《"El Último Nictibio" Y El Designio De Velmória》
Capitulo 1: "El Viaje Hacia Velmè´¸ria"
Primera Parte: La Larga Noche.
Cap¨ªtulo 1: "El Viaje Hacia Velm¨®ria"
Ya hace mucho, aquel nictibio que hab¨ªa presenciado la masacre no pudo hacer m¨¢s que esconderse. Y cuando se decidi¨® a salir, apartando las manos del fuego, su vista recibi¨® algunos rayos de luz de la luna. Fue ah¨ª cuando observ¨® c¨®mo el arma que los herreros de esa tierra hab¨ªan forjado segu¨ªa posada en el suelo. Aunque esta a¨²n no portaba ning¨²n filo, sin embargo esto no fue lo que llam¨® la atenci¨®n del nictibio, quien camin¨® unos metros hacia donde aguardaban las tumbas de ambos parientes, quienes fueron v¨ªctimas de la Gran Guerra (1), siendo que ya hab¨ªa visitado sus tumbas varias veces en el tiempo que crec¨ªa.
A su alrededor, los sauces con las ramas ca¨ªdas, las cuales carec¨ªan de hojas, porque estas ya hab¨ªan sido abrasadas por los incendios que aun se avivaban enardecidamente a su alrededor. Y mientras tocaba con delicadeza el arma, se pod¨ªa ver c¨®mo los filos curvos comenzaban a hacerse visibles; estos estaban hechos de una especie de luz tenue dorada que se intensificaba a medida que el contacto era mayor. As¨ª mismo, su reflejo, siendo el de un joven nictibio, el cual carec¨ªa de los tipicos sombreros kasa (2) que utilizaban los nictibios en esos tiempos, hechos de bamb¨² y matorrales. Aquel levant¨® la mirada para reflejar sus ojos del mismo brillo tenue que denotaba el arma. Las ojeras de sus ojos mostraban un grave insomnio que no pod¨ªa ser curado de ninguna manera, as¨ª como observaba con melancol¨ªa los nombres de las tumbas.
------Madre...Padre...-----susurr¨®, con una voz apagada, pero con el potencial para ser fuerte como ning¨²n otro.
Ya agachado, observ¨® a los alrededores, c¨®mo su pueblo natal hab¨ªa sido destruido y menospreciado por aquellos malditos, quienes aquel nictibio cre¨ªa que sus reacciones estallaban en v¨ªtores y risas ante su incapacidad de defender a su pueblo. Fue ah¨ª cuando sus palabras se tornaban m¨¢s fuertes, y agarraba con vigor el arma que bautiz¨® como "Ketsui No Sojin" (3). Y al darse la vuelta, no sin antes despedirse de su familia con todos los necesarios honores nictibios, guard¨® el mango del arma en su espalda, tal que cruzaba esta en diagonal, mientras esta parec¨ªa que sus filos se desvanec¨ªan al terminar el contacto, y se ajustaba a la medida de su espalda. Y sin mas, parti¨® hacia la orilla del mar.
En tanto, ¨¦l caminaba con la cabeza gacha, recordando a duras penas todo lo que pas¨® aquella noche, como flashbacks que atenuaban a su mente y le provocaban un fuerte dolor en la cabeza que apenas pod¨ªa soportar. Con las manos en la cabeza, observaba a trav¨¦s de su mente como una figura imponente, musculosa, atravesando a uno de sus parientes con un arma, cuya forma no pod¨ªa recordar; sin embargo, mas pod¨ªa escuchar los gritos de dolor y agon¨ªa que se pod¨ªan sentir desgarradores, segundos antes de que estas imploraciones culminaran en un ensordecedor silencio.
------Tras miles de muertes que mi pueblo pag¨® sin raz¨®n alguna... Sin duda ya es hora de encontrar a quien lo haya hecho... Y que pague por ello. ------susurraba con fuerza a si mismo, abri¨¦ndose paso a trav¨¦s de los ¨¢rboles y arbustos quemados que estaban a su alrededor. A medida que caminaba, recordaba los hechos una y otra vez donde se desencaden¨® todo, sintiendo en la sangre los gritos y lamentos de aquellos quienes, sin posibilidad a reaccionar siquiera, ca¨ªan uno por uno a sangre fria a la luz de la noche, recordando como si hubiese pasado apenas unos d¨ªas la masacre; m¨¢s bien, ya hab¨ªan pasado varios a?os desde esa noche.
Al atravesar una capa de arbustos, lo vio. Un bote parec¨ªa estar esper¨¢ndolo a su arribo a la tierra principal, "Velm¨®ria", y al levantar la mirada al horizonte ve¨ªa a lo lejos aquella tierra, aunque un gran muro la levantaba alto. El bote sin mas zarp¨® apenas tom¨® asiento, cuidando esa molestia de remar, as¨ª como las corrientes mar¨ªtimas parec¨ªan saber a lo que el iba. Esa naturaleza, parec¨ªa ser la de un ser divino, manejando las corrientes a su antojo, o en este caso, a su objetivo.
Encorvando un poco su postura, iba recuperando m¨¢s la memoria, m¨¢s espec¨ªficamente, como luc¨ªa esta tierra principal, cuyo nombre, "Velm¨®ria", hac¨ªa que su menci¨®n misma hiciera que sus pu?os se endurezcan. ¨¦l lo recordaba diferente: siendo cinco secciones unidas en una sola, caracterizada por una gran diversidad si de flora y fauna se hablaba, y de bienes espec¨ªficos, colores, y materiales. Solo pod¨ªa recordar la Luz, el Musgo, la Ceniza, los Cristales y la Neblina, o por lo menos as¨ª lo ve¨ªa cuando a¨²n ten¨ªa memoria.
Con su mente mas clara, ya recordaba que all¨ª, en el centro de aquel reino, aguardaba un gran templo, recubierto de hojas rojas y bamb¨²es a sus alrededores, aunque mas all¨¢ pod¨ªa buscar entre sus recuerdos la junta que se llev¨® a cabo hace no mucho. All¨ª, los cinco gobernantes, cada uno de las cinco secciones aguardaban el arribo de todos los pueblerinos, as¨ª como de los ej¨¦rcitos de cada uno. En el trono mas alejado a la izquierda, se sentaba pl¨¢cidamente Skalhildr, la madre de las Valkirias, cuyas guerreras son pertenecientes de la secci¨®n de la Luz. La comandante de tan vil, pero medido ejercito, ten¨ªa una figura alta y delgada, con un casco que recubr¨ªa sus ojos y parte de su cabeza, y se pod¨ªa ver un poco de su piel p¨¢lida. Sin embargo, destacaban sus alas, siendo una de las pocas que pod¨ªa portarlas, siendo estas las mas grandes y brillantes. A su espalda cargaba con dos hachas que, por regla del juramento, tuvo que dejar en el centro de la gran mesa.
Asi mismo lo hizo con su gran martillo Pyrothas, el Azote del Inframundo, se?or de la secci¨®n de las Cenizas. Este se sentaba en el trono central, siendo el quien iba a tomar la palabra despues de que todos llegaran. El era un coloso, con un cuerpo esculpido en la gran guerra, siendo su piel marcada por varias quemaduras y ciactrices en su cara y brazos fornidos. Apenas se pod¨ªa ver un ojo por la capucha negra que portaba, mas este se avivaba en un rojo sangre. Un poco mas abajo su barba negra y desordenada se complementaba con su gran melena con canas visibles.
A su lado se sentaba Eryndis. Aunque no muy alta, era una sabia mujer con rasgos intrigantes, usando armaduras que le recubr¨ªan los hombros, cintura y piernas, hechas de cuero y tejidos vegetales entrelazados con hojas resistentes y ra¨ªces finas, as¨ª como portaba una gran manta cubierta de musgo en sus hombros, que le recubre hasta la cintura; mas tambi¨¦n portaba tatuajes de colores verde, caf¨¦ y negro en todo su cuerpo. La reina de las guerreras Musgard solt¨® sobre la mesa su lanza, aunque la recriminaron de que soltara todas las armas. A rega?adientes solt¨® un arco, con sus correspondientes flechas, seguido de un cuchillo que guardaba en su escarcela.
--------Al parecer esos dos no vendr¨¢n de nuevo ¡ª----denot¨® Pyrothas, quien se par¨® del trono para observar entre la multitud.
--------Y eso te sorprende? ¡ª?Desde lo que pas¨® aquel d¨ªa han rechazado cualquier reuni¨®n entre los gobernantes! ------detall¨® Eryndis, quien tambien al pasar los minutos sin alguna novedad de aquellos dos gobernantes que faltaban se levant¨®.
--------Es una pena... Aunque se muy bien que lo estamos esperando a el, sin embargo no creo que acepte despues de que lo que ocurri¨® ese d¨ªa... Y por si fuera poco, el camino hacia esta tierra est¨¢ muy obstaculizado y lleno de seres mitol¨®gicos que no pueden adiestrarse con palabras. ------opinaba Skalhildr, quien alej¨® un poco a los otros dos gobernantes para hablar a la espalda del pueblo, que con ansias esperaban el comunicado que se iba a dar ese d¨ªa.
--------Deber¨ªa... Nos aseguramos de que los Nictibios no vuelvan a entrometerse, y lo necesitamos a el para asegurarle la paz al pueblo. ------afirm¨® "El Azote" (4), quien volte¨® a ver una caja de madera en la que dentro se guardaba el arma del que hablaban. Sin embargo, alguien interrumpi¨® su charla.
--------Lamento entrometerme, pero necesito asegurarme de que van a hacer lo necesario; mis hijos... No quiero perderlos as¨ª como perd¨ª a mi esposo... Porfavor!! Ustedes tambien tienen descendencia que proteger!! ??Hagan lo mismo por nosotros!! -----Aseguraba una pueblerina, quien con sus tres hijos a su solo mandato, no pod¨ªa aguantar las l¨¢grimas mientras rogaba por la ayuda de los gobernantes. Eryndis y Skalhildr observaron como Pyrothas les daba la espalda, y solo recit¨® unas cortas palabras antes de que el reloj marque una hora en especifico, "Har¨¦mos lo que est¨¦ a nuestro alcance... No podemos prometer mucho"
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La pueblerina fue echada a la fuerza mientras esta rogaba por que la escucharan, pero ya era tiempo; el reloj marcaba la medianoche, y los pueblerinos ya hab¨ªan aguardado todos los asientos disponibles, al punto de que algunos ten¨ªan que pararse para poder ver y escuchar adecuadamente. El Lider de los gobernantes di¨® un paso al frente, y con voz fuerte e imponente le grit¨® al pueblo:
"Les he encomendado esta noche, para requerir de su aprobacion para mi peticion. Tengo claro que hace mucho tiempo Velm¨®ria sufri¨® una fuerte emboscada, provocada por los guerreros llamados Nictibios. Entiendo su frustraci¨®n, Hubo quienes causaron sufrimiento... pero tambi¨¦n quienes lo recibieron injustamente. Hoy buscamos justicia, no m¨¢s guerras innecesarias. Es por eso que ya no queremos ver vidas afectadas por aquellos caprichos. Por eso! Ademas de fortalecer nuestras defensas, contaremos con alguien que puede darnos la tranquilidad que necesitamos, y tanto merecemos!"
Omiso a lo que cre¨ªan, solo algunos quisieron brindar el sake (5) que se sirvi¨® como cortesia, mas la mayor¨ªa se alej¨® se pararon de sus asientos, y la reunion no parec¨ªa calmar los temores de la gente, aunque una peque?a chispa se avibaba en que posiblemente no vuelva a ser otra mentira de las tantas, y esta vez si sea ver¨ªdico. Para empeorar las cosas, los pocos que aceptaron el sake como ofrenda, lo consum¨ªan hasta mas no poder, y caer borrachos para ahogar las penas, y olvidar lo que aquello fue.
Tras volver al bote, Kettei terminaba de procesar aquellas memorias que volv¨ªan a su mente a medida que pasaban los minutos y las horas. Y tras levantar la mirada observ¨® como el bote ya hab¨ªa topado con tierra firme, sin embargo no parec¨ªa estar en el lugar donde quer¨ªa llegar. Este lugar se sum¨ªa en la oscuridad, y poco se pod¨ªa ver, ya que estaba aun lejos de la cornisa, que era donde Velm¨®ria aguardaba. Mir¨® a su alrededor, y unos metros adelante, en un estrecho pasillo se encontr¨® a un hombre con ligeras ropas que apenas pod¨ªan cubrirlo del frio que hac¨ªa, y apenas este tuvo la suficiente fuerza como para levantar la mirada, su rostro se llen¨® de terror, mas su cuerpo no reaccionaba ante su intento de huir. el nictibio observaba, y se agachaba a pesar de que el miserable forcejeaba, preso del p¨¢nico.
-------No pienso matarte si no representas una amenaza... -----Por quien me tomas? -----pregunt¨®, y este a el:
-------Tu... Eres de quien hablaban.... De quien profetizaban iba a regresar!!! -------rogaba el vagabundo. Sin embargo, aunque se le acababa la paciencia, pudo mantenerse sereno, y preguntarle el como era posible que supiera quien era, si apenas lo hab¨ªa visto, a lo que el apunt¨® temblorosamente hacia el arma que portaba, y despues a su bufanda roja. Pero que significaba? Solo era un arma y una bufanda corrientes, que vi¨® el vagabundo en esos objetos que lo aterrara hasta mas no poder, puesto que ante el sudor frio que ca¨ªa de su frente, su cuerpo se desplom¨® y cay¨® de lleno contra el suelo.
Que habia pasado? Se pregunt¨®, acaso aquel hombre, ya difunto, ve¨ªa algo que el no? En fin, dej¨® atras al cuerpo inerte del vagabundo, aunque esa duda aun permaneci¨® en su cabeza, hasta metros mas adelante, donde al levantar la mirada ante el gran muro que estaba fremte suyo, observ¨® como peque?as protuberancias y baches en aquella pared serv¨ªan de apoyo. Escal¨® con un poco de dificultad, y la altura a la que estaba escalando no lo intrigaba tanto como los mensajes que estaban escritos en una lengua extra?a el cre¨ªa, y se estremeci¨® al leer lo que el cre¨ªa ser lo que relataba. "El llegar¨¢, y la calma al pueblo al fin se conceder¨¢". Eso era lo que aquel mensaje en letras oscuras apenas pod¨ªa ser visible predicaba, y todo concordaba hac¨ªa su arribo, aunque el no cre¨ªa que fuese muy aclamado en aquellas tierras. Solo quiz¨¢s si su arma y bufanda no lo delataban all¨ª.
Sin mas, Kettei sigui¨® subiendo, sin embargo lo que predic¨® aquel hombre no lo tranquilizaba, y se pod¨ªa ver en como empezaba a hablar consigo mismo, cuestionandose el como, o quiz¨¢, aquel pudo haber conocido sus origines, aunque eso no parec¨ªa ser; solo apuntaba hacia su arma y bufanda. O quiz¨¢, el origen de estas dos lo era. "Mmm..." murmur¨®, aunque su escalada se detuvo unos segundos para pensar, no hizo mas que volver a lo que hac¨ªa.
Ya al terminar, subi¨® lo que quedaba, y de espaldas, observando como aquella pared era mas alta de lo que pensaba, ya que apenas se pod¨ªa divisar el bote en el que hab¨ªa llegado hace apenas unos minutos. No fue cuando se di¨® la vuelta, ya que hab¨ªa sentido un frio aliento en la nuca. Ni bien tuvo tiempo para reaccionar, cuando ya era fuertemente arrojado a la pared mas cercana, y quebrantando la pared y poco, se levant¨® a duras penas, solo para ver al mounstro que lo hab¨ªa tomado desprevenido.
------Que son esas cosas? -----pens¨®, al observar como estas criaturas horror¨ªficas se maldec¨ªan de cuerpos incompletos y deformados, con piel agrietada y semicarbonizada, de la que escapan vapores gris¨¢ceos o resplandores infernales. Y para empeorar las cosas hay ver a su rostro, siendo estos cubiertos con m¨¢scaras parciales o fusionados por la carne, que parec¨ªa impedirles hablar, y solo balbucear en una lengua muerta que Kettei desconoc¨ªa. Aun mas sus ojos estaban marcados por un profundo semivacio negro, y apenas un punto rojo se pod¨ªa ver, as¨ª como portaban con harapos y restos de armaduras corro¨ªdas, y sus armas parecian estar hechas de huesos humanos.
Sin previo aviso, comenzaron a surgir mas del suelo, quebrantandolo poco a poco. Uno de estos se avalanz¨® contra Kettei, con una velocidad err¨¢tica, e impredecible. Apenas pudo bloquear su ataque con la madera de su arma, y empujarlo como pudo hacia el acantilado. De ah¨ª, empu?¨® mas firme el arma mientras aquellos observaban y caminaban lentamente hacia el, y con movimientos agiles y rapidos, parec¨ªa que los filos cubr¨ªan una esfera cortante alrededor de s¨ª, y los enemigos apenas pod¨ªan acercarse sin sufrir da?os. Sin embargo uno de ellos se subi¨® a su espalda en tanto este aplastaba la cabeza de uno de esos mounstros, y se hab¨ªa aferrado a el, dando posibilidad a los demas de atacar cuanto pudieran, antes de que un peque?o impulso le permitiera soltarse de ese agarre, y estamparlo con fuerza contra el piso.
Prosiguieron los demas mounstros, muriendo cada uno de ellos en pocos segundos, hasta el ultimo. Sudando un poco, respiraba agitadamente ante el esfuerzo, aunque ya todo hab¨ªa acabado. Sin embargo esas cosas, con sus caracteristicas propias de seres condenados al exilio le habian plantado cara, acaso esas cosas eran propias de esas tierras? Era poco probable, y eso era lo que le inquietaba. Metros mas adelante yac¨ªa otro vagabundo, quien observ¨® toda la pelea, reconociendo su versatilidad digna de un guerrero de la elite.
Aquel hombre pregunt¨® por "Lardken", a lo que el nictibio neg¨® ser quien el cre¨ªa, a lo que el vagabundo relat¨®: "Es una pena tremenda, en serio cre¨ª que ese hombre nos iba a salvar de la masacre que se avecina, pero por desgracia parece ser solo un cobarde... Sin embargo no pareces ser alguien de por aqu¨ª, de donde vienes?" . Kettei lo escuch¨® atentamente, y resopl¨® antes de contestar de que proven¨ªa de una seccion excluida hace decadas, mas conocida como "La Secci¨®n De Los Nictibios". Omiso a lo que esperaba, el anciano no tembl¨® ante esa menci¨®n, y sonri¨® como pod¨ªa, y promulgaba que esa colusion fue un acto cobarde y deshonroso. Al nictibio se le cortaron las palabras por unos segundos, antes de que el viejo siguiera: "Si... Creo haber escuchado de la profec¨ªa, que predicaba el dia en el que iba a llegar el superviviente de esa masacre. Que sorpresa tenerlo frente a mis ojos!! Te dar¨¦ un consejo muchacho, en Velm¨®ria, las personas no suelen ver mas all¨¢ de lo que se les promulga, y su pensamiento critico es simple y unidimensional. Por lo menos yo no creo que este tal "Lardken" pueda evitar lo inevitable".
