《El Cambio En La Vida - Ystir - Español》 Aviso legal ?Aviso importante! ?Hey! Esta historia y sus personajes son resultado de mucho esfuerzo y dedicaci¨®n. No est¨¢ permitido copiarlos, distribuirlos o usarlos sin permiso. No es justo que alguien m¨¢s se aproveche del trabajo ajeno, ?verdad?. Cualquier uso indebido ser¨¢ motivo de demanda. Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings. Si te gusta la historia y quieres compartirla, hazlo con los enlaces oficiales. Apoyar el contenido original ayuda a que pueda seguir creando m¨¢s. ?Gracias por respetar mi trabajo y disfrutar de esta aventura conmigo!. Un nuevo comienzo #1 Espa?ol El sonido de las llamas se escucha. Gritos de desesperaci¨®n y dolor. El palacio de la palad¨ªn Lin Keeper se estaba calcinando... El olor a quemado reinaba en todo el reino de Alahead, un reino de baja tecnolog¨ªa, pero de una infraestructura muy preciosa. "?Salgan r¨¢pido! ?Todo esto se convertir¨¢ en nada en poco tiempo!", grit¨® Elio mientras se?alaba la salida. Era un hombre de cabello rojo, sus ojos eran azules y med¨ªa 177 cm. Usaba una gabardina plateada, un chaleco negro, pantalones negros y botas caf¨¦. Su cuello y manos parec¨ªan tener una especie de caparaz¨®n rojo. "Maldici¨®n, ?por qu¨¦ ten¨ªa que ser esta magia? Espero que el collar funcione", pens¨® mientras segu¨ªa caminando con desesperaci¨®n, buscando a su hijo, mientras la lava y las llamas consum¨ªan el lugar. Afuera del palacio se pod¨ªa ver que, en muy poco tiempo, ya no existir¨ªa nada. Una gran cantidad de magos usaban magia de agua y tierra para evitar que la lava se expandiera m¨¢s en todo el reino. "Todo estar¨¢ bien, el collar ya ser¨¢ entregado", grit¨® Rei, el mago m¨¢s poderoso de Alahead. "Por favor, Rei... Ayuda a Elio", expres¨® la palad¨ªn Lin entre l¨¢grimas y arrodillada en el suelo. "Es muy peligroso, Lin... Lo lamento mucho, pero debemos esperar", mencion¨®, acerc¨¢ndose a ella para reconfortarla. De pronto, la lava comenz¨® a tornarse de color azul y todo el mundo estaba aterrado ante esta cat¨¢strofe, pues todo el palacio comenz¨® a desaparecer a gran velocidad. "Dios m¨ªo... Esto se pone peor", dijo Rei con preocupaci¨®n, elev¨¢ndose en el aire con su magia y comenzando a crear un gran escudo verde que cubr¨ªa todo el palacio. "?Hagan agujeros muy profundos alrededor del escudo!", grit¨® mientras observaba la lava calcinando lo que quedaba del palacio. Los ojos verdes de Rei reflejaban asombro y preocupaci¨®n ante tal cat¨¢strofe, y al mismo tiempo eran iluminados por el fuerte color azul de la lava. De esos ojos de color verde y brillantes, pasamos a unos ojos de color azul en la derecha y de color rojo en la izquierda. Su cabello era rojo y vest¨ªa pantalones de un tono morado y oscuro. Usaba botas negras, guantes negros, una camisa azul, un chaleco rojo y una gabardina azul. Adem¨¢s, en su cintur¨®n hab¨ªa una insignia de reconocimiento. ¨¦l caminaba bajo la lluvia con una gran mochila en su espalda. Ten¨ªa una mirada vac¨ªa y solo reflejaba tristeza; la lluvia solo la intensificaba. Louis acababa de llegar a las tierras del este, a un reino llamado Ystir. Quer¨ªa un lugar para hospedarse, pero no aceptaron su dinero por ser de un reino que no muchos conocen. "?Qu¨¦ har¨¦ ahora...? No esperaba que pasara esto. Tampoco quisieron tomar el oro que tengo. ?Deber¨ªa presentarme al rey?", pens¨® Louis mientras segu¨ªa caminando en la acera. "Huh... parece que la lluvia ya est¨¢ comenzando a disiparse... Mejor soluciono esto solo". Mientras segu¨ªa caminando, observ¨® de reojo un papel que ofrec¨ªa algo... "Se necesita un repartidor de paquetes r¨¢pido y cuidadoso. Ubicaci¨®n: centro del reino en la calle norte... Hmm, podr¨ªa hacerlo y obtendr¨ªa el dinero que necesito para hospedarme en un lugar". Mientras le¨ªa, una persona con una sombrilla pas¨® a su lado. "Oye, chico, deber¨ªas buscar un lugar donde no caiga la lluvia, te resfriar¨¢s", dijo el hombre, quien sigui¨® su camino. "Despu¨¦s de cumplir doce, nunca volv¨ª a resfriarme...", murmur¨® tristemente y luego continu¨® su camino. Mientras Louis se dirig¨ªa al centro del reino, vio cosas muy incre¨ªbles: tecnolog¨ªa que no hab¨ªa visto antes en su reino, pero lo que m¨¢s lo asombr¨® fueron los autos. "?Qu¨¦ incre¨ªble...! Son como carruajes, pero sin caballos. ?Este lugar es maravilloso!", pens¨® sin poder evitar sonre¨ªr. "Tambi¨¦n veo muchas personas con sus compa?eros r¨²nicos. Recuerdo que los que tienen magia r¨²nica tienen una marca en alguna parte de su cuerpo, y gracias a esa marca pueden invocar a su compa?ero... Bueno, fue suficiente distracci¨®n, debo seguir". Louis logr¨® llegar a la direcci¨®n que dec¨ªa en el cartel, aunque tuvo que preguntar mucho, ya que no conoc¨ªa nada de este lugar. "Aqu¨ª debe ser... Espero que nadie haya tomado el trabajo", dijo, poniendo su mochila a un lado y, concentr¨¢ndose, sec¨® toda su ropa usando su magia. Louis sac¨® de su mochila una bolsa grande y luego us¨® su mano para secar completamente la mochila. Luego toc¨® el timbre y esper¨®... hasta que un se?or de baja estatura, con bigote y cabello caf¨¦, vestido con un traje gris, le abri¨® la puerta. "Vaya... ?Necesita algo?", pregunt¨® el se?or, sorprendido al ver a Louis. "Buenas... Huh... tardes. Quisiera saber si el empleo de repartidor est¨¢ disponible", respondi¨® Louis con poca expresi¨®n. "S¨ª, pase... La entrevista la hace el Profesor Maxwell. Lo llevar¨¦ a su oficina", expres¨® de manera gentil, dej¨¢ndolo pasar. "Muchas gracias, mi nombre es Louis A. Keeper", dijo Louis seriamente, bajando un poco la cabeza despu¨¦s de entrar a la casa. "?Uh? Encantado de conocerte, Louis. Soy Hanks Morthener, por aqu¨ª...", coment¨® con respeto y amabilidad. "Sent¨ª... ?calidez? Qu¨¦ extra?o", pens¨® Hanks. Por dentro, la casa ten¨ªa una gran escalera de madera al entrar. Las paredes eran completamente de madera y hab¨ªa una ventana de izquierda a derecha. Hanks llev¨® a Louis a la oficina del Profesor Maxwell. "Profesor, un chico busca el empleo de repartidor", mencion¨® despu¨¦s de tocar y abrir la puerta, al escuchar que el profesor dijera que pasara. "Perfecto, que pase...", expres¨® un hombre con una voz sabia, tranquila y moderada. "Vamos, Louis", dijo Hanks, dej¨¢ndolo entrar. "Buenas tardes, se?or. Me llamo Louis A. Keeper", expres¨® Louis seriamente, bajando un poco la cabeza nuevamente. The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. "Mucho gusto, Louis. Yo soy el Profesor Maxwell. ?Tienes curr¨ªculum?", pregunt¨® mientras se sentaba en su escritorio. "Hmm, sent¨ª algo raro... ?Calidez?", pens¨® el profesor. El Profesor Maxwell era un se?or de alta estatura, con cabello y barba blanca. Vest¨ªa un chaleco gris y un saco negro, y adem¨¢s, su brazo derecho era mec¨¢nico. "?Curri...? No, ?qu¨¦ es eso?", pregunt¨® un poco confundido, pero mostrando seriedad igualmente. "Whoa, su brazo es mec¨¢nico", pens¨® sin mostrar signos de sorpresa. "Je, no eres de aqu¨ª, ?cierto?", el Profesor Maxwell sonri¨® un poco al escuchar su pregunta. "No, se?or... Soy de las tierras del norte", respondi¨® con sinceridad. "Tierras del norte... Interesante, Reino de Alahead, ?verdad?", dijo despu¨¦s de pensar por un momento y recordar las noticias que ley¨®. "?C¨®mo lo supo?", pregunt¨® Louis con seriedad. "Hubo noticias de una afiliaci¨®n de la iglesia con tu reino", respondi¨® con franqueza mientras cerraba un libro que estaba en su escritorio. "?Eh? ?En serio?", expres¨® un poco sorprendido por la noticia. "?No lo sab¨ªas? Jeh... Bueno, me gustar¨ªa darte el trabajo, pero no eres de aqu¨ª..." coment¨® sin inter¨¦s alguno. "Deme al menos un trabajo, por favor. Necesito un lugar donde hospedarme y no aceptaron mi dinero en ning¨²n hotel", replic¨® con sinceridad y calidez en sus palabras. "?Huh? Otra vez... esta calidez", pens¨® el profesor mientras escuchaba las palabras de Louis. "Hmm... Bien, la lluvia ya se disip¨®, as¨ª que necesito que traigas unas piezas a una forja cerca de aqu¨ª. Si logras tra¨¦rmelas en el tiempo estimado, te contrato", expres¨® mientras se levantaba y le entregaba una carta a Louis. "Muy bien, acepto". Louis tom¨® la carta y la abri¨® al instante. "Perfecto. La direcci¨®n est¨¢ en la carta. Tienes 20 minutos contando desde... ahora", exclam¨® mientras revisaba su reloj de pared. "?Me voy, entonces!". Louis sali¨® r¨¢pido de la oficina y se dirigi¨® a la salida corriendo. El profesor Maxwell lo observaba salir de la casa desde una ventana de su oficina. "Veamos... Forja Glomequer¨ªa, ubicada en... centro del reino, calle sur... No creo que sea tan dif¨ªcil", dijo Louis mientras le¨ªa la direcci¨®n y corr¨ªa, esquivando a un par de personas. Luego del tiempo indicado, Louis no logr¨® llegar a tiempo, pues se perdi¨® y tuvo que preguntar a muchas personas para llegar hasta su destino. "No deb¨ª esperar nada de ese chico", dijo el profesor mientras miraba el reloj. "?Llama a tu jefe, viejo!", se escuch¨® el sonido de una puerta golpeando la pared. "?Pero qu¨¦ pasa?". Sorprendido, el profesor se levant¨® de su silla y se dirigi¨® r¨¢pidamente hacia la entrada. Un grupo de seis hombres entr¨® a la casa del profesor. Dos de ellos destacaban: uno ten¨ªa una pistola dorada y usaba una m¨¢scara dorada, adem¨¢s de un sombrero, una camisa azul con rayas grises, pantalones negros y zapatos negros. El otro, con una lanza en su espalda, llevaba una m¨¢scara gris y ropa completamente gris. "?Deben irse o llamar¨¦ a la guardia!", expres¨® Hanks, molesto. "Por favor, esos idiotas no sirven para nada. Si no quieres salir con una bala en la cabeza, llama a ese tal Maxwell", mencion¨® el hombre de la m¨¢scara dorada mientras apuntaba con su arma a la cabeza de Hanks. "?Qui¨¦n demonios son ustedes?", pregunt¨® el profesor, furioso, llegando a la entrada sin bajar las escaleras. "T¨² debes ser el profesor Maxwell. Necesito que nos entregues la pieza que le encarg¨® el jefe Yeynos", respondi¨® el que ten¨ªa la lanza en la espalda y una m¨¢scara gris. "Yeynos...". Expres¨® un poco temeroso. "Me tard¨¦ demasiado... Espero que puedan cambiarme el oro que tengo... ?Huh?", pens¨® Louis mientras llegaba a la casa del profesor con los objetos que le pidi¨® y vio a los seis tipos. "Oigan... ?Qui¨¦nes son ustedes? Profesor, ?todo bien?", pregunt¨® mientras observaba las armas de todos. "Louis... No debo dejar que se involucre", pens¨® el profesor. "Debes irte, Louis, despu¨¦s hablaremos". "No, ahora... Este chico est¨¢ en esto. Vaya, mira sus ojos, son diferentes... Oye, ?eres un fen¨®meno o qu¨¦?", dijo el de la m¨¢scara dorada con tono burlesco mientras se acercaba, mostr¨¢ndole el arma a Louis. "Puede que s¨ª...", respondi¨® Louis, agarrando el ca?¨®n de la pistola. "?Su¨¦ltalo, cabr¨®n!", dijo el hombre enmascarado, intentando quitarle el arma. "?Louis!", grit¨® el profesor Maxwell. Louis solt¨® el arma y golpe¨® en el est¨®mago al tipo, haciendo que retrocediera y cayera al piso. "?Idiota, c¨®mo te atreves!", grit¨® el tipo de la m¨¢scara gris, embistiendo a Louis y saliendo de la casa. "?Maldici¨®n, ahh, mi arma! ?Atrapen al mocoso!", dijo el de la m¨¢scara dorada al ver su arma con el ca?¨®n aplastado y solt¨¢ndola r¨¢pido, debido a lo caliente que estaba. Antes de que los otros salieran, dos bombas de humo cayeron al lado de la puerta y Hanks la cerr¨®. "Idiotas... Vienen a mi casa y me tratan a m¨ª y a mis empleados como basura... ?Ahora nadie se ir¨¢ sin un disparo en la cara!", expres¨® enojado mientras bajaba las escaleras y su brazo mec¨¢nico comenzaba a cargar energ¨ªa. Adem¨¢s, con su mano izquierda se colocaba una m¨¢scara en su rostro. Mientras tanto, Louis pate¨® al tipo de la m¨¢scara gris para quit¨¢rselo de encima. R¨¢pidamente, sac¨® una katana de su mochila y pate¨® la mochila junto a las cosas del profesor. De fondo se ve¨ªa c¨®mo muchas personas se alejaban del lugar, y la puerta de la casa del profesor se cerraba. Mientras tanto, Louis pate¨® al tipo de la m¨¢scara gris para quit¨¢rselo de encima. R¨¢pidamente, sac¨® una katana de su mochila y pate¨® la mochila junto a las cosas del profesor. De fondo, se ve¨ªa c¨®mo muchas personas se alejaban del lugar, y la puerta de la casa del profesor se cerraba. "Te crees muy valiente para atacar a un hombre del se?or Zthur", dijo el tipo de la m¨¢scara gris, tomando su lanza de su espalda. "No s¨¦ qui¨¦n es y ni me interesa", respondi¨® Louis, comenzando a atacar. La espada chocaba con la lanza a gran velocidad. Claramente, la lanza ten¨ªa m¨¢s ventaja por su mayor rango de ataque, pero Louis solo probaba las habilidades de su oponente. Ruidos de disparos se escuchaban dentro de la casa; algunos de estos disparos sal¨ªan por las ventanas, haci¨¦ndolas pedazos. "?Qu¨¦ pasa? Ya no eres tan rudo", expres¨® el tipo con tono burlesco, hundiendo la lanza en el suelo. Louis retrocedi¨® cuando el enmascarado hundi¨® la lanza en el suelo, us¨¢ndola como apoyo para impulsarse y lanzar una patada. Louis esquiv¨®, pero su enemigo reaccion¨® r¨¢pido, liberando la lanza y apunt¨¢ndola a su cuello. Con un r¨¢pido movimiento, Louis bloque¨® con su katana y empuj¨® con fuerza, oblig¨¢ndolo a retroceder. "?Eres bueno, pero no mejor que yo!", grit¨® furioso y nuevamente se lanz¨® hacia adelante, atacando a un costado. Louis puso el filo de la espada abajo y contrarrest¨® el ataque. Ambas armas chocaron y, al tocarse, salieron chispas del gran impacto. "??Crees que puedes ganarme a m¨ª?!", expres¨® furioso, intentando ganar el forcejeo. "Por supuesto, es muy... ?sencillo!", respondi¨® Louis seriamente mientras su otra mano generaba calor y su guante negro se pon¨ªa rojo. Louis levant¨® el filo de la lanza con su espada con todas sus fuerzas y golpe¨® a su oponente en el pecho, quemando su ropa y dej¨¢ndole quemaduras. "Mal...di...to", expres¨® con dolor, arrodill¨¢ndose y poniendo su cabeza al suelo. Trat¨® de levantar la cabeza, pero Louis se acerc¨® y lo golpe¨® en la cabeza con la empu?adura de la katana, haci¨¦ndolo caer completamente al suelo. Mientras tanto, el profesor y Hanks hab¨ªan capturado a todos, amarr¨¢ndolos con cuerdas. "?Pagar¨¢s por esto, anciano!", mencion¨® el de la m¨¢scara dorada. "Ser¨¢ mejor que te calles. Puedo dispararte en la cabeza tan f¨¢cilmente como apuntabas a mi amigo y al chico. Adem¨¢s, ?no dijiste que la guardia no sirve para nada?", expres¨® el profesor, molesto, mientras apuntaba con su brazo mec¨¢nico y se quitaba la m¨¢scara. "Maldici¨®n...", dijo, rindi¨¦ndose. "Tryl vencer¨¢ al chico y despu¨¦s acabar¨¢ con el anciano, ?estoy seguro!", pens¨® mientras Hanks lo ataba con sus compa?eros. "Aqu¨ª traigo otro", dijo Louis, abriendo la puerta y dejando al tipo de la lanza en el piso. "No puede ser, Tryl perdi¨®... ?Huh? Su pecho est¨¢ quemado. ?Qu¨¦ le hiciste, fen¨®meno?", pregunt¨® molesto y con gran sorpresa al ver a su amigo. "Est¨¢ bien, pero no ten¨ªa oportunidad contra un palad¨ªn", expres¨® Louis con seriedad mientras guardaba su katana en su mochila. "?Palad¨ªn, t¨²?" "?Qu¨¦ pas¨® aqu¨ª?", pregunt¨® un caballero llegando a la escena. "Soy el Profesor Maxwell. Estos idiotas irrumpieron en mi casa con armas, y simplemente defend¨ª mi hogar. Al parecer, trabajan para Zthur", dijo el profesor, haciendo que su brazo mec¨¢nico volviera a la normalidad. "?Zthur, eh? ?Chicos, vengan! Debemos llevar a estos tipos a la celda", grit¨® el caballero. "Menos mal que est¨¢bamos cerca". "S¨ª, porque normalmente ni se aparecen cuando los llaman. Su seguridad est¨¢ bajando much¨ªsimo", expres¨® el profesor con indiferencia, d¨¢ndole la espalda al caballero. "Lamento eso, se?or...", expres¨® el caballero, entristecido por lo ocurrido. "Ser¨¢ mejor que me vaya, no quiero molestarlo... Tendr¨¦ que presentarme al rey", pens¨® Louis mientras el profesor hablaba con el caballero. "Aqu¨ª tiene, profesor", dijo, entreg¨¢ndole una bolsa. "Muchas gracias, Louis, por todo. Por cierto, dijiste que eras palad¨ªn. ?Qu¨¦ haces aqu¨ª?", pregunt¨® el profesor, tomando la bolsa. "Intento cambiar mi vida... Bueno, me retiro", expres¨® Louis con sinceridad, recordando por qu¨¦ vino mientras sal¨ªa de la casa. "Espera, ?piensas presentarte al rey?", pregunt¨® el profesor, tomando su hombro. "S¨ª, no tengo otra opci¨®n", respondi¨®, volteando a ver al profesor. "No lo hagas. El rey actual no te ayudar¨¢ en nada, e incluso podr¨ªa echarte del reino. Te propongo algo: qu¨¦date en mi casa el tiempo que est¨¦s en el reino, y como pago, solo entregar¨¢s mis paquetes. ?Qu¨¦ te parece?", expres¨® con seriedad y preocupaci¨®n. "?En serio? ?Har¨ªa eso por m¨ª?", pregunt¨® Louis, sorprendido. "Claro. Adem¨¢s, eres un palad¨ªn, y tenerte aqu¨ª ser¨¢ de mucha ayuda", dijo el Profesor Maxwell, convencido. "Bien, entonces acepto, y le agradezco tambi¨¦n", mencion¨® Louis, bajando la cabeza. "?Un momento! Si hubiera dicho desde el inicio que era un palad¨ªn, ?me habr¨ªa aceptado?" "Por supuesto, inmediatamente", respondi¨® el profesor, riendo mientras le tocaba la cabeza. "Vaya... Bueno, es hora de comenzar esta nueva vida", pens¨® Louis mientras entraba a la casa, y Hanks cerraba la puerta. Fin del cap¨ªtulo. Los planos del Profesor Maxwell #2 En un camino donde el silencio reina... Las pisadas de los caballos met¨¢licos se escuchan... yendo a toda velocidad... "?Vamos m¨¢s r¨¢pido!" dijo un hombre con tono temeroso. "?Es lo m¨¢s r¨¢pido!" grit¨® el conductor. Una persona con un cuerpo met¨¢lico miraba la carroza que iba a toda velocidad. "Esa caja ser¨¢ m¨ªa", dijo con una voz rob¨®tica. De pronto, la carroza se estremeci¨® por la ca¨ªda de algo encima de ella. "?Est¨¢ encima de nosotros!" expres¨® un hombre de traje, guardando una caja debajo de su asiento. Un ave gigante atraves¨® el techo de la carroza, tom¨® al hombre y lo lanz¨® lejos. El conductor escuch¨® el sonido de un grito alej¨¢ndose. "?Maldici¨®n!" expres¨® con nervios, sacando una escopeta y apuntando hacia arriba. "?Muere, maldito!" grit¨®. El conductor dispar¨® dos veces, destrozando parte del carruaje, y se escuch¨® un sonido de aleteo. Luego, solo se o¨ªa el rechinido de la carroza y las pezu?as met¨¢licas de los caballos. De pronto, un hombre con una armadura negra apareci¨® frente a ¨¦l, volando. "Creo que fue suficiente", dijo con voz rob¨®tica, apuntando con un ca?¨®n en su mano. El conductor hiperventilaba, respirando con dificultad. "?Mu¨¦rete!" dijo, apuntando su escopeta hacia ¨¦l. El carruaje explot¨®, haciendo que restos del mismo salieran volando a toda velocidad en diferentes direcciones. Los caballos met¨¢licos salieron disparados, chocando con ¨¢rboles. De todo, lo ¨²nico que qued¨® intacto fue la caja, que cay¨® en un r¨ªo. "Jajaja, ?ves, hermano m¨ªo? Te dije que era buena carga", mencion¨® mientras tomaba la caja. "Ten¨ªas raz¨®n, hermano. Lamento haber dudado", expres¨® con arrepentimiento. "Est¨¢ bien, Jhin. Pude haberme equivocado, pero la caja sobrevivi¨®, as¨ª que solo falta abrirla y ver qu¨¦ tiene dentro. Vamos con Inock", agreg¨® con su voz rob¨®tica, subi¨¦ndose al ¨¢guila con Jhin. El ¨¢guila comenz¨® a alejarse del lugar, y luego se ve una puerta cerrada. La voz del profesor Maxwell se escucha detr¨¢s de ella, aparentemente molesto. Se oye un fuerte sonido, como un golpe, y luego los pasos del profesor acerc¨¢ndose a la puerta. "?Hanks!" grit¨® el profesor, abriendo la puerta. "?Pas¨® algo malo, profesor?" pregunt¨® Hanks, llegando desconcertado a la oficina. "Llama a Mei. Robaron los planos para mi reactor", expres¨® muy molesto mientras caminaba. "S¨ª, se?or", respondi¨® Hanks, apresur¨¢ndose a buscar el n¨²mero. "Y pensar que pele¨¦ tanto para que me los regresaran", pens¨® el profesor. Mientras tanto, Louis hac¨ªa flexiones de pino en el techo. Usaba una camisa azul, pantalones negros, zapatos negros y un collar azul colgaba de su cuello. "?Louis! ?D¨®nde est¨¢s?", pregunt¨®, entrando a la habitaci¨®n y viendo la ventana abierta. "?Qu¨¦ demonios haces all¨¢ arriba? Baja, tenemos que hablar", dijo asom¨¢ndose por la ventana y viendo a Louis en el techo. "?Enseguida, profesor! Solo termino", grit¨® mientras continuaba con el ejercicio. Despu¨¦s de terminar las flexiones, Louis baj¨® del techo y tom¨® ropa para cambiarse mientras escuchaba al profesor. "Prep¨¢rate. Tenemos que ir a buscar a una palad¨ªn que nos ayude a encontrar a los ladrones de mis planos", mencion¨® mientras observaba a Louis tomar su ropa. "?Una palad¨ªn? Interesante. ?Puedo tomar una ducha?" expres¨® con seriedad y un poco de sorpresa. "Claro, pero no te tardes", dijo, notando la seriedad de Louis. "?Siempre eres as¨ª de serio?" pregunt¨® sarc¨¢sticamente. Louis lo mir¨® por unos segundos y respondi¨®: "S¨ª". "Bueno, no importa... ?No te tardes!" replic¨® saliendo de la habitaci¨®n. "Profesor, la palad¨ªn Mei lo espera en la cafeter¨ªa de BlackMyth", dijo Hanks, acerc¨¢ndose al profesor, quien estaba modificando su brazo mec¨¢nico. "Muy bien. Solo termino esto y ya estar¨¦ listo. Ve a buscar a Louis y dile que espere en la entrada", expres¨® mientras estaba concentrado en su brazo. "?Un momento! ?Dijiste Mei?" pregunt¨® sorprendido. "S¨ª, se?or", respondi¨® Hanks. "Raro... Normalmente siempre manda a los dem¨¢s por estar muy ocupada", coment¨® para luego regresar a trabajar en su brazo. Mientras tanto, Louis se preparaba en su habitaci¨®n. "Una palad¨ªn... No he conocido otro palad¨ªn adem¨¢s de los de mi reino", pens¨® Louis mientras se pon¨ªa su gabardina. De pronto, alguien toc¨® su puerta. "Pase". "Joven Louis, el profesor Maxwell quiere que lo espere en la entrada", mencion¨® Hanks despu¨¦s de abrir la puerta. "Muy bien, voy para all¨¢", respondi¨® Louis, tomando su katana despu¨¦s de ponerse la gabardina. "Debo evitar usar mucha magia. No quiero que me expulsen del reino por ser muy peligroso", pens¨® mientras sal¨ªa de su habitaci¨®n y bajaba las escaleras hacia la entrada. "Hanks, recuerda activar el escudo", mencion¨® mientras bajaba las escaleras. "?Lo har¨¦ de inmediato!" grit¨® Hanks a lo lejos. "Perfecto, ya est¨¢s aqu¨ª. Es hora de irnos. Tomaremos un auto para llegar m¨¢s r¨¢pido", dijo el profesor, saliendo por la puerta. "?Qu¨¦ es un auto?" pregunt¨®, mostrando un poco de confusi¨®n. El profesor Maxwell estaba un poco sorprendido de que no supiera qu¨¦ era. "Son estos". El profesor par¨® un auto y este pregunt¨® ad¨®nde quer¨ªan que los llevara. "Necesito que nos lleve a la cafeter¨ªa BlackMyth", indic¨® al conductor. "As¨ª que se llaman autos y no carruajes", pens¨® Louis, cruzando los brazos. "Por supuesto, ser¨¢n 100 ystires", mencion¨® el conductor. "Entra, Louis", dijo el profesor, abriendo la puerta del auto. "?En serio?" pregunt¨® Louis, un poco confuso. "S¨ª, vamos", insisti¨®, d¨¢ndole un ligero empuj¨®n con su mano mec¨¢nica. Louis y el profesor Maxwell subieron al auto y comenzaron a moverse hacia su destino. "?Incre¨ªble! ?C¨®mo es que funciona este... auto?" pregunt¨® Louis con curiosidad. Notando el inter¨¦s de Louis, el profesor comenz¨® a explicarle c¨®mo funcionaba, hasta que llegaron a la cafeter¨ªa. "Y as¨ª funciona un auto. Incre¨ªble, ?verdad? Una reliquia de los antiguos. Qu¨¦ bueno que no perdimos sus planos", expres¨® el profesor con confianza y alegr¨ªa. "No entend¨ª nada", pens¨® Louis. "Est¨¢ incre¨ªble, profesor, gracias por su explicaci¨®n", coment¨®, esforz¨¢ndose por ocultar que no hab¨ªa entendido nada. "Bueno, hemos llegado. Aqu¨ª tiene", el profesor le dio un billete al conductor para luego salir del auto, seguido de Louis. Ambos entraron a la cafeter¨ªa y, en una esquina, estaba una mujer de cabello corto y ondulado, de color morado y ojos p¨²rpura. Vest¨ªa una chaqueta de cuero rosa brillante con detalles met¨¢licos, sobre una camisa negra de cuello alto adornada con un broche elegante. Llevaba pendientes azules que contrastaban con su atuendo y sosten¨ªa una taza de caf¨¦. The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation. "Cabello morado... ?Incre¨ªble!", pens¨® Louis, tap¨¢ndose la boca. "?Jonathan! ?C¨®mo est¨¢s? Me alegra verte. Hmm, veo que traes compa?¨ªa", expres¨® con un tono dulce y suave. "Wow, sus ojos son muy bonitos", pens¨® al ver sus ojos de diferentes colores. "Hola, Mei... No me llames Jonathan, por favor. Louis, pres¨¦ntate", replic¨® el profesor con un suspiro de molestia. "S¨ª, mi nombre es Louis A. Keeper. Mucho gusto, palad¨ªn Mei", expres¨® con respeto, bajando la cabeza. "Mucho gusto, Louis, pero no me llames palad¨ªn, con Mei est¨¢ bien", respondi¨® con una suave sonrisa, un poco inc¨®moda. "Muy bien, se?orita Mei", mencion¨®, comprendiendo la petici¨®n. "?Se?orita? Me gusta eso", pens¨®, reflejando una sonrisa en su rostro. "Y bien, ?los tienes?", pregunt¨® el profesor, un poco desesperado. "S¨ª, los tengo, pero antes me termino mi caf¨¦ y... ?mi pastel!", dijo alegre al ver que el camarero le tra¨ªa un pastel. "Mei... ?Voy a perder mis planos! Son muy importantes, es para mi m¨¢quina", expres¨® molesto, mientras observaba a Louis viendo el mostrador de la cafeter¨ªa. "Bien, me lo comer¨¦ r¨¢pido. ?Y el chico?", dijo, entendiendo la situaci¨®n, para luego darle un bocado al pastel. "Viene con nosotros. Es un palad¨ªn del reino Alahead, de las tierras del norte", respondi¨®, tranquiliz¨¢ndose un poco. "?En serio? ?Un palad¨ªn? ?C¨®mo hiciste que un palad¨ªn se quedara contigo? Y, ?por qu¨¦ no me lo dijiste?", mencion¨®, observando a Louis, un poco molesta. "Oiga, ?c¨®mo funciona esta cosa?", pregunt¨® curioso, tocando el aparato. "?Se?or, no puede tocar la cafetera!", dijo la mujer del mostrador, tratando de que no la tocara. "Uy... Lo siento... Y esta caja que da vueltas a las cosas, ?c¨®mo funciona?", dijo, sinti¨¦ndose culpable despu¨¦s de que la jarra cayera al suelo, pero su curiosidad lo gan¨® nuevamente. "Vaya a su mesa, se?or", dijo la mujer, molesta. "?Est¨¢s segura de que es un palad¨ªn?", coment¨® Mei, viendo el desastre de Louis y d¨¢ndole un trago a su caf¨¦. "S¨ª... Al parecer, en su reino no tienen tecnolog¨ªa como esta y por eso es as¨ª de curioso, aunque normalmente es muy serio", expres¨®, decepcionado al ver el desastre de Louis. "Lo siento, profesor... Pagar¨¦ por lo que romp¨ª", expres¨®, sinti¨¦ndose culpable. "Est¨¢ bien, yo pagar¨¦, pero no toques las cosas", dijo el profesor, record¨¢ndole a alguien. "Bueno, aqu¨ª tengo la lista", exclam¨®, poniendo un dispositivo hologr¨¢fico que mostraba a los ladrones. "Al parecer, estos tres son muy buscados, m¨¢s el de la armadura rob¨®tica". El aparato mostraba la informaci¨®n de los ladrones al tocar el dispositivo. "??C¨®mo es que tienen cosas tan incre¨ªbles en este reino?!", grit¨® emocionado al ver el dispositivo. "?Huh? Lo siento, contin¨²e", dijo apenado por su acci¨®n. "No te preocupes, s¨¦ t¨² mismo, as¨ª es mejor", expres¨® alegre, tocando la cabeza de Louis. "Oye, no le des cuerda", suspir¨®. "Y bien, ?sabes d¨®nde est¨¢n?", pregunt¨® mientras el camarero pon¨ªa la cuenta en la mesa. "Xitlari ya los encontr¨® con sus c¨¢maras, as¨ª que solo falta que pagues la cuenta", respondi¨®, sonriendo y terminando su pastel. "?Pero qu¨¦? ??Cu¨¢ntos pasteles te comiste!?", pregunt¨® sorprendido y molesto por el total de la cuenta. "Uno. Los dem¨¢s los don¨¦ al orfanato. Ay, vamos, no te pongas as¨ª. Tus ladrones se encuentran al fondo de la calle este, en un bar", dijo, tomando el dispositivo y levant¨¢ndose de la mesa. De pronto, otro dispositivo son¨®. "Xitlari dice que est¨¢n negociando tu caja", mencion¨®, provoc¨¢ndolo con una sonrisa en su rostro despu¨¦s de hablar por el comunicador. "Bien, lo peor es que mi proyecto te beneficia a ti y me cobras", replic¨® mientras pagaba la cuenta. "Vamos, iremos en mi auto", expres¨® mientras caminaba hacia la salida. El auto de Mei era de color plateado y parec¨ªa muy moderno y un poco futurista. Mei subi¨® a su auto y esper¨® a que Louis y el profesor Maxwell tambi¨¦n subieran. "?Whoa! Este es m¨¢s incre¨ªble que el que usamos para llegar", expres¨® Louis, sorprendido al verlo por dentro. "Lo es. Bueno, ?nos vamos?", coment¨® con una sonrisa, encendiendo el auto. Al instante en que Louis y el profesor subieron, Mei comenz¨® a manejar a toda velocidad para llegar lo m¨¢s r¨¢pido posible. "?Mei, ve m¨¢s lento!", expres¨® el profesor, temeroso, mientras se agarraba de su asiento y se ajustaba bien el cintur¨®n. "?Qu¨¦ incre¨ªble!", expres¨® Louis, emocionado, sacando la cabeza por la ventana. "?De esto hablabas, maestro Rei?", susurr¨®, mientras miraba muchos autos y gente en todas partes. Sus ojos brillaban por lo colorida y bella que era la ciudad. Despu¨¦s de un viaje de unos minutos, que solo disfrutaron Louis y Mei, llegaron a su destino. "Muy bien, llegamos", dijo, apagando el auto y baj¨¢ndose. "La pr¨®xima vez tomar¨¦ un auto aparte. ?C¨®mo es que te permiten manejar as¨ª?", pregunt¨® molesto y un poco mareado, bajando del auto con dificultad. "?Ahora eres un viejo gru?¨®n? Vamos, hay que entrar antes de que vendan tus planos", expres¨® Mei, tomando una actitud m¨¢s seria y sacando una cimitarra dorada de su maletero, que parec¨ªa m¨¢s una habitaci¨®n peque?a y muy c¨®moda. "Clara, despierta, hay que trabajar", dijo Mei a su cimitarra. De la cimitarra sali¨® una esfera dorada voladora que se pos¨® en el hombro de Mei, y la cimitarra se volvi¨® rosa. "?Se?orita Mei tiene un hada! Es incre¨ªble, no es f¨¢cil hacerse amigo de una", expres¨®, sorprendido al ver a Clara. "Su nombre es Clara. Louis, Clara. Clara, Louis", exclam¨® con amabilidad, y Clara se acerc¨® al rostro de Louis para saludarlo. "Bueno, es hora, prep¨¢rense", mencion¨® mientras se acercaba al bar. "Buenas tardes, se?ores. Pala... Ejem... detective privado Mei. Todos pueden retirarse de aqu¨ª, menos los tres que est¨¢n en la barra y el idiota que est¨¢ junto a ustedes", expres¨® con autoridad despu¨¦s de abrir la puerta del bar con fuerza. Todas las personas empezaron a salir del bar... "?Oigan, primero paguen, sinverg¨¹enzas! Usted me hizo perder mucho dinero, ahora me pagar¨¢ las cuentas de todos ellos", expres¨® furioso el due?o del bar mientras se acercaba a Mei. "Tenga, le compro todo el bar", respondi¨® Mei, d¨¢ndole un billete plateado al due?o. "?Huh? Imposible... Un billete plateado de un palad¨ªn...", dijo el due?o sorprendido. "?Es cierto? Usted es la palad¨ªn Mei Teews. Nunca la hab¨ªa visto en persona, lo siento mucho, ya me voy", continu¨®, ahora alegre, gritando: "?Ya no tendr¨¦ que seguir trabajando!". "?Palad¨ªn? Jajaja, no esperaba esto", mencion¨® Kein con su voz rob¨®tica, levant¨¢ndose de su asiento. "Que no te intimide, Kein, ella ya no es una palad¨ªn", expres¨® confiado. "?Huh? ?Maxwell!", grit¨® sorprendido. "?Jamiel, maldita basura! Sab¨ªa que me ten¨ªas envidia despu¨¦s de que te gan¨¦ ese premio", grit¨® el Profesor, molesto, se?alando con su mano mec¨¢nica. "?Mu¨¦rete! ?Le pagaste a los jueces!", respondi¨® furioso, se?al¨¢ndolo tambi¨¦n con su mano. "?Silencio, vejestorios! As¨ª que esto vale a¨²n m¨¢s de lo que t¨² nos ibas a dar", replic¨® Kein, molesto, con su voz rob¨®tica, destrozando la mesa de un pu?etazo. "Ah... Bueno... Tal vez un poco m¨¢s", dijo Jamiel, asustado y sorprendido por la acci¨®n de Kein. "Hermanos... primero hay que encargarnos de la supuesta palad¨ªn o ex palad¨ªn", expres¨®, burl¨¢ndose mientras sus hermanos se levantaban de sus asientos. "Te har¨¦ comerte tus palabras despu¨¦s de arrancarte ese traje", dijo Mei, desenvainando su cimitarra y lanzando un ataque directamente hacia Kein. Pero Jhin contrarrest¨® su ataque con una magia de expulsi¨®n que sali¨® de su espada y la lanz¨® fuera. Despu¨¦s, el ¨¢guila la tom¨® y empez¨® a llevarla por el aire hasta tirarla al suelo con fuerza. Inock se acerc¨® para atacar al Profesor, pero Louis par¨® el ataque y le dio una patada en el pecho, haci¨¦ndolo atravesar la pared del bar. Kein tom¨® por sorpresa a Louis y empez¨® a volar con su traje, tom¨¢ndolo del brazo y elev¨¢ndose a gran velocidad. "?Su¨¦ltame!", grit¨® Louis, calentando sus brazos. "(Aumento repentino de temperatura) ?C¨®mo?", dijo sorprendido Kein por el aumento de temperatura en su armadura. Kein solt¨® a Louis y este empez¨® a caer. "Demonios, tengo que agarrarme de algo", pens¨® mientras iba cayendo. Louis clav¨® su katana en la pared de una casa y luego la quit¨® para caer al suelo sin da?os. "?Ni?o, creo que ser¨¢ mejor que regreses a casa!", grit¨® Kein antes de estrellarse donde estaba Louis. Louis trat¨® de esquivar, pero el impacto lo alcanz¨® y lo lanz¨® lejos. Debido al impacto, muchas personas se alarmaron y comenzaron a irse del lugar. "Louis, ?est¨¢s bien?", pregunt¨® el Profesor Maxwell, saliendo del bar. "S¨ª, estoy bien...", respondi¨® mientras se levantaba del suelo. "?No te distraigas, anciano!", dijo Jhin detr¨¢s del Profesor. De pronto, el ¨¢guila cay¨® encima de Jhin, evitando el ataque al Profesor. El Profesor tom¨® su distancia de Jhin y comenz¨® a cargar su brazo con energ¨ªa. Kein corri¨® hacia donde estaba Louis, sacando una espada de su brazo. "?Rubel? ?Qu¨¦ te pas¨®, amigo?", pregunt¨® Jhin, sorprendido, quit¨¢ndose de encima al ¨¢guila. "Desgraciada, pagar¨¢s por esto", dijo Inock, furioso, al ver al ¨¢guila. Mei entr¨® al bar con mucha velocidad y empez¨® a atacar a Inock con su cimitarra. Ten¨ªa toda la ventaja, pero Jhin trat¨® de atacarla por la espalda. Sin embargo, Clara par¨® el ataque. Mei retrocedi¨® y Clara se combin¨® con la cimitarra, volvi¨¦ndola dorada. Jhin e Inock trataron de acorralar a Mei, pero ella lograba vencerlos a ambos con gran facilidad. "?Corte Dorado!" Mei lanz¨® un ataque y ambos fueron empujados despu¨¦s de que, al chocar con sus espadas, explotara. "?Qu¨¦ pasa? Ni siendo dos ni teniendo esas espadas, ?pueden ganarme?", coment¨® Mei mientras los miraba en el suelo. "?Desgraciada!", dijo Inock, levant¨¢ndose del suelo. "Nosotros podemos, hermano", mencion¨® Jhin, levant¨¢ndose luego de Inock. Mientras tanto, Louis y Kein continuaban peleando, intercambiando golpes con sus espadas. "Oye, chico, ?por qu¨¦ no te rindes? Te dar¨¦ una parte de los planos. La verdad, me da pesar acabar contigo", coment¨® Kein al chocar espadas. "?Calla!", grit¨® Louis, calentando su katana al rojo vivo y cortando la espada de Kein. "Incre¨ªble... Calent¨® su katana en tan poco tiempo. Debe haber practicado mucho con su magia", pens¨® Kein al ver la katana al rojo vivo. Kein trataba de golpear a Louis con sus pu?os met¨¢licos, los cuales, al ser esquivados por Louis, destru¨ªan el piso. "??Qu¨¦ pasa, pelea?!", Louis trat¨® de cortarle el pecho con su katana, pero Kein le tom¨® el brazo y lo golpe¨® en el est¨®mago, mand¨¢ndolo a volar y atravesar la pared de una casa. "Perdida de tiempo", Kein se dirigi¨® al bar, pero el Profesor le dispar¨® con su brazo mec¨¢nico y comenz¨® a recibir una descarga que no lo dejaba moverse. "Anciano... ?Esto no funcionar¨¢!", dijo furioso Kein, soportando la descarga y tomando el brazo mec¨¢nico del Profesor, arranc¨¢ndoselo. "Maldito...", el Profesor cay¨® al suelo mientras sosten¨ªa su brazo con su mano izquierda. "No debiste meterte en esto, anciano", mencion¨® Kein, tirando el brazo del Profesor al piso. Despu¨¦s, una gran explosi¨®n con muchos cortes dorados vol¨® todo el techo del bar. "??Qu¨¦ demonios?! ?Hermanos! ?Est¨¢n bien?", exclam¨® preocupado, corriendo hacia el bar. Una mano toc¨® el hombro de Kein y luego destroz¨® su armadura. "(Calentamiento repentino)", el brazo derecho de Kein se desarm¨® de su cuerpo, dejando al descubierto la piel de su brazo. "T¨²... ?C¨®mo es que est¨¢s consciente?", expres¨® sorprendido, alej¨¢ndose y apuntando con su brazo izquierdo. Louis corri¨® hacia Kein, quien retroced¨ªa mientras disparaba con su brazo. Louis esquivaba los ataques con facilidad, hasta que la cimitarra de Mei, volando a toda velocidad, golpe¨® la cabeza de Kein, distray¨¦ndolo. Aprovechando la oportunidad, Louis lanz¨® un golpe directo al pecho de Kein con su mano envuelta en lava. La armadura de Kein se desactiv¨® por completo y ¨¦l sali¨® expulsado por la espalda, cayendo al suelo. "Se acab¨®", dijo Louis, observando a Kein en el suelo mientras su ojo rojo brillaba levemente. "?No se acaba hasta que me mates!", grit¨® Kein, furioso, apuntando con una pistola. La pistola fue cortada por la cimitarra, y el Profesor Maxwell apunt¨® a Kein con su brazo mec¨¢nico, sujet¨¢ndolo con su mano izquierda. Mei hizo que la cimitarra se posara en la cara de Kein. "Malditos sean uste...", mencion¨®, siendo interrumpido al ser golpeado con el mango de la cimitarra en la cabeza. "Se?orita Mei... ?C¨®mo puede hacer eso?", expres¨® Louis, sorprendido al ver c¨®mo Mei controlaba la cimitarra con sus manos. "Gracias a mi conexi¨®n con Clara, puedo hacer esto... ?Est¨¢s bien, Jonathan?", pregunt¨® Mei, al ver el brazo mec¨¢nico arrancado del Profesor Maxwell. "Estoy bien... ?Y deja de decirme Jonathan!", replic¨® el Profesor, molesto. "Ya, ya, toma, Louis, lleva la caja", dijo Mei, entreg¨¢ndole la caja. Luego de un rato, un grupo de caballeros lleg¨® al lugar, y Mei estaba hablando con ellos. "Profesor, lamento no haberlo protegido", mencion¨® Louis, mientras miraba al Profesor sentado en el auto de Mei, colocando su brazo de vuelta. "No te preocupes, estoy bien, es solo metal... ?Y t¨²? ?Est¨¢s bien, Louis? Recibiste un golpe muy fuerte", pregunt¨® el Profesor Maxwell, mientras reparaba su brazo. "S¨ª, estoy bien, pero...". "?Pero?". "No, nada, Profesor", respondi¨® Louis, sinti¨¦ndose culpable. "Escucha, en una pelea cualquier cosa puede pasar, ?no te ense?aron eso?", dijo el Profesor, comprendiendo c¨®mo se sent¨ªa Louis. "S¨ª, pero... Soy un palad¨ªn, pude haberlo hecho mejor", expres¨® Louis, con decepci¨®n mientras presionaba sus manos. "Te exiges mucho, ni Mei pudo evitar que me pasara esto, y ella tiene m¨¢s a?os de experiencia que t¨². Todos estamos bien, y eso es lo que importa", coment¨® el Profesor, poniendo su mano en el hombro de Louis. "?Y recuerden, no le digan nada al conde!", grit¨® Mei, acerc¨¢ndose al auto mientras miraba a los caballeros. "?Quieren que los lleve?", pregunt¨® con una sonrisa en su rostro. "No, manejas como loca", respondi¨® el Profesor al instante. "?Yo s¨ª quiero!", dijo Louis, emocionado. "Ir¨¦ despacio, no te preocupes. Antes iba as¨ª porque era una emergencia. Y bien, ?est¨¢n tus planos ah¨ª?", expres¨® Mei con sinceridad. "S¨ª, ah¨ª est¨¢n... ?Y Jamiel?". "Lo amarr¨¦ a una silla cuando lo vi queriendo escapar con la caja", dijo Mei con su dulce y suave voz. "T¨² siempre eres la misma", mencion¨® el Profesor, notando la forma en que lo dijo. "Bueno, te dejar¨¦ en tu casa. Tengo que ir a la agencia PT", dijo, subiendo al auto. "?Agencia?", pens¨® Louis. Mei llev¨® al Profesor Maxwell y a Louis de vuelta a casa. "Muchas gracias por todo, Mei", dijo el Profesor con una leve sonrisa en su rostro mientras cargaba los planos. "Gracias, se?orita Mei", expres¨® Louis, inclinando la cabeza. "No hay de qu¨¦. ?Av¨ªsame cualquier cosa!" mencion¨® para luego retirarse a gran velocidad en el auto. "?Hanks! Abre la puerta y desactiva el escudo", grit¨® frente a la entrada. "?Escudo? No veo nada", dijo Louis, buscando el escudo. "Es invisible...", mencion¨® el Profesor. "Profesor, ?c¨®mo les fue?", pregunt¨® Hanks, abriendo la puerta para que pasaran. "Todo bien, gracias a Dios", respondi¨® el Profesor, entrando a la casa. "Dios...", susurr¨® Louis, recordando algo. "Bueno, voy al laboratorio a reparar mi brazo por completo", agreg¨® mientras sub¨ªa las escaleras. "?Se lo da?aron?", pregunt¨® Hanks al casi no notar da?os en el brazo. "Un poco, pero ya est¨¢ casi arreglado. Louis, ve a descansar. Ma?ana hay muchos pedidos que entregar y, adem¨¢s, quisiera llevarte a conocer todo el reino para que no te pierdas, ?entendido?", coment¨® antes de entrar al laboratorio. "S¨ª, Profesor", respondi¨® Louis, yendo a su habitaci¨®n. Louis entr¨® a su habitaci¨®n, se quit¨® su gabardina, puso su katana al lado de su cama y se tumb¨®, viendo el techo. Luego observ¨® el atardecer por la ventana y finalmente cerr¨® los ojos para dormir. Fin del cap¨ªtulo. Consecuencias para el futuro #3 (primera parte) En un hermoso amanecer, una pareja estaba paseando en su campo, disfrutando del amanecer con las luces que se reflejaban por todo el lugar. "Te dije que no iba a ser un desperdicio, son preciosas", dijo la mujer alegre, tomando el brazo del hombre. "Jajaja, s¨ª, ten¨ªas raz¨®n", expres¨® el hombre feliz, abrazando a la mujer. "Espero que podamos vender lo suficiente para comprar todo lo que necesitamos", mencion¨®, mientras tocaba su panza. "Ya ver¨¢s que todo saldr¨¢ bien", exclam¨® mientras continuaba caminando a su lado. "Bill... ??Qu¨¦ es eso?!", la mujer apunt¨® hacia el frente al ver una gran bestia de color negro entre los maizales. "No puede ser..." Sus ojos se llenaron de terror al instante. "?Corre!", tomando la mano de Mari. Ambos corrieron con todas sus fuerzas hacia la caba?a. "??C¨®mo es que est¨¢ esa cosa aqu¨ª?!", pregunt¨® alterada mientras corr¨ªa, con la mirada hacia el frente, sujetando la mano de su esposo. "No lo s¨¦, Mari, ?solo corre!". "Ustedes, Ystires... ?sufrir¨¢n el mismo dolor que yo padec¨ª!", rugi¨® la criatura con una voz profunda, grave y s¨¢dica, mientras los ve¨ªa huir. "?Vamos, ya casi llegamos!", Bill volte¨® hacia atr¨¢s y vio a la criatura a punto de atrapar a Mari... Sin pensarlo, fren¨® y la apart¨®... soltando su mano. "?Corre, Mari! ?CORRE!", grit¨®, y luego fue atravesado por la espalda por la criatura. En su pecho se pod¨ªan ver las garras de la criatura. "?Noooo! Bill... Bill", expres¨® aterrorizada y entre l¨¢grimas, poniendo ambas manos en su boca. "Vete, porfa...vor...", Bill cay¨® al suelo y la bestia quit¨® sus garras. Sin nada m¨¢s que hacer, Mari comenz¨® a correr mientras tocaba su panza y las l¨¢grimas corr¨ªan por su rostro. "Eres valiente, peque?o Ystir, pero igualmente ella... ?morir¨¢!", dijo la criatura mostrando su apariencia. Med¨ªa dos metros, ten¨ªa un pelaje negro y ojos amarillos. Usaba un gran abrigo oscuro que le llegaba hasta el suelo y caminaba descalzo. Bill, con sus ¨²ltimas fuerzas, sujet¨® el abrigo del hombre lobo. "No te... dejar¨¦ ir". "?Qu¨¦ crees que haces? No me toques con tus sucias manos, Ystir...", dijo con frialdad, observ¨¢ndolo con desprecio, para luego cortarle el brazo. "?Ya casi... ya casi estoy! Bill...", pens¨® entre l¨¢grimas, llegando a la caba?a. R¨¢pidamente se encerr¨® dentro de ella y tom¨® un machete que se encontraba cerca de la puerta. "Hola, te estaba esperando. Ustedes, los humanos, s¨ª que son lentos", mencion¨® el hombre lobo, sentado en una silla mientras limpiaba su mano llena de sangre. Aterrada, Mari apunt¨® el machete hacia la criatura, mientras su respiraci¨®n agitada delataba su cansancio. "Esa cosa no me har¨¢ nada. Mmm... escucho dos corazones dentro de ti", expres¨® de manera s¨¢dica mientras sonre¨ªa. De pronto, una canica atraves¨® la pared y toc¨® a Mari, haci¨¦ndola desaparecer. Esto cambi¨® la expresi¨®n del hombre lobo. "T¨² otra vez, ?qu¨¦ crees que haces? No podr¨¢s vencerme, cazador... ?morir¨¢s igual que tu padre!", grit¨® furioso, vigilando todos sus puntos ciegos. La puerta de la entrada fue abierta de una patada por el cazador, quien dispar¨® con un arma s¨®nica que destruy¨® gran parte de la caba?a y lanz¨® al hombre lobo por los aires. "Promet¨ª que te seguir¨ªa donde fuera para matarte... ?No importa d¨®nde est¨¦s! ?Te har¨¦ pedazos, maldito!". El cazador llevaba una chaqueta y sombrero blancos, una m¨¢scara mitad negra, mitad blanca, que cubr¨ªa todo su rostro, pantalones y zapatos negros, y ten¨ªa un hacha en la espalda. Su arma, y al parecer una gran cantidad de objetos, estaban escondidos en los bolsillos de su chaqueta. El cazador comenz¨® a correr hacia el hombre lobo, sacando dos esferas de sus bolsillos y lanz¨¢ndolas hacia su oponente, ocasionando grandes explosiones que distrajeron al hombre lobo. Luego, aprovechando la distracci¨®n, se acerc¨® lo suficiente y apunt¨® con su arma a quemarropa. El hombre lobo, al instante, lanz¨® un gran aullido que choc¨® con el disparo s¨®nico. El choque cre¨® una onda expansiva que los alej¨® a ambos e hizo que el arma s¨®nica se despedazara. "Si tanto deseas morir... ?Con gusto te despedazar¨¦!", grit¨® luego de levantarse del suelo. El hombre lobo comenz¨® a correr hacia el cazador. El cazador tom¨® su hacha de su espalda, corri¨® y salt¨® para atacar con todas sus fuerzas con el hacha, para luego... solo escuchar el sonido de las garras del hombre lobo chocando con el filo del hacha. Luego vemos a Louis levant¨¢ndose de su cama, haciendo su rutina de ejercicio con flexiones, abdominales y handstand push-ups. Despu¨¦s, toma un ba?o y se prepara para el nuevo d¨ªa. "Profesor, estoy listo", expres¨® con seriedad, pero mostrando un poco de emoci¨®n en su rostro. "Jajaja, justo iba a buscarte en tu habitaci¨®n, salgamos", mencion¨®, notando su peque?o rastro de emoci¨®n. El profesor Maxwell y Louis salieron de la casa y comenzaron a caminar, mientras Hanks los miraba desde la puerta. "Primero, la zona norte, que es donde estamos nosotros. Aqu¨ª viven todo tipo de cient¨ªficos, algunos cantantes, actores, paladines, personas importantes en resumen, aunque hay paladines que viven en otras zonas del reino. Adem¨¢s, aqu¨ª est¨¢ el palacio. Ahora vamos con las rutas m¨¢s importantes para m¨ª y, adem¨¢s, te mostrar¨¦ c¨®mo funciona el reino, pero antes quiero hablar algo contigo", dijo con una sonrisa mientras caminaba en la acera con muchas personas pasando cerca de ellos. "?Qu¨¦ cosa, profesor?", pregunt¨® con curiosidad, luego de hacer un ligero movimiento para no chocar con un ni?o. El profesor se detuvo por un momento y se acerc¨® a Louis. "Controlas la lava, ?cierto? Vi c¨®mo dejaste el pecho de la armadura a Kein. Quit¨¦ los rastros con mi brazo para que Mei no lo viera y no darte problemas". Esto tom¨® por sorpresa a Louis y un miedo dentro de ¨¦l lo recorri¨® por todo el cuerpo. "Yo... s¨ª, profesor, puedo hacerlo, ?pero no lastimar¨¦ a nadie! ?Tengo control de mi magia!". "No te preocupes, no dir¨¦ nada. Que Mei lo descubra por su cuenta. Dejemos eso de lado, no quiero quitarte la emoci¨®n que ten¨ªas", dijo, tocando su hombro con una ligera sonrisa en su rostro. "Est¨¢ bien...", expres¨® un poco preocupado. "Ya se te ir¨¢ toda esa preocupaci¨®n, pero ten¨ªa que hac¨¦rtelo saber", pens¨® el profesor, para luego continuar caminando y llegar a: "?La zona sur! Aqu¨ª se encuentran las herrer¨ªas de todo tipo y, claro, tambi¨¦n otras tiendas como de ropa y joyer¨ªas". "Y tambi¨¦n aqu¨ª est¨¢ la herrer¨ªa Glomequer¨ªa", a?adi¨® Louis, fascinado al ver c¨®mo creaban espadas, armaduras y mecanismos, con tecnolog¨ªa de otro nivel, m¨¢quinas que al instante convert¨ªan un trozo de metal en una tuerca. "Claro, la herrer¨ªa Glomequer¨ªa es la principal para m¨ª. Es donde crean todo tipo de objetos para mis m¨¢quinas y aparatos tecnol¨®gicos", expres¨®, alegr¨¢ndose de que Louis no olvidara las cosas. "?Qu¨¦ incre¨ªble! ?C¨®mo hacen eso?", pregunt¨® Louis emocionado, acerc¨¢ndose a un puesto y a punto de tocar el aparato. "?Louis, carajo, no molestes a los dem¨¢s! Lo siento, es un forastero", mencion¨®, alej¨¢ndolo del lugar. "No hay problema", respondi¨® el due?o, continuando su trabajo. "D¨¦jame a m¨ª explicarte c¨®mo funcionan", replic¨®, poniendo su brazo mec¨¢nico entre el cuello de Louis. "Okay". "Perfecto... Mira, Louis, este aparato es una cortadora especializada para pulir y sacar filo a las espadas, y lo logra gracias a su fuente de poder: un cristal arcano modificado para regularlo correctamente. Lo mejor es que tiene un sistema que detecta piel humana y se detiene al instante gracias a este ojo amatista", dijo mientras se?alaba cada cosa que iba mencionando. "Es incre¨ªble, profesor. ?D¨®nde crean esos cristales arcanos modificados?", pregunt¨® sorprendido y emocionado. "?En la zona este!... Aqu¨ª crean todo tipo de artefactos m¨¢gicos y mec¨¢nicos. Adem¨¢s, aqu¨ª se encuentra el gran banco, donde se administra todo el dinero de manera correcta... o as¨ª era antes. Con este nuevo rey, todo est¨¢ mal, aunque veas a muchas personas tranquilas", expres¨®, un poco molesto al final, bajando su voz mientras llegaban a la zona este. "?Qu¨¦ pasa con ese rey? Siempre escucho quejarse de ¨¦l", pregunt¨® Louis con curiosidad mientras caminaba. "¨¦l roba la mayor¨ªa del dinero del reino, dejando solo una peque?a parte de las ganancias de los negocios con otros reinos para que la gente no se d¨¦ cuenta de que no estamos avanzando econ¨®micamente. Pero a m¨ª y a Mei no nos enga?a", respondi¨® molesto en voz baja mientras caminaban. "?Y por qu¨¦ no hacen nada? La se?orita Mei es una palad¨ªn", dijo, confuso, frunciendo el ce?o. "Bueno... el rey la expuls¨® a ella y a otros paladines porque descubrieron lo que planeaba. Aprovech¨® el ¨²ltimo proyecto que dej¨® el antiguo rey, que estaba a punto de ser lanzado, para hacer creer que era suyo, y con eso se gan¨® a todo el reino... Es solo una basura", respondi¨® en voz baja. "Ya entiendo. Y... ?por qu¨¦ habla en voz baja, profesor?", pregunt¨® Louis, bajando su voz y poniendo una de sus manos al lado de su boca. "Los ciudadanos son muy molestos y defensores de su rey, por eso hay que evitar decir algo malo de ¨¦l cerca de ellos", respondi¨®, acerc¨¢ndose a Louis para evitar que lo escucharan. "Entiendo... Al parecer, hay problemas en todos los reinos", mencion¨® Louis, recordando su propio reino y tomando una mirada triste. "?Tu reino tambi¨¦n? Hmm... bueno, creo que es algo normal. Por cierto, ese collar azul que tienes, ?de qu¨¦ es? No creo que sea una piedra com¨²n", pregunt¨® con curiosidad. "?Deber¨ªa decirle?...", pens¨®, recordando el pasado mientras miraba su collar... Luego lo tom¨® y lo presion¨® levemente. "Es un regalo de mi padre y mi maestro. Es un collar con magia celeste. Me ayuda a controlar mis poderes y tiene un conjuro para que no pueda quit¨¢rmelo", respondi¨®, tratando de no mostrar su tristeza y ocultando su mirada. Stolen content warning: this content belongs on Royal Road. Report any occurrences. "Magia celeste... ?pero qu¨¦ interesante!. Alg¨²n d¨ªa quiero conocer a tu padre y a tu maestro", dijo, muy interesado, dejando el tema de lado. "Si supiera... seguramente me sacar¨ªa al instante de la casa", pens¨® Louis, manteniendo su mirada apartada. "Bueno, vamos ahora... ?a la zona oeste! Aqu¨ª se encuentra todo tipo de comida: frutas, verduras, legumbres, etc. Adem¨¢s, est¨¢n los restaurantes y los centros de entretenimiento de la ciudad. Si invitas a alguien, te recomiendo el restaurante Dinat, ?cocinan de maravilla!", dijo, comprando dos manzanas y d¨¢ndole una a Louis. "?Adem¨¢s! Aqu¨ª se encuentra la agencia PT de Mei, pero est¨¢n encubiertos para evitar sospechas", susurr¨® a Louis al o¨ªdo. "?En serio? ??La saludamos!?", dijo Louis, ansioso por verla. "Ehh... mejor no", expres¨®, un poco disgustado, d¨¢ndole un mordisco a la manzana. "?Qu¨¦? ?Por qu¨¦?", pregunt¨®, extra?ado, d¨¢ndole un mordisco a la manzana tambi¨¦n. "Mei es muy..." Antes de terminar su oraci¨®n, fue interrumpido. "?Mei es muy... qu¨¦?", repiti¨® Mei con su dulce y suave voz, detr¨¢s de ellos, con un comunicador en la mano. A su lado estaba una chica de apariencia fuerte y decidida. Su cabello era largo, de un tono oscuro con puntas te?idas de rojo. Sus ojos eran de color rojizo azulado intenso y med¨ªa 169 cm. Llevaba una camisa blanca de botones, pantalones de un tono oscuro azulado, una chaqueta oscura de estilo moderno, zapatos blancos con rayas negras y, en su pecho, ten¨ªa una gema roja circular del tama?o de una manzana. "Te he llamado diez veces, ?es urgente!", expres¨® Mei, molesta. "Dej¨¦ mi comunicador, lo siento. ?Qu¨¦ cosa es tan urgente?", pregunt¨® curioso, rasc¨¢ndose la cabeza. Mei vio a Louis y una idea pas¨® por su cabeza al instante. "Louis, ?por qu¨¦ no vas con Kassie a una misi¨®n fuera de la ciudad? Los presentar¨¦... Kassie, ¨¦l es Louis A. Keeper, palad¨ªn del reino Alahead. Louis, ella es Kassie Matther, del reino de los Aquamirae". "?Mei!", exclam¨® Kassie, nerviosa. "Ah, lo siento, lo olvid¨¦. Olvida lo ¨²ltimo, Louis. Kassie, ve con ¨¦l a la cosecha del este", dijo, para luego acercarse al profesor. "Jonathan, necesito que me digas d¨®nde consigues tus escudos invisibles", dijo en voz baja, mirando si nadie los escuchaba. "?No me llames Jonathan! Y... ?para qu¨¦ quieres un escudo invisible?", expres¨®, un poco molesto. "?Ese imb¨¦cil! Dej¨® a los agricultores sin escudo, adem¨¢s, no hay ni un solo guardia con ellos. Hay que solucionarlo r¨¢pido", expres¨®, molesta, bajando un poco la voz para que nadie la escuchara. "Chicos, vayan r¨¢pido, necesitan su ayuda all¨¢. Ririam dijo que est¨¢n entrando algunas criaturas, as¨ª que tengan cuidado". Louis volte¨® a ver a Kassie y la salud¨®. "Mucho gusto en conocerte", dijo, inclinando su cabeza. "Gracias, igualmente... creo", respondi¨®, extra?ada por el gesto de Louis. "Bueno, s¨ªgueme, tenemos que ir r¨¢pido a la zona este", dijo, tomando la mano de Louis y levantando la otra para pedir un auto. Mientras iban en el auto, Kassie pregunt¨® curiosamente: "?Esos son lentes de contacto?". "?Qu¨¦ son esos?", pregunt¨® Louis, confuso por la pregunta. "?No lo sabes? Vaya, ?tus ojos son naturales! Qu¨¦ incre¨ªble...", expres¨® sorprendida, apoy¨¢ndose en su codo mientras miraba hacia la ventana. "Gracias...", dijo Louis, alegr¨¢ndose. "En serio, este reino es incre¨ªble, tiene muchas cosas que no conozco y gente diferente", pens¨® Louis. Louis y Kassie se mantuvieron en silencio hasta llegar a la salida del sur. "?Este lugar es incre¨ªble!", coment¨® Louis, bajando del auto y viendo algunos aparatos tecnol¨®gicos que usaban las dem¨¢s personas. Kassie le pag¨® al conductor para luego acercarse a Louis, confusa por su comportamiento. "?T¨² crees? Yo lo veo normal...", expres¨® desinteresada al ver los aparatos. "?En tu reino no hay tecnolog¨ªa as¨ª?", pregunt¨® mientras caminaba hacia la salida del reino. "Para nada, todo esto es nuevo para m¨ª", respondi¨®, sonriendo mientras segu¨ªa a Kassie y miraba los objetos. "Ya veo... Se?or, ?puede llevarnos a la zona de agricultura del este, por favor?", expres¨® Kassie de manera respetuosa. "?Por supuesto, suban! Ser¨¢n 150 ystires", respondi¨® el conductor del carruaje. "?Una cabina para el conductor! Incre¨ªble... Mucho mejores que los de mi reino", mencion¨® al ver el carruaje, mientras el conductor se presentaba a Kassie como Marti. "Por cierto... ?qu¨¦ te trae a este reino, Louis?", pregunt¨® ya dentro del carruaje, mientras Louis sub¨ªa. "Mi maestro me dijo que ten¨ªa que salir a ver el mundo para volverme un mejor palad¨ªn, pero creo que principalmente lo hice para cambiar mi vida", respondi¨® con sinceridad y calidez en su voz, mientras el carruaje iba a toda velocidad. "Tu voz...", expres¨® Kassie, sorprendida sin pensar. "?Mi voz?", repiti¨® Louis, confundido, moviendo su cabeza a un lado. "Olv¨ªdalo...", mencion¨®, desviando su mirada hacia la ventana del carruaje. "Entonces, ?no buscas avanzar en el ranking de paladines?", pregunt¨® mientras segu¨ªa viendo por la ventana. "?Hay un ranking? No lo sab¨ªa. La verdad, lo ¨²nico que quiero es vivir en paz y no ser juzgado, ayudando a todas las personas que pueda. No me interesa para nada un ranking, aunque puede ser emocionante estar en un ranking", respondi¨® con sinceridad y con su voz c¨¢lida nuevamente. "Ya veo... (Otra vez esa calidez, como mi hermano... Pero, ?c¨®mo genera ese sentimiento de seguridad?)", pens¨®, notando nuevamente la voz c¨¢lida de Louis y sinti¨¦ndose segura con ¨¦l. De pronto, rugidos de criaturas se escucharon a lo lejos. "Esos fueron rugidos de Linfari y Quirit¨¢nidas", dijeron Louis y Kassie al mismo tiempo. Kassie se sorprendi¨® de que Louis supiera de estas criaturas. "Se?or, det¨¦ngase, tenemos que ver qu¨¦ pasa", Kassie golpe¨® la ventanilla de metal que estaba detr¨¢s de ella, haciendo que el conductor detuviera la marcha. "?Ay, por Dios! ?Qu¨¦ hacen esas criaturas aqu¨ª?", expres¨® Marti, atemorizado al verlos. Louis y Kassie salieron y vieron a las dos criaturas luchando en una laguna cercana. "Debo ir y sacarlos de aqu¨ª. T¨² ve a la cosecha del sur", mencion¨® Kassie, quit¨¢ndose los zapatos y comenzando a correr hacia la laguna. "?Espera! Puedo ayudar, soy bueno nadando", dijo Louis, observ¨¢ndola irse. "Prefiero hacer esto... sola, por favor", expres¨® ella, con nerviosismo evidente en su voz y con un rostro preocupado, deteni¨¦ndose por el comentario de Louis. "?Eh? ... Est¨¢ bien, ir¨¦ a la cosecha", respondi¨® Louis, notando su reacci¨®n y regresando al carruaje. "Se?or Marti, siga hacia la cosecha". "Tratar¨¦ de llevarlo, pero la verdad no quiero estar mucho tiempo por aqu¨ª al ver ?esas cosas!", respondi¨®. Comenz¨® la marcha; el carruaje iba tan r¨¢pido que se estremec¨ªa. "?Se?or... no cree...! ?que podr¨ªa ir un poco... m¨¢s calmado!", exclam¨® Louis, golpe¨¢ndose contra las paredes del carruaje debido a la velocidad a la que iba y las bruscas vueltas. "?No puede ser, ¨¢GUILAS GIGANTES!", grit¨®, mientras doblaba con tanta fuerza que el carruaje termin¨® volc¨¢ndose. "?Se?or, se encuentra bien?", pregunt¨® Louis, preocupado al salir del carruaje. "S¨ª, por suerte compr¨¦ un seguro", respondi¨®, asom¨¢ndose por la puerta de la cabina. "?Salga r¨¢pido! Tengo que dejarlo en un lugar seguro", mencion¨®, sac¨¢ndolo del carruaje sin esfuerzo. "?Pero... mis caballos!", expres¨® Marti mientras corr¨ªa junto a Louis. "?Ellos estar¨¢n bien! Las ¨¢guilas no los cazan porque son muy duros y pesados", respondi¨®, mientras se dirig¨ªa hacia una caba?a. "Creo que aqu¨ª estar¨¢ bien... M¨¦tase dentro, despu¨¦s vendr¨¦ por usted", coment¨®, observando el lugar y dirigi¨¦ndose nuevamente donde estaban. "?Espera, planeas dejarme solo!", expres¨® con temor, agarrando la gabardina de Louis. "Oiga, ??qu¨¦ hace!? ?Su¨¦lteme! Tengo que ir a ver si alguien m¨¢s necesita ?mi ayuda!", grit¨®, forcejeando con Marti. "?No te dejar¨¦ ir! ?Qu¨¦ har¨¦ si hay un monstruo cerca? Tienes una insignia de reconocimiento y tienes una katana, debes ser muy fuerte, as¨ª que ?prote...ge...me...!", grit¨® sin soltar la gabardina. "?No sea ego¨ªsta...!" Louis jal¨® con m¨¢s fuerza, pero una gran explosi¨®n s¨®nica detuvo su discusi¨®n. "Te dije, hay monstruos cerca", expres¨® con temor, poni¨¦ndose detr¨¢s de Louis. "Eso fue magia s¨®nica...", dijo, mientras rodeaba la caba?a para ver d¨®nde fue la explosi¨®n. "La caba?a est¨¢ destruida", pens¨®, y despu¨¦s escuch¨® algo movi¨¦ndose en los arbustos. Tom¨® su posici¨®n para sacar su katana, mientras Marti estaba a su espalda. "?Finalmente, personas! ?Por favor, ay¨²denme! Mi esposo est¨¢ herido", expres¨® con l¨¢grimas en su rostro, acerc¨¢ndose a Louis. Adentr¨¢ndose en la cosecha, Louis sigui¨® a Mari hasta donde estaba su esposo. Louis trat¨® de sentir su pulso, nervioso al ver el agujero que ten¨ªa en el est¨®mago el hombre, pero ya era muy tarde para ayudarlo. "?No, por favor! Haga algo...", ella se arrodill¨® junto a su esposo y observ¨® la insignia en la cintura de Louis. "Eres un palad¨ªn, debes tener magia para ayudarle, por favor", expres¨® entre l¨¢grimas y desesperaci¨®n al lado. "Lo siento... pero mi magia no puede ayudar a nadie", respondi¨®, sintiendo culpa y resignaci¨®n. "Maldici¨®n, si hubiera llegado antes", pens¨®, golpeando el suelo. "?C¨®mo es posible?... ?Qu¨¦ pas¨®? Se supon¨ªa que los escudos nos proteger¨ªan y que hab¨ªa caballeros cuidando la zona", coment¨® mientras abrazaba a su esposo y sus l¨¢grimas segu¨ªan cayendo de su rostro. "??Qu¨¦ ocasion¨® esto?!", pregunt¨® Louis con seriedad en sus palabras. "Un hombre lobo... Entr¨® en la madrugada en nuestra cosecha y... Tratamos de correr, pero mi esposo se sacrific¨® para salvarme... para salvarnos. Despu¨¦s, alguien m¨¢s me ayud¨®, pero creo que sigue peleando con ¨¦l", respondi¨® mientras tocaba el rostro de su esposo y su panza. "Un hombre lobo..." Pens¨® Louis sorprendido. Detr¨¢s de ¨¦l, una figura gigante y robusta se levantaba de la cosecha. "?Cuidado!", grit¨® Mart¨ª, abriendo los ojos al ver la figura. Louis volte¨®, pero al instante fue golpeado en el rostro y sali¨® volando lejos, chocando con el suelo y la cosecha. "Te encontr¨¦... Jajaja, sab¨ªa que no te ir¨ªas por ese hombre y, vaya, ahora tenemos m¨¢s presas. ?Ahora todos recibir¨¢n mi ira, TODOS!", expres¨® de manera s¨¢dica, mientras Mari abrazaba a su esposo y Mart¨ª ca¨ªa al piso del miedo. Con un gran impulso, Louis atac¨® con su katana al hombre lobo, pero este cubri¨® el ataque con sus garras. Despu¨¦s, ¨¦l y Louis intercambiaron ataques contundentes, chocando las garras con la katana. El hombre lobo lanz¨® un ataque con mayor fuerza, pero Louis lo desvi¨® con la katana. "?Ten, maldito!", Louis le dio un pu?etazo en la cara, haciendo volar al hombre lobo mientras chocaba con toda la cosecha hasta chocar con el suelo, dejando un gran rastro. Louis comenz¨® a crear con su magia dos perros de lava. Esforz¨¢ndose mucho, hizo que las patas se hicieran totalmente de roca para no quemar el suelo y cre¨® una piel de roca sobre ellos. Mientras lo hac¨ªa, su ojo rojo comenz¨® a brillar. Mari y Mart¨ª lo miraban perplejos por la magia que pose¨ªa. "Deben alejarse lo m¨¢s que puedan. Ellos cuidar¨¢n de ustedes, puse esta roca como piel sobre ellos, pero igualmente traten de no tocarlos", dijo para luego seguir el rastro que dej¨® el hombre lobo. "Un ni?o... ??Un ni?o me hizo esto?!", grit¨® furioso, tratando de levantarse mientras presionaba sus pu?os contra el suelo por la furia. "?Maldito!". "?R¨ªndete y entr¨¦gate para que seas juzgado por tus actos!", coment¨® Louis mientras se acercaba a ¨¦l. "?Qu¨¦ dices? ?Aqu¨ª o mueres t¨²... o muero yo!", grit¨®, levant¨¢ndose y corriendo hacia Louis, tratando de cortarlo con sus garras, pero cortando la cosecha en vez de a Louis. "Tengo que alejarlo lo m¨¢s posible", pens¨® mientras lo esquivaba y se alejaba de la cosecha a gran velocidad hasta llegar a un bosque. "?Qu¨¦ pasa, ahora corres? Jajaja", dijo mientras continuaba atacando con sus afiladas garras, dejando grandes rayones en los ¨¢rboles. Solt¨® astillas por todas partes y una de ellas cort¨® la mejilla de Louis. Louis analizaba sus movimientos, esquivando sus ataques con facilidad, ignorando la peque?a herida que, al instante, comenz¨® a curarse. "T¨²... tienes magia, ?malditos magos!", grit¨® furioso, atacando nuevamente con sus garras. Louis lo esquiv¨® y un ¨¢rbol comenz¨® a caer debido a que despedaz¨® gran parte del tronco con sus garras. Louis calent¨® su katana al rojo vivo y cort¨® las garras del hombre lobo. Luego le dio un pu?etazo en la mand¨ªbula, haciendo que el hombre lobo saliera volando y chocara contra un ¨¢rbol. "Maldici¨®n, deb¨ª regresar para crear el artefacto... No morir¨¦ por un mago, menos por un ni?o. Tratar¨¦ de atormentar su mente y, si gano, tendremos m¨¢s oportunidad con su magia", pens¨® el hombre lobo, levant¨¢ndose mientras el ¨¢rbol con el que choc¨® ca¨ªa al suelo. Luego, hizo que sus garras crecieran mucho m¨¢s que antes y ahora eran de color negro. Los dos se quedaron viendo por un momento hasta que... ?Ambos se acercaron y comenzaron a chocar garra contra espada! "Se volvieron m¨¢s duras... En los libros que le¨ª no dec¨ªa nada de eso", pens¨® Louis mientras continuaba atacando y parando los ataques. El hombre lobo estaba logrando que Louis retrocediera hasta llevarlo cerca de un acantilado. Louis se dio cuenta y, con su mano, lanz¨® peque?as gotas de lava al pecho del hombre lobo, haci¨¦ndolo quejarse del ardor. Luego cort¨® nuevamente su pecho. "?Maldito!", grit¨® furioso, presionando sus dientes con fuerza mientras sal¨ªa sangre de sus enc¨ªas y se abalanzaba hacia Louis para atraparlo con ambos brazos. Louis salt¨® encima de ¨¦l y cubri¨® su pu?o de lava, golpeando su espalda, haciendo que cayera al suelo y se quejara del dolor. "Con eso deber¨ªa ser todo", mencion¨® Louis mientras hac¨ªa que la lava perdiera su temperatura. "Lava... No es justo...", pens¨® mientras soportaba el dolor y respiraba con cansancio. "?No perder¨¦ por magia!", grit¨®, usando toda su fuerza con su brazo para atacarlo. Louis bloque¨® el ataque, pero logr¨® cortarle el brazo izquierdo y Louis tom¨® un paso atr¨¢s. "Jajaja, lo hice, ahora solo debo...", pens¨® mientras re¨ªa y observaba a Louis herido. El hombre lobo parpade¨® y Louis hab¨ªa saltado frente a ¨¦l. Tom¨® la cabeza del hombre lobo, golpe¨¢ndola contra la tierra, quebr¨¢ndole la nariz. Despu¨¦s, Louis levant¨® su cabeza y la solt¨®, haciendo que cayera de espaldas. Cansado y agotado, el hombre lobo no se levant¨® m¨¢s. "Puedo sobrevivir a estas heridas, pero este chico no me dejar¨¢ ir. Mi muerte no significa nada, igualmente ellos ya est¨¢n casi preparados... Jeh, 240 a?os valdr¨¢n la pena si estos bastardos mueren", pens¨® mientras respiraba con cansancio. Trat¨® de retroceder un poco, pero sent¨ªa que estaba en la punta del acantilado. " ''Suspiro'' Ya m¨¢tame, no quiero seguir vi¨¦ndote...", dijo despu¨¦s de ver el rostro de Louis, que reflejaba l¨¢stima, mientras su brazo izquierdo se curaba. "No...", respondi¨® Louis, guardando su katana. El hombre lobo estaba dispuesto a todo, pero... tratando de continuar la batalla, resbal¨®. Louis logr¨® tomar su mano y trat¨® de levantarlo, pero... "Jejejeje, ?muerte a los magos!", expres¨® s¨¢dicamente y, con sus garras, rasgu?¨® la mano de Louis, haciendo que lo soltara. Ante esta acci¨®n, Louis mir¨® con l¨¢stima c¨®mo el hombre lobo ca¨ªa. Despu¨¦s dio la vuelta, cerrando sus ojos. Mientras caminaba, Louis vio el cad¨¢ver del cazador a lo lejos. Se acerc¨® y trat¨® de llev¨¢rselo, pero no pudo. Un miedo dentro de ¨¦l llen¨® su mente; sus manos temblaban incontrolablemente. "Necesito ayuda de Kassie", expres¨® con tristeza y continu¨® su camino. Louis lleg¨® con Mart¨ª y Mari, llam¨® a los perros para que se acercaran y los absorbi¨® con sus manos. "?Est¨¢s bien?", pregunt¨® Mart¨ª despu¨¦s de ver el brazo de Louis. "S¨ª, solo logr¨® cortar mi gabardina y mi guante. ?Puedes venir conmigo? Necesito ayuda para llevar los cuerpos, usaremos a tus caballos", respondi¨® Louis con seriedad. "Claro... Vamos", respondi¨® Mart¨ª, siguiendo a Louis. Louis y Mart¨ª tomaron los caballos para poder llevar los cad¨¢veres, cubri¨¦ndolos con mantas que ten¨ªa Mari en la caba?a. "Al parecer, las ¨¢guilas se fueron. Vamos", coment¨® Louis despu¨¦s de observar el cielo al salir del terreno de la cosecha del sur. "?Louis!, por aqu¨ª", grit¨® Kassie a lo lejos mientras corr¨ªa hacia ¨¦l. "Kassie...", pens¨® Louis al verla. "?Pudiste ahuyentar a las criaturas?", pregunt¨® cuando Kassie logr¨® acercarse. "S¨ª, fue un poco dif¨ªcil, pero s¨ª", respondi¨®, un poco cansada. "?Qu¨¦... pas¨®?", pregunt¨® con una mirada perdida al ver los cad¨¢veres sobre los caballos. "Te lo contar¨¦ en el camino", respondi¨®, reflejando tristeza y culpa en su rostro. Louis, Kassie, Mart¨ª y Mari lograron regresar al reino y, mientras regresaban, vieron caballeros dirigi¨¦ndose hacia la cosecha del sur. Mari ya no pod¨ªa caminar m¨¢s por su embarazo, y Kassie la llev¨® en un auto hasta la agencia PT. Louis y Mart¨ª llegaron mucho despu¨¦s, entregando los cad¨¢veres a Mei. Mei y el profesor conversaban en la oficina de Mei. "Esto es horrible... ?Qu¨¦ pensaba ese sacerdote al poner a esa basura como rey?", expres¨® Mei, molesta y triste a la vez, sentada en su silla, presionando sus dos manos. "Ahora tenemos testigos m¨¢s cruciales para poder quitarlo de ah¨ª", dijo el profesor Maxwell, sentado en un sof¨¢ de la oficina de Mei. "Igualmente, no es justo... Para nadie. No solo fue en el sur, tambi¨¦n murieron cuatro personas en el este y tres en el oeste", replic¨®, bajando la cabeza con frustraci¨®n. "No puedes hacerlo todo, Mei... Est¨¢s en un punto muy dif¨ªcil, pero tenemos que quitar a ese hombre lo m¨¢s r¨¢pido posible. Con lo ocurrido hoy, la gente comenzar¨¢ a perder la confianza que ten¨ªan en ¨¦l", agreg¨® Maxwell, levant¨¢ndose de la silla y mirando por la ventana. "?Y Louis?", pregunt¨®, levantando la cabeza nuevamente. "El pobre se sent¨ªa culpable por no salvar a esas dos personas, pero la mujer embarazada, Mari, logr¨® tranquilizarlo", respondi¨® el profesor mientras continuaba mirando por la ventana. "Pobrecito... Yo nunca hab¨ªa fallado tanto... Todo siempre me sal¨ªa perfecto, pero desde que muri¨® el rey... todo se estrope¨®", coment¨® con su mirada al suelo. "Bueno, esperemos que todo salga bien ahora, porque, si no, tendr¨ªas que perder la afiliaci¨®n con la iglesia como ¨²ltimo recurso. Bueno, me retiro, Mei, debo hablar con Louis", dijo el profesor, abriendo la puerta de la oficina. "Claro, ir¨¦ con Xitlari para ver si los escudos ya fueron colocados". Mei se levant¨® de su silla y sali¨® junto al profesor. Louis se encontraba afuera, en el techo de la agencia. "Louis... ?Est¨¢s bien?", pregunt¨® Kassie, caminando por el techo de la agencia con un poco de dificultad. "S¨ª, lo estoy, pero... tambi¨¦n siento miedo", respondi¨® Louis, un poco calmado, pero sin ninguna expresi¨®n en su rostro. "Pues no lo parece... Me recuerdas a mi hermano. ¨¦l era igual que t¨², se preocupaba mucho por hacerlo todo bien y, si algo sal¨ªa mal, se sent¨ªa culpable, aunque no fuera su culpa. Se hac¨ªa el fuerte todo el tiempo", expres¨® con melancol¨ªa, sent¨¢ndose a su lado. "?