《MI DEUDA CONTIGO (Spanish)》 Capitulo 1: Encuentro caè´¸tico en Hobart Sara Taylor Noche de luna llena en las calles solitarias de Nueva York, con un aire misterioso y sereno. Los rascacielos se alzan majestuosamente, sus siluetas recortadas contra el cielo oscuro. Las luces de ne¨®n y los letreros iluminan tenuemente la acera vac¨ªa, creando un contraste fascinante entre luces y sombras. Los taxis ocasionales pasan de vez en cuando, a?adiendo destellos de color al paisaje nocturno. Los escaparates cerrados y las ventanas oscuras dan una sensaci¨®n de calma y quietud, muy diferente del bullicio diurno. El sonido de mis pasos resuena en el pavimento, y su eco parece ser la ¨²nica compa?¨ªa en este escenario urbano. De pronto, siento la presencia de alguien detr¨¢s y un sentimiento de inquietud se apodera de mi cuerpo. Despu¨¦s de un debate interno que dura varios segundos sobre si debiera girarme o acelerar mis pasos, opto por apresurar mi ritmo. Cruzo la calle hacia la acera siguiente y me adentro en una calle estrecha, cuyos faros se apagan y encienden simult¨¢neamente. Sigo sintiendo esa presencia detr¨¢s de m¨ª y el sonido de sus pasos es cada vez m¨¢s cercano. El miedo se apodera de m¨ª y comienzo a correr. Mi coraz¨®n palpita fuertemente y mi respiraci¨®n se entrecorta. De pronto, resbalo en el suelo h¨²medo y caigo de frente. Los pasos se acercan hasta pararse a mi lado y escucho una voz gruesa de hombre haciendo eco, causando que se me erice toda la piel: "Te encontr¨¦, Sara." Me despierto repentinamente de un mal sue?o. La camisa del pijama se pega a mi cuerpo por el sudor y apenas puedo respirar. Era la tercera vez en la semana que se repet¨ªa esa pesadilla una y otra vez. La raz¨®n eran las llamadas amenazantes que recib¨ª desde que desapareci¨® mi padre, dejando tras de ¨¦l una enorme deuda y unos prestamistas sin conciencia. Me levanto de la cama, apartando las s¨¢banas de cuadros que mi abuela insist¨ªa en comprar en todos los colores disponibles, aunque yo preferir¨ªa unas s¨¢banas sin estampado. Me planto frente al espejo de cuerpo entero en la esquina de mi humilde habitaci¨®n, que consiste en una cama individual, un peque?o armario de doble puerta y un escritorio blanco donde me dedico a hacer lo que m¨¢s amo: dise?ar edificios y monumentos p¨²blicos. S¨ª, lo s¨¦, no suena como una afici¨®n muy com¨²n, pero siempre me ha gustado. Si no tuviera todas esas deudas, habr¨ªa podido pagar mis estudios universitarios y cumplir mi sue?o de convertirme en arquitecta. Pero esos sue?os se esfumaron cuando desapareci¨® mi padre, y lo ¨²nico que qued¨® fue el reflejo de una chica veintea?era que hab¨ªa perdido todo su brillo y vitalidad. Me apresuro a vestirme para bajar a desayunar. En media hora, debo estar en la librer¨ªa del se?or William, donde trabajo como dependienta a jornada completa, lo cual me fatiga solo de pensarlo. No es que me desagrade el se?or William; de hecho, lo considero como un abuelo. Es un hombre de 60 a?os, con pelo canoso y algunas entradas en la frente. Usa gafas para leer que descansan cuidadosamente sobre su nariz. Su rostro muestra arrugas suaves, especialmente alrededor de los ojos y la boca, evidenciando a?os de sonrisas y conversaciones. Viste ropa c¨®moda pero elegante, reflejando su amor por la comodidad y el estilo cl¨¢sico. Conserva una barba corta y bien cuidada que a?ade un toque de sabidur¨ªa a su aspecto. Sus manos suelen estar ligeramente manchadas de tinta, un signo de su continuo amor por los libros y la escritura. Es muy amado por la gente del pueblo y por los clientes, a quienes recibe con una sonrisa c¨¢lida y acogedora, haciendo que cualquiera se sienta bienvenido en su librer¨ªa. En realidad, mi problema son los libros. No soy muy fan de la lectura, y pasar el d¨ªa entero entre montones de libros me parece un trabajo mon¨®tono y aburrido. Pero no tengo otra opci¨®n; debo pagar las deudas, y el se?or Wilson, cercano amigo de mi abuela, me ofrece una paga bastante generosa teniendo en cuenta que no dispongo de ninguna titulaci¨®n profesional. Al llegar al piso de abajo, donde se encuentra el peque?o sal¨®n y la cocina, me encuentro con el aroma a pizza al estilo neoyorquino que hab¨ªa preparado mi abuela para el desayuno. Consiste en una masa fina, una capa de salsa de tomate con especias y una capa de mozzarella. Mi abuela sabe que adoro esta pizza, as¨ª que cada vez que quiere convencerme de hacer algo, me la prepara, como cuando me propuso trabajar en la librer¨ªa del se?or William. Me pregunto cu¨¢l era el tema esta vez. - ?Sara! ?D¨®nde estabas, querida? Llevo toda la ma?ana llam¨¢ndote; llegar¨¢s tarde al trabajo -dijo mi abuela mientras colocaba los platos con porciones de pizza en la mesa-. Es cierto que el se?or William es un hombre muy agradable y compasivo, pero eso no significa que puedas llegar tarde todos los d¨ªas. -Abuela, sabes que solo han sido dos veces, y fue porque te estaba ayudando a buscar tu pr¨®tesis dental -dije mientras mov¨ªa la silla para sentarme a desayunar-. Por cierto, ?a qu¨¦ se debe este manjar de hoy? ?Hay algo que deba saber? -pregunt¨¦ mientras le daba un mordisco a mi porci¨®n de pizza. - Qu¨¦ exagerada eres. Claro que no hay nada especial, solo me apetec¨ªa preparar la comida favorita de mi querida nieta. Hoy no te entretengas al salir del trabajo, ven directo a casa -dijo mi abuela mientras se serv¨ªa su t¨¦ de hierbas de manzanilla que siempre preparaba para el desayuno. - ?Por qu¨¦? Abuela, insisto, ?hay algo que deba saber? ¨Cdije mientras a?ad¨ªa az¨²car a mi taza de t¨¦. -No pasa nada, solo que esta tarde tenemos invitados. Vendr¨¢ mi amiga Claire, la conoces, la de la asociaci¨®n. Te la present¨¦ el otro d¨ªa cuando fuimos a la librer¨ªa a por el libro de recetas que me recomend¨® el se?or William. ¡ªAh, te refieres a la se?ora Smith. S¨ª, me acuerdo de ella. Vino el otro d¨ªa a la librer¨ªa a buscar un libro de recetas para preparar unos bagels con crema para la fiesta de la asociaci¨®n. Tiene unos setenta a?os, es m¨¢s alta que la mayor¨ªa de las mujeres de su edad y tiene un porte recto e imponente, con una mirada sabia y serena. Llevaba el pelo de color vainilla recogido en un mo?o perfecto y tra¨ªa puesto un vestido de lana de color violeta, acompa?ado de un abrigo cl¨¢sico color crema y un bolso de cuero. La se?ora Claire irradia una calidez natural y una presencia tranquila, siendo una figura conocida y querida en su comunidad. Los Smith son muy conocidos en el pueblo; poseen muchas empresas y propiedades y han heredado su fortuna a lo largo de generaciones. ¡ªSigo sin entender por qu¨¦ deber¨ªa estar presente. Al fin y al cabo, es tu amiga, abuela, y no creo que pueda aportar nada significativo a vuestras conversaciones sobre comidas tradicionales y cultura cl¨¢sica. Acabar¨ªa siendo un estorbo. Adem¨¢s, estaba pensando en pasar por la casa de Samantha; su compromiso se acerca y me pidi¨® que la ayudara con los preparativos. En realidad, a¨²n queda tiempo para el compromiso de mi mejor amiga, pero quiero usar cualquier excusa para escabullirme. Nada es m¨¢s insoportable que las conversaciones de mi abuela y sus amigas, que siempre terminan de la misma manera: ¡°?Sara, querida, a¨²n no tienes a nadie en tu vida? Con lo hermosa que eres, peque?a, d¨¦jame presentarte a uno de mis conocidos.¡± Y, en el mejor de los casos, se dedican a alabar al se?or William y su car¨¢cter, y a recordarme lo afortunada que soy de haber encontrado trabajo en su librer¨ªa, y que no deber¨ªa pensar en dejar mi puesto por nada m¨¢s. Lo peor son sus burlas cuando mi abuela menciona mi afici¨®n por el dise?o y la arquitectura, como si no fuera posible que una mujer pudiera triunfar en ese ¨¢mbito. ¡ªOlv¨ªdate de eso, ya ayudar¨¢s a Samantha otro d¨ªa. Hoy vendr¨¢ Claire con su nieta. Ha venido desde Nueva York a visitar a su abuela estos d¨ªas y quer¨ªa present¨¢rmela. A diferencia de ti, es una joven que respeta los gustos y las amistades de su abuela. En fin, he pensado que, si est¨¢s t¨², ser¨ªa m¨¢s entretenido para ella. No queremos que se aburra, ?verdad, Sara? ?Una nieta de Nueva York? Eso suena a¨²n peor. No soy una persona prejuiciosa, pero las chicas de Nueva York son distintas: su ritmo de vida, sus estilos, sus gustos y pasatiempos. Yo solo soy una chica de pueblo cuya vida consiste en trabajar en una librer¨ªa, conversar con su abuela, salir una vez al mes, como mucho, con Samantha a la cafeter¨ªa del pueblo o a las tiendas, y dise?ar esbozos de edificios cuando tengo tiempo. En otras palabras, soy una chica ordinaria y aburrida y con muchas deudas. Ser¨¦ el hazmerre¨ªr a sus ojos. ¡ª?Mira qu¨¦ hora es! ?Llegar¨¦ tarde! Me encantar¨ªa conocer a la nieta de tu amiga, pero no puedo dejar plantada a mi mejor amiga. Hoy elegir¨¢ el dise?o de su vestido de boda. Lo siento, abuela, nos vemos luego. M¨¢ndale mis saludos ¡ªle dije, mientras me levantaba y corr¨ªa a ponerme los zapatos para escapar antes de que pudiese reprimirme. ¡ª?Sara Taylor! ?Si no acudes esta tarde a la reuni¨®n, no te dirigir¨¦ la palabra en lo que queda de a?o ni volver¨¢s a probar tus platos favoritos! ¡ªalcanc¨¦ a escuchar a mi abuela gritarme antes de cerrar la puerta detr¨¢s de m¨ª. No me dejaba opci¨®n, ten¨ªa que acudir a esta reuni¨®n. Ella era mi ¨²nica familia y no pod¨ªa hacerla enfadar. La librer¨ªa del se?or William quedaba a dos kil¨®metros de nuestra casa. Unos quince minutos a paso apresurado eran suficientes para llegar. Se notaba que era oto?o; las calles se transformaban en un paisaje de tonos c¨¢lidos y dorados. Los ¨¢rboles se vest¨ªan de hojas rojas, naranjas y amarillas, que ca¨ªan suavemente al suelo creando una alfombra natural. El aire se volv¨ªa fresco y crujiente, ideal para paseos tranquilos. En otros tiempos hubiese disfrutado de caminar en este clima, pero me sent¨ªa inquieta. Desde hace d¨ªas ten¨ªa la sensaci¨®n de que alguien me segu¨ªa a todas partes. Las llamadas no cesaban; me amenazaban continuamente con que si no cerraba las deudas que dej¨® mi padre, lo pagar¨ªa caro. Aunque lo intentase, necesitar¨ªa a?os para poder devolver esas cantidades. Al llegar a la librer¨ªa encontr¨¦ al se?or Williams enfrente de unas cajas de cart¨®n colocadas unas sobre otras, revisando su contenido. Parece que hab¨ªan llegado los nuevos libros que hab¨ªamos pedido la semana pasada. -Hola, buenos d¨ªas, se?or Williams, parece que ya llegaron los libros que pedimos- le dije mientras