Kettei se qued¨® mudo ante estas palabras, y solo se permit¨® preguntarle al sabio quien era este tal "Lardken", a lo que el sedentario confes¨® la identidad; siendo un guerrero que promet¨ªa ser indomable, con tunicas similares a las que el nictibio usaba, aunque este no portaba ningun arma, ya que una se le iba a ser entregada en tanto el lograra llegar al templo central de Velm¨®ria.
A pesar de que ese nombre resonara en sus recuerdos, no ented¨ªa el porque le estaba dando tantos detalles, a lo que el vagabundo crey¨® que el era "Lardken". Mas all¨¢ de eso, y de creer que un guerrero supuestamente legendario portaba las ropas que el usaba, se cuestion¨® el origen de aquellas criaturas hostiles que lo atacaron hace unos minutos, y se lo hizo saber al hombre, a lo que este contest¨®: "Aahhh... Te refieres a los Pr¨®fugos (6)! Bueno, ellos son criaturas que no deber¨ªan estar aqui en la zona baja de Velm¨®ria, ellos pertenecen al Limbo del Infierno! Al parecer encontraron la forma de escapar del Infierno mismo en busca de libertad. Ahora, no entiendo el porque atacan a los vivos... Supongo se debe a un intento desesperado de recuperar su vitalidad en los vivos como t¨²".
------No entiendo... Si esos mounstros que llamas "Pr¨®fugos", buscan recuperar la vitalidad en la gente viva, como no te atacaron a t¨ª? ----le pregunt¨® al anciano, sin embargo este respondi¨® de manera simple y consisa, el solo era un anciano con poca esperanza de vida, y conseguir la vitalidad de un viejo no iba a ser gran diferencia entre la vida y la muerte, y prefer¨ªan buscar sangre mas joven. Sin mas, el se?or se acost¨® en el suelo rocoso, alardeando dar a hecharse una siesta, no sin antes pedirle que desterrara a esas criaturas al infierno donde pertenecen, a lo que Kettei aceptar¨ªa, no sin antes pedirle como subir, y en respuesta el anciano, con su mano temblorosa apunt¨® hacia una gran pared, siendo incluso mas alta y desafiante que la anterior, la cual Kettei deb¨ªa escalar para llegar hac¨ªa Velm¨®ria, la tierra donde tiene asuntos pendientes que resolver.
Capitulo 34: "Mas Allè°© De La Guerra"
Cap¨ªtulo 34: "M¨¢s all¨¢ de la guerra"
Ambos, dispuestos a recuperar a quienes perdieron, se posaron sobre el borde de la ventana. Kettei ya hab¨ªa lanzado el gancho en direcci¨®n al otro lado que divid¨ªa ambos sectores. Aunque hayan pasado por mucho, el pasado no deb¨ªa ser impedimento para que comenzaran la b¨²squeda por la libertad y librarse de la maldici¨®n a la cual estaban expuestos. Las consecuencias estaban atribuidas a los errores que ellos cometieron, y no solo el par, sino todo el grupo. Y quienes estos ¨²ltimos cuatro integrantes, caer¨ªan dentro de una extra?a zona dentro de la mente, una nunca antes vista.
Una oscuridad infinita cubr¨ªa el lugar, sin l¨ªmites ni forma. Una sustancia viscosa y oscura se deslizaba lentamente, como si buscara algo.En este extra?o lugar, ni siquiera los gritos desgarradores del caos que los rodeaba lograban penetrar; estaban completamente aislados, en un mundo aparte. Finalmente tuvieron la capacidad para abrir los ojos, solo para ser recibidos por la misma negrura, escucharon las voces de los otros, m¨¢s apagadas y d¨¦biles de lo usual. Los recuerdos de los eventos previos los golpeaban en r¨¢fagas incontrolables, como fotogramas desgarrando sus pensamientos. Uno de ellos, demasiado exhausto para siquiera intentar hablar, estaba tan drenado que no pod¨ªa encender ni una simple llama.
Sin embargo, una chispa diminuta rompi¨® la monoton¨ªa de la oscuridad, iluminando sus rostros por un breve instante. La chispa creci¨® lentamente, revelando algo m¨¢s: marcas r¨²nicas en el brazo izquierdo de cada uno, distintas entre s¨ª, con un brillo tenue que parec¨ªa latir al ritmo de sus emociones. Las letras n¨®rdicas parec¨ªan contener mensajes que no lograban descifrar.
La chispa se dispar¨® hacia arriba de repente, transform¨¢ndose en una llama blanca, intensa y pura. Atra¨ªdos por la luz, se acercaron con pasos cautelosos. A pesar de las advertencias de uno de ellos, alguien intent¨® tocarla, solo para retirar la mano de inmediato, sintiendo una quemadura que, aunque invisible en la piel, se manifestaba como un dolor abrumador en el pecho, como si su propio ser fuera consumido por un fuego interno. Que era eso se preguntaban, ninguno ten¨ªa una idea clara, pero algo de lo que si estaban seguros, es que era la unica manera de salir de ah¨ª.
Furia entr¨® primero, de forma casi inmediata varios hilos agarraron su mano, y a medida que entraba a paso lento al interior de la llama, el dolor era ardiente, como si una gran flama de brasa ardiente quemara su corazon, como sus pensamientos tambien, ademas de eso, escuchaba gritos ensordecedores en su cabeza, que no ceder¨ªan hasta que entrara por completo. Tras verlo desaparecer, tomaron aire y prosiguieron. Ansiedad fue la siguiente, siendo un efecto distinto en ella, sintiendo un gran pesar en el alma, algo que provocaba que su cuerpo temblara mas y mas en medida que iba entrando lentamente en la llama. Prosigui¨® Desagrado, quien tuvo efectos diferentes, mientras apartaba la mirada de la llama arrastrando su mano al interior, los fotogramas volvieron, con imagenes de ella misma siendo despreciada no solamente por los demas, sino por ella misma tambien.
Aunque era doloroso entrar en la llama, no hab¨ªa de otra, y la ultima en entrar, Envidia, lo sab¨ªa bien, as¨ª que tomando valor acerc¨® su peque?a mano a la llama, siendo atrapada por esos hilos, y siendo arrastrada al interior. Al momento del contacto, en su cabeza se llenaron pensamientos horribles, donde ella sent¨ªa ser la sombra de los demas, sintiendo un deseo incontrolable de ser como ellos, pero desgraciadamente para ella, ese deseo nunca se iba a cumplir, sin antes entrar en la llama. Todos entraron, La llama se expandi¨®, iluminando lentamente la negrura. Las sombras se disiparon, revelando un paisaje vibrante que hab¨ªa estado oculto, como si la luz hubiera purgado la oscuridad.
A una considerable distancia de ellos, se encontraban el par de compa?eros, quienes se deslizaron por la tirolesa improvisada del guerrero, usando el mango de sus espadas como polea. A medida que la velocidad aumentaba, Alegria, quien estaba subida a la espalda del nictibio, divisaba como algunos trabajadores de la mente de Riley llamados "Mentaleros", hab¨ªan notado su presencia, y comenzaron a arrojar objetos en direccion a ellos. Como consecuencia, el aterrizaje no ser¨ªa de lo mas placido, y rodar¨ªan por el suelo, casi sin tener tiempo para recomponerse, ya hab¨ªan caido en una emboscada.
De inmediato, Kettei comenz¨® a atacarlos a pesar de las advertencias de ella, quien se manten¨ªa en su filosof¨ªa, mientras con palabras intentaba razonar con aquellos que hab¨ªan perdido la raz¨®n de ellos, y su propio sentido de ser de ellos mismos, murieron en cuanto fueron contaminados con la melaza.
-----Pero que haces?! Disparales!! No tienes otra opci¨®n!! ----le reclam¨® Kettei con fuerza en su voz, quien por la distracci¨®n fu¨¦ embestido por un gran sujeto, el cual destacaba por su fuerza f¨ªsica, que igualaba, o incluso superaba la del guerrero, y con esta ventaja, ahora era el quien requer¨ªa la ayuda. En sus ojos se pod¨ªa ver el vac¨ªo mismo, puesto que la oscuridad de sus pupilas solo les nublaba el pensamiento, y al parecer, revelaba la faceta mas aterradora, o mas violenta de cada uno, una que no encuentra el perd¨®n en nadie, ni siquiera en sus idolos.
Ante el grito, Alegr¨ªa tens¨® la flecha, pero su mano temblaba. Los recuerdos de al que estaba apuntando, se agolparon de un moemnto a otro en cuanto lo reconoci¨®, haci¨¦ndole casi imposible disparar hacia quien, hab¨ªa admirado alguna vez. Acaso les suena el nombre "Bing Bong"? Bueno, su apariencia fue corrompida por la melaza, y por poco fue reconocido por Alegria. Aquel que un d¨ªa, aunque lejano, le salv¨® la vida, y le dio otra oportunidad para salvar a su ama, estaba frente a ella. Mientras observaba su putrefacto estado, recordaba todos los buenos momentos que hab¨ªan pasado juntos, pero ahora, le part¨ªa el corazon observar a su mejor amigo convertido en un mounstro sin capacidad de razonamiento.
Aunque no hab¨ªa tiempo para pensar, deb¨ªa actuar en cuanto pudiera, antes de que los mounstros que antes eran conocidos como "Trabajadores de la mente" o "Mentaleros", comenzaban a levantarse algunos, y aparec¨ªan mas de los muros que ellos escalaban, los rodeasen, y atacasen. Mientras apartaba la mirada, se le escapar¨ªa la flecha, aunque el movimiento era err¨¢tico, y las manos le sudaban ante la decisi¨®n que deb¨ªa tomar, pero ya era muy tarde como para arrepentirse.
Aquella vol¨® en direccion al personaje, pero pas¨® lejos de el, aunque fue la suficiente distracci¨®n para que Kettei pudiera soltarse de su agarre, y ser capaz de asetarle un golpe con el brazo mec¨¢nico, directo a su mandibula. Casi de inmediato, con su mano derecha lograr¨ªa agarrar el mango de sus espadas, las cuales estaban un poco alejadas de el, y cuando no se encuentran en la mano de su due?o, se retraen hacia dentro, quedando solo el mango de dos espadas unidas, sabiendo que los filos estan hechos de la esencia del individuo. Siendo as¨ª, como arrogar¨ªa levemente el mango de las espadas a la altura de la cabeza del elefante, y apenas pudo recuperar el agarre completo con su mano izquierda, uno de los filos atravesar¨ªa la cabeza de Bing Bong, librandolo de su maldicion, pero acabando con su vida a la vez.
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Tras recobrar el aliento, se apart¨® del pesado animal, observando c¨®mo los dem¨¢s, afectados por la sustancia, presenciaban la escena junto a Alegr¨ªa, quien permanec¨ªa inm¨®vil, incapaz de reaccionar. Casi sin tiempo para reaccionar, mas se abalanzaron sobre ellos. Y despues de unos minutos de pelea, y mucha sangre derramada, mientras Kettei intentaba liberarse del agarre de un mentalero corrupto, algo mas llam¨® su atenci¨®n, no era nada mas ni menos que Alegria hab¨ªa caido en una trampa, y estaba siendo maltratada entre dos tipos.
Como si del instinto propio se tratase, un fuego se encendi¨® en el corazon de Kettei, y que crec¨ªa exponencialmente, tanto que se pod¨ªa ver en sus pu?os, y todo esto, mientras escuchaba como Alegria gritaba de dolor ante los golpes, hasta las lagrimas. Asi fue como, explotando de ira, soltar¨ªa un gran grito de guerra, y asesinar¨ªa brutalmente primero al que ten¨ªa enfrente suyo, rompiendo su mandibula de un solo golpe, y sin descanso correr¨ªa hasta el que usaba a Alegria como saco de boxeo, y lo embestir¨ªa contra la pared, donde aplastar¨ªa su cabeza con los pu?os. Mientras tanto, el efecto de ira en Kettei se transmiti¨® a Alegria, quien por un comentario sobre Riley, agarrar¨ªa una de las espadas que Kettei arroj¨® al piso, y la clavar¨ªa en la cabeza del que la estaba agarrando, e inmovilizando, pero ya no mas.
El fuego de Kettei se apagar¨ªa, y con ello, caer¨ªa al suelo mientras la respiracion se le pesaba y dificultaba. Ambos pudieron respirar, tras culminar con la emboscada con ellos como victoriosos, aunque no sin heridas. Siendo Alegria, quien apenas recobr¨® la consiencia, se volte¨® para observar, a quien le hab¨ªa arrebatado la vida. La compa?era que controlaba los sue?os de Riley, Paula, tambien hab¨ªa sido corrompida, y ahora su sangre manchaba sus manos, mientras ve¨ªa como la espada se recubr¨ªa en la sangre, y un charco de este material se hac¨ªa presente en el suelo. Era demasiado para procesar, dos muertes en tan solo minutos, y ambos eran sus amigos. Cinco a?os pasaron desde que ella vi¨® por ultima vez a aquel que se sacrific¨® para salvarla, pero que una nueva forma de el, corrupta, se hab¨ªa mostrado ante ambos, no como una ayuda, sino como una amenaza, sin razonamiento, ni capacidad para pensar.
Asi es, sus cerebros hab¨ªa muerto, y eran como zombies deambulando por carne fresca, de humanos que tuvieron que acabar con la vida de ellos. Alegria no pudo hacer mas que arrodillarse y detenerse a divisar el cuerpo de ambos, sin vida. Kettei se le acerc¨®, y colocandole la mano en la espalda, le prometi¨® que ellos no eran quien cre¨ªa recordar, y que no eran mas que mounstros corruptos por el efecto que esa melaza les provocaba en cada uno.
-----No lo soporto...----murmur¨® Alegria, con una voz cortante, mientras se miraba las manos manchadas de sangre. -----Ellos no merec¨ªan morir as¨ª... Eran mis amigos... ----susurraba entre lagrimas. Sus pensamientos cada vez se fragmentaban mas...?c¨®mo pod¨ªa haber hecho eso? ?Acaso era ella la misma de antes? O ?Kettei la estaba volviendo alguien que no quer¨ªa ser?
-----Lo entiendo, creeme que lo hago. No es facil vivir en guerra... Sin embargo, al menos cumpliste en terminar con su sufrimiento... Y mientras mas temprano lo aceptes, mejor. Por eso, estoy muy orgulloso de ti. ----admiti¨®, mostrandose por breves segundos una sonrisa que no pudo llegar a concretarse.
Apenas pudo aliviar un poco las penas de la que deb¨ªa aceptar que esto era una guerra, y que ten¨ªa que adaptarse al medio, este arranc¨® las espadas de la cabeza de aquel infectado, y puso rumbo hacia la luz que se reflejaba por el horizonte de todo aquel extra?o mundo. Ella se qued¨® observando como los cuerpos demacrados y putrefactos de los que alguna vez fueron sus aliados, yacian en el piso tirados, mientras se descompon¨ªan lentamente. Un suspiro solt¨® antes de seguirle los pasos a Kettei, pero no lo hac¨ªa metaforicamente, por si acaso.
Solo bastaron unos pocos metros para que tuviesen que encontrar cobertura en unos escombros de las paredes que habian caido, puesto que una semental bestia de tama?o abismal, con gran musculatura, pero que contrastaba esa mascunilidad con un pelaje de color arcoiris. Era poco reconocible, pero los relinchos agudos que este soltaba mientras trotaba por la zona lo hac¨ªa un obstaculo mas para el camino, y eso Kettei lo sab¨ªa bien.
-----Tu arco, ahora. ----impuso, mientras Alegria se colocaba en posicion de disparo. Aunque en primera instancia dud¨®, record¨® las palabras de Kettei, teniendo que enfrentarse a la realidad de que en ese momento, nadie era el mismo, y solo son criaturas infectados por la melaza que tra¨ªa sintomas similares a los de la rabia.
Dispar¨® la flecha a gran velocidad antes de que Kettei pudiera decirle algo, mientras la flecha zurpaba por el viento, pero por el movimiento, y sin el tiempo necesario para apuntar bien, junto a las imagenes que se le pasaban en la cabeza de un ser que recordaba con mucho cari?o provoc¨® que fallara, y el animal se alejara relinchando.
----Pero que hiciste?! Ahora estamos en peligro!-----susurr¨® con fuerza, mientras le quitaba el arco con una mano, y con la otra le agarraba el brazo. -----Si alguien mas lo encuentra, ser¨¢ un problema mayor... Asi que no hagas ningun movimiento brusco sin mi autorizaci¨®n. ----- Prosigui¨®, mientras la levantaba, y cuando le solt¨® el brazo, esta se disculpo por haberle fallado. -----No te disculpes, en el entrenamiento nunca se falla, solo arreglas los errores que cometes intentandolo una y otra vez. Asi que buscalo, y hazlo de nuevo.----- concluy¨®, comenzando a marchar. Ella intent¨® tomar el arco, pero lo apart¨® antes de que pudiera tocarlo. A rega?adientes, comenz¨® a correr en direccion al animal.
Unos mounstros los rodearon, y en respuesta, ella pidi¨® su arco, pero Kettei le recriminar¨ªa no estar lista para el desafio, y en cuestion de segundos, imbuy¨® sus espadas en el fuego primordial de su alma, y acab¨® con todos los presentes. Antes de poder recalcar el cabr¨®n sanguinario que era el guerrero, las huellas frescas del animal llamaron aun mas su atencion, y su intuicion fue correcta. En un plano donde la oscuridad era evidente, se pod¨ªa destacar el pelaje colorido del animal.
-----A mi se?al, No lo veas m¨¢s como un amigo... Ahora es solo una piedra en nuestro camino. -----le aconsejaba devolviendole el arco, mientras permanec¨ªa detras de ella con un leve contacto fisico. Sus manos se sent¨ªan mucho mas fr¨ªas que antes, y era como tocar hielo, pero ese hielo ard¨ªa, como si fuese escarcha, o por lo menos eso sentia ella.
