《Reikens-Orígenes》 Capitulo 1 La amenaza renace La sala estaba tenuemente iluminada, sus esquinas sumidas en penumbra, mientras una gran mesa ocupaba el centro. Alrededor de ella, se encontraban oficiales de alto rango, vestidos impecablemente con uniformes negros adornados con medallas que reluc¨ªan bajo las d¨¦biles luces. El murmullo de sus voces llenaba el ambiente, intercambiando preguntas en voz baja. Era inusual una reuni¨®n de tal magnitud; pocos recordaban la ¨²ltima vez que tantos oficiales de alto rango hab¨ªan sido convocados en un solo lugar. El sonido de las puertas autom¨¢ticas interrumpi¨® el murmullo. Una figura imponente cruz¨® el umbral. Era un hombre de cabellos blancos con destellos dorados, marcados por la edad, y un rostro surcado de cicatrices que hablaban de innumerables batallas. Todos los presentes se pusieron de pie de inmediato, inclinando la cabeza con respeto mientras pronunciaban al un¨ªsono. ¡ª?Buenos d¨ªas, general Kido! El general Kido devolvi¨® el saludo con una leve inclinaci¨®n de cabeza antes de dirigirse a su asiento en la cabecera de la mesa. Su andar era firme, autoritario. Apenas se sent¨®, la superficie de la mesa comenz¨® a brillar, proyectando un holograma que mostraba un mapa detallado del territorio. Dos puntos rojos parpadeaban, atrayendo de inmediato la atenci¨®n de los presentes. Kido levant¨® la vista y, con una voz profunda y autoritaria, habl¨®. ¡ªCaballeros, muchos de ustedes se estar¨¢n preguntando por qu¨¦ hemos sido convocados con tanta urgencia. Hizo una pausa, dejando que su mirada recorriera la sala antes de continuar: ¡ªHoy me lleg¨® un reporte que nunca habr¨ªa querido leer. Como saben, han pasado m¨¢s de diez mil a?os desde la guerra que nuestros antepasados libraron contra los demonios. En todo este tiempo, hemos disfrutado de paz... hasta el d¨ªa de ayer. Un silencio sepulcral invadi¨® la sala por un breve instante antes de que los murmullos estallaran nuevamente. Los oficiales intercambiaban miradas de incredulidad y palabras apresuradas. Kido levant¨® una mano, pidiendo silencio, y el ruido ces¨® casi de inmediato. ¡ªAyer, a las 12 horas de la noche, dos de nuestras fortalezas m¨¢s importantes fueron atacadas y tomadas por los demonios: el Fuerte Essentia y el Fuerte Vezt. La noticia cay¨® como una piedra en un lago, causando una ola de p¨¢nico entre los presentes. Algunos oficiales intercambiaban miradas de incredulidad, mientras otros murmuraban teor¨ªas sobre un posible error en los informes. Pero Kido no les dio tiempo para divagar. ¡ªM¨²ltiples soldados fueron asesinados ¡ªcontinu¨®¡ª, entre ellos el portador del Reiken del ¨¢guila, Jun. Las reacciones fueron inmediatas: susurros ahogados, expresiones de horror y miradas de preocupaci¨®n. Kido golpe¨® la mesa con fuerza, devolviendo el orden a la sala. ¡ªJun no era un simple Reiken ¡ªprosigui¨®¡ª. Era uno de los guerreros m¨¢s poderosos que ten¨ªamos. Pero antes de caer en batalla, nos dej¨® un ¨²ltimo mensaje. El holograma cambi¨®, mostrando un video de una grabaci¨®n. En la imagen apareci¨® un hombre cubierto de sangre y visiblemente exhausto. Su rostro estaba surcado por heridas profundas, y su respiraci¨®n era pesada y entrecortada. La imagen era ca¨®tica, con el fondo lleno de cad¨¢veres de soldados y escombros del fuerte que alguna vez defendi¨®. ¡ª?Aqu¨ª el Reiken del ¨¢guila! ?Solicito apoyo, repito, solicitamos apoyo! ¡ªsu voz era desesperada, entre jadeos y gritos¡ª. El Fuerte Essentia ha ca¨ªdo... ?repito, ha ca¨ªdo! M¨²ltiples Akumas han tomado el fuerte... ?salieron de la nada! El video mostraba a Jun girando la c¨¢mara mientras intentaba mantenerse de pie. Cada rinc¨®n del fuerte estaba destruido, y los cad¨¢veres despedazados de soldados cubr¨ªan el suelo. De repente, una explosi¨®n reson¨® en el fondo, y la figura de un ser oscuro apareci¨® entre el humo y las llamas. Jun retrocedi¨®, dejando caer el dispositivo que sosten¨ªa. La c¨¢mara capt¨® c¨®mo el extra?o se acercaba lentamente, hasta que solo se ve¨ªan sus pies. El Reiken del ¨¢guila, arrodillado y ba?ado en sudor y sangre, suplic¨®. ¡ªPor favor... no... Se escuch¨® un grito ahogado, seguido por el sonido de un cuerpo siendo levantado. La c¨¢mara mostr¨® los pies de Jun elev¨¢ndose del suelo, y luego, sangre cayendo al suelo con un goteo constante. La figura oscura dej¨® caer el cuerpo inerte del Reiken del ¨¢guila frente a la c¨¢mara, se dio la vuelta y comenz¨® a retirarse mientras silbaba una melod¨ªa escalofriante. Un silencio sepulcral invadi¨® la sala. Ninguno de los oficiales pudo pronunciar palabra, atrapados por la imagen final que acababan de presenciar. Los ojos de todos estaban fijos en el general Kido, quien, con el rostro tenso, mir¨® a cada uno de los presentes antes de romper el silencio ¡ªEsto... no es un error caballeros. Los demonios han regresado. S¨¦ que es dif¨ªcil de creer, pero esta es la verdad. En estos diez mil a?os, esos bastardos han estado reproduci¨¦ndose y fortaleciendo su ej¨¦rcito y eso sin mencionar a los Akuma. Seg¨²n los sobrevivientes que lograron escapar de los fuertes, el ataque fue liderado por un demonio que se identific¨® como uno de los Siete ¨¢ngeles de la Muerte. Un silencio sepulcral llen¨® la sala, interrumpido solo por murmullos nerviosos. Los oficiales intercambiaban miradas incr¨¦dulas, incapaces de procesar lo que acababan de escuchar. ¡ª?Eso es imposible! ¡ªexclam¨® finalmente un oficial desde un rinc¨®n de la sala, rompiendo la tensi¨®n. ¡ªEso cre¨ªamos todos ¡ªreplic¨® Kido, clavando su mirada en el hombre¡ª. Sin embargo, alguien capaz de eliminar con tanta facilidad al Reiken del ¨¢guila no puede ser un enemigo ordinario. Estamos ante una amenaza real y debemos responder de inmediato. El general se detuvo un momento, dejando que el peso de sus palabras calara en los presentes. ¡ªLamentablemente, no tenemos suficientes Reikens activos. La mayor¨ªa est¨¢n en formaci¨®n en las academias. ¡ªSu rostro se endureci¨®¡ª. Tendremos que convocar a los m¨¢s j¨®venes... aquellos que hayan alcanzado la mayor¨ªa de edad y ponerlos a luchar.Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. El anuncio provoc¨® una oleada de reacciones en la sala. Uno de los oficiales, incapaz de contenerse, se puso de pie de golpe. ¡ª?Eso es una locura! ¡ªgrit¨® con el rostro rojo por la furia¡ª. Esos j¨®venes no est¨¢n listos. ?Qu¨¦ har¨¢n cuando se enfrenten a un Akuma? ?Se congelar¨¢n de miedo y morir¨¢n! El silencio volvi¨® a caer, m¨¢s pesado que antes. Kido, con la calma de un hombre acostumbrado a la presi¨®n, enfrent¨® al oficial con una mirada helada. ¡ª?Tienes una mejor idea, Mayor Geki? ¡ªpregunt¨®, su voz fr¨ªa como el acero. El Mayor apret¨® los labios, bajando la mirada. La tensi¨®n en la sala era palpable. ¡ªEso pens¨¦. ¡ªKido escudri?¨® a los presentes con una mirada implacable¡ª. No podemos permitirnos vacilar. Si no actuamos ahora, estaremos condenados. Un aplauso repentino reson¨® en la sala, rompiendo la solemnidad. Todas las miradas se dirigieron hacia la puerta, donde un joven de cabello largo y desordenado hab¨ªa entrado, su actitud relajada contrastando con la gravedad del momento. ¡ªUnas palabras muy conmovedoras, general ¡ªdijo con una sonrisa arrogante, avanzando hacia el centro de la sala¡ª. Por poco y me hace llorar. Kido frunci¨® el ce?o. ¡ª?Y t¨² qui¨¦n eres? ¡ªpregunt¨® con visible irritaci¨®n. Un soldado cercano intervino r¨¢pidamente. ¡ªEs el reci¨¦n ascendido a teniente, se?or. El teniente Kakashi. Kido lo estudi¨® con desd¨¦n, su voz cargada de sarcasmo. ¡ªCon raz¨®n no te reconoc¨ª. ¡ªDej¨® escapar un suspiro teatral¡ª. Y parece que tampoco te ense?aron respeto a tus superiores. Kakashi sonri¨®, una sonrisa confiada que rayaba en la insolencia. ¡ªMis disculpas, general. Pero no suelo respetar a hombres que se esconden en oficinas mientras los verdaderos h¨¦roes mueren en el campo de batalla. El ambiente se torn¨® a¨²n m¨¢s tenso. Todos los oficiales observaron expectantes, anticipando el choque entre las dos figuras. Kido mantuvo la calma, aunque sus ojos reflejaban una chispa de ira contenida. ¡ª?Y qu¨¦ haces t¨², entonces? ¡ªpregunt¨® con voz cortante¡ª. ?Acaso tu no haces lo mismo? Kakashi dio un paso al frente, dejando atr¨¢s su actitud desafiante. ¡ªNo, general ¡ªrespondi¨® Kakashi, mientras caminaba con aire confiado¡ª. Yo, adem¨¢s de ser un teniente, soy un brillante cient¨ªfico. Y tengo algo que podr¨ªa cambiar el rumbo de esta guerra. El general arque¨® una ceja intrigado. ¡ª?De qu¨¦ est¨¢s hablando? Kakashi ajust¨® su uniforme, proyectando una calma inquebrantable bajo la mirada expectante de los oficiales reunidos. Su sonrisa confiada se mantuvo mientras comenzaba a hablar. ¡ªComo usted mencion¨®, general, el problema principal es la falta de Reikens activos. Pero si enviamos a los j¨®venes que ya alcanzaron la mayor¨ªa de edad al campo de batalla, no durar¨¢n ni dos d¨ªas. ¡ªSu tono serio contrastaba con su actitud inicial, captando de inmediato la atenci¨®n de la sala¡ª. Su educaci¨®n hasta ahora ha sido casi completamente te¨®rica, adem¨¢s nos hemos mal acostumbrado a considerar a los Reikens como prodigios, que no necesitan de entrenamiento para llegar a la cima del poder. Los oficiales intercambiaron miradas nerviosas. Aunque algunos intentaban disimular su incomodidad, todos sab¨ªan que Kakashi ten¨ªa raz¨®n. Kakashi avanz¨® lentamente hacia la mesa principal, extrayendo un sobre de su bolsillo. Con un movimiento ¨¢gil, dej¨® caer un conjunto de documentos frente a los presentes. ¡ªMi propuesta es simple: establecer un internado militar. Hizo una pausa deliberada, dejando que sus palabras resonaran en el aire antes de continuar¡ª. Pero no cualquier internado. Ser¨¢ un programa intensivo dise?ado no solo para los Reikens, sino tambi¨¦n para humanos comunes, con el objetivo de llevar sus habilidades al l¨ªmite. ?Se imaginan soldados ordinarios capaces de dominar la energ¨ªa elemental con precisi¨®n? ?Y qu¨¦ suceder¨¢ cuando esos soldados sean elegidos por un Reiken? ¡ªSonri¨® con un brillo en los ojos¡ª. Ser¨¢n invencibles. Un murmullo se propag¨® entre los oficiales. Algunos hojeaban los documentos con incredulidad, mientras otros parec¨ªan incapaces de apartar la vista del joven teniente. El Mayor Geki se levant¨® de golpe. ¡ª?Esto es una locura! ¡ªexclam¨®, golpeando la mesa con el pu?o¡ª. ?C¨®mo planeas lograr algo as¨ª? ?Convertir humanos comunes en guerreros de ¨¦lite en tan poco tiempo es imposible! Kakashi se gir¨® hacia ¨¦l, sin perder la compostura. ¡ªEsa informaci¨®n es confidencial, Mayor Geki. ¡ªHizo una leve inclinaci¨®n de cabeza, manteniendo su tono calmado pero burlesco¡ª. Solo puedo decir que no necesito adolescentes. Necesito ni?os. El impacto de esas palabras cay¨® como un rayo en la sala. ¡ª?Ni?os? ¡ªrepiti¨® Geki, incr¨¦dulo, su voz te?ida de horror¡ª. ?Quieres convertir a simples ni?os en soldados? ¡ªExactamente. ¡ªKakashi dej¨® escapar las palabras como si fueran obvias¡ª. Necesito ni?os de entre 6 y 8 a?os. Son m¨¢s receptivos, m¨¢s moldeables, y su capacidad para adaptarse y aprender supera con creces a la de los adultos. Si los entrenamos ahora, en su etapa m¨¢s formativa, podremos convertirlos en la mejor arma que la humanidad haya conocido. Un silencio espeso llen¨® la sala. Los oficiales intercambiaron miradas de desconcierto y rechazo. La