《Balance (Español)》
CapÃtulo 0 - El Contrato
¡ªQuiero desaparecer.
¡ª?Realmente piensas eso?
¡ªNo puedo estar m¨¢s aqu¨ª.
¡ª?Preferir¨ªas estar en otro lado?
¡ªSimplemente¡ No quiero vivir m¨¢s.
¡ª?Tu problema es con la vida o contigo mismo?
¡ª?Cu¨¢l es la diferencia? Si soy una v¨ªctima, o soy el victimario, ?qu¨¦ importancia tiene?
¡ªLa diferencia es que en uno de esos casos puedes hacer algo al respecto, en el otro es imposible.
¡ªJa, ja¡ Ya intent¨¦¡ Ya hice todo lo que estaba al alcance de mis manos¡ Ya fracas¨¦¡ ?Cu¨¢ntas veces tengo que fracasar hasta que aprenda la lecci¨®n? Es imposible.
¡ª?Y si tus manos pudieran alcanzar un poco m¨¢s lejos¡? ?Y si no fuera imposible?
¡ª¡
¡ªDe nuevo, ?tu problema es con la vida o contigo mismo?
¡ª¡ ?Qui¨¦n eres?
¡ªSi pudieras vivir libremente, si pudieras vivir como tanto deseas, si tu d¨ªa a d¨ªa fuera irreconocible al de los dem¨¢s¡ ?desear¨ªas vivir en ese caso?
¡ªEn ese caso¡ Si realmente¡ tuviera esa oportunidad¡ Creo que¡
¡ª?Tu problema es con la vida o contigo mismo? Si pudieras conectar con otra persona genuinamente, si verte a ti mismo, o ver a los dem¨¢s, ya no te resultara desagradable, si pudieras tener una relaci¨®n genuina, de pura honestidad¡ ?desear¨ªas vivir en ese caso?This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere.
¡ªCreo que¡ Creo que¡
¡ªSi pudieras ser feliz, ?desear¨ªas vivir en ese caso?
¡ª?Creo que s¨ª¡! ?Quiero¡! ?Quiero intentarlo de nuevo¡!
¡ª?Tu problema es con la vida o contigo mismo?
¡ª?Quiero vivir en serio! ?Quiero disfrutar de mi vida como todos los dem¨¢s! ?Quiero seguir viviendo!
¡ªUna nueva oportunidad, en un lugar muy distinto.
¡ª?Un lugar en el que no desprecie m¨¢s a los dem¨¢s ni a m¨ª mismo! ?Un lugar en el que pueda tener una relaci¨®n real con otras personas!
¡ª?Incluso si tuvieras que dejar todo atr¨¢s? ?Incluso si tuvieras que perder todo lo que ya tienes?
¡ª?Incluso si ese fuera el caso¡! ?Si pudiera hablar con otras personas de manera genuina¡! ?Si pudiera relacionarme con otras personas sin sentirme tan distinto¡!
¡ªTe ofrezco un contrato: t¨² realizas una misi¨®n para m¨ª. Una misi¨®n inc¨®moda, dolorosa, ardua, penosa¡ Una misi¨®n que te har¨¢ odiarte, una misi¨®n que te har¨¢ odiar a otros incluso m¨¢s. Una misi¨®n que la mayor¨ªa de la gente considerar¨ªa que no vale la pena realizar¡
¡ª?¡!
¡ªA cambio, te hago una promesa, una promesa irrompible. Si cumples con esta misi¨®n, todo eso que deseas ser¨¢ tuyo: una vida libre, una relaci¨®n genuina. Todo eso lo tendr¨¢s. Y lo tendr¨¢s tanto que nunca m¨¢s querr¨¢s rendir tu vida. Lo tendr¨¢s tanto que desearas vivir cada segundo de tu vida con toda tu capacidad.
¡ª¡
¡ªYo te ofrezco una nueva oportunidad, pero, a cambio, te encargo una pesada responsabilidad. ?Quieres firmar el contrato?
¡ªS-S¨ª¡
¡ªPerder¨¢s todo. Ser¨¢ tan dif¨ªcil que muchas veces preferir¨¢s nunca haber aceptado este pacto. Ser¨¢ tan doloroso que muchas veces desear¨¢s estar muerto. Querr¨¢s abandonar la misi¨®n. Querr¨¢s abandonar todo y luego desear¨¢s recuperar todo de nuevo. Aun as¨ª, ?quieres firmar el contrato?
¡ªS-¡
¡ªNo ser¨¢ lindo. Pero al final, agradecer¨¢s todos y cada uno de los sacrificios que habr¨¢s hecho. Al final, lo har¨ªas todo una y otra vez para conservar lo que obtuviste. Al final, nunca se te ocurrir¨ªa firmar nuevamente este contrato.
¡ªQuiero-¡ Quiero una nueva oportunidad.
¡ª?Tu problema es con la vida o contigo mismo?
¡ª?Una vez m¨¢s! ?Quiero una oportunidad m¨¢s! ?Esta vez har¨¦ todo lo posible para no odiarme de nuevo! ?Har¨¦ todo¡! ?Todo lo posible! ?Sin esconderme m¨¢s!
¡ª?Quieres firmar el contrato?
¡ª?S¨ª!
¡ª¡
¡ªNo quiero pensar¡ nunca m¨¢s¡ que quiero desaparecer¡ No quiero seguir decepcionando a las personas que quiero¡ Quiero ser feliz¡ una vez.
¡ªEl contrato ha sido sellado.
¡ª?¡!
¡ªEste contrato tiene una condici¨®n, una condici¨®n muy simple: No puedes hablar con nadie sobre el contrato. Mientras que cumplas con esa condici¨®n, y sigas mis instrucciones, obtendr¨¢s todo lo que te he ofrecido a cambio.
¡ª¡ Est¨¢ bien¡ Si tan solo es eso¡
¡ªBuena suerte~
CapÃtulo 1 - Una sola noche - Parte 1
1
Las estrellas no pod¨ªan verse m¨¢s brillantes. La luna parec¨ªa un enorme reflector que iluminaba todo lo que se encontraba debajo. Incluso aqu¨ª, bajo la masa de agua que distorsionaba todos mis sentidos, el cielo robaba con fuerza toda mi atenci¨®n. Uno pensar¨ªa que lo primero que intentar¨ªas al despertar bajo el agua ser¨ªa escapar al aire inmediatamente; sin embargo, eso no fue lo que ocurri¨®.
Como cuando uno es sorprendido al escuchar la voz de un cantante de ¨®pera; como cuando uno encuentra un cuadro de pintura de t¨¦cnica tan incre¨ªble que le hace preguntar: ¡°?C¨®mo lo hizo?¡± La formaci¨®n del cielo era as¨ª de impresionante. La sensaci¨®n espesa del agua a mi alrededor y la peque?a incomodidad en mis ojos se sent¨ªan apropiadas para el momento, como si estuviera pagando el precio por permitirme disfrutar de semejante panorama.
Mi cuerpo lleg¨® a tocar el fondo de la cuenca donde ca¨ª; las luces en el cielo se convirtieron completamente en manchones borrosos; fue entonces que despert¨¦ de la conmoci¨®n y recuper¨¦ un poco de mi cordura.
¡ª?Puagh!
El agua era poco profunda; pude subir a la superficie en dos o tres brazadas. Y lo que no ten¨ªa en profundidad tampoco lo ten¨ªa en anchura; pude escalar a tierra firme sin tener que nadar. B¨¢sicamente, me hab¨ªa sumergido en un r¨ªo diminuto. Un, muy transparente, r¨ªo diminuto. La raz¨®n por la cual estaba en ese predicamento escapaba de mi saber. A decir verdad, muchas cosas escapaban de mi saber en este momento. Por qu¨¦ estaba aqu¨ª era una de esas inc¨®gnitas que no pod¨ªa cerrar, pero tambi¨¦n podr¨ªamos incluir a la lista: ¡°?D¨®nde era ''aqu¨ª''?¡±, o pod¨ªamos darnos el lujo de cambiar el tema e inquirir directamente: ¡°?Por qu¨¦ estaba desnudo?¡±
Para estirarme, realic¨¦ un movimiento un poco raro con el torso y me percat¨¦ de algo. Hab¨ªa algo que me molestaba, algo f¨ªsico. Toquete¨¦ mi pecho hasta que mis dedos rozaron un objeto de sensaci¨®n met¨¢lica.
¡ª?Huh? ¡ªMir¨¦ hacia abajo y me desconcert¨¦ al encontrar una joya extra?a colgando de mi cuello.
Lo agarr¨¦ para analizarlo mejor. Era dorado, redondo y del grosor de una br¨²jula com¨²n. No ten¨ªa idea c¨®mo hab¨ªa llegado ah¨ª; no recordaba poseer nada parecido. Tampoco sab¨ªa si era de oro o de una aleaci¨®n met¨¢lica dorada. Lo manose¨¦ hasta que sent¨ª una hendidura en medio del metal. Intent¨¦ abrir la peque?a c¨¢psula con cuidado hasta que repentinamente se abri¨® de un brinco como un resorte.
¡ª¡ ?Qu¨¦ carajo?
El lado desde la hendidura que se abri¨® estaba hueco, pero el otro lado era s¨®lido, ten¨ªa un marco dorado y dentro de ¨¦l hab¨ªa lo que solo pod¨ªa describir como una pantalla. La pantalla simplemente iluminaba de azul, pero era un azul con texturas, con olas, como un mar visto de arriba. Toqu¨¦ la pantalla para ver si era un dispositivo t¨¢ctil, como un reloj inteligente o algo similar, pero no respondi¨® a nada. Solo mostraba un fondo azul que se mov¨ªa. Intent¨¦ tocar los costados por si hab¨ªa un bot¨®n, continu¨¦ toqueteando el dispositivo de todas las formas que se me ocurr¨ªan hasta que me rend¨ª y volv¨ª a cerrarlo. No sab¨ªa si era un regalo que me hab¨ªan hecho, un rastreador o un aleti¨®metro m¨¢gico que revelaba la verdad; pero sab¨ªa que era la ¨²nica pista para entender lo que me estaba pasando. Por otro lado¡
¡ªHaaa.
Algo que no pod¨ªa entender era c¨®mo el simple aire libre se sent¨ªa tan bien. La temperatura era agradable, probablemente hubiera dicho que era perfecta, si no fuera por el hecho de que todav¨ªa estaba mojado. El viento acariciaba suavemente todas las esquinas de mi cuerpo con una frescura que me hac¨ªa querer echarme a dormir ah¨ª mismo y disfrutar la sensaci¨®n. El aire era probablemente el m¨¢s limpio que hab¨ªa aspirado en toda mi vida; pod¨ªa sentir c¨®mo me llenaba de energ¨ªa con cada inhalaci¨®n. Pero el que se llevaba la medalla de oro en estimulaci¨®n de sentidos era la obra de arte, el vistazo al reino de los dioses, que era el brillante firmamento all¨ª arriba. ?Siempre se hab¨ªa visto tan hermoso el cielo? No recordaba haber tenido una vista tan clara de ¨¦l. Un baile de colores, formas y luces era en este momento. El cielo estaba totalmente despejado, por lo que las ¨²nicas nubes eran los arcos de la V¨ªa L¨¢ctea a trav¨¦s de los cuales emerg¨ªan las cientos de constelaciones. No pod¨ªa poner un dedo me?ique en el cielo sin tocar una estrella, as¨ª de repleto estaba.
Una vez me sent¨ª satisfecho con la observaci¨®n estelar, decid¨ª que ten¨ªa que gastar al menos un poco de mis recursos en intentar solucionar la situaci¨®n. Mi primer movimiento fue mirar a mis alrededores. Solo hab¨ªa verde, ya sea pasto, arbusto o ¨¢rbol; verde en fin. No sirvi¨® de mucho. Realmente no ten¨ªa idea qu¨¦ hacer, as¨ª que me sent¨ª satisfecho con caminar por la orilla del r¨ªo. En el caso de que la suerte estuviera de mi lado, eventualmente encontrar¨ªa algo con vida, algo que no tenga ganas de morderme, ara?arme, envenenarme o convertirme en una pasta roja.
Y as¨ª camin¨¦ y camin¨¦, por un camino que parec¨ªa simplemente repetirse una y otra vez. En cierto momento dej¨¦ de taparme las partes ¨ªntimas con las manos, acto que al re-analizarlo me comenz¨® a parecer progresivamente m¨¢s est¨²pido. Tal vez era porque era de noche, pero no me cruzaba ni a un m¨ªsero animal. Hab¨ªa varios insectos definitivamente. Cuando estaba sentado en el suelo anteriormente se hab¨ªan tomado el gusto de deleitarse pic¨¢ndome el trasero; pero peces, liebres, conejos, p¨¢jaros, murci¨¦lagos, ciervos o cualquier otro no-invertebrado estaba completamente desaparecido de la historia. Dios se habr¨¢ olvidado de colocarlos en esta zona del mapa, o quiz¨¢s los programadores de la simulaci¨®n.
La vegetaci¨®n no era muy espesa. Hab¨ªa arbustos con frutos, ¨¢rboles, y todo tipo de flora que habitaba pr¨®xima a la superficie, pero solo en cantidades que uno esperar¨ªa de un bosque, quiz¨¢s incluso un poco menos de eso. Las inmediaciones del r¨ªo estaban b¨¢sicamente peladas. Algo que en este momento me conven¨ªa claramente, podr¨ªa recorrer mucho m¨¢s terreno si no estaba siendo constantemente abusado por los caprichos de la madre naturaleza.
Sin embargo, los ¨¢rboles que s¨ª hab¨ªa eran algo ominosos: El oscuro color de su madera; sus frondosas melenas, bailando al comp¨¢s del viento, choc¨¢ndose entre s¨ª y produciendo ese inquietante sonido que establec¨ªa el marco arm¨®nico de la noche; todo me generaba una sensaci¨®n de peligro, como si mi cuerpo supiera que no deb¨ªa estar aqu¨ª. Pero era una sensaci¨®n de peligro que se produc¨ªa en la ausencia de algo, es decir, no estaba precisamente preocupado porque escuchaba ruidos siniestros o por la posibilidad de ser atacado por un animal. Lo que m¨¢s me intranquilizaba era el sentimiento de desamparo, de soledad. En ese sentido, el miedo que sent¨ªa pod¨ªa considerarse l¨®gico y a la vez no tanto. Hab¨ªa una ansiedad racional y un pavor esot¨¦rico.
C¨®mo sea, segu¨ª caminando. Ten¨ªa que reconocer que cada paso profundizaba el agujero en el est¨®mago que ven¨ªa sintiendo desde que despert¨¦. Pronto iba a tener que ahorrar en met¨¢foras chistosas para aliviar la situaci¨®n. Todo ser humano ten¨ªa su l¨ªmite; pong¨¢mosle un l¨ªmite arbitrario al m¨ªo a los dos kil¨®metros. Si no pod¨ªa encontrar nada en dos kil¨®metros, empezar¨ªa a preocuparme.
¡
¡ Quiz¨¢s mejor pong¨¢moslo a tres kil¨®metros.
¡
¡ O a cinco.
¡
Por un segundo, pens¨¦ que era una especie de meteorito o llamarada solar; por lo que, por un segundo, cre¨ª que mi muerte estaba asegurada. Pero, cuando recuper¨¦ la racionalidad y escuch¨¦ el sonido caracter¨ªstico que vino con un ligero retraso, me di cuenta:
¡ª?Un fuego artificial?
Hoy no iba a ser el d¨ªa del fin del mundo; pod¨ªa respirar aliviado. Pod¨ªa respirar con m¨¢s alivio a¨²n cuando mi cerebro confundido se percat¨® de que, si hab¨ªa un fuego artificial, hab¨ªa algo que lo hab¨ªa artificial-izado, lo que significaba personas. Repentinamente, el agujero en mi est¨®mago se hizo mucho menos profundo y recuper¨¦ un poco de actitud en mis pasos. Sab¨ªa mi direcci¨®n; sab¨ªa mi objetivo, m¨¢s o menos; lo que no sab¨ªa era d¨®nde estaba mi ropa, pero ya ver¨ªamos c¨®mo solucionar ese asunto. Un paso descalzo a la vez.
2
La mara?a de ¨¢rboles y arbustos se desenred¨®, y eventualmente lleg¨® a su fin. Di un paso y me encontr¨¦ en un claro dentro del bosque. La visibilidad finalmente se abri¨®, permiti¨¦ndome descubrir la fuente de la llamativa se?al que me atrajo.
¡ªWow.
Qu¨¦ vista. No estaba observando al cielo esta vez; estaba viendo a los mortales que habitaban a su voluntad, m¨¢s precisamente un asentamiento de ellos: un pueblo peque?o. Lo que inmediatamente destacaba eran los enormes arcos que se desprend¨ªan de los tejados de todas las casas. Pintados de negro, de rojo, y de ning¨²n otro color. El color era vibrante, se notaba que la pintura serv¨ªa un prop¨®sito o al menos ten¨ªa un significado, parec¨ªan pintadas con gran ah¨ªnco. Las casas en s¨ª eran de madera, de no m¨¢s de dos pisos y generalmente no muy anchas. Los edificios que no llegaban a ser casas, sino almacenes, establos u otros tipos de construcciones funcionales estaban hechos, al menos parcialmente, con piedra. Varios de los hogares ten¨ªan un espacio acoplado, con salida a la calle, que cumpl¨ªa la funci¨®n de tienda para los transe¨²ntes del festival. Porque s¨ª, era un festival. El lugar bull¨ªa de gente; todos los pueblerinos deambulaban por los caminos de tierra, visitando tiendas y jugando con fuegos artificiales simples. Todos, incluidos los ni?os, vest¨ªan unas especies de togas con colores apagados; asum¨ªa que era algo caracter¨ªstico del festival.
Permeaba de la ciudad una suerte de alegr¨ªa, la emoci¨®n que se sent¨ªa era palpable y me lleg¨® a contagiar un poco. Sent¨ªa, de repente, que mi falta de ropa no era tanto un problema y que no me resultar¨ªa muy dif¨ªcil encontrar ayuda por mi predicamento. D¨¦jenme ser optimista, creo que estar¨¦ a salvo.
Sin embargo, no ten¨ªa ganas de que mi compa?ero juguet¨®n de abajo fuera avistado, tampoco me fascinaba la idea de ser confundido con un nudista o un pervertido. Por lo tanto, decid¨ª que entrar discretamente era la mejor opci¨®n; y eso fue lo que hice. El pueblo estaba construido en una inclinaci¨®n; el lado del r¨ªo era la zona m¨¢s baja y a partir de ah¨ª sub¨ªa progresivamente hasta llegar a una gran colina con un templo de arcos encima. Todo era una est¨¦tica muy¡ muy¡ -por alg¨²n motivo no pod¨ªa recordar con claridad a qu¨¦ est¨¦tica se asemejaba. Definitivamente, me recordaba a algo, solo no pod¨ªa definir qu¨¦.This novel is published on a different platform. Support the original author by finding the official source.
Finalmente, entr¨¦ al pueblo subiendo por el desnivel del r¨ªo. Lo que no ten¨ªa en planes bien pensados, lo ten¨ªa en ambiciones. Dios me salve, iba a conseguir ropa. Quiz¨¢s, al ser la parte m¨¢s externa del pueblo, casi no hab¨ªa gente; as¨ª que pude escabullirme a la parte trasera de un establo sin muchos problemas. Los caballos estaban en sus respectivas celdas; pod¨ªa observarlos tranquilamente sin temer un cari?ito de coz de parte de uno particularmente agresivo. Pens¨¢ndolo bien, si alguien me descubr¨ªa en este momento, definitivamente me arrestar¨ªan y mi reputaci¨®n se ver¨ªa manchada de por vida. No se necesitaba mucha inteligencia para saber que ten¨ªa que escapar del lugar lo m¨¢s r¨¢pido posible.
Afortunadamente, la puerta del lugar estaba completamente abierta. Sal¨ª del edificio y atraves¨¦ una calle vac¨ªa, aterrado por la posibilidad de ser avistado. Me escond¨ª en un callej¨®n delante del establo. Fue all¨ª, en ese callej¨®n sucio, barroso y con una peste que suger¨ªa que desechaban cosas en las que prefiero no pensar, donde hice mi primer gran avance.
¡ªNo es precisamente lo que pensaba, pero¡
Una tela. Una tela grande, mucho m¨¢s grande de lo necesario para cubrir mi cuerpo. ?Sucia? S¨ª. ?Vieja? S¨ª. ?Con agujeros? Tambi¨¦n. ?Olorosa? Tambi¨¦n¡ Me amargu¨¦ a m¨ª mismo pensando en sus ¡°cualidades¡±, pero no era qui¨¦n para quejarme. Ese cacho de tela ir¨¢ sobre mi cuerpo. Abr¨ª y estir¨¦ el trapo y me lo enroll¨¦ alrededor del cuerpo. La textura dura y algunas veces mojada se sinti¨® asquerosa; pero, mir¨¢ndolo de otra forma, la presi¨®n del ropaje me proporcionaba una cierta calidez que desesperadamente hab¨ªa estado buscando. Mi chiquito ah¨ª abajo todav¨ªa ten¨ªa demasiada libertad para sentirme c¨®modo; sin embargo, por el momento, esto servir¨¢¡
?Y ahora qu¨¦ ten¨ªa que hacer? Ropa adquirida, creo que lo mejor en este punto ser¨ªa preguntarle a alguno de por aqu¨ª por el lugar en que est¨¢bamos, en un principio, y tal vez luego pueda incluso osar a preguntar d¨®nde podr¨ªa conseguir ayuda. S¨ª, eso era lo que har¨ªa. Quiz¨¢s no era el mejor de los planes, pero, ya no me importaba un carajo eso; la precauci¨®n no hab¨ªa sido tirada al aire, hab¨ªa sido disparada al espacio exterior. Para este punto estaba muerto de hambre, quer¨ªa apurar las cosas de manera inmediata.
Inici¨¦ una conversaci¨®n con la primera mujer que parec¨ªa m¨¢s o menos inofensiva; ten¨ªa un poco de nariz de bruja, verruga incluida y todo, pero eso no ten¨ªa por qu¨¦ significar nada de su personalidad, ?o no?
¡ªHola, se?ora, ?podr¨ªa ser tan amable de decirme el nombre de este pueblo?
La se?ora me mir¨®, con miedo. Primero abajo, luego arriba de todo. Y entonces, sin decir una palabra, se march¨® a una caminata demasiado apurada. ?Tanto miedo le di? Es decir, soy joven, tengo una complexi¨®n entre delgada y muscular tirando m¨¢s hacia delgada, tambi¨¦n mido unos sanos 180 cent¨ªmetros. Creo que, si lo pens¨¢bamos l¨®gicamente, s¨ª pod¨ªa hacerle da?o a una anciana si quisiera, pero intent¨¦ ser lo m¨¢s respetuoso posible. No sab¨ªa qu¨¦ m¨¢s pod¨ªa hacer para convencerla de mi inofensividad. Ah, creo que el aspecto: ¡°ropa¡± era importante.
¡ªDisculpe, se?or, ?sabe cu¨¢l es el nombre del pueblo d¨®nde estamos? ¡ªdije con una sonrisa forzada en mi rostro.
Si no lo pod¨ªa conquistar con esto, no lo pod¨ªa conquistar con nada. Desafortunadamente, el hombre decidi¨® que la respuesta m¨¢s apropiada para mi inocua pregunta era murmurar algo entre dientes que no lleg¨® a mis o¨ªdos y pasar de largo chocando nuestros hombros. ?Acaso toda la gente de este pueblo iba a ser as¨ª de maleducada? Ya me estaba empezando a hartar de la situaci¨®n, pero ten¨ªa que seguir tirando la ca?a al agua para intentar pescar algo, lo que sea.
¡ªDisculpe, se?or¡
¡ªDisculpe se?ora¡
¡ªDisculpen ni?os¡
¡ªDisculpen¡
?Qu¨¦ era esta mierda? ?Acaso todos se iban a comportar como unos miserables? Era una pregunta simple, con una respuesta simple, y aun as¨ª, ?no les parec¨ªa adecuado responderme con una sola palabra? Con lo que sea, aceptaba insultos tambi¨¦n, solo d¨ªganme algo; no ten¨ªan nada que perder.
¡ªSe?or, ?sabe el nombre del pueblo en donde nos encontramos en este momento? ¡ªperd¨ª un poco la paciencia y los modales, pero pregunt¨¦.
¡ª¡ ¡ª?Y el hombre incre¨ªblemente respondi¨® algo!
Algo que se escuch¨® medio raro, extremadamente apagado, como si hubiera una pared entre nosotros. Creo que al caminar entre punto A y punto B en alg¨²n momento me hab¨ªa vuelto sordo.
¡ª¡
El hombre segu¨ªa y segu¨ªa hablando, haciendo expresiones histri¨®nicas y gesticulaciones violentas. Honestamente, lo ¨²nico que ten¨ªa en mi mente era que ser¨ªa inc¨®modo si para este punto le ped¨ªa que se repitiese, por lo que decid¨ª complacerlo y asentir lentamente con la cabeza como si le estuviera entendiendo.
¡ª?¡pero eso con tu madre!
Abr¨ª los ojos sin querer cuando pude entender por primera vez lo que me estaba diciendo el hombre. Dejando de lado las posibles opiniones de mi madre que portaba el masculino al que nunca le hab¨ªa hablado en la vida, encontr¨¦ en m¨ª mismo que la idea de entablar una conversaci¨®n, al menos breve, estaba en mis mejores intereses.
¡ªPerdone mi falta actual de ropa; me robaron todo menos este pendiente justo antes de entrar al pueblo. A decir verdad, no era mi intenci¨®n tomar este camino, pero me desvi¨¦ en la ruta. ?Me podr¨ªa decir cu¨¢l es el nombre del pueblo, para ubicarme?
Ni yo me cre¨ªa capaz de encadenar tantas mentiras juntas, pero mira, ah¨ª te va.
¡ªOh¡ Ya veo¡ Bueno, este es el pueblo de Choura. Nos encontramos en el festival de primavera en este momento, por lo que el pueblo no est¨¢ actuando de manera muy ¡°regular¡±, por as¨ª decirlo. Si no te han robado todas las monedas que tienes, entonces puedes rentar o comprar un caballo de los establos; ese es el servicio que nunca se detiene.
?Caballos? ?Lo mejor que ten¨ªa para moverme era un caballo? Bueno, era verdad que est¨¢bamos en un pueblo de unas 200 personas que no luc¨ªa muy desarrollado, no estaba del todo sorprendido- ?Qu¨¦ diablos estaba pensando, igual? No ten¨ªa dinero. La idea de alquilar el caballo ese que me ofrecieron era tristemente un lujo que no pose¨ªa.
¡ªDeber¨ªas avisarle a la guardia de lo que te robaron. Estoy seguro de que ellos podr¨¢n¡ hacer algo al respecto. Especialmente si te hicieron alguna otra cosa, deber¨ªas avisarles¡
¡ª?Alguna otra cosa? ¡ªno entend¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa, por lo que pregunt¨¦.
¡ªS¨ª. Em¡ No creo que haya ninguna persona as¨ª en Choura, somos por lo general gente buena¡ Pero tampoco nos cre¨ªa capaz de robar, as¨ª que, si te hicieron cualquier otra cosa¡
No entend¨ªa de qu¨¦ hablaba, pero sent¨ª innecesario seguir preguntando. Por otro lado, hab¨ªa algo m¨¢s importante para sacar de lo que me acababa de decir.
¡ª?Hay una estaci¨®n de polic¨ªa?
Hab¨ªa una guardia. Supongo que deber¨ªa haberlo pensado desde antes. Si hab¨ªa polic¨ªa en el pueblo, entonces ten¨ªa a alguien que me pod¨ªa ayudar. El alivio se sinti¨® como una ducha caliente despu¨¦s de pasar una semana en la nieve.
¡ªNo s¨¦ a qu¨¦ te refieres con eso, pero la guardia est¨¢ en el centro de la ciudad, antes de llegar a la plaza. Es la casa roja.
Le asent¨ª tan intensamente al se?or que termin¨¦ haciendo una reverencia. Ahora verdaderamente pod¨ªa decir que ten¨ªa una direcci¨®n y un objetivo. ?La ropa todav¨ªa no!
Lo primero que hice fue visitar, a trav¨¦s de las miradas curiosas, la estaci¨®n de polic¨ªa de la ciudad.
3
El camino de tierra era mucho m¨¢s amigable con los pies de lo que uno pensar¨ªa. Se notaba que tomaban mucho cuidado del estado de las calles de la ciudad. La gente me ve¨ªa como si fuera una especie de extraterrestre, probablemente por mi elecci¨®n curiosa de vestimenta. Pero la verdad es que yo deber¨ªa estar vi¨¦ndolos como unos extraterrestres. Ninguna, nadie, cero, personas de la ciudad ten¨ªan un color de cabello com¨²n que no sea casta?o. No hab¨ªa rubios, que ya por lo general no son muy comunes, pero tampoco hab¨ªa morochos, que eso s¨ª me extra?¨® bastante. Ten¨ªa que ser algo de la tradici¨®n del pueblo. Tal vez era parte del festival, porque parec¨ªa que te?irse era la moda del momento. Hab¨ªa gente con el pelo azul, verde y rojo; pero no parec¨ªan querer destacar porque los colores que escog¨ªan eran bastante apagados, nada brillante y conspicuo. La teor¨ªa a la que arrib¨¦, por lo tanto, era que en este pueblo la tradici¨®n dictaba que el pelo negro era de mala suerte o algo similar, y a su vez ten¨ªan una fuerte distribuci¨®n de genes que favorec¨ªan el casta?o. Entonces, cuando una desviaci¨®n del color com¨²n ocurr¨ªa, el procedimiento habitual era un tratamiento de te?ido, eso explicar¨ªa los colores anormales que hab¨ªa por aqu¨ª. Eso, a su vez, explicar¨ªa la cantidad de atenci¨®n que estaba recibiendo.
Ya era hora de dejar de hacer teor¨ªas conspirativas e intentar resolver mi situaci¨®n- Finalmente hab¨ªa arribado a lo que probablemente era la estaci¨®n de polic¨ªa de la ciudad. Era una casa como todas las dem¨¢s, pero totalmente pintada de rojo. Francamente, estaba buscando algo que se destacara un poco m¨¢s. Pero me parec¨ªa que ning¨²n edificio de este pueblo se alejaba de la arquitectura hegem¨®nica del lugar.
Parado frente a la puerta de la estaci¨®n, el agujero en mi est¨®mago comenz¨® a tomar una tonalidad distinta. Antes de que me pusiera nervioso de m¨¢s, decid¨ª golpear de una vez la puerta. Golpe, golpe. Esper¨¦ unos minutos, nadie contest¨®. Golpe, golpe, golpe. Decid¨ª esperar un poco m¨¢s, nadie contest¨® de nuevo. Quiz¨¢s estaban esperando adentro. Intent¨¦ abrir la puerta; el picaporte no era una manija, su ¨²nica funci¨®n era empujar y tirar; pero la puerta estaba cerrada.
¡ªBueno.
No era como si hubiera algo m¨¢s que hacer, por lo que me sent¨¦ delante. ?Me habr¨ªa equivocado de casa? Revis¨¦ las cercan¨ªas, pero no hab¨ªa ning¨²n edificio pintado de forma similar.
Justo cuando comenc¨¦ a dudar y empec¨¦ a pensar que le hab¨ªa tocado la puerta a un aldeano inocente, alguien me habl¨®.
¡ª?Por qu¨¦ no est¨¢s vestido? ¡ªfue lo que dijo la voz de una figura que todav¨ªa no hab¨ªa registrado visualmente. Una voz extremadamente suave, pero masculina.
Gir¨¦ mi cabeza y me encontr¨¦ con otro de los pueblerinos de pelo te?ido, esta vez de un azul oscuro.
¡ªHola. Estoy esperando a la polic¨ªa ¡ªle contest¨¦ a trav¨¦s de los nervios a la primera persona que inici¨® conversaci¨®n conmigo en el pueblo.
No me caracterizo por ser un h¨¢bil conversador. Si alguien me encuentra particularmente locuaz, es porque le estoy mintiendo.
¡ªEsta casa es m¨ªa ¡ªdijo de manera trivial.
Estaba vestido con el traje tradicional del pueblo. Ten¨ªa un farol en su mano izquierda. Claramente, no era la polic¨ªa, o al menos no cre¨ªa que lo fuera. Faltaban muchas cosas para que lo sea, un uniforme m¨ªnimamente. Sin embargo, en el caso de que verdaderamente sea su casa, ser¨ªa descort¨¦s obstruir su entrada de esta forma, por lo que necesitaba zanjar esa duda.
¡ªSi esta es tu casa, ?d¨®nde se encuentra la guardia del pueblo?
¡ªEsta es mi casa, y tambi¨¦n es la guardia del pueblo. Ambas cosas no se contradicen.
¡ª?Eh?
¡ªMi nombre es A¨ªto, soy parte de la vigilancia de este pueblo. Mi casa funciona como la base para la guardia. Ahora te pregunto, ?por qu¨¦ no tienes ropa puesta?
Parec¨ªa que no estaba mintiendo con eso de ser el guardia, pero, en mi mente, todav¨ªa no encastraba la informaci¨®n, principalmente por lo joven que luc¨ªa. Ahora, pensando en su posici¨®n en el pueblo, no parec¨ªa muy sabio mentir como lo hab¨ªa hecho con el otro se?or. La mentira era de patas cortas, si ¨¦l decid¨ªa hacerme una pregunta de m¨¢s, quiz¨¢s no ten¨ªa forma de mentir adecuadamente. Y si me descubr¨ªa en el acto¡ ya no sab¨ªa qu¨¦ pod¨ªa pasar.
¡ªA decir verdad, me despert¨¦ sin ropa, tampoco recuerdo c¨®mo llegu¨¦ aqu¨ª. Necesito ayuda.
¡ª?No recuerdas c¨®mo llegaste aqu¨ª? ?Qu¨¦ sucedi¨®? ?Fuiste atacado?
¡ªNo lo s¨¦.
¡ªNo ser¨¢s un visitante borracho, ?no?
Me sent¨ª levemente ofendido.
¡ª?Parezco borracho?
El hombre no respondi¨® de inmediato, solo me mir¨® de arriba a abajo lentamente. Volviendo a percatarme de m¨ª mismo, mir¨¦ hacia el ¡°atuendo¡± que ten¨ªa puesto en el momento
¡ªPareces un vago de la calle ¡ªfue lo ¨²nico que respondi¨®.
No ten¨ªa con qu¨¦ tirar abajo esa noci¨®n. Haber sido derrotado en esa peque?a interacci¨®n me entristeci¨® de alguna manera, no sabr¨ªa decir por qu¨¦.
¡ª?Me puedes ayudar? ¡ªpregunt¨¦ como ¨²ltimo recurso.
El hombre suspir¨®, baj¨® el farol y, sin decir una palabra, puso la llave en su puerta y entr¨®. Cuando cerr¨® la puerta detr¨¢s de ¨¦l, la realidad de que hab¨ªa sido rechazado se hundi¨® en m¨ª. Entonces, por primera vez, dej¨¦ que la ansiedad ganara un poco de cancha, y junto a ella la acompa?¨® un poco de tristeza.
Me levant¨¦ del piso y segu¨ª el camino de la calle hasta la plaza. Era el centro de la ciudad, quiz¨¢s hab¨ªa algo esper¨¢ndome¡
CapÃtulo 2 - Una sola noche - Parte 2
4
La plaza parec¨ªa mucho m¨¢s grande desde dentro. Era un c¨ªrculo, en los extremos hab¨ªa tiendas montadas de todo tipo, especialmente de comida, por las que la mayor¨ªa de gente se reun¨ªa. Pero en el medio del c¨ªrculo, con una luz que se sent¨ªa que pod¨ªa iluminar la totalidad del pueblo, se encontraba una enorme fogata. Alrededor de esta, decenas de personas estaban reunidas bailando h¨¢bil y no tan h¨¢bilmente. Estaba agradecido, en realidad, porque si estaban enfrascados en su baile no ten¨ªan tiempo para distraerse mir¨¢ndome como lo hac¨ªa la gran mayor¨ªa de las personas en los extremos. Ten¨ªa un poco de ganas de pegarle una cachetada a uno de los mirones y quedarme con su comida. Bueno, lo ¨²ltimo no ten¨ªa nada que ver, pero estaba muerto de hambre. No ten¨ªa idea de qu¨¦ pas¨® antes de haber despertado, pero me sent¨ªa totalmente vac¨ªo. Mi panza no se cansaba de rugir con violencia para exigir alimento. Las conversaciones que s¨ª lograba escuchar eran bastante amenas, y consist¨ªan principalmente de si ir a comer a tal o cual lugar o de si ir a visitar una u otra tienda. Envidiaba su tranquilidad. De alguna forma, las personas que no se quedaron mir¨¢ndome fijamente encontraron la manera de irritarme a¨²n m¨¢s.
Me qued¨¦ observando la imagen c¨¢lida del festival en la plaza. Mi relaci¨®n con los habitantes de este pueblo habr¨¢ comenzado con el pie izquierdo, pero deb¨ªa reconocer que ten¨ªan un lugar muy hermoso.
...
¡ªMierda... Tengo mucha hambre.
?Hace cu¨¢nto no com¨ªa? La plaza estaba llena del aroma de comida y me estaba matando. Ol¨ªa a cerdo y ol¨ªa dulce de frutas y ol¨ªa a pan y ol¨ªa a alcohol y ol¨ªa a p¨®lvora a punto de estallar y luego ol¨ªa a cenizas y tambi¨¦n ol¨ªa a humo y ol¨ªa a personas y barro, a ropa y a sudor, a alegr¨ªa y a emoci¨®n y ol¨ªa un poco a inquietud y tristeza. Ol¨ªa a todo y yo estaba en el centro de eso y estaba cansado de estarlo. Solamente quer¨ªa hablar con alguien, encontrar mi casa y volver ah¨ª. Solamente quer¨ªa dar una peque?a mordida a la comida que todo el resto estaba comiendo. Solo eso quer¨ªa.
Antes de que me diera cuenta, me encontraba frente a un puesto de comida junto a otras personas. No pod¨ªa ver a los dem¨¢s porque me distra¨ªa la figura y la forma de los vegetales que se estaban vendiendo. No sab¨ªa si era el hambre, pero estaba seguro de que nunca hab¨ªa visto una papa de aspecto tan suculento en toda mi vida; era incre¨ªble. ?C¨®mo se sentir¨¢ en la boca? ?C¨®mo pasar¨¢ por el paladar? Iba a ser perfectamente salada, de textura rellena y con lo justito y necesario de humedad. Era la papa perfecta y estaba justo enfrente de mis ojos. Comer algo as¨ª de delicioso se sentir¨ªa como una recarga de energ¨ªa directamente de fuente; como el demasiado limpio aire que estaba respirando, ?pero potenciado a la cuarta! ?Si llegara a comer eso tendr¨ªa alimento suficiente para soportar semanas!
¡ªExtranjero ¡ªuna voz masculina me llam¨®.
Yo levant¨¦ la cabeza un segundo para mirar a la persona. El hombre levant¨® su dedo y luego lo gir¨® en direcci¨®n perpendicular a su tienda. El vendedor me hab¨ªa invitado a retirarme de su propiedad.
Se sinti¨® como si me pegaran un golpe de nocaut en el primer asalto. No pod¨ªa entenderlo, no hab¨ªa forma de hacerlo. El hombre, con toda la comodidad del mundo, me quit¨® el alimento directamente de la boca. No pod¨ªa creerlo y entonces, antes de que pudiera pensar lo que estaba haciendo, habl¨¦:
¡ªN-no puedo. Necesito algo. Se?or, ?no existe una forma de que pueda conseguir alguna de estas? No tengo plata, me la robaron al entrar al pueblo. Solamente necesito comer algo. ?No hay una manera de que pueda hacerlo?
Pens¨¦ por un segundo en intercambiar el colgante que ten¨ªa escondido debajo de la tela; pero, aunque no ten¨ªa la cabeza precisamente fr¨ªa, sab¨ªa que intercambiar la ¨²nica pista que ten¨ªa de entender qu¨¦ demonios me pas¨® era un grave error. No pod¨ªa recurrir a eso; al menos no por el momento.
El hombre permaneci¨® observ¨¢ndome por unos segundos. Primero se indign¨®.
¡ª?Plata? ?Por qu¨¦ querr¨ªa plata por algo de esto?
Luego se enoj¨®.
¡ªNo me interesa la historia que tengas. ?A cu¨¢ntos has estafado de esta manera en el pueblo? ?Por qu¨¦ te dar¨ªa algo de comer gratis?
Y finalmente rio.
¡ª?Gratis? ?Ja, ja, ja! ??Gratis!? ??Por qu¨¦ no te lo llevas todo tambi¨¦n!? ?No pasa nada, te lo doy gratis! ?Pero te lo doy gratis a cambio de que hagas algo por m¨ª, tambi¨¦n gratis, por supuesto!
Me sequ¨¦ la baba y afil¨¦ los ojos ante la inesperada propuesta. Ten¨ªa todas las intenciones de cumplir con lo que me pidiera, porque la posibilidad de conseguir alimento, cualquiera sea la forma, era as¨ª de atractiva.
¡ª?Ves esta canasta? Est¨¢ vac¨ªa. Sin embargo, estaba completamente llena al anochecer. As¨ª de populares son las bayas ao¨ªras.
¡ª?Bayas ao¨ªras?
¡ªS¨ª. Son tan dulces que al comerlas te hacen sentir como la nobleza de un reino del sur, y tan jugosas que si las pinchas se desinflan como una gaita sin aire. Son el alimento m¨¢s popular de todo el festival...
Asent¨ª y dej¨¦ escapar un poco de saliva al imaginar la escena que me presentaba el hombre.
¡ªSolo necesito que vayas al bosque ¡ªteatraliz¨® la acci¨®n con sus dedos y continu¨®¡ª, me consigas unas cuantas, y vuelvas ¡ªlevant¨® la papa que estaba viendo desde el inicio¡ª. Entonces te puedo dar una de estas. Quiz¨¢s, dependiendo de la cantidad que traigas, te puedo dar hasta cinco.
Asent¨ª violentamente.
¡ª?Acepto! ?Ir¨¦ al bosque y traer¨¦ lo que necesites! ?No te preocupes, guarda las que me dar¨¢s para cuando regrese!
Entonces, me dirig¨ª corriendo hacia el desnivel del r¨ªo por el que hab¨ªa entrado al pueblo. Recordaba haber visto arbustos con frutos a lo largo de las orillas del r¨ªo. Si esos frutos eran los que me ped¨ªan, los traer¨ªa; si no eran los que necesitaba, entonces recoger¨ªa tantos frutos de tantos tipos como pudiera, resolviendo el problema por la fuerza si fuera necesario.
¡ªDeber¨ªa haberle pedido una descripci¨®n.
Mi mente solo pod¨ªa pensar en comida y nada m¨¢s que comida. Pedir una descripci¨®n era lo que cualquier ser humano medianamente pensante habr¨ªa hecho, sin embargo, en este momento, no me sent¨ªa ni cerca de "ligeramente pensante". De hecho, no recordaba lo que hab¨ªa sucedido antes de encontrarme en el bosque, pero estaba bastante seguro de que no hab¨ªa comido en d¨ªas. El hambre que sent¨ªa no era normal en absoluto; ning¨²n apetito de 12, 24, o incluso 48 horas. Estaba completamente vac¨ªo, me sent¨ªa m¨¢s flaco incluso, huesudo. Probablemente, hab¨ªa pasado mucho tiempo durmiendo antes de despertar. La idea de haber estado indefenso en la naturaleza durante varios d¨ªas me hac¨ªa temblar, pero march¨¦ adelante. Con las expectativas altas, march¨¦ adelante.
Me encontr¨¦ al otro lado del r¨ªo. El aire era un poco m¨¢s fresco, pero estaba cubierto con mi tela. No ten¨ªa idea de qu¨¦ hora era... No ten¨ªa celular ni reloj. Tampoco sab¨ªa c¨®mo medirlo con las estrellas; mal me pese, era ignorante en esos asuntos. Lo ¨²nico que pod¨ªa sacar en limpio del cielo era que ah¨ª estaba Ori¨®n, con su cintur¨®n. Esa brillante de all¨ª me parec¨ªa que era Aldebar¨¢n, por lo tanto, eso deb¨ªa ser Tauro. Las que estaban todas juntas tendr¨ªan que ser las Siete Hermanas, Pleya- Pleiyad- Un nombre de esos ten¨ªa. En alg¨²n lugar deber¨ªa estar la Osa Mayor y la Osa Menor, aunque no pod¨ªa recordar si estaban en el norte o en el sur. Y en alg¨²n lugar deber¨ªan estar Canis Majoris y Menor, que ten¨ªan nombres bastante m¨¢s amigable que las anteriores, aunque quiz¨¢s enga?osos, porque por m¨¢s que intentara encontrar a un perro en el cielo, no pod¨ªa ver nada. Apenas pod¨ªa ver a Ori¨®n, no sab¨ªa distinguir nada m¨¢s. Creo que hab¨ªa una estrella del norte o algo as¨ª... Y tambi¨¦n una cruz del sur... Pero eso ten¨ªa que ver con direcciones, no horarios. ?Aunque supongo que ambos conceptos estaban relacionados?
Segu¨ªa mirando las estrellas cuando mi pie colision¨® con algo fuera de lugar en el granoso suelo. Levant¨¦ la pierna y encontr¨¦ la brillante luna en la suela de mi zapato, o bueno, al menos el reflejo de ella.
¡ª?Un cuchillo?
Su hoja plateada reflejaba ¨²nicamente la luz lunar de manera brillante. Era grande. El mango, delicadamente decorado, pero irregular en su confecci¨®n, parec¨ªa hecho a mano, arrugado y desigual. Lo levant¨¦ y lo contrast¨¦ con el cielo para observarlo a trav¨¦s de la tenue luz nocturna.
¡ªQu¨¦ impresi¨®n ¡ªdije en un balbuceo.This story has been stolen from Royal Road. If you read it on Amazon, please report it
Era la primera vez que ve¨ªa uno tan r¨²stico; sin embargo, ten¨ªa un atractivo especial: Hogare?o pero visiblemente valioso. Dado que el objeto parec¨ªa estar perdido y no ten¨ªa nada m¨¢s de valor en las manos, decid¨ª qued¨¢rmelo.
Y, sosteniendo el cuchillo en una mano y la tela en la otra, continu¨¦ por mi camino. A¨²n sent¨ªa dolor en el est¨®mago, mis piernas apenas me sosten¨ªan y me costaba mucho pensar, pero la idea de estar trabajando para curar ese padecimiento me propulsaba hacia delante.
El camino era un poco m¨¢s tosco de este lado del r¨ªo. Hab¨ªa m¨¢s desniveles y por momentos la vegetaci¨®n obstaculizaba mi paso, oblig¨¢ndome a rodear un ¨¢rbol para continuar. Todav¨ªa estaba a aproximadamente un kil¨®metro del lugar donde despert¨¦ y a¨²n no hab¨ªa rastro de los frutos que hab¨ªa visto. Las aves segu¨ªan ausentes. Los ¨²nicos animales que llegu¨¦ a ver eran los caballos del pueblo, quiz¨¢s el bosque sea un "Bosque Muerto", como el mar, pero no tan interesante.
¡ªAunque supongo que no deber¨ªa tener vegetaci¨®n para ganarse ese nombre ¡ªme dije a m¨ª mismo.
Sin embargo, era verdad que la cantidad de vegetaci¨®n era bastante pobre. Parec¨ªa que toda la energ¨ªa de vida disponible era succionada por los grandes ¨¢rboles que se adue?aron de la zona. Entonces quiz¨¢s era un "Bosque Casi-Muerto", pero eso ya pasaba de ser una comparaci¨®n no muy interesante a una bastante pat¨¦tica. En cualquier caso, mientras no apareciera el Viejo Hombre-Sauce o el Sauce Boxeador... ?Acaso todos los ¨¢rboles malvados ten¨ªan que ser sauces? ?Qu¨¦ hicieron para merecer esa representaci¨®n? De todas formas, si no aparec¨ªa uno de esos sauces o el ¨¢rbol de Kirby, deber¨ªa estar bien.
Me cruc¨¦ con una roca grande en el camino; genuinamente, no recordaba haberla visto la vez anterior. Quiz¨¢s ya hab¨ªa llegado m¨¢s lejos de donde despert¨¦. Decid¨ª atravesar la piedra escal¨¢ndola. Una vez arriba, mir¨¦ a los costados, en la remota posibilidad de avistar algo desde all¨ª.
¡ª?Ah!
???Ah¨ª estaban!!! Eran rojos e infladitos y parec¨ªan tan deliciosos que podr¨ªa com¨¦rmelos en ese instante. ?Pero no! ?Resistir¨¦! ?Recuerda el objetivo mayor!
¡ª... Oh. No tengo nada para llevarlos ¡ªme percat¨¦ de ese hecho tan tarde que decid¨ª que, si hac¨ªa una an¨¦cdota de esto en el futuro, omitir¨ªa completamente esta parte de la historia.
¡ª???Soy un maldito idiota!!! ¡ªgrit¨¦ a los cuatro vientos, tap¨¢ndome con ambas manos la cara de la verg¨¹enza.
Entonces, al no tener soporte alguno, se cay¨® la tela de mi cuerpo. Dej¨¢ndome all-natural. Siendo honesto, si un oso me comiera en ese momento, no estar¨ªa del todo entristecido.
Con un: "Sniff", Levant¨¦ la tela del suelo y entonces la idea me choc¨® como conductor borracho a una familia feliz de cinco.
¡ª?La tela!
Inmediatamente, agarr¨¦ la tela de un extremo y tir¨¦ para arrancar un trozo de ella. Ten¨ªa m¨¢s que suficiente para cubrirme y solo necesitaba un pedazo relativamente grande para poder cerrarla, preferiblemente circular. Este pedazo de tela sucia ya se hab¨ªa ganado unos cuantos puntos de afecto de mi parte y probablemente termine entrelazando mi vida con la suya en sagrado matrimonio.
Intent¨¦ que la parte de la tela que guardar¨ªa los frutos de mi labor fuera una particularmente salva de olores y otro tipo de asquerosidades. Con la bolsita artesanal fabricada, comenc¨¦ a realizar la inmemorial tarea de recolecci¨®n. Baya por baya, coloqu¨¦ todos los frutos en el recipiente. Mi cara estaba llena de orgullo; mis ra¨ªces primitivas se sent¨ªan conectadas con el yo del presente; y mi est¨®mago posiblemente hab¨ªa entendido el trabajo que estaba haciendo por ¨¦l, porque se encontraba especialmente tranquilo.
Fue entonces que escuch¨¦ un sonido de vegetaci¨®n revuelta proveniente de detr¨¢s del arbusto de frutos. Al principio, pens¨¦ que fue por mi propia causa, as¨ª que me detuve, pero el sonido se repiti¨®. Me sent¨ª extra?ado; el ruido me caus¨® una fuerte sensaci¨®n de inquietud, quiz¨¢s porque no me hab¨ªa encontrado con ning¨²n animal en el camino... Probablemente por eso.
Para quitarme la ansiedad, decid¨ª dar un paso y mover del camino al gran arbusto que me obstru¨ªa. El silencio al final del eco del sonido que llam¨® mi atenci¨®n me puso un poco en guardia. Instintivamente, me aferr¨¦ m¨¢s al cuchillo y a la bolsita de frutos que ten¨ªa.
Imagin¨¦ varias posibilidades de lo que podr¨ªa encontrarme al otro lado del arbusto: pod¨ªa ser un conejo, pod¨ªa ser un ave, una serpiente, un sapo incluso. En el peor, absolutamente peor de los casos, pod¨ªa ser un oso. Imagin¨¦ varias posibilidades, ninguna se acerc¨® a lo que verdaderamente estaba del otro lado de ese matorral.
Lo primero que vi fue un par de botas, recostadas en el suelo; por supuesto encima de ellas se encontraban sus respectivas piernas, manchadas de rojo y con varios agujeros atravesando el pantal¨®n que las cubr¨ªa; m¨¢s arriba de eso hab¨ªa un torso completamente destrozado, en algunas partes pelado y en otras desfigurado; finalmente, encima de todo, se encontraba una cabeza cuyos ojos, inyectados de rojo sangre, estaban completamente salidos de sus cuencas, su rostro ocupaba una expresi¨®n de dolor y miedo que hizo subir una sensaci¨®n desagradable por mi garganta.
¡ªUgh-
Bloque¨¦ el v¨®mito antes de que terminara su recorrido de escape, pero no pod¨ªa despegar los ojos de la h¨®rrida escena delante de m¨ª.
¡ªGack ¡ªun sonido similar al graznido de un pato.
Mir¨¦ en su direcci¨®n, pero no encontr¨¦ un pato. Hab¨ªa un hombre, enano y completamente deformado en varias partes del cuerpo. Su cabeza era redonda, extremadamente ancha y con rasgos inhumanos. Su tez era de un color marr¨®n-amarillento enfermizo, y en su mano ocupaba un cuchillo abollado y oxidado que, por la comparaci¨®n de tama?o con su portador, parec¨ªa m¨¢s una espada.
¡ªHic ¡ªemit¨ª ese sonido rid¨ªculo cuando vi a la criatura, una criatura completamente fuera de lugar con el resto del mundo.
Una parte de m¨ª estaba convencida de que esto era una pesadilla; que despertar¨ªa dentro de poco en mi casa y todos los elementos de mi vida se reacomodar¨ªan en su lugar. Otra parte de m¨ª, instintiva, y con control sobre todas las partes movibles de mi cuerpo, emiti¨® una sola orden. Un mensaje que se repiti¨® como una alarma en mi cabeza: "HUIR".
Agarr¨¦ la bolsa y el cuchillo con tanta fuerza que me dolieron las manos. Me di la vuelta y tropec¨¦ dos veces antes de arrancar una carrera a una velocidad que seguramente nunca hab¨ªa alcanzado en mi vida. Grit¨¦ con toda la fuerza que ten¨ªa y seguido a eso liber¨¦ lloriqueos, gemidos y quejidos pat¨¦ticos, pero que no pod¨ªa evitar.
"ESCAPAR", "ESCAPAR", "ESCAPAR": Me indicaba mi cuerpo una y otra vez, y yo no tuve ning¨²n reproche en obedecer a la instrucci¨®n.
5
Luego de un marat¨®n en el que mis piernas absorbieron toda la energ¨ªa de mi cuerpo, hab¨ªa arribado nuevamente a la entrada del pueblo. Mi respiraci¨®n era extremadamente agitada y mi vista era muy borrosa. Al terminar la carrera y permitirme reposar en mis rodillas, mis piernas repentinamente perdieron toda la fuerza con un fuerte dolor, y ca¨ª al suelo, dejando caer los frutos y el cuchillo de mi mano. Se sent¨ªa como si hubiera un peso enorme encima de ellas; ambas piernas temblaban de forma incontrolable cuando intentaba levantarme. Me sent¨¦ y comenc¨¦ a recoger las bayas sin decir una palabra.
Termin¨¦ de acumularlas todas y las envolv¨ª en la tela nuevamente. Mir¨¦ al bosque y un escalofr¨ªo atraves¨® mi espalda.
¡ªPuagh-
Sea el recuerdo del cad¨¢ver o la sensaci¨®n de terror, algo me hizo vomitar. Mi est¨®mago larg¨® un quejido ruidoso y nuevamente fui recordado del hambre que sent¨ªa. Todo el resto de mi cuerpo, adem¨¢s de mis piernas, estaba pesado; estaba f¨ªsicamente exhausto.
Forc¨¦ mis piernas a erigirse; se sent¨ªan tan r¨ªgidas como paja, temblaron y se rindieron dos veces, pero finalmente logr¨¦ levantarlas.
¡ªTe- Tengo que ir a intercambiar esto ¡ªme dije a m¨ª mismo para enfocarme.
Escond¨ª el cuchillo debajo de la tela y volv¨ª a hacer el mismo camino por el pueblo. Las miradas de siempre se sent¨ªan abusivas, transgresoras. Necesitaba que retomaran lo que estaban haciendo y me permitieran seguir con lo m¨ªo. Me sent¨ªa fr¨ªo e inseguro. Solamente quer¨ªa que todo vuelva a ser normal. Solamente quer¨ªa volver a mi casa. Solamente quer¨ªa dormir. Solamente quer¨ªa comer algo.
Llegu¨¦ a la tienda particular sin poder pensar en mucho. El hombre no se encontraba al frente, por lo que decid¨ª esperarlo. Me costaba concentrar la visi¨®n, no pod¨ªa balancear mi cuerpo y tambaleaba en el piso de un lado a otro. Estaba realmente cansado.
¡ªOh, extranjero. ??Eh!? ??Volviste!? Bueno, supongo que no deber¨ªa estar muy sorprendido.
En alg¨²n momento, el hombre hab¨ªa regresado. Levant¨¦ la bolsa que ten¨ªa en la mano y dej¨¦ caer los contenidos al mostrador de la tienda. Deber¨ªan ser unas 30 al menos, sent¨ªa que eran suficientes.
¡ª?Qu¨¦ es esto? ¡ªpregunt¨®.
Mir¨¦ al tipo con incredulidad, concentr¨¦ la vista en ¨¦l e intent¨¦ hablar
¡ªS-
¡ª?Eres idiota? ¡ªdijo.
¡ª?Eh?
¡ªRealmente eres un idiota ¡ªse tap¨® la frente con una mano y continu¨®¡ª. No estoy sorprendido de que te hayan robado, siendo tan despistado. Claramente, dije bayas a-o-¨ª-ras, azules, imb¨¦cil.
¡ªP-pero-
¡ªToma esto y deja de estorbar a la tienda ¡ªme revole¨® una papa peque?a con agujeros negros en varias partes.
La atrap¨¦ en el aire y mi est¨®mago vocifer¨® su descontento. Mir¨¦ hacia el costado. El resto de personas en la fila de la tienda me estaba mirando fijamente. Apliqu¨¦ m¨¢s tensi¨®n con la mano alrededor de la papa y gir¨¦ antes de morderme el labio con fuerza. Sent¨ª el justo sabor met¨¢lico en la boca y entonces me retir¨¦ a uno de los callejones de la plaza.
Dej¨¦ de exigir a mis piernas y apoy¨¦ el trasero en una esquina del callej¨®n. Dej¨¦ la papa y el cuchillo en el suelo en frente m¨ªo y por alg¨²n motivo decid¨ª simplemente mirar el vegetal por un tiempo. Mi est¨®mago se quejaba, pero yo solo miraba lo que ten¨ªa para cenar esta noche. Me distraje y decid¨ª abrir nuevamente el pendiente dorado. Me sorprendi¨® brillando un fuerte amarillo rojizo; luego el color cambi¨® a un azul claro, pero a¨²n no celeste; y finalmente volvi¨® al azul un poco m¨¢s oscuro en el que estaba desde un inicio.
¡ª... No entiendo nada.
Cerr¨¦ el colgante y volv¨ª a la observaci¨®n de la papa. Definitivamente, era una papa, de eso pod¨ªa estar seguro.
...No sab¨ªa qu¨¦ estaba pasando. No sab¨ªa d¨®nde estaba. No pod¨ªa entender nada de lo que sucedi¨® esta noche. ?"Esta noche"? ?Transcurri¨® una sola noche desde que despert¨¦! ?Y ni siquiera hab¨ªa terminado a¨²n! Mierda, mierda, mierda. No sab¨ªa qu¨¦ hacer, no sab¨ªa nada. ?Qu¨¦ era esta pesadilla en la que estaba metido repentinamente? Necesitaba... Ayuda. Necesitaba alguien que me pudiera ayudar. Alguien que me conociera. Deber¨ªa haber alguien as¨ª ac¨¢, ?no es as¨ª? ?Necesitaba que alguien me ayude! ?No pod¨ªa hacer nada por m¨ª mismo! ?No ten¨ªa ni la menor idea de c¨®mo hacerlo! Por favor... Ayuda... Nada m¨¢s...
Acomod¨¦ la tela alrededor de mi cuerpo y me cobij¨¦. Sostuve el pendiente con fuerza por un momento, como si, si lo tratara bien, me dar¨ªa las pistas que estaba buscando. Cerr¨¦ los ojos y mir¨¦ al suelo. Luego de un tiempo, agarr¨¦ la papa y la contempl¨¦.
Entonces le di una mordida.
¡ªEsta mierda no es una papa...
CapÃtulo 3 - Miedo - Parte 1
1
Me despert¨® un fuerte declive de temperatura en mi zona frontal.
¡ª?Ve a dormir a otro lado, maldito extranjero! ¡ªapenas pude escuchar eso entre la conmoci¨®n del fr¨ªo y el susto.
Brinqu¨¦ en el suelo y me sequ¨¦ la cara con las manos. Me encontr¨¦ con un joven de aproximadamente 15 a?os sosteniendo un balde de madera vac¨ªo. Estaba intentando poner su mejor cara amenazante, pero no enga?aba a nadie con el acto. Di un paso al costado simplemente para intentar estabilizarme, pero el joven retrocedi¨®, su expresi¨®n perdi¨® firmeza y dej¨® escapar algo de miedo.
¡ªPerd¨®n. No quer¨ªa molestar ¡ªle dije la verdad.
El callej¨®n exist¨ªa por la distancia entre dos de las casas que formaban el c¨ªrculo de la plaza. Una de esas casas, la del joven que me despert¨®, ten¨ªa una entrada singularmente colocada en la esquina izquierda del edificio, dando tanto al callej¨®n como a la plaza. Ayer no estaba de humor para buscar cu¨¢l era el mejor callej¨®n para alquilar por la noche, pero parec¨ªa que encontr¨¦ la forma de dar con lo que probablemente era el ¨²nico lugar que molestar¨ªa a alguien m¨¢s. No estaba acostumbrado a ser tratado como una rata, por lo que no sab¨ªa si sentirme frustrado o entristecido. Es lo que es, deber¨ªa aprovechar el ba?o.
Suspir¨¦. El sol hab¨ªa ascendido hace alg¨²n tiempo y ya me estaba quemando los poros y el vello corporal. No era especialmente hostigador, el hombre hab¨ªa dicho que el festival del pueblo (que por cierto parec¨ªa seguir en curso) era el de primavera. Un solcito ma?anero primaveral deber¨ªa ser aguantado por cualquier hombre con pelos en el pecho como yo. Puse una mano encima de mi frente para no permitir que los rayos m¨¢s fuertes llegaran a mis c¨®rneas, y extraje el colgante para ver cu¨¢l era el pron¨®stico del tiempo para hoy.
¡ªAzul. Ya veo.
No cambi¨® en nada. Ten¨ªa ganas de lanzarlo contra una pared, pero... control¨¦ mis impulsos. Viendo el lado positivo, parec¨ªa que la pantalla ten¨ªa una tecnolog¨ªa anti-reflejo destacable. Estaba salvado, si sent¨ªa unas ganas repentinas e irrefrenables por mirar el color azul en el medio del d¨ªa, lo podr¨ªa hacer incluso debajo del sol.
¡ªTengo sed ¡ªprobablemente estaba hablando conmigo mismo para no enloquecer.
De igual forma, lo que dije no era mentira; por lo que comenc¨¦ a caminar hacia la zona baja del pueblo para saciar mis necesidades con el r¨ªo. El pueblo ten¨ªa un muro, uno de madera, que estaba construido solo por la mitad, cubriendo dos costados hacia el bosque, pero no el costado del r¨ªo ni el del templo. Qui¨¦n sabe por qu¨¦ solo estaba a medias, no era mi problema. No me importaba ni en lo m¨¢s m¨ªnimo lo que les sucediera a estos sujetos. A decir verdad, la gente del pueblo me parec¨ªa bastante desagradable. Eran mirones y subdesarrollados. Si les pusieras una computadora o celular frente a ellos, te tomar¨ªan como un puto hechicero.
Lo que acababa de pensar hizo que me detuviera en medio del camino.
¡ª?No hay ni una computadora o celular? ¡ªme pregunt¨¦ en voz alta.
Hab¨ªa algo definitivamente extra?o en eso. Incluso si estuviera en el pueblo m¨¢s remoto del mundo, me resultar¨ªa extra?o no encontrar ni siquiera una computadora. Adem¨¢s, no se ve¨ªan autos ni camiones entrando al pueblo. Algo as¨ª ser¨ªa inaudito, no importa por d¨®nde lo mires...
¡ª???AGH!!!
Repentinamente, me hostig¨® un dolor punzante en la frente, no, directamente en el cerebro. Sostuve mi frente con fuerza, intentando soportar el dolor. Mi respiraci¨®n se volvi¨® pesada y mis m¨²sculos se tensaron por el dolor.
¡ªEl collar...
Agarr¨¦ el colgante como si fuera capaz de reconfortarme; algo me incitaba a abrirlo, algo que no pod¨ªa explicar. Hice lo que mis instintos quer¨ªan y me encontr¨¦ con gris; el color gris. El colgante brillaba de gris, no de azul como sol¨ªa.
¡ª?Eh?
No entend¨ªa. No entend¨ªa este aparato que ten¨ªa atado al cuello. No entend¨ªa qu¨¦ significaban sus colores, cu¨¢l era su funci¨®n o de d¨®nde hab¨ªa venido. No entend¨ªa.
¡ªAgua... Necesito agua... ¡ªbalbuce¨¦ mientras me tambaleaba en direcci¨®n al r¨ªo.
Nadie se molest¨® en hacer otra cosa que mirar.
¡ªAgua...
Me mov¨ª por al lado del establo y llegu¨¦ al r¨ªo. Me tir¨¦ de rodillas y comenc¨¦ a hacer copas con las manos para beber. Apenas tom¨¦ el primer sorbo, me sent¨ª inexplicablemente sediento, como si mi cuerpo hubiera recordado su necesidad por agua. Dej¨¦ las manos y sumerg¨ª mi cabeza debajo del agua, absorbiendo como una bestia todo lo que flu¨ªa por la corriente. Una vez hab¨ªa tomado una buena cantidad, levant¨¦ la cabeza fuera de la cuenca y respir¨¦ profundamente. En alg¨²n momento, mientras hac¨ªa esa salvajada, el dolor de cabeza se desvaneci¨®. El nuevo estado de anestesia se sinti¨® extremadamente relajante. Me acost¨¦ en el suave pasto y, sintiendo el sol en mi piel y el viento en mi pelo, me dorm¨ª.
2
Despert¨¦ al atardecer. Por suerte, estaba nublado y el sol no me hab¨ªa torturado por 12 horas continuas. No me sent¨ªa bien, pero tampoco me sent¨ªa mal. Estaba muerto de hambre, por supuesto; pero no hab¨ªa mucho que pudiera hacer al respecto. Salir de esa particular experiencia que acababa de vivir me hab¨ªa abierto una nueva perspectiva, una mucho m¨¢s esclarecedora. Ya no ten¨ªa sentido intentar apelar al bien de las personas, y tambi¨¦n sab¨ªa que ser¨ªa in¨²til tratar de entender lo que me estaba sucediendo. Por lo tanto, solo me quedaba intentar sobrevivir. Honestamente, dada la terrible cefalea que acababa de sufrir, quiz¨¢s ten¨ªa hongos o un tumor en el cerebro. Me sentir¨ªa agradecido con solo poder saciar el hambre de mi est¨®mago. Por el momento, no necesitaba mucho m¨¢s.
?Contento? ?Triste? Dif¨ªcilmente pod¨ªa describir mis sentimientos con conceptos tan simples y despreocupados. "Desesperado" era el mejor calificativo en el momento. Estaba desesperado por comer, desesperado por descansar, desesperado por entender lo que suced¨ªa y dejar todo atr¨¢s. Los dolores de cabeza, colgantes smart y pueblerinos crueles no asist¨ªan en mucho para mejorar la situaci¨®n.
¡ªEn cualquier momento llegar¨¢ tu hora ¡ªamenac¨¦ a mi collar.
Probablemente, se lo podr¨ªa vender a alguien del pueblo como un amuleto m¨¢gico o un artefacto vud¨². Al menos algo de comida podr¨ªa conseguir por ¨¦l; quiz¨¢s hasta ropa, sin querer pecar de optimista.
Camin¨¦ hacia el centro del pueblo como un vagabundo otra vez; aunque m¨¢s que "como un vagabundo", deber¨ªa decir "siendo un vagabundo". No ten¨ªa por qu¨¦ esconder mi estado actual.
¡ªEstoy cansado ¡ªme quej¨¦ al aire.
Acababa de dormir alrededor de 18 horas seguidas, pero a¨²n me sent¨ªa exhausto.
¡ªYa no s¨¦ qu¨¦ hacer.
No pod¨ªa volver al bosque. No era valiente, ni pretend¨ªa serlo. Una vez que sab¨ªa de la existencia de peligro, hac¨ªa todo lo posible para evitarlo. Por lo tanto, no planeaba volver al bosque en ning¨²n tiempo cercano o lejano; no ten¨ªa raz¨®n para hacerlo.
Llegu¨¦ al centro cuando el sol se hab¨ªa ocultado completamente en el horizonte. Para evitar que ocurriera algo similar a la inc¨®moda escena de la ma?ana, decid¨ª asentarme directamente en un costado del c¨ªrculo. La plaza era grande, de unos 100 metros de di¨¢metro; hab¨ªa que hacer un esfuerzo considerable para encontrarme. Fue en este lugar, bullicioso y amontonado, que finalmente me arm¨¦ del coraje suficiente para hacer el sacrificio. En este caso, sacrificar¨ªa la pista que ten¨ªa en el collar por la mayor cantidad de suministros de supervivencia que pudiera negociar. No era lo ideal, obviamente, pero se me hab¨ªan agotado las opciones. Pedir ayuda estaba fuera de discusi¨®n; ya lo hab¨ªa intentado lo suficiente. Ser sustentable por medios propios era imposible, tanto por no contar con el apoyo del pueblo como por mi inutilidad general. Por lo tanto, ¨²nicamente ten¨ªa la opci¨®n de entregar el obsequio que me dio mi yo del pasado, aunque ello conllevara rendir la mayor herramienta que ten¨ªa a disposici¨®n.
Herramienta que, en este momento, estaba azul. Volviendo a la normalidad del gris que se pint¨® anteriormente.
¡ªHa llegado tu hora.
Un rugido en mi est¨®mago anunci¨® el cambio en mis prioridades. Verifiqu¨¦ el color del colgante por ¨²ltima vez; era el mismo. Su momento hab¨ªa llegado. Iba a intercambiarlo por bienes. No sab¨ªa si verdaderamente era de oro o para qu¨¦ serv¨ªa su pantalla, pero ciertamente parec¨ªa tener valor; eso era todo lo que importaba. Me levant¨¦ y cont¨¦ la cantidad de vendedores de comida en la plaza: 13 en total. Antes de venderles la joya, pretend¨ªa despojarme de toda dignidad y mendigar comida.
?Mendigar? ?Acaso no ten¨ªa orgullo?
No.
Entonces eso fue lo que intent¨¦, uno por uno, prob¨¦ pedir comida. Las respuestas variaban entre mirarme fijamente como si los fuera a maldecir, y echarme r¨¢pidamente del lugar. Aparentemente, el disgusto, o por lo menos aprensi¨®n, hacia los extranjeros, era un sentimiento generalizado entre todos los habitantes. Verdaderamente, eran gente despreciable; pero, si ten¨ªa que subordinarme a ellos por comida, lo har¨ªa.If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it.
Proced¨ª a intentar vender mi joya a uno de los comerciantes que me hab¨ªan echado.
¡ª?Ya te dije que salieras de aqu¨ª! ¡ªfue lo primero que dijo.
¡ªNo vine a pedir comida esta vez; por lo menos, no por nada a cambio ¡ªdescubr¨ª el colgante y me lo quit¨¦ por primera vez del cuello¡ª. Esto es lo ¨²nico que me qued¨® despu¨¦s de haber sido robado ¡ªel hombre parec¨ªa interesado¡ª. Es una joya de oro con una tecnolog¨ªa muy avanzada. Mira esto ¡ªabr¨ª el colgante y le mostr¨¦ la pantalla de adentro.
¡ª?Tecnolog¨ªa? Es solo un collar.
¡ªSi observas bien, te dar¨¢s cuenta de que lo que brilla en azul adentro no es una piedra preciosa ni un metal, es una pantalla digital. ?Puedes ver los movimientos?
¡ª?"Pantalla"? ?De qu¨¦ est¨¢s hablando? ?Est¨¢s loco? Solo est¨¢ decorado con una flor.
?De qu¨¦ estaba hablando este hombre? Di vuelta el colgante para verificar que no hab¨ªa enloquecido y, en efecto... ??Hab¨ªa una flor!?
¡ª?Eh? ?Qu¨¦ est¨¢ pasando?
Comenc¨¦ a girar y agitar el pendiente para devolverlo a su estado normal. La pantalla hab¨ªa desaparecido completamente, como si nunca hubiese estado all¨ª; en su lugar, una flor de plata muy hermosa estaba enmarcada delicadamente por l¨ªneas de oro.
¡ª??Qu¨¦ es esto!?
?Me robaron el colgante mientras estaba dormido? No, eso es est¨²pido, ?por qu¨¦ me cambiar¨ªan una joya robada por otra de aparente valor similar? No ten¨ªa sentido. Adem¨¢s, antes de que comenzara a pedir comida, verifiqu¨¦ el color y estaba azul como siempre.
El hombre me miraba raro mientras manoseaba el dispositivo para intentar devolverlo a su estado de siempre. ?De d¨®nde sali¨® esta flor? ?Realmente perd¨ª la cabeza?
¡ªSi vas a robar algo, al menos deber¨ªas mirarlo por dos segundos antes de intentar venderlo, extranjero. No te lo comprar¨¦. Nadie aqu¨ª te lo comprar¨¢. No tengo raz¨®n para creer que eso sea oro real de todas formas.
¡ª?No lo rob¨¦! ?Este colgante es m¨ªo! ?Es lo ¨²nico que me queda!
¡ªNadie creer¨¢ esa historia. Sabes, Choura es un pueblo bastante peque?o. La gente aqu¨ª es buena y educada. Quiz¨¢s hay alg¨²n que otro travieso, pero nadie aqu¨ª ser¨ªa capaz de robar. ?A qui¨¦n te piensas que le vamos a creer; a nosotros, la gente del pueblo, o a un extranjero que no fue invitado?
¡ª?Y por qu¨¦ no robar¨ªa ropa, en vez de una joya? ¡ªpregunt¨¦, dejando salir un poco de rabia.
¡ªPorque eres un exhibicionista avaricioso. Ahora vete, antes de que te reporte a la guardia.
Apret¨¦ mis pu?os con tanta fuerza que llegu¨¦ a rasgu?ar mi palma con mis cortas u?as. ?Todas las personas en este pueblo eran unas ratas asquerosas! ?Con tecnolog¨ªa que reci¨¦n alcanzaba la edad media! ?Cerdos! ?Miserables! ?Intento de campesinos japoneses!
¡ª???AGH!!!
El dolor punzante en la cabeza me azot¨® nuevamente. ?Qu¨¦ fue lo que pens¨¦? ?La tecnolog¨ªa de nuevo? No, ?lo de campesinos?
¡ª?Vete de aqu¨ª! ¡ªel hombre me grit¨® desde su puesto mientras sufr¨ªa.
Tambale¨¦ hacia atr¨¢s y me desplom¨¦ de trasero al piso. Era como que una medusa me estuviera picando directamente en la frente; como si mi cerebro estuviera siendo succionado hacia afuera de mi cr¨¢neo. Me levant¨¦, di la vuelta y comenc¨¦ a correr hacia cualquier parte. No pod¨ªa pensar hacia d¨®nde quer¨ªa ir. Solo corr¨ªa, desequilibrado, con mi cabeza ardi¨¦ndome, por las calles del pueblo.
¡ªEl colgante... el colgante...
Otra vez sent¨ª ese llamado a leer el dispositivo colgado en mi pecho. Lo levant¨¦ a la altura de mis ojos y lo abr¨ª. Gris, otra vez. ?Y la flor? ?D¨®nde estaba la flor? ?Qu¨¦ estaba pasando? ?Estaba en una broma de muy, muy, muy mal gusto? Mierda, ten¨ªa ganas de llorar. ?Cu¨¢nto tiempo durar¨¢ esto? ?Cu¨¢nto tiempo tendr¨ªa que soportarlo?
Me tropec¨¦ nuevamente y esta vez me qued¨¦ en el suelo. Decid¨ª permanecer ah¨ª. No hab¨ªa nada que pudiera hacer.
No puedo decir cu¨¢nto tiempo estuve en el suelo; pero incluso antes de que me recompusiera por completo, me puse de pie, camin¨¦ con cuidado de regreso al lugar donde me encontraba anteriormente en la plaza, y descans¨¦ los ojos. A¨²n me sent¨ªa exhausto. A¨²n ten¨ªa hambre. A¨²n estaba confundido. Pero ya hab¨ªa intentado todo lo que pod¨ªa, solo quer¨ªa descansar.
Mir¨¦ con los ojos entreabiertos el espect¨¢culo del festival. Al pueblo no le preocupaba en lo m¨¢s m¨ªnimo. Probablemente, preferir¨ªan que muriera, antes de que siguiera estorbando.
¡ªTodos parecen tan felices...
Me deprim¨ªa pensar en m¨ª mismo. ?Por qu¨¦ no pod¨ªa ser como uno de ellos? ?Por qu¨¦ estaba en esta situaci¨®n? No ten¨ªa idea de qu¨¦ hab¨ªa pasado. No sab¨ªa de qui¨¦n era la culpa. Nadie hab¨ªa salido nunca a hablarme, nadie me estaba persiguiendo, nadie me hab¨ªa dicho nada. Simplemente estaba aqu¨ª. Solamente estaba. Abr¨ª mi pendiente (que no vend¨ª) porque no me encontraba precisamente ocupado. Ahora mostraba el azul claro de la otra vez. Lo cerr¨¦ y volv¨ª a enfocarme en la gente. Hab¨ªa una pareja bailando juntos, con tacto, con sonrisas, con miradas, con besos. Todo eso se sent¨ªa tan lejano a m¨ª. Era como si fu¨¦ramos de distintas especies. ?Qu¨¦ era lo que los diferenciaba tanto de m¨ª?
¡ªEstoy cansado.
Me dorm¨ª.
3
¡ª...e?or ¡ªescuch¨¦ una voz detr¨¢s de la oscuridad creada por mis ojos cerrados¡ª. Se?or ¡ªuna voz aguda y tambaleante¡ª. ?Se?or!
Abr¨ª mis ojos y levant¨¦ mi torso del suelo terroso. Ten¨ªa la fuerte impresi¨®n de que esa voz estaba dirigida a mi persona.
¡ª?... Hola?
Mi aliento estaba seco y no precisamente inodoro. Desesperaba por un cepillo dental. Me tuve que contentar con rasparme las paletas con las u?as.
¡ªSe?or, ?qu¨¦ est¨¢ haciendo aqu¨ª?
La persona que me habl¨® con mucho respeto era una ni?a de unos ocho o nueve a?os, con cabello corto marr¨®n. Vest¨ªa una versi¨®n miniatura de la vestimenta caracter¨ªstica de la ciudad. Su mirada curiosa estaba acentuada por una leve inclinaci¨®n en su cabeza. No estaba jugando con las manos, ni las ten¨ªa en la boca o la nariz. Ten¨ªa ambos brazos a sus costados, haci¨¦ndola emitir algo de madurez.
Ten¨ªa que contestar. Escond¨ª mi collar y arrim¨¦ la tela m¨¢s hacia mi cuerpo.
¡ªEhm... Estaba durmiendo.
¡ªS¨ª, lo vi. Pero, ?por qu¨¦ estaba durmiendo aqu¨ª?
¡ªYo solo... Me qued¨¦ dormido aqu¨ª. No s¨¦ d¨®nde estoy.
Puso ambas manos en sus caderas y me explic¨®:
¡ª?Se?or, est¨¢ en la plaza central! ?C¨®mo no sabe eso?
Mir¨¦ para los costados y me di cuenta de que, efectivamente, estaba de nuevo en el centro del pueblo. No recordaba mucho de lo que hab¨ªa pasado ayer, para ser sincero. ?Por qu¨¦ hab¨ªa vuelto aqu¨ª? Podr¨ªa haber dormido en un callej¨®n como la vez anterior.
¡ªParece que tienes raz¨®n... Estoy en la plaza...
Con sus manos a¨²n en las caderas, se acerc¨® a m¨ª con una cara de reprobaci¨®n.
¡ªSe?or, ?est¨¢ usted borracho? ?Si es as¨ª, entonces vuelva a su casa y descanse!
Ja, ja. Me enterneci¨® su reprimenda. Era dif¨ªcil de creer, pero esta ni?a era la pueblerina que mejor me hab¨ªa tratado desde que llegu¨¦ a este est¨²pido lugar.
¡ª... Eh- ¡ªlevant¨¦ la voz para contestar con un sinsentido, pero la chica cambi¨® su expresi¨®n a una sonrisa y me interrumpi¨®.
¡ªSe?or, ?usted es de afuera? ?Es un extranjero? ?Nunca hab¨ªa visto una persona con ese color de pelo y eso se lo puedo jurar!
Nunca has visto a una persona con ese color de pelo porque los nativos eran una banda de supersticiosos de la edad media. Ten¨ªamos suerte de que no estaban quemando brujas en la hoguera.
¡ªSe podr¨ªa decir que s¨ª. En realidad-
¡ª?Se?or, su pelo es negro como el carb¨®n!
La chica comenz¨® a frotar mi pelo con suficiente fuerza como para acariciar a un oso.
¡ªEh-
¡ªSe?or, ?usted puede usar Influencia? ?Todos los adultos con pelos de color pueden usar Influencia! ?Tengo un t¨ªo que la usa superbi¨¦n! ?Puede hacer "shaa" y "fuaaa"! ¡ªacentu¨® esto ¨²ltimo moviendo las manos hacia delante y para los costados de forma dram¨¢tica.
E-era un poco dif¨ªcil hablar con esta ni?a. Pero, ?qu¨¦ es eso de-?
¡ª?Influencia?
Ignor¨¢ndome, sigui¨® interpretando felizmente algunas poses dram¨¢ticas. Pero entonces, como recordando algo, se detuvo.
¡ª?Se?or!
¡ª?Q-Qu¨¦?
¡ªFue divertido hablar con usted, ?pero debo pedirle que se retire!
¡ª?Por qu¨¦ de repente...?
¡ªEs que, se?or. ?Aqu¨ª es donde armamos nuestra tienda! ?Este lugar est¨¢ rentado por mi padre!
¡ªAh. Ya veo ¡ªme mov¨ª un cent¨ªmetro del lugar y la chica pareci¨® satisfecha con eso.
¡ª?Gracias! ?Hasta luego, se?or! ?Espero que nos compre algo! ?Nosotros vendemos fuegos y faroles! ¡ªLa chica se retir¨® corriendo, salud¨¢ndome dada vuelta.
Le respond¨ª el saludo con uno lento m¨ªo. Parec¨ªa que la gente en este pueblo se pudr¨ªa con el tiempo; esta ni?a fue, dentro de todo, muy amable. Aunque s¨ª era cierto que corr¨ªa a su propia marcha.
Esa interacci¨®n me hab¨ªa despertado. Como acto reflejo antes de actuar, similar a prender el celular a la ma?ana, abr¨ª mi colgante.
¡ªNaranja.
Me mostr¨® un color distinto antes de volver al azul de siempre.
La ni?a alcanz¨® a su padre y este contest¨® subi¨¦ndola a los hombros. Parec¨ªan felices.
Pero mi est¨®mago no estaba feliz. Llegu¨¦ a la decisi¨®n de que, si no me iban a intercambiar el collar, entonces tomar¨ªa su comida fuera la forma que fuera. En otras palabras, iba a robar. Como alegu¨¦ que me hicieron, yo har¨ªa a ellos. No pretend¨ªa morir de hambre; si ellos no quer¨ªan darme comida por las buenas, entonces la conseguir¨ªa por las malas. Esta gente era cruel; se lo merec¨ªa. Antes de cerrar el colgante, el color cambi¨® a uno azul oscuro, como en respuesta a lo que acababa de pensar; un azul de oscuridad profunda, en capas, cautivante. Lo cerr¨¦ antes de que pudiera cambiar al tono de siempre.
¡ªComo si me importara lo que piense un trozo de metal colgante.
Pas¨¦ de pedir ayuda a intentar negociar, y ahora pretend¨ªa hacer da?o en funci¨®n de mi propio beneficio. No era un h¨¦roe ni un justiciero. Estaba mucho m¨¢s interesado en sobrevivir que en pensar en ideas grandiosas como la justicia. M¨¢s que eso, estaba desesperado por sobrevivir, por alimentarme.
No podr¨ªa hacerlo de d¨ªa, tendr¨ªa que movilizarme bien y tendr¨ªa que hacerlo a la noche. Estaba d¨¦bil y hambriento. La cantidad de gente era considerable, pero no suficiente para poder manotear un alimento como si nada. En el peor de los casos, alguien de la vigilancia me ver¨ªa, ya que eran indistinguibles del resto de las personas. Por el momento, tendr¨ªa que esperar.
Me sent¨¦ en una esquina de la plaza para observar incesantemente las tiendas que planeaba asaltar. Mi est¨®mago se quejaba en todos los idiomas y todas las formas que ten¨ªa a su disposici¨®n. Pero yo me mantuve est¨¢tico en mi posici¨®n. Nada se interpondr¨ªa en mi camino esta vez.
...
Pas¨® un tiempo y, cuando me di cuenta de m¨ª mismo, not¨¦ que mi visi¨®n se hab¨ªa vuelto excesivamente borrosa. Mis pensamientos estaban completamente desorbitados y desconectados entre s¨ª, como si estuviera a punto de quedarme dormido. Intent¨¦ levantarme, pero mis piernas simplemente no obedecieron. Estaba tambale¨¢ndome en el suelo y cada tambaleo se sent¨ªa como estar en un barco en plena marea alta.
Lo ¨²nico que captaban mis sentidos eran im¨¢genes.
Dos mujeres j¨®venes del pueblo hablando de manera amena.
Un gato saltando una pared.
Fuegos artificiales siendo disparados.
Una pareja bailando con varillas encendidas.
Una fila de personas en una tienda de alimentos.
Una mujer hermosa y p¨¢lida, su vestido negro y largo ondeando al comp¨¢s del viento.
Negro.
CapÃtulo 4 - Miedo - Parte 2
4
Despert¨¦ en una bruma. No f¨ªsica, sino mental. No pod¨ªa pensar muy bien, no pod¨ªa ver claramente y no pod¨ªa escuchar con nitidez. Pero ten¨ªa mucha hambre. Ya era de noche, y era tan buen momento como cualquiera para actuar.
Me par¨¦ y camin¨¦ a una de las tiendas de vegetales, no la misma que la del tipo que me dio la "papa". Las tiendas de vegetales ten¨ªan todos sus art¨ªculos en canastas al frente, f¨¢cilmente accesibles. Eran las m¨¢s sencillas para robar. Prefer¨ªa llevar a cabo el acto sin ser detectado, en lugar de correr y tomar lo primero que encontrara a la vista de todos.
Me detuve frente a la tienda y, cuando la mujer que atend¨ªa se dio la vuelta, r¨¢pidamente envolv¨ª todas las manzanas que pude en una nueva bolsa de tela que hab¨ªa confeccionado. Cuando la cantidad de manzanas ingresadas satisfizo mi sentido visual, me retir¨¦ silenciosamente.
Por el rabillo del ojo, not¨¦ que una persona hab¨ªa presenciado el acto. Gir¨¦ para enfrentarlo. Estaba enojado, por lo que mi cara probablemente resultaba efectiva en lucir amenazante. "No", Le expres¨¦ muy claramente con los ojos. La persona trag¨® y mir¨® a sus costados. Al darse cuenta de que estaba solo en su acto de valent¨ªa, volvi¨® a su lugar en la fila como si nada hubiera pasado. Sonre¨ª y me emocion¨¦ pensando en c¨®mo devorar¨ªa el bot¨ªn que acaba de conseguir. Di dos pasos en direcci¨®n contraria a la tienda y me alej¨¦.
¡ª???SEN!!! ¡ªel hombre grit¨® a mi espalda.
¡ª?Maldito idiota! ¡ªpens¨¦ para m¨ª mismo.
El hombre grit¨® mi nombre a mis espaldas. ?Qu¨¦ le costaba cerrar la boca? Me enfrent¨¦ a ¨¦l y lo vi adoptar una postura que oscilaba entre echar miedo y antagonizar. R¨¢pidamente, escane¨¦ a mi alrededor; todas las personas se hab¨ªan girado en mi direcci¨®n.
Repentinamente, una fuerza enorme me embisti¨® por la espalda, derrumb¨¢ndome al suelo. La bolsa con manzanas se abri¨® y estas se desperdigaron por toda la calle.
¡ªMe agarraste de un humor espantoso, desgraciado ¡ªme dijo la persona que me atac¨®.
Claramente, era parte de la guardia de la ciudad. Todo esto era culpa del imb¨¦cil del hombre. Hice lo mejor para darle una mirada asesina en el suelo, pero entonces el guardia me dio un golpe en el cuello.
¡ª?Ack! ¡ªNo pod¨ªa respirar, mi garganta se qued¨® trabada por la conmoci¨®n del golpe, mis m¨²sculos se contrajeron.
Las manzanas se estaban deslizando por el suelo, se estaban alejando. Ten¨ªa que alcanzarlas.
¡ªSi intentas alguna estupidez, te mato. No tengo ganas de jugar ¡ªamenaz¨® el guardia.
Una multitud se hab¨ªa reunido a nuestro alrededor.
¡ª?HAA! ¡ªrecuper¨¦ la respiraci¨®n y volte¨¦.
El joven era m¨¢s bajo que yo, pero con buen m¨²sculo, de pelo corto y cejas frondosas. En este momento ser¨ªa ¨²til el cuchillo que ten¨ªa.
Espera.
?Y el cuchillo?
?D¨®nde lo hab¨ªa dejado? Mierda, ten¨ªa una nube en la cabeza. ?Cu¨¢ndo fue la ¨²ltima vez que lo vi? Fue cuando...
¡ª?Sen! ¡ªuna voz que no conoc¨ªa cort¨® por el murmullo. Una voz especialmente grave, ¨¢spera.
¡ªAtrap¨¦ a un extranjero, Han.
¡ªSen, esto es algo serio.
¡ª?Te parece que yo estoy jugando?
¡ªEncontramos a Hise.
¡ª?...Qu¨¦?
Las personas se hicieron a un lado y pude ver a un hombre grande y musculoso, de pelo corto; estaba dejando algo en el suelo, un cuerpo. Un cuerpo que ya hab¨ªa visto. Escap¨¦ una mano del agarre para tapar mi boca y evitar la necesidad repentina de vomitar. Lamentablemente, mi captor lo tom¨® como una se?al de mi intenci¨®n de escapar y me clav¨® un codazo en el lumbar.
¡ªEstaba escondido detr¨¢s de un arbusto de bayas honiras. Fue apu?alado muchas veces...
Mi captor se qued¨® mudo. Pero no fue as¨ª con otra persona que decidi¨® hablar-
¡ª?Ese chico! ?El extranjero de pelo oscuro! ?¨¦l me trajo una bolsa con bayas honiras hace unas noches! ?Ya me parec¨ªa sospechoso desde antes, pero cuando vino del bosque, daba la impresi¨®n de que pod¨ªa lastimar a alguien en cualquier momento! ¡ªel verdulero al que no pod¨ªa ver desde el piso me inculp¨® de algo que no era para nada responsable.
¡ªYo lo encontr¨¦ durmiendo en la entrada de mi casa ayer ¡ªera el chico que me tir¨® el baldazo¡ª. Dej¨® caer esto y se march¨®. Me parec¨ªa sospechoso, as¨ª que lo que me lo qued¨¦ ¡ªel chico le entreg¨® al hombre morrudo el cuchillo que encontr¨¦ a la orilla del r¨ªo.
¡ªEl cuchillo de Hise... ¡ªrespondi¨® el hombre musculoso.
¡ª?Es el ladr¨®n! ?Me intent¨® vender una joya que hab¨ªa robado! ?Hizo un esc¨¢ndalo cuando intent¨¦ echarlo de mi tienda! ?Est¨¢ completamente demente!
El joven encima de m¨ª pareci¨® procesar toda la informaci¨®n por un momento. Cuando termin¨®, simplemente dijo:
¡ªExtranjero, te voy a matar.
No sonaba como palabras vac¨ªas. Sonaba como una amenaza que pensaba cumplir. Algo que quer¨ªa llevar a cabo en ese mismo momento.
Las manzanas se alejaron de m¨ª.
?Qu¨¦ era esto que me estaba ocurriendo?
?Qu¨¦ era esta mierda?
?Por qu¨¦ estaba sumergido en este pozo de desesperaci¨®n tan profundo? ?Por qu¨¦ las personas que me trataron como si no tuvieran la m¨¢s m¨ªnima decencia humana me estaban haciendo, a m¨ª, el victimario? ?Qu¨¦ hice para merecer esto? ?C¨®mo se atrev¨ªan estas pilas de basura a mi alrededor a llamarse a s¨ª mismo "seres humanos"? Los odiaba. Los detestaba con todo mi coraz¨®n. Les deseaba el mal de todas las maneras posibles. Preferir¨ªa haber muerto en un bosque rec¨®ndito, con tal de no conocer a este pueblo. Personas sin lo m¨¢s m¨ªnimo de "solidaridad", sin lo m¨¢s m¨ªnimo de "empat¨ªa", ese tipo de personas no merec¨ªan justicia. Y ahora resultaba que yo hab¨ªa matado a una persona. Ahora resultaba que yo era culpable de semejante crimen, cuando fui una de las v¨ªctimas que hab¨ªa sido perjudicada por eso. ?Por qu¨¦ era el mundo tan injusto? ?Por qu¨¦ hab¨ªa despertado en un r¨ªo en el medio de la nada? ?Qu¨¦ mierda hab¨ªa estado pasando estos ¨²ltimos tres d¨ªas?
Gir¨¦ mi cabeza en el suelo. La rabia se me escapaba por los ojos, por la boca, por la nariz. Toda parte del cuerpo que pod¨ªa expresar un sentimiento estaba liberando toda la inmensa ira que fui acumulando con lo que hab¨ªa ocurrido. Mis ojos se cruzaron con otros m¨¢s peque?os, los ojos asustados de una ni?a, la ¨²nica persona que me hab¨ªa tratado con amabilidad en todo este podrido pueblo.
Repentinamente, mi collar cerrado comenz¨® a emitir, por la hendidura entre sus caras, un fuerte color rojo. Quer¨ªa destruir todo. Quer¨ªa destruir todo este pueblo y reducirlo a cenizas.
¡ª?D¨¦JENME EN PAZ! ¡ªgrit¨¦ desde el suelo y extend¨ª mi brazo con suficiente fuerza para despegar al idiota que ten¨ªa encima.
Me levant¨¦ del piso y mir¨¦ a mi alrededor. Todas las personas que formaban el c¨ªrculo que me rodeaba parec¨ªan estar listas para atraparme. Antes de que el guardia que hab¨ªa tirado al suelo pudiera recomponerse, me di la vuelta y comenc¨¦ una corrida furiosa lejos del lugar.
¡ª?MU¨¦VANSE! ¡ªgrit¨¦, empujando a todas los pueblerinos que bloqueaban mi camino, ahora mis enemigos declarados.
Corr¨ª por todas las calles buscando un sitio por donde escapar. Ya fuera el bosque o un callej¨®n, estaba bien. Ya no me importaba m¨¢s. Solo quer¨ªa esconderme y no volver a ver a esta gente nunca m¨¢s. Quer¨ªa que todos desaparecieran y, si no pod¨ªan hacerlo, quer¨ªa desaparecer yo mismo.
Despu¨¦s de correr y correr por lo que parecieron horas, dej¨¦ de escuchar murmullos a mis espaldas. Me escond¨ª r¨¢pidamente en el lado oscuro de un callej¨®n. Era un callej¨®n que estaba en el l¨ªmite de la ciudad, del lado que apuntaba al r¨ªo. Relaj¨¦ mi cuerpo contra la pared y el suelo para poder descansar.
¡ªLos odio... Los odio... Los odio... ¡ªdije entre un lloriqueo y un gru?ido.
Sent¨ªa tanta frustraci¨®n que podr¨ªa estallar. Estaba atrapado en un pueblo de enajenados y brutos. Estaba harto de la situaci¨®n y del lugar, y no sab¨ªa c¨®mo escapar.
Agarr¨¦ un trozo de vidrio con filo del suelo y lo apunt¨¦ en direcci¨®n a la entrada.
¡ªA la primera persona que entre aqu¨ª... La asaltar¨¦.
No le deb¨ªa nada a nadie. Por m¨ª todos se pod¨ªan morir. Si al menos uno de ellos serv¨ªa para suministrarme ropa y dinero, entonces su existencia no ser¨ªa insignificante.
La aldea estaba bastante iluminada, pero en un lugar tan alejado como este, la visibilidad era baja; ten¨ªa que ajustar mi visi¨®n. Toda esa noche permanec¨ª vigilando, vidrio en mano, las entradas del callej¨®n: primero hacia un lado, luego hacia el otro.
Primero para un lado, luego para el otro.
Una figura apareci¨® en el fondo del callej¨®n. Una mujer. Este era el momento, ten¨ªa que asaltarla. Ten¨ªa que seguir adelante y tomar todo lo que pudiera. Ten¨ªa que asaltarla y luego ten¨ªa que escapar. Ten¨ªa que hacerlo... La mujer estaba acompa?ada por otra persona, un ni?o de unos diez a?os. No importaba, ten¨ªa que hacerlo... Ten¨ªa que hacerlo...
... Primero hacia un lado, luego hacia el otro.
Me qued¨¦ con el vidrio largo en la mano, haciendo el mismo movimiento de vigilancia, como si nada hubiera ocurrido... No pude hacerlo.
Primero hacia un lado-
No recuerdo cu¨¢ndo perd¨ª la conciencia.
5
Despert¨¦ con la mano izquierda entumecida. La inspeccion¨¦ y not¨¦ que el vidrio hab¨ªa escarbado gran parte de mi palma. Ten¨ªa sangre por todo el brazo, combin¨¢ndose con la suciedad que hab¨ªa acumulado. Mis ojos estaban pesados, mi garganta seca. Mi est¨®mago se manten¨ªa ocupado por un permanente dolor punzante, como si mi abdomen estuviera siendo aplastado por un pilar. Me sent¨ªa cansado, nauseabundo y me faltaba el aliento. Sent¨ªa una fuerte presi¨®n en mi pecho. Estaba en mi l¨ªmite.This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work.
Me levant¨¦, con mucho esfuerzo, del suelo sucio.
No pod¨ªa concentrarme... No pod¨ªa ver bien... Sent¨ªa fr¨ªo... No sab¨ªa por qu¨¦ hac¨ªa tanto fr¨ªo...
Sostuve el vidrio con mi mano sangrante y apunt¨¦, nuevamente, al final del callej¨®n. Me parec¨ªa que ya no ten¨ªa fuerzas para asaltar a nadie, pero de igual forma lo ten¨ªa que intentar. Estaba en la base del enemigo, pero esta era mi ¨²nica salida. Si volv¨ªa al bosque, morir¨ªa en poco tiempo. De pedir ayuda, a negociar, a robar. Me hab¨ªa quedado sin cartas que jugar. Solo me quedaba esto.
