《Alquimistas del Diluvio Estelar [Español/Spanish]》 Prè´¸logo ¨D?Chicos! ?Hora de irse a la cama! Como casi cada noche, deso¨ªmos el aviso que nos invitaba a irnos a dormir. No hab¨ªa una sola nube en el cielo y perdernos el brillante firmamento no entraba en los planes de unas hu¨¦rfanas alocadas, as¨ª que afloj¨¦ el tabl¨®n de siempre con un improvisado destornillador y sub¨ª de un salto sin que nadie se percatara. ¨D?Necesitas ayuda? ¨D?Ya me las apa?o yo sola! Aunque la vocecilla protest¨®, fue incapaz de cumplir con su palabra. Tras soltar un par de carcajadas burlonas, extend¨ª el brazo por la escotilla improvisada y tir¨¦ hacia arriba con todas mis fuerzas. Al ver la mueca de frustraci¨®n de la ni?a, reaccion¨¦ con una expresi¨®n dulce. Como de hermana mayor. ?Hermana mayor?, pens¨¦. Aunque no fuera la m¨¢s veterana de entre los hu¨¦rfanos, me estaba ganando poco a poco ese rol. Y la chiquilla que me acompa?aba lo sab¨ªa claramente (pues, tras su verg¨¹enza inicial, no se soltaba de mi brazo aquella noche), pero eso no hac¨ªa m¨¢s que dibujar una sonrisa en mis labios. ¨DEs la primera vez que subes aqu¨ª conmigo, ?verdad? ¨D?S¨ª! ¨D?Pues aprovecha! ?Hoy las estrellas brillan con fuerza! ?Y desde aqu¨ª se ven los cristales de las llanuras! ?Y las luces de la ciudad! ¨DTom¨¦ aire para gritar, despreocupada de que pudieran darse cuenta de que est¨¢bamos donde no deb¨ªamos¨D. ?Me encantan estas vistas! ?Y el aire fresco! You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story. ¨D?Mira! ¨Dme interrumpi¨® alzando su peque?a mano con ilusi¨®n¨D. ?Esa estrella est¨¢ dejando una estela al moverse! ?C¨®mo mola! ¨DSe llaman estrellas fugaces ¨Dexpliqu¨¦, se?alando el reguero de luz¨D. ?Sabes? Dicen que traen la buena suerte. Que, cuando cae una, la vida en este mundo mejora un poquito. Que, si ves una mientras surca los cielos, te sonreir¨¢ la fortuna. ¨DPar¨¦ un instante para recordar m¨¢s detalles¨D. ?Tengo una idea! ?Quieres pedirle un deseo? ¨D?S¨ª! ¨Dse levant¨® de un salto. Instintivamente, me aferr¨¦ a ella para evitar que tropezara¨D. ?Quiero que...! ¨D?Eh, peque?aja! ?No puedes decirlo en voz alta! ¨Dle sise¨¦¨D. ?No sabes que si lo haces, nunca se cumplir¨¢? ¨D?Por qu¨¦ no? ¨DPatale¨® con fuerza¨D. ?Quiero compartir mi deseo con todos! ¨DEs la tradici¨®n. Desde que la primera estrella apareci¨®, siempre ha sido as¨ª... ¨DMe encog¨ª de hombros, insegura del origen de la superstici¨®n¨D. ?Y no hace tanto tiempo de eso! ?Sabes que cuando cay¨® la primera yo ten¨ªa tu edad? ¨D?Guau! ¨DLos ojos de la ni?a empezaron a hacer chiribitas al escucharme¨D. ?En serio? ?No me imagino el mundo sin estrellas fugaces! ¨D?De verdad, de verdad! ¨DMe golpe¨¦ el pecho con orgullo¨D. No tengo muchos recuerdos de cuando era as¨ª de peque?a, pero... Nunca olvidar¨¦ c¨®mo iluminaba el cielo desde este mismo tejado. ¨D?Hala! ?Te subi¨® aqu¨ª tu hermana mayor? ¨DNuestra hermana mayor, recuerda ¨Dpuntualic¨¦ con un adem¨¢n teatrero¨D. Pero s¨ª, ?claro que fue ella! ?Qui¨¦n te crees que me ense?¨® a quitar el tabl¨®n? De hecho... ?por qu¨¦ crees que sigue estando ah¨ª despu¨¦s de tanta reforma? La ni?a rio con inocencia y se recost¨® contra m¨ª. Por mi parte, mientras la estrella se perd¨ªa tras las copas de los ¨¢rboles, cerr¨¦ los ojos para formular mi propio deseo al silencio de la noche. Normalmente ped¨ªa aventuras emocionantes, pero esa c¨¢lida estampa veraniega me hizo un poco m¨¢s humilde. Esa vez, solo quer¨ªa que las cosas siguieran as¨ª para siempre. A pesar de los motivos que me hab¨ªan hecho tener que pasar mi infancia en el acogedor orfanato, eran esos momentos los que me hac¨ªan agradecer la nueva familia que hab¨ªa encontrado. Cap铆tulo 1 - Mirei Rapsen Con un chispazo, los cristales que colgaban del techo empezaron a perder su brillo, logrando que la penumbra se apoderara del peque?o taller. Por fortuna, los ¨²ltimos rayos del atardecer a¨²n se filtraban por las cristaleras e imped¨ªan que el perder la luz artificial nos dejara totalmente a oscuras. No, era otra cosa la que me preocupaba. ¨D?Mirei! ¨DLa crispada voz de mi compa?ero reson¨® con fuerza por todo el taller¨D. ??Qu¨¦ demonios est¨¢s haciendo!? ?La fragua deber¨ªa tener suficiente ¨¦ter como para durar hasta el fin de semana! Inclin¨¦ hacia arriba la m¨¢scara protectora que llevaba y dej¨¦ el soldador sobre el banco de herramientas. Desoyendo los gritos acusatorios, examin¨¦ un a¨²n candente rastro de metal al rojo vivo que no hab¨ªa acabado de llegar a su destino y buf¨¦ con desgana. ¨DSi me hubieras preparado las bater¨ªas que te ped¨ª, esto no habr¨ªa pasado. ¨DEch¨¦ hacia atr¨¢s los hombros para estirarlos¨D. Es frustrante tener que trabajar con lo que poco que me das, Rory. El aludido abri¨® la puerta. A pesar de la violencia con la que lo hizo, su mano libre segu¨ªa firme sujetando un vial luminiscente. Gracias a ¨¦l, se pod¨ªa ver todo el desaguisado de la estancia: trastos tirados por el suelo, herramientas desperdigadas por las mesas. Y alguna que otra marca de quemadura en las paredes de la que no me enorgullec¨ªa demasiado. S¨ª, era f¨¢cil ver por qu¨¦ desconfiaba de m¨ª para estas cosas. ¨DLa ¨²ltima vez que te prepar¨¦ una acabaste abriendo un agujero en el techo. Hice caso omiso a sus preocupaciones y le ech¨¦ un buen vistazo con fingido desinter¨¦s. ¨DEso que llevas ah¨ª me vendr¨ªa muy bien para... ¨DMe abalanc¨¦ sobre el muchacho, que se limit¨® a dar un paso al lado cada vez que arremet¨ªa, danzando como si lo hubi¨¦ramos ensayado. Rory se recost¨® contra la pared con una expresi¨®n amenazante mientras observaba un vial alqu¨ªmico. Sab¨ªa con certeza que, si no hac¨ªa uso de ese lenguaje corporal, nadie le iba a tomar en serio. El hombrecillo, a pesar de haber alcanzado la treintena, era menudo como un adolescente. Tampoco ayudaba a su causa que sus lampi?as facciones no se hubieran afinado demasiado con los a?os ni que un mont¨®n de pecas recubrieran su tez p¨¢lida para dotarle de un aire de inocencia. ¨D?Crees que eso va a funcionar conmigo? ¨DAprovech¨¦ mi ventaja de fuerza y altura para revolverle el pelo¨D. Ay, a veces pecas de iluso. Si bien todo el conjunto del alquimista te hac¨ªa pensar en que no ser¨ªa capaz de cumplir una sola de sus amenazas, sus poco naturales ojos dejaban claro cu¨¢ndo no bromeaba. Aunque le costara admitirlo, estaba orgulloso del resultado del accidente alqu¨ªmico que los torn¨® morados, el color del ¨¦ter de afinaci¨®n el¨¦ctrica. ¨DYa sabes lo que necesito para sintetizar una carga para la fragua, ?verdad? ¨Dpregunt¨®, sin dejar de fijar su mirada en m¨ª. ¨DUnos doscientos gramos de cristal et¨¦rico elemental y... Un par de n¨²cleos de monstruo ¨Drepas¨¦ mentalmente¨D. Imagino que te vale cualquiera, por d¨¦bil que sea. Dijiste que eran... ?estabilizadores? ¨DEsa es la receta antigua. ¨DDibuj¨® una sonrisa de lado que me hizo pensar que no estaba tan enfadado como aparentaba¨D. Ahora tambi¨¦n usamos carb¨®n. O rocas volc¨¢nicas, pero imagino que no est¨¢s como para un viaje expr¨¦s a Kadrous ahora. ¨DAs¨ª que el purista de la alquimia tradicional ha aceptado mi turbina de vapor como fuente de energ¨ªa auxiliar. ?Ay, c¨®mo crecen! ¨DCuando tienes raz¨®n, tienes raz¨®n. No s¨¦ exactamente c¨®mo va ese cachivache, pero el ?sistema redundante? del que hablabas hace que una carga de la fragua sea capaz de durar casi el doble. Eso me deja m¨¢s tiempo para mis experimentos... y m¨¢s margen para poder ignorar tus trastadas. ¨DEntre esto y las mejoras de tu caldero, te empiezo a convencer. ?T¨ªo! ¨DAlc¨¦ los pu?os con energ¨ªa¨D. ?Tienes que dejarme probar mi ¨²ltimo invento! ?Venga, Rory! ?Hazme una bater¨ªa! ?No te vas a arrepentir! ?Prometo hacer las pruebas fuera de casa! Ya sabes, por si explota o algo. ¨DPor ahora voy a intentar acabar la cena de hoy. ¨DAlej¨® la fuente de luz de mi vista¨D. Quiz¨¢, si te portas bien, te prepare algo que s¨¦ que te va a servir para... Lo que quiera que est¨¦s montando ah¨ª. No culpaba al muchacho por ser incapaz de identificar lo que estaba haciendo. Para ser justos, tampoco lo ten¨ªa muy claro yo misma. Aunque tambi¨¦n me dedicaba a inventar artilugios nuevos y a mejorar las infraestructuras que hab¨ªa improvisado, una parte importante del trabajo de una maquinista era recuperar tecnolog¨ªa desconocida para repararla y analizarla. ?Pero acaso no era aprender la parte m¨¢s divertida? ¨DAh, por cierto, antes de irte... ?puedes pasarte por mi parte del taller? Ya que tienes que salir, vas a llevarte otro recado. ¨DEmpiezo a pensar que abusas de m¨ª. ¨DMe levant¨¦ un mech¨®n de pelo con un fuerte resoplido que esperaba que llegase a o¨ªr¨D. ?Tambi¨¦n vas a necesitar que te coja algo de un estante alto porque no quieres sacar la escalerilla? ?Que te levante en brazos para buscar un libro polvoriento? No dign¨® mi broma con una respuesta. Como era habitual, y en contraposici¨®n a mi garaje, el taller de Rory estaba totalmente impoluto. Todos los materiales estaban colocados en sus estantes correspondientes con una clara organizaci¨®n tem¨¢tica. A pesar de que las estanter¨ªas llegaban hasta el techo, no hab¨ªa un libro fuera de lugar y cada uno de los utensilios brillaba como los chorros del oro. Pocas cosas romp¨ªan esa est¨¦tica cuidada al mil¨ªmetro. Solo ten¨ªas que saber d¨®nde mirar si quer¨ªas encontrarlas. Por ejemplo, el rinc¨®n donde dejaba las cajas y barriles con los ¨²ltimos materiales que hab¨ªa encargado, pero que a¨²n no hab¨ªa tenido tiempo a categorizar. Tambi¨¦n era f¨¢cil ver en qu¨¦ estaba trabajando, pues sus calderos se agrupaban en el centro de la estancia y, en esa ocasi¨®n, el m¨¢s peque?o de ellos emanaba una columna de vapor que llegaba hasta un tragaluz que hab¨ªa instalado en el techo. Por la acumulaci¨®n de vaho de los cristales, dir¨ªa que lo que estuviera cociendo en el perol llevaba horas a fuego lento. Eso s¨ª, si hab¨ªa algo que me llamaba la atenci¨®n, era el olor dulce que proven¨ªa de uno de los hornos del fondo. Y es que, a pesar de nuestros continuos roces, ten¨ªa que admitir que era una bendici¨®n vivir con un cocinero tan bueno como ¨¦l. ¨DDe acuerdo, un par de minutos m¨¢s y estar¨¢n listas. ¨DComprob¨® su reloj de bolsillo con atenci¨®n¨D. Te las vas a llevar calentitas. ¨DEh, ?no se supone que no ten¨ªamos energ¨ªa? ¨D?No te agradec¨ª a¨²n lo de los acumuladores et¨¦ricos? ¨DSonri¨® maliciosamente al brillo rojizo del horno¨D. Sin ellos, me habr¨ªas arruinado m¨¢s de uno y de dos asados. Deber¨ªa encargarte m¨¢s, ahora que lo pienso. Siempre es buena idea llenar algunos de ¨¦ter n¨ªveo para conservar mejor los materiales org¨¢nicos. ¨D?Por m¨ª, genial! ¨DSiempre recib¨ªa un encargo de buen grado, especialmente si me serv¨ªa para que el alquimista me debiese algo¨D. Te los cambiar¨ªa gustosamente por... ¨D?En fin! ¨DPalme¨® el aire para acallar mi petici¨®n¨D. Aqu¨ª tienes, galletas de melocot¨®n. ?Podr¨ªas llevar unas pocas a Rapsen? Le promet¨ª a Lilina que las tendr¨ªa ma?ana, pero ya que vas a salir, puedes darle una sorpresa. Estoy convencida de que le hace ilusi¨®n verte. ¨DDe acuerdo ¨Drepliqu¨¦, dejando mi mano en su hombro con cari?o. Sin duda, el aroma de los dulces hab¨ªa suavizado la discusi¨®n¨D. Pero no garantizo que lleguen todas intactas. *** Aunque el sol ya hab¨ªa ca¨ªdo casi del todo, los cristales elementales que nac¨ªan del suelo emit¨ªan una tenue luz que algunos consideraban, simplemente, m¨¢gica. Los colores del ¨¦ter af¨ªn se apoderaban sutilmente de la noche y, al mecerse con el viento, desped¨ªan peque?as part¨ªculas que se desperdigaban en el aire. Con cuidado, extraje uno de color morado (la electricidad era lo mejor para alimentar las forjas) que parec¨ªa estar en las ¨²ltimas fases de su crecimiento y lo introduje en mi zurr¨®n. Tambi¨¦n me asegur¨¦ de enterrar un peque?o pedazo que hab¨ªa ca¨ªdo cerca para que originase uno nuevo en su lugar. Un ambiente cargado de ¨¦ter y la falta de luz natural tambi¨¦n hac¨ªa m¨¢s f¨¢cil que apareciesen peque?as bestias en el camino. Por fortuna, la zona era lo suficientemente segura como para que las criaturas que camparan por ella fueran inofensivas. Muchas de ellas, a pesar de su naturaleza, se negaban a atacar si no se sent¨ªan amenazadas. De hecho, pude ver a un par de ni?os intentando luchar con un monstruo de gelatina en lo que fing¨ªa ser un combate (si bien solo estaban jugando) que solo podr¨ªa ganar el que tuviese m¨¢s paciencia de los dos, pues los suaves ap¨¦ndices de la criatura no eran capaces de hacer m¨¢s que cosquillas y su el¨¢stico cuerpo encajaba cualquier golpe infantil con un divertido bamboleo. Me daba un poco de pena tener que obtener los n¨²cleos para alimentar la forja de bichitos tan adorables, pero no dejaba de ser la forma m¨¢s segura y eficiente de recolectarlos. Adem¨¢s, la experiencia nos hab¨ªa dejado claro que permitirlos proliferar no era la mejor idea si quer¨ªamos preservar el peque?o ecosistema de la llanura. ¨D?Ja! ?Ya! ¨DMe sorprendi¨® un grito. Cuando me quise dar cuenta, estaba salpicada de gelatina¨D. ?Cuidado, Mirei! ?Est¨¢s rodeada de monstruos! Solt¨¦ una risotada y honr¨¦ las payasadas de la chica que me hab¨ªa alertado con unos ademanes teatreros. Al parecer, la joven decidi¨® tomarse mis bromas como una invitaci¨®n al combate, por lo que se abalanz¨® sobre m¨ª con gran ¨ªmpetu. ¨DLo malo de copiar mis movimientos, Lilina... ¨DMe deslic¨¦ unos cent¨ªmetros hacia atr¨¢s y lanc¨¦ a la muchacha al aire antes de cogerla en brazos¨D. Es que me los s¨¦ de memoria. ?Vas a tener que improvisar si quieres pillarme desprevenida! ¨D?Jo! ?Eres demasiado r¨¢pida! ?Y fuerte! ¨DCulebre¨® para soltarse de mi agarre¨D. ?Pero seguir¨¦ esforz¨¢ndome! ¨D?Claro que s¨ª! ¨DFlexion¨¦ los brazos para presumir de m¨²sculo. Era divertido ver c¨®mo eso distra¨ªa la mirada de la adolescente¨D. En fin, supongo que imaginas qu¨¦ me trae por aqu¨ª... This story is posted elsewhere by the author. Help them out by reading the authentic version. ¨D?Lo huelo! ?La comida de Rory! ¨DIntent¨® meter la mano en mi alforja¨D. ?La traes ya? ?No la esperaba hasta ma?ana! ¨DDigamos que le he hecho enfadar un poco y me toca hacer los recados antes de tiempo. ¨DSaqu¨¦ la lengua¨D. Pero s¨ª, he tra¨ªdo galletas para todos. ?Puedo confiar en ti para llev¨¢rselas a Jenna? ¨DNo garantizo que lleguen todas intactas. ¨DEs exactamente lo que dije yo antes. ¨DLe revolv¨ª el pelo¨D. Anda, ser¨¢ mejor que te acompa?e. Aunque todos los ni?os del orfanato Rapsen me adoraban, Lilina era capaz de llevarlo a otro nivel. Autodenominada mi aprendiza, ven¨ªa de tanto en cuando a visitarme al taller para aprender de mi oficio, del de Rory (e intentar llevarse alg¨²n que otro dulce si pod¨ªa), pedirme que la ense?ara a luchar o, simplemente, para pasar el rato observando el d¨ªa a d¨ªa de nuestro peque?o negocio. Su adulaci¨®n no acababa ah¨ª: poco a poco se hab¨ªa ido convirtiendo en una versi¨®n en miniatura de m¨ª misma. De por s¨ª, ya compart¨ªamos una piel naturalmente bronceada y unos ojos de un dorado intenso. Y ya me hab¨ªa resignado hace a?os a que copiara mi habitual peinado (que no era m¨¢s que una apretada trenza con alg¨²n que otro mech¨®n desarrapado), pero en una ocasi¨®n casi fue capaz de enga?ar a Rory para que le sintetizara un t¨®nico capaz de cambiar su habitual cabello azulado por mi tono exacto de lavanda. Y no hab¨ªa m¨¢s que echarle un vistazo para ver cu¨¢nto se estaba esforzando en alcanzar mi musculatura, por mucho que su complexi¨®n no fuera id¨®nea. Al menos, ten¨ªa la cabeza lo suficientemente amueblada para no querer copiarme las cicatrices. O eso, o logr¨¦ convencerla de que ?hab¨ªa que gan¨¢rselas?. ¨DPor cierto, ya que te has divertido dando pu?etazos a gelatinas y poniendo todo perdido... ?Podr¨ªas darme algunos n¨²cleos? Son para Rory. ¨D?Siempre los guardo para vosotros! ¨Dreplic¨® con una sonrisa de oreja a oreja, entreg¨¢ndome un pu?ado de piedras recubiertas en una sustancia viscosa¨D. Hoy he conseguido un mont¨®n entrenando las ¨²ltimas t¨¦cnicas que me ense?aste. De todos modos... ?A ver cu¨¢ndo me llevas con algo que no sea totalmente inofensivo, hermana! ?Necesito un poco de riesgo en mi vida! ¨DComo si me necesitaras a m¨ª para escabullirte. ¨DLe dediqu¨¦ una breve mirada c¨®mplice¨D. De hecho, veo que algunos de los n¨²cleos de esta bolsa son de... Bueno, t¨² lo sabes mejor que yo. ¨DPillada. *** Aunque con los a?os se me hubiera quedado peque?o y no todas las experiencias que hab¨ªa tenido entre esos muros hubieran sido positivas, el orfanato Rapsen me acogi¨® durante casi d¨¦cada y media. As¨ª que, con poco m¨¢s que mirar su destartalado port¨®n, era capaz de traerme los mejores recuerdos. Era f¨¢cil se?alar d¨®nde Rory y yo hab¨ªamos hecho mella con una de nuestras trastadas, cu¨¢les eran los lugares en los que cre¨ªamos que los mayores no nos encontrar¨ªan o qu¨¦ muros hab¨ªamos tenido que reconstruir para que las nuevas generaciones no sufrieran tanto el desgaste del invierno. La err¨¢tica evoluci¨®n de su estilo hab¨ªa acabado dando al edificio una identidad bastante ¨²nica y llena de protuberancias mec¨¢nicas en una zona de la ciudad que, en su mayor¨ªa, a¨²n se aferraba a las antiguas directrices de dise?o de exteriores. Pod¨ªa sentirme orgullosa: Rapsen era el ¨²nico lugar de toda la periferia de Coaltean que desped¨ªa columnas de vapor y proteg¨ªa sus portones y ventanales con l¨¢minas de metal automatizadas. ?Y todo gracias a una servidora! ¨D?Hola, Mirei! ¨DUna mujer lo suficientemente mayor como para ser part¨ªcipe de esa nostalgia compartida sali¨® de detr¨¢s de su escritorio a darme un fuerte abrazo¨D. ?No esperaba verte hoy! ?Has venido a hacer las mejoras que nos dijiste en nuestra fragua? ¨D?A estas horas, Jenna? ¨DIntent¨¦ separarme de la joven, pero me lo pon¨ªa dif¨ªcil, por lo que me resign¨¦ a dejar la cabeza sobre sus rizos azabache¨D. No, solo ven¨ªa a traeros un paquete del bueno de Rory. Pero vendr¨¦ pronto, hay algunos agujeros que siguen sin arreglar y tengo alg¨²n que otro proyecto interesante que puede hacer la vida de todos vosotros m¨¢s c¨®moda. Jenna siempre hab¨ªa sido la tercera pata del maltrecho taburete que form¨¢bamos Rory y yo. A estas alturas de la vida no lo admitir¨ªa (y menos, delante de los ni?os frente a los que quer¨ªa predicar ejemplo), pero en nuestra adolescencia nunca hab¨ªa dejado un plan sin ejecutar, por travieso o imprudente que fuera. Siempre cari?osa y gentil, la muchacha hab¨ªa sido maternal desde que ten¨ªa uso de raz¨®n y, quiz¨¢ por ello, tom¨® la decisi¨®n de no acompa?arnos a la aventura de nuestro taller. ¨DBueno, va... ?pero qu¨¦date un rato! Venga, cu¨¦ntame alg¨²n cotilleo. ¨DNot¨¦ c¨®mo se le iluminaron los ojos al decirlo¨D. ?Tenemos que ponernos al d¨ªa! ¨DA¨²n me queda alg¨²n que otro recado y... Tampoco es que tenga mucho que decir. Sigo con mucho trabajo. Pele¨¢ndome con Rory d¨ªa s¨ª, d¨ªa tambi¨¦n... A veces me pregunto por qu¨¦ nos fuimos a vivir juntos, pero luego recuerdo que ser¨ªa incapaz de subsistir sin un cocinero tan bueno y se me pasa. ¨DCre¨ªa que desde que se ech¨® novio estaba m¨¢s tranquilo, pero... ¨DVir¨® la mirada hacia otro lado, como evitando el tema que ella misma hab¨ªa puesto sobre la mesa. ¨D?Ah! No, no funcion¨®... ?No te lo dije? ¨Dsolt¨¦ una carcajada¨D. Una semana, ni un d¨ªa m¨¢s ni uno menos. ¨DQuiz¨¢ deber¨ªa ir a ver qu¨¦ tal est¨¢. ¨DEmpez¨® a mover los ojos err¨¢ticamente, como con nerviosismo¨D. Ya sabes, para tomar un caf¨¦. Ponernos al d¨ªa. Esas cosas. Quiz¨¢... ¨D?Y ese inter¨¦s tan repentino? ¨Ddijo Lilina con una mueca picarona¨D. ?Es que quieres vol...? ¨DEsto es una conversaci¨®n de mayores, se?orita. ¨DLa acus¨¦ con el dedo ¨ªndice, pero no tard¨¦ en relajar la expresi¨®n¨D. Y s¨ª, claro que quiere volver con ¨¦l. Otra cosa es que lo quiera admitir. ¨DS¨ª, ya conozco la historia. ¨DLa chica se hizo con una de las galletas y se recost¨® en una silla¨D. ?Yo lo que quiero son detalles jugosos! ¨D?Lilina! ¨Dexclam¨® nuestra hermana en un intento poco exitoso de desviar la conversaci¨®n. Quiz¨¢ fue mala idea pasarme tanto tiempo de risas con Jenna y Lilina, pero mi cuerpo me ped¨ªa un respiro de la mordacidad de mi compa?ero habitual. Por desgracia, cuando recuper¨¦ la noci¨®n del tiempo, ya se hab¨ªa cerrado del todo la noche y los cuidadores ten¨ªan que empezar a asegurarse de que los m¨¢s peque?os estaban en la cama. Y yo ten¨ªa que haber conseguido algo de carb¨®n para alimentar la red et¨¦rica de nuestro hogar. ¨DLe?a tendr¨¢ que ser ¨Dme resign¨¦, estirando los brazos hacia atr¨¢s con fuerza¨D. Lo siento, amigo, te va a tocar transmutarla a ti. *** Instintivamente, saqu¨¦ un cuchillo de supervivencia de la bolsa nada m¨¢s entrar al bosque. No era demasiado habitual, pero ya hab¨ªa tenido alg¨²n que otro encontronazo con criaturas menos afables que las que te pod¨ªas topar en las llanuras. Adem¨¢s, sin un hacha o un serrucho, mi fiel filo dentado era lo ¨²nico que me iba a permitir llevarme algo de madera. Los ¨¢rboles nuevos no eran adecuados para producir carb¨®n de calidad (la madera era m¨¢s flexible de la cuenta y, seg¨²n Rory, su composici¨®n era demasiado acuosa), as¨ª que recorr¨ª el riachuelo que me guiar¨ªa al manantial del centro del bosque. Inspir¨¦ aire con fuerza. El frescor del ¨¦ter h¨ªdrico y el aroma de las flores locales me relaj¨®. Incluso me hizo desear quedarme un rato m¨¢s, pero estaba completamente segura de que Rory no se lo tomar¨ªa nada bien y ya estaba llevando al l¨ªmite mi suerte. La luz de las lunas se filtraba de forma sutil entre las copas de los ¨¢rboles, pero conforme me adentraba en el coraz¨®n del bosque estas se hac¨ªan m¨¢s densas. Empezaba a necesitar algo de luz artificial, as¨ª que extraje una peque?a linterna de entre mis enseres. Era un dise?o simple, pero del que me sent¨ªa orgullosa: dos cilindros guardaban unas soluciones que, al juntarse, empezaban a brillar y una lente focalizaba el haz. Eso s¨ª, no contaba con que uno de los dep¨®sitos se hubiera secado. Al parecer, la tapa no cerraba bien del todo despu¨¦s de haberse llevado un golpe. Necesitaba un plan B. Y un mundo en el que casi todo est¨¢ cargado de brillante ¨¦ter era un buen compa?ero para una alquimista amateur que tambi¨¦n era experta en supervivencia. Sin pararme mucho a pensarlo, cort¨¦ uno de los juncos que crec¨ªan en la orilla del r¨ªo y le hice un par de peque?os cortes en los laterales. De por s¨ª, emit¨ªa una luz que podr¨ªa orientarme, pero al espolvorear uno de los reactivos de Rory sobre los tajos, la luz se torn¨® casi cegadora. No ten¨ªa m¨¢s que introducirlo en el cilindro y dejar que la lente hiciera su trabajo. ¨D?Perfecto! ¨Ddije en voz alta, aunque nadie pudiera o¨ªrme¨D. Ahora solo queda encontrar... Un gru?ido me interrumpi¨®. Por su estruendo, lo razonable ser¨ªa huir en direcci¨®n contraria, hacerme con algo de madera y volver a casa. No obstante, poco despu¨¦s, se sum¨® un grito agresivo. No parec¨ªa pedir socorro, pero ten¨ªa claro que abandonar a alguien a su suerte iba a pesarme en la conciencia. Suspir¨¦ con resignaci¨®n y salt¨¦ a escalar el ¨¢rbol m¨¢s cercano. ¨D?Desiste, bestia! ¨Damenaz¨® una voz masculina¨D. ?Si no retornas a tu morada, no tendr¨¦ reparos en hacerte perecer! Cuando llegu¨¦, un hombre embutido en una aparatosa armadura mec¨¢nica bland¨ªa una espada de filo candente ante un monstruo emplumado que le triplicaba en tama?o. Por su postura, ten¨ªa claro que su esgrima ser¨ªa suficiente para salvar la situaci¨®n, pero no pod¨ªa quedarme de brazos cruzados. ¨DLos varnus no son agresivos por naturaleza ¨Dle avis¨¦ desde la distancia¨D. De hecho, en estas fechas deber¨ªan estar hibernando. ?Qu¨¦ le has hecho para que se ponga as¨ª? ¨DLargo ¨Dse limit¨® a responder. No tard¨¦ en darme cuenta que no se dirig¨ªa a m¨ª¨D. S¨¦ lo que pretendes hallar. No te calmar¨¢ destruirlo. Abandona el lugar y yo mismo lo har¨¦ parar. Mas si me desoyes... Me ver¨¦ forzado a acabar con tu sufrimiento a la fuerza. No deseas eso, ?verdad, criatura? Los varnus eran incapaces de entender el lenguaje humano, pero el extra?o caballero se dedicaba a frenar cada uno de sus ataques y puntualizar cada estocada con una nueva amenaza que nunca llegaba a cumplir. Pod¨ªa intuir que le preocupaba la vida silvestre, pero no acababa de tener en consideraci¨®n los posibles da?os colaterales del combate. Adem¨¢s, ?a qui¨¦n se le ocurr¨ªa batallar en un bosque con una espada capaz de incendiarlo en un descuido? ?Acaso...? El intercambio entre el guerrero y el monstruo me estaba poniendo de los nervios. Ten¨ªa que interrumpirlo de alguna forma y ten¨ªa que hacerlo r¨¢pido. A¨²n preocupada por la extra?a situaci¨®n, saqu¨¦ uno de los viales que escond¨ªa el cinto de mi alforja y vert¨ª parte de su contenido sobre la punta de mi cuchillo. ¨DBrazos, para qu¨¦ os quiero. ¨DCentr¨¦ mis miras en la desprotegida espalda del enemigo y arroj¨¦ el arma con todas mis fuerzas¨D. ?Cuidado, t¨ªo! La hoja impact¨® justo entre los dos hombros de la bestia. Su reacci¨®n inicial fue tan violenta como pod¨ªa esperar de una bestia que sufre un corte, pero el espadach¨ªn supo aprovechar la confusi¨®n de su enemigo para apartarse y dejarle agotar sus fuerzas destrozando el ¨¢rbol que ten¨ªa detr¨¢s de ¨¦l. ¨DMira, al menos me voy a ahorrar la parte de cortar la le?a ¨Dsolt¨¦ una carcajada, satisfecha¨D. Y ahora... Entre el arrebato de furia y el potente somn¨ªfero que le hab¨ªa administrado con ella, el varnu se desplom¨® agotado. Como la situaci¨®n ya era segura, baj¨¦ de un salto del ¨¢rbol y recuper¨¦ mi arma, limpi¨¦ los restos de sangre de su hoja y me dirig¨ª al espadach¨ªn. ¨DSigo esperando explicaciones. Pude echar un vistazo al muchacho mientras aguardaba una respuesta. A pesar de que sus facciones afiladas estuvieran decoradas con una cuidada barba y algunos puntiagudos mechones de color blanco se escondieran entre su oscuro pelo, hab¨ªa algo juvenil en su aspecto. Si tuviera que apostar todo a un n¨²mero, dir¨ªa que a¨²n estaba entrando en la veintena, por mucho que intentara disimularlo con su forma de actuar. ¨D?Hola? ¨DAgit¨¦ las manos por delante de su cara, pero se limit¨® a fijar sus ojos azules en m¨ª, como si estuviera esperando algo¨D. Bueno, si no te importa, he venido a por le?a, as¨ª que... Asumiendo que el monstruo habr¨ªa dejado los pedazos de madera llenos de astillas, me puse un guante protector, seleccion¨¦ los que ten¨ªan mejor pinta y los guard¨¦ en una peque?a bolsa de lona. Tambi¨¦n me hice con una extra?a pieza met¨¢lica que encontr¨¦ entre el destrozo del ¨¢rbol. Me par¨¦ a observarla: era distinta a cualquier cosa que hubiera visto antes, con unos extra?os surcos brillantes en sus laterales que se dirig¨ªan de forma angular hacia las partes externas con un trazado perfectamente cuidado. ¨DEn efecto, me encuentro ante lo que alter¨® a la bestia ¨Dse dign¨® por fin a decir el caballero¨D. Justo como esper¨¢bamos. Si bien su tama?o no es notorio, su huella energ¨¦tica es claramente la de una... ¨DNo s¨¦ de qu¨¦ me hablas, chaval. ¨DPod¨ªa intuir que no era a m¨ª a quien se dirig¨ªa, pero decid¨ª responder de todos modos¨D. Me encuentro trastos como este casi todos los d¨ªas. Si sabes lo que es o te interesa tenerlo... Puedo cambi¨¢rtelo por unas respuestas. El hombre dio un par de pasos en direcci¨®n contraria y se llev¨® el dedo ¨ªndice al o¨ªdo izquierdo, como intentando ajustar algo. ¨DNo, mi se?ora... ¨Ddijo en voz baja¨D. H¨¢llome consciente de la situaci¨®n. S¨ª, ten¨¦is raz¨®n, mas deber¨ªa es... Con todos mis respetos, mi se?ora, no considero que... ¨D?Eh, colega! ¨Dgrit¨¦ para llamar su atenci¨®n, pero no sirvi¨® de mucho¨D. ?Qu¨¦ se supone que est¨¢s diciendo? ¨DDe acuerdo, dispensadme. ¨DAgach¨® la cabeza¨D. ?Deber¨ªa? Comprendido. Como dese¨¦is. El hombre se encar¨® en mi direcci¨®n, endureci¨® su expresi¨®n facial y, por fin, dedic¨® unas palabras que se dirig¨ªan hacia m¨ª. ¨DConsideradlo un presente de mi se?ora, Mirei Rapsen. ¨DPalp¨® la extra?a pieza hasta que se sinti¨® satisfecho¨D. Mas si me permite... Cuando dio con su objetivo, traz¨® lo que por un instante pareci¨® media sonrisa en sus labios. De repente, el ambiente se sinti¨® algo m¨¢s ligero. O todo lo ligero que podr¨ªa ser cuando un desconocido te llama por tu nombre sin que se lo hubiera dado. Cap铆tulo 2 - Rory Rapsen El m¨¢s peque?o de los calderos empez¨® a borbotear con su sonido caracter¨ªstico. Para esa mezcla, era importante controlar el tiempo de ebullici¨®n, as¨ª que saqu¨¦ el reloj de la chaqueta y empec¨¦ a contar los segundos al un¨ªsono del tictac del mecanismo. ¨DY veintitr¨¦s. ¨DGir¨¦ la manecilla que extingu¨ªa las llamas. Sin m¨¢s, la superficie del l¨ªquido se volvi¨® completamente lisa de nuevo¨D. El color es perfecto. Vert¨ª el contenido en varios viales y, tras comprobar que todo estaba bien, guard¨¦ los que no iba a necesitar inmediatamente en la despensa. ¨D?Puedo ya? ¨DMirei inclin¨® el ment¨®n hacia una de las dos probetas que colgaban de la estructura met¨¢lica¨D. Tengo que salir pronto hoy. ¨DSi quieres quemarte la tr¨¢quea, adelante. ¨DMe encog¨ª de hombros, sin poder evitar soltar un bostezo¨D. Aunque a¨²n est¨¢ asent¨¢ndose un poco. Ser¨¢ m¨¢s efectivo, y probablemente sepa mejor, si esperas un par de minutos m¨¢s. Desoyendo mi consejo, la chica dio un irresponsable trago, maldijo la temperatura y farfull¨® algo que casi cualquiera podr¨ªa haber considerado ininteligible. Por suerte, tantos a?os de convivencia me hab¨ªa permitido entender que sus planes para la ma?ana la llevaban al centro de la ciudad a por unos materiales que iba a necesitar para su pr¨®ximo proyecto y que le preocupaba que le dejaran sin las mejores piezas. ¨DCuento contigo para comer. Hoy hay costillas de krut ¨Dfue lo ¨²nico que le respond¨ª, con una mirada desganada¨D. Y si vas a abusar de la pobre fragua otra vez, aseg¨²rate de traer combustible de sobra. Hoy tengo mucho trabajo y las malas pulgas de todos los lunes. No me apetece quedarme a oscuras hasta las tantas y que me despiertes para transmutar carb¨®n otra vez. ¨DDescuida ¨Dse despidi¨® alzando la mano, sin siquiera mirar en mi direcci¨®n. ¨DOjal¨¢ pudiera hacer eso. ¨DInclin¨¦ mi probeta para examinarla con cuidado a contraluz y di un satisfactorio trago¨D. Pero no me dejas ni tomarme el caf¨¦ con tranquilidad. *** Termin¨¦ el desayuno con parsimonia y fui a girar el peque?o cartel del local que indicar¨ªa que ya estaba abierto. Aunque el taller no tuviese un horario fijo, me daba cierta paz mental mantener una agenda m¨¢s o menos estable. No obstante, era raro tener clientes antes de mediod¨ªa. Sin embargo, como muchos dicen, son las excepciones lo que hacen la vida interesante. Casi como si fuera consciente de mis h¨¢bitos, al escaso minuto de anunciar que el taller ya atend¨ªa al p¨²blico girando su cartel, la campana de la entrada tron¨® con fuerza. De hecho, el tir¨®n hab¨ªa sido tan en¨¦rgico que repiquete¨® durante unos segundos. Alguien deb¨ªa tener muchas ganas de verme. ¨DBuenas. ¨DUna voz femenina se adelant¨® a la apertura de la puerta¨D. Atelier Risenia, ?estoy en lo cierto? Un nombre curioso para este local. Suspir¨¦ con desgana. ¨DNo hacemos ropa, no ¨DY, tras echar un vistazo de arriba abajo a la visitante, a?ad¨ª¨D. Aunque la hici¨¦ramos, estoy convencido de que no podr¨ªa atender peticiones tan nobiliarias. Era raro ver a alguien de tan alta cuna pasearse por las afueras de Coaltean. O, al menos, a alguien tan lego a la hora de disimularlo. Estaba claro que su lenguaje corporal, cuidado hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle, era una declaraci¨®n de intenciones. No pretend¨ªa ocultar su etiqueta un ¨¢pice, de la misma forma que su vestuario (que convert¨ªa la simpleza de un jersey, un chaleco de cuero, unos pantalones cortos y unas medias en una obra de alta costura) era incapaz de alejarse de la ostentaci¨®n de los m¨¢s modernos ornamentos. Aun as¨ª, tambi¨¦n portaba una bata de alquimista. Una que har¨ªa palidecer a todo mi equipamiento y que dejar¨ªa en el m¨¢s absoluto de los rid¨ªculos incluso a las pocas prendas formales que ten¨ªamos en el armario, claro est¨¢. Por muchas reservas que tuviera con la visitante, no dejaba de portar el atav¨ªo de alguien que practica la ciencia. ?Incluso ve¨ªa c¨®mo algunos viales brillaban en sus bolsillos internos! ?Quiz¨¢ la estaba juzgando demasiado pronto? ¨DOh, para nada, para nada... S¨¦ de buena tinta que en este local se practica la ciencia alqu¨ªmica. ¨DEn una pausa, se ajust¨® las gafas. A pesar del refinado gesto, reflejaron algo de luz. No mucho, solo lo justo para desorientarme¨D. Si no voy mal errada, tambi¨¦n la maquinista. Rory, de los Rapsen, ?me equivoco? ¨DDir¨ªa que has hecho bien los deberes. ¨DHab¨ªa algo en la mujer, quiz¨¢ su acentuado perfume, quiz¨¢ su excesivamente elegante tono de voz, que me hac¨ªa mantener la guardia alta¨D. Aunque eso de ?de los Rapsen?... ¨D?No es costumbre para los hu¨¦rfanos tomar su apellido del lugar que les crio? Una costumbre preciosa para denotar pertenencia. ¨DTouch¨¦ ¨Dle conced¨ª¨D. En efecto, de ah¨ª vengo. Aunque, ?qu¨¦ clase de...? ¨DPor supuesto ¨Dme interrumpi¨® un par de segundos para ajustarse con elegancia su media melena plateada. El gesto fue lo m¨¢s artificial que pudieras considerar, pero lo dej¨¦ pasar¨D. Te preguntar¨¢s d¨®nde me dejo mis modales, hablando de t¨² a t¨² y sin siquiera presentarme como es debido. ¨DAs¨ª es ¨Dresopl¨¦. A la joven parec¨ªa divertirle la situaci¨®n, pero a m¨ª me estaba poniendo de los nervios y la poca cuerda que sol¨ªa tener con los suyos se estaba agotando¨D. Generalmente no interrogo a los visitantes antes de ofrecerles un t¨¦ y unas pastas, pero... No eres mi clase de visita habitual, as¨ª que agradecer¨ªa al menos un nombre. ¨DAmelia Tennath ¨Dasegur¨®, estrechando a¨²n m¨¢s sus rasgados ojos ambarinos¨D. Me has ganado con el t¨¦ y las pastas. ?Podemos hablar de negocios? Entre compa?eros de gremio, claro est¨¢. Tennath. Eso lo explicaba absolutamente todo. La mujer no se limitaba a pertenecer a la nobleza de Coaltean, era pr¨¢cticamente la princesa invisible de la ciudad. O lo que quisiera en lo que la convirtiera una extra?a y compleja l¨ªnea de mando de la alianza nobiliaria de la capital. No pod¨ªa decir que me importara, al fin y al cabo. Acaudalados e influyentes hasta decir basta, eran los responsables principales de la industrializaci¨®n completa del n¨²cleo de la ciudad... y del abandono de los m¨¦todos m¨¢s tradicionales entre la poblaci¨®n. Dej¨¦ escapar una malsonancia entre dientes mientras le indicaba el camino hasta el lugar de trabajo, pero por suerte para ambos, nadie pudo escucharla. ¨DAs¨ª que este es el atelier. ¨DObserv¨® todo con atenci¨®n. ¨DDe nuevo, no hacemos ropa. Ni esculturas, salvo que seas muy liberal con el uso de esa palabra. ¨DAprovech¨¦ que no la ten¨ªa de frente para poner los ojos en blanco¨D. Me sorprende que sigas empleando ese t¨¦rmino. Imagino que se habr¨¢ extendido por la parte acaudalada de la ciudad y que ahora cualquier lugar centrado en la artesan¨ªa es uno de ellos para vosotros. Sin responder, la mujer esper¨® pacientemente a que terminase de preparar el t¨¦ y le sirviera un peque?o surtido de pastas. Por un momento, me pareci¨® ver un inocente brillo en sus ojos al morder la primera. Y eso que no le hab¨ªa sacado la hornada buena. No obstante, tard¨® poco en recobrar su elegante compostura y sigui¨® tom¨¢ndose el dulce de la forma protocolaria: poco a poco, masticando muy levemente, y con cuidado de que no le arrebatara ni un poco del carm¨ªn de sus labios. Al fin y al cabo, los nobles ten¨ªan que estar perfectos en todo momento. ¨DAsumo que tu compa?era no est¨¢ hoy aqu¨ª. ¨DSus ojos danzaron por toda la habitaci¨®n, buscando alguna pista de Mirei¨D. Una pena, me habr¨ªa encantado ponerle cara. ¨DSea como sea, ?qu¨¦ quiere de un establecimiento tan humilde la familia Tennath? Conozco personalmente a muchos de los buenos alquimistas a vuestro servicio. ¨DAlquimistas que, si ten¨ªa que creer los rumores, estaban concentrando todos los esfuerzos en un proyecto tan secreto que ni el m¨¢s escurridizo de los informantes pod¨ªa discernir¨D. Y dudo que nuestros recursos est¨¦n a su nivel. ¨DNo es un tema que ata?a a mi familia. Al menos, no directamente. Se trata de un encargo meramente personal ¨Dasegur¨®¨D. Digamos que nuestro equipo no... est¨¢ al tanto de mis proyectos privados. As¨ª que, aunque pudiera comisionar su apoyo, dudo mucho que estuvieran a la altura. No, si he venido aqu¨ª, es porque lo que busco es una de las especialidades de esta casa. Al entender las implicaciones de la conversaci¨®n, solt¨¦ una peque?a carcajada. ¨D?As¨ª que est¨¢s interesada en...? ¨DN¨²cleos energ¨¦ticos alqu¨ªmicos, s¨ª. Para mi sorpresa, acompa?¨® las palabras con un peque?o vaiv¨¦n que la acercaba poco a poco a m¨ª, mandando a la porra cualquier intento de quedar dentro de lo que se esperaba de alguien de su estrato. ¨DEstoy convencido de que cualquier mezclabrebajes de tres al cuarto podr¨ªa hacer una bater¨ªa lo suficientemente eficiente con los materiales adecuados. Aunque hayan abandonado ese campo de estudio. O incluso podr¨ªan montarte un motor de eterocombusti¨®n. ¨DLe lanc¨¦ una mirada inquisitiva, pero sus ojos segu¨ªan llenos de determinaci¨®n¨D. As¨ª que o ahora viene la parte dif¨ªcil, o... ¨DSuspicaz. ¨DTraz¨® en sus labios una sonrisa extra?amente dulce. Una que abandonaba ligeramente el protocolo¨D. Evidentemente, no me basta con energ¨ªa pura. Eso ser¨ªa f¨¢cil: al fin y al cabo, el procedimiento para las bater¨ªas de alimentaci¨®n mec¨¢nica est¨¢ m¨¢s que documentado entre la comunidad cient¨ªfica. No. Mi peque?o proyecto quiere llegar un poquito m¨¢s all¨¢. Quiere tus n¨²cleos. Y quiere que lleguen mucho m¨¢s lejos. Traz¨® unos dibujos en el aire con sus perfectamente cuidadas u?as como si de un lienzo infinito y tridimensional se tratara. Naturalmente, era dif¨ªcil seguirlos, pero parec¨ªa ayudarla a concentrarse en su mon¨®logo, as¨ª que me guard¨¦ las quejas para m¨ª. ¨DEs trivial crear un ca?¨®n que dispare rayos o que suelte llamaradas imitando la conexi¨®n de las tribus. Funciona: pero las bater¨ªas que conocemos son demasiado vol¨¢tiles para eso. ¨DPuntualiz¨® sus comentarios con unos elegantes ademanes¨D. Si contienen mucho ¨¦ter... o si su caudal es as¨ª de inconsistente, pueden explotar. Y si limitamos alguno de esos dos factores... The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation. ¨DSe pierde gran parte de la eficiencia. ¨DMe acarici¨¦ el ment¨®n, juntando las piezas del puzle en la trastienda de mi mente¨D. Y tambi¨¦n terminan suponiendo un peligro a largo plazo. Es una sorpresa que se sigan usando para ello. ¨DAdem¨¢s... bueno, no todos los elementos alqu¨ªmicos son muy compatibles con ese tipo de descargas energ¨¦ticas. ¨DJuguete¨® con sus gafas, algo distra¨ªda¨D. Al menos, no tal y como los conocemos hoy d¨ªa. ¨DCreo que s¨¦ por d¨®nde vas. ¨DAl menos, el papel era capaz de sostener lo que ten¨ªa en su mente¨D. Sin embargo, me temo que no puedo acceder a un encargo que solo busca aplicaciones b¨¦licas. Soy un curandero, no un traficante de armas. ¨DOh, en absoluto. Solo usaba los elementos m¨¢s b¨¢sicos como ejemplo. Una forma sencilla para entendernos con pocas palabras. ¨DSe pas¨® un mech¨®n de pelo plateado tras la oreja¨D. Mi plan, claro est¨¢, es algo m¨¢s alineado con nuestros intereses comunes. Me recost¨¦ ligeramente hacia atr¨¢s y entrelac¨¦ mis dedos. ¨DUn n¨²cleo natural alqu¨ªmico no deja de ser un compuesto cristalizado que disipa sus propiedades en contacto con activador, ?verdad? ¨DS¨ª ¨Dcontest¨¦. ¨DPero el desgaste del cristal hace que la superficie sea inestable y la frecuencia de la onda et¨¦rica para descomponerlo con su disipaci¨®n omnidireccional es complicada de calcular si nos escapamos de la elementalidad b¨¢sica basada en la salida en¨¦rgica... Para cuadrar las facetas de las distintas unidades mec¨¢nicas... ¨DD¨¦jame pararte ah¨ª. ¨DAlc¨¦ la mano¨D. No hay necesidad alguna de usar t¨¦rminos tan grandilocuentes para algo tan b¨¢sico. Conozco las propiedades alqu¨ªmicas de muchos materiales, el proceso para cristalizarlos en n¨²cleos y la teor¨ªa elemental, pero... ¨DNecesitamos algo que haga m¨¢s que proporcionar energ¨ªa. O mejor dicho, algo que lo haga de una forma distinta a la habitual. Si queremos una buena integraci¨®n, hay que pulir esos peque?os flecos. ¨DSigui¨® jugueteando con su pendiente¨D. Por ejemplo, extender ¨¦ter nutritivo, capaz de fomentar el crecimiento de las plantaciones. N¨²cleos regenerativos, capaces de curar a toda la gente que los rodee de diversas aflicciones. Resonantes, para transmitir energ¨ªa elemental de uso cotidiano. Y, sobre todo... Dibuj¨® un enorme c¨ªrculo con sus manos en el aire. ¨DN¨²cleos protectores. ¨¦ter puro concentrado. Capaz de hacer que la energ¨ªa que lo rodea tome forma hipers¨®lida. ¨D?Protector?. Curiosa elecci¨®n de palabras... ¨DMe acarici¨¦ las sienes, intentando poner mis pensamientos en su sitio¨D. Sobre todo, cuando hacer que alguien beba una p¨®cima basada en un principio as¨ª le petrificar¨ªa en unos instantes. En el torrente sangu¨ªneo, es un veneno capaz de congelarte en el sitio. Todas tus funciones corporales quedar¨ªan paralizadas en unos segundos. La ¨²nica aplicaci¨®n ¨²til es... Una buena simplificaci¨®n de la taxidermia, supongo. Amelia volvi¨® a alzarse las gafas, esperando que atara los cabos por m¨ª mismo. ¨DNo. S¨ª que has elegido ese t¨¦rmino por un motivo ¨Dpalade¨¦ las palabras¨D. Quieres una herramienta para... extenderlo de forma controlada. ?Crear muros de la nada y destruirlos de un plumazo? Eso suena tan peligroso como interesante. ¨DAj¨¢. ¨DAlz¨® sus finas cejas¨D. Suponiendo una c¨¦lula v¨¢lida donde almacenarlos pueden ser la clave para la nueva etapa de la alquimia. Tambi¨¦n necesitar¨ªamos de un modelo de disipaci¨®n compatible y una forma segura de gestionarlo, pero... ¨DEn realidad, creo que tengo la herramienta perfecta para eso. ¨DPens¨¦ en los acumuladores et¨¦ricos de Mirei¨D. Siempre y cuando logres proporcionarme los materiales necesarios y puedas pagar mis honorarios. Por su mirada, parec¨ªa contenta, aunque su expresi¨®n intentaba mantenerse marm¨®rea, cada vez con menos ¨¦xito. ¨D?En serio? He intentado sintetizar algo as¨ª yo misma, pero hay alg¨²n detalle que a¨²n se me escapa en el dise?o. ¨DTuvo que hacer un peque?o esfuerzo para recomponer su fachada m¨¢s formal¨D. Gracias. Rory Rapsen. Por tu tiempo y tu sabidur¨ªa. ¨DNo hace falta que me hagas la pelota. ¨DHice un esfuerzo por a?adir una sonrisa para no parecer tan borde¨D. Eso s¨ª, te agradecer¨ªa que me llamases ?Rory?, sin m¨¢s. ¨DDe acuerdo... Rory. ¨DDej¨® entrever una sonrisa que sab¨ªa a alivio¨D. Y gracias por escucharme, de nuevo. ¨DDicho esto... aceptar¨¦ tu encargo, pero bajo una serie de condiciones. ¨DTe escucho. Sin esperar al listado de exigencias, sac¨® una bolsa llena de monedas de uno de los bolsillos y la dej¨® sobre la mesa. ¨DEn primer lugar, necesito garant¨ªas de que este encargo no va a tener aplicaciones b¨¦licas ¨Dasever¨¦, alzando el ¨ªndice¨D. Comenzar¨¦ con una serie de experimentos poco susceptibles de tornar en violencia y supervisar¨¦ personalmente cualquier tipo de integraci¨®n mec¨¢nica que quieras darles. ¨DComprensible. ¨DEn segundo, y relacionado con lo anterior... ¨DLevant¨¦ un segundo dedo¨D. Sigo sin fiarme al cien por cien de ti, compr¨¦ndelo. Todas las soluciones alqu¨ªmicas que te entregue llevar¨¢n un reactivo que ofuscar¨¢ la composici¨®n, por si se te ocurriese intentar replicarlo sin mi consentimiento. ¨DDe acuerdo. ¨DY por ¨²ltimo, y quiz¨¢ m¨¢s importante... Los enfermos y desamparados van primero. Lo siento, pero no puedo proporcionarte una fecha cerrada de entrega. ¨DInspir¨¦ con calma antes de seguir¨D. Por mucho que me resulte atractiva la idea de una investigaci¨®n con unos visos tan prometedores, mi rol como boticario de esta ciudad siempre ir¨¢ en primer lugar. ¨DEstoy segura de que ser¨¢s un gran Sabio alg¨²n d¨ªa. ¨D?Con las m¨¢quinas comi¨¦ndome tanto terreno gracias a tu familia? ¨DHinch¨¦ el pecho de una forma algo altiva¨D. D¨¦jame re¨ªr. Me conformo con evitar que mat¨¦is la alquimia antes de que me d¨¦ por volver al ¨¦ter. ¨DNosotros queremos hacer tambi¨¦n un mundo mejor ¨Dafirm¨® sin quebrar un ¨¢pice su voz¨D. Quiz¨¢ nuestros m¨¦todos se enfrenten demasiado con lo tradicional, pero... Como ves en mis ropas y en mis palabras, mi sue?o es aunar pasado, presente y futuro. Cr¨¦eme: no estoy llevando un disfraz para convencerte. Lo hago por verdadero amor a... ¨DMe cuesta calarte, pero incluso un esc¨¦ptico como yo sabr¨ªa decir que tu ilusi¨®n es real. Y que, por muy cuidada que sea tu manicura, realmente trabajas en el laboratorio. ¨DSe?al¨¦ las peque?as quemaduras de su bata¨D. As¨ª que te dar¨¦ una oportunidad... por ahora. ¨DEspero poder convencerte en un futuro de que no soy tan distinta a vosotros. ¨DSe llev¨® la mano al coraz¨®n con elegancia¨D. No voy a darte l¨¢grimas de cocodrilo ni apelar a la emoci¨®n: ambos sabemos que dista de lo que se espera de alguien como yo. Pero s¨ª que quiero decirte algo con total sinceridad y desde el fondo de mi coraz¨®n. Par¨® por unos instantes. El silencio, aunque algo inc¨®modo, parec¨ªa c¨¢lido. Quiz¨¢ fuese por los calderos burbujeantes y su sutil ritmo, capaz de inspirarme la mayor de las calmas incluso en los momentos m¨¢s inesperados. ¨DQuiero mantener viva la magia de este mundo. A toda costa. Y este encargo es la clave para lograrlo. *** La tranquilidad no dur¨® mucho, ya que pocos minutos m¨¢s tarde Mirei entr¨® por la puerta cual fantun en una cacharrer¨ªa, aunque los ?cacharros? ya los pusiese ella. Varias placas met¨¢licas, un par de bobinas de cobre y algunas herramientas que ser¨ªa incapaz de reconocer aunque tuviese un ca?¨®n en la sien llenaron el suelo en un santiam¨¦n. ¨DPor favor, no dejes tus trastos por aqu¨ª ¨Dbuf¨¦, intentando no perder la cuenta de las gotas que hab¨ªa vertido en el caldero¨D. Llevo un poco de retraso hoy por culpa de una clienta nueva y no me apetece tener que limpiar tu estropicio. ¨DEspera, ?el pib¨®n que me he cruzado fuera... ha contratado nuestros servicios? Mola, mola. ?Le has dicho algo sobre m¨ª? ¨DLa maquinista no hizo esfuerzo alguno en ocultar su inter¨¦s en la visitante¨D. ?Maldita sea, siempre llego tarde! ¨D?e. ¨DPuse los ojos en blanco¨D. Una de los Tennath. Por fin soy capaz de ponerles cara. Quiere darnos una buena pasta por investigar el tema de los n¨²cleos de energ¨ªa. Seguramente necesite m¨¢s acumuladores et¨¦ricos de los tuyos. Que s¨ª, ya lo s¨¦: tus hormonas est¨¢n ignorando todo lo que te estoy diciendo ahora y pensando en lo que has visto en la entrada. Pero... ya sabes, nobleza. Un poco fuera de tu liga, ?no crees? ¨D?Pues me ha gui?ado el ojo al cruzarnos! ¨DSonri¨® de oreja a oreja¨D. ?Igual tengo posibilidades! ¨DNo te preocupes, Mirei. Volver¨¢ pronto. Quiz¨¢ cuando abra la boca deje de llamarte la atenci¨®n. O te confundir¨¢ con sus gestos. O... yo qu¨¦ s¨¦, era tan rara como atractiva. ¨DEsper¨¦ a su reacci¨®n para continuar, pero no lleg¨®¨D. ?Qu¨¦? Tambi¨¦n tengo ojos en la cara. Es una tonter¨ªa negar que de lo segundo ten¨ªa mucho. Le resum¨ª nuestro encuentro de forma breve, aunque la muchacha desvi¨® bastante el tema gracias a su curiosidad por la noble y el, en sus palabras, ?flechazo? que hab¨ªa sufrido en la entrada del taller. ¨D?Acumuladores et¨¦ricos, entonces? ¨DSe dio un tortazo en las mejillas como sol¨ªa hacer para concentrarse¨D. ?Manos a la obra! D¨¦jame probar una cosa primero y... ¨DNo empezar¨¦ con este encargo hasta dentro de un par de d¨ªas ¨Dle se?al¨¦, pero no parec¨ªa importarle demasiado¨D. Aunque ha pagado a tocateja todos los materiales, no llegar¨¢n hasta entonces. Adem¨¢s, tengo que reabastecer el fondo de la botica y llevar unos ung¨¹entos al hospital primero. Eso tiene prioridad. Aun as¨ª... S¨ª, por qu¨¦ no. Adelante con los acumuladores. Nunca vienen de m¨¢s. ¨DDe acuerdo, pero a cambio necesito provisiones para una expedici¨®n. C¨¢psulas de aire, ant¨ªdotos variados y alg¨²n que otro vial de rechazo h¨ªdrico. ?Podr¨ªas tenerlos para ma?ana por la ma?ana? ¨DAs¨ª que vas a la Cala Abakh ¨Dpude razonar de la lista y de la urgencia de la petici¨®n¨D. Los ant¨ªdotos y las c¨¢psulas las tengo en sus muebles habituales, puedes cogerlos t¨² misma. No creo que tarde mucho en prepararte lo dem¨¢s. ?Qu¨¦ se cuece por all¨ª? ¨D?Recuerdas el incidente del varnu de hace unos d¨ªas? Ya sabes, el de ese t¨ªo raro de la armadura que sab¨ªa mi nombre. ¨DPor su rostro, parec¨ªa desconcertada por ese encontronazo¨D. Parece que ha habido alg¨²n que otro indicio similar por all¨ª. Aunque parece m¨¢s... ?intermitente? No s¨¦ si tiene sentido usar esa palabra. Tambi¨¦n es cierto que es una zona mucho m¨¢s despoblada, pero... Me gustar¨ªa investigarlo. Puede que averig¨¹e algo m¨¢s sobre ¨¦l... O, como poco, que nos traigamos a casa un bot¨ªn tan jugoso como la ¨²ltima vez. ¨DSuena interesante. ¨DAunque era casi imposible decir una frase as¨ª con mi voz sin sonar sarc¨¢stico, intent¨¦ ser genuino al decirlo¨D. Ya me contar¨¢s. Ah, y ahora que lo mencionas... Hab¨ªa olvidado totalmente que a¨²n ten¨ªa la pieza met¨¢lica que Mirei me hab¨ªa dado para que la limpiara. Tras haber pasado tanto tiempo encallada en el tronco de un ¨¢rbol, se hab¨ªa cubierto de una capa de un extra?o ¨®xido de cristal, as¨ª que tuve que dejarla en un barril lleno de un potente agente anticristalino. Y, aunque el l¨ªquido hab¨ªa cambiado sus propiedades (?otro interesante misterio cient¨ªfico!), la pieza hab¨ªa quedado como nueva. ¨DMe temo que no reconozco el metal del que est¨¢ hecho ¨Dafirm¨¦ mientras se lo entregaba¨D. Quiz¨¢ t¨² tengas m¨¢s suerte. No se molest¨® en identificarlo antes de hacerse con ella. ¨D?Oh! ?Por fin! ¨DSe llev¨® la placa a la mano izquierda y la examin¨® con atenci¨®n. Aunque fuera impulsiva y descuidada, siempre era concienzuda en su trabajo¨D. Creo que tiene algo grabado. No alcanzo a verlo, pero lo noto en la punta de los dedos. ?Me dejas unas lentes de aumento? No tuve tiempo a responder antes de que un estallido de luz me cegara. Me tap¨¦ los ojos, as¨ª que solo pude o¨ªr c¨®mo Mirei ahogaba un grito de dolor. ¨D?Maldita cosa! ¨Dprofiri¨®¨D ?Me ha pinchado! ?Y se me ha enrollado en la mano! ?Joder, escuece! Dej¨¦ un momento para que mis ojos se reajustaran a la luz, pero segu¨ª confuso al ver c¨®mo lo que antes era una simple y llana placa de metal ahora parec¨ªa un guante de cuero. Algo recargado de hebillas y piezas innecesarias (como casi todo el vestuario de la joven, para ser justos) y con los dedos al descubierto, pero un guante, al fin y al cabo. ¨D??Se ha transformado!? ¨Dexclam¨¦, estupefacto¨D. ?Sin m¨¢s? ?Y ahora el metal es... cuero? ¨DSigue teniendo el tacto de antes ¨Drespondi¨®, sin darle mayor importancia a la mutaci¨®n¨D. ?Pero me ha hecho sangre! No mucha, pero quiz¨¢ deber¨ªa curar la... ¨D?Enlace biom¨¦trico activado! ¨Duna voz en¨¦rgica y jovial llen¨® la sala con un eco met¨¢lico¨D. ?Encantado de conocerte, Mirei Rapsen! ¨DEso ha sido... ?el guante? ¨D?Puedes llamarme AlruneOS! ?Bueno, mejor no! ?Es un nombre muy aburrido! ?Mejor, ll¨¢mame Runi! ¨DA pesar de que la voz sonase irreal, era f¨¢cil de entender sus palabras por r¨¢pido que hablase¨D. ?O puedes ponerme un nombre personalizado m¨¢s tarde! ?Por favor, introduce los par¨¢metros de configuraci¨®n! Como salido de la nada, un mont¨®n de letras y n¨²meros aparecieron en el aire. Algunas se escond¨ªan dentro de cuadrados, otras flotaban libres y un n¨²mero reducido de ellas iban acompa?adas de pictogramas sencillos de entender. Por desgracia, ninguna de las combinaciones ten¨ªa sentido alguno para m¨ª y, por la mirada confusa de la nueva due?a del tal Runi, no era el ¨²nico desconcertado. ¨D?Necesitas ayuda para configurarme? ?Puedo ayudarte? ?Pue...? La voz comenz¨® a distorsionarse. La s¨ªlaba se estir¨® unos segundos antes de agotarse sin m¨¢s. Y el texto que flotaba en al aire se desintegr¨® sin m¨¢s, como si nunca hubiera estado ah¨ª. Tras tantos a?os descubriendo y analizando nuevas m¨¢quinas, Mirei hab¨ªa visto de todo. Pero ese peque?o artefacto la dej¨® con las que no eran sino las cinco palabras m¨¢s elocuentes de su vocabulario: ¨D?Qu¨¦ cojones ha sido eso? Cap铆tulo 3 - Mirei Rapsen La Cala Abakh no estaba demasiado lejos de Coaltean. De hecho, era un destino bastante popular durante el verano para todo aquel que se pudiera permitir un billete para el ¨®mnibus (algo que era cada vez m¨¢s f¨¢cil gracias a los avances en los motores de vapor) y contase con una hora de sobra para cada trayecto. Por desgracia, no era un destino tan concurrido cuando el invierno se aproximaba. La frecuencia era bastante menor, las tarifas m¨¢s altas y era bastante com¨²n encontrarse el habit¨¢culo principal reservado para la tranquilidad de un hombre de negocios. Resignada, entregu¨¦ un par de monedas al conductor y tom¨¦ asiento en una de las plazas del techo del veh¨ªculo. ¨DHace un fr¨ªo que pela tan temprano, pero al menos las vistas son bonitas ¨Ddije en voz alta, intentando convencerme a m¨ª misma. Los primeros rayos del amanecer se reflejaban en los a¨²n t¨ªmidamente encendidos cristales et¨¦ricos para dotarlos de un brillo ¨²nico. Dibuj¨¦ una peque?a sonrisa en mis labios, pensando en c¨®mo Rory siempre dec¨ªa que le encantar¨ªa poder estudiar ese fen¨®meno y preservarlo para ?el bien de la alquimia?. Aun as¨ª, por mucho que me maravillara la naturaleza de este mundo, ya sab¨ªa de memoria qu¨¦ iba a encontrarme a lo largo del viaje: una llanura que se mostraba infinita hasta que el terreno decid¨ªa dibujar unos acantilados que se abr¨ªan err¨¢ticamente hacia los lados, llenos de cristal de ¨¦ter terroso e h¨ªdrico. Y, entre ellos, un erosionado camino a trav¨¦s de la roca que guiaba a los viajeros hasta una playa de grava clara y fina. Por el camino, quiz¨¢ podr¨ªas encontrar alguna que otra edificaci¨®n de piedra para que los viajeros que decidieran emprender el viaje por su propio pie se apeasen (ya fuera para reponer fuerzas con un aperitivo o guarecerse del monstruo ocasional que decide tomar el sendero como parte de su territorio), pero el carro de acero nunca las consideraba: nadie querr¨ªa alargar su hora de viaje y los ¨®mnibus m¨¢s modernos iban equipados con bengalas alqu¨ªmicas lo suficientemente potentes como para aterrar a la mayor¨ªa de criaturas de la regi¨®n. As¨ª que hice lo de siempre: inclin¨¦ hacia delante el visor de mi sombrero para proteger mis ojos del sol y dej¨¦ caer los p¨¢rpados hasta que el conductor anunciara a gritos que hab¨ªamos llegado a nuestro destino. *** ¨D?P-poliz¨®n! ¨Dgrit¨® el trajeado hombre de negocios, sac¨¢ndome con violencia de mi letargo¨D. ?Poliz¨®n en el compartimento del equipaje! El conductor no dign¨® el esc¨¢ndalo con una respuesta. Yo tampoco le culpaba: era tan com¨²n encontrarse con alguien que quisiera aprovecharse del carromato para llegar a su destino sin pagar que lo raro ser¨ªa que no hubiera nadie escondido en el hueco para las maletas de una estancia reservada. No obstante, el acaudalado cliente parec¨ªa genuinamente molesto por la situaci¨®n y decidi¨® tomarse la justicia por su mano. Cuando pude abrir el tragaluz y saltar al interior del veh¨ªculo, me di de frente con una escena que en otra circunstancia hubiera sido digna de una risotada: un se?or orondo llevando al l¨ªmite sus capacidades de contorsionismo. Un brazo sobre la tapa superior del compartimento, otra rebuscando entre los diversos bolsillos de su chaqueta con la esperanza de encontrar algo similar a alg¨²n arma con lo que defenderse. ¨D?No soporto a los polizones! ¨DMe mir¨® con los ojos henchidos en sangre¨D. ?Ver c¨®mo la tapa se mov¨ªa me ha dado un susto de muerte! ?Y a nadie parece importarle! Ven, ni?a, ay¨²dame a llevar a este criminal a la justicia. Finalmente, dio con lo que buscaba en su chaqueta: una navaja m¨¢s decorada que pr¨¢ctica. Con la torpeza de una mano que no parec¨ªa ser la dominante, la despleg¨®, preparado para enfrentarse al intruso. Por desgracia para ¨¦l, el adem¨¢n hizo que el peso que cargaba sobre la tapa disminuyera, d¨¢ndole al poliz¨®n la oportunidad para desestabilizarle de una patada y hacer que saliera por los aires. El hombre lleg¨® a golpearse contra el techo (para ser justos, no estaba tan alto) y dej¨® caer el arma blanca con el despiste. Cuando pudo darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, ya estaba de nuevo en el suelo, retenido por una adolescente a la que pr¨¢cticamente duplicaba en hechuras. Divertida, me sent¨¦ en el lado contrario y cruc¨¦ las piernas con una mueca de satisfacci¨®n. ¨DBien hecho, Lilina. ¨DSolt¨¦ una carcajada¨D. Te he ense?ado bien. Eso s¨ª, la pr¨®xima vez deber¨ªas tener m¨¢s cuidado. Los que reservan la parte techada suelen ser unos capullos, aunque has tenido suerte de que este no sepa hacer la o con un canuto. ¨DEl hombre aquej¨®, pero la joven lo tom¨® como una se?al para apretar su agarre¨D. Quer¨ªa darte un navajazo y todo. ¨DBah, navajas a m¨ª. ¨DMe lanz¨® una mirada desafiante¨D. Aunque si pertenece a alguien as¨ª, me podr¨¦ sacar un buen dinero empe?¨¢ndola. ¨DY ahora me vas a decir qu¨¦ haces de polizona casualmente en el mismo carruaje que yo, jovencita. ¨DLe ech¨¦ un vistazo de arriba abajo, sin abandonar mi expresi¨®n chulesca¨D. Y dir¨ªa que vienes bastante preparada. ¨DNo iba a dejarte sola en una expedici¨®n as¨ª, ?no? ¨DSonri¨® con tanto ¨ªmpetu que era f¨¢cil verle las enc¨ªas¨D. Y si ninguno de los aventureros con los que sueles salir de parranda estaba disponible para acompa?arte... ?Pens¨¦ que era la hora de mi debut! ¨DNi de co?a. ¨DLa amonest¨¦ con la mirada¨D. Es demasiado peligroso. Pienso bajar a las ruinas. ¨D?Traigo c¨¢psulas de aire! ¨DAl ver que el empresario se retorc¨ªa, apret¨® su llave¨D. ?Y unos viales de rebaso l¨ªdrico! ¨DViales de rechazo h¨ªdrico. ¨DMe llev¨¦ una de las manos a la frente¨D. Vas a pagar por esto, Rory. As¨ª que ese era el motivo por el que sali¨® pitando al orfanato con la peor excusa de la historia. ¨DDe todas formas, sigue siendo peligroso ¨Dprosegu¨ª¨D. Las subruinas de Abakh son el territorio de los kabaajin y deber¨ªas respetarlo un poquito m¨¢s. ¨D?Puedo con ellos! ¨DNo, no ?puedes con ellos? ¨Dresopl¨¦¨D. Son... O deber¨ªan ser... Una tribu honorable y pac¨ªfica... Si respetas sus normas. Para que te acepten all¨ª, tienes que batirte en duelo con uno de sus campeones. Y te prometo que no es una tarea sencilla. ¨D?Puedo intentarlo! ¨DNo es ese el problema. ¨DBaj¨¦ la cabeza para darme cuenta de que me hab¨ªa olvidado del ricach¨®n¨D. Si mi interpretaci¨®n de las se?ales que hemos recibido es certera... El ¨®mnibus par¨® en seco y el borboteante sonido del agua hirviendo de su caldera ces¨®. El conductor anunci¨® la llegada a Cala Abakh e, instantes despu¨¦s, abri¨® las puertas de par en par. ¨D?Espero que el viaje haya sido de su agrado! ¨DSonri¨® con dulzura, ignorando a la persona que Lilina presionaba contra el suelo¨D. ?No duden en volver! ¨D?No dude que volver¨¦! ?Con la polic¨ªa si es necesario! Ya me estaba hartando de la voz de ese individuo. Saqu¨¦ un trapo y lo impregn¨¦ en el l¨ªquido de uno de los viales de mi cinto. ¨D?Puedo, Mirei? ?Puedo? ¨DVale, pero no te acostumbres. La adolescente acerc¨® el retal de tela a la cara del hombre y, en cuesti¨®n de segundos, pas¨® de farfullar a roncar. Con cuidado, le dejamos recostado junto a una de las rocas y emprendimos nuestro camino. *** Seguimos caminando para alejarnos de la zona m¨¢s popular de la playa, en la que algunos ba?istas quer¨ªan aprovechar los ¨²ltimos d¨ªas de la temporada (aunque pocos consideraban esa temperatura apta para darse un chapuz¨®n sin equipo adecuado). Poco a poco, alcanzamos el extremo este de la cala, donde unos escalones perfectamente esculpidos empezaban a ahondarse en el mar. Como la marea estaba baja, era f¨¢cil ver varios de los pelda?os a simple vista e identificarlos como el camino hacia las subruinas. Aunque sab¨ªa que era f¨²til, di un ¨²ltimo aviso a Lilina para que se diera media vuelta y se subiera (esa vez pagando el pasaje, aunque fuera de mi propio bolsillo) al siguiente ¨®mnibus de vuelta a la ciudad. ¨D?Venga! ?Mirei! ?D¨¦jame ir contigo! ¨DComo dec¨ªa, es peligroso ¨Drecapitul¨¦, aunque no pareci¨® importarle¨D. Adem¨¢s, los kabaajin tienen unas normas un poco... peculiares. Si hablo con ellos, es posible que te dejen entrar como mi protegida, aunque lo m¨¢s probable es que tengas que pasar una peque?a prueba de todos modos para ganarte su confianza. Pero... ¨D?Pero? ¨DTengo motivos para pensar que algunos podr¨ªan estar fuera de sus cabales ¨Dafirm¨¦¨D. Como el varnu del otro d¨ªa. Ni t¨² ni yo sabemos a qu¨¦ nos estamos enfrentando y eso no es... ¨D?M¨¢s motivo para salvarlos! ¨Dme interrumpi¨® de un grito¨D. Es lo que t¨² har¨ªas, ?verdad? ¨D?Eres consciente de que puedes morir, Lilina? ¨DLa agarr¨¦ de los hombros. ?En qu¨¦ demonios estaba pensando Rory para mandarla aqu¨ª conmigo?