijo repentinamente Escondra, quien tenia los ojos abiertos y sus lentes ca¨ªdos. Luego los ajust¨® y tosi¨®¡ªP-por su puesto que lo hizo¡ªse corrigi¨® a s¨ª misma¡ª ?logr¨¦ crear un portal!¡ªSu tono de voz era evidencia de su excitaci¨®n. ¡°?Eso es un portal?¡± se pregunt¨® Isaac en su cabeza. No es como se lo esperaba, parec¨ªa un domo de luz¡camin¨® hacia el fen¨®meno, observando con curiosidad y b¨²squeda de entenderlo. Nunca antes hab¨ªa visto nada como eso. Trag¨® saliva, intent¨® dar sentido de lo que observaba, su mente pensando en explicaciones l¨®gicas de lo que ve¨ªa. ?¨¦ter? ?Portales? Nada estaba teniendo sentido¡ªEn serio, ?alguien puede explicarme qu¨¦ est¨¢ pasando? ¡ªC¨®mo te he dicho todo este tiempo, Isaac¡ªRoberto se acerc¨® a Isaac y puso la mano derecho en el hombro¡ªEs m¨¢s f¨¢cil que lo veas. En ese momento, Isaac sinti¨® un fuerte empuj¨®n desde atr¨¢s, apenas alcanz¨® a gritar y se vio cayendo a la luz. Y el momento en que crey¨® que iba a caer en el suelo¡no hab¨ªa nada, pas¨® de largo. Era un vac¨ªo blanco, extra?o, un infinito sin colores. Sent¨ªa que ca¨ªa pero no al mismo tiempo. Era una sensaci¨®n contradictoria, sent¨ªa que su cuerpo iba en lo que cre¨ªa era bajada, pero al mismo tiempo no sent¨ªa la fuerza de gravedad en su cuerpo. Fue entonces que se dio cuenta que no pod¨ªa ver sus brazos ni el resto de su cuerpo, pero los sent¨ªa, percib¨ªa sus manos y brazos movi¨¦ndose. Se toc¨® el torso y lo sent¨ªa, estaba ah¨ª, pero no a su vista, estaba pero no estaba. Ca¨ªa, pero no ca¨ªa. Exist¨ªa pero no exist¨ªa. Sinti¨® de vez en cuando que su movimiento cambiaba de direcci¨®n, pero luego volv¨ªa a caer. Y luego todo se fue a negro. Capitulo 1: El ç…¤ltimo Buscador. La oscuridad hab¨ªa envuelto a Isaac. Ya no se sent¨ªa en un limbo, con sus ojos cerrados, sent¨ªa algo duro debajo suyo. Ya no estaba cayendo. Abri¨® ambos ojos, encontr¨¢ndose en un lugar totalmente en negro. Mira a su alrededor, mientras que sus ojos se ajustan a su nuevo ambiente. Lentamente su vista se ajusta a la falta de luz¡ est¨¢ en una habitaci¨®n, de a poco va reconociendo cosas que parecen muebles. El lugar era fr¨ªo, hab¨ªa un fuerte olor a humedad. Se levant¨® con cuidado. Sinti¨® su cuerpo cortado, parec¨ªa como si no lo hubiera movido por mucho tiempo, todos sus m¨²sculos se sent¨ªan tensos, como si hubiera dormido en mala posici¨®n por muchas horas. Gru?¨® mientras intentaba recuperar el control de sus partes, buscando donde sostenerse. Igualmente, sent¨ªa el est¨®mago vac¨ªo, el hambre comenzando a ganar prioridad en su mente, junto con la sensaci¨®n de tener la garganta seca. Su mano encontr¨® una superficie, pero r¨¢pidamente se arrepiente al sentir algo h¨²medo y gelatinoso en su palma cuando la posa. No pudo saber que color era, pero instintivamente la sacudi¨® para quitarse lo que haya sido aquella sustancia pegajosa. Conforme su vista se ajust¨®, not¨® que la sustancia estaba en todos lados. Era asqueroso, aunque extra?amente no ol¨ªa nada. La habitaci¨®n parec¨ªa una sala de alg¨²n tipo, con muebles que aparentaban ser asientos y mesas de madera que vieron muchos mejores tiempos en el pasado. ?Un comedor, quiz¨¢s? Igualmente, logr¨® ver lo que parec¨ªan estatuas, muchas cubiertas con la sustancia y sus figuras no eran distinguibles m¨¢s all¨¢ de tener forma humana. Pero apenas lograba ver nada mientras que sus ojos ve¨ªan todo de color ¡®gris propio¡¯, mas que nada reconoc¨ªa figuras y una masa rara en ellas. Tom¨® su tel¨¦fono de su bolsillo, la linterna iba a ayudarle a ver en la oscuridad. Sin embargo, cuando intent¨® desbloquearlo descubri¨® que no se encend¨ªa. ¡ªQue raro¡ recuerdo haberlo cargado durante la noche¡ªcoment¨® mir¨¢ndolo con curiosidad. Volvi¨® a guardarlo en su bolsillo. Mir¨® a su alrededor, sus ojos explorando la oscuridad que lo envolv¨ªa, buscando una salida o algo. Entonces not¨® una puerta grande, no cubierta por la sustancia. Camin¨® hacia ella, con cuidado de no golpear nada en el paso. Sinti¨® que movi¨® algunas cosas con los pies mientras avanzaba, pero no logr¨® reconocer todo. Algunas cosas parec¨ªan jarros, otros platos met¨¢licos. ¡ª?D¨®nde demonios estoy?¡ªse pregunt¨® mientras caminaba. Alcanz¨® la puerta. Era de varios metros de altura, bastante ostentosa. Por lo que alcanzaba a ver, estaba hecha de alg¨²n material parecido a piedra o m¨¢rmol. La observ¨® con detenci¨®n, y not¨® que estaba vibrando, incluso pod¨ªa escuchar el movimiento ligero que hac¨ªa mientras zumbaba en frente suyo. Acerc¨® la mano para empujarla. Nada m¨¢s sus dedos tocaron la fr¨ªa piedra de la puerta, sus ojos se abrieron de par en par al ver una luz emerger debajo de su palma, para luego expandirse a trav¨¦s de las ahora visibles decoraciones de la puerta. Isaac retrocedi¨®, crey¨¦ndose en peligro por un momento mientras que el brillo se expand¨ªa. Varias luces alrededor suyo se encendieron, faroles que se encendieron en orden por las paredes desde la puerta con una luz que parec¨ªa blanca, no parec¨ªa una llama normal. Gracias a eso, ahora pudo ver la sustancia en los distintos muebles de madera y piedra, era una cosa gelatinosa y negra, repulsiva a la vista. La puerta comenz¨® a abrirse lenta y ruidosamente por su cuenta. ¡ª?Qui¨¦n¡?¡ªEntonces escuch¨® una voz, de una mujer joven. Sonaba tensa, como si algo la hubiera sorprendido¡ª?C¨®mo entraste sin que yo lo sepa?¡ªmirando alrededor, Isaac no supo de d¨®nde ven¨ªa la voz. ¡ª?Qui¨¦n est¨¢ ah¨ª? ?Mu¨¦strate!¡ªgrit¨® en respuesta mientras se giraba buscando, no sabia de donde venia el origen de la voz, parec¨ªa venir de todos lados. ¡ªCorre. Lo que hiciste los despert¨®. Encu¨¦ntrame¡ªdijo entonces la voz incorp¨®rea, su tono era casi mec¨¢nico y preciso. ¡°?Despert¨®? ?Qu¨¦ cosa?¡± se pregunt¨® en su mente, hasta que mir¨® al techo de la habitaci¨®n, al fondo de esta. Tres pares de ojos enormes lo observaban, unas criaturas grotescas estaban colgando del techo, vigilando sus movimientos. Una abri¨® la boca un segundo, un sonido repulsivo escap¨® de esta con un poco de l¨ªquido similar a la masa que cubr¨ªa el lugar. Si tuviera que comparar las criaturas, parec¨ªan mantis religiosas con ojos enormes y del tama?o de un golden retriever. Eran de color verdoso, parecido al vomito. Isaac comenz¨® a retroceder hacia la puerta, lentamente, mientras que las criaturas lo observaban. No se mov¨ªan, pero manten¨ªan la distancia, movi¨¦ndose por el techo lentamente mientras que vigilaban sus movimientos. Cuid¨® sus pasos, no quer¨ªa causar que lo ataquen de pronto, pero por accidente pate¨® con la parte trasera de su pie una taza de metal, lo que acompa?¨® un ruido fuerte que hizo eco por toda la estructura de las ruinas. Las criaturas hicieron un sonido gutural fuerte e indescriptible, para luego lanzarse al suelo, cayeron varios metros, y comenzaron a correr hacia Isaac. Este, por su parte, se dio media vuelta y se dispuso a correr para ganar distancia, lo que hiso que entrara en la oscuridad al otro lado de la puerta. ¡ªSigue la luz. Te guiar¨¦ hasta mi, Buscador¡ªdijo la voz nuevamente. No muy lejos de ¨¦l, en la direcci¨®n que corr¨ªa, varias luces se encendieron, estas lo guiaban a una escalera de bajada. ¡°?Quiere que descienda?¡± Sus opciones se redujeron a explorar a ciegas en la oscuridad o seguir las indicaciones de la voz incorp¨®rea, eso si no quer¨ªa que se lo comieran. Decidi¨® seguir las luces. Sent¨ªa los gritos de las criaturas detr¨¢s suyo, gru?endo y haciendo ruidos irreconocibles mientras que arrastraban cosas detr¨¢s suyo, haciendo ruido. Se tap¨® los o¨ªdos mientras corr¨ªa, el sonido se volvi¨® insoportable. Las luces lo guiaron por unos corredores. Hab¨ªa varias puertas m¨¢s peque?as pero del mismo material que la de la sala comedor. Pero las ignor¨®. Al pasar por una intersecci¨®n, alcanz¨® a ver una criatura mantis saltar desde las sombras hacia ¨¦l, mientras que logr¨® esquivarla lanz¨¢ndose al suelo. El animal pas¨® de largo. Se levant¨® y resumi¨® la carrera. M¨¢s criaturas aparec¨ªan a su alrededor. Las luces lo guiaban. Izquierda, luego derecha. Entonces derecho, y derecha una vez m¨¢s. Las luces se encend¨ªan en frente suyo para mostrarle el camino, mientras que esquivaba a las criaturas que se cruzaban con ¨¦l. Se tropez¨®. ¡ª?Ah! ?Cuidado!