colocaba el bolso y mi abrigo en el mostrador. - Buenos d¨ªas. As¨ª es, llegaron, despu¨¦s de dos d¨ªas de retraso- dijo sonriente, mientras me mostraba uno de los libros que hab¨ªa llegado. Nada hac¨ªa m¨¢s feliz al se?or William que nuevos libros que pueda leer y recomendar a sus clientes. Al menos uno de nosotros amaba su trabajo. Le sonre¨ª de vuelta y comenzamos a introducir los datos de los nuevos libros en el ordenador para luego colocarlos en sus respectivos estantes seg¨²n los g¨¦neros a los que pertenec¨ªan. Adam Smith Nada era mejor que una caminata antes de empezar el d¨ªa. El clima era fresco, con una brisa suave que llevaba el aroma de las hojas secas y la tierra h¨²meda. Era la ¨¦poca perfecta para disfrutar de la naturaleza y del encanto sereno de las calles en oto?o, especialmente en el pueblo, donde abundaban los parques y los ¨¢rboles. Al abrir la puerta de casa, me inund¨® un fuerte olor a caf¨¦. Eso s¨ª que era una ma?ana excelente. Dej¨¦ la chaqueta en la butaca y me dirig¨ª corriendo a la cocina, donde mi abuela, Claire Smith, estaba preparando caf¨¦ filtrado para acompa?ar el desayuno. -Buenos d¨ªas, se?orita Claire ¨C le dije mientras la saludaba con un beso en la cabeza. -Ay, Adam, qu¨¦ cosas dices. Ya no soy ninguna se?orita ¨C me respondi¨® sonriendo mientras vert¨ªa el caf¨¦ en las tazas-. Te doy cinco minutos; c¨¢mbiate y ven a desayunar, antes de que se enfr¨ªe el caf¨¦. Hoy quiero disfrutar el desayuno con mi querido nieto, despu¨¦s de tantos d¨ªas sin verlo. -No digas eso, abuela. Tienes m¨¢s energ¨ªa que cualquier jovencita, ?verdad, Marie? ¨C le dije gui?ando un ojo a Marie, la mucama de mis abuelos. Era una mujer de cincuenta a?os, viv¨ªa en el pueblo y, aunque nunca hab¨ªa estado en Francia, hablaba el franc¨¦s con fluidez gracias a sus padres franceses. Hace quince a?os, cuando mi abuela decidi¨® dejar atr¨¢s la bulliciosa y fren¨¦tica Nueva York para establecerse en el pueblo de Hobart contrat¨® a Marie, quien hab¨ªa trabajado para los due?os anteriores de la torre que compr¨® mi abuela. Ellos se la recomendaron enormemente, y con raz¨®n: era una mujer dulce y cari?osa. Cada vez que visit¨¢bamos a la abuela, ella nos preparaba las comidas que m¨¢s am¨¢bamos y nos consent¨ªa como si fu¨¦ramos sus propios hijos. Nosotros tambi¨¦n la consider¨¢bamos como a una m¨¢s de la familia. -As¨ª es, querido Adam. Ninguna veintea?era podr¨ªa competir con tu abuela en elegancia ni en vivacidad ¨C me respondi¨® ri¨¦ndose mientras sacaba el pan reci¨¦n horneado. -Te lo dije, abuela- Me re¨ª, mientras probaba el dulce de nuez que hab¨ªa preparado Marie. -Es suficiente de halagos, t¨² tambi¨¦n, Marie. No le sigas el juego. Anda, mi peque?o le¨®n, prep¨¢rate y baja a desayunar ¨C me avis¨® mientras pon¨ªa las mermeladas caseras en los cuencos de vidrio. A mi abuela no le gustaba que la halagasen tanto; era humilde y t¨ªmida.Unauthorized tale usage: if you spot this story on Amazon, report the violation. -A las ¨®rdenes ¨C dije haciendo una se?al de sargento mientras sonre¨ªa y a continuaci¨®n sub¨ª al piso de arriba para ducharme y cambiarme r¨¢pido. Tres d¨ªas antes... Hac¨ªa cuatro a?os que era el CEO de la empresa de construcciones SMITH, tras mucho esfuerzo para convencer a mi padre de que era capaz de liderar la empresa familiar y aumentar sus ganancias. ¨¦ramos cuatro hermanos. Mi hermana mayor, Emma, se gradu¨® como abogada y empez¨® a trabajar en la empresa. Cinco a?os despu¨¦s, se cas¨® con mi amigo y socio en el trabajo, Sam Edisson, y el a?o pasado tuvieron a su primera hija, Ellie, nuestra peque?a princesa. Luego est¨¢bamos mi hermana gemela, Daiana, y yo. Ella se especializ¨® en contabilidad y yo en ingenier¨ªa; ambos trabajamos en la empresa familiar despu¨¦s de graduarnos. El m¨¢s joven era nuestro hermano James, que se gradu¨® en administraci¨®n el a?o pasado. A diferencia de nosotros, no quiso empezar a trabajar en la empresa de pap¨¢, prefiri¨® tomarse un tiempo para viajar por el mundo y ganar experiencia laboral en otros sitios antes de tomar su lugar en nuestra empresa. En cuanto a mi padre, a pesar de que yo hab¨ªa asumido el puesto de CEO, se negaba a descansar y segu¨ªa trabajando y brind¨¢ndome apoyo. Mi madre se dedicaba al dise?o de interiores, encarg¨¢ndose de todos los proyectos que inclu¨ªan este aspecto, y nuestros clientes estaban encantados con su buen gusto. Eran las cinco de la tarde. Estaba en mi despacho revisando el informe del presupuesto para la nueva construcci¨®n de un hotel cuando el tel¨¦fono comenz¨® a sonar. Comprob¨¦ qui¨¦n era: Claire Smith, mi abuela. La apreciaba mucho, se podr¨ªa decir que fue ella quien pr¨¢cticamente nos crio. De peque?os, mientras nuestros padres estaban inmersos en el trabajo de la empresa y en proyectos interminables, mis hermanos y yo pas¨¢bamos la mayor parte del tiempo al cuidado de mi abuela. De ella aprendimos muchas cosas, como el esfuerzo, la determinaci¨®n, los buenos modales y el respeto a los dem¨¢s. Me apresur¨¦ a responder. -Hola, abuela, hoy es mi d¨ªa de suerte. ?C¨®mo est¨¢s? -Estoy bien, querido. Eres id¨¦ntico a tu padre. Cuando os pon¨¦is a trabajar, os olvid¨¢is del mundo entero. Hace m¨¢s de dos semanas que no llamas a tus abuelos. Daiana me dijo que estabas muy ocupado estos d¨ªas, as¨ª que decid¨ª llamarte. -Falta m¨ªa, abuela. Hemos cogido muchos proyectos a la vez, y se me pasan las horas en el trabajo. Lo siento mucho, te prometo que te lo compensar¨¦, iremos con el abuelo a alg¨²n lugar que os guste. -Me alegra que hayas sacado este tema. De hecho, te llamaba para pedirte que vengas a pasar un tiempo con nosotros aqu¨ª. Tu abuelo y yo te hemos echado de menos. Habl¨¦ con Daiana tambi¨¦n para que venga, pero no podr¨¢, as¨ª que no me falles t¨². Tu padre ha dicho que a partir de ma?ana ya puedes tomarte un tiempo de descanso, as¨ª que no quiero excusas. Te estaremos esperando ma?ana. -Me has dejado sin palabras, abuela. De acuerdo, estar¨¦ ah¨ª ma?ana, me vendr¨¢ muy bien pasar unos d¨ªas en el pueblo con vosotros. Tengo muchas ganas de probar el caf¨¦ que haces. -Te preparar¨¦ todo el caf¨¦ que quieras cuando vengas. -A las ¨®rdenes abuela. Estar¨¦ ah¨ª ma?ana por la noche. Dale mis saludos al abuelo y a Marie, y dile que quiero probar su estofado de carne. -De acuerdo, peque?o glot¨®n, ma?ana te esperamos para la cena. Mi abuela me segu¨ªa tratando como a un ni?o. Quiz¨¢s era as¨ª con ella, como un ni?o consentido, ya que deb¨ªa pasar horas siendo el serio y diligente jefe de la empresa. Aprovechaba cuando estaba con mi familia para relajarme. Recordando eso, me alegro de que la abuela me haya llamado para pasar tiempo con ellos. Me ha venido muy bien y ahora entiendo por qu¨¦ le gusta tanto este lugar. Es un pueblo hermoso, el clima es perfecto y est¨¢ lleno de tranquilidad y nostalgia. Me encanta. Termin¨¦ de vestirme y baj¨¦ corriendo, ya que me estaban esperando para desayunar desde hace un rato. Al llegar, los encontr¨¦ en el comedor. Mi abuelo ya estaba tomando su caf¨¦, y la abuela untaba las tostadas con mantequilla y mermelada. -Siento haberme retrasado -dije mientras mov¨ªa la silla para sentarme. -Adam, por fin. Si tardabas m¨¢s, iba a subir para comprobar si te hab¨ªas ahogado en la ducha, en serio. ?Qu¨¦ te ha tomado tanto tiempo? El desayuno se ha enfriado. ?Por qu¨¦ te has puesto el traje? -dijo ella mientras miraba el traje azul marino que llevaba. -Mujer, eres t¨² quien lo ahoga en preguntas desde temprano. D¨¦jale que desayune tranquilamente. Vamos, hijo, t¨®mate tu caf¨¦ -intervino mi abuelo. Alc¨¦ las manos en se?al de paz mientras re¨ªa. - Lo siento, abuela. Cuando iba a bajar, recib¨ª una llamada de un cliente importante que quer¨ªa verme. Le dije que me hab¨ªa tomado un tiempo y que pod¨ªa ver a mi padre si quer¨ªa, pero insisti¨® en que nos encontr¨¢ramos y dijo que se acercar¨ªa al pueblo. As¨ª que he quedado con ¨¦l en una cafeter¨ªa aqu¨ª, dentro de dos horas. - Vaya, el trabajo te sigue a todos lados Adam. Ten, te he preparado estas tostadas. Ah, ya que vas a salir, p¨¢sate cuando puedas por la librer¨ªa del se?or William. Me avis¨® que hab¨ªa llegado el libro que le ped¨ª. Dile que eres mi nieto y ¨¦l te lo dar¨¢. - Pens¨¦ que ibas a buscarlo t¨², querida -dijo mi abuelo mientras le¨ªa el peri¨®dico de hoy. - Iba a hacerlo, pero record¨¦ que esta tarde tengo una invitaci¨®n de mi amiga Susan Taylor y tengo que prepararme. Le dije que vendr¨ªa mi nieta a visitarme y me dijo que pasara a tomar un t¨¦ en su casa y conversar, y que trajese a mi nieta conmigo, que ten¨ªa ganas de conocerla. Pensaba que Daiana iba a venir, pero ya que has venido t¨², Adam, ir¨¢s conmigo. - Pasar¨¦ por la librer¨ªa cuando acabe la reuni¨®n. Pero ?est¨¢s segura de que tengo que ir a la visita de esta tarde? Quiz¨¢s le incomode a tu amiga que traigas a tu nieto en vez de tu nieta. - Claro que no, Adam. Susan es una de las personas que m¨¢s aprecio por su amabilidad y buen car¨¢cter. Siempre tiene una sonrisa c¨¢lida en el rostro. Es cari?osa y considerada, siempre dispuesta a escuchar y ofrecer consejos sabios. Tiene una paciencia infinita y trata a todos con respeto y amabilidad. Le encanta ayudar a los dem¨¢s y es conocida por su generosidad. Tiene una actitud positiva ante la vida y sabe encontrar lo bueno en cada situaci¨®n. Su presencia es reconfortante y hace que quienes est¨¢n a su alrededor se sientan valorados y queridos. Es una persona que inspira tranquilidad y bondad -mi abuela segu¨ªa enumerando las cualidades de su amiga. -Debo concordar con tu abuela en esto. La se?ora Susan nos ha ayudado mucho a acostumbrarnos al pueblo. Nos present¨® a los vecinos y tambi¨¦n tuvo la idea de crear la asociaci¨®n en la que est¨¢ tu abuela, y han recaudado fondos para muchos proyectos de beneficio social. -Vale, abuela, me rindo. Hasta a m¨ª me ha dado curiosidad conocer a la se?ora Susan -le dije, dejando la taza de caf¨¦ sobre la mesa-. Vendr¨¦ contigo esta tarde si as¨ª lo deseas. -Gracias, querido. ?Qu¨¦ har¨ªa sin ti, mi peque?o le¨®n? -Gracias por el desayuno, tengo que irme. Nos vemos dentro de unas horas -me levant¨¦ y coloqu¨¦ la silla para dirigirme a la entrada. -Vale, hijo, no tardes mucho, te esperamos para comer. Marie preparar¨¢ el estofado que tanto te gusta -dijo mi abuelo terminando el ¨²ltimo sorbo de caf¨¦ de su taza. -Qu¨¦ suerte, no me lo perder¨ªa por nada -dije mientras me pon¨ªa el abrigo-. Hasta luego. Al abrir la