《Historias de Lukrania: Situación pegajosa (Español/Spanish)》 Capitulo 1 La noche, tiempo de oscuridad. Por milenios, la humanidad vio la llegada de la noche como el momento en el que comenzaba el peligro. La oscuridad consum¨ªa toda la existencia y dejaba a los seres vivos inmersos en lo m¨¢s rec¨®ndito de ella, pero no es la oscuridad misma lo que es peligroso, sino lo que en ella habita. Los hombres padecieron el ser los objetivos de las diferentes criaturas que se cubr¨ªan en el manto de la noche por muchos a?os. El miedo fue el motivante de varios avances tecnol¨®gicos en diferentes ¨¦pocas, como la domesticaci¨®n del fuego o la creaci¨®n de la bombilla el¨¦ctrica, e incluso con todos estos m¨¦todos, jam¨¢s se abandon¨® el miedo primigenio por la oscuridad y lo que ronda en ella. Eso nunca cambi¨®. Los que cambiaron fueron los monstruos. La oscuridad de la noche cubr¨ªa a la ciudad de Lukrania. Unos ni?os, en un acto de desobediencia a sus padres, estaban jugando a la pelota en un parquecito cerca del l¨ªmite con Trash City. Entre pelotazos, la noche los alcanz¨®, y no parec¨ªa que quisieran detenerse a pesar de eso. Un tiro desviado acab¨® enviando la pelota hasta una de las esquinas del parque, a lo que uno de los chicos tuvo que ir por ella. La pelota hab¨ªa impactado contra unos tachos de basura llenos hasta el borde, atr¨¢s de estos se ve¨ªa un gran bulto, parec¨ªa que alguien hab¨ªa desechado una gran bolsa de consorcio. Al recoger la pelota, el chico tira la tapa de uno de los tachos, haciendo que caiga contra la bolsa tras estos. Aquel objeto comenz¨® a moverse, parec¨ªa que se hac¨ªa cada vez m¨¢s grande, todo eso frente a la espantada mirada del joven. Luego de unos segundos, las met¨¢licas piezas bucales se hicieron presentes, y de entre aquellos desperdicios se alzaba, con sus imponentes 2,15 metros de altura, la criatura Oger¡äs Mouth. El chico dej¨® caer la pelota y sali¨® corriendo, los dem¨¢s lo imitaron al observar la situaci¨®n desde lejos. Oger¡äs Mouth emiti¨® un sonido de baja frecuencia mientras los observaba alejarse. Se lo ve¨ªa bastante mal. Sus movimientos eran lentos, jam¨¢s destac¨® por su agilidad, pero estaba m¨¢s lento que de costumbre. Desde la noche en la que Marco fue asesinado, ha estado refugi¨¢ndose en los l¨ªmites de Trash City, volviendo a Lukrania ocasionalmente para comer basura por las noches, ya que la de esta ciudad es mejor que la Trashcitiana. Su siesta no fue planeada, cada vez tiene menos energ¨ªa, esto debido a que la bater¨ªa que abastece su regordete cuerpo se est¨¢ agotando. Pronto no ser¨¢ m¨¢s que un mont¨®n de carne y metal que alguien encontrara tirado en una calle o un bald¨ªo, y cuando llegue ese d¨ªa ser¨¢ mejor que le pase en Lukrania, ya que en Trash City pagan bien por el kilo de metal. Era una noche bastante fr¨ªa, para ¨¦l es una situaci¨®n id¨®nea, ya que la mayor¨ªa de las personas se encontraban en sus casas. Aun as¨ª, siempre hab¨ªa casos particulares, como los chicos de hace rato, o algunos de car¨¢cter m¨¢s¡­peculiar. El monstruo camina dificultosamente en direcci¨®n a Trash City. Sus agitadas respiraciones retumban dentro de sus met¨¢licas fauces, de las pocas cosas que se escuchan en esa tranquila noche. Ya solo le faltaban 50 metros para cruzar, es entonces que escucha a alguien tras de s¨ª, pero lo ignora. Ten¨ªa muy poca energ¨ªa como para esforzarse en eliminar alg¨²n fisg¨®n, y a su vez era lo suficientemente fuerte para no preocuparse de lo que ronde en la oscuridad, o eso pensaba ¨¦l. El sonido de alguien pasando r¨¢pidamente de un lado a otro termina por cansarlo, por lo que decide voltear a toda la velocidad que su estado f¨ªsico le permite, solo para no ver nada. Pero tampoco pod¨ªa ver mucho realmente, solo aquello que estaba convenientemente bajo los faroles de la calle. Lo que haya sido, no tuvo el valor de dar la cara frente a ¨¦l, por lo que vuelve a lo suyo. Al retomar su camino, algo rueda desde la oscuridad hasta debajo de su pie. Su gran peso aplasta lo que fuera eso, desperdigando de forma violenta un fluido blanco y viscoso que el objeto conten¨ªa. Su forma f¨ªsica no le permite revisar bajo su pie, por lo que solo lo arrastra sobre el pavimento para limpiarse. Un chorro del mismo fluido impacta su nuca. La criatura vuelve a voltear, pero nuevamente no ve nada. Otro chorro impacta su espalda y brazo. Empieza a girarse hacia distintas direcciones, mientras que m¨¢s chorros de aquel fluido comienzan a cubrir su cuerpo. Comienza a enojarse por esto. _ Da¡­la cara _ dice, agitado. Pero lo que sea que lo estuviera ``atacando¡ä¡ä se mov¨ªa con rapidez, o tal vez era que Oger¡äs Mouth era demasiado lento, en cualquier caso, este ser se manten¨ªa fuera de su vista. Otros sonidos adem¨¢s de los pasos comenzaron a venir de la oscuridad, como risas cortas, exhalaciones y aspiraciones. Todo esto confundida y enojaba m¨¢s a la criatura de laboratorio. Dar vueltas en el mismo sitio lo termina mareando, y luego de tropezar con sus propios pies, cae extenuado al piso. El sonido de su impacto fue bastante fuerte, pero nadie sale de su casa para ver qu¨¦ pas¨®, as¨ª que est¨¢ solo, o bueno, no del todo. _ Oh si¡­ _ siseaba una voz desde la oscuridad _ ?Si!_ cada vez parec¨ªa estar m¨¢s excitado. Oger¡äs Mouth no pudo hacer nada para defenderse, solo pudo observar c¨®mo aquella figura sombr¨ªa hac¨ªa con ¨¦l su extra?o prop¨®sito. Pasamos a la ma?ana siguiente. Ricardo se levant¨® a las 9 A.M como siempre hac¨ªa. Las ma?anas parec¨ªan ser tan regulares como siempre lo fueron, pero aunque su actitud no lo demostrara, estaba pasando uno de sus mejores momentos. La familia estaba unida y en general se respiraba un ambiente de paz como hace mucho no ten¨ªan. El pueblo de Lukrania hab¨ªa recuperado la f¨¦ en el h¨¦roe del metal, y ahora ten¨ªa no solo nuevos aliados, sino nuevos amigos. Recordaba de forma vaga al antiguo Metal Man, aquel que muri¨® junto con el primer Chap¨ªn. El recuerdo de su hermano es algo que jam¨¢s lo abandonar¨¢, y por desgracia ese recuerdo est¨¢ ligado a su furia. Ese sentimiento arraigado en su ser desde aquel d¨ªa es lo ¨²nico que impide que el antiguo Metal Man regrese. Es muy posible que nunca lo haga. Mientras desayunaba junto a sus hermanos, recibe un mensaje por un dispositivo especial que el doctor Parriz hab¨ªa creado y entregado a cada uno de los miembros de los ¨¢ngeles. Tras leer el mensaje, ¨¦l y su hermana se colocan sus trajes y se teletransportan a la guarida secreta de los ¨¢ngeles, donde se encuentran con una nota que les indica ir a un lugar cerca de Trash City. Al llegar a dicha ubicaci¨®n, se encuentran varios polic¨ªas, periodistas y a sus compa?eros h¨¦roes, a excepci¨®n de Pie Afanado, Professor Mark y Emoon. Estos ¨²ltimos rodeaban un gran bulto blanco, moteado y tendido sobre la calle. Los periodistas intentaban conseguir algunas palabras de los hermanos, pero mientras que Funshine negaba las entrevistas, Metal Man continuaba avanzando hacia sus compa?eros, provocando que la prensa tuviera que apartarse de su camino. Dirts Storm estaba parado junto aquella cosa, se le notaba confundido por la curiosa situaci¨®n. Crownwell estaba de cuclillas, analizando todo m¨¢s de cerca. Al acercarse m¨¢s, los hermanos pudieron ver que esa cosa era Oger¡äs Mouth. El monstruo apenas pod¨ªa mover sus ojos. Respiraba de forma lenta, producto de la baja energ¨ªa que ten¨ªa y del peso que le ejerc¨ªa su cobertura. Estaba casi completamente cubierto de aquel fluido blanco viscoso que con el tiempo que hab¨ªa pasado se hab¨ªa vuelto m¨¢s espeso y s¨®lido. Sobre ¨¦l, adem¨¢s de aquella sustancia, hab¨ªan colocado galletas con chips de chocolate. Quien hubiera hecho esto parec¨ªa haber querido humillar al monstruo. _ ?Qu¨¦ pasar ac¨¢?