¨¦l muri¨®?", pregunt¨®, pero Kassie no respondi¨®. "Lo siento, no deb¨ª preguntar eso...". "Est¨¢ bien... Me parece que eres muy sensible. Me recuerdas a Xitlari; ella tambi¨¦n es muy sensible, como t¨². Bueno, espero poder hacer una misi¨®n junto a ti alg¨²n d¨ªa", expres¨®, sonriendo, levant¨¢ndose y bajando del techo. "Igualmente", respondi¨® Louis, m¨¢s calmado, con una peque?a sonrisa en su rostro mientras la miraba irse. "?Igual a m¨ª? Me pregunto qui¨¦n es... esa chica llamada Xitlari", dijo mientras se quitaba sus guantes y miraba sus manos. "Por eso quer¨ªas que me fuera... ?maestro? ?Para aprender que no siempre podr¨¦ ayudar a todos? ?Ser¨¢ que deb¨ªa matar al hombre lobo? Pero... igualmente, nunca hubiera podido. Yo... no debo matar a nadie... nunca m¨¢s". Fin del cap¨ªtulo Consecuencias para el futuro #4 (segunda parte) En las maravillosas y poco exploradas tierras del norte, encontramos un reino bastante apartado del resto, donde una mujer de largo cabello amarillo y ojos de un color rojo caminaba de un lado a otro en una habitaci¨®n del palacio del rey de Alahead. Usaba una armadura de color dorado y blanco. De pronto, una ventana de la habitaci¨®n se abre... y entra un hombre de una manera un poco... extra?a, creando muchos listones verdes a su alrededor con magia que sal¨ªa de su mano derecha. Su cabello era corto y desordenado, de color verde brillante, sus ojos verdes reflejaban una mezcla de confianza y seguridad. Llevaba una camisa blanca de manga larga con el cuello abierto, acompa?ada de un chaleco oscuro largo, y sus pantalones y zapatos eran de un color verde oscuro. Su cintur¨®n sosten¨ªa una especie de bolso, y adem¨¢s, pose¨ªa seis dedos en ambas manos. "Sigues haciendo tus cosas raras, ?eh?", expres¨® con un tono sarc¨¢stico al verlo entrar en la habitaci¨®n. "Lin, Lin, alg¨²n d¨ªa entender¨¢s lo importante que es entrar con estilo," dijo con orgullo mientras absorb¨ªa su magia. "?Y bien? ?C¨®mo est¨¢ Louis?" Pregunt¨® mientras se sentaba. "?Louis? Ehmmm... ?Para eso me llamabas? Bueno... Eh... No lo he visto," expres¨® nervioso, toc¨¢ndose la cabeza y moviendo los ojos de un lado a otro. "?C¨®mo dices? ?Dijiste que ir¨ªas a verlo, y si est¨¢ mal! ?Y su collar?" Dijo preocupada, levant¨¢ndose de la silla y acerc¨¢ndose a Rei. "Calma, calma, no te preocupes. El collar ya me habr¨ªa alertado si algo estuviera mal, no creas que no... Tengo todo bajo control... jeje," expres¨®, un poco nervioso, intentando tranquilizarla mientras se colocaba detr¨¢s de ella e intentaba darle un masaje en los hombros. "?No crees que deber¨ªas dejar de usar tu armadura todo el tiempo?" "No, as¨ª como t¨² amas hacer tus entradas raras, yo prefiero usar mi armadura todo el tiempo," respondi¨® d¨¢ndose la vuelta y quitando las manos de Rei de sus hombros. "... Tienes miedo de que vuelva a pasar, ?cierto? Lin... tengo todo bajo control, esta fase es parte de mi proceso para ser un mejor palad¨ªn y cr¨¦eme, Louis lo necesita," dijo despu¨¦s de un momento de silencio y comenz¨® a hablar con confianza y tranquilidad. "?Claro que tengo miedo! Podr¨ªa perderlo si pasa algo as¨ª de nuevo, y no solo eso, los de Ystir nos tomar¨¢n como enemigos. Tu decisi¨®n es totalmente irresponsable, no s¨¦ c¨®mo el rey acept¨®," expres¨® con molestia, alzando la voz y acorralando a Rei contra la pared mientras lo golpeaba con su dedo. "?C¨¢lmate! Todo est¨¢ bien, nada ha pasado. Lin... debes confiar m¨¢s en tu hijo," dijo un poco nervioso por las palabras de Lin. "Conf¨ªo en mi hijo, pero no en esa magia o en el collar," respondi¨® molesta. "Yo tengo todo bajo control, puedo monitorear el collar; inmediatamente usar¨¦ mi magia para ir donde ¨¦l est¨¦ y evitar¨¦ cualquier cat¨¢strofe, pero te aseguro que nada malo pasar¨¢, ¨¦l controla bien sus poderes, t¨² misma lo viste," expres¨® con seriedad, alej¨¢ndose de Lin y tomando un frasco de un gabinete. "... Igualmente, no creo que haya sido buena idea dejarlo ir solo," dijo cruzando sus brazos y mirando hacia un lado. "Corrrreo, kuh," dijo un cuervo mensajero por la ventana. "?Huh? La iglesia..." expres¨® extra?ado abriendo la ventana y tomando la carta. "Demonios," dijo al leer la carta despu¨¦s de abrir el sobre. "?Qu¨¦ pas¨®?" Pregunt¨® intentando ver la carta. "Nada, es solo un problema m¨ªo, no te preocupes," dijo con calma, guardando la carta en el sobre. Lin us¨® su magia e hizo que Rei chocara con la pared de la habitaci¨®n, causando un desorden en todo el lugar. "?Qu¨¦ haces? ?Est¨¢s loca? ?Huh? ?La carta?..." Pregunt¨® molesto levant¨¢ndose del suelo, y luego se asust¨® al no ver la carta en su mano. "?T¨²... eres un imb¨¦cil! ?Pusiste que solo era humano? ?Y con magia de fuego! Sab¨ªa que era raro que lo aceptaran as¨ª de f¨¢cil. Tengo que sacarlo de Ystir antes que ellos," grit¨® molesta al leer la carta y luego la tir¨® en la cara de Rei. Rei cre¨® una barrera frente a Lin, evitando que se fuera. "?Claro que no, no har¨¢s nada! Yo arreglar¨¦ esto, ya lo tengo todo bajo control," dijo con seriedad, levant¨¢ndose y tomando la carta. "Ser¨¢ mejor que quites esto o har¨¦ pedazos tu habitaci¨®n otra vez," expres¨® molesta al ver la barrera verde frente a ella. "Calma, Lin, recuerda que el rey me puso a cargo de Louis y yo responder¨¦ por todo. Sab¨ªa que descubrir¨ªan lo que hice, solo que se tardaron menos de lo previsto," dijo con seriedad y un poco de preocupaci¨®n. Lin trat¨® de golpearlo, pero ¨¦l cre¨® una barrera frente a ella, la barrera se agriet¨® e inmediatamente se restaur¨®. "Te juro que todo est¨¢ bien. Ten¨ªa que hacerlo; si el actual sacerdote descubr¨ªa que ten¨ªamos a una persona con magia de lava y que era mitad demonio, ?lo hubieran mandado a matar! y el rey no iba a rechazar la afiliaci¨®n por tu hijo. Tengo un amigo que conoc¨ª en la guerra contra Mayestad, y su hijo tomar¨¢ el cargo de sacerdote y permitir¨¢ a Louis vivir. Yo s¨¦ lo que hago, Lin..." expres¨® seriamente, viendo directamente a Lin a los ojos. "Pero... igualmente, no es seguro que ande por ah¨ª en los reinos, ?pudo esperar!" expres¨® triste, bajando la cabeza, pero entendiendo las palabras de Rei. "Recuerda que si un palad¨ªn se mantiene sin hacer nada, perder¨¢ su estatus, y si lo pierde, nada podr¨¢ protegerlo, y ser¨¢ buscado por todas las tierras de Lyran. Aqu¨ª ¨¦l no hace nada debido a que toda la gente lo odia, pero le dije que principalmente ayudar¨ªa a la gente del reino de Ystir, pero creo que ya ten¨ªa esas intenciones. ¨¦l siempre ha querido ayudar a los otros por verte a ti desde ni?o," mencion¨® Rei, quitando la barrera y consolando a Lin, adem¨¢s de sonre¨ªr al final de sus palabras. "Ser¨¢ mejor que no dejes que le pase nada..." Dijo mientras se le escapaba una l¨¢grima de su ojo derecho. "No te preocupes... se lo promet¨ª a Elio. Jajaja, ?qu¨¦ pasa? Pens¨¦ que segu¨ªas siendo ruda y fuerte," expres¨® con una sonrisa al ver el rostro de Lin. "Todav¨ªa ?lo soy!" Dijo, golpe¨¢ndole el rostro. *Reino De Ystir - Casa Del Profesor Maxwell* "Muy bien, Louis, entregar¨¢s todos estos paquetes. Conf¨ªo en ti; si alguien se molesta, simplemente dile que ya entregaste el paquete y que ya puedo irme," dijo el profesor mientras le mostraba los 50 paquetes que ten¨ªa que entregar. "Muy bien... Dar¨¦ lo mejor para no decepcionarlo," expres¨® Louis con determinaci¨®n. Louis comenz¨® a llevar los paquetes de la zona este. Llevaba dos si eran grandes, cuatro si eran medianos y los peque?os en bolsas grandes. "?No deber¨ªa manejar la bicicleta?" Pregunt¨® Hanks, confundido al verlo caminar con las cajas encima. "Digamos que la bicicleta no ser¨¢ usada en mucho tiempo," respondi¨® el profesor se?al¨¢ndole d¨®nde estaba. "?Pero qu¨¦ le pas¨®?" Dijo Hanks asustado al verla destrozada. "Trat¨¦ de ense?arle a usarla, pero... siempre se estrellaba, as¨ª que... qued¨® as¨ª la pobre. Ya la repararemos. Bueno, vamos a preparar los materiales para irnos despu¨¦s de que termine Louis," dijo el profesor dirigi¨¦ndose hacia su laboratorio. "Bien, se?or... Pobre bicicleta," mencion¨® Hanks con pesar mientras lo segu¨ªa. *Zona Este* "?Buenos d¨ªas, entrega del profesor Maxwell!" "Gracias al cielo, lo necesitaba urgentemente," dijo una mujer al ver a Louis. "Lamento el retraso," dijo Louis, bajando la cabeza. "No, est¨¢ bien. Escuch¨¦ que Joel, el antiguo repartidor, se hab¨ªa casado y se mud¨® al reino Dajara. Ponlas por aqu¨ª," dijo la mujer mientras arreglaba unas cosas y despu¨¦s le mostraba el lugar a Louis. "M¨¢tala..." Dijo una voz profunda, oscura y resonante. "?Eh?" Observ¨® a su alrededor, confundido. "?Escuch¨® algo?" Pregunt¨® Louis. "?Escuchar qu¨¦?" Pregunt¨® la mujer, confundida. "Nada, creo que fue mi imaginaci¨®n," respondi¨® Louis colocando los paquetes en su lugar. *Palacio Del Rey* En el palacio del rey, en una habitaci¨®n que sobrepasaba lo lujoso, se encontraba el conde Jens, actual rey de Ystir. Su cabello era canoso pero muy arreglado, era de baja estatura y usaba una pijama. "?Ahhhh, qu¨¦ bien se siente ser rey! Finalmente, tengo lo que merezco, y ya no tengo que seguir las ¨®rdenes del rey Liu, ?eh? Ahora soy el rey... no tengo que llamarlo as¨ª, jajaja. ?Viejo idiota, ahora yo mando aqu¨ª, o al menos por un tiempo! Tengo que guardar bien mi dinero; el pr¨ªncipe Lue tomar¨¢ el puesto cuando cumpla 18, pero yo no perder¨¦ mis lujos, y con Rays ayud¨¢ndome, todo ir¨¢ perfecto", dijo mientras se relajaba en su cama gigante, con una gran mesa llena de comida a su derecha. Las paredes de la habitaci¨®n eran blancas, y ten¨ªa una gran ventana con marcos de oro. Adem¨¢s, la habitaci¨®n pose¨ªa tres puertas: una a la izquierda de la cama que conduc¨ªa al ba?o, y las otras dos para salir y entrar a la habitaci¨®n. "?Se?or Jens! Necesito hablar con usted", dijo un hombre tocando una de las puertas; su voz era grave y resonante, con un tono fuerte. "?Pasa, Reck!", respondi¨® un poco molesto. "Se?or, necesito que...", dijo al entrar en la habitaci¨®n. Era un hombre de piel morena, bastante musculoso y media 190cm. Su torso estaba cubierto por una armadura pesada de color negro, que combinaba con los pantalones, los zapatos y los guanteletes del mismo material. Su cabello era corto y oscuro, adem¨¢s de que sus ojos marrones mostraban decisi¨®n y molestia. "Antes de que digas algo, ?nada de se?or, soy el Rey! ?Entendido?", dijo interrumpi¨¦ndolo con su voz altanera y aguda. "S¨ª, rey Jens", respondi¨® con molestia, apretando su mano y tratando de no hacer una cara de desagrado. "Bien, dime qu¨¦ deseas, Reck", dijo tomando una uva de la mesa con comida mientras estaba acostado. "Las celdas del nivel uno necesitan mantenimiento y m¨¢s guardias, ?qu¨¦ demonios hace con los guardias?", dijo tratando de hablar con delicadeza para no molestarlo. "?Yo hago con los caballeros lo que yo quiera! Cierra el pico y simplemente cuida t¨² de las celdas. Y si necesitan mantenimiento, ?por qu¨¦ no se los das t¨²? ?No eres el mejor palad¨ªn del reino? S¨ªrvele bien a tu Rey", dijo molesto, levant¨¢ndose y poni¨¦ndose frente a ¨¦l. "Entendido...", respondi¨® haciendo una mueca de fastidio, y se retir¨® de la habitaci¨®n. "Bien, caballeros, vengan a atender a su rey", dijo Jens aplaudiendo, y muchos caballeros entraron por la otra puerta. Los hombres usaban abanicos para darle aire, y las mujeres le daban masajes y le ofrec¨ªan comida. "Perfecto... ?Hmm, est¨¢ rico!" "?Rays! Ser¨¢ mejor que hagas algo, ?esto es una tonter¨ªa!", dijo Reck frente a un hombre de cabello verde claro, corto y arreglado, que ca¨ªa suavemente sobre su frente. Ten¨ªa ojeras y sus ojos verdes no reflejaban ninguna emoci¨®n. Vest¨ªa un conjunto formal con una chaqueta de color verde oscuro sobre una camisa blanca bien planchada, complementado con una corbata verde a juego. Encima de su vestimenta llevaba un arn¨¦s marr¨®n oscuro que sosten¨ªa lo que parec¨ªa ser un equipo tecnol¨®gico. "Tratar¨¦ de hablarle, Reck, pero la verdad dudo que alguien escape", expres¨® desinteresado y cansado, con una voz fr¨ªa y sin emoci¨®n, mientras se apoyaba en un pilar del palacio. "En serio, ?qu¨¦ pas¨® contigo? Antes hac¨ªas todo bien", mencion¨® Reck decepcionado y se alej¨® de Rays. "Di lo que quieras... Ya no me importa", respondi¨® fr¨ªamente al verlo irse. *Zona Oeste - Agencia PT* Mei estaba sentada en su escritorio, ordenando muchos papeles en su oficina. "?Canbel! ?D¨®nde est¨¢n los documentos de la mujer Mari Yoffiner?", pregunt¨® Mei al terminar de revisar los papeles que ten¨ªa. "?Aqu¨ª est¨¢n, jefa! Disc¨²lpeme por no haberlos entregado antes, se me pas¨®, lo siento mucho", expres¨® con un tono nervioso, pero respetuoso, al entrar r¨¢pidamente a la oficina, mostrando su preocupaci¨®n por haber fallado en la tarea. "Est¨¢ bien, no te preocupes, toma un descanso, ?s¨ª?", dijo Mei con su dulce y suave voz. "S¨ª, jefa...", respondi¨® mientras se retiraba del lugar con la cabeza baja. "Se lo toma muy en serio...", dijo Mei cuando Canbel sali¨® de la oficina. El timbre del comunicador de Mei comenz¨® a sonar. "Dime, ?pas¨® algo, Mern?", pregunt¨® con una peque?a sonrisa en su rostro. "Para nada, solo quer¨ªa escuchar tu dulce voz", respondi¨® Mern con una voz algo confiada y relajada, con un toque juguet¨®n a trav¨¦s del comunicador. "Jajaja, eres un tonto. Dime, ?Donquichua est¨¢ bien?", expres¨® Mei ri¨¦ndose dulcemente, un poco sonrojada. "¨¦l est¨¢ bien, fue al primero que visit¨¦. Lo veo bastante bien. Ya me falta poco para terminar aqu¨ª en el reino de Dajara. Dime, ?me perd¨ª de algo mientras no estaba?", dijo felizmente a trav¨¦s del comunicador. "''Suspiro'' Ni te imaginas... Ese maldito no hizo mantenimiento a las barreras de los agricultores, y muri¨® gente debido a las criaturas que entraron en sus zonas. ?Maldito desgraciado! Tengo que quitarlo cuanto antes de ese lugar", expres¨® molesta, golpeando la mesa de su escritorio al recordar todo. "Lo siento, deb¨ª estar ah¨ª...", respondi¨® Mern con arrepentimiento. "No... Es obvio que no es tu culpa. Adem¨¢s, tenemos ayuda de un palad¨ªn nuevo, al parecer del reino Alahead. Su nombre es Louis A. Keeper. Es un buen chico, pero le falta experiencia", dijo m¨¢s calmada, levant¨¢ndose de su silla. "Alahead... Creo que vi eso en las noticias de la iglesia, aunque el apellido Keeper me suena un poco... ?Huh? Te dejo, Mei, ya lleg¨® Diamo", dijo tratando de recordar, pero fue interrumpido. "Bien, ?Adi¨®s...!", expres¨® de manera dulce. "?Recuerda que te amo!", dijo Mern con emoci¨®n antes de colgar. "S¨ª, s¨ª... ''Suspiro'' Mern...", mencion¨® Mei con una peque?a sonrisa en su rostro mientras guardaba su comunicador. De pronto, dos grandes explosiones se escucharon a lo lejos, al parecer en el palacio del rey. "?Qu¨¦ fue eso? No puede ser...", dijo sorprendida por la explosi¨®n, y se asom¨® por la ventana, donde se pod¨ªa ver que fue en el palacio. "?Maldici¨®n! ?Qu¨¦ hiciste ahora?", Mei sali¨® de su oficina inmediatamente. *Afueras del Palacio* "?Vamos!", "?Libertad!", "?Jajajajaja!", dijeron much¨ªsimos prisioneros saliendo del palacio y de los muros que lo rodeaban, mientras las personas corr¨ªan aterradas por el suceso. "Hay que ir con cuidado, hermanos, primero quitarnos estos brazaletes", dijo Kein corriendo con sus hermanos. "Hermano, pero Rubel...", dijo Jhin mientras corr¨ªa a la derecha de Kein. "Lo sacaremos en otro momento. Primero necesitamos equipo", respondi¨® Kein a Jhin. "Tenemos que buscar al tipo de la m¨¢scara dorada, ¨¦l fue el que caus¨® la explosi¨®n. Seguro tiene algo para quitar los brazaletes", dijo Inock mientras corr¨ªa a la izquierda de Kein. "Muy bien, ?busqu¨¦moslo!", expres¨® Kein con determinaci¨®n. *Zona Oeste* "?Buenas tardes, entrega del profesor Maxwell! ''Suspiro'' Finalmente termin¨¦...", dijo Louis aliviado al llegar a un local del Oeste. Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. "Oh, t¨² debes ser el nuevo repartidor. Te agradezco mucho, casi mando a comprar a otro lugar", dijo el due?o del local al ver a Louis. "Qu¨¦malo...", dijo una voz profunda, oscura y resonante. "?Otra vez!", dijo Louis asustado al escuchar esa voz nuevamente, mirando a su alrededor. "?Pasa algo?", pregunt¨® el due?o. "?No es nada! Eh... yo... Lamento mucho que se hayan entregado un d¨ªa tarde, tuve que aprender bien c¨®mo era todo el reino", expres¨® Louis con sinceridad, bajando la cabeza. "?Aprender...? ?No eres de aqu¨ª? Vaya, entonces te deseo mucha suerte", respondi¨® el due?o. "Muchas gracias, se?or", agradeci¨® Louis y se retir¨® del lugar. "?Qu¨¦ demonios son esas voces?". Dos explosiones resonaron a lo lejos, sus ecos reverberando en el aire como rugidos distantes. El suelo vibr¨® ligeramente bajo sus pies mientras Louis alzaba la vista, inquieto, observando c¨®mo columnas de humo empezaban a elevarse en el horizonte. "?Qu¨¦ pas¨®...? No tengo mi katana... ?Qu¨¦ hago ahora?", murmur¨® con indecisi¨®n mientras se alzaba sobre lo alto de un edificio, observando el p¨¢nico en las calles mientras las personas sal¨ªan de sus hogares, aterradas por las explosiones. Un gran viento amarillo comenz¨® a propagarse sobre una parte de la zona oeste cerca de la norte, como un suave velo de tonos transl¨²cidos que se arremolinaban. "?Huh? ?Y eso?" Louis, decidido, se apresur¨® a ir al lugar de la explosi¨®n. "?Capitana, por favor... vaya despacioooo! ?Aaaaa!" grit¨® Kassie, mientras Mei conduc¨ªa a toda velocidad, con la mirada molesta y decidida. Al llegar Mei sali¨® de inmediato de su auto con su cimitarra en su mano derecha. "?Ustedes, criminales! Regresen a su celda o les dar¨¦ una dulce y suave golpiza de nuevo, ?a cada... uno!" expres¨® Mei, mostrando molestia pero tambi¨¦n hablando de una manera suave. "Gracias a Dios..." dijo Kassie, saliendo del auto, arrodill¨¢ndose y tocando el suelo. "Por favor, somos muchos m¨¢s que ustedes, es imposible que puedas contra nosotros", respondi¨® un hombre de m¨¢scara dorada. "?No seas idiota, Jori! Ser¨¢ mejor que nos vayamos, es la ex-palad¨ªn Mei", susurr¨® el de la m¨¢scara gris. "Somos much¨ªsimos, Tryl, y adem¨¢s, si se pone feo escapamos y ya, mientras pelea con los otros...", expres¨® confiado. "?Ustedes, los de las m¨¢scaras! Son hombres de Zthur, ?cierto?" dijo Mei, dirigiendo su mirada a ellos dos. "Ah¨ª no..." dijo Jori, asust¨¢ndose. "Ya la regaste..." dijo Tryl, decepcionado. "Ustedes ir¨¢n conmigo, tendremos una bonita charla", dijo, tomando su cimitarra con todo y vaina. Mei corri¨® hacia todos ellos. Tryl y Jori comenzaron a correr para escapar. Mei golpeaba a cada uno que se le acercaba, con su pu?o y con su cimitarra. "?Vamos, vamos!" dijo Jori, con desesperaci¨®n. Un gran muro de hielo rode¨® a todos los prisioneros. Encima del muro estaba Kassie, usando su magia para inmovilizar a los prisioneros. "Maldici¨®n, ?por aqu¨ª, Jori!" dijo Tryl, observando un callej¨®n. Mei vio a los dos meti¨¦ndose en el callej¨®n e intent¨® seguirlos, pero muchos de los prisioneros la rodearon. "Debe ser un chiste. ?Rayyyysss!" grit¨® el rey Jens al ver todo el caos en el reino. "?Qu¨¦ quiere?" dijo Rays, con su voz fr¨ªa, entrando en la habitaci¨®n. "Manda a Reck y a los caballeros a capturar a los prisioneros. No quiero que la gente empiece a ?odiarme! As¨ª que... ?apres¨²rate!" expres¨®, molesto, mientras miraba el reino por la ventana de su habitaci¨®n. "Ya voy..." respondi¨® Rays, despreocupado. "?Te dejo el resto, Kassie!" dijo, entrando por el callej¨®n donde entraron los hombres de Zthur, mientras muchos de los prisioneros estaban tirados en el suelo. "?Xitlari! ?A d¨®nde fueron? ?Puedes verlos?" pregunt¨® Mei al sacar su comunicador de su bolsillo mientras corr¨ªa por el callej¨®n. "?Los veo dirigi¨¦ndose a la zona este, al parecer saldr¨¢n por donde est¨¢ el banco central!" respondi¨® Xitlari a trav¨¦s del comunicador. "Gracias", agradeci¨® y guard¨® el comunicador, trep¨® alto y comenz¨® a correr encima de las casas. "?Paren de... molestar!" dijo Kassie, mientras trataba de atraparlos a todos. Uno de los prisioneros us¨® magia de fuego para derretir el hielo, lo que hizo caer a Kassie del muro que cre¨®. "?Atr¨¢penla!" dijeron los prisioneros, esper¨¢ndola que cayera, pero ella, al instante, usando la misma agua descongelada, la volvi¨® a congelar y atac¨® a todos los que la esperaban abajo. "?Adi¨®s, ni?ita...!" dijo el prisionero con magia de fuego, apuntando a su espalda. Antes de poder usar su magia, recibi¨® un derechazo en el rostro que lo arrastr¨® en el suelo debido al impacto. "?Huh? ?Louis, gracias!" dijo Kassie al ver a Louis salvarla. "?Qu¨¦ pas¨®? ?Por qu¨¦ hay tantos de estos tipos?" pregunt¨® mientras golpeaba en el rostro a uno que se le acerc¨®. "No lo s¨¦ muy bien, pero seguramente ?es culpa del rey!" respondi¨® mientras continuaba capturando a los prisioneros con su magia. Uno de los prisioneros golpe¨® el piso creando una ola de tierra que se dirig¨ªa hacia Louis. Este salt¨® encima de la ola, esquiv¨¢ndola. Luego, el prisionero sac¨® una gran roca del suelo y la lanz¨®. De un solo golpe, la roca se hizo pedazos y Louis, de una patada, lo noque¨®. "?Whoa! S¨ª que eres fuerte", dijo Kassie, asombrada. "Gracias, ?es puro entrenamiento!" respondi¨® mientras se encargaba de otros dos prisioneros. "Mira, hermano, es ese chico", dijo Inock desde lejos. "Ya tendremos nuestra venganza. Vayamos a la zona sur para quitarnos los brazaletes, antes de que creen otro control", expres¨® Kein, calmando su enojo al ver a Louis. "Louis... ?Usa tu magia! Ser¨¢ m¨¢s f¨¢cil acabar con ellos, as¨ª no volver¨¢n a cometer cr¨ªmenes. Haz que sientan sufrimiento...", dijo una voz profunda, oscura y resonante. "?Qu¨¦ demonios...!" dijo Louis, asustado al escuchar la voz. Esto lo desconcentr¨® y recibi¨® un codazo en la cara de un tipo muy grande y alto, haci¨¦ndolo caer al suelo. "Vamos, ni?o, jejeje", dijo el prisionero a punto de atacar con ambas manos en su espalda. Kassie lo alej¨® de Louis con su magia de agua, creando una gran corriente y atrapando a otros prisioneros. Luego los inmoviliz¨® congelando el agua. "?Est¨¢s bien, Louis?" pregunt¨®, preocupada, acerc¨¢ndose a ¨¦l. "S¨ª... Estoy bien", respondi¨® ocultando su rostro mientras este se regeneraba de golpe. "?Atr¨¢penlos a todos! ?No dejen que escapen!" grit¨® un caballero que lleg¨® al lugar con muchos otros m¨¢s. "Les agradezco la ayuda, pueden retirarse", dijo el caballero, acerc¨¢ndose a Louis y Kassie, y luego se fue a atrapar a los prisioneros. *Zona Este* "?Esto es tu culpa! ?Siempre abres tu boca y nos metes en problemas!" grit¨® Tryl, molesto, mientras corr¨ªa. "?No te enojes! Ya casi llegamos con el Jefe Yeynos, ?por este callej¨®n!" dijo Jori, mientras corr¨ªa al lado de Tryl. "?A d¨®nde creen que van?" dijo Mei, cayendo frente a ellos. "?Ay, no...! ?Por atr¨¢s!" expres¨®, temeroso, al verla. Detr¨¢s de ellos estaba la cimitarra, siendo controlada por Mei. Mei pate¨® la pierna de Jori, haci¨¦ndolo caer, y luego golpe¨® su rostro contra el piso y puso sus manos en su espalda. Tryl trat¨® de golpear, pero ella detuvo el pu?o de Tryl con una sola mano. Mei tom¨® su brazo y lo acerc¨® para darle un pu?etazo en el pecho. Tryl cay¨® al suelo, quej¨¢ndose por el dolor. "C¨®mo duele... El golpe que me dio ese chico sigue doli¨¦ndome ?mucho!..." pens¨®, mientras soportaba el dolor tirado en el piso. "Desgraciad..." dijo Jori, siendo interrumpido por Mei al noquearlo de un golpe. Luego, ella golpe¨® a Tryl con la cimitarra, noque¨¢ndolo tambi¨¦n. "Listo... ?A d¨®nde se dirig¨ªan, par de idiotas?" dijo, tomando su cimitarra y poni¨¦ndola en su cintura y revisando el callej¨®n. "Hmmm, no veo nada, es solo un callej¨®n sin salida, pero..." mencion¨®, mientras comenzaba a golpear el suelo. "Nada... Tal vez solo se perdieron. Ann, ?podr¨ªas venir a mi ubicaci¨®n? Tengo dos tipos que ser¨¢n de mucha ayuda. ?Ya terminaron ah¨ª con los prisioneros?" dijo Mei a trav¨¦s del comunicador. "?S¨ª! Ya todo est¨¢ bajo control. Los caballeros ya llegaron y Ririam est¨¢ hablando con ellos, ?ir¨¦ de inmediato!" dijo Ann, con una alegre y radiante voz a trav¨¦s del comunicador. "Perfecto, te mandar¨¦ mis coordenadas", dijo, cortando la llamada y mandando su ubicaci¨®n. *Palacio Del Rey* "Parece que ya todo est¨¢ bien. Dime, Rays, ?dijo algo Reck?" pregunt¨® Jens, mientras miraba a los caballeros traer de vuelta a los prisioneros. "Ni siquiera habl¨¦ con ¨¦l..." respondi¨® Rays, mientras estaba sentado en una silla, mirando el suelo. "??Qu¨¦!? ?Y c¨®mo demonios capturaron a los prisioneros?" pregunt¨®, confundido. "... Al parecer, cuando lo buscaba, ¨¦l ya hab¨ªa salido con todos a capturarlos, creando tres equipos: uno para la zona este, otro para el oeste y otro para el norte. ¨¦l fue al este, pues parece que un prisionero del nivel 3 logr¨® esca..." expres¨® con menos frialdad y levantando la cabeza. "?Usted es un...!" expres¨® furioso Reck, entrando a la habitaci¨®n del rey. "Alto, no se acerque, lo veo muy hostil, palad¨ªn Reck. Ser¨¢ mejor que se retire" dijo Rays con seriedad, evitando que Reck se acercara a Jens. "T¨²... ?Eres un idiota!" dijo Reck, molesto, saliendo de la habitaci¨®n. "Uy... Gracias, Rays, casi se me sale el coraz¨®n" expres¨® Jens, temeroso, sent¨¢ndose en su cama. "Creo que deber¨ªa quitarle el cargo de palad¨ªn, no es seguro que siga en el palacio" dijo Rays, mientras volv¨ªa a sentarse. "No puedo... Si la gente se da cuenta, tendr¨¢n miedo y me culpar¨¢n. Reck es el palad¨ªn m¨¢s fuerte del reino, el ¨²nico que puede garantizar nuestra protecci¨®n" respondi¨®, preocupado. "Entonces deje de ser tan cretino. A este paso, perder¨¢ su estatus en poco tiempo, aunque ya tiene mucho oro reunido" dijo Rays, balance¨¢ndose en la silla. "?No!, ?necesito m¨¢s! No quiero perder estos lujos, tendr¨¦ que ponerme serio" dijo Jens, dirigi¨¦ndose a tomar un ba?o, mientras Rays lo miraba con frialdad. "Solo tengo que soportar un poco m¨¢s a este tipo, y me ir¨¦..." pens¨® Rays, levant¨¢ndose y saliendo de la habitaci¨®n. *Zona Norte* "?Kassie! ?Huh?" dijo Mei volando en el cielo con magia de viento amarillo. "?Louis, qu¨¦ haces aqu¨ª? ?No ten¨ªas que repartir paquetes hoy?" pregunt¨® al caer al suelo. "S¨ª, pero comenc¨¦ un poco temprano y pude terminar r¨¢pido. Luego escuch¨¦ dos explosiones y no pude evitar venir a ayudar" respondi¨® Louis con sinceridad y calidez en su voz. "Qu¨¦ bueno, me alegra. Vamos, te llevo con Maxwell" dijo Mei, notando esa calidez en Louis. "Creo que yo prefiero caminar..." dijo Kassie, un poco asustada de subir al auto. "No seas miedosa, ?ir¨¦ lento!", dijo con un tono despreocupado, aunque claramente disfrutaba de la velocidad. "Ay... solo Louis, Xitlari y Ann disfrutan cuando manejo r¨¢pido", expres¨® con una leve sonrisa de diversi¨®n en el rostro. Mientras conduc¨ªa, Mei recibi¨® un mensaje de voz. "Mei... ?Cu¨¢nto tiempo tengo que seguir aqu¨ª? ?Quiero hacer una misi¨®n!" pregunt¨® Xitlari, molesta, a trav¨¦s del comunicador. "C¨¢lmate, ya encontrar¨¦ algo para ti, pero recuerda que t¨² fuiste la de la idea de las c¨¢maras" respondi¨® Mei, mandando un mensaje de voz. "?Oye, Louis! La que mand¨® el mensaje de voz es Xitlari. La pobre lleva bastante tiempo sin hacer una misi¨®n" susurr¨® Kassie a Louis. "?Ah, s¨ª? Qu¨¦ mal por ella..." expres¨® Louis, sintiendo pena por ella. "?De qu¨¦ hablan all¨ª atr¨¢s?" pregunt¨® Mei, vi¨¦ndolos por el retrovisor. "Le he estado contando a Louis sobre Xitlari. Tal vez deber¨ªa conocerla" respondi¨® Kassie, entusiasmada. "Jajaja, sabes que Xitlari no es muy sociable, con costo te habla a ti de todos los dem¨¢s" expres¨® Mei, sabiendo que no le interesar¨¢ conocer a Louis. "Alg¨²n d¨ªa tiene que dejar de ser as¨ª de solitaria, pero contigo habla mucho" dijo Kassie. "S¨ª, pero yo soy un caso especial... Ya veremos cuando la conozca Louis. Y por si se me olvida, Louis, no te asustes al verla o te odiar¨¢ para siempre, ?entendido?" dijo Mei con una sonrisa traviesa y un tono de advertencia, mientras manten¨ªa su mirada fija al frente. "Okay... Eso creo" respondi¨®, extra?ado por la advertencia. Despu¨¦s de unos minutos, Mei dej¨® a Louis en la casa del Profesor Maxwell y se dirigi¨® hacia la agencia PT. Louis toc¨® la puerta hasta que Hanks la abri¨® y lo dej¨® pasar. "?Louis! Finalmente, necesito que cuides de la casa mientras yo estoy trabajando en mi proyecto. Hanks, lleva el bolso rojo, yo llevar¨¦ este. ?C¨®mo te fue con las entregas?" dijo el Profesor, quien lo esperaba sentado en las escaleras. "Bueno... Una se?ora estaba muy molesta, pero segu¨ª sus instrucciones y me fui al entregar el paquete" respondi¨® Louis, recordando a la se?ora. "Jajajaja, ya me imagino qui¨¦n fue, pero no importa. Adem¨¢s, le ayudaste a Mei, ?cierto?" dijo, mientras se levantaba de la escalera. "S¨ª, al parecer muchos de los prisioneros escaparon del palacio" respondi¨® Louis, con preocupaci¨®n al recordar el golpe que recibi¨®. "Hmm, as¨ª me enter¨¦ por las noticias y por las dos explosiones que se escucharon. Toma esto, presiona el bot¨®n cuando lleguen las 5 de la tarde. Regresaremos a las 6:30 de la noche" dijo el profesor, entreg¨¢ndole un control con un solo bot¨®n. "?Qu¨¦ es esto?" pregunt¨®, curioso. "Me alegra que preguntes. Este dispositivo activa el escudo invisible, el cual est¨¢ perfectamente alineado con la casa. El escudo est¨¢ hecho con magia invisible y la magia protectora m¨¢s refinada, acumulada en un cristal de amatista" respondi¨® con entusiasmo, despu¨¦s de aclarar su garganta. "Qu¨¦ incre¨ªble... lo cuidar¨¦ bien", dijo Louis sorprendido, guardando el aparato en su gabardina. "Per...fecto, nos vamos, Hanks... ?Ah! Y, por favor, no lo enciendas antes; no quiero que se gaste antes de que cumpla el mes, son bastante caros", mencion¨® el profesor antes de salir por la puerta. "?Entendido!", respondi¨® Louis cerrando la puerta. "Ahora... ?Qu¨¦ hago? No s¨¦ de d¨®nde viene esa voz, pero es una molestia escucharla", pens¨® mientras iba a la cocina a preparar un s¨¢ndwich de queso y pavo. Louis termin¨® de preparar su comida. "Gracias por la comida", agradeci¨® antes de empezar a comer. Luego de comer, comenz¨® a meditar y hacer ejercicio por no saber qu¨¦ hacer, hasta que se qued¨® dormido sentado en las escaleras de la entrada. Entreabriendo los ojos, despert¨® r¨¢pidamente y fue a ver la hora en el reloj del segundo piso. "?Ay! ?Se me pas¨® la hora!", dijo asustado al ver el reloj, sacando el control de su gabardina y activando el escudo. "As¨ª que esta es la casa del tal profesor, me la esperaba con muchas defensas y eso", expres¨® decepcionada al ver la casa. La mujer ten¨ªa un cabello negro recogido en una cola y dos flecos a cada lado de su rostro. Sus ojos eran de color blanco. Llevaba un atuendo oscuro y ajustado, que inclu¨ªa una capa y una armadura ligera, con una katana en su cintura. Era de baja estatura, y su rostro reflejaba que era muy joven. "Pero, Kumi... Estamos en un reino; es obvio que nadie va a tener su casa con miles de trampas y defensas", dijo uno de los cuatro encapuchados que estaban con ella. "Como sea... Terminemos r¨¢pido y vayamos con mi padre... ?Eh?", dijo confundida. "?Pasa algo?", pregunt¨® uno de los encapuchados. "Qu¨¦ mal... Al parecer hay un escudo invisible, ?qu¨¦ podemos hacer contra eso?", pregunt¨® mientras cruzaba sus brazos. "Nada...", respondi¨® al instante. "??C¨®mo que nada?! ?Busquen una soluci¨®n!", grit¨® molesta. "?Guarden silencio, quiero dormir!", grit¨® una mujer de avanzada edad. "Ayyy... Es muy temprano para dormir", dijo Kumi despu¨¦s de escuchar a la se?ora. "Es una anciana, Kumi...", mencion¨® uno de los encapuchados. "?Oigan ustedes! ?Qu¨¦ est¨¢n haciendo?", pregunt¨® Louis mientras los miraba desde la ventana del segundo piso. "?Eh? ?Qui¨¦n es este chico? Hmmm", pens¨® Kumi. "?Hola! Soy hija del profesor Maxwell, vine a traer unas cosas que olvid¨¦ antes de irme de viaje", expres¨® mientras sonre¨ªa y juntaba sus manos. "Es la peor excusa que he escuchado, se?orita", dijo uno de los encapuchados. "?C¨¢llate, payaso!... ?Me podr¨ªas dejar buscar mis cosas? Por favor", dijo amablemente con una sonrisa fingida. "Nunca mencion¨® que fuera padre... Y si fueras hija de ¨¦l, no tendr¨ªas que pedirme permiso, ?no crees? Pero es obvio que no lo eres, ?as¨ª que v¨¢yanse!", dijo Louis detectando la mentira al instante. "Ay, idiota", dijo al escuchar su respuesta. "Creo que no podemos hacer nada, deber¨ªamos decirle al se?or Yeynos", dijo uno de los encapuchados. "?Nada de eso!", dijo con decisi¨®n, desenvainando su katana y comenzando a golpear el escudo. "Le promet¨ª... que le llevar¨ªa... la... ?pieza!", expres¨® mientras golpeaba el escudo. "Hmmm, cu¨¢nto tiempo le tomar¨¢ romperlo... Tal vez deber¨ªa encargarme de ellos antes de que el profesor regrese", pens¨® al verla golpear el escudo y se dirigi¨® a bajar las escaleras. "S¨ª... ?por qu¨¦ no te deshaces de ellos? Ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil y no causar¨ªan nunca m¨¢s ?ning¨²n problema!", dijo una voz profunda, oscura y resonante. "?Otra vez! ?Qui¨¦n demonios eres y c¨®mo entraste?", pregunt¨® con desesperaci¨®n al escuchar la voz. "Louis... ?Louis!, yo siempre he estado contigo... Desde aquel momento... El momento m¨¢s glorioso de nuestras vidas...", respondi¨®, y muchas im¨¢genes y recuerdos pasaban por la mente de Louis. "?No!, ?para!", dijo mientras caminaba cerca de las escaleras. "?Vamos!, ?apenas inici¨¦ a insistir!", grit¨® con furia, haciendo que Louis cayera por las escaleras por la desesperaci¨®n y el dolor que sent¨ªa al recordar el pasado. "?Vete de aqu¨ª...!", dijo comenzando a respirar y exhalar profundamente, logrando calmarse. "Todav¨ªa no tengo suficiente fuerza, pero pronto tomar¨¦ lo que me corresponde", mencion¨® la voz, desapareciendo de la mente de Louis, dej¨¢ndolo tranquilo. Louis observ¨® sus manos, las cuales temblaban... Se levant¨® y se dio cuenta de que el control se rompi¨® con la ca¨ªda. "Oh no...". "Ja, ja, les dije que funcionar¨ªa, ni siquiera un escudo invisible puede detenerme", expres¨® con orgullo despu¨¦s de abrir la puerta de una patada mientras sus compa?eros aplaud¨ªan. "Uy... ?Qu¨¦ te pas¨®? ?Te ca¨ªste de las escaleras?", dijo al ver a Louis mejor. "?Qu¨¦ te importa! No tomar¨¢n nada del profesor Maxwell", dijo seriamente, pero un poco avergonzado, mientras desenvainaba su katana. "Kumi, nosotros nos encargaremos mientras usted busca la pieza, as¨ª llegaremos con su padre antes", sugiri¨® uno de los encapuchados. "Qu¨¦ incre¨ªble idea, entonces, ?adelante!", dijo Kumi con emoci¨®n. Dos de los encapuchados rodearon a Louis mientras giraban unas cadenas que lanzaron hacia ¨¦l. Inmediatamente, Louis las esquiv¨® y se dirigi¨® hacia Kumi, pero las cadenas igualmente lograron atrapar a Louis. "?Eh? ?C¨®mo lo hicieron?", pens¨® mientras miraba a Kumi saltando encima de ¨¦l y dirigi¨¦ndose a la oficina del profesor mientras llevaba un lente en su ojo derecho. "?Claro que no!" Louis hizo que las cadenas se derritieran y sigui¨® a Kumi... "?Uni¨®n de la niebla blanca!", dijeron los otros dos encapuchados, juntando sus palmas y creando dos manos que tomaron a Louis, evitando que pudiera seguir a Kumi. Luego las manos desaparecieron, pero Louis no pod¨ªa alejarse de los cuatro encapuchados. Los encapuchados tiraron bombas de humo y, con gran cuidado, atacaban por turnos a Louis, logrando hacerle da?o. Louis calent¨® su katana y al siguiente que se acerc¨®, Louis cort¨® su espada y luego le dio una patada en el est¨®mago despu¨¦s de haberla calentado con su magia. Los dem¨¢s titubearon por un momento, pero luego se decidieron a atacar los tres al mismo tiempo. Louis lograba detener sus ataques, pero estaba siendo vencido hasta que, con todas sus fuerzas, cort¨® las tres espadas de ellos. Luego lanz¨® otra patada, de la cual dos se agacharon a tiempo, pero uno la recibi¨®, chocando con la pared de madera, la cual se agriet¨® del impacto. "?Maldici¨®n, este tipo es muy bueno!" dijo uno de los dos encapuchados restantes mientras se alejaba. Louis salt¨® a los barandales de las escaleras y luego le dio una patada en el rostro a uno de ellos, haciendo que saliera por la ventana del muro de la izquierda en direcci¨®n a la entrada. Luego, le dio un pu?etazo en la espalda al otro, haciendo que cayera y agrietando el suelo por el impacto. "?Perfecto! Ahora qu¨¦malos, ajajaja" dijo la voz oscura, apareciendo nuevamente. "?Largo!" grit¨® Louis, furioso, haciendo que la voz desapareciera mientras se dirig¨ªa hacia Kumi. "Vamos, vamos, ?aj¨¢! Aqu¨ª est¨¢. Pinche viejo la ten¨ªa bien escondida. Qu¨¦ bueno que traje los lentes del comandante oscuro", dijo al ver, a trav¨¦s del escritorio del profesor, un compartimento secreto. Kumi se agach¨® y con su katana abri¨® el compartimento. "Ay, no, no puede ser... ?Una caja arcana!" expres¨® con decepci¨®n al abrirlo. Al pararse, Louis estaba frente a ¨¦l, y ella comenz¨® a esquivar sus ataques muy ¨¢gilmente. En una ocasi¨®n, Louis casi hizo pedazos un estante lleno de libros. "?Ufff, estuvo cerca!" Kumi, al ver esto, empez¨® a usar cosas para que Louis no la atacara, tir¨¢ndole jarrones, cuadros y otros objetos de valor para distraerlo. "?Oye! ?Esto no es justo!" dijo mientras acomodaba los jarrones. "?Jajaja, amigos, v¨¢monos!" grit¨® feliz, escapando de Louis y bajando las escaleras... Pero, al ver a sus compa?eros derrotados, enfureci¨® y desenvain¨® su katana. "T¨²... Pagar¨¢s por esto..." dijo, furiosa, apuntando su katana a Louis al llegar al lugar. "Ellos est¨¢n bien, solo los noque¨¦. Ser¨¢ mejor que devuelvas esa caja. No quiero herir a una mujer", expres¨® con respeto, prepar¨¢ndose para pelear. Kumi se acerc¨® y choc¨® su katana con la de Louis. "No me subestimes por ser mujer", dijo molesta, golpeando con fuerza y haciendo retroceder a Louis. Luego salt¨® encima de ¨¦l y, con todas sus fuerzas, atac¨® a su cabeza, pero Louis bloque¨® el golpe usando su katana y ambas manos, una en el mango y la otra en medio del filo. El choque hizo que Louis se hundiera un poco en el piso, que se destroz¨®. Kumi retrocedi¨® y Louis, sin perder tiempo, se lanz¨® a atacar, poniendo el filo de la katana hacia el suelo y atacando con gran velocidad. Kumi trataba de seguir el ritmo, pero no pod¨ªa creer que le estuviera ganando. "No puede ser... Es como si... ?Hubiera le¨ªdo mis movimientos!" pens¨® mientras trataba de seguirle el ritmo, hasta que Louis logr¨® cortar su brazo izquierdo y luego le dio una patada, haciendo que atravesara la ventana del muro de la derecha. Louis salt¨® por la ventana, poni¨¦ndose frente a ella, pero ella no retrocedi¨®. "?No me rendir¨¦!" exclam¨® con determinaci¨®n, tratando de mantenerse firme pese a su herida. "?Todav¨ªa quiere pelear?" pens¨®. "Creo que no est¨¢s en condiciones, devuelve la caja y entr¨¦gate al reino", expres¨® un poco sorprendido por su determinaci¨®n. "?Claro que no! ?No ir¨¦ a ninguna parte! Debo pelear por mis compa?eros y ?por la promesa que le hice a mi padre!" expres¨® con mucha valent¨ªa en sus palabras. Nuevamente empez¨® a atacar a Louis, pero sus ataques eran lentos y f¨¢ciles de bloquear... Louis, simplemente con un movimiento r¨¢pido y preciso, desarm¨® a la chica, haciendo que el arma volara de sus manos con un solo corte de su katana. A Kumi no le import¨® y se puso en posici¨®n para pelear a pu?os. Louis se qued¨® en silencio, sorprendido al ver su valor, y la golpe¨® con la empu?adura de la katana en el est¨®mago, haci¨¦ndola caer al suelo. "Ya basta..." expres¨® Louis, sintiendo l¨¢stima. "Eres buena, pero necesitas practicar mucho m¨¢s, aunque lo hiciste bien", dijo, tratando de hacerla sentir mejor. "?No digas tonter¨ªas!" grit¨®, molesta. "Qu¨¦ chica tan, ?molesta! ?Por qu¨¦ no le ense?as lo que es... El sufrimi...?ento!" expres¨® s¨¢dicamente en la mente de Louis. "?No!, ?no molestes!" grit¨® Louis, furioso por las palabras que escuch¨® en su cabeza. De pronto, una niebla blanca ligera llen¨® el lugar, y un hombre con un gran cabello largo recogido en una trenza gruesa que ca¨ªa por su espalda atac¨® a Louis... Este logr¨® bloquear el ataque, pero igualmente lo hizo retroceder varios metros. Este hombre llevaba puesto un haori blanco (una especie de chaqueta tradicional japonesa), abierto sobre una armadura blanca ligera que proteg¨ªa sus hombros y pecho. Debajo del haori se distingu¨ªa un kimono o yukata de tonos claros, ce?ido con un obi (faj¨ªn). Los pantalones eran amplios y oscuros, similares a unos hakama (una especie de pantal¨®n plisado usado por guerreros y practicantes de artes marciales). Adem¨¢s, una venda blanca cubr¨ªa sus ojos, y usaba una katana blanca como arma. Las mangas de su ropa ondeaban al viento, evocando el flujo de la niebla misma. "?Qu¨¦ haces aqu¨ª?" pregunt¨® Kumi, sorprendida. "Corrigiendo mi error..." respondi¨® con una voz serena y tan et¨¦rea como la niebla, lanz¨¢ndose hacia Louis... Y como si fuera neblina, fue dif¨ªcil de distinguir para Louis, y al instante el hombre desarm¨® a Louis y luego apareci¨® detr¨¢s de ¨¦l como neblina. Con una rapidez impresionante, llen¨® de cortes la espalda de Louis, destrozando su ropa en el acto... Louis cay¨® de rodillas, y al levantar la cabeza, el hombre estaba frente a ¨¦l nuevamente. Se quit¨® la venda de sus ojos y mir¨® directamente a los de Louis, llen¨¢ndolos de niebla blanca; despu¨¦s de eso, era dif¨ªcil notar que sus ojos eran diferentes entre s¨ª. Louis perdi¨® la conciencia y sus heridas en la espalda dejaron de regenerarse. "No confiabas en m¨ª... ?verdad...?" dijo Kumi, decepcionada de ella misma. "Por supuesto que s¨ª... Pero Zthur no..." respondi¨® mientras se pon¨ªa la venda en sus ojos. "¨¦l no se equivoc¨®... Pero yo s¨ª, no estabas lista..." expres¨® con serenidad, apuntando su katana para atravesar el coraz¨®n de Louis. "?Espera!, no le hagas da?o, Yeynos", grit¨® el Profesor Maxwell, acerc¨¢ndose con Hanks a su derecha. "?Jonathan! ... Je, cu¨¢nto tiempo", dijo con su voz cargada de nostalgia y sorpresa. "No le hagas nada y te dar¨¦ la pieza que me encargaste...", expres¨® el Profesor con seriedad y preocupaci¨®n. "?Pero... yo tengo la pieza!", dijo Kumi, mostrando la caja arcana. "Esa es falsa... La verdadera la tengo yo", dijo, haciendo que su brazo mec¨¢nico se transformara hasta sacar una pieza mediana, como una esfera con una "S" en su interior. La sac¨® y luego hizo que su mano se convirtiera en un ca?¨®n. "?Es esa, Kumi?", pregunt¨® Yeynos al no poder ver nada. "S¨ª, padre... Esa es...", dijo con decepci¨®n, tirando la caja arcana al suelo tras ver la pieza con el lente del comandante oscuro. "Bueno... Te dar¨¦ la oportunidad de tomarla t¨² misma, hija", dijo Yeynos al escuchar el sonido de la caja arcana cayendo al suelo. "?Alto! Dame al chico primero", dijo el Profesor con firmeza. "Claro que no... Despu¨¦s de matarlo, vienes t¨² y tu amigo", respondi¨® Yeynos, apuntando su katana nuevamente. "?T¨² crees?" Una gran luz azul comenz¨® a iluminar el brazo del Profesor. Esta luz sal¨ªa de un cristal incrustado en el brazo mec¨¢nico del Profesor. "Pap¨¢... Es como una pieza de plumorium", dijo Kumi sorprendida al verla. "?Plumorium?", pens¨® el Profesor, desconociendo ese material. "?C¨®mo? ?De d¨®nde sacaste eso?", pregunt¨® sorprendido y un poco nervioso. "Tengo mis fuentes", contest¨® el Profesor, apuntando su brazo a Yeynos y a Kumi. "Este es el trato: yo te doy la pieza y t¨² dejas al chico", expres¨® con firmeza y seriedad. "Ja, podr¨ªa matarte f¨¢cilmente, no eres un peligro", dijo con gran serenidad. "?Quieres apostar? Te aseguro que el disparo de esta cosa har¨¢ pedazos una parte del reino; t¨² y tu hija no podr¨¢n escapar y no tendr¨¢n la pieza", expres¨® como si no le importaran los dem¨¢s. "?Sigues estando mal de la cabeza!", respondi¨® molesto. "Muy bien, acepto...". Yeynos guard¨® su katana, acerc¨® un poco a Louis y luego retrocedi¨®, escondiendo su mano izquierda, con la que estaba haciendo se?as a Kumi. "Cuando dispare, nos acercaremos a Louis", susurr¨® el Profesor, y Hanks asinti¨®. "Para no tener problemas, haremos un juramento, como en los viejos tiempos", dijo Yeynos, haciendo que una niebla negra rodeara al Profesor y a ¨¦l. "Juro no lastimar a este ni?o". El Profesor dud¨®, pero al final acept¨®. "Prometo darte la pieza que buscas". Entonces la niebla que rodeaba al Profesor y a Yeynos se junt¨®, ambas se hicieron blancas y luego se desvaneci¨®. El Profesor dispar¨® la pieza y al instante activ¨® su brazo, acerc¨¢ndose a Louis junto a Hanks. Yeynos sac¨® su katana para atacar al Profesor y a Hanks, pero el brazo del Profesor cre¨® un campo de fuerza azul, adem¨¢s de que Kumi fue inmediatamente por la pieza despu¨¦s de que el Profesor la dispar¨® lejos. "?Eres un maldito! ?Ibas a matarnos!", dijo el Profesor molesto, con sudor en la frente. "Y t¨², ?un est¨²pido! ?Me enga?aste!", expres¨® molesto mientras golpeaba el campo de fuerza con su katana. "Tal vez exager¨¦ un poco... Pero mi tecnolog¨ªa es la mejor", dijo, despu¨¦s de lo cual Yeynos fue golpeado por una gran corriente de luz azul que lo lanz¨® lejos, estrell¨¢ndose contra una casa. Mucha gente miraba por las ventanas de sus hogares, asustados por el impacto. "Ja, ja, ja, ja, ?solo eso puedes hacer? Con tu... tecnolog¨ªa, tal vez no mate al chico, pero t¨²... mueres hoy", dijo con serenidad mientras se acercaba nuevamente a ellos. "Te recomendar¨ªa ir por tu hija, hay una mujer que maneja como loca y llegar¨¢ aqu¨ª pronto, pero no solo ella...", expres¨® el Profesor con confianza, evitando que Yeynos atacara el escudo nuevamente. "Desgraciado..." Al instante, Yeynos corri¨® hacia donde estaba su hija. "?Ririam! ?La tienes en la mira?", pregunt¨® Mei mientras manejaba a toda velocidad, con Kassie a punto de vomitar atr¨¢s. "Ya la tengo", respondi¨® un hombre de cabello casta?o muy oscuro y lentes, con una voz grave y seria. Ririam dispar¨® con su rifle de francotirador a Kumi mientras tomaba la pieza. Al instante apareci¨® Yeynos, usando su katana blanca. "?Te la devuelvo!", dijo con serenidad, subiendo un poco su tono de voz. La bala hab¨ªa sido regresada, y Ririam logr¨® pararla usando el mismo rifle. "Tenemos que irnos, hay que entregar la pieza a Zthur", expres¨® Yeynos mientras comenzaba a correr por los tejados con su hija. "?Pero mis amigos!", dijo Kumi preocupada mientras le entregaba la pieza a su padre. "Tendremos que sacarlos cuando llegue la hora, lo siento mucho... Pero lo primordial es entregar esta pieza", respondi¨® Yeynos, tomando la pieza y guard¨¢ndola en su ropa. Una gran cantidad de aire amarillo se acercaba a ellos. "Maldici¨®n, ?r¨¢pido!", dijo Yeynos, cargando a Kumi y caminando a gran velocidad por encima de las casas. El aire amarillo los alcanzaba r¨¢pidamente, pero Yeynos logr¨® acercarse lo suficiente a la salida del reino. Con un gran salto, se convirti¨® en niebla y pas¨® por encima del muro, logrando escapar. "?Jonathan! ?Est¨¢ bien?", pregunt¨® Mei, llegando con su auto, mientras Kassie sal¨ªa de ¨¦l con gran alivio. El Profesor desactiv¨® el escudo de su brazo y mostr¨® c¨®mo estaba Louis. R¨¢pidamente, Mei lo carg¨® a la casa del Profesor Maxwell. "?Estar¨¢ bien, verdad?", pregunt¨® el Profesor, preocupado. "Din dice que solo debe descansar y estar¨¢ bien en la ma?ana", respondi¨® Mei mientras revisaba a uno de los encapuchados. "?Crees que deber¨ªamos avisarle a su reino?", pregunt¨®, sacando unos kunais escondidos en la ropa del encapuchado. "No... Esta ma?ana convers¨¦ con ¨¦l... cuando le ense?aba a usar la bicicleta de entregas y despu¨¦s de que chocara muchas veces...", dijo, recordando el desastre. "Me dijo que... en este reino ¨¦l puede ser ¨¦l mismo y no tiene que estar fingiendo o escondi¨¦ndose... y que nadie lo juzga o lo trata como basura", respondi¨® el Profesor, mientras observaba los da?os en su casa. "Entiendo... pero por...", dijo Mei, siendo interrumpida por el Profesor. "Creo que me mudar¨¦ cerca de la agencia, por seguridad. ?Podr¨ªas ayudarme a buscar una?", dijo el Profesor, decidido y recordando algo. "Por supuesto, ?te ayudar¨¦!", expres¨® Mei con su voz dulce y suave, recordando la ¨²ltima vez que le pidi¨® eso. Fin del cap¨ªtulo. La oscuridad #5 En un enorme, pero oscuro y vac¨ªo espacio con una capa fina de niebla negra que llenaba el lugar, se encontraba Louis acostado en el suelo de ese inh¨®spito lugar. "Louis... Lo... uis..." mencion¨® una voz profunda y resonante que parec¨ªa vibrar dentro de su mente, dando la sensaci¨®n de que sus pensamientos estaban siendo invadidos. Louis abri¨® los ojos y se levant¨® del suelo, un poco desorientado por el lugar en el que estaba, observando si hab¨ªa algo m¨¢s que solo oscuridad. "?Qu¨¦ est¨¢ pasando?". "Hola, Louis..." dijo una voz apareciendo detr¨¢s de ¨¦l. Era muy alto y su rostro estaba tapado por la oscuridad; ten¨ªa una capa negra, a¨²n m¨¢s oscura que el lugar, que cubr¨ªa todo sus cuerpo. "T¨² otra vez... ??Qui¨¦n eres y qu¨¦ eres?!" Louis estaba desconcertado por el lugar y comenz¨® a alejarse del ser oscuro. "?Qui¨¦n soy yo? Yo... soy t¨²..." respondi¨® acerc¨¢ndose y tomando la misma forma de Louis y la misma voz, pero con un tono profundo y resonante. Sus ojos segu¨ªan siendo rojos y su piel se tornaba gris¨¢cea. "Imposible... Esto debe ser un sue?o", pens¨® Louis sorprendido al verse a s¨ª mismo. "Bueno... s¨ª lo es... pero yo soy muy real... jajajaja, despu¨¦s de tanto tiempo ?finalmente puedo existir! ?Jajajaja!", expres¨® con locura y una risa resonante, llena de burla y un placer perverso. "Est¨¢s loco...", dijo al escuchar sus palabras. "?S¨ª! ?Lo estoy! ?Jajajaja!" Una gran cantidad de oscuridad captur¨® a Louis y el ser oscuro retom¨® su forma original. "?Maldito, su¨¦ltame!" dijo, tratando de escapar, pero la oscuridad que lo rodeaba no ced¨ªa en absoluto. "Ja, ja... Estoy loco por matar y convertir este reino en cenizas... igual que aquel d¨ªa en que nac¨ª... ??Lo recuerdas?!" Las im¨¢genes de aquel d¨ªa... gritos de sufrimiento y la desesperaci¨®n de la gente... aparec¨ªan por todo el lugar como memorias transl¨²cidas. "?Basta, BASTA!", grit¨® Louis al ver todo eso nuevamente. "Aww, ?por qu¨¦? Apenas iniciamos, ??solo eso puedes soportar?!", expres¨® de manera burlesca. "?Qu¨¦ demonios eres? ?Y de d¨®nde saliste?", dijo Louis desesperado, tratando de escapar. "?Yo? ?Yo soy t¨²! ?Est¨¢s escuchando? ?Yo soy Louis! Pero... nac¨ª ese d¨ªa, ?el mejor d¨ªa de mi vida hasta ahora! Jajajajaja. ?Nunca tuve la oportunidad de existir! Solo miraba lo que t¨² decid¨ªas...", expres¨® con locura y remordimiento. "?Parec¨ªas un tonto, haciendo todo lo que te dec¨ªa ese hombre, cuando t¨² eras m¨¢s fuerte que ¨¦l!", grit¨® molesto, en el rostro de Louis. "Jeje, ?est¨¢s loco! Si dices eso... se nota que no miraste todo", dijo Louis, burl¨¢ndose de sus palabras. "Por supuesto que no... De tanto seguir las ¨®rdenes de ese tipo, yo desaparec¨ª, pero ahora... he regresado. No s¨¦ muy bien por qu¨¦", dijo mientras caminaba alrededor de Louis. "Pero... ?ahora aprovechar¨¦ que existo de verdad!... Ir¨¦ m¨¢s al fondo, donde escondes tu mayor dolor. As¨ª, ?tal vez aceptes lo que eres! y yo podr¨¦ tomar las riendas. ?Jajajaja, JAJAJAJA!", grit¨® con locura mientras se acercaba a Louis y le atravesaba la frente. "?No!, ?NO!", dijo Louis resisti¨¦ndose. "S¨ª... Recuerda aquel d¨ªa en que nuestro padre muri¨®... ese preciso momento", dijo mientras sonre¨ªa y tomaba la forma de Louis nuevamente. "?Noooo! D¨¦jame... ?EN PAZ!" grit¨® Louis, haciendo que sus ojos brillaran con gran intensidad. La gran cantidad de oscuridad que lo rodeaba explot¨® y todo el lugar se llen¨® de lava azul y roja. "Interesante... ?Jajajajaja! No creas que desaparecer¨¦ con esto", el ser oscuro estaba maravillado al ver el poder de Louis despu¨¦s de ser empujado por la explosi¨®n. En el mundo real, el collar azul en el pecho de Louis brillaba con gran intensidad, y ¨¦l sudaba del rostro y apretaba las s¨¢banas de la cama. "?Vamos, mu¨¦strame m¨¢s...!" grit¨® el ser oscuro mientras resist¨ªa la gran cantidad de lava a su alrededor. La lava se torn¨® violeta y amarilla, y todo el lugar se llen¨® completamente de ella mientras Louis permanec¨ªa rodeado de lava, y su rostro se llenaba de tatuajes violetas y azules. "S¨ª... ?Siiiiii!" dijo con satisfacci¨®n mientras su cuerpo se desmoronaba en peque?as piezas de roca como si fuera carb¨®n. Louis, al ver la locura del ser oscuro y despu¨¦s de darse cuenta de c¨®mo estaba el lugar, comenz¨® a absorber toda la lava nuevamente. "?Eh? ?Qu¨¦ haces, maldito? ?No, esto no termina aqu¨ª!", grit¨® al ver a Louis absorber toda la lava. Louis continuaba absorbiendo la lava, haciendo que sus tatuajes desaparecieran de su rostro y la oscuridad nuevamente llenaba el lugar. Al terminar de absorber todo, una gran explosi¨®n de luz azul, violeta, roja y amarilla hizo que la oscuridad desapareciera. "?Desgraciadooooo! Jeje, igualmente no te deshar¨¢s de m¨ª", grit¨® mientras sonre¨ªa al ver la gran cantidad de luz que le llegaba. El collar dej¨® de brillar, y Louis despert¨® de repente, respirando con dificultad, toc¨¢ndose el pecho y mirando su collar. "?Qu¨¦... fue eso?", dijo mientras observaba su collar y luego miraba la habitaci¨®n, que era totalmente diferente a la que conoc¨ªa. Louis llevaba solo su camisa azul y pantal¨®n azul oscuro. Not¨® el silencio total en el lugar y vio su katana en un mueble; luego observ¨® que la ventana a su derecha ten¨ªa una capa azul. La puerta de su habitaci¨®n fue abierta por Hanks, y al verlo despierto, fue r¨¢pido a avisarle al Profesor Maxwell. Louis se levant¨® y se puso sus botas negras. Ten¨ªa curiosidad y trat¨® de tocar la capa azul; su mano la atraves¨®, y nada ocurri¨®, pero despu¨¦s la capa desapareci¨®, y el Profesor entr¨® a la habitaci¨®n con Hanks detr¨¢s de ¨¦l. "Gracias a Dios despertaste, ?te sientes bien? ?Todo correcto?", el Profesor se acerc¨® y preguntaba con preocupaci¨®n, analizando a Louis de pies a cabeza e incluso jalando sus mejillas. "Estoy bien... Profesor, ?qu¨¦ fue lo que pas¨®? ?Y d¨®nde estamos? ?Huh! ?El tipo del cabello blanco? ?D¨®nde est¨¢?", pregunt¨®, un poco alterado, recordando su ¨²ltima pelea. "Todo est¨¢ bien, ya se solucion¨® todo y estamos en nuestra nueva casa. Aqu¨ª no nos encontrar¨¢ Yeynos nuevamente. Lamento haberte involucrado en esto, Louis. Jam¨¢s pens¨¦ que aparecer¨ªa...", respondi¨® tratando de tranquilizar a Louis. "Est¨¢ bien, profesor... Soy un palad¨ªn y debo cumplir con mi responsabilidad en cualquier reino. Mi maestro me dijo que siempre deb¨ªa ayudar, pero... esta vez no ayud¨¦ nada... ?Robaron su pieza, cierto?", las palabras de Louis estaban llenas de una culpa gigantesca por haber fallado. "''Suspiro'' Lamento poner este peso en tus hombros, pero no debes sentirte culpable... Una misi¨®n o un objeto no es m¨¢s importante que tu vida", el profesor comprendi¨® las palabras de Louis, sintiendo su culpa como si fuera propia. Louis se qued¨® callado y le dio la espalda al profesor, reflexionando sobre lo que este le hab¨ªa dicho. "Dejando ese tema de lado... Quiero hablar de tus heridas, Louis. Eres mitad humano, ?cierto? Ayer, cuando Hanks fue a cambiar tus vendajes, encontr¨® tus heridas completamente curadas. Quiero que entiendas que no tienes nada que temer... pero necesito que me digas qu¨¦ eres realmente. Soy el ¨²nico que te apoyar¨¢. Mei no lo har¨¢ tampoco." Las palabras del profesor eran claras y firmes, dejando en el aire una sensaci¨®n de gravedad. "Yo... soy un humano mitad demonio¡­ nada m¨¢s, profesor. Lamento no haber sido m¨¢s sincero con usted¡­" respondi¨® Louis, con una leve rigidez en su voz. En su mirada se dibujaba una sombra de conflicto, una sensaci¨®n de deber hacia el profesor, empa?ada por la carga de no haber sido totalmente sincero. "Bien, Hanks trae..." Entendiendo a Louis, el profesor iba a ordenarle a Hanks algo, pero fue interrumpido. "Creo que, para no darle problemas, lo mejor ser¨¢ que yo me vaya," expres¨® con una mirada decidida y seria, tomando su katana y saliendo por la ventana. "?Louis! ?Espera!" El profesor observaba c¨®mo Louis se alejaba corriendo por la acera con su katana en mano. "Es lo mejor... Soy una molestia, siempre lo fui... Ni mi propio reino me quiere ah¨ª, ?por qu¨¦ este iba a quererlo?... Por mucho que sea un lugar incre¨ªble, tarde o temprano sabr¨¢n lo que soy... Y me terminar¨¢n odiando," pens¨® Louis mientras continuaba corriendo hacia el este; la gente lo miraba correr, al parecer reconoci¨¦ndolo. Louis continuaba corriendo y, por un momento, baj¨® la mirada al ver que todo estaba despejado. "Mis cosas quedaron all¨¢... ?Qu¨¦ har¨¦?" pens¨®, y despu¨¦s levant¨® la mirada justo cuando un auto empezaba a salir de una casa y choc¨® con ¨¦l, cayendo al suelo. No se levant¨®; solo se qued¨® viendo el cielo con los brazos extendidos, mientras la gente lo miraba y empezaba a hablar. "?Est¨¢s bien, chico? Deber¨ªas ver al frente, ?eh? T¨²... T¨² eres el palad¨ªn de Alahead," mencion¨® el hombre en el auto, reconociendo a Louis por sus ojos y su cabello rojo. "?C¨®mo sabe eso?" pregunt¨® Louis mientras se levantaba, sorprendido. "?Por favor! Ystir tiene a los mejores periodistas, ellos se dan cuenta ?de todo!" El hombre estaba tan emocionado que hasta sali¨® de su auto. "?Periodistas...?" susurr¨® Louis, confundido. "S¨ª, periodistas, se?or," dijo con una voz moderadamente aguda y r¨ªtmica. Era un hombre de cabello color crema, usaba un traje color crema y ten¨ªa bigote; sus ojos eran de color caf¨¦ encendido. "Lamento que chocaras con mi auto... No, espera... ?No! ?Qu¨¦ bien que chocaste!" dijo emocionado, d¨¢ndose cuenta de algo, y Louis se sorprendi¨® por lo que dijo. "?No quieres pasar a mi tienda de ropa? Obvio que quieres, ?debes estar interesado!" "?Espere, se?or...!" dijo Louis, tratando de decir algo. "No te preocupes, ?mi tienda es la mejor! Perm¨ªteme tu katana, la pondr¨¦ por aqu¨ª." El hombre logr¨® que Louis entrara a su tienda al insistir demasiado y empujarlo tambi¨¦n. "?Las tiendas de ropa no estaban en el sur? ?Acaso me perd¨ª?" pens¨® Louis al ver la tienda. La tienda ten¨ªa un mostrador al frente de la entrada con una chica atendiendo; hab¨ªa mucha ropa de izquierda a derecha, y m¨¢s adentro se encontraban todo tipo de calzado y unas escaleras al final del corredor. "?Amor! Ven r¨¢pido, hay un cliente ?muy especial! ?Es el palad¨ªn Louis! Yina, busca tu libreta para apuntar las medidas," dijo emocionado mientras buscaba su cinta para medir. "?S¨ª, padre!" dijo una chica de cabello caf¨¦ y piel oscura; sus ojos eran id¨¦nticos a los de su padre. Usaba una blusa de mangas largas y amplias, de color blanco con detalles dorados en los bordes. El dise?o de la blusa inclu¨ªa bordados dorados cerca del cuello y el pecho. Encima, llevaba un vestido azul profundo sin mangas, ajustado a la cintura con un cintur¨®n de cuerda dorada, que ca¨ªa en dos largos lazos al frente. El vestido ten¨ªa tambi¨¦n una capa adicional verde esmeralda en la parte baja; adem¨¢s, usaba zapatos planos que combinaban con su atuendo. En su hombro flotaba un ser con la forma de un boomerang. "Oiga, se?or, yo...". "Ay, perd¨®n... Qu¨¦ modales. Mi nombre es Lowin, ella es mi hija Yina y su compa?ero de runa, ?in... Y mi esposa, Lara, ?la mejor sastre de Ystir!" expres¨® con emoci¨®n, pasi¨®n y un poco de nervios. "Ay, no exageres. Es un gusto conocerlo, palad¨ªn Louis," expres¨® Lara, un poco sonrojada, golpeando suavemente a Lowin. "Igualmente," dijo Louis, perplejo por la situaci¨®n. Lowin se dedic¨® a tomar medidas, las cuales mencionaba mientras Yina las anotaba en su libreta. "Debo salir de aqu¨ª..." pens¨® mientras med¨ªan su brazo. "Se?or Lowin, no creo que su ropa pueda resistir mi magia." "Eso me ofende un poco, ?pero no se preocupe! ?Qu¨¦? ?Acaso tiene magia de fuego azul como el palad¨ªn Ribrin del reino de Centarion? Si es as¨ª, mi esposa est¨¢ preparada para hacerle la mejor ropa para resistir una magia de tal calibre," expres¨® un poco disgustado al inicio, para despu¨¦s continuar con emoci¨®n, mientras segu¨ªa midiendo su brazo y luego pasaba a medir su antebrazo. "Ay, no..." pens¨® Louis al ver que no pod¨ªa irse. "D¨ªgame, ?qu¨¦ prefiere que le haga? ?Algo parecido a lo que tiene puesto?" pregunt¨® Lara mientras observaba la ropa de Louis. "(Bueno, mi gabardina seguro qued¨® da?ada... Igualmente tendr¨¦ que regresar a recoger mis cosas...) Quisiera una gabardina azul con... No s¨¦ c¨®mo decirle... tiene cosas como extensiones triangulares en la parte del pecho que se doblan o algo as¨ª, no lo s¨¦." "?Se doblan? Ser¨¢n solapas, seguramente. Muy bien, ?qu¨¦ m¨¢s?" dijo Lara, anotando todo luego de adivinar lo que quer¨ªa Louis. "Creo que eso es todo... ?Ah! Solo con bolsillos por dentro, por favor, y sin botones; tambi¨¦n unas botas como estas, pero de color rojo," respondi¨® mientras trataba de no moverse para que Lowin tomara las medidas. La familia finalmente termin¨® de anotar la informaci¨®n, y Louis era libre. "Perfecto, muchas gracias, se?or Louis, y no se preocupe, le har¨¦ un buen dise?o. ?Puede darme su direcci¨®n para entregarlo todo?" pregunt¨® Lowin, haci¨¦ndole una se?a a su hija para que anotara la direcci¨®n. "No se preocupe, yo vendr¨¦ a recogerlo... ?Y en cu¨¢nto tiempo estar¨¢?" pregunt¨® Louis, mostrando tristeza en su rostro. "Ehmmm... Para ma?ana en la tarde. Pero, ?tiene algo, se?or? Noto que est¨¢ triste... ?Acaso dije algo?" expres¨® Lowin, un poco preocupado al ver la expresi¨®n de Louis. "No... Yo... Siento que... no soy bueno, y... que no deber¨ªa estar en este reino... ni en ning¨²n otro." Las palabras de Louis resonaron en ellos, quienes sintieron una tristeza y culpa c¨¢lida. "Pero es un palad¨ªn, usted debe estar en un reino. Es una persona buena; vino a nuestro reino a ayudarnos... Vi en las noticias a usted y a una chica ayudando cuando escaparon los prisioneros del palacio," dijo comprensivamente, sintiendo la tristeza, culpa y calidez que emit¨ªan las palabras de Louis. "Puede ser, pero... yo he fallado, y se supone que soy fuerte... pero en realidad, solo soy un peligro." Baj¨® la cabeza, sus palabras cargadas de una tristeza profunda. "Se?or...". "Est¨¢ bien, gracias por todo, recoger¨¦ la ropa ma?ana," dijo, tomando su katana y saliendo del lugar. "Pobrecillo, est¨¢ muy deprimido," dijo Lara despu¨¦s de que Louis se fue. "?Le haremos un incre¨ªble trabajo para aumentarle los ¨¢nimos! Ir¨¦ de inmediato a hacer los dise?os," dijo Lowin con decisi¨®n, tomando la libreta de Lara y dirigi¨¦ndose a las escaleras al final del corredor, mientras su hija y su esposa lo observaban. If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. "Al parecer, la gente ya sabe qui¨¦n soy... O al menos sabe una parte de lo que soy..." pens¨® mientras continuaba caminando. La gente que lo miraba pasar lo reconoc¨ªa y hablaba de ¨¦l. "Mira, es el palad¨ªn de Alahead", dijo una mujer mayor al reconocerlo. "Qu¨¦ guapo es", mencion¨® otra al verlo. "Debi¨® entrenar mucho para ser un palad¨ªn", a?adi¨® otro. "Sus ojos son incre¨ªbles", dijo una mujer que pas¨® cerca de ¨¦l. "Lleva su katana, ojal¨¢ yo pueda usar una alg¨²n d¨ªa", mencion¨® un ni?o. "Mira sus brazos, debe ser muy fuerte", coment¨® un hombre. "Es solo un ni?o", dec¨ªa una ancianita. "S¨ª, parece muy joven para ser un palad¨ªn". "Sus ojos son extra?os", coment¨® un hombre, y alguien m¨¢s respondi¨®: "Por lo menos es humano", dijo cruzando sus brazos. "Es un poco aburrido que algunos paladines tengan la misma magia", mencion¨® un chico que estaba junto a un grupo de adolescentes. "Ojal¨¢ fuera un palad¨ªn", dijo uno, y el otro replic¨®: "?Qu¨¦ dices? Debe ser demasiada responsabilidad". Despu¨¦s de una larga caminata, mientras escuchaba los murmullos de admiraci¨®n y cr¨ªtica a su alrededor, Louis lleg¨® a la salida del reino. El aire se sent¨ªa diferente all¨ª, fresco y libre. La salida del este ten¨ªa al principio un puente de piedra con barandas, y junto al muro del reino, se encontraban muchos carruajes con distintas personas. "?Huh! Palad¨ªn Louis", grit¨® un hombre a lo lejos en un carruaje. "Marti...", dijo Louis reconoci¨¦ndolo y deteni¨¦ndose. "?C¨®mo est¨¢? ?Necesita que lo lleve a alguna parte?", pregunt¨® mientras sal¨ªa de su carruaje y se acercaba a ¨¦l. "Estoy... mal y no... No necesito ir a ning¨²n lado", respondi¨® con duda, pensando si ten¨ªa que mentir, pero ya no quer¨ªa hacerlo. Marti y Louis se sentaron juntos en una banca para conversar. "?Por qu¨¦ se siente mal? ?Le pas¨® algo?", pregunt¨® sintiendo pena al percibir su negatividad. "He fallado... No he cumplido con mis misiones correctamente... Dej¨¦ que el Profesor Maxwell se lastimara, no pude salvar a esos dos hombres, no pude evitar el robo de la pieza del profesor... Romp¨ª su bicicleta." Las palabras de Louis eran profundas y llenas de culpa, tristeza y remordimiento. Las l¨¢grimas comenzaron a caer de su rostro, resbalando por sus mejillas y cayendo al suelo con un suave sonido. "Oye, calma, chico... Es normal fallar, no eres perfecto, de hecho eres muy joven para ser palad¨ªn. T¨² me salvaste... A m¨ª y a la mujer de la cosecha del este y a su hijo; sin ti, hubi¨¦ramos muerto", expres¨® con comprensi¨®n, tocando su hombro. "Se supone que soy diferente... Se supone que soy fuerte y ahora estoy... llorando como un d¨¦bil", dijo sintiendo odio hacia s¨ª mismo, mientras las l¨¢grimas continuaban cayendo. "Llorar no te hace d¨¦bil... Te hace humano. ?Te imaginas a alguien que no llore? No s¨¦ qu¨¦ ser¨ªa... Llorar te ayuda a desahogarte." Las palabras salieron de la boca de Marti con una sinceridad que resonaba en el aire, como si alguien se las hubiera dicho en un momento dif¨ªcil. Las palabras de Marti lograron calmar a Louis; limpi¨® sus l¨¢grimas y se levant¨®. "Muchas gracias...". "Espero puedas seguir protegiendo a la gente y te conviertas en una gran persona", expres¨® Marti con una sonrisa en su rostro. "Lo har¨¦... ''suspir¨®'' me siento mejor, pero... esto es raro... No siento que quiera llorar o sentirme mal, pero sigo sintiendo algo negativo", dijo notando una sensaci¨®n extra?a dentro de ¨¦l. "?Aqu¨ª est¨¢!", grit¨® una mujer apuntando su mano a Louis; al parecer ten¨ªa un dispositivo hologr¨¢fico. De pronto, un gran grupo de personas con traje lleg¨® al lugar; comenzaron a gritar y correr hacia donde estaba Louis. "?Eh? ?Esperen! Un momento, ?Aaaaa!". La gente comenz¨® a rodearlo y aplastarlo. "?Tenemos unas preguntas!", grit¨® un hombre. "?Palad¨ªn Louis, d¨ªgame, ?usa lentes de contacto?", pregunt¨® una mujer. "?Ayy... no s¨¦ qu¨¦ es eso!", respondi¨® mientras lo segu¨ªan aplastando. "?Podr¨ªa decirnos por qu¨¦ decidi¨® venir aqu¨ª?", pregunt¨® un hombre alto y con gorra. "?Quer¨ªa cambiar mi vida!", respondi¨®. "?Es un esp¨ªa?", pregunt¨® una mujer con cabello rubio y lentes. "?Para nada!". "?Oigan! ?Ustedes, metiches! ?Ap¨¢rtense!", grit¨® Marti tratando de apartarlos. "?Cree que nuestro reino es un gran lugar?", pregunt¨® una mujer de cabello corto y rosa. "?C¨®mo es que consigui¨® ser un palad¨ªn a tan corta edad?", pregunt¨® otro hombre de cabello corto y peinado hacia un lado. "?Es cierto que su ojo rojo brilla cuando usa su magia?", dijo una se?ora de cabello naranja. "?Por favor, c¨¢lmense! ?D¨¦jenme respirar!", grit¨®. De pronto alguien dispar¨® al suelo, haciendo que la gente se asustara y se pusieran detr¨¢s de Louis al instante. "?Eh?", dijo Louis sorprendido. "Veo que te hiciste famoso, gracias a eso nos dimos cuenta de que estabas aqu¨ª", dijo con una voz rob¨®tica. "?Kein!". "Y no solo ¨¦l... Tambi¨¦n estamos", "?nosotros!", dijeron Jhin e Inock con voz rob¨®tica, coloc¨¢ndose al lado de Kein. Los tres llevaban encima armaduras met¨¢licas que cubr¨ªan todo su cuerpo, incluso su rostro; la armadura de Kein era negra, la de Inock era azul oscuro y la de Jhin era roja. "?Ahora los tres usan trajes? Lograron escapar, ?no? ?Qu¨¦ quieren ahora?", dijo seriamente colocando su katana en la cintura. "Por favor, ?no es obvio? ?Venganza!", dijo sacando una cuchilla de su brazo met¨¢lico e impuls¨¢ndose con sus botas. "?Todos, ap¨¢rtense!", Louis al instante sac¨® su katana, deteniendo el ataque de Kein. Todos los periodistas y reporteros se apartaron, empujando a Marti y haci¨¦ndolo chocar con su carruaje. Luego, Jhin se acerc¨® con gran velocidad, golpeando el rostro de Louis y haciendo que chocara con la baranda de piedra a su izquierda y cayendo abajo del puente. Bajo el puente, el lugar era rocoso con ¨¢rboles a lo lejos. "?Qu¨¦ f¨¢cil se ve esto con una armadura como esta!", grit¨® Inock, disparando proyectiles con su brazo derecho. Louis se levant¨® r¨¢pidamente y comenz¨® a correr de los proyectiles que chocaban con el suelo, creando varias explosiones. Una de ellas lo alcanz¨® y lo mand¨® a volar lejos. Los tres hermanos bajaron del puente y se acercaban a Louis con una gran cantidad de humo a sus espaldas. "?Graben! ?El palad¨ªn Louis pelea contra tres delincuentes a la vez!", grit¨® uno de los periodistas. Kein volte¨® a ver a los periodistas y dispar¨® una red para evitar que se movieran. "Despu¨¦s me encargo de ustedes, peque?as hormigas", luego continu¨® caminando. "Maldici¨®n... ?Qu¨¦ puedo hacer? No quiero que me vea nadie usando mis poderes, y estos tres... ?a la vez?", pens¨® at¨®nito ante tal situaci¨®n. "Louis... demuestra ?lo que vales! Si van a odiarme, ?que me odien!", pens¨®. "Pero har¨¦ ?lo que debo hacer!". Louis cre¨® dos lobos de lava usando ambas manos. "Deber¨ªa ser suficiente como para desactivar sus armaduras sin lastimarlos... Esta vez... ?No sueltes la katana, Louis!", pens¨®. "?Qu¨¦ demonios?", dijo Jhin sorprendido. "?Eso es lava?", exclam¨® Inock. "?Woowww! Tengo la exclusiva, jajajaja", expres¨® con gran emoci¨®n la periodista de cabello corto y rosado, que no fue atrapada. "?Maldita novata!", grit¨® un hombre en la red. "No se muevan tanto, ?imb¨¦ciles!", dijo la se?ora de cabello naranja; los periodistas estaban demasiado apretados en la red y les era imposible escapar. La mujer de cabello rosa se volte¨® y les sac¨® la lengua a todos ellos. "?Les pasa por metiches!", grit¨® Marti junto a ellos. "Con raz¨®n mi antigua armadura no aguant¨® tal temperatura. Enc¨¢rguense de esos dos; Louis... ?es m¨ªo!", a?adi¨® Kein. Los lobos corrieron hacia ellos... Inock y Jhin les disparaban con sus armaduras y volaban encima de ellos para evitar contacto. Igualmente, los lobos comenzaron a escupir lava para alcanzarlos. Kein y Louis corrieron el uno hacia el otro... Al estar a la par, comenzaron a chocar sus espadas. "Interesante poder, chico; ya veo por qu¨¦ eres un palad¨ªn a tan temprana edad", exclam¨® mientras continuaban chocando sus espadas. "?Yo soy quien soy por mi esfuerzo!" dijo con firmeza. "y por la ayuda que recib¨ª de la poca gente... A la que le importo". Respondi¨® con alivio al recordar a los que lo quieren. Louis y Kein forcejeaban en un choque de ambas espadas. "?Tonter¨ªas! ?La gente con magia siempre tiene m¨¢s beneficios!" dijo furioso, ganando el forcejeo y haciendo que Louis retrocediera. Kein se plant¨® frente a ¨¦l y dijo con un tono burl¨®n y molesto: "?Aqu¨ª est¨¢ un peque?o regalo!", y le dispar¨® con su brazo met¨¢lico en el pecho, causando una gran explosi¨®n que lo lanz¨® por los aires. "?Bien hecho, hermano! ?Ay! ?Maldito lobo!" grit¨® Inock, esquivando un ataque del lobo de lava. "Maldici¨®n, su espada es muy resistente, no como la primera vez... Debo mantener a los otros fuera de la pelea" pens¨® Louis, levant¨¢ndose con la camisa destrozada. De pronto, los lobos saltaron alto, perdieron su forma y lograron alcanzar a ambos hermanos. "No puede ser..." Kein ajust¨® su brazo y dispar¨® rayos de hielo a sus hermanos. "??Est¨¢n bien?!" pregunt¨®, not¨¢ndose su preocupaci¨®n a pesar de sonar como robot. "S¨ª, estamos bien..." respondi¨® Inock, cubierto de roca volc¨¢nica e hielo. "Todav¨ªa nos hace falta aprender a usar estas cosas" dijo Jhon, quit¨¢ndose un trozo de roca que se le hab¨ªa pegado en la mitad del rostro. Louis apareci¨® detr¨¢s de ¨¦l, atacando con su katana usando su mano derecha... pero Kein detuvo el ataque. "?Crees que me volver¨¢s a tomar por sorpresa?" Louis le puso su mano izquierda en el est¨®mago y lanz¨® una gran cantidad de lava que cubri¨® la armadura, pero... Kein activ¨® un mecanismo que congel¨® todo el traje mec¨¢nico y parte de la mano de Louis. "?T¨² no volver¨¢s a ganarme!" dijo Kein molesto, tomando el brazo de Louis con su izquierda y golpe¨¢ndolo en el est¨®mago con la derecha. Luego lo levant¨® en el aire y le dio un pu?etazo en la cara, rompi¨¦ndole la nariz y mand¨¢ndolo lejos. "Maldici¨®n, est¨¢ en problemas" dijo Marti viendo desde encima del puente. "Esto se pone mejor, tendr¨¦ la exclusiva de la primera derrota del palad¨ªn Louis" coment¨® emocionada la chica de cabello rosa mientras continuaba grabando. "Oye, ni?a, si le ganan vendr¨¢n por nosotros despu¨¦s" expres¨® con desesperaci¨®n. "?Eso es mejor! Me recordar¨¢n como la ¨²nica que captur¨® estas im¨¢genes" dijo a¨²n m¨¢s emocionada. "Esta ni?a est¨¢ loca..." pens¨® Marti, asustado de la chica. "Maldici¨®n, duele demasiado..." expres¨® con gran dolor, mientras sus manos temblaban y su rostro se regeneraba. Kein dispar¨® con rayos de hielo a sus brazos y piernas desde lejos, impidi¨¦ndole moverse. "?Qu¨¦ demonios eres?" dijo Kein disgustado, viendo c¨®mo se regeneraban las heridas en su rostro mientras caminaba hacia ¨¦l. Louis empez¨® a ver un poco borroso a Kein, pero logr¨® liberarse del hielo derriti¨¦ndolo y se levant¨®, empu?ando su katana mientras su rostro terminaba de regenerarse. "?Qu¨¦ demonios haces? ?Eres un in¨²til!" dijo una voz profunda, oscura y resonante en la mente de Louis. El ser estaba tan molesto que su rostro brillaba como si fuera de lava, mostrando que llevaba un yelmo de plata oscuro. "C¨¢llate, Dark... ?No tengo tiempo para que me molestes!" respondi¨® Louis, preparado para seguir su batalla con Kein. "?Con qui¨¦n hablas? ?Tan fuerte te di que ahora est¨¢s... ?delirando!?" pregunt¨® Kein mientras comenzaba a correr hacia Louis y empezaban a chocar sus espadas con gran velocidad. "?Dark...?. Tienes la capacidad para ?destruir un reino! ?No seas d¨¦bil!" dijo, haciendo que su rostro brillara m¨¢s. "Un palad¨ªn novato como t¨² no me vencer¨¢ ni con esa magia" dijo Kein, molesto mientras continuaban chocando sus espadas con gran rapidez. "?M¨¢talo a ¨¦l y a sus hermanos! ?Haz que se conviertan en CENIZAS!!!" su voz se volvi¨® distorsionada, m¨¢s grave y llena de furia, escupiendo lava que sal¨ªa de los orificios del yelmo. Louis se acerc¨® a Dark en su mente. "?Silencio!" dijo mientras brillaban sus dos ojos. Louis tom¨® el rostro de Dark y lo aplast¨®, creando una explosi¨®n de lava en su mente y en la realidad. La explosi¨®n sali¨® de todo su cuerpo, haciendo que su camisa se destrozara por completo y que Kein saliera volando lejos, chocando con una gran roca y destroz¨¢ndola. Por un momento, las cosas se mantuvieron calmadas. "No entiendo tu odio... Solo porque te derrot¨¦, ?qu¨¦ hay dentro de ti?" pregunt¨® Louis mostrando gran seriedad. Kein se levant¨® del suelo, apart¨¢ndose de la roca que destruy¨® al chocar con ella. "?Qu¨¦ hay...? ?Odio! ?Y humillaci¨®n! ?Un novato como t¨²...! Despu¨¦s de destrozarte, ir¨¦ por los otros dos que se atrevieron a lastimar... ?a mi familia!" las palabras de Kein estaban llenas de desprecio y furia, un sentimiento de humillaci¨®n y ganas de una venganza insaciable. "?Eres un imb¨¦cil! Jam¨¢s dejar¨¦ que lastimes al profesor de nuevo!" grit¨® molesto, poniendo su pie izquierdo atr¨¢s y su pie derecho al frente, posicionando su mano derecha atr¨¢s, sujetando la katana que brillaba intensamente por la gran temperatura. "?Maldito! No perder¨¦... ?No perder¨¦ contra un palad¨ªn novato como t¨²!" grit¨® Kein y us¨® los propulsores de sus pies para ir a toda velocidad, prepar¨¢ndose para atacar con todas sus fuerzas con su cuchilla. Louis levant¨® la katana sobre su cabeza, cubri¨¦ndola con una gran cantidad de lava. El ojo rojo de Louis brillaba con intensidad y un tatuaje rojizo se cre¨® al lado de su ojo. Kein lleg¨® y, con todas sus fuerzas, lanz¨® el ataque con su cuchilla, mientras Louis bajaba de golpe su katana, chocando con la de Kein y creando una gran onda de sonido. Luego, una gran cantidad de lava sali¨® de la katana, haciendo que Kein fuera arrastrado por la corriente, que lo empujaba contra el suelo y dejaba una marca en el suelo. El traje de Kein activaba a cada momento el sistema de enfriamiento, pero este llegaba a su l¨ªmite. "?Hermano!" gritaron Inock y Jhin, dirigi¨¦ndose para ayudar a Kein. "?No!" dijo Louis, viendo que se excedi¨®. "?S¨ª! ?Ja, ja, ja, ja, ja! Mira el gran poder que tienes" ¡ªdijo Dark con gran locura. Louis comenz¨® a enfriar la lava con todas sus fuerzas. "No seas ?imb¨¦cil!". "?C¨¢llate!" grit¨® Louis. Con gran esfuerzo, Louis logr¨® parar el gran ataque y toda la lava se hizo roca. Louis cay¨® de rodillas, agotado por el esfuerzo, mientras los hermanos de Kein llegaban a ¨¦l. "?Kein! Dime que est¨¢s bien, ?h¨¢blame, por favor!" dijo Jhin mientras golpeaba la roca junto a Inock. Luego de golpear tanto, lograron encontrarlo y lo sacaron. "Hermano, por favor responde..." dijo, quit¨¢ndose el casco de la armadura y mostrando su expresi¨®n de preocupaci¨®n y miedo. Louis los miraba desde lejos, preocupado tambi¨¦n y respirando con cansancio. "Estoy... bien... Ap¨¢rtense..." dijo Kein con dificultad, y sus hermanos se apartaron mientras la armadura expulsaba una gran cantidad de vapor. "Qu¨¦ bien que est¨¢s bien, hermano" dijo Jhon, abrazando a Kein despu¨¦s de que la armadura terminara de expulsar el vapor. "Pensamos que hab¨ªas muerto", a?adi¨® Inock, abraz¨¢ndolo tambi¨¦n. "?Qu¨¦ hacemos ahora?", pregunt¨® Inock. "?No es obvio? Ahora lo atacaremos, los tres..." respondi¨® Kein con cansancio. "Pero..." "¨¦l ya utiliz¨® una gran cantidad de magia, y si no recuerdo mal, la magia que crea elementos requiere mucho m¨¢s, as¨ª que... no debe quedarle mucho. Podemos ganar", Kein se levant¨® con dificultad y comenz¨® a caminar hacia donde estaba Louis. "Bien... Vamos, Inock", dijo Jhin, coloc¨¢ndose su casco y siguiendo a Kein. "?Est¨¢n locos? No importa... Yo puedo hacerlo, tengo suficiente magia... gracias a esos 6 a?os entrenando con el Maestro Rei...", dijo Louis, agarrando su collar azul. "?Debo seguir tambi¨¦n!" Louis se levant¨® y empu?