《El misterio de la cripta Chase [Spanish / Español]》 1 - Barbados 22 de julio 1819 Mi nombre es Christian Jhon y hace cinco d¨ªas que estoy encerrado en una cripta, una experiencia que nunca imagin¨¦ que vivir¨ªa. Como amante de lo oculto y fascinado por lo paranormal, decid¨ª adentrarme en esta oscura y misteriosa aventura. Al principio, admito que sent¨ªa cierto temor, pero era un miedo emocionante, el tipo de emoci¨®n que te hace sentir vivo y despierta tus sentidos. Sin embargo, a medida que pasan los d¨ªas, el temor se ha ido transformando en un profundo terror que se arraiga en lo m¨¢s profundo de mi ser. Estar atrapado en este espacio reducido bajo tierra, rodeado de f¨¦retros ocupados por cad¨¢veres, ha comenzado a hacer mella en mi cordura. La oscuridad se ha vuelto agobiante, y el silencio solo es roto por el latido acelerado de mi coraz¨®n y mis pensamientos cada vez m¨¢s inquietantes. A medida que avanzan las horas, el cansancio se apodera de m¨ª, pero me niego a ceder ante ¨¦l. El tiempo se estira hasta parecer eterno, y mi mente, aliada con la fatiga, comienza a jugar trucos peligrosos. Me pregunto a qu¨¦ le temo exactamente. ?Es el miedo a la muerte que se encuentra tan cerca en esta cripta? ?O acaso es el temor a perder la cordura en este encierro opresivo? En momentos de claridad, me cuestiono sobre mi propia cordura al haberme embarcado en esta experiencia. ?Qu¨¦ diablos hago aqu¨ª? Me pregunto una y otra vez, sin encontrar una respuesta satisfactoria. Tal vez fue la sed de lo desconocido, la b¨²squeda de respuestas m¨¢s all¨¢ de lo tangible, lo que me impuls¨® a adentrarme en este laberinto de tinieblas.Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings. Recuerdo c¨®mo todo comenz¨® hace siete a?os, cuando trabajaba para el peri¨®dico The New Herald en Londres. Como periodista, siempre me sent¨ª atra¨ªdo por los sucesos inexplicables, las historias de lo paranormal que desafiaban la l¨®gica y la raz¨®n. Aquella pasi¨®n me llev¨® a indagar en los rincones m¨¢s oscuros de la ciudad, buscando respuestas que desafiaban la comprensi¨®n humana. Fue durante una de mis investigaciones que me encontr¨¦ con la leyenda de esta cripta maldita, un lugar donde se dec¨ªa que habitaban presencias sobrenaturales y que desafiaba a aquellos valientes o insensatos que se atrevieran a adentrarse en su interior. Sin pensarlo dos veces, decid¨ª asumir el desaf¨ªo y explorar esta enigm¨¢tica morada. Pero ahora, en medio de la oscuridad y el silencio abrumador, me doy cuenta de la magnitud de mi temeridad. La incertidumbre y el miedo me envuelven, y solo deseo encontrar una salida de este sombr¨ªo laberinto. Sin embargo, la cripta parece tener sus propios planes para m¨ª, y me encuentro atrapado en una batalla entre mi valent¨ªa inicial y el terror que se ha apoderado. Mientras sigo luchando por mantener mi cordura y encontrar una salida, me pregunto si lograr¨¦ sobrevivir a esta experiencia y qu¨¦ revelaciones aterradoras o fascinantes me guardan en las profundidades de esta cripta maldita. Solo el tiempo dir¨¢ si saldr¨¦ de aqu¨ª ileso, pero una cosa es segura: esta aventura ha dejado una marca imborrable en mi alma y mi mente, y ya no ser¨¦ el mismo despu¨¦s de haber enfrentado lo desconocido en su forma m¨¢s aterradora. 2 - Londres 1812
3 - Babados, 26 de Junio de 1819
¡ª?As¨ª que vienen de Londres? ?Vaya! ?Qui¨¦n iba a decir que esta locura de los Chase iba a llegar tan lejos? ?Y qu¨¦ les hace pensar que yo puedo darles m¨¢s informaci¨®n de la que ya saben?
¡ªA usted lo despidieron por este asunto. Al menos eso nos dijeron. Aparte del whisky, tengo esto para ofrecerle como agradecimiento por la ayuda que nos pueda brindar" - dije, sacando un pu?ado de monedas de oro. Los ojos del viejo se abrieron imaginando la cantidad de bebida que podr¨ªa comprar con eso. Sin dudarlo, tom¨® las monedas, se acerc¨® a una de las repisas donde guardaba algunos cuadernos y extrajo uno que conten¨ªa un detallado registro de los entierros. Luego se sent¨® nuevamente frente a nosotros, se sirvi¨® otro vaso de whisky y comenz¨® a hablar. Con ayuda del registro, nos relat¨® detalladamente la actividad sucedida en la Cripta.