¡ªalcanz¨® a escuchar la voz incorp¨®rea, repentinamente tomando un tono menos mec¨¢nico. Isaac sinti¨® un golpe al costado que lo hizo girar y quedar mirando al techo. Una de las mantis se pos¨® encima suyo y grit¨® en su rostro. ¨¦l, habilidosamente, coloc¨® su mano en el cuello de la criatura y la empuj¨®, por lo que esta cay¨® hacia el lado con el impulso de sus manos. Se par¨® y la criatura se abalanz¨® sobre ¨¦l, pero Isaac respondi¨® con una patada al costado de su cabeza. El cuerpo de la criatura fue asediado por la velocidad de su propio salto y el impacto del golpe que recibi¨®, por lo que vol¨® un par de metros y qued¨® tendida en el suelo, teniendo problemas para levantarse. Gritos que parec¨ªan de dolor sal¨ªan de su boca. ¨¦l se dispuso a resumir su carrera. ¡ªEst¨¢s cerca. ?La siguiente a la derecha!¡ªgrit¨® la voz incorp¨®rea. Isaac sigui¨® las indicaciones, con las luces en frente suyo. Una puerta al fondo se encendi¨® como la primera, y comenz¨® a abrirse de forma lenta. Sab¨ªa que deb¨ªa entrar a ella. A¨²n pod¨ªa escuchar las criaturas detr¨¢s suyo, gritando, esta vez estaban algo m¨¢s cerca. Aument¨® la velocidad de su carrera, la adrenalina le ayud¨® a alcanzar una velocidad m¨¢s r¨¢pida. Cuando se acerc¨® a la puerta, esta comenz¨® a cerrarse. Se prepar¨® para saltar hacia el interior cuando sinti¨® un empuj¨®n en la espalda, que fue suficiente para llevarlo dentro de la habitaci¨®n con lo que sea que lo haya empujado. La puerta se cerr¨® detr¨¢s suyo. Levant¨® la vista y una de las mantises gir¨® sobre su cuerpo unos pocos metros frente suyo, levant¨¢ndose r¨¢pidamente. ¡ª?E-esa cosa no debe estar aqu¨ª! ?M¨¢tala, r¨¢pido!¡ªgrit¨® la voz incorp¨®rea. Ahora se escuch¨® mucho m¨¢s cerca y su tono claramente muy ansioso. Isaac y la criatura se levantaron r¨¢pidamente. Se miraron por un par de segundos. La mantis comenz¨® a moverse hacia los lados, sus ojos nunca se despegaron de su presa, haciendo un c¨ªrculo alrededor suyo. ¡ªVenga, pedazo de mierda¡ Si quieres comerme, mejor que te asegures de matarme de un golpe¡ªamenaz¨® Isaac, coloc¨¢ndose en posici¨®n defensiva, un brazo al frente, uno al costado, pu?os en sus manos. Las piernas igual, reduciendo un poco su altura. Comenz¨® a girar al igual que la mantis, sus movimientos precisos para mantener su equilibrio en cualquier momento que deba atacar, sus brazos est¨¢ticos, nunca dejando sus posiciones. La mantis se abalanz¨®, Isaac pate¨® su cabeza. Aplic¨® m¨¢s fuerza que la patada anterior, logrando que la mantis fuera a dar contra una estanter¨ªa que estaba al lado. Al golpearla, cayeron distintos objetos, entre ellos alcanz¨® a ver un sable. La mantis hiso un gru?ido que parec¨ªa ser de queja, para luego retorcerse del dolor. Isaac no se preocup¨® del estado del sable, lo agarr¨®, e inmediatamente lo enterr¨® en la cabeza de la mantis. La criatura se retorci¨® una vez m¨¢s, su cuerpo entero se estir¨® al sentir el sable entrando por lo que ser¨ªa su cr¨¢neo, para luego dejar de moverse. Se qued¨® mirando la criatura, muerta. Mir¨® a su alrededor¡ ya no estaba en peligro, o eso parec¨ªa. Era la ¨²nica criatura que lo sigui¨® adentro. Cay¨® en sus rodillas, respirando r¨¢pidamente y de forma pesada. Sinti¨® n¨¢useas, se tap¨® la boca hasta que no pudo m¨¢s, todo su cuerpo se movi¨® para que vomitar. Pero solo sali¨® saliva y l¨ªquido transparente de su boca, su est¨®mago estaba vac¨ªo, recordando que sinti¨® hambre hace poco. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ª?Mierda, mierda, mierda!¡ªgrit¨®, aferr¨¢ndose del sable para intentar pararse una vez not¨® que ya no quer¨ªa seguir vomitando. Se dio cuenta que estaba temblando. Cuando se par¨®, sacudi¨® la cabeza. Sinti¨® su frente con su mano, estaba sudando a mares. Ya hab¨ªa peleado antes, pero nunca a muerte como lo hizo ahora. Aunque no es la primera vez que est¨¢ cerca de la muerte, la situaci¨®n entera pudo con ¨¦l. Respir¨® hondo, cerr¨® los ojos, busc¨® que su cuerpo se relajara. ¡ª?D¨®nde est¨¢s?¡ªdijo una vez que pudo recomponer parte de su cordura. Mir¨® a la habitaci¨®n. Era una sala extra?a. En medio, hab¨ªa un pedestal que estaba frente a lo que parec¨ªa una especie de plataforma que decoraba el centro de la habitaci¨®n. La sala era circular, rodeada de estanter¨ªas con objetos variados, como armas y decoraciones variadas. Estaba casi todo a oscuras, pero no hab¨ªa rastros de la sustancia que vio en los pasillos. En el techo, hab¨ªa un cristal enorme. Su color era morado y la punta apuntaba al medio del cuarto. Hab¨ªa una puerta secundaria, la cual estaba tambi¨¦n cerrada. ¡ªAc¨¦rcate al pedestal, Buscador¡ªdijo la voz. ¡°Es la segunda vez que me llama as¨ª¡± pens¨® Isaac. Alcanz¨® a escucharla llamarle ¡®Buscador¡¯ mientras corr¨ªa de las criaturas. Parec¨ªa un t¨ªtulo de algo, pero no sab¨ªa de qu¨¦. Camin¨® hasta el pedestal, buscando la fuente de la voz con la mirada. No hab¨ªa nadie excepto ¨¦l y el cuerpo de la mantis mutante. Frunci¨® el ce?o y gru?¨®¡ªen serio¡ no estoy para bromas. ¡ªEstoy aqu¨ª, Buscador¡ªdijo nuevamente la voz. Fue en ese momento, cuando Isaac se par¨® frente al pedestal, que el cristal se ilumin¨®. Un brillo morado comenz¨® a emanar de este, ba?¨¢ndolo a ¨¦l y al resto de la habitaci¨®n. Mir¨® entonces a la plataforma, que comenz¨® a iluminarse tambi¨¦n del mismo color. Sus ojos se abrieron m¨¢s para no perder ning¨²n detalle. ¡ªSaludos, Buscador. Me llamo Helena, soy la gu¨ªa de los Buscadores¡ªdijo. Su voz nuevamente rob¨®tica y meticulosa, contrastando con el tono de una mujer joven. ¡ª?Eres el cristal¡?¡ªpregunt¨®, confundido. Las cosas ya estaban sali¨¦ndose de control alrededor suyo, pero un cristal que habla ya era demasiado. ¡ªSi, y no, al mismo tiempo. Estoy dentro del cristal¡ªrespondi¨® Helena. Isaac gru?¨®. Por un momento pens¨® que estaba alucinando todo lo que hab¨ªa ocurrido en los ¨²ltimos minutos. Una pesadilla desagradable y maldita de la cual pronto despertar¨¢. Sacudi¨® su cabeza. ¡ªDebo estar volvi¨¦ndome loco¡ ¡ªNoto escepticismo en tus palabras. Intentar¨¦ aclarar tus dudas, pero no tenemos mucho tiempo. Necesito asignarle un trabajo especial de urgencia m¨¢xima. Por favor, coloca tu s¨ªmbolo en el pedestal para poder iniciar el protocolo. ¡ª?S¨ªmbolo? ¡ªSi. Se encuentra en tu bolsillo. Espec¨ªficamente el derecho de tu pantal¨®n. Necesito que lo saques y coloques en el pedestal. La har¨¦ brillar para que la reconozcas. Isaac meti¨® su mano en el bolsillo derecho de su pantal¨®n. Estaban sus llaves. Las sac¨® mientras que se preguntaba cu¨¢l ser¨ªa el s¨ªmbolo en cuesti¨®n. Cuando los vio, uno de los colgantes estaba brillando en un leve tono azul. Trag¨® saliva al verlo, era el del ojo cerrado con la luna detr¨¢s. Abri¨® la boca para hablar, pero ninguna palabra sali¨®. Ese s¨ªmbolo lo ten¨ªa desde hace a?os, hasta donde sab¨ªa de antes que sus padres fallecieron. Coloc¨® el llavero. Al colocarlo, el pedestal brill¨® del mismo tono morado que el cristal. Isaac instintivamente retrocedi¨® un par de pasos, pero se qued¨® mirando. Una imagen apareci¨® en frente suyo, parec¨ªa una pantalla. Palabras escritas con letras que no pod¨ªa reconocer, pero que se le hac¨ªan familiares, aparecieron en pantalla. No pod¨ªa entender nada. Sin embargo, supuso que las palabras de Helena eran lo mismo que ve¨ªa. ¡ªNombre: Isaac. Nivel de Buscador: Aprendiz. Ciudad de origen: Informaci¨®n corrompida. Gu¨ªa: Informaci¨®n corrompida. ¨²ltimo ingreso hace 15 ciclos. Habilidades registradas para su entrenamiento: Magia Elemental, Supervivencia, Deducci¨®n y An¨¢lisis. Talentos descubiertos por el s¨ªmbolo: Adaptabilidad, Resiliencia. Por favor, no quites el s¨ªmbolo, necesito hacer unos an¨¢lisis. Isaac observa con atenci¨®n la pantalla. Las letras a¨²n parec¨ªan familiares, como si las hubiese visto en otro lugar antes de esa habitaci¨®n. Se pregunt¨® qu¨¦ era lo que ve¨ªa, que era Helena espec¨ªficamente. Despu¨¦s de un momento de silencio, ella volvi¨® a hablar.. ¡ªParte de la informaci¨®n de cuando fuiste registrado como Buscador aprendiz hace varios ciclos se ha visto afectado por las criaturas que te sacaron. La masa que viste, de la cual ellos nacen, la he designado como ¡®Corrupci¨®n¡¯, y es la responsable que parte de mis registros se hayan da?ado. No puedo acceder a qui¨¦n deb¨ªa entrenarte y de donde vienes. Pero la memoria de tu s¨ªmbolo me indica muchas cosas: vienes de un mundo no registrado en el Cruce, llamado Tierra, y fuiste a dar en esta sede luego de ser enviado por un portal creado por Escondra. El qu¨¦ te hizo aparecer dentro de aqu¨ª es un misterio para m¨ª. Es una extra?a coincidencia. ¡ªUn momento¡ ?Qu¨¦ est¨¢s insinuando?