¨® su katana una vez m¨¢s. De pronto, una gran cantidad de viento amarillo sali¨® desde lo alto del muro del reino. "?Hola a todos!" dijo una mujer con voz alegre y radiante. Su cabello era largo y rubio, con un flequillo y un mech¨®n azul, y sus ojos eran violetas. Med¨ªa unos 167 cm. Llevaba una chaqueta mitad amarilla, mitad rosa, una camisa negra de cuello medio alto con estrellitas en el pecho, pantalones rosas y zapatos de color rosa con amarillo. "Veamos... cabello rojo... ?Aj¨¢! Lo encontr¨¦. Entonces, los otros tres deben ser los malos. ?No creen que es injusto un tres contra uno? Pero no importa, ?ya estoy aqu¨ª!". La chica se dirigi¨® hacia ellos a gran velocidad con su magia. "?Aaaaa!, no puede ser, ?la ex-palad¨ªn y cantante Ann Stary!" grit¨® la chica de cabello rosa. "?No puede ser!" exclamaron todos los periodistas en la red. "Creo que debemos irnos, hermano", expres¨® Inock con temor. "?Por qu¨¦?", pregunt¨® Kein, sin saber qui¨¦n era. "Parece que ya vinieron los ex-paladines, y no creo que podamos ganarles. Recuerda que no somos buenos usando los trajes", respondi¨® Inock, sacudiendo a Jhin. "?Pero ?por qu¨¦ me sacudes?!", grit¨® Jhin, molesto. Ann lleg¨® hasta ellos, y Kein les orden¨® que le dispararan. Ann destruy¨® los cohetes con facilidad. "?No sean bruscos!" exclam¨®, poniendo sus manos hacia atr¨¢s y luego hacia adelante, creando un tornado amarillo que se dirigi¨® hacia ellos, levantando piedras y generando una gran corriente de viento en la zona. Inock y Jhin apartaron a Kein, pero el tornado los atrap¨®. "?Idiotas! ?Qu¨¦ hacen?" dijo Kein, molesto despu¨¦s de haber ca¨ªdo al suelo. "Escapa, hermano", dijo Jhin mientras giraban en el tornado junto a Inock. "?Nosotros la distraeremos!", a?adi¨® Inock. "Maldici¨®n, ?no los dejar¨¦!" dijo Kein, levant¨¢ndose para pelear. "Est¨¢s lastimado, no podr¨¢s hacer nada", grit¨® Jhin, y luego el viento amarillo lo cubri¨® y el tornado desapareci¨®. "?Eh?", dijeron Inock y Jhin, confundidos. "?Listo, ya los atrap¨¦!" dijo Ann mientras segu¨ªa volando, con los dos atrapados en un c¨ªrculo de viento que giraba r¨¢pidamente a su alrededor. "Te falt¨® uno, pon m¨¢s atenci¨®n, Ann", dijo un hombre con voz profunda, calmada y ligeramente grave, con un tono seguro; media 172cm. Ten¨ªa el cabello casta?o algo desordenado y llevaba gafas de montura negra. Vest¨ªa un abrigo largo de color verde oscuro sobre una camiseta negra de cuello alto, pantalones marrones y zapatillas de punta caf¨¦. Estaba observando a Kein con un rifle. "?Aaaa! ?Es el ex-palad¨ªn Ririam Bloick y tambi¨¦n pareja de Ann! ?Este d¨ªa no podr¨ªa ser mejor!" dijo emocionada, grabando a Ririam, mientras Mart¨ª la miraba con extra?eza. "Ups... ?Ya ir¨¦ por ¨¦l!" dijo Ann, d¨¢ndose cuenta de una manera tonta y alegre. "No, ir¨¦ yo, solo l¨¢nzame hacia ¨¦l", dijo Ririam, prepar¨¢ndose y saltando alto desde el puente mientras Ann lo impulsaba con su magia. "?Antes, no quisieran responder unas preguntas!" gritaron los periodistas antes de que saliera volando. "Maldici¨®n, la armadura no funciona... puedo vencerlo, ?s¨ª, claro que puedo!" pens¨® Kein. Ririam dispar¨® con el francotirador, haciendo que Kein perdiera el equilibrio. Al caer al piso, Ririam lo golpe¨® con la culata del rifle en la cara. Luego, sac¨® una vara que se convirti¨® en un bast¨®n y comenz¨® a golpearlo, movi¨¦ndose de un lado a otro sin dejar que Kein pudiera responder. "Maldita sea, est¨¢ muy da?ada, le cuesta reaccionar, pero... ?Eres m¨ªo!" pens¨® Kein, esperando una oportunidad, e intent¨® darle un derechazo. Pero Ririam hizo que su bast¨®n electrificara a Kein, deteniendo su ataque. Kein, resisti¨¦ndose con todas sus fuerzas, le quit¨® el bast¨®n a Ririam, pero este us¨® su magia y cubri¨® a Kein con una gran cantidad de slime. "Maldita sea, ?m¨¢s magia! Vamos, ?vamos!" dijo Kein, molesto, tratando de que la armadura respondiera. Finalmente, la armadura logr¨® funcionar y destruy¨® todo el slime que lo cubr¨ªa con una explosi¨®n que sali¨® de sus manos. "Perfecto, ?eh? ?D¨®nde est¨¢?", pens¨® Kein, confundido al no verlo. Ririam cay¨® encima de ¨¦l y le dispar¨® en la espalda en un punto muy espec¨ªfico, haciendo que Kein cayera de rodillas. "?Desgraciado! ?C¨®mo es que...?", Kein no pod¨ªa moverse, y la armadura se apag¨®. "Conozco esas cosas. No creas que no me informo de los avances de las armaduras de guerra", interrumpi¨® Ririam a Kein y luego guard¨® su bast¨®n. "Al menos me gan¨® un palad¨ªn con experiencia", mencion¨® Kein, sinti¨¦ndose un poco aliviado, pero a¨²n molesto. "Por favor... T¨² ya hab¨ªas sido derrotado; solo te inmovilic¨¦ para que no escaparas", respondi¨® Ririam, mientras revisaba su comunicador. "?No es cierto!" replic¨® Kein, molesto. "S¨ª lo es", insisti¨®. "No, no lo es", replic¨®. "?Lo es! Y ya c¨¢llate", contest¨®. "Me las van a pagar... ?Ya ver¨¢n!" exclam¨® Kein. "S¨ª, s¨ª, como sea. Mei, ya estamos aqu¨ª... El chico est¨¢ bien, no te preocupes. Okay, iremos de inmediato", dijo Ririam, activando su comunicador y hablando con Mei mientras caminaba alrededor de Kein y tocaba su armadura, notando el da?o que ten¨ªa. "?Qu¨¦ acaba de pasar...? ?Qui¨¦nes son ellos? ?Paladines?" pens¨® Louis viendo a Ririam a lo lejos. Ann se acerc¨® a Louis, pero observando a Ririam. "Qu¨¦ lindo es... Solo verlo caminar... ''suspiro'' me siento enamorada..." dijo Ann sintiendo mucho amor solo con verlo. "?Eh?" dijo Louis, extra?ado por lo que escuch¨®. "Lo siento, es que a veces, cuando lo veo..." dijo con el coraz¨®n en la mano, volteando lentamente hacia Louis. "?Aah! Perd¨®n, no debo ver a otros hombres sin camisa, tengo pareja, jeje, perdona por asustarte." Ann se dio la vuelta al instante, sinti¨¦ndose mal por asustar a Louis. "Eres Louis, ?cierto?". "Ay, es cierto, ?mi camisa se destroz¨®!, ?qu¨¦ verg¨¹enza...!" pens¨®, un poco sonrojado, d¨¢ndose la vuelta. "S¨ª... soy yo, ?ustedes son paladines?". "¨¦ramos; el rey nos quit¨® el estatus", respondi¨® Ann mientras continuaba de espaldas y notaba que Ririam ven¨ªa hacia ellos. "Entonces, est¨¢n con Mei..." dijo, pensando qu¨¦ hacer. "S¨ª, nos mand¨® a buscarte. ''Silencio'' El profesor Maxwell dice que no te vayas..." dijo Ann, tratando de convencer a Louis por pedido del profesor. "Creo que, por experiencia, es normal fallar; quisi¨¦ramos hacerlo todo bien, pero no siempre se puede", expres¨® con sinceridad mientras sonre¨ªa, recordando su pasado. "Entiendo...". "As¨ª que t¨² eres el chico... Hmmm, tienes buena musculatura, pero sigo diciendo que eres muy joven para ser palad¨ªn", exclam¨®, despu¨¦s de analizar su cuerpo con la mirada, y luego volte¨® a ver a Ann y not¨® que estaba de espaldas. "Ten, ponte esto, pero no toques mis artefactos", expres¨® con autoridad, d¨¢ndole su abrigo a Louis. "Gracias..." dijo Louis, poni¨¦ndose el abrigo de Ririam. "Ann, ya puedes voltearte", dijo cuando Louis se puso el abrigo. "?Aah!" grit¨® Ann al darse la vuelta, y puso sus manos en su rostro. "??Por qu¨¦ gritas?!" pregunt¨® Ririam, confundido. "Es que... sin abrigo te ves muy guapo", respondi¨®, un poco nerviosa. " ''Suspiro'' Ann... Como sea, vayamos a la agencia. ?Has volado antes, Louis?" expres¨®, algo confundido, como si no pudiera comprender por qu¨¦ ella actuaba de esa manera. "S¨ª, ya lo he hecho antes con magia verde", respondi¨® Louis, confundido por la actitud de Ann. "Magia verde... interesante. Bueno, ?v¨¢monos!" dijo, comenzando a volar gracias a la magia de Ann. "?Adi¨®s, Marti! ?Muchas gracias!" grit¨® Louis al ver a Marti. "?No hay de qu¨¦! ?Sigue adelante, chico!" grit¨® Marti vi¨¦ndolos irse. "?Es el mejor d¨ªa de mi vida! Y ustedes... no los sacar¨¦ de ah¨ª, salgan solos, ?por malos!" dijo la chica de cabello rosa, dejando a los periodistas en la red. "?Maldita ni?a!" dijeron todos. "No se preocupen, yo los desatar¨¦, ir¨¦ por un cuchillo", dijo Marti, y¨¦ndose despu¨¦s de ver la maldad de la chica. "Gracias..." dijeron todos, con tristeza. "Oye, Louis, por cierto, ?t¨² hiciste todo eso?" pregunt¨® Ririam, se?alando la roca de lava. "Ehmmm... s¨ª... fui yo..." respondi¨®, nervioso. "Entonces, ?ten¨ªas otro tipo de magia? Mei me dijo que tu magia era de fuego", dijo Ririam mientras miraba a los hermanos discutir a lo lejos, pues Ann los llevaba con su magia tambi¨¦n. "Eh... s¨ª, se podr¨ªa decir que tengo otras habilidades", respondi¨®, tratando de no mentir y sent¨¢ndose en la nube de viento amarillo. "Eso es bueno", exclam¨® Ririam, para luego hablar con Ann. "?Qu¨¦ deber¨ªa hacer...? El profesor Maxwell me rega?ar¨¢, pero... ?acaso tengo un futuro aqu¨ª? *Suspiro* Maestro Rei... ?qu¨¦ hago?" pens¨® mientras miraba su katana. "Esta vez no la solt¨¦..." dijo, Esboz¨¢ndo una sonrisa m¨ªnima, apenas un movimiento en sus labios y pensando en todo lo que pas¨® en este d¨ªa. "?Que har¨¦ con Dark?. Je, Parece que se molest¨® por qu¨¦ lo llame as¨ª... Debo encargarme de este problema, solo, es algo que est¨¢ dentro de mi y solo yo lo solucionare" pens¨® reflejando firmeza y determinaci¨®n en su rostro. Despu¨¦s de un rato, todos llegaron a la agencia y se dirigieron a la oficina de Mei. "Hola, Canbel", dijo Ann antes de entrar a la oficina con su alegre voz. "Hola, se?orita Ann", respondi¨® Canbel amablemente. "?Aqu¨ª est¨¢!" dijo Ririam al entrar en la oficina. "?Louis! ?Qu¨¦ pas¨®?" dijo, sorprendido al verlo con ropa bastante maltratada y con el abrigo de Ririam. "Kein y sus hermanos me atacaron en las afueras del reino", respondi¨®, tratando de no verlo a lo lejos. Un inc¨®modo y largo momento rein¨® en la oficina; todos estaban callados, excepto Ann, que estaba tarareando. "Hmmm, bueno, los dejaremos solos, salgan, chicos", dijo Mei, notando que necesitaban hablar a solas. Todos salieron de la oficina. "Cuida mi abrigo y mis cosas", dijo Ririam abriendo la puerta una vez m¨¢s, y luego se fue. "Okay... lamento haberlo preocupado, profesor..." dijo, un poco avergonzado. "Quiero que sepas que... problemas no me has dado; s¨ª, tal vez unos cuantos, pero diminutos. Tenerte como mi hu¨¦sped ha sido muy bueno para m¨ª: me ayudaste con los hombres de Zthur, me ayudaste a recuperar mis planos, a entregar mis paquetes a pesar de no ser de aqu¨ª; aunque, claro, ese era tu trabajo. No dejaste que da?aran nada de valor de mi casa, pero no solo eso. Tambi¨¦n ayudaste a Mei, salvaste a gente. Que haya decidido cuidar de ti... fue lo correcto o al menos eso creo", expres¨® el profesor con sinceridad, aprecio y un leve toque de orgullo, acerc¨¢ndose y poniendo su mano en el hombro de Louis. "Muchas gracias, profesor..." dijo, bajando la cabeza y tratando de que no viera sus peque?as l¨¢grimas por haber escuchado eso; luego, abraz¨® al profesor, y el profesor le respondi¨® devolvi¨¦ndole el abrazo. "Siempre... quise escuchar eso de alguien m¨¢s", expres¨® con la voz ligeramente temblorosa. "No te preocupes, Louis... No dejar¨¦ que te hagan m¨¢s da?o", pens¨® el profesor, sabiendo por todo lo que hab¨ªa pasado para llegar hasta aqu¨ª. Nos alejamos de la oficina de Mei desde su ventana y vamos a un lugar lejano en este mundo, escondido en las alturas de las monta?as. *Oeste de Lyran - Iglesia - Oficina del Sacerdote* Vemos a un anciano, de pelo corto y blanco; usa una camisa negra con cuello y una t¨²nica blanca con detalles dorados, pantalones negros algo sueltos y mocasines negros. Est¨¢ sentado viendo por su ventana con ambos brazos apoyados en un bast¨®n de madera; y sobre su hombro izquierdo reposa un bast¨®n dorado. Adem¨¢s, usa unos lentes redondos. "?Edgar! Necesito que me avises cuando Rei Fordesthmans llegue", dijo con su voz grave y ¨¢spera, con un matiz que inspiraba respeto y autoridad. "Se?or... ¨¦l lleg¨® justo ayer", respondi¨® Edgar con voz seria, respetuosa y grave. Tiene cabello blanco, medio largo; su piel es oscura y sus ojos de color amarillo intenso. Viste una t¨²nica negra larga hasta las rodillas, decorada con detalles naranjas brillantes que contrastan con el negro. La capa es blanca con bordes naranjas y lleva una capucha. Tiene un cintur¨®n con detalles plateados, que lleva bolsos y dagas; adem¨¢s, usa guantes de color marr¨®n oscuro y botas met¨¢licas del mismo tono. "?Qu¨¦? ?Por qu¨¦ no me avisaste?" pregunt¨®, molesto por la noticia. "Se?or, ¨¦l lleg¨® a mediod¨ªa cuando usted estaba en una reuni¨®n con los Tetran", respondi¨®, tratando de calmarlo. "Entiendo... seguro convenci¨® a Litny... Dime, ?cu¨¢ndo tengo tiempo libre para ir a Ystir?" expres¨® con una mezcla de inter¨¦s y anticipaci¨®n. "Todo este mes est¨¢ lleno, se?or; es cuando tiene reuniones con todos los reinos. Lo malo es que el rey de Ystir no solicit¨® una reuni¨®n", respondi¨® Edgar mientras continuaba firme frente al sacerdote. "Qu¨¦ mal... justo cuando necesito ir. Bueno, que disfrute ese demonio; ya arreglar¨¦ el asunto por mi propia cuenta. Puedes retirarte", dijo de manera tranquila mientras segu¨ªa mirando por la ventana, y despu¨¦s de que Edgar saliera de la oficina, comenz¨® a sonre¨ªr. Fin del cap¨ªtulo Descubrimientos #6 Vemos a un pajarito volando por el hermoso cielo azul lleno de nubes totalmente blancas. El pajarito empieza a caer en picada hasta que podemos ver completamente... el maravilloso reino de Ystir, con sus grandes murallas y sus torres de vigilancia avanzada, que trazan un amplio c¨ªrculo protegiendo sus tierras. En este reino hay tres entradas; una en el este, otra en el oeste y otra en el sur. En el norte no hay una entrada, pues aqu¨ª se ubica el palacio, y adem¨¢s, despu¨¦s de las cosechas, hay un gran ca?¨®n, un lugar muy peligroso con trampas naturales. Ystir tiene cuatro principales zonas comerciales, pero tambi¨¦n posee zonas como el noroeste y el sureste. Aqu¨ª podemos encontrar distintos negocios, como bares, bibliotecas, diferentes tipos de tiendas y, claro, una gran cantidad de casas de los habitantes, tanto en las zonas principales como en otras ¨¢reas. Seguimos a nuestro pajarito, quien ahora reposa en un ¨¢rbol junto a una nueva amiga. Mientras la nueva pareja se acaricia, podemos ver cerca a Louis, con una gabardina azul. Ten¨ªa sus caracter¨ªsticas solapas en el pecho, sin ning¨²n bolsillo ni bot¨®n, excepto por las correas de ajuste del pu?o y, claro... con su collar azul en el pecho. En la espalda, ten¨ªa un yugo azul oscuro que cubr¨ªa la parte alta y llegaba hasta los hombros. Adem¨¢s, ten¨ªa una cinturilla trasera y una abertura en la parte baja de la gabardina. Usaba una camisa azul de compresi¨®n, unos pantalones azul oscuro, guantes azul oscuro y botas de cuero rojo, que se alzaban hasta justo por debajo de las rodillas, con un dise?o simple y robusto. No llevaban adornos, salvo una vuelta en la parte superior. Louis estaba corriendo con una caja en su brazo mientras muchos autos pasaban a su derecha y el sol comenzaba a iluminar las calles con su maravilloso esplendor. "?Es por aqu¨ª!" dijo al detenerse y ver dos caminos por seguir. Mientras corr¨ªa, se pod¨ªa ver c¨®mo la gente trabajaba en art¨ªculos mec¨¢nicos. "?Adi¨®s, Louis!" grit¨® un hombre saludando a lo lejos. "?Adi¨®s, se?or Brin!" respondi¨® levantando su mano con gran felicidad mientras continuaba su camino. "Llegu¨¦... Ufff..." exclam¨® con un poco de cansancio frente a la puerta de una casa. Louis toc¨® la puerta y escuch¨® mucho estruendo detr¨¢s de ella. "?Finalmente! ?Gracias por traerlo!" expres¨® una mujer bastante desarreglada. Se pod¨ªa ver la fatiga en su rostro y tambi¨¦n la desesperaci¨®n por la que pasaba. Ella tom¨® al instante el paquete que ten¨ªa Louis y lo abri¨® lo m¨¢s r¨¢pido que pudo, uni¨® las piezas con gran rapidez. "?Mam¨¢! ?D¨®nde est¨¢s?" Se pod¨ªa escuchar como si seis ni?os gritaran esas palabras a la vez. La mujer, desesperada, estrell¨® una poci¨®n con las piezas cuando termin¨® de armarlo. Las piezas junto a la poci¨®n crearon un mu?eco de tierra con una forma humana, mucho m¨¢s alto que Louis. "?Incre¨ªble!" dijo Louis al ver c¨®mo el mu?eco se transformaba. "?Por favor! Cu¨ªdalos mientras yo descanso, ?no puedo estar as¨ª m¨¢s tiempo!" expres¨® casi entre l¨¢grimas, poni¨¦ndose de rodillas ante el mu?eco de tierra. "No se preocupe, me encargar¨¦ de todo. Usted puede descansar" respondi¨® el mu?eco, yendo hacia donde estaban los ni?os, quienes segu¨ªan gritando. "Gracias, no pod¨ªa m¨¢s..." dijo la mujer levant¨¢ndose y cerrando la puerta. "?No hay de qu¨¦!" Louis se retir¨® y caminaba en la acera mientras los autos pasaban a su izquierda. "Pobrecilla... ?Ser¨¢ que as¨ª es tener hijos? Aunque escuch¨¦ a m¨¢s de uno..." pens¨® mientras marcaba una libreta con un check. "?Haz que este lugar conozca el sufrimiento!" grit¨® Dark en la mente de Louis, mostr¨¢ndole un escenario destruido. "?No empieces!" grit¨® Louis, molesto, mientras un hombre detr¨¢s de ¨¦l se asust¨® y cay¨® al suelo. "?Las emociones humanas te volver¨¢n d¨¦bil!" replic¨®. "D¨¦jame en paz..." respondi¨®, bajando la voz mientras ayudaba al hombre a levantarse. "Una disculpa, se?or." "?Gru?ido! ?No permitir¨¦ que tu humanidad da?e lo que realmente somos!" replic¨®, acerc¨¢ndose frente a ¨¦l dentro de su mente. "Ya me deshice de ti una vez, lo har¨¦ otra vez, pero solo, pues para eso sal¨ª de Alahead... para aprender a hacer las cosas por mi cuenta" expres¨® seriamente, mostrando molestia en su rostro. Dark simplemente se desvaneci¨® de la mente de Louis, gru?endo mientras su rostro brillaba por la lava dentro de ¨¦l. "Qu¨¦ molestia vivir con estos pensamientos intrusivos... Pero al menos ha dejado de poner esas im¨¢genes. Aunque en los sue?os tiene m¨¢s control... Beber esas pociones antisuelo me ayud¨® ?Gracias, Amelia! Qu¨¦ bueno que ella me ayud¨® cuando le entregu¨¦ un paquete en su biblioteca... Aun as¨ª, no debo dejar que la gente me vea hablando as¨ª; pensar¨¢n que estoy loco y ?me odiar¨¢n! No quiero preocupar al Profesor" pens¨® mientras segu¨ªa caminando, reflejando un poco de preocupaci¨®n en su rostro. "?Puedo hacerlo! Justo como me ense?¨® el Maestro Rei" expres¨® con determinaci¨®n despu¨¦s de sacudir su cabeza varias veces. Despu¨¦s de una larga caminata, Louis regres¨® a la nueva casa del profesor Maxwell, la cual estaba ubicada a unas calles de la agencia PT. Louis abri¨® la puerta con unas llaves y entr¨®. "?Ya regres¨¦!" grit¨® mientras cerraba la puerta nuevamente. La casa del profesor Maxwell era de dos pisos. La entrada, con forma de t¨²nel, ten¨ªa una gran ventana a un lado que daba a su oficina. Las paredes ten¨ªan un tapiz rojo y una alfombra negra en todo el suelo. Al entrar, hab¨ªa unas escaleras que llevaban a un peque?o rellano. A la izquierda de las escaleras de la entrada se encontraba la cocina; m¨¢s a la derecha y al frente, la sala; al fondo del pasillo estaban las escaleras que llevaban al segundo piso. "?Se?or Louis! Se ha acostumbrado muy bien; ahora entrega bastante r¨¢pido los paquetes" dijo Hanks, contento por el logro de Louis mientras sujetaba una bandeja con una tetera. "Louis, Hanks, no me digas se?or" expres¨® con una leve sonrisa, acerc¨¢ndose a ¨¦l. "A m¨ª me gusta decirle as¨ª, se?or" respondi¨® Hanks dirigi¨¦ndose a la cocina. "S¨ª, pero que me digan as¨ª me hace sentir como si estuviera viejo o como si fuera mayor que t¨²" replic¨® Louis mientras sub¨ªa las escaleras. "Ya veo... Entonces tratar¨¦ de no decirlo" expres¨®, entendiendo su preocupaci¨®n. "?Por cierto! El Profesor Maxwell lo espera en la oficina". "Okay, gracias" Louis se dirigi¨® hacia la oficina del profesor Maxwell. "Profesor, ?necesita algo?" pregunt¨® justo al entrar. "?Louis! Ja, ya memorizaste las rutas del reino, ?no? Ya no te tardas como antes. Dos semanas para no perderte, todav¨ªa recuerdo la semana pasada que te perdiste en la zona suroeste, jajajaja" brome¨® alegremente, recordando el suceso mientras estaba sentado en su escritorio. "No me lo recuerde, por favor... Me dio mucha verg¨¹enza, y Ririam me rega?¨® solo por eso..." dijo, un poco avergonzado e inc¨®modo. "Ja, lo siento. Como t¨² sabes, las cosas han estado un poco calmadas, pero Mei, despu¨¦s de mucho trabajo... o mejor dicho, tortura..." dijo, recordando lo que le dijo Mei para conseguir la informaci¨®n. "Mei consigui¨® que los hombres de Zthur, que atacaron mi otra casa el d¨ªa que te conoc¨ª, dijeran la ubicaci¨®n del escondite de Yeynos... Y ella quiere que vayas a la agencia para poder discutir sobre eso. Pero antes... ?En serio quieres ayudar a este reino? No necesitas hacerlo si no quieres..." expres¨®, cambiando a un tono m¨¢s serio y firme. "?Deber¨ªa ir...? Yeynos... Ese tipo barri¨® el piso conmigo... Pero... debo tratar de ayudar y no ser¨¦ alguien que solo viene de paso a un reino, y el Maestro Rei dijo que siempre hiciera cosas que ayudaran al reino, y a m¨ª me gusta ayudar" pens¨®, recordando c¨®mo Yeynos lo venci¨® con facilidad y recordando las palabras de su maestro. "?Ir¨¦! Debo tratar de ayudar lo m¨¢s que pueda, y tambi¨¦n ver a los dem¨¢s en acci¨®n es algo que me interesa" respondi¨® con una peque?a sonrisa en sus labios. "Bien... entonces puedes retirarte" respondi¨® alegremente con una sonrisa en sus labios. "?Qu¨¦? ?Ahora?" pregunt¨® con sorpresa. "S¨ª, ser¨¢ mejor que vayas ahora, para no hacer esperar a Mei. Esta misi¨®n es muy importante" respondi¨® con complicidad. "?Me voy entonces! ?Gracias!" expres¨® emocionado, saliendo de la oficina. "No hay de qu¨¦..." susurr¨® con una sonrisa mientras lo miraba salir de su oficina. "Agencia PT... Me gustar¨ªa poder ver el lugar; no pude verla mucho cuando entr¨¦ hace dos semanas..." pens¨® mientras tomaba su katana y una bolsa azul en su habitaci¨®n. "Esta ropa es m¨¢s c¨®moda que la otra que usaba; al final no fue nada malo que me obligaran a entrar a esa tienda. El se?or Lowin s¨ª que hizo un buen trabajo... Me pregunto si la ropa es tan resistente como me dijo... Bueno, ya lo comprobar¨¦", dijo luego de salir de su habitaci¨®n. Louis sali¨® de la casa del profesor Maxwell y fue corriendo hasta la agencia PT. Mucha gente pasaba cerca de ¨¦l y algunos lo reconoc¨ªan y murmuraban. "Tambi¨¦n deber¨ªa darle un regalo al se?or Lowin por esta bolsa, me gusta mucho", mencion¨® antes de llegar al lugar, ignorando los murmullos de la gente. "?Aqu¨ª es! La recuerdo perfectamente; no suelo pasar mucho por aqu¨ª..." dijo observando por la ventana al lado de la puerta. "?Venden joyas?" Dijo con sorpresa. "Cierto... Recuerdo que dijo el profesor que para que el rey no se enterara, hicieron una tienda de joyas que disfrazaba que era una agencia", exclam¨® recordando lo que le cont¨® el profesor, golpeando su pu?o derecho con su palma izquierda y dirigi¨¦ndose a la puerta. "Bueno, ?aqu¨ª vamos!" Cuando estaba frente a la puerta, a punto de estirar su mano para tomar la perilla, la puerta se abri¨® y, dando unos peque?os pasos... ah¨ª estaba una mujer de piel oscura frente a Louis. Ella ten¨ªa ojos de un caf¨¦ brillante, su cabello era corto hasta el cuello y de color caf¨¦; med¨ªa 180 cm. Vest¨ªa un top ajustado negro de cuello alto que contrastaba con una blusa blanca de corte corto, que se ajustaba en la parte superior del torso y dejaba su abdomen bien marcado al descubierto. Llevaba una chaqueta marr¨®n de estilo suelto de tela ligera, con detalles amarillos en los bordes; la chaqueta llegaba hasta sus rodillas. Adem¨¢s, llevaba dos brazaletes dorados en sus manos y ten¨ªa dos aretes delgados con forma de curva, usaba zapatillas de artes marciales de color negro y parec¨ªa esconder algo en su chaqueta. Un sonido escap¨® de la boca de Louis, pero no pudo decir nada. "?Eh?" pens¨®... Sus ojos se fijaron en ella con asombro, sintiendo una calidez en el pecho que no pudo explicar. "Un ojo azul y otro rojo... ?Qu¨¦ bien! Te encontr¨¦. Dif¨ªcil no hacerlo con tus ojos y tu cabello tan peculiar...", expres¨® con un tono sarc¨¢stico, con una voz calmada y profunda, con una fuerza sutil, pero con una emoci¨®n reservada. "?Mucho gusto! Me llamo Dahlia Xitlari, pero solo ll¨¢mame Xitlari, por favor..." frunci¨® el ce?o. "?Est¨¢s bien?" Pregunt¨® al notar el silencio y que la miraba fijamente. "Eh... s¨ª... Yo... estoy bien", dijo con dificultad, bajando su rostro, el cual estaba sonrojado, y not¨® que Xitlari escond¨ªa algo en su chaqueta. "Bien, ?vamos! Mei nos espera en su oficina", dijo dando la vuelta y dirigi¨¦ndose a la puerta al lado de la caja. "Claro", mencion¨®, entrando y cerrando la puerta, y luego sigui¨¦ndola, pero manteniendo su distancia. "Jam¨¢s hab¨ªa sentido algo as¨ª... en el pecho... ni con lava cubriendo todo mi cuerpo", pens¨®, tratando de olvidar lo sucedido al ver la agencia. "?Por qu¨¦ te alejas tanto?" Pregunt¨® molesta, d¨¢ndose la vuelta. "?No es por nada! Bueno... quer¨ªa... ver un poco el lugar antes", dijo con timidez y un leve sonrojo que trataba de ocultar, desviando la mirada. "?Huh! Entiendo... Te mostrar¨¦ el lugar", dijo sinti¨¦ndose un poco mal por juzgarlo. "?Eh...? ?Segura? No quiero... retrasar la misi¨®n de la se?orita Mei", pregunt¨® Louis. "S¨ª, no hay problema; de todas maneras, iba a ir a buscarte a tu casa. Hay tiempo", respondi¨® con un poco de amabilidad reprimida. "La agencia PT se ve¨ªa peque?a por fuera, pero... es solo una m¨¢scara... Aqu¨ª es el ¨¢rea de investigaciones; no es muy grande, pero funciona. Aqu¨ª preparan y crean los equipos; tambi¨¦n se investigan datos vitales que necesitamos para probar el fiasco del conde Jens", dijo mientras observaba a los dem¨¢s sin entrar al lugar. "?Whoa, qu¨¦ incre¨ªble!" dijo viendo a los investigadores que usaban dispositivos hologr¨¢ficos y los controlaban con sus manos. "?Huh? Es como aquella vez en mi cuarto", pens¨® al notar una capa blanca en la entrada, la cual no ten¨ªa puerta. La sala era de 10x10 y estaban creando una granada de hielo, juntando magia de hielo contenida en una diminuta esfera e incrust¨¢ndola en la granada, la cual tom¨® un color blanco; despu¨¦s, la tiraron en un contenedor especial para probarla y todo el contenedor se congel¨®. "?Qu¨¦ incre¨ªble!..." dijo sorprendido, haciendo que la gente lo mirara por su grito. "?Eh? ?Lo lamento! Es solo que me encanta su tecnolog¨ªa", dijo poniendo su mano derecha por detr¨¢s de su cabeza con una leve sonrisa. "?Muchas gracias, chico!" dijo uno de los investigadores. "S¨ª, se agradece", a?adi¨® una mujer. "?Gracias!" dijeron todos los presentes en la sala a la vez. "?Oye! T¨² eres el palad¨ªn Louis; se agradece mucho su ayuda en nuestro reino", expres¨® una mujer con lentes y cabello negro con un mo?o; usaba guantes de protecci¨®n y un traje blanco, adem¨¢s de tacones negros. "No hay de qu¨¦, me gusta ayudar", respondi¨® Louis amablemente, mientras Xitlari lo miraba. "S¨ª que eres bueno hablando con los dem¨¢s...", dijo Xitlari despu¨¦s de que Louis saliera de la sala. "?Eh? Ehm... Muchas gracias", respondi¨® con timidez, apartando un poco su mirada. "Pero conmigo... parece que no..." pens¨®, sospechando de ¨¦l al escuchar su respuesta. "Aqu¨ª est¨¢n todos los materiales y equipamientos que usamos, aunque el que m¨¢s usa este lugar es Ririam", expres¨® mostr¨¢ndole una peque?a sala con muchos artefactos, armas y aparatos de comunicaci¨®n. "Est¨¢ repleto", mencion¨® al ver la sala. "Esta otra es la sala donde esperamos una misi¨®n o pasamos el rato", dijo al abrir la puerta haciendo un ligero movimiento. Louis not¨® un brazalete dorado largo con una gema grande incrustada, adem¨¢s de ver una mano escondida en su chaqueta. "?Eso era una mano?", pens¨®, pero decidi¨® no decir nada y vio la sala. La sala era de 8x8; ten¨ªa varios sof¨¢s y estantes con libros, adem¨¢s de un tragaluz de cristal redondo en el techo. "Y bueno, eso es todo... Dudo que quieras ver las celdas y el ¨¢rea de interrogaci¨®n", mencion¨® parando en la ¨²ltima puerta del corredor; delante de Louis hab¨ªa unas escaleras que iban hacia abajo. "Claro... gracias por el recorrido", coment¨® con la misma timidez. "?Ser¨¢ que parezco un idiota comport¨¢ndome as¨ª?" pens¨® mientras Xitlari pasaba por la puerta. Luego pas¨® ¨¦l tambi¨¦n y ah¨ª estaba Canbel, sentado en su escritorio, escribiendo con un teclado y con un holograma frente a ¨¦l; a su izquierda ten¨ªa una c¨¢mara de la entrada de la tienda y a su derecha la puerta a la oficina de Mei. El lugar era peque?o, pero ten¨ªa un sof¨¢ con una mesa y una alfombra de color caf¨¦ con rayas grises. "Este lugar s¨ª lo recuerdo..." pens¨® Louis entrando a la sala y notando que Canbel estaba muy concentrado escribiendo. Xitlari abri¨® la puerta y entr¨® con Louis detr¨¢s de ella. "?Louis! Qu¨¦ bien que viniste... Se necesitar¨¢ toda la ayuda posible para esta misi¨®n", expres¨® Mei, dejando notar un poco de nervios en sus palabras, mientras los dem¨¢s apartaban la mirada. "Hola a todos, me alegra que me hayan invitado a la misi¨®n", expres¨® Louis con sinceridad y con una leve sonrisa en su rostro. Silencio... "?Qu¨¦ les pasa?" Pregunt¨® Xitlari observ¨¢ndolos a todos y luego se acerc¨® al escritorio de Mei. "?Est¨¢s bien, Mei?" dijo con sarcasmo y luego presion¨® una tecla del teclado que estaba en el escritorio. Un holograma sali¨® y la imagen era la espalda de Louis, y de fondo la oficina y los dem¨¢s. "?Lo sab¨ªa! ?Por eso me mandaste a buscarlo!" Dijo molesta, usando el teclado para mover la c¨¢mara, revelando una c¨¢mara voladora con forma de escarabajo. "Lo siento, es que... me dio curiosidad c¨®mo reaccionar¨ªa Louis al verte, pero fuiste con tu chaqueta...", expres¨® con tono suave y dulce, levant¨¢ndose del escritorio y tratando de calmarla, sintiendo decepci¨®n al final de sus palabras. "Yo quer¨ªa ver si comenzaban una pelea", mencion¨® Ririam cruzando sus brazos y cerrando sus ojos. "?Qu¨¦? ?C¨®mo iba a pelear con ¨¦l?", pregunt¨® Xitlari sorprendida por las palabras de Ririam. "Yo tambi¨¦n esperaba eso... Lo siento, el argumento de Ririam era convincente," dijo Kassie, apartando su mirada con verg¨¹enza. "?T¨² tambi¨¦n...?" expres¨® Xitlari, decepcionada. "Jajaja, qu¨¦ bueno que no pas¨® nada, pero ahora debes mostrar tu secreto," dijo Ann alegremente, con una sonrisa en sus labios. "?No es un secreto!" grit¨®, golpeando la mesa. "Y de todas maneras no puedo andar en la calle sin mi chaqueta... Esta gente discrimina mucho... aunque ya saben qui¨¦n soy..." dijo, cruzando sus brazos y bajando su voz al final de sus palabras. "?Qu¨¦ pasa aqu¨ª?" pens¨® al presenciar toda la discusi¨®n. "Bueno, como sea, ?esto es!" dijo, levantando dos brazos m¨¢s que estaban bajo su chaqueta. Ambos ten¨ªan unos brazaletes largos con una gema azul incrustada. "Si te desagrada, te puedes morir," expres¨® de manera despectiva, como si la opini¨®n de Louis no le importara. "?Aaah... era eso? Ya lo hab¨ªa notado," expres¨® de manera c¨¢lida y un poco t¨ªmida. Silencio... "?Por eso no te acercabas a m¨ª! Y yo que pens¨¦ que eras bueno," replic¨® acerc¨¢ndose a Louis. "No, no, no era... por eso... De hecho, me parecen incre¨ªbles tus brazos..." expres¨® con nervios y ruboriz¨¢ndose al tener cerca a Xitlari. "?Eh...? Ya veo..." expres¨®, sorprendida por la respuesta de Louis, ruboriz¨¢ndose levemente y apartando la mirada, para luego sentarse al lado de Kassie y cruzar sus cuatro brazos. "Hmm, yo conozco esa reacci¨®n..." pens¨® Ann al ver la reacci¨®n de Louis cuando Xitlari se acerc¨®. "Bueno, dejando ese tema de lado... Vamos a ponernos serios," expres¨® Mei, tomando una actitud seria y usando su teclado para agrandar el holograma. "Despu¨¦s de un gentil pero largo interrogatorio..." dijo, mostrando un breve video de ella torturando a uno de los hombres de Zthur que atrap¨®. "?Dilo, maldito! ?Dilo!" grit¨® Mei en el video mientras ahorcaba con su brazo a Jori. "?No puedo! Por favor... ?Para!" grit¨® Jori con dificultad para hablar. This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. "?Pues entonces!" dijo, sacando una vara el¨¦ctrica. Al verla, Jori comenz¨® a gritar "Aaaaahh" y el video se detuvo. "?Qu¨¦ carajo?" pens¨® Louis al ver la imagen. "Finalmente consegu¨ª la ubicaci¨®n del escondite de Yeynos. Iremos todos y sacaremos a ese desgraciado de nuestro reino," dijo con seriedad mientras juntaba ambas manos, apoyando su boca en ellas. "?Preparen su equipo!" Al instante, todos se levantaron y se dirigieron a la sala de armer¨ªa. Todos salieron al instante, excepto Ririam, que estaba eligiendo cuidadosamente. "Tal vez necesite uno de estos..." dijo mientras observaba el objeto y acomodaba sus lentes. "?Por qu¨¦ solo t¨² est¨¢s aqu¨ª?" dijo Mei, molesta. Despu¨¦s de que Ririam termin¨®, todos esperaban afuera de la agencia. "?Para qu¨¦ les crean cosas si no las ocupan?" replic¨® Mei mientras sal¨ªa de la agencia con Ririam detr¨¢s. "Llevamos nuestro comunicador," respondi¨® Xitlari, y todos lo mostraron excepto Louis, que todav¨ªa estaba un poco fuera de lugar por c¨®mo se comportaban los dem¨¢s. "Y tambi¨¦n los escudos." "Okay... Entonces, la ubicaci¨®n est¨¢ en la zona este, en un callej¨®n; ya les mand¨¦ la ubicaci¨®n por el comunicador," dijo con su voz dulce y suave mientras usaba su comunicador y la gente pasaba cerca de ellos. "Cuatro ir¨¢n en mi auto y Ririam y Ann en aire." "Yo prefiero ir con Ann; ella sabe c¨®mo me gusta viajar," dijo Kassie al instante. "?S¨ª, Kassie! ?Vamos!" dijo Ann, d¨¢ndole un abrazo. "Bien, entonces me quedo con los que s¨ª disfrutan cuando voy a toda velocidad," mencion¨® emocionada encendiendo su auto. "?Te gusta c¨®mo maneja Mei?" pregunt¨® Xitlari mientras miraba a los dem¨¢s irse. "S¨ª..." respondi¨® Louis con timidez. "?Por qu¨¦ se comporta as¨ª?" pens¨® Xitlari mientras sub¨ªa al auto. En el auto, todo estaba tranquilo. Xitlari observaba por la ventana a su izquierda y Louis... bueno, ¨¦l estaba viendo hacia abajo sin saber qu¨¦ decir. "No entiendo esto... ??Por qu¨¦ no puedo decir nada?!" pens¨® Louis, sacudiendo un poco su cabeza y luego volte¨® a ver a Xitlari, quien era iluminada por la luz del sol que entraba por la ventana y su cabello se mov¨ªa por el viento. "?Acaso lo que siento es... amor?" pens¨® luego de verla y desviar la mirada. Su cuerpo comenz¨® a emitir un aura de calor. "Hmm, ?no sienten como que hace m¨¢s calor?" pregunt¨® Mei al percatarse del aumento de temperatura. "S¨ª, de pronto... hay m¨¢s calor, ?eh? ?Oye! ?T¨² est¨¢s generando el calor!" exclam¨® Xitlari al notar la piel de Louis. "?Eh? ??Soy yo!?" dijo sorprendido, revisando su mano y quit¨¢ndose uno de sus guantes. "Louis, c¨¢lmate, ?te pasa algo? B¨¢jale o ?me quemar¨¢s el asiento!" expres¨® Mei, preocupada por su auto y tambi¨¦n por Louis... pero m¨¢s por su auto. "Lo siento..." dijo Louis, concentr¨¢ndose y logrando equilibrar su temperatura. "?Ay, qu¨¦ susto, gracias, Louis!" mencion¨®, aliviada. "Por cierto, Ririam me dijo que ten¨ªas magia de tierra tambi¨¦n. Los paladines con dos tipos de magia son muy prometedores; puede que te conviertas en uno de los mejores," dijo tratando de hacer conversaci¨®n. "De hecho, solo us¨¦ pociones de magia, no es que tenga otra magia," respondi¨® un poco nervioso. "Ah, ya... bueno, igualmente ser¨¢s uno de los mejores si consigues evolucionar tu magia hasta el fuego azul, pero seguro lo lograr¨¢s," asegur¨®, convencida de su potencial. "?Me esforzar¨¦, se?orita Mei!" dijo, sinti¨¦ndose un poco culpable. "Qu¨¦ mal... no me gusta mentir, pero el profesor me dijo que ten¨ªa que hacerlo lo m¨¢s posible," pens¨® mientras miraba por la ventana a su derecha. "Ojal¨¢ nunca hubiera obtenido esta magia... No tendr¨ªa que mentir y... mi padre... Calma, Louis, ya olvidaste esos pensamientos," pens¨® sacudiendo su cabeza levemente. Luego de un rato, finalmente llegaron al lugar ubicado en el este, en el mismo callej¨®n donde Mei captur¨® a los hombres de Zthur. "?Por qu¨¦ est¨¢ tan callado?" pregunt¨® Louis al no escuchar mucho ruido alrededor cuando baj¨® del auto. "Ririam se encarg¨®. Si las cosas se ponen feas, no habr¨¢ heridos," respondi¨® Mei con Clara en su hombro, luego de que se desfusionara de la cimitarra. "?En serio? ?Aqu¨ª es? ?Hay un pasadizo secreto o algo?" pregunt¨® Ririam, viendo el callej¨®n sin salida. "En efecto, solo que este tipo de pasadizos necesitan una contrase?a," mencion¨® Mei, caminando hasta el final del callej¨®n y puso una grabaci¨®n del comunicador. "?Ya por favor...! La clave es *shiroi... kiri*," respondi¨® a trav¨¦s del comunicador. "?Es normal eso?" pregunt¨® Louis a Kassie. "Por supuesto, hay que sacar informaci¨®n," respondi¨® Kassie, susurrando. La pared del callej¨®n se abri¨®, mostrando unas escaleras hacia abajo. Todos bajaron y encendieron una linterna que ten¨ªa el comunicador, excepto Ririam, quien ten¨ªa dos luces en los aros de sus lentes. "??C¨®mo se enciende?!" pregunt¨® Louis, desesperado, buscando el bot¨®n. "?Aqu¨ª!" dijo Kassie, presionando un bot¨®n t¨¢ctil. "?Bajen la voz!" intervino Ririam. Cuando bajaron, el lugar ten¨ªa mucho espacio, pero estaba totalmente desolado. "Creo que llegamos tarde..." dijo Mei al ver el lugar. "Tal vez tiene otro pasadizo, es un tipo de la aldea Krisha; ellos ten¨ªan muchos secretos," mencion¨® Ririam, buscando en las paredes. "Cierto... ?Busquen por todo el lugar!, pero tengan cuidado, puede haber trampas aqu¨ª." Al instante que Mei habl¨®, todos comenzaron a revisar el lugar, el cual era una sala hecha de madera, de color p¨¢lido y totalmente vac¨ªa. "Hmm, siento humedad en esta parte de la pared," mencion¨® Kassie, agach¨¢ndose y revisando la pared cerca de las escaleras. "?C¨®mo lo sabes?" Louis se acerc¨® al escuchar el comentario de Kassie mientras los otros revisaban al fondo del lugar. "Controlo la magia del agua tambi¨¦n, ?estoy segura!" Kassie us¨® su magia e hizo pedazos una parte de la pared, revelando un peque?o t¨²nel. "?Encontr¨¦ algo!" grit¨® Kassie emocionada. Una pared se levant¨® del suelo, encerrando a los dem¨¢s. Luego, las escaleras se levantaron y sellaron la salida. Una pared se levant¨® del suelo, encerrando a los dem¨¢s, luego las escaleras se elevaron y sellaron la salida. Louis golpe¨® la pared con todas sus fuerzas, pero no logr¨® hacerle nada. "?C¨®mo... est¨¢n bien?". "?S¨ª! ?Encontraste algo, Kassie?", respondi¨® Mei, viendo que Xitlari no pod¨ªa atravesar la pared. "No se mueve ni un poco...", replic¨® Xitlari luego de golpear varias veces. "?Un t¨²nel! Pero est¨¢ muy oscuro... ?Qu¨¦ hacemos?", dijo Kassie preocupada, mirando la peque?a entrada sombr¨ªa. "?Ririam! Dame un abrazo, tal vez sea el ¨²ltimo...", expres¨® Ann con miedo, abrazando a Ririam. "No nos pasar¨¢ nada...", Ririam respondi¨® al abrazo y trat¨® de calmarla. "?No se preocupen! Ya me imaginaba que ser¨ªa una trampa... Por eso... traje...", dijo Mei, buscando en su chaqueta. Una esfera blanca sali¨® de una pared. "?Y eso?" La esfera se abri¨® e ilumin¨® todo el lugar. Del otro lado, la pared se dio la vuelta, convirti¨¦ndose en una pared con picos. "?Pas¨® algo...? Ay, no...", mencion¨® Louis al ver los picos. "?Entra!", grit¨® Kassie lanz¨¢ndose al t¨²nel, seguida de Louis. Kassie y Louis comenzaron a caer por un t¨²nel sin fin, hasta que atravesaron una capa blanca y llegaron a un lugar rodeado de pasto alto, iluminado por el sol bajo un cielo con nubes dispersas. En lo alto de la colina, una casa de techos inclinados y paredes blancas se alzaba con elegancia. Las columnas de madera sosten¨ªan amplios aleros que proyectaban una sombra suave alrededor de la estructura. Kassie cre¨® una corriente de agua que hizo que ambos llegaran al suelo sin da?os. "Con raz¨®n sent¨ª humedad, hace poco llovi¨® en este lugar", dijo Kassie, notando las gotas de agua en el pasto. "Vaya... es un lugar muy bonito para un asesino...", coment¨® al ver la casa en lo alto de la colina. "S¨ª... ?Puedes llamar a los otros? No s¨¦ c¨®mo usar esto", mencion¨® Louis al levantarse del suelo y sacar su comunicador, pero inmediatamente lo guard¨®. "No responden... Hay que revisar la casa, tampoco tenemos algo m¨¢s que hacer". Kassie intent¨® llamarlos a todos, pero ninguno contest¨®. Por otra parte, los dem¨¢s se encontraban en un lugar totalmente silencioso. Hab¨ªa estructuras de piedra de un estilo refinado, con techos inclinados de tejas rojas y anaranjadas. Estaban en un largo camino que los llevaba hasta la edificaci¨®n principal; un castillo alto, rodeado de ¨¢rboles y torres delgadas y puntiagudas, similar a una catedral. Varias torres peque?as estaban distribuidas por la ciudad, que ten¨ªa calles y caminos que se conectaban entre s¨ª. Tambi¨¦n hab¨ªa arcos de piedra y puentes que cruzaban sobre peque?os canales o r¨ªos. Hab¨ªa otras estructuras largas con un reloj gigante y un techo puntiagudo. Algunas de las casas tambi¨¦n ten¨ªan ¨¢rboles cerca y un jard¨ªn al frente. "?Qu¨¦ es este lugar?", pregunt¨® Xitlari, viendo el gran palacio. Mei suspir¨® con asombro al ver el lugar, sintiendo melancol¨ªa, y se notaba en sus ojos que quer¨ªa llorar. "Este lugar... es Trownlian... uno de los reinos destruidos por Mayestad. Qu¨¦ hermoso verlo otra vez", expres¨® con gran sentimiento y pesar al recordar todo lo ocurrido. "?C¨®mo es posible? No puede ser... Esa esfera que explot¨® debi¨® hacer algo", dijo Ririam, confuso y sorprendido por las palabras de Mei. "Puede ser magia confinadora o de ilusi¨®n...", mencion¨® Mei. "Debe ser magia confinadora", replic¨® Ririam. "Crear todo esto con magia de ilusi¨®n puede tardar a?os...", reflexion¨® mientras caminaba de un lado a otro. "?Ann! Vuela lo m¨¢s lejos que puedas del reino". "?Entendido!" Ann al instante sali¨® volando a gran velocidad, levantando polvo y dejando aire amarillo a su paso. Ririam not¨® que Clara no estaba junto a Mei. "Mei, Clara no est¨¢...". Mei observ¨® su hombro con preocupaci¨®n. "Lo s¨¦... las hadas no pueden ser confinadas o llevadas a una ilusi¨®n", respondi¨®, revisando su hombro. "Kassie y... ?c¨®mo se llama?", dijo Xitlari preocupada, pero olvidando el nombre de Louis. "?Louis! De castigo le preguntar¨¢s su nombre cuando regresemos", expres¨® Mei con su voz dulce y suave, en un tono m¨¢s calmado. "??Qu¨¦?! ??Por qu¨¦?!", pregunt¨® sorprendida. "Es muy descort¨¦s olvidar el nombre de alguien, y tambi¨¦n tienes que ser m¨¢s sociable", respondi¨® Mei, observando el lugar y recordando viejos momentos. "?Luego de pasar!", grit¨® a lo lejos, yendo a gran velocidad. "El reino, hay un largo espacio en blanco", continu¨® luego de llegar al suelo con una sonrisa en su rostro. "Entonces debe serlo... Jam¨¢s hab¨ªa visto un campo de ilusi¨®n tan bien elaborado...", coment¨® mientras caminaba y miraba el castillo. "Parece que ya lo descubrieron... Aunque tardaron un poco... ?No eran paladines de alto rango? Me pregunto qui¨¦n fue el que les dio esta ubicaci¨®n", dijo una voz presumida con un toque de orgullo y algo juguetona, pero grave. Todos adoptaron posiciones de batalla y se juntaron para ver alrededor de ellos. "?Qui¨¦n eres?", pregunt¨® Mei mientras miraba a todos lados. "Me llamo Tai, ?un gusto! Paladines...". Mientras hablaba, el suelo comenzaba a agrietarse. "Vamos a ver... qu¨¦ tan buenos son...". Muchos seres con armaduras plateadas surg¨ªan del suelo, comenzando a rodearlos. "Si es magia de ilusi¨®n... Con mi magia podremos tener una salida", pens¨® Xitlari y comenz¨® a hacer poses con sus cuatro manos, las cuales tomaron un color azul brillante. "Bien, cubran a Xitlari... Y recuerden que la magia aqu¨ª se gasta el doble y tambi¨¦n... eviten los golpes... o sus cerebros ser¨¢n da?ados", mencion¨®, mostrando determinaci¨®n en su mirada. Mientras tanto, Kassie y Louis entraron a la casa y comenzaron a buscar por todas partes. "?Nada?", pregunt¨® Kassie, sintiendo aburrimiento. "Nada...", respondi¨® Louis con decepci¨®n. "Ya me aburr¨ª de buscar... ?Crees que deber¨ªamos irnos de aqu¨ª?". "No podemos... No sabemos qu¨¦ es este lugar... ?Ya me hart¨¦! ?Sal de la casa!", dijo Kassie decidida, creando una esfera de agua con sus manos. "Okay, ?ya me voy!" Louis sali¨® de la casa y se qued¨® observando a lo lejos. Una gran cantidad de agua sali¨® por las ventanas y puertas. Louis estaba sorprendido y se apart¨® de las grandes corrientes de agua, las cuales se deten¨ªan en cierto punto. "?Eh? ?Qu¨¦ fue eso?", dijo confuso Tai, quien observaba encima de una casa a los dem¨¢s mientras estaba invisible. Tai, sospechando, se fue del lugar. "?Ya lo tengo!", dijo Xitlari al terminar su pose de manos. "?Rhino! ?Puedes escucharme?". "S¨ª, ?por qu¨¦ hablas mentalmente? ?Y d¨®nde estamos? Y... ?por qu¨¦ solo mueves tu cabeza? Bueno, no solo t¨²... Tambi¨¦n los dem¨¢s. Oh, tambi¨¦n veo el hada de Mei, est¨¢ girando alrededor de ella", pregunt¨® con gran confusi¨®n un esp¨ªritu rinoceronte peque?o de color azul en el hombro de Xitlari. "Estamos en un campo de ilusi¨®n muy elaborado, ?qu¨¦ podemos hacer?", dijo, mientras Ann apartaba a los caballeros con magia de viento amarillo, creando un gran tornado que los alejaba. Mei estaba luchando con muchos a la vez y, con cada golpe que daba con su cimitarra, part¨ªa por la mitad a cada uno. Ririam disparaba con su francotirador a los que estaban m¨¢s lejos. "Hmmm, empieza a reunir magia espiritual en tu mente, no en tus brazos, y luego yo la tomar¨¦ para poder sacarlos de aqu¨ª, creando un impacto en esta sala y saldr¨¢n del campo de ilusi¨®n", respondi¨® el rinoceronte espiritual mientras intentaba colocarse sobre la cabeza de Xitlari, jalando su cabello. "Entiendo... ?Est¨¢s jalando mi cabello?", pregunt¨® sintiendo un ligero dolor que la desconcentraba. "S¨ª, ya casi... ?Listo! Ya puedes empezar". El rinoceronte logr¨® ponerse encima de la cabeza de Xitlari. "Perfecto". Xitlari se sent¨® en el suelo y cruz¨® las piernas, comenzando a reunir una energ¨ªa azul en su cabeza. De pronto comenzaron a salir dragones de fuego, derribando edificios y despedazando el suelo. Ann levant¨® a todos con su magia y los llev¨® volando a gran velocidad, tratando de esquivar los ataques de fuego de los dragones mientras Ririam les disparaba. A Xitlari le cre¨® una nube que la cubr¨ªa de cualquier da?o. "Vamos, Xitlari ?t¨² puedes!", mencion¨® Mei, que estaba frente a la nube de Xitlari por si lograba acercarse uno de los dragones. Frente a ellos sali¨® un gran drag¨®n negro que descontrol¨® el vuelo de Ann, y todos comenzaron a caer. "?Maldici¨®n!" grit¨® Xitlari, abriendo los ojos. Ann logr¨® detener la ca¨ªda, y Xitlari regres¨® a acumular energ¨ªa, sentada en el suelo. El drag¨®n negro destroz¨® uno de los edificios, y Mei destruy¨® todos los escombros que se dirig¨ªan hacia ellos. Con un gran salto, lleg¨® hasta la cabeza del drag¨®n y la parti¨®. Al caer, Mei vio la gran cantidad de dragones que se aproximaban. "?Xitlari! ?Apres¨²rate!" grit¨® mientras ca¨ªa. "?Ya casi...!" mencion¨® Xitlari. Ririam sac¨® un dispositivo y lo tir¨® al suelo, creando un gran escudo de color verde transparente. Todos los dragones comenzaron a lanzar fuego, y el escudo empez¨® a ceder. Ann comenz¨® a cargar una gran r¨¢faga de viento amarillo en sus manos, lista para cuando el escudo se destruyera. El gran escudo desapareci¨®, y las llamas se acercaban a ellos. Ann lanz¨® su r¨¢faga, creando un escudo de viento amarillo sobre ellos que avanzaba a gran velocidad. "No... podr¨¦... ?seguir por m¨¢s tiempo!" grit¨® Ann, esforz¨¢ndose para que el escudo no cediera. "Ya... casi... ?listo!". En el callej¨®n, sali¨® el rinoceronte espiritual del suelo, destruyendo gran parte de este. El rinoceronte emergi¨® del agujero y esper¨® afuera. "?Qu¨¦ buena entrada!" dijo Mei, saliendo del suelo y par¨¢ndose junto a Clara, restreg¨¢ndose suavemente en su cuello. "?Est¨¢s bien, Clara?" Clara asinti¨® mientras Xitlari observaba si hab¨ªa gente cerca. Luego, sali¨® y redujo el tama?o del rinoceronte, que se coloc¨® en su hombro. "Oigan, ?cu¨¢ndo salen? Hay que buscar a Kassie y a Louis," pregunt¨® Mei, saltando sobre el agujero. "Pens¨¦ que morir¨ªamos..." dijo Ann, abrazando a Ririam, quien estaba en el suelo. "Todo est¨¢ bien, lo hiciste incre¨ªble," respondi¨®, acarici¨¢ndole la cabeza. "Ya salgan de ah¨ª, tortolos," mencion¨® Xitlari, saltando tambi¨¦n sobre el agujero. Mientras tanto, Kassie y Louis segu¨ªan en el otro lugar. Kassie hizo que el agua regresara dentro de la casa, siendo absorbida por ella, dejando el lugar seco. "?Whoa, esto es incre¨ªble! ?Encontraste algo?" dijo Louis, sorprendido de que la casa quedara intacta, con todos los muebles en su lugar, como si nadie hubiese estado all¨ª. "Encontr¨¦ esto... Es un rollo, pero est¨¢ sellado. Estaba en un suelo falso, bastante convincente," respondi¨® Kassie, d¨¢ndose la vuelta mientras intentaba abrir el rollo. "De algo servir¨¢. Y... ?ahora qu¨¦?" mencion¨® Louis, sin saber qu¨¦ m¨¢s hacer. "Hmm... ?Ah! Ya s¨¦, pasemos por el t¨²nel nuevamente," sugiri¨® tras pensarlo un momento. "?S¨ª!, con tu magia de agua," a?adi¨® Louis. "No, no, ehm, mejor con la de hielo, jeje..." respondi¨® nerviosa, como si escondiera algo. "?Por qu¨¦ no?" "Porque... es mejor, ?vamos!" respondi¨®, tomando la mano de Louis para salir de la casa. "?Qui¨¦nes son ustedes? ?No me digan que vienen con los otros?" expres¨® Tai con molestia en sus palabras, alertando a Louis y Kassie. "?Eres Yeynos?" pregunt¨® Kassie, asom¨¢ndose por la salida, pero no hab¨ªa nadie. "Vamos, gu¨¢rdalo en tu bolso," susurr¨® a Louis, entreg¨¢ndole el rollo. "?Qu¨¦? Para nada... Mi nombre es Tai, y creo... que ninguno de ustedes escapar¨¢ de este lugar," mencion¨®, adoptando un tono serio. Louis y Kassie fueron empujados por un gran golpe de aire; el ataque era tan fuerte que la entrada de la casa fue destruida. "?Paladines! Me temo que su derrota ?est¨¢ asegurada!" dijo, emergiendo por la entrada y dejando niebla blanca detr¨¢s de ¨¦l. Su cabello era corto y blanco, con ojos del mismo color, como si tuvieran niebla dentro. Med¨ªa 176 cm y llevaba una mascarilla negra que cubr¨ªa su boca y nariz. Usaba una capucha blanca sin mangas que llegaba hasta su pelvis, con una capa blanca que alcanzaba justo antes de su rodilla y sal¨ªa de entre sus hombros. Llevaba una camisa negra debajo, visible solo en las mangas, mu?equeras negras con puntos blancos y guantes negros. Su pantal¨®n era negro, holgado en la parte superior y ajustado en los tobillos, con un cintur¨®n negro que ajustaba la capucha en la cintura, y calzaba unos jika-tabi blancos (un zapato japon¨¦s usado por ninjas). "?Est¨¢s bien?" pregunt¨® Louis, ayudando a Kassie a levantarse. "S¨ª... estar¨¦ detr¨¢s de ti," dijo Kassie, cubriendo sus brazos con agua. Louis desenvain¨® su katana y se dirigi¨® hacia Tai... Tom¨® impulso y choc¨® su katana con la de Louis. "Magn¨ªfico sonido, ?no lo crees? Jajaja," mencion¨® con gran emoci¨®n. Louis y Tai chocaban sus katanas mientras Kassie se preparaba para atacar. "Uy... Jeje, eres bueno con la katana. Hace mucho que no peleaba con alguien con una fuerza igual a la m¨ªa," coment¨®, notando que Kassie lanz¨® una gran carga de agua hacia ¨¦l. Tai cre¨® una katana de su mano y comenz¨® a volar encima de ella, esquivando todos los ataques de Kassie. "?Uff! ?Estuvo cerca, ni?a! Jajaja." "No hay mucho tiempo... debo encargarme de los otros tambi¨¦n," pens¨® Tai mientras continuaba esquivando los ataques de Kassie. "?Niebla oscura!" Tai baj¨® de su katana y puso su palma en el suelo, haciendo que todo se volviera oscuro para Louis y Kassie. Louis hizo que su katana se calentara, iluminando su entorno. Kassie us¨® su cristal para iluminar el lugar. Luego, coloc¨® ambas manos en el suelo y comenz¨® a crear mucha agua, que se esparci¨® y atrap¨® a Tai con un brazo de agua. "?Te tengo!" "Vaya..." Tai cort¨® el brazo usando la katana que dej¨® flotando en el aire y comenz¨® a volar nuevamente, parado sobre ella. "Bonito truco, ?te gustar¨¢ este!" Tai cre¨® una gran cantidad de katanas que dirigi¨® hacia Louis y Kassie. Kassie cre¨® un muro de hielo con el agua que gener¨®, deteniendo todas las katanas en el hielo. "Dos tipos de magia... No esperaba eso, ?pero qu¨¦ importa!" Con gran velocidad, Tai se dirigi¨® al muro y, con un solo golpe, lo destruy¨®. "?Atr¨¢s!" dijo Louis, prepar¨¢ndose, mientras Kassie se colocaba detr¨¢s de ¨¦l. Tai choc¨® nuevamente su katana con la de Louis, pero esta vez la katana de Louis parti¨® en dos la katana de Tai, sorprendiendo a este, quien se alej¨®. "Es muy r¨¢pido, pero... tenemos la ventaja," pens¨® Louis. "Kassie, mantente atr¨¢s, yo te cubrir¨¦," dijo Louis con seriedad. "?Okay!" respondi¨® Kassie, notando la seriedad en sus palabras. "Su katana est¨¢ al rojo vivo... ?qu¨¦ incre¨ªble!" pens¨® Tai. Tai cre¨® muchas espadas que lo empezaron a rodear y las dirigi¨® todas hacia Kassie y Louis. Kassie cre¨® un escudo de hielo alrededor de ellos que comenz¨® a girar a gran velocidad, deteniendo las katanas y disparando muchas p¨²as de hielo hacia Tai. "Est¨¢n llenos de trucos," mencion¨® Tai, esquivando las p¨²as y destruyendo otras con otra katana que sali¨® de su mano. Tai presion¨® su katana con m¨¢s fuerza, cubri¨¦ndola de una niebla blanca, luego la lanz¨® con todas sus fuerzas, atravesando todo el escudo de hielo y dirigi¨¦ndose hacia Kassie. Sin embargo, Louis se interpuso, tratando de detenerla, y aunque la katana se desvi¨®, atraves¨® el est¨®mago de Louis. "?Louis! ?Est¨¢s bien?" pregunt¨® Kassie, acerc¨¢ndose a ¨¦l. "No te preocupes, estoy bien," dijo Louis, sacando la espada de su est¨®mago e inciner¨¢ndola. Kassie qued¨® sorprendida por la facilidad con la que destruy¨® la katana y por no inmutarse ante el dolor. "?Vaya! Tu fuego es muy caliente, tambi¨¦n me sorprende que sigas en pie despu¨¦s de una herida como esa, mis respetos," dijo Tai, volando sobre el escudo. "Pero... ?no creen que ustedes no encajan bien? Fuego y agua... ?entienden? Je, je." Kassie dispar¨® m¨¢s agujas desde el escudo, y nuevamente Tai comenz¨® a esquivarlas, volando calmado y velozmente sobre su espada. Un pitido son¨®, y Tai sac¨® un comunicador redondo de su bolsillo. "?Vaya...! Mal momento, padre..." dijo, moviendo la cabeza para evitar una p¨²a. "Tendr¨¦ que acabar con ellos ahora... Adem¨¢s, parece que los otros lograron escapar. L¨¢stima", pens¨® Tai, desvaneci¨¦ndose poco a poco y desapareciendo de la vista de ambos. "?A d¨®nde fue?" pregunt¨® Kassie, tratando de buscarlo. "No lo s¨¦... Pero prep¨¢rate, puede aparecer en cualquier momento", mencion¨® Louis, buscando por todos lados. De pronto, una peque?a esfera blanca empez¨® a iluminar el lugar. "Esto se acab¨®, amigos", dijo Tai, quit¨¢ndose la mascarilla y sonriendo mientras marcas como grietas se extend¨ªan desde sus ojos hasta sus mejillas. "?Magia blanca...? ?No puede ser!" exclam¨® Kassie, asustada, mientras quitaba el escudo de hielo. "?Corre!" dijo Louis, tomando el brazo de Kassie y comenzando a correr. De pronto, del t¨²nel sali¨® una gran cantidad de viento amarillo, haciendo que la niebla desapareciera. "??Chicos, d¨®nde est¨¢n?! ?Ah, ah¨ª est¨¢n! ?Huh?" grit¨® Ann, busc¨¢ndolos, y vio a Tai con la esfera de magia blanca. R¨¢pidamente agarr¨® a Louis y a Kassie y se dirigi¨® al t¨²nel. "?Claro que no!" Tai lanz¨® la esfera blanca, que fue a gran velocidad hacia ellos. Ann tom¨® m¨¢s velocidad, haciendo que el viento amarillo se hiciera m¨¢s delgado, y lograron atravesar el t¨²nel. Luego pasaron por todo el t¨²nel, agrandando el agujero y elev¨¢ndose a gran velocidad hacia el cielo hasta que Ann logr¨® detenerse. "?Est¨¢n... bien?" pregunt¨® Ann, con gran dificultad para respirar. "S¨ª", respondieron los dos, tambi¨¦n con cansancio, pero Kassie estaba temblando. "Qu¨¦ bien... Porque yo... no..." Ann se desmay¨® y comenz¨® a caer con ellos. Kassie comenz¨® a gritar desesperada, y Louis guard¨® su katana, agarr¨® a Kassie y a Ann, y las coloc¨® frente a ¨¦l mientras ca¨ªa de espaldas. "?Qu¨¦ haces?" pregunt¨® Kassie, confundida. "Yo puedo soportar el impacto, ?ustedes no!". Kassie cerr¨® los ojos. Estaban cayendo a gran velocidad... Pero de pronto atravesaron una gran cantidad de slime verde que detuvo su ca¨ªda, quedando en medio de la gran esfera de slime. Ririam absorbi¨® nuevamente el slime, permitiendo que los tres tocaran el piso con seguridad. "??Est¨¢n bien?!" grit¨® Mei mientras corr¨ªa hacia ellos con Ririam y Xitlari a su lado. "?Por qu¨¦ salieron del agujero as¨ª?" pregunt¨® preocupada, arrodill¨¢ndose al llegar. "?Ann! ?Est¨¢s bien? ?Por favor, dime que est¨¢s bien!" exclam¨® Ririam, cayendo de rodillas al suelo, casi entre l¨¢grimas, mientras tomaba a Ann en sus brazos y tocaba su rostro. "Estoy bien..." respondi¨® Ann, un poco mareada, y luego Ririam la abraz¨® m¨¢s fuerte. "No sabemos qui¨¦n era... pero ten¨ªa magia blanca", respondi¨® Louis al ver que Kassie no respond¨ªa y miraba a Ann y Ririam. "?Magia blanca...? No puede ser... Solo el sacerdote tiene esa magia..." Mei estaba at¨®nita ante la respuesta de Louis. "?Louis! ?Tu est¨®mago!" dijo Kassie, volviendo en s¨ª. "?Qu¨¦? ?Te hirieron?" expres¨® Mei, preocupada, levant¨¢ndose. "No, estoy bien", respondi¨® Louis, levant¨¢ndose y cubri¨¦ndose el est¨®mago. "?Claro que no!" replic¨® Kassie, pensando que Louis se hac¨ªa el fuerte. Se levant¨® y movi¨® la mano de Louis, mostrando que no estaba herido, aunque su camisa ten¨ªa un orificio. "?C¨®mo...?". "Eso no importa ahora, ?hay que irnos! ?Entren al auto!" Mei not¨® el orificio en la camisa de Louis y las manchas de sangre, pero r¨¢pidamente fue hacia su auto y todos entraron: Xitlari al frente, Kassie y Louis atr¨¢s, y Ririam con Ann encima. "?Canbel! ?Llamaste a los arquitectos? No quiero reclamos de ese animal", pregunt¨® Mei por su comunicador mientras conduc¨ªa a una velocidad moderada. "?Van en camino! Arreglar¨¢n los da?os y sellar¨¢n el t¨²nel por el precio de siempre", respondi¨® Canbel a trav¨¦s del comunicador. "Perfecto, gracias", Mei apag¨® el comunicador y observ¨® a los dem¨¢s por el retrovisor. "La misi¨®n fue un fracaso...", mencion¨® Ririam mientras Ann segu¨ªa desmayada encima de ¨¦l. "Claro que no... Nos confiamos porque ¨¦ramos muchos, pero ahora sabemos a qu¨¦ nos enfrentamos. No es cualquier cosa; magia de ilusi¨®n de ese nivel es muy peligrosa, y magia blanca sin duda es lo peor... Tengo que conseguir una reuni¨®n con alguien de la iglesia, y pronto... El reino est¨¢ en completo peligro", Mei estaba seria y con una mirada de determinaci¨®n mientras conduc¨ªa. "Kassie encontr¨® esto, es una especie de rollo o algo", mencion¨® Louis, sacando el rollo de su bolso. "D¨¦jame verlo", Xitlari tom¨® el rollo y comenz¨® a analizarlo. "Hay muchos seres ah¨ª dentro, Xitlari", dijo el rinoceronte espiritual. "Puedo sentirlo, es una gran cantidad". "Parece que es un espacio de contenci¨®n; tiene adentro una gran cantidad de criaturas". "Gu¨¢rdalo aqu¨ª", Ririam le dio una c¨¢psula de seguridad a Xitlari, quien lo guard¨®. Mientras tanto, al otro lado del portal... "Se escaparon, qu¨¦ mal... Ser¨¢ mejor que cambie de sentido el portal. ?Eh?" coment¨® con ligera frustraci¨®n mientras se colocaba la m¨¢scara. De pronto, un pitido son¨® nuevamente y Tai sac¨® un dispositivo redondo. "?Pasa algo?" pregunt¨® Tai, respondiendo la llamada. "Por supuesto que pasa algo, se supone que deber¨ªas estar en la reuni¨®n. ?D¨®nde est¨¢s?" dijo Yeynos, molesto, a trav¨¦s del comunicador. "?Reuni¨®n? ?Qu¨¦ reuni¨®n?" pregunt¨® Tai, extra?ado por no recordar la reuni¨®n. "En las cenizas de Trownlian, Zthur dar¨¢ un anuncio muy importante. Ser¨¢ mejor que vengas lo m¨¢s r¨¢pido posible", respondi¨® Yeynos. "No recuerdo que me avisaran de una reuni¨®n, pero har¨¦ lo que pueda para llegar a tiempo", mencion¨® Tai, mientras se acostaba encima de la katana, la cual flotaba llev¨¢ndolo hacia el t¨²nel. "Bien, apres¨²rate..." dijo Yeynos, cortando la comunicaci¨®n. "Suspiro... qu¨¦ molestia... ?Pero! Tengo que obedecer a mi padre", coment¨®, mirando al cielo. De vuelta en el reino de Ystir, y tras un tranquilo viaje, todos regresaron a la agencia. Ann se sent¨ªa mejor, y estaba anocheciendo; algunas personas pasaban por el lugar en las aceras y tambi¨¦n algunos autos. "Estoy bien, no te preocupes", dec¨ªa Ann mientras Ririam la ayudaba a caminar hacia la agencia. Kassie tambi¨¦n se acerc¨® a ayudarla. "Ustedes dos vayan y lleven eso a la sala de investigaciones", dijo Mei con firmeza, y¨¦ndose en su auto. Xitlari y Louis entraron en la agencia en silencio y se dirigieron a entregar la c¨¢psula. Ninguno coment¨® nada, solo caminaban hasta llegar a la sala de investigaciones. "?Se?ores! Tengan mucho cuidado analizando lo que est¨¢ adentro. Yo lo revisar¨¦ ma?ana", mencion¨® Xitlari, poniendo la c¨¢psula en un contenedor de cristal que hizo flotar la c¨¢psula. Luego, Xitlari sali¨® de la sala, seguido por Louis. "Siempre igual con esa tipa...", coment¨® uno de los investigadores. Louis logr¨® escuchar el comentario antes de salir y luego sigui¨® a Xitlari, quien detuvo su paso. "?Qu¨¦ eres?" pregunt¨® Xitlari sin m¨¢s, a punto de salir por la puerta. Louis se sorprendi¨® por la pregunta... Pero sab¨ªa que ya no pod¨ªa esconder m¨¢s su secreto. "Soy un humano... mitad demonio", respondi¨® con alivio y resignaci¨®n. Xitlari hizo un gesto de sorpresa pero no se dio la vuelta. "Ya entiendo. Por cierto... No me dijiste tu nombre cuando te conoc¨ª", mencion¨®, al no recordarlo, mientras segu¨ªa de espaldas. "Lo lamento, me llamo Louis A. Keeper, un gusto conocerte", expres¨® con calidez en sus palabras y un leve sonrojo. "Jeh... Un gusto, Louis", dijo, gir¨¢ndose ligeramente y saliendo por la puerta, dirigi¨¦ndose fuera de la agencia. Mientras tanto, Mei segu¨ªa conduciendo su auto. "Funci¨®n por voz." [Funci¨®n de voz activada], respondi¨® el tablero del auto. "Busca la informaci¨®n de Louis Keeper." [Entendido], respondi¨® el tablero. [Louis A. Keeper, 18 a?os, hijo de la paladina Lin Keeper... Es un palad¨ªn del reino de Alahead, nombrado el seis de octubre del a?o 3682, mide 170 cm, posee la magia de fuego y es un humano mitad demonio.] Un trueno reson¨® en la ¨²ltima palabra del tablero. En la casa del profesor Maxwell, ¨¦l se encontraba parado, viendo la lluvia caer por su ventana. "?Lo sab¨ªas, verdad?" pregunt¨® Mei al llegar, apoyando sus manos en el escritorio. "Ya lo descubriste... Perdona, quer¨ªa recolectar suficiente informaci¨®n para cont¨¢rtelo sin que hicieras algo indebido," respondi¨® el profesor, d¨¢ndose la vuelta. "?Por qu¨¦ har¨ªas eso?" Mei quit¨® sus manos del escritorio y se par¨® firmemente. "Porque para ti... el reino es m¨¢s importante. Louis es un chico que ha sufrido mucho desprecio, y yo quiero evitar que sufra m¨¢s," mencion¨® sent¨¢ndose en su silla y sacando un dispositivo hologr¨¢fico. "Sabes que son peligrosos, Jonathan. Que haya sufrido mucho puede hacerlo querer vengarse," dijo con un tono serio, y al final de sus palabras cay¨® un trueno. "?En serio piensas eso? ?Qu¨¦ dir¨ªa Xitlari de ese comentario?" expres¨® con decepci¨®n. Mei lo pens¨® por un momento y se sinti¨® un poco culpable por sus palabras y dureza "Tienes raz¨®n... Lo siento,". "Antes de que te vayas... No har¨¦ que Louis siga mintiendo... Ya te lo dir¨¦ de una vez, y espero que me dejes terminar antes de que pongas tu cimitarra en mi garganta," expres¨® con seriedad, presionando el dispositivo hologr¨¢fico. El dispositivo mostr¨® informaci¨®n y una foto de Rei. "Rei Fordesthmans es el maestro de Louis y... Louis posee la magia de lava." Otro trueno reson¨® a lo lejos en las ¨²ltimas palabras. "?C¨®mo...? ??Quieres que pase eso aqu¨ª tambi¨¦n?!" dijo sorprendida golpeando la mesa y dejando la marca de su pu?o. "C¨¢lmate... Para bajar tu preocupaci¨®n, es que te muestro esto... Sabes que Rei Fordesthmans es hijo de Li¨®n Fordesthmans; no creas que Louis fue entrenado por cualquiera," mencion¨®, mostr¨¢ndole im¨¢genes de la magia verde y celeste. "Igual sigue siendo peligroso..." replic¨®, bajando un poco su tono de voz luego de ver las im¨¢genes y escuchar al Profesor. "?Has visto el collar azul que lleva en el pecho? Ese collar evita que pueda usar todo el potencial de su magia. Adem¨¢s, fue creado con la magia de la espada celeste de Li¨®n, eso no es poco," el profesor segu¨ªa mostr¨¢ndole im¨¢genes del collar y de la espada. "?Y si deja de funcionar? ?Que har¨¢s tu?" Expres¨® Mei m¨¢s tranquilizada, pero con una peque?a preocupaci¨®n que no sal¨ªa de ella. "La magia suprimida es una magia muy d¨¦bil; se gastar¨¢ al instante. Louis mencion¨® que crear lava gasta much¨ªsima magia y, por eso, pas¨® entrenando varios a?os con Rei para lograr comprimir la parte que ¨¦l puede usar. Si el collar deja de funcionar, aunque yo lo dudo... no podr¨¢ usar mucha magia porque se mezclar¨¢ con la magia suprimida. Louis es un chico bien entrenado, ¨¦l... ?no dejar¨¢ que pase nada malo!" expres¨® con gran certeza y confianza en sus palabras, levant¨¢ndose y golpeando con fuerza el escritorio. Mei se sorprendi¨® por la explicaci¨®n y por c¨®mo termin¨® su explicaci¨®n. "Jeh... Lo cuidas porque te recuerda a Alex, ?cierto?". El profesor volvi¨® a sentarse en su silla. "La diferencia... es que Louis est¨¢ entrenado, est¨¢ capacitado y sabe las consecuencias de un mal uso de su magia... ?Quieres que te cuente un poco... por lo que ha pasado?". "Adelante..." Respondi¨® Mei. Luego de un rato, la lluvia par¨® y Louis lleg¨® a la casa. Antes de entrar, concentr¨® su cuerpo y sec¨® toda su ropa. "?Ya estoy de vuelta! ?Hanks?" dijo, entrando a la casa y cerrando la puerta. Louis se dirigi¨® hacia la oficina del profesor, pero antes se encontr¨® con Mei, quien acababa de salir. "Se?orita Mei... ?Qu¨¦ hace aqu¨ª? ?Ah! Y tambi¨¦n por el caso de mi herida... Yo..." Louis fue interrumpido por un abrazo repentino de Mei; ella lo abraz¨® fuertemente, dejando que se le escaparan unas l¨¢grimas. "No te preocupes, Louis... Yo te apoyar¨¦ tambi¨¦n," expres¨® con su voz dulce y suave, deteniendo su abrazo y limpiando sus l¨¢grimas. "Quiero verte ma?ana en la agencia... ?S¨ª?" dijo con un leve movimiento de su rostro mientras sonre¨ªa con sus labios. "Por supuesto, ?all¨ª estar¨¦!" respondi¨® Louis con emoci¨®n, y luego de escuchar eso, Mei nuevamente lo abraz¨®, suave...mente. Fin del cap¨ªtulo. El amanecer de algo diferente #7 El sol est¨¢ saliendo... Las cosechas son iluminadas por los hermosos rayos de luz... logrando tambi¨¦n iluminar el reino de Ystir. El tiempo pasa y la gente se prepara para un nuevo d¨ªa en sus vidas... autos pasan por las calles, gente camina por las aceras... El palacio abre sus puertas. Vemos a Kassie despertando y levant¨¢ndose de su cama en una habitaci¨®n con paredes azules, una ventana frente a la cama y un escritorio junto a la ventana... Por otro lado... Ririam y Ann se encontraban juntos en la orilla de una ventana, desayunando; Ririam tomaba caf¨¦ y Ann le sopl¨® en la oreja, tom¨¢ndolo por sorpresa y haciendo que le cayera caf¨¦ encima. Ann, tratando de ayudar, us¨® su magia, creando un gran alboroto en el lugar... Xitlari se encontraba en la entrada de la agencia PT a punto de entrar. Tambi¨¦n tenemos a un hombre alto de espaldas con una chaqueta gris y un cabello blanco corto, caminando en un sendero iluminado por los rayos del sol. El palad¨ªn Reck sal¨ªa del palacio mientras hablaba con un caballero; vemos al rey Jens dormido en su cama y al palad¨ªn Rays leyendo noticias en una pantalla hologr¨¢fica mientras tomaba caf¨¦; a Louis despertando y comenzando su rutina de ejercicio de la ma?ana; al Profesor Maxwell tomando caf¨¦ mientras le¨ªa un peri¨®dico, y a Hanks dej¨¢ndole un plato de galletas. Por ¨²ltimo... Vemos a Mei entrando a la agencia. " ''Suspiro'' ?Otra vez?" pregunt¨® Mei entrando a la sala de investigaciones y apoy¨¢ndose en la pared. "Sabes que me gusta trabajar sola", respondi¨® Xitlari mientras trataba de abrir el sello del rollo usando unas agujas con sus cuatro brazos; adem¨¢s, ten¨ªa unas gafas puestas. "Xitlari... debes trabajar con los dem¨¢s", mencion¨®, acerc¨¢ndose a ella y poniendo una mano en su hombro. "No quiero errores, odio tener que arreglar algo que no fue mi culpa", dijo Xitlari concentrada. "El mismo pensamiento, por eso no te pongo en misiones", replic¨® mientras observaba una esfera de cristal en su mano. "Deber¨ªas, siempre las completo sin ning¨²n error", mencion¨® mientras tomaba una aguja m¨¢s fina de una caja a su derecha. "Ayer lo hiciste incre¨ªble, y est¨¢bamos todos", dijo ech¨¢ndoselo en cara. "S¨ª... pero me gusta m¨¢s trabajar sola", acentu¨® con una leve sonrisa de autosuficiencia. "No te pondr¨¦ una misi¨®n sola, al menos haz una con Kassie o... Hmmm, te veo luego". Mei se fue de la sala con una idea en mente; Xitlari la mir¨® irse y luego continu¨® trabajando. Mei entr¨® a su oficina luego de saludar a Canbel; despu¨¦s, se sent¨® en la silla de su escritorio y apareci¨® un holograma al presionar una tecla del teclado en el escritorio. Luego pasamos con Louis, quien estaba entregando muchos paquetes en todo el reino; algunas personas lo reconoc¨ªan y lo saludaban, y otros lo observaban correr. Algunos murmuraban: "?C¨®mo es que nunca veo a ese chico sudar?", dijo un hombre que recibi¨® su pedido y vio a Louis correr a entregar otro. "?Un palad¨ªn repartidor! ?Qu¨¦ extra?o! Ja, ja", mencion¨® otro. "Me encanta verlo, me parece muy lindo", coment¨® una mujer. "Nunca te har¨¢ caso", a?adi¨® otra. Louis se dirig¨ªa a una tienda de libros con el ¨²ltimo paquete en su brazo. "?Buenos d¨ªas, Amelia!", dijo Louis con emoci¨®n, poniendo el paquete en el mostrador y respirando con cansancio. La tienda ten¨ªa un mostrador al lado de la entrada y una gran ventana frente al mostrador; m¨¢s adentro hab¨ªa varios estantes con libros y un caldero azul plateado, guardado en una vitrina de cristal. Las paredes y el techo eran de madera, con varios detalles y adornos. "?Hola, Louis! Gracias por traer mi paquete. ?C¨®mo te ha ido? ?Funcionaron las pociones?", pregunt¨® Amelia con una voz respetuosa. Su cabello de color negro rizado, ligeramente despeinado, lo llevaba recogido un poco hacia atr¨¢s, con unos mechones sueltos; su piel era oscura, sus ojos marrones y med¨ªa 170 cm. Usaba una camisa blanca de manga larga con pu?os cerrados y, encima, un chaleco negro ajustado. Usaba un collar con un dije peque?o y llevaba gafas redondas. Adem¨¢s, ten¨ªa pendientes largos plateados. "S¨ª, ya no he tenido m¨¢s sue?os, y de hecho... desde ayer no escucho nada; tal vez ya desapareci¨®", expres¨® con gratitud y extra?ado porque ya no ha escuchado a Dark. "Me alegra escuchar eso... Sabes... estuve investigando tu caso y no he encontrado nada; he le¨ªdo hasta maldiciones de la edad antigua y nada", mencion¨® desconcertada, tomando el paquete y poni¨¦ndolo debajo del mostrador. "Qu¨¦ extra?o... Me pregunto qu¨¦ ser¨¢... Bueno, al menos ya no tengo m¨¢s de esos pensamientos, as¨ª que simplemente har¨¦ lo que he estado haciendo", coment¨® sintiendo alivio y tranquilidad. "Espero que no regresen esos pensamientos. Si necesitas m¨¢s pociones, no olvides que las m¨ªas son las mejores", expres¨® con orgullo y con una leve sonrisa de confianza. "?Por supuesto! Siempre vendr¨¦ a tu tienda, ?adi¨®s!", dijo Louis levantando su mano y saliendo por la puerta. "?Adi¨®s!", respondi¨® Amelia mientras lo miraba irse por su ventana al lado del mostrador. Louis regres¨® a casa luego de saludar a mucha gente que lo reconoc¨ªa por la calle. "?Ya estoy de vuelta!", dijo entrando a la casa y cerrando la puerta. "Me alegra ver tu progreso, Louis", dijo el Profesor Maxwell apareciendo en las escaleras de la entrada, escondiendo sus brazos en su espalda. "Profesor... ?me estaba esperando?", dijo con una ligera sorpresa. "S¨ª, ten, me imagin¨¦ que ir¨ªas inmediatamente a la agencia", respondi¨® entreg¨¢ndole su katana y el bolso azul. "Gracias, profesor... Le agradezco mucho por todo lo que ha hecho por m¨ª", expres¨® Louis con sinceridad y calidez, abrazando al profesor. "No te preocupes... Estoy feliz de haberte conocido", expres¨® con sorpresa y alegr¨ªa por el abrazo repentino. "?Adi¨®s!", dijo Louis saliendo por la puerta. "Adi¨®s... ?Hanks! ?Ya est¨¢s listo? Hay que continuar con el proyecto", mencion¨® mientras se iba a buscarlo. "?Ya estoy! Solo guardo la tetera", respondi¨® Hanks. Louis se dirigi¨® a la agencia y, esta vez, not¨® que una mujer estaba viendo joyas que Canbel le estaba mostrando. Una le llam¨® la atenci¨®n a Louis; era un collar con un coraz¨®n dorado. "Me pregunto cu¨¢nto valdr¨¢ una de esas", pens¨® mientras pasaba por la puerta al lado de la caja. Al pasar por la sala de investigaciones, not¨® que Xitlari estaba ah¨ª y, llen¨¢ndose de valor, entr¨® para hablar con ella. Cuando entr¨®, Xitlari fij¨® su mirada en ¨¦l por un instante y escondi¨® dos de sus brazos. "Buenos d¨ªas...", mencion¨® un poco nervioso, intentando acercarse. "Buenos d¨ªas", respondi¨® sin m¨¢s, concentrada en el sello del rollo. "?C¨®mo te va?", dijo tratando de hacer una conversaci¨®n, pero sin saber muy bien qu¨¦ decir. "Bien". "A ella le gusta que se acerquen a ella, ?no?", pens¨®. "?Ya... lograste abrirlo?" Louis segu¨ªa pensando qu¨¦ decir mientras se acercaba a ella, coloc¨¢ndose al lado de ella. "No estar¨ªa tratando de abrirlo, ?no?", respondi¨® levantando su ceja derecha. "Cierto...", dijo mientras se golpeaba levemente con su pu?o en su frente. "No s¨¦ qu¨¦ m¨¢s decirle... Tal vez si la ayudo...", pens¨® tratando de buscar una soluci¨®n. "?Ya trataste, presionando aqu¨ª?". "?No toques!". Xitlari trat¨® de detenerlo, pero al levantar uno de los brazos que escondi¨®, golpe¨® la mesa y el rollo se elev¨® y empez¨® a brillar de un color blanco, y una criatura con cuernos y pelaje blanco sali¨® del rollo, destruyendo la pared; luego comenz¨® a correr por la zona de autos. Xitlari cubri¨® sus manos con su magia azul, salt¨® y tom¨® el rollo y, con dos de las agujas, presionando con fuerza, logr¨® tapar el rollo. "?Qu¨¦ haces? ?Vamos!", dijo molesta, yendo a buscar a la criatura mientras presionaba las agujas en el rollo para que no se sellara nuevamente. *Oficina de Mei* "Estoy diciendo la verdad, Zthur es un nerosma, se?or", expres¨® Mei con respeto a un l¨ªder de la iglesia en la pantalla hologr¨¢fica. "Se?orita Mei... ellos fueron expulsados hace a?os de la tierra y todos los que quedaron ya fueron exterminados," dijo el l¨ªder de la iglesia con una actitud indiferente. "?S¨¦ lo que le digo! Recuerdo perfectamente la apariencia de ellos," replic¨® Mei. "Usted ya ni es palad¨ªn, se?orita... Seguramente qued¨® con secuelas como los otros. Le deseo lo mejor; debo irme," respondi¨® el l¨ªder, totalmente desconfiado. "?No estoy loca! ?Zthur tiene gente con magia de ilusi¨®n y magia blanca! ?El reino est¨¢ en peligro!" expres¨® totalmente molesta. "?Claro que est¨¢ loca! Nadie tiene magia blanca m¨¢s que el sacerdote," dijo furioso, cortando la transmisi¨®n. "?Maldici¨®n! ?Nunca escuchan!" expres¨® con frustraci¨®n, levant¨¢ndose y golpeando su escritorio. "Veo que las cosas no van bien..." dijo Reck, apareciendo en la ventana de la oficina a la izquierda de Mei. "?Reck! ?Qu¨¦ haces aqu¨ª?" pregunt¨® sorprendida al verlo en la ventana. "El rey ?supuestamente! me dio permiso de salir a relajarme, pero lo que va a hacer es esconder el dinero del reino. Lo bueno es que ya s¨¦ d¨®nde lo esconde, pero necesitamos al sacerdote aqu¨ª," respondi¨® irritado, apoy¨¢ndose en la ventana con sus brazos. "Dudo que venga... Ahora creen que estoy loca. ?T¨² no puedes llamar a un l¨ªder?" expres¨® con frustraci¨®n, sent¨¢ndose en su silla. "Me tiene monitoreado por Rays; no s¨¦ qu¨¦ demonios le pasa ayudando a ese tipo," respondi¨® con frustraci¨®n. The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident. "Podr¨ªas hacer una llamada aqu¨ª," coment¨® mientras pensaba en una soluci¨®n. "Ya lo intent¨¦... Algunos hasta se r¨ªen de m¨ª. ''Suspiro'' El sacerdote no vendr¨¢, a menos que Jens pida una reuni¨®n... y ¨¦l ya confirm¨® que no necesita una reuni¨®n este mes." Reck se dio la vuelta y comenz¨® a ver el cielo hasta que escucharon un gran estruendo. "?Qu¨¦ fue eso?" "El rollo... ?ve por el tejado!" expres¨® Mei sorprendida, levant¨¢ndose, tomando su cimitarra y saliendo de la oficina, mientras Reck saltaba y comenzaba a correr a gran velocidad por el tejado. "?Por qu¨¦ ten¨ªas que tocar?" grit¨® Xitlari mientras corr¨ªa, presionando el rollo con las agujas para evitar que se sellara nuevamente con tres de sus manos. "Lo siento... solo quer¨ªa ayudar," respondi¨® sinti¨¦ndose culpable, pero mostrando un poco de seriedad mientras corr¨ªa junto a ella. "?Ap¨¢rtense, todos!" grit¨® Xitlari, y toda la gente comenz¨® a meterse a sus casas o buscar refugio; otros hasta volaban con sus compa?eros de runas para evitar a la criatura. "?T¨² lo detienes y yo lo meter¨¦ nuevamente en el rollo!" "?Bien!" respondi¨®, tomando mayor velocidad e impuls¨¢ndose con algunas casas. Xitlari se concentr¨®, y sus piernas desprendieron el aura azul de su magia. Los autos se desviaban y otros chocaban; algunos que iban a estrellarse contra paredes activaban un sistema que rodeaba todo el coche con una espuma blanca que amortiguaba el choque. Louis estaba a punto de alcanzarla, pero la bestia pate¨® un poste que iba hacia un auto con una familia, y Louis par¨® el poste usando sus dos manos. La bestia segu¨ªa corriendo hasta que recibi¨® un gran pu?etazo desde arriba que la enterr¨® en el suelo y levant¨® una cortina de polvo. Xitlari se sorprendi¨® al ver a Reck encima de la criatura; se cubri¨® de la cortina de polvo, se acerc¨®, abri¨® el rollo y meti¨® a la criatura a la fuerza. Reck se apart¨® y