Una sombra apareci¨® en el fondo del callej¨®n. Yo reafirm¨¦ mi agarre en el vidrio y, al hacerlo, m¨¢s sangre se escurri¨® de la herida abierta en mi mano. Apunt¨¦ el vidrio hacia la silueta.
¡ªDame todo lo que tengas... ¡ªFue lo ¨²nico que pude producir de mis labios secos.
¡ª?Opa? ¡ªse escuch¨® una voz.
¡ªDame... todo lo que tengas... ¡ªme repet¨ª.
Mis brazos y piernas temblaban.
¡ªPero... ?Qu¨¦ es esto? ¡ªera una voz femenina llena de curiosidad, de asombro. La silueta comenz¨® a acercarse.
¡ªT... Todo lo que tengas...
No me quedaba mucha m¨¢s energ¨ªa. Estaba dando cabezadas.
¡ªOhhh ¡ªse acerc¨® una distancia peligrosa¡ª. ?Y supongo que si no te lo doy me lo sacar¨¢s por la fuerza?
¡ªS¨ª. Por lo que lo mejor es que me lo des...- ¡ªalcanc¨¦ a decir.
La chica solo permaneci¨® observ¨¢ndome, no la pod¨ªa ver con claridad. Sab¨ªa que estaba ah¨ª, sab¨ªa que me estaba viendo. Pod¨ªa distinguir... su vestido rojo... sus ojos rojizos... su pelo marr¨®n... No la pod¨ªa ver bien y, por alg¨²n motivo, eso me molestaba mucho.
¡ª-por favor... ¡ªmusit¨¦.
Estaba cansado.
Se rio. Parec¨ªa encontrar mi situaci¨®n chistosa. Por alguna raz¨®n, captaba ciertos rasgos de ella con extrema claridad. No pod¨ªa enfocarme en su totalidad; pero su risa son¨® como si la hubiera susurrado a mi oreja.
La chica dio una vuelta completa alrededor m¨ªo. No sab¨ªa qu¨¦ estaba haciendo, pero no me pod¨ªa defender. Termin¨® la vuelta y asinti¨® una vez con la cabeza, indic¨¢ndome algo; entonces meti¨® su mano dentro de mi tela y extrajo el collar que ten¨ªa escondido. Su mano era blanca, extremadamente suave; parec¨ªa casi esculpida, sus dedos finos y definidos y lo terso de su piel. Era muy c¨¢lida, aunque la realidad era que probablemente yo estaba muy fr¨ªo.
Mi mano, por su lado, estaba ocupada en sostener el vidrio y vibraba in¨²tilmente. La sangre segu¨ªa goteando al suelo de manera pasiva. Era f¨ªsicamente incapaz de defenderme, y no estaba seguro si quer¨ªa seguir haci¨¦ndolo.
¡ªQu¨¦ hermosa flor... ¡ªdijo la chica cuando abri¨® el collar.
Su ojo izquierdo era grande, de iris rojizo, similar a la pantalla del colgante, igual de cautivante. Y el ojo rebosaba de emociones. Hab¨ªa confianza, mucha confianza; hab¨ªa gracia, tanto en el sentido de su elegancia, como en el sentido de encontrar algo divertido; pero lo m¨¢s inmediatamente llamativo era la inteligencia, una inteligencia visible. Si me preguntaran c¨®mo era capaz de discernir conceptos tan complejos de tan solo un ojo, yo mismo no sabr¨ªa la respuesta. Enfocaba todos mis sentidos en un solo aspecto de la mujer, alternando paulatinamente de rasgo en rasgo para conseguir una imagen m¨¢s general. Pero no pod¨ªa verla en su totalidad, no me quedaba el vigor mental para hacerlo.
¡ª?De d¨®nde eres? ¡ªme pregunt¨®.
De d¨®nde soy.
La chica cerr¨® el collar y lo dej¨® caer sobre la tela.
¡ªO mejor... ?Cu¨¢l es tu nombre?
Cu¨¢l es mi nombre.
¡ª?Me lo puedes decir? No te voy a hacer da?o.
De d¨®nde soy. Cu¨¢l es mi nombre.
¡ªQuiero saber a qu¨¦ familia perteneces.
Mi familia.
¡ª¡ªNo... lo s¨¦...
De d¨®nde era. Cu¨¢l era mi nombre. Qui¨¦nes eran mi familia. No lo sab¨ªa. Todo el tiempo estuve intentando ignorar estas preguntas b¨¢sicas, esa informaci¨®n b¨¢sica, por el simple hecho de que aceptar mi total falta de identidad ser¨ªa aceptar que para mi problema no exist¨ªa una soluci¨®n.
No sab¨ªa de d¨®nde era, ni sab¨ªa d¨®nde estaba. No recordaba en d¨®nde viv¨ªa; ni en qu¨¦ ciudad, ni en qu¨¦ regi¨®n, ni en qu¨¦ estado.
No sab¨ªa cu¨¢l era mi nombre. No pod¨ªa recordar ni siquiera lo m¨¢s m¨ªnimo de mi persona. No recordaba cu¨¢l era mi comida favorita. No recordaba qu¨¦ sol¨ªa hacer. No recordaba cu¨¢les eran mis intereses. Solamente ten¨ªa un vago sentido de la informaci¨®n. Pod¨ªa recordar qu¨¦ era una "manzana", pero no recordaba un solo momento que hubiera comido una.
No recordaba a mi familia. No recordaba a nadie; ni a mi madre, ni a mi padre, ni a un amigo, familiar o conocido. Estaba solo. Estaba completamente solo.
¡ªPor favor...
Mis labios y mi boca comenzaron a temblar involuntariamente, quiz¨¢s por el fr¨ªo que sent¨ªa. El pendiente iluminaba de azul a trav¨¦s de la hendidura. Era el azul claro que no llegaba a ser celeste. Azul de aguas limpias.
¡ªPor favor... ayuda... ¡ªdije a trav¨¦s del casta?eteo de mis dientes. Lo ¨²ltimo que ten¨ªa de agua en mi cuerpo comenz¨® a escaparse por mis ojos¡ª. Ayuda...
¡ª?Qu¨¦ pas¨®? ¡ªme pregunt¨®, su voz resonando con un matiz c¨¢lido.
¡ªTengo miedo...
¡ªYa veo...
La chica extendi¨® su mano y quit¨® el vidrio de la m¨ªa. Mi mano permaneci¨® abierta, temblando en su misma posici¨®n; no pod¨ªa cerrarla, ten¨ªa peque?os cristales de vidrio clavados en varias partes de ella.
¡ªNecesito que te tapes, ?s¨ª? ¡ªdijo la chica mientras agarraba un trozo sobresaliente de la tela y lo colocaba sobre mi cabeza
¡ªVen ¡ªla chica agarr¨® mi mano derecha y comenz¨® a guiarme por el camino.
¡ªAll¨ª est¨¢ el bosque... ¡ªle indiqu¨¦, pero no ofrec¨ª ninguna resistencia.
¡ªLo s¨¦. Vamos a rodear el pueblo, ?est¨¢ bien? ¡ªrespondi¨®.
La joven med¨ªa unos 15 cent¨ªmetros menos que yo, pero parec¨ªa m¨¢s adulta. Permit¨ª que me guiara por el l¨ªmite del pueblo hasta alcanzar una casa enorme sobre la calle, a un costado del r¨ªo. Entramos a escondidas por la puerta de adelante. Quiz¨¢s era la casa de sus padres.
¡ªMeshi, Yoi. Por favor, necesito ayuda ¡ªla chica entr¨® a la casa y llam¨® dos nombres como si fuera la due?a.
¡ªSe?orita Mira ¡ªun hombre y una mujer adulta nos recibieron. Por un segundo pens¨¦ que ser¨ªan sus padres. El hombre vest¨ªa la bata del pueblo, pero la mujer, un vestido negro de sirvienta¡ª, ?...qu¨¦ es esto? ¡ªpregunt¨® el hombre, estupefacto.
¡ªTiene una herida profunda en la mano, todav¨ªa sangra; tiene ojeras enormes; est¨¢ p¨¢lido, helado; parece que no come hace varios d¨ªas. Yoi, tr¨¢tale la mano. Meshi, prepara un ba?o caliente, una sopa liviana y agua.
¡ªS¨ª, se?ora ¡ªrespondi¨® la mujer antes de despegar hacia otro lado de la casa.
¡ªSe?orita Mira, ?acaso sabe qui¨¦n es este hombre...?
¡ªTengo una idea.
¡ªEntonces...
¡ªMeshi, ?dud¨¢s de m¨ª? ¡ªel tono de voz de la chica cambi¨® s¨²bitamente a uno mucho m¨¢s severo, junto a su forma de hablar.
A m¨ª me sorprendi¨®, y expres¨¦ ese asombro como m¨¢s fui capaz; pero el hombre, que recibi¨® de lleno la actitud, actu¨® como si le estuvieran apuntando con una pistola.
¡ª?En seguida, se?ora! ?Tendr¨¦ listo el ba?o en 10 minutos! ¡ªy entonces sali¨® apurado fuera de la casa.
¡ª¡ªVen. Ven conmigo. Si¨¦ntate ¡ªla chica ignor¨® lo que hab¨ªa sucedido y le dio unas palmaditas a un almohad¨®n que ten¨ªa a su lado; un almohad¨®n que actuaba como silla para una mesita a la altura del suelo. Intent¨¦ reclinar las rodillas, pero casi me caigo en el intento¡ª. ?Epa! ¡ªla chica me atrap¨® y me solt¨® suavemente en el suelo.
La pesadez en mis ojos era inmensa. Mi cuerpo entendi¨® la peque?a comodidad que ofreci¨® el almohad¨®n como una se?al para permitirle descansar.
¡ªPerd¨®n... Creo que me estoy quedando dormido.
No pod¨ªa parar de temblar, ten¨ªa mucho fr¨ªo.
De pronto sent¨ª una calidez envolverme desde mi costado. La chica sentada a mi lado me hab¨ªa cubierto con una tela muy extensa, una frazada.
¡ªIntentemos no dormirnos por ahora ¡ªme dijo.
Era muy dif¨ªcil cumplir con lo que quer¨ªa, sobre todo cuando me ofrec¨ªa esta calidez.
¡ªTengo... fr¨ªo... ¡ªsolo pod¨ªa levantar la voz para reportar peri¨®dicamente como me sent¨ªa.
¡ªLo s¨¦ ¡ªla chica rode¨® sus brazos sobre la frazada y los apret¨® contra mi cuerpo¡ª. Mucho fr¨ªo, ?no?
¡ªHm ¡ªasent¨ª.
¡ªPor eso necesito que est¨¦s despierto, para darte calor. As¨ª que, por favor, no te duermas.
¡ªHm.
Iba a hacer lo que pod¨ªa.
¡ªSe?ora Mira, traje lo necesario ¡ªanunci¨® la sirvienta, acercando una bandeja con varios objetos: telas, herramientas y un balde.
¡ªVen. Toma ¡ªla chica agarr¨® un vaso de la bandeja, recogi¨® agua del balde y me la ofreci¨®.
¡ªSe?orita, esa agua es para-
¡ªYa lo s¨¦. Pero lo necesita en este momento.
Apoy¨¦ mis labios ¨¢speros sobre el borde de madera de la copa. Empec¨¦ a tomar el agua poco a poco. Estaba hirviendo; se sent¨ªa como intentar pasar una piedra por mi garganta.
¡ªBien ¡ªla chica dijo, y me acarici¨® la cabeza¡ª. Yoi, comienza con la mano.
La chica agarr¨® mi mano debajo de la frazada. Mi brazo estaba congelado en la misma posici¨®n desde hac¨ªa un tiempo, temblando. Hab¨ªa fragmentos de vidrio entre las articulaciones de los dedos, por lo que me cortaba cuando intentaba cerrar la mano un poco. Ten¨ªa mucha sangre; desde la punta de mis dedos hasta el antebrazo estaba completamente ba?ado de rojo. La chica apoy¨® cuidadosamente mi mano en la mesa.
La sirvienta se arrodill¨® del otro lado de la mesa y gir¨® mi mano con un poco de fuerza para que mi palma encarara hacia arriba y ella pudiera trabajar.
¡ªSe cort¨® la mu?eca tambi¨¦n ¡ªreport¨® la sirvienta cuando analiz¨® la herida.
Era verdaderamente un idiota, no entend¨ªa como hab¨ªa logrado hacerme tanto da?o durmiendo.
¡ªParece ser suficientemente superficial, solo deber¨ªa necesitar una limpieza cuidadosa. Se encuentra en tan mal estado porque la dej¨® desangrar mucho tiempo ¡ªconcluy¨® su an¨¢lisis.
Entonces la sirvienta comenz¨® a buscar, escarbar, y retirar con pinzas todos los fragmentos de vidrio que quedaron en mi mano. Eran muy peque?os, y como estaban manchados de sangre, parec¨ªan rub¨ªes enanos.
¡ªYoi. En la mu?eca, hay un trozo en la vena ¡ªle notific¨® la chica.
La sirvienta apret¨® la herida e hizo que erupcionara un poco de sangre, y luego quit¨® el objeto. Despu¨¦s, trajo hacia delante el balde con agua caliente. Meti¨® un trapo debajo del agua y lo pas¨® por todas mis heridas. Cuando retroced¨ªa un poco por el dolor o la impresi¨®n, la chica estaba ah¨ª para sostenerme.
¡ª?Te sigue pinchando en alg¨²n lugar? ¡ªpregunt¨® la sirvienta mientras apretaba con el trapo.
Mov¨ª la cabeza negativamente. Si algo me estaba pinchando, no lo pod¨ªa sentir.
¡ªBien.
La sirvienta pas¨® algo similar a un jab¨®n r¨²stico y luego enjuag¨® con el agua caliente. Finalmente, enroll¨® la tela alrededor de mi brazo un par de veces hasta que no se notara la sangre al apretar.
¡ªQu¨¦ suerte que no es uno de esos que huelen asqueroso ¡ªla chica dijo algo que no entend¨ª, y entonces el hombre volvi¨® para reportar el estado de sus tareas.
¡ªHe preparado el ba?o, la sopa a¨²n no ¡ªinform¨®.
La chica lo mir¨® con fastidio y la sirvienta nos hizo una reverencia y se retir¨® a otra parte de la casa. Unas manos me levantaron por detr¨¢s.
¡ªVamos, vamos. Vamos al ba?o ¡ªescuch¨¦ la voz dulce de la chica en mi espalda.
Seguimos al sirviente por los pasadizos confusos de la casa hasta llegar a una sala mediana con un gran balde de agua caliente en el medio.
¡ªAhora es el momento de ba?arse, pero te traer¨¦ sopa, ?s¨ª? Para comer ¡ªme dijo la joven.
Empec¨¦ a desenrollar la tela de mi cuerpo sin poder pensar, pero ella me detuvo.
¡ªQu¨¦ ansioso. Espera un segundo ¡ªme orden¨®, luego le mencion¨® algo al hombre que no alcanc¨¦ a escuchar y se retir¨® de la habitaci¨®n.
¡ªYo lo ayudo ¡ªdijo el hombre.
La tela estaba pegada a mi cuerpo, principalmente por sangre, pero tambi¨¦n por otras basuras que se adhirieron a mi cuerpo con el tiempo. Liberarme de la tela se sinti¨® como quitarse una media mojada, y son¨® como despegar una gran cinta adhesiva. El hombre parec¨ªa disgustado. Me quit¨¦ el collar y lo dej¨¦ en una especie de mesada al costado en la sala.
¡ªAdentro, despacio ¡ªme guio hasta el balde.
Met¨ª un dedo del pie en el balde y sent¨ª el agua caliente, entonces fui dejando a mi cuerpo caer en el agua. Todos mis m¨²sculos se relajaron de inmediato, sent¨ª que la totalidad de mi cuerpo estaba entumecido. Una nube de suciedad flot¨® a la superficie apenas toqu¨¦ el fondo. Sumerg¨ª mis brazos debajo del agua, para aprovechar el calor en todo mi cuerpo. Entonces la puerta del ba?o se abri¨®.
¡ªEst¨¢s dentro del ba?o, ?no? Oh. ?Te est¨¢s ba?ando en agua o en lodo? ¡ªla chica volvi¨® a la habitaci¨®n¡ª. ?Traje sopa! Debes estar muriendo de hambre, ?no?
¡ªHm ¡ªasent¨ª.
La chica se sent¨® al costado de la ba?era.
¡ªEs de cerdo, tiene vegetales. Pero en su mayor¨ªa es agua. Necesitas comer algo liviano en este momento ¡ªla chica levant¨® un plato encima de la madera de la ba?era y escarb¨® los contenidos con una cuchara antes de estirar el cubierto hacia m¨ª¡ª. Come. No pasa nada. No la envenen¨¦ ¡ªdijo con una peque?a risa.
Abr¨ª la boca y la cerr¨¦ en la cuchara.
Era c¨¢lida, pod¨ªa distinguir el cerdo, pod¨ªa distinguir el aspecto vegetal; era cierto que era principalmente agua, pero, por encima de todo, era absolutamente deliciosa. Apenas termin¨¦ de tragar la sopa, mis ojos comenzaron a gotear. Finalmente, despu¨¦s de tanto tiempo, despu¨¦s de tanto miedo, despu¨¦s de pensar cosas tan desagradables, despu¨¦s de tener que hacer cosas que rechazaba profundamente; finalmente, un poco de comida. La chica meti¨® la cuchara en la sopa de nuevo y la present¨® otra vez, ignorando completamente el hecho de que estaba llorando.
¡ª?Y tu collar? ¡ªme pregunt¨® la chica.
Se?al¨¦ hacia donde lo hab¨ªa depositado despu¨¦s de quitarme el trapo.
¡ªOh. No tenemos que perder eso, es importante ¡ªdijo ella.
Asent¨ª con la cabeza.
¡ªDespu¨¦s de terminar la sopa, te permitir¨¦ descansar, ?est¨¢ bien? Luego de eso, necesitas otro ba?o y ropa.
¡ªHm.
No sab¨ªa qui¨¦n era esta mujer. No sab¨ªa cu¨¢les eran sus objetivos. No sab¨ªa qu¨¦ buscaba de m¨ª. No ten¨ªa recuerdos del pasado; pero estaba absolutamente seguro de que nunca me hab¨ªa sentido tan agradecido con una persona.
La chica dej¨® el plato en el suelo y me ense?¨® otra cosa.
¡ªNecesitas agua, ?no? Esta es fresca.
CapÃtulo 5 - Valor - Parte 1
1
Sent¨ª algo aplastando mi mejilla, con cuidado pero con un prop¨®sito evidente de incomodarme. Dej¨¦ escapar un quejido. Mis ojos se sent¨ªan como las persianas de seguridad de una tienda; no hab¨ªa forma de que reuniera la fuerza suficiente para abrirlos.
¡ªPip. Pip. Pip ¡ªuna voz tierna apenas alcanz¨® mis o¨ªdos.
Abr¨ª mis ojos lo menos que se pod¨ªan abrir, solo para verificar qu¨¦ era lo que me estaba sucediendo.
¡ªTu vello facial est¨¢ un poco crecido, ?quieres afeitarte?
La chica que conoc¨ª ayer estaba sentada en una silla al lado de la cama, habl¨¢ndome con total confianza.
¡ªHola... ¡ªintent¨¦ responder, pero wa... Mi voz estaba destruida, completamente ¨¢spera. Todos los padecimientos que fui acumulando a lo largo de estos d¨ªas se combinaron con mi voz ma?anera y termin¨® saliendo algo con la dulzura de un papel de lija sin estrenar.
¡ªOh. ?No ten¨ªa idea de que hab¨ªa rescatado a un guerrero asediador del sur! ¡ªdijo con tono jocoso.
Y yo no ten¨ªa idea a qu¨¦ se refer¨ªa con eso.
¡ª?Qu¨¦...? ¡ªmi voz segu¨ªa siendo ¨¢spera y apenas sal¨ªa de mi garganta.
¡ªUh. Me da cosquillitas cuando hablas, por favor, sigue ¡ªrespondi¨®, claramente burl¨¢ndose. Su objetivo era despertarme y lo hab¨ªa conseguido con mucho ¨¦xito.
¡ª... Gracias ¡ªexpres¨¦ sinceramente, dejando que mis sentimientos m¨¢s profundos salieran a trav¨¦s de mis palabras.
Cuando la ve¨ªa, mi coraz¨®n se llenaba de calidez. Cuando hablaba, sent¨ªa la obligaci¨®n de escuchar.
¡ªEhmm... ¡ªmascull¨¦.
No sab¨ªa c¨®mo se llamaba. Me parec¨ªa que sus sirvientes hab¨ªan mencionado su nombre, pero todos mis recuerdos de ese momento eran confusos y difuminados; como los recuerdos de un d¨ªa encamado por una fuerte gripe.
¡ªOhh... Tendr¨ªa que venir a despertarte todos los d¨ªas... ?Qu¨¦ ocurre?
Sus chistes estaban llegando demasiado lejos, y no pude evitar que se me escapara rubor por las mejillas.
¡ªTu nombre... No s¨¦ c¨®mo llamarte.
¡ªMi nombre es Mira. Tienes todo el permiso de utilizarlo. Es m¨¢s, te invito a usarlo en este momento. A ver, ?mi nombre es...?
Cerr¨® los ojos y acerc¨® su o¨ªdo a m¨ª como para disfrutar la experiencia de lo que iba a venir.
Una parte de m¨ª no quer¨ªa darle el gusto de rematar su chiste, sea cierto lo del placer o no; sin embargo, otra parte de m¨ª quer¨ªa complacerla y evitar arruinar su humor a toda costa.
¡ªMira...
¡ªOhhh... ¡ªse inclin¨® un poco hacia arriba, como si un cosquilleo hubiera escalado por su espalda.
Apret¨¦ mis labios antes de continuar. Ten¨ªa algunas palabras que quer¨ªa decir s¨ª o s¨ª.
¡ªGracias, Mira... Por todo lo que hiciste... Desde que llegu¨¦ a este pueblo estoy solo, sin nadie que me ayude; fuiste la primera persona que genuinamente me tendi¨® una mano. Gracias, Mira... Profundamente, gracias...
Ella recibi¨® lo que dije con una enorme y orgullosa sonrisa. Por dios, no hab¨ªa tenido tiempo para verdaderamente apreciarlo cuando la conoc¨ª, pero era una mujer incre¨ªblemente hermosa. Ten¨ªa un pelo casta?o sedoso que llegaba un poco m¨¢s abajo de sus hombros. Unos ojos carmes¨ª que, a pesar de su tinte oscuro, ella hac¨ªa brillar con su actitud, con la energ¨ªa de sus expresiones. Rojos... Nunca hab¨ªa visto ojos de un color similar; ten¨ªan que ser un derivado del marr¨®n, un marr¨®n profundo. Su apariencia, su postura, irradiaba felicidad, o quiz¨¢s mejor dicho, complacencia: una complacencia nacida de su capacidad y la confianza que ten¨ªa en esa capacidad. En ese aspecto, se sent¨ªa inalcanzablemente madura.
¡ª?De nada! Ehm...
Entend¨ª f¨¢cilmente lo que estaba inquiriendo. Mi nombre; el nombre que no sab¨ªa. Baj¨¦ la mirada y dije en un lamento:
¡ªNo recuerdo mi nombre...
¡ª?Oh? ?C¨®mo puede ser ese el caso? ¡ªpregunt¨® con curiosidad y un deje de desconfianza.
¡ªNo recuerdo... Nada... Desde que despert¨¦ hace unos d¨ªas en las cercan¨ªas de este pueblo no puedo recordar nada. Lo ¨²nico que ten¨ªa conmigo era este colgante ¡ªagarr¨¦ mi pecho y me percat¨¦ en ese mismo instante que no ten¨ªa el collar conmigo¡ª. ?Eh...?
¡ª?Este colgante? ¡ªdijo, levant¨¢ndolo a la altura de sus ojos¡ª. Es muy hermoso. Nunca hab¨ªa visto uno con estas enmarcaciones. Obviamente, no pertenece a ninguna familia real de aqu¨ª. Hay varias familias de nobles de la regi¨®n que usan flores como s¨ªmbolo, pero no esta flor.
No ten¨ªa idea de qu¨¦ estaba hablando.
¡ªYa veo...
Parec¨ªa que el pendiente hab¨ªa vuelto a ese estado de flor que me hac¨ªa dudar de mi sanidad. No ten¨ªa la energ¨ªa para ponerme a preguntar sobre eso; mucho menos quer¨ªa que Mira pensara que estaba loco, as¨ª que solo pretend¨ª haber entendido lo que dijo.
¡ªA decir verdad, si esa historia de que perdiste tus recuerdos es cierta, eso explicar¨ªa un par de cosas ¡ªdijo con un dedo en el ment¨®n¡ª. Adem¨¢s, pareces alguien honesto.
No estaba muy seguro de eso.
¡ª... Yo no me considerar¨ªa honesto.
¡ªSolamente alguien honesto admitir¨ªa su falta de honestidad. M¨¢s puntos para ti.
Ja.
¡ªTienes demasiada confianza...
¡ªPuede ser. Est¨¢s en una situaci¨®n muy complicada, ?no es as¨ª?
La chica me record¨® lo que hab¨ªa sucedido. Junto a ese recuerdo, burbuje¨® en mi memoria y en mi coraz¨®n el enorme sentimiento de ira que hab¨ªa ido acumulando contra los nativos del pueblo. Me resguard¨¦ un poco. Esta joven, a pesar de lo bien me hab¨ªa tratado, era parte de la gente que me hab¨ªa maltratado; no quer¨ªa pensar as¨ª de la persona que me hab¨ªa salvado, por lo que me aferr¨¦ a la peque?a posibilidad de que ese no fuera el caso. Hab¨ªa algo en la mujer que no encajaba con el resto de la gente: Todos, la guardia incluida, estaban vestidos con esa toga larga; ella llevaba un vestido de colores rojo brillante y marr¨®n, un vestido completamente distinto.
¡ªMira ¡ªla chica tembl¨® con una sonrisa cuando repet¨ª su nombre¡ª, ?Eres nativa de este pueblo?
La mujer sonri¨®.
¡ª?Y qu¨¦ pasar¨ªa si lo fuera?
Mir¨¦ al frente. Mantuve mi honestidad porque sent¨ªa que se lo deb¨ªa.
¡ªProbablemente te odiar¨ªa.
¡ªOh. ?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨®, sin perder el tono feliz en su voz.
¡ªDesde- ¡ªse me hizo un nudo en la garganta. Tragu¨¦ mi angustia y continu¨¦¡ª. Desde que llegu¨¦ a este pueblo, todas las personas me trataron como basura. Me miran como si estuviera fuera de lugar; ni siquiera me dignifican con una palabra. Nadie me ofreci¨® ayuda; me trataron como poco m¨¢s que un par¨¢sito, una inconveniencia. Y ahora, con esto ¨²ltimo que ocurri¨®...
¡ª?Qu¨¦ ocurri¨®?
¡ª?Yo no fui! Yo no hice tal cosa. Yo nunca hab¨ªa visto un cad¨¢ver en mi vida ni siquiera... Lo ¨²nico que hice fue caminar al bosque... Ten¨ªa hambre, no sab¨ªa qu¨¦ hacer... Todos me ve¨ªan como si fuera... algo horrible...
¡ª?Por qu¨¦ fuiste al bosque?
¡ªUn vendedor del pueblo me convenci¨® para que le trajera unos frutos ¡ªesa era toda la verdad. Y lo ¨²nico que consegu¨ª por eso fue un vegetal raro que apenas sirvi¨® de sustento.
¡ª?Pero fuiste solo?
¡ªMi sentido de la orientaci¨®n no es malo. No me pierdo f¨¢cilmente. Adem¨¢s, solo planeaba seguir el camino del r¨ªo.
La chica suspir¨®.
¡ªPero ese no es el problema. ?Fuiste solo, sin acompa?antes? ?Sabes cazar, al menos?
¡ª?Cazar? No planeaba cazar. Solamente necesitaba recolectar los frutos, nada m¨¢s.
La chica suspir¨® m¨¢s fuerte a¨²n.
¡ªDijiste que no sab¨ªas tu nombre. ?Qu¨¦ puedes recordar?Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings.
¡ª... Nada. Solo recuerdo informaci¨®n. Recuerdo lo que es una casa, pero no tengo memorias de haber estado en la m¨ªa; ni siquiera recuerdo c¨®mo era la m¨ªa. No recuerdo a mi familia. No recuerdo... nada.
Puso una palma en su frente y me pregunt¨®:
¡ªSabes que el bosque es peligroso, ?no?
La elecci¨®n de la palabra "peligroso" me pareci¨® curiosa. Era tan peligroso como podr¨ªa ser cualquier bosque; con serpientes y con una facilidad peculiar para perderse. No era m¨¢s peligroso que morirse de hambre.
¡ª?Por qu¨¦ lo dices? ?Hay algo en el bosque? ?Osos? ¡ªel segundo que lo dije, la imagen pas¨® como un destello por mi mente.
Lo hab¨ªa bloqueado totalmente, el visaje del enano marr¨®n ese. Tuvo que ser... una especie de alucinaci¨®n producida por el hambre o el cansancio. No ten¨ªa sentido.
¡ª?Osos? No, no hay aqu¨ª. Pero entrar en el bosque sin compa?¨ªa es estar cortejando la muerte.
?De qu¨¦ estaba hablando?
¡ª?"Cortejando la muerte"? Es un bosque alrededor de un pueblo, no una cordillera rec¨®ndita.
Mira pareci¨® encontrar lo que dije extremadamente gracioso. Rio por un momento y luego dijo:
¡ªNo entiendo para nada la naturaleza de tu p¨¦rdida de memoria, ?pero realmente eres incre¨ªblemente interesante! Chico, ehmm... Bueno, luego solucionaremos el tema de tu nombre; pero, chico, d¨¦jame decirte que los bosques tienen muchas razones para tenerles miedo. Tienes raz¨®n, una cordillera remota ser¨ªa a¨²n peor; pero, para alguien sin entrenamiento, entrar a un bosque es entrar a un campo de guerra. Lo realmente incre¨ªble es que no te hayas encontrado nada en el camino; eso es lo verdaderamente curioso.
¡ªDe hecho, el bosque estaba notablemente silencioso. No me encontr¨¦ ni con un p¨¢jaro. Pero...
¡ª?Pero?
¡ªBueno... La verdad es que quiero asumir que simplemente tuve una alucinaci¨®n, alg¨²n tipo de enga?o mental por el hambre y el miedo. Pero, cuando estuve all¨ª, s¨ª vi algo...
¡ª?S¨ª...?
Tragu¨¦. Decid¨ª ser honesto.
¡ªEra... Una criatura... Una especie de enano, pero deforme, como un duende... Marr¨®n. Con un cuchillo oxidado en la mano. Absolutamente inhumano... Nunca fui alguien que creyera en esas cosas, pero juro que no estoy loco. Estaba encima del cad¨¢ver de un hombre... Del hombre que me inculparon de matar... Se vio incre¨ªblemente real, pero... si realmente fue una alucinaci¨®n... Estoy dispuesto a aceptar eso como cierto.
Me retraje a m¨ª mismo. Ten¨ªa miedo de que pensara que estaba loco. Me daba verg¨¹enza tambi¨¦n estar revelando un fruto de mis pesadillas, una imagen que me iba a atormentar para siempre. No cre¨ªa en las supersticiones, esas cosas me parec¨ªan estupideces. Sab¨ªa que lo que hab¨ªa visto no era real; pero, sin embargo, lo hab¨ªa visto.
¡ªAh. Un chaeki ¡ªdijo con total naturalidad.
¡ª¡ª?Qu¨¦?
¡ªUn chaeki. Lo que te encontraste fue un chaeki. Probablemente, fue lo que mat¨® a ese guardia, tambi¨¦n.
¡ªUn... ?Chaeki?
¡ªS¨ª. Un chaeki. Parec¨ªa un enano que se cay¨® por las escaleras y se le aplast¨® la cara, ?no? Era un chaeki ¡ªesa descripci¨®n calzaba a la perfecci¨®n¡ª. Lo raro es que estaba solo. Usualmente van en bandas. ?Le viste una lastimadura?
¡ª?N-No? Digo, me parece que estaba manchado con sangre, pero...
No lo hab¨ªa podido ver con tanto detalle, estaba aterrado.
¡ªBueno. Es entendible. Estuviste confundido, todos estos d¨ªas ¡ªdijo con una sonrisa, mirando al techo como si estuviera pensando en algo.
Ten¨ªa algo atorado en mi mente, algo que se adhiri¨® como un pedazo de carne entre los dientes.
¡ªMira... ¡ªse me escap¨® una palabra mientras reflexionaba.
¡ª?S¨ª?
Mira. Chaeki. Choura. Idioma. ?De d¨®nde vienen estos nombres? ?Qu¨¦ idioma? ?Qu¨¦ idioma estoy hablando?
¡ª???AGH!!! ¡ªmierda, otra vez.
Era como una traba. Algo estaba evitando que llegara al fondo de las cosas. Hab¨ªa una intenci¨®n, ?quiz¨¢s era un bloqueo intencional? El pendiente-
¡ª??Qu¨¦ pasa!? ¡ªMira se asust¨® por mi arrebato repentino.
¡ªMira. El colgante... P¨¢same el colgante...
Extend¨ª la mano y ella me pas¨® el collar de inmediato. Lo abr¨ª, el color era gris, como mis ojos. Sent¨ª un alivio inexplicable al confirmar el patr¨®n. Poco despu¨¦s, el dolor desapareci¨®.
¡ª?Qu¨¦ ocurri¨®? ¡ªMira estaba entendiblemente confundida.
¡ªNada... Tengo migra?as. Cuando recuerdo algo, me dan fuertes dolores de cabeza. El pendiente me tranquiliza.
¡ªOh. ?S¨ª? ?Qu¨¦ recordaste?
¡ªEsta vez no record¨¦ algo, tanto como que me di cuenta de que algo estaba mal. El idioma. ?Qu¨¦ idioma estamos hablando?
¡ª?Idioma? Huh. Estamos hablando en kaigango, la lengua de Kiokai. Estamos en Kiokai, por cierto. No sab¨ªas ni siquiera eso, ?eh?
¡ª?Kiokai?
¡ªS¨ª, el pa¨ªs m¨¢s al este del continente central. Dudo fuertemente que seas de Kiokai, pero puedes hablar el idioma, algo de relaci¨®n con este reino ten¨ªas.
?Kiokai? Eso no era un pa¨ªs que exist¨ªa. Hab¨ªa algo terriblemente mal.
¡ª?Mira! ?Qu¨¦ es un "chaeki"? ?C¨®mo lo conoces?
¡ª?Eh? ¡ªla asust¨¦ un poco al gritar¡ª. ?Chaekis? ?Quieres que te cuente sobre chaekis? Bueno, habitan en mayor parte del continente central; desde el centro hasta el sur. No toleran climas fr¨ªos, pero tampoco muy calurosos. Usualmente, viven en manadas y cazan en conjunto las presas que encuentran indefensas. Son m¨¢s carro?eros que cazadores, sin embargo. Pero pueden utilizar herramientas simples como armas. En invierno suelen esconderse en cavernas. En el Imperio del Oeste y en el continente del sur, a menudo se les utiliza en arenas de gladiadores. B¨¢rbaros ¡ªlo ¨²ltimo lo dijo con un deje de desestimaci¨®n, pareci¨® una apreciaci¨®n personal de ella.
Pero, ?qu¨¦ era esto?
¡ª?Por qu¨¦ lo describes c¨®mo si fuera un animal?
¡ª?Al chaeki? ?Porque lo es?
¡ªNo, no, no. Eso no es una cosa de este mundo. Es un cr¨ªptido, una criatura paranormal; no existen tales animales en el mundo
¡ª?Eh? S¨ª existen. T¨² lo has visto.
?Por qu¨¦ dec¨ªa cosas tan estrafalarias como si fueran sentido com¨²n? Mi cabeza empez¨® a arder nuevamente. Hab¨ªa algo tan obvio de lo que no pod¨ªa darme cuenta. Algo que estaba totalmente fuera de lugar y que har¨ªa que todas las piezas cayeran en su lugar, algo a lo que se me estaba impidiendo acceder.
¡ªHablamos mucho. No quiero decir que no lo haya disfrutado, definitivamente amo tu voz en este momento. Pero originalmente hab¨ªa venido a avisarte que tu ba?o hab¨ªa sido preparado. Lo lamento, pero probablemente ya est¨¦ fr¨ªo. Solo intenta lavarte bien la suciedad en tu piel. Luego de tu ba?o comeremos juntos, ?s¨ª! ¡ªla ¨²ltima exclamaci¨®n la acompa?¨® sonriendo y levantando ambos brazos, haciendo una celebraci¨®n.
¡ªPerd¨®n, Mira, por hacerte tantas preguntas.
¡ªNo pasa nada, t¨² eres el que se ba?ar¨¢ en agua fr¨ªa, as¨ª que no me siento particularmente la v¨ªctima.
¡ªY gracias por todo lo que hiciste por m¨ª.
Me sonri¨®.
¡ªDe nada ¡ªy con eso se retir¨® de la habitaci¨®n.
Gracias, Mira.
2
¡ªLo voy a matar.
¡ªNo podemos estar del todo seguros de que haya sido ¨¦l.
En el ¨²nico edificio rojo del pueblo, dos guardias estaban inmersos en una acalorada discusi¨®n. Ambos vest¨ªan la misma ropa, pero el aura que irradiaban no pod¨ªa ser m¨¢s distinta; uno de una llamarada intensa, un fogonazo peligroso, puntiagudo, que pod¨ªa lastimar a cualquiera que se acercara demasiado; otro de un tranquilo lago, una cuenca pac¨ªfica e imperturbable, que daba la bienvenida a aquellos que merodeaban y necesitaban refugio.
¡ª??En serio est¨¢s diciendo eso, A¨ªto!? ?¨¦l escap¨®! ?Hay incluso dos testigos! ?Es basura extranjera! ?Es el bastardo que mat¨® a Hise!
¡ªHay algo que no tiene sentido.
El hombre exaltado perdi¨® la paciencia y, antes de que su ira lo llevara a hacer algo est¨²pido, se contuvo d¨¢ndose la vuelta y apartando la vista de ¨¦l.
¡ªCobarde... ¡ªdijo para liberar un poco de lo que conten¨ªa.
¡ªSolo intento hacer las cosas bien.
¡ª?No! ?Solo intentas hacer las cosas como un cobarde! ?Qu¨¦ tal si t¨² vas y le cuentas a la familia de Hise c¨®mo tenemos que tomarnos un tiempo porque "no podemos estar seguros" de que fue ¨¦l!
¡ªNo hay honor en la falsa justicia.
¡ª?Hay honor en darle un cierre al sufrimiento de su familia! ?Al sufrimiento de nuestro pueblo! ?Acaso quieres llevar a cabo un juicio en la Corte Real contra un vago de la calle? ??Eres idiota!?
¡ªNo soy idiota, y entiendo que eso no es una opci¨®n real; pero hay otras formas de darle una soluci¨®n a esto.
¡ªRechazar una soluci¨®n y no ofrecer una propia es terriblemente soberbio, ?no? Crees que tienes la raz¨®n; act¨²as en un pedestal de la moralidad, pero no haces nada para respaldar tus palabras grandiosas y tus actitudes jactanciosas. En el fondo eres un cobarde... Un idiota y un cobarde.
¡ªTengo mis razones. Que pienses que te hablo desde un pedestal habla m¨¢s de tu inseguridad que de mi arrogancia. Yo quiero darle alivio a Hise tanto como cualquier otra persona del pueblo, pero hacerlo asesinando a una persona inocente es algo que no pienso aceptar de ninguna forma.
¡ª?Maldito-!
¡ªYa basta ¡ªuna tercera persona se uni¨® para interrumpir a las voces enemistadas¡ª. Sen, tengamos un m¨ªnimo de racionalidad, no podemos ejecutar en la calle al primer extranjero que se aparezca. A la larga, como pueblo, y punto de comercio, eso es un lujo que no nos podemos dar ¡ªmir¨® al segundo¡ª. A¨ªto, de igual forma, tenemos que encontrar al extranjero. Es un hecho que est¨¢ escondido en el pueblo en este momento, es un peligro y si no actuamos ahora mismo, pecaremos de ineficaces. Heki nos orden¨® actuar ahora mientras podamos.
Los dos destinatarios se sintieron satisfechos con la mediaci¨®n que recibieron y reanudaron su operaci¨®n, sin mirarse. Sen, el m¨¢s entusiasmado en actuar, fue el primero que habl¨®:
¡ªEntonces, Han, ?qu¨¦ sigue?
A¨ªto le sigui¨®.
¡ªNo nos queda otra que revisar casa por casa, ?no?
Han asinti¨®.
¡ªDivid¨¢monos.
3
¡ªAhora: ?Amm...!
¡ªPuedo comer solo.
A pesar de mis palabras, acept¨¦ el gesto otra vez, y com¨ª de la cuchara que me presentaba la chica. Soy un ser humano imperfecto, sufro ante la tentaci¨®n.
¡ª?Pero no es mejor as¨ª? A los enfermos hay que cuidarlos hasta que tengan una recuperaci¨®n completa. Adem¨¢s, estoy muy contenta con lo bien que ya luces. Me encantar¨ªa que est¨¦s en perfecto estado. Y mientras sigas teniendo la voz ronca, me voy a sentir recompensada ¡ªlo ¨²ltimo lo dijo terriblemente r¨¢pido.
La sirvienta nos miraba con algo similar a ternura; el hombre, por otro lado, se encontraba en el extremo opuesto y no pod¨ªa ocultar la indignaci¨®n que sent¨ªa por lo que estaba ocurriendo.
La comida consist¨ªa en una especie de tarta para ella, y una sopa para m¨ª. Yo no me quejaba. Ni en lo m¨¢s rec¨®ndito de mi mente se me ocurrir¨ªa quejarme. Cualquier plato de comida deber¨ªa ser apreciado en mi vida, de ahora en m¨¢s. Esta sopa era c¨¢lida y deliciosa, con gusto a cerdo, gusto a vegetal... Ten¨ªa todo lo que uno pod¨ªa querer de una sopa. No hab¨ªa absolutamente nada de que quejarse. Ahora mismo sent¨ªa que el cielo no se pod¨ªa distanciar mucho de lo que estaba viviendo.
¡ª?Te gust¨® la ropa? ¡ªMira me pregunt¨®.
Me prestaron una de las batas del pueblo para vestir, una negra. Me sent¨ªa un poco asqueroso, estando vestido con el uniforme del enemigo. Extra?aba mi tela, pero l¨®gicamente entend¨ªa que esto era mejor.
¡ªS¨ª, gracias ¡ªagradec¨ª deshonestamente.
¡ªBueno. Igualmente, lo mejor ser¨ªa que descanses; no puedes ir afuera.
¡ª?...Qu¨¦ haremos con respecto a eso?
?Tendr¨ªa que irme a las escondidas? Incluso si logro escaparme del pueblo, ?qu¨¦ tendr¨ªa que hacer con el tema de mis memorias?
¡ªDeber¨ªa ir a un hospital, ?no? ¡ªsuger¨ª.
¡ª?Para qu¨¦ querr¨ªas ir a un hospital? No, tranquilo, yo solucionar¨¦ tu relaci¨®n con el pueblo, de alguna forma u otra ¡ªhabl¨® como si lo que dec¨ªa fuera natural. Como si solucionarme la vida, o tener la capacidad para hacerlo siquiera, fuera natural para ella.
¡ª?... C¨®mo?
¡ª?No te preocupes! ?En este momento necesitas descansar! ?Y comer, y descansar todav¨ªa m¨¢s! ¡ªdijo en un c¨¢ntico.
Qu¨¦ extra?a mujer. Abr¨ª mi pendiente, hacerlo se comenz¨® a convertir en costumbre. Quer¨ªa ver que ten¨ªa para decir de m¨ª. Naranja, un brillante naranja. Lo cerr¨¦.
¡ªLa verdad, no entiendo nada de lo que est¨¢ sucediendo; pero gracias, Mira.
¡ªNo es nada.
La sonrisa en su rostro me hac¨ªa sentir m¨¢s naranja.
CapÃtulo 6 - Valor - Parte 2
4
Y descans¨¦. Por un tiempo, descans¨¦. Pas¨¦ tiempo en la cama intentando dormir. Mira o su sirvienta me tra¨ªan algo para comer, y por la noche me daba un ba?o caliente. Fue muy placentero. Despu¨¦s de haber sufrido por la falta de todas estas comodidades, poder disfrutarlas repentinamente era hermoso.
Sin embargo, hab¨ªa dos cosas que no soportaba: El inodoro, que era solo un agujero en el suelo; y los cepillos de diente, o mejor dicho, la completa falta de ellos. Lo ¨²nico que me ofrec¨ªan eran unos palillos que se deb¨ªan raspar por los dientes. No eran lo m¨¢s ¨®ptimo, pero al menos ten¨ªan algo de utilidad; no pod¨ªa quejarme por esto despu¨¦s de haber recibido tantas cosas.
El h¨¢bito de pasarme los palillos por la boca se hab¨ªa vuelto constante; me sent¨ªa mal si no lo hac¨ªa. Estaba haciendo eso, raspando mis dientes con los palillos de la boca, cuando algo irrumpi¨® en la pac¨ªfica vida que me hab¨ªan obsequiado por unos d¨ªas; comenzando con un golpe en la puerta.
¡ªAdelante ¡ªme tuve que quitar el palillo para contestar.
Mira entr¨® por la puerta con la sonrisa de siempre en su rostro.
¡ªNecesito que vengas conmigo por unos minutos.
¡ªPor supuesto.
Con esta mujer, obediencia militar.
Me levant¨¦, vestido con la toga del pueblo que, sorprendentemente, resultaba bastante c¨®moda para dormir; parec¨ªa haber sido dise?ada con esa funci¨®n en mente, aunque no sab¨ªa si era intencional o casual.
La segu¨ª, bajando las escaleras. La casa era un c¨²mulo de pasillos largos y estrechos que conectaban a distintos espacios no muy grandes. En el centro de todos estos pasadizos, en el coraz¨®n de la casa, hab¨ªa un jard¨ªn interior muy bonito. Era verdaderamente una casa grande y lujosa. No hab¨ªa electrodom¨¦sticos (tragedia), pero todas las carencias eran suplidas con alguna otra herramienta casera.
Mira me llev¨® hasta la entrada, y entonces me encontr¨¦ con una cara que ya conoc¨ªa.
¡ª?Eh?
¡ª?Qu¨¦...? ¡ªrespondi¨® la persona que estaba del otro lado, que parec¨ªa tan confundida como yo.
¡ªEsta es la persona que est¨¢s buscando, ?no? Aqu¨ª est¨¢. La estuve cuidando estos ¨²ltimos dos d¨ªas ¡ªdijo Mira.
Todo mi cuerpo salt¨® y se endureci¨®.
¡ªMira... ?Qu¨¦ significa esto?
El hombre entr¨® a la fuerza a la casa y me agarr¨® de los brazos antes de que pudiera reaccionar.
¡ªTengo que llevarte al cuartel ¡ªdijo con firmeza.
Era un hombre que hab¨ªa visto una vez. El hombre de apagado pelo azul, esta vez sin el farol en la mano. Ten¨ªa que haber una raz¨®n para esto, ?no? Mira ten¨ªa que tener un objetivo. Ella no... me vender¨ªa al enemigo. Ella no har¨ªa eso.
¡ªElla nunca confirm¨® que no era del pueblo ¡ªuna voz dentro de m¨ª se?al¨®.
Era cierto. Cuando le pregunt¨¦, hab¨ªa esquivado la respuesta h¨¢bilmente. Pero ella no podr¨ªa hacer esto, ella me ayud¨®, me escondi¨®. Ella no era as¨ª.
Mir¨¦ hacia un costado, hacia la cara satisfecha del hombre y la expresi¨®n ennegrecida de la sirvienta.
¡ª?Mira! ¡ªla llam¨¦ mientras la miraba a los ojos. M¨¢s que una mirada era una s¨²plica. Ella no era parte del pueblo, no pod¨ªa serlo. El guardia empez¨® a empujarme hacia fuera, pero yo no pod¨ªa despegar mis ojos de la cara de Mira.
¡ª?Mira! ??Qu¨¦ es esto!?
?Mira! ??Por qu¨¦ tu cara no cambiaba!? ??Por qu¨¦ esa sonrisa se manten¨ªa en tu rostro!?
¡ª?Mira!
?Acaso fue todo una mentira? Cuando me trataste, cuando me diste un ba?o, cuando me alimentaste, cuando te re¨ªste conmigo, ?acaso todo eso fue una mentira? Empec¨¦ a forcejear con toda la fuerza que ten¨ªa. El joven, que parec¨ªa bastante delgado y en un todo d¨¦bil, me mantuvo en mi lugar sin permitirme mover un cent¨ªmetro.
¡ª???Mira!!!
Mira me dej¨® ir.
5
Ya hab¨ªa sido suficiente.
Me rend¨ª. Si ten¨ªa que morir en este pueblo, estaba bien por m¨ª. ?A qui¨¦n se le ocurrir¨ªa una historia tan macabra? La primera persona en el pueblo que me trata bien, y en un instante me abandona.
El hombre me arrastraba y los pueblerinos me escup¨ªan al pasar. No me resist¨ªa. ?Para qu¨¦ me iba a resistir? Si uno de ellos me apu?alaba en ese momento, no me importar¨ªa en lo absoluto. Ya no me quer¨ªa resistir m¨¢s...
¡ª?Por qu¨¦ no esperaste? ¡ªel hombre que me llevaba le dijo algo a alguien, no pod¨ªa ver a qui¨¦n¡ª. Oye. Te estoy hablando. ?Por qu¨¦ no me esperaste?
¡ª?A m¨ª?
¡ªS¨ª, es una pregunta. ?Por qu¨¦ no me esperaste cuando pasaste por mi casa?
¡ªNo entiendo. ?Esperar a qu¨¦?
¡ªEntr¨¦ a buscar ropa, volv¨ª unos minutos despu¨¦s y ya no estabas. ?Por qu¨¦ no me esperaste? ¡ªme dijo levemente exasperado.
?Ropa? Cuando fui a la guardia, ¨¦l me cerr¨® la puerta en la cara. Nunca me dijo que espere, nunca dio un indicio de que me quer¨ªa ayudar.
¡ªEs mentira. No me ibas a dar ropa. Toda la gente en este pueblo es igual. Igual de miserables.
No me importaba si no era lo mejor para decir, los odiaba, y quer¨ªa que conocieran mi odio.
¡ªNo es mentira. Solo ten¨ªas que esperar unos minutos ¡ªsuspir¨®¡ª. ?Por qu¨¦ viniste a este pueblo?
No contest¨¦. No le iba a dar m¨¢s palabras, a nadie de este pueblo se las dar¨ªa.
¡ªNo tiene sentido. Pedir ayuda a la guardia y luego matar a uno no tiene ning¨²n sentido. Para que te quede claro, yo no creo que t¨² seas culpable; tengo buen instinto para reconocer ese tipo de personas. Aun as¨ª, no me queda claro, ?por qu¨¦ fuiste al bosque? ?C¨®mo llegaste aqu¨ª? Nadie del pueblo te vio entrar, eso no es normal.
No le iba a contestar.
...
Llegamos a la casa de la guardia bajo un coro de abucheos. Algunos ni?os me tiraron piedras, por suerte no muy grandes, una de ellas me impact¨® al costado de la cabeza. Me dol¨ªa un poco, pero no me sent¨ªa mareado. Entonces comenc¨¦ a sentir l¨ªquido escurri¨¦ndose por mi oreja. El guardia me meti¨® en su casa y me sent¨® en el piso limpio de madera, cerca de la entrada. Toc¨® mi cabeza y manch¨® la punta de sus dedos con un poco de sangre. Al ver el l¨ªquido, sacudi¨® la cabeza negativamente y se march¨® a otro lado de la casa. Incluso los ni?os de este pueblo eran peste. El guardia regres¨®.
¡ªSen y Han volver¨¢n pronto. Van a percatarse de lo sucedido a trav¨¦s de la voz del pueblo. T¨² deber¨ªas cuidarte. D¨¦jame aplicar una compresa por la herida antes de que lleguen, no tenemos tiempo para hacer operaciones m¨¢s complejas.
El hombre as¨ª dijo y as¨ª hizo, envolvi¨¦ndome la cabeza con una tela un par de veces hasta que sent¨ª que mi cr¨¢neo estaba a punto de colapsar, luego hizo un nudo y as¨ª la dejo. Prepar¨® una taza de t¨¦ y se sent¨® en la mesa frente a m¨ª. Este pueblo carec¨ªa de sillas, por lo que est¨¢bamos a la misma altura. Dio un sorbo a su bebida y solt¨® un suspiro cansado antes de decir:
¡ªNo s¨¦ c¨®mo evitar que te maten.
El guardia no me at¨® las manos; creo que se dio cuenta de que no iba a ofrecer resistencia. Lo ¨²nico que hizo fue dejarme en el suelo y sentarse a mi lado.
Odiaba a este pueblo. No quer¨ªa dejarle ni una palabra m¨¢s, ni una oraci¨®n m¨¢s. No se merec¨ªa mi presencia, ni la de nadie con buenas intenciones. Si fueran destruidos por un desastre natural, no me importar¨ªa en lo m¨¢s m¨ªnimo. Todas y cada una de las personas que viv¨ªan en ¨¦l estaban podridas: las que evitaban hablarme, las que me hostigaban con sus miradas, el verdulero que me enga?¨®, el ni?o que me trat¨® como una rata, la guardia que me ignor¨®, el vendedor que me determin¨® un ladr¨®n, los villanos que me inculparon, que me escupieron, que me lastimaron; pero, por sobre todos... la chica que me traicion¨®. Los odiaba tanto que no pod¨ªa ni soportarme a m¨ª mismo aqu¨ª. Los odiaba tanto que sent¨ªa que no me pod¨ªa quedar sentado...
Pero ten¨ªa una pregunta. Ten¨ªa una duda, algo que no pod¨ªa entender desde que llegu¨¦, algo que no me dejaba dormir, algo que me asustaba, que sembraba dudas por todo mi ser cuando intentaba recuperar esas memorias que hab¨ªa perdido. Era una pregunta que me daba miedo, que me pon¨ªa triste, que me frustraba y que no quer¨ªa entretener. Con la garganta quebrada, hice mi pregunta, en la remota chance de que la persona con la que estaba la pudiera responder.You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version.
¡ª?Por qu¨¦ me odian a m¨ª?
Yo ten¨ªa miles de motivos para resentirlos a ellos. ?Pero qu¨¦ hice yo? ?C¨®mo los hab¨ªa injuriado? ?C¨®mo los hab¨ªa ofendido? ?Los lastim¨¦? ?Los provoqu¨¦? ?Los maltrat¨¦? ?Por qu¨¦ me odiaban? ?Era mi apariencia? ?Mi origen? ?Mi nombre? ?Mi familia? Si yo ni siquiera pose¨ªa esas cosas. No pose¨ªa el bloque fundacional m¨¢s m¨ªnimo de la identidad de una persona, pero, incluso as¨ª, me odiaban. ?Por qu¨¦ era eso? ?Acaso ten¨ªa que odiarme yo tambi¨¦n? ?Acaso el curso natural en este mundo era odiarme?
¡ªNadie en este pueblo te odia. Odian lo que le hiciste, o lo que creen que le hiciste, a Hise ¡ªme respondi¨®.
Esa no era una respuesta satisfactoria.
¡ªEso es mentira... Desde que llegu¨¦, ignoran mis palabras. Desde que llegu¨¦, me lanzan esas miradas acusatorias; de miedo, en el mejor de los casos; de rechazo, en la mayor¨ªa; y de desprecio, en una considerable cantidad. ?Acaso formo parte de una familia que este pueblo aborrece? ?Acaso mi apariencia es considerada inadmisible? Por favor, cu¨¦ntenme lo que hago mal, as¨ª lo enmiendo, as¨ª lo soluciono. Yo no puedo recordar nada de m¨ª mismo, no tengo idea qu¨¦ es a lo que le temen. As¨ª que por favor, cu¨¦ntenme...
¡ªNo ha- ?No puedes recordar nada de ti mismo? ?A qu¨¦ te refieres?
¡ªDespert¨¦ en el bosque cerca de este pueblo. No recuerdo nada antes de eso. No recuerdo mi nombre, ni de d¨®nde vengo.
El hombre pareci¨® ponderar intensamente lo que acababa de decirle.
¡ª?A eso te refer¨ªas cuando me dijiste que no sab¨ªas c¨®mo llegaste aqu¨ª?
¡ªS¨ª... No estaba mintiendo... ?De qu¨¦ me servir¨ªa mentir?
¡ªHm... Esto s¨ª es un problema.
La puerta se abri¨® de un golpe ensordecedor.
¡ª?A¨ªto! ??D¨®nde est¨¢ el extranjero!?
Antes de que alguien llegara a contestar, el hombre que entr¨® por la puerta me agarr¨® del cuello y golpe¨® mi nuca contra la pared.
¡ª?Lo voy a matar! ?Y lo voy a llevar afuera para que todo el pueblo pueda verme haci¨¦ndolo! ¡ªEl guardia del que me escap¨¦ entr¨® con una expresi¨®n de ira absoluta. En su otra mano ten¨ªa una lanza ominosa que levant¨® todo mi vello corporal en un escalofr¨ªo. Mi cuerpo entendi¨® de inmediato el peligro.
¡ªSen.
¡ªA¨ªto, no me interrumpas, esta vez no voy a permitir que lo hagas ¡ªle dijo en casi un susurro antes de voltearse de nuevo hacia m¨ª¡ª. Tienes lastimaduras en todo tu cuerpo, ?eh? ?Te las hizo Hise? ?Te apu?al¨® como t¨² lo hiciste una y otra vez? Animal.
Toda su expresi¨®n dio un giro dr¨¢stico cuando sus ojos se encontraron con los m¨ªos, pasando de un fuego peligroso a un fr¨ªo absoluto. La cara del hombre era la de alguien que me ve¨ªa como cualquier cosa menos un ser humano.
¡ª?Y? Responde.
Esos ojos buscaban una respuesta y amenazaban con actuar si no la encontraban.
Yo tuve tiempo para responder, me dio tiempo para que encuentre una respuesta adecuada y le convenciera de no llevar a cabo sus amenazas. Quiz¨¢s por debilidad, quiz¨¢s por cansancio, decid¨ª quedarme callado.
Entonces se acab¨® el tiempo, y el hombre actu¨®, girando su lanza y aplastando el filo contra mi mano en el suelo. No respond¨ª. No hice, y pagu¨¦ las consecuencias.
¡ª???AGHH!!!
¡ª?Sen!
¡ª?Lo apu?alaste con esa mano? ?Hise grit¨® como t¨² lo est¨¢s haciendo ahora? ?Se resisti¨®, como t¨² est¨¢s haciendo ahora?
?Me ard¨ªa! ?Me quemaba! La hoja atravesaba la venda y luego mi piel, escarbaba profundo en mi mano. El guardia hac¨ªa girar la punta en la herida para amplificar el dolor y no sab¨ªa c¨®mo evitarlo. No sab¨ªa c¨®mo hacer que pare. No sab¨ªa c¨®mo hacer que se detenga.
¡ª???AHHH!!!
¡ª?Sen, basta!
¡ªSen, basta ¡ªuna voz m¨¢s se uni¨® a la conversaci¨®n. En la puerta abierta apareci¨® la figura musculosa del guardia que trajo el cuerpo al pueblo, y a su costado...
Sen retir¨® la lanza de mi mano, desparramando sangre por todo el suelo de madera. Apenas el ardor sali¨® disparado de mi carne, corr¨ª a sostenerla con mi otra mano. El guardia, con una tranquilidad que no hab¨ªa demostrado en ning¨²n otro momento, agarr¨® un pa?uelo que estaba al lado del t¨¦ en la mesa y limpi¨® la punta de su lanza con ¨¦l.
¡ª?Y, Han? ¡ªpregunt¨® Sen¡ª. ?Cu¨¢l es el plan?
¡ªHeki pidi¨® una audiencia, junto a los familiares. Ese es el m¨ªnimo de justicia que podemos ofrecer. Supongo que no tienes problemas con esto, A¨ªto.
El guardia que me trajo neg¨® con la cabeza, consintiendo, pero claramente descontento.
¡ª?Y qu¨¦ tal si mejor lo matamos en este momento? Todos sabemos c¨®mo ir¨¢ la audiencia. Ya sabemos el resultado. ?Por qu¨¦ esperar? ¡ªdijo, apuntando de nuevo la lanza hacia m¨ª.
Me cubr¨ª con las manos y comenc¨¦ a temblar involuntariamente. Sangre se desparram¨® en mi cabeza desde la herida abierta. No pod¨ªa respirar del dolor que a¨²n sent¨ªa.
¡ªUn poco de paciencia, Sen ¡ªel grande puso orden de nuevo.
¡ª?Qui¨¦n es esa? ¡ªpregunt¨® el guardia, bajando la lanza.
?Por qu¨¦ estaba ella aqu¨ª?
¡ªFue la que hosped¨® al extranjero estos d¨ªas. Se llama Mira.
El guardia, Sen, apunt¨® su lanza contra la joven.
¡ª?Est¨¢ con el extranjero?
¡ªVino hace algunos d¨ªas, por la entrada ¡ªme mir¨® a m¨ª¡ª. Dice que se encontr¨® con el extranjero en el pueblo.
¡ª?Entonces? ?Qui¨¦n la invit¨®?
¡ªNo quer¨ªa traerla, pero ella...
Mira hizo una reverencia.
¡ªMi nombre es Mira Inovatio. Y es natural que intente defender a mi empleado, ?no?
A¨ªto y Sen reaccionaron con sorpresa ante la informaci¨®n. Sen parec¨ªa m¨¢s confundido que otra cosa.
¡ª?La historia no era que lo encontr¨® en el pueblo? ?Cu¨¢ndo se convirti¨® en su empleado?
¡ªSe convirti¨® en mi empleado en el momento que asegur¨¦ su inocencia ¡ªrespondi¨® Mira.
Sen levant¨® la lanza de nuevo.
¡ª?Han! ?No me importa si su apellido es Inovatio, Mercor, Noka o Kiokai! ?Si est¨¢ del lado del extranjero, es un enemigo!
¡ªHablaron de justicia, ?no es cierto? Yo solo quiero que se cumpla. Y espero que sepas el peso de tus palabras. Yo no ensuciar¨ªa el nombre de mi familia protegiendo a un criminal, ?entendiste? ¡ªsu forma de hablar cambi¨® de nuevo, su tonalidad mucho m¨¢s agresiva; pero eso no me importaba para nada.
Mira hab¨ªa venido a protegerme. Iba a cumplir con su palabra. No me hab¨ªa abandonado, no me hab¨ªa traicionado. Dijo la verdad y nunca dio indicios falsos.
¡ª?Mira!
Me acerqu¨¦ a ella como un perrito lastimado, arrastr¨¢ndome en el suelo.
¡ª?Mira! ?Pens¨¦ que me hab¨ªas abandonado!
Entonces, el guardia de la lanza me aplast¨® contra el suelo con su pie. Me dobl¨¦ del dolor, pero no apart¨¦ mi vista de Mira, no hab¨ªa forma de que lo hiciera. Ella me sonri¨® desde arriba y neg¨® con la cabeza, indic¨¢ndome que me quedara en el sitio.
¡ª?Primero! ¡ªdijo, con una cualidad instructiva. Mira comenz¨® a poner orden en la sala a su manera¡ª. Me gustar¨ªa ver el cad¨¢ver, si no es mucho pedir; esto es fundamental.
¡ª??Qui¨¦- ¡ªSen comenz¨® a quejarse, pero fue interrumpido.
¡ªDe acuerdo.
A¨ªto parec¨ªa satisfecho con el cambio en el rumbo de la conversaci¨®n. Guio a Mira hacia otro lado de la casa, aparentemente donde estaba el cuerpo.
Han, con la compostura de un militar veterano, se sent¨® en la mesa y orden¨®:
¡ªYa deja eso, Sen.
Sen me dio una apretadita m¨¢s contra el suelo de cortes¨ªa y me dej¨® all¨ª para pararse a un lado de la sala abrazando su lanza.
¡ª?No s¨¦ si escucharon la coartada del chico! ¡ªMira comenz¨® a gritar desde alg¨²n lugar en la casa, dirigi¨¦ndose a los guardias presentes en la entrada conmigo¡ª. ?Pero, seg¨²n ¨¦l, camin¨® hacia el bosque por un acuerdo que hab¨ªa hecho con un vendedor del pueblo! En el bosque-
Parec¨ªa que... ?Estaba haciendo fuerza de alg¨²n tipo?
¡ª?En el bosque encontr¨® el cad¨¢ver del guardia, y dijo que, encima de ¨¦l- hab¨ªa lo que- sin saber ni siquiera su nombre, describi¨® perfectamente como un chaeki!
A¨ªto entr¨® a espaldas a la sala cargando una mesa, del otro lado Mira parec¨ªa estar haciendo mucha fuerza, pero su lado de la mesa estaba inclinado hacia el suelo. Llegaron y pusieron el mueble en el medio de la sala, encima de la mesa estaba el cuerpo cubierto por muchas s¨¢banas de un hombre.
¡ªFuh- ?Hace cu¨¢nto tiempo no hac¨ªa un poco de labor f¨ªsica? ¡ªdijo Mira, sec¨¢ndose la frente con el dorsal de su mano, una sonrisa aliviada en su rostro¡ª. Ni siquiera revis¨¦ el cad¨¢ver de este hombre, pero he visto varios ataques de chaekis; aun as¨ª, lo que estoy haciendo es una apuesta algo arriesgada ¡ªme mir¨® con una sonrisa, y despu¨¦s orden¨®¡ª. Vean sus piernas.
A¨ªto fue el primero en seguir lo que estaba insinuando Mira.
¡ªLos chaekis suelen atacar incapacitando las piernas de sus presas. Si Hise verdaderamente fue atacado por un chaeki, la evidencia deber¨ªa encontrarse all¨ª ¡ªreport¨® concentrado el de pelo azul.
¡ªTch. El extranjero pudo haber simulado las heridas de un chaeki. No significa nada.
¡ªNi siquiera vimos el cuerpo. ?Tan poca confianza tienes en tu hip¨®tesis? ¡ªdijo Mira con una sonrisa.
Sen la mir¨® de manera peligrosa.
¡ªEscucha, Inovatio, si perturbamos el cuerpo de Hise sin un buen motivo, no te lo perdonar¨¦; y me encargar¨¦ de que la ejecuci¨®n de este sujeto se lleve a cabo de la manera m¨¢s ¨¢gil posible.
Los hombres descubrieron el cad¨¢ver en la zona de las piernas. Yo ya hab¨ªa visto las heridas que ten¨ªa all¨ª, las que atravesaban el pantal¨®n; era el momento de que el resto las descubriera. Mira estaba haciendo su trabajo.
¡ªLas heridas est¨¢n; son brutas y accidentadas. Podr¨ªan haber sido producidas f¨¢cilmente por un chaeki ¡ªdijo A¨ªto con cautela anal¨ªtica.
¡ªCiertamente ¡ªcontinu¨® Han.
¡ªQu¨¦ idiotez ¡ªera obvio qui¨¦n iba a estar en contra¡ª. El extranjero las fabric¨® luego de matarlo y la Inovatio est¨¢ en liga con ¨¦l. Hay muchos problemas con la excusa del chaeki. Para empezar, Hise se fue al anochecer cuando desapareci¨®. Los chaekis no act¨²an de noche, solo de d¨ªa; despu¨¦s de eso, est¨¢ el problema de que los chaekis nunca andan solos. Viven en tribus, los asquerosos desgraciados.
¡ªExisten chaekis especialmente agresivos que son exiliados de su manada; estos exhiben comportamientos anormales. Es muy posible que uno de esos sea el culpable ¡ªaclar¨® Mira.
¡ªM¨¢s all¨¢ de eso, ¨¦l es el gran problema en esa historia. ?Qui¨¦n ser¨ªa tan idiota para caminar por el bosque de noche sin conocimientos de cacer¨ªa? ?Por qu¨¦ no ten¨ªa ropa? ?Por qu¨¦ ten¨ªa el cuchillo de Hise? ?Por qu¨¦ no vino al pueblo por la entrada?
¡ªEso lo tengo que reconocer, la historia del chico es bastante enrevesada; sin embargo, yo termin¨¦ crey¨¦ndole, y es por eso que voy a decir la verdad que me present¨® el chico. Tomen esto como un acto de buena fe, porque si estuviera buscando la forma de quitarme el problema de encima lo m¨¢s r¨¢pido posible, elegir¨ªa mentir; inventar una excusa mucho m¨¢s cre¨ªble por ¨¦l y pintar una historia m¨¢s convincente. Ciertamente, soy capaz de eso.
¡ªGracias por darnos el privilegio de no mentir. Ahora, di la maldita excusa antes de que decida terminar la audiencia en este momento.
¡ªEl cuchillo lo encontr¨® antes de llegar al cad¨¢ver, no hay muchos problemas con eso. La parte extra?a de su historia es lo que sucedi¨® antes de eso ¡ªMira hizo una pausa y Sen vocifer¨® su impaciencia¡ª. ¨¦l asegura, y tengo muy buenas razones para creerle, que perdi¨® las memorias, y no recuerda nada de lo que sucedi¨® antes de llegar al pueblo.
Sen la mir¨® incr¨¦dulo, primero a ella, luego a m¨ª.
¡ªJa. ?En serio? Ja, ja, ja. ?Han! ??O¨ªste eso!? Ja, ja, ja. ?El extranjero es un amn¨¦sico! ??De qu¨¦ me estaba preocupando!? ?Ser¨¢ la audiencia m¨¢s r¨¢pida en la historia del pueblo! ¡ªSen termin¨® de re¨ªrse y cambi¨® completamente su expresi¨®n y tono para hablarle a Mira a la cara¡ª. Escucha. No me importa que seas realeza minashita o que seas nobleza del Imperio del Oeste, no te permitir¨¦ hacer lo que quieras en mi pueblo. El extranjero se quedar¨¢ aqu¨ª hasta tener su audiencia con el cacique, luego morir¨¢.
¡ªTe deber¨ªa importar que sea realeza minashita. No s¨¦ si te ense?aron de peque?o a no meterte con personas con ese t¨ªtulo; pero quiero que sepas que este pueblo sigue existiendo ¨²nica y exclusivamente gracias a mi familia ¡ªdijo eso y mir¨® a Han. Yo no sab¨ªa de qu¨¦ estaban hablando. No sab¨ªa qu¨¦ significaba ser "realeza minashita". Parec¨ªa que la familia de Mira era importante¡ª. Pero pienso capitular. Dejar¨¦ que se queden con mi empleado hasta la audiencia con el cacique. Claro, luego de revisar que sus heridas est¨¦n apropiadamente enmendadas.
A¨ªto levant¨® la voz, haciendo que Sen lo mire con desprecio.
¡ªLimpiar¨¦ la herida. Est¨¢s invitada a permanecer aqu¨ª por el tiempo que desees.
Mira respondi¨® con una reverencia y una sonrisa. Una sonrisa que, ahora me daba cuenta, era absolutamente terror¨ªfica. No era una sonrisa pura e inocente. No era una sonrisa tranquila, exhibida por felicidad. Era una sonrisa autoritaria. No, esa no era la palabra correcta. Era la sonrisa de un patr¨®n. Era una sonrisa pedante, pero una completamente justificada en su pedanter¨ªa. Era una sonrisa que estaba adornada por unos ojos que parec¨ªan que todo lo ve¨ªan. ?Qui¨¦n era esta persona?
CapÃtulo 7 - Arribista - Parte 1
1
Los guardias, con excepci¨®n de A¨ªto, se retiraron de la casa. Sen no lo hizo antes de declararme la guerra mir¨¢ndome con unos ojos inyectados de sangre. A¨ªto no se hab¨ªa retirado, principalmente porque era su casa, y adem¨¢s porque se le hab¨ªa dado la tarea de vigilarme esta noche antes de la audiencia de ma?ana. Por supuesto, Mira se hab¨ªa quedado. Su sirvienta, aparentemente llamada Yoi, vino poco despu¨¦s para ayudar a A¨ªto a sanar mis heridas. A¨ªto, sin embargo, parec¨ªa no necesitar el apoyo, pues estaba muy experimentado con este tipo de lastimadura y, seg¨²n ¨¦l, se desempe?aba como una suerte de segundo m¨¦dico para la aldea.
Me colocaron en una habitaci¨®n de hu¨¦spedes que solo contaba con una cama, en el suelo (a diferencia de la que ten¨ªa Mira), y una mesa peque?a para apoyar mis pertenencias. Ten¨ªa la mano izquierda absolutamente destruida de nuevo; era curioso c¨®mo en ambas situaciones fue culpa m¨ªa. La primera vez fue por mi inhabilidad para actuar r¨¢pidamente y llevar a cabo el robo antes de lastimarme a m¨ª mismo; la segunda vez fue... tambi¨¦n por mi propia incapacidad para actuar r¨¢pido, para hablar, para excusarme y convencer al guardia de no hacerme da?o. En ambas oportunidades, fue mi culpa, por mi naturaleza de poner excusas en lugar de hacer todo lo posible en el momento. Me excus¨¦ con la presencia de un ni?o, cuando el acto ser¨ªa igual de repudiable, incluso si ¨¦l no hubiera estado all¨ª. Me excus¨¦ con mi resentimiento, con mi odio y con mi cansancio para no defenderme, como un ni?o encaprichado.
Abr¨ª mi pendiente, me mostr¨® un color nuevo: una especie de marr¨®n. No sab¨ªa qu¨¦ me quer¨ªa decir esta vez. Prontamente, volvi¨® al azul habitual. Suspir¨¦.
¡ª?Qu¨¦ pasa? ?Est¨¢s bien de la mano? ¡ªme pregunt¨® Mira, que estaba sentada al lado de mi cama. Ya estaba empezando a cansarme de pasar los d¨ªas postrado.
¡ªNo. Siento como si me hubieran clavado una lanza.
Nuevamente, no pod¨ªa articular la mano. Esta vez sent¨ªa que iba a tardar mucho m¨¢s tiempo antes de poder arreglar eso. Y el dolor era terrible, por Dios.
¡ªLo siento. Debi¨® haber sido feo pasar por eso.
Su mirada baj¨® e hizo una leve, muy leve mueca con la boca. No pod¨ªa explicar lo mucho que me afectaba a m¨ª su propio ¨¢nimo. Parec¨ªa que en parte era f¨ªsico, instintivo, el v¨ªnculo que hab¨ªa formado con esta joven. Poder comer, despu¨¦s de haber desesperado por hacerlo, trae sensaciones de alivio, de felicidad, de calidez, dicha y satisfacci¨®n, todas juntas y mezcladas; era una emoci¨®n primitiva. Y, como era de esperar, el sentimiento de agradecimiento con la persona que me gratific¨® esa experiencia era enorme. No ten¨ªa una familia, pero ten¨ªa una persona que me importaba en el mundo. Esa persona era ella. Era l¨®gico que sintiera la necesidad de aferrarme a ella a toda costa.
¡ªMira...
¡ª?S¨ª?
¡ªPens¨¦ que me hab¨ªas abandonado.
¡ª?Por qu¨¦ lo har¨ªa? Te lo dije, ?no? No soy de este pueblo.
¡ªNo me lo dijiste.
¡ª?Ah, no? Me olvid¨¦ entonces ¡ªrespondi¨® sin cambiar su tono.
¡ªYa veo.
Me sent¨ªa un poco enga?ado, en parte. Mi mente y coraz¨®n hab¨ªan empezado a procesar la posible traici¨®n, probablemente porque me hab¨ªa acostumbrado a esperar lo peor de las personas. Ahora me sent¨ªa un poco mal por haber dudado de ella. Pero estaba demasiado aliviado como para perder tiempo enfad¨¢ndome conmigo mismo.
¡ªGracias, Mira, por no dejarme.
¡ªDe nada, pero a¨²n tenemos un problema enorme por delante. Tu audiencia ser¨¢ ma?ana. Yo, por mi parte, ya cuento con un plan de ataque. Pero no deber¨ªas acostumbrarte a dejar todo en mis manos.
¡ª?Qu¨¦ haremos? Nadie comprar¨¢ la historia de la amnesia.
Que no se pusiera nerviosa me pon¨ªa un poco nervioso a m¨ª.
¡ªYo compr¨¦ tu historia; eso es m¨¢s que suficiente. Mi plan no es muy bueno, pero es. Propondr¨¦ una cacer¨ªa. Propondr¨¦ que vayan a la caza del chaeki, que no deber¨ªa haberse alejado mucho del pueblo; y propondr¨¦ que analicemos el cad¨¢ver para buscar evidencia de exilio. Eso deber¨ªa ser suficiente. El cacique de este pueblo es un completo idiota, no le temo mucho a mi oponente en esta ocasi¨®n.
¡ªEspero que tengas raz¨®n ¡ªdije, mirando nerviosamente a un costado.
Mira no respondi¨®. No respondi¨® por tanto tiempo que me gir¨¦ hacia ella para ver si algo le estaba pasando. Me encontr¨¦ con un par de ojos brillando como rub¨ªes en mi direcci¨®n. Una expresi¨®n totalmente seria y unos ojos cuyo rojo vibrante me hipnotizaba y me inquietaba en iguales cantidades.
¡ªYo siempre tengo raz¨®n ¡ªfue lo ¨²nico que me contest¨®.
No s¨¦ por qu¨¦ tuve demasiado miedo para responder. Ni siquiera entretuve la idea de poner en duda su afirmaci¨®n.
Entonces su sonrisa volvi¨® y sent¨ª que me quitaron un enorme peso de los hombros.
¡ªC¨®mo sea ¡ªdijo¡ª. Tendr¨¦ una charla con el guardia que se qued¨® aqu¨ª y volver¨¦ a casa por hoy ¡ªse levant¨® y camin¨® hasta la puerta¡ª. ?Nos vemos ma?ana en la audiencia! ¡ªSe qued¨® quieta y se recompuso antes de despedirse en un tono pac¨ªfico y una reverencia¡ª. Que tu descanso sea armonioso.
Me dej¨® con esa curiosa expresi¨®n. Me dej¨® con esa curiosa expresi¨®n como si no me hubiera abrumado hasta el punto de los escalofr¨ªos hace unos segundos.
Me cost¨® un poco dormir esa noche.
2
Me despert¨¦ en medio de la noche por un intenso dolor en la palma, como una pulsaci¨®n. Me sent¨¦ en la cama e intent¨¦ concentrarme en mi propia respiraci¨®n para distraer mi mente del dolor. Dud¨¦ por un segundo en notificar al guardia sobre mi dolor, pero no estaba seguro de si era un buen movimiento; tampoco estaba seguro de que ¨¦l pudiera hacer algo al respecto. M¨¢s que el lavado rutinario que ya estaba haciendo desde hace unos d¨ªas, no hab¨ªa otra cosa por hacer. Este pueblo infernal no contaba ni siquiera con analg¨¦sicos. Me pregunt¨¦ si estaba infectada o si las heridas severas simplemente causaban este dolor de vez en cuando. Por alguna raz¨®n estaba tomando todo lo que me suced¨ªa con extrema ligereza, como esto que podr¨ªa poner en riesgo mi vida. Antes de que tuviera mucho m¨¢s en lo que pensar, me qued¨¦ dormido.
Luego despert¨¦ a la ma?ana con unos golpes en la puerta. No me dol¨ªa la cabeza y no sent¨ªa ni fr¨ªo ni sudor, parec¨ªa que por suerte estaba bien.
¡ª?Est¨¢s despierto? ¡ªllam¨® una voz suave del otro lado de la entrada.
Me levant¨¦ y le abr¨ª la puerta.
¡ªPrepar¨¦ el desayuno. L¨¢vate la mano y comamos ¡ªdijo el hombre.
Lo iba a hacer de todas formas; no necesitaba el aviso. Realic¨¦ el aseo y me sent¨¦ en la mesa de la entrada. Tener al otro hombre frente a m¨ª se sent¨ªa especialmente inc¨®modo. Hab¨ªa cocinado algo que no pod¨ªa ni descifrar: parec¨ªa una especie de panqueque con pepinos que eran distintivamente amarillos, algo similar a algas, un poco de cerdo y una salsa de un fuerte sabor. Lo com¨ª y, por alguna santa raz¨®n, estaba malditamente delicioso. Adem¨¢s, hab¨ªa preparado un t¨¦ que tambi¨¦n disfrut¨¦ mucho.
¡ªDime una cosa ¡ªhabl¨® repentinamente durante nuestro desayuno.
¡ª¡ªHmm- ¡ªme agarr¨® con la boca llena. Tuve que tragar¡ª. ?S¨ª?
¡ªEres consciente que nadie creer¨¢ lo de tus memorias, ?no? ¡ªdijo con pesadez en sus palabras.
Pens¨¦ por unos segundos en qu¨¦ responderle, pero mi panqueque raro me estaba esperando; ten¨ªa que cerrar esto r¨¢pido.
¡ªYo dije la verdad. Si tuviera malicia, habr¨ªa inventado una mentira mejor, como dijo Mira.
¡ªYa veo.
¡ªAmar¨ªa que sea mentira ¡ªme sincer¨¦ un segundo antes de volver al panqueque¡ª. Entonces entender¨ªa algo de lo que est¨¢ sucediendo. Pero ¨²ltimamente siento que estoy siendo revoleado de un lugar a otro sin parar ¡ªtermin¨¦ de hablar y me volv¨ª a meter la mayor cantidad posible de panqueque a la boca.
¡ªYa veo.
Termin¨¦ una parte de mi panqueque y le dije otra cosa, para terminar.
¡ªAdem¨¢s, aunque no tenga recuerdos, estoy seguro de que es la primera vez que veo un cad¨¢ver o que me lastiman as¨ª... ¡ªdije, levantando mi brazo muerto y mirando la tela en mi cabeza¡ª. Yo realmente no tengo nada que ver con este lugar, no s¨¦ qu¨¦ hago aqu¨ª.
¡ªYa veo.
Com¨ª unos trozos de cerdo y tom¨¦ t¨¦. Entonces termin¨¦ de hablarle con esto:
¡ªLa verdad es que tratar a alguien completamente indefenso, como lo estuve yo, de la manera en que este pueblo me trat¨®, deber¨ªa ser criminal. Si no fuera por Mira, estar¨ªa muerto en un callej¨®n sucio desde hace unos d¨ªas. Pero resulta que yo soy el malo. Todo el pueblo me odia a m¨ª.Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere.
¡ªTienes raz¨®n.
Agarr¨¦ un trozo de la masa del panqueque, junto a una tira de alga, junto a una rodaja de pepino, junto a un cacho de cerdo, y me lo met¨ª en la boca. Entonces, con la comida en la boca, le dije una ¨²ltima cosa para que entendiera.
¡ªPara empezar, ?acaso todo el pueblo vive simplemente sabiendo que hay duendes a su alrededor? Qu¨¦ rid¨ªculo. Y si saben que ese es el caso, ?por qu¨¦ no terminan de construir el muro que tienen por la mitad? ?No deber¨ªa ser esa su prioridad? Est¨¢n distra¨ªdos teniendo un festival y persiguiendo a un chico indefenso en vez de preocuparse por su propio bienestar. Su maldad los supera, supongo.
¡ªTienes un poco de raz¨®n, en parte.
Tomando t¨¦ y repasando mis memorias del pueblo, record¨¦ a otra persona que no me hab¨ªa tratado mal. Una ni?a peque?a que se notaba que no ten¨ªa un gramo de maldad en su coraz¨®n. Esto se lo ten¨ªa que decir a toda costa, por lo que decid¨ª que dejar¨ªa de hablar despu¨¦s de decir lo siguiente:
¡ªYa s¨¦. Ya s¨¦ ¡ªrecord¨¦ tambi¨¦n al hombre que me recomend¨® pasar por la guardia¡ª. Ya s¨¦ que no son todas malas personas. Ya s¨¦ que el principal problema fue el inicio de nuestra relaci¨®n. Tambi¨¦n s¨¦ que en buena parte me gan¨¦ su actitud porque no ten¨ªa ropa en el momento y ten¨ªa la apariencia de un extranjero. No soy est¨²pido. Pero, ?me vas a culpar por resentirlos? En un momento que estaba asustado, que no sab¨ªa qu¨¦ suced¨ªa y necesitaba ayuda, me trataron as¨ª. No era como que yo quer¨ªa que lo ¨²nico que tuviera para vestirme fuera un trozo de tela. No era como que yo quer¨ªa que no tuviera nada para comer. ?Qu¨¦ necesidad hab¨ªa de enga?arme y hacerme pisar el bosque lleno de duendes? ?Qu¨¦ necesidad hab¨ªa de tirarme esas miradas malas, esos cuchicheos a mis espaldas? Realmente quer¨ªa llevarme bien con el pueblo, pero... lo hicieron imposible.
¡ªYa veo.
Por alg¨²n motivo sent¨ªa que hab¨ªa hablado demasiado. Me detuve antes de abrir la boca nuevamente e intent¨¦ seguir comiendo con el pico cerrado. ?Por qu¨¦ este panqueque ten¨ªa que ser tan rico? No era normal. ?Acaso los panqueques eran mi comida favorita? Su sabor no era el de un panqueque com¨²n igual... La textura tampoco... Era m¨¢s l¨ªquido.
¡ªVeo que te gusta la comida.
...
¡ª¡ªNo est¨¢ mal...
El hombre me mir¨® con una expresi¨®n algo afligida.
¡ª?No est¨¢s preocupado?
Supuse que se refer¨ªa a la audiencia.
¡ªNo.
Retrocedi¨® ante la inmediatez de mi respuesta.
¡ª?Por qu¨¦ no?
¡ªMira dijo que lo iba a solucionar.
Las palabras y expresiones de Mira pod¨ªan a veces estar cargadas de jactancia; incluso pod¨ªan llegar a parecer algo sombr¨ªas. Pero, sin lugar a dudas, lograba convencerte absolutamente de su capacidad. Por eso, no ten¨ªa miedo. No le ten¨ªa miedo a nadie en la audiencia. A la ¨²nica persona que le ten¨ªa miedo, si hab¨ªa una, era a Mira misma.
¡ªYa veo.
El joven parec¨ªa sorprendido, pero se vio forzado a volver a su comida sin poder decir otra palabra.
Terminamos de comer. Yo evit¨¦ decir algo m¨¢s para no comprometer los planes que tuviera Mira, cualesquiera fueran.
3
Antes del primer arresto, los engranajes del plan de Mira ya estaban en movimiento. En este caso, por "suerte" hab¨ªa encontrado al guardia de mayor edad. Mira aprovech¨® esa suerte para tener una peque?a conversaci¨®n aclarativa.
¡ªInovatio.
El hombre se encontraba ocupado. Escuch¨® por los pueblerinos que el extranjero que lleg¨® para abatir contra todo hab¨ªa sido encontrado y ten¨ªa que ir detr¨¢s de ¨¦l, ya que esa era su responsabilidad. El hombre se encontraba ocupado, sin embargo, no pod¨ªa simplemente ignorar la presencia de la mujer a su lado; eso tambi¨¦n era su responsabilidad.
¡ªMe gustar¨ªa tener una charla contigo ¡ªle dijo la joven unos 20 a?os menor a ¨¦l, con un aire autoritario. Esto no era una ofensa; la diferencia de poder entre ambos era as¨ª de grande.
¡ªEn este momento me encuentro ocupado ¡ªa pesar de todo, el hombre intent¨® evitar la conversaci¨®n. En su mente, mientras menos se involucraba con personas como ella, mejor.
¡ªPuedo ver eso, y no estoy pensando en quitarte nada de tu valioso tiempo. Hablemos mientras caminamos, ?s¨ª? ¡ªle dijo con una sonrisa que no le permit¨ªa rehusarse.
El guardia del pueblo suspir¨® y acept¨® su situaci¨®n
¡ª... ?Qu¨¦ deseas? ¡ªpregunt¨® el guardia, resignado.
¡ªEl "extranjero" al que est¨¢n buscando... ¨¦l es m¨ªo ¡ªdijo.
Eso lo forz¨® a detenerse.
¡ª?Qu¨¦ quieres decir con eso?
En el peor de los casos, la comerciante acababa de declararles la guerra. Quiz¨¢s ¨¦l era el ¨²nico en el pueblo capaz de entender lo que eso significar¨ªa.
Por supuesto que la expresi¨®n en el rostro de la chica no oscil¨® ni un segundo.
¡ªLo encontr¨¦ hace unos d¨ªas. Lo cuid¨¦. S¨¦ que es inocente. Ahora lo quiero. Es tan simple como eso.
Incre¨ªblemente, esas palabras con un tinte t¨¦trico lograron tranquilizar levemente al guardia. Segu¨ªa siendo un inconveniente, pero no era una guerra.
¡ªEntiendes que no puedes simplemente quedarte con ¨¦l, ?verdad? ¡ªpregunt¨® con una falsa expectativa; algo que quer¨ªa creer. Era similar a jugar al bingo, donde las posibilidades de tachar todos tus n¨²meros son ¨ªnfimas; ¨¦l le inform¨® lo que la ley dictaba con la esperanza de que la chica cambiar¨ªa s¨²bitamente de parecer.
¡ª?Por qu¨¦ no?
No hubo bingo para ¨¦l. Desde luego, la ley para ella era m¨¢s una sugerencia que una norma obligatoria.
¡ªLas reglas del pueblo dictan que un castigo por su crimen es necesario, no hay excepciones para la ley.
¡ª?Qu¨¦ crimen? ?No acabo de decir que ¨¦l es inocente?
Sinti¨¦ndose un poco irritado por la actitud de la joven, el guardia decidi¨® hacer una peque?a rebeli¨®n contra la autoridad que estaba ejerciendo sobre la conversaci¨®n mediante el sarcasmo:
¡ªMe encantar¨ªa ver la evidencia con la que cuentas para respaldar esa afirmaci¨®n. Por ahora, el extranjero es culpable ¡ªreport¨® sin emoci¨®n.
Una rebeli¨®n liviana, que se permit¨ªa dar porque, a pesar de ser alguien que se aferraba a las posiciones jer¨¢rquicas y que respetaba por sobre todas las cosas el valor de las responsabilidades, no era alguien que no pusiera en duda la legitimidad de dichas autoridades. Era una ideolog¨ªa algo compleja, algo contradictoria, pero, aun as¨ª, era la forma de actuar y pensar con la que se sent¨ªa m¨¢s c¨®modo; una forma de pensar que a?ej¨®, sazon¨®, y refin¨® tras una larga vida y una vasta experiencia.
¡ª?Qu¨¦ maldad...! Me gustar¨ªa, al menos, que me permitieran presentar mi evidencia... ?No ser¨ªa lo m¨ªnimo esperable para un pueblo civilizado de la Rep¨²blica de Kiokai?
El hombre chasque¨® la lengua.
¡ªUn pueblo civilizado no permite que gente ajena entre ilegalmente y asesine a un vig¨ªa.
Un largo silencio se esparci¨® luego de las ¨²ltimas palabras del guardia; la sonrisa en el rostro de la chica traicionaba lo que verdaderamente sent¨ªa ante la prolongada resistencia que estaba ofreciendo el guardia durante la conversaci¨®n.
¡ªHm ¡ªla chica cambi¨® su tono de voz a uno m¨¢s relajado¡ª. ?C¨®mo va la idea de los vi?edos? ¡ªella fue a donde el hombre menos quer¨ªa que vaya¡ª. Supongo que no muy bien... Digo, a¨²n no ha llegado ni siquiera un acuerdo de negocio de la zona. Adem¨¢s, me tom¨¦ el atrevimiento de ir a visitar su peque?o experimento. Honestamente, me enterneci¨®. No s¨¦ si me enterneci¨® m¨¢s cuando enviaron su proposici¨®n a la familia, o cuando continuaron intent¨¢ndolo a pesar de todas mis explicaciones de por qu¨¦ no iba a funcionar. ?En serio creyeron que, porque un par de vides crec¨ªan en la zona, iban a poder refinanciar todos los gastos de su aldea? ?En serio creyeron que un par de metros iban a ser suficientes? Por lo menos, ahora tienen un buen suministro de hongos para esa sopa especial que les gusta hacer ac¨¢... Qu¨¦ suerte ¡ªel ritmo de hablar de Mira comenz¨® a acelerar, asfixiando al otro interlocutor e imponiendo su visi¨®n por todo el di¨¢logo.
¡ªLa aldea se puede financiar perfectamente sin eso.
¡ª?Por supuesto! Por eso est¨¢n festejando este festival, ?no? Tan incre¨ªble como siempre, esta peque?a celebraci¨®n suya. Entonces... ?C¨®mo van esas importaciones? Siempre justo, justo, justito, les alcanza para cubrir el costo, ?no? Qu¨¦ suerte. Indudablemente, esta es la capital mundial del balance; siempre alcanzan con total exactitud el equilibrio de cuentas. No hay otra forma de explicar esto que con la bendici¨®n de un ente superior como Balance.
El hombre sab¨ªa exactamente a d¨®nde iba la conversaci¨®n, por eso no sab¨ªa c¨®mo contestar. Probablemente, contestar -¨¦l supon¨ªa- empeorar¨ªa la situaci¨®n.
¡ª?Ah! ¡ªexclam¨® la chica como si se le hubiera ocurrido la mejor de las ideas¡ª. Creo que ya s¨¦ c¨®mo explicar este gran misterio... ¡ªLa chica esper¨® una respuesta como si no supiera que el hombre mantendr¨ªa su silencio sepulcral¡ª. ?Un senkoiri por cada caballo? ?Acaso los jinetes vienen incluidos? Quiz¨¢s creyeron que estaban vendiendo unicornios y les fijaron ese precio. Te dir¨¦ una cosa: estoy cansada de estar haciendo sus cuentas y pagando lo que necesitan para mantener este fracaso comercial de pueblo a flote. Quiz¨¢s, muy pronto, me cansar¨¦ y terminar¨¦ con la limosna. Tal vez, haciendo eso, aprender¨¢n a vivir por sus propios medios
La mujer le estaba taladrando el cerebro con sus palabras agresivas. El hombre no tard¨® en exacerbarse m¨¢s. Pero cedi¨® antes de que su enojo no le permitiera actuar de manera racional.
¡ªEst¨¢ bien, Inovatio. ?Qu¨¦ quieres?
¡ª?Oh! ¡ªDio un aplauso y su tono se volvi¨® mucho m¨¢s alegre. La sonrisa en su rostro se agrand¨®¡ª. Por ahora me gustar¨ªa ir a revisar el estado de mi empleado contigo, por favor.
La cara del hombre era una de resignaci¨®n a sus circunstancias. Una realista, pesimista y fr¨ªa resignaci¨®n a sus circunstancias.
4
¡ªTranquil¨ªzate, Sen.
¡ª??C¨®mo me voy a tranquilizar!? ??Por qu¨¦ tuvo que venir esa Inovatio a meterse en nuestros asuntos!?
Al no encontrar un mejor medio para canalizar su furia, Sen se content¨® con darle una fuerte patada al estante m¨¢s cercano.
¡ªLa audiencia se iba a realizar de igual manera.
¡ª?Mentira! ?Ten¨ªamos el veredicto en nuestras manos! ?El veredicto del pueblo! ¡ªsise¨® con la lengua, como si estuviera terriblemente sediento¡ª. ?Pod¨ªa sentir a mi lanza atravesando la carne del asesino de Hise...! ?Mierda!
¡ªTranquilo, Sen.
¡ª?Mierda! ?Mierda! ?Qu¨¦ frustraci¨®n!
Su cara iracunda tom¨® tintes melanc¨®licos, l¨¢grimas empezaron a escurrirse de sus ojos, apret¨® sus dientes en frustraci¨®n. Por su mente pasaron las im¨¢genes no solicitadas de una mujer mayor, la madre del joven guardia fallecido...
¡ª?C¨®mo se supone que mire a Shisa a sus ojos...? ?A Chie...?
... Y de una ni?a peque?a, su hermanita.
¡ªNo puedo... ?No puedo Han...! ?No puedo-!
Su respiraci¨®n se entrecortaba y se hac¨ªa cada vez m¨¢s laboriosa, sus piernas se sent¨ªan d¨¦biles, en sus manos y labios temblorosos sent¨ªa un hormigueo insoportable.
¡ªTranquilo, Sen.
Han, el hombre, un adulto de ya unos 40 a?os pasados, sent¨ªa al resto de sus compa?eros en la guardia como unos hermanos menores, si no unos hijos adoptivos; por supuesto que lo hac¨ªa, todos ellos, incluido el tard¨ªo Hise, no superaban los 22 a?os. Los vio crecer y madurar. Por eso no tuvo ning¨²n reparo en sostener al joven desde atr¨¢s en un c¨¢lido abrazo afectuoso. Sen no hab¨ªa transitado su propio duelo por la muerte de Hise. Hab¨ªa evitado hacerlo justific¨¢ndose en sus responsabilidades; hab¨ªa evitado hacerlo porque sent¨ªa que hacerlo significar¨ªa transgredir un derecho que solo pose¨ªa su familia real, su familia de sangre. Se escondi¨® detr¨¢s de su furia porque, si estaba enojado, no tendr¨ªa tiempo para enfrentar el terrible terror de una p¨¦rdida.
Pero entonces, debajo de los brazos de su mentor, se sinti¨® lo suficientemente c¨®modo para enfrentar a su tristeza de frente y sollozar la p¨¦rdida de un amigo devenido en hermano de su propia, personal, manera. No hubo llantos ruidosos ni lamentaciones vistosas; solamente un aferramiento cargado de emociones, un aferramiento que dejaba su peso, por un momento, en las manos de otra persona. Su sollozo consisti¨® en unas l¨¢grimas discretas y unos d¨¦biles gimoteos involuntarios, cayendo sobre la figura robusta del hombre mayor.
Pero el hombre permaneci¨® firme. La cara del hombre no transmit¨ªa ni un poco de la calidez que emit¨ªa el resto de su cuerpo. Solo hab¨ªa resignaci¨®n. Una fr¨ªa, cada vez m¨¢s fr¨ªa resignaci¨®n. Esto tambi¨¦n era parte de sus responsabilidades.
CapÃtulo 8 - Arribista - Parte 2
5
¡ª?Ding dong! ???Ding dong!!! ¡ªesa voz demasiado alegre, viniendo de la entrada, no pod¨ªa pertenecer a otra persona m¨¢s que a...
¡ª?Es necesario que haga un esc¨¢ndalo? ¡ªel guardia sentado al otro lado de la mesa hizo la misma pregunta que yo no llegu¨¦ a vociferar.
Ten¨ªa suficiente confianza en ella, pero su absoluta falta de nervios me intranquilizaba por mera inversa proporcionalidad. El hombre se levant¨® de su asiento y se retir¨® a la puerta para des-obstaculizar a mi benefactora. Yo decid¨ª quedarme sentado como buen cautivo.
El hombre abri¨® la puerta y Mira nos recibi¨® con una peque?a reverencia y una sonrisa que no tard¨® en apuntar a mi direcci¨®n, ignorando al guardia en un acto de ligera descortes¨ªa
¡ª?Es hora de irnos! ¡ªexclam¨®.
El guardia me ofreci¨® una mirada emp¨¢tica y asinti¨® con la cabeza en respuesta a las palabras de Mira. Obedeciendo a ambos, me levant¨¦ y camin¨¦ hacia ellos. No pod¨ªa decidirme entre estar m¨¢s cerca de Mira, por afecto, o del guardia, por acatamiento, por lo que me coloqu¨¦ en medio de ambos, por compromiso. A Mira, sin embargo, poco le import¨® cualquier pensamiento o autoridad ajena. Me agarr¨® de los hombros con un abrazo y comenz¨® a guiarme por el camino en una especie de juego.