_ pregunto Metal Man ni bien estar cerca. _ Buen d¨ªa para ti tambi¨¦n¡­ _ le respondi¨® Crownwell, sin apartar la vista de Oger¡äs Mouth. Antes de que el h¨¦roe del metal comenzara a enojarse, Dirts Storm contest¨® su pregunta. _ Unos civiles lo encontraron cuando sal¨ªan de sus casas a trabajar, se acercaron a ver que era y se tomaron unas fotos. Luego de que identificaron que era Oger¡äs Mouth, llamaron a la polic¨ªa y ellos a nosotros _. _ Que asco. ?Qu¨¦ es lo que tiene encima?_ pregunt¨® Funshine. El L¨ªder tom¨® un poco de la viscosa sustancia entre sus dedos desnudos, la olfate¨® un poco y procedi¨® a probarla. La hero¨ªna se asque¨® mucho m¨¢s de lo ya estaba. _ Plasticola _ concluy¨® Crownwell despu¨¦s de saborear y escupir la muestra recolectada. _ ?C¨®mo sabes¡­?_. _ Era un ni?o raro en la primaria _. _ ?Para que hacernos venir?_ le pregunt¨® Metal Man. Crownwell se enderezo antes de responder. _ Fatigas vendr¨¢ a buscar esta cosa pronto, y vos la vas a tener que subir al cami¨®n _ le respondi¨® con una sonrisa p¨ªcara _ Yo, por mi parte¡­_ agarra una de las galletas sobre Oger¡äs Mouth _ Voy a ver qu¨¦ informaci¨®n le podemos sacar a esto _. Metal Man gru?¨® y se qued¨® esperando la llegada del cient¨ªfico junto a su hermana. Dirts Storm y Johan se retiraron del lugar. _ ?Est¨¢s seguro de dejar que el gobierno recupere esa cosa?_ le pregunt¨® Brian. _ En ese estado no nos sirve, y no quiero patearles en contra, no por ahora al menos. Ahora me preocupa m¨¢s saber qui¨¦n hizo esto _ respondi¨® el L¨ªder. _ Ayud¨® a atrapar a Oger¡äs Mouth, quiz¨¢ sea un vigilante, alguien que a su manera intenta ayudar _. _ No me agradan los vigilantes _ Armstrong frunci¨® el ce?o ante el comentario _ Pero no creo que esto haya sido obra de uno. No s¨¦, simplemente me da mala espina _. Bastante m¨¢s tarde. Ricardo se encontraba caminando al trabajo. Los d¨ªas m¨¢s cortos, producto de la ¨¦poca invernal que cada vez era m¨¢s pr¨®xima, hac¨ªan que su trayecto a pie se realizar¨¢ en las ¨²ltimas horas de luz antes de la penumbra. Las calles a su lado estaban colmadas, cientos de trabajadores se dirig¨ªan a cumplir su segundo turno de 4 horas. Al llegar al edificio, marca el inicio de su turno y se dirige directamente al dep¨®sito a buscar su uniforme y sus herramientas de limpieza. El pasillo que debe recorrer est¨¢ m¨¢s oscuro de lo normal, esto le trae algunos malos recuerdos. Camina por la penumbra. No hay ventanas cerca que proporcionen la iluminaci¨®n natural que el d¨ªa a¨²n provee. Al llegar a estar en frente de la puerta del dep¨®sito, comienza a escuchar algo desde el interior, es una respiraci¨®n. Ricardo duda unos segundos de si abrir o no. ?Hab¨ªa alguien esper¨¢ndolo del otro lado acaso? Tensa sus m¨²sculos y se prepara para lo peor, en esta econom¨ªa no se pod¨ªa dejar el laburo por este tipo de trivialidad, y ¨¦l no era el tipo de persona que se sentir¨ªa intimidado por algo as¨ª.. Al abrir la puerta se encuentra con el sujeto del turno anterior. Este estaba durmiendo arriba de los trapos de piso. Ricardo lo despert¨® movi¨¦ndolo con el pie, a lo que el tipo solo se disculp¨® y se retir¨® r¨¢pidamente. Luego de ese raro incidente todo sigui¨® con relativa normalidad. Un poco m¨¢s tarde, en el cuartel de los ¨¢ngeles. El doctor Parriz estaba terminando de hacer las pruebas sobre la galleta que estaba sobre el cuerpo de Oger¡äs Mouth cuando Dirts Storm llega de uno de sus patrullajes. _ ?Alguna novedad?_ pregunt¨® el gordo tras entrar al cuarto del cient¨ªfico.. _ Si, de hecho¡­_. _ ?Si! De hecho¡­_ interrumpi¨® Johan, quit¨¢ndole el control del cuerpo a Parriz _ No pudimos encontrar encontrar ADN en la muestra, pero pudimos identificar la marc¡­_ el L¨ªder fue interrumpido por unos gritos que ven¨ªan de otra habitaci¨®n. _ ?Lazazel, lazazel! ?Hu tmid tsad achad lefani''i!_ rezongaba Emoon. _ Est¨¢ as¨ª desde hace como 3 d¨ªas. No deb¨ª dejarlo usar la computadora _ luego de ese imprevisto retoma la conversaci¨®n _ Como te dec¨ªa, pudimos identificar la marca de la plasticola usada _. This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there. _ Oh, genial. ?Analizaron alg¨²n componente o¡­?_. _ No, Fatigas nos envi¨® esto _ le ense?a un trozo de pl¨¢stico con el nombre de la marca en ¨¦l _ El adefesio lo ten¨ªa pegado en la planta de su pie _. _ ``Stol¨®n¡ä¡ä¡­_ leia Dirts Storm. _ Pegamentos Stol¨®n, ya te imaginaras quien los produce _. La plasticola pertenec¨ªa a una l¨ªnea de pegamentos y adhesivos fabricados por ``Qu¨ªmicos Sol¨®n¡ä¡ä. No ser¨ªa la primera vez que dicha l¨ªnea se ve envuelta en un incidente, pero jam¨¢s en uno de estas peculiares caracter¨ªsticas. _ ?Crees que Sol¨®n est¨¦ involucrado de alguna forma?_ pregunt¨® Dirts Storm. _ No, esto es demasiado est¨²pido para ser obra suya. Podr¨¢ ser un clasista psic¨®pata e impulsivo, pero llenar gordos con plasticola y galletas no es su estilo. Hablando de eso¡­_ toma la galleta que estaba sobre la mesa _ Son caseras, no hay forma de rastrearlas _ la arroja al piso. = No hagas mugre =. _ C¨¢llate _. _ Entonces¡­ supongo que seguir¨¢s la pista del pegamento _ le dice Brian. _ A falta de algo mejor¡­_ Emoon vuelve a gritar desde la otra habitaci¨®n _ ?Ay! ?C¨¢lmate un poco, enfermo!