《Dangerk (español)》
Todo comienza
Los Invocados
El aire en el gran sal¨®n del castillo vibraba con la energ¨ªa del conjuro de invocaci¨®n. Varios magos, cubiertos con t¨²nicas negras adornadas con runas doradas, recitaban un canto arcano en perfecta sincron¨ªa. Sus voces profundas resonaban en las paredes de piedra, y una extra?a presi¨®n se extiende por la sala, como si el espacio mismo se doblara bajo el peso del hecho.
Desde su trono, el rey de Solmaria observaba la ceremonia con los ojos entrecerrados. No hab¨ªa lugar para la duda. Esta era la ¨²nica opci¨®n.
¡ª?Mantengan el ritmo! ¡ªorden¨® el mago mayor, su voz firme y autora, aplicaciones ahogada por el retumbar de la magia.
El suelo comienza a brillar, formando un intrincado patr¨®n de s¨ªmbolos arcanos que lat¨ªan con energ¨ªa pura. El aire se torn¨® m¨¢s denso, como si la realidad contuviera la respiraci¨®n. Entonces, una explosi¨®n de luz blanca inund¨® la sala, proyectando sombras danzantes en las paredes. Cuando la luminosidad se disipa, varias figuras estaban de pie en el centro del c¨ªrculo de invocaci¨®n.
J¨®venes.
Vestidos con uniformes de academia, miraban a su alrededores con desconocido. Sus respuestas entrecortadas revelaban su confusi¨®n.
¡ª?D-D¨®nde estamos? ¡ªpregunta uno de los estudiantes, con los ojos desorbitados.
¡ª?Bienvenidos! ¡ªexclam¨® el rey, alz¨¢ntose con mayor.
Los estudiantes intercambiaron miradas. Hab¨ªa algo en la solemnidad de aquel hombre que los llen¨® de temor.
¡ª?D¨®nde estamos? ¡ªinsisti¨® una chica, con la voz temblorosa, su mirada alternando entre el monarca y los guardias armados.
¡ªHan sido invocados al reino de Solmaria. Y ustedes son nuestros h¨¦roes.
Silencio. La palabra h¨¦roes pes¨® en sus lenguas como plomo.
¡ªNuestro reino est¨¢ al borde de la destrucci¨®n ¡ªcontinu¨® el monarca¡ª. El Rey Demonio y su ej¨¦rcito marchan hacia nosotros. Solo los h¨¦roes invocados pueden cambiar nuestro destino.
Uno de los estudiantes, un chico alto de cabello oscuro, apret¨® los dientes.
¡ªUn momento ¡ªsu voz cort¨® el silencio¡ª. ?Nos traen aqu¨ª y esperan que luchemos? ?Ninguno de nosotros sabe pelear!
Un murmullo de aprobaci¨®n recorri¨® el grupo. El miedo se transformaba en rebeli¨®n.
¡ªNo teman ¡ªel rey levant¨® una mano¡ª. Los invocados siempre reciben habilidades especiales en este mundo. Solo necesitan descubrirlas.
Se?al¨® una esfera de cristal flotando en el centro del sal¨®n. Brillaba con una luz azulada, palpitante.
¡ªT¨®quenla y descubrir¨¢n su magia.
Uno a uno, los estudiantes se acercaron. La esfera se iluminaba con distintos colores, revelando sus afinidades: fuego, agua, viento, tierra... Uno incluso ten¨ªa magia de gravedad. Algunos susurraban entre s¨ª; otros parec¨ªan aterrados.
El rey los observ¨® en silencio. No parec¨ªan preparados. No como los h¨¦roes de anta?o. Y el tiempo se agotaba.
El mago mayor, con cautela, dio un paso adelante.
¡ªSu majestad... ?y si lo llamamos a ¨¦l?
El sal¨®n enmudeci¨®.
Todos sab¨ªan de qui¨¦n hablaba. Un ser temido. Peligroso.
El rey entrecerr¨® los ojos. Sab¨ªa que esa era la soluci¨®n m¨¢s r¨¢pida. Tambi¨¦n la m¨¢s arriesgada. Apret¨® los pu?os, sopesando el precio.
Finalmente, con un suspiro, acept¨®.
¡ªPreparen el ritual.
Mientras los magos recargaban su energ¨ªa, el rey susurr¨® para s¨ª mismo:
¡ªSi es necesario... le ofrecer¨¦ mi alma.
Un escalofr¨ªo recorri¨® a los presentes.
¡ªInvocaremos... al Hijo de la Muerte.
El Hijo de la Muerte
Los magos formaron un nuevo c¨ªrculo, recitando en una lengua antigua. Esta vez, el suelo brill¨® con un negro profundo, un abismo de sombras que se extend¨ªa como si la oscuridad misma cobrara vida.
Uno de los guardias trag¨® saliva.
¡ªSi est¨¢ de mal humor... estamos perdidos.
Los estudiantes retrocedieron. La energ¨ªa era sofocante.
Entonces, el aire estall¨® en un destello cegador. Cuando la luz se disip¨®, una silueta se alzaba en el centro.
Un chico de cabello blanco y alas negras flotaba sobre la oscuridad.
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¡ªHmm... Ha pasado tiempo desde que me invocaron ¡ªmurmur¨® con calma¡ª. Me pregunto qu¨¦ ocurre.
El rey fue el primero en hablar.
¡ªSe?or Dan, necesitamos su ayuda ¡ªdijo con una leve inclinaci¨®n.
El chico, cuyo nombre parec¨ªa ser Dan, lo mir¨® con tranquilidad.
¡ª?En qu¨¦ los ayudar¨ªa?