Pudo lanzar con precision la flecha, y lograr¨ªa atenuar al animal, el cual relinchar¨ªa un correr¨ªa unos metros, para despues caer al suelo, herido de gravedad. Ella solt¨® un gesto de victoria, mientras ve¨ªa a Kettei con una sonrisa que le hac¨ªa falta mostrar. "As¨ª..." , le murmur¨®, asintiendo un poco. Ambos corrieron hacia la bestia, la cual parec¨ªa que cada aliento lo desgarraba desde dento.
------Ahora, acaba con el... No dejes que sufra mas. -----le orden¨®, proporcionandole una de sus espadas. Pasaron varios segundos para que ella lo tomara con ambas manos y lo acercara hasta la herida abierta del unicornio hecho bestia, pero sus manos, o su mente no dejaban que terminara con el sufrimiento del animal. Asi mismo, Kettei la agarr¨® de las manos, y mientras ella intentaba apartar la mirada, clavaron lentamente la espada en el animal, acabando con su vida.
Apenas retir¨® la espada, observ¨® como Alegria segu¨ªa mirando el cuerpo fallecido del animal, pero poco ni nada tendr¨ªa alguna clase de efecto en el, quien se levant¨® y comenz¨® a caminar. A los pocos metros de alejarse, ella lo sigui¨®, aunque sus sollozos se escuchaban a la distancia, asi como sus lagrimas ca¨ªan por el camino.
Capitulo 35: "Los Mismos Demonios"
Cap¨ªtulo 35: "Los mismos demonios"
En su camino por los pasillos, los cuales antes gozaban de color, ahora se denotaba una gran oscuridad y falta de color en ellos, as¨ª como la melaza cubr¨ªa cada rinc¨®n mientras se mov¨ªa err¨¢ticamente. Mas fue su sorpresa cuando, al pasar por unos grandes escombros de pilares que se derrumbaron anteriormente, se encontraron con un gran lago. Miles y miles de litros de agua se encontraban all¨ª; divid¨ªan los dos grandes sectores de la mente, donde el lejano, aunque apenas visible, se pod¨ªa divisar la luz que daba indicios de vida en aquella isla.
A su paso, no tardaron mucho en encontrar un bote, el cual parec¨ªa desamparado, pero de alguna manera pudo mantenerse en buenas condiciones, o quiz¨¢ haya sido construido recientemente. Aunque ambos coincidieron en que alguien ya hab¨ªa intentado pasar por ah¨ª, y dej¨® el bote abandonado. De inmediato revisaron cualquier posible falla que el bote pudiera tener, pero estaba limpio y perfecto. Mas era su suerte que en el costado del bote hab¨ªa un remo, el cual facilitaba mucho las cosas. Subieron al bote, quedando frente a frente; aunque al inicio se mantuvieron callados por unos segundos, sin embargo, su destino no parec¨ªa acercarse mientras remaban.
-----Ser¨¢ un viaje largo; si tienes algo para decirme, ahora es el momento. -----habl¨® Kettei con una voz m¨¢s suave y calmada, aunque ella se manten¨ªa firme en su postura cerrada, entrecruzando piernas y brazos, as¨ª como apartando su mirada de ¨¦l. Pero tard¨® unos segundos para encontrar las palabras que quer¨ªa encontrar, como el valor que deb¨ªa tener.
-----Bueno... Tampoco es como si quisiese decirte mucho... Es solo que no puedo creer que estemos haciendo esto. Arrebatarles la vida a quienes consider¨¢bamos nuestros amigos. -----murmuraba; su voz era suave y tenue, pero a medida que hablaba, esta se ahogaba. Kettei ante esto la mir¨® fijamente, mientras su expresi¨®n segu¨ªa siendo la misma, aunque esta no parec¨ªa tener ninguna diferencia provocando la muerte de otros; a pesar de que no era lo que ¨¦l quer¨ªa, era lo que Stolz provoc¨®.
-----Aqui... Nadie es nuestro amigo... Son solo monstruos sin cura, ellos murieron... ¡ªEl vac¨ªo en sus ojos era un reflejo de ello. ----le declar¨® Kettei, aunque solo podr¨ªa conseguir que ella lo interrumpiera, exigi¨¦ndole que no intentara encontrar otra forma de enfrentarlos que no sea a trav¨¦s de la violencia, ya que ella continuaba creyendo en la posibilidad de que a¨²n manten¨ªan algo de humanidad en ellos. Pero le costaba aceptar la realidad; el sufrimiento se estaba formando parte de ella, apagando cada vez m¨¢s su color, el cual era brillante, pero que progresivamente se estaba apagando. Estaba dejando de creer a medida que se torturaba con esos pensamientos.
-----Alegria... ¡ª?Tu brillo se est¨¢... apagando? ----preguntaba mientras sus ojos se abr¨ªan por instinto propio, mientras denotaba c¨®mo la voz de ella se hac¨ªa d¨¦bil, pero solo era por momentos. Mejor solo iba a remar, pensaba el guerrero, quien intuy¨® que todo esto la estaba afectando m¨¢s all¨¢ de su f¨ªsico, a su mente, aunque mucho tiempo no ten¨ªan, as¨ª que agarr¨® el remo y comenz¨® a remar con la fuerza que pod¨ªa ejercer.
-----Estoy... Estoy bien... ----repet¨ªa mientras intentaba recomponer la postura; sin embargo, comenz¨® a toser de manera incesante, pero insist¨ªa en mantener su palabra, aunque esa tos tardara en desaparecer, o quiz¨¢ se mantuviera en ella por m¨¢s tiempo del que cree. En su mirada se pod¨ªa ver un vac¨ªo que crec¨ªa, que no solo se ver¨ªa reflejado en ella, sino en alguien m¨¢s tambi¨¦n.
El mismo vac¨ªo se reflej¨® por instantes en Riley, quien se vio en el espejo de su casillero denotando aquel detalle, pero el perfil que deb¨ªa mantener la hac¨ªa ocultar aquel vac¨ªo. Era el D¨ªa del Desaf¨ªo, un partido amistoso entre el equipo de aquel ideal con el cual hab¨ªa comparado trayectoria y juego. Aunque parec¨ªa una apuesta absurda, el juego de ella hab¨ªa levantado m¨¢s de una sorpresa en ¨¦l, y en la gran mayor¨ªa de los y las alumnas del establecimiento, quienes despu¨¦s de clase se quedar¨ªan para observar el encuentro.
El reloj ya marcaba las cuatro y media de la tarde; en el vestidor ya se vibraba el ambiente. Esta vez no portar¨ªa el uniforme de su equipo, sino que usar¨ªa uno propio, el cual destacaba por unos fuertes colores rojos y negros, que ten¨ªa cierta similitud con el anterior, pero este parec¨ªa ser sofisticado. En el otro vestidor era igual, aunque a Chris le hicieron saber lo que era ella, alguien que har¨ªa lo que fuera por ganar, y con una gran furia oculta. ¨¦l lo tiene m¨¢s que claro; la hab¨ªa visto jugar, pero le faltaba conocer c¨®mo era vivir la experiencia en carne y hueso.
Las gradas comenzaron a llenarse de a poco, con estudiantes que ansiaban el encuentro; algo que parec¨ªa ser solo un reto se hab¨ªa convertido en una promesa por cumplir o un reto que superar. Ya era la hora, ambos equipos conformados por estudiantes quienes se comprometieron a dar el m¨¢ximo de s¨ª en un partido que no iba a ser igual que los otros, y ten¨ªan claro que este encuentro "amistoso" no iba a ser tan amistoso como se esperaba, aunque desde un inicio ya se conoc¨ªan los aires con los que se jugar¨ªa ese partido, y una cosa estaba clara: "El partido no acabar¨¢ en empate".
Britney, quien portaba el mismo uniforme que el de Chris, caminaba lentamente hacia la pista, mientras recordaba c¨®mo su amiga y compa?era de equipo hab¨ªa cambiado desde que conoci¨® a aquel muchacho, y sent¨ªa que la hab¨ªa dejado de lado, adem¨¢s de haberla tratado como la culpable de las desgracias de ella, sin siquiera dejar espacio para que Riley pensase que el problema era ella misma. Sin embargo, otra mirada se ver¨ªa en ella mientras observaba como en quien estaba pensando se estaba posando frente a ella. Aun as¨ª, ver¨ªa algo m¨¢s que su resentimiento en ella; ve¨ªa que quer¨ªa hablar sobre algo.
-----Britney... En verdad lamento haber provocado esto, pero tengo que terminar lo que empec¨¦... ¡ªYa es muy tarde, y yo...----intent¨® continuar, pero ella la interrumpi¨®, afirmando su ¨²ltimo punto: ya era muy tarde, su amistad no pod¨ªa ser reparada as¨ª de f¨¢cil; ser reemplazada no es tan f¨¢cil de perdonar, y arreglar su error tampoco lo ser¨¢. As¨ª que si deb¨ªa arreglar las cosas como lo hac¨ªa antes, deb¨ªa admitir que estaba equivocada, pero sobre todo deb¨ªa aceptar que eso tomar¨ªa tiempo, y que posiblemente este juego lo haga.
Aquella culpa, no la hab¨ªa sentido antes... Nunca, siendo ella tan buena persona, pero que ahora estaba entre la espada y la pared, poco y nada pod¨ªa hacer. As¨ª que solo podr¨ªa redimirse aunque sea un poco y demostrarlo de la mejor manera en la que lo sab¨ªa hacer, jugando. Esa oscuridad volver¨ªa a su mirada, y por primera vez, no disfrutar¨ªa del todo jugar un partido de hockey, el deporte que jug¨® toda su vida; por un simple error no pod¨ªa permitirse disfrutar de una de sus cosas favoritas. As¨ª mismo, como Kettei lo hac¨ªa, sin poder disfrutar aquellos momentos donde por breves segundos pudo ver a su ama ser feliz, pero ya no m¨¢s, o por lo menos eso pensaba.
De nuevo en lo que estaba pasando dentro de su mente, aunque ella intentaba disimular su debilidad y cansancio, segu¨ªa buscando una raz¨®n y explicaci¨®n a lo que estaba pasando, sin embargo, el silencio se tornaba cada vez m¨¢s inc¨®modo, pero por lo menos la distancia se hac¨ªa cada vez menor, y estaban m¨¢s cerca de llegar al destino. A medida que viajaban por el extenso canal, se pod¨ªa divisar mejor los desechos en los que estaban navegando, aunque inquietaba un poco el hecho de que el agua se iba tornando mas turbia.
-----Crees que ellos est¨¦n bien? ----le pregunt¨® Alegr¨ªa, mientras se asomaba por el borde del bote, as¨ª como enfocaba su vista en aquella luz que resplandec¨ªa en el fondo del lugar. ?Acaso podr¨ªan estar dentro de esa luz? Nunca vieron nada igual, y si no fuese el caso, el paradero de ellos ser¨ªa desconocido, y podr¨ªan perderlos para siempre, as¨ª como a los otros quienes fueron corrompidos por Stolz, y lo que provoque esa melaza en uno.
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-----Esto no puede pasar... Stolz perdi¨® la cabeza, y ahora su visi¨®n se nubl¨®... Por eso no pudo soportar aquel suceso, y si dejamos que sea ella quien tenga el control... No quieres saber de lo que el ego es capaz de hacer. -----afirm¨® Kettei bajando la mirada, as¨ª como encorvaba su postura. -----Se que est¨¢s d¨¦bil, pero no podemos permitirnos perderlos a ellos, as¨ª como te voy a perder a ti si es que esto empeora, y por nada del mundo quiero perder a uno de los m¨ªos, menos ahora. -----continu¨®, recobrando su postura erguida, pero su tono segu¨ªa siendo bajo mientras remaba. Las palabras que dec¨ªa no parec¨ªan ser mentiras, ni deliraciones; aunque ¨¦l hablaba siempre desde la perspectiva l¨®gica, esta vez hablaba desde su coraz¨®n, su instinto.
-----Podemos evitarlo, solo nosotros dos. Sin distracciones, solo dos guerreros buscando la libertad. As¨ª que... por favor... Ay¨²dame, ay¨²dame a hacer esto. Si no, todos morir¨¢n. -----le rog¨® Kettei estrechandole la mano. Por primera vez pidi¨® ayuda; sin embargo, era claro el porqu¨¦ lo hac¨ªa. Por las palabras, entendi¨® que la situacion lo hab¨ªa afectado mas de lo que cre¨ªa, o solo no quer¨ªa mostrarlo. Aunque ya lo sab¨ªa, y ante esto pudo recomponerse con las fuerzas que le quedaban, acerc¨® su mano lentamente a la mano de Kettei, aunque dudaba en tocar una mano cubierta de sangre.
Ya hab¨ªan tocado tierra firme, y el otro lado no era nada parecido al lugar en el que estuvieron. Todo era diferente, el suelo, las paredes, todo parec¨ªa que hab¨ªa salido de una pelicula de ciencia ficci¨®n, o de mitolog¨ªa. Aunque sea, este lado no parec¨ªa estar tan corrompido por la melaza como el otro lado, aqui los colores eran mas visibles, aunque lo que mas llamaba la atencion, era como antes de salir del bote, ya os recib¨ªa un fuerte temblor que sacudir¨ªa todo el lugar, provocando que varios de los pilares se derrumbaran, bloqueando casi por completo el unico camino por el cual pod¨ªan haber pasado, pero ahora no.
"NOO!!" grito Alegria con un ligero refunfu?ar. Ella se acerc¨® hasta los pilares para encontrar otra manera de pasar, mientras algo mas llam¨® la atenci¨®n de Kettei, cuando ese algo estaba a sus pies, recogi¨® lo que parec¨ªan ser unos escritos, y al abrirlo, su piel se eriz¨® como nunca lo hab¨ªa hecho, y todo ese efecto fue provocado por lo que pon¨ªa en esos escritos, los cuales estaban en muy buenas condiciones, aunque la letra parec¨ªa ser antigua, pero era legible. En esos escritos deber¨ªa predicar una catastrofe para llegar a infundir terror en Kettei de esa manera, solo eran letras, aunque predicaban algo mucho peor.
Tras ver por el rabillo del ojo como Kettei se estremecia mas y mas a medida que le¨ªa, hizo que se volteara y le preguntara que era lo que estaba leyendo, aunque este ocult¨® los escritos antes de que pudiera estar segura de haber divisado algo, aunque Kettei realmente haya disimulado su actuar.
------Como vamos a pasar por esos pilares? -----le pregunt¨® con un ligero fruncir de ce?o, observando de abajo hacia arriba las tremendas construcciones, las cuales no estaban antes. "Escalando", esa fue su respuesta. Le pregunt¨® si acaso estaba loco, pero estaba mas que seguro de su respuesta, agarrando con fuerza los espacios con escombros entre pilares para mayor firmeza, y sin mas se subi¨® a su espalda como si fuera una mochila. Aunque el ritmo era estable, algunos escombros eran muy inestables para el peso de los dos, y algunos caian, pero no imped¨ªan que buscaran otra manera de subir por los pilares.
Aunque lejano, se escuchan varios ruidos, los cuales era dificil percibir de que se trataba, eran combinaciones entre gritos y golpes, sonidos de animales relinchando, o quiz¨¢ era un toro enrabiado atenuando todo a su paso. A medida que sub¨ªan, la altura a la que estaban aumentaba, provocando que ella se aferre mas fuerte a la espalda de Kettei, y cierre los ojos, cosa que no pasar¨ªa desaprecibido por el. Ya en la cima, la luz era mas visible, pero poco a poco se iba estrechando, as¨ª que en marcha deb¨ªan ir, pero antes de retomar el paso, un fuego artificial llam¨® su atencion, y solo estall¨® unos metros cerca de aquella luz.
------Son ellos? -----se cuestion¨® Kettei, siendo Alegria quien con una sonrisa mas esperanzadora, comenzar¨ªa a correr entre los escombros, al tener una se?al de vida de sus amigos, quienes cre¨ªa muertos, as¨ª como Kettei en un momento admiti¨® tambien haber pensado eso. Deprisa, no deb¨ªan perder mas tiempo, as¨ª que le sigui¨® los pasos hasta un campo abierto, justo al lado de la luz, la cual en ese momento no era mas que una linea de unos cuarenta y cinco centimetros aproximadamente. Saltaron hacia este campo rodeado de un gran circulo de murallas, as¨ª como enredaderas verdes, y flores rosadas, y aunque el impacto fue un poco fuerte, no fue suficiente como para detenerlos.
------Vamos por ustedes, chicos.-----murmur¨® en voz baja Alegria, y all¨ª mismo solt¨® un fuego artificial en direcci¨®n hacia donde posiblemente sus amigos estaban, con vida. Kettei le pregunt¨® acerca de donde sali¨® eso, a lo que ella con simpleza, y una sonrisa que le faltaba mostrar, recalcaba como Temor contaba con todo un complejo de artilugios en casos de estricto rigor.
------Crees que funcione? -----le pregunt¨® Kettei con voz firme, a lo que ella esperaba poder decir un s¨ª, mientras pudo lograr mirarlo a los ojos, con la voluntad suficiente. Sin embargo, el guerrero reflejar¨ªa algo en sus ojos, y se di¨® la vuelta tan rapido como pudo, as¨ª como ella desviaba la mirada y abria los ojos como platos. Alzando el escudo se proteger¨ªa de la fuerte embestida inesperada, el se mantuvo sobre sus pies, desplegando sus espadas de su lumbar. Aunque ella no tendr¨ªa la misma suerte y caer¨ªa al piso, solo para levantarse tan rapido como pudiera, y apuntar con el arco a quien estaba frente a ellos: Lance SlashBlade.
Sin embargo, esta vez no estaba solo, sino que gozaba de un toro el cual parec¨ªa imposible domar, sin embargo un don especial relacionado con la ira el ten¨ªa para dominar al animal salvaje de una manera tan controlada. Este comenz¨® a reir, burlandose sobre como ellos pudieron revelar su posicion completamente, tratandolos de idiotas. Ante esto, Alegria soltar¨ªa una flecha sin dudar, solo para encontrar la mano de Lance, siendo la flecha neutralizada como si fuera soltada sin fuerza alguna. Aunque no le bastar¨ªa solo con eso, tambien se mantendr¨ªa delante de Kettei, mientras tensaba otra flecha en la direccion de Lance.
-------Oh, pero si es una de mis flechas, y la dispar¨® la mismisima reina de las emociones, muy... hilarante por cierto.----brome¨® sarcasticamente, botando con fuerza la flecha al piso, mientras ella repet¨ªa su nombre, lo que provocaba solo ligeras risas en el. -----Ha pasado un tiempo... Y tu... Oh, Je Je... Como voy a olvidarme de t¨ª, maldito bastardo. Que d¨ªa de suerte!! Responder¨¢n por muchas cosas ustedes dos, as¨ª como van a responderme el porque tu tienes mi arco, no les parece?