_. La marca de la plasticola utilizada en el hecho era cuanto menos interesante, no por lo que aportar¨¢ en la resoluci¨®n del caso en s¨ª, sino por las implicaciones que esa misma marca hab¨ªa tenido en el pasado de unos de nuestros h¨¦roes. Volviendo con Ricardo, este hab¨ªa estado haciendo sus labores con normalidad, con la ¨²nica molestia de sentir las manos pegajosas desde la ma?ana. La noche ya hab¨ªa comenzado a asentar su oscuridad sobre la ciudad y apenas eran las 9 P.M. La temperatura hab¨ªa comenzado a bajar, previendo la noche fr¨ªa que tendr¨ªamos, al igual que la anterior. Ricardo ciertamente sufre un poco m¨¢s el tener que caminar a su casa con ese fr¨ªo, pero no es algo que le moleste lo suficiente como para hacer algo al respecto. Mientras trapeaba los pisos, escuch¨® algo extra?o venir desde dentro de una de las habitaciones de hu¨¦spedes que ¨¦l sab¨ªa estaba vac¨ªa. Era algo raro y que a m¨¢s de uno sacar¨ªa de onda, hasta tal vez generar¨ªa cierto temor, pero a Ricardo no, por lo que tom¨® sus llaves y abri¨® la habitaci¨®n. No hab¨ªa nada all¨ª. Todo parec¨ªa estar correctamente en su lugar. La habitaci¨®n se hab¨ªa desocupado ese mismo d¨ªa y hab¨ªa sido limpiada por el tipo del turno anterior, y parece que le hab¨ªa costado bastante considerando su sue?o. Ricardo le dio un ¨²ltimo vistazo al lugar antes de apagar las luces y cerrarla de nuevo. No se hab¨ªa equivocado con lo del ruido, o no exactamente. Fuera de la ventana, sujeto a la pared como una criatura de la noche, hab¨ªa algo, algo que casi fue descubierto con la acci¨®n de Ricardo. Sus respiraciones profundas se intensificaban cada vez m¨¢s. Finalmente, prosigui¨® movi¨¦ndose lentamente por la pared. Ricardo no ten¨ªa idea de lo que pasaba fuera del edificio, por lo que simplemente continu¨® trapeando pisos. Estuvo as¨ª m¨¢s o menos una hora, afuera incluso comenz¨® a caer un agua-nieve, y la idea de volver caminando a su casa era cada vez menos atrayente. Su pensamiento en el futuro cercano se ve interrumpido cuando un hu¨¦sped se le acerca. No es algo normal que la gente quiera hablar con ¨¦l, su presencia no es muy amigable, pero la acci¨®n tiene su justificativo. El gerente, su jefe, no andaba por ning¨²n lado, lo cual era raro, siendo que suele rondar los pasillos o el hall en caso de que alguien necesite de su atenci¨®n. Con la labia que lo caracteriza, Ricardo le comunica al hu¨¦sped que ir¨¢ a buscar al gerente a su oficina, y as¨ª lo hace. Camina lentamente hasta el lugar, est¨¢ algo extra?ado por lo inusual del comportamiento de su superior, pero es el tipo de personas que las cosas que no lo afecten directamente le chupan un huevo, as¨ª que tampoco es algo que le importe mucho en realidad. Al llegar, golpea la puerta, pero no recibi¨® respuesta alguna, por lo que decide directamente abrirla. Al tomar el picaporte lo nota un poco duro, no demasiado, pero s¨ª lo suficiente como para que no abra al primer toque de sus fuertes manos. Ejerce un poco de fuerza y consigue abrir. La puerta se agarra al piso, que estaba cubierto de una sustancia pastosa, lo cual dificulta un poco la tarea de abrirla lo suficiente para que su gran cuerpo consiga pasar. Al conseguir hacerlo, observa a su jefe contra la pared que daba enfrente a la puerta, el hombre estaba completamente cubierto de plasticola, dejando apenas ver partes de su cara, lo cual le permit¨ªa respirar pero no ver. Sobre ¨¦l, adem¨¢s, hab¨ªa galletas con chips de chocolate. Toda la oficina estaba llena de manchas blancas, pegotes en el piso y escurridas en las paredes. La escena es surreal, casi aterradora, pero eso no era en lo que estaba puesta la vista de Ricardo. Parado frente al gerente y de espaldas al h¨¦roe, una persona con sombrero y una larga chaqueta, ambos marrones, impone su presencia en la habitaci¨®n. Estaba quieto en medio de la misma, observando lo que hab¨ªa hecho. En una de sus manos sosten¨ªa un pote de plasticola, el cual apretaba y soltaba r¨ªtmicamente a la par de su fuerte respiraci¨®n, con la que llenaba el lugar dejado por el silencio de los presentes. Comenz¨® a voltearse lentamente, su cabeza parec¨ªa estar cubierta por un pasamonta?as de lana amarilla, con un solo agujero para uno de sus ojos. Ricardo y esta persona se observaron por un par de segundos que se sintieron m¨¢s largos de lo que en realidad eran, en todo ese tiempo aquella figura no parpadeo. Ricardo fue el primero en moverse, dejando caer su trapeador a un lado para desocupar sus manos, acci¨®n que fue respondida con un chorro de plasticola a la cara. El extra?o atacante aprovech¨® los segundos que esto le dio para abrir la ventana y salir a la intemperie de la fr¨ªa noche. El h¨¦roe del metal se limpi¨® la cara con furia y, luego de quitarle el pegamento a sus lentes, corri¨® para asomarse por la ventana. El atacante desciende ¨¢gilmente hasta el suelo por los diferentes relieves estructurales o decorativos del muro exterior, luego de lo cual sale corriendo al callej¨®n oscuro m¨¢s cercano. Ricardo abre la ventana lo m¨¢s que pueda y se tira por ella, su impacto contra el suelo genera un estruendo considerable, pero para su conveniencia, no hay testigos cerca. Corre entre los copos movidos por el viento e iluminados por las luces de la calle, lo cual limita bastante su visi¨®n. Se interna en el callej¨®n donde pareci¨® haberse metido el tipo de la plasticola, pero la falta de luz hace casi imposible identificar nada. _ Mmh¡­ _ lograba escapar desde sus labios casi sellados. Parec¨ªa estar solo, pero no, algo vaga en la oscuridad. Veloces pisadas en el fr¨ªo suelo le indicaban que su objetivo estaba cerca, aunque ser¨ªa mejor poder verlo que s¨®lo escucharlo. Los ruidos parec¨ªan venir de todos lados al mismo tiempo, hasta que de golpe cesaron. Ricardo camino en la oscuridad hasta toparse con un contenedor de basura, y sus ojos, que de a poco se estaban acostumbrando a la falta de luz, pudieron notar que sobre el mismo hab¨ªa un sombrero, el mismo sombrero del tipo de la plasticola. Cuando el h¨¦roe extendi¨® el brazo para tomarlo, una figura emergi¨® r¨¢pidamente desde detr¨¢s del contenedor y le arroj¨® migajas de galleta a la cara. El atacante recogi¨® su sombrero y comenz¨® a moverse con rapidez alrededor de Ricardo mientras le arrojaba chorros del pegamento blanco. _ Metiche, eres un metiche. ?Sabes lo que le pasa a los metiches?_ dec¨ªa el extra?o sujeto, entre respiraciones profundas. _ Grgrgrgr¡­ ?Ahhh!_ el h¨¦roe del metal golpe¨® el suelo con sus 2 manos, causando un temblor que hizo a su enemigo perder el equilibrio y caer al suelo. _ ?Que¡­?_ el enmascarado no pod¨ªa comprender c¨®mo este aparente cualquiera que por casualidad fue testigo de sus acciones ten¨ªa un poder as¨ª de grande. _ Grgrgr. ?D¨®nde¡­ estar?_ Ricardo extend¨ªa sus brazos para tratar de atraparlo, pero aun no pod¨ªa ver bien debido a las migajas en sus ojos. El enmascarado comenz¨® a caer en cuenta contra quien se estaba enfrentando, y en ese mismo instante su actitud cambi¨®, en sus intenciones ya no estaba convertir a Ricardo en una de sus pegajosas v¨ªctimas, sino huir. Intent¨® levantarse y correr para saltar al otro lado de una reja met¨¢lica que separaba el largo callej¨®n en 2, pero Ricardo pudo o¨ªr el sonido de sus zapatos en el pavimento, por lo que se estir¨® un poco m¨¢s y pudo sujetarlo desde su larga chaqueta. El h¨¦roe del metal comienza a girar con el sujeto agarrado, hasta finalmente soltarlo con gran fuerza, para la suerte del maleante, en direcci¨®n a la reja. El cuerpo del enmascarado traspasa el alambre y da unas vueltas sobre el sucio suelo, es afortunado,aun despu¨¦s de todo eso, sigue consciente y sin ninguna lesi¨®n grave. Ricardo se toma el tiempo de quitarse sus gafas y limpiar sus ojos correctamente, cosa que el de la plasticola aprovecha para levantarse y huir a las rengueadas. Ricardo termina de limpiar sus ojos cuando ya no