¡ª?Qu¨¦ limpio est¨¢ usted! ?Con esa guapeza, tengo que cuidarme para que una mujer no se lo robe debajo de mi nariz!
Creo que esta especie de payasada o espect¨¢culo serv¨ªa para distraerme un poco y, a la vez, ahuyentar a los pueblerinos que quieran demostrar su "afecto", como lo hab¨ªan hecho ayer.
Con una Mira hiperactiva, que me hac¨ªa sonrojar por su cercan¨ªa y sus halagos desmedidos, caminamos por el pueblo hasta llegar a nuestro destino: la casa m¨¢s grande del pueblo, como tambi¨¦n los aposentos del alcalde, la guarida del jefe final.
¡ªEs aqu¨ª ¡ªA¨ªto solt¨® una sonrisa agotada y se coloc¨® de costado para guiarnos por la entrada.
Le asent¨ª con la cabeza y Mira me dio empujoncitos hacia dentro. En el instante en que pusimos un pie en el edificio, Mira dio un paso hacia atr¨¢s, alej¨¢ndose, relaj¨® los hombros, y asumi¨® una actitud mucho m¨¢s calmada. Se puso a mi costado y me sonri¨®.
¡ª?Vamos? ¡ªpregunt¨® sencillamente.
Entramos a una sala grande, un espacio enorme con tan solo una mesa en el medio. Sentado en la mesa, un anciano reposaba tranquilamente, un juego de t¨¦ delante de ¨¦l. Han se encontraba a sus espaldas, mencion¨¢ndole algo al o¨ªdo; en el momento que entramos, se apart¨® hacia una pared de la sala. Y... Lo intentaba ignorar, pero parada en las esquinas de la habitaci¨®n estaba lo que claramente era su familia cercana: un hombre mayor, su mujer, una ni?a, una joven y un anciano. Solo necesitaba sus miradas punzantes cargadas de odio, desprecio y repugnancia; incluso la ni?a mostraba esa horrible expresi¨®n. Me odiaban. Era inevitable que me sintiera asqueroso en esa habitaci¨®n. Antes de que me diera cuenta, me hab¨ªa quedado paralizado, con el sudor escapando libremente por las palmas de mis manos y mi frente. Necesit¨¦ la ayuda de Mira para avanzar.
¡ªSi¨¦ntense, los dos. Si¨¦ntense, por favor ¡ªhabl¨® el anciano, su voz quebradiza y fr¨¢gil, caracter¨ªstica de su edad.
Hicimos lo instruido.
El hombre sirvi¨® t¨¦ para los tres. Al mismo tiempo, los dos guardias faltantes entraron por una puerta lateral y se colocaron a un lado de su compa?ero ya presente. Cada uno cargaba una expresi¨®n distinta: Para Sen, ira; para A¨ªto, tristeza; Han, en comparaci¨®n, no mostraba nada, en un aparente desinter¨¦s absoluto.
¡ªEs un orgullo sentarse con un Inovatio ¡ªdijo el anciano¡ª. Los Inovatio suelen visitar el pueblo con regularidad, pero disfrutan de su discreci¨®n, y no hacen un espect¨¢culo de su presencia. Su visita al pueblo siempre es espiritual...
¡ªEse era el motivo original de mi estad¨ªa ¡ªel tono de Mira era at¨ªpicamente gris.
¡ªPero parece que las cosas se mezclaron en alg¨²n momento, qu¨¦ problema... La ¨²ltima vez que tuve el placer de sentarme junto a un Inovatio fue hace m¨¢s de una d¨¦cada, quiz¨¢s dos... Vis Inovatio. Pocas personas he conocido que se asemejen a ¨¦l, ninguna que lo iguale.
¡ªVine para hablar de mi empleado ¡ªpor alguna raz¨®n, las palabras de Mira se enfriaron a¨²n m¨¢s.
Ten¨ªa un peque?o impulso nervioso de preguntarle qu¨¦ significaba eso de "empleado", pero asum¨ª que era un tipo de artima?a para ayudar su caso.
¡ªAh, s¨ª, s¨ª... ¡ªel anciano se hab¨ªa perdido en alg¨²n momento. Las palabras de Mira lo ayudaron a enfocarse¡ª. El extranjero... Qu¨¦ problema... Tengo entendido que varias personas atestiguaron el hecho... Yo har¨ªa lo que fuera para poder enmendar un poco del dolor de la familia del pobre Hise...
¡ªNo hay ning¨²n testigo visual ¡ªdijo Mira con notable fastidio¡ª. La ¨²nica evidencia es circunstancial. La ¨²nica prueba para entender lo que realmente sucedi¨® se encuentra en el cad¨¢ver y en ning¨²n otro sitio m¨¢s.
Nadie m¨¢s que el cacique realiz¨® la moci¨®n para tomar el t¨¦ que hab¨ªa sido servido. Incluso si Mira lo hac¨ªa, yo no lo iba a hacer; no estaba de humor para ello. Tras beber de su vaso, el anciano respondi¨® con preocupaci¨®n:
¡ªQu¨¦ problema... Yo ten¨ªa entendido que la evidencia contra el extranjero era s¨®lida... Qu¨¦ problema... Qu¨¦ problema...
¡ªTch.
... Con un movimiento cauteloso, gir¨¦ por primera vez la cabeza desde que inici¨® la sesi¨®n para mirar a Mira.
Era odio puro. Pod¨ªa ver que absolutamente detestaba a este hombre. Nunca hab¨ªa visto una expresi¨®n que siquiera se acercara a la que llevaba puesta; no cre¨ªa que algo as¨ª fuera posible. Sent¨ª mi coraz¨®n dar un vuelco al ver sus ojos, que cargaban el m¨¢s definitivo desprecio. "No quiero que me vea as¨ª" fue lo ¨²nico que pude pensar.
Sen no soport¨® m¨¢s y se acerc¨® a la mesa para arrodillarse del lado del cacique.
¡ªCacique, si me permite. El extranjero fue encontrado con el cuchillo de Hise. El extranjero tambi¨¦n fue visto entrando al bosque la misma noche en que Hise desapareci¨®. Si me permite opinar, toda esta evidencia es m¨¢s que contundente.
¡ªYa veo... Ya veo... Pero la se?orita Inovatio aqu¨ª ten¨ªa algo que mostrarnos, ?no es as¨ª?
Sen no pod¨ªa creer el comportamiento del cacique.
¡ªS¨ª ¡ªsent¨ªa que la voz de Mira pod¨ªa congelar mis o¨ªdos¡ª. No es de buen gusto mostrar la evidencia en esta sala, pero los tres guardias pueden corroborar el hecho de que el cad¨¢ver presentaba las heridas caracter¨ªsticas de la v¨ªctima de un chaeki.
¡ªYa veo... Ya veo... Eso es ciertamente muy revelador...
¡ªCacique, por favor, escuche ¡ªla dicci¨®n de Sen se volvi¨® m¨¢s apresurada y nerviosa¡ª; el extranjero, para excusarse de su accionar completamente irrisorio, asegura que es un amn¨¦sico. Todo esto es completamente rid¨ªculo y no se le deber¨ªa dar el beneficio de la duda de esta forma-
¡ªYa, Sen ¡ªel anciano interrumpi¨® de manera prematura las palabras del guardia.
¡ª?Q-qu¨¦? ¡ªel guardia no entend¨ªa su comportamiento. Francamente, yo tampoco.
¡ª?No ves que el joven extranjero est¨¢ siendo respaldado por un Inovatio? ¡ªdijo el anciano con un matiz de alegr¨ªa socarrona, como si estuviera dejando caer el pedazo de informaci¨®n m¨¢s sorpresivo y contundente.
Observ¨¦ a Mira para intentar entender qu¨¦ estaba sucediendo, pero ella mantuvo su g¨¦lida expresi¨®n.
¡ªCacique- ?Heki! ??Qu¨¦ le ocurre!? ?Act¨²e con racionalidad, por favor! ?No es posible dejar ir a un criminal con semejante coartada! ?Es inadmisible!
A¨ªto se sum¨® a la conversaci¨®n, pero desde su esquina del cuarto.
¡ªCacique, por favor, esc¨²cheme. El extranjero fue enga?ado para ir al bosque a pesar del peligro... Antes de eso, el extranjero vino a pedir ayuda al cuartel porque estaba perdido. ?Por qu¨¦ alguien que pide ayuda luego asesinar¨ªa al que pretend¨ªa que lo ayude? Lo vi incluso antes de que ocurriera lo de Hise; no ten¨ªa malicia en su cara, solo estaba muy confundido. Es un chico inocente que necesita ayuda... ¡ªA¨ªto me defendi¨® con un derroche de empat¨ªa o culpa en su voz. No sab¨ªa qu¨¦ hab¨ªa hablado con Mira ayer, pero ser¨ªa ingenuo pensar que no ten¨ªa la mano metida en todo esto.
Las miradas de los familiares tambi¨¦n eran de confusi¨®n. Pod¨ªa ver a la ni?a inclinarse para preguntarle algo a la madre, quien ten¨ªa sus ojos clavados en m¨ª.
Al anciano, jefe de pueblo, nada de lo que suced¨ªa a su alrededor parec¨ªa importarle; segu¨ªa en su propio mundo.
¡ªPens¨¦ que morir¨ªa antes de poder hablar con un Inovatio nuevamente. ?Ay, alegr¨ªa! ¡ªexclam¨®, a la vez que Mira lo fulminaba con ojos de aborrecimiento absoluto.
Esta conversaci¨®n era completamente surrealista. Y me estaba perdiendo en la inmensidad de las emociones a mi alrededor. El desprecio de Mira, la expresi¨®n embelesada del anciano, la repulsi¨®n de los familiares hacia m¨ª, la confusi¨®n de Sen, que interrump¨ªa a ratos para voltearse y hacerme saber el odio que me ten¨ªa, la confusi¨®n de A¨ªto, que era paulatinamente reemplazada por tristeza, y la cara de nada absoluta de Han. Todos estaban hablando al mismo tiempo y nadie dec¨ªa nada. No pod¨ªa escuchar nada. Hab¨ªa una espesa nube de presi¨®n en la sala que amenazaba con aplastarme en cualquier momento. Probablemente era una ilusi¨®n, pero incluso sent¨ªa que no pod¨ªa respirar-
¡ª?Te pudrir¨¢s en el infierno!
Todo el mundo pareci¨® detenerse cuando la ni?a peque?a levant¨® la voz.
¡ª?Te pudrir¨¢s en el infierno! ?Y sufrir¨¢s 1000 veces la muerte y el dolor que provocaste cuando estabas en esta tierra! ?Nadie llorar¨¢ tu muerte! ?Y nadie te querr¨¢ en vida!
Os¨¦ mirar en direcci¨®n a la voz forzada de la ni?a. Sus ojos llenos de rabia estaban empapados por unas gruesas l¨¢grimas que llegaban a cubrir todas sus mejillas. Lo que dijo lo lanz¨® como una maldici¨®n que deseaba con todo su peque?o coraz¨®n que se cumpliera.Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation.
Ten¨ªa ganas de vomitar.
¡ªPienso capitular ¡ªMira rompi¨® la gruesa capa de silencio para repetir una proposici¨®n¡ª. Mi plan es que los tres guardias, junto a mi empleado, al que proteger¨¢n dada su falta de aptitudes, hagan una expedici¨®n de cacer¨ªa al bosque. Buscar¨¢n el chaeki, encontrar¨¢n pruebas de su exilio, y todo volver¨¢ a la normalidad.
¡ª??C¨®mo puedes decir que todo volver¨¢ a la normalidad cuando Hise est¨¢ muerto!? ¡ªSen se ofendi¨® con lo que sugiri¨® Mira cerca del final. Al mismo tiempo, la se?ora mayor rompi¨® en llanto desconsolado.
¡ªNo estoy diciendo que la muerte del guardia Hise no sea significativa; no quiero insinuar que el pueblo deber¨ªa olvidarse de ¨¦l. Por el contrario, lo que estoy diciendo es que concentrar la ira nacida del duelo en un completo inocente, como el chico que tengo a mi lado, es lo m¨¢s alejado a "justicia" que puede existir. Es mi opini¨®n, quiz¨¢s err¨®nea, que incluso el fallecido no desear¨ªa ser recordado de esta manera. Yo colaborar¨¦ para llevar a cabo su velatorio, si es lo que se requiere de m¨ª; as¨ª como colaboro todos los a?os para mantener econ¨®micamente a este pueblo. Esta aldea es significativa para m¨ª. No, m¨¢s que eso, esta aldea es significativa para mi familia. No puedo ir contra los deseos de mi familia, y esos deseos, en esta oportunidad, son cuidar de este pueblo con la mayor dedicaci¨®n posible. Sin embargo, he encontrado aqu¨ª a un hombre libre de culpa y libre por derecho; ir¨ªa en contra de todos mis principios si permito que un joven as¨ª muera por los deseos de una mayor¨ªa que ni siquiera quiere escuchar lo que tiene para decir. Lo que estoy buscando, al final de cuentas, no es m¨¢s que este pueblo, el pueblo que yo protejo, escuche la versi¨®n de un joven del cual, conf¨ªo plenamente, es inocente. La evidencia que present¨¦ no ha sido refutada. La evidencia en su contra es significativa, pero no contundente. Tomar una medida punitiva ser¨ªa, indiscutiblemente, prematuro. Si mi proposici¨®n es aceptada, la inocencia o culpabilidad del chico ser¨¢, con cada segundo que pase, m¨¢s evidente. El tiempo es todo lo que este caso necesita, y es todo lo que realmente estoy solicitando en esta audiencia. Creo en este pueblo y en su gente, y, por lo tanto, estoy totalmente confiada en que, incluso en esta sensible situaci¨®n, ser¨¢n capaces de observar con claridad y tomar la decisi¨®n m¨¢s coherente y justa.
Mira arremeti¨® s¨²bitamente con una r¨¢faga irrefrenable de argumentos que dej¨®, a la fuerza de puro volumen y cantidad, a todos en silencio.
Una persona fue la primera en reaccionar. El anciano contorsion¨® toda su cara para abrir sus ojos en su m¨¢xima capacidad y liberar una sonrisa a boca abierta de pura emoci¨®n infantil.
¡ª?Ja! ?Ah¨ª est¨¢! ?Eso es un Inovatio!
Al terminar la conversaci¨®n solo hab¨ªa dos personas cuya expresi¨®n se mantuvo inalterada: Mira y Han.
Me sent¨ªa pat¨¦tico. Obviamente me sent¨ªa pat¨¦tico. No abr¨ª la boca en ning¨²n momento de la conversaci¨®n. Nunca intent¨¦ defenderme. Dej¨¦ todo en manos de Mira otra vez. ?Acaso planeaba seguir as¨ª por siempre? ?Era tan inservible que no pod¨ªa ni siquiera aportar al caso de Mira? Para este punto pod¨ªa considerarme plenamente un objeto.
Levant¨¦ la voz a un volumen que deber¨ªa ser inaudible para el resto-
¡ªQu¨¦ in¨²til.
6
Antes de la audiencia, a uno de los guardias se le hab¨ªa encargado cuidar al extranjero por una noche. Siendo esta una oportunidad que no se pod¨ªa desaprovechar, Mira actu¨®, entablando una conversaci¨®n sin su empleado.
¡ª?El chico se encuentra bien?
¡ªSigue herido, le atravesaron una lanza por la mano.
¡ªLo s¨¦ ¡ªel joven solamente pudo responder con una mirada culposa a sus manos.
Lo que pensaba, de manera no muy racional, era que pod¨ªa haber detenido a su compa?ero antes de que tomara esa medida desmesurada.
¡ªT¨² pareces razonable.
Mira lo ve¨ªa todo.
¡ª?Desea hablar de algo?
¡ªMe gustar¨ªa. Quiero hablar un poco de este chico, quiz¨¢s una mente del pueblo sepa un poco m¨¢s que yo.
¡ªSi est¨¢ preguntando si lo conozco, ya deber¨ªa saber que no. Para toda la aldea, ¨¦l es un extranjero.
¡ªYa lo s¨¦. Solo quer¨ªa saber el punto de vista de alguien con m¨¢s ra¨ªces al pueblo, eso es todo.
¡ª?Qu¨¦ le interesar¨ªa saber?
Mira cambi¨® una pregunta por otra:
¡ª?Quieres saber c¨®mo lo conoc¨ª?
¡ª?Eh?
¡ªC¨®mo conoc¨ª al chico. Lo conoc¨ª en este pueblo. ?Quieres saber c¨®mo fue nuestro encuentro?
¡ªEst¨¢ bien... ¡ªel guardia permiti¨® ser llevado por la conversaci¨®n.
Mira sonri¨®.
¡ªEstaba escondido a pocas casas de donde resido, metido dentro de un callej¨®n. Mi residencia est¨¢ sobre el r¨ªo, por si te interesaba.
¡ªAh. Creo que s¨¦ a cu¨¢l te refieres.
¡ªS¨ª. Esa que est¨¢ vac¨ªa todo el a?o... Como dec¨ªa, el chico estaba en ese callej¨®n. Yo lo encontr¨¦ y me acerqu¨¦ para observarlo de cerca, pero ¨¦l dif¨ªcilmente parec¨ªa poder percatarse de mi presencia, a pesar de encontrarme frente a ¨¦l. Decid¨ª acercarme todav¨ªa m¨¢s, hasta encontrarme a unos pocos pasos, me hab¨ªa dado curiosidad por razones obvias.
¡ª?Razones obvias? ?A qu¨¦ te refieres?
¡ªSu pelo, por supuesto. ?Has visto a alguien con ese color de pelo en tu vida?
¡ªNo... Asum¨ª que proven¨ªa de una regi¨®n lejana.
¡ªNo hay ninguna regi¨®n lejana en donde ese cabello sea com¨²n. Eso fue lo que me impuls¨® a acercarme... ¡ªMira se detuvo y mir¨® al suelo, recordando algo¡ª, Cuando estaba a unos pocos pasos de ¨¦l, finalmente me registr¨® de manera visual. El motivo por el que tard¨® tanto en hacerlo, me enter¨¦ en ese mismo momento, era su terrible estado de salud.
¡ª?La mano? ¡ªel guardia record¨® que su extremidad ya estaba lastimada antes de ser tra¨ªdo aqu¨ª; pero durante su primer encuentro luc¨ªa completamente sano.
Mira hizo una se?a con la mano para indicarle que ya llegar¨ªa a eso.
¡ªLo primero que intent¨® hacer fue robarme. A pesar de que apenas se pod¨ªa mantener parado.
Que haya dicho eso confundi¨® al guardia. ?Por qu¨¦ admitir¨ªa un crimen de alguien de quien quer¨ªa probar su inocencia?
¡ªRecuerdo v¨ªvidamente c¨®mo me dijo que lo mejor que pod¨ªa hacer era entregarle todo lo que ten¨ªa... "Por favor".
¡ª?Por favor?
Mira rio cordialmente.
¡ªS¨ª, me pidi¨® por favor. En su mano sosten¨ªa un vidrio partido que us¨® para amenazarme, se hab¨ªa cortado accidentalmente con eso todo el brazo hasta la mu?eca. Estaba cubierto de sangre hasta el antebrazo. Le quit¨¦ el objeto de la mano y ¨¦l no se resisti¨® porque ni siquiera pod¨ªa moverse. Le pregunt¨¦ su nombre, su lugar de procedencia e incluso su familia; porque, a pesar de toda la suciedad que cargaba, se notaba que sus manos y pies estaban excepcionalmente cuidados.
¡ªSus memorias...
¡ªComenz¨® a llorar. Sin ni siquiera poder verme con claridad, me pidi¨®, por favor, ayuda. Le pregunt¨¦ qu¨¦ le pasaba, obviamente no ten¨ªa idea del tema de sus memorias a¨²n, lo ¨²nico que me contest¨® fue: "Tengo miedo".
A¨ªto era altamente emp¨¢tico; obviamente, esa era la raz¨®n por la que Mira le estaba contando todo esto. Y, aunque ¨¦l se percataba vagamente de sus intenciones, no pudo evitar morderse el labio y lamentarse por la historia.
¡ªEntonces lo recog¨ª, y ¨¦l se dej¨® arrastrar sin resistencia alguna. Cuando lo llev¨¦ a mi casa y, poco despu¨¦s, cuando lo interrogu¨¦, entend¨ª todo lo que le suced¨ªa. Claramente, se estaba desangrando, ?pero c¨®mo hab¨ªa llegado hasta ese punto sin darse cuenta? ¨¦l no lo sabe, pero probablemente no hab¨ªa comido desde hace m¨¢s de una semana, como m¨ªnimo. Grandes ojeras, debilidad, mareos; estaba tan cansado que de vez en cuando se dorm¨ªa en el lugar; primero pens¨¦ que fue por el desangrado, pero en los d¨ªas siguientes, con su mano tratada, ¨¦l lo segu¨ªa haciendo. No ten¨ªa otro s¨ªntoma que demostrara una enfermedad, era hambre pura. Cuando le di una sopa, fue tan intensa su felicidad que llor¨®.
¡ªEntiendo...
¡ªAhora, ?te parece razonable que un hombre as¨ª, en ese estado, decida, sin ning¨²n buen motivo, asesinar a alguien? Es francamente est¨²pido. M¨¢s que eso, es imposible. El guardia estaba bien entrenado, ?no? ?Y le gan¨® un chico que no hab¨ªa comido ni dormido bien desde hac¨ªa m¨¢s de una semana? ?Hiri¨¦ndolo numerosas veces en las piernas?
¡ªYa... Ya s¨¦ que el extranjero no es culpable, estoy seguro de que Sen tambi¨¦n lo sabe. Con solo ver el cad¨¢ver es posible darse cuenta... Solamente es algo que...
Mira lo observ¨® un segundo con la ceja levantada, esperando explicaciones. Cuando esas explicaciones se tardaron en llegar, ella suspir¨®.
¡ªPerd¨®n. Me fui por la tangente. Solo quer¨ªa preguntar si ten¨ªas alguna idea de lo que le pudo haber sucedido. ?Ocurri¨® algo extra?o en el pueblo?
¡ªNo, nada... Estuvimos ocupados con el festival, por lo que no tuvimos mucho tiempo para asuntos externos al pueblo... Quiz¨¢s...
¡ª?Quiz¨¢s...?
¡ªLa raz¨®n por la cual Hise fue al bosque para empezar. Fue al atardecer. Estaba junto a ¨¦l en la entrada. Yo estaba hablando con una mujer del pueblo, y entonces, repentinamente, ¨¦l comenz¨® a decir que hab¨ªa visto un hechizo siendo invocado en el bosque... Al resto del pueblo le pareci¨® m¨¢s un simple rayo, al escuchar su descripci¨®n de "pilar de luz en el cielo", tambi¨¦n me son¨® a un rayo; pero ¨¦l estaba convencido. Insisti¨® en ir un momento a revisar... No s¨¦ por qu¨¦ decid¨ª no acompa?arlo... Nunca m¨¢s volvi¨®. Al principio pensamos que se hab¨ªa escondido en la casa de alguna de sus novias en la aldea... Nos equivocamos.
Mira hab¨ªa conseguido una interesante pieza de informaci¨®n. Y, al ver al guardia retra¨ªdo en s¨ª mismo al evocar la memoria del fallecido, concluy¨® que la conversaci¨®n estaba bien finalizada en ese punto.
¡ªGracias por escucharme... A¨ªto, ?cierto?
¡ªCorrecto. Puede quedarse por el tiempo que desee.
Mira sonri¨® y agit¨® su mano.
¡ªNo, no. Ya es tiempo para que me retire. Prefiero dormir en mi residencia, de igual forma.
Camin¨® hasta la entrada y realiz¨® una leve reverencia.
¡ªHasta luego, se?ora Inovatio.
¡ªNos vemos~
7
Al terminar la audiencia, todos los miembros se marcharon de la residencia para dirigirse a sus destinos personales: la familia, a transitar el duelo en sus viviendas; el empleado y su empleador, a prepararse por lo que ten¨ªan delante; y los guardias, los m¨¢s tard¨ªos en salir, a realizar las preparaciones pertinentes. Estos ¨²ltimos, sin embargo, no permanecieron m¨¢s de dos pasos como una unidad al salir a la calle.
¡ªSen.
El guardia de pelo azul demostraba con su expresi¨®n que lo ¨²nico que deseaba era apaciguar la situaci¨®n y calmar a todos los involucrados.
Pero el llamado no tard¨® en derribarlo al suelo, asustando a todos los transe¨²ntes en la zona.
¡ª??QU¨¦ MIERDA FUE ESO, A¨ªTO!?
El atacante no tard¨® en inmovilizar al hombre y levantar un pu?o lo m¨¢s alto que su hombro le permit¨ªa, apunt¨¢ndolo a su rostro.
El guardia en el suelo no se resisti¨®, simplemente permaneci¨® con su melanc¨®lica expresi¨®n, sus ojos cargados de des¨¢nimo mir¨¢ndolo directamente.
¡ª???Te puedo permitir intentar calmarnos!!! ???Hacernos pensar un poco, antes de decidir ejecutarlo!!! ??Pero c¨®mo te atreves a defenderlo!? ??Qu¨¦ es esta mierda!? ??Acaso est¨¢s del lado del enemigo!? ??Acaso te compr¨® esa Inovatio!?
¡ªSen... Sabes que estoy en lo correcto... Sabes todo esto tan bien como yo...
¡ª???No te atrevas a decir eso!!! ???Nunca te perdonar¨¦ esta traici¨®n!!! ?Lo juro en nombre de Hise!
A¨ªto tampoco hab¨ªa transitado el duelo por el fallecimiento de su amigo; nunca se hab¨ªa permitido hacerlo. Su razonamiento, en ese aspecto, era igual. Y su sentimiento de culpa era quiz¨¢s mayor; ¨¦l hab¨ªa sido el ¨²ltimo en ver a su hermano de armas.
¡ªHise... ¡ªal joven se le rompi¨® la voz, esto era lo m¨¢s cercano a llorar que el guardia pod¨ªa hacer, y Sen lo sab¨ªa, por eso lo conmocion¨® y lo hizo retroceder un poco en su ofensiva¡ª. ... Hise no querr¨ªa que matemos a alguien inocente por ¨¦l... ¡ªSus ojos, brillando por la humedad que no sal¨ªa, siguieron apuntando directo al otro guardia.
Luego de quedar un rato en silencio, el casta?o lo empuj¨® contra el suelo y se desprendi¨® de ¨¦l.
¡ª?Qu¨¦ mierda es eso, A¨ªto...?
Se dio la vuelta y camin¨® unos pasos tambaleantes en la direcci¨®n contraria, hasta que se despidi¨®:
¡ªNos vemos en la cacer¨ªa.
A¨ªto permaneci¨® un rato tumbado; mirando a ning¨²n lugar en particular hasta que un peat¨®n se envalenton¨® lo suficiente para darle una mano y ayudarlo, entonces un grupo de pueblerinos se reuni¨® a su alrededor. A¨ªto era probablemente el individuo m¨¢s popular dentro del pueblo, quiz¨¢s con excepci¨®n del cacique. Sin embargo, eso no significaba que todos estar¨ªan siempre de manera inquebrantable a su lado. En este caso, lo que prontamente ocurri¨®, es que el pueblo se dividi¨® de manera firme entre aquellos que apoyaban a A¨ªto, incluso ahora, y aquellos que apoyaban a Sen. Los familiares de Hise, el fallecido, se encontraban en este ¨²ltimo grupo.
Han no hizo siquiera una moci¨®n para intervenir, ni una moci¨®n para ayudar. Esta era su responsabilidad... cre¨ªa. ?Pero cu¨¢l exactamente? Sus dos responsabilidades peleando frente a sus ojos, ?cu¨¢l responsabilidad deber¨ªa tomar? ?Qu¨¦ era exactamente su responsabilidad? A medida que el tiempo pasaba, la respuesta a esa pregunta se volv¨ªa m¨¢s difusa.
Por lo tanto, el hombre solamente permaneci¨® en silencio, observando, como espectador. Su expresi¨®n era una de fr¨ªa resignaci¨®n. Helada resignaci¨®n.
CapÃtulo 9 - Las personas no cambian por perder un par de recuerdos - Parte 1
1
¡ª?Estamos seguros de que el guardia no me asesinar¨¢ ni bien pisemos el bosque? Y dir¨¢: "Oh, a ese lo mat¨® el duende, no hubo nada que pudi¨¦ramos hacer. Qu¨¦ l¨¢stima."
¡ªYa te dije que no. No suceder¨¢ eso.
¡ª???Est¨¢s segura???
¡ªS¨ª.
¡ª?S¨ª de que me suicidar¨¢n o s¨ª de que no lo har¨¢n?
¡ªSuicida- ?Qu¨¦? Deja de ponerte nervioso a ti mismo. Nada de eso ocurrir¨¢.
¡ª?Segur¨ªsima?
¡ªS¨ª... Si sigues as¨ª, te terminar¨¦ matando yo antes de que llegues a los guardias.
Eso me hizo tirarme para atr¨¢s. Viniendo de Mira, uno simplemente no sabe.
¡ª?Por qu¨¦ te asustas? ?Realmente piensas que te har¨ªa algo? ?Qu¨¦ tan desconfiado puedes ser...? Entra a la casa y come; le ped¨ª a Yoi que traiga un postre.
¡ª?Un postre? ?Esas bayas "ao¨ªras", o como se llamen?
Mira no me contest¨®, solo puso la llave en la puerta y desenfoco la mirada, como viendo un punto distante; supongo que pensando en algo profundo.
¡ªTu ¨²ltima cena...
??Qu¨¦!?
¡ª?M-Mira? ?Qu¨¦ dijiste?
Me mir¨® e hizo la moci¨®n de estar sec¨¢ndose una l¨¢grima.
¡ª¡ªNunca perd¨ª un empleado tan joven...
¡ª?Mira, no me hagas ir! ?No quiero! ?No! ?Basta, basta! ?Ya deber¨ªa ser suficiente con lo de las lastimaduras en las piernas! ??No!?
Mira aplast¨® su palma en mi espalda y me tir¨® para adentro de la casa.
¡ªYa entr¨¢ de una buena vez. No te va a pasar nada.
Cuando entr¨¦, me distraje viendo los pasillos de la casa. Mi ¨²ltima estad¨ªa aqu¨ª la hab¨ªa pasado mayormente acostado en una cama. No hab¨ªa tenido mucho tiempo para ver el lugar. Era lujoso, completamente cubierto de muebles y decoraciones que parec¨ªan terriblemente antiguas, aunque la mayor¨ªa de las cosas en este pueblo luc¨ªan as¨ª. El jard¨ªn interior era lo m¨¢s inmediatamente llamativo, s¨ª, pero todo el resto de la casa tambi¨¦n era un espect¨¢culo. Se sent¨ªa simplemente como estar en un lugar importante, o un lugar en donde hab¨ªa gente importante, al menos.
¡ª?Yoi! ?Est¨¢s en casa?
La sirvienta entr¨® como si hubiera estado esperando en el otro lado de la puerta.
¡ªS¨ª, se?ora.
Hizo una leve reverencia hacia Mira y yo, al no saber qu¨¦ hacer, levant¨¦ una mano en un t¨ªmido saludo. La sirvienta sonri¨® y dirigi¨® una leve reverencia hacia m¨ª.
¡ªYoi, ?ten¨¦s el postre que ped¨ª? ¡ªLa forma de hablar de Mira cambi¨® como por cuarta vez, pero lo m¨¢s interesante es que la sirvienta produjo de detr¨¢s un plato grande de unos frutos peque?os, rojos, cubiertos por una l¨¢mina de az¨²car o dulce. El verdulero era un verdadero asno, los frutos que le llev¨¦ estaban perfectamente utilizados ah¨ª. Y era dif¨ªcil de creer que Mira adquirir¨ªa un postre barato.
¡ª?Ah! ¡ªMira chill¨® como una ni?a, y se sent¨® r¨¢pidamente en la mesa de la entrada.
Alternando su mirada entre el plato y yo, Mira le dio palmaditas al colch¨®n del costado para que me sentara. Me decid¨ª sentar en el espacio opuesto, y ella respondi¨® haciendo un puchero que se desvaneci¨® de su cara en el instante que la sirvienta apoy¨® el plato en la mesa.
¡ª?C¨®mo se supone que se come esto? ¡ªNo hab¨ªa un cubierto a la vista. Por ahora todas mis comidas hab¨ªan sido con cuchara; aunque Mira hab¨ªa utilizado, alguna vez, tenedor y cuchillo.
Mira me respondi¨®, con brillitos en los ojos,
¡ªCon esto:
Yoi, con una sonrisa de satisfacci¨®n en el rostro, le entreg¨® unos palillos que Mira acomod¨® en su mano y utiliz¨® para levantar uno a uno los frutitos endulzados y llevarlos a su boca. Cuando pinch¨® con sus dientes el fruto, la chica apenas dej¨® escapar un gemido casi er¨®tico que me dej¨® levemente atolondrado.
...
Pasaron los segundos y mi coraz¨®n estaba en su l¨ªmite aguantando los gemidos de Mira. Malditas sean las hormonas. Pero, m¨¢s importante que eso, Mira hac¨ªa ver el plato que estaba comiendo como absolutamente delicioso. Me ten¨ªa que secar la baba para resistir el apetito.
¡ªY... ?Y yo? ?Yo puedo comer?
¡ªNo lo s¨¦. ?Puedes? ¡ªdijo, sin mirarme.
Asent¨ª con la cabeza varias veces.
¡ªYo creo que s¨ª, puedo.
¡ª?Est¨¢s muy seguro?
¡ªS¨ª. Creo que s¨ª...
¡ª?Segur¨ªsimo?
¡ªS¨ª...
Mira agarr¨® una de las uvas y la acerc¨® a m¨ª... Yo abr¨ª la boca para aceptar su obsequio divino... La pod¨ªa saborear... Estaba ah¨ª... Aaaahhhhhhhh...
Entonces, Mira la arrebat¨® de la punta de mi lengua.
¡ª?Por qu¨¦...? ¡ªpregunt¨¦ con profunda tristeza.
¡ªNecesito que vayas a la cacer¨ªa ¡ªdijo con firmeza, con crueldad.
¡ª?Por qu¨¦...? ¡ªpregunt¨¦ nuevamente, sin poder apartar la mirada del dulce.
¡ªPorque promet¨ª que iba a enmendar tu relaci¨®n con el pueblo, ?lo recuerdas?
Eso me quit¨® del trance y logr¨® que me pusiera serio por un momento.
¡ª?Est¨¢s segura de que funcionar¨¢...? ?Podr¨¦ enmendar mi relaci¨®n con el pueblo, as¨ª nada m¨¢s...?
¡ªNo es una soluci¨®n milagrosa. No te aceptar¨¢n todos de un d¨ªa para otro; pero, es un gran avance. Adem¨¢s, tengo otras cosas preparadas.
Dud¨¦ por un momento, como si tuviera otra opci¨®n, pero ced¨ª.
¡ªEst¨¢ bien. Ir¨¦ a la cacer¨ªa. Conf¨ªo en ti, Mira.
¡ªBien, ir¨¢s ma?ana ¡ªrespondi¨®.
Acerc¨® los palillos hacia m¨ª nuevamente. Yo sonre¨ª y abr¨ª la boca para aceptar la recompensa.
Pero la alej¨® el dulce otra vez.
¡ª??Por qu¨¦!?
Me frustr¨¦ con el juego tonto, sin embargo, not¨¦ que la chica ten¨ªa una mueca muy seria.
¡ª¡ª?Mira?
¡ªNecesito que me prometas otra cosa ¡ªdijo, utilizando un tono de voz inusualmente apagado.
¡ª?S¨ª? ¡ªNo ten¨ªa idea con qu¨¦ me iba a venir.
¡ªEl guardia, A¨ªto, estar¨¢ ah¨ª para protegerte. Pero, aun as¨ª... Necesito que te cuides, ?est¨¢ bien? Cu¨ªdate, por favor ¡ªhabl¨®, mirando a sus piernas, una expresi¨®n algo melanc¨®lica en su cara.
"Cu¨ªdate, por favor." Sent¨ª que me hubieran despertado con agua. La capacidad y la confianza de Mira eran peligrosas; no solo por su forma de utilizar esas cualidades como armas; sino en el aspecto de que, estando a su lado, es muy f¨¢cil embriagarse de su aptitud y esperar que ella resolviera todo lo que uno tiene enfrente. Mira es un humano. Un humano extremadamente capaz, pero humano en fin. No puede calcular, ni controlar, todos los resultados y consecuencias. En pocas palabras, necesitaba cargar mi propio peso, por lo menos; y no deb¨ªa dejar que Mira hiciera todo por m¨ª.
Llegu¨¦ a mi decisi¨®n.
¡ªEntiendo, Mira. Lo har¨¦, volver¨¦ a salvo.
Mira me sonri¨®, sab¨ªa que hab¨ªa entendido lo que me quer¨ªa decir. Agarr¨® los palillos y los meti¨® bruscamente hasta el fondo de mi boca. Casi me atraganto, pero logr¨¦ consumir exitosamente el dulce.
¡ª... ¡ª?Qu¨¦ rico era!
2
¡ªSe?or ¡ªestaba jugando ansiosamente con uno de los palillos para la boca, cuando la sirvienta me llam¨®.
¡ª?S¨ª?... Yoi, ?cierto?
Ella asinti¨® con una leve reverencia. Me sent¨ª inc¨®modo sentado mientras ella permanec¨ªa de pie, por lo que me levant¨¦ r¨¢pidamente e intent¨¦ guardar el palillo en un bolsillo inexistente de la toga.
¡ª?Se encuentra nervioso? ¡ªme pregunt¨® con una sonrisa. Sus sonrisas no eran como las de Mira. Eran m¨¢s honestas, sinceras.
¡ªA decir verdad... S¨ª ¡ªestuve a punto de lanzar el palillo a un costado, pero me contuve y solo lo escond¨ª con ambas manos.
¡ª?Le tiene miedo al bosque?
¡ªPor supuesto que le tengo miedo al bosque... Hay duendes en ¨¦l, ?sab¨ªa?
La sirvienta se r¨ªo un momento. Deb¨ªa tener unos treinta-y-largos o cuarenta-tempranos. El vestido de sirvienta era, tradicionalmente, blanco y negro, y llegaba al suelo.
¡ªS¨ª. Lo sab¨ªa. Pero, por alguna raz¨®n, siento que eso no es lo que lo preocupa ¡ªme contest¨®.
?Oh? La verdad era que no estaba pensaba en mucho. No entend¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa.
¡ª?De qu¨¦ est¨¢ hablando?
¡ªNo es necesario que me trate tan formalmente. Lo que estoy diciendo es que, si estuviera nervioso por la cacer¨ªa, estar¨ªa buscando a la se?ora en este momento; pero no est¨¢ haciendo eso. M¨¢s all¨¢ de eso, es mi opini¨®n que usted se comportaba igual de nervioso incluso cuando se estaba recuperando en la residencia.
¡ªAh... Es posible.
Era cierto que por alg¨²n motivo me encontraba extra?amente desapegado de mis circunstancias. Cuando me parec¨ªa que mi mano pod¨ªa estar infectada no me preocup¨¦. Sent¨ª un poco de temor momentos antes de la audiencia, pero no me pareci¨® que fuera por la audiencia en s¨ª. Era dif¨ªcil de explicar... Era...
¡ª?Qu¨¦ es lo que lo tiene tan ansioso? ¡ªla sirvienta me sent¨® en la almohada en la que estaba antes de que iniciara la conversaci¨®n.
¡ªMe parece que...
Por alg¨²n motivo, no pod¨ªa pronunciar las palabras. Sab¨ªa qu¨¦ era lo que me suced¨ªa, pero tem¨ªa incluso mencionarlo.The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.
¡ª?Es por la se?ora?
?Mira? Mira no era el problema. Ella me ayud¨® en innumerables ocasiones. Ella quiz¨¢s amplificaba en ocasiones el sentimiento que se empez¨® a formar, pero no era la culpable. Ella no. Lo que pasaba era solo que...
¡ªTengo miedo de-... ¡ªdije a medias.
¡ª?A qu¨¦ le tiene miedo?
Me daba miedo decirlo. Sent¨ªa que, quiz¨¢s, si lo dec¨ªa, se volver¨ªa realidad, y eso me aterraba. Pero la mujer me ayud¨®, cuid¨® de m¨ª, me dio comodidad y calidez, por eso no sent¨ª tanta aversi¨®n a serle honesto.
¡ªTengo miedo de recuperar mis memorias
Mi respuesta extra?¨® a la mujer. Claro, no hab¨ªa ning¨²n manual no-especializado de tratamiento de amn¨¦sicos. Quiz¨¢s, la idea de que me aterrara recordar lo que perd¨ª le parec¨ªa est¨²pida. Pero era lo que estaba sintiendo desde hace un buen tiempo. Es decir, si mis primeros d¨ªas con memoria fueron tan malos, ?c¨®mo habr¨¢n sido los d¨ªas que ni siquiera recuerdo? Si tanta gente me lleg¨® a odiar de manera tan intensa solamente en este pueblo, ?c¨®mo me habr¨¢n odiado las personas que realmente conoc¨ªa? Recuperar mis memorias me aterraba.
¡ª?Por qu¨¦ le teme a semejante cosa?
Ella segu¨ªa de pie a un costado de la mesa, era posible que sentarse junto a alguien que estaba sirviendo era de mala educaci¨®n; pero, entre la incomodidad de inclinarme para verla, y la incomodidad de revelar mis miedos, no pude hacer m¨¢s que mirar al palillo que ten¨ªa sobre mis piernas cruzadas.
¡ª?Qu¨¦ tal si fui una mala persona? ?Qu¨¦ tal si nadie me quer¨ªa?
Eran los sentimientos de un ni?o, lo entend¨ªa; pero no pod¨ªa evitar pensarlo.
¡ªSe?or ¡ªdijo la mujer, algo exasperada. Se arrodill¨® a mi lado¡ª, Se?or, usted no es una mala persona.
¡ª?C¨®mo saberlo? Si ni siquiera yo puedo decirlo con seguridad.
¡ªSe?or, lo conoc¨ª lo suficiente para saber el tipo de persona que es.
¡ªTal vez no ahora, pero quiz¨¢s antes era una mala persona. Por lo general, la gente com¨²n y corriente no se mete en situaciones de las que puede despertar en un bosque sin memorias.
¡ªLa gente mala no es tan f¨¢cil de cambiar. Las personas no cambian por perder un par de recuerdos ¡ªme sonri¨® de manera p¨ªcara¡ª. Si eso fuera cierto, les estar¨ªan dando golpes en la cabeza y contusiones a los criminales ¡ªpint¨® una imagen algo curiosa.
¡ªIncluso as¨ª, ?c¨®mo s¨¦ que quiero recuperar las memorias? ?C¨®mo s¨¦ que no estoy mejor sin ellas?
¡ªNo lo puede saber. Pero lo que yo le puedo decir es que, conoci¨¦ndolo, estoy seguro de que tiene gente importante que lo est¨¢ esperando. Ni siquiera es necesaria mi mirada subjetiva sobre el asunto. Mire sus manos, mire sus pies, mire su cara, mire sus dientes, mire su pelo. Todo de usted est¨¢ perfectamente cuidado. Su familia era una que lo proteg¨ªa hasta ese punto, y que ten¨ªa los medios para hacerlo, incluso.
¡ª?Mis manos, mis pies? ?Qu¨¦ tienen?
La sirvienta agarr¨® mi mano derecha y puso su izquierda paralela a ella, para compararlas.
¡ª?No lo ve? El cuidado que tiene en su cuerpo.
Su mano era ¨¢spera y callosa, la mano de un trabajador f¨ªsico. En comparaci¨®n a la suya, mi mano era suave, casi se pod¨ªa describir como delicada. Mi cabeza empez¨® a quemar levemente, otra vez hab¨ªa una discrepancia entre mi sentido com¨²n y la realidad. Una nube de interferencia me imped¨ªa pensar m¨¢s profundamente sobre eso.
¡ªSe?or, usted es bueno. O, m¨¢s que "bueno", quiz¨¢s ser¨ªa apropiado decir que es "inocente". S¨¦ que no parece un complemento, pero es algo que cada vez carece m¨¢s en el mundo. Con respecto a eso, seguro habr¨¢ notado que mi se?ora es su polar opuesto. Por eso no puedo evitar pensar que es una buena influencia para ella, act¨²a como un balance.
¡ª?Por qu¨¦ me dices esto? Como Mira, ?por qu¨¦ me tratas tan bien?
¡ªPorque, en vez de aprovecharse de c¨®mo lo trato, usted cuestiona merecerlo. Las personas buenas deben tratarse con amabilidad. Y, obviamente, ver una persona buena e inocente como usted, en su situaci¨®n, me hace compadecerlo.
¡ª?C¨®mo est¨¢ tan segura de que todos en el pueblo no tienen raz¨®n sobre m¨ª? ¡ªle pregunt¨¦ seriamente. Todav¨ªa se me hac¨ªa incomprensible... Quiz¨¢s se me hac¨ªa incomprensible que cualquier cantidad de buen trato sea siquiera dirigida a mi persona.
La sirvienta, ante mi honesta pregunta, solo se rio de manera jovial.
¡ªConf¨ªo m¨¢s en la honestidad de usted que en la honestidad de mi se?ora. Eso de que haya hecho semejante cosa es simplemente impensable para m¨ª.
No entend¨ªa. Era un joven medianamente alto, con suficiente f¨ªsico para hacerlo. Encajaba en el perfil de manera perfecta.
La sirvienta sigui¨® hablando.
¡ªDigo, si se encuentra a un cad¨¢ver sin un responsable directo, ?acaso se sospechar¨ªa del gatito que pas¨® por la calle en el mismo momento? No, ?cierto? ?Entonces por qu¨¦ deber¨ªa sospechar de usted?
?Un gatito? ?Yo era el gatito? ?Me ve¨ªa tan inocente?
¡ªY- Ya veo...
¡ªUsted es educado, agradecido con la se?ora, y ¡ªsonri¨®¡ª. Alguien que trata bien a los sirvientes. Si piensa que es alguien malo, entonces tiene los est¨¢ndares de bondad m¨¢s elevados del mundo. L¨¢stima, yo no poseo esos mismos est¨¢ndares.
Me estaba sonrojando. No era usual que hablaran tan bien de uno, de eso estaba bastante seguro. Hasta mi subconsciente estaba de acuerdo.
¡ªGracias... Yoi.
Gracias a la conversaci¨®n, me sent¨ªa mucho m¨¢s aliviado.
La sirvienta, en vez de responder, se levant¨®, y se retir¨® a otra habitaci¨®n. Pens¨¦ que la conversaci¨®n hab¨ªa terminado, pero entonces volvi¨® con un plato.
¡ªLe escuch¨¦ mencionar algo sobre bayas ao¨ªras. Prepar¨¦ esto a escondidas... si la se?ora se hubiera enterado, no quedar¨ªa nada para ti.
Era un plato con muchos platos.
¡ª?Y esto...?
¡ª?Noritama!
Encima de cada plato, hab¨ªa bolas medianas que parec¨ªan crema o yogur, rebotando en el lugar como un flan.
¡ªLa leche se pega a los frutos, ?por eso es Nori! Y todos mantienen su formita redonda, ?por eso es Tama! Tambi¨¦n se les dice "Noridama"...
Dej¨® los platitos con los postres curiosos en la mesa. Luego de dejarlos, me sonri¨® de manera satisfecha y asinti¨®.
¡ª?Qu¨¦? ¡ªle pregunt¨¦, porque no entend¨ªa nada de lo que estaba sucediendo. Me asinti¨® tres veces consecutivas en respuesta¡ª. ??Qu¨¦!? ??Para m¨ª!?
La sirvienta me hizo un gesto de silencio.
¡ª?Shhh! ?No queremos que la se?ora se entere! ¡ªme dijo en un susurro.
¡ªNo s¨¦, Yoi. Me sentir¨ªa mal si lo comiera yo solo.
La sirvienta agit¨® su mano.
¡ªNo pasa nada, no pasa nada. La se?ora ha comido este plato miles de veces.
¡ªEntonces... Ven, compart¨¢moslo, al menos; me sentir¨ªa mal si no.
La mujer inclin¨® la cabeza como si no entendiera.
¡ªBueno... Supongo que puedo compartirlo con usted... ¡ªparec¨ªa m¨¢s confundida que otra cosa.
Los dos, reunidos en la mesa, miramos el plato como si fuera una especie de experimento nuclear.
¡ªBueno ¡ªme arm¨¦ de valor, y declar¨¦:¡ª supongo que voy a comer uno.
Agarr¨¦ una de las bolitas de consistencia pegajosa y me met¨ª la mitad en la boca. Cerr¨¦ los dientes y la part¨ª en dos.
Una explosi¨®n.
¡ª???MMM!!!
?Qu¨¦ era esto? ??Qu¨¦ era esto!? ??QU¨¦ ERA ESTO!? ?Era una completa delicia! ?Era el n¨¦ctar m¨¢s divino! La consistencia era m¨¢s bien h¨²meda, el fruto dentro era muy jugoso. Pero la crema o, m¨¢s bien, yogur alrededor, se mezclaba con la textura l¨ªquida, ?y se formaba un alimento completamente nuevo en medio de la boca! ?La dulzura de la crema y parte del fruto hac¨ªa el contraste preciso y perfecto a la acidez del jugo m¨¢s profundo de la fruta, como tambi¨¦n la delicada capa de la misma! ??Qui¨¦n fue el genio que invent¨® semejante plato!? ?No pod¨ªa parar de comer! R¨¢pidamente, termin¨¦ el resto del noritama y me fui al siguiente. ??Qu¨¦ pasar¨ªa si se le agregara m¨¢s sabores a esto, como un yogur con sabor a frutilla o algo similar!? ?No! ?Pero entonces perder¨ªas el balance perfecto que ya hab¨ªas conseguido! ?No hab¨ªa forma de superarlo! ?Ya era perfecto!
¡ª?Yoi! ?Tienes que comer esto! ¡ªle dije alegremente a la sirvienta mientras iba por mi tercera bola.
¡ªBueno... Si me disculpa... ¡ªparec¨ªa m¨¢s bien t¨ªmida, pero accedi¨®.
Y, no hab¨ªa otra forma, sus mejillas se pintaron de rosa cuando fueron atravesadas por el sabor incre¨ªble de esta obra maestra de plato.
?Mira ten¨ªa que comer esto tambi¨¦n!
Termin¨¦ comiendo la mayor parte del segundo postre.
3
¡ª?Yoi! ¡ªLa voz de Mira la convoc¨® desde otro lado de la casa. Afortunadamente, ya hab¨ªamos terminado todo el postre.
La sirvienta reaccion¨® con una cara de preocupaci¨®n terrible, se despeg¨® del suelo y corri¨® el plato a otro lado de la casa a una gran velocidad. Me levant¨¦. Al retirarse, la sirvienta me despidi¨® con una reverencia.
¡ªAdi¨®s, Yoi. Gracias.
La sirvienta me mir¨® con una sonrisa y me asinti¨® dos veces, un "no fue nada" gestual.
Recuper¨¦ el palillo que hab¨ªa dejado en el suelo y me mov¨ª hacia donde Yoi hab¨ªa dejado el plato. Mis razones no eran para nada complejas: la casa era grande, por lo que se me antojaba explorar.
Rasc¨¢ndome las paletas con el palillo, entr¨¦ a una zona que parec¨ªa reservada para el almacenamiento de ropa y objetos. Hab¨ªa baldes con agua en las esquinas y todo tipo de herramientas, de limpieza y mantenimiento. Tambi¨¦n hab¨ªa una excesiva cantidad de telas (misterio).
¡ª?Siquiera tiene el permiso para merodear por donde desee? ¡ªTodo mi cuerpo tembl¨® cuando o¨ª la voz venenosa del hombre a mi espalda. Era el sirviente masculino, el que vest¨ªa la ropa del pueblo. Tambi¨¦n era una persona que dejaba claro su disgusto por m¨ª con su mirada¡ª. Por favor, ret¨ªrese de inmediato ¡ªno hab¨ªa llegado a dar la vuelta para enfrentarlo, pero obedec¨ª sus ¨®rdenes sin chistar.
Me retir¨¦ del cuarto y estacion¨¦ mi cuerpo en el pasillo que conectaba la sala con el resto del hogar. Si dejaba el lugar sin decir nada, probablemente nuestra relaci¨®n se volver¨ªa demasiado inc¨®moda luego; por lo que decid¨ª ceder una disculpa para hacerle entender que no quer¨ªa estar en malos t¨¦rminos con ¨¦l. Especialmente porque me llevaba tan bien con la otra sirvienta, no quer¨ªa arruinar mi reputaci¨®n con ellos.
¡ª?Perd¨®n! No ten¨ªa idea que era un lugar privado... o algo as¨ª... ¡ªempec¨¦ a hablar con un poco de ¨ªmpetu que r¨¢pidamente se desvaneci¨® al ver la figura recta y helada del hombre enfrente m¨ªo.
¡ªToda la casa es propiedad privada. Usted no deber¨ªa olvidar que no es m¨¢s que un invitado en ella, sino menos que eso.
Me enoj¨® un poco lo que sugiri¨®, por lo que respond¨ª.
¡ªDisculpe, se?or, ?podr¨ªa saber cu¨¢l es su problema conmigo?
Quiz¨¢s la conversaci¨®n que tuve con Yoi anteriormente me hab¨ªa cargado con valor, mis palabras en respuesta fueron m¨¢s defensivas. La idea no era atacar al hombre, como tal vez suger¨ªa mi tono un poco irritado, m¨¢s bien apuntaba a intentar zanjar nuestras diferencias antes de que el problema escalara.
¡ªUsted no tiene un problema conmigo. Usted es un problema. D¨¦jeme decirle, la se?orita Mira puede jugar tanto como ella desee, pero que eso no lo confunda. No es m¨¢s que un rufi¨¢n de la calle.
Este hombre era basura del pueblo. Me deber¨ªa haber dado cuenta por la bata. Fue suficiente. No ganar¨ªa nada discutiendo con escoria del pueblo como ¨¦l. Mira solucionar¨¢ el problema. Le di la espalda y comenc¨¦ a caminar de vuelta a mi habitaci¨®n.
¡ªY va a escapar de sus problemas como siempre, ?no? ?Qu¨¦ es lo que est¨¢ pensando? ?Que la se?orita har¨¢ todo el trabajo por usted otra vez?
Me detuve en el camino.
¡ªD¨¦jeme en paz. Si es igual de ignorante que todo el resto del pueblo, entonces no tengo nada que hablar con usted. Yo no asesin¨¦ a nadie, deje de sospechar de cualquier extranjero y haga su trabajo.
¡ªUsted no asesin¨®, sin embargo: Mentir, robar, asaltar. Usted es completamente culpable de todo eso ¡ªun escalofr¨ªo surc¨® por toda mi espalda¡ª. Incluso as¨ª, no es un rufi¨¢n por lo que hizo, es un rufi¨¢n por lo que es. No simpatizo para nada con sus circunstancias, pero, digamos que al menos entiendo por qu¨¦ hizo lo que hizo, lo tolero. Lo que no puedo tolerar, para nada, es su total falta de valores. La debilidad de su car¨¢cter me parece insoportable.
¡ª?Qu¨¦ sabe de m¨ª...? Usted no sabe nada...
¡ªLo observ¨¦. S¨¦ absolutamente todo lo que hizo en este pueblo. Tengo m¨¢s que el criterio suficiente para juzgarlo adecuadamente. Y usted es, para bien, un necio cobarde; para mal, un ni?o caprichoso.
¡ª¡ª?Qu¨¦ le sucede? ?Qu¨¦ hice para ofenderlo?
Realmente no lo entend¨ªa, por qu¨¦ este hombre actuaba as¨ª, y me dec¨ªa semejantes cosas-
¡ªEse es el problema. No hace. Antes de encontrarse con la se?orita; cuando fue capturado, en la audiencia. Todo el tiempo tuvo que ser rescatado por ella. E incluso cuando ella lo rescata y le da una soluci¨®n, se encapricha e intenta escapar de sus responsabilidades. La se?orita ¨²nicamente demostr¨® tanto inter¨¦s por algunos aspectos superficiales, pero d¨¦jeme decirle que eso no es suficiente para m¨ª. Yo lo veo por lo que es. Y lo que es, es un hombre que carece de cualquier tipo de valor. Usted no se merece la ayuda de Mira.
¡ªNo... No es as¨ª... Mira me ayud¨® por algo... ?Si recupero mis memorias, entonces-!
¡ªLas personas no cambian por perder un par de recuerdos ¡ªdijo con severidad¡ª. Usted sigue siendo lo que alguna vez fue, el haber perdido sus memorias no se deber¨ªa considerar mucho m¨¢s que anecd¨®tico... Ella lo ayud¨® por algo, es cierto. Piense en lo m¨¢s superficial de una persona ¡ªdijo como una orden que por alg¨²n motivo obedec¨ª¡ª. ?Lo tiene? Bueno, lo que est¨¢ pensando probablemente no es lo suficientemente superficial. El motivo por el que la se?ora baj¨® hasta su nivel para ayudarlo no es ni m¨¢s ni menos que su cabello.
¡ª?M-mi cabello? ??Qu¨¦ tiene de especial mi cabello!? Solo en este pueblo no es ha-
¡ªSu color de cabello es poco com¨²n ¡ªme respondi¨®¡ª. Eso es todo ¡ªdijo¡ª. ?Se da cuenta de lo absurdo de la situaci¨®n? ?Tiene una idea de lo tonto que luce? ?Entiende lo lejos que est¨¢ para alcanzar siquiera los talones de la se?orita? Lleva una falsa seguridad consigo, de que lo que le est¨¢ sucediendo es algo que se merece; o que es m¨¢s que un payaso para el entretenimiento de la se?orita; o, m¨¢s rid¨ªculo a¨²n, que tiene el mismo valor que ella.
Respond¨ª a un tono bajo, como recitando los argumentos de un libro:
¡ªLa idea de que las personas tengan m¨¢s o menos valor que otras es un pensamiento arcaico, no-
¡ª?Ja! ?Entonces es de aquellos que modifican su forma de pensar y sus principios a lo que les es m¨¢s conveniente en el momento! ?Ni usted verdaderamente piensa eso! ?Qu¨¦ pat¨¦tico!
No sab¨ªa qu¨¦ hacer. No sab¨ªa qu¨¦ responder. Lo que m¨¢s me irritaba, lo que me molestaba por sobre todas las cosas era que, profundamente, ... Sab¨ªa que lo que me dec¨ªa era cierto. Pero no lo pod¨ªa aceptar, aceptarlo significar¨ªa renunciar a la bondad de Mira, significar¨ªa no tomar la mano que estir¨® para m¨ª. No pod¨ªa pensar de esa forma, estuve resistiendo para no pensar de esa forma durante todo este tiempo. Aceptar esa realidad significar¨ªa... perder-
¡ªLa se?orita Mira nunca lo deber¨ªa haber ayudado. Su destino era morir en este pueblo, pero ella tiene una tendencia de buscar entretenimiento a trav¨¦s de medios poco convencionales... Cuando se aburra de usted, que ser¨¢ pronto, entonces lo entender¨¢.
¡ª...
¡ªSe qued¨® sin palabras. Ya veo. Sabe que lo que le estoy diciendo es verdad. Por lo menos, eso significa que no es un idiota ¡ªel hombre pas¨® a mi lado y, de espaldas, me dijo:¡ª H¨¢gase un favor. Aproveche toda la asistencia que le ofrezca la se?orita Mira, y luego no la vea nunca m¨¢s. Si le sirve de consuelo, su familia parece ser una pudiente.
Entonces escuch¨¦ sus pasos marcharse a otro lado de la casa.
...
Bueno. Camin¨¦, sin poder pensar en mucho, hacia mi cuarto. Ma?ana me tendr¨ªa que despertar y poco despu¨¦s deb¨ªa marcharme a la cacer¨ªa que organiz¨® Mira. Si lo pens¨¢bamos de esa manera, nada de lo que se dijo en esta charla fue verdaderamente importante.
S¨ª, esta conversaci¨®n no afect¨® de ninguna manera lo que iba a hacer, o lo que estaba haciendo. Esto no fue m¨¢s que una conversaci¨®n insignificante.
...
No iba a dejar que me afectara de ninguna forma. ?Por qu¨¦ lo har¨ªa? Era solo... otra charla m¨¢s...
...
Una charla como la que tuve con Yoi. No ten¨ªa motivos para sobre pensar la situaci¨®n. A veces interactuamos con otras personas y tenemos charlas con ellos. Eso era com¨²n, ?no? Solo una charla.
...
Podemos discutir con otras personas, tambi¨¦n. Eso sucede de vez en cuando, ?no? Es decir, eso tambi¨¦n era com¨²n. Se puede diferir con alguien m¨¢s. No hab¨ªa problemas con eso.
...
Me sent¨¦ en la cama que me dio Mira. Uno de los pocos muebles que estaban elevados del suelo de todo el pueblo.
...
No era como que Mira me lo hab¨ªa dicho en persona, ?no? Quiz¨¢s ella ten¨ªa otros motivos para hacer lo que hac¨ªa. Quiz¨¢s ella ve¨ªa algo en m¨ª que no era f¨¢cil de ver... Algo que pocas personas pod¨ªan ver... Algo que ni yo pod¨ªa ver.
...
Abr¨ª mi colgante.
CapÃtulo 10 - Las personas no cambian por perder un par de recuerdos - Parte 2
4
Pas¨® la noche. No pude dormir muy bien. Me instal¨¦ en el jard¨ªn interior para disfrutar de las vistas y de paso poder medir la hora utilizando la posici¨®n del sol; como este estaba perpendicular al suelo, ya se pod¨ªa decir que era mediod¨ªa.
Creo que a alguien que conoc¨ªa en el pasado le apasionaban las plantas. Ver este jard¨ªn tra¨ªa un c¨²mulo de emociones complejas, que se juntaban y se transformaban en algo as¨ª como inter¨¦s; sin embargo, ten¨ªa la sensaci¨®n de que ese inter¨¦s no nac¨ªa por voluntad propia, sino que era algo recibido de parte de alguien. Hmm... No pod¨ªa explicarlo bien, intentar profundizar en ese sentimiento que ten¨ªa solo me dejaba confundido. Por el momento, decid¨ª disfrutar de la presencia del huerto. ?Qui¨¦n sabe? Quiz¨¢s sea la ¨²ltima vez que lo haga.
Los guardias estaban peleados. A¨ªto intentaba defenderme, Sen me prefer¨ªa muerto, Han solo actuaba como intermediario. Parec¨ªa que esta peque?a expedici¨®n al bosque iba a ser tan inc¨®moda para ellos como para m¨ª, eso me tra¨ªa un poco de maliciosa satisfacci¨®n; pero, por el otro lado, no me importaba para nada.
Los sirvientes. Yoi, que luce m¨¢s cercana a Mira, parec¨ªa sentir agrado por m¨ª. El sirviente masculino, Meshi, me detestaba. Ambos sentimientos eran mutuos. Quiz¨¢s no del todo para Meshi. Es decir, no me ca¨ªa espectacular, pero tampoco ten¨ªa tanto inter¨¦s como para detestarlo.
Mira... No sab¨ªa qu¨¦ sentir sobre Mira. Uno pensar¨ªa que no se podr¨ªa sentir miedo y profundo afecto a la vez, pero eso era lo que Mira me generaba. En parte, el miedo era de lo que Mira podr¨ªa llegar a querer, o lo que podr¨ªa llegar a pensar; pero, tambi¨¦n pod¨ªa decir que Mira era una persona que luc¨ªa tan competente, tan absolutamente capaz, que la admiraci¨®n que sent¨ªa por ella llegaba al tope y desbordaba de lo posible; ese desborde, ese exceso, se traduc¨ªa en m¨¢s miedo. El profundo afecto era tan simple como innecesario de explicar. Casi pod¨ªa decir que la amaba, as¨ª de intenso era el sentimiento. No se puede subestimar a la apreciaci¨®n que uno adquiere por su salvador, en parte se sent¨ªa casi patol¨®gico. Voy a inventarle un nombre, como existe el "s¨ªndrome de Estocolmo", deber¨ªa existir un "s¨ªndrome del salvador" vamos a llamarlo "s¨ªndrome de Choura".
El tema era que: cuando la ve¨ªa, mi coraz¨®n vibraba; cuando me sonre¨ªa, quer¨ªa hacer todo lo posible para que lo siga haciendo; cuando hac¨ªa una mueca, me angustiaba enormemente; y cuando luc¨ªa enojada, me invad¨ªa la m¨¢s profunda ansiedad. No, no estaba enamorado de ella. Mis sentimientos no eran tan vanos; la respetaba demasiado para considerar observarla de esa manera. Era puro afecto, puro cari?o. Ya no ten¨ªa personas en el mundo... pero estaba ella. En mi situaci¨®n, que alguien estuviera para m¨ª se sent¨ªa como un regalo de incalculable valor.
Y por ¨²ltimo estaba yo. No sab¨ªa mi nombre. No sab¨ªa d¨®nde estaba. No ten¨ªa ning¨²n conocido. No ten¨ªa ning¨²n pasado. Como el sirviente dijo, yo opinaba igual; todos estos d¨ªas no hice absolutamente nada. No demostr¨¦ nada, no realc¨¦ en nada. Dej¨¦ que Mira solucionara todos mis problemas y no aport¨¦ nada de mi parte. Como cuando el vidrio me cort¨® la mano, como cuando la lanza me penetr¨® la misma mano. Yo, todos estos d¨ªas, no hice nada m¨¢s que lamentarme de m¨ª mismo. Se pod¨ªa decir que era un completo in¨²til, en el sentido de una persona carente de todo valor. Era verdaderamente pat¨¦tico, pero me estaba cansando de serlo...
¡ª?Ah¨ª est¨¢s! ¡ªmi coraz¨®n vibr¨®, Mira llam¨® a mi espalda.
¡ª?Me buscabas? Estaba en el medio de la casa...
¡ªEs dif¨ªcil verte con toda esa aura... melanc¨®lica que llevas encima.
No entend¨ªa c¨®mo estar triste me hac¨ªa dif¨ªcil de ver, pero supongo que dej¨¦ escapar un poco de mis sentimientos en mi actitud. No quer¨ªa que Mira me viera as¨ª.
¡ªEntiendo...
¡ªSabes que tienes que ir a la cacer¨ªa ahora, ?no? ¡ªme dijo con un tinte de preocupaci¨®n.
¡ªLo s¨¦.
¡ª?Ocurri¨® algo? ¡ªMira not¨® algo y me interpel¨®.
¡ªSolamente tengo un par de preguntas.
¡ª?Para m¨ª? ?Qu¨¦ quieres preguntar?
¡ªNo s¨¦ si son necesariamente para ti, pero... es verdad que eres mi persona m¨¢s cercana.
¡ª?Entonces? ?Qu¨¦ sucede? ¡ªMira parec¨ªa un poco ansiosa y no entend¨ªa por d¨®nde estaba viniendo.
¡ªMi familia. ?Crees que est¨¢ en alg¨²n lugar? ¡ªpregunt¨¦ mirando mi collar.
¡ªDe estar, est¨¢n ¡ªesa no era la intenci¨®n de mi pregunta¡ª. Pero parece que eso... no es lo que est¨¢s buscando escuchar.
Mira salt¨® de la madera del pasillo y dio unos pasos hasta estar a un brazo de distancia.
¡ªSi te refieres a... si deber¨ªas dejarlos atr¨¢s... Yo creo que no. Te lo dije, ?recuerdas? ¡ªestir¨® su mano y agarr¨® mi colgante. Yo ten¨ªa los brazos metidos en las mangas estiradas de la toga, por lo que no pod¨ªa protegerlo aunque hubiese querido¡ª. Esto es importante.
Mis ojos estaban cansados por alg¨²n motivo.
¡ªEntiendo. Gracias, Mira.
Mira dej¨® caer el pendiente sobre mi pecho. Yo quit¨¦ mis manos de su guardia para ver el collar y detener su movimiento. Mira permaneci¨® con la mano estirada por un momento; entonces decidi¨® qu¨¦ hacer con ella: la baj¨® y conect¨® nuestras manos.
¡ª?Hay otra cosa que quieras preguntar? ¡ªbaj¨® un poco el tono de voz.
Observ¨¦ su mano, la que estaba agarrando la m¨ªa.
¡ªMira, s¨¦ que este no es un pedido convencional, pero, ?puedo saber una cosa?
¡ª?S¨ª...?
Hice mi pregunta:
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s pensando? ?Qu¨¦ sientes? De m¨ª, de la situaci¨®n, de los dulces, de lo que sea. ?Qu¨¦ es lo que, verdaderamente, piensas?
Mira pareci¨® sorprenderse por mi pedido, estuvo a punto de desconectar nuestras manos, pero se detuvo.
¡ª?A qu¨¦ te refieres? ¡ªsu voz son¨® casi cortante, como si estuviera interrumpiendo su juego favorito.
¡ª?Qu¨¦ piensas verdaderamente? ?Qu¨¦ mueve tu coraz¨®n? ?Qu¨¦ sientes en este momento? Solo quiero saberlo.
¡ª?Para qu¨¦ quieres saber eso? hay-
¡ªQuiero saberlo. Quiero saber de ti. Es un deseo personal. Tienes el derecho a no responder. Tienes tambi¨¦n el derecho a decir barbaridades que se podr¨ªan considerar inapropiadas. Tienes derecho incluso a insultarme si deseas. Yo no me voy a alejar. Yo no voy a tomar un paso de este lugar hasta que termines y pueda escuchar todo lo que digas. Solo quiero saber de ti. Quiero conocer tu honestidad.
¡ªE-eso es... No entiendo de qu¨¦ est¨¢s hablando. ?Q-qu¨¦ dec¨ªs? No te entiendo... ¡ªsu forma de hablar cambi¨® de nuevo.
¡ª?Estoy hablando con una Mira real? ?Una Mira que me considera un juego? ?Quiz¨¢s una Mira que ve algo en m¨ª, o que encontr¨® una utilidad escondida? ?O quiz¨¢s una mezcla de todas esas? Me importa, lo quiero saber. Y si la respuesta no es linda... Tambi¨¦n lo quiero saber. De igual forma, no me voy a alejar; principalmente porque no tengo otro lugar a donde ir, pero adem¨¢s porque s¨¦ que la respuesta no va a cambiar lo que siento.
Me estaba mirando con sus ojos grandes, tambaleantes. La hab¨ªa perturbado, estaba conmocionada, no sab¨ªa qu¨¦ responderme. Lo entend¨ªa, esta tampoco era una pregunta convencional, que digamos; pero especialmente para Mira era probablemente dif¨ªcil de responder.
¡ªA esa Mira que me rescat¨®, la Mira que me trat¨® como ninguna otra persona de este pueblo, la quiero; pero tambi¨¦n, a esa Mira que los guardias, el cacique y sus sirvientes le temen, tambi¨¦n la quiero, o m¨ªnimamente la respeto. Incluso a la Mira que no puede ocultar su adoraci¨®n por los dulces, a esa la quiero mucho m¨¢s. Pero, a la Mira cuyos gestos son deshonestos y est¨¢ cargada de segundas intenciones, a esa Mira no la quiero. Incluso si tus objetivos no son benevolentes, prefiero que me lo digas. Quiz¨¢s estoy siendo ego¨ªsta, porque creo que no me molestar¨ªa si act¨²as de esa forma con otras personas... Pero yo deseo honestidad. Las personas no cambian por perder un par de recuerdos, as¨ª que probablemente pensaba de esta manera incluso antes... Mira... ?Cu¨¢l es la Mira de verdad?The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon.
La mano de Mira estaba fr¨ªa. Desconect¨® su brazo del m¨ªo r¨¢pidamente y me observ¨® como si fuera un fantasma.
Yo permanec¨ª con mi mirada. No la iba a alejar, no ten¨ªa por qu¨¦ hacerlo. Todo lo que estaba diciendo era lo que verdaderamente pensaba despu¨¦s de todo.
¡ª... ¡ªMov¨ªa la boca para hablar, pero se deten¨ªa. As¨ª hizo un par de veces.
¡ªYo ya lo dije. Te quiero. A ti te quiero. A tu sirvienta, Yoi, la quiero. A este pueblo lo odio. A los guardias los odio. A tu sirviente no lo quiero. Y el chaeki me da miedo. Eso es todo lo que soy. Esos son todos mis pensamientos verdaderos. Es lo mismo que quiero saber de ti. Empecemos por m¨ª: A m¨ª, ?me quieres?
¡ªA- A ti... ¡ªMira alej¨® su mirada, rectific¨® su postura un poco y se agarr¨® un brazo¡ª. A ti no te quiero...
Sent¨ª un puntazo en el coraz¨®n. Pero no me importaba, esto era lo que quer¨ªa.
¡ªYa veo... ?Y?
¡ªN-necesito que vayas al bosque y te encuentres con la guardia.
¡ªEso es lo que quieres que haga, ?pero por qu¨¦ quieres que lo haga?
¡ªPara enmendar tu imagen con el pueblo...
¡ªLo s¨¦, pero, ?por qu¨¦ quieres enmendar mi imagen con el pueblo? ?Porque te importa? ?O quiz¨¢s es un juego para ti?
No me miraba a los ojos. Me gustar¨ªa que lo hiciera.
¡ªN-no. No es un juego. Es otra cosa.
¡ª?Qu¨¦ es?
Me mir¨®. Con p¨¢nico en sus ojos. Probablemente, era demasiado orgullosa para escapar de la conversaci¨®n, pero su pan de todos los d¨ªas era la deshonestidad y los doble sentidos. Por lo que no quer¨ªa aceptar mi pedido, pero tampoco quer¨ªa simplemente ir en contra de ¨¦l, eso era un equivalente a escapar.
¡ª?... Te quiero?
Lo dijo como una pregunta. Como algo de lo que ella misma no estaba segura. De si era la verdad completa, o de si era lo apropiado para decir, ella misma no estaba segura.
¡ªReci¨¦n dijiste que no me quer¨ªas. Entonces, ?a qu¨¦ te refieres con eso?
¡ªTe quiero como una persona que puedo tener a mi lado... Como un objeto... Te quiero...
Sent¨ª otro puntazo en mi coraz¨®n.
¡ªEntiendo.
Pero eso era todo. No hab¨ªa m¨¢s. Estaba bien. Estaba satisfecho con eso.
¡ªMe vestir¨¦ e ir¨¦ al bosque. No es necesario que me acompa?es, s¨¦ el camino hasta la entrada. Adi¨®s, Mira. Te sigo queriendo.
Dej¨¦ a Mira en el jard¨ªn y me fui al lugar donde probablemente Yoi hab¨ªa dejado mi muda de ropa. Me vest¨ª con la camisa, los pantalones y luego las botas, y me retir¨¦ por la entrada.
5
¡ª?Espera!
Mi coraz¨®n vibr¨®. Alguien me llam¨® mientras hac¨ªa el recorrido por la calle.
¡ª?Espera! ?Por favor! ¡ªera la voz de ella.
¡ª?Mira? ¡ªme di la vuelta. Parec¨ªa que la chica hab¨ªa corrido todo el trecho desde la casa. Su fortaleza no eran las actividades f¨ªsicas y eso era obvio¡ª. ?Qu¨¦ sucede?
¡ªAh... Ah... Te quer¨ªa... dar... esto...
Levant¨® sus manos y me present¨® un gran cuchillo cuyo objetivo claramente no era cocinar. ?Acaso estuvo corriendo con eso encima? Lo tom¨¦ r¨¢pidamente de sus manos porque me invadi¨® un p¨¢nico irracional de que se lastimara.
¡ª?Un cuchillo? ¡ªpregunt¨¦ mientras analizaba el objeto.
No estaba decorado como el del guardia fallecido, pero era mucho m¨¢s c¨®modo en la mano. El tama?o era bastante similar, sin embargo. Pero el filo quiz¨¢s era un poco m¨¢s desproporcionado y grande.
Mira ten¨ªa ambas manos en sus rodillas y se estaba recomponiendo.
¡ª¡ªAh-... S¨ª... Te lo quer¨ªa dejar para que te protejas en el bosque. Los fabrico yo, ?sabes? Uno de mis talleres en Minashi... Todo lo que fabrico es bueno... As¨ª que quiero que lo tengas.
¡ªYa veo. Bueno, Mira. Gracias. Pondr¨¦ este cuchillo en uso.
Guard¨¦ el cuchillo sin vaina en un agujero de mi cintur¨®n. Ver a Mira desde este ¨¢ngulo me hizo notar un par de cosas. En particular, lo detallado que era ese vestido rojo y marr¨®n que llevaba. Era muy bello. Nunca hab¨ªa visto una prenda similar
¡ªMira.
¡ª?...Qu¨¦?
¡ª?Qu¨¦ es eso que mencionas de que soy tu empleado? ?Fue para defenderme ante los guardias? ?O fue por eso de querer que sea de tu propiedad?
Hablarle de manera tan directa a Mira la incomodaba.
¡ªEm... Ninguna de las dos, en realidad. O quiz¨¢s, mejor dicho, ambas. A veces hago lo que siento y sent¨ª que necesitaba emplearte.
¡ª?Entonces puedo llamarme tu empleado?
¡ªPensando que nunca te entregu¨¦ un pago, ni equipamiento, ni un trabajo... Supongo que a¨²n no... Pero no creo que cambie de parecer; as¨ª que, cuando vuelvas, eso ser¨¢ distinto.
Estaba feliz que no hab¨ªa cambiado de parecer a pesar del modo en el que hab¨ªa actuado este ¨²ltimo d¨ªa.
¡ªYa veo, Mira. Eso me hace feliz.
Mira observ¨® por un rato mi sonrisa, y entonces ech¨® un suspiro exasperado.
¡ªAhhh... Eres muy raro, ?lo sab¨ªas?
¡ª?Raro? ¡ªNo entend¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa.
Mira se acerc¨® a pasos pesados hasta llegar al frente m¨ªo; entonces estir¨® ambos brazos y me agarr¨® de las mejillas, tirando de ellas.
¡ª?Tienes mucha actitud, incomod¨¢ndome de esa forma! ??Qu¨¦ te sucede!?
Sus propias mejillas estaban pintadas de rojo, por primera vez vi su expresi¨®n avergonzada. Me dio un poco de risa.
¡ªMira ¡ªla llam¨¦ con los cachetes estirados.
¡ª??Qu¨¦!?
¡ªTu vestido es muy hermoso.
¡ª?Aghhh! ???Deja de decir incoherencias!!! ?Tonto! ¡ªMe tir¨® de los cachetes hasta que se sinti¨® satisfecha; llamando la atenci¨®n de todos los peatones, de paso¡ª. Bueno...
Agarr¨® sus manos y liber¨® un par de suspiros m¨¢s. Nunca hab¨ªa mal momento para observar la belleza de la mujer.
¡ªMira.
¡ª... ?Ahora qu¨¦? ¡ªpregunt¨® con una mirada acusatoria, amenaz¨¢ndome para que no cometiera otro sincericidio.
¡ªLa forma en la que actu¨¦ hoy es como act¨²o realmente. Es la forma que act¨²o cuando no tengo miedo, ni ansiedad, ni diligencia forzada. Aun as¨ª, ?te sigue interesando tenerme?
Lo pens¨® por un segundo, un solo segundo. Entonces me sonri¨®. Una expresi¨®n corajuda, aceptando el desaf¨ªo.
¡ª?Es una broma? ¡ªempez¨®¡ª. Esto solo me hace desearte a¨²n m¨¢s.
Ja.
¡ªYa veo, Mira, pero...
¡ª?Pero?
Le di una sonrisa burlona.
¡ªTe prometo que nunca te voy a aburrir.
No iba a permitir que lo que dijo el sirviente se cumpliera, si Mira me quer¨ªa tener cerca porque le divert¨ªa, entonces nunca la dejar¨ªa de divertir. Eso fue lo que promet¨ª, desde ahora.
Mira ensanch¨® la postura de sus piernas y cruz¨® sus brazos. Levant¨® la cabeza y me regal¨® la sonrisa m¨¢s emocionada que la vi hacer.
¡ª?Me gusta! ?Est¨¢ bien! ?Quiero que me lo demuestres!
Le sonre¨ª y me agach¨¦ para hacer una reverencia. Una reverencia tan exagerada que mi pecho qued¨® paralelo al camino de tierra.
...
¡ªAdi¨®s, Mira. Volver¨¦ con el duende en mi espalda.
¡ªSe llama "chaeki", y m¨¢s que preocuparte por eso, deber¨ªas preocuparte por no morir.
¡ªYa veo. Bueno, me retiro para que no venga el guardia de la lanza a buscarme.
¡ª?Ahora tienes una promesa que cumplir! ?No la olvides!
Asent¨ª y di la vuelta para dirigirme a la entrada. Bastante m¨¢s feliz.
...
B¨¢sicamente, me hab¨ªa cansado; esta vez no de mi situaci¨®n, sino que de m¨ª mismo. Por eso hice lo que hice. Dije lo que quer¨ªa decir y lo dije sin ocultarme. Sab¨ªa que era algo que incomodar¨ªa a Mira, pero decid¨ª decirlo igual.
Me march¨¦ al punto de encuentro en la entrada. Todos los pueblerinos me miraban con odio, como siempre; pero algunos me miraban con alg¨²n sentimiento un poco m¨¢s complejo, eso era nuevo. Camin¨¦ hacia el lugar, ignorando las miradas de esas personas. Empec¨¦ a pensar que, quiz¨¢s, era innecesario enmendar mi relaci¨®n con ellos, por el simple hecho que la gente no me ca¨ªa bien. Y ya estaba demasiado cansado para que me importara. Cansancio... ese era un sentimiento que estaba experimentando mucho en este ¨²ltimo momento. Solamente quer¨ªa que todo terminara.
¡ªAl menos se decidi¨® presentar.
El primero en recibirme fue el molesto, Sen. Todos segu¨ªan vestidos con la bata del pueblo, yo no podr¨ªa moverme tranquilo con esa pollera estirada, por lo que cambiarme era la mejor opci¨®n para m¨ª.
?Qu¨¦ era esto? ?En qu¨¦ cosas estaba pensando? ?Por qu¨¦ estaba tan despreocupado por lo que suceder¨ªa? Podr¨ªa perder la vida en este lugar, si no por los guardias, por alg¨²n duende del bosque. Supongo que... ten¨ªa algo que ver con el color que vi en mi colgante. Simplemente estaba cansado.
¡ª?Qu¨¦ tendr¨¦ que hacer?
El idiota del enoj¨®n se ofendi¨® por mi pregunta, pero el idiota que me proteg¨ªa me respondi¨® de manera r¨¢pida.
¡ªTendr¨¢s que llevar la bolsa. Te cuidaremos, pero no podemos prometer tu absoluta seguridad. Ten cuidado.
¡ªEntiendo. ?Ese bolso d¨®nde est¨¢? ¡ªHan se levant¨® para entregarme una estirada tela para abastecimiento. ?Se supon¨ªa que tendr¨ªa que llevar esto por horas? Qu¨¦ arrastra muertos estos sujetos¡ª. Gracias
Me cost¨® bastante, pero llegu¨¦ a acomodarlo de alguna forma en mi espalda. Los guardias parec¨ªan seguir en malos t¨¦rminos. No era que me importase. Por m¨ª pod¨ªan pelearse en el medio del bosque y dejar la exploraci¨®n en mis manos.
¡ªToma esto ¡ªA¨ªto me entreg¨® dos cachos de cuero que no sab¨ªa d¨®nde colocar¡ª. En tus piernas ¡ªse?al¨® mis pies¡ª. Son para tus piernas. Los chaekis suelen atacar esa zona, otros animales del bosque tambi¨¦n. P¨®ntelos por si acaso.
No eran tobilleras, tampoco rodilleras, sino algo entre medio. Se ajustaban con un cintur¨®n en los gemelos. Se me dificult¨®, pero lo hice.
¡ª?Ustedes no llevar¨¢n estos? ¡ªpregunt¨¦.
¡ªNo. Podemos cuidarnos por nuestra cuenta ¡ªcontest¨® Han.
Ok, sus tobillos no eran mi problema.
¡ªVolveremos al anochecer, ?cierto? ¡ªpregunt¨¦ en general.
¡ªS¨ª. Eso fue lo acordado ¡ªme respondi¨® A¨ªto.
...
¡ª?Estamos esperando algo? ¡ªpregunt¨¦.
No entend¨ªa por qu¨¦ simplemente nos qued¨¢bamos quietos en la entrada. Nadie dec¨ªa nada y nadie hac¨ªa un movimiento para seguir.
Han contuvo una risa y dijo:
¡ªEst¨¢ bien. Vamos.
En serio, solucionen sus problemas entre ustedes. ?Por qu¨¦ ten¨ªan que arrastrarme a m¨ª en ellos?
Los tres guardias agarraron unas lanzas que estaban apoyadas al lado del muro de madera. Entonces emprendieron el camino hacia el bosque.
CapÃtulo 11 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 1
1
¡ª??Qu¨¦ fue eso!? ¡ªMira Inovatio no cab¨ªa en s¨ª misma¡ª. ??Qui¨¦n es esta persona!? ¡ªno pod¨ªa evitar alzar su voz mientras volv¨ªa a su residencia.
Su cara estaba completamente iluminada, sus mejillas rosadas. Nunca hab¨ªa tenido una interacci¨®n as¨ª en su vida. Nunca hab¨ªa conocido a nadie que la lograra descolocar de semejante manera, sin hacer uso de herramientas como el poder o la autoridad. Estaba emocionada, estaba desesperadamente ansiosa. Quer¨ªa ver lo que el chico iba a hacer. Quer¨ªa ver d¨®nde la podr¨ªa llevar. ?Qui¨¦n hubiera dicho que su curiosidad la llevar¨ªa a semejante descubrimiento? Su satisfacci¨®n era similar a la de uno que se encuentra por casualidad en un casino, hace una apuesta y consigue el premio mayor de manera inesperada. Lo quer¨ªa. Lo necesitaba. Necesitaba ver hasta d¨®nde llegaban sus aptitudes.
Un pensamiento atraves¨® su mente en un destello: "?Y si recupera sus memorias?"
Se detuvo en el medio del camino, baj¨® la cabeza e hizo un pu?o para apoyar su ment¨®n. Necesitaba ver eso. Necesitaba saber todo lo que pod¨ªa hacer sin esas migra?as y esa confusi¨®n. Estaba en sus mejores intereses que ¨¦l consiguiera sus recuerdos, incluso si eso significaba que su lealtad por ella mermara. Valdr¨ªa la pena, aunque sea solo para resolver este misterio incre¨ªble. La ¨²nica persona de la que Mira sab¨ªa que famosamente portaba el pelo moreno era el "Rey campesino" que alguna vez form¨® la rep¨²blica de Kiokai. ?Y si ¨¦l era un descendiente del hist¨®rico rey? Mira tembl¨® ante la posibilidad. No hab¨ªa descendientes conocidos del rey, se dice que fue alguien que se sumergi¨® en una profunda privacidad una vez terminado su mandato; pero se sab¨ªa que ten¨ªa m¨²ltiples esposas, por lo que, que no haya dejado descendencia era casi improbable.
¡ªExcepto que haya sido inf¨¦rtil ¡ªpens¨® en voz alta.
Bueno. Por el momento, ten¨ªa otras cosas que hacer. Faltaban los ¨²ltimos preparativos y todo lo que decidi¨® hacer en este pueblo llegar¨ªa a su cl¨ªmax. Adem¨¢s, estaba lo que vino a hacer para empezar. Insert¨® la llave en su puerta y se hizo paso por la entrada.
¡ª?Yoi! ?Meshi!
¡ª?S¨ª, se?ora? ¡ªLa sirvienta fue la primera en llegar, por supuesto.
¡ªYoi, necesito que tengas a mano equipo para sanar heridas graves. No podemos estar del todo seguros de lo que le suceder¨¢ all¨ª.
¡ªYa veo, se?ora. De inmediato.
¡ª?Meshi? ?Meshi, d¨®nde est¨¢s?
Justo cuando Mira comenz¨® a irritarse por la impuntualidad del criado, el hombre apareci¨®.
¡ªAqu¨ª estoy, se?orita.
¡ªEncarga otra audiencia con el cacique.
¡ªSe?orita Mira... ?Est¨¢ segura?
Mira puso los ojos en blanco. El hombre hab¨ªa servido a la familia desde antes de que ella naciera y por eso ten¨ªa la tendencia de subestimarla.
¡ªMeshi...
¡ª?Disc¨²lpeme, se?ora! ?Enseguida me encargo! ¡ªEl hombre se dirigi¨® hacia la puerta; pero, Mira la cerr¨® antes de que la atravesara.
¡ªMeshi... Hablaste con ¨¦l, ?no? ¡ªle dijo la joven, sin mirarlo.
El asistente de los Inovatio en el pueblo comenz¨® a sudar la gota gorda.
¡ªSe?orita... Es que...
¡ªNo lo hagas nunca m¨¢s.
¡ªEntiendo, se?ora, disc¨²lpeme ¡ªEl hombre sali¨® a las apuradas por la puerta.
Deber¨ªa haber sabido que los ojos de Mira pod¨ªan ver todo.
2
La maleza era insoportable en esta parte del bosque. Los ¨¢rboles y arbustos se mezclaban y estorbaban el movimiento de los pies. Tambi¨¦n hab¨ªa varios insectos, que obstru¨ªan el camino peri¨®dicamente en configuraci¨®n de nubes. Todo era bastante molesto, y el nerviosismo de todos los guardias que me acompa?aban solamente empeoraba la situaci¨®n.
Ten¨ªamos una formaci¨®n. Sen iba por delante, Han detr¨¢s de ¨¦l, yo detr¨¢s de Han, y, por ¨²ltimo, A¨ªto en la retaguardia. Era una formaci¨®n en fila. Supongo que no ten¨ªamos suficientes personas como para rodearme y, a la vez, eso ser¨ªa algo que realmente desagradar¨ªa a Sen, as¨ª que lo mejor que se les ocurri¨® fue esto. Esta formaci¨®n no era mala. Era especialmente ¨²til para recorrer el bosque con todos sus obst¨¢culos; ahora, en cuanto a su efectividad para cazar... eso estaba por verse.
¡ª?Nunca estuviste en un bosque? ¡ªpregunt¨® A¨ªto a mi espalda, a un volumen suficiente alto para que los otros dos nos escucharan.
¡ªEstuve. Cuando aparec¨ª en el r¨ªo y cuando volv¨ª a buscar esas bayas ao¨ªras que quer¨ªa el vendedor. No sab¨ªa que hab¨ªa duendes, obviamente. Y, adem¨¢s de esos dos momentos, no recuerdo ninguna otra ocasi¨®n. Tampoco me siento especialmente experimentado con recorrer la naturaleza, por lo que dudo mucho que en mi vida pasada haya sido un cazador o algo as¨ª.
¡ªPor supuesto que no sabe cazar. Mira sus manitas y su pielcita bien cuidada. Incluso sus m¨²sculos parecen delicados ¡ªrespondi¨® Han enfrente m¨ªo.
¡ªEs basura noble de otro reino, o quiz¨¢s realeza minashita como esa mujer. No me sorprende que alguien as¨ª sea tan inescrupuloso como para asesinar a otro hombre a sangre fr¨ªa ¡ªhabl¨® Sen al frente.
¡ªNo lo halagues. El idiota ser¨¢ malvado, pero sangre fr¨ªa no tiene. Entr¨® en p¨¢nico en todo momento que no estaba acompa?ado por la Inovatio; ciertamente un comportamiento de nobleza ¡ªdebati¨® Han.
¡ª?No recuerdas a tu familia? ¡ªpregunt¨® A¨ªto, supongo que le agarr¨® curiosidad por la conversaci¨®n.
¡ªNo. No recuerdo mi nombre ni siquiera. Pero tengo mi colgante; es lo ¨²nico que ten¨ªa cuando despert¨¦.
¡ª?Puedo ver el colgante? ¡ªEstir¨® su mano hacia m¨ª.
¡ªS¨ª ¡ªMe quit¨¦ el cacho de metal del cuello y se lo entregu¨¦. Pude escuchar los sonidos del guardia manipulando el artefacto para analizarlo m¨¢s profundamente. Se hab¨ªa puesto la lanza en su axila para sujetarla. La imagen de A¨ªto con una lanza era ciertamente... algo.
¡ª?Una flor?
Parec¨ªa que, cuando alguien m¨¢s abr¨ªa el colgante, se ve¨ªa eso. Realmente estaba perdiendo los estribos
¡ªNo s¨¦ qu¨¦ flor es.
¡ªMenguante Divino. Loto transformativo ¡ªdijo.
¡ª?La conoces?
¡ª?Hablas en serio, A¨ªto? ¡ªpregunt¨® Han.
¡ªEs una interpretaci¨®n antigua de esa flor. El loto cambia de color y apariencia durante todo el a?o y no florece de forma natural, por lo que ha sido representado de distintas maneras a lo largo de la historia. Los p¨¦talos adicionales en los extremos y en el centro se presentan durante dos momentos diferentes del a?o, pero en esta representaci¨®n est¨¢n combinados. Hoy en d¨ªa, simplemente se utiliza la forma que tiene durante el solsticio de verano.
¡ª?Y de d¨®nde es la flor? ¡ªpregunt¨¦. Quiz¨¢s, por primera vez, ten¨ªa una pista sobre mi origen.
¡ªEsa es la parte interesante. Que yo sepa, el ¨²nico lugar que posee esta flor es Choura.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEn el templo, en la cima de la colina, detr¨¢s del altar, hay una laguna. Esa laguna tiene un buen n¨²mero de estas flores. No se sabe si las trajeron de alg¨²n lugar o si provienen de all¨ª. Bueno, para el pueblo son sagradas.
¡ª?A qui¨¦n le robaste la joya, extranjero?
¡ªSen, ya sabes que nadie en el pueblo puede hacer algo as¨ª. Esto tiene que ser un tesoro de hace mucho tiempo. Toma ¡ªA¨ªto me devolvi¨® la joya y la colgu¨¦ en mi cuello.
?Entonces qu¨¦? ?Un pueblerino me secuestr¨® y me tir¨® este pendiente encima? ?Cu¨¢l era el sentido de todo esto?
¡ª?Tienes una idea de d¨®nde pudo haber salido esto? ¡ªle pregunt¨¦ a A¨ªto, pero no me molestaba si alguien m¨¢s contestaba.
¡ªLa verdad no tengo idea. ?T¨², Han?
El hombre neg¨® con la cabeza.
¡ªSe dice que el loto protege al pueblo desde el altar, por eso la aldea sobrevivi¨® tanto tiempo en su lugar, sin ning¨²n animal que se atreviera a acercarse. El loto no muere, no envejece, y se multiplica solo. Es un protector sagrado. El menguante divino ¡ªesa reflexi¨®n, incre¨ªblemente, provino de Sen. Estaba acostumbrado a escucharlo gritar, por lo que el tono calmado fue algo nuevo, para variar.
¡ª?Por qu¨¦ tengo, yo, esto? Ni siquiera soy de aqu¨ª.
¡ªNunca vi una joya as¨ª. Si no supiera mejor, dir¨ªa que eres un enviado divino ¡ªrespondi¨® A¨ªto a mi espalda.You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story.
¡ª?Dices que lo envi¨® Balance? Se encarg¨® de traer a alguien bien in¨²til, en ese caso ¡ªdijo el guardia m¨¢s grande.
¡ª?Balance?
Han suspir¨®, pero A¨ªto me respondi¨®:
¡ªEl templo es para ¨¦l. Es el dios protector de la aldea. Otorga balance y equilibrio a la vida de las personas y de las naciones. Nos gusta pensar que a la de las aldeas tambi¨¦n.
¡ªEs la raz¨®n por la que tu empleadora est¨¢ aqu¨ª, para que sepas ¡ªa?adi¨® Han.
¡ª?Mira?
¡ªS¨ª. Est¨¢ aqu¨ª para rendirle culto a Balance. Es algo que los Inovatio hacen desde hace d¨¦cadas. Tenemos un Inovatio visitando el pueblo cada a?o.
¡ª?En serio? ¡ªEsta vez no fui yo el que pregunt¨®.
¡ªS¨ª, Sen. En serio ¡ªle respondi¨®, cansado, Han¡ª. Lo que sucede es que, en general, no hacen un espect¨¢culo de s¨ª mismos. Son discretos. Esta ni?a est¨¢ haciendo un esc¨¢ndalo...
¡ªMierda. Eso solo me enoja m¨¢s ¡ªdijo Sen, partiendo la maleza con un corte especialmente violento¡ª. Esc¨²chame, extranjero. Intentas algo, lo que sea, y no dudar¨¦ en matarte, ?entendido?
¡ªNo intentar¨¦ nada.
¡ªYa veremos...
?Qu¨¦ pod¨ªa intentar? ?Acaso pensaba que apu?alar¨ªa a Han r¨¢pidamente, me dar¨ªa la vuelta para pegarle una patada desestabilizadora a A¨ªto, y lanzar¨ªa mi cuchillo en su direcci¨®n, antes de correr a la mayor velocidad que pueda? Ya lo pens¨¦. Como mucho, tendr¨ªa un 2% de probabilidades de que todo resultara bien. Rid¨ªculo. ?Por qu¨¦ ten¨ªa que soportar las sospechas infundadas de este hombre? En cualquier caso, eso lo utilizar¨ªa como ¨²ltimo recurso.
Me tropec¨¦ con una rama sobresaliente en el suelo y me desbalance¨¦ de un lado a otro, pero finalmente la bolsa en mi espalda result¨® ser lo suficientemente pesada como para impedirme caer de frente. Una vez que logr¨¦ estabilizarme y mir¨¦ hacia adelante, encontr¨¦ algo.
¡ª?Ah! ?Un carpincho!
El famoso roedor americano, reconocido por su naturaleza afable, estaba mostr¨¢ndome su tierno posterior mientras reposaba en un peque?o claro dentro de la vegetaci¨®n. Quer¨ªa acariciarlo, quiz¨¢s, incluso, pod¨ªa decir que necesitaba acariciarlo. Luego de mirarlo por unos emocionantes segundos, el idiota, tonto, zopenco, bruto, torpe, zoquete, tarugo de A¨ªto coloc¨® una mano cruel entre mi palma ansiosa y las peludas posaderas que buscaban ser manoseadas.
¡ªNo te acerques ¡ªme dijo¡ª. Son inofensivos, pero al morir liberan un olor intenso que atrae a todos los animales en la cercan¨ªa.
¡ª...
¡ªConc¨¦ntrate en el encargo. Tenemos que encontrar el chaeki; probablemente se resistir¨¢.
¡ª...
¡ª?P-por qu¨¦ me est¨¢s mirando as¨ª?
¡ªHm ¡ªmascull¨¦ esa peque?a vocalizaci¨®n de entendimiento y me adelant¨¦ con el bolso en la espalda.
Han inhal¨® un par de veces, luego dijo:
¡ªHuelo algo malo... Realmente no quiero encontrarme con un waruki hoy. Me dieron los escalofr¨ªos peligrosos.
No entend¨ª nada de lo que dijo, pero creo que los otros dos s¨ª.
¡ª?T¨² dices, Han? La verdad es que todo est¨¢ extra?amente silencioso de mi lado ¡ªreport¨® Sen.