¨D. Esto no es un entrenamiento. Es una misi¨®n real. Y no una que debamos tomarnos a la ligera. The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement. ¨DLo s¨¦. Y por eso no quiero que est¨¦s sola. ¨DEra imposible imponerse a esa determinaci¨®n¨D. No quiero perder a mi hermana mayor. ¨DNi yo a mi hermana peque?a. ¨DResopl¨¦ con fuerza y le revolv¨ª el pelo¨D. Joder, ?por qu¨¦ me has querido copiar tambi¨¦n la cabezoner¨ªa? En fin, suponiendo que sigan en sus cabales, tengo suficientes amigos entre los kabaajin como para que te paren los pies si te aceleras un poco m¨¢s de la cuenta. ¨D?Quieres decir que...? ¨DNo termin¨® la frase, pero la sonrisa de oreja a oreja dejaba claro c¨®mo pretend¨ªa acabar. Me sent¨ª dial¨¦cticamente derrotada por una adolescente, aunque en realidad era la media sonrisa mal¨¦vola de Rory la que se estaba reproduciendo en mi imaginaci¨®n. ¨DVendr¨¢s, pero con mis normas. ¨DTe escucho. ¨DYa deber¨ªas saber cu¨¢les son. ¨DLe di un toque fraternal en la frente¨D. Una: aqu¨ª mando yo. No puedes cuestionar mi juicio bajo ning¨²n concepto. Dos: nada de ponerse en peligro voluntariamente, ni siquiera por ser ?la hero¨ªna que me salve la vida?. Si una de las dos tiene que salir de aqu¨ª sin un rasgu?o, eres t¨². Y, tres: me reservo el derecho a examen sorpresa. Si no eres capaz de responder correctamente, te mandar¨¦ de vuelta a casa. ¨DMe parece justo. ¨DPor su moh¨ªn, estaba claro que iba a romper al menos una de las indicaciones a la primera de cambio¨D. Vamos all¨¢. ¨D?No tan r¨¢pido! ?Examen sorpresa! ¨DLa agarr¨¦ del hombro izquierdo¨D. ?C¨®mo piensas llegar a la burbuja inferior? La muchacha dio varios saltos en el sitio, incapaz de contener su emoci¨®n por la aventura. ¨D?El equipo nos hace hundirnos en el agua! ?As¨ª que bajaremos andando por las escaleras! ¨DSe llev¨® el ¨ªndice a los labios, consciente de que se dejaba algo¨D. ?Y respiraremos hasta entonces gracias a las c¨¢psulas de aire! ¨DBuena chica. ¨DLe di una palmada en la espalda y me coloqu¨¦ una de las c¨¢psulas en la boca¨D. Huelga decirlo, pero intenta no abrir la boca por el camino. Si tienes que soltar aire, hazlo por la nariz. Era complicado moverse de forma ¨¢gil bajo el agua con un equipo tan pesado, pero la joven supo manejarse con soltura. De tanto en cuando, ten¨ªa que tirar de ella al ver c¨®mo se distra¨ªa con la flora y fauna del lugar o con los enormes y luminiscentes cristales de ¨¦ter hidromarino, pero logramos llegar sin problema a la entrada de la burbuja. ¨DNo ha sido para tanto. ¨DIntent¨® actuar como si no hubiera sido nada, aunque sus tiritones eran evidentes¨D. Ahora solo tengo que escurrirme el pelo y... Di un trago al vial en el que guardaba mi p¨®cima y, de repente, toda el agua que hab¨ªa acumulado tanto mi trenza como el pesado traje se desliz¨® r¨¢pidamente hacia el suelo, evapor¨¢ndose en segundos. ¨D?Sabes siquiera lo que significa ?rechazo h¨ªdrico?? Una vez que nos acostumbramos a la nueva situaci¨®n, seguimos descendiendo. Esa vez s¨ª que dej¨¦ a la novata maravillarse con la belleza natural de las ruinas. A pesar de que us¨¢ramos esa palabra bajo nuestros est¨¢ndares humanos, para una tribu anfibia era un hogar perfecto. Algunos espir¨¢culos que sobresal¨ªan de la planta inferior estaban iluminados, otros emit¨ªan algo de vapor e incluso pod¨ªa atisbarse un aroma a pescado asado que proven¨ªa de algunos de los hogares. Eso, en cierto modo, me tranquiliz¨®: era una prueba palpable e inmediata de que no nos est¨¢bamos enfrentando a un apocalipsis en el que mis viejos amigos perd¨ªan colectivamente la cordura. De entre todos los torreones derruidos y las h¨¦lices que sal¨ªan del suelo, una c¨²pula cristalina era lo que m¨¢s llamaba la atenci¨®n. No era la ¨²nica entrada a los niveles inferiores, pero s¨ª la ¨²nica que los humanos ten¨ªamos permitido utilizar. En su interior hab¨ªa algo de mobiliario que, si bien los nativos hab¨ªa colocado con la mejor de sus intenciones para los invitados de la superficie, no hab¨ªa llevado bien su paso por el tiempo ni la humedad de las profundidades, as¨ª que aconsej¨¦ a mi acompa?ante mantenerse en pie en su lugar. Hice tronar la campana que se?alaba nuestra presencia. Estuvimos de suerte: en cuesti¨®n de segundos, la esclusa de piedra que tapaba las escaleras se alz¨® con timidez. Cual gui?ol, asom¨® una cabeza reptiliana de ella. Hac¨ªa gala de una barba de brillantes escamas plateadas, pero el resto de su cabeza luc¨ªa calva. Al reconocerme, esboz¨® una c¨¢lida sonrisa en su morro. ¨DMaestro Montaro. ¨DJunt¨¦ el pu?o izquierdo con la palma derecha en se?al de respeto. ¨DMaestra Mirei. ¨DAgach¨® ligeramente la testa como reverencia¨D. Bienvenida. Por favor. Sigue a entrada. Acompa?ante tambi¨¦n. Obedecimos al kabaajin y descendimos por la escalera de caracol en silencio. Era obvio que era la primera vez que Lilina ve¨ªa a alguien de su raza, pues observaba ojipl¨¢tica el caparaz¨®n de tortuga que proteg¨ªa la espalda del anciano y los carapachos puntiagudos que resguardaban las m¨²ltiples articulaciones de sus largas extremidades. Yo, en cambio, me distraje con el siempre hipn¨®tico latigueo de su cuello, incapaz de mantenerse erguido. Al llegar a la estancia inferior, el gu¨ªa decidi¨® sentarse en la postura del loto (no sin cierto esfuerzo, la edad no perdona a ninguna raza), apoyado sobre una mullida esponja marina con forma de concha. Tuve que dar un codazo a Lilina para que no se quedara embobada con los corales luminosos que decoraban la habitaci¨®n y presentara sus respetos al gu¨ªa. ¨DSorprendido ¨Dse limit¨® a decir¨D. Petici¨®n de ayuda hoy mismo. Gracias por prisa. ¨DNo s¨¦ de qu¨¦ me hablas. ¨DMe hice con una de las esponjas y me arrodill¨¦ sobre ella. Tambi¨¦n hice un gesto a Lilina para que me imitara¨D. He venido por cuenta propia. Pero si necesit¨¢is ayuda... Dudo que sea por algo distinto. ¨DKabaajin conf¨ªan en Maestra Mirei. ¨DRecorri¨® el aire con el brazo derecho en se?al de respeto¨D. T¨² habla con Jefe Ridamaru. ¨¦l explica m¨¢s. ¨D?Tiene algo que ver con...? ¨DIntent¨¦ buscar palabras para explicar el concepto ?una se?al energ¨¦tica proveniente de una extra?a m¨¢quina capaz de enloquecer a un varnu hibernante? a una tribu no muy ducha en el lenguaje humano¨D. ?Alguno de los vuestros se siente mal? ¨DS¨ª. Buscador Daibasuke hace extra?as cosas. ¨DFij¨® su mirada en Lilina. Conociendo sus costumbres, estar¨ªa extra?ado de que a¨²n no se hubiera presentado¨D. Detalles dar¨¢ Jefe Ridamaru. ¨D?Maestro Montaro! ¨Dla adolescente levant¨® la voz de forma en¨¦rgica, aunque con un deje de nerviosismo¨D. ?Encantada de conocerle! ?Le ruego me permita unirme! ?Por favor! ¨DJoven humana. Siquiera conozco nombre. Rudo pedir permisos reservados para Maestros sin presentaci¨®n siquiera. ¨D?Me llamo Lilina! ¨Dreplic¨® con la cara enrojecida¨D. Ruego me disculpe... ?Es mi primera vez! ¨DMaestra Mirei ¨Drecobrando su sonrisa, se dirigi¨® a m¨ª¨D. ?Joven acompa?ante desea ser Maestra? La adolescente quiso responder, pero le sise¨¦. Por suerte, supo captar el mensaje r¨¢pidamente y cej¨® su empe?o en interrumpir la conversaci¨®n. ¨DLa chica que me acompa?a es mi aprendiza ¨Dexpliqu¨¦¨D. Es su primera misi¨®n y pocas cosas me honrar¨ªan m¨¢s, si el tiempo no apremia, que su iniciaci¨®n en esta tribu. Soy consciente de que es demasiado joven para hacerse con el t¨ªtulo de Maestra, pero... ¨DPor la Maestra Mirei, podemos hacer peque?a excepci¨®n. No Maestra... ?Aprendiza? Lucha ser¨¢ contra peque?a estudiante. Si ella supera prueba... Otorgo permiso para ayudar a Mirei en petici¨®n. ¨D?De acuerdo! ¨DLa muchacha salt¨® de la emoci¨®n, pero pudo recomponerse r¨¢pido¨D. ?M¨ªrame, Mirei! ?Vas a estar orgullosa! ¨DMas, Maestra... ¨Dapremi¨®¨D. Tengo pedirte buscar a Jefe mientras. Nosotros organizar iniciaci¨®n en ausencia. El anciano se levant¨® de su asiento y cogi¨® un caparaz¨®n espiral de uno de los estantes. En primer lugar, sopl¨® con fuerza por ¨¦l y acto seguido empez¨® a gru?ir con distintas frecuencias. No tard¨® en escuchar las respuestas. Por desgracia, nunca hab¨ªa tenido tiempo para aprender el idioma de los kabaajin, as¨ª que tuve que esperar a una traducci¨®n. ¨DJoven Lilina. Puedes esperar. ¨DSe desplaz¨® a su asiento mientras hablaba¨D. Maestra Mirei, ya sabes camino. Normalmente acompa?ar¨ªa, pero tengo que vigilar. *** El Jefe Ridamaru era lo opuesto a lo que cabr¨ªa esperar del l¨ªder de una tribu. Joven, atl¨¦tico, con hileras de escamas de color carmes¨ª donde un humano llevar¨ªa el pelo y un lenguaje corporal muy dicharachero. Aunque, a cambio, su vestuario s¨ª que dejaba clara su posici¨®n: el tradicional tocado de conchas que llev¨® su predecesor, decenas de collares conmemorando sus logros, una t¨²nica (que en t¨¦rminos humanos parec¨ªa mas bien un delantal elegante) cubriendo su parte delantera... Incluso su arma de elecci¨®n era una preciosa vara marina engarzada con una enorme gema de ¨¦ter h¨ªdrico en lugar de algo m¨¢s tradicional entre los suyos como una katana o un arco de agua. Sus m¨¦ritos para haber llegado a dirigir a los suyos eran evidentes: no solo era un gran luchador (tuve que comprobarlo yo misma en mi iniciaci¨®n antes de que se ganara el puesto), sino que su intelecto era impresionante incluso para los est¨¢ndares humanos. Sabio por delante de sus a?os, viajero y amante de otras culturas y probablemente el ¨²nico de su raza capaz de usar nuestro lenguaje con soltura. Era normal que el puesto acabase en sus manos tan pronto. ¨DTienes un gran talento para adelantarte a la llamada, amiga m¨ªa. ¨DJunt¨® sus manos en el tradicional sello de bienvenida. Le devolv¨ª el gesto¨D. Siempre me ha gustado eso de ti. ¨D?Tanto me has echado de menos, Rida? Aunque cualquier persona que creyese en el protocolo se enfadar¨ªa por ello, el kabaajin vino a darme un abrazo. Sin dudar un instante, se lo devolv¨ª. Eso s¨ª, con cuidado de no da?arme con sus pinchos, que eran muy traicioneros. ¨DAqu¨ª no hay muchos luchadores tan buenos como t¨², he de admitir ¨Dbrome¨®¨D. Pero tampoco es que me dejen batirme con ning¨²n aspirante a estas alturas de la vida. Ya sabes. Aburrida burocracia. ¨DMenos mal que vengo a entretenerte de tanto en cuando, entonces. ¨DMe temo que hoy no va a ser uno de esos d¨ªas. ¨DYa he o¨ªdo, s¨ª. ¨DAgach¨¦ la cabeza, desanimada¨D. Pobre Daibasuke. ¨D?Sabes qu¨¦ le pasa? ¨DTengo una leve idea, pero necesito que me proporciones toda la informaci¨®n que tengas disponible. ¨DAprovech¨¦ para sentarme. A pesar de estar en presencia del jefe de la tribu, hab¨ªa suficiente confianza como para adoptar una postura c¨®moda¨D. Por ahora solo soy capaz de intuir que hay algo que le est¨¢ volviendo loco. Algo mec¨¢nico. ¨DEso es. ¨DApart¨® la mirada, apesadumbrado¨D. Un d¨ªa vino de una de sus expediciones con un artefacto extra?o. De hecho, lo primero que pensamos al verlo es que ser¨ªa buena idea vend¨¦rtelo por un m¨®dico precio. ¨DNo me f¨ªo de vuestra definici¨®n de m¨®dico. ¨DArrugu¨¦ la nariz¨D. Pero prosigue. ¨DEl caso es que, seg¨²n los testigos, el artefacto empez¨® a emitir un extra?o chirrido. Al principio, pensaron que era una peculiaridad de la m¨¢quina. Ya sabes, para ellos este tipo de artefactos son poco m¨¢s que una fuente de ingresos, y nunca se han molestado en entenderlos. ¨DPar¨® para soltar un largo suspiro¨D. Sea como fuere, si la historia hubiera acabado ah¨ª no estar¨ªamos reunidos. Poco a poco, el muchacho empez¨® a perder la cordura. A aferrarse a la m¨¢quina como si le poseyera. A volverse hura?o y agresivo. ¨D?Hubo da?os? ¨Dquise saber¨D. Me top¨¦ con un varnu que... ¨DNo, por suerte. Sin los l¨ªmites de la mente protegiendo su cuerpo. ten¨ªa bastante m¨¢s fuerza de la que podr¨ªas esperar de un adolescente. Pero no la us¨® para da?arnos. Solo quer¨ªa huir y recluirse. Eso s¨ª, cualquier intento por sacarle de ah¨ª... ¨D?Est¨¢ bien? ¨DEso nos gustar¨ªa saber. Sabemos d¨®nde se ha asentado. Sabemos que sale de tanto en cuando para conseguir algo de comida, aunque es dif¨ªcil seguirle la pista. Est¨¢ extra?amente protector con su nueva morada y poca gente puede acercarse a comprobarlo. ¨DD¨¦jame adivinar: no pueden comprobarlo porque se trata de un lugar importante para vosotros. Lo quer¨¦is fuera de ah¨ª, pero os preocupa la forma de sacarlo. Quiero decir... si no fuera as¨ª, no habr¨ªais enviado una petici¨®n de ayuda a la superficie tan r¨¢pido. Quer¨¦is a alguien que entienda esa m¨¢quina y salve al chico, al fin y al cabo. ¨DVeo que tu intuici¨®n sigue igual de afilada que siempre, amiga m¨ªa. ¨DSus ojos mostraron cierto orgullo¨D. Imagino que, con lo que te cuento, ya tienes toda la informaci¨®n que necesitas para terminar de montar el proverbial puzle. Aunque si quieres o¨ªr m¨¢s, estar¨¦ encantado de... Negu¨¦ con la cabeza. No hac¨ªa falta: a esas alturas solo hab¨ªa un lugar que encajara con esa descripci¨®n. ¨DEl templo del Drag¨®n Marino ¨Dcontest¨¦¨D. Hubiera preferido que mi primera visita fuera en otras circunstancias, pero no voy a rechazar una oportunidad as¨ª. Cap铆tulo 4 - Lilina Rapsen ¨DJoven Lilina. Puedes esperar. Maestra Mirei, ya sabes camino. Normalmente acompa?ar¨ªa, pero tengo que vigilar. Mirei dej¨® la habitaci¨®n y mi mente empez¨® a vagar para distraerme de una situaci¨®n que me estresaba bastante m¨¢s de lo que estaba dispuesta a admitir. ?Estaba all¨ª porque confiaba en m¨ª lo suficiente como para dejarme sola o me hab¨ªa dejado en esta habitaci¨®n para que un anciano kabaajin hiciera de canguro? No... no se trataba de ninguna de las dos cosas. Lo que me estaba dando era una oportunidad. Me golpe¨¦ las dos mejillas al un¨ªsono (llamando la atenci¨®n del portero m¨¢s de lo que me hubiera gustado) y me puse en pie de un salto. ?Solo era un combate de evaluaci¨®n! ?Estaba bien entrenada! ?Claro que pod¨ªa con ello! Pero... ?cu¨¢les eran las costumbres de combate aqu¨ª? ?Iba a tener que batirme a pu?etazos? ?Valdr¨ªa cualquier cosa en la que fuera experta? Pens¨¦ en las provisiones que hab¨ªa tra¨ªdo conmigo. No llevaba ninguna hoja de m¨¢s de quince cent¨ªmetros encima. ?Tendr¨ªa que batirme en duelo a muerte con cuchillos? ?No! ?Claro que no iba a ser a muerte! ?Por qu¨¦ estaba pensando tantas estupideces? Ser¨ªa un combate limpio y justo. Mirei dijo que los kabaajin eran una raza honorable. ¨DMaestro Montaro. Joven Lilina. La voz de una joven kabaajin ataviada con un b¨¢sico traje de combate de tela atado con un cintur¨®n trenzado de color negro interrumpi¨® mi hilo de pensamiento. Al echarle un vistazo r¨¢pido, me pregunt¨¦ c¨®mo se diferenciaban los machos y las hembras de su especie. S¨ª, hab¨ªa alg¨²n rasgo que me pod¨ªa dar una idea (esa melena de escamas pod¨ªa evocar algo de feminidad si la intentaba traducir a t¨¦rminos humanos), pero por lo dem¨¢s, no era muy distinta al guardi¨¢n de la puerta. Era mucho m¨¢s menuda que ¨¦l, eso s¨ª. A pesar de las altas sandalias de madera que llevaba, segu¨ªa estando media cabeza por debajo de m¨ª. Mi cabeza se llen¨® sobre preguntas sobre su fisiolog¨ªa, pero la voz de mi hermana reson¨® en mi cabeza, diciendo que quiz¨¢ tendr¨ªa que haber le¨ªdo un poco sobre los habitantes de la Cala antes de apuntarme a la aventura tan a la ligera. Apart¨¦ la mirada de repente, algo avergonzada de haber estado fijando mis ojos en ella durante tanto rato. ¨DJoven Lilina ¨Ddijo el guardi¨¢n de la puerta, no muy preocupado por mi inc¨®moda reacci¨®n¨D. Conoce Minarai. Joven estudiante de escuela kabaajin. Ella tu rival, futura compa?era en Abakh. ¨DE-encantada. ¨DAl ver que la muchacha se inclinaba hacia delante, repliqu¨¦ el gesto con torpeza¨D. ?Yo soy Lilina! Bueno, eso ya lo sabes... ?Vengo de Coaltean! ?Gracias por permitirme batirme en duelo contigo! ?Es mi primera vez! ¨DSer¨¦ suave con novata. ¨DSolt¨® una risilla que, de no ser por la inocencia infantil de su tono, habr¨ªa sonado sard¨®nica¨D. Feliz de luchar joven humana. Montaro comenz¨® a hablar en lo que asum¨ª que ser¨ªa la lengua local. Aunque intent¨¦ poner el o¨ªdo, las diferencias fon¨¦ticas eran tan grandes que ni siquiera pod¨ªa inferir el tono, pero algunos gestos y ademanes eran lo suficientemente universales como para saber que se trataba de alg¨²n tipo de advertencia. ¨DNormas de duelo ¨Dvolvi¨® a hablar en el idioma humano¨D. Solo cuerpo y armas kabaajin. No armas humanas. No magia l¨ªquida. Tampoco magia cristal. Perdedor derribado que no se puede levantar. ¨D?No magia cristal en armas? ¨DMinarai parec¨ªa decepcionada¨D. ?Duelo de ni?os! ¨DEres ni?a. ¨DMontaro acerc¨® su cabeza a la aprendiza estirando su cuello¨D. Invitada tambi¨¦n. ¨D?Ya mayor! ¨DLa expresi¨®n facial que portaba era claramente de decepci¨®n, pero pod¨ªa empatizar con su sentimiento¨D. ?Cre¨ªa que primer duelo con humana ser¨ªa real! ¨DA¨²n estudiante, aunque fuerte ¨Dasever¨®, haciendo danzar su dedo ¨ªndice en el aire¨D. Solo dos meses para graduar. Esto es favor a Maestra Mirei. As¨ª, dos aprenden. Oponentes que nunca han luchado. La muchacha no respondi¨®, pero se quit¨® el ornamentado tridente que llevaba enganchado en la espalda y lo dej¨® frente al anciano con delicadeza. Acto seguido, abri¨® un arc¨®n del que sac¨® dos sais hechos de coral y los zarande¨® en el aire durante un corto rato, como si estuviese intentando calcular su peso. A pesar de su apariencia fr¨¢gil, eran bastante r¨ªgidos y se mov¨ªan bien en el aire. No obstante, no se convenci¨® por ellos hasta que entrechoc¨® la punta central de uno contra las laterales del segundo, produciendo un sonido claro y relajante. ¨DPor favor, Joven Lilina. Deja cosas aqu¨ª. Para duelo justo, ambas usar¨¦is traje de entrenamiento. Obedec¨ª sin rechistar y me hice con unos ropajes que pens¨¦ que se aproximar¨ªan a mi talla. A pesar de haber pasado un tiempo guardados en un caj¨®n junto a un mont¨®n de armas, estaban limpios y desprend¨ªan un olor suave y placentero. ¨D?D¨®nde puedo...? ¨DMir¨¦ hacia los lados buscando un lugar en el que ocultarme. ¨D?Oh! ?Claro! ¨Drepar¨® el portero¨D. ?Pudor humano! ?Siempre olvido! El anciano se levant¨® de su esponja marina y movi¨® el biombo que ten¨ªa detr¨¢s para ponerlo cubriendo gran parte de una esquina. ¨DPuedes usar calzas humanas, si deseas. Muchos quejan cuando piernas arriba y nosotros vemos partes privadas para ellos. No nos importa, pero ellos averg¨¹enzan. Era bastante extra?o (aunque sorprendentemente c¨®modo) llevar un traje de entrenamiento que dejase brazos y piernas libres, pero el resto se ce?¨ªa sorprendentemente bien gracias a los diversos cintos que colgaban de ¨¦l. Imagin¨¦ que su prop¨®sito era el poder ajustarse a caparazones de distintos tama?os, pero si los cerrabas completamente pod¨ªan encajar en la espalda de una adolescente humana. No obstante, s¨ª que decid¨ª mantener mi calzado original, ya que el peso de la madera me desequilibrar¨ªa y no era el mejor momento para adaptarme a ello. ¨DBuen porte ¨Dapreci¨® la muchacha al echarme un vistazo de arriba abajo¨D. Solo resta elegir arma, podremos comenzar. ¨DQuiz¨¢ necesite un poco m¨¢s de tiempo para eso. ¨DMe avergonc¨¦, abrumada por la cantidad de opciones disponibles¨D. Espero que eso no sea un problema. Tras un inc¨®modo rato en el que sent¨ªa c¨®mo todos los ojos me acusaban por mi indecisi¨®n, supe elegir el arma que cre¨ªa que me pod¨ªa dar una oportunidad frente a mi rival: una sinuosa lanza marina. No era la versi¨®n del arma que los humanos est¨¢bamos acostumbrados a blandir, ya que contaba con conchas en los laterales para hacer las veces de guardia, pero me las apa?ar¨ªa con ella. Adem¨¢s, su borde de metal rojizo llamaba mi atenci¨®n. El recordatorio de los t¨¦rminos del duelo fue breve: el objetivo era la sumisi¨®n y cualquier acto que pusiera en peligro nuestra integridad supondr¨ªa la descalificaci¨®n inmediata. El ¨¢rbitro se reservaba el derecho a parar el combate en cualquier momento y, si lo estimaba oportuno, era libre de solicitar rondas adicionales para ajustar su juicio. ¨DAdelante. Minarai se mantuvo defensiva: adelant¨® uno de sus pies y cruz¨® las puntas centrales de sus sais. Su mirada me invitaba a ser yo quien realizara el primer asalto, y ten¨ªa tantas ganas de enzarzarme en combate que no pude negarme a esa provocaci¨®n. Sal¨ª corriendo hacia delante con la intenci¨®n de sorprenderla con una finta y golpearla desde el lateral, pero su reacci¨®n fue inmediata y par¨® la lanza sin esfuerzo con una sola de sus armas, retorci¨¦ndola hacia dentro para que no pudiera recuperarla. El duelo no hab¨ªa hecho m¨¢s que comenzar y ya estaba en una posici¨®n de desventaja. Si no se me ocurr¨ªa algo r¨¢pido, podr¨ªa tirar de m¨ª hacia arriba y dejarme colgando (o peor a¨²n, desarmada al principio del combate), as¨ª que ten¨ªa que reaccionar r¨¢pido. Echando un vistazo fugaz, pude atisbar c¨®mo su cuello serpenteaba indeciso, por lo que aprovech¨¦ el momento para propinarle una patada en el costado que hizo que su firme agarre se distrajera y una de sus armas volara hacia arriba. Podr¨ªa haber aprovechado para intentar hacerme con el sai volador, pero a juzgar por las capacidades de mi oponente, iba a ser una estrategia m¨¢s que arriesgada. En su lugar, aprovech¨¦ el momento de confusi¨®n para recomponerme y adoptar una posici¨®n defensiva para anteponerme a cualquier clase de ataque. Intent¨¦ adelantarme a sus acciones y pensar en su reacci¨®n m¨¢s probable. ?Recuperar¨ªa el arma y vendr¨ªa a la carrera a por m¨ª? Entonces, lo que deb¨ªa hacer ser¨ªa parar su acometida con las guardias de concha y aprovechar ese momento de desequilibrio para atacar. S¨ª. Eso funcionar¨ªa. No obstante, mi falta de costumbre con su raza me volvi¨® a dejar en evidencia: no tuvo m¨¢s que estirar uno de sus largos brazos para recuperar el arma en un instante. Y se dio cuenta de cu¨¢n at¨®nita me hab¨ªa quedado, porque aprovech¨® el momento de distracci¨®n para lanzar hacia m¨ª la que ten¨ªa en la otra mano. Para cuando pude darme cuenta de su treta, el tiempo que ten¨ªa para reaccionar era tan escaso que el improvisado bloqueo de ¨²ltima hora me hizo perder la planta. Y, en esa situaci¨®n, s¨®lo ten¨ªa que lanzarse contra m¨ª y, muy probablemente, me habr¨ªa derribado. Pens¨¦ r¨¢pido. O, al menos, todo lo r¨¢pido que me pod¨ªa permitir cuando mi equilibrio flojeaba y una serpiente tortuga entrenada para el combate se lanzaba contra m¨ª. Si incluso los ni?os eran tan talentosos, no me atrev¨ªa a imaginar c¨®mo Mirei pudo vencer a uno de sus expertos. Aprovech¨¦ la inercia que amenazaba con hacerme caer y clav¨¦ la lanza en el arenoso suelo para usarla de punto de apoyo. Enganch¨¦ uno de mis pies a ella y salt¨¦ en direcci¨®n contraria aprovechando la fuerza del giro. Ten¨ªa un margen muy justo, pero mis c¨¢lculos me permitieron (?por los pelos!) saltar fuera del ¨¢rea de placaje. ¨DUso poco com¨²n ¨Dla kabaajin solt¨® una carcajada¨D. Pero ahora, sin arma. Lanz¨® uno de sus sais mientras recobraba la postura. Esta vez estaba m¨¢s preparada y me agach¨¦ por debajo de su trayectoria. Intent¨® golpearme con el otro y, al ver que tampoco tuvo ¨¦xito, se hizo con la lanza que estaba clavada en su posici¨®n. Sab¨ªa que si me daba la vuelta para intentar hacerme con las armas que hab¨ªa lanzado Minarai estar¨ªa en desventaja; en el mejor de los casos, dejar¨ªa mi espalda desprotegida ante un ataque m¨¢s que certero. No, la ¨²nica opci¨®n que me mantendr¨ªa en la refriega era enfrentarme a una lanza con las manos desnudas. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Si hubiera tenido mi alforja a mano, seguro que habr¨ªa podido salir del brete... Pero no pod¨ªa depender siempre de la alquimia. Ten¨ªa que valerme por m¨ª misma en esa prueba. As¨ª que us¨¦ la ¨²nica herramienta que me quedaba: pensar. ??Qu¨¦ har¨ªa Mirei?? era una pregunta tan buena como dif¨ªcil de responder, y el tiempo apremiaba. As¨ª que decid¨ª la no tan validada estrategia opuesta: el ??qu¨¦ har¨ªa que Mirei se enfadara conmigo?? Ten¨ªa que ser algo lo bastante creativo como para funcionar. Una soluci¨®n imprevista a un problema apremiante. Un riesgo innecesario que rompiese en mil pedazos las normas establecidas. Susurr¨¦ un ?lo siento, hermana?, para mis adentros y la soluci¨®n apareci¨® en mi mente. Ten¨ªa que ser pragm¨¢tica, fuerte e inesperada. As¨ª que, con todas mis fuerzas, empec¨¦ a correr en su direcci¨®n y... me deslic¨¦ c¨¦lere por el suelo con la esperanza de que un golpe inesperado en uno de sus pies la hiciera caer de bruces al suelo y me proporcionara el respiro necesario para recuperar mi ventaja. Sorprendentemente, funcion¨®. Al impactar contra su pie derecho, la chica perdi¨® su estabilidad y no tuvo tiempo para reaccionar antes de caer de frente. Pero la inercia que llevaba no era suficiente como para cruzar bajo sus piernas y, cuando se desplom¨® contra el suelo, yo a¨²n estaba debajo. Y as¨ª fue como aprend¨ª, a las malas, que los kabaajin eran bastante m¨¢s densos que los humanos. ¨DBuen intento ¨Dse limit¨® a responder mientras bloqueaba mis esfuerzos para levantarme de nuevo rode¨¢ndome con sus brazos¨D. Pero deber¨ªas haberte apartado cuando a tiempo. Patale¨¦ con todas mis fuerzas, pero el combate ya estaba perdido. Mi mal c¨¢lculo me hab¨ªa puesto en la posici¨®n exacta que me llevar¨ªa a la derrota. ¨DBuen trabajo, Minarai. ¨DMontaro parec¨ªa divertido por la exhibici¨®n¨D. Contar¨¦ haza?a a instructor. Mirei iba a estar decepcionada conmigo, ?verdad? Me levant¨¦ desganada y me inclin¨¦, dispuesta a disculparme por mis errores. No obstante, cuando comenc¨¦ a hablar, el kabaajin me sise¨® para interrumpirme. ¨DDerecho pedir segunda ronda, ?no? ¨DSonri¨® afablemente, y mi verg¨¹enza se esfum¨® de un plumazo¨D. Joven Lilina... Potencial. Quiero ver m¨¢s. Si Minarai de acuerdo. ¨DDemasiado f¨¢cil ¨Dbuf¨® la joven¨D. Claro quiero m¨¢s. Chica no acostumbrada luchar con kabaajin. Poco justo. Sonre¨ª t¨ªmidamente y me sacud¨ª la arena del traje. Me dirig¨ª a recuperar las armas del suelo, pero una estruendosa campana me ensordeci¨®. ¨DM¨¢s visitantes. ¨DEl portero no parec¨ªa muy sorprendido¨D. Quiz¨¢ alguno ofrecer ayuda con problema. Aguardad. *** Hab¨ªan pasado al menos quince minutos desde que Montaro subi¨® a la superficie y a¨²n no hab¨ªa noticias de ¨¦l. La muchacha que me acompa?aba empezaba a mostrarse impaciente mientras miraba su tridente. ¨DVoy subir ¨Ddijo de repente agarrando con fuerza el arma, que se ilumin¨® ligeramente unos instantes¨D. Quedad aqu¨ª. Me negu¨¦ con muchos aspavientos. Sab¨ªa perfectamente que eso iba en contra de las reglas que Mirei me hab¨ªa impuesto, pero... No pensaba quedarme esperando sola en una situaci¨®n as¨ª. Si era peligroso, tampoco pod¨ªa dejar que una estudiante fuese la ¨²nica en asistir. ¨DNo tarea m¨ªa convencerte. ¨DSe encogi¨® de hombros, haciendo danzar todas las articulaciones de sus brazos¨D. Adem¨¢s, buena luchadora. Coge cosas, pues. Me enfund¨¦ r¨¢pidamente el cintur¨®n de herramientas y me colgu¨¦ la alforja del hombro; no hab¨ªa tiempo para ponerme el complicado equipo de exploraci¨®n submarina de nuevo. Acelerada (y algo m¨¢s emocionada por un posible altercado de lo que estaba dispuesta a admitir), sub¨ª las escaleras de caracol a zancadas tras la nativa. Mientras abr¨ªamos la esclusa, se escuch¨® un alarido de dolor. ?Montaro estaba en peligro! ¨DOh, parece que alguien nos ha abierto la puerta ¨Duna voz femenina algo quebrada parec¨ªa divertirse¨D. ?Ves, Giro? Solo hab¨ªa que hacer algo de ruido. ¨D?Montaro! ¨Dgrit¨® la estudiante¨D. ?Qu¨¦ pasado? Intent¨® responder en su lengua, pero un alarido se interpuso en su garganta. ¨DVaras el¨¦ctricas ¨Dexpliqu¨¦ al ver los aparatos que sosten¨ªan los atacantes¨D. As¨ª que incluso unos bandidos del tres al cuarto pueden hacerse ya con unas. ¨DHa sido una buena inversi¨®n ¨Daclar¨® el tal Giro, zarandeando la suya con orgullo y una mirada s¨¢dica. Acto seguido se apart¨® un mech¨®n de pelo de la cara¨D. Las criaturas del agua no se llevan muy bien con ellas, ?no, Zacchi? ¨DMe ofende que me llam¨¦is bandida. ¨DLa mujer hizo unos gestos teatreros, sin dejar de presionar la punta de la vara contra el portero¨D. Me gusta m¨¢s el t¨¦rmino ?aventurera del pillaje?. Es f¨¢cil: abridnos, nos llevamos unos cuantos objetos de valor y nos marchamos. Sin hacer mucho caso a la palabrer¨ªa de la ladrona, cog¨ª uno de los frascos que colgaban del cintur¨®n y le di un trago. Dej¨¦ el resto en las manos de la confusa estudiante y me lanc¨¦ hacia los intrusos con la navaja que hab¨ªa afanado esa misma ma?ana al molesto empresario. ¨D?Quieres bailar, jovencita? ¨DEl hombre respondi¨® a los tajos con unas esquivas casi coreografiadas¨D. ?Con mucho gusto! No tard¨® en propinarme un buen pu?etazo en el est¨®mago mientras evad¨ªa los cortes. Por la expresi¨®n de sus alegres ojos verdes, parec¨ªa que estaba divirti¨¦ndose. ¨D?Giro! ?Deja de hacer el imb¨¦cil y enc¨¢rgate de ella! ¨D?Nunca me dejas pas¨¢rmelo bien, Zacchi! ¨DVolvi¨® a apartarse el pelo hacia el lado con una mueca divertida¨D. De acuerdo... El muchacho se movi¨® con una presteza que superaba f¨¢cilmente cualquier movimiento que pudiera hacer. Casi sin que pudiera reaccionar a ello, cogi¨® la vara el¨¦ctrica y la presion¨® contra mi cuello, recorri¨¦ndolo con cuidado. ¨DYa sabes lo que hace esto, ?verdad? ¨DNo tuvo que dar m¨¢s explicaciones, pero hizo que su pulgar jugueteara sobre el bot¨®n¨D. As¨ª que... Haced lo que digamos y no tendremos problemas. ¨DTengo una idea mejor... ¨DMe llev¨¦ de forma poco disimulada la mano a la alforja¨D. No. Todo ocurri¨® en un abrir y cerrar de ojos. En primer lugar, el villano puls¨® el interruptor que har¨ªa que la vara lanzara una descarga. Como era de esperar, sus m¨²sculos se relajaron al sentir que estaba en control de la situaci¨®n. Pero las chispas, lejos de hacerme el da?o que pod¨ªa esperar, se limitaron a rodar por mi cuello. Poco a poco, empezaron a deslizarse hacia el suelo como si de gotas de agua se trataran, ante la reacci¨®n at¨®nita de mi rival. Aprovech¨¦ la distracci¨®n para verter un vial a sus pies, di un salto hacia atr¨¢s antes de desplegar de nuevo la navaja y arremet¨ª de nuevo con ella. El hombre parec¨ªa creerse de nuevo liderando la danza, pero el mejunje no tard¨® en adherir sus pies al suelo, impidiendo en gran medida su capacidad de esquivar los tajos. Ya lo ten¨ªa donde quer¨ªa: a pesar de la obvia diferencia de habilidad f¨ªsica, ahora el que ten¨ªa un arma flirteando con su cuello era ¨¦l. No obstante, no me hubiera gustado tener en mi conciencia el deshacerme letalmente de un mala vida como ¨¦l (ni de llevarme una bronca de Mirei por ello), as¨ª que cambi¨¦ de estrategia y le sorprend¨ª con un pu?etazo en la cara con el que planeaba dejarle inconsciente. Por desgracia, mi fuerza no fue suficiente (algo que quiz¨¢ deber¨ªa haber asumido por nuestra diferencia de complexiones), as¨ª que tuve que complementarlo con uno de los viales de mi cintur¨®n. Y, sin mucho m¨¢s esfuerzo, el imponente bandido acab¨® sedado en un pegajoso charco gracias al poder del ingenio humano y la alquimia. Incluso me tom¨¦ unos instantes de m¨¢s para presumir delante de la que antes hab¨ªa sido mi rival. ¨DHe de admitir ¨Dapreci¨® la kabaajin, aunque par¨® para dar un trago al resto de la poci¨®n¨D. Eres mejor que cre¨ªa. Digna aprendiza de Maestra. ¨D?Eh! ?Que sigo aqu¨ª! ¨DLa bandida, indignada, dio otra descarga al pobre Montaro, que se retorci¨® de dolor¨D. ?Me da igual lo que le hag¨¢is a ese in¨²til! ?Soy yo quien tiene el reh¨¦n! ?Y vais a hacer exactamente lo que diga! Me lanc¨¦ instintivamente a por ella, pero Minarai se interpuso. ¨DYa visto magia l¨ªquida. ¨DMe gui?¨® el ojo¨D. Sorprendente ingenio humano. Pero ahora, t¨², ?mira magia cristal! En primer lugar, plac¨® con uno de sus pinchudos hombros a la mujer antes de que pudiera reaccionar. Para sorpresa de nadie, su intento de defenderse con una descarga fue in¨²til, por lo que se deshizo de la vara y sac¨® una espada corta de su cinto. Aprovech¨¦ para atender al kabaajin herido. Por suerte, la mayor¨ªa de las heridas eran quemazones externas que pod¨ªa tratar con uno de los ung¨¹entos que llevaba encima. El anciano era mucho m¨¢s resistente de lo que su edad indicaba y, probablemente, habr¨ªa vencido a los asaltantes sin problema de no ser por el elemento sorpresa de las varas el¨¦ctricas. ¨DAtenta a lucha. Interesante lecci¨®n. ¨DHizo que el cuello se bamboleara para se?alar¨D. Curaci¨®n despu¨¦s. Minarai empu?¨® el tridente e hizo que los ornamentos se iluminaran de un caracter¨ªstico tono azulado. ¨¦ter h¨ªdrico, si no iba mal errada. De repente, la humedad del ambiente comenz¨® a condensarse alrededor de los tres dientes del arma en lo que parec¨ªa una esfera de agua. ¨D?Vas a... mojarme? ¨Dse burl¨® la intrusa¨D. Esto es terriblemente triste. Me da incluso pena darle una paliza a una ni?a y sus juguetes, pero que no se diga. La ?ni?a? no se tom¨® la provocaci¨®n a la ligera y concentr¨® m¨¢s la energ¨ªa del arma. No era una experta en la materia (y definitivamente, nunca lo hab¨ªa visto en acci¨®n hasta ese momento), pero sab¨ªa que las cuatro tribus eran capaces de conectar el ¨¦ter de su cuerpo con uno de los elementos b¨¢sicos a trav¨¦s de los cristales. Seg¨²n Rory, eran capaces de hacerlo de forma natural, sin necesidad de un catalizador alqu¨ªmico o mec¨¢nico como ten¨ªamos que hacer los humanos. Aun as¨ª, muchos se ayudaban de armas para aunarlo a una disciplina marcial y optimizar sus resultados, pero en realidad lo ¨²nico que requer¨ªan era tener un cristal lleno del ¨¦ter de la afinidad adecuada cerca de ellos. ¨D?Sayu, Dragona del Agua! ¨Dclam¨® en un grito desgarrador¨D. ?Dame tu fuerza! Gir¨® el tridente en el aire y el cristal empez¨® a extraer m¨¢s agua del ambiente. Unos anillos h¨ªdricos comenzaron a rodear la cabeza del arma. Sin mediar m¨¢s palabra, atraves¨® el aire con sus pinchos. ¨D?Minarai! ¨DMontaro parec¨ªa enfadado. Por alg¨²n motivo, us¨® el idioma humano para que yo fuera consciente de que lo que estaba haciendo no era bueno¨D. ?Minarai, tienes prohibido...! En el ¨²ltimo momento, cambi¨® ligeramente la trayectoria con una mueca de decepci¨®n. Pero el resultado de la ?magia cristal? no cambi¨®: el agua empez¨® a concentrarse en un haz a presi¨®n que sali¨® disparado con fuerza en direcci¨®n a su rival. El peque?o desv¨ªo evit¨® que el torrente cruzara su pecho, pero le cercen¨® un brazo de cuajo, que impact¨® contra el l¨ªmite de la burbuja muchos metros m¨¢s atr¨¢s. La herida, aunque limpia, sangraba con fuerza. La bandida tard¨® un poco en reaccionar, pero el bramido que emiti¨® por el dolor debi¨® escucharse con a¨²n m¨¢s fuerza que la campana de la entrada. E, instantes despu¨¦s, sus ojos se pusieron en blanco, como si hubiese echado toda su fuerza por la boca antes de caer inconsciente sobre un charco de su propia sangre. ¨D?Joven Lilina! ?Salva su vida! ¨Dapremi¨® el anciano¨D. Ser¨¢ bandida, mas... Comenz¨® a gritar con furia en su idioma. Y me asust¨¦ un poco. Nunca hubiera imaginado que un anciano tan afable pudiera enfadarse hasta el punto de que una reprimenda suya fuera tan aterradora sin entender siquiera sus palabras. O quiz¨¢ no entenderlas fuera lo que me asustaba. *** Por suerte, pude cauterizar la herida de la mujer antes de que acabara por desangrarse. Le hice beber un t¨®nico reconstituyente a la fuerza y, una vez estabilizada, me la ech¨¦ al hombro para ?darle los mejores cuidados posibles? en los calabozos de Abakh. Era un poco triste ver a dos bandidos tan j¨®venes as¨ª de maltrechos y vestidos con harapos en una mazmorra, pero respir¨¦ aliviada pensando que segu¨ªa siendo mejor que un destino letal. ¨DJusticia humana decidir¨¢ ¨Dme inform¨®¨D. Por ahora, nosotros guardianes. He de comunicar Ridamaru, pero ¨¦l con Mirei. Respecto Minarai... Instructor decidir castigo. Arma cristal requisada mientras. ¨D?No es justo! ¨Dprotest¨®, dejando el lugar con furia¨D. ?Defend¨ªa Abakh! ?Deber¨ªas felicitar fuerza! ¨DEn cambio, Joven Lilina... ¨DMe mir¨® de arriba abajo¨D. Ahora Aprendiza Lilina. Muy impresionado con lucha arriba. Quiz¨¢ no suficiente fuerte sin magia l¨ªquida, pero inteligente y responsable. Buena mente en cabeza, como de Maestra. ¨D?Puedes poner eso por escrito para Mirei? ¨DUna vez la adrenalina del combate hab¨ªa empezado a disiparse, pude re¨ªr de nuevo¨D. Seguro que no se lo cree si se lo digo yo. Uno de los kabaajin que vigilaban la mazmorra se acerc¨® a nosotros con una bolsa de cuero. Dijo algo en su lengua a Montaro. Intent¨¦ preguntarle algo, pero no parec¨ªa entender nuestro idioma. ¨DPertenencias de bandidos ¨Dtradujo¨D. Creo has ganado derecho a ellas en combate. Tradici¨®n kabaajin. A primera vista, no hab¨ªa mucho de especial inter¨¦s aparte de las varas el¨¦ctricas: el equipo de exploraci¨®n submarina, algunas armas peque?as, la espada de Zacchi (que, sabiendo que no iba a poder blandir de nuevo, tambi¨¦n me agenci¨¦) y dos tarjetas met¨¢licas. Ambas mostraban una n¨ªtida instant¨¢nea de los bandidos, pero bastaba con echar un vistazo para saber que las personas que hab¨ªamos arrestado no eran el Conde de Smarahild ni la Duquesa de Kaegsord. De hecho, no estaba segura de que eso fueran lugares reales siquiera. Pero lo que m¨¢s me llam¨® la atenci¨®n era el club del que les acreditaba como miembros. ¨D?Casa de subastas Tennath, Coaltean? ¨Dsonre¨ª con malicia¨D. Habr¨¢ que hacerles una visita. Cap铆tulo 5 - Mirei Rapsen La entrada al Templo del Drag¨®n Marino se hallaba justo en el centro de las subruinas de Abakh, a varios estadios de profundidad. Piso a piso, las escaleras de caracol se iban haciendo tan ornamentadas como tediosas. Lo que era ir¨®nico ya que, excluyendo el camino principal, cada planta era menos habitable que la anterior y empezaba a verse consumida por una c¨²pula totalmente opaca que restaba espacio a las estancias. ¨D?Obsidiana? ¨Dpregunt¨¦ para matar el silencio, pasando cuidadosamente mi mano por el muro. ¨DTan observadora como siempre, Mirei. ¨DRidamaru blandi¨® su b¨¢culo para desbloquear una esclusa con el control del agua¨D. Los lugare?os lo llamamos el Huevo Marino, pues es el lugar del que nace el ¨¦ter de agua, pero no es m¨¢s que una construcci¨®n de nuestros ancestros en honor a Sayu. Una que tambi¨¦n cuenta con utilidad pr¨¢ctica: nos sirvi¨® para mantener en pie los deteriorados cimientos de Abakh. ¨DEs un buen material para resistir la presi¨®n del agua ¨Dconsider¨¦¨D. ?Cu¨¢nto hemos descendido ya? ¨DEn vuestras m¨¦tricas, aproximadamente seiscientos metros. Lejos del Abismo, pero a suficiente profundidad como para que ning¨²n invento humano pueda acceder desde el exterior. ¨DDibuj¨® un moh¨ªn c¨®micamente serio en su rostro. No pude evitar que el aire se me escapara por las comisuras¨D. Algunos lo han intentado. ¨D?Ning¨²n invento humano? ¨DHace un par de semanas encontramos una especie de veh¨ªculo met¨¢lico en el que alguien pretend¨ªa descender. Pero... ¨DJunt¨® sus manos e imit¨® un crujido¨D. Tambi¨¦n lo han intentado algunos buzos con alquimia, pero todav¨ªa no existe un t¨®nico despresurizador que alcance estas cotas. ¨DNo lo entiendo... ?qu¨¦ ganan intentando entrar desde fuera? Aunque lograran superar la c¨²pula, tendr¨ªan que cruzar el Huevo. ¨DCreo que te falta algo de informaci¨®n, amiga m¨ªa. ¨DMe gui?¨® uno de sus ojos. Era extra?amente perturbador ver c¨®mo un kabaajin imitaba un gesto tan humano, pero sus intenciones lo hac¨ªan un acto agradable¨D. Mira por ti misma y saca tus conclusiones. La ¨²ltima puerta se abri¨® de un chasquido y la penumbra en la que nos hab¨ªamos adentrado se disolvi¨® de un plumazo. La c¨²pula de obsidiana estaba llena de inscripciones que refulg¨ªan con el tono caracter¨ªstico del ¨¦ter h¨ªdrico y una suerte de cristalera filtraba una luz desde el techo que, por motivos obvios, no pod¨ªa ser m¨¢s que una fabricaci¨®n et¨¦rica. Aun as¨ª, la sensaci¨®n que daba era similar al calor natural del sol, si bien su tinte tambi¨¦n era azulado. Pero no tard¨¦ en ver cu¨¢l era la pieza que necesitaba para terminar de montar el puzle. Al ver el exterior del Huevo conforme descend¨ªamos por las ruinas era l¨®gico asumir que se trataba de una semiesfera, pero desde el interior la perspectiva era distinta: casi un tercio de la pared no estaba ah¨ª. En su lugar un hueco dejaba entrar agua del exterior, batiendo la arena que lo rodeaba. ¨DEsto... no tiene ning¨²n sentido, ?verdad? ¨DMir¨¦ ojipl¨¢tica a mi gu¨ªa, haciendo m¨¢s aspavientos de los que me enorgullecer¨ªa admitir¨D. ?Una playa submarina? ?C¨®mo demonios se supone que funciona esto? ¨D?Y c¨®mo crees que funciona la burbuja que envuelve nuestra ciudad? No es sino de aqu¨ª donde nace la bolsa de aire en la que vivimos. Y tiene sentido: si Madre Sayu cre¨® los mares, Ella es capaz de decidir hasta d¨®nde llega Su dominio y d¨®nde nos permite vivir. Este santuario no es m¨¢s que una extensi¨®n de Su benevolencia, proporcion¨¢ndonos un lugar para presentarle nuestros respetos. ¨DRida, t¨ªo... Sabes que valoro mucho vuestra cultura, pero... soy una cient¨ªfica, no puedes justificarme algo as¨ª solo con teolog¨ªa. ¨DTan esc¨¦ptica como siempre, amiga m¨ªa. ¨DRecorri¨® una de las columnas con sus dedos. Unas peque?as part¨ªculas de ¨¦ter volaron de ellas¨D. Ya conoces nuestra magia de cristal. ?C¨®mo un ser todopoderoso en su elemento como Sayu no va a poder hacer lo que desee con ella? ¨D?Manipulaci¨®n del ¨¦ter? tiene mucho m¨¢s sentido, gracias. ¨DIntent¨¦ recomponerme para no parecer irrespetuosa¨D. Es maravilloso lo que un ser divino puede lograr. Por cierto, ?d¨®nde est¨¢? Me encantar¨ªa presentarle mis respetos. ¨DNo est¨¢ en el altar. ¨DSe?al¨® al centro de la habitaci¨®n. El trono circular estaba totalmente vac¨ªo¨D. Tampoco est¨¢ descansando sobre la arena, Su lugar favorito. Es probable que haya salido a nadar. No en vano es uno de sus cometidos cruzar los mares a toda velocidad para equilibrar el balance et¨¦rico y limpiar las aguas. Aun as¨ª, aunque Ella no est¨¦, hay algo que me escama... ¨D...ni rastro del chaval al que hemos venido a ayudar, ?no? ¨Dpalade¨¦ las palabras para darme algo de tiempo a pensar¨D. Y si no ha salido por arriba... ¨D?FUERA DE MI HOGAR! ¨Dbram¨® una voz, acompa?ado de agresivos gritos en la lengua kabaajin¨D. ?LUGAR SAGRADO PARA SAYU! ¨DVaya, he tenido que invocarlo. El grito no fue una amenaza. M¨¢s bien, se trat¨® del preludio a un ataque que habr¨ªa llegado nos retir¨¢semos o no. En cuesti¨®n de segundos, una enorme ola naci¨® de la costa, alz¨¢ndose unos cuantos metros. Anonadada por c¨®mo pod¨ªa un ni?o haber desplazado tal masa de agua, mi tiempo de reacci¨®n se vio bastante mermado, por lo que mi cuerpo se limit¨® a encararse en una postura defensiva. Por suerte, Ridamaru fue ¨¢gil por los dos y dividi¨® el tsunami por la mitad gracias a su bast¨®n. ¨D?Daibasuke! ¨DAunque gritara con energ¨ªa, el tono proyectaba calma¨D. ?Hemos venido a ayudar! A pesar de tratarse de poco m¨¢s que un ni?o, la figura que emergi¨® de la playa era aterradora. Sus ojos y manos resplandec¨ªan dejando un reguero de ¨¦ter tan denso que permanec¨ªa unos segundos en el aire. Su caparaz¨®n estaba tan artificialmente ampliado con cristal h¨ªdrico que a cualquier kabaajin normal le costar¨ªa andar con ¨¦l. Pero ah¨ª estaba, movi¨¦ndose con una agilidad pasmosa. Deb¨ªa ser obra del artefacto que llevaba en la mu?eca. No era exactamente igual que el que me hab¨ªa agenciado tras el incidente del varnu, pero las similitudes eran lo suficientemente claras incluso desde la distancia. ¨D?¨¦ter! ?Agua! ¨Dgrit¨®, intercalando algunas palabras m¨¢s en su lengua¨D. ?M¨¢s! ?Necesito m¨¢s! ?Para Sayu! Alz¨® los brazos hacia el techo y el agua que le rodeaba empez¨® a alzarse en una brillante espiral que recorr¨ªa su cuerpo, resonaba con los cristales de su caparaz¨®n y, finalmente, se concentraba en una enorme esfera sobre su cabeza. Ah¨ª, poco a poco, se compactaba en su n¨²cleo. ¨DEst¨¢... ?devolviendo el agua al ¨¦ter? ¨Dmurmur¨® mi compa?ero¨D. Solo Ella deber¨ªa tener el poder de hacer eso. ¨DNi idea, pero yo tambi¨¦n s¨¦ hacer algo de alquimia instant¨¢nea. ¨DSolt¨¦ una risilla malvada¨D. Aunque es la primera vez que pruebo esto, vas a tener que perdonarme si no sale como esperamos. ¨DHe luchado lo suficiente junto a ti como para saber que la ?alquimia instant¨¢nea? no tiene tanto de ?instant¨¢nea? como crees ¨Dsise¨®, extendiendo su sinuosa lengua¨D. Pero tambi¨¦n tanto como para confiar en tus locos planes. ¨DEntonces, ya sabes lo que toca. ¨DVale, vale... ya me encargo yo de ganar tiempo. ¨DSalt¨® con agilidad hacia el chaval y dej¨® caer varios car¨¢mbanos a su alrededor para distraerle¨D. ?Daibasuke! ?Para! No quiero hacerte da?o. Aprovechando la distracci¨®n, saqu¨¦ uno de los acumuladores que hab¨ªa preparado para el viaje de la alforja. Aunque era capaz de funcionar por s¨ª mismo, no iba a ser lo suficientemente potente. Y los momentos desesperados requer¨ªan medidas desesperadas, as¨ª que vert¨ª un vial entero sobre el cristal que hac¨ªa las veces de n¨²cleo. ¨D?Au! ¨DMe llev¨¦ un chispazo tan grande de la peque?a bater¨ªa que fue capaz de resistir mi aislamiento¨D. ?Y con ?au? quiero decir ?genial, esto de jug¨¢rsela echando un frasco de aceleraci¨®n elemental en un acumulador funciona?! Solo ten¨ªa que estabilizar la mezcla y ya podr¨ªa usar la bater¨ªa para mi revolver et¨¦rico. Quiz¨¢ fuera una estrategia demasiado arriesgada (o incluso letal para un ser marino que recibiera el ataque de forma directa), pero confiaba en mi instinto y en los c¨¢lculos que hac¨ªa al vuelo. Si descargaba todo el acumulador en un disparo... Otro chispazo recorri¨® mi brazo. En esta ocasi¨®n, fue un latiguillo tan visible que pude atisbar c¨®mo escalaba por mi brazo en espiral. ¨DTengo que agradecer a Jenna el equipo aislante cuando vuelva a casa ¨Dmusit¨¦ para mis adentros mientras introduc¨ªa la bater¨ªa en el cargador de ¨¦ter¨D. No explotes ahora, porfa, no explotes. A Ridamaru no le iba demasiado bien. A pesar de su experiencia y su demostrado dominio del agua, el ni?o era capaz de alejar cualquier tipo de ataque de ¨¦ter con tan solo un leve movimiento de manos. Y tampoco pod¨ªa tomarse el lujo de reducir las distancias para aprovechar su superioridad f¨ªsica, pues en cuanto se acercaba m¨¢s de la cuenta, intentaba escaldarle con una columna de vapor. Pero algo me hac¨ªa pensar que el l¨ªder no luchaba en serio. Que simplemente honraba su promesa de hacerme ganar tiempo para una de mis ?ingeniosas? soluciones. No ment¨ªa: no quer¨ªa hacerle da?o. Ya estaba sufriendo lo suficiente.This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere. Y por eso no pod¨ªa errar ese tiro. Con la mano algo temblorosa por el repiqueteo el¨¦ctrico, afin¨¦ la mirada y puls¨¦ el gatillo antes de soltar el arma con un grito quejumbroso. ¨DExamen sorpresa ¨Drepas¨¦ mentalmente la teor¨ªa, fingiendo que hablaba con Lilina¨D. ?C¨®mo puedes cortar el flujo et¨¦rico de un elemento? La bala el¨¦ctrica choc¨® contra el n¨²cleo h¨ªdrico que se estaba formando sobre el muchacho, haci¨¦ndolo estallar en miles de part¨ªculas que se esparc¨ªan como ondas por la estancia. Cada uno de los anillos, al chocar contra los muros, hac¨ªa que retumbaran levemente, logrando que el aire se notase m¨¢s seco con cada peque?o golpe. Segu¨ªamos en una cueva marina, pero mi plan hab¨ªa eliminado temporalmente la ventaja enemiga. ¨DSobrec¨¢rgalo con el siguiente. ¨DAbandon¨¦ el tono reflexivo y grit¨¦ con toda la fuerza de mis pulmones¨D. ?Rida! Siento el sacrilegio, pero... ?aprovecha! ?El ¨¦ter h¨ªdrico est¨¢ desestabilizado! ?Dale una buena tunda! ¨DSoy consciente de que es la ¨²nica soluci¨®n, pero no te recrees en la violencia, Mirei. ¨DNeg¨® con su serpenteante cabeza¨D. Lo siento, Daibasuke. Tendr¨¦ de vencerte en un mano a mano. El l¨ªder aprovech¨® una apertura para reducir al muchacho, pero ¨¦l se revolvi¨® con fuerza y se deshizo de la presa sin complicaci¨®n. Preocupada por la posibilidad de que la inusitada fuerza que la locura proporcionaba al adolescente tortuga fuera demasiada para tornar la balanza en contra de mi compa?ero, ech¨¦ a correr en su ayuda. ¨D?Carga completada! ?Hola, Mirei Rapsen! ¨DUna voz empez¨® a brotar de mi mu?eca y el aire que me rodeaba se llen¨® de im¨¢genes et¨¦reas¨D. ?Parece que la ¨²ltima vez no terminaste de configurarme! ?Quieres que te ayude con eso? ¨DNo s¨¦ qu¨¦ demonios eres, pero... ?No es un buen momento! ¨Dgrit¨¦, atrayendo demasiada atenci¨®n de los kabaajin¨D. ?Es que no ves que estoy en medio de una pelea? ¨D?De acuerdo! ?Modo combate de emergencia activado! ¨Ddeclar¨®, apagando todas las luces que ten¨ªa cerca¨D. ?Podr¨ªas decirme cu¨¢l es tu arma de elecci¨®n, Mirei Rapsen? ¨D?Yo qu¨¦ s¨¦! ?Cualquier cosa! ¨DDi un salto para unirme a la refriega con una patada¨D. ?Ahora no tengo tiempo para pensar en eso! ¨D?De acuerdo! ¨Dchill¨® la vocecilla¨D. ?Activando pu?os duales! Sent¨ª c¨®mo parte del guante se trasladaba a mi otra mano. Era dif¨ªcil razonar c¨®mo, y mucho menos en un momento as¨ª, pero a juzgar por el cosquilleo que estaba sintiendo, dir¨ªa que el mismo guantelete estaba recorriendo mi piel. Ambas piezas se expandieron para cubrir mis manos y parte de mis antebrazos. Aunque no ten¨ªa demasiado tiempo para pensar en los fundamentos cient¨ªficos de un fen¨®meno as¨ª, not¨¦ c¨®mo cada uno de mis pu?etazos se sent¨ªa m¨¢s contundente sin renunciar a su agilidad. Quiz¨¢ acabara acostumbr¨¢ndome a eso. ¨D?Vuestro esfuerzo es en vano! ¨Damenaz¨® el muchacho, contoneando su cuello para esquivar las acometidas. El brillo de sus ojos estaba volviendo poco a poco y eso quer¨ªa decir que nuestra ventaja empezaba a agotarse¨D. Ella velar¨¢ por m¨ª. Me deslic¨¦ por el suelo para golpear al buceador en el abdomen. Para mi sorpresa (y, a juzgar por su expresi¨®n, tambi¨¦n para la suya), lo lanc¨¦ varios metros hacia arriba. Intent¨® hacerse de nuevo con el control de la situaci¨®n arremetiendo con el pu?o hacia delante, con la esperanza de usar la inercia de la gravedad contra nosotros. Un error de novato, claro estaba. Emplear tanta fuerza sin control ni t¨¦cnica contra la arena no pod¨ªa llevar sino a ver c¨®mo el kabaajin se enterraba a s¨ª mismo, desconcertado. Desde ah¨ª, resolver el combate fue sencillo. Primero, endurec¨ª la tierra reg¨¢ndola de uno de los agentes alqu¨ªmicos de Rory. A efectos pr¨¢cticos, el adolescente se hab¨ªa encerrado en un bloque de granito y siquiera sus desencajados esfuerzos pod¨ªan sacarle de ah¨ª. Hecho eso, solo ten¨ªa que sedarle con la cl¨¢sica t¨¦cnica del cuchillo envenenado y, en pocos instantes, hab¨ªa ca¨ªdo presa del sue?o, por lo que pude suavizar su presi¨®n para que respirara con menos impedimento. ¨DQu¨ªtale la pulsera ¨Dpidi¨® el jefe de la tribu¨D. Es... esa maldita m¨¢quina, ?verdad? ¨D?Eh! ¨Dla mu?equera solt¨® un quejido¨D. ?Cuidado con lo que dices de las m¨¢quinas! ?Algunas tenemos orgullo! ?Que lo sepas, yo pensaba ayudaros con esto! ¨D?Tus guantes est¨¢n... hablando? ¨DMi compa?ero me mir¨® desconcertado. ¨DSi te sirve de algo, entiendo tan poco como t¨² de esto ¨Drespond¨ª con un deje juguet¨®n. ¨D?Hola! ?Soy AlruneOS! ?Pero pod¨¦is llamarme Runi! ?O como quer¨¢is! ?Vas a terminar ahora la configuraci¨®n? ¨D?Sigo sin saber de qu¨¦ me hablas! ¨DNo pod¨ªa ocultar la frustraci¨®n en mi tono¨D. Mira, hagamos una cosa... si me ayudas a desactivar lo que quiera que sea esa pulsera, te escuchar¨¦ con gusto y configurar¨¦ lo que quieras que configure. ¨DDe acuerdo. ¨D?Estaba la voz rob¨®tica sonando a refunfu?ada?¨D. ?D¨¦jame escanear! ?D¨¦jame escanear! Las im¨¢genes et¨¦reas que rodeaban al guante se convirtieron en un haz de luz que recorri¨® al inm¨®vil muchacho. Acto seguido, unos ceros y unos se empezaron a dibujar en el aire de forma fugaz, dando paso a un muro de ininteligible texto. ¨DAs¨ª que un ataque de suplantaci¨®n ra¨ªz... ¨Dcoment¨® la vocecilla¨D. En efecto, patrones no autorizados detectados en el c¨®digo de firma del dispositivo. ?Qu¨¦ demonios es una clave AruNET? Siento que deber¨ªa sonarme de algo, pero... Sea como sea, alguien ha hackeado este brazalete vital. Ay, esto me trae recuerdos. Pero... ?c¨®mo puedo recordar? Mis bancos de memoria deber¨ªan estar vac¨ªos. En fin, ?quieres que lo restablezca, Mirei Rapsen? Bueno, aunque no quisieras, mi programaci¨®n me obliga a tomar este paso. Por seguridad... Esto... ?Mi programaci¨®n? ?Tengo subrutinas de contrahackeo? ?Y son prioritarias? ?No se supone que acabas de inicializarme? ¨DMe gusta decir que soy una experta en m¨¢quinas, pero no he entendido ni la mitad de lo que has dicho. ¨DNo esperaba otra cosa. ¨DPude notar la chuler¨ªa en la voz enlatada¨D. Te hice un an¨¢lisis biom¨¦trico y electroencef¨¢lico cuando nos conocimos, ?recuerdas? Y... bueno. Digamos que llegu¨¦ a mis propias concluiones. Bah, ?ya aprender¨¢s! ¨D?Hab¨ªa o¨ªdo un peque?o resoplido?¨D. Bueno, vamos... ?Ejecutar at_27()! Un pulso de luz me ceg¨® durante un instante. Antes de que mis ojos se volvieran a acostumbrar, escuch¨¦ c¨®mo algo ca¨ªa al suelo: con poco esfuerzo, la pulsera del buceador se hab¨ªa abierto por la mitad y desprendido de su brazo. ¨D?Puedes cogerla ahora, es segura! ¨Dpar¨® unos instantes, sopesando¨D. O, al menos, deber¨ªa. S¨ª que puedo asegurar que al menos ha dejado de emitir esa se?al tan molesta. Pero... ahora que dejo de o¨ªrla... ?No not¨¢is algo raro? No s¨¦... ?un desequilibrio en el...? ¨D?En el ¨¦ter? ¨DPese a lo absurdo de la situaci¨®n, el jefe de la tribu segu¨ªa perfectamente compuesto¨D. S¨ª, lo he notado. Est¨¢ volviendo, pero... No parece algo natural. Es como si... Como si lo trajera... ¨DHum... no conozco esa palabra ¨Dfren¨® unos instantes¨D. ?Qu¨¦ es el ¨¦ter? ?Har¨¦ una b¨²squeda en la red! ??Qu¨¦!? ?Que no hay conexi¨®n? ?Es que este zulo no tiene cobertura? Maldita sea. Tendr¨¦ que probar en la base de datos interna... ¨¦ter... ¨¦ter... No tengo ni idea de lo que es, pero hay un comentario que lo menciona en la subrutina at_42().?Significan las palabras ?tif¨®n et¨¦rico? algo para vosotros? Menuda basura de documentaci¨®n. ?Me encantar¨ªa tener unas palabritas con el chapuzas que las ha programado! ¨DLamento interrumpir tu mon¨®logo, pero... ¨DSe?al¨¦ al extremo de la playa¨D. Tenemos visita. Ridamaru clav¨® sus rodillas en la arena, junt¨® sus manos sobre la cabeza y empez¨® a moverlas, rodeadas de un halo et¨¦rico, en c¨ªrculos. No tard¨¦ en entender qu¨¦ era lo que estaba ocurriendo, pero desconoc¨ªa cu¨¢l era la costumbre humana para recibir a la Madre Sayu (de hecho, dudaba que existiese una), por lo que me limit¨¦ a observar de forma preventiva al ser que emergi¨® del agua. A pesar de que la denominaran la Dragona del Agua, la realidad era m¨¢s cercana a una manta raya con bandas de distintos tonos de azul llenas de s¨ªmbolos que refulg¨ªan con fuerza. Las puntas de sus aletas parec¨ªan hechas de cristal, pero un buen observador sabr¨ªa que eran gemas de ¨¦ter h¨ªdrico que crec¨ªan con gracia sobre ellas, afluyendo a las vetas doradas de su vientre. Su cola, lejos de ser fina y larga como la del animal que evocaba la deidad, era ancha, abierta y mullida, movi¨¦ndose como la espuma de mar. Ridamaru exhal¨® con calma y comenz¨® a hablar en la lengua de los kabaajin. Su tono era cercano y cari?oso, pero el lenguaje corporal del que hac¨ªa gala estaba cuidado hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle. La deidad respondi¨® con un canto y varios giros de tonel con los que desplaz¨® unos hilos de agua a su alrededor. Al acabar, fij¨® sus ojos en m¨ª. ¨DS¨¦ de buena tinta que has visitado este lugar seg¨²n el mejor de los juicios de unos de mis Hijos. Si bien no es ortodoxo, emplear¨¦ tu lengua. ¨DLa voz de la bestia era elegante y sedosa, aunque no se correspond¨ªa con el movimiento de su rostro¨D. Esc¨²chame, humana, pues tengo algo que pedirte. Eres una de esas alquimistas, ?verdad? Puedo verlo por las botellas que cuelgan de tus cintos y por tu alforja. ¨DNo exactamente. ¨DRetir¨¦ la mirada, algo avergonzada¨D. Al menos, no en el sentido tradicional de la palabra. Soy conocedora de lo m¨¢s b¨¢sico, pero mi campo de estudio es el de las m¨¢quinas. Los viales no son m¨¢s que el apoyo de un buen amigo. ¨DDebe tratarse de lo que las corrientes informan como ?alquimia maquinista?. En ese caso, no hay mejor persona que t¨² para asistirme. ¨DAsinti¨® con la cabeza¨D. Has ayudado a uno de mis Hijos, descarriado por un poder que no alcanzamos a conocer. Hijo que, lejos de poder salvar, he permitido que me hiciera da?o. Tus logros me inspiran confianza, peque?a. Sayu gir¨® sobre s¨ª misma para ense?ar un anillo que portaba en la base de su cola. No tard¨¦ mucho en identificarlo como un extractor h¨ªdrico. Parec¨ªa algo m¨¢s avanzado de los que hab¨ªa encontrado en mis expediciones, pero la idea era la misma: extraer el ¨¦ter h¨ªdrico para condensarlo en cristales, gemas y otras expresiones de energ¨ªa. Una vez pens¨¦ en colocar unos en una cascada como experimento, pero usarlos sobre una criatura viva... Y uno de los cuatro Dragones en particular... Era simplemente aberrante. ¨DEl ni?o me enga?¨® con ¨¦l, ofrend¨¢ndomelo como una alhaja ¨Dexplic¨®, inclinando la cabeza hacia delante¨D. Entonces no me di cuenta de que hab¨ªa perdido la raz¨®n. Mas para cuando pude darme cuenta de que ya no hablaba con mi Hijo, sino con un cascar¨®n vac¨ªo, era demasiado tarde. Poco a poco, va drenando mi magia y la va reemplazando con... algo p¨²trido. Sigue sinti¨¦ndose como el Agua, pero... Duele. De vez en cuando, me presiona y, por unos instantes, estoy fuera de control. ¨D?Espera! ¨DEmpec¨¦ a rebuscar en la alforja¨D. ?Puedo encontrar algo que te ayude! ¨DCada vez va a m¨¢s ¨Dexhal¨® con cierta violencia¨D. Y temo hacer da?o a mis Hijos. Temo... perder el control. Es mi responsabilidad proteger mi elemento y estoy fracasando en ella. ¨D?No te preocupes! ¨Dexclam¨® Runi, sorprendiendo a la bestia marina¨D. ?Ese ?extractor? es una birria! ?El modelo HDR-807-G tiene una resistencia rid¨ªcula! Si lo que dicen aqu¨ª de tus poderes es cierto, puedes partirlo en pedazos con poco esfuerzo. ¨DLo har¨ªa en circunstancias normales ¨Dafirm¨®, sin inmutarse de que mi mu?eca estuviera hablando y dibujando formas en el aire¨D. De hecho, pens¨¦ lo mismo: no deber¨ªa haber tecnolog¨ªa humana que me superara. Viaj¨¦ al Abismo, al punto m¨¢s bajo, el v¨®rtice donde se concentran los oc¨¦anos y me empap¨¦ con toda su fuerza... Pero... ¨DEs por ese maldito ruido, ?verdad? Este HDR-807-G tiene algo raro. ?D¨¦jame escanearlo! ¨Dpar¨® su parloteo por unos instantes¨D. ?Otro dispositivo hackeado? Deber¨ªa dar parte de esto. Sea como sea, un an¨¢lisis biom¨¦trico me lo deja claro: eres suficientemente fuerte como para imponerte ante sus intentos de control, pero... S¨ª, tal y como est¨¢s, no puedes destruir la m¨¢quina. E ir¨¢ a peor cuanto m¨¢s te drene. Si sigue as¨ª, terminar¨¢ tomando control de ti. ?En fin! ?Para eso estoy aqu¨ª! ?Puedo intentar una cosa? ¨D?Runi, no! ¨Dexclam¨¦¨D. ?Para ahora mismo! ¨DRuni, s¨ª ¨Dsolt¨® una risilla enlatada¨D. Ya lo dije antes, estoy programado para esto. Y... bueno, realmente tengo una corazonada. S¨ª, yo tambi¨¦n pillo la iron¨ªa. Las m¨¢quinas no podemos tener corazonadas. Supongo que me ha programado alguien con un sentido retorcido del humor. Sea como fuere... ?All¨¢ voy! Otro destello de luz llen¨® la sala. Aunque el zumbido era leve, sent¨ª que mis t¨ªmpanos fueran a reventar en cualquier momento. El dolor no tard¨® en trasladarse a mi cabeza y, poco a poco, comenc¨¦ a perder el control sobre mi cuerpo. No tard¨¦ en caer al suelo. A juzgar por el ruido que o¨ª poco despu¨¦s, no hab¨ªa sido la ¨²nica. Intent¨¦ levantar la cabeza de la arena, pero las fuerzas me fallaban y poco a poco mi consciencia se apagaba. Cap铆tulo 6 - Rory Rapsen ¨DDos terrones, ?no, Jenna? ¨DVert¨ª algo de leche hirviendo en la taza de la mujer¨D. Hoy tambi¨¦n tengo miel de ca?a, si la prefieres. ¨D?La ha tra¨ªdo Lilina? Qu¨¦ apa?ada. Entonces, una cucharada. ¨DMe dirigi¨® una sonrisa desde el otro lado de la habitaci¨®n¨D. ?Voy desplegando la mesa? ¨DS¨ª, por favor. ¨DAunque estuviera de espaldas a la joven, asent¨ª antes de preparar la bandeja¨D. Espero que no hayas desayunado fuerte, al final han salido muchas m¨¢s de las que esperaba. A Jenna le hicieron los ojos chiribitas al ver el plato atiborrado de pastas que coronaba la tabla. Ver c¨®mo se las com¨ªa con la mirada me tra¨ªa recuerdos c¨¢lidos de unos tiempos pasados en los que los que lo m¨¢s dulce que ten¨ªamos para llevarnos a la boca eran mis (frecuentemente churruscadas) pr¨¢cticas de repostero. ¨D?Oh! ?Nueces y chocolate! ¨DRecorri¨® las aristas de una de las galletas con el dedo antes de llev¨¢rsela a la boca. No se molest¨® en tragar antes de seguir hablando¨D. S¨¦ de alguien que va a llevarse una grata sorpresa. ¨DLas favoritas de Mirei, s¨ª. ¨DJuguete¨¦ con mi taza, balance¨¢ndola con cuidado. El caf¨¦ rebotaba con gracia en sus paredes¨D. Si es que en el fondo soy un buenazo. ?Qu¨¦ tal est¨¢ hoy, por cierto? ¨DTan... ¨DEch¨® la mirada hacia el lado¨D. En¨¦rgica como siempre. Intentando inventar cosas constantemente. Exigi¨¦ndome que le deje ?ir al taller a por unas herramientas?. Buscando alguna excusa para hacer ejercicio f¨ªsico, que ?no quiere perder m¨²sculo por una chorrada as¨ª?. Ya la conoces, es un culo inquieto y por mucho que sea su hermana mayor no tengo autoridad alguna con una adulta... Y eso hace que los chavales se descontrolen. A pesar de lo que contaba, manten¨ªa una sonrisa radiante en su rostro. Quiz¨¢ una manchada de chocolate, pero una capaz de infundir optimismo a una mente tan llena de preocupaciones como la m¨ªa. ¨DEn fin, si tiene energ¨ªas para ser un incordio, es una buena se?al. ¨DLe devolv¨ª el gesto¨D. Siento haberte cargado el marr¨®n, pero ya sabes. ¨²ltimamente no doy abasto y... Bueno, faltan manos en el taller. No voy a volver a decir en voz alta que soy yo quien hace todo el trabajo. ¨DParece que el deseo de Lilina de graduarse por fin se le ha torcido un poco. ¨DMir¨® los tragaluces del techo, distra¨ªda¨D. Mira que le tengo dicho que no los diga en voz alta, pero siempre acaba arruin¨¢ndolos. ¨D?Graduarse? ¨DSolt¨¦ una de esas carcajadas que retumbaban en todas las paredes¨D. Esa chica lleva graduada desde hace a?os. ¨D?Sh! ¨Dsise¨® con una mirada c¨®mplice¨D. Se supone que tenemos que fingir que esas peque?as misiones a las que la has estado mandando mientras Mirei no miraba no eran m¨¢s que inocentes recados. ¨DCierto, cierto... ¨Dfing¨ª seriedad en mi tono¨D. Pero algo me dice que Lilina no va a ser la ¨²nica adolescente con ganas de volverse como su hermana mayor despu¨¦s de tenerla cerca tanto tiempo. Jenna siempre hab¨ªa abogado porque los ni?os del orfanato siguieran su propio camino, pero quer¨ªa que todos tuvieran un m¨ªnimo de oportunidades. De vez en cuando organizaba peque?os talleres con los que antes hab¨ªan sido ni?os de Rapsen para que tuvieran esa formaci¨®n que nosotros no pudimos disfrutar de peque?os. Y nunca fallaba, siempre alguno de los cr¨ªos acababa encontrando la inspiraci¨®n. Y Mirei, en particular, era tremendamente carism¨¢tica con los j¨®venes. ?C¨®mo no iba a acabar con una legi¨®n de fans? Adem¨¢s, las m¨¢quinas que sol¨ªa llevar siempre eran las reinas del espect¨¢culo por insignificantes que fueran. Y esa vez el nuevo juguete era una mu?equera parlanchina capaz de dibujar im¨¢genes en el aire. En cambio, mi disciplina contaba con cada vez menos admiradores entre las nuevas generaciones. Ten¨ªa que pensar una forma de atraer sus miradas, pero tampoco es que me sobrase el tiempo. ¨DSea como fuere, t¨² eres el matasanos, Rory. ¨DDibuj¨® un moh¨ªn simp¨¢tico en su rostro para acompa?ar la frase¨D. Si crees que el orfanato no es el mejor ambiente para que se recupere, d¨ªmelo y te la mandamos a casa de una patada. ¨DCreo que el orfanato es un buen ambiente para que yo pueda hacer mi trabajo. ¨DMe encog¨ª de hombros¨D. Sabes tan bien como yo que me gusta tener a Mirei cerca, pero m¨¢s me gusta... Ya sabes, respirar en paz. No es ning¨²n secreto que es muy mala enferma. Adem¨¢s, una vez que logr¨¦ estabilizar el ¨¦ter de su cuerpo, tampoco hab¨ªa mucho m¨¢s que pudiese hacer por ella. ¨DNada m¨¢s que aguantar sus retah¨ªlas ¨Dimit¨® mi voz con bastante acierto. Par¨¦ un instante para dar un trago a la taza y solt¨¦ un largo suspiro. ¨DY ahora que puede andar otra vez.... Miedo me da. Los dos sabemos lo creativa que se pone cuando tiene que evadir las miradas de los adultos responsables para escaparse. As¨ª que... Bueno, es mejor as¨ª. Al fin y al cabo, t¨² eres la adulta m¨¢s responsable de todo Coaltean. Si alguien puede ponerla en su sitio, esa es Jenna Rapsen. ¨DY sin embargo, vas a verla todas las noches sin falta. ¨DMe golpe¨® con el codo, acusatoria¨D. Ser¨¦is unos gru?ones que no paran de pelear, pero la echas de menos. ?Verdad? ?Verdad? Dej¨¦ que mis ojos se ocultaran bajo algunos de los mechones de mi pelo. ¨DA estas alturas, eso no deber¨ªa ser una pregunta. Tambi¨¦n quiero asegurarme de que est¨¢ bien. Lo que vi ese d¨ªa... No era ni medio normal ¨Dbaj¨¦ un poco el tono, como si incluso hablar sobre el tema en voz alta fuera mal augurio¨D. Era... ?C¨®mo explicarlo de forma mundana? Digamos que, si mis ojos pudieran ver el ¨¦ter... Ese supuesto era bastante com¨²n en la charla divulgativa. Aunque los humanos fu¨¦ramos capaces de sentir el ¨¦ter, la forma en la que lo hac¨ªamos no pod¨ªa describirse con uno de los sentidos f¨ªsicos como s¨ª que pod¨ªan afirmar los miembros de las cuatro tribus, as¨ª que la forma m¨¢s sencilla de hacer el mensaje era asociarlo a lo que nuestros ojos pod¨ªan ver, nuestras manos tocar o los o¨ªdos escuchar, m¨¢s naturales para quienes no conoc¨ªan el detalle de la ciencia. ¨D...Estar¨ªa convencido de que lo que ten¨ªa delante era un cristal h¨ªdrico y no una persona. Si quedaba alguna se?al de vida org¨¢nica en ella cuando la encontr¨¦, estar¨ªa eclipsada por una brillante luz azul. ¨DGesticul¨¦ para acompa?ar mi explicaci¨®n¨D. Todo lo que la rodeaba volv¨ªa al agua, independientemente de su naturaleza. ¨DPor como lo explicas, suena terror¨ªfico. ¨DAgach¨® un poco la barbilla, pensativa¨D. Y a pesar de todo, fue tu alquimia quien la salv¨®. ¨DFue terror¨ªfico. Y te lo dice alguien que ha sufrido m¨¢s de uno y de dos accidentes et¨¦ricos y vivido para contarlo. ¨DMe se?al¨¦ a los ojos con un toquecito. La chica se qued¨® congelada durante unos segundos, mir¨¢ndome fijamente. Pod¨ªa escuchar los engranajes de su cabeza a toda velocidad, y la expresi¨®n de su cara acompa?aba de una forma casi c¨®mica. Esper¨¦ que recordara la conexi¨®n entre el at¨ªpico color de mis iris y el color del ¨¦ter el¨¦ctrico, pero en cambio, decidi¨® acariciarme la mejilla con expresi¨®n distra¨ªda y olvidarse de la mera premisa de ese momento.Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. Decid¨ª que la mejor respuesta en ese momento era dejar que se hiciera el silencio. Mi parte m¨¢s pilla justificaba la idea con el que ser¨ªa gracioso ver c¨®mo ataba los cabos por s¨ª misma. En cambio, la que pretend¨ªa ocultar simplemente estaba demasiado ocupada rememorando los tiempos en el que su tacto era lo ¨²nico que necesitaba para superar un mal d¨ªa como para reaccionar. ¨D?Ah! ¨DDe repente, se sonroj¨® y se llev¨® las manos a la cara con verg¨¹enza¨D. ?Claro! ?Lo de tus ojos! ?El accidente! ?S¨ª! ?Cierto! Ay... ?Eso! ¨DLo de mis ojos, s¨ª. ¨DNo pude contenerme. Mi mueca de p¨®ker acab¨® retorci¨¦ndose de formas extra?as. ¨DAl menos, los de Mirei siguen tan dorados como siempre. Por su expresi¨®n, sab¨ªa perfectamente que se estaba imaginando la estampa equivalente. Yo no ten¨ªa energ¨ªas para imitar ese ejercicio de una forma m¨¢s o menos realista. ¨DLo son ahora. Es una suerte que no vieses c¨®mo me la encontr¨¦. ¨DTen¨ªa la imagen grabada a fuego en el cerebro y solo evocarla de refil¨®n me hizo suspirar con algo de agon¨ªa¨D. Incluso el aire que sal¨ªa de sus pulmones era azul. Al principio, incluso pensaba que estaba espirando agua. De no ser por el ingenio de Lilina, no estoy seguro de que hubiera llegado viva hasta aqu¨ª. ¨DHiciste bien dej¨¢ndole caer d¨®nde pretend¨ªa ir, entonces. ¨DQuiz¨¢. ¨DInclin¨¦ ligeramente la cabeza hacia atr¨¢s con un poco de chuler¨ªa¨D. Ya sabes, soy incapaz de sacudirme la sensaci¨®n de que las cosas est¨¢n raras ¨²ltimamente. Bestias descontroladas, nobles desaparecidos, m¨¢s meteoros de lo normal... Y el territorio de los kabaajin es zona amiga, as¨ª que pens¨¦ que tener algo de apoyo junior no le vendr¨ªa mal a Mirei. Con su cultura no la dejar¨ªan adentrarse mucho, por lo que a priori no se meter¨ªa en peligro. ¨DY tampoco estar¨ªa muy lejos si realmente necesitaba su ayuda. ¨DMat¨® mi intento de chuler¨ªa revolvi¨¦ndome el pelo¨D. Eres un genio, aunque a¨²n no tengo claro de si de la estrategia o del mal. Trac¨¦ una sonrisa de villano en mis labios y a?ad¨ª algo de dramatismo a mis aspavientos para hacerla re¨ªr. ¨D?Jua jua jua! ?Los astros se alinearon! ?El momento perfecto para su bautismo de fuego! Adem¨¢s, aunque fuera a rega?adientes, Mirei lo agradecer¨ªa... Y si sal¨ªa meridianamente bien, no tendr¨ªa m¨¢s excusas para mantener a la pobre fuera de sus aventuras. As¨ª que... mov¨ª los hilos adecuados... Claro est¨¢, nunca lo admitir¨¦ delante de ella. ¨DVolv¨ª a poner cara de p¨®ker, como si el arrebato de antes nunca hubiera existido. Jenna solt¨® una carcajada y se dej¨® caer hacia atr¨¢s. Aprovech¨¦ que no me estaba prestando mucha atenci¨®n entre risotadas y me permit¨ª dejar escapar uno de mis pensamientos en voz alta¨D. Como tampoco admitir¨¦ las ganas que ten¨ªa de que vinieras a cobrarte el caf¨¦ que ten¨ªamos pendiente. ?Por qu¨¦ se me estaba descarriando el tren de pensamiento as¨ª? Echaba de menos tener alguien con quien charlar con calma, sin enzarzarme en discusiones constantes. Tambi¨¦n extra?aba el recuerdo familiar de un pasado en el que las cosas, simplemente, eran distintas. Y ese momento me daba lo que necesitaba. Pero... ?por qu¨¦ abrir la boca? Las cosas iban bien, ?no? ¨D?Eh? ¨DNada, estaba pensando en mis cosas ¨Dment¨ª, con la esperanza de que mi cara no me delatara¨D. Los reactivos que tengo que preparar para las pruebas de Mirei de esta noche, el encargo de los n¨²cleos de los Tennath, las semillas de las plantas de carne... Tampoco voy a aburrirte con los detalles. ¨D?Plantas de carne? ?Vamos a ver muslos de clackus gigantes en el huerto creciendo del suelo? ?Mola! ¨DComo lo oyes. ¨DAsent¨ª con la cabeza, contento de haber desviado el tema¨D. A ver... Si nos ponemos t¨¦cnicos, realmente se trata de fruta, pero sus nutrientes, textura y sabor podr¨ªan enga?ar a cualquiera. A¨²n estoy haciendo algunos ajustes en la f¨®rmula, pero parece bastante prometedor. ¨D?A ver c¨®mo hacen eso con sus m¨¢quinas de vapor! ¨DAlz¨® el pu?o de forma en¨¦rgica¨D. ?Nada como la vieja y confiable alquimia del Sabio de Coaltean! Esas palabras siempre me iban a quedar algo grandes. ¨DA¨²n me queda mucho para eso. ¨DSolt¨¦ una risotada y relaj¨¦ inconscientemente mis hombros¨D. Aunque el viejo Barkee se haya retirado nunca me atrever¨ªa a quitarle el t¨ªtulo... Ni me siento a la altura de tal honor. Sin embargo... tampoco es que ese sobrenombre signifique algo a estas alturas del cuento. ¨D?Lo que me recuerda! ¨DJenna se levant¨® de un salto¨D. ?A¨²n tengo que hacerle unos retoques, pero tengo una cosa para ti! La muchacha abri¨® la bolsa de tela que tra¨ªa y extrajo de ella una bata de laboratorio. A pesar de estar sin finalizar, el talento de la costurera era evidente, cuidando al m¨¢s m¨ªnimo detalle los patrones y ornamentos. Llevaba tambi¨¦n bordado el emblema del taller y el del orfanato en sendas solapas. Adem¨¢s, era pr¨¢ctica: cubierta en pol¨ªmero eteromim¨¦tico, compartimentos para viales a prueba de accidentes, mosquetones interiores para colgar herramientas y... a decir verdad, era bastante suave y calentita por dentro. ¨DDespu¨¦s del destrozo que te hizo Mirei en la antigua, pens¨¦ que te vendr¨ªa bien actualizar tu armario. ¨DMe ech¨® una mirada de arriba abajo y traz¨® una sonrisilla en sus labios¨D. Le he dado los tratamientos habituales, pero a¨²n me falta el hidrof¨®bico. ¨D?Vaya! ¨DProb¨¦ a poner un tono c¨®mico¨D. Es casi como si hubiera escasez de ese tipo de t¨®nicos ¨²ltimamente. Compartimos una mirada de las que no necesitaban palabras. ¨DYa sabes a qui¨¦n culpar por eso. ¨DNo te preocupes, me asegur¨¦ de preparar unos cuantos anoche. ¨DEch¨¦ un vistazo desde lejos al armario donde los guardaba¨D. Est¨¢n un poco fuertes, pero no creo que la prenda se queje del gusto. Dej¨¦ el mandil de cocina sobre la silla y me prob¨¦ la nueva bata, que me sent¨® casi como un guante. No obstante, la artista decidi¨® que ese casi no era suficiente, as¨ª que sac¨® aguja, hilo, alfileres y una cinta m¨¦trica de su zurr¨®n y empez¨® a rodearme para ajustar hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle de la prenda. La campana de la entrada retumb¨® con fuerza. La insistencia de la muchacha impidi¨® que me deshiciera de los utensilios, as¨ª que abr¨ª la puerta pareciendo uno de esos mu?ecos de lana que usaba como alfiletero. ¨DHum... ?Atelier Risenia? ¨DUn muchacho con armadura de apariencia robusta comprobaba una hoja de papel garabateada con no muy buena caligraf¨ªa¨D. Rory Rapsen, he de asumir. ¨DPor ¨²ltima vez ¨Dbuf¨¦ con desgana¨D. Aqu¨ª no hacemos ropa. Esto no es m¨¢s que un humilde taller. El hombre comprob¨® de nuevo su hoja de papel. Acto seguido, se pas¨® la mano por la barba y, anonadado, se?al¨® la cinta m¨¦trica que Jenna sujetaba sobre mi hombro, sin mediar ni una palabra m¨¢s. ¨DMaldita sea. ¨DMi rostro reconoci¨® la derrota sin mi permiso¨D. S¨ª, soy Rory. Y t¨² debes venir de parte de Amelia Tennath. ¨DAs¨ª es. ¨DInclin¨® la cabeza en se?al de reverencia. Un mech¨®n blanco se descoloc¨® del resto¨D. Mi se?ora me env¨ªa para evidenciar el progreso en el proyecto. Os env¨ªa recuerdos y sus m¨¢s profundas disculpas por ser incapaz de personarse ella misma, mas consideraba los ¨²ltimos avances propuestos en la misiva de prima urgencia. ¨DPasa ¨Drespond¨ª con cierta brusquedad, inc¨®modo por el lenguaje tan formal¨D. Y puedes llamarme de t¨². De hecho, por favor, hazlo. ¨D?Nunca podr¨ªa! ¨Dalz¨® la voz un poco m¨¢s de la cuenta, pero acept¨® la invitaci¨®n¨D. ?Nunca denostar¨ªa as¨ª a un aliado de la familia! ?Por qu¨¦ ten¨ªan que venir a mi taller todos los pirados? *** ¨DSer¨ªa descort¨¦s no presentarme primero ¨Dexpuso, manteni¨¦ndose en pie, aunque Jenna y yo hab¨ªamos tomado asiento¨D. Mi nombre es Dan Tennath, segundo v¨¢stago de la familia. Conf¨ªo en que mi se?ora ya os haya instruido en su misiva sobre qu¨¦ avances desea que cerciore. ¨DPor favor, toma asiento. ¨DNo ten¨ªa ganas de lidiar con excentricidades nobles, as¨ª que le indiqu¨¦ con un gesto como el que le hubiera hecho a un ni?o. ¨DNo podr¨ªa hacerlo sin vuestra invitaci¨®n, se?or Rapsen. ¨DMantuvo los brazos bloqueados hacia abajo y se sent¨® de forma forzada¨D. He de admitirme maravillado con su taller, en honor a la verdad. Mas, de regreso a mi cometido... ¨DS¨ª, la demostraci¨®n pr¨¢ctica del prototipo. ¨DAsent¨ª con la cabeza¨D. Como inform¨¦ a... ¨D?Disculpe! ¨Dgrit¨® con tanto ¨ªmpetu que Jenna, absorta en ajustar unos alfileres, termin¨® clav¨¢ndomelo por accidente¨D. Mi se?ora comanda tambi¨¦n otra pesquisa. Una dirigida a Mirei Rapsen. ?Podr¨ªa atenderme? ¨DT¨¦mome que no es dable. ¨DExager¨¦ mis gestos para burlarme de su habla, aunque no pareci¨® ofenderle lo m¨¢s m¨ªnimo¨D. Lo siento, Mirei no est¨¢ aqu¨ª. ¨D?Cu¨¢ndo podr¨ªa hallarla en las premisas? ¨DNo podr¨ªa responder esa pregunta aunque quisiera. ¨DDej¨¦ caer la cabeza con un largu¨ªsimo suspiro¨D. Y tampoco es el objeto de esta reuni¨®n, ?me equivoco? ¨DVaya ¨Dmusit¨®. Por desgracia para ¨¦l, su torrente fue tan notable que pod¨ªa escucharle a pesar de ello¨D. As¨ª que mis observaciones tuvieron tino. De confirmarse mis sospechas... S¨ª. Todo cuadrar¨ªa perfectamente. Deber¨ªa informar de esto a mi se?ora con prontitud. Y... ¨D?Disculpa? El hombre se llev¨® la mano a la oreja y murmur¨® algo, esa vez con m¨¢s discreci¨®n que la anterior. Por tanto, no pude o¨ªr sobre qu¨¦ hablaba, pero s¨ª capt¨¦ c¨®mo sus pupilas se ensanchaban tras hacerlo y una peque?a curva pobl¨® su cara durante una fracci¨®n de segundo. ¨DLamento mi rudeza. ¨DAgach¨® la cabeza¨D. Sea como fuere, os ruego me muestre los resultados de su trabajo. ¨DAcomp¨¢?ame, entonces. Cap铆tulo 7 - Rory Rapsen Guie a nuestro invitado al peque?o huerto que manten¨ªamos en la parte trasera del edificio. El trayecto se hizo tan inc¨®modo como silencioso, as¨ª que agradec¨ª que Jenna rompiera el hielo con comentarios sobre el aspecto de las verduras y cristales que estaba cultivando. La joven era sorprendentemente ¨¢gil con la charla vacua, tanto que incluso su poco hablador interlocutor se anim¨® a participar, si bien solo fuese por cumplir con su parte del protocolo. En un rinc¨®n, una peque?a placa de un metro cuadrado cubierta con una lona transparente destacaba sobre lo dem¨¢s. Se trataba, evidentemente, de una de las construcciones mec¨¢nicas de Mirei, con un mont¨®n de tuber¨ªas de vapor recorriendo su base y alg¨²n que otro engranaje traqueteando para mantener la producci¨®n de forma continua. Sobre ella, reposaban cuatro matorrales llenos de grandes bayas esf¨¦ricas rodeando un brillante n¨²cleo cristalino. Con cuidado, extraje una y se la mostr¨¦ a nuestro invitado, que zarandeaba el brazo por las inmediaciones del peque?o huerto como si le fuese la vida en ello. ¨DEn caso de que no haya quedado claro... ¨DLe lanc¨¦ una afilada mirada al caballero, con el brazo a¨²n extendido¨D. Me gustar¨ªa que lo cogieras. Desconozco hasta qu¨¦ punto estar¨¢s familiarizado con esta variedad, pero... su tama?o habitual es... Aproximadamente una cuarta parte. ¨DSu di¨¢metro promedio es de poco m¨¢s de dos cent¨ªmetros, si no yerro. Soy buen conocedor, y si me permite la osad¨ªa, gran amante de las acirezas. ?Me permitir¨ªais probarla? ¨DIntent¨® disimular sus intenciones, pero era un libro abierto¨D. Con el objeto de cerciorarme de que mantiene sus propiedades a pesar de su inmoderado tama?o, por supuesto. ¨DPor favor. No tard¨® m¨¢s de una fracci¨®n de segundo en recomponerse, pero parec¨ªa que la seriedad de sus ojos azules se disip¨® para dejar ver el alma de un emocionado ni?o detr¨¢s. Incluso dej¨® entrever unos gestos de j¨²bilo que me convencieron claramente de que hab¨ªa un coraz¨®n detr¨¢s de ese muro de recargada habla arcaica (que, a cada palabra, parec¨ªa m¨¢s impostado). Cuando acab¨® con ella, se limpi¨® la boca con un pa?uelo exactamente como se esperar¨ªa de alguien de su cuna y agradeci¨® reiteradamente la fruta. ¨DDeber¨ªas probar alg¨²n d¨ªa los pasteles que hace con ellas ¨Dterci¨® Jenna, entre la chanza y la adulaci¨®n¨D. Te vas a caer de espaldas, chaval¨ªn. ¨DQuiz¨¢ debi... Quiero decir... ¨DSe llev¨® las manos a la boca y las desliz¨® siguiendo el recorrido de su barba, cual ilustre pensador¨D. Los resultados son m¨¢s que notorios. Informar¨¦ muy favorablemente a mi se?ora. Mas, claro est¨¢, he de documentar la alquimia que hay tras tama?o logro. ¨DLa propuesta de Amelia ¨Daunque el visitante parec¨ªa algo molesto por referirme a ella por su nombre de pila, no protest¨®¨D me dio una buena idea para arrancar. Si el primer hito del proyecto es disipar ¨¦ter para nutrir los cuerpos que le rodean, ?por qu¨¦ no comenzar por una de las aplicaciones m¨¢s sencillas? Abr¨ª el caj¨®n bajo las placas para que el muchacho llegase a su propia conclusi¨®n al ver c¨®mo uno de los acumuladores de Mirei dispersaba con cuidado part¨ªculas de ¨¦ter en todas las direcciones. ¨DIrrigaci¨®n. ¨DAsinti¨® con la cabeza¨D. Las acirezas requieren de grandes cantidades de agua para crecer de forma adecuada. M¨¢xime unas de tan magno tama?o, claro est¨¢. Mas la invenci¨®n ha de ser m¨¢s compleja para producir resultados como el que nos ocupa. Dan volvi¨® a mover los brazos con presteza en torno al acumulador, como si desplazase una lente invisible a nuestros ojos con la que capturar cada m¨ªnimo detalle de la instalaci¨®n. ¨DAh¨ª es donde empiezan a trabajar mis f¨®rmulas ¨Dme jact¨¦, pas¨¢ndome el pulgar por el labio¨D. El procedimiento para infusionarlas en el cristal h¨ªdrico es a¨²n bastante vol¨¢til, pero aislando los componentes adecuados parece funcionar de forma casi segura incluso con ingredientes adicionales. El muchacho sigui¨® absorto en los cultivos. ¨DLa palabra clave es casi, eso s¨ª. ¨DMe guard¨¦ para m¨ª el recuerdo de las frutas explosivas¨D. No quiero pecar de pretencioso aqu¨ª, pero creo que he dado con la clave: el agente reactivo ha de contar con suplementos procristalinos que equilibren de nuevo la mezcla original para que su disipaci¨®n sea consistente y estable en un entorno asoet¨¦rico como el que proporciono. Dada la segunda condici¨®n de nuestro acuerdo, eso s¨ª, no revelar¨¦ a¨²n la naturaleza de dicho agente, pero la mezcla es prometedora. Sea como fuere, unas gotas de la soluci¨®n... ?Y bingo! ?Acirezas gigantes! ?Y en un tiempo r¨¦cord! ¨DT¨¦mome que mi comprensi¨®n de la alquimia no es tan vasta como para percibir la elucidaci¨®n. ¨DTom¨® nota en la libreta que llevaba en la mano. Su forma de escribir era completamente distinta a la de los trazados que ya hab¨ªa sobre el papel, por lo que asum¨ª que lo que tra¨ªa era del pu?o y letra de Amelia Tennath¨D. Mas me encargar¨¦ de traslad¨¢rsela directamente a mi se?ora. ¨DTranquilo, hijo, yo tampoco he entendido la mitad. ¨DJenna parec¨ªa divertida ante la situaci¨®n¨D. Aunque parece tan seguro de lo que dice que te dan ganas de asentir constantemente con la cabeza y quedarte embobada mir¨¢ndole, ?a que s¨ª? El comentario de Jenna me pill¨® tan desprevenido que sent¨ª aumentar la temperatura de mis mejillas en tiempo real. Por fortuna, pude recobrar la compostura y el ritmo cardiaco antes de que el caballero volviera a fijarse en m¨ª. ¨DSea como fuere, espero que eso satisfaga la curiosidad de mi mecenas ¨Dconclu¨ª con un adem¨¢n, a¨²n nervioso¨D. No obstante, si quedara alguna duda, estar¨¦ encantado de resolv¨¦rsela. Eso s¨ª, no soy muy amigo de la vieja t¨¦cnica del correveidile. Entiendo que es una mujer ocupada, pero la conversaci¨®n cient¨ªfica requiere de... cient¨ªficos, al fin y al cabo. ¨DReitero mis disculpas. ¨DSe arrodill¨® en el momento¨D. Me temo que las circunstancias de mi se?ora eran apremiantes en demas¨ªa. Mas si me excusa, yo tambi¨¦n deber¨ªa considerar mi marcha. El caballero sac¨® una bolsa de tela de su alforja y la plant¨® en mis manos. A trav¨¦s del tejido ya notaba la rigidez de las monedas de oro, pero el c¨¢lculo mental del peso no me cuadraba demasiado con su peso aparente. ¨DEn el supuesto de que se encuentre cuestion¨¢ndolo, s¨ª, hay una prima adicional en el pago. Mi se?ora est¨¢ contenta con su asociaci¨®n y la prontitud de su primera muestra, as¨ª que ha decidido a?adir, y cito textualmente sus palabras, ?una propinilla para que se compre algo bonito?. ¨DBuen detalle. ¨DAsent¨ª con la cabeza. No obstante, estaba bastante sorprendido de que hubiera considerado las tres semanas desde nuestra reuni¨®n inicial ?prontitud?. Sobre todo, con el tiempo que me estaba tomando asegurarme de que Mirei se recuperase¨D. Y, si no quedan puntos en el acta... A pesar de mi evidente invitaci¨®n al final de la conversaci¨®n, el muchacho se qued¨® en silencio, dubitativo, durante unos instantes. ¨D?Pretendiera pediros un favor, a t¨ªtulo personal! ¨DTras darse cuenta de que hab¨ªa alzado la voz, carraspe¨®, echando la vista en direcci¨®n contraria. ?Era un gran esfuerzo para ¨¦l decir algo as¨ª?¨D. Si los relatos de mi se?ora sobre su habilidad alqu¨ªmica hacen justicia, me gustar¨ªa que revisarais a Adresta, mi fiel arma. ¨DVoy a tener que rechazar la propuesta. ¨DCon el rabillo del ojo, ech¨¦ un vistazo a la espada que colgaba del cinto del muchacho¨D. Por apasionante que me parezca la idea de trabajar con metal eteroalqu¨ªmico y a riesgo de que esta sea la primera y ¨²ltima oportunidad que tenga en mi carrera de poder experimentar con un material de leyenda, he de mantenerme firme. Mis condiciones sobre mi colaboraci¨®n con la familia Tennath eran concisas: las aplicaciones b¨¦licas est¨¢n fuera del men¨². Y as¨ª seguir¨¢n. ¨DConsid¨¦rolo justo. ¨DOcult¨® la hoja de mi vista tras sus anchos hombros. Aun as¨ª, pod¨ªa atisbar un brillo de decepci¨®n en sus ojos¨D. Mas espero propiciar las circunstancias en un futuro, maese Rapsen. ¨DPuede. ¨DEntorn¨¦ las manos para poner las palmas hacia arriba¨D. Quiz¨¢ en otra de nuestras reuniones... ?pueda invitarte a esa tarta y reconsiderarlo con una buena charla? Al fin y al cabo, una charla distendida sobre el metal de los dragones no tiene por qu¨¦ vulnerar regla alguna, ?no? Esboc¨¦ media sonrisa (si bien un poco envenenada) en mis labios. Sab¨ªa que con esa invitaci¨®n estaba abriendo una brecha en un muro invisible cuya naturaleza a¨²n no era capaz de determinar. Jenna comprendi¨® mis intenciones de inmediato y dej¨® su mano encima de mi hombro con un cari?o c¨®mplice. ¨D?Inapropiado! ?Inapropiado! ¨DRompi¨® su estoicidad, marchando con ¨ªmpetu hacia la salida. Par¨® unos instantes en el umbral y a?adi¨®¨D. Mas... Me debo a mis principios y, evalu¨¢ndolos con certeza... ?D¨®nde dejar¨ªa mis modales si rehusara dicho ofrecimiento? Consider¨¢ndolo concienzudamente... ?Agradezco de coraz¨®n vuestra invitaci¨®n! No hab¨¦is m¨¢s que convocarme cuando lo estime oportuno y acudir¨¦.You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story. Tuve que contenerme durante un par de minutos m¨¢s hasta que su figura desapareciera del cielo, pero acab¨¦ soltando la carcajada c¨¢ustica que llevaba un rato quem¨¢ndome el pecho. Re¨ª tan fuerte que se me salt¨® uno de esos lagrimones tan complicados de ocultar. ¨DEres perverso, Rory. ¨DJenna se uni¨® a la risotada mientras buscaba los utensilios de costura¨D. Menuda forma de presionar al pobre muchacho. Ser¨¢ un estirado, pero... ¨DEh, no es mi culpa. ¨DMe dej¨¦ caer sobre el sill¨®n¨D. Es divertido tratar con gente as¨ª. Adem¨¢s, t¨² tambi¨¦n lo has notado, ?no? ¨D?A qu¨¦ te refieres exactamente? ¨D?Es que no es obvio? A ese Dan Tennath se le da muy mal la actuaci¨®n como para ir de personaje por la vida. ¨DEnfatic¨¦ mi tesis alzando un dedo¨D. En primer lugar, est¨¢ claro que est¨¢ forzando una fachada para ocultar algo. Estoy seguro de que con los est¨ªmulos correctos seguro que es f¨¢cil derribarla y ver qu¨¦ hay detr¨¢s... por la ciencia, claro. ¨DHe visto la cara de ni?o que ha puesto al probar la acireza ¨Dapreci¨® la muchacha¨D. Ni esa barba tan cuidada pod¨ªa disimularla. ¨DEn segundo... ¨DAlc¨¦ otro dedo para acompa?ar¨D. S¨¦ que los nobles son m¨¢s raros que un momoolin verde, pero es la primera vez que oigo a alguien enorgullecerse de llevar un apellido y denominarse ?¨²ltimo v¨¢stago? mientras muestra una actitud de servidumbre as¨ª a alguien que, si las cuentas no fallan, no es m¨¢s que su hermana mayor. Aqu¨ª hay miniato encerrado. ¨DMi se?ora ¨Dimit¨® la voz del noble mientras ajustaba una de las tiras de mi nueva bata¨D. ?Mi se?ora! ¨DEn tercer lugar... ¨DEstir¨¦ los brazos hasta el techo¨D. ?Metal eteroalqu¨ªmico! Ah, llevo a?os so?ando con poder experimentar con ¨¦l. Ya estaba considerando el disfrazarme de conde y colarme en la subasta para ver si pod¨ªa hacerme con un poco. Con lo que me est¨¢n pagando, podr¨ªa permit¨ªrmelo. Aunque... no s¨¦. ?Crees que si le robo un trocito de esa espada se dar¨¢ cuenta? ¨D?Qu¨¦ tiene de especial esa cosa? ¨DJug¨® con el l¨®bulo de su oreja, intentando poner en orden sus pensamientos¨D. No acabo de entenderlo. Por lo que he podido entender de otras veces que hemos hablado, su prop¨®sito es... forjar utensilios capaces de adoptar propiedades del ¨¦ter. ?No hace eso mismo el convertidor de Mirei? ¨D?Ni por asomo! ¨DMe puse en pie y me acerqu¨¦ una de las pizarras, donde me puse a dibujar diagramas alqu¨ªmicos a toda velocidad¨D. ?Ves? Si esto es un n¨²cleo et¨¦rico tradicional, esto otro el flujo de la carga elemental... Y lo de aqu¨ª es el ?convertidor? del que hablas, que dibujamos como una caja negra con la entrada et¨¦rica y la salida en¨¦rgica... Hacemos que... Y esto es un catalizador eteroalqu¨ªmico... ¨DRory... Para. ?Por favor! ?Para! ?No entiendo nada! ¨DDibuj¨® una cruz en el aire con sus brazos¨D. ?Versi¨®n para gente normal! ?Y deja de moverte tanto, que no puedo coser! ¨DVale, el resumen es que la conductividad natural de ese metal es tan vers¨¢til que... ?Imag¨ªnate qu¨¦ podr¨ªamos hacer con ¨¦l! Por ejemplo... ¨DMe costaba encontrar s¨ªmiles sencillos, pero mi cabeza ya estaba recorriendo la siguiente idea¨D. Y las aplicaciones desconocidas, ?qu¨¦? ?Quiero investigarlas por m¨ª mismo! ?Hay mucho que descubrir en el mundo de la alquimia como para darles todo el terreno a las m¨¢quinas! ?Jenna, es un mineral de leyenda! Si ten¨ªamos que hacer caso a la mitolog¨ªa que lo rodeaba, el metal eteroalqu¨ªmico hab¨ªa nacido de la forma m¨¢s b¨¢sica y pura del ¨¦ter aunando la fuerza de los cuatro dragones elementales. Los relatos sobre su creaci¨®n variaban de tribu a tribu, y la versi¨®n m¨¢s popular entre los humanos cambiaba de forma radical cada siglo, por lo que la comunidad cient¨ªfica hab¨ªa tomado la decisi¨®n de ignorar los relatos tradicionales y aferrarse ¨²nicamente a los experimentos que pod¨ªan realizar sobre ¨¦l. ¨DBueno, va... Te creer¨¦. Porque eres t¨². ¨DRecorri¨® la tela de mi antebrazo con cierto cari?o¨D. Y volviendo a lo de Dan... ¨D?Eso! ?Punto cuatro! ¨DEch¨¦ la mirada al lado antes de seguir¨D. Dir¨ªa que es bastante mono, ?no crees? Quiero decir, para ser un noble, tiene un... ?Au! ?Ten cuidado con esos alfileres! ¨D?Lo siento! ¨Dreplic¨® con una risilla nada inocente¨D. ?Ha sido un peque?o accidente! ¨D?Que solo bromeaba, Jenna! ¨DMe burl¨¦¨D. Adem¨¢s, es un yogur¨ªn. Quita, quita. *** ¨D?Au! ?C¨®mo duele! ?Me haces sangre! ?Me est¨¢s haciendo sangre, Rory! ?Estoy sangrando por tu culpa! ¨D?Quieres dejar de quejarte? ¨Dendurec¨ª la mirada¨D. Es una agujita de nada. Su prop¨®sito es, en efecto, sacarte sangre. Pero solo un poquito. Te he llegado a ver con heridas abiertas y borboteantes por los cuatro costados despu¨¦s de una de tus peleas con Ridamaru y lo ¨²nico que ten¨ªas que decir al respecto es ?ll¨¦name la botella y ya dejar¨¢ de dolerme?. ¨DQu¨¦ quieres que te diga, haces buenas pociones. ¨DAnda, que te doy una galleta de tus favoritas si dejas de quejarte de una vez. ¨DVenga, va ¨Dresopl¨® con fuerza¨D. Pero quiero un buen pu?ado. Extraje la aguja del brazo de Mirei, presion¨¦ una bola de algod¨®n contra ¨¦l y le di el plato de dulces sin esperar ver una sola migaja de vuelta. Mientras se entreten¨ªa devor¨¢ndolo, vert¨ª un par de gotas de la sangre en el vial con el reactivo. Azul. ¨DLa parte buena es que puedes irte a vivir a Abakh con estas credenciales ¨Dme burl¨¦, aunque mi tono no escondi¨® muy bien mi preocupaci¨®n por los resultados¨D. La mala, que tu sistema es incapaz de deshacerse de la sobrecarga. ¨D?Y no es eso algo bueno? ¨Dinterrumpi¨® la mec¨¢nica voz de Runi. De no ser por lo irritante que me resultaba, hubiera apreciado el truco de ventrilocuismo en el que la chica masticaba con fuerza mientras el guante hablaba¨D. ?El sif¨®n et¨¦rico ha funcionado perfectamente! ?Hemos salido vivos de esta! ?Y ahora est¨¢s alineada con el agua! ?Todo ha salido a pedir de boca! ¨D?Pof uftima vef! ¨DMirei trag¨® de forma repentina y tosi¨® con fuerza¨D. ?Que casi me matas, capullo! ?Que no es guay so?ar constantemente con el color azul! ?Que no me lo he pasado bien estando dos semanas sin poder levantarme de la cama! En serio, como sigas as¨ª te disuelvo en ¨¢cido. ¨D?Runi solo quiere ayudar! ?D¨¦jame explicarte mis funciones! ?Ojal¨¢ pudiera conectarme a la red para poder ense?arte cosas que s¨¦ que te interesar¨¢n! ?Dame una oportunidad, de verdad! ?Tengo mucho que contarte! ¨DY as¨ª, todo el d¨ªa ¨Dgru?¨®, golpeando la mu?equera parlante contra la pared¨D. Estoy aprendiendo a convivir con esta cosa. ?Y no puedo analizarlo como me gustar¨ªa! ?Por favor, Rory! Si me quieres, aunque sea un poco, d¨¦jame ir a por mis herramientas. ?D¨¦jame hacer algo! ?Ya puedo andar! ?Si me lo propongo, ya puedo incluso luchar! Vale, Lilina me dio una paliza hace unos d¨ªas cuando lo intent¨¦, pero me estoy recuperando r¨¢pido. ¨D?Yo puedo autoanalizarme! ¨Drespondi¨® con seguridad¨D. ?Quieres que te diga c¨®mo? ¨D?Que s¨ª! ?Que unos y ceros! ?Que rutinas y subrutinas! ¨Dchirri¨® un poco los dientes¨D. ?Pedazo de lata, quiero entenderte a mi manera! ¨D?Ja, ja! ?Mirei Rapsen, eres una primitiva! ¨DBah, ign¨®rale. ¨DChasque¨® la lengua y se cruz¨® de brazos¨D. Parece que no, pero poco a poco empiezo a sacarle informaci¨®n ¨²til. No entiendo ni una cuarta parte de las palabras que suelta, pero... ?En fin! Hoy has pasado la ma?ana con Jenna, ?eh? ?Rememorando viejos tiempos? Cuenta, cuenta, el cotilleo me mantiene viva entre estos cuatro muros. ¨DJa. ¨DLe desafi¨¦ con la mirada¨D. ?Realmente esperas que te d¨¦ detalles? ¨DEn realidad me lo ha contado todo ella seg¨²n ha entrado por la puerta. ¨DSonri¨® de oreja a oreja¨D. Pero necesito las dos versiones de la historia si quiero empezar a mover los hilos cual titiritera. ?Dame tu versi¨®n! ?D¨¢mela! ¨DEst¨¢s a¨²n m¨¢s maruja desde que te hemos quitado los juguetes. ¨DLa amonest¨¦ con un cari?oso golpecito en la frente¨D. En fin, es culpa m¨ªa por dejarte demasiado tiempo con Jenna y Lilina, menudas tres sois. ¨DEso no responde mi pregunta ¨Dignor¨® mis acusaciones. Ocult¨¦ media cara con mi mano sin darme ni siquiera cuenta. ¨DHubo un momento, si es lo que quieres saber. Ya sabes, la nostalgia a veces juega malas pasadas. ¨DIntent¨¦ enfocarme en las pruebas para disipar las nubes que ten¨ªa en la cabeza, pero no funcion¨®¨D. O buenas, quiz¨¢. Aunque no dur¨® demasiado... Agrad¨¦celo a nuestros amigos los Tennath. ¨D?Ha vuelto el bomb¨®n de alquimista que me gui?¨® el ojo? ¨DSilb¨® poco disimuladamente¨D. ?Jo, siempre me lo pierdo! ?Cu¨¦ntame! ?Qu¨¦ te ha dicho la princesa? ¨DEn realidad, vino su hermano. ¨DUn tipo... ?bastante mono?. ¨DIntent¨® alzarse para darme un codazo, pero lo esquiv¨¦ con un paso lateral¨D, ?para ser un noble, tiene un...?, ?no? ¨DSi te lo ha contado Jenna, ?por qu¨¦ me mareas tanto? ¨DMe levant¨¦ del filo de la cama y tom¨¦ algo de distancia preventiva¨D. Vale, s¨ª, el muchacho est¨¢ de buen ver. Seguro que ella tambi¨¦n te lo ha dicho, todos tenemos ojos en la cara. La parte que se ha molestado en omitir es en la que dije que se me antojaba demasiado jovencito. ?Qu¨¦ tendr¨¢? ?Veinte a?os? Como mucho. ¨DJe. ¨DMe lanz¨® una expresiva mirada de lado¨D. Que no se entere Lilina entonces... O que no hagamos que se entere. Suspir¨¦ con fuerza e intent¨¦ ignorar las elucubraciones de la aburrida maquinista. ¨DEs un tipo raro. ¨DComo no me quedaban pruebas por hacer, me permit¨ª el lujo de escurrirme junto a Mirei en la cama¨D. Llama a su hermana ?mi se?ora? y se present¨® en nuestra casa con una armadura mec¨¢nica y una espada de metal eteroalqu¨ªmico para... ver unas plantaciones. Todo un caso. ¨DEspera. ¨DSe llev¨® el ¨ªndice a los labios, pensativa. Sus ojos se mov¨ªan err¨¢ticos, como si estuviera atando cabos¨D. ?Pelo negro, puntiagudo? ?Con mechones de color blanco? ?Ojos azules? ?Habla de forma demasiado intensa? ?Barba perfectamente cuidada? Asent¨ª a cada una de las preguntas. ¨D...sorprendentemente, s¨ª. ?Le conoces? Es curioso. Parec¨ªa interesado en verte a ti tambi¨¦n hoy. ¨DY tanto. Ese capullo es el caballero flipado del bosque donde encontr¨¦ a Runi. ¨DDi un golpe contundente con mi mu?equera en el cabecero de la cama¨D. ?Eh, m¨¢quina metomentodo! ?Te suena de algo alguien con esa descripci¨®n? ¨DDan Tennath ¨Ddije con voz clara. ¨D?Estaba inactivo en el encuentro que describes! ¨Dprotest¨® con un dibujo de una cara enfadada en el aire¨D. ?Pero ese nombre me suena vagamente! ?D¨¦jame buscar en mi registro de sucesos! ?Buscando! ?Buscando! ?Una ocurrencia! ?Efectivamente! ?Carga de contenido de usuario DANTENNATH previa a la activaci¨®n! ?Cuadra perfectamente con lo que describes! El rostro del espadach¨ªn se traz¨® en el aire. ¨DBueno, ya sabemos d¨®nde est¨¢ nuestra siguiente pista entonces ¨Ddijo la maquinista con una mueca maliciosa¨D. ?Cu¨¢ndo vuelves a ver a tus benefactores, hermanito m¨ªo? ¨DEn principio, en dos semanas como poco. ¨DRecorr¨ª mentalmente mi agenda¨D. Probablemente, m¨¢s. Tengo trabajo atrasado, y esta Amelia es impredecible cuando se trata de concretar citas. Puede pasarse por el taller sin avisar o no contestar en d¨ªas a los mensajes que le hago llegar. ¨DPor otro lado... Es una Tennath. ¨DMirei se acerc¨® al caj¨®n de la mesilla y extrajo un par de tarjetas de ¨¦l¨D. Y tenemos una invitaci¨®n para visitar sus dominios este mismo fin de semana. Menuda casualidad, ?eh? ¨D?Est¨¢s en condiciones de meterte en algo as¨ª? ¨DAfil¨¦ mis ojos sobre ella, pero s¨®lo respondi¨® revolvi¨¦ndome el pelo¨D. Pensaba liberarte en un par de d¨ªas, pero... Quiz¨¢ sea pronto para una de esas escapaditas. No quiero que te metas en una pelea y te d¨¦ un choque et¨¦rico o algo as¨ª. ¨DEstar¨¦ bien. ¨DLevant¨® el pulgar¨D. Adem¨¢s, me estoy volviendo loca aqu¨ª y, si hay que repartir to?as... Runi me ha ense?ado unos buenos trucos. La pregunta es... ?est¨¢s listo t¨², conde de Smarahild? ¨DNo hay forma de responder ?no? a esta pregunta, ?verdad? Cap铆tulo 8 - Lilina Rapsen Ech¨¦ un vistazo a la mesa. Con la pasi¨®n por el orden que le caracterizaba, Rory hab¨ªa dispuesto sobre ella un abanico de soluciones alqu¨ªmicas que pod¨ªan sernos ¨²tiles de cara a una infiltraci¨®n: bombas de humo, bengalas cegadoras, t¨®nicos de acolchado ac¨²stico, somn¨ªferos y... ¨D?Caramelos? ¨Dsolt¨¦ una risilla¨D. ?Tan mal me huele el aliento como para que sea un riesgo para la misi¨®n? Podr¨ªas hab¨¦rmelo dicho. ¨DEs uno de mis ¨²ltimos experimentos ¨Dexplic¨® el alquimista¨D.En realidad, no son m¨¢s que t¨®nicos muy reducidos en una soluci¨®n cristalina ¨Dy, tras un breve silencio, a?adi¨®¨D y algo de fruta, por darle sabor. No he tenido tiempo a preparar todos los que quer¨ªa, pero los rojos te permitir¨¢n recuperar tus fuerzas y los verdes acelerar¨¢n un poco la circulaci¨®n de tu sangre para volverte un poco m¨¢s ¨¢gil durante un rato. ¨D?Oh, manzana ¨¢cida! ¨Dapreci¨® Mirei tras olisquear uno de los ¨²ltimos¨D. ?Me encanta! Rory tuvo que lanzarle una mirada acusatoria para que no se lo comiera a la ligera. S¨ª, la maquinista hab¨ªa logrado cierta tolerancia a algunos venenos gracias a esa afici¨®n suya de la cata furtiva, pero esa tarde no era la mejor para experimentar con su inestable equilibrio et¨¦rico. Aun as¨ª, fingi¨® que se resist¨ªa a su reprimenda para hacerle rabiar y, cuando se acerc¨® lo suficiente, lo envolvi¨® en una llave abrazo para revolverle el pelo. ¨DEres consciente de lo que est¨¢s a punto de hacer, ?verdad? ¨DSu mirada se torn¨® hacia m¨ª de repente¨D. Colarse en la mansi¨®n de los Tennath no es precisamente un paseo por el parque. ¨DMe he ganado el derecho a vuestra confianza, ?no cre¨¦is? ¨DFlexion¨¦ los brazos, aunque no fuera a impresionar a nadie con ello¨D. De verdad, estoy lista. Me han ense?ado los mejores. Di un par de pasos de baile en torno a mis hermanos mayores, canturreando por el camino. No pod¨ªa (ni quer¨ªa) ocultar lo emocionada que estaba con la idea de que por fin contaran conmigo para algo as¨ª. ¨DAunque seas una jovencita rebelde incapaz de obedecer ¨®rdenes simples, la evidencia es innegable. ¨DLa maquinista se encogi¨® de hombros, incapaz de rebatir nada¨D. Lo hiciste bien en Abakh, s¨ª. ?C¨®mo puedo quejarme de tu actuaci¨®n si, de no ser por ti, no lo hubiera contado? Eres una chica resolutiva y, aunque hayas decidido que es buena idea copiarme la cabezoner¨ªa, tu juicio fue el correcto. Por eso hemos decidido darte una opor... Me deslic¨¦ por el suelo con los brazos extendidos y una enorme sonrisa para llamar su atenci¨®n y hacer que frenara su discurso en seco. Llevaba una buena inercia y no pensaba dejar que me la estropeara. ¨DAdem¨¢s... Tampoco os pod¨¦is negar a mi petici¨®n porque, de no ser por m¨ª, no tendr¨ªais las tarjetas de socio. ¨DPuse los brazos en jarras y saqu¨¦ pecho, jact¨¢ndome¨D. ?No podr¨ªais llegar lejos sin m¨ª! ?Ja! Si eso no es prueba suficiente de que soy vuestro mejor activo, ?qu¨¦ lo es? ¨DNo te embales, Lilina. ¨DEsa vez fue Rory quien me par¨® los pies, agit¨¢ndome el pelo¨D. Ya sabes que estoy de tu lado en esto. Estoy seguro de que t¨² podr¨ªas aprovechar todo el revuelo para cotillear por ah¨ª mientras nosotros nos hacemos pasar por nobles, pero... ¨DQue s¨ª, que es un asunto serio y que tengo que ir con pies de plomo. ¨DDej¨¦ caer los hombros con un bufido un pel¨ªn m¨¢s agresivo de lo que deber¨ªa. Tampoco me ayud¨® mucho que continuara hablando en un tono poco serio¨D. M¨¢xima precauci¨®n, que ponga los pies en polvorosa si veo que puedo acabar metida en un l¨ªo y que mi seguridad est¨¢ por encima de la misi¨®n. ?Recibido, mi comandante! ¨DT¨² lo has dicho ¨Drespondi¨® Mirei con un sard¨®nico deje que se me clav¨® como una aguja en el pecho¨D. Ya hemos repasado mil veces las normas. Pero te conozco como si te hubiera parido y si hay una que quiero martillear en tu cabecita es que evites cualquier tipo de enfrentamiento. No tenemos ni idea de lo que nos vamos a encontrar all¨ª. ¨DMirei no va a poder sacarte las casta?as del fuego esta vez si ocurre algo. ¨DRory apart¨® sus ojos hacia la aludida en busca de apoyo¨D. No sabemos si est¨¢ o no en condiciones de luchar todav¨ªa, pero te prometo que voy a asegurarme personalmente de que esta noche no se convierta en una excusa para comprobarlo. ¨DAdem¨¢s, por muy campeona del orfanato que seas, sigues muy verde. ¨DMi hermana me acus¨® con dos dedos¨D. Habr¨¢s convencido al bueno de Montaro con tu ingenio, pero conmigo solo est¨¢s rozando el aprobado. As¨ª que... La fren¨¦ sac¨¢ndole la lengua con una pedorreta. ¨D?Vais a seguir ech¨¢ndome la bronca por cosas que a¨²n no he hecho? Venga ya. ?O es que no recuerdas que te di para el pelo hace tan solo un par de d¨ªas? ¨DEvidentemente, omit¨ª la parte en la que la maquinista estaba cansada, desarmada y convaleciente cuando eso ocurri¨®. Mi salida de tono me hizo ganarme un nuevo serm¨®n preventivo. Largo, anodino y ciertamente repetitivo, pero al menos pude sacar cosas en limpio de ¨¦l, como una revisi¨®n de los planos de la zona que Rory y yo hab¨ªamos bosquejado, el funcionamiento de las herramientas que Mirei hab¨ªa dise?ado para m¨ª y una serie de ?buenas excusas para justificar mi presencia en zonas restringidas?. Ninguna era del todo cre¨ªble por s¨ª misma, claro, pero si de m¨ª dependiera, no pasar¨ªa del ?vaya, he vuelto a perderme yendo al ba?o?. Mientras los due?os del taller me aleccionaban, mi mente empez¨® a divagar. Cuando los ve¨ªas as¨ª, Mirei y Rory parec¨ªan una de estas parejas que llevaban d¨¦cadas casada m¨¢s que dos hermanos c¨®mplices, oscilando cual metr¨®nomo desbocado entre el m¨¢s afinado trabajo en equipo y las discusiones m¨¢s ¨¢cidas que alguien pudiera imaginar. Probablemente se extra?aran de verme sonre¨ªr ante tama?a chapa, pero no pod¨ªa dejar de pensar en c¨®mo dos personas tan dispares hab¨ªan acabado compartiendo as¨ª su d¨ªa a d¨ªa. ¨DEn fin, deber¨ªa darme una ducha. ¨DMirei estir¨® los brazos hacia el techo y acerc¨® la nariz a su axila. Por la cara de disgusto que puso, dir¨ªa que la necesitaba con urgencia¨D. Todav¨ªa tengo trabajo que hacer si quiero dar el pego como duquesa. Traje, peinado, maquillaje... ?Cu¨¢ndo fue la ¨²ltima vez que me preocup¨¦ en cualquiera de esas cosas? ¨DLa solter¨ªa, que hace mucho da?o. ¨DRory dej¨® que su mano latigueara¨D. En fin, date prisa, que yo deber¨ªa afeitarme. ¨D?Esa pelusilla que llamas barba? ¨DLa maquinista le tom¨® de las mejillas y hundi¨® su mirada en ¨¦l¨D. Quiz¨¢ valga con soplar. ?Quieres que pruebe? ¨D?Prefiero la cuchilla, gracias! ¨DEl alquimista le ense?¨® los colmillos y el p¨²rpura de sus ojos centelle¨®¨D. Anda, l¨¢rgate antes de que me arrepienta. La muchacha se march¨® dejando el eco de un portazo como ¨²nico acompa?amiento en la habitaci¨®n. Rory se encogi¨® de hombros, se acerc¨® a uno de los calderos y, tras agitar su contenido varias veces, volvi¨® para sentarse frente a m¨ª. ¨D?Qu¨¦ tal la ves? A Mirei, quiero decir. ¨DInclin¨® la cabeza hacia abajo, algo pensativo¨D. Vista desde fuera, dir¨ªa que parece la de siempre, pero... ¨DPuede aguantar lo que le echen. Estoy segura ¨Dreflexion¨¦ durante unos instantes si ten¨ªa alg¨²n pero que a?adir, aunque no se me ocurri¨® nada¨D. De todas formas, ya me encargar¨¦ de que no le echen nada. ?Vaya que s¨ª! ¨D?Es que no nos has escuchado? ¨DSu rostro fue amable, pero el tono con el que lo dijo se notaba m¨¢s afilado que de costumbre¨D. No hay necesidad alguna de pelear en un reconocimiento. No solo porque un combate pueda tirar todo nuestro plan por la borda, sino porque... No es que sea un experto en el tema, pero ya sabes lo que dice tu hermana... ¨DTodav¨ªa me falta por encontrar mi estilo ¨Drepet¨ª las palabras de Mirei como un loro¨D. Todav¨ªa me falta por encontrar mi estilo. Ni siquiera s¨¦ lo que significa eso, pero... Todav¨ªa me falta por encontrar mi estilo si quiero que me levante el pulgar. Pero cre¨ªa que t¨² me apoyabas. ¨DY lo hago. ¨DMe puso la mano en el hombro y me dedic¨® una sonrisa¨D. Eres una chica prometedora, Lilina. Y es precisamente por eso por lo que quiero que llegues entera al d¨ªa en el que puedas ver ese potencial cumplido. S¨¦ que es el siguiente paso en nuestro camino, pero no me f¨ªo un pelo de lo que nos podamos encontrar en esa mansi¨®n. Adem¨¢s, est¨¢n nadando en argentos... ?Crees que van a escatimar en proteger sus secretos? ¨DS¨ª, lo s¨¦ ¨Dsuspir¨¦, resignada¨D. Si nos estamos metiendo en la boca del lobo es porque nos est¨¢n permitiendo hacerlo. ¨DY soy tan cient¨ªfico que me mata la curiosidad ¨Dasegur¨®. El muchacho sac¨® su reloj de un bolsillo, le dio algo de cuerda, y lo mir¨® con los ojos entrecerrados.Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings. ¨DVaya, s¨ª que se est¨¢ haciendo tarde. En fin, voy a ir adelantando trabajo mientras Mirei pasa por chapa y pintura. ¨DPara mi sorpresa, se deshizo de su casi perenne bata y antes de examinarse frente a un espejo¨D. Aunque no te toque disfrazarte, t¨² tambi¨¦n deber¨ªas ir prepar¨¢ndote. Nos queda una larga noche por delante. ¨D?Cierto! ¨DDi una en¨¦rgica palmada¨D. ?Me vuelvo al orfanato! ?Alg¨²n mensaje para alguien? Y con ?alguien?, quiero decir Jenna. ?Aprovecha! ?Hoy el correo lo lleva la mensajera m¨¢s mona! ¨DPuedes contarle que las cotorrillas de Rapsen empiezan a hablar m¨¢s de la cuenta ¨Dreplic¨® con una forzada solemnidad, aunque parec¨ªa que iba a romper a re¨ªr en cualquier momento. *** La mansi¨®n de los Tennath se erig¨ªa en la zona opuesta a la del orfanato, una vez pasado el casco hist¨®rico y cruzada la avenida comercial. Pod¨ªa parecer bastante raro que un extremo del extrarradio fuese pobre y el otro acaudalado, pero la ventaja estrat¨¦gica de la zona monta?osa era bien cotizada. La barriada alta era ostentosa y vigilaba la ciudad desde las alturas, pero pocos edificios pod¨ªan presumir tanto como uno que se embeb¨ªa en la m¨¢s alta de las monta?as y contaba con un jard¨ªn que m¨¢s de un despistado podr¨ªa confundir por un bosque. Aun as¨ª, a pesar de que la parte que se pod¨ªa atisbar desde fuera era peque?a, se hac¨ªa respetar. Llena de ornamentos y mecanismos innecesarios, el movimiento de las piezas era tan llamativo como perpetuo. Como dec¨ªan los m¨¢s versados en arte de la ciudad, un testamento imperecedero de lo que la tecnolog¨ªa de vapor les hab¨ªa dado. Adem¨¢s, con motivo de la subasta, las chimeneas que sobresal¨ªan de la monta?a desped¨ªan un denso vapor que unos focos se dedicaban a tintar de diversos colores. De tanto en cuando, dejaban escapar algo de llamativa pirotecnia. Y, por si eso fuera poco, el espect¨¢culo no se limitaba a lo visual: uno de los miradores de la finca a la ciudad contaba con divertimento musical para los invitados que disfrutaban del c¨®ctel de bienvenida antes de pasar al interior de la mansi¨®n, aunque cualquiera que paseara por las calles pod¨ªa escuchar los instrumentos con una claridad que desafiaba las leyes de la ac¨²stica que conoc¨ªa. Quiz¨¢ fuera por eso por lo que hab¨ªa m¨¢s curiosos de lo habitual rondando el parque m¨¢s cercano. Por suerte, todo el alboroto me ayud¨® a saltar desde una apartada farola de gas (aunque, para la pr¨®xima vez deb¨ªa recordar cuant¨ªsimo se calentaban tras unas cuantas horas de servicio antes de asirme a una) hasta la parte superior del irregular muro de la enorme finca. Desde ah¨ª, era sencillo usar las enormes y sombr¨ªas hendiduras tanto como para esconderme como para escalar. Me dej¨¦ caer ¨¢gil y silenciosa, aunque tuve que morderme la lengua para no dejar escapar una victoriosa tonadilla. De repente, escuch¨¦ c¨®mo se mov¨ªa la hierba alrededor. A pesar que la suposici¨®n m¨¢s l¨®gica fuera que se trataba de alg¨²n animal que hab¨ªa hecho del jard¨ªn su hogar (o de alguna especie rara que conservaran como trofeo, conociendo las costumbres de la nobleza), decid¨ª investigarlo con cautela, paso a paso y siguiendo el librillo que mis hermanos no paraban de recitar. Al fin y al cabo, un paso en falso, y esa sospechosa adolescente vestida de negro acabar¨ªa llamando la atenci¨®n m¨¢s de la cuenta. Una cabeza peluda sali¨® de entre las hojas y unos enormes ojos me escudri?aron de arriba abajo antes de dejar salir el resto de su cuerpo del matorral. ¨D?Un... momoolin? ¨DMe tap¨¦ la boca al darme cuenta que hab¨ªa pronunciado esas palabras en voz alta. Si los kabaajin eran la tribu af¨ªn al agua, los momoolin lo eran a la tierra. Como eran tan peluditos, mulliditos y orondos, al tener uno delante era f¨¢cil olvidar que tratabas con una especie sapiente, pensar algo como ?qu¨¦ peluchito m¨¢s achuchable? y volcarse a acariciarlo. Sobre todo, para alguien que no hab¨ªa visto uno fuera de fotograf¨ªas, ya que su raza no era aut¨®ctona de nuestro continente. Craso error. Al contrario que los kabaajin, los teinekell y los teu¡¯iran, ning¨²n momoolin era capaz de imitar el habla humana, ya que su comunicaci¨®n se basaba en la gesticulaci¨®n y el contacto f¨ªsico (algo ir¨®nico para una criatura que tanto recordaba a un topo ciego b¨ªpedo), as¨ª que era de esperar que no se tomaran nada bien que restringieran su movimiento. Por suerte o por desgracia, no me cost¨® demasiado interpretar el empell¨®n que me hab¨ªa dado antes de poner los brazos en forma de cruz como un cristalino ?por favor, no me toques?. ¨D?Eh! ?Espera! ¨Dle susurr¨¦, intentando no llamar la atenci¨®n de nadie m¨¢s. Sab¨ªa que aunque fueran mudos, entend¨ªan perfectamente el habla humana¨D. ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? ?Te has perdido...? Estuve a punto de a?adir un ?peque?¨ªn?, pero no estaba muy segura de si un metro de altura era mucho o poco para los suyos y no quer¨ªa seguir granje¨¢ndome puntos negativos en su primera impresi¨®n de m¨ª. Sin dedicarme una m¨ªsera respuesta, el momoolin se agach¨® un poco, inclin¨® su corto cuello para echar un ¨²ltimo vistazo a la mansi¨®n y salt¨® hacia el agujero que hab¨ªa dejado en el suelo. Era demasiado estrecho como para que yo pasara por ¨¦l, pero se tom¨® las molestias de tapar su punto de entrada nada m¨¢s caer. ¨DVale, eso ha sido raro ¨Ddije para mis adentros. Por fortuna, no tuve m¨¢s sobresaltos en todo el camino a la mansi¨®n, aunque era incapaz de quitarme a la criaturilla de la cabeza. Cuando llegu¨¦, el evento principal a¨²n no hab¨ªa dado su pistoletazo de salida, pero la fase de preparativos ven¨ªa como un guante para mi plan. Uno tan sencillo como efectivo: vigilar la entrada de servicio, noquear a uno de los camareros con uno de los mejunjes de Rory cuando nadie mirara y hacerme con su ropa e identificaci¨®n para pasar desapercibida como alguien m¨¢s del servicio. Tuve que esperar m¨¢s tiempo del que me hubiera gustado para encontrar a una persona de mi talla que no se moviera en grupo, pero para mi sorpresa, la parte m¨¢s dif¨ªcil fue ponerme el uniforme sin llamar la atenci¨®n de la gente que pudiera acercarse. ?Por qu¨¦ tendr¨ªan tantos cintos que no iban a ninguna parte? ?Por qu¨¦ tan encorsetada? ?Por qu¨¦ tantas capas? ?Por qu¨¦ una corbata para ser camarera? Bueno, no. De eso no me iba a quejar: me quedaba genial. Dej¨¦ a la pobre v¨ªctima del somn¨ªfero bien abrigada y oculta tras un mont¨®n de cajas que nadie comprobar¨ªa en un buen rato y acerqu¨¦ la tarjeta de identificaci¨®n del camarero que suplantaba a la extra?a ventana de comprobaci¨®n. No pasaron m¨¢s de un par de segundos antes de que la puerta se abriera de par en par con una explosi¨®n de vapor que me asust¨® m¨¢s de lo que estar¨ªa dispuesta a admitir. ¨DDeber¨ªamos poner una de estas en el orfanato ¨Dpens¨¦ para mis adentros¨D. La tecnolog¨ªa es incre¨ªble. ¨D?Oh! ?Por fin viene alguien! ¨Dclam¨® un hombre poco despu¨¦s de cruzar el umbral. Aunque llevaba el mismo uniforme que yo, lo decoraba un brazalete rojo que le identificaba como l¨ªder¨D. ?Venga! ?La subasta ya ha comenzado! ?A¨²n hay que preparar el interludio! ¨DEstaba tan tenso que le temblaba la ceja izquierda¨D. ?Corriendo a la cocina, necesitamos todas las manos posibles! ?Vamos, r¨¢pido! ?No nos pagan para estar pensando qu¨¦ hacer en medio de un pasillo! ?Y a este ritmo directamente no creo que vayan a seguir pag¨¢ndonos mucho m¨¢s tiempo! Me sent¨ª tentada a preguntar d¨®nde estaba la cocina, pero repar¨¦ en que una empleada de mi categor¨ªa deb¨ªa saberlo. Asent¨ª repetidamente con la cabeza y ech¨¦ a correr en la primera direcci¨®n que se me ocurri¨®, esperando que fuera la correcta. Cuando me hube alejado lo suficiente, par¨¦ en seco para reflexionar. Al fin y al cabo, ?para qu¨¦ necesitaba saber algo as¨ª si ven¨ªa a cotillear? El estr¨¦s de ese tipo era terriblemente contagioso. El semis¨®tano de la mansi¨®n era laber¨ªntico y las escaleras se hac¨ªan de rogar. Tras cruzar una bodega, algo que parec¨ªa una sala de descanso para personal y una lavander¨ªa, llegu¨¦ accidentalmente a la bulliciosa cocina. ¨D?D¨®nde te hab¨ªas metido? ¨DEl hombre de antes parec¨ªa enfadado¨D. ?Es que te has perdido de camino a la cocina? ?Novatos in¨²tiles! ?Si fuera por m¨ª, estar¨ªas de patitas en la calle! ?Me vais a costar la puta salud! ¨DBueno, me... ¨DIntent¨¦ buscar una excusa, pero no tuve tiempo a terminar la frase antes de que acabara. ¨DMira, me da igual. ?Puedes subir esto a recepci¨®n? ¨DMe entreg¨® sin cuidado alguno un par de cubos enormes llenos de hielo y bebidas alcoh¨®licas¨D. Aunque seas una in¨²til, pareces fuerte y puedes ahorrarnos un viaje de m¨¢s. Eso s¨ª: como eres una in¨²til te recordar¨¦ el camino para que te entre en esa cabeza que tienes de adorno sobre los hombros. Salida de la derecha, gira a la izquierda, puerta blanca. La blanca. D¨¦jalo bajo la barra. Barra donde, espero... Haya alguien m¨¢s competente. ¨D?S-s¨ª, se?or! ¨D?A qu¨¦ est¨¢s esperando? ¨Dladr¨®¨D. ?Venga! A pesar del desaire, me hab¨ªa dado las indicaciones perfectas para llegar exactamente donde quer¨ªa. As¨ª que segu¨ª los pasos al pie de la letra para llegar a otra estancia llena de trabajadores que, por suerte, parec¨ªan menos estresados. All¨ª, se limitaban a preparar con cuidado peque?as mesas de c¨®cteles y refrigerios mientras charlaban animadamente entre ellos ¨D?Oh, gracias! ¨DLa chica al cargo de la barra fue c¨¢lida al recibirme, un contraste que agradec¨ª respecto al anterior jefe¨D. ?Dos cubos enteros? ?Guau! A¨²n queda un rato para el interludio y ya tenemos todo preparado, as¨ª que si quieres adelantar trabajo... ¨DPues el tipo de abajo me ha metido unas prisas... ¨D?Ya est¨¢ otra vez Chris sulfur¨¢ndose por nada? ¨DDej¨® caer la cabeza con los ojos en blanco. No pude evitar re¨ªrme con ella¨D. Estoy harta de ese t¨ªo. Desde que le han ascendido, cree que puede hacer lo que quiera con los dem¨¢s. ?Todo perfecto! ?Todo en el momento! Se cree que va a heredar la mansi¨®n o algo. Y encima, a nuestra costa. Si quieres un consejo... mantente alejada. ¨DTomo nota. ¨DRecorr¨ª la estancia con la mirada buscando lugares en los que colarme¨D. ?Hay algo en lo que...? Antes de poder terminar la frase, la camarera sise¨® y me hizo mirar a las escaleras. De ellas, bajaba una mujer de pelo plateado. Portaba un elegante (e incluso me atrever¨ªa a decir que atrevido) vestido para la ocasi¨®n. Aun as¨ª, ocultaba parte de sus curvas tras una bata de laboratorio que, si bien podr¨ªa contar con utilidad pr¨¢ctica, tambi¨¦n ser¨ªa capaz de pasar por art¨ªculo de moda. Tambi¨¦n me fij¨¦ en su calzado; no demasiado adecuado para un evento as¨ª, c¨®modo y mullido. ?Exc¨¦ntrica a la vez que engalanada? ?Media melena plateada? ?Calzado discordante? ?Maquillaje perfecto? Una chica as¨ª no necesitaba presentaci¨®n alguna, y mucho menos tras las advertencias de Rory. ¨DSe?orita Tennath. ¨DLa servidora realiz¨® una corta reverencia¨D. ?Qu¨¦ le trae por aqu¨ª? ?En qu¨¦ puedo servirle? La noble me recorri¨® lentamente con sus ojos ambarinos y convirti¨® su expresi¨®n en peque?a, aunque afilada, sonrisa p¨ªcara. Alz¨® su ¨ªndice en el aire, como buscando el control y la atenci¨®n de toda la sala y, sin bajarlo, tom¨® una copa de la mesa m¨¢s cercana con su mano libre, le dio un sorbo y, solo entonces, respondi¨®. ¨DVen¨ªa buscando a alguien. ¨DComprob¨® con atenci¨®n las marcas de carm¨ªn que hab¨ªa dejado en el cristal, divertida¨D. ?Ha asistido a la subasta de este mes, por un casual la ¨Dse acarici¨® los labios, alargando innecesariamente el silencio¨D duquesa de Kaegsord? ¨DEstar¨¦ encantada de comprobarlo ¨Drespondi¨® la joven de la barra¨D. Si me permite, puedo ponerme en contacto con... ¨D?No pasa nada! ¨DLe dio una campechana palmada en el hombro y se acerc¨® a escasos cent¨ªmetros de mi cara¨D. Tengo la corazonada que est¨¢ aqu¨ª, ?verdad, Lilina? Si no me equivoco, en esta ocasi¨®n la acompa?a el Conde de Smarahild... Balbuce¨¦ mientras repasaba mentalmente la lista de excusas para ver si hab¨ªa alguna ante tal desastre, pero el eco que hab¨ªa dejado en mi cabeza su voz al pronunciar mi nombre lo hac¨ªa imposible. ¨D?Oh, no te preocupes! ¨DSus rasgados ojos se afilaron un poco m¨¢s¨D. Son buenos amigos de la familia, me aventurar¨ªa a decir. Cap铆tulo 9 - Mirei Rapsen ¨D?Ya estoy listo! ¨Danunci¨® Rory, aunque a mi a¨²n adormilado cuerpo le cost¨® un poco reaccionar¨D. ?Mirei? ?Mirei? Sent¨ª c¨®mo sus manos me agitaban. ¨D?Eres t¨² el que no me ha dejado entrar al taller! ¨Dprotest¨¦¨D. Ya sabes que estar sentada sin hacer nada no es lo m¨ªo. ¨DConoci¨¦ndote, ibas a llenar el vestido de grasaza con uno de tus ?proyectos de ¨²ltima hora?. ?A ver c¨®mo se lo ibas a explicar a Jenna despu¨¦s del trabajazo que se ha dado por nosotros! Tras un silencio extendido, mir¨® hacia otro lado y a?adi¨® con la boca peque?a: ¨DAdem¨¢s, con lo guapa que te has puesto... Aunque... ?Qu¨¦ demonios te has hecho en el pelo? Te lo has planchado bien contra el sof¨¢, ?eh? Anda, ven, que te lo arreglo antes de irnos. ¨D?Es culpa tuya por tardar tanto! ¨DMe palp¨¦ la parte desigualada. ?Tan mal estaba?¨D. Venga, s¨ª. Arr¨¦glamelo un poco, que ya estoy notando tu aura juiciosa. Y que lo sepas, t¨² tampoco est¨¢s nada mal, muchachito. No lo estaba, no. Como era tan raro encontr¨¢rtelo con algo que no fuera el equipo de laboratorio o un pijama, que llevase corbata, sombrero y gabardina era cuanto menos digno de ver. No hab¨ªa m¨¢s que echarle un vistazo: un atuendo as¨ª gritaba ?noble? por los cuatro costados. Extremadamente pomposo, lleno de innecesarias solapas y llamativos botones metalizados. Y si a Rory ya le gustaba poco la idea de ir disfrazado de noble, la modista decidi¨® que era buena idea realzar su figura con unas cu?as. Seg¨²n ella, para que nuestra diferencia de altura no fuese tan llamativa. Aunque, para ser honestos, no hab¨ªa forma de que un traje con tantos elementos de un brillante escarlata no atrajera miradas por s¨ª mismo, me tuviera o no al lado contrastando su palidez y corta estatura. Mi vestido, por suerte, era algo m¨¢s simple. Simple y, por ende, c¨®modo de portar (aunque, a decir verdad, la asimetr¨ªa de su dise?o resultaba confusa para alguien tan adecuada a lo pr¨¢ctico como yo), pero no se ahorraba las florituras insignia de la moda noble ni los interminables retales de tela transl¨²cida por aqu¨ª y por all¨¢. No obstante, el dise?o ten¨ªa un fallo: era f¨¢cil ver mis cicatrices con tanto descubierto y transparencia, por lo que tuvimos que disimularlas con ung¨¹entos alqu¨ªmicos. Con una victoriosa risilla, se ajust¨® unas lentes tintadas (algo extravagantes, pero ocultaban con acierto el inaudito color de sus ojos) y me tendi¨® con una impostada galanter¨ªa la mano. Entre chanzas y piropos mal velados, no tardamos mucho en acabar los ¨²ltimos preparativos para la subasta. ¨D?Eh, Rory! ¨DDesplegu¨¦ un abanico con tal fuerza que el aire me levant¨® unos mechones de mi renovado peinado¨D. ?De verdad cre¨ªas que no iba a poder colar ning¨²n arma? Da el pego, ?eh? Guardas de titanio reforzadas. Varillas extra¨ªbles. Ribetes afilados. Vale, lo malo es que pesa un quintal, pero... ¨DNo te estaba retando a que inventaras algo, dije que no deber¨ªas intentarlo ¨Dbuf¨® con desgana¨D. ?Realmente necesitas un arma? No est¨¢s en condiciones de luchar a¨²n. ¨DUna mujer que se precie no sale de casa sin, al menos, tres cosas con las que defenderse ¨Dfard¨¦ con un giro de mu?eca que levant¨® una corriente exagerada¨D. Y solo tengo dos pu?os. Mi hermano me dedic¨® una mirada de desaprobaci¨®n que ignor¨¦ de la forma m¨¢s visible que se me ocurri¨®. ¨DEn fin, si as¨ª te sientes m¨¢s segura... Supongo que no es mala idea del todo ¨Dsuspir¨®¨D. Al menos, qu¨ªtate ese cuchillo de la liga. Se ve a kil¨®metros. ¨DLe quitas la diversi¨®n a todo ¨Dprotest¨¦, cruz¨¢ndome de brazos¨D. Y t¨² qu¨¦ hac¨ªas mir¨¢ndome con tanta atenci¨®n las piernas, ?eh? ?eh? ¨DUn vistazo rutinario antes de irnos, supongo. ¨DPor su tono, no parec¨ªa que quisiera entrar a la broma¨D. Uno nunca sabe qu¨¦ estupidez puedes hacer. ¨D?Ya! ?Claro! ?Rutinario! ¨DAcentu¨¦ cada palabra con una palmada en el muslo¨D. ?Seguro que no mirabas por otro motivo! ?Seguro! Aunque, si te digo la verdad... Creo que yo tambi¨¦n lo har¨ªa. No es que las vaya ense?ando todos los d¨ªas. El muchacho alz¨® un dedo en el aire. Me hab¨ªa costado, pero estaba listo para rebatir mis preocupaciones. ¨D?Eh! ?Mirei! ¨DLa voz mec¨¢nica de Runi interrumpi¨® nuestras bromas¨D. No habr¨¢s olvidado que yo puedo proveerte de armas sin problema, ?no? ?Solo tienes que usar el modo combate! ?Si quieres un cuchillo, yo me convertir¨¦ en uno! ?Y m¨¢s resistente que cualquier otro que vuestra tecnolog¨ªa pueda forjar! ¨DTodav¨ªa estoy decidiendo si es mejor idea acordarme de las cosas que eres capaz de hacer o intentar olvidar que existes, m¨¢quina del demonio ¨Dle ladr¨¦¨D. Y ni se te ocurra menospreciar la alquimia maquinista. ¨D?Eh! ?Solo quiero ayudar! ?Rory! ?Dile algo! ¨DEsper¨® unos instantes, pero no obtuvo apoyo¨D. ?Ya s¨¦ que no puedo acceder a la red para daros las respuestas que busc¨¢is, pero creo que he hecho bastante por vosotros! ?Confiad en m¨ª, porfa! ?Os lo demostrar¨¦ con creces! ¨DTienes suerte de que no te haya hecho trizas despu¨¦s de que casi me mataras. ¨D?Solo fue una vez! ?Y con muy buenos resultados! ?Se qued¨® en un simple casi! ?Y aprendimos mucho de la experiencia! ?As¨ª es la ciencia! ¨DSea como sea, Rory... ¨DIgnor¨¦ la voz enlatada deliberadamente, aunque decid¨ª reconocer sus m¨¦ritos en la intimidad de mi mente¨D. La pista es clara: si alguien sabe algo, son los Tennath. *** Calculamos la hora de nuestra llegada a la mansi¨®n para aprovechar que nadie tuviese demasiado tiempo para cuestionarse nuestra apariencia entre la marabunta de nobles. No obstante, el control en la puerta principal era individual y requer¨ªa que pas¨¢semos nuestra tarjeta de socio por una especie de arco met¨¢lico que anunciaba en voz alta nuestros falsos t¨ªtulos. Por suerte, nadie parec¨ªa saber qu¨¦ pinta deb¨ªan tener las personas cuyas identidades usurp¨¢bamos y, con un fugaz vistazo de los guardas de la entrada, pudimos pasar al enorme jard¨ªn de la parcela. Sab¨ªa que no hab¨ªa ido a hacer turismo, pero a falta de algo mejor que hacer, me tom¨¦ mi tiempo para maravillarme con la flora del lugar y los enormes mecanismos de vapor que cubr¨ªan el edificio, incesantes en su movimiento. Rory, por su parte, estaba totalmente obnubilado por el espect¨¢culo de luces que se proyectaba en el cielo. ¨DEs la primera vez que les veo por aqu¨ª. ¨DUno de los mayordomos de la familia se acerc¨® a darnos la bienvenida¨D. No obstante, conf¨ªo en que la velada sea de su agrado y quedo a su completa disposici¨®n en caso de que cuenten con alguna duda respecto a este evento y su funcionamiento. Estimamos la apertura de las puertas principales en los pr¨®ximos treinta minutos. Por ahora, pueden disfrutar de m¨²sica en vivo y unos refrigerios junto al mirador oeste. ?Me permiten guiarles? Por mucho que el ambiente me pidiera una exagerada reverencia, me limit¨¦ a asentir educadamente con la cabeza. Sent¨ª que los ojos del hombre se clavaban en m¨ª como si hubiera cometido un enorme error pero por fortuna Rory supo dar con la tecla juntando solo un pu?ado de palabras que no parec¨ªan tener sentido ni concierto. ¨DPara no ser amigo del protocolo, te conoces las costumbres de los nobles al dedillo ¨DUna vez el hombre nos quit¨® la vista de encima, le di un sutil codazo¨D. Bien hecho, hermanito. El alquimista tambi¨¦n se defendi¨® bastante bien durante el tiempo que tuvimos que rellenar en el mirador. Yo, por mi parte, prefer¨ª intentar pasar desapercibida en un rinc¨®n para acallar esa voz en mi cabeza que dec¨ªa sentirse observada. De tanto en cuando, intentaba poner la oreja para escuchar los rumores que corr¨ªan entre los miembros del servicio, pero parec¨ªa que el tema favorito de los trabajadores esa velada era lo mucho que odiaban a su nuevo supervisor. Al menos, fue una buena excusa para ponerme morada a canap¨¦s y otros experimentos culinarios de la cocina noble. No tardaron en guiarnos al sal¨®n principal de la mansi¨®n. La mueca de desprecio de Rory ante lo ostentoso del lugar lo dec¨ªa todo: si hubiera alg¨²n concepto tras su dise?o no ser¨ªa otro que ?no sabemos qu¨¦ hacer con este dinero que nos sale por las orejas?. Quiz¨¢ la fachada ten¨ªa su sentido como obra de arte y homenaje a la tecnolog¨ªa de vapor, pero esa estancia solo ten¨ªa un prop¨®sito: acumular riqueza de la forma m¨¢s inelegante posible para atraer las alabanzas de otros nobles. Piedras preciosas engarzadas en las losas del suelo, juntas de oro macizo, decenas de l¨¢mparas de ara?a a varios estadios de altura, cuadros en cada hueco de las paredes, m¨¢s esculturas de las que ser¨ªa sabio poner en un recibidor. Si algunas de las prendas que llevaban los nobles se pod¨ªan considerar un disfraz para personas, lo de esa sala no pod¨ªa ser sino su equivalente arquitect¨®nico. Eso me hizo enarcar una ceja: ?por qu¨¦ solo esa habitaci¨®n? El resto de salones y pasillos que hab¨ªamos cruzado parec¨ªan contar con una decoraci¨®n mucho m¨¢s sensata, como si realmente se tratara de un lugar en el que la gente pod¨ªa vivir y no de una feria del dinero excesivo en la que los invitados se deshac¨ªan en halagos sobre las frivolidades m¨¢s capitalistas. Quiz¨¢, los Tennath sab¨ªan perfectamente lo que qu¨¦ estaban haciendo. No deb¨ªa infravalorarles.Taken from Royal Road, this narrative should be reported if found on Amazon. De todos modos, la atracci¨®n principal era capaz de robar gran parte de las miradas aunque a¨²n no hubiera abierto su tel¨®n. Al fondo del todo, brillaba un imponente escenario gracias a una mezcla de cristales et¨¦ricos, focos el¨¦ctricos y los efectos de una m¨¢quina de vapor que no hab¨ªa visto nunca antes. ¨DMirei. ¨DLa voz de Runi fue suave, pero lo suficientemente notoria como para que alguien pudiera haber o¨ªdo mi nombre, as¨ª que fing¨ª un ataque de tos para acallarla¨D. Ac¨¦rcame a tus o¨ªdos. Obedec¨ª a la m¨¢quina con desgana. Aparentando que me colocaba un mech¨®n de pelo, aproxim¨¦ el guante (que, al menos hab¨ªa tenido el detalle de modificar su apariencia para la ocasi¨®n) hacia mi oreja izquierda. ¨DDime, Runi ¨Dsusurr¨¦ en un suspiro. Con el jaleo de la estancia, ni siquiera pude o¨ªrme a m¨ª misma, pero confiaba en que los sensores de la m¨¢quina fuesen mejores que eso¨D. ?Alguna noticia? ¨DLa pista era buena. He detectado una conexi¨®n de red en este edificio. Parece que se trata de una red local, por lo que no tendr¨¦ acceso a la extranet. No obstante, puede que podamos encontrar informaci¨®n interesante en ella. La mala noticia es que el acceso est¨¢ cifrado tras tres protocolos distintos. Uno parece f¨¢cil de vulnerar, otro solo ser¨¢ cuesti¨®n de tiempo derribarlo y el tercero... Parece ser biom¨¦trico, pero ya veremos lo que hago con ¨¦l cuando llegue. ¨DSabes perfectamente que no he entendido la mitad de las palabras que has dicho ¨Dme quej¨¦¨D, pero date el gusto. ¨DYa estaba haci¨¦ndolo mientras habl¨¢bamos. ¨D?Para qu¨¦ preguntas, entonces? ¨DSolo quer¨ªa darte una peque?a alegr¨ªa. Di un sorbo a mi copa. Pod¨ªa estar decepcionada con la decoraci¨®n de la sala o desencantada con la insulsa compa?