puerta, me choqu¨¦ con el aire fr¨ªo. Deb¨ªa darme prisa, ten¨ªa que imprimir unos documentos que me mandaron por fax y los iba a necesitar para la reuni¨®n. Sara Taylor Ya eran las once de la ma?ana. Hab¨ªamos terminado de colocar en los estantes los libros que hab¨ªan llegado esa misma ma?ana. El se?or William hab¨ªa salido hac¨ªa un rato para hacer unos recados, y yo me encargaba de los clientes que ven¨ªan a la librer¨ªa. De pronto, son¨® el tel¨¦fono del mostrador. Quiz¨¢s era alguna reserva. Respond¨ª inmediatamente. -Hola, aqu¨ª la librer¨ªa WILSON. ?En qu¨¦ puedo ayudarle? -Parec¨ªa m¨¢s una secretaria que una librera. -Podr¨ªa ayudarme devolviendo lo que debe, se?orita Taylor -se escuchaba una voz de hombre gruesa al otro lado del tel¨¦fono. -?Qui¨¦n es usted? ?C¨®mo se atreve a llamar a mi lugar de trabajo? -Sent¨ª mi sangre hervir. Era uno de los prestamistas sinverg¨¹enzas que me llevaba acosando durante meses. -?Acaso pensaba que cambiar su n¨²mero de tel¨¦fono iba a acabar con esto? Sepa que vigilo todos sus pasos, s¨¦ todo sobre usted, hasta cu¨¢ntas veces respira al d¨ªa. No crea que me va a enga?ar como lo hizo ese estafador de su padre. Me devolver¨¢ todo el dinero que le debo o lo pagar¨¢ con su vida. -?Cu¨¢ntas veces le tengo que decir que esa deuda no es m¨ªa? Si le prest¨® dinero a mi padre, entonces b¨²squelo y p¨ªdele que te lo devuelva. No me corresponde a m¨ª pagar esa deuda y no tengo el dinero para hacerlo, aunque quisiera -mi voz y mis manos temblaban. Sent¨ªa que en cualquier momento me desvanecer¨ªa. Ya no pod¨ªa m¨¢s con esta tensi¨®n. Desde la desaparici¨®n de mi padre, mi vida se hab¨ªa vuelto una pesadilla. No s¨¦ d¨®nde est¨¢, ni siquiera s¨¦ si est¨¢ vivo o le ha pasado algo. Y, adem¨¢s, recibo amenazas y me siento vigilada todo el tiempo. He intentado ser fuerte y seguir adelante por mi abuela, pero ya no puedo m¨¢s. Me siento sola, d¨¦bil y desdichada-. Si me sigue molestando, le informar¨¦ a la polic¨ªa de todo. -JA JA JA ¡­ es usted una se?orita muy graciosa -se escuch¨® una risa maliciosa que eriz¨® mi piel-. Parece que no entiende muy bien su situaci¨®n a¨²n. Ya pensaba que algo as¨ª iba a pasar, as¨ª que le prepar¨¦ un peque?o regalo. - ?De qu¨¦ regalo est¨¢ hablando? Le dije que no iba a permitir que me siguiese amenazando -respond¨ª gritando. -Dir¨ªjase al buz¨®n de su tienda y ver¨¢ que no estamos jugando aqu¨ª. Sab¨ªa que no deber¨ªa hacerle caso; probablemente solo estaba jugando con mis nervios para hacerme sentir miedo y forzarme a pagar la deuda. Pero aun as¨ª fui a comprobar. Encontr¨¦ un peque?o paquete envuelto. Lo abr¨ª con rapidez y vi que conten¨ªa un sobre de cartas y una caja marr¨®n. Primero, revis¨¦ el sobre. Fotos. Eran fotos de mi abuela, y eran de hoy, porque la ropa que llevaba puesta era la misma que usaba esta ma?ana. Hab¨ªa fotos de ella mientras sal¨ªa y cerraba la puerta de casa, y otras por la calle y en el mercado. Tragu¨¦ saliva y sent¨ª que la cabeza me daba vueltas. Alargu¨¦ mi mano temblorosa y cog¨ª la cajita del paquete para ver qu¨¦ hab¨ªa dentro. Era la pr¨®tesis de mi abuela, la misma que hab¨ªa perdido la semana pasada. Ella insist¨ªa en que la hab¨ªa dejado en la mesita al lado de su cama. La tomaron de ah¨ª. Entraron en nuestra casa y la tomaron mientras dorm¨ªamos. Ella se las quitaba solo cuando dorm¨ªa. Corr¨ª hacia el mostrador y cog¨ª el tel¨¦fono que segu¨ªa en l¨ªnea. - ?C¨®mo te atreves, desgraciado? -dije reteniendo las l¨¢grimas que hab¨ªan llegado a mis ojos mientras hablaba con desesperaci¨®n. - ?C¨¢llate y esc¨²chame! Con esto habr¨¢s entendido que, si piensas en dirigirte a la polic¨ªa o a alguien m¨¢s, tendr¨¢s que preparar un funeral para tu pobre abuelita. Te doy quince d¨ªas, no m¨¢s. Al terminar, tendr¨¢s que darme la segunda cantidad del pago, 25 mil d¨®lares, o ya sabes lo que pasar¨¢ con tu amada abuela. Ah, por cierto, en cualquier momento llegar¨¢ uno de mis hombres a la librer¨ªa. Le entregar¨¢s todo el dinero que tengas ahora. No pensabas que iba a olvidar el pago que acordamos esta semana de 5 mil d¨®lares. M¨¢s te vale que seas obediente -dijo y cerr¨® la l¨ªnea. - ?Espera, ?me escuchas?! ?No tengo ese dinero! ?No puedo conseguirlo! No te atrevas a tocar a mi abuela. Dej¨¦ caer el tel¨¦fono y me desplom¨¦ en la silla de recepci¨®n. No ten¨ªa fuerzas ni para llorar. Sent¨ªa que me estaba ahogando en un mar profundo y nadie se daba cuenta. Mis gritos estaban sofocados. Adam Smith Estaba sentado en una mesa de la cafeter¨ªa donde acababa de tener una reuni¨®n con nuestro cliente. ¨¦l se hab¨ªa marchado hace unos minutos, y yo me qued¨¦ revisando el correo del trabajo en mi ordenador port¨¢til. No quer¨ªa hacerlo en casa, ya que mi abuela no me dejaba tocar el trabajo. Dec¨ªa que estaba de vacaciones y deb¨ªa descansar. S¨¦ que me he tomado estos d¨ªas para desconectar, pero el trabajo no espera, as¨ª que decid¨ª ponerme al d¨ªa mientras disfrutaba de un capuchino. La reuni¨®n fue bastante bien; nuestro cliente potencial quer¨ªa discutir ideas sobre un nuevo proyecto. Me pareci¨® interesante, pero necesit¨¢bamos tiempo para estudiarlo y ver si val¨ªa la pena llevarlo a cabo. Cuando volviese a la empresa, lo discutir¨ªa con mi padre y los dem¨¢s. Mir¨¦ mi reloj de pulsera. Ya hab¨ªa pasado una hora desde que termin¨® la reuni¨®n. Hab¨ªa acabado de responder a mis correos de trabajo y revisar otras cosas relacionadas con el trabajo y el mercado laboral. Era hora de volver a casa. El hambre me atac¨®, y me mor¨ªa de ganas de comer el estofado que Marie hab¨ªa preparado. Pagu¨¦ la cuenta y sal¨ª de la cafeter¨ªa. Mi tel¨¦fono comenz¨® a sonar. Era mi abuela, seguramente me iba a rega?ar por haber tardado. -Hola, abuela, te escucho. S¨¦ que he tardado, pero la reuni¨®n se alarg¨® m¨¢s de lo planeado. De todos modos, ya termin¨¦ y estoy en camino a casa -dije mientras el sem¨¢foro se pon¨ªa en rojo, aprovech¨¦ para abrochar los botones de mi abrigo. -Est¨¢ bien, querido, de hecho, la comida a¨²n no est¨¢ lista. A¨²n hay tiempo. ?Ya pasaste a buscar el libro, Adam? ?Pff! Me acabo de acordar. El libro que me pidi¨® mi abuela esta ma?ana, lo hab¨ªa olvidado completamente. -No te preocupes, pasar¨¦ por ¨¦l ahora. La librer¨ªa me queda en camino. -Vale, no te olvides de mandarle mis saludos al se?or William -dijo mi abuela mientras el sem¨¢foro cambiaba a verde y me apresur¨¦ a cruzar. -Lo har¨¦, no te preocupes. Nos vemos luego en casa. Adi¨®s, abuela. La librer¨ªa del se?or William quedaba a dos cuadras de aqu¨ª. Pasar¨¦ r¨¢pidamente y luego directo a casa. El estofado me est¨¢ esperando. Quise decir que la abuela me est¨¢ esperando. Seguro, el hambre me est¨¢ afectando. Abr¨ª la puerta, haciendo que la campanilla de arriba sonase. Era una librer¨ªa bastante grande y estaba repleta de todo tipo de libros, separados por secciones: infantil, romance, terror, gastronom¨ªa, etc. Los nombres de los g¨¦neros estaban escritos en grande en cada secci¨®n. Pero no hab¨ªa nadie a la vista, as¨ª que me acerqu¨¦ al mostrador y, de pronto, vi a alguien sentado en la silla de detr¨¢s. Era una chica. Cuando sinti¨® mi presencia alz¨® su rostro. Era una joven con cara de beb¨¦, con facciones suaves y redondeadas que le daban un aspecto juvenil e inocente. Sus mejillas eran llenas y tersas, sin arrugas ni l¨ªneas de expresi¨®n visibles. Los ojos, grandes y brillantes, transmit¨ªan una mirada ingenua y amigable. La piel, suave y sin imperfecciones, le daba un aire de frescura. La nariz peque?a y delicada, y los labios rosados completaban su rostro, que ten¨ªa una apariencia dulce y atractiva, haci¨¦ndola parecer m¨¢s joven de lo que realmente era. No sol¨ªa fijar mi mirada en las personas, especialmente en las mujeres, ya que soy una persona discreta y modesta. Pero su rostro captur¨® mi atenci¨®n, y su expresi¨®n a¨²n m¨¢s. Me miraba fijamente y con intensidad¡­ parec¨ªa nerviosa, inquieta, hasta podr¨ªa decir que aterrada. Sus grandes ojos parec¨ªan estar inundados de l¨¢grimas, o quiz¨¢s me lo imaginaba. Quise cortar la tensi¨®n, as¨ª que me aclar¨¦ la garganta y dije: -He venido a buscar¡­ Antes de que terminase la frase, la chica se levant¨® de pronto, cogi¨® una carpeta que hab¨ªa en el mostrador y se dio la vuelta hasta pararse enfrente m¨ªo. -?He tenido suficiente de todo esto! ?Le dir¨¢s a ese desgraciado que no le dar¨¦ nada! ?Me has entendido? ?Bandidos, sinverg¨¹enzas! -me grit¨® mientras me pegaba con la carpeta que ten¨ªa en la mano. -?Qu¨¦ haces? ?De qu¨¦ est¨¢s hablando? Solo vine a buscar nuestro pedido -le dije mientras intentaba esquivar los golpes. -?C¨¢llate! S¨¦ muy bien a qu¨¦ has venido. No lo permitir¨¦, no dejar¨¦ que le hag¨¢is nada a mi abuela -dijo entre sollozos. En un arrebato, le quit¨¦ la carpeta de la mano y la tir¨¦ sobre el mostrador. Luego procedi¨® a pegarme y empujarme con las manos, o m¨¢s bien lo intent¨®. No era solo su cara, tambi¨¦n su fuerza equival¨ªa a la de una ni?a de diez a?os, y su altura de un metro y medio no le ayudaba demasiado. -Se?orita, c¨¢lmese por favor, creo que hay un malentendido. -?C¨¢llate, desalmado! Os aliment¨¢is de las penas y el sufrimiento de los dem¨¢s. No me dej¨® opci¨®n, as¨ª que le cog¨ª las mu?ecas, impidi¨¦ndole que moviese los brazos. -Esc¨²cheme se?orita, por favor, yo¡­ Comenz¨® a sollozar fren¨¦ticamente y, de pronto, se desvaneci¨® cual hoja de ¨¢rbol en oto?o. Alcanc¨¦ a cogerla antes de que cayera al suelo. Hab¨ªa perdido el conocimiento. Capitulo 2: Un caf茅 caliente Sara Taylor -?Sara, querida, ?me escuchas?! Soy tu abuela. Estoy aqu¨ª. Despierta, cari?o. ?Qu¨¦ te ha pasado? La voz de mi abuela se escuchaba distante. Mis p¨¢rpados se sent¨ªan pesados y los abr¨ª con dificultad. Estaba tumbada en el sof¨¢ verde que ten¨ªamos en la habitaci¨®n anexa a la biblioteca, el lugar donde sol¨ªa sentarse el se?or William para leer sus libros sin interrupciones. Mi cuerpo me pesaba y la cabeza me daba vueltas. Intentaba recordar c¨®mo hab¨ªa llegado all¨ª, pero no lo lograba. -Abuela, ?qu¨¦ pas¨®? ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? -dije mientras me levantaba lentamente para quedar sentada en el sof¨¢. -?Qu¨¦ pas¨®? Nos has dado un buen susto. El se?or William te encontr¨® desmayada cuando lleg¨® y al ver que no despertabas, me llam¨®. Has estado dormida durante dos horas y tienes mucha fiebre. Parece que has cogido un buen resfriado. Vamos, lev¨¢ntate, cari?o. Iremos a casa y llamaremos al m¨¦dico para que te revise -me dijo mi abuela mientras me ayudaba a ponerme de pie. En ese momento, entr¨® el se?or William con una taza en la mano. -Sara, hija, qu¨¦ bien que has despertado. Me ten¨ªas muy preocupado. Nos has dado un buen susto. ?C¨®mo te sientes ahora? Te he preparado un t¨¦ con lim¨®n y miel, te ayudar¨¢ a recomponerte -dijo mientras dejaba la taza sobre la peque?a mesa de madera. -Gracias, se?or William. Siento haberle preocupado, no recuerdo muy bien lo que pas¨® -dije mientras me volv¨ªa a sentar en el sof¨¢ y tomaba la taza de t¨¦ que me hab¨ªa tra¨ªdo mi jefe. -Cuando llegu¨¦, te encontr¨¦ junto a un caballero. Estabas inconsciente en el suelo y ¨¦l intentaba despertarte -dijo el se?or William mientras se sentaba en la silla frente a m¨ª. Al escuchar eso, me atragant¨¦ con el t¨¦. Las im¨¢genes de los sucesos volvieron a mi mente como una cascada. Ahora recordaba todo. Estaba peleando con uno de los hombres de ese desgraciado que hab¨ªa mandado para cobrar parte de la deuda. Parece que el resfriado y el estr¨¦s me provocaron una bajada de tensi¨®n. -Creo que he tenido una bajada de tensi¨®n. ?Ser¨ªa posible tomarme el d¨ªa libre para descansar un poco? -le ped¨ª mientras dejaba la taza sobre la mesa y me pon¨ªa de pie. -Claro que s¨ª, hija. Solo faltar¨ªa que trabajases en este estado. Ve a casa con tu abuela. Ya le habl¨¦ a mi vecino, que es m¨¦dico, y le dije que pasara luego para revisarte y recetarte algo para los s¨ªntomas -dijo mientras se levantaba de la silla. -Muchas gracias, se?or William. Usted siempre tan amable y comprensivo. Me la llevar¨¦ a casa y le preparar¨¦ una sopa de verduras y pollo para que recupere las fuerzas -dijo mi abuela mientras tomaba mi abrigo y me ayudaba a pon¨¦rmelo-. Le dejamos, se?or William. Que tenga un buen d¨ªa. -Ni lo mencione, se?ora Susan. Sabe que Sara es como una nieta para m¨ª. V¨¢yanse a casa a descansar. Si surge cualquier cosa, me avisan -dijo el se?or William mientras abr¨ªa la puerta de la habitaci¨®n. -Gracias, adi¨®s. Hasta ma?ana -dije saliendo de la habitaci¨®n. -Sara, no hace falta que vengas ma?ana. T¨®mate el d¨ªa libre hasta que te recuperes totalmente. Necesitas descansar. Hab¨ªamos atravesado la librer¨ªa y el se?or William se qued¨® en el mostrador mientras nos desped¨ªa. -Vale, muchas gracias. Hasta luego -dijimos mi abuela y yo. Salimos de la librer¨ªa y un viento helado nos azot¨® la cara. Mi abuela corri¨® a colocarme la bufanda para protegerme del fr¨ªo. Me tom¨® del brazo y comenzamos a caminar. Mientras pasaba al lado de un escaparate de una tienda, vi mi reflejo en el vidrio. Parec¨ªa un zombi; se notaba el cansancio y el estr¨¦s en mi cara y apenas pod¨ªa caminar. Las amenazas de ese hombre se repet¨ªan una y otra vez en mi cabeza. Mi abuela le se?al¨® a un taxi que pasaba vac¨ªo y nos subimos en ¨¦l para ir a casa. Adam Smith Me hab¨ªa olvidado de llevarme las llaves esta ma?ana, as¨ª que toqu¨¦ el timbre al llegar. Marie me abri¨® con una sonrisa, llevaba el delantal de la cocina y un cuchar¨®n en la mano. -Bien que has llegado, Adam. Acabo de poner la mesa. -me dijo Marie mientras se pon¨ªa a un lado y me dejaba pasar. -Gracias, Marie. ?D¨®nde est¨¢ la abuela? -El se?or y la se?ora est¨¢n en el sal¨®n. Te estaban esperando para sentarse a la mesa -respondi¨®. Me quit¨¦ los zapatos y me puse las zapatillas de casa. Me dirig¨ª al sal¨®n. El abuelo estaba viendo las noticias en directo y la abuela estaba entretenida con una revista. -Hola a todos, ?c¨®mo est¨¢n? -dije al entrar al sal¨®n. Sus miradas se posaron en m¨ª. -Querido, ?d¨®nde te has metido? Hace dos horas que te llam¨¦. ?Tanto tiempo te tom¨® pasar por el libro? -dijo mi abuela mientras dejaba la revista a un lado. -S¨ª, me entretuve un poco en el camino, abuela. En realidad, segu¨ªa sin procesar del todo lo que me hab¨ªa sucedido esa ma?ana. Esa chica de la biblioteca me atac¨® de la nada y luego se desmay¨®. Pas¨¦ un tiempo intentando despertarla, pero fue en vano. Le toqu¨¦ la frente y me di cuenta de que estaba muy caliente. Parec¨ªa tener mucha fiebre. La cog¨ª en brazos y decid¨ª llevarla al hospital. En ese momento, entr¨® el se?or Williams por la puerta. Se sorprendi¨® mucho ante la escena. Comenz¨® a llamarla: "?Sara, Sara, ?qu¨¦ te pas¨®?" Se acerc¨® a nosotros. Le resum¨ª los hechos, evadiendo lo del ataque de la chica. Me pidi¨® que la llevase a una habitaci¨®n que hab¨ªa al fondo de la biblioteca. La llev¨¦ all¨ª y la tumb¨¦ en un sof¨¢ de color verde oscuro. El se?or William entr¨® detr¨¢s de nosotros. Me dijo que iba a llamar a su abuela para que viniese a verla y que avisar¨ªa a un m¨¦dico conocido suyo para que la examinase. Le asent¨ª con la cabeza. Sali¨® de la habitaci¨®n y me qued¨¦ yo parado enfrente del sof¨¢. Ella estaba temblando y respiraba con dificultad. Segu¨ªa susurrando cosas apenas audibles como "abuelita, no me dejes", "pap¨¢, ?d¨®nde est¨¢s?" y "no la toqu¨¦is, d¨¦jenla". Me acerqu¨¦ a ella y toqu¨¦ su frente de nuevo; parec¨ªa tener m¨¢s fiebre que antes. Segu¨ªa temblando de fr¨ªo, as¨ª que busqu¨¦ con la mirada algo con lo que cubrirla. Hab¨ªa una peque?a manta sobre un sill¨®n de madera. La cog¨ª y la cubr¨ª con ella. De pronto, me cogi¨® la mano. Sus ojos se entreabrieron y susurr¨®: "Pap¨¢, no nos dejes, qu¨¦date conmigo". Por un momento, me congel¨¦ y no supe qu¨¦ hacer. Entonces, reaccion¨¦ e intent¨¦ responder: "Yo no..." En ese momento entr¨® el se?or William. Dej¨¦ la mano de la chica y me gir¨¦ para verle. Me dijo que la abuela de la chica estaba en camino y que el m¨¦dico pasar¨ªa a verla esa tarde. Me dio las gracias por mi ayuda. Le mencion¨¦ al se?or William que era el nieto de Claire Smith. Se sorprendi¨®, aunque nos hab¨ªamos visto hace tres a?os, cuando pas¨¦ con mi abuela por su tienda, pero seguramente lo hab¨ªa olvidado. Me acompa?¨® a la puerta y en ese momento se acord¨® del libro de mi abuela. Lo fue a buscar y me lo dio. Yo lo hab¨ªa olvidado totalmente despu¨¦s de lo que pas¨®. Nos despedimos y sal¨ª. Iba caminando por las calles, pero mi mente estaba en otro lugar. De hecho, se qued¨® en la biblioteca. No s¨¦ por qu¨¦, supongo que me preocup¨¦ un poco por ella. Cuando sal¨ª de mis pensamientos, me di cuenta de que llevaba media hora dando vueltas sin rumbo por el pueblo. Mov¨ª la cabeza, alejando esos pensamientos que me inundaban, y me fui a casa. -Vaya, coger¨¢s un resfriado si deambulas tanto tiempo por las calles. Bueno, ya que has llegado, vamos a comer antes de que se enfr¨ªe la comida -dijo mi abuela volvi¨¦ndome a la realidad. Mi abuela se levant¨® del sof¨¢ y mi abuelo apag¨® la televisi¨®n y la sigui¨® tambi¨¦n para dirigirse al comedor. -Te he tra¨ªdo el libro, abuela. El se?or Williams os manda saludos -le dije mientras le entregaba el libro. -Oh, ten¨ªa muchas ganas de leerlo. Lo comenzar¨¦ despu¨¦s de la comida. Vamos. Nos dirigimos los tres al comedor. Marie ya hab¨ªa preparado todo en la mesa, as¨ª que nos sentamos y empezamos a comer. Aunque en realidad, hab¨ªa perdido el apetito despu¨¦s de lo que pas¨®. Y la imagen de esa chica hundida en fiebre no se iba de mi mente. -Gracias, Marie, el estofado est¨¢ riqu¨ªsimo -dijo mi abuela a Marie, y esta le sonri¨® de vuelta. -Me alegra que le haya gustado. -Es cierto, est¨¢ exquisito, Marie -dijo mi abuelo. -Gracias, se?or. Mi abuela levant¨® la vista y la fij¨® en m¨ª, y luego de mirarme por unos segundos, me dijo: -Querido, no nos has dado tu opini¨®n sobre la comida. Pareces estar ausente. ?Est¨¢ todo bien, Adam? -S¨ª, no pasa nada. Solo estaba pensando en el trabajo. Est¨¢ muy bueno el estofado -le sonre¨ª a Marie. Terminamos de comer y, antes de subir a mi habitaci¨®n, la abuela me record¨® la visita que ten¨ªamos programada para esa tarde. Otra cosa que se me hab¨ªa ido totalmente de la mente hoy. Y lo peor es que ya no ten¨ªa ganas de ir. No me sent¨ªa muy bien. -Abuela, ?es necesario que vaya contigo? -dije mientras la segu¨ªa al sal¨®n-. Tengo algunas cosas que hacer en casa. Puedes mandarle saludos de mi parte a tu amiga. Dile que me surgi¨® un imprevisto. -?Qu¨¦ dices, Adam? Ya lo hab¨ªamos hablado esta ma?ana y dijiste que ir¨ªas conmigo. ?Adem¨¢s, pretendes que le mienta a mi amiga? -dijo mientras se sentaba en el sof¨¢. -No dije eso, abuela, yo... El tel¨¦fono del sal¨®n empez¨® a sonar y mi abuela se levant¨® y contest¨®. -Los Smith, d¨ªgame. ?Qui¨¦n es?... Ah, Susan, eres t¨². ?Qu¨¦ tal est¨¢s? No te preocupes, no he olvidado lo de esta tarde. Qu¨¦ inoportuna la llamada. Ahora mi abuela me insistir¨¢ m¨¢s en ir. -?Qu¨¦ te pasa, Susan? Tu voz me suena rara... ?Qu¨¦? ?Cu¨¢ndo pas¨® eso? Vaya, cu¨¢nto lo siento... ?Y c¨®mo se encuentra ahora? ?Est¨¢ mejor?... Ah, s¨ª. Entonces deber¨ªa reposar -las expresiones de mi abuela hab¨ªan cambiado de alegr¨ªa a preocupaci¨®n-. S¨ª, iremos esta tarde a visitarla. Vale, querida, nos vemos m¨¢s tarde -dijo antes de colgar el tel¨¦fono. -?Pas¨® algo, abuela? -le pregunt¨¦ preocupado. -Es la nieta de Susan. Parece que ha pescado un resfriado de los fuertes. Iremos a visitarla esta tarde. -Vaya, parece que hoy todo el mundo se ha resfriado -pens¨¦ en voz alta. -?A qu¨¦ te refieres con todo el mundo, Adam? ?Acaso hay alguien m¨¢s que se haya enfermado? -me pregunt¨® mi abuela. Comenc¨¦ a titubear y luego aclar¨¦: -Cuando pas¨¦ antes por la librer¨ªa, la chica que trabaja para el se?or Williams parec¨ªa estar enferma. Mi abuela me miraba con cara de sorpresa. -Supongo que no lo sabes, Adam -me dijo. -?Qu¨¦ es lo que no s¨¦? ¡ªLa nieta de la se?ora Susan es la misma chica que trabaja en la librer¨ªa del se?or William. Se llama Sara. Su madre muri¨® en un accidente de tr¨¢fico cuando ella apenas ten¨ªa diez a?os. Desde entonces, se qued¨® a vivir con su abuela. Su padre se la pasaba viajando por todos sitios y ven¨ªa una vez al mes, y a veces se alargaba m¨¢s. Pero desde hace dos a?os, desapareci¨® y no saben nada de ¨¦l. Desde entonces, la chica se hizo responsable de su abuela y de ella misma, y comenz¨® a trabajar con el se?or Williams como dependienta. Es una jovencita agradable y dulce; se parece a su abuela. Mi boca se abri¨® en forma de "O". As¨ª que esa chica era la nieta de la amiga de mi abuela. Vaya, s¨ª que es un mundo peque?o. Bueno, estamos en un pueblo, pero, aun as¨ª, es una coincidencia bastante curiosa. Ahora que s¨¦ su historia, entiendo m¨¢s o menos los susurros que dec¨ªa bajo el efecto de la fiebre. Pero lo