observ¨® c¨®mo la criatura era absorbida por el rollo. Al terminar, Xitlari quit¨® las agujas y el rollo se sell¨®. "?Qu¨¦ era eso? ??Qu¨¦ pas¨®, Xitlari?!" pregunt¨® Reck molesto, acerc¨¢ndose a ella. "?No fue mi culpa!" respondi¨®, defendi¨¦ndose de inmediato. "Claro que s¨ª, siempre quieres hacerlo todo sola," replic¨®, quit¨¢ndole el rollo. "?Espere! ?No es culpa suya! Yo caus¨¦ esto..." expres¨® firmemente, acerc¨¢ndose a ellos. Reck, con una ligera sorpresa al reconocerlo, respondi¨®: "?T¨² estabas con ella?" "S¨ª, se?or, pero yo fui quien toc¨® el rollo y provoc¨® esto," respondi¨®, poni¨¦ndose en frente de Xitlari, d¨¢ndole otra ligera sorpresa a Reck. "?Qu¨¦ fue lo que hicieron?" pregunt¨® Mei, llegando al lugar con Clara a su lado. "Fue mi culpa, lo siento... Pagar¨¦ por todos los da?os," dijo Louis r¨¢pidamente al escuchar la voz de Mei. Luego de escuchar la respuesta de Louis y pensarlo por un momento, dijo: "Ven, Xitlari." Mei se?al¨® con su mano a Xitlari para que se acercara, y ella se acerc¨® cruzando dos de sus brazos. "?Qu¨¦ pas¨®?" " ''Suspiro'' Estaba trabajando y ¨¦l lleg¨® y toc¨® lo que no deb¨ªa. Deber¨ªas poner la puerta en la sala de investigaciones de nuevo," respondi¨®, tratando de justificarse. "No lo har¨¦, y... ?qu¨¦ fue lo que te dije? No trabajes sola, espera a los dem¨¢s y, por favor... tu justificaci¨®n no es v¨¢lida. ?Tienes cuatro manos! Pudiste evitar que tocara el rollo," dijo con una mezcla de paciencia y firmeza. "Bien... ?Cu¨¢l ser¨¢ el castigo?" respondi¨® a rega?adientes, recordando que escondi¨® sus brazos cuando Louis entr¨®. "Hmmm... ?Claro! ?Ustedes, vengan!" dijo, luego de pensarlo por un momento y recordar su idea. "No te sientas mal, chico. Nadie sali¨® herido, pero si no sabes de algo, mejor no ayudes," expres¨® Reck, tratando de animarlo, pues pod¨ªa ver lo mal que se sent¨ªa Louis. Louis se qued¨® callado mientras caminaban hacia Mei. "?C¨®mo es ser mitad demonio?" pregunt¨® un poco inc¨®modo, como si no supiera c¨®mo hablar de estos temas. "?Usted lo sabe? ??Usted es Mern?!" pregunt¨® Louis, sorprendi¨¦ndose. "?Qu¨¦? No, yo soy Reck. Soy compa?ero de Mei y el ¨²nico, aparte de otro, a quien no nos quitaron el puesto de palad¨ªn," expres¨® resignado al mencionar al otro. "Entiendo..." dijo, llegando finalmente con Mei. "Primero... Dame eso," Mei le quit¨® el rollo a Reck cuando lleg¨®, y Reck levant¨® la ceja ante la acci¨®n. "Segundo, te presento a Reck Mortz, Louis, el palad¨ªn m¨¢s fuerte del reino... al menos hasta que yo recupere mi puesto," expres¨® con una sonrisa desafiante. "Jah, ?qu¨¦ dices? Siempre he sido el prime..." dijo, como si no pudiera evitar una leve sonrisa. "?Tercero! Ustedes dos ir¨¢n a entregar una joya que fue encargada por Donquichua," expres¨® Mei, interrumpiendo a Reck con su tono de voz dulce y suave. "?Qu¨¦? Pero yo no..." dijo Xitlari, en desacuerdo con el castigo. "Nada de peros. Tambi¨¦n ayudar¨¢n a Mern; siempre pasa afuera del reino por estar entregando joyas," Mei interrumpi¨® a Xitlari y dio la vuelta. Xitlari suspir¨® y le entreg¨® las agujas a Mei y se fue del lugar mientras escond¨ªa sus brazos. "Se?orita Mei... Creo que toda la culpa deber¨ªa caer en m¨ª," expres¨® con un tono de frustraci¨®n, culpa y un toque de miedo. "Tal vez... pero conozco a Xitlari, y su perfecci¨®n no la llevar¨¢ a nada. A ella le faltaban meses para ser una palad¨ªn, lo cual significa que t¨² eres superior a ella y debes instruirla," mencion¨® Mei, entendiendo a Louis y recordando todo lo bueno antes de que el rey muriera. "??Yo!? ?Instruirla? Yo... ?no puedo hacer eso!" expres¨® con gran sorpresa y un toque de nerviosismo. "Yo me retiro; no quiero que est¨¦ molest¨¢ndome el conde. Me avisas de cualquier cosa importante por la noche," coment¨® Reck, separ¨¢ndose de ellos. Muchos autos altos, que cargaban un gran contenedor con piedra con gente encima de la piedra, llegaron, junto con otros autos largos que transportaban a muchas personas con trajes azules. "?Ellos... qui¨¦nes son?" dijo Louis, curioso, vi¨¦ndolos llegar al lugar. "Ellos son arquitectos y helpers. Reparan los da?os que se presentan y dan asistencia a los involucrados en accidentes. Eso s¨ª, yo les pago. Descubr¨ª que Jens no se da cuenta de casi nada de lo que pasa en el reino," respondi¨® Mei, susurr¨¢ndole cuando le dijo que ella les pagaba. "?Vamos!" dijo Mei, empezando a caminar hacia la agencia, y Louis la sigui¨® mientras miraba c¨®mo reparaban la calle y ayudaban a la gente. Louis se sinti¨® culpable por todo lo ocurrido y mostraba frustraci¨®n en su rostro. "No te sientas mal... La gente est¨¢ bien, los autos tienen un sistema anti-da?os, y reparar la carretera no es nada del otro mundo, pero igualmente tendr¨¢s que pagar los da?os", expres¨® notando el ¨¢nimo que llevaba Louis encima, y ¨¦l solo suspir¨®. "?C¨®mo no me voy a sentir mal...? Todo esto es mi culpa, solo por intentar acercarme a ella", Louis segu¨ªa sintiendo culpa y se dio cuenta de sus ¨²ltimas palabras. "?Quieres acercarte a ella...?". "No es lo que quise...", dijo, siendo interrumpido. "No es nada f¨¢cil. Ella es muy cerrada y, aunque habla conmigo, Kassie y los otros, la gente nueva... no es de su agrado. Pero puede que t¨² llegues a agradarle por ser diferente", coment¨® en un tono sereno, buscando darle algo de perspectiva y que le ayudaran sus palabras. "?Diferente?", pregunt¨® confuso mientras continuaban caminando hacia la agencia. "S¨ª, quiero decir... eres un h¨ªbrido. Ella siempre apoya a ellos porque son diferentes... como ella", respondi¨® desordenando el cabello de Louis con una mano. "Dejando eso de lado, quer¨ªa preguntarte... ?No te duele cuando usas tu magia?". "No, ?por qu¨¦ la pregunta?". "Curiosidad. Contigo, solo se han registrado tres personas con esa magia en todo el mundo, aunque... en el sistema de la iglesia te tienen como si tuvieras magia de fuego", mencion¨® mientras Clara volaba alrededor de ella. "Jeh... Mi maestro seguramente hizo algo...", dijo al instante con certeza y con una ligera sonrisa. "Rei, eh...", pens¨® Mei al escuchar el nombre. Luego de la caminata, Louis se encontraba en la sala de espera sentado en un sof¨¢ de cabeza. "?Cu¨¢ndo dejar¨¦ de cometer errores...?", pens¨® viendo el tragaluz de cristal. La puerta de la sala se abri¨® y ah¨ª estaba Kassie. "Hola", dijo Kassie ligeramente. "Hola, Kassie...", respondi¨® Louis desanimado. "Quer¨ªa disculparme por haber revelado tu secreto ayer...", expres¨® con sinceridad y mostrando culpabilidad en su expresi¨®n mientras se sentaba en el sof¨¢ frente a Louis. "No te preocupes, ten¨ªan que darse cuenta, y a m¨ª no me gusta mentir. Mis padres me ense?aron que era algo que jam¨¢s deb¨ªa hacer, al menos con la gente que conozco", expres¨® tratando de aliviar la culpa de Kassie y sent¨¢ndose adecuadamente en el sof¨¢. "Gracias... Y t¨², ?por qu¨¦ est¨¢s desanimado?", pregunt¨® tratando de ayudarlo, pero Louis no estaba seguro de responder. "?Vamos! Puedo ayudarte, ambos somos h¨ªbridos, ya eres un hermano para m¨ª", insisti¨® mostrando una leve sonrisa. "Creo... que... me gusta alguien", dijo con un poco de desconfianza, tapando su rostro al apoyar su brazo en su frente. "Oh... Ya veo... Bueno, nunca he tenido una relaci¨®n, as¨ª que no tengo mucho que decirte, adem¨¢s de que seas t¨² mismo", mencion¨® con una leve sorpresa tratando de ayudar un poco. "''Suspiro'' hoy trat¨¦ de ser yo, y... la regu¨¦ totalmente", respondi¨® con frustraci¨®n sin mostrar su rostro. "S¨ª... Escuch¨¦ que abriste el rollo... de...", dijo analizando un poco la situaci¨®n. "?No puede ser! ??Te gusta Xitlari?!", al darse cuenta, hizo un sonido de sorpresa con su boca, estaba totalmente sorprendida. "No lo menciones, por favor... De por s¨ª est¨¢ molesta conmigo, si escuchara eso, jam¨¢s volver¨¢ a decirme una palabra, creo...", dijo sin ganas de mostrar su rostro por la verg¨¹enza que sent¨ªa. "?Vamos! No seas t¨ªmido, tal vez pueda ayudarte, recuerda que soy amiga de ella", insisti¨® sent¨¢ndose al lado de ¨¦l y tocando con su dedo varias veces el brazo de Louis. "No lo s¨¦... Yo nunca antes hab¨ªa sentido nada por nadie, no s¨¦ c¨®mo actuar", respondi¨® quitando su brazo de su rostro y poniendo ambos en sus rodillas. La puerta de la sala se abri¨® nuevamente, entrando Ann con Ririam detr¨¢s de ella. "?Louis, Kassie! ?Hola! Me alegra verlos, pero m¨¢s a ti, Louis. Dime, ?c¨®mo se siente tener lava en tus manos? ?Quema?", dijo con alegr¨ªa y emoci¨®n acerc¨¢ndose a Louis y tocando su mano. Luego hizo una peque?a pausa, pensando como si algo se le ocurriera, y con un suspiro a?adi¨®, "?Sientes calor?". "Ehmm... No, no, y... pues se siente como si fuera agua, pero viscosa y espesa, como si tuviera vida", dijo tratando de responder a sus preguntas mientras ella le quitaba su guante para ver si no ten¨ªa quemaduras, y Louis not¨® que las manos de Ann solo ten¨ªan cuatro dedos. "?Qu¨¦ incre¨ªble!", dijo Ann al escuchar sus respuestas. "Toma un poco de distancia, Ann, y t¨² tambi¨¦n deber¨ªas, Kassie, si pasa algo, solo t¨² detendr¨¢s la lava", dijo Ririam alejando a Ann. "?Qu¨¦ quieres decir? Yo no har¨¦ nada malo...", expres¨® Louis un poco molesto por las palabras de Ririam. "Puede ser, pero... igualmente tengo mis precauciones", mencion¨® mostrando que en la parte derecha de su abrigo estaba lleno de objetos de agua y hielo, y los de hielo desprend¨ªan un aire helado. Louis, sorprendido, dijo: "?No tienes fr¨ªo?". "Un poco... pero por salvar al reino vale la pena", respondi¨® dejando de mostrar sus objetos. "No seas as¨ª con ¨¦l. Oigan, ?quieren ir a almorzar al restaurante El Dorado? Es nuevo y est¨¢ al frente de aqu¨ª, y nos comentas m¨¢s de tus habilidades, Louis", expres¨® Ann con una actitud radiante, alegre y con ganas de saber m¨¢s. "S¨ª, porque dudo que volvamos al restaurante Prilias con lo que pas¨® en la ma?ana", murmur¨® Ririam. "?C¨®mo? ?Sigues molesto?", dijo Ann volteando su mirada a Ririam y mostrando un poco de tristeza en su rostro. "No, todo est¨¢ bien", respondi¨® mostrando un leve enojo que intentaba ocultar. "No lo s¨¦...". "?Iremos!", respondi¨® Kassie empujando a Louis levemente. "Te servir¨¢ para levantar esos ¨¢nimos", susurr¨® Kassie a Louis. "?Vamos entonces!", dijo Ann con emoci¨®n. En la salida de la agencia, Ann se pregunt¨® colocando un dedo de su mano derecha en su mejilla: "Hmm, ?deber¨ªamos invitar a Xitlari tambi¨¦n?". "?Para que te diga que no? A ella le gusta estar sola", respondi¨® Ririam abriendo la puerta. "Cierto... Ojal¨¢ pudiera hablar m¨¢s con ella", dijo Ann un poco triste, saliendo por la puerta seguida de Ririam, Kassie y Louis, quien era jalado de su gabardina por Kassie. "Tambi¨¦n podr¨ªan hablarnos de las habilidades del tipo con magia blanca", mencion¨® Ririam mostrando un poco de inter¨¦s cuando iban al restaurante. "S¨ª, claro, no hay problema", respondi¨® Kassie mientras continuaba jalando a Louis. Entrando en el restaurante, Ann salud¨® a todos con un "?Hola!" radiante y lleno de emoci¨®n. El restaurante ten¨ªa muchas mesas, las paredes eran de color rojo con cuadrados dorados y ten¨ªa peque?as linternas doradas en el techo. Ten¨ªa dos ventanas peque?as al lado de una mesa, y esa eligieron. Al lado de la entrada hab¨ªa un piano de madera caf¨¦ con varios detalles dorados. "Les agradezco por venir a nuestro restaurante, me llamo George. Son de los primeros clientes de hoy, y si no es problema... ?Me dar¨ªa su aut¨®grafo, se?orita Ann?", dijo un hombre vestido de negro y con el cabello corto arriba y semi-rapado a los lados, entreg¨¢ndoles el men¨². "?Por supuesto!", dijo Ann tomando la libreta y firm¨¢ndola. "?Muchas gracias!", dijo el hombre al recibir el aut¨®grafo. "Qu¨¦ hermoso piano", pens¨® Louis, fascinado por el piano. "?Tocas el piano, Louis?", pregunt¨® Kassie notando c¨®mo Louis miraba el piano. "S¨ª, mi maestro me ense?¨®. ¨¦l es un experto; jam¨¢s pude llegar a la forma en que ¨¦l toca... y dudo poder, ¨¦l tiene seis dedos en cada mano, eso le da ventaja", afirm¨® con gran orgullo y aprecio a su maestro. "?Seis dedos! Whoa", dijo Kassie imagin¨¢ndose la velocidad con la que debe tocar el piano. "?Oigan! Elijan qu¨¦ comer¨¢n. Quiero papas cocidas y pollo litia a la plancha con crema Riz", dijo Ririam cerrando el men¨² mientras estaba sentado al lado de Ann. "Yo quiero arroz amarillo y carne de Marfron con una salsa de queso encima, gracias", respondi¨® Ann con una leve sonrisa en su rostro. "Yo pedir¨¦ una ensalada de huevo de litia", dijo Kassie un poco molesta por el rega?o de Ririam. "?No tienen s¨¢ndwiches?", pregunt¨® Louis buscando en el men¨². "?S¨¢ndwiches?", coment¨® George frunciendo el ce?o. "Louis... aqu¨ª no hay eso", mencion¨® Ririam cruzando sus brazos. "?Ah, no? Pues... deme... el platillo de suitsequer", dijo, y George se fue con la orden. "Ni siquiera sabes qu¨¦ es, ?verdad?", pregunt¨® Ririam observ¨¢ndolo fijamente. "No, pero luce bien", respondi¨® mientras tronaba sus dedos. " ''Suspiro''... No importa, cu¨¦ntenme, ?qu¨¦ tan fuerte era el tal Tai?" Ririam se miraba muy interesado tanto para ignorar la acci¨®n de Louis. "Dir¨ªa que ten¨ªa una fuerza igual a la m¨ªa, y pod¨ªa crear katanas con su mano derecha", respondi¨® Louis con preocupaci¨®n, recordando la pelea. "S¨ª, adem¨¢s pod¨ªa controlarlas para volar sobre ella o lanzar una gran cantidad. Us¨¦ un escudo de hielo que giraba para protegernos de ellas, pero con una de ellas atraves¨® mi escudo con facilidad", expres¨® Kassie, recordando c¨®mo la katana atraves¨® a Louis. "Recuerdo que, cuando saqu¨¦ la katana, ten¨ªa un aura de niebla blanca. Creo que con eso logra hacerlas m¨¢s fuertes. Tambi¨¦n ten¨ªa la capacidad de meternos en una zona totalmente cubierta de una niebla negra", mencion¨®, con seriedad debido a la intensa pelea que tuvieron. "Lo ¨²ltimo seguramente debi¨® ser magia de ilusi¨®n, pero lo dem¨¢s... Ese tipo s¨ª que tiene muchas habilidades: magia de ilusi¨®n, magia de creaci¨®n y magia blanca. Ser¨¢ un gran problema enfrentarlo", coment¨® Ririam, tratando de crear un plan para Tai. "Bueno, ir¨¦ a lavarme las manos antes de que traigan la comida". "Yo tambi¨¦n", a?adi¨® Kassie, yendo detr¨¢s de Ririam, un poco apartada... "Tambi¨¦n ir¨¦...", pens¨® Louis mientras se quitaba sus guantes. "?T¨² no ir¨¢s, Ann?". "Claro que s¨ª, pero quiero preguntarte algo... Te gusta Xitlari, ?cierto?", expres¨® de forma alegre y directa. Louis, sorprendido de que ya lo supiera, dej¨® caer uno de sus guantes. "?C¨®mo lo sabes? ?Ya te lo cont¨® Kassie?", pregunt¨® nervioso y sonrojado. "?Se lo contaste? Jajaja, yo lo descubr¨ª justo ayer... Cuando ella se acerc¨® a ti, pude notar tu expresi¨®n y sab¨ªa que no me equivocaba, pues me pas¨® igual con Ririam cuando me enamor¨¦ de ¨¦l", respondi¨® de manera alegre y sonroj¨¢ndose al final de sus palabras. "Ya veo... No le cuentes a nadie, por favor", dijo Louis, recogiendo su guante con un leve sonrojo y dirigi¨¦ndose a lavarse las manos. "No te preocupes, no le dir¨¦ a nadie", afirm¨® con una sonrisa, levant¨¢ndose tambi¨¦n mientras Ririam ya ven¨ªa de regreso. Luego de que Louis se lavara las manos, se dirigi¨® a la mesa y solo encontr¨® a Ririam. "?Siguen en el ba?o?", pregunt¨® Louis calentando sus manos, y Ririam estaba a punto de sacar un arma de hielo. "?Oye! C¨¢lmate". "Lo siento, estoy atento ante cualquier cosa", dijo Ririam, sacando su mano de su abrigo. "Creo que exageras...", mencion¨® sent¨¢ndose en la silla. De pronto, las luces se apagaron dejando solo dos que iluminaban a Ann. Kassie se sent¨® en su silla r¨¢pidamente. "?Qu¨¦ es esto?", pregunt¨® Ririam a Kassie. "Es para animar a Louis y tambi¨¦n... la canci¨®n es para ti", susurr¨® Kassie. Ann levant¨® a Louis de su silla con su magia de viento amarillo y lo puso en el piano. Louis estaba dudando; sus dedos apenas rozaban las teclas, pero George levant¨® su pulgar, mostrando su aprobaci¨®n. El primer acorde reson¨® con una calidez que llen¨® todo el lugar. La melod¨ªa brot¨® con gran armon¨ªa. Cada toque era como un rayo de sol iluminando el lugar. Ann comenz¨® a cantar y su voz era como un gran sol que cubr¨ªa la piel con su c¨¢lido brillo, cada palabra estaba llena de cari?o y suavidad. Every single day with you, Is like sunshine I feel the sun when I hug you, My life changes when I meet you Always... I want to... stay... with you... I want to stay with you, my yellow love! My life shines like the golden color, you''re everything for me, my yellow love. Don''t be shy, don''t go away from me, I can''t live without you. Don''t go, my yellow love! I am not complete if I don''t have you. When the light of the sun touches my face, I can feel, like I''m with you! I want to stay with you, my yellow love! My life shines like a diamond. We were destined to be a yellow couple. When I see you, I feel the radiance of the sun. The sunrise with you, when the leaves fall in the autumn season! You change my life, you change me, my yellow love. I want to stay with you, my yellow love! My life shines like a rainbow. You''re my boy, I am your girl, and I always want that... my yellow love... A medida que Ann cantaba, Louis comenzaba a tocar con m¨¢s confianza. Sus dedos se mov¨ªan con gran tranquilidad sobre las teclas negras y blancas, creando una melod¨ªa que se conect¨® directamente desde el coraz¨®n de ambos. Cada nota resonaba con profundidad, desde las m¨¢s graves hasta las m¨¢s suaves que marcaban el ritmo, hasta los agudos que brillaban como rayos de luz. En las ¨²ltimas palabras de la canci¨®n, Ann levant¨® su mano, se?alando a Ririam, y Kassie le dio un ligero empuj¨®n. Ririam la observ¨® por un segundo y luego vio a Ann con su hermosa sonrisa; se levant¨® de la silla inmediatamente y le dio un c¨¢lido y sentimental abrazo. "Te amo... Mucho. Jam¨¢s habr¨¢ alguien o algo que pueda darme lo que t¨² me has dado... y me sigues dando", expres¨® con gran sentimiento, poniendo sus manos en su rostro y d¨¢ndole un largo y gentil beso. Louis culmin¨® la canci¨®n tocando un suave y final acorde bajo, como el ¨²ltimo resplandor del sol... en un atardecer. Fin del cap¨ªtulo Un nuevo cambio #8 Luego del accidente del rollo y el castigo de Mei, Xitlari se encontraba caminando hacia la zona suroeste en la acera. "Si nunca hubiera llegado, nada de esto hubiese pasado... ?Qu¨¦ molestia!" dijo con gran frustraci¨®n, presionando sus pu?os. "Nunca me equivoco cuando hago las cosas sola...". "?Oye, fen¨®meno! Ve a caminar enfrente de otra..." grit¨® un hombre de barba, saliendo de su tienda. Al pasar al lado, Xitlari le dio un pu?etazo r¨¢pidamente, quebr¨¢ndole la nariz, lo que lo hizo caer al suelo cubri¨¦ndose la cara y quej¨¢ndose del dolor. Mientras tanto, Xitlari continuaba caminando. "Lo necesitaba..." mencion¨® al alejarse de ah¨ª con un suspiro de frustraci¨®n. "No har¨¦ la misi¨®n con ¨¦l. Debo pedirle a Mei que me deje hacerlo sola y que ¨¦l haga otra cosa. No me importa," balbuce¨® enojada, llegando a un edificio de dos pisos en una esquina con una ventana larga azul. Las paredes eran bell¨ªsimas, con algunas decoraciones. La entrada ten¨ªa un peque?o toldo azul y, arriba, en el segundo piso, hab¨ªa otra ventana larga que iluminaba la sala superior. "?Lily! ?Hola!" exclam¨® al entrar al lugar, que estaba muy silencioso. "?Xitlari!" gritaron varios ni?os al un¨ªsono, corriendo hacia ella y d¨¢ndole un abrazo. "?Hola! ??C¨®mo est¨¢n todos?!" Xitlari estaba muy feliz abrazando a los ni?os. "?Muy bien!" respondieron. "?C¨¢rganos!" dijo una ni?a. "S¨ª, por favor," a?adi¨® otra. "?O ya no puedes?" dijo un ni?o desafi¨¢ndola. "Ja, ja... ?Creen que no puedo? ?Claro que puedo!" expres¨® aceptando el reto con una sonrisa, levantando a todos los ni?os con sus cuatro brazos, quienes comenzaron a re¨ªr y a sentirse emocionados. "?Dahlia! Digo, ?Xitlari! Me alegra verte. ?Pas¨® algo?" dijo una mujer con una voz amable y calmada. Usaba un vestido blanco y una bata amarilla. Su cabello era caf¨¦, y ten¨ªa ojos de color verde. Llevaba zapatillas negras con calcetas altas blancas y un reloj avanzado en su brazo izquierdo. "Ven¨ªa de paso, tambi¨¦n para distraerme y quitarme un poco de enojo de encima," respondi¨® Xitlari, bajando a los ni?os y acerc¨¢ndose a Lily para darle un abrazo. "?Enojo? ?La gente te sigue insultando? Entonces... ?no funciona que escondas tus brazos?" pregunt¨® Lily preocupada, regres¨¢ndole el abrazo a Xitlari. "Funciona un poco. Algunos me reconocen, pero estoy enojada por otra cosa," respondi¨®, recordando la raz¨®n por la que estaba ah¨ª. "Entiendo... ?Ni?os! Ya casi es hora de almorzar. Vayan a buscar su plato para que Julia les sirva," dijo Lily, agach¨¢ndose con una leve sonrisa en su rostro. "?S¨ª!" gritaron los ni?os emocionados, corriendo a buscar su plato. "Cu¨¦ntame, ?qu¨¦ te pas¨®?" Lily se sent¨® en una silla y le ofreci¨® a Xitlari otra al lado de ella. "Es un nuevo chico. Por su culpa ahora tengo que salir del reino con ¨¦l a entregar un paquete," respondi¨® con un leve suspiro, sent¨¢ndose en la silla con molestia. "Pero a ti te gusta viajar, ?cu¨¢l es el problema?" dijo Lily, extra?ada. "No quiero ir con ¨¦l. Por su culpa un objeto muy peligroso se abri¨® y la culpa cay¨® en m¨ª tambi¨¦n. Y si voy con ¨¦l a la misi¨®n, seguramente har¨¢ algo m¨¢s y me meter¨¢ en m¨¢s problemas," expres¨® juntando sus cuatro manos. "?Y por qu¨¦ no hablas con Mei para hacerlo sola? Tambi¨¦n puedes pedirle que vayas con Kassie," coment¨® tratando de buscarle una soluci¨®n. "Iba a hacerlo, pero pens¨¢ndolo bien, no quiero molestarla... Cuidar de este reino con los recursos que ella tiene no es para nada f¨¢cil, y ella apoya totalmente que trabaje en equipo. Adem¨¢s, no podr¨ªa meter a Kassie en un problema m¨ªo," respondi¨® con comprensi¨®n y se levant¨®, observando y tocando con dos de sus manos la ventana azul. "Pero t¨² s¨ª la ayudar¨ªas en un problema suyo, ?no? Ja, ja, ja. Eres igual a tu padre," mencion¨® con una ligera risa y melancol¨ªa. "?T¨² crees...? ''Suspiro'' Ojal¨¢ pudiera hacerlo todo perfectamente. La verdad es que me dio un poco de verg¨¹enza. ¨¦l entr¨® y escond¨ª mis manos, y por eso... No pude detenerlo. De hecho, al intentarlo mis manos golpearon la mesa, pero igualmente ?¨¦l presion¨® el rollo! Y si no hubiese entrado, ?nunca se hubiera abierto el rollo!" Xitlari trat¨® de reflexionar, pero lleg¨® a la misma conclusi¨®n, molest¨¢ndose en el proceso. "Entonces... Ve y preg¨²ntale a Mei. Si deseas hacerlo sola, hazlo sola. Pero tal vez el chico no ten¨ªa esas intenciones. He notado que t¨² te comportas como ellos. No debes ser como ellos... No todos te van a despreciar, Xitlari. Si sigues as¨ª, lo har¨¢n..." expres¨® Lily, entendiendo lo que sent¨ªa Xitlari y con gran preocupaci¨®n por su actitud. Las palabras de Lily la hicieron recordar algo: "De hecho, me parecen incre¨ªbles tus brazos..." Sus labios se fruncieron levemente, mostrando un toque de culpa, como si acabara de darse cuenta del error cometido. "Creo que tienes raz¨®n... Pero no s¨¦... ?Y si me mete en problemas?" coment¨® aceptando todo y acerc¨¢ndose a la salida. "Ya lo solucionar¨¢s," respondi¨®. "Es f¨¢cil decirlo. Igualmente, gracias por escucharme", dijo con gratitud. "No hay de qu¨¦... ?Quieres comer algo antes de irte?", dijo alegr¨¢ndose de que hubiera entendido su mensaje. "No, no tengo hambre. Creo que regresar¨¦ a la agencia. Adi¨®s, y sal¨²dame a los ni?os, por favor", expres¨® de manera tranquila, con una leve sonrisa al despedirse y salir del lugar. Lily se puso de pie y dec¨ªa adi¨®s con su mano y con una ligera sonrisa. "Espero que te vaya bien, mi ni?a". Luego de una gran caminata de regreso, Xitlari se encontr¨® con una gran sorpresa antes de entrar a la agencia... Escuch¨® una melod¨ªa que llam¨® su atenci¨®n. "?Ese es... Louis!" Xitlari not¨® el cabello rojo de Louis y, al acercarse un poco al restaurante, lo reconoci¨®. "Y esa es Ann", mencion¨® al escuchar la hermosa voz de Ann. "Lily tiene raz¨®n... Me he comportado como los que me desprecian, por miedo a que me desprecien... y eso me ha hecho estar sola la mayor parte del tiempo", pens¨® sinti¨¦ndose un poco mal y recordando las recientes palabras de Lily. Xitlari se sent¨® en la entrada de la agencia a escuchar la canci¨®n. "Jeh, debe ser para Ririam... ?C¨®mo hace para seguir el ritmo de Ann? No... Ann se est¨¢ adaptando al ritmo de Louis. ?Jah! Por algo es una cantante profesional...", pens¨® mientras continuaba escuchando la canci¨®n. En el hombro de Xitlari, una energ¨ªa azul se estaba reuniendo poco a poco. Luego, al escuchar el final, la energ¨ªa se transform¨® en un b¨²ho azul. "?Awww, qu¨¦ hermoso piano! ??D¨®nde est¨¢ el pianista?!", expres¨® el b¨²ho, sintiendo gran pasi¨®n y emoci¨®n. Xitlari estaba sorprendida por la aparici¨®n del b¨²ho, emitiendo un suspiro de sorpresa. "Un nuevo esp¨ªritu...", dijo pensando. "Me da gusto haber decidido entrar en tu vida. Me llamo Buh. Dime, ?d¨®nde est¨¢...? Oh... qu¨¦ triste...", expres¨® Buh con gran emoci¨®n, que desapareci¨® al final de sus palabras. "?De qu¨¦ hablas?", dijo Xitlari levant¨¢ndose del suelo y notando que se acercaba mucha gente. "Estoy viendo tu pasado... Lamento no haber entrado en tu vida antes... Ya veo... As¨ª que eso le pas¨® a Lum...", respondi¨® con tristeza al ver los recuerdos de Xitlari. Xitlari entr¨® r¨¢pidamente a la agencia y se dirigi¨® a la sala de espera. "?Oye, a d¨®nde vamos? Quiero conocer al pianista y a la cantante de esa canci¨®n", replic¨® al no poder separarse de Xitlari. "No quiero que me vean hablando sola, suficiente tengo con el tema de mis brazos", respondi¨® firmemente, abriendo la puerta. "?Cu¨¢l es tu posici¨®n de manos?", pregunt¨® sent¨¢ndose en el sof¨¢. "Ocho circalitas, cuatro mirias y seis linneas. Aunque te sugiero que practiques con dos manos. Veo que solo sabes hacer el esp¨ªritu del rinoceronte con tus cuatro manos", respondi¨® el b¨²ho espiritual mientras segu¨ªa viendo la vida de Xitlari. "Ocho, cuatro y seis... ?Lo tengo! Antes te escuch¨¦ mencionar el nombre de mi padre, ?lo conoces?", dijo, memorizando el orden y sintiendo curiosidad por lo que dec¨ªa el b¨²ho. "Lum es conocido en el mundo espiritual. Muchos esp¨ªritus quer¨ªan ser uno de los tres elegidos para entrar en su vida, incluy¨¦ndome. Pero me di cuenta de que ¨¦l no me necesitaba... Su vida ya estaba bien, y yo... soy el tipo de esp¨ªritu que aconseja. No pod¨ªa estar con ¨¦l. Yo soy de los que deben ir con personas que necesitan m¨¢s ayuda para mejorar sus vidas. Tal vez no entr¨¦ en la vida de Lum, pero s¨ª en la de su hija adoptiva", contest¨®, recordando cuando todos los esp¨ªritus hablaban de Lum y cuando logr¨® tener la oportunidad de entrar en su vida. El ¨²ltimo comentario del b¨²ho irrit¨® un poco a Xitlari. "?Qu¨¦ tipo de habilidades tienes?", pregunt¨® directamente. "Hmm, qu¨¦ directa. Tengo la capacidad de ver las auras de los dem¨¢s si conectas con ellos. Adem¨¢s, podr¨¢s invocarme para volar, hacer un escudo y tambi¨¦n te dar¨¦ muchos consejos. Soy sabio, ni?a", respondi¨®, volando alrededor de la cabeza de Xitlari. "?Aj¨¢! Se llama Louis el pianista y Ann la cantante, pero me gust¨® m¨¢s el piano. Me record¨® algo de mi vida pasada", coment¨® al instante, par¨¢ndose en el hombro de Xitlari. "?Ya terminaste de ver mis recuerdos?", mencion¨® Xitlari sarc¨¢sticamente. "Casi... Veo que est¨¢s en un mal camino, incluso te hab¨ªas dado cuenta de eso. No te preocupes; conmigo cambiar¨¢s, mejorar¨¢s y alcanzar¨¢s la mejor versi¨®n de ti misma. Obviamente no ser¨¢ f¨¢cil, pero me esforzar¨¦ para lograrlo antes de que te vuelvas una anciana, lo juro", dijo con confianza, levantando su ala al jurar. The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. "No estoy en un mal camino", replic¨® Xitlari, fijando su mirada en el b¨²ho. "Claro que s¨ª. Ser ruda con la mayor¨ªa, poco amable, solitaria y cerrada no es correcto", insisti¨® el b¨²ho, remarc¨¢ndoselo como si ya la conociera totalmente. "Mi padre dijo que fuera yo misma...", expres¨®, neg¨¢ndose a aceptar lo que el b¨²ho dec¨ªa. "?Ya ves? ?Eres cerrada! Lum dijo bien, pero tienes que cambiar y mejorar para llegar a ser tu mejor versi¨®n y quitar las malas cosas de ti misma", expres¨® con gran sabidur¨ªa, volviendo a girar alrededor de la cabeza de Xitlari. Xitlari cruz¨® sus cuatro brazos mostrando molestia al escuchar las verdades que el b¨²ho espiritual le dec¨ªa. Luego, la puerta se abri¨®, entrando Mei a la sala. "?Xitlari! Te estaba buscando, quiero hablar contigo", dijo con su voz dulce y suave, sent¨¢ndose a su lado. "S¨¦ que te gusta hacer las cosas sola, pero tienes que aprender a trabajar en equipo". "?S¨ª! Mei s¨ª sabe de lo que hablo", mencion¨® el b¨²ho espiritual. Xitlari escuch¨® al b¨²ho y retorci¨® los ojos. "Deja de retorcerme los ojos", expres¨® Mei con una leve molestia, jal¨¢ndole el cachete. "?Au! No era para ti. No te preocupes, ya hab¨ªa decidido ir con ¨¦l, pero yo llevar¨¦ la joya", coment¨® mientras se sobaba el cachete. "?Cambiaste de opini¨®n? Raro ver eso en ti, pero me alegra escuchar eso. Louis es un buen chico, pueden hacer las paces mientras viajan y, adem¨¢s, es diferente como t¨² y... a ti te agrada la gente diferente", expres¨® contenta y tratando de convencerla a¨²n m¨¢s. "S¨ª, entiendo, tratar¨¦ de hacer las paces...", respondi¨® para tranquilizarla. "?Me alegra! ?Ah! Algo m¨¢s, no dejar¨¦ que toques el rollo a menos que trabajes con los dem¨¢s, ?entendido?", mencion¨® levant¨¢ndose y a punto de salir por la puerta. "Entendido...", respondi¨® un poco a rega?adientes. "Bueno, ?me dejar¨¢s conocer a Louis?", pregunt¨® el b¨²ho espiritual apenas sali¨® Mei de la sala. "?Para qu¨¦? No puede verte... y ya lo conoces por mis recuerdos", respondi¨® levant¨¢ndose del sof¨¢. "Me gustar¨ªa conocerlo en persona y tambi¨¦n a Ann", afirm¨® el b¨²ho. "Ma?ana", respondi¨® r¨¢pidamente mientras se dirig¨ªa a la sala de investigaciones. "?Por qu¨¦ ma?ana? ?Puede ser hoy!", insisti¨® el b¨²ho espiritual. "Porque s¨ª. Te pido que no me hables mucho, no quiero que me vean hablando sola de pronto", dijo antes de entrar a la sala de investigaciones. "Bien, pero igualmente hablar¨¦...", respondi¨® el b¨²ho. Todos observaron a Xitlari apenas ella entr¨®, y ella se paraliz¨® por todas las miradas. "Vine a... ayudar", dijo nerviosa, tratando de seguir caminando. Luego de escuchar eso, todos continuaron arreglando el lugar. Xitlari se acerc¨® y levant¨® varios objetos del suelo, cargando una gran cantidad gracias a sus brazos. Los investigadores notaron esto, pero continuaron trabajando. En una hora ya todo estaba ordenado y los arquitectos arreglaron el muro destruido. "?Ahora qu¨¦? Deber¨ªa tratar de ayudarlos, no quiero tocar el rollo... Ahora siento p¨¢nico por culpa de ¨¦l", pens¨® parada viendo c¨®mo trabajaban los dem¨¢s. "?Por qu¨¦ no empiezas acerc¨¢ndote y no tengas miedo? Solo inf¨®rmales lo que descubriste del rollo", mencion¨® el b¨²ho espiritual. "?Qu¨¦ bonito es leer mi mente, ??cierto?!", susurr¨® molesta por el comentario. Xitlari se acerc¨® a la mesa. "Quer¨ªa decirles... que las agujas tallas 2 y 3 funcionan correctamente, adem¨¢s, la parte superior es la m¨¢s fina y tambi¨¦n la m¨¢s fr¨¢gil y f¨¢cil de remover. Tambi¨¦n los extremos de ambos lados no deben ser tocados cuando se retira la cuarta capa. Ya la quinta no pude quitarla", expres¨® de una manera calmada y profesional. "Cuando se trata de eso, se te hace m¨¢s f¨¢cil. Ve a ayudar a otros", dijo el b¨²ho, incit¨¢ndola. "Ya los ayud¨¦... con eso es suficiente", susurr¨® Xitlari, neg¨¢ndose a la idea. "?Ve a ayudarlos!", expres¨® el b¨²ho molesto. "?Est¨¢ bien!", respondi¨® con molestia, acerc¨¢ndose a un hombre en una pantalla hologr¨¢fica. "Si usas este c¨®digo, ser¨¢ m¨¢s f¨¢cil guardar los archivos y estar¨¢n con m¨¢s protecci¨®n", mencion¨® Xitlari, ense?¨¢ndole un c¨®digo de encriptado. "Oh... Es verdad, gracias", respondi¨® el hombre. Xitlari not¨® que le gustaba esto y fue a ayudar a una mujer con un escudo de cuerpo completo. Luego ayud¨® a otra con el cableado de un dispositivo de comunicaci¨®n y, por ¨²ltimo, olvidando el p¨¢nico que sent¨ªa, desarm¨® todo el sello del rollo con ayuda de los dem¨¢s. Al final, Mei iba pasando a su oficina con una bolsa y not¨® a Xitlari trabajando con los dem¨¢s, escap¨¢ndosele una sonrisa de orgullo. "?Viste? No estuvo tan mal", mencion¨® el b¨²ho espiritual luego de que salieran de la sala de investigaciones. "S¨ª... Ten¨ªas raz¨®n, pero... recuerdo que en el pasado...", dijo sintiendo una gran felicidad dentro de ella, pero recordando el pasado. "No... Ahora, deja el pasado y camina en el presente", coment¨® el b¨²ho, levantando su ala para detenerla. "Bien, tengo que informarle a Mei de lo que encontramos", dijo dirigi¨¦ndose a la oficina de Mei. Pasamos con los dem¨¢s que estaban en el restaurante El Dorado. Ya todos hab¨ªan terminado de comer y estaban conversando. "Entonces Ann tiene 25 y Ririam 26", dijo Louis tratando de confirmar la informaci¨®n. "As¨ª es, nos conocimos en la escuela para ni?os. Todav¨ªa recuerdo lo tierno que se miraba", mencion¨® Ann con melancol¨ªa y con una sonrisa en sus labios. "Basta de informaci¨®n innecesaria. Oye, Louis, ?en tu reino te han dicho cu¨¢nto vivir¨¢s?", pregunt¨® con seriedad y curiosidad por la respuesta. "?Eh? No, ?por qu¨¦?", dijo confuso por la pregunta. "Lo digo por tu sangre h¨ªbrida. Los humanos vivimos 130 a?os y envejecemos a los 60 a?os levemente, y a los 90 a?os envejecemos m¨¢s r¨¢pido. Pero, ?c¨®mo funciona contigo?", explic¨® Ririam. "Recuerdo haber le¨ªdo eso. Y, respondiendo a tu pregunta... pues nunca me dijeron nada, pero seg¨²n recuerdo, los demonios viven 180 a?os y envejecen levemente a los 80 a?os, y a los 130 a?os empiezan a envejecer m¨¢s r¨¢pido... Pero para m¨ª, no tengo ni idea de cu¨¢nto llegar¨¦ a vivir", dijo tratando de responder a la pregunta. "Seguramente vivir¨¢s m¨¢s que un humano, eso es seguro", afirm¨® Ririam con seriedad. "Se?ores, antes de que se vayan, quiero informarles que nos ha llegado un jugo de la nueva fruta que fue descubierta, el mel¨®n. ?Desean probar un vaso?", pregunt¨® amablemente George, llegando a la mesa. "??En serio?! Tr¨¢iganos cuatro vasos, por favor. Yo los invitar¨¦", respondi¨® Ririam con una ligera sorpresa. "?Ey! Qu¨¦ amable", coment¨® Kassie sarc¨¢sticamente. "Silencio...", respondi¨® Ririam de inmediato. "?Oye, Louis! ?Gasta mucha magia crear lava?" Pregunt¨® Ann con gran alegr¨ªa y curiosidad. "Buena pregunta, Ann, quiero escuchar la respuesta", dijo Ririam presionando un bot¨®n de sus lentes. Louis frunci¨® el ce?o por lo que dijo Ririam y contest¨®: "S¨ª, bastante, pero gracias a mi maestro, pude concentrar la magia que tengo y puedo usar una cantidad correcta para pelear a largo plazo". "Hablas del hijo de Lion Fordesthmans, ?cierto?" Dijo Ririam tocando el bot¨®n en sus lentes nuevamente. "?Lion? ??Mi maestro es su hijo?!" Pregunt¨® sorprendido levant¨¢ndose de la silla. "??No lo sab¨ªas?!" Comentaron Ririam y Kassie sorprendidos. "Pues... Nunca me lo mencion¨®", respondi¨® volviendo a sentarse. "Aqu¨ª traigo el jugo", dijo George llegando con una bandeja con cuatro vasos. De inmediato, todos tomaron su vaso y lo probaron, excepto Louis, que se sorprendi¨® al ver c¨®mo todos tomaron un vaso al instante. "Mmm, ?qu¨¦ delicioso est¨¢!" Expres¨® Ann con alegr¨ªa al probarlo. "Ay... S¨ª, est¨¢ muy rico", coment¨® Kassie fascinada tocando su mejilla. "Est¨¢ bueno..." Mencion¨® Ririam sin m¨¢s. "?C¨®mo que est¨¢ bueno? Di algo m¨¢s", replic¨® Kassie. Louis tom¨® su vaso y lo prob¨®, y al instante se sorprendi¨® por el sabor. "Es... ?Incre¨ªble! ?D¨®nde encontraron esta fruta?". "Dicen que fue encontrada en la zona este de Lyran", respondi¨® Kassie luego de tomar un gran trago. "Ya veo..." Dijo tomando otro trago. De pronto, el comunicador de Ann son¨® y ella lo sac¨® de su chaqueta. "?Hola, Mei! ?Ya terminaste tu llamada con Mern?" dijo con alegr¨ªa al contestar. "??Qu¨¦ dices, Ann?! ?El banco est¨¢ siendo robado! ?Tienes que ir de inmediato!" Expres¨® un poco nerviosa por el comentario de Ann. "?Entendido!" Respondi¨® y se levant¨®, dirigi¨¦ndose a la salida junto a Kassie y Louis, mientras Ririam dejaba el pago de las bebidas en la mesa. "Bien, ?es hora de irnos!" Dijo Ann con emoci¨®n, haciendo que todos volaran y creando una nube cuadrada que cubr¨ªa toda la vista de Kassie. "?Esperen! ?Yo tambi¨¦n ir¨¦!" Mencion¨® Xitlari saliendo de la agencia. Ann, sorprendida y con un suspiro de sorpresa, se acerc¨® a Xitlari para darle un abrazo. "?No puede ser! Har¨¦ dos misiones contigo ?en una semana!" Dijo Ann con gran emoci¨®n y entusiasmo. "Nada de abrazos, Ann..." Dijo Xitlari deteni¨¦ndola con uno de sus brazos. "Creo que tratar¨¦ de no hablarle. Debe seguir molesta..." pens¨® Louis mientras la miraba de reojo. Ann llev¨® a todos a gran velocidad a la zona este, donde estaba el banco. "?Por qu¨¦ Kassie va as¨ª?" Pregunt¨® Louis al ver la nube cuadrada. "?Ella le teme a las alturas! Pero sabe que mi magia es el mejor m¨¦todo de transporte", respondi¨® Ann con una sonrisa en su rostro, orgullosa de s¨ª misma. "Con raz¨®n, ayer qued¨® paralizada..." pens¨® Louis recordando cuando Ann los sac¨® del portal. Luego de ir a gran velocidad, volando en las nubes, lograron llegar al lugar antes de que los ladrones escaparan. "?Carajo, ya valimos! ?Ah¨ª vienen los paladines!" Dijo con temor uno de los ladrones. Su cabello era amarillo, rapado a los lados y atr¨¢s. Usaba un chaleco negro, una camisa color ¨¢mbar, zapatos color ¨¢mbar y pantalones negros. En el banco, el lugar estaba vac¨ªo y algunas personas corr¨ªan del fondo. "??No que ya no hab¨ªa paladines en este reino?! ?Jomak nos enga?¨®!" Expres¨® otro, molesto, con la misma vestimenta, pero este era calvo. "?Qu¨¦ hacemos?" Pregunt¨® una chica con bolsas en sus manos. Usaba la misma vestimenta, pero cubr¨ªa su rostro con un pa?uelo, y su cabello estaba m¨¢s corto de un lado. "Prep¨¢rense... Porque yo no voy a dejarme capturar sin pelear", dijo un hombre chocando sus pu?os. Era alto y robusto, con una m¨¢scara antigases en su rostro. "Ir¨¦ a buscar un reh¨¦n de los que encerramos", a?adi¨® otro con cabello largo. "Veo a seis en total. Al juzgar por su ropa, me parece que son de la pandilla de Maber. Eso significa que anda cerca del reino", dijo Ririam observ¨¢ndolos a lo lejos gracias a sus lentes. "Yo me encargo de ellos", dijo Xitlari con determinaci¨®n. "Claro que no. ?Hay que trabajar en equipo! ??Recuerdas?!", replic¨® Ririam. "D¨¦jamelo a m¨ª, por favor. Esta ser¨¢ la ¨²ltima vez que trabaje sola", mencion¨® Xitlari tir¨¢ndose de la nube que ya estaba a punto de llegar. "?Hablas en serio? ?Espera!" grit¨® Ririam tratando de detenerla. El descenso de Xitlari fue r¨¢pido pero controlado. Al aterrizar sin un rasgu?o, comenz¨® a correr hacia el banco. La mujer comenz¨® a disparar con su arma y Xitlari las esquiv¨® ¨¢gilmente hasta acercarse a ella, doblar el ca?¨®n de su arma y darle un pu?etazo en el rostro. Luego, el hombre alto y robusto lanz¨® un pu?etazo que Xitlari detuvo con uno de sus brazos izquierdos y luego lo golpe¨® con sus dos brazos derechos al mismo tiempo. Esto hizo que el tipo se estrellara contra la acera, dej¨¢ndolo inconsciente. Los dem¨¢s llegaron y se quedaron observando c¨®mo Xitlari acababa con ellos. "?Deber¨ªamos ayudarla? Me gustar¨ªa ayudarla..." pregunt¨® Ann con tristeza por no poder trabajar en equipo con Xitlari. "D¨¦jala, dijo que era su ¨²ltima vez trabajando sola", dijo Ririam poniendo su brazo frente a Ann para evitar que se acercara. Louis observaba con gran asombro la manera de pelear de Xitlari. Uno de los ladrones dispar¨® con una pistola varias veces, pero Xitlari paraba todas las balas con sus manos derechas, cubri¨¦ndolas con su magia azul. Otro trat¨® de golpearla con una espada, pero ella la detuvo con un brazo y con el otro le dio un pu?etazo en la quijada, le quit¨® la espada y la lanz¨® al que ten¨ªa la pistola, quit¨¢ndosela. Luego se acerc¨® a ¨¦l y le dio una patada en el pecho que lo hizo atravesar la pared. Otra mujer, que se le notaba un poco la edad, trat¨® de atacarla con una cimitarra, pero Xitlari esquiv¨® todos sus ataques hasta que tom¨® el filo de la cimitarra con ambas manos de la parte superior y le dio dos pu?etazos con los brazos inferiores en el est¨®mago, dej¨¢ndola inconsciente. "?Alto! ?O muere!" dijo el tipo de cabello largo, con una mujer de avanzada edad que estaba... "?Por favor!" dijo tir¨¢ndole un dardo que sac¨® de su chaqueta, haciendo que se electrocutara y soltando a la mujer. "Muchas gracias", dijo la mujer cayendo de rodillas con gran alivio, pero temblando igualmente. Louis qued¨® impresionado, sonroj¨¢ndose y comenzando a emitir una aura de calor, la cual not¨® Ririam y al instante sac¨® un objeto que le lanz¨® agua a Louis. Kassie se apart¨® al instante y Louis cay¨® al suelo. "?Qu¨¦ hice?" dijo Louis con sorpresa. "?Me asustaste! ?Por qu¨¦ emit¨ªas calor?" pregunt¨® Ririam apunt¨¢ndole con el objeto. "No lo s¨¦... Creo..." respondi¨® levant¨¢ndose del suelo y pensando que era por ver a Xitlari. "Ten m¨¢s cuidado, ?casi me mojas!" dijo Kassie molesta quit¨¢ndole el agua encima a Louis y ech¨¢ndosela en la cara a Ririam. "??C¨®mo te atreves?! ?Soy tu superior! ?Merezco respeto!" expres¨® molesto Ririam mientras Ann lo deten¨ªa para que no peleara con Kassie. "Cuando ganes mi respeto ?te lo dar¨¦!" dijo Kassie molesta mientras Louis la deten¨ªa. "?Y a esos qu¨¦ les pasa...?" pens¨® Xitlari al verlos a lo lejos mientras ayudaba a la mujer a sentarse. "Quiero decirte una cosa... No, de hecho dos. Primero, no creas que aunque hoy te haya salido bien trabajar en equipo, siempre ser¨¢ as¨ª... la gente no es perfecta, Xitlari", mencion¨® el b¨²ho espiritual mientras Xitlari esposaba a los ladrones. "?Ya me lo esperaba!" dijo molesta, asustando a la mujer. "Lo siento...". "?Siempre es igual! Ellos fallan y, a pesar de que no tuviste ?la culpa!, la mayor parte del castigo cae ?en ti!" expres¨® molesta, pero sin levantar mucho la voz para no asustar a la mujer, mientras continuaba esposando a los tipos. "Ahora voy con lo segundo... No buscamos perfecci¨®n, porque de los errores se aprende, buscamos la mejor versi¨®n de ti", expres¨® el b¨²ho espiritual coloc¨¢ndose frente a Xitlari. "Entiendo... ?Pero igual...!" dijo, siendo interrumpida por la llegada de los caballeros del palacio. Los caballeros salieron de un auto cuadrado y comenzaron a llevarse a los ladrones. "?Oigan! Recuerden que no tuvimos que ver en esto", dijo Ririam a los caballeros, tranquiliz¨¢ndose por lo que hizo Kassie. "Por supuesto, palad¨ªn Ririam", respondi¨® uno de los caballeros. "?Xitlari! Tenemos que irnos", mencion¨® Ririam mientras se secaba la cara con su abrigo. "Muchas gracias por salvarme..." dijo la mujer con una voz temblorosa, pero dulce, mientras juntaba sus manos como un gesto de gratitud. "No hay problema, se?ora", respondi¨® Xitlari con felicidad por el gesto de la mujer. Luego del viaje y regresar a la agencia, Ririam le inform¨® todo a Mei en su oficina. " ''Suspiro'' y yo que pens¨¦ que trabajar¨ªa en equipo... ?D¨®nde est¨¢?" expres¨® Mei un poco decepcionada. "No lo s¨¦, pero igualmente dijo que era su ¨²ltima vez trabajando sola", respondi¨® Ririam con su toque de seriedad. "Esperemos que as¨ª sea... Jah, estoy segura de que Jens envi¨® caballeros solo por el dinero¡±, dijo Mei con preocupaci¨®n. ¡°Es bastante obvio, ?ya tienes un plan para sacarlo del trono?¡±, pregunt¨® Ririam tomando asiento. ¡°Te contar¨¦ algo". Mientras tanto, Kassie y Ann estaban hablando con Louis. "?Recuerda ser t¨² mismo!" dijo Kassie. "?No dejes que los nervios te ganen!" mencion¨® Ann con determinaci¨®n. "?No dejes que se d¨¦ cuenta de que le gustas!" coment¨® Kassie. "Piensa bien antes de actuar", a?adi¨® Ann. "?Mantente firme!" "?Y con determinaci¨®n!" "?Sorpr¨¦ndela!" mencionaban las dos sin parar, inspiradas una por la otra. "Es demasiada informaci¨®n..." pens¨® Louis abrumado mientras segu¨ªa escuch¨¢ndolas. Luego del largo d¨ªa, Louis se dirigi¨® a casa. "?Ya regres¨¦!" mencion¨® al entrar a la casa. "??Hanks?! ??Profesor?!", grit¨® mientras los buscaba donde mayormente los encontraba. "Hmm... Tal vez salieron". Louis se quit¨® su gabardina y sus zapatos, se acost¨® en su cama y se qued¨® viendo el techo pensando: "?Ser¨¢ que puedo hacer algo para que ella no tenga que ir? Con todo lo que me dijeron Ann y Kassie, ''suspiro'' ahora me siento estresado, tal vez un leve descanso no vaya mal..." pens¨® cerrando sus ojos y qued¨¢ndose dormido. En un plano lleno de oscuridad yac¨ªa una figura alta con un yelmo en su cabeza que brillaba. "Debe ser un chiste..." dijo furioso con su voz profunda y resonante, haciendo que la lava dentro del yelmo burbujeara. "??Amor?! ?Eso es! ?Lo que SIENTES!" grit¨®, haciendo temblar el lugar y haciendo brillar a¨²n m¨¢s la lava dentro de ¨¦l. "No creas que te libraste de m¨ª... Para ma?ana ya tendr¨¦ lo que he estado buscando... ?Tu mayor miedo, ?JA,JA,JA, jajajaja...!" mientras su presencia se iba desapareciendo poco a poco. Fin del cap¨ªtulo. El Gran Diamante #9 (primera parte) Como cualquier otro d¨ªa, la luz del sol comienza a envolver todo... Las personas se levantan de sus camas para comenzar su d¨ªa, directo al trabajo, otros desayunando, pero siempre siguiendo adelante. Los autos, en las zonas asignadas, pasan; la gente camina por las aceras, compra comida, utensilios, objetos m¨¢gicos y mec¨¢nicos. La herrer¨ªa avanzada con herramientas sofisticadas y la mec¨¢nica avanzada con magia ayudan en grandes cosas a este reino, pero... Hay ciertas cosas que se perdieron... ?Qu¨¦ fue lo que pas¨®? ?Por qu¨¦ no conocen algunas palabras, objetos o comida? Una respuesta que se descubrir¨¢ en un futuro, si est¨¢s dispuesto a seguir aqu¨ª, claro. La vida trata de no rendirse y siempre seguir adelante, no importa qu¨¦... El cambio se presenta y debemos aceptarlo, pues es parte de la vida. Nosotros decidimos si cambiar para bien o para mal al vivir los acontecimientos de nuestras vidas... Todo pasa por una raz¨®n y as¨ª debe ser. Continuamos nuestra historia con Louis despertando por la ma?ana, prepar¨¢ndose para la misi¨®n del d¨ªa de hoy. Mientras hac¨ªa su rutina de ejercicio en el techo de la casa, una idea pas¨® por su mente. "?Eso es! As¨ª tal vez ella me perdonar¨¢ y estar¨¢ feliz", mencion¨® Louis bajando del techo y entrando por la ventana de su habitaci¨®n, tomando una ducha, visti¨¦ndose y preparando su bolso con una gran cantidad de ystires. Luego sali¨® de su habitaci¨®n para encontrarse con el Profesor Maxwell, quien sosten¨ªa una taza de caf¨¦, al bajar las escaleras. "Buenos d¨ªas, Louis, veo que ya est¨¢s listo", mencion¨® luego de tomar un sorbo de su taza. "S¨ª... ?Est¨¢ seguro de que no hay paquetes para hoy?" pregunt¨® con preocupaci¨®n. "?Por supuesto! T¨² ve y cumple con la misi¨®n de Mei, y as¨ª ser¨¢s m¨¢s de confianza", respondi¨® tocando levemente su cabeza. "Muy bien..." dijo, qued¨¢ndose callado por un momento y luego, sorpresivamente, abraz¨® al profesor y se retir¨®. "?Volver¨¦ pronto!". "?Recuerda comer algo!" replic¨® el profesor al verlo irse, tomando otro sorbo de su taza. Al llegar a la agencia, Louis se encontr¨® con Canbel, quien estaba limpiando los exhibidores de las joyas. "Buenos d¨ªas, Canbel, ?c¨®mo te va?" dijo amablemente al entrar al lugar. "Buenos d¨ªas. Muy bien, gracias por preguntar, Palad¨ªn Louis", respondi¨® bajando su cabeza y dejando de limpiar por un momento. "Me alegra escuchar eso... Siempre te veo estresado. ?Otra cosa! Solo Louis, por favor", mencion¨® antes de entrar por la puerta al lado de la caja. "?Louis, ven!" dijo Mei al verlo pasar por la puerta de la sala de investigaciones. "Buenos d¨ªas, se?orita Mei, me alegra verla. Quisiera hablar con usted antes de que Xitlari llegue", expres¨® entrando a la sala sin notar a la persona que estaba un poco al lado de la puerta. Sujetaba su bolso con algo de fuerza y su rostro mostraba decisi¨®n. "Bueno... Vamos a mi oficina. Ya tengo la joya que entregar¨¢n. Por cierto, te presento a Mern", mencion¨®, mostrando a un hombre de cabello corto de color gris plateado, ligeramente desordenado, con un flequillo que ca¨ªa sobre su frente. Sus ojos eran de color amarillo y med¨ªa 182 cm. Usaba un abrigo largo gris¨¢ceo con detalles dorados, con botones, bordes y decoraciones. Debajo del abrigo llevaba una camisa negra ajustada que resaltaba su f¨ªsico. Usaba un cintur¨®n dorado con un c¨ªrculo en medio, pantalones y zapatos negros, adem¨¢s de una cadena dorada en su cuello y un brazalete dorado en su mano derecha. Pero lo que m¨¢s destacaba era que, a la izquierda de su pecho, ten¨ªa una runa que parec¨ªa un agujero negro amarillo protegido por una carcasa de cristal con oro a su alrededor. "?Mucho gusto! As¨ª que t¨² eres el chico del que tanto hablan. Soy Mern Makes, y... este es Mark", mencion¨® con una ligera sonrisa en su rostro, con una voz grave, refinada y madura, y con un tono de confianza y tranquilidad. Cre¨® con su mano un ser de igual tama?o que ¨¦l, hecho de un material blanco con varias l¨ªneas doradas. "?Hola! T¨² eres el chico de la lava. Me gustar¨ªa saber tus intenciones con este reino...", mencion¨® Mark con una voz un poco rob¨®tica y llena de energ¨ªa y pasi¨®n, acerc¨¢ndose un poco a Louis y tocando levemente su cabello rojo con los dedos. "?Mis... intenciones? No son para nada malas, ?se los aseguro!" respondi¨® Louis, sorprendido por Mark, quien segu¨ªa tocando su cabello. Luego desvi¨® su atenci¨®n al pecho de Mern. "Dijiste que no dir¨ªas nada de eso, Mark", expres¨® Mei, un poco molesta, cruzando los brazos. "Lo siento, ten¨ªa que hacerlo...", expres¨® un poco arrepentido, tocando su cabeza. "?Qu¨¦ clase de material es este y tambi¨¦n¡­? ?C¨®mo es que est¨¢ bien? Su runa est¨¢ en la parte de su coraz¨®n", pregunt¨® Louis curioso al tocar el brazo de Mark y luego observar nuevamente el pecho de Mern. "Igual de imprudente que Mark, ja, ja, ja. Este material se llama Gyverna dorada, un antiguo material que era usado antes de la edad antigua. Mi coraz¨®n est¨¢ del lado derecho, por eso sigo vivo", respondi¨® Mern sin molestarse, totalmente tranquilo y con un tono juguet¨®n. "Incre¨ªble... Tampoco recuerdo haber le¨ªdo sobre ese material", dijo Louis, intentando recordar algo mientras tocaba su barbilla. "Normal, esos libros solo est¨¢n en la Gran Biblioteca", respondi¨® Mern. "?La Gran Biblioteca?". "Est¨¢ ubicada a la par de la iglesia y del observatorio m¨¢gico, en el oeste de Lyran", respondi¨® Mei, tocando el hombro de Louis y dirigi¨¦ndose a la puerta. "?Nos vamos?". Los cuatro se dirigieron a la oficina de Mei. "Muy bien, este es... Es muy pesado, pero me imagino que puedes cargarlo", dijo Mei al colocar un objeto en la mesa despu¨¦s de sacarlo de una caja fuerte debajo de su escritorio. Era una caja negra con la letra Y en grande. "Por supuesto, no es tan pesado... Y aqu¨ª traigo... para pagar los da?os de ayer", dijo Louis, levant¨¢ndolo por un momento y quit¨¢ndose su bolso para entregarle una gran cantidad de dinero a Mei. Mei observ¨® el bolso de Louis, sinti¨¦ndose un poco mal. "No quiero ser mala contigo, Louis, mejor d¨¦jalo as¨ª. Yo pagar¨¦ por todo". "No... Es mi responsabilidad. Yo debo... responder a mis errores", respondi¨® Louis al instante, de manera decidida, mientras Mern y Mark los observaban sentados en el sof¨¢. "Adem¨¢s, aqu¨ª tambi¨¦n est¨¢ la parte de Xitlari". "?La parte de Xitlari? ?Por qu¨¦?", dijo Mei, sorprendida. "La verdad es que siento que soy totalmente culpable de lo que pas¨® ayer, y no quer¨ªa meterla en esto. Pens¨¦ que a ella le agradar¨ªa", respondi¨® Louis con un poco de pesar en sus palabras, mientras manten¨ªa su mirada hacia abajo. "Eso es muy bonito de tu parte, pero necesito que ella aprenda a trabajar en equipo, as¨ª que..." Mei estaba sorprendida por la decisi¨®n de Louis. Tom¨® asiento y adopto un tono serio y Louis Dijo: "Al menos acepta lo que traje, por favor", insisti¨® Louis con gran firmeza. Mientras conversaban, Mern not¨® una sombra detr¨¢s de la puerta. Por un momento, Mei lo pens¨® y respondi¨®: "Para quitar ese peso de encima tuya, te dejar¨¦ hacerlo, pero no puedo dejarte ir solo. Escuch¨¦ ayer, de Ririam, que los tipos que intentaron robar el banco eran del grupo de *Maber Thief*, as¨ª que te mandar¨¦ con Kassie. A ella no le molestar¨¢ ir contigo". Mei sac¨® su comunicador para llamar a Kassie, y al instante la puerta se abri¨®, golpeando la pared con fuerza. "?Claro que no! No dejar¨¦ que involucren a Kassie", expres¨® Xitlari, molesta. Mei junt¨® sus manos, apoy¨® su rostro y observ¨® la puerta por un momento antes de decir: "No es bueno escuchar a escondidas, Xitlari...". Xitlari desvi¨® su mirada por un momento. "Y... tampoco acepto tu obra de caridad. Es mi problema, y yo solucionar¨¦ mis problemas", dijo, acerc¨¢ndose a Louis y apoy¨¢ndose con una de sus manos en el escritorio. Louis se sorprendi¨® por la actitud y no respondi¨®, solo agach¨® la cabeza. "?Debes calmarte! ?Te comportas como un ogro!", replic¨® el b¨²ho espiritual. "Bien, Xitlari, c¨¢lmate y toma asiento", dijo Mei, notando la respuesta de Louis y tratando de tranquilizar las cosas. Xitlari tom¨® la caja y sali¨® por la puerta. "Si quieres venir, ?ven y ya!". "Nunca cambia...", dijo Mern con un tono algo sarc¨¢stico. "S¨ª, siempre igual con ella", a?adi¨® Mark. " ''Suspiro'' Ve con ella, les mandar¨¦ las coordenadas a la casa de Donquichua, y Louis... no dejes que te trate mal. Recuerda que eres su superior", expres¨® con frustraci¨®n mientras usaba su dispositivo. "Claro...", respondi¨® Louis, un poco deca¨ªdo, retir¨¢ndose y dejando su bolso en el escritorio. "?Crees que sea buena idea?", pregunt¨® Mern, con dudas despu¨¦s de lo que pas¨®. "Xitlari debe aprender a hacer equipo, y quiero ver hasta d¨®nde llega esto. No dejar¨¦ que se vuelva una palad¨ªn con esa actitud", respondi¨® Mei, levant¨¢ndose y cerrando la puerta. "Ya... Oye, ?quieres salir a comer?", dijo Mern levant¨¢ndose con emoci¨®n, mientras Mark hac¨ªa un coraz¨®n con sus manos detr¨¢s de ¨¦l. "Me gustar¨ªa, pero ya desayun¨¦ y debo organizar unas cosas". Mei nuevamente se sent¨® en la silla de su escritorio y encendi¨® la pantalla hologr¨¢fica para comenzar a escribir. Mern hizo un leve ruido de molestia y se sent¨®, observando el techo, mientras Mark separaba sus manos mostrando un coraz¨®n roto. "Nunca hacemos nada...". "No te pongas as¨ª, podemos almorzar juntos. Ahora estoy ocupada. Ya ver¨¢s que Dios nos quitar¨¢ todos estos problemas y podremos volver como antes", dijo Mei de manera comprensiva, vi¨¦ndolo por un momento. Afuera, en la acera, hab¨ªa mucha gente neg¨¢ndole el paso a Louis, pero nadie pasaba cerca de Xitlari. "?Espera, Xitlari! ?Espera!", grit¨® Louis mientras trataba de alcanzarla. "En serio que hay mucho que hacer contigo", dijo el b¨²ho espiritual con frustraci¨®n, mientras Xitlari caminaba molesta, escondiendo sus manos en su chaqueta junto con la caja. "?Xitlari...!", Louis logr¨® alcanzarla, pero ella segu¨ªa sin contestar y simplemente caminaba. "?Quieres ir en auto hasta la salida?". "Quiero caminar...", respondi¨®, sin m¨¢s, caminando m¨¢s r¨¢pido. "No se ven bien... Y apenas comenzaron la misi¨®n...", dijo Ann, con pesar, observ¨¢ndolos con la c¨¢mara escarabajo desde el techo de una casa. "Pobre Louis... ?Deber¨ªamos hacer algo?", pregunt¨® Kassie, preocupada al verlos. "Lo mejor es dejarlos solos y esperar que les vaya bien, aunque creo que Xitlari es muy mala...", mencion¨® Ann mientras controlaba la c¨¢mara con un control en sus manos. "No digas eso... Ella solo ha sufrido mucho y se hizo muy dura por c¨®mo la tratan aqu¨ª", dijo Kassie, al saber m¨¢s de Xitlari. "Pero no deber¨ªa tratar mal a los dem¨¢s solo por esa raz¨®n...", Ann estaba bastante triste por la situaci¨®n; era raro verla as¨ª. "Espero que logre entender eso", mencion¨® Kassie, mientras segu¨ªa observando por la c¨¢mara. Xitlari nuevamente dej¨® atr¨¢s a Louis. "Si sigues as¨ª, ?te quedar¨¢s sola por completo!", dijo el b¨²ho espiritual. "?Qu¨¦ sabes t¨²...?". "Mucho... Siempre solitaria en todos los lugares. Y en tu casa pareces triste cuando ?no est¨¢s entrenando!", replic¨®. "No tengo que escucharte...". "?Claro que s¨ª! ?Soy tu esp¨ªritu!". Xitlari simplemente continuaba caminando sin decir nada. "*Suspiro*. Xitlari... entiendo tu manera de ser por c¨®mo te trataron estas personas, pero ¨¦l no hizo eso. M¨ªrate: a pesar de c¨®mo te tratan, sigues ayud¨¢ndolos en vez de irte de este lugar". "Sigo aqu¨ª porque aqu¨ª nac¨ª. Por mi padre, por Lily... por los ni?os... por Mei... por las personas a las que s¨ª les agrado...", dijo molesta, pero aliviando su enojo al seguir hablando. Al final, par¨® su paso. "S¨ª, y a ¨¦l le agradas. Si no, no hubiera intentado pagar tu parte y no hubiera dicho que le gustaban tus brazos", mencion¨® el b¨²ho espiritual, volando junto a ella. "?Eso no tiene que ver con lo de ahora!", replic¨®. "Claro que...". "Xitlari... no quer¨ªa hacerte enojar. Yo... pens¨¦ que eso te har¨ªa un poco feliz, pues no ibas a trabajar en equipo", dijo Louis, con arrepentimiento, interrumpiendo las palabras del b¨²ho espiritual, aunque Louis no pod¨ªa ver ni escuchar al b¨²ho. "T¨² qu¨¦ sabes de m¨ª... ?Apenas te conoc¨ª hace dos d¨ªas!", dijo, acerc¨¢ndose a ¨¦l y golpe¨¢ndolo levemente con un dedo. "Lo lamento... por eso tambi¨¦n... Me equivoqu¨¦", respondi¨® un poco nervioso y culpable. "?Por qu¨¦ te comportas as¨ª? Con los dem¨¢s eres diferente y conmigo... No me gusta que otros carguen con mis errores, por algo son mis errores. ?Y tampoco soy alguien que puedes comprar con dinero!", expres¨® molesta, notando la actitud de Louis y reclam¨¢ndole. "?Comprar?", dijo Louis, presionando sus pu?os. "??Crees que estoy comprando tu amabilidad?! Yo... ?solo quer¨ªa acercarme a ti!", respondi¨® Louis, molest¨¢ndose y haciendo que Xitlari retrocediera por sus palabras. "Eres muy molesta... No entiendo c¨®mo es que me...", bajando su voz al final de sus palabras y adelant¨¢ndose mientras Xitlari lo miraba caminar. "?Escuchaste bien? ?Fuiste muy dura con ¨¦l! Ser¨¢ mejor que hagas algo", dijo el b¨²ho espiritual, poni¨¦ndose en su hombro nuevamente. "Pero... ?por qu¨¦?", dijo Xitlari, confundida. "?De qu¨¦ hablas, ni?a?", pregunt¨® el b¨²ho mientras Xitlari lo alcanzaba. "Yo... ''suspiro'' Lo siento, pero... ?qu¨¦ quieres decir? ?Por qu¨¦ t¨² te acercar¨ªas a m¨ª? ?M¨ªrame...! Nadie hace eso, eres el ¨²nico en esta acera" mencion¨®, poni¨¦ndose frente a ¨¦l y mostrando sus otras manos, mientras que al otro lado de la zona de autos mucha gente caminaba por la acera. "Con costo y tengo personas a las que les agrado, pero desde hace dos a?os no he conocido a nadie m¨¢s... ?Mira c¨®mo soy yo, no valgo la pena!" mencion¨® con tristeza y remordimiento. "M¨ªrame a m¨ª... Puede que me vea como un humano, ?pero no lo soy! Yo soy un h¨ªbrido con sangre de demonio. Cuando se enteren, estar¨¦ igual que t¨²... Y lo s¨¦ perfectamente, ya me acostumbr¨¦. Nos parecemos. No s¨¦ mucho de ti, pero... quiero saber m¨¢s. T¨²... me generas mucho inter¨¦s" expres¨® con una gran sinceridad y calidez en sus palabras, con un tono comprensivo y triste. "?Vaya! ?Hemos conectado! Ya puedo ver su aura... Un aura c¨¢lida y agradable, pero tambi¨¦n inocente, con miedo y mucha carga... Adem¨¢s con una... hmm, esta no la distingo bien, es como si la escondiera. T¨ªpico de los j¨®venes, les falta mucho que aprender" dijo el b¨²ho espiritual mientras Xitlari estaba perpleja por la respuesta de Louis. "Lo mejor ser¨¢ continuar, y trata de abrirte a ¨¦l, ser¨¢ un buen paso para que cambies y mejores" el b¨²ho trat¨® de hacerla reaccionar golpeando levemente su cuello. "?T¨² crees?" pregunt¨® Xitlari al b¨²ho espiritual, sinti¨¦ndose culpable y notando algo de emoci¨®n dentro de ella. "Por supuesto que lo creo" respondi¨® Louis creyendo que le hablaba a ¨¦l. Tratando de pensar qu¨¦ decir, comenz¨® a mover su mirada de un lado a otro. "Lo lamento... No sab¨ªa lo que sent¨ªas... Solo que... pens¨¦ muchas cosas, tu actitud conmigo y todo lo que pas¨® ayer y lo que acababa de ocurrir. Yo... me enojo muy f¨¢cilmente" Xitlari trat¨® de ser sincera con un poco de dificultad, toc¨¢ndose su cuello con uno de sus brazos mientras segu¨ªa desviando la mirada. "Est¨¢ bien... al menos ya entendiste que mis intenciones no eran malas y... ahora te conozco mejor. Tratar¨¦ de no molestarte mucho" dijo, buscando las palabras adecuadas para continuar, con una peque?a sonrisa de alivio. "Si lo que dices es verdad... no quiero que me veas como una mala persona. Se agradece la intenci¨®n, pero s¨ª, por favor pregunta antes" Xitlari se sinti¨® mejor al ver que las cosas se aliviaron entre los dos, pero segu¨ªa sinti¨¦ndose un poco mal por su comportamiento. "Ven, hay que entregar esta joya" Xitlari tom¨® con una de sus manos la de Louis. ¨¦l sinti¨® una ligera sensaci¨®n y comenz¨® a correr a su lado. "?S¨ª! Finalmente est¨¢n tranquilos" expres¨® Ann felizmente, observ¨¢ndolos correr con la c¨¢mara escarabajo. "Es un alivio... Ojal¨¢ la pasen as¨ª toda la misi¨®n" Kassie se sinti¨® aliviada al verlos por la pantalla que ten¨ªa Ann flotando. "?Creo que con eso es suficiente!" Ann presion¨® un bot¨®n en el control que hizo que la c¨¢mara escarabajo regresara hasta donde ellas. "?Eh? ?Est¨¢s segura?" dijo Kassie con ganas de seguirlos viendo. "Sip, no queremos que se d¨¦ cuenta y se vuelva a molestar" mencion¨® apagando la pantalla y tomando el dispositivo. If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it. "Si t¨² lo dices...". Louis y Xitlari estaban corriendo hasta llegar a la salida del este. "?Vamos! ?Se supone que eres un palad¨ªn!" grit¨® Xitlari con una sonrisa en su rostro mientras corr¨ªa. Louis, al escuchar sus palabras, logr¨® alcanzarla y dijo: "Ahora estamos iguales". Xitlari, al verlo, comenz¨® a hacer una pose de manos y el b¨²ho desapareci¨® para aparecer el rinoceronte espiritual. Gracias a esto, Xitlari comenz¨® a correr m¨¢s r¨¢pido. Al verlos, algunas personas se apartaban de la acera y otras trataban de esquivarlos. "?Oye!" dijo Louis sorprendido al verla adelantarse tanto. "Est¨¢s usando tu magia, ?era una carrera normal!" dijo acelerando su paso y quedando detr¨¢s de ella. "?Esto es lo normal para nosotros!" mencion¨® emocionada mientras esquivaba a algunas personas. El viento soplaba y la gente se sorprendi¨® al verlos correr; otros murmuraban, pero a ellos no les importaba, solo segu¨ªan adelante, hasta que lograron llegar a la salida del este. "?Qu¨¦ pas¨®...? Te gan¨® una mujer que no es palad¨ªn, jajaja" dijo Xitlari, cansada y con una sonrisa en su rostro, viendo a Louis recuperar el aire. "Je, je. Yo... no tengo una magia de apoyo" mencion¨® apoyando sus manos en sus rodillas. "Jah... Entonces dej¨¦moslo como empate. Dudo que alguien quiera llevarme... No importa si caminamos hasta all¨¢, ?cierto?" Xitlari observ¨® los carruajes que estaban en la salida del reino, al lado del muro y con el puente de madera frente a ella. La luz del sol iluminaba el pasto del camino y el viento lo mov¨ªa con delicadeza. "Tengo un amigo a quien no le importar¨¢" Louis fue a buscar entre todos los carruajes hasta encontrar a un viejo amigo. "?Mart¨ª!". "?Joven Louis! Me alegra verlo, jajaja" dijo acerc¨¢ndose a ¨¦l y abraz¨¢ndolo. "Y parece que viene con compa?¨ªa... ?Eh...! Aunque... ella no es..." expres¨® de manera bromista, reconociendo a Xitlari mientras ella hac¨ªa una pose de manos con sus cuatro brazos. "Necesitamos que nos lleves..." Louis trat¨® de ver su dispositivo de comunicaci¨®n, pero segu¨ªa sin entender bien el aparato. "Est¨¢ en la parte este, cerca del lago Chifumi, en lo alto de la monta?a espiral Quichua" mencion¨® Xitlari acerc¨¢ndose al ver que Louis ten¨ªa problemas para usar el aparato. "Eh... bueno, podr¨ªa llevarlos hasta el lago, pero a la colina no. Es muy peligroso, hay demasiadas rocas y podr¨ªamos volcarnos" coment¨® un poco nervioso por la presencia de Xitlari. "Estar¨¢ bien..." Xitlari not¨® el nerviosismo de Mart¨ª y retrocedi¨® un poco. "Perfecto, entonces... suban, por favor" Mart¨ª subi¨® a su cabina mientras Louis le abr¨ªa la puerta a Xitlari para que entrara. "Gracias. ?Ah! Por cierto, se presiona aqu¨ª para poder ver las coordenadas recibidas" mencion¨® Xitlari, agradecida por el gesto, y despu¨¦s de ense?arle un poco del aparato subi¨® al carruaje. Luego subi¨® ¨¦l. "Sab¨ªa que era un buen chico. ?Xitlari! ?Debiste comprar un piano m¨®vil!" coment¨® el b¨²ho espiritual con una leve sonrisa mientras el carruaje comenzaba a avanzar. "?Para qu¨¦?" susurr¨® Xitlari, confundida, mirando por un momento al b¨²ho. "??Para qu¨¦ m¨¢s?! Para que Louis lo toque", respondi¨® el b¨²ho, agitando sus alas con impaciencia, como si la respuesta fuera obvia. "?Est¨¢s loco!" susurr¨®, pero elevando la voz lo suficiente para que Louis lo notara. "?A qui¨¦n le hablas?" pregunt¨® Louis al verla susurrar a su hombro. "A nadie, solo practico qu¨¦ decirle a Donquichua", expres¨® con nervios y con una leve sonrisa de incomodidad. "Te dije que no me hablaras cuando estoy con alguien", susurr¨® nuevamente, pero sin que Louis lo notara. "Claro... Lo siento", el b¨²ho espiritual se puso un poco desanimado. " ''Suspiro'' Oye, Louis... ?Qui¨¦n te ense?¨® a tocar tan bien el piano?", pregunt¨® para hacer sentir mejor al b¨²ho. "?Me escuchaste...?" pregunt¨® Louis, un poco t¨ªmido. "S¨ª... Iba pasando cuando te escuch¨¦ a ti y a Ann. Tocas muy bonito", exclam¨® con sinceridad. "Gracias... Mi maestro me ense?¨® todo lo que s¨¦", respondi¨® Louis, tratando de ignorar los nervios que sent¨ªa al estar frente a Xitlari y que ella lo mirara tanto. "Tu maestro... Rei Fordesthmans, ?no? ?Qu¨¦ tan fuerte es ¨¦l?", dijo Xitlari con curiosidad mientras el b¨²ho espiritual se pon¨ªa a pensar en el nombre. "Es muy fuerte y poderoso... Vi algunas veces en las que utiliz¨® una gran cantidad de magia, y... era incre¨ªble todo lo que pod¨ªa hacer", respondi¨® Louis con admiraci¨®n y orgullo, sinti¨¦ndose m¨¢s c¨®modo. "Ya veo... Me gustar¨ªa conocerlo alg¨²n d¨ªa", dijo sonriendo levemente y notando el sentimiento de Louis. "Te lo presentar¨¦. Seguramente le caer¨¢s bien", a?adi¨® sonriendo al ver su leve sonrisa. "S¨ª, tienes raz¨®n. Si entren¨® a un chico mitad demonio, no deber¨ªa ser un problema verme a m¨ª. Aunque t¨² luces muy humano para ser mitad demonio, lo ¨²nico diferente son tus ojos, pero son bonitos igualmente", expres¨® Xitlari con sinceridad mientras pon¨ªa a un lado del asiento la caja con la joya, mientras Louis miraba por la ventana para que no notara su sonrojo. "Hmm, esto era lo que necesitabas, Xitlari... Alguien que sabe lo que se siente ser diferente y que ha vivido lo que t¨² has vivido, pero igualmente... Pienso que el ha sufrido mucho m¨¢s, pero... Tiene una actitud bastante correcta, debieron ayudarlo mucho luego de lo que le pas¨®", pens¨® el b¨²ho espiritual, manteni¨¦ndose en silencio mientras escuchaba la conversaci¨®n de ellos. Luego de un largo viaje, llegaron al lago Chifumi, cerca de la colina. "Hasta aqu¨ª puedo dejarlos, me disculpo por eso", expres¨® Mart¨ª, parando el carruaje. "?No te preocupes!", dijo Louis, saliendo del carruaje. "?Cu¨¢nto es?". "650 ystires. Le agradezco que siempre me busque para llevarlo donde necesite", dijo Mart¨ª mientras tomaba el dinero que Louis sac¨® de su gabardina, mientras Xitlari sal¨ªa del carruaje y escond¨ªa la gema, cubriendo sus manos de abajo con su chaqueta y mirando a los alrededores. "?Aaa...! Mira lo que tenemos aqu¨ª, una pieza muy grande ?de diamante! Tenemos que conseguirla", dijo un enmascarado con un manto de color caf¨¦ que dejaba ver su camisa anaranjada y pantalones negros. Usaba botas met¨¢licas y unos guantes de cuero. Estaba observ¨¢ndolos con una especie de catalejo avanzado desde muy lejos, encima de un auto muy grande con un contenedor atr¨¢s. "?Est¨¢s seguro, Jamek? No quiero problemas para nada", mencion¨® un tipo con cabello anaranjado que usaba una chaqueta gris y una camisa naranja. "?Por supuesto! Lo vi con el catalejo; lo lleva en la cintura", respondi¨® guard¨¢ndolo. "Activa la invisibilidad y ll¨¦vanos hasta ellos. Los dem¨¢s, preparen la celda; es hora de hacer ?un verdadero golpe!", dijo con autoridad y emoci¨®n mientras se estiraba y los dem¨¢s se preparaban para el robo. "Sigamos. Lo peor ser¨¢ el regreso al reino", mencion¨® mientras comenzaba a caminar hacia la colina. "Por supuesto...", Louis, al despedirse de Mart¨ª, sigui¨® a Xitlari, y Mart¨ª se fue en su carruaje de vuelta al reino. El lugar segu¨ªa teniendo un camino con un gran campo de pasto a la derecha de ellos, y a la izquierda estaba un peque?o campo que llevaba hasta el lago Chifumi. M¨¢s adelante se pod¨ªa ver una peque?a monta?a a lo lejos. El cielo estaba lleno de nubes que tapaban parcialmente la luz del sol. "Oye, Louis, ?cu¨¢nto te tom¨® llegar a ser un palad¨ªn?", pregunt¨® Xitlari con curiosidad mientras segu¨ªa caminando con la mirada hacia adelante. "Me tom¨® mucho. Estudiaba desde peque?o, pero... mi verdadero entrenamiento comenz¨®... cuando mi magia apareci¨®. Seis a?os, para ser exactos", respondi¨® con un poco de pesar al recordar ese d¨ªa. "Ya veo, es bastante... Yo estudi¨¦ un poco de ni?a, pero tuve que salirme porque nadie me aceptaba. Mi padre me ense?