《Ecos del caos (español)》
Umbral
Las haces de luz de luna flotaban sobre el agua. Parpadeaban con cada ondulaci¨®n tenue, fragment¨¢ndose en reflejos p¨¢lidos sobre las paredes del ba?o.
Sus ojos estaban fijos en ellos.
Fijos en la luz.
Y, a¨²n as¨ª, su mirada segu¨ªa vac¨ªa.
?Esto era lo que quer¨ªa?
?Esto era lo que deb¨ªa hacer?
Hab¨ªa esperado este momento durante tanto tiempo... hab¨ªa fantaseado con la paz, con el silencio absoluto. Con la ausencia de dolor. Se priv¨® de la vista.
S¨ª. As¨ª deb¨ªa sentirse.
Dej¨® caer la cabeza hacia atr¨¢s, apoy¨¢ndola en el borde fr¨ªo de la ba?era. Su cuerpo flotaba, la presi¨®n del agua envolvi¨¦ndola con una suavidad enga?osa.
Por fin.
Estoy cansada.
Solo quiero dormir.
Dormir.
Sin despertar.
Por favor...
Hundi¨® el rostro en el agua.
Exhal¨®.
Las burbujas ascendieron, explotando en la superficie con peque?os chasquidos. El aire abandon¨® sus pulmones, dejando solo el peso de la nada.
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Diez segundos.
El agua la sosten¨ªa. La mec¨ªa.
Todo est¨¢ bien.
Veinticinco segundos.
As¨ª es mejor. Nadie m¨¢s sufrir¨¢ por m¨ª.
Nadie me extra?ar¨¢.
Nadie...
Treinta y tres segundos.
Paz.
Oscuridad...
Pero entonces, un tir¨®n.
Un ardor sofocante.
Un espasmo involuntario recorri¨® su pecho, exigiendo aire, ox¨ªgeno.
No.
No quiero.
Sus piernas se crisparon. Sus brazos se contrajeron, las u?as ara?ando la porcelana. Un temblor incontrolable la recorri¨®, ella se aferr¨® a su decisi¨®n.
Pero su cuerpo no.
Su carne traidora, su instinto desesperado, exig¨ªa sobrevivir. Su espalda se arque¨®, sus pulmones clamaban por respiro, por romper la superficie.
No.
No.
El agua dej¨® de ser su refugio y se convirti¨® en su verdugo. En su prisi¨®n.
Quiero...
... salir.
No.
Quiero vivir.
No.
El agua se agit¨®, desbord¨¢ndose por los bordes. Sus manos intentaban impulsarse, pero su mente se negaba a ceder.
Luz y sombra danzaban sobre las paredes. La ba?era era un campo de batalla.
Una ¨²ltima pregunta se rompi¨® en su cabeza, como una ola contra las rocas:
?Era esto lo que en verdad quer¨ªa?
El nombre olvidado.
?Ahh!
Despert¨¦ en un sobresalto, con el pecho oprimido por un fr¨ªo inhumano. La respiraci¨®n entrecortada luchaba por acompasarse, mientras mis manos temblaban sobre las s¨¢banas revueltas. Un eco sordo vibraba en mis o¨ªdos. ?Lo hab¨ªa escuchado en el sue?o? ?O lo hab¨ªa dado yo misma?
Suspir¨¦ y me llev¨¦ una mano a la frente, empapada de sudor.
¡ªParece que ha vuelto a suceder...
Mi mente, atrapada entre el sue?o y la vigilia, se esforzaba por aferrar retazos de lo que hab¨ªa visto. Como siempre, era difuso, intermitente, pero no por ello menos aterrador. Un vac¨ªo me tragaba, una sombra me envolv¨ªa y, en medio de todo, esa sensaci¨®n de ahogo... algo me reten¨ªa, algo que no alcanzaba a comprender.
Me frot¨¦ la cabeza con fuerza, tratando de recordar m¨¢s esta vez. Pero al igual que siempre, los detalles escapaban como arena entre los dedos. Solo quedaba la certeza de que no era un sue?o com¨²n. Algo en m¨ª sab¨ªa que era m¨¢s que una simple pesadilla.
Finalmente, solt¨¦ mis los hombros, intentando liberar la tensi¨®n que se aferraba a mi cuerpo. No val¨ªa la pena seguir ahondando en ello por ahora.
Me incorpor¨¦, dejando caer los pies sobre el suelo de madera. Las s¨¢banas yac¨ªan en un desorden ca¨®tico, algunas de ellas esparcidas por el piso como si hubiese luchado contra algo en mi sue?o. Las recog¨ª con un suspiro y me dispuse a arreglar la cama antes de bajar a tomar un ba?o.