¡ªpregunt¨® Isaac, confundido ante la cantidad de informaci¨®n que acababa de lanzarle Helena. Una cosa le qued¨® pegada en la mente¡ª?Mundo? ?Qu¨¦? ?Acaso fui transportado a otro mundo? ¡ªEse parece ser el caso, Isaac. Sin embargo, el portal al que te mandaron estaba apuntando a Jaztenia. La ciudad de esta sede, Manantial Merino, est¨¢ a semanas de viaje. Qu¨¦ caus¨® que quedes tan lejos y adem¨¢s dentro de este edificio escapa de mi entendimiento. Es demasiada coincidencia, considerando la situaci¨®n. Isaac sacudi¨® la cabeza. Segu¨ªa confundido. Mir¨® el s¨ªmbolo, estaba brillando a¨²n. Luego al cristal nuevamente. Pos¨® ambas manos en el pedestal. Estaba estresado, intent¨® procesar todo lo que el cristal le decia ¡ªMuy bien, digamos que creo lo que dices. ?C¨®mo salgo de aqu¨ª? ¡ªPuedo guiarte a la salida, pero antes de eso, debo darte una decisi¨®n. Llevan m¨¢s de 10 ciclos desde que un Buscador pis¨® alguna de las sedes y estoy desconectada del mundo exterior. Aunque eres del nivel Aprendiz, no queda otra opci¨®n m¨¢s que activar uno de los 2 protocolos y la opci¨®n cae sobre ti. No tenemos mucho tiempo para explicarte todo, pero¡ Te declaro el ¨²ltimo Buscador con vida Varias pantallas aparecieron en la plataforma. Isaac no pod¨ªa dejar de pensar que estaba frente a una m¨¢quina. ¡ª?Qu¨¦ eres? ¡ªBas¨¢ndome en la memoria de tu s¨ªmbolo, para no hacer una explicaci¨®n m¨¢s larga, puedes considerarme una forma m¨¢s compleja de lo que conocen en tu mundo como Inteligencia Artificial, pero yo nac¨ª de la magia y tengo mi propia identidad y personalidad. ¡°?Magia? Es broma, ?cierto?¡± pens¨® Isaac, pero Helena continu¨® hablando antes de que ¨¦l pudiera decir algo m¨¢s. ¡ªVolviendo al tema¡ªprosigui¨® Helena¡ª, necesito pedirte que por favor te vuelvas mi guardi¨¢n hasta que sea seguro y los Buscadores vuelvan a formarse. Ir¨¦ contigo en el s¨ªmbolo que tienes, a cambio, te dar¨¦ la informaci¨®n que tengo que te servir¨¢ para sobrevivir en este mundo que te es desconocido. En caso contrario¡¡ªUna pausa se form¨®¡ªTendr¨ªa que hacer algo dr¨¢stico¡ algo que no quiero. Nuevamente, el tono rob¨®tico y met¨®dico de Helena desapareci¨® cuando dijo esas palabras. Por alg¨²n motivo, Isaac lo entendi¨®, su voz parec¨ªa quebrarse cuando habl¨® de la alternativa¡ ¡°se borrar¨ªa a s¨ª misma¡± se dijo en su mente. Adem¨¢s, era extra?o. Ella manten¨ªa un tono bien claro, conciso y bien met¨®dico, pero cuando alguna emoci¨®n se pon¨ªa en medio, o lo que cre¨ªa emoci¨®n, su voz cambiaba y perd¨ªa esa parte. No era una Inteligencia Artificial¡ se sent¨ªa muy real. Parec¨ªa ser completamente humana. Apret¨® los dedos a los bordes del pedestal. Nuevamente algo que no pudo ver venir se forz¨® en su vida como tantas veces lo hab¨ªa hecho desde la muerte de sus padres. Su cambio de vida, sus entrenamientos, los momentos en los que casi muri¨® hace unos a?os sobreviviendo en la naturaleza. Odiaba eso, se sent¨ªa acorralado constantemente tomando opciones sin poder considerarlas bien. Esta vez se sent¨ªa diferente, pero al mismo tiempo sabia que solo una opci¨®n le iba a dar mayores opciones de sobrevivir. ¡ªNecesito tu decisi¨®n, Isaac. Puedo explicarte todo en cuanto salgamos de la sede y estemos a salvo. ¡°Pues pareciera que ya sabes cual tomar¨¦¡± pens¨® al darse cuenta que ella hablaba como si ya estuviera hecha la decisi¨®n de llevarla, pero ¨¦l ya cre¨ªa que sab¨ªa el porqu¨¦. Era algo que tanto Dan, Nadia e incluso su propio padre adoptivo sol¨ªan decirle constantemente que deb¨ªa tener cuidado. Es el mismo motivo por el cual decidi¨® ayudar a Dan y a alguien m¨¢s a?os atr¨¢s. "Soy un puto imb¨¦cil" lo dijo en sus propias palabras. Entonces escuch¨® un golpe en la puerta por la que entr¨®. Mir¨® hacia atr¨¢s. ¡°Est¨¢n buscando entrar¡± ¡ªMuy bien, Helena. Ser¨¦ tu guardi¨¢n. Pero cumple tu lado del trato, necesito saber a que me enfrento ah¨ª fuera si realmente viaj¨¦ a otro mundo. Hubo una pausa. Para lo que una figura apareci¨® en frente de Isaac, en medio de la plataforma. Era una mujer, blusa blanca con p¨²rpura, pantalones cortos y una boina del mismo color. Su cabello era largo y de color Avellana. No parec¨ªa mayor que ¨¦l. Sus ojos eran azules y lo miraban con una sonrisa dulce. ¡ªGracias por tomar esa decisi¨®n, Buscador¡ªdijo ella¡ªActivar¨¦ el protocolo ¡®Proteger la Antorcha¡¯. Tomar¨¢ unos minutos y no podr¨¦ hablar contigo hasta que termine. Solo aseg¨²rate de mantenernos a salvo a ambos, ?si? La sonrisa de Helena se hizo m¨¢s pronunciada. Parec¨ªa una de agradecimiento, feliz que ¨¦l haya decidido protegerla. Isaac trag¨® saliva al verla, pero entonces ella desapareci¨® y las luces se apagaron. Suplic¨® en su mente no estar cometiendo un error al querer ayudarla. El pedestal comenz¨® a brillar en un tono p¨²rpura fuerte. Desde el cristal, comenz¨® a caer un hilo que lleg¨® al medio de la plataforma y luego se derramaba como si fuera agua hacia los lados hasta llegar al borde, para despu¨¦s dirigirse hacia el pedestal y sub¨ªa hasta el s¨ªmbolo, a¨²n conectado con las llaves. Este ¨²ltimo comenz¨® a brillar ahora del color de Helena. Isaac se dirigi¨® a la puerta, y dej¨® que Helena se dedicara a lo suyo. Mejor no met¨ªa mano, decidi¨®, o pod¨ªa causar alg¨²n problema. Por su parte, quer¨ªa asegurar la entrada por la cual ven¨ªan las criaturas. Dej¨® caer una de las estanter¨ªas frente a la puerta y luego, con todas sus fuerzas que le quedaban, la empuj¨® hacia la entrada para que haga tope. A¨²n si eso no los deten¨ªa, al menos les dar¨ªa tiempo y estar¨ªan seguros por lo que necesiten. Se sent¨® en el estante, d¨¢ndole la espalda a la puerta, y suspir¨®. Su cuerpo ya estaba agotado de correr y pelear junto con la falta de comida y agua. ¨¦l ya estaba acostumbrado a no alimentarse por un tiempo, pero igualmente la consecuencia era no tener tanta energ¨ªa como le gustar¨ªa para poder realizar todo lo que necesite. Solo deb¨ªa aguantar un poco m¨¢s, pens¨®, si lograba salir con vida de esas ruinas, buscar¨ªa comida r¨¢pidamente. ¡ª?Cu¨¢nto tiempo llevo sin comer... o agua?¡ªse pregunt¨® a si mismo. Sent¨ªa un hambre que sol¨ªa notar cuando ya llevaba unos d¨ªas sin alimentarse. ?No deber¨ªa sentirse mucho m¨¢s deshidratado? Su sed solo parec¨ªa de unas horas a 1 d¨ªa seg¨²n estaba acostumbrado. Algo no concordaba. Pero su calma se acab¨® cuando escuch¨® un sonido de algo l¨ªquido que cay¨® a sus espaldas. Luego otro¡ y otra vez. Lentamente mir¨® hacia atr¨¢s. Hab¨ªa algo de la sustancia de la Corrupci¨®n, o como Helena lo llam¨®, en el estante, a unos cent¨ªmetros de ¨¦l. ¡ªEso no estaba ah¨ª cuando¡¡ªdijo, para luego mirar al techo y pararse. Apret¨® los dientes y sus ojos se abrieron por completo. La sustancia negra estaba entrando por arriba de la puerta, usando la min¨²scula separaci¨®n que hab¨ªa ah¨ª. Lentamente form¨¢ndose una masa de ella en el techo. Entonces cay¨® sobre el estante de golpe, haciendo un sonido asqueroso al golpear la madera y el suelo. Isaac tom¨® distancia, un pie tras otro se movi¨® hacia atr¨¢s, observando la masa y deteni¨¦ndose a unos metros. Adopt¨® una posici¨®n defensiva, mientras observaba con atenci¨®n el l¨ªquido viscoso. No entend¨ªa por qu¨¦, pero un escalofr¨ªo pas¨® por su espalda y una gota de sudor recorri¨® su rostro. Algo malo estaba a punto de pasar. La masa de Corrupci¨®n comenz¨® a moverse y a levantarse, lentamente tomando forma. Se contorne¨® y movi¨® en distintas direcciones, lentamente volvi¨¦ndose verde. Cuatro ojos grandes se formaron, Cuatro garras aparecieron al frente¡ hasta que 2 mantises se formaron al frente de Isaac, y lo miraban fijamente. ¡ªMaldigo a lo que me haya puesto en esta situaci¨®n. Capitulo 2: Las ruinas Los cuerpos de las criaturas que lograron entrar a la habitaci¨®n regaban la sala de Helena. Algunas ten¨ªan armas enterradas, a otras logr¨® aplastar su cabeza para que muriesen, hab¨ªa al menos una docena. ¨¦l, por su parte, estaba sentado en el suelo apoyado en el pedestal, agarrando su brazo izquierdo, el cual sangraba por una herida que la ¨²ltima mantis logr¨® causarle. Su manga estaba manchada de rojo. Ya estaba cansado, lo ¨²nico que le ayud¨® fue que entraron de a pares y les tomaba un tiempo lograr penetrar en el cuarto. Apret¨® su herida, quer¨ªa detener el sangrado. Pod¨ªa mover la mano y el resto de su extremidad, as¨ª que no debi¨® darle a ning¨²n nervio importante. Su respiraci¨®n estaba pesada, exhausto de tanto ejercicio sin alimentarse ni beber agua y el dolor en su brazo. Cada vez que se exig¨ªa un poco m¨¢s, m¨¢s peligro corr¨ªa de quedarse vac¨ªo. Hizo el esfuerzo de levantarse, no quer¨ªa que lo pillaran sentado. Se aferr¨® al pedestal para ponerse de pie, quej¨¢ndose del dolor en su brazo mientras se mov¨ªa. ¡ªSi esto fuera como los animes que Dan me recomendaba¡ ser¨ªa muy poderoso, ?no?