¡ªP-Por favor, entrene a los h¨¦roes ¡ªpidi¨® el rey con una reverencia, como si hacerle una solicitud a ese chico no fuera algo sencillo.
Dan lo mir¨® con desd¨¦n.
¡ª?Por qu¨¦ deber¨ªa ayudarlos? ?Qu¨¦ obtengo a cambio?
El rey se qued¨® pensando. ?Qu¨¦ pod¨ªa ofrecerle a alguien como ¨¦l?
¡ªNo se me ocurre qu¨¦ podr¨ªa interesarle ¡ªadmiti¨®, bajando la cabeza.
Dan sonri¨®, divertido.
¡ª?Tienen iglesias dedicadas al dios de la riqueza?
El rey parpade¨®, sorprendido por la pregunta.
¡ªCreo que tenemos dos...
Dan gir¨® la cabeza, observando por la ventana como si intentara verlas.
¡ªDesmant¨¦lenlas y tenemos trato.
El silencio cay¨® sobre la sala.
Si destru¨ªa esos templos, los devotos del dios de la riqueza se volver¨ªan contra la corona.
¡ª?S-Se?or Dan, no quisiera otra cosa? ¡ªpregunt¨® el rey con duda. Sab¨ªa que la influencia de una religi¨®n pod¨ªa ser peligrosa, pero los h¨¦roes necesitaban entrenamiento, y Dan era la mejor opci¨®n. Aun as¨ª, intentar¨ªa negociar.
Dan solt¨® un suspiro y cruz¨® los brazos.
¡ªNo, no quiero otra cosa. Es eso o no hay trato.
Sin esperar respuesta, descendi¨® hasta el nivel del suelo, contrayendo sus alas negras. Camin¨® hacia los j¨®venes con pasos silenciosos, descalzo. Su presencia emanaba una inquietante tranquilidad.
¡ªVaya, vaya... ?qu¨¦ tenemos aqu¨ª? ¡ªsusurr¨®, observ¨¢ndolos con curiosidad.
Algunos de los estudiantes retrocedieron instintivamente. Dan ten¨ªa la apariencia de un chico de 16 o 17 a?os, pero hab¨ªa algo en ¨¦l que no parec¨ªa humano. Su aura oscura los envolv¨ªa como una sombra viviente.
¡ªQu¨¦ desperdicio... ¡ªmurmur¨®, evalu¨¢ndolos con una mirada cr¨ªtica¡ª. Se nota que no tienen experiencia en combate... pero con entrenamiento, pueden volverse ¨²tiles.
Gir¨® hacia el rey con una leve sonrisa.
¡ªEntonces, su majestad, ?tenemos trato?
El rey apret¨® los pu?os. Sab¨ªa que no ten¨ªa muchas opciones. Finalmente, suspir¨® y asinti¨®.
¡ªEst¨¢ bien... pero, ?promete que entrenar¨¢ a los h¨¦roes?
Dan esboz¨® una sonrisa burlona y comenz¨® a alejarse, regresando al ¨¢rea donde la oscuridad a¨²n persist¨ªa en el suelo.
¡ªPara ma?ana, desmantelen esas iglesias y mantendremos el trato, su majestad.
El rey asinti¨® con pesadez.
¡ªEntonces, ma?ana comenzaremos ¡ªafirm¨® Dan.
El rey se tens¨® al escuchar eso.
¡ª?S-Se?or Dan, no podr¨ªa empezar hoy?
Dan gir¨® lentamente la cabeza hacia ¨¦l, con expresi¨®n impasible.
¡ªNo¡ no puedo. Tengo asuntos que atender. Adi¨®s.
Y con eso, desapareci¨® en un parpadeo. La oscuridad en el suelo se disip¨®, devolviendo la sala a su estado normal.
El rey se dej¨® caer en su trono con un suspiro.
¡ªLleven a los h¨¦roes a sus alcobas ¡ªorden¨®.
Las guardias obedecieron de inmediato, escoltando a los reci¨¦n llegados hasta sus habitaciones. Mientras tanto, en una aldea apartada, Dan se materializ¨® en medio de la plaza. Los aldeanos, al verlo, lo saludaron con respeto. En aquel pueblo, Dan era adorado como una deidad.
Sin perder el tiempo, se dirigi¨® a la iglesia, donde el sacerdote lo recibi¨® con una reverencia.
¡ªSe?or Dan, bienvenido. Nos honra con su visita.
Dan frunci¨® el ce?o y suspir¨® con fastidio.
¡ª?No te cansas de repetir lo mismo todos los d¨ªas? Es molesto.
Era bien sabido que a Dan no le agradaban los humanos; los detestaba. Sin embargo, no era cruel sin una raz¨®n v¨¢lida.
¡ªHoy los ni?os ofrecieron dulces como ofrenda, en especial ¨¢cidos ¡ªinform¨® el sacerdote.
Dan tom¨® las ofrendas sin dudar.
¡ªGenial, tendr¨¦ algo para comer de a ratos.
A pesar de su actitud distante, todos sab¨ªan que ten¨ªa una debilidad por los dulces, sobre todo los ¨¢cidos. Sus ofrendas nunca conten¨ªan dinero, solo golosinas.
¡ªSe?or Dan, hoy tuvimos algunos incidentes con los seguidores de Glam ¡ªa?adi¨® el sacerdote, con un tono preocupado.
Dan chasque¨® la lengua.
¡ªQu¨¦ molestia. Le partir¨ªa la cara a ese idiota. ?No puede controlar a sus fieles o qu¨¦?
Era bien sabido que Dan y Glam no se llevaban bien, especialmente despu¨¦s de que Glam intentara seducir a las prometidas de Dan.
¡ªSi la situaci¨®n se sale de control, no me meter¨¦. Espero que ustedes puedan manejarlo ¡ªdijo, llev¨¢ndose un dulce a la boca.