¨ªa que nos hab¨ªa tocado aquella noche, pero que me asparan si ese vino no era el mejor que hab¨ªa probado en mi vida. Se apagaron las luces. Si no hubiera sido por los focos que apuntaban al escenario, nos habr¨ªamos quedado completamente a oscuras, pero nadie parec¨ªa m¨ªnimamente impactado por el cambio. De hecho, por el estruendoso aplauso del p¨²blico, parec¨ªa que sab¨ªan perfectamente lo que iba a ocurrir: un par de rayos (a primera vista, no dir¨ªa que fueran una simulaci¨®n pirot¨¦cnica, sino peque?as descargas et¨¦ricas similares a las de un arma especializada) recorrieron los muros laterales, atra¨ªdos por unas m¨¢quinas que nunca hab¨ªa visto. En poco tiempo, unos hombrecillos et¨¦reos que me recordaban a las proyecciones que sol¨ªa dibujar Runi en el aire aparecieron sobre ellas, tocando diversos instrumentos musicales. La cortina se abri¨® de par en par con una r¨¢faga de aire. En el centro del escenario, saludaba una pareja que no necesitaba presentaci¨®n alguna (pero que un potente torrente de voz se molest¨® en dar de todos modos): Gregory y Katherine Tennath, los reyes de la ciudad, con sus manos entrelazadas apuntando hacia el techo. Si la etiqueta dec¨ªa algo sobre el silencio en esta clase de eventos, hab¨ªan convencido a docenas de nobles para ignorarlos, porque todo el p¨²blico empez¨® a corear sus nombres a gritos. No era dif¨ªcil meterse en el ambiente de la subasta: el aspecto de los anfitriones, lejos de la imagen de ?estirado? que se pod¨ªa esperar de alguien de su posici¨®n en la jerarqu¨ªa nobiliaria, invitaba a la confianza, aunque si me preguntaran el motivo ser¨ªa incapaz de darlo. Me record¨¦ que lo m¨¢s probable era que hubieran calculado al m¨¢s m¨ªnimo detalle su forma de presentarse ante los asistentes para fabricar esa impresi¨®n. Era lo que hac¨ªan los nobles, ?no? Si bien entre ambos ya eran capaces de sumar m¨¢s de un siglo, su energ¨ªa en el escenario rozaba lo juvenil y su colorido atav¨ªo se mostraba m¨¢s adecuado para el espect¨¢culo que para las reuniones de alta cuna. Mir¨¦ a Rory con una cara que no se molestaba en ocultar su circunstancia y ¨¦l me devolvi¨® un gesto igualmente incierto. ¨DCuesta creer que esos dos tipos tan dicharacheros sean los padres de... Ya sabes, el exacerbado de la caballer¨ªa y... Esa chica tan... Bueno, en realidad no he tenido el gusto de conocer a su hermana m¨¢s que de vista. ¨DPues a m¨ª no me sorprende un ¨¢pice. Una familia de lun¨¢ticos extravagantes a los que les sobra el parn¨¦. ¨DA pesar de sus palabras, Rory parec¨ªa divertido por la situaci¨®n¨D. Muy duquesa m¨ªa, nunca conf¨ªes en un noble por parecer exc¨¦ntrico y accesible. Esos suelen ser los peores. Espera, ?est¨¢ haciendo la guitarra de aire? ¨DFue incapaz de mantener la expresi¨®n de su rostro y acab¨® dej¨¢ndonos ver una de sus sonrisas m¨¢s desencajadas¨D. No s¨¦ si echarme las manos a la cabeza o aplaudir. Racionalmente no deber¨ªa hacer alguna de esas cosas, pero mi cuerpo me pide ambas. ?D¨®nde demonios nos hemos metido? ¨DMira, no lo s¨¦, pero yo me estoy poniendo ciega a aperitivos mientras veo c¨®mo las dos personas m¨¢s influyentes de la ciudad est¨¢n dando un verdadero espect¨¢culo frente al p¨²blico. ¨DTragu¨¦ el bocado que casi me ahog¨® antes de seguir hablando¨D. Y, encima, gratis. Tenemos que volver el mes que viene. La m¨²sica par¨® de repente, as¨ª que interrump¨ª mis poco sutiles risas para no destacar en la estancia. ¨DBienvenidos a la trig¨¦simo sexta edici¨®n de la subasta mensual que acogemos en esta nuestra casa. ¨DLa voz de Gregory Tennath se proyectaba con claridad en toda la sala. Era m¨¢s grave de lo que cabr¨ªa esperar de su aspecto, pero resultaba especialmente agradable al o¨ªdo¨D. ?Espero que est¨¦n todos disfrutando de la velada! Dej¨® un hueco perfectamente cuadriculado para que los asistentes aplaudieran con todas sus fuerzas. ¨DComo ya saben ¨Dfue su esposa la que continu¨® hablando¨D, la edici¨®n de hoy supone el tercer aniversario del evento. ?Ay! C¨®mo han cambiado las cosas, ?eh? ¨DPor ello, hoy contaremos con alguna que otra sorpresa. Y, c¨®mo no... ?los lotes m¨¢s selectos! ¨DPod¨ªa parecer que se pisaban al hablar, pero en realidad, las pausas estaban perfectamente calculadas para que el ritmo no bajara¨D. ?Elegidos personalmente por un servidor! ¨DAlz¨® los brazos en espera de una nueva ronda de aplauso que no tard¨® en llegar¨D. ?Pero esperen! ?Hay m¨¢s! La pareja sigui¨® explicando a los presentes el funcionamiento del evento. Realmente, no parec¨ªa demasiado complejo: no hab¨ªa m¨¢s que alzar una pala numerada si quer¨ªas ofrecer m¨¢s dinero que el anterior pujante. Si nadie lo hac¨ªa, el lote ser¨ªa tuyo. Aun as¨ª, lograron extender la introducci¨®n gracias a sus chanzas. ¨DY, como es de esperar, comenzaremos con el lote n¨²mero uno. ¨DSer¨ªa extra?o que lo hicieras con el s¨¦ptimo, cielo ¨Dbrome¨® la mujer¨D. Que podr¨ªamos hacerlo, pero me gustar¨ªa que las sorpresas de hoy contaran con algo m¨¢s de concierto. Gregory Tennath abri¨® un arc¨®n que hab¨ªan colocado frente a ¨¦l mientras hablaba. De su interior, sac¨® un dispositivo que cab¨ªa en su pu?o. Un cubo perfecto recubierto de engranajes. Estaba demasiado lejos para poder averiguar de qu¨¦ se pod¨ªa tratar, pero mi intuici¨®n de maquinista (y la experiencia de haber visto algunas similares en el pasado) me dec¨ªa que al pulsar el interruptor de su cara superior se desplegar¨ªa para mostrar sus verdaderas habilidades. ¨DTecnolog¨ªa de vapor. F¨¢cil de llevar. Con tan solo un peque?o dep¨®sito de agua es capaz de... ¨DSe llev¨® la mano al ment¨®n¨D. Bueno, eso lo sabr¨¢n cuando lo adquieran. ¨D?No puedes dar una pista, por peque?a que sea? ¨DNo, Katherine. Ya sabes cu¨¢l es la tradici¨®n: ?el primer lote del d¨ªa siempre es un misterio! ¨DTras una peque?a pausa y, con un adem¨¢n teatrero, sigui¨® con su rol¨D. Y la puja inicial es de... ?Trescientos argentos! Un mont¨®n de palas comenzaron a ascender con premura, a pesar de que ninguno de los presentes tuviera idea de cu¨¢l era su cometido. No obstante, era f¨¢cil para los anfitriones seguir el precio que estaba alcanzando el extra?o cubo, ya que el propio anfitri¨®n iba gritando su precio actualizado de viva voz. ¨D?Mil doscientos argentos a la de una! ?Mil doscientos a la de dos! ?Oh, parece que alguien da m¨¢s! ?Mil trescientos para el n¨²mero ochenta y siete! ?Nadie da mil cuatrocientos? ?Venga, que hay que arrancar la noche con calor y esto est¨¢ muy, muy fr¨ªo! ?Nadie? ?Adjudicado por mil trescientos! Un mont¨®n de v¨ªtores congratularon al agraciado. Cuando el clamor se disip¨® lo suficiente, Gregory Tennath dej¨® el artefacto sobre una alargada mesa y devolvi¨® su mirada al fondo del arc¨®n. Extrajo de ¨¦l el que ser¨ªa el segundo lote. Uno que, para una amante de la materia como una servidora no requer¨ªa de presentaci¨®n alguna. ¨DDije que no iba a llamar la atenci¨®n comprando nada, pero... ¨DMirei, no ¨Dme amonest¨® Rory. Por suerte, ya hab¨ªa aprendido a ignorarle cuando se pon¨ªa as¨ª¨D. Qui¨¦n sabe cu¨¢nto puede costar este... Lo que quiera que sea eso. ¨D?Es un soldador et¨¦rico! ¨DEch¨¦ un segundo vistazo al artefacto¨D. Bueno, no es exactamente et¨¦rico, pero es en lo que bas¨¦ el m¨ªo. Y no parece tener un motor tan aparatoso como el que tenemos en casa. ?Un soldador port¨¢til! ?Uno que no se cae a pedazos! ?Y que no drena la fragua y nos deja sin energ¨ªa! Llevo meses intentando reemplazar el m¨ªo, pero no encontraba las piezas. Rory sise¨®. ¨DYa sea un aficionado de las m¨¢quinas o adore la escultura de metal, necesitar¨¢ uno de estos. Gracias a los ¨²ltimos avances de nuestro equipo, la eficiencia energ¨¦tica es mayor que nunca. Y con eso, la potencia de salida es todav¨ªa m¨¢s ajustable. ?Adi¨®s a los aparatosos m¨®dulos de alimentaci¨®n por vapor! Una sola carga les permitir¨¢ hasta doce horas de trabajo ininterrumpido. ¨DParec¨ªa genuinamente ilusionado por lo que contaba¨D. Y puede ser suyo por el m¨®dico precio de... ?quinientos argentos! Hice cuenta mental del dinero del que dispon¨ªamos. Aunque con ?dispon¨ªamos?, realmente quer¨ªa decir ?la calderilla que sac¨¢bamos del taller y el se?orial pago del proyecto que Amelia Tennath encarg¨® a Rory?. En total, treinta y siete ¨¢ureos y quinientos argentos. Aunque sab¨ªa que iba a recibir un puntapi¨¦ en la espinilla en cuesti¨®n de d¨¦cimas de segundo, sub¨ª la pala con energ¨ªa. ¨D?Quinientos para la participante n¨²mero cuarenta y dos! ¨DJoder, Mirei ¨Dbuf¨® Rory mientras el precio no hac¨ªa m¨¢s que subir¨D. Quedamos en que... ¨DConf¨ªa en m¨ª, Rory. ¨DGui?¨¦ el ojo¨D. Te prometo que con esto podr¨¦ renovar medio taller en un abrir y cerrar de ojos. ?Has visto lo compacto que es? Un par de m¨®dulos et¨¦ricos, alguna que otra mejora y... ¨DTen¨ªa tantas ideas en mi cabeza que no termin¨¦ la frase. ¨DTres ¨¢ureos y medio ¨Dsentenci¨®¨D. Un argento m¨¢s que eso y... ¨D?Y qu¨¦? A¨²n mirando fijamente a mi hermano con una mueca de desaf¨ªo, alc¨¦ la pala para subir el precio. En breve tiempo que hab¨ªamos discutido, el valor ya hab¨ªa alcanzado los mil ochocientos. ¨DNo quieras saberlo. ¨DMe devolvi¨® el gesto. Por un momento me pareci¨® ver sus ojos chisporrotear tras las lentes¨D. Los dos sabemos que este dinero deber¨ªa ir para el orfanato y para mejorar la vida de la gente, no para... Caprichos banales. ¨DMejorar el taller es esas dos cosas, ?no? ¨DVolv¨ª a levantar la pala¨D. Vamos, Rory, s¨¦ que eres razonable. ¨D?No es ese l¨ªmite que te he propuesto una concesi¨®n medianamente razonable? ¨DA pesar de su tono suave, afil¨® a¨²n m¨¢s sus pupilas¨D. Y todav¨ªa estamos muy por debajo de esa cifra. Anda, sube la pala, que te vas a quedar sin ¨¦l por perder el tiempo chule¨¢ndome. Obedec¨ª, algo avergonzada por haberme dejado llevar as¨ª. ¨D?Dos mil cien para la n¨²mero cuarenta y dos! ?Nadie da m¨¢s? ?Una! ?Dos! ?Nadie da cien argentos m¨¢s que eso? ?Venga! ?Que son cien argentos! ?Eso es calderilla! Esa ¨²ltima afirmaci¨®n me ofendi¨® personalmente. ¨D?Adjudicado! La subasta sigui¨® su curso. Por suerte o por desgracia, no fue demasiado rese?able. Alg¨²n chascarrillo por aqu¨ª, alg¨²n que otro producto interesante pero que no nos pod¨ªamos permitir por all¨¢... Y ni una sola pista de las que hab¨ªamos venido a buscar. No pod¨ªa dejar de preguntarme si Lilina estaba teniendo mejor suerte que nosotros. ¨DEh, Runi. ¨DMe apoy¨¦ el ment¨®n en la mano¨D. ?Tienes nuevas? ¨DLo primero fue pan comido, pero... Como esperaba, la fase biom¨¦trica est¨¢ dando problemas. Necesito... Una muestra de ADN de uno de los usuarios leg¨ªtimos. O, como m¨ªnimo, sus huellas dactilares. ?Crees que podr¨¢s conseguirlas? ¨DHar¨¦ lo que pueda. ¨DMe desperec¨¦. Rory me dio tal codazo en el est¨®mago por olvidar mis modales que no tard¨¦ mucho en recuperar la postura. ¨DTiene que ser hoy ¨Dinsisti¨® la m¨¢quina¨D. Los protocolos de seguridad cambian de forma diaria y el rango del punto de acceso no llega m¨¢s all¨¢ de la entrada principal. No tendremos otra oportunidad hasta... ¨DEl mes que viene, s¨ª. ¨DDi un trago a mi copa y la dej¨¦ cerca de mis labios¨D. Y quiz¨¢ para entonces sea tarde. Quiero decir, no es que tengamos un l¨ªmite de tiempo, pero... Ni t¨² ni yo vamos a pasarnos un mes con estas preguntas en la cabeza, ?verdad? ¨DPor fin empezamos a entendernos. Cap铆tulo 10 - Lilina Rapsen Sent¨ª un goter¨®n de sudor fr¨ªo precipitarse a lo largo de mi cuello ante la atenta mirada de una Amelia Tennath que parec¨ªa divertirse m¨¢s de la cuenta con mi situaci¨®n. Su perfume invad¨ªa el poco espacio que mi cerebro se hab¨ªa permitido a s¨ª mismo para analizar la situaci¨®n con frialdad y esos segundos cada vez se dilataban m¨¢s en el tiempo. ?Nos hab¨ªan pillado? Menuda pregunta tan est¨²pida. La noble no solo sab¨ªa que mis hermanos estaban en la subasta escondidos en un par de identidades ficticias. Tambi¨¦n hab¨ªa usado mi nombre de forma expl¨ªcita. Sab¨ªa que esa muchacha de piel bronceada y ojos dorados que ten¨ªa delante era Lilina Rapsen por mucho que hubiera oscurecido mi pelo y encontrado el disfraz perfecto para la ocasi¨®n. ?Pod¨ªa escapar? Aunque la muchacha no pareciera rival para m¨ª en combate, cualquier gesto fuera de lugar frente a la princesita supondr¨ªa dibujarme una diana en la espalda. Y, con su mano en mi hombro, optar por el despiste y una huida r¨¢pida tampoco parec¨ªa una opci¨®n muy factible. Adem¨¢s, acababa de llegar. No hab¨ªa sacado nada en limpio de la incursi¨®n y... ?Era mejor idea deso¨ªr los consejos de mis hermanos y ver cu¨¢n lejos pod¨ªa llegar con lo puesto? Al fin y al cabo, despu¨¦s del sobresalto inicial, mi cuerpo empez¨® a tranquilizarse sin que siquiera tuviera que orden¨¢rselo. Las palabras de la noble eran m¨¢s juguetonas que acusadoras y se ordenaban de una forma muy agradable, casi invit¨¢ndome a seguir con lo que fuera que estaba haciendo. ?Es que su plan era que nos col¨¢ramos desde el principio? No acababa de tener sentido algo as¨ª, pero... Hab¨ªa algo que me hac¨ªa confiar en ella. Quiz¨¢ fuesen esos peque?os gestos, o pod¨ªa que se tratara de la forma en la que curvaba sus labios, curiosos en expectaci¨®n de mi respuesta. Era dif¨ªcil justificarlo cuando las diferencias eran tan evidentes, pero de alguna forma me recordaba a Mirei. Esa aura de ?hermana mayor molona? que te invitaba a hacer fechor¨ªas con un permiso tan velado como impl¨ªcito. Tragu¨¦ saliva. ¨DConf¨ªo en que... ¨DCuando empec¨¦ a hablar, sus cejas se alzaron con curiosidad¨D. Conf¨ªo en que pueda disfrutar de la compa?¨ªa de sus allegados, se?orita Tennath. ¨D?Fant¨¢stico! ¨DDio una insonora palmada en el aire y vir¨® su vista a la encargada, que segu¨ªa a mi lado ojipl¨¢tica¨D. Dicho esto, me encantar¨ªa tomar uno de tus c¨®cteles para empezar bien la noche, Jodie. No lo cargues mucho, por favor. Tras un gui?o tan adorable como elegante, se retir¨® unos metros y apunt¨® hacia una de las puertas con la barbilla, se?al¨¢ndome en la direcci¨®n donde podr¨ªa encontrar lo que buscaba... O a una de las encerronas m¨¢s obvias habidas y por haber. Incluso mi juicio, que tend¨ªa a pecar de optimista, consideraba que la segunda opci¨®n era m¨¢s probable. Aun as¨ª, tom¨¦ la (probablemente) mala decisi¨®n de caer en sus encantos. Despu¨¦s de ese subid¨®n de adrenalina, esa ser¨ªa una noche de riesgo, les pareciera bien o no. La llegada de la heredera no tard¨® en atraer la atenci¨®n de los invitados, as¨ª que aprovechando la marabunta de nobles que esperaban poder compartir un refrigerio con ella (y evadiendo con diversas excusas a los que me ped¨ªan una copa), me col¨¦ tras la puerta que la albina hab¨ªa sugerido. Aunque no parec¨ªa haber nada especialmente llamativo al cruzarla m¨¢s all¨¢ de una cortina de terciopelo rojo, un par de guardias al otro lado de la puerta me indicaron amablemente que no era lugar para el servicio y me invitaron a volver a mi puesto con un par de chanzas. Eran tan majos que me dio algo de pena dejarlos roque con uno de los somn¨ªferos de Rory. Al menos, intent¨¦ dejarlos de la forma m¨¢s c¨®moda posible y alejarlos de la puerta, ya que pensaba sellarla con una de esas bombas alqu¨ªmicas de Rory que llenaban todo de espuma pegajosa y sab¨ªa de buena tinta que la experiencia no era agradable para nadie. Una vez no hubo m¨¢s amenazas a la vista, ech¨¦ un vistazo furtivo tras el tel¨®n que divid¨ªa la sala y respir¨¦ tranquila al ver que no se trataba de una trampa: Amelia Tennath me hab¨ªa guiado al pasillo por el que se trasladaban los distintos lotes de la subasta hasta lo que parec¨ªa un agujero en el escenario. Como a¨²n no hab¨ªa mucho movimiento, varios de los mozos charlaban animadamente, ajenos a mi presencia. ¨D?Es impresi¨®n m¨ªa o cada mes se est¨¢ llenando la mansi¨®n de m¨¢s gente de apariencia dudosa? ¨DYo tambi¨¦n he tenido la misma sensaci¨®n. Por muy caros que sean sus trajes... Algunos no tienen los modales de un noble. ¨DPar¨® para darle un copioso mordisco a un s¨¢ndwich. Le cost¨® tragar antes de poder continuar¨D. No tienen ni idea de etiqueta y esperan que nos creamos sus t¨ªtulos. Aqu¨ª se cuece algo turbio. ¨DTampoco es que los se?ores hagan la vista gorda, Matt ¨Dapunt¨® una tercera persona¨D. Alguno ha salido mal parado. ?Pero qu¨¦ van a hacer? Interrumpir el evento y sembrar la desconfianza. Est¨¢ calculado. ¨DNo s¨¦ qu¨¦ decirte. Mientras paguen... Parece darles igual si eres un bandido con chaqueta o un duque. Son los ladrones y los liantes los que se llevan un rapapolvo. Menudos argenteros. ¨D?Y el se?orito Dan? ¨Desa vez fue una voz femenina la que habl¨®¨D. ¨¦l s¨ª que ha largado a gente sospechosa. No s¨¦ para qu¨¦ contratan a tanto guarda si tienen un ej¨¦rcito de un solo hombre. Vale, s¨ª, ser¨¢ un chaval raro, pero es competente como nadie. Y siempre est¨¢ alerta. Yo he empezado a pensar que estas reuniones buscan atraer a esta clase de maleantes para que se sientan confiados y... Imit¨® el sonido de una espada surcando el aire, y del fuego crepitar. Lo hizo de forma desastrosa, pero tuve que terminar ahogando una carcajada con la mano. ¨DO eso, o una forma de poner esa tecnolog¨ªa en la calle. Ya sab¨¦is c¨®mo son los se?ores con estas cosas. Y lo mejor es que se llevan una pasta gansa por el camino ¨Dintervino el hombre que hab¨ªa estado callado todo ese tiempo¨D. Adem¨¢s, he o¨ªdo por ah¨ª que los Tennath se niegan a explicar el funcionamiento de sus artefactos si creen que no merece la pena hacerlo. Me entristece pensar la cantidad de maravillas tecnol¨®gicas que est¨¢n haciendo de pisapapeles en las mansiones de los nobles. ¨DYa lo s¨¦, Pete. ¨DLa mujer dio un sonoro trago. Incluso se tom¨® un momento para eructar, ante la sorpresa de sus compa?eros, que empezaron a soltar bromas sobre nobleza y etiqueta¨D. S¨¦ perfectamente que la fortuna de los Tennath sale de entender el funcionamiento de los artefactos que venden m¨¢s que de los propios productos. No soy nueva en esto. ¨DAunque bueno, mejor un pisapapeles caro que un peligro mec¨¢nico en las manos incorrectas ¨Dsuspir¨® el tal Matt¨D. Escuch¨¦ algo sobre unos tipos detenidos por usar varas el¨¦ctricas en Abakh... y todos sabemos de d¨®nde han salido. ¨DTienes raz¨®n ¨Dadmiti¨® la moza¨D. Pero... no s¨¦, creo que no hay ning¨²n plan mal¨¦volo detr¨¢s de todo eso. Supongo que alg¨²n maleante se escapa de vez en cuando y... bueno, mejor bot¨ªn para el aventurero que le pare los pies. ¨D?Sab¨¦is lo m¨¢s curioso de todo? Nunca he visto a un solo maquinista en la mansi¨®n ¨Ddijo el hombre al que se hab¨ªan referido como Pete¨D. Quiero decir... S¨ª, todos los que vivimos en la mansi¨®n tenemos una formaci¨®n b¨¢sica, pero no hay ning¨²n especialista aparte de los se?ores. Tampoco he visto que inviten a nadie para compartir conocimientos, como s¨ª que hacen con la alquimia y otras ciencias. Y aun as¨ª, pueden permitirse identificar, clasificar y hacer funcionar todos esos cacharros.Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¨DSon unos jodidos prodigios. ?Cu¨¢nto han tardado en pasar de ser unos nobles sin nombre a los putos reyes de Coaltean? ?Diez a?os? ¨D?Siete? La primera vez que o¨ª de ellos fue con los motores de vapor. Y no llevan tanto tiempo aqu¨ª. Estuve a punto de trastabillar con el ruido de un reloj de alarma que indicaba que ya era hora de la segunda mitad de la subasta. Por el bullicio que se empezaba a o¨ªr, asum¨ª que el descanso para los que ten¨ªan que trabajar en el pasillo estaba a punto de acabar y alguien se dar¨ªa cuenta de que la puerta estaba bloqueada m¨¢s pronto que tarde. Y algo me dec¨ªa que la camarera con restos de goma en las manos iba a ser la principal sospechosa. As¨ª que, con la ayuda de una de las herramientas de Mirei (un mol¨®n gancho con cuerda propulsado por vapor), sub¨ª a la planta superior. Tras un cristal tintado, era f¨¢cil ver todo el sal¨®n de actos. Incluso pude atisbar a Rory entre la multitud, pero no hab¨ªa ni rastro de la maquinista. ¨DEspero que no te hayas metido en l¨ªos, hermanita ¨Dpalade¨¦ las palabras, sin decirlas en voz alta¨D. Dijo la que se ha colado tras una puerta que podr¨ªa ser una trampa y se ha subido a la galer¨ªa para ver si puede escuchar algo de inter¨¦s, claro. Sent¨ª una peque?a mano en mi hombro. Al girarme, vi c¨®mo una bola de pelo anaranjada se cruzaba de brazos y entornaba sus expresivos ojos con desaprobaci¨®n. ¨D?Eh! ¨Dahogu¨¦ el grito, pero cualquiera podr¨ªa haberme o¨ªdo de no haber tanto esc¨¢ndalo¨D. ?Eres el momoolin de antes! Se llev¨® un dedo a los labios. No era dif¨ªcil interpretar qu¨¦ hab¨ªa dicho: la se?al de ?mant¨¦n silencio, idiota? era universal. Acto seguido se puso a gesticular muy r¨¢pidamente, levantando y bajando sus peludos bracitos. ¨DDebo dejar de pensar en lo adorable que es e intentar entender lo que intenta decir ¨Dpens¨¦ en silencio¨D. Pero me lo est¨¢s poniendo dif¨ªcil, cosita. El topo resopl¨®, se dio un tortazo en la cara y se?al¨® al lado contrario de la habitaci¨®n. Sin mediar m¨¢s palabra (o gesto) me empuj¨® para poder pasar. Casi como acto reflejo, vert¨ª el t¨®nico de acolchado ac¨²stico que hab¨ªa guardado para la ocasi¨®n sobre las botas de trabajo y ech¨¦ a marchar tras la criatura con paso ligero, pero alqu¨ªmicamente silencioso. Gracias a ello, mis piernas pudieron correr m¨¢s que sus cortas patitas y lo plaqu¨¦ antes de que pudiera encontrar un lugar en el que ocultarse. El momoolin agach¨® la cabeza y junt¨® las manos. Volvi¨® a moverlas de forma err¨¢tica, pero en esta ocasi¨®n, en lugar de salir pitando, camin¨® calmadamente escaleras abajo y levant¨® su mano izquierda. El anillo que ten¨ªa comenz¨® a desprender una luz anaranjada y la pared se abri¨® de par en par para mostrar un camino al s¨®tano. Me hizo un gesto para que pasara tras de ¨¦l. Para ser una apertura improvisada, la estancia estaba perfectamente iluminada. Primero, con cristales de ¨¦ter de tierra. Luego, con l¨¢mparas creadas por humanos. Poco a poco, las paredes abandonaban su tono terrizo para volverse gris¨¢ceas y pulidas. Entonces, par¨® frente a una puerta de metal adornada con el emblema de la familia Tennath y se?al¨® claramente antes de golpearla con su hombro, juguet¨®n. ?Pretend¨ªa que la empujara? Sus gestos me llevaban a pensar que s¨ª pero, por mucho que lo intentara, pesaba demasiado. Intent¨¦ pedirle algo m¨¢s de informaci¨®n, aunque la comunicaci¨®n no llegaba a ninguna parte. O ¨¦l no quer¨ªa que llegase. Yo no dejaba de hacer gestos, a cada cual m¨¢s retorcido y absurdo, frente a una expresi¨®n que cada vez hac¨ªa m¨¢s patente su enfado. Cuando se qued¨® sin paciencia (y no tard¨® mucho en hacerlo), el momoolin us¨® sus poderes para abrir un peque?o acceso a su lado y, tras cruzarlo, lo cerr¨® tras de s¨ª con una risilla jocosa. Al ver que no hab¨ªa salida, me gir¨¦ para volver exactamente por donde hab¨ªa venido, pero un muro de piedra taponaba lo que solo unos minutos atr¨¢s hab¨ªa sido un pasillo. ¨DEsto s¨ª que es una trampa con todas las de la ley... Y me la ha hecho un topo mudo. ¨DExhal¨¦. Mi respiraci¨®n no era capaz de mantener su control¨D. Si es que soy idiota. O d¨¦bil. O puede que las dos cosas. ?Estaba... encerrada? No. Si el objetivo de la criatura era apresarme, no me habr¨ªa sugerido que intentase empujar la pesada puerta. Ten¨ªa que estar prob¨¢ndome de alguna forma, as¨ª que examin¨¦ hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle de la habitaci¨®n con la esperanza de un mecanismo oculto o algo as¨ª me dejara libre. ¨DVenga, va. ¨DMe di un tortazo a ambos lados de la cara¨D. Sal de aqu¨ª, Lilina. Y de vuelta a casa. No te has llevado mucha informaci¨®n en limpio pero tampoco te vas con las manos vac¨ªas. Cansada de investigar los pocos detalles de la sala, consider¨¦ la opci¨®n de destruir mi prisi¨®n. Al fin y al cabo, lo que me rodeaba no era m¨¢s que piedra y tierra, ?no? No contaba con soluciones alqu¨ªmicas que pudieran ayudarme a deshacer los muros, pero quiz¨¢ pudiera hacerlo a la fuerza potenciada por los t¨®nicos de mi hermano. ¨D?Pero en qu¨¦ demonios estoy pensando? ¨DAunque me di cuenta de que lo que iba a intentar era una estupidez, me tom¨¦ el caramelo igualmente. Al menos, me mantendr¨ªa entretenida y vigorizada durante un rato¨D. Ser¨¢ mejor que conserve las energ¨ªas. Tras lo que mi imaginaci¨®n hab¨ªa sido toda una eternidad y en la realidad no m¨¢s de diez minutos, la puerta que cre¨ªa inm¨®vil comenz¨® a abrirse. Con pesadez, pero de forma casi constante, como si fuera la mano humana la que la empujara. Era extra?o ver algo as¨ª en una mansi¨®n en la que casi todo estaba mecanizado, pero lo que realmente me sorprendi¨® fue que fuera solo la fuerza de una persona lo necesario para empujar algo que no hab¨ªa sido capaz de mover un m¨ªsero cent¨ªmetro. ¨DAs¨ª que por fin os hab¨¦is dignado a acudir a mi llamada, Mirei Rapsen. ¨DUna voz sali¨® de la rendija¨D. Aunque he de admitir que no estoy especialmente satisfecho con sus formas. No solo esperaba que las c¨¢maras eludieran su presencia, sino que siquiera es capaz de superar una nimia prueba de fuerza. ¨DCreo que te has equivocado de persona. ¨DIntent¨¦ buscar un lugar donde esconderme, pero la habitaci¨®n era demasiado parca¨D. Yo soy... El caballero cruz¨® el umbral, pero por la expresi¨®n de su rostro no parec¨ªa que el verme de cerca le fuera a sacar de su error. ¨D?Un mero cambio de peinado no lograr¨¢ enga?arme, Mirei Rapsen! ¨Ddijo levantando a¨²n m¨¢s la voz¨D. ?Llevaba semanas esperando este momento! ?Fui incapaz de hallaros, mas hab¨¦is acudido a m¨ª por vuestro propio pie! ¨DPero que no... Algo me dec¨ªa que la idea que ten¨ªa en la cabeza era tan inamovible como lo hab¨ªa sido esa pesada puerta para m¨ª. ¨D?Que as¨ª sea! ¨Dbram¨® con ¨ªmpetu¨D. Los t¨¦rminos del pacto con mi se?ora eran concisos. Deb¨ªa dejar de perseguiros, mas si arribabais aqu¨ª, podr¨ªamos lidiar bajo las reglas del guerrero. Mirei Rapsen, no deseo otra cosa que compartir un duelo honorable para alcanzar el entendimiento. ?He de evidenciar con mis propios ojos el potencial de la elegida de mi se?ora! ¨D?Pero qu¨¦ est¨¢s diciendo? ¨DDi varios pasos hacia atr¨¢s, pero el fr¨ªo de la pared me record¨® que no estaba en posici¨®n de huir¨D. En serio, te has equivocado de... La espada que colgaba del cinto del caballero se ilumin¨® de repente, incendiando unas vivas llamas que, lejos de preocupar a su portador, le hicieron a¨²n m¨¢s deseoso de comenzar el combate. ¨D?Incluso Adresta est¨¢ dese¨¢ndolo! ¨DAlz¨® el arma en el aire, sin pretender atender a raz¨®n alguna¨D. Por favor, se?ora Rapsen. ?Perm¨ªtame conocer qu¨¦ hay de especial en vos con un duelo! ?Ans¨ªo conocer, en justo combate, la fuerza de alguien que ha podido tornar el Agua parte de s¨ª! Ech¨¦ un nuevo vistazo de arriba abajo al muchacho y tuve que admitirlo: mis hermanos ten¨ªan raz¨®n en algo sobre Dan Tennath. S¨ª, ?un robusto caballero de ojos azules y pelo puntiagudo? se acercaba peligrosamente a lo que consideraba ?mi tipo?. La espada molona era un buen bonus, pero que sus llamas crepitaran en anticipaci¨®n a batirse contra m¨ª hac¨ªa que no me resultara tan atractiva como podr¨ªa haberlo hecho si nuestro encuentro se hubiera dado en cualquier otra circunstancia. ?Qu¨¦ demonios hac¨ªa pensando en eso en un momento as¨ª? Lo que ten¨ªa que hacer era pensar en todas las triqui?uelas que me hicieran ganar, aunque fuera, un segundo m¨¢s frente al espadach¨ªn. Quiz¨¢, con un poco de suerte, fuese mi inexperiencia la que le dejara claro que se hab¨ªa equivocado de hermana contra la que luchar. ¨DNo hay forma de negarme, ?verdad? El muchacho me regal¨® una sonrisa indescifrable. Ya hab¨ªa o¨ªdo que le gustaba el combate y siempre estaba alerta, pero no acababa de entender por qu¨¦ le emocionaba tanto la idea de enfrentarse a Mirei en un duelo. ?A qu¨¦ se refer¨ªa con todo ese discursito sobre que hab¨ªa sido elegida? Me temblaban las piernas, pero prepar¨¦ mis armas y rec¨¦ todo lo que sab¨ªa a los Cuatro Dragones. Cap铆tulo 11 - Mirei Rapsen ¨D?Adjudicado! Por dieciocho ¨¢ureos, el vig¨¦simo lote pasa a ser propiedad de nuestro patrocinador n¨²mero treinta y dos ¨Dconfirm¨® el presentador de la subasta tras ver que no hab¨ªa m¨¢s palas en el aire¨D. ?Enhorabuena por su adquisici¨®n! ¨D?Y esto concluye la primera parte de la subasta! ¨Danunci¨® la mujer¨D. Si lo desean, pueden disfrutar de unos c¨®cteles y postres, cortes¨ªa de la casa, en la sala contigua mientras nuestro equipo comienza a preparar los lotes restantes. Aunque mi est¨®mago estaba totalmente a rebosar, la palabra ?postre? me hizo levantarme como un resorte, y parec¨ªa que no era la ¨²nica que hab¨ªa tenido esa reacci¨®n, ya que la sala se desaloj¨® como si en lugar de m¨²sicos, el escenario estuviera lleno de personas avisando a gritos de un incendio. Solo quedaron en la sala algunos de los ganadores de las pujas celebrando (e incluso probando, en algunos casos) sus nuevas adquisiciones y alg¨²n que otro noble demasiado beodo para mantenerse en pie. El ambiente en la otra habitaci¨®n volv¨ªa a ser una copia a carboncillo de lo que hab¨ªamos visto en el mirador del jard¨ªn: un mont¨®n de ricachones hablando sobre dinero, empresas e inversiones. Algunos intentaban compartir algunos consejos pr¨¢cticos sobre la subasta, pero eran tan poco intuitivos que me perd¨ª a la mitad del di¨¢logo. ¨DVoy a estirar las piernas ¨Davis¨¦ a Rory¨D. Si quieres que te traiga algo, es el momento para pedirlo. Tienen la coctelera calentita, por lo que parece. Menudas peripecias se marcan. ¨D?Despu¨¦s de tanto vino? ¨DPude atisbar un peque?o bostezo antes de que se tapara la cara con elegancia¨D. Salvo que tengan una de esas cafeteras de motor de vapor como la que han vendido por cincuenta ¨¢ureos en la barra, creo que pasar¨¦. ¨DCincuenta ¨¢ureos es una burrada por un cacharro as¨ª, pero... ¨DIntent¨¦ hacer c¨¢lculos mentales¨D. Conseguir un funcionamiento ¨®ptimo y que los circuitos de vapor se mantengan ajenos entre s¨ª sin desestabilizar la temperatura es bastante complicado, pero no creo que todo el invento costase m¨¢s de seiscientos argentos. Solo est¨¢n pagando las piedras engarzadas. ¨DUn enga?abobos es lo que es, ya te lo digo yo ¨Dfarfull¨® como un anciano¨D. Que s¨ª, que es una maravilla tecnol¨®gica, pero lo que estaban comprando no era m¨¢s que una escultura glorificada. ¨DEntonces, ?una copita? Invita la casa. ¨DCreo que pasar¨¦. ¨DOnde¨® el brazo¨D. Con que uno de los dos llegue a casa como una cuba es suficiente. Tras soltar una sonora carcajada (que, sin duda, alert¨® a varios de los nobles que nos rodeaban) decid¨ª marchar a la barra y pedir un c¨®ctel. Ten¨ªa la oportunidad de disfrutar de los lujos de la alta cuna por un d¨ªa, y no iba a inhibirme. Como no ten¨ªa muy claro qu¨¦ pedir, la barman decidi¨® sorprenderme con una mezcla de granadina y licor de acireza. Y, para maridar, un pastel de nata. Menudo tren de vida. ¨DTe encontr¨¦, Mirei ¨Dsusurr¨® una voz en mi o¨ªdo mientras hincaba el diente al postre¨D. ?O prefieres que te llame por tu t¨ªtulo nobiliario inventado? ?Duquesa de Kaegsord?. Me gusta ese nombre, ?de qu¨¦ libro lo has sacado? Podr¨ªa decir que raz¨®n por la que me qued¨¦ helada en el sitio fue la sensaci¨®n de peligro, como uno de esos animales que se quedan totalmente quietos cuando ven que un enorme ¨®mnibus se acerca inexorable. Sin embargo, eso ser¨ªa faltar a la verdad. Lo que me hel¨® era algo mucho m¨¢s mundano, si bien dif¨ªcil de justificar: que una voz tan extra?amente sugerente intimara con mi o¨ªdo hizo que se me erizara el vello. Sentir el aliento de alguien amenaz¨¢ndote era esa yuxtaposici¨®n de lo simple y lo extra?amente retorcido que mi mente se qued¨® traqueteando durante unos elongados segundos. En ese tiempo, razon¨® la situaci¨®n. Sab¨ªa perfectamente qu¨¦ (o a qui¨¦n) iba a encontrarme a mis espaldas. Y eso me volv¨ªa un poquito m¨¢s reticente a girarme, si cab¨ªa. Al fin y al cabo, solo ten¨ªa una oportunidad para dar la segunda primera impresi¨®n adecuada a la princesa de Coaltean... y tener la boca llena de pastel no me daba muchos puntos. ¨DLlevo tiempo busc¨¢ndote ¨Dsigui¨® hablando a escasos cent¨ªmetros de mi o¨ªdo. Intent¨¦ tragar el bocado del pastel, pero se me hab¨ªa hecho un nudo en la garganta¨D. Una vez nos cruzamos, quiz¨¢ ignorantes de la identidad de la otra. Y a pesar de ello, llamaste mi atenci¨®n. Sigo sin estar segura de por qu¨¦: ?fue por el potencial que intu¨ª en ti? ?O fue simplemente porque te encontr¨¦ atractiva? ¨DPar¨® para eliminar la poca distancia que a¨²n quedaba entre nosotras¨D. Visto lo visto, los avatares del destino nos han dejado una y otra vez fuera del camino de la otra, casi en una danza perfectamente calculada. Casi. Solo mostr¨¢ndonos en la distancia, como burl¨¢ndose de mis esfuerzos en desafiarlos para lograr este momento. Y, por fin... Henos aqu¨ª. ?Puedo invitarte a una copa... en privado? Aunque las piernas me temblaban por la peligrosa mezcla de un coraz¨®n palpitante y algo m¨¢s de alcohol del que deber¨ªa haber en mis venas, reun¨ª el coraje para girarme en su direcci¨®n. S¨ª, ten¨ªa claro a qui¨¦n me iba a encontrar a mis espaldas. Sab¨ªa, aunque fuera tras un ¨²nico vistazo, qu¨¦ aspecto ten¨ªa en su d¨ªa a d¨ªa, pero mi mente flirteaba con todas las distintas formas en las que se podr¨ªa haber engalanado para la ocasi¨®n. Ten¨ªa que admitir que el no haber considerado la posibilidad de que la realidad superar¨ªa a la imaginaci¨®n fue un error. ?C¨®mo alguien pod¨ªa estar tan incre¨ªble con una bata de laboratorio encima? ¨DE-esto... ¨DNot¨¦ c¨®mo la cara empezaba a arderme. ?Por qu¨¦ estaba actuando como una adolescente t¨ªmida?¨D. ?S¨ª! ?Claro! ¨DBonito vestido, por cierto. ¨DMe gui?¨® el ojo y recorri¨® mi antebrazo con su mano. Parec¨ªa divertirse al ver que me estremec¨ªa un poco¨D. Aunque no me acaba de gustar que ocultes tus cicatrices. Al fin y al cabo, son las que te hacen ser quien eres. Deber¨ªas estar orgullosa de ellas. Sin embargo, me atrevo a suponer que tendr¨¢s tus razones. D¨¦jame adivinar... ?Infiltraci¨®n?, o algo as¨ª. ?Ay, hermanos Rapsen! Sois bastante ingenuos si cre¨¦is que pod¨¦is burlarme en mi propia casa. Mas no os preocup¨¦is: estoy de vuestro lado. ?Me sigues, por favor? Aunque estaba segura de que iba totalmente en contra del protocolo, la noble me dio la mano. Parec¨ªa perfectamente calculado, ya que me rode¨® (puede que con la excusa de ojearme mejor, aunque quiz¨¢ me estuviera imaginando cosas) para sostenerme por el guante que no estaba ocupado por Runi. ¨¦l se dio cuenta y vibr¨® levemente en se?al de queja. Con no m¨¢s que un leve gesto, todos los guardias que custodiaban las escaleras cedieron el paso a la heredera sin hacer una sola pregunta. Ambas ascendimos en silencio (uno inc¨®modo para m¨ª, pero claramente divertido para ella), aunque en un momento dado, la chica se llev¨® la mano libre al o¨ªdo y musit¨® algo inaudible. Cuando llegamos a la planta superior, no tuvo m¨¢s que pulsar un bot¨®n para que un pesado port¨®n se abriera con el chirrido del vapor al que la mansi¨®n ya me ten¨ªa acostumbrada. ¨DSolo unas pocas escaleras m¨¢s ¨Dasegur¨®, tirando de mi mano en un arrebato de emoci¨®n. No minti¨®. En cuesti¨®n de segundos, llegamos a la azotea, donde uno de los sirvientes nos hab¨ªa preparado una peque?a mesa a la luz de las lunas. Sin mediar una sola palabra, sirvi¨® vino en las dos copas y se march¨® para dejarnos con la ¨²nica compa?¨ªa del murmullo lejano del resto de plantas. ¨DBueno... Tampoco quiero que cojas fr¨ªo. ¨DDio unas palmadas, haciendo que varias antorchas se encendieran a su alrededor¨D. Aunque quiz¨¢ el ¨¦ter de agua que corre por tus venas pueda protegerte de las temperaturas bajas, qui¨¦n sabe. Me debat¨ª entre darle una respuesta ocurrente o cuestionar lo que hab¨ªa sugerido, pero ver c¨®mo se quitaba la bata de laboratorio para dejarla en el respaldo de la silla fue una distracci¨®n demasiado grata como para poder pensar en una r¨¦plica mordaz en poco tiempo. ¨DLlevo d¨ªas esperando este momento. ?Por fin, un rato para las dos! ¨Dsonri¨® p¨ªcaramente¨D. S¨¦ que quieres hacerme muchas preguntas. Huelga decir que yo a ti tambi¨¦n. Pero antes, entretengamos a nuestro amiguito para que nos deje realmente en paz... Roz¨® mi guante con la punta de sus dedos. La m¨¢quina pareci¨® alegrarse, pero yo solo pude estremecerme. ¨DRuni, ?verdad? ?Claro que ten¨ªas que ser t¨²! ¨D?Estaba fingiendo la sorpresa para que me enterase de qu¨¦ iba la cosa?¨D. Ya se me hac¨ªa raro tener a un hacker en la red. Especialmente, cuando nadie en esta ciudad deber¨ªa saber qu¨¦ es un hacker... O una red. ¨D?Eh! ¨Dexclam¨® el aludido en un tono ¨¢spero¨D. ?Sab¨ªas que...? ?Y aun as¨ª...? ?Ya veo! ?Vaya que si veo! ¨DAh¨ª tienes la identificaci¨®n biom¨¦trica que buscabas ¨Dinterrumpi¨® de forma tajante¨D. Divi¨¦rtete con lo que encuentres. Eso s¨ª, no te lo he puesto f¨¢cil: s¨¦ perfectamente cu¨¢nto vas a tardar en descifrar cada uno de los archivos a los que te he dado acceso... Y tambi¨¦n s¨¦ que no tienes tiempo para hacerte con todos. Elige sabiamente.If you encounter this narrative on Amazon, note that it''s taken without the author''s consent. Report it. ¨DAs¨ª que trabajas con Rory ¨Dfue lo primero que me atrev¨ª a decir. Mi voz a¨²n temblaba un poco¨D. Me ha hablado mucho de ti, pero no esperaba que fueras tan... ¨D?Curiosa? ?Metomentodo? ?Sorprendente? ?Exc¨¦ntrica? ?Sexy? ?Inteligente? ?At¨ªpica? ¨D...as¨ª. ¨DLa elocuencia no estaba de mi lado, claramente¨D. Me cuesta... Hacerme una imagen clara de ti. ¨DPuedes mirarme todo lo que quieras hasta que lo hagas, entonces. ¨DPeg¨® los labios a su copa¨D. Rec¨®rreme con esos ojos tan bonitos que tienes. Sent¨ª c¨®mo la sangre se me concentraba en las mejillas. ¨D?No, no hablo de...! ¨D?Ya lo s¨¦! ¨DSolt¨® una carcajada, cambiando totalmente el tono del ambiente¨D. ?Qu¨¦ f¨¢cil es burlarse de vosotros! S¨ª, Mirei. S¨¦ que soy rara. S¨¦ que es tan dif¨ªcil para vosotros confiar en los nobles como haceros pasar por uno de ellos. Especialmente en alguien... como yo. De verdad, soy m¨¢s que consciente de lo dif¨ªcil que es para m¨ª dejar mis intenciones claras, pero... No pod¨ªa dejar que la joven me confundiese. Hab¨ªa venido a por respuestas y las iba a tener. Aunque... ?era eso una especie de cita? ?No, Mirei! Me golpe¨¦ la frente con tanta fuerza para espabilarme que alert¨¦ a la muchacha, que dio un respingo hacia atr¨¢s. ¨DSabes cosas que no deber¨ªas saber de nosotros ¨Dasever¨¦ la voz. Por desgracia, la forma en la que me temblaba el labio inferior era tan visible que no iba a poder enga?ar a nadie¨D. Imagino que podr¨¢s darme una explicaci¨®n sobre eso. ¨DA su debido tiempo, Mirei. ¨DSe ajust¨® las gafas, divertida por la situaci¨®n¨D. Por ahora, te contar¨¦ una verdad a medias: nuestra familia tiene suficientes conexiones como para saber todo lo que sabe. No estaba segura de si la respuesta me satisfizo lo suficiente o si simplemente no me atrev¨ªa a indagar m¨¢s, as¨ª que cambi¨¦ de tema. ¨D?Y qu¨¦ puedes decirme de Runi? ?Qu¨¦ es exactamente? ¨D?No pod¨ªa concentrarme si segu¨ªa acerc¨¢ndose as¨ª!¨D. Dice que ha encontrado en su interior el nombre de Dan Tennath. Podr¨ªas... ?contarme algo de eso? ¨D?De este peque?¨ªn? ¨DVolvi¨® a recorrer mi mano y subi¨® poco a poco por el brazo. No pude evitar ver c¨®mo se sonrojaba mientras lo hac¨ªa. Cuando lleg¨® arriba del todo, se aferr¨® a mi hombro y me mir¨® a los ojos. Si ten¨ªa alg¨²n tipo de defensa emocional, se hab¨ªa desmoronado. O, directamente, derretido. ¨DVenga, eres lo suficientemente lista como para saberlo. ¨DUna m¨¢quina ¨Dracionalic¨¦¨D. Una muy avanzada, que se escapa a mi entendimiento. Esa parte es evidente, supongo. ¨D?Bingo! Muy por encima de lo que la tecnolog¨ªa de vapor puede ofrecer, sin duda alguna. ¨DDio un par de palmadas alegres en el aire, confundi¨¦ndome a¨²n m¨¢s con su actitud¨D. Ya lo has visto abajo, ?no? La mayor¨ªa de lo que producimos en la mansi¨®n est¨¢ basado en los motores de vapor. Un poco viejuno para mi gusto, pero por alg¨²n sitio habr¨¢ que empezar para que la gente de a pie se sienta c¨®moda. Pero, poco a poco, el nivel va subiendo. Tiene que hacerlo. Que la gente aprenda es la ¨²nica forma de... ¨DAj¨¢. ¨D?Alguna vez te has encontrado alguna m¨¢quina indescifrable en tus aventuras? ¨DDej¨® su frente sobre la m¨ªa, lo que hizo que el coraz¨®n se me parara durante un par de pulsos¨D. Ya te lo digo yo: s¨ª. Pero no has sabido qu¨¦ hacer con ella. En el mejor de los casos la has desmontado y aprovechado las piezas. ¨DSe alej¨® de nuevo para ilustrar su decepci¨®n con aspavientos¨D. El mejor para ti, claro est¨¢. Para la ciencia maquinista de Coaltean, toda la tecnolog¨ªa que vaya m¨¢s all¨¢ de la computaci¨®n es una gran inc¨®gnita. Y una unidad AlruneOS es, probablemente, el escal¨®n m¨¢s alto en todo eso. Te ahorrar¨¦ los detalles, pero si quieres buscarle un nombre, lo que buscas es ?IA?. ¨DNi siquiera s¨¦ lo que significa eso ¨Dsuspir¨¦, alica¨ªda¨D. Podr¨ªas estar invent¨¢ndote palabras y burl¨¢ndote de m¨ª, pero por lo emocionada que te veo... No puedo sino creerte. Vale, dime qu¨¦ es una IA de esas. ¨D?Ah! ?Otro secreto de familia! ¨DGui?¨® el ojo¨D. Quiz¨¢ tu buen amigo Runi pueda llevarse algo de informaci¨®n relevante a casa para cont¨¢rtelo. Pero estoy segura de que eres tan inteligente como fuerte. ¨DSin respeto alguno por mi espacio personal, volvi¨® a acortar las distancias, recorri¨® una de sus u?as por mi cuello y dej¨® escapar una sonrisilla con un ligero deje nervioso. No sab¨ªa si verla alternar entre la ilusi¨®n por la ciencia y unos intentos de flirteo que cada vez parec¨ªan m¨¢s torpes era adorable o desconcertante, pero ten¨ªa claro que era algo que dificultaba mi capacidad de tomar decisiones. ¨DY, aunque algo primitiva, tu forma de trabajar es una inspiraci¨®n. ?Modificar fraguas et¨¦ricas con submotores de vapor? ¨DLa noble se puso de pie y su torrente se descontrol¨® del todo¨D. ?Adaptar acumuladores energ¨¦ticos para compatibilizarlos con cristales de ¨¦ter? Muchas de esas cosas no se me hubieran ocurrido en la vida. ?Y Rory? ?Otro genio! Amelia par¨® de hablar de repente. Sobresaltada, se volvi¨® a llevar la mano al o¨ªdo. De repente, su expresi¨®n ilusionada se sustituy¨® por un ce?o fruncido. Inspir¨® algo de aire con la esperanza de relajarse, pero solo sirvi¨® para que sus pulmones tuviesen m¨¢s fuerza al gritar al cielo estrellado. ¨D?Que has hecho qu¨¦? ?Qu¨¦ cojones, Dan! ?Ni se?ora ni se?oro! ?Cu¨¢ndo vas a tratarme de una maldita vez como...? ?Pues claro que no es...! ?Es que eres imb¨¦cil? ?Pues claro que lo s¨¦! ?Mirei est¨¢ aqu¨ª mismo! ?Conmigo! ?Y est¨¢s carg¨¢ndote un momento! ?Pues claro que deber¨ªas hacer algo! ?Ipso facto! Te parecer¨¢ bonito. Mira, d¨¦jame tranquila. Arregla las cosas y no me hables m¨¢s. Se separ¨® la mano del o¨ªdo. ¨D?Debo interponerme por alusiones? ¨DArque¨¦ la ceja¨D. Quiero decir, me ha parecido o¨ªr mi nombre. ¨DDeber¨ªas ¨DAunque a¨²n sonaba un poco gru?ona, recuper¨® la actitud jovial que estaba teniendo conmigo¨D. Est¨¢ todo controlado. Te lo prometo. De verdad, ?por d¨®nde ¨ªbamos? ¨D?Est¨¢ Rory bien? ¨DNo pod¨ªa retomar la conversaci¨®n sin saberlo. ¨DPor lo que parece, bastante frustrado porque el precio final del ¨²nico lingote de metal eteroalqu¨ªmico de la subasta haya superado los doscientos ¨¢ureos. Quitando eso, perfectamente. La otra chica de Rapsen que se ha colado aqu¨ª, Lilina, en cambio... Mi esp¨ªritu de hermana mayor protectora sali¨® con fuerza. Apret¨¦ los pu?os y tens¨¦ los brazos. El ¨¦ter de mi cuerpo se volvi¨® a desequilibrar y sent¨ª que me oprim¨ªa el pecho, pero no dej¨¦ que eso me frenara.. ¨DSe ha metido en una pelea con mi hermano. ¨DChasque¨® la lengua¨D. El muy imb¨¦cil la ha confundido contigo. ¨D?Est¨¢ bien? ¨DSiquiera dign¨¦ la ¨²ltima parte¨D. Como le haya pasado algo. ¨DLo estar¨¢, de verdad ¨Dme asegur¨®. A pesar de mi postura intimidante, me miraba con firmeza y seguridad. Tanto, que se permiti¨® volver a tomar asiento¨D. En cuanto se dio cuenta de su error, decidi¨® echarla de la mansi¨®n. Al parecer, Guri la ha llevado a casa. ¨D?Qui¨¦n es...? ¨Dsuspir¨¦ hacia el lado, destensando por fin mis m¨²sculos¨D. Bueno, eso da igual. Si est¨¢ bien, ya le echar¨¦ la bronca cuando se recupere. Y m¨¢s le vale a ese caballero enlatado que lo est¨¦. Con la inercia de la cita estampada contra un muro, compartimos un silencio inc¨®modo que no parec¨ªa acabarse. Tras un par de titubeos que parec¨ªan ir a ninguna parte, Amelia decidi¨® romperlo levant¨¢ndose de la silla y acerc¨¢ndose peligrosamente (en el sentido menos estricto pero m¨¢s atractivo de la palabra) a m¨ª. ¨D?Por d¨®nde ¨ªbamos? ?Ah, s¨ª! Habl¨¢bamos de Runi, de computaci¨®n y de trabajo. Hay muchas cosas que quiero contarte, pero que me aspen si no me tomar¨ªa meses. ¨DSoy buena estudiante. ¨DMe cruc¨¦ de brazos con actitud vanidosa. Por alg¨²n motivo (o porque la ¨²ltima copa de vino me estaba empezando a subir a la cabeza), hab¨ªa mermado mi timidez¨D. Quiz¨¢ solo fueran semanas. Pero si responde mis preguntas, adelante. ¨DAy... ?Me encantar¨ªa! ¨DDibuj¨® una sonrisa sincera en su rostro, de oreja a oreja¨D. Pero... ya sabes, la parte negativa de pertenecer a la nobleza es disponer de mucho menos tiempo del que me gustar¨ªa para estas cosas. Podr¨ªa intentar escaparme de tanto en cuando, pero... Cr¨¦eme, no es que ... Se qued¨® pensativa por un instante, incapaz de completar ninguna de sus frases. Tras unos segundos vac¨ªos, cambi¨® la expresi¨®n de la cara y el tema. ¨DBueno, ya veremos. ¨DJuguete¨® con las patillas de sus gafas¨D. Por ahora, aprovechemos el momento. Tambi¨¦n s¨¦ que tienes... otras dudas. Unas que probablemente ni hayas vocalizado a¨²n. Unas cuya formulaci¨®n desconoces. Pero, sin duda, cuestiones que existen en este mundo y poco a poco podremos responder si trabajamos juntas. As¨ª que te propongo un trato. Uno que quiz¨¢ suene raro, pero el m¨¢s honesto que he ofrecido en mi vida. ¨DTe escucho. La muchacha chasque¨® los dedos y unas figuras et¨¦reas como las de la recepci¨®n se dibujaron en el aire. Igual que hab¨ªa ocurrido antes, estas tambi¨¦n empezaron a tocar m¨²sica. Una tonadilla algo m¨¢s lenta, con instrumentos de cuerda. Ech¨® un breve vistazo a las estrellas, dibuj¨® una mueca nost¨¢lgica en su rostro y me extendi¨® la mano. ¨DConc¨¦deme este baile. A cambio, te dar¨¦ la pregunta que a¨²n no sabes que quieres hacerte. ¨DDio un par de pasos con elegancia y me extendi¨® la manos¨D. La inc¨®gnita que has de despejar para llegar a todas las respuestas. Cuando sepas responderla, te contar¨¦ todo lo que s¨¦. Todo lo que soy. Esa es mi promesa. ¨D?J-Ja! ¨DEl nerviosismo ante tal propuesta era genuino¨D. ?A... a menuda has ido a buscar! ?No sabes c¨®mo de desastre soy bailando! ¨DInt¨¦ntalo. ¨DSe asi¨® de m¨ª y, de puntillas, acerc¨® sus labios a mi oreja para susurrarme. Fui incapaz de disimular c¨®mo me estremec¨ªa¨D. Nadie te va a juzgar. Bueno, si lo haces muy, muy mal... quiz¨¢ lo haga un poquito. ?No dec¨ªas que eras buena estudiante? Demu¨¦stramelo. Sin pretensi¨®n alguna de sutileza, puso una de sus manos en mi cadera y recorri¨® mi cuello con la otra. Todo el ¨¦ter de agua que me recorr¨ªa deb¨ªa haberse convertido en vapor en cuesti¨®n de segundos. No descartaba que mi noche acabara conmigo bati¨¦ndome en duelo con uno de los Tennath, pero... ?un baile? ?Tan pegadas? Eso quedaba totalmente fuera de mis expectativas m¨¢s salvajes sobre la velada. La noble empez¨® a guiar la danza ante mi nerviosa rigidez, juguetona. Yo no sab¨ªa qu¨¦ hacer y ella parec¨ªa disfrutarlo con esa sonrisa tan mal¨¦vola y picarona que me estaba regalando. As¨ª que cerr¨¦ los ojos esperando que un milagro me sacara de la situaci¨®n y, al abrirlos, vi que alguien hab¨ªa respondido mis plegarias con un mensaje en el cielo nocturno. Mi primera reacci¨®n fue pensar que se trataba simple y llanamente de magia: un mont¨®n de estrellas fugaces ca¨ªan al mismo tiempo con rumbos err¨¢ticos. Pero en pocos segundos el cielo convirti¨® la calma de la oscuridad en un fulgor anaranjado que olvidaba lo que se supon¨ªa que deb¨ªa ser la noche. Las lunas, que unos instantes antes crec¨ªan con seguridad en su inmaculado tono plateado, brillaban en el mismo rojo que las estelas de los meteoros en su color. Aunque la ca¨ªda de los astros fuera una se?al de prosperidad cada vez m¨¢s frecuente en nuestro firmamento, nunca nadie hab¨ªa presenciado un evento similar. La visi¨®n que nos acompa?aba se mostraba tan bella como aterradora, apelando de formas opuestas a las distintas facetas del yo. Por un lado, el alma creativa disfrutaba de la imagen que ten¨ªa delante pero la mente racional, acobardada en un rinc¨®n, no pod¨ªa sino preocuparse por sus implicaciones. Ten¨ªamos frente a nosotras una estampa que cualquiera que hubiera presenciado en primera persona ser¨ªa incapaz de olvidar mientras viviera. Una a la que los historiadores, en su af¨¢n de encontrar una etiqueta perfecta para cada uno de los acontecimientos de nuestros tiempos, no tardar¨ªan en dar un nombre... El Diluvio Estelar. Cap铆tulo 12 - Dan Tennath Amelia despleg¨® un mapa hologr¨¢fico en el centro de su habitaci¨®n. Sobre ¨¦l, decenas de puntos refulg¨ªan r¨ªtmicamente, unidos por diversas l¨ªneas que cambiaban err¨¢ticamente de posici¨®n. No necesitaba mucho m¨¢s contexto para averiguar qu¨¦ estaba mostrando. Sin embargo, atend¨ª con esmero a todo lo que ten¨ªa que explicarme. ¨DCompr¨¦ndolo. ¨DEch¨¦ un corto vistazo por la ventana para recordar el cielo te?ido de fuego¨D. Ha acaecido, pues. Los meteoros han comenzado a desle¨ªr en masa de la c¨²pula estrellada para desplomarse en estas tierras. Una ocurrencia as¨ª no tiene sino una sola explicaci¨®n, mi se?ora. ¨DMenuda forma m¨¢s pedante de llamar a las estrellas fugaces ¨Dreplic¨® Amelia. Su expresi¨®n era despreocupada, pero no pod¨ªa ocultar la circunstancia en su rostro¨D. ?No se dice, sino que cada uno de los astros que cae es una gran noticia para este mundo? Ah, si fuese tan f¨¢cil... ¨DNo me atrever¨ªa a poner en entredicho su sue?o, si bien... ??Tantos en simult¨¢nea!? ?Debe considerar que...! ¨DCuando me di cuenta de que hab¨ªa alzado la voz, retroced¨ª y me cruc¨¦ de brazos¨D. Con el mayor de los respetos, mi se?ora... ¨DD¨¦jate de ?se?ora?, Dan. Me pones de los nervios. ¨Dbuf¨®¨D. Aunque tienes raz¨®n: tal y como est¨¢n las cosas, nos ser¨¢ imposible hacernos cargo de todas esas estrellas. Aunque... s¨ª que he o¨ªdo que pedirles un deseo es de buena ventura. As¨ª que he formulado uno por cada una de las luces del cielo. A ver si los astros me ayudan a que empieces a hablar de forma normal de una maldita vez. ¨DYa sabe que es una petici¨®n imposible. ¨DClav¨¦ mi rodilla en el suelo en se?al de reverencia¨D. Despu¨¦s de todo, nunca considerar¨ªa dirigirme de tal forma a... ¨DTu hermana, merluzo ¨Dme record¨®, aprovechando que me ten¨ªa por debajo para revolverme el pelo¨D. En fin... Despu¨¦s de una d¨¦cada juntos, es imposible cambiar tus maneras, ?verdad? ¨DMi deuda con la Casa Tennath es a¨²n mayor que el v¨ªnculo personal que hayamos forjado, mi se?ora. ¨DGolpe¨¦ mi armadura con fuerza. Un eco met¨¢lico reson¨®, inc¨®modo, por la habitaci¨®n¨D. Me tornaron un joven afortunado, y he de devolver el gesto con todo mi ser. Soy consciente de mi coyuntura. Conocedor de las ambiciones de la familia. Abandero con orgullo el t¨ªtulo nobiliario que me han brindado, mas... ¨DAnda, ?c¨¢llate de una maldita vez! ¨DEnse?¨® los colmillos y buf¨® cual gato erizado¨D. Empiezas a aburrirme, hermanito. ¨DCuando haya demostrado ser merecedor de todo mi privilegio, os tratar¨¦ como a mi igual, mi se?ora ¨Dintent¨¦ a?adir un ?se lo prometo?, pero me tomaba m¨¢s en serio mi palabra que mi capacidad para cumplir con algo as¨ª¨D. Mientras tanto... No puedo sino sentirme agradecido y subordinado. Un brillo mal¨¦volo se reflej¨® en los ojos ambarinos de la chica antes. Chasque¨® los dedos y el holograma que presid¨ªa la habitaci¨®n nos dej¨® en una penumbra solo iluminada por algunos candiles et¨¦ricos. Cuando su voz enton¨® un cantar¨ªn ronroneo, un escalofr¨ªo me recorri¨® la columna vertebral. No se avecinaba nada bueno. ¨D?Dan! ??Por qu¨¦ me tratas as¨ª!? ?A m¨ª? Que te he aceptado en mi familia y, a pesar de no compartir la misma sangre, te considero mi hermano ¨Dpuntualiz¨® la ¨²ltima frase con un sollozo fingido¨D. ?Ay, mi caballero de armadura refulgente! ?Reh¨²sas del lazo fraternal que tanto me he esforzado en nutrir! ¨DPare, mi se?ora. ¨DLos m¨²sculos de la cara se me tensaron¨D. Por favor, pare. La cient¨ªfica se enjug¨® unas l¨¢grimas que no eran reales con un pa?uelo y sigui¨® con su despliegue teatral. ¨D?O es que hay otros motivos para que no me aceptes como tal? ¨DMientras gesticulaba exageradamente, me puse en pie para preparar una retirada discreta¨D. ?Ya entiendo! Al fin y al cabo, si aceptaras nuestro lazo, renunciar¨ªas para siempre a tus deseos prohibidos. No te preocupes, apuesto joven. ?Guardar¨¦ tu secreto! Conmigo, no tienes por qu¨¦ contenerte. Amelia dio un par de pasos hacia m¨ª y dibuj¨® un coraz¨®n con sus dedos en el aire, que dejaron durante un instante la estela de sus guantes en el recuerdo del ¨¦ter. Sin abandonar ese contacto visual que tanto me enervaba, comenz¨® a invadir mi espacio lanzando fugaces besos al aire. A pesar de reticencia y una discreta marcha atr¨¢s que no parec¨ªa ser suficiente ante su ritmo, sigui¨® caminando hasta que su cuerpo comenz¨® a presionarse contra mi armadura. Instintivamente, tom¨¦ distancia con un salto hacia atr¨¢s, pero me golpe¨¦ la cabeza con una de las estanter¨ªas de la pared. ¨D?D-de nuevo! ?L-la deuda es inmensurable! ¨DLa voz se me rompi¨® un poco. Intent¨¦ achacarlo al cabezazo, pero era demasiado obvio que la situaci¨®n me estaba superando¨D. ?E-estas interacciones rozan lo inadmisible! ?Q-qu¨¦ dir¨ªa Padre de vuestra actitud, se?ora? ¨D?No me has prometido subordinaci¨®n absoluta? ¨DSe puso de puntillas y empez¨® a hablar entre suspiros¨D. Solo estoy canjeando ese cheque en blanco. As¨ª que... ¨D?Amelia! ¨DLa situaci¨®n me estaba desestabilizando tanto que incluso olvid¨¦ la etiqueta que me forzaba a seguir¨D. ?Por favor, para ya! ?Para! ¨DQu¨¦ inocente eres, hermanito. ¨DDe repente, relaj¨® su postura y me dio un toque en la nariz antes de empezar a re¨ªr como una posesa¨D. Puedes contarme las milongas que te vengan en gana, pero nunca dejar¨¦ de pensar en ti como mi peque?o e inocente hermano Dan. ?Qu¨¦ te ha pasado? Cuando te conoc¨ª eras mucho m¨¢s mono. ¨D?Entonces desistid de emplearme como mu?eco de pr¨¢ctica para sus t¨¢cticas de cortejo! ¨Dcarraspe¨¦, sin recomponerme a¨²n del todo¨D. ?Ese ?coqueteo? del que tanto habl¨¢is me hace sentir terriblemente inc¨®modo! ¨Dy, en un ahogado hilo de voz, a?ad¨ª¨D. Adem¨¢s, puede que no sea el m¨¢s indicado para evaluarlo, pero incluso alguien tan desinteresado en los asuntos de la carne y el coraz¨®n como un servidor es capaz de dilucidar que nadie sucumbir¨ªa ante las t¨¦cnicas narradas en sus... ¨D?Eh! ¨DMe apunt¨® firmemente con el ¨ªndice¨D. ?Puedo entender que no compartas los gozos del romance, pero un respeto por la maravillosa Universidad del Lazo Rojo IV: Dulce Brisa del Amor! ?Una obra capaz de ense?arte c¨®mo hacer florecer el amor sean cuales sean las circunstancias! ?Diez posibles pretendientes! Como nunca s¨¦ cu¨¢l elegir, siempre recorro todas las rutas... ?y eso hace que sea m¨¢s dif¨ªcil decidirme! ¨D?C-cuatro? ¨DFue lo ¨²nico que logr¨¦ responder¨D. ?Hay cuatro cosas de esas? ¨D?S¨ª! ?Cuatro! ?Y media docena de spin-offs! Y no sabes cu¨¢nto me irrita no haber encontrado la tercera parte. ¨DHinch¨® los mofletes¨D. Malditos Env¨ªos. ?Por qu¨¦ dejar un hueco? ?Es que quer¨ªan volverme loca a prop¨®sito? A pesar de mi evidente desinter¨¦s (si bien mi c¨®digo me obligaba a escuchar todas sus peroratas), Amelia sab¨ªa que, quiz¨¢ con alguna de las excepciones m¨¢s honorables del servicio, sus padres y yo ¨¦ramos las ¨²nica persona con la que pod¨ªa hablar de esas ?novelas visuales? que tanto la apasionaban, as¨ª que me hab¨ªa narrado una y otra vez cada virtud y defecto de cada pretendiente virtual que se cruzaba. No encontraba inter¨¦s alguno en esas historias de amor¨ªos y desamores que monopolizaban sus tramas, pero deb¨ªa admitir que alguna de las historias m¨¢s centradas en la aventura, la exploraci¨®n y el exterminio de monstruos s¨ª que llamaron mi atenci¨®n, aunque su forma de retratar la esgrima fuera factualmente incorrecta e ignorara la mayor¨ªa de leyes de la f¨ªsica. Tras un largo suspiro, retorn¨® al tema original. ¨DDe todas formas, y para que lo sepas... ?las t¨¢cticas funcionan! ?Vaya que si funcionan! ?Ayer mismo las puse en pr¨¢ctica! ¨DAs¨ª que lograsteis establecer contacto favorable con la verdadera Mirei Rapsen. ¨D Nunca lo admitir¨ªa en voz alta, pero ver que la chica encontrara una pretendiente fuera de su ficci¨®n me alegraba¨D. De nuevo, he de lamentar mi desafortunada interferencia. No es propio de m¨ª ser incapaz de discernirla de una adolescente, por mucho que se asemejen. He de admitir que me embauc¨® la posibilidad de medirme con una rival tan... ins¨®lita. ¨DBueno, da igual. ?Sabes? ?Estuvimos a punto de bailar juntas! ¨DDio varios giros sobre s¨ª misma, ondeando los bajos de su bata como si se trataran de los volantes de un vestido¨D. ?Y si UniLaRo me ha ense?ado algo es que es una t¨¦cnica infalible para conquistar a Tomonami y Neumeria! Dime... ?no te recuerda Mirei un poco a los dos? ?Seguro que funcionaba! ?Pero no! ?Tuvo que ponerse el cielo rojo, el p¨¢nico tuvo que cundir y nuestros padres tuvieron que cancelar el evento! ¨DLo siento, mi se?ora, pero no me hallo remotamente en antecedentes de lo que discurre. ¨D?Tomonami! ?El chico guapo de la clase! ¨DSus ojos brillaban con ilusi¨®n tras cada una de las palabras¨D. Piel oliv¨¢cea, esbelto, ojos dorados. ?Inter¨¦s incansable por la tecnolog¨ªa! ?Y Neumeria! ?La dura artista marcial de pelo lavanda! Llena de cicatrices en su cuerpo y su coraz¨®n, combativa hasta decir basta... pero dulce cuando llegabas a conocerla. ?Ay! ?Si es que Mirei es una fusi¨®n perfecta de los dos! Amelia se llev¨® las manos a las mejillas y empez¨® a inclinarse hacia los lados. ?Se hab¨ªa sonrojado pensando en personajes ficticios? Por mucho que me gustara verla as¨ª de alegre, decid¨ª que deb¨ªa interrumpirla antes de que comenzara a describir potenciales encuentros sexuales con ellos.The author''s narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon. No ser¨ªa la primera vez. Y nunca, nunca, nunca era agradable. ¨DDisculpad mi brusquedad, ¨Dextend¨ª la mano hacia delante¨D, mas Padre indic¨® que las instrucciones que vos deb¨ªa darme eran apremiantes y nuestra conversaci¨®n ha derivado a su atracci¨®n por seres et¨¦reos bidimensionales. He de pediros que la pl¨¢tica retorne a su cauce. ¨D?Ah! ?S¨ª! ?Ser¨¦ idiota! ¨DLa chica se dio un tortazo para volver a la realidad¨D. Claro, por eso hab¨ªas venido. ?Por qu¨¦ me dejas distraerte? Total, si ni siquiera te interesan esa clase de cosas. En serio, p¨¢rame cuando divague demasiado, te concedo permiso expl¨ªcito. ¨DPuso los brazos en jarras para soltar una carcajada. Al parecer, a¨²n estaba pensando en sus pretendientes virtuales si los quer¨ªa imitar¨D. Est¨¢bamos hablando de las estrellas. ?Eso! Pero antes, quiero o¨ªr tu opini¨®n. ¨DCuento con mis sospechas. S¨¦ que mi opini¨®n por s¨ª misma no es digna de atenci¨®n. Al fin y al cabo, no soy m¨¢s que el m¨²sculo y, aunque estudiara cien vidas, no podr¨ªa alcanzar vuestro entendimiento, mi se?ora. ¨DT¨² lo que eres es tonto ¨Ddijo con gran elocuencia¨D, pero no por eso. ¨DAun as¨ª, mis teor¨ªas empezaron a tomar forma cuando escuch¨¦ c¨®mo Padre y Madre discurr¨ªan sobre el tema tras la velada. ¨DAgach¨¦ la cabeza, algo avergonzado por revelar estar en posesi¨®n de informaci¨®n que no deber¨ªa conocer¨D. Ambos parecen preocupados por la escala del fen¨®meno. No considero que sea necesaria una m¨¦trica concreta ante la evidencia, mas mi primera estimaci¨®n supera en tres ¨®rdenes de magnitud el anterior pico. ¨DMiles... ¨Dcomprendi¨® en un suspiro. ¨DAun as¨ª, mi mayor alarma no nace del n¨²mero bruto, sino de lo llamativo. ¨DSin duda. No hay persona en estas tierras que no haya podido ver c¨®mo el cielo ard¨ªa. ¨DEch¨® un vistazo a la ciudad que se observaba desde la ventana¨D. Parec¨ªa... una declaraci¨®n de intenciones en toda regla. ¨DAl parecer, consideraban que algo as¨ª pudiera acaecer en el futuro previsible, mas ninguno de los dos pudo prever que el evento tuviera lugar con tama?a prontitud. ?Conoc¨¦is algo al respecto, mi se?ora? ¨DIncluso con la tendencia creciente de meteoros... No. No esperaba que algo as¨ª rompiera nuestros esquemas de esta forma. ¨DHizo que los diversos mapas giraran en el aire para rodearnos¨D. Mantengo mis teor¨ªas al respecto, pero, con los datos de los que disponemos... Ninguna es halag¨¹e?a. ¨DEstoy dispuesto a prestaros mis o¨ªdos, si bien presiento que mis servicios ser¨¢n mejor empleados en otros menesteres. ¨DLe dediqu¨¦ una reverencia en la que Adresta fue la protagonista¨D. Ya deber¨ªais ser conocedora de que no requiero de justificaci¨®n alguna para disponer mi espada al servicio de esta familia. Solo se?alad un lugar y una misi¨®n y all¨ª estar¨¦. ¨D?Qu¨¦ te parece darte un peque?o viaje a Anchstad? ¨DVolvi¨® a poner en marcha las proyecciones del aire y se?al¨® el continente nativo de los momoolin¨D. Yo me quedar¨¦ investigando en la mansi¨®n; hay algo que me extra?a en el patr¨®n celeste. Podemos enviar a nuestros exploradores a investigar cada uno de los puntos de este mapa. Puede que nuestra madre se encargue personalmente de recabar los registro de las unidades Alrune... Pero me gustar¨ªa que fueras t¨² quien informara a la buena de Molcheen. Al fin y al cabo, te tiene en especial estima y estoy convencida de que estar¨¢ m¨¢s que dispuesta a contarte el rumor del subsuelo. ¨D?La Dragona de la Tierra? ¨Dponder¨¦ unos instantes¨D. Vuestros deseos son ¨®rdenes para m¨ª, mi se?ora. ¨DT¨² lo has dicho. ¨DMe dio una palmada en la espalda. Probablemente se hiciera m¨¢s da?o del que me pudiera causar¨D. Y hablando de deseos, ¨®rdenes y todo eso, ?podr¨ªas hacerme un favor por el camino? *** ¨D?Taller Risenia? ¨Dsalud¨¦ con una confiada sonrisa. Hab¨ªa algo en la presencia del alquimista que me hac¨ªa sentir m¨¢s calmado. ¨D?Por ¨²ltima vez, aqu¨ª no hacemos r...! ¨DRory Rapsen fren¨® sus gestos en seco¨D. Oh, por fin lo hab¨¦is empezado a decir bien. En fin, cu¨¦ntame... ?qu¨¦ te trae por aqu¨ª, Dan? ¨DOficialmente, una misiva de mi se?ora. ¨DExtraje una carta sellada de mi zurr¨®n¨D. ?Se encuentra la se?ora Rapsen en el taller? ¨DYa me gustar¨ªa ¨Drefunfu?