¡ªHmm... Yo tambi¨¦n siento que algo est¨¢ mal ¡ªA¨ªto fue el ¨²ltimo en dar su opini¨®n; dejando un perfecto 3/3 en banderas levantadas, no sab¨ªa qu¨¦ era un "waruki", pero probablemente estaba a segundos de conocerlo.
Entonces escuch¨¦ un sonido como el de vapor a presi¨®n, como una tetera con agua hirviendo. Por primera vez, pod¨ªa decir que Sen me hab¨ªa impresionado. Pensaba que eso de chiflar como una locomotora al estar muy enojado era algo reservado exclusivamente para las caricaturas. Pero m¨ªralo, ah¨ª estaba, haciendo posible lo imposible. No ten¨ªa una vista clara de ¨¦l, pero probablemente hasta le sal¨ªa vapor por las orejas.
¡ª?Idiota, ag¨¢chate! ¡ªA¨ªto grit¨® desde atr¨¢s y baj¨® mi cabeza hasta el suelo con un manotazo bien puesto en la nuca. Luego me sostuvo desde el suelo, de cuclillas.
El vapor surc¨® por encima de nuestras cabezas.
¡ª?Hanemis! ¡ªGrit¨® Han.
Al instante, extraje el cuchillo de mi cintur¨®n con mi mano derecha, mi mano mala. El p¨¢nico me invadi¨® y afloj¨® mi sost¨¦n del arma. Me di la vuelta; A¨ªto ya se hab¨ªa levantado. Sosten¨ªa su lanza con una posici¨®n extremadamente r¨ªgida y algo osada, desechando la idea de defensa para optar por una amenazante extensi¨®n de su brazo.
El sonido se escuch¨® de nuevo, entonces lo vi. Algo que parec¨ªa una rata, pero definitivamente no era. No era una rata, porque su tama?o era casi el de un perro grande como un Pastor Alem¨¢n o un Akita. Tampoco ten¨ªa las proporciones normales de la rata com¨²n en el aspecto de su anchura algo redondita y no tan despareja a su longitud. Lo que esta "rata" ten¨ªa, en cambio, era una complexi¨®n casi raqu¨ªtica, su m¨²sculo y carne era f¨¢cilmente visibles a trav¨¦s de su fina piel. Su pelaje era gris, escaso e irregular. Estaba erguida en sus patas traseras, su cabeza inclinada hacia atr¨¢s, mostrando sus incisivos sobre-desarrollados. El sonido de vapor pareci¨® llegar a su cenit y entonces el "animal" nos salt¨® encima a una velocidad terror¨ªfica. Cerr¨¦ los ojos.
Lo primero que escuch¨¦ fue un sonido h¨²medo. Lo primero que sent¨ª fueron peque?as gotas de l¨ªquido aterrizando en mi rostro. Abr¨ª los ojos y me encontr¨¦ con la lanza levantada de A¨ªto, que empalaba por completo a la rata, atraves¨¢ndola desde su boca abierta.
¡ªC¨²brete ¡ªme avis¨®. Baj¨® la lanza hasta el suelo y desconect¨® el animal de su arma con un pisot¨®n.
¡ª?Me agarr¨® en la pierna! ¡ªgrit¨® Han. A¨ªto corri¨® en su direcci¨®n, pero el trabajo ya estaba terminado. Han aplast¨® la rata con el filo de su lanza, su tobillo a¨²n en la boca del animal.
Sen, detr¨¢s, segu¨ªa luchando con la rata, pero con una esquivada y una estocada, tambi¨¦n termin¨® su enfrentamiento.
¡ª?Tss!
Sin embargo, el sonido se escuch¨® de nuevo y, esta vez, A¨ªto no estaba a mi lado.
Levant¨¦ mi cuchillo en la direcci¨®n general del vapor, cerr¨¦ los ojos y apret¨¦ la boca. Pero el sonido nunca me alcanz¨®. En cambio, este fue reemplazado por un chillido y el sonido de una hoguera. ?Una hoguera? ?De d¨®nde sali¨® una hoguera?
Abr¨ª un ojo con cuidado, y fue como si mi nariz se hubiera percatado de lo que apareci¨® en mi visi¨®n. Un fuerte hedor de azufre me asalt¨®, y junto a eso, apareci¨® una imagen indescifrable.
¡ª... ?Eh?
¡ªA¨ªto, cuidado con eso, estamos en medio del bosque.
¡ªIba a saltar encima de ¨¦l. Tuve que hacerlo. El fuego no se esparcir¨¢ tan r¨¢pido.
¡ªMejor d¨¦jalo a su suerte...
Un incendio. Una rata enorme. Un cuerpo quemado, chamuscado. Convulsionando en el suelo, sin detenerse. El olor era intenso y no se deten¨ªa incluso cuando me tapaba la nariz.
¡ª?Q-qu¨¦? ?Qu¨¦? ?Qu¨¦ pas¨®?
?Un incendio? ?Gas? ?Llama? ?Un lanzallamas? ?Un rayo? ?Molotov? ?Combusti¨®n espont¨¢nea?
A¨ªto se acerc¨® al cad¨¢ver y le dio peque?os pisotones hasta apagarlo.
Mi boca segu¨ªa temblando e intentando vocalizar algo; se sent¨ªa desconectada del resto de mi cuerpo, como si tuviera voluntad propia y urgentemente necesitase entender qu¨¦ fue lo sucedi¨®. Se sinti¨® como ver uno de esos videos de errores en la realidad, con la excepci¨®n de que esto definitivamente no estaba editado; simplemente ocurri¨®. En ese sentido, probablemente acababa de entender a los beb¨¦s y animales que a¨²n no hab¨ªan desarrollado la conciencia de permanencia del objeto.
¡ªLev¨¢ntate. Ya no hay m¨¢s ¡ªA¨ªto me dio su mano y yo la tom¨¦, aun con la boca abierta.
¡ª?Qu¨¦ te pasa? ¡ªme pregunt¨® uno de los guardias.
¡ª?Q-qu¨¦ acab¨® de ocurrir?
¡ªA¨ªto lo encendi¨®. ?Cu¨¢l es el problema? ¡ªcontest¨® Han, como si pudiera entender a qu¨¦ se refer¨ªa.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªInfluencia. A¨ªto puede usar Influencia. Somos un pueblo chico, pero tenemos personas con habilidades. No nos subestimes.
¡ªSolo somos el anciano y yo. No lo enga?es, Han.
¡ªIn- ?Influ- qu¨¦?
¡ªInfluencia- ?C¨®mo que Influ-qu¨¦? ?Extranjero, te hiciste da?o en la cabeza?
¡ª?Qu¨¦ es eso?
?Era un tipo de... lanzallamas o algo as¨ª?
¡ªNo hagas el tonto. Perdiste tus memorias, pero no es como que olvidaste todo.
¡ªNo, no. Realmente no s¨¦ qu¨¦ es eso. No entiendo qu¨¦ sucedi¨®.
A¨ªto se acerc¨® a m¨ª.
¡ªEsto ¡ªlevant¨® el dedo ¨ªndice de su mano derecha.
Entonces el dedo se prendi¨® fuego.
Me alej¨¦ como si hubiera explotado una granada a mi lado
¡ª?Ehh! ?Ehhheehhhh! ??Qu¨¦ pas¨®!?
¡ª?Esto es en serio? ¡ªpregunt¨® Han a¨²n sin creerme.
Ah. Ahhh. Ya entend¨ª... Ok...
¡ªEs... ?Ilusionismo! ?Ten¨ªas un encendedor detr¨¢s del dedo! ?Qu¨¦ tonto soy!
¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando?
¡ªNo sab¨ªa que hac¨ªan ese tipo de cosas en el pueblo. Wow. Creo que nunca vi una ilusi¨®n tan realista.
¡ª?Realmente no sabes lo que es la Influencia? ?De qu¨¦ clase de familia noble provienes? ?Ignorantis? ¡ªdijo Han.
¡ª?P-por qu¨¦ le llaman as¨ª? Es magia, nada m¨¢s.
¡ª?Magia? No es magia, es Influencia.
A¨ªto encendi¨® su dedo de nuevo.
¡ª?Ves? Es solo Influencia ¡ªdi un paso hacia atr¨¢s, me tropec¨¦ con una rama y ca¨ª de trasero¡ª. ?Qu¨¦ te sucede? ¡ªme pregunt¨®, como si no tuviera un dedo prendido fuego.
¡ª?C-c¨®mo haces eso?
?De d¨®nde hab¨ªa sacado semejantes trucos un pueblerino retr¨®grado?
¡ª?En serio? ¡ªpregunt¨® A¨ªto mientras agitaba su dedo de un lugar a otro. Apunt¨® hacia el frente y extendi¨® la llama¡ª. Tranquilo, es una habilidad. Lo puedo controlar, no ocurrir¨¢ nada.
El dedo no ten¨ªa nada especial. Solo estaba prendido fuego, sin quemar la piel. No pod¨ªa entender qu¨¦ estaba sucediendo.
¡ªA¨ªto, deja de hacer eso, lo est¨¢s espantando.
El joven acat¨® la orden, apag¨® su dedo y se fue caminando a su posici¨®n.
Acababa de ver algo imposible. Mi cerebro intentaba racionalizar lo ocurrido, pero era simplemente imposible. No fue como un truco de magia, en donde te esconden lo importante y solo te permiten ver una parte. El hombre rot¨®, gir¨®, agit¨®, e hizo todo movimiento posible con su dedo desde cualquier ¨¢ngulo. Exceptuando el caso de que los aldeanos de este pueblo remoto hayan logrado controlar la combusti¨®n espont¨¢nea a su voluntad, lo que acababa de ver era algo imposible.
No pude evitar largar un fuerte quejido de dolor.
¡ª?Qu¨¦ te pasa? ¡ªA¨ªto se acerc¨® r¨¢pidamente a m¨ª.
Pero no pod¨ªa pensar, no pod¨ªa formar un pensamiento. Me acababa de chocar a toda velocidad con la barrera que limitaba los recuerdos de mi mente. Mi mente no me ard¨ªa, me quemaba; no, se estaba corroyendo desde su interior, como si le hubieran lanzado una granada ensordecedora y una de termita al mismo tiempo.
Me ca¨ª al piso. No pod¨ªa controlar bien mis extremidades. Mi cerebro no se daba abasto para mandar las ¨®rdenes adecuadas. No pod¨ªa escuchar bien, el pitido era demasiado fuerte. Apenas pod¨ªa ver. Uno de los guardias comenz¨® a manipular mi cuerpo en el suelo. Solo escuchaba los gritos que se lanzaban entre s¨ª. Mierda, eso no ayudaba en nada.
Ten¨ªa que mover la mano. Empec¨¦ a agitar el brazo hasta que consegu¨ª un leve control, y entonces estir¨¦ los dedos para llegar a mi colgante. Por unos tortuosos segundos, luch¨¦ contra la hendidura de metal. Eventualmente, lo logr¨¦ abrir.
¡ª?Ahhh! ¡ªtom¨¦ una bocanada enorme de aire cuando me deslumbr¨® la luz de la joya.
Pintado de un intenso color gris, el collar me estaba retando, amonestando. "Deja de pensar", era lo que me quer¨ªa decir; estaba claro. M¨¢s que hechizado, este collar estaba maldito.
¡ª?Qu¨¦ te pas¨®? ?Est¨¢s bien? ¡ªEl primero en recibirme de vuelta al mundo fue A¨ªto.
Me levant¨¦ un poco embobado del suelo y entonces me coloqu¨¦ de rodillas.
¡ªSolo son las migra?as que tengo desde que perd¨ª la memoria...
Sen habl¨®:
¡ªA¨ªto... Este hombre est¨¢ completamente loco ¡ªdijo en un tono de asombro.
¡ªCalla, Sen ¡ªA¨ªto lo reprendi¨® y me ayud¨® a ponerme de pie.
¡ªSolo... Terminemos con esto...
El peque?o berrinche del aparato en mi cuello me hab¨ªa dejado mentalmente exhausto.
¡ªTenemos que volver al pueblo-
¡ªA¨ªto ¡ªHan le dio una advertencia sin decirla. Sen, por su parte, se content¨® con dejarle una mirada asesina.
¡ªN-no hace falta... Solo terminemos con esto lo m¨¢s r¨¢pido posible, por favor ¡ªmis palabras casi sonaron como una s¨²plica.
¡ªExtranjero, c¨¢lmate de una vez y p¨¢same el bolso, lo necesito un segundo.
Hice lo indicado porque no ten¨ªa nada mejor que hacer que obedecer la primera orden que me daban. El hombre grande sac¨® un frasco de la bolsa, del cual verti¨®, con discreci¨®n, un l¨ªquido sobre la herida de su tobillo.
¡ª?Te vendar¨¢s? ¡ªle pregunt¨® A¨ªto.
¡ª?Qu¨¦ soy? ?Una nena? Solo es una herida superficial peque?a. Limpiar un poco es suficiente.
Me entreg¨® el frasco de vidrio y lo guard¨¦ en su lugar espec¨ªfico.
CapÃtulo 12 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 2
3
No quer¨ªa admitirlo, pero me estaba costando bastante mantenerme en pie. No se me hab¨ªa ocurrido que mi cansancio mental llegar¨ªa a tal punto; combinarlo con el cansancio f¨ªsico no hab¨ªa resultado en nada bueno. A veces, cuando cerraba los ojos, sent¨ªa que estaba a punto de desplomarme al suelo.
Algo duro roz¨® mi cadera y di un peque?o brinco que me extrajo del cansancio devenido en trance.
¡ªMantente en fila ¡ªA¨ªto me acomod¨® en el lugar con el mango de su lanza.
Decid¨ª ignorar el hecho de que nos acababa de atacar una rata voladora, prefer¨ªa enfocar mis esfuerzos en rezar para que no haya ning¨²n otro ser que desafiara el orden de la naturaleza dentro de este bosque malvado. ?Quiz¨¢s estaba muerto? ?Quiz¨¢s estaba en una suerte de purgatorio poco convencional, como esa serie de televisi¨®n? No hab¨ªa nada m¨¢s que pudiera explicar lo que me estaba sucediendo. Una cosa y luego otra, se apilaban de forma interminable y no hab¨ªa forma de solucionarlas o conseguir respuestas. No hab¨ªa nada para desatar el nudo que cada vez se afianzaba m¨¢s y m¨¢s. Estaba muy, muy, cansado.
Durante el recorrido, me pregunt¨¦ c¨®mo habr¨¢ sido mi familia... ?Alg¨²n d¨ªa los ver¨¦ otra vez? ?Me aceptar¨¢n? ?Me querr¨¢n? Me gustar¨ªa que as¨ª fuera... Siento que eran algo muy importante en mi vida... pero ahora no est¨¢n... se esfumaron... Eran importantes, lo sab¨ªa... Pod¨ªa sentir el vac¨ªo enorme que dejaron en mi coraz¨®n...
Estaba muy, demasiado cansado.
¡ªA¨ªto, el extranjero est¨¢ planeando algo.
¡ªSen, lo ¨²nico que el extranjero est¨¢ planeando es c¨®mo mantenerse de pie durante los pr¨®ximos cinco minutos.
¡ª...
¡ª?C¨®mo sabemos d¨®nde puede estar el monstruo ese...? ¡ªle pregunt¨¦ al grupo.
¡ªNo sabemos. Lo ¨²nico que puedo decir es que el bosque est¨¢ extremadamente callado. Hay algo que est¨¢ muy mal... ¡ªme respondi¨® Sen.
Me pareci¨® peculiar la gran escasez de vida cuando circul¨¦ por estas zonas la primera vez. Aparentemente, hab¨ªa una explicaci¨®n para eso... Por alguna raz¨®n se me dificultaba mucho pensar. No-... pod¨ªa-...
S¨¦ que segu¨ª caminando, pero, si intentaba recordar de manera precisa qu¨¦ ocurri¨®, no pod¨ªa. Solo camin¨¦ y camin¨¦, acompa?ando a los hombres, sorteando obst¨¢culos. Camin¨¦ sin parar. Camin¨¦ tanto que, en cierto punto, olvid¨¦ por completo la raz¨®n por la que estaba en ese lugar. La raz¨®n era... era...
Sen me mir¨®.
Quiz¨¢s era el estado febril en el que me encontraba, pero sent¨ª que no era una mirada de enfado. Por una vez, era una simple mirada de confusi¨®n...
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...
...
¡ª?...! ¡ªalguien dijo algo.
Repentinamente, el mundo dio un giro de 90 grados.
Mi cabeza se choc¨® contra la dura tierra y, poco a poco, fui recobrando el conocimiento. Levant¨¦ el torso del suelo e intent¨¦ captar visualmente lo que hab¨ªa a mis alrededores. Sen y Han tambi¨¦n estaban en el suelo. A¨ªto se encontraba de lado de una gran llamarada.
¡ª?Q-...Qu¨¦ fue lo que pas¨®...?
¡ª?Lev¨¢ntate! ¡ªA¨ªto alz¨® la voz desde su lugar. Sen y Han ya se hab¨ªan puesto de pie y hab¨ªan adoptado posiciones defensivas¡ª. ?Extranjero! ?Lev¨¢ntate!
Me puse de pie lo m¨¢s r¨¢pido que mis piernas y equilibrio me permitieron. No entend¨ªa nada de lo que estaba sucediendo. Necesitaba un poco de ayuda... No pod¨ªa encontrar el enemigo esta vez.
¡ª?Warukis! ?A¨ªto! ??Cu¨¢ntos son!?
¡ª?Cinco! ?No, seis!
¡ª??C¨®mo se juntaron tantos!?
?Eso era el enemigo?
Sen estaba tirando de su lanza; una rama inmovilizando su arma por completo. ?C¨®mo pudo crecer un ¨¢rbol de esa forma?
La respuesta a mi est¨²pida pregunta lleg¨® en forma de un latigazo violento en mi hombro derecho, mi brazo funcional. Ca¨ª al piso por el dolor agudo e instant¨¢neo. Aprovechando la situaci¨®n, una rama se enrosc¨® en mi pie como una serpiente. Antes de que me diera cuenta, mi cuerpo estaba siendo arrastrado por el suelo, alej¨¢ndome del resto de mi grupo. Mi cabeza y mi torso golpearon un par de veces la superficie dura de la tierra. Me proteg¨ª como pude con el brazo derecho.
4
Una inmensa y asqueante sensaci¨®n de ansiedad invadi¨® a Mira.
Mientras realizaba los triviales preparativos para la audiencia con el cacique, su conciencia finalmente percibi¨® una disonancia entre sus flamantes emociones y las maquinaciones que hab¨ªa elucubrado para su empleado. Se hab¨ªa arriesgado, hab¨ªa arriesgado mucho en lo que pensaba que era un juego sin sentido. Pero ahora, habiendo ganado el premio mayor, el p¨¢nico de perderlo todo se asent¨® en su est¨®mago con un enorme peso. La situaci¨®n para ella fue como haber hecho un par de apuestas cruzadas absurdas, de las cuales todas, hasta la pen¨²ltima, hab¨ªan acertado; y ahora se encontraba con la posibilidad de perder todo por culpa del ¨²ltimo disparate de su lista.
¡ªMira, ?est¨¢s bien? ¡ªla sirvienta le habl¨® en un tono ¨ªntimo que pocas veces adoptaba, a pesar ser lo m¨¢s cercano que pose¨ªa la joven a una "madre" real. Claramente, Mira se percat¨®, ella se dirigi¨® as¨ª porque hab¨ªa fracasado en ocultar sus verdaderas emociones.
¡ªNo, Yoi. Puede ser que haya cometido un grave error.
Eso era algo que no sal¨ªa usualmente de su boca.
¡ª?Es por el chico? ?Podr¨ªa contratar a un mercenario para verificar su seguridad, quiz¨¢s?
¡ªSer¨ªa muy tarde. Si el destino de esta cacer¨ªa era terminar de esa forma, entonces lo peor ya ocurri¨®.
Mira quer¨ªa darse en la cabeza con un palo. ?C¨®mo pudo ser tan idiota de arriesgarlo todo de esa manera? Quiz¨¢s, al final, cuando comprendi¨® el verdadero valor del muchacho, podr¨ªa haber alterado su accionar, podr¨ªa haber puesto una excusa. Hab¨ªa mil cosas que podr¨ªa haber hecho. Ella era muy capaz. ?Ella era ella, por dios! ?C¨®mo no se percat¨® de lo arriesgado que era ese plan que hab¨ªa pensado en unos pocos minutos?
Fue culpa de ¨¦l. ?Qui¨¦n lo mand¨® a actuar de esa forma tan inesperada en el ¨²ltimo momento? Hab¨ªa logrado desorientarla temporalmente, estaba dispuesta a reconocerlo; pero eso no hab¨ªa sido positivo. Si no hubiera actuado as¨ª, quiz¨¢ ella habr¨ªa cambiado sus planes y no estar¨ªa en esta situaci¨®n.
Mira se coloc¨® r¨¢pidamente unas alpargatas en la puerta de su residencia y se march¨® a la entrada del pueblo. No era un accionar muy l¨®gico; su presencia no cambiar¨ªa en nada lo que pod¨ªa llegar a pasar. Aun as¨ª, sent¨ªa que all¨ª era donde deb¨ªa estar.
La sirvienta dej¨® escapar un suspiro pesado. Tambi¨¦n le inquietaba el estado del chico; sin embargo, sent¨ªa cierta satisfacci¨®n al ver que la joven demostraba tanta preocupaci¨®n por ¨¦l. Despu¨¦s de todos los juegos en los que lo hab¨ªa hecho participar, un poco de sensibilidad era bienvenida.
CapÃtulo 13 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 3
5
¡ª?Han!
¡ª?Sen! ??Est¨¢s bien!?
El guardia m¨¢s joven se encontraba aprisionado debajo del peso de una de las ramas m¨¢s gruesas. Atrapado contra el suelo, el guardia no lograba cubrir toda la ofensiva de los violentos ¨¢rboles. Pero eso no era para nada lo que ocupaba su mente.
¡ª?Han! ?El extranjero...! ¡ªlleg¨® a escupir desde su posici¨®n, inclinando su cabeza para dirigir al guardia m¨¢s grande en otra direcci¨®n.
El hombre sigui¨® con sus ojos la posici¨®n indicada, la posici¨®n del extranjero que poco le importaba. Lo ¨²nico que pudo discernir, entre toda la vegetaci¨®n y los latigazos del campo de batalla, fue un waruki tirando sus ramas fuera de la zona de combate.
Se encontraron en una emboscada: un claro perfectamente circular, rodeado de warukis, ¨¢rboles depredadores que hab¨ªan ocultado su presencia a prop¨®sito. A¨ªto se encarg¨® f¨¢cilmente del primero; con un chasquido de sus dedos, inciner¨® por completo el cuerpo de la planta. Pero A¨ªto era un solo hombre, y sus enemigos eran seis monstruos. Monstruos que usualmente se encuentran aislados y, debido a su territorialidad, viven separados unos de otros; criaturas que probablemente eran lo peor que uno podr¨ªa encontrar en el bosque.
El hecho de que hubiera tantos reunidos en semejante proximidad parec¨ªa un muy mal chiste del destino. Mientras m¨¢s entraba en a?os, todas esas historias de Balance y los lotos protectores sonaban m¨¢s y m¨¢s como cuentos para ni?os. Si hab¨ªa dioses en este mundo, ellos definitivamente no estimaban a los humanos lo suficiente para protegerlos.
El hombre morrudo corri¨® al rescate del guardia m¨¢s peque?o. Ya hab¨ªa perdido a uno hace tan poco, morir¨ªa antes de perder otro.
¡ª?Han...! ?Yo estoy bien...! ?A¨ªto est¨¢ con nosotros! ?Sigue al extranjero! ¡ªComo para complementar las palabras del guardia, un potente fogonazo se escuch¨® al otro lado del claro. A¨ªto se hab¨ªa encargado de otro.
¡ª?Sen!
El joven lo mir¨® con tanta determinaci¨®n que pareci¨® juntar l¨¢grimas en los ojos.
¡ªSigue. Al. extranjero.The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.
El hombre mayor aplast¨® los dientes y se dio la vuelta en direcci¨®n al integrante faltante del grupo de cacer¨ªa. Esto tambi¨¦n... era parte de sus responsabilidades.
Otro fogonazo acompa?¨® su marcha.
6
El ¨¢rbol me arrastr¨® violentamente a trav¨¦s de matorrales, piedras y otros ¨¢rboles. Me encontraba completamente indefenso. Una de mis manos no pod¨ªa generar fuerza para resistir por las lastimaduras que ten¨ªa desde antes de iniciar la cacer¨ªa, y mi otro brazo hab¨ªa quedado casi inutilizado por el latigazo en el hombro. El ¨¢rbol era astuto. Me aisl¨® del resto de los combatientes y decidi¨® atenderme en una sesi¨®n personal.
Una vez colocado entre una roca y el tronco de un ¨¢rbol no malvado, el monstruo afianz¨® su agarre y comenz¨® a escalar por mi pierna, llegando a mi cintura. Invoqu¨¦ toda mi fuerza para extraer la cuchilla del portador de mi cintur¨®n, sin mucha idea de c¨®mo utilizarla para defenderme.
La rama escal¨® hasta mi cuello y entr¨¦ en p¨¢nico. Primero intent¨¦ empujarla de m¨ª con el brazo derecho, pero no hab¨ªa caso; el ¨¢rbol era mucho m¨¢s fuerte que yo. La rama empez¨® a enrollarse por mi cuello como una boa constrictora, y yo le clav¨¦ el cuchillo en la secci¨®n tirante que no se encontraba pegada a mi cuerpo. El cuchillo rebot¨® in¨²tilmente en la superficie.
No esperaba que fuera tan ineficaz.
La rama sigui¨® y sigui¨® escalando hasta llegar a tapar completamente mi boca. Mis v¨ªas respiratorias casi estaban atascadas en su totalidad.
Me hund¨ª en un profundo p¨¢nico. "Voy a morir" Esa frase se repet¨ªa desde mi inconsciente y hac¨ªa temblar a todo mi cuerpo. Comenc¨¦ a golpear con mi mano mala y mi mano destrozada al cacho de madera que ten¨ªa en mi boca, apenas logrando hacerlo mover, pero nunca despeg¨¢ndolo de mi cuerpo. No pod¨ªa pensar en lo que hac¨ªa. Mis manos se mov¨ªan de manera furiosa, brusca, sin importar el inmenso dolor que me ocasionaban todos y cada uno de los golpes.
Durante toda esa desaforada contienda, un crujido de vegetaci¨®n que reson¨® en la cercan¨ªa se sinti¨® como un alto para la pelea que estaba librando por mi vida. Mis ojos rojos se movieron hacia la fuente del sonido. Lo que vi se asemejaba a un ¨¢ngel guardi¨¢n.
Por el camino de donde el ¨¢rbol me hab¨ªa extra¨ªdo, en un relieve m¨¢s elevado, la figura de un hombre grande encandilaba toda la oscuridad que, tan repentinamente, me rodeaba.
¡ª???MMM!!! ???MMMMMM!!! ¡ªNo pod¨ªa producir palabras, pero pod¨ªa hacer entender la situaci¨®n y el pedido que estaba haciendo.
El hombre me mir¨® por encima durante unos segundos y se aferr¨® a su lanza. Su sola presencia fue un terrible alivio. Verte aislado y con tu vida amenazada te hace sentir una inmensa soledad. La presencia de cualquier persona ser¨ªa capaz de enmendar eso. El hombre se par¨® all¨ª arriba unos segundos, o quiz¨¢s unos instantes que se sintieron como segundos. Su inacci¨®n me alarm¨®, enfoqu¨¦ mi mirada en su rostro.
Mis ojos se abrieron al ver la mueca en su cara, o mejor dicho, la total ausencia de una.
No era resignaci¨®n. Ojal¨¢ lo hubiera sido. Era apat¨ªa. G¨¦lida, congelada, apat¨ªa.
¡ª???MMMM!!! ??MMMM!? ???MMMMMMMMMM!!! ¡ªle supliqu¨¦ como pude al hombre desde mi d¨¦bil posici¨®n.
La rama me tap¨® la nariz. El hombre se dio la vuelta y se retir¨® en una tranquila caminata.
Me dej¨® solo.
CapÃtulo 14 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 4
7
Para cuando volvi¨® al claro donde hab¨ªan sido emboscados, Sen ya se hab¨ªa reintegrado a la pelea y estaba cortando todas las extremidades que se atrev¨ªan a acercarse a su posici¨®n. Por otro lado, A¨ªto esquivaba con un buen juego de piernas los latigazos de otro ¨¢rbol, con el objetivo de acercarse lo suficiente antes de ahogarlo en fuego. Al estar en un bosque, no se pod¨ªa dar el lujo de rociar todo lo que estaba frente a su mano. Por suerte, los waruki ten¨ªan la caracter¨ªstica de ser muy h¨²medos; los incendios sol¨ªan iniciar y terminar en su superficie, pero hab¨ªa que mantenerlos bien controlados, por supuesto.
Entonces, ¨²nicamente quedaban dos, y no tard¨® mucho antes de que A¨ªto se encargara de los restantes. Lo que solo uno de ellos sab¨ªa, sin embargo, era que hab¨ªa un waruki fuera del claro, fuera del c¨ªrculo; el n¨²mero total de hostiles, por lo tanto, era siete, y no seis como se hab¨ªa cre¨ªdo inicialmente.
A¨ªto y Sen terminaron con la ¨²ltima amenaza en conjunto, el guardia restante observando lo que suced¨ªa con una cara de nada que r¨¢pidamente ocult¨® cuando ambos guardias se enfocaron en ¨¦l.
¡ª?Han! ??Y el extranjero!? ¡ªpreguntaron ambos a la vez.
Dud¨® un instante, luego contest¨® con aparente sinceridad:
¡ªSe escap¨® hacia el pueblo. Parece que le gan¨® lo cobarde.
¡ª??Se fue solo!? ?Morir¨¢! ¡ªrespondi¨® A¨ªto con genuina preocupaci¨®n en la voz.
Sen se qued¨® en silencio, sin saber precisamente qu¨¦ pensar.
¡ª???Tss!!! ¡ªel hombre descendi¨® hasta el suelo y sostuvo la parte inferior de su pierna.
¡ª?Han?
¡ªEl golpe del waruki abri¨® la herida en mi tobillo. No creo que pueda caminar muy bien...
El guardia m¨¢s joven asisti¨® r¨¢pidamente al hombre ca¨ªdo, el otro no consegu¨ªa decidir si quedarse o ir en b¨²squeda de la persona que probablemente estaba en mayor peligro.
¡ªA¨ªto... El cobarde escap¨®. Volvi¨®, fue en direcci¨®n al pueblo. Estamos a unos cinco minutos de all¨ª. El extranjero llegar¨¢ ¡ªle intent¨® convencer el m¨¢s grande.
¡ªA¨ªto. No puedo protegernos si tengo que ayudarlo a caminar, ?entiendes? ¡ªle advirti¨® el m¨¢s joven.
El guardia en cuesti¨®n se encontr¨® en una disyuntiva para nada envidiable. O empeorar su relaci¨®n con sus hermanos a lo m¨¢s bajo que jam¨¢s hab¨ªa estado, o poner en riesgo la vida de un inocente.
Quiz¨¢s se podr¨ªa culpar al cansancio acumulado tras tantos d¨ªas de caos; tal vez a la presi¨®n que sent¨ªa por no perder lo que le quedaba de familia; quiz¨¢s al hecho de que el extranjero, a quien tanto intent¨® ayudar, nunca se mostr¨® agradecido con ¨¦l; o quiz¨¢s, simplemente, a la disminuci¨®n de sus funciones mentales tras haberse enfrascado en actividades de alto esfuerzo f¨ªsico. Pero, cuando el guardia m¨¢s joven insisti¨® con un ¨²ltimo "A¨ªto...", ya sin tanto enojo, sino con ruego en su voz, el peli-azul se vio incitado a tomar el lado de sus compa?eros, por una vez. Despu¨¦s de todo, al extranjero no lo conoc¨ªa, pero familia solo ten¨ªa una. Y el extranjero ni siquiera era capaz de decir eso.
Trag¨® fuerte, suspir¨®, se coloc¨® detr¨¢s de su compa?ero lastimado y dijo:
¡ªVamos, Sen. Encontr¨¦monos en el pueblo.
El otro guardia le sonri¨®.
8
Me dej¨®. Me dej¨® a morir. Me dej¨® para que muera, solo, en este bosque.
Me dej¨® para que muera sin nombre, sin familia, completamente solo. Lo m¨¢s solo que se pod¨ªa estar, era como iba a morir.
?Por qu¨¦ tuvo que ocurrir esto? ?Por qu¨¦ tuve que perder todo, sin que pudiera hacer nada al respecto? ?Cu¨¢ntas personas mueren de esta manera? No entiendo. ?Qu¨¦ estuvo ocurriendo todos estos d¨ªas? ?Por qu¨¦ no pod¨ªa volver todo a como era antes? Lo que sea que significaba "antes".Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings.
Mira.
Mira, ?d¨®nde est¨¢s? ?Por qu¨¦ me dejaste solo? Despu¨¦s de tantas cosas que ocurrieron. Despu¨¦s de que me digas toda la verdad y yo la aceptara. ?La acept¨¦! ?Con los brazos abiertos! ?Sin quejarme un segundo! ?Acept¨¦ la verdad, satisfecho! ??Pero entonces por qu¨¦!? ??No era que me quer¨ªas!? ??Por qu¨¦ me dejar¨ªas morir!? ?Ser¨ªa un objeto inservible si eso ocurriera!
¡ªMira no est¨¢ aqu¨ª ¡ªdijo una voz en mi cabeza.
Quiz¨¢s era el pendiente, quiz¨¢s era una parte escondida de m¨ª. De igual forma, la voz ten¨ªa raz¨®n. Esta vez, no hab¨ªa forma de que ella solucionara mis problemas; tampoco deseaba que lo hiciera. No quer¨ªa que el sirviente tuviera raz¨®n en su juicio sobre m¨ª.
Por una vez...
Por una vez, quer¨ªa ser yo el que le pusiera los l¨ªmites a mi persona. Gracias a ese lastimoso e insignificante deseo, que creci¨® en mi coraz¨®n, encontr¨¦ una parte m¨ªa con la capacidad de moverse a pesar de todas las dificultades. Encontr¨¦ una parte que no se preocupaba por resentimientos, lamentos, o caprichos. Encontr¨¦ una parte que quer¨ªa, que deseaba, ir hacia delante.
Mov¨ª los ojos. No pod¨ªa inclinar la cabeza, el ¨¢rbol la manten¨ªa firme en su lugar. Analic¨¦ minuciosamente la madera para encontrar el trozo m¨¢s fino o aparentemente d¨¦bil. No era f¨¢cil de hallar, la rama era muy constante y s¨®lida. Hab¨ªa un trozo con la corteza desprendida al alcance de mi brazo, no estaba seguro si era donde la hab¨ªa golpeado anteriormente.
No pod¨ªa respirar.
No ten¨ªa mucho m¨¢s tiempo. Estir¨¦ el brazo y aplast¨¦ el lado m¨¢s filoso de la cuchilla contra la zona pelada de la rama. Entonces, gui¨¢ndome ¨²nicamente por las sensaciones que percib¨ªa mi mano, empec¨¦ a serrar la falsa serpiente con toda la fuerza que pod¨ªa producir mi brazo debilitado.
Era un movimiento imperfecto; a veces fallaba al calcular la distancia y clavaba accidentalmente la punta de la cuchilla en un costado de la madera. Otras veces, el cuchillo se deslizaba un poco de mi mano y terminaba siendo empujado de lado. Desesperanzado ante cada error, contuve la respiraci¨®n durante un tiempo irrisorio y continu¨¦ con el movimiento de corte.
Por la falta de ox¨ªgeno, empezaron a escaparse l¨¢grimas de mis ojos, que pronto fueron secadas por el ¨¢rbol al avanzar por mi rostro, hasta privarme incluso del sentido de la vista.
En negro, con mi garganta realizando movimientos extra?os en un intento por obtener aire, y los m¨²sculos de mi cuerpo tens¨¢ndose y relaj¨¢ndose en lapsos irregulares, permanec¨ª haciendo el corte. Sent¨ªa que no estaba logrando nada. Sent¨ªa que mi cuchillo no ten¨ªa ning¨²n efecto. Pero mi plan era seguir el movimiento hasta perder la conciencia, o al menos, mi racionalidad.
En negro. Serraba, serraba, serraba.
?En negro...! Serraba y serraba.
En ne...gro...
Mi cuerpo sali¨® disparado hacia atr¨¢s, la rama del ¨¢rbol a¨²n encima de m¨ª, rode¨¢ndome por completo. Al segundo instante, entend¨ª lo que sucedi¨®.
El cuchillo hab¨ªa cortado. En ning¨²n momento sent¨ª que estaba realizando un avance, sin embargo, el cuchillo eventualmente atraves¨® la rama por completo.
Aspir¨¦ con toda la fuerza de mis pulmones mientras me liberaba del peso de la madera muerta que me cubr¨ªa. Me levant¨¦ r¨¢pidamente y dirig¨ª la mirada hacia el ¨¢rbol, que retiraba su extremidad t¨ªmidamente. La imagen me infundi¨® algo de valor, pero sab¨ªa que deb¨ªa alejarme de su alcance lo antes posible. El camino de regreso al claro estaba bloqueado por la flora vil, as¨ª que proced¨ª con cautela, dando unos pasos hacia atr¨¢s.
Mi tal¨®n golpe¨® un arbusto y, a causa de mi poca fuerza y confusi¨®n general, ca¨ª de trasero en una zona m¨¢s despejada del bosque.
¡ª?Gack!
Como una pel¨ªcula de terror- No... Viviendo una pel¨ªcula de terror, gir¨¦ lentamente la cabeza. Detr¨¢s de un arbusto, espiando como si hubiera estado esperando un buen tiempo all¨ª, una cabeza marr¨®n y deformada se asomaba.
La criatura me mir¨® a los ojos. Yo lo mir¨¦ como si fuera un pez reci¨¦n pescado. Nos miramos por lo que probablemente habr¨ªan sido unos cinco segundos que, sin embargo, se sintieron como 20 minutos. Entonces, el monstruo asqueroso emiti¨® un sonido similar a un gato atragant¨¢ndose y se escap¨® por un agujero entre la maleza del bosque.
Fue all¨ª, en la posici¨®n completamente pat¨¦tica en la que me encontraba, que se me present¨® una decisi¨®n. ?Qu¨¦ opci¨®n deb¨ªa elegir?
Volver al grupo o perseguir a la criatura. ?Cu¨¢l ser¨ªa la mejor decisi¨®n?
Claro, puesto de esa forma, parec¨ªa el dilema m¨¢s est¨²pido y sin sentido que exist¨ªa. ?Qu¨¦ clase de protagonista idiota de pel¨ªcula de terror elegir¨ªa perseguir al monstruo final, cuando pod¨ªa f¨¢cilmente volver a la seguridad del grupo m¨¢s grande? Un grupo que, por cierto, podr¨ªa acabar con el problema en poco tiempo. Pero llegar a esa conclusi¨®n ser¨ªa ignorar todo el resto de la informaci¨®n. Para empezar, Han me dej¨®. ¨¦l quer¨ªa que muriera. No sab¨ªa cu¨¢nto estaban al tanto de esto los otros dos; sin embargo, dif¨ªcilmente me sentir¨ªa seguro entre ellos. Hasta donde yo sab¨ªa, volver al grupo podr¨ªa ser tan peligroso como enfrentarme al monstruo. Incluso si volv¨ªa al c¨ªrculo, no hab¨ªa garant¨ªa de que todav¨ªa estuvieran all¨ª. Aparte de eso, el monstruo era el objetivo. Si lo consegu¨ªa, podr¨ªa terminar con todo este asunto. Estar¨ªa forzado a cazarlo... Claramente, era una decisi¨®n muy est¨²pida... Pero, como dicen, la estupidez y el coraje son dos caras de la misma moneda. Era ir¨®nico. Usualmente, esa expresi¨®n se usa para lo contrario de lo que yo estaba haciendo: Para indicar que el aparente coraje era, en realidad, una gran estupidez. Quiz¨¢s eso significaba que yo estaba siendo est¨²pido... Probablemente, Mira estar¨ªa totalmente en contra de la idea que se estaba formando en mi cabeza...
Aun as¨ª...
Record¨¦ las palabras del hombre sirviente y las palabras de mi salvadora, por alguna raz¨®n. Eso fue lo que logr¨® hacerme decidir.
"Cu¨ªdate, por favor."
Estuve a punto de mirar al colgante para finalizar mi decisi¨®n, para dejar todo en sus manos nuevamente; decid¨ª a ¨²ltimo momento que no. Me quit¨¦ el bolso y lo dej¨¦ descansar al lado de un arbusto.
Vamos a ser un poco est¨²pidos.
CapÃtulo 15 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 5
9
Comenc¨¦ a perseguir al duende deforme. El monstruo no se tom¨® ni un segundo para verificar mi posici¨®n; sin embargo, pude percatarme que sab¨ªa muy bien de mi presencia, algo en sus movimientos r¨¢pidos me lo indicaba. Est¨¢bamos corriendo por el medio del bosque, ya solo ese hecho era terriblemente peligroso; pero hab¨ªa apostado todo, no hab¨ªa nada m¨¢s que hacer. Con este brazo in¨²til y este brazo destrozado, iba a hacer todo lo posible para acabar con la vida de esa bestia.
Todav¨ªa estaba notablemente mareado por culpa de la asfixia, o por culpa de la caminata, o quiz¨¢s por culpa de las est¨²pidas migra?as... No sab¨ªa, ya no importaba. Ten¨ªa un objetivo, ese objetivo segu¨ªa frente a m¨ª, segu¨ªa en mi visi¨®n. Y mientras permaneciera en mi visi¨®n, mi resoluci¨®n segu¨ªa f¨¦rrea y en pie.
La criatura era mucho m¨¢s r¨¢pida. Lo que yo perd¨ªa en agilidad, lo ganaba en tama?o, por lo que la diferencia entre nuestras marchas no era muy distinta.
Corrimos por los caminos irritantemente irregulares y torcidos de la arboleda. Por alg¨²n motivo, empez¨® a burbujear un fuerte torrente de ira mientras persegu¨ªa al monstruo. Pens¨¦ en el hecho de que este animal ya hab¨ªa asesinado a un hombre. Al tomar una vida, deber¨ªa estar preparado para que la suya sea tomada. No era que realmente me importase, simplemente estaba buscando una excusa para justificar mi enojo. Empec¨¦ a pensar m¨¢s profundamente en el hecho de que esta bestia era b¨¢sicamente la causa de todos mis problemas. Este puto enano no hab¨ªa tra¨ªdo m¨¢s que tragedia a mi vida. Mi mano se hizo un pu?o alrededor del cuchillo, mi agarre m¨¢s firme. Estaba dispuesto a asesinarlo, no hab¨ªa vuelta atr¨¢s.
El monstruo, por una vez, dirigi¨® una breve mirada hacia m¨ª; pero sigui¨® avanzando, sin importarle mi presencia. Apur¨¦ mi paso. Quer¨ªa alcanzarlo y acabar con todo esto. El duende atraves¨® un arbusto y lleg¨® a una zona m¨¢s despejada, entonces, en un santiam¨¦n, salt¨®, dio una vuelta completa, y me ofreci¨® una especie de sonrisa totalmente asquerosa.
Levant¨® su cuchillo y penetr¨® un cad¨¢ver que se encontraba a sus pies. Un cad¨¢ver no-humano. El cad¨¢ver de un roedor, uno no monstruo, uno de esos carpinchos que vi en el camino.
Me detuve y pens¨¦ un instante en lo que hab¨ªa hecho este monstruo. La criatura sigui¨® su acto haciendo un corte profundo en el cuerpo y ba?ando su cuchillo en sangre. Un latigazo for¨¢neo golpe¨® el suelo enfrente m¨ªo.
Este monstruo... Este monstruo...
?Me hizo caer en una trampa?
Quiz¨¢s un poco m¨¢s tarde que el resto de mi entorno, mi nariz percibi¨® el olor f¨¦tido que estaba expulsando el animal asesinado. Como si esta criatura no podr¨ªa ser m¨¢s desagradable, m¨¢s absolutamente repugnante; ahora resultaba que no solo era lo suficientemente inteligente para utilizar herramientas, sino que incluso era capaz de preparar trampas. Sent¨ª un escalofr¨ªo en mi espalda e inmediatamente me agach¨¦. El zumbido de un latigazo horizontal atraves¨® el aire encima de m¨ª, casi golpeando al duende adelante. Pero el latigazo se detuvo, se detuvo justo antes de alcanzar la cara del duende, y comenz¨® a envolver el cad¨¢ver en el suelo.
¡ª?Tsss! ¡ªel sonido del vapor nuevamente.
Antes de que me diera cuenta, una de las ratas, m¨¢s peque?a que las dem¨¢s, salt¨® a mi pierna, mordiendo con fiereza toda la zona. Incluso con el protector de A¨ªto cubriendo mi piel, sus dientes y su fuerza fueron suficiente para da?arme.
¡ªJej ¡ªel duende ech¨® una carcajada asquerosa y me lanz¨® una sonrisa desmesurada, satisfecho de que hab¨ªa ca¨ªdo perfectamente en su trampa.
Luego, utiliz¨® mi posici¨®n desfavorable para correr hacia m¨ª sin cuidado, su daga hacia delante; la rata, por otro lado, intentaba destrozar el protector mordiendo, raspando y clavando sus dientes en el cuerpo.
Me lanc¨¦ hacia abajo y, en un movimiento inusualmente habilidoso, aprovech¨¦ el empuj¨®n para apu?alar a la rata desde arriba. El cuchillo atraves¨® su espalda, y la sensaci¨®n de la carne penetrada fue absolutamente asquerosa. Mi tobillo se torci¨® porque la criatura lo manten¨ªa inm¨®vil mientras mi cuerpo giraba. No tuve tiempo para analizar el da?o que le hab¨ªa causado a la rata saltarina, ya que el chaeki, sin esperar, se arroj¨® sobre m¨ª, oblig¨¢ndome a detenerlo con mi brazo izquierdo, mi mano sin fuerza.
La cuchilla del duende atraves¨® mi abdomen; no por completo, tan solo un poco; lo suficiente para que me ardiera como si me estuvieran vertiendo metal fundido. Incre¨ªblemente, las heridas previas en mi mano parec¨ªan doler m¨¢s que la pu?alada que estaba sufriendo. Mi otra mano estaba atorada; el cuchillo se hab¨ªa quedado atascado en el cuerpo de la rata. Intentaba empujarlo, extraerlo, pero me era imposible. A rega?adientes, solt¨¦ el cuchillo de Mira, mi ¨²nica arma, y us¨¦ lo que quedaba de fuerza en mi brazo derecho para empujar al duende. Afortunadamente, fue suficiente para liberar la hoja de mi est¨®mago. Pero ahora, el chaeki y yo qued¨¢bamos atrapados en una confrontaci¨®n de fuerza, un duelo que claramente estaba perdiendo.
Intentaba empujar la piel asquerosa de la criatura lejos de m¨ª, pero no estaba teniendo efecto, la hoja se acercaba cada vez m¨¢s y m¨¢s. En una batalla limpia de poder no hab¨ªa forma que le ganara.
Mir¨¦ a mis alrededores. El ¨¢rbol estaba distra¨ªdo acercando el cad¨¢ver a su interior. Mi cuchilla a¨²n permanec¨ªa clavada en la rata, cuyos dientes no hab¨ªan abandonado el protector.
Un poco de la baba o fluido corporal de la criatura cay¨® en mi cara porque la expresi¨®n s¨¢dica que manten¨ªa extend¨ªa demasiado las comisuras de su cara. Al mirarlo de cerca, era aparente una herida que portaba bajando del ojo, un gran corte que se extend¨ªa por todo su rostro. Probablemente, esa era la herida que Mira nos encarg¨® a buscar.
Entre morir por el Viejo Hombre-Sauce, y el duende este, no pod¨ªa discernir qu¨¦ fin era peor. Por un lado, la sensaci¨®n asfixiante te hac¨ªa sentir una inmensa soledad, por el otro, ya hab¨ªa observado los resultados del apu?alamiento que estaba a punto de recibir en toda su brutal gloria. No, definitivamente morir por esta criatura era peor. No quer¨ªa pensar al respecto, pero cuando me encontr¨¦ por primera vez con el monstruo en el bosque, el duende estaba haciendo algo con la cabeza del cad¨¢ver que prefer¨ªa ni mencionar. No quer¨ªa que eso me sucediera a m¨ª; por Dios, no quer¨ªa. ?Mi vida antes de perder mis recuerdos era as¨ª de mala? ?Mi vida siempre fue esto? ?Por qu¨¦ me lo olvid¨¦? ?Por qu¨¦ me parec¨ªa tan irreparablemente il¨®gico?
La hoja atraves¨® nuevamente la piel de mi est¨®mago. Mientras m¨¢s la daga se clavaba, m¨¢s se evaporaba el vigor que quedaba en mi brazo izquierdo. A pesar del estado adrenal¨ªnico en el que me encontraba, no pod¨ªa reunir las energ¨ªas suficientes para combatir la situaci¨®n, y en todo esto, las heridas que ya ten¨ªa eran un enorme impedimento; las heridas causadas por mis propios errores. Qu¨¦ idiota caprichoso. ?Amenazado con un arma, sabiendo mi destino, decid¨ª no hablar? ?Y qu¨¦ hubiera sucedido si Sen decid¨ªa apuntar a mi cuello, y no mi mano? ?Y qu¨¦ hubiera sucedido si Mira nunca aparec¨ªa? ?Hubiera aceptado mi muerte, sin m¨¢s? Idiota, ??De qu¨¦ te serv¨ªa tu odio, tu ira, tu desprecio, tu cansancio, tu resignaci¨®n... de qu¨¦ te serv¨ªan todas esas emociones, si estabas muerto!? ??Qu¨¦ estuve pensando todo este tiempo!? ??C¨®mo me atrev¨ª a empecinarme en mi propia miseria, cuando hab¨ªa cosas importantes por las que podr¨ªa haber vivido!? ??Qu¨¦ gan¨¦ encaprich¨¢ndome de esa forma!? ?No gan¨¦ nada! ?Idiota! ?Un inmenso, gigante, de proporciones ¨¦picas, idiota!
La hoja penetr¨® mi abdomen.
El sirviente ten¨ªa raz¨®n. Todo este tiempo pensaba que, si Mira no hac¨ªa las cosas por m¨ª, mi vida estaba tan bien como terminada. ?De qu¨¦ me serv¨ªa vivir en un mundo tan cruel, un mundo que me odiaba? Eso pensaba. Y, hasta que las cosas no se inclinaban a mi favor, me quedaba con esa percepci¨®n terca e infantil del mundo. Como un ni?o que no aceptaba la derrota, que se enojaba por las consecuencias l¨®gicas de sus acciones, me comport¨¦ de esa manera. Creo que con el sirviente la saqu¨¦ barata. No s¨¦ si porque fue reservado, o si porque no pudo leer lo verdaderamente despreciable que fui como ser humano estos d¨ªas. Lo siento, Yoi, pero estabas equivocada. No era una buena persona. En todo momento que me encontraba contra las cuerdas de la vida, no hice m¨¢s que buscar la soluci¨®n m¨¢s vil, m¨¢s cobarde, para la situaci¨®n. No era una buena persona. Y mi p¨¦rdida de memorias no hab¨ªa cambiado nada en absoluto. No fui una buena persona, y ahora tampoco lo era.
Una l¨¢grima se escurri¨® de mi ojo. Mira... Mi coraz¨®n se marchitaba al pensar que no la podr¨ªa ver de nuevo... Y justamente cuando hab¨ªa hecho el mayor avance en nuestra relaci¨®n... Cuando le expres¨¦ de manera ego¨ªsta todo lo que deseaba de ella y ella me expres¨® todos sus deseos ego¨ªstas de m¨ª. Eso era lo que quer¨ªa. Estaba seguro de que eso era algo que, incluso antes de perder las memorias, no ten¨ªa. Eso era algo por lo que mi coraz¨®n se desesperaba. Honestidad. Honestidad pura. Entender el interior de una persona, y ofrecerle a cambio entendimiento de mi interior. No hab¨ªa una relaci¨®n que deseara m¨¢s que esa. Este era un deseo heredado de mi pasado. No ten¨ªa nombre, familia, hogar. Pero, si algo permaneci¨®, fue ese deseo.
Mierda.
El monstruo solt¨® un brazo de su arma para quitar del camino mi brazo derecho con un manotazo, el filo me penetr¨® mucho m¨¢s.
Mierda. Quiz¨¢s, si tuviera mis memorias, estar¨ªa recordando a mi familia, a mi madre, probablemente; pero ahora lo ¨²nico que llenaba mi cabeza era Mira. Esa chica ambiciosa, terror¨ªfica, manipuladora, deshonesta, que no pod¨ªa evitar amar. Mierda... No quer¨ªa morir...Unauthorized use: this story is on Amazon without permission from the author. Report any sightings.
Mira. Mira... El cuchillo de ella segu¨ªa clavado en la rata... ?Mira...!
¡ªMira no est¨¢ aqu¨ª ¡ªreson¨® de manera terminante la misma voz que antes.
No era el collar, era una voz verdadera que estaba oculta muy dentro m¨ªo. Mira no estaba aqu¨ª, eso era cierto. Pensar en ella no cambiar¨ªa nada. Yo estaba aqu¨ª. Y yo era el que decid¨ªa mis l¨ªmites, eso era lo que me gustaba pensar...
Entonces se me ocurri¨® una idea.
¡ªSirviente, me gustar¨ªa que vieras esto.
Mira no estaba aqu¨ª. Mira no pod¨ªa hacer nada por m¨ª, eso era cierto. Pero yo estaba aqu¨ª. Estaba cansado de que mi vida se moldeara seg¨²n los caprichos de este mundo. De este mundo, del destino, de los guardias, del pueblo, de Mira, de lo que sea. ?Cu¨¢l era mi valor? Me gustar¨ªa, por una vez, decidir yo mismo la respuesta a esa pregunta. Si el mundo tanto me odiaba, entonces dejar¨ªa de actuar bajo sus reglas. Que Dios, Balance, o quien sea, mire muy bien, no pensaba seguir jugando por el camino que hab¨ªa sido trazado para m¨ª.
Aprovech¨¦ la mano que a¨²n segu¨ªa en el cuerpo del duende. Necesitaba solo un instante de potencia, no mucho m¨¢s. Despu¨¦s de unos cuantos gemidos y lloriqueos, liber¨¦ un grito de batalla ensordecedor, todo para producir la mayor cantidad de fuerza que mis brazos eran capaces de generar.
Por un segundo, el duende cedi¨®, lo que me permiti¨® mover r¨¢pidamente el brazo derecho, mi brazo no-lastimado, en el medio de la trayectoria de la cuchilla. El duende volvi¨® a impulsarse y la cuchilla se clav¨® de lleno en mi mano. Ese era mi plan. El cuchillo estaba oxidado y hab¨ªa perdido mucho su filo. Si fuera por m¨ª, obviamente no arriesgar¨ªa t¨¦tanos o Dios sabe qu¨¦ infecci¨®n. Si fuera por m¨ª, pero esto dej¨® de estar en mis manos hace mucho tiempo. El tema: Esta cuchilla, oxidada y con un filo muy obtuso, ten¨ªa la particularidad de doler como el demonio al penetrar la piel.
¡ª?Je? ¡ªemiti¨® el monstruo.
Era una cuchilla que dol¨ªa como el demonio... pero que dif¨ªcilmente pod¨ªa penetrar con ¨¦xito poco m¨¢s de unos cent¨ªmetros de carne.
Hice un pu?o con mi mano, rodeando la cuchilla y cortando toda mi palma al mismo tiempo. Tuve que morderme el labio violentamente para resistir el dolor. El duende estaba completamente confundido, optando por empujar lo m¨¢s que pod¨ªa, sin poder atravesar mi mano, y tirar lo m¨¢s que pod¨ªa, siendo atrapado por la misma mano. Era por esta raz¨®n que deb¨ªa ser esa mano, la mano que pod¨ªa cerrar. Era por esa raz¨®n, y por el detalle de que el cuchillo de Mira estaba m¨¢s pr¨®ximo a mi mano izquierda.
El cuchillo de Mira, ese era mi siguiente paso. No pod¨ªa pensar por el dolor. Todo lo que me esforzaba en intentar, lo terminaba haciendo con un considerable retraso, pero el cuchillo estaba ah¨ª, a mi alcance. Ten¨ªa que estirarme y agarrarlo...
"Mira no est¨¢ aqu¨ª." La voz son¨® de nuevo- No, esta vez la record¨¦ por mi cuenta, dej¨¢ndome con lo que parec¨ªa ser la pieza suelta de un rompecabezas.
?Mira no estaba aqu¨ª? Ya lo sab¨ªa, Mira no estaba aqu¨ª. De qu¨¦ me serv¨ªa pensar en eso-
Mi cuerpo se detuvo y mis ojos se clavaron en mi mano vendada. Como si fuera un mensaje de otro plano, mi cerebro encaj¨® la pieza y arrib¨® a una respuesta sobre lo que deber¨ªa hacer. De alguna forma, estaba seguro de que iba a funcionar, o, mejor dicho, estaba seguro de que lo pod¨ªa hacer funcionar. No era una soluci¨®n elegante, ni prolija, ni mucho menos sofisticada, pero era viable; y eso era todo lo que necesitaba.
Mir¨¦ al duende, su expresi¨®n de p¨¢nico.
Hice un pu?o con la mano vendada y lo estamp¨¦, a la mayor velocidad posible, contra el cr¨¢neo de la criatura. Estaba bastante seguro de que hab¨ªa roto un par de dedos haciendo eso, pero la adrenalina era una droga incre¨ªble.
El monstruo recibi¨® el contacto con confusi¨®n o mareo. Yo aprovech¨¦ su inacci¨®n para nuevamente estampar mi pu?o, ahora un martillo de carne, contra su cr¨¢neo. Golpe¨¦ una vez m¨¢s, y otra, y otra. Y otra, y otra, y otra, y otra. L¨ªquido empez¨® a caer en spray a mi cara, estaba casi seguro que la mayor parte proven¨ªa de una de mis manos m¨¢s que del cr¨¢neo de la criatura. Golpe¨¦ de nuevo, y de nuevo. Cada golpe sonaba completamente mojado, como si estuviera aplastando un trapo h¨²medo contra una mesa. Sin embargo, segu¨ª golpeando. La imagen de su cara siendo deformada a¨²n m¨¢s al ritmo de cada golpe que le propiciaba me llenaba de satisfacci¨®n. Quiz¨¢s, en un estado mental m¨¢s racional y pac¨ªfico, no habr¨ªa sentido "satisfacci¨®n"; quiz¨¢ habr¨ªa sentido "alivio" por poder ratificar que estaba teniendo ¨¦xito. Pero lo que sent¨ªa en este momento solo se pod¨ªa describir como satisfacci¨®n. No, era incluso m¨¢s, era elaci¨®n, la elaci¨®n m¨¢s primitiva que hab¨ªa sentido en mi vida. El dulce cosquilleo que sent¨ªa por mi rostro y mis brazos me seduc¨ªa a seguir adelante, a adentrarme m¨¢s en el acto violento; no por la violencia en s¨ª, sino por lo que con esa violencia estaba consiguiendo. Era Victoria, pura Victoria, me encantaba, lo anhelaba, a?oraba por m¨¢s.
Entonces, la criatura solt¨® dificultosamente el cuchillo y tropez¨® hacia atr¨¢s.
Estaba inmerso en otro mundo para este momento; mis pensamientos racionales hab¨ªan tomado un asiento trasero, dejando a mis impulsos violentos al volante de la situaci¨®n. Me levant¨¦ del suelo despu¨¦s de unos segundos y extraje, con mucho dolor, la cuchilla de mi mano derecha. Esta vez, la herida fue por mi propia decisi¨®n. Mi mano tembl¨® y sangr¨® en demas¨ªa, pero la cuchilla se desprendi¨®.
Me coloqu¨¦ encima del duende, a horcajadas. Mir¨¦ por un segundo el cuchillo de Mira, pero me termin¨¦ decantando por el que hab¨ªa sido usado contra m¨ª hace unos segundos. Ajust¨¦ el arma entre mis manos rotas hasta conseguir un agarre m¨¢s o menos firme. Sub¨ª el pu?al.
Entonces lo baj¨¦ en el cuerpo del monstruo, al mismo lugar donde me hab¨ªa apuntado a m¨ª. Una vez... Y otra, y otra, y otra. Al comp¨¢s de:
¡ªMierda. Mierda. Mierda. Mierda ¡ªuna expresi¨®n que manifestaba mis sentimientos por la criatura.
Y otra vez, y otra vez. Haciendo un desastre de sangre. Manchando mi cara, mi ropa, y el c¨¦sped alrededor. Sacando partes de su carne fuera de su cuerpo.
¡ª?Mierda! ?Mierda! ?Mierda! ?Mierda!
Mis cuchilladas eran completamente salvajes, a veces ten¨ªan la intenci¨®n de hacer da?o, a veces solo ten¨ªan la intenci¨®n de provocar dolor. Todas, sin embargo, eran completamente brutales. La criatura se hab¨ªa dejado de mover hace un tiempo.
¡ª?Pedazo de mierda! ¡ªgrit¨¦, hundiendo la cuchilla lo m¨¢s que pod¨ªa en su cuerpo. Como ya hab¨ªa provocado una buena cantidad de agujeros, la hoja alcanz¨® una profundidad decente.
Dejando mi espada clavada en el est¨®mago del drag¨®n, me desplom¨¦ a un costado, absorbiendo el aire a mi alrededor con la mayor fuerza posible. Mi mano izquierda se sent¨ªa como si la hubieran colocado debajo de una plancha o dentro de una tostadora. Mi pierna qued¨® chueca, como si hubiera pisado mal veinte veces seguidas; si fuera un jugador de f¨²tbol, ser¨ªa una lesi¨®n que me obligar¨ªa a retirarme. Mi otro brazo no estaba mucho mejor, hab¨ªa sido recientemente penetrado. Tuvo su primera vez con la hoja oxidada y chueca del chaeki. No sab¨ªa si hac¨ªan tan buena pareja como la lanza de Sen y mi mano izquierda, pero tampoco hab¨ªa que ser tan conservadores.
Estaba divagando completamente. Ni yo me pod¨ªa entender... pero tampoco necesitaba hacerlo.
¡ª?Ja, ja, ja! ¡ªme re¨ª con la sonrisa m¨¢s amplia que hice desde que despert¨¦ en ese dichoso r¨ªo.
Si esto fuera el final de una pel¨ªcula o de un videojuego, ser¨ªa la parte donde el protagonista est¨¢ en un descampado y es rodeado por un centenar de part¨ªculas brillantes hermosas que ascienden hasta el cielo o qui¨¦n sabe qu¨¦ plano existencial. Admitidamente, la imagen en la vida real, estando acostado en un charco de sangre, con ambas manos rotas, y mi pierna torcida, era mucho menos rom¨¢ntica; pero, por lo menos, pod¨ªa compartir los sentimientos con esos compa?eros ficticios. Elaci¨®n. No hab¨ªa una mejor palabra para describir c¨®mo me sent¨ªa. Tal vez se podr¨ªa simplificar y definir directamente como "Felicidad".
Me arrastr¨¦ hacia un lado. Hab¨ªa tomado una apuesta bastante arriesgada, era cierto, pero no ten¨ªa pensado rendir mi vida. Mi raciocinio segu¨ªa estando ah¨ª... Un poco relegado a segundo plano, pero segu¨ªa estando ah¨ª. Y como mi raciocinio permanec¨ªa conmigo, pod¨ªa decir con total seguridad que pocas cosas me apetec¨ªan m¨¢s que ser visitado por el ¨¢ngel del t¨¦tanos, o sus bellos compa?eros, cuyos nombres terminan con "-coco" y provocan un "-itis". Ten¨ªa que limpiar la herida- las heridas. No ten¨ªa el r¨ªo cerca, honestamente no estaba seguro qu¨¦ tan buena idea ser¨ªa limpiarlas all¨ª. Pero hab¨ªa visto a Han limpiarse con algo que estaba en la bolsa... La bolsa que hab¨ªa dejado a unos cuantos metros en el medio del bosque... Mierda.
Bueno, no me pod¨ªa detener el dolor. Unos deditos rotos y una mano perforada no eran nada frente a mi incalculable, insondable, hombr¨ªa... Pod¨ªa tragarme este dolor sin problema y seguir haciendo mi trabajo. El sangrado s¨ª que no estaba nada bien... Tendr¨ªa que hacer esto pronto. Ten¨ªa buena orientaci¨®n, as¨ª que sab¨ªa la direcci¨®n general en donde deber¨ªa estar el bolso.
Inspeccion¨¦ mis alrededores y me encontr¨¦ con el ¨¢rbol todav¨ªa asentando al pobre carpincho en su tronco. Mierda. El carpincho. Este lugar era lo contrario a seguro. Me levant¨¦ y rengue¨¦ hasta el chaeki. Lo apoy¨¦ en mis antebrazos, su cuchillo estaba acomodado tiernamente en el fondo de su est¨®mago. El cuchillo que me obsequi¨® Mira se tendr¨ªa que quedar aqu¨ª, l¨¢stima.
¡ªHop ¡ªlevant¨¦ al monstruo, carg¨¢ndolo como una princesa, y empec¨¦ la marcha fuera del lugar.
Pesaba unos 30 kilos, un poco menos de lo que esperaba. Afortunadamente, no hab¨ªa ning¨²n otro animal cerca.
10
Demor¨¦ tres veces lo que hab¨ªa tardado corriendo, pero finalmente alcanc¨¦ el bolso. Revole¨¦ al enano a un lado y empec¨¦ a escarbar, con mi mano apu?alada, por los contenidos de la bolsa. Encontr¨¦ una botella que, al estudiar con una olfateada, comprend¨ª que era agua; la utilic¨¦ para lavarme de manera muy ineficiente la mugre y sangre en mi rostro y manos. Escarb¨¦ un poco m¨¢s y me hice con el otro frasco, del mismo color y forma, pero diferente en su contenido. Ol¨ªa a alcohol, y no particularmente el etanol refinado que uno esperar¨ªa en un botiqu¨ªn, sino un alcohol de bebida, como Gin.
?Nada que hacerle! Me lo tir¨¦ en el abdomen.
¡ª???AAAHHHHHH!!!
... Mierda. No esperaba que me ardiera tanto. ?De qu¨¦ estaba hecho esto? ?Meo de Satan¨¢s? Honestamente, me aterraba la idea de tirarlo en la mano, herida que me dol¨ªa mucho m¨¢s. Agarr¨¦ un cacho de tela del bolso y me rellen¨¦ la boca con ella. Entonces, utilic¨¦ lo que me quedaba de mano izquierda para inclinar la botella y echar el l¨ªquido en el nuevo corte.
¡ª???MMMMMHHHHH!!!
No hab¨ªa forma de acostumbrarse a esto. Escup¨ª la tela y la utilic¨¦ para esparcir el l¨ªquido por las heridas a¨²n ardientes. Finalmente, me at¨¦ la f¨¢brica alrededor de la mano. Con eso terminado, decid¨ª confeccionar una suerte de artima?a. Arrastr¨¦ al duende hasta el bolso y utilic¨¦ un lado de la cuerda de agarre para enchufarlo al resto del conjunto, una vez los dos estaban juntitos, utilic¨¦ lo que quedaba de tela para amarrar el enano lo m¨¢s fuerte posible al bolso. Tard¨¦ mucho m¨¢s de lo que esperaba, pero finalmente logr¨¦ hacerlos una unidad. Levant¨¦ el bolso con el lado de cuerda disponible y me di cuenta de que deber¨ªa ir al gimnasio, era complicado levantar estos 30-algo kilos, especialmente con el peso desbalanceado. Estuve un tiempo intentando acomodar el bolso en mi espalda, casi me rindo; pero, cuando consegu¨ª algo m¨¢s o menos funcional, comenc¨¦ a marchar por el camino de vuelta al pueblo. Podr¨ªa cargar al duende todo el camino como una princesa, mas ten¨ªa dignidad.
Ya estaba empezando a oscurecer, qu¨¦ miedo.
CapÃtulo 16 - Oh, a ese lo mató el duende, no hubo nada que pudiéramos hacer. Qué lástima. - Parte 6
11
Al ser Mira la ¨²nica esperando en la entrada, la recepci¨®n de los guardias en el pueblo no fue precisamente una bienvenida de h¨¦roes, sino algo m¨¢s parecido a la que le dar¨ªan unos padres a un adolescente que festej¨® hasta altas horas de la noche.
Dos j¨®venes bajando de un desnivel con un adulto a upa, una chica menor esper¨¢ndolos con los brazos cruzados y una mirada de desprecio. La imagen era de todo menos ceremoniosa; era desprolija, rid¨ªcula y, en un todo, pat¨¦tica. Ese patetismo no fue desconocido por la chica, quien decidi¨® interrumpir la escena de inmediato, enfoc¨¢ndose en lo ¨²nico que le incumb¨ªa.
¡ª?D¨®nde est¨¢ el chico? ¡ªA pesar de que haya sido expresado como una pregunta, el tono acorde a una no fue utilizado. Lo que recibieron los guardias fue algo m¨¢s parecido a una amenaza que a una duda genuina.
Dos dudaron, por varios motivos, en contestar; el ¨²nico que no lo hizo fue el m¨¢s temperamental de los tres.
¡ªHuy¨® corriendo al pueblo, deber¨ªa haber vuelto hace unos minutos ¡ªtuvo la suficiente moderaci¨®n para evitar contestar con: "y si se lo comi¨® el bosque, no fue nuestra culpa."
A¨ªto aprovech¨® la oportunidad para deshacerse de sus propias dudas.
¡ªYa deber¨ªa haber regresado. ?No lo has visto por aqu¨ª? ?Desde cu¨¢ndo est¨¢s esper¨¢ndonos? ¡ª¨¦l cargaba una necesidad genuina por ayudar, por lo que su primer instinto fue recolectar toda la informaci¨®n que pod¨ªa.
¡ªNo pas¨® por aqu¨ª. Y los estuve esperando desde que se fueron.
Esa respuesta sorprendi¨® a todos los guardias.
¡ªPero estuvimos en el bosque por al menos cinco horas... ¡ªcontest¨® Sen, incr¨¦dulo.
¡ªY esas cinco horas yo permanec¨ª aqu¨ª, esperando.
Los guardias descendieron ya al nivel del resto del pueblo, y, al enfrentar de manera directa a la chica, empezaron a percatarse de la enorme presi¨®n que estaba siendo impuesta sobre ellos.
¡ª?Realmente no estuvo por aqu¨ª? El chico se escap¨® cuando nos encontramos con una emboscada de warukis, a unos cinco minutos del pueblo. Han dijo que corri¨® en esta direcci¨®n, ?no es as¨ª, Han? ¡ªpregunt¨® A¨ªto.
¡ªSe. Probablemente se escabull¨® en una esquina del pueblo, ya lo hizo una vez ¡ªel guardia no dud¨® ni un segundo en contestar. Su fachada, perfecta.
¡ª?Determinaron, por lo menos, que no haya sido azotado hasta la muerte por un waruki?
A¨ªto y Sen, en vez de contestar, fijaron su mirada en el m¨¢s grande.
¡ªEl chico escap¨® sin problemas. Seis warukis cubriendo tan poco espacio... Es imposible que hubiera otro m¨¢s en la zona ¡ªrespondi¨® a las miradas inciertas de esa manera.
¡ªSe escap¨® con nuestro equipamiento y todo... Si no vuelve, yo mismo me encargar¨¦ de asesinarlo.
¡ªCreo que no entienden ¡ªintervino con un tono serio la joven¡ª, Yo estoy ac¨¢, desde hace cinco horas, y ¨¦l no volvi¨®. Si ¨¦l hubiera vuelto, si ¨¦l hubiera colocado un solo pie en este pueblo, yo lo sabr¨ªa; pero ¨¦l no volvi¨®.
Cierta persona finalmente se sinti¨® intranquila.
¡ªD-De igual manera, eso no cab¨ªa en nuestras responsabilidades. ¨¦l mismo tom¨® la decisi¨®n de escaparse y alejarse de nuestra protecci¨®n, eso ya excede nuestras capacidades...
Mira estaba a punto de responder, pero alguien se interpuso.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s diciendo, Han?
¡ªYa sabes c¨®mo funcionan estas cosas, A¨ªto. Si ¨¦l mismo escapa de nuestra protecci¨®n, en medio de un bosque, entonces esperar que nos aseguremos de su bienestar es simplemente irracional.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s diciendo, Han? ¡ªsu tono se volv¨ªa cada vez m¨¢s fr¨ªo¡ª. Te conozco desde que tengo memorias, conozco cada una de tus expresiones, cada una de tus ma?as al hablar. Conozco tus buenos y malos h¨¢bitos. Y por supuesto que conozco tus ideas y tu forma de pensar.
Mira observ¨® la situaci¨®n intrigada, pero Sen observ¨® al mayor con la misma sorpresa que A¨ªto, ¨¦l tambi¨¦n detect¨® lo que estaba terriblemente desviado.
¡ªYa me parec¨ªa extra?o cuando exageraste esa est¨²pida herida en el tobillo. Pero, ?qu¨¦ es eso que acabas de mencionar? ?"Eso se encuentra sobre nuestras responsabilidades"?
Han cerr¨® la boca, se percat¨® de la discrepancia que vocifer¨® cuando estaba pensando ¨²nicamente en terminar la conversaci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido posible.
¡ª?No hay manera de que Han justifique evadir una responsabilidad! ?Esa sola idea es imposible! ?Est¨¢s actuando de manera extra?a desde hace un buen tiempo! ??Qu¨¦ estuviste ocultando!? ??D¨®nde est¨¢ el chico!?
¡ª?Se te zaf¨® un tornillo? El ni?o escap¨®, como ya lo dije. Y lo que dije sobre su protecci¨®n tambi¨¦n es cierto ¡ªcontest¨® el hombre sin demorar un segundo en componerse.
¡ªHan, di la verdad. No entiendo qu¨¦ est¨¢ sucediendo ¡ªdijo Sen en un tono de s¨²plica.
¡ª?Qu¨¦ les sucede? Si el chico est¨¢ muerto, fue por su propia mano. Yo no hice nada, no lo toqu¨¦. No fue mi culpa. Dejen de hacer el rid¨ªculo y pong¨¢monos a trabajar.
La respuesta pasm¨® a ambos guardias. Repentinamente, su padre adoptivo estaba hablando como si fuera una persona completamente distinta.
Sen levant¨® su lanza en direcci¨®n al hombre.
¡ªDeja de tratarnos como idiotas y habla en serio ¡ªorden¨®.
El hombre solo ofreci¨® una sonrisa incr¨¦dula.
¡ª?Qu¨¦ vas a hacer con esa lanza, chico? ?Me vas a hacer un agujero como al extranjero?
¡ªEsto no es para nada entretenido ¡ªinterrumpi¨® repentinamente la ¨²nica mujer¡ª. No tienen la m¨¢s m¨ªnima idea del valor que tiene ese chico y tienen la osad¨ªa de estar perdiendo el tiempo haciendo estupideces frente a mis ojos. D¨ªganme d¨®nde est¨¢ el chico en este momento.
Llegando a su l¨ªmite, la persona m¨¢s tranquila sinti¨® su racionalidad ser enmudecida por una intensa furia. Lo primero que levant¨® fue su lanza; no la apunt¨® a nadie espec¨ªfico, sino que estaba m¨¢s interesado en desafiar la situaci¨®n en s¨ª; luego levant¨® su voz:
¡ª?Dejen de decir estupideces! ?T¨², mujer, no pareces estar interesada en otra cosa que no sea jugar con el valor del pobre chico! ?Me enfermas! ¡ªApunt¨® su lanza en direcci¨®n a los dos que les faltaba atender¡ª. ?Ustedes dos llegaron a semejantes extremos contra alguien que es tan obviamente inocente que lucen pat¨¦ticos! ??Se sintieron bien atormentando a un chico que no entend¨ªa ni siquiera en d¨®nde estaba parado!? ??Y para qu¨¦!? ??Piensan que Hise hubiera querido que ustedes maten a un chico cualquiera en vez de enfrentar su muerte apropiadamente!? ??Son idiotas!?Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation.
¡ª?Te volviste demente, chico?
¡ª?No hables! ?No quiero escuchar una palabra que salga de tu boca mientras no tenga a ese chico enfrente m¨ªo! ??C¨®mo te atreves!? ??C¨®mo te atreves a, no solo terminar con la vida de ese chico, sino que hacerme c¨®mplice de eso!? ?Voy a ir a buscarlo ahora mismo y, si no lo encuentro, est¨¢s muerto para m¨ª! Y si lo encuentro... ¡ªse gir¨® en direcci¨®n a la chica¡ª. ?No me importa si eres realeza minashita o el mism¨ªsimo rey de Kiokai, no juegues nunca m¨¢s con ¨¦l!
Con eso terminado, el joven se dio la vuelta y comenz¨® la marcha subiendo la pendiente, lanza en mano, preparado para pasar el tiempo necesario dentro del bosque, fuera noche o d¨ªa, hasta encontrar al chico en cualquier estado que estuviera.
Han reemplaz¨® todo tipo de expresi¨®n de su rostro por una mueca de absoluta frialdad. Sen se encontraba muy confundido, contrariado. Y la chica solo se limitaba a mirar con desprecio. A¨ªto no volte¨® para recibir esas expresiones, no ten¨ªa ning¨²n inter¨¦s de hacerlo.
Pero entonces se detuvo.
Permaneci¨® quieto, en medio del desnivel, por un tiempo anormalmente extenso. Tanto fue as¨ª que, gradualmente, llam¨® la atenci¨®n de los tres otros individuos que hab¨ªan sido part¨ªcipes de la discusi¨®n. Primero Han, luego Sen, finalmente Mira. Los tres se enfocaron en el comportamiento extra?o del guardia, pero la situaci¨®n era tan inc¨®moda que casi ninguno se atrev¨ªa a abrir la boca.
Casi ninguno.
A¨ªto, ?sucede algo? ¡ªpregunt¨® Sen.
A¨ªto no contest¨®, solo parec¨ªa estar observando algo que se encontraba m¨¢s all¨¢, o escuchando algo que se o¨ªa en otra frecuencia.
¡ªHuff... Huff... Huff...
Algo que solo A¨ªto pod¨ªa escuchar, pero que luego lleg¨® a los o¨ªdos de Sen.
¡ªHuff... Huff... Huff...
A¨ªto, y Sen, completamente pasmados, afinaron su audici¨®n en absoluta concentraci¨®n. Prontamente, el sonido alcanz¨® tambi¨¦n al m¨¢s veterano entre ellos.
¡ªHuff... Huff... Huff... ?Huff!
Entonces el sonido alcanz¨® incluso a Mira, que no supo c¨®mo reaccionar.
¡ª?Ah!
Encima del desnivel, a unos pasos de A¨ªto, emergi¨® la figura de un chico. Su vestimenta estaba cubierta de sangre, y heridas notorias marcaban casi todo su cuerpo. Un bolso enorme colgaba aparatosamente de su espalda. Sus piernas temblando, claramente exigido, claramente adolorido; y, sin embargo, con la m¨¢s brillante sonrisa en su rostro, una sonrisa que nunca hab¨ªa mostrado.
¡ª?Yo sab¨ªa que ten¨ªa buen sentido de la direcci¨®n! ¡ªencontraba felicidad en simplemente haber acertado un dato de su vida pasada.
Rengue¨® un paso por el desnivel y tropez¨® inmediatamente. Perdi¨® el balance y cay¨® colina abajo, el cad¨¢ver en su espalda absorbiendo la mayor parte del da?o de ca¨ªda, actuando como un colch¨®n.
Nadie sab¨ªa c¨®mo reaccionar. Era dif¨ªcil dilucidar qui¨¦n de los cuatro estaba m¨¢s sorprendido exactamente; pero, si de algo serv¨ªa la coincidencia, su descenso como una bola de nieve termin¨® a los pies de la ¨²nica mujer del grupo. Sinti¨¦ndose en seguridad, el chico desacopl¨® el artilugio de bolsa que ten¨ªa en la espalda. Lo sinti¨® como quitarse unos zapatos demasiado apretados. Con el peso en los hombros liberado, el chico pudo relajar toda su espalda de inmediato. Haciendo uso de su nueva libertad motriz, rod¨® su cuerpo unos cent¨ªmetros para el costado, y, levantando su torso con el brazo derecho, consigui¨® inhalar, exhalar, y generar un poco de la energ¨ªa que tanto necesitaba en su cuerpo. Beb¨ªa el aire limpio a su alrededor con una vehemencia definitoria; se aventur¨®, enfrent¨® a la bestia, la derrot¨®, y finalmente volvi¨® victorioso; dif¨ªcilmente se pod¨ªa conseguir una victoria tan cargada de sencillez, tan limpia.
Mira, desde su altura, observ¨® por unos segundos al ser que ten¨ªa en los pies. Pocas veces se podr¨ªa decir que esta mujer padec¨ªa una situaci¨®n la cual no hab¨ªa previsto en lo absoluto.
¡ªMira... ah... Traje el duende. Dije que iba a ir al bosque, pero nunca pens¨¦ que encontrar¨ªamos al duende... ?Pero lo encontr¨¦ yo! Eso no me lo esperaba... Pele¨¦ con ¨¦l y sal¨ª victorioso... Deber¨ªas haberlo visto... Nunca hab¨ªa hecho nada de esto, pero lo consegu¨ª. Ah... Pero deber¨ªa atender mejor las heridas, si podr¨ªa pedirte el favor...
La chica no lleg¨® a tomar una decisi¨®n sobre su accionar, su subconsciente le gan¨® la carrera. Por lo tanto, si alguien le ped¨ªa una explicaci¨®n para sus acciones, ella no ser¨ªa capaz de d¨¢rsela.
Lo que Mira hizo fue agacharse hasta la altura del joven, sostener un tiempo su rostro con ambas manos.
¡ª?Ah! Perd¨ª tu cuchillo... Perd¨®n... Y despu¨¦s de que me lo hab¨ªas regalado- ¡ªEl chico hablaba sin siquiera mirarla a los ojos, a¨²n desprendi¨¦ndose de un estado adrenal¨ªnico realitaf¨®bico.
Se acerc¨® hasta su cara, silenciando al chico por su proximidad. Dada su inexpresividad, el chico qued¨® en un punto medio inc¨®modo, un punto medio entre el sonrojo y la intimidaci¨®n.
¡ª?am ¡ªEntonces la chica mordi¨® su nariz.
¡ªAu.
Deshizo la presi¨®n de sus dientes para decirle algo de frente:
¡ªEst¨¢s lastimado en todas partes... Realmente pens¨¦ que estabas muerto... Perd¨®name por haberte hecho esto... Lo siento... Deber¨ªa haber conseguido otro m¨¦todo... Otra forma... Lo siento.
¡ªNo pasa nada. Est¨¢ bien. Todo sali¨® bien, por lo que ya no importa.
Mira Inovatio no era alguien que insistir¨ªa en admitir un error, por lo que esa respuesta excesivamente generosa la molest¨®.
¡ªSolo acept¨¢ las disculpas ¡ªle dijo mientras tiraba de sus mejillas¡ª. Tonto ¡ªentonces se tom¨® un segundo para ayudarlo a levantarse del suelo.
¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªA¨ªto, el hombre que no tuvo que pasar d¨ªas y noches en el bosque, se acerc¨® al extranjero. Con un poco de tensi¨®n, con un poco de miedo; esperando, quiz¨¢s, una mirada mala, una hostilidad o un enfrentamiento.
¡ªMe lastim¨® ¡ªEl extranjero, para demostrar de qu¨¦ hablaba, se levant¨® la camisa.
La herida estaba sangrando un poco, pero no tanto. En su punto m¨¢ximo, la hoja apenas hab¨ªa logrado enterrar la punta en su abdomen. No as¨ª en su mano derecha, que estaba sellada por tela y, aun con eso, sangre se le escapaba libremente.
¡ªOh.
¡ªPero estoy bien, gracias, A¨ªto ¡ªle respondi¨® con una sonrisa. La primera vez que le dirigi¨® una sonrisa, como tambi¨¦n la primera vez que se refiri¨® por su nombre.
¡ªD¨¦jame ayudarte ¡ªA¨ªto tom¨® la posici¨®n de Mira para sostener el cuerpo del chico y ¨¦l, por su parte, lo permiti¨®.
¡ªGracias.
A¨ªto levant¨® uno de sus brazos y lo sostuvo en sus hombros, notando las articulaciones pulverizadas.
¡ª?Por dios! Realmente tienes las manos heridas.
¡ªNo las siento... No s¨¦ si eso es bueno o malo.
A¨ªto apret¨® sus dientes, encogi¨¦ndose por la impresi¨®n.
¡ªEso es muy, muy, malo. Vas a pasar unos muy malos d¨ªas, te lo advierto.
¡ªYa veo.
La chica se alej¨® de los dos para agacharse en el suelo y analizar el objeto, o conjunto de objetos, con los que el chico volvi¨® del bosque.
¡ª?Y eso? ¡ªpregunt¨® A¨ªto.
¡ªEs el chaeki. Me intent¨® matar. Lo mat¨¦. Toda la sangre que tengo en el cuerpo es mayormente de ¨¦l.
¡ª?Y lo ataste al bolso?
¡ªFue complicado. Hice ese artilugio despu¨¦s de limpiar un poco mis heridas.
¡ª?Y lo trajiste hasta aqu¨ª, con todo su peso?
¡ªS¨ª. Tambi¨¦n fue complicado, no estoy en muy buen estado f¨ªsico, parece.
¡ªPero tampoco en mal estado, se ve. ?Te das cuenta de la dificultad de lo que hiciste? Me cuesta creer que sigues consciente.
¡ª?S¨ª? La verdad es que me siento bastante bien.
¡ªMmm... Tenemos que llevarte al m¨¦dico.
¡ªBueno ¡ªel joven contest¨® con simpleza, con alegr¨ªa ensalzando todo su tono. Un tono definitivamente no acorde a alguien que, si estuviera en un videojuego, tendr¨ªa solamente unos pocos HP restantes.
¡ª... Esperen ¡ªSen se posicion¨® en frente y detuvo la movida en seco. El aire algo positivo se volvi¨® m¨¢s denso.
¡ª?Qu¨¦ sucede ahora, Sen? ¡ªpregunt¨® A¨ªto con hostilidad.
¡ªPerm¨ªteme llevarlo. Al m¨¦dico, ?no? T¨² ayuda a la Inovatio a traer el cad¨¢ver.
¡ªSen, ?piensas que soy idiota? No voy a permitir que le coloques un dedo encima.
Sen no mir¨® de frente, claramente avergonzado; sin embargo, suaviz¨® en gran medida el ¨ªmpetu en sus palabras:
¡ªSolo... quiero hablar un poco con ¨¦l. No voy a hacerle nada.
No lo logr¨® convencer.
¡ªTuve suficiente de ustedes. Vete, Sen, ya no tienes nada que hacer aqu¨ª.
Permanecieron en un tenso silencio, ¨²nicamente interrumpidos por unas peri¨®dicas expresiones de asco de Mira al analizar el cuerpo con un palito. Pero el objeto de la discusi¨®n eventualmente se agot¨®.
¡ªAh. Ya est¨¢. Me cansaron. A¨ªto, d¨¦jame ir con ¨¦l. No me har¨¢ nada, lo s¨¦.
¡ªPero-
El chico se desacopl¨® del guardia y dio unos pasos d¨¦biles al lado del otro
¡ªAyuda a Mira, por favor.
A¨ªto le rog¨® con la mirada, pero eventualmente cedi¨®. La chica escuch¨® atentamente la conversaci¨®n en curso. Y el hombre que no interactu¨® en la conversaci¨®n aprovech¨® un momento de descuido para desaparecer del lugar.
CapÃtulo 17 - Marioneta - Parte 1
1
El instante que vi su figura aparecer por lo alto, por encima de nosotros, todo mi vello corporal se eriz¨®. Se ve¨ªa tan brillante como un rel¨¢mpago, obstruyendo por completo mi visi¨®n. Por supuesto, esta era la primera vez que algo as¨ª me suced¨ªa. Era impensable, absurdo. No ten¨ªa planes para esto, o fuera de esto. Me hab¨ªa colocado en este sitio como una muestra de reprensi¨®n propia, un castigo personal. "Esto fue tu culpa, ahora mira los resultados de tu descuido", era el pensamiento. Era eso, o una forma de apaciguar la amargura; si me aseguraba del resultado lo m¨¢s r¨¢pido posible y lo ve¨ªa con mis propios ojos, entonces quiz¨¢s ser¨ªa capaz de aceptar mejor la realidad, eso tambi¨¦n pensaba.
C¨®mo mucho, en el mejor de los casos posibles, el chico volver¨ªa a m¨ª con el resto de los guardias, sin problemas. El resultado que esperaba desde un inicio, lo que mi coraz¨®n m¨¢s a?oraba. Pero sab¨ªa que eso era una expectativa demasiado positiva, irreal. Dentro de todos los resultados, ese fue el ¨²nico "positivo" que logr¨¦ prever.
?Qui¨¦n hubiera pensado? ?A qui¨¦n se le habr¨ªa ocurrido? Que, incluso ante el mal accionar de las figuras antag¨®nicas, ¨¦l, aun as¨ª, volver¨ªa por su cuenta. Era imposible, una conclusi¨®n necia. Pero, de alguna manera, este chico de un valor incalculable que parec¨ªa yo ser la ¨²nica en poder divisar, ese chico imposible vino a m¨ª y trajo consigo un resultado imposible.
?C¨®mo hizo? Si ¨¦l no ten¨ªa ning¨²n tipo de experiencia, como tampoco habilidad. Ten¨ªa todo en su contra, pero, a pesar de eso... ?C¨®mo lo logr¨®? Parte de m¨ª deseaba que leyera mis pensamientos y que me respondiera: "Hice tal y cual", "Est¨¢s ignorando el dato de X y de Y". Quer¨ªa que me sentara en el suelo y, con un tono did¨¢ctico, me explicara c¨®mo lo que estaba ocurriendo frente a mis ojos no era una incongruencia absoluta.
No entend¨ªa. No entend¨ªa nada.
El chico se tropez¨® y cay¨® rodando hacia m¨ª.
Pero s¨ª entend¨ªa una cosa, un sentimiento que ard¨ªa y atentaba con quemar la totalidad de mi coraz¨®n: Necesitaba tener a esta persona cerca de m¨ª, necesitaba pegarla a m¨ª, y poder ver todo su valor. No lo iba a dejar ir esta vez. No lo dejar¨¦ ir hasta que est¨¦ satisfecha. De eso, estaba segura.
El peor obsequio para una comerciante. Un objeto cuyo valor solo ella puede reconocer. Su valor no se limitaba ¨²nicamente a la peculiaridad de su color de cabello, pero, en este momento, yo era la ¨²nica capaz de entender eso.
Pero, entonces... Quiz¨¢s... Si lustro el objeto... Lo aclaro hasta ver lo que se encuentra m¨¢s en el fondo de ¨¦l... Quiz¨¢s entonces yo no sea la ¨²nica que pueda apreciarlo.
2
¡ª?Quer¨ªas hablar de algo...? ¡ªPregunt¨¦, porque ya me estaba enervando un poco la situaci¨®n.
Estaba caminando con ayuda de Sen; me dej¨¦ ser llevado. Hab¨ªa concretado perfectamente ese acto de agallas, de hombr¨ªa total, pero era solamente un acto; sinceramente, los guardias me aterraban.
¡ªQuiero dejar unas cosas en claro ¡ªdijo Sen, sin mirarme.
Todav¨ªa estaba francamente aterrado, por lo que no me qued¨® otra opci¨®n que dejarlo continuar. A decir verdad, la proximidad del tacto se me hac¨ªa algo inc¨®moda; especialmente teniendo en cuenta el hecho de que esta persona me hab¨ªa apu?alado.
¡ªPara empezar, necesito que me digas la verdad de tu origen.
¡ªNo recuerdo-
¡ªNo esa estupidez de los recuerdos. Quiero que me digas la verdad.
Fahh. Qu¨¦ inc¨®modo. Esa era la verdad, ?qu¨¦ esperaba que le dijera? ?Una mentira un poco m¨¢s reconfortante? Hm. Digamos, no me gustaba mentir, de hecho, me desagradaba profundamente. Por lo que no quer¨ªa simplemente decir algo como: "La verdad es que vengo de un pueblo cercano, ji, ji, ji.", eso simplemente no era cierto. No quer¨ªa mentir, entonces, ?qu¨¦ le deber¨ªa decir? Algo que ¨¦l aceptara, pero que, sin embargo, no se alejara de la verdad...
Quiz¨¢s... simplemente... Deber¨ªa ser totalmente honesto. Bajar todas las defensas autoimpuestas en mi coraz¨®n y decirle toda la verdad. Incluso a una persona que no me agradaba, decirle toda la verdad.
¡ªNo es una mentira... Y tanto es as¨ª que estoy completamente aterrado. A decir verdad, por momentos siento que estoy ocupando un cuerpo que ni siquiera es m¨ªo. No s¨¦ qui¨¦n soy, no s¨¦ d¨®nde deber¨ªa estar, no s¨¦ en qui¨¦n deber¨ªa confiar. No entiendo nada de lo que est¨¢ ocurriendo a mi alrededor... Ja, ja... Esto es un completo desastre... ?Sabes...?
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEsta es la primera vez que veo tanta sangre. No me gusta la sangre, me da asco. Y la tengo por todo mi cuerpo. Deber¨ªa sentirme completamente inc¨®modo, ?no? Mis brazos no funcionan como deber¨ªan, mis piernas no se pueden mover bien, mi pecho arde y mi mente est¨¢ completamente nublada. Deber¨ªa estar completamente inc¨®modo, ?no?
El hombre se limit¨® a levantar una ceja hacia m¨ª.
¡ª¡ªPero, aun as¨ª, no lo estoy. Todas estas incomodidades no se comparan al v¨¦rtigo que siento en todo momento, a la impresi¨®n de sentir que ocupo un cuerpo que no es m¨ªo, o que estoy constantemente en un lugar en el que no deber¨ªa. Completamente aterrado, solo. Si me quedo quieto por demasiado tiempo, no puedo evitar temblar, no puedo evitar el rechinar de mis dientes. Esto se lo mencion¨¦ a Mira y creo que incluso se lo mencion¨¦ a A¨ªto. Esa es la verdad, esa mala mentira es la verdad, esa estupidez. Pero incluso, aunque sea una ridiculez, un mal chiste, no puedo evitar sentirme aterrado.
¡ªRealmente... No est¨¢s mintiendo, ?no?
¡ªLas mentiras suelen ser c¨®modas, suelen beneficiar a alguien, suelen existir para aligerar el peso de la realidad. Si esto fuera una mentira, ser¨ªa una muy cruel y autoimpuesta. No hay nada que me gustar¨ªa m¨¢s que esto fuera una mentira.
¡ªEntonces... ?Solo despertaste en el bosque, sin recuerdos?
¡ªRealmente es as¨ª de simple. No hay un trasfondo m¨¢s que agregar, no hay ninguna historia previa. Despert¨¦ en este bosque, me top¨¦ con el pueblo, actu¨¦ como un idiota y casi me muero. Mira me rescat¨®. Es tan simple como eso.
¡ªEntiendo... ?Entonces Hise...?
¡ªNo lo conoc¨ª. Solo encontr¨¦ su cuerpo con el chaeki a su lado. Escap¨¦ aterrado porque nunca hab¨ªa visto un animal as¨ª.
¡ªHm.
Permanecimos un rato en silencio. Era el atardecer, pero, al estar limitando el borde del pueblo, las calles se encontraban casi completamente despobladas. El hombre era m¨¢s bajo que yo, sin embargo, ten¨ªa marcas en la piel que lo hac¨ªan parecer mucho m¨¢s maduro. Si tuviera que adivinar, dir¨ªa que estaba cerca de los 25 a?os.
¡ªHise era un buen tipo ¡ªcoment¨® repentinamente.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEra un buen tipo. Era irresponsable y parrandero, pero era un buen tipo; como A¨ªto. ¨¦l te habr¨ªa ayudado, incluso habr¨ªa hecho todo lo posible para amigarse contigo ¡ªme mantuve en silencio¡ª. Pero yo... Lo arruin¨¦ todo ¡ªdijo, frotando su cara con la mano¡ª. Si no me interpon¨ªa, su familia te habr¨ªa tratado como un hermano, como lo hicieron con A¨ªto y conmigo... Pero lo arruin¨¦ todo... No sirvi¨® para nada... ?Qu¨¦ consegu¨ª? Que dolieran, que buscaran enemigos, que no puedan estar en paz... Es un error que no puedo ni siquiera enmendar... ?C¨®mo mir¨® a trav¨¦s de esos peque?os ojos y le digo que todo fue una gran equivocaci¨®n? Lo que sea que le diga a ella, a cualquiera de ellos, no lo aceptar¨¢n. Y solo puedo esperar que ese odio con el que crecer¨¢n no se profundice, que no se vuelva m¨¢s oscuro.
¡ªEm...
¡ª?Ya s¨¦, ya s¨¦! Ya s¨¦ que no eres culpable. No soy tonto, cualquiera se dar¨ªa cuenta. A¨ªto y Han lo saben tambi¨¦n. Tengo muchos adjetivos negativos con los que etiquetarte, pero "asesino" no es uno de ellos. Francamente, luces un poco idiota para ser un asesino.
Ok.
¡ªEscucha... Perd¨®n, por lo de tu mano, y todo lo dem¨¢s, tambi¨¦n. Fue un error. Lo siento.
¡ªEst¨¢ bien, no es nada. Ahora me siento genial, y no siento rencor hacia ti particularmente.
¡ªAhora te sientes genial, seguro; pero en unos pocos minutos vas a desear estar muerto, cr¨¦eme. Uno no le hace eso a su mano y simplemente sale impune de la experiencia.
¡ª?Qu¨¦ mano?
¡ªLas dos. Pero especialmente la izquierda. Esa parece que te la machacaron con un martillo, ?qu¨¦ demonios le hiciste?
¡ªAh... D¨¦jame decirte...~
Le cont¨¦ relatos de mis grandes haza?as al guardia.
3
Golpes en la puerta.
¡ª?Buenas noches! ?Con qui¨¦n tengo el placer?
¡ªBuenas noches. Mi nombre es Mira, solo deseaba tener una peque?a charla con su marido, si es posible.
La mujer dio una sonrisa amplia y cort¨¦s. A pesar de su clara diferencia de edad, decidi¨® seguir tratando a la chica como una igual.
¡ªPor supuesto. Estamos comiendo en este momento, si no es un problema...
¡ªEso es perfecto, traje unos regalos para usted.
¡ªQu¨¦ amable, pero no es necesario.
¡ªInsisto.
La mujer ponder¨® un instante la situaci¨®n, la joven pod¨ªa ser f¨¢cilmente su hija. Era una extranjera, por lo que asum¨ªa que el asunto era uno que concern¨ªa al pueblo, pero no llegaba a adivinar qu¨¦ tratos una ni?a como ella podr¨ªa tener, o de qu¨¦ estilo.If you encounter this story on Amazon, note that it''s taken without permission from the author. Report it.
¡ªBueno, ?adelante!
