《Los Archivos del Espacio-Tiempo [Spanish/Español]》 Prologo: ??Qué estan haciendo!? ?Se supone que estamos en el mismo equipo! ¡°??POR QU¨¦?! ??D¨ªGANME POR QU¨¦?! ??ACASO NO ESTAMOS DEL MISMO LADO?! ?RESP¨®NDAME!¡± El hombre peli-plateado exclam¨®. Su boca sangrando un l¨ªquido pseudo dorado; mientras gritaba enfurecido y confundido a los dos seres encapuchados, levitando frente a ¨¦l. ¡°No lo entiendes, ?Verdad?¡± Le dijo uno de los seres frente a ¨¦l; de voz femenina y con una canica de luz formada en su dedo ¨ªndice de su mano derecha. ¡°Si eres tan listo ?Por qu¨¦ no lo deduces t¨² mismo?¡± ¡°Nggnnn¡­¡± Se quej¨® el hombre peli-plateado del dolor; saliendo de la pared de la monta?a donde fue incrustado; con su brazo derecho totalmente roto, dirigiendo su mano izquierda a la funda en su cintura. ¡°Si desean ser asesinados, adelante. De todas maneras, esta solo debe ser otra de las odiosas pruebas de El Arquitecto, nada de esto es real ?Verdad?¡± De la funda, el hombre peli-plateado sac¨® la empu?adura de una espada, de color plateado, envuelto en cintas de color negro para un mejor agarre. De la empu?adura emergi¨® un metal l¨ªquido que lentamente iba formando la hoja de la espada. ¡°Ni siquiera lo pienses; olvidaste quien forj¨® esa espada ?Verdad?¡± Le dijo el otro encapuchado; de voz profunda y masculina; se?alando la espada con el dedo ¨ªndice de su mano izquierda.¡± La espada, cuya formaci¨®n estaba casi completa en las manos del peli-plateado, comenz¨® a deformarse, volviendo a su estado l¨ªquido. ¡°No solo tu voluntad afecta el Tronio del que est¨¢ hecha tu espada¡± La eminente voz del encapuchado masculino exclam¨®. ¡°Forjamos tu arma antes de que t¨² existieras; nuestra voluntad est¨¢ impregnada en esta, obedecer nuestra voluntad es prioridad para ella.¡± ¡°Demonios... van en serio. Si esto sigue as¨ª, voy a¡­ voy a... Exclam¨® el hombre peli-plateado, apretando su pu?o izquierdo lo m¨¢s fuerte que pudo; intentando con toda su voluntad materializar al menos un poco de su espada. ¡°No, ?NO! ?ME NIEGO A MORIR! Con una fuerza tremenda, el hombre peli-plateado arremeti¨® contra los encapuchados; tan r¨¢pido que solo su silueta era perceptible; tan fuerte que la tierra cruji¨®, el suelo se agriet¨®; su grito de batalla resonaba en todo el bosque donde peleaban. ¡°?Cosmos, detenlo!¡± La encapuchada le grit¨® a su compa?ero. ¡°?A la orden mi se?ora!¡± El encapuchado vol¨® hacia el hombre peli-plateado con la misma magnitud de poder que ¨¦l. Chocando en el aire; un estallido sonoro le sigui¨® al impacto. BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM El estruendo reson¨® por toda la regi¨®n mientras los dos se agarraban a golpes en el cielo. Ambos veloces como un rayo y poderosos como un trueno, lograban esquivar o bloquear los ataques de cada uno. ¡°?Regresa en ti, Cosmos! ?T¨² no eres as¨ª! ?Te lavaron el cerebro! ??No recuerdas todo el tiempo que pasamos juntos?! ?REGRESA EN TI!¡± Exclam¨® el hombre peli-plateado, mientras segu¨ªa bloqueando y esquivando los ataques del encapuchado. ¡°No estoy de humor para esta charla, hermanito. Mucho menos para este tipo de di¨¢logo que parece ser sacado de una cursi novela ligera.¡± Exclam¨® el encapuchado bloqueando y esquivando al igual que su oponente. ¡°Perece de una vez¡±. El patr¨®n de ataque del encapuchado bruscamente cambi¨®, sus ataques no conectaban, eran ataques falsos que no causaban ning¨²n da?o. El hombre peli-plateado se dio cuenta de esto, pero era casi imposible saber cu¨¢les eran reales y cu¨¢les eran amagues. ¡°Det¨¦n esto, si puedes¡± Le dijo el encapuchado. El encapuchado en un movimiento nuevo, propulso su pierna derecha hacia la cara del hombre peli-plateado, lo que parec¨ªa ser un golpe directo. El hombre peli-plateado subi¨® totalmente su guardia, un fat¨ªdico error. ¡°Ca¨ªste, hermanito¡± El golpe del encapuchado era un amague, una ilusi¨®n cuando en realidad la patada iba hacia los genitales del hombre peli-plateado. Se pod¨ªa sentir el dolor de eso con solo verlo. Pero el hombre peli-plateado, se inmut¨®. ¡°Olvidaste tus propias reglas, hermano. Siempre oculta tus genitales en batalla¡±. Le dijo al encapuchado, mof¨¢ndose de ¨¦l. ¡°Y t¨² olvidaste la primera; nunca bajes tu guardia¡±. El encapuchado desapareci¨® del campo de visi¨®n del hombre peli-plateado en menos de un segundo, y con su tal¨®n golpe¨® la cabeza del hombre peli-plateado con una fuerza descomunal. Estrell¨¢ndolo en el suelo; formando un cr¨¢ter con el impacto. El hombre encapuchado descendi¨® lentamente, hasta llegar al suelo, aplaudiendo lentamente en su descenso. ¡°Cinco minutos antes de lo acordado. Me debes 5 mitrones, Nova¡±. Dijo el encapuchado en un tono juguet¨®n, mirando a la encapuchada. ¡°Ni se te ocurra decir -Te lo doy a la pr¨®xima-¡±This content has been misappropriated from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡°Ugh¡­. Bieeen¡± La encapuchada le avent¨® las siete monedas mitron al encapuchado. ¡°Al final, tenemos lo que busc¨¢bamos; ?Ya le avisaste al Arquitecto?¡± ¡°Estoy en ello¡± Le contesto el encapuchado. ¡°Tienes suerte de que cae en el mismo truco despu¨¦s de tantos siglos. ¡°Sigue siendo el mismo ignorante que antes¡±, exclam¨® la encapuchada. ¡°?Crees que con esto¡­? ?Artemis pueda volver a la vida?¡±. ¡°Deber¨ªa ser suficiente¡± Le respondi¨® el encapuchado. Inesperadamente, desde el cr¨¢ter arrastr¨¢ndose sali¨® el hombre peli-plateado, temblando. Sus piernas estaban pulverizadas, su pecho aplastado, y solo su brazo izquierdo respond¨ªa. ¡°?NO HE TERMINADO! ?NO ME HAN DADO LAS RESPUESTAS QUE YO QUIERO!¡±. Les grit¨® el hombre peli-plateado, intentando levantarse con los trozos de extremidades que a¨²n pod¨ªan servir como tal. ¡°Eres impresionante, tu obstinaci¨®n es lo ¨²nico que te mantiene en pie¡±. Dijo el encapuchado frente al casi inv¨¢lido del hombre peli-plateado, para luego voltear su cara en direcci¨®n a la encapuchada. ¡°?No te suena esto, conocido, hermana?¡±. ¡°Suena a shonen gen¨¦rico, hermano¡± La encapuchada se rio entre dientes, intentando ocultarlo ¡°Pff- d¨¦jame adivinar, aqu¨ª es cuando nosotros parecemos ganar, pero de repente y por magia del guion, los h¨¦roes aparecen y terminan derrot¨¢ndonos, eso solo pasa en- ?AUCH! De la nada, la empu?adura de la espada del peli-plateado le golpe¨® la cabeza a la encapuchada, quej¨¢ndose del dolor e intentando aliviarse. ¡°?ESC¨²CHENME DE UNA VEZ!¡± Les grit¨® el hombre peli-plateado, se?al¨¢ndoles con sus dedos quebrados. ?NO TIENEN QUE- ! ¡°No. Ya c¨¢llate¡± La encapuchada le dijo al hombre peli-plateado, apunt¨¢ndole con su dedo ¨ªndice derecho como que si fuera una pistola ¡°Ivaris Replica¡± De la canica de su dedo, salieron dos rayos de luz dirigidos hacia los brazos y piernas del hombre peli-plateado, dichos rayos pulverizaron sus extremidades, dejando solo su torso y cabeza enteros. La mirada el hombre peli-plateado se ve¨ªa muerta, perdida, vac¨ªa, su boca no estaba completamente cerrada y apenas se pod¨ªa escuchar su respiraci¨®n. Los encapuchados lo levantaron del suelo, uno de ellos sostuvo su cuerpo, y cabeza; haci¨¦ndolo mirar directamente al otro encapuchado, quien se posicion¨® frente a ¨¦l. ¡°¡­.P¡­.Po¡­.¡± El hombre peli-plateado ya no pod¨ªa siquiera formular palabras, el trauma f¨ªsico que hab¨ªa recibido era demasiado para ¨¦l, pero, aun as¨ª. ¨¦l no mor¨ªa, m¨¢s bien, no pod¨ªa morir. La encapuchada se arrodill¨® frente a ¨¦l, y muy suavemente le acarici¨® su ensangrentado cabello al hombre peli-plateado, de entre las sombras de su capucha, se lograba ver un poco de su maliciosa sonrisa, escapando por la peque?a cantidad de luz que se reflejaba hacia dentro de esta. El hombre peli-plateado en su perplejidad, solo pudo hacer algunos ruidos sin significado, inentendibles para cualquier lengua. Se pod¨ªa observar c¨®mo, lentamente, algunas l¨¢grimas escurr¨ªan de dentro de las gafas que ¨¦l portaba. ¡°Hmm¡­ ?Qu¨¦ pasa, hermanito? No eres tan valiente y fuerte despu¨¦s de todo, ?verdad que s¨ª?