que no comprendo es por qu¨¦ me atac¨® de esa forma. Hay algo extra?o ah¨ª. La voz de mi abuela me sac¨® de mis pensamientos. -La iremos a visitar esta tarde, Adam. Y pasaremos a buscar unos dulces antes de ir. Recuerdo que Susan me dijo que le encantaban las tartas de manzana. -Si eso dices, abuela, iremos. Ser¨ªa de mala educaci¨®n no visitarles en tal estado -le dije con ¨¢nimo renovado. No es que quisiera verla de nuevo. Nada de eso. Solo ten¨ªa curiosidad por saber el motivo de su comportamiento de esta ma?ana. Y esta era una oportunidad para aclarar este asunto que me daba vueltas en la cabeza desde la ma?ana. Porque solo se trata de eso, mera curiosidad. -Mi nieto es todo un caballero. Vale, entonces, prepar¨¦monos y as¨ª no llegaremos tarde. Tu abuelo est¨¢ tomando la siesta, no ir¨¢ con nosotros. -Vale, abuela, me subir¨¦ a cambiar. Sara Taylor El doctor hab¨ªa confirmado nuestras sospechas: se trataba de un resfriado y un exceso de estr¨¦s. Me encontraba tumbada en mi cama, hab¨ªa dormido toda la tarde y me despert¨¦ cuando entr¨® mi abuela a darme la sopa de pollo y verduras que me hac¨ªa cada vez que me enfermaba. Mi fiebre hab¨ªa bajado despu¨¦s de tomar la medicina que me recet¨® el doctor. Ha sido un d¨ªa fat¨ªdico hoy. ?Qu¨¦ voy a hacer con estos prestamistas? ?Y si cumplen sus amenazas y le hacen algo a mi abuela? No s¨¦ si deber¨ªa ir a la polic¨ªa. Tampoco tengo otra salida. Ese sinverg¨¹enza me ha dado solo quince d¨ªas para que le entregue 25 mil d¨®lares, y es imposible para m¨ª reunir toda esa cantidad en tan corto tiempo. Estaba en un pozo sin salida. Ten¨ªa solo dos opciones: encontrar a mi padre o ir a la polic¨ªa, contarles todo y pedir protecci¨®n para m¨ª y mi abuela. Ten¨ªa que decidir r¨¢pidamente porque solo ten¨ªa tiempo hasta la fecha del pago. Mientras mi cabeza daba vueltas al asunto, son¨® el tel¨¦fono. Era Samantha. Contest¨¦ r¨¢pidamente. ¡ªHola Samantha, buenas tardes. ¡ª ?Ayyy querida! Me encontr¨¦ con tu abuela antes y me dijo que te hab¨ªas desmayado hoy en el trabajo. ?Qu¨¦ te pas¨®? ?C¨®mo est¨¢s ahora? Iba a ir a visitarte esta tarde, pero vinieron mis suegros y mi prometido a nuestra casa para hablar sobre los detalles del compromiso. No puedo salir mientras est¨¦n aqu¨ª. Lo siento mucho, Sara. Vendr¨¦ ma?ana por la ma?ana sin falta Samantha ten¨ªa esa costumbre de hablar sin parar. Te preguntaba, pero no te dejaba responder. Ella era una amiga ideal, siempre estaba ah¨ª para m¨ª, en las buenas y en las malas. Es comprensiva y te escucha sin juzgarte, ofreciendo su hombro para llorar cuando lo necesitas y compartiendo contigo las risas m¨¢s sinceras. Tiene un coraz¨®n generoso y est¨¢ dispuesta a ayudarte en cualquier situaci¨®n, sin esperar nada a cambio. Es leal y fiable; puedes confiar en ella con tus secretos m¨¢s profundos, sabiendo que nunca los compartir¨¢ con nadie. Su honestidad es uno de sus rasgos m¨¢s valiosos; te dice la verdad con amabilidad, incluso cuando es dif¨ªcil de escuchar. Adem¨¢s, es divertida y sabe c¨®mo hacerte sonre¨ªr, aun en los d¨ªas m¨¢s oscuros. Su compromiso es dentro de tres meses. Me alegro mucho por ella. Su prometido es un chico muy majo, un ex compa?ero de instituto. Llevaba a?os enamorado de Samantha; toda la clase lo sab¨ªa, a excepci¨®n de la misma Samantha. Deseo que formen una familia genial y c¨¢lida como ellos. ¡ªTranquil¨ªzate, Samantha. No me ha pasado nada. Solo fue una bajada de tensi¨®n debida al estr¨¦s. ¡ª?Debido al estr¨¦s? ?No me digas que es por el tema de las deudas? ?Te han vuelto a amenazar esos sinverg¨¹enzas? Le hab¨ªa contado todo a Samantha. Era mi mejor amiga y de confianza, a ella le contaba todos mis problemas y ella me contaba los suyos ¡ª Sara, te dije que fu¨¦ramos a la polic¨ªa. No tienes por qu¨¦ soportar esa basura. No podr¨¢n hacerte nada, le pediremos protecci¨®n a la polic¨ªa. ¡ªDe hecho, estoy pensando en ello. ?Qu¨¦ te parece si lo hablamos ma?ana tranquilamente? No quiero entretenerte mientras tienes invitados ¡ªen realidad, el mareo me volvi¨® a atacar y ten¨ªa miedo de caer inconsciente otra vez. No quer¨ªa asustar m¨¢s a Samantha. ¡ªLo siento, querida. Te estoy hablando de estas cosas mientras est¨¢s enferma. Descansa, ma?ana hablaremos. Buenas noches, pollito. Es el apodo que me hab¨ªa puesto desde la secundaria e insist¨ªa en seguir llam¨¢ndome as¨ª. Dec¨ªa que mi aspecto era peque?o y suave y parec¨ªa un pollito. De hecho, todos dec¨ªan que aparentaba ser mucho m¨¢s joven de lo que era. Siempre ten¨ªan que comprobar mi identidad porque parec¨ªa menor de edad. ¡ªNo me llames as¨ª, Samantha. Ya no somos ni?as peque?as ¡ªdije mientras alzaba mis labios en forma de U invertida. ¡ª Lo siento. Ser¨¢s mi pollito eternamente ¡ªdijo mientras se re¨ªa¡ª. Vamos, te dejo descansar. Buenas noches, hasta ma?ana. ¡ªIgualmente. Nos vemos ma?ana. Adi¨®s ¡ª cerr¨¦ el tel¨¦fono y lo dej¨¦ sobre la mesita de al lado. Me tap¨¦ completamente con la manta ya que comenzaba a sentir un escalofr¨ªo. Parece que la fiebre me ha vuelto a subir. No sab¨ªa cu¨¢ndo me hab¨ªa quedado dormida de nuevo, pero cuando abr¨ª los ojos, el despertador marcaba las seis de la tarde. Alcanc¨¦ a escuchar voces que ven¨ªan del piso de abajo. Parec¨ªa que hab¨ªa llegado una visita. De pronto, escuch¨¦ una voz de hombre, y no era la del se?or William. Me resultaba familiar esa voz, as¨ª que, atacada por la curiosidad, decid¨ª bajar las escaleras para ver qui¨¦n era, aunque mi cuerpo agotado por la fiebre y el cansancio no me lo iba a poner f¨¢cil. Me puse las zapatillas y sal¨ª de la habitaci¨®n. Comenc¨¦ a bajar las escaleras despacio, logrando escuchar c¨®mo mi abuela mencionaba el nombre de "Claire" y daba las gracias a alguien. Sin embargo, con la fiebre, los o¨ªdos me pesaban y apenas pod¨ªa escuchar con claridad. Segu¨ª bajando hasta llegar a la entrada. Entonces vi a mi abuela, estaba parada junto a la se?ora Claire, que parec¨ªa haber venido de visita y llevaba un paquete de dulces en la mano. Pero no estaban solas. Junto a ellas hab¨ªa un hombre que me daba la espalda mientras colocaba un ramo de flores sobre la mesa. Ellas me miraron sorprendidas. Sent¨ª el mareo atacarme de nuevo. Cuando mi abuela me llam¨®, el hombre se gir¨® hacia m¨ª. Era ¨¦l, el hombre que vino a la librer¨ªa esta ma?ana. El que trabaja para ese sinverg¨¹enza. ?Qu¨¦ hac¨ªa aqu¨ª? ?C¨®mo se atrev¨ªa a venir a nuestra casa? Intent¨¦ acercarme a mi abuela para avisarle, pero de pronto todo se volvi¨® borroso. Y lo ¨²ltimo que logr¨¦ escuchar fueron las voces de mi abuela y la se?ora Claire llam¨¢ndome desesperadamente. Adam Smith Est¨¢bamos frente a la puerta de los Taylor. Despu¨¦s de que mi abuela nos hiciera pasar por tres panader¨ªas hasta que encontr¨® las tartas de manzana que amaba esa chica, tambi¨¦n insisti¨® en que traj¨¦ramos un ramo de flores para ella. La situaci¨®n era un poco extra?a: llevaba un ramo de flores y estaba frente a la puerta de la chica con la que tuve un encuentro esta ma?ana. Y no se pod¨ªa decir que fuese un encuentro "pac¨ªfico". Estaba decidido a saber el porqu¨¦ de su comportamiento. Su casa era de dos pisos, probablemente de unos 60 metros cuadrados, hecha de ladrillos rojos. Las ventanas estaban llenas de flores, y ten¨ªa un peque?o jard¨ªn con diferentes plantas arom¨¢ticas y de t¨¦, cada una con su cartelito de nombre. Era una casa linda y sencilla, muy parecida a su due?a, supongo. En la puerta colgaba un cartel de bienvenida con un pollito en una esquina, lo cual me caus¨® gracia. Mi abuela se acerc¨® y toc¨® el timbre. Al cabo de unos segundos, la puerta se abri¨® y apareci¨® lo que parec¨ªa ser la se?ora Susan. En realidad, era muy parecida a su nieta, aunque la edad lo hab¨ªa ocultado un poco. ¡ªHola, querida Claire, bienvenida. ?Oh, qui¨¦n es este caballero? ¡ªle pregunt¨® a mi abuela mientras me miraba. ¡ªEs mi nieto, Adam ¡ªrespondi¨® mi abuela mientras pon¨ªa su mano en mi espalda. ¡ªHola, se?ora Susan. Que tenga una buena tarde. Siento haberme presentado sin invitaci¨®n, pero mi abuela me habl¨® mucho de usted, as¨ª que quise acompa?arla. No pod¨ªa decirle que hab¨ªa venido para saber por qu¨¦ su nieta me atac¨® esta ma?ana como una loca. Ten¨ªa que seguir el juego, aunque me sent¨ªa como un ni?o de primaria siendo presentado. ¡ªOh, qu¨¦ hermoso joven tiene por nieto, Claire. No digas eso, hijo, consid¨¦rate en tu casa. Tengo la cabeza en las nubes, lo siento, os estoy manteniendo en la puerta. Entrad, entrad ¡ªdijo la se?ora Susan mientras se pon¨ªa a un lado de la puerta, indic¨¢ndonos que entr¨¢ramos. Entramos y nos ayud¨® a colocar los abrigos en el perchero de la entrada. La casa ten¨ªa un dise?o interior modesto y sencillo, lleno de colores vivos y alegres. Ten¨ªa un aire muy acogedor. Comenc¨¦ a buscar a la chica con la mirada sin quererlo, pero no estaba. ¡ª?Por qu¨¦ os hab¨¦is tomado la molestia? ¡ªdijo la se?ora Susan mientras miraba lo que hab¨ªamos tra¨ªdo¡ª. No eres ning¨²n extra?o, Claire, no ten¨ªas que haberte molestado en traer nada. ¡ªPor favor, Susan, no es nada. Quise traerle a Sara los dulces que le gustaban. Me dijiste que le agradaban las tartas de manzana. Y mi nieto insisti¨® en traer flores cuando le dije que le gustaban a Sara ¡ªdijo mi abuela. Sonre¨ª falsamente. ?Qu¨¦ insist¨ª en traerlos para esa chica? ?Qu¨¦ est¨¢ diciendo mi abuela? Era ella la que no paraba de decir que no pod¨ªamos ir con las manos vac¨ªas, as¨ª que le suger¨ª lo que normalmente se llevaba para visitar a un enfermo. ¡ªOh, qu¨¦ detalle tan hermoso, querido. A Sara le van a encantar ¡ªdijo la abuela de la chica. Ya hab¨ªa tenido suficiente de esto, como si me importara lo que le guste a esa chica. Busqu¨¦ con la mirada un sitio para poner las flores. Ya hab¨ªa hecho el rid¨ªculo suficiente. Al percatarse de eso, la se?ora Susan me indic¨® la mesa del comedor, as¨ª que fui a dejar el ramo all¨ª. Al colocarlo, escuch¨¦ a la se?ora Susan diciendo:The author''s tale has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. ¡ª Sara, has bajado. Mira ha venido la se?ora Susan a verte. Entonces me di la vuelta. All¨ª estaba parada la chica de la librer¨ªa. Llevaba un pijama de pollito que hac¨ªa juego con unas zapatillas amarillas. Ten¨ªa las mejillas rojas y los ojos llorosos, probablemente por la fiebre. Su aspecto era adorable. Sus ojos se agrandaron cuando fij¨® su mirada en m¨ª; parece haberme reconocido. Se congel¨® por un momento. Luego intent¨® acercarse