La joven acept¨® la invitaci¨®n y se adentr¨® a la vivienda; un hogar c¨¢lido, el color oscuro de su madera aportaba a una sensaci¨®n acogedora, los distintos y escasos decorados e inmuebles de dudosa calidad conceb¨ªan un aire sincero y modesto. No era un lugar de pretensiones, era una simple casa familiar.
¡ªPor favor, acomp¨¢?enos a la mesa; mi marido se encuentra all¨ª.
¡ªMuchas gracias.
No era una casa grande. El pueblo estaba planificado de forma que la gran mayor¨ªa de sus viviendas mantengan un tama?o similar, algo no muy com¨²n en este mundo, pero tampoco fuera de lugar. Este hogar era uno como tantos otros, el tama?o pod¨ªa albergar f¨¢cilmente a una familia de varios integrantes, pero no mucho m¨¢s.
La mesa se encontraba en el suelo, como era costumbre en el lugar. En ella, hab¨ªa un hombre con un ni?o en su regazo, ambos jugando entre s¨ª. El hombre era de unos 40 a?os, el ni?o de tan solo unos cinco. Era un caso particular el de esta persona. El paso de vida en este mundo era acelerado, las familias se hac¨ªan r¨¢pido y los padres eran j¨®venes. Esto no se cumpl¨ªa con el sujeto en cuesti¨®n. Este hombre hab¨ªa tardado una considerable cantidad de tiempo en encontrar la madre de su hijo, y un buen pu?ado de a?os m¨¢s en conseguir la descendencia en s¨ª. Las razones para esto eran tan variadas como complejas, el balance entre su disciplina, sus responsabilidades y sus aptitudes personales fue uno muy dif¨ªcil de mantener. No hab¨ªan sido sus intenciones, ni mucho menos su deseo, pero fue lo que ocurri¨® en fin, y esto hab¨ªa sido aceptado por ¨¦l hace un buen tiempo. Por eso, la posici¨®n de este hombre en el pueblo se pod¨ªa considerar privilegiada... pero no del todo.
El hombre no se molest¨® en dirigir una mirada a su invitada, estaba muy satisfecho con permanecer jugando con la inocencia en su regazo, una sonrisa enorme adornaba todo su rostro.
¡ªHan, lleg¨® una invitada.
El hombre no contest¨®, pero no se apart¨® de su lugar. La madre aprovech¨® el momento para hacerse un sitio en la mesa y la joven sigui¨® su ejemplo.
¡ª?Acaso esto es un asunto que debe ser tratado ¨²nicamente entre ustedes? ¡ªPregunt¨® la madre del hijo, inquiriendo sobre la confidencialidad del negocio.
A Mira le serv¨ªa su presencia, por lo que los invit¨® a permanecer.
¡ªNo, ustedes pueden quedarse.
¡ªYa veo. Bueno, ?deseas cenar algo? Solo tenemos carne de cerdo y pan, de lo poco que nos queda del abastecimiento del mes pasado ¡ªla mujer pregunt¨® con un tinte de preocupaci¨®n ante el posible mal recibimiento.
¡ªNo es necesario. De hecho, traje obsequios para ustedes.
La joven produjo de un bolso un par de dulces locales que har¨ªan babear a cualquier habitante del pueblo. Tan solo era pan relleno, un alimento que, sin embargo, se pod¨ªa calificar como muy evolucionado para la regi¨®n.
¡ª?Oh! ¡ªexclam¨® el ni?o, de alegr¨ªa, al ver los comestibles. La madre, por su parte, coloc¨® una palma sobre su mejilla, sorprendida por la generosidad.
3, 6, 9, 12. Cuatro para cada integrante de la unidad familiar.
¡ªSon todos para ustedes. Deben comerlos r¨¢pido, sin embargo; no son muy duraderos.
¡ª?Muchas gracias, se?ora Mira! ¡ªEl tono de la mujer se ajust¨® ligeramente para agradecer el gesto.
¡ªNo es un problema ¡ªdijo con una sonrisa escueta.
La mujer acomod¨® la pasteler¨ªa a un lado y habl¨® con un poco de preocupaci¨®n:
¡ªPero... ?Puedo preguntar a qu¨¦ se debe este gesto? ?Est¨¢ segura que no desea hablar con mi marido a solas?
La chica sacudi¨® la mano.
¡ªNo, no, no. Pueden cenar tranquilos. Yo me tomar¨¦ el atrevimiento de robar un poco de su tiempo con una charla, nada m¨¢s.
¡ªC¨®mo usted desee, se?ora Mira.
La joven le sonri¨® en respuesta.
...
Pas¨® un tiempo. El ni?o se acomod¨® a un costado para comer de su plato, el padre asistiendo con todo lo necesario y la madre ayudando con la comida que prepar¨®. Mira se limit¨® a permanecer sentada en la mesa, sin producir una sola palabra.
Una vez iniciada la cena, cuando todas las personas hab¨ªan, por lo menos, comido un poco de lo que hab¨ªa en la mesa, Mira levant¨® la voz.
¡ª?Cu¨¢l es tu trabajo, guardia? ¡ªfue lo ¨²nico que pronunci¨®. En un tono despojado de todo tipo de adornos; ni amenazante, ni feliz, ni nada. Era una simple pregunta.
El hombre permaneci¨® sin dirigirle una mirada, consumiendo con trivialidad lo que hab¨ªa sido impartido a ¨¦l, ni m¨¢s, ni menos, solo lo de ¨¦l. Tard¨® unos segundos en terminar de procesar lo que ten¨ªa en la boca, no se aceler¨® y tampoco se demor¨®.
¡ªMi deber es proteger a los habitantes de este pueblo.
La naturaleza abruptamente extra?a de la conversaci¨®n hab¨ªa perturbado al hijo y a su madre, pero ellos parec¨ªan estar completamente conformes con lo que se estaba discutiendo.
¡ª?Tan solo eso?
¡ªNo. Tambi¨¦n debo asistir al cacique en todo lo sea requerido de m¨ª.
¡ªEso puede conllevar muchas responsabilidades.
¡ªYo lo considero un trabajo com¨²n.
¡ªEntiendo.
...
¡ª?Seguro que desea que permanezcamos en la mesa? ¡ªpregunt¨® la mujer, sin entender el rumbo o el origen de la conversaci¨®n.
¡ªQu¨¦dese aqu¨ª ¡ªorden¨® la joven.
Entonces hubo una pausa, acompa?ada por un largo silencio. Suficiente tiempo entre medio para que, poco a poco, se volviera a la comida. Con una incomodidad mucho m¨¢s profunda que antes, pero, otra vez, se volvi¨® a la comida.
¡ª?Recuerda lo que dije en la audiencia con el cacique? ¡ªpregunt¨® la joven.
¡ªS¨ª ¡ªrespondi¨® as¨ª porque no era necesario especificar. El hombre recordaba todas las palabras de la chica en esa audiencia.
¡ª?Recuerda lo que le mencion¨¦ en nuestra conversaci¨®n personal?
¡ªS¨ª ¡ªla respuesta fue sucinta otra vez.
¡ªEntiendo.
La chica permiti¨® el espacio para otra pausa. El hombre, sin problema, continu¨® avanzando por su alimento sin detenerse un instante. La madre ya no estaba del todo c¨®moda y el ni?o no pod¨ªa evitar sentirse un poco asustado por el silencio y la actitud irregular de sus parientes.
¡ª?Usted quiere ir en contra m¨ªo?
¡ªNo.
¡ª?En contra de mi familia, entonces?
¡ªNo.
¡ªEntonces quiere ir en contra de su pueblo.
¡ªTampoco son mis intenciones.
¡ªSi ese es el caso, ?c¨®mo puede explicar su accionar?
El hombre no contest¨® de manera veloz como en las ocasiones anteriores.
¡ª¡ª?A qu¨¦ se refiere?
Mira no demor¨® en contestar.
¡ª?Por qu¨¦ intent¨® destruir mi propiedad?
¡ª...
El hombre, por primera vez, la encontr¨® con sus ojos, mas eligi¨® no proporcionarle una respuesta en el momento.
¡ªResponda.
La mirada de la chica era fr¨ªa, mucho m¨¢s fr¨ªa de lo que podr¨ªa ser la del hombre.
¡ªTodo mi accionar se encontr¨® en el cuadro demarcado por mis responsabilidades.
¡ªFalso. Fui muy clara al indicar que mi empleado deb¨ªa ser protegido. Por ende, incluso no ayudar constituye una violaci¨®n del trato establecido. Trato establecido por mi persona con el pueblo. Por lo tanto, no solo me est¨¢ faltando a m¨ª, sino al pueblo tambi¨¦n.
¡ª...
¡ª?Entonces qu¨¦? ?Cu¨¢l es su defensa? ?Qu¨¦ podr¨ªa justificar semejante error en su juicio? D¨ªgalo. D¨ªgalo en este momento.
¡ª...
¡ªHm...
Ambos permanecieron en silencio nuevamente. El hombre volvi¨® a desviar la mirada, pero ella se mantuvo firme.
Entonces la joven rompi¨® el silencio.
¡ª?Qu¨¦ har¨ªa si yo destruyera lo suyo?
El hombre gir¨® r¨¢pidamente en su direcci¨®n, una mirada entre el terror y la amenaza.
¡ªY no me refiero a sus bienes personales, sino que a su esposa y a su hijo, ?qu¨¦ har¨ªa si los tomo por la fuerza?
¡ªLa matar¨ªa antes de que pudiera poner un pie fuera de esta casa.
¡ªIntr¨¦pido. ?Pero no es eso un poco hip¨®crita? Usted no tiene problema en destruir lo m¨ªo, pero protesta y gru?e cuando lo suyo est¨¢ puesto en riesgo. Ese tipo de doble vara me resulta insoportable.
¡ªCualquier padre responder¨ªa de la misma manera.
¡ªJa. Quiz¨¢s piense eso. Pero yo puedo jurar bajo mi nombre que, como hay padres como usted que aman a su familia, hay padres que aprovechar¨ªan la m¨¢s m¨ªnima oportunidad para deshacerse de ellos.
¡ªNo es mi caso.
¡ª?A qu¨¦ me refiero? A que su relaci¨®n como padre puede tener valor para usted, pero para m¨ª puede significar lo mismo que esos panes rellenos que est¨¢n encima de la mesa. ?Considerar¨ªa mi valoraci¨®n injusta?
¡ªEs inhumana, cualquier persona decente entender¨ªa que la relaci¨®n de un padre con su familia es invaluable.
¡ª"Decente"... "Invaluable"... ?Qui¨¦n puede determinar conceptos tan subjetivos como esos? Una persona "decente" para m¨ª, podr¨ªa ser un "asesino" para ti. Y algo "invaluable" para ti podr¨ªa ser simple vuelto para m¨ª. Por lo tanto, ?por qu¨¦ su relaci¨®n con su familia es m¨¢s importante que mi relaci¨®n con mi empleado, alguien que estimo de un inmenso valor? ?Por qu¨¦ es una digna de ser protegida, y otra merecedora de ser despedazada? ?No ve que es terriblemente injusto?
¡ªNo me interesa las vueltas que le d¨¦. No va a conseguir nada haciendo esto.
¡ªCierto. Excepto que responda la pregunta. Su deber era proteger a mi empleado, ?por qu¨¦ falt¨® a su deber?
El hombre tard¨® en contestar. Tard¨® un buen tiempo. Pero la joven no se hizo apuro, simplemente esper¨®, con la misma mirada, la misma mueca y la misma posici¨®n.
¡ª¡ªToda mi vida- ¡ªcontest¨® entre dientes, expulsando las palabras a la fuerza y con sa?a.
¡ªToda su vida, ?qu¨¦? ¡ªinquiri¨® sin miedo.
¡ªToda mi vida, la gast¨¦ siendo igual a ti. La desperdici¨¦, pensando en lo que era "digno", "injusto", "valioso", "merecedor". Pensando en qu¨¦ iba a hacer ma?ana, el d¨ªa siguiente, y el mes siguiente. Pensando en qu¨¦ iba a hacer por el vecino, por el anciano, por el de la esquina, por el otro del mirador, por el cacique, o por el pueblo. C¨®mo pod¨ªa ayudar con la seguridad, con el comercio, con los extranjeros, con los nativos, con los animales, con el r¨ªo o con las plantas. Intentando preservar las casas, los caminos, las tiendas y el templo. Intentando criar a un hu¨¦rfano, luego a otro, luego a otro, luego a un ni?o revoltoso y luego a un anciano. Intentaba ayudar, pensando que era por "el bien del pueblo", por "la seguridad de los vecinos", quiz¨¢s para "la felicidad de todos"; o tal vez, mucho m¨¢s est¨²pido a¨²n, por "mi dignidad", "mi honor", "mi orgullo". Todas, todas y cada una, estupideces. Agachando cada vez m¨¢s y m¨¢s mi espalda, abriendo m¨¢s y m¨¢s mis brazos. Dejando tanto lugar para todos, pero nunca para m¨ª. ??A qui¨¦n le importaban todas esas cosas invisibles, que nunca podr¨ªa ver!? ??La felicidad del pueblo!? ??El futuro de nuestros hijos!? ?Yo nunca vi eso! ?Yo nunca toqu¨¦ eso! ??Por qu¨¦ deber¨ªa cargar con toda esa responsabilidad, si al final mi ¨²nica recompensa ser¨¢ la sonrisa de hoy y las l¨¢grimas de ma?ana!? ??Para qu¨¦ tendr¨ªa que criar el ni?o revoltoso de otra familia, si al final tengo que cargar su cuerpo muerto por el pueblo en mis brazos!? ?Ese idiota del extranjero podr¨ªa morir hoy, ma?ana, todos los d¨ªas, y nunca me importar¨¢! ?Los Inovatio podr¨ªan arrasar con este pueblo y, mientras mi familia y yo estemos bien, no me interesar¨¢! ?Mi orgullo? ?Mi valor? Si ma?ana muero mientras duermo, esas cosas, ?a qui¨¦nes le servir¨¢n? ?Qu¨¦ utilidad tiene eso para un hombre muerto...? Estoy cansado. Solo quiero hacer mi trabajo y descansar. Solo quiero disfrutar de mi familia y descansar. Solo quiero que me permitan, sin culpa, descansar. T¨² puedes hacer lo que desees, Inovatio. Mientras no sea con mi familia o conmigo, no ser¨¢ de mi inter¨¦s. S¨¦ que no tengo nada que hacer con alguien de tu nivel. S¨¦ que ser¨ªa muy idiota pelear. Y no tengo ni siquiera el deseo de hacerlo. Ya tuve suficiente pelea para m¨¢s de una vida... Ahora solo quiero descansar.
Mira no apart¨® su expresi¨®n desinteresada de ¨¦l, pero le dio un momento de calma mientras regresaba, tambaleante, de su soliloquio, al mundo donde su hijo yac¨ªa aterrado y su esposa lo miraba con l¨¢grimas descendiendo silenciosamente por su rostro.
¡ªEl mayor insulto que pod¨ªas haberme hecho era compararme contigo ¡ªcomenz¨® Mira¡ª, un cobarde sin prop¨®sito ni motivaci¨®n. Nunca fui, ni ser¨¦, alguien como t¨², porque yo nunca disfrac¨¦ mis deseos por causas altruistas. ?El pueblo? ?Mi familia? Nada de eso es de mi inter¨¦s. Yo solo quiero lo que quiero, y cuando lo quiero, lo consigo. As¨ª me coloqu¨¦ a los codos del resto de mi familia. Eres un cobarde, porque ni siquiera est¨¢s dispuesto a aceptar tus verdaderos deseos. Incluso ahora, luego de haber comprendido que esas causas altruistas no son m¨¢s que lavado de cara, te escondes detr¨¢s de tu familia. Nunca fui, y nunca ser¨¦, como t¨².
¡ª...
Mira se levant¨® de la mesa.
¡ªPero ahora, un cobarde como t¨² me es ¨²til... Dijiste que no te interesaba nada de lo que pod¨ªa hacer mientras no tuviera relaci¨®n contigo, ?no?
¡ª¡ª... S¨ª.
¡ªEntonces, no tendr¨¢s problema con que tome el mando de este pueblo.
¡ªMientras-
Mira se coloc¨® las alpargatas en sus peque?os pies y mir¨® por ¨²ltima vez a la familia de la persona que serv¨ªa como verdadero cacique del pueblo.
¡ªSolo pondr¨¦ las cuentas en orden. Nada de este pueblo me interesa, por lo que, por lo menos, me gustar¨ªa que dejara de estorbar.
¡ªEntiendes el estado del pueblo, ?no es as¨ª?
¡ªDe sobra. Tengo que hacer las cuentas por ustedes todos los meses.
¡ªRealmente... ?Eres capaz de arreglar este pueblo... sin caridad?
Ante eso, Mira liber¨® una peque?a risilla soberbia.
¡ª?Qui¨¦n crees que soy? ¡ªDijo¡ª. Est¨¢s hablando con la mayor mente comercial del mundo. Esto lo puedo arreglar con una pluma, un papel y un buen ba?o.
La posterior audiencia con el "cacique" fue una mera formalidad, algo que no merec¨ªa siquiera ser contado. El puje por el control de las funciones del pueblo inici¨® y termin¨® all¨ª.
CapÃtulo 18 - Marioneta - Parte 2
4
¡ª?Y a esos ¨¢rboles los odio! ?C¨®mo se alimentan siquiera? ?Qu¨¦ pestes!
¡ªLos waruki. Son demonios que poseen ¨¢rboles. Violentos, atacan por territorialidad, no tanto para alimentarse. Nunca se re¨²nen tantos juntos... fue algo realmente inusual.
¡ª?Ese casi me ahorca! ?Me salv¨¦ de milagro! Aunque eso fue antes de la pelea con el chaeki. Cuando los ¨¢rboles nos emboscaron, uno me dej¨® esta marca en el hombro, tambi¨¦n.
¡ªEso tambi¨¦n hay que sanarlo, ya estamos por llegar.
¡ªNo me duele mucho, al menos.
¡ªYa te dije, eso es porque-
¡ª?Yoi! ¡ªllam¨® el chico lastimado.
La sirvienta reaccion¨® espantada. El estado del chico era aterrador para cualquiera que no estuviera acostumbrado a este tipo de heridas.
¡ª??Qu¨¦ ocurri¨®!?
¡ªMe lastim¨¦, ?pero ahora estoy bien! Solo me duele un poco el cuerpo en general.
¡ª??Y la mano!?
El chico levant¨® el saco de carne que reemplazaba su mano izquierda y lo mir¨® tan asombrado como el resto.
¡ªWow. No me hab¨ªa dado cuenta de que estaba as¨ª de lastimada.
¡ª?No le prestaste atenci¨®n por un segundo mientras volv¨ªas? ¡ªpregunt¨® el guardia.
¡ªBueno... No es como que me sobraba tiempo...
¡ª?Vengan a la residencia ahora mismo!
¡ªEstamos yendo al m¨¦dico del pueblo. ¨¦l lo podr¨¢ atender.
¡ª?No tiene las herramientas para arreglar todo... esto!
¡ª?Qui¨¦n eres t¨², siquiera? ?Por qu¨¦ deber¨ªa confiar en ti?
¡ª?Sirvo a la se?ora Mira! ?Tengo m¨¢s que suficientes conocimientos para atenderlo!
¡ªNo peleen ¡ªintent¨® intervenir el objeto de inter¨¦s.
Fue ignorado.
¡ª?Por qu¨¦ ser¨ªas mejor m¨¦dico que el nuestro? ¨¦l estudi¨® medicina con un doctor de la realeza. Atiende al pueblo desde hace 30 a?os. ¨¦l sabe mejor que nadie
¡ª?Deja de ser tan terco y vayamos a la residencia Inovatio que all¨ª podremos tratarlo!
¡ª?Basta, se?ora! ?Es insistente! ?Conf¨ªo m¨¢s en dejar al chico con A¨ªto que con usted! ?Ni siquiera es del pueblo y nunca la vi en mi vida! ??C¨®mo s¨¦ que lo que me dice es verdad!?
¡ªNo peleen.
¡ª??Por qu¨¦ estar¨ªa mintiendo!? ¡ªla sirvienta se puso de un lado del chico y tom¨® parte de ¨¦l para no dejarlo en manos de su oposici¨®n¡ª. ?Este chico est¨¢ bajo el cuidado de la se?ora Mira y, por lo tanto, tengo m¨¢s autoridad sobre ¨¦l que usted! ?D¨¦jelo y perm¨ªtame llevarlo a ser tratado!
¡ª??Qu¨¦ le pasa, se?ora!? ?No conf¨ªo en usted! ?Al¨¦jese de ¨¦l ahora mismo!
¡ª??No se da cuenta de que no tenemos tiempo para esta discusi¨®n!? ?Si desea llamar¨¦ a ese doctor que usted dice, pero hay que traerlo a la residencia de inmediato!
¡ª?Su¨¦ltelo, se?ora! ?Su¨¦lte... lo!
¡ª?D¨¦jalo! ?Debo tratarlo inmediatamente!
¡ªDejen de p...e...l...e-
¡ª...
¡ª...
¡ª?Ah! ??Qu¨¦ le hizo!? ?Se desmay¨®!
¡ª?Por supuesto que se desmay¨®, si apenas puede caminar! ??Entiende por qu¨¦ debe dejar que lo atienda!?
¡ª?No, se?ora! ?Tengo que llevarlo con el se?or Isao!
Tardaron veinte minutos, pero finalmente optaron por llevar al joven inconsciente a la residencia Inovatio.
5
¡ª?Se desmay¨®? Era cuesti¨®n de tiempo.
¡ªS¨ª... No despert¨® ni siquiera cuando limpiamos sus cortes. Honestamente, estoy terriblemente preocupada.
Luego de su conversaci¨®n, y habiendo adquirido un nuevo rol en la aldea en secreto, la hija m¨¢s joven de la familia Inovatio regres¨® a su residencia solo para encontrarse con la sirvienta atendiendo profusamente al joven sin nombre. No hab¨ªa una certeza de cu¨¢nto tiempo pasar¨ªa en cama, pero era factible presumir que probablemente no podr¨ªa disfrutar del final del festival; y, por lo tanto, ella tendr¨ªa que realizar sus tareas obligadas en soledad. No era su plan inicial, pero tampoco le resultaba una gran inconveniencia.
¡ªNo te preocupes, Yoi. Tengo un plan para ¨¦l.
¡ª?Lo dice en serio, se?ora?
¡ªS¨ª.
La sirvienta se agach¨®, una se?al genuina de agradecimiento. Los conocidos entender¨¢n que incluso hab¨ªa alivio.
¡ªSe lo agradezco enormemente, se?ora.
¡ª?Tanto te agradaba? No te suelen importar mis asuntos de esta manera.
¡ªUsted suele ser ciega con lo que desea ignorar.
¡ªAtrevida.
La sirvienta larg¨® una risilla complacida.
¡ª... Usaremos los c¨ªrculos medicinales ¡ªdeclar¨® Mira, sus ojos estancados en el cuerpo lastimado del muchacho.
¡ª?Est¨¢ segura? Solo poseemos suficientes para usted.
¡ªDe igual manera, este viaje est¨¢ pronto a finalizar. No puedo permitir que pierda totalmente el uso de una mano, ser¨ªa un mayor gasto de recursos si no los utilizo; y no gasto recursos de m¨¢s.
¡ªEs cierto... Estoy agradecida de que est¨¦ dispuesta a ayudarlo, pero es mi deber como sirviente advertirle del peligro al que se expone.
¡ª?Ayudarlo? No te confundas, yo quiero usarlo. Y lo voy a usar muy bien.
¡ªEntiendo, se?ora ¡ªrespondi¨® la sirvienta con otra reverencia.
¡ªY lo voy a usar muy bien...
6
¡ª?Al¨®!
Una voz extra?a en mi espalda me atrap¨® por sorpresa. Me par¨¦ y me di vuelta r¨¢pidamente.
Una figura incomprensible esperaba detr¨¢s de m¨ª. Una esfera, unas alas, luz, una balanza, un c¨ªrculo dentro de un c¨ªrculo, dentro de un c¨ªrculo. Miles de alas explotaban en la espalda de los c¨ªrculos repetidos. Una luz emanaba de todo el conjunto y de cada parte del conjunto. No era un ser, era un proceso. No, no era un proceso tampoco, era un Orden, un Sistema, era la forma en que las cosas son y la forma en la que las cosas ten¨ªan que ser. Era la Verdad, visible en una forma que pod¨ªa intuir, pero jam¨¢s iba a poder comprender.
Mi ojo expulsaba l¨¢grima tras l¨¢grima mientras observaba el pedazo de Realidad que se encontraba delante de m¨ª. Su voz sonaba como un instrumento musical, un conglomerado de voces que de alguna forma se unieron para formar una hermosa melod¨ªa.
¡ªUps. Supongo que esta forma no es muy apropiada para conversar correctamente.
Cada palabra que manifestaba su forma se imprim¨ªa irreparablemente en mi cabeza. Cada palabra era un fragmento de un conjunto del cual yo formaba parte. Ahora yo era parte del conjunto.
En un instante desapareci¨® y con ella desapareci¨® la Verdad. Mi alma sinti¨® una falta irreparable acosando todo mi ser.Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on Royal Road.
Un sistema sin conjunto. Un conjunto sin componentes. Un mundo sin realidad.
¡ªAh¨ª est¨¢, ahora s¨ª podemos hablar, supongo.
Nuevamente en mi espalda. Era la misma voz, pero, de alguna forma, distinta.
¡ªBuenas noches, ya pas¨® un tiempo.
Me qued¨¦ callado y mir¨¦ la forma de una persona sin forma.
¡ª?Sucede algo? ?Qu¨¦ te ocurre? ¡ªdijo, acercando sus ojos grandes, demasiado grandes, (?se estaban agrandando?) hacia m¨ª.
Para empezar, ?eran ojos? ?Estaba viendo ojos? ?Estaba viendo algo? Si estaba viendo algo, ?qu¨¦ estaba viendo? Mi mente me dec¨ªa: "persona", pero mis ojos nunca terminaban de captar a esa "persona". Estaba seguro de que estaba. No... No estaba seguro de que estaba. ?Estaba seguro de que estaba seguro? ?Estaba seguro de que no-no estaba seguro? ?En qu¨¦ estaba pensando?
¡ªEp. Ep. Ep. Te dije que dejes de pensar tanto cuando hablas conmigo ¡ªme dij...?o?
?Qu¨¦ cosa me lo dijo? ?De d¨®nde vino? ?C¨®mo sonaba la voz? ?De qui¨¦n era? No era aguda, pero tampoco era grave, pero tampoco era algo intermedio. ?Siquiera hubo una voz?
Me peg¨® una cachetada.
¡ª?Te dije que dejes de pensar!
?Creo que me toc¨®? Si entend¨ª bien, me toc¨®, pero nunca sent¨ª que me hubiera tocado. ?C¨®mo me toc¨® sin tocarme? ?Qu¨¦ est¨¢-?
Me agarr¨® de la cabeza y comenz¨® a agitarla.
¡ª???Basta!!!
Termin¨® de moverme violentamente y gir¨® mi cabeza hacia un lado.
¡ª?Mira el lugar y c¨¢lmate!
Era un lugar infinitamente gris. Era blanco arriba, negro abajo, pero infinitamente gris. El suelo era m¨¢s oscuro, el cielo era m¨¢s blancuzco, pero siempre era gris. La imagen era algo linda, pac¨ªfica.
Me calm¨®.
¡ªBueno, bien, ahora no pienses de m¨¢s ¡ªdijo, creo- ¡ª???Shhh!!! No pienses, solo escucha.
Est¨¢ bien.
¡ª?Bien! Ahora, ?c¨®mo vas? Veo que no te est¨¢ yendo mal.
¡ªMe va bien...??
¡ª?Bien! ?Est¨¢s listo para seguir adelante!
¡ª?Qui¨¦n?
¡ªT¨².
¡ª?Yo?
¡ª?S¨ª?
¡ª?Y qui¨¦n me lo dice?
¡ªYo te lo digo. Te dije que no pienses.
¡ª?Estoy so?ando?
¡ªEsto no es un sue?o- Ey, ?qu¨¦ te pasa? No es la primera vez que nos vemos.
¡ªDefinitivamente, es la primera vez que nos vemos.
¡ªSupongo que es verdad... ?No! ?Por qu¨¦ est¨¢s mintiendo? ?Ya firmaste el contrato! ?Ya eres parte de esto! ?No te intentes desligar ahora!
¡ª?Contrato? No tengo idea de qu¨¦ est¨¢s hablando.
¡ª??Te volviste loco!?
¡ªNo.
¡ªSupongo que no... ?No! ?Algo definitivamente est¨¢ mal!
¡ªSi lo dice la sombra que habla ¡ªme encog¨ª de hombros.
¡ªQu¨¦ grosero. Hablarle a una entidad divina de esa forma... ?Qu¨¦ te sucede?
¡ª?Entidad divina? Solo eres parte de mi sue?o.
¡ª?Ya te dije que no es sue?o! ?Y s¨ª! ?Entidad divina! ?Balance! ¡ªdijo.
¡ª?"Balance"? Espera, ?c¨®mo hiciste eso de hablar con may¨²scula? ¡ªpregunt¨¦.
¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando ahora? ¡ªrepregunt¨®.
¡ªDijiste "Balance" con may¨²scula ¡ªrespond¨ª.
¡ª?Porque ese es mi nombre! Y porque el m¨¦todo que estoy usando para comunicarme es uno en el que cuento con m¨²ltiples sensores de tu siste- ¡ªme empez¨® a explicar¡ª, ?No interrumpas mi explicaci¨®n con tu narraci¨®n innecesaria! ?Ya est¨¢ siendo innecesaria hace unas cuatro l¨ªneas!
¡ªNo entiendo.
Me mir¨® con los ojos entrecerrados.
¡ªSi no vas a entender, mejor no te molestes en preguntar¡ªme dijo, luciendo como un gato en un comedero autom¨¢tico¡ª. ... Voy a elegir ignorar esa descripci¨®n francamente rid¨ªcula de mi figura... ?Qu¨¦ demonios te pasa? Firmamos el contrato hace tan poco, ?y ahora est¨¢s as¨ª?
¡ªNo s¨¦ de qu¨¦ "contrato" hablas, pero este sue?o ya est¨¢ siendo muy largo, y cuando tengo sue?os largos, luego me duele la cabeza; as¨ª que me gustar¨ªa terminar el sue?o ac¨¢.
¡ª?Claramente, est¨¢s mezclando la causa y el efecto! ?Y adem¨¢s te dije que esto no es un sue?o!
¡ªNo s¨¦ de qu¨¦ est¨¢s hablando, no recuerdo nada.
¡ª?A-! ¡ªempez¨® a quejarse de algo, pero se detuvo¡ª. ?No recuerdas nada?
¡ªNo. No recuerdo nada de lo que me est¨¢s diciendo.
¡ª?Pero recuerdas algo de otras cosas?
¡ªNo. No recuerdo nada de nada. Recuerdo a Mira, ella es muy linda, y muy buena, y muy amable, pero da un poco de miedo, pero la quiero igual.
¡ª?Te volviste un idiota? Espera, ?no recuerdas nada de nada?
¡ªNada de nada, de lo que haya pasado hace m¨¢s de cuatro d¨ªas ¡ªme encog¨ª de hombros de nuevo.
¡ª?Espera! ?Eso es muy malo! ??Perdiste las memorias!?
¡ªS¨ªp.
¡ªSupongo que s¨ª... ?Basta! ?Me gustabas m¨¢s antes! ?Lleno de temor y sumisi¨®n! ?Ahora te volviste un simple tonto!
¡ª?Me conoc¨ªas de antes de que tuviera memorias?
¡ªS¨ª. Firmamos un pacto y to- ?Para qu¨¦ te estoy explicando? Es mejor que te devuelva las memorias y listo.
¡ª?Qu¨¦?
¡ªEs mejor que te devuelva las memorias y listo ¡ªse repiti¨®.
?Qu¨¦ cosas estaba diciendo este hombre- persona? ?C¨®mo que devolverme las memorias? Ni Mira era capaz de semejante haza?a.
¡ª?No compares a esa simple humana como si fuera superior a un ente divino como yo! ?Listo! Cuando chasquee los dedos, te devolver¨¦ las memorias, y volver¨¢s a ser como antes.
¡ªEh... Agradezco tu oferta, pero respetuosamente debo declinar.
¡ªBien. ??Qu¨¦!? ??C¨®mo que declinar!? ??Qu¨¦ clase de idiota complaciente no querr¨ªa recuperar sus memorias!?
¡ªYo ¡ªrespond¨ª decididamente¡ª. Estoy feliz en este momento, ?por qu¨¦ querr¨ªa recuperar memorias que definitivamente me causar¨¢n un problema? Tuve mi desaf¨ªo y lo super¨¦, me siento bien, y no me siento in¨²til, por una vez... Creo que estoy bastante contento... Y creo que no acostumbro a estar as¨ª ¡ªdije con una sonrisa. Por alg¨²n motivo, este lugar me permit¨ªa ser incre¨ªblemente honesto conmigo mismo.
¡ª...
¡ª?Qu¨¦ ocurre?
¡ªLo siento... Pero no tienes una opci¨®n. Tu contrato requiere que recuperes las memorias.
¡ª?Por qu¨¦? ¡ªpregunt¨¦ con pena.
¡ªPorque tu alma est¨¢ atada al contrato, no puedo hacer cumplir las condiciones del contrato si no tienes memorias... As¨ª que, lo siento... Pero debo devolverte los recuerdos.
¡ª... Por favor, no lo hagas... ¡ªsupliqu¨¦.
¡ªTodo esto de las memorias probablemente ocurri¨® por una mezcla en tu cerebro, por la bendici¨®n del lenguaje. No estaba en los planes que ocurriera algo as¨ª...
¡ªNo s¨¦ qui¨¦n eres... Pero, por favor... D¨¦jame.
¡ªLo siento. Pero tu objetivo es mucho m¨¢s grande. Necesito que hagas muchas cosas por m¨ª, y no puedo dejarte en este estado.
¡ªPor favor...
¡ªVolvemos a hablar en el templo, ?s¨ª? ¡ªme dijo con una sonrisa pesada, y entonces chasque¨® los dedos.
7
¡ªEl chaeki est¨¢ ¡ªdijo el guardia de pelo marr¨®n.
¡ªDefinitivamente, est¨¢ ¡ªdijo el de pelo azul. Ambos se encontraban frente al cad¨¢ver inerte de la criatura, a¨²n atada inc¨®modamente a un bolso cuyos contenidos hab¨ªan sido retirados. Un d¨ªa ya hab¨ªa transcurrido desde esa cacer¨ªa y, con los resultados aqu¨ª, tendr¨ªan que analizar sus siguientes pasos.
¡ªY tiene la herida.
¡ªY tiene la herida.
¡ªPero Han no est¨¢.
¡ªNo, no est¨¢.
¡ªEntonces, podemos decir que el extranjero es inocente.
¡ªS¨ª, podemos.
¡ªPero eso no convencer¨¢ al resto del pueblo.
¡ªNo, no ser¨¢ tan f¨¢cil.
¡ªPero yo tengo un plan ¡ªuna figura entr¨® por la puerta, su voz era la de una joven¡ª. Pero necesito su ayuda. Tambi¨¦n tengo una noticia para ustedes, y necesito su ayuda con eso tambi¨¦n.
¡ª?Inovatio? ?Cu¨¢les son tus ideas? ¡ªpregunt¨® Sen.
¡ªEs un plan a largo plazo, obviamente no podemos corregir un problema as¨ª en pocos d¨ªas. Tampoco quiero destacarme m¨¢s de lo que ya lo hice. Por lo que estoy apuntando a lento, pero seguro.
¡ª?Tienes noticias? ¡ªpregunt¨®, calmado, A¨ªto.
¡ªS¨ª. Vengo de buena fe a avisarles que... t¨¦cnicamente... de ahora en m¨¢s estoy... digamos que a cargo de la aldea.
¡ª?Qu¨¦?
¡ª?Qu¨¦?
¡ªLa aldea siempre fue asistida financieramente por la familia Inovatio, a un nivel del que no creer¨ªan, d¨¦jenme decirles. C¨®mo sea; llegamos a un acuerdo con Han y el cacique en dejar todo lo comercial en mis manos. Solo deseo la prosperidad econ¨®mica del lugar; honestamente, no estoy interesada en nada m¨¢s, por lo que todos los otros deberes seguir¨¢n en manos del cacique, como siempre.
¡ªYa veo ¡ªcontest¨® A¨ªto, un poco confundido.
¡ª?Y eso lo arreglaste con el cacique y Han? ¡ªpregunt¨®, con extra?a conformidad, Sen.
¡ªS¨ª, estuvimos los tres de acuerdo en dejar lo econ¨®mico en mis manos.
¡ªEntiendo ¡ªrespondi¨® Sen, sin decir m¨¢s.
¡ª?Has podido ponerte en contacto con Han? ¡ªpregunt¨®, t¨ªmidamente, A¨ªto.
¡ªS¨ª. Me expres¨® sus deseos de tomarse un tiempo de descanso con su familia.
¡ªYa veo...
¡ªEntonces, ?puedo confiar en ustedes para saldar las consecuencias inmediatas de la cacer¨ªa? Y, con respecto a la noticia, solo necesito su soporte cuando desee llevar a cabo una medida.
¡ªS¨ª. Lo que sea. Nos gustar¨ªa tomar un tiempo de luto por Hise de cualquier forma. A¨ªto tiene que realizar el baile de cierre con el anciano y yo quiero descansar en el festival un rato.
¡ªEntiendo. Bueno, solo mant¨¦nganse en contacto con la familia, podemos evitar m¨¢s problemas mientras solucionemos el tema de fondo.
A¨ªto mir¨® a Sen y, al verlo asentir, asinti¨® tambi¨¦n con una sonrisa.
8
Mira, habiendo terminado todos sus deberes del d¨ªa, se encontraba regresando a casa con un fuerte antojo de lanzarse sin reparo sobre su c¨®moda cama; sin embargo, era en estas ocasiones que la vida ten¨ªa esa extra?a habilidad para lanzar situaciones imprevistas encima de uno.
¡ª?Yoi?
La sirvienta parec¨ªa haber corrido un buen trecho hasta alcanzarla. Su preocupaci¨®n era evidente en el poco cuidado que le hab¨ªa dado a su vestido que, raspando el suelo, hab¨ªa acumulado un poco de tierra.
¡ª?Mira!
¡ª?Qu¨¦ sucede, Yoi?
¡ª?Despert¨®, Mira! ?Despert¨® ahora! ?No se encuentra bien!
¡ªVamos.
Corriendo, arribaron a la casa, al subir con prisa las escaleras y llegar a la habitaci¨®n, la imagen que se encontraron era una que ninguna de las dos esperaba.
Era solo un chico mirando por la ventana desde su cama, gotas de agua desparram¨¢ndose incansablemente de sus ojos.
Yoi se hizo a un lado y Mira se adelant¨® unos pasos hasta encontrarse a pocos cent¨ªmetros de la cama. Incluso con eso, el chico sigui¨® sin reconocer su presencia, por lo que se aproxim¨® m¨¢s hasta eventualmente sentarse en el colch¨®n.
El chico solo lloraba, miraba algo distante y lloraba. Su expresi¨®n era claramente triste, pero no hab¨ªa mucho m¨¢s, solo l¨¢grimas.
¡ª?Est¨¢s bien?
Demor¨® un poco en contestar.
¡ª¡ª... Hola, Mira ¡ªla mir¨® por un segundo para saludarla, y volvi¨® al no muy interesante paisaje de la ventana.
¡ªHola. ?Te sientes bien?
¡ª... S¨ª, parece que tuve unas convulsiones al despertar, pero ahora estoy mejor. Yoi me ayud¨® hasta tranquilizarme.
¡ª?... Te duele el cuerpo?
¡ªMucho. Creo que nunca sent¨ª tanto dolor ¡ªhablaba, pero todav¨ªa sin verla.
¡ªYa veo.
¡ª...
Se arm¨® un fuerte silencio. Quiz¨¢s, si fuera la Mira de hace dos d¨ªas, ella ser¨ªa capaz de tomar una acci¨®n osada al instante para intentar solucionar la situaci¨®n con fuerza bruta. Como no era la Mira de hace dos d¨ªas, sino que la Mira de ahora, eso ya no era una opci¨®n. Mira se concentr¨® en las l¨¢grimas que no dejaba de soltar, como si fuera una corriente constante, como si la fuente no fuera el mismo chico.
¡ª?Y est¨¢s llorando... por eso? ¡ªfue lo que resolvi¨® en preguntar.
¡ªNo, creo que no.
¡ªY entonces... ?Qu¨¦ pasa?
El joven la mir¨®.
¡ªCreo que no soy una buena persona, despu¨¦s de todo ¡ªle contest¨® con una sonrisa avergonzada.
19 - EpÃlogo - Visita Guiada - Parte 1
1
¡ªVen. Ven ¡ªme dijo la chica que estaba actuando como mi gu¨ªa y guardia en este paseo por el pueblo.
Los descontentos con mi presencia eran muchos; podr¨ªa incluso agregar a mi propio cuerpo a esa lista. El dolor a¨²n era definitivamente palpable, sin embargo, parec¨ªa que Mira hab¨ªa utilizado una t¨¦cnica esot¨¦rica de curaci¨®n, porque mi mano izquierda, aunque inutilizada, ya no se encontraba completamente destrozada. Mi mano derecha segu¨ªa san¨¢ndose de su herida punzante, pero, como no era la primera vez que me apu?alaban, me resultaba dif¨ªcil catalogarlo como una nueva experiencia. Ambas manos estaban firmemente vendadas y, probablemente, seguir¨ªan as¨ª por un tiempo. Mi pierna solo sufr¨ªa un muy molesto esguince. Mi hombro dol¨ªa bastante al moverlo; aunque, al estar mis brazos congelados en su lugar, esto se podr¨ªa considerar un no-problema, un caso de prueba inv¨¢lido, si se quiere. Mi abdomen s¨ª que consigui¨® ser una complicaci¨®n m¨¢s grave. No sabemos si se habr¨¢ infectado o qu¨¦, pero tuvimos unos d¨ªas complejos intentando curar esa herida.
Ah. Ya pasaron tres d¨ªas desde que despert¨¦, y este era la ¨²ltima jornada del festival. San¨¦ mucho m¨¢s r¨¢pido de lo que deber¨ªa haber hecho, Mira y Yoi parec¨ªan mantener un extra?o secreto sobre el porqu¨¦ de esto. A pesar de que el estado de mi cuerpo era mucho m¨¢s funcional, no era capaz de hacer todo lo que necesitaba, por lo que Yoi se vio obligada a asistirme por unos d¨ªas.
Por otro lado, mi colgante segu¨ªa ah¨ª. No lo he perdido en ning¨²n lugar. El ¨²nico inconveniente era que no lo pod¨ªa abrir. No por una magia nueva del collar, sino porque mis manos estaban as¨ª de incapacitadas. Apenas pod¨ªa mover una cuchara con la mano derecha, no pod¨ªa exigir mucho m¨¢s a mi cuerpo.
Tengo que recalcar lo mucho que me sorprendi¨® la mejora en el estado de mi mano izquierda. Hab¨ªa quedado deformada, pero ahora parec¨ªa haber vuelto a su lugar. Tal vez Mira o Yoi conoc¨ªan la t¨¦cnica del se?or Miyagi, ya solo me faltar¨ªa ejecutar una patada de grulla contra mi rival ac¨¦rrimo y mi recuperaci¨®n se concretar¨ªa.
¡ªVen. ?Quieres ver el baile?
No respond¨ª, no estaba hablando mucho. Mira ya se parec¨ªa haber acostumbrado un poco a esto. Estaba contestando m¨¢s con el cuerpo que con la voz, eso era todo lo que pod¨ªa producir.
¡ªAqu¨ª.
Mira se sent¨® en un banco, o, mejor dicho, un tronco que estaba colocado horizontalmente con funci¨®n de banco, y me invit¨® con palmaditas a sentarme a su lado. Yo obedec¨ª.
¡ªEl baile comenzar¨¢ pronto.
Era de noche, creo que alrededor de las 9 p.m. No hab¨ªa muchas formas de conocer la hora exacta. Cuando me sent¨¦, ella se acurruc¨® sin verg¨¹enza a mi lado. Yo no la iba a malentender; esta mujer era peligrosa, pero m¨¢s a¨²n, desvergonzada, y la respetaba profundamente por eso. Ella solo cre¨ªa que esto me iba a hacer sentir mejor y, por lo tanto, lo hac¨ªa. Una t¨¦cnica efectiva, especialmente cuando era aplicada con constancia. Yo solo estaba cosechando los beneficios; pero, como dije, no la iba a malentender. No sab¨ªa si Mira ten¨ªa la capacidad humana de enamorarse honestamente; sent¨ªa que ella estaba por encima de eso, de alguna manera.
Ten¨ªa que admitir que apreciaba la calidez.
Esperamos unos momentos. Los aldeanos nos ve¨ªan como alien¨ªgenas; aunque ya dif¨ªcilmente me importaba. Est¨¢bamos en la plaza central, la de la gran fogata en medio. Parec¨ªa que hab¨ªa un espect¨¢culo programado, casi la totalidad del pueblo se hab¨ªa reunido. Esta plaza era espaciosa, pero me costaba creer que hayamos conseguido este banco que tan convenientemente ten¨ªa vista plena al escenario por pura casualidad. Esta mujer me daba escalofr¨ªos a veces. La mir¨¦ por un momento, y ella aprovech¨® para darme ojitos de enamorada, o de tierna, o de linda. Bueno, ella era demasiado linda, por lo que tal vez no estaba haciendo ningunos ojitos y esta era su apariencia normal de cerca, pero eso no estaba ni aqu¨ª ni all¨¢.
Eventualmente, lleg¨® el espect¨¢culo: Un anciano seguido por A¨ªto detr¨¢s. ?Qui¨¦n dir¨ªa que el guardia era bailar¨ªn de medio tiempo? Bueno, pod¨ªa usar una lanza, la danza con armas es una expresi¨®n art¨ªstica relativamente com¨²n, por lo que no era tan descabellado. Ambos, el anciano y el guardia, vest¨ªan una versi¨®n blanca, gris y algo gruesa del atuendo del pueblo.
A¨ªto lleg¨® al medio de la plaza, demasiado concentrado para detectarnos entre la multitud. El baile inici¨® con ambos encendiendo una antorcha con la que vinieron a la plaza utilizando la fogata central. Luego hicieron un par de pasos con la antorcha en mano a una distancia que causaba un poco de repel¨²s.
Realmente no sab¨ªa mucho de bailes, ni ten¨ªa una fascinaci¨®n en particular, por lo que no pod¨ªa descifrar el significado de los pasos del baile ni nada.
Un paso para atr¨¢s, uno para delante, un c¨ªrculo con el pie derecho, un salto y un giro, dos pasos hacia delante, una mortal para atr¨¢s-
?C¨®mo hizo eso el anciano?
Voy a ignorar eso. Siguiendo... -una mortal para atr¨¢s, otro paso hacia atr¨¢s y, entonces, silencio. Ambos sujetaron la antorcha con ambas manos y la colocaron frente suyo, hasta que s¨²bitamente la lanzaron al aire.
El palo cay¨®.
Pero el fuego no. El fuego qued¨® en el aire, suspendido como un globo. El fuego gir¨®, dio vueltas, aros sobre el brazo de ambos hombres y entonces lo lanzaron al aire. Mas las bolas nunca alcanzaron el suelo, fueron atajadas encima de sus bocas, haciendo un acto de estar soplando la bola hacia arriba. Hacia arriba, hacia abajo, saltando con ella, girando con ella, lanz¨¢ndola hacia arriba, atrap¨¢ndola con las manos, encerr¨¢ndola, y eventualmente devolvi¨¦ndola a la fogata. Y con eso concluy¨® la danza.Love what you''re reading? Discover and support the author on the platform they originally published on.
A¨ªto y el anciano saludaron.
2
¡ª?Est¨¢s bien? ¡ªme pregunt¨® mientras camin¨¢bamos por el pueblo.
Esta vez, ambos vest¨ªamos la vestimenta tradicional del lugar. Mira luc¨ªa muy bien, yo estaba incomodado como siempre por la falta de bolsillos. No era tanto un problema en este momento por el hecho de que sencillamente no ten¨ªa ninguna posesi¨®n. Sin embargo, la falta total de bolsillos me generaba una profunda disconformidad en general.
¡ª?Te gust¨® el baile?
Asent¨ª. No sab¨ªa cu¨¢l era su objetivo al traerme a pasear por el lugar, cuando ni mi relaci¨®n con el pueblo, ni mi cuerpo, estaban del todo sanados. Conociendo a Mira, algo ten¨ªa que tener entre manos, pero la mujer actuaba en un plano que era inalcanzable para un simple mortal como yo, por lo que no me molest¨¦ en intentar dilucidar cu¨¢l era ese objetivo.
¡ª?Quieres hablar con los guardias o te gustar¨ªa seguir paseando? ¡ªme pregunt¨® amablemente.
Lo pens¨¦. Por unos segundos, lo pens¨¦.
¡ª¡ªPasear est¨¢ bien ¡ªcontest¨¦. No estaba de humor para ning¨²n tipo de interacci¨®n social que no fuera con ella.
¡ªEst¨¢ bien ¡ªdijo alegremente.
Y continu¨® caminando al frente m¨ªo, visitando tiendas y haciendo generalmente lo que le plac¨ªa. Yo me sent¨ªa feliz observ¨¢ndola divertirse; tan feliz como era capaz de sentirme.
Luego de eso continuamos pasando el rato como si nada.
¡ªA decir verdad, s¨ª hay una cosa que me interesa de este pueblo ¡ªcoment¨® Mira, como si estuviera continuando otra conversaci¨®n¡ª. Tengo un gran aprecio por los fuegos artificiales, y son pocos los lugares en el este que se interesan por hacerlos.
El motivo de ese comentario era el peque?o espect¨¢culo de fuegos artificiales frente a nosotros. Un juego para ni?os, realmente. No estaban utilizando grandes cohetes, sino que peque?as bengalas y otras cosas inofensivas.
¡ªMira, me duele un poco el brazo, voy a sentarme un segundo en el banco.
A Mira no le import¨® y tir¨® del brazo que acababa de se?alar para acercarme a un puesto de venta.
¡ªAh ¡ªgrit¨¦ por dentro.
¡ª?Qu¨¦ tienen a la venta? ¡ªpregunt¨® emocionada.
Un hombre adulto atend¨ªa la tienda.
¡ªOh, una extranjera. Tenemos faroles, ocho serviles la pieza. Tambi¨¦n tenemos algunos fuegos... pero no creo que eso le interese.
¡ª?Me interesa!
¡ª?Ah? Eh... Bueno... Son un servil cada varita, y tres las m¨¢s largas.
¡ªDeme 3 largas.
Mira produjo una moneda marr¨®n y recibi¨® una m¨¢s peque?a a cambio, junto a los tres palillos con p¨®lvora.
Yo intent¨¦ esconderme detr¨¢s de ella, por lo que no pude ver el rostro de la persona.
¡ª?Gracias por su negocio! ¡ªdijo una voz mucho m¨¢s aguda. Una voz que me resultaba familiar¡ª. ?Se?ora y...! ?Se?or?
Me di la vuelta t¨ªmidamente y cruc¨¦ la vista con una ni?a muy peque?a que deb¨ªa estar parada encima de unas cajas o algo detr¨¢s del mostrador. La ni?a al verme se asust¨® y hubiera ca¨ªdo de su peque?a torre, si no fuera por su padre que estaba all¨ª para atraparla.
¡ª¡ª... Gracias por su negocio, pero no vuelva a pasar por aqu¨ª. Es de mal gusto ¡ªdijo el hombre, mientras su hija se escond¨ªa detr¨¢s de su espalda.
Mira se retir¨® con una leve reverencia, conmigo enganchado detr¨¢s.
¡ª?Quieres sentarte? ¡ªme pregunt¨®, observando el festival.
¡ª... No, est¨¢ bien.
3
¡ªTan incre¨ªble como siempre.
Una vez la muchedumbre se dispers¨®, el guardia felicit¨® a su compa?ero en un costado de la plaza.
¡ªGracias.
¡ªMe sigue pareciendo una idiotez.
¡ªLo s¨¦.
Ambos se mantuvieron en silencio unos segundos, espalda apoyada contra la pared.
¡ªPfff... ?Ja, ja, ja!
Acompa?ando la risa de Sen, A¨ªto liber¨® una carcajada contenida.
¡ª...Pero ya s¨¦ que lo haces para presumir... fanfarr¨®n.
¡ªS¨ª, me divierte ser capaz de hacer algo que t¨² no ¡ªrevel¨® con sarcasmo.
¡ªLo sab¨ªa... ¡ªrespondi¨® con una sonrisa y un golpe en el hombro que el otro soport¨® estoicamente.
Y entonces se hundieron en un c¨®modo silencio.
¡ª...
¡ª...
A¨ªto abord¨® el tema que ocupaba la mente de ambos.
¡ª?Pudiste... contactarte con Han?
¡ªNo.
¡ªYa veo.
¡ªTch... Supongo que... hay que darle un tiempo.
¡ªYo no quiero verlo.
¡ªNo digas eso... ¨¦l-
¡ªNo quiero verlo
¡ªHm...
A¨ªto baj¨® la cabeza para mirarse los pies, dar un suspiro, y terminar su oraci¨®n:
¡ªPor ahora, no quiero verlo.
Sen sonri¨® levemente.
¡ªHm. Te entiendo.
¡ª?Has visto al extranjero? ¡ªpregunt¨® repentinamente el de pelo azul.
¡ªSolo a la sirvienta... Parece que est¨¢ mal.
¡ªLo vi durante el baile. Est¨¢ completamente r¨ªgido, le debe doler todo el cuerpo.
¡ªPor lo menos est¨¢ vivo. Dadas sus circunstancias, eso ya es mucho esperar.
¡ªNo lo puedo negar, pero es una pena.
¡ªS¨ª...
¡ª...
¡ª...
¡ªPerd¨®n ¡ªSen se disculp¨®.
¡ª?Por?
¡ªPor lo que hice... Por c¨®mo estuve actuando... Perd¨®n.
¡ªEst¨¢ bien. Entiendo por qu¨¦ lo hiciste.
Sen se molest¨® un poco.
¡ª?Al menos pide perd¨®n tambi¨¦n... o algo!
¡ª?Por qu¨¦ deber¨ªa?
¡ª?Porque...! Hngg... ?Porque s¨ª! ?O por llevarnos la contra, no lo s¨¦!
A¨ªto pareci¨® haber sido convencido un poco por ese argumento de dudosa calidad.
¡ªHm. Est¨¢ bien. Lo siento tambi¨¦n.
¡ªHm.
¡ª...
¡ª...
¡ª¡ª... Pfff... ?Ja, ja, ja!
Ambos rieron a su propia manera por un momento.
Sen sec¨® una l¨¢grima de risa, mir¨® a las estrellas, y dijo lo primero que se le ocurri¨®.
¡ªAh... Voy a extra?ar a Hise.
A¨ªto hizo una mueca al escuchar su nombre, pero mir¨® al suelo, y sonri¨®.
¡ªYo tambi¨¦n.
Decidieron descansar esa noche en la plaza, rodeados de los pueblerinos cuya seguridad estaba a su cargo.
20 - EpÃlogo - Visita Guiada - Parte 2
4
Mira cerr¨® las manos y aspir¨® fuertemente.
¡ªAhhh¡ Bueno, ?qu¨¦ tal si hacemos lo que vine a hacer?
Ya deb¨ªan ser las 11 de la noche, pero, quiz¨¢ por ser el ¨²ltimo d¨ªa del festival, la multitud segu¨ªa sin mostrar se?ales de dispersarse. El lugar era lindo, mucho m¨¢s que casi cualquier lugar de donde proven¨ªa, ahora era capaz de afirmar eso con confianza. El aire se sent¨ªa limpio, probablemente porque era el m¨¢s limpio que respir¨¦ en mi vida. Era un lugar tranquilo y vigorizante. Y aun as¨ª no-¡ No era capaz de apreciarlo apropiadamente. No solo porque era un recluido social en este pueblo, sino porque¡ simplemente no pod¨ªa.
¡ªEstar¨ªa bueno que me contestaras, de vez en cuando.
¡ªS¨ª- Lo siento, Mira. Est¨¢ bien. Podemos hacer lo que quieras.
¡ªMmm¡ ¡ªvocifer¨® un descontento.
Mir¨¦ para atr¨¢s y encontr¨¦ a Yoi. Al verme, me sonri¨® y, con una ligera inclinaci¨®n del cuello, me pregunt¨® si necesitaba algo. Negu¨¦ con un leve movimiento de la cabeza. Su cabello era marr¨®n, como el de la mayor¨ªa de las personas aqu¨ª. Ser¨ªa l¨®gico pensar que el negro no se distinguir¨ªa tanto del marr¨®n oscuro que ocurr¨ªa de vez en cuando; pero, quiz¨¢s por ser la ¨²nica persona en el lugar con mi tono de cabello exacto, destacaba de una extra?a manera. Estaba seguro de que uno de esos casta?os con un poco de humedad y sombra se ver¨ªan casi igual al m¨ªo, pero eso no evitaba que la gente me mirase como un alien.
Mira me guio colina arriba por el pueblo. La atm¨®sfera del templo era perceptible incluso en la base de la loma. Las casas respond¨ªan a la pendiente reduciendo su tama?o y las personas atenuaban su energ¨ªa en funci¨®n de mantener el respeto religioso. En un momento, la inclinaci¨®n se volvi¨® suficientemente elevada para que el ascenso necesitase una escalera. Mira no parec¨ªa acostumbrada a la vestimenta del pueblo y estaba luchando un poco con su vestido para atravesar el obst¨¢culo. Me puse a su lado y le di la mano, asistiendo; ella la tom¨® y subimos juntos. Me preocup¨¦ un poco por Yoi, pero luc¨ªa c¨®moda en su vestido de sirvienta y no quer¨ªa molestarla.
¡ªEl templo es la raz¨®n por la que vine hasta aqu¨ª. De cierta manera, es la raz¨®n por la que nos conocimos. ?No es eso un pensamiento feliz?
Le sonre¨ª escuetamente.
¡ªBalance, el dios del balance, de las cuentas. Es apropiado que una comerciante pida ayuda de semejante entidad, ?no crees?
Habi¨¦ndolo conocido, no me parec¨ªa una persona tan interesante.
¡ªHablando de eso¡ Y ya que me est¨¢s sosteniendo de manera tan rom¨¢ntica, ?te gustar¨ªa saber el nombre que escog¨ª para ti?
Inclin¨¦ mi cabeza.
¡ª?Qu¨¦ te parece si despu¨¦s de esto nos acurrucamos juntos en la cama, Heiko?
?Heiko? Dej¨¦ de prestarle tanta atenci¨®n a mi vista para ponderar mi nuevo nombre. No me disgustaba, por lo que asent¨ª.
¡ªOh. ?Quieres acurrucarte conmigo?
¡ªS¨ª, pero estaba asintiendo por el nombre, en realidad.
Mira se rio un rato. A m¨ª no me sali¨®.
5
Ya era de noche y su esposa e hijo estaban dormidos. La habitaci¨®n en la que se encontraba estaba hundida en total oscuridad. Esa falta de luz hac¨ªa imposible distinguir cualquier decoraci¨®n en la sala, aunque eso no le incomodaba de ninguna manera. La noche estaba fresca, y el ambiente en el pueblo, ruidoso. En comparaci¨®n a eso, su habitaci¨®n estaba sumida en un profundo silencio, un silencio que reflejaba con precisi¨®n su estado mental.
Dio un paso en la habitaci¨®n y baj¨® su torso para encender una vela cercana al suelo. La llama no era muy poderosa, prove¨ªa lo m¨ªnimo indispensable para continuar sus tareas. Dos pasos m¨¢s y se coloc¨® en posici¨®n para arrodillarse correctamente sobre el suelo de madera. Entre sus rodillas y el suelo hab¨ªa una tela fina que apenas acolchaba la sensaci¨®n tosca de la madera. Poca funci¨®n ten¨ªa, m¨¢s que prevenir astillas innecesarias. Delante de ¨¦l hab¨ªa un altar. La funci¨®n del altar era religiosa, pero no f¨²nebre, sino de veneraci¨®n. La entidad a la que se la daba culto era la misma a la que el ¨²nico templo del pueblo reconoc¨ªa.
El hombre se aclar¨® la garganta y luego encendi¨®, una por una, las cuatro velas que se encontraban sobre el altar; era una construcci¨®n compleja, realizada en su totalidad con madera, del tama?o de un armario y a¨²n as¨ª un poco m¨¢s; pintada de gris, pintada de rojo y de negro.Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon.
Si se le preguntaba la raz¨®n de sus acciones, probablemente no se recibir¨ªa una explicaci¨®n, no una genuina, por lo menos. ¨¦l no ten¨ªa una raz¨®n exacta de sus acciones, tan solo ten¨ªa un sentimiento vago de necesidad. Y era extra?o, porque ¨¦l hab¨ªa decidido dejar de prestarle atenci¨®n a ese sentimiento hace un largo tiempo; sin embargo, sinti¨® que esta vez era distinta a las dem¨¢s. Nuevamente, si se le preguntara por qu¨¦ esta vez era distinta, ¨¦l no podr¨ªa contestar.
No era alguien que frecuentaba este tipo de oraci¨®n, tampoco era completamente ajeno a ella; despu¨¦s de todo, el altar se encontraba en su casa; pero no se pod¨ªa decir que era alguien que depend¨ªa de la oraci¨®n cuando la vida lo contrariaba. ?Entonces por qu¨¦? ?Por qu¨¦, despu¨¦s de todo, esto? Esto no solucionar¨ªa ninguna de sus relaciones, no corregir¨ªa ninguna de sus acciones y tampoco volver¨ªa el tiempo atr¨¢s. ¨¦l no era alguien adecuado, ni capacitado para contestar. Pero quiz¨¢s, si ¨¦l ten¨ªa que adivinar¡
El peso de las responsabilidades, a medida que el tiempo avanza, parece m¨¢s pesado, pero la realidad es que simplemente se vuelve m¨¢s notorio. El peso de las acciones que tomamos para cumplir esas responsabilidades s¨ª se agranda m¨¢s. El tiempo pasa y uno intenta cumplir, y para eso carga con error tras error, falla tras falla, consciente o inconscientemente; uno acumula el peso de esos errores, y tambi¨¦n el de sus ¨¦xitos. Ese era peso de la experiencia, dir¨ªan unos; el peso de la vida, dir¨ªan otros, quiz¨¢ un poco m¨¢s negativos. Deshacerse de ese peso era imposible; lo que sucedi¨®, sucedi¨®. Intentar evitar eso no era realista ni deseable. Entonces, por lo tanto, ?qu¨¦ quer¨ªa conseguir con una simple, torpemente realizada, oraci¨®n? Quiz¨¢s¡
Perd¨®n.
No de un ser superior, tampoco de las personas que hiri¨®. Era un rito sin sacrificio, porque sent¨ªa que hab¨ªa sacrificado suficiente; pero, m¨¢s a¨²n, sent¨ªa que no estaba en posici¨®n de sacrificar m¨¢s. Ya no estaba en su derecho.
Solo quer¨ªa perd¨®n. Un poco de perd¨®n.
6
¡ª?Este es el templo?
¡ªSe ve distinto desde arriba, ?no?
¡ªHm.
Salud¨¦ con la mano a Yoi, que hab¨ªa informado que se quedar¨ªa en la entrada.
Era un edificio grande. No tan grande como una casa promedio del pueblo, pero capaz de albergar a un buen n¨²mero de personas. La arquitectura era la misma que el resto, es decir, oriental, pero un poco m¨¢s decorativa, rellena con varias columnas innecesarias, algunos ¨¢rboles grandes y portones de madera cuyo objetivo parec¨ªa ser deslumbrar m¨¢s que cumplir una funci¨®n pr¨¢ctica. La colina era elevada, pero no lo suficiente como para que el suelo o el aire presentaran diferencias con respecto al resto del lugar. La ¨²nica evidencia de la altitud era la iluminada, c¨¢lida imagen del resto del pueblo. En su conjunto, el pueblo era un lugar algo curioso, con un relieve muy accidentado. La aldea estaba colocada en una inclinaci¨®n que lo atravesaba de manera horizontal, paralela a esa pendiente se encontraba la ruta principal que viajaba fuera del pueblo; pero esta inclinaci¨®n no formaba parte de la colina del templo; la colina del templo iniciaba y terminaba dentro de la zona del pueblo. Nunca hab¨ªa visto una colina tan destacada; probablemente era obra de ese ser, teniendo en cuenta que este era su lugar de culto. Claramente, no hab¨ªa sido enviado a este lugar por coincidencia. Incluso, intuyo que todo ocurri¨® acorde a los planes de eso.
Que conociera a Mira, que me inculparan del asesinato, ser odiado por el pueblo, haber matado al duende, todo probablemente ocurri¨® porque ¨¦l lo quiso as¨ª.
No le creo en nada sobre lo de las memorias.
Pero no tengo m¨¢s opci¨®n que continuar por el camino que traz¨® para m¨ª. Debo cumplir con mi parte del trato si quiero que ¨¦l cumpla con la suya.
Mira me guio por un pasadizo fuera del templo para visitar el jard¨ªn trasero del lugar.
¡ª?No es hermoso?
¡ªS¨ª.
El jard¨ªn estaba muy producido, un camino de piedras nos guiaba cuidadosamente por cada atracci¨®n del huerto. La flora cubr¨ªa cada hueco de la zona y adornos de piedra hab¨ªan sido rociados por el jard¨ªn cuidadosamente. Los ¨¢rboles goteaban humedad, como si estuvieran transpirando, a pesar de que no hab¨ªa ocurrido ninguna lluvia desde que llegu¨¦. El goteo en su mayor¨ªa desembocaba en la laguna que se encontraba en medio del jard¨ªn; agua verdosa y turbia, llena de producto vegetal. El lugar era una paleta entera de colores, hab¨ªa flores rosas, rojas y amarillas; ¨¢rboles tanto enanos como de tama?o considerable, arbustos en todas partes. Nunca hab¨ªa visto algo as¨ª. Pero no hab¨ªa visitado muchos templos en mi vida, por lo que tampoco quer¨ªa sugerir que era algo especialmente irrisorio.
Agarr¨¦ mi pendiente, sent¨ª una palpitaci¨®n en la mano.
¡ªLoto.
¡ªSon lotos transformativos, ?los conoces?
Asent¨ª con la cabeza.
¡ªNo son tan impresionantes ahora, pero con el tiempo cambian de una manera incre¨ªble. O eso dicen, porque nunca estuve aqu¨ª en otra ¨¦poca del a?o.
Eran solo flores verdes y arrugadas, nada bellas, parec¨ªan casi marchitas; pero todas estaban plantadas firmemente sobre el agua. Flores que cambiaban de forma, que no marchitaban y ten¨ªan propiedades protectoras¡ Resultaba dif¨ªcil creer eso, y verlas as¨ª no reforzaba ninguna de esas ideas grandiosas.
Mira tom¨® aire y dirigi¨® su sonrisa hacia m¨ª.
¡ª?Rezamos?
Solo la mir¨¦ y ella tom¨® eso como un ¡°s¨ª¡±. Pens¨¦ por un momento que ser¨ªa en este jard¨ªn, pero parec¨ªa que el lugar de oraci¨®n era otro. El templo pose¨ªa ese silencio caracter¨ªstico de los edificios religiosos, en el sentido de que no necesariamente todos estaban callados, sino que cada palabra que sal¨ªa de una boca ten¨ªa ese gran peso que te convenc¨ªa de mantenerte respetuosamente callado lo m¨¢s posible.
Nos movimos a un altar localizado poco antes de llegar al edificio mayor, era una peque?a estructura que, sin embargo, contaba con los arquitos caracter¨ªsticos del pueblo, dos de ellos, uno rojo y uno azul. Era la primera vez que ve¨ªa azul fuera de los frutos que me pidieron del bosque aquella vez. Mira se arrodill¨® delante. No hab¨ªa nadie haciendo un c¨¢ntico o rezo colectivo, parec¨ªa que la oraci¨®n estaba dejada a la voluntad de cada individuo. Yo no quer¨ªa rezarle a esa cosa, y tampoco quer¨ªa que Mira lo hiciera. Estaba un poco desagradado, a decir verdad. Mira me hizo palmaditas al lado suyo por lo que, de mala gana, me coloqu¨¦ donde quer¨ªa. De igual forma, por m¨¢s que lo intentara ignorar, eso me dijo que estaba esper¨¢ndome aqu¨ª. Probablemente, me quiera hablar de algo sobre el futuro, me sent¨ªa muy ap¨¢tico con su causa, por lo que solo deseaba quitarme de encima la situaci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido posible.
Me arrodill¨¦ a un lado de Mira y la mir¨¦ de reojo para saber qu¨¦ ten¨ªa que hacer o decir. Ella ¨²nicamente permaneci¨® con los ojos cerrados y la cabeza agachada. Aprovech¨¦ un rato para mirarla, porque ella era linda y yo, un pervertido; sin embargo, despu¨¦s de un tiempo, segu¨ª su ejemplo.
Cerr¨¦ los ojos.
21 - Prólogo - Mi Peque?a Charla Con Dios
1
¡ª?Primero!
La figura comenz¨® a explicar de forma mandona.
¡ª?D¨®nde est¨¢s? Est¨¢s en la tierra. La misma tierra que abandonaste. El mismo cielo, el mismo sol, la misma agua. Es casi exactamente la misma tierra; el punto de divergencia se dio cuando unas entidades superiores, Orden y Caos, decidieron interferir. A esa interferencia se la conoce como "Influencia". Y es debido a esa Influencia que hace unos... millones de a?os... ciertos elementos de este mundo dejaron de estar en sinton¨ªa con tu antigua tierra.
¡ª?La magia? ¡ªacept¨¦ la lecci¨®n que decidi¨® darme sin consentimiento, y pregunt¨¦.
¡ª?Correcto! ?La magia! Y tambi¨¦n los laberintos, la flora, la fauna, los monstruos, los humanos, las sociedades, la cultura, el clima, la distribuci¨®n de la tierra y un par de cosas m¨¢s, pero claro, la magia.
¡ª?La distribuci¨®n de la tierra? ¡ªPor alg¨²n motivo, eso llam¨® especialmente mi atenci¨®n.
¡ªS¨ª. Mmm... ?C¨®mo decirlo...? La Influencia en este mundo es completamente f¨ªsica y, por lo tanto, tiene un efecto en las fuerzas a su alrededor; los procesos erosivos, el clima e incluso la deriva continental fueron afectados por nuestra Influencia. La distribuci¨®n de la tierra en este mundo es completamente distinta a la del tuyo... Nada de "¨¢frica", "Europa", "Am¨¦rica" o "Asia" aqu¨ª ¡ªdijo, haciendo "shu" con la mano¡ª; las placas continentales no son las mismas.
¡ªKiokai. Ese era el pa¨ªs en el que me encontraba, un pa¨ªs que solo existe en este mundo.
¡ªAh¨ª est¨¢ el punto de "las sociedades" ¡ªme explic¨® con una sonrisa¡ª. Kiokai, Honing, Sinenvuori, todos reinos que no deber¨ªan existir realmente, pero que ya fueron formados hace unos siglos en este mundo gravemente Influenciado.
¡ª?Es la ¨¦poca de este mundo la misma que la del mundo que dej¨¦? ¡ªpregunt¨¦, tirando a adivinar.
Dio un silbido impresionado y respondi¨®:
¡ªCorrecto, la ¨¦poca es la misma, la humanidad es igual de antigua. Sin embargo, el desarrollo tecnol¨®gico se vio desafiado por elementos de este mundo que intervinieron constantemente con el progreso. Hay alguna que otra excepci¨®n, tanto cient¨ªfica como cultural, pero, generalmente, este mundo est¨¢ atrasado por unos 500/600 a?os.
¡ªLos inodoros no son una excepci¨®n ¡ªlament¨¦.
¡ªYa te acostumbrar¨¢s ¡ªme respondi¨®, desestimando mis penas¡ª. Continuemos con el tema de conversaci¨®n, ?d¨®nde estaba...? Ah, s¨ª...
Se qued¨® en silencio.
?
¡ªY-
¡ª?Segundo! ¡ªgrit¨®, asust¨¢ndome¡ª. ?Qu¨¦ sucedi¨®? Hablemos un poco de lo que ocurri¨® luego del contrato. Como sabemos, t¨² aceptaste mi pacto; luego de eso, te otorgu¨¦ la bendici¨®n del lenguaje. La bendici¨®n del lenguaje te permite entender y aprender cualquier idioma con solo contactarlo. Lastimosamente, eso tuvo el efecto no planeado de estropearte un poco el cerebro, mala m¨ªa ¡ªinform¨® como si fuera la verdad.
No le cre¨ªa nada.
¡ª?Es la verdad! ?Lo juro, juro!
Desvi¨¦ la mirada a un costado, con los ojos entrecerrados. Pod¨ªa decir lo que quisiera, pero no me iba a convencer.
¡ª?Mmm! ¡ªse quej¨®, haciendo pucheros¡ª. Castigo ¡ªsu tono de voz cambi¨® de manera abrupta, la distribuci¨®n de instrumentos que parec¨ªan componerla siendo reemplazada por una orquesta de bajos.
El aire en mi est¨®mago escap¨® por mi boca, como si me hubieran propinado un gancho directo al abdomen. No, ni siquiera. Fue algo m¨¢s parecido a ser privado de todo mi ox¨ªgeno a trav¨¦s de una jeringa gigante que atravesaba mi es¨®fago.
¡ªCuando te disculpes, te enmendar¨¦ ¡ªsu voz hab¨ªa vuelto a la orquesta habitual.
Inmediatamente, me desplom¨¦; primero de rodillas, luego en posici¨®n fetal. No solo hab¨ªa sido privado del aire a mi alrededor, sino que el ox¨ªgeno con el que ya contaba tambi¨¦n hab¨ªa sido extirpado a la fuerza.
Mis brazos apenas pod¨ªan estirarse un par de cent¨ªmetros. Cada m¨²sculo de mi cuerpo se encontraba desmesuradamente tensado. Obviamente, no pod¨ªa hablar. La disculpa que ¨¦l estaba esperando era imposible.
¡ªEstoy escuchando...~ ¡ªcant¨® de manera burlona.
Mir¨¦ su silueta desde el suelo, intentando comunicar mi ruego con los ojos. Mi boca luchaba para conseguir aire, pero era imposible. No pod¨ªa o¨ªr los movimientos de mi garganta, ni tampoco los golpes de mis brazos; el ¨²nico sonido que atravesaba este espacio sin ning¨²n problema era la voz de la entidad.
¡ªBueno, bueno. Perd¨®n. Por favor... ¡ªse disculp¨® de manera escueta, fastidiado.
Mi boca se cerr¨® por su cuenta, mi perspectiva cambi¨® y, tan r¨¢pido como hab¨ªa escapado, el ox¨ªgeno volvi¨® a llenar mis pulmones. Ahora, parado firmemente, inspeccion¨¦ la totalidad de mi cuerpo con las manos, pero todo parec¨ªa normal. Era como si nunca hubiera ocurrido.
¡ªDebilucho... Como te dec¨ªa, perdiste las memorias por tu bendici¨®n; la bendici¨®n que te hace entender cualquier lenguaje tiene efectos secundarios en tu mente, ?qui¨¦n lo hubiera imaginado? ¡ªminti¨® con sarcasmo¡ª. Pero ahora, que est¨¢s en perfecto estado, tienes que volver a concentrarte en tu misi¨®n, ?recuerdas? Orden y Caos, tenemos que debilitarlos.
Contuve mis comentarios sobre la asfixia y, masajeando suavemente mi garganta, decid¨ª participar en la conversaci¨®n.
¡ªYa los hab¨ªas mencionado. Dijiste que eran "entidades superiores" o algo as¨ª, ?pero qu¨¦ son? ?Qu¨¦ eres? ?Eres Dios, o qu¨¦?
Presion¨® su pu?o contra su ment¨®n y contest¨® de manera contemplativa:
¡ªPara ustedes, humanos, podr¨ªamos ser percibidos como algo similar a dioses. Pero yo no nos dar¨ªa ese nombre. Es decir, somos tan antiguos como la realidad, y somos, hasta cierto punto, omniscientes. Pero yo nos definir¨ªa como "Partes de la Realidad". Somos componentes o atributos de la existencia; en ese aspecto, nada tenemos que ver con los humanos. No somos ninguna "Tulpa", ni nos fortalecemos por la creencia de ustedes, engre¨ªdos. Incluso como seres conscientes, exist¨ªamos tambi¨¦n en tu mundo, solamente que de manera mucho m¨¢s discreta. "Orden", "Caos", "Balance", "Muerte", todos esos conceptos no fueron inventados por el hombre; ustedes no hicieron m¨¢s que toparse con ellos. Nosotros existimos en conjunto con la existencia y le damos forma. En el caso de esta realidad y este mundo en particular, dos de estas porciones conscientes de realidad decidieron interferir m¨¢s de lo que usualmente se limitan a hacer. Resulta que el "Aburrimiento" tampoco es un concepto que el hombre invent¨®, as¨ª que dos de mis hermanos decidieron parar a jugar un momento. Ellos son mucho m¨¢s serios que yo, por cierto, y creo que nunca admitir¨ªan que esto es un "juego".
¡ªY, en mi mundo, ?alguno de ustedes jam¨¢s intent¨® interferir?
¡ªParece que no, pero yo no soy de esa realidad, as¨ª que no conozco los pormenores. Ni siquiera intent¨¦ ponerme en contacto con mi otro yo. Invocarte aqu¨ª fue una peque?a picard¨ªa que me tom¨¦ la libertad de llevar a cabo. Pero, por lo que vi, no, no hab¨ªa evidencias de efectos f¨ªsicos de Influencia.
¡ªEntonces... Ustedes, seres omniscientes, naturalmente se manifiestan como el concepto que representan- No, eso est¨¢ mal dicho. Se manifiestan normalmente como los conceptos que aportan a la realidad; pero, cuando se involucran directamente, ese concepto se convierte en una fuerza f¨ªsica. ?Entend¨ª bien?
¡ªWow, es como si supuestamente hubieras sido invocado por ser un genio. Todo lo que dijiste est¨¢ bien, pero "involucrarnos directamente" para nosotros significa, literalmente, esparcir partes de nuestro ser por un lugar y, por supuesto, interactuar con ese lugar como estoy haciendo yo ahora. As¨ª que la "Influencia" es la energ¨ªa que nace de nuestro cuerpo, nuestra esencia.
¡ªEntiendo.
¡ª?Tercero! ¡ªcontinu¨® con su lista de ¨ªtems d¨¦bilmente estructurada¡ª. ?Por qu¨¦ te escog¨ª a ti? Este es el siguiente tema del que quer¨ªa hablar. Hay dos razones espec¨ªficas por las que la persona a invocar deb¨ªa ser t¨²; dos caracter¨ªsticas que, de no cumplirse, har¨ªan imposible la misi¨®n que pretend¨ªa imponer. Esas peculiaridades son: 1. Tu talento para la Influencia.
No ten¨ªa idea de c¨®mo hizo para hablar con vi?etas, pero antes hab¨ªa logrado hablar en may¨²scula, por lo que el factor sorpresa se hab¨ªa disminuido.
Se acomod¨® unos anteojos falsos en su figura y continu¨® explicando, dando unos pasos a mi alrededor.
¡ªEl humano tiene un ¨®rgano no material con el que puede manipular peque?as porciones de nuestra Influencia: el n¨²cleo. Ese ¨®rgano intangible, en el 99% de los casos, solo sirve para regular levemente las emociones. Algunos iluminados entre ustedes han logrado controlar una porci¨®n de este ¨®rgano, usualmente l¨ªderes o figuras espirituales. En tu mundo, este ¨®rgano intrascendente es el mismo para el 99% de los humanos; sin embargo, hay un 1%, o mejor dicho, un 0,0001% de humanos cuyo n¨²cleo est¨¢ sobre-desarrollado. Estos humanos tienen la capacidad de manipular la Influencia a un nivel f¨ªsico. T¨² eres uno de ellos.
¡ªYa veo...
¡ªE incluso dentro de ellos, tu n¨²cleo est¨¢ especialmente desarrollado; pero eso no importa, porque lo m¨¢s importante es: 2. La naturaleza de tu Influencia.
¡ª?Mi Influencia? ?No se supone que es de ustedes?
¡ªLos lenguajes humanos limitan mucho mi capacidad de expresi¨®n. D¨¦jame explicar. Ya deber¨ªas saberlo, pero la Influencia tiene un atributo; ese atributo nace de la afinidad que el ser vivo tenga con uno de nosotros. Si tu atributo fuera orden, entonces estar¨ªas lanzando fuego de tus manos, como el guardia que conociste. Tu atributo es caos en este momento, traidor, por lo que, para ti, lo m¨¢s simple ser¨ªa llenar una ba?era con agua o lo que sea... Ese atributo es el aspecto de tu Influencia. Funciona como una balanza, te facilita utilizar la Influencia de ciertas formas y te dificulta otros usos como compensaci¨®n. Pero el aspecto de tu Influencia no fue de mi inter¨¦s para traerte aqu¨ª; lo que me hizo traerte aqu¨ª fue la naturaleza de tu Influencia.
Hizo una pausa como si le pudiera contestar algo; apenas le pod¨ªa seguir la enrevesada explicaci¨®n.
¡ª?Y la naturaleza es si mis ataques son f¨ªsicos o especiales o algo as¨ª?
¡ªNo ¡ªrespondi¨® ofendido¡ª. Esto no es Pok¨¦mon. Sin embargo, la naturaleza es un poco m¨¢s dif¨ªcil de explicar que el atributo. Mmm... Mira, imag¨ªnate una gema, una piedra preciosa.
¡ªEsmeralda, rub¨ª y zafiro.
¡ª... Est¨¢ bien, ?sabes que un zafiro puede ser de distintos colores? ¡ªpregunt¨®, haciendo aparecer a su alrededor piedras de varios tonos.
¡ªS¨ª, fue una decepci¨®n cuando me enter¨¦ de que no siempre son azules.
¡ªBueno, digamos que los distintos colores que el zafiro puede tener son algo similar al aspecto de la Influencia, algo bastante superficial. La naturaleza, por otro lado, es m¨¢s bien la forma que tiene ese zafiro, algo mucho m¨¢s fundamental. Es decir, el aspecto y la naturaleza conforman la apariencia que tiene la Influencia luego de ser procesada en el n¨²cleo de un humano.
¡ª?Entonces la naturaleza de la Influencia es distinta para cada persona?
¡ªNo ¡ªdetuvo r¨¢pidamente esa conclusi¨®n¡ª. Esa parte de mi ejemplo es algo desprolija. La naturaleza de la Influencia, respetando la f¨®rmula anterior, es la misma para el 99% de los humanos; es como si todos ustedes hubieran salido de una f¨¢brica ¡ªcoment¨® con soberbia; no estaba seguro si buscaba ofenderme, considerando que era un humano y todo¡ª. Pero hay un 0,0001... No, un 0,000001% de humanos cuya naturaleza tiene una forma distinta. Esto hace que tu Influencia, sin importar el aspecto que adquiera, act¨²e de una manera muy especial cuando interact¨²a con la Influencia de otros. Esto es lo m¨¢s valioso de ti. Eres un verdadero milagro. Para que comprendas lo especial de tu caso: en todo tu mundo de 8000 millones de personas, tan solo 800.000 personas ten¨ªan un n¨²cleo sobre-desarrollado, y solo 8000 ten¨ªan una naturaleza de Influencia distinta. ?Entiendes por qu¨¦ tuve que recuperarte de tu mundo? La humanidad en esta realidad no tiene ni de cerca la misma poblaci¨®n. Incluso en tu mundo, tan solo tres de esos con naturaleza distinta tambi¨¦n ten¨ªan un n¨²cleo sobre-desarrollado. Uno de esos tres ten¨ªa poco tiempo de vida, dej¨¢ndome dos candidatos para invocar: T¨², y una chica que curiosamente ten¨ªa tu misma edad. Que hubiera tres de ustedes ya es una franca irregularidad estad¨ªstica.
¡ª¡ª?...Hay alguna raz¨®n por la que yo fui escogido y no la chica?
¡ªLo que describ¨ª fueron mis requisitos ¡ªdijo con una sonrisa¡ª. Hay otras dos razones por las que t¨² ganaste la rifa ¡ªlevant¨® el dedo del medio y el anular¡ª. La primera raz¨®n fue tu inteligencia, eres un genio, aunque no lo creas ¡ªbaj¨® un dedo¡ª. La segunda raz¨®n fue tu situaci¨®n. La verdad es que, aunque yo le hubiera ofrecido el contrato a esa chica, nunca lo habr¨ªa aceptado ¡ªbaj¨® el segundo dedo y mir¨® hacia arriba¡ª. ?Recuerdas lo ¨²ltimo que pensaste antes de nuestro primer encuentro?
Lo ¨²ltimo que pens¨¦ en el otro mundo. Lo recordaba muy bien porque en ese momento se repet¨ªa en mi cabeza una y otra, y otra vez, sin parar. No lo pod¨ªa olvidar.
¡ª"Me gustar¨ªa desaparecer" ¡ªrespond¨ª.
¡ªBingo. Por lo tanto, si alguien aceptar¨ªa un contrato como el que plante¨¦, ese ser¨ªas t¨².
Es decir que me escogi¨® por mi debilidad. Por casualidad y por debilidad. Si hubiera sabido manejar mi vida correctamente; algo para nada especial, probablemente era lo que esa otra chica estaba haciendo. Si hubiera manejado mi vida bien, como el resto del mundo, no habr¨ªa perdido a todos mis seres queridos. Perd¨ª a mis seres queridos por lo pat¨¦tico que fui.
¡ªNo te deprimas, porque... ?Cuarto! Dejemos todo eso atr¨¢s y hablemos de qu¨¦ me hizo recurrir a invocarte. Es decir, ?hablemos de tu grandioso objetivo en este mundo! ¡ªexclam¨®, abriendo los brazos.
¡ªOrden y Caos, ?no? Ya lo mencionaste...
¡ªEsa es una generalidad total ¡ªdijo, agitando la mano¡ª. Hablemos de lo que tienes que hacer. Para empezar, ?qu¨¦ me hizo traerte aqu¨ª? ?Cu¨¢l fue el detonante? El detonante fue una acci¨®n dr¨¢stica, una represalia de mi hermanito Caos a la constante opresi¨®n de Orden: Una bestia.
¡ª?Bestia? ?Como el chaeki?
¡ªEso es un animal ¡ªrespondi¨® con un tono despreciativo¡ª. Buen trabajo caz¨¢ndolo, por cierto ¡ªagreg¨®, gui?ando un ojo¡ª. Pero eso es un animal, nada m¨¢s. Los animales en este mundo tienen cierto dominio sobre la Influencia, por lo que vienen... potenciados... digamos, pero siguen siendo animales, por m¨¢s Influenciados que est¨¦n. No. la bestia no es ning¨²n animal; de hecho, es una criatura invocada de otro mundo, como t¨². Pero, si tu mundo era uno que se caracterizaba por la poca Influencia presente, el mundo de la bestia era uno en que la Influencia era tan abundante como el agua en el oc¨¦ano y el ox¨ªgeno en la atm¨®sfera. La bestia, en ese mundo despedazado, repleto de criaturas que se adaptaron hasta lo abominable, era una de las potencias mayores, un rey.
¡ªUna bestia¡ ?Inteligente o qu¨¦?
¡ªTan inteligente como inhumana, con una directiva primaria de destruir con todo lo que se encuentre. Para que entiendas de lo que estamos hablando, esa ¨²nica criatura, de tama?o no mucho mayor que el de un elefante, tiene la capacidad de arrasar completamente con todo este mundo en tan solo 3 a?os.
¡ª¡ªOkey... Perm¨ªteme desconfiar. Por m¨¢s que intente imaginar un elefante acabando con el mundo, no soy capaz. ?Qu¨¦ tiene de especial esa bestia?
Balance se qued¨® callado un momento. Y entonces pregunt¨®:
¡ª?Sabes lo que es una bomba de hidr¨®geno?
¡ªS¨ª.
¡ªNo hac¨ªa falta que respondieras, ya sab¨ªa que sab¨ªas. Bueno, imag¨ªnate una bomba de hidr¨®geno explotando.
¡ªDe acuerdo... ¡ªObedec¨ª la instrucci¨®n.
¡ªNo, te pasaste. Est¨¢s pensando en el hongo. Piensa en el inicio de la explosi¨®n, en el calor, en la liberaci¨®n de energ¨ªa, en toda esa energ¨ªa pura, siendo arrojada desesperadamente sin ninguna otra opci¨®n. ?La presi¨®n aplastante y la luz cegadora...!
¡ªEst¨¢ bien... ¡ªIntent¨¦ imaginar la bola de fuego.
¡ªNo est¨¢s comprendiendo la magnitud total de la bomba, pero no importa. Ahora, junta toda esa energ¨ªa, todo ese calor, concentra todo eso en un punto y ponle una cobertura de carne, m¨²sculo y piel. Eso es la bestia.
¡ª?Una bomba de hidr¨®geno andante? ?Ya explot¨® un reino o algo?
¡ªNo es tan literal, no puede liberar toda esa energ¨ªa en un instante. Pero, m¨¢s importante a¨²n, todav¨ªa se est¨¢ adaptando a los aspectos de la Influencia de este mundo, que son distintos a los de su mundo de origen. Es decir que, con el tiempo, se volver¨¢ m¨¢s fuerte. Como dije, para cuando pasen 3 a?os, ya no quedar¨¢ civilizaci¨®n en pie.
¡ªBueno... ?Y supongo que no sugerir¨¢s algo completamente rid¨ªculo como que debo derrotar a esa bestia?
¡ª?Por supuesto que no! ?Eso ser¨ªa una locura!
Estaba casi seguro de que iba a plantear algo as¨ª; me sent¨ª incre¨ªblemente aliviado, por una vez.
¡ªVas a tener que eliminar a la bestia de Caos y a los h¨¦roes de Orden, ?si no, no habr¨ªa nada de balance!
Era lo que esperaba. Ten¨ªa que mantener la compostura.
¡ªSabes que la bomba at¨®mica fue inventada para destruir asentamientos completos de humanos, ?no? Es decir, no solo a un humano. Por lo tanto, ?c¨®mo podr¨ªa un humano, no digamos derrotar, pero sobrevivir a una bomba de hidr¨®geno? ?Entiendes que eso no es razonable? Para ponerlo en perspectiva, yo usualmente me r¨ªo de aquellos que creen que pueden derrotar a un lobo, o incluso- ja, ja, ja- a un oso. Por lo tanto, ?c¨®mo podr¨ªa alguien que no est¨¢ completamente demente pensar que tiene una oportunidad contra una bomba de hidr¨®geno? Por favor, se?or Balance, replantee las pretensiones que tiene para m¨ª ¡ªintent¨¦, realmente intent¨¦ mantener la compostura.This book is hosted on another platform. Read the official version and support the author''s work.
¡ªNo ¡ªrespondi¨® de manera sucinta¡ª. Vas a eliminar a la bestia o morir en el intento. Ya firmaste el contrato. No puedo devolverte a tu mundo, solo puedo traer seres, e incluso para eso hay varias condiciones que se deben cumplir. No puedo enviarte de regreso. Estar¨¢s aqu¨ª el resto de tu vida y, si deseas que esa vida no termine en tres a?os, vas a eliminar a la bestia.
¡ª?Acaso la Influencia funciona como un JRPG? ?Me permitir¨¢ pelear contra Dios o algo? ¡ªperd¨ª la compostura¡ª. ?NO PUEDO PELEAR CONTRA UNA BOMBA AT¨®MICA! ?CASI FUI ASESINADO POR UN ¨¢RBOL HACE UNOS D¨ªAS!
¡ªDeja de llorar, no es literalmente una bomba at¨®mica. Es solo algo que tiene la energ¨ªa de una. Perm¨ªteme explicarte el plan antes de que llegues a m¨¢s conclusiones apresuradas.
Me sent¨¦ y me cruc¨¦ de piernas y brazos.
¡ªEscucho ¡ªdije entre dientes.
¡ªMira, tu objetivo es disminuir la influencia que tienen mis hermanos en el mundo. Es imposible hacer eso por completo, ni tampoco es deseable. La presencia de la Influencia es irreversible y solo podr¨¢ ser reducida de manera gradual. Entonces, organicemos a nuestros oponentes seg¨²n sus acciones concretas. ?De qu¨¦ forma afecta Caos al mundo? ?Cu¨¢l es su modus operandi? Lo que Caos hace es desperdigar su Influencia por todo el planeta: los animales, los laberintos y todas las criaturas de Influencia en el planeta son de su autor¨ªa. Para que entiendas a lo que me refiero, la naturaleza de la Influencia de todos esos seres que mencion¨¦ es la misma que la de Caos. Los humanos, en ese aspecto, son distintos: ustedes poseen una naturaleza propia y ¨²nica a la humanidad. Lo que sucede con Caos es que es extremadamente caprichoso y puede cambiar de idea en un instante. ?Todo esto c¨®mo termin¨®? Termin¨® con mi hermano repentinamente invocando a un demonio de otra tierra: la bestia anteriormente mencionada. La bestia es su ¨ªdolo y nuestro principal objetivo de subyugaci¨®n.
¡ªYo no pued-
¡ª?Shhh! Ese es Caos. Ahora hablemos de Orden.
¡ªMmm...
Repentinamente, su atuendo cambi¨®... ?Ten¨ªa ropa antes? No, era una silueta. Pero ahora era una silueta adornada por una manta, una corona y una barba larga, emulando a un rey longevo.
¡ªOrden es met¨®dico, conservador, modular ¡ªempez¨® a hablar con una falsa voz grave¡ª. Se involucra en la pol¨ªtica de los reinos y concentra su Influencia en ¨ªdolos particulares. Esos ¨ªdolos suyos son los h¨¦roes, personas bendecidas por ¨¦l ¡ªtermin¨® de decir y su tono de voz volvi¨® a la normalidad¡ª. Orden tiene una relaci¨®n extra?a con la humanidad, una de amor-odio, dir¨ªa. Por una parte, los considera irreparable, abrumadora e indescriptiblemente inferiores; pero, por otro lado, su ¨²nico inter¨¦s en toda la tierra son ellos. Se fija ¨²nicamente en ellos y detesta cuando hacen algo que no le gusta. Caos nunca lo podr¨ªa entender, pero Orden nunca podr¨ªa entender a Caos. Sea como sea, esos h¨¦roes, colmados de Influencia, son tu segundo objetivo de subyugaci¨®n.
¡ª?No hay una diferencia muy notoria en la dificultad de una tarea y la otra? Entre pelear con la bomba de hidr¨®geno andante y pelear con los hechiceros, prefiero pelear contra los hechiceros por bastante.
Balance volvi¨® a su forma normal.
¡ªPasaste de sobreestimar a subestimar tus oponentes. Deber¨ªas encontrar un punto medio. Los h¨¦roes no son ning¨²n hechicerito com¨²n; los h¨¦roes son monstruos. No literalmente, claro, siguen siendo humanos. Pero, utilizando la m¨¦trica anterior: si la bestia es una bomba de hidr¨®geno, los h¨¦roes son bombas nucleares menores. Y a esto hay que agregarle un peque?o detalle: no hay solo uno, hay nueve, y todos est¨¢n cargados con habilidades especiales que los convierten en un infierno de enfrentar. Lo voy a poner as¨ª: Si la bestia se encontrara con los nueve h¨¦roes en este momento, ser¨ªa destruida en segundos. la bestia solo alcanzar¨¢ el mismo poder que los nueve juntos dentro de tres a?os. La ¨²nica raz¨®n por la que los h¨¦roes no han destruido el mundo es porque son seres m¨¢s racionales. Son humanos, despu¨¦s de todo.
¡ªYa que eres una entidad divina y omnisciente, voy a pretender que no eres un idiota. Pero entiendes que esto es algo que no puede hacer un ser humano com¨²n como yo, ?no?
¡ªCastigo.
¡ª?PERD¨®N! ?PERD¨®N! ?PERD¨®N! ?NO DE NUEVO!
¡ªHm. ?Acaso no expliqu¨¦ muy detalladamente c¨®mo no eres un ser humano com¨²n?
¡ªEl hecho de que pueda utilizar magia no me califica inmediatamente para llevar a cabo semejante tarea ¡ªdije con escepticismo.
¡ªNo es que puedas usar magia, nada m¨¢s. No voy a dar muchos detalles, pero tu potencial m¨¢gico es muy grande. Ya s¨¦ que es como pedirle a un perro que no ladre, pero no te subestimes a ti mismo tampoco. Adem¨¢s, nadie dijo que deber¨ªas hacer esto solo. De hecho, toda mi intenci¨®n, y la de nuestro contrato, es que formes las relaciones necesarias para llevar a cabo esta misi¨®n.
Me resultaba dif¨ªcil de creer que fuera capaz de algo as¨ª.
¡ªMira, pong¨¢moslo en n¨²meros duros. Yo s¨¦ que te gustan los datos concretos.
Hizo aparecer un gr¨¢fico de curva de crecimiento delante de m¨ª.
¡ªEsta l¨ªnea representa el poder que la bestia ir¨¢ adquiriendo en el tiempo.
Era un gr¨¢fico simple, una curva ascendente regular.
¡ªAhora, pongamos la l¨ªnea de mi pron¨®stico sobre el crecimiento de tus habilidades, superpong¨¢mosla al otro gr¨¢fico y coloqu¨¦mosla en espejo.
Cre¨® otro gr¨¢fico e hizo lo que dijo. Mi gr¨¢fico era b¨¢sicamente una l¨ªnea recta con peque?as elevaciones repentinas en intervalos dispares.
¡ªComo ver¨¢s, el mejor momento para que te enfrentes a la bestia es cuando estas l¨ªneas se cruzan; este momento ser¨ªa aproximadamente aqu¨ª.
¡ª?Mi l¨ªnea no est¨¢ ni cerca de la otra! ??Acaso solo quieres enviarme a una misi¨®n suicida!?
Marc¨® un punto arbitrario un poco avanzado en el tiempo. Uno de esos momentos con las elevaciones repentinas. Pero la l¨ªnea estaba muy lejos de contactar con la del poder de la bestia.
¡ªEs el momento que est¨¢s m¨¢s cerca ¡ªme dijo, ajustando unos anteojos falsos sobre sus ojos.
¡ª?Voy a morir!
¡ªPodr¨ªa ser peor, mira este otro gr¨¢fico.
Levant¨® otra ventana en su escritorio con un JPG de otro gr¨¢fico. Esta vez era solo una l¨ªnea recta constante en la cima del eje Y.
¡ªEste es tu poder comparado con el de los h¨¦roes.
?Eh?
¡ª¡ª?...Y mi poder?
¡ªAh¨ª est¨¢, ?no lo ves?
Hizo zoom una, dos, varias veces en el gr¨¢fico, hasta que mi l¨ªnea apareci¨® pegada al piso. No pude evitar quedarme boquiabierto.
¡ª?Ves? Podr¨ªa ser peor.
¡ª?Eres un idiota! ?No tengo ninguna chance!
¡ªTranquil¨ªzate, los gr¨¢ficos son enga?osos. La parte m¨¢s peligrosa de los h¨¦roes son sus habilidades especiales, y no supe c¨®mo representar esas habilidades correctamente en un gr¨¢fico tan b¨¢sico.
