《Hija del Abismo [Español]》 Rishia El eco de sus apresurados pasos resonaba en los vastos pasillos del palacio. Ching corr¨ªa sin detenerse, con el coraz¨®n lati¨¦ndole desbocado en el pecho, empujando sin miramientos a soldados y sirvientes que se interpon¨ªan en su camino. Su peque?a figura reptiliana se deslizaba entre las sombras, ¨¢gil como un rayo, mientras su larga cola oscilaba con violencia a su paso. No ten¨ªa tiempo para disculpas ni para miradas de desaprobaci¨®n. Algo urgente la llamaba, una inquietud que nublaba su mente y oprim¨ªa su pecho. Cuando finalmente irrumpi¨® en la sala del trono, jadeante, sus ojos recorrieron el lugar con premura. No encontr¨¦ m¨¢s que la imponente figura de la reina Melty, de pie en el centro de la sala, junto a una cuna de madera primorosamente tallada. La soberana la observaba con calma, su porte sereno contrastando con la tempestad que agitaba el coraz¨®n de Ching. Su apariencia era una fusi¨®n armoniosa entre lo humano y lo bestial: su cuerpo, cubierto por un pelaje blanco y suave como la nieve, irradiaba una majestuosa calidez, mientras su cabello rizado, semejante al de una oveja, enmarcaba su rostro de rasgos suaves e inteligentes. Ching apenas se permiti¨® recuperar el aliento antes de articular la pregunta que la hab¨ªa llevado hasta all¨ª. ¡ªMajestad¡­ ¡ªsu voz tembl¨® levemente, pero se oblig¨® a continuar¡ª. ?Es cierto que hay una ni?a humana en el reino de los monstruos? Melty no respondi¨® de inmediato. En cambio, con la misma serenidad con la que hab¨ªa recibido su llegada, alz¨® una mano y se?al¨® la cuna. Ching se acerc¨® con cautela. Sus garras afiladas hicieron un leve sonido al rozar la piedra del suelo, pero su atenci¨®n estaba fija en la peque?a figura acurrucada en el interior de la cuna. Era, sin duda, humana. Sus grandes ojos oscuros parpadearon con curiosidad al verla acercarse. No hab¨ªa miedo en su mirada, solo una inocente fascinaci¨®n. Su piel p¨¢lida contrastaba con la penumbra del palacio, y su diminuto cuerpo se mov¨ªa con la despreocupaci¨®n propia de los infantes. Ching sinti¨® un escalofr¨ªo recorrer su espalda. ¡ªEst¨¢¡­ viva ¡ªsusurr¨®, inclin¨¢ndose para examinarla con m¨¢s detalle. Fue entonces cuando not¨® la cicatriz que marcaba el delicado contorno de su ojo derecho. No era reciente, pero tampoco parec¨ªa haber sanado por completo. ¡ª ?Est¨¢ bien? ¡ªpregunt¨® Melty, su tono firme pero tratamiento de preocupaci¨®n. Ching frunci¨® el ce?o, extendiendo una garra para rozar con suavidad la piel marcada.The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. ¡ªNo es grave¡­ ¡ªmurmur¨®¡ª. Pero esta cicatriz... es antigua. Probablemente la haya recibido en el mundo humano. El silencio que sigui¨® pes¨® en la sala como una losa. Los humanos. Hab¨ªa pasado mucho tiempo desde que uno de ellos pis¨® el reino de los monstruos. Generaciones atr¨¢s, ambas razas hab¨ªan estado sumidas en una guerra sin fin, una guerra alimentada por el odio y el miedo. Pero con el tiempo, los conflictos cesaron, y los dos mundos se separaron. No quedaban lazos entre ellos, solo historias olvidadas y resentimientos heredados. Y sin embargo, all¨ª estaba ella. Antes de que Ching pudiera decir algo m¨¢s, la puerta de la sala se abri¨® con un sonido seco. Una presencia imponente se hizo sentir al instante. ¡ªMajestad. La voz grave y firme pertenec¨ªa a Gara, la comandante real. Su silueta se recort¨® contra la luz del pasillo, su postura r¨ªgida y marcial como siempre. Su aspecto pod¨ªa enga?ar a los desprevenidos: su figura era la de una mujer humana aunque su piel de un verde p¨¢lido, pero su cabello estaba formado por serpientes vivas que se deslizaban y siseaban en un murmullo inquietante. ¡ª?Qu¨¦ haremos con la ni?a? La pregunta flot¨® en el aire. Melty no respondi¨® de inmediato, solo volvi¨® a posar su mirada en la peque?a criatura que ahora gorgoteaba suavemente, ajena a la tensi¨®n que la rodeaba. Ching cruz¨® los brazos con gesto ce?udo. ¡ªSi la dejamos en la frontera, probablemente morir¨¢. Gara, con su pragmatismo habitual, frunci¨® el ce?o. ¡ªPodr¨ªamos matarla nosotros y ahorrarle el sufrimiento. El aire se volvi¨® denso. Melty gir¨® lentamente el rostro hacia su comandante, y cuando habl¨®, su tono fue g¨¦lido como una ventisca invernal. ¡ªEso es inaceptable, Gara. Seremos monstruos por nombre, pero no actuamos como tales. Gara mantuvo la mirada firme por un momento antes de inclinar la cabeza en una leve reverencia. ¡ªMis disculpas, Majestad. Ching suspir¨®, tamborileando los dedos en su propio brazo. ¡ªAun as¨ª¡­ no podemos simplemente criarla como si fuera una de los nuestros. Es humana. Y los humanos¡­ ¡ªsus palabras se tornaron m¨¢s sombr¨ªas¡ª. Son crueles, destructivos¡­ Melty, sin embargo, no apart¨® la vista de la ni?a. Su expresi¨®n se suaviz¨®, y tras un largo silencio, susurr¨® con voz apenas audible: ¡ªTal vez no todos. Ching y Gara intercambiaron una mirada fugaz. La reina extendi¨® una mano, y la ni?a, con una sonrisa que irradiaba inocencia, estir¨® sus diminutos brazos hacia ella. Melty sinti¨® algo c¨¢lido expandi¨¦ndose en su pecho. Siempre hab¨ªa amado a los ni?os. Pero nunca pudo ser madre. Los monstruos no nac¨ªan como los humanos. Surg¨ªan de la esencia misma del mundo, emergiendo de las monta?as, de las sombras, de las profundidades de la tierra. La idea de criar a una ni?a humana era¡­ extra?a. Contraria a todo lo establecido. Pero si la abandonaba, ?no estar¨ªa conden¨¢ndola a un destino peor? Inspir¨® hondo, acariciando con la yema de los dedos la suave mejilla de la ni?a. ¡ªSi la criamos bien¡­ ¡ªmurmur¨®, m¨¢s para s¨ª misma que para los dem¨¢s¡ª. Podr¨ªa ser diferente. Podr¨ªa ser la prueba de que el mundo puede cambiar. Ching y Gara la miraron con sorpresa. La idea era absurda. Peligrosa. Y, sin embargo, en la voz de su reina hab¨ªa una certeza inquebrantable. ¡ªEn ese caso¡­ ¡ªdijo Ching, con cautela¡ª, necesitar¨¢ un nombre. Gara se encogi¨® de hombros. ¡ªPodr¨ªamos simplemente llamarla ¡°humana¡±. ¡ªNo ¡ªreplic¨® Melty con una leve sonrisa¡ª. Merece un nombre propio. Se qued¨® en silencio por un instante, contemplando a la ni?a como si buscara en su esencia la respuesta. Y entonces, lo supo. ¡ªLa llamaremos¡­ Rishia. El nombre flot¨® en el aire, impregnando el silencio con un peso solemne. Con ¨¦l, nac¨ªa la posibilidad de un nuevo destino. Nunca estarè°©s sola La noche hab¨ªa envuelto el castillo en su manto de sombras. La luna, solitaria y p¨¢lida en el firmamento, proyectaba su luz tenue sobre los antiguos pasillos de piedra, esculpiendo siluetas fantasmales en los muros. El reino de los monstruos dorm¨ªa sumido en un profundo silencio, roto apenas por el murmullo del viento que serpenteaba entre las torres y las almenas. En sus aposentos, la reina Melty reposaba sobre un lecho de terciopelo oscuro, su respiraci¨®n acompasada, su mente vagando en el et¨¦reo mundo de los sue?os. Pero la quietud no dur¨® mucho. Unos golpes suaves resonaron en la puerta, discretos pero insistentes, arrastr¨¢ndola de regreso a la vigilia. Entreabri¨® los ojos, desorientada por un instante, mientras la realidad volv¨ªa a asentarse a su alrededor. ?Qui¨¦n podr¨ªa necesitarla a estas horas? ¡ªPasen ¡ªdijo, su voz a¨²n te?ida de somnolencia. La puerta se abri¨® con cautela, y dos sirvientes ingresaron en la habitaci¨®n, inclinando la cabeza con reverencia. Permanecieron unos segundos en tenso silencio antes de atreverse a hablar. ¡ªDisculpe que la despertemos, Majestad ¡ªdijo el primero con evidente timidez¡ª, pero la ni?a humana lleva un rato llorando, y no sabemos qu¨¦ le ocurre. Melty parpade¨®, su mente sacudi¨¦ndose los ¨²ltimos vestigios de sue?o. ¡ª?Llorando? ¡ªrepiti¨® en un murmullo¡ª. ?No deber¨ªa estar dormida? Los sirvientes intercambiaron miradas vacilantes, pero ninguno se atrevi¨® a responder. La reina suspir¨® y se incorpor¨® lentamente, pas¨¢ndose una mano por el cabello rizado. ¡ªTr¨¢iganla. No necesit¨® decir m¨¢s. Los sirvientes asintieron y abandonaron la estancia con pasos apurados. Pasaron unos minutos en los que el silencio volvi¨® a llenar la habitaci¨®n, pero esta vez no era un silencio sereno, sino expectante. Cuando regresaron, tra¨ªan a la ni?a en brazos. Los sollozos a¨²n agitaban el peque?o cuerpo de Rishia. Sus mejillas estaban h¨²medas por las l¨¢grimas, y sus diminutos pu?os se cerraban y abr¨ªan en un gesto inconsciente, como si intentara aferrarse a algo que no estaba all¨ª. This book''s true home is on another platform. Check it out there for the real experience. Melty extendi¨® los brazos. ¡ªD¨¢mela. Con cuidado reverente, los sirvientes depositaron a la ni?a en su regazo. Rishia se removi¨® inquieta, incapaz de encontrar consuelo, hasta que Melty la sostuvo con firmeza, acun¨¢ndola contra su pecho. Apenas sinti¨® el calor de la reina rode¨¢ndola, sus sollozos comenzaron a calmarse. Su respiraci¨®n, antes entrecortada por el llanto, se fue tornando m¨¢s pausada. Melty la observ¨® con atenci¨®n. Era tan peque?a, tan fr¨¢gil¡­ Sus grandes ojos oscuros, a¨²n empa?ados de l¨¢grimas, parpadearon con una mezcla de confusi¨®n y alivio al encontrarse con los suyos. ¡ªMajestad¡­ ¡ªvacil¨® uno de los sirvientes¡ª. ?Est¨¢ segura de que quiere quedarse con ella esta noche? Melty no apart¨® la vista de la ni?a. Algo en su interior ya hab¨ªa tomado una decisi¨®n antes incluso de que las palabras abandonaran sus labios. ¡ªS¨ª. Pueden retirarse. Los sirvientes hicieron una ¨²ltima reverencia y salieron en silencio, cerrando la puerta tras ellos. La estancia qued¨® en penumbra, iluminada solo por la luna y el suave resplandor de una l¨¢mpara de aceite en la mesilla. La reina meci¨® a Rishia con lentitud, permitiendo que el ritmo tranquilo la envolviera. La ni?a la miraba con una curiosidad insondable, su expresi¨®n inocente pero atenta. ¡ª?No te gusta dormir sola, tal vez? ¡ªpregunt¨® Melty en voz baja, m¨¢s para s¨ª misma que esperando respuesta. No hubo m¨¢s llanto. Solo el d¨¦bil sonido de una risita juguetona, casi imperceptible en la quietud de la noche. Melty arque¨® las cejas, sorprendida. No recordaba la ¨²ltima vez que hab¨ªa escuchado una risa as¨ª. Ni tampoco la ¨²ltima vez que se hab¨ªa sentido tan¡­ natural sosteniendo a un ni?o en brazos. Nunca hab¨ªa sido madre. Nunca hab¨ªa tenido la oportunidad. Los monstruos no nac¨ªan de la misma forma que los humanos. No hab¨ªa cunas en su mundo, ni llantos de reci¨¦n nacidos en los hogares. Surg¨ªan de la esencia misma del mundo, emergiendo de las monta?as, de la niebla, de las ra¨ªces del bosque. Eran parte de la naturaleza misma, sin lazos de sangre que los unieran a nadie m¨¢s que a su propia existencia. Pero sostener a Rishia as¨ª¡­ escuchar su risa¡­ sentir su diminuto cuerpo acurrucarse contra el suyo¡­ Era diferente. Era nuevo. Era un v¨ªnculo que no esperaba, pero que, de alg¨²n modo, ya no quer¨ªa soltar. Lentamente, con un gesto instintivo, acarici¨® la mejilla de la ni?a con la yema de los dedos. ¡ªNo vas a estar sola nunca m¨¢s, ?de acuerdo? ¡ªsusurr¨®. Como si pudiera comprender el significado de sus palabras, Rishia tom¨® su mano con sus diminutos dedos, aferr¨¢ndose con la fuerza de quien teme perder lo ¨²nico que le queda. Sus ojos, tan profundos para un ser tan peque?o, se clavaron en los de Melty, y por un instante, la reina sinti¨® que ese lazo invisible entre ambas se volv¨ªa a¨²n m¨¢s fuerte. Un nudo se form¨® en su pecho. ?Era apego? ?Instinto? No lo sab¨ªa. Pero lo cierto era que, aunque Rishia no llevara su sangre¡­ aunque no perteneciera a su mundo¡­ Ya la sent¨ªa como suya. La ni?a suspir¨® suavemente, su cuerpecito relaj¨¢ndose poco a poco. Su respiraci¨®n se volvi¨® m¨¢s lenta, m¨¢s tranquila. En cuesti¨®n de minutos, el sue?o la reclam¨® de nuevo. Pero Melty no la solt¨®. Ni esa noche¡­ Ni nunca. 