-------Tu ya no lo mereces, no has hecho mas que ganarte el odio de todos por una estupida revancha! ----le grit¨® Alegria con voz fuerte y firme, mientras en ningun momento destensaba la flecha y no lo dejaba de apuntar, cosa que hasta el mismo Kettei tomar¨ªa desprevenido, puesto que hace apenas unos quince minutos no era capaz de soportar disparar una flecha a alguien. Aunque a pesar de toda esa verdad, el no har¨ªa mas que reir.
Ante esto, Kettei se le acerc¨®, y mientras no descuidaba la postura, le aconsejar¨ªa huir, puesto que para el, esa batalla era suya, y no iba a involucrarla en un asunto que el comenz¨®, y el deb¨ªa terminar. Mientras el toro bramiaba sin control, as¨ª como no los atacaba por ordenes de Lance, este ultimo coincidir¨ªa con el espadachin, creyendo que andar de fisgon no se ve¨ªa muy bien la ultima vez que el se fij¨®, asi que a rega?adientes, bajar¨ªa el arco, y le dejar¨ªa el combate en las manos de Kettei.
-------Se que no quer¨ªas esto, pero sabemos como termina.... Nos vemos. -----concluy¨®, comenzando a escalar con dificultad por su cuenta el muro que separaba un campo con el otro, quedando ambos archienemigos cara a cara.
-------Oh, AMBOS SABEMOS QUE ESO NO ES CIERTO! Pero no te preocupes Alegria! Ir¨¦ por ti y tus amigos tan pronto como termine aqui... Ahora... ?Que hay de nuevo, viejo? -----Con esas palabras, Lance sentenciar¨ªa el encuentro que esta vez no tendr¨ªa perdon, y coincidian en que uno de los dos iba a morir ese dia. Ambos se miraron frente a frente como en luchas anteriores, con la diferencia, de que ahora un toro enrabiado tendr¨ªa que verse las caras contra el que en cierto estado, se convierte en un asesino, mientras Kettei manten¨ªa su postura de pelea, parecida a la de un Nictibio, aceptando que no debi¨® haberlo perdonado en primer lugar, pero que esta vez no iba a cometer el mismo error tres veces.
Capitulo 36: "El 煤ltimo Verd眉go De Dios"
Capitulo 36: "El Ultimo Verdugo de Dios"
Sin mas, el infame toro se lanz¨® contra el guerrero, alzando los cuernos en cuanto pudo. Al instante ser¨ªa golpeado por la atenuante embestida, que dejar¨ªa una marca por lo menos, y lo mandar¨ªa unos cuantos metros atras. La lanza que Lance guardaba era inmensa, casi de su tama?o incluso, y con ella atenuaba golpes a gran velocidad, a pesar de que el arma parec¨ªa ser pesada. En ese momento, poco tiempo ten¨ªa para reaccionar, sin embargo bastaba mirar a los alrededores para fijarse en las paredes, y utilizarlas de impulso para escapar de los cortes que cubr¨ªan gran area de la extensa arena.
------Es incluso m¨¢s ¨¢gil y r¨¢pido que antes----pensaba Kettei, quien sab¨ªa que no pod¨ªa igualar la fuerza de Lance directamente, as¨ª que decidi¨® volver a una estrategia que hab¨ªa usado antes: desviar los ataques en lugar de bloquearlos. Aunque era arriesgado ¡ªun solo c¨¢lculo errado podr¨ªa significar su fin¡ª, enfrentarse a su enemigo cara a cara parec¨ªa inevitable.
Sin embargo, aquel no era el unico con mejoras en s¨ª, y Lance no tard¨® en denotar este inusual detalle en el; Su brazo izquierdo llamaba su atencion como cambiaba de forma y las piezas roboticas de su anterior armadura se movian en perfecta armonia y sincron¨ªa, a pesar de eso ten¨ªa otros planes para ejecutar con ese brazo.
------Me interesa mucho tu nuevo brazo, Kettei... Definitivamente voy a disfrutar quitartelo del cuerpo. ----lo amenaz¨® con voz seria, aunque su sonrisa sarcastica se manten¨ªa en su expresion.
En un instante, el toro de Lance comenz¨® a moverse con violencia, su energ¨ªa descontrolada llenando la arena con el eco de sus pezu?as. Era casi imposible predecir sus movimientos err¨¢ticos, pero de alguna manera Lance manten¨ªa el equilibrio sobre el animal, control¨¢ndolo como si fuera una extensi¨®n de su propio cuerpo. El toro embisti¨® con toda su fuerza, y aunque Kettei logr¨® desviar el ataque, la potencia fue tal que lo arrastr¨® varios metros hacia atr¨¢s. Aunque este arraste ser¨ªa diferente; Los filos se mostraban en la espalda del espadachin, y la garra desgarraba el piso a su paso.
La batalla alcanz¨® un nuevo nivel de intensidad. Los contraataques se volvieron cada vez m¨¢s feroces. El toro, descontrolado, saltaba con una furia inhumana, pero obedec¨ªa las ¨®rdenes de Lance como si ambos compartieran una conexi¨®n invisible. ?C¨®mo era posible?
Todo ten¨ªa una explicaci¨®n, y ocurri¨® durante el atardecer de ese mismo dia. Antes de esta batalla, Antes de esta batalla, Lance vagaba por un corredor solitario. Las heridas f¨ªsicas y mentales de su ¨²ltima lucha a¨²n estaban frescas, y su mente se iba corrompiendo poco a poco. En su senda, unas llamas se cruzar¨ªan por su camino, que solo a el, y a nadie mas le hablaba, pero a su mente, a su corazon, ya que algo buscaba de el, y parec¨ªa saborear el dulce sabor del sentimiento que enardec¨ªa dentro de aquel guerrero caido.
"Hmmm....Ac¨¦rcate, guerrero... sabemos lo que sientes, sabemos a quien quieres, pero aun m¨¢s importante, a qui¨¦n odias. Sabes que el intenta detenernos, pero sabemos que tarde o temprano ceder¨¢... como todos los demas. Y por eso te necesito a ti." Le contaba esta voz, despertando el interes en Lance, quien hab¨ªa aceptado escucharlo, y aquella voz relataba que el poder que aguardaba en el era mayor del que el pensaba, aunque solo lo necesitaba a el para completar esa deuda pendiente con el destino.
Sin embargo, ¨¦l al principio negar¨ªa su propuesta, ya que sab¨ªa que esa no necesitaba un fuego para poder aniquilar a su "Nemesis", el pod¨ªa hacerlo solo, aunque necesitaba curar sus heridas. De no ser que aquella flameante voz le complementara no estar ofreciendole una simple ayuda, el le estaba ofreciendo un poder mayor, ya que el hab¨ªa presenciado c¨®mo era humillado ante Kettei, jurando que con el eso no iba a volver a ocurrir jamas, pero para eso tendr¨ªa que enfocar su atencion en el, y eliminar a quienes se interpongan en su camino.
-----Y-Yo no quiero hacerles da?o a ellos! Solo a el! -----se excusaba Lance, aunque la risa de la llama se hizo escuchar en un tono mas grave de lo normal, casi sonando como el. Estaba claro que eso era lo que quer¨ªa, a no ser que sean ellos lo que lo detienen a lograr su objetivo, y que hace rato que han roto su confianza, y la han reemplazado por Kettei. Y ya empezando a rememorar esto, el mismo sentimiento que guardaba contra uno solo, se esparc¨ªa como fuego hacia los demas, quienes antes consideraba amigos, pero que ahora no eran mas que una distracci¨®n para conseguir su objetivo.
------Mmm.... Ahhh... Este sentimiento, cada vez se vuelve mas fuerte dentro de t¨ª!... Ahora lo ves? Tu y yo estamos hechos el uno para el otro, sin embargo solo necesitabas escuchar las palabras correctas, no es as¨ª? -----inquiri¨® las llamas, y aunque no se pod¨ªan ver a simple vista, se pod¨ªa percibir su gran sonrisa que enardec¨ªa dentro de el. Lentamente, la rabia que Lance albergaba contra un solo enemigo se expandi¨®, convirti¨¦ndose en un odio ardiente hacia todos los que alguna vez consider¨® aliados.
Con un temblor en los brazos, Lance los extendi¨® hacia las llamas. Su respiraci¨®n era pesada, pero su voz surgi¨® clara y sombr¨ªa al pronunciar las palabras que sellar¨ªan su destino. Fue en ese instante, el cual algo dentro de ¨¦l hab¨ªa cambiado para siempre. "Adelante, si es con el fin de hacerlos sufrir, aceptar¨¦ cualquier fuerza, por imp¨ªa que sea, pero juro que lograr¨¦ mi cometido".
------Me alegra que hayamos coincidido... Con esto, ambos saldremos beneficiados, ambos cumpliremos algo que lleva tiempo sin poder concretarse, nuestra Venganza. ----le promet¨ªa, mientras sent¨ªa todo el pesar del alma de Lance en el, se juntaban en uno solo. Ahora el fuego entraba en la mente de aquel rencor que guardaba, y lo intensificaba a gran escala, tal que parec¨ªa ser lo que Kettei aspiraba a ser, sin embargo algo que el ten¨ªa, pero que Lance no, lo hac¨ªa alejarse de ese camino, hasta ahora.
Tras concretarse la uni¨®n de ambas mentalidades, las cuales aunque con principios distintos, ten¨ªan un mismo objetivo: Acabar con Kettei, y todos lo que se involucren, incluso sus amigos y familiares. Pocos dias despues, en un territorio alejado, la figura sombr¨ªa que antes era Stolz, soltaba varios cuerpos inertes frente a el, aclarando tener su parte del trato, as¨ª como le ped¨ªa la parte del suyo, a lo que este se voltear¨ªa, y observar¨ªa las cuatro personitas en las cuales hab¨ªa perdido toda confianza, aunque aun su atenci¨®n se fijaba en la de color verde.
------Bien, Hraezla, es todo lo que necesitaba tener; yo me encargar¨¦ de hacerles saber lo que me quitaron. -----alardeaba, atando los cuatro cuerpos con una cuerda que sosten¨ªa en su mano, encaminandose a un lugar desolado mientras los cuerpos aun inconsientes se arrastraban por el piso. "Y los escritos?" le pregunt¨®, a lo que el solo se?al¨® al piso, donde se postraba un escrito ligeramente da?ado, donde mostraba la direcci¨®n de aquel objeto que con tanto ardor y resilencia buscaba.
Sin mas se alej¨®, y en el rostro de Lance se pudo denotar una sonrisa, una que no pod¨ªa mostrarse hace a?os, sin embargo que no era por simple felicidad, era por esa satisfacci¨®n que enardec¨ªa dentro de el ante la idea de lograr percibir lo que hace tanto tiempo quer¨ªa sentir dentro de s¨ª. Es en esa mirada la cual, carente de arrepentimiento, y llena de ira, lo transportar¨ªa al presente, disfrutando la lenta tortura a la que Kettei era expuesto.
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------Esto no tiene por qu¨¦ terminar as¨ª! ¡ªAmbos queremos ayudarlos, ??entonces por qu¨¦ abandonaste tus ideales?! ----- lo cuestion¨® Kettei con fuerza decadente en su voz, aunque intentaba que esta fuese mas fuerte, a su vez como resist¨ªa los cuernos que estaban a punto de ser engullidos en su cuello. Lance se silenci¨® por segundos mientras recordaba c¨®mo se hab¨ªa transformado en todo lo que es.
------Kettei, tu los pusiste en mi contra, ahora ellos te quieren a ti. Se supon¨ªa que era y¨® quien iba a tener el honor de guiarlos hacia su libertad! Pero no! Tu tuviste que entrometerte! No te bast¨® con arruinar mi orgullo frente a todos mis admiradores, sin¨® tambien me arrebataste a las personas que jur¨¦ proteger!! ------le recriminaba mientras se paraba sobre el toro y caminaba de un lado a otro.
------Escucha.... Ellos creen que puedes cambiar, demu¨¦stralo y det¨¦n esto!! -----continuaba intentando cambiar su punto de vista, aunque el efecto que obtuvo en Lance no fuese el que esperaba.
Por un momento, Lance guard¨® silencio, aunque por unos segundos, record¨® lo que aquella flam¨ªgera voz le recitaba: Aquellos no quieren que el cambie, sin embargo fue el quien los puso en su contra, y quien arrebat¨® la confianza en la que ellos ya hab¨ªan depositado en Lance, quedando solo el amargo y profundo dolor del Odio. Con un salto, Lance volvi¨® a montar al toro. Su mirada ard¨ªa con un brillo implacable mientras se?alaba a Kettei con la lanza.
-------?Basta! ??Es demasiado tarde para disculpas!! ??Deber¨ªas haberlo pensado antes de humillarme en la b¨®veda!! Ahora, ser¨¦ yo quien logre matarte... Y ese ser¨¢ mi ultimo deseo.
Kettei lograr¨ªa librarse de la embestida y posile engullida del toro, aunque solo para que Lance retome su lanza, la cual hab¨ªa sido desviada por el guerrero en previa ocasion, sin embargo ahora el dar¨ªa la vuelta al campo de batalla, para arremeter de nuevo contra el, esta vez con golpes certeros con la lanza, los cuales a duras penas ser¨ªan desviados por Kettei, quien su fuerza comenzar¨ªa a disminuir progresivamente. Tras atenuar en el, su postura se quebrar¨ªa en cuesti¨®n de unos golpes, solo para apenas levantar la mirada, divisar como tanto el toro como Lance, volaban en los aires en direcci¨®n a el, as¨ª como su lanza parec¨ªa recargarse.
Un hormigueo ardiente recorri¨® su cabeza, despertando una fuerza oculta que apenas lograba contener. Con un rugido visceral, levant¨® sus espadas justo a tiempo, desviando el ataque con un estruendo que hizo temblar la arena. Pero la embestida era implacable, arrastr¨¢ndolo como una hoja en un vendaval, cada paso ara?aba el suelo como si su cuerpo estuviera a punto de ceder. A pesar de que ya empezaba a sudar la gota gorda, los ataques no llegaban a su fin, ya que seguido paso, con movimientos agiles y precisos acertar¨ªa la mayoria de golpes, pero a las espadas. De no ser por el ultimo golpe, el cual pudo romper la postura de Kettei, haciendo que caiga sobre sus rodillas.
Antes de que plantara de nuevo el pie, el toro lanz¨® una ¨²ltima embestida, imparable, contra ¨¦l. Aunque en esta ocasion, estaba entre la espada y la pared, o en este caso: "Entre el cuerno y la pared" .Ya inmovilizado, sus brazos le temblaban, la fatiga fisica y mental ya eran demasiado esfuerzo para el, y su mirada solo pod¨ªa observar a los ojos a Lance, quien ya hab¨ªa puesto un pie en su hombro.
------Ahora sabes lo que se siente ser humillado?! Aunque sea llegas a entender lo que significa que las personas que mas quieres se alejen de ti, por algo que otro cometi¨®?! No!! No sabes nada de eso! -----le gritaba, mientras Kettei luchaba por su vida. Su respiracion le pesaba, empezaba a ver borroso, y sent¨ªa como los cuernos comenzaban a clavarse en su pecho.
-------?As¨ª que te niegas a contestar mis preguntas, eh? Muy bien... no importa. Conozco a cinco personitas, y cr¨¦eme, s¨¦ perfectamente c¨®mo hacerlas hablar. -------le recalc¨®, mientras su voz se volv¨ªa mas grave, el pod¨ªa ver el fuego enardeciente en sus ojos. De un momento a otro, su agarre empez¨® a recobrar fuerza, sus venas comenzaron a hincharse cada vez mas, y sus ojos comenzaron a cambiar de color.
Un gran grito de guerra solt¨®, el grito sali¨® de los mas profundo de su ser, un sonido desgarrador que reverber¨® en el silencio, y que lo quebraba. As¨ª como su cuerpo comenz¨® a imbuirse en fuego, pero este fuego no era normal, era el fuego de una ira que ya hab¨ªa superado cualquier clase de limites. En los ojos de Lance se pudo ver como dud¨® por un segundo, y fue mas que suficiente para que el toro, tambien sobresaltado, dej¨® caer a Lance de su lomo, y comenz¨® a saltar sin control mientras bramiaba sin control alguno.
El ambiente tambien hab¨ªa reaccionado ante esta gran ira resguardada de Kettei, y no era igual a las que us¨® anteriormente, esta vez ya no ten¨ªa control alguno sobre su instinto, ni su mente. El animal fue su primer objetivo, aunque primero clav¨® las espadas unidas en la pared con la fuerza suficiente como para casi romper el muro, sin embargo solo pudo clavarlas, aunque eso era lo que quer¨ªa. Sin mas, levant¨® al pesado animal, y lo arroj¨® en direcci¨®n hacia los filos, los cuales arremetieron en la zona debil del animal, su cuello.
La sangre del animal caia al suelo, mientras este reburdeaba del mas puro sufrimiento, por aquel que hab¨ªan sacado de qu¨ªcio. La respiraci¨®n de Kettei se volv¨ªa mas pesada, y su voz se enrabiaba mas por cada segundo que pasaba, as¨ª como sus brazos comenzaron a emanar este fuego de s¨ª, la representaci¨®n misma del odio que sent¨ªa por Lance ahora, puesto que ahora entend¨ªa que fue el quien se los arrebat¨®, y todo en una tonta busqueda por venganza.
Ahora el terror se apoder¨® del alma de Lance, quien se arrastraba por el piso, observando como Kettei se daba la vuelta lentamente, y sus recuerdos llegar¨ªan a su mente para recordar como esa mirada, ya la hab¨ªa visto antes. En una milesima de segundo ya estaba frente a el, y comenz¨® por arrojarlo a una pared, escuchando como este suplicaba por su vida, aunque inconsiente a sus plegarias, el lo agarr¨® del cuello, y lo azot¨® contra el piso con fuerza, solo para estampar su cara una y otra vez contra el suelo, hasta el punto de que la sangre ya formaba un charco en el suelo.
