《Historias de Lukrania: Nueva era (Español/Spanish)》 Capitulo 1 El sol de las 11:00 A.M brillaba en todo su esplendor sobre las calles relativamente tranquilas de la ciudad, la gente estaba en su trabajo o la escuela, el gobierno segu¨ªa con las tareas de restauraci¨®n, 3 semanas pasaron ya desde que la Mano Matona fue derrotada y Lukrania liberada de su opresi¨®n, pero las acciones de los villanos han dejado huellas que no podr¨¢n ser borradas, grandes cambios desde aquellos fat¨ªdicos d¨ªas se han manifestado en la sociedad. El gobierno, que se alzaba como una resplandeciente antorcha que emanaba seguridad ante los ojos de sus ciudadanos, ahora es puesto en duda, por todos lados surgen grupos que manifiestan su descontento y piden la renuncia de sus funcionarios, exigen un blanqueamiento en sus operaciones y proyectos, el pueblo cada vez est¨¢ m¨¢s rebelde, acallarlo como lo han hecho por tantos a?os ya no sera tarea f¨¢cil, mas ahora que los que alguna vez se?alaron como enemigos se han convertido en sus ¨ªdolos. Tiempos de transformaci¨®n asedian Lukrania, a¨²n as¨ª, hay cosas que simplemente nunca cambian. Dirts Storm se encontraba corriendo a toda velocidad sobre las terrazas de edificaciones bajas, saltando de una en otra mientras ten¨ªa la mirada fija en la calle, el sonido de sus pasos pronto fue eclipsado por el de las sirenas de la polic¨ªa, que cada vez se hac¨ªan m¨¢s pr¨®ximas. El gordo no apartaba la vista de la calle, esto le juega en contra cuando al saltar para pasar al siguiente edificio no nota que este no era bajo como los otros y termina cayendo dentro de unas oficinas, desparramando trozos de vidrio por doquier y provoc¨¢ndose cortadas leves en las piernas. Tras pedir disculpas y aun as¨ª ser rega?ado por los trabajadores prosigue con su cometido y corre por el interior del lugar hasta salir por el otro lado, rompiendo una ventana de nuevo. _ ?Ah!, sss, mugres _ se queja por el dolor, pero parece que esto no es suficiente para detenerlo. Tras un par de minutos corriendo se toma un respiro y observa algo a la proximidad, poco despu¨¦s de eso las patrullas pasan con todo frente a la cornisa donde estaba, ¨¦l los observa doblar a la derecha, la calle que toman sigue un par de cuadras y luego se corta por obras de reparaci¨®n en curso en frente y a la izquierda. Dirts Storm baja amortiguando su ca¨ªda con los marcos de las ventanas hasta la calle, luego corre hasta una peatonal que corta camino hasta la siguiente calle que tendr¨¢ que tomar la polic¨ªa. Comienza a hacer parkour entre los puestos vac¨ªos pero ya instalados, preparados para la feria que se realizar¨¢ en la tarde. Cuando finalmente llega al otro lado realiza un salto largo que impulsa su cuerpo hasta el medio de la calle, cae girando sobre su hombro y se prepara para recibir algo de frente. A tan solo unas decenas de metros ven¨ªa a toda velocidad un auto azul, ¨¦l cual no realiza ninguna acci¨®n que indique que frenara, aun cuando la figura de Brian es perfectamente visible ya desde esa distancia, el gordo permanece en su posici¨®n sin quitarle los ojos de encima al veh¨ªculo. El conductor pisa el acelerador a fondo, si Dirts Storm no se quitaba no ten¨ªa problema en atropellarlo y sacarlo ¨¦l mismo del camino. Cuando la distancia que los separaba era solo de un par de metros, Dirts Storm se impulsa hacia adelante empu?ando su Pendrivespada, el conductor cierra los ojos y se prepara para el impacto, pero solo escucha un sonido el¨¦ctrico antes de volver a abrirlos y ver que Dirts Storm ya no est¨¢ frente a ¨¦l, en su cabeza surgen mil dudas que pronto son respondidas, ya que a los segundos del encuentro su veh¨ªculo comienza a comportarse de forma extra?a, el volante estaba duro y el freno se oprim¨ªa solo, algo lo estaba deteniendo. El hombre que manejaba el auto salta de ¨¦l en movimiento y tras rodar unos metros trata de reincorporarse y huir a pie, pero Dirts Storm sale del auto como una saeta y se interpone en su camino. _ Quieto _ le ordena entre respiraciones agitadas. La polic¨ªa llega a su encuentro poco despu¨¦s, aquel tipo era un ladr¨®n de autos. Las autoridades le agradecen por su ayuda, algo que ¨¦l mismo pensar¨ªa imposible hace solo un mes tras. La escena atrae la atenci¨®n de las personas en los alrededores, pronto se junta una muchedumbre que ven¨ªa a alabar a Brian, tomarse fotos, pedir aut¨®grafos y otras cosas, algunas algo vulgares, en esta ciudad hay de todo. El mugroso h¨¦roe logra apartar a la gente con la ayuda de la polic¨ªa y se dispon¨ªa a irse cuando alguien lo intercept¨® por detr¨¢s. _ ?Dirts Storm!, ?c¨®mo est¨¢s hermano?_ dec¨ªa un hombre delgado y un poco desalineado. Su actitud confianzuda toma un poco por sorpresa a Brian, pero tambi¨¦n hay algo m¨¢s en este tipo que le resulta¡­raro, por as¨ª decirlo. _ Eh¡­bien, disculpa que te pregunte, ?quien sos?_. _ Oh vamos amigo, pens¨¦ que entre hermanos nos conoc¨ªamos, a ver, yo soy el representante mayor del movimiento Pazana, puedes llamarme Paul _ respondi¨®, haciendo en el proceso muchos movimientos con los brazos, finalizando con el s¨ªmbolo de la paz. _ Ah¡­, mucho gusto _ le dio la mano con algo de incomodidad, este tipo¡­, se parec¨ªa mucho a alguien que Brian conoc¨ªa, alguien a quien ha tenido en mente los ¨²ltimos d¨ªas. _ Oh viejo, no puedo creer que le estoy dando la mano a Dirts Storm _ hace una peque?a pausa mientras observa sus manos en el apret¨®n _ ?Esta es a la que le falta el pulgar?_ agrega. Brian no responde la pregunta y quita su mano para irse pero el tal Paul continua _ Oye amigo, has inspirado mucho en mi y en mi grupo, en serio, le demostraste a este gobierno corrupto que estaban equivocados, eso fue fabuloso _. _ Si, seguro _ respondi¨® con una sonrisa falsa mientras trataba de alejarse. _ Hey, mi grupo se re¨²ne en la plaza del centro tres d¨ªas a la semana, deber¨ªas ir, hablamos de nuestras experiencias con la injusta ley, meditamos para recargar las buenas energ¨ªas y cantamos canciones naturales _. _ ?Naturales?_. _ Si, no usamos esos malditos instrumentos hechos con el sufrimiento de la tierra, hacemos aparecer la m¨²sica usando los elementos naturales, agua que fluye, rocas golpeando, ramitas agit¨¢ndose en el aire, eso si que es melod¨ªa para el alma _. _ Oh wow, grandioso, si¡­, ?a que d¨ªa y hora es?_ pregunta como aquel que funge inter¨¦s. _ No no, nosotros no usamos esos sistemas que buscan encasillar y apresar el cuerpo y la mente, es algo espont¨¢neo, cuando uno quiere limpiar el alma la reuni¨®n simplemente fluye como el viejo r¨ªo _. _ Ah, bueno, tal vez vaya, alg¨²n d¨ªa, adi¨®s¡­ _ Dirts Storm estaba a punto de entrar en la red para irse cuando el sujeto vuelve a hablarle. _ ?Espera!, quiero darte algo _ mete las manos en los bolsillos abultados de su vieja chaqueta de tela marr¨®n _ Toma, para las malas energ¨ªas _ le entrega un trozo de cuarzo blanco _ Paz hermano _ le dice antes de retirarse. Brian por fin iba a irse pero un diario arrastrado hasta sus pies le llama la atenci¨®n, sus ojos analizan las palabras del encabezado con atenci¨®n, al terminar traga saliva de forma ruidosa y da un suspiro. _ Mugres¡­_ ingresa a la red y se va de ah¨ª. La que ley¨® no era cualquier noticia, el jefe de polic¨ªa Herman Manior hab¨ªa despertado del coma. A la ma?ana siguiente un auto recorre las calles de la ciudad hasta detenerse frente a una cafeter¨ªa, el lugar ten¨ªa un toque cl¨¢sico, nada muy elegante pero tampoco muy pordiosero, al igual que quien baja del auto, el detective Crownwell, o m¨¢s bien, ex-detective. Crownwell le da un ¨²ltimo pitido a su cigarrillo antes de tirarlo a la vereda, luego hace un gesto de fastidio y lo recoge para arrojarlo en un tacho de basura. Al ingresar al lugar las personas que atienden le dan una bienvenida c¨¢lida, hace solo unas semanas hab¨ªa salvado la ciudad. Estando completamente agrandado agradece el recibimiento y pide un caf¨¦ negro simple antes ir a sentarse junto a la ventana, pero en la mesa ya hab¨ªa alguien. _ Hola, Herman _ saludo primero, el oficial ten¨ªa la vista perdida en el exterior, su mirada denotaba agotamiento, estaba m¨¢s delgado y con la barba m¨¢s desprolija y larga de lo que acostumbraba, con sus descarnadas manos sosten¨ªa una taza de caf¨¦, pero aprecia que apenas hab¨ªa bebido algo. _ ?Que mierda paso ac¨¢?_ pregunto sin apartar los ojos de la ventana, su tono era cabizbajo, apagado, exhausto. _ Bueno¡­, es dif¨ªcil de explicar _ hace una pausa en lo que le entregan su caf¨¦ _ Y para alguien en tu situaci¨®n tambi¨¦n es dif¨ªcil de entender, mejor empecemos de a poco _ el oficial le dirige la mirada. _ Est¨¢ bien, ?queres decirme por qu¨¦ haya afuera est¨¢n alabando al tipo que mat¨® decenas de inocentes a sangre fr¨ªa? _. _ Ehm¡­, mira, todo lo que te puedo decir respecto a eso es que nos equivocamos con el gordo, faltaba contexto en la situaci¨®n _. _ ?Faltaba contexto?, yo lo vi Crownwell, cuando el gas se disip¨® y revel¨® los cad¨¢veres ¨¦l estaba ah¨ª, se estaba cagando de risa, ?yo lo vi!_ golpea la mesa. _ Lo s¨¦, lo s¨¦, pero no es tan sencillo, cr¨¦eme _ estruja su frente con los dedos un momento _ Mira, cualquier cuesti¨®n respecto a eso¡­, debes hablarlo con ¨¦l, est¨¢ dispuesto a hacerlo, y est¨¢ tan afligido como todos al respecto _ el oficial niega con la cabeza. _ No puedo hacerlo, no¡­por ahora al menos _. _ Muy bien, no te voy a presionar, ?tienes alguna otra duda?_. _ Si, muchas, eh¡­ _ observa por la ventana _ Mira, ?por qu¨¦¡­?_ un furry pasa caminando por la vereda frente a ellos. _ Ahh, eso, si, cuando los ninjas furry del HPYB tomaron la ciudad parece que a algunos les gusto su estilo y pues¡­, sabes como es la moda, puras pelotudeces pero a la gente le gusta, que se le va a hacer _. _ ?Y el gobierno lo permite?_. _ El gobierno no est¨¢ en posici¨®n de llevarle la contraria a nadie _ dice con una sonrisa mientras toma un sorbo de caf¨¦ _ Gastaron un mont¨®n de plata en una operaci¨®n bastante in¨²til en Trash City, y dejaron la ciudad vendida para que los de la Mano¡­, ehhh¡­, Matona, si, los de la Mano Matona hicieron lo que quisieron, los enga?aron y bueno, despu¨¦s vino la muerte, destrucci¨®n, pollos gordos, etc¡­, y ahora el grueso de la poblaci¨®n los culpa a ellos por permitir que algo as¨ª pasara _. _ Vaya¡­, que horrible _. _ Para mi es excelente, los sujetos que quer¨ªan matarme ahora deben darme reconocimientos p¨²blicos por salvarlos para que la gente no se enoje con ellos _. _ ?Entonces ya no sos un criminal?_. _ Yo era detective privado _ le aclara _ Ahora, soy un h¨¦roe, soy¡­ el L¨ªder _. _ ¡­ _. _ ?No te gusta? a la prensa si _. _ ?Pero c¨®mo??vos lideras a los otros?