14 a?os El reino de los monstruos hab¨ªa cambiado mucho en los ¨²ltimos catorce a?os. O, quiz¨¢, era m¨¢s acertado decir que hab¨ªa cambiado la percepci¨®n que sus habitantes ten¨ªan de una cierta humana. Cuando la reina Melty tom¨® la decisi¨®n de criar a Rishia dentro del palacio, el anuncio fue recibido con desconcierto. No con odio, pero s¨ª con una desconfianza latente. Durante generaciones, humanos y monstruos hab¨ªan vivido separados, cada uno en su propio mundo, con el miedo y los viejos rencores como barreras inquebrantables entre ellos. Y, sin embargo, all¨ª estaba ella: una ni?a humana en el coraz¨®n del reino, creciendo entre criaturas que, seg¨²n las historias, deb¨ªan ser sus enemigos. Al principio, las miradas la segu¨ªan con cautela. Susurraban sobre ella en los pasillos, med¨ªan cada uno de sus movimientos. Pero el tiempo, ese juez silencioso e implacable, hizo su trabajo. Rishia, con su esp¨ªritu inquebrantable y su naturaleza efervescente, se gan¨® su lugar en el reino. Se volvi¨® un torbellino de energ¨ªa que corr¨ªa entre los mercados, que entrenaba con los soldados, que se esforzaba por demostrar que, pese a su origen, pertenec¨ªa all¨ª. Se convirti¨® en alguien imposible de ignorar. Ahora, con catorce a?os, era una joven llena de vitalidad y entusiasmo. Su personalidad extrovertida la hac¨ªa brillar entre la corte, aunque su tendencia a meterse en problemas¡ªo distraerse con facilidad¡ªera una fuente constante de dolores de cabeza para la reina Melty. Esa tarde, Melty se encontraba en su despacho, revisando informes de las fronteras. Todo parec¨ªa estar en calma. No hab¨ªa se?ales de conflicto, aunque algunos grupos de exploradores humanos hab¨ªan sido vistos en los l¨ªmites del territorio. Nada alarmante, pero nunca estaba de m¨¢s mantenerse atenta. Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. El silencio del despacho se vio abruptamente interrumpido cuando la puerta se abri¨® de golpe. ¡ª?Melty! La voz, cargada de entusiasmo, le result¨® tan familiar como el latido de su propio coraz¨®n. Alzando la mirada, la reina observ¨® c¨®mo Rishia entraba con su energ¨ªa habitual. Su cabello oscuro con mechones rebeldes que escapaban a los lados de su rostro. Vest¨ªa ropa de entrenamiento, y en sus brazos se ve¨ªan vendajes frescos, seguramente cubriendo cortes o moretones adquiridos durante la pr¨¢ctica. Melty sonri¨® con ternura. ¡ªHola, Rishia. La joven se acerc¨® de inmediato al escritorio y apoy¨® ambas manos sobre la madera con entusiasmo. ¡ª?El entrenamiento estuvo incre¨ªble! Gara me ense?¨® unos movimientos nuevos y esta vez me salieron bien. ?Estoy segura de que aprobar¨¦ el examen! Melty dej¨® escapar un suspiro, aunque no pudo ocultar el orgullo en su mirada. ¡ªGara me dijo lo mismo ¡ªcoment¨®¡ª. Dice que aprendes muy r¨¢pido. ¡ª?Obvio! ¡ªRishia infl¨® el pecho con orgullo desmedido¡ª. Pronto ser¨¦ comandante. Melty alz¨® una ceja, divertida. ¡ªEse orgullo seguro te lo inculc¨® Gara. Rishia sonri¨® con picard¨ªa. ¡ªTal vez un poco¡­ La reina dej¨® los informes a un lado y se levant¨® de su silla. Camin¨® hacia su hija adoptiva con una expresi¨®n serena, pero en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, la envolvi¨® en un abrazo y, sin previo aviso, la levant¨® del suelo con facilidad. ¡ª?Oye, Melty! ¡ªprotest¨® Rishia, pataleando en el aire¡ª. ?B¨¢jame! ¡ªSigues siendo tan tierna como siempre ¡ªrespondi¨® la reina con una sonrisa divertida. ¡ª?No soy tierna! ?Soy intimidante! ¡ªPor supuesto que s¨ª, mi peque?a guerrera intimidante. La risa de Melty llen¨® la estancia con calidez. Rishia hizo un ¨²ltimo intento por zafarse, pero al final simplemente suspir¨® y se rindi¨®. Cruz¨® los brazos con fingida molestia y frunci¨® el ce?o, aunque sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas. Para el resto del mundo, Rishia pod¨ªa ser muchas cosas: una futura soldado, una humana en un reino de monstruos, una joven llena de energ¨ªa y determinaci¨®n. Pero para Melty, siempre ser¨ªa la beb¨¦ que sostuvo aquella noche. La que lloraba porque no quer¨ªa estar sola. Y nunca m¨¢s lo estar¨ªa. Una cient铆fica y una guerrera El laboratorio estaba en calma. Perfectamente ordenado, cada herramienta en su lugar, cada pergamino y frasco acomodado seg¨²n su categor¨ªa. Justo como a Ching le gustaba. Con precisi¨®n meticulosa, la cient¨ªfica real de los monstruos escrib¨ªa notas sobre su ¨²ltimo experimento. Su mente funcionaba como una m¨¢quina bien aceitada: l¨®gica, organizada, sin distracciones. Al menos, mientras estuviera en su laboratorio¡­ porque si alguien viera su casa, pensar¨ªa lo contrario. Pero nadie lo sab¨ªa, y as¨ª deb¨ªa seguir. Justo cuando terminaba de anotar una f¨®rmula, la puerta se abri¨® de golpe con un estruendo. Ching dio un peque?o salto, sujeta sorprendida de su pluma, y frunci¨® el ce?o con un suspiro exasperado mientras acomodaba sus lentes. ¡ªUn poco m¨¢s de delicadeza al entrar no te matar¨ªa, ?sabes? ¡ª?Lo siento! ¡ªrespondi¨® Rishia, sonriendo ampliamente mientras entraba con su energ¨ªa caracter¨ªstica¡ª. ?Pero es que me emociona venir aqu¨ª! Ching rod¨® los ojos, pero en el fondo, no pudo evitar encontrar su entusiasmo¡­ entra?able. ¡ª?Trajiste la carta que te ped¨ª? ¡ª?S¨ª! ¡ªRishia sac¨® un pergamino de su bolso y se lo entreg¨®. Ching lo tom¨®, desdobl¨¢ndolo con precisi¨®n. Ley¨® las especificaciones con atenci¨®n: algunas solicitudes de mantenimiento, un par de ajustes en los sistemas de defensa¡­ todo en orden. Dobl¨® la carta y la guard¨®. ¡ªGracias. ¡ª?No es nada! Ching la mir¨® un segundo antes de cambiar de tema. ¡ª?Y qu¨¦ tal te ha ido con la espada que hice para ti? Los ojos de Rishia brillaron. ¡ª?Es genial! ?Me encanta! ¡ªMe alegra escuchar eso. Ching a¨²n recordaba la expresi¨®n de la reina Melty cuando le present¨® la espada de fuego que hab¨ªa dise?ado para Rishia. Era un arma peligrosa, s¨ª, pero Ching confiaba en que la joven podr¨ªa manejarla¡­ despu¨¦s de quemarse unas cuantas veces e ir a verla para que le tratara las heridas, claro. Pero ahora, despu¨¦s de tanta pr¨¢ctica, la manejaba con destreza. ¡ª?Ya aprendiste a no incendiar nada con ella? ¡ªpregunt¨® Ching con una ceja alzada. ¡ª?Por supuesto que s¨ª! ¡ªRishia levant¨® la barbilla con orgullo¡ª. ¡­Bueno, casi siempre. Ching suspir¨® y rod¨® los ojos. Al principio, su inter¨¦s en Rishia era puramente cient¨ªfico. Quer¨ªa estudiarla, entender la biolog¨ªa humana. Eran fr¨¢giles comparados con los monstruos. No pod¨ªan regenerarse, sus heridas tardaban en sanar, eran propensos a enfermedades. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere. Aprendi¨® esto la vez que Rishia, cuando era ni?a, jug¨® bajo la lluvia y termin¨® enferma. Fue una oportunidad de estudio para Ching¡­ pero tambi¨¦n fue la primera vez que sinti¨® un genuino deseo de ayudarla. Dise?¨® una cura que aceler¨® su recuperaci¨®n en solo unas horas. Y cuando Rishia le sonri¨® y le dio las gracias con una calidez tan pura¡­ Ching sinti¨® algo extra?o. Despu¨¦s de eso, se involucr¨® m¨¢s en su educaci¨®n. Le ense?¨® a escribir, a leer datos cient¨ªficos, a usar instrumentos de precisi¨®n. Descubri¨® que la joven era inteligente, curiosa y que, sorprendentemente, disfrutaba sus pasatiempos considerados aburridos por otros: construir m¨¢quinas, observar cosas bajo el microscopio, analizar fen¨®menos naturales. Sin darse cuenta, Ching se hab¨ªa encari?ado con ella. ¡ªSi necesitas alg¨²n ajuste en tu espada, dime ¡ªle dijo con su tono habitual, serio pero con una ligera suavidad. ¡ª?Lo har¨¦! ¡ªrespondi¨® Rishia con su entusiasmo caracter¨ªstico. Luego, con una despedida animada, sali¨® del laboratorio. Ching no apart¨® la vista de sus apuntes, al menos por unos segundos. Entonces, sin poder evitarlo, dej¨® escapar una peque?a risa. S¨ª, definitivamente se hab¨ªa encari?ado demasiado con ella. El sonido del metal chocando resonaba en el cuartel del ej¨¦rcito de los monstruos. Bajo el sol de la tarde, Gara balanceaba su espada con precisi¨®n letal, manteniendo la vista fija en su oponente. Rishia, con su caracter¨ªstico entusiasmo, salt¨® hacia ella, intentando atacar con su espada de madera. Era r¨¢pida, incre¨ªblemente ¨¢gil, sus reflejos agudos le permit¨ªan esquivar ataques con facilidad. Aunque para los monstruos segu¨ªa estando por debajo en t¨¦rminos de fuerza, su velocidad y flexibilidad la hac¨ªan destacar. Gara sonri¨® con algo de orgullo. "Talvez en el est¨¢ndar humano, probablemente ser¨ªa considerada una guerrera excepcional." Pero aqu¨ª, en el reino de los monstruos, todav¨ªa ten¨ªa mucho por aprender. Cuando Rishia se lanz¨® de nuevo, Gara utiliz¨® una de las serpientes de su cabello para intentar atraparla. La joven logr¨® esquivarla con un r¨¢pido giro, pero en ese instante, Gara bloque¨® su golpe y la empuj¨® hacia atr¨¢s. Rishia cay¨® al suelo con fuerza, pero se levant¨® casi de inmediato, sin perder el entusiasmo. Gara apunt¨® su espada hacia ella. ¡ªHas mejorado, pero necesitas aprender a hacer ambas cosas al mismo tiempo. Esquivar y atacar. ¡ª?Lo s¨¦! ?D¨¦jame intentarlo de nuevo! ¡ªrespondi¨® Rishia, con la emoci¨®n brillando en sus ojos. Gara no pudo evitar sonre¨ªr. Al principio, todos pensaban que ella ser¨ªa la ¨²ltima en aceptar a Rishia. Despu¨¦s de todo, fue la que sugiri¨® matarla cuando a¨²n era solo una beb¨¦. Pero, ir¨®nicamente, despu¨¦s de Melty, fue quien m¨¢s r¨¢pido form¨® un lazo con ella. Tal vez porque ve¨ªa mucho de s¨ª misma en Rishia. Apasionada, determinada, temperamental¡­ pero con un fuerte sentido del honor. Rishia no solo quer¨ªa ser parte del ej¨¦rcito real, quer¨ªa ser una gran guardia, alguien fuerte, alguien en quien la reina pudiera confiar. Esa determinaci¨®n le recordaba a s¨ª misma cuando era m¨¢s joven, antes de convertirse en comandante. As¨ª que, aunque sab¨ªa que Rishia nunca igualar¨ªa la fuerza de un monstruo, se dedic¨® a potenciar lo que s¨ª pod¨ªa mejorar: sus reflejos, su agilidad, su creatividad en combate. Y ten¨ªa que admitirlo¡­ la chica era impresionante. Su capacidad para esquivar ataques con saltos acrob¨¢ticos, utilizar el entorno a su favor y reaccionar con velocidad era algo que incluso algunos monstruos no lograban hacer. La pelea continu¨® unos minutos m¨¢s. Rishia mejoraba con cada movimiento, pero al final, Gara logr¨® hacerla caer de nuevo. Esta vez, Rishia tard¨® m¨¢s en tocar el suelo. Gara le extendi¨® una mano para ayudarla a levantarse. ¡ªNo estuvo mal. ¡ª?S¨ª! ?Dur¨¦ m¨¢s esta vez! ¡ªRishia sonri¨®, tomando su mano para levantarse. Gara sacudi¨® la cabeza con una peque?a risa. ¡ªDescansaremos para comer. ¡ª?Eso suena bien! Rishia dej¨® su espada a un lado y sigui¨® a Gara mientras sal¨ªan del ¨¢rea de entrenamiento. Con cada d¨ªa que pasaba, Rishia se acercaba m¨¢s a su meta. Y aunque Gara quisiera protegerla de todo peligro, sab¨ªa que lo ¨²nico que pod¨ªa hacer era ayudarla a volverse m¨¢s fuerte. Y lo har¨ªa, hasta el final. El gran d铆a Rishia despert¨® antes de que los primeros rayos del sol iluminaran las torres del castillo. Su coraz¨®n lat¨ªa con fuerza, rebosante de energ¨ªa y anticipaci¨®n. Hoy era el d¨ªa. El d¨ªa en que demostrar¨ªa que cada gota de sudor, cada herida, cada hora de entrenamiento hab¨ªa valido la pena. Hoy, por fin, har¨ªa la prueba para convertirse en guardia real. Se visti¨® con rapidez, con la precisi¨®n de alguien que hab¨ªa practicado esa rutina una y otra vez. Su uniforme, hecho a la medida, se ajustaba con firmeza a su cuerpo, resaltando la resistencia que hab¨ªa construido con a?os de esfuerzo. Sobre su cadera, colgaba su espada: un arma elegante y bien equilibrada, forjada por Ching con materiales que solo ella sab¨ªa manipular y el poder de encenderse en fuego. Al pasar la mano por la empu?adura, sinti¨® una oleada de determinaci¨®n recorrer su cuerpo. Sali¨® de su habitaci¨®n con paso firme, cada latido resonando en su pecho como el redoble de un tambor. Cruz¨® los pasillos del castillo, descendiendo las escaleras con una agilidad que hablaba de su entrenamiento. Pero justo cuando estaba a punto de atravesar las grandes puertas de entrada, una voz familiar la detuvo. ¡ªRishia. Se gir¨® de inmediato. Desde el umbral de su oficina, Melty la observaba con una expresi¨®n serena, pero con ese brillo inconfundible en los ojos que solo una madre pod¨ªa tener. ¡ª?No te olvidaste de algo? Rishia parpade¨®, confusa, hasta que comprendi¨® de qu¨¦ hablaba. Solt¨® un suspiro y, con una mezcla de impaciencia y cari?o, retrocedi¨® hasta donde estaba la reina. Melty esboz¨® una leve sonrisa antes de alzar la mano y despeinar con suavidad sus mechones oscuros. Luego, con el gesto preciso de alguien que hab¨ªa hecho esto incontables veces, acomod¨® el cuello de su uniforme. ¡ªAhora s¨ª ¡ªdijo en voz baja¡ª. Mucha suerte. Rishia sinti¨® que el pecho se le llenaba de calidez. ¡ª?Gracias, Melty! Y, sin m¨¢s, ech¨® a correr. Mientras se dirig¨ªa al cuartel, su emoci¨®n era palpable. No pod¨ªa quedarse quieta, ni reducir el ritmo de sus pasos. En el camino, se cruz¨® con Ching, quien cargaba una caja de considerables dimensiones, probablemente llena de muestras destinadas a sus estudios en el laboratorio. ¡ª?Ching! ¡ªla salud¨® con entusiasmo. La cientifica levant¨® la vista por encima de sus lentes, examin¨¢ndola con su habitual