a su abuela diciendo "abuela, ten cuidado" y de pronto volvi¨® a desvanecerse igual que esta ma?ana. Corrimos hacia ella los tres. Su abuela dijo que el m¨¦dico le recomend¨® que se quedara en la cama toda la noche. Comprobamos su fiebre y parec¨ªa muy alta. As¨ª que la volv¨ª a coger en brazos y le pregunt¨¦ a su abuela d¨®nde quedaba su habitaci¨®n. Subimos al segundo piso y entramos en su habitaci¨®n, la tumb¨¦ sobre su cama y la cubrimos. Su abuela le dio la medicina que le recet¨® el m¨¦dico y ella se la trag¨® con los ojos a¨²n cerrados. Mi abuela y la se?ora Susan estaban muy preocupadas, pero yo las tranquilic¨¦, la medicina ten¨ªa este efecto de mareos. Probablemente ma?ana se habr¨¢ recuperado. Bajaron ellas para preparar algo para acompa?ar los dulces. Yo me qued¨¦ parado frente a ella, observando c¨®mo dorm¨ªa pac¨ªficamente como una ni?a. Se repet¨ªa la misma escena de esta ma?ana, como un d¨¦j¨¤ vu. Suspir¨¦ profundamente y me acerqu¨¦ a ella. Deseaba poderla enfrentar y saber el porqu¨¦ de su comportamiento conmigo esta ma?ana. Y, por otra parte, aunque me parezca dif¨ªcil aceptarlo, estaba preocupado por ella. Entr¨® mi abuela para llamarme a tomar el t¨¦ en el sal¨®n, as¨ª que la segu¨ª y sal¨ª de la habitaci¨®n de Sara, cerrando la puerta detr¨¢s de m¨ª, no sin antes darle una ¨²ltima mirada. Bajamos y entramos en un sal¨®n peque?o con sof¨¢s de color crema y cojines de flores. La se?ora Susan hab¨ªa preparado t¨¦ y hab¨ªa dispuesto las tartas que trajimos junto con galletas y bizcocho que ella misma hab¨ªa preparado. Nos sentamos y comenzamos a platicar. La conversaci¨®n se centr¨® en el estado de su nieta y en m¨ª. Me pregunt¨® muchas cosas, como a qu¨¦ me dedicaba y qu¨¦ me gustaba, pero mi abuela no me daba oportunidad para responder. Ella se adelantaba y respond¨ªa a todo, dando m¨¢s informaci¨®n de la que se le preguntaba. Me sent¨ªa expuesto. Observ¨¦ la tarta de manzana y le pregunt¨¦ a la se?ora Susan si hab¨ªa guardado algunas para su nieta. Ella me mir¨® sonriendo dulcemente. ¡ªQu¨¦ atento eres, querido Adam. No te preocupes, le guard¨¦ su parte hasta que despierte. ¡ªNo suele ser tan atento, hoy est¨¢ demasiado cari?oso. Me dijo que vio hoy a Sara en la librer¨ªa y parec¨ªa enferma. Estuvo preocupado y cuando le dije que era tu nieta, quiso venir a visitarla conmigo ¡ªdijo mi abuela, mir¨¢ndome de manera p¨ªcara. ?Qu¨¦ est¨¢s diciendo, abuela? No ve la situaci¨®n en la que me pone. La se?ora Susan podr¨ªa entenderlo mal. Me apresur¨¦ a aclarar. ¡ªPas¨¦ a buscar un libro que me pidi¨® la abuela y el se?or William parec¨ªa preocupado por ella. Me sorprend¨ª cuando mi abuela dijo que era su nieta. Y ya que ten¨ªamos acordado visitarla, pensamos que tambi¨¦n pod¨ªamos ver de paso c¨®mo se encontraba la se?orita Sara ¡ªdije, quit¨¢ndole importancia a los hechos para as¨ª matar cualquier suposici¨®n que se hubiera creado en la mente de la se?ora Susan gracias a mi abuela. ¡ªMuchas gracias, hijo, eres muy amable ¡ªrespondi¨® la se?ora Susan con amabilidad. Continuamos conversando un rato m¨¢s hasta que llegaron las siete de la tarde. Entonces nos levantamos para irnos. No quer¨ªamos distraer m¨¢s a la se?ora Susan, ya que ella ten¨ªa que cuidar de su nieta. Marie y el abuelo nos esperaban para la cena. Nos despedimos y nos volvi¨® a dar las gracias por la visita. Le deseamos a su nieta una r¨¢pida recuperaci¨®n y nos fuimos a casa. Y otra vez me invadi¨® el mismo sentimiento de vac¨ªo al irme, igual que me pas¨® cuando sal¨ª esta ma?ana de la librer¨ªa. Sara Taylor Sent¨ªa los reflejos del sol en mis ojos. Me despert¨¦ y mir¨¦ la hora en el despertador; ya eran las 9 de la ma?ana. Estaba tapada con dos mantas y recubierta de sudor, pero me sent¨ªa mucho mejor. Los mareos y el dolor de cabeza hab¨ªan desaparecido. Toqu¨¦ mi frente para comprobar la fiebre y, efectivamente, ya hab¨ªa vuelto a mi temperatura normal. Parec¨ªa haberme recuperado en gran parte del resfriado, gracias a Dios. Me levant¨¦, eleg¨ª ropa c¨¢lida, me duch¨¦ y me alist¨¦. Pens¨¦ que mi abuela estar¨ªa en la cocina preparando el desayuno, pero no lo estaba. La busqu¨¦ en el sal¨®n, tampoco estaba all¨ª. Fui corriendo a su habitaci¨®n y nada, ni rastro de ella. El miedo y la preocupaci¨®n comenzaron a invadirme. ?Y si esos desgraciados le hicieron algo? ?Dios m¨ªo, qu¨¦ har¨¦? Mi abuela no ten¨ªa tel¨¦fono m¨®vil, los detestaba, y como estaba la mayor¨ªa del tiempo en casa, cuando yo estaba afuera, en la librer¨ªa o en otro lugar, me comunicaba con ella por el fijo. Ahora no sab¨ªa c¨®mo localizarla. Me cundi¨® el p¨¢nico. No sab¨ªa si esperar o dirigirme a la comisar¨ªa. Cuando me debat¨ªa en qu¨¦ hacer, la puerta de casa se abri¨® y apareci¨® mi abuela por la entrada. Suspir¨¦ de alivio. Cuando ella me vio, se sorprendi¨® y sonri¨®. Dej¨® las bolsas de compras y se acerc¨® a m¨ª con rapidez. ¡ªSara, querida, qu¨¦ alivio verte recuperada. Hasta tienes buena cara. ?C¨®mo te sientes hoy? ?Est¨¢s mejor? ¡ªme dijo, mientras tocaba mi cara comprobando mi temperatura. ¡ªNo te preocupes, abuela. Estoy como un toro. Me encuentro mucho mejor. Gracias a Dios ¡ªle dije mientras la abrazaba¡ª. Gracias por cuidarme. Eres la mejor abuelita del mundo. ¡ªAy, mi nieta querida, la ni?ita de mis ojos ¡ªme dijo mientras me besaba en la mejilla¡ª. Vamos, vamos a desayunar. T¨² si¨¦ntate en la mesa y yo preparar¨¦ los huevos y el t¨¦. ¡ªVale, abuela, ir¨¦ a meter las bolsas de la compra. Despu¨¦s de ordenar la compra y desayunar, mi abuela sac¨® unos trozos de tarta de manzana del frigor¨ªfico y me los ofreci¨®. ¡ª?Has hecho tarta de manzana, abuela? ¡ªle dije mientras daba un mordisco a la tarta¡ª. Mmmm, qu¨¦ buena est¨¢, gracias, abuela. ¡ªNo la he hecho yo, Sara. La trajo mi amiga Claire ayer. Supo que te gustaban las tartas de manzana y las trajo cuando vino a visitarte ¡ªme dijo sonriendo. ¡ª?La se?ora Claire vino ayer a visitarme? Es muy amable de su parte. Siento no haberle podido agradecer. ¡ªLa se?orita Claire era digna de las alabanzas de mi abuela; ciertamente, es una mujer amable. ¡ª?No lo recuerdas, Sara? Bajaste ayer cuando ella lleg¨®, pero de pronto perdiste la conciencia y ca¨ªste al suelo ¡ªme explic¨® mi abuela mientras beb¨ªa su t¨¦. ¡ª?Qu¨¦? No lo recuerdo. ¡ªLo ¨²ltimo que recordaba es que hab¨ªa hablado con Samantha por tel¨¦fono antes de dormir. ¡ªSer¨¢ por la fiebre, cari?o. Ah, olvid¨¦ decirte, ayer Claire vino acompa?ada de¡­ Comenz¨® a sonar el tel¨¦fono del sal¨®n, as¨ª que me levant¨¦ a responder. ¡ª?S¨ª, ?qui¨¦n es? ¡ªChica, ?acaso quieres darme un ataque de coraz¨®n? ?Por qu¨¦ no respondes a tu tel¨¦fono? ¡ªse escuchaba la voz asustada de Samantha al otro lado de la l¨ªnea. ¡ªSamantha, buenos d¨ªas, siento haberte preocupado. Se me acab¨® la bater¨ªa del m¨®vil e iba a cargarlo cuando terminase el desayuno. ¡ªPues s¨ª que me has dado un susto, amiga. Pero tu voz suena muy bien. Ayer ten¨ªas la voz de un abuelito. Me re¨ª de sus ocurrencias. ¡ªS¨ª, estoy mucho mejor. Ya tom¨¦ las medicinas y me siento muy bien. ¡ªPerfecto, entonces ?qu¨¦ te parece si paso por ti y vamos a tomar un caf¨¦ delicioso a una cafeter¨ªa de lujo? As¨ª cambias de aires. ¡ªMe encantar¨ªa, Samantha, pero no quiero dejar a mi abuela sola en casa. Estoy preocupada. ¡ªSara, no es como si no fueras a salir de casa nunca. Av¨ªsale para que asegure las puertas y salgamos a hablar del asunto. Tenemos que hallar una soluci¨®n al tema de las deudas y las amenazas. Samantha ten¨ªa raz¨®n. No pod¨ªa seguir as¨ª; deb¨ªa encontrar una soluci¨®n antes de que pasara algo malo. No quer¨ªa hablar de eso en casa porque se preocupar¨ªa mi abuela. Es cierto que sabe sobre las deudas que me reclamaban, pero no sab¨ªa de las amenazas, ni de que nos segu¨ªan a todos lados, ni que entraron a la casa. No podr¨ªa ponerla bajo ese estr¨¦s. ¡ªVale, Samantha, pondr¨¦ el tel¨¦fono a cargar y me preparar¨¦ mientras llegas. ¡ªAs¨ª me gusta. Tardar¨¦ menos de una hora. Nos vemos dentro de poco. ¡ªVale, te espero. Adi¨®s. Colgu¨¦ el tel¨¦fono y fui a la cocina. Le avis¨¦ a mi abuela que saldr¨ªa a cambiar de aires con Samantha. Le gust¨® la idea, pero me dijo que me abrigara bien y no me quedara mucho tiempo en la calle. Asent¨ª con la cabeza y sub¨ª a mi habitaci¨®n para prepararme antes de que Samantha llegara. Hab¨ªan pasado solo treinta minutos desde que habl¨¦ por tel¨¦fono con Samantha y ya estaba ella tocando el timbre de casa. Yo ya me hab¨ªa preparado y tambi¨¦n consegu¨ª cargar un poco el tel¨¦fono, para poder llamar a casa y asegurarme de que mi abuela estaba bien. Nos despedimos de mi abuela y salimos. Samantha trajo su coche, para que no tuvi¨¦ramos que caminar mucho tiempo, nos subimos a ¨¦l y en diez minutos ya est¨¢bamos frente a la cafeter¨ªa "DAISON COFFEE¡± Era una nueva cafeter¨ªa con un dise?o interior muy sofisticado y eficaz. Hab¨ªa zonas para reuniones privadas con peque?os sof¨¢s alrededor de las mesas que se separaban por plantas de pl¨¢stico, dando as¨ª un toque de privacidad. La otra zona era m¨¢s convencional, con mesas y sillas muy c¨®modas. Por fuera, era toda de vidrio, lo que permit¨ªa ver todo desde fuera y desde dentro, a excepci¨®n de la zona m¨¢s reservada que estaba al fondo. Este dise?o, junto con el excelente caf¨¦ que preparaban, fueron la clave de su ¨¦xito. Aunque su ¨²nico inconveniente eran los precios; su caf¨¦ era el triple de caro que en las cafeter¨ªas normales. Para una persona como yo, con deudas y responsabilidades, esta cafeter¨ªa no era una opci¨®n habitual. Entramos a la cafeter¨ªa y elegimos una mesa cerca del vidrio, nos gustaba beber el caf¨¦ y charlar mientras observ¨¢bamos a la gente pasar por la calle. Yo ped¨ª un descafeinado y Samantha pidi¨® un capuchino, que era la especialidad de la tienda. Se nota que es una cafeter¨ªa de ricos. Mira lo que llevan puesto, sus atuendos y sus accesorios son todas marcas famosas, hasta su aura es diferente. Apenas se puede escuchar lo que hablan, no entiendo c¨®mo logran escucharse entre ellos ¡ªdijo Samantha mientras observaba a los otros clientes sentados en las mesas de alrededor. Le encantaba comentar sobre la gente, pero no lo hac¨ªa con mala intenci¨®n; solo que era m¨¢s curiosa de la cuenta. Le di un golpe suave en la pierna mientras le dec¨ªa ¡ªEs suficiente, Samantha. Deja de mirar a los dem¨¢s, se van a dar cuenta. ¡ªAy, no exageres, Sara. Esta gente ni siquiera va a notar nuestra presencia, para ellos somos