Ya hasta se empezaron a escuchar ligeros sollozos por parte de el, quien ve¨ªa pasar su vida frente a sus ojos, aunque ni poco ni nada le importar¨ªa esto a Kettei, quien comenz¨® a asfixiarlo con toda la fuerza que pod¨ªa, mientras en su mente comenzaron a repetirse las siguientes frases: "Basta! Detente! No lo hagas, te lo suplico!" ,"Kettei! Tu no quieres ser as¨ª!" ,"Hermano! Ya esta vencido, no hay porque matarlo!" ,"AHHH!!! QUE ESTAS HACIENDO!! PARA PORFAVOR!!" . Aunque en su cabeza las voces de sus amigos sonaban, una con mas fuerza las rebas¨® a todas: "No... YO SI QUIERO SER AS¨ª!!"
Una cruel sonrisa se empez¨® a ver en el rostro de Kettei, el cual ya ten¨ªa sentenciado el destino de Lance, quien le repiti¨® una palabra que lo marcar¨ªa para siempre, una realidad de la que no puede escapar: "Eres un Mounstro". Con estas ultimas palabras, Kettei gritar¨ªa por ultima vez y le romper¨ªa el cuello en un movimiento brusco, acabando con la vida de Lance Slashblade.... Dejando por siempre una marca que no se borrar¨ªa como si fuese una simple mancha.
En ese instante fue donde sus manos, las cuales estaban manchadas de sangre, temblar¨ªan con el pasar de los segundos. Y as¨ª como soltaba poco a poco el cuello de su enemigo al visualizar como sus ojos se infundieron en una profunda oscuridad, al punto de aparentar carecer de estos.
Su cuerpo exhausto se desplom¨® junto al cad¨¢ver inerte de su enemigo, mientras su fuego se extinguia, sus venas y ojos se relajaban, as¨ª como sus musculos se entumec¨ªan. Aunque esto no ser¨ªa lo que le llamar¨ªa la atencion, puesto que unas llamas, las cuales parec¨ªan estarlo corrompiendo, saldr¨ªan del cuerpo de Lance, los cuales balbuceaban varias palabras a la vez, y era dificil deducir que trataban de comunicar, sin embargo pod¨ªa escucharse con dificultad la palabra: "Debil", mientras estas llamas se disipaban en el aire y volaban lejos de aquel lugar.
As¨ª, Kettei se le hab¨ªa cumplido lo que dese¨®, o quiz¨¢ no, puesto que otra opcion no ten¨ªa, y habia intentado perdonarlo. Supongo que lo entenderan, no es as¨ª? Aunque no importe mucho ahora, puesto que el se hab¨ªa convertido en: "EL ULTIMO VERD¨¹GO DE DIOS"
Cap铆tulo 34: "Un Extra?o Mundo Pt.1"
Cap¨ªtulo 34: "Un Extra?o Mundo Pt.1"
Mientras aquel pecado que dif¨ªcilmente pod¨ªa ser perdonado era cometido, algo m¨¢s all¨¢ de ese simple escenario era lo que hab¨ªa quedado pendiente: el viaje a otro mundo, as¨ª como se podr¨ªa considerar la ¨²nica salida de aquella c¨¢rcel en la cual aguardaban todos ellos. Esos cuatro personajes se habr¨ªan adentrado en la llama blanca, con el objetivo de salir de aquel oscuro y moribundo lugar. Ahora, su interior era todo un enigma, ya que el tiempo parec¨ªa manejarse de distinta manera a como en la vida real; se podr¨ªa decir que ese mundo oculto era una especie de "sue?o l¨²cido", donde al parecer guardaba un destino espec¨ªfico a cada ser que entrara en ¨¦l, y este ser¨ªa el caso.
Ya dentro de la llama, ellos ya hab¨ªan cerrado la vista al mundo, y despu¨¦s de varios mareos alzaron la mirada a su alrededor, solo para percatarse de la ausencia total de personas en aquel sitio, o por lo menos el mundo quer¨ªa hacerles pensar eso, ya que la primera en abrir los ojos fue ni m¨¢s ni menos que, en ocho letras pod¨ªa ser descrita, una bella dama de color verde, y aunque arrogante, su actitud indiferente se hizo presente en el sitio apenas toc¨® la tierra, o en este caso, un suelo que parec¨ªa perderse la vista, ya que despu¨¦s de quitarse lo poco de melaza que se le hab¨ªa pegado al cuerpo antes de entrar, mir¨® a su alrededor, para quedar sin palabras a lo que sus ojos presenciaban.
Una niebla densa y opresiva cubr¨ªa todo el paisaje y el suelo. Y poco o nada pod¨ªa ver m¨¢s all¨¢ de ella. La sensaci¨®n de sentir la niebla en sus pulmones era sofocante, como si la idea de un suelo firme resultara una cruel ilusi¨®n. Bajo esa capa de niebla que aparentaba ser un suelo seguro, se escond¨ªa un abismo sin fin, una ca¨ªda eterna hacia lo desconocido. <> se preguntaba, mientras se frotaba los ojos para ver de nuevo si era real lo que estaba viendo.
Aunque muchas opciones no ten¨ªa, as¨ª que apenas se par¨® sobre el borde de la cornisa, una espesa niebla, que parec¨ªa destacar entre las otras nieblas, siendo esta m¨¢s oscura y menos transl¨²cida como era el otro caso. En fin, comenz¨® a pisar poco a poco, y era claro su temor por una ca¨ªda infinita; sin embargo, no parec¨ªa ser el caso, ya que ese tipo de niebla oscura le permit¨ªa plantar los pies y pasar a trav¨¦s de lo que parec¨ªa ser una tierra maldita.
A medida que caminaba y alzaba m¨¢s los pasos, a la distancia se pod¨ªa denotar c¨®mo, entre la tenue neblina, se alzaban columnas de piedra y monta?as imponentes. Sobre ellas, figuras humanas se retorc¨ªan bajo el peso de grandes piedras que llevaban a sus espaldas. Sus rostros estaban marcados por el llanto y la agon¨ªa, as¨ª como no se pod¨ªa ver ning¨²n rasgo significativo en ellas, y sus voces formaban un coro de lamentos y recriminaciones. Cada piedra ten¨ªa enmarcadas runas, que parec¨ªan ser talladas a semejanza de lo que fueron en vida, o por lo menos eso le comentaba una voz que a la distancia se o¨ªa.
-------Asi que ya est¨¢s aqu¨ª -------mencion¨® una voz, que ten¨ªa cierto parecido a la de un familiar cercano, y aunque arc¨¢ico, su silueta era borrosa, y su voz era dif¨ªcil de reconocer, puesto que a menudo distorsionada se tornaba. Ella se acerc¨® a esta figura, esbelta y magna. Solo para cuestionarle el origen de este mundo, a lo que respondi¨® simple: <>. Con astucia relataba, a lo que ella a ¨¦l: <>, admiti¨®.
Sin embargo, cuando pas¨® por el lado de unos cuantos condenados, uno de ellos grit¨® hacia ella, mientras no dejaba de sostener la roca con la espalda; la llamaba por lo que era, o mejor dicho, por la causante de su tortura eterna. El efecto en domin¨® se apoder¨® del lugar, as¨ª como quien hab¨ªa sido por segundos su gu¨ªa se volteaba a ella ante sus plegarias para que los condenados de rostro borroso dejasen de arrogarle piedras de menor tama?o que las que portaban, llam¨¢ndola de toda clase de maneras. Comentarios ins¨®litos recib¨ªa como: "?T¨² eres quien nos conden¨® a esto!" o "Por tu culpa vivimos en miseria por la eternidad", incluso: "No podremos disfrutar m¨¢s de nuestra libertad, as¨ª como t¨², monstruo, condenas a todos los que conoces a vivir en profunda soledad, ya que no puedes imponer ni prestar tu confianza a nadie". ??Todo por un est¨²pido deseo de superioridad que no existe!!"
Ella se comenz¨® a tirar atr¨¢s y, aunque al principio negaba todo, la superioridad de las cr¨ªticas hacia su persona tarde o temprano la sobrepasaron. Fue en ese momento donde el gu¨ªa le pregunt¨® si ella era por quien gritaban, a lo que ella no supo a qu¨¦ se refer¨ªa. No fue hasta que la llam¨® por el nombre de uno de los pecados que son pagados en el purgatorio, "Soberbia".
De inmediato fue cuando, sin previo aviso, una de las piedras que parec¨ªan ser id¨¦nticas a la que portaban los condenados, ahora cargaba con ella en su espalda. Se le entumecieron las piernas, mas deb¨ªa el mundo sobrepasar, as¨ª que en marcha se puso, mientras recib¨ªa escupitajos de los malditos, piedras arrojadas y toda clase de insultos, y todo esto a presencia del gu¨ªa, quien no hac¨ªa m¨¢s que callar y flotar a su lado.
Fue cuando recibi¨® varias piedras, cuando ya no soportaba el dolor, y las l¨¢grimas comenzaron a escaparse, mientras rogaba para que esto parara. Al mismo tiempo que el gu¨ªa mantuvo la serenidad, escuch¨® la voluntad, y aunque mucho no pod¨ªa hacer, s¨ª pod¨ªa contarle algo al o¨ªdo a la vez que caminaban. ?Acaso las piedras te hacen da?o? ?Acaso los insultos escuchas? Incluso los escupitajos los sientes, ?o lo estas imagin¨¢ndolo todo?>> A lo que ella le grit¨® al gu¨ªa acerca de que no ten¨ªa sentido lo que hablaba, y en respuesta solo call¨® y continuaron hasta una puerta de luz que se abri¨® hacia unos decenas de metros m¨¢s adelante.
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Su alivio se hizo evidente; sin embargo, la puerta de luz no parec¨ªa acercarse y, al contrario, parec¨ªa alejarse a¨²n m¨¢s, ya que a¨²n los insultos escuchaba, o quiz¨¢ eso pensaba ella. <> enardecidamente gritaba, sin embargo los gritos no eran escuchados. Los segundos pasaban, hasta que un tronar de huesos se escuch¨® resonando en el aire, y la mano de Lance, la cual hab¨ªa alzado al aire, se estampaba contra el piso bruscamente, tal cual como lo hab¨ªa hecho, siendo en ese momento donde parec¨ªa estar apuntando a la nada.
Unas lagrimas cayeron por sus mejillas, y ca¨ªa en sus rodillas al verlo sin vida. No le bastaban las palabras para describir lo que pensaba, ten¨ªa la mente en blanco, y solo pod¨ªa arrastrarse hasta el cuerpo sin vida de aquel guerrero, y mientras se aferraba a el, sollozaba: <> Levant¨® la mirada hacia Kettei, quien su rostro distorsionado estaba. Y se pod¨ªa ver como una clase de llamas abandonaba el cuerpo de Lance, y se alejaban.
Aquel guia, que ausente estaba, se par¨® firme ante aquel personaje, y le explic¨® acerca de lo que ella estaba viendo era parte de la prueba, y que aun no habia salido, ya que una prueba mas le faltaba para poder liberarse y abstraerse de ese mundo. Esos primeros segundos fueron mas que agobiantes, las manos le temblaban, asi como el labio inferior mientras el guia recitaba alguna clase de verso o canto. Sin embargo era suficiente como para que ella vea a Kettei con otros ojos.
Que clase de broma era esa, grit¨®, jurando por su vida que lo que estaba viendo no era mas que una ilusion, sin embargo lo que aquel dec¨ªa no daba indicio de ser erroneo. Fue en eso cuando su mirada lleg¨® a Kettei en tanto escuch¨® con mas atencion las palabras del guia, el guerrero quien, sin palabras, la observaba mientras esta se aferraba al difunto. <>
La figura, que se supon¨ªa ser Kettei comenz¨® a acercarse mientras se hac¨ªa mas borrosa, solo manteniendose sus ojos amarillos, as¨ª como todo lo que mostraba con solo una mirada. Se agach¨® lo suficiente como para quedar a su altura, y por unos segundos se le qued¨® viendo, solo para incorporarse y alejarse en cuanto pudo, aunque a paso lento, no escuchaba aquel griterio, que terminar¨ªa en ella con una profunda tristeza que se guardaba detras de todo ese rencor. Le tom¨® solo unos segundos acariciar el rostro de Lance por una ultima vez, antes de que este se hiciera cenizas y se esparciera por el aire.
Fue ah¨ª cuando los instantes que vivi¨® en carne propia en aquel extra?o mundo parec¨ªan pasan frente a sus ojos a una velocidad mareadora, solo para ser arrojada bruscamente de aquella llama. Y cuando quiso incorporarse, el pesar parec¨ªa haberse pegado a su alma, as¨ª como un punzante dolor en la parte posterior izquierda del torso sent¨ªa, como si de un infarto apunto de ocurrir se tratase.
Cap铆tulo 2: "La Valk铆ria Del Castigo Eterno"
Cap¨ªtulo 2: "La Reprimida Valk¨ªria"
Aun muy alejado del centro de Velm¨®ria estaba, ya que apenas pudo subir el gran muro que imped¨ªa que los Pr¨®fugos tuvieran acceso hacia esas tierras. Parec¨ªa estar a¨²n m¨¢s lejos de lo que crey¨®, ya que juraba que aquellos riscos iban a ser tarea sencilla, mas ahora se encontraba en un plano protuberante. Alrededor, los ¨¢rboles parec¨ªan carecer de color, como si les hubiesen arrancado su esencia misma, siendo sus tonos grises oscuros y negros. No tan solo los arboles de los alrededores, sino tambien el suelo era rocoso y lleno de cenizas, cosa que al parecer ya se hab¨ªa acostumbrado a encontrarse. Pero, por que tanto de esto en las tierras lejanas? Da la impresi¨®n de que el centro de Velm¨®ria se redujo en gran cantidad, o quiz¨¢ daba la sensaci¨®n de que el reino se estaba quemando poco a poco.
Avanz¨® a traves de la flora quemada, y tras los arboles de las ramas y hojas abrasadas pudo encontrar civilizaci¨®n, y tierra con gente all¨ª. Mas esta era id¨¦ntica en falta de color, los cielos eran opacos, apenas dejando que un rayo de luz del sol, aunque tenue, perpet¨²e en tierra, aunque sea un brillo que se camufla entre la monoton¨ªa del lugar, y no tiene impacto alguno. La ceniza que abundaba en el aire flotaba como si se negara a tocar el suelo, bailando en espirales lentas antes de desvanecerse en la penumbra. No era solo el color lo que faltaba en este lugar¡ Era como si el tiempo mismo hubiera abandonado estas tierras.
La gente parec¨ªa vivir con mascaras enmarcadas con la misma emoci¨®n que padecen desde tiempos antiguos, una mascara vacia, que no muestra mas que un blanco en ella. Sin embargo aquellos parec¨ªan balbucear frases en susurro, estas sin tener significado alguno, y de movimientos lentos y pausados viv¨ªan su vida habitualmente. Aunque se fij¨® en uno que pas¨® al lado suyo, y se dej¨® ver un poco del rostro que se ocultaba tras la mascara... No debi¨® dejar que su curiosidad le ganase, puesto que lo poco que pudo ver era carne roja y sangrienta. Con los ojos bien abiertos comenz¨® a atravesar el camino que se hab¨ªa formado por las tantas veces que la gente de ese reino perdido marc¨® con sus pisadas anta?o, aunque extra?amente le daba un fuerte escalofr¨ªo al ver a semejantes entes espirituales quienes no se inmutaban ante su presencia.
Una pueblerina de piel blanca y ligeramente transparente, que cre¨ªa haber escuchado pasos con un ritmo poco habitual, se par¨® en seco mientras, a su espalda, el nictibio daba paso. Lo detuvo de inmediato, aunque con una voz suave, esta le pidi¨® su brazo izquierdo. Aunque tard¨® en acceder, le concedi¨® el permiso, y sin rodeos inspeccion¨® con el tacto la parte superior de la mu?eca, y rozaba suavemente la marca nictibia que Kettei ocultaba tras sus prendas (1), y al verlo a traves de la mascara, le habl¨® con suavidad: "Mmm... No perteneces a ninguna secci¨®n conocida de aqu¨ª. ?Acaso...? "?Vienes... de otra tierra?" -----le pregunt¨®, a lo que Kettei contest¨® franco y cortante: "No tengo por que revelarte mis or¨ªgenes, menos a desconocidos..." "Tampoco es algo que sea de tu incumbencia". Aunque pensaba como su tacto era tan g¨¦lido, pero no como la nieve... sino como algo que ya no pertenec¨ªa a este mundo.
La pueblerina se ech¨® atras, y retrocedi¨®, aunque no baj¨® la compostura, y su voz no se abland¨® por mas que la haya ofendido. Ella juraba estar de acuerdo con el, y a pesar de eso continu¨®, relatando que el lugar donde se paraba no era mas que los alrededores de la tierra principal. Esta secci¨®n segun ella era conocida por ser el c¨ªrculo extraviado de Velm¨®ria, la poblaci¨®n reprimida, la naci¨®n vetada. Y ac¨¢ la gente viv¨ªa en eterna soledad, puesto que ellos, ya eran muertos; su piel p¨¢lida y transl¨²cida era rasgo de ello, y como espiritus que como castigo no pueden gozar de entrar a la tierra principal, es que yacen excluidos, solitarios en los confines de la tierra.
A pesar de escuchar con atenci¨®n la historia mientras le era mostrado como aquellas apariciones se mov¨ªan lento, no por pereza, sino por el sufrimiento que llevan cargando desde que existen. En general era una poblaci¨®n que, por castigo de los gobernantes, el cual se desconoce hasta la fecha, han provocado esa gran depresi¨®n, llevandose consigo todo el color que alguna vez esas tierras portaron... Alguna vez. El esp¨ªritu vagante de la mujer le avis¨® que con cuidado se andara, ya que m¨¢s adelante una secci¨®n especial aguardaba. "No te esperan cosas buenas, joven nictibio... No ignores lo que aquellos exiliados promulgan, puede que tu mente cerrada te prive de detalles que dificultaran tu viaje", le advirti¨®, antes de que el nictibio se dirigiera a los arboles, no sin antes escuchar valuartes palabras.
Kettei avanz¨® a trav¨¦s de los ¨¢rboles incoloros y palidos que rodeaban aquel lugar, denotando c¨®mo, a medida que avanzaba, estos parec¨ªan recuperar el color, aunque no era porque la depresi¨®n se acabara, mas ya estaba avanzando entre las tierras, y estaba entrando en lo que parec¨ªa ser su parada. Casi cay¨® por el precipicio infinito, mas pudo detenerse antes de que eso pasara, y levantar la mirada para observar como unas trozos de tierra flotaban, con largas cascadas de aguas cayendo hac¨ªa las profundidades de la infinita ca¨ªda, qui¨¦n sabr¨¢ hacia d¨®nde parar¨¢ esa agua. Parec¨ªa un campo de batalla dividido en varias tierras flotantes, ya que yac¨ªan clavadas en el suelo varias armas como dagas de filo circular, hachas de gran tama?o, y largas lanzas.