¡± La encapuchada le segu¨ªa acariciando su cabello lenta y cuidadosamente. ¡°Hmmm¡­ tanto quer¨ªas saber, que me das l¨¢stima¡­ creo que al final s¨ª te contar¨¦.¡± La encapuchada se par¨®, y se inclin¨® sobre ¨¦l, haciendo que el hombre peli-plateado le viera desde abajo. ¡°Tu trabajo siempre fue espectacular, desde la primera alma, supimos que ¨ªbamos a tener un proveedor de energ¨ªa lo suficientemente competente como para nuestras demandas; no nos equivocamos, cada una de ellas era perfecta. Pero¡­¡± La encapuchada aclar¨® su voz despu¨¦s de toser un par de veces. ¡°Fuiste tan efectivo, que completaste nuestra demanda mucho antes de lo esperado y estamos listos para el siguiente paso.¡± La encapuchada se rio un poco. ¡°No podemos perder m¨¢s tiempo ni recursos, y la ¨²nica pieza faltante eres¡­ T¨²¡± ¡°¡­¡­¡­¡± El hombre peli-plateado se ve¨ªa destrozado f¨ªsica y mentalmente, tanto que parec¨ªa que su cabeza estaba vac¨ªa, sin pensamiento alguno. ¡°Sin contar lo de las cosechas, siempre fuiste una molestia, ??Sabes cuantas l¨ªneas de tiempo tuvimos que arreglar gracias a ti!? ??Cuantos biomas tuvimos que alterar?! ??Cuantas memorias tuvimos que alterar?!; lo has intentado m¨¢s de una vez, sabes lo horrible que es entrar en Synapsis¡±. La encapuchada chasqueo sus dedos, y una canica de luz volvi¨® a aparecer en su dedo ¨ªndice. ¡°Una bendici¨®n y una maldici¨®n al mismo tiempo, eso es lo que eres. Desafortunadamente, para ti, no requerimos m¨¢s de tus servicios. Nombre Clave: Spacetime. O deber¨ªa decir¡­ Charly.¡± El tel¨®n final ha ca¨ªdo, es el fin. Con su dedo ¨ªndice apuntando a la frente del sujeto peli-plateado, la canica en frente de este, tomando la forma de una bala, solo era cuesti¨®n de apretar el gatillo y terminar con todo. BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM De la nada, un estallido mand¨® a volar a los encapuchados y al hombre peli-plateado en direcciones opuestas, parece ser que la explosi¨®n no caus¨® da?o alguno en ellos, solo fue de repulsi¨®n. ¡°Ugh¡­ y ahora QUIEN se entromete¡± Exclam¨® enfurecido el encapuchado, golpeando el suelo de furia. De entre la maleza, una elfa pelirroja apareci¨®, vistiendo de ropajes de aventurero, de colores marr¨®n verde y celeste; portando un b¨¢culo de hechicer¨ªa de madera, con un gatillo cercano a la gema. ¡°No s¨¦ qui¨¦nes sean ustedes, pero me agradan menos que el tipo de cabellos de plata. Si quieren llegar a ¨¦l, tendr¨¢n que pasar sobre m¨ª, La Archimaga del S¨¦ptimo Anillo¡± De otro arbusto a toda velocidad apareci¨® un bestia lobo de pelaje gris, vistiendo un pantal¨®n ¨¢rabe del mismo color de la arena rojiza, con cadenas envueltas en sus brazos imbuidas de un aura extra?a; directito a arremeter contra la elfa ¡°?EST¨¢S DEMENTE SI QUIERES DEFENDER A ESE HIJO DE PUTA QUE CASI ME CHUPA EL ALMA EL BASTARDO!¡± ¡°INEPTO PR¨ªNCIPE BESTIA, QU¨ªTATEME DE ENCIMA, SACO DE PULGAS MAL OLIENTE CON RABIOSO.¡± Los encapuchados se miraron los unos a los otros, viendo la ¡°escena¡± que se acaba de crear de la nada, diciendo al mismo tiempo: ¡°?Qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª?¡± Y creo que ustedes tambi¨¦n, lectores. Deben de estarse preguntando ?Qu¨¦ significa todo esto? Ver¨¢n, esta historia comenz¨® hace mucho, mucho tiempo; aproximadamente hace dos d¨ªas. Capítulo 1. Déjame ver si entendí... ?Una aurora boreal? ?En esta época del a?o? Hab¨ªan pasado ya varios d¨ªas desde que un cegador brillo de color esmeralda iluminara el cielo nocturno, durante una tormenta el¨¦ctrica, en una regi¨®n cercana al quinto anillo de Lydenfrost. Los pobladores del Reino de Vereida pensaron que era simplemente otro meteorito, de los muchos que han ca¨ªdo en el pasado. Pero al ir ellos a investigar al lugar de donde proven¨ªa aquel brillo, encontraron nada m¨¢s que lo que parec¨ªa ser unas fibras delgadas, pero muy resistentes, de color plateado. Al amanecer, se reunieron los astr¨®nomos y sabios del reino a indagar el asunto m¨¢s a fondo junto con el rey, despu¨¦s de muchas horas de leer los registros de avistamientos estelares, descubrieron que no era la primera vez que hab¨ªa pasado algo similar. En uno de los muchos archivos de eventos astron¨®micos que ellos ten¨ªan a su disposici¨®n, hab¨ªa un caso en particular que calzaba justo con la descripci¨®n, excepto por dos detalles, el brillo de esa vez era de color rojizo y el evento sucedi¨® en los anillos superiores al quinto, pero incluso ese caso qued¨® sin resolver. Los sabios no supieron darle una raz¨®n l¨®gica en ese momento, todo derivaba a mitos y leyendas de muchas generaciones pasadas, incluso al investigar las hebras plateadas, no encontraron criatura alguna a la que le perteneciera. Llegaba el mediod¨ªa y decidieron entonces dejar su investigaci¨®n hasta la tarde, despu¨¦s del almuerzo Estaban los sabios en el pasillo fuera del sal¨®n justo cuando¡­.. ¡°??Mi lord!! ??Mi lord, es urgente!!¡± Jadeando, lleg¨® corriendo un mensajero real, empapado en sudor, con su cara completamente roja del agotamiento y su gorro a punto de caerse de su cabeza. ¡°??Mi lord, os suplico vuestra atenci¨®n!!¡± Los sabios en el pasillo se le quedaron viendo al mensajero, algunos de ellos lo vieron con disgusto, otros retrocedieron y hubo uno que tap¨® su nariz en su presencia. ¡°?Oh! ?Os pido que me perdon¨¦is, eminentes sabios del reino!¡± Dijo el mensajero, mientras hac¨ªa una reverencia y arrodillaba ante los sabios. Los sabios pasaron al lado del mensajero r¨¢pidamente, intentando pasar lo m¨¢s r¨¢pido y lejos posible del ¨¦l en la estrechez del pasillo, susurr¨¢ndose entre s¨ª cosas que no se pod¨ªan entender, pero que claramente eran comentarios odiosos para el mensajero. Adentro de la sala de reuniones, se encontraba a¨²n el rey, sentado en la silla m¨¢s lujosa y lejana de la entrada. ¡°Pod¨¦is pasar, mensajero. Venid y contadme lo que ten¨¦is que decir¡± Exclam¨® el rey, tomando un sorbo de vino tinto de su copa dorada. ¡°Hab¨¦is dicho que era un asunto de urgencia, declamadlo como tal¡± El mensajero con cautela camin¨® en direcci¨®n al rey y se dio cuenta de lo muy lujoso que era ese sal¨®n. El piso estaba cubierto por una muy suave alfombra de piel, presumiblemente de bestias, y en el centro del sal¨®n hab¨ªa una enorme mesa tallada de un ¨¢rbol milenario. A sus costados se pod¨ªan ver estatuas esculpidas en m¨¢rmol de los anteriores gobernantes del reino, siendo la ¨²ltima de ellas las del actual rey, que a¨²n estaba en proceso de ser terminada. Sobre la mesa, hab¨ªa una maqueta de madera a escala del reino y las tropas que hab¨ªan sido desplegadas en el territorio, cada casa, herrer¨ªa, taberna y puesto de vigilancia, todo estaba ah¨ª. ¡°?Y bien, mensajero? ?Cu¨¢l es ese mensaje que hab¨¦is tra¨ªdo?¡± El rey insisti¨®, mirando directamente al mensajero. El mensajero sac¨® de su bolsa un sobre de papel, sellado con sabia roja, ¨¢rbol y con ning¨²n dise?o en particular. ¡°Su majestad, os he tra¨ªdo este mensaje de urgencia, os suplico que lo le¨¢is¡±. Mientras lo dec¨ªa, se arrodill¨® para entreg¨¢rselo. ¡°?Hmm? ?Qu¨¦ es¡­ este material? ?Un tipo de papel acaso?