¡ª?Eso no es mejor para m¨ª! ?Con cada cosa que me muestras solo empeoras la situaci¨®n!
?Iba a morir! ?Esta entidad divina solo quer¨ªa jugar con mi vida hasta dejarme hecho un cad¨¢ver destruido! ?Todo es por haber asentido a ese est¨²pido contrato!
¡ªHay un "pero" ¡ªdijo con un tono presuntuoso.
Levant¨¦ la cabeza del suelo, le di una ¨²ltima oportunidad.
¡ª?"Pero" qu¨¦...?
¡ªSu poder no es el ¨²nico dif¨ªcil de cuantificar. ?Recuerdas lo que te dije de la naturaleza de tu Influencia?
¡ª?S¨ª?
Hab¨ªa entendido un poco el concepto; pero, ahora que pensaba en ello, no pod¨ªa intuir los efectos pr¨¢cticos de mi "naturaleza".
¡ªSi recuerdas, mencion¨¦ que tu Influencia act¨²a de una manera muy particular cuando interact¨²a con la Influencia de otros. Volviendo a los gr¨¢ficos, mira esto ¡ªhizo aparecer un gr¨¢fico de columnas¡ª. Esta primera columna representa el poder bruto de un h¨¦roe promedio ¡ªhizo aparecer otra columna, unas 4 veces mayor¡ª. Este es el poder suprimido actual de la bestia. Y este es tu poder ¡ªhizo un tercer espacio, pero no hab¨ªa nada.
¡ªNo hay nada ¡ªnot¨¦ lo obvio.
¡ªExacto, no hay nada. Esto es porque, debido a su naturaleza, tu Influencia... Hm. ?C¨®mo explicarlo? Para describirlo de una manera simple: tu Influencia se "come" a la Influencia de los dem¨¢s. ?Puedes captar lo que esto significa?
?Mi magia se "come" a la de los dem¨¢s?
¡ªEsto significa que ¡ªapunt¨® a la cima de la columna mayor¡ª, mientras esta columna sea m¨¢s grande, tu Influencia es proporcionalmente m¨¢s efectiva. ?Entiendes lo que te estoy diciendo? Combinando este aspecto con tu capacidad superlativa para la Influencia, eso significa que eres-
¡ª?Una especie de hechicero anti-hechiceros?
Balance chasque¨® los dedos.
¡ªExacto. En muchos aspectos, tu Influencia funciona a la inversa que la Influencia com¨²n; es por eso que estos gr¨¢ficos son fundamentalmente defectuosos para representar tu poder. ?Recuerdas los primeros gr¨¢ficos? Esos gr¨¢ficos no eran capaces de representar tu propio poder, pero ten¨ªan elevaciones. Esas elevaciones son el poder que puedes obtener gracias a tus relaciones. El gr¨¢fico no representaba solo tu poder bruto, representaba tu "capacidad". Si t¨², por ejemplo, consigues convencer a un h¨¦roe para que se una a tu campa?a contra la bestia... ?Entiendes c¨®mo esta misi¨®n se vuelve cada vez menos imposible? ?Y si consiguieras m¨²ltiples h¨¦roes? No es como si tuvieras que pelear con ellos, apenas crucen miradas. Los h¨¦roes no sabr¨¢n que tienes la misi¨®n de acabar con ellos. Es posible que puedan sentir mi Influencia sobre ti, ya que eres mi ¨ªdolo, pero eso solo los har¨¢ interesarse, no los enemistar¨¢ inmediatamente. Al mismo tiempo, puedes separar a los h¨¦roes y acabar con ellos uno por uno; no es necesario entrar en una guerra sin cuartel. Ahora, ?te sientes un poco m¨¢s positivo sobre esta labor con la que te encomend¨¦?
¡ªMmm... Entiendo. Es complicado, pero... Eso no significa que sea imposible.
Balance limpi¨® todos los gr¨¢ficos y me habl¨® de manera clara.
¡ªAhora, resumiendo: tu objetivo es eliminar a la bestia y acabar con cada uno de los h¨¦roes. Puntos extras por cada laberinto que resuelvas. Si logras esto, si cumples con esta labor que te encomend¨¦, entonces obtendr¨¢s la recompensa de nuestro contrato, junto a un extra por la magnitud de la tarea.
Entend¨ªa. Hab¨ªa entendido. Pero, aun as¨ª...
¡ªRealmente... ?Realmente soy capaz de semejante haza?a? Yo no s¨¦ c¨®mo, ni tampoco me interesa pelear. Casi muero peleando con ese est¨²pido duende... ?Y ahora se supone que tengo que luchar con todas estas fuerzas imponentes? ?Yo? ?El yo que fracas¨® en su tranquila, f¨¢cil vida? ?El yo que decepcion¨® a todas las personas que amaba? ?Ese debilucho, ese traidor, ten¨ªa que convertirse en una especie de h¨¦roe? No soy un h¨¦roe, ni un soldado, ni siquiera un luchador, solo soy... un fracaso.
Sentado en el suelo, baj¨¦ la mirada nuevamente a la superficie gris en la que estaba apoyado. No pod¨ªa evitar pensar en lo que hab¨ªa hecho, en lo que hab¨ªa ofrecido a cambio para encontrarme ac¨¢. No sab¨ªa c¨®mo podr¨ªa hacer para... perdonarme a m¨ª mismo.
Pensaba que iba a criticarme, o quiz¨¢s iba a intentar animarme, pero, en cambio, lo que dijo la figura fue:
¡ªTienes raz¨®n. Y no te voy a ayudar directamente. Sin embargo, te entregu¨¦ tres cosas que pueden asistirte, si t¨² lo permites. La primera asistencia ya la conoces; la bendici¨®n del lenguaje te permite expresarte en cualquier idioma humano. La segunda asistencia es intangible, es simplemente una promesa. Yo doy fe, te aseguro que, efectivamente, eres capaz. Te aseguro que est¨¢s calificado para realizar esta haza?a. No quiero adular, pero realmente eres mucho m¨¢s incre¨ªble de lo que crees; si no lo fueras, no te habr¨ªa invocado. Y estoy seguro de que una parte de ti sabe el verdadero valor que tienes, pero... nunca la escuchas.
Me hice una bolita en el suelo.
¡ªLa tercera asistencia s¨ª es tangible, y no te la hab¨ªa explicado a¨²n. ?No tienes dudas sobre tu collar?
Me sent¨¦ otra vez y observ¨¦ el collar a¨²n en mi cuello.
¡ªAh, s¨ª. Supuse que era m¨¢gico. Muestra mis emociones, o algo as¨ª, ?no?
¡ªM¨¢s o menos ¡ªhizo el gesto acorde con la mano¡ª. Tienes un poco de raz¨®n, pero no est¨¢s logrando comprender la totalidad de su funci¨®n. Es un aparato m¨¢gico ¨²nico en el mundo y funcional solo para ti. Los dem¨¢s no pueden ver su contenido, excepto que t¨² desees. Pero lo que hace, exactamente, es, ni m¨¢s ni menos, que mostrarte lo que verdaderamente deseas. Siempre tuviste problemas con eso, ?no? Con saber qu¨¦ quieres.
Saber lo que realmente siento, lo que realmente deseo, con tan solo una mirada r¨¢pida. Quiz¨¢s muchas personas lo desestimar¨ªan como algo in¨²til. Despu¨¦s de todo, ?c¨®mo ser¨ªa dif¨ªcil saber lo que uno mismo desea? Tal vez ese sea el caso para la mayor¨ªa de las personas, pero yo siempre tuve problemas con eso. ?Es esto lo que verdaderamente quiero? ?Lo que siento que debo hacer? ?O solo lo que creo que me beneficiar¨ªa? Toda mi vida fui atormentado por estas preguntas y mi respuesta final siempre era la misma.
No hacer nada. Ante el dilema, evitar el conflicto por completo. Siempre fui un cobarde.
Pero, gracias a esto, puedo disipar ese dilema por completo, como si nunca lo hubiera sufrido.
¡ªGracias ¡ªlas palabras escaparon de mi boca antes de que lo supiera¡ª. Este objeto es incre¨ªble. Muchas gracias.
¡ªDe nada. Si sientes que es un buen regalo, es porque est¨¢ dise?ado especialmente para ti, ?sabes? Hablando de eso, el colgante nunca puede ser tomado de ti y es imposible de perder.
?Imposible de perder? Mir¨¦ a mi pecho; solo ten¨ªa puesta la t¨²nica del pueblo; en ning¨²n lado estaba el dichoso pendiente, objeto de la conversaci¨®n.
¡ªNo lo tengo.
¡ª?No lo tienes? ¡ªme pregunt¨®, como si no pudiera verme.
¡ªNo, no est¨¢ conmigo ¡ªrespond¨ª, inspeccionando entre las solapas de la vestimenta para ver si se hab¨ªa soltado en alg¨²n momento. Como estaba sentado, la vestimenta ten¨ªa varios dobles.
¡ª?Dir¨ªas que lo perdiste? ¡ªpregunt¨® con lo que era una sonrisa audible.
Lo mir¨¦.
¡ªS¨ª ¡ªasent¨ª con la cabeza.
Balance solo se?al¨® hacia abajo. Segu¨ª la direcci¨®n de su dedo y-
¡ª?C¨®mo puede ser? ¡ªle pregunt¨¦.
El colgante hab¨ªa aparecido en un instante; y ni siquiera lo hab¨ªa sentido hacerlo.
¡ªTe lo dije, no puede ser tomado de ti y es imposible de perder. Cuando pienses que "lo perdiste" o que "te lo robaron", el colgante aparecer¨¢ nuevamente en tu cuello.
¡ªIncre¨ªble.
¡ªEs mi magia, por supuesto que es incre¨ªble.
Sostuve el colgante que alguna vez pens¨¦ que estaba maldito. Ahora se sent¨ªa verdaderamente como mi posesi¨®n m¨¢s preciada.
¡ªTodas esas noches sin dormir, esas clases sin prestar atenci¨®n, todo ese tiempo haci¨¦ndote las mismas preguntas; con miedo de lo que suceder¨¢; sin entenderte a ti mismo; alejando las personas a tu alrededor. Todo momento que te sientas as¨ª, ahora lo ¨²nico que tienes que hacer es mirar a tu colgante. Hazlo y sabr¨¢s exactamente lo que est¨¢s pensando, lo que est¨¢s sintiendo, lo que realmente deseas. Hazlo y deshazte de todas esas incertidumbres. Hazlo y sigue adelante.
Sent¨ª un nudo en la garganta. Ten¨ªa un poco de ganas de llorar. Mis ojos se humedecieron.
¡ªAh, un par de instrucciones. El color inicial del pendiente, el color base, no muestra nada de tus deseos. Solo indica el aspecto actual de tu Influencia; azul es inclinaci¨®n hacia el caos, rojo es inclinaci¨®n hacia el orden. Si todo sale bien, deber¨ªas empezar a ver m¨¢s rojo en el pendiente. Excepto que desees profundizar un solo atributo de tu Influencia; esa tambi¨¦n es una opci¨®n. Lo dejar¨¦ en tus manos.
¡ªEso es el... color inicial. ?Y los otros colores qu¨¦ significan exactamente?
¡ªBueno, con el tiempo te dar¨¢s cuenta de qu¨¦ significa cada uno. Para empezar, ya hab¨ªas visto que el azul claro simboliza tristeza; te indica que la situaci¨®n te entristece y deseas cambiarla. El rojo que tambi¨¦n viste es un deseo de desatar violencia. El naranja es un deseo de mantener una situaci¨®n, por felicidad, usualmente. El marr¨®n que ya viste es muy malo, intenta evitarlo. Y as¨ª hay muchos m¨¢s que a¨²n no has visto o experimentado.
¡ªEntiendo...
Balance estir¨® los brazos y luego la espalda.
¡ªBueno, ya expliqu¨¦ mucho. ?Creo que no he hablado tanto desde hace siglos! ?Tienes una pregunta que quieras hacerme antes de irte?
¡ªEmmm... Bueno... Sobre la Influencia... Hablamos mucho de teor¨ªa, pero no tengo idea de c¨®mo usarla. Por m¨¢s talento que tenga, si no s¨¦ qu¨¦ hacer, es lo mismo que nada...
¡ªEst¨¢s a punto de descubrir c¨®mo utilizarla. No te preocupes mucho por eso. No tienes por qu¨¦ apurarte en este momento.
¡ªSi no tengo que apurarme, entonces... ?Cu¨¢nto tiempo tengo? Para matar a la bestia, o a los h¨¦roes, ?tengo un l¨ªmite de tiempo?
¡ªNo puedes hacerlo ahora, por supuesto. Tampoco puedes hacerlo todo de una vez. Sin embargo, no puedes esperar demasiado. Como viste en el gr¨¢fico: los h¨¦roes, y especialmente la bestia, ser¨¢n progresivamente m¨¢s dif¨ªciles de derrotar. Si te preguntas por qu¨¦ no te invoqu¨¦ antes para que estuvieras m¨¢s preparado, entonces quiz¨¢ te sorprenda saber que la bestia lleg¨® a este mundo exactamente la misma ma?ana del d¨ªa que t¨² arribaste. Como ver¨¢s, actu¨¦ bastante r¨¢pido. Pero, para responder a tu pregunta, debemos derrotar a todos en menos de tres a?os y hacerlo lo suficientemente r¨¢pido como para que Orden y Caos acepten la derrota y retrocedan.
En mis ¨²ltimos tres a?os, lo ¨²nico que hice fue arruinar poco a poco mi vida y mis relaciones. El contraste entre eso y convertirme repentinamente en un asesino de monstruos y h¨¦roes me obnubil¨® un poco.
¡ªTengo otra pregunta.
¡ªPregunte, pues.
¡ªToda esta misi¨®n que tienes... Me est¨¢s pidiendo que acabe con una bestia, est¨¢ bien; pero tambi¨¦n me est¨¢s pidiendo que asesine a otras personas, h¨¦roes, incluso... ?C¨®mo s¨¦ que esto ayudar¨¢ a alguien... o que har¨¢ un cambio? Dijiste que la presencia de la Influencia en este mundo es irreversible. Y nunca diste un indicio de que Orden o Caos decidir¨¢n detener su juego por esta maniobra. Lo que quiero decir es... Esto que me est¨¢s pidiendo que haga, ?ayudar¨¢ a alguien? ?Beneficiar¨¢ a alguien... o al mundo?
No tard¨® en responder, casi ofendido.
¡ªT¨² ya sabes la respuesta a esa pregunta. Para empezar, si consigues matar a la bestia, estar¨ªas evitando el fin de la humanidad en este planeta. Eso deber¨ªa ser suficiente para la mayor¨ªa de las personas. Pero eso no tiene por qu¨¦ importarte; este mundo no es el tuyo, despu¨¦s de todo. Lo que tiene que importarte es que esto te ayudar¨¢ a ti. Eso era parte del contrato.
¡ªPero estoy matando a gente, y si esa gente ayudaba al mundo... o algo... entonces ser¨ªa extremadamente ego¨ªsta de mi parte priorizar mi beneficio pers-
¡ªTodos ellos son esbirros de Orden ¡ªme interrumpi¨®¡ª, y Orden no se caracteriza por ser particularmente humano en su moralidad ¡ªme dijo de forma impaciente¡ª; la seguridad de esos monstruos humanos no es algo que deber¨ªa importarte en este momento. Haciendo esto, me estar¨ªas ayudando a m¨ª. Estuve jugando este juego hace siglos y desde hace siglos que estoy planeando este movimiento para detenerlos en seco a ambos al mismo tiempo. Si lo que est¨¢s cuestionando son mis razones, entonces deber¨ªas saber que yo no soy tan distinto a mis hermanos. Preguntarme por qu¨¦ quiero hacer esto es como preguntarle a un humano por qu¨¦ sobrevive o por qu¨¦ se reproduce. Tanto el tir¨¢nico de Orden, como el asolador de Caos, como yo, sentimos una necesidad instintiva de propagarnos por la realidad. Pero ellos dos rompieron un tab¨², quebrantaron las reglas. Yo quiero ponerlos en su lugar.
¡ªEntonces solamente ser¨¦ un t¨ªtere tuyo.
Balance se rio.
¡ªS¨ª. Exacto. Ser¨¢s un t¨ªtere muy insoportable, cuyo ego es tan grande que le impide incluso actuar por su propio beneficio, ¨²nicamente porque el hombre honrado no responde a ninguna "entidad superior cruel". No sabes nada ¡ªsu tono se volvi¨® m¨¢s hostil¡ª, y entiendes mucho menos. Orden y Caos no est¨¢n atados a ninguna norma moral humana y tampoco desean su prosperidad. Si el mundo terminara ma?ana, ellos encontrar¨ªan otro planeta con el que jugar. Intr¨ªnsecamente, la entidad m¨¢s "humana" entre nosotros soy yo. Yo soy el ¨²nico cuyo deseo es m¨¢s que simplemente ganar un juego idiota. Yo soy el ¨²nico ser que est¨¢ a la par de los dioses destructores a los que todos los humanos ignorantes de este planeta rinden culto. Yo soy el ¨²nico ser, entre ellos, cuyo fin ¨²ltimo es permitir a este mundo sobrevivir por sus propios medios, en vez de expandir mi Influencia hasta su destrucci¨®n. As¨ª que s¨ª, eres un t¨ªtere. Eres un t¨ªtere tanto como cualquier humano es un t¨ªtere de sus impulsos bajos y tanto como la chica que conociste es t¨ªtere de su avaricia. Si verdaderamente, y por una vez, quieres cambiar tu vida para bien, entonces deber¨ªas empezar por desprenderte de todas esas in¨²tiles trabas morales y falsa dignidad que te autoimpones; las mismas trabas que te llevaron a odiarte a ti mismo desde un inicio. Tienes dos opciones, ni tres ni cuatro, dos. O permaneces siendo el mismo fracasado de siempre, que traicion¨® a todos sus seres queridos y desperdici¨® su vida, y, en el mejor de los casos, vives una larga e inc¨®moda vida en un mundo completamente ajeno a ti; o haces a este mundo tuyo y empiezas, por primera vez, a tomar acciones para mejorar como persona y merecerte todo lo que te ofrec¨ª en el contrato ¡ªse tom¨® una pausa, pero continu¨®¡ª. En una de esas opciones, este mundo permanecer¨¢ como ahora, en camino a su destrucci¨®n; en la otra tienes una posibilidad de ayudar y hacer un cambio real a una escala que es impensable para cualquier ser humano ¡ªbaj¨® hasta mi nivel y asever¨® su tono a¨²n m¨¢s¡ª. Entonces, elige: O permaneces como siempre, no haces nada y te llevas todos tus arrepentimientos a la tumba; o intentas buscar un cambio por primera vez y te atreves a ser feliz; pero, para hacer eso, necesitas desechar esa idea tonta, pero extremadamente reconfortante, de que eres alguien que no merece perseguir lo que desea.
¡ª...
¡ªDecide.
...
¡ªAhhh ¡ªsuspir¨¦¡ª. Ya entend¨ª. Ya puedes detener ese serm¨®n rid¨ªculo. Solo tengo que matar a esos h¨¦roes y al monstruo, ?no? No creo que me hayas tra¨ªdo aqu¨ª porque s¨ª, entonces debo tener una buena chance. Solo dime qu¨¦ tengo que hacer y lo har¨¦.
De la silueta se form¨® una sonrisa socarrona.
¡ªEsa actitud soberbia te queda mucho mejor; deber¨ªas ser m¨¢s genuino contigo mismo ¡ªse detuvo para ponerse de pie¡ª. En lo ¨²nico que deber¨ªas concentrarte ahora mismo es en esto.
Levant¨® sus dos brazos. En la cima de uno cre¨® una bola de fuego vivo; en la cima del otro cre¨® un chorro de agua que inmediatamente se cristaliz¨® y se convirti¨® en un rombo de hielo rotativo.
¡ªEsta es Influencia humana. En mi derecha, Influencia de orden ¡ªlevant¨® la bola de fuego¡ª, y en mi izquierda, Influencia de caos ¡ªlevant¨® el rombo¡ª. Por ahora, intenta producir algo de esto. En teor¨ªa, deber¨ªas ser capaz de aprender muy r¨¢pido, pero t¨² tienes un obst¨¢culo particular.
¡ª?Mi naturaleza?
¡ªCorrecto. Es una caracter¨ªstica muy divertida, soy fan. Pero tambi¨¦n es extremadamente dif¨ªcil de controlar. Como dije: en varios sentidos, funciona en reversa a la Influencia com¨²n que manifiestan los humanos. Sin embargo, t¨² tienes una ventaja en el aspecto de que, a pesar de que tu control emocional es paup¨¦rrimo, tu intelecto es genuinamente brillante. Y la Influencia funciona mucho como lo hace la magia en los juegos: mientras m¨¢s sabidur¨ªa e inteligencia, m¨¢s aptitud con ella.
¡ªINT y WIS.
¡ªSep.
Gir¨® la cabeza, como escuchando o viendo algo.
¡ªBueno. Si no te despierto ahora mismo, esa mujer empezar¨¢ a pensar seriamente que est¨¢s muriendo. Y, si te sigue aplicando m¨¢s c¨ªrculos de sanaci¨®n, probablemente te deformar¨¢ el cuerpo. Por lo que, adi¨®s por el momento. Nos vemos cuando tenga un nuevo consejo para ti. O cuando quieras llamarme, soy omnisciente, ?sab¨ªas?
¡ªLo mencionaste.
Balance hizo un espacio entre nosotros y levant¨® una mano para mover los dedos en un saludo un poco desagradable.
¡ª?Ah! ?Antes de que te vayas...! ?Feliz cumplea?os!
¡ª?Cumplea?os? ?Cu¨¢ndo fue mi cumplea?os?
Antes de que mi pregunta fuera respondida, todo se volvi¨® negro.
CapÃtulo 22 - Mi Primera Parada En El Nuevo Mundo - Parte 1
1
¡ª?Despertaste?
De todas las personas que podr¨ªan estar cuid¨¢ndome, la que menos esperaba era esta.
¡ªNo digas algo as¨ª como que perdiste los recuerdos de nuevo, porque te destruyo.
La lanza que ten¨ªa apoyada al cuerpo le daba una pizca de espantosa veracidad a su amenaza.
¡ªHola, Sen.
Levant¨¦ la espalda de la no muy suave cama, ignorando el dolor en mi abdomen para adecuarme a la conversaci¨®n. Parec¨ªa que ¨¦l hab¨ªa estado vigilando personalmente mi rendido cuerpo mientras ten¨ªa mi peque?a charla con Dios.
¡ªHm. Por lo menos no olvidaste todo. ?Recuerdas lo que ocurri¨® antes de que te trajera aqu¨ª?
Antes de hablar con Balance, estaba¡
¡ªEstaba¡ ?Rezando?
¡ªS¨ª. Te desmayaste y la sirvienta te trat¨®, tu amaestradora me llam¨® y termin¨¦ carg¨¢ndote hasta aqu¨ª. Y, para que quede claro, te cargu¨¦ en mi hombro, no en mis brazos.
¡ªYa¡ ?Veo? Emm¡ Gracias por cuidarme. No ocurrir¨¢ de nuevo.
¡ª?No ocurrir¨¢ de nuevo? ?Por qu¨¦ hablas como si tuvieras idea de algo? Ni nuestro m¨¦dico ni la sirvienta saben qu¨¦ te sucedi¨®. Varias heridas se abrieron nuevamente. Nunca hab¨ªa visto algo as¨ª.
?Se abrieron mis heridas? Pens¨¦ que solo hab¨ªa tenido una charla con¡ ?Balance! S¨¦ que est¨¢s oyendo mis pensamientos, ?qu¨¦ rayos sucedi¨®?
¡ªMientras estabas consciente¡ ¡ªSalt¨¦ en la cama al escuchar repentinamente la voz for¨¢nea en mi cerebro¡ª. ?T¨² me llamas y ahora te asustas? ¡ªcontest¨® en mi interior.
Era una suerte de apuesta; no cre¨ªa verdaderamente que iba a funcionar.
¡ªYa te dije que soy omnisciente¡ M¨¢s o menos¡ Como te dec¨ªa¡ Mientras estabas despierto, manten¨ªas cerradas las heridas que hab¨ªan sido sanadas por los c¨ªrculos de sanaci¨®n, tensando tu cuerpo y aplicando Influencia inconscientemente. Cuando comenz¨® nuestra charla, te relajaste, todos esos procesos corporales hicieron ¡°puf¡±, y te abriste como si fueras una hermosa rosa floreciente.
Tom¨¦ la explicaci¨®n de Balance como ver¨ªdica y proced¨ª a resumirle la informaci¨®n al guardia:
¡ªTen¨ªa algunas heridas un poco abiertas, me descuid¨¦ y ocurri¨® lo que ocurri¨®. No volver¨¢ a suceder.
¡ª?Y por qu¨¦ te desmayaste? ¡ªpregunt¨® con un poco de sospecha.
¡ªAh. Emm¡ ?Me emocion¨¦ mientras rezaba?
Mierda, ?qu¨¦ clase de mentira era esa?
¡ª?En serio? No imagin¨¦ que fueras del tipo espiritual¡ Es cierto que al se?or Isao en ocasiones le ocurre lo mismo¡
??C¨®mo funcion¨®!?
¡ªAh, eh. S¨ª¡ Me gustan mucho los templos.
¡ªQuiz¨¢ obtuviste ese pendiente de uno. ?Recordaste algo? ¡ªSen sustent¨® mi mala mentira por su cuenta. Lastimosamente, tendr¨ªa que faltar a la verdad de nuevo.
¡ªNo. Solo tengo memorias desde que aparec¨ª en el r¨ªo.
¡ªEntiendo. Escucha, le intent¨¦ explicar a tu due?a que lo mejor ser¨ªa que se quedaran, pero ella insiste en llevarte a un doctor de la ciudad. Si no sobrevives el viaje, ser¨¢ completamente culpa suya ¡ªdijo, achic¨¢ndose de hombros.
¡ª?Nos iremos de Choura? ?A qu¨¦ ciudad? ?Una de Kiokai?
Sen se molest¨® un poco por mi pregunta; le habr¨¢ parecido obvia.
¡ªS¨ª, una de Kiokai. No creo que sea tan est¨²pida como para llevarte en una odisea al oeste en tu estado. Quiere ir a Minashi; aparentemente reside all¨ª.
¡ª?Es un lugar parecido a Choura?
¡ªNo ¡ªdijo con seriedad¡ª. Es un lugar sobrepoblado y vano, en donde todo el mundo parece querer alcanzar un barco al que ya desanclaron. Adem¨¢s, apesta a pescado.
¡ª?En serio?
¡ªNunca estuve all¨ª, pero eso es lo que me contaron. En cualquier caso, no pienso que sea mejor que Choura.
Qu¨¦ manera tan intr¨¦pida de repartir informaci¨®n de segunda mano.
¡ªBueno, Sin-nombre, tu due?a vendr¨¢ por ti en cualquier momento. Luces bien, por lo que no creo que necesite seguir cuid¨¢ndote como a un ni?o. Adi¨®s. Lava tus heridas de vez en cuando.
Intent¨¦ levantar el brazo para saludarlo, pero no pude. Sen se retir¨® de la habitaci¨®n y ya, por quincuag¨¦sima vez, me qued¨¦ solo, postrado en una cama.
¡ªPero no lo permitir¨¦ m¨¢s ¡ªproclam¨¦ de manera desafiante.
Basta de postraciones y basta de camas. ?La revoluci¨®n contra los buenos cuidados y el pensamiento a largo plazo ha de comenzar en este mismo instante, con este enorme paso!
Rectifiqu¨¦ mi postura en la cama, apoy¨¦ los pies en el suelo y me impuls¨¦ hacia delante-
¡ª?Eh?
No pod¨ªa pararme. No hab¨ªa nada estorb¨¢ndome, m¨¢s que dolor, pero no pod¨ªa pararme. ?Qu¨¦ estaba ocurriendo? Hab¨ªa sufrido varias veces, pero jam¨¢s me hab¨ªa inmovilizado por completo el dolor. ?O hab¨ªa algo m¨¢s?
Intent¨¦ empujar de nuevo-
No pod¨ªa poner un pie firme en el suelo. No, no era eso, no pod¨ªa enderezarme completamente. Era la herida en el torso.
Empuj¨¦ de nuevo-
¡
?Empuj¨¦¡!
¡ªHa¡ Ha¡ Ha¡
Tuve que sostenerme con la mesita que ten¨ªa el cuarto. Me hab¨ªa exigido hasta el punto de sudar. No pens¨¦ que me encontrar¨ªa en tan mal estado.
Empec¨¦ a caminar por los pasadizos de la casa, utilizando las paredes de soporte. Segu¨ªa vestido con la bata del pueblo y, por lo tanto, el dolor no era lo ¨²nico que me resultaba un inconveniente. Un poco de luz solar se filtraba y alimentaba la vegetaci¨®n del jard¨ªn interior; no ten¨ªa idea de cu¨¢nto tiempo hab¨ªa transcurrido. Si ten¨ªa suerte, solo me hab¨ªa quedado dormido la ¨²ltima noche del festival.
Me detuve un instante en el pasillo que limitaba con el jard¨ªn, el sol acarici¨¢ndome la piel. Era notoria la escasez de plantas y el bajo cuidado de las que hab¨ªa; el jard¨ªn era simplemente decorativo, parte de la presentaci¨®n del hogar. Baj¨¦ la mirada, sent¨ª un peque?o tir¨®n en mi coraz¨®n.
Apoy¨¦ la espalda en la pared y continu¨¦ recorriendo el entramado de corredores. Pens¨¦ en llamar a alguien, a Yoi o a Meshi, pero finalmente opt¨¦ por no hacerlo. Simplemente no quer¨ªa estorbar.
El aire de la casa era fr¨ªo y ning¨²n ruido ex¨®geno lograba penetrar el interior en una capacidad significativa. Era pat¨¦tico que me sintiera tan inc¨®modo en una casa que no hizo m¨¢s que salvaguardar mi bienestar. Sin embargo, probablemente por esa sensaci¨®n de incomodidad, mi cuerpo termin¨® conduci¨¦ndome de manera involuntaria a la entrada. Buscando la llave del lugar, encontr¨¦ una escoba larga a un costado de la puerta. No estaba seguro si caminar afuera era una buena idea, pero necesitaba algo con lo que distraerme.
Mir¨¦ mi pendiente para tomar una decisi¨®n. Me mostr¨® algo entre naranja y rojo.
¡ªOsad¨ªa¡ Alguien quiere hacer travesuras¡ ¡ªSon¨® la voz burlona de Balance en mi mente.
Suspir¨¦.
¡ªNo seas una molestia para Mira ¡ªme advert¨ª.This story has been taken without authorization. Report any sightings.
Estaba muy de acuerdo con esa idea; sin embargo, la revoluci¨®n contra el sentido com¨²n hab¨ªa comenzado y ya era irrefrenable. Encontr¨¦ una llave en la mesita de la entrada. Si mis instintos detectivescos estaban calibrados, esto quer¨ªa decir que alguien, que todav¨ªa se encontraba adentro, planeaba barrer la entrada del hogar. Lo siento, Meshi, no me culpes a m¨ª, culpa a la revoluci¨®n.
Abr¨ª la puerta, tom¨¦ la escoba y comenc¨¦ a renguear por el pueblo utilizando la herramienta de limpieza como un bast¨®n.
Los pueblerinos estaban recogiendo las decoraciones del festival. Hab¨ªa mucha menos euforia, siendo esta reemplazada por una gran, abarcadora tranquilidad.
Las personas me miraban, o bueno, la mayor¨ªa lo hac¨ªa. De vez en cuando, me arrojaban un poco de animosidad, pero yo lo ignoraba y segu¨ªa. Las tiendas que sobresal¨ªan de las casas hab¨ªan sido recogidas, con unas m¨ªnimas excepciones; como resultado, la calle se sent¨ªa mucho m¨¢s espaciosa.
A¨²n no hab¨ªa llegado el mediod¨ªa. El cielo estaba despejado. Aspir¨¦ un poco del aire de este extra?o mundo, aprovechando la frescura que brindaba en comparaci¨®n a mi hogar. Era chistoso como en mi mundo hab¨ªa lugares donde el aire era tan sucio que apenas se pod¨ªa respirar. Aqu¨ª, el ox¨ªgeno era tan limpio que hasta pod¨ªa oler las axilas del se?or que estaba limpiando la calle; ol¨ªa a jazmines.
Pase¨¦ tranquilo por unas calles.
2
La edificaci¨®n de le?a en la plaza segu¨ªa erecta; sin embargo, no hab¨ªa ning¨²n fuego, solo una silueta negra en su memoria.
¡ªAh.
Me encontr¨¦ con un conocido. Parec¨ªa que no importaba en qu¨¦ realidad estuvieras; cruzarte con un cuasi-conocido en p¨²blico siempre ser¨¢, irremediablemente, inc¨®modo.
La persona en cuesti¨®n se volte¨® en mi direcci¨®n al percibir mi presencia y termin¨® la conversaci¨®n amena que estaba manteniendo con unas se?oras mayores para pasar a saludar. Se acerc¨® con una mano levantada y me habl¨®:
¡ª?Te encuentras bien? ?Qu¨¦ haces con una escoba?
¡ªHola, A¨ªto. Estoy bien. Solo daba un paseo para distraerme un poco.
¡ª?No deber¨ªas estar descansando? Tu bata todav¨ªa tiene sangre, ?no eras sensible a las miradas ajenas? Adem¨¢s, en serio, ?qu¨¦ hay con la escoba?
¡ªNo es nada, ya me acostumbr¨¦. Igualmente, Mira quiere irse dentro de poco, as¨ª que lo mejor es que aproveche el tiempo que me queda.
¡ª?¡±Dentro de poco¡±? ?No se retirar¨¢n hoy?
¡ª?Qu¨¦?
¡ªS¨ª. ?No hablaste con Mira? Espera, ?te fuiste sin decirle a nadie?
¡ªNo hab¨ªa nadie en la casa; se me urgi¨® pasear.
¡ª?Qu¨¦¡? ¡ªA¨ªto se pinch¨® el hueso de la nariz¡ª. Yoi definitivamente no estar¨¢ feliz con esto ¡ªdesliz¨® las palabras entre sus labios con preocupaci¨®n; sin embargo, repentinamente, su cara se relaj¨®¡ª. Pero es un alivio que no te encuentres mal. Sabes, la se?ora Mira parec¨ªa un tanto agitada anoche cuando te desmayaste, y ella no es el tipo de persona a la que le agrada mostrar sus emociones de esa manera.
Qu¨¦ idiota. ?Acaso no pod¨ªa estar cinco minutos sin causarle un problema a mi empleadora? Hablando de eso, creo que Balance hab¨ªa mencionado algo de ella mientras estaba noqueado.
¡ªEste encuentro es algo fortuito. Te quer¨ªa dar algo, si te lo puedo dar en privado, todav¨ªa mejor ¡ªA¨ªto retrajo la manga de su vestimenta y me mostr¨® un par de pulseras de metal grueso, no muy decoradas; se desvisti¨® de una de ellas y me la present¨®¡ª. Era de Hise, pero ¨¦l ya no tiene uso para ella. Tanto yo como Sen tenemos la nuestra. Me gustar¨ªa que te quedaras con esta.
¡ªEmm¡ Gracias, A¨ªto. Pero no creo que sea apropiado que yo me quedara con algo as¨ª. ?No es algo que deber¨ªa pertenecerle a la familia?
¡ªT¨®malo. Como dije, Hise ya no tiene uso de ella. Su familia no estaba involucrada; era algo que compart¨ªamos entre nosotros tres. Prefiero que contin¨²e siendo utilizada y que no acabe de la misma forma en la que nos la encontramos.
¡ªNo, A¨ªto. Si es por seguir d¨¢ndole uso, entonces¡ Estoy seguro de que alguien dentro de este pueblo ser¨ªa m¨¢s apropiado¡
¡ªHablas del pueblo como si no pertenecieras a ¨¦l. Hasta donde s¨¦, apareciste en el r¨ªo de Choura; as¨ª que eres de aqu¨ª, nativo, incluso. Adem¨¢s, s¨¦ que secretamente aprecias este lugar.
¡ª¡ªNo. Te equivocas¡ Yo odio este lugar¡ Mi disgusto es irracional¡ Entiendo que no tengo razones para sentirme as¨ª¡ Sin embargo-
¡ªM¨¢s raz¨®n para que te lo quedes. Estoy seguro de que, con el tiempo, el brazalete ir¨¢ borrando todos los recuerdos feos del lugar y solo quedar¨¢ en tu mente cada aspecto bello de nuestro pueblo. Si no lo haces por tu cuenta, probablemente el esp¨ªritu de Hise lo har¨¢ por ti a las patadas. T¨®malo ¡ªpidi¨® con una sonrisa.
Ech¨¦ un suspiro. Abr¨ª mis manos y dej¨¦ que el recuerdo cayera sobre ellas, aceptando su petici¨®n de mala gana.
¡ªPero, ?de d¨®nde sacaron esto? Pensaba que nadie en el pueblo sab¨ªa hacer alhajas de este estilo.
¡ªEl verdadero origen es un misterio ¡ªme respondi¨® r¨¢pidamente¡ª. Solo sabemos que es muy viejo. El tr¨ªo de brazaletes le pertenec¨ªa a un anciano que muri¨® en soledad; sus pertenencias fueron repartidas entre el pueblo y nosotros, los guardias, nos quedamos con estas pulseras.
Abr¨ª mi pendiente para tomar una decisi¨®n final y, apenas se vio un poco de naranja, lo cerr¨¦ r¨¢pidamente, avergonzado.
¡ª¡ªGracias, A¨ªto¡ Cuidar¨¦ de esto en la mayor medida de mis capacidades.
¡ªT¨®malo como una disculpa de parte de Choura. Cambiando de tema, si la se?ora Mira no estaba en su residencia, entonces solo puedo asumir que se encuentra charlando con el cacique ¡ªafirm¨® con algo de duda¡ª. Fuera del hecho de que est¨¦ feliz por lo oportuno de la situaci¨®n, realmente deber¨ªas estar descansando ahora. Por lo menos, deber¨ªas hablar con la se?ora Mira sobre tu estado; como dije, no estaba tranquila.
Este tipo era demasiado amable.
Asent¨ª con la cabeza.
¡ªGracias, A¨ªto. Espero que esta no sea la ¨²ltima vez que te vea.
¡ª?Oh? ?Puedo tomar eso como un indicio de que te gustar¨ªa volver al pueblo en el futuro? ¡ªpregunt¨® con una sonrisa p¨ªcara en el rostro.
¡ªHm ¡ªsolo gru?¨ª de regreso.
3
Nuevamente, me encontraba frente a la guarida del jefe final. Esta vez, mi situaci¨®n y mi intenci¨®n eran completamente distintas. Deber¨ªa apreciar el hecho de que mi vida no estaba en juego, por una vez. Genial.
La gran puerta de entrada se ve¨ªa incluso m¨¢s grande desde donde me encontraba. Alguien podr¨ªa estar pensando algo sobre el temor a las responsabilidades, o quiz¨¢s las experiencias traum¨¢ticas, o la diferencia de poderes. Yo pienso que cuando est¨¢s cerca de un objeto, este tiende, por perspectiva, a ocupar m¨¢s espacio en tu visi¨®n. Y yo estaba a distancia de poder tocar la puerta. El mismo efecto de cuando te encuentras en la base de un rascacielos, mirando hacia arriba, aplicaba. Sin embargo, estar¨ªa mintiendo si dir¨ªa que golpear la puerta no estaba result¨¢ndome un peque?o, peque?ito desaf¨ªo.
?Me estar¨¢ intimidando la posible presencia del cacique? No, creo que no. ¡°Intimidante¡± es lo ¨²ltimo que ese anciano luce. Entonces¡ ?Ser¨¢ que no me atrevo a confrontar a Mira? No. ?Por qu¨¦ tendr¨ªa miedo de confrontar a Mira?¡ Eso era rid¨ªculo. S¨ª, definitivamente iba a tocar la puerta. Solo ten¨ªa que golpear un par de veces para que pudieran escucharme dentro.
Solo ten¨ªa que estirar el brazo¡ Y golpear¡
Extender los m¨²sculos del codo y ejercer presi¨®n sobre la puerta de manera r¨ªtmica y controlada¡
Como si fuera la cara de Han¡ *Chas* y despu¨¦s *Chas* de nuevo¡
¡
?Cu¨¢ndo me alej¨¦ tanto de la puerta? Ahora parec¨ªa chiquita.
S¨ª, demasiado chiquita para que quepa dentro. Creo que lo mejor ser¨ªa retirarme de vuelta a la residencia¡ Deber¨ªa descansar¡
Y as¨ª termin¨® la revoluci¨®n.
4
La revoluci¨®n no hab¨ªa sido una muy buena idea y una parte de m¨ª estaba plenamente consciente de eso, la misma parte que evit¨® que fuera al encuentro de Mira vistiendo unos harapos ensangrentados y una escoba bajo mi axila.
Volv¨ª a la residencia, introduje la llave, con un poco de miedo de lo que podr¨ªa estar dentro, y abr¨ª el port¨®n.
¡°Cari?o, regres¨¦¡±. - Ser¨ªa lo que dir¨ªa si no tuviera ni el m¨¢s m¨ªnimo sentido com¨²n. Es m¨¢s, se podr¨ªa decir que solo un idiota podr¨ªa pensar en decir semejante estupidez en estas circunstancias. En el mejor, absolutamente mejor, de los casos, me recibir¨ªa Meshi con un cuchillo en la mano, listo para sacarme de la vida de Mira. El mismo Meshi que luego aprovechar¨ªa para recuperar la escoba, cumpliendo su destino y barriendo la entrada.
Sin embargo, la caminata me hab¨ªa distendido algo, por lo que-
¡ªCari?o, regres¨¦.
Inmediatamente despu¨¦s de pronunciar las palabras que ten¨ªa atoradas en la punta de la lengua, cerr¨¦ los ojos y rogu¨¦ para que nadie hubiera escuchado el chiste est¨²pido que acababa de salir de mi boca.
¡ª?Acaso en los momentos que no est¨¢s completamente inmovilizado por la depresi¨®n, te comportas como un tarado? ¡ªpregunt¨® Balance. En mi mente, por suerte.
¡ªSer¨ªa un tarado si pienso que puedo ocultarme de un ser omnisciente. Debes saber hasta el color de mi mierda; probablemente est¨¢s desensibilizado a la informaci¨®n personal.
¡ªQue yo te escuche o no, no es el problema, igual¡
¡ª?Acaso es un crimen no estar deprimido un momento?
¡ªNo, pero algo me dice que no est¨¢s enfrentando correctamente tu situaci¨®n. ¡°Pretender hasta ser¡± solo te permite llegar tan lejos, ?sabes? Hay problemas que no se solucionan d¨¢ndoles la espalda.
¡ª?Qu¨¦ quieres, que est¨¦ constantemente lament¨¢ndome y sufriendo? No quiero ser un problema para Mira por el resto de mi vida.
¡ªEst¨¢ bien, probemos si tienes raz¨®n. Da seis pasos hacia adelante ¡ªorden¨® con un tono desafiante.
¡ª?Cu¨¢l es el plan?
¡ªEstamos probando si tu l¨®gica es funcional. Da seis pasos hacia adelante.
Apoy¨¦ las llaves en la mesa y, con la escoba de soporte, hice lo que me instruy¨®.
Camin¨¦ hasta encontrarme en el pasillo a la izquierda del jard¨ªn, exactamente en el medio de este.
¡ª?Y ahora qu¨¦?
¡ªGira hacia la derecha.
La firmeza de mi mirada fluctu¨® un poco al encontrarse de lleno con el trazado del jard¨ªn; sin embargo, logr¨¦ mantenerme bajo control sin mucho m¨¢s problema.
¡ªEs el jard¨ªn interior del lugar, ?qu¨¦ hay con ¨¦l?
Me qued¨¦ en silencio unos segundos, pero la entidad no respondi¨®.
¡ª?Balance?
Balance no respondi¨®.
¡ª?No son hermosas? ¡ªson¨® la peor voz, en el peor momento, con una claridad que me hac¨ªa pensar que estaba justo al lado m¨ªo.
No pude evitar desmoronarme en el suelo. Arrodillado, sostuve firmemente mi est¨®mago y mi boca para evitar que las n¨¢useas que invadieron mi cuerpo escaparan por ese medio. Una sensaci¨®n asfixiante en mi garganta, un enorme nudo, me imped¨ªa respirar de manera apropiada. Im¨¢genes no solicitadas invadieron mi cabeza hasta el punto de ahogarme en las memorias de una persona que ya no ten¨ªa m¨¢s.
¡ªAh¨ª est¨¢. ?Piensas que una persona normal se pondr¨ªa as¨ª al recordar un lindo momento que experiment¨® junto a su dulce hermana? No, ?no? Te lo dije, esa forma de evadir el problema no solucionar¨¢ nada.
?Pero qu¨¦ quer¨ªa que hiciera? ?Que me pusiera a patalear y a llorar por la p¨¦rdida de personas las cuales nunca podr¨¦ recuperar? ?Qu¨¦ ganar¨ªa con eso? ?Qu¨¦ utilidad traer¨ªa? ?Con qu¨¦ demonios, con qu¨¦ h¨¦roes acabar¨ªa?
¡ªNo puedes ignorar tu pasado; esta ser¨¢ tu primera ense?anza.
No es una ense?anza si solo notas un problema, pero no marcas la soluci¨®n, idiota.
Mantuve las gotas que amenazaban con escapar por mis lagrimales en la bah¨ªa y acarici¨¦ el nudo de mi garganta hasta que se disip¨®. Al final, solo qued¨® un hombre echado en el suelo, sin la fuerza para ni siquiera poder pararse por su cuenta.
CapÃtulo 23 - Mi Primera Parada En El Nuevo Mundo - Parte 2
5
¡ªIntenta ponerte c¨®modo. Estar¨¢s aqu¨ª por un tiempo ¡ªavis¨® la voz m¨¢s hermosa de esta realidad, antes de retirarse a otro sitio.
Inmediatamente despu¨¦s de que Mira regresara de no s¨¦ d¨®nde, donde hizo no s¨¦ qu¨¦, comenz¨® a organizar nuestro transporte hasta la ciudad portuaria de Minashi, nuestro aparente nuevo hogar.
Digo "aparente" porque no tuvimos ninguna charla explicativa o aclarativa del tema. Mira simplemente dijo: "Entra a la carreta" y yo hice lo que se me orden¨®. Mira no era como Balance, cuya autoridad pod¨ªa y deb¨ªa poner en duda en todo momento; Mira era Mira y, por lo tanto, todo lo que sal¨ªa de su boca ser¨ªa la realidad objetiva en mi mente.
Si Mira estaba nerviosa o intranquila, no lo notaba. Quien, por otro lado, no pod¨ªa evitar mostrar su intensa preocupaci¨®n, era...
¡ªEstoy bien, Yoi. De verdad.
¡ªLa ¨²ltima vez que dijo eso se desmay¨® delante de mis ojos. Perdone, se?or, pero su palabra ya no tiene valor para m¨ª.
La mujer estaba como una mosca en una verduler¨ªa... o una madre dejando a su ni?o en el primer d¨ªa de colegio... o alguna otra de esas im¨¢genes evocadoras y encantadoras. El problema se resolver¨ªa muy r¨¢pido si le dijera: "El dios Balance me dijo que estar¨¦ bien, y fue por su culpa que me desmay¨¦ aquella vez, as¨ª que no deber¨ªa preocuparse". Pero, lastimosamente, debido a mi contrato, no era capaz de informar a la gente a mi alrededor sobre mis et¨¦reas relaciones. Y, ahora que lo pensaba, si realmente dijera eso, lo m¨ªnimo que pensar¨ªa Yoi es que estaba completamente demente, as¨ª que mejor cerraba la boca.
¡ªMe siento bien ahora, Yoi.
A veces uno tiene que mentir para obtener lo que desea.
¡ªHoy tambi¨¦n se sinti¨® bien y se fue a caminar con una escoba debajo del brazo por todo el pueblo, solo para terminar escondi¨¦ndose nuevamente en el cuarto. Lo siento, se?or, pero sus sentidos tambi¨¦n perdieron su valor para m¨ª.
Rayos. Creo que ya me quedaban pocas cosas que Yoi podr¨ªa valorar.
¡ª... Enviar¨¦ una carta por mes sin falta. Conf¨ªo en ustedes para llevar a cabo mis solicitudes. Ser¨¢ dif¨ªcil, pero pondr¨¦ este pueblo a funcionar.
Mira parec¨ªa ocupada hablando con las figuras del hombre que me quiso matar hace unos d¨ªas y el hombre que me ayud¨® a pesar de creer que era un asesino. Gente muy extra?a, eso era una certeza. M¨¢s extra?o a¨²n era que ambos hombres hab¨ªan adquirido una nueva relaci¨®n con Mira, una menos desafiante y m¨¢s servil. Esto solo reforzaba mi teor¨ªa de que Mira estuvo manejando a todo el pueblo como a un t¨ªtere en el poco tiempo que estuvo aqu¨ª; no me sorprender¨ªa enterarme de que ahora ella era el cacique o una locura as¨ª.
Nah... No hab¨ªa forma, ?no?
A¨ªto me vio asomarme por la ventanilla de la carreta y levant¨® la mano para saludarme. Sen, por el otro lado, solo neg¨® con la cabeza, desaprobando mi accionar. Muy tsundere el asunto. Honestamente, la segunda persona m¨¢s preocupada por mi bienestar era ¨¦l; no le gustaba demostrarlo, pero era la realidad.
Ah, ahora que lo ve¨ªa bien, A¨ªto no me estaba saludando, estaba se?alando a su brazalete. Supongo que estar¨¢ pidiendo que se lo muestre.
Saqu¨¦ un brazo por el hueco y apunt¨¦ al c¨ªrculo met¨¢lico que hab¨ªa depositado en mi mu?eca. El adorno era lo suficientemente grueso para ser considerado la mitad de unas esposas; me pregunto si el lado polic¨ªa de A¨ªto me lo regal¨® para hacerme entender que estar¨¦ para siempre atado a este pueblo...
O quiz¨¢s a ¨¦l...
Lo siento, A¨ªto, no me gustan los hombres; si ese era tu objetivo, pues debo decirte que nunca encontrar¨¢s resultados. Espera, Sen tambi¨¦n ten¨ªa uno de estos brazaletes... Qu¨¦ guarro termin¨® resultando este hombre aparentemente inofensivo. No se puede confiar en nadie nunca.
¡ªSiento que no deber¨ªa preguntarte en qu¨¦ est¨¢s pensando, as¨ª que solo te explicar¨¦ la situaci¨®n ¡ªdijo Mira, subi¨¦ndose al carro.
¡ªMe siento bien, Mira ¡ªment¨ª de nuevo.
¡ªGenial, si¨¦ntete tan bien como puedas, porque este viaje va a durar diez d¨ªas. Haremos dos paradas en unos asentamientos que se encuentran en el camino. Cuando lleguemos a Minashi, tendr¨¢s que tratarte con un doctor de confianza. No importa qu¨¦ tan bien te sientas, es algo que ya est¨¢ completamente decidido; as¨ª que, si dejas de mentirme desde ahora, el viaje ser¨¢ incluso m¨¢s divertido.
No s¨¦ por qu¨¦ cre¨ª que las mentiras funcionar¨ªan con ella; creo que tiene un Geass para eso.
Mirando por el huequito en la parte trasera del carro, avist¨¦ otra carreta. Pero yo solamente conoc¨ªa alrededor de seis personas en este mundo, y cuatro de ellas se tendr¨ªan que quedar en este pueblo. Lo que quer¨ªa decir era...
¡ªMira, ?qui¨¦n ir¨¢ detr¨¢s de nosotros?
¡ªUn peque?o grupo de mercenarios ¡ªme respondi¨® con sencillez.
¡ª?Protecci¨®n?
¡ªNo. Est¨¢n para que hagas nuevos amigos.
Hmm... Estaba casi seguro de que me estaba tomando el pelo.
¡ª?Pero no nos proteger¨¢n?
¡ªMi seguridad est¨¢ garantizada por el hecho de que nadie sabe que me encuentro aqu¨ª. Es innecesario tomar medidas adicionales.
¡ªPero... ?No hay bandidos? ... ?O algo?
Los bandidos eran un clich¨¦ en este tipo de ambientaci¨®n. No, m¨¢s que un clich¨¦, eran una realidad hist¨®rica. Hacer robos en rutas era un negocio que segu¨ªa existiendo incluso en mi mundo.
¡ª?Bandidos? Esas cosas no existen en Kiokai. Como te dije, es para que hagas nuevos amigos. Llegado el caso, tengo ciertas preparaciones para cosas as¨ª ¡ªdijo, asintiendo en simult¨¢neo a Yoi, ocultando con complicidad alguna medida de protecci¨®n secreta.
¡ªEst¨¢ bien, pero, Mira...
El conductor del carro comenz¨® la marcha; extra?amente apropiado para lo que estaba por preguntar.
¡ª?S¨ª?
¡ª?C¨®mo podr¨ªa hacerme amigo de ellos, si est¨¢n en otro carro?
¡ª...
¡ª¡ª?Mira?
¡ªNo son para bandidos.
Con el tono de esa respuesta, me inform¨® amablemente que no me involucrara m¨¢s en el asunto.
Y entonces, sin ninguna otra palabra, nos marchamos de Choura. Lo que fue mi primera parada en este nuevo mundo.
6
Nadie te prepara para un viaje en carruaje. Todos hablan de las n¨¢useas por marea, lo que es entendible; yo las sufr¨ªa en demas¨ªa. Pero, ?qui¨¦n hubiera dicho que sentarse en el trasero tambaleante de un cacho de madera propulsado por un gran mam¨ªfero iba a ser una experiencia tan agotadora? Yo cre¨ªa que era una vivencia relajante y de ritmo tranquilo. Pero, ?por qu¨¦ sent¨ªa que estos caballos podr¨ªan competir en una carrera contra un b¨®lido? Era cierto que hab¨ªa un tema de punto de referencia. Cuando uno va encima de una moto, o incluso una bicicleta, se siente mucho m¨¢s veloz que la velocidad que se percibe desde fuera. Pero esto definitivamente no era normal; los caballos nunca fueron tan r¨¢pidos...
¡ªEs Influencia, ya deber¨ªas acostumbrarte. La Influencia en este mundo es una fuerza f¨ªsica. Todos los seres conscientes tienen acceso a ella en cierta medida, no solo aquellos con un n¨²cleo sobre-desarrollado. Acost¨²mbrate a ver ventiscas m¨¢s violentas, relieves m¨¢s accidentados, caballos m¨¢s r¨¢pidos y hombres m¨¢s fuertes ¡ªexplic¨® Balance.
A?adir¨ªa a la lista: "¨¢rboles malvados"; creo que nunca los podr¨¦ superar. Hablando de eso, el ¨¢rbol que casi me hab¨ªa matado segu¨ªa all¨ª, en el bosque. Solo hab¨ªa logrado acabar con la vida del duende. Hm... Alg¨²n d¨ªa volver¨¦ por ti.
¡ªOye, Mira.
¡ªS¨ª, Heiko.
¡ª?C¨®mo puede ser que la calle sea tan...? ?Llana? ?Prolija?This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there.
Es decir, en comparaci¨®n al resto del paisaje, que era m¨¢s bien... no dir¨ªa "accidentado", como mencion¨® Balance, pero s¨ª naturalmente rugoso, la carretera estaba incre¨ªblemente lograda en comparaci¨®n. O era un milagro de la naturaleza, o un milagro de la humanidad.
¡ªJo, jo ¡ªrio de manera jactanciosa¡ª. Veo que tienes un buen ojo para los detalles.
¡ªBueno. Teniendo en cuenta la velocidad de estos caballos, ya estoy sorprendido por el hecho de que las ruedas de madera no se hayan convertido en polvo.
¡ª?Hm? Pero las ruedas son bastante resistentes, igual. Podr¨ªan aguantar un buen rato a esta velocidad por un tramo un poco peor. De cualquier forma, tenemos varios repuestos. Pero s¨ª, las calles son de una enorme calidad.
¡ªEntiendo.
?La madera en este mundo tambi¨¦n ten¨ªa Influencia dentro?
¡ªGeneralmente no ¡ªcontest¨® r¨¢pidamente Balance, como si alguien le hubiera preguntado.
¡ªComo te veo tan interesado, te contar¨¦ m¨¢s ¡ªdijo Mira, mintiendo, o m¨ªnimamente analiz¨¢ndome mal; pero, como eso ¨²ltimo era imposible, mintiendo¡ª. Las carreteras son el mayor orgullo de Kiokai. No hay reino en el mundo con una red de rutas tan masiva y con calles de semejante calidad. Esto es apropiado, despu¨¦s de todo, Kiokai es una rep¨²blica mercantil; la mayor potencia comercial del mundo, de hecho. Como dicen: "Todos los caminos llevan a Minashi".
Ey, paguen regal¨ªas por ese eslogan de Roma. Oh, cierto que Roma nunca existi¨® en este mundo. Una idea tr¨¢gica para cualquier hombre.
¡ªEsa es la frase, pero lo cierto es que Kiokai est¨¢ compuesto por dos regiones. La porci¨®n sobre la que estamos, al sureste del continente central, y una gran isla que limita con el reino de Kepul. La isla goza de una infraestructura incluso mayor a la porci¨®n que est¨¢ sobre el continente central. Y la ciudad portuaria de Minashi es el punto de contacto entre ambas regiones ¡ªexplic¨®, conectando ambos dedos ¨ªndices de forma adorable¡ª. Volviendo al tema de las rutas: ser constructor de rutas de Kiokai es un gran privilegio, uno de los mejores empleos del mundo, me atrever¨ªa a decir. Es un proceso ordenado, siempre est¨¢n acompa?ados por guardias y la paga es muy buena.
Parec¨ªa que estos temas le fascinaban a Mira. No ten¨ªa la energ¨ªa para disimular entusiasmo, pero me pon¨ªa feliz verla feliz.
¡ªKiokai es un buen lugar, ?no?
¡ªEs el mejor pa¨ªs del mundo, lejos, lejos, lejos ¡ªafirm¨®, con una cara satisfecha.
A veces era demasiado adorable, y nacionalista, pero sobre todo adorable.
Al salir del bosque en el que se encontraba Choura, la ruta se volvi¨® todav¨ªa m¨¢s producida. Con anchos espacios nivelados alrededor, e incluso algo que parec¨ªa una zanja.
El cambio en el paisaje fue igualmente brusco. Hasta donde mis ojos llegaban, hab¨ªa cultivos. Era una imagen incre¨ªblemente bella. Ya estaba anocheciendo, por lo que todo estaba armoniosamente pintado de color dorado. No quer¨ªa admitirlo, pero Mira ya me estaba ganando con esta idea de que Kiokai era el mejor lugar del mundo; m¨ªnimamente era bonito.
¡ªPor cada tres hect¨¢reas de tierra, dos son de cultivo ¡ªMira expuso¡ª. Y la mayor parte de la tierra de Kiokai es f¨¦rtil. Por m¨¢s bienes que refine y m¨¢s productos que fabrique, nunca podr¨¦ igualar a la cantidad de riqueza que proviene de los cultivos; es un l¨ªmite que me impuso el mundo ¡ªsopl¨® esas palabras hacia afuera, alg¨²n tipo de rememoraci¨®n en su voz. Luego sigui¨® explicando¡ª: Y el Imperio del Oeste es el reino m¨¢s grande del mundo. Grandes porciones de su tierra son inf¨¦rtiles. A pesar de que la proporci¨®n de hect¨¢reas de cultivo es m¨¢s similar a dos de cada cinco, la riqueza del Imperio es varias veces mayor a la de Kiokai.
¡ª?Qu¨¦ tan grande es Kiokai?
¡ªNo muy grande, tampoco muy peque?o. Pero en el Imperio del Oeste caben por lo menos diez Kiokai.
¡ªYa veo. ?Y ese Imperio del Oeste es un buen reino?
Aprovechando la tranquilidad de la conversaci¨®n, apoy¨¦ la cabeza sobre mi mano, mirando el hermoso paisaje a trav¨¦s de la ventana.
¡ªNo. Es arcaico y desigual. No es un lugar placentero de visitar ¡ªcontest¨® de manera escueta.
¡ªYa veo.
¡ª?Eso no te parece injusto?
¡ª?Injusto? ?Qu¨¦ cosa?
¡ªQue sea un reino m¨¢s rico que Kiokai, siendo un lugar desagradable e ineficiente.
¡ªEso no es injusto. Tiene m¨¢s terreno, ?no? Tambi¨¦n tiene m¨¢s habitantes. Eso no es injusto, es simplemente la realidad.
¡ªBien pensado. Est¨¢s alineado con Kiokai. Pero no todos los reinos piensan de la misma forma. Hay reinos desfavorecidos, hay personas desfavorecidas. Hay reinos con m¨¢s y otros con menos poder. Esa es la forma que tiene este mundo y lo que lo mantiene as¨ª es el Imperio. Los que se encuentran favorecidos tienden a alinearse con el Imperio; los que se encuentran desfavorecidos tienden a alinearse en contra de ¨¦l. Aquellos que aceptan la realidad, pero trabajan para moldear su propio destino, son bienvenidos en Kiokai.
¡ª"Moldear su propio destino", ?eh?
¡ª?Te parece idealista?
¡ªNo. Es nuevamente la realidad, incluso si uno quiere escapar de ella. Pero solo porque sea la realidad... No significa que sea sencilla.
Mira me sonri¨®.
"Moldear tu propio destino". Si fuera tan sencillo, yo no me encontrar¨ªa aqu¨ª para empezar. Por m¨¢s afecto que sienta por Mira, si de m¨ª dependiera, estar¨ªa en mi mundo, disfrutando la vida que aborrec¨ª, junto a las personas que decepcion¨¦, aliviando su peso, viviendo mi vida a pleno... Eso ya no era la realidad. "Moldear tu propio destino" era algo que siempre entend¨ª como una verdad, pero que nunca tuve la fuerza suficiente para aceptar.
Quer¨ªa que el destino se moldeara a m¨ª.
Quer¨ªa que la realidad se moldeara a m¨ª.
Pero ahora, no estoy en esa realidad, y por m¨¢s que moldee y moldee, nunca podr¨¦ conseguir esa forma que tanto deseo. Elimin¨¦ esa opci¨®n, esa posibilidad, con mis propias manos.
El paisaje era hermoso, tan hermoso como dolorosas eran mis heridas. Queriendo escapar un poco del dolor y aprovechando mi posici¨®n c¨®moda, intent¨¦ descansar.
7
Los "asentamientos" resultaron ser peque?as concentraciones de viviendas dentro de los grandes cultivos que atravesamos. La primera vez que llegamos a una de esas viviendas, pens¨¦ que nos encontrar¨ªamos con un se?or feudal o algo similar, pero Mira pareci¨® horrorizarse con mi sugerencia. Aparentemente, solo eran las residencias de unos campesinos un poco m¨¢s acaudalados que viv¨ªan cerca entre s¨ª. Entonces, naturalmente, la pregunta surgi¨®: ?C¨®mo eran capaces de cosechar tanta tierra de cultivo?
La respuesta era simple y aburrida: Hab¨ªa otros campesinos viviendo en casas entre los cultivos; simplemente no eran visibles desde la ruta. Es decir, en realidad hab¨ªa muchas m¨¢s personas de lo inmediatamente aparente.
Las personas estaban, los siervos exist¨ªan, solo que el se?or feudal hab¨ªa sido eliminado de la ecuaci¨®n. Supuse que la tierra simplemente estaba repartida entre los campesinos, le pregunt¨¦ esto a Mira y ella me lo confirm¨®; pero a?adi¨® que, a pesar de que la propiedad sea suya, estaban indirectamente administrados por una familia similar a la de Mira, la familia "Noka". La verdad es que no lo entend¨ªa muy bien. No entend¨ªa exactamente qu¨¦ era la familia de Mira y no entend¨ªa por qu¨¦ la familia que administraba a estos campesinos merec¨ªa la descripci¨®n de "miserables canallas" que Mira acopl¨®, sin perder la sonrisa, a su apellido.
No s¨¦ por qu¨¦ me estaba complicando tanto con la organizaci¨®n de esta realidad alterna. Deber¨ªa enfocarme en mi posici¨®n como empleado... Supongo que solamente estaba intentando distraerme, haciendo lo que Balance advirti¨® que no hiciera. Honestamente, ten¨ªa ganas de ir en contra de todo lo que Balance me dijera.
¡ª?Qu¨¦ te pasa? Deber¨ªas estar agradecido de que me tome el tiempo para hablarte, a pesar de que-
El paisaje era precioso. Y fue constantemente precioso durante los diez d¨ªas del viaje.
Puedo afirmar eso porque ya era el d¨ªa diez. Aproxim¨¢ndonos al nivel del mar, est¨¢bamos cada vez m¨¢s cerca de las puertas o, mejor dicho, de los portones de nuestro destino: La ciudad portuaria de Minashi
¡ª?Es incre¨ªble! ??No!? ¡ªMira hablaba con una emoci¨®n que no me hab¨ªa demostrado nunca durante mi corta estad¨ªa en este mundo, gritando con la mitad de su torso fuera de la carreta¡ª ?La ciudad m¨¢s bella del mundo! ?Planeada totalmente por el mejor gobernante de todos los tiempos! ?Tres semic¨ªrculos conc¨¦ntricos, cada uno dise?ado seg¨²n su funcionalidad, que se expanden de forma proporcional! ?El c¨ªrculo del interior conforma la zona productiva de la ciudad! ?All¨ª est¨¢n todas las instalaciones Inovatio! ?El c¨ªrculo exterior es la zona residencial; hospeda a todos los vendedores y trabajadores de los comercios y talleres! ?El c¨ªrculo medio es el punto de conexi¨®n de la ciudad, el frente comercial de la zona productiva, lo que hace que todo se mueva!
Lo que Mira estaba describiendo era inmediatamente visible desde lejos. La arquitectura de los edificios variaba seg¨²n la zona a la que pertenec¨ªan y, por lo tanto, el rol que cumpl¨ªan. En el exterior y rebasando fuera de los muros, hab¨ªa edificios residenciales y simples viviendas, desde las m¨¢s humildes hasta las m¨¢s opulentas. El c¨ªrculo interior acaparaba el puerto y la mayor cantidad de contacto con la superficie marina; la gran mayor¨ªa de los edificios luc¨ªan como enormes dep¨®sitos. El c¨ªrculo del medio era donde se concentraba todo el movimiento. Las carreteras, a la vez, jugaban con esta distribuci¨®n. Hab¨ªa calles anchas y rectas que iniciaban en el medio de la ciudad, es decir, el puerto, y terminaban en los l¨ªmites del muro. El c¨ªrculo medio conectaba estas calles con grandes peatonales que mezclaban tr¨¢nsito humano y equino.
¡ª?Mira?
¡ª??S¨ª!?
¡ª?Y eso? ¡ªse?al¨¦ a la parte m¨¢s llamativa de la ciudad.
Se dio la vuelta para mirar hacia donde apuntaba.
¡ªAh, eso. Esa es la arena ¡ªrespondi¨® de manera mon¨®tona.
La arena... ?Lo iba a dejar ah¨ª? Era un gran coliseo a cielo abierto, una especie de predecesor de un estadio, parec¨ªa.
La ciudad estaba construida en una leve inclinaci¨®n y, debido a esto, mientras m¨¢s se adentraba nuestro carro al pueblo, m¨¢s descend¨ªa. Esa inclinaci¨®n permit¨ªa aislar a la mayor parte de la ciudad del agua del mar, pero varios cauces se filtraban y se mezclaban con la infraestructura de la ciudad. Por lo tanto, la ciudad terminaba contando con varios puentes y botes peque?os que se mov¨ªan a trav¨¦s de esos delgados canales.
¡ªMinashi es una ciudad de miles de personas. Es mi propio para¨ªso en el mundo. Si hay un lugar en donde me puedo sentir c¨®moda, es aqu¨ª ¡ªcoment¨® Mira, observando obnubilada el paisaje¡ª. Espero que alg¨²n d¨ªa sientas que este lugar es tu hogar, tanto como yo lo siento.
Sus palabras me hab¨ªan dejado asombrado. Solo tard¨¦ un instante en entender por qu¨¦ me hab¨ªa afectado tanto lo que estaba diciendo.
Mira hab¨ªa reposado su cuerpo nuevamente en el carruaje, descendiendo de una exaltada emoci¨®n a un estado de pl¨¢cida dicha. Inclinaba su cuerpo hacia el retrato de la ciudad, estaba completamente cautivada por su imagen; pero no estaba tan inclinada para que no la pudiera ver en su totalidad.
Era su sonrisa.
Su sonrisa era real.
Por primera vez, sent¨ª que la sonrisa en el rostro de Mira era una genuina. Una de felicidad. No de satisfacci¨®n, no de una excitaci¨®n pasajera. Mira era feliz al ver la ciudad. Por eso, sus palabras calaron hasta lo m¨¢s profundo de m¨ª. "Minashi es una ciudad de miles de personas. Es mi propio para¨ªso en el mundo. Si hay un lugar en donde me puedo sentir c¨®moda, es aqu¨ª. Espero que alg¨²n d¨ªa sientas que este lugar es tu hogar, tanto como yo lo siento". Podr¨ªa recitar lo que acababa de decir de memoria. Pod¨ªa conjurar el recuerdo de su rostro iluminado por el sol, acariciado por el viento, sus ojos pintados completamente por la urbe en movimiento, maravillados. Emoci¨®n, fascinaci¨®n, alegr¨ªa pura, sensaciones tan genuinas que me hac¨ªan temblar incluso a m¨ª; me hac¨ªan temblar, a pesar del dolor de mis heridas, porque me contagiaban de todos esos sentimientos. Me los contagiaba y mi mente intentaba procesarlos como pod¨ªa, pero no se daba abasto, por lo que solo pod¨ªa temblar y repasar el recuerdo de lo que acababa de decir una y otra vez, analizando qu¨¦ era exactamente lo que me compenetraba de una manera tan profunda en sus palabras. No lo pod¨ªa entender con exactitud, pero comprend¨ªa su inmensidad. Era algo que quer¨ªa, era algo que no ten¨ªa, era algo que a?oraba, era algo que deseaba intensamente, pero no sab¨ªa qu¨¦ era exactamente, por lo que terminaba terriblemente frustrado.
?Qu¨¦ ten¨ªa esta chica? ?Por qu¨¦ lo deseaba tanto? ?Por qu¨¦ sent¨ªa tanta felicidad al verla de esta manera?
No lo sab¨ªa.
Pero esa fue mi entrada a la ciudad portuaria de Minashi.
CapÃtulo 24 - La Ciudad Portuaria De Minashi - Parte 1
1
¡ªEsta es la residencia principal en el continente central de la familia Inovatio.
Me dijo Mira, como si no hubi¨¦ramos entrado a uno de los lugares m¨¢s fascinantes que vi en mi vida. ?As¨ª era como se ve¨ªan esos edificios antiguos europeos en su tiempo? Blanca, lujosa, una verdadera mansi¨®n. Cada mueble estaba tan precisamente confeccionado, tan art¨ªsticamente dise?ado, que el l¨ªmite entre lo que era funcional y lo que era decorativo se hab¨ªa difuminado- no, se hab¨ªa esfumado. No sab¨ªa d¨®nde iniciaba lo puramente ornamental y lo genuinamente ¨²til. Todo era hermoso. Todo hab¨ªa sido dise?ado, de manera hermosa, para que sea hermoso. A pesar de la noche, la iluminaci¨®n era tan clara que uno pensar¨ªa que este mundo ya ten¨ªa acceso a la electricidad, pero no, era ¨²nicamente iluminaci¨®n por combusti¨®n.
Mira me hizo una se?a con la mano para que la siguiera. Avanzamos por los pasillos de la casa. No pude evitar mirar fren¨¦ticamente cada esquina del sitio.
No esperaba que hubiera tanta gente, m¨¢s precisamente: sirvientes, caminando en la casa. Uno esperar¨ªa, o al menos estar¨ªa acostumbrado por la ficci¨®n, a que los sirvientes detuvieran sus tareas para saludar a su amo; pero esa regla no parec¨ªa existir en este mundo. El sirviente hac¨ªa su trabajo y permit¨ªa que su amo hiciera el suyo; lo que s¨ª pod¨ªa existir era un saludo de cortes¨ªa, pero nada m¨¢s. Ni siquiera nos recibi¨® un sirviente para preguntarnos sobre nuestros deseos, aunque ese quiz¨¢s fue el caso porque Yoi estaba a nuestro lado. Obviamente, no hubo ninguna especie de acto de bienvenida, ni nada similar; de hecho, lo ¨²nico que te podr¨ªa dar un indicio del estatuto de Mira era el frenes¨ª de los guardias por dejarnos atravesar el muro, y supongo que nuestro acceso ilimitado y sin cuestionamiento a semejantes instalaciones como esta.
Estaba viendo hacia el techo cuando finalmente arribamos a nuestro destino.
¡ªEntra ¡ªorden¨® Mira.
Llegamos a una habitaci¨®n m¨¢s peque?a y simple, que contaba ¨²nicamente con un escritorio y su silla, otra silla al lado de la puerta, varias bibliotecas y dos macetas con plantas en las esquinas de la entrada.
Segu¨ªa mirando como un idiota mis alrededores, cuando Mira me llam¨® la atenci¨®n aclarando su garganta.
¡ªSolo dos cosas, y te permitir¨¦ ir a descansar a tu cuarto ¡ªdijo desde la silla de su escritorio.
¡ª?Tengo un cuarto?
¡ªHay varios cuartos para hu¨¦spedes; t¨² tendr¨¢s uno de ellos. ?Qu¨¦ pensabas, que te har¨ªa dormir en la calle?
Asent¨ª con la cabeza, entendiendo su muy v¨¢lido punto.
¡ª?Bueno! ?Dos cosas!
Asent¨ª nuevamente.
¡ª?Primero! ¡ªempez¨® a hablar de la misma forma que lo hizo aquella vez en Choura. El tonto de Balance la hab¨ªa intentado imitar con muy poco ¨¦xito¡ª. Tu cuerpo est¨¢ destruido, por m¨¢s que te empe?es en decirle lo contrario a Yoi. Adem¨¢s, puedo notar que est¨¢s... enfermo, por lo que ya, desde ma?ana, te presentar¨¢s con un doctor que conozco. Pasar¨¢s la mayor parte de los d¨ªas all¨ª; obviamente, volviendo a la residencia a la noche para descansar.
?La mayor parte de los d¨ªas? Eso no quer¨ªa decir que...
¡ªPero, Mira, me seguir¨¦ viendo contigo, ?no?
¡ªPor supuesto, pero no con la misma frecuencia. Estar¨¦ mucho m¨¢s ocupada. El viaje a Choura sirvi¨® como una especie de vacaci¨®n para m¨ª, despu¨¦s de todo.
¡ª...
¡ª?Qu¨¦ pasa?
¡ª?Eh? No pasa nada.
¡ªLo noto en tu rostro, ?qu¨¦ sucede?
No cambi¨¦ la expresi¨®n de mi rostro, al menos no de manera consciente; no sab¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa. Dej¨¦ de observar los alrededores para mirar a Mira de frente, entonces lo not¨¦. Estaba en la disposici¨®n de sus ojos y, ultimadamente, se manifestaba en la totalidad de su mirada: algo me hac¨ªa entender que era in¨²til intentar ocultar cosas de ella. No, era peor que eso, sent¨ªa que era in¨²til intentar esconder cosas de m¨ª mismo frente a ella. Empec¨¦ a sudar bajo la presi¨®n de Mira, pero sent¨ªa alivio por no tener a esta persona como un enemigo.
¡ªSupongo... Supongo que no quiero alejarme de ti, Mira ¡ªle contest¨¦, arrojando las palabras que encontraba en el momento.
Mira me sonri¨®.
¡ªEstuvimos juntos por diez d¨ªas, ?y todav¨ªa no te cansas de m¨ª? Realmente eres muy rom¨¢ntico, Heiko.
Sonre¨ª de manera inc¨®moda.
¡ªLo siento, pero es inevitable ¡ªsentenci¨®¡ª. Por eso pasar¨¢s los d¨ªas en el Instituto, junto al doctor. Adem¨¢s, te dejar¨¦ asistencia. Eso era lo segundo que te quer¨ªa mencionar.
?Dejar asistencia...? Esa expresi¨®n era un poco ambigua.
¡ª?Segundo! ¡ªrecit¨®, volviendo a su tono y luego suspirando con su mano en el pecho, como si solo eso le hubiera exigido f¨ªsicamente¡ª Dada tu condici¨®n, consider¨¦ adecuado poner una persona a tu disposici¨®n, un sirviente.
Ah, ese tipo de asistencia.
¡ª?Yoi?
¡ªNo. Ella es mi sirviente. Te asignar¨¦ una sirviente que se llama Nuti.
¡ª?Nuti?
?Nuti? Mira, Yoi, Sen... Hm... No ten¨ªa la misma base que el resto de los nombres.
¡ªS¨ª, Nuti es su apodo, su nombre es Nutiden.
??Nutiden!? Eso s¨ª era completamente distinto a los dem¨¢s. Qu¨¦ nombre curioso.
¡ªNuti se encuentra ocupada ahora mismo, pero la enviar¨¦ a que se introduzca esta noche. Ella- ¡ªbostez¨® en medio de sus palabras¡ª Ella te dar¨¢ toda la informaci¨®n que necesitas, ?s¨ª?
¡ªEntiendo, Mira.
¡ª?Ah! Casi me olvido. Deber¨ªas tener cuidado en la ciudad.
¡ª?Hm? ?Es peligrosa?
¡ªNo...
Mira empez¨® a perder la fuerza de su mirada. Me enter¨¦ de esto durante el viaje: a Mira, el sue?o la atacaba de forma brutal. Era como un celular, que en el instante que llega a 0, se apaga. Supongo que Mira anda a 120% de eficiencia durante todo el d¨ªa; entonces, cuando se le agotan las reservas, le pega como un tren.
¡ªEs solo que... destacas mucho... ¡ªdijo, apoyando su ment¨®n sobre el escritorio.
Saqu¨¦ como 20 fotograf¨ªas mentales con los ojos antes de procesar lo que me dijo y girar la cabeza, confundido.
¡ªEs tu situaci¨®n... de ac¨¢ arriba... ¡ªlevant¨® una mano para apuntar a la c¨²spide de su cabeza.
?En serio? Otra vez lo de-
¡ª?Qu¨¦ ocurre con mi pelo? ?Acaso est¨¢n en guerra con un reino con muchas personas con este color de cabello?
Mira cerr¨® los ojos y dio una risa lenta, como la de un ebrio. Qu¨¦ grandeza, la de la Mira somnolienta.
¡ªNo hay ning¨²n reino as¨ª... ¡ªfinalmente dijo¡ª Aunque eso ser¨ªa muy divertido... ¡ªse rio otra vez¡ª. Es solo que... No hay gente con el pelo negro... ¡ªexplic¨®, sonriente.
?Era el sue?o?
¡ª?C¨®mo no hay gente con el pelo negro? Tal vez es poco com¨²n, ?pero que no haya...?
Mira levant¨® un dedo.
¡ªYo soy una comerciante. Hay muchos colores de pelo distintos... La gente con pelo de color se vende a muy buen precio... Esto es porque tienen m¨¢s afinidad con la Influencia... en general... Y tambi¨¦n los coleccionan.
?De qu¨¦ estaba hablando esta mujer? ?Venta de personas? Es decir, ?como objetos?
¡ª?Los venden como esclavos?
Mira se rio de nuevo.
¡ªNo, Heikito... No se pueden tener esclavos en Kiokai... Aunque hay ciertas formas de... evadir... esas restricciones. Me refer¨ªa m¨¢s a mercenarios... o infantes adoptados.
Eso no sonaba precisamente mejor, pero claramente hab¨ªa un aspecto de shock cultural en juego aqu¨ª.
¡ªComo dec¨ªa... ¡ªcontinu¨® Mira¡ª. Yo conozco al mercado y, aun as¨ª, nunca he visto una persona con un pelo negro como el tuyo en mi vida... Hay muchas leyendas, pero... ¡ªbostez¨®¡ª, eso es harina de otro costal.
Balance, ?c¨®mo puede ser?
¡ªInfluencia ¡ªrespondi¨® en mi mente, dej¨¢ndome insatisfecho.
Justifique su respuesta.Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings.
¡ªHa... No tengo ganas de hablar ahora, as¨ª que lo har¨¦ simple. Genes de color de pelo mutados sugieren afinidad para la Influencia. Gen de pelo negro dominante se volvi¨® recesivo. No es exactamente "imposible" que haya alguien, pero es muy poco probable. Si tuviera que explicarlo de manera muy simple... La Influencia "erosiona" los filamentos del cabello.
¡ªEntiendo.
¡ª?Qu¨¦ cosa entiendes, Heikito...?
Mierda, habl¨¦ en voz alta.
Deber¨ªa dejar descansar a Mira; pero, en mi defensa, era muy adorable, y estaba francamente interesado en la conversaci¨®n.
¡ª?Cu¨¢les son esas "leyendas", Mira? Adem¨¢s, ?me secuestrar¨¢n en la noche para venderme?
¡ªCon Nuti a tu lado, es imposible que te pongan un dedo encima... Pero seguramente te miren raro... como en Choura.
?Eh? Cuando escuch¨¦ el nombre de "Nutiden", honestamente, me hab¨ªa imaginado a una se?ora mayor... Pero ahora resultaba ser una especie de... ?Luchadora marcial?
No pude evitar que surgiera la imagen de una sirvienta con cuerpo de luchador de sumo, en posici¨®n defensiva a mi lado.
¡ªY con respecto a las leyendas... Creo que eso lo dejaremos para otro d¨ªa... Heiko... Deja que Yoi te lleve a tu cuarto... Yo me quedar¨¦ un momento descansando aqu¨ª.
Apoy¨® los brazos sobre la mesa y recost¨® su cabeza encima.
Saqu¨¦ 50 fotos mentales m¨¢s.
¡ªAdi¨®s, Mira. Gracias por cuidarme. Siempre me cuidas, creo que nunca te podr¨¦ devolver apropiadamente el favor...
Mira solo contest¨® despidi¨¦ndose con una manito.
La mir¨¦ antes de salir. Ella me generaba una inmensa calidez en el pecho. Muchas veces sent¨ªa pudor de decirlo en voz alta; sonaba rid¨ªculo, habi¨¦ndola conocido hace tan poco, pero creo que, realmente, pod¨ªa decir que amaba a esta mujer. Y no me refer¨ªa en el aspecto rom¨¢ntico; la amaba como persona. Quiz¨¢s era un sentimiento sin justificaci¨®n, algo en extremo superficial, pero... Incluso olvid¨¢ndome de la forma en la que me salv¨®, intentando ignorar esos feos sentimientos nacidos de la autopreservaci¨®n o de su forma de ayudarme constantemente... Amaba su forma de ser, y amaba lo que realmente era... Creo que eso era parte de por qu¨¦ me hab¨ªan impactado tanto sus palabras al entrar a la ciudad.
No sab¨ªa si me estaba escuchando; esperaba que no. Las inhalaciones y exhalaciones constantes me hicieron sentir un poco m¨¢s seguro para decirlo.
¡ªTe amo, Mira.
Ella no me contest¨®, por suerte.
2
¡ªBueno, ya puedo dejar de fingir.
Yoi me hab¨ªa dirigido a mi habitaci¨®n, que era m¨¢s o menos del mismo tama?o que la oficina de Mira. La cama estaba ordenada y ten¨ªa un im¨¢n que atra¨ªa mi cuerpo hacia ella, o quiz¨¢ un centro gravitatorio. Cargando el estr¨¦s del viaje y el dolor constante de mis heridas, tir¨¦ mi cuerpo hacia el colch¨®n.
¡ªGueh-
Me dorm¨ª en el instante en que mi cuerpo toc¨® la cama.
3
Hab¨ªa golpes en la puerta.
Me estaban llamando. Era una llamada usual, un evento constante. Mi cuerpo cargaba un terrible peso. El aire en la habitaci¨®n era turbio y asfixiante. Esa puerta, esa salida, se sent¨ªa tan, tan lejos. Cada paso que daba hacia ella era m¨¢s pesado que el anterior y, por eso, terminaba optando por no dar ninguno desde el inicio.
Adaptaci¨®n. La sensaci¨®n asfixiante del encierro se termin¨® convirtiendo en un buen augurio: "Estoy en el lugar que quiero estar" y luego: "Estoy en el ¨²nico lugar que puedo estar". El agujero en mi est¨®mago me generaba un terrible v¨¦rtigo, pero ya lo conoc¨ªa; lo conoc¨ªa muy bien; lo conoc¨ªa tan bien, que sab¨ªa que pod¨ªa ser mucho peor. Mejor malo conocido que malo por conocer; esa era la m¨¢xima que impulsaba todas y cada una de mis acciones.
El fr¨ªo y el sudor eran diarios, pero transitivos; en alg¨²n momento iban a desaparecer, solo ten¨ªa que resistir; solo ten¨ªa que resistir con el nudo de bilis y asco atorado en medio de mi garganta.
Solo ten¨ªa que aguantar la tormenta y despu¨¦s descansar.
No ten¨ªa que aventurarme a lo desconocido y sufrir la peor de las derrotas dentro de la opaca, densa niebla de guerra.
Hab¨ªa golpes en la puerta...
4
Brinqu¨¦ de la cama con un fuerte zumbido en los o¨ªdos. Un dolor agudo en ambas palmas me hizo perder la fuerza y no pude evitar caer de cara en el colch¨®n.
¡ªPuaj-
Frot¨¦ mi rostro contra la frazada y un "Oh" se escap¨® por mi boca cuando mir¨¦ por la ventana.
No hab¨ªa dormido nada. De la ventana, lo ¨²nico que llegaba a ver era la oscuridad del cielo nocturno y una que otra estrella m¨¢s cercana al horizonte. La residencia Inovatio en Minashi ten¨ªa 3 pisos; mi habitaci¨®n se encontraba en el segundo y contaba con una de las ventanas enormes de la mansi¨®n.
Mi o¨ªdo capt¨® un sonido r¨ªtmico proveniente de la entrada.
¡ªAh.
Hab¨ªa golpes en la puerta.
Me levant¨¦ de la cama y camin¨¦ para abrirle a mi visitante misterioso.
Abr¨ª la puerta-
¡ªBuenas noches. Mi nombre es Nutiden; estar¨¦ a su servicio.
...
Pas¨¦ mi mano derecha por mis ojos, frot¨¢ndolos, intentando limpiarlos una y otra vez.
...
¡ªBuenas noches ¡ªse repiti¨®.
...
Cerr¨¦ los ojos y luego los abr¨ª.
¡ª?Se?or? ¡ªLa joven inclin¨® la cabeza, haciendo que los mechones de su cabello blanco se cayeran hacia un costado.
...
Balance, no estoy muerto, ?no?
¡ªPor el momento, no. Es solo una humana, ?qu¨¦ te sucede?
Balance, ?existen los ¨¢ngeles?
Balance me envi¨® un suspiro decepcionado.
Era hermosa. Creo que no era necesario a?adir un descriptivo m¨¢s. Era la definici¨®n de "hermosa". Estaba vestida con el atuendo blanco y negro de sirvienta. Su cabello era blanco, blanco puro. No era blanco de vejez, no era un cabello desgastado, era brillante e intenso. El cabello lo ten¨ªa atado en una coleta hacia el costado. Su piel era incluso m¨¢s blanca que la de Mira. Sus ojos eran grandes y celestes.
¡ªp-p-p s-a- ¡ªdije.
¡ª?Se?or?
Sab¨ªa que solo iba a lograr expulsar otra incoherencia de mi boca, as¨ª que me forc¨¦ a mantener silencio. Asent¨ª y le hice una se?a para que siguiera con lo que ten¨ªa que decir.
¡ªBuenas noches. Perd¨®n por molestarlo, pero estar¨¦ a su servicio. Si desea algo, no tiene m¨¢s que pedirlo. Ma?ana visitaremos el Instituto de la ciudad ¡ªrepiti¨® la reverencia que hizo al inicio de la conversaci¨®n.
La mujer, adem¨¢s de la definici¨®n de "hermosa", era la definici¨®n de "prolija". No hab¨ªa un pelo fuera de lugar, una secci¨®n de su vestido doblada, nada; todo estaba en su lugar. Incluso su postura era perfecta.
Utilic¨¦ un truco viejo, levant¨¦ la mano como uno hace cuando le pide el paso a un auto y asent¨ª con la cabeza.
¡ªBueno. Le permitir¨¦ descansar. Si me disculpa ¡ªhizo una ¨²ltima reverencia y se retir¨®.
La vi marcharse y, cuando finalmente desapareci¨® al final del pasillo, aspir¨¦ por primera vez desde que abr¨ª la puerta. Frot¨¦ mis manos para secarme el sudor que se hab¨ªa acumulado y cerr¨¦ la madera de entrada.
Me acost¨¦ espalda abajo y observ¨¦ el techo una cantidad indefinida de tiempo hasta quedarme dormido.
5
Yoi me vino a buscar al cuarto esa ma?ana; segu¨ªa preocupada por m¨ª, pero su expresi¨®n cargaba cierto tinte de amargura. Supongo que no le agradaba del todo la idea de que no est¨¦ m¨¢s a su cuidado. O quiz¨¢ suced¨ªa algo completamente distinto; no conoc¨ªa tanto a la mujer.
Me hab¨ªa preparado para desayunar solo, pero Nutiden estaba esperando al lado de mi silla, tan perfecta como hab¨ªa estado ayer y tan perfecta como seguramente iba a estar ma?ana. Me hizo una reverencia que le devolv¨ª y luego me sent¨¦ como ¨²nico usuario de la amplia mesa del comedor.
Entonces entr¨® Mira, portando un aura electrizante. Hab¨ªa recuperado toda la energ¨ªa que hab¨ªa perdido el d¨ªa de ayer y estaba lista para operar al 120% de eficiencia en el que sol¨ªa.
¡ª?C¨®mo est¨¢s? ?Te encuentras bien? ¡ªpregunt¨® sin mucha sinceridad. Despu¨¦s de todo, ya conoc¨ªa la respuesta.
A pesar del ¨ªmpetu en su voz, parec¨ªa estar pensando en otra cosa, algo que era bastante usual.
Se sent¨® en la punta de la mesa y comenz¨® a comer de las bandejas de pan que estaban repartidas equitativamente.
¡ªHeiko, Nuti ¡ªMira nos present¨®¡ª. Nuti, Heiko.
La sirviente me regal¨® otra reverencia que yo le devolv¨ª demasiado tarde.
¡ªNuti estar¨¢ a tu disposici¨®n por el tiempo previsto. No temas en solicitarle o inquirirle lo que quieras.
¡ªMir-
¡ªMe tom¨¦ la libertad de desayunar aqu¨ª para explicarte un par de cosas... porque no recuerdo exactamente cu¨¢nto te expliqu¨¦ ayer... ¡ªMir¨® al suelo y luego recuper¨® el tono de su voz¡ª. Supongo que por lo menos te expliqu¨¦ que tendr¨¢s que visitar el instituto de la ciudad.
¡ªS¨ª.
En realidad, lo hab¨ªa mencionado Nutiden, pero una peque?a mentirita blanca no le hac¨ªa da?o a nadie.
¡ª?Excelente! ¡ªMira aplaudi¨®¡ª Entonces est¨¢s enterado de casi todo. Quer¨ªa encomendarte otra tarea, para aprovechar tu visita al instituto.
No sab¨ªa exactamente c¨®mo reaccionar. As¨ª que mir¨¦ de reojo a Nutiden y a Yoi. Oh, Yoi parec¨ªa algo enojada. Nutiden era imposible de leer; ser¨ªa la mejor jugadora de p¨®ker del mundo.
¡ªComo te he explicado, el principal sujeto de estudio del instituto es la Influencia ¡ªno lo hab¨ªa explicado¡ª. ?Hablamos sobre tu pelo?
¡ªSolo dijiste que era raro y que hab¨ªa leyendas, nada m¨¢s.
¡ªOh. Qu¨¦ extra?o ¡ªmir¨® al techo como para recordar algo¡ª. Bueno, voy a aprovechar este tiempo para hablarte un poco de la reputaci¨®n que tiene el pelo negro. ?Por d¨®nde comienzo...? Mmm... Empecemos por lo factible: Hace unos cuantos a?os, hubo un rey que transform¨® completamente al reino. Ese rey ten¨ªa el pelo negro, como t¨².
¡ª?Te refieres a Kiokai?
¡ªClaro. Como dec¨ªa, el rey proven¨ªa del campesinado, una clase social inferior, cuando todav¨ªa exist¨ªan ese tipo de cosas. Ese rey era un genio y, aunque eso no tenga nada que ver con el color de su cabello, algunas historias quedaron inexorablemente aglutinadas a ese dato; por lo que la reputaci¨®n general es... Mixta, compleja.
¡ª?Hay algo concreto?
¡ªNo. Se lo toma al pelo negro como un buen augurio o uno malo ¡ªMira inclin¨® la cabeza, d¨¢ndose cuenta de la paradoja escondida en sus palabras¡ª. En ese sentido, s¨ª, hay algo concreto: habr¨¢ una predisposici¨®n positiva o negativa hacia ti, no un punto medio.
¡ª?No hay nada sobre... Influencia...? Que es lo ¨²nico que realmente tiene una relaci¨®n.
¡ª?S¨ª! ¡ªrespondi¨® Mira, emocionada¡ª. El rey no pod¨ªa utilizar Influencia, ni un poco de ella. Por lo que la idea general es que las personas con ese color de pelo no tienen aptitud, o fueron maldecidas.
¡ªAh...
Aunque supuestamente ten¨ªa un gran potencial, ?no? Tal vez, el que no sea de este mundo me permit¨ªa escapar de la regla.
¡ªPero hay otra leyenda ¡ªdijo Mira, luego de tragar un trozo de pan¡ª. Una leyenda que precede incluso al rey campesino, una leyenda que el mismo rey utiliz¨® a su favor. La leyenda antigua dice, en conjunci¨®n con un lenguaje muy florido, que aquellos con el cabello de oscuridad tienen el mayor potencial m¨¢gico de todos. Fuerzas imparables, capaces de utilizar cualquier tipo de hechizo ¡ªMira se achic¨® de hombros¡ª. Pero esa historia se desmitific¨® en el momento en que el rey campesino naci¨®, supongo.
¡ª?No me tendr¨¢ miedo la gente, entonces?
En Choura me temieron. Si la gente cre¨ªa todo este tipo de historias...
¡ªNo es como que todo el mundo tiene conocimiento sobre relatos tan viejos. Es decir, con suerte sabr¨¢n del rey campesino. Imag¨ªnate que en Choura pensaban que eras un extranjero. El problema es que en el instituto s¨ª habr¨¢ m¨¢s gente que sepa de esto, por lo que te dejo con la advertencia. Ah, y quiero ver cu¨¢l leyenda es cierta, as¨ª que har¨¢s un examen de aptitud. Son cortos; ¨¦l lo puede realizar.
¡ª?¨¦l?
Mira parec¨ªa un poco fastidiada, no conmigo, pero ciertamente fastidiada.
¡ªS¨ª... ¨¦l ¡ªsacudi¨® la mano un par de veces¡ª. Tu doctor.
¡ªAh.
La misi¨®n que Balance me hab¨ªa encomendado era justamente aprender sobre la Influencia, la que ser¨¢ mi principal arma en este nuevo mundo. Oye, Balance, ?hay algo de cierto en esas leyendas?
¡ªNop. Es decir, el rey existi¨®. Pero el color del cabello negro es solo un gen recesivo; no hay nada en especial con la gente que tiene ese color de pelo. El control que puede o no tener una persona sobre su Influencia no estar¨¢ determinado por eso.
¡ªYa veo.
¡ª?Qu¨¦ ves, Heiko?
Mierda, habl¨¦ en voz alta.
Le hice la se?a del rey Baldwin a Mira y nuestro desayuno prosigui¨® sin inconvenientes.
CapÃtulo 25 - La Ciudad Portuaria De Minashi - Parte 2
6
La brisa marina ten¨ªa su propio aroma y sabor, y el aire que transportaba era tan fresco como lo era el de los asentamientos remotos que visit¨¦. La planificaci¨®n y la arquitectura del lugar parec¨ªan complementarse para crear canales perfectos de aire que permeaban cada rinc¨®n del lugar. Lo que dijo Sen era obviamente incorrecto, ?c¨®mo no pod¨ªa serlo? La ciudad era masiva e incluso moderadamente empinada; el sistema respiratorio de la ciudad se aseguraba de bombear ox¨ªgeno puro en un rango mucho mayor que cualquier fetidez que pod¨ªa esparcirse del puerto.
La ciudad no ol¨ªa a pescado. Quiz¨¢, bajo alguna anomal¨ªa clim¨¢tica, un poco de olor se pod¨ªa filtrar, pero me costaba imaginar que eso durar¨ªa mucho tiempo.
Por otro lado, lo que dec¨ªa Mira, y el resto del mundo, s¨ª era cierto. La gente con pelo moreno parec¨ªa no existir en este mundo. Minashi no era como Choura, ni como los asentamientos peque?os en los que nos hospedamos. Minashi era una gran ciudad portuaria; un sinf¨ªn de personas atravesaban sus calles y veredas y, aun as¨ª, nadie compart¨ªa esa caracter¨ªstica f¨ªsica tan com¨²n conmigo. Todav¨ªa se me hac¨ªa dif¨ªcil creer que en ninguna parte del mundo este ser¨ªa el caso, pero, de a poco, la idea me sonaba menos descabellada.
La ciudad, a pesar de lo populoso, era en extremo sencilla de navegar. Mira ten¨ªa raz¨®n en cumplimentar la planificaci¨®n; cada calle, cada v¨ªa, cada estructura marchaba a su propio ritmo. Sent¨ªa que, incluso si simplemente continuaba deambulando por la zona sin ning¨²n plan ni meditaci¨®n, lograr¨ªa llegar a mi destino.
Sin embargo, eso no fue necesario; Nutiden me guio hasta el instituto, siempre a mis espaldas, y en muy poco tiempo arribamos. Fuimos recibidos por una gran porci¨®n del alumnado ingresando y abandonando el lugar, un gran arco de entrada y los sonidos concentrados del murmullo propio de una zona concurrida.
El instituto era un campus extenso, con una gran cantidad de terreno descampado y algunos edificios. No ten¨ªa mucha idea de a d¨®nde ir, por lo que planeaba pedir la atenci¨®n de Nutiden para inquirir sobre indicaciones m¨¢s profundas; pero eso no termin¨® siendo necesario.
Por curiosidad, me acerqu¨¦ a un c¨ªrculo de personas que se hab¨ªa formado. Todos vest¨ªan un traje talar acad¨¦mico. Me preguntaba qu¨¦ pod¨ªa ser lo que hab¨ªa llamado la atenci¨®n de tantos estudiantes. Me imaginaba un orador de poes¨ªas ¨¦picas, o quiz¨¢ un m¨²sico habilidoso.
Pero no.
Era una imagen extremadamente evocadora. Un hombre rubio de cabello largo, atado a un poste y siendo apedreado por una multitud. Tan evocadora era la imagen, que tem¨ªa que podr¨ªa llegar a ser incluso ligeramente ofensiva.
¡ªNutiden, ?es esto un castigo para ladrones? ¡ªno me qued¨® m¨¢s opci¨®n que preguntar sobre la situaci¨®n.