¨® todo lo que pudo. A mis 16 a?os comenc¨¦ a entrenar para ser una palad¨ªn. Este a?o era el ¨²ltimo, pero el Rey muri¨®... Y ya sabes el resto", coment¨® con un poco de calma, pero al mencionar a su padre su tono se volvi¨® triste. Luego cambi¨® a uno decidido y termin¨® con uno de pesar. "?C¨®mo funciona tu magia? Pregunto porque conozco la magia azul y no es como la tuya", pregunt¨® curioso, tratando de cambiar de tema mientras tocaba su katana que estaba en su cintura. "?Uy! Ten cuidado; hay que reservar muy bien tu ¨²nica interacci¨®n con la magia estritual", mencion¨® el b¨²ho espiritual, advirti¨¦ndole sobre una regla. "No tengo permitido hablar de mi magia. Mi padre me hizo jurar que no le dir¨ªa a nadie sobre ella. Lo siento", respondi¨® con precauci¨®n luego de escuchar al b¨²ho. "Oh... Entiendo, no hay problema. Yo tambi¨¦n le jur¨¦ cosas a mi padre, lo entiendo muy bien", expres¨® con comprensi¨®n mientras segu¨ªa caminando al lado de Xitlari. "Oye... ?Qu¨¦ le pa...?" Xitlari fue interrumpida al ser atrapada por una caja de acero. "?Xitlari!" Louis tambi¨¦n fue capturado. Dentro, sus brazos estaban atrapados por unos grilletes. Adem¨¢s, otro grillete se cre¨® dentro de la caja de acero, atrapando su abdomen. "?Los tenemos!", expres¨® Jamek emocionado, levantando las cajas con su magia mientras iba en el auto a toda velocidad, el cual quit¨® su camuflaje de invisibilidad. "Acero reforzado con magia... Y de Buena calidad... Incluso cubriendo mis brazos de la magia estritual, no me deja quitar los grilletes" dijo Xitlari, tratando de sacar las dos manos que le atraparon. "Qu¨¦ situaci¨®n tan inoportuna, hay que cambiar a Rhyno," mencion¨® el b¨²ho espiritual. "Ya lo s¨¦, pero cambiar de esp¨ªritu es muy dif¨ªcil con dos manos" dijo Xitlari, dejando caer el paquete al suelo. "Por eso te dije que practicaras" replic¨® el b¨²ho. Louis us¨® su magia y derriti¨® los grilletes. Luego comenz¨® a derretir la pared de la caja, y Jamek, al ver c¨®mo la caja de acero se volv¨ªa m¨¢s roja, la solt¨® y solo llev¨® la de Xitlari. La caja lleg¨® al veh¨ªculo y entr¨® dentro del gran contenedor. "?V¨¢monos, r¨¢pido!" grit¨® Jamek, y el auto comenz¨® a ir a gran velocidad. Louis sali¨® de la caja e iba a lanzar lava de su mano para detener el auto. "?Adelante!" grit¨® Dark con su voz que resonaba en la cabeza de Louis. R¨¢pidamente par¨® su mano con la otra al escuchar la voz de Dark. El auto comenz¨® a alejarse y desapareci¨® de la vista. "T¨²... ?qu¨¦ haces otra vez aqu¨ª?" dijo molesto, presionando sus pu?os. "?Pensaste que me hab¨ªa ido? Solo me puse a explorar un poco nuestra mente," respondi¨® mientras caminaba alrededor de Louis. "?Querr¨¢s decir mi mente!" mencion¨® irritado mientras corr¨ªa viendo las huellas que dej¨® el auto en el camino. "?Nuestra mente! Yo soy Louis tambi¨¦n," respondi¨® furioso, poni¨¦ndose de frente y brillando su casco levemente por la lava dentro de ¨¦l. "?No me...! ?IMPORTA! No tengo tiempo para desperdiciar contigo," grit¨® furioso mientras sacaba su comunicador. "Jeh... No te creas tan importante. Hoy es... ?tu ¨²ltima oportunidad!" mencion¨® mientras desaparec¨ªa. Louis no puso atenci¨®n y sigui¨® adelante. Mientras tanto, el veh¨ªculo se dirig¨ªa a una zona alejada de la monta?a espiral Quichua a gran velocidad. "Estos deben ser hombres de Maber," dijo Xitlari, logrando terminar la pose de manos. "?Buena suerte!" coment¨® el b¨²ho espiritual antes de que su forma cambiara a la de un rinoceronte. "?Y ahora qu¨¦ te pas¨®?" mencion¨® el rinoceronte espiritual al ver d¨®nde estaban metidos. "Un ligero percance" respondi¨®, destruyendo los grilletes luego de cubrir sus manos con su magia azul. "Saldr¨¦ en un momento". "Tenemos una buena recompensa; esta chica llevaba un gran pedazo de diamante en su cintura," dijo Jamek, yendo a la caja de acero. "T¨² ve y dile a Quitsu que vaya m¨¢s r¨¢pido y cambie las ruedas a las que no dejan huellas en el camino." "S¨ª, se?or, de inmediato," respondi¨® uno de sus hombres. "Ahora..." Jamek fue interrumpido por el gran impacto al despegarse la puerta de la caja y chocar contra la pared del contenedor. "?Imposible? ?C¨®mo hizo eso...? Es una caja de acero reforzado... ?Qu¨¦ carajos es eso?" pens¨® sorprendido al verla salir de la caja. "?Atrapen esa cosa, pero mantengan su distancia!" Todos comenzaron a disparar, y Xitlari paraba las balas con dos de sus manos. Corri¨® hacia uno de ellos para golpear su cabeza contra la pared del contenedor y luego usarlo como escudo. Carg¨® r¨¢pidamente hacia los otros, chocando con ellos y dej¨¢ndolos inconscientes. "?Maldici¨®n! ?In¨²tiles!" Jamek se quit¨® su manto, us¨® su magia y lanz¨® muchas cuchillas hacia Xitlari. Ella cubri¨® sus cuatro brazos con su magia y destruy¨® todas las cuchillas. Luego iba a acercarse, pero ¨¦l quit¨® todo el suelo usando su magia y lanz¨® los pedazos hacia ella. "No me dejar¨¢ acercarme... Entonces har¨¦ esto," pens¨® mientras golpeaba con dos de sus manos los pedazos del contenedor que le lanzaba Jamek, y con las otras comenz¨® a cargar su magia. Jamek rasg¨® la chaqueta de Xitlari y le quit¨® la caja de la cintura con un pedazo del contenedor. Luego la cubri¨® con toda la pared que estaba a su espalda. "?Jajaja, es m¨ªa!" dijo con un tono burlesco, saliendo del contenedor. "?Cuida esto!" a?adi¨®, tirando la caja en el asiento al lado de Quitsu. "??Qu¨¦ est¨¢ pasando?!" pregunt¨® Quitsu con desesperaci¨®n. "?Solo conduce!" respondi¨® Jamek mientras empezaba a zafar el contenedor del auto, esforz¨¢ndose mucho en el proceso. Xitlari se liber¨®, concentr¨® toda su magia en una sola mano y golpe¨® el suelo del contenedor. La mitad de un rinoceronte apareci¨®, haciendo que todo el auto se levantara y destrozando el suelo en el acto. El auto se volc¨®, provocando que el contenedor se separara, y finalmente chocaron contra una gran roca. Xitlari sali¨® del contenedor, sac¨® a todos los que hab¨ªa dejado inconscientes y, al ver que dos personas corr¨ªan con la caja, los sigui¨®. "?No escapar¨¢n!" grit¨® mientras corr¨ªa a gran velocidad hacia ellos. "?Maldici¨®n! Toma la caja y ?corre, Quitsu!" dijo Jamek desesperado, entreg¨¢ndole la caja y deteni¨¦ndose para levantar el contenedor con su magia y golpear a Xitlari. Pero ella detuvo el contenedor con sus cuatro manos y lo lanz¨® hacia Quitsu, usando su magia para que este se moviera a gran velocidad. Jamek logr¨® detener el contenedor, pero Xitlari lo tacle¨®, dej¨¢ndolo inconsciente. Quitsu segu¨ªa corriendo hacia un cerro. Xitlari tom¨® una piedra del suelo y la lanz¨® hacia Quitsu, haci¨¦ndolo perder el equilibrio y caer. Sin embargo, por el ligero empuje, Quitsu desapareci¨® al atravesar algo. Xitlari, confundida, se acerc¨®. "?Ves algo, Rhyno?" pregunt¨® Xitlari al detenerse justo en el punto donde desapareci¨® Quitsu. "Claro, ?no ves? Hay muchos tipos que se est¨¢n acercando a nosotros, y el que tiene la caja se est¨¢ arrastrando hacia ellos" respondi¨® Rhyno, confundido porque Xitlari se hab¨ªa detenido. "Un escudo hologr¨¢fico... Muy bueno para el camuflaje" dijo Xitlari, sacando su comunicador del bolsillo de su pantal¨®n. "Listo... Ahora debo recuperar la joya" murmur¨® mientras enviaba sus coordenadas a Louis a trav¨¦s del comunicador. Luego se quit¨® su chaqueta rasgada, tom¨® varios objetos que ten¨ªa escondidos y los puso en un cintur¨®n plateado que le ayudaba a sostener la caja. "L¨¢stima, me gustaba mucho esta chaqueta" a?adi¨®, y atraves¨® el escudo hologr¨¢fico. Del otro lado vio c¨®mo unas personas se llevaban la caja y ayudaban a Quitsu a caminar. El lugar era una base con much¨ªsimo espacio, carretillas, palas y algunas m¨¢quinas dispersas. Tambi¨¦n hab¨ªa varios autos y una moto de color negro de cuatro ruedas. El cerro estaba bastante excavado, y a lo lejos se pod¨ªan ver dos edificios medianos conectados por un puente met¨¢lico elevado. "?Es ella! ?Det¨¦nganla!" grit¨® Quitsu mientras los que lo ayudaban se giraban para mirarla. "Ser¨¢ mejor que me den la caja si no quieren problemas" advirti¨® Xitlari, adoptando una pose de combate. El hombre que llevaba la caja corri¨® hacia el edificio que conectaba con el puente met¨¢lico elevado. Los dem¨¢s corrieron hacia Xitlari con armas en mano. Ella los neutraliz¨® uno a uno con gran facilidad, rompiendo sus armas y dej¨¢ndolos inconscientes de un golpe. Aparecieron otros, dispar¨¢ndole con ametralladoras, pero ella utiliz¨® a uno de sus compa?eros como escudo. Luego gir¨® sobre s¨ª misma y les lanz¨® varios dardos el¨¦ctricos, haci¨¦ndolos caer al suelo retorci¨¦ndose por la descarga. "?Qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª?" pregunt¨® un hombre de cabello y ojos anaranjados desde el puente elevado. Llevaba una armadura naranja con hombreras anchas y ornamentadas, pantalones caf¨¦s, botas anaranjadas y un cintur¨®n lleno de bolsillos. "Se?or Maber, esa chica, o lo que sea, entr¨® al escudo. Al parecer quiere recuperar una caja que Quitsu le rob¨®" respondi¨® uno de los hombres mientras Xitlari segu¨ªa peleando con los dem¨¢s. "?Y d¨®nde est¨¢ la caja? No la veo..." dijo Maber con tono autoritario. "Ya la llevan, se?or" inform¨® el hombre, antes de unirse a la pelea con Xitlari. Ella lo golpe¨® en la cara, haci¨¦ndolo chocar contra una carretilla. "?Se?or Maber! Le traigo esto..." dijo el hombre que llevaba la caja, entreg¨¢ndosela. "Est¨¢ pesadita, veamos" coment¨® Maber sorprendido al tomarla, y luego comenz¨® a abrirla. "Maber Thief, ser¨¢... mejor... ?que me devuelvas la caja!" exigi¨® Xitlari, mientras segu¨ªa peleando con los hombres de Maber. "Hmm..." murmur¨® Maber, mirando a Xitlari con cierto asco. Al abrir la caja, su rostro mostr¨® una gran sorpresa al ver la pieza de diamante en su interior. "?Jajajaja! ?T¨² crees que te voy a devolver esto? ?Est¨¢s loca? Mujer o... lo que seas, no s¨¦ qu¨¦ carajos eres, pero ni muerto" dijo con burla y aires de superioridad. "Que as¨ª sea..." respondi¨® Xitlari, golpeando al ¨²ltimo de los hombres de Maber y mand¨¢ndolo lejos. Maber frunci¨® el ce?o, sac¨® peque?os pedazos de ¨¢mbar de su cintur¨®n y cre¨® un minotauro de ¨¢mbar de dos metros. Este corri¨® hacia Xitlari y le dio un pu?etazo que ella detuvo con facilidad. Luego lo empuj¨®, haci¨¦ndolo caer. Maber cre¨® muchas criaturas voladoras llamadas Plirias, que atacaron a Xitlari con sus grandes garras. Algunas tambi¨¦n se llevaron a los hombres de Maber para apartarlos de la pelea. Xitlari esquivaba y destru¨ªa algunas de las Plirias mientras trataba de acercarse a Maber. "Tengo que hacer algo... Estas aves no me dejan llegar hasta ¨¦l". "?Xitlari! El b¨²ho puede acercarte hasta ¨¦l" mencion¨® el rinoceronte espiritual. El minotauro volvi¨® a levantarse y atac¨® nuevamente, pero Xitlari lo esquiv¨®, salt¨® y lo golpe¨® con sus cuatro brazos en el pecho, destroz¨¢ndolo. Las aves continuaron atac¨¢ndola; ella trataba de esquivarlas mientras, con sus cuatro manos, cambiaba de esp¨ªritu usando su pose de manos. "?Comienza a cargar tu magia!" mencion¨® el b¨²ho espiritual al aparecer. "?En eso estoy!" respondi¨® mientras esquivaba las aves y cargaba magia con sus cuatro manos mientras corr¨ªa hacia Maber. "La tipa sabe lo que hace... ?Ser¨¢ una palad¨ªn? Aunque nunca escuch¨¦ de una palad¨ªn de cuatro brazos, ?jeh! Los de abajo siempre estar¨¢n abajo y los de arriba, como yo... siempre estar¨¢n arriba" dijo Maber despreocupado, observando con gran confianza desde el puente elevado, creando un sujetador de ¨¢mbar en su cintur¨®n para poner la caja con el diamante. Xitlari hizo al b¨²ho espiritual m¨¢s grande, quien la llev¨® a gran velocidad hacia Maber para, justo al llegar, tirarse hacia el puente elevado lanzando una patada. "?Desgraciada!" dijo al verla acercarse, logrando esquivar su patada, que dobl¨® la barandilla del puente. Luego, Xitlari le lanz¨® dos pu?etazos que ¨¦l trat¨® de parar creando un escudo de ¨¢mbar con ambos brazos, pero el escudo se destruy¨®. Logr¨® golpearlo en el abdomen y el pecho, haciendo que chocara con su pe¨®n y tambi¨¦n con la baranda, dobl¨¢ndola un poco por el impacto. "?Sirve de algo!" grit¨® Maber molesto, empujando a su pe¨®n hacia Xitlari, quien lo apart¨® lanz¨¢ndolo abajo. Maber aprovech¨® la distracci¨®n y us¨® su magia, creando un gran pilar de ¨¢mbar que empuj¨® a Xitlari lejos, haci¨¦ndola chocar con el suelo. "?Est¨¢s bien?" pregunt¨® el b¨²ho espiritual, acerc¨¢ndose a ella y tratando de ayudarla. "S¨ª... Solo debo quitarme esto de encima..." dijo Xitlari, lastimada, tratando de quitarse el pilar de encima. "Me sorprendes, fen¨®meno, pero... ?se acab¨®! Magia ¨¢mbar... ?Gran cuerno Marfron!" Maber cre¨® un gran cuerno de Marfron que se dirig¨ªa hacia Xitlari. El b¨²ho espiritual se puso frente a ella y cre¨® una barrera que deten¨ªa el cuerno. Xitlari logr¨® quitarse el pilar de encima, pero Maber cre¨® otro cuerno m¨¢s que iba a caer encima de ella. Sin embargo, el b¨²ho espiritual la rode¨® totalmente, protegi¨¦ndola de cualquier da?o. "?Un poco de apoyo!" mencion¨® el b¨²ho espiritual al ver que la barrera se agrietaba. Xitlari se levant¨® y puso sus cuatro manos sobre el b¨²ho espiritual, pas¨¢ndole magia para poder mantener el escudo. "Solo 20 segundos y har¨¦ pedazos esas dos cosas", expres¨® Xitlari, esforz¨¢ndose para concentrar la magia. Pero otro cuerno estaba atac¨¢ndolos por detr¨¢s. "Me encanta ver esto", dijo Maber mientras sonre¨ªa de manera burlona, apoyando su rostro en su mano y creando un muro de ¨¢mbar alrededor del escudo de Xitlari para que no escapara de ninguna forma. "No podr¨¦ soportarlo mientras haces las poses de manos... Lo siento, Xitlari", expres¨® el b¨²ho espiritual, triste, aguantando lo m¨¢s que pod¨ªa mientras el escudo estaba muy cerca de ceder. "No te preocupes, si hubiera tenido m¨¢s tiempo para practicar, podr¨ªas parar todos esos ataques", mencion¨® Xitlari mientras sonre¨ªa y segu¨ªa dando toda la magia que pod¨ªa. El b¨²ho se dio la vuelta y vio la sonrisa de Xitlari. "Maldici¨®n... ?Fall¨¦...!" pens¨® Xitlari con frustraci¨®n. De pronto, los tres cuernos se partieron a la mitad y cayeron al lado del escudo del b¨²ho, creando un gran estruendo. "?Y ahora?" dijo Maber, confundido por lo que pas¨®. Louis golpe¨® las otras mitades de los cuernos, quit¨¢ndolos de encima del escudo del b¨²ho espiritual. Este quit¨® el escudo, y luego Louis destroz¨® el muro de ¨¢mbar y tom¨® a Xitlari en brazos, pues Maber lanz¨® otro cuerno m¨¢s que choc¨® con todos los otros pedazos de ¨¢mbar y con el b¨²ho espiritual, haci¨¦ndolo desaparecer y reaparecer en el hombro de Xitlari. "?Est¨¢s bien?" pregunt¨® Louis con seriedad y preocupaci¨®n mientras corr¨ªa fuera de la vista de Maber. "S¨ª... Ya puedes bajarme", dijo Xitlari, un poco sorprendida y ruborizada por ser cargada. Al instante, Louis la solt¨® debidamente, ruboriz¨¢ndose al darse cuenta de su acci¨®n. "Gracias, pens¨¦ que se hab¨ªa acabado..." dijo agradecida, cayendo de rodillas. "?Pasa algo?" Louis se agach¨® para ayudarla, pero ella se neg¨®. "Est¨¢ bien... Solo us¨¦ mucha magia. Debes quitarle la caja", respondi¨®, sinti¨¦ndose mareada. "Muy bien, ap¨¢rtate un poco m¨¢s. No quiero que salgas herida", expres¨® Louis con seriedad, dirigi¨¦ndose hacia donde estaba Maber. "Buh, ?qu¨¦ fue eso?" pregunt¨® Xitlari, un poco confundida. "?Qu¨¦ cosa? ?Que no mor¨ª? No te preocupes, aunque me destruyan siempre vuelvo a tu hombro", dijo el b¨²ho espiritual. "Eso no... Sent¨ª... algo m¨¢s", dijo tratando de levantarse. "Hmm... Estoy viendo tus recuerdos... ?Ah! Estabas a punto de morir. Es obvio que sientas esa presi¨®n en tu cuerpo", respondi¨® el b¨²ho tras revisar los recuerdos de Xitlari. "Cambia de esp¨ªritu y ve recogiendo magia. Este tipo es muy astuto y posee un gran arsenal de cosas". "Ya us¨¦ mucha magia", expres¨® con preocupaci¨®n. "No te preocupes. Toda la magia que usaste para detener los cuernos es administrada por m¨ª y la mitad regresa a ti. Estar¨¢s bien", dijo el b¨²ho, tratando de calmar su inquietud. "Est¨¢ bien, s¨ª que eres poderoso..." dijo un poco sorprendida, comenzando a hacer las poses de manos. "Nah, cada esp¨ªritu tiene sus ventajas y desventajas. Yo no aumento f¨ªsicamente como Rhyno y otra cosa... Te felicito, mostraste gran control de la magia estritual antes", respondi¨® el b¨²ho espiritual. Mientras tanto, Louis estaba a la vista de Maber. "As¨ª que t¨² interrumpiste mi diversi¨®n... ?Ohhh! T¨² s¨ª eres un palad¨ªn, veo tu insignia en tu cintur¨®n. Dime, ?qu¨¦ cosa es esa a la que ayudaste? ?Un mutante, demonio o alguna raza nueva?" expres¨® Maber con arrogancia, poni¨¦ndole poco inter¨¦s a la situaci¨®n. "Ella es una mujer y vale mucho m¨¢s de lo que t¨² puedes valer" respondi¨® Louis furioso. "?C¨®mo te atreves a hablarme as¨ª y compararme con esa desgracia de la naturaleza?" replic¨® molesto, presionando la baranda del puente. ?Maldito!" Maber cre¨® tres mamuts de ¨¢mbar que fueron directamente hacia Louis. Louis corri¨® hacia ellos mientras creaba dos lobos de lava del tama?o de los mamuts. Estos chocaron con dos de ellos, y se fundieron con ellos, inmovilandolos totalmente. Louis salt¨® encima del ¨²ltimo y, al sacar su espada... le cort¨® la cabeza al mamut, para luego seguir su paso hacia Maber. "?Qu¨¦ demonios...?" dijo Maber con temor, comenzando a lanzar esferas de ¨¢mbar. Louis segu¨ªa corriendo hacia ¨¦l, destrozando todas las esferas con su espada. Una de ellas la golpe¨® con su pu?o, haciendo que impactara en el rostro de Maber. Con desesperaci¨®n, Maber cre¨® una manada de Plirias. Louis salt¨® encima de una, luego se impuls¨® con otra, golpe¨¢ndolas hasta llegar frente a Maber. Este cre¨® un gran pilar para alejar a Louis, pero este hizo un giro a la derecha y cay¨® sobre el puente, cortando el pilar con facilidad. Maber hizo una espada de ¨¢mbar e intercambi¨® varios golpes con Louis, aunque este ¨²ltimo ten¨ªa la ventaja. "?Qu¨¦ clase de seres... son ustedes" dijo Maber, molesto y temeroso de Louis mientras continuaban chocando sus espadas. "Seres... ?mejores que t¨²!" grit¨® Louis, cortando la espada de ¨¢mbar a la mitad. Luego dirigi¨® su siguiente ataque al cuello de Maber, pero detuvo su brazo derecho con el izquierdo y comenz¨® a hiperventilar, sinti¨¦ndose confundido. Maber aprovech¨®, cre¨® un guante de ¨¢mbar y le dio un pu?etazo en la mejilla izquierda, para luego hacer otro pilar que lo lanz¨® lejos, chocando con el suelo. "Creo... que si te mato... muchos me lo agradecer¨¢n" dijo Maber, lanzando un pilar con una gran estaca hacia Louis. Xitlari destroz¨® el pilar de un golpe y luego rompi¨® el que ten¨ªa a Louis encima tambi¨¦n. "Louis... ?Est¨¢s bien? Bueno, eres demonio, me imagino que est¨¢s..." dijo preocupada, con el esp¨ªritu rinoceronte en su hombro. Sin embargo, al recordar que era mitad demonio, not¨® su rostro lleno de miedo y desesperaci¨®n. "Esp¨¦rame, solo d¨¦jame terminar esto". "No pensaba hacerlo... No iba a hacerlo, lo siento" dijo Louis, llorando con su cabeza en el suelo y sus manos sobre ¨¦l. "?Qu¨¦ crees que haces? ?Ese chico tiene magia de lava! Es un peligro para la raza humana. Si tienes sentido com¨²n, ?d¨¦jame matarlo!" Maber estaba muy asustado y molesto ante la situaci¨®n, golpeando la baranda del puente. "Aqu¨ª el ¨²nico peligro... eres t¨²" respondi¨® Xitlari con firmeza, mientras sus cuatro brazos comenzaban a brillar. Maber grit¨® furioso: "Est¨²pida... ?Pues los dos caer¨¢n! Magia de ¨¢mbar... ?Gran tiranosaurio" Tom¨® todas las piezas de ¨¢mbar de los bolsillos de su cintur¨®n, creando al tiranosaurio, que comenz¨® a correr hacia ellos, rugiendo y aplastando todo a su paso. Xitlari junt¨® sus cuatro manos creando una gran esfera azul. "Magia estritual... ?Gran rinoceronte espiritual!" La esfera se transform¨® en un gran rinoceronte que corri¨® hacia el tiranosaurio a gran velocidad. Ambas bestias chocaron, pero el tiranosaurio se hizo pedazos ante la fuerza del esp¨ªritu. El rinoceronte embisti¨® a Maber, destrozando el puente y aplast¨¢ndolo contra el cerro, varios pedazos del puente salieron volando con un gran sonido de choque. Luego ella corri¨® hacia donde estaba Louis. "?Louis, despierta!" Xitlari se arrodill¨® al lado de Louis, quien estaba boca arriba, y trat¨® de despertarlo moviendo su cuerpo y golpeando levemente su rostro con gran preocupaci¨®n al verlo respirar con dificultad mientras presionaba sus manos y sus dientes, como si estuviera soportando algo. "?Qu¨¦ le pasa? ??Rhyno?!" "??Qu¨¦ pasa?!" grit¨® el rinoceronte espiritual, acerc¨¢ndose a ellos r¨¢pidamente, creando un leve estruendo mientras se acercaba. "Hmm... Abs¨®rbeme y canaliza la magia estritual sobre su cabeza y en la parte donde est¨¢ su coraz¨®n." "?Bien!" Xitlari puso una de sus manos sobre el rinoceronte espiritual, perdiendo su forma gigante, volvi¨¦ndose peque?o y apareciendo en el hombro de Xitlari. "?Vamos, t¨² puedes, Xitlari! La magia estritual est¨¢ hecha para combatir el mal y las maldiciones," coment¨® el rinoceronte mientras Xitlari usaba sus cuatro brazos para canalizar la magia estritual sobre el pecho y la cabeza de Louis. Pasamos a un lugar reconocible... Lleno de total oscuridad con un ser que iluminaba el lugar con el resplandor que sal¨ªa del yelmo gracias a la lava dentro de ¨¦l. "Yo... no quer¨ªa matarlo... ?No quer¨ªa! No quer¨ªa... Lo siento, no soy un asesino..." Louis estaba arrodillado en el suelo, con la cabeza hacia abajo, presionando sus manos. "Eres decepcionante... Ya es evidente que las emociones humanas te han corrompido. D¨¦bil... in¨²til y emocional," Dark estaba frente a Louis, con la cabeza hacia abajo, observando su desesperaci¨®n. "Ya no hay m¨¢s oportunidades... Te dije que yo era tu, y ahora tomar¨¦ lo que es m¨ªo ?tambi¨¦n!" mencion¨®, agach¨¢ndose y levantando la cabeza de Louis del pelo para luego chasquear sus dedos en su rostro. Para los ojos de Louis, todo el lugar se convirti¨® en un castillo en llamas rodeado de lava azul, y muchos gritos de desesperaci¨®n y sufrimiento se escuchaban a lo lejos. "No... No aqu¨ª..." dijo Louis con desesperaci¨®n al observar el lugar, una habitaci¨®n que se consum¨ªa poco a poco por la lava alrededor. "Hijo... No tengas miedo... Cierra tus ojos," mencion¨® una figura que no mostraba su rostro. "Pap¨¢..." Louis trat¨® de cerrar sus ojos, pero estos se abrieron nuevamente contra su voluntad. Elio trat¨® de tocar el rostro de su hijo, pero su mano no soport¨® y se pulveriz¨® como si fuera polvo por la lava que ten¨ªa encima, convirti¨¦ndose en nada. Con un lamento lleno de agon¨ªa y reflejando desesperaci¨®n en su rostro, Louis observ¨® frente a ¨¦l c¨®mo el cuerpo de su padre se pulverizaba, como todo su rostro se calcinaba fibra por fibra. En un instante, el rostro y cuerpo de su padre se volvieron nada frente a ¨¦l mientras segu¨ªa escuchando gritos de sufrimiento. "Y as¨ª... ?Yo obtengo el control de todo!" Dark enterr¨® sus manos en el coraz¨®n y la cabeza de Louis. De pronto, una luz azul comenz¨® a agrietar la oscuridad del lugar. "?Qu¨¦ est¨¢ pasando?" dijo confundido, para luego observar a trav¨¦s de Louis a Xitlari. "?Noooo! ??Qu¨¦ magia es esta?!" grit¨® furioso, para luego ser separado de Louis. La oscuridad comenz¨® a desaparecer y el lugar se llen¨® de azul con tatuajes de muchos animales. El cuerpo de Dark se estaba haciendo pedazos... "?Maldita mujer!... ?Juro! ?Que cuando tome mi cuerpo! ?T¨²...! Ser¨¢s la primera... ?En MORIRRRR!" El cuerpo de Dark explot¨® al ser consumido por la luz azul. Con un gran suspiro, Louis despert¨® y muchas l¨¢grimas sal¨ªan de sus ojos. Observ¨® a Xitlari y, sin pensar, la abraz¨®, lo cual le gener¨® una gran sorpresa a Xitlari. "Gra... gracias," dijo Louis con la voz temblorosa mientras las l¨¢grimas ca¨ªan de su rostro. "Louis..." Xitlari, tratando de calmarlo, respondi¨® al abrazo rode¨¢ndolo con sus cuatro brazos y apoyando su rostro en el hombro de Louis. "?Est¨¢s... mejor?". "S¨ª..." respondi¨®, para luego darse cuenta de su acci¨®n y separarse de ella. "Lo siento, te habr¨¦ incomodado." "Para nada... ?Qu¨¦ te pas¨®?" pregunt¨® con preocupaci¨®n mientras lo miraba fijamente. "No lo s¨¦..." respondi¨® confundido y con una voz triste y apagada, bajando levemente su mirada. "Ir¨¦ a buscar la joya, qu¨¦date aqu¨ª." Xitlari se levant¨® del suelo y corri¨® hacia donde el rinoceronte espiritual hab¨ªa embestido a Maber. Louis observ¨® el lugar como hab¨ªa quedado para luego levantarse y encontrar su katana. Antes de tomarla, sinti¨® una ligera duda, y luego la guard¨® en la funda en su cintura. Xitlari hab¨ªa encontrado la caja y corri¨® hacia ella para tomarla, tambi¨¦n notando que Maber estaba en el piso arrastr¨¢ndose para tomarla. "Tu avaricia no te detiene..." mencion¨® Xitlari para luego tomar la caja y revisar si estaba la joya dentro de ella. "Jejeje... Por algo estoy donde estoy... Los d¨¦biles se quedan abajo y los fuertes... Nos mantenemos en la cima," respondi¨® Maber luego de que ella tomara la caja. "?Crees que est¨¢s en la cima? Eres un imb¨¦cil... T¨² est¨¢s en lo m¨¢s profundo... junto con los dem¨¢s criminales de Lyran," expres¨® Xitlari con seriedad, cerrando la caja para luego alejarse de ¨¦l, dirigi¨¦ndose con Louis mientras Maber la observaba irse, pensando en lo que hab¨ªa escuchado. "?Louis! ?La encontr¨¦!" grit¨® a lo lejos mientras se acercaba a ¨¦l. "Qu¨¦ bien... Yo... lamento no haberte ayudado mucho m¨¢s," mencion¨® con pesar y con la misma voz baja y apagada, cuando ella estaba casi al frente de ¨¦l. "?De qu¨¦ hablas? ?Me salvaste la vida! Iba a ser aplastada... Te agradezco mucho," respondi¨® con gratitud y con una leve sonrisa en su rostro mientras sujetaba la caja con dos de sus manos de abajo y con los otros dos, coloc¨® su mano sobre el codo de su otro brazo. Louis sinti¨® un poco de alivio al escuchar sus palabras. "Oye... ?Has montado una moto antes?" mencion¨® con una ligera emoci¨®n al ver la moto a lo lejos. "?Moto?" dijo Louis confundido, pues nunca hab¨ªa escuchado esa palabra. Luego, Xitlari se subi¨® a la moto de cuatro ruedas. "?Sube! Llegaremos m¨¢s r¨¢pido, ya nos atrasamos mucho," mencion¨® al ver que Louis ten¨ªa un poco de dudas y observaba un poco la moto, para luego subirse. "Ag¨¢rrate de m¨ª o te caer¨¢s..." dijo al encender la moto mientras sujetaba la caja con sus otras dos manos. "?Se...gura?" pregunt¨® t¨ªmidamente, con la misma voz triste y apagada. "?Claro!" Despu¨¦s de que Xitlari respondiera, Louis se sujet¨® de ella, rode¨¢ndola con sus brazos un poco indeciso. Luego, Xitlari movi¨® una de sus manos hacia el acelerador y la moto comenz¨® a avanzar, saliendo del escudo hologr¨¢fico y dirigi¨¦ndose a la monta?a Quichua mientras el sol segu¨ªa resplandeciendo en el campo. Fin del cap¨ªtulo El Gran Diamante #10 (segunda parte) El viento soplaba, levantando leves cortinas de polvo, moviendo con delicadeza el pasto en el suelo mientras el sonido de un motor resonaba. Las llantas rechinaban al chocar con algunas rocas en el camino. "Al parecer, el camino se est¨¢ volviendo un poco rocoso... A ver hasta d¨®nde nos lleva esta amiga nuestra", mencion¨® Xitlari con calma mientras conduc¨ªa la moto de cuatro ruedas, a punto de llegar a la monta?a espiral Quichua. "Yo... ?No puedo m¨¢s!" pens¨® Louis, ruborizado, con sus brazos alrededor del abdomen de Xitlari. "Y con este mont¨®n de rocas me siento ?a¨²n m¨¢s inc¨®modo!" Louis trat¨® de no delatar sus nervios con ning¨²n movimiento. "?Qu¨¦ debo hacer...? Estoy tratando de no aumentar mi temperatura... como aquella vez en el auto de Mei o la vez que ella pele¨® en el banco... Yo... Yo... Podr¨ªa lastimarla..." pens¨®, llenando su mente de preocupaci¨®n. Apareci¨® una imagen de su padre nuevamente, lo que lo aterriz¨®. "?No...!" grit¨®, soltando a Xitlari y chocando contra el suelo, dejando un rastro del impacto, adem¨¢s de dar algunas vueltas debido a la gran velocidad a la que iban. "?Louis!" Xitlari r¨¢pidamente fren¨® para dar la vuelta, llegando con ¨¦l. Luego baj¨® de la moto y se le acerc¨®. "?Est¨¢s bien? ?Por qu¨¦ te soltaste...? ?Iba muy r¨¢pido?" pregunt¨®, confusa por lo sucedido, acerc¨¢ndose para ayudarlo. "No... Ibas bien... Solo que... Es mi culpa. Sube t¨² con la moto; yo te alcanzo", respondi¨®, levantando su mano para evitar que lo ayudara. Luego se levant¨® del suelo, pero con la mirada hacia abajo. "?Acaso es porque mi abdomen comenz¨® a sudar y resbal¨®?" pens¨® Xitlari, tocando su abdomen con una de sus cuatro manos mientras sosten¨ªa la caja con el diamante con otra. Xitlari puso el diamante encima de la moto y luego hizo varias posiciones de manos con sus cuatro extremidades. Louis not¨® que hac¨ªa algo y la observ¨® ligeramente, mostrando un poco su rostro lleno de preocupaci¨®n y temor. "Te veo luego, Rhyno", mencion¨®, haciendo que Rhyno se transformara en el b¨²ho espiritual. "Buh, yo..." susurr¨®, pero fue interrumpida. "Antes que nada, ¨¦l usa guantes, no se iba a resbalar por eso. ?Segundo! Su aura est¨¢ llena de miedo, preocupaci¨®n y dolor... No sabemos muy bien lo que le pas¨®, pero hay que descubrirlo", mencion¨® el b¨²ho de manera directa, mientras observaba el aura de Louis. "??Descubrir?! ?Qu¨¦ quieres descubrir? ?Hay que entregar el diamante!" dijo Xitlari, tratando de bajar la voz para que Louis no notara que hablaba. "Me invocaste para darte una soluci¨®n, y esta es la soluci¨®n: trata de comportarte como una adulta y ay¨²dalo", respondi¨® el b¨²ho, comenzando a volar frente a Xitlari. " ''Suspiro'' Bien... ?Louis! ?Qu¨¦ te pas¨® all¨¢? ?Es por Maber? Si est¨¢s preocupado, puedes mandar un mensaje en el programa de la iglesia", coment¨® Xitlari, dirigiendo su mirada a Louis. "Es... Dif¨ªcil de explicar... Y no quiero que pienses nada malo de m¨ª", respondi¨® sin darle la cara mientras tocaba su rostro con su mano izquierda. Xitlari se acerc¨® para poner una de sus manos en su hombro. "No te preocupes... Ya te conozco mejor, y s¨¦ que eres un buen chico. Puedes contarme", dijo con una ligera sonrisa en su rostro. Louis volte¨® y, al verla, sus ojos se iluminaron levemente. Luego escondi¨® su rostro nuevamente y se alej¨® de ella, quitando su mano de su hombro ligeramente. "Podr¨ªa... dec¨ªrtelo mientras subimos, si quieres caminar, claro..." coment¨®, comenzando a caminar hacia la monta?a. Xitlari escondi¨® la moto y lo sigui¨® luego de tomar el diamante de encima de la moto y colocarlo en su cintur¨®n a su izquierda. Luego de un momento de silencio y varios pasos de ambos, Xitlari se puso a su lado. "?Y bien? ?Qu¨¦ tienes?" pregunt¨®, mir¨¢ndolo de reojo mientras continuaban caminando. "No estoy muy seguro de dec¨ªrtelo", respondi¨® mientras caminaba con la mirada hacia abajo. "Yo... ''suspiro'' he tenido muchos pensamientos intrusivos, sue?os dolorosos por culpa de alguien... Tuve que usar pociones antisue?os, que me ayudaron a dormir, pero ¨¦l no se fue. Igualmente, ten¨ªa que estar escuch¨¢ndolo, ver las im¨¢genes que pon¨ªa en mi cabeza... ver... ese momento..." Louis trat¨® de mantenerse firme, pero mientras m¨¢s segu¨ªa hablando, m¨¢s se desmoronaba... hasta que se le escaparon l¨¢grimas de su rostro, las cuales escondi¨® y sec¨® con su brazo derecho. Xitlari se sorprendi¨® por sus palabras y su reacci¨®n al final. "Mei nos habl¨® sobre ti... La verdad... Al principio no le puse mucha atenci¨®n en aquella llamada, pero... cuando mencion¨® lo que te pas¨®... No puedo imaginar lo que viviste aquel d¨ªa. Que est¨¦s aqu¨ª, conmigo, demuestra que eres fuerte... Y que te esforzaste mucho para llegar hasta donde est¨¢s. No eres cualquier persona", trat¨® de ser lo m¨¢s sincera, intentando aliviar un poco el peso que Louis sent¨ªa encima de ¨¦l. "As¨ª se hace, Xitlari", mencion¨® el b¨²ho espiritual con una sonrisa luego de escuchar sus palabras. "Qu¨¦ mal que Louis no pueda escucharme a m¨ª... Podr¨ªa ayudarlo tambi¨¦n", pens¨® mientras observaba a Louis, esperando su respuesta. Inspirado por las palabras de Xitlari, Louis respondi¨®: "Gracias por esas palabras, significan mucho para m¨ª... si vienen de ti", mencion¨® terminando de secar sus l¨¢grimas y levantando su rostro para mirar hacia el frente. "?En serio?", pens¨® Xitlari, nuevamente sorprendida por las palabras de Louis. "Lamento que me vieras en este estado...", expres¨® Louis, pensando y sintiendo verg¨¹enza. Por un momento, Xitlari vio a Louis y sab¨ªa c¨®mo se sent¨ªa. "No te preocupes... Creo que las personas buenas siempre tienen momentos as¨ª", mencion¨® como si ella ya lo hubiera vivido. Louis entendi¨® lo que quiso decir y ambos continuaron caminando hacia la cima. Luego de una gran caminata por ese extenso camino rocoso, Louis y Xitlari se encontraron en una zona con paredes de piedra alrededor, un camino plano que giraba a la derecha, pero con muchas piedras grandes a los alrededores. Era casi como una cueva, pero sin un techo. "?Qu¨¦ bien! Ya no m¨¢s rocas gigantes ni puntiagudas", mencion¨® mientras observaba los alrededores del lugar, con el comunicador de Louis en una de sus manos. "Y... Tambi¨¦n ya hice tu perfil y publiqu¨¦ el anuncio de captura para Maber. Llegar¨¢n r¨¢pido a buscarlo. Hay bastantes caballeros que est¨¢n a punto de ascender a palad¨ªn y se dedican a terminar la captura de ciertos criminales". Xitlari le dio el comunicador a Louis para luego continuar su paso. "?No tienen permitido pasar!", grit¨® un ser de 176 cm de alto con una voz rob¨®tica. Su cuerpo era completamente met¨¢lico. Luego de gritar esas palabras, salt¨® encima de Xitlari, atac¨¢ndola desde arriba con su brazo, el cual se convirti¨® en una cuchilla. Xitlari atrap¨® la espada con ambas manos y luego le dio un pu?etazo en el est¨®mago al robot, mand¨¢ndolo a volar e incrust¨¢ndolo en la pared de piedra. "?Qu¨¦ es eso? No recuerdo haberlo visto en ning¨²n libro de razas", pregunt¨® Louis, sorprendido por el ser, mientras sujetaba su katana, ya desenvainada, con su mano derecha. "Eso es un robot... No los encontrar¨¢s en libros de historia", respondi¨® Xitlari, prepar¨¢ndose para pelear. "?Intrusos! ?Intrusos! ?Intrusos!", gritaron varios robots que llegaron por delante y por detr¨¢s, sell¨¢ndoles las salidas. Los robots se abalanzaron hacia ellos. Por detr¨¢s, Louis parti¨® todas sus cuchillas para luego darles un pu?etazo a todos los que pudo, haci¨¦ndolos caer al suelo. Xitlari tom¨® el brazo de uno y, con dos pu?etazos, se lo quit¨® del cuerpo para luego golpear con ¨¦l. "?Oh Dios! ??Qu¨¦ est¨¢ pasando?!", no muy lejos se escuch¨® la voz de un hombre alterado por la situaci¨®n. "?Oigan! ?Det¨¦nganse!", dijo el hombre llegando al lugar. Todos voltearon deteniendo su pelea, pero sin moverse de sus posiciones. El hombre, de unos 190 cm, ten¨ªa una complexi¨®n obesa, un cabello bastante corto de color verde intenso, ojos verdes y vest¨ªa un traje formal oscuro con una corbata verde y rayas amarillas. Usaba zapatos negros lustrados. "S¨ª que es grande", dijo el b¨²ho espiritual sarc¨¢sticamente. El hombre observ¨® detenidamente a Xitlari y a Louis para luego decir: "??Acaso no ven?! ?Un chico de cabello rojo! ?Y...! ?Una mujer de cuatro brazos!". El hombre estaba molesto mientras levantaba su mano derecha, presion¨¢ndola con fuerza. "Se?or... ?Ellos son unos ladrones!", dijo uno de los robots, para luego ser golpeado por Xitlari, haci¨¦ndolo chocar con una roca. "?Acaso... Willy no les habl¨® sobre la gente que estaba esperando?", dijo luego de ver al robot chocar con la roca. "No... Nos dijo nada... Solo mencion¨® que protegi¨¦ramos la entrada porque... Maber estaba cerca", respondi¨® el mismo robot que golpe¨® Xitlari, levant¨¢ndose del suelo con algo de dificultad. "Demonios... Bueno, ret¨ªrense. Ellos no trabajan con Maber, solo me traen un paquete", dijo el hombre, golpe¨¢ndose la frente con frustraci¨®n. Luego, hizo un gesto con la mano para que los robots se retiraran. Uno de los robots se acerc¨® a Xitlari y le quit¨® el brazo que le hab¨ªa arrancado, para luego retirarse con los dem¨¢s. "''Suspiro'' Lamen...", de pronto, el robot que hab¨ªa quedado incrustado cay¨® al suelo, interrumpiendo al hombre, para luego retirarse tambi¨¦n. "Lamento que los recibieran as¨ª. Mi... Mano derecha ya est¨¢ en sus ¨²ltimos a?os, as¨ª que pueden ocurrir errores as¨ª. Me disculpo nuevamente", dijo el hombre de manera respetuosa, colocando su mano derecha en su pecho y bajando su cabeza levemente. "No se preocupe... Usted debe ser Donquichua, ?verdad?", Xitlari sac¨® su comunicador para revisar los datos que mand¨® Mei. "?Por supuesto! Mucho gusto en conocerlos. Por favor, s¨ªganme", respondi¨® Donquichua un poco ansioso, mostr¨¢ndoles el camino. Antes de seguirlo, Xitlari detuvo a Louis para confirmar la apariencia de Donquichua. Luego, ella hizo un gesto con su rostro indicando que pod¨ªan seguirlo. Donquichua los gui¨® por un camino hasta llegar a la entrada de una cueva. Dentro de la cueva hab¨ªa muchos muebles; el lugar estaba muy bien acondicionado, con una cocina a su derecha, adem¨¢s de tener dos puertas de izquierda a derecha al final de la sala que llevaban a otras habitaciones igualmente lujosas que la primera. "Tomen asiento, por favor", mencion¨® despu¨¦s de presionar un bot¨®n que gir¨® el suelo, haciendo aparecer una mesa en medio de dos sof¨¢s enfrentados. Tanto Louis como Xitlari tomaron asiento. Xitlari sac¨® la caja de su cintur¨®n para luego ponerla en la mesa. Con un suspiro de emoci¨®n, Donquichua tom¨® la caja y la abri¨®. "Es... hermosa... Te estuve esperando", mencion¨® mientras la levantaba y la observaba con gran admiraci¨®n, para luego darle un mordisco en una esquina. Louis, Xitlari y el b¨²ho espiritual quedaron at¨®nitos. "?C¨®mo... es que...?" mencion¨® Xitlari sorprendida al verlo masticar un trozo del diamante. "?Es... un diamante real?" pregunt¨® Louis, tan sorprendido como Xitlari. "?Por supuesto que es real! Si no, no sabr¨ªa as¨ª de delicioso...", coment¨® extra?ado por sus reacciones mientras admiraba el sabor del diamante. "Pero...", murmur¨® Louis, qued¨¢ndose sin palabras. "Usted... ?es un chameleon?" pregunt¨® Xitlari, pensando que era la ¨²nica explicaci¨®n para lo que ve¨ªa. "?Por supuesto! Mitad, de hecho. ?No les cont¨® Mei de m¨ª?" Donquichua guard¨® el diamante nuevamente en la caja. "Entiendo... Perdone, hubo un peque?o percance y no nos cont¨® mucho, o mejor dicho, nada de usted", respondi¨® Xitlari, sinti¨¦ndose culpable por lo ocurrido en la agencia y haci¨¦ndolo m¨¢s evidente al tocar sus dos brazos derechos con sus manos izquierdas. "Entiendo... No se preocupen, y... ?Aqu¨ª est¨¢ su pago!", mencion¨®, colocando un diminuto cubo de oro sobre la mesa. "Pero... eso no es nada...", replic¨® Louis al ver el cubo. "Jajajaja, eso confirma que no les habl¨® nada de m¨ª. Este cubo diminuto es mucho m¨¢s pesado que ustedes y yo juntos, unas 37,000 toneladas para ser exactos", asegur¨® mientras se levantaba del sof¨¢ y sacaba un frasco con un l¨ªquido celeste de su bolsillo. "Con mi tecnolog¨ªa puedo hacer que las cosas gigantes y pesadas se vuelvan peque?as y livianas. Por ejemplo, miren esta estanter¨ªa: si le echo un poco de mi f¨®rmula..." Donquichua lanz¨® una gota del l¨ªquido al estante, y poco a poco este se volvi¨® diminuto. "?Incre¨ªble!", exclam¨® Louis levant¨¢ndose para ver el estante. "?C¨®mo es esto posible? Jam¨¢s hab¨ªa visto este tipo de magia", expres¨® con emoci¨®n, agach¨¢ndose al suelo para observar el estante. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. "Jajaja, me alegra ver tu reacci¨®n. Eso significa que a la gente ?le encantar¨¢! Claro que s¨ª, ?todos los reinos me pedir¨¢n muchas cantidades!", grit¨® Donquichua con emoci¨®n al ver la reacci¨®n de Louis, mientras Xitlari se mostraba sorprendida. Sin embargo, su rostro reflejaba preocupaci¨®n. Sac¨® su comunicador y revis¨® la informaci¨®n que Mei les hab¨ªa mandado, confirmando todo lo que miraba, lo cual la hizo sentirse culpable. "Bueno... Les agradezco que hayan venido a dejar mi tan preciado diamante. Espero que no hayan tenido dificultades", expres¨® Donquichua, muy agradecido, tomando una jarra de agua que estaba en la cocina. "Bueno... s¨ª las tuvimos. Nos hab¨ªan robado el diamante", mencion¨® Louis poni¨¦ndose de pie. "??Qu¨¦?! Hmm... D¨¦jame adivinar... ?Maber Thief, cierto?", pregunt¨® Donquichua sorprendido mientras se acercaba a Louis. "S¨ª, se?or, pero como puede ver, logramos recuperarlo", respondi¨® Louis mientras Xitlari tomaba el cubito de oro y lo examinaba. "As¨ª veo... ?Pelearon con ¨¦l?", pregunt¨® Donquichua con curiosidad. "S¨ª, Xitlari lo derrot¨®", respondi¨® agachando un poco la cabeza. "Incre¨ªble... Lo malo es que nadie les har¨¢ caso si env¨ªan un mensaje para su captura", coment¨®, tirando el agua de la jarra al estante, haciendo que este retomara su tama?o original. "?Whoa! ?As¨ª recupera su tama?o!", dijo Louis, sorprendido al ver el estante regresar a su tama?o. "S¨ª, tengan cuidado. Lleven el cubito de oro en esta bolsita; es imposible que le caiga agua", explic¨® Donquichua, sacando una bolsita transparente de su bolsillo. Xitlari se levant¨® para tomarla y guardar el cubito de oro. "Muchas gracias, Donquichua, y no se preocupe por Maber. Louis es un palad¨ªn de Alahead, y sus mensajes de captura s¨ª se tomar¨¢n en serio", mencion¨® Xitlari, guardando el cubito en el bolsillo de su pantal¨®n. "?Alahead! Escuch¨¦ de ese reino... ?Palad¨ªn Louis!" Donquichua sac¨® el frasco que ten¨ªa y se lo puso en las manos a Louis junto con una tarjeta. "?Podr¨ªa recomendarlo en su reino? Se lo agradecer¨¦ mucho, incluso con una suma", pidi¨® con emoci¨®n. "?Eh? Claro... Podr¨ªa hablarle al rey de su tecnolog¨ªa", respondi¨® con sorpresa, observando el frasco, para luego guardarlo en un bolsillo de su gabardina. "Se agradece mucho. Y bueno, ?c¨®mo planean regresar al reino?", pregunt¨® sent¨¢ndose en el sof¨¢. "Tenemos transporte, no se preocupe. Le agradezco su hospitalidad, ya debemos irnos", respondi¨® Xitlari, dirigi¨¦ndose a la salida mientras tomaba a Louis del brazo. "?Eh...? ?Esperen! No los dejar¨¦ bajar toda la colina. No los esper¨¦ abajo por Maber, pero puedo ahorrarles la caminata", dijo Donquichua, levant¨¢ndose r¨¢pidamente y presionando un bot¨®n que abri¨® una sala secreta. "?En serio piensan que yo bajo la colina cada vez que quiero salir?", agreg¨® con una sonrisa, golpe¨¢ndose levemente la barriga con su mano derecha. Donquichua llev¨® a Louis y a Xitlari a una c¨¢psula espaciosa que comenz¨® a descender. "Incre¨ªble... ?C¨®mo se llama esto?" pregunt¨® Louis, asombrado por la tecnolog¨ªa al ver c¨®mo el elevador bajaba r¨¢pidamente. "Se llama elevador... ?Nunca hab¨ªas subido a uno?", expres¨® Donquichua, extra?ado por la reacci¨®n de Louis. "Para nada...", respondi¨® Louis mientras observaba la c¨¢psula detenidamente. "Es verdad lo que dicen... El reino de Alahead no posee tecnolog¨ªa avanzada...", pens¨® Donquichua, mirando a Louis con curiosidad antes de posar su mirada en Xitlari, quien permanec¨ªa con los brazos cruzados. Finalmente, el elevador se detuvo y abri¨® sus puertas. "Aqu¨ª nos despedimos. Espero volver a verlos", mencion¨® Donquichua mientras los observaba salir del elevador. "Adi¨®s", dijo Louis, d¨¢ndose la vuelta y levantando su mano, para luego seguir a Xitlari. Ella se dirigi¨® al lugar donde hab¨ªa escondido la moto (entre unas rocas) y la sac¨® levant¨¢ndola con sus brazos. "?Te pasa algo? Te veo callada...", coment¨® Louis. "Estoy bien...", respondi¨® Xitlari, subiendo a la moto. "No, no lo est¨¢s...", mencion¨® el b¨²ho espiritual. Xitlari mir¨® al b¨²ho por un momento y luego encendi¨® la moto. "?Subes?", dijo, d¨¢ndose la vuelta para dirigirse a Louis. "Claro...", respondi¨® Louis, subiendo a la moto con un poco de duda. Esta vez se sujet¨® solo de los hombros superiores de Xitlari. "?No te caigas esta vez!", coment¨® Xitlari cuando sinti¨® que Louis se sujetaba, para luego acelerar e ir a toda velocidad de vuelta al reino. Tras un largo recorrido de regreso al reino de Ystir, una idea cruz¨® por la mente de Louis al ver una cueva algo cercana al reino. "?Xitlari! ?Podr¨ªas dejarme aqu¨ª?", grit¨® Louis debido a la velocidad y al ruido de la moto. "?Qu¨¦?", exclam¨® Xitlari mientras frenaba la moto, deteni¨¦ndose en el camino. "?Por qu¨¦? ?No regresar¨¢s?", pregunt¨®, mostrando preocupaci¨®n en su rostro. "Claro que s¨ª... Solo que debo hacer algo antes", respondi¨® mientras bajaba de la moto. "Oye... ?Est¨¢s segura de que est¨¢s bien? Te ves preocupada...", pregunt¨® mientras la observaba. Xitlari evit¨® responder, apartando la mirada. "?Responde...!", dijo el b¨²ho espiritual mientras comenzaba a volar frente a ella. "?Para qu¨¦?", susurr¨® Xitlari con molestia. "Para confirmar la buena amistad que has hecho hoy", respondi¨® el b¨²ho espiritual, pos¨¢ndose nuevamente en su hombro. "Louis... Yo... Me siento culpable por lo ocurrido esta ma?ana. Llegamos con Donquichua y... No sab¨ªamos nada de ¨¦l. Siento que no cumpl¨ª bien con la misi¨®n. Dej¨¦ que me capturaran, ?dej¨¦ que me quitaran el diamante! Trat¨¦ de ignorarlo, pero ya no puedo...", expres¨® Xitlari con tristeza reflejada en su rostro. Cuanto m¨¢s hablaba, m¨¢s molesta y frustrada se sent¨ªa. "Est¨¢ bien... Me gust¨® estar contigo en esta misi¨®n, pero yo tambi¨¦n caus¨¦ problemas y molestias. A pesar de eso... T¨² me comprendiste; gracias por el apoyo y por ser t¨² misma conmigo", expres¨® Louis con sinceridad y una leve sonrisa, recordando lo ocurrido a lo largo del d¨ªa. Xitlari se sinti¨® un poco liberada gracias a sus palabras y dijo: "Jeh... Gracias a ti por mostrarme que todav¨ªa hay gente que me aceptar¨¢, por muy diferente que sea. Te veo luego". Tras estas sinceras palabras, se alej¨® de Louis a gran velocidad con la moto. Louis se dirigi¨® a la cueva. Al llegar, not¨® lo espaciosa que era. Ten¨ªa varios picos en el suelo, y la roca era ligeramente azulada. Adem¨¢s, la cueva era bastante profunda. "Si quiero ser m¨¢s fuerte... ?Debo entrenar! Y este lugar es el ¨²nico que tengo para hacerlo... No dejar¨¦ que mi magia ?destruya lo que tengo ahora!", dijo con inspiraci¨®n y determinaci¨®n mientras se quitaba la gabardina y la dejaba fuera de la cueva. Esto revel¨® su camisa azul de compresi¨®n de manga larga. Baj¨® a la cueva, estir¨¢ndose y desenvainando su katana, para luego comenzar a cortar cada pico que hab¨ªa a su alrededor. Despu¨¦s llen¨® toda la cueva de lava roja que le llegaba hasta las rodillas. "T¨² puedes... T¨² puedes", se repet¨ªa con nervios y algo de miedo, intentando bajar la temperatura de la lava en un punto espec¨ªfico. "?No importa cu¨¢nto tarde...! Debo lograr el control total de esta magia... Por mi padre... Por mi madre... Por mi maestro... Por ella... ?Por todos...!", pens¨® mientras recordaba a cada persona importante en su vida. Esto lo ayud¨® a transformar una peque?a porci¨®n de la lava en roca s¨®lida, para luego volverla l¨ªquida nuevamente. *Reino de Ystir - Agencia PT - Sala De Espera* "Me pregunto c¨®mo les habr¨¢ ido en la misi¨®n..." dijo Kassie recostada en el sof¨¢ de la sala de espera. "Espero que Xitlari no se haya enojado m¨¢s. Yo me habr¨ªa alegrado mucho si me pagaran una cuenta personal," mencion¨® Ann con una sonrisa en su rostro mientras jugaba con su comunicador. "No todos somos iguales..." respondi¨® Kassie para luego escuchar el sonido de su comunicador. Kassie se levant¨® y revis¨® su comunicador. "?Regresaron! ?Vamos, Ann!" dijo saliendo de la sala, tomando del brazo a Ann. "?Qu¨¦ bueno! ?Y c¨®mo les fue?" pregunt¨® Ann guardando su comunicador mientras segu¨ªa a Kassie al salir de la agencia. "Ya preguntaremos. Vamos a mi casa; Xitlari necesita una chaqueta para esconder sus brazos," mencion¨® mientras muchas personas pasaban a su lado. "?Entendido!" dijo Ann, envolviendo a Kassie con su magia de viento amarillo para luego salir volando del lugar a gran velocidad. Ann lleg¨® a la casa de Kassie y esper¨® afuera mientras Kassie buscaba algo para Xitlari. "Awww, ?espero que ellos dos se hayan llevado bien! ?Huh?" dijo Ann ansiosa para luego ver a una mujer de cabello corto y rosado con muchos papeles en mano. Estaba caminando en la acera del otro lado de la zona de autos. Parec¨ªa estar en muy mala condici¨®n, como si se desplomara en cualquier momento. "?Se?orita! ?Est¨¢ bien?" dijo Ann, volando hasta el otro lado de la acera. "S¨ª..." respondi¨®, volteando su mirada hacia Ann. La chica ten¨ªa ojeras, su cabello estaba alborotado y su ropa mal puesta. Con gran sorpresa al reconocer a Ann, grit¨® un poco emocionada: "?Ann! No puede ser... Ahora la tengo frente a m¨ª... Soy tan afortunada..." dijo, para luego desplomarse en los brazos de Ann. "?Oh, Dios! ?Est¨¢s bien?" dijo Ann, preocupada, ayud¨¢ndola a sentarse en una banca cercana. "M¨¢s o menos... He estado trabajando mucho en el proyecto de mi vida... Me llevar¨¢ a la fama... Jeh, incluso usted est¨¢ ah¨ª..." mencion¨® con dificultad mientras sujetaba sus papeles, entre los cuales se pod¨ªa ver un disco. "Entiendo, pero... No deber¨ªas esforzarte tanto. Parece que no has dormido en d¨ªas..." expres¨® Ann con preocupaci¨®n mientras llamaba a alguien por su comunicador. "Est¨¢ bien, valdr¨¢ la pena... ¨¦l me lanzar¨¢ a la fama y yo a ¨¦l... Me duele mucho la cabeza... Tal vez s¨ª deber¨ªa dormir un poco," coment¨® la chica, toc¨¢ndose la cabeza con una de sus manos. "?Ann! ?Ann? ?Qu¨¦ haces ah¨ª?" grit¨® Kassie, saliendo de su casa con una chaqueta entre sus brazos. "?Esta chica est¨¢ muy mal! Tengo que ayudarla, despu¨¦s me cuentas qu¨¦ pas¨®," mencion¨® Ann mientras finalmente le respond¨ªan la llamada. "Okay... Te cuento luego entonces," mencion¨® Kassie, corriendo hacia la salida del este. "Bien, ya estoy cerca... ?Qu¨¦ le pasaba a esa chica? Se ve¨ªa muy mal," pens¨® mientras corr¨ªa por la acera con la chaqueta en brazos. *Puerta del Este* Xitlari se encontraba sentada en el suelo, con la moto de cuatro ruedas a su izquierda, ayud¨¢ndola a que nadie la viera. "?Est¨¢s preparada para la siguiente luna llena? Es en dos meses. Me pregunto qu¨¦ te dir¨¢ a ti", dijo el b¨²ho espiritual, reposando en el hombro de Xitlari. "Yo tambi¨¦n... Oye, por cierto, ?c¨®mo funcionan los brazaletes? ?Hay algo que no s¨¦ sobre ellos?" pregunt¨® Xitlari al observar sus brazaletes con las gemas azules incrustadas. "?Uhhhh! Pens¨¦ que jam¨¢s me preguntar¨ªas", dijo sarc¨¢sticamente para luego aclarar su garganta. "Actualmente no puedes usar el m¨¢ximo poder de los brazaletes. Ellos solo te ayudan a concentrar la magia estritual de una manera m¨¢s r¨¢pida", mencion¨®, coloc¨¢ndose encima del brazalete. "Pero... cuando obtengas tu tercer esp¨ªritu, los brazaletes te permitir¨¢n usar ?dos esp¨ªritus a la vez! Magn¨ªfico, ?verdad?", recalc¨® al final de sus palabras con emoci¨®n, observando la gema en el brazalete. "?En serio? Eso suena incre¨ªble", dijo Xitlari, sorprendida por la revelaci¨®n. "Eso s¨ª... Debes mejorar mucho en las poses de manos y... ?aprender a hacerlo con dos!", mencion¨® acerc¨¢ndose a su rostro con autoridad. "S¨ª, s¨ª, ya me lo dijiste. Debo practicar con solo dos manos... ''suspiro'' ", expres¨® a rega?adientes, apoyando su barbilla en su mano izquierda. "?La pr¨¢ctica hace al maestro! Solo queda seguir adelante. Hay algunos que han conseguido su tercer esp¨ªritu en tan solo un a?o, pero esos son los que tienen menos problemas, como t¨² padre. T¨² tienes un gran camino por delante... Una humana de 20 a?os. S¨ª, son los que viven menos de todas las razas, pero igualmente apenas est¨¢ comenzando tu vida. Ya quiero ver cuando te conviertas en una maestra de la magia estritual... ?Ah! Y tambi¨¦n verte encontrar a esa persona especial", el b¨²ho espiritual estaba muy emocionado y ansioso por el futuro. Luego de terminar de hablar, regres¨® al hombro derecho de Xitlari. "Por favor... Eso no pasar¨¢", respondi¨® Xitlari con des¨¢nimo mientras miraba el suelo. "?Por qu¨¦ lo dices?" Xitlari levant¨® sus cuatro brazos al escuchar la pregunta del b¨²ho. "?Vamos! Ya ver¨¢s que un hombre se enamorar¨¢ de ti", dijo tratando de animarla. "Lo dudo... Igualmente ya eso no importa... Renunci¨¦ a ese sue?o desde que era una ni?a", mencion¨® para luego recoger sus piernas contra su pecho y rodearlas con sus cuatro brazos. "Qu¨¦ pesimista... Las experiencias del pasado no se repetir¨¢n por siempre, te lo aseguro", coment¨® el b¨²ho con gran seguridad. Luego lleg¨® Kassie a la entrada. "?Xitlari! ?D¨®nde est¨¢s?", grit¨® sin darse cuenta de que estaba detr¨¢s de la moto de cuatro ruedas. "?Aqu¨ª estoy!", dijo, levant¨¢ndose del suelo y acerc¨¢ndose a Kassie mientras limpiaba el polvo de su pantal¨®n. "?Qu¨¦ bien! ?No te han dicho nada? ?Y qu¨¦ te pas¨®? No me digas que se pelearon", dijo acerc¨¢ndose para darle la chaqueta mientras miraba a los conductores de los carruajes y luego observaba mejor su ropa. "?Qu¨¦? ?Crees que me pele¨¦ con Louis? Jajajaja, no. Peleamos con Maber", respondi¨®, poni¨¦ndose la chaqueta negra para luego esconder sus dos brazos extra. "Maber... ?Y Louis?", dijo moviendo su cabeza de un lado a otro sin poder encontrarlo. "Dijo que ten¨ªa algo que hacer antes de regresar. Oye, Kassie... ?sabes d¨®nde puedo esconder esta moto? Me gust¨® mucho y no quiero perderla", Xitlari le se?al¨® la moto de cuatro ruedas a Kassie. "No, son ilegales aqu¨ª, ?recuerdas?", respondi¨® Kassie al ver la moto. "Qu¨¦ mal... Hmm... ?Oye t¨²! Eres Marti, ?cierto?", Xitlari estaba pensando en una soluci¨®n y luego reconoci¨® a Marti, que estaba dentro de su carruaje. "Ehmmm... S¨ª, soy yo...", respondi¨® Marti un poco inc¨®modo. "?Ven!", dijo Xitlari, mientras Kassie volteaba para verlo. "?Oh! Te recuerdo, eres el que llev¨® a Louis y a m¨ª a la zona de la cosecha", mencion¨® Kassie, reconoci¨¦ndolo mientras ¨¦l se acercaba con duda a ellas. "Cierto, la recuerdo... Y bueno... ?Para qu¨¦ me quieren?", pregunt¨® Marti, un poco temeroso al final de sus palabras. "?Podr¨ªas guardar esta moto en el almac¨¦n de carruajes?", respondi¨® Xitlari, mostr¨¢ndole la moto. "Pero son ilegales...", respondi¨® al verla. "Usarlas dentro del reino es ilegal, pero guardarlas o usarlas fuera del reino no. S¨¦ que es mucho pedir y que seguramente ni siquiera quieres hablar conmigo, solo necesito que me ayudes a guardarla... Por favor", dijo Xitlari, tratando de ser lo m¨¢s respetuosa y amable posible. "Bien... S¨ªgueme", mencion¨® Marti luego de pensarlo un poco. Marti gui¨® a Xitlari hasta el almac¨¦n para guardar la moto. "Muchas gracias, lamento haberte incomodado", expres¨® Xitlari luego de guardar la moto y salir del almac¨¦n para luego ir con Kassie. "Qu¨¦ mal... Me siento culpable", dijo Marti al verla irse con Kassie. *Agencia PT - Oficina de Mei* Mei estaba sentada en el escritorio y Xitlari estaba frente a ella, un poco desconcertada porque Mei solo la observaba sin decir ni una palabra... Hasta que... "?Se pelearon?". "??Es en serio?! ''Suspiro'' No nos peleamos. Los hombres de Maber nos atacaron y... Perd¨ª el diamante...", expres¨® molesta, sacando el cubito de oro del bolsillo de su pantal¨®n. "?Y Louis?". "Dijo que ten¨ªa algo que hacer antes de regresar al reino", respondi¨® mientras dejaba el cubito de oro en el escritorio. "Ya entiendo... ?Escaparon o llamaron a alguien para que lo fuera a capturar?", pregunt¨® mientras miraba el cubito de oro en la bolsita transparente. "Mand¨¦ un mensaje cre¨¢ndole un perfil a Louis en la plataforma de la iglesia", respondi¨® sinti¨¦ndose todav¨ªa culpable mientras se sentaba en el sof¨¢. "No te sientas culpable...", coment¨® el b¨²ho espiritual. "?Qu¨¦ bien! Y eso significa que ya hicieron las paces, ?no? ?Qu¨¦ piensas de Louis ahora que lo conoces mejor?", expres¨® Mei con alegr¨ªa, tratando de sacar informaci¨®n. Xitlari comenz¨® a recordar todo el d¨ªa que vivi¨® junto a Louis, mostrando una peque?a sonrisa en su rostro y dijo: "Me agrada. Es un buen chico". "?Oh...! Entiendo. Me alegra que haya salido todo bien", dijo alegre, guardando el cubito de oro en su caja fuerte debajo del escritorio. "Cu¨¦ntame m¨¢s, quiero saber c¨®mo les fue con Maber". "No hables de lo que te cont¨® Louis. Eso es personal", dijo el b¨²ho espiritual. "Est¨¢ bien... Te contar¨¦", mencion¨® Xitlari luego de escuchar al b¨²ho espiritual. Luego nos alejamos de la oficina de Mei, de la agencia PT y del reino de Ystir... Para ir de vuelta donde Maber, quien estaba sentado en una silla mientras sus hombres trataban de arreglar el desastre ocasionado por Xitlari y Louis. "?Por qu¨¦ no puedo quitarme de la cabeza las palabras de esa... ?fen¨®meno!?" expres¨® Maber furioso, presionando sus pu?os. De pronto, un hombre con un manto con capucha de color negro traspas¨® el escudo hologr¨¢fico, junto a otro con un manto con capucha blanca. "Maldici¨®n... ?Ser¨¢n caballeros? ?Prep¨¢rense todos!" Dijo Maber levant¨¢ndose, y al escuchar su voz, todos sus hombres se prepararon para pelear... a pesar de estar heridos. "?Calma! No venimos a capturarlos..." grit¨® el hombre del manto negro; su voz era grave y tranquila, pero con un sonido rob¨®tico. "??Qui¨¦nes son?!" dijo Maber, sacando un poco de ¨¢mbar del bolsillo de su pantal¨®n. "Yo soy el Se?or Oscuro, y ¨¦l es Yeynos, el espadach¨ªn de la Niebla Blanca", respondi¨® mientras Yeynos bajaba su capucha. "No puede ser... ?Qu¨¦ hacen ellos aqu¨ª? Maldici¨®n..." pens¨®, presionando con fuerza el ¨¢mbar en su mano. "Veo que los atacaron... Si hubi¨¦ramos llegado antes, tal vez les habr¨ªamos ayudado", dijo el Se?or Oscuro, observando el estado del lugar. "?Qu¨¦ es lo que quieren...? Vayan al grano", pregunt¨® Maber, queriendo terminar con esto. "Quiero reclutarte, a ti y a tus hombres", respondi¨® el Se?or Oscuro sin m¨¢s, con su voz rob¨®tica. "?Qu¨¦...?" dijo Maber, sorprendido por la respuesta. "Como escuchaste... ?No quieres ser m¨¢s fuerte? ?Tener la posibilidad de ser algo m¨¢s?" Mientras segu¨ªa hablando, el Se?or Oscuro y Yeynos se acercaban a Maber. "Yo... no..." dijo Maber, con muchas dudas en su cabeza. "Vamos... Espero m¨¢s de ti que de aquel hombre lobo que encontr¨¦ en el r¨ªo... Al parecer ya ten¨ªa sus planes, pero t¨² eres diferente", mencion¨® el Se?or Oscuro, tratando de convencerlo. "Pero tu l¨ªder, Zthur... es un..." dijo Maber con miedo. "No pongas atenci¨®n a eso... Zthur nos apoya porque sabe lo que nosotros hemos sentido", respondi¨®, coloc¨¢ndose frente a ¨¦l. "Haremos que todo desaparezca, dominaremos cada reino... Haremos que las personas como nosotros suban a la cima, y todos los dem¨¢s ser¨¢n lo que fuimos: no m¨¢s desprecio, no m¨¢s persecuciones. Tendremos la gloria que tanto hemos deseado... ?Qu¨¦ te parece?", expres¨® con una convicci¨®n inquebrantable, mostr¨¢ndole su rostro, cubierto por una m¨¢scara de hierro negra. Se pod¨ªan ver sus ojos a trav¨¦s de la m¨¢scara, reflejando fuerza, convicci¨®n y gran poder. Recordando la humillaci¨®n por la que pas¨® hoy, Maber respondi¨®: "?Acepto!". En sus ojos se reflejaban deseos de venganza y furia. "?Perfecto!" dijo el Se?or Oscuro, estrechando su mano despu¨¦s de que este tirara el ¨¢mbar que ten¨ªa. De pronto, dos personas con armaduras de plata cruzaron el escudo hologr¨¢fico. Ambos charlaban, y todos voltearon hacia ellos. "Claro que s¨ª, amigo... ?Espera! No puede ser... ?Yeynos! ?V¨¢monos!" grit¨® uno de los caballeros, saliendo del lugar a toda prisa. "Vaya... Al parecer ven¨ªan a capturarte. Yeynos... ?podr¨ªas encargarte?" dijo el Se?or Oscuro con tranquilidad, disparando un aparato al aire con su brazo derecho. "Ya que..." respondi¨® Yeynos con serenidad, desenvainando su espada y dirigi¨¦ndose a cruzar el escudo hologr¨¢fico. "?No los mates! No queremos que la iglesia se alerte. Hazles un juramento y ya", mencion¨® antes de que Yeynos se impulsara y saliera del lugar a gran velocidad. "?Vamos! ?T¨² informa por el comunicador!" dijo uno de los caballeros, subiendo a un auto. "Maldici¨®n... ?No responde!" expres¨® el otro con desesperaci¨®n. "??C¨®mo que no?!" pregunt¨® euf¨®rico, luego de encender el auto e ir a toda velocidad. Un gran choque detuvo el auto... Yeynos quit¨® el techo del auto, cort¨¢ndolo con su katana, y luego se par¨® encima del auto, poniendo el filo de su katana en el cuello de ambos caballeros. "?Quieren vivir?" pregunt¨® Yeynos, totalmente sereno ante la situaci¨®n. "S...ss...s¨ª", respondi¨® uno de los caballeros. "Bien... Entonces j¨²renme que no le dir¨¢n a nadie sobre lo que vieron, y yo les prometo que no los matar¨¦", mencion¨®, haciendo que una niebla negra los rodeara a ellos y a ¨¦l. Ambos caballeros dudaban. No estaban seguros, estaban atemorizados. "Es una buena oferta, chicos... Si juran no decir nada, podr¨¢n ver una vez m¨¢s a sus seres queridos. Pero si rechazan... los har¨¦ sufrir antes de matarlos", expres¨®, acercando un poco su rostro a ellos. "Bien... A... acepto", dijo uno de los caballeros entre l¨¢grimas. "Yo tambi¨¦n..." a?adi¨® el otro. "Buena decisi¨®n...", dijo Yeynos, mientras la niebla alrededor de ellos se volv¨ªa blanca. Fin del cap¨ªtulo El Pasado #11 En una tranquila habitaci¨®n, la luz del sol se filtraba a trav¨¦s de la ventana, ba?ando suavemente la cama donde descansaba Xitlari. Sus cuatro brazos, una caracter¨ªstica poco com¨²n, la hac¨ªan destacar entre la multitud, pero era su belleza interior y su fuerza de esp¨ªritu lo que realmente la hac¨ªan especial. Mientras el sol continuaba ascendiendo en el cielo, Xitlari permanec¨ªa ajena al mundo que la rodeaba, sumida en un sue?o profundo y reparador, envuelta en una s¨¢bana celeste. La luz dorada inundaba la habitaci¨®n, creando un ambiente de paz y armon¨ªa que parec¨ªa envolverla por completo. Cuando la luz del sol lleg¨® a su rostro, poco a poco fue abriendo sus ojos, y as¨ª comenz¨® un nuevo d¨ªa para ella. La casa de Xitlari, al entrar en ella, ten¨ªa al frente una escalera que llevaba al segundo piso y una puerta a la izquierda que conduc¨ªa a la cocina, la cual ten¨ªa un peque?o comedor y varios muebles. A la derecha hab¨ªa una sala con un sof¨¢ grande y algunos objetos para entrenar. En el segundo piso se encontraba su habitaci¨®n, un ba?o y otra habitaci¨®n m¨¢s. Luego de una buena sesi¨®n de ejercicio y pr¨¢ctica en la pose de manos, Xitlari se preparaba para ir a la agencia; tom¨® una ducha y desayun¨® en un taz¨®n azul, para luego salir de su casa. De ese hermoso sol que iluminaba todo, pasamos a una lluvia que bloquea la luz, para dar libertad, tristeza, melancol¨ªa y el renacer de la luz. Las gotas de lluvia ca¨ªan con suave constancia, empapando las calles y envolviendo la ciudad en un manto de melancol¨ªa. En medio de esta atm¨®sfera, una mujer solitaria caminaba por la acera. Su cabello era caf¨¦ y sus ojos, de color verde; usaba botas de hule con un vestido amarillo, protegi¨¦ndose bajo un paraguas azul. Sus pasos resonaban en el pavimento mojado mientras se acercaba a un viejo edificio que se alzaba ante ella, con sus paredes de piedra desgastada y sus ventanas adornadas con cortinas descoloridas. Con un suspiro cargado de resignaci¨®n, la mujer se detuvo frente a la puerta de entrada, donde una peque?a figura envuelta en mantas en una canasta yac¨ªa abandonada. Con delicadeza, la mujer levant¨® a la ni?a en sus brazos, protegi¨¦ndola de la lluvia con el escudo de su paraguas. Los ojos de la peque?a se abrieron con curiosidad y temor, reflejando el desconcierto de una vida reci¨¦n comenzada y ya llena de incertidumbre. Sin una palabra, la mujer abri¨® la puerta del edificio, llevando consigo a la ni?a que ahora ser¨ªa su protegida. "?Qui¨¦n te habr¨¢ dejado ah¨ª sola, peque?a?" dijo aquella mujer, poniendo a la beb¨¦ en una cama y sac¨¢ndola de la canasta en la que estaba. La mujer quit¨® las mantas que envolv¨ªan a la peque?a y se llev¨® una sorpresa que la hizo retroceder. La peque?a ten¨ªa cuatro brazos. Ella estaba riendo feliz, movi¨¦ndose por la cama con curiosidad. "Tienes cuatro brazos... Jejeje", dijo sorprendida. "?C¨®mo es eso posible?" La mujer se acerc¨® con un poco de asombro, mostr¨¢ndole su mano. La beb¨¦ toc¨® la mano de la mujer con las cuatro peque?as manos que ten¨ªa. La mujer vio fijamente los ojos de Xitlari y sonri¨®. Nos alejamos del lugar mientras se ven ellas dos por una ventana del orfanato, mientras la lluvia comenzaba a cesar... Reinando el sol nuevamente. Xitlari se encontraba en la sala de investigaciones junto a Kassie. "?Me alegra verlas! Hemos tenido un peque?o problema en la zona de agua. Necesito que ustedes dos vayan al centro de la ciudad y saquen a un quirit¨¢nidas beb¨¦, que ocasion¨® una fuga", expres¨® Mei, entreg¨¢ndoles una c¨¢psula con agua de dos metros de altura. "??Un quirit¨¢nidas?! ??C¨®mo carajos lleg¨® ah¨ª!?" expres¨® Kassie, un poco sorprendida. "?Adivinen...! La zona de agua lleva un mes sin mantenimiento debido a ese imb¨¦cil, as¨ª que...", dijo Mei molesta, pero tratando de mantener la calma. "Ahora nos toca limpiar el desastre de un incompetente. ?No crees que ser¨ªa mejor esperar a que ¨¦l se d¨¦ cuenta?" mencion¨® Xitlari, mientras comprobaba el peso de la c¨¢psula. "No dejar¨¦ que la gente del reino sufra por ¨¦l... Adem¨¢s, obtenemos m¨¢s pruebas para usarlas en su contra cuando hablemos con el sacerdote. Bueno, vayan y atrapen a esa cosa", Mei se ve¨ªa preocupada al hablar del reino, pero luego su expresi¨®n cambi¨® a una m¨¢s seria y firme. Kassie y Xitlari salieron de la agencia y se dirigieron al centro de la ciudad. "Mei siempre se ve dulce, pero debe tener mucho peso encima al mantener un reino con un negocio de joyas, y todo para que el dinero vaya al enano ese", expres¨® Xitlari, molesta, mientras cargaba la c¨¢psula en su hombro derecho, sujet¨¢ndola con tres de sus manos. "S¨ª... Oye, ?no es pesado? ?Quieres ayuda?", pregunt¨® Kassie, sinti¨¦ndose un poco mal al dejar todo el trabajo a Xitlari. "No, est¨¢ bien, es bueno para hacer ejercicio, y t¨² ser¨¢s la que entre a buscar al quirit¨¢nidas; yo no tengo experiencia con animales marinos", respondi¨® sin problemas al caminar con la c¨¢psula en su hombro. "Bien, pero no dejes que nadie se acerque", dijo Kassie con una sonrisa. "No te preocupes, nadie lo har¨¢, te lo aseguro", expres¨® Xitlari con confianza y certeza. "?Escuchaste que la iglesia est¨¢ afili¨¢ndose con todos los reinos?", coment¨®, para luego sacar su comunicador. "??En serio?! ?No que solo eran humanos?", Xitlari estaba sorprendida por la noticia, tanto que detuvo un poco su paso. "?S¨ª! Incluso mi reino ya est¨¢ afiliado. Tal vez ya cambiaron de opini¨®n... ?Louis!", dijo al encontrarse con Louis saliendo de una tienda. "Kassie, ?Xitlari! ?Ehmm? ?Qu¨¦ es eso?", pregunt¨® Louis al ver la c¨¢psula que cargaba Xitlari. "Vamos a atrapar a un quirit¨¢nidas beb¨¦ en la zona de agua, ?quieres venir? Te conviene...", dijo Kassie, contenta de verlo y susurr¨¢ndole en su ¨²ltima oraci¨®n. "Huh... ?Claro! Acabo de terminar la entrega de paquetes", respondi¨® un poco sonrojado al ver a Xitlari luego de escuchar a Kassie. "?Perfecto! Vamos entonces. ''Suspiro'', hace mucho que no miraba algo sorprendente", mencion¨® Kassie, guardando su comunicador y caminando un poco m¨¢s adelante que Xitlari y Louis. "Hablas por el quirit¨¢nidas, jajajaja. Si hubieras visto cuando Donquichua mordi¨® ese diamante", mencion¨® Xitlari, recordando v¨ªvidamente la expresi¨®n de Donquichua en ese momento. "Otra vez con eso... Ustedes dos llevan dos semanas con lo del diamante", expres¨® Kassie, cansada de escuchar lo mismo. "?Es verdad!", insistieron Xitlari y Louis al mismo tiempo. "Les creo... Hmmm, ?ser¨¢ que los dientes de Donquichua pueden romper la Gyverna dorada de Mern?", dijo Kassie, poniendo sus brazos detr¨¢s de su espalda mientras continuaba caminando. "Buena pregunta... La Gyverna dorada pura es m¨¢s dura que el diamante, seg¨²n el libro que me dio Mern, pero no es una gema, y los chameleon solo comen gemas como las esmeraldas, rub¨ªes, zafiros, pero nunca le¨ª que pudieran comer diamantes", mencion¨® Louis, recordando las cosas que hab¨ªa le¨ªdo en el pasado. "?Y c¨®mo explicar¨ªas lo de Donquichua, Louis, lector de libros?", expres¨® Kassie con sarcasmo mientras segu¨ªa caminando sin siquiera voltear. "Hmmm... La mand¨ªbula de los chameleon se hace m¨¢s fuerte mientras m¨¢s edad tienen... As¨ª que la ¨²nica forma de que pueda lograr eso es que Donquichua ya est¨¦ en sus ¨²ltimos a?os de vida", respondi¨® Louis luego de pensarlo por un momento. If you spot this narrative on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. "Tiene sentido para m¨ª. Te gusta mucho leer, al parecer", mencion¨® Xitlari, mirando por un momento a Louis. "?Buena jugada Kassie!", pens¨® Kassie con orgullo al escuchar a Xitlari. "Oye, Xitlari, ?no tienes alguna historia emocionante para cont¨¢rnosla? ?Algo del pasado?". "Pasado...", murmur¨® Xitlari. Por un momento, se perdi¨® en sus pensamientos mientras segu¨ªa caminando con la c¨¢psula en su hombro. Esa palabra reson¨®, y un solo recuerdo pas¨® por su mente. "10 a?os atr¨¢s" En el mismo edificio donde una ni?a diferente fue encontrada, vemos a muchos ni?os y ni?as levant¨¢ndose de sus camas con mucha energ¨ªa, prepar¨¢ndose para poder ser aceptados. Pero entre todos ellos estaba Dahlia, una ni?a de 10 a?os con cabello de color caf¨¦ y ojos de un caf¨¦ brillante. Ella destacaba entre los dem¨¢s ni?os del orfanato debido a sus cuatro brazos. Su camisa, con dos agujeros adicionales, le permit¨ªa sacar sus dos brazos extra. Pero, lamentablemente, algo m¨¢s que la hac¨ªa destacar entre los dem¨¢s eran las burlas, rechazos, desprecios y estar sola todo el tiempo. Ser diferente no es f¨¢cil, y menos encontrar a alguien que pueda entender c¨®mo eres t¨². Lily, la mujer que la encontr¨® en la puerta del orfanato, era la ¨²nica que se preocupaba por ella todo el tiempo. "?Dahlia! Ven, ?mira!" mencion¨® Lily, quien usaba un vestido negro con blanco, escondida de los dem¨¢s, con una camisa azul en sus manos. "?Qu¨¦ pasa?" dijo Dahlia corriendo hacia ella con curiosidad. "?No puede ser! ?De d¨®nde sacaste uno as¨ª?" Dahlia era peque?a, ten¨ªa el cabello largo y usaba una camisa con agujeros para que entraran todos sus brazos. Adem¨¢s, sus dos brazos extra estaban vendados. Dahlia estaba sorprendida al ver la camisa azul con cuatro mangas. "Un amigo. ?Pru¨¦batelo!" respondi¨® Lily con una sonrisa al ver la reacci¨®n de Dahlia. Dahlia se cambi¨® de camisa y, emocionada, dijo: "?Mira! ?Me queda bien!". "S¨ª... Te queda muy bonita", expres¨® Lily, sintiendo felicidad y tristeza mientras le acomodaba un poco la camisa. "Ya no tendremos que hacerle dos agujeros extra a m¨¢s camisas... ?Crees que as¨ª alguien me adopte?" Dahlia estaba muy alegre. "Ah... Cari?o, no te hagas muchas ilusiones. La compr¨¦ para que no tuvieras m¨¢s dificultades, pero..." dijo Lily con pesar, mientras apartaba la mirada por un instante y su voz se apagaba ligeramente al final de sus palabras. "Ve a jugar y no les pongas atenci¨®n a los dem¨¢s, ?entendido?" "Entendido... Gracias", expres¨® un poco triste, d¨¢ndole un abrazo a Lily para luego irse. Pasamos a ver una mujer mayor con cabello blanco y ojos azules. Usaba un vestido negro, una bata azul y ten¨ªa un collar plateado en su cuello. Ella estaba caminando por un pasillo hasta llegar a una puerta, la cual abri¨® y encontr¨® a Lily desesperada, buscando entre muchos papeles. "?Lily? ?Qu¨¦ haces aqu¨ª?" pregunt¨® la mujer mayor con su voz sabia y desgastada, extra?ada por verla all¨ª. El lugar era peque?o; ten¨ªa varios estantes con muchas carpetas y una peque?a ventana en la que se pod¨ªa ver la luna llena. "?Directora! Yo he... ''suspiro'' He estado revisando las solicitudes de adopci¨®n", Lily salt¨® levemente con sorpresa para luego mostrarle los documentos. "Para Dahlia... ?cierto?" dijo con perspicacia y con una leve sonrisa en su rostro. "S¨ª... Yo... No aguanto verla triste. Nadie quiere adoptarla. Los ni?os la molestan, y por lo que le dijo Xavier ayer, ella... Lastim¨® sus brazos, y me imagino que ya vio sus vendajes", expres¨® Lily casi entre l¨¢grimas, sent¨¢ndose en una silla luego de poner los papeles en una mesa repleta de carpetas y papeles. "?Crees que ella ser¨¢ aceptada en otros reinos?" dijo mientras revisaba los documentos. "Has estado todo el d¨ªa haciendo esto, que ni te diste cuenta de que ya anocheci¨®. Creo que es hora de descansar", mencion¨® la directora acerc¨¢ndose a ella y poni¨¦ndole la mano en el hombro. "No puedo descansar... No quiero que Dahlia vuelva a llorar o lastimarse... No quiero que est¨¦ sola", expres¨® Lily dejando escapar una l¨¢grima. "Lo s¨¦..." La directora pens¨® por un momento y dijo: "Escucha, Lily, aunque ella se sienta sola, debes saber que todo en este vasto universo est¨¢ conectado de alguna manera. As¨ª como la luna ejerce su influencia sobre las mareas", dijo se?alando la luna con su dedo a trav¨¦s de la ventana, "y los ciclos naturales, tambi¨¦n hay fuerzas invisibles en juego que gu¨ªan nuestros pasos y nos llevan hacia donde debemos estar", mencion¨® mientras tocaba la cruz en su cuello. "Ella necesita de ti, as¨ª que ve y consu¨¦lala", expres¨® sonriendo y ayud¨¢ndola a levantarse. "Tiene raz¨®n, directora... Gracias", dijo Lily, levant¨¢ndose y abrazando a la directora para luego salir de la oficina. Dahlia... Ella estaba observando la luna llena a trav¨¦s de la ventana, en el piso de abajo, mientras miraba a algunas personas caminando a lo lejos en la acera del otro lado. "Por culpa de estos brazos nadie quiere siquiera acercarse a m¨ª", dijo Dahlia observando sus dos brazos vendados. "?Por qu¨¦ nac¨ª con ellos?" Dahlia baj¨® su mirada y presion¨® sus brazos vendados con sus otros dos brazos. La luz de la luna empez¨® a brillar, se?alando la ventana donde se encontraba Dahlia. "?Huh? Se volvi¨® m¨¢s brillante..." Dahlia fij¨® su mirada en la luna, se subi¨® sobre un banquito y, con sus cuatro manos, toc¨® el vidrio de la ventana, perdida... viendo la bella luna que se volv¨ªa azul. Una silueta se acercaba. "?A d¨®nde me llevas?", dijo un hombre con una voz en¨¦rgica y despreocupada. Med¨ªa 182 cm, su cabello era azul oscuro atado en una coleta desordenada, con algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro. Sus ojos eran de color azul, sin pupilas, y adem¨¢s ten¨ªan peque?as estrellas. Usaba una camisa de manga larga de color azul claro con correas y detalles dorados; sus pantalones y botines eran azul marino. El hombre camin¨® al lado de la ventana donde estaba Xitlari y, al verla, se sorprendi¨®. Volte¨® hacia donde estaba la luna y pregunt¨®: "?Quieres que sea... ?un padre!?" ¡ªpregunt¨® extra?ado, gritando por la sorpresa al final de sus palabras. Nuevamente volte¨® a ver a Dahlia, acerc¨¢ndose r¨¢pidamente con su rostro a la ventana, asust¨¢ndola y haci¨¦ndola caer. "Lo siento, no quer¨ªa asustarte... Ah, cierto, no puedes escucharme. Hmm... Bien, t¨² mandas", expres¨®, luego de ver la luna por un momento, dirigi¨¦ndose a la entrada del orfanato. "Dahlia, ?est¨¢s bien?", pregunt¨® Lily, acerc¨¢ndose a Dahlia y revisando sus brazos. "S¨ª, estoy bien, pero hab¨ªa un hombre en la ventana, me asust¨®", mencion¨® Dahlia, un poco desconcertada. "?Un hombre?" Lily ayud¨® a Dahlia a levantarse, y luego la puerta de la entrada fue tocada. Lily se acerc¨® y la abri¨®, encontr¨¢ndose con el hombre de cabello azul oscuro. Ella se sorprendi¨® al ver sus ojos sin pupilas y con peque?as estrellas dentro. "?Desea... algo?", pregunt¨® Lily, sorprendida y casi sin palabras. "Buenas noches, mi nombre es Lum y quisiera adoptar a la ni?a con cuatro brazos", respondi¨® con una ligera sonrisa, acomodando su camisa. "?Qu¨¦...? Usted... Eh...", expres¨® Lily, sin saber qu¨¦ decir al escuchar sus palabras. Ella tom¨® un poco de aire y luego dijo: "?Habla... en serio?". "?Por supuesto! Es mi destino, al parecer", respondi¨® sin preocupaci¨®n y con emoci¨®n. Lily r¨¢pidamente se fue corriendo a buscar unos documentos, dejando a Lum con Dahlia sin presentarlos. "?Lily! ?Qu¨¦ pasa?", pregunt¨® la directora, preocupada al ver c¨®mo sacaba los papeles sin cuidado. "?Quiere adoptar! ?Debo apresurarme!", expres¨® emocionada mientras segu¨ªa buscando entre las carpetas. "?Pero es muy tarde! Dile que regrese ma?ana", mencion¨®, tratando de detenerla, cuando encontr¨® lo que buscaba. "No puedo... Podr¨ªa perder la oportunidad de que mi Dahlia tenga un hogar", dijo entre l¨¢grimas mientras sal¨ªa de la oficina. "?Dahlia?", coment¨® sorprendida, viendo salir por la puerta corriendo. "Ven, no tengas miedo... Lamento haberte asustado", Lum se arrodill¨® frente a Dahlia y le dio su mano. "?No te molesta que est¨¦ cerca de ti?", pregunt¨®, acerc¨¢ndose con un poco de duda. "?Qu¨¦? Claro que no... ?Qu¨¦ pas¨® con tus brazos?", pregunt¨®, viendo los vendajes en dos de sus cuatro brazos. "Yo... Lo hice", respondi¨® casi susurrando y bajando su mirada. "?Por qu¨¦ har¨ªas algo as¨ª?", pregunt¨® con preocupaci¨®n, acerc¨¢ndose un poco m¨¢s a ella. "Por culpa de ellos... Nadie quiere adoptarme, y... Xavier me odia", expres¨® con tristeza, sin poder ver a los ojos a Lum. "Ya no tendr¨¢s que preocuparte, ahora yo cuidar¨¦ de ti", dijo, tomando los brazos vendados de Dahlia. "?No te... molesta?", pregunt¨® Dahlia, sorprendida y un poco insegura. "?Por supuesto que no!", respondi¨® con sinceridad y emoci¨®n mientras se pon¨ªa de pie. "?Se?or Lum!" grit¨® Lily corriendo hacia ellos. "Ya tengo los papeles, venga conmigo", expres¨® llev¨¢ndose a Lum a una sala. "Parece que lleg¨® tu d¨ªa, Dahlia", dijo la directora llegando con Dahlia. "Pero... ?y si es mentira?" mencion¨® un poco insegura. "Esperemos que no... P¨ªdele a Dios que no lo sea", la directora levant¨® tu collar nuevamente y cerr¨® sus ojos. Lily llev¨® a Lum a una sala para comenzar la entrevista. Ella se sent¨® en silencio y Lum comenz¨® a observar lo limpia y bien arreglada que era la oficina, con un gran estante al lado de la ventana con muchos libros, frente a ¨¦l Lily sentada en la silla del escritorio. "Primero, entr¨¦gueme su identificaci¨®n", expres¨® Lily tratando de calmarse. "?Claro!", dijo sacando su identificaci¨®n y entreg¨¢ndosela. Lily vio toda la informaci¨®n que estaba en la identificaci¨®n, preocup¨¢ndose un poco. "No est¨¢ casado... ?C¨®mo planea cuidar de ella?". "No se preocupe. Si es por el dinero, yo soy el due?o del arroz espiritual", expres¨® con confianza, golpeando levemente su pecho. "?Usted es el due?o? Lo siento, nunca lo he probado", Lily sent¨ªa un poco de desconfianza a pesar de todo. "?Tiene familiares? ?Saben que adoptar¨¢? ?Y qu¨¦ opinan? ?Habr¨¢ problemas debido a la diferencia de Dahlia? ?Y lo m¨¢s importante! ??Est¨¢ seguro de que puede con esta responsabilidad?!" Cada palabra de Lily era un torrente de preocupaci¨®n, cargada de ansiedad. Su voz, aunque firme, temblaba ligeramente. "Eh... Yo... ya no tengo familia", Lum sinti¨® todo el peso de cada palabra de Lily. "Pero estoy seguro de que puedo con esto y, adem¨¢s, que Dahlia sea diferente no me molesta en lo absoluto. Como puede ver, yo tambi¨¦n soy diferente. ?Estoy seguro de que puedo con esta responsabilidad!" expres¨® con firmeza y determinaci¨®n, abriendo un poco m¨¢s los ojos para que viera que no ten¨ªa pupilas. "Ya lo hab¨ªa notado... Necesito que me cuente de su pasado", dijo mientras limpiaba su rostro. Al principio, Lum dud¨®, pero acept¨® contar su pasado luego de ver a la luna por la ventana. "Tengo que convencerla" pens¨® Lum. "Le pedir¨¦ que no le cuente a nadie lo que le mostrar¨¦ aqu¨ª. Deme su mano", Lum levant¨® su mano, la cual desprendi¨® un aura azul. Mientras tanto, fuera de la oficina, la directora estaba conversando con Dahlia. "?Qu¨¦ pasa, Dahlia? ?No est¨¢s feliz?" pregunt¨® la directora al ver el rostro de Dahlia. "S¨ª, pero... ?y si est¨¢ fingiendo?" dijo con un rostro triste. "No quiero que vuelvan a burlarse de m¨ª como lo hizo Mari". "No te preocupes, eso no volver¨¢ a pasarte", expres¨® con una sonrisa mientras tocaba la cabeza de Dahlia. De pronto, una luz azul sal¨ªa a trav¨¦s de la puerta. Dahlia y la directora estaban sorprendidas, y la directora r¨¢pidamente entr¨® a la oficina, pero antes de abrir la puerta, la luz desapareci¨®. "?Lily! ?Ocurri¨® algo?" pregunt¨® la directora, un poco asustada. "No, directora... todo est¨¢ bien", Lily estaba entre l¨¢grimas y con una sonrisa en su rostro. "Prepare a Dahlia, el se?or Lum Xitlari se la llevar¨¢". "Suspiro... Bien, pero... ?qu¨¦ fue esa luz azul?" dijo con preocupaci¨®n y alivio. "No se preocupe, fui yo", dijo Lum mostrando su magia a la directora. "?Uh! Entiendo... Entonces, ?se la llevar¨¢?" La directora estaba un poco sorprendida al ver la magia de Lum. "S¨ª, ir¨¦ a preparar a Dahlia". Lily sali¨® de la oficina y llev¨® a Dahlia para preparar sus cosas. "?