¡± El rey se vio confundido por el sobre de la carta, nunca hab¨ªa visto ¨¦l un papel tan perfectamente doblado, o tan blanco como este, las cartas que ¨¦l hab¨ªa visto eran amarillentas de color, el papel, m¨¢s fr¨¢gil y los sellos, con el emblema del reino de donde proven¨ªa, pero este no era nada parecido. El rey entonces quit¨® el sello y abri¨® el sobre, dentro de este se encontraba la carta, y comenz¨® a leerla en voz alta. Al mismo tiempo qu¨¦ ¨¦l comenz¨® a leer, el mensajero trago saliva con un audible ¡®Gulp¡¯. ¡°Esta carta va dirigida a aquel soberano mayor quien gobierna este reino. Me presentar¨¦ ante usted a la hora que el sol se oculta y las estrellas salen, hora la cual vendr¨¦ a arrebatarle su m¨¢s preciada posesi¨®n, no se moleste en siquiera en intentar detenerme, llegar¨¦ a usted tarde o temprano. Por el bien de su reino, le suplico no alertar a los guardias o poner alerta m¨¢xima, o lo que sea que tengan cuando se tiene que proteger al rey a toda costa. Ni usted ni yo quisiera m¨¢s personas involucradas en este asunto. Puede que suene mal en el tono de voz que me est¨¦ expresando, solo estoy intentando llegar al punto que quiero tratar, nunca fui bueno redactando en este idioma. Llegar¨¦ por la entrada norte del reino. Ser¨¦ puntual. Atentamente: Nadie¡±. El rey entonces lentamente gir¨® su cabeza mirando directamente hacia el mensajero dici¨¦ndole en un tono muy serio. ¡°?Qui¨¦n te la entrego?¡± ¡°N-no tengo ni idea¡­ se ve¨ªa como un campesino cualquiera, pero-¡± El mensajero titube¨® un poco en su hablar, pero fue interrumpido bruscamente por el rey, quien golpe¨® fuertemente la mesa y en un tono enojado le grit¨®.Stolen from Royal Road, this story should be reported if encountered on Amazon. ¡°??Os¨¢is a jugarle una broma a vuestro rey!! ??Guardias!!¡± Los dos guardias aparecieron inmediatamente detr¨¢s del mensajero, tom¨¢ndolo de los brazos y levant¨¢ndolo del suelo, inmoviliz¨¢ndolo. ¡°?Llevadlo al calabozo!¡± ¡°??No, no, no, soltadme, os lo ruego!! ??Pero os estoy diciendo la verdad, mi lord!! ??Observe!! ??Decidles a vuestros guardias que recojan mi manga derecha!!¡± El rey sinti¨® duda respecto a eso ¨²ltimo y disfrazando su curiosidad con piedad, dijo. ¡°Guardias, lo apruebo como ¨²ltimo deseo, levantadle la manga¡± El mensajero, entonces, con ayuda de los guardias, recogi¨® su manga, revelando unas extra?as marcas alargadas con brillo color esmeralda. ¡°??Lo veis, mi lord?!¡± ¡°?Guardias, soltadlo inmediatamente!¡± Los guardias entonces soltaron al mensajero, dej¨¢ndolo caer al suelo. ¡°?Ouch!¡± El rey lo levant¨®, agarr¨¢ndolo de su ropa, sent¨¢ndolo en una silla frente a ¨¦l. ¡°Ese color¡­ ?Podr¨ªa ser¡­?¡±, pregunt¨® cubri¨¦ndose la boca, intentando cre¨¦rselo. ¡°El color que todos vuestros s¨²bditos vieron la noche anterior, as¨ª es mi lord¡± Le dijo el mensajero asintiendo con la cabeza. El rey entonces puso ambas manos juntas y se?al¨® al mensajero. ¡°Contadme como conseguisteis estas marcas, al m¨¢s m¨ªnimo detalle¡±. Los guardias segu¨ªan en el sal¨®n de reuniones, acerc¨¢ndose curiosos sobre el tema. El rey los mir¨® furiosamente y golpe¨® la mesa de nuevo. ¡°?Vosotros, qu¨¦ hac¨¦is aqu¨ª a¨²n, fuera!¡± ¡°?Ah! ?S¨ª, mi lord!¡± Respondieron ambos guardias, retir¨¢ndose a sus puestos fuera de la sala. ¡°Ahora s¨ª, contadme, fiel s¨²bdito, contadme acerca de ese tal campesino¡±, le dijo el rey al mensajero, mir¨¢ndolo muy de cerca, directamente a sus ojos. ¡°Ehm- eh¡­ je, je¡± El mensajero nuevamente titubeo con sus palabras ¡°Es algo¡­ penoso, mi lord¡± ¡°A¨²n puedo mandaros al calabozo¡±, le respondi¨® el rey amenaz¨¢ndolo. ¡°?Est¨¢ bien! Ya¡­ os contar¨¦¡±, dijo el mensajero, poniendo sus manos frente a ¨¦l, alej¨¢ndose un poco del rey. ¡°Todo pas¨® a noche¡­ estaba yo saliendo de la taberna de la zona este del reino, despu¨¦s de terminar con un¡­¡± El mensajero se detuvo en esta parte, trab¨¢ndose para decir las siguientes palabras por la verg¨¹enza ¡°¡®trabajito nocturno¡¯ fue cuando un hombre apareci¨® de la nada y se puso al lado m¨ªo, me pregunto si era mensajero, le conteste que s¨ª y me dio ese sobre; yo le pregunt¨¦ a qu¨¦ se deb¨ªa y me contesto que no eran detalles necesarios, que solo necesitaba que lo llevara al rey lo antes posible, intent¨¦ negarme, pero mi cuerpo no respond¨ªa, simplemente tom¨¦ la carta para que luego el hombre extra?o me diera la mano y me terminar¨¢ marcando, y dijo algo parecido a ¡®En tus manos est¨¢ el destino del reino¡¯ o algo as¨ª. Recuerdo tambi¨¦n que sus ojos brillaban levemente en la oscuridad y de su palma derecha escurr¨ªa un l¨ªquido del mismo color de aquel brillo¡±. ¡°¡­¡­¡± El rey se qued¨® en silencio por unos segundos, terminando el vino que quedaba en su copa de un solo trago. ¡°Guardias, comunicadle al general que estamos ante una gran amenaza desconocida, necesito a todas las tropas que tenemos disponibles en la entrada norte, cerrad las dem¨¢s entradas y activad las torretas de man¨¢ alrededor del muro a la m¨¢xima potencia¡± El rey se levant¨® de su silla y camin¨® hacia la estatua de su padre. ¡°Estoy seguro, padre, que vos har¨ªais lo mismo y mucho m¨¢s.¡± El mensajero lentamente se levant¨® de su silla y comenz¨® a caminar hacia la salida ¡°C-creo que me puedo ir ahora, n-no creo que vaya a ser de utilidad.¡± ¡°?Guardias!¡± El rey exclam¨®, se?alando al mensajero ¡°Llevadlo, a los barracones, dadle una armadura, espada y escudo¡± ¡°E- ???Ehhh!!! ??Por qu¨¦, mi lord?!¡± Asombrado, el mensajero respondi¨® intentando correr a la salida, pero en su intento de escape, los guardias lo inmovilizaron de nuevo. ¡°Sab¨¦is demasiado como para dejaros ir as¨ª, no m¨¢s, no contemplo a alguien causando caos antes de un ataque en mi reino¡±. El rey le sonri¨® al mensajero: ¡°No es que teng¨¢is familia por la cual preocuparte¡± ¡°Sab¨ªa yo que vuestro padre cre¨® a un ser sin coraz¨®n, no debiste haber heredado el trono tan joven, al final sigues siendo inmaduro como siempre¡± El mensajero exclam¨®, expresando con furia sus palabras. ¡°Iba yo a tener un poco de piedad contigo, viejo amigo, pero veo que no sois merecedor de tal privilegio. Guardias, d¨ªganle al general que ¨¦l va a la primera l¨ªnea de defensa¡±. ¡°No¡­ ?Esperad!¡± Fueron las ¨²ltimas palabras antes de que los guardias se lo llevaran y con ¨¦l cerraran las puertas. Llego entonces la hora del ocaso, cientos si no miles de tropas hab¨ªan sido desplegados estrat¨¦gicamente en cuatro l¨ªneas de defensa, empezando con la primera l¨ªnea, con tropas de bajo rango, sigui¨¦ndoles los caballeros en la segunda, los jinetes en la tercera y los templarios en la cuarta y ¨²ltima l¨ªnea, esperando pacientemente a que aquel hombre apareciera con un ej¨¦rcito o algo peor. El mensajero temblaba de miedo, estaba ah¨ª parado junto a otros guerreros, listos para asesinar a quien sea que fuera la amenaza. ¡°?Atenci¨®n tropas!¡± Grit¨® el comandante de la primera l¨ªnea de defensa ¡°?Nuestros ojos en el cielo dicen que algo se acerca a alta velocidad, est¨¦n alertas!¡± ?A la orden! Gritaron todos. Pero de la nada, una voz nada familiar habl¨® ¡°A la orden suena muy anticuado, ?no creen?¡±, exclam¨® el hombre peli-plateado al lado del comandante, recost¨¢ndose en su hombro izquierdo. ¡°Deber¨ªan cambiarlo a algo m¨¢s inspirador, no s¨¦¡­¡± ?Eeeeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! Exclam¨® el comandante, poni¨¦ndose en guardia, intentando apu?alar al hombre peli-plateado, pero este se desvaneci¨® en un abrir y cerrar de ojos. ¡°?Ad¨®nde te fuiste desgraciado!¡± ¡°Le advert¨ª al rey de no sacar sus tropas a pasear, pero veo que no me hizo nada de caso¡± El hombre peli-plateado vestido de ropajes marrones de campesino exclam¨®, a pocos metros de los cientos de tropas. ¡°?Qu¨¦ demonios quieres? ?Hay alguien m¨¢s contigo?¡± Pregunt¨® el comandante, fij¨¢ndose en la poca importancia que le da el hombre peli-plateado a la situaci¨®n, se ve¨ªa¡­ relajado y desinteresado. ¡°Quisiera charlar con ¨¦l acerca de un asunto pendiente, ?Me dejar¨ªan pasar, si no les importa?¡± El hombre peli-plateado extendi¨® su mano, intentando convencerlos. ¡°Adem¨¢s, soy solo yo¡± ¡°?Si quer¨¦is llegar hasta ¨¦l, tendr¨¦is que pasar sobre m¨ª!¡± Exclam¨® el comandante apunt¨¢ndole con su espada al hombre peli-plateado. ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± ¡°?Y de m¨ª!¡± Los guerreros repitieron. El hombre peli-plateado baj¨® su cabeza y suspir¨® pare luego decir ¡°Me esperaba que dijeran eso. Supongo...