expresi¨®n imperturbable antes de hacerle un peque?o gesto con la cabeza. ¡ªRishia. ?Hoy es la prueba, verdad? ¡ª?S¨ª! If you come across this story on Amazon, it''s taken without permission from the author. Report it. Ching dej¨® la caja sobre una mesa con cuidado y se ajust¨® las gafas antes de responder. ¡ªBuena suerte. Aunque, honestamente, no creo que la necesites. Rishia sonri¨® con orgullo. ¡ª?Gracias! Sin perder tiempo, continu¨® su camino. A su paso, iba saludando a mos monstruos con los que hab¨ªa crecido quienes le devolv¨ªan el saludo. Nadie la miraba con desconfianza, nadie la ve¨ªa como una extra?a. Su presencia se hab¨ªa vuelto parte del reino, un v¨ªnculo irrompible entre dos mundos. Cuando lleg¨® al cuartel, Gara la esperaba con los brazos cruzados. La postura firme de su maestra no dejaba entrever emoci¨®n alguna, pero sus ojos evaluaban cada uno de sus movimientos mientras sus serpientes la miraban de igual manera. ¡ª?Lista? Rishia se cuadr¨®, con los hombros rectos y la mirada firme. ¡ª?S¨ª! Gara asinti¨® y, sin m¨¢s, la gui¨® al primer reto: la prueba te¨®rica. El examen no represent¨® dificultad alguna. Gracias a las largas sesiones de estudio con Ching, su mente estaba llena de conocimientos sobre todos los temas. Respondi¨® con rapidez y precisi¨®n, asegur¨¢ndose de que cada respuesta fuera impecable. La segunda fase fue la prueba f¨ªsica. Carrera de resistencia, escalada, maniobras evasivas. Nada que no hubiera enfrentado antes. Luego vino el combate, donde deb¨ªa demostrar su habilidad con la espada. Sus reflejos eran agudos, sus movimientos r¨¢pidos y calculados. Cada golpe resonaba con la fuerza de su determinaci¨®n. Y cuando la prueba termin¨®, supo que hab¨ªa dado lo mejor de s¨ª. Pero la ¨²ltima prueba¡­ esa era diferente. La Prueba Personal. Sin decirle nada, Gara la llev¨® m¨¢s all¨¢ de la ciudad, hacia un territorio que Rishia nunca hab¨ªa pisado. El paisaje cambi¨® lentamente: las calles adoquinadas dieron paso a caminos de tierra, los edificios se disiparon hasta ser solo un recuerdo. Pronto, se encontr¨® en una extensi¨®n solitaria de terreno abierto, donde el viento silbaba entre las colinas. ¡ª?D¨®nde estamos? ¡ªpregunt¨® con curiosidad. ¡ªCerca de la frontera ¡ªrespondi¨® Gara con calma. Rishia abri¨® los ojos de par en par. ¡ª?La frontera de verdad? ¡ªNo. ¡ªGara neg¨® con la cabeza¡ª. Es un ¨¢rea segura, pero lo suficientemente cerca. Se detuvieron en un claro con una vista despejada en todas direcciones. El suelo estaba firme bajo sus pies, y el horizonte se extend¨ªa como una l¨ªnea infinita entre los dos mundos. ¡ªTu trabajo es simple ¡ªdijo Gara¡ª. Te quedar¨¢s aqu¨ª hasta las seis de la tarde. Vigilar¨¢s que ning¨²n humano cruce. Si ves a alguien, no lo enfrentes, solo ret¨¦nlo y ve a buscarme. Rishia asinti¨® con entusiasmo. ¡ª?Entendido! Pero Gara no hab¨ªa terminado. ¡ªNo puedes moverte de este tramo. No puedes avanzar m¨¢s ni retroceder. Si lo haces, repruebas. El entusiasmo de Rishia se transform¨® en una ligera inquietud. ¡ª?Quedarme quieta? ¡ªExacto. Rishia trag¨® saliva. Esto¡­ iba a ser m¨¢s dif¨ªcil de lo que pensaba. Gara la mir¨® alzandl una ceja. ¡ªTu mayor debilidad es la impaciencia. Te distraes con facilidad y te dejas llevar por la emoci¨®n del momento. Esta prueba es para superar eso. Rishia sinti¨® una punzada de incomodidad en el pecho, pero la disip¨® con un suspiro. Se irgui¨® con determinaci¨®n y apret¨® los pu?os. ¡ªNo me mover¨¦. Gara la observ¨® un momento m¨¢s antes de girarse para marcharse y desearle suerte. Por supuesto, la joven no estaba en la verdadera frontera. Hab¨ªa dispositivos de vigilancia ocultos para asegurarse de que no corriera ning¨²n peligro. Pero la prueba no se trataba de eso. Se trataba de ver si Rishia era capaz de controlarse a s¨ª misma, ya que Gara lo sabia, era imposible que se encontrase con alg¨²n humano y tuviera que hacer algo. Rishia se qued¨® sola en aquel claro, con el viento meciendo su cabello y el sol comenzando su ascenso en el cielo. Se plant¨® con firmeza, con los pies bien anclados al suelo. "Puedo hacerlo. Solo tengo que quedarme aqu¨ª y vigilar." El d¨ªa ser¨ªa largo. Pero Rishia estaba lista para demostrar que era digna. Realidad Rishia hab¨ªa aguantado firme¡­ durante treinta minutos. Treinta largos, tediosos minutos. El sol avanzaba perezosamente por el cielo, mientras el viento silbaba entre las ramas de los ¨¢rboles cercanos. Rishia inspir¨® hondo y exhal¨® despacio, intentando mantener la compostura, pero la frustraci¨®n comenzaba a instalarse en su pecho como un peso insoportable. No le tem¨ªa al entrenamiento agotador ni a las peleas cuerpo a cuerpo con Gara. Tampoco le preocupaban los experimentos impredecibles de Ching, donde siempre terminaba cubierta de alg¨²n tipo de polvo fluorescente. Pero esto¡­ esto era un suplicio. Vigilar un tramo de tierra sin acci¨®n alguna no se sent¨ªa como un desaf¨ªo. Se sent¨ªa como una trampa. Intent¨® distraerse. Primero, practicando acrobacias: saltos mortales hacia atr¨¢s, trepando un ¨¢rbol con facilidad y girando en el aire con precisi¨®n. Luego, decidi¨® jugar con su espada, quemando hojas secas que ca¨ªan del follaje. Nada funcionaba. El tiempo se volv¨ªa una masa densa y pesada que la envolv¨ªa, impidi¨¦ndole pensar en otra cosa que no fuera su propio aburrimiento. Despu¨¦s de unas horas, resignada, termin¨® sentada en el suelo, observando c¨®mo un grupo de hormigas transportaba migajas con disciplina impecable. "Si al menos hubiera tra¨ªdo uno de esos rompecabezas que Ching siempre me da¡­" Suspir¨® por en¨¦sima vez. "Esto es para ser guardia real. Puedo hacerlo, puedo hacerlo." Pero justo cuando intentaba convencerse a s¨ª misma, un sonido entre los arbustos la sac¨® de su letargo. Su cuerpo reaccion¨® antes que su mente. Se puso de pie en un instante, con los m¨²sculos tensos y el coraz¨®n latiendo con fuerza. "?Por fin algo interesante!" Se acerc¨® con cautela, apartando las ramas con cuidado, esperando encontrar un conejo o alguna criatura peque?a con la que pudiera entretenerse. Pero no era un conejo. Era alguien. Una figura vestida con un uniforme negro emergi¨® de la maleza. Su postura era r¨ªgida, casi militar. Rishia baj¨® la vista y not¨® algo curioso: una pierna de metal. This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it Sin embargo, lo que m¨¢s la desconcert¨® fueron sus facciones. Eran sorprendentemente similares a las suyas. Una humana. Rishia parpade¨®, su mente trabajando fren¨¦ticamente para procesar lo que ve¨ªa. "No puede ser¡­" Antes de que pudiera decir algo, la mujer habl¨® primero, su voz firme y calculadora. ¡ª?De qu¨¦ escuadr¨®n eres? Rishia lade¨® la cabeza. ¡ª?Qu¨¦ es un escuadr¨®n? La expresi¨®n de la mujer cambi¨®. Sus ojos se entrecerraron con sospecha, y su mano se desliz¨® hacia el interior de su uniforme con un movimiento calculado. Sin previo aviso, una cuchilla atada a una cadena vol¨® en direcci¨®n a Rishia. El filo brill¨® con la luz del sol, girando en el aire como un depredador al acecho. Rishia apenas tuvo tiempo de reaccionar. Salt¨® hacia atr¨¢s por puro instinto, esquivando la cuchilla por cent¨ªmetros. Su sorpresa se desvaneci¨® de inmediato, reemplazada por una emoci¨®n el¨¦ctrica que recorri¨® su cuerpo de pies a cabeza. "?Esta es la prueba! ?S¨ª, tengo que detenerla!" Una sonrisa emocionada se dibuj¨® en su rostro. ¡ª?Voy a pasarla! ¡ªexclam¨® con entusiasmo¡ª. Oye, ?c¨®mo te llamas? La mujer no respondi¨®. En su lugar, volvi¨® a lanzar su cadena con una precisi¨®n letal. Rishia esquiv¨® el ataque con agilidad, impuls¨¢ndose en el tronco de un ¨¢rbol cercano antes de contraatacar con su espada. La desconocida retrocedi¨® con rapidez, sacando otra cuchilla m¨¢s de su cintur¨®n. ¡ª?De d¨®nde eres? ¡ªpregunt¨® con seriedad¡ª. ?Por qu¨¦ hay una humana en el Reino de los Monstruos? Rishia sonri¨® de lado, sin bajar su guardia. ¡ªEso mismo podr¨ªa preguntarte yo. La mujer no perdi¨® tiempo. Atac¨® de nuevo, movi¨¦ndose con velocidad y precisi¨®n. Pero Rishia ya estaba preparada. Evit¨® cada golpe con destreza, aterrizando con ligereza tras cada esquiva. La expresi¨®n de la mujer cambi¨®, su ce?o frunci¨¦ndose con incredulidad. ¡ªNo puede ser¡­ ?C¨®mo eres tan ¨¢gil? Rishia infl¨® el pecho con orgullo. ¡ªEntrenamiento. La mujer la examin¨® con cautela, como si analizara cada una de sus palabras. ¡ª?Acaso te secuestraron? Rishia se cruz¨® de brazos, indignada. ¡ª?No! Vivo aqu¨ª porque quiero. La incredulidad en los ojos de la mujer se hizo a¨²n m¨¢s evidente. Su mirada descendi¨® lentamente hasta el ojo derecho de Rishia, donde la cicatriz lo atravesaba con una marca distintiva. ¡ªEsa marca en tu ojo¡­ ?te la hicieron ellos? Rishia se llev¨® una mano al rostro y neg¨® con la cabeza. ¡ªNo, es algo as¨ª como una marca de nacimiento. S¨ª puedo ver con este ojo, pero poco. La mujer guard¨® silencio por unos segundos antes de murmurar: ¡ªEso se puede arreglar. Rishia arque¨® una ceja. ¡ª?En serio? Porque ni Ching pudo hacerlo. La mujer parpade¨®, su expresi¨®n endureci¨¦ndose. ¡ª?Qui¨¦n diablos es Ching? ¡ªUna amiga m¨ªa. La tensi¨®n en los hombros de la mujer aument¨®. ¡ª?Eres amiga de los monstruos? ¡ªS¨ª. El silencio que sigui¨® fue pesado. Finalmente, la mujer suspir¨® y relaj¨® un poco su postura. ¡ªEso cambia un par de cosas¡­ En ese caso, debo capturarte y llevarte al mundo humano para estudiarte. Rishia solt¨® una carcajada. ¡ª?Ja! No, gracias. Adem¨¢s, tengo que aprobar mi prueba. La mujer la mir¨® con desconcierto. ¡ª?Prueba? ¡ª?S¨ª! ¡ªRishia alz¨® su espada con determinaci¨®n¡ª. ?Voy a derrotarte y aprobar! Sin esperar m¨¢s, se lanz¨® hacia la mujer con una emoci¨®n genuina. Para Rishia, esto segu¨ªa siendo parte del examen. Pero lo que no sab¨ªa¡­ Era que ni Gara ni la reina Melty ten¨ªan idea de que una soldado humana hab¨ªa cruzado al Reino de los Monstruos. Ojalè°© fuera falso La sala de reuniones del castillo estaba tranquila. Era un raro momento de calma para la reina Melty, quien disfrutaba de su t¨¦ mientras discut¨ªa con Gara y Ching sobre las incursiones humanas y, por supuesto, sobre Rishia. ¡ªCuando apruebe la prueba, ?en qu¨¦ puesto planeas ponerla? ¡ªpregunt¨® Melty con curiosidad, observando a Gara. La comandante sonri¨® con orgullo. ¡ªSer¨¢ una gran atacante r¨¢pida. Adem¨¢s, quiero que sirva como mensajera. Su velocidad y agilidad son perfectas para eso. ¡ªGara tom¨® un sorbo de su t¨¦ y a?adi¨®¡ª: Y claro, seguir¨¦ entren¨¢ndola. Quiero ver hasta d¨®nde puede llegar su fuerza. Ching suspir¨®, acomodando sus lentes. ¡ªDudo que pueda mejorar mucho en fuerza. Los m¨²sculos humanos son d¨¦biles. ¡ªPero flexibles ¡ªreplic¨® Gara, entrecerrando los ojos. ¡ªEso s¨ª. Pero sigue siendo humana. Hay un l¨ªmite. Gara cruz¨® los brazos con determinaci¨®n. ¡ªNada es imposible para m¨ª. Ching rod¨® los ojos, pero no pudo evitar sonre¨ªr levemente. Gara la mir¨® de reojo y, con una sonrisa traviesa, cambi¨® de tema. ¡ªPor cierto, ?cu¨¢ndo vas a dejar de evitarme y vas a invitarme a tu casa para resolver ese rompecabezas? Ching, en pleno sorbo de t¨¦, casi se atragant¨®. Tosi¨® un poco antes de responder, tratando de ocultar su leve sonrojo. ¡ªCuando quieras. Lo he hecho m¨¢s dif¨ªcil. Gara sonri¨® ampliamente. ¡ªPerfecto. Me encantan los desaf¨ªos. Melty observ¨® el intercambio con una peque?a sonrisa. Esos momentos de tranquilidad eran preciados. Pero la calma no dur¨® mucho. El comunicador de Gara son¨® de repente, rompiendo la armon¨ªa del momento. La comandante lo sac¨® y revis¨® la pantalla. Era de la ubicaci¨®n de Rishia. ¡ªSeguro ya est¨¢ aburrida y quiere hablar ¡ªcoment¨® Ching, suspirando. If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Gara activ¨® la comunicaci¨®n. ¡ª?C¨®mo va todo por ah¨ª? Al otro lado, se escucharon jadeos y una voz emocionada. ¡ª?Lo logr¨¦! ?Ya la retuve! Gara frunci¨® el ce?o. ¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando? ¡ª?Atrap¨¦ a la humana! ?Eso significa que pas¨¦ la prueba? La sala qued¨® en completo silencio. Melty dej¨® su taza de t¨¦ con cuidado. Ching entrecerr¨® los ojos, sin poder procesar lo que acababa de escuchar. Gara se qued¨® paralizada por unos segundos antes de reaccionar. ¡ªVoy para all¨¢. No te acerques demasiado a la humana. ?Entendido? ¡ª?S¨ª! ?Te espero! La comunicaci¨®n se cort¨®. Las tres se miraron. Ching fue la primera en hablar. ¡ªDudo mucho que esto sea cierto. ¡ªPienso lo mismo ¡ªadmiti¨® Gara¡ª. No creo que Rishia se lo haya inventado, pero¡­ ?qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa ser? Melty se levant¨® de su asiento. ¡ªVoy con ustedes. Gara frunci¨® el ce?o. ¡ªNo es necesario, mi reina. Melty la mir¨® con firmeza. ¡ªLo que le pase a Rishia me incumbe tanto como a ustedes. Voy a ir. Gara suspir¨®, sabiendo que no ten¨ªa sentido discutir. Ching tambi¨¦n se puso de pie. ¡ªSolo voy por curiosidad. Las tres salieron del castillo r¨¢pidamente, pero en el fondo, Melty ten¨ªa una preocupaci¨®n creciente. "Por favor¡­ que esto sea solo imaginaci¨®n de Rishia y nada m¨¢s." El camino entre los ¨¢rboles se hac¨ªa cada vez m¨¢s tenso. Gara avanzaba con su uniforme impecable y su lanza en mano, aunque dudaba que fuera a necesitarla. La idea de que Rishia realmente hubiera encontrado a una humana era rid¨ªcula. ¡ª?Est¨¢s segura de que revisaste los alrededores antes? ¡ªpregunt¨® Melty, con un tono serio. ¡ªPor supuesto ¡ªrespondi¨® Gara sin dudar¡ª. No hab¨ªa ni rastro de humanos en la zona. Ching ajust¨® sus lentes y coment¨® con su t¨ªpico tono despreocupado: ¡ªNo creo que Rishia haya empezado a alucinar por aburrimiento¡­ pero viendo lo raros que son los humanos, no lo descartar¨ªa. Gara resopl¨®. Despu¨¦s de un rato, finalmente llegaron al lugar. Cruzaron los ¨¢rboles y, de pronto, se quedaron completamente paralizadas. No pod¨ªan creer lo que ve¨ªan. Por un lado, Rishia estaba de pie, con su espada en mano, frente a un ¨¢rbol. Ten¨ªa cortes en la ropa, algunos rasgu?os y un corte profundo en la frente del que a¨²n brotaba sangre. Por el otro lado¡­ s¨ª. Hab¨ªa una humana real. Estaba atada a un ¨¢rbol con su propio brazo encadenado, la cuchilla al final de la cadena enredada en el tronco. Con su otra mano, intentaba alcanzarla, blandiendo una cuchilla con furia. ¡ª?Si me suelto, juro por el l¨ªder que te har¨¦ sufrir! ¡ªgru?