¨® el investigador¨D. Como si tener el cielo en llamas y docenas de estrellas fugaces ?augurando un buen futuro? ¨Dpor el gesto que estaba haciendo con los dedos, no parec¨ªa muy contento con la superstici¨®n¨D no fuera suficiente, la muy cabezona tiene que irse al ojo del hurac¨¢n. Adem¨¢s... Me lanz¨® una mirada te?ida de desaprobaci¨®n que fue capaz de dejarme perfectamente claro que la familia Rapsen a¨²n no hab¨ªa perdonado mi numerito durante la subasta. ¨DSoy portador de informaci¨®n reservada a la Casa Tennath. ¨DMe llev¨¦ el pu?o al pecho¨D. Aduzco que he arribado a deshora. ?Podr¨ªais darme alguna pista sobre su paradero? ¨DNi aunque quisiera. ¨DTom¨® el sobre de mis manos sin mucho permiso. Al darse cuenta de la distribuci¨®n irregular de su peso, lo agit¨®¨D. Pero puedo dejarle el recado. Y, por tu mirada... Dir¨ªa que no es el ¨²nico motivo por el que has venido a verme. ?Eran mis ojos tan f¨¢ciles de leer? ¨DEn efecto. ¨DGir¨¦ levemente para dejar de sentirme escudri?ado¨D. Mi visita tambi¨¦n es debida a... Menesteres extraoficiales. Mir¨¦ el arco de la puerta en un silencio inc¨®modo, sin saber si deber¨ªa decir algo m¨¢s. Para m¨ª, hacer algo por iniciativa propia era extremadamente infrecuente. Tanto, que me atoraba al intentar encontrar las palabras correctas. Con ¨®rdenes claras, no ten¨ªa m¨¢s que seguir el guion, pero... Me hab¨ªa quedado sin nada que decir. Por suerte, el joven supo leer el ambiente e invitarme a un t¨¦ en el interior del edificio. ¨DOh, ya te sigo. ¨DSolt¨® una carcajada p¨ªcara que relaj¨® de inmediato el ambiente¨D. Pero si hubieras avisado con antelaci¨®n, te hubiera preparado esa tarta de acireza que te promet¨ª. ¨D?M-me ha malinterpretado! ¨DDej¨¦ escapar aire de los pulmones para intentar recomponerme¨D. Mas ser¨ªa descort¨¦s rechazar en tantas ocasiones una propuesta tan apetecible. En unos minutos embarcar¨¦ en un periplo cuyos detalles no he de divulgar, mas prometo ponerme en contacto con la mayor de las premuras. ¨DBueno, soy todo o¨ªdos. ¨DSe recost¨® hacia atr¨¢s en su sill¨®n y dio un sorbo a su taza de t¨¦. A pesar de todo, parec¨ªa impasible a mi presencia y eso era capaz de desestabilizarme a¨²n m¨¢s¨D. ?Qu¨¦ asuntos pueden traer a uno de los Tennath por un establecimiento tan humilde como el nuestro? ?Es que el Diluvio ha alterado vuestros planes y nos vais a cerrar el grifo de la investigaci¨®n? Eso ser¨ªa una verdadera pena, aunque ya sabemos c¨®mo es el capitalismo. ¨D?El... Diluvio? ¨DMe rasqu¨¦ la cabeza¨D. ?Os refier¨ªs a...? ¨DEs como la gente ha empezado a referirse a ese espect¨¢culo de luces en el cielo de ayer, s¨ª. El Diluvio Estelar. ¨DEstir¨® los brazos hacia el techo, como si la cosa no fuera con ¨¦l¨D. Ya sabes, si cuando caen unos pocos meteoros lo llaman ?lluvia de estrellas?, cuando la proporci¨®n aumenta... Sin duda, se trataba de una denominaci¨®n mucho m¨¢s certera de lo que pod¨ªan imaginar. Por un instante, me sent¨ª tentado a dejarme caer en la confianza que proyectaba el alquimista y compartir ?accidentalmente? alg¨²n detalle a¨²n ignoto para ellos. Decid¨ª cambiar de tema para lidiar contra la tentaci¨®n. ¨DDisculpad mi impertinencia, pero... ?d¨®nde podr¨ªa encontrar a la joven Lilina? Me gustar¨ªa presentarle mis disculpas por el... malentendido de la pasada noche. ¨DRecorr¨ª mi barba con una cuidada caricia¨D. S¨¦ que quiz¨¢ no pueda desagraviar debidamente mi desaprensi¨®n, mas me gustar¨ªa tener una conversaci¨®n con ella cara a cara para enderezar la situaci¨®n y compensar su mal trago. ¨DMe temo que tampoco s¨¦ d¨®nde est¨¢. ¨DEl alquimista se encogi¨® de hombros y dio otro trago a su infusi¨®n¨D. A pesar de ciertos comentarios que hizo, no parec¨ªa muy contenta tras... vuestro encontronazo. Eso s¨ª, parec¨ªa a¨²n m¨¢s molesta con... Cito textualmente: ?el momoolin capullo que me arruin¨® la noche?. Del que asumo sabr¨¢s algo. ¨DInfiero que se refiere a Guri. ¨DAsent¨ª con la cabeza¨D. Un importante aliado de la Casa Tennath, voluntarioso donde los haya. ¨DCurioso: es raro ver a uno de los suyos en este continente. ?He de achacarlo a la excentricidad nobiliaria? Ella no parec¨ªa muy convencida con esa explicaci¨®n. Decid¨ª no responder a esa pregunta. ¨DSoy incapaz de abandonar la sensaci¨®n de haberme sobreexcedido en el fragor de la batalla, mas he de admitirme sorprendido por su potencial. A riesgo de mostrarme redundante, incido: gustar¨ªa de tener una conversaci¨®n en detalle con ella. ?Podr¨ªais trasladarle mi mensaje? ¨DCon gusto. ¨DPar¨® un instante para escrutarme con la mirada¨D. Aunque estoy seguro de que ese tampoco es el motivo por el que est¨¢s tan nervioso ni tratas nuestra reuni¨®n de ?extraoficial?. ¨DH¨¢llome en calma. ¨DSi bien las palabras lo anunciaban, el tono dejaba clara mi mentira¨D. Lo juro. ¨DNi siquiera has probado el t¨¦. Y se est¨¢ enfriando. ¨DEntrecerr¨® los ojos de forma acusatoria¨D. Corr¨ªgeme si me equivoco, pero hasta donde s¨¦... Eso contradice el protocolo nobiliario. Apart¨¦ la mirada instintivamente y beb¨ª la taza completa de un sorbo. ¨DDan Tennath, eres como un libro abierto. ¨DSer¨¢ mejor que marche. ¨DSi no lograba encontrar las palabras adecuadas, no val¨ªa la pena hacerle perder m¨¢s tiempo¨D. Mas me placer¨ªa... Bueno. Queda patente que carezco de facilidad de palabra sin un plan urdido con anterioridad. Espero que mi fortuna sea mejor la pr¨®xima ocasi¨®n. Dej¨¦ que me acompa?ara a la salida, a¨²n recorriendo los recovecos de mi mente en busca de los t¨¦rminos correctos sin mucho ¨¦xito. ?Tan dif¨ªcil era acercarse a alguien? ¨DNo obstante, quisiera obsequiaros por su tiempo y comprensi¨®n, maese Rapsen. ¨DSaqu¨¦ una peque?a caja del zurr¨®n¨D. Conozco de buena tinta que no son m¨¢s que migajas, mas... Espero que baste para compensar mi torpeza social y como presente de buena voluntad tras esta conversaci¨®n. ¨D?Torpeza social? ?Verdaderas intenciones? ¨Dponder¨® durante unos instantes¨D. ?As¨ª que lo que quer¨ªas todo este tiempo era...? ?Y no era m¨¢s sencillo decirlo? ¨DAl abrir la tapa del regalo, los ojos le hicieron chiribitas. Literalmente, pues sus iris morados se llenaron de ¨¦ter¨D. ??Qu¨¦!? ??Metal eteroalqu¨ªmico!? ¨DNo son m¨¢s que unas pocas pepitas, mas soy conocedor de vuestro inter¨¦s por el mineral y consider¨¦ que... ¨DMe llev¨¦ la mano al ment¨®n, buscando una forma de construir la siguiente frase¨D. Bueno, las historias de Amelia sugieren que los presentes son una buena forma de afianzar la camarader¨ªa. Rory se qued¨® congelado en el sitio sin dejar de mirar el contenido de la caja con una sonrisilla tonta. Parec¨ªa que un peque?o gesto era capaz de trasladar m¨¢s que centenares de palabras. Por una vez, lo hab¨ªa logrado. ¨DNo s¨¦ qu¨¦ decir, Dan. ¨DSus ojos empezaron a moverse fren¨¦ticamente hacia los lados¨D. Disculpa el arrebato de emoci¨®n. Y disculpa que no me diera cuenta de que... Bueno, lo ¨²nico que quer¨ªas era... Tratarme como una suerte de amigo. O algo as¨ª. Debes admitir que es complicado interpretarte. ¨DTambi¨¦n es arduo para m¨ª, maese. ¨DEntrelac¨¦ los dedos para estirarme¨D. Me aventurar¨ªa a decir que m¨¢s a¨²n. ¨DEs dif¨ªcil saber qu¨¦ te pasa por la cabeza ¨Dafirm¨®¨D. Pero creo que empiezo a entender algunas cosas. Aun as¨ª, te aseguro de que ser¨ªa mucho m¨¢s f¨¢cil entenderte si bajaras ese... Extra?o muro l¨¦xico. Ya me entiendes. ¨DGracias por la consideraci¨®n. Sonre¨ª para mis adentros y accion¨¦ los motores del traje mec¨¢nico. Cuando me hube alzado un par de metros del suelo, sonre¨ª para mis adentros y grit¨¦ con fuerza. ¨D?Nos vemos a la vuelta, Rory! Para alguien tan anclado al protocolo como yo, era extra?o abandonar las formalidades en habla. A la par, tambi¨¦n se hac¨ªa liberador. Sentir que las distancias se acortaban entre nuestra familia y los Rapsen me quitaba un peso de encima, pues de ello depend¨ªa el futuro de ese lugar. ?Qui¨¦n sabe? Quiz¨¢ incluso un chico ansioso y torpe, un rom¨¢ntico de la caballer¨ªa y las deudas de honor pudiera acabar encontrando a alguien a quien llamar amigo a trav¨¦s de las incomodidades del di¨¢logo. Pero, por otro lado, estaba seguro de que el camino a la confianza de Mirei Rapsen estaba abocado a pasar por los pu?os. Y sab¨ªa lo mucho que lo disfrutar¨ªa. Cap铆tulo 13 - Rory Rapsen Vert¨ª cuidadosamente un vial de neutragente en el caldero. Si quer¨ªa que el fuego compensara r¨¢pidamente la diferencia t¨¦rmica, ten¨ªa que aumentar su temperatura unos diez grados y remover la mezcla con calma. En unos instantes, el contenido empez¨® a borbotear de nuevo, dejando un aroma ¨¢cido en el aire. ¨DMe... pas¨¦ un poco. ¨DDesplac¨¦ el vapor agitando los brazos, me sequ¨¦ un par de lagrimones con un pa?uelo y a?ad¨ª algo de savia de norke a la combinaci¨®n. El ambiente no tard¨® en descargarse, pero el olor pungente no se disip¨® del todo¨D. S¨ª, mucho mejor as¨ª. Y quiz¨¢, si mejoro el flujo et¨¦rico con unos cristales, podr¨ªa... Segu¨ª expresando mis pensamientos en voz alta. Los d¨ªas que no ten¨ªa compa?¨ªa en el taller era lo que m¨¢s me ayudaba a centrarme. Estaba claro que necesitaba esa concentraci¨®n extra si ten¨ªa un pu?ado de metal eteroalqu¨ªmico en una cajita esper¨¢ndome para ?jugar? con ¨¦l cuando ?acabara los deberes?. Y, ya que est¨¢bamos, si no quer¨ªa quedarme dormido encima del caldero tras estos ¨²ltimos d¨ªas de trabajo intenso. Sin embargo, me deb¨ªa a mi rol como boticario. Ten¨ªa que estar siempre preparado para cualquier eventualidad y, con el caos que el Diluvio Estelar hab¨ªa propiciado, las peticiones de abastecimiento no dejaban de llegar al taller y acumularse al trabajo atrasado. Muchos exploradores acababan heridos en sus peculiares viajes en busca de espolios estelares y los hospitales no daban abasto. Ni siquiera los chavales del orfanato pod¨ªan rehuir el renovado atractivo de la aventura, as¨ª que ten¨ªa que preparar algo de comida extra, tanto como para que estuvieran bien alimentados durante el viaje como en agradecimiento por sus hallazgos. Adem¨¢s, ten¨ªa que estar vigilando la salud de una chica lo suficientemente descuidada como para volver a sus andadas sin haber finalizado su rehabilitaci¨®n y a una aprendiza que hab¨ªa decidido redoblar sus esfuerzos en imitar los rasgos m¨¢s irresponsables de su maestra. Y, si fuera poco, atendiendo tambi¨¦n a sus peticiones de material alqu¨ªmico para esos peque?os proyectos de garaje que empezaban a desmadrarse. ?Es que no pod¨ªa un joven boticario tomarse un descanso? Solo quer¨ªa tener tiempo para... hacer a¨²n m¨¢s alquimia. O para dormir, lo que el cuerpo necesitara antes. ¨D?Cari?o, ya estoy en casa! ¨Dgrit¨® Mirei al cruzar la puerta, tan risue?a como el primer d¨ªa que se le ocurri¨® hacer esa broma a?os antes¨D. Dioses, menuda hay liada ah¨ª fuera. Ni que se fuera a acabar el mundo. Tras echar un vistazo al umbral por el que pretend¨ªa cruzar la muchacha, le lanc¨¦ una mirada fulminante. No iba a dejar que entrase a mi parte del taller empapada y llena de barro, por muy acogedora que fuera su sonrisa y por mucha curiosidad que pudiera tener por el contenido de la carta que la esperaba sobre el escritorio. ¨DJo, vale, ya lo pillo. ¨DDej¨® las botas en la entrada¨D. Y yo que te hab¨ªa tra¨ªdo un regalo. ¨DTe escucho. ¨DDisminu¨ª un poco la potencia del fuego y dej¨¦ que una de las soluciones de los calderos empezara a reducirse por s¨ª misma¨D. Pero te escuchar¨¦ m¨¢s cuando te des una ducha. ¨D?Tienes que ver lo que mola, Rory! ¨Dcanturre¨®, esperando en la puerta¨D. Si no me dejas pasar, tendr¨¢s que venir a por ¨¦l. ?Y no pienso irme hasta que lo veas! No rechist¨¦. Tal y como lo ve¨ªa, ten¨ªa posibilidades equiprobables de que realmente quisiera compartir uno de sus hallazgos o, simplemente, burlarse de m¨ª por prohibirle el paso. O, con a¨²n mayor probabilidad, ambas. Ech¨® la mano al zurr¨®n para ense?arme unas cuantas piezas met¨¢licas de distintos tama?os y colores. Pude reconocer algunos engranajes y bobinas, pero no pod¨ªa sacudirme la sensaci¨®n de que el maquinismo se estaba alejando m¨¢s de mi nivel de oyente a pasos agigantados. Definitivamente, no sab¨ªa qu¨¦ eran esas extra?as placas ni las extra?as c¨¢psulas que reflejaban la luz del sol dividi¨¦ndola en los colores del arco¨ªris, pero ella aseguraba que permitir¨ªa acabar el dise?o del caldero mecanizado en el que estaba trabajando antes de su viaje a Abakh. ¨D?Hoy est¨¢ el bosque a rebosar de artefactos extra?os! ¨Dla maquinista parec¨ªa especialmente ilusionada¨D. Deber¨ªa pedir ayuda a Lilina para recoger todo lo posible antes de que se corra la voz entre los chatarreros. ?Eso de desear m¨¢quinas a las estrellas ha servido! Arque¨¦ la ceja, pregunt¨¢ndome si acaso la conexi¨®n entre las estrellas fugaces y los nuevos materiales no era tan obvia como parec¨ªa en primera instancia. ¨DPero no te preocupes, ?tambi¨¦n he pensado en tus otros proyectos! ¨DSe ech¨® las manos a los bolsillos, pensativa¨D. S¨¦ que con todo esto de haber estado ?pasada por agua? no he podido ayudarte mucho, as¨ª que he querido compensarte con un regalito para tu nuevo invernadero. No s¨¦ si arraigar¨¢n bien ahora que tu invernadero va al trescientos por ciento, pero... quiz¨¢ sea buena idea intentarlo, ?no? Reconoc¨ª instant¨¢neamente las semillas. Era cierto, algunas de esas plantas solo eran capaces de crecer en algunos rincones rec¨®nditos del bosque. Y, generalmente, intentar hacerse con ellas supon¨ªa un enorme riesgo, por muy ¨²tiles que fueran en la alquimia. Poder cultivarlas en casa supondr¨ªa una enorme ventaja... siempre y cuando mis n¨²cleos pudieran replicar las condiciones correctas. Me avergonc¨¦ un poco por no haber considerado esa aplicaci¨®n a nuestro nuevo invento. Pero, para ser justos, no hab¨ªa tenido demasiado tiempo como para pensar en ello. Menos mal que ten¨ªa a Mirei para eso. Echaba de menos trabajar con ella en el taller. ¨DPero, ?sabes? ?Eso no es todo! ?Tengo otra cosa m¨¢s! ¨DHizo que su sonrisa le llegara de oreja a oreja. Parec¨ªa realmente emocionada de haber vuelto a explorar. Tanto que era casi contagioso. ¨DVenga, sorpr¨¦ndeme. ¨D?Mirei, no! ¨Dadvirti¨® la voz enlatada de Runi, que hab¨ªa estado vigilando toda la conversaci¨®n en silencio. La advertencia lleg¨® a mis o¨ªdos demasiado tarde. Para cuando me quise haber dado cuenta de su triqui?uela, la maquinista ya me hab¨ªa restregado las manos por las mejillas, llen¨¢ndolas de barro. Protest¨¦ con ¨ªmpetu, pero no pareci¨® importarle, ya que se aferr¨® a m¨ª con m¨¢s fuerza y termin¨® de extender la porquer¨ªa por mi rostro. Y para concluir la burla, decidi¨® darme un maternal beso en la frente. Al principio pensaba que solo buscaba ridiculizarme, pero en realidad lo hab¨ªa hecho para distraerme mientras me llenaba el pelo de barro.Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings. Huy¨® antes de ver c¨®mo mis ojos chisporroteaban electricidad. *** No tard¨¦ mucho en limpiar los restos de tierra, pero s¨ª que perd¨ª mucho m¨¢s tiempo del que me atrever¨ªa a admitir buscando una retribuci¨®n a la jugarreta y lament¨¢ndome que se me diera tan mal hacerlo. Para cuando Mirei hab¨ªa vuelto de su ba?o (?fragante y reluciente, al menos!), ya hab¨ªa cejado en mi esfuerzo vengativo y hab¨ªa vuelto al trabajo. Mi laboratorio estaba un tanto m¨¢s desordenado que de costumbre, as¨ª que aprovech¨¦ que ninguno de los calderos necesitaba mi atenci¨®n para recoger trastos. ¨DJo, perdona. ¨DA pesar de sentir su presencia tras de m¨ª, no vir¨¦ la mirada¨D. Solo... echaba de menos esto. Jenna y los dem¨¢s me trataron muy bien mientras me cuidaban, pero me malacostumbr¨¦ tanto a las chiquilladas que me entr¨® nostalgia por cuando... ¨D?¨¦ramos peque?os? ¨Dsise¨¦¨D. Hablas como si hubieras dejado de hac¨¦rmelas en alg¨²n momento de este par de d¨¦cadas. Y me encantar¨ªa devolv¨¦rtela y comenzar una guerra fr¨ªa de bromas, pero... No tengo tiempo para estas cosas, Mirei. Uno, que se hace viejo. ¨D?Soy joven de esp¨ªritu! ¨Dse jact¨®¨D. ?Y t¨² tambi¨¦n deber¨ªas! ¨DAlguien tiene que hacerse cargo de... Bueno, ser adulto. ¨DSegu¨ª removiendo el caldero¨D. De cuidar a los dem¨¢s, y no ponerse en riesgos innecesarios. ¨D?Eso piensas sobre m¨ª? ¨Da pesar de la naturaleza de la conversaci¨®n, su voz sonaba juguetona¨D. ?Que soy una carga? ?Pues menuda carga soy con tanto invento! ?Menuda carga soy ahorr¨¢ndote trabajo! ¨DNadie ha dicho que seas una carga ¨Dsuspir¨¦, dejando que el peso de mis hombros dejara caer mi cuerpo¨D. Los dos sabemos que el taller no funcionar¨ªa si uno de los dos faltara. Demonios, estas semanas han sido prueba bastante clara de ello. Ya sabes, a veces cuesta ser el responsable de todo esto. Pero el Sabio tiene que serlo, ?no? El Sabio tiene que estar siempre ah¨ª, preservando este mundo, a su gente y... su magia. El Sabio deber¨ªa ser un modelo a seguir. Y si quiero ser digno de ese t¨ªtulo... Tengo que hacerme cargo de todo esto. Es lo que se espera de m¨ª. Aunque signifique dejar cosas atr¨¢s. La muchacha dej¨® caer sus brazos sobre mis hombros y me abraz¨® con fuerza. Lo primero que pens¨¦ fue en quejarme. No porque no disfrutara del cari?o de una hermana, sino porque me apretaba tan fuerte que no me dejaba remover de la forma adecuada. Pero... lo necesitaba. Necesitaba parar, aunque fuera un momento. Y el aroma del jab¨®n que usaba para el pelo era demasiado relajante como para protestar. ¨DDeber¨ªas divertirte un poco m¨¢s ¨Ddijo, sin dejar de aferrarse a m¨ª¨D. Hace muchos a?os que eso de ?Sabio? perdi¨® su significado. El mismo Barkee se dio cuenta. T¨² mismo no haces m¨¢s que repetirlo una y otra vez. ?No es m¨¢s sabio el que se adapta a las lecciones y el cambio que el que atiende a la tradici¨®n de una forma tan firme? ¨DPero... ¨Dno supe responder¨D. Tengo que... Se supone... Siempre he querido... ?Qu¨¦ soy si no...? ¨DT¨² lo has dicho: este taller es un testamento a ello. ¨DPara lo combativa y picajosa que era habitualmente, hablaba de una forma tan suave y llena de cari?o que no pude mantener mis defensas altas¨D. Yo tambi¨¦n me niego a dejar morir la alquimia. Yo tambi¨¦n me niego a dejar que la gente lo pase mal. Me niego a tantas cosas que podr¨ªa escribir un manifiesto y colgarlo en la pared para no tener que repetirlo una y otra vez. ¨DPero... ¨Dintent¨¦ ganarme el turno de palabra, aunque no ten¨ªa qu¨¦ decir. ¨DDe verdad, Rory. Necesitas aceptar el cambio. Valorar la ayuda. Relajarte un poco. Divertirte por una vez. Y tambi¨¦n necesitas ser t¨² mismo. Esa m¨¢scara no enga?a a nadie. ¨DTras un silencio, me solt¨® y me quit¨® el cuchar¨®n de las manos¨D.Descansa un rato. Come algo. Yo acabar¨¦ con esto. S¨¦ que no soy tan buena alquimista como t¨², pero ya est¨¢ casi terminado y lo del caldero grande ser¨ªa capaz de prepararlo incluso el m¨¢s peque?o de los hu¨¦rfanos de Rapsen. De hecho, si mi pr¨®ximo invento funciona como deber¨ªa, ser¨ªa capaz de hacerlo sin la m¨¢s m¨ªnima supervisi¨®n. As¨ª que... conf¨ªa en m¨ª y reposa. ¨D?Te he dicho ya lo mucho que te he echado de menos? ¨DSe me humedecieron los ojos. Estaba realmente cansado, pero no pod¨ªa parar ahora. Al menos, no solo. ¨DNo. ¨DDej¨® sus labios sobre mi mejilla¨D. Pero tampoco es que haga falta. Una hermana lo sabe. Siento haber sido tan ego¨ªsta. Si queremos funcionar, tenemos que repartirnos las broncas. Hab¨ªa olvidado que esta vez me tocaba a m¨ª. *** Me sent¨¦ un momento en el sof¨¢ y, cuando quise darme cuenta, se me hab¨ªan cerrado los ojos. Al volverlos a abrir, a¨²n se filtraba el sol por el tragaluz, pero los rayos ya se te?¨ªan de naranja. Ya estaba anocheciendo, y mi est¨®mago rugi¨® para recordarme que tambi¨¦n me hab¨ªa saltado el almuerzo. ¨DMenudo siest¨®n te has pegado, chaval ¨Dapreci¨® Mirei, que miraba con atenci¨®n una de esas proyecciones de luz de Runi¨D. Por cierto, espero no haber sido muy desastre al recoger tus cosas, Rory. Ech¨¦ un vistazo. Aunque era obvio que no hab¨ªa sido yo quien hab¨ªa hecho la limpieza final, el estado del taller era sorprendentemente pulcro para lo que pod¨ªa haber esperado de una maquinista acostumbrada a dormir a pocos metros de material potencialmente explosivo. Incluso se hab¨ªa animado a preparar la cena. ¨D?Yo he ayudado! ¨Dexclam¨® la IA al verme examinar el plato¨D. ?Y menos mal que lo he hecho! ?Mirei es un desastre con las especias! ¨D?No lo soy! ¨Dprotest¨® la aludida¨D. Es que me gusta m¨¢s picante que a la mayor¨ªa. Pero bueno, a Rory tambi¨¦n. ¨DUn gusto adquirido, supongo ¨Dconced¨ª con una sonrisa. ¨DMi an¨¢lisis previo suger¨ªa que ning¨²n sistema digestivo humano podr¨ªa soportar las cantidades que hab¨ªas considerado. ¨DUna imagen con un aspa roja gigante apareci¨® en el aire¨D. Vale, para los teinekell habr¨ªa sido una delicia, al parecer. ?Pero esos tienen lava en la cara! ?Aguantan cualquier ardor! Bueno, ya sab¨¦is. No es lava realmente, pero... Es convincente. ¨DOh, tus famosos pinchos a la Kadrous ¨Dsolt¨¦ una carcajada¨D. S¨ª, recuerdo la primera vez. Desde entonces, siempre tengo un t¨®nico anticapsaicinoide de repuesto en el botiqu¨ªn. ¨DCobardes, he dicho. ¨DEnse?¨® los dientes. ¨DPara ser justos, Runi ¨Dasegur¨¦¨D, Mirei no es para nada una mala cocinera. Ah¨ª donde la ves, muchos de sus platos se han llevado mi sello de aprobaci¨®n. Solo es... demasiado fan de las experiencias extremas. ¨D?Kadrous! ?Kadrous! ¨Dexclam¨®, con un pincho en cada mano, deseando hincarle el diente¨D. ?Vamos, que se enfr¨ªa! ¨DPor cierto, Mirei. Estuvo aqu¨ª Dan Tennath esta ma?ana. Trajo una carta de la princesita para ti. Luego, se puso a actuar de forma rara. Incluso para ser ¨¦l, quiero decir. Al parecer, lo que quer¨ªa era ser mi amigo. O algo as¨ª, por lo que me pareci¨® entender. No s¨¦ si es cosa de su hermana o el pobre est¨¢ haciendo un esfuerzo particularmente personal, pero me alegro. Me pone las cosas f¨¢ciles. ¨D?Crees? ¨DPar¨® unos instantes, a¨²n con la carne a medio mascar¨D. Pero... ?Eh! ?Espera! ?por qu¨¦ no me lo hab¨ªas dicho antes? ?Una carta? ?Y por qu¨¦ no la hemos le¨ªdo ya? ¨DNo s¨¦, quiz¨¢ porque alguien decidi¨® que era mejor idea llenarme la cara de barro y echarme una bronca ¨DMe hice con uno de los pinchos y, cuando fui capaz de tragar el primer bocado, continu¨¦¨D. Puede que sea por eso, s¨ª. ¨D?Pero es una carta de Meli! ¨DTosi¨® varias veces. El picante no era compatible con la velocidad que llevaba¨D. ?Qu¨¦ hay m¨¢s importante que eso? ¨D?Ahora la llamas Meli? ¨DInquisitivamente, le clav¨¦ el ¨ªndice en el costado, lo que le hizo soltar una bocanada de especias que me dio directamente en la cara¨D. ?Qu¨¦ pas¨® exactamente en esa azotea? ¨D?No, no! ¨DSe ech¨® el pelo delante de la cara para ocultar su obvio enrojecimiento¨D. Solo se... me ha escapado. ?S¨ª, eso! ¨DYa, claro... ¨Dchance¨¦¨D. ?Y vas a querer algo de intimidad o prefieres leerla conmigo? ¨D?Podemos hacer lo que...? ¨DDe perdidos al r¨ªo, se destap¨® el rostro y se puso a juguetear con los mechones que quedaban. Ten¨ªa que admitir que era especialmente gracioso ver a una mujer hecha y derecha actuar como si tuviera la mitad de su edad¨D. Ya sabes, lo de cuando ¨¦ramos adolescentes. Hace mucho que no me siento as¨ª y... me hace ilusi¨®n. ¨D?Cotillear sobre tus pretendientes mientras te arreglo el pelo? ¨Dpuse los ojos en blanco¨D. Como si tuviera tiempo para algo... ¨DAntes de responder, recuerda lo que hablamos antes: te servir¨¢ para relajarte y sentirte m¨¢s joven. ?Y hace mucho que no te lo pido! Venga, va. ?Cu¨¢ndo fue la ¨²ltima? ¨Dy, junto a una mirada de las que desarman, a?adi¨® con musicalidad¨D. ?Porfis! ¨DMaldita seas, Mirei Rapsen. Cap铆tulo 14 - Rory Rapsen No ten¨ªa muy claro c¨®mo, pero Mirei hab¨ªa logrado arrastrarme a su habitaci¨®n, me hab¨ªa puesto el cepillo del pelo en las manos y se hab¨ªa arrodillado sobre un coj¨ªn que, muy probablemente, hab¨ªa tenido d¨ªas mejores. El espejo que utilizaba para acicalarse estaba un tanto p¨¢lido y las luces que hab¨ªa instalado en su tocador personal hab¨ªan acabado formando parte de otros proyectos, por lo que el sal¨®n de belleza se sent¨ªa bastante desangelado. Sin embargo, la ilusi¨®n de su rostro era palpable e incluso pod¨ªa decir que temblaba un poco... y la curiosidad que ten¨ªa por ver por qu¨¦ derroteros ir¨ªa la carta de esa noble tan exc¨¦ntrica pod¨ªa a todos los dem¨¢s, as¨ª que comenc¨¦ a deshacer los enredos de su pelo mientras la maquinista le¨ªa la nota en voz alta y clara. *** Querida Mirei, Por muchas vueltas que le d¨¦, soy incapaz de decidir c¨®mo empezar esta carta. ?Qu¨¦ deber¨ªa decirte despu¨¦s de lo que ocurri¨® ayer? ?Qu¨¦ es lo que quieres leer en estas l¨ªneas? ?Qu¨¦ es lo que deber¨ªa contarte? As¨ª que ser¨¢ mejor que empiece por lo m¨¢s b¨¢sico: lo siento. Siento que el cielo arruinara nuestro momento y te dejara sin las respuestas que hab¨ªas venido a buscar. Siento que los astros me hagan m¨¢s dif¨ªcil cumplir con mi parte del trato. Me encantar¨ªa ir a vuestro peque?o taller y ense?arte todo lo que te promet¨ª. Me encantar¨ªa mirarte a los ojos y perderme en ellos antes de decirte estas palabras, pero lo ¨²nico que puedo hacer ahora mismo es dibujar para ti estos trazos de tinta. Con ellos, s¨¦ que debo revelarte la pregunta que asegur¨¦ que te estabas haciendo, aunque no fueras consciente de ella. La pregunta que necesitas. Una cuesti¨®n que es a¨²n m¨¢s imperante tras lo que presenciamos sobre nuestras cabezas al final de nuestro primer encuentro. El origen de las estrellas. S¨¦ que lo que te brindo no es m¨¢s que una premisa vaga, si bien cargada de significado personal. Mas tambi¨¦n soy consciente de que eres una de las mentes m¨¢s brillantes que he podido conocer en esta ¨²ltima d¨¦cada. De que estas palabras ser¨¢n motor suficiente para ponerte en el rumbo correcto y descubrir la verdad que necesitas encontrar. Y me honra ser quien te las ha proporcionado. Tambi¨¦n me gustar¨ªa contarte en estas l¨ªneas lo mucho que disfrut¨¦ nuestros momentos juntas. S¨ª, fueron breves. S¨ª, estuvieron llenos de negocios, como te gusta llamarlos. S¨ª, un cielo en llamas los arruin¨®. A¨²n lamento haber sido incapaz de darte la despedida que te merec¨ªas, pero cuando la Casa Tennath te reclama en un momento de alarma, nunca sabes c¨®mo reaccionar. O al menos yo, que ya ves que soy un verdadero desastre al lado de mis padres. Pero tambi¨¦n quiero dejarte clara una cosa: eso no los hizo menos perfectos, solo los convirti¨® en un preludio demasiado corto al futuro. Un futuro para el que no puedo sino guardar la mayor expectaci¨®n. Como ya sabes, el lazo rojo del destino ha decidido separarnos de nuevo. Pero esta vez me he permitido el lujo de trampearlo; no puedo dejar nuestro pr¨®ximo encuentro al azar. No puedo permitir que nos volvamos a esquivar por accidente. No en estas circunstancias. Me niego a permitir que toda esta danza de astros y responsabilidades me impida verte de nuevo despu¨¦s de todo lo que ha pasado, Mirei. Seguramente hayas encontrado una peque?a pieza de metal en este sobre. Gu¨¢rdala con celo y no te separes nunca de ella, pues es nuestro as bajo la manga. Aunque quisiera, no podr¨ªa explicarte c¨®mo funciona ahora mismo (quiz¨¢ descubrirlo por ti misma sea un excelente, si bien fuera de tus capacidades, ejercicio al lector), pero s¨ª que puedo decirte que Runi ser¨¢ capaz de saber qu¨¦ hacer con ella cuando llegue su tiempo. As¨ª que solo puedo aguardar al momento id¨®neo y esperar que tus avances en la b¨²squeda de tu verdad sean tan satisfactorios como los m¨ªos. Tuya, Amelia Tennath *** ¨D?Eso es una... marca de pintalabios? ¨DHab¨ªa de admitirlo, la situaci¨®n me divert¨ªa demasiado como para mantener mi cara de p¨®ker¨D. Guau, tu princesita va en serio. Mirei se qued¨® sin decir nada. Simplemente, reley¨® la carta con atenci¨®n, se llev¨® la mano al pecho y puso cara de p¨¢nfila. Tard¨® m¨¢s de un minuto en reaccionar. Incluso se mantuvo en silencio ante mis tirones, algo que no hab¨ªa visto en toda mi vida. ¨DTuya ¨Drepiti¨®, temblorosa¨D. Tuya, Amelia Tennath. ¨D?Oh, tuya! ¨Dme burl¨¦ de una forma totalmente evidente, aunque prefiri¨® ignorarme para seguir encerrada imaginaci¨®n¨D. La despedida m¨¢s picantona que admite el lenguaje epistolar, chica. ¨D?Tengo una oportunidad! ?Bien! ¨DIncluso una m¨¢quina sin sentimientos como yo sabe que tienes una oportunidad despu¨¦s de lo del otro d¨ªa, Mirei ¨Dinterpuso Runi, de repente¨D. No hay que ser un catedr¨¢tico en empat¨ªa para pillarlo. ¨D?Es eso lo m¨¢s importante que tienes que sacar de todo eso? ¨DMi burla vino acompa?ada de ademanes teatreros¨D. Yo me quedo con... Ya sabes, esos planes de futuro tan lindos. ?Ah! ?El reencuentro! ?Las chispas van a saltar! ¨D?Claro que no! ¨DMe gui?¨® el ojo. Poco a poco estaba volviendo en s¨ª¨D. Ya sabes, quer¨ªa respetar el ritual. Primero te cuento por qu¨¦ creo que la qu¨ªmica que tenemos es infinita, luego me respondes lo buena pareja que hacemos y lo mon¨ªsimos que ser¨ªan nuestros hijos por muy biol¨®gicamente imposible que fuera eso y, por ¨²ltimo... ¨DSuelto alg¨²n chascarrillo para devolverte a la realidad, s¨ª. ¨DCarraspe¨¦ para calentar la garganta¨D. La cosa es que no tengo ninguno a mano: sigo sin saber lo que ocurri¨®, pero sus palabras parecen sinceras. Y eso te lo dice alguien que no se f¨ªa de las promesas de un noble ni aunque lo juren por toda su estirpe. Pero... ?esperar? No te ha calado tanto si crees que lo vas a hacer. ¨DOh, vaya que si lo har¨¢s ¨Dinjiri¨® Runi¨D. Parece que es la ¨²nica opci¨®n que tienes, a juzgar por los adjuntos del mensaje. Pero, ?eh! Miradlo por el lado positivo. ?Me dar¨¢ tiempo a descifrar las cosas que consegu¨ª entrando a su red! ?E iremos m¨¢s que preparados a ese encuentro! De hecho... tengo cosas que contaros al respecto. Creo. A¨²n no estoy seguro. Dejadme analizarlo primero. ?Vuelvo en cinco minutos! O algo as¨ª. Puede que algo m¨¢s. Depende. Las luces de Runi se apagaron de repente y el eco de su voz met¨¢lica se disip¨®, dando lugar a una inc¨®moda quietud de la que necesitaba salir lo antes posible... ?D¨®nde estaba ese chascarrillo cuando m¨¢s lo necesitaba?You might be reading a pirated copy. Look for the official release to support the author. ¨DBueno. ¨DTuve tiempo a acabar de mimarle el pelo con mis t¨®nicos antes de que se decidiera a hablar, aunque a¨²n quedaba sesi¨®n de peluquer¨ªa por delante¨D. Y ahora, en el papel de adulta responsable... Hablemos de esa frase que destaca en mitad del papel. El origen de las estrellas. Suena incluso po¨¦tico. ¨DAsumo, por sus palabras, que se refiere a los meteoros y no a los astros fijos en el firmamento. ¨DAl fin y al cabo, el firmamento hab¨ªa adornado el cielo desde el principio de los tiempos¨D. Quiero pensar que usar una palabra tan ambigua puede ser una pista por s¨ª misma, al fin y al cabo. Una especie de acertijo. La muchacha tiene cara de disfrutar con ellos. As¨ª que recapitulemos. ?Qu¨¦ sabemos de las estrellas? ¨D?Qu¨¦ sus ojos son las dos m¨¢s bonitas que he visto jam¨¢s? Pesta?e¨® repetidas veces para dejar claro que bromeaba, pero por la sonrisa de p¨¢nfila que pobl¨® sus labios, estaba claro que ve¨ªa algo de verdad en ese poco sutil s¨ªmil. ¨DSi no vamos a tomarnos esta conversaci¨®n en serio... ¨DDecid¨ª tirar con un poco m¨¢s de fuerza de la cuenta de los mechones que estaba trenzando. ¨D?Jo, era una broma! ¨Dprotest¨® en¨¦rgicamente¨D. Estaba pensando en las estrellas fugaces, s¨ª. Cosas que s¨¦ de ellas... Que son preciosas. Pase el tiempo que pase, nunca me canso de verlas. ?Cu¨¢nto hace de la primera que vi? ?Diez a?os? Puede que un poco m¨¢s. Era una noche clara, en el tejado del orfanato, mirando el cielo nocturno con Lilina. Todav¨ªa recuerdo su carita de ilusi¨®n. Est¨¢bamos dibujando formas entre los puntos m¨¢s brillantes del cielo... Y vimos c¨®mo uno de ellos empez¨® a surcar la oscuridad, dejando un rastro de llamas. ¨DY, para justificarlo, iniciaste un rumor sobre su capacidad para cumplir deseos. ¨DLe acus¨¦, aunque en realidad todas esas supersticiones ayudaban a normalizar los eventos desconocidos y evitar el miedo entre las gentes¨D. Un rumor que termin¨® calando como tradici¨®n en el orfanato. ¨DDe hecho, eso fue cosa de Jenna. ¨DMe dio un cari?oso codazo. No era dif¨ªcil saber por d¨®nde iba a ir la conversaci¨®n¨D. Ya sabes, siempre ha sido una rom¨¢ntica empedernida. Su primer deseo tuvo que ver contigo. Y... funcion¨®. Al menos, durante un tiempo. Pero esa historia la conoces mejor que yo. ¨DIrrelevante ¨Dgru?¨ª. Al ver que hab¨ªa podido resultar muy agresivo, me desdije parcialmente¨D. Quiero decir, estoy seguro de que Amelia Tennath no pensaba en Jenna y en m¨ª al escribir esas l¨ªneas. ¨D?Te he contado alguna vez que la primera estrella fugaz que vimos fue m¨¢s grande que las dem¨¢s? ¨DExtendi¨® las manos hacia el techo y dibuj¨® un cuadro con sus dedos para estimar su tama?o¨D. Por aquel entonces, no sab¨ªa qu¨¦ esperar de una, as¨ª que nunca le prest¨¦ especial atenci¨®n. Pero... Puede que tenga que ver con ese origen del que habla Mel... Amelia. La estrella original, a las que las dem¨¢s siguieron. ?Y si cay¨® en el agua? ?Puede que Ridamaru sepa algo! ¨DNo estoy seguro. ¨DMe masaje¨¦ la cara, recorriendo con precisi¨®n los caminos que marcaban mis pecas¨D. Puede que el origen tenga m¨¢s que ver con el lugar del que proceden. Porque... caen, pero de alg¨²n sitio tienen que estar saliendo. ¨D?Hablas del espacio? ?Qu¨¦ tiene que ver esa infinidad oscura con...? ¨DSi lo piensas bien, tiene sentido. ¨DCerr¨¦ con cuidado la trenza que recog¨ªa todo el pelo de Mirei, pero al ver que hab¨ªa quedado descuadrada, la deshice totalmente¨D. ?No fue la aparici¨®n de los meteoros el momento en el que la tecnolog¨ªa comenz¨® a despuntar? ?No ves que tras una lluvia masiva de estrellas el bosque est¨¢ a rebosar de materiales extra?os? De hecho, t¨² misma siempre has considerado que traen prosperidad y desarrollo al mundo. ¨D?Es una forma de hablar! ¨Dreplic¨® con aspavientos¨D. ?Nunca pens¨¦ que fuera tan literal! Pero... No puedo decir que tu teor¨ªa no tenga sentido. ¨DEstar accidentalmente en lo correcto es la segunda mejor forma de acertar. ¨DMe llev¨¦ el dedo a la sien y la golpe¨¦ un par de veces¨D. Solo es una teor¨ªa, claro. ¨DMentir¨ªa si dijera que nunca lo he pensado por m¨ª misma. ?Au! ?Ten cuidado con los tirones! ¨Dchill¨®, molesta¨D. Pero... ?qu¨¦ sentido tiene eso? ¨D?Qu¨¦ sentido tiene que una familia se vuelva millonaria del d¨ªa a la noche con una tecnolog¨ªa revolucionaria salida de la nada? La muchacha sab¨ªa perfectamente d¨®nde quer¨ªa llegar con mis acusaciones, pero no se atrev¨ªa a aceptarlas. ¨D?Visi¨®n de negocio? ?Una buena inversi¨®n en ingenieros maquinistas para mantener su casa en la vanguardia? ¨D?Ja! Sabes tan bien como yo que los Tennath conocen algo que nosotros no podemos ni imaginar. ¨DTir¨¦ con fuerza del pelo de mi hermana a pesar de sus protestas. Como se mov¨ªa tanto, la trenza que ten¨ªa a medio hacer se hab¨ªa deshecho¨D. Y no minucias, precisamente. Une los puntos, la pista de la princesita nos lleva a... Inclin¨¦ el cuello hacia arriba. Pens¨¦ que no necesitaba decir m¨¢s. ¨DPara ser justos, se ofreci¨® a ense?arme ¨Dsuspir¨®¨D. ?No est¨¢n acaparando el conocimiento! Y, cuando sepa todas esas cosas... ?nada nos va a parar! ¨DPero... ?por qu¨¦ lo saben ellos? ¨DCerr¨¦ de nuevo la trenza y, satisfecho con el resultado, la dej¨¦ caer por delante de sus hombros¨D. Suponiendo que est¨¦ acertando... sigue siendo la pieza que menos me cuadra. Tienen un secreto... Y ?quiere que lo desveles? ?T¨², en particular? ?Qu¨¦ ganan con...? ¨DY tambi¨¦n quieren tu ayuda, te recuerdo. ¨DAprovech¨® que la hab¨ªa liberado para girarse hacia m¨ª y se?alarme de forma acusatoria. ¨DEso me desorienta a¨²n m¨¢s. ¨DMir¨¦ de reojo al nuevo prototipo que la muchacha ten¨ªa en el escritorio. A¨²n necesitaba instalarle los nuevos n¨²cleos, pero era imponente incluso como amasijo de metal¨D. Pero las ideas que presenta son s¨®lidas y el proyecto avanza sobre ruedas. As¨ª que no har¨¢ da?o seguirles el juego un poco m¨¢s. En el peor de los casos, nos habremos llevado un buen dinero y algo de tecnolog¨ªa con la que mejorar las vidas de la gente a la que queremos. ¨DNo s¨¦ qu¨¦ esconden, pero quiero confiar en ellos. ¨DSe llev¨® la mano al pecho¨D. Ll¨¢malo corazonada o como quieras. Aunque acumulen tantos t¨ªtulos nobiliarios que asusta. Quiz¨¢ a ti no te lo parezca, pero si lo que insin¨²as es cierto... han hecho mucho por mis sue?os sin siquiera saberlo... Y por los tuyos. ¨DNo estoy diciendo que... No necesit¨¦ terminar la frase para que su rostro cambiara repentinamente. De la ilusi¨®n a la curiosidad, y de ah¨ª a la incertidumbre. Se acarici¨® las sienes antes de llegar a una conclusi¨®n que present¨® con una enorme sonrisa. ¨D?Y si la respuesta es ?qu¨¦ m¨¢s da?? Vengan de donde vengan, sean lo que sean, las estrellas fugaces han dado un nuevo sentido a mi vida. Y esa es la m¨¢s poderosa de las magias. Quiero decir, no es que no importe, sino que... Quiz¨¢ la respuesta sea algo que directamente escapa a nuestra comprensi¨®n. ¨DPara dedicarte a las fr¨ªas y l¨®gicas m¨¢quinas, te ha quedado una r¨¦plica llena de fantas¨ªa. Sin que sirva de precedente, te dir¨¦ que... me gusta. Tienes cierta raz¨®n en eso: se suele decir que la magia no es m¨¢s que ciencia que somos incapaces de entender. Ninguna de nuestras ideas nos lleva a algo que podamos explicar con palabras. Y las pocas que s¨ª que pueden formalizarse son imposibles de congeniar. No obstante, si lo formulamos directamente como una quimera ahora inalcanzable... Podemos tener un punto de apoyo con el que llegar a la verdad fundamental que se esconde detr¨¢s. Es poco ortodoxo, pero... S¨ª, descuida. Lo investigar¨¦. El espect¨¢culo de luces de Runi me distrajo hasta tal punto que olvid¨¦ acabar la frase. Era f¨¢cil olvidar que un ser invisible viv¨ªa en la mu?eca de Mirei. Y, por mucho que nos tuviera acostumbrados a interponerse en conversaciones sin previo aviso, el despliegue que nos estaba brindando rozaba lo excesivo. ¨D?He vuelto! ?Hablabais de magia? Pues si unas bolas de fuego surcando el cielo os parecen un hechizo flipante, ?mirad lo que hago yo! ?Habilitar modo de desarrollador! ?Control et¨¦rico gamma! ?Rutina at_66_beta_2()! La pulsera en la que se hab¨ªa transformado comenz¨® a brillar, dibujando figuras en el aire que viajaban a toda velocidad. El tono era un azul tenue, pero de un matiz inconfundible: el del ¨¦ter h¨ªdrico que albergaba Mirei en sus venas. Y si quedaban dudas de la intencionalidad de la supuesta IA, la peque?a esfera de agua que empez¨® a formarse en la palma de la mano de Mirei lo dej¨® claro. Flotaba a escasos cent¨ªmetros de su piel, pero danzaba en el aire despreocupada. ¨DPero, ?qu¨¦? ¨DMirei dio un peque?o salto en el sitio¨D. ?Qu¨¦ demonios est¨¢s haciendo, pedazo de hojalata? Solo hab¨ªa visto esa forma de manipular los elementos en un lugar... En la ?magia cristal? de los cuatro dragones y las razas que hab¨ªan nacido de ellos. ¨DRuni, est¨¢s... ?controlando el ¨¦ter del cuerpo de...? La peque?a esfera explot¨® en decenas de esquirlas de hielo antes de que pudiera acabar la pregunta. Por suerte, nadie se hizo da?o con ellas, pero algunos de los viales vac¨ªos de las estanter¨ªas estallaron en pedazos, ya fuera por la repentina diferencia de presi¨®n o por el impacto. ¨D?Ya veo! ¨DLa m¨¢quina no parec¨ªa preocupada¨D. ?As¨ª que por eso pon¨ªa beta en el nombre! Cap铆tulo 15 - Lilina Rapsen Hab¨ªan pasado ya varias semanas desde el Diluvio Estelar. Al principio, las preocupaciones de los moradores de Coaltean eran las que podr¨ªas esperar de cualquier persona que ve el cielo arder: llenar las despensas y botiquines todo lo posible, guarecer un poco sus viviendas y enfrentarse a lo que, en esencia, se clamaba popularmente como el fin del mundo. Los primeros d¨ªas era bastante frecuente encontrarse a gente desorientada por el evento y la respuesta de los nobles no ayud¨® demasiado: con los Tennath m¨¢s centrados en las consecuencias internacionales que en la pol¨ªtica local, el resto de las familias no sab¨ªa claramente qu¨¦ hacer ante la agitaci¨®n de un pueblo que buscaba respuestas que nadie era capaz de dar. Se hab¨ªan acomodado a un segundo plano y, cuando se les necesitaba, eran incapaces de hacer nada que no fuera sacar a los guardas para evitar las confrontaciones que el abastecimiento inicial causaba. Por suerte, las cosas empezaron a estabilizarse y los habitantes de la ciudad relajaron su histeria colectiva. Si bien todos hab¨ªan asumido que eran tiempos de cambio, la mayor¨ªa del pueblo pod¨ªa seguir su vida con normalidad. Aunque, en cuanto corri¨® la voz de que un mont¨®n de m¨¢quinas hab¨ªan regado el terreno, se desencaden¨® una extra?a fiebre por la aventura. Todos quer¨ªan su trozo del pastel, ya fuera por aprovechar ellos mismos las novedades tecnol¨®gicas descubiertas o para hacerse con un buen pellizco de las recompensas que los nobles estaban ofreciendo por ellas. Naturalmente, ese repentino inter¨¦s por la exploraci¨®n tambi¨¦n se convirti¨® en una era dorada para los bandidos deseosos de saquear al primer viajero novato que desoyera las advertencias. Y, con tanta gresca, solo fue cuesti¨®n de tiempo que los monstruos que normalmente habitaban las tierras de forma pac¨ªfica tuvieran que armarse de una agresividad poco frecuente en ellos, lo que hac¨ªa los caminos m¨¢s peligrosos. Claro est¨¢, con tanto herido al que atender, tanta m¨¢quina que investigar y tanto mineral que tasar, no faltaba trabajo en el Taller Risenia. As¨ª que una servidora tuvo que responsabilizarse de alguna que otra tarea para mantener a flote el orfanato. Mensajer¨ªa, protecci¨®n, recolecci¨®n de materiales para Rory y Mirei, cocina... Incluso era capaz de colar alguna que otra clase pr¨¢ctica con los due?os del taller en mi agenda. No me faltaban quehaceres. Sin embargo, segu¨ªa obsesionada con los momoolin. S¨ª, sab¨ªa que el que me hab¨ªa guiado por la mansi¨®n era ?parte de la familia Tennath?, de una u otra forma. Algo me dec¨ªa que ese peque?¨ªn no era el ¨²nico fuera de su continente natal. Y ese extra?o s¨®tano bajo la mansi¨®n de los Tennath que parec¨ªa cavado con magia ten¨ªa algo que ver en todo eso. Cuando ten¨ªa una tarde libre, me un¨ªa a las expediciones con el pretexto de hacerme con m¨¢quinas y materiales de provecho y la esperanza de encontrar alg¨²n rastro que me llevara hacia ellos. Ese d¨ªa era uno especial. Me hab¨ªa costado, pero por fin consegu¨ª que Mirei se tomase una tarde libre para seguir las pistas y pudiera ver de primera mano lo que hab¨ªa mejorado tras la humillante derrota durante la subasta. ¨D?Buenas tardes! ¨DLa maquinista cruz¨® la puerta del orfanato con una sonrisa en la cara¨D. Vengo a recoger a la cazadora de topos. Me levant¨¦ de un brinco de la silla sobre la que estaba recostada, lo que pareci¨® divertir en demas¨ªa a Jenna. Tanto, hasta el punto de errar la puntada y clavarse la aguja en el dedo ¨ªndice. ¨D?No me mires as¨ª! ¨DLe saqu¨¦ la lengua. Algunos ni?os se unieron sin pens¨¢rselo¨D. ?Eres t¨² quien se lo ha buscado! ¨DTodo tan animado como siempre ¨Dapreci¨® Mirei¨D. Venga, chicos, no os port¨¦is mal con Jenna. O me llevar¨¦ estas galletas de vuelta a casa. ¨D?Rory ha hecho galletas? ¨Dexclam¨® uno de los peque?os¨D. ?Vale! ?Nos portaremos bien! ¨D?Eso! ?Que ¨²ltimamente casi no tra¨¦is galletas! ¨Dse uni¨® una segunda voz al coro infantil¨D. ?Seremos buenos! ¨DQu¨¦ f¨¢cil es domarlos as¨ª ¨Dchance¨® Jenna, acerc¨¢ndose a darle un beso en la mejilla a su contempor¨¢nea¨D. ?Y a qu¨¦ se debe la reposter¨ªa? Os hac¨ªa hasta el cuello de trabajo. ¨DLa gente est¨¢ empezando a relajarse ¨Destir¨® el cuello hacia los lados¨D. Y mis inventos empiezan a quitarnos trabajo. Despu¨¦s del autocaldero se me ocurri¨® que pod¨ªa hacer algo similar con el horno. Y... tras una remesa totalmente calcinada, un pu?ado que parec¨ªa haber pasado por una olla en lugar de por la le?a y... Una de la que prefiero no hablar... ?Tach¨¢n! ?Galletas perfectamente horneadas! ?Listas y con un delicioso regusto a ¨¦ter ¨ªgneo! E, intentando ahogar una risilla, se acerc¨® a m¨ª para susurrarme al o¨ªdo. ¨DPor cierto, una de ellas lleva mi ingrediente Teinekell secreto. Intent¨¦ mantener el rostro serio, pero fui incapaz de evitar que mis labios se torcieran un poco. Pensando r¨¢pido, decid¨ª cambiar de tema y hacer que las dos adultas de la habitaci¨®n se sonrojaran con menciones algo salidas de tono de sus respectivos intereses rom¨¢nticos. ¨D?Qu¨¦ es un...? ¨Dquiso saber una de las ni?as. ¨D?Nada, cari?o! ?No te preocupes por eso! ?Lilina! ¨DJenna alz¨® la voz con algo de furia¨D. ?No se habla de eso delante de los ene i e?e o ese! ¨DYa se la devolveremos cuando traiga a alguien a casa. ¨DMirei lanz¨® una mirada de lado con regusto a desaf¨ªo¨D. Vaya si te la devolveremos, hermanita. ¨DY por eso, ni?os, deb¨¦is mantener en secreto vuestros... ¨DPar¨¦ unos instantes, indecisa de si deb¨ªa seguir¨D. Eso, nada, seguid jugando y pasadlo bien. Si os port¨¢is bien, quiz¨¢ os suba al tejado esta noche. ?Qui¨¦n se apunta? Varios de los ni?os alzaron las manos de forma muy en¨¦rgica. ¨D?Deja de hacer cosas tan peligrosas, Lilina! ¨Dme amonest¨® Mirei¨D ?Un d¨ªa os va a pasar algo! ¨D?Pero si fuiste t¨² quien me ense?¨® a subir! ¨Dprotest¨¦. Definitivamente aquel d¨ªa estaban todos en mi contra¨D. ?No me pediste que mantuviera la tradici¨®n viva? *** ¨DAs¨ª que ?mantener en secreto?. ¨DMirei me dio un codazo nada m¨¢s salir del edificio¨D. Ya sabes que no existe tal cosa como un secreto para tu hermana mayor, ?verdad? Trac¨¦ una sonrisa perversa en mis labios. En realidad, no ten¨ªa nada que ocultar, pero era m¨¢s divertido as¨ª. ¨DAunque, pens¨¢ndolo bien... ¨DMe clav¨® el ¨ªndice entre las costillas, apuntando bien a la ranura entre las piezas de cuero que usaba como armadura¨D. ?No hablas mucho de ese Dan ¨²ltimamente? Que si ibas a hacerle nosequ¨¦ o nosecu¨¢nto cuando le vieras y... ¨DDej¨® de hablar para mirarme totalmente de frente. La forma en la que sus ojos me acusaban me hac¨ªa dif¨ªcil mantener la compostura¨D. ?Ja! ?Te has puesto roja! ?Te has puesto roja! ¨D?Deja de inventarte cosas! ¨DNo lo estaba, ?verdad?¨D. Solo es un rival... Un ideal de fuerza, ?como t¨²! Y, adem¨¢s... ?es un viejo! ¨D?Viejo? ?Ese yogur¨ªn? ¨DSigui¨® caminando, despreocupada¨D. ?Cu¨¢nto tendr¨¢? ?Veinte a?os como mucho? Se cuidar¨¢ mucho la barba, pero los ojos no enga?an. Aunque yo me preocupar¨ªa m¨¢s por lo raro que es que porque te saque dos cabezas. ?Mi se?ora? esto, ?mi se?ora? lo otro. ¨DTom¨® aire, probablemente con el ¨²nico objetivo de buscar que el silencio hiciera que mi mente empezara a acelerarse por su cuenta¨D. Anda, no te preocupes. Solo bromeaba. ¨DYa, claro. ¨DAliviada porque dejara el tema, juguete¨¦ de forma inconsciente con mi trenza¨D. En serio, tendr¨ªas que haberlo visto. Ese tipo era aterrador en combate. M¨¢s que t¨², incluso. Ojal¨¢ pueda volverme as¨ª de fuerte alg¨²n d¨ªa. ¨D?Eso me recuerda algo! ¨DSe golpe¨® la mu?eca¨D. ?Eh, Runi! ?Has acabado con lo que te ped¨ª? ¨DHace un rato. ¨DSi no fuera una m¨¢quina, estar¨ªa convencida de que hab¨ªa bostezado¨D. Y... s¨ª, esa funci¨®n serv¨ªa para exactamente lo que hab¨ªa previsto. ?Sin que nada explotase, adem¨¢s! Runi presenta, en riguroso directo... ?El primer eterocircuito vol¨¢til del taller Rapsen! En honor a la rutina que me ha permitido llevarla a cabo la llamar¨¦... ?El circuito GT 27! ¨DEspera, ?GT? ¨DInclin¨® la cabeza como un cachorrito desorientado¨D. Cre¨ªa que esas funci-cosas que hab¨ªan cargado eran... ?Subrutinas AT?. O algo as¨ª. ¨DMe encoger¨ªa de hombros si tuviera, pero el fichero que hacke¨¦ conten¨ªa tambi¨¦n alguna con ese prefijo. A juzgar por el estilo... Y por la presencia de comentarios legibles... Dir¨ªa que hay al menos otra persona detr¨¢s de todo esto. ?En fin! ?Sea como sea ha ido bien! ?Ves c¨®mo no hab¨ªa que tener miedo de la palabra ?experimental?? ¨DTe experimentar¨ªa la cara a hostias si tuvieses una, Runi ¨Dladr¨®. Por la forma en la que miraba su mu?equera, parec¨ªa tentada a darle un bocado¨D. Anda, ap¨²ntate el minipunto. ¨DYo tambi¨¦n te quiero. ¨DLlen¨® el aire con una risa que no parec¨ªa suya¨D. ?Era as¨ª? ?Lo he hecho bien? ?He sido lo suficientemente jocoso? ?No me juzgu¨¦is, a¨²n soy novato! Dejar que una m¨¢quina aprendiera patrones humanos de Mirei era una potencial bomba de relojer¨ªa. Pero no pude dejar de re¨ªr. ¨DBueno, el caso ¨Dapreci¨® la maquinista¨D. ?Recuerdas el arma que forj¨¦ para la subasta? ¨D?Ese abanico tan mol¨®n? ?Vaya que si lo recuerdo! ¨DMe hicieron los ojos chiribitas¨D. ?Lo has modificado con...? ¨DComo estaba muerto de risa en el taller, decid¨ª usarlo para un proyecto personal. Ahora que est¨¢s empezando a ir de aventuras t¨² solita, pens¨¦ que merec¨ªas tu propia arma de maquinista. Pens¨¦ en hacerte unas pistolas de ¨¦ter, pero no estaba segura de que encajase con tu nuevo estilo de combate. ¨DTras ver mi cara de falsa confusi¨®n, me acus¨® con el dedo¨D. S¨ª, ese que est¨¢s desarrollando mientras no miramos.Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation. ¨D?Pero si llevas a?os d¨¢ndome la tabarra con eso! ¨Dgru?¨ª con un tono agudo m¨¢s agudo de lo que deber¨ªa¨D. ?Pero quer¨ªa que fuera una sorpresa! ?Por eso no te quer¨ªa contar los...! ¨D?Pero hablemos de lo interesante! ¨DMirei dio una palmada al aire¨D. He podido hacer alg¨²n que otro experimento con los acumuladores y el difusor, s¨ª. Y si lo que la chatarra loca acaba de hacer con ¨¦l es m¨¢s o menos lo que esperaba.... ¨D?Eh! ?Claro que hace lo que esperaba! ¨Dprotest¨® la m¨¢quina¨D. ?Los da?os colaterales son secundarios! ?Ponle el cristal, Mirei! ?P¨®nselo! ?Ahora que estamos lejos de la ciu...! ?Quiero decir, que no pasar¨¢ nada! Mirei obedeci¨® sin chascarrillo alguno. Ten¨ªa la cara de una ni?a ilusionada al introducir el cristal en la peque?a ranura del acumulador y, tras recorrer la cabera con su pulgar, unos surcos empezaron a iluminarse de un p¨¢lido color verde. Poco a poco, el polvo del aire comenz¨® a arremolinarse en torno a ¨¦l con sutileza, pero no fue hasta cuando Mirei meci¨® el abanico que entend¨ª el prop¨®sito de la demostraci¨®n. Con solo un peque?o giro de mu?eca, el haz de aire fue tan severo que hizo caer varias frutas del ¨¢rbol contra el que impact¨®. Aunque ilusionada, se la ve¨ªa prudente con el experimento, pero al ver que hab¨ªa sido un ¨¦xito, se puso en postura de combate y, previo gesto de pulgar, logr¨® que un zarandeo de la m¨¢quina cortase con una afilada r¨¢faga de aire la parte superior del ¨¢rbol. Los cuchillos que escond¨ªan las varillas tambi¨¦n salieron despedidos en todas direcciones, pero un segundo adem¨¢n los hizo retornar gracias a los hilos met¨¢licos que los un¨ªan a la base. ¨DGuau. ¨DMiau ¨Drespondi¨® mi hermana, con una mueca sarc¨¢stica¨D. A¨²n hay que trabajar la eficiencia et¨¦rica y darle un par de pruebas de campo, pero... ?Eh! ?Tu primera arma maquinista! Sin saber qu¨¦ responder, y a¨²n emocionada por el despliegue de habilidad, decid¨ª que el mejor curso de acci¨®n era dar un efusivo abrazo a la herrera que lo hab¨ªa forjado y... ?Hab¨ªa alguna forma f¨ªsica de darle las gracias a Runi? Decid¨ª hacerlo de palabra. ¨DJo, ?c¨®mo mola! Nunca he aprendido a combatir con abanicos de guerra, pero... ¨DBah, yo tampoco. ¨DMe revolvi¨® el pelo. La trenza se me descuadr¨® un poco, pero no me import¨®¨D. Era una idea demasiado molona como para dejarla pasar, ?no? Y si tienes que adaptarte a algo inexplorado, seguro que desarrollas tu propio estilo cuando acabes. ?Y sin tener que usarme como muleta! ¨DEso s¨ª, ?c¨®mo pesa el condenado! ¨DLo elev¨® en el aire varias veces como si fuera una mancuerna¨D. ?C¨®mo demonios llevabas esto en la mansi¨®n como quien no quiere la cosa? ¨D?No quer¨ªas echar brazos? ¨Dme lanz¨® una ojeada de lado¨D. ?Pues toma entrenamiento! *** ¨DEsto dej¨® de ser divertido al tercer bandido ¨Dbuf¨® Mirei, hundiendo la cabeza de un garrotero con demasiado inter¨¦s por nuestras pertenencias en el barro¨D. Y cuando llevas veinte en un par de horas ya pierde la gracia del todo. ¨D?Pero es una buena oportunidad para demostrarte lo que he mejorado! ¨DHice caer de bruces a una mujer que pretend¨ªa amedrentarnos con una diminuta navaja de un barrido¨D. Lo ¨²nico malo es que me da pena estrenar mi juguete nuevo con estos... ?Despojos? ¨D?Eh, gallita! ¨DDesarm¨® al ¨²ltimo miembro del grupo de un pu?etazo en el est¨®mago. Runi se hab¨ªa transformado en unas nudilleras para la ocasi¨®n¨D. Uno te dio problemas. ¨D?Y tambi¨¦n un buen bot¨ªn! ¨Drepuse¨D. Me los meriendo a diario, eres t¨² la que est¨¢ perdiendo pr¨¢ctica. Los atracadores que quedaban conscientes huyeron despavoridos tras nuestra peque?a exhibici¨®n, lo que nos permiti¨® seguir nuestro camino hacia la primera zona que ten¨ªa marcada en mi mapa. Por desgracia, en ella solo nos esperaba un lodazal que, de no ser por el cr¨¢ter lleno de alhajas met¨¢licas, no hubiera sido especialmente memorable. La segunda de las localizaciones que hab¨ªa anotado tampoco fue mucho m¨¢s interesante. La tercera era, en realidad, el hogar de una lantissa cabreada. Al percatarnos de que quer¨ªa plantarnos cara, mir¨¦ a mi mentora y, con solo un movimiento de cabeza, decidimos que era hora del primer combate de la tarde que pod¨ªa estar a la altura. ¨DBueno, Lilina... ?Examen sorpresa r¨¢pido? Por mantener las costumbres vivas ¨Dsonri¨® con malicia¨D. ?Qu¨¦ es lo m¨¢s peligroso de una lantissa? Ech¨¦ un vistazo al cuerpo del enorme insecto. Sab¨ªa de buena tinta que las fauces segregaban una baba corrosiva. De hecho, bien tratada, pod¨ªa ser un potente agente alqu¨ªmico. Pero si ten¨ªa que fijarme en un rasgo especialmente imponente... ¨D?Los brazos! ¨Dexclam¨¦¨D. Seis guada?as afiladas como pocas. Si el bicho intenta darte un abrazo, para entonces no tendr¨¢s que preocuparte por la saliva. ¨D?Bingo! ¨Drespondi¨® con una mueca de orgullo¨D. Y, por tanto, la mejor estrategia es... ¨D?Dej¨¢rmelo a m¨ª, claro est¨¢! ¨Dinjiri¨® Runi¨D. ?Yo puedo ayudar! ?Dadme un minuto! ?Qu¨¦ os parece si pruebo de nuevo la...? ¨D?Runi, no! Mirei sab¨ªa que la m¨¢quina no iba a hacerle caso alguno. ¨D?Runi, s¨ª! ¨Dreplic¨® con renovadas energ¨ªas¨D. ?Runi ha hecho unos cambios! Todos tem¨ªamos los ?cambios? de Runi. En un instante, las manos de Mirei comenzaron a brillar del color del ¨¦ter h¨ªdrico y a concentrar agua en un punto que no era capaz de mantenerse estable. ?Eh! ?Hab¨ªa visto eso antes! ?No era exactamente lo que hab¨ªa hecho Minarai con su tridente en Abakh? Si las intenciones de Runi eran las mismas... Por suerte para nosotros, el resultado fue exactamente el que esperaba. En un d¨¨ja vu, volv¨ª a ver extremidades cercenadas y mucha sangre por los aires. La ¨²nica diferencia era que en esta ocasi¨®n era de color verde y tres los brazos que surcaron los cielos. ¨D?Ves c¨®mo ha funcionado? Bueno, he apuntado mal... Esto requiere algo de pr¨¢ctica... Pero... ?Eh? ?A que no soy tan in¨²til? ?Eh, Mirei? ?Mirei? La maquinista estaba p¨¢lida y casi incapaz de mantenerse en pie. Por suerte, pude reaccionar r¨¢pidamente y, de un salto, la llev¨¦ tras el tronco de un ¨¢rbol para terminar el combate por m¨ª misma. A pesar de mi ventaja, mis herramientas habituales para combatir a distancia eran pocas o no lo suficientemente fuertes como para poder con una lantissa, y menos con una as¨ª de enorme. Sab¨ªa que pod¨ªa vencerla haciendo un uso liberal de los t¨®nicos que llevaba en la alforja, pero ten¨ªa un juguete nuevo y estaba deseando estrenarlo. ¨DVale, ?c¨®mo uso esto? ¨Dgrit¨¦, con la esperanza de que la m¨¢quina me diera alguna que otra instrucci¨®n. ¨D?Solo tienes que encenderlo y activar las funciones necesarias con los glifos de las guardas! ¨D?No he entendido nada, as¨ª que har¨¦ lo mismo que Mirei! ?M¨¢s o menos! La lantissa era sorprendentemente ¨¢gil a pesar de estar desangr¨¢ndose, pero eso me ayud¨® a descubrir lo satisfactorio que resultaba bloquear golpes con las caberas del abanico. Poco a poco le fui pillando el truco y, cuando me sent¨ª capaz de seguir el ritmo a la bestia, intent¨¦ activar el arma. Los resultados no fueron los que esperaban. De hecho, no fueron absolutamente ningunos. Me vi obligada a improvisar el plan B: aprovechar su distracci¨®n tras el bloqueo para propinarle sendos tajos con los ribetes. La sangre que laceraba empez¨® a salpicarme. Aunque asquerosa, era una prueba clara de que me acercaba a la victoria. Solo necesitaba un peque?o empuj¨®n y... Sin saber c¨®mo, me las apa?¨¦ para encender finalmente el artefacto. Casi a ciegas, palp¨¦ uno de los botones del lateral. Sirviese para lo que sirviese, iba a ser mi ataque definitivo contra el monstruo. Seg¨²n los gritos met¨¢licos de Runi, ten¨ªa que acumular suficiente ¨¦ter como para ser letal, as¨ª que esper¨¦ unos segundos mientras esquivaba las distintas acometidas. No necesitaba m¨¢s que un golpe para zanjarlo. Y ese golpe fue un peque?o v¨®rtice de hojas de aire cortantes que arremolin¨® en torno a un desorientado insecto. Con ¨¦l, parec¨ªa derrotado, pero sab¨ªa de buena tinta que deb¨ªa asegurarme para evitar m¨¢s desgracias. Nunca me terminar¨ªa de acostumbrar a clavar un pu?al en el torso de insectos gigantes, pero la satisfacci¨®n de extraer de ¨¦l su n¨²cleo (?no iba a desaprovechar un buen bot¨ªn!) compens¨® el mal trago. ¨D?Mirei! ?Est¨¢s bien? ¨DLo estoy ¨Drespondi¨®, a¨²n jadeante despu¨¦s del sobreesfuerzo¨D. Menos mal que me he tra¨ªdo estos caramelos reconstituyentes de Rory. Aqu¨ª el se?or hojalata ha decidido dejarme seca sin avisar. ¨D?Eh, dije que funcionar¨ªa! ¨Dprotest¨® la m¨¢quina¨D. ?No que estuviera bien optimizado! ?Si tanto te gusta criticar, programa t¨²! La maquinista se puso en pie de un torpe salto y estir¨® los brazos. Sac¨® la lengua, que se hab¨ªa tintado de azul con la p¨®cima del dulce y, tras una palmada en la espalda por el trabajo bien hecho, decidi¨® rapi?ar las partes m¨¢s interesantes para el taller. Como siempre, era un proceso tan desagradable como apasionante de ver en directo. ¨DEso va a dejar cicatriz, por cierto. ¨DSe?al¨® un peque?o corte en mi brazo y extendi¨® un poco de ung¨¹ento sobre ¨¦l¨D. S¨ª, te va a picar y te vas a callar. ¨D?Eh! ?La primera! ¨DEsperemos que no de muchas. ¨DSe remang¨® para recordarme el estado de sus brazos¨D. S¨¦ m¨¢s prudente que yo, anda. Mirei puso su mejilla sobre la m¨ªa, ignorando la viscosa sangre insectoide de la que estaba recubierta y, con el orgullo de hermana mayor que la caracterizaba, volvi¨® a felicitarme por la haza?a. ¨DDeber¨ªa haber un lago por aqu¨ª cerca, por si quieres refrescarte un poco ¨Dexplic¨®¨D. Es una zona tranquila, as¨ª que podemos parar un rato para comer un poco. Mejor dicho... Necesito parar un rato para comer un poco. Estos caramelos ser¨¢n efectivos, pero me han dejado con un hambre que da calambre. ¨D?Cu¨¢l es el men¨² de Rory de hoy? ¨DYa estaba salivando con solo pensarlo. ¨D?Rory? ¨DEntrecerr¨® los ojos. Un brillo dorado en ellos me dio mala espina¨D. Hoy no ha cocinado Rory. ¨DCambio la pregunta ¨Dsuspir¨¦, sin perder la alegr¨ªa de la cara¨D. ?Qu¨¦ clase de infierno deliciosamente especiado has preparado hoy para m¨ª? ¨D?Curry con carne de krut! ¨DSac¨® pecho, orgullosa¨D. ?Qu¨¦ dices? ?Que ahora va a estar fr¨ªo? ?Para nada! ?Es tambi¨¦n la prueba de fuego para mis latas de transporte autocalentables! ?Qu¨¦ mejor para reponer fuerzas que un buen plato caliente y picante en medio de la naturaleza? Sonaba perfecto. *** ¨D?Runi, por favor! ¨Dimplor¨¦¨D. ?Haz eso del agua que haces con Mirei! ?Directamente en mi lengua! ?Me ha tocado una guindilla! ?Una guindilla! ?Qui¨¦n en su santo juicio pone guindilla al curry? ¨D?Venga ya! ?Cre¨ªa que me iba a tocar a m¨ª! ¨DVale, yo voy a meter la lengua en el agua o algo. Por muchas energ¨ªas que d¨¦ esto... ?Te has pasado! ¨DBah, cobarde. Corr¨ª a la orilla del lago e introduje toda la cabeza en el agua. Aunque sab¨ªa que no era as¨ª, pod¨ªa imaginar c¨®mo se evaporaba la parte m¨¢s cercana a mi boca. Era tan refrescante que dej¨¦ caer el pelo tambi¨¦n y la trenza que llevaba se me deshizo, dejando que los mechones viajaran salvajes por la superficie, filtrando el brillo del atardecer con sus hilos azulados. ¨DAh, refrescante y placentero ¨Dintent¨¦ decir, pero eran realmente burbujas de aire lo que aparec¨ªan en su lugar¨D. Quiz¨¢ deber¨ªa aprovechar y quitarme ya toda esta sangre de encima. Sin mucho cuidado, decid¨ª despojarme de la ropa que llevaba y saltar al agua. A gritos, intent¨¦ invitar a Mirei, pero aseguraba que ya hab¨ªa tenido suficientes experiencias h¨ªdricas por un d¨ªa y que ?se le iba a cortar la digesti¨®n?, por lo que aprovech¨¦ para nadar en esos ¨²ltimos minutos en los que el sol a¨²n calentaba. ¨DBueno, ha sido una buena expedici¨®n. ¨DMe escurr¨ª con cuidado el pelo, aunque repar¨¦ en que no ten¨ªa nada con qu¨¦ at¨¢rmelo¨D. Una pena que no hayamos dado con los momoolin. Pero... ha estado bien. Echaba de menos hacer estas cosas contigo y... Definitivamente, necesitaba subir al siguiente nivel. ¨DLa pr¨®xima vez ser¨¢. ¨DSe estir¨® hacia detr¨¢s con tanta fuerza que fui capaz de o¨ªr el crujido de sus huesos¨D. Por cierto... deber¨ªas dejar de intentar copiarme el peinado. Me gusta la pinta que tiene ahora. Tan ondulado y tan azul... Es tan... T¨². Recorri¨® mi pelo con los dedos, d¨¢ndole algo m¨¢s de forma. Cuando me hizo reflejarme en una placa met¨¢lica, entend¨ª a qu¨¦ se refer¨ªa. Era un aspecto tan elegante, tan et¨¦reo, tan fluido... Y lo m¨¢s importante... Era ¨²nico. Como hab¨ªa dicho, era... Yo. De repente, pude comprender muchos de sus comentarios. ¨DVales m¨¢s de lo que crees, ?lo sabes? ¨DNo deber¨ªas estar dici¨¦ndole cosas tan bonitas a una adolescente semidesnuda, Mirei. ¨DExager¨¦ los gestos teatreros¨D. ?Qu¨¦ van a pensar los dem¨¢s? ¨DBah, solo nos escucha la hojalata inservible. ¨DConfirmo que no me interesa esto ¨Drespondi¨® en un tono cansado¨D. Pero... Pero... ?PERO! ?OH! ?Por fin! ?Esto es grande! ?Dejad vuestras cosas de humanos y hacedme caso! ?En serio! ?Os va a molar lo que veis! Se dec¨ªa as¨ª, ?no? ?Molar! ?Como los dientes gordos! Runi despleg¨® una luz cegadora que dibujaba un mapa en el aire. Junto a ¨¦l, flotaba una inscripci¨®n que rezaba ?lleg¨® el momento, nos veremos donde marca el carmes¨ª?. Sobre el atlas, una n¨ªtida cruz roja que se?alaba una posici¨®n. Y no muy lejos, un punto amarillo que parpadeaba con fuerza. No hac¨ªa falta saber mucho de cartograf¨ªa para entender lo que estaba ocurriendo. Y las pocas dudas que pudieran restar al respecto se esfumaron de un plumazo al ver que la roca que ten¨ªamos a escasos metros se parti¨® en dos para dejar salir una peque?a y peluda figura que no tard¨¦ en reconocer. ¨DPues parece que no ibas muy desencaminada en tu b¨²squeda, Lilina. ?Hace una segunda ronda? ¨DVale, pero d¨¦jame vestirme antes. Cap铆tulo 16 - Dan Tennath La puerta de la sala de control se abri¨® de par en par al reconocer mis claves de identificaci¨®n. Como era habitual, Amelia se encontraba en el centro de la estancia, rodeada de una penumbra que solo se ve¨ªa desafiada por el p¨¢lido brillo de las decenas de monitores que la rodeaban. ¨D?Me hab¨¦is convocado, mi se?ora? ¨Dclav¨¦ mi rodilla en el suelo. No obtuve respuesta alguna. ¨D?Mi se?ora? ¨Dsegu¨ªa sin contestar¨D.Ya veo que manten¨¦is el empe?o en que emplee su nombre de pila para hacer referencia a vuesa persona... ?As¨ª sea, si bien por esta aislada ocasi¨®n! ?Amelia, ya he arribado! A falta de r¨¦plica, decid¨ª acercarme. Fue entonces cuando me percat¨¦ de que uno de los cables que sal¨ªan de la unidad de control se perd¨ªa bajo su pelo para acabar en sus o¨ªdos. Rezongu¨¦ en¨¦rgicamente y, sin siquiera plante¨¢rmelo, lo desconect¨¦ de un tir¨®n para traer de vuelta a la joven a la realidad auditiva. En retrospectiva, fue una idea terrible. Es por todos conocido (al menos, en la Casa Tennath) que, a falta de un sistema de sonido especializado, la unidad central reproducir¨ªa la informaci¨®n de sonido desde los altavoces integrados. Deb¨ªa admitir que, por lo general, se trataba de una funci¨®n bastante ¨²til para mostrar m¨¢s f¨¢cilmente mis hallazgos o simplemente compartir el hilo musical entre mel¨®manos durante una vigilancia aburrida, si bien la falta de control sobre un fallo mec¨¢nico pod¨ªa eliminar cualquier viso de intimidad. E intimidad era lo que la muchacha necesitaba en ese momento, haciendo que pagara caro mi breve insubordinaci¨®n. De nuevo, hab¨ªa cometido el error de no comprobar de antemano qu¨¦ era lo que ten¨ªa tan absorta a Amelia en ese momento. No era la primera vez que la cient¨ªfica empleaba uno de sus ?tiempos de compilaci¨®n? en disfrutar de una de las entregas de ese entretenimiento electr¨®nico que tanto le divert¨ªa. En ese caso, estaba volviendo a disfrutar de una de las entregas de Universidad del Lazo Rojo, un t¨ªtulo del que gustaba de hablar pero tend¨ªa a esconder con recelo cuando alguien entraba en la misma habitaci¨®n. No alcanzaba a entender por qu¨¦, pero los gemidos que emit¨ªan los altavoces, a todo volumen, me dejaron claro sus motivos. Al parecer, todos esos encuentros que la muchacha describ¨ªa en sus mon¨®logos sobre esas historias no eran algo que los creadores del software hubieran dejado a la imaginaci¨®n del consumidor... Y, por la naturaleza de las im¨¢genes que llenaban la pantalla principal, era f¨¢cil inferir que por qu¨¦ el rostro de la muchacha se hab¨ªa puesto de color bermell¨®n. Al menos, as¨ª eran las normas sociales. Por mi parte, me costaba ver el atractivo en cualquiera de esas cosas. ¨DJoder, Dan, ?qu¨¦ susto! ¨DSe gir¨® de repente, no sin antes pulsar una combinaci¨®n de botones que parase todo ese espect¨¢culo¨D. ?De d¨®nde has salido? ¨DNo sois sino vos quien me ha convocado, mi se?ora ¨Dapunt¨¦ con una expresi¨®n de desconcierto en mi rostro¨D. Lamento mi falta de premura, mas si me permit¨ªs el apunte... No considero propio de una noble... ¨D?Bah! ¨DSolt¨® algo de aire por la nariz y arrug¨® los labios. Cuando el tono de sus mejillas volvi¨® a ser p¨¢lido como de costumbre, se recompuso y convirti¨® cualquier retazo de incomodidad en una mueca divertida¨D. En fin, ni que fuera la primera vez que te encuentras algo as¨ª. Culpa tuya por no llamar antes. ¨DMas hice tal cosa. ¨DFrunc¨ª el ce?o. No sab¨ªa si estaba intentando tomarme el pelo o quer¨ªa simplemente negar su culpa¨D. Sea como fuere, descuidad. Como ya sab¨¦is, no profeso inter¨¦s alguno en la ficci¨®n que estaba disfrutando. ¨DSi¨¦ntate, hermanito, que te explicar¨¦ por qu¨¦ UniLaRo mola tanto. ¨DPalme¨® la silla que ten¨ªa a su lado con intenci¨®n de que la acompa?ara¨D. Ver¨¢s, cuando dos personas se quieren mucho... ¨DDesistid, mi se?ora. ¨DPuse los brazos en cruz, quiz¨¢ de forma demasiado teatrera¨D. Si bien soy conocedor de vuestro particular inter¨¦s, ya hab¨¦is de ser consciente de que tal imaginer¨ªa es incapaz de resonar con mi persona. ¨D?Ya lo s¨¦, tonto! ¨DSe abalanz¨®, juguetona, y me dio un golpecito en la frente¨D. Un d¨ªa de estos pasar¨¢s la pubertad y te dar¨¢s cuenta de lo que te pierdes con tu actitud de rey de hielo. ¨DConsidero que dicho momento lo super¨¦ tiempo ha. ¨DAcarici¨¦ mi ment¨®n, enorgulleci¨¦ndome del vello facial. ¨DNo podr¨ªamos ser m¨¢s distintos, ?eh? Por experiencia, sab¨ªa que ganar esa contienda dial¨¦ctica estaba fuera de mi alcance, as¨ª que intent¨¦ virar la conversaci¨®n hacia puertos m¨¢s productivos. No obstante, no se me ocurr¨ªa c¨®mo, as¨ª que di algo de aire a la cient¨ªfica para que agotara su imaginaci¨®n antes de continuar con la conversaci¨®n. ¨DS¨¦ que soy un incordio a veces con estas cosas, pero quiero que sepas que te comprendo, ?vale? ¨DEch¨® la mirada a un lado, como avergonzada de haber llegado a ese punto¨D. Es que tampoco tengo tanta gente con quien hablar del tema y eso me frustra un poco, pero... En serio. No te rayes. De verdad. No te convierte en un bicho raro ni nada as¨ª. ¨DOs lo agradezco, mi se?ora ¨Drespond¨ª intentando alcanzar el equilibrio de calma¨D. De coraz¨®n. ¨DPero, como consejo de hermana... ¨DAire¨® su pelo con energ¨ªa¨D. S¨¦ m¨¢s asertivo con eso. Conmigo puedes poner en pie todos los muros que quieras y te seguir¨¦ queriendo y entendiendo a mi manera. Pero ten en cuenta que ahora que est¨¢s por ah¨ª haciendo amigos, puede que alg¨²n d¨ªa te acaben malinterpretando y yo no siempre estar¨¦ all¨ª para sacarte las casta?as del fuego. En serio, cuando acced¨ª a eso de que ?intimarais a trav¨¦s de los pu?os? esperaba que al menos tuvieses un m¨ªnimo de neuronas funcionando para saber que no puedes ir arrasando con todo. ?Ahora que estaba haciendo amigos?. Parec¨ªa feliz al decirlo. Y, por alg¨²n motivo, su aprobaci¨®n me hac¨ªa sentir mejor conmigo mismo. ¨DConsiderad la lecci¨®n interiorizada, mi se?ora. ¨DOjal¨¢ fuera igual de f¨¢cil meter otras en tu cabezota ¨Drefunfu?