¡± Sacando de la funda en su cintura aquella empu?adura plateada, el metal l¨ªquido se filtraba de ella, formando lentamente la hoja de la espada. ¡°Que no me queda otra opci¨®n.¡± ¡°???Guerreros!!! ???A la carga!!!¡± ?HYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! El grito de guerra de todos ellos resonaba en el campo de batalla, el coraje y la fuerza pura en estado sonoro se hac¨ªa presente, un sonido capaz de hacer retroceder ej¨¦rcitos enteros, ese peligro latente al que nadie se quiere enfrentar. Pero incluso con todos ellos, arremetiendo contra ¨¦l. No retroced¨ªa, solo se posicion¨® en guardia listo para contraatacar. Un hombre contra mil tropas, quien hubiera imaginado lo que estar¨ªa por pasar¡­ Capítulo 2. Debes de estar agotado. ?Quieres comer algo? Yo invito. ¡°Ahh¡­ esto es vida¡±, exclam¨® el hombre peli plateado, tomando con su mano derecha una copa de vino y en la otra un pedazo de carne a t¨¦rmino medio. ¡°Es un gusto al fin estar sentado frente a usted, rey¡­ Ehhh ?c¨®mo dec¨ªa que se llamaba usted?¡± ¡°Eendij, Rey Eendij¡±, respondi¨® desde el otro lado de la mesa en una voz seria. Despu¨¦s de terminar con las tropas, el hombre de cabellos plateados aprision¨® al rey en su propio castillo, forz¨¢ndole a pedir una cena para los dos al cocinero real. Una extra?a petici¨®n que el rey no tuvo otra opci¨®n m¨¢s que aceptar. Estaban sentados cara a cara en la mesa y, mientras esperaban, ni una sola palabra sali¨® de sus bocas hasta que, en medio de la comida, el hombre peli plateado finalmente rompi¨® el hielo. ¡°Tiene una muy bonita sala de reuniones aqu¨ª en el palacio, me pregunto cu¨¢ndo habr¨¢ costado.¡± Tomando la copa de vino frente a ¨¦l, el hombre peli plateado exclam¨®: ¡°Me llaman de muchas maneras, pero t¨² puedes llamarme Spacetime¡±, dijo ajust¨¢ndose las gafas. ¡°Le agradezco su hospitalidad, la comida est¨¢ deliciosa, el vino est¨¢ perfecto, pero con respecto a su plan de defensa, ?era necesario mandar a casi todos sus hombres a morir?¡± Se?alando al rey con el tenedor, el hombre peli plateado le pregunt¨®. ¡°Intent¨¦ de todo para evitar que vinierais¡­¡± El rey puso sus codos sobre la mesa, agach¨® su cabeza y puso sus manos sobre esta. ¡°Y aun as¨ª¡­ lograsteis venir¡±, se expres¨® el rey con una voz temblorosa. ¡°?C¨®mo¡­? ??C¨®mo?! ??C¨®mo lograsteis sobrevivir?! ¡°?Hmm¡­? Solo lo hice, no hay mucho misterio en eso¡±, dijo el peli platas, d¨¢ndole una mordida a la carne, mastic¨¢ndola mientras habla. ¡°Creo que por los agujeros en mi vestimenta y el color rojizo de esta se puede hacer una idea. Esa armadura que t¨² llevas no est¨¢ tan mal.¡± ¡°?Dejad de masticar con la boca abierta, bestia!¡± Le reclam¨® el rey quien respir¨® profundamente antes de seguir hablando. ¡°Ve al grano, ?a qu¨¦ hab¨¦is venido?¡± ¡°Pff¡­¡± Se rio un poco el peli platas. ¡°Lo mencion¨¦ en la carta que le entreg¨® su mensajero; en resumen, vengo a quitarle su posesi¨®n m¨¢s preciada.¡± ¡°?Oro, joyas, mi reino?¡±, dijo el rey, levant¨¢ndose de su silla r¨¢pidamente, haciendo la moci¨®n de buscar su espada en su cintura. ¡°?Eso nunca!¡± ¡°No, no, no, para nada¡±. El hombre peli plateado, entonces se sirvi¨® m¨¢s vino. ¡°Ni el oro, ni las joyas, ni el reino son tan valiosos para m¨ª o mis superiores. Lo que busco es algo¡­ mucho m¨¢s valioso que eso.¡± ¡°¨®sea que¡­¡± Dijo el rey, tomando un gran trago de vino de su copa ¡°No ven¨ªs solo¡± ¡°Vengo solo, m¨¢s no mal acompa?ado. Mis superiores me vigilan desde lo alto mientras cumplo con mi parte del trato.¡± En un abrir y cerrar de ojos, el peli platas hab¨ªa terminado con su comida. ¡°Mis felicitaciones a su cocinero, no cocina nada mal.¡± ¡°?No desvi¨¦is el tema, maldita sea!¡± El rey golpe¨® la mesa con fuerza con su mano. ¡°?Qu¨¦ exactamente quereis de m¨ª?¡± El hombre peli plateado se levant¨® de su silla y con su dedo ¨ªndice se?al¨® al rey. ¡°A ti, es todo lo que necesito¡± El rey retrocedi¨®, y confundido pregunt¨®: ¡°?Dese¨¢is asesinarme, as¨ª como a todos mis guardias, y despu¨¦s someter¨¢s a mi pueblo! ?No es as¨ª?!¡± ¡°Ya estaba pensando yo que no ten¨ªas coraz¨®n, es la primera vez que los mencionas en esta cena, incluso cre¨ª que estar¨ªas en el campo de batalla, pero veo que alguien se acobard¨®. Al menos veo que si te importan¡±. El hombre peli plateado sonri¨®, ri¨¦ndose entre dientes. ¡°?C¨¢llate! ?Miserable demonio! ?Es su deber protegerme!¡±, exclam¨® el rey, tomando su plato y arroj¨¢ndolo hacia aquel hombre. ¡°?No sab¨¦is con qui¨¦n os est¨¢is metiendo!¡± ¡°De hecho, s¨ª s¨¦ exactamente qui¨¦n eres. Al principio solo quer¨ªa romper el hielo¡­ d¨¦jame ver.¡± El hombre peli plateado entonces mir¨® el artefacto en su antebrazo derecho. Un brazalete hecho de metal con una pantalla incrustada en ella mostraba un resumen de qui¨¦n era el rey. ¡°?Qu¨¦ es¡­ esa cosa? ?Alguna clase de espejo m¨¢gico o magia negra?¡± Pregunt¨® el rey sin obtener respuesta alguna. ¡°Rey Eendij, de 21 a?os de edad, tu padre muri¨® hace dos a?os y tu madre muri¨® d¨¢ndote a luz. Tuviste un hermano mayor de otro padre a quien conoces, pero no sabes qui¨¦n es y detestas con toda tu alma a los bestias,¡± dijo, limpi¨¢ndose las manos para luego usarlas como soporte para su cabeza. ¡°Alguien a quien no le importa matar a otros para su propio bienestar, de un temperamento explosivo, quien no tiene mucha experiencia manejando el reino, por ende, los sabios son los que gobiernan¡± ¡°?A qu¨¦ quer¨¦is llegar? Fen¨®meno. Los sabios nunca har¨ªan algo as¨ª¡±, dijo el rey, poniendo su mano sobre la empu?adura de su espada de nuevo. ¡°Dices algo m¨¢s que me moleste, y terminar¨¦ contigo de una buena vez.¡±This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. ¡°No vengo a juzgarte ni nada, solo digo lo que es. Agreg¨¢ndole a eso, los sabios pensaban amotinarse contra ti dentro de poco.¡± Dijo el peli plata, rasc¨¢ndose su cabeza ¡°?Y como se que lo que dices es verdad!¡± Reclam¨® el rey ¡°Puede que haya asesinado a casi todos sus guerreros, pero ellos no pusieron resistencia.¡± de su bolsillo sac¨® un pin de uno de los sabios, pose¨ªa este un brillo color celeste. ¡°Por lo que tengo entendido, estos pines solo brillan si han sido entregados de buena voluntad a la persona que ser¨¢ su due?o.¡± ¡°?Malditos bastardos!¡±, exclam¨® furioso el rey: ¡°?Todos ustedes van a ir directo a la horca cuando todo esto termine! El hombre peli plateado de nuevo se rio un poco. ¡°Se siente bien tener el poder absoluto sobre una naci¨®n, ?no es as¨ª? ?Recuerdas cuando te sentaste por primera vez en el trono?¡± ¡°Ya te dije que no cambies el tema, desgraciado. La masacre que causaste me da muchas razones para asesinarte, pero esa misma masacre es lo que me hace ser precavido.¡± ¡°Est¨¢ en el tema, dime, ?desde hace cu¨¢nto no te has sentido con poder? ?Cu¨¢ndo fue la ¨²ltima vez en que tomaste decisiones por tu cuenta?¡±, le pregunt¨® el hombre peli plateado persuasivamente. ¡°Desde hace mucho¡­ ten¨¦is raz¨®n¡­ no lo hab¨ªa visto de esa manera¡­ Los sabios han estado decidiendo por m¨ª.¡± El rey se dijo un poco desanimado ¡°?Recuerdas aquel d¨ªa, el d¨ªa en que todos se inclinaron ante ti? ?Aquel d¨ªa en que esa corona entr¨® en tu posesi¨®n? ?Aquel d¨ªa en que te volviste rey?