idea de usar ni?os en una guerra de tal magnitud era dif¨ªcil de aceptar, incluso en una situaci¨®n desesperada. Geki apret¨® los dientes, intentando controlar su furia. ¡ª?Y c¨®mo planeas encontrar a estos "candidatos"? ¡ªrespondi¨® con su voz cargada de escepticismo. ¡ªBuscaremos en las escuelas, orfanatos e incluso en las zonas m¨¢s marginadas de la sociedad. ¡ªexplic¨® Kakashi¡ª. Aquellos que demuestren tener habilidades excepcionales ser¨¢n reclutados y entrenados. No ser¨¢n simples soldados. Ser¨¢n lo que esta guerra necesita: el futuro de nuestra especie. El general Kido, que hasta entonces hab¨ªa observado en silencio, finalmente habl¨®. ¡ªEs un plan ambicioso, Kakashi. ¡ªSu tono era neutral, pero su mirada reflejaba el peso de la decisi¨®n que deb¨ªa tomar¡ª. Y tambi¨¦n extremadamente peligroso. Los ni?os no son armas, teniente. Kakashi mantuvo la mirada, su sonrisa desapareciendo mientras su tono adquir¨ªa un matiz sombr¨ªo. ¡ªNo ser¨¢n solo armas, general. Ser¨¢n nuestra salvaci¨®n. ¡ªSus ojos brillaban con una mezcla de ambici¨®n y determinaci¨®n. ¡ªY no se equivoque, general. Esta guerra no se ganar¨¢ con ideas tradicionales. Se ganar¨¢ con sacrificios, y cuanto antes aceptemos esa realidad, antes podremos preparar a nuestras fuerzas para enfrentar lo que viene. La sala volvi¨® a sumirse en un silencio inquietante. Los oficiales sab¨ªan que estaban ante una encrucijada moral. Kido finalmente suspir¨®, cruzando las manos sobre la mesa. ¡ªLo pensar¨¦. ¡ªSu tono era firme, aunque su rostro reflejaba la duda¡ª. Pero entiende esto, Kakashi, si seguimos adelante con tu plan, toda la responsabilidad recaer¨¢ sobre ti. Su bienestar, su entrenamiento... todo estar¨¢ bajo tu cargo. Kakashi inclin¨® la cabeza en se?al de respeto, una sonrisa segura reapareciendo en su rostro. ¡ªEntendido, general. No lo decepcionar¨¦. Mientras Kakashi sal¨ªa de la sala, el murmullo entre los oficiales comenz¨® a crecer. Kido permaneci¨® inm¨®vil, mirando los documentos frente a ¨¦l. Sab¨ªa que aceptar esta propuesta significaba cruzar una l¨ªnea peligrosa. Pero tambi¨¦n sab¨ªa que, con los demonios avanzando cada d¨ªa m¨¢s, tal vez no ten¨ªan otra opci¨®n. El reloj segu¨ªa corriendo, y la humanidad se encontraba, una vez m¨¢s, al borde del abismo Cap铆tulo 2 Un sue?o, Sin futuro Dos meses hab¨ªan pasado desde que el plan de Kakashi comenz¨® a ponerse en marcha. El viento soplaba suavemente a trav¨¦s de los campos de entrenamiento de una escuela militar primaria. Era una escuela modesta, situada en las afueras de la ciudad, rodeada de ¨¢rboles que ofrec¨ªan una tranquilidad enga?osa en un lugar destinado a forjar soldados. En un rinc¨®n de un patio de entrenamiento desgastado, un grupo de ni?os rodeaba a otro de cabello oscuro. Los gritos y quejidos de dolor se entremezclaban con los impactos de pu?os y pies que golpeaban su peque?o cuerpo. Los agresores no parec¨ªan mayores que ¨¦l, pero la ferocidad de sus ataques demostraba su intenci¨®n de humillarlo. ¡ª?Vamos, anormal! ¡ªgrit¨® uno de ellos, mientras le lanzaba otro golpe al est¨®mago¡ª. ?Rep¨ªtelo otra vez! El chico que yac¨ªa en el suelo, jadeaba con esfuerzo mientras intentaba recuperar el aliento. Sin embargo, antes de que pudiera responder, otra voz cort¨® el ambiente. ¡ªYa basta ¡ªdijo con autoridad el l¨ªder del grupo, Ibuki, quien dio un paso adelante mientras sus seguidores se apartaban para dejarlo pasar¡ª. Creo que ya ha aprendido la lecci¨®n. Pero diez centavos, Kuro, ?por qu¨¦ demonios quieres ser un Reiken? ¡ªIbuki lo miraba con desprecio¡ª. Alguien como t¨² ni siquiera llegar¨¢ a ser un soldado com¨²n. Kuro, a¨²n en el suelo, trat¨® de levantar la cabeza y respondi¨® con voz d¨¦bil, pero decidida: ¡ªQuiero... quiero ser como esos poderosos guerreros que protegieron a la humanidad hace m¨¢s de 10.000 a?os. Los Reikens que salvaron a todos... Ibuki solt¨® una risa burlona. ¡ª?Ja! Qu¨¦ infantil. ¡ªSus palabras estaban llenas de veneno, y los dem¨¢s chicos rieron con ¨¦l. Kuro, haciendo un esfuerzo por ponerse de pie, lo mir¨® desafiante. ?Infantil? ?En serio dices eso? ¡ªle respondi¨® con un tono burl¨®n¡ª. Si no te has dado cuenta, seguimos siendo ni?os, idiota. La expresi¨®n de Ibuki cambi¨® en un instante. La burla en sus ojos fue reemplazada por ira. ¡ª ?Qu¨¦ dijiste? ¡ªgru?¨®, apretando los dientes. Sin decir m¨¢s, Ibuki alz¨® su mano derecha y un aura de fuego comenz¨® a envolver su cuerpo. Los otros ni?os retrocedieron, impresionados. Ibuki invoc¨® a su Reiken con un grito lleno de orgullo y furia. ¡ª?Ven a m¨ª, Reiken del Cerbero! Una poderosa llama cubri¨® a Ibuki, y una imponente espada apareci¨® en su mano derecha, mientras una armadura roja de estilo medieval cubr¨ªa gran parte de su cuerpo. La armadura, con detalles que parec¨ªan garras y colmillos de bestia, irradiaba un calor sofocante. ¡ªEl idiota aqu¨ª eres t¨², Kuro ¡ªdijo Ibuki, apuntando su espada hacia ¨¦l, listo para atacar¡ª. ?De verdad cree que alguien que ni siquiera posee un elemento puede pertenecer al ej¨¦rcito? ?No me hagas re¨ªr! ¡ªSu voz era dura y cruel¡ª. Entiende de una vez que solo eres un anormal. Los ojos de Kuro se abrieron de par en par al ver que Ibuki no solo iba a humillarlo, sino que estaba a punto de atacarlo con toda su fuerza. ¡ª?Puerta del Inframundo! ¡ªgrit¨® Ibuki. Una r¨¢faga de fuego feroz sali¨® disparada desde la espada de Ibuki, dirigi¨¦ndose directamente hacia Kuro. Sin tiempo para reaccionar, Kuro apenas pudo levantar los brazos en un intento desesperado de protegerse. La fuerza del ataque lo golpea como una ola arrolladora. Fue lanzado hacia atr¨¢s, impactando violentamente contra una pared de piedra del patio, y luego