¡ªse dijo a s¨ª mismo. Quiz¨¢s deb¨ªa estar agradecido de que Roberto lo hizo pasar por todo ese infierno mientras creci¨®, ya hubiera muerto o vuelto loco de todo lo que est¨¢ pasando, y sab¨ªa que a¨²n le esperaban m¨¢s cosas. Fue entonces que la luz que emanaba del cristal lentamente comenz¨® a apagarse y el l¨ªquido morado (o que parec¨ªa ser uno) dejaba de salir de la estructura central hasta llegar al s¨ªmbolo. No se hab¨ªa dado cuenta que la pieza de su llavero ahora brillaba del mismo color, ya no azul. ?Habr¨¢ terminado ya? Entonces, Helena aparece en frente del cristal, sonriendo satisfecha. ¡ª?Bien! Estoy lista¡¡ªsu rostro cambia de tener una sonrisa a clara preocupaci¨®n al ver el estado de Isaac. Coloc¨® su mano en su boca¡ª?Por el Creador! ?Isaac! ?Est¨¢s bien? ¡ªHe tenido peores heridas¡ªdijo, aunque no era del todo mentira, no quer¨ªa demostrar que sent¨ªa dolor. Una sonrisa con la boca cerrada se form¨® en su rostro, intentando parecer calmado. ¡ª?No te hagas el duro conmigo!¡ªrespondi¨® Helena, acerc¨¢ndose para mirar su herida. Isaac refunfu?¨® un momento, pero sac¨® la mano para mostrarle el brazo. La f¨¢brica de su chaleco y polera estaban cortados de manera casi quir¨²rgica, y estaba manchada de su sangre. ¡ªBien, al menos parece que el sangrado se detuvo¡¡ªdijo, un tono de duda se not¨® en su voz mientras la observaba. Isaac mir¨® la herida, sorprendido. En efecto, el sangrado se hab¨ªa detenido, lo cual no ten¨ªa sentido por la forma de la herida. Por la cantidad de sangre, estaba seguro que necesitar¨ªa unos puntos, pero pareciera que ya no ser¨¢ necesario. ¡ªEn ese caso, deber¨ªamos movernos¡ ?est¨¢s lista? No quiero seguir en este lugar¡ªdijo Isaac. ¡ªSi¡¡ªHelena segu¨ªa mirando la herida, tambi¨¦n parec¨ªa dudar el c¨®mo el sangrado se detuvo tan f¨¢cilmente. ¨¦l no la culpaba, estaba preguntando por lo mismo. Se ha hecho heridas similares en el pasado, muchas veces termin¨® visitando un m¨¦dico para que le hicieran una sutura. ¡ªVamos por la otra puerta, hay una ruta que podemos tomar por ah¨ª. Isaac tom¨® el llavero y lo colg¨® de su cintur¨®n est¨¢ vez, y se movi¨® a la puerta, Helena comenz¨® a flotar al lado suyo, siguiendo sus pasos. Not¨® 2 cosas sobre ella: una era que pod¨ªa ver a trav¨¦s de su cuerpo, era semi transparente, la otra que las luces de la habitaci¨®n estaban apagadas, pero ella estaba brillando e iluminando sus alrededores. Intent¨® tocarla, para saciar su curiosidad, su mano la atraves¨®. ¡ª?Qu¨¦ est¨¢s haciendo?¡ªpregunt¨® ella. ¡ªAh, quer¨ªa saber si eras real¡ ¡ªObvio que soy real, pero lo que ves es una proyecci¨®n del s¨ªmbolo. Estoy ah¨ª adentro¡ªdijo frustrada, y apunt¨® al llavero en la cadera de Isaac¡ªAcercalo a la puerta, no puedo controlar nada en la sede sin estar en el cristal, pero puedo abrirlas si las toco. Isaac coloc¨® el s¨ªmbolo en la puerta. Esta se ilumin¨® igual que las anteriores y comenz¨® a abrirse. R¨¢pidamente pasaron por ella mientras que pon¨ªa el llanero devuelta a su lugar. Esta se mantuvo abierta. El pasillo detr¨¢s mostraba el mismo ambiente asqueroso y pegajoso que el resto de pasajes por los que pas¨® antes de conocer a Helena. Era desagradable. Un fuerte hedor h¨²medo permeaba el lugar, pero no parec¨ªa venir de la masa de Corrupci¨®n. Caminaron por varios minutos, Helena era quien daba direcciones por donde ir, explic¨® que algunas rutas estaban bloqueadas por la sustancia negra o simplemente se derrumbaron, as¨ª que tomaron una ruta alternativa. En m¨¢s de una ocasi¨®n tuvo el impulso de acercarse a oler la sustancia mientras caminaban por los corredores, pero era inodora. ¡ª?Piensas meter tu nariz en todo?¡ªdijo ella, su rostro lo miraba con disgusto. ¡ªSolo lo hago de curioso¡ no huele a nada. ¡ªNo necesito saber a qu¨¦ huele¡ ¡ª?Siquiera puedes oler? ¡ª?Ese no es el punto! Mientras m¨¢s interactuaba con Helena, menos cre¨ªa que la comparativa con una IA era la correcta. Ella parec¨ªa ser una persona normal y corriente cada vez que pasaban los segundos. Al comienzo hablaba como si fuera una m¨¢quina, su voz era completamente mec¨¢nica y met¨®dica, ahora no. O quiz¨¢s deb¨ªa tomar m¨¢s en serio la segunda mitad de su explicaci¨®n, es mucho m¨¢s compleja que una simple Inteligencia Artificial. Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings. Conforme continuaron su camino a trav¨¦s de los pasillos, no dejaba de observar su expresi¨®n conforme caminaban. Notaba tristeza en ella mientras miraba el estado del edificio. Ten¨ªa una mano puesta contra su pecho en forma de pu?o, como si estuviera sujetando algo cerca de su coraz¨®n. Su mirada observaba todo, y segu¨ªa objetos que no estaban ah¨ª, como una memoria lejana que se manifestaba frente suyo. ¡ª?Quienes eran los Buscadores?¡ªpregunt¨® repentinamente Isaac. ¡ª?Ah?¡ªreaccion¨® sorprendida Helena, para luego fijarse directamente en Isaac¡ªEhh¡ eran una organizaci¨®n de aventureros, por as¨ª decirlo¡ se dedicaban a explorar y descubrir misterios, a veces incluso ayudaban en pueblos y ciudades, especialmente aquellos que viajaban. Estos pasillos siempre ten¨ªan a m¨¢s de alg¨²n Buscador venir a descansar y a registrar sus descubrimientos¡ Debajo de la masa negra, la mayor¨ªa de las habitaciones parec¨ªan librer¨ªas y estanter¨ªas con objetos, libros y artefactos varios que vieron mejores d¨ªas. Algunos parec¨ªan haber sido mordidos o lentamente deteriorados por la Corrupci¨®n, partes faltantes, cuchillos que les faltan trozos. En el camino tom¨® uno de los libros, las p¨¢ginas o faltaban o estaban ennegrecidas. Las estanter¨ªas no parec¨ªan haber sido da?adas por la masa, el da?o era en los objetos y libros que estaban ah¨ª. ¡ªQue raro¡ no nos hemos topados con esas cosas¡ªapunt¨® Isaac. Ning¨²n ruido m¨¢s que sus propios pases, los pasillos estaban silenciosos. Sus pasos se aceleraron un poco m¨¢s. ¡ªSi¡ no hab¨ªa muchas por ah¨ª¡ pero no creo que las hayas matado a todas. ¡ª?Sabes cuantas hab¨ªa? Helena asiente mirando a Isaac¡ªSi, cuando estaba en el cristal, tenia vista completa del edificio entero. Helena parec¨ªa ser como una diosa que tenia poder dentro de estos muros que ahora no almacenaban m¨¢s que la porqueria que sea esta Corrupci¨®n. Pod¨ªa ver todo, eso quiere decir que vio el c¨®mo lentamente se ve¨ªan consumidos los pasillos y cuartos, y quiz¨¢s no pudo hacer nada al respecto¡ ?cierto? Igualmente, era preocupante su situaci¨®n. Nada m¨¢s llegar tuvo que arrancar de las mantises que lo atacaron, ahora ninguna aparec¨ªa en ning¨²n lugar. Estaba todo muy tranquilo, demasiado para su gusto. Era como si algo estuviera respirando en su espalda y desapareciera cuando miraba atr¨¢s. Aceler¨® su paso. Sus pasos ahora hac¨ªan eco a trav¨¦s de los muros vac¨ªos. Encontraron una escalera y comenzaron a subir, cuando se vio perseguido momentos atr¨¢s, Isaac no hab¨ªa notado cuanto descendi¨®. Fueron muchos escalones, subiendo en c¨ªrculos en una escalera en espiral. ¡ª?Cu¨¢nta gente hab¨ªa en los Buscadores? Estas ruinas son enormes. ¡ª?No les digas ruinas!