¨¦l es bueno?" pregunt¨® Dahlia mientras caminaba tom¨¢ndole la mano a Lily. "No pudiste ser m¨¢s afortunada, mi ni?a", respondi¨® a¨²n con un poco de l¨¢grimas en su rostro. "?Qu¨¦ bien! ?C¨®mo es mi mam¨¢?" dijo emocionada, corriendo a buscar sus cosas en una peque?a habitaci¨®n donde solo hab¨ªa una cama con una ventana al lado y una c¨®moda al lado de la cama, con una mochila colgada de un clavo. "Eh... Solo tendr¨¢s un pap¨¢, pero ¨¦l te cuidar¨¢ muy bien, pude verlo..." respondi¨® con una sonrisa suave, intentando transmitir seguridad en sus palabras. "?Y podr¨¦ verte de nuevo?" Dahlia se acerc¨® a Lily mientras juntaba todas sus cosas. "Por supuesto... ?Siempre podr¨¢s verme!" dijo abrazando a Dahlia con cari?o, sobando su cabello. Despu¨¦s de empacar sus cosas en una mochila rosada con peque?os mu?equitos pegados en ella, Lily entreg¨® a Dahlia a Lum. ¨¦l se agach¨® y le dio un abrazo, y Dahlia llor¨®... Alguien m¨¢s finalmente la hab¨ªa aceptado. Lum tom¨® la mochila y le dio la mano a Dahlia, y ambos salieron del orfanato. "?Cuide bien de ella, por favor!" mencion¨® Lily, feliz y entre l¨¢grimas al verla salir, recordando un poco de lo que vio cuando estaba a solas con Lum, mientras la directora la confortaba. "?Por supuesto! ?Usted misma lo vio!" respondi¨® con una sonrisa en sus labios, para que luego se cerrase la puerta dejando a la directora y a Lily d¨¢ndose un abrazo. Fin del cap¨ªtulo. Ese D铆a #12 "?Por supuesto! ?Usted misma lo vio!" respondi¨® con una sonrisa en sus labios, para que luego se cerrara la puerta, dejando a la directora y a Lily d¨¢ndose un abrazo. "Dahlia... ?Quieres ir a la escuela?" mencion¨® Lum a Dahlia mientras caminaban por la acera. "?S¨ª! ?Me encantar¨ªa!" respondi¨® Dahlia con emoci¨®n, levantando sus dos manos izquierdas. "Xitlari... ?Xitlari!" dijo Kassie, haciendo que Xitlari reaccionara. "??Huh?! ?Qu¨¦... qu¨¦ pas¨®?" pregunt¨® Xitlari, un poco confundida, deteniendo su paso. "Estuviste en silencio por un tiempo. ?Te pas¨® algo?" respondi¨® Kassie frente a ella, con Louis a su lado. "?Quieres que te ayude?" pregunt¨® Louis con un rostro preocupado. "No, estoy bien, ?continuemos!" respondi¨® Xitlari, haciendo un gesto con la cabeza para luego continuar su paso. Kassie la observ¨® mientras segu¨ªa caminando hacia el centro del reino. "Tal vez deba cambiar de tema", pens¨® Kassie. "Oye, Louis, ?sab¨ªas que esta gema que tengo puede exorcizar esp¨ªritus y maldiciones?" mencion¨®, tocando con su dedo ¨ªndice la gema, causando un ligero sonido. "??En serio?! ?Ya la has usado antes?" Louis estaba sorprendido por la revelaci¨®n, adem¨¢s de sentir curiosidad. "S¨ª, antes era azul, pero exorcic¨¦ a tantos que ya solo le queda un uso. Cuando use el ¨²ltimo, se volver¨¢ oscura y deber¨¢ ser destruida", dijo con una ligera sonrisa. "Adem¨¢s, tambi¨¦n me da una visi¨®n del futuro para mostrarme cu¨¢l ser¨¢ el siguiente objetivo, pero... por alguna raz¨®n no ha dado la ¨²ltima visi¨®n. Tambi¨¦n me alegra porque fue un regalo de mi hermano y... es la raz¨®n por la que me qued¨¦ aqu¨ª en vez de regresar a mi reino". Recordar a su hermano hizo que el tono de Kassie se volviera un poco triste y melanc¨®lico. "Debi¨® ser un gran hermano... Le¨ª sobre los objetos exorcizadores. Son muy poderosos, pero los de alto rango tienen un precio para usarlos", mencion¨® Louis, tratando de aliviar el sentimiento que not¨® en la voz de Kassie. "?C¨®mo es que sabes tanto? Y... ?cu¨¢ndo tienes tiempo para leer?" pregunt¨® Kassie, sorprendida de que Louis supiera sobre eso. "Mi maestro Rei, luego de aquel d¨ªa... Yo no quer¨ªa nada, estaba triste y... la verdad, no quer¨ªa seguir viviendo", dijo, sinti¨¦ndose arrepentido. "Pero ¨¦l me dio ¨¢nimos y comenc¨¦ a leer todos los libros que me daba. Era parte de su entrenamiento". Louis sonri¨® al recordar una peque?a parte de su entrenamiento con Rei en los ¨²ltimos seis a?os mientras continuaba caminando. "?C¨®mo era su entrenamiento?" pregunt¨® Xitlari con curiosidad, dirigiendo su mirada a Louis por un momento. "Bastante pesado, dir¨ªa yo... En el cuarto a?o, me oblig¨® a cargar un meteorito que hab¨ªa ca¨ªdo cerca del reino hasta la cima de un volc¨¢n y luego me arroj¨®", respondi¨® Louis, un poco molesto al recordar aquel d¨ªa. "??Qu¨¦?! ?Oh, por Dios! Qu¨¦ locura... Por suerte soportas la lava", expres¨® Kassie con gran sorpresa, volteando su mirada a Louis. "Es el hijo de Lion Fordesthmans, pero igualmente es un poco loco... Yo tambi¨¦n quiero contarles algo. Creo que... sobre aquel d¨ªa", coment¨® Xitlari mientras acomodaba la c¨¢psula en su hombro. Kassie, por un momento, volte¨® mostrando su rostro de preocupaci¨®n ante el comentario de Xitlari. "?Est¨¢s segura?". "S¨ª, creo que un ave parlanchina me dir¨ªa que lo haga", respondi¨® Xitlari con una ligera sonrisa en su rostro. "El d¨ªa del que les hablo... Era un d¨ªa muy importante para m¨ª y para mi padre... ¨¦l hab¨ªa recibido una llamada de un patrocinador que llevar¨ªa su cadena de comida a otros reinos y yo iba a participar en mi segundo torneo de artes marciales m¨¢gicas, hace tres a?os". "?Pap¨¢, ya estoy lista!" expres¨® Dahlia con emoci¨®n y con una peque?a sonrisa en su rostro despu¨¦s de terminar de ponerse una camisa de compresi¨®n negra con mangas largas. Adem¨¢s, vest¨ªa una licra blanca con unos shorts negros que cubr¨ªan hasta sus rodillas y guantes negros para pelear en el torneo. Su cabello era mucho m¨¢s largo que en la actualidad y luc¨ªa m¨¢s joven, adem¨¢s de medir 173 cm en ese entonces. La habitaci¨®n de Dahlia ten¨ªa un espacio en forma de una L invertida. En la parte m¨¢s larga, ten¨ªa una cama con un mueble peque?o al lado. Encima del mueble hab¨ªa una medalla de plata y un despertador cuadrado. Frente a la cama estaba una ventana mediana adornada con una cortina azul recogida, que permit¨ªa entrar la luz del sol, adem¨¢s de tener un escritorio de color caf¨¦ con algunos cuadernos encima. En la parte m¨¢s peque?a de la L, se encontraba un armario blanco de dos puertas con un espejo largo en la puerta derecha y, frente al armario, la puerta para salir de la habitaci¨®n. Dahlia sali¨® corriendo de su habitaci¨®n y baj¨® las escaleras dando un salto, llegando frente a la entrada y salida de la casa. "Dahlia...", dijo Lum acerc¨¢ndose a ella. ¨¦l ten¨ªa puesto un delantal blanco y ten¨ªa la cocina encendida. Esta era una cocina totalmente fuera de lo com¨²n: ten¨ªa 8 quemadores y 4 hornos, adem¨¢s de una gran cantidad de ingredientes en una mesa rectangular. "Este d¨ªa ser¨¢ muy importante para ambos... Perdona que no est¨¦ contigo, pero estar¨¦ vi¨¦ndote en la transmisi¨®n hologr¨¢fica y apoy¨¢ndote con todo mi ser". Lum toc¨® la mejilla de Dahlia, sinti¨¦ndose un poco culpable al no poder estar con su hija. "No te preocupes, ?t¨² tambi¨¦n debes cumplir tu sue?o!", expres¨® Dahlia con comprensi¨®n y felicidad en su rostro, tomando la mano de Lum. Adem¨¢s, se escuch¨® la bocina de un auto que esperaba afuera. "Gracias por todo, padre", dijo para luego salir por la puerta y subirse a un auto alto y rectangular con varias ventanas. Llevaba a varios pasajeros y era de color blanco con negro. "Buena suerte", expres¨® Lun sonriendo mientras levantaba su mano y miraba a su hija irse. El auto pasaba por todo el reino antes de llegar al centro de la ciudad, donde se realizar¨ªa el torneo. En el auto, una chica de cabello blanco y ojos azules usaba una camisa de botones con bordado en el cuello, por dentro de su falda oscura con l¨ªneas doradas en los bordes, y zapatillas negras. Adem¨¢s, ten¨ªa un aro caf¨¦ con l¨ªneas doradas en su cabello. Med¨ªa 165 cm. A su lado estaba su hermano gemelo, Caspian, con el mismo estilo de ropa, excepto que este usaba pantalones y su camisa no ten¨ªa bordado en el cuello. "?No puede ser! Pero si es Dahlia... Vienes al torneo para ser mi sombra otros dos a?os", expres¨® con una voz caprichosa pero refinada. "Ja, ja, ja. ?En serio sigues creyendo que un fen¨®meno como t¨² puede vencerme?", pregunt¨® tocando su brazo derecho extra que ten¨ªa. "Vete de aqu¨ª, Blanca. Decidiremos eso en la final", dijo Dahlia, fijando su mirada en la ventana del auto. "?Qu¨¦?... ?Dijiste mi segundo nombre... ?para molestarme!? ??Cierto?!", expres¨® molesta, presionando sus manos. "Como sea, ?no sirvi¨®!", dijo mientras se retiraba furiosa a su asiento, haciendo un sonido de desprecio con su boca. "No creas que puedes ganarle a mi hermana", dijo Caspian con una voz seria y tranquila antes de seguir a su hermana. "Eso lo veremos", susurr¨® Dahlia luego de observar c¨®mo el hermano se iba con Blanca. El auto finalmente llegaba al centro de la ciudad. Trompetas sonaban para presentar el torneo de artes marciales m¨¢gicas, mientras muchos magos con abrigos reales de color gris y una estrella en su espalda preparaban el lugar usando magia. La plataforma estaba hecha de un material prefabricado de color caf¨¦, y las gradas de concreto blanco con asientos c¨®modos de una madera especial. A gran velocidad, los magos armaban todo el estadio, poniendo luces, conectando cables, colocando asientos y terminando de armar la plataforma, usando magia de viento y tierra. Adem¨¢s, el estadio ten¨ªa un lugar reservado para el rey y su hijo, con una gran ventana para observar cada pelea del torneo. Luego de acabar, la gente del reino comenz¨® a llegar y ocupar cada asiento. El estadio se llen¨® en poco tiempo. Luego de terminar los preparativos, un hombre de traje rojo con cola y un pantal¨®n negro se acerc¨® a la plataforma. Llevaba en sus manos un estuche de color plateado y tambi¨¦n ten¨ªa puesto un sombrero negro. El hombre abri¨® el estuche y lo lanz¨® lejos. "?Hola a todos, amigos! ?Est¨¢n listos para este maravilloso torneo?", grit¨® el hombre a trav¨¦s de un micr¨®fono triangular que ten¨ªa una gema en su mango, que brillaba cada vez que hablaba. El refer¨ª y las bocinas, que estaban colocadas en lo alto de las paredes, brillaban por dentro al tener la misma gema dentro de ellas. Todos en el estadio gritaron de emoci¨®n. "Muy bien, les habla su amigo Rop y ser¨¦ el refer¨ª de este torneo. ?COMENCEMOS! Este a?o tenemos incre¨ªbles participantes y, por supuesto, a nuestro querido rey ?Shane Ystir! Y, claro, tambi¨¦n a nuestro querido pr¨ªncipe ?Lue Ystir!", dijo, para luego escucharse los gritos de las personas. El rey saludaba desde la cabina, con su hijo a su lado. Una gran pantalla virtual apareci¨® con todos los participantes. En la pantalla se pod¨ªa ver c¨®mo seleccionaba uno por uno a los participantes al azar, colocando una imagen de referencia en cada bracket. El total de participantes era de 18. "Hay m¨¢s gente en las gradas que en el anterior torneo", pens¨® Dahlia, nerviosa, viendo la transmisi¨®n por un holograma que se encontraba en los vestidores. El lugar ten¨ªa varias taquillas para cambiarse de ropa y varios asientos pegados a la pared, adem¨¢s de tener el holograma de la transmisi¨®n frente a los asientos. "?Te presentar¨¢s as¨ª?... Ja, pens¨¦ que tendr¨ªas algo mejor. En este torneo hay muchos m¨¢s fan¨¢ticos que el pasado, as¨ª que... hay que lucirse", expres¨® Blanca mientras observaba la tabla de participantes y se estiraba un poco. Blanca vest¨ªa una camisa celeste de cuello que dejaba descubiertos sus hombros. Adem¨¢s, ten¨ªa dibujos de p¨¦talos rosa en el pecho y abdomen. Vest¨ªa un pantal¨®n gris¨¢ceo y zapatos de combate. Adem¨¢s de Blanca, hab¨ªa otros ocho participantes del torneo en esos vestidores. "?Vaya! Al parecer voy primero. Nos vemos, Dahlia. Buena suerte, la necesitar¨¢s", dijo mientras sal¨ªa por la puerta. "En serio, te har¨¢ falta", expres¨® burlesca, asomando su rostro por la puerta. "?Ya vete de una vez!", dijo Dahlia, molesta. "Qu¨¦ car¨¢cter... Jajaja", mencion¨® con tono burlesco, para luego salir por la puerta. "?Bueno, amigos! El primer encuentro ser¨¢ entre Tim Marnie y la campeona del anterior torneo Blan...", dec¨ªa con emoci¨®n Rop hasta que not¨® una presencia furiosa a lo lejos: era Blanca. Ella miraba con furia a Rop mientras ten¨ªa sus brazos cruzados. "Digo... ?Jazm¨ªn Blirip!", grit¨® despu¨¦s de revisar la lista de participantes. Blanca cambi¨® su expresi¨®n y sonri¨®, prepar¨¢ndose para ir a la plataforma. "Pens¨¦ que morir¨ªa... Ah", expres¨® Rop, asustado, apartando el micr¨®fono de su boca. Blanca y su contrincante Tim estaban en sus posiciones. La campana son¨® para dar inicio al primer combate. "Esa chica que se llama Blanca, ?sigue aqu¨ª en Ystir?", pregunt¨® Louis, interrumpiendo la historia. "No, debido a que el rey muri¨®, su padre se llev¨® tanto a ella como a su hermano al reino de Lynquia", respondi¨® Xitlari a la pregunta con tranquilidad. "Entiendo. La muerte del rey parece que fue muy dura para todos... Seg¨²n lo que he escuchado", coment¨®, aunque en su interior sab¨ªa que las palabras nunca podr¨ªan capturar el peso de aquella p¨¦rdida. "Lo fue... ¨¦l era un incre¨ªble rey... Las batallas en el torneo fueron muy interesantes, pero la que tanto esperaba era la final con Blanca", expres¨® con ligera tristeza en su rostro, para luego continuar la historia. "?La campeona se lleva la victoria!", mencion¨® Rop con energ¨ªa. "?Esta pelea ha sido muy humillante para el participante Tim!" Un grupo de 4 personas que usaban camisas celestes y pantalones blancos se llevaron a Tim en una camilla. "Se?oras y se?ores, el siguiente combate ser¨¢ entre Yamada Sumi contra la subcampeona ?Dahlia Xitlari!", mencion¨® mientras dos magos reparaban los da?os en la plataforma. "?Vamos, Yamada, descalifica a ese fen¨®meno!", grit¨® un hombre. "?Vamos, t¨² puedes!", dijo un ni?o que se encontraba con Lily y varios ni?os m¨¢s en las gradas. "?Oigan, es injusto que use sus cuatro brazos!", grit¨® una mujer que parec¨ªa ser la madre de Yamada. Luego de su comentario, varias personas comenzaron a abuchear a Dahlia. "?Calma a todos! As¨ª como en el anterior torneo, Dahlia Xitlari usar¨¢ solo dos de sus manos. Si llegara a usar una mano m¨¢s, ser¨¢ descalificada", coment¨® el refer¨ª, un poco molesto por la actitud de la gente. Louis los observ¨® por un momento, sinti¨¦ndose un poco mal al ver la actitud de ellos. "En el tiempo que he estado aqu¨ª... No hay duda, si ellos descubren que soy mitad demonio, me odiar¨¢n mucho. Por suerte, la gente no tiene acceso a la informaci¨®n de los paladines", pens¨® Louis mientras continuaba caminando. "Qu¨¦ horribles son las personas a veces, por lo menos no todos te odian...", expres¨® Louis, un poco triste y bajando la mirada. "No tienes que recordar eso si no quieres, Xitlari. Algunos de este reino... son una molestia", mencion¨® con una mirada seria hacia la acera que estaba luego de pasar por la zona de autos, donde hab¨ªa mucha m¨¢s gente caminando que en la que ellos estaban. "Oye, Xitlari, ?no se te dificult¨® ninguna pelea?", pregunt¨® Louis para que olvidaran el tema de la gente. "En mi primer torneo s¨ª, pero en este... La ¨²nica pelea que fue algo... fue la final", respondi¨®, acomodando la c¨¢psula en su otro hombro. "?Est¨¢s segura de que...", dijo Louis, preocupado. "S¨ª, no te preocupes... Les contar¨¦ la final del torneo para no alargarlo, ya casi llegamos al centro del reino", Xitlari interrumpi¨® a Louis mientras estiraba uno de sus brazos derechos. "En la final con Blanca, ella...". "Parece que otra vez somos t¨² y yo, pero igualmente quedar¨¢s detr¨¢s de m¨ª", expres¨® Blanca con confianza. "Aunque yo esperaba pelear con el chico de magia de fuego que venciste en tu anterior pelea, era m¨¢s interesante", mencion¨® mientras se estiraba en la plataforma. "Lamento decepcionarte", dijo Dahlia, poniendo dos de sus manos en su espalda luego de calentar un poco. "?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? Conmigo puedes pelear con tus cuatro brazos, ?ya lo sabes!", expres¨® molesta y confundida. "?Refer¨ª!". "??Eh?! Bueno, yo no puedo hacer nada... No est¨¢ en contra de las reglas que ella no quiera pelear con todos sus brazos", respondi¨® Rop, un poco temeroso de Blanca. "Lo siento, pero es muy injusto para ti", dijo Dahlia con seriedad. "La pelea comenzar¨¢... ?AHORA!", grit¨® Rop. "Bien... ?Si as¨ª lo quieres! Te humillar¨¦ por creer que eres algo", dijo Blanca tomando su posici¨®n de pelea. Tomando impulso con sus piernas, Blanca se acerc¨® para acertar un golpe en la cara de Dahlia, pero Dahlia par¨® el pu?etazo con una de sus manos y luego le dio un pu?etazo en el est¨®mago que la hizo retroceder y quejarse del dolor. Todos los que apoyaban a Blanca estaban at¨®nitos y no pod¨ªan creerlo. The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there. Los ¨²nicos que gritaban eran menos de la mitad de las personas en el estadio. Dir¨ªa que un 20% de todo el estadio apoyaba a Dahlia. "?Cu¨¢ndo... conseguiste esta fuerza?", pregunt¨® Blanca con una leve dificultad para respirar y con una de sus manos en el est¨®mago. "As¨ª es mi nueva yo", respondi¨® sin m¨¢s, para luego acercarse para darle una patada la cual Blanca logr¨® esquivar agach¨¢ndose. Luego, Dahlia continu¨® lanzando golpes con dos de sus manos. Blanca lograba esquivarlos con dificultad hasta que uno logr¨® darle en el hombro. Blanca trat¨® nuevamente de atacar, dando una vuelta y lanzando una patada al rostro. Dahlia detuvo la patada con su mano y luego jal¨® a Blanca de su pierna para darle un pu?etazo en el rostro que la hizo caer al suelo. "No puede... ser", mencion¨® en el suelo, para luego mirar al p¨²blico y darse cuenta de que hab¨ªa un hombre encapuchado observando la pelea. "?No... NOOO! ?T¨² NO ME VENCER¨¢S!", grit¨® Blanca levant¨¢ndose del suelo, furiosa. De pronto, su cuerpo comenz¨® a hacerse m¨¢s grande y a cubrirse de un pelaje blanco con l¨ªneas negras. Sus manos se abrieron, haci¨¦ndose m¨¢s grandes. Luego cerr¨® su mano y comenz¨® a crecerle pelaje blanco en su mano, para luego abrirse toda la mano nuevamente, sali¨¦ndole grandes garras como las de un tigre. Una cola sali¨® por detr¨¢s de su espalda, en la parte baja, haciendo un agujero en su ropa. Los pies humanos se estiraron y se curvaron, alargando los huesos y los m¨²sculos para tomar una forma m¨¢s bestial, destruyendo sus zapatos en el acto. Su rostro se convirti¨® en el de un tigre, alarg¨¢ndose su mand¨ªbula y su nariz volvi¨¦ndose negra. Sus orejas pasaron a estar arriba de su cabeza. Sus ojos eran todav¨ªa azules, pero ahora como los de un felino. Ahora med¨ªa 175 cm, y lo ¨²nico que no cambi¨® fue su cabello. Todos en las gradas estaban sin palabras ante tal revelaci¨®n. "?As¨ª es, hija! No tengas miedo de qui¨¦n eres, ?mu¨¦strale al mundo tu verdadero t¨²!", grit¨® un hombre tigre de pelaje blanco con rayas negras despu¨¦s de bajarse la capucha, mientras levantaba sus manos con alegr¨ªa y orgullo. "?Ahhh! ?Un monstruo!", grit¨® una mujer apuntando con su dedo al padre de Blanca. "?No soy un monstruo, se?ora!", respondi¨® ofendido, apunt¨¢ndole tambi¨¦n con uno de sus dedos. "??Qu¨¦ demonios es esto?! ?Solo hay fen¨®menos!", grit¨® un hombre molesto y asqueado. "?S¨ª, quiero mi reembolso!", dijo otro. "?Son una molestia!", a?adi¨® otro. Muchos estaban abucheando a Dahlia y a Blanca, adem¨¢s de lanzar vasos y cosas a ellas, para luego escucharse el sonido de un cristal rompi¨¦ndose. "?Todos ustedes! En todo el torneo solo he escuchado comentarios ?est¨²pidos!", grit¨® el rey de Ystir furioso desde la cabina. Al parecer, ¨¦l destruy¨® la ventana de la cabina para hablar. "Mi propio reino discrimina a los dem¨¢s por su apariencia... ?Qu¨¦ verg¨¹enza! El problema de ustedes es que no saben diferenciar qu¨¦ es bueno y qu¨¦ es malo. Disfruten de la pelea los que quieran quedarse. Los dem¨¢s pueden irse", mencion¨® con firmeza y decepci¨®n, para luego sentarse nuevamente a ver la pelea. La mayor¨ªa de los espectadores se estaban retirando en silencio despu¨¦s de escuchar al rey. "?Dan l¨¢stima!", grit¨® el padre de Blanca, molesto al ver c¨®mo la mayor¨ªa de la gente se iba del lugar. "?No nos iremos, Blanca!", grit¨® una mujer. "?Te apoyamos!", dijo un hombre. "?T¨² puedes!", a?adi¨® una ni?a. A pesar de que la mayor¨ªa se iba, una buena cantidad de gente se qued¨® para seguir viendo la pelea, y las personas que apoyaban a Dahlia tambi¨¦n comenzaron a dar ¨¢nimos. "?T¨² puedes, hija!", grit¨® el padre de Blanca. "No esperaba que fueras una mujer tigre", coment¨® Dahlia, prepar¨¢ndose para continuar. "?Jah! Ahora las cosas se pondr¨¢n feas para ti", afirm¨® Blanca con una voz un poco m¨¢s grave, tomando su posici¨®n de pelea. Blanca se acerc¨® con una gran velocidad, acertando una patada a Dahlia, haciendo que retrocediera, para luego atacar con sus garras a gran velocidad. Con gran esfuerzo, Dahlia lograba esquivar los ataques. "?Seguir¨¢s subestim¨¢ndome? ?Usa tus cuatro brazos!" dijo impaciente mientras continuaba atacando con sus garras, hasta que logr¨® hacerle un corte en uno de sus brazos. Dahlia trat¨® de defenderse, pero hasta sus guantes se hicieron pedazos por las garras de Blanca. R¨¢pidamente, Dahlia us¨® sus otros dos brazos y golpe¨® los costados de la cabeza de Blanca con sus dos pu?os al mismo tiempo, y luego lanz¨® una patada, haciendo que saliera volando hasta el otro lado de la plataforma. "Finalmente... te lo tomas... ?En serio!" expres¨® Blanca para luego hacer un gran rugido y despu¨¦s correr hacia Dahlia. R¨¢pidamente, las dos se acercaron para lanzar much¨ªsimos golpes... unos eran bloqueados, otros esquivados, y otros acertaban. Ambas se mov¨ªan a gran velocidad sin parar. "Por Dios... ?Esta pelea es incre¨ªble!" expres¨® Rop al poder verla tan cerca. "Esta vez no..." dijo Dahlia mientras continuaba lanzando golpes y esquivando. "?Qu¨¦?" mencion¨® Blanca, confusa, al escuchar a Dahlia. "?Esta vez NO!" grit¨® Dahlia para luego usar sus dos brazos derechos cubiertos de magia estritual para golpear el pecho y el est¨®mago de Blanca ?al mismo tiempo! El incre¨ªble ataque la lanz¨® fuera de la plataforma, dejando un momento de silencio en el aire. "?Se acab¨®! La victoria es para... ?Dahlia Xitlari!" dijo Rop con emoci¨®n, para luego escuchar los gritos de la gente. "Todav¨ªa... no ha... acabado," dijo Blanca con dificultad mientras intentaba levantarse. Dahlia fue r¨¢pidamente para atacar a Blanca... Al ver esto, Blanca trat¨® de pararse r¨¢pidamente, pero no lo logr¨® y solo cerr¨® los ojos... Al volver a abrirlos, vio el pu?o de Dahlia frente a su rostro. "Esto... ya acab¨®," dijo Dahlia mientras le ofrec¨ªa su mano para levantarse. "Buena pelea," dijo con una sonrisa en su rostro. Blanca rechaz¨® la mano de Dahlia y, con dificultad, se levant¨® y comenz¨® a caminar hacia los vestuarios, para luego escucharse muchos aplausos y silbidos que ven¨ªan de las gradas. "?Bien hecho, Dahlia!" gritaron muchos ni?os, mientras muchos hombres y mujeres aplaud¨ªan. "?Bien hecho!... Lo lograste," grit¨® Lily con orgullo, mostrando una gran felicidad en su rostro. "?Ella... tiene muchas personas que la apoyan?" dijo Blanca, sinti¨¦ndose mal mientras miraba a los espectadores. "Hiciste lo mejor que pudiste," dijo una ni?a de piel oscura y cabello caf¨¦ que miraba a Blanca desde las gradas junto a sus padres. "?Te apoyamos! No importa si eres diferente. Por cierto, si necesitas ropa, yo soy un gran dise?ador y mi esposa la mejor sastre del reino," mencion¨® el padre de la ni?a. "?No exageres!" mencion¨® la mujer d¨¢ndole un leve codazo. Sorprendida, Blanca respondi¨®: "Les agradezco la oferta... ?C¨®mo te llamas?" pregunt¨® Blanca con una sonrisa. "Mi nombre es Yina, y mi pap¨¢ se llama Lowin, y mi mam¨¢, Lara. Y este se llama... ?in," respondi¨® Yina con una sonrisa en su rostro, mostr¨¢ndole un ser con la forma de un boomerang que flotaba a su lado. "Mucho gusto... lamento haberlos decepcionado," mencion¨® Blanca bajando la mirada al suelo. "?Decepcionado? ?Estoy emocionado! Podr¨¦ dise..." dijo Lowin mientras era interrumpido por Lara d¨¢ndole otro codazo. "Digo... ?Mira t¨² misma!" Lowin hizo un gesto con su mano para que mirara a su alrededor y viera c¨®mo las personas que se hab¨ªan quedado levantaban carteles y sus manos, adem¨¢s de comenzar a aplaudir y silbar para animar a Blanca. "?Hija! Lo hiciste muy bien," expres¨® mientras lloraba y abrazaba a Blanca. "Pap¨¢, me duele..." dijo Blanca soportando el dolor. "?Lo siento!" El padre de Blanca inmediatamente dej¨® de abrazarla y retrocedi¨® un poco. "??Est¨¢s bien, hermana?!" pregunt¨® Caspian, quien corr¨ªa desde los vestuarios para darle un frasco redondo. "S¨ª, estoy bien, gracias," respondi¨® tomando el frasco, para luego quitarle la tapa y beberlo. "Me alegra que aceptaras qui¨¦n eres, hija... Estoy orgulloso," dijo poniendo su mano en el hombro de su hija. "Gracias, pap¨¢," agradeci¨® luego de beberse todo el l¨ªquido que ten¨ªa la botella. "?Incre¨ªble pelea!" gritaron algunas personas en las gradas. "?Te apoyamos, Blanca!". "Gracias... pero no digan mi primer nombre," mencion¨® con molestia, tratando de forzar una sonrisa. "Tendr¨¢s que soportarlo," agreg¨® Caspian tomando el frasco que le dio a Blanca. "Igual que la derrota..." dijo, para luego voltear atr¨¢s y ver a Dahlia sentada en la orilla de la plataforma observando a Blanca con una sonrisa en su rostro, para luego levantar los pulgares de sus manos. "Jah... no eras tan diferente despu¨¦s de todo." "?Se?oras y... se?ores! La campeona del sexto torneo de pelea m¨¢gica... ?Dahlia Xitlari!" grit¨® Rop, para luego sacar un control de su bolsillo y hacer que todas las bocinas que estaban ubicadas en todo el lugar del torneo sonaran. El rey hab¨ªa bajado de su cabina para entregar la medalla y un trofeo dorado. Adem¨¢s, le acompa?aba Mei con Clara en su hombro y seis caballeros. Usaba una armadura plateada y una capa rosada; adem¨¢s, ten¨ªa una sonrisa en sus labios. El rey Shane ten¨ªa ojos celestes y su cabello era plateado azulado, corto y con dos mechones hacia el frente. Usaba una t¨²nica p¨²rpura con detalles celestes, unos pantalones gris¨¢ceos ajustados y zapatos celestes. Med¨ªa 185 cm y ten¨ªa una pulsera dorada en su mano derecha. "Ha sido un placer volver a verte en este torneo, Dahlia... Espero que esta vez s¨ª aceptes mi oferta para convertirte en una palad¨ªn," mencion¨® con una voz firme, profunda y llena de amabilidad mientras le pon¨ªa la medalla. "Le agradezco mucho su oferta, lo pensar¨¦ mejor esta vez," respondi¨® Dahlia con gratitud y respeto. "Me da gusto escuchar eso," el rey le entreg¨® el trofeo en sus manos y luego Dahlia lo levant¨® para que solo se escucharan los aplausos y festejos de las personas en las gradas. "Luego de eso... Lily y los ni?os llegaron conmigo a los vestidores para felicitarme y luego regres¨¦ a casa... Y..." mencion¨® Xitlari, volviendo su voz m¨¢s apagada mientras m¨¢s hablaba, reflejando dolor en su rostro por lo que ven¨ªa. "?Ya llegamos! ?Podr¨ªas quitar esa tapa, Louis? Creo que con eso ha sido suficiente... No tienes que recordar eso, amiga", dijo Kassie, preocupada, acerc¨¢ndose a ella mientras Louis quitaba una tapa que estaba en el suelo. El centro de la ciudad era muy grande y espacioso; su forma era como una circunferencia, con algunas bancas y zonas con flores. Mucha gente caminaba por ah¨ª, adem¨¢s de tener una zona de autos que iba en c¨ªrculos conectando con todas las zonas: este, oeste, norte, sur, etc. Y claro, tambi¨¦n ten¨ªa casas a su alrededor despu¨¦s de la zona de autos y la acera. "?T¨² crees...?" Xitlari baj¨® la c¨¢psula y estir¨® sus brazos y hombros. "Bien, Louis, ?podr¨ªas alejarte un poco por si acaso el quirit¨¢nidas trata de escapar?" dijo Kassie acerc¨¢ndose al agujero en el suelo. "S¨ª, claro", respondi¨® Louis alej¨¢ndose. "?No que ya le hab¨ªas dicho?" susurr¨® Xitlari a Kassie. "S¨ª, pero no dejes que nadie me vea, ?s¨ª?", expres¨® Kassie un poco nerviosa. "No te preocupes, nadie se acercar¨¢ conmigo aqu¨ª", respondi¨® Xitlari para que luego Kassie entrara al agujero. Louis se acerc¨® a Xitlari para preguntarle: "?Qu¨¦ le pas¨® a tu padre?". "?Quieres... saber? Si¨¦ntate aqu¨ª", Xitlari se sent¨® en el suelo y, con una de sus manos, le se?al¨® a Louis para que se sentara a su lado. Louis se sent¨® a su lado y, al darse cuenta de que estaba muy cerca de ella, se sonroj¨® levemente. "Yo estaba muy emocionada de contarle a mi padre... luego de que el auto me dejara en casa, yo...". "?Pap¨¢! ?Ya regres¨¦! Lo... logr¨¦..." expres¨® con una sonrisa mientras entraba a la casa. Esa sonrisa desapareci¨® mientras dejaba caer su medalla y trofeo, cuando vio a su padre en el suelo mientras un hombre le ten¨ªa un pie encima de ¨¦l, adem¨¢s de que estaba atado por unas ra¨ªces. Ese hombre llevaba un abrigo negro con capucha que no dejaba ver sus ojos, adem¨¢s de estar decorado con cadenas doradas que cruzaban su torso. Debajo del abrigo llevaba un traje negro con una corbata dorada; adem¨¢s, ten¨ªa hombreras con detalles met¨¢licos en dorado. Usaba guantes negros que eran completamente dorados del lado de la palma. Usaba una m¨¢scara negra que cubr¨ªa solo su boca. Ten¨ªa un cintur¨®n negro con detalles dorados y una capa oscura que estaba muy desgastada y rajada. "Hmm... ?Lum? ?No dijiste que viv¨ªas solo?", pregunt¨® el hombre con una voz fuerte y tranquila, agach¨¢ndose un poco. "?Quiere que me encargue?", mencion¨® un ser cuyo cuerpo era de pura madera, con una voz muy profunda y grave. Med¨ªa 190 cm y sus ojos eran verdosos. "D¨¦jamelo a m¨ª...", mencion¨® otro hombre con una voz arrogante, pero sutil. Sus ojos eran de un verde intenso y su cabello semilargo tambi¨¦n, pero ten¨ªa mechones de un verde m¨¢s claro. Usaba un chaleco blanco con detalles negros, adem¨¢s de tener una capa caf¨¦ oscuro que se enroscaba alrededor de su cuello. Sus pantalones y zapatos eran negros con l¨ªneas plateadas. Med¨ªa unos 176 cm. "?No le hagas da?o! ?ELLA NO SABE NADA!", grit¨® Lum con desesperaci¨®n al no poder hacer nada. "Hmm, tal vez con ella nos dir¨¢s d¨®nde est¨¢n los brazaletes... Jeff, toma a la... lo que sea que es", mencion¨® el hombre de traje morado oscuro. "Con mucho gusto", dijo Jeff mientras se acercaba a Dahlia tronando sus manos y cuello. "Dahlia... ?Corre!", grit¨® Lum. Dahlia quer¨ªa quedarse a pelear, pero vio cosas alrededor de Jeff al verlo a los ojos directamente y sali¨® de la sala. Cuando iba a salir de la casa, Jeff estaba frente a la puerta. "?A d¨®nde ibas?". Dahlia le dio un pu?etazo a Jeff y, cuando lo toc¨®, desapareci¨® y apareci¨® detr¨¢s de ella. La golpe¨® por la espalda, mand¨¢ndola a volar fuera de la casa, destruyendo la entrada y cayendo en el pavimento. "?Qu¨¦ demonios eres t¨²?", pregunt¨® Jeff mientras sal¨ªa de la casa y miraba a Dahlia levantarse nuevamente. "?A mi hija! ?NO LA TOCAS!", grit¨® Lum furioso, creando un gran rinoceronte azul que sali¨® de la casa, destruyendo parte de ella, para luego embestir a Jeff y estrellarlo contra el suelo. El otro hombre sali¨® disparado de arriba de la casa mientras Lum lo segu¨ªa en un ¨¢guila azul. La criatura hecha de madera le quit¨® el rinoceronte de encima a Jeff y comenz¨® a absorberla, luego Jeff apareci¨® detr¨¢s de Dahlia. ¨¦l tom¨® uno de sus brazos y trat¨® de inmovilizarla, pero Dahlia se dio la vuelta y esta vez logr¨® darle un golpe en el rostro a Jeff con todas sus fuerzas y usando la magia estritual, haci¨¦ndolo retroceder por el impacto, chocando con el suelo y agriet¨¢ndolo. Dahlia busc¨® a su padre y una gran luz azul apareci¨® en el cielo por un momento. Luego de eso, su padre sali¨® disparado del cielo, chocando con el suelo, creando una gran cortina de humo y destrozando gran parte del suelo. "?Padre!", dijo Dahlia con desesperaci¨®n mientras cubr¨ªa su rostro del polvo. "Ese golpe...", dijo mientras aplastaba la cabeza de Lum con su pie izquierdo y sujetaba un reloj en su mano derecha. "Fue muy poderoso... Menos mal que ten¨ªa esto". El reloj en su mano se hizo pedazos. "Whoa... Ese era mi mejor reloj, no andas con rodeos, ?eh?", dijo con sorpresa. "?Pap¨¢!", grit¨® desesperada, dirigi¨¦ndose a ayudar a su padre. Jeff se interpuso en su camino, deteniendo su paso. "Jajajaja... ?Jajajajaja! ?Magn¨ªfico! Eso fue incre¨ªble... ?Qu¨¦ maravilloso golpe!", expres¨® s¨¢dicamente mientras le sal¨ªa sangre de su boca y sus ojos se volv¨ªan negros. "Imposible... resisti¨® uno de mis golpes y us¨¦ toda mi fuerza...", pens¨® Dahlia con miedo al ver su reacci¨®n. "??Qui¨¦n demonios son ustedes?!". Con determinaci¨®n y olvidando su miedo, Dahlia tom¨® su pose de pelea y llen¨® sus pu?os de magia estritual. "?Dahlia! ?Huye!" dijo Lum con gran esfuerzo, tras mover su cabeza que era aplastada por el otro hombre. "Pap¨¢..." Dahlia se mantuvo firme para pelear y no perder a su padre. "?Vete! ?Vete, Xitlari! ?Vete! ?Recuerda lo que te dije! Alg¨²n d¨ªa dejar¨¢s este mundo atr¨¢s", dijo Lum con mucho esfuerzo. "As¨ª que vive una vida que recordar¨¢s..." respondi¨® Dahlia, casi entre l¨¢grimas, siguiendo las palabras de su padre. "?No has vivido lo suficiente!" exclam¨® Lum mientras las l¨¢grimas corr¨ªan por su rostro lastimado. "?No me ir¨¦! Pelear¨¦... Por ti. ?T¨² hiciste mucho por m¨ª!" expres¨® Dahlia mientras sus l¨¢grimas comenzaban a correr por su rostro. "Ya basta de lloriqueos... ?Es hora de pelear!" grit¨® Jeff, saltando encima de ella para desaparecer antes de que pudiera golpearlo. Luego apareci¨® detr¨¢s de ella y, al intentar darle un codazo, ¨¦l volvi¨® a desaparecer, apareciendo frente a ella. Al tocar su mano, le dedic¨® una sonrisa que revelaba sus dientes puntiagudos. "?Noooo...! ?Por favor!" grit¨® Lum sin poder hacer m¨¢s que observar. Dahlia trat¨® de golpearlo con dos de sus manos, pero ¨¦l las detuvo con las suyas, quedando sus manos entrelazadas. Los m¨²sculos de sus brazos se tensaron en un duelo de fuerza. "?A tus golpes les falta luz! ?Jajajaja!" dijo burl¨¢ndose, empujando con m¨¢s fuerza y haciendo retroceder a Dahlia. Con todas sus fuerzas, ella golpe¨® con sus otros dos pu?os llenos de magia estritual en el est¨®mago de Jeff, pero ¨¦l, al recibir el golpe, solo ri¨® s¨¢dicamente mientras sal¨ªa m¨¢s sangre de su boca. Jeff empuj¨® a Dahlia, ganando la pelea de fuerza, y la mand¨® lejos, haci¨¦ndola dar vueltas mientras se golpeaba contra el suelo. Luego apareci¨® detr¨¢s de ella y, con sus manos, cre¨® l¨¢tigos oscuros que atraparon todos los brazos de Dahlia y comenzaron a jalarlos. Ella trat¨® de resistirse, pero su fuerza no era suficiente, rindi¨¦ndose ante el dolor. "?Ya basta! Por favor... ?D¨¦jala!" expres¨® Lum con desesperaci¨®n y dolor al escuchar los gritos de su hija. "?Lo har¨¦ si me dices d¨®nde est¨¢n los brazaletes! ?Vamos...! No querr¨¢s que le rompa los brazos, ?verdad?" grit¨® Jeff, sonriendo mientras jalaba con m¨¢s fuerza. Dahlia, sin poder dar m¨¢s, estaba perdiendo la conciencia. "?M¨¢tala!" dijo el hombre, aplastando con m¨¢s fuerza la cabeza de Lum. "?NOOO!" grit¨® Lum, extendiendo su mano por el suelo y rasg¨¢ndose parte de la piel. Su rostro se llen¨® de grietas azules con estrellas y, de pronto, un gran drag¨®n azul sali¨® de su mano, despedazando parte del suelo y quitando de encima al hombre. El drag¨®n se dirigi¨® a toda velocidad hacia Jeff, atrap¨¢ndolo con su boca y presion¨¢ndolo fuertemente antes de estrellarlo contra el suelo. Luego tom¨® a Dahlia y la alej¨®. "No... Debo salvarlo..." murmur¨® Dahlia soportando el dolor al ver c¨®mo se alejaba del lugar encima del drag¨®n. "No puedes, Dahlia... Debo llevarte a un lugar seguro", dijo el drag¨®n mientras continuaba alej¨¢ndose. "No..." replic¨® ella, recordando cada momento desde aquel d¨ªa en que Lum la adopt¨® en aquella noche. "?No perder¨¦ a mi padre!" Dahlia golpe¨® al drag¨®n en la cabeza con su pierna derecha, haciendo que este se dirigiera hacia el suelo. Luego salt¨® y cubri¨® sus piernas de magia estritual para amortiguar la ca¨ªda, comenzando a correr con todas sus fuerzas hacia donde estaba su padre. Detr¨¢s de ella, el drag¨®n chocaba contra el suelo. "No puedo... No puedo perderlo... ¨¦l dio todo por m¨ª. Ahora es mi turno", expres¨® con determinaci¨®n, mientras las l¨¢grimas corr¨ªan por su rostro y se evaporaban en el aire debido a la velocidad a la que corr¨ªa. "Padre... Pap¨¢... Pap¨¢..." Dahlia lleg¨® al lugar y sus l¨¢grimas se detuvieron. Poco a poco, fue disminuyendo la velocidad. Ante sus ojos estaba Lum, que hab¨ªa sido atravesado en el pecho por la criatura de madera. La criatura lo levant¨® y miles de ra¨ªces atravesaron el cuerpo de Lum. En los ojos de Dahlia se ve¨ªa c¨®mo las ra¨ªces desaparec¨ªan, llev¨¢ndose consigo el cuerpo de Lum hasta hacerlo desaparecer por completo. Parec¨ªa que todo su cuerpo hab¨ªa sido absorbido por la criatura. Dahlia cay¨® al suelo de rodillas, sin palabras, con un rostro at¨®nito, como si hubiese perdido la vida. "Xitlari..." dijo Louis al ver c¨®mo l¨¢grimas ca¨ªan del rostro de Xitlari. Ella apart¨® la mirada y sec¨® sus l¨¢grimas. "No me veas...". "No deb¨ª preguntar. Lo lamento mucho..." expres¨® Louis, sinti¨¦ndose culpable y triste por Xitlari. "Entiendo perfectamente lo que debi¨® ser... Ver y no poder hacer nada". "Debo ser fuerte... Es lo que ¨¦l hubiera querido", mencion¨® ella, volte¨¢ndose con el rostro m¨¢s calmado y sin l¨¢grimas. "Creo que en nuestras vidas no siempre podremos ser felices. En alg¨²n momento pasar¨¢n cosas malas, y nosotros decidiremos si eso nos cambia para bien o para mal", coment¨® Louis, con sus ojos fijos en Xitlari, como si hablara desde lo m¨¢s profundo de su coraz¨®n. "Puede que tengas raz¨®n... No siempre se puede ser feliz... Luego de lo que pas¨®..." Xitlari comprendi¨® lo que dec¨ªa Louis, sintiendo su dolor. "?Vaya! Mira qui¨¦n volvi¨®, jajaja", dijo Jeff con su s¨¢dica sonrisa. "Ella tiene magia estritual. Abs¨®rbela, Tohn. Te servir¨¢ tener m¨¢s magia", mencion¨® el hombre del abrigo oscuro con capucha. "S¨ª", respondi¨® la criatura, acerc¨¢ndose a Dahlia. "?Espera! ?Yo quiero divertirme!" coment¨® Jeff sonriendo y acerc¨¢ndose primero a Dahlia. Cuando estaba a punto de ponerle una mano encima, su brazo fue cortado. "?Y esto?" dijo sin inmutarse al ver c¨®mo qued¨® su brazo cercenado. Con un movimiento r¨¢pido, Mei apunt¨® su cimitarra de manera horizontal hacia Jeff. "?Gran mariposa!" Una mariposa gigante dorada con rosa sali¨® de la cimitarra, chocando contra Jeff y mand¨¢ndolo lejos, mientras el suelo se despedazaba tras el paso de la mariposa, que continu¨® avanzando hasta explotar. "?Est¨¢s bien?" dijo Mei con preocupaci¨®n, acerc¨¢ndose a Dahlia. La criatura iba a atacarlas, pero Mern cre¨® un gran bloque de gyverna dorada que la detuvo. La criatura trataba de resistir el peso, pero Mern segu¨ªa empujando con su mano extendida hacia ella. El hombre del abrigo apareci¨® detr¨¢s de Mei, aprovechando su vulnerabilidad tras un v¨®rtice morado oscuro. "Prisi¨®n eterna". Una esfera del mismo color rode¨® a Mei. Antes de ser atrapada por completo, Mei empuj¨® a Dahlia para ponerla a salvo. "Sab¨ªa que los paladines de este reino tardar¨ªan menos en llegar", dijo el hombre. La esfera comenz¨® a agrietarse, dejando salir una luz dorada. "?No es magia de luz...! ?Es magia de hada!" exclam¨® con voz preocupada y temerosa antes de desaparecer en el v¨®rtice. Apareci¨® junto al pilar que conten¨ªa a la criatura, toc¨¢ndola, y ambos desaparecieron en el v¨®rtice. "Mei logr¨® salir de la esfera y luego se acerc¨® a m¨ª para ver c¨®mo estaba..." mencion¨® Xitlari con la mirada fija en el suelo, mientras de fondo se escuchaba el tr¨¢nsito y la gente pasaba no muy lejos de ellos. "Ellos escaparon. ?Acaso... los brazaletes que buscaban son los que tienes puestos?" pregunt¨® Louis, d¨¢ndose cuenta al ver los brazaletes en dos de sus manos. Con una peque?a sonrisa, Xitlari respondi¨®: "Me alegra que hayas puesto atenci¨®n. Mi padre los ten¨ªa escondidos con un agente legal... Los recib¨ª como herencia tras su muerte, adem¨¢s de todo lo que ten¨ªa..." Xitlari levant¨® los brazos que ten¨ªan puestos los brazaletes. "Cuando los recib¨ª, hab¨ªa una nota con ellos. Dec¨ªa que deb¨ªa protegerlos con mi vida y que no deb¨ªan caer en manos equivocadas". Xitlari termin¨® de hablar y escondi¨® nuevamente sus brazos dentro de su chaqueta. "Adem¨¢s de que ese d¨ªa consegu¨ª mi primer esp¨ªritu", pens¨® Xitlari. "Es una gran responsabilidad... La magia estritual es muy interesante. L¨¢stima que no puedes contarme de ella", mencion¨® Louis, recordando que hace una semana Xitlari le dijo que no ten¨ªa permitido hablar mucho de la magia espiritual. "Tengo una pregunta... ?Por qu¨¦ al contar la historia te mencionaste a ti como Dahlia y no como Xitlari? Hablabas como si no fueras t¨²". "Porque Dahlia se fue aquel d¨ªa... Ahora solo soy Xitlari, porque ese fue el nombre que mi padre me dio", respondi¨® Xitlari, levant¨¢ndose del suelo y sacudi¨¦ndose el polvo. "?Nombre?" pens¨® Louis, confuso, moviendo su cabeza a un lado, luego de levantarse del suelo y sacudirse el polvo. "?Xitlari! ?Ya lo tengo!" grit¨® Kassie dentro del agujero de la zona de agua. "?Ah¨ª voy!" Xitlari corri¨® para abrir la c¨¢psula y acercarla al agujero. "Adelante, un poco m¨¢s arriba". El quiritanidas era una criatura alargada con una cabeza un poco grande, ten¨ªa grandes colmillos y una piel gruesa. "Deber¨ªa ayudarles, pero Kassie no quiere que la mire en esa forma", pens¨® Louis mientras una ni?a con un peque?o dispositivo hologr¨¢fico (parecido a un celular) se acercaba a ¨¦l. "Palad¨ªn Louis..." dijo la ni?a, un poco preocupada y con una cara triste. "?Eh? ?Hola, peque?a! ?Qu¨¦ pasa? ?Te perdiste?" expres¨® con sorpresa al ver a la ni?a, para luego agacharse y mirar a su alrededor para ver si estaba la madre de la ni?a, pero en vez de eso observaba c¨®mo algunas personas comenzaban a verlo de una manera extra?a. "No... Pero... ?Es cierto esto?" dijo la ni?a, mostr¨¢ndole el dispositivo. Era un video donde Louis peleaba con Kein y sus hermanos. Louis estaba sin palabras al ver el video. "En el video, la se?orita dice que usted es mitad demonio y que adem¨¢s controla magia de lava... ?Es eso cierto?". Louis se levant¨® para luego ver c¨®mo todas las personas que estaban en el centro del reino lo miraban con terror, mientras otras simplemente sal¨ªan corriendo. "?Vete, demonio!" grit¨® un hombre. "?Fuera, monstruo!", dijeron otros. "?Asqueroso ser!" La gente comenz¨® a lanzarle cosas a Louis. "Ya est¨¢, Kassie. ?Huh? ?Qu¨¦ pasa? ?Louis?" dijo Xitlari al ver lo que estaba ocurriendo, luego de meter al quiritanidas en la c¨¢psula. Louis se hab¨ªa ido del lugar sin decir nada, dejando a la ni?a mientras las personas segu¨ªan gritando. "?S¨ª, vete, monstruo!" dijeron las personas. "??Qu¨¦ pasa?!" pregunt¨® Kassie mientras sal¨ªa del agujero de la zona de agua. "No lo s¨¦. Louis se fue... Creo que la gente descubri¨® que es mitad demonio", respondi¨® Xitlari mientras cerraba la c¨¢psula. "Maldici¨®n... Llevar¨¦ esto a la agencia. Ve y b¨²scalo". Xitlari r¨¢pidamente hizo sus poses de manos y el esp¨ªritu rinoceronte apareci¨® en su hombro. Comenz¨® a correr con la c¨¢psula entre sus brazos a gran velocidad mientras Kassie iba a buscar a Louis. *Oeste de Lyran - Iglesia - Oficina del Sacerdote* En la oficina del sacerdote se reproduc¨ªa el video a trav¨¦s de una pantalla hologr¨¢fica. "Como pueden ver, aqu¨ª el palad¨ªn Louis se enfrent¨® al tr¨ªo de hermanos Schulz, y la gran revelaci¨®n fue que el palad¨ªn Louis, adem¨¢s de ser mitad demonio, ?controla la magia de lava!" dijo una mujer mientras avanzaba el video. Luego del ¨²ltimo comentario, el dispositivo que creaba la pantalla hologr¨¢fica fue destruido por una peque?a explosi¨®n. "Magia de lava... Maldito infeliz... ?Edgar!" mencion¨® el sacerdote furioso al lado de su escritorio. "?Qu¨¦ pas¨®, se?or?" pregunt¨® Edgar llegando a la oficina. "?Anuncia una reuni¨®n de todos los l¨ªderes! ?Y cancela cualquier cosa que tenga que hacer ma?ana! Iremos a Ystir de inmediato", respondi¨® el sacerdote, tomando su bast¨®n dorado y agarrando a Edgar de la camisa. Fin del cap¨ªtulo El sacerdote Krief #13 A toda velocidad, muchas personas se apartaban del camino, otras gritaban y tambi¨¦n insultaban, mientras Xitlari continuaba corriendo sobre la acera. Adem¨¢s, cargaba la c¨¢psula con el quiritanidas, quien estaba un poco asustado por la velocidad a la que iba Xitlari. "??Qu¨¦ pasa?! ?Por qu¨¦ corres?" pregunt¨® el rinoceronte espiritual. "Al parecer subieron un video de Louis usando su magia de lava y mencionaron que es mitad demonio. La gente ya comenz¨® con sus actitudes, adem¨¢s, el sacerdote seguramente mandar¨¢ a buscarlo", respondi¨® Xitlari, para luego saltar encima de un tejado y continuar corriendo sobre las casas. "Piensas hacer algo por lo que veo... Y el chico, ?d¨®nde est¨¢?" dijo el rinoceronte espiritual mientras observaba c¨®mo el quiritanidas se mareaba debido a todos los movimientos de Xitlari. "Desapareci¨®, pero tengo que encontrarlo y ayudarlo con esto. ¨¦l lo hubiese hecho tambi¨¦n", mencion¨® Xitlari, mostrando empat¨ªa ante la situaci¨®n de Louis. "Bonito car¨¢cter, me sorprendes. En el pasado dudo que dijeras algo as¨ª... Despu¨¦s de todo, el b¨²ho s¨ª est¨¢ ayudando mucho", coment¨® el rinoceronte. "Puede ser... No lo s¨¦. Ser diferente es dif¨ªcil, y creo que ayudar¨ªa a cualquiera que pasara por un momento as¨ª... El rechazo, los insultos y todo el mal que algunas personas tienen... es doloroso", mencion¨® Xitlari con sinceridad y preocupaci¨®n. "Quiero ver cu¨¢nto m¨¢s puedes mejorar...", pens¨® el rinoceronte espiritual. Finalmente, Xitlari lleg¨® a la agencia y entreg¨® la c¨¢psula en la sala de investigaciones, para luego dirigirse a la oficina de Mei. "?Mei!" dijo apenas abri¨® la puerta. "?Xitlari! ?Ya trajiste al quiritanidas?" pregunt¨® Mei con su dulce voz mientras miraba su comunicador. "?S¨ª! Pero hay un problema...", dijo un poco agitada, entrando a la oficina y cerrando la puerta. Mern la observaba sentado en el sof¨¢ con una taza de caf¨¦, mientras Mark jugaba con un aparato. "Si es por Louis, no te preocupes. Me escribi¨® y dice que est¨¢ bien, que no deben mandarlo a buscar, solo que necesita estar un tiempo a solas para pensar", coment¨® Mei con preocupaci¨®n mientras esperaba una respuesta en el comunicador. "La persona que public¨® eso fue una reportera novata, que seguramente pens¨® que ser¨ªa buena idea. Me preocupa m¨¢s la iglesia, pero ser¨ªa una buena oportunidad para hablar con el sacerdote, si es que se atreve a venir por su cuenta y no manda a paladines para que lleven a Louis a la iglesia", continu¨® Mei, sin dejar de usar el comunicador. "?No piensas hacer nada? Es posible que lo maten", pregunt¨® Xitlari, preocupada. "Yo ya no tengo influencia... No soy una palad¨ªn y su maestro es Rei Fordesthmans, seguramente tiene un plan. Lo ¨²nico que puedo hacer es recomendarlo y buscar a la responsable de esto", respondi¨® Mei, cruzando los brazos con frustraci¨®n. "Podr¨ªas decirle a Reck", dijo Mern, haciendo que la taza desapareciera luego de tomar un trago. "?Claro! ¨¦l podr¨ªa ayudarlo a que no se lo lleven. Se lo dir¨¦ a Louis para que no tarde... Bueno, puedes retirarte. Ahora solo esperemos que la basura de Jens no se d¨¦ cuenta o tratar¨¢ de expulsarlo del reino", mencion¨® Mei, enviando un mensaje en su comunicador. "??Est¨¢s preocupada por ¨¦l?! Eso es nuevo", dijo Mark sarc¨¢sticamente. "?Yo...! Solo quer¨ªa ayudarlo debido a que yo tambi¨¦n paso por eso en este reino", exclam¨®, tratando de no enojarse por el comentario de Mark, para luego salir de la oficina. "Ten¨ªas que hablar...", mencionaron Mei y Mern al mismo tiempo, con la mirada fija en Mark. "Ehmm... Lo siento", dijo Mark, arrepentido, bajando la cabeza. "?Y bien? ?Qu¨¦ haremos primero? ?Quieres entrenar tu pose de manos?", pregunt¨® el rinoceronte espiritual. "Tal vez el Profesor Maxwell sepa d¨®nde puede estar", dijo Xitlari mientras sal¨ªa de la agencia en direcci¨®n a la casa del Profesor. A lo lejos, se ve¨ªa a Canbel mostr¨¢ndole algunas joyas a un cliente. "?Lo buscar¨¢s? ?Para qu¨¦?", dijo el rinoceronte, extra?ado. "Tal vez por la misma raz¨®n que te cont¨¦... Me gustar¨ªa que las personas fueran m¨¢s comprensivas con los que son diferentes", respondi¨®, para luego escuchar un timbre en su bolsillo y sacar su comunicador. "Xitlari, encontr¨¦ a Louis, ¨¦l..." dijo Kassie cuando Xitlari contest¨® el comunicador. "??En serio!? ?D¨®nde est¨¢n?", pregunt¨® al instante, interrumpiendo a Kassie. "?Eh? Hmm... ¨¦l ya se fue. Dice que va a entrenar y pensar un poco", respondi¨® Kassie, sorprendida por la reacci¨®n de Xitlari. "Entiendo... ?Sabes d¨®nde entrena?", pregunt¨® Xitlari, deteni¨¦ndose mientras los autos pasaban y pocas personas caminaban a su lado. "Xitlari... ??Est¨¢ interesada en ¨¦l!? Tal vez deba darle una pista... Louis se fue para la salida del este", pens¨® Kassie con gran emoci¨®n. "?Kassie? ?Est¨¢s ah¨ª?", dijo Xitlari al no escuchar respuesta. "?Eh! ?S¨ª! Aqu¨ª estoy. Pues... ¨¦l iba al este, dice que hay un lugar perfecto para entrenar su magia", respondi¨® Kassie, sonriendo mientras le daba esa informaci¨®n. "Te agradezco, Kassie. Te veo luego", dijo Xitlari, cortando la llamada y guardando el comunicador. Kassie guard¨® su comunicador y luego puso su mano derecha sobre su barbilla. "S¨ª que s¨¦ unir corazones", mencion¨® con orgullo y una sonrisa en el rostro, mientras una persona se acercaba. "Rara", dijo el extra?o, para luego continuar su camino. Kassie se qued¨® por un momento en silencio, sin mover ni un solo m¨²sculo, y luego, con gran rapidez, lanz¨® una bola de agua al extra?o antes de salir corriendo del lugar mientras la gente la observaba. "?Oye! ?Me las pagar¨¢s!", grit¨® el hombre, tratando de alcanzarla, pero Kassie comenz¨® a correr por los tejados, dej¨¢ndolo atr¨¢s. "Bien, ahora debo ir a ver una serie", pens¨® mientras corr¨ªa sobre los tejados de las casas. *Oeste de Lyran - Iglesia - Pasillos de los L¨ªderes* "Se?or, no puede cancelar las reuniones as¨ª. El reino de Mordigan est¨¢ a punto de cortar lazos", Edgar trataba de convencer al sacerdote. Caminaban juntos por un pasillo reluciente, con paredes blancas y algunas puertas adornadas con figuras y placas con nombres. "Ya me tienen harto estos mocosos. Si tanto quieren cortar lazos, ?que lo hagan! Atender el problema de ese demonio que est¨¢ en Ystir es m¨¢s crucial", mencion¨® el sacerdote con rabia, caminando r¨¢pido por el pasillo con su bast¨®n dorado en la mano derecha. "Se?or, pero es hijo de la paladina Lin Keeper, ?pertenece al clan Keeper!", coment¨® Edgar mientras comenzaban a bajar unas escaleras de roble barnizado. "S¨ª, esa es otra raz¨®n por la que quiero llev¨¢rmelo de Ystir de inmediato... Si regresa a su reino, no tendremos oportunidad de sacarlo de ah¨ª por las buenas... As¨ª que, para prevenir una guerra, me estoy adelantando a los hechos", respondi¨® el sacerdote, llegando a una puerta de color blanco con una placa dorada en el centro. Las esquinas eran doradas y ten¨ªa la figura de una mujer en la parte superior. "?T¨²! ?D¨®nde est¨¢ la sacerdotisa?", pregunt¨® al entrar en la sala y ver el asiento con un escritorio al fondo vac¨ªo. El lugar ten¨ªa dos estantes llenos de libros detr¨¢s del escritorio, dos ventanas a la izquierda y dos a la derecha de la sala. Al lado de la puerta por la que entr¨® el sacerdote, hab¨ªa otro escritorio con una mujer de lentes y cabello rosa, amarrado con una cola lila. Llevaba una camisa blanca de botones, un chaleco de mangas lila, una falda blanca, adem¨¢s de unos guantes blancos con bordados y zapatos de tac¨®n blancos. "Ella se encuentra en una reuni¨®n con paladines del reino de Centarion, se?or", respondi¨® la mujer con respeto y con una voz tranquila y moderada. "Ya..." El sacerdote, molesto, presion¨® un poco los dientes. "Dile que haga una reuni¨®n sobre el chico mitad demonio. Al parecer, se ha revelado otra mentira de Rei Fordesthmans, y si no lo cree, dile que revise la primera plana de Ystir". Luego de decir esto, el sacerdote dio la vuelta, dejando a Edgar y a la chica, quienes comenzaron a hacer un gesto: acercando dos de sus dedos a sus ojos para luego se?alarse mutuamente. Edgar sali¨® y cerr¨® la puerta, siguiendo al sacerdote. "Se?or, ?no cree que sea mejor mandar paladines a recoger al chico?", pregunt¨® Edgar mientras miraba al sacerdote, quien estaba molesto y mordiendo la u?a de su dedo ¨ªndice. "Demonio. Y prefiero hacerlo yo mismo, y t¨² vendr¨¢s conmigo", respondi¨® el sacerdote, recalcando c¨®mo referirse a Louis y dejando de morder su u?a. "E... entendido, se?or", dijo Edgar con duda sobre si ir o no, pero no ten¨ªa otra opci¨®n m¨¢s que obedecer a su superior. "Esa ni?a est¨¢ haciendo todo mal... ?C¨®mo se le ocurre afiliar la iglesia con esos seres? Estoy harto de los j¨®venes... Ya ver¨¢ c¨®mo destruir¨¦ todos los tratados que est¨¢ haciendo con todos esos seres. ?Solo los humanos somos dignos!", pens¨®, intentando no mostrar su molestia. El sacerdote estaba a punto de llegar a dos puertas grandes, hechas de roble con muchos detalles dorados. "Abre la puerta... Es hora de irnos". Luego de que Edgar abriera la puerta, afuera les esperaba un carruaje blanco con orillas doradas y ruedas de plata, con un cristal rojo en medio de cada una. Este carruaje era impulsado por un motor y dos propulsores en la parte trasera. No ten¨ªa ni un solo caballo met¨¢lico; era como la combinaci¨®n de un auto y un carruaje, con la capacidad de llevar a ocho personas. *Reino De Ystir - Puerta Del Este* "?D¨®nde lo encontrar¨¦?", dijo Xitlari, mirando alrededor de la salida del este, con dos de sus chaquetas puestas encima. La que llevaba por encima de la otra ten¨ªa una capucha. "Tal vez necesites al b¨²ho. Cambia", mencion¨® el rinoceronte espiritual, golpeando levemente con su cuerno la mejilla de Xitlari. "Buena idea". Xitlari hizo varias poses de manos a gran velocidad, y el rinoceronte se convirti¨® en el b¨²ho espiritual. "?Hola de vuelta! Veamos... Si vas a buscar a Louis, podr¨ªas preguntarle al hombre llamado Marti. Puede que ¨¦l sepa algo", expres¨® el b¨²ho espiritual con alegr¨ªa y confianza en sus palabras. "Claro... Tienes raz¨®n, pero no me familiarizo tanto con la gente", dijo Xitlari, tratando de adivinar. "La ¨²ltima vez que hablaste con Marti estuviste bien... T¨² eres la que quer¨ªa encontrarlo, ?no?", el b¨²ho vol¨® hasta quedar encima de la cabeza de Xitlari y luego se acomod¨® un poco en su cabello. "Oye... b¨¢jate de mi cabeza", exclam¨® Xitlari, un poco inc¨®moda de que el b¨²ho se posara ah¨ª. "?No te agrada? Disculpa entonces, pero merezco estar aqu¨ª. Te estoy ayudando a encontrarlo", replic¨® el b¨²ho, decidido a no bajar. "Bien... ?Marti! ??Est¨¢s aqu¨ª?!", grit¨® mientras se acercaba a los carruajes. Los conductores retrocedieron un poco, menos uno, que se acerc¨® a Xitlari. "Hola... Eh... ?Para qu¨¦ me necesitas esta vez?", pregunt¨® Marti, un poco inc¨®modo, pero con m¨¢s confianza. "?Llevaste a Louis a alguna parte?", respondi¨®, notando las miradas de los dem¨¢s. "Ah... S¨ª, a una cueva que se encuentra un poco lejos de aqu¨ª, dirigi¨¦ndose hacia el noroeste. ?Necesita que la lleve?" dijo un poco aliviado, pero igualmente se pod¨ªa notar su incomodidad. "No, ir¨¦ en la moto... ?Ya viste el video de Louis?" mencion¨®, dirigi¨¦ndose al almac¨¦n, pero antes se dio la vuelta para hacer la pregunta. "Claro... De hecho, yo estuve presente cuando pele¨® con los tres tipos... Si me pregunta por lo otro, la verdad no lo creo. Y si es verdad... No importa lo que digan los dem¨¢s, me parece un tipo muy bueno, joven para ser un palad¨ªn, pero bueno." Marti toc¨® con su mano derecha su cabeza. Sus palabras eran sinceras y concisas. "Entendido", dijo Xitlari levantando su pulgar con la mano derecha. Luego tom¨® la moto de cuatro ruedas del almac¨¦n y se dirigi¨® hacia la cueva. "Est¨¢s mejorando, pero me pareces muy fr¨ªa cuando hablas", coment¨® el b¨²ho espiritual sin ninguna dificultad, a pesar de que la moto iba a gran velocidad. "Sigo pensando que me gusta ser quien soy... Sin muchos amigos no hay por qu¨¦ preocuparse o hacer cosas como la que estoy haciendo", expres¨® Xitlari con sinceridad mientras conduc¨ªa hacia la cueva. Sorprendido por sus palabras, el b¨²ho dijo: "?Sientes que est¨¢s obligada a hacer esto?". "No, para nada... Siento que es lo correcto y que si quiero ser mejor, tengo que cambiar, pero una parte de m¨ª no quiere, por miedo, tal vez", respondi¨® con un destello de temor en los ojos, pero tambi¨¦n con la chispa de alguien que quiere ser mejor. El b¨²ho se qued¨® pensando en las palabras de Xitlari... Luego de esa peque?a conversaci¨®n y unos kil¨®metros recorridos, Xitlari encontr¨® la cueva que Marti mencion¨®. "?Lo ves?" Xitlari se par¨® cerca de la cueva para confirmar que estuviera ah¨ª. "S¨ª, veo su aura dentro, parece que est¨¢ entrenando, como hab¨ªa dicho", dijo el b¨²ho espiritual luego de tomarse un tiempo para usar su visi¨®n. "Bien." Xitlari se baj¨® de la moto y se dirigi¨® hacia la entrada de la cueva. Antes de pasar la entrada, sinti¨® un aumento de calor repentino. Se quit¨® la chaqueta de m¨¢s que tra¨ªa y la llev¨® en uno de sus brazos izquierdos. Al entrar a la cueva, se detuvo al mirar a Louis rodeado de lava mientras este bajaba su temperatura a voluntad, creando algunos pilares de piedra caliente para luego despedazarlos de un golpe. "Incre¨ªble..." murmur¨®, para luego notar que sus manos temblaban un poco. "¨¦l no me har¨¢ da?o, ?no tengas miedo!", pens¨® Xitlari, para luego decir: "?Louis!". "Xi... Xitlari... ?Qu¨¦ haces aqu¨ª?" expres¨® Louis, sorprendido al verla, absorbiendo inmediatamente toda la lava con sus manos. Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. "Quer¨ªa... verte... ?Est¨¢s bien?" dijo Xitlari un poco nerviosa. "?Verme? ?A m¨ª?" pens¨® Louis, a¨²n m¨¢s sorprendido. "Eh, s¨ª, estoy bien. ?C¨®mo me encontraste?". "Kassie me dijo que ibas al este y tu amigo Marti me dio la direcci¨®n a... tu cueva de entrenamiento", respondi¨® acerc¨¢ndose luego de que Louis absorbiera toda la lava. "Kassie... Jeh..." murmur¨® Louis con una leve sonrisa. "La verdad... Me preocupaste un poco. Pens¨¦ que te ir¨ªas del reino debido a que algunos no te aceptar¨ªan... o la mayor¨ªa. As¨ª que... quer¨ªa ayudarte, porque conozco lo que significa ser rechazado por todos", expres¨® con sinceridad y un poco de dificultad para sacar sus palabras, desviando un poco la mirada. "Entiendo... Si hay una pr¨®xima vez, tambi¨¦n te escribir¨¦ para no preocuparte", mencion¨® Louis, aceptando que solo era por ese tema. "Aunque es un poco dif¨ªcil escribirle a ella", pens¨®. "No debiste preocuparte. Yo ya tengo experiencia en esto y... sab¨ªa que pasar¨ªa tarde o temprano". "Claro, es verdad... ?Seguir¨¢s entrenando?" dijo, recordando la historia de Louis y dirigi¨¦ndose a la salida de la cueva. "No, creo que ha sido suficiente. Tengo que volver y hablar con el profesor sobre qu¨¦ podr¨ªa hacer. ¨¦l podr¨ªa darme ideas o una soluci¨®n", respondi¨® Louis sigui¨¦ndola. "Hmmm... Creo que hay un lugar que quiero que conozcas. ?Vienes?" mencion¨®, d¨¢ndose la vuelta para luego salir de la cueva y subir a la moto. "Claro, estar¨ªa incre¨ªble... Hey, guardaste la moto", dijo cuando sali¨® de la cueva. "Me gust¨® mucho. Sube y no te caigas", brome¨® Xitlari encendiendo la moto y esper¨¢ndolo. "Jajaja, claro que no..." Louis se subi¨® a la moto y se sujet¨® de los hombros de Xitlari. Luego comenzaron su marcha de vuelta al reino de Ystir. Al llegar a la puerta del este, Xitlari hizo que Louis entrara con ella a guardar la moto en el almac¨¦n. "Qu¨ªtate tu gabardina y ponte esta chaqueta. Te la traje para que nadie te reconociera. Tal vez te quede un poco grande", mencion¨®, entreg¨¢ndole la chaqueta luego de poner una carpa encima de la moto. "Gracias." Louis se quit¨® su gabardina, quedando solo con su camisa de compresi¨®n azul, la cual se mostraba que era de manga larga. "?Podr¨ªas sostenerla?", dijo, entreg¨¢ndole la gabardina para ponerse la chaqueta. Xitlari, sin decir ni una palabra, la tom¨® y le dio la chaqueta. "Listo. ?Crees que nadie me reconozca?" pregunt¨® luego de terminar de pon¨¦rsela. "Yo digo que est¨¢ bien", coment¨® el b¨²ho espiritual. "S¨ª. Baja un poco tu cabeza para que nadie vea tu rostro y listo. ''Suspiro'' Ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil si estuviera Ann, ella podr¨ªa llevarte sin que nadie te vea", respondi¨®, baj¨¢ndole un poco la cabeza. "Est¨¢ revisando la mina de Mei con Ririam, ?no?. Podr¨ªamos ir corriendo por los tejados", insinu¨® Louis mientras observaba el exterior por la puerta del almac¨¦n. "S¨ª, podr¨ªamos hacer eso... Jeh, ?sabes? Cuando yo me enojaba, mi padre siempre hac¨ªa una carrera conmigo para que olvidara todo. Creo que por eso hice una contigo cuando... te juzgu¨¦ mal", mencion¨® con cari?o el recuerdo que se le vino a la mente, pero sinti¨¦ndose un poco mal por sus ¨²ltimas palabras. "Mi padre siempre estaba ense?¨¢ndome cosas. Me hubiera gustado pasar m¨¢s tiempo con ¨¦l, pero ya sabes... Bueno, vamos a intentarlo. Tal vez nadie me reconocer¨¢", expres¨®, tratando de compartir algo que pas¨® a ser triste, para luego prepararse para salir del almac¨¦n. Ambos se dirigieron a la entrada. Louis estaba perfectamente camuflado gracias a la chaqueta, y Xitlari llevaba la gabardina doblada y escondida entre su chaqueta. Caminaban poco a poco, tratando de que nadie los notara. Parec¨ªa que nadie los hab¨ªa reconocido. "Parece que funcion¨®", susurr¨® Louis. "?Vaya! ?Veo que encontr¨® al palad¨ªn Louis!" dijo Marti al verlos. Inmediatamente, Xitlari se abalanz¨® sobre ¨¦l y le tap¨® la boca, escondi¨¦ndose de los conductores de carruajes que pasaban por la puerta del este. "?Para qu¨¦ hablas? ?Iba todo bien! ?Nadie nos hab¨ªa reconocido!" replic¨® Xitlari, bajando su voz y levantando a Marti de su camiseta. "?Lo siento! Solo quer¨ªa saludar. ?No me mates, por favor!" exclam¨®, casi entre l¨¢grimas. "No lo golpees, Xitlari", agreg¨® el b¨²ho espiritual. "Nadie har¨¢ eso, Marti... R¨¢pido, finge que hablabas por un comunicador y que confundiste los nombres", coment¨® Louis, tratando de esconder su rostro y bajando su voz al ver que se acercaba un conductor. "Hola, perd¨®n, quise decir Lotis, no Louis, jajajaja. ?Qu¨¦ bien que lo encontraste!... ?Eh? ?Qu¨¦ pasa, amigo?" Marti trat¨® de hacer lo que Louis le dijo, convenciendo al conductor que se estaba acercando. "Nada, pens¨¦ que te pas¨® algo", insinu¨® el conductor alej¨¢ndose de Marti. "?Funcion¨®! Ahora solo debemos..." dijo Louis antes de darse cuenta de que ten¨ªan a muchas personas a su derecha. Al instante, ambos corrieron y saltaron hacia el tejado de una casa, comenzando a correr sin mirar atr¨¢s. "?Ese era el palad¨ªn Louis?" pregunt¨® una mujer. "Parece que s¨ª", respondi¨® un hombre. "?Qu¨¦ estaba haciendo con la chica de los cuatro brazos?", pregunt¨® otro (ellos todav¨ªa no miraban las noticias). "?Logramos entrar! Ahora s¨ªgueme", exclam¨® Xitlari mientras corr¨ªa sin parar por los tejados de las casas, a veces saltando para llegar hasta el siguiente tejado. "Okay", dijo Louis, sigui¨¦ndole el paso a Xitlari mientras sujetaba la capucha de la chaqueta para que el viento no se la hiciera hacia atr¨¢s. Mientras corr¨ªan, algunas personas los observaban extra?ados al ver a otras dos personas corriendo por los tejados de las casas. "Al parecer, ahora est¨¢ de moda correr en los tejados", dijo una se?ora. Luego de un gran recorrido, finalmente hab¨ªan llegado, deteni¨¦ndose en el tejado de un edificio de dos pisos. "?Oye, cu¨¢nto corrimos? Esta es la zona suroeste, ?no?" pregunt¨® Louis, un poco cansado. "Justo aqu¨ª, es el lugar. ?Bajas?", respondi¨® un poco cansada tambi¨¦n, para despu¨¦s bajar del tejado. Louis la sigui¨® y Xitlari entr¨® al lugar. "Vamos, entra". Louis entr¨® al lugar con un poco de confusi¨®n, observando lo bien cuidado que estaba. "?Hola! ?Hay alguien?" expres¨® Xitlari con alegr¨ªa y una sonrisa en su rostro. "?Xitlari!" gritaron los ni?os, que corrieron hacia ella con emoci¨®n, risas y entusiasmo. Xitlari se agach¨® y puso en su pierna derecha la gabardina de Louis, la cual hab¨ªa doblado. "?Hola a todos! ?Me alegra verlos! ?C¨®mo han estado?" Xitlari abraz¨® a todos los ni?os que pudo con sus cuatro brazos. "Muy bien", contest¨® uno de cabello negro que usaba una camisa de manga larga roja, unos shorts negros y unas sandalias. "?Por qu¨¦ no nos visitaste la semana pasada?", replic¨® una ni?a con un list¨®n blanco en su cabello casta?o. Usaba un vestido rosa y zapatos rosados con una estrella de decoraci¨®n. Ella cruz¨® sus brazos con decepci¨®n. Louis los observaba con una sonrisa en los labios. "Es la primera vez que la veo as¨ª de alegre... Es tan hermosa", pens¨® Louis sonrojandose un poco. "Estuve muy ocupada. Mei ten¨ªa algunas misiones para m¨ª. ?Quieren que les cuente una?" respondi¨® Xitlari, tocando la cabeza de la ni?a. "?Qui¨¦n es ¨¦l?" pregunt¨® un ni?o de cabello rubio. Usaba una camisa verde con la imagen de un gato, unos shorts grises y unos zapatos rojizos. "?Su ojo es azul!", dijo uno con sorpresa. "?Y rojo! Igual que su cabello", a?adi¨® otro. "?Es tu novio?" pregunt¨® la ni?a del list¨®n blanco. "?Eh! Yo...", dijo Louis con nervios y sonroj¨¢ndose, casi sin poder decir nada. "No, es mi compa?ero. De hecho, ¨¦l es un palad¨ªn", respondi¨® Xitlari con tranquilidad mientras el b¨²ho se concentraba para pensar. "?Un palad¨ªn! ?Vamos!", grit¨® la ni?a y, al instante, todos fueron con Louis. "O... oigan, ?esperen!" Louis no sab¨ªa qu¨¦ hacer y los ni?os lo rodearon completamente. "Oye, ?has peliado con un criminal?" pregunt¨® el ni?o de cabello rubio. "?Usas un espada?" pregunt¨® otro con entusiasmo. "?Puedes usar magia?" coment¨® otra. "?Xitlari! Otra vez aqu¨ª, pero esta vez no sola, ?huh? Esa no es tu chaqueta", dijo Lily, apareciendo y d¨¢ndole un abrazo a Xitlari, mientras los ni?os segu¨ªan pregunt¨¢ndole cosas a Louis y ¨¦l trataba de responder las que pod¨ªa. "Hay un problema. Alguien public¨® un video de ¨¦l usando su magia de lava y mencionando que es mitad demonio", mencion¨® Xitlari luego de responder al abrazo. "Oh, no... ?Lo est¨¢s escondiendo?" Lily estaba sorprendida y preocupada por los detalles. "No, llegamos sin que lo reconocieran. Solo quer¨ªa mostrarle un lugar donde nadie lo juzgar¨¢... y donde recibir¨¢ mucha atenci¨®n", respondi¨®, para luego ver c¨®mo los ni?os ten¨ªan rodeado a Louis, escap¨¢ndosele una sonrisa. "Oh... entonces estar¨¢ bien aqu¨ª", dijo, aguant¨¢ndose la risa al verlo tambi¨¦n. "Ahora que lo pienso, le dir¨¦ a Mei que estamos aqu¨ª para que le avise a Reck", mencion¨®, sacando su comunicador. Mientras tanto, en el oeste de Lyran, el carruaje en el que iban el sacerdote y Edgar se dirig¨ªa a toda velocidad hacia Ystir, al parecer en piloto autom¨¢tico, pues no hab¨ªa nadie conduciendo. "Ya casi estamos en Ystir, se?or", Edgar estaba atento al camino, mientras el sacerdote se encontraba pensando sin prestarle mucha atenci¨®n a lo que dec¨ªa. "Si el chico se niega, podr¨ªa tener la oportunidad de matarlo. Lo importante es que lo encuentre solo. Lo mejor ser¨ªa que aceptara, as¨ª podr¨ªa matarlo en el camino... Aprovechar¨¦ y me deshar¨¦ de Edgar tambi¨¦n. Sabe demasiado. Simplemente culpar¨¦ al demonio, dir¨¦ que trat¨® de atacarme y que Edgar se cruz¨® para salvarme. Simple y sencillo. Las tierras de Ystir... ?Deben mantenerse en orden!", pens¨® el sacerdote sin mostrar ninguna emoci¨®n y dirigiendo su mirada a Edgar, mientras planeaba matarlo tambi¨¦n. "Espero que no haya inconvenientes...". De vuelta al orfanato, Louis se encontraba observando afuera por la ventana azul mientras Xitlari les contaba una historia a los ni?os. "Hola, no me present¨¦. Me llamo Lily", mencion¨®, acerc¨¢ndose a Louis por detr¨¢s. "Mucho gusto, Louis A. Keeper", respondi¨® Louis con respeto, d¨¢ndose la vuelta y bajando levemente la cabeza. "Ay, no son necesarias las formalidades. Ven, si¨¦ntate", Lily se sent¨® y le ofreci¨® un asiento a Louis cerca de ella. "Usted... sabe de m¨ª, ?verdad?" pregunt¨® Louis luego de sentarse y pensar por un momento si deb¨ªa preguntar o no. "Claro, lo suficiente", respondi¨® sin m¨¢s. "?No tiene miedo o preocupaci¨®n? Quiero saber... ?qu¨¦ piensa usted?" Louis se ve¨ªa preocupado y con dudas. "?Qu¨¦ pienso yo? Hmm... Bueno, yo conf¨ªo en Xitlari, y si ella conf¨ªa en ti, yo tambi¨¦n lo har¨¦. Adem¨¢s, eres un palad¨ªn. Para algo fuiste entrenado, y no por cualquiera", respondi¨®, colocando su dedo ¨ªndice en su barbilla para pensar un poco y luego responder de manera sincera. "Entonces, si Xitlari no confiara en m¨ª...", mencion¨® un poco deca¨ªdo y pensativo. "Ala gente le cuesta aceptar lo que es nuevo. A veces lo nuevo es malo, pero para m¨ª, t¨² no eres malo. Xitlari me cont¨® toda tu historia. Algo as¨ª no deber¨ªa pasarle a personas como t¨², pero la vida no es f¨¢cil. Aun as¨ª, te levantaste y seguiste adelante. Y m¨ªrate ahora, tu padre estar¨ªa orgulloso. ?Uy! Son¨¦ igual que aquella vez, jajaja", Lily trat¨® de responder calmada y alegre, con palabras llenas de apoyo y verdad. "Al parecer, le contaron todo... Sabe... A veces me gustar¨ªa no sentirme as¨ª, como vulnerable y d¨¦bil." Louis la mir¨® por un momento y luego dirigi¨® su mirada a Xitlari. "Creo que lo que t¨² ves como vulnerable y d¨¦bil es tu humanidad", dijo Lily, d¨¢ndole unas ligeras palmadas en el hombro a Louis. "S¨ª, ya me lo hab¨ªan mencionado... pero siento que debo ser fuerte y que nada debe afectarme", mencion¨® Louis, juntando sus manos y presion¨¢ndolas con fuerza. "Est¨¢ bien querer ser m¨¢s fuerte, pero no dejes que te agobie y tampoco te castigues a ti mismo si fallas. Haz lo que veas correcto, lo que tu coraz¨®n quiera, y eso ser¨¢ suficiente", expres¨® Lily con melancol¨ªa y con una sonrisa entre sus labios, como si esas palabras hubieran sido dedicadas a ella hace mucho tiempo. "Suena igual que mi madre, tal vez porque es una madre tambi¨¦n", coment¨® Louis con un ligero recuerdo de su madre en su mente. Lily le contest¨® con una sonrisa amable para mostrarle agradecimiento por el comentario. Un timbre se escuch¨® a lo lejos, y todos los ni?os que se encontraban escuchando la historia de Xitlari se levantaron y corrieron por el pasillo. "?Ni?os, recuerden hacer fila!", grit¨® Lily levant¨¢ndose de la silla, y luego sigui¨® a los ni?os. "Creo... que ya es hora de que me vaya", mencion¨® Louis al observar con una sonrisa en sus labios a los ni?os, levant¨¢ndose tambi¨¦n para irse. "?Te sirvi¨® de algo estar aqu¨ª?", pregunt¨® Xitlari, acerc¨¢ndose a Louis. "Me gust¨® mucho, los ni?os dan mucha paz... Muchas gracias", respondi¨® Louis, m¨¢s feliz y tranquilo, dirigi¨¦ndose a la salida. "Ir¨¦ contigo. Tengo que llevarte con Reck, ¨¦l te ayudar¨¢ a quedarte en el reino. ?Lily, ya nos vamos!", coment¨® decidida, sigui¨¦ndolo por detr¨¢s. "?Que les vaya bien! ?Con mucho cuidado!", grit¨® Lily desde la otra sala, donde los ni?os estaban merendando. "?Con Reck? ?Para qu¨¦?", expres¨® confuso, dejando que Xitlari saliera primero del orfanato. "?No has le¨ªdo tu comunicador?", Xitlari se asom¨® por la puerta para avisarle a Louis cu¨¢ndo salir. "Creo que lo dej¨¦ en la cueva...", mencion¨®, intentando recordar d¨®nde lo dej¨®. "Te contar¨¦ en el camino entonces. ?Vamos!", dijo, d¨¢ndole la se?al, saliendo ambos r¨¢pidamente a subir a los tejados de las casas. *Puerta Oeste* El lujoso e incre¨ªble carruaje del sacerdote hab¨ªa llegado al reino de Ystir. La gente lo miraba con sorpresa y alivio, pues algunos no quer¨ªan a Louis en el reino; pensaban que ven¨ªa para sacarlo de all¨ª, y no se equivocaban. El carruaje se estacion¨® y el sacerdote baj¨® junto a Edgar para preguntar a los ciudadanos. "?Hola a todos! Disculpen venir sin previo aviso, no estar¨¦ mucho tiempo... Quien sepa el paradero de Louis A. Keeper, necesito que me lo diga ?ahora!" El sacerdote comenz¨® su peque?o discurso de una manera tranquila y amistosa, para luego volverse casi como una amenaza. "?Pero es un palad¨ªn! ?