_. _ ?Eh? no, osea si lider¨® pero no a ellos _. _ ?Entonces a qui¨¦n?_ Crownwell toma un largo sorbo de caf¨¦ antes de responder. _ Ok¡­, como ya hemos estado hablando, en el tiempo que estuviste en coma pasaron bastantes cosas, algunas¡­_. _ ?Si?_. _ Bien¡­_ Johan suspira y deja lugar a una de las personas dentro de su mente.Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. _ Buenos d¨ªas oficial _ saluda Parriz, Herman al ver esto se sobresalta tanto que tira su taza de caf¨¦, r¨¢pidamente se pone de pie y sale del establecimiento, Johan toma el control otra vez y lo sigue. _ ?Herman, Herman!_ trata de calmarlo pero sus intentos parecen ser in¨²tiles _ ?Herman!_ lo alcanza y sujeta por los hombros _ He tratado de suavizarlo lo m¨¢s posible pero ya para este punto es inutil, las cosas se han puesto muy raras, y por desgracia tendr¨¢s que resignarte a aceptarlo antes de poder entenderlo _ el polic¨ªa tenia los ojos perdidos en la nada, parec¨ªa ser solo el zombi de aquel servidor publico que cumpl¨ªa su trabajo con tanta dedicaci¨®n y esmero, verlo as¨ª es deprimente, casi que desesperanzador. _ No creo poder hacerlo _. _ Tienes que, acomp¨¢?ame _ Johan se lleva al maltrecho polic¨ªa a dar una vuelta por las calles cercanas, quiere mostrarle que si bien muchas cosas cambiaron aun se lo necesita y debe mantenerse fuerte por aquellos que precisan de sus servicios como oficial de la ley. Su camino los lleva por casas quemadas y en proceso de reconstrucci¨®n, los ciudadanos marginados por esta situaci¨®n son vulnerables ante la delincuencia, la cual pese a todo no ha mermado mucho, y no ha dejado de ser¡­ peculiar. Sobre los autos y en los recibidores de las casas alguien ha estado pegando papeles con rosetas, o dibujando garabatos con una suerte de poemas ambiguos y sin sentido aparente. Despu¨¦s pasan por una tienda que ha sido completamente destrozada, robada y grafiteada, quien ha perpetrado estos actos de vil vandalismo a¨²n no ha sido identificado. Luego observan como unos alba?iles tienen una acalorada discusi¨®n con un vagabundo que se niega a moverse del lugar donde estaba durmiendo para permitir que sigan con su trabajo. Situaciones m¨¢s, situaciones menos, al final regresan al punto de partida frente a la cafeter¨ªa. _ No todo es malo tampoco, las plagas de ratas y otras alima?as han disminuido, la gente ve con menos asco a los villeros, y en la poblaci¨®n general se respira un aire renovador de esperanza, pero como has visto no te va a faltar trabajo _. _ Tenes raz¨®n, trabaje por mantener segura la ciudad durante a?os, no puedo renunciar ahora _. _ Bien dicho, pero tampoco debes precipitarte, anda a tu casa, come, bebe, coge, seg¨²n se los travas est¨¢n cobrando barato, y despu¨¦s volve a la acci¨®n, jefe de polic¨ªa _ Crownwell le da unas palmadas en la espalda al oficial y sube a su auto _ Hey, tu hermano volvi¨® a la ciudad, por si no sabias _ agrega antes encender el veh¨ªculo y marcharse. _ ?Paulo¡­?_ dice para s¨ª el polic¨ªa mientras observa el auto perderse de vista. El L¨ªder condujo un hasta llegar a la cuadra donde estaba la panader¨ªa abandonada de la esquina, estaciono su auto en la esquina contraria y trep¨® a los techos para llegar a trav¨¦s de estos al lugar, ya estando sobre la edificaci¨®n de apariencia derruida mueve una chapa que tapaba una entrada secreta. El lugar por dentro era extremadamente diferente a lo que se pod¨ªa suponer viendo el exterior, el ``recibidor¡ä¡ä era una gran sala de reuniones con una mesa circular en el centro, 6 sillas de color rojo la rodeaban. De esta sala principal sal¨ªan 4 pasillos que llevaban a una serie de habitaciones creadas para diferentes prop¨®sitos, dormitorios para aquellos que no tuvieran casa propia, algo complicado en esta econom¨ªa, un laboratorio y taller para los experimentos del doctor Parriz, un peque?o santuario de meditaci¨®n y lectura para el Professor Mark, un cuarto pensado para el entretenimiento de car¨¢cter m¨¢s infantil de Pie Afanado y Chapin, entre otras. En el sitio ya estaban Metal Man, que con los pies apoyados sobre la mesa ajustaba cuidadosamente las clavijas de su guitarra, sentado junto a ¨¦l estaba Mark, que aguardaba pensativo apoyado sobre sus brazos a que los dem¨¢s llegaran. _ Buenas _ los saluda el L¨ªder al tomar asiento tambi¨¦n. _ Bonne journ¨¦e monsieur Crownwell _ le respondi¨® el skinwalker, el h¨¦roe del metal solo hizo un gru?ido en respuesta. Dirts Storm llega y se une a ellos unos minutos despu¨¦s. _ Buenos d¨ªas para todos _ dice mientras se sienta _ Les doy la bienvenida a la tercera reuni¨®n semanal de presentaci¨®n de informes de los ¨¢ngeles de Lukrania, ?alguno quiere empezar?_ Crownwell levanta la mano _ Si _. _ ?Vas a decir eso cada vez que hagamos esto?_. _ Eh¡­, no _. _ Perfecto _. _ Mis patrollies no han reportado nada fuera de lo normal esta semana, solo un aumento en estos raros casos de ``vandalismo¡ä¡ä en places p¨²blicos _ acota a la conversaci¨®n el Professor Mark. _ Tampoco ver nada importante _ comento Metal Man _ Cuando venir para ac¨¢ un pelotudo darme esta piedra _ agrega mientras sostiene un trozo de cuarzo blanco en la mano. _ Jejeje, de seguro fue el hermano de Herman _ coment¨® el L¨ªder con una sonrisa. _ ?Es su hermano? lo vi apenas ayer, sab¨ªa que me recordaba a alguien _ dijo Dirts Strom. _ Solo se parecen de cara, mientras uno es polic¨ªa el otro es un hippie, fomenta la conexi¨®n con las energ¨ªas, la desobediencia al gobierno y ese tipo de cosas, b¨¢sicamente un loco _. = B¨¢sicamente un estupido =. _ Mmm, the birds of la plaza me hab¨ªan notificado de un grupo de personas extra?as que se re¨²nen ah¨ª, pero al ver las actividades que hac¨ªan decid¨ª no darle importancia, por lo que comentas debi¨® tratarse de ¨¦l o gente similar _. _ Seguramente, me sorprendi¨® que haya vuelto, hace unos a?os dej¨® la ciudad debido a la poca popularidad de sus ideas, parece que supo aprovechar la situaci¨®n actual para resurgir _. _ Mientras no cause problemas no habr¨¢ necesidad de prestarle especial atenci¨®n _ dice Brian para cortar con el tema _ Pasando a otro asuntos, ?como esta Funshine?_. _ Continuar reposo, doctor decir que no convenir hacer movimientos bruscos por un tiempo mas _ le respondi¨® Metal Man, la chica estaba siendo tratada por una serie de cortes en su espalda, atravesar ventanas no es como lo retratan en las pel¨ªculas. _ Ya veo, ?y alguno ha tenido noticias de Pie afanado?_. _ §ª§Ò§Ù§Ú§à§å§á §å§Ú §Ñ?§Ò§Ñ§ç? §Ñ§ç§î§å??§Ñ§Ù, yo y Metal Man vamos a ir a verlo en la tarde-noche, insiste en que indaguemos en el tema de ese supuesto specter que habita en el frigor¨ªfico abandonado _. _ Ser boludes, pero a falta de algo que hacer¡­_. _ Yo ten¨ªa planeado encontrar al imb¨¦cil que est¨¢ llenando la ciudad de papeles con rosetas, me vas a ayudar con eso, ?no?_ pregunta Johan a Dirts Storm. _ Ten¨ªa pensado hacer otra cosa, lo siento _. _ Lastima, esto va a ser muy aburrido _ el L¨ªder se levanta de la silla y utiliza una escalera de dos hojas para salir por el agujero del techo _ Los veo despu¨¦s _ se despide antes de irse. _ I¡äm leaving to, debo dejar algunos asuntos en orden antes de dejar la ciudad en la afternoon _ Mark se transforma en una paloma y sale volando por el agujero. _ Yo tambi¨¦n tomarme el palo, toma, regalar piedra _ Metal Man abandon¨® el sitio al igual que los dem¨¢s. Dirts Storm se queda solo en el cuartel de los ¨¢ngeles, aprovecha la soledad para ordenar sus pensamientos y razonar bien lo que har¨ªa a continuaci¨®n, aquellos asuntos que le impidieron acompa?ar a Crownwell no hab¨ªan sido del todo planeados con anterioridad, realmente hab¨ªan surgido de forma casi espont¨¢nea durante la reuni¨®n. El hermano del jefe de polic¨ªa, Paul, o Paulo, como el propio Herman lo llamaba, quiz¨¢ ese raro sujeto era lo que necesitaba para poder hacer las paces con el oficial, el odio que este siente por ¨¦l le afecta mucho m¨¢s de lo que deber¨ªa, es como si fuera un recordatorio del horrible ser que alguna vez fue, un recordatorio de los tiempos donde la maldad contenida en ese maldito dedo influ¨ªa terriblemente en sus acciones. Esos tiempos ya eran historia antigua, estaban en una nueva era, con un nuevo Dirts Storm, estar en paz con quien alguna vez fue su mayor rival en la lucha del bien y el mal, en la que vergonzosamente formaba parte de este ¨²ltimo, podr¨ªa hacer que por fin alcance de forma total la tranquilidad que tanto anhelaba desde hac¨ªa ya un tiempo. Podr¨ªa ser una forma de convencerse a s¨ª mismo de forma definitiva que su yo villano ya no exist¨ªa, cosa bastante est¨²pida si consideramos todo lo que ya ha hecho para probar esto a s¨ª mismo y al p¨²blico pero a cada quien lo suyo. Dirts Storm abandona el lugar y se dirige movi¨¦ndose por la red hasta la plaza del centro, para su descontento no encuentra a ning¨²n miembro de Pazana, el sistema de reuniones tampoco es muy intuitivo en cuanto a cu¨¢ndo son, lo que si encuentra es un cartel con el logo del grupo y algo mas de informaci¨®n al respecto pegado en una de las farolas. El logo era un poco extra?o, parec¨ªa ser un intento de dibujar a mano el s¨ªmbolo de la paz, bastante tosco y de trazos irregulares, extra?o si consideramos que esto era una hoja impresa y escrita con alg¨²n programa de computadora y no a mano. No le dio mucha importancia a eso, no era ning¨²n secreto que esta gente era un poco extra?a, a lo que s¨ª le dio especial atenci¨®n es a la direcci¨®n que se indicaba en la parte de abajo de la hoja. El mugroso emprendi¨® rumbo al lugar indicado por el cartel, llega a lo que en alg¨²n momento fungi¨® como sal¨®n de eventos ahora ocupado, no de forma legal seguramente, por el grupo del tal Paul. Quien alguna vez fue due?o de este lugar muri¨® en las llamadas ``semanas del terror¡ä¡ä, forma en la que la poblaci¨®n se refiere al periodo de tiempo en el que la Mano Matona tuvo el control, parece que su patrimonio no fue reclamado por nadie de su familia, permitiendo que cayera en las manos de estos sujetos. Dirts Storm se para frente a la entrada y golpea las manos, una mirilla se abre para inspeccionar qui¨¦n era, al percatarse que se trataba del h¨¦roe le abren la puerta casi de inmediato y lo acompa?an a la ``oficina¡ä¡ä de Paul. El lugar consist¨ªa de una gran habitaci¨®n con un escenario, unas entradas para los ba?os en una esquina y una para la cocina en la otra, sitio que el representante mayor del movimiento Pazana usaba como oficina. Los dem¨¢s miembros estaban repartidos por todo el lugar, sentados en ronda para hablar, pintando las paredes con murales coloridos o con aquel s¨ªmbolo raro, escribiendo carteles de protesta para sus manifestaciones, que de momento hab¨ªan sido pac¨ªficas, entre otras cosas. _ ?Hey Paul!