El sacerdote asinti¨® con respeto.
¡ªMe alegra que conf¨ªe en nosotros. Si no pasa a mayores, puede dejarlo en mis manos.
Dan lo mir¨® con indiferencia.
¡ªDeber¨ªas aprender a cerrar la boca. ?Por qu¨¦ los sacerdotes no nacen mudos?
Sin esperar respuesta, sali¨® de la iglesia. Como no ten¨ªa nada urgente que hacer, decidi¨® pasear por el pueblo. A su paso, todos lo miraban con admiraci¨®n.
Un h¨ªbrido ¨²nico
Dan no era un dios puro, sino un h¨ªbrido: mitad humano, mitad divino. Sin embargo, su poder rivalizaba con el de los dioses normales. Era hijo del Dios de la Muerte, uno de los dioses superiores junto con la Diosa de la Vida. Aunque pod¨ªa manipular la muerte, no lo hac¨ªa con la misma maestr¨ªa que su padre.
A pesar de no ser un dios superior, su sangre divina lo hac¨ªa ¨²nico. Algunos dioses incluso le ofrec¨ªan a sus hijas en matrimonio con la esperanza de que su linaje se mezclara con el suyo. Pero Dan no le daba importancia a eso. Ya ten¨ªa cuatro prometidas, y con eso le bastaba.
Mientras caminaba, sumido en sus pensamientos, sinti¨® c¨®mo algo lo abrazaba por la espalda.
¡ª?HERMANO! ¡ªexclam¨® una voz infantil.
Era Elyse, una ni?a hu¨¦rfana a la que Dan hab¨ªa rescatado. Viv¨ªa en un orfanato de la iglesia que lo adoraba. Aunque Dan despreciaba a los humanos, con los ni?os era diferente. Nunca les hablaba mal ni los trataba con la misma frialdad que a los adultos.
¡ªHola, peque?a. ?Qu¨¦ necesitas? ¡ªpregunt¨® Dan, agach¨¢ndose para estar a su nivel.
Elyse lo mir¨® con una sonrisa amplia.
¡ªNo mucho. Solo quer¨ªa saludarte.
Dan sonri¨® sin mostrar los dientes, un gesto raro para ¨¦l.
¡ªSigues siendo tan molesta como siempre.
¡ª?Dijiste que vendr¨ªas a visitarme! ?Lo olvidaste! ?Hermano malo! ¡ªse quej¨® Elyse, inflando las mejillas en un gesto juguet¨®n.
Dan esboz¨® una leve sonrisa, indulgente ante el reclamo.
¡ªTranquila, peque?a. No lo olvid¨¦, simplemente estuve muy ocupado. Perdona.
Elyse dej¨® de hacer berrinche y lo abraz¨® con emoci¨®n, como si el simple gesto de su presencia fuera suficiente para borrar cualquier queja.
¡ªPero viniste, as¨ª que no importa. Oye, hermano, ?c¨®mo est¨¢n las hermanas?
Se refer¨ªa a las prometidas de Dan.
¡ªEst¨¢n bien. Hoy ten¨ªan cosas que hacer ¡ªrespondi¨® ¨¦l, sin perder la calma.
Sin previo aviso, la levant¨® en brazos y despleg¨® sus alas negras. Elyse solt¨® un grito emocionado al sentirse elevarse por los cielos, disfrutando del vertiginoso ascenso. Desde peque?a, le encantaba ver el pueblo desde las alturas, y Dan siempre cumpl¨ªa con ese peque?o placer.
El viento agito su cabello mientras ambos surcaban la aldea. A pesar de la frialdad que normalmente mostraba, en momentos como ese, Dan dejaba entrever su lado m¨¢s humano.
A medida que volaban, Dan not¨® que Elyse permanec¨ªa callada, con el silencio palpable entre ellos.
¡ª?Qu¨¦ pasa, peque?a? ?Tuviste un mal d¨ªa? ¡ªpregunt¨®, observ¨¢ndola de reojo.
Elyse baj¨® la mirada, abraz¨¢ndose a s¨ª misma como si intentara alejarse del mundo.
¡ªHoy nadie quiso adoptarme¡ ¡ªsusurr¨®, con tristeza en la voz¡ª. Pens¨¦ que si me mostraba como una ni?a educada, alguien me llevar¨ªa a casa.
Dan la escuch¨® en silencio, evaluando sus palabras, y luego, sin cambiar su tono indiferente, solt¨®:
¡ªSon unos idiotas. ?Qui¨¦n no querr¨ªa adoptar a una ni?a dulce y educada como t¨²? D¨¦jalos, ellos se lo pierden. Ya ver¨¢s, alguien especial vendr¨¢ por ti.
Elyse lo mir¨®, sus ojos brillando por la leve esperanza que sus palabras le ofrecieron, aunque su tristeza segu¨ªa presente. Esboz¨® una sonrisa peque?a y asinti¨®, pero Dan no pudo evitar sentir una punzada en el pecho. Casi hab¨ªan pasado cinco a?os desde que la rescat¨®, y a¨²n nadie la hab¨ªa adoptado. Para ¨¦l, esos a?os no significaban mucho, pero para un humano, era toda una infancia.
Pasaron un rato m¨¢s en el aire, disfrutando de la brisa hasta que el cielo comenz¨® a oscurecer. Dan descendi¨® suavemente, contrajo sus alas y la dej¨® en el suelo. Con un gesto inusualmente afectuoso, le revolvi¨® el cabello con ternura.
¡ªNos vemos, peque?a. Vendr¨¦ cuando tenga tiempo.
¡ª?Nos vemos! ¡ªrespondi¨® Elyse, corriendo emocionada de regreso al orfanato.