¨¦l siempre entrega mis paquetes!", mencion¨® un hombre de cabello largo que usaba lentes, una gorra gris, camisa de botones y un pantal¨®n oscuro con zapatillas. "??Qu¨¦ palad¨ªn?! ?Es un demonio! ?Seguramente ya te lav¨® el cerebro!", replic¨® un hombre de cabello blanco, que usaba un traje elegante y un bast¨®n dorado. "?Mejor cierre el pico! ?Tienen que sacar a esa cosa de este reino!", grit¨® otro hombre, furioso. "?Claro que s¨ª! ?No queremos seres como esos en nuestro reino!", gritaron varios de los presentes, furiosos. "Tambi¨¦n deber¨ªan sacar al fen¨®meno de cuatro brazos. ?Me quebr¨® la nariz!", mencion¨® un hombre de barba que llevaba dos cajas entre sus hombros. "?Silencio! Pregunt¨¦ su paradero. Quiero saber d¨®nde vive, d¨ªganmelo y yo har¨¦ lo que piden", dijo el sacerdote, molesto por no recibir su respuesta, levantando su bast¨®n dorado y choc¨¢ndolo contra el suelo, agriet¨¢ndolo un poco. "Vive... en la casa del cient¨ªfico ese, Maxwell", respondi¨® el hombre de cabello blanco, sintiendo un poco de temor. "Eso era lo que quer¨ªa escuchar", susurr¨® para luego subir nuevamente al carruaje junto a Edgar. "A toda velocidad hacia la direcci¨®n del Profesor Maxwell". [Entendido... Buscando la direcci¨®n del Profesor Maxwell...] [?Encontrada! Zona Oeste del reino de Ystir, Profesor Maxwell Ziens, cient¨ªfico de gran renombre y...] mencion¨® el panel del carruaje. "Gu¨¢rdate los detalles, solo ll¨¦vame ah¨ª", dijo el sacerdote con seriedad, y el carruaje comenz¨® a moverse hacia la casa del Profesor Maxwell. Mientras tanto, Louis y Xitlari hab¨ªan llegado a la agencia PT. "Hay muchas personas en el camino", mencion¨® Louis, observando desde el tejado junto a Xitlari. "Cubre bien tu rostro. Entraremos a la agencia lo m¨¢s r¨¢pido posible. Canbel est¨¢ en la puerta", dijo Xitlari, prepar¨¢ndose para bajar. Louis se cubri¨® bien con la chaqueta y ambos bajaron del tejado, pasando por la multitud. Con gran cautela, lograron entrar sin rechistar. "?Oigan! ?Es el palad¨ªn demonio!", grit¨® un hombre que reconoci¨® a Louis al pasar junto a ¨¦l y ver sus ojos de reojo. R¨¢pidamente, Xitlari y Louis entraron a la agencia, y Canbel cerr¨® la puerta. Ambos se dirigieron a la oficina de Mei, encontr¨¢ndose con ella y con una mujer de cabello corto y rosado que estaba arrodillada en el suelo. "Lo lamento mucho... yo no quer¨ªa que pasara esto", mencion¨® la mujer, quien lloraba sin cesar. "Mira, Louis ya est¨¢ aqu¨ª. En vez de disculparte conmigo, disc¨²lpate con ¨¦l", mencion¨® Mei, quien ya parec¨ªa aburrida de escuchar a la chica. "Lo... ?Lo siento mucho!", dijo, acerc¨¢ndose lentamente a Louis para luego agarrarse de sus pies. "?Eh! ?Espera!", expres¨® Louis con sorpresa, sintiendo un poco de l¨¢stima por ella. "Solo quer¨ªa... hacernos famosos", la chica no paraba de llorar, con su voz tambaleante y un arrepentimiento genuino. "Est¨¢ bien, no llores. No es culpa tuya, lo hiciste de buen coraz¨®n y seguramente te esforzaste mucho para que tu video sobre m¨ª saliera incre¨ªble, de hecho lo v¨ª, estaba muy bien hecho", Louis se agach¨® y la ayud¨® a levantarse, para luego llevarla al sof¨¢, donde pudiera sentarse. "Claro que es culpa m¨ªa... Si no hubiera publicado nada, t¨² estar¨ªas tranquilo en tu vida", replic¨®, secando un poco sus l¨¢grimas. "No, la culpa es de este mundo, que no puede aceptar a las personas diferentes", mencion¨® Xitlari, cruzando uno de sus brazos derechos y mostrando sus otros tres brazos. "T¨²... eres Dahlia Xitlari", dijo con asombro, aspirando por la nariz. "La ganadora del ¨²ltimo torneo del rey Shane", la chica se limpi¨® el rostro con las mangas de su camisa. "?Estuviste ah¨ª?", pregunt¨® Xitlari, un poco sorprendida. "S¨ª, yo... estaba haciendo un reporte para la escuela", respondi¨®, ya m¨¢s tranquila. "?Podr¨ªas eliminar el video?", mencion¨® Louis, baj¨¢ndose la capucha y mir¨¢ndola fijamente. "Ya lo hice, pero... el da?o ya est¨¢ hecho", dijo, arrepentida, bajando la mirada al suelo. "Pero podr¨ªas arreglarlo. Solo debes decir que te equivocaste, haz un video disculp¨¢ndote y listo", coment¨® Mei, sent¨¢ndose al lado de la chica. "?Es buena idea, as¨ª podr¨ªa...!", dijo la chica, alegr¨¢ndose, pero fue interrumpida. "No... La gente debe saber... Tengo una mejor idea. Yo hablar¨¦, me presentar¨¦ ante todos y... dir¨¦ toda la verdad con sinceridad, sin ocultar nada. Estoy harto de esconderme, quiero vivir sin tener que pensar en eso", mencion¨® Louis con seriedad y firmeza ante sus palabras. "?Suena bien! Con eso ser¨¢ suficiente, pero... la iglesia es otra cosa... ?Crees que Rei vaya a hacer algo?" insinu¨® Mei con su voz dulce y un poco seria ante la situaci¨®n. "Claro que s¨ª, seguramente sab¨ªa que pasar¨ªa esto y no hay duda de que ¨¦l har¨¢ algo", respondi¨® Louis con confianza. "Bien, Reck vendr¨¢ pronto. Por el momento, deber¨ªas quedarte aqu¨ª", dijo Mei sent¨¢ndose en su escritorio. De pronto, Canbel entr¨® a la oficina abriendo la puerta r¨¢pidamente. "?Jefa! El sacerdote... est¨¢ afuera y dice que si entregar¨¢ a Louis por las buenas o por las malas", en su rostro se notaba su preocupaci¨®n y miedo. "?C¨®mo? ??Ya est¨¢ aqu¨ª?!" Mei, sorprendida, se levant¨® de su escritorio y sali¨® de su oficina junto a Xitlari. "Qu¨¦date aqu¨ª, Louis", mencion¨® antes de salir de la oficina. "No, debo ir tambi¨¦n", respondi¨® decidido, siguiendo a Mei. Xitlari observ¨® a la chica del pelo rosa mirando el suelo y luego puso su mirada en Xitlari. "Lo siento", mencion¨®, y Xitlari, sin ninguna palabra, cerr¨® la puerta de la oficina y fue detr¨¢s de Louis. "?Canbel, prepara todos los archivos de la caja plateada!" mencion¨® Mei a punto de pasar por la puerta hacia la parte donde estaban todas las joyas. "S¨ª, se?ora, ir¨¦ de inmediato", Canbel corri¨® a la sala de investigaciones despu¨¦s de poner su mano derecha en su frente. Mei pas¨® por la puerta y ah¨ª estaba el sacerdote Krief, quien hab¨ªa entrado a la joyer¨ªa, mientras Edgar cerraba la puerta. "Lamento la intrusi¨®n, no quer¨ªa que nadie interrumpiera", el sacerdote estaba con una sonrisa frente a ellos, sujetaba su bast¨®n con su cuerpo y ten¨ªa sus dos manos juntas. "As¨ª que t¨² eres el demonio... Pens¨¦ que te ver¨ªas como uno... Vamos, no tengo todo el d¨ªa", el sacerdote se dio la vuelta inmediatamente con seguridad ante sus palabras. "No ir¨¢ con usted. ?Y c¨®mo supo que estaba aqu¨ª?" pregunt¨® Mei con firmeza y seriedad. "T¨¢palo todo, Edgar", dijo sin m¨¢s. "S¨ª, se?or", Edgar cubri¨® todas las ventanas con magia de tierra. El sacerdote se dio la vuelta nuevamente, pero ahora ten¨ªa una mirada seria. "Me dijeron que estar¨ªas con el profesor Maxwell, pero escuch¨¦ los gritos de una persona diciendo que el demonio estaba en la joyer¨ªa de la... ?expaladina Mei! No me hagas perder el tiempo, Mei, hagamos un trato... Dame al chico y escuchar¨¦ lo que tanto has querido decirme o informarme, o lo que sea. Pero ya me aburr¨ª de tus cartas sobre que hay un nerosma vivo, te sugiero que sea algo importante". Mei estaba indecisa ante la oferta del sacerdote, pero al final fue la misma respuesta. "Igualmente no se lo...". "?Est¨¢ bien! Ir¨¦ con usted, pero escuchar¨¢ todo lo que la se?orita Mei ?tenga que decir!" mencion¨® Louis, dando un paso al frente sabiendo que ayudar¨ªa al reino de Ystir. "?Perfecto!" dijo el sacerdote sonriendo nuevamente, ilumin¨¢ndose sus ojos de manera s¨¢dica. "?No! Louis, ?claro que no! No va a chantajearme de esa manera, por mucho que sea quien es", expres¨® Mei levantando su mano derecha para evitar que Louis se acercara al sacerdote. "?Ya tom¨® su decisi¨®n! ?Nos vamos!" El sacerdote se acerc¨® para tomar del brazo a Louis. Mei iba a detenerlo, pero Xitlari se puso frente a Louis levantando sus cuatro brazos. "?Al¨¦jese de ¨¦l! No crea que no sabemos de lo que es capaz. Lo he investigado en el pasado y estoy segura de que no es por usted que se est¨¢n haciendo afiliaciones con los reinos de diferentes razas. A usted no le importa para nada la gente como Louis... o como yo. ?Solo cree que somos basura!" expres¨® Xitlari seriamente, mostrando en su rostro su odio hacia ¨¦l y qued¨® sorprendido al ver a Xitlari frente a el. "T¨² eres la te... Hmm... Que seas alta no me intimida, y s¨ª, yo no soy el responsable de tal atrocidad", mencion¨® el sacerdote dando unos pasos atr¨¢s. "¨¦l tom¨® su decisi¨®n, ustedes no pueden obligarlo... ?cierto! ¨¦l es un palad¨ªn, as¨ª que debe venir conmigo si yo lo deseo. Ustedes no tienen ni una gota de poder, yo s¨ª". "Iba a decir algo... ?la te? Hmm..." pens¨® el b¨²ho espiritual encima de la cabeza de Xitlari. "Se?orita Mei, los tengo..." dijo Canbel en voz baja, acerc¨¢ndose por detr¨¢s a Mei. "Gu¨¢rdalos... No ver¨¢ nada", respondi¨® sin m¨¢s. "Nunca debi¨® tener todo ese poder... Usted hizo que el conde Jens fuera rey. ?Zthur amenaz¨® este reino! ?Y usted...!" Mei, furiosa, frunciendo el ce?o, dio un paso al frente con firmeza. El sacerdote chasque¨® sus dedos, interrumpiendo a Mei y creando una onda expansiva que agriet¨® todos los cristales de los exhibidores y la tierra que hab¨ªa puesto Edgar en las ventanas. "Cuida tu tono... expaladina", dijo el sacerdote mir¨¢ndola fijamente con una expresi¨®n de autoridad y furia haciendo que todos se preparar¨¢n para cualquier cosa. "Ustedes no son nada... yo soy todo, no pueden evitar que me lo lleve, as¨ª que... no se interpongan en mi camino", el sacerdote volvi¨® a sonre¨ªr, pero ahora de manera s¨¢dica, y Edgar estaba preparado para lo que pasara en esta peque?a tienda. De pronto, la puerta se abri¨®, entrando Reck con su imponente tama?o y complexi¨®n. Ten¨ªa puesta su armadura, pero esta vez en sus hombros ten¨ªa unas grandes hombreras doradas. "Sacerdote Krief, me da gusto verlo", mencion¨® Reck con su voz grave y fuerte. El sacerdote puso su mirada hacia atr¨¢s y, al ver la imponente presencia de Reck, perdi¨® su sonrisa y volvi¨® a una expresi¨®n seria. "Reck... ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ?No deber¨ªas estar con el rey?". "No puede llevarse a Louis. Si quiere hacerlo, debe ped¨ªrselo al rey de Alahead, y usted lo sabe", respondi¨® Reck sin darle importancia a las preguntas del sacerdote. "?T¨² tambi¨¦n vas a cuestionarme?" pregunt¨® molesto, presionando su bast¨®n con su mano derecha. "Creo que no le conviene hacer algo ilegal o algo m¨¢s que eso", respondi¨® Reck, mirando hacia abajo con frialdad. "Ya veo... El demonio ya hizo su madriguera", pens¨® el sacerdote observando a cada uno de los presentes. "Bien... Ganaste por ahora. V¨¢monos, Edgar", dijo, dirigiendo su mirada a Louis. Reck se apart¨® para que el sacerdote pasara por la puerta. "Se?or...", mencion¨® Edgar al ver al sacerdote abrir la puerta para salir. "?Qu¨¦ fue lo que dije?" dijo antes de salir por la puerta, y Edgar lo sigui¨® sin decir ni una palabra. Afuera estaba Mern con sus brazos cruzados y, a su izquierda, estaba Mark esperando cualquier cosa. El sacerdote cruz¨® una mirada seria con ¨¦l y luego sigui¨® su camino hacia su carruaje. "Se?or, ?est¨¢ seguro? Ellos estaban dispuestos a matarlo por ese demonio", mencion¨® Edgar luego de entrar al carruaje junto al sacerdote. "Puede ser... No ten¨ªamos opciones, eran m¨¢s que nosotros. ?A la iglesia!" respondi¨® tratando de mantener la calma. [Entendido], dijo el tablero del auto. "No me esperaba que tuviera tanta influencia... No hubiera sido f¨¢cil ir contra Mei, pero Reck... Los dos paladines m¨¢s fuertes de este reino, sin contar que Mern estaba afuera. Adem¨¢s, traer apoyo no era una opci¨®n debido a los planes que ten¨ªa... al menos ya di el mensaje que quer¨ªa dar a ese demonio", pens¨® el sacerdote mientras el carruaje comenzaba a dar la vuelta para dirigirse al oeste. "Podr¨ªa hablarle al rey para que lo saquen del reino y lo llevemos con nosotros", mencion¨® Edgar, y el carruaje comenz¨® a avanzar a gran velocidad hacia el oeste. "No, no lo dejar¨¢n solo, y por lo que vi, Mei es capaz de irse con ¨¦l para cuidarlo. Me imagino que tambi¨¦n deben estar por ah¨ª la chica del viento amarillo y el serio de la tecnolog¨ªa" el sacerdote tom¨® una botella de agua luego de presionar un bot¨®n de un panel que ten¨ªa al lado de la puerta del carruaje. "Reck en algo tiene raz¨®n... No me conviene meterme en algo ilegal. As¨ª que esperar¨¦ para la reuni¨®n de ma?ana con Rei y los l¨ªderes. Si tanto quieren algo legal, ma?ana se dar¨¢ el juicio y lo mandar¨¦ a matar. Not¨¦ que no conoce mucho de la tecnolog¨ªa en ese video, as¨ª que ya s¨¦ qui¨¦n ser¨¢ el indicado". "?Y si... no deciden matarlo? El chico se ve muy tranquilo y normal", pregunt¨® Edgar. El sacerdote tom¨® un gran trago de agua y respondi¨® a la pregunta de Edgar: "Si la sacerdotisa va de su parte, inmediatamente hablar¨¦. No me quedar¨¦ callado si no sigue el protocolo. Rei mencion¨® que responde por el chico cuando se descubri¨® que era mitad demonio, pero magia de lava... Ni crea Rei que se saldr¨¢ con la suya. Y s¨ª, el chico se ve normal... pero la magia de lava es muy peligrosa, m¨¢s si la posee un demonio... Si Mei y Reck quieren que su reino se haga cenizas como Trownlian, bien, eso no ser¨¢ mi problema, solo me dar¨¢n la raz¨®n y Alahead no se meter¨¢," el sacerdote se termin¨® la botella de agua de otro trago, la aplast¨® y, volviendo su mano blanca, la esfum¨®, creando una peque?a explosi¨®n blanca que ceg¨® por un momento a Edgar. "Quiero que mandes a los agentes S a vigilar Ystir por si acaso ese tal Louis... quiere escapar a su reino. No quiero guerras, hemos estado mucho tiempo sin una". *Reino de Alahead* Rei estaba usando su magia verde para llevar muchas cosas que ten¨ªa en una mesa hacia afuera, en un carruaje com¨²n y corriente, hecho de madera de buena calidad. "?Bien! Es hora de ir... Prep¨¢rate, anciano, es hora de revelar la verdad de la magia de lava y de tus acciones", mencion¨® Rei, observando un dispositivo para luego salir por la ventana volando con su magia y subiendo al carruaje. Despu¨¦s, cre¨® caballos con su magia, que comenzaron a mover el carruaje dirigi¨¦ndose a la salida del reino. Mientras muchas personas caminaban cerca, las casas del reino eran de piedra lijada, estaban decoradas con madera y el suelo era de piedra sin ninguna grieta. Adem¨¢s, el reino ten¨ªa un gran muro alrededor (no tan alto como el de Ystir). La luz del sol iluminaba este reino, tranquilo y menos tecnol¨®gico. Fin del cap¨ªtulo Juicio #14 El Oeste de Lyran... una tierra tranquila llena de monta?as... Tambi¨¦n el lugar donde la iglesia, el observatorio de magia y la gran biblioteca se encuentran. Los lugares m¨¢s importantes del mundo se esconden gracias a grandes y majestuosas monta?as a su alrededor. El lugar era como un valle protegido por esas monta?as, un lugar donde no cualquiera puede entrar. En una parte, dos monta?as eran muy peque?as para darle la entrada a los que eran capaces de entrar a este majestuoso lugar. Adem¨¢s, el valle ten¨ªa como divisiones: la primera, la parte m¨¢s baja; la segunda, la parte media; y la tercera, la parte m¨¢s alta. El observatorio era el que estaba en la tercera. Sus paredes ten¨ªan el reflejo del cielo y se pod¨ªa ver c¨®mo las nubes se mov¨ªan. Ten¨ªa su gigantesco telescopio, que utilizaba magia para flotar sobre la estructura que ten¨ªa dos aberturas en la parte de arriba para poder utilizarlo. M¨¢s abajo se encontraba la gran y hermosa iglesia, que era de cuatro pisos y de un color blanco con detalles dorados por fuera y con una gran campana dorada que flotaba encima en una torre. Adem¨¢s, la torre era de un celeste brillante, casi transparente. El sol iluminaba el hermoso pasto del lugar y las grandes ventanas de colores que ten¨ªa. Por detr¨¢s hab¨ªa una terraza con una puerta de cristal y dos ¨¢rboles medianos. Se ubicaba frente a ella una cascada subterr¨¢nea que daba vida a un r¨ªo que se dirig¨ªa hacia la biblioteca, la cual usaba el agua para obtener energ¨ªa con un molino de agua que flotaba a la derecha de la biblioteca. La biblioteca era la que estaba hasta abajo. Era totalmente redonda, sin agregar el molino. El edificio ten¨ªa dos pisos, el segundo menos ancho que el primero, hecha de madera de roble con un gran tragaluz en el centro y ventanas alrededor de todo el segundo piso. Encima de la cascada subterr¨¢nea, observaban dos figuras bastante grandes hacia el horizonte, donde estaban las dos monta?as m¨¢s peque?as. Luego de ellas, estaba repleto de nubes blancas. "Rei es un desgraciado, ?cu¨¢nto tiempo m¨¢s esperaremos...?" dijo un hombre le¨®n con una voz muy grave y retumbante. Ten¨ªa una gran melena, med¨ªa dos metros y medio, de complexi¨®n robusta. Sus ojos eran amarillos y usaba un abrigo de cola larga, de un color azul con negro, sin mangas, lo que dejaba ver sus grandes y musculosos brazos. Adem¨¢s, usaba una armadura dorada p¨¢lida en su pecho y unos pantalones amplios de color blanco con detalles dorados. Ten¨ªa una cicatriz de quemadura en su rostro y en todas sus manos, y entre su cuello, un collar plateado con una insignia dorada que ten¨ªa la letra "L". Adem¨¢s, no usaba zapatos, mostrando sus pies iguales a los de un le¨®n con grandes garras. "Conoci¨¦ndolo, seguramente podr¨ªa retrasarse incluso un d¨ªa m¨¢s" respondi¨® un hombre pulpo con su voz tranquila, fuerte, pausada y respetuosa, con un toque de suavidad y, a veces, burbujeante debido a su m¨¢scara con agua totalmente cristalina que dejaba ver su boca con labios oscuros y un poco alargada. Med¨ªa dos metros con seis, de complexi¨®n robusta. Usaba una chaqueta roja con capucha, que cubr¨ªa la mitad de sus brazos y torso superior; la chaqueta ten¨ªa un agujero mediano de l¨ªneas amarillas en su espalda. Usaba una placa de pecho de cuero de color negro y pantalones de compresi¨®n negros que marcaban sus piernas robustas. Ten¨ªa un cintur¨®n met¨¢lico amarillo con una insignia que ten¨ªa la letra "R". Usaba unas botas met¨¢licas de color rojo. Sus escleras eran amarillas y no ten¨ªa pupilas; sus iris eran circunferencias negras delgadas, visibles solo por su borde. Su piel era roja, con peque?as manchas de color negro. En su mano derecha ten¨ªa un arma de mu?eca adaptada a su tama?o, y en su izquierda, un guante largo met¨¢lico con una gema amarilla en la palma. "?T¨² tambi¨¦n ir¨¢s...? ?Pol? Si no, no entiendo qu¨¦ haces aqu¨ª..." El hombre le¨®n observaba a Pol mientras dec¨ªa sus palabras. "Por supuesto... Solo que yo ser¨¦ m¨¢s discreto. T¨² eres impulsivo, Rhorn. Raro que no hayas ido ya a buscarlo" respondi¨® Pol mientras continuaba viendo hacia el horizonte y, con sus palabras, se creaban algunas burbujas en su m¨¢scara. "Jajaja, trato de cambiar..." ri¨® Rhorn mientras recordaba algo. "Ya veo... Ay no... Ah¨ª viene... con sus cosas raras" dijo al ver a Rei acerc¨¢ndose desde el horizonte encima de un carruaje, mientras Rei tocaba un piano creado por su magia. El carruaje verde era levantado por la magia verde de Rei. "?Saludos a todos! ?Aqu¨ª viene el mejor mago de Alahead!" Mientras segu¨ªa avanzando, tocaba una melod¨ªa alegre y pegadiza. Adem¨¢s, creaba alrededor suyo trompetas y violines con su magia para acompa?ar su m¨²sica. "Ya voy all¨¢... ?A quitarte de ese... lu... gar! Cre¨ªste que te saldr¨ªas... con la... tuya, pues ahora una gran ?sorpresa...! Ve...r¨¢s..." cant¨® de forma confiada y pausada, resonando con cada pausa que hac¨ªa y cambiando la melod¨ªa, haci¨¦ndola m¨¢s profunda y un poco misteriosa, mientras continuaba acerc¨¢ndose a la iglesia. "Este tipo s¨ª que est¨¢ loco" Rhorn estaba consternado al ver a Rei haciendo tal cosa. Finalmente, el carruaje lleg¨®, aterrizando detr¨¢s de Pol y Rhorn. "Buenas... se?ores, ?c¨®mo est¨¢n?" expres¨® con emoci¨®n mientras bajaba del carruaje y se acercaba a ellos. "?Estuvimos esper¨¢ndote casi dos d¨ªas!" dijo Rhorn con molestia, cruzando sus brazos. "Pues ahora no me tienen ?que esperar! Ya estoy aqu¨ª..." dijo Rei, abriendo el carruaje y sacando una carpeta llena de p¨¢ginas y un objeto redondo. Luego se acerc¨® a Pol. "?C¨®mo est¨¢s, Garden? Escuch¨¦ que andas con alguien, ?es humana?" Rei golpe¨® ligeramente con su codo a Pol luego de preguntar. "Como sea, Rei... Hay que ir a la sala de reuniones. Al¨¦grate de que no mandaron a matar al chico ayer porque no te presentaste" Pol evadi¨® la pregunta con calma, alej¨¢ndose de Rei y dirigi¨¦ndose a la iglesia. "Cuando den el veredicto, ir¨¦ inmediatamente a buscarlo. Veremos qu¨¦ tan fuerte es tu supuesto disc¨ªpulo" dijo Rhorn, sonriendo un poco y estir¨¢ndose. "No te preocupes, no tendr¨¢s que molestarte, pues nadie ir¨¢ a buscarlo" expres¨® con confianza mientras entraba a la iglesia con Pol y Rhorn. "Esa confianza me quiere decir que har¨¢s una estupidez" afirm¨® sigui¨¦ndolos por detr¨¢s. "Siempre que entro a este lugar, se siente muy acogedor. El lugar m¨¢s impenetrable del mundo. Rhorn, ten cuidado, tal vez no te deje entrar" expres¨® Rei con admiraci¨®n al ver lo grande y majestuosa que era la iglesia y c¨®mo la luz del sol pasaba por las grandes ventanas, alumbrando el lugar lleno de bancas de una hermosa madera perfecta. Por dentro, hab¨ªa varias part¨ªculas de color blanco, y el altar era de una preciosa Gyverna dorada. Las paredes eran totalmente blancas, sin ning¨²n rastro de polvo. "?De qu¨¦ hablas? ?No tengo malas intenciones!" mencion¨® antes de entrar a la iglesia. Rei continuaba caminando junto a Pol. El suelo estaba cubierto de una alfombra roja y sedosa. "Jajaja, lo s¨¦, es una broma". "Siempre quise comprobar el rumor de que dentro de aqu¨ª no se puede usar magia. Gracias a la sacerdotisa, lo logr¨¦", coment¨® Rhorn, admirando el lugar mientras segu¨ªa a Rei y a Pol. Rei hizo un gesto para que Pol se agachara y le susurr¨®: "Pol, mantente atento y cerca de la sala de reuniones". "?Por qu¨¦?", pregunt¨®, confuso ante el comentario. "Puede que el sacerdote la destruya toda, pues la sala de reuniones est¨¢ aparte de la iglesia, as¨ª que podr¨¢ usar su magia", respondi¨® Rei, mostrando seriedad en su mirada. "?Qu¨¦ har¨¢s?". "Revelar¨¦ algunas cosas que fueron escondidas". Rei extendi¨® su brazo con el que sujetaba la carpeta llena de papeles. "Mira qui¨¦n se dign¨® a dar la cara". Cerca de la puerta de la derecha, al final del corredor y de las bancas, apareci¨® una mujer con una gran fila de libros en sus manos. "?Gladys! Hace mucho que no te veo, ?te ves bien!", mencion¨® alegre con una sonrisa. "Me alegra verte. Agradece que los convenc¨ª para que te esperaran", expres¨® Gladys con su voz profunda, resonante y con un tono c¨¢lido y amigable mientras se acercaba a ellos. Ella era una mujer de piel oscura y cabello afro; sus ojos eran de color miel y med¨ªa 173 cm. Usaba una gabardina corta de cuero marr¨®n, estilo steampunk, pantalones jodhpur negros, zapatos de cuero con tac¨®n grueso y unos guantes verde oscuro que cubr¨ªan hasta sus mu?ecas. Ten¨ªa unas gafas de protecci¨®n en su cabello, con lentes intrincados y mecanismos internos; adem¨¢s, ten¨ªa en su cuello un mecanismo con una perla marr¨®n que brillaba un poco. "Muchas gracias, Gladys, te agradezco la ayuda, ?ir¨¦ de inmediato!". Rei se fue corriendo a la sala de reuniones. Gladys detuvo a Rhorn antes de que siguiera a Rei. "Ah, no, t¨² vienes conmigo, necesito ayuda". "?De qu¨¦ hablas? ?T¨² no me das ¨®rdenes!", mencion¨® un poco molesto, intentando pasar, pero Gladys se qued¨® vi¨¦ndolo por un momento y luego se lo llev¨® igualmente, arrastr¨¢ndolo de su abrigo. "?Pol! Dime, ?por qu¨¦ dejo que una humana de 45 a?os me d¨¦ ¨®rdenes?", pregunt¨® mientras era arrastrado con sus brazos cruzados. "Hmmm, tal vez, ?porque ella tiene siete a?os m¨¢s que t¨²?", respondi¨® Pol a la pregunta luego de tocar su cabeza. "Puedo asegurarte que cuando ella cumpla los 60 y envejezca, no seguir¨¦ sus ¨®rdenes. ?Yo vivo m¨¢s que ella y maduro antes!", dijo, cruzando sus brazos mientras segu¨ªa siendo arrastrado. "?Pues no se nota! Y para tu informaci¨®n, nosotros los humanos no envejecemos de golpe al cumplir 60 a?os, ?es bastante leve!", mencion¨® molesta al escuchar el comentario, llevando la fila de libros con una sola mano con gran facilidad. Rei segu¨ªa corriendo por el pasillo hasta que lleg¨® a la entrada de la sala de reuniones, pero antes de entrar, escuch¨® una discusi¨®n entre una mujer y el sacerdote Krief. "?C¨®mo te atreves a cambiar mi ley! Ahora todos los paladines ser¨¢n holgazanes porque no tendr¨¢n que hacer nada para mantener su rango", grit¨® el sacerdote Krief. "Ellos decidieron ser lo que son, no cualquiera puede ser uno. Su ley simplemente hace que las personas fuertes no quieran ser paladines. Usted los sobreexplota con esa ley, pensando que tienen que hacer millones de cosas donde quiera que est¨¦n para no perder su rango", mencion¨® la mujer con un tono respetuoso, controlando un poco su molestia. "Solo los capaces, responsables, fuertes y los que saben qu¨¦ significa ser uno pueden ser paladines. ?No es un juego de ni?os!", replic¨® el sacerdote. "?No tiene justificaci¨®n! De por s¨ª, ser palad¨ªn es muy dif¨ªcil y, si dice eso, ?por qu¨¦ no puso una ley para los caballeros tambi¨¦n?". "?Tus palabras son puras estupideces, no eres m¨¢s que una ni?a, sacerdotisa! Reducirles la cuota no ayudar¨¢ en nada", el sacerdote golpe¨® lo que parec¨ªa ser una mesa. "Los m¨¢s fuertes pierden el tiempo haciendo cosas que los caballeros pueden hacer y los caballeros pierden sus vidas peleando con criminales que no pueden vencer". Luego de las palabras de la sacerdotisa, un sonido fuerte de un golpe en una mesa se escuch¨®, deteni¨¦ndolos a ambos. "?Tranquil¨ªcense!", dijo un hombre. "La decisi¨®n fue tomada, el tiempo dir¨¢ si nos equivocamos", a?adi¨® una mujer. Luego de escuchar esto, Rei respir¨® hondo y abri¨® la puerta un poco fuerte, haciendo que lo rodearan listones verdes con su magia. "?Lamento haberlos hecho esperar! Ya finalmente he llegado", dijo entrando con confianza, extendiendo su mano y bajando su cabeza. El lugar era bastante espacioso. A la derecha, izquierda y frente de Rei hab¨ªa unos asientos altos, adem¨¢s de una mesa alta blanca que parec¨ªa un pilar. Tambi¨¦n hab¨ªa una escalera en la parte de atr¨¢s de los asientos. A la izquierda, hab¨ªa tres ventanas largas con un marco plateado. A la izquierda y derecha de Rei, estaban sentadas seis personas en cada lado, vest¨ªan una t¨²nica blanca con una cruz dorada en el pecho, adem¨¢s se manten¨ªan de pie (estos eran llamados l¨ªderes, quienes ayudaban en la toma de decisiones, adem¨¢s de organizar y enlistar a los caballeros y futuros paladines). "Tard¨® mucho, Rei. Lo citamos ayer, no hoy", dijo la sacerdotisa con una voz fuerte, autoritaria y decidida. Su cabello era blanco y largo, bastante ordenado con algunos mechones entrelazados. Sus ojos eran anaranjados; med¨ªa 188 cm y ten¨ªa 26 a?os. Usaba una t¨²nica blanca con negro que dejaba descubiertos sus hombros; ten¨ªa un lazo dorado anaranjado que parec¨ªa escarchado en su cintura y un collar¨ªn negro que cubr¨ªa todo su cuello. Adem¨¢s, usaba una capa que, desde la parte trasera, era blanca, pero al mirarla desde el frente, la capa era dorada anaranjada escarchada. Usaba unos botines negros altos ajustados al pie y la pierna con una suela dorada anaranjada escarchada. Tambi¨¦n llevaba dos aretes con una cruz peque?a. "Pueden tomar asiento todos". Ella subi¨® a los asientos que estaban frente a Rei. Arriba, ya estaba el sacerdote Krief con Edgar a su derecha, y en medio de esta mesa hab¨ªa un asiento vac¨ªo entre el sacerdote y la sacerdotisa. "Hmm... ?Y mi... asiento?", pregunt¨® Rei, buscando su asiento por todas partes luego de absorber los listones que cre¨®. La sala era bastante amplia, con paredes blancas y ventanas largas en la pared de la derecha. "No tiene, por venir tarde", respondi¨® r¨¢pidamente, d¨¢ndole a Rei una sonrisa mientras tocaba su cabeza. ¨¦l tambi¨¦n sonri¨®, pero el sacerdote puso su mirada en ella y, al instante, la sacerdotisa cubri¨® su boca con su pu?o y aclar¨® su garganta. "Comenzaremos con esto de una vez. Palad¨ªn Rei Fordesthmans... d¨ªgame, ?por qu¨¦ no dijo la verdad acerca de que Louis A. Keeper era un demonio? Y ?por qu¨¦ escondi¨® que su magia era de lava? ?Acaso es una persona peligrosa a la cual debemos mantener en vigilancia extrema?", pregunt¨® de manera respetuosa y concreta, tomando una hoja que ten¨ªa en la mesa. "Una cosa antes de todo... El rey Mathius se pregunta para qu¨¦ se afili¨® con ustedes, pues no ha recibido ninguno de los beneficios a pesar de que sus paladines han prestado sus servicios. Usted misma puede ir al reino y ver¨¢ que sigue igual que cuando no estaba afiliado", mencion¨® Rei de manera ir¨®nica, con sus brazos detr¨¢s de su cabeza. La sacerdotisa puso su mirada en el sacerdote y ¨¦l simplemente la ignor¨®. "Sacerdotisa, primero, Louis es un humano mitad demonio, que es como ustedes le dicen a esa raza. Ahora, yo prefer¨ª no decir su verdadera raza debido al evidente rechazo que iba a surgir por el sacerdote. Segundo, escond¨ª la verdad de su magia por la misma raz¨®n. El sacerdote no lo hubiera aceptado... Es m¨¢s, creo que... No, estoy seguro de que lo hubiera mandado a matar". Rei fue interrumpido por el sacerdote al escuchar sus ¨²ltimas palabras. "?Parece que t¨² nunca cambias! ?Siempre ser¨¢s un altanero y cre¨ªdo!" expres¨® molesto el sacerdote, con su voz grave y ¨¢spera, con un ligero temblor de cinismo. "Sacerdote... no me interrumpa, por favor, y tenga cuidado con lo que me dice", respondi¨® Rei con seriedad y confianza, tronando los dedos de su mano derecha al presionarlos con fuerza. El sacerdote se levant¨® furioso de su asiento. "??C¨®mo?! ?Me faltas al respeto!". "?Sacerdote! Si¨¦ntese. Y Rei... No haga m¨¢s comentarios as¨ª y prosiga", dijo la sacerdotisa, quien se levant¨® tambi¨¦n, poniendo orden en el lugar mientras los l¨ªderes murmuraban. Enjoying this book? Seek out the original to ensure the author gets credit. "Louis es un chico entrenado por m¨ª mismo. No fui para nada suave con ¨¦l, a pesar de su tragedia". Rei se tronaba cada dedo de los seis que ten¨ªa en cada mano mientras continuaba hablando. "?De qu¨¦ tragedia hablas?" pregunt¨® uno de los l¨ªderes que estaban a la izquierda. "??Acaso importa!?" coment¨® el sacerdote, golpeando la mesa. "Claro que importa. H¨¢blanos de esta... tragedia". La sacerdotisa golpe¨® levemente la mesa con su mirada en el sacerdote. Rei cre¨® una mesa y un asiento con su magia, puso la carpeta llena de papeles y luego sac¨® de su bolso un dispositivo redondo que parec¨ªa un comunicador antiguo, pues ten¨ªa un aspecto bastante desgastado. "Ustedes creen que el primer desastre m¨¢gico fue hace cinco a?os en el reino Mordigan... Pero no, el primer desastre m¨¢gico fue hace seis a?os en el reino de Alahead. Como ustedes saben, cuando una persona no despierta su magia a los diez a?os es porque no tiene o porque se est¨¢ acumulando su magia. Louis fue la primera v¨ªctima de este fen¨®meno. A sus doce a?os despert¨® su magia de lava, la cual caus¨® un desastre en el reino de Alahead. Muchas personas murieron, incluyendo su padre, quien se sacrific¨® para ponerle el collar que yo fabriqu¨¦ con la espada celeste de mi padre. Este collar evit¨® que la magia de Louis siguiera descontrolada y que dejara de quitarle la vida. Ese fue el m¨¦todo que us¨¦ para detener algo como esto". Al terminar, tom¨® asiento y comenz¨® a seleccionar los papeles de la carpeta. "Puras idioteces, no tiene nada de relevante", pens¨® el sacerdote mientras miraba a Rei con desprecio desde lo alto de su asiento. "Incre¨ªble, ?ser¨¢ verdad?" pregunt¨® una de los l¨ªderes, que era una mujer de cabello corto de color rojo. Sus ojos eran caf¨¦s y ten¨ªa aretes con forma de cruz. "Es la magia celeste, tiene que ser", respondi¨® otro l¨ªder que estaba al lado de la mujer. Este usaba un gorro blanco y sus ojos eran grises. "El chico puede que sea peligroso igualmente", agreg¨® otro, quien discut¨ªa con los dem¨¢s l¨ªderes a la derecha de Rei. Este usaba lentes de un marco negro, su cabello estaba muy arreglado y era de color caf¨¦, igual que sus ojos. "Hasta ahora no ha ocasionado nada. De hecho, ayud¨® a capturar a muchos prisioneros en Ystir, adem¨¢s de que ayud¨® cuando el escudo de los agricultores cay¨®. En el mismo video lo vemos peleando contra tres criminales, y se ha mantenido como un repartidor en este mismo reino", mencion¨® uno de los l¨ªderes a la izquierda de Rei. Su cabello era largo, peinado para atr¨¢s y de color amarillo, adem¨¢s de tener ojos azules. "Adem¨¢s, podr¨ªa ser un buen elemento por si... ¨¦l vuelve. Tiene potencial y debe ser aprovechado", replic¨® una l¨ªder mujer de cabello rosa. Sus u?as estaban pintadas de un color rosa gris¨¢ceo y sus ojos eran oscuros. "Pero podr¨ªa destruir un reino completamente, igual que Trownlian", a?adi¨® otro que tambi¨¦n usaba un gorro blanco con un broche dorado y estaba a su derecha, adem¨¢s de una m¨¢scara blanca con l¨ªneas doradas que tapaban su boca y hac¨ªan su voz m¨¢s rob¨®tica. Sus ojos eran de un negro brillante. Luego de que los l¨ªderes terminaran su peque?a discusi¨®n, Rei continu¨®: "Cuando todo termin¨®, yo mismo vi c¨®mo sus mejillas estaban cubiertas de las grietas m¨¢gicas, que, como ustedes saben, se producen cuando se acaba tu magia y t¨² sacrificas tu vida para seguir utiliz¨¢ndola. Pas¨¦ seis a?os entren¨¢ndolo duramente, ayud¨¢ndolo con su trauma y ense?¨¢ndole c¨®mo ser un verdadero palad¨ªn". "?Y se supone que nos conmovamos por su historia? T¨² mismo lo dices, el chico es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede explotar. Ese collar no durar¨¢ m¨¢s a?os", expres¨® el sacerdote, tratando de esconder el asco que sent¨ªa, con un rostro preocupado. "Habla de la espada de Lion. Creo que subestima mucho la magia celeste, ?no cree?" mencion¨® Rei con una sonrisa en su rostro, totalmente retadora. El sacerdote chirri¨® sus dientes, y la sacerdotisa dijo: "Igualmente, podr¨ªa dejar de funcionar y causar una cat¨¢strofe". "Yo mismo me encargar¨¦ de ¨¦l y asumir¨¦ la culpa de lo que pase. Soy totalmente responsable de cualquier cosa que ¨¦l haga, pero les aseguro que eso no pasar¨¢. El collar es muy poderoso. Puedo asegurarles que ¨¦l ser¨¢ un gran palad¨ªn. ¨¦l est¨¢ m¨¢s que consciente de lo que un mal uso de su magia puede provocar y est¨¢ bien preparado. Se esforz¨® mucho para llegar donde est¨¢", respondi¨® Rei con confianza y seriedad, para luego gui?arle el ojo a la sacerdotisa. "S¨ª, s¨ª, yo me har¨¦ responsable, jajaja. ?Con eso solucionar¨¢ la muerte de varias personas? Es muy peligroso que un demonio como ¨¦l ande por los reinos. No podemos permitir semejante cosa", expres¨® el sacerdote, desviando su mirada a todos los sabios y a la sacerdotisa. "Creo que se equivoca, y hasta usted lo sabe", dijo Rei al notar la jugada del sacerdote. "Claro que no. Sabemos que iniciaron una guerra contra Alahead por pura diversi¨®n. ?Pi¨¦nsenlo! Esa raza ha generado demasiados problemas", mencion¨® el sacerdote con astucia, levant¨¢ndose para que todos vieran los gestos que hac¨ªa con sus manos. "Esa guerra fue culpa de su rey. Ellos mismos lo mataron cuando se enteraron de que lo hac¨ªa por diversi¨®n, y el rey Mathius los perdon¨®", exclam¨® Rei, copiando la manera en la que mov¨ªa las manos el sacerdote, como burla. El sacerdote golpe¨® la mesa con las palmas de sus manos, interrumpiendo a Rei para decir: "Pero muchos de ellos apoyaban al rey. No creas que no tenemos toda la historia. ?Estos demonios podr¨ªan llevarnos de vuelta a tener miles de exorcistas, como en la edad oscura!". "Tanto usted como yo sabemos que ellos no son demonios realmente... ?Acaso alguno de ustedes los han visto haciendo posesiones o cat¨¢strofes como la de Clency? Creo que usted sabe muy bien qui¨¦n fue el que los nombr¨® as¨ª y por qu¨¦ no se quit¨® ese decreto", respondi¨®, levant¨¢ndose para pasar cerca de todos los l¨ªderes y, por ¨²ltimo, qued¨® frente al sacerdote, vi¨¦ndolo hacia arriba desde la gran mesa. "?Me acusas otra vez de algo?" pregunt¨® molesto, haciendo una mueca de molestia con sus labios. "?Qu¨¦? ?Quiere pruebas?" Rei tom¨® unos papeles que quedaron en la mesa, creando una mano con su magia. "Sacerdote, le encantar¨¢ esto. Aqu¨ª tengo todo lo que usted y su padre hicieron contra esta raza". Rei comenz¨® a entregar los documentos, creando muchas manos con su magia, que se alargaban para que todos en la sala tuvieran una copia, incluyendo al sacerdote. El sacerdote ley¨® el documento y se sorprendi¨®, dando una ligera sonrisa. "Jajaja, por favor, nadie creer¨ªa esto. Es obvio que es falso". "Ah, ?quiere que vayamos a la mejor parte? ?Qu¨¦ tal si hablamos de c¨®mo usted no deber¨ªa tener el cargo de sacerdote?" expres¨® Rei, sonriendo un poco y creando con su magia la imagen de un hombre. Su rostro y cuerpo eran totalmente como los de un humano, pero parec¨ªa tener una especie de caparaz¨®n en todo su cuerpo, incluyendo su rostro. "?Le recuerda algo esto, se?or Krei? Tal vez¡­ ?la calcinaci¨®n de un reino entero?" expres¨® Rei, tomando un tono serio y totalmente agresivo. "?De qu¨¦ est¨¢ hablando? ??Sacerdote?!" pregunt¨® la l¨ªder de cabello rosado, alter¨¢ndose un poco. "Esto debe ser una broma" mencion¨® el l¨ªder del gorro blanco. "?Oiga, conteste! ??De qu¨¦ est¨¢ hablando!?" grit¨® el l¨ªder que ten¨ªa puesta la m¨¢scara blanca con l¨ªneas doradas. "Este maldito... ?De d¨®nde sac¨® todo esto?" pens¨® el sacerdote sin perder la compostura, mirando fijamente a Rei, quien sonre¨ªa y lo miraba fijamente tambi¨¦n. "Se?ores, recuerden qui¨¦n soy... Rei, acusaciones como estas har¨¢n que entre a prisi¨®n... (O que lo ejecute)". "Lo s¨¦... (Pero usted ser¨¢ el que vaya a prisi¨®n). ?Quiere hablar de Darren, el primer... mago de lava?" dijo Rei, tomando el comunicador redondo de la mesa y poniendo una grabaci¨®n. "Escuchen... atentamente". En la grabaci¨®n se escuchaba un poco de est¨¢tica al principio y luego una voz llena de tristeza y miedo, pero con decisi¨®n, adem¨¢s de momentos en los que se escuchaba que respiraba con dificultad. "Elio... Ya no puedo m¨¢s, lo siento... Dile a tu madre que gracias por haberme perdonado y... Te quiero, hijo. Cu¨ªdala, por favor". "?Darren! No te escondas, jajajaja, ?dame tu poder! D¨¦jame destrozar ?este mundo!" grit¨® una voz muy grave, profunda y catastr¨®fica, con una gran resonancia, tanto que la sala se estremeci¨® y las ventanas se sacudieron. Los l¨¢pices y objetos en las mesas de los l¨ªderes se mov¨ªan. Era como un peque?o terremoto y el comunicador comenz¨® a temblar mucho. Los l¨ªderes estaban at¨®nitos, sin palabras, no mov¨ªan ni un m¨²sculo. Y el sacerdote... ten¨ªa sus ojos muy abiertos, llenos de miedo. "Es... Mayestad..." dijo la sacerdotisa, asustada por la grabaci¨®n. "No estabas jugando cuando me hablaste de esto" pens¨® la sacerdotisa. "?No obtendr¨¢s nada!" Luego de estas ¨²ltimas palabras, una gran explosi¨®n fue lo ¨²ltimo que son¨® y la grabaci¨®n termin¨®. "Rei, ?d¨ªgame de d¨®nde sac¨® eso?" pregunt¨® la sacerdotisa, levant¨¢ndose al ver que ning¨²n l¨ªder quiso decir algo. "?No hasta que termine! ?Recuerdas a Guelmy? Viejo maldito" dijo Rei, sacando otro comunicador de su bolso. Este era color blanco y estaba un poco sucio. [Segundo registro de Guelmy Angel] dijo una voz del comunicador. Rei comenz¨® a simular todo lo que pasaba en la grabaci¨®n usando su magia y mostrando una versi¨®n de Krei m¨¢s joven y a Guelmy, un hombre con el cabello semi largo, peinado hacia atr¨¢s. Usaba un abrigo de piel con mangas que escond¨ªan sus manos, pantalones ajustados y llevaba una insignia en su hombro derecho con la letra "M". "No, Guelmy. Me confirmaron que Mayestad contin¨²a en la grieta. Debemos irnos a la iglesia para comenzar la planificaci¨®n con los dem¨¢s" dijo el sacerdote Krei, pero con una voz m¨¢s joven en la grabaci¨®n. "?Est¨¢s seguro?" pregunt¨® Guelmy, quien luc¨ªa preocupado, analizando su alrededor. "Por supuesto...". [Octavo registro de Guelmy Angel]. "Krei, ?qu¨¦ hiciste? ?Eres un est¨²pido! Dijiste que te confirmaron que Mayestad estaba en la grieta" dijo Guelmy, furioso, tomando de la camisa a Krei. "Ten¨ªa que hacerlo. Ese demonio de Darren ahora morir¨¢ como ?la basura inmunda que es!" respondi¨® Krei, solt¨¢ndose del agarre de Guelmy. "?Desgraciado! ?Pudimos ayudar al reino de Trownlian! No creas que no informa..." La grabaci¨®n termin¨® luego de un gran sonido de choque. "Oh, por Dios... Krei..." dijo la sacerdotisa, fijando su mirada en Krei. "??Qu¨¦ ves, est¨²pida?! Es obvio que est¨¢ manipulada. ?Pi¨¦nsalo! ¨¦l no tiene acceso a esas grabaciones" grit¨® Krei, furioso, levant¨¢ndose de su asiento. Edgar se alej¨® del sacerdote, asustado por lo que acababa de escuchar. "?Claro que no est¨¢ manipulada, malnacido! Usted es la raz¨®n por la que el reino de Trownlian se hizo cenizas. No inform¨® nada en el ataque de Mayestad y, por odio a la raza de Darren, la misma raza que la de Louis..." Rei desapareci¨® toda la simulaci¨®n que hizo con su magia. "?T¨²...! ?Desgraciado, pedazo de basura! ?C¨®mo te atreves!" Krief comenz¨® a irradiar un aura blanca y todos los l¨ªderes se levantaron de sus sillas. "?Llamen a los paladines que se encuentren aqu¨ª! ?E informen esto al l¨ªder supremo!" mencion¨® el l¨ªder de la m¨¢scara blanca. "Por culpa suya, ?todo mi reino...! ?Toda mi familia...! ?Mis amigos!" Rei presion¨® con fuerza su bolso. Su mirada estaba llena de furia y de sus ojos cayeron algunas l¨¢grimas. "?Est¨¢n muertos!". El sacerdote cre¨® una gran onda expansiva que destruy¨® las ventanas, agriet¨® las paredes y empuj¨® a todos los l¨ªderes, haciendo que cayeran al suelo. Destroz¨® gran parte de la mesa en la que estaba y, con su mano derecha, dispar¨® una esfera blanca a Rei. Rei la detuvo extendiendo ambas manos y usando su magia verde, tratando de evitar que esta explotara, cubri¨¦ndola con un escudo. "??Crees que puedes venir aqu¨ª y acusarme?! ?Yo soy Autoridad! ?YO SOY TODO!" Expres¨® Krief con furia, comenzando a levitar y a acercarse a Rei con su mano derecha extendida, mientras continuaba creando varias ondas expansivas. "?Edgar, haz algo!" Grit¨® la sacerdotisa, quien se levant¨® y se mantuvo detr¨¢s de la mesa, la cual comenzaba a agrietarse demasiado. Ella extendi¨® su mano y una magia escarchada sali¨® de ella, cubriendo a Edgar y llen¨¢ndolo de una escarcha negra, roja y verde. "Magia de tierra... ?Encarcelamiento total!" Una gran cantidad de tierra cubri¨® a Krief, pero toda esta fue expulsada a gran velocidad, chocando con las paredes y las mesas. "?Demonios!" "Jajajaja, ?Mira! ?El gran poder que poseo! ?No hay nadie como yo! ?Abominaci¨®n de la humanidad, desaparece... DE ESTE MUNDO!" Grit¨® Krief. Su rostro estaba con una gran sonrisa y varias grietas blancas que se iluminaban aparecieron en su rostro. La esfera blanca se hizo m¨¢s grande. Rei cre¨® varios escudos para evitar que los l¨ªderes, la sacerdotisa y Edgar salieran heridos. Incluso el mismo suelo y el techo de la sala fueron cubiertos por esa capa verde. "?No servir¨¢!" De pronto, la puerta fue derribada y apareci¨® Pol. "??Qu¨¦ est¨¢ pasando?!" Dijo Pol, sorprendido al ver lo que ocurr¨ªa, cubri¨¦ndose con su brazo izquierdo de las ondas expansivas. "?Pol... Demuestra que tu reino s¨ª es apto! ?Mata a este asqueroso ser, redime a tu raza!" Grit¨® el sacerdote de manera s¨¢dica, con su mirada fija en Pol. Pol frunci¨® el ce?o y levant¨® su mano derecha, la cual emiti¨® una aura rosa y blanca. En un instante, de su arma sali¨® una esfera de energ¨ªa que, al impactar con Krief, lo lanz¨® con fuerza contra el muro. La esfera se convirti¨® en un aro que lo inmoviliz¨®, clav¨¢ndolo al muro. Pol dio un gran salto hacia ¨¦l y le dio una patada en el est¨®mago. El golpe fue tan brutal que Krief escupi¨® mucha sangre antes de atravesar toda la pared. Luego, Rei puso un escudo para que Pol no recibiera la explosi¨®n. "?Maldici¨®n, Rei! ?El l¨ªder supremo, d¨®nde est¨¢?" Pregunt¨® Pol al no verlo por ninguna parte, mientras ataba a Krief con su magia. "?Est¨¢ en una reuni¨®n con los paladines asignados en la grieta del mundo, pero se supone que estar¨ªa aqu¨ª antes del veredicto!" Respondi¨® la sacerdotisa, quien se miraba muy preocupada por Rei. Sus manos temblaban igual que su voz. "?Rei! ?Al¨¦jate de esa cosa!" "?Todo estar¨¢ bien! ?Gracias!" Dijo Rei con una ligera sonrisa. Luego, hizo que los escudos verdes alrededor de todos se volvieran m¨¢s gruesos, haciendo que no se pudiera ver nada a trav¨¦s de ellos. "?Rei!" Grit¨® la sacerdotisa, extendiendo su mano cubierta de una magia escarchada de varios colores, antes de que su escudo no la dejara ver nada. Una aura escarchada de color verde rode¨® a Rei y todos los escudos se llenaron de esa misma escarcha, incluyendo la que deten¨ªa la esfera de magia blanca. Rei puso una gran cantidad de magia verde escarchada alrededor de la esfera de magia blanca y alrededor de ¨¦l. Luego, dej¨® de extender sus manos, cubri¨¦ndose con ellas el rostro y saltando hacia atr¨¢s. Una gran explosi¨®n despedaz¨® la entrada a la sala, y Rei sali¨® volando a toda velocidad, atravesando las paredes del lugar y chocando contra una de las monta?as que cubr¨ªan el valle. De la gran biblioteca salieron Gladys, Rhorn y otras personas sorprendidas por la explosi¨®n. "?Es Rei! ?Qu¨¦ pas¨®?" Mencion¨® Rhorn al verlo a lo lejos. Gladys se subi¨® a su espalda y este corri¨® a gran velocidad hacia Rei en cuatro patas. En la sala de reuniones de la iglesia, todos los escudos estaban muy agrietados y comenzaron a desaparecer, dej¨¢ndolos a todos salir de la sala. "?Rei! ??D¨®nde est¨¢s!?" dijo la sacerdotisa, busc¨¢ndolo por todas partes, para darse cuenta de que Rei sali¨® volando del edificio. "No puede ser... ?Dime que est¨¢ bien!" La sacerdotisa corri¨® por la sala para salir del edificio con Pol a su lado. Todos los l¨ªderes comenzaron a salir con dificultad de la sala, muy consternados por lo ocurrido. "Jajaja... ''suspiro'' te gan¨¦, anciano... Te gan¨¦" dijo Rei viendo el cielo, incrustado en la monta?a. Sac¨® una insignia de su bolso que ten¨ªa la letra "T". "Tal vez con esto mi reino, mi familia y mis amigos... me perdonen por no haber estado ah¨ª. Adem¨¢s... creo que cumpl¨ª con lo que te dije, Elio... Tu hijo estar¨¢ bien, es demasiado exigente consigo mismo, pero estar¨¢ bien... ¨¦l aprender¨¢, pero tendr¨¢ que sufrir la realidad de este mundo" Rei se levant¨® con dificultad y se lanz¨® de la monta?a. Iba en picada, pero con su magia logr¨® detenerse antes de tocar el suelo. "?Rei! ?Est¨¢s bien? ?Qu¨¦ pas¨®?" pregunt¨® Gladys, baj¨¢ndose de Rhorn para que ¨¦l se pudiera parar en dos patas. "Ya sab¨ªa que causar¨ªas problemas. ?Ahora qu¨¦ hiciste?" agreg¨® Rhorn, cruzando sus brazos y dando un suspiro de molestia. "Todo est¨¢ bien... No se preocupen, ahora s¨ª podremos seguir sin ning¨²n obst¨¢culo" Rei trat¨® de hacerse el fuerte, pero su cuerpo se desplom¨®, y Rhorn y Gladys trataron de ayudarlo para regresar a la iglesia. "??Qu¨¦ fue lo que pas¨® aqu¨ª!?" pregunt¨® un hombre con una voz grave, modesta y tranquila, pero un poco alterada por la situaci¨®n. Usaba una capucha blanca con varias l¨ªneas doradas. Parec¨ªa que no ten¨ªa rostro, pues lo ¨²nico que se ve¨ªa era un aura blanca. Sus manos eran transparentes, pero con una ligera luz blanca que permit¨ªa distinguirlas. Llevaba una armadura de Gyverna dorada y estaba bajando de un carruaje blanco que llegaba al lugar volando. "L¨ªder supremo... Digamos que revel¨¦ algo que le hubiera interesado mucho. Oye, tu melena pica un poco" respondi¨® Rei con sus brazos entre los cuellos de Gladys y Rhorn. "Eres un malagradecido" coment¨® Rhorn, mir¨¢ndolo con enojo. "?Rei...! Ya volvi¨®" grit¨® la sacerdotisa, corriendo junto a Pol hacia ellos. Al ver al l¨ªder supremo, tuvo un suspiro de sorpresa. "Sacerdotisa, expl¨ªqueme qu¨¦ pas¨®, por favor" dijo el l¨ªder supremo, acerc¨¢ndose a la sacerdotisa antes de que ella llegara con Rei. Pol agach¨® la cabeza y luego se acerc¨® a Rei. "S¨ª, se?or..." respondi¨® la sacerdotisa, observando a Rei preocupada, pero m¨¢s aliviada al verlo hablar y de pie con los dem¨¢s a su lado. Luego de toda la conmoci¨®n, todos los l¨ªderes, la sacerdotisa y el l¨ªder supremo se reunieron en otra sala, ubicada en el cuarto piso. Estaba totalmente cerrada, con una gran mesa redonda de madera blanca para unas 16 personas. En el techo hab¨ªa un gran candelabro de cristal, y el suelo ten¨ªa una alfombra blanca. La ¨²nica puerta en la sala era de madera de color caf¨¦ oscuro, bastante grande, y arriba de ella hab¨ªa un gran cuadro con la imagen de una persona. "Veo que ninguno tiene palabras para lo que ocurri¨®... El sacerdote Krief ten¨ªa muchos secretos que... La verdad, no quiero siquiera hablar de eso. Simplemente, este hombre ser¨¢ puesto en completo confinamiento m¨¢gico. Necesitamos recomendaciones para el siguiente sacerdote, quiero saber a qui¨¦n tienen en mente" mencion¨® el l¨ªder supremo con mucha decepci¨®n. Ninguno de los l¨ªderes, ni siquiera la sacerdotisa, mencionaron una palabra. Estaban totalmente desconcertados. "Definitivamente, esto ser¨¢ un tema muy delicado. Deber¨¢ mantenerse en completo secreto". "Sugiero al exorcista Yang Angel como nuevo sacerdote... El hijo de Guelmy Angel y quien me entreg¨® el registro de su padre" mencion¨® Rei, entrando por la puerta con dificultad para respirar y apoy¨¢ndose en la puerta para no caer al suelo. Todos pusieron su mirada en ¨¦l al escuchar su voz. "Palad¨ªn Rei... Deber¨ªa estar descansando. Recibi¨® la explosi¨®n de una carga de magia blanca" dijo el l¨ªder supremo, juntando sus manos. "?V¨¢monos, Rei!" murmur¨® Gladys, quien lleg¨® a buscarlo. "Espera... Deben considerarlo. Ese chico es muy apto... Dir¨ªa que es m¨¢s maduro que yo teniendo 20 a?os de edad... ?Se los aseguro!" a?adi¨® Rei. Gladys se lo llev¨® luego de ver c¨®mo el l¨ªder supremo le se?al¨® que se lo llevara. "Bien... Quiero escuchar nombres. ?Alguna sugerencia, sacerdotisa?" dijo el l¨ªder supremo, y todos fijaron su mirada en ella. "Yo... creo que Yang Angel es un buen candidato. Posee magia blanca tambi¨¦n y la ha practicado much¨ªsimo, adem¨¢s de que tiene un sentido de la responsabilidad incre¨ªble y... Rei tiene raz¨®n, su madurez es maravillosa" la sacerdotisa trat¨® de ser muy clara. Estaba un poco nerviosa debido a que ten¨ªa la mirada de todos en ella. "Hmm... Sacerdotisa, d¨ªgame que no lo recomienda solo porque su novio lo recomend¨®" expres¨® el l¨ªder supremo con sarcasmo. "??Qu¨¦!? ?No es mi novio! ?¨¦l es muy viejo para m¨ª! Y..." la sacerdotisa se puso m¨¢s nerviosa y sus cachetes se ruborizaron mucho. "Jajajaja, calma, era broma. Yo tambi¨¦n escuch¨¦ de este chico llamado Yang... Nos beneficia mucho tener un jefe con magia blanca... Bueno, ?qu¨¦ dicen ustedes? ?No tienen otra sugerencia?" el l¨ªder supremo se recost¨® en su silla y estir¨® los brazos. "Me parece correcto lo que dice, se?or. Que uno de los tres jefes de la iglesia tenga magia blanca es muy adecuado" mencion¨® el l¨ªder de la m¨¢scara blanca. "Opino lo mismo, pero hay que hacerle pruebas. Cada l¨ªder, incluyendo a los jefes, deber¨ªa hacer una prueba para ver si es apto" mencion¨® una l¨ªder mujer de avanzada edad. Usaba lentes redondos, su cabello blanco estaba enrollado como una pelota y llevaba una pulsera dorada en su mano izquierda. "?Muy buena idea, abuelita! Digo... l¨ªder Yamile" el l¨ªder supremo se escuchaba muy contento. Luego de decir "abuelita", se aclar¨® la garganta y continu¨®. "Ahora... hablemos de Louis A. Keeper... ?Creen que no ocasionar¨¢ problemas? ?Ser¨¢ buena idea darle una oportunidad?". "Se?or... Me parece que este chico es muy capaz, lo he seguido mucho despu¨¦s de que nos enter¨¢ramos de su raza. Ha tenido algunos logros en el reino de Ystir y se mantiene correcto hoy en d¨ªa como repartidor, adem¨¢s de que recib¨ª recomendaciones de Reck Mortz y Mei Teews; palad¨ªn y expaladina de Ystir", mencion¨® el l¨ªder de cabello largo y amarillo. "Despu¨¦s de lo que escuchamos sobre Darren, creo que podr¨ªamos darle una oportunidad, pues Darren era de su misma raza y tambi¨¦n me puse a ver por curiosidad antes de esta reuni¨®n y Darren es abuelo de Louis, se?or... Creo que se lo debemos", mencion¨® un l¨ªder que cubr¨ªa todo su rostro con una m¨¢scara blanca de tela, usaba guantes blancos y un sombrero blanco con una cinta de color negro. "No lo s¨¦... Yo no estoy muy seguro, ?qu¨¦ haremos si ocurre algo debido a su magia?", mencion¨® el l¨ªder de la m¨¢scara blanca. "No pasar¨¢ nada, Rei dijo que su collar lo manten¨ªa bajo control, es magia celeste, no es cualquier cosa", mencion¨® el l¨ªder del gorro blanco. El l¨ªder supremo sac¨® una tableta hologr¨¢fica de en medio de la mesa y comenz¨® a leer sobre lo que se habl¨® en el juicio con m¨¢s detalle. "Magia celeste, eh... Uy, un desastre m¨¢gico... Bueno, ?podr¨ªamos intentarlo! Creo que el chico no la ha tenido para nada f¨¢cil... pero tendremos nuestras precauciones. Pongan a unos agentes con magia de agua y hielo a vigilarlo por un mes e informen al palad¨ªn Reck Mortz que se mantenga preparado con muchos dispositivos, objetos de hielo y agua, recomendable el alocuar o podr¨ªan prestarle el objeto legendario mariorich. Adem¨¢s, quiero que hagan esas pruebas a Yang bastante r¨¢pido y claro, tenemos que ver si acepta. Por otra parte, recib¨ª una carta ilegal de Reck que dec¨ªa que el conde Jens est¨¢ rob¨¢ndole al reino. Si Krief era una basura total, necesito que Yang empiece a trabajar muy duro para solucionar los problemas que haya causado este hombre... Maldici¨®n, parece que s¨ª era una basura, por lo que veo Alahead no ha recibido ning¨²n beneficio, hay que apresurarse. ?Vamos!", dijo el l¨ªder supremo dando algunas vueltas en su silla mientras segu¨ªa leyendo la tableta a gran velocidad y comprobando algunas cosas. Al final se detuvo, se levant¨® de esta y golpe¨® la mesa levemente para que todos fueran a trabajar. Los l¨ªderes y la sacerdotisa se levantaron y salieron por la puerta uno a uno. "Sacerdotisa... Mant¨¦ngase atenta con el chico y tambi¨¦n... Haga cambios en el correo para que las cartas que vienen de cada reino... no sean tomadas a la ligera", mencion¨® el l¨ªder supremo con seriedad, antes de que la sacerdotisa saliera de la sala, y se sent¨® nuevamente en su silla. "Otra cosa... ?A m¨ª me parece que Rei y usted hacen buena pareja!" Al mencionar esto, la sacerdotisa se puso roja y lanz¨® de sus manos una gran cantidad de magia de escarcha que cubri¨® toda la sala. Todo era brillante all¨ª, incluyendo al l¨ªder supremo, quien brillaba de un color blanco y amarillo. Luego la sacerdotisa sali¨® de la sala un poco molesta, pero luego sonri¨® mientras segu¨ªa ruborizada. "Awww... El amor es tan hermoso... Hola, ?podr¨ªan venir a limpiar la sala de reuniones del cuarto piso?... Gracias", mencion¨® el l¨ªder supremo levant¨¢ndose de su silla y sacando un comunicador de su bolsillo. *Reino de Ystir - Agencia PT - Sala de Espera* "No se mueva, por favor...", mencion¨® la chica de cabello rosa mientras arreglaba a Louis. La sala estaba con un gran cuadro amarillo detr¨¢s de Louis. Este estaba sentado en una silla y frente a ¨¦l estaba una c¨¢mara hologr¨¢fica profesional. "Lo lamento mucho... Pens¨¦ que ser¨ªa buena idea, as¨ª ustedes hubieran recuperado su puesto de palad¨ªn al quitar a Jens del trono", mencion¨® Louis, tratando de no moverse mientras era arreglado. "No te preocupes, yo entend¨ª la situaci¨®n porque lo conozco, pero t¨² no... ¨¦l vino solo, sin ning¨²n palad¨ªn, para que no hubiera testigos... ¨¦l iba a matarte", dijo Mei con preocupaci¨®n, desviando su mirada a un lado. "?Quieres salir con esa gabardina?" pregunt¨® la chica de cabello rosa luego de terminar de arreglar a Louis. "S¨ª, claro. Pero... ahora, ?c¨®mo quitar¨¢ a Jens del trono?" pregunt¨® Louis con algunas dudas en su cabeza. " ''Suspiro'' El sacerdote es el encargado de este reino, pero... La ¨²nica opci¨®n es la sacerdotisa, el problema es que no s¨¦ c¨®mo contactarla sin que ¨¦l se d¨¦ cuenta... Bueno, algo se me ocurrir¨¢. Lo importante ahora es que hagas este v¨ªdeo con Amy", respondi¨® Mei abriendo la puerta para salir de la sala. "Bueno, los dejo, y... s¨¦ t¨² mismo, Louis". Luego de estas palabras, Mei sali¨® de la sala y de pronto un sonido sali¨® de un bolsillo de su pantal¨®n. "Hola, ?pas¨® algo?... Qu¨¦... Muy bien, preparar¨¦ todo." Mei contest¨® la llamada y de una ligera sorpresa, sali¨® una sonrisa, para luego colgar y tener un suspiro de alivio. "Muy bien, palad¨ªn Louis... ?Ahora!" dijo Amy prepar¨¢ndose para comenzar la grabaci¨®n. Luego de un gran suspiro lleno de decisi¨®n, Louis comenz¨® con sus palabras con una ligera sonrisa en sus labios: "Hola a todos... Disculpen por el miedo o incomodidad que les cause... Soy Louis A. Keeper... Soy un palad¨ªn del reino de Alahead... Y soy un humano mitad demonio...". Fin del cap¨ªtulo La llegada del cambio #15 De grandes y maravillosas nubes blancas bajamos de este cielo inconfundible para ver... este mundo que antes fue otro. "?Ah! Las tierras de Lyran... Un lugar fascinante y lleno de vida, muchas vidas de hecho, ?incontables especies y razas! Aunque muchas cosas a¨²n no han sido descubiertas... Mi nombre es Joap, encargado del observatorio m¨¢gico, ?un gusto en conocerlos! Y espero disfruten mi directo", mencion¨® una voz aguda y anciana, con un tono ligeramente tembloroso, sabio y emocional. "En este mundo hay criaturas muy extra?as, algunas legendarias, otras peligrosas, como los fantasmas, los yorkens y demonios... ''suspiro'' los demonios... Seres muy malvados y raros. En la Edad Oscura se necesit¨® una cantidad gigante de exorcistas para desaparecer a la mayor¨ªa. Aunque, de todos esos exorcistas, hubo uno en particular que llam¨® mi atenci¨®n, llamado Velo Jim. Se dice que ten¨ªa una familia y decidi¨® volverse exorcista para protegerla, aunque nunca dej¨® que le tomaran una sola foto de su rostro... Pero bueno, eso fue hace 120 a?os. Espero no estarte aburriendo con todo lo que digo... A los cient¨ªficos como yo nos gusta mucho hablar... Igualmente, lo siento... Ahora les contar¨¦ sobre los ?paladines! Incre¨ªbles personas con un nivel de magia y fuerza alt¨ªsimos, ?son muy importantes! Atrapan a los criminales, detienen cat¨¢strofes, enfrentan a seres como los que te cont¨¦, que aparecen para destruir la paz, y mantienen el orden en la Grieta del Mundo y en la entrada de Sisifelia. Algunos paladines se mantienen solos, a otros les cuesta tener una familia, algunos no pueden tenerla y, claro, otros la pierden... Hace poco conoc¨ª a una paladina de ese reino de baja tecnolog¨ªa, se llamaba Lin, la madre del chico con magia de lava. ?Esa mujer tiene magia de luz! Incre¨ªble, ?cierto? Me pregunto qu¨¦ estar¨¢ haciendo ahora mismo" Luego de estas ¨²ltimas palabras, pasamos por varias nubes en lo alto del cielo para luego bajar a gran velocidad hasta llegar al reino de Ystir. Una mujer de ojos rojos y cabello amarillo estaba llegando al reino por la puerta del sur, en un carruaje como los de Ystir, manejado por un hombre de traje negro. "Me pregunto d¨®nde estar¨¢s, Louis...", pens¨® mientras analizaba con detenimiento el reino y a las personas en ¨¦l. *Agencia PT* "?Vamos, se?ores! Quiero todas las cosas en completo orden", expres¨® Mei con firmeza mientras cargaba una caja en sus manos. Adem¨¢s, Clara flotaba en su hombro derecho. La agencia estaba en mucho movimiento, todos los cient¨ªficos y otras personas estaban preparando muchas cosas. Adem¨¢s, se pod¨ªa ver a Xitlari cargar la c¨¢psula con el quiritanidas. Acerc¨¢ndose Ann con emoci¨®n a Mei, dijo: "?Finalmente volveremos a ser paladines!". Luego, Clara se puso frente al rostro de Ann, haci¨¦ndola sonre¨ªr. Clara parec¨ªa muy emocionada, dando vueltas. "Eso deseo tambi¨¦n... Esperemos que este nuevo sacerdote no sea como el anterior. Ponla afuera con las dem¨¢s, por favor", coment¨® Mei, dejando que Ann llevara la caja con su magia de viento amarillo. "S¨ª, no te preocupes". Ann se dirigi¨® a la salida, mientras que Mei regres¨® a su oficina. "?Est¨¢n listos?", pregunt¨® Mei al entrar a la oficina. Mern y Mark se encontraban prepar¨¢ndose. Kassie estaba sentada en el sof¨¢ con la mirada al suelo; vest¨ªa una camisa blanca de cuello alto con botones en la parte del cuello y, encima, un chaleco negro, adem¨¢s de llevar hombreras y guantes de plata. "?Siempre estoy listo!", respondi¨® Mern, parando su calentamiento. "?Igualmente!", agreg¨® Mark, levant¨¢ndose del suelo y poniendo su mano derecha en su frente. "?Kassie? ?Pasa algo?", dijo Mei al verla un poco deca¨ªda y nerviosa. "?En serio cree que yo sea buena para esta misi¨®n? Xitlari ser¨ªa de m¨¢s ayuda... o Louis", respondi¨® Kassie con preocupaci¨®n, mientras mov¨ªa sus manos con nervios. "Louis es un testigo y Xitlari no es buena peleando en lugares cerrados. T¨² eres perfecta por si empieza a derrumbarse ese lugar, gracias a tu magia de agua y hielo", mencion¨® Mei, tratando de convencerla y sent¨¢ndose a su lado. "Pero... me da pena que me vean en mi otra forma", susurr¨® Kassie en el o¨ªdo de Mei. "No te preocupes, solo usa magia de hielo", respondi¨® Mei con comprensi¨®n, tocando su cabeza. "?Y si la riego? Yo no soy una paladina como ustedes". "No lo har¨¢s, ya ver¨¢s. ?S¨¦ m¨¢s positiva! T¨² has exorcizado muchos seres malignos", Mei se levant¨® del sof¨¢ y tom¨® su cimitarra, la cual estaba en su escritorio. "?Esto ser¨¢ pan comido!" Agreg¨® con una ligera sonrisa. Afuera, frente a la agencia, se encontraban tres autos (uno plateado y dos negros) con muchas cajas de cart¨®n apiladas, las cuales parec¨ªan tener solo papeles dentro de ellas. Algunos de los investigadores las acomodaban perfectamente. Adem¨¢s, se ve¨ªa a Xitlari metiendo la c¨¢psula con el quiritanidas en los asientos de atr¨¢s del auto negro. Luego, una mujer de lentes y cabello negro con un mo?o lanz¨® un cubo encima de las cajas y, en pocos segundos, el cubo cubri¨® todas las cajas con un material de color morado. "?Perfecto, muchas gracias por su gran trabajo!", mencion¨® Mei, saliendo de la agencia con Mern y Kassie detr¨¢s de ella. Kassie todav¨ªa parec¨ªa un poco insegura. "Ahora va esto...". Mei lanz¨® un peque?o frasco lleno de un l¨ªquido celeste que, al romperse encima del cubo, lo volvi¨® muy peque?o. "Aqu¨ª tiene, Mei", mencion¨® la mujer del cabello negro con un mo?o, entreg¨¢ndole un control y el cubo. "Te agradezco mucho por todo lo que ha hecho tu equipo, Nila", expres¨® con su voz dulce, tomando el control y d¨¢ndole un abrazo a la mujer. "Gracias a ti por elegirnos, y espero nos elijas otra vez", coment¨® Nila, respondiendo al abrazo. "Cuenta con eso. ?Amigos! Agradezco mucho toda la cooperaci¨®n, esperemos que todo este esfuerzo valga la pena. Ahora, en mi auto ir¨¢n Louis, Xitlari, Mari y yo. En el segundo auto ir¨¢n Ririam y Ann, llevando la c¨¢psula del quiritanidas con ellos. Y en el ¨²ltimo auto ir¨¢n Mern, Mark, Kassie y Marti", mencion¨® Mei, mientras todos escuchaban con atenci¨®n y Louis sal¨ªa de la agencia, ayudando a Mari a bajar las escaleras de la entrada. "Recuerden no ponerse nerviosos. Nosotros tenemos la verdad... ?Adelante!" Con su ¨²ltima palabra, todos subieron a los autos, prepar¨¢ndose para ir hacia el palacio. "Canbel... te lo encargo", mencion¨® Mei antes de subir a su auto. "?S¨ª, jefa!", respondi¨® Canbel con determinaci¨®n. Luego, todos se marcharon en los autos, quedando los investigadores, Nila y Canbel observando su partida. En la puerta del oeste, estaba llegando un carruaje blanco con orillas doradas y ruedas de plata, con un cristal rojo en medio de cada una. Este carruaje era igual al que us¨® el sacerdote Krief cuando lleg¨® a buscar a Louis. Dentro del carruaje estaban cuatro l¨ªderes: la palad¨ªna Gladys Maxxui, Edgar y el nuevo sacerdote... Yang Angel, quien vest¨ªa una t¨²nica larga y amplia de color blanco. Adem¨¢s, sobre esta prenda llevaba una capa o kimono negro con l¨ªneas doradas. Sus ojos eran azules intensos y su cabello era largo, blanco y ondulado, cayendo en mechones sueltos a los lados de su rostro. Usaba un collar dorado con forma de infinito y cuentas doradas en su cuello, tambi¨¦n un anillo de plata en su dedo medio. Adem¨¢s, llevaba una estola blanca con detalles dorados en las mangas y hombros. "?Creen que podamos ver al chico ese tambi¨¦n? Me gustar¨ªa conocerlo en persona", coment¨® Yang con una voz tranquila y moderada, con un tono despreocupado. "Si quieres, podemos buscarlo luego de la reuni¨®n", respondi¨® la l¨ªder de avanzada edad, con su voz tranquila y dulce. "Seguramente est¨¦ con Mei, ella dio su recomendaci¨®n despu¨¦s de todo", agreg¨® el l¨ªder del largo cabello amarillo con una voz confiada que parec¨ªa contener su emoci¨®n. "Me sentir¨¦ un poco inc¨®modo si est¨¢ ¨¦l", pens¨® Edgar mientras Yang segu¨ªa hablando con los l¨ªderes. "A m¨ª tambi¨¦n me da curiosidad conocerlo. Espero sea la clase de persona que Rei me describi¨®", dijo Gladys con su c¨¢lida, profunda y resonante voz. "Adem¨¢s... ?ser¨¢ que Rei s¨ª sabe entrenar? Quiero verlo yo misma", pens¨® con una sonrisa mientras miraba por la ventana a la gente caminando por la acera. *Afueras del Palacio del Rey* Los tres autos hab¨ªan llegado al palacio. En la entrada estaban dos caballeros que abrieron la puerta sin rechistar al ver a Mei en el auto. Los tres autos entraron y fueron estacionados en una parte donde estaban varias l¨ªneas doradas que ten¨ªan dibujados varios objetos tecnol¨®gicos. El frente del palacio ten¨ªa una gran puerta de madera con m¨¢s adornos tecnol¨®gicos. A la izquierda y derecha de la puerta hab¨ªa varios ¨¢rboles largos y peque?os. El color del castillo era verde lim¨®n y hab¨ªa varias cornisas de color azul gris¨¢ceo. Hab¨ªa ventanas peque?as y grandes. En lo m¨¢s alto, en medio del palacio, estaba un gran c¨ªrculo cubierto con una tapa met¨¢lica con la letra "Y" en grande. Reck estaba cruzado de brazos con su armadura completa y ten¨ªa una gran espada a su lado. Esta era de color negro con una esmeralda en forma de pent¨¢gono incrustada antes de llegar al mango. ¨¦l estaba esperando al lado de uno de los ¨¢rboles que estaban cerca de la puerta y, cuando los vio llegar, corri¨® hacia ellos, tomando su espada. "?Sigue dormido?", pregunt¨® Mei al bajar del auto, mientras los dem¨¢s bajaban tambi¨¦n. "Claro, hay que aprovechar que Rays est¨¢ durmiendo tambi¨¦n. Parece que no ha dormido bien ¨²ltimamente, tiene grandes ojeras. No tengo idea de lo que le pasa", respondi¨® Reck con una expresi¨®n seria, poniendo el filo de su espada en el suelo. "?No has visto a Susana?", agreg¨® Mei, sospechando de lo que pas¨®. "?Qui¨¦n es Susana?", Reck frunci¨® el ce?o, totalmente confuso por la pregunta. "Acaso...", pens¨®. "No importa, ya hablaremos con ¨¦l. Kassie... T¨² puedes hacerlo, no tengas miedo". Mei se acerc¨® a Kassie y puso ambas manos sobre sus hombros, sonri¨¦ndole con dulzura. "S¨ª, har¨¦ lo mejor que pueda", exclam¨® Kassie, asom¨¢ndose y logrando esbozar una sonrisa. "Bien... S¨ªganme, es hora de acabar con esto", dijo Mei dirigi¨¦ndose a la puerta del palacio. Todos la siguieron, excepto por Reck, Mern, Mark y Kassie. "Hay que encontrar el oro antes de que la reuni¨®n termine... Y por lo que veo, ya lleg¨® el nuevo sacerdote. ?R¨¢pido, vengan!", mencion¨® Reck rodeando el palacio luego de ver el auto de la iglesia, mientras Mern, Mark y Kassie lo segu¨ªan. *Habitaci¨®n del Rey* Jens estaba en la cama roncando, con un poco de baba en su boca. De pronto, con un gran golpe, la puerta se abri¨® y choc¨® con la pared. Apareci¨® Rays agitado y, apenas vio a Jens en cama, frunci¨® el ce?o y presion¨® sus manos y dientes. Se acerc¨® a Jens, lo tom¨® de su camisa y lo movi¨® de un lado a otro para despertarlo. "?Despierte, idiota! ?El nuevo sacerdote est¨¢ aqu¨ª, es urgente!". "?Eh, ?qu¨¦?! ??C¨®mo que est¨¢ aqu¨ª?! ?No informaron nada! ?Y deja de sacudirme!", dijo Jens, sorprendido y alterado al escuchar a Rays, mientras lo segu¨ªa moviendo de un lado a otro. "?Prep¨¢rese! Puede que Mei est¨¦ involucrada en esto" Rays par¨® de sacudir a Jens y lo apunt¨® con su dedo para luego salir de la habitaci¨®n. "?Maldici¨®n! ?Caballeros! ?Caballeros?...", grit¨® Jens, pero nadie lleg¨®... Y tuvo que buscar su ropa ¨¦l mismo y vestirse para la reuni¨®n. Luego se dirigi¨® a la sala de reuniones mientras se acomodaba su camisa. "Desgraciados... Les quitar¨¦ el rango a todos ellos cuando termine esto" Al entrar a la sala de reuniones por una puerta doble, todos pusieron su mirada en ¨¦l. Debido a esto, se qued¨® totalmente inm¨®vil. Esta sala era muy espaciosa. Ten¨ªa dos puertas para entrar y salir, adem¨¢s de una gran mesa rectangular con un aparato hologr¨¢fico en medio. Las paredes eran de color rojo y, en la parte inferior, ten¨ªan un z¨®calo con boiserie marr¨®n. A la derecha de la mesa hab¨ªa seis ventanas largas con marcos blancos, y el techo era de color marr¨®n. La mesa ten¨ªa asientos para doce personas. Frente a Jens estaba el sacerdote Yang, los l¨ªderes y Gladys. Al otro extremo estaba Mei, sentada con Calara flotando en su hombro derecho. Los dem¨¢s estaban detr¨¢s de ella, al lado de la otra puerta de la sala (la cual tambi¨¦n era doble), y a la derecha de Mei estaba un chico que se sent¨® luego de ver al conde Jens llegar a la sala. Su cabello era azul oscuro, alborotado y con mechones desordenados. Adem¨¢s, ten¨ªa tres trenzas en la parte de atr¨¢s de su cabeza, y una de ellas estaba puesta entre su pecho. Usaba una capelina azul oscuro con ribetes dorados, adornada con una cadena dorada gruesa que cruzaba su torso, enganchada a broches met¨¢licos. En el cuello sal¨ªan dos solapas altas, tambi¨¦n con ribetes dorados. Bajo la capelina usaba una camisa celeste y azul. La manga del brazo derecho era celeste y la del izquierdo, azul. Bajo esta camisa ten¨ªa un chaleco negro de cuello alto con un bot¨®n de plata en el cuello. En la parte del abdomen, parec¨ªa tener los botones del chaleco al lado de donde est¨¢ su coraz¨®n en vez de en medio, y en la parte de la cintura, a su derecha, sal¨ªa una solapa. Tambi¨¦n ten¨ªa un cintur¨®n ornamentado y su pantal¨®n era azul oscuro. Adem¨¢s, una cadena sal¨ªa del cintur¨®n y terminaba en la parte trasera del mismo. En su mano derecha ten¨ªa un brazalete celeste con orillas azul oscuro, y en su mano izquierda llevaba un guante tecnol¨®gico azul plateado. "Conde Jens, tome asiento, por favor", mencion¨® el sacerdote, haciendo un gesto con su mano. "E... S¨ª... Claro, gracias", Jens tom¨® asiento en la gran mesa rectangular sin poder ver a nadie directamente. "Buenas tardes a todos", expres¨® Rays con seriedad luego de entrar a la sala y colocarse al lado de Jens, sin darle ninguna mirada a los dem¨¢s. "Qu¨¦ descarado...", susurr¨® Ririam, frunciendo el ce?o con una mirada seria. "Shh... No sabemos qu¨¦ le pas¨®", replic¨® Ann, haciendo un gesto de silencio con su dedo. "?Qu¨¦ podr¨ªa haberle pasado? Es un traidor" murmur¨® cubriendo su boca. Louis entr¨® a la sala con una silla, la cual coloc¨® cerca para que se sentara Mari. "?Es el!" Susurr¨® el l¨ªder del largo cabello amarillo con emoci¨®n levant¨¢ndose, pero siendo detenido al instante por La l¨ªder de avanzada edad, tom¨¢ndolo del brazo para que se sentar¨¢ nuevamente. "Espera a que termine esto, despu¨¦s puedes hablar con el". "Ese debe ser... Ojos de diferentes colores, cabello rojo y una gabardina azul. Je, esto ser¨¢ interesante", pens¨® Gladys mir¨¢ndolo de reojo. "Ya ten¨ªa ganas de conocerte... Luego de esto, tendremos una charla", pens¨® el sacerdote Yang, cerrando levemente sus ojos mientras observaba a Louis. Mientras tanto, en las afueras del palacio, Reck, Mern, Mark y Kassie hab¨ªan llegado al lugar indicado por Reck. Reck sac¨® un objeto de color p¨²rpura con forma rectangular y una bocina conectada. "Aqu¨ª es, activar¨¦ el silint y tu cava justo ah¨ª", mencion¨®, apuntando con su dedo el lugar. "Bien... Vamos, Mark". Mern toc¨® la espalda de Mark y ambos brazos de este se convirtieron en taladros. Reck activ¨® el objeto y una capa de color azul rode¨® una parte de la zona donde estaban. Luego, Mark comenz¨® a taladrar el suelo hasta llegar a un pasadizo con varias antorchas que iluminaban el lugar, el cual parec¨ªa medir 30 metros cuadrados. "Hmm... El lugar no parece tener mucho tiempo aqu¨ª. Adem¨¢s, hay marcos de madera y ra¨ªces en el techo que mantienen este lugar. Seguramente lo construy¨® Rays", mencion¨® Mark, bajando por el agujero. "Era de esperarse... Tengan cuidado con las ra¨ªces. No entiendo bien qu¨¦ pas¨® con ¨¦l, ha actuado muy extra?o desde que Jens se volvi¨® rey", coment¨® Reck, bajando por el agujero para luego mirar a su alrededor. "Es muy raro, ¨¦l no es as¨ª. ?Crees que lo est¨¦n chantajeando con algo?" a?adi¨® Mern luego de bajar por el agujero. Reck presion¨® y activ¨® el objeto nuevamente, cubriendo gran parte del pasadizo con la capa azul. "No importa, vamos por aqu¨ª". Comenz¨® a correr hacia el frente, luego Kassie baj¨® para seguirlo junto a Mern y Mark. De vuelta a la sala de reuniones, todos los l¨ªderes y el sacerdote estaban atentos a las palabras de Mei. "He solicitado esta reuni¨®n para la total destituci¨®n del conde Jens como rey. Este hombre parece haber hecho algo en este reino, pero no ha tra¨ªdo m¨¢s que problemas, entre ellos: p¨¦rdida de bienes, mala atenci¨®n a amenazas directas, nulo mantenimiento a las distintas zonas del reino, lo que ocasion¨® muertes, adem¨¢s de permitir que criminales y sediciosos se colaran en el reino". "?Eso no es cierto! El reino est¨¢ en buenas condiciones, he hecho un trabajo impecable. Lo que dice es una tonter¨ªa", grit¨® Jens, levant¨¢ndose y golpeando la mesa con ambas manos. "Sacerdote, no creo que deba creerle a esta mujer. Parece que se volvi¨® loca o algo as¨ª. Escuch¨¦ que dice que hay un..." A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. El conde Jens comenz¨® a susurrarle al sacerdote, tapando su boca y acerc¨¢ndose ligeramente desde la silla en la que estaba. "Conde Jens... Guarde silencio, no le dije que era su turno de hablar. Ahora tomar¨¦ eso como su defensa", contest¨® Yang, luego de retorcer los ojos ante las palabras de Jens. "Lo siento...", dijo sin m¨¢s, sent¨¢ndose nuevamente. De pronto, la puerta detr¨¢s de Mei se abri¨® y un hombre de traje blanco con una bandeja se acerc¨® a Mei. "Se?orita Mei... Aqu¨ª est¨¢ su caf¨¦ y su vaso con agua. Le dejo el az¨²car para que lo agregue a su gusto. ?Seguros que no desean nada? Tengo unos ricos pastelillos". "No, no se preocupe. Comiencen con los testimonios, por favor", respondi¨® Yang, moviendo su mano derecha para rechazar la oferta. "Espera, yo quiero..." a?adi¨® el conde Jens. Con una sonrisa en sus labios, el camarero dijo: "No le preguntaba a usted", para luego salir de la sala. Mientras tanto, Mei tomaba un sorbo de caf¨¦ y Jens ten¨ªa una expresi¨®n pasmada ante la respuesta del camarero. "Buenas... tardes. Un gusto conocerlos... ?a todos! Digo... Ehmm...", Louis fue el primero en dar su testimonio, pero, como ya le¨ªste, los nervios le ganaban. "Que pase otro mientras el palad¨ªn Louis se tranquiliza", mencion¨® el sacerdote Yang. Mei se levant¨® de la silla y se acerc¨® a Louis. "No, ¨¦l ser¨¢ el primero. Solo deme un momento... Debes calmarte, respira hondo y exhala. Es tu primera vez en esto, pero... ?t¨² puedes!", dijo, d¨¢ndole una cachetada en su ¨²ltima frase, lo que sorprendi¨® a todos. Ann y Mart¨ª cubrieron su boca para aguantar la risa. El m¨¢s sorprendido era Louis, quien frunci¨® el ce?o, abri¨® los ojos de par en par y puso su mano derecha en su mejilla. Luego, Mei tom¨® asiento nuevamente y le agreg¨® az¨²car a su caf¨¦. "Okay, una vez m¨¢s... Hola. Puede que ya me conozcan... Bueno, creo que s¨ª me conocen, es imposible que no lo hagan..." Ante las palabras de Louis, Ririam puso su mano en su rostro con decepci¨®n y Mart¨ª volte¨® a otro lado mientras se rascaba con el dedo ¨ªndice de su mano izquierda cerca de su ojo izquierdo. Ann parec¨ªa sentir l¨¢stima y Xitlari no tuvo ninguna reacci¨®n, pues entend¨ªa sus nervios, ya que ella tambi¨¦n los ten¨ªa. "Yo, desde que vine aqu¨ª, ehm... No, as¨ª no...". "?Qu¨¦ clase de testigo es este? No dice nada... Aunque mejor para m¨ª", pens¨® Jens con una ceja levantada. "La raz¨®n por la que vine... Mi maestro Rei me dijo que, para ser un buen palad¨ªn, ten¨ªa que ver el mundo, ten¨ªa que conocer c¨®mo era vivir... porque estar en mi reino... no era vida. Aqu¨ª aprend¨ª varias cosas y conoc¨ª a personas incre¨ªbles. Sent¨ª nuevas emociones y logr¨¦ cambiar y hacerme m¨¢s fuerte" Las palabras de Louis estaban llenas de sentimientos, adem¨¢s de que su voz sonaba c¨¢lida y sincera. "Durante mis primeros d¨ªas, pele¨¦ contra los hermanos Schulz, un hombre lobo, hombres de la niebla blanca, el mism¨ªsimo Yeynos y su hija. Jeh, otra vez contra los hermanos Schulz, luego de que escaparan de la prisi¨®n. ?Oh! Y yo ayud¨¦ tambi¨¦n a atrapar a varios prisioneros cuando... pas¨® la explosi¨®n en la prisi¨®n del reino. Luego me un¨ª a la se?orita Mei, aunque ya la hab¨ªa conocido antes... Peleamos contra el hijo de Yeynos... ¨¦l pose¨ªa una magia muy extra?a, aparte de tener magia de creaci¨®n, magia de ilusi¨®n y magia blanca". Al finalizar sus palabras, todos tuvieron una reacci¨®n de sorpresa, en especial el sacerdote Yang. "?Est¨¢s seguro... de lo que dices? ?Ten¨ªa magia blanca?" pregunt¨® el sacerdote Yang con una expresi¨®n seria y atenta. "S¨ª, se?or. Tambi¨¦n estuve presente en el intento de robo en el banco del reino y en la captura de una criatura en la zona de agua en el centro de la ciudad. Bajo mi palabra, le aseguro que la se?orita Mei est¨¢ en lo correcto aqu¨ª", respondi¨® Louis, tomando una actitud totalmente seria. La l¨ªder de avanzada edad "Yamile" comenz¨® a decirle cosas solo al sacerdote Yang. Jens volte¨® a ver a Rays, quien segu¨ªa de pie a su izquierda, y murmur¨®: "?Criatura? ?De qu¨¦ criatura habla?". "No tengo idea. Tal vez debi¨® estar m¨¢s atento a lo que pasaba en el reino", dijo Rays sin ninguna emoci¨®n en su rostro. Jens puso su mirada en Mei por un momento y esta le dio una leve sonrisa. "Desgraciada..." pens¨® Jens, tratando de que no le afectara la burla. "Esto no es cualquier asunto. El sacerdote Krief hizo muy malas elecciones aqu¨ª. No importa lo que tarde, tenemos que saber qu¨¦ es lo que saben. Por mucho que ¨¦l sea un palad¨ªn principiante con muchos ojos encima y los otros expaladines, su testimonio cuenta totalmente", susurr¨® la l¨ªder Yamile al o¨ªdo del sacerdote Yang. "Bien... ?Que pase el siguiente!" mencion¨® el sacerdote Yang luego de procesar las palabras de la l¨ªder Yamile. Luego de que Louis retrocediera, Ann dio un paso al frente y, con una ligera sonrisa de agradecimiento, comenz¨® su testimonio. "Agradezco mucho la atenci¨®n... Yo confirmo en su totalidad todo lo dicho anteriormente por el palad¨ªn Louis. El hijo de Yeynos, quien parece llamarse Tai, posee magia blanca. Lo s¨¦ porque yo salv¨¦ a ¨¦l y a Kassie Matther, quien le ayud¨® en la pelea". "Kassie Matther... Escuch¨¦ de ella. Es una exorcista con un buen n¨²mero... Y d¨ªgame, ?d¨®nde est¨¢ ella?" coment¨® el sacerdote Yang. "Ella... se presentar¨¢ pronto. Ahora mismo est¨¢... en una misi¨®n", respondi¨® Ann, pensando bien su respuesta. "Bien... Contin¨²e". Mientras tanto, en el pasadizo bajo el castillo, Reck, Mern, Mark y Kassie hab¨ªan llegado a una zona m¨¢s amplia, de unos 40 metros cuadrados. "Tengan cuidado, podr¨ªan haber trampas...", mencion¨® Reck, quien segu¨ªa sosteniendo el objeto m¨¢gico con una de sus manos. "Ahora que lo pienso... ?Por qu¨¦ trajiste esa chaqueta aqu¨ª? ?No tienes calor?" pregunt¨® Kassie, un poco confusa, mientras continuaba caminando. "?Esta chaqueta es parte de m¨ª! ?Es parte de mi alma!" respondi¨® Mern con orgullo, mirando hacia el techo. "Ya..." Kassie estaba a¨²n m¨¢s confusa, levantando una ceja. De pronto, una runa morada sali¨® del suelo y un ser de dos metros se cre¨® pieza por pieza. Llevaba una armadura antigua de bronce y la runa qued¨® en su pecho. Ambas manos sujetaban unas espadas negras y ten¨ªa mu?equeras con un arma de dos ca?ones. "Jens... Toma, Mark... corran sin rechistar. Yo me encargo de ¨¦l". Luego de presionar una vez m¨¢s el objeto, Reck le entreg¨® este a Mark y se puso en posici¨®n para comenzar la pelea. "Entendido, vamos, Kassie" Mern tom¨® el brazo de Kassie y comenzaron a correr junto a Mark hacia el ser r¨²nico. Este, al instante, se impuls¨® para cortar a Mern y a Kassie. "?Espera!" grit¨® Kassie con temor, cerrando los ojos... Y un gran sonido de choque la hizo volver a abrirlos... Sin ver nada a su alrededor, volte¨® atr¨¢s y vio c¨®mo Reck chocaba su espada con las del ser r¨²nico, creando grandes choques que agrietaban el suelo. "?