_ le llam¨® la chica que hab¨ªa llevado a Brian hasta el lugar. _ Momento momento, estoy a punto de establecer un estado de conexi¨®n cu¨¢ntica con esta flor _ vocifer¨® ¨¦l, sin apartar la vista de la maceta que ten¨ªa enfrente, se lo ve¨ªa muy metido en esa tarea. _ Es Dirts Storm, vino a verte _ le dijo la mujer. _ ??Dirts Storm!?_ dijo exaltado _ ?Me lo hubieras dicho antes!_ abandono lo que sea que estaba haciendo con la planta para recibir a Brian con una gran emoci¨®n _ Oh amigo, que gusto que est¨¦s aqu¨ª, no sabes lo feliz que me hace _ le dec¨ªa mientras estrechaba su mano de forma euf¨®rica. _ Je¡­, si, yo tambi¨¦n estoy feliz de verte Paul _ quit¨® su mano _ Ehm¡­, quer¨ªa saber si tu podr¨ªas ayudarme con algo, ?puedes?_. _ ?Claro!, c¨®mo no ayudarte a ti despu¨¦s de todo lo que has hecho por nosotros y el movimiento _. _ Gracias, es respecto a tu hermano, el oficial Herman _. _ Uhh, el viejo Herman, no veo al amargado desde hace como 5 a?os, aqu¨ª entre nos no te juntes con ¨¦l _. _ Quiero llegar a estar en paz con ¨¦l, ?no¡­?_. _ ?No hay problema amigo!, ya lo llamo _. En ese momento Herman estaba visitando a un viejo amigo en el trabajo. _ Gracias por recibirme Jorge _. _ No hay problema, desde que supe que despertaste quer¨ªa hablar contigo _ le respondi¨® Sol¨®n. Estaban en la oficina de este ¨²ltimo, bebiendo alg¨²n t¨¦ caro y extravagante, darse este tipo de lujos no era una actitud que hubiera desaparecido en Sol¨®n, ni siquiera ahora que a sus gastos se le sum¨® el abastecer a los ¨¢ngeles con las cosas que pidieran. _ Ha sido muy dif¨ªcil para m¨ª, pero de a poco logr¨® salir adelante _. _ Me alegra o¨ªrlo, sabes que para lo que necesites puedes contar conmigo _ Sol¨®n se levanta de su silla y camina hasta el ventanal que tiene en su oficina _ Yo tambi¨¦n he pasado por situaciones desagradables ¨²ltimamente, bueno, ?quien no?_ suelta una risa fingida antes de volver a su seriedad _ Pero pronto me liberar¨¦ de estas cadenas que me atan y entonces ellos sabr¨¢n con quien osaron jugar _. _ ?Jorge?_. _ Bonito poema ?verdad?, mejor cambiemos de tema, tal vez hablar de cosas m¨¢s alegres haga que la susodicha nos llegue a los dos _ toma siento otra vez y bebe un trago de t¨¦ _ ?Has o¨ªdo hablar de la ley de atracci¨®n?_. _ No, la verdad que no, yo te¡­_. _ Ah, entonces no hablemos de eso, dime, ?ya volviste al trabajo?_. _ Todav¨ªa no, pero de algo relacionado quer¨ªa preguntarte, ?que paso con lo del robo de la f¨®rmula del gas de Dirts Storm?_. _ Ah eso, no me lo vas a creer, poco tiempo despu¨¦s de que cayeras en coma logr¨¦ recuperarla, pero esos sinverg¨¹enzas se infiltraron y la robaron otra vez _. _ ?Y no lo reportaste al gobierno de la ciudad?_. _ Iba a hacerlo, pero ese tal Crownwell me visito y me explico la situaci¨®n con ese malvado dedo Fingertruth, as¨ª que desist¨ª y en cambio los ayude con lo que pude, desgraciadamente sus esfuerzos no fueron suficientes, aunque cuando liberaron la ciudad poco despu¨¦s abogaron por mi ante las autoridades, de todas formas yo renuncie a la tarea de replicar tal arma, no me sent¨ªa c¨®modo con esa responsabilidad sobre mi, ademas de que ahora Dirts Storm es de los buenos _. _ Claro, si¡­_ responde algo incomodo _ Y respecto a¡­_ su tel¨¦fono suena, al revisar de quien se trata se sorprende de que sea su hermano, Paulo, la ¨²ltima vez que hab¨ªan hablado por llamada fue hace casi un a?o, ni hablar de en persona. Por un momento duda de si contestar o no, aunque al final, y siendo incitado por el empresario, decide hacerlo _ ?Paulo?_. _ Hola hermano, ?c¨®mo vas?_. _ Yo estoy bien, ?vos que me dec¨ªs? _. _ Fabuloso, oye, hace rato que no hablamos, ?por qu¨¦ no vienes aqu¨ª al cuartel general a soltar un poco la lengua?_. _ ?Me necesitas para algo?_. _ Noo hombre, solo quiero charlar, anda, no seas amargado hermano _. _ Bien, estar¨¦ ah¨ª en la tarde, chau _ el polic¨ªa corta la llamada, varias dudas surgen en ¨¦l con respecto a este repentino acto de fraternidad, pero con tanto en la cabeza simplemente lo deja como otra de las extra?as acciones de Paulo. _ Ya est¨¢, va a venir esta tarde _ le dice este ¨²ltimo con entusiasmo a Brian. _ Muy bien, estar¨¦ aqu¨ª para entonces _ el gordo se iba a ir pero los hippies lo detienen. _ ?Espera, espera!, no puedes irte ahora, los muchachos estaban preparando una danza interpretativa sobre ti, qu¨¦date a verla, comeremos masitas sin sal, nos pintaremos las manos y conectaremos con los chakras _. _ Ehh¡­_ Dirts Storm no quer¨ªa hacer nada de eso pero su bondad y el cari?o que le tiene esta gente lo obligan a quedarse _ Bueno _. _ ?Espl¨¦ndido!_ dice Paul mientras lo rodea con su brazo por los hombres _ Hey, ?que tienes aqu¨ª? _ le mete la mano en el bolsillo _ Wow, que bonito cuarzo, se parece a uno que le di a ese grandote, ?como se llama?_ se pregunta con una mano en la barbilla. _ ?Metal Man?_. _ Si ese, cuando vea que tienes uno parecido al suyo se pondr¨¢ muy alegre, ac¨¢ entre nos si le hace falta sonre¨ªr mas _ suelta una risa que le contagia incomodidad y se lo lleva casi de tiro hasta el escenario. Todo sea por hallar la paz, supongo. Capitulo 2 Papeles y rosetas, papeles y rosetas por todos lados, en las se?ales de tr¨¢nsito, en los monumentos, en las paredes de casas y edificios. Alguien hab¨ªa estado dejando esta mugre por toda la ciudad desde hac¨ªa ya una semana, el qui¨¦n o para qu¨¦ segu¨ªa siendo un misterio. Ya era hora de que alg¨²n miembro de los ¨¢ngeles se pusiera manos a la obra para llegar al fondo de esto. = Hemos estado viendo estas porquer¨ªas por horas, mejor nos hubi¨¦ramos quedado a mirar la pelea entre el vagabundo y el alba?il de hace rato = se quejaba Armstrong. _ No, cuando veo una pelea siempre pierde el que quiero que gane, y esta vez s¨ª apost¨¦ mucho por ese vagabundo _ respondi¨® el L¨ªder mientras analizaba uno de los muchos papeles pegados en un ¨¢rbol de la vereda. Eran las 6 de una templada tarde en Lukrania, los 3 h¨¦roes en 1 hab¨ªan caminado varias cuadras en busca de alguna pista, corazonada, o misera idea de como dar con el autor de estos actos de vandalismo, pero la paciencia se agotaba, el cansancio afloraba y las buscadas pistas no se manifestaban. Quien fuera que hab¨ªa hecho todo esto parec¨ªa tener unas convicciones bastante arraigadas, aparece en la seguridad del velo nocturno y como un fantasma se manifiesta brevemente antes de desaparecer sin ser visto, sin dejar huellas u otro tipo de rastro hacia s¨ª mismo. Todas las noches, todas las noches durante una semana completa, a veces solo un ¨¢rbol, a veces el frente entero de una casa, a veces una calle y sus alrededores. ?Por qu¨¦ lo hac¨ªa? ?Por qu¨¦ usar papeles con rosetas? ?Quer¨ªa dar alg¨²n tipo de mensaje acaso?. Una cosa era clara, este tipo ten¨ªa mucho papel y rosetas a mano, Crownwell hizo este mismo razonamiento y se le ocurri¨® algo, buscar en las diferentes fotocopiadoras y papeler¨ªas de Lukrania, dando prioridad a las que tuvieran cerca alg¨²n terreno bald¨ªo. Tras conducir por la ciudad un rato, finalmente lleg¨® a un lugar que pose¨ªa estas caracter¨ªsticas. Se puso frente a la puerta, alist¨® su arma en caso que este vand¨¢lico quisiera poner resistencia y porque estaba bastante enojado debido a las horas que tuvo que pasar busc¨¢ndolo. Abri¨® la puerta despacio, el lugar era como cualquier papeler¨ªa, con cuadernos, l¨¢pices y dem¨¢s art¨ªculos para la escuela u otras actividades que exigieran elementos similares, nada sospechoso en primera instancia. Tras un mostrador hab¨ªa una se?ora de apariencia algo mayor. _ Buenas _ saludo el L¨ªder mientras se acercaba al mostrador con una sonrisa. _ Buenas tardes _ la mujer tard¨® unos segundos pero luego lo reconoci¨® _ Hey, usted es ese de los h¨¦roes, Cromel _. _ Es Crownwell, pero si. Mire se?ora, yo y mis fieles asistentes estamos buscando a ese pillo que ha estado ensuciando la ciudad con esto _ le entrega uno de los papeles con rosetas pegadas _ Creemos que pudo haber comprado el papel aqu¨ª, ?recuerda a alguien que haya hecho un pedido exageradamente grande de hojas en blanco?_. _ Mmm, ahora que lo recuerdo¡­_ la mujer revisa bajo su mostrador en busca de algo, tras alrededor de un minuto se levanta con otra papel entre las manos _ Un se?or viene a hacer grandes pedidos cada tanto, nunca tiene dinero para pagar, as¨ª que me da estos en forma de pago _ Crownwell toma la nota, parec¨ªan garabatos dibujados a l¨¢piz en medio de los cuales estaba escrito un poema, no era la primer vez que ve¨ªa uno de estos, entre los papeles con rosetas sol¨ªa venir alguno as¨ª mezclado con los dem¨¢s. _ Interesante¡­, pero d¨ªgame, ?por qu¨¦ acepta esta basura como m¨¦todo de pago?_. _ Para mi es una muy bonita pieza de arte, se?or _ la se?ora se lo quita de las manos _ Ahora por favor v¨¢yase, si no piensa comprar algo claro _. Los h¨¦roes salen del negocio y caminan hasta el bald¨ªo de al lado. = La vieja esa anda en algo raro me parece =. _ Nah, tener gustos raros no es un crimen desde el 2005, no le des importancia _ pudo observar lo que buscaba, las rosetas crec¨ªan en este terreno _ Mmm¡­_ asent¨ªa con la cabeza _ Si, lo que me imaginaba _. = ?Que?=. = ?Que?=. Preguntaron Armstrong y el Nerd al un¨ªsono. _ ?No se dan cuenta? los poemas pretenciosos, el uso de elementos simples para dar un mensaje inentendible, la necesidad casi vamp¨ªrica de la atenci¨®n del p¨²blico _ vuelve a sacar el papel con rosetas pegadas _ No se trata de ning¨²n vand¨¢lico, es¡­,es¡­un artista conceptual _ el L¨ªder vuelve a tener otra idea al respecto del caso por lo que sube a su auto y regresa al ¨²ltimo lugar donde este ``artista¡ä¡ä hab¨ªa plasmado su marca caracter¨ªstica. Conduce con cierta emoci¨®n, estaba muy cerca de desvelar este misterio que lo hab¨ªa tenido ocupado por horas, o al menos eso cre¨ªa ¨¦l. Una ventisca desperdiga el ``arte¡ä¡ä, que no estaba correctamente pegado a los objetos donde hab¨ªa sido colocado, por los alrededores, rosetas y papeles, papeles y rosetas, por todos lados, en las calles, en las ventanas, sobre su parabrisas. Estaba harto de ver rosetas y papeles, y por eso estaba contento de poner fin a esta tonter¨ªa conceptual. Los surcos de sus neum¨¢ticos ya estaban colapsados de aquellas molestas espinas verdes, la gente en las veredas se las despegaba de los cordones de los zapatos, de las botamangas de los pantalones, y ni hablar del infierno en vida que estaban pasando los que ten¨ªan ropa de lana. Por fin divisa lo que estaba buscando, aquel ¨¢rbol de vereda que hab¨ªa sido v¨ªctima de este ``artista¡ä¡ä. Al llegar, comienza a quitar los papeles con rosetas, pinch¨¢ndose varias veces en el proceso, hasta encontrar lo que buscaba, un poema. = ?Otra de esas boludeces?