¡ªNo ¡ªcontest¨® de manera sucinta. Extra?o de ella en esta circunstancia; hasta ahora siempre hab¨ªa a?adido un t¨¦rmino de respeto.
¡ª?Todo lo que hice¡! ?Fue por ustedes¡! ¡ªexclam¨® el hombre en el poste.
¡ª?Eso ni siquiera tiene sentido! ?Devu¨¦lvenos el dinero! ¡ªreclam¨® la multitud.
El hombre mir¨® al cielo con una expresi¨®n adolorida, melanc¨®lica, en su rostro.
¡ªPerd¨®nalos, porque no saben lo que est¨¢n haciendo.
Planeaba interponerme valientemente entre la multitud y el m¨¢rtir, pero me detuvieron las palabras de uno de los representantes del gent¨ªo.
¡ª?S¨ª sabemos lo que hacemos! ?Te avisamos que esto suceder¨ªa si reincid¨ªas en tus estupideces!
¡ªNutiden, ?qu¨¦ hizo el hombre?
¡ªLo m¨¢s probable es que¡
No lleg¨® a concluir su explicaci¨®n porque-
¡ª???PARTUM!!!
Una voz silenci¨® a toda la multitud en un instante. El culpable del grito lleg¨® caminando, d¨¢ndole peso a cada una de sus pisadas. Me record¨® a un dibujo animado, quiz¨¢ porque el hombre era extremadamente caricaturesco. Era un se?or petiso, muy peque?o, con una barba y cejas extremadamente frondosas y ya deste?idas por la vejez.
El rubio en el palo se asust¨® y pareci¨® inquietarse por primera vez con la llegada del hombre.
¡ª?Benigno¡! ?N-no, espera, t-te lo puedo explicar, no- no te precipites!
Al se?or le importaron poco las palabras del rubio. Sin medir un gesto m¨¢s, le propici¨® un brutal gancho horizontal en la ingle.
El dolor fue compartido por todos los hombres en el lugar. Un golpe tan claro y limpio, tan preciso y despiadado, en esa zona particular¡ No sab¨ªa qu¨¦ crimen hab¨ªa cometido el muchacho, pero me costaba creer que mereciera semejante castigo.
El joven cay¨® de rodillas y la cuerda se precipit¨® al suelo, demostrando que nunca hab¨ªa estado bien sujeta. El rubio portaba cierta gracia en cada movimiento, en cada reacci¨®n; uno pod¨ªa entender perfectamente d¨®nde iniciaba el impulso nervioso del receptor de dolor y d¨®nde terminaba. Hab¨ªa dolor, tristeza y, al final, tragedia.
¡ª?Te he dicho cientos de veces que no abusaras de tu posici¨®n en el instituto! ??Qui¨¦n crees que es responsable del papeleo, luego!? ??Y de tallar la piedra!?
¡ª¡ªPerd¨®n¡ ¡ªPor primera vez, y a pesar de que apenas pudo producir las palabras, el joven rubio se disculp¨®. Una disculpa sincera, producida con el poco ox¨ªgeno que a¨²n permanec¨ªa en sus pulmones.
¡ª?Si verdaderamente lo sientes, entonces deber¨ªas empezar por devolverles el dinero a todos los estudiantes! ?Puedes pensar en disculparte despu¨¦s de eso!
El hombre arrepentido se arrastr¨® por el suelo, l¨¢grimas, moco y hasta un ojo morado en su rostro. Quer¨ªa acercarse a la muchedumbre, al grupo que lo castig¨®.
¡ª?Perd¨®nenme¡! ?Perd¨®n a todos¡! ¡ªla gente pareci¨® reaccionar con pena al triste espect¨¢culo¡ª ?Yo solo quer¨ªa que todos fu¨¦ramos felices!
Esa parte no cal¨® en el p¨²blico.
¡°?Partum idiota!¡± ¡°?Te aprovechas de nosotros!¡± ¡°?Nadie te cree!¡± Ese tipo de cosas grit¨® la colectividad indignada; pero entonces, una voz call¨® todo el alboroto, proponiendo una intrigante idea:
¡ª?Vayamos a recuperar todo nuestro dinero de la habitaci¨®n de Partum!
Ese tipo present¨® una idea intr¨¦pida para solucionar la situaci¨®n y la present¨® en el momento que la gente lo quer¨ªa, de la forma que la gente lo quer¨ªa. En pocas palabras: se gan¨® a la multitud y se convirti¨® en l¨ªder de facto. Todos los abucheos se convirtieron en v¨ªtor-eos, y el gent¨ªo se movi¨® como manada, dirigi¨¦ndose, probablemente, a la susodicha ¡°habitaci¨®n de Partum¡±.
Los ¨²nicos que permanecimos ¨¦ramos el anciano, Nutiden y yo.
¡ªAl menos pretende que te importa la reputaci¨®n del instituto ¡ªdijo el anciano, antes de dejar caer un libro en la cabeza del joven y marcharse.
Entonces qued¨¢bamos Nutiden y yo.
El joven qued¨® tirado en el suelo, su vestimenta de acad¨¦mico estropeada, junto a su honor. Mir¨¦ a Nutiden un momento para ver si har¨ªa algo; su postura se sent¨ªa fr¨ªa, m¨¢s fr¨ªa de lo normal, incluso. Entonces decid¨ª acercarme yo.
¡ª¡ª¡ ?Te encuentras bien? ¡ªle pregunt¨¦.
¡ª?NO! ¡ªRespondi¨® al instante, empujando el aire a su alrededor de un manotazo¡ª. ?Solo quer¨ªa ayudar a la gente! ?Y ahora todo termin¨® as¨ª¡!
Me sent¨ªa ligeramente identificado. Sent¨ªa que, quiz¨¢, pod¨ªa formar una relaci¨®n de hermandad con ¨¦l: compartiendo nuestras penas, revelando nuestros errores. Portando esa endeble esperanza, me acerqu¨¦ de nuevo, esta vez con la intenci¨®n de ayudarlo a levantarse. Le ofrec¨ª la mano, pero el hombre, al encontrarse en posici¨®n fetal, no la percibi¨®. Termin¨¦ retirando la mano lentamente y mir¨¦ a Nutiden con un poco de p¨¢nico aparente. Creo que la sirvienta lo not¨®, porque mir¨® hacia abajo un segundo y habl¨®.
¡ªSe?or Partum.
¡ª???Nutiii¡!!! ¡ªsolloz¨®.
El joven se desplaz¨® velozmente por el suelo hasta la sirviente, pas¨¢ndome por al lado.
¡ª?Solo quer¨ªa¡ ayudar¡! ?Quer¨ªa que todos consiguieran dinero¡!
A Nutiden no le perturb¨® el lamento. Y con esa imperturbabilidad produjo, de la nada misma, otro traje talar.
¡ª???Grashiash, Nuti!!! ¡ªexclam¨®, su ojo morado acentuando los mocos que escapaban profusamente por su nariz.
Se sac¨® el traje destruido y lo cambi¨® por el que Nutiden le hab¨ªa ofrecido. Con eso, y un poco de tiempo, el hombre se recompuso.
¡ªGracias, Nuti ¡ªagradeci¨® la persona renovada¡ª. Pero, ?qu¨¦ haces aqu¨ª?
¡ªSe me ha encargado con la atenci¨®n de una persona.
¡ª?A ti sola? Nunca hab¨ªas tenido un trabajo as¨ª antes, ?no? ?Qui¨¦n es esta misteriosa persona? ?Un anciano diplom¨¢tico? ?No deber¨ªas estar con quien sea que sea?
Nutiden neg¨® con la cabeza y entonces apunt¨® sutilmente con ella en mi direcci¨®n. En respuesta, el joven gir¨® la cabeza con una sonrisa, gesto que acompa?¨® con un:
¡ª?De qui¨¦-?
Entonces, por primera vez, me vio. Y, por tres segundos completos, se qued¨® mir¨¢ndome con la misma sonrisa en el rostro.
¡ª¡ Hola ¡ªle dije con un saludo y una peque?a mueca.
¡ª???oooooooooOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHH!!! ??Qu¨¦ es esto!? ?Qui¨¦n eres? ?De d¨®nde eres? ?C¨®mo eres?
Corri¨® hacia m¨ª y me toc¨® el pelo, el rostro, la piel y todo lo cercano a mi cabeza; analizando cada aspecto de m¨ª como si me tratara de un alien¨ªgena.
Espera¡ Teniendo en cuenta que no soy de este mundo¡ ?Soy un alien¨ªgena?
Incre¨ªblemente, el hombre logr¨® incomodarme a tal nivel que me refugi¨¦ a un lado de la sirvienta.
¡ªLa se?ora Mira me encarg¨® con su cuidado. ?Asumo que le inform¨® sobre su tratamiento?
¡ª?Tratamiento? S¨ª, hab¨ªa recibido una carta sobre algo as¨ª¡ ?Espera! ??Me est¨¢s diciendo que debo tratar a ese esp¨¦cimen!?
??¨¦l era mi doctor!? Instintivamente, me escond¨ª incluso m¨¢s detr¨¢s de Nutiden.
¡ªTambi¨¦n requiere que le realice un examen de aptitud ¡ªle inform¨® la sirvienta.
¡ª?Pero eso lo hago gratis! ?Para qu¨¦ se molest¨® con el pago? ?El chico tiene m¨¢s valor para el instituto que cualquier pago de tratamiento que pueda recibir! ?De d¨®nde lo sac¨®, siquiera?
¡ªNo se me inform¨® de sus circunstancias.
El hombre se acerc¨® de nuevo e insisti¨® con la inspecci¨®n.
¡ªOjos grises, piel clara, manos suaves y, por supuesto, pelo color carb¨®n. Mi hermanita siempre se las arregla para impresionarme.This tale has been unlawfully lifted from Royal Road. If you spot it on Amazon, please report it.
?Hermanita?
¡ªEm¡ ?C¨®mo ser¨¢ el tratamiento? ¡ªPregunt¨¦ con la esperanza de hacer la interacci¨®n menos inc¨®moda.
El hombre, en respuesta, tir¨® de mi brazo izquierdo, luego del derecho, luego se tom¨® la libertad de levantarme la camisa y masajear mi hombro. Finalmente, abri¨® mi ojo y se acerc¨® hasta estar a unos cent¨ªmetros de distancia.
¡ª?Est¨¢s completamente destruido! ?Se te cay¨® un caballo encima, o qu¨¦?
¡ªEm¡
¡ª?Quieres que te haga la evaluaci¨®n de Influencia? ¡ªpregunt¨® emocionado.
¡ª?No deber¨ªamos tratar mis heridas primero?
¡ªS¨ª, ?pero ser¨¢ r¨¢pido! Es un momentito nada m¨¢s. Adem¨¢s, la mayor¨ªa de tus heridas deben curarse por su cuenta. Mi hermana ya te hizo¡ eh¡ varias cosas.
?Varias cosas¡? Pero m¨¢s que eso¡
¡ª?Tu hermana¡? ?Mira es tu¡?
¡ªSip. Mi adorable hermanita menor. ?No somos iguales? ¡ªpregunt¨®, haciendo una pose de estatua griega.
?Eran completamente distintos! Ni sus ojos, ni el color del cabello, ni el de su piel, realmente, eran iguales.
El joven me agarr¨® repentinamente del brazo derecho.
¡ª?Ven conmigo!
Me llev¨® hasta una plaza en medio del instituto. Nutiden nos acompa?¨® detr¨¢s.
¡ªAll¨ª est¨¢n los campos de entrenamiento, all¨ª est¨¢n las habitaciones y el comedor, all¨ª est¨¢ el edificio principal y los laboratorios, y ese edificio, muy en el fondo, es la biblioteca, ?ve cuando quieras! No, mentira, est¨¢ reservada para los estudiantes del instituto, no te dejar¨¢n pasar.
Al finalizar lo que probablemente fue el tour m¨¢s vago de la historia, el supuesto hermano de Mira comenz¨® la marcha, conmigo a remolque, hacia donde mencion¨® que estaban ¡°las habitaciones y el comedor¡±. Entramos al edificio, atravesamos un sal¨®n amplio, probablemente el comedor, y subimos por unas r¨ªgidas escaleras no muy anchas que estaban escondidas en una esquina del edificio. Recorrimos un extenso pasillo hasta llegar al final y nos detuvimos en la ¨²ltima entrada.
¡ªY esta¡ ?Es mi habitaci¨®n!
No hab¨ªa puerta.
El hombre realiz¨® la moci¨®n de retirar la llave de su vestimenta, pero, cuando not¨® la ausencia de la puerta, la volvi¨® a guardar en el bolsillo de donde la produjo.
Primero entr¨® el rubio a la habitaci¨®n, y luego, con cautela, Nutiden y yo. R¨¢pidamente, pudimos averiguar el estado del lugar. La habitaci¨®n hab¨ªa sido completamente arrasada; no quedaba casi nada en ella: ni una mesa, ni un mueble, ni una silla, ni siquiera la ventana; no puedo aproximarme a entender c¨®mo hicieron para llev¨¢rsela.
¡ªN-No¡
El hermano de Mira se tir¨® al suelo de rodillas.
¡ª??P-Por qu¨¦!? ¡ªsolloz¨®.
Apoy¨¦ una mano en su hombro para compartir un poco de empat¨ªa por su p¨¦rdida.
El hombre se arrastr¨® hasta el centro de la habitaci¨®n, donde uno de los pocos objetos que sobrevivieron al desvalijamiento yac¨ªa: una especie de esfera met¨¢lica, similar a un globo terr¨¢queo.
¡ª?Despu¨¦s de que haya puesto todo mi coraz¨®n en su fabricaci¨®n! ??Nadie lo consider¨® de suficiente valor para robarlo!?
¡
Deambul¨¦ por la habitaci¨®n vac¨ªa, pasando por encima de una silueta de pelusas en donde claramente hab¨ªa reposado una cama. Entonces, hice un descubrimiento.
¡ªOh. Mira ¡ªle indiqu¨¦¡ª, no se llevaron todo, dejaron unos libros tambi¨¦n.
El chico levant¨® la cabeza con un ¡°?Hm?¡± Y, cuando vio los libros, se desmoron¨® hacia un costado.
¡ª?Mis libros tampoco¡!
¡ªAh.
Agarr¨¦ uno de los manuscritos y lo inspeccion¨¦. ¡°Herramientas y Manipulaci¨®n M¨¢gica, Partum Inovatio¡±. ?Hm? ?Inovatio? ?Entonces realmente era hermano de Mira? ?No un admirador demente, o algo as¨ª?
¡ªOye¡ Eh¡ Partum, si no te sientes bien, mejor vuelvo luego¡
El joven reaccion¨® a mis palabras en un instante, rebotando hacia arriba desde el suelo y recomponiendo su postura como si nada hubiera ocurrido.
¡ª?Quieres hacer el examen de Influencia, entonces?
Qu¨¦ tipo raro, realmente no lo pod¨ªa entender. Sin embargo, la misi¨®n que me hab¨ªa asignado Balance era, en efecto, aprender Influencia; as¨ª que este tipo de desarrollo funcionaba para m¨ª. Asent¨ª con la cabeza.
¡ªGenial, hag¨¢moslo ahora.
¡ª?Hm? ?Ahora?
¡ªS¨ª, ahora.
¡ª?No necesitaremos un papel especial, o un vaso con una hoja, o algo as¨ª?
¡ª?Qu¨¦? Solo necesito tomar tu brazo. Durar¨¢ unos segundos.
Vaya. Qu¨¦ simple.
¡ªLa Influencia es una fuerza f¨ªsica. Si sabes manipularla, solo basta con tocarla para sentirla.
El hombre, sin m¨¢s, tom¨® mi brazo derecho, presionando su dedo medio y pulgar sobre mi mu?eca. Permanecimos unos segundos en esa posici¨®n, hasta que-
¡ªOh. ?Oh! ???OHHH!!!
¡ª??Q-qu¨¦!?
Balance hab¨ªa mencionado que tengo un enorme potencial m¨¢gico. Mi afinidad tambi¨¦n deber¨ªa ser caos, seg¨²n lo azul de mi pendiente. Aunque no sab¨ªa si eso tambi¨¦n pod¨ªa ser medido¡ eh¡ tocando mi brazo¡
¡ªNo tienes nada ¡ªreport¨®.
¡ª?C¨®mo?
¡ªNo tienes nada. Cero. No hay. Es, honestamente, fascinante; nunca hab¨ªa visto algo as¨ª. Todo el mundo tiene por lo menos un poquito de Influencia fluyendo en su interior, pero t¨² no tienes nada. Si una iglesia supiera de tu existencia, probablemente ser¨ªas declarado una aberraci¨®n. Afortunadamente, mi instituto no es una iglesia. ?Te sientes bien, por lo menos? No sab¨ªa que un humano pod¨ªa sobrevivir sin Influencia.
Ten¨ªa que ser alg¨²n tipo de equivocaci¨®n. Balance no me podr¨ªa haber mentido de semejante forma, ?no? Era imposible que Balance fuera un monstruo tan vil, envi¨¢ndome a la muerte sin ninguna posibilidad de defenderme, ?no?
¡ªNo es mi culpa que ese buf¨®n no sea capaz de detectar la naturaleza de tu Influencia con sus m¨¦todos arcaicos. Y deja de ser tan liberal con tus insultos. Todo este tiempo te estuve ayudando, ?o no? ¡ªfue la respuesta de Balance.
¡ªAh ¡ªotra vez hab¨ªa olvidado lo caracter¨ªstico de mi Influencia. Supongo que ten¨ªa un efecto incluso en esto.
¡ª?C¨®mo que ¡°Ah¡±? ¡ªpregunt¨® Partum¡ª ?Esto es absolutamente incre¨ªble! ?No hay nada de esto en los registros! Es cierto que se dec¨ªa que el rey campesino era incapaz de utilizar Influencia, ?quiz¨¢s el pelo negro sea un s¨ªntoma?
El joven pareci¨® retraerse en sus pensamientos, algo que encontr¨¦ tranquilizador, ya que su personalidad era extremadamente abrasiva.
Sin embargo, el dilema sobre qu¨¦ deber¨ªa estar haciendo se hab¨ªa intensificado. Hab¨ªa esperado que me hicieran el examen de Influencia y me dijeran: ¡°?OMG! ?Tu potencial es incre¨ªble, eres un hechicero clase S!¡± Habilit¨¢ndome clases gratuitas de magia para poder aprender. Dado que ese caso parec¨ªa no ser posible, solo me quedaba intentar resolver la situaci¨®n por mi cuenta de alguna forma.
Suspir¨¦ mi angustia hacia afuera. Era un clich¨¦, pero, ?qui¨¦n me podr¨ªa culpar por haber esperado que fuera el caso? ?Qui¨¦n no so?¨® con ese tipo de escenario?
¡ª?Le sucede algo, se?or? ¡ªpregunt¨® Nutiden, notando mi melancol¨ªa.
¡ªNo, nada, Nutiden.
¡ª¡±Heiko¡± ¡ªson¨® esa voz molesta en mi cabeza¡ª. Voy a tomar prestado ese nombre ¡ªdijo en un tono de burla¡ª. Escucha, tienes que aprender Influencia. Para eso, tendr¨¢s que formar relaciones con las personas que tienes a tu lado. La Influencia est¨¢ inexorablemente unida a la consciencia y la consciencia est¨¢ inexorablemente unida a tus sentimientos. La Influencia no es una ciencia; la ciencia es humana y la Influencia no. Tus conocimientos y tu intuici¨®n son ¨²tiles para canalizar la Influencia; es parte de por qu¨¦ tu potencial es tan grande, pero no lo son todo.
Balance, ?acaso es imposible que seas concreto con una sola cosa en tu vida? ?Puedes decirme c¨®mo rayos aprendo a utilizar Influencia y listo?
¡ªTe estoy intentando ayudar, esc¨²chame. No puedes ignorar tu pasado, tampoco puedes estancarte en ¨¦l. Forma relaciones con las personas a tu alrededor; el resto saldr¨¢ por su cuenta.
No dices nada. Dime qu¨¦ tengo que hacer. Si tengo que recitar un encantamiento o si tengo que leer un libro m¨¢gico. Dime, exactamente, qu¨¦ mierda debo hacer.
Chasque¨¦ la lengua.
¡ªT¨²¡ Eh¡ Partum.
¡ª?S¨ª? ¡ªEl joven escap¨® de su reflexi¨®n para responderme.
¡ª?C¨®mo se hace un hechizo de Influencia? El m¨¢s simple de todos.
¡ª?Eh¡? Emm¡ Bueno¡ Hay varios tipos de hechizos¡ Y depende realmente de tu afinidad¡ Como no tienes nada de Influencia, esto es imposible para ti. Pero la explicaci¨®n b¨¢sica para un hechizo inicial es as¨ª: Primero debes crear una imagen v¨ªvida de lo que deseas controlar; si tu afinidad es orden, deber¨ªas pensar en fuego y, si tu afinidad es caos, deber¨ªas pensar en agua. Mientras m¨¢s v¨ªvida y racional sea tu imagen, mayor control. Luego, debes acumular toda la Influencia que est¨¢ recorriendo tus canales en un punto; el punto m¨¢s f¨¢cil de acceder suele ser el de los dedos. Y finalmente tienes que expulsar toda esa energ¨ªa hacia afuera.
¡ª?Pero c¨®mo ¡°acumulas¡± la Influencia? ?C¨®mo la mueves?
¡ªBueno¡ Eh¡ Esa suele ser la parte complicada para los principiantes. Usualmente, un maestro te har¨ªa pasar un poco de Influencia a trav¨¦s de tu cuerpo para que puedas entender en qu¨¦ te deber¨ªas concentrar. De hecho, eso es lo que hice a trav¨¦s de tu brazo, ?sentiste algo?
¡ª?Eh? No, no sent¨ª nada.
¡ªClaro, porque no tienes Influencia. Tus canales est¨¢n completamente vac¨ªos, por lo que no hay nada que mover. Igual, no te preocupes. Usualmente, se le ense?a a la gente con aptitud desde ni?os para lograr convertirlos en hechiceros eficientes. A la edad que tienes, como mucho, podr¨ªas aprender un poco de Influencia ¨²til, no m¨¢s que eso.
Esto era como el contrario del clich¨¦ del potencial incre¨ªble. ?C¨®mo que ya era demasiado viejo para aprender? ?Se supone que debo creer ciegamente en las palabras de Balance, intentando mover algo invisible con la mano como un idiota? ?Y c¨®mo se supone que lo haga, si ni siquiera sent¨ª la Influencia de Partum recorriendo mi brazo?
¡ª?Acaso no te han ense?ado lo b¨¢sico? ¡ªPartum sonaba genuinamente confundido¡ª. ?No perteneces a una familia noble? ?C¨®mo conociste a mi hermana?
¡ªEm¡ La conoc¨ª en Choura.
¡ª?Oh! ?Eres un viajero? ?Un mercenario? ?Provienes del sur o del norte? ?C¨®mo te lastimaste tanto?
Retroced¨ª un poco por el volumen de sus preguntas y mir¨¦ de reojo a Nutiden, buscando algo de salvaci¨®n. Se hab¨ªa comenzado a convertir en costumbre depender de la sirviente cuando ten¨ªa que lidiar con este sujeto.
Nutiden, afortunadamente, decidi¨® salvarme.
¡ªSe?or Partum, si no es posible iniciar el tratamiento hoy, entonces volveremos ma?ana.
Comenc¨¦ a marcharme, siguiendo las indicaciones indirectas de Nutiden.
¡ªQu¨¦- Qu¨¦ est¨¢ pasando- Qu¨¦-
Entonces sent¨ª una fuerza tirando de mi tobillo.
¡ª?Espera! ?No te vayas! ?No hace falta que respondas las preguntas! ?Solo quiero pasar un ratito contigo!
Mmm¡
¡ªEst¨¢ bien¡ ¡ªconced¨ª.
¡ª?Genial! ¡ªel hombre se levant¨® y corri¨® hacia la entrada¡ª. ?Espera aqu¨ª! ?Te har¨¦ un certificado de invitado a la instituci¨®n a velocidad ultrapremium-deluxe!
¡ªEst¨¢ bien¡ creo.
Partum sali¨® corriendo, el sonido de sus pasos alej¨¢ndose a un ritmo constante; pero entonces se detuvo y volvi¨® corriendo hasta llegar a la entrada de la habitaci¨®n.
¡ªDisculpa, ?cu¨¢l era tu nombre? ¡ªpregunt¨® avergonzado, por una vez.
Siento que deber¨ªamos haber comenzado por ah¨ª.
¡ªHeiko. No tengo apellido ¡ªrespond¨ª.
¡ªOhhh¡ Ya veo¡ ¡°Heiko¡±¡ Hm.
Entonces se fue. Dej¨¢ndome solo y en silencio con Nutiden.
Mir¨¦ a Nutiden, ella me devolvi¨® una mirada tan encantadora como inexpresiva.
Apoy¨¦ mi mano derecha contra mi ment¨®n. ?Cu¨¢ndo hab¨ªa sido la ¨²ltima vez que estuve solo con una chica linda? Espera, acababa de hacer un viaje de diez d¨ªas con Mira e incluso antes de eso hab¨ªa estado a solas con ella en varias ocasiones. Pero Mira era Mira. Ella me manejaba a m¨ª. Las conversaciones con ella eran m¨¢s un reporte unidireccional, una comunicaci¨®n en protocolo UDP, digamos. A esta chica no la conoc¨ªa, no ten¨ªa idea de qu¨¦ decir, ni qu¨¦ frente poner. Y adem¨¢s¡ ?Por qu¨¦ era tan linda? Era innecesariamente linda, un ¨¢ngel en la tierra. ?C¨®mo no era el centro de atenci¨®n en todos los lugares en que estaba? Bueno, ya me hab¨ªa acostumbrado a ignorarlo, pero mucha gente nos hab¨ªa observado fijamente mientras camin¨¢bamos hacia aqu¨ª. Supongo que ¨¦ramos una pareja muy extravagante. No. Mala elecci¨®n de palabras. No hab¨ªa intercambiado m¨¢s de 30 palabras con esta mujer. Era tanto su ¡°pareja¡± como una streamer lo es con sus seguidores m¨¢s acaudalados. No, incluso menos que eso¡ ?Por qu¨¦ estoy pensando tantas idioteces? Hm. Estoy nervioso.
¡ªEjem.
??Por qu¨¦ aclar¨¦ mi garganta!? ?Me picaba y fue un movimiento inconsciente? ?O solo me incomodaba el silencio? ?Ya no lo pod¨ªa recordar! ?Ahora parece que quiero decir algo! Decir algo¡ Tengo que decir algo¡ Cualquier cosa¡ A ver¡
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ª?Conoces a Mira?
Qu¨¦ pregunta idiota¡ Era obviamente el caso¡ Desayunamos juntos, maldita sea. ?Acaso no tengo nada de qu¨¦ hablar en este mundo adem¨¢s de Mira?
¡ªPor supuesto, se?or, trabajo para ella.
¡ªClaro. Ja, ja¡
Mierda, qu¨¦ inc¨®modo¡ A ver¡ Tranquilidad¡ ?Ya s¨¦! ?El pendiente! Veamos qu¨¦ tiene para decir¡
Descubr¨ª el collar de mi camisa y abr¨ª la cobertura.
Verde claro. ?Qu¨¦ es verde claro?
¡ªVerg¨¹enza ¡ªrespondi¨® Balance.
Ten¨ªa sentido. A ver, para conversar con una persona, primero tienes que interesarte en ella. Pensemos en ella¡ En su¡ perfecci¨®n total¡
Balance, ?est¨¢s seguro de que no es un ¨¢ngel o algo as¨ª?
¡ªTch. Solo act¨²a como siempre, humano.
Bueno.
La orden violenta de Balance reorganiz¨® forzosamente mis pensamientos.
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ªNutiden, tu nombre; no eres de aqu¨ª, ?verdad?
¡ªNo, se?or. Mi tierra natal se encuentra en el norte.
Ahhh¡ Ten¨ªa sentido¡
¡ªYa veo. Nutiden, ?cu¨¢nto te cont¨® Mira acerca de m¨ª?
¡ªSolo que estaba herido y enfermo, y que no conoc¨ªa el lugar.
¡ªEntiendo.
Algo me hab¨ªa llamado la atenci¨®n desde hace un tiempo.
¡ªNutiden, trabajas de sirvienta, ?no es cierto?
¡ªS¨ª. Sirvo a la familia Inovatio.
Y, sin embargo, parec¨ªamos de la misma edad.
¡ªY¡ ?Hace cu¨¢nto que trabajas de esto? ¡ªpregunt¨¦, esperando que no sea algo demasiado personal.
¡ªDesde los seis a?os, se?or.
Seis-¡ ?Seis a?os? ?Desde los seis a?os ten¨ªa este trabajo? Parec¨ªa de mi edad. Y, a pesar de esa corta edad, m¨¢s de la mitad de su vida la vivi¨® de esta manera. La mir¨¦ a los ojos; ella nunca hab¨ªa despegado su mirada de m¨ª. En ning¨²n momento se perturb¨®, en ning¨²n momento pareci¨® haberse incomodado. Esto era solo un d¨ªa m¨¢s de su vida para ella. Ah¡ Qu¨¦ idioteces estuve pensando todo este tiempo.
No s¨¦ si en alg¨²n momento entender¨¦ la cultura de este mundo, pero, por el momento, deber¨ªa actuar con la mayor cautela posible, especialmente con las personas que estaban trabajando para m¨ª. Si segu¨ªa siendo un peso para las personas cerca de m¨ª, jam¨¢s me lo perdonar¨ªa. Ya suficientes problemas le estaba causando a Mira. No quer¨ªa que en este mundo se repitiera la misma historia.
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ªGracias por cuidar de m¨ª.
La sirvienta inclin¨® la cabeza, extra?ada.
¡ªEs mi trabajo, se?or.
¡ªAun as¨ª, gracias.
¡ªNo es nada, se?or.
No hab¨ªa un lugar en donde sentarse, por lo que esper¨¦ el regreso de Partum apoyando el hombro en la pared.
CapÃtulo 26 - La Ciudad Portuaria De Minashi - Parte 3
7
¡ªAs¨ª que tu nombre es Heiko, ?eh?
¡ªEh¡ S¨ª¡
Luego del no-tan-c¨®modo silencio que compart¨ª con la sirviente, el hombre volvi¨® con una carta y una insignia que ratificaban mis privilegios como ¡°invitado¡± a la instituci¨®n. Despu¨¦s, me propuso un almuerzo en el comedor de abajo y aqu¨ª est¨¢bamos, en otra no-tan-c¨®moda situaci¨®n.
¡ª?Eres un mercenario? ?Mi hermana te contrat¨®?
¡ªEh¡ Tu hermana me contrat¨®¡ creo¡ pero no como mercenario.
El hombre reaccion¨® extra?ado. Como si le hubiera contestado algo il¨®gico.
¡ªQu¨¦ raro eres ¡ªme dijo ¨¦l a m¨ª.
¡ª?Eres hermano de Mira? ¡ªpinch¨¦ para sacar un poco de informaci¨®n.
¡ª?Sip! ?Soy el hermano mayor m¨¢s menor que tiene!
Era dif¨ªcil intentar reciprocar toda la emoci¨®n de sus respuestas.
¡ªOye, Partum.
¡ª?S¨ª? ¡ªcontest¨® con comida en la boca.
¡ªTu familia¡ y la de Mira, es importante, ?no?
¡ªJa, ja¡ ?Qu¨¦? ?C¨®mo no sabes eso? Eres verdaderamente extra?o, ?sabes?
El chico rio un poco m¨¢s delante de mi cara desganada; entonces contest¨®:
¡ªJa, ja. S¨ª, se podr¨ªa decir que somos algo importantes en este reino.
¡ª?Son nobleza? ?Qu¨¦ es eso de ¡°realeza minashita¡±?
¡ªJa, ja. No, no somos nobleza. No eres de este reino, ?verdad? Qu¨¦ curioso. Lo de ¡°realeza minashita¡± es solo un t¨ªtulo, no es nada realmente importante; algo simb¨®lico, sin ning¨²n significado real.
Asent¨ª y revolv¨ª con mi cuchara, sin mucho apetito, el guiso de pescado que nos hab¨ªan servido. Hablando de ¡°servir¡±, Nutiden se qued¨® a un costado de la mesa, parada; como si no fu¨¦ramos de la misma clase social. Creo que no hab¨ªa un solo aspecto de toda esta situaci¨®n que no me incomodara.
Incomodidad. Todo el ambiente era inc¨®modo; lo estaba siendo desde hace un tiempo. En realidad, creo que solo cuando estaba con Mira no me sent¨ªa de esta forma.
El entendimiento me cay¨® encima como un rayo.
?No era esto exactamente igual que antes? Hab¨ªa cambiado de sujeto y de objeto, pero era completamente lo mismo. Era igual que en el otro mundo. Hab¨ªa regresado a lo mismo. Esa profunda incomodidad que descend¨ªa hasta el fondo del est¨®mago, como un vac¨ªo. Esa inconformidad con el mundo externo. Todo el tiempo que intentaba vivir con normalidad, esa sensaci¨®n aparec¨ªa.
No¡ No lo pod¨ªa permitir. Ten¨ªa que cambiar. Ten¨ªa que despegarme de esto¡ de esta forma de ser. Necesitaba cambiar. Ya no pod¨ªa quedarme cruzado de brazos como antes; no ten¨ªa m¨¢s ese lujo.
Me levant¨¦ r¨¢pidamente del banco.
¡ªNecesito tomar aire libre, Partum.
Comenc¨¦ a caminar de forma apurada hacia la salida.
¡ª??Eh!? ?Pero no comiste nada de tu guiso!
Abr¨ª la puerta y me dirig¨ª a uno de los descampados de la instituci¨®n.
¡ªBalance, ?c¨®mo lanzo Influencia?
Necesitaba seguir adelante con el objetivo. Necesitaba cambiar. En el contrato estaba estipulado que cambiar¨ªa si segu¨ªa con las instrucciones de Balance¡ Eso era lo ¨²nico que ten¨ªa que hacer. No pod¨ªa fracasar de nuevo.If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it.
¡ª?Qu¨¦ pasa? No soy un asistente de tel¨¦fono para que me llames as¨ª a cada rato.
¡ªQuiero utilizar Influencia.
¡ª?No te dije que eso saldr¨¢ por su cuenta? Tienes otras cosas en las que concentrart-.
¡ªSolo dilo, Balance.
¡ªAh¡ El buf¨®n ya te lo explic¨®. Creas la imagen, concentras la Influencia y la expulsas. Es como mover un m¨²sculo que no se utiliza a menudo. Tienes que concentrarte en la imagen de lo que quieres crear y concentrar tu atributo. Realizas bien esos pasos previos y, en teor¨ªa, deber¨ªa salirte.
¡ª?C¨®mo concentro mi atributo?
¡ªRecuerdas cu¨¢les eran los atributos en este mundo, ?no? ¡°Orden¡±, ¡°Caos¡±. Conc¨¦ntrate en aquello que le da eso a tu vida. La Influencia ser¨¢ f¨ªsica, pero no por eso se separa de la esencia de lo que es. Es similar a cuando piensas en encender una llama; no es como que piensas: ¡°Voy a iniciar combusti¨®n para encender una luz que tambi¨¦n irradia calor¡±. No, todo es parte de la llama. Si utilizas Influencia de caos, est¨¢s usando ¡°caos¡± en s¨ª. Levanta tu mano, conc¨¦ntrate en agua, aire o fuego; concentra las emociones m¨¢s intensas que tengas y libera esa energ¨ªa ¡ªexplic¨® con detalle.
Encontr¨¦ un espacio libre. Estaba a, por lo menos, 200 metros de la persona m¨¢s cercana. Entonces levant¨¦ mi mano, apuntando al aire libre.
¡ªSe?or, ?qu¨¦ est¨¢ haciendo? ¡ªpregunt¨® Nutiden detr¨¢s de m¨ª. Aparentemente, me hab¨ªa seguido.
Caos, ese era mi atributo. Balance brome¨® con ¡°llenar una ba?era con agua¡±. Para orden era fuego; ese seguramente era el caso con A¨ªto. No podr¨¦ tomar su ejemplo; tendr¨¦ que manifestar agua siguiendo el proceso que Balance me detall¨®.
Prob¨¦ creando la imagen m¨¢s v¨ªvida de agua en la punta de mi mano. Intent¨¦ recordar todas las propiedades del agua que conoc¨ªa. Tendr¨ªa que empezar desde lo m¨¢s peque?o. Agua, el solvente universal. Compuesto por una mol¨¦cula de ox¨ªgeno y dos de hidr¨®geno. Record¨¦ los distintos modelos, las distintas visualizaciones. El punto de ebullici¨®n; el de solidificaci¨®n; la dilataci¨®n. M¨¢s peque?as, las part¨ªculas m¨¢s peque?as, se concentran, se juntan, se vuelven m¨¢s, m¨¢s grandes.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢ intentando hacer, se?or?
¡ªTus emociones ¡ªBalance not¨® lo que me faltaba¡ª. El caos no es necesariamente malo y el orden no es necesariamente bueno. Cuando piensas en elementos que dan vuelta o cambian el rumbo de tu vida, ?en qu¨¦ piensas? Cuando piensas en cosas que te emocionan, que te apasionan, te deprimen o excitan, ?en qu¨¦ piensas?
¡°Mira¡± fue lo primero que vino a mi cabeza. Ella daba vuelta a mi vida. Cuando me sonre¨ªa, cuando me miraba, cuando su intelecto me asombraba. Eso era emoci¨®n, eso era acci¨®n. Ella era acci¨®n. Acci¨®n.
Cuando me perd¨ª en el bosque. Cuando el pueblo me incrimin¨®. Cuando estaba asustado.
Cuando Mira me salv¨®. Cuando Mira me ayud¨®.
Cuando el waruki me asfixi¨®. Cuando el guardia me abandon¨®.
La sonrisa de Mira.
El cuchillo del chaeki.
Los ojos de Mira.
La baba del chaeki.
Las curvas de Mira.
La sangre en mis manos.
8
Hay golpes en la puerta.
Estaba sentado opuesto a ella, en el suelo de la habitaci¨®n. Mis brazos recostados sobre las rodillas, mirando atentamente a la nada. Este era el ¨²nico lugar en donde me pod¨ªa sentir en paz.
¡ª¨€¨€¨€¨€ ¡ªmi nombre en la puerta. La voz era muy aguda, la voz de un ni?o¡ª. ?Est¨¢s ah¨ª? No te veo desde hace un tiempo, ?cu¨¢nto tiempo te quedar¨¢s all¨ª?
?Cu¨¢nto tiempo te quedar¨¢s all¨ª?
¡
¡ª?HACK! ?KJAH!
¡ª??Est¨¢ bien, se?or!?
Tosiendo y dando arcadas, resistiendo las ganas abruptas de vomitar. Todo mi cuerpo estaba temblando y cada parte descubierta de mi piel se sent¨ªa fr¨ªa. No pude evitar caer al suelo.
Nutiden se arrodill¨® a mi lado y me sostuvo de los hombros.
¡ª?Est¨¢ bien?
Estaba muy atragantado con mi propia saliva para contestarle.
La sirvienta me ayud¨® a levantarme del suelo y nos dirigimos de regreso a la residencia.
9
¡ªEso es lo que sucedi¨®, se?ora.
¡ªEntiendo, Nuti.
La sirvienta se inclin¨® en una reverencia.
¡ªSe?ora, si me permite.
¡ªNuti, no es necesario que pidas permiso para preguntar. ¡ªMira suspir¨®.
¡ªSi pudiera saber¡ ?Cu¨¢l es la naturaleza de su enfermedad? No soy capaz de discernir particularmente cu¨¢l es. Creo que esa informaci¨®n me ser¨ªa ¨²til para tratarlo de manera adecuada.
¡ªTe contestar¨ªa con gusto, pero la realidad es que yo misma no estoy segura de eso. Mientras tanto, mi prioridad es sanar todas sus heridas y no complicar su situaci¨®n.
¡ªEntonces, se?ora, ?c¨®mo deber¨ªa proceder?
Mira sonri¨® tranquilamente.
¡ªLl¨¦valo al instituto, ma?ana tambi¨¦n.
¡ª?Est¨¢ segura, se?ora? No hay mucho que el se?or Partum pueda hacer.
¡ªEse no es mi punto ¡ªMira neg¨® con la cabeza¡ª. Ll¨¦valo al instituto y, una vez all¨ª, intenta distraerlo como puedas. Tienes permitido hacer cualquier cosa.
¡ª¡ª?Cualquier cosa, se?ora?
¡ªCualquier cosa.
La sirvienta no esper¨® para responder.
¡ªEntiendo. Si me disculpa, se?ora.
Entonces, Mira era la ¨²nica que quedaba en la habitaci¨®n. Ciertamente, ten¨ªa una buena idea de c¨®mo deber¨ªa proseguir con el asunto; pero no estaba del todo segura de qu¨¦ tan lejos deber¨ªa llevarlo, ni tampoco de qu¨¦ tan lejos quer¨ªa llevarlo. Por lo que su visaje contemplativo permaneci¨® inalterado por unos minutos; su mirada turn¨¢ndose entre la pila de cartas y papeles en su escritorio y un caj¨®n en la esquina de su oficina.
CapÃtulo 27 - Nueva Vida, - Parte 1
1
Hay golpes en la puerta.
¡ª¨€¨€¨€¨€ ¡ªnuevamente, mi nombre detr¨¢s de la puerta. Esta vez, llamado por una voz femenina¡ª. ?Estar¨¢s all¨ª mucho tiempo? Regu¨¦ las plantas que estaba cuidando por ti; pero, lo siento, el ficus se sec¨®.
No contest¨¦. Permanec¨ª sentado en la misma posici¨®n.
¡ªEspero que salgas pronto. No es como que todav¨ªa tengas que ir a la escuela. No tienes por qu¨¦ forzarte a salir, pero te har¨ªa bien pasar tiempo afuera.
No respond¨ª nada.
¡ª?Cu¨¢ndo era tu cumplea?os? ?El 6? ?O ese era tu hermano? Perd¨®n, nunca fui muy buena con las fechas. Solo recuerdo que tu cumplea?os era el siguiente.
Me qued¨¦ callado.
Mi hermana dej¨® caer una parte de su cuerpo en la puerta.
¡ªPerd¨®n. Adi¨®s. Te estoy esperando. ¡ªSu tono era notablemente triste.
No contest¨¦.
2
¡ª?Se encuentra bien, se?or?
¡ª¡ªS¨ª-
¡
???
Sequ¨¦ las l¨¢grimas que se hab¨ªan acumulado en mis ojos.
¡ª?Est¨¢ seguro de que se encuentra bien?
¡ª?Nutiden?
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ª?Por qu¨¦ est¨¢s¡ en mi habitaci¨®n?
¡ªNo se despertaba, por lo que entr¨¦ para revisar su condici¨®n.
¡ªHuh.
¡ª?Desea que lo vista?
No ten¨ªa ropa o, m¨¢s precisamente, estaba en ropa interior y estaba compartiendo cuarto con esta mujer. Me tap¨¦ el cuerpo con la s¨¢bana y evit¨¦ mirarla de manera directa.
¡ª?Se siente bien?
¡ªS¨ª¡ Eh¡ Me quiero vestir.
¡ª?No desea que lo vista yo?
M¨¢s que me vista, deseaba que se marchara; pero tampoco quer¨ªa decir eso tan directamente¡
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª, se?or?
Tom¨¦ la muda de ropa que estaba doblada en sus brazos.
¡ª?Puedes darte vuelta?
¡ªS¨ª, se?or.
La mujer acat¨® mi pedido con precisi¨®n rob¨®tica.
¡ª¡ªGracias¡
¡ªHoy tendremos que volver al instituto. El se?or Partum tiene que continuar con su tratamiento; adem¨¢s, la se?ora Mira desea que usted pase sus d¨ªas all¨ª.
Me coloqu¨¦ la camisa y luego los pantalones.
¡ªYa veo. No me estoy quejando; pero, Nutiden, el tratamiento¡ ?Seguir¨¢ siendo as¨ª? Digo, no hicimos nada ayer; solo comimos con Partum.
¡ªDescansar es parte importante de su tratamiento y, como mencion¨¦ anteriormente, la se?ora Mira desea que pase sus d¨ªas all¨ª.
Me coloqu¨¦ el cintur¨®n y las botas.
¡ªEst¨¢ bien, Nutiden. Gracias.
¡ªEs mi trabajo ¡ªrespondi¨®.
¡ªY cuando alguien hace un buen trabajo, hay que agradecerle¡ O al menos eso creo.
Abr¨ª la puerta de la habitaci¨®n y me congel¨¦ unos segundos mirando el marco macizo.
¡ªSu desayuno ya est¨¢ preparado ¡ªme notific¨® la sirvienta desde dentro de la habitaci¨®n.
¡ªMuchas gracias.
Por alg¨²n motivo, el paso hacia fuera se sinti¨® inusualmente pesado.
3
¡ª???Y d¨®nde naciste??? O mejor, ?a qu¨¦ familia perteneces?
¡ªPrefiero no hablar de eso¡
El rubio apoy¨® su mano en mi brazo derecho, evitando sutilmente la herida de latigazo que a¨²n sufr¨ªa en mi hombro.
¡ªTe entiendo ¡ªme respondi¨® con un derroche de empat¨ªa en su voz.
Inmediatamente despu¨¦s de decir eso, continu¨® desvariando sobre una discusi¨®n que tuvo acerca de la documentaci¨®n del instituto. En ese aspecto, era similar a su hermana: poco o nada le importaban los sentimientos de la otra persona en una conversaci¨®n. Nuevamente, el protocolo UDP.
Ya que no estaba comiendo, decid¨ª interrumpir las incoherencias de Partum con algo que hab¨ªa estado rondando en mis pensamientos.
¡ªOye, Partum, ?qu¨¦ hab¨ªa ocurrido antes de conocernos?
¡ª?Qu¨¦ hab¨ªa ocurrido antes de qu¨¦, cuando qu¨¦? ¡ªrespondi¨® confundido. Hab¨ªa una posibilidad real de que el hombre ya no lo recordara.
¡ªCuando nos conocimos¡ Eso de atarte a un palo¡ y lanzarte piedras¡ ?Qu¨¦ fue todo eso?
Una ola de tristeza pint¨® su rostro.
¡ªAh¡ Eso¡ S¨ª¡ Lo que ocurre es que soy algo as¨ª como un¡ incomprendido¡ en este instituto; por lo que todos mis intentos por ayudar son mal vistos¡
?Incomprendido? Era rico, atractivo y ten¨ªa una posici¨®n administrativa de alg¨²n tipo dentro del instituto. ?C¨®mo ser¨ªa incomprendido? ?Incomprendido por qui¨¦n? No entend¨ªa, pero decid¨ª simpatizar con sus expresiones.
¡ªYa veo¡ Pero parece que todo el mundo ya te perdon¨®, por suerte¡ ?Qu¨¦ fue exactamente lo que sucedi¨®?
¡ªAh, s¨ª. Esto pasa de vez en cuando. As¨ª que, con solo dejarles robar todas mis pertenencias, soy perdonado ¡ªinform¨®. Su expresi¨®n volviendo a su caracter¨ªstica sonrisa feliz como si nada hubiera pasado.The narrative has been taken without permission. Report any sightings.
Era impresionante su capacidad de hablar como si no tuviera el m¨¢s m¨ªnimo sentido com¨²n. ?Era otra vez una diferencia cultural? No, este mundo no era tan absurdo; este hombre era simplemente extra?o.
¡ªEntiendo. Pero, Partum, ?qu¨¦ hiciste para que todos se enojaran?
¡ªS¨ª¡ Mm¡ ¡ªel hombre me respondi¨® con arroz en la boca¡ª. Quer¨ªa conseguir que todos en el instituto ganaran mucho dinero¡ ¡ªsigui¨® masticando¡ª. Para que todos pudieran recuperar el dinero de su admisi¨®n, entre otras cosas¡ t¨² me entiendes.
¡ª?Qu¨¦? ?Y c¨®mo planeabas lograr eso?
¡ªEsa es la parte interesante ¡ªcontest¨® con una sonrisa presumida. Entonces, extrajo un pedazo de papel y algo como un l¨¢piz met¨¢lico del bolsillo de su pantal¨®n¡ª. Este es un sistema incre¨ªble que dise?¨¦, con la capacidad de generar una gran cantidad de dinero.
Comet¨ª la equivocaci¨®n de acercarme para escuchar su explicaci¨®n, y ¨¦l comenz¨® su ilustraci¨®n con un hombre de palitos, utilizando ese l¨¢piz que no dejaba trazos muy visibles.
¡ªEste soy yo ¡ªdeclar¨®, se?alando el hombre de palitos con esa sonrisa petulante a¨²n en su rostro¡ª. Lo primero que est¨¢ en orden para iniciar el sistema es realizar una inversi¨®n confiable de poco dinero; en mi caso, utilic¨¦ un negocio de mi hermana porque estos recuperan su ganancia muy r¨¢pido¡ Pero, de esta forma, solo yo ser¨ªa el ¨²nico beneficiario de mi inversi¨®n, por lo que el segundo paso es agrandar mi c¨ªrculo de inversi¨®n y, de esa forma, realizar inversiones m¨¢s grandes y lucrativas.
¡ªAh. Quer¨ªas crear una especie de fondo de inversiones ¡ªrespond¨ª, desconociendo el monstruo que ten¨ªa enfrente.
¡ª?Qu¨¦ es eso? ¡ªme pregunt¨® confundido¡ª. Lo que dise?¨¦ es un sistema jer¨¢rquico en el cual puedo a?adir dos personas que compraran su entrada con dinero, un hyakkoiri, exactamente. Ese dinero luego lo utilizar¨ªa para invertir m¨¢s y luego le dar¨ªa el 25% de las ganancias a cada uno ¡ªdibuj¨® dos l¨ªneas saliendo del hombre de palitos hacia dos c¨ªrculos m¨¢s.
¡ªHm.
¡ª?Pasa algo?
¡ªEsa descripci¨®n me hizo recordar otra cosa¡
Pero no pod¨ªa ser, ?no?
Ya me estaba preocupando, mas a¨²n no entend¨ªa la magnitud de la cat¨¢strofe que se estaba por venir.
¡ªBueno, con el segundo paso estamos mejorando; pero obviamente no tenemos el alcance de la totalidad del instituto que estoy buscando. Entonces, mi siguiente paso¡
No lo digas.
¡ªEs que los dos miembros ingresados al sistema por m¨ª¡
No lo digas, por favor.
¡ªIngresen a sus propios dos miembros y, de esa forma, agregarle m¨¢s dinero a la inversi¨®n. Se aumentar¨¢n las ganancias, los miembros mayores podr¨¢n recuperar de manera segura el dinero de admisi¨®n y las nuevas incorporaciones recibir¨¢n un 25 % de aquel que los ingres¨®. Y as¨ª una, y otra, y otra vez. La inversi¨®n no desaparecer¨¢, por lo que el flujo de dinero ser¨ªa constante mientras se sigan ingresando miembros. Cada vez, la inversi¨®n ser¨ªa m¨¢s grande, y la cantidad de dinero para repartir aumentar¨ªa proporcionalmente. Pero, por supuesto, me estar¨ªa quedando con una parte enorme con ese 50% inicial, por lo que me compromet¨ª a utilizar ese 50% de ganancia exclusivamente para aumentar la inversi¨®n. Mientras que la gente que entre al sistema ingrese m¨¢s gente, su ganancia est¨¢ pr¨¢cticamente asegurada. ?Qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ me est¨¢s mirando as¨ª? Parece que viste a un drag¨®n, ?por qu¨¦ la cara?
¡ª?Eso es solo una estafa piramidal! ?C¨®mo rayos se te ocurri¨® realmente, de buena fe, que un sistema as¨ª conseguir¨ªa dinero?
Extra?a, inexplicablemente, el hombre pareci¨® ofenderse por mi denuncia.
¡ªDisculpa, Heiko, pero no me agrada para nada que llames a mi sistema una ¡°estafa¡±. Adem¨¢s, su nombre es ¡°Sistema Fluido de Inversi¨®n¡±, no ¡°Pir¨¢mide¡±.
¡ª?Es una pir¨¢mide! ??No ves la forma que hacen los hombres de palitos en tu ilustraci¨®n!?
¡ªHuh ¡ªmir¨® al dibujo y exhal¨®¡ª. Nunca lo hab¨ªa pensado de esa forma.
¡ª?No te das cuenta de que la ganancia tiene que crecer de manera exponencial para que los miembros m¨¢s abajo en los escalones recuperen su dinero?
¡ª?Pero por eso tienen que ingresar m¨¢s gente! ?Ellos se quedar¨¢n con un 50 % de la ganancia de lo que esa gente ingresa!
¡ªPartum, escucha, incluso si limitas la cantidad de miembros que cada integrante puede ingresar a 2, para el 12o escal¨®n ya tiene que haber 12^2 personas nuevas; esas son 4096 personas nuevas, tan solo en el 12o escal¨®n. Y si no limitas la cantidad de miembros que puedes ingresar, entonces lo m¨¢s probable es que la gente de arriba no acumule solo el dinero, sino tambi¨¦n todos los posibles miembros.
¡ªPero¡ Hay mucha gente en el mundo¡ Y solo ingresar a dos personas no deber¨ªa ser tan complicado¡ Adem¨¢s, invierto el dinero y obtengo m¨¢s.
¡ª?Tu inversi¨®n tendr¨ªa que crecer de manera proporcional a la cantidad de gente ingresada, es decir, de manera exponencial! Este sistema nunca iba a funcionar, por eso se le dice ¡°estafa¡±. Usualmente, las personas que organizan este tipo de estructura lo hacen a sabiendas de que nunca ser¨ªa redituable y la gente de abajo perder¨¢ todo su dinero. Caramba.
Termin¨¦ mi reprimenda y, sin pensar, di una bocanada brusca de arroz.
¡ªDespacio, genio ¡ªrespondi¨® de manera hostil¡ª. No s¨¦ de d¨®nde sacas esta informaci¨®n, pero no hay nada en ning¨²n libro del instituto sobre ¡°estafas piramidales¡±. Y, adem¨¢s, el sistema funcionar¨ªa siempre y cuando los miembros ingresen a las personas que tienen que ingresar.
Esta vez me enoj¨¦ yo.
¡ªY ese ¡°sistema¡± tuyo, ?funcion¨®? ¡ªlo desafi¨¦ con la mirada.
¡ª?S¨ª! ¡ªrespondi¨® r¨¢pidamente¡ª. S-S¨ª¡ Al principio¡
¡ª¡
¡ªLa primera semana funcion¨®¡
¡ªHm.
¡ªEst¨¢ bien, tienes raz¨®n, no pude conseguir el dinero; pero, para volver a tu pregunta, esto no fue lo que me llev¨® a la situaci¨®n en la que me encontraba.
¡ª??Hay m¨¢s!?
¡ªBueno¡ Mi Sistema Fluido de Inversi¨®n estaba comenzando a ser levemente complicado de mantener, por lo que se me ocurri¨® un nuevo uso para el sistema.
¡ªPor favor, di que lo convertiste en un fondo de inversi¨®n com¨²n y corriente. Solo tienes que repartir el dinero invertido seg¨²n la proporci¨®n correspondiente.
¡ª?Qu¨¦? No. Lo us¨¦ para hacer apuestas.
¡ª??Qu¨¦!?
¡ªEscucha, los duelos en el instituto son muy populares; hay mucha gente dentro del instituto, e incluso de la ciudad, que apuesta en ellos. Entonces, cuando me encontr¨¦ en mi l¨ªmite, eleg¨ª tomar la decisi¨®n dif¨ªcil.
¡ªPor favor, no digas que hiciste una apuesta arriesgada con el dinero.
¡ªNo, por el contrario ¡ªrespondi¨® con una sonrisa presumida y agitando un dedito¡ª. Yo soy el n¨²mero cuatro del instituto; eso es el cuarto hechicero m¨¢s poderoso. Con eso en mente, me present¨¦ a un duelo con alguien de menor rango. Consegu¨ª que la gran mayor¨ªa de las apuestas fueran a mi favor, y entonces¡
No.
¡ªOrden¨¦ a una de mis sirvientas apostar todo el dinero del Sistema Fluido de Inversi¨®n en contra de m¨ª. Entonces perd¨ª. ?Qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ me miras como si hubiera asesinado a un beb¨¦ frente a ti?
Lo agit¨¦ por los hombros para que reaccionara.
¡ª?Eso es fraude de apuestas deportivas! ?Utilizaste el dinero conseguido por una estafa piramidal para realizar fraude de apuestas deportivas! ?Eres un estafador! No, ?un ladr¨®n! ?Un criminal!
¡ªP-pero las apuestas en los duelos no suelen ser muy grandes; lo que ellos podr¨ªan perder no se compara a los beneficios que generar¨ªa si pudiera concentrar todo ese dinero en mi Sistema Fluido de Inversi¨®n.
¡ª?Te est¨¢s quedando con un 50% y la gente abajo tuyo con otro 50% de eso! ?Los que est¨¢n debajo de ellos no se quedar¨¢n con nada! ?Y, probablemente, esa misma gente te estima y apost¨® por ti en el duelo! ?Te das cuenta de lo que est¨¢s diciendo? ?Te aprovechaste de los buenos sentimientos de la gente!
¡ªSi-¡ Si la inversi¨®n hubiera ido un poco mejor, no habr¨ªa tenido que recurrir a eso¡
Me desplom¨¦ en mi espacio del banco cuando entend¨ª el peso de toda su confesi¨®n.
¡ªEres un criminal¡ Mi doctor es un criminal¡ Deber¨ªas estar en prisi¨®n¡
El hombre continu¨® comiendo su arroz como si la conversaci¨®n no fuera de la m¨¢s m¨ªnima importancia.
¡ªAh¡ No pas¨® nada. Al final, se quedaron con todo el dinero y mis pertenencias. Me hicieron hacer toda la documentaci¨®n del instituto del mes, como te estaba contando, y ah¨ª termin¨®.
¡ªTe embargaron¡ Eso no es algo menor¡
¡ªOye, Heiko, pareces saber mucho de estas cosas. ?Estudiaste comercios o algo as¨ª? ¡ªme pregunt¨® con arroz en la boca.
Mi conocimiento no es m¨¢s que el promedio de mi mundo. Pero supongo que no puede considerarse as¨ª aqu¨ª¡ Hm¡
¡ªNo¡ Eh¡
¡ª?No? ?Qu¨¦ interesante! ?Estudiaste algo?
¡ªEh¡ Idiomas, supongo¡
¡ª?Oh! Idiomas, ?eh? ?Viajaste por el mundo, entonces? ?Cu¨¢ntos idiomas sabes?
¡ªMmm¡ Una buena cantidad¡ Pero no s¨¦ mucho del mundo¡
Es decir, no conoc¨ªa ni un mapa de c¨®mo se ve¨ªa este lugar.
¡ªOye, Heiko, me interesar¨ªa hablar m¨¢s contigo sobre otros sistemas de comercio. Si sientes que no sabes mucho del mundo, est¨¢s invitado a visitar la biblioteca del instituto cuando quieras. Si sabes m¨¢s, podremos tener conversaciones m¨¢s fruct¨ªferas en el futuro. Esa es toda la filosof¨ªa del instituto.
Termin¨® de comer su arroz r¨¢pido, se levant¨® y ech¨® a correr hacia otro sitio.
¡ª?Adi¨®s, Heiko! ?Me voy a completar las dos semanas de documentaci¨®n que me quedan!
Y as¨ª, el estafador se march¨®, dej¨¢ndome a solas con Nutiden. Bueno, no exactamente ¡°a solas¡±, porque est¨¢bamos en un comedor p¨²blico; pero algo as¨ª como a solas.
¡ªNutiden, ?no tienes hambre?
¡ªYa almorc¨¦, se?or.
?Cu¨¢ndo? No se despeg¨® de mi lado ni un momento.
¡
Me retir¨¦ tranquilamente del comedor, acompa?ado de Nutiden. No hab¨ªa podido comer mucho; realmente, no ten¨ªa ning¨²n apetito. Lo ¨²nico que me advert¨ªa de mi necesidad de alimento era la sensaci¨®n enfermiza, las n¨¢useas y el dolor punzante en el est¨®mago que volv¨ªan despu¨¦s de un periodo prolongado de ayuno. A¨²n faltaba un rato para que me sintiera as¨ª. Prefer¨ªa no comer hasta que me viera forzado.
Sin pensarlo, hab¨ªa estado recorriendo todos los campos especiales de la academia; tanto los que utilizaban para practicar magia como los que ten¨ªan un motivo deportivo o escolar m¨¢s convencional. Desde el pasto hasta las personas en mi alrededor, por alguna raz¨®n no pod¨ªa enfocarme en nada concreto; estaba aislado, pero, al mismo tiempo, hostigado. Sin embargo, no hab¨ªa nada en particular que me estuviera causando esa sensaci¨®n. Los estudiantes eran m¨¢s discretos o menos prejuiciosos que los pueblerinos; ellos no estaban causando la incomodidad; por lo menos, no de forma consciente.
Sent¨ª una tensi¨®n crecer en mi est¨®mago, mi coraz¨®n palpitando con m¨¢s velocidad. Mir¨¦ a Nutiden de nuevo; estaba quieta, esper¨¢ndome. ?Me pregunto si ya podr¨¦ volver a la residencia¡?
¡ªNutiden¡
¡ªTodav¨ªa tenemos un poco m¨¢s de tiempo, se?or; puede visitar la biblioteca si desea.
Mis manos estaban sudando otra vez.
¡ªNutiden, creo que¡ Creo que ir¨¦ ma?ana. S¨ª¡ Ma?ana ser¨¢ mejor¡
¡ªSi as¨ª lo desea, se?or ¡ªme respondi¨® la sirvienta, cerrando los ojos.
CapÃtulo 28 - Nueva Vida, - Parte 2
4
¡ªCharlamos y comemos, tan solo dejamos pasar el tiempo. No entiendo por qu¨¦ deber¨ªa seguir yendo al instituto si no es para curar mis heridas, Mira.
Leyendo unos documentos con una sonrisa inextinguible en su rostro, la joven se tom¨® su tiempo para responderme.
¡ª?Has visitado la biblioteca? ¡ªTermin¨® optando por responder, ignorando lo que le hab¨ªa dicho.
No entend¨ªa por qu¨¦ estaba actuando de esta manera. Es decir, las conversaciones con Mira siempre eran un poco as¨ª. Yo intentaba alcanzar el ritmo de sus caprichos de una u otra forma. Pero nunca era tan as¨ª. Ahora era como si estuvi¨¦ramos hablando de cosas distintas.
¡ªNo s¨¦ por qu¨¦ asignaste a Nutiden a mi cuidado¡ No es necesario¡ Mira, solo dime qu¨¦ tengo que hacer y yo har¨¦ mi mayor esfuerzo para cumplir¡ No quiero molestar a nadie m¨¢s con mis problemas¡
¡ªNuti est¨¢ haciendo su trabajo, nada m¨¢s. Y mi hermano ve varias cosas que son dif¨ªciles de ver. Adem¨¢s, descansar es parte de tu tratamiento.
¡ªNo entiendo, Mira. No entiendo qu¨¦ se supone que deber¨ªa hacer.
Desquit¨¦ un poco de mis nervios aferr¨¢ndome a mis rodillas con fuerza.
¡ª?Por qu¨¦ no aprovechas para estudiar y conocer gente? Ya que no tienes talento para la Influencia, puedes enfocarte en una gran variedad de estudios interesantes. La persona con la que est¨¢s hablando hizo eso.
?Conocer gente? Mira estaba empezando a hablar como Balance. R¨®mpanme un dedo y despi¨¦rtenme en este instante.
¡ª?T¨² no tienes talento? ¡ªdej¨¦ lo otro a un lado y le pregunt¨¦ sobre ella.
¡ªNo. Yo no soy ni como Nuti, ni como mi hermano. Aunque no lo creas, la gran mayor¨ªa de las personas son como nosotros. En mi caso funcion¨® bien, porque pude atender otros estudios que encuentro mucho m¨¢s interesantes que simple Influencia.
Apoy¨¦ mis brazos en mi regazo y, al instante, una descarga de dolor despeg¨® desde mi hombro hasta mis manos.
¡ªTch ¡ªmascull¨¦ por el dolor¡ª. Mira, yo solo quiero¡ ¡ªMe frot¨¦ la cara con mis manos duras¡ª. Yo solo quiero¡
¡ªHeiko.
Levant¨¦ la mirada y me di cuenta de que se hab¨ªa dado vuelta para verme.
¡ªHeiko, ?me puedes decir la verdad?
¡ª?Q-qu¨¦? ?A qu¨¦ te refieres, Mira?
¡ªHeiko, ?recuperaste las memorias? Cuando te desmayaste all¨ª en el templo, ?qu¨¦ sucedi¨®?
No pod¨ªa hablarle de Balance. Y si no pod¨ªa hablarle de Balance, explicarle la verdad de mi existencia era incre¨ªblemente complicado. No, eso solo era una excusa. No quer¨ªa que Mira sacara conclusiones de mi vida. No quer¨ªa decirle la verdad¡ Y se daba la casualidad de que tampoco pod¨ªa hacerlo f¨¢cilmente.
¡ªN-no, Mira. No recuerdo nada¡
Mira suspir¨® y cerr¨® los ojos.
¡ª?Sabes? Para ser sincera, cuando, de peque?a, conoc¨ª que no pose¨ªa aptitud para la Influencia, me decepcion¨¦ terriblemente. Despu¨¦s de todo, mi hermano era un genio con ella, e incluso Nuti hab¨ªa demostrado un talento incre¨ªble. Luego de un tiempo de estudiar, de manera renuente, disciplinas como matem¨¢ticas, lenguaje, escritura o ciencia, me di cuenta de que querer aprender Influencia no fue m¨¢s que un capricho, un berrinche infantil. ?Sabes qu¨¦ sucedi¨® despu¨¦s?
Negu¨¦ con la cabeza.
¡ªEmpec¨¦ a estudiar, de manera no renuente. Empec¨¦ a estudiar en serio, entendiendo que lo ¨²nico que pod¨ªa fortalecerme en el mundo era mi propio cerebro. Si nunca hubiera estudiado todo lo que estudi¨¦, si nunca hubiera trabajado todo lo que trabaj¨¦, no habr¨ªa podido obtener mi posici¨®n privilegiada en la familia y estar¨ªa acompa?ando a mi madre, con el resto de mis hermanos.
Era m¨¢s fuerte que yo. Era incre¨ªblemente fuerte, en realidad. Consiguiendo por su propio m¨¦rito una posici¨®n de privilegio en una familia poderosa. Claramente, solo hab¨ªa sido posible porque Mira era extraordinaria.
¡ªLa idea se termin¨® de asentar cuando redescubr¨ª a Nuti en mi adultez temprana. Nuti tiene un talento incre¨ªble para la Influencia y, sin embargo, esa habilidad suya no me parece ni de cerca su competencia m¨¢s importante. Nuti es incre¨ªble; probablemente ya te das una idea de esto. Es incre¨ªblemente capaz y h¨¢bil en lo que hace; tan capaz, que su magia parece no m¨¢s que anecd¨®tica. ¡°Moldear tu propio destino¡±. Parecen palabras vac¨ªas, pero aprend¨ª que hay mucho de cierto en ellas. Dime, Heiko, ?consideras a los estudios como algo importante?
No ten¨ªa una buena experiencia con los estudios. En realidad, mi problema nunca fue con los estudios en s¨ª, sino con las instituciones que me los brindaron. Como mucho, estudiar me parec¨ªa aburrido, algo no muy interesante. Pero, por el hecho de que el ¡°estudio¡± estaba intr¨ªnsecamente relacionado con el lugar de estudio, nunca me sent¨ª c¨®modo haci¨¦ndolo. Nunca estudi¨¦, nunca me fue necesario; todo lo que ten¨ªa que lograr del colegio lo consegu¨ªa con m¨ªnimo esfuerzo. Por lo cual, los ¡°estudios¡± no fueron m¨¢s que una inconveniencia menor en mi vida, algo que deseaba evitar en todo momento, solo para volver a un vago, infruct¨ªfero escapismo.
¡ªN-no lo s¨¦ ¡ªde manera cobarde, resum¨ª todos mis pensamientos en esa respuesta.
¡ªTe dir¨¦ una cosa ¡ªme dijo, volviendo a sus documentos¡ª. Los estudios son importantes, terriblemente importantes. Pero no lo son todo.
La contradicci¨®n repentina en sus palabras atrajo mi atenci¨®n de nuevo; tal vez anticipando eso, ella ya hab¨ªa vuelto a sus documentos y no me estaba mirando de frente.
¡ªNuti estudi¨® las materias relevantes a su futura ocupaci¨®n, es decir, relevantes a su servidumbre. Nuti estudi¨® eso y yo, junto a la mayor¨ªa de mis hermanos, estudiamos otras cosas: diplomacia, comercio, geopol¨ªtica, ese tipo de cosas. Sin embargo, yo termin¨¦ en una posici¨®n completamente distinta a la de mis hermanos, lo mismo con Partum, lo mismo con Imperio. Entonces, si nuestros estudios fueron tan similares, ?cu¨¢l es la raz¨®n detr¨¢s de nuestra conclusi¨®n final? ?No deber¨ªamos todos haber acabado con el mismo nivel, en las mismas posiciones? ?Es, quiz¨¢, solo una cuesti¨®n de talento? Quiz¨¢ yo era m¨¢s inteligente, Partum era m¨¢s creativo e Imperio era m¨¢s corajudo.This tale has been unlawfully obtained from Royal Road. If you discover it on Amazon, kindly report it.
Mira ten¨ªa un enorme intelecto, por supuesto. Pero me costaba mucho resumir toda su capacidad, todo el valor de su genio en ese simple hecho. Mira no era extraordinaria porque pod¨ªa hacer cuentas r¨¢pidas o porque pod¨ªa resolver problemas complejos. Mira era extraordinaria porque era Mira. No ten¨ªa una forma de explicarlo de manera precisa, pero esa era la verdad. Cuando uno estaba frente a ella, cuando uno interactuaba con ella, lo pod¨ªa notar de manera inmediata: ¡°Esta persona frente a m¨ª es incre¨ªble¡±.
¡ªYo no creo que sea nada de eso ¡ªcontinu¨® Mira¡ª. Quiz¨¢ sea verdad que yo soy m¨¢s inteligente, que Partum es m¨¢s creativo y que Imperio es m¨¢s corajudo; pero, ?qu¨¦? ?Acaso se supone que la ¡°inteligencia¡±, la ¡°creatividad¡± y el ¡°coraje¡± son las llaves definitivas al ¨¦xito? Son caracter¨ªsticas positivas, por supuesto, pero no son las ¨²nicas caracter¨ªsticas positivas. Mis hermanos tienen talentos con los que yo solo podr¨ªa so?ar, pero yo estoy aqu¨ª y ellos all¨ª, ?sabes por qu¨¦?
¡ªNo¡ No tengo idea.
¡ªSacrificio ¡ªcontest¨® r¨¢pida y sucintamente.
Sent¨ª un peso bajar en mi pecho.
¡ªPara conseguir lo que quer¨ªamos tanto Partum, como Imperio, como yo, tuvimos que sacrificar una cantidad inmensa de cosas. Comodidades, sentimientos, ideales. Cuanto m¨¢s grande el sacrificio, m¨¢s grande la posibilidad de ¨¦xito. Solo aquellos con el valor suficiente para sacrificar partes de uno mismo pueden jugar con los mejores. No es lindo, es la realidad. La realidad que observ¨¦ con mis propios dos ojos¡ Todo esto es para decir que los estudios son importantes, pero, como ver¨¢s, no est¨¢n ni cerca de serlo todo.
Mira se rio de manera pomposa, como un veterano que hablaba de lo que ya hab¨ªa vivido.
¡ªEntonces, con eso dicho ¡ªfinalmente cruzamos miradas¡ª, ?te gustar¨ªa visitar la biblioteca?
No me dej¨® otra opci¨®n que asentir.
¡ªBien ¡ªsonri¨®¡ª. Heiko, quiz¨¢ no recuerdas todo, ?pero sabes en qu¨¦ estaci¨®n cumples a?os? ?O cu¨¢ntos a?os tienes, al menos? Digo, aunque no recuerdes tu nombre o tu familia, eso no significa que no conserves el recuerdo de la estaci¨®n de tu cumplea?os. ¡ªAtrajo mi respuesta con dulce sarcasmo. Una provocaci¨®n que recalcaba con una sonrisa burlona.
Decid¨ª no mentir. De igual forma, sab¨ªa que Mira sab¨ªa que estaba mintiendo.
¡ªS¨ª, lo recuerdo.
¡ª?Genial! ¡ªaplaudi¨® una vez¡ª. ?Cu¨¢ndo es?
5
¡ª?¨€¨€¨€¨€!
Golpes en la puerta, de pu?o duro y cerrado. Una voz grave y masculina.
¡ª?¨€¨€¨€¨€! ?Ya es hora de que salgas de ah¨ª! ?Est¨¢s preocupando a mam¨¢! ?Crece de una maldita vez y abre la puerta!
Pasaba la mayor parte del d¨ªa dormido, pero me despertaba cuando ocurr¨ªa algo as¨ª.
¡ª?¨€¨€¨€¨€! ?Voy a abrir la puerta! ?Si no la abres t¨², lo har¨¦ yo! ?As¨ª que abre la est¨²pida puerta!
Me era muy dif¨ªcil hacer fuerza.
¡ª?Basta! ?Esto no ayuda en nada! ¡ªLa voz de mi hermana.
¡ª?No! ?Alguien tiene que dec¨ªrselo! ?No puedes pasar el resto de tu vida ah¨ª, encerrado! ?¨€¨€¨€¨€! ?Abre la puerta!
Repentinamente, son¨® el llanto de un ni?o. Mi hermanito tambi¨¦n estaba.
¡ª?Lo est¨¢s haciendo llorar, tienes que-!
Con fuerza, apret¨¦ la almohada de mi cama contra mis o¨ªdos. La conmoci¨®n dur¨® unos minutos m¨¢s.
No pod¨ªa escuchar nada¡
No pod¨ªa escuchar nada¡
No quer¨ªa escuchar nada¡
¡
¡ªSe?or.
El sonido repentino y tan cercano me asust¨®. La cara angelical de Nutiden estaba a pocos cent¨ªmetros de la m¨ªa.
¡ªSe?or, le prepar¨¦ la ropa ¡ªreport¨® de manera mon¨®tona, mostrando la camisa como si la estuviera presentando en una publicidad de producto de limpieza.
Admiraba su osad¨ªa para despertarme directamente en mi cuarto.
Tap¨¦ mi boca y le agradec¨ª. Termin¨¦ visti¨¦ndome debajo de las s¨¢banas por segunda vez.
¡ªSe?or, hoy visitaremos nuevamente el instituto.
¡ªS¨ª, Nutiden. Lo s¨¦.
¡ª?Desea visitar la biblioteca luego de su tratamiento con el se?or Partum?
¡ªS¨ª¡ Creo que s¨ª, Nutiden. Gracias.
¡ªEs mi trabajo, se?or.
Por alg¨²n motivo, se me dificult¨® a¨²n m¨¢s el paso hacia fuera de la habitaci¨®n.
6
La sesi¨®n con Partum fue, nuevamente, un flujo ininterrumpido de incoherencias proveniente de los labios de ese hombre que supuestamente ten¨ªa que sanar mis heridas. Obviamente, no hubo nada de tratamiento. Sin embargo, para este punto, hab¨ªa venido sin ning¨²n tipo de pretensi¨®n. No se puede decepcionar al que nada espera. Yo vine al instituto para cumplir mi promesa con Mira de visitar la biblioteca.
¡ªNutiden, t¨² puedes hacer lo que quieras, no es necesario que me veas leer ¡ªle suger¨ª en la entrada del edificio, con el fin de minimizar las molestias que le pod¨ªa generar a la muchacha.
¡ªSe?or, ?qu¨¦ tal si lo asisto dentro de las instalaciones y, una vez que est¨¦ leyendo, me retiro para no molestarlo?
¡ªNo me molestas, Nutiden. Por el contrario, no quiero ser una inconveniencia para ti.
¡ªEs mi trabajo, se?or.
¡ªE-¡ Entiendo.
Con esa situaci¨®n algo inc¨®moda atr¨¢s, entramos al edificio.
¡ªDisculpe, ?posee una certificaci¨®n?
Uno esperar¨ªa a una chica asistiendo en la biblioteca. Siguiendo los sagrados mandamientos del clich¨¦: deber¨ªa ser una chica con lentes, quiz¨¢s incluso de grandes curvas o, por el otro lado, de alta edad o un poco carente de belleza.
Pero no un hombre de dos metros, calvo y musculoso; eso s¨ª que era algo inesperado.
Me apresur¨¦ a extraer la medalla que me obsequi¨® Partum del bolsillo de mi pantal¨®n.
¡ª?Hm? ?Un invitado? ?Me puedes mostrar el carn¨¦ con tu informaci¨®n?
?Carn¨¦? Carn¨¦¡ ?Ah! ?Esa carta! ?El idiota de Partum lo hab¨ªa tomado para explicarme cada uno de los datos y no me lo devolvi¨®! Como no me lo devolvi¨®, pens¨¦ que con la medalla ser¨ªa suficiente¡ Qu¨¦ tipo¡
¡ª?Ah! ¡ªExclam¨® repentinamente el hombre¡ª. Buenos d¨ªas, se?ora Nutiden. ?Est¨¢ con usted? Pueden pasar¡
La sirvienta le hizo una reverencia y el hombre se recost¨® en el suelo para devolverle el adem¨¢n.
?Qu¨¦ clase de imagen ten¨ªa Nutiden? ?Cu¨¢l era su t¨ªtulo? Cuando camin¨¢bamos por la ciudad, todo el mundo se daba vuelta para mirarnos. ?Quiz¨¢s solo les llamaba la atenci¨®n ella?
¡ªSe?or, ?qu¨¦ le gustar¨ªa leer?
Ah. No lo hab¨ªa pensado. Hm¡ Supongo que algo sobre la geograf¨ªa del mundo estar¨ªa bien¡ As¨ª me daba una idea de d¨®nde estaba parado. Tambi¨¦n podr¨ªa aprender algo de Influencia para cumplir mi misi¨®n de dominarla. Por otro lado, deber¨ªa- ?Ah! ?Tendr¨ªa que aprovechar la situaci¨®n para aprender la mayor cantidad de lenguajes posible! Seg¨²n Balance, solo requer¨ªa el contacto con el lenguaje para aprenderlo; asumo que eso tambi¨¦n comprend¨ªa el lenguaje escrito¡ Ya s¨¦ qu¨¦ hacer.
¡ªNutiden, escucha, necesito que me traigas un libro de cada idioma que encuentres. No necesito varios libros de un idioma, solo necesito un libro por idioma. No tienen que ser de un tema espec¨ªfico; mientras que sea de un idioma distinto, est¨¢ bien.
¡ª¡ªEntiendo, se?or, estoy en eso. ¡ªPor primera vez, Nutiden pareci¨® no comprender la situaci¨®n de inmediato, por lo que demor¨® un poco en contestar.
Mientras tanto, yo buscar¨ªa los libros de los temas que eran de mi inter¨¦s; de esta forma, eliminar¨ªa dos p¨¢jaros de un tiro. Dos youtubers infantiles de una denuncia de acoso. Dos negocios de barrio honestos de un intendente corrupto.
Nutiden se march¨® de su manera caracter¨ªsticamente perfecta y yo me march¨¦ en b¨²squeda de los libros que acompa?ar¨ªan mi tarde.
CapÃtulo 29 - Nueva Vida, - Parte 3
7
Finalmente, aqu¨ª estaba.
Mis elecciones eran: ¡°Magia e Influencia: Comparativa y An¨¢lisis de Textos Antiguos¡±, ¡°La Gu¨ªa del Mundo de Shen Yu Shanson¡± y ¡°Enciclopedia de la vida animal registrada¡±.
El primer libro expon¨ªa la fundamentaci¨®n de una teor¨ªa que argumentaba que lo que se le conoc¨ªa como ¡°Magia¡± en las leyendas antiguas era, en realidad, una representaci¨®n dramatizada de los talentos de Influencia comunes en la actualidad. Lo eleg¨ª porque la primera mitad inclu¨ªa una gu¨ªa de todos los hechizos b¨¢sicos de la disciplina, junto con una explicaci¨®n de los conceptos fundamentales. Este libro me resultaba ¨²til.
Sorpresivamente, el autor de La Gu¨ªa del Mundo de Shen Yu Shanson no era Shen Yu Shanson. Shen Yu Shanson hab¨ªa sido un h¨¦roe legendario cuya gran haza?a fue convertirse en el primer hombre en recorrer todo el mundo. El libro conten¨ªa descripciones reales de los sitios visitados en la leyenda, presentados en el mismo orden en que se los visit¨®. Me resultaba ¨²til para conocer un poco m¨¢s sobre la geograf¨ªa y el mundo.
Enciclopedia de la vida animal registrada era una enciclopedia de la vida animal registrada. Su utilidad hablaba por s¨ª misma.
?Cu¨¢l deber¨ªa elegir primero? La respuesta era obvia: ¡°Hua, Pu?o de Hierro¡±, la leyenda de un hombre con la fuerza suficiente para partir una monta?a con un solo golpe. Un hombre que, con su poder, logr¨® fundar una naci¨®n y protegerla de un clan opresor. Su utilidad era dudosa¡ Pero el hombre pod¨ªa partir monta?as con su pu?o, por favor.
Comenc¨¦ a leer Hua, Pu?o de Hierro.
¡
Inesperadamente, logr¨¦ aprender varias cosas del libro. No tom¨¦ en cuenta que, debido a mi falta total de educaci¨®n sobre este mundo, cualquier libro vendr¨ªa cargado de una gran cantidad de informaci¨®n nueva. Por supuesto, no pod¨ªa confiar en todo lo que dec¨ªa este cuento; era tan solo una leyenda, despu¨¦s de todo.
Pero obtuve un par de datos. Para empezar, el t¨¦rmino ¡°hechicero¡± abarca a una gran cantidad de combatientes m¨¢gicos; en contra de la visi¨®n general, los hechiceros aqu¨ª no solo se lanzan bolas de fuego, sino que tambi¨¦n son h¨¢biles luchadores cuerpo a cuerpo. Balance me hab¨ªa advertido que la gente ser¨ªa generalmente ¡°m¨¢s fuerte¡±, pero no sab¨ªa hasta qu¨¦ punto llegaba la exageraci¨®n del libro.
Lo segundo que aprend¨ª fue que esa fuerza no depende de su capacidad de utilizar Influencia. La gran mayor¨ªa de las personas no puede hacer uso de ella; sin embargo, todo el mundo es capaz de entrenar y, aparentemente (hasta cierto punto), puede incorporar Influencia en su propio cuerpo, incrementando as¨ª su fuerza bruta.
En el caso del libro, Hua era un hombre que supuestamente hab¨ªa entrenado durante cientos de a?os hasta dominar su dichoso ¡°pu?o de hierro¡± y acabar con toda oposici¨®n. Al final de la historia, hubo un giro argumental tremendo cuando Hua revel¨® que su ataque m¨¢s poderoso era, en realidad, la patada de su pie derecho. Hab¨ªa un extra?o ¨¦nfasis en que el pie era el derecho, y la descripci¨®n de toda la destrucci¨®n que ocasion¨® su patada se extend¨ªa por dos p¨¢ginas completas.
Siguiendo con lo que aprend¨ª, los hechiceros en este mundo suelen ser considerados como combatientes generalmente m¨¢s poderosos que sus contrapartes no-hechiceras. Hua no era hechicero, pero su fuerza era tal que esa desventaja natural no representaba un problema para ¨¦l.
Lo siguiente que aprend¨ª fue que los hechiceros se dividen en categor¨ªas. Los calificativos eran: ¡°Elementales¡±, para aquellos ¨²nicamente capaces de manipular o crear los elementos b¨¢sicos (fuego, agua y aire); ¡°Combatientes¡± para los que pueden usar algo llamado ¡°hechizos complejos¡± (cuyo significado probablemente comprender¨¦ cuando lea el libro de Influencia) y tambi¨¦n para los que eran capaces de manipular y crear tierra, un elemento m¨¢s dif¨ªcil de controlar que el resto. Se les denomina ¡°Magos¡± a aquellos que pueden utilizar hechizos complejos de alta categor¨ªa o de gran poder destructivo y, finalmente, ¡°Sagrados¡± a aquellos cuyo poder se equiparaba al de los h¨¦roes.
Esa era toda la informaci¨®n que ten¨ªa. ¡°Equiparable a los h¨¦roes¡± era la ¨²nica descripci¨®n que utilizaba.
Luego, exist¨ªa una calificaci¨®n adicional: ¡°Sanadores¡±, cuyo nombre me confundi¨® al inicio, porque el primer hechicero con el que Hua se encontr¨® no era capaz de sanar; los personajes se refer¨ªan a ¨¦l como ¡°sanador¡± y, sin embargo, tomaban como natural el hecho de que no pudiera curar.
M¨¢s adelante descubr¨ª que ¡°Sanador¡± es una generalizaci¨®n com¨²n para todo hechicero capaz de realizar ¡°Hechizos de potenciaci¨®n¡± (que parec¨ªan ser buffs y debuffs), hechizos ¨²tiles sin aplicaciones de combate y, tambi¨¦n, hechizos curativos, los cuales requer¨ªan un c¨ªrculo dibujado con un cristal especial para llevarse a cabo.
El siguiente dato interesante que recog¨ª es que el agua materializada por Influencia es potable, lo que permiti¨® varios asentamientos en lugares remotos. Muchos hechiceros trabajan como servidores p¨²blicos, desempe?¨¢ndose como el pozo de agua designado del pueblo o, en casos menos frecuentes, doctores y protectores.
La naci¨®n que fund¨® Hua hab¨ªa comenzado un peque?o pueblo asistido por un hechicero ¨²nicamente capaz de suministrar agua a sus habitantes. Este intent¨® enga?ar a Hua, haci¨¦ndolo creer que era un hechicero combatiente. Hua termin¨® asust¨¢ndolo al liberar un poco de su ¡°aura¡±, algo que, honestamente, no cre¨ªa que fuera real. Tendr¨ªa que leer el otro libro para averiguarlo.
¡ªSe?or.
Estaba a punto de abrir el libro de Influencia, cuando la sirvienta me llam¨®.
¡ªNutid-
?WAAAH! La mujer se tom¨® demasiado en serio su tarea. La pila de libros que recolect¨® parec¨ªa alcanzar el techo (y este era un edificio con el segundo piso expuesto). Ni siquiera pod¨ªa verla detr¨¢s de la pila, solo pod¨ªa ver su contorno y las puntas de su vestido.
¡ªSe?or, traje lo que pidi¨®.
¡ª?Nutiden! ?Ap¨®yalos en la mesa!
?C¨®mo era capaz de cargar tanto peso, siquiera? Ni el hombre de la entrada podr¨ªa realizar semejante haza?a.
¡ªEnseguida, se?or.
La mesa retumb¨® cuando dej¨® caer todos los libros. No ten¨ªa idea de c¨®mo sacar uno sin desarmar la pila. Tendr¨ªa que aplicar todas mis habilidades de Jenga para retirar uno sin dejarlos caer.
¡ªGracias, Nutiden¡ Veo que te tomaste muy en serio mi pedido¡ Em¡ Gracias.
¡ªEs mi trabajo, se?or.
S¨ª. Ya lo hab¨ªas dicho. Ya lo has mencionado varias veces¡ De igual forma, te quer¨ªa agradecer. No deber¨ªa estar mangone¨¢ndote para empezar.
¡ªSe?or, si me disculpa, ?para qu¨¦ necesita todos estos libros?
¡ªQuiero aprender los lenguajes ¡ªconcentr¨¢ndome en la pila de libros, dije una verdad que carec¨ªa de coherencia, como Partum sol¨ªa hacer.
Nutiden levant¨® una ceja.
¡ªSe?or¡ ?Tiene la certeza de que¡ le ser¨¢ ¨²til?
Nutiden no estaba segura si considerarme un idiota o un loco.
¡ªS¨ª, s¨ª, Nutiden. Ya puedes hacer lo que quieras; no te preocupes por dejarme aqu¨ª.
¡ªEst¨¢ bien, se?or¡
Nutiden se march¨®¡
¡
Termin¨¦ de leer ¡°Magia e Influencia¡±; he aprendido mucho.
Para empezar, la aptitud de un dotado de Influencia se clasifica en dos grupos: ¡°Influencia fr¨ªa¡± e ¡°Influencia caliente¡±. Estos son simplemente t¨¦rminos coloquiales para referirse a la Influencia con atributo de Caos y Orden, respectivamente.
Luego, el uso b¨¢sico de la Influencia se divide en dos tipos; hay hechizos de ¡°manipulaci¨®n¡± y hechizos de ¡°manifestaci¨®n¡±. La manipulaci¨®n es m¨¢s sencilla, ya que conlleva la modificaci¨®n de elementos existentes. Para el atributo de caos, esto implica mover, modificar o enfriar (por ende ¡°Influencia fr¨ªa¡±) al agua y tierra. Para el atributo de orden, consiste en mover, modificar o calentar al aire y fuego. Este parece ser el uso m¨¢s simple de la Influencia y puede aprenderse en tan solo unos seis meses. La manifestaci¨®n, en cambio, implica la creaci¨®n de los elementos y parece ser un hechizo m¨¢s complejo; nuevamente, agua y tierra para caos, fuego y aire para orden. Una vez aprendido y obtenido cierto control sobre este uso de la Influencia, un hechicero adquiere la clasificaci¨®n de Elemental.
Luego de esa breve introducci¨®n, el autor explic¨® conceptos m¨¢s fundamentales de la Influencia. Aparentemente, el cuerpo humano tiene v¨ªas por donde esta fluye. Partum hab¨ªa tocado una, la de mi brazo derecho, pero tambi¨¦n hab¨ªa otras en el brazo izquierdo, las piernas e incluso la cabeza. En esta secci¨®n, el libro tambi¨¦n explicaba el funcionamiento de un hechizo: b¨¢sicamente, lo que debe hacer un hechicero es manipular sus v¨ªas de Influencia. En particular, se debe dirigir la Influencia que reside en el n¨²cleo por una de las v¨ªas, luego extender dicha v¨ªa hasta crear un punto de eyecci¨®n, darle forma a la Influencia y, finalmente, liberarla. Algo as¨ª como lo que explic¨® Partum.
Sin embargo, toda esta secci¨®n repasaba la informaci¨®n de forma muy general, no explicaba c¨®mo ¡°concentrar la Influencia¡±, ni c¨®mo ¡°extender la v¨ªa¡±. Mi fantas¨ªa de leer este libro y aprender de manera inmediata c¨®mo realizar un hechizo se desvaneci¨®.
Despu¨¦s, el libro mencion¨® algo interesante: los humanos poseen ¡°barreras¡± formadas por su propia Influencia, las cuales rodean todo su cuerpo. En la pr¨¢ctica, esto permite a los hechiceros no ser v¨ªctimas de su propio hechizo. Esto explicaba c¨®mo A¨ªto pudo sostener la llama encima de su dedo sin quemarse.
El libro tambi¨¦n intent¨® explicar los n¨²cleos sobre-desarrollados. Balance ya me lo hab¨ªa explicado muy bien, el libro no conten¨ªa informaci¨®n adicional, con la salvedad de que el porcentaje de personas con esa condici¨®n especial parece ser un poco m¨¢s alto en este mundo, sin duda, debido a la fuerte exposici¨®n a la Influencia. El autor tom¨® este tema como pie para hablar del crecimiento de las personas sin n¨²cleos especiales, es decir, las personas como Hua. Aparentemente, este fen¨®meno se daba gracias al uso inconsciente de la Influencia por todos los seres conscientes. El autor afirmaba que, cuando uno entrena hasta el l¨ªmite de lo que su cuerpo le permite, la Influencia refuerza los m¨²sculos y, despu¨¦s, incluso los huesos. Era como un mecanismo inconsciente del cuerpo humano: acumular Influencia en las zonas que la necesitaban, utiliz¨¢ndola como fuente de energ¨ªa en momentos de escasez.Love this novel? Read it on Royal Road to ensure the author gets credit.
Eso comprender¨ªa lo fundamental del uso de la Influencia por el ser humano. Con eso terminado, el libro se explaya sobre las aplicaciones m¨¢s avanzadas.
Los famosos ¡°hechizos complejos¡±, contra los que Hua combati¨® en innumerables ocasiones, se describen como ¡°demasiado complicados para que el cerebro pueda procesarlos¡±. Incluso para los hechiceros m¨¢s experimentados, hacer llover cientos de lanzas de fuego requiere la extensi¨®n de demasiadas v¨ªas y la formaci¨®n de incontables im¨¢genes, todo realizado de manera simult¨¢nea. Entonces, ?c¨®mo se ejecutan estos hechizos tan complejos? La soluci¨®n era sencilla: de manera inconsciente. Si una persona lograba simplificar todo el hechizo en un sentimiento o en una ¨²nica imagen compleja, pod¨ªa ejecutarlo inconscientemente, como si se tratara de un hechizo b¨¢sico de manifestaci¨®n. Era algo similar a hacer trampa y poner todas las respuestas de un programa directamente en su c¨®digo. Al fin y al cabo, el ser humano estaba limitado a un procesador de un solo n¨²cleo.
Lo realmente interesante era la forma de aprender estos hechizos: bastaba con que alguien capacitado ¡°conectara¡± una v¨ªa de Influencia con la persona que quer¨ªa aprenderlo y lo ejecutara. Era un proceso extremadamente sencillo, pero luego ven¨ªa un per¨ªodo de habituaci¨®n y otro de dominio, que pod¨ªan requerir varios a?os y m¨²ltiples demostraciones del maestro. Casi todo el aprendizaje de la Influencia depend¨ªa de la inteligencia y la intuici¨®n del alumno; supongo que a eso se refer¨ªa Balance con lo de mi supuesta genialidad.
Por supuesto, tu capacidad para realizar hechizos tambi¨¦n est¨¢ limitada por la cantidad de Influencia que tienes en el tanque, es decir, en el n¨²cleo. Esto funciona exactamente igual que el man¨¢ en los videojuegos y, en realidad, es la ¨²nica diferencia entre las personas con un n¨²cleo sobredesarrollado y las dem¨¢s: simplemente poseen una reserva de man¨¢ mucho mayor.
Ah, esto me lo hab¨ªa saltado en la explicaci¨®n de los fundamentos: la Influencia del n¨²cleo se obtiene procesando y refinando la Influencia del exterior. Es un proceso bastante lento, que puede tomar desde horas hasta d¨ªas, dependiendo del tama?o del n¨²cleo del usuario.
Hablando de eso, hab¨ªa un dato curioso que explicaba por qu¨¦ en este mundo las personas comienzan a aprender a manejar la Influencia desde peque?os: el n¨²cleo de los ni?os es maleable y, con el uso constante, puede adaptarse y crecer en tama?o. Con el paso de los a?os, como efecto secundario del refinamiento de la Influencia, el n¨²cleo se endurece y pierde esa capacidad. Es algo triste; me recuerda a la elasticidad del cerebro humano. Quiz¨¢s exista una similitud entre ambos ¨®rganos.
Despu¨¦s de explicar en detalle los hechizos complejos, el libro abord¨® los hechizos de potenciaci¨®n. Son curiosos: se aprenden mediante el uso de invocaciones, cr¨¦alo o no; es decir, son hechizos hablados.
Sin embargo, esto significar¨ªa que Hua me hab¨ªa mentido, ya que el sanador que lo acompa?aba pod¨ªa debuffear a sus enemigos sin necesidad de recitar ninguna invocaci¨®n. La verdad deb¨ªa estar en alg¨²n lado...
Finalmente, el libro explic¨® los hechizos de sanaci¨®n. Estos solo requieren el uso de c¨ªrculos especiales, varios de los cuales estaban ilustrados en sus p¨¢ginas. El m¨¢s poderoso de ellos era capaz incluso de reinsertar una extremidad.
Ahora entend¨ªa por d¨®nde iba Balance con lo de los ¡®obst¨¢culos al desarrollo¡¯. ?Qui¨¦n necesita medicina cuando la magia permite tratar el cuerpo humano como si fuera un Lego?
Sin embargo, el libro no mencionaba nada sobre la capacidad de estos hechizos para curar enfermedades... Esa omisi¨®n me dej¨® un poco intranquilo.
Y eso fue el libro Magia e Influencia: Comparativa y An¨¢lisis de Textos Antiguos. La comparativa y an¨¢lisis de los textos antiguos me la salte¨¦ porque no me parec¨ªa particularmente interesante; por lo que dej¨¦ la mitad del libro por leer.
No hab¨ªa ninguna menci¨®n de ¡°auras¡±.
Mientras le¨ªa el libro, estaba planeando qu¨¦ hacer cuando terminara y cuando alcanc¨¦ la parte de las barreras, me decid¨ª.
No pude evitar que se me formara una sonrisa enorme en el rostro.
Esto era lo m¨¢s cercano a una trampa que se me hab¨ªa otorgado. Mi ventaja, la bendici¨®n del lenguaje, me permit¨ªa aprender cualquier idioma con solamente contactarlo. Eso significaba que¡
Toda esta pila de libros que trajo Nutiden¡
?Me iba a dar una millonada de stat points! ?Probablemente, aprender¨¦ casi todos los idiomas de este mundo en unos pocos minutos!
Despu¨¦s de mucho esfuerzo, saqu¨¦ el primer libro de la pila, casi logrando que se me cayeran todos encima; sin duda, una muerte penosa.
Abr¨ª el libro¡
8
Te planteo una pregunta:
?Es la tortuga de Fermili¨²n sabia y poderosa o d¨¦bil y est¨²pida?
Era algo imposible de saber, principalmente porque no sab¨ªa qui¨¦n era ¡°Fermili¨²n¡±, ni mucho menos qu¨¦ hab¨ªa hecho su tortuga. Pero, en el idioma flaquense, ¡°Puede enfrentarse a la tortuga de Fermili¨²n¡± era una expresi¨®n que significaba que el sujeto de la misma pose¨ªa una fuerza notoria, o tambi¨¦n que era imbatible en las apuestas. Sin embargo, la misma expresi¨®n (¡°Puede enfrentarse a la tortuga de Fermili¨²n¡±) era utilizada en el idioma de Plainesud para sugerir que el sujeto en cuesti¨®n era tan d¨¦bil que la tortuga de Fermili¨²n era su ¨²nico digno oponente.
Honestamente, lo m¨¢s divertido de aprender todos estos idiomas era la cantidad de informaci¨®n adicional que se me agregaba al instante. Sent¨ªa que me pod¨ªa expresar mucho mejor con cada lenguaje nuevo que aprend¨ªa.
Abr¨ª un libro nuevo, cuyo lenguaje estaba escrito en ¨²nicamente figuras redondas. Para ser sincero, lo hab¨ªa escogido solo porque ese aspecto llam¨® mi atenci¨®n. En el momento en que leo los caracteres de un lenguaje nuevo, solo los puedo ver por lo que son, s¨ªmbolos. Pero, despu¨¦s de unos segundos, la bendici¨®n comienza a aplicar y todos esos s¨ªmbolos obtienen un significado en mi mente.