¡ªHelena cruz¨® los brazos debajo de su pecho mientras miraba a Isaac con clara frustraci¨®n, flotando cerca de ¨¦l¡ªY es as¨ª ya que se almacenan gran cantidad de libros, archivos y artefactos m¨¢gicos. Marbos III no sab¨ªa que tanto espacio iba a necesitar, as¨ª que cuando logr¨® conseguir los fondos para la primera sala en Jaztenia, busc¨® que sea tan espaciosa como el dinero lo permita. El resto fue lo mismo¡ªmir¨® hacia el frente nuevamente, sus brazos a¨²n estaban cruzados, cerrando los ojos con indignaci¨®n¡ªY no cualquier persona puede ser Buscador, deb¨ªas pasar por una serie de pruebas o ser descendiente de alguno, e incluso ah¨ª hay exigencias, as¨ª que no es como que las salas fueron construidas pensando en cu¨¢ntas personas estar¨ªan dentro de estas. Isaac se detuvo un segundo cuando Helena le grit¨®. No esperaba esa reacci¨®n, pero le di¨® a entender lo mucho que a ella le importa este lugar y lo que representa. Eso es algo que pudo comprender, perder algo cercano a uno. Iba a cuidar sus palabras sobre la sede, pero no pod¨ªa negar lo que eran, ruinas. Lo que haya estado ah¨ª, que ella sostuvo muy fuerte en su coraz¨®n, ya no est¨¢, y eso causa dolor. Uno dif¨ªcil de aceptar. ¡ªPor aqu¨ª¡ªdijo Helena, dirigi¨¦ndose a la primera salida que encontraron de las escaleras. De alguna forma, sus ropas se mov¨ªan como si hubiera resistencia del viento. Su tono de voz era m¨¢s suave, let¨¢rgico¡ª, al final del pasillo est¨¢ la sala de entrada, ah¨ª podremos salir. El piso al que llegaron era un ambiente distinto. No encontr¨® estantes con objetos devorados, aunque la corrupci¨®n si estaba en todos lados. Algunos libros decoraban el pasillo pero eran m¨¢s peque?os. Escritos en el mismo idioma que no pod¨ªa leer, y eso si es que no los cubr¨ªa la masa negra. Estaban puestos de frente, en lugar del lomo a la vista. En el pasado, los buscadores recibieron visitas en ese piso, supuso. Por una puerta pudo ver lo que parec¨ªa una oficina. Mientras caminaban por el pasillo, Helena no dejaba de mirar el piso, su mano segu¨ªa en su pecho, donde estar¨ªa su coraz¨®n¡ä, si es que tuviera uno. ¡°No lo tiene¡ ?cierto?¡± se pregunt¨® Isaac mientras la ve¨ªa. Llegaron al final del pasillo, otra puerta de piedra grande les deten¨ªa el paso. Esta ten¨ªa decoraciones m¨¢s pronunciadas, parec¨ªan de oro. ¡ªEs esta, ?no?¡ªpregunt¨® Isaac. Helena asinti¨® mirando la puerta con pena. Y cuando vio que Isaac tom¨® el llavero nuevamente para abrir la puerta, le habl¨® nuevamente. ¡ªPiensas reconstruir a los Buscadores, ?cierto? Isaac se detuvo ante su pregunta. La mir¨® con el llavero en su mano, agarrado desde la cadena del s¨ªmbolo. No hab¨ªa considerado cu¨¢l era su parte en el protocolo que lo posicion¨® como guardi¨¢n de Helena. ?Deb¨ªa hacerlo? ?Siquiera quer¨ªa? ¡ª?Es eso parte del protocolo? ¡ªEhh¡¡ªHelena tom¨® una pausa para contestar, mirando hacia un lado aleatorio¡ªNo, no lo es¡ solo dice que debes protegerme a m¨ª y la memoria que llevo. Isaac no pregunt¨® realmente qu¨¦ deb¨ªa hacer. Memoria, los recuerdos de Helena. ?Eran cosa sentimental? ?O hab¨ªa m¨¢s? S¨ª acept¨® protegerla, m¨¢s que nada para poder asegurarse salir y tener informaci¨®n del mundo donde se encontraba, pero no quer¨ªa tomar responsabilidades tan grandes, no con todo lo que le estaba pasando. ¡ªPero preferir¨ªa que lo hicieras¡ ¡ªNo puedo prometerte nada¡ªafirm¨®, mirando a Helena a los ojos¡ªDeber¨ªas buscar a alguien m¨¢s. Helena lo mir¨® con desdicha. Por un momento alcanz¨® a notar ira, luego derrota, despu¨¦s, tristeza¡ªEntiendo¡¡ªdijo, girando a la puerta. Su expresi¨®n se volvi¨® plana en ese momento. Aunque se pod¨ªa notar que estaba rendida. Isaac suspir¨®. No ten¨ªa sentido que ¨¦l tomara una obligaci¨®n de algo que no entend¨ªa o que se le forzaba. Siempre estaba a la mano de alguien m¨¢s. Toda su vida sinti¨® que todas las decisiones que ¨¦l deb¨ªa tomar, alguien m¨¢s las hac¨ªa. Fue Roberto quien lo hizo practicar artes marciales, aprender a sobrevivir en la intemperie, a tener que saber conectar informaci¨®n, aprender a tomarse el tiempo para analizar sus situaciones. Nunca fueron cosas que ¨¦l quer¨ªa hacer. Solo quer¨ªa vivir en paz bajo su propia ley. No le interesaba pelear ni buscar reconstruir una organizaci¨®n que ni si quiera sabe que hac¨ªan con exactitud, y mucho menos como funcionaban o eran sus principios. Solo quer¨ªa respuestas de qu¨¦ estaba pasando a su alrededor. Levant¨® el s¨ªmbolo y lo acerc¨® a la puerta. Esta se ilumin¨® como las anteriores. Nada fuera de lo normal. Al otro lado estaba la ¨²ltima habitaci¨®n. La mitad de la exploraci¨®n de las ruinas de los Buscadores tuvo muy poca excitaci¨®n comparada con lo que le pas¨® al llegar. No los persiguieron, no los atacaron. No tuvieron que pelear. Algo no iba bien. Y al abrirse la puerta, invit¨¢ndoles a cruzar, sus gargantas se apretaron mientras que por el rostro de Isaac corr¨ªa una gota de sudor. 4 grandes ojos, m¨¢s grandes que los de las mantis, los observaban justo al otro lado. Capitulo 3: La madre de la corrupciè´¸n Los 4 ojos que observaban a Isaac y Helena desde el otro lado de la puerta estaban fijos en ellos. Los miraba detenidamente, esperando movimiento. Entonces la criatura mostr¨® su boca, parec¨ªa humana, grande y de miles de dientes, grotesca a m¨¢s no poder, como una entrada a una caverna imposible y consumidora. El aliento era horrendo, desagradable y repulsivo mientras que hac¨ªa un ruido salido desde las profundidades m¨¢s escondidas del cosmos, era un sonido que ning¨²n humano deber¨ªa o desear¨ªa escuchar. Hizo sacudir los huesos de Isaac. Isaac se dio media vuelta y comenz¨® a correr, no iba a volverse comida de una criatura salida desde las profundidades del vac¨ªo, no de esta manera. ¡ª??Qu¨¦ es esa mierda?!¡ªpregunt¨® cuando comenz¨® a arrancar. ¡ª?Entra a tu derecha! La criatura ten¨ªa piernas que aprecian largos brazos mientras que se abr¨ªa paso a trav¨¦s de la puerta principal, empujando con sus ap¨¦ndices que se mov¨ªan de manera grotesca por las paredes y piso. No tiene 4 ojos, ten¨ªa 8. Enormes y vigilantes, parec¨ªan de un sapo, amarillentos con un centro negro deforme. Deb¨ªa tener unos 3 a 4 metros de altura y largo. Isaac sigui¨® el consejo de Helena y se meti¨® a una puerta abierta a su derecha, mientras que la criatura ganaba terreno. Dentro de la habitaci¨®n hab¨ªa una mesa, unas sillas dilapidadas, y el techo estaba ca¨ªdo, teniendo acceso al piso de arriba. La entrada no era muy grande, pero suficiente para ¨¦l. ¡ª?Sube, r¨¢pido!¡ªgrit¨® Helena apuntando a la entrada al piso de arriba. Isaac escal¨® la zona derrumbada. La criatura lleg¨® a la puerta y comenz¨® a forzar su camino, introduciendo uno de sus ap¨¦ndices y luego su cuerpo. Deb¨ªa alejarse r¨¢pido, no era seguro dejar que lo atrapara. Se movi¨® r¨¢pidamente al piso sobre la oficina. Una vez arriba, la criatura introdujo uno de sus ap¨¦ndices buscando atrapar a Isaac. No cab¨ªa por la entrada, y su brazo casi agarra el chaleco gris y una pierna de Isaac, pero este alcanz¨® a esquivar el agarre. Se dio media vuelta cuando vio que la criatura no lo pod¨ªa alcanzar. ¡ªMierda¡ ?Qu¨¦ es esa cosa? Es distinta al resto ¡ªN-no s¨¦ qu¨¦ hace tan arriba¡ ?c¨®mo lleg¨® aqu¨ª? ¡ª?Sab¨ªas de ella? Helena asiente con su rostro¡ªSi, pero no sabia que estaba aqu¨ª¡ nunca hab¨ªa subido¡y no s¨¦ c¨®mo lo logr¨®¡ªse acerc¨® al ap¨¦ndice que luchaba por agarrar algo¡ªLa llamo la Madre de la Corrupci¨®n. En su espalda lleva los huevos de los que vienen las criaturas que viste antes. ¡ªCre¨ªa que nac¨ªan de la masa. ¡ªSi, pero ella parece traerlas¡ la vi cuando lleg¨® al edificio, no tengo idea c¨®mo entr¨®¡ ha crecido bastante en los ¨²ltimos a?os, y nunca la he visto salir. ¡ªEntiendo¡¡ªIsaac analiz¨® la situaci¨®n¡ªEspera¡ ?qu¨¦ comen? Lleva a?os aqu¨ª y no ha salido. Helena lo mir¨® por un segundo, y entonces respondi¨®¡ªInformaci¨®n y magia¡ y yo soy la mayor fuente de informaci¨®n y magia. Entonces, corr¨ªan mucho m¨¢s peligro de lo que ¨¦l cre¨ªa. Si Helena los vigilaba desde su trono de cristal por todo el edificio, deber¨ªa haber visto c¨®mo consumen todo. ?Es por eso que los libros que inspeccion¨® se volv¨ªan negros y disolv¨ªan? ?Eran ellos consumiendo la informaci¨®n? Las preguntas sobre la naturaleza de estas