cay¨® al suelo con un sonido sordo. El dolor lo invadi¨® de inmediato. Sus brazos ard¨ªan por las quemaduras, y su cuerpo se estremec¨ªa de dolor por el impacto con la pared. Los otros ni?os se reunieron alrededor de Ibuki, vitoreando su fuerza y ??poder. ¡ª?Eres demasiado fuerte, Ibuki! ¡ªexclamaron con admiraci¨®n, mientras lo segu¨ªan, ignorando completamente a Kuro, quien yac¨ªa en el suelo. Ibuki, sin siquiera mirarlo nuevamente, dio la espalda y se march¨® junto a su s¨¦quito, orgulloso de su exhibici¨®n de poder. Kuro, solo y herido, intent¨® levantarse, jadeando de dolor. Sus manos temblaban mientras apoyaba las palmas en el suelo para incorporarse lentamente. Su uniforme, ahora destrozado le colgaba de los hombros en harapos. ¡ªEsta vez... ¡ªsusurr¨® entre dientes, con una sonrisa amarga¡ª. Creo que se excedieron... Me quemaron todo el uniforme. Mir¨® alrededor, asegur¨¢ndose de que no hubiera m¨¢s amenazas. Sab¨ªa que Ibuki ten¨ªa raz¨®n en una cosa: ¨¦l no pose¨ªa un elemento. No ten¨ªa la capacidad de invocar un Reiken ni controlar la magia elemental como los dem¨¢s. Pero eso no importaba. Su deseo de convertirse en un Reiken segu¨ªa siendo inquebrantable. Se levant¨® con dificultad, ignorando el dolor que recorr¨ªa su cuerpo. Luego, suspir mientras miraba su uniforme hecho jirones. ¡ªBueno, supongo que ahora tengo que pensar en una excusa para darle a mi madre... ¡ªdijo en voz baja, con una mueca de resignaci¨®n. Al caer la tarde, Kuro caminaba lentamente hacia su casa, cojeando levemente. Se detuvo frente a la puerta, contemplando la idea de no entrar. Sab¨ªa que su madre se preocupar¨ªa y no quer¨ªa preocuparla m¨¢s. Finalmente, decidi¨® empujar la puerta y entrar. ¡ªYa llegu¨¦ ¡ªdijo con voz baja. Una voz suave y dulce lo recibi¨® desde la cocina. ¡ª?Bienvenido, Kuro! Pero cuando su madre lo vio en el estado en el que regresaba, su rostro cambi¨® instant¨¢neamente. Con los ojos llenos de preocupaci¨®n, corri¨® hacia ¨¦l, examinando sus quemaduras y su uniforme destrozado.Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. ¡ª ?Qu¨¦ sucedi¨®? ¡ªexclam¨®, sin poder contener su alarma¡ª. ?Otra vez esos patanes, verdad! ?No puedo seguir permitiendo que te hagan esto! ?Voy a hablar con el director ma?ana mismo! Mientras su madre se desahogaba, Kuro apret¨® los pu?os, frustrado. Finalmente, levant¨® la voz, interrumpi¨¦ndola. ¡ª?No lo hagas! ¡ªgrit¨®, con los ojos llenos de l¨¢grimas¡ª. ?Es culpa m¨ªa por ser¡­ diferente! Su madre lo mir¨®, sorprendida por la explosi¨®n de emociones, y lo abraz¨® con fuerza. ¡ªNo digas eso, Kuro. T¨² no eres¡­ ¡ª?S¨ª lo soy! ¡ªrespondi¨® Kuro, apartando a su madre bruscamente¡ª. ?Si tan solo hubiera nacido con un elemento, todo ser¨ªa diferente! Kuro se dio la vuelta y corri¨® hacia su habitaci¨®n, cerrando la puerta de un golpe antes de que su madre pudiera detenerlo. ¡ª?D¨¦jame al menos curarte! ¡ªsuplic¨® ella, al otro lado de la puerta. ¡ª?Lo har¨¦ yo solo! ¡ªrespondi¨® Kuro, con la voz temblorosa¡ª. No te preocupes. Dentro de su habitaci¨®n, Kuro se sent¨® en la cama, mirando sus manos con frustraci¨®n. Mientras curaba sus heridas con lo poco que sab¨ªa de primeros auxilios, su mente estaba llena de pensamientos oscuros. "En este mundo, si no eres fuerte, no eres nada. El fuerte siempre dominar¨¢ al d¨¦bil" Se qued¨® dormido con ese pensamiento rondando en su cabeza. Unas horas m¨¢s tarde, fue despertado por un golpe suave en la puerta. La voz grave de su padre reson¨® desde el otro lado. ¡ªKuro, baja a cenar. Kuro, a¨²n adormilado, respondi¨® r¨¢pidamente. ¡ªS¨ª, ya voy. Al bajar al comedor, un ambiente de hostilidad llenaba el aire. Sus dos hermanas com¨ªan alegremente, ajenas a la tensi¨®n, pero Kuro y su padre se miraban fijamente desde sus asientos. ¡ªTu madre me dijo que llegaste herido nuevamente¡ªcomenz¨® su padre, rompiendo el silencio con una voz severa¡ª. ?Fueron esos ni?os otra vez? Kuro, con la mirada baja, asinti¨® en silencio. Su padre suspir profundamente, aguantando su expresi¨®n. ¡ªMa?ana ir¨¦ yo mismo a la escuela y hablar¨¦ con el director ¡ªanunci¨® con firmeza. Kuro se sobresalt¨® y r¨¢pidamente levant¨® la voz. ¡ª?No lo hagas! ?Es mi culpa por ser¡­! Con un golpe fuerte sobre la mesa, su padre lo interrumpi¨®. ¡ªEntonces, ?por qu¨¦ demonios sigues insistiendo en asistir a una escuela militar? ¡ªdijo con un tono severo¡ª. Sabe perfectamente que hay otras escuelas normales a las que podr¨ªas ir. ¡ª?Eso no es lo que quiero! ¡ªgrit¨® Kuro, de pie frente a la mesa, con los pu?os apretados. Su padre, con el ce?o fruncido, lo mir¨® fijamente. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ es lo que quieres? Kuro, conteniendo sus l¨¢grimas, finalmente baj¨® la voz. ¡ªYo, solo quiero... ¡ªempez¨®, pero su voz se apag¨®. ¡ªYa basta de seguir ese sue?o, Kuro¡ªlo interrumpi¨® su padre, m¨¢s calmado, pero a¨²n severo. Kuro, dolido, murmur¨®: ¡ªEs porque no nac¨ª con un elemento, ?verdad? ¡ªAs¨ª es ¡ªrespondi¨® su padre, cortante. El silencio llen¨® el comedor una vez m¨¢s. Finalmente, su padre habl¨® de nuevo, con un tono m¨¢s firme. ¡ªA partir de ma?ana, dejar¨¢s esa escuela. Ya no puedes seguir enga?