Dan la observaci¨®n alejarse, su figura peque?a y alegre a pesar de todo. Luego, sin decidir m¨¢s, desapareci¨® en un destino de energ¨ªa.
El entrenamiento de los heroes
Dan apareci¨® en el reino de los dioses. No era un mundo como tal, sino m¨¢s bien una zona exclusiva a la que solo los dioses y aquellos a quienes permitieran el acceso pod¨ªan entrar. Dan se dirigi¨® al mausoleo, el lugar donde todos los dioses se reun¨ªan. Camin¨® hacia su habitaci¨®n, donde hab¨ªa dejado las ofrendas, que consist¨ªan ¨²nicamente en dulces. Tom¨® algunos para despu¨¦s y continu¨® su camino hacia el anfiteatro, donde, como siempre, estaba lleno de dioses.
Al entrar, las conversaciones cesaron de inmediato, y los susurros no se hicieron esperar.
¡ª ?¨¦l no es Dangerk? ¡ª susurr¨® un dios, curioso.
¡ª Primera vez que lo veo. Parece que va a matarme solo por existir ¡ª coment¨® otro, algo nervioso.
¡ª C¨¢llate, es hijo de un dios superior. Te vas a meter en problemas ¡ª respondi¨® uno m¨¢s, d¨¢ndole un peque?o codazo al primero.
¡ª ?Pero no es un h¨ªbrido? ¡ª dud¨® otro dios, algo confundido.
¡ª S¨ª, pero su fuerza se compara, o incluso supera, a la de algunos dioses normales ¡ª aclar¨® el primero, bajando la voz al notar que todos los murmullos cesaban.
Dan no les prestaba atenci¨®n. Ya estaba acostumbrado a que lo miraran de esa manera. Cada vez que lo ve¨ªan, lo asociaban con su padre, el dios de la muerte, uno de los dioses superiores que formaban parte del Consejo Divino, junto a los dioses de la vida, los juegos, el tiempo, el destino, el conocimiento y la justicia.
¡ª ?DAN! ¡ª se escuch¨® de repente. Era Areskar, el dios de la guerra, gritando como siempre.
¡ª Ya, ya... eres un dolor de cabeza ¡ª replic¨® Dan, aunque no lo pareciera, Areskar y ¨¦l eran muy amigos, casi como hermanos.
¡ª Es un gusto verte, Dan ¡ª dijo una voz suave desde el otro lado de la mesa. Era Misha, la diosa del amor, y esposa de Areskar.
¡ª Es un gusto verte tambi¨¦n, Misha ¡ª respondi¨® Dan, sin emoci¨®n, casi como un aut¨®mata.
¡ª ?Oh! Parece que no quisieras verme ¡ª dijo Misha, sonriendo. Luego movi¨® la cabeza en direcci¨®n a otro lado de la mesa. ¡ª Aparte, ellas te estuvieron esperando.
Dan sigui¨® la direcci¨®n de su mirada y vio a sus cuatro prometidas: Ignis, diosa del fuego; Nerina, diosa del agua; Virella, diosa de la tierra; y Ceresia, diosa de la cosecha. Las cuatro lo miraban con atenci¨®n y, sin perder tiempo, se acercaron a la mesa.
¡ª ?Volviste! ¡ª exclam¨® Ignis, la m¨¢s energ¨¦tica de las cuatro.
¡ª Espero que no haya habido problemas ¡ª coment¨® Nerina, la m¨¢s seria del grupo.
¡ª Escuch¨¦ que te invocaron, ?es cierto? ¡ª dijo Virella, la m¨¢s t¨ªmida, especialmente cuando no estaba con personas que conoc¨ªa bien.
¡ª Hola, querido, espero que te encuentres bien ¡ª dijo Ceresia, la m¨¢s cari?osa, actuando como una verdadera esposa.
Las cuatro diosas se sentaron alrededor de Dan y, como era de esperarse, lo bombardearon con preguntas.
¡ª ?Y c¨®mo te fue? ?Destruiste algo? ¡ª pregunt¨® Ignis con entusiasmo.
¡ª Espero que no, ya tienes suficiente mala fama ¡ª coment¨® Nerina, cruz¨¢ndose de brazos.
¡ª Solo espero que no intentaran nada malo contigo ¡ª dijo Virella con cierta preocupaci¨®n.
¡ª No creo que Dan haya hecho algo as¨ª sin motivo... ?o s¨ª, querido? ¡ª pregunt¨® Ceresia con una sonrisa.
Dan suspir¨®, entrecerrando los ojos.
¡ª ?Por qu¨¦ clase de animal me toman? ¡ª dijo con un tono ligeramente molesto, lo que provoc¨® las risas de los presentes en la mesa.
¡ª Disc¨²lpame, amigo, pero¡ bueno, eres t¨². ?Recuerdas lo que pas¨® hace 120 a?os? ¡ª dijo Areskar con una sonrisa divertida.
¡ª S¨ª, s¨ª, no me lo recuerdes¡ Esos idiotas se lo merec¨ªan ¡ª respondi¨® Dan con fastidio al recordar aquel incidente. ¡ª En fin, ?alguna novedad? ¡ª a?adi¨® r¨¢pidamente, desviando el tema.
¡ª Pues hemos logrado que nuestras iglesias intercambien materiales, medicamentos y comida cuando sea necesario ¡ª explic¨® Misha.
¡ª S¨ª, intentamos incluir a los de tu iglesia, pero tus devotos se negaron a aceptar cualquier cosa que no aprobaras t¨² primero. Si pudieras hablar con ellos¡ ¡ª agreg¨® Areskar.
Dan se llev¨® la taza de t¨¦ a la boca con calma.