¨® la humana, con una mirada asesina dirigida a Rishia. Ching, Gara y Melty intercambiaron miradas de puro asombro. ?Qu¨¦ estaba pasando? Rishia las not¨® y, como si nada, las salud¨® con una sonrisa orgullosa. ¡ª?Lo logr¨¦! ?Captur¨¦ a la humana! Fue dif¨ªcil, pero despu¨¦s de saltar y atacarla, se enred¨® sola en su cadena y logr¨¦ retenerla. Antes de que pudiera decir m¨¢s, Gara reaccion¨® primero. Salt¨® hacia Rishia, la tom¨® del brazo y la hizo retroceder, coloc¨¢ndose entre ella y la humana mientras le apuntaba con su lanza. Melty se apresur¨® a acercarse a Rishia, examinando su rostro con preocupaci¨®n. ¡ª?Est¨¢s herida? Rishia parpade¨®, algo sorprendida por la reacci¨®n de la reina. ¡ªNo mucho, solo me alcanz¨® un par de veces. Ching se cruz¨® de brazos, evaluando la situaci¨®n. ¡ªNo parece tener heridas graves, majestad. No es necesario preocuparse demasiado. Pero Melty s¨ª estaba preocupada. Esa humana¡­ pudo haberla matado. Antes de que Rishia pudiera reaccionar, la reina la abraz¨® con fuerza. Rishia intent¨® resistirse, pero Melty no la solt¨®. Ching observ¨® la escena y luego mir¨® a Gara. Gara le devolvi¨® la mirada antes de que ambas se centraran en la humana. A pesar de la confusi¨®n en sus ojos, la invasora no soltaba sus armas ni su hostilidad. Y en la mente de ambas, la misma pregunta resonaba con fuerza. "?Qu¨¦ demonios hac¨ªa una humana aqu¨ª?" Decisiones Rishia sali¨® del laboratorio de Ching con el rostro cuidadosamente vendado y varios vendajes cubriendo sus brazos, pero lo que dominaba su expresi¨®n era una sonrisa amplia, que reflejaba la satisfacci¨®n de haber superado la "prueba". Aunque sus heridas eran superficiales, el dolor que hab¨ªa experimentado en el proceso no le restaba ni un ¨¢pice de su entusiasmo. Para ella, el haber pasado con ¨¦xito aquel desaf¨ªo era una victoria enorme, algo que no pod¨ªa dejar de celebrar. Cuando sus ojos encontraron la figura de la reina Melty esperando a la salida del pasillo, la joven humana apenas pudo contener su energ¨ªa. La reina, observ¨¢ndola con una mezcla de ternura y seriedad, esboz¨® una leve sonrisa y la mir¨® con cierto desd¨¦n maternal, como si quisiera protegerla de s¨ª misma. ¡ªVe a tu habitaci¨®n por ahora, Rishia. Descansa un poco ¡ªle indic¨® con suavidad, aunque la preocupaci¨®n en su mirada era palpable. ¡ª?Claro! ¡ªrespondi¨® Rishia, su entusiasmo no disminuido ni un poco por los vendajes. Con un destello de alegr¨ªa, corri¨® por el pasillo hacia su habitaci¨®n, la rapidez de sus pasos revelando lo mucho que la emoci¨®n del d¨ªa la impulsaba. Pocos momentos despu¨¦s, Ching sali¨® del laboratorio, acomod¨¢ndose sus gafas con gesto impaciente mientras analizaba el progreso de la situaci¨®n. La reina Melty la observ¨® en silencio, y la mirada que compartieron era una mezcla de conocimiento y preocupaci¨®n. ¡ª?Tiene algo grave? ¡ªpregunt¨® Melty con voz firme, aunque su tono denotaba una leve preocupaci¨®n. Ching ajust¨® los lentes con la precisi¨®n habitual, como si cada detalle tuviera importancia vital, y luego contest¨® con calma: ¡ªNo, en absoluto. Son solo cortes superficiales. El de su frente es el m¨¢s profundo, pero en el peor de los casos, le quedar¨¢ una peque?a cicatriz. Melty respir¨® aliviada, su cuerpo relaj¨¢ndose visiblemente. Al menos no hab¨ªa una herida mortal que temer. Pero el peligro de lo sucedido permanec¨ªa latente, algo que no se pod¨ªa pasar por alto. ¡ªAl menos no est¨¢ herida de gravedad¡­ ¡ªmurmur¨®, pensativa. Sin embargo, sus ojos segu¨ªan evaluando cada detalle. Ching suspir¨® con un ligero gesto de exasperaci¨®n y cruz¨® los brazos, su expresi¨®n agudiz¨¢ndose con cada palabra que estaba a punto de pronunciar. ¡ª?Y qu¨¦ hay de la humana? ?C¨®mo le va a Gara con ella? Melty neg¨® con la cabeza, los ojos entrecerrados en un gesto que indicaba tanto preocupaci¨®n como frustraci¨®n. ¡ªNo ha dicho nada. Gara intent¨® interrogarla, pero sin ¨¦xito. Y lo peor es que dudo que hable por voluntad propia. Tendremos que convocar una reuni¨®n m¨¢s tarde para decidir qu¨¦ hacer con ella, pero la situaci¨®n es m¨¢s complicada de lo que parece. Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author. En ese momento, la figura de Gara apareci¨® en el umbral del pasillo, su rostro tan duro como siempre, pero con una evidente tensi¨®n. Cruz¨® la puerta con el ce?o fruncido y una postura tan r¨ªgida que parec¨ªa que no pod¨ªa relajarse ni un poco. ¡ªNo habla ¡ªanunci¨® con voz grave, su tono cargado de frustraci¨®n¡ª. Es como si de repente se hubiera quedado sin lengua. Ching arque¨® una ceja, sin dejar de observar la actitud de Gara con una ligera pizca de escepticismo. ¡ªTal vez solo es muy disciplinada ¡ªsugiri¨®, no sin cierta iron¨ªa en su tono. Gara suspir¨® pero volte¨®, su mirada fija en Melty, como si estuviera esperando una respuesta de su parte. ¡ªCreo que deber¨ªamos matarla ¡ªsentenci¨® con dureza, su voz te?ida de una rabia contenida. Los ojos de Gara brillaban con una intensidad peligrosa, como si la soluci¨®n a ese enigma solo pudiera ser la violencia. Ching suspir¨® profundamente, sab¨ªa que Gara dir¨ªa algo as¨ª. ¡ªTal vez no deber¨ªamos ser tan directos ¡ªdijo con calma, como si el asunto no fuera tan sencillo como Gara lo planteaba. ¡ªS¨ª deber¨ªamos. Esto tiene justificaci¨®n ¡ªreplic¨® Gara, sin inmutarse, con la mirada ardiendo de furia. Su tono era cortante, y sus palabras resonaron como una condena¡ª. Atac¨® a Rishia y pudo matarla. Rishia es una ciudadana del reino, lo que significa que esto es un crimen. Ahora que no estamos en guerra, las reglas han cambiado. Melty cerr¨® los ojos, un gesto que revelaba su profundo pensamiento sobre el tema. Tras unos segundos de silencio, finalmente habl¨®, su voz calmada pero firme. ¡ªT¨¦cnicamente¡­ no lo es. Gara la mir¨®, desconcertada, sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¡ª?Perd¨®n? ¡ªdijo, incapaz de disimular su incredulidad. Melty, con un suspiro, explic¨® con serenidad, el peso de sus palabras evidente en su tono. ¡ªAunque Rishia vive en el reino, sigue siendo humana. Legalmente, esto ser¨ªa un crimen contra la vida de Rishia¡­ pero no contra el reino en s¨ª. La ley no considera un ataque a un miembro humano como una agresi¨®n directa a nuestro territorio. El rostro de Gara se endureci¨® a¨²n m¨¢s, y sus pu?os se apretaron con furia mientras las serpientes en su cabeza se mov¨ªan pareciendo molestas tambi¨¦n, pero Melty no cedi¨®. ¡ªSin embargo, sigue siendo una invasi¨®n. Podemos castigarla¡­ pero primero debemos esperar a ver si los humanos intentan comunicarse con nosotros. Gara entrecerr¨® los ojos, disgustada por la respuesta. ¡ªNo podemos simplemente esperar a que los humanos la reclamen y luego entreg¨¢rsela sin castigo. Ching intervino, su tono m¨¢s fr¨ªo y anal¨ªtico que nunca. ¡ªSi la matamos sin m¨¢s, eso ser¨ªa considerado un crimen contra los humanos. Lamentablemente¡­ Si se perdi¨® y es una soldado, su muerte podr¨ªa ser utilizada en nuestra contra. Melty asinti¨®, reconociendo la validez de los argumentos de Ching. ¡ªExactamente. Y desencadenar una guerra contra los humanos por esto no beneficiar¨ªa a nadie, ni a nosotros ni a ellos. Gara chasque¨® la lengua, como si estuviera trag¨¢ndose la frustraci¨®n. Cruz¨® los brazos con desd¨¦n, su postura reticente. ¡ª?Entonces, qu¨¦? ?Nos quedamos de brazos cruzados? Melty la mir¨® con una firmeza implacable, sus ojos destilando una calma que no era f¨¢cil de mantener en medio de una situaci¨®n tan tensa. ¡ªNo. Pero tampoco tomaremos una decisi¨®n precipitada. La prudencia es nuestra mejor opci¨®n. Las tres permanecieron en silencio por un largo momento, el peso de sus palabras flotando en el aire denso de incertidumbre. Encuentro con la realidad Era temprano en la ma?ana, y Rishia estaba sentada en la cocina del castillo, disfrutando de su desayuno. Entre bocados, saludaba a los sirvientes que pasaban, quienes le devolv¨ªan el saludo con sonrisas. Para ellos, Rishia ya era parte del castillo, una presencia tan habitual como la de cualquier otro. La puerta se abri¨® y la reina Melty entr¨® con paso tranquilo. Rishia, al verla, sonri¨® ampliamente. ¡ª?Buenos d¨ªas, Melty! Melty le devolvi¨® la sonrisa y, con cari?o, le revolvi¨® el cabello antes de sentarse junto a ella. ¡ªBuenos d¨ªas, Rishia. Rishia continu¨® comiendo, pero su curiosidad pudo m¨¢s. ¡ªOye, ?qu¨¦ pas¨® con la humana? Melty suspir¨® y apoy¨® los codos sobre la mesa. ¡ªSigue en el calabozo. Rishia asinti¨® con aire orgulloso. ¡ª?Se siente genial haber capturado a mi primera humana! Aunque... creo que deber¨ªa preguntarle su nombre. Melty la mir¨® con seriedad. ¡ªNo deber¨ªas acercarte a su celda. Rishia lade¨® la cabeza, confundida. ¡ª?Por qu¨¦ no? La reina sostuvo su mirada por un momento antes de responder con calma: ¡ªNo todos los humanos son como t¨², Rishia. Algunos pueden ser¡­ peligrosos. Rishia frunci¨® el ce?o y neg¨® con la cabeza. ¡ªPero ella no parec¨ªa mala. ?Me divert¨ª luchando con ella! Melty la observ¨® con paciencia, pero en su interior suspiraba. Rishia no entend¨ªa¡­ Esa humana hab¨ªa intentado matarla, pero ella, como siempre, solo ve¨ªa lo bueno en los dem¨¢s. Y si no lo encontraba, se lo inventaba. Antes de que pudieran continuar la conversaci¨®n, la puerta se abri¨® nuevamente. Gara entr¨® con paso firme, y hasta sus serpientes parec¨ªan estar m¨¢s serias de lo normal. ¡ªBuenos d¨ªas, Gara ¡ªsalud¨® Rishia con su entusiasmo habitual. ¡ªBuenos d¨ªas ¡ªrespondi¨® Gara, aunque su atenci¨®n estaba en la reina. Sin rodeos, extendi¨® una carta. ¡ªLa encontramos en la frontera. Melty la tom¨® y la ley¨® con rapidez. Su expresi¨®n se endureci¨® levemente. ¡ªSon los humanos. Vendr¨¢n a recoger a la prisionera a las 14:00 horas. El ce?o de Gara se frunci¨® con disgusto. This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. ¡ª?As¨ª que se va a salir con la suya? Rishia, al escuchar eso, se anim¨® a¨²n m¨¢s. ¡ª?Voy a poder ver a los otros humanos? Melty neg¨® con la cabeza de inmediato. ¡ªNo. Te quedar¨¢s en tu habitaci¨®n. Rishia infl¨® las mejillas. ¡ª?Por qu¨¦? Gara la mir¨® fijamente. ¡ªPorque no es necesario que est¨¦s all¨ª. Adem¨¢s, para ser una guardia real, debes obedecer ¨®rdenes. Rishia abri¨® la boca para protestar¡­ pero al final solo suspir¨® y asinti¨®. Melty le dirigi¨® una mirada de aprobaci¨®n antes de volverse hacia Gara. ¡ªVe al calabozo y s¨¢cala. Que esto termine lo m¨¢s r¨¢pido posible. Gara asinti¨® y sali¨® con paso decidido. Melty solo esperaba que la entrega se realizara sin problemas¡­ pero en su interior, ten¨ªa un mal presentimiento. Frente al castillo, la atm¨®sfera estaba cargada de tensi¨®n. Todos los guardias reales estaban formados, firmes y alertas, con Gara al frente comandando la operaci¨®n. Ching estaba