o¨ªa los zapatos de su enemigo por la distancia, por lo que algo frustrado pero m¨¢s calmado, se acerca a la reja que rompi¨® hace instantes. En los alambres rotos parece haber trozos de la ropa del criminal, y aun mejor, su sangre, esto le ser¨¢ muy ¨²til a Parriz y los otros. Ya estaba a punto de irse a ayudar a su jefe cuando nota algo tirado en el piso junto a la reja, el pote de plasticola. Ricardo no le da mucha importancia, no es hasta que una fr¨ªa brisa atraviesa el oscuro callej¨®n y voltea el pote que se da cuenta de la marca utilizada. Un recuerdo doloroso le viene a la mente, como si un alfiler que ca¨ªa desde la estratosfera impactara su cerebro y desbloqueara algo, algo que ya era historia antigua, pero que ¨¦l segu¨ªa teniendo muy presente hasta estos d¨ªas. Por estas fechas, hace ya 5 a?os. Metal Man se encontraba patrullando la ciudad, saltando por los tejados de los edificios, pero no iba solo, sujeto con fuerza a su espalda estaba Chap¨ªn, pero no el que una vez casi fue v¨ªctima de la orden del ojo escarlata, sino el original. Los 2 hermanos se vieron alertados por el movimiento anormalmente grande de patrullas, por lo que decidieron ver de qu¨¦ se trataba. Entre saltos, siguen a los polic¨ªas hasta llegar a una f¨¢brica en el sector industrial. Un gran despliegue se realiza para rodear las inmediaciones del lugar. El joven Chap¨ªn se baja de la espalda de su hermano y observa la edificaci¨®n. _ Ah, as¨ª que ac¨¢ hacen la plasticola _ dec¨ªa mientras ve¨ªa el gran logo de ``Pegamentos Stol¨®n¡ä¡ä en una de las paredes. Metal Man se acerca a hablar con los polic¨ªas para saber qu¨¦ era lo que estaba pasando. La escena era algo de no creer, algo que quien solo conoce al Metal Man del presente no podr¨ªa concebir ni en sus sue?os m¨¢s fantasiosos. ?El h¨¦roe pod¨ªa conjugar las frases correctamente!. Los oficiales le informan que fueron notificados de un robo en transcurso dentro de las instalaciones de la f¨¢brica, alguien hab¨ªa neutralizado a los guardias de seguridad e ingresado por una ventana. El perpetrador sin duda no era un amateur, pero no fue tan habilidoso como para evitar los sistemas de seguridad de Sol¨®n, cuyos empleados notificaron a las autoridades inmediatamente. El ladr¨®n segu¨ªa dentro de la f¨¢brica, o al menos eso cre¨ªan las autoridades. Metal Man miro a los oficiales con una sonrisa c¨¢lida, cosa de no creer hoy d¨ªa, y les dijo que ¨¦l y su hermano se encargar¨ªan del maleante. El h¨¦roe del metal llam¨® a Chap¨ªn, el cual estaba distra¨ªdo por el operativo policial, y ambos se dirigieron a la entrada principal del edificio. Entraron sin ning¨²n tipo de cautela y encendieron las luces, un simple ladr¨®n no los asustaba, luego de eso, decidieron separarse para buscarlo. _ Muy bien, yo voy por la derecha y t¨² por la izquierda _ dijo Metal Man. El h¨¦roe ten¨ªa mucha confianza en su hermano, que a pesar de apenas tener 11, estaba formado en las artes del m¨¢s puro metal conocido por el hombre, por lo que no era como el pendejo ordinario que ves jugando en la calle. El peque?o Chap¨ªn aprovechaba su tama?o para escabullirse por zonas m¨¢s complicadas y en las que el ladr¨®n podr¨ªa tratar de esconderse. En un momento, el joven h¨¦roe comenz¨® a escuchar un ruido, una voz, la cual claramente no ven¨ªa del exterior. Sus o¨ªdos lo guiaron hasta una secci¨®n de la f¨¢brica utilizada como dep¨®sito, lugar de donde parec¨ªa provenir aquella voz. A medida que se acercaba pod¨ªa escuchar mejor, el ladr¨®n parec¨ªa estar frustrado con algo, aparentemente con ¨¦l mismo. _ Est¨²pido, est¨²pido¡­_ sonaba entre los pallets cargados hasta arriba con paquetes _ ?Que hiciste¡­? ?Por qu¨¦¡­?_. Por su parte, Metal Man caminaba despreocupado en el lado derecho de la f¨¢brica. Su guitarra roja parec¨ªa brillar bajo las luces del establecimiento. Su mirada se ve¨ªa atra¨ªda ocasionalmente por las complejas m¨¢quinas del lugar, algo curiosos, siendo que al Metal Man de ahora no le podr¨ªa chupar m¨¢s un huevo algo como eso, o al menos eso es lo que aparenta respecto a casi todo la mayor¨ªa del tiempo. _ ?No! ?Andate!_ oy¨® decir desde el lado contrario al que estaba. R¨¢pidamente emprendi¨® rumbo a la fuente de aquellas palabras. El mundo pareci¨® moverse m¨¢s lento cuando divis¨® una mancha naranja extenderse entre los huecos que hab¨ªa entre las m¨¢quinas. Sus lentes oscuros comenzaron a reflejar la luz intensa que cada vez era m¨¢s cercana y que, en una fracci¨®n de segundo, abrazo su resistente cuerpo y lo golpe¨® con una fuerza que ni ¨¦l pudo igualar, lanz¨¢ndolo, como una hoja de papel que es arrastrada por un fuerte viento, hacia el lado contrario al que iba. Su cuerpo golpe¨® violentamente contra los fierros del equipo de la f¨¢brica, pero adem¨¢s de un poco de dolor, no sufri¨® nada m¨¢s. Metal Man se levant¨® del metal abollado que lentamente comenzaba a ser consumido por las llamas provocadas por una explosi¨®n. Camin¨® un par de metros a paso lento, estaba aturdido por el ruido y el golpe, pero no tard¨® en volver en s¨ª cuando una horrible deducci¨®n le vino a la cabeza. No le importaron las poderosas llamas alimentadas por los inflamables adhesivos, ni el da?o estructural que la edificaci¨®n hab¨ªa sufrido y que pod¨ªa volverla inestable, no le importaba su propio bienestar en ese momento. Pero al final, aunque hizo todo lo que pudo, ya era muy tarde. Se dej¨® caer de rodillas en el suelo infernalmente caliente, y frente a ¨¦l, un trozo chamuscado de la capa de Chap¨ªn, su hermano. Metal Man tom¨® con delicadeza el trozo de tela. Lo observo entre sus brazos tiritantes unos segundos. Parec¨ªa que todo a su alrededor se desvanec¨ªa, estaba solo ¨¦l en un limbo oscuro y lejos de todo. Su rostro comenz¨® a endurecerse, comenz¨® a dibujarsele una mueca de rabia como nunca antes hab¨ªa tenido. Los m¨²sculos de sus brazos imitaron a los de su rostro y tambi¨¦n se tensaron, apretando con fuerza el trozo de la capa de Chap¨ªn. Los polic¨ªas que se acercaban desesperadamente al lugar se detuvieron en seco y hasta consideraron retirarse cuando escucharon lo que parec¨ªa ser una bestia fuera de este mundo. Un grito gutural cargado de ira, pero tambi¨¦n lamentos, emanaba de la boca de Metal Man. Los polic¨ªas no fueron los ¨²nicos en escuchar los alaridos de Metal Man aquella vez, hab¨ªa algo m¨¢s, alguien m¨¢s. Una figura sombr¨ªa aprovech¨® la confusi¨®n causada por todo lo anterior para escabullirse fuera del sitio, dejando caer una pistola en el proceso. Ese fue el d¨ªa en el que el h¨¦roe del metal se transform¨®, el d¨ªa en el que dej¨® de ser un h¨¦roe carism¨¢tico para convertirse en la masa de m¨²sculos rellena de ira y remendada con cicatrices emocionales que tenemos en el presente, presente en el cual, quien fue responsable de este abrupto cambio, volvi¨®. En su momento las noticias se centraron en Metal Man y no tanto en quien intent¨® robar la f¨¢brica en primer lugar. Las pocas cosas que se dijeron de ¨¦l fueron variadas, algunos afirmaban que muri¨® en la explosi¨®n, otros que escap¨®, pero sin duda ninguno pudo imaginar que en el futuro regresar¨ªa al ojo p¨²blico con m¨¢s fuerza. Nadie sab¨ªa qui¨¦n hab¨ªa sido en su momento, ahora no era muy distinto, aunque ahora se le conoc¨ªa con un nombre, uno dado por la prensa al menos. Los diarios de hoy, y muy probablemente los de ma?ana, hablaban en sus titulares de los ataques nocturnos del ``Cookie Milker¡ä¡ä. Capitulo 2 _ ?A que debo que vengas a molestarme ahora, detective Crownwell?