If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation.¡ªHe trabajado por m¨¢s de treinta a?os en ese cementerio y jam¨¢s he vivido hechos tan extra?os como lo ocurrido en esa maldita Cripta¡ª, comenz¨® a hojear su cuaderno buscando el registro de los Chase y prosigui¨®
¡ªTodo comenz¨® en 1807, cuando la se?ora Thomasina Goddard fue la primera persona sepultada en la cripta. Un a?o m¨¢s tarde, fallece la pobre ni?ita de tan solo dos a?os, Mar¨ªa Anna Chase. En 1812, muere Dorcas Chase, la hermana mayor de la primera. Hasta aqu¨ª, nada extra?o hab¨ªa sucedido. Pero la desgracia golpea nuevamente a esta familia y, a los pocos meses, muere Thomas Chase. Fue entonces cuando procedimos a abrir la Cripta y vimos los f¨¦retros de Mar¨ªa y Dorcas Chase fuera de su lugar original. Solo el f¨¦retro de Thomasina Goddard estaba en su posici¨®n original. ?Dem¨¢s est¨¢ decir la sensaci¨®n de horror que despert¨® aquella imagen en todos los que ingresamos a la tumba! ¡ª Hizo una pausa para llenar por tercera vez el vaso. De un sorbo, lo baj¨® hasta la mitad para continuar con su relato, ahora con los ojos enrojecidos y la lengua pastosa.
¡ªPronto se habl¨® de profanaci¨®n, a pesar de estar sellada su ¨²nica puerta de acceso. Me culparon a m¨ª y a mis ayudantes de ser responsables de dicha profanaci¨®n. ?Qu¨¦ motivos podr¨ªa tener yo para molestar el sue?o de los muertos? No negu¨¦ la posibilidad de que intrusos hubieran incursionado en la Cripta, pero su entrada no estaba forzada. Ante la duda y la falta de pruebas, me permitieron continuar en mi cargo como cuidador del camposanto. Colocamos los ata¨²des nuevamente en su lugar y, esta vez, sellamos la entrada con una gran losa de m¨¢rmol. Pasaron cuatro a?os hasta que, en 1816, Samuel Brewster Ames, otro ni?o de solo once meses, fallece en extra?as circunstancias y es trasladado a la Cripta. Temerosos, nos acercamos a abrir su entrada y, cuando ingresamos a sus oscuras entra?as, el horror fue indescriptible: nuevamente los ata¨²des estaban fuera de su posici¨®n original. Esta vez, no dudaron en culparme junto con el resto de los trabajadores. A m¨ª, por ser el encargado de cuidar que no se profanasen las tumbas, y a los trabajadores, por ser negros, asociando sus pr¨¢cticas religiosas con or¨ªgenes sat¨¢nicos y creyendo que por tal motivo violaban el sue?o eterno de aquellos que all¨ª descansaban. Pero lo cierto es que esto solo suced¨ªa en esa ¨²nica Cripta. ?Por qu¨¦ solo el ensa?amiento con esta pobre familia? Tomaron el camino m¨¢s f¨¢cil, a pesar de que los investigadores aseguraron que no hab¨ªa huellas de que la entrada hubiera sido violada, y nos echaron a todos¡ª, hizo una nueva pausa en su relato para beber. Carter y yo est¨¢bamos emocionados por los detalles de la historia, algo que no hab¨ªa aparecido en las cr¨®nicas redactadas por Marcus Mortimer.
¡ªY la historia no termina ah¨ª", dije, presintiendo que hab¨ªa m¨¢s por descubrir.
¡ª?La historia no termina ah¨ª! Hay noticias que se han evitado divulgar en la prensa, sobre todo para preservar la imagen de nuestra isla¡ª, respondi¨® el viejo. ¡ªDespu¨¦s de que me reemplazaran a m¨ª y a todos los trabajadores del cementerio, solo bastaron pocas semanas para que la desgracia volviera a golpear. El padre del peque?o Brewster, v¨ªctima de la tristeza que le produjo la muerte de su hijo, muri¨® repentinamente. Esta vez presenci¨¦ la escena como parte del cortejo, desde afuera. No puedo negar que, a pesar del horror, me alegr¨¦ de que sucediera de nuevo, pues confirmaba que ni yo ni nadie de los que trabaj¨¢bamos hasta hace poco en el cementerio ten¨ªamos algo que ver con lo que ocurr¨ªa en aquella b¨®veda. Los rostros p¨¢lidos y descompuestos de quienes entraron all¨ª nos confirmaron a todos los presentes que algo no marchaba bien. Realizaron una minuciosa investigaci¨®n del lugar, buscando filtraciones de agua que pudieran haber causado los desplazamientos, pero se comprob¨® que no exist¨ªan tales filtraciones. Adem¨¢s, hay que considerar que los ata¨²des eran de plomo, y ni siquiera cuatro personas podr¨ªan trasladarlos. Se necesitaban seis personas para mover los f¨¦retros m¨¢s grandes con gran esfuerzo.