¡ª Ese sacerdote no me dijo nada¡ Tendr¨ªa que haberle dado un golpe ¡ª coment¨® con total naturalidad.
¡ª Tal vez lo olvid¨®, d¨¦jalo pasar ¡ª dijo Misha con una sonrisa indulgente. Luego, cambiando de tema, pregunt¨® ¡ª A todo esto, ?cu¨¢nto creen que durar¨¢ el Rey Demonio esta vez?
Era una apuesta recurrente entre ellos. El Rey Demonio resucitaba cada cierto tiempo, solo para ser derrotado por los h¨¦roes de la nueva generaci¨®n. Era un ciclo sin fin, y cada vez hac¨ªan apuestas sobre cu¨¢nto tiempo durar¨ªa y cu¨¢nto tardar¨ªa en resucitar.
¡ª Yo apuesto que durar¨¢ dos a?os y tardar¨¢ 200 a?os en volver ¡ª dijo Misha con confianza.
¡ª Yo tambi¨¦n creo que dos a?os, pero que tardar¨¢ 300 a?os en regresar ¡ª sigui¨® Areskar.
¡ª Mmm¡ un a?o y 500 a?os ¡ª dijo Ignis, pensativa.
¡ª Puede que Ignis tenga raz¨®n y solo dure un a?o, pero creo que tardar¨¢ 400 a?os en resucitar ¡ª opin¨® Nerina.
¡ª T-tal vez¡ tres a?os y 300 a?os ¡ª dijo Virella con cierta duda.
¡ª Yo creo que ser¨¢ un a?o y solo 100 a?os para su resurrecci¨®n ¡ª coment¨® Ceresia.
Ignis arque¨® una ceja.
¡ª Oye, Ceresia, ?no crees que eso es muy poco tiempo?
¡ª S¨ª, pero escuch¨¦ por ah¨ª que Dan entrenar¨¢ a los h¨¦roes de esta generaci¨®n ¡ª dijo con una sonrisa, mirando directamente a Dan.
El silencio se apoder¨® de la mesa mientras todos procesaban la informaci¨®n. Luego, en un solo instante:
¡ª ?????QU¨¦EE??!!! ¡ª gritaron al un¨ªsono, inclin¨¢ndose hacia Dan.
¡ª ?Dime, dime! ?Por qu¨¦ aceptaste? ¡ª exclam¨® Ignis, acerc¨¢ndose peligrosamente.
¡ª Oye, amigo¡ ?seguro que no los vas a matar? ¡ª brome¨® Areskar con una risa burlona.
¡ª Bueno, supongo que no lo har¨ªas gratis, ?verdad? Tal vez pediste algo a cambio ¡ª sugiri¨® Misha, llev¨¢ndose un dedo al ment¨®n.
¡ª Inteligente¡ No hacer nada gratis, un buen trueque siempre es mejor ¡ª pens¨® Nerina en voz alta.
¡ª Mmm¡ ?pero qu¨¦ pediste? Espero que no haya sido otra mujer¡ ¡ª murmur¨® Virella, sobrepensando la situaci¨®n.
¡ª Tranquila, solo pidi¨® que desmantelaran las dos iglesias dedicadas a Glam ¡ª respondi¨® Ceresia con naturalidad.
Dan parpade¨®, sorprendido.
¡ª ?C¨®mo sabes todo eso?
Ceresia tom¨® un sorbo de t¨¦ antes de responder.
¡ª Tengo devotos por todas partes¡ incluso en el castillo. Al fin y al cabo, todos necesitan bendiciones para sus cosechas, ?no?
Dan suspir¨®, recost¨¢ndose en su asiento.
¡ª Solo espero que no los uses para espiarme.
¡ª Jam¨¢s har¨ªa eso. No quiero que mis devotos terminen heridos ¡ª respondi¨® ella con una sonrisa tranquila.
Areskar, con los brazos cruzados, se inclin¨® un poco hacia Dan.
¡ª Oye, amigo¡ ?Glam ya lo sabe? Digo, ustedes est¨¢n en muy malos t¨¦rminos y ahora esto¡
Dan esboz¨® una sonrisa burlona.
¡ª ?Te preocupa que Glam me lastime?
Areskar buf¨®.
¡ª No, solo no quiero escuchar que Glam termin¨® muy mal herido por pelear contigo¡ otra vez.
¡ª Tranquilo, eso no pasar¨¢ ¡ª dijo Dan con confianza.
Pero, de repente, un grito lleno de enojo reson¨® en el anfiteatro.
¡ª ??DAAAANNN!!
La puerta se abri¨® de golpe, y all¨ª estaba Glam, el dios de la riqueza. No parec¨ªa nada contento.
¡ª Vaya, lleg¨® el ladr¨®n ¡ª coment¨® Dan con calma, tomando un sorbo de t¨¦.
¡ª ?Se puede saber qu¨¦ te pasa? ??Desmantelar dos de mis iglesias solo para entrenar a unos humanos!? ??Qu¨¦ demonios te pasa, maldito!? ¡ª espet¨® Glam, su rostro rojo de furia.
¡ª Vaya, el rey s¨ª que es r¨¢pido ¡ª dijo Dan tranquilamente mientras intentaba agarrar un poco de pan caliente.
Glam golpe¨® la mesa con fuerza.
¡ª ?No me ignores, te estoy preguntando algo!
Dan suspir¨®, llev¨¢ndose el pan a la boca.
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¡ª Lo s¨¦, y te estoy ignorando. ?Acaso no lo notas? ?O el brillo del oro te ha dejado ciego?
¡ª Vamos, Glam, es para entrenar a los h¨¦roes de esta generaci¨®n ¡ª intervino Misha, intentando calmar las cosas.