El agua fr¨ªa recorri¨® mi piel, borrando los rastros de inquietud que el sue?o hab¨ªa dejado en m¨ª. Exhal¨¦ lentamente, sintiendo c¨®mo la tensi¨®n se disipaba con cada gota que ca¨ªa sobre mis hombros. Me sequ¨¦ con calma y me vest¨ª de nuevo, lista para empezar el d¨ªa.
Baj¨¦ a la cocina y serv¨ª parte del estofado sobrante de la noche anterior. No era el mejor desayuno, pero al menos era r¨¢pido y sustancioso. Mientras com¨ªa, mi mente ya empezaba a planear lo que ten¨ªa que hacer.
Tendr¨ªa que volver a ir de caza hoy. Las reservas estaban disminuyendo m¨¢s r¨¢pido de lo esperado esta vez.
Adem¨¢s, ten¨ªa que ir al gremio. Hab¨ªa asuntos que atender y encargos que recoger. Seguramente habr¨ªa alguna nueva solicitud interesante o algo con lo que ocuparme el resto del d¨ªa.
Suspir¨¦ de nuevo y dej¨¦ el plato a un lado. Era mejor no darle tantas vueltas al asunto. Lo importante ahora era empezar a moverme.
Saliendo de casa, los primeros rayos del sol asomaban t¨ªmidos en el horizonte. Una vista hermosa, de esas que solo puedes apreciar viviendo lejos de la ciudad. Me gusta la tranquilidad. El bullicio de la gente nunca ha sido lo m¨ªo¡ aunque eso me haya ganado la fama de ermita?a.
El sendero que lleva a la ciudad atraviesa una pradera que a¨²n brilla con el roc¨ªo de la ma?ana. Cada paso sobre la hierba h¨²meda es un recordatorio de por qu¨¦ prefiero este lugar. Son solo diecisiete minutos de caminata, lo justo para que la ciudad y su ruido sigan sinti¨¦ndose ajenos a m¨ª.
¡ª?Oh! Buenos d¨ªas, Celes. Tan temprano como siempre, ?no?
La voz de la se?ora Menli sacudi¨® un poco mis pensamientos. Est¨¢ como siempre, de pie junto a su puerta con una sonrisa amable. Su delantal gastado y las manos mojadas por lo que parec¨ªa ser lavar unas prendas en el balde junto al pozo.
¡ªBuenos d¨ªas, se?ora Menli ¡ªle devuelvo el saludo con una sonrisa que no logro mantener¡ª. S¨ª, ya sabe, una aventurera debe aprovechar los primeros rayos del sol.
¡ªSi eso es lo que dices¡ Pero ?y ese rostro? ?Te encuentras bien?
¡ªS¨ª, se?ora Menli ¡ªrespondo amablemente¡ª. Fff, solo¡ un poco cansada, supongo.
¡ª?Cansada, eh...? ¡ªResopl¨® con un tono de sarcasmo. Supongo que escuchar eso cuando el d¨ªa apenas comienza, viniendo de quien fuese, ser¨ªa extra?o¡ª. Hay d¨ªas buenos y d¨ªas malos, ni?a.
¡ªLo s¨¦, es solo que...
¡ªS¨ª, s¨ª. Sigue tu camino. Solo¡ lo que sea que tengas en la cabeza, no dejes que te distraiga demasiado. Como aventurera, un error puede costarte mucho.
Asent¨ª con un nuevo intento de sonrisa.
Segu¨ª mi camino hacia la ciudad mientras la dejaba atr¨¢s. Un pensamiento breve me asalt¨®:
"?Se sentir¨¢ bien ella estando en casa todo el d¨ªa? Envejecer pr¨¢cticamente sola no debe ser f¨¢cil..."
Encontrarme con ella esta ma?ana, m¨¢s que cualquier otro d¨ªa, fue cuando menos, reconfortante.
La ciudad estaba m¨¢s despierta de lo habitual. La mara?a de pensamientos a¨²n amenazaba con nublar mi mente. Una confusi¨®n que pesaba. Aunque hubiese encontrado un momento de paz, al parecer hoy estaba destinada a ser ef¨ªmera.
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Algo no estaba bien.
Demasiada gente en las calles para ser tan temprano.
¡ª?Te enteraste? Encontraron otro cuerpo, esta vez en la entrada del bosque.
¡ª?S¨ª, s¨ª! Cada vez est¨¢n m¨¢s cerca. Un d¨ªa de estos simplemente aparecer¨¢ a pies de los portones principales...
¡ª?Ni lo digas!