criaturas se acumularon junto con el resto que conforman sus vidas. Record¨® que su padre adoptivo, Roberto, le dec¨ªa que de vez en cuando le sal¨ªan casos que le daban una pregunta tras otra, por lo que se tomaba el tiempo de responder una a una hasta encontrar una respuesta. La mayor¨ªa de las veces, siempre hab¨ªa una. Pero advert¨ªa que era peor encontrarse con un punto muerto¡ al menos con la otra opci¨®n sabias por donde moverte. ¡ªPues mov¨¢monos¡ªrespondi¨® Isaac, a¨²n observando el ap¨¦ndice de la Madre intentando agarrar lo que pudiese. Parec¨ªa desesperada, queriendo poder al fin tener una maravilloso tentempi¨¦ llamado Helena. Helena se qued¨® mirando el ap¨¦ndice unos momentos antes de seguir a Isaac. Le gui¨® por las siguientes puertas¡ªPodemos llegar por el segundo piso a la entrada. ¡ªCorremos cuando lleguemos, no nos vaya a pillar la cosa esa¡ªrespondi¨® Isaac mientras que empujaba una puerta que no estaba completamente cerrada. Helena segu¨ªa a unos metros de ¨¦l, su luz apenas llegaba a donde estaba de pie. En el momento en que se abri¨®, una de las mantises se abalanz¨® sobre Isaac desde el pasillo. Este logr¨® esquivarlo en el ¨²ltimo segundo. La criatura pas¨® de largo y cay¨® a los pies de Helena¡ª?AH! ?Mata esa cosa!¡ªgrit¨® Helena cuando la vio a sus pies. La criatura gir¨® hacia Isaac y comenz¨® a hacer ruidos de amenaza, para luego comenzar a retorcerse de la nada. Gritaba de forma desagradable y grotesca, para luego tambalearse y continuar retorci¨¦ndose en el suelo. Sus garras se mov¨ªan como buscando agarrar algo mientras que sus ojos observaban en la nada algo. Estaba muriendo. ¡ª?Qu¨¦ le pasa?¡ªpregunt¨® Isaac. Eso era nuevo, no alcanz¨® a golpearla. La criatura dej¨® de retorcerse cuando ¨¦l se acerc¨®. La golpe¨® con el pie y no reaccion¨®¡ estaba muerta, por alg¨²n motivo¡ªMuy bien, esto es nuevo¡ Helena mir¨® horrorizada como la criatura mor¨ªa lentamente de la nada. Sacudi¨® la cabeza. ¡ªN-no s¨¦ qu¨¦ le pas¨®¡ t¨² eres el primero que he visto que las ha matado¡ y nunca las he visto morir as¨ª por si solas¡ Si ¨¦l era la raz¨®n por la que ella ve¨ªa morir a estas criaturas, luego de que llevara a?os observ¨¢ndolas, la muerte repentina no puede ser coincidencia¡ pero ninguno de los dos le caus¨® da?o. Isaac se dio media vuelta y mir¨® a la salida de la puerta. Hab¨ªa dos mantis que los observaban desde el pasillo sin acercarse, haciendo gestos. Pero no avanzaban¡ estaban al l¨ªmite de donde Isaac pod¨ªa ver por la luz de Helena. ¡ªHelena¡¡ªDijo cuando vio a las criaturas¡ªAvanza hacia ellas. Helena lo mir¨® dudosa, pero r¨¢pidamente cay¨® en que quiz¨¢s Isaac ten¨ªa una idea. Al comenzar a moverse hacia la puerta, su luz comenz¨® a avanzar¡ y las criaturas retrocedieron. Algo hizo click r¨¢pidamente en la mente de Isaac. ¡ªEso explica por qu¨¦ no nos atacaban. ¡ª?Es mi luz? ¡ªSi, parece que las da?a¡ªrespondi¨®, sonriendo al ver que ambos conectaron la informaci¨®n r¨¢pidamente¡ªMantente cerca m¨ªo, ser¨¢ m¨¢s seguro as¨ª. Salieron al pasillo, las mantis se alejaban de la luz mientras avanzaban. El ruido que hac¨ªan, quej¨¢ndose de frustraci¨®n por no poder atacar sin morir en el intento, era lo ¨²nico que se escuchaban adem¨¢s de los pasos de Isaac¡ entonces la Madre ya no estaba intentando entrar, no escucharon sus intentos para subir al segundo piso por donde pasaron. No era bueno, pod¨ªa estar en cualquier lado. Comenzaron a moverse r¨¢pido hacia la salida. Necesitaba escapar ya de este lugar y mientras m¨¢s tiempo pasa, m¨¢s peligroso se volv¨ªa para Isaac. Estaba sorprendido que a¨²n segu¨ªa en pie a pesar del hambre y el cansancio que segu¨ªa. Pero no le importaba, ten¨ªa cosas que hacer, ten¨ªa que lograr volver. Puso la mano en su pa?uelo, el que tiene la letra D que segu¨ªa firme amarrado a su brazo. A¨²n ten¨ªa promesas que cumplir en la Tierra. Atravesaron el pasillo. Ninguna criatura los atac¨®, le ten¨ªan miedo a la luz de Helena. Lo que sea que fuese, ella era capaz de retenerlos. ?C¨®mo no se dio cuenta? Cuando lleg¨® a la habitaci¨®n donde ella se encontraba, no hab¨ªa marcas de que la corrupci¨®n haya entrado en el pasado, no hasta que Isaac lleg¨® y Helena comenz¨® a transferirse a su emblema. Quiz¨¢s por eso nunca lograron entrar, ella misma se proteg¨ªa por su cuenta sin saberlo. Ahora, ¨¦l deb¨ªa transportarla sin saber que hacer con ella y necesitaba su ayuda, quiz¨¢s pod¨ªa usarla para derrotar a la Madre. Al final del pasillo se encontraron un balc¨®n con 2 escaleras a los lados que bajaban en forma de media luna al piso de abajo. Ten¨ªa un riel que en el pasado quiz¨¢s hubiera tenido un hermoso decorado, pero ahora estaba dilapidado, destruido a pedazos. La gran sala principal de abajo era grande, ocupando los 2 pisos. Al fondo estaba una puerta enorme, y arriba de esta hab¨ªa unos ventanales que parec¨ªan cubiertos por algo, pero dejaban entrar algo de luz. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ªAh¨ª vamos¡ pero¡¡ªdijo Helena, apuntando a la puerta. En medio de la sala, dando vueltas y vigilando, estaba la Madre. Varias protuberancias estaban en su espalda, grotescas y asquerosas tiritaban a su paso. Deb¨ªan ser huevos, no eran lo que se imaginaban. Parec¨ªan bolas de gelatina semi transparente donde se alcanzaba a ver en algunas la criatura de dentro form¨¢ndose. Era asqueroso, si hubiese comido algo quiz¨¢s lo hubiese vomitado ya. Y si no fuera por el hambre, le hubiera quitado el apetito. Isaac se agach¨® r¨¢pidamente, no queriendo ser visto. Sin embargo, supo que apenas mirara arriba, Helena iba a delatarlos por su luz. Se miraron, ella se observ¨® a s¨ª misma, y luego miraron atr¨¢s, a las criaturas m¨¢s peque?as. Era peligroso bajar la luz, pod¨ªa darle una apertura a las mantises, y era mala idea dejarse ver. ?Qu¨¦ peligro era mejor sortear? Pero su indecisi¨®n llev¨® a una consecuencia. Una de las criaturas alcanz¨® a ver a la Madre, sus ojos se abrieron con fuerza y su cuerpo se levant¨® levemente. Y grit¨®, con fuerza e intenci¨®n. Alert¨® a la madre. ¡ªMierda¡¡ªDijo Isaac. Helena r¨¢pidamente avanz¨® hacia la criatura que segu¨ªa gritando hasta que la toc¨® su luz. Esta reaccion¨® con otro grito, mientras que se tambaleaba y pas¨® lo mismo que en la anterior, lentamente muri¨® de forma agonizante. Las dem¨¢s lograron alejarse antes de que ella los alcanzara. La Madre no se puso contenta. Isaac logr¨® ver como esta se giraba y hac¨ªa un ruido gutural con su boca. Luego, se dirigi¨® a una de las escaleras y comenz¨® a subirla de a varios escalones, sus movimientos eran grotescamente r¨¢pidos. ¡ª?Helena, por aqu¨ª!¡ªgrit¨® Isaac mientras que decidi¨® correr en direcci¨®n contraria, bajando las escaleras del otro lado. Baj¨® las escaleras corriendo r¨¢pidamente, corriendo a la velocidad que pod¨ªa permitirse sin tropezarse. La Madre alcanz¨® el segundo piso y grit¨® en su direcci¨®n. Al llegar al primer piso, La Madre salt¨® desde el segundo hacia la puerta, coloc¨¢ndose entre Isaac y su ¨²nica v¨ªa de escape. Movi¨® piedras, masa de la corrupci¨®n, Isaac sinti¨® el peso de la criatura cuando golpe¨® el suelo, causando una vibraci¨®n. Era enorme, estaba hambrienta. ¡ª?Mierda!¡ªmaldijo al detenerse. Helena se abalanz¨® contra la Madre, sab¨ªa que era la mejor opci¨®n contra ella. Isaac estaba cansado y no pod¨ªa esperar que luchar directamente contra ella, era peligroso para ¨¦l. Su luz deber¨ªa bastar. Pero no lo hizo. La Madre no intent¨® salir y cuando entr¨® en contacto con la luz no se movi¨®. No funcionaba¡ª?N-no parece afectar! La criatura comenz¨® a correr contra Isaac. Helena instintivamente le sigui¨®, su luz tocando a la criatura. Por su parte, Isaac se prepar¨® para saltar hacia un lado. Cuando estuvo a punto de saltar, Isaac not¨® que la Madre se sacudi¨® levemente. Luego otra vez¡ y cuando estuvo cerca de Isaac, a un solo salto de atraparlo¡ se tropez¨® y pas¨® de largo, golpe¨¢ndose contra la escalera que estaba detr¨¢s de ¨¦l. Comenz¨® a retorcerse y a quejarse. No dud¨® m¨¢s. Comenz¨® a correr hasta la puerta. Posiblemente se equivocaron, si estaba funcionando, la Madre era m¨¢s resistente a la luz de Helena. O eso dedujo en ese instante, no pod¨ªa quedarse a mirar. ?Ten¨ªa que correr! La Madre se levant¨® al par de segundos, tambaleando su pesado cuerpo, y comenz¨® a correr hacia su presa en sus cuatro ap¨¦ndices grotescos como la bestia que era. Abri¨® la boca, hizo un gru?ido asqueroso y h¨²medo. Isaac alcanz¨® a mirar hacia atr¨¢s al escuchar las pisadas detr¨¢s suyo. Solo le tom¨® unos pasos alcanzarlo. ¡ª?Cuidado!