=. _ Si, pero por algo las est¨¢ dejando en cada lugar donde act¨²a _. El papel dec¨ªa lo siguiente: ``Siete albas¡ä¡ä ``Siete ocasos¡ä¡ä ``Siete oportunidades de redenci¨®n¡ä¡ä ``Su rechazo culmina donde la muerte los acepto¡ä¡ä = ?Que quiere decir eso?= pregunta Armstrong. _ No tengo idea, pero debe ser una pista, este tipo quiere llamar la atenci¨®n, quiere ser buscado _. = Su teor¨ªa es bastante curiosa, se?or Crownwell, podr¨ªa ser acertada, aunque no recuerdo haber visto algo as¨ª en las ocasiones que visit¨¦ el museo de bellas artes = dice el doctor Parriz. = Capaz no consideraron que este ``arte¡ä¡ä fuera muy bello =. Hum, curioso, es cierto que el arte muchas veces termina siendo subjetivo, al igual que la belleza, es dif¨ªcil definir algo que depende tanto de quien lo ve y juzga, de quien lo ve e interpreta las sensaciones que aquello le causa. Puedes maravillarte con un atardecer o puedes ignorarlos todos los d¨ªas, es cuesti¨®n de gustos, aunque incluso con estos temas tan personales nos gusta que alguien nos diga qu¨¦ pensar, queremos que alguien con, supuesta, autoridad vea ese atardecer y nos diga que, en efecto, es bello, o por lo contrario, no lo es. Hay quienes ver¨ªan estos papeles con rosetas y pensar¨ªan que son bellos, que son arte, tratar¨ªan de justificarlo con un sentimiento, la expresi¨®n de un concepto abstracto que solo un verdadero entendido podr¨ªa ver y apreciar, curiosamente, la persona de al lado podr¨ªa considerarlo basura, o tal vez tambi¨¦n lo vea bello, pero por razones completamente diferentes y que al primero jam¨¢s se le hubieran pasado por la mente. Pero si alguien de autoridad en el mundo del arte, como los directores de un museo, rechazaran la obra, ?que pasar¨ªa? Algunos mantendr¨¢n su postura, pero ser¨ªan los menos, la mayor¨ªa simplemente agachar¨ªa la cabeza y aceptar¨ªa la opini¨®n de alguien que ven como superior respecto a un tema en el que realmente todos tienen una postura de igual valor al respecto. Y entonces los papeles con rosetas ser¨ªan arrojados a la calle para pudrirse en el rechazo, ?como tomar¨ªa esto el artista tras ellos?. _ ?Eso es!_ exclama Johan. Esa misma tarde fueron al museo de bellas artes de Lukrania, el lugar estaba cerrado, gran parte del personal, lo que incluye al director, y dem¨¢s miembros de la alta sociedad art¨ªstica de la ciudad hab¨ªan muerto en el ataque que la Mano Matona realizo aqu¨ª en sus intentos de inculpar a Dirts Storm. El L¨ªder estacion¨® a unos 50 metros de las escaleras del sitio, ya desde esa distancia logr¨® divisar una furgoneta blanca al pie de las escaleras, al caminar hasta ella pudo ver, al igual que sus compa?eros, un rastro de rosetas que conduce hasta la entrada del museo, la cual hab¨ªa sido forzada. Llenos de determinaci¨®n avanzan siguiendo el rastro, escal¨®n a escal¨®n, cada vez m¨¢s cerca de este extravagante delincuente. = Yo que vos voy pelando el rev¨®lver = advierte Armstrong antes de que entraran al edificio. _ Es un raro que deja notitas, no creo que¡­_ una explosi¨®n a escasos metros interrumpe sus palabras y lo obliga a acobacharse contra una de las columnas que adornaban la entrada. La furgoneta hab¨ªa estallado, y no solo eso, cayendo entre las mecidas del viento, iluminando la penumbra de la noche como hadas danzantes, papeles con rosetas, papeles con rosetas encendidos y carboniz¨¢ndose antes de poder tocar el suelo, otros a los pocos segundos de haberlo hecho, quedando sus cenizas apagadas pero iluminadas por la gran fogarata que desprend¨ªa el veh¨ªculo. = Ya me tiene bastante podrido lo de los papeles con rosetas =. _ Si, a mi tambi¨¦n _ dice con sus ojos iluminados en un bello color naranja por las llamas circundantes, iluminaci¨®n que se pierde al momento que saca su arma y se da la vuelta para ingresar al museo. Avanza cauteloso mientras sigue el rastro de rosetas, a medida que avanza comienza a o¨ªr algo en medio del silencio que encapsulaba aquel lugar, como una brocha recorriendo una superficie. Las rosetas parec¨ªan ingresar a la sala en la que la masacre con gas hab¨ªa ocurrido. _ ``...Donde la muerte los acepto¡ä¡ä_ vocifera Crownwell antes de ingresar al lugar _ ?Tu!_ exclama al entrar, apuntando con su dedo a una figura de rodillas sobre el piso, parec¨ªa estar escribiendo algo. El hombre en la habitaci¨®n se pone de pie mientras se quita el polvo de su pantal¨®n con mucha calma. Parec¨ªa ser un tipo de unos 40 a?os, vestido con un buzo blanco con manchas negras, de la misma forma pero si esos detalles eran sus zapatillas, su pantal¨®n era un cargo azul oscuro, casi negro, mas aun en medio de la oscuridad, sus manos estaban cubiertas por unos guantes negros y ajustados. _ Por fin llega _ agreg¨® en un tono despreocupado y con ciertos aires de presunci¨®n, a la vez que se pasaba la mano por el cabello, que era corto con una peque?a cresta. Junto a ¨¦l hab¨ªa un tarro de pintura negra con la brocha encima, hab¨ªa hecho uno de sus caracter¨ªsticos poemas raros pero en una escala mucho m¨¢s grande, con todo y garabatos. _ ?Me esperabas?_ pregunta el L¨ªder mientras camina a su alrededor. _ Ten¨ªa pensado hacer p¨²blica la creaci¨®n de esta nueva exposici¨®n, y en verdad me emocion¨¦ cuando la se?ora de la papeler¨ªa me dijo que Johan Cromel era quien segu¨ªa mis ingeniosas pistas _ respondi¨® el artista, que comenz¨® a hacer lo mismo. = Te dije que la vieja sobada se hac¨ªa la boluda =. _ Se dice Crownwell, tarado, y no necesitas ser ingenioso para que se te ocurra dejar un rastro _ le dice mientras patea las rosetas tiradas en el suelo. _ ?Un rastro? Claro que no, los poemas eran¡­_ revisa una bolsa pl¨¢stica que ten¨ªan atada a la cintura _ Maldici¨®n, se me rompi¨® _ se lamentaba mientras las espinas verdes ca¨ªan del objeto. _ Basta de tonter¨ªas. ?Qui¨¦n eres? ?Para qu¨¦ es todo esto?_. _ Me apena saber que para usted soy un don nadie, pero no es su culpa, es de ellos _ aprieta su pu?o con ira _ Ellos me ocultaron, celosos de la profundidad de mis obras. Intentaron encubrir el nombre de¡­?Crisento Perez!_ agreg¨® con una mano en el pecho y la otra alzada. El L¨ªder observ¨® confuso al tal Crisento. _ ?Est¨¢s molesto con los del museo por no exhibir tus papeles con rosetas? Ya est¨¢n muertos, ?para qu¨¦ ensuciar la v¨ªa p¨²blica?_. _ ?Que? No, no no no¡­?No!_ cambi¨® su refines por un tono mucho m¨¢s desesperado _ ?Usted tambi¨¦n? No puede ser ?No puede!_. = ?Qu¨¦ le pasa al est¨²pido este?=. = Creo que est¨¢ teniendo una especie de¡­ataque =. _ ?Que? ?Dije algo malo?_. _ Cree que mi arte es basura, igual que ellos lo hicieron en su momento, igual que esos incultos de las autoridades _ le dijo apunt¨¢ndole con el dedo, parec¨ªa estar a punto de romper a llorar _ Yo lo admiraba, a usted y a los ¨¢ngeles de Lukrania. Se supone que traer¨ªan cambio, que traer¨ªan nuevos paradigmas en esta sociedad podrida y nos liberar¨ªan de la opresi¨®n del corrupto sistema que nos dice que hacer, como pensar, que arte apreciar _ las l¨¢grimas ca¨ªan por su rostro mientras extend¨ªa su manos hacia Johan, como si suplicara la confirmaci¨®n de sus pensamientos.This tale has been unlawfully lifted without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. _ El arte es subjetivo, si a la gente no le gustan tus papeles con rosetas no hay nada que yo pueda hacer, o que cualquier otro pueda _ trataba de explicarle de la forma m¨¢s comprensiva que le era posible, pero no pod¨ªa dejar de pensar que todo esto era una estupidez. _ Basta, basta¡­?Basta! ?Cerdo inculto! No se trata de los papeles con rosetas, ?acaso nadie puede ver el mensaje? ??Qu¨¦ tengo que hacer para que se den cuenta!?_ camina hasta la salida de la habitaci¨®n y sujeta una cuerda que hab¨ªa escondido en la oscuridad, parec¨ªa subir hasta el techo. _ Muy triste lo tuyo, pero ahora¡­_ le apunta con su arma _ Quedas arrestado por vandalismo a gran escala, y ni hablar de lo de poner explosivos frente a un edificio p¨²blico, loco imb¨¦cil _ Crisento solo lo observa con una mezcla de aflicci¨®n y furia. Cuando Johan se le acerca para arrestarlo tira de la cuerda, del techo caen cientos y cientos de papeles con rosetas que sepultan al h¨¦roe en segundos. El artista abandona el sitio sec¨¢ndose las l¨¢grimas, baja las escaleras del museo hacia su furgoneta. R¨¢pidamente recuerda que la hizo explotar, por lo que muy triste se aleja caminando en la oscuridad, dejando caer rosetas de la bolsa rota en su cintura, aunque se terminan m¨¢s o menos a una cuadra. Muy lejos de toda esta treta art¨ªstica, en Trash City. El Professor Mark y Metal Man recorr¨ªan las calles de los precarios barrios a las afueras de la ciudad, su andar era casi totalmente a oscuras, el sol desaparecida en el horizonte y las luces de la calle brillaban por su ausencia, apenas estaba la iluminaci¨®n de los hogares para saber por donde andaban. Incluso esta zona relativamente ``tranquila¡ä¡ä no se salvaba de tener algo de crimen por aqu¨ª y por all¨¢, curiosamente ninguno de los h¨¦roes hab¨ªa podido avistar algo de esto en el tiempo que han estado por el lugar, tal vez las medidas que tanto le criticaban al gobierno como una p¨¦rdida de recursos hab¨ªan servido de algo, tal vez la desorganizaci¨®n de los furrys debido a la ausencia del HPYB hab¨ªa provocado que los maleantes de estas zonas migrar¨¢n al centro en busca de mejores oportunidades de triunfar, o quiz¨¢s era porque 2 h¨¦roes andaban por ah¨ª y los delincuentes simplemente los estaban evitando. La gente no hac¨ªa mucho esc¨¢ndalo por la presencia de Mark y Ricardo, apenas unas miradas curiosas desde las ventanas o desde sus entradas, muy diferente a como ser¨ªan tratados en Lukrania de ser vistos andando as¨ª nomas por la calle. Quienes si los recib¨ªan con entusiasmo, o al menos a uno de ellos, eran las ratas, las cucarachas, las moscas y otras alima?as. Filas de estas plagas se aglomeraban junto a Mark, como un perro recibiendo a su due?o. El h¨¦roe las recib¨ªa con una sonrisa, les hablaba en un dialecto inentendible, ?era el idioma de esos animales? Quien sabe, al menos a Metal Man no le importaba en lo m¨¢s m¨ªnimo, ¨¦l solo segu¨ªa caminando con la vista al frente, su imperturbable rostro exhib¨ªa su mueca natural de seriedad y pocos amigos. Tras caminar por un rato al fin consiguen llegar a su destino, iluminado por la luz tenue del ocaso de un lado y la luna llena por otro se alzaba aquel antiguo sitio de abastecimiento de carne, uno de los vestigios de la ¨¦poca en la que este lugar era parte de Lukrania y no su peligroso y vergonzoso vecino. Mark observa el sitio con cierto desprecio, como vegano y amante de los animales lugares as¨ª le repugnan, inclusive este que hace a?os estaba fuera de funcionamiento. Por su parte, Metal Man, inclinaba la cabeza mientras analizaba el lugar, ?para ver esto los hab¨ªa hecho venir Pie Afanado? Ya que no quer¨ªa acompa?ar a Crownwell en su b¨²squeda del vand¨¢lico de las rosetas no se arrepiente de haber venido. Mientras buscan la entrada principal aparece Pie afanado. _ ?Ah!