¡ª No te metas, esto no es asunto tuyo ¡ª replic¨® Glam con molestia.
Areskar entrecerr¨® los ojos y, sin pensarlo dos veces, desenvain¨® su espada.
¡ª No le hables as¨ª a mi esposa, basura.
Dan apoy¨® un codo sobre la mesa y mir¨® a Glam con una sonrisa burlona.
¡ª Escucha, Glam¡ Eres una desgracia. Solo das tu bendici¨®n a quienes pueden pagar tus tarifas absurdamente altas. Solo los ricos pueden acceder a tus iglesias. M¨¢s que el dios de la riqueza, deber¨ªas llamarte el dios de la avaricia.
¡ª ?C¨¢LLATE, MALDITO H¨ªBRIDO! ¡ª rugi¨® Glam, fuera de s¨ª.
Dan se puso de pie de golpe y, con un solo movimiento, invoc¨® su guada?a, Evelyn.
¡ª Recuerda que este h¨ªbrido te dej¨® muy malherido la ¨²ltima vez¡ y no me importar¨ªa hacerlo de nuevo.
Glam trag¨® saliva. Sab¨ªa que enfrentarse a Dan no era buena idea, y menos ahora que pose¨ªa a Evelyn, una de las pocas armas capaz de da?ar a otros dioses.
¡ª Esto no se quedar¨¢ as¨ª ¡ª gru?¨® entre dientes antes de darse la vuelta y marcharse furioso.
¡ª No te atrevas a acercarte de nuevo aqu¨ª¡ ni a mis prometidas, idiota ¡ª le advirti¨® Dan antes de hacer desaparecer su guada?a.
Areskar dej¨® escapar un suspiro.
¡ª Alguno de ustedes dos va a terminar muerto un d¨ªa¡ ¡ª coment¨®, volviendo a sentarse y tomando otro sorbo de t¨¦. ¡ª Dan, tu padre se va a enojar si se entera de que sacaste a Evelyn en el anfiteatro.
¡ª No tiene por qu¨¦ enterarse. En fin, ma?ana tendr¨¦ que entrenar a los h¨¦roes, as¨ª que me voy a dormir. ¡ª Dan se estir¨® antes de terminar su t¨¦.
De pronto, Virella se removi¨® en su asiento, algo nerviosa.
¡ª E-espera¡ ¡ª murmur¨®, jugando con su cabello, un h¨¢bito que ten¨ªa cuando estaba insegura. ¡ª Ma?ana ten¨ªamos nuestra cita los cinco, ?recuerdas? P-pero bueno, si est¨¢s ocupado, no hay problema¡
Dan la mir¨® y sonri¨® con tranquilidad.
¡ª No dije que cancelar¨ªa nuestra cita. Solo la tendremos mientras entreno a los h¨¦roes.
Se puso de pie y mir¨® a sus cuatro prometidas.
¡ª Prep¨¢rense, ma?ana tendremos nuestra cita.
¡ª ?S¨ª! ¡ª respondieron las cuatro al un¨ªsono, emocionadas.
Mientras Dan caminaba por el pasillo, un Mensajero de Luz apareci¨® frente a ¨¦l.
¡ªSe?or Dan, su padre lo llama. Est¨¢ en el Consejo ¡ªinform¨® el peque?o ser.
¡ªEst¨¢ bien, gracias por avisar, peque?o ¡ªrespondi¨® Dan, acariciando suavemente su cabeza.
¡ªEs mi deber, se?or. Ahora, si me disculpa, tengo m¨¢s mensajes que entregar ¡ªdijo el mensajero antes de desaparecer r¨¢pidamente.
"?Qu¨¦ querr¨¢n ahora?" pens¨® Dan. El Consejo Divino, donde solo los dioses superiores ten¨ªan un asiento: Vida, Muerte, Destino, Conocimiento, Justicia, Juegos y Tiempo.
¡ªBueno, ir¨¦ a ver. Puede que madre est¨¦ con padre ¡ªmurmur¨®, mientras se dirig¨ªa hacia la gran sala del Consejo.
Al llegar ante la imponente puerta, toc¨® un par de veces, pero no obtuvo respuesta. Frunci¨® el ce?o y volvi¨® a tocar con m¨¢s fuerza hasta que una voz juguetona se escuch¨® desde el otro lado.
¡ª?Contrase?a? ¡ªpregunt¨® la voz infantil.
Dan suspir¨®.
¡ªNo puede ser otra vez... Se?orita Nyxara, necesito pasar. Mi padre me est¨¢ esperando.
¡ªEsa no es la contrase?a. Te quedan dos intentos ¡ªrespondi¨® la voz burlona.
Dan cerr¨® los ojos con paciencia.
¡ªPor mi padre¡ ?Consejo?
¡ªIncorrecto. Te queda una oportunidad.
¡ª?Hora de jugar?
¡ª?Incorrecto! Lo lamento, no puedo dejarte pasar ¡ªdijo Nyxara con tono travieso.
Dan ya estaba a punto de frustrarse cuando una voz mucho m¨¢s grave y autoritaria retumb¨® al otro lado.
¡ª?NYXARA, BASTA! D¨¦jalo pasar de una vez.
¡ªViejo amargado... ¡ªmurmur¨® la diosa de los juegos con fastidio¡ª. Est¨¢ bien, puedes entrar.
La puerta se abri¨® lentamente, revelando un largo pasillo iluminado por una luz et¨¦rea. Dan avanz¨® con pasos seguros hasta llegar a la gran c¨¢mara del Consejo, donde siete figuras divinas estaban sentadas en sus respectivos tronos:
- Vida, la Diosa de la Vida ??