invisibles. ¡ªNo entiendo por qu¨¦ insististe en venir aqu¨ª si no te agrada el ambiente ¡ªle dije. ¡ªNo lo entender¨¢s, Sara. Lo hago por ti ¡ªrespondi¨® ella. Vino la camarera y nos sirvi¨® lo que hab¨ªamos pedido. Cuando se retir¨®, le dije a Samantha: ¡ª?C¨®mo que por m¨ª? No lo entiendo. ¡ª?Por qu¨¦ crees que elijo lugares donde abundan los hombres ricos? ¡ªme dijo mientras tomaba un sorbo de su capuchino y me miraba con una mirada p¨ªcara. ¡ª?Por qu¨¦ lo haces? Eso es lo que te pregunto ¡ªle respond¨ª. Entonces mi amiga buf¨® y me dijo: ¡ªQu¨¦ lenta eres, Sara. Est¨¢ claro. Te estoy buscando un marido rico y exitoso que te salve de esas deudas y te haga vivir como una reina. Dijo eso y se puso a re¨ªr. Yo me atragant¨¦ con el caf¨¦ y la fulmin¨¦ con la mirada. ¡ªEs una broma, ?no? ?Esta es la soluci¨®n que me dec¨ªas? Me ir¨¦ a casa. Cog¨ª mi bolso y amagu¨¦ con irme, pero entonces Samantha me cogi¨® del abrigo y me dijo: ¡ªEs una broma, chica. No te lo tomes todo a pecho. Si¨¦ntate. Buf¨¦ resignada y me volv¨ª a sentar. ¡ªEstoy en una situaci¨®n demasiado peligrosa como para permitirme estas bromas, Samantha. Hablemos en serio ¡ªle dije. ¡ªLo siento, Sara, tienes raz¨®n. OK. Primero cu¨¦ntame las ¨²ltimas novedades de este tema y por qu¨¦ estabas tan asustada ayer que te desmayaste. Le cont¨¦ a Samantha todos los hechos con detalles. ¡ªEse sinverg¨¹enza, ?c¨®mo se atreve a hacerte esto? ¡ªdijo gritando. ¡ªSamantha, baja un poco tu tono de voz, la gente nos va a escuchar. ¡ªVale, es que estoy que hiervo, no me lo puedo creer. Sara, hay que ir a la polic¨ªa y contarles todo con detalles. Ya no podemos retrasar esto m¨¢s. Esa gente no podr¨¢ hacerte nada cuando est¨¦is bajo la protecci¨®n de la polic¨ªa. Solo te asusta para que no puedas contarlo a nadie. Es lo que hacen los chantajistas siempre. ¡ªTampoco estamos seguras, Samantha. No puedo poner a mi abuela en riesgo. ¡ª?Y qu¨¦ est¨¢s pensando hacer entonces? ¡ªHay otra opci¨®n. Tengo quince d¨ªas hasta el plazo del pago. He escuchado que en Nueva York hay un detective muy espabilado que ha sido capaz de resolver muchos casos que se creyeron imposibles. Estoy pensando en contratarle y pedirle que busque a mi padre. Si lo encuentra, todos los problemas se solucionar¨¢n. Adem¨¢s, quiero saber si mi padre est¨¢ bien. Tras escucharme con atenci¨®n, Samantha me dijo: ¡ªNo parece mala idea, pero ?lograr¨¢ encontrar a tu padre en tan poco tiempo? ¡ªLo intentar¨¦. Y como ¨²ltima opci¨®n me queda la polic¨ªa, en caso de que no logre encontrarlo a tiempo. ¡ªVaya, lo entiendo. ?Cu¨¢ndo tienes pensado ir a Nueva York a encontrarte con ¨¦l? ¡ªPedir¨¦ dos d¨ªas de fiesta la semana que viene. Entonces ir¨¦ a verlo r¨¢pidamente y volver¨¦ para no llamar mucho la atenci¨®n. Aunque no me veo con ¨¢nimos de dejar sola a mi abuela. ¡ªNo te preocupes. Yo la cuidar¨¦ hasta que vuelvas. Pero ten mucho cuidado, Sara. ¡ªLo har¨¦, no te preocupes ¡ªdije tomando un sorbo de mi caf¨¦. A continuaci¨®n, hablamos de otros temas triviales hasta que llam¨® mi abuela diciendo que me estaba esperando para la comida. As¨ª que nos dispusimos a ir. Mi abuela invit¨® tambi¨¦n a Samantha, pero ella se excus¨® porque estaba muy ocupada con los preparativos de la boda y ten¨ªan que ir hoy ella y su prometido a imprimir las cartas de invitaci¨®n. Nos levantamos y nos dirigimos al mostrador para pagar la cuenta. Samantha insisti¨® en pagar toda la cuenta, pero yo me negu¨¦ rotundamente. Aunque seamos amigas, ella ten¨ªa sus gastos y, m¨¢s con el compromiso a las puertas, no iba a permitir que hiciese gastos innecesarios. Despu¨¦s de pelear como ni?as de primaria sobre qui¨¦n pagar¨ªa la cuenta delante del cajero, quedamos en que cada una pagar¨ªa lo suyo. Abr¨ª mi bolso para sacar el monedero y de pronto sent¨ª a alguien chocar conmigo. El bolso se me cay¨® al suelo, as¨ª que me apresur¨¦ a recogerlo y escuch¨¦ una voz familiar decir: ¡°Lo siento mucho, ?est¨¢ usted bien?¡±. Alc¨¦ la vista y nuestras miradas se encontraron. Me sobrepasaba por dos cabezas. Llevaba un traje caro de color granate y un pa?uelo con las iniciales A.S en el bolsillo del pecho. Era joven, de unos treinta a?os, con una barba bien arreglada y el cabello peinado hacia atr¨¢s. Y su cara... era lo que la gente describir¨ªa como la de un hombre apuesto, pero eso era lo de menos para m¨ª. Porque conoc¨ªa muy bien su cara: era el desgraciado que vino a cobrarme en la librer¨ªa. Su mirada estudiaba mis expresiones. Apret¨¦ los dientes de rabia. ?C¨®mo se atrev¨ªa a pararse aqu¨ª y hacer como si nada pasara? Abr¨ª la boca y dije: ¡°?T¨²...!¡±, pero antes de terminar, me cort¨® y dijo: ¡ªParece que ya te has recuperado, se?orita. Ayer no ten¨ªas buena pinta. Apret¨¦ las manos en forma de pu?os. El muy desgraciado se estaba burlando en mi cara. Ante tal situaci¨®n, Samantha se apresur¨® a pagar toda la cuenta y se acerc¨®, coloc¨¢ndose a mi lado. Me mir¨® a m¨ª y luego al sinverg¨¹enza. ¡ªSara, ?pasa algo? ¡ªpregunt¨® Samantha con cara de preocupaci¨®n. Es probable que se haya dado cuenta de que algo andaba mal por mi comportamiento. No le respond¨ª. Mi mirada estaba fija en este chantajista, que se hab¨ªa metido las manos en los bolsillos del pantal¨®n y me miraba con superioridad. ¡ªSara, ?lo conoces? ¡ªme pregunt¨® Samantha con cara de preocupaci¨®n. Entonces me mov¨ª y, en un arrebato, le cog¨ª el brazo a ese hombre y lo arrastr¨¦ en direcci¨®n a los servicios. Le dije a Samantha que me esperara afuera en el coche. El hombre, sorprendido por mis actos, no se resisti¨® y me dej¨® arrastrarlo hasta el pasillo donde estaban los servicios. Ah¨ª, lo empuj¨¦ contra la pared y me enfrent¨¦ a ¨¦l. ¡ª?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ?Me est¨¢s siguiendo, no es as¨ª? ¡ªle dije, enfadada. ¡ª?Qu¨¦? ?Qu¨¦ est¨¢s diciendo? ¡ªrespondi¨® en tono de burla, mezclado con sorpresa. ¡ª?Te est¨¢s haciendo el tonto, no es as¨ª? M¨ªrate. Est¨¢s hecho un chantajista de primera clase, estafando a la gente ¡ªle dije, mir¨¢ndolo de arriba abajo con desprecio¡ª. Dios sabe a cu¨¢nta gente le hab¨¦is destrozado la vida. Y encima llevas un traje de marca. ?He tenido suficiente de este acoso, sinverg¨¹enza! No te dar¨¦ ning¨²n dinero. Su expresi¨®n cambi¨® de sorpresa a una cara de desenfado, y hasta sus orejas se pusieron rojas. ¡ªTen cuidado con lo que dices. No soy tu amigo del barrio. ?Est¨¢s loca o qu¨¦ te pasa? Soy yo el que ha tenido suficiente de esta falta de respeto tuya ¡ªme dijo gritando y enfadado. Una pareja que se hab¨ªa acercado a los servicios nos miraba con atenci¨®n y curiosidad. Luego, la mujer entr¨® a los servicios de mujeres y su marido se dispuso a esperarla afuera. Parado a un metro de nosotros, con un caf¨¦ para llevar en las manos, revisaba su tel¨¦fono mientras miraba nuestra escena con disimulo. Est¨¢bamos montando una escena, y la gente que entraba y sal¨ªa de los servicios nos miraba con curiosidad. ¨¦l prosigui¨® diciendo: ¡ª?Y qu¨¦ dec¨ªas? ?Que no me ibas a dar dinero? ¡ªsolt¨® una carcajada malvada¡ª. M¨ªrate en el espejo, se?orita. Quiz¨¢s entiendas qui¨¦n de nosotros tiene y quien carece de dinero. Desde ayer, me est¨¢s gritando como una loca. ?Qui¨¦n te crees que eres? No voy a tolerar m¨¢s este comportamiento. Conoce tu lugar. El muy desgraciado me hablaba y me miraba con desprecio. Es un chantajista y act¨²a como si fuera un hombre de privilegio. Seguro que dec¨ªa estas cosas para disimular delante de la gente. No iba a caer en esta p¨¦sima actuaci¨®n. Comenc¨¦ a mirar alrededor buscando algo y lo encontr¨¦. Entonces, me gir¨¦ hacia ¨¦l y le dije: ¡ª?Has dicho que me mire para ver qui¨¦n de nosotros carece de dinero, no es as¨ª? Ahora ver¨¢s, desgraciado. En un instante, arranqu¨¦ el caf¨¦ de la mano del se?or que estaba esperando a su mujer y se lo arroj¨¦ al chantajista en el pecho. ¡ªEste es tu prestigio, se?or chantajista. ¨¦l me miraba fijamente y luego miraba su traje ahora te?ido de caf¨¦, sin poder procesar lo que acababa de pasar. Antes de que reaccionara, cog¨ª y me fui r¨¢pidamente, no sin antes mencionar unas disculpas al se?or que perdi¨® su caf¨¦, quien miraba la situaci¨®n con la boca abierta. Alcanc¨¦ a escuchar al chantajista maldecir y gritar: ¡°?Eh, t¨², loca¡­!¡±. No le hice caso, atraves¨¦ la cafeter¨ªa r¨¢pidamente, sal¨ª a la calle y me dirig¨ª al coche donde Samantha me esperaba con una cara llena de preocupaci¨®n. ¡ªSara, ?qu¨¦ ha pasado? ?Qui¨¦n era ese? ¡ªme pregunt¨®. Le hice una se?a para que subiera al coche r¨¢pidamente, dici¨¦ndole: ¡ªCorre, sube, nos vamos. Ella, sorprendida, dijo: ¡ª?Dime qu¨¦ pasa? ¡ªLuego te cuento por el camino, vamos, deprisa ¡ªle respond¨ª. Nos subimos al coche y arrancamos en direcci¨®n a casa. Le hab¨ªa dado una lecci¨®n a ese sinverg¨¹enza que no iba a olvidar. Adam Smith Si algo estaba claro es que hoy no era mi d¨ªa de suerte. Esa noche apenas hab¨ªa podido dormir, no pod¨ªa parar de pensar en esa chica. Me refiero a su falta de respeto; a¨²n no creo que me haya atacado sin raz¨®n. Me despert¨¦ a las siete, cansado y con dolor en el cuello. Sal¨ª a correr un poco antes de desayunar, pero un perro sin correa comenz¨® a correr tras de m¨ª. Intent¨¦ evadirlo, pero estaba a punto de atacarme; parec¨ªa nervioso. Cuando lo alej¨¦ con el pie, vino su due?o, un hombre de unos cincuenta a?os con barrig¨®n, y comenz¨® a gritarme porque hab¨ªa empujado a su perro. Le grit¨¦ que era su responsabilidad mantenerlo con correa y que iba a avisar a la polic¨ªa. Luego, maldijo por lo bajo y se fue. Segu¨ª corriendo y resbal¨¦ en la hierba h¨²meda del parque, cayendo en un charco formado por la lluvia de la noche anterior. Toda mi ropa se empap¨®. Quiz¨¢s era un augurio de lo que me iba a pasar m¨¢s tarde. Me levant¨¦ enfadado y volv¨ª a casa. Mi abuela y Marie se sorprendieron al ver mis pintas; les cont¨¦ los sucesos y se pusieron a re¨ªr. Lo que me faltaba, ser la burla del d¨ªa. Normalmente no doy importancia a estas cosas, pero desde ayer me sent¨ªa raro y frustrado y no sab¨ªa por qu¨¦. Despu¨¦s de cambiarme, baj¨¦ a desayunar. Mi abuela no par¨® de hablar sobre la nieta de la se?ora Susan. Dec¨ªa que estaba preocupada por ella y que cuando terminara el desayuno llamar¨ªa a su amiga para preguntarle. Mi abuelo tambi¨¦n la alab¨®, diciendo que la dependienta del se?or William era una chica agradable y muy educada, y que ten¨ªa gran respeto por la gente mayor, cosa de la que carec¨ªa la juventud de hoy en