Aunque una estaba cerca de ¨¦l para que saltara y tuviera una mejor vista ante lo que su vista tanto le deleitaba. Pasaba por cada una de las tierras flotantes, y no hab¨ªa rastro de alg¨²n ser vivo que viviera all¨ª. No fue hasta que tras una estructura con varios pilares el se encontr¨®, y tras asomarse, lo primero que alcanz¨® a percatarse, eran un gran trono al fondo de la sala, junto a los pilares que resguardaban cada uno de los tronos, as¨ª como las antorchas que encend¨ªan el lugar. Parec¨ªa ser una especie de santuario, o quiz¨¢ un matadero, puesto que en las paredes colgaban alas que hab¨ªan sido arrancadas hace no mucho, porque la sangre parec¨ªa estar fresca. Kettei se acerc¨® hacia una de estas recien arrancadas, e hizo una mueca al ver que la sangre segu¨ªa c¨¢lida, y algunas alas, las cuales ya llevaban dias desde que fueron desgarradas, ya las rodeaban las moscas, as¨ª como desprend¨ªan un olor nauseabundo.
De un momento se alej¨® de estas, camin¨® lentamente hacia el gran trono, y sus pasos resonaban en eco. El trono era mas grande de lo que pensaba, intuy¨® que una gran figura se sentaba all¨ª, quiz¨¢ el rey de un imperio, o reina, probablemente. Eso si, empez¨® a sentir una presencia un tanto extra?a, ya era muy raro como nadie habitaba esas tierras, o est¨¦n en un lugar distinto, lejos de all¨ª. Esa sensacion ya la hab¨ªa sentido antes, o acaso su mente, aun fragmentada, le hac¨ªa sentir eso, aunque la posibilidad de que no est¨¦ all¨ª solo no era descartada.
Empez¨® a escuchar una clase de quejidos ininteligibles tras una puerta, y al abrirla, no logr¨® divisar ninguna figura. Y al voltearse, cre¨ªa haber escuchado un crujido detras suyo, Por un instante, su instinto grit¨® peligro. Demasiado tarde. Algo se movi¨® en su visi¨®n perif¨¦rica. Un destello de metal. Luego, el impacto. Ni bien tiempo de poder pensar le di¨®, cuando un brazo lo asfixiaba fuertemente del cuello. Quien era aquella persona con la suficiente fuerza como para hacerlo retorcerse de dolor, y sin inmutarse ante el intento del nictibio de liberarse del agarre, el cual era en vano.
-------No me importa las veces que intentes enga?arme. No permitir¨¦ que otra farsa mancille la magna historia de las Valkirias ------ relataba aquella con una voz, aunque femenina y suave, se ve¨ªa cargada por un gran desprecio hacia quien ella cre¨ªa que Kettei era. Sin embargo, aun con fuerzas para hablar, recrimin¨® que no entendia de a quien se refer¨ªa, cosa que le hizo recordar lo que aquel anciano le hab¨ªa dicho en su momento. Ella no quer¨ªa escucharlo como negaba la verdad que ella cre¨ªa ver¨ªdica, y ya hab¨ªa posicionado su otra mano en el craneo de Kettei. Este ultimo, intuy¨® que si no se mov¨ªa, segundos de vida le quedar¨ªan, as¨ª que en un momento donde ella solt¨® ligeramente su agarre para agarrarlo desde el otro lado de su cabeza, lista para ejecutarlo en tanto este diera un ultimo suspiro.
Kettei, recuperando la respiraci¨®n por un milisegundo, choc¨® su cabeza contra la nariz de aquella mujer, la cual sangr¨® y lo solt¨®, solo para cubrirse la nariz. De inmediato empu?o su arma, el cual sus filos curvos volv¨ªan a hacerse visibles, en una luz dorada, media blanquecina, y adoptando la postura tradicional de los nictibios, no dudar¨ªa en hacerle frente a aquella mujer, siendo su apariencia de una mujer de un tono de piel mas palido a lo habitual, y lo que destacaba era su cabellera pelirroja, con pelos naranjas consigo, y una mascara que solo le cubr¨ªa los ojos, bastante parecido a aquella imponente lider (2) que alguna vez record¨®, e intuy¨® que era una de las Valkirias.
Apenas pudo reaccionar y esquivar la embestida que aquella Valkiria le atenu¨® con una velocidad mareante. Y pudo recomponer la postura antes de que ella siguiera atacando, siendo el nictibio quien bloqueando apenas pod¨ªa, pensando en c¨®mo una Valkiria pod¨ªa ser mas rapida de lo que recordaba, puesto que Skalhildr, era representada mayormente por su versatilidad fisica, y no tanto su velocidad. Supon¨ªa que no hab¨ªa un ¨²nico tipo de Valkirias.
De un momento a otro, la guerrera parec¨ªa desvanecerse, y el viento se quebr¨® a su izquierda. Kettei se gir¨® sobre su eje con la Ketsui No Sojin en mano, aunque no era el unico con un arma. A medida que giraba, ella de su espalda revel¨® dos hachas de menor tama?o, mas estas parec¨ªan ser mas agiles. Con estas, comenz¨® a atenuar en el, con movimientos rapidos y agiles, que solo bloquear el nictibio pod¨ªa. Cada golpe ven¨ªa desde un ¨¢ngulo diferente, buscando su cuello, su torso, sus piernas, oblig¨¢ndolo a mantenerse en la defensa. Aquella se mov¨ªa como una r¨¢faga de viento cortante, con una ligereza que desafiaba la l¨®gica de lo que Kettei recordaba sobre las Valkirias.
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El filo de una de las hachas result¨® en un ligero roce en el rostro, que arrancaba ligeros pelos de los amarrados que ¨¦l ten¨ªa, y provocaba que un gran mechon cayera sobre su oreja derecha. Y en vez de retroceder como todo nictibio lo har¨ªa, se lanz¨® como su primer pensamiento le indicaba, y lograba esquivar el segundo golpe de hacha de la Valkiria. Esta ultima dej¨® expuesta un espacio en el abdomen que Kettei no desaprovech¨® brindandole un corte en diagonal que dej¨® una marca en ella, y en respuesta intento propinarle otro certero en la cabeza, mas el nictibio parec¨ªa comenzar a adaptarse a la pelea, y baj¨® la cabeza en cuanto pudo, seguido de una patada a modo de contraataque que la mandar¨ªa unos metros lejos de el.
Con un fuerte grito la Valkiria se impuso contra el, y con gran velocidad pudo agarrarlo del rostro y estamparlo contra una de las columnas, quebrantando esta ultima. De inmediato Kettei manej¨® el arma tan rapido como era posible, sin embargo solo golpe¨® el aire, ya que por el golpe, su mente empez¨® a jugar con las ilusiones, y cre¨ªa haber visto un destello naranja frente a el. Fue muy tarde cuando recibi¨® una fuerte patada en la espalda, que poco hizo que su pecho tocara el suelo, puesto que un fuerte sonido del suelo rompiendose por un potente salto lo alert¨®, y saltando hacia atras con un reves nictibio que aprendi¨®, la esquiv¨®.
No hab¨ªa tiempo para pensar ni descansar, y ambos continuaron peleando sin pausa alguna. Fue entonces cuando en vez de seguir atacando, observ¨® mejor los alrededores, y cuando la Valkiria atacaba, el esquivaba a placer rebotando en los muros. Esto la enfureci¨® aun mas, y lanz¨® una de sus hachas en direcci¨®n a el, quebrantando aun mas el mismo pilar que impact¨® minutos antes. Casi en el limite, y con un silbido ensordecedor y agobiante, propio de las Valkirias, logr¨® que Kettei le quitara las ojos de encima por unos determinantes segundos, y cuando el nictibio recuper¨® la compostura, as¨ª como se acababa ese irritable pitido que sonaba en sus oidos, y su vision se aclaraba, la Valkiria ya se hab¨ªa impulsado con una de las columnas, y con las dos hachas en mano, junto a un grito de guerra, descend¨ªa agresivamente hacia el. Kettei gir¨® su propio cuerpo en una espiral cerrada, permitiendo que el filo pasara apenas sobre su hombro, al tiempo que su propia arma ascend¨ªa en un arco brillante. El atenuador sonido de ambos metales, provenientes de tierras distintas chocando entumeci¨® los brazos de ambos por unos segundos.
El nictibio hab¨ªa esperado al ultimo segundo, puesto que de no ser as¨ª, ya no tendr¨ªa brazos. Al fin cara a cara, ambos se miraron a los ojos, y Kettei pudo observar a traves de una de las ranuras que el casco de la Valkiria su mirada, y de inmediato supo algo que pudo haber terminado la pelea apenas esta hubira mostrado su rostro desde un principio, ya que mas all¨¢ de toda esa ira que descargaba en los gritos, el no era capaz de ver eso que ella aun no ve¨ªa. En eso, solt¨® una peque?a carcajada entredientes, cosa que extra?o a la Valkiria, la cual con una voz, aun irascible, le pregunt¨® que era lo gracioso, a lo que el call¨®, y desvi¨® con fuerza sus dos hachas. Junto a eso, baj¨® el arma y se la guardaba en la espalda mientras cerraba los ojos.
------Por que te detuviste?! Sigamos peleando!! -----le exclamaba la Valkiria, sin embargo el no respondi¨®. De un momento a otro, la voz de la guerrera se hizo mas debil y aguda, en tanto sus piernas temblaban, y con el paso de los segundos, ceder¨ªan, cayendo sobre ellas mientras repentinamente comenzaba a sudar, y se le agitaba la voz. Kettei se acerc¨® lentamente, y aunque ella crey¨® que su muerte a manos de un desconocido iba a ser el principal tema de burla, mas fue su sopresa cuando este, con una ligera sonrisa, que parec¨ªa mas una mueca, se agach¨® frente a ella, y le confes¨® lo siguiente: "No... Tu no tienes esa mirada que caracterizaba a las Valkirias que yo conoc¨ª, aunque sin duda tu eres una de ellas..." La guerrera no parec¨ªa entender, y se quit¨® la mascara lentamente, solo para mostrar sus ojos con las pupilas un poco mas dilatadas de lo normal, ya no lo miraban como el cre¨ªa desde un principio, y Kettei lo retific¨®:
"Mph, si... Estaba en lo cierto, no tienes una intenci¨®n asesina, puedo verlo en tu mirada... Ella me dice que aunque este vulnerable no ser¨ªas capaz de acabar conmigo, no es asi? En tus ojos no veo que sea posible que hagas eso, como un asesino lo har¨ªa... Por lo menos no por ahora."
La Valkiria baj¨® la mirada, y el nictibio le ofreci¨® la mano, aunque esta aun estaba con los vendajes ensangrentados, as¨ª que aunque le costaba, se levant¨® sin ayuda, y lo observ¨® bien, sin embargo este solo se di¨® la vuelta y continu¨® caminando por donde el iba en primera instancia. La Valkiria observ¨® como el arma que aquel portaba, sus filos se apagaban, y se esparc¨ªan cual chispas al cielo. El nictibio se alejaba, y cuando denot¨® que se acercaba a la salida del santuario, corri¨® hacia el en cuanto pudo solo para plantarse frente a el, y suavizar un poco la voz, as¨ª como guardaba sus hachas en la espalda.
-------No... Tu no eres ni actuas como el... Creo que te he confundido con alguien mas... Aunque me gustar¨ªa saber quien eres en realidad... -----iba a preguntar la guerrera, aunque Kettei, aun dubitativo, pas¨® de la pregunta, y sigui¨® caminando hac¨ªa lo que parec¨ªa ser el centro de esta tierra nueva. Sin embargo ella, no dispuesta a permitir esa falta de respeto, extendi¨® el brazo y lo empuj¨® levemente hacia atras. Kettei frunci¨® el ce?o, y quiso apartarla con simples palabras; Acaso ella estaba intentando detenerlo despues de lo que pas¨®? A lo que la Valk¨ªria, ignorando esa pregunta, cuestion¨® su saber sobre las Valkirias, o mas especifico que conoc¨ªa de ella.
-------He visto otras Valk¨ªrias con mas instinto que tu... Me pregunto si eso piensan las otras Valkirias de t¨ª -----promulg¨® el nictibio sin retroceder, causando que esta act¨²e de inmediato, y lo agarr¨® con fuerza de ambos hombros. "No sabes nada sobre m¨ª... Y ahora me vas a contestar como conoces a Skalhildr" Intuy¨®, puesto que no hab¨ªa otra guerrera mas formidable y mas instintiva que Skalhildr, la madre de las Valkrias. El nictibio no se molest¨® en responder, afirmando que hab¨ªa escuchado historias sobre aquella, aunque muy joven era para enfrentarla cuando aun se llevaba a cabo la Gran Guerra.
Ahora a cambio, Kettei tom¨® en cuenta un comentario suyo mientras era ahorcado. Quien ese farsante del que hablaba? Estaba claro que esto ya empezaba a sonar muy familiar, y cre¨ªa haber o¨ªdo un comentario similar hace apenas unas horas. Ella le explic¨® que se refer¨ªa a "Lardken", el mismo hombre que el ya hab¨ªa escuchado, y ella continu¨® detallando como sus trajes eran muy parecidos, y como nadie nunca hab¨ªa visto su rostro, crey¨® que frente a ella estaba el que segun muchos iba a traer la paz a Velm¨®ria. Tambi¨¦n denot¨® que aquel "heroe" era otra mentira que se inventaron los gobernantes para traer una falsa esperanza al pueblo, y as¨ª tenerlos a su favor, como siempre quisieron.
El nictibio call¨®, y continu¨® caminando ahora al lado de la Valkiria, a esta ultima no parec¨ªa molestarle que aquel entre en su secci¨®n, ya que al parecer tampoco no la ve¨ªa como una amenaza. Ambos caminaron hasta un gran monumento en el centro, donde la imponente figura de Skalhildr se posaba ba?ada en un metal especial. Aunque lo que le llam¨® la atencion al nictibio, fue como a que estaba a su lado se rehusaba a mirar la estatua a los ojos. Fue cuando desvi¨® la mirada hacia lo unico a lo que ella carec¨ªa, las alas. Ya que estas eran el simbolo de honor principal de las Valkirias, as¨ª que intuy¨® que era alguien reprimida, o castigada severamente por un pecado cometido.
-------Tu no tienes alas... ?Por que? ------pregunt¨®, aunque esta se paraba de costado, dandole la espalda a la estatua, y cruzaba los brazos, mas parec¨ªa estar abrazandose a si misma. Kettei record¨® haber visto alas recien arrancadas en el santuario en el que lucharon, y al observar bien su espalda, se pod¨ªa ver a simple vista como ten¨ªa cubierta la espalda llena de vendajes ensangrentados, dando la impresion de que la piel aun no se regeneraba por completo, ya que las alas estaban pegadas a gran parte de su espalda y hombros, por eso la piel arrancada iba consigo a las alas (3). Al principio ella se neg¨®, ya que el hecho de solo verla a los ojos, le recordaba lo que sufri¨® anta?o. Kettei suaviz¨® un poco su voz, y le insit¨® a que contara un poco mas all¨¢ de lo que esta viendo. Unos segundos despues, la Valkiria comenz¨® a relatar:
"Si... Todo esto ocurri¨® cuando me neg¨¦ a ir a la guerra. Ella lo tom¨® como una ofensa hacia mi naturaleza Valkiria. La guerra contra los Nictibios... era lo mas importante para la madre de las Valkirias, y no ?tuvo piedad alguna cuando se enter¨® de mi decisi¨®n.... Y luego... m-me hizo esto..." Relataba, mientras las lagrimas se le comenzaban a escapar de los ojos, y se cubr¨ªa para intentar ocultarlo. Aunque Kettei quiso colocar su mano en ella en un intento de consuelo, algo no le permiti¨® hacerlo. Observ¨® con mas detalle los vendajes ensangrentados de ella, y de reojo a la madre Valkiria.
-------Ya veo... Eres una Valkiria reprimida... Alguien que neg¨® su destino con el deber... -----se permiti¨® decir, acercandose un poco mas a la estatua, y como esta parec¨ªa reflejar algo, que por culpa de la poca nitidez, y la falta de limpieza recurrente, no se pod¨ªa ver por completo lo que la estatua reflejaba. Este se volte¨®, y observ¨® como ella, mas tranquila, observaba con tal desprecio a la estatua, y la manch¨® con mas barro de la que ya estaba sucia, aprovechando que nadie mas que ellos dos estaban en esa tierra, en ese momento.
"La Masacre Nictibia... Acaso no te promulgaron la idea, de que aquella masacre, realmente era una guerra?" ------pregunt¨® Kettei, quien observ¨® con atenci¨®n como la Valkiria parec¨ªa desahogar su rabia y deseo de recuperar lo que Skalhildr le quit¨® con una ira que ella no mostr¨® contra el en su pelea. Aquella respondi¨® que siempre dec¨ªan eso, mas realmente las Valkirias colaboraron con otras razas para perjudicar a los Nictibios, sin embargo, ella antes de seguir, le cuestion¨® el porque le importaba tanto esa masacre, a lo que Kettei, con la faceta cambiada, mostrando como sus recuerdos de nuevo lo atenuaban, y al voltearse hacia la Valkiria, supo que ya pod¨ªa mostrarle lo que ocultaba bajo sus vendajes, su marca.
La Valkiria observ¨® con atenci¨®n la marca, y omiso a lo que Kettei cre¨ªa, ella neg¨® conocer su origen, y si acaso el estaba tratando de decirle algo, a lo que neg¨®, y en cambio, pregunt¨® acerca del por que esa tierra, como estaba tan vac¨ªa, a lo que ella respondi¨® en que, por un evento especial, y la llegada de un hombre que promet¨ªa mucho, se iba a celebrar en la tierra principal, y que por motivos obvios, ella fue desechada de ese evento, mientras que las demas Valkirias, dignas, si pudieron asistir.
--------As¨ª que esto no es la tierra principal de la que escuch¨¦...----- intuy¨® Kettei, y la Valkiria le retific¨® que ambos se encontraban aun lejos de all¨ª, ya que un gran lago las separaba, y la tierra en la que se paraban es la Secci¨®n de Las Valkirias, tierra conocida por sus campos de batalla flotantes, y monumentos que honraban a las Valkirias mas dignas que la historia pudo conocer. "Cre¨ª haber escuchado de alguien que rechaz¨® su naturaleza hace tiempo... Ciel, es tu nombre?" -----cuestin¨® el nictibio, y aunque ni una palabra ella solt¨®, supo que frente ella estaba uno de los pocos que, como ella, ve¨ªan mas all¨¢ de lo que ella era, as¨ª como no pretende nada al escuchar el sobrenombre que las demas impusieron sobre ella; "Ciel, La Repugante Valkiria (4)".