¨®¨D. ?Qu¨¦ voy a hacer contigo, Dan? ¨DFuere como fuere, ?para qu¨¦ me hab¨¦is convocado? ¨DReconstru¨ª r¨¢pidamente mi fachada m¨¢s servicial¨D. ?Ha logrado ya analizar los datos de...? ¨DEstoy ejecutando las simulaciones finales. ¨DTras un cambio de expresi¨®n fugaz, se?al¨® uno de los monitores. Para m¨ª, el c¨®digo que lo recorr¨ªa a toda velocidad era casi totalmente ininteligible¨D. Seg¨²n mis c¨¢lculos, a¨²n necesitar¨¢ un par de horas m¨¢s, si bien los datos que estoy viendo en las trazas que he establecido son bastante prometedores. ¨D?Entonces? ¨DMe acerqu¨¦ m¨¢s al lugar que se?alaba, pero segu¨ªa siendo incapaz de dilucidar el significado de tantos n¨²meros¨D. ?Para qu¨¦ se me precisa? Amelia se puso en pie de un salto y toc¨® otra de las pantallas con su dedo ¨ªndice. En ella se reproduc¨ªan im¨¢genes de una de las c¨¢maras de vigilancia. No tuve que comprobar su n¨²mero para saber d¨®nde se encontraba. Ni que acercar la imagen a las dos figuras que descansaban sobre la hierba para identificarlas.This tale has been unlawfully lifted without the author''s consent. Report any appearances on Amazon. Amelia curv¨® sus labios ligeramente y me mir¨® por el rabillo del ojo. No necesitaba m¨¢s para saber qu¨¦ estaba pensando. ¨DComprendido. Pedir¨¦ a Guri que escolte a nuestras invitadas al interior. ¨DMe llev¨¦ la mano al pecho en se?al de reverencia¨D. Mas... Recordad mis t¨¦rminos, se?ora m¨ªa. ¨DQue s¨ª, que s¨ª. Si es tu forma de entender a la gente y ella se presta, no soy qui¨¦n para prohib¨ªrtelo. Solo aseg¨²rate de que, yo qu¨¦ s¨¦, tienes el maldito consentimiento de la muchacha antes, merluzo. Tienes mi bendici¨®n para entretenerlas. Necesitar¨¦... ¨DSe llev¨® el ¨ªndice a los labios, pensativa¨D. Tres horas. ¨D?No restaban solo dos para el t¨¦rmino del an¨¢lisis? ¨DS¨ª, algo menos de dos para el an¨¢lisis y unos minutos m¨¢s para asegurarme de los resultados... pero est¨¢s loco si crees que voy a recibir a mi Mirei con estos pelos. Amelia juguete¨® con un asilvestrado mech¨®n y lo enrosc¨® en la montura de sus anteojos accidentalmente. No le faltaba raz¨®n: a pesar de sus distracciones, el aspecto del que hac¨ªa gala dejaba claro que se hab¨ªa pasado los ¨²ltimos d¨ªas casi sin despegarse de su estaci¨®n de trabajo. No hab¨ªa abandonado la higiene, ni los cocineros de la mansi¨®n hab¨ªan dejado de proveerla de comida nutritiva. Aun as¨ª, sus ojeras dejaban clara su falta de sue?o y su habitualmente inmaculado maquillaje se hab¨ªa reducido a su expresi¨®n m¨ªnima, algo inusual para la coqueta mujer. ¨DY hablando de eso... ¨DMe lanz¨® una mirada afilada¨D. Quiz¨¢ deber¨ªas decirle algo a Lilina sobre su nuevo peinado cuando la veas... S¨¦ que no eres especialmente observador en lo que al f¨ªsico de los dem¨¢s respecta y que la zalamer¨ªa no va con tu personalidad. ?Pero para eso tienes a la experta en v¨ªnculos sociales! Ya sabes, quiz¨¢ un piropo ayude despu¨¦s de vuestra desavenencia. ¨DTomar¨¦ nota. *** ¨DVeo que a¨²n no han sido capaces de superar el primero de los retos. ¨DEstir¨¦ el cuello hacia los lados, generando un vetusto crujido¨D. He de decir que me sorprende que no hayan reparado en que la clave reside en su simpleza. ?Ah, estos cient¨ªficos y su adicci¨®n a la complejidad! El momoolin se llev¨® una de las zarpas a la boca y movi¨® la cabeza imitando una exagerada risa humana. Decid¨ª acariciar su cabeza y le hice las se?as pertinentes para que me procurara un taburete de roca sobre el que sentarme. ¨DNo me mires as¨ª, no solemos tener muchos invitados en esta entrada ¨DRasqu¨¦ a la criatura por debajo de su barbilla y se retorci¨®¨D. ?Es mi territorio! ?No es normal que est¨¦ tan emocionado, Guri? Barr¨ª la peque?a estancia con el brazo para recordarme que, en efecto, su decoraci¨®n era parca: los muros estaban falsamente grabados para imitar una pared de ladrillo, un par de plantas de hoja rosada que manten¨ªan a duras penas su frondosidad gracias a las p¨®cimas de un alquimista ocioso, unos cristales et¨¦ricos de tono c¨¢lido y una desgastada alfombra era todo lo que hab¨ªa en la estancia. ¨DEl p¨®rtico del guerrero, lo denomin¨¢bamos en su albor. ¨DAcompa?¨¦ las palabras con los gestos oportunos para que Guri me entendiese mejor¨D. La idea era sencilla... Un acceso al N¨²cleo en el que los Tennath probar¨ªan a los mejores contendientes. Los mejores mercenarios de Coaltean. Los que ser¨ªan dignos de ayudarnos en nuestra empresa... Cu¨¢nto me hubiera gustado ser quienes los pusieran a prueba, mas Padre termin¨® por desestimar el proyecto. ?No ser¨¢ el m¨²sculo, sino la mente y el coraz¨®n de este lugar el que nos guie?. Unas palabras dotadas de hermosura, pero en ¨²ltima instancia unas que dejaban en segundo plano a alguien que no conoc¨ªa otro estilo de vida que el de la espada. Al menos, logr¨¦ que no acabara por desmantelar las instalaciones y me cediera, en cierto modo, el control sobre ellas. Con el tiempo, se hab¨ªan vuelto mi lugar de entrenamiento, mi santuario. Y un lugar perfecto para saciar mi sed de curiosidad. ¨DNo suelo exigir mucho a la familia que me acept¨® en su seno, aunque todos consideraron razonable mi sugerencia. ¨DMe aferr¨¦ al mango de Adresta y sent¨ª el ¨¦ter que la recorr¨ªa, como si buscara su aprobaci¨®n¨D. Si Mirei Rapsen quiere ganarse su lugar entre nosotros... Ha de ser bajo mis condiciones. Me mir¨® con cara curiosa, sin un solo gesto. ¨D?Muy fastuoso por mi parte? Me conoces bastante bien, s¨ª. ¨DEch¨¦ la cabeza hacia atr¨¢s¨D. Y por eso sabes mejor que nadie el reto que me supone conectar con la gente. Cu¨¢nto... Ya sabes. Mi lenguaje no es el de las palabras, sino el de los gestos. Que sea esta la entrada a la que ha llegado no es mera casualidad. La respuesta consisti¨® en un ¨²nico adem¨¢n. Breve, contundente y en¨¦rgico. Y, sin m¨¢s palabras (ya fueran habladas o en m¨ªmica) que compartir, el momoolin me concedi¨® por fin el taburete y decidi¨® hacerse un ovillo junto a un cristal t¨¦rreo. ¨DEn fin... Gracias por escucharme, amigo m¨ªo. Tom¨¦ asiento en el improvisado mueble y fij¨¦ mi vista en la enorme puerta met¨¢lica que me separaba de las visitantes. Aunque estaba tentado a comprobar el metraje de la c¨¢mara que las vigilaba, decid¨ª esperar pacientemente e inferir su desempe?o a trav¨¦s de las voces que se filtraban a trav¨¦s de los respiraderos. ¨D?Vi a ese t¨ªo empujando una igual que esta en la mansi¨®n! ¨DEsa deb¨ªa ser la joven Lilina, que chillaba de forma en¨¦rgica¨D. ?Seguro que, si juntamos nuestras fuerzas, podremos...! ¨D?Un metal de esta densidad? ?Con unas bisagras tan mal mantenidas? Bueno, quiz¨¢ sea posible, pero... Me cuesta creerlo. ¨DPar¨® unos instantes y golpe¨® el metal con los nudillos, haci¨¦ndolo resonar a ambos lados¨D. ?No es m¨¢s probable que haya usado esa armadura que siempre lleva encima? Si le permite volar... ?O igual tiene un cacharro de esos! ?Como Runi! ¨D?He o¨ªdo mi nombre? ¨Ddijo una voz mec¨¢nica, probablemente la de la IA que hab¨ªamos dejado a su cargo¨D. ?Claro que s¨ª! ?Yo te dar¨¦ toda la fuerza que necesites, Mirei! ?Solo tienes que ped¨ªrmelo! ?Runi, convi¨¦rtete en un mazo y hazle una abolladura a esta maldita puerta?. No suena mal, ?verdad? ?Conmigo podr¨ªais abrir la puerta sin despeinaros! ¨D?Pero queremos despeinarnos! ¨Dprotest¨® la aprendiza¨D. Si ¨¦l la pudo abrir sin recurrir a las m¨¢quinas, ?yo tambi¨¦n! Solt¨¦ una peque?a carcajada para mis adentros. No hab¨ªa ni trampa ni cart¨®n: si las puertas no estaban selladas, era f¨¢cil abrirlas sin hacer uso de nada que no fuera la fuerza bruta... Pero las personas capaces de lograrlo se contaban con los dedos de una mano. ?Estar¨ªa Mirei Rapsen entre ellos? ¨D?Esa no es la forma intencionada! Aunque, para ser justos, mi sugerencia tampoco lo parec¨ªa ¨Dse quej¨® de nuevo¨D. Venga, Mirei... ?Sabes que con mi ayuda puedes hacerlo! ?D¨¦jame transformarme en unos guanteletes de fuerza! ¨DHemos probado la intencionada y solo se ha movido unos cent¨ªmetros. Quiz¨¢ sea culpa de que alguien me ha drenado las fuerzas para hacer uno de sus experimentos. ¨D?A m¨ª no me mires! ¨Dpit¨® la voz¨D. Estoy tomando tus constantes vitales y pareces bien recuperada. ¨D?Olvidas la fuerza de esp¨ªritu! ¨Dladr¨® la mayor¨D. ?Eso no se mide en bits ni en bytes! ¨D?En fin! ?Haced lo que quer¨¢is! ¨Dse rindi¨® la m¨¢quina¨D. Pero que sep¨¢is que me siento ignorado en este grupo. ¨D?Es que nadie te ha invitado! ¨Dse burl¨® Lilina¨D. ?Te has encalomado sin avisar! ¨D?Ya, claro! ¨Dse enfurru?¨® de vuelta la m¨¢quina¨D. ?Pero luego bien que ped¨ªs ayuda al bueno de Runi cuando os hace falta! ¨D?Te queda mucho, Lilina? ¨Dquiso saber la maquinista, ignorando la voz mec¨¢nica. ¨D?No! ?Todo listo por mi parte! ?Haces los honores, Mirei? ¨D?No prefieres llevarte la gloria t¨²? ¨Del tono se torn¨® progresivamente jocoso¨D. Anda, dale. Quiz¨¢ con un logro as¨ª te lleves unos cuantos puntos con... ¨DAnda, c¨¢llate ¨Dla adolescente interrumpi¨® a su hermana con una clara verg¨¹enza en su tono¨D. ?T¨² lo has querido! ¨D?No me responsabilizo de lo que est¨¢is haciendo, chicas! No entend¨ª claramente lo que estaban tramando, pero sin duda, la sorpresa de la que hablaba fue may¨²scula. En unos instantes, el port¨®n se desplom¨® con un violento estruendo y una nube de polvo que me tomaron desprevenido. De alguna forma, se las hab¨ªan apa?ado para descolocar la puerta y forzarla a caer por su propio peso. Guri, cuando entendi¨® lo que hab¨ªa ocurrido, se limit¨® a alzar su mano de forma despreocupada. Su anillo brill¨® instant¨¢neamente para reforzar la zona del impacto y, cuando tuvo certeza de que los t¨²neles resistir¨ªan, se encogi¨® de nuevo. Aun as¨ª, ten¨ªa que mantenerme firme. Taciturno. Misterioso. Darles la bienvenida con la que siempre hab¨ªa so?ado. ¨DMagn¨ªfico ¨DInclin¨¦ la barbilla hacia arriba y dirig¨ª mi mirada a las presentes.¨D. Como cabr¨ªa esperar de mis invitadas, hab¨¦is logrado superar mi peque?a prueba con una metodolog¨ªa tan poco ortodoxa como digna de menci¨®n. Mas me admito curioso: ?podr¨ªan haber desplazado la puerta con su propia fuerza de hab¨¦rselo propuesto? El potencial, claramente estaba ah¨ª. ¨DAs¨ª que eras t¨². ¨DFue la maquinista de pelo lavanda quien me fulmin¨® con la mirada¨D. Por lo menos, esta vez te est¨¢s dignando a dirigirme la palabra. Supongo que es un avance. La hermana peque?a protest¨® m¨¢s en¨¦rgicamente, pero Mirei Rapsen no necesit¨® m¨¢s que la fuerza de un brazo para retenerla en el sitio. Tras patalear durante unos instantes, acab¨® rindi¨¦ndose, d¨¢ndome el momento perfecto para ponerme en pie, extender mi brazo con cortes¨ªa y vocalizar una frase que mi mente hab¨ªa estado ensayando durante tanto tiempo. ¨DSean bienvenidas, hu¨¦spedes m¨ªas, al N¨²cleo. Cap铆tulo 17 - Dan Tennath Puede que mi introducci¨®n pecara de dram¨¢tica, pero el rostro de las aventureras era uno que no estaba para bromas. La aprendiza bailaba entre la emoci¨®n y el temor mientras que su hermana simplemente se limitaba a mantener el ce?o fruncido y su mirada perdida, como intentando dotar de sentido a todo lo que estaba viendo en los intrincados pasillos subterr¨¢neos del N¨²cleo. ¨DNo estoy segura de si deber¨ªamos disculparnos por lo que le hemos hecho a esa puerta o... ¨Dintervino por fin, sujet¨¢ndose el brazo mientras viraba la mirada¨D. No s¨¦. Al fin y al cabo, no era a ti a quien imaginaba esper¨¢ndome aqu¨ª, pero supongo que es lo que m¨¢s sentido tiene despu¨¦s de ese peque?o malentendido. ¨DEn efecto, est¨¢ en lo correcto, se?ora Rapsen. ¨DA?ad¨ª una peque?a reverencia de cortes¨ªa¨D. Fui vehemente en mi objetivo de ser quien recibiera a los v¨¢stagos m¨¢s prometedores de la Casa Rapsen a estos dominios ocultos bajo la corteza. Mas si me lo permiten, antes de atender a sus pesquisas, aclarar¨¦ de buen grado ciertos asuntos que considero de m¨¢xima acucia. Tom¨¦ aire con fuerza. A¨²n necesitaba hallar las palabras adecuadas para acercarme a mis metas sin enfurecer a las invitadas de honor. ?Por d¨®nde deb¨ªa comenzar? Ten¨ªa tantas cosas en la cabeza que quedarme con una parec¨ªa imposible. ?Ah, s¨ª! ?El consejo de Amelia! No las ten¨ªa todas conmigo, pero aduje que podr¨ªa servir para romper el hielo y mostrar mis buenas intenciones a las invitadas. Par¨¦ en seco y gir¨¦ ciento ochenta grados. En se?al de deferencia, clav¨¦ una de las rodillas en el polvoriento suelo, pero no abandon¨¦ el contacto ocular con la joven aprendiza en ning¨²n momento. ¨DSe?orita Lilina. He de alabar vuestra renovada... ¨DDiantres, ?cu¨¢l era la mejor forma de alabarla sin propasar las proverbiales l¨ªneas rojas?¨D. Expresi¨®n capilar. Sin duda, os favorece sobremanera, tanto en forma como en color. Mis kudos. ¨DSi no lo has entendido, lo que quiere decir el caballero andante es ?bonito peinado? ¨Dilustr¨® la mayor. A¨²n no hab¨ªa deshecho su mueca de inc¨®gnita, pero al menos pude sentir algo de calidez en su tono. ¨D?Cl-claro que lo he hecho! E-esto... ¨DLa aludida agach¨® la cabeza y empez¨® a juguetear con algunos de los mechones¨D. Gracias... Pero... ?Sigo enfadada! ?Un par de palabras bonitas no va a ha-hacerme olvidar que...! ¨DTu r¨¦plica ser¨ªa m¨¢s convincente si no estuvieras roja como un tomate. ¨DSu hermana mayor se asi¨® con firmeza de sus hombros y la encar¨® directamente a m¨ª, aunque segu¨ª evitando la mirada¨D. Venga, dile todo eso que has estado ensayando... Inclin¨¦ la barbilla hacia abajo en se?al de respeto. ¨DNo err¨¢is ¨Ddisminu¨ª la intensidad del tono¨D. Una disculpa es de recibo en esta situaci¨®n y me congratular¨ªa enmendar la situaci¨®n de la mejor de las formas posibles. La alianza entre las casas Tennath y Rapsen es vital en esta era tan incierta por transcendentales razones que a¨²n escapan a la comprensi¨®n de esta estrella. Por ende, me gustar¨ªa... Quiero decir... Considero oportuno dotar de valor los aspectos de m¨¢s gratitud inferidos durante nuestro previo embate. Las mujeres se miraron entre ellas y encogieron los hombros casi al un¨ªsono. As¨ª que, como muestra de genuina sinceridad en mis palabras, coloqu¨¦ la otra rodilla en la tierra e inclin¨¦ la cabeza hacia abajo, rozando la s¨²plica. ¨D?Lilina Rapsen! ¨DA juzgar por la reacci¨®n de la joven, mi entusiasmo fue excesivo¨D. ?H¨¢llome impresionado por su habilidad en combate! A pesar de su clara falta de experiencia, mi intuici¨®n nunca me dejar¨ªa pasar tama?o diamante en bruto. Por ende, querr¨ªa emplear mi competencia como combatiente para nutrir sus capacidades latentes como guerrera. Por favor, ?aceptadme como mentor en una ocasi¨®n para avivar el nuevo lazo entre nuestras familias! Tras un silencio inc¨®modo, fue Mirei la que dio un paso adelante. Aunque segu¨ªa arrodillado, me mir¨® de arriba abajo y, acto seguido, extendi¨® la mano para ayudarme a poner en pie. Si bien no de muy buen grado, acept¨¦ la invitaci¨®n. ¨DTienes cojones ¨Dse limit¨® a responder¨D. Primero, amedrentas a una adolescente hasta el punto de forzarla a un combate contigo porque no eres capaz de distinguir tu objetivo. Luego, le das una verdadera paliza sin ver que no est¨¢ al nivel que esperabas. Y ahora, la tienes delante y lo primero que se te ocurre es... soltarle un par de piropos cutres y... ?Ofrecerte como mentor? ¨DAs¨ª es ¨DApret¨¦ su antebrazo en se?al de respeto¨D. Puede que mis formas no hayan sido las m¨¢s correctas, mas... La mujer, aunque acusaba cansancio en sus ojos, acept¨® el agarre y me embisti¨® con un hombro, como si pretendiese probarme. Aguant¨¦ la fuerza f¨ªsica como un baluarte, pero la tensi¨®n en el ambiente se me hizo m¨¢s complicada. No sab¨ªa c¨®mo iba a reaccionar, pero de repente se ech¨® hacia atr¨¢s y solt¨® una carcajada que retumb¨® por toda la caverna. ¨DLos tienes bien puestos si crees que me vas a reemplazar. ¨DSe separ¨® unos pasos para escudri?arme de arriba abajo¨D. Est¨¢ claro que ser imposibles de entender es algo que corre en vuestra sang... Perd¨®n, ya sabes lo que quiero decir. En la familia. Pero si crees que... ¨DLo har¨¦ ¨Dasegur¨® Lilina con determinaci¨®n. Apretaba el pu?o con fuerza, aunque las piernas le temblaban como uno de esos postres gelatinosos¨D. T¨² misma lo has dicho... No puedo depender de tus ense?anzas para siempre. Tengo que seguir puliendo un estilo propio. He de ver mundo m¨¢s all¨¢, ?verdad? ¨DPero... ¨Dbalbuce¨® la mujer, que parec¨ªa haberse quedado helada¨D. Lilina... ¨D?Verdad? ¨DSent¨ª el fuego en sus ojos. Definitivamente, hab¨ªa sido un acierto¨D. Fueron tus palabras, no las m¨ªas. ¨D?Je! ¨DLa maestra se abalanz¨® para revolverle el pelo a su pupila¨D. Respuesta correcta. Aunque, que lo sepas... Jenna y yo no pasaremos esto por alto. T¨²-ya-me-entiendes. La maquinista hizo diversas se?as con las manos que parecieron aturullar a la adolescente. Fui incapaz de reconocerlas, aunque ten¨ªa algo claro: definitivamente no eran parte del lenguaje momoolin. ¨D?Calla! ¨DLilina se tap¨® la cara con las dos manos, pero su hermana sigui¨® con los gestos¨D. ?En serio, para ya! Yo, por mi parte, segu¨ªa siendo incapaz de entender la situaci¨®n. ¨DSorprendentemente, has convencido a Rory. ¨DPor fin, alguien volv¨ªa a dirigirse a m¨ª¨D. Y, por lo que se ve, esta jovencita parece rendirse con poco m¨¢s que un par de zalamer¨ªas. Pero yo... Sigo sin saber qu¨¦ pensar de ti. Suspir¨¦ con calma. En realidad, esa era la parte f¨¢cil. ¨DPermitidme, pues, trasladarle mi propuesta. ¨DInclin¨¦ levemente la cabeza y dibuj¨¦ media sonrisa¨D. Ambos somos conocedores de la verdadera naturaleza del incidente de la mansi¨®n: no erais sino vos, se?orita Rapsen, la destinataria intencionada del improvisado duelo. Por ende, mi sugerencia es clara y concisa: resolvamos esa cuenta pendiente y despejar¨¦ todas las dudas que albergan. ¨D?Sabes qu¨¦? Me gusta por d¨®nde van los tiros. ¨DEstir¨® los brazos hacia atr¨¢s y entrelaz¨® sus dedos. Sus hombros crujieron dejando un eco por el pasillo¨D. As¨ª que vamos a hacer las cosas como mis buenos amigos de Abakh. No voy a negarlo: es una buena forma de que me demuestres tu val¨ªa. ¨DAunque sean ignotas al hecho, han arribado a este emplazamiento subterr¨¢neo mediante el p¨®rtico del guerrero. Resum¨ª la historia del ala abandonada del N¨²cleo en pocas palabras, ya que ninguna de las dos f¨¦minas parec¨ªa muy interesada por mi relato. Una hab¨ªa decidido trasladar su cabeza a las nubes con enso?aciones, mientras que la otra parec¨ªa m¨¢s preocupada por darle a sus m¨²sculos un buen calentamiento que por la lecci¨®n de Historia. ¨DPor ende, he de cerciorarme de que la malograda tradici¨®n se respete. ¨DAsumo, adem¨¢s, que no me dar¨¢s una sola de las respuestas que he venido a buscar hasta que cumpla con los t¨¦rminos de dicha ?tradici¨®n?. Ten¨ªa la corazonada de que Amelia no iba a hacer sencillo nuestro reencuentro. ¨DAj¨¢. ¨DInclin¨¦ levemente la cabeza en se?al de confirmaci¨®n¨D. T¨¦mome que no cuento con permisi¨®n para dotaros de una m¨ªsera respuesta hasta entonces. Mas pondr¨¦ todo mi empe?o en que la experiencia satisfaga a ambas partes. ¨DMe parece justo ¨DPor un instante, el ¨¦ter que rodeaba a la muchacha brill¨® con intensidad¨D. A falta de respuestas inmediatas, y despu¨¦s de jugarnos el pellejo frente a una lantissa gigante... S¨ª, un duelo amistoso ser¨¢ un buen entretenimiento. Soy toda o¨ªdos, Dan Tennath.If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. Lilina suspir¨® con fuerza en respuesta. Con pocas palabras, adujo que su hermana mayor siempre gustaba de resolver todo a trav¨¦s de los pu?os. Ella se limit¨® a justificarse con un fugaz encogimiento de hombros y una actitud a¨²n m¨¢s lista para el combate, dej¨¢ndome claro que coincid¨ªa con mi teor¨ªa de que, en ocasiones, el combate sin cuartel era la mejor forma de conectar dos corazones ajados. ¨DPadre nos ha permitido disponer del Viejo Coso para nuestro duelo ¨Dindiqu¨¦¨D. En esta ocasi¨®n sugiero que nuestros cuerpos sean lo ¨²nico admitido en la arena. Nada de arma ni armaduras. Por salvaguardar el esp¨ªritu de la justicia, tampoco se tolerar¨¢n modificaciones alqu¨ªmicas previas ni el uso de tecnolog¨ªa. Lo que quiere decir que... Cruc¨¦ los pu?os a la altura del pecho e invoqu¨¦ los hologramas de mi unidad Alrune en el aire. Segu¨ª cada uno de los datos que volaban por el aire, validando uno a uno los valores que aseguraban. Tras comprobar que toda la informaci¨®n biom¨¦trica estaba en orden, recorr¨ª los ojos de ambas invitadas y di la instrucci¨®n en voz alta: ¨DDesactiva la unidad denominada ?Runi? y entra en modo de reposo, por favor. La adolescente me observaba sin siquiera pesta?ear. De tanto en cuando, me recorr¨ªa con la mirada, quiz¨¢ absorta en las maravillas de la tecnolog¨ªa. En cambio, su hermana mayor reaccion¨® con sorpresa may¨²scula cuando su pulsera se abri¨® por la mitad y colg¨® de su mu?eca. ¨DEspera... ?Puedes apagar a ese mont¨®n de hojalata a tu voluntad? ¨DSu torrente de voz crec¨ªa a cada palabra¨D. ?Tienes que ense?arme c¨®mo! ?Ese trasto no me deja intimidad! ¨DNada de atender a cuestiones hasta que nuestro duelo haya llegado a su conclusi¨®n, se?ora Rapsen. ¨DAlc¨¦ el dedo en se?al de amenaza¨D. Mas si lo dese¨¢is... Puedo indicaros el camino a su vestuario. No tard¨¦ en despojarme de mi armadura mec¨¢nica para ataviarme con unos pantalones cortos tan ce?idos como b¨¢sicos. Consider¨¦ a?adir una camiseta al conjunto, pero finalmente llegu¨¦ a la conclusi¨®n de que una artista marcial bien entrenada podr¨ªa usarla como punto de agarre adicional. Adem¨¢s, ten¨ªa que admitir que a?ad¨ªa un aire de dramatismo a todas esas historias virtuales de luchadores callejeros de las que me hab¨ªa hablado Amelia. Ech¨¦ un vistazo a la arena de combate con cierta nostalgia. Aunque nunca se hubiera llegado a usar de forma oficial, hab¨ªa dedicado parte de mi adolescencia a emplear el Viejo Coso como centro de entrenamiento junto a Padre. Una vez dejamos de compartir esos momentos la volv¨ª m¨ªa, as¨ª que la estancia nunca dej¨® de recibir cierto grado de mantenimiento. Los trazados en el suelo se hab¨ªan desvanecido con el tiempo y los accesorios de pirotecnia dejaron de ser funcionales hac¨ªa mucho, pero lo que importaba segu¨ªa ah¨ª: la jaula en la que los luchadores lo daban todo y las gradas que poblar¨ªan los curiosos. Ya fuera por fortuna o por todo lo contrario, el p¨²blico para el estreno de las instalaciones era escaso. Lilina no tuvo reparos en agenciarse el palco de honor, desde donde me miraba con especial inter¨¦s. Quiz¨¢ no hubiera sido tan buena idea presentarme descamisado al ring. Por otro lado, estaba convencido de que Amelia no iba a renunciar a la oportunidad de curiosear desde las c¨¢maras de vigilancia. No pod¨ªa descartar la posibilidad de que alguien m¨¢s se fijara en la reyerta al revisar aleatoriamente las c¨¢maras, pero parec¨ªa improbable. Aun as¨ª, eso no hac¨ªa que el momento perdiera ni un ¨¢pice de su significancia. No solo ten¨ªa el honor de usar por fin el coliseo para un combate (algo) oficial, sino que se tratar¨ªa de uno contra la ¨²nica humana que fue capaz de hacer correr un elemento por sus venas. ¨D?Lista, se?ora Rapsen? ¨DAdopt¨¦ una posici¨®n r¨ªgida, de alerta. ¨DNac¨ª lista. Ya fuera por sus dotes de observaci¨®n o por los relatos que le hab¨ªa narrado su hermana menor, mi contrincante parec¨ªa consciente de que para tener una oportunidad frente a m¨ª deb¨ªa hacer acopio de su agilidad. Una conclusi¨®n l¨®gica tras ver que sus m¨²sculos, a pesar de bien definidos, no eran capaces de hacer frente al port¨®n del guerrero por s¨ª mismos. Su primera acometida fue algo predecible: un pu?etazo r¨¢pido con el que rodearme mientras manten¨ªa las distancias. Sab¨ªa que deb¨ªa responder con contundencia antes de que empezase a controlar la situaci¨®n, as¨ª que decid¨ª propinarle una patada en el est¨®mago. Logr¨® despistarme: en lugar de rotar tras el segundo de los pu?etazos como hizo la primera vez, se desliz¨® sobre el suelo y evadi¨® mi ataque pasando justo por debajo. Mi postura abierta hab¨ªa dejado un punto d¨¦bil y ahora ten¨ªa que girarme con presteza si no quer¨ªa llevarme un golpe por la espalda. Parec¨ªa que la maquinista era capaz de tomarse el duelo tanto como un divertimento entre dos personas que conversan de coraz¨®n a coraz¨®n mediante los pu?os... y con la seriedad que Padre y Madre esperaban de una prueba para una potencial allegada a la familia. Que ambos objetivos se alineasen de esa forma no hac¨ªa sino avivar las llamas de mi pecho y darme un subid¨®n de adrenalina. Era mi turno de tomar la iniciativa, aunque ya se hab¨ªa vuelto a poner en pie. El cuerpo me ped¨ªa una primera toma de contacto, una en la que pudiera medir sus fuerzas en primera persona. Para ello, me acerqu¨¦ poco a poco. Con m¨¢s ligereza de lo habitual (al fin y al cabo, no llevaba mi habitual armadura) pero con paso intimidatorio. Quiz¨¢ fui demasiado obvio telegrafiando cada pu?etazo que iba a dar, pero cuando quiso darse cuenta, hab¨ªa quedado acorralada en una de las esquinas del hex¨¢gono que describ¨ªa la jaula. ¨DDe cara, ?eh? ¨DApoy¨® uno de los pies en la reja¨D. ?As¨ª me gusta! Instintivamente, se protegi¨® del golpe que preparaba con uno de sus brazos. Por su mirada, parec¨ªa dispuesta a encajarlo, como si ella tambi¨¦n quisiera medirse contra uno de mis golpes antes de replicar. Pero no le dar¨ªa esa satisfacci¨®n: cambi¨¦ ¨¢gilmente mi postura y acomet¨ª con un agarre. Uno no muy firme, pero lo suficientemente inesperado como para forzar a la chica a usar lo que parec¨ªa su peque?o as bajo la manga: de una patada, se impuls¨® contra la reja para intentar desestabilizarme y hacerme caer por mi propio peso. Y, aunque no lo consiguiera completamente, la inercia fue suficiente para zafarse y barrerme de una patada que finalmente me hizo caer al suelo. Claro estaba, no iba a dejar que se saliera con la suya. Como sab¨ªa que pod¨ªa acometer contra m¨ª en el tiempo que tardar¨ªa en volver a tomar planta, rod¨¦ para tomar distancia. Como hab¨ªa planeado, mi rival me sigui¨® llena de s¨ª misma, lista para descargar su pu?o contra alguien a quien calcul¨® en desventaja. Estaba donde la quer¨ªa, justo en el punto en el que pod¨ªa sorprenderla con mi propia triqui?uela: una que aunaba la fuerza de mis brazos para hacerme levantar y una poderosa patada hacia el techo que impactar¨ªa en el abdomen de mi rival. Su firmeza resisti¨® el impacto m¨¢s de lo que hab¨ªa calculado, pero la fuerza del golpe nos distanci¨® lo suficiente como para volver a caer en tablas. ¨DCabr¨®n ¨Ddijo tras recomponerse de un alarido ahogado¨D. Definitivamente, hice bien en no subestimar tu fuerza. Aun as¨ª... No hab¨ªa acabado de hablar cuando atac¨®. Estaba claro que la muchacha ten¨ªa cierto control sobre el combate: un par de palabras m¨¢s y habr¨ªa dejado pasar el momento id¨®neo para atestarme un pu?etazo certero entre las costillas. Uno que dol¨ªa como pocos de los que hubiera recibido en mi vida. Uno que dej¨® claro que esos m¨²sculos no estaban ah¨ª solo para presumir y que, de hab¨¦rselo propuesto, la puerta habr¨ªa cedido ante ella, si bien con algo de esfuerzo. Por fortuna para m¨ª, mi cuerpo estaba tan dentro del combate que fue capaz de ignorar todas las se?ales de alarma del dolor. Ella tampoco se aquejaba de la contusi¨®n, as¨ª que asum¨ª que estaba en una situaci¨®n similar. Eso permiti¨® que el siguiente intercambio fuese ¨¢gil. Un pu?etazo ligero que encajar en el pecho, otro que absorber con el antebrazo, un rodillazo directo al est¨®mago que logr¨¦ esquivar de por solo una fracci¨®n de segundo y otro con el que no tuve tanta suerte y me habr¨ªa hecho soltar hasta la primera papilla si no hubiera concentrado mis m¨²sculos en contender el golpe. El pugilato empezaba a caldearse. El di¨¢logo de violencia no parec¨ªa acabar aunque el promedio era bastante equitativo: por cada golpe que era capaz de atestar, ten¨ªa que acabar encajando uno yo mismo. Sea como fuere, la matem¨¢tica no ment¨ªa: si mi fuerza era superior a la suya y la distribuci¨®n de impactos, equitativa, lo l¨®gico ser¨ªa decir que, si hab¨ªa acabado magullado, la tunda que hab¨ªa propinado a cambio era a¨²n m¨¢s violenta. No obstante, era f¨¢cil ver en su lenguaje corporal que estaba preparada para seguir luchando, aunque sus piernas hubieran empezado a ver dif¨ªcil el esfuerzo de mantenerla en pie. Todo se reduc¨ªa a una batalla de resistencia... y parec¨ªa llevar las de ganar. ¨DDebo admitirlo. ¨DSe pas¨® la mano por la cara para apartar el sudor que chorreaba por ella¨D. Estaba preocupada de que no fueras m¨¢s un papanatas fanfarr¨®n, pero... Est¨¢s a la altura. ¨DT¨² tampoco lo haces nada mal ¨DContuve uno de sus pu?etazos, pero no encontr¨¦ la ocasi¨®n de replicarlo. ¨D?T¨²? ¨DSolt¨® una carcajada que le hizo toser un poco se sangre¨D. ?D¨®nde ha ido todo ese formalismo? ?Todo ese ?se?ora Rapsen?? ¨DNo hay tiempo para eso en el fragor de la batalla. ¨DEsa vez s¨ª que pude propinarle un codazo que la postr¨® durante un instante¨D. ?No crees? Asinti¨® con la cabeza y movi¨® la boca para intentar decir algo que result¨® inaudible. Y, con lo hinchada que ten¨ªa la cara, no parec¨ªa f¨¢cil leerle los labios. ¨DEn fin... ¨Dchasque¨¦ la lengua¨D. ?Acabemos con esto! Aprovech¨¦ su momento de debilidad para establecer un duro agarre, aunque pareci¨® leer mis intenciones y, en un movimiento ¨¢gil por su parte, acabamos agarrados firmemente de las manos. La muchacha intent¨® resarcirse de un rodillazo, pero empuj¨¦ con fuerza para empotrarla contra uno de los muros de la jaula. Solo necesitaba un golpe certero para hacerme con la victoria. ¨DNo tan... r¨¢pido ¨Dmostr¨® los dientes con una sonrisa desafiante. Entre ellos ten¨ªa un... ?caramelo? Lo mordi¨® con fuerza, parti¨¦ndolo por la mitad. ¨DT¨¦cnicamente... no es un arma. Ni una modificaci¨®n previa ¨Daunque su tono era desafiante, el hilo de voz parec¨ªa d¨¦bil. Al menos, hasta que hizo acopio de fuerzas para gritar¨D. ?Maldita sea, ya te debo otra, Rory! ?Rory? ?Qu¨¦ ten¨ªa que ver ¨¦l en todo esto? No tuve tiempo para dedicarlo a buscar una respuesta a esa pregunta. De repente, los m¨²sculos de la maquinista se tensaron y, con poco esfuerzo, fue capaz de recuperar el terreno, empujando con sus piernas como si de un tractor se tratase. Instintivamente, ech¨¦ el cuerpo hacia atr¨¢s para evitar otro de sus rodillazos fugaces. Solo fui capaz de presenciarlo durante medio instante. Aunque demasiado fugaz como para que mi cuerpo reaccionara, el momento se grab¨® a fuego en mi mente. Ese brillo peculiar en sus ojos. Esa sed de sangre. Esa sonrisa torcida, con tintes de sadismo. Tramaba algo. Buscaba el golpe definitivo y no sab¨ªa c¨®mo evadirlo. ?C¨®mo se hab¨ªa repuesto tan f¨¢cilmente tras ponerla contra las cuerdas? Ech¨® el cuello hacia atr¨¢s, y... Todo se volvi¨® negro. Cuando volv¨ª en m¨ª, not¨¦ un intenso dolor en mi frente, que se hab¨ªa hinchado despu¨¦s del subid¨®n del combate. ?Me hab¨ªa vencido de un cabezazo? A Mirei Rapsen no le faltaban agallas. Cap铆tulo 18 - Amelia Tennath Aunque la mayor¨ªa de las pantallas parpadeaban para llamar mi atenci¨®n sobre los resultados, no pod¨ªa despegar la vista de la retransmisi¨®n del combate. Sab¨ªa que la maquinista se terminar¨ªa imponiendo de una u otra forma a Dan haciendo uso de su privilegiada cabeza, pero no esperaba que acabase haci¨¦ndolo de una forma tan literal. ¨DClaro que tendr¨ªas un as bajo la manga. ¨DSolt¨¦ una risilla con una mueca de satisfacci¨®n¨D. ?Alquimia en caramelos? No dej¨¢is de maravillarme. Mirei fue caballerosa asistiendo a mi hermano a volver a incorporarse tras admitir su derrota. Y, de alg¨²n modo, era capaz de mantener las energ¨ªas para dedicar a c¨¢mara (pens¨¢ndolo bien, ?sab¨ªa qu¨¦ eran?) una de esas sonrisas capaz de derretirte. ¨D?Ah! ?Es que es justo como Neumeria! ¨DMe balance¨¦ hacia los lados, a¨²n resisti¨¦ndome a volver al trabajo¨D. Ay... ?no hay tiempo para distracciones! Veamos qu¨¦ me tienes que decir del an¨¢lisis, viejo trasto. Recorr¨ª los resultados de las pantallas con la mirada y luego invoqu¨¦ un holograma con el que comparar los datos. Todo cuadraba, as¨ª que me acerqu¨¦ el teclado, escrib¨ª un sencillo comando en ¨¦l y me recost¨¦ contra el respaldo de la silla, satisfecha. Menos mal. A pesar de los imprevistos que nos hab¨ªan causado los Aruna, todo estaba marchando seg¨²n el plan. Si el ordenador me daba luz verde, quiz¨¢ podr¨ªa tomarme uno o dos d¨ªas libres y todo. ¨DMi... se?ora ¨Dla voz de Dan sonaba entrecortada al otro lado del auricular¨D. Imagino que... En lugar de terminar la frase, solo dej¨® escapar un eterno suspiro. ¨DRecomponte, chico ¨Drepliqu¨¦ mientras sacaba un peque?o espejo de la bata¨D. Ya he visto tu simp¨¢tico duelo. Buen trabajo, todo sea dicho. ?Est¨¢s satisfecho ya? ¨DEstoylo ¨Dapunt¨® en un tono mucho m¨¢s leve de lo habitual¨D. ?Deber¨ªamos... personarnos ya en su laboratorio? ¨D?Qu¨¦ parte de ?recomponte? no has entendido, Dan? ¨Dcall¨¦ por unos instantes para ajustarme el pintalabios¨D. En serio, t¨®mate tu tiempo, no me voy a ir a ninguna parte. Ofr¨¦celes refrescarse. Quiz¨¢, algo de comer. Una poci¨®n para que deje de dolerle lo que quiera que hayas hecho en esa bonita cara para dejarla tan hinchada. Ya sabes. El chico solt¨® una risilla al otro lado de la l¨ªnea, casi impropia de ¨¦l. En el fondo, por mucho que dibujara una distancia artificial entre nosotros, me conoc¨ªa como si fuera mi hermano de sangre. ¨DS¨ª, me has pillado, me estoy terminando de arreglar. ¨DMe justifiqu¨¦ mientras volv¨ªa a pintarme la raya del ojo¨D. Y, quiz¨¢ m¨¢s importante... a¨²n estoy decidiendo cu¨¢nto deben saber por ahora. Contempl¨¦ unos instantes el techo, perdida en mis pensamientos. Sab¨ªa que hab¨ªa prometido a Mirei respuestas en nuestro reencuentro, pero tambi¨¦n ten¨ªa claro que ser¨ªa incapaz de comprender la mitad de mi prop¨®sito hasta que lograra responder por s¨ª misma esa pregunta. Aun as¨ª, siempre pod¨ªa darle un empuj¨®n en la direcci¨®n correcta. Una pista sobre mi verdadera yo. Una yo que no sab¨ªa si la maquinista ser¨ªa capaz de aceptar. Aunque todo mi ser deseaba que lo hiciera, la mera idea de que no fuera as¨ª hizo que se me encogiera el coraz¨®n. Por un instante, la seguridad en m¨ª misma que cre¨ªa sentir se esfum¨®, dej¨¢ndome con la frialdad de las pantallas y un tenue reflejo en ellas que maldec¨ªa todos mis secretos. *** Siempre hab¨ªa querido hacer eso de dar un giro dram¨¢tico en la silla cuando alguien entraba en mi habitaci¨®n. ?Era una payasada? Quiz¨¢, pero ver a la joven Lilina tan divertida por el gesto hizo que la mayor¨ªa de las dudas que me nublaban desaparecieran, aunque solo fuera por unos instantes. Al fin y al cabo, hab¨ªa un motivo importante por el que todos nos reun¨ªamos ah¨ª. Ten¨ªa que ser yo. Ten¨ªa que armarme de valor... ?Ten¨ªa que decir la primera palabra! ¨DAdelante. ?Adelante? ?Ya hab¨ªan entrado! ?Qu¨¦ demonios esperaba? No. No iba a bastar que fuera yo misma en un momento as¨ª. Amelia Tennath era demasiado t¨ªmida como para controlar una situaci¨®n as¨ª, as¨ª que intent¨¦ canalizar a la chica que interpretaba cuando jugaba a UniLaRo... O quiz¨¢ a su afable villana. Sab¨ªa que de alguna forma terminar¨ªa mezclando personalidades en mi cabeza para llegar al resultado. ¨D?Vuestra lucha ha sido fruct¨ªfera! ¨DS¨ª, eso sonaba lo suficientemente guay. Pod¨ªa con ello¨D. Por fin os hab¨¦is hecho camino hasta el laboratorio subterr¨¢neo, y estoy lista para daros las respuestas que ansi¨¢is. As¨ª que decidme, mis maravillosas invitadas, ?qu¨¦ cuestiones os traen por aqu¨ª? ¨DFuiste t¨² quien pidi¨® que viniera. ¨DMirei se llev¨® las manos a la nuca, fingiendo despreocupaci¨®n, pero tornando un poco su mirada en otra direcci¨®n. Su rostro a¨²n estaba algo magullado, as¨ª que no sab¨ªa decir si su color m¨¢s rojizo se deb¨ªa a eso o a mi presencia¨D. Y soy una mujer de palabra. ?Por qu¨¦ me costaba incluso mantener el contacto visual? Al fin y al cabo, lo de la subasta hab¨ªa sido un reto mayor y ah¨ª interpret¨¦ mi papel a la perfecci¨®n. Tom¨¦ aire de una forma quiz¨¢ demasiado evidente y cerr¨¦ los p¨¢rpados para calmar el err¨¢tico movimiento de mis ojos. Ten¨ªa que cambiar de tema y sab¨ªa perfectamente a qui¨¦n asaltar para ello. ¨DAs¨ª que... Runi. ¨DMe alc¨¦ ligeramente las gafas. Ese tropo siempre funcionaba, ?verdad?¨D. Veo que al final decidiste quedarte el nombre que te otorgu¨¦. ¨DMi usuaria lo vio adecuado ¨Drespondi¨® sin mostrar un ¨¢pice de sus fingidas emociones¨D. Suena bien. Es corto, f¨¢cil de pronunciar y, si no lo cambiaba, sabr¨ªa que mi creadora lo valorar¨ªa. ?No es as¨ª, AT? ¨DAs¨ª que has sido capaz de leer el mensaje que te dej¨¦. ¨DCon un chasquido de dedos, hice aparecer un holograma presidido por el escudo de la familia, que contrast¨® con las im¨¢genes que se mostraban en todas esas antiguas pantallas cat¨®dicas¨D. Aunque parece que te he infraestimado: seg¨²n mis c¨¢lculos no deber¨ªas haberlo descifrado hasta dentro de un buen rato. Mantuve la fachada seria, aunque no sin cierto esfuerzo. Ver a la m¨¢quina chillando en el momento exacto para sorprendernos con sus hallazgos era la piedra angular de mi guion. La forma que hab¨ªa ideado para mantener el control de la situaci¨®n y conducir mi discurso por los puntos de referencia adecuados. No iba a permitir que un peque?o fallo de c¨¢lculo me dejara en evidencia; ten¨ªa que darle la vuelta de alguna forma. ¨DQu¨¦ quieres que te diga, aprendo r¨¢pido. ¨DInvoc¨® un holograma de un mu?eco rudimentario encogi¨¦ndose de hombros¨D. ?Mira, tambi¨¦n he aprendido de las reacciones humanas! ?A que no te esperabas eso? Claro que me lo esperaba. De hecho, una parte bastante importante de mi plan se basaba en que la m¨¢quina superara cualquier expectativa. Mis estimaciones eran correctas, ese hardware era capaz de albergar una IA as¨ª de avanzada. Una nueva generaci¨®n de inteligencia capaz de nutrirse de la naturaleza y el ingenio de los humanos. Lo hab¨ªa logrado. ¨D?Alguien puede decirme qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª? ¨Dquiso saber Lilina. Su cara de desconcierto era genuina¨D. ?Qu¨¦ son... todas estas m¨¢quinas? ¨D?Se lo dices t¨² o se lo digo yo? ¨Dpod¨ªa sentir c¨®mo cada s¨ªlaba sintetizada martilleaba mi urdido plan de conversaci¨®n¨D. ?Vamos, Amelia! ?Es f¨¢cil! ?Solo son palabras! Claro, palabras. Era f¨¢cil pensar que eran ?solo palabras? si lo ¨²nico que ten¨ªas que hacer para llegar a conclusiones era seguir una programaci¨®n. Parec¨ªa que la m¨¢quina a¨²n no hab¨ªa llegado a la conclusi¨®n de que, en el mundo real, las palabras tienen peso. Peso suficiente como para moldear los acontecimientos a su antojo. O de arruinar los intentos de hacerlo si no me cuidaba de elegirlas con tino. Necesitaba encontrar una forma de... ¨DNo necesito que ninguno de los dos lo diga. ¨DMirei dio un par de pasos al frente. Su mirada hac¨ªa gala de una mezcla entre suspicacia y ese ?momento eureka? del que tanto gust¨¢bamos los practicantes de la ciencia¨D. As¨ª que... AT. Era tan obvio que nunca se me hab¨ªa ocurrido pensar en ello. Amelia Tennath. Un escalofr¨ªo recorri¨® mi espalda y me hizo estremecerme de una forma que no esperaba que fuera visible. ¨DLlevo tiempo pensando en el d¨ªa que nos conocimos, Dan. ¨DSe gir¨® hacia el a¨²n dolorido guerrero¨D. Antes de marcharte, tocaste a Runi para que parara lo que fuera que estaba haciendo para enloquecer a ese varnu ¨Dcomprendi¨®, echando un vistazo a la pulsera met¨¢lica¨D. ¨¦l mismo me lo dijo. Que exist¨ªa un apunte en su registro de momentos antes que lo despertara. Uno del usuario DANTENNATH. No sab¨ªa c¨®mo, pero verte darle ¨®rdenes desde tu propia mu?equera antes me lo dej¨® claro. Ese debi¨® ser el momento en el que cargaste la... ?IA, se llamaba? El aludido se limit¨® a asentir con la cabeza y a excusarse, alegando que lo necesitaban en otro lugar. La mentira era m¨¢s que obvia, pero a ninguno de los presentes le import¨® demasiado, por lo que se march¨® con paso firme. ¨DSigo sin entender los detalles. ¨DMirei se acercaba poco a poco a m¨ª y eso hac¨ªa que me costara concentrarme¨D. Vale, s¨ª... Es obvio que esta tecnolog¨ªa es demasiado avanzada como para que la comprenda. Aun as¨ª, he intentado investigar. Llevar mis ideas e intuici¨®n al l¨ªmite, y si he entendido bien lo que me ha contado este pedazo de chatarra... ¨D?Ey! ?Que tengo sentimientos! ¨Dprotest¨® la IA¨D. Bueno, no s¨¦. ?Los tengo? No estoy seguro. T¨² dir¨¢s, Amelia. ?Se pueden programar? ?Los he podido desarrollar mientras no mirabas? ?A saber! Sea como sea, eso sigue doliendo. ¨D...t¨² eres la autora de esas ?funciones horriblemente comentadas? que tiene, sea lo que sea eso. ¨DApunt¨® sutilmente con su ¨ªndice en mi direcci¨®n¨D. La conclusi¨®n l¨®gica es que est¨¢s detr¨¢s de todas esas veces que Runi se ha tomado la libertad de experimentar con mi cuerpo. Dime la verdad, Amelia. ?Eres t¨² quien...? ¨D...te he puesto en peligro. ¨DDej¨¦ caer la barbilla. Una cortina de pelo plateado me tap¨® la cara y not¨¦ c¨®mo, definitivamente, hab¨ªa perdido cualquier tipo de control que hubiera podido tener en esa situaci¨®n¨D. Lo s¨¦. He sido demasiado irresponsable. Aun as¨ª, si me escuchas...Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. No me preocupaba la unidad Alrune que hab¨ªa empleado para desplegar a Runi. El escaneo previo de Dan me dej¨® claro que era la indicada. Ya desde lejos, pod¨ªa saber que era la m¨¢quina m¨¢s puntera que nunca hab¨ªa visto este lugar. Eso hac¨ªa que superara el umbral de mis conocimientos, pero estaba llena de confianza en que ese encuentro fortuito hab¨ªa sido clave para el futuro de ese mundo. Que, aunque fuese la m¨¢quina id¨®nea para cargar mi peque?o proyecto, era Mirei Rapsen quien la har¨ªa llegar mucho m¨¢s all¨¢ de lo que nunca hab¨ªa tenido la ocasi¨®n de imaginar. Fuera como fuere, hab¨ªa puesto software experimental en las manos de alguien ajeno a la familia. Por muy especial que fuera la maquinista, hab¨ªa tirado los dados en una apuesta que no era capaz de respaldar. El d¨ªa que Dan volvi¨® a casa con las manos vac¨ªas, Padre me reprendi¨®. Siendo honesta conmigo misma, no le faltaban motivos, pero decid¨ª ponerme a la defensiva. Aunque nuestro objetivo final fuese exactamente el mismo, lo espec¨ªfico de nuestros planes cada vez diverg¨ªa m¨¢s y no pod¨ªa seguir como mera observadora de un plan que no iba a ninguna parte. A gritos, le dej¨¦ claro que ya no era una ni?a y que deb¨ªa empezar a valorarme como una igual. Que, por mucho que creyera que mis m¨¦todos no se basaban en poco m¨¢s que una corazonada, deb¨ªa dar una oportunidad a mis c¨¢lculos. Pensaba demostr¨¢rselo con resultados. Fue entonces cuando decid¨ª convencer a Rory Rapsen para que me asistiera en la vertiente m¨¢s tradicional de mi investigaci¨®n: no solo podr¨ªa resolver con su magia lo que mi tecnolog¨ªa no alcanzaba a comprender, sino que me dar¨ªa herramientas para asegurarme de que Mirei seguir¨ªa segura mientras reun¨ªa el coraje para... Confesarle esa peque?a parte de la verdad. Cuando descubr¨ª que sus planes supon¨ªan visitarme en mi propia casa, estudi¨¦ la situaci¨®n todo lo que pude. Pens¨¦ en c¨®mo acercarme a ella. C¨®mo contarle las cosas que quer¨ªa que aprendiera. C¨®mo ser capaz de evadir las que ten¨ªa que guardarme para m¨ª misma. A pesar de que la hab¨ªa vuelto mi sujeto de pruebas, quer¨ªa darle una buena primera impresi¨®n. Quer¨ªa ofrecerle pistas sobre lo que ten¨ªa que investigar. Quer¨ªa que, poco a poco nuestros mundos empezaran a juntarse. Puede que fuera ah¨ª cuando me di cuenta de que hab¨ªa visto en ella m¨¢s que un proyecto cient¨ªfico... O quiz¨¢ ese solo fue el momento en el que me di cuenta de que ese gui?o en la puerta de su taller no hab¨ªa sido una zalamer¨ªa vac¨ªa sino uno de esos flechazos de los que tanto hablaban mis historias. De repente, la ciencia no era lo ¨²nico en lo que quer¨ªa reducir nuestra distancia. A pesar de la culpa que arrastraba, quer¨ªa acercarme f¨ªsicamente a ella. Tomar su mano y hacer que se sonrojara para comprobar que ese chispazo que hab¨ªamos sentido en nuestro primer encuentro era mutuo. Forzarla a un baile que nos hiciera re¨ªr juntas y, quiz¨¢ alzar las banderas correctas para la ruta del romance. Pero los est¨²pidos Aruna lo arruinaron todo. ¨D??Est¨¢s loca!? ¨DMirei inclin¨® mi barbilla hacia arriba para sacarme de mi relexi¨®n y se fij¨® con cierta ternura en mis ojos vidriosos. Mi pulso se aceler¨® y, probablemente, la sangre me subiera a las orejas para tintarlas de rojo¨D. Lo que has hecho ha sido salvarme la vida, idiota. ¨D?No! ¨Dgrit¨¦ en un tono demasiado impropio para m¨ª¨D. ?Fue por culpa de mis est¨²pidos fallos de c¨¢lculo que casi te acabo convirtiendo en cristal! ¨DLa ciencia es as¨ª ¨Drespondi¨®, casi sin inmutarse¨D. Si no te hubieras arriesgado, ahora mismo habr¨ªamos perdido a uno de los Dragones. Eso s¨ª que habr¨ªa sido grave. A ver, he de admitir que no ha sido agradable, pero... En peores l¨ªos me he metido. Era dif¨ªcil llevar una conversaci¨®n as¨ª si no ten¨ªas un guion perfecto preparado de antemano. Sin limitar la interacci¨®n a tres c¨®modas opciones en una pantalla. En la vida real, la infinitud de respuestas que pod¨ªa dar a la guap¨ªsima hero¨ªna que sosten¨ªa mi barbilla me abrumaba. ?Qu¨¦ pod¨ªa hacer para...? Deber¨ªa empezar por admitirlo. No, no ten¨ªa el control de la situaci¨®n. Quiz¨¢ nunca lo hab¨ªa hecho. Derrotada, dej¨¦ caer mi cabeza contra su pecho sin saber qu¨¦ m¨¢s decir. Solo pod¨ªa esperar que alguna de sus palabras me devolviera el ritmo de alguna forma. Pero no llegaron. En su lugar, recorri¨® mi pelo con sus dedos y dej¨® su cabeza sobre la m¨ªa. La diferencia de nuestras alturas me abrum¨® un poco, pero no tard¨¦ en sentirme algo mejor. Mejor porque su tacto me aceleraba el coraz¨®n. Mejor porque me proteg¨ªa. Porque el que me sostuviera quer¨ªa decir que no me odiaba por lo que hab¨ªa hecho. Porque por fin estaba con ella de igual a igual. Porque sab¨ªa que hab¨ªa acertado al elegirla. ¨D?Sabes? ¨Dintercedi¨® Lilina, uni¨¦ndose al coro de apoyo¨D. Si realmente conocieras a Mirei sabr¨ªas que le preocupaba m¨¢s no saber qu¨¦ es lo que estaba ocurriendo realmente que todo ese foll¨®n por el que la has hecho pasar. Pero no has querido hacer las cosas bien, y te ha explotado en la cara, princesita. Claro que quer¨ªa. Quer¨ªa... conocerla. Conocerla de verdad. Romper ese cristal y saber qui¨¦n era la verdadera Mirei, la que se escond¨ªa m¨¢s all¨¢ de la idealizaci¨®n, la que estaba detr¨¢s del momento en el que se cruzaron nuestras miradas y mi coraz¨®n supo que, aunque el camino fuera sinuoso, nuestros destinos se acabar¨ªan uniendo. Pero yo segu¨ªa sin poder ofrecer lo mismo. Todav¨ªa no. Me recompuse y di un trago a la botella de agua que ten¨ªa sobre el escritorio. Probablemente el maquillaje se me hubiera corrido al secarme las peque?as l¨¢grimas con la manga de la bata, pero no estaba en situaci¨®n de darle importancia. Con un susurro, di la orden de que se encendieran las pantallas que a¨²n estaban apagadas. En ellas se proyect¨® todo mi estudio del ¨¦ter, de c¨®mo era capaz de integrarse con la tecnolog¨ªa y, sobre todo, del experimento del sif¨®n et¨¦rico que Runi hab¨ªa llevado a cabo en Mirei. Sab¨ªa que solo la IA y yo pod¨ªamos interpretar el sentido de esa informaci¨®n, pero eso no evit¨® que rehuyera la mirada con cierta verg¨¹enza. A su lado se extend¨ªan mis simulaciones. Por un lado, las de las muestras que hab¨ªa robado de los bancos de memoria de Runi cuando se conect¨® a nuestra red (?se cre¨ªa que era el ¨²nico que iba a llevarse algo de provecho?). Por el otro, mis observaciones sobre el ¨¦ter t¨¦rreo de los momoolin. ¨DVeo que est¨¢is familiarizados con la versi¨®n de prueba de la funci¨®n at_66(). ¨DAunque miraba a las visitantes, mi voz se dirig¨ªa a Runi, que era el ¨²nico que me entender¨ªa¨D. Aunque, tambi¨¦n puedo ver registros de sus... Usos recientes. ¨D?Vaya que s¨ª! ¨Dse enorgulleci¨® Runi, iluminando la estancia con luz propia¨D. ?De hecho, la he mejorado! Un peque?o cambio por all¨ª, un bucle por all¨¢, una mejor gesti¨®n de excepciones... ?Y presto! ?Mejorado? Si lo que estaba leyendo en el holograma era cierto, funcionaba bien, pero un solo uso podr¨ªa drenar toda la energ¨ªa de una persona al descuidarse. Algo que era ciertamente peligroso para su portadora. No obstante, decid¨ª no se?alarlo en voz alta para evitar preocupaciones innecesarias. Total, ya era tarde para eso. ¨DY yo la he terminado, je. ¨DEnse?¨¦ los colmillos en se?al de victoria¨D. No dejes a una m¨¢quina lo que solo puede hacer una mente humana. Si me permites actualizar tus repositorios... ¨DOs recuerdo que no entiendo absolutamente nada de lo que dec¨ªs ¨Dgru?¨® la due?a del brazalete¨D. Y me gustar¨ªa. ¨DDe acuerdo, tambi¨¦n a?adir¨¦ algo de documentaci¨®n de entrada para Mirei y... ¨Dpens¨¦ por unos instantes¨D. Si me lo permit¨ªs, una de las sugerencias de mi padre: un estabilizador et¨¦rico. Con esto no tendr¨¢s tantos problemas con el equilibrio de tu cuerpo. Y nos ayudar¨¢ para el... siguiente paso. ¨D?La vas a usar otra vez de rata de laboratorio? ¨Dchance¨® la IA con una inflexi¨®n claramente jocosa¨D. ?Me apunto! ?Parece divertido! Adem¨¢s, el c¨®digo parece limpio, elegante y... funcional. Se nota qu¨¦ mano hay detr¨¢s. ¨D?Qu¨¦ est¨¢s insinuando, pu?ado de ceros y unos? ?Mi c¨®digo es igual de bueno! Si no lo comento es porque... ?Yo qu¨¦ s¨¦! ?Tampoco es que haya tanta gente que sepa leerlo! ¨Dgru?¨ª con sa?a¨D. ?Eres t¨² quien lo usa irresponsablemente! ?Si pone beta es porque a¨²n no lo he acabado, no para que lo vayas testeando alegremente frente a monstruos! Mirei chasque¨® los dedos en el aire para hacernos callar. Su aura era tan imponente que no pude evitar acceder a la petici¨®n impl¨ªcita. ¨DDe acuerdo, no hace falta que discut¨¢is m¨¢s. Lo har¨¦. Ser¨¦ tu experimento si tan convencida est¨¢s de lo que haces ¨Dsentenci¨® la maquinista, poniendo fin a la discusi¨®n¨D. No me mires as¨ª, Lilina, sabes que no puedo decir que no a algo tan cient¨ªfico. Y, no s¨¦, hay algo que me dice que deber¨ªa fiarme de ella. ¨DEn fin... deber¨ªa buscar a Rory ¨Dbuf¨® Lilina, con una mezcla de preocupaci¨®n y diversi¨®n en su rostro¨D. Voy a ver si Dan sabe c¨®mo. ?Dan! ?No te escondas, veo tu armadura al otro lado de la puerta! ?No corras, que te veo! ?Dan! ¨DParece que se est¨¢n empezando a entender. ¨DCurv¨® los labios hacia arriba con cierta complicidad¨D. Aunque sea de un modo tan retorcido... ah¨ª est¨¢n. ¨D?Te parece eso retorcido? ¨Dle cuestion¨¦¨D. ?Lo dice la que no ha sabido aceptarlo sin noquearle de un cabezazo primero? Mirei se limit¨® a esconder la barbilla en el cuello de su camisa y paladear ligeramente un ?culpable? que no llegu¨¦ a escuchar. ¨D?Sabes? Es la primera vez que veo a Dan as¨ª con... gente, en general ¨Dapunt¨¦ mientras conectaba un cable a Runi¨D. He de decir que me alegra ver que poco a poco consigue abrirse a vosotros. Siempre ha sido un ni?o algo... raro. Incluso conmigo. Se cree que nos debe la vida por adoptarle en nuestra familia cuando... bueno, es casi lo contrario. Ech¨¦ un vistazo al monitor que mostraba la barra de progreso. Como quer¨ªa actualizar todo su sistema operativo, se trataba de una transferencia bastante extensa que, adem¨¢s, tendr¨ªa a Runi en silencio por unos cuantos minutos, lo que dej¨® en el aire uno de esos silencios inc¨®modos que nunca sab¨ªa c¨®mo llenar... y mucho menos cuando las miradas se nos escapaban sin pretenderlo. Ojal¨¢ pulsar muchas veces la caja de texto fuera una opci¨®n en la vida real. ¨DPero bueno, antes de empezar quiz¨¢ deber¨ªas contarme en qu¨¦ me estoy metiendo ¨Dsugiri¨® repentinamente¨D. Hablabas del... siguiente paso. ?A qu¨¦ te refer¨ªas? ¨DBueno, ya deber¨ªas poder controlar el agua como los kabaajin... ¨DMir¨¦ hacia otro lado al recordar los efectos secundarios¨D. Quiz¨¢ los m¨¦todos para ello no hayan sido los m¨¢s ortodoxos y a¨²n estemos perfilando su uso, pero... Bueno, Dan ha conseguido los datos necesarios para hacer lo mismo con el ¨¦ter gracias al Favor de Molcheen y me encantar¨ªa que te prestaras a... ¨D?Me prometes que va a ser m¨¢s seguro que la ¨²ltima vez? ¨DMe cort¨®. No obstante, su tono era dulce y comprensivo¨D. Me gustan las emociones fuertes, pero creo que ya he tenido suficientes por hoy. ¨DLo prometo. No s¨¦ c¨®mo, pero reun¨ª las fuerzas para tenderle la mano. Al notar su piel, un agradable escalofr¨ªo recorri¨® mi cuerpo y mis labios se tornaron en una peque?a sonrisa sin que pudiera hacer nada por evitarlo. ¨D?Me puedes contar por qu¨¦ est¨¢s haciendo todo esto? Inspir¨¦ con fuerza, intentando que mi tono retornase a su forma juguetona. Que proyectase una vez m¨¢s un control de la situaci¨®n que no deber¨ªa haber perdido. ¨D?Lo hago por la ciencia? no es una respuesta lo suficientemente convincente, ?verdad? Aunque ?ciencia? significara cosas totalmente distintas para ella y para m¨ª, claro. Intent¨¦ usar la broma para relajarme, pero me result¨® imposible al ver que su mirada se hab¨ªa ensombrecido un poco. No necesitaba leerle la mente para saber en qu¨¦ estaba pensando. ¨DOjal¨¢ no tuvieras que ocultarme tantos secretos ¨Dsuspir¨®. A pesar de sus palabras, supe ver que me hablaba con cari?o¨D. Sin embargo, visto lo visto, est¨¢ claro que no lo entender¨¦ hasta que no sepa de d¨®nde vienen las estrellas. No le faltaba raz¨®n. Hice un adem¨¢n de tenderle la mano para que supiera que la apoyaba, pero no me atrev¨ª. En su lugar, reun¨ª lo poco que me quedaba de creatividad y le dirig¨ª la palabra con tanta convicci¨®n como pulsaciones ten¨ªa mi acelerado coraz¨®n. ¨DTe propongo un trato: si accedes a mi petici¨®n, te dar¨¦ una pista m¨¢s para que lo comprendas ¨Dle gui?¨¦ el ojo¨D. ?Y un par de clases particulares sobre tecnolog¨ªa! ¨DYa me hab¨ªas prometido esas clases antes ¨Dse quej¨®. Al inclinarse sobre m¨ª fui a¨²n m¨¢s consciente de nuestra diferencia de altura y musculatura, que pod¨ªa pasar de protectora a imponente en un instante¨D. Y deber¨ªas saber que no soy la clase de chica a la que puedes sobornar con pistas. ?Me has dado un misterio? Vaya que si lo resolveremos por nuestros propios medios. ¨DEntonces... ?qu¨¦ te puedo ofrecer a cambio? ¨DTrastabill¨¦ ligeramente al intentar poner algo de distancia. No porque me sintiera amenazada, sino porque la situaci¨®n estaba a poco de hacer que mis hormonas tomasen el control¨D. La fortuna de los Tennath est¨¢ a tu disposici¨®n, puedes elegir sabiamente. ?Materiales raros? ?Maquinaria que haga tu trabajo m¨¢s f¨¢cil? ?Tu propia motocicleta de vapor? ?D¨ªmelo y lo har¨¦ realidad! ¨DTodo suena tentador. ¨DEstir¨® la espalda y se gir¨® para eludir mi vista. De repente, baj¨® el volumen de su voz y not¨¦ un atisbo de timidez en ella¨D. Pero lo que quiero es otra cosa... Se sujet¨® una mejilla y us¨® el resto de su enorme mano para ocultar la mitad de su rostro. ¨DSi te parece bien... me gustar¨ªa tener... Lo que nos arruin¨® el Diluvio... ¨DEra adorable como pr¨¢cticamente ten¨ªa que tomar aire cada par de palabras¨D. Quiero... Esa cita. Una campanilla llen¨® la habitaci¨®n. Su eco hab¨ªa matado el momento, pero a ninguna de las dos nos import¨®. ¨D?Actualizaci¨®n completada! ?He vuelto, nenas! Cap铆tulo 19 - Rory Rapsen ¨D??Que has hecho qu¨¦!? Si no llevaba bien que me despertaran a horas intempestivas, peor me tomaba ese tipo de noticias antes de haberme tomado mi caf¨¦ matutino. Me enjuagu¨¦ la cara con las pocas fuerzas que pod¨ªa tener un par de horas antes de que saliera el sol y, casi ignorando el chacoteo de las chicas, encend¨ª el autocaldero con la esperanza de que la cafe¨ªna salvara mi esp¨ªritu. No. No pod¨ªa. A pesar de mis esfuerzos, me estaba quedando dormido con las hipn¨®ticas r¨¢fagas de vapor que sal¨ªan de los tubos calientes. ¨DD¨¦jame a m¨ª. ¨DMirei me empuj¨® afectuosamente con la cadera. En mi estado, perd¨ª r¨¢pidamente la planta. No ca¨ª de bruces de milagro¨D. No est¨¢s en condiciones de operar maquinaria con esa cara. Ni siquiera una a prueba de ni?os. ¨DM¨¢s... ¨¦ter... ?en serio? ¨Despir¨¦ en un extendido bostezo¨D. Me estoy matando para mantener controlado tu cuerpo despu¨¦s del desaguisado de Abakh y... Te f¨ªas de la primera que... Mi cabeza se dej¨® caer por su propio peso sin siquiera terminar la frase. Estaba demasiado cansado incluso para eso y mi subconsciente me dijo que mi hermana no merec¨ªa la poca energ¨ªa que ten¨ªa en ese momento. ¨DAl menos, ha funcionado ¨Dapunt¨® Lilina¨D. O eso queremos comprobar. Por lo pronto, no est¨¢ brillando en color naranja. Es un avance. Aunque, dicho esto... Tambi¨¦n me f¨ªo m¨¢s de los m¨¦todos de mi hermano mayor que de esas pantallas brillantes de los Tennath. ¨D?Eh! ¨Dprotest¨® Runi, que hab¨ªa estado extra?amente en silencio todo este tiempo¨D. ?Como pantalla brillante, exijo un respeto! ?Sin m¨ª, nada de esto hubiera sido posible! ¨DMe siento halagado, Lilina ¨DMe dej¨¦ caer en el peque?o tresillo¨D. No s¨¦ si est¨¢s siendo sincera o aprovech¨¢ndote de mi momento de debilidad predesayuno, pero me siento halagado. ¨D??Y yo qu¨¦!? ¨Dbram¨® la m¨¢quina, haciendo aparecer decenas de caritas rojas en el aire¨D. ?Venga! ?Que hoy tengo un mont¨®n de informaci¨®n jugosa que contaros! ¨DY yo tengo la poca paciencia de un alquimista al que han despertado para esto y a¨²n no se ha tomado el caf¨¦ ¨Drepuse con una de esas miradas que habr¨ªan intimidado a cualquier persona a pesar de esos p¨¢rpados que luchaban por mantenerse en alto. Por desgracia, ?m¨¢quina? y ?persona? no eran sin¨®nimos en ese contexto. Lo descubrimos con un cargante discurso lleno de palabras complejas que habr¨ªa sido incapaz de reproducir incluso si hubiese tenido la cabeza despejada. ¨DYa deber¨ªas saber c¨®mo hacer las pruebas. ¨DMe gir¨¦ a Lilina cuando la IA se hubo callado¨D. Con un par de gotas de sangre deber¨ªa valer, pero saca algo m¨¢s por si acaso. ¨D?Agujas? ?Ahora? ¨Dprotest¨® la maquinista, poniendo los brazos en cruz¨D. ?Dejadme desayunar o algo primero! ?Que ayer ya solt¨¦ demasiada de mi preciosa, h¨²meda y carmes¨ª sangre! Y de la forma en la que se tiene que hacer: en combate. ¨DYa sabes ¨Da Lilina se le ilumin¨® la cara con una sonrisa maquiav¨¦lica¨D. En ayunas siempre es mejor. ¨DNo quieres hacerle eso a tu hermana mayor, ?no? ¨DRode¨® el caldero para protegerse con el vapor ascendente. ¨DNo s¨¦ cu¨¢ndo voy a volver a tener otra oportunidad, as¨ª que... ¨Dpresion¨® el ¨¦mbolo de la aguja son satisfacci¨®n, sacando todo el aire de su interior¨D. ?Me haces los honores, Runi? ¨D?Ahora, Lilina! ¨Dchill¨® la voz mec¨¢nica¨D. ?Transformaci¨®n! ?Modo restrictivo! ¨D?Qu¨¦ demonios est¨¢s haciendo? ¨DSe revolvi¨® con furia mientras la m¨¢quina se extend¨ªa en todas las direcciones¨D. ?Voy a fundirte, m¨¢quina del demonio! ?Su¨¦ltame los brazos! ?Malditos! Y ni siquiera los gritos que sucedieron lograron evitar que me volviera a quedar dormido. Una desgracia, pues observar los forcejeos entre las hermanas se hab¨ªa convertido en uno de mis pasatiempos favoritos tras el Diluvio. *** ¨DLe falta tostado ¨Damonest¨¦ al primer sorbo¨D. Aunque, por lo dem¨¢s... he de admitir que est¨¢ en su punto. La temperatura, el punto de infusi¨®n, la mezcla de aditivos... Este autocaldero es, definitivamente, un gran invento. No me puedo creer que fuera un esc¨¦ptico... Bueno, en honor a lo evidente, s¨ª que puedo. Pero cuando haces cosas que no explotan, suelen ser bastante ¨²tiles. ¨D?Cu¨¢ndo vas a hacernos uno para el orfanato, hermanita? ?Seguro que as¨ª no me echan la bronca por mi t¨¦ chapucero! ?Podr¨ªas ense?arme! ?D¨®nde tienes los planos? ?D¨®nde? ¨DNo est¨¢s en situaci¨®n de exigirme nada, jovencita. ¨DSin tener que mirar en su direcci¨®n, pude sentir el aura de rencor por el pinchazo¨D. Me vengar¨¦ de alguna forma. Vaya que si lo har¨¦. Dioses, me has dejado el brazo hecho un vendo. ¨D?No habr¨ªa quedado as¨ª si no dejaras de moverte! Tras terminar el resto del vial de un sorbo, vert¨ª un el contenido de la aguja de la discordia sobre el reactivo et¨¦rico... Y no fui capaz de ocultar mi sorpresa. En contraste al hasta ahora com¨²n azul refulgente, ahora la mezcla era capaz de mantener su habitual tono cristalino. Y, en lugar de la sobrecarga de agua que tintaba el compuesto, ahora miles de peque?as vetas de las tonalidades h¨ªdricas y t¨¦rreas danzaban en espiral en el l¨ªquido. Exactamente el mismo resultado que si hubiera mezclado en la probeta sangre de kabaajin y de momoolin. Afinaci¨®n elemental. ?Qu¨¦ significaba eso? ?Acaso ten¨ªan los Cuatro Dragones la capacidad de alterar la sangre de los humanos de alguna forma con su Favor? O... quiz¨¢ fuera m¨¢s all¨¢ de eso. Algo me dec¨ªa que la alquimia, tal y como la conoc¨ªamos, iba a ser incapaz de explicarlo. En cierto modo, me recordaba a las impurezas el¨¦ctricas que encontraba tras llevar a cabo el mismo experimento con mi propia sangre. ?Y si ten¨ªa que ver de alguna forma retorcida con mi accidente? Los s¨ªntomas eran totalmente distintos, pero no dejaba de ser... afinaci¨®n al ¨¦ter elemental. Apunt¨¦ la idea al fondo de mi a¨²n obnubilada mente. ¨DEst¨¢s de suerte, Mirei ¨Dconclu¨ª tras mi primera observaci¨®n¨D. Sea lo que sea que te han hecho, est¨¢s mejor. Pero eso noquita siga preocup¨¢ndome. Despu¨¦s de mi accidente aparecieron poco m¨¢s que unos peque?os retazos de afinidad el¨¦ctrica, invisibles al ojo desnudo. Y sent¨ª su peso durante meses. T¨², en cambio... Sigues tan vivaracha como de costumbre con estos resultados. Eres todo un misterio alqu¨ªmico... y no lo digo como piropo, antes de que te emociones. ¨DEs una suerte tener al mejor del negocio a mi lado, entonces ¨Dle quit¨® hierro al asunto¨D. Estoy bien y adem¨¢s puedo manipular los elementos con la ayuda de Runi. No deja de ser una buena arma en estos momentos tan inciertos, ?no crees? T¨² aseg¨²rate de mantenerme sana y yo me encargar¨¦ de aprovechar esta anomal¨ªa que los dioses me han dado al m¨¢ximo. Dicho esto... La joven se dej¨® caer sobre el sill¨®n y cerr¨® los ojos. En cuesti¨®n de segundos, empez¨® a roncar levemente. Si tuviera que juzgar por su sonrisa embelesada, incluso dir¨ªa que se trataba de un sue?o agradable. ¨DEntonces, Lilina... ?qu¨¦ m¨¢s me he perdido? Me salto una expedici¨®n y Mirei vuelve siendo capaz de lanzar pedradas con solo pensar en ello, Runi viene m¨¢s sabidillo que de costumbre, t¨² traes un nuevo peinado y... ¨DMe niego a responder esa pregunta si no es frente a una de tus famosas tartas. ¨DMe mir¨® por el rabillo del ojo y pesta?e¨® varias veces. ?De d¨®nde hab¨ªa sacado ese truco?