Mierda. Esa era la raz¨®n, y era todo lo que necesitaba escuchar.
"?Qui¨¦n hab¨ªa sido esta vez?"
Tengo que informarme. Espero que Lark ya est¨¦ en el gremio.
El sonido de las puertas del gremio al abrirse se filtr¨® a trav¨¦s del bullicio interior, resonando en mis o¨ªdos como un eco amortiguado. Cruc¨¦ el umbral con paso firme, aunque la tensi¨®n en mis hombros delataba que a¨²n no lograba sacudirme por completo los pensamientos sobre lo ocurrido en la ma?ana.
El aire dentro era pesado, cargado con el aroma de madera vieja, tinta y un deje met¨¢lico de armaduras mal cuidadas. Voces superpuestas llenaban el espacio, algunas en animadas discusiones sobre contratos, otras entrechocando con carcajadas roncas. El sonido del acero raspando contra el cuero de las fundas y el tintineo de monedas sobre la madera compon¨ªan la sinfon¨ªa del gremio, una que, por costumbre, apenas registraba.
A¨²n as¨ª, para m¨ª, el aire esta ma?ana se sent¨ªa pesado.
Las l¨¢mparas de velas del techo parpadeaban d¨¦bilmente, como si una corriente invisible las perturbara. La luz mor¨ªa en intervalos err¨¢ticos, dejando sombras inquietas que se alargaban sobre las paredes. Nadie parec¨ªa notarlo. O quiz¨¢s, a nadie le importaba.
Un roce repentino en mi hombro.
Mi cuerpo reaccion¨® antes de que mi mente lo hiciera. No hab¨ªa tensi¨®n en el agarre, solo una presencia firme y familiar.
¡ªCsilla. Parece que ya te has enterado, ?eh?
¡ªAlaric. ¡ªExhal¨¦ su nombre sin sorpresa antes de girarme¡ª. Escuch¨¦ algo cuando ven¨ªa de camino. ?Alguna informaci¨®n?
¨¦l neg¨® con la cabeza, cruzando los brazos sobre su pecho.
¡ªNada todav¨ªa. Pens¨¦ que Lark podr¨ªa haber conseguido algo.
¡ªEntonces somos dos. Probablemente est¨¦ arriba con el Gran Maestro. ¨²ltimamente parece tener cierto... trato preferencial con ¨¦l.
¡ªJa, ja, ja. ¡ªLa risa de Alaric fue breve, carente de verdadero humor¡ª. Mejor nos movemos. No soporto ver a estos idiotas tan tranquilos cuando hay m¨¢s muertos en la calle.
Asent¨ª sin decir nada y retom¨¦ el paso, esquivando cuerpos sin esfuerzo. Alaric me sigui¨® a pocos pasos de distancia.
¡ªHey, Csilla. ¡ªSu voz baj¨® un tono¡ª. Te ves... diferente. ?Est¨¢s bien?
Un ligero escalofr¨ªo me recorri¨® la espalda.
"Carajo, ?Tan pat¨¦tica soy?"
Trat¨¦ de relajar mi expresi¨®n, pero la pregunta ya hab¨ªa sembrado un peso molesto en mi pecho.
¡ªNo es nada.
¡ªHm. Bien¡
No insisti¨®, pero su mirada qued¨® fija en m¨ª un poco m¨¢s de lo necesario antes de dejar el tema.
El pasillo hacia las escaleras estaba m¨¢s transitado de lo habitual. Escribas y administrativos cruzaban de un lado a otro con montones de papeles en brazos, algunos mascullando quejas entre dientes.
"Deber¨ªan contratar m¨¢s personal. Aunque dudo que el gremio pague lo suficiente."
Cada escal¨®n cruji¨® bajo nuestro peso. La madera vieja traqueteaba con un eco bajo, como si la estructura misma nos recordara su antig¨¹edad.
Al llegar al segundo piso, el ambiente cambi¨®. Menos ruido, menos movimiento. Frente a la ¨²ltima puerta del pasillo, una sensaci¨®n densa flotaba en el aire, casi tangible.
El Gran Maestro estaba adentro.
No hac¨ªa falta verlo para sentirlo. Su presencia pesaba en la habitaci¨®n como un vestigio de los d¨ªas en que fue uno de los hombres m¨¢s poderosos de la ciudad. La edad hab¨ªa curvado su espalda y debilitado sus m¨²sculos, pero su autoridad segu¨ªa intacta.
Empuj¨¦ la puerta con cautela.