¡± Le dijo el hombre peli plateado sonriendo. ¡°Lo recuerdo claramente¡­ s¨ª¡­ si¡­ recuerdo que dije¡­ este es el mejor d¨ªa de mi vida¡±, dijo el rey Los ojos del hombre peli plateado brillaron en respuesta a sus palabras, tanto que se vio reflejado en sus gafas. ¡°Bien, bien¡­ quiero que te concentres en ese d¨ªa, la felicidad que te caus¨®, la euforia que sentiste y lo llena que se sinti¨® tu alma¡± ¡°Fue la ¨¦poca m¨¢s gloriosa de mi vida, me lagrimean los ojos de solo pensarlo, gracias¡­ os agradez-¡±. El rey, mientras dec¨ªa su frase, fue interrumpido, no por palabras, no por un ruido, ni alg¨²n desastre natural. El hombre peli plateado, m¨¢s r¨¢pido que la velocidad del sonido, se abalanz¨® sobre la mesa, extendiendo su mano derecha hacia el rey, qued¨¢ndose a mil¨ªmetros de ¨¦l. El rey, al reaccionar, retrocedi¨® lo m¨¢s que pudo para luego desenvainar su espada, lanzando un corte en vertical, partiendo la mesa a la mitad; causando que el hombre de cabellos plateados cayera al suelo indefenso. El rey inmediatamente lo inmoviliz¨®, aplastando su pecho con su pie, levantando su ominosa espada reluciente sobre aquel hombre con todo el odio en su sangre. ¡°?Hasta aqu¨ª llegaste!¡± ¡°Oh¡­ bueno, lo intent¨¦.¡± Exclam¨® el hombre peli plateado. Con ambas manos, el rey incrust¨® su espada en la cabeza de aquel hombre, para luego apu?alarlo tres veces en el pecho. Descargando toda su furia en cada uno de esos espadazos. Las r¨¢fagas de ataques del rey no cesaron ah¨ª, continu¨® despu¨¦s con cortes al pecho solo para desestresarse. El rey, respirando fuertemente, solt¨® su espada al suelo al terminar, d¨¢ndose la vuelta inmediatamente hacia la puerta, e ir fuera del palacio. ¡°Si quieres hacer un trabajo bien hecho, entonces hazlo t¨² mismo, dec¨ªan¡± Exclam¨® el rey en voz alta. ¡°As¨ª me gusta¡± El rey no pod¨ªa creer lo que escuchaba, era la voz del hombre peli plateado. Por un momento crey¨® que era su mente, pero detr¨¢s de ¨¦l sinti¨® una ominosa presencia, como si en su nuca le estuvieran respirando. Decidi¨® entonces el rey darse la vuelta, y en menos de un segundo, lo vio ah¨ª. Era aquel hombre peli plateado, quien segu¨ªa vivo con todas las heridas abiertas por las laceraciones que el rey le caus¨®, pr¨¢cticamente desfigurado. El rey instintivamente grit¨® de pavor, mientras que el hombre peli plateado le dio una pechada con su mano derecha, y de su palma sali¨® una prob¨®scide mec¨¢nica que le atraves¨® el coraz¨®n. ¡°Si¨¦ndote sincero, esto va a doler¡± Le dijo tranquilamente el hombre peli plateado, regenerando visualmente sus heridas r¨¢pidamente. Los gritos y aullidos del rey se escucharon hasta en los confines m¨¢s lejanos del reino ese d¨ªa. Era visible como un aura de color verde claro era drenado de su pecho, como si su esencia misma fuera cosechada, dren¨¢ndose dentro de aquel brazalete en su brazo la escena dur¨® por m¨¢s de tres minutos as¨ª, entre el forcejeo del rey por escaparse y el hombre peli plateado evitando que se moviera. Al terminar, este dej¨® al rey libre, quien no pod¨ªa levantarse, pero s¨ª hablar. ¡°??Qu¨¦ es esto!? ?No¡­ puedo moverme!¡±, exclam¨® el rey, torn¨¢ndose su piel a un color p¨¢lido, al igual que su cabello, que con el pasar de los segundos perd¨ªa su coloraci¨®n. ¡°?Qu¨¦ me hiciste!¡± Inclin¨¢ndose sobre aquel discapacitado hombre, el hombre peli plateado dijo: ¡°Mis superiores le agradecen por su colaboraci¨®n al darnos su alma madura con fines de mejorar este mundo¡± ¡°??Que!!¡± Exclam¨® el rey. ¡°Spacetime le desea un feliz viaje a Synapsis¡± Con eso, Spacetime, el hombre peli plateado, se dio la vuelta y camin¨® hacia la entrada del castillo. ¡°?Oye! ?Esto no ha terminado! ?Regresa!¡±, dijo a¨²n inm¨®vil el rey. ¡°En tres¡­ dos¡­ uno¡­¡± ¡°Oye espe-¡­.¡± El rey se hab¨ªa tornado en cenizas negras, las cuales flotaron en el aire y se desvanecieron al poco tiempo¡­ ¡°Siempre se quedan a medias en su confusi¨®n, espero que mis superiores sepan como arreglar esta l¨ªnea temporal despu¨¦s de esto. Me quedar¨¦ un rato aqu¨ª y luego me ir¨¦.¡± Un alma m¨¢s¡­ un alma menos, eso era lo que repet¨ªa Spacetime mientras estaba sentado en el suelo, a la entrada del palacio. Mirando fijamente las estrellas de la fr¨ªa noche en Lydenfrost¡­ Aun as¨ª, algo lo inquietaba, sent¨ªa que alguien lo estaba viendo¡­ Desde el inicio de la reuni¨®n hasta este desenlace, esa sensaci¨®n se volvi¨® una constante¡­ que no deb¨ªa estar ah¨ª m¨¢s. Un testigo que no se interpuso en el camino y huy¨® a las trincheras¡­ Un testigo que t¨² y yo conocemos muy bien ya¡­ ¡°S¨¦ que est¨¢s escuch¨¢ndome, mensajero, tengo un ¨²ltimo trabajo para ti. Ve fuera de este reino, cu¨¦ntales a todos lo que pas¨® aqu¨ª, cu¨¦ntales la historia, de c¨®mo tu medio hermano pereci¨® ante la voluntad de un ser superior a ¨¦l.¡± Tras decir estas palabras, la sensaci¨®n de ser vigilado ceso de existir¡­ talvez ¨¦l si ten¨ªa raz¨®n despu¨¦s de todo. Capítulo 3. Tenlo por seguro, campeón. Ma?ana será el mejor día de tu vida. ¡°¡­ Siete, siete son los anillos que conforman a Lydenfrost, cada uno m¨¢s elevado que el otro, desde las monta?as heladas del s¨¦ptimo anillo, hasta las tropicales playas del primero, cada uno con un bioma diferente, criaturas diferentes y culturas diferentes. La regi¨®n de Lydenfrost fue creada por el impacto de un meteorito hecho de un extra?o material que, al momento del impacto, se dispers¨® en el aire, creando la g¨¦lida c¨²pula que nos protege del hirviente yelmo del exterior hasta hoy en d¨ªa. Las concentraciones de ese material en ese entonces eran extremadamente altas, tanto que los elementos se juntaron y cobraron vida. Fue entonces cuando una de esas formas de vida sobresali¨®, lo que t¨² y yo somos. Bestias. ?Est¨¢ prestando atenci¨®n, pr¨ªncipe Hunter? ¡°?No hab¨ªa otra cosa para ense?arme o qu¨¦? Uhhggg¡­ que sue?o¡­¡± Era ya de medianoche en la regi¨®n de Lydenfrost y mientras que aquel espadach¨ªn de cabellos plateados terminaba su trabajo, una lecci¨®n estaba siendo impartida en el palacio del reino central bestia. En un sal¨®n vac¨ªo, tan silencioso que se pod¨ªan escuchar la respiraci¨®n de ambos bestias. ¡°Mi se?or, le suplico su atenci¨®n. Usted necesitar¨¢ de esta informaci¨®n m¨¢s adelante, el torneo es ma?ana despu¨¦s de todo.¡± ¡°Pues adel¨¢ntate a la parte buena, cuando la ¡®plaga¡¯ comenz¨®.¡± ¡°Como guste, se?or.¡± Los bestias son animales evolucionados por la influencia del meteorito, tomando una forma antropom¨®rfica con el paso de los a?os. Resemblando a sus antepasados muy fielmente en ciertos aspectos. Tanto Hunter como su profesora son bestias, la profesora, descendiente de los reptiles, quien pose¨ªa mayoritariamente semejanza a un axolotl, vest¨ªa de una t¨²nica del color del mar. Mientras que Hunter, es un descendiente de los caninos, con alta semejanza al lobo gris mexicano, vistiendo ¨²nicamente de un bombacho del color de la arena roja. ¡°La historia de la magia parece interesarle¡± ¡°Mi padre sol¨ªa contarme esa historias cuando era simplemente un cachorro. Es la ¨²nica pizca de historia que realmente me importa.¡± ¡°?Ah s¨ª? ?Podr¨ªa saber la raz¨®n?¡± Le pregunto su maestra intrigada por el pensamiento del joven lobo ¡°Los humanos son una plaga, nunca debieron siquiera existir en primer lugar, son d¨¦biles y para lo ¨²nico que sirven es para comerlos.¡± Extendiendo su pata derecha hacia adelante, el bestia explic¨®. ¡°Entiendo su punto, joven bestia¡± dijo la axolotl, mientras recog¨ªa unos libros del suelo. ¡°D¨¦jame ver¡­ d¨®nde est¨¢¡­ ?Ah! Aqu¨ª est¨¢.¡± Se?al¨¢ndolo con su dedo medio. ¡°Ve a la parte de los conflictos, y nada m¨¢s¡± ¡°Entendido, mi se?or¡± aclar¨¢ndose la garganta, la axolotl comenz¨® a narrar. ¡°A?os y d¨¦cadas pasaron, y el frente de batalla humano no ced¨ªa, lo que nos hab¨ªa tomado m¨¢s de dos generaciones en perfeccionar, ellos lograron aprenderlo en cuesti¨®n de a?os y adaptarlo a su falta de man¨¢ en sus cuerpos. Estudiando sus t¨¦cnicas m¨¢s a fondo, descubrieron que los humanos utilizaban el man¨¢ del ambiente para poder replicar nuestros hechizos.¡± ¡°La ¨²nica manera que veo que esas alima?as aprendieran magia es si un bestia les ense?ara¡± dijo el lobo con confianza. La axolotl movi¨® su dedo ¨ªndice lado a lado, indicando que Hunter estaba mal en su afirmaci¨®n. ¡°Me gustar¨ªa decir que s¨ª, pero no hubo ning¨²n traidor. Resulta que aquellos hechizos se realizaban de manera diferente, teniendo un resultado similar pero no el mismo. M¨ªrelo usted, los trazados de los hechizos humanos son m¨¢s err¨¢ticos en comparaci¨®n a nuestra magia.