cerca, observando con atenci¨®n, y la reina Melty manten¨ªa una postura imponente mientras esperaba la llegada del escuadr¨®n humano. En el centro del grupo, uno de los guardias sujetaba a la prisionera humana con cadenas. Ella no dec¨ªa nada, pero su mirada estaba clavada en la salida con un desprecio evidente. Desde una de las ventanas del castillo, Rishia observaba la escena con emoci¨®n. Quer¨ªa estar all¨ª, ver a los otros humanos. No es que tuviera una curiosidad especial por su especie, pero era una oportunidad ¨²nica¡ªnunca hab¨ªa visto a m¨¢s humanos en su vida. Suspir¨® y se alej¨® de la ventana. Sab¨ªa que no deb¨ªa bajar, as¨ª que decidi¨® ir a la cocina a buscar algunas galletas. Sin embargo, cuando entr¨®, algo sobre la mesa llam¨® su atenci¨®n. Era un casco. No cualquier casco. El casco de Gara. Era un dise?o especial, perfectamente adaptado para proteger su cabeza sin incomodar a sus serpientes. ¡ª?Por qu¨¦ lo dej¨® aqu¨ª? ¡ªmurmur¨® para s¨ª misma. Entonces, una idea se form¨® en su cabeza. ?Era la excusa perfecta para bajar! Si llevaba el casco, nadie podr¨ªa decirle nada¡­ y, de paso, podr¨ªa ver a los otros humanos. Con una sonrisa satisfecha, agarr¨® el casco y sali¨® del pasillo con determinaci¨®n. Mientras tanto, afuera, el escuadr¨®n humano hab¨ªa llegado. No eran muchos, solo unos cuantos soldados acompa?ando a un hombre rubio con uniforme del ej¨¦rcito humano. Su porte era impecable, su presencia calculada, y en su ojo derecho llevaba un mon¨®culo que destellaba bajo la luz del sol. Avanz¨® con una sonrisa que a Melty le pareci¨®¡­ siniestra. Al llegar a la entrada del castillo, hizo una reverencia exagerada. ¡ªSu Majestad, un placer conocerla en persona. Soy el Mayor Nikola, encargado de recuperar a¡­ cierta humana. Melty le sostuvo la mirada y asinti¨® con diplomacia antes de hacerle una se?a a Gara. Gara suspir¨®, pero obedeci¨® y liber¨® a la prisionera. La humana no dud¨® ni un segundo en caminar con calma hacia Nikola, coloc¨¢ndose a su lado. ¡ªMis disculpas por este malentendido ¡ªdijo Nikola con cortes¨ªa fingida¡ª. Seguramente mi soldado se separ¨® de su escuadr¨®n, pero no volver¨¢ a ocurrir. Melty no respondi¨® de inmediato. Hab¨ªa notado algo en la mirada de la humana¡­ miedo. No era un miedo a ellos, los monstruos. Era algo m¨¢s profundo, algo que Melty hab¨ªa visto antes en la guerra. Recordaba los informes de humanos atados a bombas, usados como carne de ca?¨®n por su propio ej¨¦rcito. Esa crueldad no hab¨ªa cambiado. Nikola se gir¨® para marcharse, pero de repente su mon¨®culo emiti¨® un pitido agudo. Se detuvo en seco. Con calma, llev¨® una mano al dispositivo y lo revis¨®. Luego, lentamente, se volvi¨® de nuevo hacia Melty. ¡ªD¨ªganme¡­ ?acaso tienen otra humana aqu¨ª? El silencio cay¨® como un golpe. Todos los guardias se tensaron. Melty lo mir¨® con frialdad. ?C¨®mo lo sab¨ªa? Gara se manten¨ªa alerta, sujeta a su lanza, cuando de repente sinti¨® que alguien le tocaba el hombro. Se gir¨® r¨¢pidamente¡­ y ah¨ª estaba Rishia. ¡ªOlvidaste tu casco ¡ªdijo con una sonrisa inocente, extendi¨¦ndoselo. Gara se qued¨® procesando la escena por un segundo antes de fruncir el ce?o. ¡ª?Qu¨¦ haces aqu¨ª? Se supone que deb¨ªas quedarte en tu habitaci¨®n. Antes de que Rishia pudiera responder, la voz de Nikola reson¨® con un tono de fascinaci¨®n. ¡ªVaya, vaya¡­ Todos los ojos se giraron hacia ¨¦l. Nikola mir¨® a Gara por un instante, pero su atenci¨®n r¨¢pidamente se desvi¨® hacia Rishia. ¡ªDime, ni?a¡­ ?eres humana? Rishia lo mir¨® sin comprender el peso de la pregunta. ¡ªS¨ª. Nikola lade¨® la cabeza con curiosidad antes de dirigir su mirada a la reina Melty. Era evidente que esperaba una explicaci¨®n. Melty suspir¨® internamente. No pod¨ªa creer que Rishia hubiese salido de su habitaci¨®n en el peor momento posible. Pero ahora deb¨ªa manejar esto con mucho cuidado. Advertencia Nikola mantuvo su mirada fija en la reina Melty, sus ojos afilados como cuchillas evaluando cada matiz de su expresi¨®n. Hubo un instante de silencio antes de que, con una aparente curiosidad, formulara su pregunta: ¡ª?Por qu¨¦ tienen a una ni?a humana en su reino? Melty suspir¨®. Ya anticipaba que la conversaci¨®n tomar¨ªa un rumbo molesto. Su voz se mantuvo firme, pero en su interior sab¨ªa que aquella no ser¨ªa una charla f¨¢cil. ¡ªLa dejaron en nuestro reino hace catorce a?os. La acogimos y la criamos. Nikola frunci¨® el ce?o. Su semblante se endureci¨®, como si la respuesta le resultara insatisfactoria. ¡ª?Por qu¨¦? Melty parpade¨®, sin comprender del todo la insistencia en aquella pregunta. ¡ªEra solo una ni?a ¡ªrespondi¨®, con una simplicidad que para ella era obvia¡ª. No pod¨ªamos dejarla sola. Por primera vez, Nikola pareci¨® genuinamente sorprendido. Sus facciones, hasta ahora imperturbables, se suavizaron apenas, pero no con ternura, sino con algo m¨¢s cercano a la incredulidad. Como si jam¨¢s hubiera considerado la idea de criar a un ni?o sin un prop¨®sito ulterior, sin una utilidad estrat¨¦gica. Su expresi¨®n se torn¨® inescrutable mientras observaba a Rishia con renovado inter¨¦s. Finalmente, sin mostrar ninguna emoci¨®n discernible, simplemente asinti¨®. ¡ªEst¨¢ bien. Sin m¨¢s, se gir¨® con la intenci¨®n de marcharse. Melty, Gara y Ching intercambiaron miradas y suspiraron aliviadas. Todo parec¨ªa haber salido bien¡­ Hasta que una voz rompi¨® el silencio. ¡ª?No va a capturarla? La soldado humana capturada el d¨ªa anterior habl¨® con una mezcla de desconcierto y expectativa. Nikola se detuvo en seco. No gir¨® inmediatamente, pero cuando habl¨®, su tono se volvi¨® g¨¦lido, tan afilado como una hoja de acero. ¡ªNo hables sin permiso. La soldado se tens¨® al instante. Su cuerpo se volvi¨® r¨ªgido, como si una fuerza invisible la oprimiera, dej¨¢ndola sin aliento. Nikola guard¨® silencio unos segundos m¨¢s antes de continuar con una calma calculada: ¡ªSeg¨²n las leyes del reino humano, si un ciudadano ha estado fuera m¨¢s de dos a?os, pierde todos sus derechos como tal. No tenemos ninguna raz¨®n para reclamarla. This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there. Ching chasque¨® la lengua con disgusto. As¨ª que esa era la forma en que trataban a los suyos¡­ los descartaban si se perd¨ªan. Pero entonces, la soldado, quiz¨¢s en un intento desesperado de justificarse, a?adi¨® algo m¨¢s: ¡ªPero, Mayor¡­ esa chica es incre¨ªblemente ¨¢gil. En combate, podr¨ªa superar f¨¢cilmente a varios soldados de rango Delta, quiz¨¢s incluso m¨¢s. Nikola inclin¨® la cabeza con un leve gesto de inter¨¦s. Con un movimiento pausado, gir¨® sobre sus talones hasta que sus ojos se posaron nuevamente sobre Rishia. Hasta ese momento, la joven no hab¨ªa sentido verdadero peligro. Pero ahora, un escalofr¨ªo le recorri¨® la espalda. Ese hombre¡­ daba miedo. Nikola la observ¨® en silencio, con la mirada de un depredador que eval¨²a a su presa. ¡ªD¨ªgame, reina Melty¡­ ?est¨¢n entrenando ni?os humanos para convertirlos en infiltrados? ?Para atacar el reino humano? La paciencia de Melty se resquebraj¨®. Su ce?o se frunci¨® levemente, y su tono se volvi¨® m¨¢s cortante. ¡ªQu¨¦ idea m¨¢s rid¨ªcula. No. Nikola entrecerr¨® los ojos, como si analizara la veracidad de su respuesta con fr¨ªa precisi¨®n. ¡ªTengo mis sospechas¡­ y a los humanos no nos gustan las amenazas latentes. Dio un paso hacia Rishia. Pero antes de que pudiera acercarse m¨¢s, un destello met¨¢lico cruz¨® el aire. La lanza de Gara se interpuso entre ¨¦l y la joven, su hoja brillando con una amenaza impl¨ªcita. Rishia la mir¨®, desconcertada. ?Por qu¨¦ Gara se hab¨ªa puesto tan tensa de repente? Nikola, en cambio, sonri¨®. Pero no era una sonrisa amable, sino una expresi¨®n te?ida de burla, como si el gesto de la guerrera le divirtiera. ¡ªTranquila ¡ªmurmur¨® con un deje de diversi¨®n en la voz¡ª. Solo quiero hacerle una pregunta. Gara no baj¨® la lanza de inmediato. Sus ojos lo escudri?aron con desconfianza, como si estuviera evaluando cada posible movimiento del hombre frente a ella. Finalmente, tras un segundo de tenso silencio, cedi¨® apenas, permiti¨¦ndole hablar. Nikola mir¨® a Rishia directamente. ¡ª?C¨®mo te llamas? Ella parpade¨®, sorprendida por la simpleza de la pregunta. ¡ªSoy Rishia ¡ªrespondi¨® con naturalidad. Nikola lade¨® la cabeza, analiz¨¢ndola con la misma expresi¨®n meticulosa de alguien que intenta descifrar un enigma complejo. ¡ªDime, Rishia¡­ ?te han ense?ado algo sobre matar humanos? La joven frunci¨® el ce?o, confundida. ¡ªNo, en realidad no. ¡ª?Hmm¡­? Nikola pareci¨® pensativo. Luego formul¨® otra pregunta, esta vez con un matiz m¨¢s inquisitivo: ¡ª?Sabes lo que es una bala? Rishia parpade¨®, a¨²n m¨¢s desconcertada. ¡ª?Bala? ?Qu¨¦ es eso? La respuesta pareci¨® impactar a Nikola. Por primera vez desde que hab¨ªa llegado, su expresi¨®n perdi¨® aquella burla sutil que lo caracterizaba. Se qued¨® en silencio, sus ojos recorriendo a Rishia como si acabara de descubrir algo que no esperaba. Tras unos segundos de reflexi¨®n, suspir¨®. ¡ªYa veo¡­ Retrocedi¨® un paso. Gara, aunque segu¨ªa en guardia, baj¨® la lanza apenas un poco, aunque sin relajar la tensi¨®n de sus hombros. Nikola entonces volvi¨® su atenci¨®n a la reina Melty. ¡ªBueno, solo estoy aqu¨ª para recuperar a mi soldado. Se gir¨®, d¨¢ndoles la espalda, listo para marcharse. Pero justo antes de cruzar el umbral, volvi¨® la cabeza una ¨²ltima vez hacia Rishia y le dedic¨® una leve sonrisa. ¡ªSer¨ªa bueno charlar alg¨²n d¨ªa. El comentario son¨® casual. Sin embargo, la atm¨®sfera se carg¨® de algo m¨¢s¡­ algo indefinible, pesado. Rishia, sin detectar la tensi¨®n latente en sus palabras, simplemente lo tom¨® como una invitaci¨®n amistosa y asinti¨® con ingenuidad. Pero Melty, Gara y Ching entendieron lo que realmente era. Una advertencia velada. Nikola se march¨® sin volver la vista atr¨¢s. El silencio que dej¨® tras de s¨ª fue tan inquietante como su presencia. ?Es buena idea? Con la partida de Nikola y su escuadr¨®n, el ambiente en el castillo finalmente se relaj¨®, aunque solo un poco. Los guardias reales volvieron a sus puestos, y Ching y Gara se quedaron con la reina Melty para discutir lo sucedido. Gara fue la primera en hablar, con los brazos cruzados y una expresi¨®n de desconfianza en el rostro. ¡ªEse Nikola¡­ es extra?o. No s¨¦ qu¨¦ trama, pero no me gusta. Melty suspir¨®, sabiendo que Gara no era de las que sospechaban sin motivo. ¡ªDudo que haga algo inmediato ¡ªrespondi¨® la reina¡ª. Probablemente su "advertencia" solo aplicaba si Rishia se acerca al reino humano. Gara frunci¨® el ce?o. ¡ªIgual no conf¨ªo en ¨¦l. Algo planea. Antes de que Melty pudiera responder, Ching apareci¨®, ajust¨¢ndose los guantes y con su expresi¨®n t¨ªpica de an¨¢lisis. ¡ªChing ¡ªla llam¨® Melty¡ª, ?tienes idea de qu¨¦ era ese aparato que detect¨® a Rishia? Ching se llev¨® una mano al ment¨®n, pensativa. ¡ªProbablemente un rastreador, pero invertido. En lugar de emitir una se?al para ser encontrado, parece que escanea el entorno en busca de humanos o de ciertas formas de vida espec¨ªficas. Melty cerr¨® los ojos por un momento y suspir¨®. ¡ªSi los humanos tienen algo as¨ª¡­ no es seguro que Rishia se acerque a la frontera por ahora. Gara asinti¨® de inmediato. ¡ªElla no va a estar feliz con eso. Seguro esperaba conocer la frontera como parte de su entrenamiento como guardia real. Pero Melty neg¨® con la cabeza. ¡ªSu seguridad es lo primero. Al menos hasta que estemos seguros de que esto no pasar¨¢ de un simple encuentro. Ching asinti¨®, pero su expresi¨®n mostraba dudas. ¡ªViendo c¨®mo hablaba ese mayor sobre los humanos¡­ dudo que tengan inter¨¦s en Rishia. Gara la mir¨® con seriedad. ¡ªTal vez no ahora, pero si vio potencial en ella¡­ eso cambia las cosas. Los humanos son as¨ª. Si ven algo con potencial, lo explotar¨¢n sin piedad. Siempre ha sido su manera de actuar. Melty sinti¨® un nudo en el est¨®mago. Sab¨ªa que Gara ten¨ªa raz¨®n. ¡ªEs verdad¡­ ¡ªadmiti¨® en voz baja¡ª. Pero por ahora, tomaremos precauciones. Mandaremos patrullas a vigilar la frontera por si hay m¨¢s incursiones humanas, aunque lo dudo. Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon. Gara asinti¨® y se march¨® para informar a los guardias reales sobre la nueva directriz. Ching, con una mirada interesada, se dirigi¨® a su laboratorio, sin duda con la intenci¨®n de investigar la tecnolog¨ªa humana que acababan de presenciar. Melty se qued¨® sola, pensativa. Todo esto la inquietaba. Sab¨ªa que lo m¨¢s l¨®gico ser¨ªa enviar a Rishia con los humanos. Era de su especie. Supon¨ªa que ese deb¨ªa ser su hogar¡­ Pero recordaba el miedo en los ojos de la soldado humana cuando vio a Nikola. Si Rishia iba con ellos¡­ ?qu¨¦ le har¨ªan? ?Seguir¨ªa siendo la misma ni?a risue?a que cri¨® durante 14 a?os? O peor a¨²n¡­ ?la convertir¨ªan en algo m¨¢s? Melty no quer¨ªa averiguarlo. No dejar¨ªa que ellos arruinaran a su Rishia. La habitaci¨®n de Rishia estaba tranquila, iluminada solo por la suave luz de la luna que entraba por la ventana. La joven jugaba en su cama con un rompecabezas met¨¢lico, seguramente un desaf¨ªo creado por Ching. Cuando la puerta se abri¨® y Melty entr¨®, Rishia levant¨® la vista con una sonrisa. ¡ª?Reina Melty! Melty le devolvi¨® la sonrisa y se sent¨® en la cama junto a ella. ¡ª?C¨®mo vas con el puzzle? Rishia infl¨® las mejillas. ¡ª?Es muy dif¨ªcil! Ching dijo que ni Gara pudo resolverlo. Melty rio suavemente. ¡ªBueno, Gara nunca ha sido muy buena con esas cosas. Rishia asinti¨® con entusiasmo. ¡ªS¨ª¡­ y cuando intenta resolverlo, sus serpientes se exasperan y lo tiran al suelo. Las dos rieron juntas, imaginando la escena. Pero luego, el rostro de Melty adopt¨® una expresi¨®n m¨¢s seria. Suspir¨® y mir¨® a Rishia con suavidad. ¡ªRishia¡­ por un tiempo no ir¨¢s a la frontera. La sonrisa de la joven se desvaneci¨® y la mir¨® con confusi¨®n. ¡ª?Por qu¨¦? Si voy a ser guardia real, debo conocerla. Melty neg¨® con la cabeza. ¡ªPor ahora no. Quiz¨¢s m¨¢s adelante. Rishia suspir¨®, decepcionada, pero asinti¨®. Sab¨ªa que discutir con Melty no cambiar¨ªa nada. La reina la abraz¨® con ternura. ¡ªTe amo mucho, Rishia. Rishia sonri¨® y correspondi¨® el abrazo. ¡ªYo tambi¨¦n te amo. Melty acarici¨® sus mejillas con cari?o. ¡ªMe gusta cuando eres tan linda. ¡ª?No soy linda! ¡ªprotest¨® Rishia, haciendo un puchero. Melty ri¨® con suavidad y, despu¨¦s de un rato, dej¨® que su protegida se acomodara para dormir. Todo estaba en silencio en la habitaci¨®n. Rishia intentaba dormir, pero no pod¨ªa. Algo la inquietaba. ?Por qu¨¦ Melty no quer¨ªa que fuera a la frontera? Suspir¨® y se sent¨® en la cama, abrazando sus piernas. De repente, un sonido rompi¨® la calma. Scratch¡­ scratch¡­ Algo ara?aba su ventana. Se gir¨® de inmediato, con el coraz¨®n lati¨¦ndole r¨¢pido. Al mirar hacia la ventana, vio la silueta de un gato negro posado en el alf¨¦izar. ¡ª?Un gato¡­? Se acerc¨® con cuidado y abri¨® la ventana, esperando que el felino entrara. Pero el animal no se movi¨®. En cambio, sus ojos brillaron con un rojo intenso¡­ y habl¨®. ¡ªRishia¡­ La joven cay¨® hacia atr¨¢s, sorprendida. ¡ª??Un gato que habla?! Pero al mirarlo mejor, not¨® los peque?os engranajes en sus patas, el brillo met¨¢lico en su cuerpo. ¡ªEspera¡­ ?no eres un gato? Era un robot. Sonri¨®, relaj¨¢ndose un poco. ¡ª?Debe ser de Ching! Seguro es uno de sus juegos¡­ No ser¨ªa la primera vez. Una vez le hab¨ªa enviado un canario mec¨¢nico con pistas para un rompecabezas. Pero este¡­ era diferente. No solo parec¨ªa m¨¢s rudimentario que los otros, sino que hab¨ªa algo en ¨¦l que le daba un ligero escalofr¨ªo. El gato salt¨® al tejado y la mir¨®, como si esperara que lo siguiera. Rishia dud¨®. Era tarde¡­ su toque de queda era a las 6 PM, y ya deb¨ªan ser cerca de las 12. Pero si Ching me lo mand¨®, entonces no hay problema¡­ ?cierto? Con esa idea en mente, se puso su chaqueta y botas, luego salt¨® con agilidad al tejado. El gato comenz¨® a moverse r¨¢pido, y ella lo sigui¨® con una sonrisa. Sin saber que, en la oscuridad, algo m¨¢s la observaba. Captura Rishia corr¨ªa con ligereza tras el gato mec¨¢nico, su risa vibrante entre los ¨¢rboles mientras saltaba de rama en rama con una facilidad casi sobrehumana. Sus pies apenas tocaban el suelo antes de impulsarse nuevamente, su cuerpo movi¨¦ndose con una gracia natural, casi felina. No sab¨ªa exactamente a d¨®nde la llevaba el peque?o aut¨®mata, pero tampoco le preocupaba. Seguramente es un juego¡­ pens¨® con una sonrisa, convencida de que Ching hab¨ªa preparado alg¨²n tipo de desaf¨ªo, un nuevo entrenamiento disfrazado de juego con pistas escondidas entre los ¨¢rboles y acertijos por resolver. Pero entonces, el gato se detuvo de golpe. Rishia, con sus reflejos afinados, fren¨® en seco justo a tiempo, parpadeando con sorpresa. Mir¨® a su alrededor. Solo hab¨ªa bosque. Frunci¨® el ce?o. No recordaba haber estado en ese lugar antes. ?D¨®nde estoy¡­? Antes de que pudiera analizar la situaci¨®n, un ruido sutil irrumpi¨® en la quietud del bosque. Pasos. Alguien se acercaba. Su cuerpo reaccion¨® antes que su mente. Se impuls¨® hacia adelante con rapidez, sin tiempo para pensar. ?Clang! El sonido met¨¢lico reson¨® en el aire, un chasquido abrupto justo donde su cuello hab¨ªa estado apenas un segundo antes. Rishia gir¨® la cabeza con confusi¨®n, tratando de comprender lo que acababa de ocurrir. Un collar met¨¢lico pend¨ªa de una cadena, sujetado por un soldado de uniforme oscuro. Su semblante era fr¨ªo, calculador, sin una pizca de duda en sus ojos. El ce?o de Rishia se frunci¨® m¨¢s. Espera¡­ No deber¨ªa haber humanos aqu¨ª¡­ ¡ª?Bravo! ¡ªuna voz grave y serena interrumpi¨® sus pensamientos. Rishia se gir¨® de inmediato. En la penumbra, entre los ¨¢rboles, se encontraba ¨¦l. Nikola. Su figura parec¨ªa fundirse con la oscuridad, pero sus ojos¡­ Sus ojos brillaban con un filo inquietante, como si diseccionaran cada uno de sus movimientos con una mezcla de admiraci¨®n y algo m¨¢s, algo que hizo que el est¨®mago de Rishia se encogiera. ¡ªEse esquive fue espl¨¦ndido ¡ªdijo, dando un lento y calculado aplauso. A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Rishia le sonri¨® con la misma inocencia de siempre. ¡ª?Gara me lo ense?¨®! Nikola inclin¨® la cabeza levemente, su sonrisa ampli¨¢ndose con un matiz casi¡­ intrigado. ¡ªYa veo¡­ Me gusta tu estilo acrob¨¢tico. Pero me gustar¨ªa verlo en acci¨®n. Chasque¨® los dedos. De entre los arbustos, sombras comenzaron a moverse. Soldados. Al menos media docena emergi¨® silenciosamente, rode¨¢ndola con la precisi¨®n de cazadores experimentados. El escalofr¨ªo que recorri¨® la espalda de Rishia fue instant¨¢neo. Siempre hab¨ªa estado protegida. Siempre hab¨ªa alguien cerca para cuidarla. Pero ahora¡­ algo no estaba bien. Rio con nerviosismo, dando un paso atr¨¢s. ¡ªE-Es tarde para jugar¡­ Me voy. Apenas termin¨® de hablar, uno de los soldados se lanz¨® hacia ella. Pero Rishia reaccion¨® en una fracci¨®n de segundo. Salt¨®, impuls¨¢ndose en el tronco de un ¨¢rbol, trepando con una velocidad que dej¨® a los soldados moment¨¢neamente desconcertados. Su cuerpo se mov¨ªa instintivamente, ¨¢gil y preciso, fluyendo entre las ramas con la naturalidad de alguien que hab¨ªa crecido en el bosque. Nikola, desde abajo, la observaba con una fascinaci¨®n casi extasiada. ¡ªEs perfecta¡­ ¡ªsusurr¨®, una sonrisa oscura curvando sus labios. Uno de los soldados se acerc¨® a ¨¦l. ¡ªMayor, si vamos a capturarla, debemos darnos prisa. Nikola no apart¨® la vista de Rishia. ¡ªEsa gracia¡­ esa velocidad¡­ ser¨ªa una gran soldado. Los soldados intercambiaron miradas, pero no dijeron nada. La persecuci¨®n hab¨ªa comenzado. Rishia saltaba entre los ¨¢rboles, esquivando manos que intentaban sujetarla, sus movimientos a¨²n fluidos¡­ pero ya no era un juego. No disfrutaba la emoci¨®n de correr. No le gustaba la sensaci¨®n de ser perseguida. Entonces, de pronto, el bosque se abri¨® a un claro. Baj¨® al suelo, respirando hondo, cuando un sonido desconocido perfor¨® la noche. ?BANG! El eco del disparo la hizo estremecerse. Rishia gir¨® la cabeza r¨¢pidamente. A unos metros, Nikola sosten¨ªa un rev¨®lver, el ca?¨®n a¨²n humeante. Su mirada era intensa, expectante. Ella parpade¨®, confundida. ¡ª?Eso es para fuegos artificiales? Nikola neg¨® lentamente, su sonrisa helada. ¡ªNo¡­ es para probar algo. Apunt¨® de nuevo. ¡ªQuiero ver si puedes esquivar una bala. Rishia lade¨® la cabeza, sin entender. ¡ª?Qu¨¦ es una bala? Nikola suspir¨® con paciencia. ¡ªLo que saldr¨¢ del ca?¨®n de esta arma. Su dedo se desliz¨® sobre el gatillo con parsimonia. ¡ªSi lo haces bien, tendr¨¢s un premio. Rishia sinti¨® que algo no estaba bien¡­ pero si era entrenamiento, entonces no hab¨ªa problema. Asinti¨® con la cabeza. Nikola no dud¨®. Jal¨® el gatillo. ?BANG! El estruendo la sobresalt¨®. Pero su cuerpo reaccion¨®. Por puro instinto, se movi¨® a la izquierda. La bala pas¨® rozando su hombro. El ardor fue instant¨¢neo, pero no lleg¨® a ser doloroso. No tuvo tiempo de pensar en ello. Antes de que pudiera reaccionar, unas manos fuertes la sujetaron desde atr¨¢s. Un soldado la derrib¨® con brusquedad, inmoviliz¨¢ndola contra el suelo. Un chasquido met¨¢lico. Esposas. Rishia forceje¨®. ¡ª?Oye! ?No es divertido! Nikola se acerc¨®, su mirada escrutadora. ¡ªEse es el punto. Se inclin¨® levemente, observando su rostro con detenimiento. ¡ª?No est¨¢s molesta? Rishia parpade¨®. ¡ªUn poco. Nikola frunci¨® el ce?o. ¡ªNo lo parece. Chasque¨® la lengua. ¡ªBueno¡­ eso lo arreglar¨¦ despu¨¦s. A la distancia, el sonido de un motor rompi¨® el silencio del bosque. Un cami¨®n emergi¨® de entre los ¨¢rboles, sus faros iluminando la escena con una luz fr¨ªa y artificial. Los soldados la levantaron sin esfuerzo, carg¨¢ndola hasta la parte trasera del veh¨ªculo. Rishia forceje¨® de nuevo, su respiraci¨®n aceler¨¢ndose. ¡ª?D¨¦jenme salir! Por primera vez en su vida, sinti¨® miedo de verdad. No pod¨ªa correr. No pod¨ªa escapar. Y lo peor de todo¡­ Ching no estaba all¨ª. Gara no estaba all¨ª. Melty no estaba all¨ª. Siempre que se sent¨ªa as¨ª¡­ ellas aparec¨ªan. Siempre la proteg¨ªan. Pero esta vez¡­ Esta vez, no estaban. Promesa La parte trasera del cami¨®n se sacud¨ªa con cada bache en el camino, un vaiv¨¦n irregular que hac¨ªa eco con la respiraci¨®n agitada de Rishia. Sus manos temblaban, crispadas sobre su regazo, mientras su coraz¨®n golpeaba su pecho con una fuerza casi dolorosa. Miedo. Un sentimiento nuevo, desconocido. Toda su vida hab¨ªa estado protegida, rodeada de presencias que la hac¨ªan sentir segura. Ahora, en la oscuridad opresiva de aquel veh¨ªculo en movimiento, lo ¨²nico que ten¨ªa era la incertidumbre. ?Qu¨¦ va a pasarme? El rugido del motor llenaba el aire, vibrando en sus huesos como un zumbido constante. Pero entonces, por encima de ese sonido mon¨®tono, algo m¨¢s capt¨® su atenci¨®n. Un ruido afuera. Algo se mov¨ªa entre las sombras. Y, de repente, una lanza se clav¨® con violencia en la puerta trasera, atravesando el metal de lado a lado con un estruendo ensordecedor. Los ojos de Rishia se abrieron de par en par. Conoc¨ªa esa lanza. Antes de que pudiera reaccionar, la puerta fue arrancada de un tir¨®n brutal. El viento nocturno la golpe¨® de inmediato, fr¨ªo y feroz, despeinando su cabello mientras sus pupilas se dilataban ante la visi¨®n que ten¨ªa frente a ella. Afirmada en el borde del cami¨®n en movimiento, con los m¨²sculos tensos y la mirada encendida, estaba Gara. ¡ª?Gara! ¡ªEl nombre sali¨® de sus labios en un jadeo entrecortado, el alivio inund¨¢ndola con tanta fuerza que casi salt¨® hacia ella sin pensarlo. Estaba all¨ª. Todo iba a estar bien. La imponente guerrera la mir¨® con firmeza, su expresi¨®n decidida e inquebrantable. This story has been unlawfully obtained without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. ¡ªNo te preocupes, te sacar¨¦ de aqu¨ª ¡ªdeclar¨®, su voz segura, como si nada en el mundo pudiera oponerse a su voluntad. Extendi¨® su mano hacia Rishia. Sin dudarlo, la ni?a se movi¨® para tomarla. Pero entonces¡ª ?BANG! El disparo reson¨® en la noche como un trueno desgarrador. Gara gru?