Cap铆tulo 3: "El Mar Bajo La Oscura Niebla"
Cap¨ªtulo 3: "El Mar Bajo La Oscura Niebla"
¡ª----D¨¦jame entenderlo una vez m¨¢s¡ ?Me est¨¢s diciendo que cre¨ªste correcto atacarme sin saber qui¨¦n soy ni cu¨¢l es mi intenci¨®n? ?Por favor! Si me hubieras conocido mejor, esa pelea nunca habr¨ªa ocurrido ¡ª----reclam¨® el nictibio... quien permanec¨ªa junto a la Valkiria, siendo esta quien impuso la ley de las Valkirias, la cual era no diferenciar a nadie que no fuera una de su raza, sin importar lo que fuera o qu¨¦ hac¨ªa all¨ª, sin excepciones. "Vaya regla tan estricta... y cruel a la vez". Opin¨®, aunque omiso a lo que cre¨ªa; ella le agradeci¨® por el comentario tan considerado. Y con respecto a esto, ¨¦l se percat¨® de que en el tiempo en el que estaban hablando, no hab¨ªa ninguna se?al de las hermanas alrededor. Qu¨¦ extra?o, ya pas¨® mucho tiempo desde la ausencia, as¨ª que se propusieron llegar hasta la tierra principal, que fue donde Ciel cre¨ªa que esa raza estar¨ªa.
Sin m¨¢s se encaminaron por los senderos, hasta que este se cort¨® en el bosque. Aun los ¨¢rboles verdes, a medida que los atraves¨ªan, el color se iba apagando de nuevo, aunque esta vez se tornaban m¨¢s oscuros los troncos y las hojas, como si algo les hubiera quitado el color. Mientras descend¨ªan por el sendero, su mirada se pos¨® en el mar. Una espesa niebla negra lo cubr¨ªa casi por completo, ocultando las aguas bajo un velo impenetrable.
Al llegar a las costas, el viento soplaba con un susurro inquietante, como si las voces del pasado a¨²n rondaran en el aire. Las rocas talladas de por all¨ª, gigantes, mostraban algunas legendarias valquirias, quienes observaban el mar cubierto con la niebla con mucha atenci¨®n. As¨ª tambi¨¦n, encima de grandes rocas, hab¨ªan enormes barcos varados y destrozados se esparc¨ªan por la costa, vestigios silenciosos de un pasado olvidado. Se fijaron de inmediato cuando pasaron por encima de las grandes rocas que daban paso a la orilla del gran lago. Ambos acercaron lentamente sus manos hacia la niebla, mas no era posible ver a trav¨¦s de ella, as¨ª como cualquier intento de atraveslarla era en vano.
------Esta niebla... Cre¨ª que podr¨ªamos navegar a trav¨¦s de ella. Sin embargo, es tan densa que incluso parece ser s¨®lida... Qu¨¦ cosa tan in¨¦dita. ------coment¨® Kettei, quien al sentir la superficie s¨®lida, retrocedi¨® unos pasos y se dirigi¨® a Ciel, pregunt¨¢ndole c¨®mo esto era posible, y si hab¨ªa alguna manera de poder desaparecer esta niebla, a lo que esta pregunta hizo que bajara la mirada, y titube¨® sobre si privarlo de su informaci¨®n era correcto o no.
Aunque cost¨® un poco para que las palabras salieran de su boca, tom¨® fuerzas para relatar c¨®mo, tras muchos a?os, no se hab¨ªa llegado a tal punto, de que se necesitara entrar hacia los mismos confines de un mundo donde la vida no tiene color mismo, y que esta estaba muy alejada de all¨ª, y como no era posible viajar en bote, habr¨ªa que recurrir a algo m¨¢s. Aunque ella reclam¨® no revelar lo que ¨¦l estaba a punto de ver y que, de hecho, tampoco sabr¨ªa bien porque lo estaba llevando consigo a un total desconocido. Ambos se encaminaron a pesar de las advertencias, y dentro de un establo donde se guardaba todo tipo de recursos, al final del largo pasillo, aguardaba algo bajo una gran manta sucia y vieja.
Y al sacarle el polvo de encima, no era m¨¢s que un hacha clavada en el suelo, mas esta desprend¨ªa una luz amarilla blanquecina que ilumin¨® parte del ambiente en cuanto se fue revelada. Kettei dio un paso atr¨¢s, sin embargo, Ciel lo agarr¨® del brazo con fuerza, insistiendo que si iba a necesitar algo del centro de Velm¨®ria, que no sea alguien cobarde, ya que de otra manera no tendr¨ªa. Este se le qued¨® mirando unos segundos a medida que su mirada se iba endureciendo, para despu¨¦s soltarse con la misma fuerza, o incluso m¨¢s de la que aplic¨® la Valkiria.
Aunque le tom¨® unos segundos reivindicarse, se sent¨® frente al hacha y adopt¨® una pose parecida a la meditaci¨®n. Esto despert¨® la curiosidad de la Valkiria, la cual le pregunt¨® sin rodeos si acaso conoc¨ªa el objeto, o hab¨ªa visto algo parecido antes, a lo que ¨¦l afirm¨®, probando que en su tierra solo exist¨ªa uno, pero que por razones que decidi¨® no comentar, ese m¨¦todo de viaje se volvi¨® inutilizable por siempre.
Por un instante, su mente lo arrastr¨® de nuevo a aquel d¨ªa fat¨ªdico. La ¨²ltima esperanza de salvar a su gente hab¨ªa sido aplastada sin piedad. Aquellos que en el pasado cometieron cr¨ªmenes imperdonables ahora dictaban el destino de muchos. Tambi¨¦n como esto no le permit¨ªa cerrar por completo los ojos, ni menos concentrarse en la voluntad del viaje como es requerida, as¨ª como lo hac¨ªa la Valkiria, quien se hizo con un poco de espacio para meditar al igual que ¨¦l lo hac¨ªa.
Al observar a su lado, denot¨® como al nictibio le parec¨ªa costarle concentrarse, puesto que los recuerdos que le tra¨ªa ese tipo de vestigios aun perpetuaban en ¨¦l, siguiendo frescos los recuerdos, aunque amargos. Ella quiso saber qu¨¦ era lo que le pasaba, a lo que ¨¦l contest¨®: "Es simplemente un recuerdo ajeno del pasado, uno muy lejano. Es extra?o c¨®mo el arrepentimiento ajeno pueda afectar a uno a la larga, a pesar de que promulgan que este no es m¨¢s que pasajero".
Ciel lo escuch¨® atentamente, y con estas palabras Kettei alcanz¨® una postura m¨¢s relajada, siendo posible el cerrar los ojos con m¨¢s calma y lentitud. Y cuando ambos permanec¨ªan meditando por unos momentos, el alrededor parec¨ªa apagarse lentamente y, por as¨ª decirlo, desaparecer. Ahora solo quedaban ellos, vagando en la oscuridad, aunque no por mucho, ya que sus cuerpos comenzaron a discernirse en cenizas, para posteriormente disiparse en el aire, sin dolor, aunque con un peque?o escalofrio.
Varios momentos pasaron, sus conciencias se apagaron por segundos, y cuando abrieron los ojos ya estaban zarpando por los mares en un bote. Sin embargo, estas aguas carec¨ªan de color, as¨ª como ellos mismos, cuyos cuerpos no parec¨ªan ser m¨¢s que un efecto de la luz, y quiz¨¢ est¨¦n hechos de humo. Miraron a los alrededores y todo era niebla, siendo probablemente un buen indicio de que el viaje est¨¢ funcionando. Ciel, al tocar las aguas, y como estas se deshac¨ªan al contacto, le hizo saber que nunca hab¨ªa viajado a trav¨¦s de los vestigios, ya que otro castigo para las Valkirias reprimidas era el encarcelamiento eterno en la misma secci¨®n para la eternidad, aunque ya no m¨¢s.
"Estamos en un recuerdo ajeno, as¨ª es como funcionan los vestigios. O por lo menos as¨ª lo recordaba yo, ya que aquellos que ca¨ªan en combate soltaban estos vestigios en su camino como esp¨ªritus vagantes, como recuerdos de la vida que tuvieron. Este recuerdo es amargo, sin vida, sin chispa... A lo que refiere a alguien que incluso despues de la muerte, en su esp¨ªritu sigue acumulando la soledad y un gran vac¨ªo. Solo habr¨¢ que pasar a trav¨¦s de este lago para llegar... Y a todo esto... "?D¨®nde vamos?", pregunt¨® el nictibio. Ciel se dio la vuelta para apuntar hacia una tierra que solo se pod¨ªa acceder por ese m¨¦todo de viaje tan sofisticado; un reino que fue descartado y ocultado a todos. La secci¨®n perdida en el tiempo permanec¨ªa tras una dimensi¨®n distinta a la de ellos, aunque se desconoc¨ªa la raz¨®n por la cual fue enviada m¨¢s all¨¢ de los confines f¨ªsicos.
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------Aqu¨ª es donde se resguardan los "Sincolor", los habitantes de estas tierras. Hace tiempo escuch¨¦ sobre ellos en historias, que relataban como ellos fueron condenados a ser enviados a las profundidades del mundo, por la eternidad. Un castigo cobarde para aquellos quienes se niegan a ir a la guerra, as¨ª como fue conmigo. Pareces saber mucho de aquella masacre... ?verdad? ------Pregunt¨® la Valkiria, y Kettei le contest¨®.
------Si... Aun mi mente debe recordar con claridad las cosas... No es algo que recuerde mucho, as¨ª que te dir¨¦ lo que se... Yo ten¨ªa claro que no fueron las cinco secciones quienes atacaron la de los nictibios, fueron solo tres. Estos dos ultimos se negaron a participar en aquella "Colusi¨®n" (1), y por eso el el "Azote", orden¨® desecharlos del mundo... Para posteriormente continuar con el atentado... Que manera mas horrible y cobarde de acabar con las razas. -----relat¨® el nictibio, quien con la cabeza gacha contaba esto, y en momentos olvidaba detalles, signo de su memoria fragmentada, aun sin sanar.
Mientras navegaban, algo muy lejos ocurr¨ªa bajo la mirada del Azote, quien, al ser mencionado, aunque a la lejan¨ªa, se pod¨ªa sentir su escalofr¨ªo, mas no parec¨ªa afectarle mucho, y se manten¨ªa sereno mientras observaba por la ventana hacia las calles, los senderos cuya gente no se ve¨ªa caminar, as¨ª como el silencio abundaba ensordecedor. Solo los graznidos de los cuervos era lo unico que sonaba en aquel ambiente. Skalhildr y Erydnis lo observaban, sin saber muy bien por qu¨¦ estaba as¨ª, como si algo mas all¨¢ de lo que ellos ve¨ªan pasara.
Fue en eso cuando un joven de ropas desgastadas de colores apagados, as¨ª como el rojo tenue y gris se destacaban, con un pelaje desordenado de color negro, con mechas plateadas pas¨® por el lado, a la presencia de los tres gobernantes. Y se arrodill¨® frente a la caja que dentro conten¨ªa el arma, rozando con suavidad la caja, aunque como sus dedos temblaban, y se le marcaban las venas no daban buen indicio de aquel muchacho.
Pyrothas se gir¨® lentamente, recitando las siguientes palabras: "Hijo... Nunca te obligu¨¦ a que vinieras hasta aca... Mas aun despues de todo lo que pas¨®" . El hijo de Pyrothas lo ignor¨®; su mirada todav¨ªa estaba inmersa en la caja. Ah¨ª fue cuando el Azote solt¨® al aire un nombre, siendo este "Charles", Al escuchar su nombre, Charles alz¨® la cabeza, aunque su mand¨ªbula se apret¨® con furia. No deb¨ªa reaccionar... y, sin embargo, lo hizo, slo para denotar como aquel muchacho carec¨ªa del ojo izquierdo, as¨ª como su padre, aunque su ojo derecho no se ve¨ªa infundido por el intenso rojo como era el otro caso, mas en su mirada se pod¨ªa ver todo lo que no expresaba, algo que hac¨ªa tener ese comportamiento ante su parentesco.
Ambas lideres observaron con atenci¨®n, aunque sin intervenir ni decir una sola palabra. Hasta que Pyrothas se acerc¨® y puso su mano en el hombro de Charles en tanto este ultimo bajara la cabeza de nuevo, sin embargo solo ocasion¨® que su hijo le temblaran las manos por unos segundos, seguido de un movimiento rapido que le oblig¨® a retirar su mano del hombro del chico. Ya parec¨ªa que padre e hijo iban a comenzar una disputa, detr¨¢s de Charles una silueta se movi¨® con precisi¨®n calculada. No hizo ruido al acercarse, pero cuando su mano se pos¨® sobre su mano, su agarre fue tan firme como el acero. Su voz, baja y g¨¦lida, se desliz¨® como un filo de daga, y de ah¨ª una voz le susurr¨®: "Atrevete a hacerlo y no te gustar¨¢ como terminar¨¢ esto."
A rega?adientes, el chico se detuvo, seguido paso a cruzarse de brazos y alejarse unos pocos metros de all¨ª. Aquella mujer de quien proven¨ªa aquella voz intimidante, fue reconocida por Erydnis, quien esta ultima se acerc¨® a ella lentamente, para preguntarle que hac¨ªa tan lejos de su seccion, a lo que esta confes¨® con una leve sonrisa no querer perderse tal magno evento por nada del mundo, y mas no iba a permitir que alguien mas lo arruinase. Dijo estas ultimas palabras con un tono que incomod¨® a ambos familiares, quienes se mantuvieron distanciados despues de aquel suceso.
Ella se hac¨ªa llamar "Vail", por ese nombre fue llamada por su reina, y su aspecto contrastaba un poco con el de su reina, ya que a esta sus armaduras de cueros se ve¨ªan un poco desgastadas, y con algunas manchas de sangre, aun calidas destacandose. As¨ª como su piel era de un tono menos palido, un poco verde, tambien cabellos marrones y crespos. Casi igualaba la altura de su reina, y las diferencias con esta ultima se contaban por decenas.
Ya pasaron varios minutos desde que se supon¨ªa, aquel iba a llegar, mas no hab¨ªan noticias, ni signos de alguna posible ubicacion. Sin previo aviso, las estructuras comenzaron a moverse, como si en cualquier momento se fueran a romper, junto a eso una tormenta se llev¨® a cabo, a pesar de que el cielo estaba despejado hace unos segundos. La tormenta afuera fue lo que hizo que todos se asomaran hacia el gran ventanal, solo para ver como los truenos eran ensordecedores, y los rayos golpeaban algunos hogares.
De un momento a otro, se escuch¨® un fuerte estruendo atras de ellos, como si alguien casi rompiese el suelo sobre el que estan parados, y cuando se dieron la vuelta, observaron a un imponente guerrero, de tunicas negras y moradas, yac¨ªa agachado en el centro del templo, con la cabeza gacha. "Finalmente est¨¢s aqu¨ª..." susurr¨® Pyrothas, mientras caminaba lentamente hacia aquel que se esperaba llegar, ahora ya estaba posado frente a ellos, tras la ardua espera.
Algunos se quedaron perplejos ante lo que estaban viendo, y en la mirada de algunos se ve¨ªa luz y gloria, y en otros se denotaba una oscuridad y fracaso profundo. En esta oscuridad se pod¨ªa ver se nuevo la niebla negra que recubr¨ªa el mar, y como si de una visi¨®n se tratase, abrieron los ojos, ya que el bote ya hab¨ªa topado con tierra firme. Ambos guerreros levantaron la mirada, y de primera instancia denotaron un gran bosque con los arboles sin hojas, y troncos que parec¨ªan carecer de vida misma.
At¨®nitos, soltaron los pies del bote, y en las costas de aquel sitio, no solo se pod¨ªa sentir el gelido ambiente que a cualquiera un escalofrio le dar¨ªa sin problemas, sino tambien era raro como no hab¨ªan sonidos de vida alguna, ni canto de aves, ni insectos, ni viento moviendo las ramas de los arboles, cuyos parec¨ªan manos esqueleticas de lo deformadas que estaban, sino algunas voces que recitaban algo inentendible era lo unico, ademas de sus pasos que se pod¨ªa escuchar all¨ª.
Ciel intuy¨® que se trataba de una lengua muerta, que se perdi¨® en el tiempo, y quiz¨¢ nadie nunca volvi¨® a escuchar acerca de esta lengua, ya que oculta se permaneci¨® durante todos estos a?os que esta tierra fue desechada. Comenzaron a caminar, y llegaron a un sendero, el cual era gris claro, y a cada paso que daban, el polvo que recubr¨ªa el suelo se levantaba y se arremolina, adoptando por breves segundos la forma de rostros retorcidos en sufrimiento antes de desvanecerse de nuevo en el suelo. Acaso eran los restos de las personas que estuvieron aqui alguna vez, yacen sus cenizas en los suelos? se preguntaron, y aunque cada vez el ambiente se tornaba mas horripilante, algo all¨ª buscaban para que sin importar lo que encontrasen all¨ª dentro, se abrir¨ªan paso hasta llegar a donde necesiten llegar, y tomar lo que necesiten tomar.
Cap铆tulo 4: "Los Indicios De La Segunda Gran Guerra"
Cap¨ªtulo 4: "Los Indicios De La Segunda Gran Guerra"
Ambos chocaron espalda con espalda, mientras el silencio ensordecedor era lo ¨²nico perceptible, adem¨¢s de la niebla que cegaba sus vistas. Los dos portaban sus respectivas armas a dos manos, y giraban lentamente; a su vez, unos zumbidos tenues romp¨ªan ese silencio lentamente. En un inicio cre¨ªan que solo la monoton¨ªa del lugar ya comenzaba a enloquecerlos, mas era un ruido externo, y no uno interno. A medida que estos ruidos se iban intensificando, los m¨²sculos se les iban tensando a ambos, y en todo momento mov¨ªan los ojos hacia los lados, en busca de algo que no se ve.
En eso, encima de ellos, una figura se par¨® encima de un ¨¢rbol muerto, que all¨ª se pod¨ªan ver ambos guerreros extranjeros. Aquella figura, se desconoc¨ªa si era siquiera humana, puesto que su piel parec¨ªa trasparente, como si de un fantasma que apenas puede ser perceptible al ojo humano se tratase. Este observaba agachado c¨®mo ambos giraban alertas, atrapados en la niebla, y de inmediato este se desvaneci¨®, no sin antes echarles un ojo encima a ambos muchachos, aunque este fij¨® la mirada en la Valkiria, la cual despertaba el inter¨¦s de aquel esp¨ªritu, por alguna raz¨®n.