¡± ¡°Y ya entramos a la parte que me importa un bledo, no hay algo m¨¢s ¨¦pico o algo as¨ª¡±. Expreso el lobo, cruzando sus piernas sobre la mesa que ten¨ªa en frente, tirando su libro de apuntes al suelo. ¡°Mi se?or, lo conozco desde que usted tiene la edad de quince a?os, y est¨¢ por cumplir sus dieciocho, pero usted se niega a aprender sobre la magia o la historia, aparte de las batallas y todo aquello. Si sigue as¨ª, ser¨¢ usted un rey ignorante¡±. ¡°Bla, bla, bla. Cada clase suya termina de la misma manera, lo ¨²nico que necesitar¨¦ es estrategia de batalla y un ej¨¦rcito, mi reinado ser¨¢ uno de los mejores, Annivelle. T¨¦ngalo por seguro.¡± ¡°?Mi nombre es Ativelle! ?Ati-velle! ?Apr¨¦ndalo de una vez! ?A penas sabes hacer hechizos b¨¢sicos!¡± Dijo la axolotl, levantando su pu?o del enfado. ¡°Da igual, con estas garras, ?A qu¨¦ le deber¨ªa tener miedo?¡± ¡°?Si ser¨¢s un¡­!¡± De repente, un fornido bestia entro por la puerta, estamp¨¢ndola fuertemente en la pared. ¡°?Pas¨® alg¨²n percance, Se?orita Ativelle?¡± ¡°El pr¨ªncipe Hunter, desea algo m¨¢s ¡®¨¦pico¡¯ para aprender, me pregunto si usted tendr¨¢ algo en mente, su majestad.¡± ¡°S¨ª, puedes retirarte, Ativelle. Ve y rel¨¢jate, yo me encargo.¡± ¡°??P-padre?! ??Qu¨¦ haces aqu¨ª!? ?N-no deb¨ªas estar encarg¨¢ndote de los preparativos para ma?ana?¡± Dijo el joven lobo, recogiendo r¨¢pidamente todo lo que hab¨ªa tirado. ¡°Termin¨¦ antes de tiempo y pens¨¦ en ver como ibas¡± El rey entonces se puso la mano en la barbilla ¡°Si las clases est¨¢n aburridas seg¨²n t¨², entonces ven conmigo¡±. El lobo se levant¨® y a su padre le reclam¨® ¡°No quiero¡±. Entonces el rey le puso su pata en el hombro, le mir¨® fijamente a los ojos con una c¨¢lida sonrisa, y le dijo a su hijo en el o¨ªdo: ¡°No te estaba preguntando¡± El rey entonces lo tom¨® del brazo fuertemente, y aunque el lobo se resisti¨®, fue arrastrado por el suelo. ¡°?Auch, Auch, Auch, Auch! ?Basta!¡±Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. Ambos, padre e hijo, se escurrieron entre los pasillos, caminando un largo tiempo por el enorme palacio hasta llegar a la arena de combate real. Ah¨ª, el padre lobo lanz¨® a su hijo frente a ¨¦l. ¡°Agh¡­ mi brazo, ?qu¨¦ hacemos aqu¨ª en primer lugar?¡± Dijo el lobo levant¨¢ndose del suelo. ¡°Examen sorpresa¡± el rey le dijo, extendiendo su mano hacia adelante. ¡°Quiero ver si est¨¢s listo para ma?ana.¡± ¡°?Examen sorpresa?¡± ¡°Varneo Axima Erpilka¡±, exclam¨®, y de entre las garras del rey, una bola ¨ªgnea de color azulado comenz¨® a formarse. ¡°Sugiero que corras¡± ¡°Ay, mierda¡± La bola ¨ªgnea comenz¨® a rotar sobre su eje, concentrando toda su energ¨ªa en su centro. La rotaci¨®n de este fue peri¨®dicamente causando un silbido, indicando que estaba listo para ser lanzado. El rey atac¨® a su hijo con m¨²ltiples de esas bolas de fuego, una tras otra, explotando al impacto con la arena o los m¨²ltiples mu?ecos de prueba, incluso decapitando algunos de ellos. ¡°E-Eeeeh ?Pap¨¢! ?Podemos hablar esto, sabes!¡±, dijo el joven lobo, esquivando como ¨¦l pudiera los ataques de su padre, llev¨¢ndose algunas rozaduras de los proyectiles ¨ªgneos en algunas ocasiones. ¡°No me detendr¨¦ hasta que me pruebes que est¨¢s listo, la se?orita Ativelle debi¨® haberte ense?ado c¨®mo repeler esto hace dos a?os¡± le dijo su padre, sonriendo p¨ªcaramente. ¡°??Qui¨¦n demonios se acuerda de lo que uno aprende en a?os anteriores!?¡± Dijo el lobo, intentando seguirles el paso a los ataques de su padre. ¡°Te servir¨ªa de mucho ahora, no crees¡± El joven bestia comenzaba a ralentizarse, sus movimientos se volv¨ªan cada vez m¨¢s lentos, era seguro que iba a terminar calcinado por uno de esos orbes de flamas que su padre le lanzaba si no hac¨ªa algo. Fue entonces que el joven lobo record¨® un poco de aquellos hechizos de defensa y extendiendo ambas manos hacia adelante en medio del aire, dijo: ¡°?Opori¡­ Erm¡­ Emuro¡­ Dettatio!¡± Obviamente, nada pas¨®, ni siquiera se parece al hechizo original, entonces... ?Qu¨¦ fue lo que el joven bestia record¨®?, no fue nada relacionado con la magia o encantamientos o combate, fue m¨¢s bien parte de una receta de un pastel de frutas, distorsionado por la adrenalina del momento. ¡°No sab¨ªa que quer¨ªas ser chef¡±, el rey se burl¨®. ¡°Que tal si intentas cocinar algo que detenga, ?esto!¡±. El rey repiti¨® el mismo hechizo de ataque, pero en su otra mano, hab¨ªa redoblado su poder de ataque y ahora era mucho m¨¢s complicado escapar de las feroces llamas m¨¢gicas del soberano. ¡°?Si me quer¨ªas probar, bien, entonces mira de lo que soy capaz!¡± El joven lobo comenz¨® a correr directamente hacia su padre. ¡°Por fin dejaste de escapar¡± El rey extendi¨® ambos brazos y comenz¨® a dispararle a su hijo a quemarropa con los orbes ¨ªgneos. Pero esta vez fue diferente, en vez de esquivarlos, el joven lobo comenz¨® a golpearlos a trav¨¦s de las llamas exteriores con la palma de sus garras, haciendo desaparecer el orbe. Poco a poco el joven bestia acortaba la distancia entre su padre y ¨¦l. ¡°Impresionante, hijo m¨ªo¡± El rey invoc¨® muchos m¨¢s proyectiles, pero mientras m¨¢s invocaba, su hijo m¨¢s las repel¨ªa. El joven bestia lleg¨® justo frente a ¨¦l, y con un salto se propuls¨® a los aires, para poder darle un jaque mate a su padre. ¡°Ah, no, no lo har¨¢s¡± el rey se inc¨® y tocando el suelo exclam¨®: ¡°Varido Aximo Taracte¡± e inmediatamente, estalagmitas de hielo brotaron de la arena, apuntando ¨²nicamente al joven bestia en aire. El rey levant¨® su pata y las estalagmitas salieron volando cual arpones a una ballena en el mar. Pero el joven bestia, con el reverso de sus brazos, pulveriz¨® las estalagmitas cu¨¢l maestro de artes marciales. El joven bestia, con sus pu?os apretados, concentr¨® toda su energ¨ªa en un pu?etazo volador que mandar¨ªa a su viejo directo para el asilo. ¡°?Este examen se acab¨®, padre!¡± Pero su padre, tom¨® el pu?etazo de su hijo y se inmut¨® ante el semejante poder que llevaba. ¡°As¨ª es, hijo. Pasaste el examen¡± dijo mientras llevaba a su hijo al suelo lentamente. ¡°Cre¨ª que hab¨ªas perdido la cabeza, viejito m¨ªo¡± exclam¨® el joven lobo, recuperando su aliento, y poniendo una cara de alivio. ¡°Te conozco desde que eras un cachorro, yo s¨¦ que detestas la magia a m¨¢s no poder.¡± Dijo el rey, riendo a carcajadas: ¡°Nada mal tu manejo de las artes bestias, nunca cre¨ª que ser¨ªas capaz de deflactar una de esas bolas de fuego¡± ¡°Semejante bromista, casi me cago del susto, y bien, para qu¨¦ fue todo este alboroto de prueba¡± ¡°Despu¨¦s de preparar todo para ma?ana, me aburr¨ª y pensando que ma?ana es el torneo, ser¨ªa bueno practicar¡± ¡°Je, je, je, no se te quita lo animado anciano, sigues peleando como en tu juventud¡± ¡°Soy tu pap¨¢, pues, qu¨¦ esperabas¡±. Dijo el rey, d¨¢ndole palmadas en la espalda a su hijo: ¡°Veo que ser¨¢s un gran representante de la casa Wolf ma?ana¡± ¡°Ser¨¢ un honor, padre¡± ¡°Yo ya estoy demasiado viejo como para competir, pero ser¨¢ un verdadero espect¨¢culo verte partirles la cara a las dem¨¢s casas¡±, dijo el rey, mirando a su hijo, poni¨¦ndole la mano sobre su cabeza. ¡°Ve, y haz que ma?ana sea¡­ el mejor d¨ªa de tu vida¡± ¡°Dar¨¦ lo mejor de m¨ª, debo usar¡­ ya sabes ¡®eso¡¯, ?verdad?¡± ¡°S¨ª, es necesario que uses ¡®eso¡¯ si quieres asegurar tu victoria, la casa Wolf no puede permitirse perder.¡± ¡°Comprendo, padre¡± Corriendo de repente, apareci¨® uno de los guardias del reino, descendiente de los lobos de nieve, buscando al rey. ¡°?Ah, Sa¨ªn, qu¨¦ gusto me da verte! Exclam¨® el rey al guardia. ¡°Igual me da gusto verlo, su majestad¡±. Tengo un peque?o mensaje que darle a usted, en privado.