¨® de dolor cuando una de las serpientes de su cabello fue alcanzada, retorci¨¦ndose con furia. Y antes de que pudiera reaccionar¡ª ?BANG! Otro disparo. Esta vez, apuntado directamente hacia ella. Gara tuvo que soltar el cami¨®n para esquivarlo, cayendo al suelo con la agilidad de una fiera acorralada. Sus botas se clavaron en la tierra, su expresi¨®n endurecida. Rishia se congel¨®. Gara herida. Era una imagen extra?a, casi imposible. Siempre la hab¨ªa visto como alguien invencible, una fuerza imparable. Pero ahora¡­ Ahora, por primera vez, sinti¨® verdadero p¨¢nico. El cami¨®n comenz¨® a reducir la velocidad. Esa era su oportunidad. Con un nudo en la garganta, Rishia se levant¨®, dispuesta a saltar. ¡ª?No! ¡ªLa voz de Gara retumb¨® con urgencia. Rishia se detuvo en seco. ¡ª?Por qu¨¦¡­? Sus pies se aferraron al suelo del cami¨®n, su cuerpo tembloroso. ?Se har¨ªa da?o si saltaba? ?Acaso no podr¨ªa alcanzarla Gara? Y entonces, lo vio. Detr¨¢s de Gara, emergiendo de entre los ¨¢rboles, varias figuras monstruosas llegaron, soldados que Rishia conoc¨ªa, sus ojos brillando en la penumbra. Pero no atacaban. No avanzaban. ?Por qu¨¦? Y luego, el cami¨®n se detuvo por completo. El tiempo pareci¨® congelarse por un instante. Rishia se prepar¨® para lanzarse hacia su salvadora, pero¡ª ¡ª?No lo hagas! ¡ªGara insisti¨®, su tono urgente, casi desesperado. Rishia no entend¨ªa. Pero Gara s¨ª. El cami¨®n ya hab¨ªa cruzado la frontera. Ahora estaban en territorio humano. Si Rishia bajaba en ese momento¡­ Nikola, que esperaba sobre el techo del veh¨ªculo, no dudar¨ªa en dispararle. ¨¦l estaba all¨ª, observando desde las alturas con su pistola en mano, paciente, esperando el momento exacto para actuar. Gara apret¨® los dientes. Si Rishia saltaba, tal vez podr¨ªa esquivar el disparo¡­ ?Pero y si no? No pod¨ªa arriesgarla. La desesperaci¨®n ard¨ªa en su interior. Quer¨ªa llev¨¢rsela. Quer¨ªa arrancarla de las garras de aquellos soldados y devolverla a casa. Pero no pod¨ªa. El motor rugi¨® de nuevo. El cami¨®n empez¨® a moverse otra vez, acelerando con decisi¨®n. Rishia sinti¨® el miedo regresar con un peso sofocante. ¡ª?Gara! La guerrera la mir¨®. Y le sonri¨®. No una sonrisa de despedida. No una sonrisa de derrota. Una promesa. ¡ªIremos por ti ¡ªdijo con la misma convicci¨®n de siempre. Su voz era fuerte. Inquebrantable. ¡ªNo tengas miedo. Volver¨¢s a casa. Los ojos de Rishia se llenaron de l¨¢grimas. Quer¨ªa creerlo. No. Lo cre¨ªa. Porque sab¨ªa que Gara nunca romp¨ªa sus promesas. Porque sab¨ªa que no estaba sola. Ching, Melty, todas ellas¡­ Volver¨ªan por ella. Y cuando el cami¨®n se desvaneci¨® en la oscuridad, su coraz¨®n se aferr¨® a esa certeza con todas sus fuerzas. Instinto Rishia se acurruc¨® en una esquina del cami¨®n, su peque?o cuerpo encogido en un intento in¨²til de encontrar seguridad en la fr¨ªa superficie met¨¢lica. No temblaba por el fr¨ªo, sino por algo mucho peor. Su respiraci¨®n era err¨¢tica, sus pensamientos ca¨®ticos. Por primera vez en su vida, entend¨ªa lo que significaba estar aterrorizada. El cami¨®n se sacud¨ªa bajo ella, avanzando a trav¨¦s de un camino desconocido. El rugido mon¨®tono del motor llenaba el aire, pero no era suficiente para ahogar el latido fren¨¦tico de su coraz¨®n. Y entonces, con un chirrido agudo, el veh¨ªculo se detuvo. Las puertas traseras se abrieron de golpe, dejando entrar una luz cegadora que la oblig¨® a entrecerrar los ojos. No tuvo tiempo de reaccionar antes de que unas manos ¨¢speras la sujetaran con fuerza, tirando de sus brazos como si fuera poco m¨¢s que un objeto inanimado. Intent¨® resistirse, pero el agarre era firme, implacable. Las botas de los soldados resonaban con un eco inquietante contra el suelo pulido mientras la arrastraban hacia el interior de un edificio colosal. Rishia levant¨® la mirada, pero el tama?o de la estructura se perd¨ªa en la inmensidad del techo. Lo primero que not¨® fue lo limpio que estaba todo. Demasiado limpio. Las paredes blancas reluc¨ªan sin una sola imperfecci¨®n, el suelo reflejaba las luces del techo con un brillo artificial. No hab¨ªa polvo, ni marcas de desgaste, ni rastros de vida. El lugar ten¨ªa una frialdad mec¨¢nica que le erizaba la piel. Algo en su interior le dec¨ªa que este no era un sitio del que pudiera salir f¨¢cilmente. La hicieron caminar por pasillos interminables, cada uno id¨¦ntico al anterior. La monoton¨ªa del entorno la desorientaba, como si estuviera atrapada en un laberinto sin salida. Finalmente, la empujaron dentro de una peque?a habitaci¨®n de paredes grises. No hab¨ªa nada en su interior, salvo una mesa met¨¢lica y dos sillas. Las esposas en sus mu?ecas tintinearon cuando intent¨® moverse. Su respiraci¨®n era apenas un susurro en el silencio abrumador. El sonido de la puerta abri¨¦ndose la hizo sobresaltarse. Al otro lado, avanzando con una calma perturbadora, estaba Nikola. El hombre entr¨® sin prisa, quit¨¢ndose la gorra y dej¨¢ndola con cuidado sobre la mesa. Su expresi¨®n era inescrutable, pero el ligero suspiro que dej¨® escapar daba la impresi¨®n de que estaba cansado. ¡ªSer¨ªas una excelente adquisici¨®n para el ej¨¦rcito humano ¡ªdijo con una tranquilidad escalofriante. This story has been taken without authorization. Report any sightings. Rishia frunci¨® el ce?o. ¡ªNo quiero eso. Nikola no reaccion¨® de inmediato. En lugar de enfadarse, se agach¨® hasta quedar a su altura, observ¨¢ndola con una intensidad que le revolvi¨® el est¨®mago. ¡ª?Est¨¢s molesta? ¡ªpregunt¨®, su tono suave, casi¡­ curioso. Rishia asinti¨®, sintiendo un nudo en la garganta. ¡ª?Claro que s¨ª! ?Quiero estar con Ching, Gara y Melty! El nombre de sus aamigasy de su madre adoptiva sali¨® de sus labios como un ancla, una s¨²plica muda. Pero la reacci¨®n de Nikola fue inesperada. Su ce?o se frunci¨® levemente, como si algo en sus palabras le disgustara profundamente. Y entonces, sin previo aviso, su mano se cerr¨® sobre el rostro de Rishia con una brutalidad que la hizo jadear. Sus dedos eran fr¨ªos, su agarre f¨¦rreo, oblig¨¢ndola a mirarlo directamente a los ojos. ¡ªEntonces dime¡­ ¡ªsusurr¨®, con una suavidad venenosa¡ª si realmente est¨¢s molesta¡­ si realmente quieres volver¡­ Su mirada se oscureci¨®. ¡ª?Por qu¨¦ no intentas matarme? Rishia parpade¨®, aturdida. ¡ª?Qu¨¦¡­? ¡ªSi en verdad me odias ¡ªcontinu¨®, su voz goteando una paciencia artificial¡ª, si de verdad quieres regresar con ellas¡­ ?por qu¨¦ no me atacas? El escalofr¨ªo que recorri¨® su cuerpo fue inmediato. ¡ªNunca har¨ªa eso ¡ªsusurr¨®, sintiendo que la presi¨®n de sus dedos aumentaba ligeramente. Nikola chasque¨® la lengua, irritado. Y entonces¡ª La golpe¨®. El impacto fue seco, brutal. Rishia sinti¨® c¨®mo su mejilla ard¨ªa al instante, el dolor explotando en su piel mientras ca¨ªa al suelo, aturdida. Sus manos esposadas no lograron amortiguar la ca¨ªda. El mundo pareci¨® tambalearse a su alrededor. Por un momento, no pudo hacer nada m¨¢s que quedarse all¨ª, con los ojos abiertos de par en par, su respiraci¨®n entrecortada. Nunca¡­ Nunca la hab¨ªan golpeado as¨ª. S¨ª, se hab¨ªa ca¨ªdo antes. S¨ª, Gara a veces la golpeaba en los entrenamientos, pero siempre con cuidado. Siempre se disculpaba despu¨¦s. Esto no era lo mismo. No era un accidente. No era un error. Era odio. Era intenci¨®n. Cuando finalmente logr¨® levantar la vista, encontr¨® la mirada fr¨ªa de Nikola observ¨¢ndola con desaprobaci¨®n. ¡ªTe est¨¢n arruinando ¡ªdijo con frialdad. Rishia sinti¨® su coraz¨®n encogerse. ¡ª?Qu¨¦¡­ qu¨¦ quieres decir? Nikola sonri¨®, una curva leve en sus labios, sin un atisbo de calidez. ¡ªLos humanos tenemos algo dentro de nosotros ¡ªsusurr¨®, poni¨¦ndose de pie con un movimiento fluido¡ª. Un instinto asesino. Se gir¨® para mirarla, sus ojos afilados como cuchillas. ¡ªUn instinto que se activa cuando deseamos poder. Cuando queremos algo con desesperaci¨®n. Cuando estamos furiosos. Se inclin¨® hacia ella, su presencia invadiendo todo su espacio. ¡ªTodos lo tenemos ¡ªsusurr¨®¡ª. Y cuando sale¡­ ya no hay vuelta atr¨¢s. Rishia trag¨® saliva con dificultad. ¡ªYo¡­ no quiero eso. Nikola la observ¨® por un momento, antes de negar con la cabeza, como si hablara con una ni?a testaruda que no entend¨ªa la lecci¨®n m¨¢s b¨¢sica. ¡ªTienes todo lo necesario para ser una gran soldado. No s¨¦ c¨®mo lograste esquivar una bala¡­ pero sin ese instinto, nunca ser¨¢s realmente fuerte. Se agach¨® una vez m¨¢s, su rostro peligrosamente cerca del de ella. Sus ojos brillaban con una emoci¨®n oscura. ¡ªAs¨ª que har¨¦ que lo desarrolles. Rishia sinti¨® c¨®mo el miedo la paralizaba. Su est¨®mago se hundi¨® en un abismo de terror. ¡ª?Q-qu¨¦ me vas a hacer¡­? Nikola sonri¨®. Una sonrisa de satisfacci¨®n. Una sonrisa como si esto fuera su mejor entretenimiento. ¡ªTe har¨¦ sufrir psicol¨®gicamente hasta que tu instinto salga. Hasta que me odies tanto que quieras matarme. Rishia sinti¨® un escalofr¨ªo recorrerle la espalda. Esto no era una broma. No era una amenaza vac¨ªa. Lo dec¨ªa en serio. Sus labios temblaron. ¡ªEso es cruel¡­ ¡ªsusurr¨®, sintiendo c¨®mo el p¨¢nico crec¨ªa dentro de ella. Nikola rio, bajo y divertido. ¡ªAs¨ª son los humanos. Se inclin¨® a¨²n m¨¢s, hasta que su aliento roz¨® su o¨ªdo. ¡ªY as¨ª ser¨¢s t¨². Nunca la dejaremos Melty permanec¨ªa en la sala del trono, inm¨®vil, pero su mente era un torbellino de pensamientos. Algo dentro de ella no estaba bien. Un mal presentimiento la carcom¨ªa desde el momento en que despert¨®, un peso invisible oprimi¨¦ndole el pecho, dificult¨¢ndole la respiraci¨®n. Pero no era solo eso. Hab¨ªa sido una pesadilla. Una visi¨®n fugaz, distorsionada, pero lo suficientemente n¨ªtida para dejar su piel erizada y su coraz¨®n latiendo con violencia. Se hab¨ªa despertado jadeando, con un sudor fr¨ªo recorri¨¦ndole la espalda. Y sin dudarlo, hab¨ªa ido a revisar a Rishia. La sensaci¨®n de angustia solo aument¨® cuando lleg¨® frente a su habitaci¨®n. El viento de la noche se filtraba en el interior, moviendo las cortinas con un susurro inquietante. La ventana estaba abierta. Y la cama, vac¨ªa. Rishia no estaba. El p¨¢nico la atraves¨® como una lanza helada. Por un instante, su cuerpo no reaccion¨®. Luego, sin pensarlo dos veces fue a buscar a Gara, sin importarle el p¨¢nico qie crec¨ªa dentro de ella. Pero antes de que pudiera seguir pensando, la puerta de la sala del trono se abri¨® con un estruendo. Gara irrumpi¨® en la habitaci¨®n como una tormenta. Su respiraci¨®n era err¨¢tica y su expresi¨®n estaba marcada por una furia apenas contenida. Una de las serpientes en su cabeza se agitaba con violencia, con sangre oscura goteando desde su herida mientras las otras se veian igual de molestas que su due?a. The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation. Y entonces, con voz grave, su sentencia cay¨® como un pu?al. ¡ªSe la llevaron. Las palabras hicieron que todo dentro de Melty se rompiera. No. No, no, no. Su visi¨®n se volvi¨® borrosa por un instante, su mente neg¨¢ndose a aceptar lo que acababa de escuchar. ¡ª?Qu¨¦¡­? ¡ªsu voz sali¨® como un susurro, como si al decirlo en voz alta pudiera hacerlo menos real. Ching, que hab¨ªa permanecido en silencio, se puso de pie de inmediato al notar la sangre en Gara. ¡ªSi¨¦ntate. D¨¦jame revisarte. Gara obedeci¨®, pero su mirada segu¨ªa ardiendo con una determinaci¨®n inquebrantable. ¡ª?Qu¨¦ vamos a hacer? ¡ªgru?¨®, su mand¨ªbula tensa¡ª. No podemos dejar que se la lleven. No podemos abandonarla as¨ª. Melty cerr¨® los ojos por un momento, tratando de calmar el temblor en sus manos. Pero no era miedo lo que la hac¨ªa temblar. Era rabia. Era la ira ardiente de una madre que acababa de perder a su hija. Abri¨® los ojos, su decisi¨®n ya tomada. ¡ªVamos a buscarla. Ching y Gara la miraron, sorprendidas. ¡ª?C¨®mo¡­? ¡ªpregunt¨® Ching con cautela¡ª. ?C¨®mo haremos que la entreguen? Melty levant¨® la mirada. Sus ojos, normalmente suaves y gentiles, brillaban con una intensidad implacable. ¡ªT¨¦cnicamente, Rishia no es un monstruo. Ching frunci¨® el ce?o, tratando de seguir su razonamiento. ¡ª?Y eso qu¨¦ importa? Melty inspir¨® profundamente. ¡ªPero tampoco es humana seg¨²n sus propias leyes. Est¨¢ en un limbo legal. Y yo tengo el derecho de reclamarla. Un silencio pesado cay¨® sobre la habitaci¨®n. Las palabras resonaron en el aire, cargadas de una verdad peligrosa. Entonces, lentamente, una sonrisa feroz se dibuj¨® en los labios de Gara. ¡ªEstoy de acuerdo. Si hay que pelear por ella, lo har¨¦. Ching exhal¨® un suspiro, cruz¨¢ndose de brazos. ¡ªYo tambi¨¦n. Melty asinti¨®, su determinaci¨®n m¨¢s firme que nunca. ¡ªNos prepararemos. Iremos al reino humano por Rishia y no volveremos sin ella. Gara se puso de pie con renovada energ¨ªa, la furia en sus ojos transform¨¢ndose en una convicci¨®n inquebrantable. ¡ªReunir¨¦ a los mejores soldados de mi s¨¦quito para que nos acompa?en por si acaso, no vamos a fallar. Melty se apart¨® de ellas y camin¨® hacia la ventana. La brisa nocturna acarici¨® su rostro, pero el fr¨ªo ya no le afectaba. Su mirada se perdi¨® en la oscuridad, su mente ya en el lugar donde Rishia estaba retenida. Se la imagin¨®, sola, asustada, encerrada en un lugar que no comprend¨ªa. La imagen le quem¨® por dentro. Y entonces, record¨®. Record¨® la noche en que la sostuvo en sus brazos por primera vez. Record¨® sus peque?as manos aferr¨¢ndose a ella con la confianza instintiva de un ni?o que a¨²n no conoc¨ªa el miedo. Record¨® la promesa que le hizo en ese momento. Nunca estar¨¢s sola. Rishia no era un monstruo pero tampoco era una humana. Y eso no importaba. Porque ya era su hija, y no importaba lo que tuviera que hacer¡­ La