¡ªgrit¨® Helena. La Madre levant¨® uno de sus brazos y atac¨®. Isaac apenas tuvo tiempo de reaccionar al darse vuelta. Levant¨® los brazos para detener el impacto. Pero con el peso del golpe, no hab¨ªa c¨®mo detenerlo. El impacto sacudi¨® a Isaac por completo y lo hizo volar unos metros. El ¨²nico sonido que alcanz¨® a hacer fue un gru?ido de dolor, y luego fue un grito al impactar contra un pilar se encontr¨® en su camino. ¡ª?Agh!¡ªse quej¨® cuando su cuerpo golpe¨® el pilar. Sangre salpic¨® desde su boca. ¡ª?Isaac!¡ªgrit¨® cuando vio a su compa?ero golpearse contra el pilar. El dolor fue inmenso. Sinti¨® que todo su cuerpo sufr¨ªa. Intent¨® levantarse pero su brazo cedi¨® ante el peso de su propio cuerpo. Se quej¨® cuando volvi¨® a golpear el suelo. Su espalda estaba sujeta contra el pilar. Mir¨® a la criatura, la Madre, entre el cabello que ca¨ªa sobre su frente. Respiraba de forma pesada, su sangre corr¨ªa con fuerza a trav¨¦s de su cuerpo, sus ojos titilaban. ¡°No, no, no¡ tengo que pensar¡± pens¨® en ese momento ¡°C¨¢lmate, Isaac¡¡± se orden¨® a s¨ª mismo. Ten¨ªa que pensar en c¨®mo salir de esa situaci¨®n, ten¨ªa muchas cosas por hacer y ver. Ten¨ªa que darle respuesta al porqu¨¦ Roberto lo trajo a ese lugar, por qu¨¦ lo lanz¨® por el portal. Morir en ese momento era inaceptable. Cerr¨® los ojos y control¨® su respiraci¨®n. Su padre adoptivo lo hac¨ªa hacer ejercicios de respiraci¨®n. A relajarse en momentos intensos donde cada segundo importaba. Hasta el punto donde pod¨ªa hacer todo se detuviera a su alrededor para que su mente volara libre. Necesitaba un plan. ¡°La luz de Helena si afecta a la Madre, pero no la mata¡± cada sinapsis en su cerebro y cuerpo se dedic¨® a la tarea de encontrar una respuesta, cada intercambio qu¨ªmico preocup¨¢ndose en encontrar una forma de salir con vida ¡°...le tom¨® un tiempo. No fue como la otra Mantis¡ que son m¨¢s PEQUE?AS¡± Los ojos de Isaac se abrieron. Por un segundo crey¨® ver que la madre brillaba, pero esa imagen se disip¨® r¨¢pidamente. ¡°Concentrar la luz. Un golpe de esto¡ debo decirle a Helena¡± Los ojos de Helena se abrieron de canto. Isaac iba a darle la indicaci¨®n pero entonces ella desapareci¨®. Se hab¨ªa ido, e Isaac qued¨® a oscuras con la Madre, la cual abri¨® su boca mientras se acercaba a su presa. Estaba babeando de manera desagradable. ¡ª??H-Helena¡?!¡ªpregunt¨® mientras que se cre¨ªa traicionado por un segundo. El aliento de la criatura era indescriptible, y repugnante, como miles de cad¨¢veres en un solo lugar. Se acercaba. Y entonces, desde su cintura, una luz similar a la de una linterna de alta potencia sali¨® y golpe¨® el interior de la boca de la Madre. La criatura r¨¢pidamente retrocedi¨®, con un grave y elevado grito ensordecedor de dolor. Tom¨® distancia, aterrada de la luz y se detuvo a varios metros. Isaac se tap¨® los oidos, su mente casi se sale de control por la altura de la queja. Isaac estaba confundido. No alcanz¨® a decirle nada pero ah¨ª ten¨ªa una luz. Mir¨® a su cintura, la luz sal¨ªa desde el s¨ªmbolo de Buscador, el cual brillaba con la intensidad de un sol. ?Habr¨¢ llegado a la misma conclusi¨®n que ella al mismo tiempo? No alcanz¨® a decirle nada, no es posible que se le haya ocurrido de forma aleatoria hacer algo as¨ª. De a poco se levant¨® nuevamente. Ten¨ªa mucho dolor, pero necesitaba resistirlo. Un poco m¨¢s y sal¨ªa de esas ruinas. Un poco m¨¢s y era victorioso. Una sonrisa se dibuj¨® en su rostro. ¡ªVamos, criatura de mierda¡ no eres la primera madre que intenta asesinarme hasta ahora¡ªdijo mientras mostraba los dientes a trav¨¦s de su sonrisa. La Madre se recuper¨® y se gir¨® hacia Isaac. Buscaba evitar la luz esta vez, la cual estaba concentrada en un cono que sal¨ªa del s¨ªmbolo. Gru?¨ªa, lanzaba sus ap¨¦ndices hacia ¨¦l de forma amenazante, indicando su estado defensivo. Parec¨ªa estar m¨¢s desesperada esta vez. Entonces se abalanz¨® nuevamente. Isaac tom¨® el llavero de su cintur¨®n desde el s¨ªmbolo y apunt¨® la luz a la Madre. La Madre se retorci¨® nuevamente y salt¨® hacia el lado, cay¨® sobre una de las escaleras. El paso estaba libre hacia la puerta. Isaac comenz¨® a correr hacia la salida, fue con una cojera por el dolor en su cuerpo. Estaba cerca. Su o¨ªdo estaba atento a los sonidos de la Madre. La madre comenz¨® a correr hacia Isaac. No quer¨ªa que su presa se escapara. Isaac se gir¨® y apunt¨® la luz. La Madre tuvo que moverse de nuevo y cancelar su ataque. Isaac, como ya estaba m¨¢s cerca de la puerta, comenz¨® a retroceder hasta ella, manteniendo su vista en la Madre. La madre no encontraba aperturas sin salir lastimada. Cada vez que se acercaba unos cuantos pasos, Isaac la castigaba con la luz. Lleg¨® al punto donde form¨® pu?os con sus ap¨¦ndices delanteros y comenz¨® a golpear el suelo con frustraci¨®n, como un berrinche. Y entonces Isaac sinti¨® la piedra de la puerta principal en su mano. Hab¨ªa llegado a la puerta. La puerta se ilumin¨® y comenz¨® a abrirse como el resto. La luz del sol lentamente se abri¨® paso a trav¨¦s de las sombras de la sala conforme le daba el paso. Isaac observ¨® con su sonrisa a la Madre y a las mantises que se encontraban observando el encuentro retroceder y evitar la luz natural. ¡ªUn gusto, espero no verlos nunca m¨¢s¡ªdijo cerrando los ojos y sonriendo, con la mano derecha hizo un gesto burlesco de despido poniendo dos dedos en su frente. Se dio media vuelta y sali¨® a la luz, los gru?idos de las criaturas segu¨ªan detr¨¢s suyo. La puerta se cerr¨® nuevamente, y los sonidos de dentro quedaron en el olvido. Isaac apenas pod¨ªa ver. Sus ojos se hab¨ªan acostumbrado a la baja luz del interior. Solo pod¨ªa ver bien que ten¨ªa unas escaleras al frente suyo, y escuchaba sonidos distintos a la distancia, como pasos y gente, entre otras cosas. Comenz¨® a bajar los escalones. Eran 4. Baj¨® el primero, luego el segundo, luego¡ Y fue a dar al suelo cuando su pie toc¨® el tercer escal¨®n, cayendo desde este. Su cuerpo se hab¨ªa rendido, ya no pod¨ªa m¨¢s. Crey¨® escuchar el grito de una persona. Capitulo 4: Un plato caliente Fuego... otra vez lo ve¨ªa. Sent¨ªa que lo quemaba, que lo abrazaba. De pie, a unos metros de ¨¦l, alta y con un cabello rojo, estaba su madre. Miraba a la distancia, en direcci¨®n contraria a ¨¦l. ¡ª?M-mam¨¢?¡ªpregunt¨® Isaac, su voz tirit¨®. Estir¨® un brazo, quer¨ªa alcanzarla, e intent¨® acercarse. Cada paso que dio era pesado, dudoso, pero avanzaba. Su madre no se acercaba, aunque estaba cerca. No importaba cu¨¢n r¨¢pido se moviese, no llegaba a ella. ¡ªB¨²scame, hijo. B¨²scame, y ser¨¢s libre. Una masa negra cay¨® sobre su cabeza. Viscosa, sin olor, gelatinosa, desagradable al tacto. Ba?¨® y cubri¨® su cabello y rostro. Mir¨® hacia arriba y encima estaba la criatura de las ruinas, la Madre de la corrupci¨®n. Abri¨® su boca, una caverna oscura llena de dientes. Y lo devor¨®. De un grito, Isaac despert¨®. Se sent¨®, sudando y respirando de manera acelerada. Revis¨® su estado f¨ªsico, sus manos exploraron su propio rostro y cuerpo, y se sinti¨® satisfecho cuando se di¨® cuenta que todo su cuerpo estaba intacto. Lo que le preocup¨® fue darse cuenta que estaba solamente cubierto por sus boxers rojos. Mir¨® a su alrededor, apenas hab¨ªa luz, suficiente para ver gracias a las poca que entraba por una ventana a su derecha, y observ¨® la habitaci¨®n donde se encontraba. Era peque?a, pero parec¨ªa hogare?a, bien cuidada. La cama era blanda en lo que se necesitaba, pero sent¨ªa la marquesa debajo suyo al moverse. Una c¨®moda decoraba la pared a su izquierda, donde logr¨® ver algo de ropa encima. No parec¨ªa ser la gran cosa, hab¨ªa poco espacio para moverse, pero exist¨ªa. En el aire, un extra?o aroma lleg¨® a su nariz, como a comida que estaba en la cocina y caus¨® que su est¨®mago volviera a recordarle que deb¨ªa comer. ¡ª?Helena?