d¨ªa. Ni que fuera un ¨¢ngel, solo es una chica com¨²n. Me frustraba que hablasen de ella todo el tiempo; apenas pod¨ªa olvidarla como para que me la recordasen a cada momento. Aunque yo tambi¨¦n estaba preocupado por su estado. La chica se desmay¨® dos veces delante de m¨ª; cualquiera estar¨ªa preocupado. Despu¨¦s del desayuno, nos sentamos en el sal¨®n a tomar caf¨¦ mientras convers¨¢bamos. Mi abuela llam¨® mi atenci¨®n mientras yo revisaba el correo en mi tel¨¦fono. ¡ªAdam, querido, le ca¨ªste muy bien a Susan. Cuando la llam¨¦ antes para preguntarle sobre su nieta, me pidi¨® que te saludara y te mandaba recuerdos. ¡ª?Abuela, llamaste a la se?ora Susan? ?C¨®mo... c¨®mo se encuentra su nieta? ¡ªle dije mientras me enderezaba en el sof¨¢. ¡ªEst¨¢ muy bien. Me dijo que se hab¨ªa recuperado del resfriado y se encontraba bien. Tambi¨¦n dijo que le encant¨® la tarta de manzana y que nos mandaba saludos, agradeci¨¦ndonos por haberla ido a verla ¡ªcontaba con una sonrisa en su cara. ¡ª?En serio? Me alegro de que se sienta mejor ¡ªdije aliviado y con disimulo. ¡ªQuiz¨¢s as¨ª te sientas mejor t¨² tambi¨¦n. Ayer parec¨ªas muy preocupado por ella. Por cierto, Sara es una chica muy agradable ¡ªdijo, ri¨¦ndose de m¨ª. ¡ª?Qu¨¦ dices, abuela? No hay nada de eso. Solo me preocup¨¦ por ella como un ser humano, nada m¨¢s ¡ªdije, enfadado. No me gustaba que confundiera las cosas. ¡ª?Como un ser humano? Vale, cari?o, yo tampoco dije nada. ?Por qu¨¦ te has puesto tan nervioso? Solo mencion¨¦ que era una buena chica ¡ªdijo mi abuela, sonri¨¦ndome con picard¨ªa. ¡ªAbuela, no insistas en ello... Son¨® mi tel¨¦fono. Era mi hermana Daiana, justo en un momento oportuno. No quer¨ªa seguir con esa conversaci¨®n para que mi abuela no siguiera insinuando cosas sobre esa chica. ¡ª?Hola, hermanito! Desde que te fuiste a casa de los abuelos, te has olvidado de nosotros. S¨¦ que las delicias de la se?ora Marie y la compa?¨ªa de los abuelos son como la gloria, pero no te olvides de nosotros ¡ªdijo mi hermana Daiana, siempre exagerando. Quiz¨¢s estaba celosa por estar trabajando mientras yo disfrutaba de las vacaciones. ¡ªNo exageres, Daiana, solo ha pasado un d¨ªa. ?Qu¨¦ haces? ?C¨®mo est¨¢n mam¨¢ y pap¨¢? ?Has visto a Emma y a Ellie? Ayer habl¨¦ con James y me dijo que volver¨ªa la semana que viene. ¡ª?S¨ª que voy a exagerar! T¨² est¨¢s ah¨ª disfrutando y yo aqu¨ª trabajando sin descanso ¡ªdijo mi hermana. Sab¨ªa que estaba celosa. Solt¨¦ una carcajada. Entonces, cambi¨® la llamada a videollamada. Yo acept¨¦ y se abri¨® la c¨¢mara. Estaba en el despacho de pap¨¢, y tambi¨¦n estaba Emma; parec¨ªa que estaban en una reuni¨®n. ¡ªAqu¨ª est¨¢n pap¨¢ y Emma ¡ªme dijo, mostr¨¢ndolos en la c¨¢mara. Al verme, me saludaron con la mano y pap¨¢ se acerc¨® y tom¨® el tel¨¦fono. ¡ªHijo, ?c¨®mo est¨¢s? Me dijo mi madre que te gust¨® el ambiente ah¨ª. ¡ªS¨ª, estoy muy bien. Me he relajado del estr¨¦s del trabajo ¡ªle dije. Mi abuela se acerc¨® y los salud¨®. Hablaron un poco con ella. ¡ªAbuela, no lo mimes mucho, sino no querr¨¢ volver aqu¨ª ¡ªdijo Emma. ¡ªSi no lo mimo a ¨¦l, ?a qui¨¦n voy a mimar? ¡ªdijo mientras me daba un beso en la cabeza¡ª. La pr¨®xima vez, venid vosotras tambi¨¦n. Tengo muchas ganas de veros; a Ellie le gustar¨¢ el lugar. ¡ªNo te preocupes, abuela. De hecho, pens¨¢bamos venir todos para fin de a?o ¡ªdijo mi hermana Daiana¡ª. A excepci¨®n de Adam, ¨¦l se quedar¨¢ trabajando ¡ªdijo se?al¨¢ndome y riendo. ¡ªDaiana, no est¨¦s celosa de tu hermano ¡ªle dijo mi abuela a mi hermana. ¡ª?Has visto eso, abuela? Siempre me trata as¨ª ¡ªdije yo, fingiendo estar afectado para dar l¨¢stima. ¡ªAbuela, no le creas. Me ha echado todo su trabajo y se ha ido a disfrutar solo. Nos enfrentaremos, Adam Smith ¡ªdijo mi hermana, se?alando sus ojos y los m¨ªos en forma de amenaza, como una ni?a peque?a. Nos re¨ªmos todos. Luego, mi padre pidi¨® permiso para hablar conmigo sobre unos asuntos del trabajo. Le mencion¨¦ tambi¨¦n la nueva propuesta de nuestro cliente. Despu¨¦s de escucharme con atenci¨®n, me pidi¨® que organizara una reuni¨®n con ¨¦l y le pidiese m¨¢s informaci¨®n y detalles espec¨ªficos sobre el proyecto. Mi padre parec¨ªa interesado y emocionado por el nuevo proyecto. Siempre era as¨ª cuando hac¨ªa proyectos arriesgados y ¨²nicos en nuestro campo laboral. Saludamos a todos y colgu¨¦ la llamada. Despu¨¦s, le envi¨¦ un mensaje a nuestro cliente dici¨¦ndole lo que mi padre me hab¨ªa pedido. ¨¦l estuvo de acuerdo y sugiri¨® encontrarnos en el mismo sitio dentro de una hora. Me levant¨¦ y me fui a preparar, deb¨ªa darme prisa para llegar a tiempo. Al llegar a la cafeter¨ªa, encontr¨¦ a nuestro cliente, Jackson Dervison, ya sentado en una mesa en la zona de confort. El dise?o de esta ¨¢rea permit¨ªa privacidad, lo que la convert¨ªa en un lugar ideal para reuniones de trabajo o personales. Por este motivo, me gustaba esta cafeter¨ªa; la mayor¨ªa de los clientes eran gente de negocios. Era muy famosa y distinguida en el pueblo. Jackson me hizo se?as con la mano para que me acercara, as¨ª que me dirig¨ª a la mesa. ¡ªHola, siento haber tardado, Jackson ¡ªle dije mientras le saludaba estrechando su mano. ¡ªNo pasa nada, de hecho, reci¨¦n he llegado ¡ªrespondi¨®. ¡ªMe sorprend¨ª cuando me dijiste que estabas por aqu¨ª ¡ªle coment¨¦. ¡ªS¨ª, mis suegros viven aqu¨ª, as¨ª que vine con mi mujer de visita. Y cuando me enviaste el mensaje, pens¨¦ en aprovechar y vernos mientras estaba aqu¨ª ¡ªdijo Jackson, sacando el ordenador port¨¢til de su malet¨ªn. Hablamos del proyecto y sus detalles, y al terminar, pedimos unos postres y comenzamos a charlar sobre otras cosas, como el pueblo y su ambiente tranquilo y acogedor, sobre la familia, los padres y m¨¢s. Jackson me pregunt¨®: ¡ª?Est¨¢s casado, Adam? ¡ªQu¨¦ va, a¨²n no he encontrado a la indicada. De hecho, ni siquiera la he buscado. Estos a?os he estado ocupado trabajando y haciendo proyectos importantes para demostrarle a mi padre mis habilidades y capacidades. ¡ªEs verdad, el se?or Smith es muy estricto en el trabajo. Todos sus clientes lo dicen. Pero es alguien exitoso y de confianza, por lo que estoy encantado de trabajar con vosotros. ¡ªGracias. Es cierto que mi padre es muy estricto en el trabajo y lo es m¨¢s con sus hijos. Pero es un padre ejemplar y muy cari?oso. Solo que en el trabajo mantiene su carisma para que los empleados lo respeten y trabajen con seriedad ¡ªle confes¨¦ a Jackson. ¨¦l solt¨® una carcajada suave y dijo: ¡ªEn eso os parec¨¦is mucho, Adam. Dentro de la empresa, pareces estresado y serio todo el tiempo; de hecho, siempre llevas el ce?o fruncido. Pero ahora que te veo afuera, eres solo un joven majo y alegre. Estoy pensando en que todas nuestras reuniones sean fuera de la empresa ¡ªdijo sonriendo. ¡ªSiento comportarme as¨ª. Creo que es por el estr¨¦s y la presi¨®n del trabajo, ni siquiera me di cuenta de que frunc¨ªa el ce?o ¡ªdije riendo. Mientras habl¨¢bamos, Jackson recibi¨® una llamada de su mujer. Al terminar la llamada, se despidi¨® de m¨ª porque ten¨ªa que pasar por su mujer y volver a su casa en Nueva York. Despu¨¦s de que se fue, me qued¨¦, como ayer, revisando algunos correos y asuntos del trabajo en mi computadora. Tambi¨¦n llam¨¦ a mi padre y le cont¨¦ c¨®mo hab¨ªa ido la reuni¨®n y los detalles que hab¨ªamos tratado. Mi abuela me llam¨® y me avis¨® que pronto ser¨ªa la hora de comer, as¨ª que recog¨ª mis cosas y me dirig¨ª al mostrador a pagar mi cuenta. Iba un poco despistado, pensando en el proyecto, cuando mi mano choc¨® con el hombro de alguien. Me gir¨¦ para pedir disculpas y vi a una chica agachada recogiendo lo que se le hab¨ªa ca¨ªdo al suelo. De pronto, se levant¨® y nuestras miradas se encontraron. Era ella, Sara. No me lo pod¨ªa creer. En realidad, sent¨ª alivio al verla recuperada. Comenz¨® a mirarme de arriba a abajo y luego puso una cara de desagrado. Iba a decir algo, pero la cort¨¦ coment¨¢ndole que se ve¨ªa en mejor estado que ayer, quiz¨¢s as¨ª me recordara en caso de que hubiera olvidado los hechos. En realidad, esperaba que me pidiese disculpas o que dijese algo como ¡°ten¨ªa fiebre y me confund¨ª¡± o algo por el estilo, porque no logro encontrar raz¨®n l¨®gica a su comportamiento a menos que con la fiebre estuviese delirando. Pero en vez de eso, frunci¨® el ce?o y apret¨® sus pu?os. De pronto, una chica, probablemente su amiga, vino y comenz¨® a preguntarle qu¨¦ pasaba. Entonces ocurri¨® algo inesperado. La chica de la biblioteca me tom¨® del brazo y me arrastr¨® hasta el pasillo donde estaban los servicios y me empuj¨® contra la pared. No pod¨ªa creerlo, no sab¨ªa c¨®mo deb¨ªa reaccionar, as¨ª que me dej¨¦ llevar. Esta chica de metro y medio era m¨¢s atrevida de lo que pod¨ªa imaginar. Entonces comenz¨® a gritarme y acusarme de acosarla y de querer dinero. No sab¨ªa de qu¨¦ iba eso, pero ella me estaba humillando delante de toda la gente. Todos nos miraban. Me enfad¨¦ y mi orgullo se hiri¨®, as¨ª que le dije algunas palabras hirientes. De pronto, tom¨® la taza de caf¨¦ de la mano de un hombre que estaba parado detr¨¢s y me la tir¨® encima. Pens¨¦ que nada me sorprender¨ªa m¨¢s de esta chica, pero me equivoqu¨¦. Era capaz de todo. Se fue y me dej¨® en rid¨ªculo delante de toda la cafeter¨ªa. Los que entraban y sal¨ªan de los servicios me miraban de arriba abajo y susurraban cosas entre ellos. Nunca... nunca nadie me hab¨ªa puesto en una situaci¨®n tan rid¨ªcula como esta. De pronto, se acerc¨® a m¨ª el hombre a quien le sac¨® el caf¨¦ y me ofreci¨® una toalla para limpiarme, aunque ambos sab¨ªamos que no iba a servir de nada. El caf¨¦ manch¨® todo mi traje y ahora tendr¨ªa que salir y regresar a casa de este modo. ¡ªNo te preocupes, compa?ero. A veces pasan cosas como estas entre las parejas. Las mujeres son un poco dram¨¢ticas. Ya ver¨¢s que todo se solucionar¨¢ y volver¨¢ a ti como si nada hubiera ocurrido ¡ªme dijo ese hombre mientras me daba palmaditas en el hombro en muestra de apoyo. Lo fulmin¨¦ con la mirada. Lo que me faltaba, que pensaran que yo y esa loca ¨¦ramos pareja. Al percatarse de mi molestia, retir¨® su mano y se alej¨® para encontrarse con su mujer, que hab¨ªa salido de los servicios. Mientras le susurraba, ella me dio una mirada sorprendida y se fueron hablando de m¨ª. Todo por culpa de esa enana. Me he convertido en el hazmerre¨ªr. Sal¨ª r¨¢pidamente de la cafeter¨ªa tras pagar la cuenta y arranqu¨¦ el coche en direcci¨®n a casa. Me lo iba a pagar muy caro, esa coneja de librer¨ªa.