iba a recuperar. Perspectivas Rishia estaba recostada contra la pared fr¨ªa de la habitaci¨®n gris. Sus huesos pesaban, su cuerpo dol¨ªa, pero lo que m¨¢s la atormentaba era el vac¨ªo dentro de su pecho. Nunca hab¨ªa experimentado algo as¨ª. Un cansancio abrumador, m¨¢s all¨¢ de lo f¨ªsico, m¨¢s all¨¢ del dolor en su piel. Quer¨ªa llorar. Pero las l¨¢grimas no ven¨ªan. No sab¨ªa cu¨¢nto tiempo hab¨ªa pasado desde que la trajeron aqu¨ª. ?D¨ªas? ?Semanas? ?Meses? La verdad era que apenas hab¨ªan transcurrido unas cuantas horas. Pero cada segundo en ese lugar era una eternidad. Las torturas de Nikola no segu¨ªan ning¨²n patr¨®n predecible. Los golpes y cortes nunca eran lo suficientemente profundos como para dejar cicatrices permanentes, pero s¨ª lo bastante precisos para hacerla sufrir. No tanto como la incertidumbre. Los gritos de otros prisioneros, las campanadas ensordecedoras, los disparos que rozaban su cabeza pero nunca impactaban. Las veces en que Nikola alzaba una silla con un gesto pausado, como si estuviera considerando romperla sobre su cuerpo¡­ y luego la dejaba caer suavemente en el suelo, sin hacer nada. Lo aterrador no era el dolor. Era el miedo de no saber cu¨¢ndo realmente lo har¨ªa o que le har¨ªa. Cerr¨® los ojos. Intent¨® sostenerse en alg¨²n recuerdo c¨¢lido, algo que la anclara a s¨ª misma, que le recordara que exist¨ªa un mundo fuera de este cuarto. Melty. La ¨²ltima vez que llor¨®, Melty la abraz¨® fuerte, sosteni¨¦ndola con la ternura de alguien que no ten¨ªa intenci¨®n de soltarla jam¨¢s. ¡ªTodo estar¨¢ bien. Ching. Ella le hab¨ªa regalado un telescopio y juntas pasaban las noches observando las estrellas, inventando nombres para las constelaciones. Gara. Le hab¨ªa ense?ado a sujetar su lanza con firmeza, un arma que no dejaba que nadie tocara, a perfeccionar su punter¨ªa hasta que su destreza fuera innegable. Las cuatro hab¨ªan cenado juntas esa noche. Ri¨®. If you stumble upon this tale on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. Comi¨® hasta sentirse satisfecha, se sinti¨® segura, ese d¨ªa hab¨ªa sido¡­ lindo. Quer¨ªa volver. Quer¨ªa estar con ellas. Pero ahora estaba aqu¨ª. Sola. O eso pens¨®¡­ hasta que una voz rompi¨® el silencio opresivo. ¡ªHola. Rishia volte¨® de inmediato, sus m¨²sculos tens¨¢ndose por reflejo. Una figura se encontraba al otro lado de la habitaci¨®n, observ¨¢ndola con curiosidad. Era una chica humana, de su misma edad. El uniforme que llevaba era el de los soldados, pero su postura no ten¨ªa la misma rigidez que la de los soldados que la arrastraron aqu¨ª. Rishia, a pesar del cansancio, esboz¨® una sonrisa tenue y extendi¨® la mano. ¡ªHola. Me llamo Rishia. Su voz son¨® d¨¦bil, apagada por la fatiga, pero se present¨® de todos modos. Melty siempre le dec¨ªa que presentarse a alguien nuevo era una se?al de respeto. La otra chica frunci¨® el ce?o con desconcierto. ¡ª?Por qu¨¦ te presentas? ¡ªPorque Melty dice que es lo correcto. El rostro de la humana se endureci¨®. ¡ª?Melty? ?La reina de los monstruos? ¡ªS¨ª. ¡ª?La conoces? Rishia sostuvo su mirada con firmeza. ¡ªS¨ª¡­ es como mi mam¨¢. La quiero mucho. La chica se qued¨® en silencio por un momento, analizando sus palabras con cautela. Y entonces, con un gesto m¨¢s relajado, se sent¨® junto a ella. ¡ªMe llamo Sonohara. Rishia sonri¨® con algo m¨¢s de calidez. ¡ªEs un nombre bonito. Sonohara no respondi¨® de inmediato. ¡ª?Por qu¨¦ no me tienes miedo? ¡ªNo me has hecho nada para tenerte miedo. Sonohara la observ¨® con a¨²n m¨¢s confusi¨®n. ¡ª?Le tienes miedo a los monstruos? ¡ª?No! ¡ªrespondi¨® Rishia, casi ofendida¡ª. Los quiero mucho. A Gara, a Ching, a Melty¡­ a todos los del reino. Hubo un leve destello de sorpresa en los ojos de Sonohara. ¡ªEso es raro. Rishia lade¨® la cabeza. ¡ªNo le veo lo raro a querer a mi familia. Un silencio pesado cay¨® entre ambas. Sonohara rompi¨® la quietud con una pregunta inesperada. ¡ª?Melty no te golpea? El ce?o de Rishia se frunci¨® con fuerza. ¡ª?Claro que no! ¡ªrespondi¨® con firmeza, como si la sola idea fuera absurda¡ª. Ella nunca har¨ªa algo as¨ª¡­ pero a veces hornea cosas ricas sin pedir permiso a los sirvientes. Sonohara dej¨® escapar una risa baja, casi inaudible. ¡ªEso suena bien. Las barreras entre ellas comenzaron a desmoronarse poco a poco. Hablaron. Rishia le cont¨® sobre la vida en el reino de los monstruos, sobre lo hermoso que era, la calidez de su gente, lo mucho que disfrutaba entrenar. Sonohara escuch¨® en silencio, con la mirada fija en un punto distante, como si estuviera intentando imaginar todo lo que Rishia describ¨ªa. Hasta que murmur¨®, casi sin pensarlo: ¡ªMe gustar¨ªa ir all¨¢¡­ vivir en el reino de los monstruos. Rishia parpade¨®, sorprendida. ¡ª?No te gusta el reino humano? Sonohara baj¨® la mirada. ¡ªAqu¨ª solo se trata de entrenar y matar. Si fallo, pueden matarme a m¨ª. Todo es muy estricto y los castigos son crueles. Rishia sinti¨® un nudo en la garganta. ¡ªMe gustar¨ªa llevarte conmigo. Sonohara neg¨® con la cabeza, su expresi¨®n endureci¨¦ndose nuevamente. ¡ªNo es posible. Pero Rishia se puso de pie de golpe. ¡ªUn d¨ªa lo har¨¦. Comeremos juntas en el castillo. Por primera vez, Sonohara pareci¨® genuinamente sorprendida. Y por un instante, solo un instante, sonri¨® con suavidad. ¡ªEso¡­ ser¨ªa lindo. Un sonido en el pasillo las alert¨®. Sonohara se tens¨®. ¡ªTengo que irme. Antes de marcharse, se quit¨® su collar y lo coloc¨® alrededor del cuello de Rishia. Era una cadena con una placa de metal circular. La inscripci¨®n grabada en ella dec¨ªa una sola palabra: "HUMAN". Rishia la sostuvo con delicadeza, sus dedos trazando la superficie met¨¢lica. ¡ª?Qu¨¦ es esto? Sonohara se apart¨® lentamente. ¡ªQuer¨ªa darte algo para que me recordaras¡­ pero solo tengo esto. Rishia sonri¨®, con un agradecimiento que nac¨ªa desde lo m¨¢s profundo de su coraz¨®n. ¡ªGracias. Sonohara asinti¨® y se escurri¨® entre las sombras, desapareciendo antes de que nadie m¨¢s pudiera verla. Rishia suspir¨®, aferrando la placa entre sus dedos. Se sent¨ªa un poco menos sola¡­ pero a¨²n quer¨ªa irse de all¨ª. Lo que no sab¨ªa era que, no muy lejos, una reina furiosa, una guerrera letal y una cient¨ªfica brillante estaban llegando. Melty, Gara, Ching¡­ y un escuadr¨®n de soldados ya estaban en camino. Negociaciones El sal¨®n de reuniones era un reflejo de lo que representaban aquellos muros: vac¨ªo, indiferencia, desprovisto de cualquier vestigio de humanidad. Las paredes, fr¨ªas y grises, no contaban historias ni albergaban recuerdos. No hab¨ªa retratos, estandartes o s¨ªmbolos de honor, solo un cuadro solitario colgado en el centro, con una ¨²nica palabra inscrita en ¨¦l: "HUMAN". Gara cruz¨® los brazos, inc¨®moda, los humanos eran espeluznantes. No todos, claro. Rishia no lo era. Pero el resto¡­ Melty se manten¨ªa estoica, su porte real e imponente como un muro infranqueable. Ching, en cambio, observaba cada rinc¨®n del lugar con precisi¨®n quir¨²rgica, memorizando rutas de escape, puntos ciegos, cualquier posible ventaja. Entonces, la puerta se abri¨®. Dos soldados ingresaron primero, r¨ªgidos y disciplinados, flanqueando la figura de un hombre alto de rostro marcado por una cicatriz profunda. Su uniforme del ej¨¦rcito humano estaba impecable, y en sus hombros reluc¨ªan varias estrellas, insignias de su rango. Con un andar pausado y confiado, se dej¨® caer sobre la silla frente a ellas con una calma que rozaba la arrogancia. ¡ªBienvenidas ¡ªsu voz era grave, carente de emoci¨®n¡ª. Soy el comandante Aleksandrov, pero pueden llamarme Alek. El nombre era irrelevante, Gara no apart¨® la vista de ¨¦l, analiz¨¢ndolo en silencio. ?Por qu¨¦ se ve¨ªa tan relajado? Le recordaba a Nikola. Tal vez¡­ todos los humanos eran iguales. Melty habl¨® primero, sin rodeos. ¡ªEstamos aqu¨ª por Rishia. Aleksandrov inclin¨® levemente la cabeza, como si el nombre apenas le resultara familiar. ¡ª?Se refieren a la chica que trajeron esta madrugada? ¡ªS¨ª. El comandante suspir¨® con desinter¨¦s, como si discutieran la devoluci¨®n de un objeto extraviado. ¡ªNo tengo problema en entreg¨¢rsela. Las tres permanecieron en silencio, desconfiadas pero entonces Aleksandrov a?adi¨® con escalofriante indiferencia: ¡ªSolo si el Mayor Nikola dice que no tiene uso para ella. El aire en la sala se volvi¨® denso. If you encounter this tale on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡ªSi tiene alg¨²n valor para nosotros¡­ lucharemos hasta el final por retenerla. Hizo una breve pausa antes de agregar: ¡ªO la mataremos antes de que los monstruos la utilicen en nuestra contra. El coraz¨®n de Ching dio un vuelco. ¡ª?No pueden simplemente matar a una ni?a as¨ª! Aleksandrov la mir¨® con g¨¦lida calma. ¡ªHar¨¦ lo que sea necesario para proteger mi pa¨ªs. Melty sinti¨® un nudo en la garganta. ?As¨ª eran los humanos? ?Tan crueles como para ver a una ni?a de 14 a?os como un riesgo que deb¨ªa ser eliminado? La n¨¢usea le revolvi¨® el est¨®mago. Pero antes de que pudiera responder, la puerta se abri¨® de nuevo y entr¨® Nikola con su sonrisa de siempre. ¡ªAh, qu¨¦ sorpresa. Se acomod¨® en la silla con la familiaridad de quien se siente en control de la situaci¨®n, Aleksandrov no perdi¨® el tiempo. ¡ªLa reina Melty quiere a la ni?a. ?Le ves potencial? Nikola sonri¨® con aire satisfecho. ¡ªPor supuesto. Sus ojos se desviaron hacia Melty, luego a Gara y Ching. ¡ªEs¡­ fascinante. Me encantar¨ªa tenerla en mis filas. Se inclin¨® levemente hacia adelante. ¡ªEsquivar una bala es una haza?a. ?Qui¨¦n la entren¨®? Gara, sintiendo la sangre hervir en sus venas, respondi¨® sin titubear. ¡ªYo. Nikola pareci¨® deleitarse con la respuesta. ¡ªHiciste un trabajo espl¨¦ndido. Su expresi¨®n era genuinamente emocionada, como la de un coleccionista que acaba de encontrar una pieza rara. ¡ªLa llevaste al m¨¢ximo de la capacidad humana. Claro, le falta fuerza¡­ pero su velocidad y reflejos son excepcionales. Gara frunci¨® el ce?o. No era un halago, no cuando ven¨ªa de ¨¦l. Nikola suspir¨® y se recarg¨® en la silla con teatral desgano. ¡ªPero¡­ no podemos usarla. Aleksandrov arque¨® una ceja. ¡ª?Por qu¨¦? Nikola sonri¨®, ladeando la cabeza con burla. ¡ªLa arruinaron. La sala qued¨® en silencio absoluto. ¡ªSe pudri¨® en ese lugar. Ya no tiene instinto humano. ¡ª?Lo analizaste bien? ¡ªpregunt¨® Aleksandrov. Nikola asinti¨®. ¡ªProb¨¦ de todo, le hice de todo¡­ El sonido seco de un pu?o golpeando la mesa reson¨® en la habitaci¨®n, Gara se hab¨ªa levantado de golpe. ¡ª?Qu¨¦ demonios le hiciste? Nikola la mir¨® con una tranquilidad insoportable. ¡ªSolo experiment¨¦ un poco¡­ para ver si pod¨ªa despertar su instinto. Se encogi¨® de hombros, casi con desinter¨¦s. ¡ªPero no pude. Melty se tens¨®, Ching apret¨® los pu?os, Nikola ri¨®, encantado con la reacci¨®n. ¡ªLe ense?¨¦ algunos buenos trucos. Sus ojos brillaron con diversi¨®n perversa. ¡ªDeber¨ªan probarlo. Tomen una campana y su¨¦nenla cerca de ella. Se inclin¨® un poco m¨¢s, como si confiara un secreto. ¡ªSu reacci¨®n ser¨¢ muy entretenida. El cuerpo de Gara tembl¨® de rabia, quer¨ªa destrozarle la cara. Pero Melty habl¨® antes. ¡ªSi¨¦ntate. Gara la mir¨® con los dientes apretados, sab¨ªa que la reina estaba furiosa pero no lo demostraba. No a¨²n. Con un gru?ido bajo, Gara se dej¨® caer en su silla, sinti¨® la mano de Ching apretar la suya, un intento silencioso de calmarla, Melty enderez¨® los hombros. ¡ªBasta de juegos. Mir¨® directamente a Aleksandrov. ¡ªQuiero a Rishia. El comandante la observ¨® un instante, antes de desviar la mirada hacia Nikola. Nikola se encogi¨® de hombros. ¡ªLl¨¦vensela, no nos sirve un soldado que no quiera matar. Aleksandrov suspir¨®, como si lamentara la p¨¦rdida de un recurso valioso. ¡ªQu¨¦ desperdicio de potencial. Hizo un gesto a uno de los soldados. ¡ªTr¨¢iganla. Minutos despu¨¦s¡­ La puerta se abri¨® y Rishia entr¨® a¨²n con las esposas, se ve¨ªa¡­ cansada, pero cuando las vio sus ojos se iluminaron. Y sonri¨®, Melty sinti¨® que pod¨ªa respirar de nuevo. Gara y Ching tambi¨¦n. El soldado le quit¨® las esposas, Melty extendi¨® una mano. ¡ªVen. Sin dudarlo, Rishia corri¨® hacia ella. Pero antes de que pudiera alcanzarla¡­ Una mano la sujet¨® por el hombro, se detuvo, volte¨® y Nikola la miraba, sonriendo. ¡ªOjal¨¢ nos veamos pronto. El miedo la golpe¨® como una ola helada. Melty dio un paso adelante, tom¨® la mano de Rishia y la apart¨® de ¨¦l haciendo que Nikola riera por lo bajo. ¡ªDebo volver al trabajo. Aleksandrov se puso de pie. ¡ªFue un placer atenderlas. Pero para Melty, Gara y Ching¡­ lo ¨²nico que se llevaron de ese lugar¡­ Fue odio.