Se crey¨® desaparecido; sin embargo, este se acerc¨® hacia quien parec¨ªa ser el l¨ªder de aquel lugar: el ¨²nico con una gran t¨²nica de lana color rojo tinto que lo recubr¨ªa por completo, dejando solo a la vista su rostro carente de expresi¨®n alguna. Solo para que este ente le advirtiera la llegada de algunos invitados no muy deseados all¨ª, y que ya era necesario tomar medidas al respecto. El l¨ªder no respondi¨®, ya que con un simple gesto les orden¨® a las dem¨¢s tropas atacar por aire como fuese posible. La orden se expandi¨® como una plaga, y cuando ya hab¨ªan preparado todo, la niebla comenz¨® a disiparse poco a poco, facilitando un poco la visibilidad de los alrededores.
De un momento a otro, viendo por el rabillo del ojo, uno de los dos pudo observar c¨®mo un par de estos esp¨ªritus salieron disparados hacia ellos, y aunque Ciel pudo esquivarlo, los reflejos del nictibio parec¨ªan fallar, y recibi¨® una fuerte embestida, siendo lanzado lejos, fuera de la vista de la Valkiria, cuya expresi¨®n se arrug¨® por leves segundos, y comenz¨® a atacar con gran instinto hacia uno de estos. La Valkiria era ¨¢gil; sin embargo, aparec¨ªan m¨¢s de los lados y, por si fuera poco, estos pod¨ªan volar fuera del alcance de la guerrera, quien por debida raz¨®n no pod¨ªa hacerlo como aquellos.
La atacaban de todos lados, se cre¨ªa que no pod¨ªa hacer nada, aunque fueran fantasmas, el da?o se sent¨ªa tan real como si lo golpease un ser con forma f¨ªsica, ya que humanos es absurdo decir. Fue a trav¨¦s de todos esos golpes y cortes que recib¨ªa que este da?o la volv¨ªa m¨¢s iracunda, y a trav¨¦s de esto se pudo abrir su mente hacia un recuerdo; aunque crudo, fue lo que le sirvi¨® para llegar hasta donde est¨¢. En ¨¦l, recordaba c¨®mo, por tener una actitud d¨¦bil, era objeto de burla y verg¨¹enza. As¨ª como en otra secci¨®n de su mente llegaba hasta donde se les hab¨ªan cortado las alas; era castigada a menudo; y como si fuese poco, lleg¨® al momento en el que escuchaba las mismas palabras una y otra vez: "T¨² no eres una Valkiria".
Estas palabras terminaron por despertar un destello que viv¨ªa apagado en ella desde hace mucho, y que hoy por fin pudo volver a surgir, y de qu¨¦ manera... M¨¢s fuerte que nunca. Lo que acumulaba era tanto, que un fuerte grito retumbante se escuch¨® varios kil¨®metros a la redonda, y que mand¨® a volar a muchos esp¨ªritus con su onda de choque. El grito ensordecedor incluso sorprendi¨® tanto al nictibio como al l¨ªder de aquellos esp¨ªritus, quien yac¨ªa parado, esperando algo.
Aquella vociferaci¨®n iracunda dur¨® poco, ya que, a pesar de haber liderado un ataque abrumador, este termin¨® por acabar con su energ¨ªa restante, cayendo sobre sus rodillas, siendo incapaz de volver a levantarse. Fue en eso cuando m¨¢s esp¨ªritus la rodearon, y esta apenas pod¨ªa mirarlos a los ojos de lo d¨¦bil que estaba, y temblando, bajaba la mirada que se desvanec¨ªa lentamente. El l¨ªder observ¨® c¨®mo la Valkiria empezaba a ser golpeada, y una leve sonrisa, que no lleg¨® a ser m¨¢s que una mueca, se marc¨® en su rostro. A medida que esto ocurr¨ªa, algo llam¨® su atenci¨®n lo suficiente como para que se enfocara en ello, y en nada m¨¢s.
Aquel denot¨® como, a trav¨¦s de la neblina, una sombra oscura acababa con la vida de uno de sus guerreros, y aunque era dif¨ªcil de notar, intuy¨® que esa sombra lo estaba mirando fijamente, y comenzaba a caminar lentamente hacia ¨¦l. Fue cuando esta figura atraves¨® la capa de niebla, y no era m¨¢s que el nictibio, a quien los esp¨ªritus se les hac¨ªa un poco dif¨ªcil mirar a su mirada. Algo lo alert¨®, y el comandante orden¨® el alto al combate a todos sus guerreros, y la guerrera a la que estaban masacrando cay¨® de lleno contra el suelo, en un sonido que hizo eco en el ambiente por unos segundos.
Kettei se acerc¨® cautelosamente a Ciel y carg¨® con suavidad el cuerpo inerte de la Valkiria, quien cay¨® inconsciente tras las heridas f¨ªsicas y mentales que se hab¨ªan acumulado con el pasar de los a?os. El nictibio, cargando el cuerpo, se acerc¨® lentamente al l¨ªder, y los esp¨ªritus entre ellos se susurraban algo, que es imposible saber qu¨¦ era. Lo primero que llam¨® la atenci¨®n de los esp¨ªritus no fue el arma del nictibio, mas su bufanda lo era. Aunque algunos intentaron tocarla; el l¨ªder se los impidi¨®. Y este ¨²ltimo, con la mirada fija en ¨¦l, y con una expresi¨®n sorpresiva poco com¨²n en ¨¦l, se acerc¨® lo suficiente hacia ¨¦l para comunicarse. Curiosamente, este no solo hablaba la lengua muerta que los otros esp¨ªritus s¨ª, y pudo entablar una conversaci¨®n clara con el nictibio.
-------Se qui¨¦n eres... No cre¨ª que esa leyenda fuera cierta. ------admiti¨® el l¨ªder, aunque Kettei, ignorando lo que el comandante anticipaba que responder¨ªa, cuestion¨® sobre su raza y por qu¨¦ la agresividad tan inesperada. Este le explic¨® que, en realidad, los "Sincolor" no pensaban estar frente al ¨²ltimo indicio de aquella masacre, y que los consideraban simples intrusos, aunque expresaron que rezaban para que esa teor¨ªa fuera verdadera. No obstante, esto cre¨® m¨¢s incertidumbres en el pensamiento del nictibio, quien, al darse cuenta de que no buscaban perjudicarle, disminuy¨® la mirada para sugerir que a Ciel quer¨ªan causar da?o. El l¨ªder de los Sincolor reforz¨® este prejuicio, se?alando que las Valkirias, como ella, necesitaban ser exterminadas lo m¨¢s pronto posible, dado que estas sirven a Pyrothas.
-------ConCon que tambi¨¦n se oponen a la tiran¨ªa de Velm¨®ria, ?verdad? -------indag¨® Kettei. Y a pesar de que fuera as¨ª, no comprendo por qu¨¦ terminar con ella en particular... No creo que sea similar a las otras Valkirias... ¡ªAunque no estoy muy convencido de ello -----pens¨® el nictibio, mientras miraba atentamente c¨®mo la Valkiria pod¨ªa mantener al menos la respiraci¨®n. El l¨ªder, al escuchar estas palabras, se dirigi¨® a ¨¦l lentamente, observando con atenci¨®n a la guerrera inconsciente, no sin antes hacer marchar a sus tropas de vuelta a la aldea y ofrecerle una disculpa, ya que para ellos, no cre¨ªan que ellos dos fuesen aliados. Kettei lo interrumpi¨® con voz firme, explicando que no eran aliados, solo dos seres que buscan lo mismo en aquella tierra.
Este se hizo entender, y a cambio, aquel le brind¨® su nombre, el cual era "Vaedrith". Kettei, al momento de escuchar su nombre, qued¨® en claro que no estaba frente a un sujeto com¨²n, ya que este relataba c¨®mo los gobernantes de la secci¨®n com¨²n los hab¨ªan condenado a vivir en otra dimensi¨®n por toda la eternidad, y todo por la misma tonta farsa que hab¨ªa escuchado ya anteriormente, la cual era no querer asistir a la guerra que se libr¨®. El guerrero lo corrigi¨® en tanto comenzaban a caminar hacia la aldea, refutando esa ¨²ltima palabra, "guerra". Este le hizo saber, frunciendo el ce?o, que esa tiran¨ªa fue una colusi¨®n, y que no hubo cosa m¨¢s cobarde que ejecutarla durante la noche, cuando todo el pueblo descansaba.
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El l¨ªder se qued¨® perplejo; estaba claro que ese guerrero pas¨® por mucho, exterminaron a toda su raza, y que ahora todo el fuego vengativo que abrasaba las almas de quienes perecieron esa noche reca¨ªa en sus hombros. Aunque escuchar c¨®mo la cobard¨ªa del gobernante de los gobernantes ya hab¨ªa roto cualquier tipo de frontera, y que lo hab¨ªa llevado a hacer eso, hizo que una llama que en su torso aguardaba se encendiera con m¨¢s viveza que nunca. Esto le dio a entender al nictibio que esta clase de esp¨ªritus guardaban el mismo rencor contra los que provocaron la gran guerra.
Sin embargo, el objetivo principal de aquel rencor iba directamente contra Pyrothas, y posiblemente contra quien haya sido el que plane¨® tal colusi¨®n. Kettei se detuvo por un momento, intuyendo que quiz¨¢ fue aquel hombre que conden¨® a su pueblo a la extinci¨®n, rechinando los dientes por unos segundos. Ante lo que el nictibio pensaba, Vaedrith le ofreci¨® un lugar para que su compa?era descansara, solo con la condici¨®n de que ambos les ayudasen con las defensas y artiller¨ªa para un posible ataque, ya que quiz¨¢s el hecho de que una Valkiria y un nictibio se encuentren en una dimensi¨®n distinta, tarde o temprano, llegue a los o¨ªdos del "Gobernante del Todo" (1), as¨ª que deb¨ªan apresurarse si quer¨ªan prevalecer.
Apresuraron el paso, y al llegar a la puerta que daba paso a la aldea, al nictibio le toc¨® observarla de abajo hacia arriba, ya que el tama?o de esta puerta doble era inmenso, y curiosamente se encontraba cerrada ante ellos. De inmediato el l¨ªder orden¨® que abrieran tal imponente puerta, y el esfuerzo que aplicaron los guardias daba indicio de que esa puerta no requer¨ªa ser cerrada desde hace mucho. Ambos pasaron tras la entrada, llegando hasta una aldea primitiva, en la que no parec¨ªan destacar muchos detalles, m¨¢s como los esp¨ªritus enfocaban su atenci¨®n en los dos extranjeros, y de un momento a otro comenzaban a seguirlos de cerca, solo para que Vaedrith los aleje de inmediato.
Fue cuando al entrar en una caba?a de un espacio un poco reducido, donde el sujeto acomod¨® una cama con las sabanas un poco deterioradas, y la almohada no parec¨ªa estar en su mejor estado, aunque de otra manera no hab¨ªa, as¨ª que la acomod¨® con cuidado en la cama. Seguido para verla como su piel se puso mas p¨¢lida de lo normal, y una sombra rode¨® sus ojos. Ambos la observaron por unos segundos, solo para dejarla descansar por un rato.
-------Va a estar bien, no tienes por que preocuparte -----le afirm¨® Vaedrith con seguridad, mientras se levantaba del asiento, y le daba unas leves palmadas en la espalda al nictibio, quien se neg¨® a creer que este pensaba que algo le inquietaba. Este rio entredientes, enfatizando como no le preocupaba el hecho de que la Valkiria enfermara, mas la coincidencia de que esta buscara un sentido mas all¨¢ de la simple guerra, tal y como lo hacian las otras Valkirias, que lo llev¨® a pensar que el y esta guerrera buscan lo mismo.
El anfitri¨®n observ¨® de reojo a Ciel, quien aun no despertaba, solo para dirigirse de nuevo hacia el nictibio. Aquel se volvi¨® a sentar para mirar fijamente a la mirada del guerrero, cuya no pod¨ªa despegarse del rostro de la Valkiria. El silencio se instal¨® por un momento en la caba?a, solo interrumpido por la respiraci¨®n pausada de la Valkiria. Afuera, el viento soplaba con un leve silbido, arrastrando hojas secas y susurros de la noche.
--------?Y bien? ?Por que la recepci¨®n tan acogedora? Escuch¨¦ que no reciben muy bien a los invitados. ------pregunt¨® Kettei, quien sin voltear la mirada, interrumpi¨® a lo que el lider iba a decir.
--------Quiz¨¢ a las Valkirias s¨ª... Pero nos vemos obligados a redimirnos por haberla tratado as¨ª. ------afirm¨® Vaedrith, despertando la curiosidad del nictibio, quien solt¨® al aire un "?Por que?", a lo que aquel espiritu insisti¨® en que el era causante de aquella protecci¨®n a la guerrera. Segun el, los nictibios eran criaturas con capacidades inhumanas, que eran capaces de desafiar a incluso al mas fuerte de los gobernantes, Pyrothas. Y que por ese motivo, fueron exterminados. La raza de los "Sincolor" fueron algunos cuya fe se vio puesta en que alguien sobrevivir¨ªa a aquella masacre, y volver¨ªa.
Al pasar el rato, el lider continuaba relatando como representaban la figura del nictibio con una bufanda roja, que lo distingu¨ªa de los demas guerreros. Las historias eran muy detalladas, incluso el arma que Kettei usa era tal y como se le fue ilustrada. Aunque tras pasar unos momentos de silencio, en los que la Valkiria aun no presentaba ningun rasgo de estar conciente, se preguntaron que es lo que pasar¨¢ con las Valkirias al enterarse que una de sus aliadas se encuentra en territorio enemigo, a lo que Kettei contest¨® esta pregunta que se le fue planteada, indicando francamente que en su caso, no iba a ser de mucha importancia para la madre Valkiria, Skalhildr.
Con esto en mente, al escuchar el nombre, Vaedrith call¨® y le di¨® la vuelta al nictibio, no sin antes soltar unas palabras, que sonaban mas a un trato. "Si quieres que toda la tiran¨ªa de los gobernantes acabe, ella y t¨² deberan ayudarnos para preparar el ataque... Estamos planeando una emboscada... Y a cambio de eso, les dar¨¦ lo que necesiten para su viaje." Estas palabras dejaron pensando al guerrero, quien al quedarse junto a su compa?era, cerr¨® los ojos para darle vueltas a la pregunta.
Mientras tanto, tras la tormenta ceder, los alrededores se calmaron por unos segundos, antes de que aquel hombre, el cual se caracterizaba por como manten¨ªa la cabeza gacha, y posado de rodillas ante los personajes, se pod¨ªa denotar como portaba una capa con marcas tormentosas, cuyos rayos parec¨ªan moverse con el viento, o con el caminar de Lardken. Tambien su armadura forjada en acero de tierra extranjera estaba da?ada, con marcas de sangre perdida y restos de protecci¨®n que no volver¨¢n con el nunca, como as¨ª ambos guantes que portaban llamaba la atenci¨®n un brillo rojo tenue, reflejaba una runa que era imposible de leer.
Lardken al escuchar las palabras que Pyrothas solt¨® de su boca, call¨® por unos segundos, como si algun evento recordase que esas palabras desencadenaron. ------No volv¨ª.... Me v¨ª obligado a regresar -----afirm¨® con una voz grave y cargada de algun acontecimiento que marc¨® un antes y despues en el, que en primera instancia fue lo que llam¨® mas la atenci¨®n, ademas de su apariencia tan cambiada a como era en el pasado. Al levantar la cabeza mientras relataba estas palabras, se pudo ver como en una parte de su cara, portaba una mascara de cuero desgarrada y asimetrica, rota de un lado, dejando ver como su ojo izquierdo fue lo que hizo que incluso un peque?o escalofrio todos sintieran al observar esa mirada.
Pyrothas apart¨® a los presentes, solo para que este diera un paso adelante ante este ser, cuya imponente altura casi igualaba a la del coloso. El Azote se par¨® firme ante el, y as¨ª mismo lo hizo Lardken, solo para que este ultimo tomara la primera palabra antes que el coloso lo hiciera.
-------?As¨ª que es cierto lo que me dices? ?Un nictibio fue capaz de sobrevivir? -----pregunt¨® "El Caido" (2), quien con el ce?o fruncido ve¨ªa a traves del Gobernante del Todo hacia quienes estaban detras.
-------Hemos detectado dos presencias inusuales que atravesaron la niebla negra del lago quien sabe como, y ahora se encuentran en la dimensi¨®n espiritual, en la que exiliamos a los guerreros "Sincolor", quienes ahora ya no portan su cuerpo fisico. No mucho pueden hacer solo con su espiritu, aunque... Presiento que uno de ellos... Es el nictibio que relataba la profec¨ªa, y que este marcar¨ªa el fin del imperio Velmoriano. ------relataba Pyrothas, quien se par¨® a observar fijamente a la madre Valkiriana, quien frunci¨® un poco el ce?o ante esta se?al, antes de que el coloso prosiguiera. ------Y lo peor de todo, es que una Valkiria lo acompa?a en su mision.-----concluy¨®.
Skalhildr al escuchar esto, baj¨® la cabeza, dejando que una sombra cubra sus ojos mientras caminaba hacia el ventanal que daba la vista hacia el gran lago, cuya niebla, aun espesa lo cubr¨ªa, solo para intuir quien era la Valkiria que lo acompa?aba. No pod¨ªa ser otra, pensaba, aquella Valkiria, quien le cort¨® las alas hace no mucho, por haberse negado a su destino, marcado por a guerra, le hizo creer que no era digna de ser una guerrera, y que aun peor, ahora hab¨ªa forjado una alianza con el enemigo com¨²n, y que ahora estan en busca de los "Sincolor", en el cual se encuentra un objeto que puede deshacer la niebla, y permitir el acceso de los guerreros extranjeros a la secci¨®n comun.
Era obvio, la Valkiria hab¨ªa abandonado sus principios, y al parecer buscaba lo mismo que el nictibio en las profecias promulgaban: Acabar con la tiran¨ªa de los gobernantes de Velm¨®ria. Skalhildr se dirigi¨® hacia Pyrothas, quien se enfocaba en Lardken y como su aspecto hab¨ªa cambiado, solo para ser interrumpido por la reina de las guerreras, quien de inmediato le orden¨® que prepare las defensas, ya que la "Segunda Gran Guerra", es inevitable.