4 - 16 de Julio de 1819
Aquel d¨ªa, la isla se vio agitada por la tr¨¢gica noticia del fallecimiento de Thomasina Clarke, otro miembro de la familia Chase. Se anunci¨® que su cuerpo ser¨ªa sepultado al d¨ªa siguiente en la temida Cripta Chase. Fue en ese momento cuando una idea descabellada se form¨® en mi mente, pero para llevarla a cabo, necesitaba establecer contacto con las personas indicadas. Mi primera parada fue hablar con lord Combermere, aunque su respuesta inicial fue negativa. Sin embargo, finalmente accedi¨® bajo la condici¨®n de presenciar lo que ocurrir¨ªa cuando abrieran la cripta al d¨ªa siguiente para colocar los restos de Thomasina Clarke. Su decisi¨®n definitiva depender¨ªa de lo que presenciara, as¨ª como de la aprobaci¨®n del reverendo Thomas Orderson y, sobre todo, de la familia Chase.
Despu¨¦s de mi conversaci¨®n con lord Combermere, ¨¦l se dirigi¨® al reverendo y juntos se reunieron con los miembros de la familia Chase. Presentaron la siguiente propuesta: en el momento en que se llevara a cabo la inhumaci¨®n de los restos de Thomasina, si se volv¨ªa a presenciar la misma anomal¨ªa con los ata¨²des, se me otorgar¨ªa el permiso para ingresar en secreto a la cripta y pasar una semana en su interior. Era una idea que nadie se atrever¨ªa a llevar a cabo, excepto un loco como yo, que no hab¨ªa medido las consecuencias de mi audacia.
El 17 de julio, en medio de una lluvia torrencial, todo el pueblo se congreg¨® cerca del cementerio para presenciar la reacci¨®n de aquellos que ingresaran a la cripta. Entre los "afortunados" que asistieron a dicho evento me encontraba yo, acompa?ado del gobernador y el reverendo. ¨¦ramos tres, junto con el grupo de familiares encargados de trasladar el f¨¦retro, los que ingresamos a la b¨®veda. Fue en ese momento cuando me di cuenta de la incoherencia de mi idea y la falta de valent¨ªa para llevarla a cabo. Los ata¨²des estaban esparcidos por el recinto en diferentes posiciones. La mayor¨ªa de ellos yac¨ªa boca abajo, otro estaba apoyado contra la pared, de pie. Sin embargo, lo que m¨¢s nos aterroriz¨® fue ver el ata¨²d de Thomas Chase abierto y su figura momificada en su interior. El reverendo se santiguaba repetidamente y m¨¢s de uno de nosotros sinti¨® el impulso de huir del lugar. Fue necesario llamar a los trabajadores del cementerio para colocar nuevamente los pesados ata¨²des en sus lugares designados., mientras que el gobernador me tomaba del brazo, y, entre horrorizado y furioso me dio el visto bueno para ejecutar el plan.
Aquella noche, cuando las calles estaban desiertas y el silencio lo envolv¨ªa todo, Carter Jr., el gobernador Lord Combermere, el reverendo Thomas Orderson, el cuidador del cementerio y yo, nos reunimos frente a la cripta que se encontraba cerrada. Estaba preparado con todos los elementos que podr¨ªa necesitar: comida, agua, mantas, una l¨¢mpara y un arma.
Lord Combermere expres¨® su preocupaci¨®n:
¡ª?Est¨¢ seguro de que quiere hacer esto?
Mir¨¦ a Carter, quien con la cabeza me indicaba que no lo hiciera. Respir¨¦ profundamente y respond¨ª:
¡ªS¨ª. Vamos a hacerlo.
A pesar de las dudas y advertencias, estaba decidido a llevar a cabo mi plan, sin medir por completo las consecuencias de mis acciones. La incertidumbre y el miedo se entrelazaban en mi mente, pero algo me impulsaba a seguir adelante. Nos adentramos en lo desconocido, listos para enfrentar el enigma que acechaba en las profundidades de la cripta Chase.