_ grita Metal Man. _ ?Ah! ??Que paso!?_ pregunta nervioso el chico. _ Nada, no verte venir, muy oscuro, y la noche tambi¨¦n _. Tras saludarse de forma adecuada y ponerse al tanto sobre algunos sucesos, el chico comienza a contarles su encuentro con aquel espectro que habita dentro del edificio con lujo de detalle, y exagerando un poco sus acciones para ``enfrentarlo¡ä¡ä. Mark escucha su relato con atenci¨®n, aunque sin dejar de dudar un poco de las palabras del joven, a Metal Man le da igual y se queda ah¨ª parado a esperar que le digan que puede entrar al lugar. _ Muy interesante, joven Pie afanado, pero me resulta curioso que tu friend no haya visto nada a pesar de estar por ah¨ª _. _ A m¨ª tambi¨¦n, pero les digo la verdad, vengan _ el chico los gu¨ªa hasta la entrada para camiones, aqu¨ª les muestra la reja de alambre que aquel ser corto con su hoz en su intento de acabar con ¨¦l. _ Mmm, What do you say, Metal Man?_ el h¨¦roe del metal solo alza sus hombros en se?al de indiferencia. Los 3 regresan al frente de la entrada principal, la historia del chico sonaba muy fantasiosa, pero el Professor Mark sabe que no les mentir¨ªa a ellos, o al menos no de una forma tan est¨²pida, por lo que al final se deciden por entrar y darle un vistazo al interior del frigor¨ªfico. La oxidada puerta estaba algo dura por los a?os, pero no es nada que el h¨¦roe del metal no pueda solucionar. La puerta abierta de par en par deja escapar una corriente fr¨ªa, demasiado fr¨ªa, algunos de los peque?os animales que segu¨ªan a Mark se retiran de inmediato. _ Mugroso¡­_ murmura Metal Man antes de ingresar, era un muy acertado an¨¢lisis del lugar de su parte, Mark lo sigue sin perder su elegante tranco, pero alguien se queda atr¨¢s. _ ?Stolen foot? ?No vendr¨¢s?_. _ E-es que¡­me da miedo. ?Me puedo quedar ac¨¢? Po favo _. _ Bone, restu ?i tie kaj rigardu la malanta?on _. El lugar estaba muy oscuro, la ¨²nica luz que hab¨ªa era la que ingresaba desde afuera, no serv¨ªa de mucho, pero ayudaba a dimensionar lo grande que era este sitio. Mark se transform¨® en un gato para tener una mejor visi¨®n en la oscuridad, Metal Man se quit¨® sus lentes oscuros, tenerlos puestos todo el tiempo hizo que sus ojos se acostumbraran a ver con poca luz, y aunque de esta forma su identidad secreta estaba desprotegida no hab¨ªa nadie de quien tuviera que ocultarla. Los h¨¦roes iban de sala en sala, solo encontraban mugre y cosas viejas. Entre vueltas llegaron hasta la entrada para camiones que hab¨ªan visto antes desde afuera, la luz de la luna impactaba de lleno en el alambrado cortado, dejando un patr¨®n de sombras en la pared contraria. _ Parecer que Pie afanado decir pavadas nomas _ le dice Metal Man al skinwalker. _ I don`t know, parec¨ªa muy convencido cuando nos lo contaba, no creo que haya intentado enga?arnos con este tipo tan infantil de falacias _. _ Mmm, no se, para mi ser pavadas _ Ricardo comenz¨® a caminar de vuelta a la salida, Mark se qued¨®, hab¨ªa algo en este lugar que lo ten¨ªa intrigado, quiz¨¢s era el extra?o fr¨ªo sepulcral que a¨²n prevalec¨ªa, o la ausencia de cualquier tipo de insecto u otro animal. _ G¡¯ho una bruta sensaziun¡­_ y no se equivocaba. Cuando Metal Man ya ve¨ªa sus propios pies iluminados por la luz que ingresaba por la entrada sinti¨® un escalofr¨ªo que le recorri¨® todo el cuerpo, otra helada brisa se manifest¨® de la nada y enfri¨® su gran espalda, a la vez que hizo tiritar a Pie afanado. El h¨¦roe del metal se volteo, realmente sin saber que buscaba o quer¨ªa ver, fue algo instintivo, esa sensaci¨®n de cosquilleo en la nuca que te dice cuando algo est¨¢ detr¨¢s de ti, pero al darle una buena ojeada al lugar no noto nada raro. Continuo caminando hasta la salida, ya estaba pensando lo que le dir¨ªa a Pie afanado por hacerlos caminar hasta ah¨ª a esas horas para no encontrar nada, ni siquiera algo que valiera la pena golpear. La sensaci¨®n volvi¨®, el escalofr¨ªo recorri¨® sus m¨²sculos una vez m¨¢s, su piel se eriz¨® ante el aire fr¨ªo que parec¨ªa remolinear dentro de este antiguo frigor¨ªfico, su fastidio ante la rara situaci¨®n iba aumentando, aunque de momento no alcanzaba para sacarlo de su inamovible expresi¨®n de seriedad. Continu¨® su avance cuando de golpe la oxidada puerta que costaba mover se cerr¨® frente a ¨¦l. Metal Man trat¨® de abrirla con un poco de fuerza como lo hab¨ªa hecho antes, fue in¨²til, parec¨ªa estar mucho m¨¢s entrancada ahora. Pie afanado se estaba recuperando del susto que le dio la puerta al cerrarse de golpe, al hacerlo trat¨® tambi¨¦n de forzarla a abrirse, no tuvo ¨¦xito. El h¨¦roe del metal no insisti¨® en seguir forzando la entrada, en vez de eso, tom¨® su cadena y se puso a esperar que quien fuera tan valiente o est¨²pido de encerrarse con ¨¦l se presentara. En la pared sobre la puerta comenz¨® dibujarse algo de la nada, brillaba en color blanco pero a su vez no iluminaba casi nada a su alrededor. Metal Man observaba estoico como aquel dibujo se completaba, una E redondeada, como un cuarto creciente, con detalles cuidados que adornaban la letra, El ¨¢rea ocupada por la E se desgarr¨®, algo la hab¨ªa cortado, pero no a la pared de ladrillo donde estaba, era como si la propia realidad se abriera para dar paso a lo que se ven¨ªa. Una figura sombr¨ªa emergi¨® de la grieta, incluso en la oscuridad su p¨¢lida piel era contrastante con el resto de sus oscuras ropas y su cabello, que dejaba caer un mech¨®n sobre su cara mientras que otro se levantaba como un jopo. La casi inexistente luz que a¨²n prevalec¨ªa se ve¨ªa reflejada en el filo plateado de la gran guada?a que tra¨ªa consigo, el arma ten¨ªa una gran abertura de forma irregular en medio de la hoja, tal como Barry les hab¨ªa dicho. El ser y Metal Man permanecieron inm¨®viles, sus ojos puestos sobre el otro, como si se analizaran o esperaran a que el otro haga el primer movimiento. El espectro de las sombras fue el primero en atacar de un guada?azo que Metal Man consigui¨® esquivar por poco, su piel es muy resistente pero no quiere arriesgarse. Un segundo guada?azo termina atrapado entre las cadenas del h¨¦roe, Metal Man aprovecha esto y comienza a hacer girar al espectro por toda la habitaci¨®n hasta impactarlo contra una pared. El retumbar del golpe resuena en los alrededores y levanta bastante polvo. Metal Man le da un tir¨®n a su cadena, esta vuelve a ¨¦l sin resistencia alguna, y sin nadie atado a ella. El h¨¦roe se rasca la cabeza con confusi¨®n, luego camina hasta donde hab¨ªa sido el impacto, no hab¨ªa nada. Tensa su cadena mientras se pone en guardia, una mueca de enojo se dibuja en su rostro. De la oscuridad y de forma repentina vuelve a emerger aquel ser, le da una serie de guada?azos que el h¨¦roe consigue bloquear con su cadena. Intenta sujetar el mango del arma, pero el espectro le corta la palma de la mano en un movimiento r¨¢pido, la parte de arriba tambi¨¦n parece tener filo. Metal Man retrocede entre gru?idos, observa la sangre brotar de su mano, no recordaba la ¨²ltima vez que alguien hab¨ªa podido lastimarlo, ni siquiera sab¨ªa si se hab¨ªa lastimado alguna vez, y este sujeto lo hab¨ªa hecho tan f¨¢cil y r¨¢pido. Los dientes rechinan mientras son apretados con ira, los pu?os truenan al cerrarse con fuerza, los eslabones suenan mientras la cadena se sacude violentamente. Aquel ser solo observaba la escena desde lo alto, finalmente decide volver a atacar, Metal Man responde tirando cadenazos al aire con gran fuerza y violencia, el espectro debe cesar sus intenciones y concentrarse en esquivarlos. Los eslabones se enredan en algo que tra¨ªa colgando sobre su espalda, el h¨¦roe del metal lo tira hacia ¨¦l y lo toma por el cuello, tras esto, entierra el pu?o en el muro m¨¢s cercano con tanta fuerza que lo atraviesa con todo y sujetado. El ser vuelve a empu?ar la guada?a, pero no para atacar al h¨¦roe, en vez de eso realiz¨® un corte en el suelo, de la cortada emergieron unas manos de aspecto sombr¨ªo y demon¨ªaco que lo sujetaron y metieron a la abertura con ellas. Metal Man no lo soltaba, y debido a esto termin¨® con medio brazo atrapado en el piso, o m¨¢s bien, en aquel portal que el espectro hab¨ªa abierto sobre este. El h¨¦roe forcejeaba entre gru?idos y gritos graves, con un brazo atrapado y medio cuerpo metido en la pared estaba vulnerable. Detr¨¢s de ¨¦l se abri¨® otro portal en el piso, el espectro sali¨® de ¨¦l lentamente, al emerger por completo, un par de manos arroj¨® la guada?a fuera de la abertura, que tras esto se cerr¨®, ¨¦l la atrap¨® en el aire y se puso en posici¨®n para terminar con Metal Man. Se pod¨ªa o¨ªr como la hoja afilada cortaba el aire al ser alzada. Ricardo se retorc¨ªa con fuerza pero no pod¨ªa liberarse en esa posici¨®n tan inc¨®moda. El espectro pronunci¨® unas palabras que no pudo o¨ªr bien, pero no era espa?ol. Cuando estaba por dejar caer todo el peso de la hoja sobre su cuerpo, una peque?a criatura salt¨® desde la oscuridad y se le peg¨® a la cara, bloqueando su visi¨®n y causando que fallara el ataque, cuando por fin se la pudo sacar de encima vio lo que era, una ardilla voladora. El peque?o mam¨ªfero mordi¨® su dedo y se lanz¨® al suelo, ¨¦l espectro la persigui¨® mientras le lanzaba mortales cortes para eliminarla. Metal Man aprovecho esto para terminar de liberar¨¢ su cuerpo del muro, aunque su brazo segu¨ªa atrapado en aquella abertura dimensional. Lleno de furia y determinaci¨®n se agacho junto a donde ten¨ªa el brazo, y usando sus poderosas piernas se impuls¨® hacia arriba hasta liberarlo de aquellas manos sombr¨ªas, el portal se cerr¨® y ¨¦l clam¨® su victoria con un poderoso grito gutural. Pudo notar la persecuci¨®n entre aquel espectro y el peque?o roedor en la oscuridad, as¨ª que tom¨® la guitarra de su espalda y ajust¨® un poco las clavijas, coloc¨® sus manos cuidadosamente sobre las cuerdas. La ardilla parec¨ªa haber sido acorralada contra una pared, pero cuando el guada?azo viajaba a toda velocidad contra ella se transform¨® en una mosca y lo esquiv¨® con facilidad, era el Professor Mark. El ser de oscuridad se extra?¨® un poco, pero luego sigui¨® con su ataque, lanzando err¨¢ticos ataques al aire en busca de acabar con la mosca, aunque sus acciones se vieron interrumpidas por la onda s¨®nica que lo impact¨® de lleno y estampo contra el techo del edificio. Mark volvi¨® a su forma humana junto a Metal Man. _ ?Est¨¢s good?