¨¢ndote. Kuro, desesperado, grit¨®: ¡ª?No lo hagas! ?Estoy seguro de que...! Su padre lo mir¨® con dureza. ¡ªLos elementos despiertan a los seis a?os, Kuro. Y t¨² ya tienes siete. Deja de enga?arte. Kuro, sintiendo que no ten¨ªa salida, murmur¨® con rabia. ¡ªSi tan solo hubiera nacido como mam¨¢, todo ser¨ªa diferente¡­ Su padre lo mir¨® fijamente, su rostro endurecido. ¡ª?Qu¨¦ dijiste? Kuro, incapaz de contener su furia, levant¨® la voz. ¡ª?Si no fueras mi padre, podr¨ªa ser un Reiken! ?Si no fuera tu hijo, las cosas ser¨¢n diferentes! Antes de que pudiera decir algo m¨¢s su madre le lanz¨® una bofetada. Con l¨¢grimas en los ojos, lo mir¨® profundamente dolida. ¡ª ?C¨®mo puedes decir eso? ¡ªle pregunt¨® con la voz rota¡ª. Tu padre se parte la espalda trabajando todos los d¨ªas para pagar esa escuela... ?y t¨² le pagas dici¨¦ndole esas cosas! Kuro, con l¨¢grimas en los ojos, se levant¨® r¨¢pidamente de la mesa y sali¨® corriendo de la casa. Su madre intent¨® detenerlo, pero su padre la retuvo. ¡ªD¨¦jalo ir ¡ªdijo en voz baja¡ª. Si lo sigues ahora, ser¨¢ peor. Seguro ir¨¢ con tus hermanos... Cap铆tulo 3 Bajo la lluvia La noche hab¨ªa ca¨ªdo sobre la ciudad, y el cielo lloraba con una lluvia intensa que empapaba las calles. Kuro caminaba con los hombros encorvados, su cuerpo tiritando bajo el peso de su ropa mojada. ¡ªMaldita sea¡­ ¡ªgru?¨® entre dientes, mientras sus zapatos chapoteaban en el agua acumulada¡ª. ?Ten¨ªas que llover justo ahora? A cada paso, sent¨ªa c¨®mo el cansancio devoraba su cuerpo, pero no pod¨ªa detenerse. Su mente era un torbellino de rabia, tristeza y confusi¨®n. Despu¨¦s de lo ocurrido en casa, no ten¨ªa otro lugar al que ir, excepto aquel. Finalmente, a trav¨¦s de la cortina de lluvia, divis¨® una peque?a casa al final del camino. Era modesta, con un techo inclinado y paredes de madera que mostraban los estragos del tiempo. Un leve resplandor escapaba por las ventanas, prometiendo un refugio del fr¨ªo. Kuro se detuvo frente a la puerta, jadeando. El agua goteaba de su cabello y se deslizaba por su rostro, mezcl¨¢ndose con el sudor y las l¨¢grimas que intentaba ocultar. Levant¨® una mano temblorosa y golpe¨® la madera con suavidad, pero suficiente para hacerse o¨ªr. La puerta se abri¨® lentamente, revelando a Kaishin, un joven de contextura fuerte y mirada seria. Llevaba una camiseta sencilla y unos pantalones oscuros, y sus ojos analizaron a Kuro de arriba a abajo con una mezcla de sorpresa y molestia. ¡ª?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ¡ªpregunt¨® Kaishin, su voz tan fr¨ªa como la lluvia que ca¨ªa afuera. Kuro temblaba, pero aun as¨ª logr¨® forzar una peque?a sonrisa. ¡ªHola, Kaishin¡­ El joven frunci¨® el ce?o y, sin decir una palabra m¨¢s, comenz¨® a cerrar la puerta lentamente. Kuro, al darse cuenta de lo que intentaba hacer, reaccion¨® de inmediato. ¡ª?Espera! ?Qu¨¦ crees que est¨¢s haciendo? ¡ªexclam¨®, empujando la puerta con ambas manos. Kaishin suspir¨® con impaciencia, deteni¨¦ndose a medio cerrar. ¡ªEstas no son horas de venir a entrenar, Kuro. Vuelve ma?ana. ¡ªSu tono era cortante, como si diera por terminada la conversaci¨®n. Kuro, desesperado, puso un pie entre la puerta y el marco para evitar que la cerrara por completo. ¡ªNo vine por eso. Kaishin arque¨® una ceja, mir¨¢ndolo con escepticismo. ¡ªEntonces, ?qu¨¦ quieres? ¡ªTe lo explicar¨¦ todo¡­ pero primero d¨¦jame entrar, por favor. ¡ªLa voz de Kuro se quebr¨®, y sus ojos reflejaban una mezcla de urgencia y vulnerabilidad que Kaishin no pudo ignorar. Kaishin lo mir¨® en silencio por un momento, evalu¨¢ndolo. Finalmente, suspir¨® con resignaci¨®n y abri¨® la puerta por completo. ¡ªBien, pero antes de que hables, te dar¨¢s un ba?o caliente. No estoy de humor para cuidar de un ni?o enfermo, ?entendido? ¡ªdijo, se?alando hacia el interior de la casa. Kuro asinti¨® r¨¢pidamente, sin decir una palabra m¨¢s. ¡ªSabes d¨®nde est¨¢ el ba?o ¡ªagreg¨® Kaishin, apart¨¢ndose para dejarlo pasar. Kuro entr¨® tambale¨¢ndose, agradeciendo mentalmente el calor que lo envolvi¨® al cruzar el umbral. El joven cerr¨® la puerta detr¨¢s de ¨¦l, y el sonido de la lluvia qued¨® amortiguado, como si el mundo exterior hubiera quedado atr¨¢s. Mientras Kuro se dirig¨ªa al ba?o, Kaishin lo observ¨® en silencio, pregunt¨¢ndose qu¨¦ pod¨ªa haberle ocurrido para aparecer en ese estado. Algo en su expresi¨®n dec¨ªa que esa noche ser¨ªa larga. Mientras el agua caliente del ba?o golpeaba su piel, Kuro sinti¨® c¨®mo el fr¨ªo comenzaba a abandonarlo lentamente. Su cuerpo, antes r¨ªgido por la tormenta y el cansancio, se relajaba bajo el flujo constante. Pero, aunque el agua ayudaba a calmar sus m¨²sculos, su mente no encontraba descanso. Aquellas palabras, pronunciadas con tanta severidad, segu¨ªan repiti¨¦ndose en su cabeza: "Ya basta de seguir ese sue?o, Kuro..." El peso de la impotencia y la rabia lo manten¨ªa sumido en un torbellino emocional. Cerr¨® los ojos e intent¨® ahogar esos pensamientos, pero el vac¨ªo persist¨ªa. Finalmente, sali¨® del ba?o, con una toalla sobre los hombros. Su cabello todav¨ªa estaba h¨²medo, y gotas de agua ca¨ªan ocasionalmente al suelo mientras caminaba hacia la sala principal. All¨ª, Kaishin lo esperaba, sentado en un sill¨®n de cuero desgastado. Ten¨ªa una postura relajada, pero sus ojos estaban fijos en Kuro con una intensidad que lo hac¨ªa sentir peque?o. ¡ªSi¨¦ntate. ¡ªLa orden fue clara, sin dejar espacio para objeciones. Kuro obedeci¨® en silencio, tomando asiento en el sof¨¢ frente a ¨¦l. La sala estaba iluminada ¨²nicamente por una l¨¢mpara en la esquina, proyectando sombras largas y c¨¢lidas que contrastaban con la frialdad de la conversaci¨®n que estaba a punto de empezar. Kaishin cruz¨® los brazos, estudi¨¢ndolo por un momento antes de hablar. ¡ªLlam¨¦ a tu madre. Le dije que estabas aqu¨ª. El coraz¨®n de Kuro se hundi¨® al escuchar esas palabras. Mir¨® hacia el suelo, apretando los pu?os sobre sus rodillas. ¡ªTe cont¨® todo, ?cierto? ¡ªmurmur¨® con la voz apenas audible. Kaishin asinti¨® lentamente. ¡ªAs¨ª es. Pero ¡ªdijo, inclin¨¢ndose ligeramente hacia adelante¡ª, me gustar¨ªa escuchar tu versi¨®n. Kuro levant¨® la vista, encontrando la mirada de Kaishin. Hab¨ªa