_ dijo Sol¨®n sin voltear su silla. _ Yo tambi¨¦n estoy feliz de verte, pero he venido por asuntos m¨¢s importantes que fastidiarte, asuntos de car¨¢cter m¨¢s heroico-investigativos _ le respondi¨® el L¨ªder. Sol¨®n dej¨® escapar una peque?a risa antes de por fin voltear su silla para ver al h¨¦roe. _ No me digas, es por los extra?os casos de ataques nocturnos, ?verdad? Bueno, he de admitir que si deseaba castigar a Oger¡äs Mouth por su cobard¨ªa y traici¨®n, pero yo no tuve nada que ver en esto, no es mi forma de hacer las cosas, pero eso ustedes ya lo saben _ una sonrisa maliciosa se dibuj¨® en la cara del villano. _ Si, ya s¨¦. Sos un mugriento, pero no el tipo de mugriento que estoy buscando _ la sonrisa de Sol¨®n desapareci¨® r¨¢pidamente y en su lugar se hizo presente una expresi¨®n de desprecio,algo m¨¢s usual en ¨¦l _ Vengo porque el energ¨²meno que est¨¢ haciendo esto lo hace usando tu preciada, y de dudosa calidad, l¨ªnea de pegamentos _ Sol¨®n se levant¨® de su silla y camin¨® hasta su ventanal, rezongo con enojo antes de seguir. _ Si, maldito enfermo. Dicen que no existe la mala publicidad, pero preferir¨ªa algo diferente a esto. Antes de que lo pregunte, no, no ha habido incidentes recientes que involucren robos o extra?as compras de plasticola de los que yo est¨¦ informado _ el empresario comenz¨® a hacer memoria de alg¨²n caso particular que haya estado relacionado a la plasticola Stol¨®n antes de los actuales, fue ah¨ª que algo no muy antiguo se le vino a la mente _ Apuesto a que tu simio de combate no debe estar de buen humor con todo esto _. _ Dirts Storm est¨¢ interesado en atrapar al maleante, pero yo no dir¨ªa que est¨¢ m¨¢s afectado de lo normal _. _ Estoy hablando de Metal Man, imb¨¦cil _ Johan se sorprende un poco por esto. Era cierto, Metal Man hab¨ªa estado de m¨¢s mal humor de lo normal desde su encuentro con Cookie Milker en la noche anterior, pero Crownwell no ten¨ªa idea de porque, y no le interesaba tanto como para preguntarle a ¨¦l o a sus allegados como Mark o Funshine acerca del tema. _ ?C¨®mo sabes¡­?_. _ ?Vives debajo de las piedras? El primer ayudante de Metal Man muri¨® tratando de detener a un ladr¨®n que hab¨ªa irrumpido en la f¨¢brica de ``Pegamentos Stol¨®n¡ä¡ä hace solo 5 a?os _. _ Ah. Bueno, siempre es bueno aprender algo nuevo _ Sol¨®n continu¨® con la mirada fija en el exterior mientras hac¨ªa un gesto de desaprobaci¨®n con la cabeza _ Pero bueno, si no tienes algo ¨²til que decirme creo que mejor me voy¡­_. _ Espera un momento _ el empresario volvi¨® a dirigirle la mirada al L¨ªder _ Es obvio que no tienes idea de como continuar con esta investigaci¨®n, y solo porque no quiero que uno de mis productos se vea manchado con las acciones de un cualquiera, puedo darte un camino m¨¢s¡­``seguro¡ä¡ä por el cual continuar _ Crownwell volvi¨® a acomodarse en su silla para escuchar a Sol¨®n _ Las escenas del crimen salieron en el peri¨®dico, t¨² las viste, ?no es as¨ª? ?Qu¨¦ puedes decir de ellas?_ Sol¨®n no se equivocaba en su afirmaci¨®n. Adem¨¢s de la escena de Oger¡äs Mouth, Johan tuvo que presenciar la oficina del jefe de Ricardo la misma noche que fue el ataque, luego de que este ¨²ltimo lo reportara. _ Son repugnantes _. _ Si, as¨ª es _ el empresario comenz¨® a caminar alrededor de su escritorio _ Puede pensar que se trata de una trivialidad, pero esa sola observaci¨®n puede decirle mucho, detective _. = ?Por qu¨¦ no habla claro el pelotudo este?= pregunt¨® Armstrong, a lo que Crownwell, en un susurro, le indico que esperara. _ Quien haya hecho esos ataques no buscaba cumplir alg¨²n objetivo como lo har¨ªamos los profesionales _ no pudo contener su egolatr¨ªa _ Ni tampoco buscaba la exposici¨®n medi¨¢tica para dar alg¨²n est¨²pido mensaje. No, esto es algo m¨¢s primitivo, es la expresi¨®n del intento de satisfacer deseos arcaicos. ?Lo comprende, detective?_. _ Algo _ mentira. _ En sus actos hay un elemento de pasi¨®n, una descarga de emociones retenidas que de otra forma no podr¨ªan ser liberadas, pero tambi¨¦n hay odio _. _ ?Por las v¨ªctimas? _. _ Por s¨ª mismo. Odio, verg¨¹enza, sentimientos de repulsi¨®n ante la perversi¨®n cometida por ¨¦l mismo, pero que no puede evitar realizar _. _ Como un gusto culposo, un fetiche _. _ Si, exactamente _ Sol¨®n vuelve a tomar asiento _ Ahora, si me disculpa, tengo trabajo que hacer, detective _. Crownwell se retira del lugar, piensa a fondo y debate con sus colegas acerca de las conclusiones de Sol¨®n respecto a la naturaleza de los cr¨ªmenes. Que un extra?o y salvaje fetichista fuera quien est¨¦ detr¨¢s del manto de este ser de la noche era algo que no se le hab¨ªa pasado por la cabeza. Sin duda es una hip¨®tesis interesante, pero de ah¨ª a usarla para idear una forma de atrapar al delincuente queda un largo camino. Regresemos atr¨¢s en el tiempo, a la noche anterior. Una figura sombr¨ªa trepa con dificultad por los muros de una pasteler¨ªa abandonada, tal parece que a estos rubros no les va bien en Lukrania. La figura ingresa al establecimiento por una ventana falsamente tapiada y se desploma en su interior. Se queda boca arriba sobre el suelo por casi 3 minutos, acompa?ado por el sonido de la ventisca de afuera y el de su propia respiraci¨®n agitada. Luego de eso, se levanta y comienza a caminar de un lado a otro, se toma la cara con su mano enguantada mientras murmura cosas inteligibles para s¨ª mismo. Su nerviosismo empieza a aumentar, lo que se ve reflejado en su andar, que es cada vez m¨¢s veloz a¨²n a pesar de su renguera. Sus murmullos poco a poco se van transformando en palabras, que a su vez se van transformando en gritos. _ ?P-por¡­por¡­? ?Por qu¨¦? ??Por qu¨¦?!