- Nyxara, la Diosa de los Juegos y la Diversi¨®n
- Aegirion, el Dios de la Justicia
- Moira, la Diosa del Destino
- Thalmos, el Dios del Conocimiento
- Solorix, el Dios del Tiempo
- Veniara, el Dios de la Muerte y su padre.
Dan alz¨® una ceja, cruzando los brazos.
¡ªBueno, aqu¨ª estoy. ?De qu¨¦ se trata esta vez?
Aegirion, el dios de la justicia, lo mir¨® con seriedad mientras sosten¨ªa una balanza en su mano.
¡ªM¨¢s respeto, muchacho. Recuerda d¨®nde est¨¢s.
Dan rod¨® los ojos y se llev¨® las manos a la nuca.
¡ªComo digas, viejo.
Antes de que Aegirion pudiera responder, una voz infantil y animada reson¨® en la sala.
¡ª?Oye, oye, oye! ?Dan, aqu¨ª, aqu¨ª, aqu¨ª!
Era Nyxara, la diosa de los juegos. Aunque su apariencia era la de una ni?a de 10 a?os, en realidad ten¨ªa m¨¢s de 9,000 a?os.
Dan la salud¨® con una ligera sonrisa.
¡ªSe?orita Nyxara, es un gusto verla.
La diosa de los juegos sonri¨® de oreja a oreja.
¡ª?Qu¨¦ lindo! Es educado~ ¡ªdijo, balance¨¢ndose en su asiento con diversi¨®n.
Thalmos, el dios del conocimiento, suspir¨® con impaciencia.
¡ªYa basta. Lo trajimos aqu¨ª por un asunto importante.
¡ªEst¨¢ bien, est¨¢ bien¡ qu¨¦ aburrido ¡ªmurmur¨® Nyxara, inflando las mejillas.
Finalmente, Veniara, el dios de la muerte y padre de Dan, habl¨® con voz grave.
¡ªHijo, me enter¨¦ de que te invocaron. ?Qu¨¦ sucedi¨®?
Dan se encogi¨® de hombros.
¡ªPues¡ me pidieron que entrene a los h¨¦roes de esta generaci¨®n.
Un silencio moment¨¢neo se apoder¨® de la sala mientras los dioses procesaban la informaci¨®n.
Vida fue la primera en hablar.
¡ªVaya¡ esto es inusual. Pero si ya establecieron un contrato, no podemos hacer nada.
Thalmos ajust¨® sus gafas con una expresi¨®n pensativa.
¡ªEs extra?o que invoquen a un h¨ªbrido. Hay otros dioses que estar¨ªan dispuestos a entrenar a los h¨¦roes.
Nyxara se rio suavemente, como si todo fuera un juego para ella.
¡ª?Esto es divertido! El peque?o Dan fue invocado. ?Qu¨¦ entretenido!
Moira, la diosa del destino, cerr¨® los ojos con un aire de misticismo.
¡ªEl destino es incierto¡ No puedo ver el de Dan ni el de los h¨¦roes ahora que est¨¢n con ¨¦l.
Aegirion asinti¨® con seriedad.
¡ªSi ya establecieron un contrato, no se puede romper¡ a menos que una de las partes no cumpla su parte del acuerdo.
Nyxara se gir¨® hacia Solorix, el dios del tiempo.
¡ª?Y t¨² qu¨¦ opinas?
Solorix, quien hasta ahora hab¨ªa permanecido en silencio, finalmente habl¨®.
¡ªSi Dan los entrena, tal vez tengan una oportunidad¡ Pero enfrentarse al rey demonio es otro asunto. En esto, yo no puedo interferir.
Veniara observ¨® a su hijo con calma antes de sonre¨ªr levemente.
¡ªYo conf¨ªo en mi hijo. Si lo invocaron a ¨¦l, es porque est¨¢n seguros de que har¨¢ un buen trabajo.
¡ª Padre, creo que me invocaron solo porque sab¨ªan que yo los entrenar¨ªa m¨¢s r¨¢pido ¡ª dijo Dan levantando la mano. ¡ª Sabes que ellos saben que no me agradan ¡ª a?adi¨® mientras apoyaba la mano en su nuca.
¡ª Bueno, tienes un punto. No te invocar¨ªan a prop¨®sito si no estuvieran desesperados ¡ª dijo Veniara.
¡ª ?Por lo que pas¨® hace 120 a?os? ¡ª pregunt¨® Vida.
¡ª Yo creo que el peque?o Dan hizo bien, esos se?ores solo lo invocaron por capricho ¡ª dijo Nyxara inflando las mejillas.
¡ª No importa cu¨¢l fue la raz¨®n, el aqu¨ª presente dej¨® ese reino reducido a cenizas ¡ª dijo Aegirion.
¡ª Siendo sinceros, a ese reino no le quedaba mucho tiempo. Su destino ser¨ªa peor que el que Dan les dio ¡ª dijo Moira.
¡ª Aparte, dej¨® escapar a los ni?os y parejas que esperaban hijos ¡ª agreg¨® Solorix.
¡ª Ya me dieron un buen rega?o de parte de mi madre por eso ¡ª dijo Dan bostezando.
¡ª Si lo recuerdo bien, estuviste castigado 50 a?os, jajaja ¡ª agreg¨® Veniara.
¡ª Tienes suerte de que a ti no te castig¨® nunca ¡ª dijo Dan.
¡ª Yo s¨¦ ocultar mis errores muy bien, hijo ¡ª dijo Veniara con un tono burl¨®n.
¡ª Entonces le dir¨¦ que perdiste dinero apostando con Solorix ¡ª dijo Dan sonriendo.
¡ª ?Wow, wow, wow, tranquilo, hijo! No hay por qu¨¦ decirle nada a mam¨¢ ¡ª dijo Veniara tratando de persuadirlo.