dureza en sus ojos, pero tambi¨¦n algo m¨¢s. Algo que no pod¨ªa descifrar del todo. ¡ª?De qu¨¦ sirve? ¡ªrespondi¨® Kuro, con una amargura que no pod¨ªa ocultar¡ª. Ya sabes lo que pas¨®. Siempre es lo mismo. ¡ªCu¨¦ntamelo igual ¡ªinsisti¨® Kaishin, sin apartar la mirada. Kuro suspir¨® profundamente, apoy¨¢ndose contra el respaldo del sof¨¢. ¡ªTodo comenz¨® en la escuela... Ibuki y sus amigos... ¡ªhizo una pausa, apretando los dientes¡ª. Estaban burl¨¢ndose de m¨ª otra vez. Esta vez no solo eran palabras. Me golpearon, me humillaron... Y luego, ¨¦l... ¡ªsu voz tembl¨®, recordando el ataque de Ibuki¡ª invoc¨® su Reiken contra m¨ª. Kaishin entrecerr¨® los ojos, pero permaneci¨® en silencio, dejando que Kuro continuara. ¡ªNo pude hacer nada. Ni siquiera pude defenderme... porque no tengo un maldito elemento. ¡ªSu voz se rompi¨® al final, y sus manos temblaron sobre sus rodillas¡ª. Luego, cuando llegu¨¦ a casa, mi padre¡­ mi padre dijo que deb¨ªa renunciar a mi sue?o. Que no pod¨ªa seguir enga?¨¢ndome. Kaishin se reclin¨® en el sill¨®n, procesando lo que Kuro le acababa de contar. Durante un momento, el silencio entre ambos fue casi insoportable, roto solo por el suave golpeteo de la lluvia contra las ventanas.This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¡ª?Y qu¨¦ hiciste despu¨¦s? ¡ªpregunt¨® Kaishin finalmente, su tono sin emoci¨®n. ¡ªLe grit¨¦. Dije cosas que no deb¨ªa... cosas horribles. Y luego sal¨ª corriendo de la casa. ¡ªKuro apret¨® los labios, sus ojos h¨²medos por las l¨¢grimas que intentaba contener¡ª. No s¨¦ qu¨¦ hacer, Kaishin. Todo el mundo tiene raz¨®n. No tengo un elemento, nunca podr¨¦ ser un Reiken. Kaishin se inclin¨® hacia adelante, colocando los codos sobre sus rodillas. ¡ª?Eso crees? ¡ªpregunt¨®, con una nota de desaf¨ªo en su voz. Kuro lo mir¨®, sorprendido. ¡ª?Qu¨¦ otra cosa puedo creer? ¡ªrespondi¨® con amargura¡ª. El mundo entero est¨¢ en mi contra. Kaishin dej¨® escapar un suspiro, pero esta vez no era de exasperaci¨®n, sino de algo m¨¢s profundo. ¡ªEsc¨²chame bien, Kuro ¡ªdijo, su voz m¨¢s baja pero cargada de intensidad¡ª. No tener un elemento no significa que no puedas ser fuerte. Significa que tendr¨¢s que trabajar el doble, el triple si es necesario. Pero si te rindes ahora, entonces todos esos idiotas tendr¨¢n raz¨®n. Kuro lo mir¨® fijamente, sus palabras golpe¨¢ndolo como una r¨¢faga de aire fresco en medio de la tormenta. ¡ª?Y qu¨¦ se supone que haga? ¡ªpregunt¨® con un hilo de voz. Kaishin se levant¨® del sill¨®n, cruz¨¢ndose de brazos mientras lo miraba desde arriba. ¡ªS¨¦ que ya es tarde para nuestro entrenamiento, pero¡­ ?te gustar¨ªa tener un peque?o calentamiento? Kuro lo mir¨® incr¨¦dulo, levantando una ceja. ¡ª?En serio? Kaishin asinti¨® con una leve sonrisa. ¡ªClaro. Consid¨¦ralo una forma de desestresarte. Momentos despu¨¦s, ambos estaban en un peque?o campo de entrenamiento detr¨¢s de la casa. La lluvia hab¨ªa menguado, dejando solo un leve roc¨ªo en el aire. Bajo la tenue luz de una farola cercana, las siluetas de ambos se destacaban mientras empu?aban espadas de madera, enfrent¨¢ndose en silencio. Kaishin, con una postura relajada pero lista, sostuvo su espada frente a ¨¦l. ¡ªBien, Kuro. Veamos si esta vez logras darme un golpe. Kuro apret¨® con fuerza el mango de su espada, su mirada determinada. ¡ª?S¨ª! ¡ªgrit¨® antes de lanzarse contra Kaishin con toda su energ¨ªa. El campo se llen¨® con el eco de los golpes de madera. Kaishin esquivaba cada ataque con facilidad, movi¨¦ndose como si predijera los movimientos de Kuro antes de que estos sucedieran. Mientras tanto, Kuro atacaba con furia descontrolada, sus golpes llenos de fuerza, pero carentes de precisi¨®n. En su mente, las palabras de su padre resonaban una y otra vez: "Ya basta de seguir ese sue?o, Kuro..." Kaishin not¨® la intensidad en los movimientos de Kuro, su rabia desbord¨¢ndose con cada ataque. Aprovechando una abertura, Kaishin cambi¨® de postura y lanz¨® un ataque directo. Kuro apenas logr¨® reaccionar a tiempo, bloqueando el golpe, pero la fuerza del impacto lo hizo retroceder varios metros, casi perdiendo el equilibrio. Kaishin lo observ¨® con seriedad, su tono volvi¨¦ndose m¨¢s grave. ¡ªS¨¦ que dije que esto servir¨ªa para desestresarte, pero... ?acaso ya olvidaste todo lo que te ense?¨¦? Antes de que Kuro pudiera responder, Kaishin arremeti¨® r¨¢pidamente hacia ¨¦l, sus movimientos precisos y letales. Kuro apenas pod¨ªa bloquear los ataques, cada uno m¨¢s r¨¢pido y fuerte que el anterior. ¡ª?Cuando empu?as una espada, debes deshacerte de tus emociones! ¡ªgrit¨® Kaishin mientras lanzaba un golpe tras otro. Las palabras resonaban en el campo, tan afiladas como los movimientos de su espada¡ª. ?Lo ¨²nico que percibo en ti ahora es rabia! ?Y esa rabia hace que tus movimientos sean m¨¢s lentos, torpes y d¨¦biles! Kuro intent¨® concentrarse, pero la frustraci¨®n y el dolor nublaban su juicio. En un descuido, Kaishin vio una abertura y aprovech¨® el momento. Con un movimiento r¨¢pido, lo golpe¨® con fuerza en el est¨®mago. El impacto fue devastador. Kuro solt¨® un jadeo ahogado y cay¨® al suelo, la espada de madera rodando lejos de ¨¦l. Se retorci¨® de dolor, sujet¨¢ndose el abdomen mientras intentaba recuperar el aliento. Kaishin se mantuvo de pie, mir¨¢ndolo desde arriba. Su expresi¨®n era seria, pero no hab¨ªa crueldad en sus ojos. ¡ªSi sigues dejando que tus emociones te controlen, nunca avanzar¨¢s, Kuro. ¡ªSu voz era firme, pero m¨¢s calmada ahora¡ª. Una espada no responde a la furia, sino a la claridad. Kuro intent¨® incorporarse, apoy¨¢ndose en sus manos mientras el dolor punzante lo manten¨ªa encorvado. ¡ªLo siento... ¡ªmurmur¨® entre jadeos, su voz