_ dejaba escapar como alaridos mientras se sujetaba la cabeza, clavando los dedos en la tela de su m¨¢scara y dejando escapar d¨¦biles pero audibles sollozos. En su arranque de locura, logra ver su propia imagen reflejada en uno de los bowls met¨¢licos usados para la masa, lo cual provoca una ruidosa arcada que hace que se encorve, apoyando las manos en el suelo. Al primer momento de recuperaci¨®n, lo primero que hace es quitarse la m¨¢scara de un tir¨®n y arrojarla a un costado con asco. Tras todo eso, se dej¨® caer en el fr¨ªo piso. Un reloj despertador interrumpe su letargo, a¨²n est¨¢ muy cansado, pero a su vez fue como una cuerda que lo sac¨® del abismo, pues en sus sue?os revive todas sus acciones pasadas como si estuvieran grabadas a fuego en su mente. Pero el mundo real tampoco es mucho mejor al de sus sue?os, todas las ma?anas debe verse a s¨ª mismo en la guarida de aquel que acecha en busca de v¨ªctimas inocentes en las noches. Con apuro se quita las vestiduras de Cookie Milker, realiza su rutina diaria de aseo en las piletas para lavar trastes y se coloca ropas de apariencia y simbolismo menos desagradables. Con cautela para no ser visto, sale de la vieja pasteler¨ªa en direcci¨®n a su trabajo, probablemente la cosa m¨¢s normal que hace y la que menos le repugna. Todo el camino es consumido por sus pensamientos. Por la culpa de ser lo que es y de no poder evitarlo. Por la culpa de haberle hecho esas cosas horribles a Oger¡äs Mouth, que realmente s¨ª se merec¨ªa algo as¨ª pero no viene al caso, y al jefe de Ricardo. Por la culpa de saber que dej¨® una masa preparada para hacer galletas a la vuelta de su trabajo, y que en este mismo va a elegir a su pr¨®xima v¨ªctima. Se detiene antes de cruzar la calle, traga saliva por los nervios al ver la cantidad de polic¨ªas y noticieros que hay en el hotel, el mismo donde Ricardo trabaja, el mismo donde ¨¦l trabaja. De seguro no vieron venir tremenda revelaci¨®n. Una sensaci¨®n enorme de verg¨¹enza parece aplastarlo con el peso de 10 elefantes, pero de algo hay que vivir, por lo que toma valor y prosigue, ignorando a los oficiales y periodistas que, rec¨ªprocamente, tambi¨¦n lo ignoran a ¨¦l. ?Quien le prestar¨ªa atenci¨®n al chabon que limpia en un hotel cuando su jefe fue emplasticolado la noche anterior?. El Cookie Milker, o m¨¢s bien, qui¨¦n est¨¢ detr¨¢s de la m¨¢scara del Cookie Milker, trata de realizar su trabajo con normalidad como lo ha hecho siempre, pero los pisos a trapear y los muebles a lustrar ya no se sienten iguales al saber que quien los trape¨® y lustro la noche anterior es el h¨¦roe del metal, y peor a¨²n, una de las v¨ªctimas de su peor acto. Sus incontrolables deseos lo llevaron a casi arruinar su vida aquella vez, pero en vez de eso, termin¨® arruinado la vida del h¨¦roe, y ahora, despu¨¦s de 5 largos a?os, vuelve a ceder ante sus perversos impulsos, y como si fuera obra de un destino cruel se ve obligado a enfrentar a Metal Man. El maquinarse tanto le est¨¢ dando un sue?o terrible. Su nuevas actividades nocturnas no le permiten dormir bien, pero no est¨¢ dispuesto a dormirse otra vez en el trabajo, tanto para no encontrarse con Ricardo como para, con suerte, caer ante el sue?o durante la noche y no salir a realizar sus perversiones. Pero aunque no quiere, lo niegue o lo aborrezca, cada vez que limpia una ventana considera que tan dif¨ªcil ser¨ªa ingresar por ella. Cada vez que ve a los hu¨¦spedes pasar analiza cual opondr¨ªa menos resistencia. Cada vez que ve sus manos las imagina chorreantes del pegamento blanco, resultado de haber colocado las galletas sobre una v¨ªctima fresca. Es una pesadilla, una fantas¨ªa, y pronto una realidad. Realiza sus labores de forma casi rob¨®tica, como si estuviera en piloto autom¨¢tico. El cansancio y la mente funcionando con tantos pensamientos juntos propician esto. El tiempo pasa casi sin notarlo, y le cae por sorpresa cuando se le acerca uno de los recepcionistas. _ Fabian _ le dice su compa?ero _ Ya te podes ir _. Curioso, la mayor¨ªa de nosotros se sentir¨ªa aliviado de ya poder volver a nuestras casa tras terminar el turno de trabajo, pero Fabian quer¨ªa quedarse, ya que que aqu¨ª los invaden sus pensamientos pero no tiene acceso a las ``herramientas¡ä¡ä que le permiten a estos ¨²ltimos trascender a la realidad. Camina lento de regreso a su ``casa¡ä¡ä, con una expresi¨®n de zombi poco agraciada, aunque eso es de lo que menos se preocupa. Ingresa con dificultad por la ventana y camina hasta las mesadas, lugar en el que ten¨ªa la masa para galletas cubierta con un bowl. Empieza a trabajarla con gran habilidad, ni siquiera observa lo que hace. Su expresi¨®n sigue siendo la misma, con la mirada perdida en la nada y la boca entreabierta. No es hasta que termina de agregar los chips de chocolate que se da cuenta de lo que est¨¢ haciendo, entonces se aleja de la bandeja despacio mientras una l¨¢grima cae por su mejilla. Luego de todo eso, se recuesta sobre su chaqueta y se deja vencer por el sue?o. Mucho m¨¢s tarde, cuando la luna y las estrellas ya surcaban el cielo. Uno de los trabajadores del hotel terminaba su turno y se dirig¨ªa a la parada de colectivos m¨¢s cercana. La noche no era tan fr¨ªa como la anterior, pero no por eso era menos peligrosa. El hombre lleg¨® hasta la parada y tom¨® asiento para esperar, estaba solo, no era el ¨²nico que sal¨ªa de trabajar a esta hora, pero si el ¨²nico que deb¨ªa tomar el transporte p¨²blico por esta zona. Mataba el tiempo revisando su tel¨¦fono celular, viendo redes y mensajes. Un sonido extra?o, proveniente de la oscuridad, llama su atenci¨®n. Se acerca cautelosamente con la linterna de su celular, lo que sea que estaba haciendo ese ruido se asusta y huye a la calle, donde las farolas lo muestran de mejor manera. Solo era un gato. El trabajador hotelero regresa a esperar el colectivo. La situaci¨®n anterior le hab¨ªa dado un peque?o susto, pero al final fue solo eso, un susto, por lo que retoma su asiento y se queda tranquilo. No ten¨ªa idea que desde las alturas estaba siendo observado por una figura sujeta a la pared del edificio tras ¨¦l. Volviendo al hotel. Ricardo, como siempre, estaba realizando sus labores de conserje, pero no estaba solo esta vez. _ On dirait que nous aurons une belle nuit ce soir _ dec¨ªa una rata que observaba por la ventana, se trataba del Professor Mark. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Ricardo no dijo nada, no solo porque no entendi¨® lo que dijo sino porque ¨¦l no es de hablar de esas cosas, pero en el fondo disfrutaba de la compa?¨ªa de quien consideraba un amigo. _ Mmh¡­_ era de los pocos sonidos que hac¨ªa, en este caso, a modo de indicativo para que Mark se moviera de la ventana para as¨ª poder limpiarla. _ Siomara me dijo que has tenido una reca¨ªda ¨²ltimamente _. _ No querer hablar de eso ahora _ le respondi¨® el h¨¦roe del metal, sin apartar la vista de su trabajo. _ The silence es malo cuando se deben liberar las emociones aprisionadas en el alma, Ricardo. Recuerda que puedes contar con mi apoyo y el de tu familia en todo momento, pero es dif¨ªcil ayudarte si no sabemos en qu¨¦ _. Las sabias palabras de Mark hicieron efecto en Ricardo, que de a poco comenz¨® a contarle que era lo que lo ten¨ªa m¨¢s malhumorado de lo normal ¨²ltimamente. _ Recuerdos de hermano _ finalmente rompi¨® su silencio _ De alguna forma siempre regresar _ agreg¨®. _ Tener recuerdos de los difuntos no es malo, mi amigo, lo malo es que los tuyos se asocian directly al momento traum¨¢tico que signific¨® su muerte. Ademas, Siomara ciertamente no olvida al joven Juli, pero ella no sufre igual que t¨². ?A qu¨¦ se debe eso? _. Ricardo se quedo inm¨®vil unos segundos, dejo de pasar el trapo por el cristal de la ventana y agacho la cabeza. Mark, por su parte, se qued¨® expectante de la respuesta inminente. _ Ser mi culpa _ finalmente sali¨® de la boca del h¨¦roe. _ Foolishness _ Mark le sali¨® al cruce casi al instante. _ ?Si ser!