¨D. Ya he visto la que guardas en el enfriador alqu¨ªmico.Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. ¨DEst¨¢s de suerte. Esa era para llevarla a Rapsen. ¨D?Guay! ?Seguro que a Jenna le hace mucha ilusi¨®n! ¨DSonri¨® de oreja a oreja¨D. ?Venga, vente! ?Si salimos pronto, podremos ver el amanecer juntos! *** Lilina no tard¨® en ponernos al d¨ªa mientras devoraba, casi con furia animal, su trozo del pastel. Nos narr¨® su expedici¨®n por los bosques cercanos, la primera prueba de campo de su abanico e¨®lico (con una ¨¦pica reinterpretaci¨®n del combate contra la lantissa gigante y la muestra de su n¨²cleo como trofeo), la cena a la luz de las lunas, el momento en el que decidi¨® lo mucho que le favorec¨ªa su nuevo peinado... ¨DAs¨ª pareces toda una mujercita ¨Dinjiri¨® Jenna con un tono casi maternal que me hizo esbozar una tonta sonrisilla¨D. O lo parecer¨ªas si no tuvieras la cara llena de crema. ¨D?Eh! ¨Dprotest¨® antes de limpiarse las comisuras de los labios apresuradamente¨D. ?No hables as¨ª de la que lleva la mitad del trabajo de este orfanato! ¨DTierna, tierna adolescencia... ¨DCon una mirada henchida en orgullo, dej¨® escapar una tenue risilla¨D. Perdona, no quer¨ªa interrumpirte. Sigue con tu historia. ¨D?Resulta que al final ten¨ªa raz¨®n con los momoolin! ¨DSe se?al¨® con uno de sus pulgares¨D. ?Hab¨ªa una ciudad subterr¨¢nea bajo Coaltean cavada por ellos mismos! ?Resulta que los Tennath son amigos de su Drag¨®n y han colaborado con ellos todo este tiempo! Les ofrecieron su... Bueno, Dan lo llama ?Favor?, pero Amelia lo describi¨® como ?digitalizaci¨®n?. Con ella, Mirei puede... ¨DHacer todo lo que hace un momoolin con su elemento af¨ªn. ¨DAsent¨ª con la cabeza. Ya hab¨ªa visto la evidencia¨D. Aunque, por lo visto, necesita la ayuda de Runi. No s¨¦ c¨®mo funciona esa tecnolog¨ªa tan avanzada, pero creo entender poco a poco la l¨®gica que est¨¢ haci¨¦ndolo funcionar as¨ª y... Quiz¨¢ me sirva para hacer unos ajustes en mi nuevo proyecto. Recu¨¦rdame pedirle a Mirei que me construya unas lentes de aumento mec¨¢nicas. Las voy a necesitar. ¨D?Ay! ?Cierto! ¨DLos ojos de la costurera se iluminaron. Le encantaba escucharme hablar de mi trabajo tanto como a m¨ª compartir mis hallazgos con ella¨D. Ibas a probar cosas con el metal eteroalqu¨ªmico, ?no? ?Alg¨²n resultado? ?Alguna teor¨ªa? ¨DNo tuve demasiado tiempo, pero las primeras pruebas que he hecho son bastante halag¨¹e?as. Las propiedades especiales de este metal son ¨Dy no me gustaba usar esa palabra a la ligera¨D pr¨¢cticamente m¨¢gicas. Capaces de alcanzar cotas alqu¨ªmicas que solo los m¨¢s sabios de esta estrella ser¨ªan capaces de entender. Me pregunto si el viejo Barkee ha tenido alguna vez la oportunidad de experimentar con ¨¦l. Podr¨ªa responderme tantas preguntas... Suspir¨¦. Entrar en un campo de estudio totalmente nuevo sin apoyo de un mentor era algo tan aterrador como emocionante. Se trataba de un metal m¨ªtico del que exist¨ªan tantos mitos como rumores certeros, y nadie en la comunidad parec¨ªa tener claro qu¨¦ era qu¨¦. ?Realmente lo hab¨ªan creado los cuatro Dragones? ?Ven¨ªa del coraz¨®n de la estrella? Era imposible tenerlo claro, pero poco a poco podr¨ªa ir solventando las peque?as inc¨®gnitas. Y la ca¨®tica situaci¨®n que estaba viviendo hac¨ªa que todas las facetas de mi trabajo sirvieran de fuente de inspiraci¨®n. ¨DPero sigo sin dar con la tecla en el proyecto de los Tennath ¨Dconfes¨¦ finalmente¨D. Falta algo y no tengo ni pajolera idea de qu¨¦ es. ¨D?Qu¨¦? ?Si tus resultados son incre¨ªbles! ¨DMe intent¨® animar agit¨¢ndome los hombros con fuerza¨D. ?Como poco, vas a revolucionar la agricultura! ¨DY la s¨ªntesis de materiales infusionados est¨¢ empezando a cuadrar, s¨ª ¨Dafirm¨¦¨D. Recu¨¦rdame traerte alguno de los tejidos experimentales, quiz¨¢ puedes sacar algo interesante de ellos. No, donde me he topado con un muro insalvable es con el ¨¦ter protector... Ya es complicado de por s¨ª sintetizarlo... Imag¨ªnate condensarlo en un n¨²cleo. Necesito m¨¢s tiempo, pero mi intuici¨®n me dice que... Agach¨¦ la cabeza. ¨D?No hemos venido a deprimirnos! ¨Dchill¨® Lilina¨D. De hecho, si estamos aqu¨ª es para que os cuente mi historia, no para una de las clases te¨®ricas del profesor Rory. Que no es que est¨¦n nada mal, pero... La muchacha chasque¨® los dedos. ¨D?Y ahora, la parte que todos hab¨ªais estado esperando! ¨DSe puso en pie y jale¨® el ambiente con los brazos¨D. ?La de los cotilleos! La mirada de la hermana mayor, embelesada con mi discurso hasta ese momento, se torn¨® p¨ªcara de repente. Con un gesto que algunos pod¨ªan calificar de teatrero, cruz¨® las piernas y aire¨® sus rizos azabaches, lista para lo m¨¢s jugoso del desayuno. Yo, por mi parte, di un sorbo al t¨¦ fingiendo, probablemente no con mucho ¨¦xito, que la cosa no iba conmigo. ¨D?Record¨¢is el incidente con Dan en la mansi¨®n? ¨DNi siquiera esper¨® nuestra respuesta para seguir hablando¨D. Ya sab¨¦is, cuando me ret¨® a un duelo pensando que era Mirei y... Vaya, no hace falta que diga c¨®mo acab¨® la cosa. Juguete¨® con las puntas de su pelo, como si estuviera algo avergonzada. ¨DParece que se arrepiente del malentendido y, para compensarme... ?Me ha prometido instruirme en combate! ¨Dbaj¨® el volumen a niveles casi imperceptibles¨D. Y bueno, tambi¨¦n est¨¢ lo de los piropos. Creo que le gusta mi nuevo peinado. Ser¨¢ raro... pero qu¨¦ mono es. ¨DMe lo voy a pasar fenomenal con esto. ¨DJenna me dedic¨® una mirada c¨®mplice que me llen¨® de nostalgia¨D. As¨ª que... derritiendo al rey de hielo. Bien hecho, jovencita. Bien hecho. ¨DEs mejor chaval de lo que parece ¨Ddije¨D. Est¨¢ claro que el que le cueste tratar con los dem¨¢s no tiene por qu¨¦ decir que no quiera hacerlo. En cuanto empiezas a entender las sutilezas de forma de actuar y eres capaz de ver las grietas en todos esos muros falsos que se pone encima, te das cuenta de que lo que hay debajo es... una buena persona que est¨¢ perdida. ¨D?A que s¨ª? ¨DLilina parec¨ªa bastante contenta por lo que dec¨ªa¨D. Quiero decir... No es impresi¨®n solo impresi¨®n m¨ªa, ?no? Si a pesar de sus problemas ha logrado que t¨² conf¨ªes en un noble... Tiene que ser por algo. ¨DNo digo que conf¨ªe del todo a¨²n, pero... No creo que tenga malas intenciones ¨Dadmit¨ª¨D. Lo que me sorprende, en realidad, es que Mirei haya cambiado de opini¨®n sobre ¨¦l de la noche a la ma?ana. Digamos que no es alguien capaz de atrapar los matices tan r¨¢pidamente. ¨DAh, cierto... Estabas demasiado dormido para enterarte de esa parte cuando hablamos de ella: por fin se batieron en duelo... ?Y fue glorioso! ¨DChoc¨® sus pu?os entre s¨ª¨D. Parece que era todo lo que necesitaban para entenderse de una vez por todas. ¨D?Venga ya! ¨Drefunfu?¨¦, al borde de la indignaci¨®n¨D. No me vengas t¨² tambi¨¦n con esa chorrada de conectar los corazones a trav¨¦s de los pu?os. ¨D?De qu¨¦ te extra?a a estas alturas? ¨Ddijo Jenna mientras jugueteaba con su tenedor¨D. Sabes perfectamente que es algo que har¨ªa Mirei... y, por il¨®gico que pueda sonar, es la forma que tiene su cabezota de procesar las cosas. ¨D?Di que s¨ª! De hecho, fueron m¨¢s o menos las palabras que usaron en esa jaula. Dir¨ªa ?exactamente?, pero admito que podr¨ªa estar algo distra¨ªda por la falta de camisetas en ese combate ¨DLilina se recost¨® hacia atr¨¢s con actitud chulesca¨D. ?Qu¨¦? No me mir¨¦is as¨ª. Los dos lo estar¨ªais. No tengo ni que mencionar qu¨¦ pinta tiene Mirei cuando se pone deportiva... Y lo que hay debajo de esa armadura mec¨¢nica no est¨¢ nada mal tampoco, os lo prometo. ¨DTodo un espect¨¢culo para una adolescente con las hormonas revueltas, entonces ¨Dbrome¨® la hermana mayor. Tras una mirada al resto de la mesa, a?adi¨®¨D. O... bueno, vale, para cualquier persona con dos ojos en la cara, para qu¨¦ enga?arnos. ¨DLo m¨¢s sorprendente de todo es que, a pesar de su experiencia, Mirei ten¨ªa las de perder. Os lo dir¨¦ yo, que he sufrido los golpes de los dos en mis carnes. ¨DSe acarici¨® las costillas y solt¨® un quejidito¨D. Ese chaval es una bestia, sigo sin saber c¨®mo Mirei aguant¨® con entereza semejante somanta de palos. Pero lo hizo. Y acab¨® ganando gracias a su ingenio. ¨DD¨¦jame adivinar... ¨DAlc¨¦ ligeramente la mano en el aire¨D. Con ?ingenio? quieres decir ?trampas?. ¨D?Eh! ¨Dsu aprendiza la defendi¨®¨D. ?Sigui¨® las reglas del combate al pie de la letra! No es culpa suya que las normas dieran lugar a tantas lagunas, ?no? ¨DT¨ªpico de Mirei. ¨DJenna movi¨® la cabeza a los lados¨D. No se dejar¨ªa ganar ni a prop¨®sito. ¨DA decir verdad, Dan no parec¨ªa muy distinto en ese aspecto. Vaya par de cabezotas ¨DLilina solt¨® una carcajada¨D. De todas formas, no la puedo culpar: hab¨ªa mucho en juego en ese coliseo. ¨D?Una respuesta a ese rompecabezas del origen de las estrellas? ¨Dquise saber¨D. Porque no dejo de darle vueltas y ya estoy empezando a tener mis teor¨ªas, pero necesito alg¨²n tipo de prueba para avanzar. Eso de que me dej¨¦is tanto tiempo solo en el taller me da hueco para pensar, echar la vista al cielo estrellado y... Segu¨ªa firme en mi hip¨®tesis: la clave de la inc¨®gnita ten¨ªa que ver con el lugar del que ca¨ªan los astros... y los n¨²meros que lo modulaban. Su relaci¨®n con el progreso an¨®malo de la tecnolog¨ªa. La densidad de sus apariciones. La motivaci¨®n del Diluvio Estelar. La raz¨®n por la que una ¨²nica familia era capaz de mantenerse al d¨ªa con el conocimiento mientras las mentes m¨¢s brillantes de la ciudad ten¨ªan que conformarse con las migajas. Ya hab¨ªa improvisado un sistema de vigilancia con el telescopio de Mirei, los consejos de Runi y unas implementaciones et¨¦ricas. Solo necesitaba encontrar el punto adecuado, tomar unas mediciones y hallar la respuesta. Si lo que estaba suponiendo era cierto, muchos de los misterios de esa era se esclarecer¨ªan dejando paso a unas verdades que contaban con el potencial de aterrarme. En contraparte, tendr¨ªa el gusto de ganar a Mirei en su propio terreno. Y eso no era algo que ocurriera todos los d¨ªas. ¨DMe hab¨¦is dado envidia con tanto trabajo de campo y de vez en cuando me gusta estirar las piernas. ¨DAcentu¨¦ la frase poni¨¦ndome en pie¨D. Y, para lo que tengo pensado, me vendr¨ªa bien tener a una sagaz observadora como Jenna de mi lado. La guardaespaldas es opcional, pero estoy convencido de que estar¨¢ deseando presumir de arma delante de sus hermanos mayores. ¨D?Me est¨¢s invitando... a ver las estrellas? De repente, comprend¨ª los recuerdos del pasado que eso avivar¨ªa y las posibles implicaciones que podr¨ªa tener esa invitaci¨®n, pero no me retraje un ¨¢pice. ¨D?Es una expedici¨®n cient¨ªfica! ¨DSab¨ªa que no necesitaba justificarlo as¨ª, pero confi¨¦ en que destensara el ambiente y las acuciantes miradas de la adolescente¨D. ?Qu¨¦ tal os viene ma?ana por la tarde? ?Yo me encargo de la comida! ¨D?Ma?ana? ¨DLilina dio una desconcertante palmada al aire¨D. Ni de co?a. No me has dejado contar el final de mi historia, pero cuando lo haga, entender¨¢s por qu¨¦ nuestra presencia en Coaltean es imperiosa. Cap铆tulo 20 - Mirei Rapsen Una de las desventajas de haberme centrado tanto en la utilidad pr¨¢ctica de mi armario era que me estaba costando horrores encontrar algo decente que ponerme para mi cita. El traje que hab¨ªa llevado a la subasta era demasiado sofisticado para la ocasi¨®n y el resto de prendas que encontraba o bien hab¨ªan dejado de ser de mi talla o no superaban mi juicio. ?Estaba bien visto presentarse con una armadura de cuero a recibir a una noble? Quiz¨¢ me hab¨ªa precipitado al pedir una cita tan pronto. Quiz¨¢, ten¨ªa que haberme tomado m¨¢s tiempo para planearlo todo. Haberlo hablado con Jenna para que me preparara algo a la altura de las circunstancias. Al fin y al cabo, necesitaba dar una buena tercera primera impresi¨®n. Recorr¨ª varias veces el arc¨®n antes de decidirme por uno de los pocos conjuntos que pudieran tener el estilo como bandera: unos anchos pantalones de color negro, una camisa roja y un chaleco con rayas verticales que cerraban el conjunto. Pens¨¦ tambi¨¦n en a?adir la corbata que deb¨ªa ir a juego, pero me di cuenta de que el dise?o original del traje no consideraba muy compatible el que hubiera desarrollado tanto los hombros con la posibilidad de cerrar completamente la camisa. ¨DIr un poco m¨¢s atrevida tampoco est¨¢ nada mal. ¨DDesaboton¨¦ una posici¨®n m¨¢s de la prenda y me ajust¨¦ con cuidado las solapas del cuello. Tambi¨¦n aprovech¨¦ para ponerme un viejo collar que reservaba para las ocasiones m¨¢s especiales: uno formado por cuatro peque?os engranajes con diminutas y coloridas gemas elementales. Nunca hab¨ªa sido muy amante de la bisuter¨ªa, pero estaba segura de que ver (y escuchar) c¨®mo la maquinaria se pon¨ªa en marcha en presencia del ¨¦ter ser¨ªa capaz de relajarme. ¨DUh, necesito algo m¨¢s... Un ¨²ltimo toque. Exclam¨¦ el nombre de Rory, que se person¨® raudo. Si no le conociera, dir¨ªa que estaba esperando al otro lado de la puerta para ver c¨®mo una situaci¨®n tan cotidiana era capaz de superarme. Y, conoci¨¦ndolo, tambi¨¦n. ¨D?Sigues de los nervios? ¨DNi siquiera se esper¨® a que le contestara¨D. S¨ª, efectivamente. No hay m¨¢s que verte la cara. Ay, est¨¢s adorable. ?Es que te has olvidado de c¨®mo...? ¨D?No es eso! ¨Dno pude ocultar mi nerviosismo demasiado bien¨D. Solo digo que... Tengo que impresionarla. ?No puedo permitir que lleve el control otra vez! No despu¨¦s de lo de... ¨DSeguro que te las apa?as con eso. ¨DEsboz¨® una escueta, aunque cansada, sonrisa y acarici¨® uno de los mechones m¨¢s destartalado de mi pelo¨D. Es dif¨ªcil que una gigante de piel oliv¨¢cea y ojos dorados no pueda dejar marca en alguien de la parte pija de la ciudad. Y menos a¨²n si te hago un par de retoques para resaltar a¨²n m¨¢s tus encantos. El alquimista sac¨® un par de pinceles del bolsillo interno de la bata de laboratorio. ¨DAs¨ª que ven¨ªas preparado, ?eh? ¨D?Yo? Siempre. ¨DSe dio varios golpecitos en la sien¨D. ?Prefieres los labios a juego con la camisa o con tu pelo? Las dos opciones te quedar¨ªan genial. *** La campana de la entrada son¨® atronadora. Por la forma de repiquetear que ten¨ªa, estaba claro que el tir¨®n hab¨ªa tomado mucha m¨¢s fuerza de la necesaria, como si fuera fruto de uno de esos momentos de determinaci¨®n final. Aunque tampoco descartaba que mi mente estuviera sobreanalizando de nuevo. ¨D?Abro yo! ¨Dexclam¨¦ desde la otra punta del garaje¨D. ?Abro yo, abro yo! Aunque las bisagras de la puerta necesitaban un poco de aceite y el chirrido podr¨ªa haber arruinado la situaci¨®n, el momento en el que se volvieron a cruzar nuestras miradas qued¨® en uno de esos silencios que parec¨ªan perfectamente medidos. De esos momentos en los que crees que el tiempo a tu alrededor se ha parado del todo y que el universo te est¨¢ premiando con un momento especial para ti. El vistazo r¨¢pido que me pude permitir volv¨ªa a recordarme con cu¨¢nto estilo contaba la princesa. Siempre elegante, con uno de esos trajes de pantal¨®n corto que tanto se hab¨ªan popularizado entre los nobles. Siempre con ese toque despampanante que buscaba robar m¨¢s de una de mis miradas furtivas (en ese caso, unas medias con grabados de flores que parec¨ªan no tener fin) y, para no variar, siempre con un elemento totalmente discordante en forma de una bata de laboratorio de dise?o. Al menos, esa vez hab¨ªa reemplazado los mullidos zapatos de andar por casa por unos c¨®modos a la par que engalanados botines. ¨DHo-hola, Amelia. ¨DMe decid¨ª a romper el silencio. Intent¨¦ sonar sedosa y seductora, pero fue f¨¢cil notar c¨®mo se me romp¨ªa la voz entre s¨ªlabas¨D. Gracias por... por estar aqu¨ª. ¨DHola, Mirei. ¨DEch¨® un vistazo r¨¢pido al lugar, probablemente como excusa para evitar un segundo m¨¢s de ese contacto visual que tan dif¨ªcil hac¨ªa pensar claro¨D. Buenas noches, Rory. Y... hola, Lilina. Es un placer verte aqu¨ª tambi¨¦n. ¨D?C¨®mo me has visto? ¨Dprotest¨® la aludida, descolg¨¢ndose del frontal de la tienda. Por sus atav¨ªos, parec¨ªa m¨¢s dispuesta a camuflarse entre las sombras ese d¨ªa¨D. ?Eh! ?Hola, Mirei! ?Qu¨¦ bien te veo! C¨®mo se nota que... ¨D?Bueno, bueno, pasad! ¨DTorn¨¦ la mirada en direcci¨®n contraria¨D. ?Vienes sola, Amelia? Quiero decir, Dan... ¨DMal escondido detr¨¢s de un ¨¢rbol... Aproximadamente a treinta metros ¨Ddelat¨® Lilina con una sonrisa p¨ªcara en la cara¨D. ?Puedo ir a buscarle? ?Puedo? ?Venga, dejadme! Sin esperar respuesta, sali¨® correteando de nuevo al exterior de la casa mientras gritaba con toda la fuerza que permit¨ªan sus pulmones. Rory, por su parte, solo ech¨® un vistazo fugaz al umbral, como quej¨¢ndose de que siguiera abierto y la corriente nocturna le molestara, y sigui¨® tomando notas en sus cuadernos de alquimia como si nada. ¨D?Vamos? ¨Dme apoy¨¦ en la pared. Ten¨ªa que parecer guay. ¨D?Puedo pedirte algo primero? Estaba claro que Amelia iba a tener la imperiosa necesidad de descarrilar mis planes. No obstante, acced¨ª. ¨DSiempre tuve curiosidad por ver tu parte del taller. Ya sabes, el lugar donde se hace la magia ¨Dsu tono, a pesar de su suavidad, estaba lleno de entusiasmo¨D. Todos esos ?trastos? que decides investigar y esos inventos que salen de tu preciosa mente... Me gustar¨ªa que... ¨D?E-est¨¢ hecha un desastre! ¨DTom¨¦ un par de pasos hacia atr¨¢s haciendo una equis con los brazos¨D. ?Seguro que hay cosas mejores que hacer! ?De verdad! ¨D?No me importa! Ese caos no deja de ser parte de ti, ?cierto? ¨DSe acerc¨® ligeramente hacia m¨ª. Pude ver c¨®mo el pulso le temblaba un poco¨D. Y si ¨ªbamos a conocernos de verdad... No estaba segura de si eso era o no algo bonito que decirle a alguien, pero era imposible negarse a esos ojos tan seductores. ¨DVale, pero es un lugar de trabajo. Y en el lugar de trabajo... se trabaja. As¨ª que como peaje tendr¨¢s que ayudarme a identificar ?trastos? de esos ¨Dacus¨¦ con la mirada¨D. Eso s¨ª, cuidado de no mancharte la ropa. Me parece demasiado bonita como para que se te llene de grasa. The tale has been illicitly lifted; should you spot it on Amazon, report the violation. Guie a la invitada a mi mitad del taller. Como era de esperar, hab¨ªa proyectos a medio terminar tirados por el suelo, herramientas que no hab¨ªa tenido tiempo a colocar de nuevo en el banco de trabajo y a Runi enroscado en un brazo mec¨¢nico, procesando toda la nueva informaci¨®n que Amelia hab¨ªa cargado en ¨¦l y renegando de cualquier contacto social, cosa que iba a agradecer esa velada. ¨DYa ves, no hay mucho por aqu¨ª ¨Ddije tras encender la luz¨D. Ah¨ª tienes la sierra propulsada por vapor, eso es el soldador et¨¦rico que estoy mejorando, esas chapas en un futuro ser¨¢n parte de una armadura de brazo... Y en esa mesa puedes ver c¨®mo estoy desmontando uno de esos artefactos capaces de reproducir im¨¢genes. Pero haga lo que haga, solo muestra ruido. Debe estar roto. ¨D?Un monitor de rayos cat¨®dicos? ¨DAlz¨® una de las piezas con un destornillador¨D. Claro, no le vale con la alimentaci¨®n, tiene que recibir una se?al digitalizada de... Imagino que a¨²n no has tenido ocasi¨®n de leerte los libros que cargu¨¦ en Runi. ?D¨¦jame, que te ense?o! A ver, es un puerto DGA 2.7. No deber¨ªa ser compatible con la mayor¨ªa de dispositivos m¨¢s modernos, pero ?qu¨¦ es moderno en este lugar? A ver, seguro que en este mont¨®n tienes... ?Hostias! ?Un Centium XI? ¨D?Ese cacharro? ¨DMir¨¦ a lo que se refer¨ªa, un cilindro met¨¢lico lleno de ranuras y piedras con extra?os surcos¨D. Lo encontr¨¦ hace varios a?os y... Nunca lo he entendido. Cuando alimentas sus circuitos con electricidad, hay unas aspas que empiezan a girar y puedes o¨ªr algunos pitidos. Tambi¨¦n se enciende alguna que otra luz, pero ya est¨¢. Eso es todo... Si tiene alguna utilidad, escapa de mis conocimientos. ¨D?Y tanto que la tiene! Es bastante retro, pero servir¨¢. ¨DSe par¨® a pensar de nuevo por unos instantes antes de seguir¨D. A ver, puede que no sin mi ayuda, pero as¨ª me das una oportunidad para impresionarte. Tienes raz¨®n, est¨¢ eones por delante de esa tecnolog¨ªa de vapor que tan bien manejas. ?Pero mola! Quiz¨¢ pueda usarlo para ense?arte... ¨DNo entiendo nada. ¨DAprovech¨¦ para acercarme un poco a la entusiasta de la tecnolog¨ªa y dej¨¦ caer levemente mi cabeza contra la suya, lo que la alter¨® visiblemente¨D. Pero si est¨¢s dispuesta a ense?arme, podr¨¢s hacerlo despu¨¦s de nuestra... ¨D?Espera! ¨Dexclam¨®, convirtiendo su guantelete en un par de cables¨D. Puedo hacer este puente como prueba. Si activo el modo de compatibilidad y le doy las especificaciones adecuadas a mi unidad Alrune y... ?podr¨ªas dar energ¨ªa a las dos cosas? Supongo que uno de esos acumuladores de ¨¦ter el¨¦ctrico deber¨ªa bastar para unas cuantas horas. Al ver la sonrisa de ilusi¨®n tan contagiosa de la chica me resign¨¦: en efecto, la primera parada de la cita consistir¨ªa en reparar y conocer tecnolog¨ªa. No iba a ser lo que tradicionalmente se consideraba como rom¨¢ntico. No me iba a permitir llevar la batuta a pesar de mis conocimientos. No era el lugar id¨®neo para hacer las preguntas que quer¨ªa hacer para comprenderla. Pero que me asparan si no nos defin¨ªa. ¨D?Te he dicho lo que me fascina tu dise?o de los acumuladores elementales? ¨DLos mir¨® de cerca¨D. As¨ª que esta es la pinta que tienen antes de... ya sabes, los procesos de Rory. ¨DEn realidad, es un modelo experimental ¨Dme jact¨¦¨D. Runi sugiri¨® a?adir un sif¨®n como entrada alternativa para digerir efectivamente los cristales a nivel et¨¦rico y alimentar directamente el n¨²cleo. ¨D?Y funciona? ¨DSi no explota lo que tienes en la mano, es que funciona. Nos miramos con complicidad. ¨DTe ahorrar¨¦ los detalles, pero esto es lo que llamamos una computadora. ¨DSe mordi¨® el labio inferior, pensativa¨D. De varias generaciones por detr¨¢s que la que pudiste ver en mi laboratorio, por cierto. Como resumen r¨¢pido, te dir¨¦ que se trata de una versi¨®n bastante, bastante, bastante m¨¢s primitiva de lo que puede ser un dispositivo Alrune. Es capaz de realizar complejas operaciones, ejecutar instrucciones de c¨®digo, almacenar informaci¨®n y simplificar muchas tareas. Y, adem¨¢s, puedes a?adir funcionalidad mediante la ranura de... Mir¨® una de las peque?as im¨¢genes en la pantalla y chill¨® cual histri¨®n. Sin pens¨¢rselo, se lanz¨® a por la computadora y puls¨® un bot¨®n que hizo que despidiera una suerte de galleta circular de la ranura lateral. Una de sus caras reflejaba los tonos del arco¨ªris, mientras que el otro contaba con dibujos de apuestos personajillos. ¨D??Qu¨¦!? ¨Dvolvi¨® a gritar¨D. ??Has estado aqu¨ª todo este tiempo!? ?Universidad del Lazo Rojo III: Ardientes Ascuas del Coraz¨®n! ¨DAhora s¨ª que no entiendo nada. ¨DMe llev¨¦ la mano a la nuca, desconcertada¨D. Pero parece que te hace feliz, as¨ª que perfecto. ¨D?Que si me hace feliz el disco perdido de UniLaRo? ¨Ddio varios saltos en el sitio¨D. ?Cre¨ªa que se hab¨ªa perdido para siempre! ?Que no era importante! ?Que se saltaron uno en los En...! ¨DPar¨® para recomponerse por unos instantes¨D. Quiero decir, que no lo iba a encontrar nunca. ?Tiene que ser el destino! ?Puedo qued¨¢rmelo? ?Puedo? ¨DNo es que pueda impedirlo, ?verdad? *** Tras una charla introductoria y demasiado extensa sobre qu¨¦ era un videojuego, qu¨¦ hac¨ªa tan especial a esa cosa llamada UniLaRo y por qu¨¦ era tan apasionante cortejar a seres virtuales (y por qu¨¦ era incapaz de compartir una afici¨®n as¨ª con un hermano que no ten¨ªa inter¨¦s alguno en las relaciones rom¨¢nticas por mucho que lo intentara), entend¨ª tres cosas de Amelia Tennath. La primera era que, tal y como sospechaba, la mayor¨ªa de nuestras interacciones durante la subasta imitaban los comportamientos de esas historias (no hab¨ªa que ver c¨®mo perd¨ªa la fachada cada vez que se sal¨ªa del guion) al pie de la letra. La segunda, que eso significaba que su experiencia rom¨¢ntica en el mundo real era a¨²n m¨¢s escueta que la que hab¨ªa tenido yo. Y la ¨²ltima y m¨¢s importante... que el llevar la voz cantante en esta cita no iba a ser tan dif¨ªcil como pensaba. ¨D?Vamos saliendo? ¨Dpropuse, extendiendo la mano con galanter¨ªa. Quiz¨¢ en otra circunstancia me habr¨ªa dado algo m¨¢s de reparo, pero despu¨¦s de todas las ilustraciones de chicos guapos haciendo lo mismo que hab¨ªa visto en la ¨²ltima hora, no haberlos imitado habr¨ªa sido una gran p¨¦rdida. Y el tono bermell¨®n de sus mejillas era prueba fehaciente de ello. ¨DDe acuerdo, deber¨ªamos ir a... Negu¨¦ con la cabeza y le llev¨¦ el dedo ¨ªndice a los labios, lo que torn¨® su mirada tan desorientada como embelesada y extendi¨® el color de sus mejillas al resto de su p¨¢lido rostro. Tras balbucear algo que no parec¨ªa tener sentido, trag¨® saliva con nervios y relaj¨® los hombros, esperando a ver qu¨¦ suger¨ªa. ¨DSi fuiste t¨² quien me pase¨® por la mansi¨®n sin que yo supiera qu¨¦ esperar, hoy soy yo quien tiene turno para sorprenderte. Adem¨¢s, te recuerdo mi petici¨®n: me gustar¨ªa empezar de cero. Conocernos desde el principio. ¨DApret¨¦ su mano con firmeza y tir¨¦ ligeramente de ella para acortar las distancias¨D. Estoy segura de que ten¨ªas algo preparado al mil¨ªmetro para seguir dando esa impresi¨®n tan pulcra, tan de alta cuna, tan... Perfecta. No me interpretes mal: s¨¦ que tienes secretos profundos. Algunos que no puedes contarme a¨²n. Ser¨ªa una necia si no lo pudiera ver. Exhal¨¦ un suspiro lleno de ilusiones y me tom¨¦ unos instantes para ver c¨®mo los nervios empezaban a jugar una mala pasada a la noble. ¨DSin embargo, tambi¨¦n s¨¦ que hay mucho que puedo aprender de ti mientras llegamos a ese punto. No quiero ese ideal niquelado que pretendes darme hoy. La oportunidad de descubrir este lado de ti ahora mismo me lo ha dejado a¨²n m¨¢s claro: lo que quiero ver son los baches en tu camino, tus errores, tus imperfecciones. ¨DMostr¨¦ una de las cicatrices m¨¢s largas de mi antebrazo¨D. Las peque?as cosas que dan la forma real a tu identidad. La Amelia que quiero conocer. En completo silencio, recorri¨® lo que en el pasado hab¨ªa sido una herida con sus dedos. Aunque las circunstancias fueran totalmente distintas a la primera vez que lo hizo, tambi¨¦n me estremec¨ª. No solo por su tacto suave, c¨¢lido y lleno de sentimiento. Fue tambi¨¦n porque me fij¨¦ en que, cuando pon¨ªas nuestras pieles lado a lado, una p¨¢lida y perfectamente suave cual estatua de m¨¢rmol y la otra curtida bajo el sol y la batalla, estaba claro cu¨¢n diferentes pod¨ªamos llegar a ser. O cu¨¢nto nos pod¨ªamos complementar. ¨D?Has estado alguna vez en la Arboleda Ilusoria? ¨Dpregunt¨¦ a la muchacha, que segu¨ªa absorta recorriendo mi brazo¨D. Rory ha tenido el detalle de preparar un picnic para nosotras y no se me ocurre mejor lugar donde disfrutarlo. ¨DDeber¨ªas haber dicho que hab¨ªas cocinado t¨². ¨DEl alquimista apareci¨® casi de entre las sombras para soltar su comentario jocoso¨D. Habr¨ªas ganado puntos con ella. ¨D?Es que has escuchado eso y no mi discurso sobre la sinceridad y el ?ser nosotras mismas?? ¨DEl taller tiene buena ac¨²stica, es m¨¢s que soy un poco selectivo con lo que finjo no o¨ªr ¨Dreplic¨® con tono cansado¨D. Sea como sea, pasadlo bien y tened mucho cuidado con las cotorras de plumaje azul. ¨DEst¨¢ pegada a la ventana, ?verdad? ¨DAbr¨ª de par en par y tom¨¦ aire para gritar con fuerza¨D. ?Lilina! ?Que estos trucos te los ense?¨¦ yo! ¨DY, Amelia... ¨Dsentenci¨® Rory, con una renovada seriedad en sus chispeantes ojos¨D. S¨¦ que no es el mejor momento para esta conversaci¨®n, pero quer¨ªa hacerte saber que, a estas alturas, ya intuyo la respuesta a tu pregunta. No obstante, como buenos cient¨ªficos, hemos de acumular la suficiente evidencia de estar en lo cierto antes de sentar c¨¢tedra, ?no crees? La muchacha solo reaccion¨® con una peque?a sonrisa desafiante. Sin decir nada m¨¢s, se aferr¨® con fuerza a mi mano y abandon¨® el taller con la mirada perdida en los irregulares cristales que iluminaban la calle con timidez. Cap铆tulo 21 - Mirei Rapsen La Arboleda Ilusoria era, probablemente, el lugar m¨¢s rec¨®ndito del bosque que rodeaba Coaltean. Ignoto a la mayor¨ªa y oculto tras unos intrincados t¨²neles a los que solo se pod¨ªa acceder cruzando la cascada que alimentaba al lago principal, se trataba de un lugar donde la vegetaci¨®n crec¨ªa sin acceso alguno a la luz del sol. Para sobrevivir, las plantas se enroscaban a los cristales et¨¦ricos y se alimentaban de su energ¨ªa y su luz, lo que hac¨ªa que crecieran en un equilibrio perfecto. Su inusual fuente de nutrientes hac¨ªa que los frutos crecieran brillantes, iluminando toda la estancia cuales farolillos que flotaban entre las copas de los ¨¢rboles. Ese efecto se extend¨ªa tambi¨¦n a la fauna: los insectos y peque?as criaturas que se alimentaban de lo que la Arboleda ten¨ªa que ofrecer hab¨ªan desarrollado, con el tiempo, su propia bioluminiscencia, permiti¨¦ndoles danzar como faros entre los refulgentes p¨¦talos de las flores que crec¨ªan en los irregulares parches del suelo. Segu¨ª andando en silencio (si bien, con alguna que otra risilla que no pod¨ªa ocultar ante las reacciones de la noble) hasta que alcanc¨¦ el centro de la arb¨®rea cueva, donde un enorme ¨¢rbol parec¨ªa sostener por s¨ª mismo el peso del techo que nos rodeaba, ascendiendo en espiral enlazado a una pulida veta de cristal et¨¦rico que recorr¨ªa los cuatro colores de los elementos b¨¢sicos. Desde arriba, dejaba caer vides llenas de bayas refulgentes de distintas formas y colores. Desplegu¨¦ un mantel de cuadros en una zona m¨¢s o menos llana, dej¨¦ caer mi espalda contra una de las ra¨ªces del enorme ¨¢rbol y, por fin, supe decir algo en voz alta: ¨DEs la primera vez que traigo a alguien aqu¨ª. ¨DPalme¨¦ el espacio junto a m¨ª para invitarla a sentarse¨D. Bueno, ya me entiendes. Lilina acab¨® sigui¨¦ndome y Rory no pod¨ªa perderse el hallazgo, pero... Ya me entiendes. Me refiero a alguien que... Sent¨ª que la lengua se me empezaba a hacer un nudo. Por suerte, la albina fue capaz de volver a ponerme en el camino correcto con sus palabras. ¨DEst¨¢s hablando de una cita, claro. ¨DSe sent¨® a mi lado. Parec¨ªa que la atm¨®sfera le invitaba a no dejar mucha distancia y lo celebr¨¦ para mis adentros¨D. No te preocupes: yo tampoco recuerdo cu¨¢ndo tuve la ¨²ltima. Digamos que no es que haya tenido mucho tiempo para pensar en esas cosas. ¨D?C¨®mo se hac¨ªa esto? ¨Dbrome¨¦. Extend¨ª mi brazo por encima de la noble para coger uno de los frutos del ¨¢rbol y me dedic¨® una mirada dulce¨D. Las circunstancias han sido tan extra?as que... Bueno, ya sabes. Que hemos necesitado dar un paso atr¨¢s... y ahora no s¨¦ d¨®nde estoy. ¨D?Ya s¨¦! ?Desde el principio! ¨DDio una en¨¦rgica palmada de la que, a juzgar por su expresi¨®n, se termin¨® avergonzando. Por suerte, no tard¨® en recuperar la energ¨ªa que la caracterizaba¨D. ?Mi nombre es Amelia Primordia Xao Eruma Tennath von Luxaar G¨ºtia-Almandal, primera hija de los Tennath, heredera Landgrave de las tierras centrales y norte?as de la pen¨ªnsula de Coaltean! ¨DAs¨ª que ese era tu t¨ªtulo. ¨DMe recost¨¦, ignorando deliberadamente el excesivamente extenso nombre¨D. Lo siento, ricura. Seguiremos llam¨¢ndote princesita. Te pega m¨¢s. La muchacha se acarici¨® la oreja izquierda, jugueteando con el pendiente en forma de pluma que llevaba, pero no objet¨® a mi comentario. ¨DYo me llamo Mirei, pero eso ya lo sabes ¨Dpart¨ª la fruta por la mitad y le di el trozo m¨¢s grande a la joven¨D. Te dir¨ªa mis apellidos si tuviera alguno, pero nunca conoc¨ª a nadie que pudiera proporcion¨¢rmelo. As¨ª que uso el nombre del orfanato en el que me crie en su lugar. Sin saber qu¨¦ responder a lo que hab¨ªa dicho se qued¨® en silencio hasta que decidi¨® dar un mordisco al tentempi¨¦. Con la cara iluminada y una excusa para retomar la conversaci¨®n, exclam¨®: ¨D?Oh, esto est¨¢ delicioso! ?Qu¨¦ es? ¨DNo le hemos puesto a¨²n nombre. Quiz¨¢ lo hagamos cuando Rory consiga hacerlas crecer en ese invernadero que hab¨¦is inventado. ¨DAcab¨¦ con mi parte de un mordisco¨D. Y, hablando de ¨¦l: por muy tentador que sea probarlas todas, no deber¨ªamos atiborrarnos. Se tomar¨ªa bastante mal que lleguemos con sus platos intactos. Siempre ha sido as¨ª, desde que empez¨® a colaborar en la cocina de Rapsen de peque?o. Calculador hasta el ¨²ltimo detalle. Probablemente incluso haya estimado el tiempo que tardar¨ªamos en llegar para que no haya nada ni demasiado fr¨ªo ni demasiado caliente en la tartera. ¨DEs todo un cerebrito, s¨ª. ¨DAbri¨® la peque?a cesta para sacar uno de sus entrantes¨D. Y t¨² tambi¨¦n. Hac¨¦is muy buen equipo. Lo que hac¨¦is en vuestro taller es simple y llanamente, magia. ¨DDijo la heredera de la familia que revoluciona la tecnolog¨ªa cada d¨ªa y que ha identificado sin despeinarse trastos que llevaban a?os recolectando polvo en un banco de trabajo, vaya que s¨ª. ¨DEs... distinto. ¨DSe recost¨® cuidadosamente contra mi hombro. El ambiente era c¨¢lido y placentero, lo que nos daba cierta confianza, pero sent¨ª c¨®mo mi coraz¨®n se me empezaba a escapar del pecho¨D. Por mucho que me esfuerce en entender c¨®mo funciona el ¨¦ter a pesar de todos mis medios, siento que voy muy por detr¨¢s de lo que vosotros logr¨¢is d¨ªa a d¨ªa. Vuestros experimentos, vuestro trabajo de campo, vuestra inventiva... Es f¨¢cil depender de la tecnolog¨ªa con las peque?as modificaciones que se logran en este lugar, como sugiere Padre... Pero vamos a necesitar m¨¢s que eso si... Se tap¨® la boca de repente, como si hubiese hablado m¨¢s de la cuenta. ¨D?Si qu¨¦? ¨DEs una larga historia que a¨²n no estoy preparada para contarte. ¨DEstir¨® los brazos y dej¨® uno sobre mis hombros. Suficiente contacto f¨ªsico como para distraerme de mi pregunta¨D. Y no quieres que te aburra con esas cosas de nobles, ?verdad? As¨ª que, venga, ?dime algo de ti que a¨²n no sepa! ¨DSoy capaz de vencer a Ridamaru, el jefe de los kabaajin, al menos siete de cada diez veces en combate. ¨DFlexion¨¦ el brazo para presumir¨D. Y una vez gan¨¦ a McGuerda en un pulso, pero no puedo garantizar no haber tomado alg¨²n suplemento alqu¨ªmico antes. ¨D?La jefa de los teinekell? ¨Dexcus¨¢ndose en la sorpresa, se asi¨® de m¨ª con a¨²n m¨¢s fuerza¨D. ?Cre¨ªa que solo Dan hab¨ªa logrado ese hito! ¨DDan es una verdadera bestia, lo he sufrido en mis propias carnes. ¨DMe toqu¨¦ la frente un par de veces¨D. Pero no es lo suficientemente pragm¨¢tico. Demasiado honor, para ¨¦l, supongo. ¨DNo sabes cu¨¢nto me gustar¨ªa que se relajara un poco con todo eso. ¨DPar¨® para echarle un vistazo a una mariposa que emit¨ªa luz h¨ªdrica¨D. Intente lo que intente, no dejo de darme de bruces con su guardia: es imposible. ¨DSiempre he tenido curiosidad por eso ¨Dconfes¨¦¨D. No deja de hablar de lo mucho que os debe... ?A qu¨¦ se refiere? Quiero decir, ya s¨¦ que le acogisteis cuando era un ni?o, pero... Tiene que haber algo m¨¢s en el relato, ?verdad? ¨DNo te sorprender¨¢ si te digo que qued¨® hu¨¦rfano mucho antes de que lo conoci¨¦ramos... Y, aun as¨ª, se negaba a recibir la ayuda de la ciudad. ¨DEso fue... hace diez a?os, ?no? ¨DCont¨¦ con los dedos r¨¢pidamente¨D. Por aquel entonces, Risenia no era m¨¢s que una idea en nuestras cabezas, pero ya hac¨ªamos nuestros pinitos desde el orfanato mientras cumpl¨ªamos nuestro rol de hermanos mayores. Eran buenos tiempos. Sub¨ªa a la peque?a Lilina al tejado casi todos los d¨ªas y nos pas¨¢bamos las horas muertas mirando las estrellas. Pero... Era raro que no oy¨¦ramos que un ni?o hab¨ªa quedado hu¨¦rfano. ¨DEn realidad, sus padres murieron hace trece. ¨DSe mordi¨® el labio inferior, haciendo memoria¨D. Lo que significa que pas¨® tres a?os viviendo de la naturaleza... y escondi¨¦ndose de otros seres humanos. ¨DY vosotros, una familia de nobles con cara de no haber tomado el sol en toda su vida... Lo encontrasteis. ¨DAlc¨¦ una ceja. ¨DAlgo as¨ª ¨Dsolt¨® una risilla nerviosa¨D. ¨¦ramos nuevos en la zona y su habla estaba algo oxidada, pero era curioso ver c¨®mo nos ense?aba sus extra?as costumbres. ¨D?Y c¨®mo lograsteis que confiara en vosotros? ¨DEncanto, supongo. ¨DMe dio igual que pareciese una mentira obvia, porque con solo echarle un vistazo a la luz de la Arboleda pod¨ªa creerme que esa sonrisa pod¨ªa mover corazones sin propon¨¦rselo¨D. Un d¨ªa, Madre le salv¨® de lo que podr¨ªa haber sido una muerte segura y a Padre se le encendi¨® la bombilla: pod¨ªa pagar su deuda siendo por fin parte de la familia. Sobre el papel era una buena idea, pero huelga decir que no sali¨® demasiado bien. This story has been taken without authorization. Report any sightings. ¨DMi se?ora. ¨DExacto ¨Dsolt¨® una carcajada y dej¨® su cabeza sobre mi hombro¨D. Cuando nos aseguramos de que el peque?o Dan estar¨ªa a salvo, abandonamos ese hogar provisional en medio de la naturaleza para instalarnos en una de las calles centrales de Coaltean, siendo por fin los ?nobles? ¨Denfatiz¨® esa palabra con un gesto¨D que iban a ?conquistar? la ciudad. ¨DCurioso. ¨DMe llev¨¦ la mano al ment¨®n¨D. ?Y por qu¨¦ no antes? Si el cr¨ªo confiaba en vosotros y pod¨ªais aseguraros de que segu¨ªa bien, ?qu¨¦ os imped¨ªa instalaros en la ciudad? Se aferr¨® a mi mano en silencio, buscando algo de tiempo, o quiz¨¢ de determinaci¨®n, para responder. ¨DMe encantar¨ªa decirte por qu¨¦. Todo ser¨ªa mucho m¨¢s f¨¢cil. ¨DSu tristeza sonaba sincera¨D. De verdad que me gustar¨ªa. Pero todav¨ªa es pronto para hacerlo. Espero que lo entiendas. ¨D?Tiene que ver con esa pregunta? Asinti¨® con la cabeza en silencio. ¨DEres lista. ¨DAlz¨® la cabeza para mirarme directamente a los ojos¨D. Tarde o temprano, se te ocurrir¨¢ algo. Aunque igual Rory se te adelanta a este ritmo. No le dejar¨ªa mucho tiempo de ventaja. ¨DNo importa. Me he propuesto disfrutar del momento por una vez. ¨DMe tom¨¦ unos instantes para acariciar su pelo y perderme en su aroma¨D. Estamos probando eso de delegar responsabilidades ¨²ltimamente y no nos est¨¢ yendo tan mal. Ahora lo que tengo es mucho tiempo que recuperar contigo y muchas preguntas que hacer, aunque no pueda conseguir todas esas respuestas a¨²n. ¨D?Tiempo que recuperar? ¨DSe irgui¨® soltando aire por la nariz. Quiz¨¢ pod¨ªa parecer torpe, pero para m¨ª era adorable¨D. Y tanto que lo hay. As¨ª que cu¨¦ntame. Cu¨¦ntame sobre ti. Quiero saberlo todo. ¨DYa que te gustan tanto los juegos, podemos probar con uno: una pregunta por una respuesta. Yo har¨¦ una cuesti¨®n sobre m¨ª misma; si la aciertas, podr¨¢s preguntar lo que quieras de m¨ª, libre de condiciones. Si fallas, ser¨¢ mi turno de preguntar. ¨DGui?¨¦ el ojo¨D. Prometo no abordar esos secretos. Solo... t¨² y yo durante un rato. Pasamos el resto de la noche riendo, compartiendo an¨¦cdotas y aprendiendo la una de la otra en nuestra peque?a burbuja de tiempo. Cada pregunta que acertaba me hac¨ªa sentirme algo m¨¢s cerca de la chica. Cada respuesta que obten¨ªa defin¨ªa esa imagen tan confusa e idealizada que ten¨ªa de la noble y la convert¨ªa en algo tangible, algo que no pod¨ªa sino abrazar con todo mi ser. Cada bocado de la comida de Rory me llenaba la panza y cada sonrisa de Amelia me llenaba el coraz¨®n. Y la Arboleda Ilusoria hac¨ªa su magia, disip¨¢ndose en el reflejo de nuestros ojos. *** ¨D?Galleta de melocot¨®n! ¨D?Ja! ?Fallaste! ¨Drespond¨ª con un leve y cari?oso codazo¨D. La respuesta correcta era: ?bizcocho de vainilla! ?Te toca preguntar! ¨DEntre los pretendientes de UniLaRo IV, ?qui¨¦n me gusta m¨¢s: Tomonami o Neumeria? ¨D?Pregunta trampa! ¨DReduje un poco la distancia que nos separaba. Entre juego y juego, se hab¨ªa empezado a hacer peligrosamente corta¨D. ?No puedes decidirte entre los dos! ¨DMaldita sea. ¨DSe dej¨® caer hacia atr¨¢s¨D. Eres buena, Mirei Rapsen. Eres buena. De acuerdo, te toca preguntar. Para poder fijarme en su reacci¨®n a mi pregunta, me arrodill¨¦ sobre ella y me postr¨¦ hacia donde yac¨ªa. Torpe de m¨ª (y pod¨ªa asegurar que fue por un fallo de c¨¢lculo y no producto de una iniciativa con la que no contaba), perd¨ª el equilibrio y solo pude parar la ca¨ªda a menos de un palmo de su cara. Instintivamente, apart¨¦ la mirada. De reojo, vi que ella hab¨ªa bajado los p¨¢rpados con calma, aunque pod¨ªa sentir su respiraci¨®n acelerada en mi mejilla. Mi pelo, desacostumbrado a no estar recogido en una trenza, cay¨® tambi¨¦n hacia delante, ocultando parte de mi cara. Menuda estampa para dos chicas que sumaban m¨¢s de medio siglo. Y, con el traqueteo del colgante de engranajes reaccionando al ¨¦ter que sobrecargaba el ambiente, una pregunta martilleaba en mi cabeza. ?Era, quiz¨¢, el momento de dar el paso? Por suerte, era mi turno para preguntar. ¨D?Te atrever¨ªas a darme...? De todas las veces que hab¨ªa o¨ªdo en mi vida a Dan clamar las palabras ?mi se?ora?, esa hab¨ªa sido con diferencia la inoportuna. Y, ni siquiera el descompuesto semblante del noble (ni la mueca de ?tierra, tr¨¢game? que Lilina intentaba ocultar a toda costa) era capaz de disminuir mi enfado por una interrupci¨®n tan innecesariamente t¨®pica. ¨DEspero que tengas una muy buena excusa para esto, Dan. ¨DSe sacudi¨® algo de polvo luminiscente del traje y se volvi¨® a colocar la bata de laboratorio. ¨DQue conste que intent¨¦ evitar a toda costa que entrara aqu¨ª ¨Dasegur¨® Lilina. Por su forma de rehuir la mirada, sab¨ªa decir que su comentario era honesto¨D. Te prometo que solo est¨¢bamos entrenando fuera mientras tanto... De verdad. Pero cuando se le mete algo en la cabeza no hay quien le pare. Le dije que pod¨ªa esperar. ¨DBueno ¨Dbuf¨® con desidia la muchacha¨D. Sigo esperando esa excusa. ¨DMi se?ora... ¨DDan segu¨ªa lo suficientemente avergonzado como para poder construir su elocuente discurso. ¨DSeguidnos, ser¨¢ m¨¢s f¨¢cil. La joven aprendiza ech¨® a correr. Las luces de los ¨¢rboles empezaban a perderse y se vieron reemplazadas por los cristales de los t¨²neles. Seguimos corriendo. Lilina decidi¨® cruzar la cascada de un salto, y Dan hizo lo mismo. Amelia y yo, unidas casi inconscientemente de la mano, decidimos que no era buena idea pasar por debajo del agua, as¨ª que tardamos algo m¨¢s en rodearla, a pesar de la insistencia. ¨DLes ruego busquen un asidero para aferrarse. Dan activ¨® los propulsores de su armadura y extendi¨® los brazos para que nos enganch¨¢semos a ellos. Sorprendentemente, ni se inmut¨® por el peso a?adido, pero s¨ª que reaccion¨® con un extra?o gru?ido cuando Lilina se subi¨® a sus hombros y se asi¨® con fuerza. Por potente que fuera el repulsor del traje del caballero, ascendi¨® con una calma que empezaba a ponerme nerviosa. Y nadie capaz de romper ese silencio que la cuesti¨®n hab¨ªa dejado en el aire. Unas, deseosas por obtener una respuesta. Otros, por darla. Pero cuando superado las copas de los ¨¢rboles, la causa del alboroto hab¨ªa quedado totalmente clara: el horizonte refulg¨ªa bajo las estelas de docenas de estrellas fugaces. ¨D?Otro Diluvio? ¨DAfin¨¦ la mirada, intentando interpretar la extra?a estampa¨D. Quiz¨¢ me piense eso de perdonaros. ¨DSeg¨²n mis c¨¢lculos, debe estar teniendo lugar justo encima de Kadrous ¨Dsentenci¨® la noble, que hab¨ªa estado jugando con su mu?equera todo el ascenso¨D. Ya conoces el protocolo, Dan. No es prudente emprender el viaje ahora mismo, pero ma?ana a primera hora emprenderemos rumbo hacia el continente de fuego. Si salimos pronto, deber¨ªamos llegar antes de mediod¨ªa. ¨DDe acuerdo, me apunto ¨Dinjer¨ª sin pensar¨D. ?Pero c¨®mo pens¨¢is cruzar el oc¨¦ano en tan poco tiempo? ¨DTe sorprender¨¢. La armadura empez¨® a descender con torpeza. Probablemente hubiera agotado todo su combustible o quiz¨¢ se hubiera sobrecalentado al hacer ascender a tantas personas a su vez. Me hubiera gustado echarle un vistazo al mecanismo, pero la secuencia de eventos me hab¨ªa dejado demasiado descolocada como para siquiera pensar en su funcionamiento. ¨DEscoltemos a las hermanas Rapsen al taller ¨DDan volvi¨® a hablar por fin¨D. Lamento, de nuevo, haberme inmiscuido en vuestra cita, mi se?ora. ¨D?De acuerdo! ¨Dexclam¨® Lilina, que a¨²n no se hab¨ªa bajado de su espalda¨D. ?Pero a m¨ª me llevas a caballito! El noble no se neg¨®, pero no hab¨ªa m¨¢s que ver las venas que se remarcaban en sus sienes para darse cuenta de que no estaba especialmente c¨®modo por la situaci¨®n. *** Sin tener muy claro c¨®mo sentirme, desbloque¨¦ la puerta de nuestra casa y di un par de pasos en la penumbra. No quer¨ªa encender las luces para no despertar a nadie. ¨DAs¨ª que... ?Te apuntas? ¨Ddibuj¨® Amelia las comillas en el aire¨D a venir ma?ana con nosotros. ¨DEspero que no tengas problema con eso. ¨DMe recorr¨ª el pelo con los dedos mirando hacia otro lado¨D. Creo que tambi¨¦n deber¨ªas contar con Lilina. Parece que se est¨¢ empezando a llevar bien con Dan... y le vendr¨¢ bien ver algo de mundo. ¨DEst¨¢ cambiando todo demasiado r¨¢pido. ¨DSe tap¨® la cara con una mano para re¨ªr¨D. Aunque me da un poco de pena que se est¨¦ prendando tanto de ¨¦l. ?No se ha dado cuenta a¨²n de que...? Como dej¨® la frase en el aire, me acerqu¨¦ para marcarla con una mirada llena de esa complicidad que solo el tiempo y la confianza construyen en una relaci¨®n. O simplemente fuera que la implicaci¨®n en su palabras era tan clara que no necesitaba m¨¢s explicaci¨®n. ¨D?Oh, definitivamente no deber¨ªa hablar de eso! ¨Dy, con un susurro a escasos cent¨ªmetros de m¨ª, a?adi¨®¨D. Esos dos tienen muy buen o¨ªdo. ¨DY la ac¨²stica del taller es muy buena. ¨DMe estir¨¦ un poco hacia atr¨¢s, buscando el punto perfecto para la acusaci¨®n¨D. ?Verdad? ¨DS¨ª, s¨ª que lo es ¨Dcercior¨® Rory, cuyos ojos brillaron con un chispazo desde la esquina. Se supon¨ªa que ten¨ªa que asustarme, pero a decir verdad, que llevase un gorro para dormir, un vaso de leche en su mano izquierda y una galleta en la derecha eliminaba toda la posible tensi¨®n que pudiera tener el momento. ¨DPod¨¦is contarme ma?ana c¨®mo ha ido ¨Dbostez¨® el adormilado alquimista¨D. Tengo demasiado sue?o como para prestaros atenci¨®n y me toca madrugar. Buenas noches. Consider¨¦ prudente no mencionar el nuevo Diluvio y esper¨¦ a que el alquimista cerrara la puerta de su dormitorio antes de volver a dirigirme a nuestra invitada. Nunca era una lo suficientemente previsora con el sonido. Aun as¨ª, mi mente se hab¨ªa quedado totalmente en blanco. Rory hab¨ªa matado cualquier clase de inercia que nuestra conversaci¨®n pudiera haber tenido. ¨DBueno, creo que deber¨ªamos irnos ¨Ddijo Amelia finalmente¨D. Ma?ana ser¨¢ un d¨ªa largo, as¨ª que descansa todo lo que puedas. ¨DSupongo ¨Drepliqu¨¦ en un liger¨ªsimo suspiro¨D. Me lo he pasado bien hoy. Espero que podamos repetir cuando todo esto del cielo en llamas se haya aclarado. ¨DYo tambi¨¦n, Mirei. ¨DLa joven dej¨® sus manos en mis hombros y repos¨® su respuesta durante unos instantes en sus decorados labios¨D. Eso s¨ª, no puedo marcharme antes de responder esa ¨²ltima pregunta. Las reglas son las reglas. En uno de estos momentos en los que el mismo tiempo se dilata solo para que puedas apreciar mejor, Amelia recorri¨® el cuello de mi camisa con sus manos. Al principio, tamborileaba con sus dedos suavemente como intentando buscar el coraje suficiente como para seguir adelante con su respuesta. Despu¨¦s, se puso de puntillas junto a m¨ª, recortando un poco la distancia que nos separaba. Solo cuando est¨¢bamos frente a frente, a escasos cent¨ªmetros la una de la otra, palade¨® una palabra que, aunque inaudible, era f¨¢cil de entender. S¨ª. Una vez se asegur¨® de que hab¨ªa le¨ªdo sus intenciones con claridad, tir¨® con fuerza del cuello de mi camisa, dejando que sus labios se juntaran con los m¨ªos. Mi cuerpo no supo c¨®mo reaccionar a algo que deseaba tan fervientemente. Las piernas me temblaban, mis ojos se abrieron como platos y sentir su perfume tan de cerca no ayudaba a poner pensamientos en orden. Ese beso tan torpe me dej¨® congelada en el sitio, aunque no podr¨ªa importarme menos. Ya tendr¨ªa tiempo para recomponerme y tomar a la noble entre mis brazos cuando fueran capaces de reaccionar. Cap铆tulo 22 - Lilina Rapsen La emoci¨®n del viaje luchaba a muerte en mi interior contra el hecho de que aquella noche no hab¨ªa podido disfrutar de m¨¢s de cuatro horas de sue?o. Iba a ser mi primera vez cruzando el mar y la idea de perderme la experiencia por simple y llano cansancio me cabreaba. Por suerte, el buen caf¨¦ del siempre madrugador Rory era capaz de inclinar la balanza a favor de la vigilia, aun con mucho esfuerzo. ¨DEntonces, para que me quede claro ¨DRory rellen¨® la taza de Mirei como reacci¨®n a su extendido bostezo sin que dijera nada¨D. Ha habido... Otro Diluvio. Sobre Kadrous. Mientras dorm¨ªa pl¨¢cidamente. Asent¨ª con un cansado vaiv¨¦n de cabeza. El alquimista cogi¨® una peque?a libreta de su escritorio y tom¨® un par de notas. ¨DY como no pod¨ªa ser de otra forma, vais a ir ahora mismo a verlo en primera persona. ¨DEso es. ¨DMe dej¨¦ caer sobre la mesa a peso muerto¨D. Ahora mismo. No un par de horas m¨¢s tarde en las que pod¨ªa dormir. Ahora mismo, que el sol ni ha salido del todo. Esa clase de ahora mismo. ¨D?Pero qu¨¦ demonios os pasa? ¨DNo estaba mir¨¢ndole a la cara, pero pude sentir c¨®mo sus ojos centelleaban¨D. ?A Kadrous? Os recuerdo que solo el trayecto toma tres d¨ªas en barco. Y pretender¨¦is que me haga yo cargo de absolutamente todo otra vez. Ya sab¨ªa yo que ese discurso sobre lo bonito que es delegar tareas no iba a ninguna parte. ?Se os ha podido ocurrir, por una vez, que yo tambi¨¦n tengo mis propios planes? ¨DTranquil¨ªzate, Rory ¨Dbuf¨® Mirei con tanta fuerza que me lleg¨® el aroma a caf¨¦ a la cara¨D. Vamos a ir con los Tennath y dicen que llegaremos a mediod¨ªa si todo va seg¨²n lo previsto. Con un poco de suerte estemos de vuelta ma?ana a la hora del almuerzo. No te preocupes, nos haremos cargo de lo que necesites a la vuelta. Anda, ve a tener tu cita esta noche, el taller seguir¨¢ en pie por la ma?ana. ¨DT¨² lo has dicho, ?con un poco de suerte! ¨Dprotest¨® con exasperaci¨®n¨D. El cielo arde, el mundo se est¨¢ poniendo patas arriba. Estar¨ªa bien poder contar con que a vosotras no os d¨¦ por hacer locuras, pero eso es mucho pedir... Y, adem¨¢s, ?no es una cita! ¨DQue s¨ª, que es una ?expedici¨®n cient¨ªfica? ¨Dse burl¨® la maquinista¨D. Te dir¨ªa que dejaras de enga?arte con tanto eufemismo, pero por la cuenta que me trae, me limitar¨¦ a... agradecer tu investigaci¨®n sobre las estrellas, supongo. ¨DAs¨ª me gusta. Buena chica. ¨DLe acarici¨® el pelo. Me pareci¨® o¨ªr un gru?ido en respuesta¨D. Solo quiero que teng¨¢is cuidado y que no comet¨¢is ning¨²n tipo de locura, ?vale? ¨DSe har¨¢ lo que se pueda. ¨DIntent¨¦ hacer que la cafe¨ªna tomase efecto inmediatamente, pero el resultado fue un cabeceo que acab¨® mare¨¢ndome¨D. Si nosotras tambi¨¦n tenemos mucho que investigar... ¨DYa me encargar¨¦ yo de que se cuide, s¨ª. ¨DMirei dej¨® uno de sus brazos sobre mi espalda¨D. Y algo me dice que nuestro amigo Dan tambi¨¦n se va a desvivir por la seguridad de la se?orita. Se me atragant¨® la r¨¦plica. Intent¨¦ darme un par de segundos extra para pensar en qu¨¦ contestar, pero el atronador sonido de la campana de la entrada descarril¨® mi tren de pensamiento. Sin pensarlo, sal¨ª corriendo de un torpe salto a la entrada y abr¨ª la puerta de par en par. ¨D?Buenos d¨ªas! ¨DAmelia parec¨ªa m¨¢s alegre de que de costumbre. Y, en ese momento, me di cuenta de que nunca llegu¨¦ a preguntar a Mirei sobre la conclusi¨®n de su cita. Observ¨¦ un poco m¨¢s a la pareja para sacar mis propias conclusiones a trav¨¦s de su lenguaje corporal, pero mi cerebro a¨²n no carburaba lo suficiente. ¨DHola. ¨DDan fue bastante m¨¢s escueto. Aunque ocultaba sus ojos bajo unas lentes tintadas, era f¨¢cil ver que nos estaba rehuyendo la mirada. ¨D?Ves? ¨DSu hermana le dio una palmada en la espalda¨D. Un simple ?Hola?, y no un ?Dichosas tardes tengan vuesas mercedes?. ?A que no ha sido tan dif¨ªcil saludar a nuestros amigos de Risenia? El noble se gir¨® y, algo molesto por las chanzas de su hermana, dio unos cuantos pasos hacia el extra?o veh¨ªculo que hab¨ªan aparcado en la explanada. Aprovech¨¦ para echarle un vistazo e intentar identificarlo. Si bien era similar a uno de esos carros de vapor personales que empezaban a verse por el centro de Coaltean, su forma era bastante m¨¢s alargada. En lugar de contar con cuatro asientos dispuestos en filas de dos, los cinco sillones (uno se quedar¨ªa libre en ese viaje) estaban en l¨ªnea. Tambi¨¦n eran especialmente llamativas unas alas que recordaban a la de los murci¨¦lagos: dos que se plegaban en torno al lugar en el que se sentaban los pasajeros y otras dos, m¨¢s peque?as, en la parte trasera. La m¨¢quina hac¨ªa gala de un mont¨®n de peque?as h¨¦lices, pero por su forma y posici¨®n, deb¨ªan ser poco m¨¢s que decorativas. ¨DAs¨ª que esta es la avioneta de la que me hablaste. ¨DLos ojos de Mirei se abrieron como platos¨D. ?Rory! ?Rory! ?Ven, anda! ?Esto te va a gustar! La entusiasta de la tecnolog¨ªa dio un par de vueltas en torno al veh¨ªculo con la intenci¨®n de examinar hasta el ¨²ltimo de sus engranajes. ¨D?Mira, Rory! ¨DSe?al¨® un par de tuber¨ªas que se enroscaban en torno a una pieza familiar¨D. ?Esto lo hemos inventado nosotros! ?A que mola? ¨DAs¨ª que est¨¢is usando el dispersor et¨¦rico para... ¨Dpens¨® por unos instantes¨D. Si est¨¢ en esa posici¨®n y, con ese color y ese olor tan pungente a... Solo puede ser... ¨D?Distribuci¨®n de la combusti¨®n! ¨DEl hasta en ese momento silencioso Runi se encendi¨®. Rory dio un manotazo al holograma, pero no pareci¨® inmutarse¨D. ?Aj¨¢! ?Hab¨¦is sustituido el circuito de vapor de vuestros planos originales de la mecavioneta por unas placas de repulsi¨®n de peque?as explosiones de ¨¦ter! Y... ?Un segundo, que escaneo! Claro, hab¨¦is cambiado el recubrimiento para que aguante las nuevas velocidades y proporcionado un sistema de redundancia por si el motor contase con alg¨²n tipo de error mec¨¢nico. ?Ya veo! ?Repulsores de ¨¦ter e¨®lico! Y si no me equivoco, tambi¨¦n un segundo juego para un posible desplazamiento h¨ªdrico en caso de colisi¨®n. ?Nada mal, nada mal! ¨DBueno, quer¨ªa explicarlo yo, pero... ¨DAmelia se encogi¨® de hombros¨D. Esencialmente es eso, s¨ª. Pens¨¦ que te animar¨ªa ver qu¨¦ puedo hacer con vuestro trabajo, Rory. Y si consigo convencer a Padre, ?quiz¨¢ en unos meses la gente pueda cruzar el oc¨¦ano en un barco et¨¦rico! ¨DSin duda. ¨DEl aludido dibuj¨® una sonrisa genuina en sus labios, muy pagado de s¨ª mismo¨D. Ya sabes que no soy precisamente un especialista en maquinaria, pero... Guau. No ment¨ªas cuando dec¨ªas que quer¨ªas hacer magia. ¨D?Por qu¨¦ respetar las leyes cl¨¢sicas de la aviaci¨®n cuando podemos alterarlas con alquimia? ¨Dle devolvi¨® el gesto¨D. Y, antes de que se me olvide... Le lanz¨® un peque?o dispositivo del tama?o de una moneda que agarr¨® al vuelo. No fui capaz de identificarlo, pero un Runi emocionado por su ¨²ltima actualizaci¨®n fue r¨¢pido en quitar el velo: ¨D?Oh! ?Es un transmisor electromagn¨¦tico de larga distancia! ?Yo tambi¨¦n tengo uno en mi hardware! ?Podremos hablar en cualquier momento, aunque estemos en puntas opuestas de este mundo! ¨DIntent¨¦ conseguirte un dispositivo Alrune como los nuestros ¨Dexplic¨® la noble¨D, pero contamos con muy pocos y Padre los guarda con mucho recelo. Tendr¨¢s que aguantar con uno de estos por ahora. ¨DMe servir¨¢. ¨DEra divertido ver a Rory escudri?arlo en busca de alguna pista de su uso¨D. Suponiendo que entienda c¨®mo activarlo, claro. ¨D?Bueno! ?Bueno! ¨DDi un par de saltos, emocionada por ver el veh¨ªculo en marcha¨D. ?No me hab¨¦is hecho madrugar tanto para quedarnos de parloteo en tierra! ?Dan! ?Ay¨²dame a subir! ¨DCl-claro, joven Lilina. ¨DMe pondr¨¦... ?Justo detr¨¢s del piloto! A juzgar por esas gafas tan molonas, seguro que eres t¨². ?Verdad? ?Verdad? ¨DDi unos peque?os saltos para alz¨¢rselas pero el caballero estaba especialmente reservado aquella ma?ana¨D. ?As¨ª podemos ir charlando por el camino! *** El impacto inicial de estar surcando los cielos no fue f¨¢cil de ignorar. Ya fuese a mi edad o a la de Mirei, ver c¨®mo te despegabas poco a poco del suelo y las cosas dejaban de estar ah¨ª para convertirse en parte de la panor¨¢mica era una experiencia ¨²nica. Esa sensaci¨®n, el c¨®mo gan¨¢bamos altitud y el suelo se desdibujaba, encontrar el l¨ªmite entre la tierra y el mar... Era ¨²nica. Eso s¨ª, la interminable vista de un azul tan infinito se hizo demasiado relajante. Dan no medi¨® mucha m¨¢s palabra tras el despegue, y eso que intent¨¦ proponerle todos los temas de conversaci¨®n posibles. A pesar de que ya hab¨ªa empezado a entrenar bajo su tutela y de que pon¨ªa todo lo que pod¨ªa de mi parte, a¨²n era complicado atraer su atenci¨®n. Cansada de darme una y otra vez con ese muro, decid¨ª que forzarla mientras pilotaba un veloz nav¨ªo a¨¦reo no era la mejor de las ideas. Lo que quiz¨¢ era m¨¢s sorprendente (o, dadas las circunstancias, no tanto), era que las viajeras de los asientos de detr¨¢s tambi¨¦n se hubiesen quedando en completo silencio encerradas en sus pensamientos, compartiendo poco m¨¢s que alguna que otra mirada fugaz de tanto en cuando. As¨ª que decid¨ª dejar que el sue?o me venciera de una vez y me permitiera, al menos, llegar descansada al continente del oeste. Deb¨ª caer r¨¢pido, pues tras eso solo fui capaz de recordar peque?os detalles de un sue?o del que prefer¨ªa no hablar en voz alta. Solo esperaba haber dormido en silencio. No quer¨ªa tener que dar explicaciones sobre las palabras que murmuraba desde el plano on¨ªrico. A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation. ¨DTierra a la vista. ¨DAunque el tono que us¨® fue suave y agradable, la voz de Dan fue lo suficientemente fuerte como para sacarme del letargo de golpe¨D. Aterrizaremos en unos minutos al sur de Kadrous. Abr¨ª los ojos para encontrarme con una sorprendente estampa en la que el mar se agotaba en playas de arena que parec¨ªan salpicadas por cristales de ¨¦ter ¨ªgneo. Algunos mont¨ªculos minerales brillaban levemente, probablemente por contar con impurezas de esos mismos cristales, mientras que ciertos agujeros de la superficie expel¨ªan chorros de agua a presi¨®n de forma r¨ªtmica. Mirei me hab¨ªa descrito ese fen¨®meno antes, pero nunca me hab¨ªa dicho que cuando surg¨ªan de una construcci¨®n cristalina como la que ten¨ªamos delante, esa agua se tintaba de sus colores y dejaba peque?as bolsas de vapor brillante durante unos instantes. Desde los aires, pens¨¦ en todo lo que a¨²n no hab¨ªa visto de este mundo y me alegr¨¦ de tener la oportunidad de acompa?arlos en el viaje. Vivir de primera mano lo que solo hab¨ªa podido leer en desgastados libros era una experiencia que no acababa de interiorizar. De hecho a¨²n no me cre¨ªa que hubi¨¦ramos cruzado un oc¨¦ano entero en solo unas pocas horas. Quiz¨¢ deber¨ªa intentar convencer a Dan para hacer alg¨²n que otro viaje m¨¢s a lo largo y ancho de nuestra estrella. La mecavioneta tom¨® tierra en un sendero artificial. Su arena era mucho m¨¢s clara que la de las playas (y, definitivamente, libre de cristales o chorros de agua imprevistos) y sus lindes se ve¨ªan definidas por unos pelda?os de roca rojiza. Baj¨¦ de un salto y ech¨¦ un vistazo a la fauna local, que era la esperada en las proximidades de una capital poblada: gelatinas, en ese caso de un vivo color rojo, y alg¨²n que otro monstruo de apariencia poco amenazante. ¨D?No os parece que todo est¨¢ demasiado normal para lo que ha ocurrido? ¨Dquiso saber Mirei¨D. Desde las alturas he visto alg¨²n que otro cr¨¢ter poco natural que no deber¨ªa estar ah¨ª, pero... No s¨¦, no veo esto tan distinto de lo habitual. Y eso me perturba. ¨DArribamos con premura. ¨DDan carraspe¨® con fuerza y agit¨® la cabeza¨D. Quiero decir... Hemos llegado pronto, equipo. Todav¨ªa contamos con tiempo para reaccionar a lo que quiera que haya acaecido en las tierras del fuego. ¨DNo ¨Ddijo Amelia, repentinamente, con la mirada fijada en un holograma que sal¨ªa de su mu?eca¨D. Definitivamente, hay lecturas fuera de lo normal. Las estoy analizando mientras hablamos. Ahora estoy a¨²n m¨¢s convencida: hemos hecho bien viniendo. ¨DSi os sirve de algo ¨Dinterced¨ª¨D, yo ni siquiera s¨¦ lo que es lo normal en todo esto. As¨ª que... ?qu¨¦ tal si bajamos y echamos un vistazo? ¨DT¨² lo has dicho, hermanita: habr¨¢ que hacerlo a la vieja usanza. ¨DMirei se cruji¨® los nudillos¨D. Si lo que quer¨¦is es recopilar informaci¨®n, conozco el puesto callejero perfecto para eso. Si Mirei aprend¨ªa una cosa en sus viajes, era d¨®nde hacerse con buena comida. Y, la mayor¨ªa de las veces, esos lugares se solapaban con las mejores fuentes de cotilleos de la regi¨®n. Al fin y al cabo, cuanto mejor la comida, m¨¢s variada su clientela, ?no? En ese caso, el informante era un teinekell que, seg¨²n la maquinista, preparaba las mejores brochetas de carne y setas que jam¨¢s fuera a probar. A pesar de no ser tan elusivos como los teu¡¯iran o tan escurridizos como los momoolin, nunca hab¨ªa tenido el placer de conocer a ninguno de los de su tribu en persona. Sab¨ªa que de tanto en cuando se personaban en el resto de continentes por motivos diplom¨¢ticos, pero salvo que te gustase pasar por las tabernas a horas intempestivas o tuvieses lazos con la parte alta de la ciudad, la probabilidad de conocerlos fuera de su entorno era pr¨¢cticamente nula. Por los relatos de Mirei y las referencias que hab¨ªa encontrado entre los libros sab¨ªa que eran, de hecho, la raza que m¨¢s se acercaba en aspecto a los humanos. Prueba de ello era su capital, que acog¨ªa de forma indiferente a los suyos, a los nuestros y a cualquier criatura dispuesta a comerciar, competir o compartir una buena jarra de hidromiel. Grillard, el cocinero, podr¨ªa haber sido el teinekell de referencia de cualquier enciclopedia: de no m¨¢s de un metro de altura, tez del color del caramelo tostado, excesivamente musculoso y con una barba de ¨¦ter que flu¨ªa como la lava sin mucho respeto por la gravedad. Su pelo, de un rojo tan intenso como sus ojos hechos de rub¨ª, ondeaba tambi¨¦n descontrolado. Y sus facciones, afiladas y duras, dejaban claro que ya estaba bien entrado en la adultez. ¨D?Hostia puta! ?Si es Mirei! ¨Dexclam¨® al vernos levantar la lona que evitaba que el sol diese directamente sobre el puesto¨D. ?Qu¨¦ se te ha perdido hoy por aqu¨ª, huair? Los teinekell, al contrario que los kabaajin, sab¨ªan hablar perfectamente el idioma humano. No obstante, ten¨ªan la extra?a man¨ªa, probablemente heredada de su propia lengua, de aderezarlo con simp¨¢ticas malsonancias y alg¨²n que otro juguet¨®n insulto, incluso en contextos profesionales. Y muchos esperaban, de buena cortes¨ªa, que se las devolvieras. ¨DCuatro especiales. ¨DSe dej¨® caer contra uno de los taburetes¨D. Y me vas a poner al d¨ªa de los rumores, cacho cabestro. ¨D?Especiales? ?Ja! ¨DEmpez¨® a calentar una parrilla con lo que parec¨ªa magia cristal¨D. S¨¦ que t¨² puedes con ello, carnelarga, pero... No me