¡ª Si no le dices, no me har¨¢ devolverlo ¡ª dijo Solorix gui?ando un ojo.
¡ª ?Todos le tienen miedo a mi madre? ¡ª pregunt¨® Dan.
¡ª ?S¨ª! ¡ª respondieron los siete dioses al mismo tiempo.
¡ª Si, yo igual ¡ª agreg¨® Dan.
Vida tosi¨® para desviar el tema. ¡ª Ok, necesitamos hablar de algo. Dan, tengo entendido que pediste desmantelar dos iglesias dedicadas a Glam para entrenar a los h¨¦roes ¡ª dijo mientras lo miraba, sin hacer contacto visual con los dem¨¢s dioses.
¡ª Pues pod¨ªa pedir lo que quisiera como recompensa, as¨ª que ped¨ª eso. Aparte, es parte del castigo de Glam por tratar de seducir a mis prometidas ¡ª dijo Dan con una sonrisa.
¡ª Jajaja, se lo merece ¡ª agreg¨® Nyxara.
¡ª Como sea, Dan, escucha. El trato ya fue sellado, nosotros no podemos hacer nada, pero tampoco podremos intervenir si las cosas se salen de control con Glam ¡ª le advirti¨® Vida.
¡ª Bueno, si ya acab¨® nuestra charla, tengo cosas que hacer. ?Y padre, madre est¨¢? ¡ª dijo Dan para terminar pronto con la reuni¨®n.
¡ª Creo que est¨¢ en los campos, lo que significa que no volver¨¢ hasta muy tarde ¡ª respondi¨® Veniara.
¡ª Est¨¢ bien ¡ª respondi¨® Dan.
Los campos eran una de las "zonas" a las que solo los dioses superiores y aquellos a quienes se les diera permiso pod¨ªan acceder. Dan no pod¨ªa ir porque era un h¨ªbrido, y tampoco quer¨ªa, ya que esos lugares lo mareaban.
¡ª Est¨¢ bien, padre, nos vemos despu¨¦s. Adi¨®s, dioses, adi¨®s, se?orita Nyxara ¡ª dijo Dan levantando las manos mientras se dirig¨ªa hacia la salida de la c¨¢mara.
¡ª Adi¨®s, Dan, te extra?ar¨¦ ¡ª grit¨® Nyxara.
¡ª Adi¨®s ¡ª dijeron los dem¨¢s dioses al un¨ªsono.
¡ª Adi¨®s, le dir¨¦ a tu madre que le mandas saludos, hijo ¡ª dijo Veniara.
Y as¨ª, Dan se dirigi¨® a su habitaci¨®n. Hoy hab¨ªa sido un largo d¨ªa. Dej¨® su traje en el perchero y se acost¨® agotado. Tendr¨ªa que ba?arse, pero no ten¨ªa ganas.
¡ª Me ba?ar¨¦ ma?ana ¡ª murmur¨® antes de cerrar los ojos y quedarse dormido.
En su sue?o, Dan estaba en un lugar oscuro. Este era un sue?o recurrente, as¨ª que empez¨® a caminar por el lugar. No se escuchaba nada, y ni siquiera pod¨ªa invocar a Evelyn. Dan sigui¨® caminando por ese lugar, siempre igual, hasta que sinti¨® la mirada de seres grandes que lo hac¨ªan arrodillarse. Aunque luchaba por ponerse en pie, no pod¨ªa. Uno de los seres extendi¨® su mano y aplast¨® a Dan. En ese momento, Dan despert¨®.
¡ª Otra vez ese sue?o ¡ª murmur¨®. Cuando sus sentidos volvieron, not¨® que golpeaban la puerta.
¡ª ?Un momento! ¡ª dijo, y los golpes cesaron. Se visti¨® y abri¨® la puerta, donde cuatro chicas le dieron los buenos d¨ªas.
¡ª Buenos d¨ªas, dormil¨®n ¡ª dijeron sus cuatro prometidas.
¡ª Estuvimos golpeando un buen rato, ?qu¨¦ pas¨®? ¡ª pregunt¨® Ignis.
¡ª S¨ª, usualmente abres r¨¢pido, odias que te despierten ¡ª coment¨® Nerina.
¡ª S-si te sientes mal, solo dilo ¡ª dijo Virella.
¡ª No parece que tengas fiebre ¡ª dijo Cerelia, tocando la frente de Dan.
¡ª ?¨¦l se puede enfermar? ¡ª pregunt¨® Ignis.
¡ª Supongo que s¨ª, sigue siendo parte humano ¡ª respondi¨® Cerelia.
¡ª Estoy bien, solo un mal sue?o ¡ª dijo Dan. ¡ª Necesito un ba?o, en un rato vuelvo ¡ª coment¨® mientras agarraba un cambio de ropa.
¡ª Si quieres, te acompa?amos ¡ª dijo Ignis con una sonrisa.
Las dem¨¢s se avergonzaron un poco. Ver a Dan sin ropa ser¨ªa algo... bueno, pero a¨²n no estaban casados. ?Eso se pod¨ªa hacer? Seg¨²n las relaciones humanas, algunos lo hac¨ªan y otros esperaban hasta el matrimonio.
¡ª No, gracias. Quiero estar solo, pensando en mis cosas ¡ª dijo Dan, interrumpiendo el pensamiento de las chicas. ¡ª Esp¨¦renme en la puerta, no tardar¨¦ mucho.
Y as¨ª se fue al ba?o, mientras las chicas se quedaban pensando. Hoy ser¨ªa el entrenamiento de los h¨¦roes. Dan no ser¨¢ muy duro con ellos... ?verdad?