Lark estaba all¨ª, reclinado en una silla con la mirada fija en el techo, el ce?o fruncido en una concentraci¨®n ajena. Frente a ¨¦l, el Gran Maestro presionaba los dedos contra su frente, con los ojos cerrados, como si su paciencia estuviera al borde del agotamiento.
Hab¨ªa tensi¨®n en la sala.
Y no auguraba nada bueno.
Minutos despu¨¦s de que Csilla y Alaric entraran en la oficina principal del gremio, el ¨¢nimo de todos los presentes se hab¨ªa desplomado.
Lark permanec¨ªa en silencio, inmerso en sus pensamientos. Apenas pronunciaba palabra, su mirada fija en alg¨²n punto inexistente mientras trataba de atar cabos sueltos. Delvada, el Gran Maestro, hab¨ªa terminado de compartir con Csilla y Alaric la misma informaci¨®n que antes le hab¨ªa dado a Lark.
¡ªEntonces, un semihumano nocthar, ?eh¡? ¡ªmurmur¨® Csilla, casi en un suspiro.
Los nocthar, una raza derivada de b¨²hos y lechuzas, eran conocidos por su car¨¢cter sereno y su naturaleza observadora. Aunque el sospechoso fuese un semihumano, la mayor¨ªa de sus caracter¨ªsticas raciales seguramente persist¨ªan: una afinidad por la calma, una notable percepci¨®n de su entorno y una lealtad inquebrantable. Eran pac¨ªficos por naturaleza, pero no dudaban en defenderse si la situaci¨®n lo requer¨ªa.
Entonces, solamente¡
¡ª?Hay alg¨²n testigo? ¡ªpregunt¨® Alaric con el ce?o fruncido¡ª. Tengo entendido que ayer un par de grupos de aventureros, "Reto?o" y "Destello Lunar", estaban cerca cazando surxis.
¡ªNo vieron ni escucharon nada. ¡ªDelvada sacudi¨® la cabeza¡ª. Los interrogamos en cuanto regresaron. Ambos coincidieron en que no percibieron nada extra?o.
¡ªGenial¡ ¡ªAlaric suspir¨® con pesadez¡ª. ?Investigaron la vida de la v¨ªctima? ?Ten¨ªa enemigos? ?Negocios turbios, deudas, disputas con otros mercaderes?
¡ªPara nuestra desgracia, es igual que las v¨ªctimas anteriores¡ ¡ªLa voz del Gran Maestro son¨® m¨¢s grave de lo habitual¡ª. Totalmente limpio. Solo tenemos el nombre del joven... Arc Crombus.
El aire en la habitaci¨®n se volvi¨® denso.
Los ojos de Csilla se abrieron de golpe. Su respiraci¨®n se torn¨® irregular por un instante. Un escalofr¨ªo le recorri¨® la espalda.
¡ª?Su nombre¡ era Arc?
Un silencio moment¨¢neo se apoder¨® de la oficina. Delvada la mir¨® fijamente, Alaric frunci¨® el ce?o y, de manera m¨¢s sutil, incluso Lark alz¨® la vista.
¡ª?Lo conoc¨ªas? ¡ªpregunt¨® Alaric, con m¨¢s intriga que desconcierto.
¡ªAh, s¨ª¡ ¡ªmusit¨® Csilla. Su voz son¨® m¨¢s apagada de lo que pretend¨ªa¡ª. Es... Era el hijo de Drowel.
El Gran Maestro se puso de pie de un salto. Su silla chirri¨® contra el suelo.
¡ª??El hijo de Drowel!? ¡ªSu voz reson¨® con tal fuerza que incluso Lark pareci¨® sobresaltarse¡ª. ?Ese Drowel?
Alaric frunci¨® el ce?o con confusi¨®n.
¡ª?Eh? Creo que me perd¨ª. ¡ªSe cruz¨® de brazos¡ª. ?Qui¨¦n es este "Drowel"?
Lark, quien hasta ahora hab¨ªa permanecido en segundo plano, se enderez¨® en su asiento. Sus ojos brillaron con una intensidad calculadora, como si una pieza clave acabara de encajar en su mente.
¡ªDrowel Crombus¡ ¡ªmurmur¨®, casi para s¨ª mismo.
Delvada inspir¨® hondo. Cuando habl¨®, su voz conten¨ªa una mezcla de rabia y a?oranza.
¡ªEx jefe de la tribu Bhuul de la raza nocthar. Nombrado "Abismo"¡
¡ªMaestro en estrategia ¡ªinterrumpi¨® Delvada, apretando los pu?os hasta que sus nudillos palidecieron¡ª. Ex miembro del grupo "Luna ¨¢urea" y... Antiguo amigo m¨ªo¡