_ le pregunto y se sorprendi¨® al ver la cortada en su palma, el h¨¦roe del metal le respondi¨® con un gru?ido y volvi¨® a centrar su vista en el techo del lugar. El espectro sali¨® del cr¨¢ter de impacto tirando algunos ladrillos en el proceso, comenz¨® a descender lentamente mientras se manten¨ªa inm¨®vil. Se detuvo a 5 metros del suelo frente a ellos. _ Homim arurim, nichnasim lemshken habdidot shli, kver nimas lei _ les dijo mientras apuntaba la guada?a hacia ellos. _ Habla bien, hijo de¡­_. _ Wait Metal Man _ Mark dio un paso al frente y se dirigi¨® a la entidad _ Ata midber ivrit, meanyan. anachanu le rotzim shum tzrot itch, be''enu ki tikpat anshim hafim mifsha _ le habla en un intento de calmar las cosas. _ Ani tokef otem ki hem be''im lehatrid uti. bema ata shona mehem? _ pregunt¨® el espectro. _ Anachanu giburim, redu lekan uvow nidber bruga. ata yuda lidber spardit?_ el ser descendi¨® hasta el suelo frente a Mark, segu¨ªa sujetando firme la guada?a, pero sin parecer querer amenazarlos con ella. _ Si _ le respondi¨®. _ Excellent. ?Ves c¨®mo podemos hablar en paz? Dime, ?cual es tu nombre? _. _ Hum, me han llamado de muchas formas, demonio, esp¨ªritu, fantasma, espectro _ observa su mu?eca y continua _ En mi anterior vida por mucho tiempo fui Baraquiel Jewson, pero entonces adopte este camino de oscuridad y sufrimiento como mi estilo de vida, y me convert¨ª en el hijo de la luna. ?Emoon!_ exclamo alzando los brazos, desde el techo cay¨® un escombro que dej¨® entrar un rayo de luz de luna que lo ilumin¨® por completo _ ?Ay!_ grito cuando el objeto le golpe¨® la cabeza. Los h¨¦roes ahora pod¨ªan ver bien a lo que se hab¨ªan estado enfrentando, un adolescente emo, los picos de sus pulseras y la punta de sus botas g¨®ticas brillaban reflejando la luz lunar, al igual que sus aretes y las peque?as calaveras que sosten¨ªan una corta capa negra a sus hombros. Dibujada en su remera igualmente negra estaba la letra E con forma de cuarto creciente. _ ?C¨®mo fue que terminaste as¨ª?_ pregunta Mark. _ Hace a?os, en el lejano 2008. Mi padre era un rabino, quer¨ªa que yo siguiera la tradici¨®n y me convirtiera en uno, pero ese no era el camino que hab¨ªa elegido para mi, por lo que sin su apoyo, a los 17 a?os acabe con ese sufrimiento que llaman vida, desgraciadamente mis pecados y mi entrega a la oscuridad me costaron la entrada al Shamayim _. _ ?Y por qu¨¦ no ir a infierno?_ pregunto Metal Man. _ Soy jud¨ªo, no creemos en el infierno _ apoy¨® la hoja de su guada?a sobre su mano _ Desde entonces vago por este condenado mundo en forma de alma emo en pena, luego encontr¨¦ este lugar, oscuro y fr¨ªo como mi coraz¨®n, lo adopte como hogar, y lo protejo con lo que en el pasado me quit¨® la vida _. _ Una hoja de afeitar¡­_ deduce Mark, Emoon asiente con la cabeza. _ Use los poderes de la noche para modificarla y convertirla en esto, la llamo hozellette _ Barry entra de repente embistiendo la puerta, se queda boquiabierto ante tal escena _ Grgr. ?Marrones!_ exclama con furia mientras alza la guada?a. _ ?Espera! Viene con nosotros _ Mark lo calma y hace que baje el arma. _ Bueno, ya resolver misterio, vamonos _ Metal Man se va caminando afuera, Pie afanado le da un ¨²ltimo vistazo a Emoon y hace lo mismo, el espectro iba a meterse en las c¨¢maras de refrigeraci¨®n otra vez pero el skinwalker lo detiene. _ Hoy, diri ka bala magpabilin?_ le pregunta. _ ?Que?_. _ Que si te vas a quedar aqu¨ª _. _ ?Ah que se yo? Si _. _ ?Por qu¨¦ no vienes con nosotros? Somos un grupo que usa sus habilidades especiales para hacer el bien, y alguien con las tuyas nos seria de gran ayuda _. _ Mmm¡­ no s¨¦, disfruto de mi soledad _. _ C`mon, please, puedes volver cuando quieras _. _ Bueno, tal vez por un rato _. Y as¨ª los 2 h¨¦roes, m¨¢s el emo, emprendieron viaje por la oscuridad hacia Lukrania, mientras que el joven Barry pudo regresar tranquilo a su casa sabiendo que el viejo frigor¨ªfico ahora est¨¢ libre de fantasmas y que sus compa?eros no piensan que es un mentiroso de mierda. Capitulo 3 ``?Qu¨¦ significan esas pintadas? No puedo entenderlo, demasiados colores, demasiados¡­trazos unos sobre otros. No hay patrones identificables, no hay un orden que seguir, no hay l¨ªmites que indiquen hasta d¨®nde o en qu¨¦ lugar pintar. Mi-mis manos¡­?Por qu¨¦ recuerdo haber sentido esa sensaci¨®n en ellas antes? Nunca realice pr¨¢cticas como estas, ?no? ?De qu¨¦ sensaci¨®n estoy hablando? Solo es pintura, pero¡­hay algo m¨¢s. No puedo entenderlo. ?D¨®nde est¨¢ la paz? ?O est¨¢ aqu¨ª, impregnando todo esto, y yo no soy capaz de verla? Pues esto no me transmite paz, no, es algo m¨¢s, es¡­desorden, es¡­¡ä¡ä _ Veo que admiras la belleza de los colores _ las palabras de Paul fueron como un ladrillo que rompi¨® la ventana de pensamientos de Dirts Strom. Su mente comenzaba a formular extra?os an¨¢lisis del ambiente que lo rodeaba en un intento casi desesperado de sobrellevar la estad¨ªa en este lugar, que ya se le hac¨ªa aburrida e insoportable. Desgraciadamente, Brian no ten¨ªa la descortes¨ªa como para expresar sus sinceros pensamientos acerca de todo esto como lo har¨ªan, por ejemplo, Johan o Ricardo, m¨¢s a¨²n considerando que estas personas trataban de ayudarlo. Hablando de eso¡­ _ Oye, Paul¡­_ logro decir Brian mientras a¨²n contemplaba la pintura en sus manos _ ?Sabes si Herman viene en camino? _. _ Oh, rayos. Me mand¨® un mensaje hace como media hora preguntando la direcci¨®n, gracias por record¨¢rmelo _ el extra?o sujeto se levant¨® del banquito donde estaba y se alej¨® para enviar el mensaje, Brian, por su parte, dio un suspiro entre una mezcla de cansancio y frustraci¨®n. El h¨¦roe se levant¨® de su peque?o asiento y busco algo con que entretenerse hasta la llegada del oficial, al mismo tiempo que agitaba las manos en el aire para secar la pintura de estas. No quer¨ªa volver a perderse en sus pensamientos, pero no hab¨ªa muchas otras opciones. La mayor¨ªa de actividades ya hab¨ªan cesado y los miembros de Pazana solo estaban sentados alrededor de estas peque?as mesas circulares, hablando, haciendo ``manualidades¡ä¡ä y dem¨¢s cosas de ese estilo. Su atenci¨®n al final se centr¨® en uno de los miembros, un sujeto que hab¨ªa llegado hace como 2 horas. Vest¨ªa con una campera impermeable de color beige, una gorra, a pesar de estar dentro de un establecimiento, y un jean de color azul claro, bastante casual, pero resultaba raro o cuanto menos llamativo estando en un lugar como este. Dirts Strom se acerc¨® al tipo, buscando iniciar una conversaci¨®n, quiz¨¢s, aunque el susodicho se ve¨ªa algo¡­nervioso, por as¨ª decirlo. Un largo cabello casta?o estilo mullet cubr¨ªa su nuca, su labio superior estaba adornado con un bigote que se relam¨ªa peri¨®dicamente mientras observaba sus alrededores de reojo. _ Hola _ salud¨® Brian. _ Ah, Dirts Storm. En verdad est¨¢s aqu¨ª _ le respondi¨® el tipo tras moverse de la pared sobre la que estaba reclinado. Brian se extra?¨® un poco antes sus palabras, despu¨¦s de todo hab¨ªa sido el centro de atenci¨®n como por 7 horas y este tipo hab¨ªa llegado hace 2, pero no le dio mucha importancia, todos aqu¨ª eran algo extra?os. _ Jeje, si. Emh¡­?Ocurre algo?_ pregunt¨®. El tipo ten¨ªa una sonrisa pero su mirada era extra?a, con los ojos bien abiertos pero tensionados, esto en conjunto le daba una vibra algo maliciosa. _ No, nada. De hecho estoy muy feliz, feliz de que est¨¦s aqu¨ª con nosotros. Para nosotros eres una inspiraci¨®n, un s¨ªmbolo _ respondi¨® temblando un poco. _ No es necesario exagerar, solo quiero hacer lo correcto _ dijo Brian con humildad y apartando la vista con cierta verg¨¹enza, se sent¨ªa halagado por sus palabras. _ No es exageraci¨®n, t¨² les demostraste sus falencias, demostraste la ineptitud que los impregna _ sus palabras esbozaban pasi¨®n, apretaba sus pu?os con fuerza mientras relataba los actos de Dirts Storm con orgullo. Brian volvi¨® a centrar su vista en ¨¦l. La sonrisa de pena y ese sentimiento de calidez se borraron lentamente mientras analizaba lo que aquel tipo hab¨ªa dicho. _ ?C¨®mo dices? No te entiendo _ el hombre de la gorra se ri¨® entre dientes ante las palabras del h¨¦roe, luego lo tom¨® por los hombros. _ Vamos, ya deja esa modestia. Tu y los ¨¢ngeles de Lukrania son lo que el movimiento estuvo esperando por a?os, verdaderos emisarios del caos _ Brian no terminaba de comprender lo que estaba escuchando. ?En qu¨¦ momento ellos hab¨ªan dado ese mensaje? _ No _ fue lo ¨²nico que sali¨® de su boca mientras se quitaba las manos de aquel hombre de encima. _ ?C¨®mo que no? Eres Dirts Storm, t¨² llevas a la mugre, la mugre al desorden, el desorden al caos y el caos a la anarqu¨ªa. Usaste a los detestados del sistema para mostrarle que estaba equivocado _. _ ?De qu¨¦ est¨¢s hablando? Ese nunca fue nuestro objetivo, solo quer¨ªamos hacer el bien, liberamos a la ciudad del mal y trajimos la paz, ?no es eso lo que ustedes buscan?_ el extra?o borr¨® su sonrisa al o¨ªr las palabras de Brian, pero la recuper¨® forzosamente poco despu¨¦s. _ Mientes _ dijo se?alando con el dedo _ Es otra de tus bromas, ?verdad?_ agreg¨® entre risas. La mente de Dirts Storm empez¨® a dar mil vueltas, empez¨® a recordar sus pensamientos anteriores, a atar algunos cabos en cuanto a la ideolog¨ªa de estas personas. ?Acaso¡­? _ ?El viejo Herman ya viene para ac¨¢!_ irrumpi¨® Paul en la conversaci¨®n _ ?Todo bien, hermano?_ pregunto al ver la expresi¨®n en la cara de Dirts Storm. _ Cuidado con este, Paul. Le gusta contar chistes _ dijo el de la gorra. _ Entonces l¨¢rgate, eres bien lerdo para entenderlos _ le respondi¨® Paul, a lo que ambos soltaron una carcajada y el tipo se fue a otra parte. _ ?Qui¨¦n era ese?_ pregunt¨® Dirts Storm. _ Es el loco Blas. Se pone medio deschavetado de a ratos pero es buena honda. Ven, vamos al pazmitorio _ Paul lleva a Dirts Storm a una habitaci¨®n improvisada en la parte de atr¨¢s del sal¨®n, a la cual hay que entrar por su ``oficina¡ä¡ä. Tras dejar al h¨¦roe aqu¨ª se vuelve a la zona principal a esperar a su hermano. Tras unos 10 minutos el polic¨ªa por fin llega. Quien lo recibe es el propio Paul, que tras un extra?o reencuentro fraternal lo gu¨ªa hasta la misma habitaci¨®n donde estaba Brian, sin decirle al oficial que este estaba aqu¨ª, claro. Herman estaba un poco m¨¢s arreglado que cuando hablo con el L¨ªder esa ma?ana, no llevaba su uniforme, siendo que aun no volv¨ªa a estar en servicio, pero parece que aun as¨ª su figura como tal era reconocible, evidenciado esto por las atentas miradas de los dem¨¢s miembros de Pazana sobre ¨¦l. _ Cre¨ª que la direcci¨®n era de tu casa. ?Para que me hiciste venir, Paulo?