_ recalco con un tono de voz m¨¢s elevado, pero lo baj¨® r¨¢pidamente _ Yo enviarlo solo, yo enviarlo a peligro _. _ Chap¨ªn hab¨ªa demostrado ser completamente capaz de afrontar situaciones rutinarias como esas antes. It''s a nonsense que te culpes a ti mismo por lo que pas¨® _ le se?alaba el skinwalker en forma de rata, pero Ricardo no pod¨ªa aceptarlo. _ Mmh _ con ese ¨²ltimo sonido, la ventana de di¨¢logo al respecto volvi¨® a cerrarse. El dolor por la muerte de su hermano era algo que Ricardo jam¨¢s podr¨ªa dejar de sentir, y el sentimiento de culpa que tiene est¨¢ muy arraigado a eso. Quiz¨¢ alg¨²n d¨ªa, con el apoyo de su familia y amigos, pueda superarlo, pero solo el tiempo dir¨¢ si eso es posible. Mark vuelve a su forma humana, casi golpe¨¢ndose la cabeza con el borde de un mueble al que estaba muy pr¨®ximo. Pone una mano en el hombro de Ricardo. _ Ich verstehe Ihre Gef¨¹hle, mein Freund, aber fr¨¹her oder sp?ter m¨¹ssen Sie in der Lage sein, sie zu ¨¹berwinden. Ich m?chte nicht, dass Sie auf dunkle Pfade gef¨¹hrt werden, von denen es kein Zur¨¹ck gibt. _ palabras sabias por parte del ling¨¹ista, ojala Ricardo las hubiera entendido. El resto de la noche continu¨® de forma normal, con Ricardo trapeando pisos y Mark junto a ¨¦l, buscando alguna nueva ventana para encarar la situaci¨®n emocional del h¨¦roe del metal y as¨ª tratar de ayudarlo. Pero eso solo fue por unos minutos, ya que de golpe y sin previo aviso, los gritos aterrados de una mujer se escucharon provenir desde la oscuridad del exterior. Algo malo parece haber ocurrido. Ricardo suelta sus herramientas y se apresura a bajar hasta el hall del hotel para posteriormente salir al exterior, no se quer¨ªa arriesgar a mostrar sus habilidades sin ocultar su identidad otra vez. Mark se le adelant¨® y sali¨® volando por la ventana. Los 2 h¨¦roes se apresuraron a llegar al punto de origen de los gritos. Mark, que hab¨ªa tomado la delantera, se encuentra con la mujer gritando horrorizada junto a la parada de colectivos, en esta, un hombre, el trabajador hotelero de antes, estaba pegado al techito de la misma. Las gordas gotas de plasticola ca¨ªan lentamente al suelo, arrastrando alguna que otra galleta. Mark se transforma en humano y trata de calmar a la mujer, pero ver a un p¨¢jaro convertirse en una persona la asusta a¨²n m¨¢s y sale corriendo del sitio. Al poco tiempo llega Ricardo, que no tarda en deducir qui¨¦n fue el autor de tal hecho. _ Grgrgr¡­Cookie Milker _ vocifera con dificultad. El skinwalker se convierte en gato y usa a Ricardo de apoyo para trepar y saltar al techo de la parada de colectivos, ah¨ª, haciendo uso de su visi¨®n nocturna superior a la de los humanos, observa los alrededores y finalmente lo ve. _ Here!_ exclama tras ver al Cookie Milker agarrado a un costado de una edificaci¨®n cercana. El villano, que hab¨ªa estado prestando atenci¨®n a la escena de los 2 h¨¦roes, se asusta y se retira arrastr¨¢ndose por la pared con rapidez _ Qu¨¦date aqu¨ª, ayuda a este hombre. Yo voy por §ä§à? _ dijo Mark a Ricardo, antes de levantar vuelo hacia donde estaba el maleante. El h¨¦roe del metal ciertamente se qued¨® con ganas de m¨¢s, quer¨ªa ir tras el culpable de estos ¨²ltimos sucesos, adem¨¢s de querer darle unos buenos golpes por traerle de forma m¨¢s vivida ciertos recuerdos desagradables. Cuando estaba bajando al hombre pegado al techo, record¨® algo. _ Sangre _ dice en voz alta para s¨ª mismo. Record¨® que hab¨ªa causado heridas en Cookie Milker, pero por el recuerdo de su hermano muerto hab¨ªa olvidado decirle a los dem¨¢s. Tras bajar a la desafortunada v¨ªctima del extra?o villano, regresa al trote hasta el callej¨®n donde pele¨® con ¨¦l la noche anterior. Ah¨ª estaban las manchas, resecas por el castigo de todo un d¨ªa, pero siguen siendo ¨²tiles para su prop¨®sito. Por su parte, Mark volaba entre las edificaciones siguiendo al villano. Este ¨²ltimo se mov¨ªa con gran agilidad, saltando a tejados cada vez m¨¢s bajos, hasta por fin llegar al suelo, donde comenz¨® a correr. El ling¨¹ista se lanz¨® en picada contra ¨¦l, pero el villano respondi¨® con un r¨¢pido pero certero chorro de plasticola que empap¨® sus alas, luego, arroj¨® una galleta con gran precisi¨®n, la cual acab¨® por derribarlo. Mark regres¨® a su forma humana tras golpear el suelo, se limpi¨® los restos del pegamento y continu¨® su persecuci¨®n a pie, pero transformado en babuino. Cookie Milker sobrepasaba los diferentes obst¨¢culos del camino con una destreza admirable, pero ni siquiera ¨¦l pod¨ªa vencer a un primate. En vista de que Mark ya estaba por alcanzarlo, el villano decidi¨® entrar en un edificio clausurado por da?os de fuego. Sin perder tiempo, Mark lo sigui¨®, una muy mala idea. El lugar estaba a oscuras, la poca luz que venia del exterior era absorbida por el color negro de los objetos y la propia estructura chamuscada. Mark regres¨® a su forma humana para tener un punto de vista m¨¢s alto. Caminaba despacio por los pasillos, escuchando atentamente todo a su alrededor, fue ah¨ª que comenz¨® a o¨ªr veloces pasos acerc¨¢ndose. Volteo r¨¢pidamente,pero como por arte de magia, los pasos parecieron pasar a venir desde la otra direcci¨®n. Volvi¨® a voltear, lo mismo, y as¨ª con cada movimiento que hac¨ªa. _ S??dng t?w xxk m¨¡ s?i c¨º¨¡ s??tw? h???ng r¨¡tr¨©¡­_ dec¨ªa en voz baja, pero sabiendo que su enemigo seguramente estaba lo suficientemente cerca como para o¨ªrlo. Volvi¨® a voltear con rapidez. _ ?No me veas!_ Cookie Milker le asest¨® un golpe a la mand¨ªbula que arroj¨® su escu¨¢lido cuerpo contra la pared _ ?Vienen por m¨ª! ?Vienen por m¨ª para matarme!_ el villano le arroj¨® un chorro de plasticola, pero Mark pudo transformarse en mosca y esquivarlo. _ ?C¨¢llate!_ Mark cambi¨® de forma a la de un chimpanc¨¦ y lo golpe¨® por la espalda, tumb¨¢ndolo en el suelo sucio de holl¨ªn _ I won''t kill you, but you will go to jail for your crimes _. _ ?Por favor! Tengo un problema¡­ _ dec¨ªa de forma suplicante. _ ?Eh?_ Mark regres¨® a su forma humana. _ Yo no quer¨ªa ... yo no quiero lastimar a nadie, pero¡­ est¨¢ fuera de mi control _. _ Me cuesta mucho tomar en serio esas palabras, m¨¢s a¨²n cuando s¨¦ que vienen de alguien que acecha v¨ªctimas inocentes por las noches, y las humilla de formas aberrantes _. _ ?Tienes que creerme! Yo trate, trate de ocultar estos deseos, pero est¨¢ en m¨ª, est¨¢ arraigado dentro de m¨ª _ se tocaba el pecho con ambas manos de forma efusiva al pronunciar esas palabras. Mark decidi¨® dejar hablar al villano _ Hace a?os que tengo estos impulsos, estas¡­fantas¨ªas _. _ ?Y por qu¨¦ dejar que tomen control de t¨ª ahora?_. _ No lo se, un d¨ªa simplemente no pude m¨¢s, sent¨ªa que era m¨¢s fuerte que yo. Quise salir a caminar para despejar mi mente, pero cuando me di cuenta, ya hab¨ªa tomado la plasticola y las galletas _. _ ?De donde sacaste la plasticola?