¡± ¡°Sus¨²rremelo al o¨ªdo, estoy con mi hijo ahora, sea r¨¢pido¡±, dijo el rey, alej¨¢ndose un rato de su hijo. ¡°Ya vuelvo contigo, campe¨®n¡± El guardia entonces se acerc¨® al o¨ªdo izquierdo del rey, diciendo lo siguiente: ¡°Capturamos a un humano dentro del palacio, no sabemos c¨®mo ¨¦l lleg¨® aqu¨ª, pero cuando lo descubrieron, lo primero que hizo fue darnos un escrito de dos p¨¢ginas y no se resisti¨®. Ya tenemos traductores trabajando en ello, por el momento solo han descifrado un par de palabras ''cuidado, plata y humano''.¡± ¡°Estar¨¦ al tanto de eso, parece que el humano no se resisti¨®, as¨ª que, denle un cuarto, algo de comida y a la ma?ana d¨¦jenlo ir¡± ¡°Como usted desee, mi lord¡±, expres¨® el guardia, retir¨¢ndose de la arena. ¡°La cena debe de estar lista ya, Hunter, te espero arriba¡± ¡°?Yendo!¡± Sin preocupaciones, y sin m¨¢s dilaciones, el joven bestia entonces subi¨® al comedor real, donde su padre y algunos comandantes lo esperaban para comer. Era un enorme banquete que, al menos para un humano, lo ser¨ªa. Para ellos, solo es una comida normal. El tiempo pas¨® y la madrugada lleg¨® a lo que les decimos a ellos: buenas noches a los dos. No me pregunten por qu¨¦ rim¨®, ni siquiera tengo idea, pero algo de seguro, al amanecer les espera. El coliseo estaba a reventar, los bestias se acomodaban como pod¨ªan en los grader¨ªos, el olor a la cerveza y la comida callejera invad¨ªan el ambiente, donde los guerreros combatir¨ªan por la posesi¨®n, el honor, la gloria y el reino. ¡°?Damos entonces inicio a primer combate, El tributo desafiante de la casa Hawk contra El tributo defensor de la casa Wolf, que los combatientes entren a la arena de combate!¡± El anunciador exclam¨®, los bestias pisaron fuertemente y a ritmo de la euforia, mientras los combatientes entraron a la vez a la arena. ¡°?Defendiendo por la casa Wolf, tenemos al primog¨¦nito de nuestro actual rey, Hunteeeer Wooollff!!¡± ¡°?Y desafiando al defensor, proveniente del s¨¦ptimo anillo de Lydenfrost, la archimaga¡­! ??NO PUEDE SER!!¡± El silencio invadi¨® la arena, nadie pod¨ªa creer lo que ve¨ªan¡­ ¡°?Y qui¨¦n carajos crees que eres t¨²!¡±, pregunt¨® en un tono furioso, el joven lobo, entrando en guardia inmediatamente. Con la mano en su pecho, y a todo pulmon, aquella invitada no esperada, exclam¨®:¡°?Mi nombre¡­ es Griezu, y vengo en representaci¨®n de los aut¨¦nticos due?os de estas tierras! ?Los Humanos!¡± Capítulo 4. Seas Humano, bestia o elfo. La intención es lo que cuenta. ¡°¡­5324¡­ 5325¡­ 5326... 5327¡­ creo que es suficiente por hoy¡­¡± dijo una mujer pelirroja, sentada dentro de una habitaci¨®n peque?a frente a un escritorio de madera y una vela iluminando su ¨¢rea de trabajo, repleta de libros encuadernados a mano; mientras ella hablaba, se notaba como su aliento se condensaba del fr¨ªo al que estaba expuesta. ¡°Unos cuantos m¨¢s, y lograr¨¦ salvarlos, tengan fe en m¨ª, humanos.¡± Continu¨® hablando mientras tachaba otro d¨ªa m¨¢s de su calendario. Toc Toc Toc son¨® la puerta de repente. ¡°?Peipei, est¨¢ ah¨ª? El jefe convoc¨® una reuni¨®n por lo de ma?ana.¡± Dijo un bestia con una voz aguda y desentonada. ¡°?Ya voy!¡± Lejos¡­ pero que muy muy lejos del reino central bestia, en la helada tundra del s¨¦ptimo anillo de Lydenfrost, habitaba la tribu de los Hawk, quienes ahora reunidos est¨¢n, para el momento decisivo, de mandar a su representante a competir al Torneo del Reino Central Bestia, por el trono y la gloria. La tribu no era muy grande, a lo mucho eran 20 bestias, contando los mercaderes y cazadores que casi nunca pasaban ah¨ª. Vest¨ªan de solo una pieza de ropa holgada de tonos grises, verde oscuro y azul, parecida a un haori. ¡°Me alegra verlos vivos a¨²n, muchachos¡±, dijo el bestia halc¨®n m¨¢s viejo ¡°Disfruten de la hoguera mientras puedan; la temporada helada se aproxima y deberemos migrar a los anillos c¨¦ntricos dentro de poco. ?Alguno tiene algo que reportar, antes de comenzar?¡± ¡°Escuch¨¦ de un mercader que cay¨® del cielo por una r¨¢faga de viento¡± Mencion¨® uno de los bestias, sentados alrededor de la hoguera, como todos los dem¨¢s. ¡°Encontraron su cad¨¢ver entre el hielo y la nieve de una monta?a al sur de aqu¨ª¡± ¡°Es una pena, Espir. Ya escucharon, sean precavidos si no quieren que eso les pase.¡± El halc¨®n m¨¢s viejo dio un suspiro, y luego continu¨® hablando. ¡°?Alguno m¨¢s?¡±. El silencio invadi¨® la reuni¨®n y pr¨¢cticamente solo se pod¨ªa escuchar el fuego de la hoguera chisporrotear junto con el leve aullido lejano del viento entre los ¨¢rboles. ¡°Muy bien, los he reunido hoy por una sola raz¨®n, ma?ana es el torneo y he de decidir qui¨¦n de ustedes ir¨¢ a competir contra el pr¨ªncipe del reino por el trono.¡± Exclam¨® emocionado el anciano. ¡°?Tenemos que ir?¡± Se quej¨® un halc¨®n, cruzado de alas. ¡°?Por qu¨¦ no puede ir alguien de otra de las 12 tribus, as¨ª como lo han hecho los ¨²ltimos a?os?¡± ¡°Son las reglas, aunque somos una especie muy solitaria; hemos hecho tratados para que no solo una tribu participe, el torneo es cada 5 a?os y ahora es nuestro turno despu¨¦s de m¨¢s de 50 sin participar.¡± Le respondi¨® el halc¨®n anciano. ¡°Dex, que no vayas me importa poco. Lo que quiero yo es alguien que s¨ª desee ir.¡± Los j¨®venes halcones se quedaron en silencio por un momento, mir¨¢ndose los unos a los otros, buscando a qui¨¦n se ofreciera. Pero r¨¢pidamente concluyeron, sin siquiera decir una sola palabra, que nadie quer¨ªa ir. ¡°Tenemos suficientes problemas ahora como para ir, mis polluelos est¨¢n por nacer.¡± Reclam¨® un halc¨®n. ¡°No, gracias, no s¨¦ usar armas adem¨¢s de mi pico, y creo que a picotazos nadie le ganar¨¢.¡± Respondi¨® otro. ¡°?El rey en serio piensa que ir a partirnos la cara con el pr¨ªncipe nos beneficia en algo? ¨¦l no deber¨ªa siquiera tener poder aqu¨ª.¡± Reclam¨® otro m¨¢s ¡°No creo que quieras ver c¨®mo la aldea cae a manos de su terror¨ªfico ej¨¦rcito, ya viste lo que les hicieron a los humanos¡±, dijo otro m¨¢s. ¡°Alguno tiene que ir s¨ª o s¨ª¡± ¡°Mejor los veo en el sexto anillo, ir¨¦ a empacar mis cosas, la helada se acerca.¡± Dijo el otro halc¨®n. ¡°Veo que tenemos un problema de cobard¨ªa¡±, dijo el anciano, llev¨¢ndose el ala derecha a la frente, decepcionado de su tribu. ¡°?Abuelo! ?Perd¨®n por la espera, ya llegamos!¡± Desde los cielos a toda velocidad, el joven halc¨®n descendi¨® junto con la mujer pelirroja que¡­ ?Ahora era un bestia halc¨®n? ¡°Fui por Peipei para que nos acompa?ara¡±, dijo agitado el joven bestia ¡°?De qu¨¦ nos perdimos?¡± ¡°Ahh...¡± Suspir¨® el anciano ¡°De nada, absolutamente nada, solo un peque?o detallito¡±, dijo, mientras lentamente les dirig¨ªa la mirada de vuelta a la tribu ¡°Ninguno de estos quiere ir al torneo¡± ¡°Agh, Abue, ?d¨¦jeme ir!, ?ir¨¦ a probarle a ese perro sucio que manda!¡± Exclam¨® el peque?o halc¨®n. ¡°Alto ah¨ª, peque?¨ªn, esperaba esta actitud de ellos, no de ti. Est¨¢s demasiado peque?o como para participar¡±, le reclam¨® el anciano. ¡°?Qu¨¦! ?No es justo!¡± Berrinch¨® el peque?o bestia. ¡°Hey hey, tampoco me pegues, solo intento protegerte¡±, le explic¨® el anciano, intentando calmarlo. ¡°?Qu¨¦, no, no, no, no, no, no, no!¡± Berrinch¨® a¨²n m¨¢s. ¡°Si ninguno de ellos quiere ir, yo ir¨¦¡±, intervino Peipei ¡°Lo importante es ir a hacer presencia. Ganar o no da igual, mientras se mantengan a salvo.¡± ¡°?Qu¨¦!¡± Exclamaron todos los presentes al un¨ªsono. ¡°Peipei, t¨² solo eres nuestra comerciante de libros¡­ no creo que t¨²¡­ ya sabes.¡± Le dijo el anciano ¡°Sepas pelear muy bien¡­¡± ¡°Axima Etreneo¡± recit¨® la halc¨®n e inmediatamente parte del fuego de la hoguera se imbuy¨® en ella, formando una coraza ¨ªgnea protectora alrededor de la halc¨®n. ¡°Podr¨¦ al menos defenderme contra sus ataques, y cuando est¨¦ contra las cuerdas me rendir¨¦.¡±If you stumble upon this narrative on Amazon, it''s taken without the author''s consent. Report it. ¡°?Demu¨¦stralo entonces! ?Axima Vesair!