quebrada. Kaishin dej¨® escapar un suspiro y camin¨® hacia ¨¦l, extendi¨¦ndole una mano. ¡ªNo es cuesti¨®n de disculparte. Es cuesti¨®n de aprender. Kuro levant¨® la vista, dudando por un momento, antes de tomar la mano de Kaishin y ponerse de pie con dificultad. ¡ªEso es suficiente por hoy. ¡ªKaishin se?al¨® la espada de madera que hab¨ªa ca¨ªdo al suelo¡ª. Rec¨®gela y vuelve adentro. Ma?ana empezaremos de nuevo, pero esta vez, con la cabeza fr¨ªa. Kuro asinti¨®, todav¨ªa sintiendo el eco del dolor en su abdomen. Mientras recog¨ªa la espada y segu¨ªa a Kaishin de vuelta a la casa. Mientras caminaban de regreso a la casa bajo el manto de la noche, Kaishin rompi¨® el silencio con una voz tranquila pero cargada de intenci¨®n. ¡ªS¨¦ que es dif¨ªcil deshacerte de tus emociones, Kuro. No te estoy pidiendo que las borres por completo, pero en vez de dejar que ellas te dominen, debes aprender a usarlas, a dejarlas fluir sin que se conviertan en cadenas. Kuro lo mir¨® de reojo, todav¨ªa sujet¨¢ndose el est¨®mago mientras avanzaba. ¡ª?A qu¨¦ te refieres? Kaishin sonri¨® levemente, como si recordara algo de su propio pasado, antes de responder. ¡ªLo que intento decirte es que dejes de pensar. No me malinterpretes; la estrategia y la planificaci¨®n son importantes, pero cuando est¨¢s en medio de un combate, tu mente no debe ser un obst¨¢culo. ¡ªHizo una pausa, girando su cabeza para mirarlo directamente¡ª. Es como entrar en un estado de trance, un equilibrio perfecto entre cuerpo y esp¨ªritu. Kuro frunci¨® el ce?o, tratando de comprender. ¡ª?Trance? Kaishin asinti¨®, gesticulando con las manos como si tratara de darle forma a su explicaci¨®n. ¡ªImagina que tu cuerpo es un r¨ªo, fluyendo sin resistencia. Cuando te aferras a la rabia, el miedo o incluso a la euforia, ese r¨ªo se desborda o se detiene. Pero si logras poner tu mente en blanco, si dejas que tus instintos se convertir¨¢n en el agua que fluye, cada movimiento, cada paso, cada golpe se dar¨¢ de forma natural. No habr¨¢ dudas, no habr¨¢ vacilaci¨®n. ¡ªHizo una pausa, el brillo de sus ojos intensific¨¢ndose¡ª. Ser¨¢s como una hoja llevada por el viento, impredecible y libre. Kuro lo mir¨® fijamente, perplejo. ¡ª?Y c¨®mo se supone que voy a hacer eso? ?Simplemente d¨¦jo de pensar? Kaishin ri¨® suavemente, su tono volvi¨¦ndose algo m¨¢s relajado. ¡ªNo es tan simple como suena, pero tampoco es imposible. Para entrar en ese estado, primero debes conocerte a ti mismo por completo. Saber d¨®nde termina tu fuerza y ??d¨®nde comienza tu l¨ªmite. Solo entonces podr¨¢s romper esa barrera. Kuro baj¨® la mirada al suelo, procesando las palabras de Kaishin. ¡ª Entonces... ?es como si mi cuerpo se moviera solo? Kaishin asinti¨® lentamente. ¡ªExactamente. Tus movimientos se volver¨¢n autom¨¢ticos, guiados por tus reflejos, tu experiencia y tus instintos. No habr¨¢ espacio para el miedo o la duda, porque todo tu ser estar¨¢ enfocado en un solo prop¨®sito: sobrevivir, ganar, avanzar. El silencio volvi¨® a instalarse entre ellos, roto solo por el crujir de las hojas bajo sus pies y el suave goteo de la lluvia. Finalmente, Kaishin agreg¨®: ¡ªPero para lograrlo, necesitas pr¨¢ctica. Mucha pr¨¢ctica. No ser¨¢ algo que domine de la noche a la ma?ana. Y, Kuro... ¡ªse detuvo, obligando a su aprendiz a mirarlo¡ª, no olvides esto: la calma es tu verdadera fuerza. No importa lo que ocurra a tu alrededor, debes ser como el ojo de la tormenta, inmutable mientras todo lo dem¨¢s colapsa. Kuro asinti¨® con firmeza, apretando los pu?os mientras sus pensamientos se aclaraban. ¡ªLo intentar¨¦. Kaishin esboz¨® una sonrisa casi imperceptible y continu¨® caminando hacia la casa. ¡ªNo solo lo intento. Hazlo. Ma?ana, cuando entrenemos, quiero ver si puedes entrar, aunque sea por un instante, en ese estado. Mientras Kuro segu¨ªa a Kaishin en silencio, una chispa de determinaci¨®n creci¨® en su interior. No sab¨ªa si lograr¨ªa alcanzar ese estado del que Kaishin hablaba, pero estaba dispuesto a darlo todo para intentarlo. Cap铆tulo 4 Luz bajo la tormenta Kaishin y Kuro se encontraron cenando despu¨¦s de su peque?o duelo. Kuro devoraba su comida como si no hubiera comido en d¨ªas, llev¨¢ndose grandes bocados y masticando con rapidez. Kaishin, que lo observaba con una expresi¨®n de disgusto, no pudo evitar comentar: ¡ªViene como un cerdo. Kuro, con la boca llena, se limit¨® a sonre¨ªr antes de responder: ¡ªEs que tu comida es deliciosa. Adem¨¢s, mi madre dice que debo comer bien si quiero crecer grande y fuerte. Kaishin suspir, apoyando un codo sobre la mesa. ¡ªS¨ª, pero al menos aprende a controlarte, ni?o. Kuro ri¨® con despreocupaci¨®n y, tras tragar otro bocado, pregunt¨® con curiosidad: ¡ªPor cierto, Kaishin, ?d¨®nde est¨¢ Tsume? ¡ªYa debe estar llegando ¡ªrespondi¨® Kaishin sin darle demasiada importancia¡ª. Hoy ten¨ªa turno hasta tarde en el centro m¨¦dico del pueblo. ¡ªAh, con raz¨®n ¡ªdijo Kuro, asintiendo. Luego, con un brillo de inter¨¦s en los ojos, record¨® algo¡ª. Oye, antes de que se me olvide, ?te otorgaron la beca que me mencionaste el otro d¨ªa? Kaishin esboz¨® una leve sonrisa. ¡ªAs¨ª es. Est¨¢s frente a un nuevo estudiante de la Academia Militar Arkanum. Los ojos de Kuro se abrieron con asombro. ¡ª?Eso es impresionante! Hasta donde s¨¦, es una de las academias militares m¨¢s importantes que existen, ?cierto? ¡ªAs¨ª es ¡ªconfirm¨® Kaishin con orgullo. Kuro apoy¨® los codos sobre la mesa y molestando. ¡ªVaya, eres incre¨ªble. Aunque bueno, no me sorprende. Despu¨¦s de todo, eres uno de los pocos en este pueblo que posee un Reiken. Me gustar¨ªa alg¨²n d¨ªa ir a esa academia tambi¨¦n. Kaishin se cruz¨® de brazos y lo mir¨® con una mezcla de diversi¨®n y