Este lenguaje utilizaba idiogramas; todos estos se escrib¨ªan usando ¨²nicamente un conjunto de curvas y figuras redondas. A pesar de lo complejo que pod¨ªa sonar, yo considerar¨ªa este lenguaje como el m¨¢s simple de entre los que aprend¨ª. Hm¡ ?C¨®mo explicarlo bien? Era algo crudo, pero siempre se apegaba a un sistema l¨®gico en la estructura de las oraciones. Estar¨ªa bueno tener una idea de d¨®nde quedaba ¡°Matilo¡±, que era el pa¨ªs de origen de este idioma. Echarle un vistazo a la gu¨ªa de Shen Yu Shanson parec¨ªa una mejor idea con cada segundo que pasaba.
La pregunta era: ?Qu¨¦ har¨ªa alguien que revisa la mata dos veces? (id est: alguien sabio, seg¨²n los matilenses).
La respuesta era simple: no asentarse en la orilla del r¨ªo. (id est: No acobardarse cerca de la meta, seg¨²n los habitantes de Jalk¨®s). Aprender¨¦ dos idiomas m¨¢s y luego revisar¨¦ la gu¨ªa de Shen.
¡
Termin¨¦ leyendo seis libros m¨¢s. No era mi intenci¨®n inicial, pero la sensaci¨®n era algo adictiva. Estuve tan cerca de detenerme en el cuarto¡ Pero bueno, el invierno vendr¨¢ de igual forma.
¡ªOh¡
Repentinamente, me sent¨ª terriblemente cansado. Quiz¨¢ explotar la bendici¨®n del lenguaje de esta manera no era tan buena idea despu¨¦s de todo. Mmm¡ Necesito llamar a Nutiden.
¡ª?Se siente bien, se?or? ¡ªse escuch¨® una voz a mis espaldas.
¡ª?AH! ?Nutiden! ?Desde hace cu¨¢ndo est¨¢s ah¨ª?
La sirvienta estaba parada como si hubiera estado esperando todo este tiempo. Su expresi¨®n no daba pistas de nada, pero eso era lo usual.
¡ªAcabo de llegar, se?or ¡ªafirm¨®.
No sab¨ªa si creerle o no, pero estar¨ªa mintiendo si dijera que su presencia no era oportuna.
¡ªNutiden, quiero guardar todos estos libros que me quedan, ?c¨®mo puedo hacerlo?
Se?al¨¦ a la pila grande de libros de idioma que todav¨ªa me faltaban y la pila peque?a de los libros que escog¨ª.
¡ª?Quiere llevarlos a la residencia, se?or?
¡ªEh, no. ?No puedo dejarlos en alg¨²n lado para no tener que retirarlos de su lugar ma?ana nuevamente?
¡ªS¨ª, creo que puedo arreglar eso. ¡ªLa sirvienta afirm¨® con una leve inclinaci¨®n de su cuello y, al instante, se march¨®.
¡ªYa veo, gracias¡ Nutiden¡ ¡ªLe agradec¨ª a su cada vez m¨¢s lejana silueta.
Dos minutos despu¨¦s, la sirviente regres¨®.
¡ªSolo d¨¦jelos en esta mesa, se?or.
¡ª?Segura? ?No podr¨ªa estorbar a otra persona ma?ana?
La sirvienta neg¨® tranquilamente con la cabeza.
¡ªLa biblioteca es grande, se?or. Hay decenas de mesas en las que sentarse.
Ciertamente, era un edificio bastante amplio, con un segundo piso incluido y todo.
¡ªBueno¡ ?Quieres ayudarme a poner estos de vuelta en su lugar? ¡ªse?al¨¦ a la pila de libros que hab¨ªa le¨ªdo.
Yo pod¨ªa devolver los que hab¨ªa escogido, pero no los que Nutiden hab¨ªa recolectado. Por m¨¢s que me pesara, lo m¨¢s sabio era pedir su asistencia en este momento.
¡ª?No desea que lo haga yo sola?
Esta mujer se regocijaba en la servidumbre.
¡ªYo devolver¨¦ los que agarr¨¦; mientras tanto, devuelve los que has recogido de esta pila, por favor.
La sirvienta asinti¨® con una reverencia y se march¨® con la pila de 12 libros en la mano, como si no pesaran nada.
Coloqu¨¦ el libro de Influencia y la novela ligera power fantasy en los huecos de donde los hab¨ªa sacado. Para cuando regres¨¦ a la mesa, Nutiden ya se encontraba esperando a un lado, a pesar de que ten¨ªa que devolver seis veces la cantidad de libros¡ Esta mujer era c¨®micamente eficiente.
¡ªHaa¡ ¡ªBostec¨¦¡ª Nutiden, creo que me pic¨® una polilla¡ ?Podemos volver a descansar?
¡ª?Lo atac¨® un insecto, se?or?
Empec¨¦ a emprender el viaje de regreso a la residencia.
¡ªJa, ja. No, es solo un chiste. Es una expresi¨®n de Jalk¨®s para decir que tienes sue?o.
Jalk¨®s ten¨ªa buenos dichos, muy curiosos tambi¨¦n. ?C¨®mo llegaron a la conclusi¨®n de que la picadura de una polilla causa somnolencia? Sonaba a la historia de un cuento de hadas.
Salud¨¦ al asistente/guardia de la biblioteca y comenzamos a recorrer los caminos empedrados del instituto.
¡ªSe?or.
Incre¨ªblemente, Nutiden tom¨® la iniciativa para conversar.
¡ª?Qu¨¦ sucede, Nutiden?
Me volte¨¦ para contestarle y estir¨¦ los brazos detr¨¢s de mi cabeza.
¡ªSe?or, ?verdaderamente ley¨® todos esos libros? ¡ªpregunt¨® sin extra?arse, porque probablemente no era capaz de semejantes emociones¡ª. ?Verdaderamente¡ aprendi¨® un idioma?
Decid¨ª mezclar un poco de mentira con realidad. La verdad era que solo hab¨ªa visto un par de p¨¢ginas de cada libro con un idioma nuevo. El libro de Influencia lo hab¨ªa le¨ªdo por la mitad. El ¨²nico que le¨ª completo era el de Hua.
Volv¨ª a caminar hacia la residencia.
¡ªNo, Nutiden, ya sab¨ªa esos idiomas, solo estaba repasando. Le¨ª dos libros, nada m¨¢s, uno sobre Influencia y ¡°Hua, Pu?o de Hierro¡±.
¡ª?Ley¨® ¡°Hua, Pu?o de Hierro¡±, se?or?
¡ªS¨ª.
¡ª?Completo?
¡ªEh¡ S¨ª.
?La chica era fan del libro?
¡ª?Cu¨¢ntos idiomas puede hablar, se?or?
¡ª13 hasta el momento, Nutiden.
¡ª?Qu¨¦ le interesaba saber del libro de Influencia?
Wowowo. ?Qu¨¦ estaba ocurriendo? ?Desde hace cu¨¢ndo Nutiden hablaba tanto? ?Reemplazaron mi Nutiden por otra? ?Siempre hubo dos Nutiden? No, la existencia de una sola era un milagro divino; que existieran dos ser¨ªa un mimo de Dios a la raza humana.
¡ªNo sab¨ªa nada de Influencia, por lo que quer¨ªa aprender lo b¨¢sico, por lo menos ¡ªdecid¨ª no mentir.
¡ªSe?or, si puedo ser brevemente descort¨¦s, ?c¨®mo es posible que no sepa nada de Influencia, pero pueda hablar 13 idiomas distintos?
Huh. Em. ?Esto era un castigo por mentir? ?O por no mentir del todo? ?Este era mi castigo por asentarme en la orilla del r¨ªo?
Levant¨¦ los brazos. A pesar de que mi treta hab¨ªa sido desenmascarada, no me sent¨ª para nada incentivado a seguir minti¨¦ndole a esta buena chica. Es cierto, no pod¨ªa hablarle sobre mi relaci¨®n con Balance; eso conllevaba, por supuesto, que no pod¨ªa revelarle la naturaleza de mi bendici¨®n. Por lo tanto, tan solo necesitaba dejar mi dignidad a un lado y mentir ligeramente sobre mis aptitudes.
¡ªMe atrapaste, Nutiden. Acabo de aprender los idiomas leyendo los libros. Es un¡ talento que tengo. Lo de la Influencia me extra?a a m¨ª tambi¨¦n, pero solo aprend¨ª de su existencia hace unos pocos d¨ªas.
Ning¨²n ser humano ser¨ªa capaz de semejante haza?a. Incluso dir¨ªa que hay un limitante f¨ªsico en el hecho de que los conocimientos se tienen que traspasar a la memoria de largo plazo. A la vez, es irrisorio que alguien pueda dirimir todas las minucias del lenguaje hablado con tan solo leer un libro. En este caso, apost¨¦ a que la falta de conocimiento general de las personas de este mundo jugara a mi favor y esa mentira fuera un poco menos inveros¨ªmil. Incluso con Nutiden, siento que puedo hacer uso de esa ignorancia.
¡ª?Aprendi¨® todos esos idiomas con solo leer los libros?
¡ªEh¡ S¨ª.
¡ª?Puede hablarlos, tambi¨¦n?
¡ªS¨ª.
Nutiden mir¨® al suelo un momento. No cre¨ªa que estuviera haciendo ninguna expresi¨®n perceptible, pero incluso si ese fuera el caso, ser¨ªa imposible para m¨ª notarlo, dada su posici¨®n detr¨¢s de m¨ª.
¡ª?Conoce la lengua del norte?
Parece que crey¨® la mentira. O al menos la crey¨® lo suficiente para aceptarla de manera moment¨¢nea.
¡ª?¡±Lengua del norte¡±? ¡ªRepregunt¨¦, mirando al techo azulado de la naturaleza¡ª. No, no estaba entre los libros que le¨ª.
¡ª¡
¡ª?Nutiden?
¡ª?Podr¨ªa aprender ese idioma ma?ana?
?Nutiden pidi¨¦ndome algo a m¨ª? Esto ya me estaba empezando a aterrar un poco.
¡ªEst¨¢ bien, Nutiden. ?Pero por qu¨¦?
Hubo un peque?o silencio por segunda vez.
¡ªMe gustar¨ªa escuchar ese lenguaje nuevamente. ¡ªFinalmente respondi¨®.
?Ser¨¢ el idioma de su reino natal? Qu¨¦ inusual¡ que Nutiden quiera algo.
CapÃtulo 30 - , Viejos SÃntomas - Parte 1
1
¡ª¨€¨€¨€¨€.
Mi nombre en la puerta.
¡ª¨€¨€¨€¨€, te estoy esperando ¡ªera una voz armoniosa y tan, tan c¨¢lida.
Yo la pod¨ªa o¨ªr desde el otro lado.
¡ª¨€¨€¨€¨€, solo quiero saber que est¨¢s bien ¡ªera la voz de mi madre.
Apret¨¦ los dientes y apoy¨¦ mi cuerpo sobre la puerta.
¡ªPara serte honesta, estoy preocupada ¡ªel color de su voz era azul melanc¨®lico¡ª. Me preocupa que no salgas de all¨ª. Tengo miedo de que hagas algo¡ Solo me gustar¨ªa verte otra vez.
Cerr¨¦ los ojos y dej¨¦ caer mi cuerpo al piso.
¡ªSolo quiero ver a mi hijo feliz otra vez ¡ªdej¨® salir, junto a un leve sollozo.
Perd¨®n.
¡ªTu cumplea?os ser¨¢ muy pronto ¡ªse recompuso un poco¡ª; tus hermanos est¨¢n emocionados. Puedes salir cuando quieras, nadie te dir¨¢ nada.
Perd¨®n.
¡ªEl problema que tienes¡ Si nos lo quieres decir, te estaremos esperando. O si quieres dec¨ªrmelo solo a m¨ª¡ o a tu padre.
Perd¨®n. Perd¨®n.
¡ªPor favor, dime ¡ªsuplic¨®, su voz quebradiza¡ª, ?cu¨¢nto tiempo te quedar¨¢s all¨ª?
Perd¨®n. Perd¨®n. ?Perd¨®n!
2
¡ª???AHHH!!!
¡ª?Se?or! ??Se encuentra bien!?
?D¨®nde estaba? ?D¨®nde estoy? En¡
Ah. Era un sue?o. Sigo aqu¨ª. Estoy con Mira.
¡ªPerd¨®n, Nutiden.
Sequ¨¦ las l¨¢grimas que se hab¨ªan escapado de manera profusa mientras so?aba. Ya estaba siendo un evento recurrente.
¡ª?Est¨¢ seguro de que se encuentra bien?
¡ªS¨ª, Nutiden. Fue solo un¡ mal sue?o.
¡ª?Desea que haga algo por usted?
¡ªNo es necesario, Nutiden. Muchas gracias.
Ya que la chica no ten¨ªa problema en ingresar a mi habitaci¨®n mientras dorm¨ªa, empec¨¦ a entrar en el h¨¢bito de vestirme antes de dormir, por lo que cambiarme no era una necesidad.
¡ª?Est¨¢ el desayuno preparado?
¡ªS¨ª, se?or.
¡ªGracias, Nutiden.
¡ªEs mi trabajo, se?or.
Di un solo paso hacia la entrada; entonces sent¨ª un peso enorme cayendo en mis hombros.
No pod¨ªa avanzar m¨¢s.
¡ª?Est¨¢ bien, se?or?
¡ªNutiden.
¡ª?S¨ª?
¡ª?Podr¨ªas retirarte un segundo? Yo ir¨¦ dentro de poco.
¡ª¡ªComo usted desee. ¡ªLa sirvienta se inclin¨® antes de marcharse.
No me pod¨ªa mover.
¡°Solo quiero ver a mi hijo feliz otra vez.¡±
La enorme injusticia que le hab¨ªa propinado a mi madre no ten¨ªa nombre. Hab¨ªa hecho algo sin ning¨²n perd¨®n.
Dej¨¦ de hacer fuerza con las piernas para apoyarme en el suelo de madera.
Sin dar razones, sin tenerlas siquiera. Sin motivo ni justificaci¨®n. Sin excusa y sin consuelo. Preocupar y lastimar a las ¨²nicas personas que me importaban de tal forma, solo para terminar optando por escapar y no volver nunca m¨¢s. Sin respuestas, sin conclusiones: solo dolor y confusi¨®n. De esa forma hab¨ªa tratado a las personas que m¨¢s amaba. ?C¨®mo pod¨ªa osar pensar que yo merec¨ªa ser amado?
No¡
No pod¨ªa caer en esto de nuevo. Ten¨ªa una misi¨®n ahora. Ten¨ªa una responsabilidad y un contrato. Ten¨ªa la certeza de que, con tan solo hacer lo que se ped¨ªa de m¨ª, podr¨ªa cambiar. Podr¨ªa ser distinto.
Ten¨ªa que aprender a utilizar Influencia; esa era mi misi¨®n. Ese era mi objetivo. Si era capaz de hacer eso, entonces¡ todo cambiar¨ªa. As¨ª que ten¨ªa que hacerlo.
Levant¨¦ mi brazo derecho; el izquierdo todav¨ªa ten¨ªa un poco de dolor y no quer¨ªa ninguna inconveniencia. Era un hechizo b¨¢sico, algo que los ni?os de este mundo pod¨ªan hacer. Solo ten¨ªa que materializar agua en las puntas de mis dedos. Ten¨ªa que crear el punto de eyecci¨®n, concentrar la Influencia, crear la imagen, fortalecer mi atributo y entonces¡
Sent¨ªa algo. Sent¨ªa que estaba cerca de lograr algo. Hab¨ªa un cosquilleo en mi mano, algo que se aproximaba t¨ªmidamente y daba una peque?a se?al.Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on Royal Road.
Estaba cerca. Estaba cerca¡ Estaba tan cerca¡
Pero lo perd¨ª. En el ¨²ltimo instante, la imagen en mi cabeza se empa?¨®.
Tan solo pod¨ªa mirar al suelo de la habitaci¨®n y asumir mi fracaso.
3
Volv¨ª a la biblioteca. Dej¨¦ a un lado todos los libros que no hab¨ªa le¨ªdo y recolect¨¦ todo lo que encontraba relacionado con la Influencia.
Comenc¨¦ a leer.
Ninguno dec¨ªa nada nuevo. Hab¨ªa descripciones que comparaban el movimiento de la Influencia con el de un tent¨¢culo y otras, contradictorias, que la equiparaban a un m¨²sculo. Un cuento intrascendente sobre un ni?o que pod¨ªa utilizar Influencia desde su nacimiento. Una explicaci¨®n err¨®nea sobre el origen de los atributos. Un libro detallaba el crecimiento del n¨²cleo en ni?os con talento. En este mundo, los ni?os pod¨ªan nacer con tama?os de n¨²cleos incre¨ªblemente dispares, incluso entre los talentosos, pero, al mismo tiempo, su potencial de crecimiento era otra variable completamente independiente. Incluso si el tama?o inicial de un n¨²cleo era menor que otro, su potencial pod¨ªa ser mayor. No sab¨ªa cu¨¢l era mi caso en particular. Hab¨ªa varios ejemplos de ni?os cuyos n¨²cleos crec¨ªan r¨¢pidamente hasta los siete u ocho a?os y, luego, dejaban de expandirse con tanta velocidad. A pesar de no haberse endurecido a¨²n, era como si su destino estuviera escrito.
Otro libro hablaba de artilugios m¨¢gicos: objetos que, al ser expuestos a una gran cantidad de Influencia, adquirieron propiedades especiales; estos suelen encontrarse en lugares denominados ¡°laberintos¡±.
No hab¨ªa nada ¨²til. Hab¨ªa le¨ªdo por completo 15 libros distintos, algunos en otros idiomas, pero no pod¨ªa hacer uso de ninguna de las descripciones que me ofrec¨ªan.
Quiz¨¢ deber¨ªa pedirle a alguien que me ense?ara uno de esos hechizos complejos; tal vez as¨ª ser¨ªa capaz de entender la forma en la que se usa la Influencia. Incluso si no puedo replicar un hechizo; si tan solo entiendo un poco m¨¢s¡
Fue entonces que encontr¨¦ un libro particular. Era solamente una historia, la historia de un ni?o. El t¨ªtulo del libro era: ¡°Mago¡±. Como estaba vagamente relacionado con la Influencia, lo recog¨ª; pero, al no tener ninguna expectativa de ¨¦l, lo dej¨¦ para el final. No era una leyenda, ni tampoco un ensayo. Solo era el recuento en primera persona de lo que experiment¨® el autor en su ni?ez.
El autor le tem¨ªa al fuego. Ese temor no ten¨ªa una causa particular, al menos no una que ¨¦l recordase. El ni?o no pod¨ªa ver fuego y permanecer tranquilo; la sensaci¨®n del calor en su piel le era insoportablemente inc¨®moda. A pesar de eso, el ni?o tuvo que crecer rodeado del elemento. No era como que las personas en este mundo tuvieran electricidad; no hab¨ªa hornos, ni l¨¢mparas; por lo que el fuego fue un desagradable acompa?ante en su vida.
Entonces, el hechicero de su pueblo lo diagnostic¨® como alguien con aptitud para la Influencia. El ni?o hab¨ªa reaccionado como cualquiera lo har¨ªa, con emoci¨®n. Sus padres estaban satisfechos con sus prospectos tambi¨¦n. ¡°Tal vez ahora superar¨¢s ese tonto miedo a las fogatas¡±, le hab¨ªa bromeado su padre, sin mucho pensamiento detr¨¢s del chiste. El autor nunca pudo olvidar esas palabras, quiz¨¢ por la insensibilidad de su pariente, quiz¨¢ por la impotencia que le hizo sentir. Despu¨¦s de todo, era un miedo irracional, un miedo sin raz¨®n.
El hechicero del pueblo le intentaba ense?ar Influencia, pero el ni?o nunca lograba concretar ni el m¨¢s m¨ªnimo hechizo b¨¢sico; apenas era capaz de controlar peque?as cantidades de agua. Su hechicero tutor estaba frustrado. Aparentemente, el talento del ni?o era enorme; pero, despu¨¦s de meses de tutor¨ªa, solo hab¨ªa logrado que el ni?o se sirviera un vaso de agua con extrema dificultad.
El ni?o so?aba y fantaseaba con ser un hechicero imponente. Pensaba que, si llegaba a cierto nivel de habilidad, o cierto nivel de poder, su miedo al fuego se volver¨ªa un asunto del pasado; ?por qu¨¦ le tendr¨ªa miedo a algo que pod¨ªa extinguir con un movimiento de su mano?
Despertando de una de esas fantas¨ªas, el ni?o se encontr¨® delante de su casa, confrontando esa sensaci¨®n familiar y desagradable de sus poros siendo abrasados por el calor de una llama. El movimiento violento y aterrador del fuego vivo ocupando todo su campo de visi¨®n. Como si fueran los deseos de un dios de humor c¨ªnico e ir¨®nico, su casa se estaba incendiando.
P¨¢nico, primero; luego miedo, terror, pavor, el m¨¢s profundo horror nacido de su fobia, pero pronto hecho un resultado racional de su horrible situaci¨®n. Despu¨¦s de llorar, despu¨¦s de desahogar sus penas delante de su peor pesadilla, otro sentimiento comenz¨® a formarse en su interior: Una bruta, implacable, en¨¦rgica, feroz y ardiente ira. Una ira tan t¨®rrida, tan sofocante, que logr¨® quemar incluso esa irracional e incapacitante fobia que se encontraba en el lugar m¨¢s rec¨®ndito de su interior.
Como en sus fantas¨ªas, con el movimiento de uno de sus brazos, parti¨® la llama que estaba carbonizando su casa. No logr¨® recuperar nada. No gan¨® nada. Perdi¨® todo y, cuando lo hizo, gan¨® el talento que su potencial tanto promet¨ªa.
No hab¨ªa una ense?anza particular, no hab¨ªa un mensaje ni una explicaci¨®n de nada. Solo era una historia.
El autor cierra el libro con el dato de que hab¨ªa logrado alcanzar el nivel de ¡°mago¡± en el a?o que escribi¨® este libro, por ende el t¨ªtulo del mismo.
El autor ten¨ªa talento, pero su miedo irracional lo hac¨ªa impotente. El ¡°fuego¡± no le permit¨ªa acceder a su propia habilidad.
?Cu¨¢l era mi ¡°fuego¡±? ?C¨®mo me deshac¨ªa de ¨¦l?
Me retir¨¦ al campo de pruebas.
Si eliminaba todo pensamiento basura que estorbaba mi imagen, si canalizaba mi atributo correctamente, entonces tambi¨¦n deber¨ªa tener ¨¦xito. Al menos, eso me dijeron Partum y Balance. Deber¨ªa tener talento para esto; deber¨ªa ser mi punto fuerte.
Estir¨¦ mi mano derecha. Pens¨¦ en ¡°agua¡±, solo ¡°agua¡±. No sab¨ªa c¨®mo funcionaba el movimiento intra-corporal de la Influencia; lo mejor que pod¨ªa intentar era formar una imagen s¨®lida en mi cabeza.
Y¡ Lo sent¨ªa¡ Sent¨ªa algo tomando forma¡ Sent¨ªa ese cosquilleo en las puntas de mis dedos¡ Sent¨ªa que estaba a punto de conseguirlo.
¡
¡
¡
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? ¡ªera una voz grave y severa¡ª. ?Cu¨¢nto tiempo vas a seguir escondido?
Sent¨ª un fr¨ªo sudor escalando por mi cuerpo.
¡ª?Cu¨¢nto tiempo tardar¨¢s?
Mis ojos recorr¨ªan toda la habitaci¨®n desordenada, buscando desesperadamente un escape; al no conseguirlo, volv¨ªan preventivamente a la puerta, asegur¨¢ndome de que nada del exterior se estuviera asomando por ella.
¡ªHay cosas que debes hacer ¡ªme advirti¨® la voz desde afuera¡ª. Sabes que esto no puede durar para siempre, ?no?
Mi cabeza comenz¨® a arder.
¡
¡
¡
Nutiden me asisti¨® para ponerme de pie. Me hab¨ªa olvidado de su presencia. ?Estuvo sigui¨¦ndome todo el d¨ªa?
No pod¨ªa respirar¡
No- No pod¨ªa pensar con claridad¡
Mi cabeza estaba ardiendo¡
¡
Fracas¨¦ otra vez.
4
¡ª?Est¨¢ intentando utilizar Influencia?
La sirviente asinti¨®.
¡ªS¨ª, se?ora. Cada vez que lo intenta, fracasa; pero ¨¦l no desiste.
¡ªQu¨¦ extra?o¡ ?Por qu¨¦ insistir¨ªa con eso, si sabe que no tiene talento? No es ese tipo de persona¡
¡ªNo lo s¨¦, se?ora. En la biblioteca ley¨® 15 libros distintos sobre el asunto. Lee incre¨ªblemente r¨¢pido.
Mira silb¨®.
¡ªPara que Nuti lo est¨¦ diciendo, realmente debe ser veloz. Por otro lado, eso significa que est¨¢ obsesionado con el asunto¡
¡ªSi me permite¡
¡ªNo tienes que pedir permiso, Nuti.
¡ª?Cu¨¢l es la historia del se?or? Por lo que vi es una persona¡ incre¨ªblemente extra?a.
¡ªHuh. No recuerdo que alguna vez te hayas interesado en otra persona¡ Pero tal vez eso se deba a mi mala memoria.
La sirviente permaneci¨® en silencio, esperando la respuesta a su pregunta; Mira eventualmente se la concedi¨®.
¡ª?Qui¨¦n sabe? ¡ªpero se la concedi¨® con otra pregunta, achic¨¢ndose de hombros¡ª. Ni siquiera yo conozco su verdadero origen.
¡ªSe?ora, si me permite, ?por qu¨¦ lo trajo aqu¨ª, si ni siquiera sabe eso?
¡ªSi a Nutiden Inovatio le termin¨® interesando el chico, entonces no me equivoqu¨¦ en traerlo. Ya lo has visto, ?no? Es un esp¨¦cimen peculiar. Me interesa.
La sirviente no respondi¨®, haciendo que la sonrisa en la cara de Mira desfallezca levemente.
¡ªPero esto es un problema, ?no? Si las cosas siguen as¨ª, me tendr¨¦ que involucrar de nuevo. No es como si no tuviera un plan para ¨¦l, pero no quer¨ªa adelantar las cosas¡
CapÃtulo 31 - , Viejos SÃntomas - Parte 2
5
Tengo que volver al instituto. Tengo que intentarlo nuevamente. Si lo consigo, entonces podr¨¦ progresar. Debo tener ¨¦xito. Debo cambiar.
Mi mano perdi¨® todas las fuerzas al aproximarse al picaporte.
Ten¨ªa miedo. Y ten¨ªa miedo de tener miedo¡ Me sent¨ªa as¨ª porque ya conoc¨ªa esta sensaci¨®n. Era el mismo de aquel entonces, el mismo malestar. Siempre era la misma sensaci¨®n.
Ten¨ªa un peso en el est¨®mago. Mi cabeza estaba ardiendo.
No me quedaba mucho tiempo¡ Si no lo consegu¨ªa pronto, entonces no tendr¨ªa asegurado lograrlo en ning¨²n tiempo cercano. No quer¨ªa que todo ocurriera de nuevo.
Apoy¨¦ mi mano en el picaporte, pero se resbal¨® por el sudor acumulado.
No pod¨ªa ocurrir de nuevo, no otra vez. No despu¨¦s de lo que sacrifiqu¨¦. No despu¨¦s de todas mis equivocaciones.
Ten¨ªa miedo. Ten¨ªa miedo. Ten¨ªa miedo. Ten¨ªa miedo. Ten¨ªa miedo.
La puerta se abri¨®.
¡ªSe?or, ?estaba despierto? Entr¨¦ para despertarlo. Su desayuno est¨¢ preparado.
Aprovech¨¦ la situaci¨®n para dar un paso a trav¨¦s del marco de la puerta.
6
¡ª?Estuviste disfrutando de la biblioteca? ¡ªme pregunt¨® Partum.
Asent¨ª.
¡ª?Y sobre qu¨¦ estuviste leyendo?
¡ªInfluencia.
¡ª?Oh! Un tema fascinante, ?no? ¡ªEl rubio tom¨® mi respuesta como una grata sorpresa¡ª. Por lo menos para m¨ª lo es. Mi inter¨¦s por ella fue mi raz¨®n, de hecho, para fundar este instituto ¡ªdijo, antes de meterse una cucharada grande de comida en la boca.
¡ª?T-T¨² fundaste el instituto, Partum? ?Con qui¨¦nes?
Entend¨ªa que ten¨ªa una posici¨®n importante aqu¨ª. Tambi¨¦n entend¨ªa que no era el que estaba al mando de todo; el se?or bajito ese lo hab¨ªa mangoneado y me enumer¨® ocasiones en las que hab¨ªa sido castigado.
¡ª?S¨ª! ?Yo solito! Hice un buen trabajo, ??no!? Parece una instituci¨®n viej¨ªsima, pero tan solo tiene unos diez a?os. La fund¨¦ a partir de la biblioteca que ya ten¨ªa la ciudad, por lo que pude aprovechar el talento de los intelectuales que la administraban. Pero, cr¨¦eme ¡ªhizo una cruz con las manos¡ª, no fue sencillo convencerlos. Los adultos y los ancianos suelen ser muy tercos y testarudos; no escuchar¨¢n f¨¢cilmente lo que un joven de 15 a?os tiene para decirles.
Bueno. El muchacho claramente era un genio, pero tambi¨¦n era claramente un idiota. Era un genio-idiota. Yo, cuando ten¨ªa 15 a?os, celebraba el regalo de una tarjeta de video nueva de mis padres. Este hombre estaba poni¨¦ndose al mando de la creaci¨®n de una universidad en la capital de uno de los pa¨ªses m¨¢s importantes de su mundo. Ciertamente, era el hermano de Mira, eso no lo pod¨ªa dudar m¨¢s. Pero no consegu¨ªa entender del todo las jerarqu¨ªas del lugar; es decir, si a unos simples estudiantes se les permit¨ªa atar y apedrear al director de toda la obra¡ Pero de nuevo, Partum era un idiota.
¡ªPartum, ?qu¨¦ haces exactamente? ?Solo administras este instituto? ?C¨®mo lograste financiar todo esto? ?Te dieron plata tus padres? ?O Mira?
Partum se rio ruidosamente con la comida a¨²n en su boca.
¡ª?No s¨¦ cu¨¢l es m¨¢s graciosa, si la idea de mis padres regal¨¢ndome dinero o la idea de mi hermanita haci¨¦ndolo! ¡ªexclam¨®, carcajada de por medio.
Bueno¡ A m¨ª mis pap¨¢s me regalaron una tarjeta de video¡ No era un pensamiento muy disparatado que sus padres le hayan dado un peque?o pr¨¦stamo de un mill¨®n de d¨®lares o algo as¨ª¡ Hablando de eso, ?c¨®mo ser¨¢n los padres de Mira y Partum? Mmm¡ Por alg¨²n motivo, pensar en ellos me hac¨ªa temblar.
¡ªPero, bien pensado ¡ªcontest¨® Partum, sec¨¢ndose una l¨¢grima del ojo¡ª, este lugar no se podr¨ªa haber financiado solo¡ ¡ªEl joven se acerc¨® y me susurr¨®¡ª: Escucha, este es mi negocio principal.
Repentinamente, produjo de su manga derecha una cuchilla larga que apunt¨® contra el puente de mi nariz.
No reaccion¨¦.
Habi¨¦ndose divertido con la broma. El chico dio vuelta la cuchilla en su mano y me present¨® su mango.
¡ªVamos, t¨®malo. No muerde¡ Solo corta.
Hice lo que se me pidi¨®.
¡ªEs una cuchilla ¡ªnot¨¦ lo obvio.
¡ªClaro, es una cuchilla. No muy linda, ?no? Y bastante oxidada tambi¨¦n¡
¡ªEs una cuchilla oxidada.
Partum sonri¨®, levant¨® las cejas y me indic¨® algo con la cabeza.
¡ª?Qu¨¦?This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it.
¡ªPru¨¦bala. ¡ªHizo el mismo gesto.
Traje hacia m¨ª la cuchilla que estaba sujetando con ambas manos. ?C¨®mo, exactamente, quer¨ªa que la probara? ?Quer¨ªa que cortara algo? ?¡A alguien?
¡ªDale un cuchillazo al aire, como si lo estuvieras cortando. Ap¨²ntale al pantal¨®n de ese sujeto, si puedes.
?Al aire? Analic¨¦ el arma una vez m¨¢s, intentando descubrir sus secretos¡ Era in¨²til.
Por mera cortes¨ªa pasajera, decid¨ª no seguir la indicaci¨®n de Partum. Afortunadamente, como por obra divina, decid¨ª no seguir la indicaci¨®n de Partum.
Le di un corte vertical al aire delante de m¨ª. Al encontrarme en una de las mesas en medio del comedor, ten¨ªa unas tres mesas m¨¢s hasta alcanzar la pared. Mesas llenas de gente, por cierto. Pero, nuevamente, como por acto divino, ninguna de esas personas estaba en medio de la trayectoria de la cuchilla.
Siguiendo el movimiento de mi brazo, un viento tan filoso como la cuchilla misma se desprendi¨® de esta. Nuestra mesa, la de delante, la que estaba delante de esa, y la que segu¨ªa a esa tambi¨¦n, fueron cortadas limpiamente por la mitad. Finalmente, el corte fue recibido por la pared, dejando una marca perpendicular al suelo como el ¨²nico remanente de mi acci¨®n.
Me agach¨¦ como si hubiera disparado un arma por accidente.
¡ª?PARTUM, IDIOTA! ¡ªle grit¨¦ en voz baja, debajo del asiento.
Solt¨¦ el cuchillo delicadamente en el banco mientras todo el comedor se sum¨ªa en un profundo silencio.
Las mesas, al ser cortadas, dejaron caer todo lo que sosten¨ªan hacia los lados. Las personas, al casi ser cortadas, dejaron de mantener las amenas conversaciones que le daban vida al sal¨®n. Una espesa, tan gruesa como inc¨®moda capa de silencio se esparci¨® por todo el lugar.
¡ª?JA, JA, JA! ¡ªrio el lun¨¢tico al que hab¨ªa confundido por un ser humano consciente y sensato.
¡ª?PARTUM! ??CU¨¢NTAS VECES TE DIJIMOS QUE NO AGITARAS ESE CUCHILLO POR DOQUIER!?
¡ª?Perd¨®n, chicos! ?Fue un accidente! ?Lo juro! ?Pfftt¡! ?Ja, ja, ja!
Una muchedumbre de personas recogi¨® a mi ¡°doctor¡± de su asiento como si le estuvieran por suministrar la paliza de su vida.
Yo me retir¨¦ por un costado, intentando no llamar la atenci¨®n.
7
Eso era Influencia. Uno de esos ¡°artilugios m¨¢gicos¡± sobre los que hab¨ªa le¨ªdo. Partum no hab¨ªa podido terminar lo que quer¨ªa decir, pero creo que la idea qued¨® bastante clara. ¨¦l se dedicaba a la venta, colecci¨®n o algo relacionado con esos artefactos. Ciertamente, pose¨ªan un poder aterrador y pod¨ªan ser usados incluso por personas sin capacidades como yo. Su utilidad era obvia.
Si pod¨ªa tener un poder similar a ese¡ Entonces la idea de derrotar a ese duende, o al ¨¢rbol, o esos h¨¦roes, no parec¨ªa tan descabellada. Una fuerza sobrehumana, capaz de destruir todo lo que se encontraba¡ Ten¨ªa que conseguirlo¡ Ten¨ªa que aprenderlo lo m¨¢s r¨¢pido posible¡ No me quedaba mucho tiempo.
¡ª?Se encuentra bien, se?or?
?Ah! Mierda, me hab¨ªa olvidado que estaba conmigo.
¡ª?Nutiden! ?Desde hace cu¨¢nto tiempo est¨¢s ah¨ª?
Me hab¨ªa detenido en la entrada de la biblioteca del instituto, intentando juntar fuerzas para sumergirme en la mayor cantidad de libros que pod¨ªa encontrar. La poca gente que circulaba lo hac¨ªa rode¨¢ndome tranquilamente, as¨ª que no me preocup¨¦ por obstaculizar a un transe¨²nte¡ Pero me hab¨ªa olvidado completamente de esta chica¡ Creo que ni siquiera hac¨ªa ruido al pisar¡
¡ªLo estuve acompa?ando todo el d¨ªa, se?or.
Es cierto, hab¨ªa sido as¨ª toda la semana. No hab¨ªa raz¨®n para que eso cambiara hoy particularmente. Ya le hab¨ªa pedido a Mira que la retirara de su funci¨®n, pero ella insist¨ªa con esto. No entend¨ªa por qu¨¦ la estorbaba con mi cuidado¡ No hab¨ªa nada con lo que me pudiera verdaderamente ayudar.
Record¨¦ las palabras de Mira.
Nutiden¡ Ella sab¨ªa Influencia. Ella quiz¨¢s era capaz de ayudarme¡ Si hubiera una manera¡
Al recordar algo que hab¨ªa le¨ªdo, golpe¨¦ mi pu?o derecho contra mi palma izquierda, terrible error.
¡ªHngh ¡ªme mord¨ª los labios para soportar el dolor.
?Los hechizos complejos! Estos se ense?aban conectando las v¨ªas de Influencia y realizando una muestra para el estudiante. ?Tambi¨¦n fue la forma en la que le ense?aban al autor del libro ese cuando era peque?o!
¡ª?Nutiden! ??Te puedo pedir un favor!?
¡ª?S¨ª, se?or?
¡ª??Puedes mostrarme un hechizo!?
¡ªPor supuesto. ¡ªLa sirvienta, sin esperar m¨¢s, levant¨® el brazo derecho-
¡ª?Espera! ¡ªle grit¨¦, haciendo que inclinara la cabeza en confusi¨®n¡ª. ?Quiero que conectes nuestras v¨ªas antes de que lo hagas!
¡ªSi eso desea, entonces lo complacer¨¦.
Nutiden recogi¨® mi mano de manera delicada y procedi¨® a realizar un movimiento invisible.
Lo sent¨ª. Una sensaci¨®n completamente alien¨ªgena, atravesando todo mi brazo y extendi¨¦ndose a cada rinc¨®n de mi cuerpo. Esto era Influencia, esto era el movimiento de la Influencia en el cuerpo de uno. Lo sent¨ª.
Nutiden, tras haber cumplido con la primera parte de mi pedido, se alej¨® repentinamente de m¨ª. Por primera vez, su cara no era la de p¨®ker de siempre, sino una de genuina confusi¨®n, dirigida a ning¨²n punto en particular, sino a toda mi persona.
¡ª?Qu¨¦ sucedi¨®, Nutiden?
?Acaso lo que hab¨ªa sentido no era lo que ten¨ªa que pasar? ?No era eso la Influencia? ?Qu¨¦ hab¨ªa ocurrido para que Nutiden reaccionara de esa forma?
¡ªNo es nada, se?or. Resumamos.
Nutiden se recuper¨® y recogi¨® nuevamente mi mano con suma delicadeza. La sensaci¨®n for¨¢nea se esparci¨® por mi cuerpo de nuevo y-
¡ªHn- ¡ªNutiden farfull¨® de esa manera, quiz¨¢s intentando concentrarse.
Levant¨® su brazo y luego gir¨® su palma. Encima de su mano se cre¨® una canica de fuego de un calor intenso que en poco tiempo creci¨® en tama?o, manteniendo su forma de tal manera que era casi id¨¦ntica a una bola de metal fundido. Tan solo peque?os arcos y erupciones se formaban en la superficie de la bola de fuego; si ella decid¨ªa tirar su hechizo al cielo, este ser¨ªa indistinguible del sol.
Nutiden me mir¨®, solicitando mi aprobaci¨®n sobre su desempe?o; se la di. Entonces, tan pronto como se form¨® ese sol peque?o en su mano, el mismo colaps¨®.
¡ªIncre¨ªble, Nutiden. ?Eso fue un hechizo complejo?
¡ªNo. Fue simple manifestaci¨®n de fuego.
Huh. No era para nada similar a la Influencia de A¨ªto, a pesar de que eran b¨¢sicamente el mismo hechizo. ?La Influencia era distinta en cada individuo? ?O quiz¨¢ hab¨ªa una diferencia en atributo o aptitud?
Pero eso hab¨ªa sido suficiente. Hab¨ªa sido m¨¢s que suficiente, de hecho. Logr¨¦ sentir el movimiento de la Influencia por todo mi cuerpo; si me concentraba en reproducir esa sensaci¨®n y cumpl¨ªa con todos los otros pasos tambi¨¦n, ?entonces estaba seguro de que¡! Estaba seguro de que¡ pod¨ªa hacerlo funcionar¡
Ten¨ªa que hacerlo funcionar.
¡ªGracias, Nutiden.
Levant¨¦ el brazo. No ten¨ªa la capacidad de realizar un hechizo de la magnitud del cuchillo de Partum; no deber¨ªa haber problemas por intentarlo en la entrada de la biblioteca.
Primero, la imagen del agua, lo m¨¢s clara posible. Segundo, la sensaci¨®n de la sustancia recorriendo mi interior, concentr¨¢ndose en un punto. Tercero, concentrar el atributo; no ten¨ªa certeza de lo que esto conllevaba, pero creo que lo puedo manejar. Cuarto-
En las puntas de mis dedos se form¨® el mismo cosquilleo; aquel cosquilleo que me indicaba lo cerca que estaba de conseguirlo. Solo necesitaba un peque?o empuj¨®n; con un peque?o empuj¨®n, lo podr¨ªa lograr¡
Un peque?o empuj¨®n¡
La imagen se perdi¨® en el fondo de mis pensamientos, el cosquilleo se apag¨®.
Hab¨ªa fracasado otra vez.
¡
Ir¨¦ a la biblioteca y lo intentar¨¦ nuevamente despu¨¦s de leer todo lo que consiga all¨ª.
CapÃtulo 32 - , Viejos SÃntomas - Parte 3
8
Intentar el hechizo, luego de leer sobre temas tan interesantes como sopas curativas y rituales sagrados de dudosa credibilidad, no hab¨ªa tenido ning¨²n resultado. Y, por lo tanto, me encontraba regresando a la residencia junto a Nutiden y la intensa frustraci¨®n y odio a uno mismo que conllevaba el fracaso. El sol descend¨ªa en simult¨¢neo al peso en mi est¨®mago. Cada d¨ªa desperdiciado en el fracaso era un d¨ªa m¨¢s cerca de la sensaci¨®n horrible que ya hab¨ªa acabado alguna vez con mi vida.
¡ªSe?or, si me lo permite.
¡ª?Te permito? ?Qu¨¦ cosa, Nutiden?
¡ªSi puedo realizarle una pregunta.
¡ªAh, s¨ª, claro. No es necesario que pidas permiso para eso, Nutiden.
¡ª?Puedo saber si¡ lo aprendi¨®?
¡ª?Aprend¨ª? ¡ªInclin¨¦ la cabeza¡ª. ?Sobre Influencia?
¡ªNo, me estaba refiriendo a la lengua del norte.
?Lengua del norte? Ah, lo olvid¨¦ por completo. Era lo que me hab¨ªa pedido.
¡ªLo siento, Nutiden, lo olvid¨¦.
¡ªNo es un problema.
Qu¨¦ idiota. Fue lo ¨²nico que me hab¨ªa pedido esta mujer desde que la conoc¨ª.
Mierda.
9
¡ªY, tanto como en las aldeas hay bienes, tambi¨¦n hay necesidades. Quiz¨¢ alguien puede considerar al trabajo de llevar una cosa de un lugar a otro como una labor parasitaria; la gente que piensa as¨ª es necia, Heiko, o tiene un inter¨¦s particular. No hay trabajo m¨¢s digno que el de facilitarle la vida a otras personas.
¡ª?Tu trabajo-?
¡ªNo es solo eso. Tambi¨¦n proceso muchos bienes y me involucro en la infraestructura de las ciudades. ?Recuerdas el cuchillo que perdiste? Se produce en grandes cantidades en esta misma ciudad. Hay un mercado para las armas, hay un mercado para la comida y hasta hay un mercado para la iluminaci¨®n. Para lo ¨²nico que no existe un mercado es para las idioteces que hace mi hermano con el dinero. Incluso el trabajo de mi madre¡ Por m¨¢s- y estoy aligerando mis palabras¡- por m¨¢s que me costara admitirlo, hay un mercado para lo que hace mi madre. Hay m¨¢s mercados que no. Hm¡ ?Se entendi¨® esa expresi¨®n? Quiero decir que hay m¨¢s bienes con un-
¡ªS¨ª, se entendi¨®. ?Pero qu¨¦ tal medicina o educaci¨®n¡?
¡ª?Crees que el sanador se puede alimentar de los buenos deseos de sus pacientes? ?O el maestro bebe del agradecimiento de sus alumnos? Todo tiene un mercado. Ese mercado se puede manifestar de distintas formas, pero es un mercado en fin. Mi hermano ser¨¢ m¨¦dico y profesor; pero todo lo que da, lo cobra, y todo lo que le dan, lo paga.
¡ªHay personas que nunca aceptar¨¢n esa forma de pensar.
¡ª?Qu¨¦, como los ignorantes del Imperio del Oeste? Ellos pueden pensar lo que deseen pensar; los que vivimos en la realidad mantendremos nuestros pies en la tierra. Su pueblo habla por s¨ª solo: ignorante, desigual, indecoroso. Un reino horrible que solo puede existir gracias al desconocimiento de sus habitantes.
¡ªY tambi¨¦n el imperio m¨¢s poderoso del mundo.
¡ªEso es¡ cierto, pero hay muchos caminos hacia el poder. El poder no le pertenece ni al justo ni al correcto. El poder solo le corresponde al poderoso. Esa tambi¨¦n es una realidad; hay que adaptarse a ella.
¡ªEl poderoso se supondr¨¢ correcto y el endeble gritar¨¢ injusticia. Nadie estar¨¢ contento con esa ideolog¨ªa.
¡ªHm. Puede ser¡ Pero, si uno nace en un pueblo pudiente, de una familia decente, con un cuerpo saludable, ?acaso tiene que llorar por no haber nacido en el cielo? ?Cu¨¢ndo empezar¨¢ la realidad indeclinable para ese tipo de persona? Para ellos, hay un dicho: ¡°Siempre pedir¨¦ m¨¢s y, cuando lo tenga todo, lamentar¨¦ que me falta ¡®nada¡¯¡±.
¡ªPfft.
¡ªOh. ?Te dio risa? ?Lo entendiste?
¡ªQu¨¦ dicho m¨¢s grosero ¡ªdije entre risas.
¡ªSolo te parece grosero porque conoces a alguien para el que aplica ¡ªMira gir¨® su cuerpo hacia m¨ª¡ª. Eres una persona interesante con la que hablar, Heiko, ?te lo hab¨ªa mencionado? Pero es raro¡
¡ª?Qu¨¦ cosa?
¡ªPara alguien que repara tanto en la ¡°honestidad¡±, te empecinas en nunca decir lo que verdaderamente piensas en una discusi¨®n. ?C¨®mo explicarlo¡? Es como si discutieras por deporte.
¡ªAlgunos considerar¨ªan eso un insulto¡
¡ªPero t¨² no, ?cierto? ?Ves? ?Lo est¨¢s haciendo de nuevo!
¡ªNo es que quiera ser deshonesto. Simplemente, disfruto de nuestras conversaciones y me interesa escuchar lo que dices.
¡ªMe siento halagada. Y me siento agradecida de que pueda distraerte por un momento, tambi¨¦n.The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation.
?Distraerme? Eso no es algo con lo que deber¨ªa preocupar a Mira.
¡ª?Distraerme de qu¨¦? No hay nada de lo que deber¨ªa distraerme.
¡ªMe temo que discrepo. Pero, para tener esa conversaci¨®n, hay varios temas que tenemos que poner en orden.
¡ªNo quiero molestarte, Mira¡
¡ªEntonces dime la verdad. ¡ªMira suspendi¨® su sonrisa permanente para mirarme con unos ojos llenos de significado.
Mira sab¨ªa que ment¨ªa con lo de mis memorias, pero no ten¨ªa forma de saber o vislumbrar mi relaci¨®n con Balance. Tampoco ten¨ªa forma de explicarle. Era un poco incre¨ªble c¨®mo una cl¨¢usula que hab¨ªa parecido tan insignificante termin¨® resultando un impedimento tan grande.
¡ªNo es que quiera mentirte, Mira¡ No es¡
Antes de que me diera cuenta, Mira estaba delante de m¨ª. Coloc¨® su mano en mi mejilla, mir¨¢ndome de frente.
¡ªYa s¨¦ que no quieres mentirme¡ S¨¦ que debes tener buenas razones para actuar como act¨²as¡ Pero hay cosas que no s¨¦. No s¨¦ qu¨¦ ocurri¨® con tus memorias; no s¨¦ por qu¨¦ est¨¢s obsesionado con la Influencia¡ y no s¨¦ qu¨¦ es lo que te est¨¢ haciendo sufrir de esta manera.
¡ªNo es nada, Mira. Es solamente mi propia debilidad.
¡ª?Y cu¨¢l es, exactamente, esa debilidad?
¡ªA- ¡ªestuve por responder de manera autom¨¢tica, pero me detuve.
?Cu¨¢l era, exactamente, mi debilidad? Nunca lo entend¨ª. En cierto punto acept¨¦ el hecho de que nunca lo entender¨ªa y dej¨¦ de hacerme esta pregunta. ?Qu¨¦ fue lo que me hizo encerrarme en mi cuarto en mi otra vida? ?Qu¨¦ era lo que no me permit¨ªa aprender Influencia en esta? ?Cu¨¢l era mi ¡°fuego¡±? No¡ Eran dos cosas distintas que estaban interfiriendo entre s¨ª. Por un lado, exist¨ªa un temor irracional como el que ten¨ªa el autor de la historia: ese temor no lo entend¨ªa en absoluto, pero nada ten¨ªa que ver con lo que no me permit¨ªa aprender la magia de este mundo.
Exist¨ªa un pensamiento, quiz¨¢ nacido en la misma parte irracional de mi cerebro que le tem¨ªa a pasar por el umbral de la puerta de mi cuarto. Ese pensamiento, muy en el fondo, cre¨ªa que todo esto no era m¨¢s que una extra?a y prolongada pesadilla. Esa parte de m¨ª, insistente, estaba convencida de que pronto despertar¨ªa, de que volver¨ªa a ver a mi familia, de que podr¨ªa pedirles perd¨®n, disculparme y darle otro intento a mi vida.
Esa parte no me permit¨ªa¡ No, esa parte no quer¨ªa que avanzara m¨¢s.
¡ªMira¡
¡ª?S¨ª?
¡ªNecesito ayuda¡ ¡ªsupliqu¨¦.
¡ª?Con qu¨¦?
¡ªNo s¨¦ qu¨¦ deber¨ªa hacer¡
Ya no sab¨ªa qu¨¦ era lo que deber¨ªa estar haciendo. No entend¨ªa si deber¨ªa seguir los vagos deseos de Mira, seguir las instrucciones ininteligibles de Balance o seguir esperando al momento en que despierte en mi cuarto nuevamente. Ya no sab¨ªa qu¨¦ deber¨ªa estar haciendo.
¡ª?Y qu¨¦ estuviste haciendo, por ahora?
Al no entender por d¨®nde ven¨ªan sus palabras, dej¨¦ de mirar al suelo, como si eso me permitir¨ªa comprender a esta mujer.
¡ª?Q-Qu¨¦ quieres decir, Mira?
¡ªEstos d¨ªas que estuvimos en Minashi, ?qu¨¦ estuviste haciendo?
La excusa era que Partum ¡°me estaba tratando¡±, pero no hice nada de eso. En todo momento que me encontraba con su hermano para insistir con el tratamiento de mis heridas, ¨¦l desviaba mi atenci¨®n y termin¨¢bamos, de una u otra forma, almorzando en el comedor. Sin saber qu¨¦ hacer en esos momentos en donde no me estaba ¡°curando¡±, visitaba la biblioteca para intentar cumplir con el objetivo que me otorg¨® Balance o le¨ªa lo que sea que considerara interesante. Es decir, fuera de mis intentos de aprender Influencia, estuve payaseando, perdiendo el tiempo.
¡ªV-Visit¨¦ la biblioteca y charl¨¦ con Partum¡ No hice mucho m¨¢s¡
¡ª?Y c¨®mo te cay¨® Partum?
¡ªNo lo s¨¦¡ ?Bien? Me molesta un poco que no hagamos el tratamiento¡
¡ª?Y qu¨¦ le¨ªste en la biblioteca?
Mira todav¨ªa segu¨ªa muy cerca de m¨ª.
¡ªEm¡ Varios libros de Influencia y otros m¨¢s¡
¡ª?Hay algo m¨¢s que te gustar¨ªa hacer?
?En este mundo?
¡ªCreo que no¡ Quiz¨¢s me gustar¨ªa hablar un poco m¨¢s contigo.
¡ªEntonces est¨¢ bien, ?no?
¡ª?C¨®mo?
¡ªEst¨¢s haciendo bien. ?Qu¨¦ m¨¢s deber¨ªas estar haciendo? Est¨¢s aprovechando tu estad¨ªa en la ciudad y est¨¢s cumpliendo con mis ¨®rdenes. Est¨¢s haciendo todo lo que deber¨ªas hacer.
¡ªN-no¡ Hay m¨¢s cosas que deber¨ªa hacer. Deber¨ªa aprender Influencia y-
¡ª?Por qu¨¦ deber¨ªas aprender Influencia? Yo nunca te di esa orden.
Habl¨¦ sin pensar.
¡ªAdem¨¢s, no tienes la capacidad. Por m¨¢s que lo intentes, no lo lograr¨¢s. ?Por qu¨¦ crees que deber¨ªas estar aprendiendo Influencia?
¡ªPerd¨®n, Mira, no quer¨ªa decir eso¡ Solo creo-
¡ªLo dijiste porque lo pensabas. Es otra cosa que no me quieras decir por qu¨¦ lo haces. En alg¨²n momento, comprender¨¢s que mentirme es in¨²til. Tal vez funcionar¨¢ con el resto del mundo; pero mentirme a m¨ª es in¨²til.
S¨ª, lo sab¨ªa. Sab¨ªa que mentirle era in¨²til. Era verdad.
¡ªMira¡
¡ª?S¨ª? ¡ªSus ojos se iluminaron.
¡ªHay-
¡ªNo lo hagas ¡ªadvirti¨® la voz for¨¢nea que no quer¨ªa escuchar en mi cabeza.
¡ª?Qu¨¦ hay? ¡ªrepregunt¨®.
No pod¨ªa hacerlo.
¡ªPerd¨®n, Mira¡
Mira suspir¨®, se levant¨® y se sent¨® nuevamente en su escritorio. A pesar de todo, en su rostro segu¨ªa habiendo una sonrisa.
¡ªY, Heiko, ?te hiciste amigo de Nuti y de mi hermano?
?De d¨®nde ven¨ªa eso? Semejante curva en la conversaci¨®n¡ ?No preguntar¨¢ m¨¢s sobre lo que le estaba ocultando? ?Acaso no le molestaba para nada? A m¨ª, ciertamente, me parecer¨ªa molesto o m¨ªnimamente frustrante. Me jactaba de tener un sentido muy agudo para las personas¡ Pero a Mira simplemente no la pod¨ªa descifrar.
¡ª?Qu¨¦ tiene que ver eso, Mira?
¡ªTiene todo que ver ¡ªcontest¨®, mirando sus papeles¡ª. ?Por qu¨¦ crees que asign¨¦ a Nuti a tu cuidado?
Le ped¨ª que dejara de hacerlo. Pensaba que lo hab¨ªa hecho en consideraci¨®n a mi salud, pero no era necesario. ?Hab¨ªa otra raz¨®n?
¡ªNo s¨¦¡ ¡ªConfiando en que, en efecto, hab¨ªa otra raz¨®n; pero sin saber cu¨¢l era esta, le contest¨¦ con honestidad.
¡ªHeiko ¡ªMe mir¨® a los ojos, antes de preguntarme¡ª, ?est¨¢s disfrutando del instituto?
¡ª?Por qu¨¦ preguntas eso? ?Cu¨¢l es el punto? ?Qu¨¦ importa si estoy ¡°disfrutando¡± del instituto o no? ?No deber¨ªa haber un trabajo, algo que pueda hacer por ti? No te entiendo, Mira. No entiendo por qu¨¦ tomas todo esto con tanta tranquilidad.
¡ªSer¨ªa raro que me lo tomara con preocupaci¨®n. Hasta donde me concierne, tu secreto no es un problema. Si dirigieras algo de malicia hacia m¨ª, lo sentir¨ªa. Entiendes, Heiko, ?no? Por eso, te pregunto nuevamente: ?est¨¢s disfrutando del instituto?
¡ªNo entiendo¡ No te entiendo, Mira.
Comenc¨¦ a temblar. Que Mira dijera estas cosas hac¨ªan que no solo fuera yo el que estaba volviendo a ser lo que fui, sino que la situaci¨®n en s¨ª volvi¨® a ser la misma. Me encontraba en la misma situaci¨®n, con el mismo padecimiento. Era un mundo distinto, pero era exactamente la misma situaci¨®n.
Sent¨ªa que la tierra se estaba moviendo bajo mis pies. En este momento, no pod¨ªa decir con certeza y honestidad que esto no era un sue?o. Ya no estaba seguro. Simplemente, era imposible que todo se repitiera de nuevo, ?no? Era imposible.
¡ªPerd¨®n¡ Mira¡
Me levant¨¦ del asiento y me retir¨¦ con dificultad a la puerta.
¡ª?Heiko? Heiko, ?a d¨®nde vas?
¡ªPerd¨®n, Mira¡
Me escap¨¦ de la oficina.
Ya no ten¨ªa m¨¢s tiempo.
CapÃtulo 33 - última Oportunidad - Parte 1
1
Esta era mi ¨²ltima oportunidad. Solo con la asistencia de Nutiden hab¨ªa podido escapar de la habitaci¨®n. Al llegar al instituto, me dirig¨ª inmediatamente a la biblioteca. Le¨ª todo hasta el ¨²ltimo libro que encontr¨¦ con la m¨¢s m¨ªnima relaci¨®n a la Influencia, y luego rele¨ª todos de nuevo.
Le ped¨ª otra muestra a Nutiden. Le ped¨ª incluso que el hechizo que realizara fuera de manifestaci¨®n de agua. Ella era capaz, pero apenas, ya que su atributo era orden.
Esto era todo. Esto era todo lo que pod¨ªa hacer. Si no lograba realizar un hechizo despu¨¦s de esto, entonces no tendr¨ªa otra oportunidad. Mi cuerpo no me permitir¨ªa otra oportunidad. Esto ya lo hab¨ªa vivido; sab¨ªa exactamente todas y cada una de las sensaciones que rodeaban mi cuerpo.
Levant¨¦ una mano.
Cre¨¦ la imagen. Concentr¨¦ las v¨ªas. Cre¨¦ el punto de eyecci¨®n. Concentr¨¦ mi atributo.
Pod¨ªa sentir la sangre fluyendo por mis venas; la energ¨ªa de mis m¨²sculos empujando y cediendo de manera intermitente. Pod¨ªa sentir el ritmo de mi respiraci¨®n y las palpitaciones de mi coraz¨®n. Sent¨ªa todos y cada uno de los est¨ªmulos internos y externos de mi cuerpo.
Esta era mi ¨²ltima oportunidad.
Liber¨¦.
¡°?Cu¨¢nto tiempo vas a seguir escondido?¡±
Perd¨ª las fuerzas en las piernas. Nutiden se acerc¨® para ayudarme, pero la ahuyent¨¦ agitando el brazo. La impresi¨®n y el dolor inmovilizante hab¨ªan perdido su gracia; ya no era m¨¢s una excusa para detenerme.
Me recompuse y levant¨¦ el brazo otra vez.
Imagen, v¨ªas, atributo.
Liberar.
Sent¨ª el cosquilleo en mis dedos. Sent¨ª que lo estaba por lograr. Estaba a punto-
La imagen se difumin¨®.
La perd¨ª.
¡ªTch.
Levant¨¦ el brazo de nuevo.
Imagen, v¨ªas, atributo.
¡°Por favor, dime, ?cu¨¢nto tiempo te quedar¨¢s all¨ª?¡±
Perd¨ª el balance, la imagen se esfum¨® por completo. Me levant¨¦ r¨¢pidamente y estir¨¦ la mano de nuevo.
V¨ªas, imagen, atributo.
¡°?Crece de una maldita vez y abre la puerta!¡±
Vomit¨¦ en el c¨¦sped.
¡ª?Se?or, det¨¦ngase! ¡ªla sirvienta se acerc¨® para ayudarme.
¡ª?AL¨¦JATE! ¡ªArroj¨¦ la mano hacia un costado para evitar que se aproximara.
?Ten¨ªa que hacerlo! ?No tendr¨ªa m¨¢s oportunidades! ?Ten¨ªa que hacerlo ahora, o no lo har¨ªa nunca!
Me limpi¨¦ la boca y estir¨¦ la mano de nuevo.
IMAGEN, V¨ªAS, ATRIBUTO
¡°?Estar¨¢s all¨ª mucho tiempo?¡±
Me atragant¨¦ con la basura en mi garganta. Se juntaron l¨¢grimas en mis ojos por el esfuerzo y los recuerdos. Basura, toda basura. No pod¨ªa detenerme, ten¨ªa que seguir. Ten¨ªa que seguir y conseguirlo. ?No pod¨ªa volver a ser lo mismo! ?No pod¨ªa caer en la misma trampa otra vez! ?Al menos algo tan simple como esto¡! ?Ten¨ªa que poder hacerlo!
Levant¨¦ el brazo desde el suelo.
IMAGEN, V¨ªAS, ATRIBUTO
¡°?Cu¨¢nto tiempo te quedar¨¢s all¨ª?¡±
Golpe¨¦ al pasto con mis pu?os. Recibiendo da?o por las heridas que a¨²n no hab¨ªan sanado.
¡ª?ME QUEDAR¨¦ LA CANTIDAD DE TIEMPO QUE TENGA QUE QUEDARME! ?CUANDO ESTOY POR CONSEGUIRLO, USTEDES SE INTERPONEN! ?D¨¦JENME EN PAZ! ?YA ME EQUIVOQU¨¦! ?YA PERD¨ª TODO! ?NO PUEDO SEGUIR PENSANDO EN ESTAS COSAS, TENGO QUE AVANZAR!
Intentando recomponerme a pesar de mi estado de frenes¨ª, levant¨¦ la mano.
Esta era la ¨²ltima oportunidad. Ya no quedaba nadie m¨¢s. Esta vez deber¨ªa ser capaz de lograrlo.
?Por mi cuenta! ?Con mis dos manos! ?Algo tan simple como esto deber¨ªa ser capaz de lograrlo!
IMAGEN. V¨ªAS. ATRIBUTO.
Lo pod¨ªa sentir. Estaba en la punta de mis dedos. Estaba ah¨ª, asom¨¢ndose para salir. Quer¨ªa salir; lo estaba haciendo salir. Tendr¨ªa que ser capaz de hacerlo salir. Lo sent¨ªa. Sent¨ªa c¨®mo estaba por manifestarse. ?El cosquilleo! ?El movimiento! ?Lo pod¨ªa sentir!
La imagen se esfum¨® por s¨ª misma.
Ca¨ª de espaldas al c¨¦sped.
Ocurri¨® otra vez.
Fracas¨¦.
2
Cumplea?os¡ ?Cu¨¢ndo era mi cumplea?os? Era el 3. No, era el 6. ?O era el 16? Creo que, en este momento, pocas cosas me parec¨ªan m¨¢s irrelevantes que esa fecha en particular. Solo pod¨ªa recordar que estaba por llegar. Bueno, en realidad, estaba por llegar antes de que viniera a este mundo; por lo que, probablemente, ya pas¨®.
Era mi cumplea?os n¨²mero 18, mi llegada a la adultez.
No ocurri¨®. Como tampoco ocurri¨® mi ceremonia de graduaci¨®n. Esa fecha me hab¨ªa escondido en mi casa, esperando que transcurriera sin m¨ª. Me perd¨ª ese d¨ªa y, ahora, tambi¨¦n me perd¨ª mi cumplea?os. Como muchas de las cosas que hab¨ªa perdido, no las recuperar¨¦ jam¨¢s.
Viajando a trav¨¦s del espacio, a trav¨¦s de la f¨¢brica de la realidad. Todas esas cosas que consider¨¦ reales, que consider¨¦ verdaderas. ?Qu¨¦ valor ten¨ªan? No ten¨ªan ning¨²n valor. Todas esas cosas que perd¨ª tambi¨¦n podr¨ªan nunca haber existido.
?Qu¨¦ testigo hay? ?Qu¨¦ recuerdos quedaban? ?Qu¨¦ pruebas de su existencia permanec¨ªan?
En este momento, ninguna.
Era mi cumplea?os, mi cumplea?os n¨²mero 18. A mi hermana le encantaban las festividades; lo estaba esperando con ansias, como todos los a?os. Mis hermanos tambi¨¦n estar¨ªan all¨ª. Mi hermanito peque?o, en particular, ten¨ªa una suerte de fascinaci¨®n por m¨ª; estoy seguro de que habr¨ªa estado muy feliz en mi cumplea?os.
Mi mam¨¢ se habr¨ªa aliviado incre¨ªblemente. Si tan solo sal¨ªa de mi habitaci¨®n y le demostraba que todo estaba bien¡ Que pod¨ªa seguir con mi vida otra vez. Solo ten¨ªa que mostrarle una sonrisa. Con una sonrisa, la habr¨ªa hecho tan feliz.
Mi padre tambi¨¦n. Con tan solo aligerar el peso de mi madre y de mis hermanos, ¨¦l estar¨ªa satisfecho. Mi padre podr¨ªa relajarse tambi¨¦n.
Todo eso no ocurri¨®. Nada de eso ocurri¨®. Se perdi¨®. A todas esas personas¡ a cada una de ellas, les rob¨¦ algo invaluable. Me llev¨¦ conmigo una parte de sus vidas. Les rob¨¦ mi existencia. A mi madre, a mi padre, a mi hermano, a mi hermana, a mi hermanito¡ les rob¨¦ mi existencia.
Ya, simplemente¡
Ya no quiero intentarlo m¨¢s.
3
Despu¨¦s de pedirle a Nutiden que se retirara, me qued¨¦ todo el d¨ªa encerrado en mi habitaci¨®n. Me sent¨¦, apoyando la espalda contra la pared opuesta a la puerta. No era como si estuviera esperando algo. Ya lo hab¨ªa perdido todo, ?qu¨¦ pod¨ªa esperar?If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement.
No necesit¨¦ retirarme de la habitaci¨®n para comer, ni para usar el ba?o. Creo que mi cuerpo hab¨ªa entendido mi situaci¨®n y, en un acto de generosidad, me ofreci¨® un poco de comodidad.
Me qued¨¦ congelado, en frente de la puerta. En este mundo no exist¨ªan computadoras ni tel¨¦fonos, por lo que mirar la puerta era sencillamente lo m¨¢s estimulante que ten¨ªa en mis manos.
Estaba mirando la puerta, pero sin ninguna pretensi¨®n. No estaba esperando nada. ?Qu¨¦ pod¨ªa esperar?
¡
Hay golpes en la puerta.
¡ª?Heiko?
Una voz que hac¨ªa vibrar mi coraz¨®n. Incluso en esta situaci¨®n, eso era cierto.
¡ªHeiko¡ Voy a entrar¡
¡ª¡
Mira hizo lo que dijo; me encontr¨® en el suelo y camin¨® lentamente hacia m¨ª.
¡ª?C¨®mo est¨¢s?
¡ª¡
Se sent¨® a mi lado.
¡ª?Est¨¢s bien?
¡ªMira.
¡ª?S¨ª?
¡ªRecuper¨¦ mis memorias.
¡ª?S¨ª¡?
¡ªPerd¨ª todo¡ Y no hay forma de recuperar nada. Simplemente, perd¨ª todo. A mi familia¡ todo¡ lo perd¨ª para siempre.
¡ªAs¨ª que eso fue lo que ocurri¨®¡
¡ª?Me crees?
¡ªPor supuesto.
¡ªY, aun as¨ª, ?conf¨ªas en m¨ª?
¡ªClaro que conf¨ªo en ti. ?Lo olvidaste? Yo nunca me equivoco.
Asent¨ª con la cabeza desde mi lugar, aun mirando a la puerta o quiz¨¢ a un punto un poco debajo de ella.
¡ª?Me puedes contar un poco sobre c¨®mo era tu familia¡?
¡ª?Mi familia?
¡ªMhm ¡ªasinti¨®.
Sin pensar mucho, decid¨ª acatar su pedido. No hab¨ªa ning¨²n problema con hacerlo. Ya no.
¡ªMi familia, ?eh? Bueno, ten¨ªa una hermana mayor, un hermano mayor y un hermanito menor. Mi madre era algo bajita y siempre parec¨ªa estar tranquila. Mi padre era estoico, pero en realidad le importaba mucho su familia.
¡ªYa veo¡ ?Y?
¡ªA mi hermana le encantaban las plantas; yo intent¨¦ acompa?arla con eso: comenc¨¦ a cuidar unas plantas por mi cuenta, pero mi hermana termin¨® atendiendo las m¨ªas tambi¨¦n. Mi hermana era muy buena, tal vez demasiado. A veces sent¨ªa que se aprovechaban de ella, que abusaban de su bondad. Era una bola extra?a de sentimientos y por momentos no pod¨ªa entender qu¨¦ era lo que pensaba realmente. Pero, al final, me di cuenta de que era una persona suave que se coloc¨® un revestimiento duro para intentar ser m¨¢s fuerte. Me gustaba su forma suave de ser, por lo que a veces percib¨ªa a esa cobertura tan dura como innecesaria. Ella me quer¨ªa. Le gustaban las celebraciones y las fechas especiales¡
¡ª?Y qu¨¦ m¨¢s?
¡ªMi hermano era todo lo contrario. Era la personificaci¨®n de ¡°fuerza bruta¡±. Era terco y testarudo. Creo que era la persona que m¨¢s se preocupaba por el bienestar de la familia. Ten¨ªa un sentido de la justicia muy ¨¢spero o, en realidad, era m¨¢s una intolerancia a la injusticia. De peque?o, sent¨ªa que ¨¦l me trataba mal; pero, cuando crec¨ª, me di cuenta de que todo el tiempo me hab¨ªa estado protegiendo de una forma u otra. Odiaba la injusticia y odiaba que le hicieran da?o a uno de nosotros.
¡ªYa veo.
¡ªMi hermanito era lo m¨¢s importante que ten¨ªa en el mundo; lo amaba. Todo el tiempo irradiaba una felicidad simple que contagiaba a los dem¨¢s. Si mi hermana era buena por cordialidad, ¨¦l era bueno por dulzura. Me respetaba, por alg¨²n motivo, hasta el punto de admirarme. Por varios d¨ªas de mi vida, lo ¨²nico que me motivaba a seguir viviendo era ¨¦l. Era todo para m¨ª. Quer¨ªa cuidarlo para siempre. Lo amaba.
¡ª¡
¡ªMi mam¨¢ era tranquila, como dije. Creo que mi hermana sac¨® su bondad de ella. Recuerdo que yo de peque?o acusaba a mi hermana de copiarse de mi mam¨¢, como si aquello fuera algo malo; probablemente lo dec¨ªa porque quer¨ªa esconder el hecho de que era yo el que se copiaba de todos los dem¨¢s en mi familia; aunque sea un aspecto superficial o fundamental, me copiaba de ellos. Bueno, mi mam¨¢ era la que nos pon¨ªa en nuestro lugar, siempre por las buenas, por supuesto; era la m¨¢xima mediadora de la familia. Creo que era la persona que m¨¢s me quer¨ªa en el mundo¡ Era hermosa; la persona m¨¢s emp¨¢tica que conoc¨ª en mi vida. Muchas veces no la entend¨ªa, porque era algo fr¨ªo en comparaci¨®n a ella. Mi mam¨¢ era el pilar fundamental, lo que manten¨ªa mi vida estable. Cuando peor estaba¡ ella estaba all¨ª¡ Me ayud¨® en todo momento. Actuaba como si estuviera dispuesta a dejar su vida por m¨ª. Actuaba como si nunca se pudiera cansar de m¨ª¡ Como si su amor fuera completa y genuinamente incondicional¡ No la entend¨ªa¡ Por qu¨¦ era as¨ª, por qu¨¦ me trataba de esa forma, no lo entend¨ªa. En alg¨²n momento, la incondicionalidad de su amor comenz¨® a convertirse en un peso, un peso que no era capaz de conciliar, que no pod¨ªa acarrear. No entiendo c¨®mo nunca se cans¨® de m¨ª y nunca dej¨® de intentar ayudarme¡
¡ª¡
¡ªY yo¡ Les devolv¨ª ese amor con la m¨¢s inmunda traici¨®n. Escap¨¦. A pesar de todo lo que hab¨ªan hecho por m¨ª, escap¨¦. Y ya no existe forma de arreglar ese error, esa decisi¨®n que tom¨¦ en un capricho. Cuando pienso en qu¨¦ tan poco merecedor de ese amor verdaderamente soy, me enferma hasta el est¨®mago¡ Y ahora es imposible arreglar lo que hice¡ Es una mancha permanente, una cicatriz de por vida. No hay forma de que no me odiara a m¨ª mismo despu¨¦s de lo que hice. No quiero acercarme a m¨¢s personas. No quiero que alguien m¨¢s sienta una conexi¨®n como la que tuve con ellos. No quiero eso. No quiero lastimar a nadie m¨¢s.
¡ªHeiko.
¡ªPerd¨®n. Estuve hablando de m¨¢s, ?no? Nadie quiere escuchar estas cosas.
¡ªHeiko.
¡ªPerd¨®n¡
Unas manos me agarraron la cabeza por delante. Mira enfrent¨® nuestros rostros y no pude evitar mirarla a los ojos.
¡ªHeiko, escucha¡ Te ofrezco dos opciones.
Realmente estaba comenzando a sonar como Balance.
¡ªNo¡ ¡ªNeg¨® con la cabeza¡ª. No te las ofrezco; son las opciones que tienes. Son los caminos que puedes tomar con tu vida a partir de ahora.
¡ª¡
¡ªPuedes caer en esa percepci¨®n propia que tienes y vivir el resto de tu vida como lo que piensas que eres, o lo que crees que mereces.
Ya lo hab¨ªa intentado todo.
¡ªPuedes hacer eso y yo no te detendr¨¦. Es m¨¢s, yo te apoyar¨¦ con todo lo que necesitas. Puedes elegir ese camino y yo jam¨¢s te lo recriminar¨¦.
Estaba cansado.
¡ªPuedes hacer eso¡ O puedes intentar otra cosa: aunque sientas que ese error es incorregible, aunque sientas que esa mancha es imborrable, aunque cargues esa cicatriz de por vida, puedes demostrarte a ti mismo¡ No, puedes demostrarle a todo el mundo que lo que hizo tu familia no fue un error. Puedes demostrarle al mundo que el amor de tu familia no fue en vano, que el amor incondicional de tu madre ten¨ªa un sustento. Puedes intentar enmendar todo lo que hiciste, incluso si piensas que es in¨²til o imposible; incluso si crees que no est¨¢s haciendo ning¨²n progreso o que marchas por el camino equivocado; puedes trabajar para enmendar todo lo que hiciste. Puedes trabajar para enmendarlo, aunque la idea te parezca tonta o incorrecta. Puedes esforzarte y utilizar el 100 % de tus fuerzas para demostrarle al mundo que, aunque t¨² te equivocaste, tu familia no se equivoc¨®. Pero, m¨¢s importante a¨²n, puedes trabajar para que, eventualmente, creas de coraz¨®n que todo eso es cierto.
Mira sonri¨®. Era injusto que me sonriera de esa manera en este momento. Mira, se supone que tus sonrisas son una fachada, que nunca cargan un significado real. ?Por qu¨¦ me sonr¨ªes como si verdaderamente te importara?
¡ªNo importa qu¨¦ decisi¨®n tomes, yo no te abandonar¨¦. Esto yo lo juro bajo el nombre de la familia Inovatio ¡ªdeclar¨®, sin perder esa sonrisa genuina.
?Por qu¨¦, de todas las personas en el mundo que me pod¨ªan rescatar ese d¨ªa, lo tuvo que hacer la ¨²nica persona que jam¨¢s podr¨¦ entender?
¡ªSin importar qu¨¦ decisi¨®n tomes, yo seguir¨¦ a tu lado; as¨ª que quiero que respondas pensando en qu¨¦ es lo que t¨² quieres hacer. ?Qu¨¦ opci¨®n sientes, en tu coraz¨®n, que deber¨ªas seguir?
Dos opciones. Ten¨ªa solo dos caminos que seguir en la vida. En el otro mundo ten¨ªa incontables; luego de firmar el contrato reduje ese n¨²mero en una gran cantidad y ahora, al llegar a este punto, solo ten¨ªa dos opciones que seguir.
Pod¨ªa obedecer a mi cuerpo y a mi mente y rendirme. O pod¨ªa ir en contra de lo que todo mi ser ped¨ªa a gritos, con la esperanza de encontrar algo mejor detr¨¢s de todos esos obst¨¢culos. Sonaba como una decisi¨®n f¨¢cil, ?no? Mi mente y mi cuerpo estaban en concordancia; ambos hab¨ªan entendido que deber¨ªa parar. Si tu mente y tu cuerpo quieren lo mismo, ser¨ªa m¨¢s dif¨ªcil ir en contra de eso que simplemente obedecerles.
Entonces, ?por qu¨¦? ?Por qu¨¦ hab¨ªa una parte que se estaba resistiendo? ?Como si quisiera decirme algo, pero apenas no la pudiera escuchar? Incluso dir¨ªa que me estaba gritando y, aun as¨ª, su voz no me alcanzaba. Lo que s¨ª me alcanzaba era la sensaci¨®n nauseabunda en mi cuerpo, y el cansancio y resignaci¨®n de mi mente. ¡°Ya no quiero intentarlo m¨¢s¡± era lo que dec¨ªa mi mente, ¡°solo hay fracaso y sufrimiento¡¡± Mi cuerpo pensaba igual: ¡°?No es la habitaci¨®n mucho mejor? Qu¨¦date aqu¨ª¡±.
?Qu¨¦ era lo que esa voz borrosa quer¨ªa decirme? ?Cu¨¢les eran sus argumentos para seguir esa segunda opci¨®n? No la llegaba a o¨ªr, pero sab¨ªa que estaba y esa era la ¨²nica raz¨®n por la que no hab¨ªa escogido la primera opci¨®n a¨²n.
Si fuera un h¨¦roe de historieta, con el valor de hacerlo todo, estoy seguro de que escoger¨ªa esa segunda opci¨®n. Si fuera uno de esos h¨¦roes de acci¨®n de las pel¨ªculas viejas que me gustaban, estoy seguro de que tendr¨ªa la fuerza para elegir la segunda opci¨®n. Pero¡ Yo no puedo. No era un h¨¦roe de historieta, era un chico de 18 a?os que no se atrev¨ªa a salir de su habitaci¨®n; una persona que alej¨® a todos sus seres queridos, a todos los que intentaron ayudarlo y, cuando no pudo alejarlos m¨¢s, los abandon¨®. Cualquier persona que me conociera por completo no sentir¨ªa l¨¢stima por m¨ª; sentir¨ªa frustraci¨®n, en el mejor de los casos; sentir¨ªa rabia, comprensiblemente.
No ten¨ªa la fuerza, ni f¨ªsica, ni mental, ni espiritual, para escoger esa opci¨®n. De hecho, mis manos estaban temblando en este momento; sent¨ªa fr¨ªo; sent¨ªa que me estaba cayendo en ese profundo agujero que siempre aparec¨ªa cuando era desafiado de esta manera.
Sab¨ªa que Mira cumplir¨ªa con su palabra. Si tan solo escog¨ªa esa primera opci¨®n, ella me brindar¨ªa todas las comodidades posibles y no tendr¨ªa que luchar conmigo mismo nunca m¨¢s. Ah¡ Qu¨¦ idea tan tentadora¡ Solo ten¨ªa que decir unas palabras y podr¨ªa terminar con todo en este momento.
No tendr¨ªa que enfrentarme a ninguna bestia aterradora, ni a ning¨²n guerrero legendario. No tendr¨ªa que luchar m¨¢s conmigo mismo, ni tampoco desafiarme nuevamente. Si tan solo eleg¨ªa esta opci¨®n, nunca m¨¢s tendr¨ªa que perder. Nunca m¨¢s tendr¨ªa que fracasar. Podr¨ªa pasar el resto de mi vida y no tendr¨ªa que sentir ese peso en mi est¨®mago jam¨¢s.
Y¡ Sin embargo¡ ?Por qu¨¦ no pod¨ªa producir esas palabras que necesitaba? ?Qu¨¦ era lo que me estaba deteniendo? ?Por qu¨¦ no pod¨ªa admitir que esa primera opci¨®n me parec¨ªa mucho m¨¢s atractiva? ?Acaso ni siquiera ten¨ªa las fuerzas para decir eso? Sab¨ªa que era muy, demasiado, d¨¦bil. Sab¨ªa que era muy, demasiado, miedoso. ?Acaso era tan d¨¦bil, tan miedoso, que ni siquiera pod¨ªa saber qu¨¦ quer¨ªa?
No sab¨ªa qu¨¦ opci¨®n quer¨ªa¡ No sab¨ªa qu¨¦ quer¨ªa hacer¡ No sab¨ªa qu¨¦ era lo que verdaderamente deseaba.
Entonces sent¨ª una palpitaci¨®n en el pecho.
El colgante. La herramienta que hab¨ªa sido proporcionada por Balance para, exactamente, estas ocasiones. La herramienta que no era capaz de revelar ning¨²n secreto oculto ni explicar ning¨²n plan misterioso. La herramienta cuya ¨²nica funci¨®n en la existencia era decirme, con total precisi¨®n, qu¨¦ era lo que verdaderamente deseaba.
Si abr¨ªa el colgante, esa voz borrosa alcanzar¨ªa mis o¨ªdos, y entonces podr¨ªa medir entre el peso de mi sufrimiento y lo que esa voz quer¨ªa decirme. La respuesta siempre estuvo all¨ª.
Me arrodill¨¦, recog¨ª el colgante y lo coloqu¨¦ en mi palma, mirando su cobertura un momento. Lustr¨¦ un poco de suciedad que se hab¨ªa acumulado con el tiempo y tragu¨¦.
¡ª?Qu¨¦ quieres hacer, Heiko? ¡ªpregunt¨®, finalmente, Mira.
Negro o blanco. Una opci¨®n binaria. Si quer¨ªa aceptar lo que era, entonces dar¨ªa negro; si quer¨ªa seguir luchando contra m¨ª mismo, entonces dar¨ªa blanco. No hab¨ªa grises. No hab¨ªa puntos intermedios y no hab¨ªa otras opciones.
Ya solo ten¨ªa dos opciones.
Abr¨ª el pendiente-
CapÃtulo 34 - última Oportunidad - Parte 2
4
¡ªYo dir¨ªa que fue eso. Mi vida fue una sucesi¨®n de malas decisiones. Todo el tiempo pienso que deber¨ªa haberme dedicado a otra cosa, que deber¨ªa haber estudiado en otro lugar o que deber¨ªa haber tratado a mis padres de otra forma. Un error, tras otro, tras otro.
Eso lo dijo mi padre. Fue una conversaci¨®n que hab¨ªa tenido hace mucho tiempo, incluso antes de encerrarme en mi habitaci¨®n. A pesar de que lo que dec¨ªa se pod¨ªa extrapolar como algo muy negativo, en realidad era una conversaci¨®n m¨¢s bien amena; una charla que, de vez en cuando, ten¨ªa con ¨¦l. Mi rol en esta instancia en particular era de oyente.
Est¨¢bamos en el comedor; ¨¦l leyendo un diario como usualmente hac¨ªa, a pesar de que nada de lo que le¨ªa le gustaba y ninguno de los periodistas y noteros que escrib¨ªan le agradaba. Yo me dedicaba, sin mucho ¨¦xito, a buscar unos cereales que ocasionalmente rellenaban los estantes de la cocina; se me hab¨ªan antojado.
¡ªEs extra?o, toda mi vida trabaj¨¦ para intentar conseguir una mejor vida para m¨ª; pero, en el instante en el que ustedes nacieron, todo eso me dej¨® de importar por completo. Si hay algo de lo que no me arrepiento, es de tenerlos a ustedes.
Mi padre era una persona estoica y alguien que estaba constantemente ocupado. Apenas pod¨ªa verlo a la noche y hab¨ªa d¨ªas en los que ni siquiera eso. A ¨¦l sent¨ªa que lo pod¨ªa entender mucho mejor que a mi mam¨¢; sent¨ªa que razon¨¢bamos de la misma manera, quiz¨¢. Era la ¨²nica persona con la que pod¨ªa tener conversaciones muy largas y pesadas. Tal vez este era el caso porque no me deten¨ªa cuando hab¨ªa algo que no lograba entender; y yo hac¨ªa mi parte e intentaba seguir todo lo que dec¨ªa a la mayor medida de mis capacidades. Por eso creo que, al menos superficialmente, entend¨ªa mucho m¨¢s a mi pap¨¢ que a mi mam¨¢.
¡ª?Qu¨¦ est¨¢s buscando? ¡ªme pregunt¨®, honr¨¢ndome con un ojo que se permiti¨® quitar de la tinta del peri¨®dico.
¡ªSolo¡ ¡ªPenetr¨¦ la oscuridad en la esquina de un estante con mi mano, probando suerte¡ª. Esos cereales de chocolate¡
¡ª¡?Los que tienen forma de elefante? ?Pens¨¦ que los hab¨ªas dejado? Dijiste que desde ahora solo tomabas t¨¦ verde o algo as¨ª.
¡ªSe me antojaron¡ No es como que me dejaron de gustar¡
¡ª¡Prueba en el otro caj¨®n; si no est¨¢n all¨ª, tu hermano se los termin¨®.
Hice lo que me sugiri¨® y comenc¨¦ a hurgar por los comestibles.
¡ªPa.
¡ª?S¨ª?
¡ªSi pudieras volver en el tiempo y estudiar lo que realmente te gustaba, ?lo har¨ªas? ¡ªle pregunt¨¦ distra¨ªdamente, mientras quitaba unas cajas de t¨¦ del camino.
¡ªPor supuesto ¡ªme respondi¨® al instante.
¡ªEntonces no habr¨ªas conocido a mam¨¢.
¡ªPero, si volviera en el tiempo, ustedes no existir¨ªan y mi relaci¨®n con su mam¨¢ tampoco, por lo que no ser¨ªa un problema.
Sab¨ªa que no hab¨ªa malicia en lo que me estaba diciendo; era solo lo que genuinamente pensaba. Su forma de pensar era que yo, al no existir, no sentir¨ªa ning¨²n tipo de tristeza. No estaba haciendo ning¨²n agravio, porque no hab¨ªa nadie a quien agraviar. Y yo lo entend¨ªa, por lo que no sent¨ªa tristeza ni, mucho menos, ira por sus palabras.
¡ªPor eso es tan extra?o esto de haberlos tenido. Se convirtieron en lo m¨¢s importante de mi vida. Todos mis arrepentimientos por haber estudiado mal o haber escogido la profesi¨®n equivocada siguen existiendo; pero para nada me arrepiento de haber conocido a tu madre y haberlos tenido a ustedes.
¡ª?Quiz¨¢s sea instintivo? ¡ªsuger¨ª.
¡ªS¨ª. Probablemente es un instinto arraigado en la naturaleza humana.
La caja parec¨ªa no estar ah¨ª. Quit¨¦ mi cabeza del caj¨®n y observ¨¦ tontamente los alrededores de la cocina. Mi padre segu¨ªa con la cara cubierta por el diario.
¡ªAun as¨ª ¡ªdijo¡ª, creo que es un lindo instinto para tener.
¡ª?Ah! ?Ah¨ª est¨¢n!
Los cereales estaban en la mesa, al frente de mi pap¨¢, quiz¨¢ el lugar m¨¢s obvio de toda la sala. Probablemente, mi hermanito se hab¨ªa servido un plato y los hab¨ªa dejado ah¨ª de manera descuidada.
Tanto que los hab¨ªa buscado. Y estaban ah¨ª.
¡ªEstaba esperando que te dieras cuenta ¡ªdijo mi padre, con una leve mueca en su rostro; un extra?o caso de muestra de expresi¨®n de su parte.
5
Blanco.
Me ca¨ª en mis brazos, soportando el dolor, porque lo ¨²ltimo que pasaba por mi mente eran mis heridas. Atravesando una cantidad asfixiante de sentimientos, aull¨¦ melanc¨®licamente.
Incluso ahora, con cobard¨ªa, con miedo, con debilidad¡ Incluso ahora, no quer¨ªa decepcionar a mis seres amados.
Un nudo enorme se form¨® en mi garganta. Mis lagrimales ard¨ªan mientras me aferraba de manera dolorosa al suelo.
¡ªTe decidiste, entonces ¡ªdetermin¨® Mira.
¡ª?S¨ª¡! ¡ªasent¨ª con un gemido.
¡ªSab¨ªa que no permitir¨ªas que esto termine aqu¨ª.
Mira se arrodill¨® y levant¨® nuevamente mi rostro. No estaba llorando, pero mis ojos se humedec¨ªan. Mi expresi¨®n era tensa, adolorida y sufrida.The author''s content has been appropriated; report any instances of this story on Amazon.
¡ª?Perdiste a tu familia?
¡ª?S¨ª! ?Los perd¨ª para siempre! ?Nunca los volver¨¦ a ver!
¡ªY, aun as¨ª, deseas trabajar para quererte a ti mismo.
¡ª?S¨ª! ?Es lo que mi familia habr¨ªa querido! ?Es lo que yo quiero tambi¨¦n!
¡ªPero, aunque los hayas perdido, no tienes por qu¨¦ estar solo.
No entend¨ª qu¨¦ quiso decir y, antes de que pudiera hacerlo, Mira pos¨® sus labios sobre los m¨ªos. Luego de unos segundos se separ¨® de m¨ª.
¡ªYo puedo ser tu nueva familia.
Todo mi rostro se sent¨ªa caliente. Mira produjo un cortocircuito en mi cerebro que no me permit¨ªa producir ni el m¨¢s m¨ªnimo pensamiento coherente.
¡ªHeiko Inovatio.
Al decir eso, me arrop¨® en el suelo con una capa verde que, combinado con el calor en mi rostro, me hac¨ªa sentir una inmensa calidez. Por un momento, record¨¦ cuando me coloc¨® el trapo en la cabeza en aquel callej¨®n.
¡ªTe vincular¨¦ a la familia. Quiz¨¢ la familia que alguna vez tuviste no la podr¨¢s recuperar, pero nadie dijo que no puedes formar una nueva. Yo estoy dispuesto a hacerte parte de la m¨ªa.
Una persona que jam¨¢s podr¨ªa entender.
¡ª?E-Est¨¢ bien? ?Eso¡ est¨¢ bien?
¡ªPor supuesto. Esta capa y esta insignia ¡ªacarici¨® un pin colocado en la vestimenta¡ª, lo demuestran.
Me arrop¨¦ lo m¨¢s que pude en la capa verde.
¡ªPero, aunque pueda proporcionarte esto, yo no puedo darle una soluci¨®n a los recuerdos de tu familia. No te puedo hacer olvidar y tampoco puedo hacerte aceptar su p¨¦rdida. Yo no tengo tanto poder.
Asent¨ª. Por alg¨²n motivo, sus palabras me hicieron sonrojar a¨²n m¨¢s.
¡ªEntiendo¡ Esta capa es m¨¢s que suficiente¡ No es necesario que hagas m¨¢s por m¨ª.
Mira se qued¨® callada por un tiempo. Esper¨¦ y levant¨¦ la mirada de nuevo, solo para encontrarme con ella sonri¨¦ndome de la misma manera que antes.
¡ªEntonces ve, contin¨²a trabajando; eso es lo que prometiste. Y yo siempre estar¨¦ a tu lado para ayudarte¡
Asent¨ª. Mira me hab¨ªa dado tantas fuerzas que levantarme otra vez no me result¨® ning¨²n problema. Acomod¨¦ la ropa encima de mi cuerpo. Era un manto que casi llegaba al suelo cuando estaba parado; la insignia serv¨ªa para atarla en el frente. Sent¨ªa que le faltaba alguna parte m¨¢s, ya que era algo que no deb¨ªa usarse encima de una camisa.
Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa se form¨® en mi rostro.
Mira se levant¨® y se hizo a un lado, permiti¨¦ndome pasar.
¡ªGracias, Mira. Voy a trabajar.
Mira asinti¨®, esta vez con su sonrisa de siempre y las manos sobre las caderas.
Camin¨¦ hacia la puerta y la atraves¨¦ sin ning¨²n problema.
***
¡ªEn este momento, solo ¨¦l se puede ayudar. Nadie le puede hacer ese favor¡ Todo queda en tus manos¡ Yo ya hice lo que pude.
Mira decidi¨® descansar unos segundos en la habitaci¨®n de su nuevo vinculado. Sentada en su cama, tan solo alcanzando a acariciar lentamente, con su dedo pulgar, sus labios.
***
Camin¨¦ fuera del cuarto hasta alcanzar el patio trasero de la residencia. Toqu¨¦ la capa y la sostuve con fuerza. Brindaba mucha calidez por s¨ª sola¡ Apenas era capaz de sentir la frescura del viento. Luego de sostener la capa, mi mano vag¨® por mi cuerpo hasta alcanzar el pendiente. Lo abr¨ª nuevamente y me mostr¨® un brillante naranja. El naranja era algo similar a felicidad; quiz¨¢ era un color reconfortante.
¡ªSupongo que, verdaderamente, puedo decir que soy feliz en este momento ¡ªle confes¨¦ a las estrellas.
Por m¨¢s que quisiera pensar lo contrario, era innegable. Lo que hab¨ªa sucedido reci¨¦n me hab¨ªa hecho feliz. La idea de tener a Mira cerca me hac¨ªa feliz. Y era feliz, a pesar de que el recuerdo de mi familia era uno amargo.
Era feliz. Era feliz a pesar de que toda mi familia probablemente estaba triste. Era feliz, a pesar de haber injuriado a toda esa gente que no hizo m¨¢s que quererme con todo su coraz¨®n. Era feliz. Ten¨ªa que admitirlo: en este momento, era feliz.
Levant¨¦ mi brazo izquierdo, que ya no me dol¨ªa tanto.
Por alg¨²n motivo, imagin¨¦ una llama encima de mi dedo. Imagin¨¦ su calor, imagin¨¦ su color, imagin¨¦ su composici¨®n, imagin¨¦ su forma, imagin¨¦ todo lo que era capaz de imaginar de ese objeto inexistente. Imagin¨¦, hasta sentir ese cosquilleo en mis dedos, esa sensaci¨®n de algo que estaba por venir.
Pero entonces, la imagen se empez¨® a volver borrosa.
6
Una llama. En la cima de una vela encendida, hab¨ªa una llama.
Recuerdo esto. Fue mi ¨²ltimo cumplea?os, mi cumplea?os n¨²mero diecisiete.
Lo hab¨ªa celebrado ¨²nicamente con mi familia cercana; todos ellos estaban rode¨¢ndome en este momento. Nos hab¨ªamos colocado alrededor de la mesa redonda de nuestro comedor. Me estaban cantando el feliz cumplea?os, cada uno con su propia expresi¨®n. Para mi mam¨¢, una expresi¨®n amorosa. Para mi hermana, una expresi¨®n emocionada. Para mi hermano, una sonrisa divertida. Para mi hermanito, una sonrisa explotada de alegr¨ªa. Para mi padre, una sonrisa satisfecha.
Todos aplaud¨ªan al un¨ªsono, mientras me cantaban el feliz cumplea?os. Todos aplaud¨ªan y cantaban y yo no pod¨ªa evitar sonre¨ªr.
Ten¨ªa mi torta y encima de ella hab¨ªa una vela, sin n¨²meros ni nada, solo una vela. Su fuego se mov¨ªa de manera constante, reaccionando a cada aplauso de la mesa y cada soplido accidental de las personas agitadas a su alrededor; era como si estuviera vivo. En ese momento, todo lo que exist¨ªa en mi mundo eran las personas en esa mesa y la torta con su vela.
Mi madre se acerc¨® cuando la canci¨®n estaba por terminar y me dijo al o¨ªdo:
¡ª?Recuerda pedir un deseo¡!
El fuego se mov¨ªa, ondeaba de un lado a otro, como si estuviera vivo.
Termin¨® el canto y sopl¨¦ la vela.
7
No pod¨ªa evitar verlo como si fuera una ilusi¨®n.
Hab¨ªa una llama encima de mi dedo levantado.
La observ¨¦ at¨®nito, paralizado, unos segundos. La observ¨¦ y la observ¨¦, asegur¨¢ndome de que no fuera parte de mi imaginaci¨®n. Mi labio comenz¨® a temblar desesperadamente, mis p¨¢rpados empezaron a picar con violencia, mis dientes chasqueaban sin parar. Sin embargo, esta vez, las l¨¢grimas lograron escapar.
Ca¨ª al suelo, manteniendo el fuego sobre mi dedo, abraz¨¢ndolo como si fuera lo m¨¢s preciado en el mundo¡ No, era lo m¨¢s preciado en el mundo, porque-
¡ª?Incluso despu¨¦s de todo esto, ustedes me ayudan de nuevo¡!
Sostuve la llama, lo m¨¢s preciado en el mundo, y part¨ª en llanto. Esta vez no ten¨ªa n¨¢useas, no sent¨ªa que el suelo estuviera temblando, no sent¨ªa miedo, no sent¨ªa confusi¨®n. No sent¨ªa nada de eso porque, esta vez, ellos me ayudaron de nuevo.
Ese amor incondicional de mi familia quiz¨¢ no ten¨ªa un sustento l¨®gico, quiz¨¢ no ten¨ªa una raz¨®n de ser; pero era indudable que aqu¨ª, en la punta de mi dedo, hab¨ªa adquirido una forma f¨ªsica, una forma que uno pod¨ªa tocar. Ese amor era real, no hab¨ªa cosa m¨¢s real que ese amor. Un amor que trascend¨ªa la realidad, que iba m¨¢s all¨¢ de los mundos. Ellos eran reales. Y que perd¨ª para siempre el privilegio de verlos tambi¨¦n era verdad¡ Pero que quer¨ªa hacerlos felices, incluso si la tela de una realidad nos manten¨ªa alejados, tambi¨¦n era cierto. Quer¨ªa decirles que ten¨ªan raz¨®n, que yo era capaz. Quer¨ªa enorgullecer a mi mam¨¢ y a mi pap¨¢. Quer¨ªa ser un buen modelo para mi hermanito y un buen compa?ero para mis hermanos. Incluso en otro mundo, quer¨ªa ser todo eso. Todo ese amor, todos esos deseos, exist¨ªan. Incluso ahora, exist¨ªan.
Llor¨¦ todo lo que quer¨ªa llorar, todo lo que no hab¨ªa llorado y todo lo que ten¨ªa que llorar. Llor¨¦ por cada una de las personas que tanto amaba. Llor¨¦ para prometerles que no iba a decepcionarlos nunca m¨¢s y que har¨ªa hasta lo imposible para que todo lo que ellos deseaban de m¨ª se convirtiera en una realidad. Aqu¨ª, frente a la manifestaci¨®n de nuestro amor verdadero y real, llor¨¦.
La llama se mov¨ªa de un lado a otro, reaccionando a cada viento que acariciaba su exterior. La llama se mov¨ªa de un lado a otro, como si estuviera viva.
No, estaba viva.