hago responsable de las g¨®nadas de tus compadres. ¨DVigilad esa lengua, v¨¢stago de mil infiernos. ¨DEra gracioso ver a Dan ponerse a la altura de los teinekell. Por la reacci¨®n del cocinero, el improperio parec¨ªa ser v¨¢lido, si buen un poco arcaico¨D. Ha dicho cuatro especiales y eso es lo que vamos a tener. ¨DAs¨ª que cu¨¦ntame, tontolava ¨DMirei tom¨® asiento con las piernas bien abiertas en el taburete, como dictaba la costumbre¨D. ?Qu¨¦ pas¨® anoche y c¨®mo est¨¢n las cosas ahora? ¨D?Ah! ?El cielorrojo! ¨DExtendi¨® los brazos hacia el techo¨D. Estaba aqu¨ª, llen¨¢ndole al gaznate a los parroquianos como todas las noches y de repente parec¨ªa que el jodido S¨¨amas hab¨ªa hecho estallar el puto Caldero, cag¨¹enlahostia. ¨DPero... Eso es imposible ¨Dafirm¨® Amelia¨D. Ni el Drag¨®n de Fuego podr¨ªa hacer que la lava del Templo llegase a la altura de la ciudad y, mucho menos, que escapase del Caldero. ¨DClaro, pues. ¨DLanz¨® una mirada de desaprobaci¨®n a la noble¨D. No nos jode la paliducha. ?Adem¨¢s, la luz iba hacia dentro, no hacia fuera! El due?o del puesto par¨® de hablar para dejar un plato en la barra. Y, con una mirada burlona, tambi¨¦n puso una jarra de agua fr¨ªa junto a Amelia, que respondi¨® al desaf¨ªo mordiendo la barra sin quitarle los ojos de encima al cocinero. ¨DTen¨ªas raz¨®n, Mirei. ¨DAunque se le hab¨ªa descolocado ligeramente el pintalabios, la noble no hab¨ªa sudado ni una sola gota tras comerse la candente brocheta¨D. He probado todo tipo de comida de la capital y estas son, con diferencia, las mejores. ?Ponme otra, mediopalmo! ¨D?Je! ¨DEmpez¨® a ensartar m¨¢s carne en una nueva brocheta¨D. El insulto es un poco mejorable, pero voy a tener que respetarte por tu buen comer. En fin, por donde iba... Cuando el cielorrojo, sal¨ª a echar un buen vistazo. ?Jodidas flechas de luz! ?Hacia dentro del Caldero! ?Para cagarse encima, te digo! ¨DCurioso ¨DDan dio tambi¨¦n buena cuenta de su raci¨®n. ¨¦l tambi¨¦n fue estoico, pero pude fijarme en c¨®mo una gota enorme de sudor se le deslizaba por el cuello a cada mordisco¨D, eso quiere decir que los Ar... ¨DNo hace falta que digas m¨¢s, Dan ¨Dsise¨® su hermana. ¨DDe acuerdo, mi se?ora. Observ¨¦ como Mirei lanzaba una ojeada desconfiada a los Tennath. Acto seguido, sac¨® la cabeza del tenderete para echar un vistazo al cielo, en direcci¨®n a la boca del Caldero. Y, sin que Grillard pudiera escucharle, susurr¨® algo a Runi, que respondi¨® ilumin¨¢ndose levemente. A juzgar por su fugaz vistazo a la situaci¨®n, Amelia pareci¨® darse cuenta, pero decidi¨® ignorarlo para hincarle el diente a su segunda brocheta. ¨DD¨¦jame adivinar, Grillard ¨Dse aventur¨® la maquinista¨D. Y dejar¨¦ de darte la brasa... Mirei se comi¨® el contenido de toda la brocheta con solo un tir¨®n lateral. Por desgracia, no le qued¨® tan mol¨®n como esperaba, pues tanta especia logr¨® provocarle un ataque de tos repentino. Por suerte, solo necesit¨® de un trago de agua para recuperar el ritmo. ¨D?Algunas de esas flechas de luz se desvi¨® del Caldero? El hombrecillo asinti¨® con la cabeza. ¨D?Qu¨¦ bien lo sabes! ?Incluso una de esas chirimbainas cay¨® justo al lado de mi puesto! ¨Dsac¨® una peque?a caja de metal de debajo del mostrador¨D. A¨²n no he tenido tiempo de ir a la capital a venderla, as¨ª que te la dejo por veinte argentos de n¨¢. ?Hace? ¨DMe place. ¨DLa maquinista le estrech¨® la mano con firmeza¨D. Pero eres un buen colega y me vas a regalar un tarro de especias para redondear, ?verdad? ¨DCag¨¹ent¨®, siempre me est¨¢s regateando, maldita. Venga, va. A pesar de la insistencia de los nobles por hacerse cargo, Mirei decidi¨® pagar a tocateja la caja sin identificar y el precio del almuerzo. ¨D?No vas a comprobarla? ¨DTen¨ªa curiosidad genuina y necesitaba un tema de conversaci¨®n para amenizar el camino tras la negativa de Dan a responder a mis preguntas¨D. Ya que te has gastado el dinero, quiz¨¢... La maquinista decidi¨® ignorarme. Ten¨ªa ese brillo de ?ahora mismo, solo tengo ojos para una persona? en su cara, as¨ª que me gir¨¦ al siguiente objetivo potencial. ¨DEy, Amelia. ?Desde cu¨¢ndo eres tan fan de la comida de Kadrous? ¨DMi familia viene aqu¨ª habitualmente por temas de negocios ¨Dse justific¨®¨D. As¨ª que he tenido oportunidad de disfrutar la gastronom¨ªa local... Supongo que ha acabado encajando perfectamente con mis gustos. Una idea p¨¦rfida cruz¨® mi mente. ¨DAnda, qu¨¦ casualidad ¨Dvolv¨ª a entrometerme para hacerme o¨ªr y di un codazo a mi hermana para que me prestara algo m¨¢s de atenci¨®n¨D. ?Sab¨ªas que el curry de Kadrous es su especialidad en los fogones? La muy loca le echa guindilla, por si no estuviera ya caldeadito de por s¨ª. ¨DBueno... no se me da nada mal, supongo. ¨DMirei agach¨® la cabeza algo cortada¨D. Quiz¨¢ deber¨ªa invitarte alg¨²n d¨ªa a... La noble aprovech¨® que estaba algo agazapada para darle un beso en la mejilla y ambas se miraron con ternura. ?S¨ª! ?Definitivamente hab¨ªa pasado algo! Y, una vez hab¨ªa derribado sus defensas, solo ten¨ªa que volver a hacer la pregunta a la inteligencia adecuada. ¨DEh, Runi, ?qu¨¦ es eso que hemos comprado? ¨D?Oh! ?D¨¦jame mirar! ¨Dparpade¨® un par de veces¨D. Si no voy mal errado se trata de... ?Oh, mola, un puntero l¨¢ser! Aunque tiene pinta de ser uno de juguete. No es lo suficientemente potente como para hacer da?o a un ser vivo, pero si se modifica su salida quiz¨¢ podamos hacer algo de provecho con ¨¦l. Por cierto, Mirei, ya he terminado los c¨¢lculos que me has solicitado... La muchacha intent¨® sisear para acallar la voz de hojalata, pero estaba demasiado ocupada sonriendo como una tonta y su orden lleg¨® demasiado tarde. ¨DDe las trescientas cincuenta y tres se?ales de nueva aparici¨®n, solo cuarenta y siete se hallan sobre la superficie de la tierra. El resto emanan de la propia Kadrous, como sospechaba, ?encestadas? ¨Dpuntualiz¨® eso con una animaci¨®n en el aire¨D a trav¨¦s de la boca de ese volc¨¢n inactivo. No obstante... tu teor¨ªa estaba en lo cierto, Mirei. Parece que los que han ca¨ªdo fuera tienen una huella totalmente distinta, como si... fueran para despistar. ¨DPara entretener a los entrometidos como nosotros ¨Dcontempl¨¦¨D. ?Y m¨¢s de trescientas dentro de algo de solo decenas de metros de di¨¢metro? No puede ser casualidad. A no ser que la fuerza que mueve las estrellas sea secretamente el mejor jugador de bolocesto de toda esta estrella. ¨DHay algo que no me cuadra en todo esto y soy incapaz de dar con la clave ¨DMirei se llev¨® la mano al ment¨®n, pensativa¨D. Como bien dices. Algo tiene que estar atray¨¦ndolas... O dirigi¨¦ndolas. De alg¨²n sitio tienen que venir las estrellas, ?verdad, Amelia? ¨DLas lecturas son... ¨DAmelia extendi¨® sus propios hologramas en el aire, sin hacer mucho acaso al comentario de la maquinista¨D. Muchas, pero ahora que las estoy interpretando mejor... Me resultan bastante familiares. Runi, ?puedes cruzarlas t¨²? Acabaremos antes. No sab¨ªa exactamente a qui¨¦n mirar, as¨ª que lanc¨¦ la pregunta al aire. ¨D?C¨®mo de familiares? ¨D?Recuerdas a ese chaval de Abakh? ¨DRuni hab¨ªa perdido su ?carrerilla? habitual a la forma de hablar, algo que interpret¨¦ como una inconfundible se?al de seriedad¨D. Pues as¨ª de familiares. Cap铆tulo 23 - Dan Tennath Tuvimos que caminar durante unos quince minutos m¨¢s despu¨¦s de dejar el puesto de comida callejera para llegar a nuestro destino, y la mayor¨ªa de ese tiempo todos lo hicimos en silencio. Aun as¨ª, la joven aprendiza no pudo evitar quejarse en voz alta de algo: ¨DAs¨ª que esta es la entrada a Kadrous ¨Dobserv¨® con una expresi¨®n desangelada en su cara¨D. He de admitir que es un poco... decepcionante. Me esperaba un arco de fuego, una cascada de lava o un port¨®n con roca refulgente. No... un t¨²nel con un cartel descolorido. ¨D?Ves c¨®mo deber¨ªamos haber entrado por el norte, Dan? ¨DAmelia me dio una palmada en la espalda y el metal de mi armadura reson¨® con fuerza¨D. ?Se va a perder las vistas m¨¢s chulas! El port¨®n sur de la ciudad estaba pr¨¢cticamente abandonado. Demasiado estrecho para los carros de mercaderes y alejado de m¨¢s de la costa en la que descargaban los barcos. Adem¨¢s, los poblados m¨¢s cercanos a la pista de aterrizaje que hab¨ªamos improvisado no ten¨ªan inter¨¦s tur¨ªstico alguno, por lo que no hab¨ªa motivos para engalanar esa salida para los viajeros. En circunstancias normales, solo la tomaban los habitantes de los poblados mineros, y, aun as¨ª, prefer¨ªan dar el rodeo a la zona este por motivos pragm¨¢ticos. ¨DA la vista de las circunstancias, lo consider¨¦ m¨¢s seguro, mi se?ora ¨Dprotest¨¦, algo impasible¨D. Adicionalmente, si hubiera aterrizado en el lado contrario del Caldero, no habr¨ªamos podido contactar con el informante. ¨DNo te preocupes, Lilina. ¨DMirei le revolvi¨® el pelo¨D. Aunque este t¨²nel sea el menos popular de los cuatro, tiene cierto encanto pasear por uno de los conductos originales del volc¨¢n. Ya ver¨¢s. ?Algunas vetas a¨²n cuentan con energ¨ªa et¨¦rica y brillan como las barbas de un teinekell! ¨DO sea ¨Drepuso la adolescente¨D, estamos bajando por la que deber¨ªa ser la principal v¨ªa de salida de la lava en caso de que se activara el volc¨¢n. Parece seguro. ¨D?Es seguro! ¨Dinterpuse¨D. Como ya hab¨¦is... has o¨ªdo, ha ya siglos de la ¨²ltima erupci¨®n. En adici¨®n, los moradores de este lugar han preparado escapes adicionales con el objeto de preservar la integridad en el improbable caso de... ¨D?Anda! ?Est¨¢s hablando de nuevo! ¨DLa muchacha me dio un codazo, interrumpiendo mi explicaci¨®n. Me limit¨¦ a bufar en respuesta¨D. De todas formas, ?no es mucho trabajo? Quiero decir, poder decir que vives dentro de un volc¨¢n es una pasada, pero... ?No era m¨¢s f¨¢cil erigir la ciudad en la otra punta de la isla? ¨DLos teinekell se deben al Drag¨®n de Fuego ¨Dexplic¨® Mirei¨D. Su h¨¢bitat es el fondo del Caldero, as¨ª que el templo se esconde en el coraz¨®n del volc¨¢n. La ciudad naci¨® en torno a sus bendiciones, como ocurre con las otras tres tribus. ¨DY la geotermia... la extracci¨®n de energ¨ªa del calor de la base, hace que mantener sus industria sea mucho m¨¢s barato y eficiente ¨Da?adi¨® Amelia, que caminaba animada de la mano de la maquinista¨D. Eso s¨ª, no esperes encontrar una helader¨ªa ah¨ª abajo. ¨DPues con el calor que hace, lo agradecer¨ªa ¨Dse burl¨® la muchacha sin desprenderse de su sonrisa¨D. Voy a derretirme. Ech¨¦ un vistazo al mon¨®tono t¨²nel, esperando ver algo digno de menci¨®n. Sin embargo, la muchacha ten¨ªa raz¨®n: era el m¨¢s aburrido de todos los caminos de acceso. Piedra volc¨¢nica hasta donde llega la vista, poca luz, alguna que otra viruta de ¨¦ter p¨ªrico surcando el aire y, en el mejor de los casos, una veta luminosa que intentara hacer las cosas m¨¢s interesantes sin mucho ¨¦xito. Pero lo bueno de la monoton¨ªa es que pon¨ªa los engranajes de mi cerebro en marcha. ¨DQuer¨ªa reparar en algo, mis... ¨Drespir¨¦ con fuerza, intentando controlar la sinuosa barrera del lenguaje¨D amigas. Como ya sabr¨¢n... ?Sabr¨¦is? Existe una alta posibilidad de toparnos con una situaci¨®n que nos vea obligados a enzarzarnos en combate al arribar. Me gustar¨ªa... ¨D?Listo para el combate! ¨DRuni se adelant¨® a la situaci¨®n y se transform¨® en unos nudillos de acero para sorprender a su portadora¨D. ?Est¨¢ esto bien? ?Prefieres una espada? O... ?D¨¦jame pensar! ?Unas pistolas! ?O te va m¨¢s un ca?¨®n de ¨¦ter? ?Nunca lo he intentado, pero he visto tus planos, Mirei! ?No puede ser dif¨ªcil! ¨DPor favor, dejadme ser vuestro escudo. ¨DExtend¨ª mi mano hacia delante y apret¨¦ el pu?o¨D. Pase lo que pase... Sigo estando en deuda. Las chicas de Rapsen soltaron una carcajada al un¨ªsono antes de mirarse con complicidad. ¨DEh, Dan. ?Has olvidado que te di una paliza? ¨Dreplic¨® Mirei¨D.Y, si te crees que me voy a quedar de brazos cruzados, igual te mereces otra. Si tanto quieres ?saldar tus cuentas?, demuestra que eres lo suficientemente bueno primero. ¨D?Una competici¨®n? ?Suena bien! ¨DMe llev¨¦ las manos a la cintura¨D. Seguro que Adresta disfruta de la emoci¨®n a?adida. ¨D?A... qu¨¦? Saqu¨¦ la espada de su vaina e hice que se iluminara en llamas. El t¨²nel se ilumin¨® con un fogonazo. Tras balancearla cual malabarista, hice que su filo se apagara, pero la segu¨ª blandiendo con firmeza. ¨DAh, la espada esa con la que casi incendias el bosque ¨Dbostez¨®¨D. Cre¨ªa que traer¨ªas algo m¨¢s adecuado a un lugar lleno de monstruos de fuego, la verdad. As¨ª no vas a lograr superar mis n¨²meros. ¨DC¨®mo se nota que a¨²n no la has visto en acci¨®n ¨Dasegur¨® mi pupila, enganch¨¢ndose al brazo de su hermana¨D. Esto del metal eteroalqu¨ªmico es la hostia. ?Ya ver¨¢s, ya ver¨¢s! De repente, escuch¨¦ un zumbido agudo que cort¨® el ambiente. Por c¨®mo retumbaba por las paredes, era f¨¢cil ver que se estaba acercando a toda velocidad desde el final del t¨²nel. Reaccion¨¦ r¨¢pido, interponi¨¦ndome en la trayectoria. Amelia chasque¨® los dedos e hizo aparecer un escudo energ¨¦tico justo frente a m¨ª. Solo dur¨® un instante, pero no necesit¨® m¨¢s para que, en un chispazo, una flecha se rompiera en dos y chocase contra las paredes. ¨DDeber¨ªas dejar de ponerte en medio ¨Ddijo, con una sonrisa de superioridad¨D. Alg¨²n d¨ªa te vas a hacer da?o de verdad. ¨DPensaba cortarla por la mitad, mi se?ora. ¨DEso que te ahorras ¨Dpresumi¨®. ¨D?Runi! ¨Dgrit¨® su due?a¨D. ?Escanea o lo que sea que hagas! ?Informe de situaci¨®n! ¨DAnalizando... ?Vale, ya lo tengo! Siete flecheros teinekell y un lancero montando un ignorcel. Entre veinte y treinta metros de distancia. Parece que han... ¨DPrendido en llamas las flechas, puedo verlo ¨Drepliqu¨¦ al ver las peque?as chispas de luz m¨¢s adelante¨D. Que empiece la competici¨®n, pues. Ech¨¦ a correr en direcci¨®n a los peque?os luceros. Escuch¨¦ c¨®mo la primera de las cuerdas se destensaba, como dando la orden a las dem¨¢s. Aquella vez, s¨ª que pude darme el lujo de cortarlas por la mitad, ambas con un ¨²nico tajo. Siquiera tendr¨ªa que exigir energ¨ªas al n¨²cleo de Adresta para ello. ?Eso era lo mejor que pod¨ªan hacer? Una r¨¢faga de aire me tambale¨® desde la espalda y volvi¨® las saetas en direcci¨®n contraria. Por los alaridos de los tiradores que las hab¨ªan lanzado, la r¨¢faga de aire que las hab¨ªa devuelto lo hizo con gran precisi¨®n. A juzgar por el ligero brillo et¨¦rico que tintaba la oscuridad de color verde, estaba claro de donde proced¨ªa. ?Hab¨ªa alcanzado Lilina tal control de N¨¦bula en solo unos d¨ªas de entrenamiento? Definitivamente, hab¨ªa estado subestimando a mi propia pupila. ¨D?Cuidado, parece que el golpe no ha sido suficiente para pararlos! ¨Davis¨® Runi¨D. ?Y todav¨ªa queda el lancero! ?Entretenedlos! ?Yo har¨¦ mi cosa! Ya sab¨¦is, eso del contrahackeo. Esta vez han mejorado bastante la seguridad, pero... Bueno, estoy convencido de que podr¨¦ con ello. Haced lo vuestro. Aprovech¨¦ un r¨¢pido movimiento para cortar con mi espada todos los arqueros que hab¨ªan dejado caer sus armas tras el inesperado impacto, si bien eso no impidi¨® que me rodearan e intentaran combatirme haciendo uso de su dominio del fuego. Craso error. Alc¨¦ a Adresta en el aire y dej¨¦ que hiciera lo que mejor sab¨ªa: absorber todo el ¨¦ter ¨ªgneo que me rodeaba en el filo de su hoja, que no tard¨® en volverse la ¨²nica fuente de luz m¨¢s all¨¢ de la que llegaba por la salida. Al estar luchando contra teinekell, eso tambi¨¦n ser¨ªa debilitar el balance et¨¦rico de sus cuerpos lo suficiente como para quedar inconscientes, aunque prefer¨ª asegurarme con un golpe certero a cada uno. No obstante, el jinete del ignorcel se hubo escapado de la espiral de llamas que hab¨ªa conjurado gracias a su montura y se dirig¨ªa hacia las chicas a toda velocidad. ¨D?Runi! ¨Dgrit¨® Mirei, adoptando una pose que evocaba a la de una artista marcial¨D. ?Ya sabes qu¨¦ hacer! ¨D?Hilo secundario activo! ?at_66()! ?Modo h¨ªdrico! ¨DNo hace falta que grites los ataques ¨Damonest¨® su due?a¨D. Pero... ?adelante! Las cicatrices de la maquinista brillaron por un instante en un tono azulado. Despu¨¦s, una especie de aura casi transparente la rode¨®, empezando a condensarse en una espiral de agua que danzaba con elegancia en torno a ella. Imitando las posturas marciales de los kabaajin, la mujer extendi¨® los brazos y el l¨ªquido se movi¨® con ellos. Solo necesit¨® lanzar sus pu?os hacia delante para que la montura se viera atrapada en una densa nube de agua, que congel¨® en unos segundos al apretar el agarre de su mano. Y, aprovechando la confusi¨®n del lancero, golpe¨® su cara con el pico de los nudillos en los que se hab¨ªa transformado Runi. Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator. Seg¨²n mis c¨¢lculos, tal ataque no deber¨ªa haber tumbado a un teinekell tan vetusto, y mucho menos en un estado de furia descontrolada, pero el efecto fue casi instant¨¢neo: cay¨® de bruces contra el duro suelo, petrificado en el acto. ¨DDespu¨¦s de lo de la ¨²ltima vez, me asegur¨¦ de preparar un aceite para armas paralizador ¨Dexplic¨®, lanz¨¢ndome un vial desde su posici¨®n¨D. Pero he de admitir que eso de concentrar el ¨¦ter en la espada es bastante mol¨®n. *** Una vez Runi hubo desactivado los dispositivos que hac¨ªan perder el control a sus portadores, nos narraron lo que tem¨ªamos: gran parte de los habitantes teinekell (y un buen pu?ado de bestias) de la ciudad hab¨ªan sucumbido al control de los artefactos. Lejos de la estampa a la que la ciudad me acostumbraba, el caos reinaba en las calles. El ¨²nico punto positivo en la situaci¨®n era que los humanos que conviv¨ªan en la ciudad parec¨ªan ser inmunes a dicho control. Por desgracia, no solo eran una minor¨ªa, sino que en su mayor¨ªa no eran m¨¢s que humildes mercaderes que carec¨ªan de los medios para combatir una amenaza tan repentina. ¨DLa buena noticia es que ahora s¨ª que estamos en Kadrous, Lilina ¨Ddijo Mirei¨D. La mala, es que si quer¨ªas hacer turismo te vas a tener que conformar con lo que quiera que sea esto. Y lo que se ve¨ªa no era especialmente bonito. Las casas que solo un par de d¨ªas antes vest¨ªan la bolsa subterr¨¢nea con colores llamativos solo mostraban, en el mejor de los casos, fachadas calcinadas. El siempre vivaracho mercado hab¨ªa visto reducidas sus intrincadas lonas a un pu?ado de cenizas y los pilares que vadeaban los caminos principales reposaban tristes y fragmentados sobre el suelo. Una gota de sudor fr¨ªo me recorri¨® la espalda al pensar en c¨®mo eso hab¨ªa ocurrido en tan solo medio d¨ªa. En c¨®mo una ciudad llena de vida se hab¨ªa visto reducida a ruinas mientras el resto del mundo no miraba. ¨D?No es tiempo de recrearse en la miseria! ¨Dclam¨¦ con toda la fuerza que me permitieron los pulmones¨D. ?Hay gente en peligro! ?Seguro que tambi¨¦n alg¨²n superviviente que rescatar de entre los escombros! ?Humanos y teinekell que han eludido el control de las m¨¢quinas! ?Cientos de criaturas que liberar de su yugo! ¨DY, lo m¨¢s importante ¨DAmelia dej¨® su mano en mi hombro¨D. Seguro que esto no es m¨¢s que el humo que tapa el verdadero fuego. Tenemos que llegar al fondo de este asunto. O¨ª un chasquido a mis espaldas. Casi como si lo hubieran ensayado, las dos hermanas del orfanato haciendo crujir sus articulaciones con un claro fulgor de determinaci¨®n en sus ojos. ¨DDar¨¦ una vuelta de reconocimiento ¨Dactiv¨¦ los repulsores de mi armadura y sub¨ª varios metros hacia arriba¨D. Confiar¨¦ en vosotras para defender a mi se... a Amelia. ¨D?De acuerdo, Dan! ¨Dme grit¨® Mirei¨D. ?Runi, haz lo tuyo! ?Busca humanos! ?Localiza la fuente de todas esas se?ales! ?Se?ala todo lo que no sea evidente! Confiaba en el ingenio de la IA creada por mi familia, mas a veces, los m¨¦todos cl¨¢sicos funcionaban mejor. Y esta era una de esas ocasiones, porque ver a un lagarto escupefuego de diez metros de altura asediando el port¨®n principal del palacio era se?al suficiente como para saber que mi intuici¨®n hab¨ªa encontrado el lugar en el que deb¨ªa estar. Con tan solo una explicaci¨®n lac¨®nica trasladada a gritos empec¨¦ a volar, espada en mano, hacia el lugar de la refriega. El enorme monstruo no estaba solo: centenares de teinekell, algunos con sus criaturas, sitiaban el edificio. Su ¨²nica oposici¨®n era un port¨®n sellado con lava seca y un pu?ado de variopintos guerreros que respond¨ªan como mejor pod¨ªan desde la azotea desde la que en otro momento se dirig¨ªa el Drag¨®n de Fuego a sus s¨²bditos. ¨DHeme aqu¨ª ¨Danunci¨¦, aterrizando con estilo. ¨D?Dan Tennath? ¨Descuch¨¦ a mis espaldas una caracter¨ªstica risa entrecortada¨D. ?Ven aqu¨ª, gazn¨¢piro, que te d¨¦ un abrazo! A pesar de estar embutida en una aparatosa armadura con cientos de cristales ¨ªgneos engarzados, la robusta figura de McGuerda, la l¨ªder de Kadrous, era inconfundible. Hombros anchos, unos brazos que har¨ªan morir de envidia incluso a los ogros m¨¢s fornidos, y un ic¨®nico bigote de esa falsa lava que se extend¨ªa hacia atr¨¢s y era capaz de hacer, si se lo propusiera, las veces de capa. ¨DUno de sus compatriotas ha resumido la situaci¨®n, malalava ¨Dasegur¨¦¨D. As¨ª que aguardo instrucciones, jefa. ¨DTenemos que trabajar ese vocabulario, lav¨ªn ¨Dsolt¨® una carcajada tan fuerte que hizo temblar el suelo¨D. Pero... S¨ª. Imagino que los sabelotodo de los Tennath sabr¨¢n mejor que nosotros qu¨¦ hostias ha ocurrido. ¨DContamos con nuestras teor¨ªas ¨Drespond¨ª con brusquedad¨D. Sea como fuere en primera instancia, atajemos lo que nos ata?e. Yo dar¨¦ fin al lagarto y mi se?ora y sus asociadas ayudar¨¢n desde tierra. Sigan con su defensa del portal y, si hallan lugar, proporcionen soporte... ?Hijos de mil dragones! ¨DEn primer lugar ¨Dla mujer tom¨® en sus manos un mazo que la duplicaba en altura¨D, no deber¨ªas dar ¨®rdenes a mi ej¨¦rcito, pedazo de botarate. Eso s¨ª, dicho esto... La mujer descendi¨® de un salto por el frontal del balc¨®n y golpe¨® contundentemente a la enorme criatura en el cr¨¢neo. Suspir¨¦ con indolencia y me un¨ª a su movimiento, aprovechando el ¨ªmpetu para noquear un par de despistados guerreros con una embestida impulsada por la armadura. No tard¨¦ en ver c¨®mo el aire se tintaba de distintos colores. El rojo de Adresta y el control del fuego de la teinekell, el verde de las habilidades e¨®licas de N¨¦bula, el azul que hac¨ªa llover car¨¢mbanos sobre los monstruos m¨¢s despistados... Y alg¨²n destello blanquecino indeterminado de los escudos digitales que mi se?ora era capaz de conjurar y las nubes de soluciones alqu¨ªmicas que guardaban en sus c¨¢psulas. No me gustaba admitirlo, pero el campo de batalla al otro lado de la ciudad estaba perfectamente controlado sin mi mando. ¨D?De acuerdo! ¨Dgrit¨¦ a la l¨ªder de los teinekell¨D. ?Sabes c¨®mo enfrentarte a un monstruo como ¨¦ste? ¨D?Cag¨¹en tus dioses y en los m¨ªos! ¨Dchasque¨® la lengua con fuerza¨D. ?Pues claro que no! ?Se supone que son jodidas monturas de carga! ?No bestias descontroladas! ?En el peor de los casos solo hay que calmarlas con algo de comida! Que me aspen, ?nunca he visto una tan sedienta de sangre! ?Si ha aguantado un martillazo rompepiedras en la cabeza como si no fuera nada! Pens¨¦ en qu¨¦ pod¨ªamos hacer. El primer paso era despojarle de su aliento, que pod¨ªa ser la amenaza principal a los luchadores restantes. Aunque una teinekell bien entrenada como McGuerda pudiera redireccionar el fuego, era mucho m¨¢s f¨¢cil y seguro que Adresta se encargase. Adem¨¢s, as¨ª podr¨ªa deshabilitar a los atacantes cercanos y contar con combustible para mis propias r¨¦plicas. ¨D?Eh! ¨Dla mujer tosi¨® con fuerza¨D. ?Qu¨¦ carajos est¨¢s haciendo? Me est¨¢s... me est¨¢s... Se aferr¨® a su arma para intentar estabilizarse y empez¨® a tocar los enormes cristales que se incrustaban en su pecho. Al entender que mi control sobre el ¨¦ter no era capaz de discriminar entre amigo y enemigo, par¨¦ de ejercerlo y aprovech¨¦ toda la energ¨ªa acumulada para dar un tajo horizontal que sacudi¨® el suelo sobre el que se posicionaban los... Eso era, el suelo. Vol¨¦ hacia las alquimistas para pedirles algunos de sus materiales. Por suerte, aunque mis conocimientos sobre alquimia eran limitados, Mirei y Amelia pudieron entender a la perfecci¨®n qu¨¦ era lo que necesitaba con la descripci¨®n de mi plan. ¨D?Y vas a necesitar a alguien para repartirlo! ¨Dclam¨® Lilina, subi¨¦ndose sin permiso alguno a mi espalda¨D. Vuela, Dan, ?vuela! La muchacha parec¨ªa divertirse mientras hac¨ªa caer diversas c¨¢psulas que causaban coloridas nubes de humo y las un¨ªa a golpe de abanico en un cicl¨®n gaseoso. Poco a poco, los teinekell empezaban a adormilarse y no necesitaban m¨¢s que un par de golpes emponzo?ados con la soluci¨®n del maese Rapsen para perder el conocimiento, mientras que los monstruos se ve¨ªan abrumados frente a los ataques m¨¢gicos del equipo rival. En cuesti¨®n de minutos, solo restaba el enorme lagarto de entre los asediantes. Desde justo encima, dej¨¦ caer el contenido de uno de los viales que me hab¨ªan dado: un aceite capaz de concentrar el fuego. Eso, unido a la protecci¨®n contra el elemento que el resto de combatientes hab¨ªan respirado, hac¨ªa que fuera mucho m¨¢s f¨¢cil para controlar las llamas sin salir mal parados. ¨D?McGuerda! ?Fr¨ªe a ese lagarto todo lo que puedas! Alc¨¦ a Adresta de nuevo, esta vez apoyando la mano libre en el hombro de la teinekell. Su armadura comenz¨® a iluminarse y la enorme gema que presid¨ªa su mazo chisporrote¨® antes de encenderse con la fuerza de un sol. El circuito estaba en marcha: la espada atrapaba todo el ¨¦ter del ambiente y el arma de la jefa lo canalizaba hacia el monstruo impregnado en el l¨ªquido conductor. Las llamas crec¨ªan poco a poco e iban viendo c¨®mo su color se tornaba azulado. Probablemente, de no ser por el poder de la alquimia que los proteg¨ªa, cualquier humano (y algunos de los teinekell) se habr¨ªan desmayado simplemente por la temperatura que estaba alcanzando la ciudad que se escond¨ªa en el Caldero. Pero eso era precisamente lo que busc¨¢bamos. Temperatura. La suficiente como para cocer al monstruo escupefuego en el interior de su armadura de escamas. Y, si eso no acababa con el enemigo... Ser¨ªa la suficiente como para derretir el suelo que pisaba y sepultarlo bajo la improvisada lava que hab¨ªamos conjurado con el esfuerzo combinado de la alquimia, mi arma, y las habilidades innatas de la jefa y su s¨¦quito. Una estrategia tan loca como desesperada, ?c¨®mo no iba a funcionar? *** ¨DMisi¨®n cumplida ¨Djade¨¦, dej¨¢ndome caer contra la pared. ¨D?Dan! ¨DLilina se me abraz¨® con fuerza. No tuve energ¨ªas para apartarla¨D. ?C¨®mo mola lo que hab¨¦is hecho! ?Eres incre¨ªble! ¨DNunca se me habr¨ªa ocurrido hacer algo as¨ª. ¨DMi se?ora se dej¨® caer sobre m¨ª en se?al de cari?o, aprovechando que no replicar¨ªa¨D. Dir¨ªa que la fortuna siempre favorece a los locos, pero eso ser¨ªa infravalorar tu ingenio. ¨D?He liberado a todos los que hay aqu¨ª! ¨Dclam¨® la IA¨D. Si mis c¨¢lculos no fallan, restan unos ochenta a lo largo de la ciudad. ?Sugiero que les demos caza antes de que sea demasiado tarde! ?Vamos, Mirei! ¨DPara el carro, hojalato. Estamos hecho trizas y, por ahora, nos hemos ganado un descanso ¨Dreplic¨® la aludida¨D. Adem¨¢s, por ahora McGuerda lo que nos debe es una explicaci¨®n. Seguro que los lugare?os pueden hacerse cargo durante un rato ahora que hemos dado la vuelta a la situaci¨®n. ¨D?Ah¨ª va, la hostia! ¨Dexclam¨®, sorprendida¨D ?Pero vosotros de qu¨¦ os...? ?Las dos ¨²nicas personas que jam¨¢s me han vencido en un pulso en mi jodida vida! Normal que hay¨¢is barrido el suelo con sus caras. ¨DLuego te contamos la historia, si gustas. ¨DMirei no parec¨ªa tener energ¨ªas ni para honrarla con una malsonancia¨D. Ahora mismo estoy m¨¢s que segura de que t¨² tienes algo m¨¢s interesante que contarnos. ¨D?Vaya que s¨ª! Pasad a palacio con el resto de refugiados y hablaremos con una buena pata de krut asada. Que no se diga de nuestra hospitalidad. El interior estaba algo menos devastado que las calles de la ciudad, pero tampoco hab¨ªa resistido demasiado bien todos los diretes que la lucha hab¨ªa causado ni la superpoblaci¨®n por parte de los humanos y teinekell que hab¨ªan podido huir, pero no contaban con habilidades (o estaban en condiciones) para la lucha. La l¨ªder nos guio a la mesa redonda donde el consejo se reun¨ªa, nos sirvi¨® algo de comida y bebida y empez¨® a narrarnos su versi¨®n de los hechos. ¨DPor vuestra pronta respuesta, parece que hab¨¦is visto el maldito cielorrojo con vuestros propios ojos ¨DMcGuerda hablaba con una inusual calma, quiz¨¢ producto de la extenuaci¨®n¨D. Y que sabr¨ªais de antemano el efecto que ha tenido en algunos de nuestros compatriotas. No obstante, he de agradecer que hay¨¢is llevado a cabo tal esfuerzo por mantenerlos con vida. ¨DEs lo m¨ªnimo que pod¨ªamos hacer. ¨DMe llev¨¦ la mano a la nuca¨D. Por fortuna, dicha condici¨®n es reversible y, si hemos obrado de forma correcta, todos los que hemos combatido recuperar¨¢n sus sentidos con prontitud. ¨DEs probable que el somn¨ªfero y el paralizador que les hemos administrado dure m¨¢s ¨Dapreci¨® Mirei¨D. A¨²n quedan algunos afectados, pero nos aseguraremos de barrer la zona. ¨DHay algo que apremia m¨¢s. ¨DRecorri¨® su et¨¦reo bigote con sus manos¨D. Se trata de S¨¨amas, nuestro Drag¨®n. Parece... Enfermo. ¨D?Enfermo? Las bestias divinas no pueden enfermar ¨DAmelia parec¨ªa pensativa¨D. A no ser que... ¨DPor favor. ¨DAgach¨® la cabeza, casi con la s¨²plica en su tono¨D. Ayudad a S¨¨amas. Hay algo en mi pecho que me dice que el lugar donde deb¨¦is estar es el Templo del Drag¨®n Volc¨¢nico. ¨DEst¨¢s de suerte, mamarracha. ¨DMirei empezaba a parecer m¨¢s en¨¦rgica despu¨¦s de haberse llevado alg¨²n que otro bocado a la boca¨D. Ten¨ªa unos asuntos con ese f¨®sil. ¨DPuedo proporcionaros venenos que mantendr¨¢n tranquilos a los posibles atacantes hasta que volvamos ¨Dasegur¨® Amelia¨D. Pero... No es posible para un humano visitar el Templo. ¨D?Por qu¨¦? ¨Dquiso saber la peque?a de las Rapsen¨D. He estado en uno de esos templos sin problema alguno y... ¨DEs el coraz¨®n de un volc¨¢n, Lilina ¨Dle expliqu¨¦¨D. Quiz¨¢ puedas sobrevivir bajo el agua si ajustas la presi¨®n, pero... La lava del centro es mucho m¨¢s fuerte de lo que nuestras p¨®cimas pueden aguantar. La teinekell se levant¨® de su asiento y gir¨® un picaporte. El muro que ten¨ªa atr¨¢s se deshizo, piedra a piedra, para dejar ver una escalinata que descend¨ªa con no m¨¢s luz que la de las espiras que descend¨ªan en paralelo. ¨DY por eso estoy dispuesta a concederos la Bendici¨®n de S¨¨amas. Por favor, seguidme a las aguas sagradas. Quiz¨¢ encontr¨¦is alguna cara familiar all¨ª. Cap铆tulo 24 - Rory Rapsen Dej¨¦ caer una gota de mi sangre en el vial y me llev¨¦ el dedo que me hab¨ªa pinchado a la boca instintivamente. S¨ª, ten¨ªa que admitir que escoc¨ªa un poco, pero Mirei siempre era una exagerada con ello. Permit¨ª que el reactivo reposara durante unos minutos y examin¨¦ el compuesto con las lentes de aumento que hab¨ªa encargado a mi compa?era. ¨D?Aj¨¢! Mi suposici¨®n parec¨ªa ser cierta. Aunque eran invisibles al ojo desnudo, unas ligeras virutas moradas danzaban por la superficie del l¨ªquido. De alg¨²n modo, mi sangre segu¨ªa cargada de ¨¦ter el¨¦ctrico, si bien era de forma sutil. Al pensar en ello, sent¨ª un chispazo en el interior de mis ojos. Un peque?o cosquilleo que destens¨® mi cara. Eso me ayud¨® a visualizarlo. Pens¨¦ en el zumbido de la electricidad. En el clamor del trueno. En la luz del rayo. En el tono morado de su ¨¦ter. Las chispas que recorr¨ªan el l¨ªquido reaccionaron intensificando su brillo. No sab¨ªa si ten¨ªa sentido alguno el ejercicio mental, pero ten¨ªa una corazonada. A?ad¨ª una nueva lente al juego y comenc¨¦ a ver el rastro de ¨¦ter con claridad, tanto en la muestra de sangre como en mi cabeza. Definitivamente, exist¨ªa una conexi¨®n... Al final, ese cacharro de hojalata iba a tener algo de raz¨®n y sus descripciones sobre las peque?as corrientes el¨¦ctricas que recorr¨ªan el cerebro para trasladar sus se?ales. Tom¨¦ notas en el cuaderno y, algo cansado por el esfuerzo que hab¨ªan hecho mis ojos al intentar afianzarme a la rid¨ªcula cantidad de ¨¦ter aspectado que ten¨ªa en mi interior, pas¨¦ al siguiente experimento de la tarde. ?Cu¨¢l era el orden? Ya hab¨ªa hecho los ajustes en las placas de difusi¨®n en los que hab¨ªa pensado despu¨¦s de ver el extra?o veh¨ªculo de los Tennath, hab¨ªa repuesto los t¨®nicos medicinales del orfanato y... ?Oh! ?Claro! Sonre¨ª, pues hab¨ªa podido sacar un rato en mi apretada agenda para seguir jugueteando con el siempre interesante metal eteroalqu¨ªmico. Mis primeras indagaciones hab¨ªan sido bastante productivas. La conductividad absoluta del ¨¦ter permit¨ªa concentrar energ¨ªa cual gema pulida, su sensibilidad hac¨ªa que fuese f¨¢cil imbuirlo de cualquier tipo de efecto. Estaba convencido de que Mirei tambi¨¦n encontrar¨ªa interesantes sus propiedades en la forja: el mineral era ligero, resistente, f¨¢cil de pulir y moldear y no parec¨ªa tener reacciones de oxidaci¨®n evidentes. Abr¨ª la tapa de la caja donde las guardaba, deseoso de seguir con mi investigaci¨®n. De repente, las peque?as bolas met¨¢licas empezaron a ascender con calma en el aire, recubiertas de un leve halo p¨²rpura. Al tocar una de ellas, sent¨ª un peque?o choque, algo similar a un calambrazo... Pero sin todos los efectos desagradables de uno. La leve corriente de energ¨ªa me recorri¨® como si fuera m¨ªa. Dej¨¦ caer mis p¨¢rpados y volv¨ª a visualizar el elemento en mi cabeza. Al alzarlos de nuevo, una de las pepitas hab¨ªa salido volando hacia la pared, donde dej¨® marcado un peque?o cr¨¢ter. As¨ª que la sensibilidad del metal era tan delicada que una afinidad et¨¦rica tan nimia como la de mis ojos podr¨ªa controlarlo si se lo propon¨ªan. Intent¨¦ experimentar con ellos una y otra vez. Sin embargo, a cada intento que llevaba a cabo, mi cuerpo se acercaba al l¨ªmite de sus posibilidades un poco m¨¢s. Intu¨ªa a qu¨¦ era lo que reaccionaba el metal, pero no sab¨ªa exactamente cu¨¢l era la clave. Un par de p¨®cimas basadas en el elemento ayudaron a que me recompusiera un poco, pero tambi¨¦n hicieron el control que ten¨ªa sobre mi experimento m¨¢s inestable, haciendo que las peque?as bolas de metal se descontrolasen una y otra vez, de un lado a otro. Y, entonces, el estruendo de la campana de la entrada desestabiliz¨® mi mente y mi misma conexi¨®n con el ¨¦ter desapareci¨® de golpe y porrazo. Las rocas cayeron por su propio peso y rodaron como canicas. No tard¨¦ en desplomarme yo tambi¨¦n, exhausto por haber llevado hasta el l¨ªmite mis reci¨¦n descubiertas habilidades. ¨D??Rory!? ¨DMe pareci¨® escuchar un grito justo antes de golpear mi cabeza contra el suelo¨D. ??Rory!? *** Cuando recuper¨¦ la consciencia, lo primero que not¨¦ fue un aroma familiar. Uno de los primeros perfumes que sintetic¨¦ al aprender del Sabio Barkee. Azalea, una pizca de ¨¦ter h¨ªdrico para darle frescura, ra¨ªz de mandr¨¢gora chillona, y un toque (originalmente accidental, una hermana bromista decidi¨® darle el cambiazo a las etiquetas de los botes) de canela. ¨D?A¨²n guardabas un...? Jenna sise¨® y me recorri¨® el pelo con las manos a conciencia. Por su forma de palpar mi cabeza, parec¨ªa que me estuviera buscando un chich¨®n. Entreabr¨ª ligeramente los ojos para ver una de esas sonrisas c¨¢lidas capaces de arreglar los d¨ªas m¨¢s horribles y, a¨²n insatisfecho por el cari?o que tanto extra?aba, volv¨ª a dejar la cabeza en su regazo, suave y c¨¢lido. Era una forma m¨¢s agradable de sobrellevar un accidente que una bronca a gritos por parte de Mirei, por descontado. ¨DDebo estar hecho unos zorros ¨Dprotest¨¦¨D. Me suda hasta el pelo.Te voy a arruinar la ropa. ¨DNo me importa ¨Dcanturre¨®¨D. Estoy... c¨®moda. De verdad. ¨DYo tambi¨¦n. ¨DAgarr¨¦ la punta de uno de sus mechones y lo estir¨¦ ligeramente para que rebotase con la fuerza del rizo hacia arriba¨D. Supongo que te debo una explicaci¨®n, eso s¨ª. ¨DSi te conozco lo suficientemente bien... Has probado una p¨®cima que ha salido desastrosamente mal. ¨DMe ilumin¨® con su sonrisa¨D. Y has acabado ech¨¢ndote la siesta en el suelo. Negu¨¦ con la cabeza. ¨D?Explosi¨®n de paralizador? ¨D?Crees que soy un novato? ¨DAunque me cost¨®, arrugu¨¦ la nariz¨D. Has herido mi orgullo, pero te doy un ¨²ltimo intento para adivinarlo. ¨DPor la forma de roncar que ten¨ªas, lo m¨¢s probable es que hayas ca¨ªdo de cansancio... pero no hace mucho. ¨DSe mordi¨® el labio inferior¨D. Puede que te haya roto la concentraci¨®n al llamar y hayas ca¨ªdo en redondo. ¨D?Bingo! Me puse en pie y me sacud¨ª la camisa, pregunt¨¢ndome d¨®nde habr¨ªa acabado mi bata en el rato que hab¨ªa pasado roque. Entonces, aprovech¨¦ para echar un vistazo a Jenna: no necesit¨¦ m¨¢s de un instante para intuir que iba a por todas. No se hab¨ªa tomado las chanzas de Mirei y Lilina sobre que la verdadera naturaleza de esta velada iba a ser una cita a la ligera, no. En realidad, no necesitaba m¨¢s que un liviano (si bien ornamentado, siempre le hab¨ªan gustado las filigranas) vestido veraniego que dejaba respirar a su cuerpo, unos leotardos para amparar sus piernas del fr¨ªo y una peque?a chaqueta sobre sus anchos hombros. Por lo que pude ver por el rabillo del ojo, tambi¨¦n tra¨ªa un enorme sombrero que hab¨ªa dejado en la entrada. Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. Simple, s¨ª, pero capaz de hacer que me fijara un poco m¨¢s de la cuenta en sus anchas curvas. Era dif¨ªcil negar que, aunque ya hubieran pasado a?os desde nuestro momento y otras personas por nuestras vidas, pensar en su tacto c¨¢lido y suave siempre hab¨ªa logrado sacar lo mejor de m¨ª. Y esa noche era una de las que me encontraba especialmente nost¨¢lgico. Con un mundo tan r¨¢pidamente cambiante, un cielo que se enrojec¨ªa para lanzar cientos de estrellas fugaces y tantas alteraciones en mi d¨ªa a d¨ªa, era normal que echara de menos tiempos m¨¢s f¨¢ciles, ?verdad? ¨D?Deber¨ªa darme una ducha! ¨Dexclam¨¦ al darme cuenta de que mi mente volv¨ªa a marcharse al pasado¨D. ?S¨ª, ahora vengo! ?Te explicar¨¦ mis teor¨ªas por el camino! Cumpl¨ª con mi promesa y no tard¨¦. Al echar un vistazo al armario, mi subconsciente decidi¨® que yo tambi¨¦n deber¨ªa estar a la altura de los momentos pret¨¦ritos, as¨ª que eleg¨ª el mejor traje que me permitiera dar una vuelta por el campo y, si terciara, no estropearse demasiado si tuviera que tirar una o dos bombas alqu¨ªmicas a un monstruo que decidiera ponerse agresivo: unos pantalones y una bonita camisa de tela eter¨®fuga. Y por encima, un chaleco fortificado con una cubierta alqu¨ªmica que adem¨¢s contaba con diversos bolsillos capaces de almacenar distintas cargas alqu¨ªmicas. De alguna forma, el conjunto daba el pego. Aprovech¨¦ tambi¨¦n para hacer algo con mi pelo. Incluso intent¨¦ enmascarar mis notables ojeras de investigador nocturno con algo de maquillaje. Y ya que estaba, uno o dos trazos en buen lugar para destacar mis ojos. Era la ocasi¨®n de usar todos mis trucos para epatar. *** ¨D?Y d¨®nde me vas a llevar esta vez? ¨DPesta?e¨® varias veces antes de engancharse a mi brazo con fuerza¨D. Veo muchos transportes por aqu¨ª, pero no pareces decidirte por uno. ¨DAl monte Obl¨ªdeo, en el desierto de L¨¦pix. ¨DMe encog¨ª de hombros. Al menos, lo que me permiti¨® su f¨¦rreo agarre¨D. Ya s¨¦ que no es el sitio m¨¢s bonito de este continente, pero... Ya sabes. Es desde donde mejor se ven las estrellas que busco. ¨DAlgo apa?aremos. ¨DSe apret¨® contra m¨ª. No me apetec¨ªa protestar. Subimos directamente a la planta superior del ¨®mnibus. Como solo ten¨ªamos media hora de viaje por delante y a¨²n no hab¨ªa empezado a refrescar, decid¨ª que pasar el trayecto sentados bajo el cielo en un reconfortante silencio c¨®mplice era la mejor idea. Adem¨¢s, la c¨²pula celeste disparar¨ªa mi imaginaci¨®n sobre los relatos de las estrellas que los Tennath pretender¨ªan ocultar y acabar¨ªan motiv¨¢ndome para esa noche. Cuando nos hab¨ªamos adentrado lo suficiente en el desierto como para que toda la vegetaci¨®n se viera reducida a alg¨²n que otro cactus solitario, cay¨® la primera estrella fugaz de la noche. Fuera cual fuese su naturaleza, decid¨ª guardarme el deseo para m¨ª mismo. ¨DEl ¨®mnibus nos dejar¨¢ en la falda del monte. ¨DSe?al¨¦ en la direcci¨®n del apeadero¨D. Desde ah¨ª, tendremos que subir a pie unos quince minutos hasta el Mirador de Ibra, donde montaremos el campamento. Si mis c¨¢lculos son correctos, es el mejor sitio para observar c¨®mo caer¨¢n las estrellas esta noche. ¨D?Por qu¨¦ este sitio? ¨Dquiso saber¨D. Hay miradores m¨¢s cercanos a casa. Y otros m¨¢s altos. Y otros m¨¢s... ¨DMirei me hizo pensar en algo cuando hablamos del tema. ¨DMe llev¨¦ la mano a la barbilla¨D. Dijo que la primera estrella que cay¨® en estas tierras era m¨¢s grande de lo normal. Asinti¨® con la cabeza sin abandonar su cautivadora sonrisa. ¨DAs¨ª que empec¨¦ a analizar el techo celeste, c¨®mo y cu¨¢ndo descend¨ªan. ¨DRecorr¨ª las constelaciones desde la distancia con mi dedo ¨ªndice¨D. Fue idea suya que el ?origen? de las estrellas se refiriese al tiempo... O sea, a la estrella original. Ese enorme meteoro que dio el pistoletazo de salida a la carrera de los astros. ¨DCurioso. ¨DSe enred¨® uno de sus rizos en un dedo, pensativa¨D. No quieres responder sobre el lugar de origen de todas esas estrellas... Sino del germen del fen¨®meno. Una forma retorcida de analizar el rompecabezas, cuanto menos. ¨DEso es. Un d¨ªa, mientras estaba incluyendo uno de mis n¨²cleos en uno de sus acumuladores, me vino la inspiraci¨®n. ¨DExtend¨ª los brazos hacia arriba¨D. Pod¨ªa trazar el modelo estad¨ªstico de vuelta. Ver una distribuci¨®n de las estrellas m¨¢s grandes recogidas con anterioridad... y las nuevas. Era imposible saber c¨®mo estaba el cielo una noche concreta de hace diez a?os, pero pod¨ªa triangular un lugar desde el que iniciar la investigaci¨®n... Y todo apuntaba al desierto de L¨¦pix. ¨DAs¨ª que por eso todas las noches hab¨ªa ni?os haciendo guardia ?por orden de Lilina? en el tejado. ¨DJenna se cruz¨® de brazos, enfurru?ada¨D. ?Era culpa tuya todo este tiempo! ¨DYa. ¨DLe saqu¨¦ ligeramente la lengua y fij¨¦ mi mirada en sus rosadas mejillas, evadiendo solo por unos cent¨ªmetros sus ojos acusadores¨D. Como si t¨² y yo no hubi¨¦ramos pasado noches enteras ah¨ª con su edad. ?D¨¦jales vivir un poco! La muchacha no supo qu¨¦ responder. Por suerte, el conductor anunci¨® la parada y no tuvo la necesidad de hacerlo. En su lugar, fingi¨® (de una forma dolorosamente obvia, todo sea dicho) torpeza para bajar del veh¨ªculo y que le tendiera la mano para ello. Despu¨¦s, se neg¨® a soltarla. No necesitaba una excusa para que camin¨¢ramos de la mano, pero aun as¨ª parec¨ªa determinada a proporcion¨¢rmela. Solo por si acaso. Solo por si era yo quien ten¨ªa que encontrar motivos para justificarse. Y eso me derriti¨® el coraz¨®n un poquito. El sendero que ascend¨ªa la monta?a era plano y directo. Tambi¨¦n era visualmente aburrido: solo un pu?ado de cactus y hierbajos decoraban los laterales y el ¨¦ter t¨¦rreo ten¨ªa un color tan p¨¢lido que hac¨ªa que los cristales que iluminaban se camuflaran con las rocas para contribuir a la estampa deprimente. Por suerte, desde la ¨²ltima vez que visit¨¦ el lugar, hab¨ªan instalado unas cuantas farolas de gas con unas llamas algo m¨¢s coloridas que hac¨ªan el paisaje algo m¨¢s interesante. ¨DEn fin, hemos llegado. ¨DIntent¨¦ recuperar el aire exasperadamente¨D. Definitivamente, estoy desentrenado. Que solo he cargado con una mochila un rato cuesta arriba. ?Cu¨¢ndo fue la ¨²ltima vez que hice algo de ejercicio? ¨DD¨¦jame pensar... ¨DSolt¨® una risilla cantarina¨D. ?Ah, claro! Me quiere sonar que hace unos meses accediste a jugar a la pelota con los peques. Aunque recuerdo que acabaste bastante cabreado y prometiste que nunca m¨¢s lo volver¨ªas a hacer. ¨D?Normal! ¨DA¨²n sent¨ªa c¨®mo se me iba a escapar el coraz¨®n por la boca, pero ten¨ªa que mantenerme en ese extra?o equilibrio si no quer¨ªa caerme de bruces por el peso que cargaba¨D. Cuando un pu?ado de prep¨²beres te deja en rid¨ªculo y no puedes pasar diez minutos corriendo sin ahogarte, te replanteas la vida. Una vez me sent¨ª con fuerzas para ello, solt¨¦ la enorme mochila en el suelo y busqu¨¦ un mantel en ella. Lo coloqu¨¦ sobre el suelo, busqu¨¦ cuatro piedras lo suficientemente pesadas como para que no se volara con la corriente e invit¨¦ a la muchacha a sentarse. Hecho eso, busqu¨¦ asiento y me beb¨ª a morro uno de los t¨®nicos reconstituyentes que llevaba encima. ¨DHace una noche ideal ¨Ddijo ella, tomando asiento cerca de m¨ª¨D. Aunque empieza la ¨¦poca de fr¨ªo, la temperatura hoy es perfecta. ¨DEn fin, creo que tenemos un rato para tomarnos un t¨¦ y recuperar fuerzas. ¨DSaqu¨¦ una peque?a c¨¢psula de metal de la mochila¨D. Parece que este invento de Mirei es capaz de hervir el agua del dep¨®sito con solo un peque?o n¨²cleo ¨ªgneo albergado en su base para darnos un t¨¦ reci¨¦n hecho en cuesti¨®n de minutos. Y he llenado el filtro de mi mejor mezcla. ¨DMira, ese s¨ª que es uno de los experimentos de Mirei que estoy dispuesta a probar. Si no termina explotando, igual os sac¨¢is una buena pasta con ¨¦l. ¨DJuguete¨® con el cilindro, buscando un mecanismo de activaci¨®n que no parec¨ªa ser evidente¨D.Y nunca digo que no a un buen t¨¦. O a un buen estallido. ?Adelante! Serv¨ª la bebida y prepar¨¦ el visor celeste, un tubo de lentes de aumento colocado sobre una garra que se fijaba al suelo con una especie de garra. Ahora solo faltaba esperar para ver si pod¨ªamos ver una de esas grandes estrellas. ¨D?Por los viejos tiempos y por los que vienen! ¨DJenna alz¨® su taza en el aire¨D. ?Venga, Rory, no seas soso! ?Brinda conmigo! ¨D?No se supone que da mala suerte hacerlo con t¨¦? ¨Dpregunt¨¦¨D. Ya me he perdido con esas supersticiones. ¨DTienes a la jefa delante... ?y te da permiso! Obedec¨ª ante la mirada acusatoria. Cap铆tulo 25 - Rory Rapsen Serv¨ª una segunda taza de t¨¦ (a¨²n humeante gracias al invento de Mirei) en la taza de Jenna. Se supon¨ªa que deb¨ªa estar vigilando el cielo, pero me resultaba imposible quitarle el ojo con las miradas que me echaba una y otra vez. ¨DAs¨ª que es el momento de hablar de todas esas cosas, ?eh? ¨DMe recost¨¦ ligeramente contra ella¨D. Del futuro que nos espera... Y del pasado que no quiero dejar atr¨¢s. Se supon¨ªa que lo que ten¨ªa que tener en mente no era otra cosa que el presente, pero es curioso c¨®mo no dejo de pensar en esas dos cosas ¨²ltimamente. ¨DMira a qu¨¦ me has invitado. ¨DEl tono son¨® ligeramente burlesco, pero no desprovisto de ternura¨D. ?C¨®mo no vamos a recordar? ?C¨®mo no vamos a pensar en si habr¨¢ oportunidad de repetirlo? Ten¨ªa raz¨®n. No pod¨ªa negar que, por mucho que tuvi¨¦ramos cada vez m¨¢s a nuestro alcance la respuesta que busc¨¢bamos, nuestras mentes ser¨ªan incapaces de encontrarla hasta que hubi¨¦ramos resuelto nuestras propias dudas primero. ¨DLa habr¨¢ ¨Ddije con determinaci¨®n¨D. Es por eso por lo que te he invitado a este momento clave en el tiempo, para encontrar las respuestas que nos gu¨ªen a ese ma?ana en el que las piezas encajen por s¨ª mismas. ¨DQu¨¦ po¨¦tico te ha quedado, ?no? Enrojec¨ª ligeramente. Gir¨¦ la cabeza en direcci¨®n contraria para evitar esos enormes ojos que no dejaban de fijarse sobre m¨ª y segu¨ª exponiendo mis ideas al aire. ¨DQuiero decir... No s¨¦ c¨®mo ser¨¢. ¨DEch¨¦ la vista al cielo. Por fortuna, todos los astros permanec¨ªan est¨¢ticos, como esperando que nuestra conversaci¨®n acabara¨D. Hace unos a?os solo pensaba en suceder a Barkee. Cuando se retir¨®, yo a¨²n no estaba preparado para el puesto. Al principio, pens¨¦ que nunca lo estar¨ªa, pero seg¨²n avanzaban los d¨ªas, las estaciones y los a?os, tambi¨¦n empec¨¦ a considerar que este mundo estaba evolucionando m¨¢s all¨¢ de la necesidad de sus Sabios. ¨DY, aun as¨ª, f¨ªjate. ¨DDej¨® su cabeza en mi hombro y se uni¨® a mi vigilancia nocturna¨D. Te has convertido en todo lo que se supone que implica ser un Sabio, seas capaz de admitirlo o no. Eres altruista hasta decir basta. Nunca rechazas un misterio si su recompensa es mejorar la vida de quienes te rodean y, aunque seas un poco gru?¨®n, siempre est¨¢s dispuesto a cuidar a quienes te importan. ¨DQuiz¨¢ sea digno alg¨²n d¨ªa de llevar ese t¨ªtulo. ¨DSuspir¨¦ y puse mi mano encima del hombro de Jenna¨D. Si soy capaz de salvaguardar su valor. En estos ¨²ltimos meses me he dado cuenta de que si quiero que la alquimia siga viva, somos sus practicantes los que debemos encontrar la forma de que evolucione. Me puse en pie para acercarme al borde del mirador y realic¨¦ un barrido con el brazo, recorriendo todas las vistas del mirador. Quiz¨¢ un lugar perdido en medio de la nada no fuera el mejor lugar para ilustrar mi argumento, pero me costaba evitar mi vena m¨¢s dram¨¢tica. ¨DYa sabes de qu¨¦ hablo. Nuevas invenciones. M¨¢quinas voladoras. Brazaletes parlantes. Artefactos capaces de hacer miles de c¨¢lculos en una fracci¨®n de segundo... ¨DAgach¨¦ la cabeza un instante, buscando las palabras adecuadas para proseguir¨D. Me cuesta admitirlo, pero ha llegado el momento en el que la sabidur¨ªa tradicional ha dejado de ser suficiente. El mundo est¨¢ cambiando, y yo no puedo quedarme atr¨¢s. La alquimia no puede quedarse atr¨¢s. Y lucharemos incansablemente para que as¨ª sea. ¨DTe conozco lo suficiente como para saber que existe un ?pero?, ?verdad? Me puse en pie y ech¨¦ un vistazo desde el mirador, buscando una respuesta en silencio. Si bien el suelo des¨¦rtico era tan aburrido como el de la monta?a, algunas extra?as formaciones de piedra y unas siempre m¨®viles dunas le confer¨ªan algo de identidad propia. En cuanto te despistabas, era f¨¢cil perderse en el paisaje para poner la mente en orden. ¨DTengo... miedo ¨Dadmit¨ª a todo el desierto¨D. S¨¦ cu¨¢l es la idea que subyace detr¨¢s de todo esto, pero no cu¨¢l es el objetivo final. Corro como un clackus sin cabeza en busca de ideas, de respuestas, de formas de alcanzar la meta. Pero todo cambia mucho m¨¢s r¨¢pido de lo que puedo asimilar y me da miedo que, si corro m¨¢s de la cuenta, d¨¦ un paso en falso que destroce todo. Me aterra perder... de vista qui¨¦n soy. Sent¨ª un c¨¢lido abrazo por la espalda. Un suave tacto reconfortante. El aroma de ese perfume que cre¨ªa enterrado en el olvido. Un susurro dulce, lleno de realidad. ¨DSigues siendo t¨². ¨DDej¨® caer su cabeza en mi hombro¨D. Y lo seguir¨¢s siendo, te acerques a ese sue?o desde la direcci¨®n que lo hagas. S¨ª, las circunstancias han cambiado. El mundo cambia, esta estrella sigue girando y nunca vamos a poder pararlo. Pero es nuestra responsabilidad surcar las olas que esto deja... Y, aunque pongas demasiado peso en tu mochila, literal y figuradamente, sigues siendo el Rory del que me enamor¨¦ hace ya media vida. El que me niego a olvidar. M¨¦tete esa idea en la cabeza, anda. Uno o dos cielos en llamas no lo va a cambiar. ¨DJenna... ¨Dsuspir¨¦ con el coraz¨®n encogido. No lo admitir¨ªa nunca, pero ten¨ªa los ojos empa?ados por el discurso¨D. ?C¨®mo te las apa?as? Siempre has sido mi remanso de paz en este mundo loco. Esa constante que no supe apreciar hasta que fue demasiado tarde. Y ahora me siento perdido en medio de una b¨²squeda y soy incapaz de... ¨DEntonces, d¨¦jame ser tu ancla al navegar ese futuro incierto. ¨DMe dio un peque?o beso en el pelo, a¨²n sin conectar las miradas. ¨D?Qui¨¦n es la poetisa ahora? ¨DIntent¨¦ mantenerme serio, pero dej¨¦ escapar un poco de aire risue?o entre los dientes¨D. Eres de lo que no hay, Jenna. ¨DEs lo menos que puedo hacer por ti ahora mismo ¨Dsolt¨® un suspiro juguet¨®n¨D. Ya sabes, por los viejos tiempos. ¨DNo quiero que sea la nostalgia quien decida por nosotros. ¨DMe aferr¨¦ con fuerza a los brazos que me rodeaban¨D. No quiero darte pena. No quiero que me quieras como a un cachorrito perdido. No quiero que sea as¨ª. ¨D?Qu¨¦ tonter¨ªas est¨¢s diciendo? ¨DDej¨® su barbilla en mi cabeza. Sent¨ª c¨®mo todo su cuerpo me proteg¨ªa¨D. ?No te has dado cuenta de que cuento las horas para verte cada vez que s¨¦ que vas a venir al orfanato con medicina o comida? ?De que me comen los demonios cuando veo que es Lilina quien ha ?hecho el favor? de traernos el paquete porque ?est¨¢s demasiado liado?? ?De que constantemente invento excusas para pedirte un t¨¦ y asegurarme de que todo va bien? Para tener una mente tan brillante, eres un poquito denso. ¨D?Despu¨¦s de todo este tiempo? ¨DMe zaf¨¦ ligeramente con intenci¨®n de girarme, pero no fue f¨¢cil¨D. Sabes que los dos hemos hecho muchas cosas mal desde... ¨DYa tenemos una edad como para seguir culp¨¢ndonos por los errores que cometimos de jovenzuelos ¨Dme recrimin¨® con tono altivo¨D. No estoy dispuesta a dejar pasar esta nueva oportunidad. ?Y t¨²? Dej¨¦ escapar todo el aire de mis pulmones en un infinito suspiro. Sab¨ªa que el ambiente me iba a poner tierno. Sab¨ªa que era el momento perfecto para poner nuestros sentimientos en orden. Ten¨ªa la esperanza de que esta fuera la noche en la que, de alguna forma, volvi¨¦ramos a conectar como anta?o. Lo que no esperaba era darme cuenta de que eso era justo lo que necesitaba para poder seguir adelante. Un astro cruz¨® el firmamento de repente, casi como si hubiera estado esperando que esa conversaci¨®n llegase a buen puerto antes de hacer acto de presencia. ¨D?R¨¢pido! ?Una estrella! ¨Dexclam¨®, antes de que pudiera dar una respuesta¨D. ?Ya sabes lo que hacer! ¨DAhora mismo, no necesito pedir deseo alguno ¨Drepliqu¨¦ con una sonrisa bobalicona. Unauthorized usage: this narrative is on Amazon without the author''s consent. Report any sightings. ¨D?No hablo de eso! ¨DSe?al¨® el arco que estaba trazando en el cielo. Por su trayectoria, parec¨ªa estar peligrosamente cerca del desierto que vigil¨¢bamos¨D. ?Est¨¢ empezando! Y tras unos instantes, record¨¦ el prop¨®sito original de la expedici¨®n ¨D?Hostias, s¨ª, la investigaci¨®n! Ech¨¦ a correr hacia el visor celeste. Por fortuna, la estrella era grande y f¨¢cil de localizar en la oscuridad del cielo. Al observarla con las lentes de aumento, sent¨ª c¨®mo esas teor¨ªas que manten¨ªa en mi cabeza empezaban a verse confirmadas poco a poco. Ya hab¨ªa podido realizar alguna observaci¨®n as¨ª con alguna desde Coaltean, pero la distancia con el meteoro y las condiciones atmosf¨¦ricas de aquel desierto eran perfectas para ver que se compon¨ªan de un n¨²cleo del negro m¨¢s oscuro que pudiera imaginar al que rodeaban unas llamas casi doradas. Intent¨¦ adivinar d¨®nde impactar¨ªa. Sin la ayuda de Runi los c¨¢lculos tendr¨ªan que ser manuales, pero al o¨ªr el estruendo que un astro tan masivo har¨ªa al colisionar contra la superficie, por muy llena de tierra que estuviese, la cuidadora del orfanato tuvo una idea. ¨DLo estamos viendo al rev¨¦s. ¨DExtendi¨® los brazos hacia los lados para disfrutar de la brisa¨D. ?Por qu¨¦ queremos ver de d¨®nde vienen y en qu¨¦ direcci¨®n caen cuando podemos ver... d¨®nde han ca¨ªdo con anterioridad? Se?al¨® a un punto en particular del desierto. En ¨¦l, se hab¨ªa quedado una marca cristalina inusual, en forma de cr¨¢ter. ¨DLa arena, al calentarse tanto... ?Se convierte en cristal! ¨Dexclam¨¦, alz¨¢ndome de un salto¨D. ?Eres un genio, Jenna! Ahora que sabemos de qu¨¦ est¨¢n compuestos y de qu¨¦ forma caen... ?Solo hay que buscar los cr¨¢teres de cristal ocultos entre la arena! En ese momento, ech¨¦ en falta el abanico de Lilina para disipar las dunas que deb¨ªan ocultarlos. Aunque, para ser justos una tormenta de arena no hubiera sido la mejor forma de localizar nuestro destino. La respuesta vino de repente a mi mente. Claro que el desierto era el mejor lugar para que esas extra?as c¨¢psulas enormes cayeran. Su ¨²nico rastro quedar¨ªa oculto por la arena a la primera brisa... O por un monstruo capaz de destrozar o alimentarse de los restos cristalinos. Cualquier otro objetivo de gran envergadura en tierra firme causar¨ªa un cr¨¢ter... y se perder¨ªa si cayera en el agua. Si hab¨ªa alguien apuntando manualmente, todos los astros lo suficientemente grandes como para suponer un problema deb¨ªan concentrarse ah¨ª. Pens¨¦ en qu¨¦ pista pod¨ªa haber dejado la naturaleza bajo ese supuesto. Qu¨¦ impacto habr¨ªa tenido en el desierto la estrella m¨¢s grande que se hubiera registrado en el continente. ¨DEl cristal de Sylvalia ¨Dconclu¨ª¨D. Pens¨¢bamos que era poco m¨¢s que un pico de cristal. Una construcci¨®n natural sin afinidad et¨¦rica alguna. No se descubri¨® hasta hace unos a?os, cuando la gran duna se vio desplazada por una tormenta de arena que las leyendas atribu¨ªan a los Dragones. ¨DHace... Unos diez a?os ¨Dapreci¨®, con una sonrisa¨D. Rory, ?tenemos nuestra respuesta en las manos! ¨D?Te hace una aventura? ¨Dempec¨¦ a preparar las cosas para descender la ladera como lo hubiera hecho Mirei. ¨DEs de mala educaci¨®n hacer una proposici¨®n as¨ª antes de responder a la de una se?orita ¨Dme aleccion¨® con el dedo tal y como hac¨ªa a los ni?os del orfanato¨D. As¨ª que responde, jovencito. ¨D?Es que necesitabas una respuesta concisa despu¨¦s de todo lo que me has dicho? Contigo, me hacen todas las aventuras. ¨DMe acerqu¨¦ a dar un beso a la frente de la muchacha, aunque eso me obligara a ponerme vergonzosamente de puntillas¨D. Pasadas, presentes, y futuras. *** El cristal de Sylvalia med¨ªa decenas de metros de alto y se inclinaba levemente vigilando la parte sur del desierto. Generalmente no era buena idea quedarse cerca de d¨ªa, pues era capaz de concentrar los rayos de sol y calcinar a cualquier curioso como si fuera una hormiga bajo la lupa de un ni?o travieso, pero la noche era lo suficientemente fresca como para poder ponerse a su vera sin que el calor que la oquedad acumulaba fuera tan acuciante. ¨DSi nuestra teor¨ªa es correcta, el impacto habr¨¢ creado una especie de cr¨¢ter. ¨DToqu¨¦ la superficie del mineral y, efectivamente, fui incapaz de sentir ¨¦ter en su interior¨D. Puede que se haya fragmentado porque la distribuci¨®n de calor fuese irregular, que la ca¨ªda fuera en un ¨¢ngulo distinto al esperado o, simplemente, que el tiempo lo haya destruido de forma irregular antes de solidificarse como el accidente geogr¨¢fico que es ahora. ¨D?Y qu¨¦ buscamos, exactamente? ¨DUna especie de caja negra. ¨DAlc¨¦ el ¨ªndice en el aire¨D. Los Artefactos que encuentra Mirei a veces vienen envueltos en ella. Otras veces llegan encapsulados en un extra?o cristal que se deshace con el tiempo, probablemente por un fen¨®meno similar al que ocurre aqu¨ª. De todos modos seguro de que una tan grande como para causar esto deber¨ªa tener una de las estructuras m¨¢s resistentes... no nos ser¨¢ dif¨ªcil dar con ella ahora que sabemos que no puede andar demasiado lejos. La muchacha sac¨® una herramienta de su bolso. Una pieza de metal, con dos cuernos equidistantes. Me cost¨® reconocerla, pero era bastante similar a lo que los m¨²sicos usaban para generar un tono claro. Pero, por alg¨²n motivo, parec¨ªa bastante m¨¢s intimidante en ella que en las manos de un bardo. ¨DYo tambi¨¦n tengo mis trucos. ¨DHizo aparecer un moh¨ªn orgulloso en su cara¨D. En realidad, lo construy¨® Mirei, ?pero la idea fue m¨ªa! Golpe¨® la parte visible del cristal con el extra?o aparato. De repente, un potente sonido llen¨® el aire. Era tan abrumador que la respuesta de mi cuerpo fue hacerme tapar mis o¨ªdos instintivamente, pero Jenna, acostumbrada al jaleo que pueden montar un mont¨®n de ni?os berreando, no dio un solo paso atr¨¢s y repiti¨® la jugada unos metros a la derecha blandiendo el extra?o diapas¨®n como si de un arma se tratara. No ten¨ªa muy claro qu¨¦ estaba haciendo, pero el claro mineral empez¨® a vibrar con fuerza, sacudiendo sus impurezas y extendiendo, poco a poco, el eco de ese infernal sonido bajo la tierra. Claro, dulce y armonioso. Cuando te acostumbrabas a la explosi¨®n inicial de volumen, resultaba incluso placentero al o¨ªdo. El sonido se extend¨ªa con gusto, aparentemente sin m¨¢s l¨ªmite que el de la atenuaci¨®n. El cr¨¢ter deb¨ªa ser mucho m¨¢s profundo de lo que hab¨ªa estimado inicialmente. No fue hasta el quinto golpe que la claridad del tono se enfrent¨® con un ?clonc? met¨¢lico. Uno que se uni¨® a un temblor. Uno que rasg¨® en una onda perfecta la zona que estaba por encima de la c¨¢psula. Por desgracia, tambi¨¦n fue uno que atrajo la atenci¨®n de los monstruos. No fueron muchos, pero s¨ª dos que nos supondr¨ªan una amenaza a dos personas que no estaban demasiado acostumbradas a enzarzarse en combate: una macrogelatina de las arenas y uno de esos gusanos que tanta grima daban. Al menos, tuvimos la suerte de que estuvieran tan confundidos como nosotros, lo que nos permiti¨® parapetarnos detr¨¢s del cristal e instarlos a que combatieran entre ellos con la ayuda de unas bengalas alqu¨ªmicas. Era un disparo arriesgado y ninguno de los dos ¨¦ramos conocidos por nuestro talento como tiradores, pero tras errar un par de veces, fue Jenna quien consigui¨® que el proyectil explotara dentro de la gelatina. Como no era un ser muy inteligente, asumi¨® que el ataque ven¨ªa de la ¨²nica criatura que ten¨ªa a la vista, sobre la que se abalanz¨® sin miramientos. En cosa de unos minutos, estaba digiriendo los restos de su enemigo (mas no sin haber sufrido bastantes da?os por el camino) y segu¨ªa buscando m¨¢s criaturas con las que saciar su ira. Iba a tener que rematarla si quer¨ªa poder investigar en paz. Abr¨ª el bolsillo del chaleco y eleg¨ª la que consider¨¦ la mejor opci¨®n: una bomba et¨¦rica de fuego. De la misma forma que una descarga de ¨¦ter el¨¦ctrico era capaz de desestabilizar el agua y el h¨ªdrico pod¨ªa romper los enlaces del fuego, sab¨ªa que el ¨ªgneo podr¨ªa hacer lo mismo con la tierra en suficiente cantidad ¨D?Tierra quemada! ¨DEn parte por atraer la atenci¨®n de la bestia, en parte porque siempre hab¨ªa querido hacer algo as¨ª despu¨¦s de ver a Mirei y Lilina divertirse, grit¨¦ con fuerza¨D. ?Llamas del infinito! En caso de que hubiera alg¨²n tipo de duda... s¨ª, el nombre del explosivo lo eligi¨® Lilina. Quiz¨¢ no deb¨ª dejarle nombrar una de mis bombas m¨¢s fuertes, pero la pobre era tan peque?a y parec¨ªa tan ilusionada por mis experimentos que me fue imposible negarme... Y el nombre perdur¨® en el tiempo para mi verg¨¹enza. No obstante, la bomba hizo honor a su t¨ªtulo, cumpliendo con la amenaza que promet¨ªa. En cuesti¨®n de segundos, el explosivo et¨¦rico invoc¨® un cicl¨®n de fuego que rode¨® al monstruo y lo cerc¨® con sus coloridas llamas. Poco a poco se pod¨ªa ver c¨®mo su gelatinosa piel de arena se tornaba cristalina por causa del calor, pero la criatura no sucumbi¨® hasta la deflagraci¨®n final, que cort¨® hasta el ¨²ltimo enlace t¨¦rreo de su viscosa estructura. Eso tambi¨¦n se llev¨® por delante toda la arena que hab¨ªa absorbido al intentar recuperar su forma a la desesperada, lo que mat¨® dos p¨¢jaros de un tiro: vencimos a los monstruos y nos ahorramos la necesidad de excavar para encontrar la extra?a estructura de metal, pues estaba ah¨ª, unida a una capa de cristal que podr¨ªa haber o no sido fruto de nuestra llamarada. Tuvimos que esperar a que las temperaturas volvieran a descender a unos niveles aceptables para la supervivencia humana tras el calor pero, por fin, encontramos la pista que est¨¢bamos buscando. La c¨¢psula parec¨ªa distinta a todas las que hab¨ªa visto antes de manos de Mirei. En lugar de tratarse de un perfecto prisma de color negro con una ¨²nica tapa, el coraz¨®n de la estrella original se aproximaba m¨¢s a una enorme esfera de un plateado muy p¨¢lido. Sus paredes, a excepci¨®n de unas inscripciones que se hab¨ªan deteriorado ya fuera por el calor o el tiempo que hab¨ªa pasado enterrada, eran de un perfecto blanco liso que solo se ve¨ªa lindado por las juntas de lo que asum¨ª deber¨ªa haber sido en otro momento su cierre, pero no era capaz de ver un solo mecanismo de apertura. ¨DA ver cu¨¢l es ese origen de las estrellas del que tanto hablabas, Amelia ¨Dmusit¨¦, introduciendo en el surco una palanca con la que me planteaba forzar mi camino a la respuesta de aquel interrogante.