escepticismo. ¡ªCon esfuerzo y dedicaci¨®n, puede que logres¡­ Por un momento, la esperanza brill¨® en los ojos de Kuro, pero las siguientes palabras de Kaishin lo hicieron fruncir el ce?o. ¡ªAunque, siendo realistas, si no tienes un elemento, dudo que te admitan. El entusiasmo de Kuro se esfum¨® en un instante. ¡ª?Eso fue cruel! ¡ªprotest¨®, mir¨¢ndolo con indignaci¨®n¡ª. ?Y qu¨¦ pas¨® con aquello de "nunca rendirse"? ¡ªTampoco mares tan ambicioso, ni?o. A veces no hay que apuntar tan alto ¡ªrespondi¨® Kaishin con indiferencia. Kuro apret¨® los dientes, visiblemente irritado por su comentario. ¡ªAh, ?s¨ª? Entonces, ?qu¨¦ tal si apunto a lo que est¨¢ a mi alcance? Se?al¨® descaradamente el trozo de pollo que a¨²n quedaba en el plato de Kaishin. Kaishin entrecerr¨® los ojos. ¡ªNo te atrever¨ªas¡­ ¡ª?A qu¨¦ s¨ª? Sin previo aviso, Kuro se lanz¨® hacia el plato de Kaishin con una velocidad sorprendente. Sin embargo, Kaishin reaccion¨® en el ¨²ltimo segundo, apartando su comida justo a tiempo. ¡ªA¨²n te falta nivel para superarme en velocidad, mocoso.The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation. Pero Kuro no se rindi¨®. En un movimiento ¨¢gil, se impuls¨® hacia atr¨¢s con los pies, golpe¨® la mesa con un giro r¨¢pido y, con precisi¨®n milim¨¦trica, logr¨® hacer que el pedazo de pollo cayera directamente en su boca. Kaishin qued¨® congelado por un instante, impresionado por la destreza del ni?o. Sin embargo, la sorpresa se desvaneci¨® en segundos, dando paso a una ira desbordante. ¡ª??C¨®mo te atreves, mocoso?! ¡ªrugi¨®, poni¨¦ndose de pie. El aire en la habitaci¨®n parec¨ªa volverse m¨¢s denso cuando una extra?a energ¨ªa comenz¨® a emanar de Kaishin. En un parpadeo, una corriente de agua gir¨® a su alrededor y se concentr¨® en su mano, formando un chorro potente que ondulaba con furia. Kuro trag¨® saliva, a¨²n masticando el ¨²ltimo bocado. ¡ªE-Espera¡­ No es para tanto, ?verdad? Pero Kaishin no respondi¨®. En sus ojos brillaba una amenaza clara: Kuro estaba a punto de pagar muy caro su atrevimiento. Al mismo tiempo que la escena ca¨®tica se desarrollaba dentro de la casa, alguien m¨¢s se acercaba a la puerta, murmurando con evidente agotamiento: ¡ªQu¨¦ d¨ªa... Espero que ma?ana no me den m¨¢s trabajo del que ya tengo¡­ El joven suspir profundamente y abri la puerta, pero antes de poder dar un paso adentro, sus ojos se abrieron de par en par al ver un potente chorro de agua dirigi¨¦ndose hacia ¨¦l a gran velocidad. ¡ª??Pero qu¨¦ demo¡­?! Por instinto, alz¨® los brazos y logr¨® bloquear parte del impacto, aunque la fuerza del agua lo empuj¨® varios pasos hacia atr¨¢s. Sacudi¨¦ndose el exceso de agua de la ropa, frunci¨® el ce?o y entr¨® r¨¢pidamente en la casa, siguiendo el rastro de la energ¨ªa. ¡ª?Kaishin, qu¨¦ demonios est¨¢n pasando aqu¨ª! ¡ªexclam¨® con irritaci¨®n. Lo que encontr¨¦ al llegar a la sala lo dej¨® sin palabras. Kaishin estaba sobre Kuro, sujet¨¢ndolo con fuerza en una llave de estrangulamiento con su antebrazo alrededor del cuello, mientras el ni?o pataleaba in¨²tilmente en el suelo. ¡ª?Ahora pide disculpas! ¡ªexigi¨® Kaishin con una mirada severa. ¡ª?No lo har¨¦! ¡ªrespondi¨® Kuro con voz ahogada, pero desafiante. ¡ª?Que te disculpes, mocoso! ¡ªinsisti¨® Kaishin, apretando un poco m¨¢s el agarre. ¡ª?Ni muerto! ¡ªsolt¨® Kuro, esforz¨¢ndose por liberarse. Antes de que la discusi¨®n escalara a¨²n m¨¢s, una voz grave y autoritaria reson¨® en la habitaci¨®n: ¡ª?Oigan ustedes dos, ?qu¨¦ carajos creen que est¨¢n haciendo?! Ambos se detuvieron en seco y giraron la cabeza al mismo tiempo hacia el reci¨¦n llegado. ¡ª?Tsume! ¡ªdijeron al un¨ªsono. Tsume, con los brazos cruzados y la ropa a¨²n h¨²meda, los mir¨® con expresi¨®n de fastidio. Kaishin y Kuro se quedaron inm¨®viles por un instante. Finalmente, Kaishin suspir, solt a Kuro y se puso de pie. Kuro, por su parte, rod¨® por el suelo, llev¨¢ndose las manos al cuello y respirando con dificultad. ¡ª?Casi me matas, idiota! ¡ªprotest¨®, tosiendo. Kaishin lo mir¨® de reojo y chasque¨® la lengua. ¡ªTe lo buscaste, mocoso. Tsume frunci¨® el ce?o y habl¨® con un tono seco y autoritario: ¡ªAlguien puede explicarme por qu¨¦ casi me revientan con un ataque de agua nada m¨¢s entrar por la puerta? Kuro no dud¨® ni un segundo en se?alar a Kaishin. ¡ª?Fue su culpa! ¡ª?No fue mi culpa, fue la tuya! ¡ªreplic¨® Kaishin de inmediato, cruz¨¢ndose de brazos. La paciencia de Tsume lleg¨® a su l¨ªmite. ¡ª?Silencio! ¡ªorden¨® con un tono firme, haciendo que ambos se callaran de inmediato¡ª. Ahora, quiero que los dos me digan exactamente qu¨¦ pas¨®. Kaishin y Kuro intercambiaron miradas y, a rega?adientes, empezaron a contar su versi¨®n de los hechos. Unos minutos despu¨¦s, Tsume masaje¨® sus sienes con evidente frustraci¨®n. ¡ªD¨¦jenme ver si entend¨ª¡­ ¡ªdijo lentamente, con una mirada afilada¡ª. ?Casi destruyen la casa¡­ por un pedazo de pollo? Un silencio inc¨®modo llen¨® la habitaci¨®n. Kaishin carraspe¨® y desvi¨® la mirada, mientras Kuro intentaba contener una sonrisa culpable. Tsume suspir profundamente y se pas una mano por el rostro. ¡ªUstedes dos me van a matar alg¨²n d¨ªa¡­ ¡ªmurmur¨®, exasperado¡ª. Y Kaishin, m¨¢s te vale limpiar este desastre antes de que nos echen de la casa. Kaishin chasque¨® la lengua, pero no encontr¨® argumentos para defenderse. Mientras tanto, Kuro, a¨²n tumbado en el suelo, sensaci¨®n de satisfacci¨®n. ¡ªAl menos vali¨® la pena¡­ Tsume, que ya se dispon¨ªa a marcharse, se detuvo y lo mir¨® con curiosidad. ¡ªPor cierto, Kuro¡­ ?qu¨¦ haces aqu¨ª? Kuro se rasc¨® la nuca con una expresi¨®n inc¨®moda, evitando la mirada de Tsume. Sab¨ªa que esa noche iba a ser a¨²n m¨¢s larga de lo que ya hab¨ªa sido.