_. _ Durante el tiempo que la Mano Matona tuvo el control de la ciudad, unos furrys hab¨ªan chocado con un cami¨®n de ``Pegamentos Stol¨®n¡ä¡ä. Trate de ignorarlo, pero no pude dejar pasar la oportunidad _ dej¨® escapar una extra?a mezcla de risa y sollozo, luego retomo el tema inicial _ Yo¡­no s¨¦, simplemente¡­no s¨¦, cre¨ª que si sal¨ªa cargando eso objetos y me conten¨ªa, ser¨ªa como pasar una prueba. Pensaba que pod¨ªa mantener al monstruo dentro de m¨ª. Entonces v¨ª a esa cosa caminar lento por la calle, tan vulnerable, tan sencillo¡­ _ Mark observaba al sujeto hablar con l¨¢stima y asco _ ``Es un monstruo, no estar¨¢ mal si lo hago¡ä¡ä pens¨¦, y me encanto _. _ But no fue suficiente _. _ No. Quer¨ªa m¨¢s, mi cuerpo lo ped¨ªa, trate de contener mis impulsos, cr¨¦eme que lo intente, pero se apodera de m¨ª. Lo siento¡­tanto¡­_ rompi¨® a llorar, humedeciendo la tela de su m¨¢scara. _ Necesitas ayuda, come with me y¡­_ el ling¨¹ista le extiende una mano con buena fe, pero es rechazada. _ No. Si voy, me entregar¨¢s a ¨¦l _. _ Nada malo te pasara, solo¡­_. _ ¨¦l no me va a perdonar por lo que hice. ?Me matara! ?Vas a permitirlo!_. _ No comprendo lo que dices. ?A quien te¡­?_. _ ?Me juzgas igual que los dem¨¢s! ?No dejar¨¦ que lo hagas!_. _ C?h?n k?l?ng phy¨¡y¨¡m ch?wy khu? xy¨±? pord c? y?n?h??xy _. _ ?No!_ el villano le arroj¨® migas de galleta a los ojos. Mark no pudo cubrirse y acab¨® cegado _ No pueden juzgarme. ?Nadie puede juzgarme! _ agreg¨®, luego empuj¨® al h¨¦roe y lo tir¨® al suelo antes de salir corriendo del lugar e internarse en la seguridad de la noche. Luego de poder limpiar sus ojos, Mark intent¨® buscar al criminal desde las alturas, pero no tuvo suerte, le perdi¨® el rastro y este sujeto era un maestro a la hora de ocultarse en la penumbra. Sin m¨¢s que poder hacer, el ling¨¹ista regres¨® al hotel donde trabajaba Ricardo. El h¨¦roe del metal se encontraba trabajando de lo m¨¢s normal, ya hab¨ªa ayudado a la v¨ªctima del Cookie Milker y llamado a la polic¨ªa. Al principio, Mark se extra?¨® por esto. _ I lost him, pero podemos¡­_ el conserje no mostraba inter¨¦s en sus palabras _ ?Me est¨¢s escuchando?_ no hubo respuesta. Metal Man a menudo no le daba especial atenci¨®n a las cosas que pasaban a su alrededor o que le dec¨ªan sus compa?eros, pero que no le bola a un caso como este era extra?o sin duda, y Mark lo sab¨ªa. No fue hasta que el turno de Ricardo termin¨® que todo comenz¨® a tener sentido. Ricardo parti¨® rumbo hacia su casa, mientras que Mark lo hizo en direcci¨®n al cuartel de los ¨¢ngeles de Lukrania. Iba caminando, algo poco usual en ¨¦l, pero lo hac¨ªa debido a que cargaba consigo una improvisada bolsa de trapo, la cual, se notaba que le estaba dando trabajo cargar. Al llegar a la panader¨ªa abandonada, trep¨® hasta el techo para mover la chapa que cubr¨ªa la entrada y as¨ª ingresar al lugar, no sin antes transformarse en gorila para arrojar la bolsa sobre el establecimiento. La falta de delicadeza por parte del ling¨¹ista al dejar caer la bolsa en el interior del cuartel despert¨® a Dirts Storm y al L¨ªder, quienes dorm¨ªan en el lugar. _ ?Ah! ??Qu¨¦?! ??Qui¨¦n¡­?!_ Crownwell apareci¨® con su rev¨®lver en mano, Dirts Storm se le sum¨® desde atr¨¢s _ Ah, sos vos _. _ ?Qu¨¦ pas¨®?_ pregunto el mugroso. Con todas sus fuerzas, Mark arroj¨® la bolsa de trapo sobre la mesa de reuniones, al hacerlo, esta se abri¨®, revelando trozos de reja met¨¢lica en su interior. _ ?Me ves pinta de chatarrero? ?Para que nos traes esto?_ le preguntaba Johan. = Capaz es medio avestruz y le gustan los fierros por su brillo =. = V¨¦alo un poco mejor, se?or Crownwell, parecen estar manchados con algo = el L¨ªder hizo caso a la petici¨®n. _ Sangre _ concluy¨®. _ De aquel que vaga en la oscuridad, cortes¨ªa de Metal Man _. _ ?Quien?_ le pregunt¨® Johan. _ Se refiere a Cookie Milker _ le aclar¨® Brian. _ Ah, ese _. _ Volvi¨® a atacar esta noche, a un worker del hotel Regular view _ les coment¨® el ling¨¹ista, siempre con ese porte elegante que lo caracterizaba. _ Ese hotel otra vez¡­, debe haber alguna relaci¨®n. En fin, gracias por traer esto, el nerd lo analizara en la ma?ana. Por cierto, intenta hacer estas cosas en mejores horarios, ?si? La justicia jam¨¢s duerme, pero yo si _ Johan se retir¨® a su habitaci¨®n nuevamente. El misterio tras la identidad de este enfermizo habitante de la oscuridad estaba a punto de ser desvelado por los ¨¢ngeles, pero hablando del diablo¡­ Lejos de ah¨ª, gritos ahogados y sollozos de ira resonaban en las sombras. Cookie Milker golpeaba las paredes y arrojaba al suelo sus utensilios de pasteler¨ªa. _ ?Ahhh!_ exclam¨® antes de quitarse su m¨¢scara con rapidez y arrojarla lejos. La misma termin¨® sobre una vieja chimenea para los hornos, alz¨¢ndose como el rostro de un espectro saliendo de entre las sombras. Fabian retrocedi¨® hasta tropezar y caer sentado. Continu¨® arrastr¨¢ndose hasta la pared contraria, aqu¨ª se acurruc¨® en posici¨®n fetal, cubriendo sus ojos y susurrando cosas. _ Basta¡­basta¡­basta¡­_ las l¨¢grimas comenzaron a filtrarse entre sus dedos. Sus m¨²sculos comenzaron a tensarse a medida que su llanto cesaba _ ?Basta!_. Fabian comenz¨® a pararse lentamente, su miedo y tristeza desaparecen a la vez que la furia los reemplazaba. _ ?T¨²!_ apuntaba su dedo tembloroso hacia la m¨¢scara _ ?Crees que puedes consumirme? No eres nada. ?Nada!_ comenz¨® a re¨ªr hist¨¦ricamente, pero luego volvi¨® a ver hacia la m¨¢scara con una expresi¨®n de aflicci¨®n _ No¡­_. Fabian trat¨® de trepar la chimenea in¨²tilmente, despu¨¦s apil¨® un par de cosas de por ah¨ª y consigui¨® su objetivo. Recuper¨® la m¨¢scara de la polvorienta superficie, la sujet¨® fuertemente con ambas manos, lo cual provoc¨® que cayera al suelo. Se retorc¨ªa de dolor por el golpe, pero no solt¨® la m¨¢scara en ning¨²n momento. Empez¨® a murmurar cosas otra vez, solo que esta vez eran en un tono m¨¢s ameno. Estaba pidiendo perd¨®n, le ped¨ªa perd¨®n a la m¨¢scara. Perd¨®n por haberla insultado y por no valorarla. Perd¨®n por no apreciar que ella era la ¨²nica cosa que le permit¨ªa ser como era sin temor a los dedos acusadores de los dem¨¢s. Ella lo proteg¨ªa, y jam¨¢s le har¨ªa da?o, no como los h¨¦roes, que buscaban hacerle da?o por su condici¨®n, al igual que el gobierno hace ya varios a?os. En ese desvar¨ªo provocado por el sue?o y su creciente locura, Fabian contempl¨® a Cookie Milker, no como el monstruo que trata de esconder en su interior, sino como la forma de satisfacer sus impulsos m¨¢s retorcidos con seguridad, sin temor a la opini¨®n p¨²blica. ?Por qu¨¦ deb¨ªa ocultar lo que era? ?Puede algo que te hace feliz ser malo? Estas y otras dudas atravesaron su mente revuelta de manera tan fugaz como potente, y se desvanecieron, al igual que el resto de sus pensamientos, cuando su cansado y dolorido cuerpo cedi¨® ante el voraz sue?o que hace horas lo ven¨ªa consumiendo de forma silenciosa.