_. _ Pues al fin y al cabo esta es mi casa, y ya vas a ver que tu presencia era muy necesaria _ respondi¨® cr¨ªptico el hippie. Ambos entraron en la ``oficina¡ä¡ä de Paul, y este ¨²ltimo se adelant¨® a la puerta que conduce a la parte trasera de la misma. _ Puaj, ?qu¨¦ es ese olor? ?Tenes algo muerto ac¨¢ o¡­?_ el oficial se queda sin palabras cuando su hermano abre la puerta. La misma daba entrada a una habitaci¨®n poco iluminada, con unos almohadones en el suelo a modo de sillas formando un c¨ªrculo, un bonsai con trozos de cuarzo blanco clavados en la tierra, y ¨²ltimo pero no menos importante, a Dirts Storm. El h¨¦roe y el polic¨ªa intercambian miradas unos segundos, luego este ¨²ltimo da media vuelta y se dirige a la salida pero su hermano lo intercepta. _ Herman, Herman. Espera un poco, hermano _. _ Ap¨¢rtate _ dice tratando de quitarlo con su brazo. _ Mira, mira _ dijo poni¨¦ndose firme frente a ¨¦l _ Mi amigo Dirts Storm tiene un problema de paz, vino buscando ayuda para que lo ayude a que te ayude a hacer las paces con el. No nos dejes tirados _. _ ?T-Tu amigo?_ Herman gir¨® su cabeza y volvi¨® a ver a Dirts Storm sentado solo en aquella habitaci¨®n. _ Anda, viejo. Hazlo por nuestros padres que me los tenga el cielo en la gloria _. _ No estan muertos, tonto _. _ ?Ah no? Como abunda la desinformaci¨®n en estas ¨¦pocas. Pero bueno, ?aceptas?_ Herman se lo piensa indeciso un rato, vuelve a ver a Dirts Storm, luego a su hermano, luego a Dirts Storm y as¨ª por unos momentos. _ Est¨¢ bien _ dice luego de dar un suspiro. _ ?Perfecto! ?Que viva la paz!_ todos los presentes comenzaron a aplaudir mientras Paul llevaba a Herman al pazmitorio. Ya en otro lugar no era paz lo que llenaba los corazones de los presentes. _ ?Ay! Hippie y la concha de tu¡­_ murmuraba Armstrong en las escaleras exteriores del museo mientras se quitaba las ¨²ltimas rosetas de su cuerpo. A los pocos segundos se comienzan a escuchar sirenas y en un instante la polic¨ªa arrib¨® al lugar, seguidos por los miembros de los ¨¢ngeles que estaban disponibles en la ciudad _ Al fin llegan, viejo¡­?Quien sos vos?_ pregunta al ver al emo que acompa?aba a Metal Man y Professor Mark. _ Qu¨¦ te importa _ le responde este. _ Bue, pendejo y la pu¡­_ Mark lo interrumpe. _ ?Qu¨¦ fue lo que pas¨®?_ pregunt¨® el ling¨¹ista. Armstrong los gu¨ªa por el oscuro interior del museo y les explica toda la situaci¨®n con el tal Crisento, adem¨¢s de quejarse mucho sobre lo aburrida que fue su tarde, luego los lleva a la habitaci¨®n que el susodicho hab¨ªa llenado de papeles con rosetas. Una vez ah¨ª, el Professor Mark advierte la presencia de unas palabras en el piso descubierto entre los papeles por la acci¨®n de Armstrong al salir. Considerando lo que el vigilante de mano dura les cont¨® acerca de que este artista deja pistas en forma de poemas, organiza a los dem¨¢s para quitar toda la basura del piso y as¨ª apreciar mejor el mensaje. Y de eso se trataba, otro poema similar a los anteriores, con los mismos garabatos a un costado de las palabras, ?tendr¨ªan alg¨²n significado tambi¨¦n? Quien sabe. Aquel mensaje dec¨ªa lo siguiente: ``Se testigo, ciudadano¡ä¡ä ``Con el ¨¢ngel y el pueblo a cada lado¡ä¡ä ``Al sistema ve caer apabullado¡ä¡ä ``Sonr¨ªe feliz, la paz se te ha otorgado¡ä¡ä _ ?Qu¨¦ significa esa pavada?_ pregunt¨® el vigilante de mano dura. _ It escapes my understanding _ respondi¨® el ling¨¹ista, que analizaba cada trazo y palabra en busca de entender el mensaje. Metal Man por su parte estaba parado sin hacer nada, y Emoon admiraba la oscuridad del lugar, pero se disgustaba con los colores vivos en algunas obras que le recordaban el positivismo. _ Se testigo¡­_ pensaba Crownwell, que hab¨ªa tomado el control del cuerpo otra vez _ El imb¨¦cil quer¨ªa ser visto esta vez, de seguro esperaba que una gran publico viniera a verlo, pero solo vine yo _ dedujo a la vez que se burlaba del artista. _ Y te esperaba, de ah¨ª debe venir eso de ¨¢ngel _ agreg¨® a la conclusi¨®n Mark. _ Sistema ca¨ªdo, paz, boludeces as¨ª decir aquel pelotudo que dar piedras _ mencion¨® Metal Man. _ Todos estos locos dicen cosas parecidas, pero este era m¨¢s del tipo anarquista, y el hermano de Herman no es de esos, solo es un hippie pacifico _ menciona Johan, no creyendo que ambos sujetos est¨¢n relacionados. _ Mai hooiaio loa _ dijo Mark mientras pateaba unas hojas del piso que tapaban a medias un s¨ªmbolo. Ah¨ª, frente a ellos, aquel extra?o logo de paz ``mal dibujado¡ä¡ä. El L¨ªder frunci¨® el ce?o con sorpresa y asombro, no pod¨ªa creer lo que estaba viendo y lo que eso implicaba _ Pazana¡­_ agreg¨® Mark con su elegante porte parado junto al logo.Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original. Emoon y Metal Man solo observaban la situaci¨®n con indiferencia, sin tener la m¨¢s m¨ªnima idea de lo que aquel dibujo era o lo que representaba. = ?Si! Nada como una buena excusa para darle masa a los hippies = dec¨ªa Armstrong con una gran sonrisa. _ Supongo que debemos hacerle una visita a esos ``pacifistas¡ä¡ä, ?alguno sabe donde se re¨²nen por las noches?_ los presentan se observan mutuamente mientras se encogen de hombros excepto por uno. _ Hey _ el espectro emo llam¨® su atenci¨®n _ Este s¨ªmbolo se parece al de este papel que agarre mientras ven¨ªamos _ se trataba de unos de los carteles que Pazana colocaba en los postes y dem¨¢s lugares a modo de promoci¨®n del grupo. Crownwell toma el cartel y r¨¢pidamente nota la direcci¨®n escrita al final del mismo. _ Muy bien, ?pero por que agarraste esto y lo trajiste hasta ac¨¢?_ le pregunta el L¨ªder. _ Ah, ?qu¨¦ s¨¦ yo? Ten¨ªa ganas _. Volviendo con Dirts Storm. Este y el oficial Herman estaban sentados el uno frente a el otro en aquella ronda de almohadones, a su alrededor estaba Paul, encendiendo sahumerios y velas arom¨¢ticas que llenaban el ambiente de una bruma que nublaba un poco la vista. _ Yo¡­_ trato de decir Brian, pero el representante mayor de Pazana lo interrumpe. _ Pa pa pap _ dijo poniendo un dedo en la boca para callarlo _ Primero debemos proveer un ambiente adecuado para que sus energ¨ªas cu¨¢nticas puedan pasar del uno al otro correctamente _. Herman volteaba los ojos con una cara que casi gritaba que en cualquier momento se marchar¨ªa. Tras terminar de ahumar la habitaci¨®n y de darles un trozo de cuatro blanco especial a cada uno, Paul permiti¨® que hablaran. _ Oficial, yo¡­_ se tom¨® una pausa antes de continuar _ S¨¦ que comet¨ª actos horribles en el pasado, pero debe creerme cuando le digo que ya no soy el mismo _. _ Eso es dif¨ªcil de creer. A mi parecer te ves igual, igual a aquel monstruo que se paraba orgulloso entre los cad¨¢veres aquel d¨ªa _ respondi¨® cortante el polic¨ªa. Brain agacho la cabeza con tristeza. _ Oye, oye. No seas tan brusco _ le dijo Paul a su hermano, pero este lo ignor¨®. _ ?Para ti era un juego? ?Te aburriste de eso y por eso ahora vas de h¨¦roe?_ pregunto sin mediar palabras. _ La maldad corrompi¨® mi ser, me guiaba por caminos que ahora veo con asco y me arrepentir¨¦ por siempre por los actos que comet¨ª en esos d¨ªas _ respondi¨® mientras observaba su mano que carec¨ªa de pulgar _ Pero pude extirparla, y desde entonces he hecho todo a mi alcance para buscar la redenci¨®n _. _ ?Hablaste con los familiares de las v¨ªctimas? _ le pregunt¨® el oficial. Dirts Strom se qued¨® en blanco. No, no lo hab¨ªa hecho, se hab¨ªa esforzado tanto en sepultar su pasado en vez de aceptarlo que jam¨¢s se dign¨® a buscar a quienes lastim¨® de forma directa en el pasado, no ten¨ªa el valor de hacerlo _ Me lo imaginaba _ Herman se levant¨® y se dirige a la puerta. Paul se acerc¨® para detenerlo pero algo m¨¢s lo hizo. _ ?Lo siento!_ exclamo Dirts Storm desde su lugar _ ?Lo siento much¨ªsimo!_ se lamentaba con la voz quebrada _ Se que usted piensa que soy un mentiroso, pero mi cambio es real _ bajo su tono y desvi¨® la mirada _ Aunque tal vez no lo he hecho bien¡­_. Herman observ¨® a Dirts Storm, estando ah¨ª, vulnerable, arrepentido. No terminaba de confiar del todo en eso, pero sin duda era algo raro verlo en este estado. No se imaginaba al Dirts Storm que persigui¨® en el pasado en este estado, eso fue suficiente para hacer que volviera a su asiento. _ No puedo borrar mi pasado, he intentado hacerlo desde hace meses pero simplemente¡­_ hundi¨® su cara entre sus manos pintadas con fuerza _ Soy Dirts Storm _ agreg¨® dirigiendo la mirada al polic¨ªa. _ Me ocurre lo mismo _ finalmente volvi¨® a hablar el oficial _ En todos lados veo tu cara, noticias, posters, en todos lados te aclaman con el que salv¨® Lukrania, pero al verte solo puedo pensar en aquellos d¨ªas, aquellos d¨ªas donde salia de mi casa con temor para ir a trabajar, no tanto por lo que me pasara sino por lo que me encontrar¨ªa, que cosa habr¨ªas hecho esta vez _. _ ?Perfecto! Un punto de similitud _ exclam¨® Paul, a lo que los otros 2 le dirigieron una mirada poco amistosa _ Uy, lo siento. Contin¨²en _. Mientras esto ocurr¨ªa, alguien llamaba a la puerta en la entrada al sal¨®n, se trataba de Crisento Perez, que tras ser recibido fue muy triste a sentarse en una de las mesas. A su encuentro fue el tipo de la gorra con el que Dirts Storm hab¨ªa estado hablando antes. _ ?Crisento! _ dijo con entusiasmo _ ?C¨®mo te fue en tu misi¨®n art¨ªstica? ?Los explosivos que prepar¨¦ funcionaron bien?_. _ Si, Blas. Pude terminar la obra _ respondi¨® cabizbajo. _ ?Muy bien! ?Hay que salir a las calles! ?Que viva la anarqu¨ªa!_ todos los dem¨¢s miembros vitoreaban junto a Blas, pero este r¨¢pidamente noto la actitud disonante de Crisento _ ?Qu¨¦ pasa?_. _ No, Blas. Ellos no entendieron la obra, y los ¨¢ngeles no apoyan la causa como pens¨¢bamos. ?El se?or Cromel dijo que era basura! ??Basura!!_ Crisento rompi¨® en llanto sobre la mesa, pero el resto de miembros de Pazana estaban tan euf¨®ricos que no lo notaron, a excepci¨®n del propio Blas. _ Diablos¡­_ dijo pensativo. Quiz¨¢ Dirts Storm no estaba bromeando con ¨¦l despu¨¦s de todo _ Bueno¡­, supongo que podr¨ªa ser peor. Ya nos organizaremos para meter el mensaje en la gente de alguna otra forma _ Crisento se limpia las l¨¢grimas y mocos con la manga de su buzo. _ ?T¨² crees que podremos?_ pregunt¨® de forma lastimera. _ Por supuesto, solo es cuesti¨®n¡­_ se ve interrumpido cuando entre los vitoreos de sus compa?eros escucha que alguien llama a la puerta, por lo que se levanta a atender _ ?Si?