¨¦l estar¨¢ bien?". "Por supuesto... ?¨¦l es m¨¢s fuerte que yo!" expres¨® Mern con una sonrisa en sus labios mientras continuaban corriendo. "Es imposible que le pase algo, es de los paladines m¨¢s fuertes que existen", agreg¨® Mark mientras presionaba el objeto m¨¢gico. Mientras corr¨ªan, Kassie pis¨® un peque?o tallo que hab¨ªa crecido en el suelo... Y al instante... Rays lo sinti¨® "Me disculpan, tengo algo importante que hacer" Rays sali¨® por la puerta detr¨¢s de ¨¦l y Mei se qued¨® vi¨¦ndolo mientras sal¨ªa. "?Qu¨¦? ?A d¨®nde vas?" dijo Jens con preocupaci¨®n. "Ya se enter¨®...", pens¨®, cerrando un poco sus ojos con una mirada fija hacia ¨¦l. El turno de Ann ya hab¨ªa pasado y ahora estaba Ririam en su testimonio. "Aprovech¨® para interrumpirme tambi¨¦n...", pens¨® Ririam, viendo salir a Rays, para luego aclarar su garganta. "Como iba diciendo... Usted puede ver en buenas condiciones este reino, pero no gracias al conde Jens, ?sino gracias a nosotros! Mantuvimos este reino los ¨²ltimos meses en los que perdimos nuestros rangos. Tenemos muchas pruebas que afirman tal cosa". El sacerdote Yang puso su mirada en Jens por un momento. Jens luc¨ªa un poco nervioso, pero trataba de mantener la calma. "Ya me lo veo venir... ?C¨®mo dejaron que este hombre gobernara? S¨¦ que tambi¨¦n podr¨ªa ser falso, pero hasta tienen al pr¨ªncipe Lue de su lado... ?Lo habr¨¢n amenazado? Imposible, ?por qu¨¦ un grupo de paladines har¨ªa eso?", pens¨®, para luego poner su mirada en el chico que estaba al lado de Mei. "Bien... Traigan esas pruebas y acabemos con esto". Al decir esto, Xitlari sali¨® de la sala. "Se?or, ?en serio cree que yo podr¨ªa hacer algo as¨ª? Soy un Mortenez, debe confiar en m¨ª. He dado mucho por este reino desde hace a?os" Al escuchar esto, Mei frunci¨® el ce?o, molesta, y presion¨® levemente la orilla de la mesa con su mano derecha. "Ya veremos, conde...", respondi¨® el sacerdote Yang. Luego regres¨® Xitlari con la c¨¢psula del quirit¨¢nidas y la puso con cuidado en la mesa. "Incre¨ªble...", dijo la l¨ªder Yamile, acomod¨¢ndose los lentes para ver a la criatura mejor. "Es un quirit¨¢nidas..." a?adi¨® el l¨ªder de la m¨¢scara blanca. "Magn¨ªfico", coment¨® la l¨ªder de cabello rosa. "?C¨®mo es que...?", mencion¨® Edgar, pero fue interrumpido por el conde Jens al instante. "?No es posible! ?C¨®mo es que esa cosa estaba en la zona de agua?" expres¨®, alterado y molesto. "Si no hubiera despedido a todos los de mantenimiento, ellos lo hubiesen capturado y tambi¨¦n dado la respuesta", respondi¨® Mei, para luego tomar otro sorbo de caf¨¦. Jens refunfu?¨® en voz baja y mir¨® hacia otro lado. "Entonces, esta es la criatura...", mencion¨® el sacerdote Yang, inclin¨¢ndose un poco en su silla para ver mejor al quirit¨¢nidas. "?C¨®mo es que una criatura como esta lleg¨® hasta la zona de agua del reino?", pens¨®. "Adem¨¢s, tenemos estos testigos de lo ocurrido", mencion¨® Mei, para que luego Marti y Mari dieran un paso al frente. "Sacerdote... Mi esposo y yo fuimos v¨ªctimas de la incompetencia de este hombre. Por culpa de ¨¦l...", Mari trat¨® de hablar, pero se detuvo y comenz¨® a llorar. Todos los que estaban de su lado bajaron la cabeza. "Tranquil¨ªcese... ?Podr¨ªa su marido contarnos lo ocurrido, por favor?" Al decir esto, Mari par¨® de llorar. "Eh... No soy yo, sacerdote", dijo Marti con tristeza en su rostro y mirando hacia un lado. "Mi esposo muri¨® por un hombre lobo que entr¨® a nuestro campo de cultivos... Ese es el hombre lobo con el que pele¨® el palad¨ªn Louis...", exclam¨® Mari mientras limpiaba sus l¨¢grimas y era ayudada para poder sentarse nuevamente en la silla. "Yo llev¨¦ al palad¨ªn Louis hasta la cosecha del este. ?Vi a un quirit¨¢nidas adulto en el lago del reino, ¨¢guilas gigantes! Y estuve cuando el palad¨ªn Louis ?pele¨® contra el hombre lobo! ?Su pelaje era totalmente negro!" Mientras hablaba, Marti trataba de explicar lo que dec¨ªa, haciendo varias poses con sus manos y movi¨¦ndose de un lado a otro. El conde se encogi¨® de hombros ante esto y no dijo ni una palabra. "Gracias por su testimonio y... Lamento su p¨¦rdida. La iglesia se encargar¨¢ de que tenga una buena vida con el hijo que vaya a tener", expres¨® el sacerdote Yang, un poco afectado por la historia de Mari. "Para lo siguiente, tengo esto..." Mei se levant¨® con el vaso de agua y puso el cubo lejos de la mesa. Le tir¨® toda el agua y tom¨® su forma real nuevamente. Todos los que vinieron de la iglesia se sorprendieron. Luego, Mei presion¨® el bot¨®n de un control y el cubo se volvi¨® peque?o, dejando ver las varias cajas llenas de documentos que ten¨ªa. "?Qu¨¦ clase de tecnolog¨ªa es esa?" pregunt¨® Gladys, fascinada por lo que hab¨ªa visto. "Le pertenece al billonario Donquichua. Seg¨²n s¨¦, la lanzar¨¢ pronto en el mercado", respondi¨® Mei, tomando su asiento nuevamente. "Debe ser una broma... S¨ª, debe serlo. Es imposible que se tomen el tiempo para leer todo eso", pens¨® Jens, poniendo su mirada en el sacerdote Yang. "L¨ªder Yamile...", dijo el sacerdote Yang. La l¨ªder Yamile se levant¨® y se acerc¨® al mont¨®n de cajas. Extendi¨® su mano y de ella sali¨® un aura gris que rode¨® todas las cajas. A trav¨¦s de sus ojos se pod¨ªan ver un mont¨®n de palabras y n¨²meros pasando a gran velocidad de arriba a abajo. "Esto puede tardar un poco, pero veremos todo lo que consiguieron sin falta... (Para dar mi veredicto final)". Mientras tanto, en el pasadizo, Mern, Mark y Kassie hab¨ªan llegado a una clase de puerta con un aura caf¨¦ que les imped¨ªa el paso. La puerta ten¨ªa cuatro insignias con una "M" en cada una. "Una puerta r¨²nica... Jeh, pan comido", exclam¨® con confianza, estirando sus brazos y acerc¨¢ndose a la puerta, pero muchas ra¨ªces surgieron frente a ella y, de las ra¨ªces, emergi¨® Rays. "?Rays, amigo! ?C¨®mo has estado? Te veo un poco... Uy, ?has dormido bien?", expres¨® Mern con emoci¨®n para luego notar el rostro cansado de Rays. "No creas que te dejar¨¦ pasar... Solo quiero paz, y con esto podr¨¦ tenerla", respondi¨® Rays, ignorando la pregunta de Mern. "Amigo... le est¨¢s robando al reino. ??De qu¨¦ demonios hablas?!". "No lo entender¨ªas..." Rays extendi¨® su mano hacia ellos, y varias ra¨ªces salieron del suelo. Al instante, Mern toc¨® a Mark, cre¨¢ndole una espada en su brazo derecho y dos cuchillas en su brazo izquierdo que giraban a gran velocidad. Mark detuvo todas las ra¨ªces, y luego Mern extendi¨® su mano hacia Rays; de su palma sali¨® un pilar de Gyverna dorada. Rays lo esquiv¨®, pero Mern ya estaba frente a ¨¦l y le dio un pu?etazo en el rostro, haci¨¦ndolo chocar contra la pared. "?Kassie, rompe la puerta!" Ante esto, Kassie corri¨® hacia la puerta, pero Mark la detuvo. "?Te impulsar¨¦!" Mark solt¨® la espada y lanz¨® a Kassie para que llegara hasta la puerta. Mern puso su mano en el suelo y cre¨® una plataforma que, con un movimiento de su mano, se levant¨® para atrapar a Rays en el suelo. Sin embargo, dos ra¨ªces grandes emergieron a la derecha e izquierda de Rays, evitando que la plataforma le cayera encima. Luego, otras ra¨ªces lo introdujeron en la pared de tierra para hacerlo reaparecer en el techo. "?No te dejar¨¦!" Con su mano, cre¨® un l¨¢tigo para agarrar a Kassie, pero Mark lanz¨® su espada, cortando el l¨¢tigo y qued¨¢ndose la espada incrustada en el techo. Kassie logr¨® llegar hasta la puerta y cre¨® un escudo de hielo para evitar cualquier ataque de las ra¨ªces. Luego puso ambas manos en la puerta, haciendo que las insignias comenzaran a moverse en direcci¨®n a las agujas del reloj. "?Maldici¨®n!" Rays baj¨® al suelo, dio un gran pisot¨®n, y varias ra¨ªces se dirigieron hacia el escudo de Kassie. "?Claro que no!" Mern tambi¨¦n dio un pisot¨®n en el suelo y levant¨® un gran muro de Gyverna dorada desde el subsuelo. Rays rechin¨® los dientes, y Mark le dio un pu?etazo en la espalda, haci¨¦ndolo caer al suelo. Antes de que pudiera darle otro golpe, una ra¨ªz agarr¨® a Mark por la espalda, lo estrell¨® contra la pared y lo atrap¨® con varias ra¨ªces. Estas levantaron su brazo izquierdo hacia arriba para que no pudiera liberarse con la cuchilla. Rays se levant¨® y comenz¨® a girar mientras lanzaba muchas lianas hacia Mern. Este cubri¨® todo su cuerpo con una armadura de Gyverna dorada con varias cuchillas que sobresal¨ªan y comenz¨® a cortar todas las lianas. Luego, lanz¨® varias cuchillas peque?as, logrando cortarlas todas hasta alcanzar a Rays. Varias de estas cuchillas se ensartaron en su brazo izquierdo y en su espalda, deteniendo su giro. "T¨²... ?siempre con esa... MAGIA!", grit¨®, y el techo comenz¨® a colapsar. "??Est¨¢s loco!?" Mern cubri¨® el techo con Gyverna y puso varios pilares para sostenerlo, pero mientras hac¨ªa esto, Rays mand¨® una gran ra¨ªz que lo agarr¨® y lo estrell¨® contra el muro donde estaba Mark. Luego lo atrap¨® con varias ra¨ªces que rodearon todas sus manos y dedos para evitar que usara su magia. "Jajaja, oye, deber¨ªamos celebrar, es tu primera victoria contra m¨ª", coment¨® Mern con una sonrisa amistosa. "Cierra el pico... Aqu¨ª yo tengo la ventaja. No puedes hacer a Mark m¨¢s grande ni usar tu magia de la manera en que la usas", mencion¨® antes de mandar dos grandes ra¨ªces hacia Kassie. "?Kassie!", grit¨® Mark, y Rays cubri¨® su boca al instante. Kassie volte¨® hacia atr¨¢s. Quit¨® una mano de la puerta y, extendi¨¦ndola hacia atr¨¢s, cre¨® varios picos de hielo en el escudo. Luego, Rays mand¨® muchas m¨¢s ra¨ªces que destru¨ªan el hielo con grandes golpes de derecha a izquierda. "Ya casi se abre..." Las insignias estaban a punto de dar la vuelta, y las ra¨ªces segu¨ªan destruyendo el escudo de hielo. "?Rays! ??Qu¨¦ te pas¨®!? ?Esto no es normal en ti!". "?Ya no quiero ver a nadie morir! Esta es la ¨²nica forma..." Rays continuaba mandando m¨¢s ra¨ªces desde el suelo para destruir m¨¢s r¨¢pido el escudo. Las insignias dieron la vuelta completa, la puerta se desvaneci¨® y una gran luz dorada inund¨® los ojos de Kassie. "Lo logr¨¦". Luego, una ra¨ªz atraves¨® el escudo y tom¨® a Kassie, coloc¨¢ndola junto a Mern y Mark, sujetando tambi¨¦n sus manos y dedos. "?Qui¨¦n es esta? No la conozco...", pregunt¨® mientras las ra¨ªces segu¨ªan destruyendo el escudo. "Es una nueva aprendiz de Mei... Amigo, ?qu¨¦ pas¨®?", respondi¨® Mern, reflejando preocupaci¨®n en su rostro. Por un momento, Rays no pudo responder y se mantuvo en silencio... Hasta que todo el escudo de hielo se hizo pedazos. "Ya no quiero ser un palad¨ªn... Lo he perdido todo por esto... amigos, familia, amor...". "?D¨®nde est¨¢ Susana?" Mern ten¨ªa una expresi¨®n de l¨¢stima y pena por su amigo, mientras que Kassie comenz¨® a inflar sus mejillas. Rays camin¨® hacia donde estaba el oro y dijo: "Ese d¨ªa... me dijo que no me preocupara tanto por ella... Y cuando trajeron al Nerosma a la prisi¨®n, ella estaba en vigilancia...". Rays observ¨® el oro, y l¨¢grimas cayeron de sus ojos. "Amigo... ?por qu¨¦ no dijiste nada? Mei...", mencion¨® Mern, pero fue interrumpido. "Mei no hubiera hecho nada... No va a traerla de vuelta... Para no sufrir la muerte de ustedes, quiero largarme de aqu¨ª... Ya tuve suficiente". Luego de escuchar esto, Mern mir¨® a Kassie, quien ten¨ªa sus mejillas infladas y brillantes. Mern levant¨® su barbilla, y de ella sali¨® un pedazo de Gyverna dorada que logr¨® conectarse a Mark. Del pecho de este sali¨® una runa id¨¦ntica a la que ten¨ªa Mern en su pecho. Kassie lanz¨® el agua de su boca con gran fuerza hacia Rays y, al tocarlo, todo su cuerpo, excepto su cabeza, se congel¨®. Luego, Mark destruy¨® las ra¨ªces, causando una explosi¨®n en su pecho, y liber¨® a Kassie y Mern con su mano izquierda. "?No lo permitir¨¦eee!", grit¨® Rays mientras el hielo en su cuerpo se agrietaba y varias ra¨ªces se dirig¨ªan hacia los dem¨¢s. "?Crea una gran cantidad de agua!", dijo Mern, creando un cubo de Gyverna dorada. Luego toc¨® el hombro de Mark, convirtiendo sus brazos en taladros y poni¨¦ndole un propulsor en la espalda. "?No puedo hacerlo!", respondi¨® Kassie, temerosa, mientras las ra¨ªces atacaban el cubo. "Claro que s¨ª... ?T¨² puedes hacerlo!" Mern se acerc¨® a ella, puso su mano derecha en su hombro con un rostro lleno de confianza y con una leve sonrisa. "Con una condici¨®n...". Rays logr¨® destruir el hielo y mand¨® muchas m¨¢s ra¨ªces hacia el cubo de Gyverna. "?Es completamente justo! ?Di mucho por este reino!". De pronto, el cubo se abri¨®, aplastando las ra¨ªces. Luego, Mern, sin su chaqueta, lanz¨® una cadena con un gancho de su mano, logrando enganchar a Rays. Con un jal¨®n, lo atrajo hacia ¨¦l. Rays cubri¨® sus brazos con troncos para golpear el rostro de Mern, pero Kassie, con la chaqueta de Mern puesta, salt¨® encima de ¨¦l, extendi¨® ambas manos y una gran cantidad de agua sali¨® de ellas, llenando todo el lugar. Mientras tanto, en la reuni¨®n, la l¨ªder Yamile estaba terminando de leer los documentos con su magia. "Bastante impresionante... En estos documentos hay muchas cuentas. Lo m¨¢s destacable es el gran registro del mercado del reino y c¨®mo el dinero del reino se ha estancado en un solo punto y no ha avanzado m¨¢s; m¨¢s bien, ha perdido gran parte... Adem¨¢s, hay varias cuentas de pagos de arreglos en el reino hechos por una joyer¨ªa que ofrece ser de Mei. Hay varios testimonios de otras personas que confirman lo dicho anteriormente... Hay... declaraciones de caballeros que afirman que el rey los usaba como empleados... Tambi¨¦n hay varios certificados de la gente que hizo los an¨¢lisis d¨¢ndoles soporte, entre muchas cosas m¨¢s" El conde Jens comenz¨® a sudar un poco y ten¨ªa la cara atemorizada luego de escuchar a la l¨ªder Yamile. "Hmm... Hay un testimonio interesante... ?Maxwell Marks?" pens¨® la l¨ªder Yamile para luego regresar a su silla. "Y eso no es todo." Mei coloc¨® un objeto rectangular de color negro en la mesa. "Aqu¨ª dentro est¨¢n m¨¢s datos y pruebas que, si gustan, pueden poner en el panel hologr¨¢fico." "?T¨²... eres una envidiosa!" grit¨® Jens, molesto, golpeando la mesa. "?C¨®mo?" Mei frunci¨® el ce?o y mir¨® fijamente al conde Jens con furia. "T¨² solo est¨¢s celosa de que yo recib¨ª el puesto de rey. ?Por eso armaste esta farsa!" expres¨® furioso, se?alando a Mei con su mano. "?No sea est¨²pido! La evidencia es totalmente ?clara!" respondi¨®, mientras que Clara quer¨ªa acercarse a Jens para golpearlo, pero el pr¨ªncipe Lue la detuvo agarr¨¢ndola con ambas manos. "?Usted ha hecho que el reino se vuelva inseguro!" Mei se levant¨® y golpe¨® la mesa con ambas manos. "??De qu¨¦ hablas?! ?Yo puse el gran escudo!" Jens igualmente se levant¨® y puso ambas manos con las palmas abiertas en la mesa. "?Usted no hizo nada! ?Ese fue el ¨²ltimo proyecto que dej¨® el rey Shane!" Mientras los dem¨¢s que estaban atr¨¢s se acercaban lentamente a Mei, el conde Jens hizo un sonido de furia mientras presionaba su mano. "Tan joven... ?y ya pareces una vieja maldita!". "?IGH...!" Al instante, Mei tom¨® su cimitarra que ten¨ªa al lado de su silla. "Es todo. ?Yo lo mato!" Inmediatamente el pr¨ªncipe la detuvo, agarr¨¢ndole el brazo derecho, y los dem¨¢s (excepto por Marti y Mari) corrieron para detenerla. "?Espera, Mei!" mencion¨® Ririam, agarr¨¢ndole el brazo derecho. "?Debes controlarte!" agreg¨® Ann, agarr¨¢ndola del abdomen. "?Su¨¦ltenme, le cortar¨¦ la lengua!" grit¨® Mei con furia, logrando desenvainar su cimitarra. "?C¨¢lmate! ?Nosotros vamos ganando!" dijo Xitlari, quien incluso ten¨ªa dificultades para detenerla. "?Usted es una se?orita, Mei, no se ha casado!" coment¨® Louis forcejeando tambi¨¦n. "?Eso no ayuda, Louis!" replic¨® Ririam. Los l¨ªderes, el sacerdote, Gladys y Edgar estaban estupefactos y sin palabras ante la pelea del conde Jens y Mei. "?M¨ªrenla! Est¨¢ loca, no pueden confiar en ella, sacerdote." De pronto, el suelo comenz¨® a temblar mientras el conde hablaba. "?Yo he cuidado muy bien a todos! ?C¨®mo podr¨ªa robarle al reino?" Al instante, una gran cantidad de agua con muchas monedas de oro fueron expulsadas como un g¨¦iser afuera, en el patio del palacio. Algunas de las monedas chocaban con las ventanas de la sala. Todos los que ven¨ªan de la iglesia se asomaron por las ventanas y, luego de detenerse el agua, sali¨® Mark volando con el propulsor. Llevaba a Kassie y a Mern entre sus brazos, y Mern sujetaba a Rays de su espalda (este estaba boca abajo, inconsciente). "No dejen que me miren," dijo Kassie cubri¨¦ndose con la chaqueta de Mern. "Calma, no te pueden ver, vete quitando el agua de encima," mencion¨® Mern luego de que Mark los soltara y pusiera a Rays en el suelo. Luego, todos los de la iglesia (excepto el sacerdote Yang) voltearon a ver al conde Jens. "Ehm... ?Vaya, descubrieron una mina de oro! Jejeje... Ah¨ª no" expres¨® con nerviosismo y ri¨¦ndose un poco. "Si me disculpan..." El sacerdote Yang puso uno de sus dedos (el cual tom¨® un color blanco) en la ventana por la que miraba afuera, y esta se hizo pedazos. Sali¨® por ella volando hacia el agujero con una ligera aura blanca alrededor de ¨¦l. Mientras bajaba, not¨® varias monedas incrustadas en la tierra. Al llegar hasta el fondo, vio la gran cantidad de lingotes de oro que hab¨ªa "Qu¨¦ desgraciado". "?Hola! T¨² debes ser el nuevo sacerdote. Mucho gusto, Reck Mortz. Tome esto como prueba tambi¨¦n." Reck le lanz¨® la runa morada y el sacerdote la atrap¨®, viendo la insignia de los Mortenez en ella. Luego, el sacerdote ayud¨® a Reck a salir del agujero y despu¨¦s se dirigi¨® hacia la sala nuevamente. "Creo que ya no hay dudas de que todo lo que dijo la paladina Mei es verdad. Y tomando en cuenta todo... Dudo que vaya a salir de prisi¨®n, quedar¨¢ lo que le resta de vida ah¨ª. Edgar, ll¨¦valo con los caballeros para que lo manden a Jankstan" mencion¨® el sacerdote, poniendo la runa morada en la mesa, mientras Mark ayudaba a Mern y a Kassie a entrar por la ventana que rompi¨® el sacerdote Yang. "Pero... ?C¨®mo es que lo descubrieron?" pens¨® Jens para luego ver a Mei, ya tranquila, a punto de tomar un trago de su caf¨¦. Ella not¨® la mirada de Jens y lo mir¨® por un momento, d¨¢ndole una sonrisa dulce, pero que para Jens era una burla. "?Maldita pe...!" Al instante, su boca fue tapada por un trozo de Gyverna dorada que lo hizo caer al suelo. "?No se atreva a hablarle as¨ª!" expres¨® Mern, furioso, con la mano extendida. "Venga para ac¨¢" Edgar lo levant¨® y le puso unas esposas de piedra. Luego, se retir¨® de la sala con ¨¦l. "Bueno, dado que el pr¨ªncipe es menor de edad todav¨ªa, deber¨¢ tomar el cargo el que le sigue al conde," coment¨® el sacerdote Yang mientras Reck entraba por la ventana tambi¨¦n. "Espere, sacerdote" dijo el pr¨ªncipe Lue. "Yo puedo mantener el reino. He estado aprendiendo todo lo necesario para eso y siento que estoy listo" El rostro del pr¨ªncipe mostraba decisi¨®n y gran confianza. "Todav¨ªa eres muy joven" exclam¨®, observando a Mei. "Pero con una consejera no estar¨ªa mal". "??Yo!?" pregunt¨® Mei. "??Ella!?" a?adi¨® Mern. "Claro. A pesar de su reciente ataque de ira, usted mantuvo al reino por los meses que estuvo ese tipo. Creo que usted es la mejor candidata para eso, y no es una paladina reciente, ya tiene mucha experiencia. ?Alguien se opone?" El sacerdote esper¨® una respuesta, pero todos los l¨ªderes permanecieron callados, aceptando la decisi¨®n. "Entonces, est¨¢ decidido." El sacerdote se levant¨®, puso sus manos en su espalda y baj¨® su cabeza. "Mis m¨¢s sinceras disculpas por lo que ha pasado en el reino. El sacerdote Krief tom¨® las peores decisiones, pero yo arreglar¨¦ todos sus errores". "Le agradecemos nosotros por escucharnos" expres¨® Mei con su dulce voz, bajando la cabeza. Luego, todos los que no ven¨ªan de la iglesia salieron de la sala y saltaron de alegr¨ªa. "?Lo hicimos!". "?Finalmente somos paladines otra vez!" grit¨® Ann con felicidad, abrazando a Ririam, y este la abraz¨® con una leve sonrisa. Tomando a Mei del brazo, Mern le dijo: "Felicidades ?ahora eres consejera y palad¨ªn!" y le dio un abrazo luego de regalarle un sonrisa llena de orgullo. "Gracias..." dijo, devolvi¨¦ndole el abrazo, para luego d¨¢rle un beso suave y gentil en los labios. "Y gracias tambi¨¦n por cerrarle la boca". Mern se sonrojo y puso su mano derecha detr¨¢s de su cabeza y sonri¨® viendo hacia otra lado. "No fue nada". "?Ahora eres rey!" mencion¨® Reck, alborot¨¢ndole el cabello al pr¨ªncipe Lue. "Bueno, t¨¦cnicamente no, hay que hacer la coronaci¨®n", agreg¨® Mark mientras levantaba su mano derecha con el dedo ¨ªndice levantado. "Hay que hacerla lo m¨¢s pronto posible entonces", dijo Reck con una sonrisa llena de orgullo. "?Amigos! No es momento de relajarse, hay algo muy importante que hacer", exclam¨® Mei, acerc¨¢ndose a los dem¨¢s junto a Mern. "Vayan a preparar a los caballeros y evacuar el reino. Hay que capturar a todos los hombres de Zthur que est¨¦n por el reino. Yo hablar¨¦ con el sacerdote sobre esto, vayan". "?Quiere ir a casa?" Pregunt¨® Kassie a Mari. "?Louis!" grit¨® Lin a lo lejos del pasillo con un caballero de Ystir a su lado. Al instante, comenz¨® a correr hacia ¨¦l. "?Mam¨¢?" Lin se abalanz¨® sobre Louis, d¨¢ndole un abrazo. "?Qu¨¦ haces aqu¨ª?". "Una visita r¨¢pida. ?C¨®mo has estado, mi ni?o? ?Te has cepillado tus dientes? ?Est¨¢s comiendo bien? ?Has sido educado con los paladines de este reino? ?No has quemado nada verdad?" Lin hac¨ªa muchas preguntas que solo pon¨ªan m¨¢s avergonzado y sonrojado a Louis. "?Encantada de conocerlos! Me llamo Lin Keeper". "Mucho gusto...", respondieron todos, riendo un poco y susurr¨¢ndose cosas. "Todo bien, mam¨¢. Estoy bien, por favor... Me est¨¢s avergonzando", respondi¨® Louis, sonrojado, sin poder ver a los dem¨¢s. "?Oigan...! ?Les mand¨¦ a hacer algo!" recalc¨® Mei con una sonrisa, y todos se retiraron, excepto el pr¨ªncipe Lue, que entr¨® con Mei a la sala nuevamente. "??Viste sus ojos!? ?Ambos eran rojos! Y muy brillantes", se escuch¨® a Ann decir mientras segu¨ªan caminando. Luego, la puerta de la sala se abri¨® nuevamente. "Paladina Lin Keeper, ?qu¨¦ hace aqu¨ª? ?No estaba en una misi¨®n?" pregunt¨® el sacerdote Yang con sorpresa y confusi¨®n. "Usted debe ser el nuevo sacerdote, encantada de conocerlo. Ya termin¨¦ la misi¨®n y, antes de regresar a Alahead, quer¨ªa visitar a mi hijo", respondi¨® Lin, bajando la cabeza levemente, para luego pellizcarle levemente el cachete a Louis mientras sonre¨ªa. "Ya veo... Quer¨ªa hablar con su hijo tambi¨¦n, ?puede dejarlo pasar? Quiero discutir algunas cosas mientras la paladina Mei nos cuenta algo", expres¨® el sacerdote con respeto. "Oh... Claro. Te estar¨¦ esperando, hijo", exclam¨® Lin, y luego Louis entr¨® a la sala con el sacerdote. "Nuestro ni?o est¨¢ creciendo... Ojal¨¢ pudieras verlo". En la sala, luego de que el sacerdote se sentara y le ofreciera a Louis sentarse, Mei tom¨® una expresi¨®n a¨²n m¨¢s seria que en cualquier otra ocasi¨®n. Cruz¨® ambas manos y dijo: "Se?ores... Lo que les dir¨¦ no es algo que deba tomarse a la ligera... El reino est¨¢ en grave peligro. Criminales como Yeynos est¨¢n metidos en esto. El d¨ªa de la muerte del rey, el reino fue amenazado... por un Nerosma, llamado Zthur" Mientras hablaba, pod¨ªamos ver varias partes del reino: la zona sur, con sus herrer¨ªas; la zona oeste, con sus puestos de comida y restaurantes; la zona este, con sus tiendas de magia, artefactos mec¨¢nicos y las personas como Lowin y su familia; la zona norte, donde habitaban personas con mayor poder monetario; la zona suroeste, con el orfanato y Lily cuidando de los ni?os; y, por ¨²ltimo, los lugares donde los criminales se escond¨ªan... Y entonces, vemos a Tai en el techo de su gran y bella casa, con el cielo repleto de nubes y con la luz del sol atraves¨¢ndolas. Fin del cap¨ªtulo. Evacuaciè´¸n total #16 *Palacio Del Rey De Ystir - Sala de Reuniones* "El d¨ªa de la muerte del rey, el reino fue amenazado... por un Nerosma, llamado Zthur" Ante estas palabras, todos quedaron sorprendidos, abriendo sus ojos y bocas ante la revelaci¨®n. "?Imposible! Todos... fueron exterminados," insinu¨® la l¨ªder Yamile, mirando hacia la mesa fijamente. "?C¨®mo es eso posible...? ??Por qu¨¦ nadie avis¨® de esto!?" a?adi¨® la l¨ªder de cabello rosado, mientras que Gladys comenz¨® a pensar sobre eso y a morderse una de las u?as. "Llevamos mucho inform¨¢ndolo, pero hasta me trat¨® de loca el l¨ªder Jastify... No solo yo, Reck tambi¨¦n avis¨® mucho de esto, pero incluso Krief no hizo caso a esto," respondi¨® Mei con decepci¨®n en sus palabras. "Gracias, paladina Mei, por este aviso... Informaremos al l¨ªder supremo y a la sacerdotisa tambi¨¦n. ?Necesita apoyo militar?" coment¨® el sacerdote Yang con la mirada seria. "Si es posible, s¨ª, pero s¨¦ que han tenido problemas conteniendo a los Macrous en la grieta del mundo. Entender¨¦ si no pueden dar apoyo," respondi¨® con comprensi¨®n. El sacerdote Yang mir¨® hacia la ventana y, luego de unos segundos... "Har¨¦ lo posible para mandarle al menos 2 paladines y 100 caballeros, pero... usted mencion¨® que Jens dej¨® entrar a esa gente, ?cierto?". "S¨ª, se?or, hay hombres de Zthur en el reino, pero no se preocupe... ya mand¨¦ a evacuar a la gente para capturarlos a todos," respondi¨® con una mirada seria y tranquila. "?No necesita apoyo?" El sacerdote Yang y Gladys se levantaron de sus asientos, y el sacerdote apoy¨® ambas manos en la mesa. "No me atrever¨ªa a ped¨ªrselos... Reck, Mern, Ann, Ririam y Xitlari se encargar¨¢n. Ahora debo ir a organizar eso" Mei se levant¨® de la silla y puso su mano en el hombro del pr¨ªncipe. "Lo dejamos con Louis para lo que desee hablar con ¨¦l. ?Vamos, Lue!" El pr¨ªncipe la sigui¨® y ambos salieron de la sala. "Eh, espere... se?orita... Mei," dijo Louis tratando de detenerla, y luego de que salieran, todos fijaron su mirada hacia ¨¦l. "No tenga nervios, palad¨ªn Louis... ser¨¢ r¨¢pido," coment¨® el sacerdote mientras retomaba su asiento, seguido por Gladys. Mientras tanto, en todo el reino, los grupos que fueron formados por los paladines evacuaban a la gente lo m¨¢s r¨¢pido posible. Cada palad¨ªn llevaba un grupo a su mando; Reck estaba en la zona sur, Mern y Mark en la zona este, Xitlari en la zona norte, Ann en el centro del reino y Ririam en el oeste. La zona de autos, cada tienda, restaurante o cualquier otra cosa, estaba siendo evacuada... La gente estaba confusa ante esto, algunos se rehusaban, pero al final eran convencidos por los paladines. *Portal M¨¢gico - Casa De Tai* "Qu¨¦ aburrido es esto... ?cu¨¢nto tiempo m¨¢s hay que esperar?" mencion¨® Tai, acostado en el techo de la gran casa, mirando hacia el cielo. "Ojal¨¢ pudiera molestar a Kumi..." suspiro "Ni siquiera est¨¢n esos dos." Un sonido de un pitido son¨® y Tai sac¨® un comunicador redondo. "?Qu¨¦ pasa? Ser¨¢ mejor que sea importante". "Se?or Tai, creo que algo pasa en el reino de Ystir," respondi¨® la voz de un hombre a trav¨¦s del comunicador, que no parec¨ªa tener ninguna emoci¨®n. "Te escucho" Tai se levant¨® y se estir¨® un poco. "Hace unos 9 d¨ªas, el reino recibi¨® a los l¨ªderes de la iglesia para el chequeo que siempre hacen, pero hoy nuevamente han llegado. A diferencia de la ¨²ltima vez, ellos llevan much¨ªsimo tiempo en el palacio y el reino comenz¨® a ser evacuado por caballeros y paladines," el hombre respondi¨® de una manera concisa y clara. "?En serio...? (?Acaso los restituyeron...?) Activen el protocolo de seguridad y manda un aviso a la base" Tai, luego de esto, colg¨® la llamada, baj¨® del techo y entr¨® a la casa. Se acerc¨® a uno de los muros y, pasando su mano, una peque?a compuerta se abri¨®... y al ver que estaba vac¨ªa, su rostro reflejaba perfectamente su preocupaci¨®n y sorpresa. "No puede ser... ?Pero nadie ha...! Esos dos... ?Malditos!" Al instante, Tai dio la vuelta y se dirigi¨® al portal, volando con una de sus espadas... Luego de atravesarlo, sac¨® una caja que absorbi¨® el portal y despu¨¦s sali¨® de su escondite, que parec¨ªa estar en otra parte del reino. "Si no me equivoco, este era el signo de rastreo" pens¨® mientras dibujaba un signo en su palma izquierda, que se torn¨® de un color blanco y expulsaba una niebla blanca ligera. Luego de esto, Tai se dirigi¨® hacia el oeste. Mientras tanto, en la zona sur, Reck comandaba a sus caballeros para que protegieran y llevaran a las personas al palacio, mientras ¨¦l investigaba toda la zona sur en busca de un escondite. Cada persona que era escoltada por los caballeros hab¨ªa recibido un objeto redondo de color azul. "Bien, ahora que todos est¨¢n fuera, puedo comenzar la b¨²squeda", dijo Reck, colocando su espada en su espalda. Despu¨¦s, sac¨® un objeto cuadrado de su armadura, que abri¨®, y del objeto salieron varios brazos con pantallas que mostraban un mapa del reino, planos del reino y otro que analizaba cada rinc¨®n por el que pasaba. Lo mismo ocurr¨ªa en las zonas este, norte y centro del reino, donde Ann, Xitlari, Mern y Mark tambi¨¦n buscaban cualquier escondite de los hombres de Zthur. Luego de una gran b¨²squeda y adentrarse en varios callejones, Reck logr¨® encontrar algo... Un imperfecto, algo que no coincid¨ªa seg¨²n el mapa y los planos del reino. "Pum, los encontr¨¦", susurr¨® Reck para luego guardar el objeto, cubrir su pu?o derecho de un aura marr¨®n rojiza y golpear el suelo, creando un gran impacto que levant¨® los suelos a su alrededor. Varios trozos del suelo salieron volando junto con una gran cortina de polvo. El suelo se estremeci¨® en el centro, en el este y en el sur del reino... Grandes robots de aproximadamente 4 metros emergieron; en el este, un robot ara?a; en el centro del reino, lejos de la zona de agua, emergi¨® uno con forma de hormiga, y en el sur, uno con forma de mantis, cada uno junto con varios soldados que rodearon a Reck, Ann, Mern y Mark sin vacilar. *En La Zona Sur Del Reino* "Qu¨¦ valientes... No s¨¦ qu¨¦ clase de criatura es esa, pero igualmente..." Reck tom¨® su espada con la mano izquierda y su derecha la cubri¨® nuevamente con su magia. Tom¨® su pose de combate y, con una mirada decidida y llena de confianza, grit¨®: "?La destrozar¨¦ junto con todos ustedes!". *En El Centro Del Reino* "?Awww, qu¨¦ lindo robot!" Ann comenz¨® a volar y puso ambas manos en su boca, admirando el robot. Luego las extendi¨® y ambos brazos fueron cubiertos por el viento amarillo que giraba como un tornado en sus brazos. "L¨¢stima que tendr¨¦ que hacerlo pedazos", insinu¨® con una mirada decidida y una sonrisa radiante en sus labios. *En La Zona Este Del Reino* "Pobres tipos, en serio tienen valor y confianza", coment¨® Mark al ver a todos los hombres rode¨¢ndolos. "Algo ten¨ªan que tener, si no..." Mern toc¨® a Mark y este consigui¨® el tama?o del robot ara?a, y en sus manos salieron dos guantes con espinas en los nudillos. "?No ser¨ªa divertido!", expres¨® Mern con emoci¨®n, para luego crear una espada de Gyverna dorada y una armadura para ¨¦l. *En La Zona Norte Del Reino* "Qu¨¦ mal... ya todos encontraron los escondites y yo nada", mencion¨® Xitlari con frustraci¨®n mientras segu¨ªa buscando con el objeto en su mano derecha superior y el rinoceronte espiritual en su hombro derecho. "Yo ten¨ªa ganas de pelear". "Sigue buscando, tal vez encuentres algo", a?adi¨® el rinoceronte espiritual mientras mov¨ªa su cabeza hacia todas partes para ver si encontraba algo. "No creo...". *Zona Oeste - Agencia PT* Tai hab¨ªa llegado finalmente. Este revisaba bien por si hab¨ªa alguien buscando, pero solo estaba un auto estacionado cerca de la agencia. "Todo se ve libre aqu¨ª, menos mal no pusimos ning¨²n escondite aqu¨ª... Y hablando de eso... Al parecer ya los encontraron. Espero que me d¨¦ tiempo para salir del reino... ?Qu¨¦ mala suerte!", pens¨® y entr¨® a la agencia haciendo el menor ruido posible. "?Vamos, se?ores, r¨¢pido! Ya encontraron a los hombres de Zthur", grit¨® Nila al otro lado de la puerta que estaba al lado de la caja. Tai se escondi¨® detr¨¢s de uno de los mostradores y asom¨® su rostro por si pasaba alguien por la puerta. "Hay gente aqu¨ª todav¨ªa... Bueno, no me tomar¨¢ tiempo", pens¨®. Se dirigi¨® a la puerta y luego entr¨® a la sala de investigaciones. "?Hola a todos! Me alegra verlos, aunque es la primera vez que nos vemos... Creo que tienen algo que me pertenece". Al instante, todos tomaron acci¨®n. Soltaron las cajas que cargaban y se escondieron detr¨¢s de las mesas y escritorios de la sala. "No me hagan perder el tiempo" Tai camin¨® hacia ellos y varias granadas de hielo fueron lanzadas. Tai salt¨® al muro de su derecha y se impuls¨® para acercarse a uno de ellos y darle una patada en el rostro. Las granadas de hielo se activaron y sellaron la salida. Varios de los investigadores apuntaron con pistolas m¨¢gicas y dispararon al instante... Tai cre¨® una espada con su mano derecha y rechazaba todas las balas con ella, logrando acercarse a cada uno para noquearlos. Nila se encontraba al fondo de la sala disparando tambi¨¦n. Tai lanz¨® su espada y atraves¨® el arma de Nila... Ya solo quedaban ella y Tai. "Qu¨¦ adorable c¨®mo se defienden los m¨¢s d¨¦biles". "?Maldito!" Nila sac¨® una granada explosiva y la lanz¨® al rostro de Tai... Este la tom¨® con su mano derecha cubierta de niebla... La granada cre¨® un escudo alrededor de Tai para que recibiera toda la explosi¨®n, pero ¨¦l solo aplast¨® la granada y explot¨® en su mano, creando un gran estruendo. "?C¨®mo?... No es posible", mencion¨®, sorprendida al verlo sin ning¨²n rasgu?o. Tai camin¨® hacia Nila mientras sacud¨ªa la suciedad de su ropa. "Bonitos objetos los que fabrican aqu¨ª, pero les hace falta..." Al instante, Tai retrocedi¨® y una gran pared de cristal apareci¨® frente a Nila. Luego, grandes espinas de cristal salieron de la pared, quedando a cent¨ªmetros de Tai. "Ingenioso". Tai cre¨® otra espada y despedaz¨® las espinas, para luego extender su mano y hacer pedazos el muro de cristal. Luego, multiplic¨® la espada y puso cada una en el cuello de los investigadores. "Haremos esto... T¨² me dices d¨®nde guardas mi rollo y no matar¨¦ a ninguno de ellos". "Jeh, eres un idiota" Luego de decir esto, Nila desapareci¨® como un holograma y solo qued¨® un robot blanco, al igual que los dem¨¢s investigadores. "?Qu¨¦...?" Tai volte¨® a ver a los dem¨¢s robots y cada uno expuls¨® una granada de hielo de su pecho. Al instante, Tai presion¨® sus manos y todo su cuerpo se cubri¨® de una niebla negra... Luego extendi¨® sus manos hacia la izquierda y derecha y varias esferas con esa misma niebla negra salieron de su cuerpo, logrando detener todas las explosiones de hielo, pero dejando el lugar bastante destrozado. "Qu¨¦ malnacidos" Tai observ¨® su mano izquierda con el signo y apunt¨® hacia varios lados del lugar hasta que, en una pared, el signo expuls¨® mucha m¨¢s niebla blanca. Luego la extendi¨® y despedaz¨® la pared, y el rollo levit¨® hasta llegar a su mano. "?Perfecto!" Tai tom¨® impulso agach¨¢ndose y luego salt¨®, atravesando el techo de la agencia. Pero afuera, tres caballeros y Ririam lo esperaban. "?Ataquen!" grit¨® Ririam, y los 3 caballeros extendieron sus manos hacia Tai. Los tres lanzaron magia el¨¦ctrica, que, al impactar con Tai, hizo que una parte del techo se despedazara, dejando una cortina de humo. Luego, una canica negra cay¨® al suelo al lado de ellos y expuls¨® un gas negro. Saltando del techo, sali¨® Tai corriendo hacia la salida del reino. "?Jajaja, novatos!" Pero justo antes, recibi¨® un golpe en el costado con un bast¨®n, lo electrific¨® y lo hizo caer, soltando el rollo. Ririam tom¨® el rollo y lo guard¨® en su abrigo. "Esto me lo quedo yo" Este ten¨ªa una m¨¢scara antigas de cristal que dejaba ver su boca; despu¨¦s, sac¨® otro objeto que absorbi¨® todo el gas. "Se?or Ririam, creo que... aspiramos un poco de gas", mencion¨® uno de los caballeros, que estaba arrodillado junto a otro. Ririam, sin mover su mirada de Tai, dijo: "Ret¨ªrense para que sean tratados, yo me encargar¨¦". "Yo me encuentro bien, se?or" mencion¨® uno de los caballeros, prepar¨¢ndose para pelear. "No, ve con ellos. El gas podr¨ªa ser muy venenoso. Al¨¦jense de aqu¨ª y contacta apoyo" agreg¨® Ririam mientras Tai se levantaba y se limpiaba la suciedad de su ropa. "?Entendido!" El caballero ayud¨® a sus compa?eros y los tres se alejaron del lugar. "Humm... t¨² eres uno de los ex-paladines que entr¨® a mi escondite. Al parecer, te regresaron tu rango... Hubiera sido mejor para ti caer al suelo ?por el gas!" Tai cre¨® una espada y dio un gran salto para luego chocar su espada con el bast¨®n. Ririam presion¨® un bot¨®n del bast¨®n y magia el¨¦ctrica comenz¨® a cubrir toda la espada. R¨¢pidamente, Tai empuj¨® su espada hacia abajo y luego la solt¨® para crear otra, pero Ririam tom¨® un dispositivo de su abrigo que empuj¨® a Tai. "No tengo tiempo para perder. ?Niebla oscura!" Tai toc¨® el suelo y una gran niebla se expandi¨® en todo el lugar. Ririam, sin perder el tiempo, sac¨® un objeto con forma de cilindro de su abrigo y lo lanz¨® hacia arriba. Este objeto se qued¨® flotando, se abri¨® e ilumin¨® todo el lugar. "Ahhh... t¨² eres de los tipos que pelean de una manera muy... no s¨¦... ?c¨®mo se dir¨ªa...? ?sucia? Nah, solo s¨¦ que pelean as¨ª para compensar algo que no tienen" coment¨® con desprecio y confianza, haciendo algunos gestos de molestia con sus ojos. Ririam y Tai corrieron el uno hacia el otro, chocando sus armas nuevamente a gran velocidad. Ririam giraba r¨¢pidamente el bast¨®n para evitar algunos ataques que Tai hac¨ªa a gran velocidad. De pronto, Tai cubri¨® la espada de la niebla oscura y parti¨® el bast¨®n. Este explot¨® como si fuera una granada de luz... Sin rechistar, Ririam le dio un pu?etazo en el rostro, mand¨¢ndolo a volar. Este logr¨® frenarse clavando su espada en el suelo. "Es fuerte... pero es normal, es un palad¨ªn", pens¨® Tai, levant¨¢ndose del suelo. Luego, Ririam sac¨® una pistola y dispar¨® una sola bala que se multiplic¨® en una gran cantidad. Tai mand¨® su espada, que tambi¨¦n se multiplic¨®, creando varias chispas cuando chocaban con las balas. Ririam esquivaba todas las espadas y las tocaba con un solo dedo. Cada una se cubr¨ªa de slime verde, evitando que pudieran moverse m¨¢s. "Qu¨¦ molesto" Tai lanz¨® otra katana al cilindro de luz, destruy¨¦ndolo, y al instante Ririam lanz¨® otro y luego una granada que explot¨® simult¨¢neamente en l¨ªnea recta. Tai salt¨® hacia la derecha y corri¨® hacia Ririam, pero ¨¦l lanz¨® otro objeto que cre¨® dos columnas de hielo... Tai, con un ligero movimiento, parti¨® ambas columnas y continu¨® su paso, hasta que Ririam dio un gran salto hacia atr¨¢s. Cuando Tai pas¨® por donde estaba Ririam, dos dispositivos salieron del suelo y atraparon a Tai, lanz¨¢ndole slime. Ririam se inclin¨® y tom¨® el rifle que ten¨ªa en su espalda. "?Goodbye!" La bala atraves¨® el est¨®mago de Tai, pero este se desvaneci¨® y, en el slime, solo hab¨ªa una espada... Ririam se levant¨® r¨¢pidamente y fue atravesado por la espalda al lado de la espina dorsal. "?Para qu¨¦ te mueves? Y... ?qu¨¦ es eso de Goodbye? ?Es un nuevo idioma?" mencion¨® Tai con molestia, inclinando su cabeza a su izquierda. Ririam puso el ca?¨®n de su rifle hacia atr¨¢s, pero Tai lo agarr¨® con su mano izquierda y lo dobl¨®. "Se nota que te preparaste mucho, pero te hizo falta... Si me disculpas" Tai extendi¨® su mano izquierda y el rollo sali¨® del abrigo de Ririam, poni¨¦ndose en su mano. Ririam tom¨® unos objetos diminutos con forma de truenos y uno redondo con su mano izquierda. "?No he terminado!" Luego toc¨® la espada que ten¨ªa atravesada y todo el cuerpo, excepto la cabeza de Tai, fue cubierta por el slime. "Vaya ataque..." En el slime estaban los objetos que electrocutaron a Tai y este presion¨® el rollo con fuerza para evitar perderlo. Despu¨¦s, Ririam dio un salto hacia atr¨¢s y se sac¨® la katana, para luego partirla en dos con su rodilla. Tai cubri¨® todo su cuerpo de la niebla oscura y todo el slime sali¨® expulsado. "Mejor guardo esto", pens¨® mientras miraba a Ririam acomodar el ca?¨®n del rifle. Meti¨® el rollo en su ropa, pero luego toda la niebla oscura estaba siendo apartada por una gran fuerza. Ririam se cubri¨® debido a que sent¨ªa una gran corriente de viento... Abriendo los ojos con sorpresa, hizo su cuerpo hacia atr¨¢s, extendiendo ambos brazos, y apareci¨® Ann con su pie derecho extendido frente a ¨¦l. Al instante, Tai cre¨® otra espada para atacar a Ann, pero la gran corriente de viento amarillo que le segu¨ªa lo empuj¨®... Al chocar, Ann su pie en el suelo, hizo que se agrietara much¨ªsimo. Luego cre¨® un tornado con el viento amarillo, atrapando a Tai y haciendo que diera vueltas a gran velocidad. Adem¨¢s, levantaba y destrozaba algunas ventanas de las casas, el slime en el suelo, algunos objetos, ladrillos y trozos de las columnas de hielo. Tai, molesto de tanto girar, presion¨® sus manos y todo su cuerpo se cubri¨® de la niebla oscura. "?Ya... BASTA!" Para luego extenderlas y lanzar una gran cantidad de esferas de niebla oscura. Ante esto, Ann cre¨® un escudo de viento amarillo que daba vueltas a gran velocidad, logrando detener las esferas que se dirig¨ªan hacia ella. Por otra parte, Ririam corri¨® mientras cubr¨ªa su herida hasta el escudo, logrando evitar las esferas con agilidad a pesar de su herida. Tai pas¨® la palma de su mano izquierda por toda la hoja de su espada, cubri¨¦ndola de una niebla blanca. "?Dimensi¨®n Fantasma!" Descendi¨® r¨¢pidamente, presionando el mango de su espada con ambas manos y ensart¨¢ndola en el suelo, creando un c¨ªrculo con varios signos; de este salieron varios seres oscuros con formas bastante extra?as y anormales. "Es imposible que eso sea real", insinu¨® Ririam con calma mientras miraba con su francotirador. This narrative has been purloined without the author''s approval. Report any appearances on Amazon. "??Por qu¨¦ no mejor te pones un parche?!", expres¨® Ann con preocupaci¨®n al verlo calmado, a pesar de su herida. En un parpadeo, uno de los seres se dirigi¨® hacia ellos, logrando atravesar el escudo de viento amarillo sin problemas... Ririam al instante lo golpe¨® con la culata del francotirador, derrib¨¢ndolo, para luego golpearlo constantemente con ella. "?Al parecer son reales!". "?Jeh! Bueno, yo me voy", Tai dio la vuelta para escapar hacia la puerta del oeste, pero el gran robot de la mantis sali¨® disparado, cayendo cerca de la puerta del oeste. "Debo salir de aqu¨ª de inmediato." Tai fue levantado nuevamente por el viento amarillo, junto con las sombras que hab¨ªa creado. "Ay no... ?No otra vez!". Ann cre¨® otro tornado, m¨¢s poderoso que el anterior. Esta vez, arrancaba el suelo, postes y puertas de las casas cercanas. "?No... Te ir¨¢s!" grit¨®. Su cuerpo comenz¨® a flotar, envuelto en un aura amarilla que giraba como el mismo viento. En su rostro aparecieron tatuajes amarillos con forma de r¨¢fagas de viento, que brillaban. Entonces, el tornado se volvi¨® a¨²n m¨¢s r¨¢pido, desgarrando partes enteras de las casas a su alrededor. Dentro del tornado, Tai giraba a gran velocidad, chocando con varias de las cosas que absorb¨ªa el tornado. "?De...monios!" Una de las sombras choc¨® con su cara. "?Aah, qu¨ªtate!" La quit¨® de su rostro y la lanz¨®, pero otra choc¨® con su rostro nuevamente. Ann giraba sus manos para mantener el tornado, luego extendi¨® ambas manos hacia arriba y todo el tornado se volvi¨® una gran r¨¢faga de viento que se dirigi¨® hacia arriba. Ella, impuls¨¢ndose con su magia, lleg¨® m¨¢s alto... La r¨¢faga estaba a punto de chocar con ella, pero con una vuelta de 360¡ã, extendiendo ambas manos, hizo que toda la r¨¢faga regresara por donde vino, yendo a una mayor velocidad. "?Gran r¨¢faga amarilla!" Toda la r¨¢faga choc¨® con el suelo en la zona de autos, haci¨¦ndola pedazos... Y dejando un gran cr¨¢ter; Ann us¨® m¨¢s magia para evitar que su ataque destruyera m¨¢s las casas cercanas. Tai sali¨® del cr¨¢ter d¨¦bil, pero eso no lo iba a detener. "Debo... Salir de aqu¨ª... Jam¨¢s hab¨ªa recibido un ataque as¨ª, tal vez deb¨ª usar mi magia de ilusi¨®n y dejar a ese tipo inm¨®vil" Unas cadenas de Gyverna dorada salieron disparadas entre la cortina de polvo, atrapando a Tai. "?Y esto?... ?No puedo romperlo!" A pesar de que Tai cubr¨ªa su cuerpo con la niebla oscura, no lograba escapar. "No te molestes, es Gyverna dorada de 160% de pureza, qu¨¦ bueno que te acercaste a m¨ª lo suficiente, as¨ª pude ponerte el rastreador", insinu¨® Ririam acerc¨¢ndose a Tai con Ann a su lado. "?C¨®mo? ??C¨®mo es que no te afecta la herida que te hice?!" grit¨® molesto, tratando de escapar. La imagen de Ririam desapareci¨®, revelando que era un robot tambi¨¦n. "He estado todo el tiempo a lo lejos. ?Pensaste que te dejar¨ªa ir? Desde el momento en el que decidiste venir por el rollo... T¨² ya hab¨ªas ca¨ªdo en mi trampa, pero sabes, qu¨¦ extra?o que te dieras cuenta que ten¨ªamos el rollo hasta ahora, eres un descuidado" Nuevamente, el robot proyect¨® la imagen de Ririam. "?Eres fascinante!" expres¨® Ann con una sonrisa en su rostro, d¨¢ndole un abrazo. "?Eso crees?" El cuerpo de Tai desprendi¨® un aura blanca y este logr¨® liberarse de las cadenas, luego comenz¨® a levitar mientras creaba una esfera blanca, su mascarilla sali¨® volando, dejando ver las grietas blancas en sus mejillas. "?Habr¨¢n olvidado contarte esto!". "Ririam..." Ann dio un paso atr¨¢s, temerosa al ver la magia blanca, pero vio que Ririam no ten¨ªa miedo alguno, ni por qu¨¦ ella estaba ah¨ª. "Calma, Ann, debe ser magia de ilusi¨®n, at¨¢calo, no pasar¨¢ nada", mencion¨® Ririam con serenidad, manteni¨¦ndose inm¨®vil con los brazos cruzados. A lo lejos, corriendo a toda velocidad hacia el oeste, estaba Xitlari. "?No! Debe ser un chiste... ?Si tiene magia blanca!" "?De qu¨¦ hablas?... No hay nada de magia blanca hacia all¨¢", replic¨® el rinoceronte espiritual. "?Qu¨¦?". "?Ser¨¢ mejor que te cubras, maldito! Porque donde quiera que est¨¦s, esto te afectar¨¢ ?A ti tambi¨¦n!" grit¨® Tai con una sonrisa llena de locura. "?Veamos c¨®mo queda tu noviecita, JaJaJaJa!" Las grietas en su rostro se volvieron m¨¢s grandes y todo el suelo temblaba. "Yo... No s¨¦ si pueda detener magia blanca", coment¨® Ann aterrada, dudando si hacerle caso a Ririam. "No puede ser que ¨¦l tenga una magia como esa... ?Tiene que ser una ilusi¨®n!" pens¨®, pero al ver c¨®mo la esfera blanca se hac¨ªa m¨¢s grande y el rostro de Tai se llenaba de m¨¢s grietas, desactiv¨® el robot. "?Vete Ann, hay que salir de aqu¨ª!" grit¨® el verdadero, saliendo de su escondite a lo lejos. Antes de que los dos se fueran, una voz a lo lejos los detuvo. "?Esperen, es una ilusi¨®n!" grit¨® Xitlari, llegando al lugar y lanzando una de sus agujas el¨¦ctricas hacia Tai, que, al tocarlo, toda la supuesta magia blanca desapareci¨®... Y solo se vio a ¨¦l, flotando con una espada, a¨²n con las cadenas de Gyverna dorada; en su mano ten¨ªa el rollo, al parecer le estaba atando algo, adem¨¢s, a su alrededor hab¨ªa varias espadas, preparadas para atacar. "?Es muy tarde!" Tai lanz¨® el rollo y este iba a gran velocidad hacia la puerta oeste. Justo al instante, Tai mand¨® a todas las espadas hacia Ann, Ririam y Xitlari, pero sin ninguna dificultad, Ann las detuvo y las destruy¨® todas, generando presi¨®n con su magia. Ririam mir¨® el rollo por su francotirador, pero simplemente no hizo nada y baj¨® del techo en el que estaba. Corriendo a gran velocidad... A punto de alcanzar el rollo... Ah¨ª estaba Reck, que, dando un gran salto, tom¨® el rollo, sin ning¨²n esfuerzo. "Tantos paladines para nada, ni crean que podr¨¢n alcanzar esa cosa... ?Jah! Ni crean que sacar¨¢n informaci¨®n de m¨ª ?Ni aunque me quiebren las piernas!" mencion¨® con confianza, volteando a ver el rollo; sus ojos se abrieron por la sorpresa de ver que alguien hab¨ªa logrado tomar el rollo en marcha. "No... No puede ser". Xitlari tom¨® las cadenas de Gyverna dorada y las jal¨® con todas sus fuerzas. "?Baja... DE AH¨ª!" Tai choc¨® con el suelo, dejando una gran marca por el impacto, que levant¨® m¨¢s polvo y peque?os escombros. "Esa tipa... Es muy... Fuerte..." pens¨® mientras sus ojos se iban cerrando poco a poco. "Te fall¨¦... padre". *Palacio Del Rey - Sala De Reuniones* Todos los que ven¨ªan de la iglesia estaban saliendo de la sala. El ¨²ltimo en salir fue Louis y el l¨ªder del cabello largo amarillo (l¨ªder Llowe). "Tienes todo mi apoyo, no me decepciones, eh... Tengo muchas expectativas. ?Sigue adelante!" coment¨® el l¨ªder Llowe antes de separarse de Louis. "?Oh, hola, palad¨ªna Lin!" Luego de su saludo, se retir¨® junto con los dem¨¢s. "?Hijo! ?Qu¨¦ pas¨®? ?Te prohibieron estar aqu¨ª?" pregunt¨® Lin con preocupaci¨®n, acerc¨¢ndose a Louis. "Todo bien, madre, pero... de ahora en adelante debo pedir permiso a la iglesia si quiero trasladarme a otro reino. Adem¨¢s, parece que siempre tendr¨¦ un palad¨ªn cuid¨¢ndome en cada reino al que vaya, menos Alahead", respondi¨® Louis, un poco aliviado de que terminara todo. "Ay, hijo... Lamento que sea as¨ª" dijo con amor, tocando su mejilla con su mano derecha. "Est¨¢ bien, si eso los tranquiliza, lo har¨¦... Les mostrar¨¦ que soy diferente y que ser¨¦ un gran palad¨ªn" expres¨® con determinaci¨®n, presionando su pu?o derecho. "?As¨ª se habla! Ven, vamos afuera a hablar, quiero que me cuentes c¨®mo te ha ido estando aqu¨ª", exclam¨® con emoci¨®n, dirigi¨¦ndose al patio del palacio. "Claro, te contar¨¦" Louis sigui¨® a su madre y comenz¨® a contarle todo, desde que lleg¨® a Ystir. "Apenas llegu¨¦, iba a buscar un lugar para dormir, pero nadie quer¨ªa aceptar mi dinero". "??En serio!? ??Hasta el oro!?". "S¨ª, hasta el oro". *Sala De Resguardo* La sala de resguardo era una sala gigantesca. Hab¨ªa una cantidad masiva de habitaciones, en las cuales se hospedar¨ªan hasta ocho personas por sala. Estas salas estaban acondicionadas con comida, una cocina, dos ba?os y un cuarto con ocho camas. Esta zona fue construida hace varios a?os por el rey Shane como m¨¦todo para prevenir muertes de los ciudadanos de Ystir en las guerras o alguna otra emergencia. A las afueras del palacio, la mayor¨ªa de las personas hab¨ªan sido reunidas luego de que Tai hab¨ªa sido capturado. "?Ciudadanos! Ya hemos terminado. Les pido, por favor, que se preparen. Todos ustedes se quedar¨¢n aqu¨ª en el palacio mientras esperan que la guerra acabe. Aqu¨ª ser¨¢n tratados de la manera correcta. Tendr¨¢n unos d¨ªas para estar en el reino, pero luego cerraremos todas las entradas. Les pido que se apresuren y regresen aqu¨ª nuevamente luego de que recojan lo que les haya faltado traer de sus hogares o que terminen alg¨²n asunto que deban tratar", Mei hablaba por un meg¨¢fono m¨¢gico. Este era de color crema y ten¨ªa una gema por dentro. Ella ten¨ªa al lado al pr¨ªncipe Lue y cuatro caballeros. "?Queremos saber d¨®nde! ??Est¨¢ el rey Jens!?" grit¨® uno, mientras algunos gritaban apoy¨¢ndolo. "?S¨ª! ?Y por qu¨¦ de pronto hay una guerra? ??Con qui¨¦n?!" coment¨® otro, y todos lo apoyaron para recibir las respuestas. "??Es por eso que ya han venido dos veces de la iglesia!?" insinu¨® una mujer con un sombrero con un lazo y un vestido azul. "??De qu¨¦ hablas, mujer!? La primera vez era para sacar a ese demonio del reino", respondi¨® un hombre de cabello blanco que usaba un traje elegante y un bast¨®n dorado. "?No lo llames as¨ª! ¨¦l es un palad¨ªn", grit¨® Marti molesto junto a su familia. "?Eres un vendido!" agreg¨® otro. "?Vendido tu madre!" respondi¨® Marti a¨²n m¨¢s molesto, siendo detenido por su esposa e hijo para que no peleara. "??C¨®mo dices, desgraciado?!" El hombre estaba cerca de golpear a Marti, pero fue detenido por los dem¨¢s ciudadanos. "?Basta! El conde Jens no dio m¨¢s que problemas. Hace m¨¢s de un mes que el reino fue amenazado, pero el conde Jens ni se enteraba. Ahora yo ser¨¦ el rey como corresponde y tendr¨¦ como consejera a la palad¨ªna Mei Teews", exclam¨® el pr¨ªncipe Lue con autoridad y rigidez, con un tono levemente agresivo. Ante las palabras del pr¨ªncipe, todos murmuraban sin parar, dudando de si ¨¦l pod¨ªa con esto por su temprana edad. "C¨®mo es posible que alguien tan joven pueda con esto". "Es una locura". "El reino caer¨¢ en la ruina", comentaron algunos. "Si no cay¨® en la ruina con el conde Jens, con nosotros no lo har¨¢" respondi¨® el pr¨ªncipe. La gente segu¨ªa con dudas ante todo lo que fue revelado de golpe. "?De qu¨¦ habla?". "El conde Jens hizo un gran trabajo". "?C¨®mo podr¨ªa usted hacerlo mejor que ¨¦l sin su experiencia?". "?El conde Jens era un fraude!... Robaba al reino, y todo el tiempo que ¨¦l estuvo en el trono, no hizo nada... Como sabr¨¢n, varios paladines hab¨ªamos perdido nuestro estatus... y la ¨²nica raz¨®n fue por el conde Jens, pues a ¨¦l no le agradaba que no sigui¨¦ramos sus ¨®rdenes. Hoy, el sacerdote Yang se present¨® junto a varios l¨ªderes y una palad¨ªna para confirmar esto, y ahora el conde Jens ser¨¢ llevado a prisi¨®n". Todas las personas estaban sorprendidas ante la revelaci¨®n. Algunos no lo cre¨ªan y hasta se miraban molestos. "?No puede ser cierto! ¨¦l construy¨® el escudo". "Pero es verdad, la prueba est¨¢ en c¨®mo algunos precios han aumentado". "Sigo sin poder creerlo", dijeron otros. "?Es pura tonter¨ªa!". A lo lejos, una persona se alz¨® con magia de tierra. Este cruzaba sus brazos y llam¨® la atenci¨®n de todos. Usaba un chaleco marr¨®n con adornos de color dorado, adem¨¢s de una camisa de manga larga de color azul gris¨¢ceo y pantalones rojo oscuro. Sus ojos y cabello eran color caf¨¦. "?Ya basta con el conde Jens! Si trat¨® de robarle al reino, ya fue detenido. Hay algo m¨¢s importante de qu¨¦ hablar, y es c¨®mo permiten que un demonio que podr¨ªa destruir el reino ande por ah¨ª". "S¨ª, tiene raz¨®n. Esa cosa podr¨ªa acabar con el reino". "Ni llegar¨ªamos a la guerra" agregaron otros. "?D¨¦jenlo en paz! ¨¦l me entrega varias cosas en mi biblioteca. Nunca ha hecho nada malo, es un gran persona, ?hasta lo considero mi amigo!" grit¨® Amelia con sus brazos cruzados, mientras la gente se alejaba para que pudieran verla. "?Claro que s¨ª! ¨¦l me salv¨® a m¨ª y a mi hijo de un hombre lobo cuando las barreras de las cosechas dejaron de funcionar", grit¨® Mari con su beb¨¦ en brazos, mientras todos se apartaban de ella para escucharla y verla bien. "?No solo eso! El chico ayud¨® cuando los prisioneros escaparon del castillo, seguro por culpa de Jens, que tanto alabaron en el pasado" mencion¨® un ciudadano de piel oscura que llevaba una vestimenta de herrero. "?¨¦l es un buen chico! Me entrega los paquetes que pido, es muy amable y gentil. ?No es alguien malo!" coment¨® una mujer con una gorra roja, una camisa de botones y un pantal¨®n negro. "?Confirmo totalmente!" a?adi¨® un hombre de cabello largo que usaba lentes, una gorra gris y camisa de botones. "?Es verdad, el chico es muy tranquilo!" A?adi¨® la mujer con 6 ni?os y con su ser m¨¢gico de tierra a su lado. Mei fij¨® su mirada en el hombre que se alz¨® con magia de tierra. "?Se?or, d¨ªgame! ?Usted ha visto al palad¨ªn Louis lastimar a alguien? ?Hacer algo ilegal? ?Usar su magia indebidamente? ?Destruir parte del reino? O ?siquiera acercarse a usted?" exclam¨®, un poco molesta por el comentario del hombre. Este se qued¨® en silencio ante la respuesta y baj¨® de la columna de tierra. "No sean ilusos, ¨¦l es un palad¨ªn, solo ha venido a ayudar a este reino, deber¨ªan estar agradecidos" Estas palabras lograron hacer que los ciudadanos se tranquilizaran con respecto a Louis, pero igualmente hab¨ªa una ligera duda y negaci¨®n de parte de ellos. "?Y si ¨¦l atacara el reino? ?Tienen medidas para prevenir un desastre?" mencion¨® un hombre alto y recio que usaba un traje para herrer¨ªa. "El palad¨ªn Louis tiene el permiso de la iglesia. ?En serio creen que la iglesia permitir¨ªa andar a una persona con una magia as¨ª por los reinos si no estuvieran seguros? Hay unas cosas que aclarar sobre el palad¨ªn Louis, pues parece que algunos tienen una idea err¨®nea, y no solo con ¨¦l, pues hay otras personas m¨¢s que pronto ser¨¢n paladines tambi¨¦n, pero son muy maltratados a pesar de haber estado en este reino desde peque?os. Aun as¨ª, se han mantenido firmes para lograr ser unos paladines como yo. Ya es hora de dejar el pasado atr¨¢s. S¨¦ que la guerra que pas¨® con los hombres lobo de un pelaje los tiene en constante preocupaci¨®n ante lo diferente, pero no todo lo diferente es malo. Incluso el rey Shane se los dijo, pero no escuchan. Vean a mi hada, Clara. ?Creen que ella podr¨ªa hacer da?o a este reino por ser diferente?" Mei mantuvo su voz dulce y suave para convencer a la gente, mostr¨¢ndoles a Clara, la cual comenz¨® a volar con emoci¨®n frente a ella. Todas las personas se miraban entre s¨ª y comentaban sobre esto. Algunos estaban m¨¢s convencidos, pero otros no pod¨ªan aceptar nada y simplemente dieron la vuelta para recoger lo que hab¨ªan olvidado en sus hogares. "?Confiaremos en sus palabras, paladina Mei! Espero tenga raz¨®n..." dijo el hombre de la magia de tierra, para que luego todos dieran la vuelta a buscar sus cosas. Tambi¨¦n otros entraban al palacio para ir a su hogar temporal. "No estuvo tan mal, creo..." insinu¨® Mei, apartando el meg¨¢fono m¨¢gico de su boca. "Esperemos que con esto pare ese rechazo un poco" El pr¨ªncipe miraba fijamente a las personas caminar hacia sus casas con una ligera preocupaci¨®n. "Espero no decepcionarte, padre", pens¨®, levantando su mirada al cielo. "?Mei!" grit¨® Mern, corriendo junto a Mark hacia ella, mientras cargaba algo que parec¨ªa un brazo en su mano derecha. "?Qu¨¦ pas¨®? ?Todo bien en el este?" pregunt¨® Mei, acerc¨¢ndose a ellos junto al pr¨ªncipe. "Hemos descubierto algo extra?o", mencion¨® Mark, levantando su mano derecha con su dedo ¨ªndice extendido. "Quer¨ªa que lo vieras t¨² misma... Al parecer, todos los hombres de Zthur eran robots. Mira, este es un brazo de uno de ellos" respondi¨® Mern, mostr¨¢ndole el brazo de arriba hacia abajo. Luego de analizar el brazo, Mei estaba convencida de qui¨¦n era el responsable. "Demasiado real... Solo una persona podr¨ªa hacer un robot as¨ª... Blackyn Renog, o... conocido como el Se?or Oscuro, un aficionado en la rob¨®tica". "Si est¨¢ con Zthur, la pelea ser¨¢ a¨²n m¨¢s dif¨ªcil. Deber¨ªas informarle al sacerdote antes de que se vaya", exclam¨® Mern. Luego lanz¨® el brazo hacia uno de los caballeros que estaban atr¨¢s en la entrada al palacio. "?Oye! Lleva esto al centro de investigaci¨®n, por favor". "?S¨ª, se?or!" respondi¨® el caballero, retir¨¢ndose del lugar con el brazo. "?Holaaaaa!" grit¨® Ann con una sonrisa en su rostro, mientras llevaba a los dem¨¢s en nubes amarillas. "?Misi¨®n cumplida!" Todos bajaron de las nubes, cayendo al suelo sin problemas. "Al final, la magia blanca s¨ª era una ilusi¨®n", coment¨® Ririam con seriedad y tranquilidad. "Ya lo supon¨ªa, era imposible que tuviera una magia como esa, estar¨ªa en los registros" dijo Mei con alivio y una ligera sonrisa en su rostro. "?Ya te contaron que todos eran robots?" pregunt¨® Ann con alegr¨ªa. "S¨ª, ya estoy informada" respondi¨® Mei. "Llevar¨¦ a este tipo al confinamiento m¨¢gico", mencion¨® Reck, dirigi¨¦ndose al palacio, cargando a Tai en su hombro. Ann tom¨® a Ririam del brazo. "Nosotros iremos a ver el palacio y arreglar cualquier desorden que haya hecho el conde", y se dirigi¨® al palacio con emoci¨®n y una sonrisa, mientras que Ririam solo ten¨ªa una expresi¨®n de molestia. "No hagas esa cara". Xitlari se acerc¨® a Mei, con dudas en su cabeza. "?Todav¨ªa... debo esperar?". "S¨ª, todav¨ªa, pero ya tienes un rango superior. ?Un mes m¨¢s y ser¨¢s una palad¨ªn!" respondi¨® Mei, tratando de animarla. "?No te decepcionar¨¦!" Xitlari choc¨® su pu?o superior derecho en su pecho y luego se dirigi¨® al palacio tambi¨¦n. Luego de que Xitlari se alejara lo suficiente, Mern dijo: "?Crees que est¨¦ lista?". Mei tuvo un ligero momento de silencio mientras miraba a Xitlari caminando, bastante detr¨¢s de Ririam y Ann. "Lo descubriremos con lo que se acerca". *Patio del Palacio* "?Aaaawww! ??En serio te gusta alguien!? ?C¨®mo es? ?Tiene el cabello largo? ?Es m¨¢s alta que yo...? ?Recuerda que primero es el matrimonio!" expres¨® con emoci¨®n y seriedad en su ¨²ltima oraci¨®n. "Mam¨¢... baja la voz. Creo que ya regresaron de la misi¨®n. Si te escucha decir eso, creo que... me dejar¨¢ de hablar", insinu¨® Louis con cautela, mientras miraba a su alrededor por si alguien estuviera cerca. Con un suspiro de sorpresa, Lin tom¨® a Louis por los hombros y lo sacudi¨®. "?Es una palad¨ªn! ?No me digas que es la de cabello amarillo! ?O la de los mechones rojizos?". "?Mam¨¢, por favor!" dijo Louis, sonroj¨¢ndose y mirando a su alrededor con a¨²n m¨¢s cautela y nerviosismo. "Ooohh... Es la alta, ?verdad? Uy, hijo, no sab¨ªa que te gustaban altas" mencion¨®, tapando su boca con su mano derecha para luego golpearlo con su codo levemente en el pecho. "?Por favor, YA!" grit¨® Louis, a¨²n m¨¢s sonrojado. "Uy, perd¨®n, jeje..." Lin abraz¨® a Louis con calidez. "Me alegra que aqu¨ª puedas ser feliz... No tienes que regresar si no quieres". Un poco sorprendido, Louis abraz¨® fuerte a su madre y respondi¨®: "Alg¨²n d¨ªa tendr¨¦ que hacerlo". "?Louis!" A lo lejos estaba el profesor Maxwell, quien se acerc¨® a ellos dos. Escuchando su nombre, Louis volte¨®. "?Profesor! Ehm... Ella es mi madre, Lin Keeper". "Mucho gusto y gracias por ser el primero en aceptar a mi hijo" Lin estrech¨® la mano del profesor Maxwell y baj¨® la cabeza en se?al de respeto. "Fue un gran placer. Es un gran chico, con un gran potencial", coment¨® con sinceridad para luego soltar la mano de Lin. "Ya veo qui¨¦n le ense?¨® tan buenos modales". Lin sonri¨® por el halago. "Muchas gracias, espero que no haya sido una carga". "Bueno... Tal vez un poco", respondi¨®, dirigiendo su mirada a Louis mientras tocaba su barba. "?Eh? ??En serio!?" expres¨® Louis con sorpresa. "Jajaja, no, es una broma". "Ah, ya..." De pronto, Louis record¨® algo que deb¨ªa hacer. "?Ah! Ahora que recuerdo... ?Trajeron todas mis cosas?". "S¨ª, est¨¢n en la habitaci¨®n n¨²mero 6 del tercer piso", respondi¨®, se?alando el tercer piso con su mano rob¨®tica. "Qu¨¦ bien" Louis comenz¨® a correr hacia el tercer piso. "?Qu¨¦dense aqu¨ª! Regreso en un momento". "?No corras en un palacio ajeno!" replic¨® Lin mientras lo miraba irse y bajar la velocidad. Lin entorn¨® los ojos y los dirigi¨® al profesor; su mirada brill¨® como si hubiera activado un plan oculto. "D¨ªgame todo lo que sabe". "?Lo que... s¨¦?" repiti¨® el profesor, sorprendido. Mientras tanto, Mei hab¨ªa encontrado al sacerdote Yang y a los dem¨¢s, quienes ya se estaban retirando a su carruaje. "?Sacerdote, espere!" grit¨® Mei, corriendo hacia ellos junto al pr¨ªncipe, Mern y Mark. "?Qu¨¦ pasa?" El sacerdote Yang detuvo su paso y puso su mirada en ella. Poni¨¦ndose firme, Mei contest¨®: "Debo informarle. Han encontrado los escondites de los hombres de Zthur, pero todos eran robots, con much¨ªsimos detalles". "?Robots detallados...?" El sacerdote puso su mano derecha en su barbilla, pensando sobre qui¨¦n pudo ser. "Blackyn, ?cierto?". "Es lo m¨¢s probable. El ¨²nico humano es el hijo de Yeynos, quien se hace llamar Tai. Esta es la persona de la que le hablamos, que ten¨ªa magia blanca, pero al final, era solo una ilusi¨®n". Mientras hablaba, Clara se acerc¨® a los l¨ªderes y a Gladys, salud¨¢ndolos con entusiasmo. "Me alegra escuchar eso. Inf¨®rmame de cualquier cosa nueva que descubran. Lastimosamente debemos irnos, pues hay problemas en el reino de Mordigan". Luego de esto, el sacerdote Yang continu¨® hacia el carruaje junto a los dem¨¢s. "Mordigan... ?Qu¨¦ pasar¨¢ por all¨¢?" insinu¨® Mei con curiosidad. "Me imagino que m¨¢s cosas del sacerdote Krief. ?Quieren ir a comer algo?" coment¨® Mern, poniendo su mano en los hombros del pr¨ªncipe Liu y Mei. "A m¨ª me encantar¨ªa, y aprovechando, me cuentan qu¨¦ fue lo que estuvieron haciendo todo este tiempo" exclam¨® el pr¨ªncipe con una sonrisa. "?Qu¨¦ buena idea!" dijo Mark, y todos se dirigieron al palacio mientras el carruaje de la iglesia sal¨ªa por la entrada. Dentro del palacio, Louis estaba regresando al patio luego de lograr encontrar su habitaci¨®n, pues se perdi¨® un poco. "Ahora debo acostumbrarme a este palacio tambi¨¦n... Ser¨ªa vergonzoso que me perdiera aqu¨ª tambi¨¦n. Qu¨¦ bueno que hab¨ªa caballeros para indicarme d¨®nde estaba" pens¨® Louis mientras corr¨ªa con un frasco, una botella met¨¢lica y una tarjeta entre sus manos. Llegando al patio, Louis baj¨® su velocidad y vio al profesor Maxwell hablando con su madre. "As¨ª que sabe todo eso... Espero no lo inquiete" Estas palabras se pudieron escuchar mientras Louis se acercaba a ellos. "Mam¨¢, quiero mostrarte esto" Louis extendi¨® su brazo con el que sujetaba el frasco que ten¨ªa un l¨ªquido celeste. "?Qu¨¦ es eso?" pregunt¨®, extra?ada, moviendo levemente su cabeza hacia la derecha. "Es un l¨ªquido que vuelve las cosas m¨¢s peque?as, desarrollado por un hombre llamado Donquichua" respondi¨® el profesor Maxwell mientras Louis quitaba su katana de su cintura. "?En serio? Incre¨ªble... ?Es un nuevo tipo de magia?" Lin se acerc¨® a Louis para ver mejor el efecto. "Es una poci¨®n m¨¢gica, pero no es un nuevo tipo de magia" agreg¨® el profesor Maxwell acerc¨¢ndose tambi¨¦n. Louis derram¨® un poco de l¨ªquido en su katana y esta se encogi¨®. "?Whoa! ?C¨®mo crearon algo as¨ª?" dijo con sorpresa, ilumin¨¢ndose sus ojos. "Todo sigue avanzando" pens¨®. "?Podr¨ªas llev¨¢rtelo? Donquichua me pidi¨® que le hablara al rey sobre esto. ?Podr¨ªas hacerlo por m¨ª? Por favor" pregunt¨® Louis, tapando el frasco y entreg¨¢ndoselo a Lin junto a la tarjeta. "Claro, no hay problema, pero... ?C¨®mo regresan las cosas a la normalidad?" respondi¨®, tomando el frasco y guardando la tarjeta en su armadura. Louis abri¨® la botella met¨¢lica y dej¨® caer un poco de agua en su katana, y esta retom¨® su tama?o. "?Con agua? ?Qu¨¦ incre¨ªble!. Donquichua debe ser un genio" mencion¨® Lin, acercando el frasco a sus ojos para ver el l¨ªquido. "Ejem... Es un principiante. Yo podr¨ªa hacer esa poci¨®n si quisiera" El profesor comenz¨® a hacer que su brazo mec¨¢nico hiciera varias cosas para llamar la atenci¨®n de Lin. "Pero qu¨¦ poco humilde..." pens¨® Louis con sospecha, cerrando un poco sus ojos y fijando su mirada en el profesor. "Ver esto me recuerda a lo que encontramos en el reino. Es una gran fuente de energ¨ªa" exclam¨® Lin. "?En serio? ?Qu¨¦ clase de energ¨ªa es?" El profesor se acerc¨® interesado, toc¨¢ndose la barba con su brazo mec¨¢nico. "No s¨¦ mucho, pero recordar eso tambi¨¦n me recuerda que debo regresar al reino. Ya tengo que irme" Lin mir¨® a Louis con pesar; quer¨ªa quedarse m¨¢s tiempo con su hijo. "Est¨¢ bien, mam¨¢. Entiendo que debas irte... Pero no creas que no volver¨¦" Esas palabras apaciguaron a Lin, haci¨¦ndole soltar una l¨¢grima, que se quit¨® al instante con su mano. Ya en la entrada del palacio, Louis junto al profesor Maxwell se desped¨ªan de Lin. "Cuide de ¨¦l, por favor" mencion¨® Lin, bajando totalmente su cabeza. "Mam¨¢...". "Jajaja, no es un ni?o, palad¨ªn Lin. ¨¦l puede cuidarse solo" dijo entre risas, cruzando sus brazos. Louis se acerc¨® a ella d¨¢ndole un ¨²ltimo abrazo. "Recuerda hacer tus oraciones... No debes alejarte de Dios" susurr¨® Lin mientras segu¨ªa abrazando a Louis con m¨¢s fuerza. "Lo intentar¨¦..." respondi¨® con un suspiro, sin mucha convicci¨®n. "Adi¨®s" Lin se alej¨® de Louis y subi¨® a su carruaje, y el conductor puso en marcha a los caballos met¨¢licos. "?Di todo lo que sientes cuando te declares!" grit¨® Lin sacando su cabeza por la ventana del carruaje. Louis puso ambas manos en su rostro sonrojado. "No... Mam¨¢, ?por qu¨¦?". "?Te gusta alguien? ?Por qu¨¦ no me lo dijiste?" pregunt¨® el profesor con una sonrisa en sus labios. "Me daba pena... Le dije a ella por accidente" respondi¨®, a¨²n cubriendo su rostro. "Jajajaja, que no te d¨¦ pena, es algo natural. Ven, vamos a buscar a Mei" expres¨® con felicidad y naturalidad, d¨¢ndose la vuelta para entrar al palacio nuevamente. Louis lo sigui¨®, quitando sus manos de su rostro. "?Sab¨ªas que en el siguiente mes se podr¨¢ ver un meteorito pasar por la Tierra?" coment¨® el profesor, logrando que Louis perdiera su sonrojo, emocion¨¢ndolo. "??En serio?! ??Y se podr¨¢ ver desde aqu¨ª?!" expres¨® con entusiasmo mientras entraban al palacio. "Claro que podremos verlo desde aqu¨ª" contest¨®, alegre por la actitud de Louis. "?Qu¨¦ incre¨ªble!. La ¨²ltima vez que vi uno, tuve que cargarlo hasta un volc¨¢n". El profesor se qued¨® en silencio mientras segu¨ªan avanzando dentro del palacio. "?En serio?". "S¨ª, era parte de mi entrenamiento". *Este De Las Tierras De Lyran* A much¨ªsimos kil¨®metros de distancia del reino de Ystir... estaba un lugar muy resguardado; aqu¨ª hab¨ªa f¨¢bricas que creaban varias piezas de color negro, de diferentes tama?os y formas. Este lugar tambi¨¦n ten¨ªa un castillo antiguo, hecho de roca, y una gran cantidad de tiendas gigantes a su alrededor. Dentro del castillo, en una sala con una mesa antigua y varios asientos, yac¨ªan Yeynos y el se?or oscuro... Ambos observaban una silueta de gran estatura. Su cuerpo parec¨ªa humano, pero casi transl¨²cido, cubierto por una capa de energ¨ªa oscura y rojiza, pudi¨¦ndose ver su cuello, abdomen y parte de sus brazos. Su cabello oscuro y puntiagudo se alzaba hacia atr¨¢s, pero con destellos que parec¨ªan mezclarse con tonos azules y rojizos debido a la energ¨ªa que emanaba de su cuerpo. Su rostro solo era una capa rojiza oscura; no ten¨ªa ojos, boca o nariz. Usaba una capa de guerra que dejaba descubierto su abdomen marcado, adem¨¢s, parec¨ªa que la ropa se hab¨ªa fusionado con ¨¦l, era como si estuviera hecha de un material corro¨ªdo. Usaba guanteletes que cubr¨ªan toda su mano y la mitad de sus antebrazos. Parec¨ªa que sus piernas estaban cubiertas por un pantal¨®n negro y sus pies por zapatos tambi¨¦n negros. Usaba una capa de cintura con un cintur¨®n encima de ella. Su cuerpo generaba una especie de fragmentos de color oscuro que se separaban de ¨¦l y luego desaparec¨ªan; eran como las llamas del fuego cuando se separan y se extinguen al instante. "Empiezan las complicaciones... Tai y todas las m¨¢quinas que estaban en el reino eran una buena carta, l¨¢stima que tambi¨¦n perdimos el rollo" Zthur miraba afuera del castillo, pues frente a ¨¦l estaba un balc¨®n. Su voz era grave, suave y controlada, tambi¨¦n con un ligero eco. "Ir¨¦ a buscarlo, te aseguro que arreglar¨¦ todo esto", mencion¨® Yeynos, levant¨¢ndose de la silla. "Por supuesto, es tu hijo, no te voy a prohibir nada, pero ten cuidado, perder tu carta tambi¨¦n... ser¨ªa desastroso" Zthur tom¨® asiento y baraj¨® unas cartas que parec¨ªan tener im¨¢genes de varias personas. "Pero espero que ahora entiendas por qu¨¦ no quiero que tus hombres sepan nada del plan, son los m¨¢s d¨¦biles y una tortura los har¨¢ hablar". "Igualmente... es como si no les tuviera confianza, ellos son... mi pueblo", exclam¨® Yeynos. "Te dar¨¦ el cr¨¦dito de que Tryl y Jori no eran de tu aldea, pero... as¨ª me ense?¨® Mortikal a hacer las cosas y as¨ª las ejecutar¨¦... ve y salva a tu hijo" Con sus ¨²ltimas palabras, Yeynos se retir¨® del lugar sin ninguna palabra m¨¢s. Yeynos levant¨® su cabeza hacia el se?or oscuro y, a pesar de que este no ten¨ªa ojos, el se?or oscuro sab¨ªa que lo pod¨ªa ver. "Renog, acompa?a a Yeynos y ay¨²dalo en todo lo que puedas, tambi¨¦n aprovecha para visitar el campamento de los hombres lobo, para saber si aceptan la oferta". "?Por qu¨¦ yo? ?Por qu¨¦ otra vez nos juntas a nosotros? Sabes que no nos llevamos bien y fingir estar tranquilo no me agrada", expres¨® el se?or oscuro, disgustado, sent¨¢ndose horizontalmente en su silla. "Me imagino que les ayuda a llevarse mejor; no lo arruines, controla ese genio tuyo, por favor", coment¨® con respeto mientras segu¨ªa barajando las cartas. "Lo intentar¨¦, pero no te prometo nada" El se?or oscuro se levant¨® y sali¨® de la sala para seguir a Yeynos. "Perfecto... pronto el reino de Ystir se convertir¨¢ en ruinas, y as¨ª estar¨¦ un paso m¨¢s cerca de cumplir mi misi¨®n" dijo Zthur mientras colocaba las cartas en un orden espec¨ªfico sobre la mesa. "Estos humanos... necesitan ver la realidad, no crean que alguno se salvar¨¢... perd¨®n, Yeynos... har¨¦ lo mejor posible" Luego de terminar de ordenar las cartas, Zthur se levant¨® de golpe, tirando la silla y colocando sus manos en la mesa con fuerza. "?Los de arriba caer¨¢n y los de abajo se alzar¨¢n! ?Mordigan... t¨² ser¨¢s el SIGUIENTE!". Fin del cap¨ªtulo