¡± Le grit¨® uno de los halcones, quien lanz¨® una cuchilla peque?a imbuida en un hechizo de penetraci¨®n que ten¨ªa guardada en su ala, directamente a la halc¨®n. ¡°?Oxl! ?Detente!¡± Exclam¨® el anciano, agach¨¢ndose junto con el peque?o bestia quien a este punto segu¨ªa haciendo un berrinche. La cuchilla viaj¨® a alta velocidad, dejando una estela detr¨¢s de ella, aproxim¨¢ndose inminentemente a la halc¨®n. Al contacto con la barrera, la cuchilla se detuvo en seco frente a la barrera, aun con energ¨ªa intentando penetrarla, pero la barrera comenz¨® a imbuir su energ¨ªa en la cuchilla, torn¨¢ndola l¨ªquida despu¨¦s de unos segundos. ¡°Lo dije, estar¨¦ bien¡±, recalc¨® la halc¨®n ¡°Es por el bien de esta y las dem¨¢s tribus¡± ¡°Est¨¢ decidido, ir¨¢s t¨²¡±, dijo el anciano, para luego mirar con enojo a los otros halcones diciendo ¡°?Y ustedes, pueden irse de una vez! ?Ya, largo, largo!¡± Mientras el anciano les reprochaba a los dem¨¢s, el peque?o bestia se le acerc¨® a la halc¨®n con una expresi¨®n desanimada. ¡°No puedo ir contigo, verdad¡­ ?No quiero que te vayas!¡± Le dijo, aferr¨¢ndose al plumaje de la halc¨®n. Arrodill¨¢ndose para ella estar a la altura del peque?o bestia, le dijo ¡°Tengo que, es para que t¨², peque?¨ªn, tengas un futuro por vivir¡± ¡°Te extra?ar¨¦ mucho¡­ Por favor. ?Qu¨¦date, qu¨¦date, qu¨¦date, porfis, qu¨¦date, por favor!¡± Repiti¨® una y otra vez el peque?o bestia, hasta que la halc¨®n, acogi¨® en sus alas al peque?¨ªn. ¡°Volver¨¦, tenlo por seguro. S¨ª, puede que me tarde un par de a?os, pero volver¨¦. Es m¨¢s, cuando vuelva, te entrenar¨¦ en el uso de la magia de combate, que te parece, eh.¡± El peque?o bestia, aun sollozando y entre l¨¢grimas, balbuce¨® unas palabras. ¡°E-est¨¢ b-bien¡­ ?Pero debes promet¨¦rmelo! ?Prom¨¦teme que volver¨¢s!¡± ¡°Promesa de pluma¡±, dijo la halc¨®n, arranc¨¢ndose una pluma de la cabeza y d¨¢ndosela a ¨¦l. ¡°M¨¢s que una promesa de pluma, que sea una promesa de familia¡± ¡°P-promesa de familia entonces¡± dijo el peque?o, entreg¨¢ndole al igual que ella, una pluma de su cabeza. La halc¨®n entonces despu¨¦s de limpiarle las l¨¢grimas al peque?¨ªn, se puso de pie y fue a interrumpir al anciano quien estaba insultando directamente a la tribu mientras ellos se alejaban volando. ¡°?Y ES POR ESO QUE SON UNOS BAST-! Oh Peipei, ?Qu¨¦ quieres?¡± ¡°Ir¨¦ a preparar mis cosas para irme, seguro que las corrientes de aire espiralado de Lydenfrost podr¨¢n llevarme hacia all¨¢ r¨¢pidamente¡± ¡°?Pensabas volar hasta all¨¢? Ja, ja, ja.¡± El anciano carcaje¨® ¡°Ni?a, dame la tarde para preparar todo; al anochecer te daremos una sorpresita; mientras ve a preparar tus cosas. ?Oye, Feith, peque?¨ªn, dale una mano a tu viejo con los preparativos!¡± ¡°??Yendo!!¡± Grito el peque?¨ªn. ¡°Perfecto, si me disculpan, me retiro entonces¡±. Justo despu¨¦s de decir eso, la halc¨®n levant¨® vuelo en direcci¨®n a su caba?a a preparar sus cosas¡­ o al menos eso pretendi¨® hacer ella al descender a su peque?a choza. ¡°Llego la hora¡±, dijo, mientras que de su ala se form¨® una mano humana. Con ella invoc¨® de la nada, un b¨¢culo hecho de madera, que parece haberse formado de manera natural y lo apunt¨® hacia la ¨²ltima p¨¢gina que termin¨® de escribir m¨¢s temprano diciendo. ¡°Adevvia violdoviveda¡±. Inmediatamente, la mitad de los libros en la habitaci¨®n se descuadernaron y conforme las p¨¢ginas se iban absorbiendo en el hechizo, un solo libro de un gran grosor iba arm¨¢ndose poco a poco, conteniendo todos los contenidos de los libros en uno solo. ¡°Mi trabajo de 20 a?os est¨¢ completo, es un gusto, finalmente verte completo, Arcanicon¡±, dijo meti¨¦ndolo en su vestimenta. ¡°Ahh¡­ en qu¨¦ te metiste, Griezu, en qu¨¦ te metiste¡±, se dijo a s¨ª misma mientras jugueteaba con su pluma de escritura. ¡°Un d¨ªa estabas haciendo pociones y al siguiente te encuentras en un mundo desconocido del que no sabes nada.¡± Al terminar la frase, se puso la mano en el ment¨®n. ¡°151 a?os han pasado desde que llegu¨¦ a este mundo, me pregunto c¨®mo ser¨¢ el reino central hoy en d¨ªa. Hasta ma?ana ser¨¢¡­ hasta ma?ana.¡± Entonces la halc¨®n decidi¨® que, para ahorrar energ¨ªas, descansar¨ªa un par de horas en su choza mientras la noche llegara. Al caer la noche, el anciano toco fuertemente la puerta de la choza donde Griezu, alias Peipei estaba, se levant¨® de un brinco y camuflo su mano humana de nuevo con magia. Con una cara seria, el anciano la mir¨®; ella en todo el tiempo que estuvo en la tribu nunca hab¨ªa visto tan serio a aquel l¨ªder. El anciano luego asinti¨® con la cabeza, indicando que era hora de irse, la halc¨®n asinti¨® de vuelta y r¨¢pidamente ambos alzaron vuelo, el anciano por delante y la halc¨®n por detr¨¢s. ¡°?A d¨®nde vamos? Pregunt¨® la halc¨®n.¡± ¡°A un lugar donde nadie nos pueda encontrar¡± Le respondi¨® ¡°Ya casi llegamos¡± ¡°Estamos sobrevolando tierra de nadie, ?est¨¢s seguro de que es aqu¨ª?¡± Cuestion¨® la halc¨®n al anciano ¡°Aqu¨ª no hay nada m¨¢s que criaturas salvajes, que tal si somos emboscados por Curpiones¡± ¡°Traje a mi propio sobrino aqu¨ª para que me ayudase, ninguno de esos pinchudos venenosos de 6 patas est¨¢ aqu¨ª¡± expres¨® el anciano ¡°?Sobrino? ?Ahora lo consideras como tal?¡±, pregunt¨® la halc¨®n, intrigada ¡°Ahh¡­ ja, ja, ja. Si, me encari?¨¦ con ¨¦l, no es el primero, y no creo que sea el ¨²ltimo¡± dijo de manera m¨¢s relajada el anciano ¡°A¨²n recuerdo ese d¨ªa como si fuera ayer, estaba yo volando entre los picos de Lydenfrost cuando vi a ese peque?o de ala chueca abandonado entre la nieve y el hielo, lo rescat¨¦ y¡­ pues ya sabes la historia.¡± ¡°Has hecho esto antes, ?no?¡± ¡°Tres veces, uno de ellos sigue en la tribu, fue el primero que se neg¨® a venir aqu¨ª; y los otros dos se fueron lejos.¡± Dijo el anciano ¡°Por eso, suelo no encari?arme con ellos¡± ¡°¡­¡± La halc¨®n se qued¨® en silencio ¡°Y qu¨¦ cambi¨® con ¨¦l¡± ¡°Se parece a m¨ª, en su actitud me refiero, quiero que no pierda esa chispa, no como yo¡­ no como yo¡­¡± ¡°¡­¡± La halc¨®n se qued¨® en silencio de nuevo, aunque un peque?o ¡°Hmm¡± se escuch¨® de ella ¡°He- Hemos llegado, que comience el descenso¡± Ya en tierra, ambos halcones inmediatamente vieron un arco del tama?o de una persona, formado con piedra, con unas inscripciones en alg¨²n idioma bestia antiguo y canaletas talladas; En la base de este, se encontraba una hendidura en forma de romboedro. ¡°?Qu¨¦ es este lugar?¡±, pregunt¨® la halc¨®n ¡°Aqu¨ª es donde desped¨ªamos a los tributos antes de ir a combatir al torneo, la puerta que conecta este remoto extremo de la regi¨®n con el centro de esta.¡± Exclam¨® el anciano. ¡°Un portal¡­ pero, ni la magia actual puede crear este tipo de artefactos¡± ¡°Esto fue construido hace m¨¢s de 5 milenios, nadie sabe qui¨¦n o qu¨¦ los construy¨®, pero los antiguos sab¨ªan mucho m¨¢s que lo que nosotros sabemos de este mundo¡±, recalc¨® el anciano ¡°Incluso algunos reinos humanos actuales tienen uno de estos bajo sus pies, antes todo era territorio bestia¡± ¡°Lo entiendo perfectamente, act¨ªvelo, es hora de cumplir con mi cometido¡± De su bolsa, el anciano saco una gema de un color azul celeste con la misma forma de la hendidura ¡°Sabes, la magia proviene de estas gemas, esta peque?a gema no posee tanto poder, pero es m¨¢s que suficiente como para que la gema del reino central te deje pasar¡± El anciano dijo mientras colocaba la gema en la hendidura, e inmediatamente el portal entr¨® en funcionamiento. ¡°?Y por qu¨¦ no usarlo de vuelta?¡±, pregunt¨® la halc¨®n. ¡°Solo son de ida, cr¨¦eme, lo hemos intentado¡±. Le dijo el anciano ¡°Te deseo lo mejor, que la paz est¨¦ contigo¡± ¡°Le agradezco, Superior Askabath¡± As¨ª fue como la bruja del s¨¦ptimo anillo lleg¨® a su destino despu¨¦s de 151 a?os¡­ pero, ?C¨®mo piensa una humana competir contra un bestia?, enigmas que tarde o temprano tendr¨¢n respuesta.