_ dice ni bien abre la mirilla. Frente a la puerta estaban Metal Man, el L¨ªder, Professor Mark y Emoon, con un mont¨®n de polic¨ªas tras ellos. No se ve¨ªan muy amigables. Regresando al interior del pazmitorio. Brian y Herman hab¨ªan conseguido entablar un di¨¢logo m¨¢s ameno. Pudieron encontrar algo en lo que compart¨ªan opini¨®n, el odio por Dirts Storm, al menos por el del pasado, y de c¨®mo este hab¨ªa dejado una marca imborrable en sus mentes. El desprecio en las palabras de Brian convenci¨® a Herman de que el cambio en el ex-villano era genuino, y volv¨ªa la historia de que toda su maldad se fue junto con su pulgar m¨¢s cre¨ªble. Hablaron durante varios minutos acerca de varios temas luego de eso. ?Qu¨¦ es la justicia? ?Lukrania tiene salvaci¨®n? ?Trash City tiene posibilidades de resurgir? ?Crownwell dej¨® realmente de ser corrupto? Entre otras cuestiones. Paul, o Paulo, como era en realidad su nombre original pero luego se quit¨® la O porque le recordaba al odio, observaba la interacci¨®n con una sonrisa de satisfacci¨®n, hab¨ªa logrado que 2 individuos alcanzar¨¢n la paz entre ellos. Un molesto esc¨¢ndalo que ven¨ªa del otro lado de la puerta perturbaba el calmado ambiente. _ ?Hey! ?Ya bajenle!_ grit¨® el hippie a sus compa?eros tras entreabrir la puerta para luego cerrarla r¨¢pidamente. Su voz perturb¨® m¨¢s la calma que los ruidos que buscaba acallar, pero no tardaron en volver a su charla pac¨ªfica, que tars un par de minutos mas llego a su fin. _ Me alegra que hayamos podido sentarnos a resolver nuestras diferencias, oficial _ dijo Dirts Storm. _ Igualmente, Brian. Cuando despert¨¦ estaba en un mundo patas arriba, quiz¨¢ por eso me negu¨¦ a pensar que de verdad hab¨ªas cambiado _ respondi¨® el polic¨ªa. Ambos se levantaron de sus almohadones y caminaron hacia la puerta. Herman extendi¨® su mano a Dirts Storm, ¨¦ste lo observ¨® unos segundo y le correspondi¨® el apret¨®n. _ Entonces¡­, ?somos amigos?_ pregunto el sucio. _ Digamos mejor¡­ colaboradores en traer justicia a la ciudad _ le respondi¨® Herman con una sonrisa. _ ?Bien hecho, muchachos!_ exclamo Paul envolviendo a ambos entre sus brazos _ Sabia que podr¨ªan alcanzar la paz. Ahora vamos a entonar unos c¨¢nticos de aire para celebrar _ Paul comenz¨® a hacer extra?os movimientos y sonidos con la boca. _ Mejor otro d¨ªa¡­quiero volver a mi casa a descansar, ma?ana vuelvo al trabajo _. _ Si, yo tambi¨¦n deber¨ªa volver con los otros _. _ Lastima, pero bueno. Tomen _ les da un trozo de cuarzo a cada uno. Los 3 abandonan el pazmitorio y atraviesan la ``oficina¡ä¡ä de Paul para ingresar en el sal¨®n principal. Los hombres se sorprenden cuando al contemplar el lugar no hay ning¨²n miembro de Pazana, en vez de eso el sitio estaba lleno de polic¨ªas que tomaban fotos, recog¨ªan pruebas y tomaban notas de lo que ve¨ªan. Adem¨¢s de la polic¨ªa quienes estaban ah¨ª tambi¨¦n eran los ¨¢ngeles de Lukrania. Mark meditaba sobre una de las mesas redondas mientras que Emoon estaba sentado en uno de los banquitos junto a esta, limpiando su guada?a de cabellos y pinturas. Metal Man estaba apoyado contra el escenario, ajustando las cuerdas de su guitarra, y cerca de ¨¦l estaba el L¨ªder hablando con unos polic¨ªas. _ ?Caramba! ?Los federales!_ se asust¨® Paul _ ?Saben que, amigos? Creo que yo tambi¨¦n tengo que levantar vuelo _ el hippie se escabullo hasta los ba?os, donde aprovech¨® para huir por un ventiluz. Dirts Storm se qued¨® muy confundido y sin palabras ante la situaci¨®n. Por su parte, Herman se tom¨® la entreceja con frustraci¨®n, levantando la mano ocasionalmente para corresponder los saludos de sus colegas. _ ?Eh, Brian!_ Crownwell se aproxim¨® a ellos para saludar al susodicho _ Te perdiste la acci¨®n _ r¨¢pidamente not¨® su expresi¨®n confusa _ ?Est¨¢s bien?_. _ Si _ respondi¨® tras un par de segundos que us¨® para procesar todo _ Me siento bien, me siento¡­satisfecho _ agreg¨® con una sonrisa. = Yo tambi¨¦n = mencion¨® Armstrong entre risas mientras se tronaba los pu?os. _ ?Ok?_ Johan estaba un poco confundido por la respuesta de Brian pero realmente no le interesaba mucho, as¨ª que dej¨® pasar el asunto y cambi¨® el tema. Iban a irse junto con los dem¨¢s, despu¨¦s de explicarle qui¨¦n era el emo, claro, pero antes de eso noto la presencia de Herman _ Hey, te ves menos ro?oso que en la ma?ana _. _ Callate _ le respondi¨® el polic¨ªa antes de irse del lugar. Nuevo d¨ªa, nuevo amanecer, nuevos problemas que atender, esto era b¨¢sicamente la rutina de Dirts Storm y los dem¨¢s desde aquel d¨ªa. Los cambios nunca son f¨¢ciles, la gente se resiste a ellos, forcejean, patalean, escupen en la cara de quienes lo proponen, es normal. Los h¨¦roes como Brian son conscientes de esto, saben que ser¨¢ dif¨ªcil, pero tambi¨¦n saben que con cada acci¨®n realizada, ya sea limpiar basura en la calle, detener ladrones, insultar artistas o apalizar hippies, hacen que el sue?o de cambio sea una realidad m¨¢s cercana. Una realidad donde el mal arraigado en la sociedad desaparezca, donde la gente salga tranquila por las noches, donde tengan h¨¦roes en quien confiar. No es simple, a veces toman tu mensaje y lo deforman para sus propios intereses personales, a veces el antiguo centro de todo quiere enfrentarte porque te ven como una amenaza. Al final la cuesti¨®n siempre es ser perseverante, resistir los golpes y levantarte para demostrar lo que eres, no un enemigo p¨²blico o un terrorista, un h¨¦roe, uno que trae la radiante luz del cambio para eliminar la oscuridad y dar calidez. Pero cambiar no significa enterrar el pasado, como quiso hacer el Brian, es enfrentarlo para resurgir como algo mejor, si reconoces tus errores podr¨¢s corregirlos, si los ocultas, tarde o temprano volver¨¢n. No importa que tan profundo este enterrado el pasado, siempre puede resurgir. En las profundidades de la tierra, bajo las calles, bajo las enrevesadas alcantarillas, inclusive bajo las enterradas bases gubernamentales que tanto se esfuerzan por mantener en secreto, algo se mueve. Las rocas y la tierra se ven perturbadas por algo que se arrastra sobre el oscuro suelo que en a?os no ve la luz. Las entra?as del mundo son recorridas dificultosamente por un ser ajeno a ellas, ajeno al mismo mundo en realidad. Clava sus garras en la penumbra de la cueva y usa todas las fuerzas que le quedan para arrastrarse humillantemente por ella. Sus ojos, in¨²tiles aqu¨ª abajo, se fijan al frente, no puede ver nada, pero est¨¢ decidido a avanzar, movido en parte por un odio y deseo de venganza digno de un demonio, y es que eso era, Cab Al. La g¨¢rgola monocrom¨¢tica estaba irreconocible, aquellas hormigas lo hab¨ªan magullado, hab¨ªan devorado sus ya desde antes maltrechas alas. A pesar de todo, y de que hab¨ªan cavado muy profundo, no pudieron enviarlo de regreso al infierno. Quiz¨¢s estaba en lo cierto al afirmar que ning¨²n ser o seres mortales pod¨ªan derrotarlo, o no definitivamente al menos. Arrastr¨¢ndose en la oscuridad se top¨® con una pared de roca, la cual comenz¨® a ara?ar y a arrancarle guijarro por guijarro. Este comportamiento no era nuevo, desde que la Mano Matona hab¨ªa tomado control de la ciudad ¨¦l se hab¨ªa separado de los dem¨¢s para excavar violentamente en las cloacas, los otros nunca entendieron el porqu¨¦, y francamente tampoco les interesaba tanto como para preguntarle. Minuto a minuto, manotazo a manotazo, gru?ido a gru?ido. Los esfuerzos del demonio parec¨ªan ser in¨²tiles hasta que algo llam¨® su atenci¨®n. Desde la pared de roca que estaba cavando se emite un destello que luego se volvi¨® un estable haz de luz anaranjada que impact¨® en su cuerpo. Cab Al esbozo una sonrisa que luego desencaden¨® en una risa hist¨¦rica y monstruosa, a¨²n sin perder aquel tono ahogado. Sin perder m¨¢s tiempo se enderez¨® como pudo frente al haz de luz y abri¨® su vientre con sus propias manos para que el rayo impacte en aquella piedra verde que almacenaba su energ¨ªa. Poco a poco recuper¨® sus fuerzas y vitalidad, hasta el punto que pudo terminar de romper la pared de roca en solo un minuto. ¨¦l solo quer¨ªa extraer el mineral que emit¨ªa esa luz, pero al atravesar la roca se encontr¨® en una galer¨ªa llena de los mismos. _ Si¡­?Si!_ exclamaba solo en aquella cueva al ver todo ese poder para s¨ª mismo, pero en realidad no estaba solo. Su sonrisa desapareci¨® en un instante cuando oy¨® a alguien aproximarse tras de ¨¦l. No era el hecho de que no estuviera solo ah¨ª abajo lo que en cierto modo le preocupaba, sino el c¨®mo este ser tomaba su presencia. Sus pasos no eran apresurados, no era el andar veloz de alguien que hu¨ªa o que buscaba hacer un ataque veloz por la espalda guiado por el miedo o el nerviosismo, no, era alguien que con toda la calma del mundo fue a su encuentro. Sobre unas rocas e iluminada por el brillo de los minerales se posaba erguida una figura cubierta de pies a cabeza por lo que parec¨ªa ser una tela, apenas dejando un hueco a la altura de la cara para poder ver. Cab Al extendi¨® la mano donde ten¨ªa el cristal para iluminarlo y poder ver su rostro, y al hacerlo pas¨® por una serie de emociones, confusi¨®n, algo de temor, y luego resignaci¨®n que dio paso a la ira y el odio. El demonio corri¨® hacia la figura y de un salto se coloc¨® sobre la misma gran roca sobre la que estaba. Lanzaba feroces zarpazos a matar, una persona normal podr¨ªa resultar gravemente herida solo de recibir la fuerza de impacto de los mismos. La figura se limitaba a esquivarlo sin dificultad aparente, aunque de a poco iba siendo acorralada contra una de las paredes de la cueva. Cab Al logr¨® arrinconar a su objetivo, aunque este ultimo no parec¨ªa preocuparse por la situaci¨®n. _ El gu¨ªa de la oscuridad reclamara su lugar en este mundo, subyugara a los insolentes que osaron desafiarlo. T¨² ser¨¢s el primero¡­_ el demonio se lanz¨® feroz hacia la figura con un zarpazo que podr¨ªa cortar el m¨¢s resistente hierro. Un sonido met¨¢lico retumb¨® en toda la cueva, pero al disiparse esta se vio envuelta en un silencio mortal. Cab Al observaba con sus ojos vac¨ªos como aquella figura par¨® su ataque con el brazo izquierdo, cubierto aun entre trapos. El demonio, como si hubiera perdido ya toda esperanza, no se resisti¨® cuando aquel ser coloco ese mismo brazo sobre su hombro y uso el derecho para atravesarlo de lado a lado con tanta fuerza que lo levant¨® del piso. Al retirar su brazo sosten¨ªa la piedra verde que Cab Al guardaba en su vientre, y frente a su agonizante mirada la destruyo. El ser infernal emite un ¨²ltimo quejido ahogado antes de que su esencia se desvaneciera por completo, en su lugar, qued¨® el cuerpo herido de aquel desdichado que fue usado sin su consentimiento para albergar a aquella criatura. El dealer, agonizando, observ¨® a la figura frente a ¨¦l, con el brazo cubierto de sangre, su sangre. Otro sonido proveniente del interior de la cueva llam¨® la atenci¨®n de ambos. Fin.