¡ªpregunt¨® cuando se acord¨® de ella. Helena se materializ¨® en frente suyo al lado de su cama. Su luz ilumin¨® la peque?a habitaci¨®n. Isaac en parte agradeci¨® y maldijo que todo lo que pas¨® antes de quedar inconsciente era real. Por un momento ella sonri¨®, y luego se sonroj¨® y mir¨® hacia el lado, evitando el contacto visual con Isaac. Cruz¨® los brazos y frunci¨® el ce?o. ¡ª?S-si vas a hacerme salir por lo menos ponte ropa!¡ªdijo ella enojada. ¡ªDefinitivamente no eres una inteligencia artificial¡ªrespondi¨® Isaac. Ella apunt¨® al bulto de ropa encima del armario, dijo que las 2 hermanas que lo trajeron dejaron eso por si despertaba ya que sus ropas estaban manchadas de sangre y otras cosas que se le pegaron en la sede. Isaac suspir¨® y agradeci¨® que eran ropas de su talla, una camisa blanca de mangas cortas y un pantal¨®n de color marr¨®n. Parec¨ªan hechos de algod¨®n o alg¨²n material similar, suaves al tacto y distinto a la ropa que sol¨ªa usar en la Tierra. No se le hac¨ªan sint¨¦ticos. ¡ª?Entonces hablaste con ellas? ¡ªNo realmente¡ solo las escuch¨¦ desde el s¨ªmbolo¡ªrespondi¨® Helan, ahora si mir¨® cuando Isaac ya ten¨ªa el cuerpo cubierto por algo¡ªParece que son una ni?a y una adulta, se trataban de hermanas. Una extra?a sensaci¨®n cubri¨® a Isaac. En medio de la duda y el agradecimiento, deb¨ªa ir a agradecer a sus benefactoras que parece lo cuidaron durante el tiempo que llev¨® inconsciente. ¡ªSolo quedaste fuera de combate por unas horas. Fue entonces, cuando se gir¨® a la puerta, que vi¨® que esta estaba entreabierta y un ojo azul, a baja altura, los miraba. Helena se desapareci¨® cuando vio el ojo, para sorpresa de Isaac, y la persona sali¨® corriendo del lugar, gritando. Su voz era de ni?a, aguda y tierna a pesar del volumen. ¡ª?Hermanita! ?El humano despert¨® y estaba hablando con la hada! Le hizo gracia escuchar que llamaran a Helena un hada, pero de igual forma le llam¨® la atenci¨®n que se escondiera al notar que los observaban. Dej¨® de lado sus dudas y decidi¨® salir de la casa, necesitaba hablar con sus anfitrionas y agradecerles. Sali¨® de la habitaci¨®n y se encontr¨® en un pasillo, donde not¨® que estaba en un segundo piso de la casa al ver las escaleras al final. Hab¨ªa otras 3 habitaciones, lo cual fue una sorpresa ya que el espacio no dejaba de hac¨¦rsele peque?o. The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. Y justo cuando bajaba las escaleras, a punto de subirlas en direcci¨®n contraria a ¨¦l, se encontr¨® con su anfitriona. Ojos azules, cabello rojo cobrizo y largo, pecas en la cara, orejas de zorro y cola del mismo color del cabello¡ ?orejas de zorro? Los ojos de Isaac no se pudieron hacer m¨¢s grandes de lo que lo hicieron al notar las caracter¨ªsticas de la mujer que ten¨ªa enfrente. Las orejas estaban levantadas y apuntando hacia ¨¦l, mientras que la cola se mov¨ªa lentamente de un lado a otro. Aparte de eso, parec¨ªa completamente humana a pesar de que ¨¦l estaba seguro de que no lo era. Detr¨¢s de ella estaba la que supon¨ªa era la hermana y quien los observ¨® mientras conversaba con Helena. No parec¨ªa ser mayor de 7 u 8 a?os, y compart¨ªa las mismas caracter¨ªsticas, eran similares. ¡ª?Despertaste!¡ªdijo alegre la mujer, una peque?a y suave sonrisa se form¨® en su rostro. Se acerc¨® a Isaac y puso su mano en la frente. La repentina acci¨®n y tacto lo hizo retroceder un poco, pero se relaj¨® cuando se di¨® cuenta que ella quer¨ªa revisar su temperatura. A pesar de sentir su c¨¢lida y suave mano contra la piel de su frente, sinti¨® su cuerpo entero tensarse casi de golpe, su cuerpo reaccion¨® haciendo que retrocediera un par de cent¨ªmetro antes de darse cuenta que quer¨ªa revisar su temperatura. A¨²n dudoso, dej¨® que coloque la mano en su frente y tome su temperatura, apret¨® sus dientes mientras que afirm¨® los pu?os a los lados de su cuerpo. ¡ªTu temperatura est¨¢ normal¡ªdijo entonces la chica, sonriendo¡ªEstabas fr¨ªo. Ven, el alquimista dijo que deb¨ªas comer algo apenas despertaras. La promesa de comida fue suficiente para que Isaac se interesara en seguirla. La casa era, nuevamente, peque?a y humilde. Le parec¨ªa un lugar c¨®modo, bien hogare?o a la antigua, estanter¨ªas de libros, decoraciones peque?as de madera, como figurillas, telas en la sala de estar, la cual apenas cab¨ªa el sof¨¢ que ten¨ªan. Nada de electrodom¨¦sticos, ning¨²n televisor, o radio o tel¨¦fono, nada de luces o interruptores para ellas. Nada moderno, solo cosas que dir¨ªa que eran antiguas pero se ve¨ªan nuevas. De a poco se hab¨ªa dado cuenta que realmente hab¨ªa ca¨ªdo en un mundo nuevo, uno que desconoce por completo. La mujer lo dirigi¨® a la cocina donde le esperaba una mesa a la que le indic¨® sentarse. La estufa era a le?a, de esas met¨¢licas que solo se ven en casas en el medio del bosque o en casas antiguas antes de que se vendieran balones de gas para las casas y a¨²n las ten¨ªan. La mayor le hac¨ªa gestos a la menor para que se acercara, cosa que la ni?a que parec¨ªa le hac¨ªa caso y se quedaba cerca, tomando la falda de la t¨²nica de su hermana. Observaba a Isaac con ojos curiosos, como si quisiera preguntarle algo. ¡ªMi nombre es Isaac¡ªdecidi¨® hablar cuando se sent¨® en donde la mayor le dijo¡ª?t¨² me cuidaste? Gracias. La mayor mir¨® a Isaac con una sonrisa y ojos entrecerrados, miraba por sobre su hombro. ¡ªMi nombre es Crystal. Ella es Kin¡ªapunt¨® a su hermana¡ª. Te encontramos tirado fuera de la antigua sede de los Buscadores. ?C¨®mo pod¨ªa preguntarle sobre sus rasgos? Esa cola frondosa y orejas que parec¨ªan de zorro que ambas hermanas ten¨ªan agregaba a la serie de misterios que se acumulaban a su alrededor. Era como en las series de manga y anime que sol¨ªa compartir con Dan, personajes demi-humanos que ten¨ªan alg¨²n rasgo de animal en un mundo de fantas¨ªa. Entonces se acord¨® de Helena, pod¨ªa preguntarle a ella m¨¢s adelante cuando est¨¦n solos. A¨²n no lograba entender el por qu¨¦ se escondi¨® cuando not¨® que los observaban. En un plato de madera, con una cuchara del mismo material, fue que Crystal le sirvi¨® una sopa de carne y verduras a Isaac para luego sentarse al otro lado de la mesa para mirarlo. La comida ten¨ªa un sabor sencillo, pero no se iba a poner a criticar la comida de su anfitriona, menos con el hambre que sent¨ªa y le parec¨ªa el mejor plato de comida que hab¨ªa consumido en mucho tiempo. Se aguant¨® el deseo de devorarla, pero igualmente no dejaba de ingresar cucharada tras cucharada a la boca. ¡ªPareciera que no has comido en d¨ªas, Isaac¡ªdijo la mayor al verlo con sorpresa y lo que parecia ser clara intriga. ¡ªAs¨ª me siento¡ªdijo al pausar un momento para responder¡ª, es como si no hubiera comido en d¨ªas, gracias por la comida y por cuidarme. ¡ªNo hay problema, no ser¨ªa correcto dejar a alguien en tu estado. Crystal no dejaba de lado su sonrisa. Era tierna y hermosa, la mujer zorro era bonita de rostro y ten¨ªa una cierta delicadeza en su actuar. Adem¨¢s, parec¨ªa ser muy buena persona por haberle cuidado y darle comida, compartiendo su mesa con ¨¦l. Sin embargo¡ ¡ªSe?or, ?es usted un Buscador?¡ªLa voz de Kin, peque?a y tierna, lo sac¨® de su trance de forma repentina. ¡ª?Buscador?¡ªpregunt¨® Isaac con una sonrisa a Kin, tratando de dejar de lado lo que estaba pensando. Not¨® como la mirada de Crystal baj¨® la sonrisa e intercambiaba entre el rostro de ¨¦l y su hermana. ¡ªSi, con mi hermana lo encontramos tirado afuera de donde viv¨ªan ellos. ¡ªAh¡ pues¡¡ªIsaac iba a contestar. Dud¨® por un segundo ya que sab¨ªa que Helena iba a escucharle responder que no, ¨¦l no era un Buscador, o al menos no sab¨ªa si sentirse como tal. Ni siquiera sab¨ªa que era un Buscador m¨¢s all¨¢ de la r¨¢pida descripci¨®n que su nueva compa?era le dijo. ¡°?Resolvedores de misterios y de problemas? No tengo tiempo para ello¡± Se dijo a s¨ª mismo en lo m¨¢s profundo de su mente. Y antes de que pudiera responder, la puerta principal se vio v¨ªctima de un azote de fuertes golpes que hicieron que Isaac se mereciera por el repentino ruido. Parec¨ªa que la puerta se iba a caer de la fuerza que estaba aguantando, a punto de ceder ante tal violencia. ¡ª?Abre la puerta, ¡®Unerisen¡¯!¡ªse escuch¨® una voz ronca y agresiva¡ª?Se que est¨¢s ah¨ª! Capitulo 5: De un problema a otro